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CRISIS FINANCIERA MUNDIAL

POR UNA SALIDA FAVORABLE A LOS PAÍSES EN DESARROLLO

En la historia de la humanidad hay momentos que tienen que ser aprovechados por las fuerzas del progreso para la transformación social hacia una humanidad más justa,  ahora es uno de esos momentos

Octubre de 2008

Por: Javier Colomo Ugarte

La crisis financiera ha puesto en evidencia el punto débil del capitalismo y es: la gestión de las finanzas mundiales por la banca privada. La especulación en el valor de cambio propiciada por la banca privada, no generan valor de uso solamente detraen parte del valor real de las economías para concentrarlo en actividades especulativas, concentrando, de esta manera, la demanda solvente en los sectores sociales con mayor poder adquisitivo, creando así una demanda real de gran consumo en Occidente y privando de esa capacidad a los países pobres.

Los países pobres hasta ahora han tenido, pues, que basar su desarrollo en la producción para la exportación hacia los países con gran demanda solvente, y para que los países pobres puedan disponer de la demanda solvente que les permita desarrollar el consumo interno, ese modelo debe ser superado.

Un cambio de esas características tardará un tiempo, y para ello, lo primero, es plantearse el objetivo de superar el vigente modelo financiero mundial. No obstante, es necesario preguntarse cuando es el momento de plantearse el inicio de esa tarea, no se puede ser precipitado, pero en la historia de la humanidad hay momentos que tienen que ser aprovechados, ahora es uno de esos momentos, y las dudas pueden hacer que se pierda una gran oportunidad para las fuerzas emergentes que creen en el progreso de todo el género humano inicien una gran transformación que revolucione el Sistema Financiero Mundial a favor de los países en desarrollo.

El desarrollo de las fuerzas productivas mundiales, precisan de esa reorganización financiera mundial, los países líderes del capitalismo también la precisan para salir de la crisis, pero lo que está en juego es, si la reorganización del sistema financiero mundial va a servir para un desarrollo de las fuerzas productivas conforme a los intereses de la gran banca privada neoliberal, o va servir para construir un sistema, no solo que prevenga crisis financieras futuras, sino también, que articule un sistema mundial donde el crédito sea destinado a crear la demanda solvente en los países en desarrollo para potenciar el consumo interno.

En estos momentos el gran capitalismo financiero de los países ricos se encuentra muy débil, el G7 es una institución que ha quedado obsoleta, por la fuerza de la crisis financiera y necesita implicar a los países emergentes en sus reformas, pero si bien, puede haber una coincidencia de intereses globales en cuanto a la superación de la crisis mundial, esa coincidencia no existe en la forma que debe ser superada la crisis.

Los países ricos van a pretender preservar el dólar como moneda de referencia y van a seguir apostando por la gestión financiera  a través de la banca privada en una refundación del neoliberalismo que permita una mayor transparencia en las transacciones financieras, pero que no afecte a su función principal de concentrar la demanda solvente en los países ricos para seguir con sus fines especulativos. Si se impone este modelo financiero como salida de la crisis los países pobres seguirían estando uncidos al carro del desarrollismo occidental como servidores de materias primas y de mercancías para los países ricos, y no se conseguirán evitar otras crisis en el futuro.

Para los países emergentes es el momento de dar pasos, en primer lugar sería necesario superar la supeditación al dólar en las transacciones comerciales a partir de la creación de una cesta de monedas que podría estar representada por la creación de una divisa mundial que aunque no contara con la emisión de papel moneda sirviera de referencia para las transacciones.

Esto conllevaría también la creación de un Banco Central Mundial o la reforma del Fondo Monetario Internacional gestionado democráticamente.

Estas dos medidas debieran tener su complemento con la implementación en cada país de fuertes bancos estatales lo que aseguraría la confianza entre bancos a la hora de prestarse dinero entre ellos, y la transparencia de las transacciones.

Estas medidas permitirían canalizar recursos financieros hacia los países en desarrollo contribuyendo a generar la demanda solvente en los mismos para estimular el crecimiento interno, lo que daría lugar a una economía mundial más integrada y justa, así como, propiciaría el cambio del modelo de crecimiento basado en el consumismo de Occidente por otro basado en la satisfacción de las necesidades básicas de la humanidad.

Es una oportunidad,  y los países emergentes debieran apostar por ella, las batallas perdidas son las que no se plantean. En el combate de las negociaciones se verá el alcance de cada participante.