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Javier Colomo Ugarte Marzo 2008 Por una distribución equitativa de las emisiones mundiales de CO2 La disminución de emisiones de CO2, principal agente del efecto invernadero y del cambio climático, tiene como objetivo equilibrado situar el límite de emisiones totales mundiales de CO2 en las emitidas el año 1990: 21223 millones de toneladas, pero el cumplimiento de este objetivo presenta dos contradicciones irresolubles hasta la fecha: en primer lugar la dinámica del sistema económico vigente que según las proyecciones de emisión hasta el 2030 pueden llegar en ese año a duplicar las de 1990; en segundo lugar, la distribución de reducción de esas emisiones que en pura lógica debieran medirse en emisiones de CO2 per capita, pero tal lógica contradice los intereses de los países desarrollados. En este trabajo se presenta esta dualidad entre: la tendencia inevitablemente real que lleva a que en el año 2030 se dupliquen las emisiones de CO2 de 1990, y la que debiera ser para alcanzar en el 2030 el objetivo de emisiones de 1990, con una distribución equitativa de emisiones de CO2 per capita. ============== 1º El paradigma de la fuentes de energías en el siglo XXI 2º Resultados y previsiones de la dinámica real en las emisiones de CO2 (1990 - 2030) 3º Hipótesis para una distribución equitativa de las emisiones de CO2 (1990 - 2030) ============== 1º El paradigma de la fuentes de energías en el siglo XXI La reducción de emisiones de CO2, que ha tenido su primer intento de regulación y primer gran fiasco en la firma y e incumplimiento del Protocolo de Kyoto, permanece en el limbo de la indefinición, al no haber ido más halla de las declaraciones de buenas intenciones de los reunidos en Bali y posteriormente en Bangkok. Hay dos preguntas que deben formularse al respecto ¿Es posible un acuerdo entre naciones para la reducción de emisiones de CO2? y ¿Por qué aunque no haya acuerdos, los países se resisten a aplicar unilateralmente un programa de reducción de emisiones? Las repuestas a ambas preguntas están relacionadas entre sí porque tienen que ver, en un mundo comercialmente globalizado, con el desarrollo y la competitividad económica. Una decisión unilateral de un grupo de países de reducción de emisiones de CO2 supone introducir costes adicionales en los procesos de producción para la reducción de las mismas, y por lo tanto, disminuye la ventaja comparativa en el intercambio comercial global, por otra parte, la reducción de emisiones en países en vías de desarrollo supondría frenar ese desarrollo. En resumen la internalización de los costes de emisión de CO2 implica una pérdida de competitividad, mientras que la externalización de costes con emisión libre de este gas a la atmósfera supone económicamente una ventaja comparativa. Un camino alternativo sería la sustitución de la energía producida por combustibles fósiles por otras fuentes de energía no emisoras de CO2 a la atmósfera. Pero, éstas son más propagandísticas que efectivas. En grosso modo se puede considerar que la fuente de energía debe adaptarse a la tecnología vigente para convertirla en energía – trabajo. La tecnología desarrollada en función del funcionamiento económico y social, se puede dividir en dos apartados, la tecnología destinada a generar electricidad, y la tecnología para motores de automóviles. En el caso de la primera, la única fuente de energía con tecnología que puede competir con los combustibles fósiles, es la energía de fisión nuclear, aunque también la misma tiene un externalización de costes pues el reciclado de los residuos radiactivos, no se incluyen en los costes sino que se almacenan en la propia central nuclear, pues un plan de mantenimiento de estos residuos habría que contemplarlo en un periodo de cientos o miles de años, por lo que su inclusión elevaría el coste de la energía producida. Las denominadas energías renovables, hasta ahora presentan dos problemas, el primero es que los costes de producción de la tecnología para la producción de energía, encarecen notablemente la generación de la energía – trabajo proveniente de estas fuentes, siendo la más cara la de procedencia solar y posteriormente la eólica y la más competitiva la hidroeléctrica. Por otra parte, la fabricación de la tecnología para la generación de electricidad con estas fuentes (paneles solares, aerogeneradores etc.) se realiza utilizando fuentes de energía de combustibles fósiles, de tal manera que, por ejemplo, la amortización de la emisión de CO2 producida para la fabricación de un panel solar fotovoltaico supone una vida media de 15 años de generación de electricidad de este panel, casi su vida útil, por lo que el ahorro neto de emisión es muy pequeño. En el apartado de las fuentes de energía para automóviles y máquinas similares como camiones, tractores, etc., la fuente de energía, que mejor se adapta es la derivada de los combustibles fósiles. Otra fuente como los biocombustibles tiene efectos no deseados, como el encarecimiento de alimentos, que hacen poco recomendable su utilización. El hidrógeno como fuente para adaptarla a automóviles, es un mito como fuente de energía limpia. El hidrógeno como combustible no existe en la naturaleza, es decir no es una fuente primaria de energía, necesita una tecnología para su producción y por lo tanto otra fuente de energía que haga funcionar dicha tecnología. Por ejemplo, si pensamos en la electrolisis como método de producir hidrógeno, la cantidad de energía eléctrica que precisamos para producir hidrógeno, por el segundo principio de la termodinámica, siempre será superior a la que generemos por la utilización del hidrogeno producido. Por lo tanto en un mundo comercialmente globalizado lo que determina la fuente de utilización energética esta en función de los costes de producción, en el que el coste de la energía es un factor importante, pero en el coste de producción hay otro factor importante y es la productividad para la producción de un mismo producto. La productividad depende de la cantidad de energía - trabajo que se precisa utilizar para la producción de un producto, y también de la cantidad del esfuerzo humano necesario. En los países ricos, las tecnologías de transformación de la energía en trabajo al ser más avanzadas que en los países pobres permiten utilizar menos energía para desarrollar el mismo trabajo, y también debido a una mejor organización empresarial del trabajo precisan de menos esfuerzo humano para obtener el mismo rendimiento que en los países pobres. Los países pobres, solo pueden compensar estas dos desventajas de dos maneras, en el primer caso utilizando, fuentes de energía barata y accesible como el carbón, y en el segundo caso con bajos salarios y más horas de trabajo. En lo que respecta, pues, a la utilización de energía en los países en vías de desarrollo, solamente hay dos fuentes de energía que les puede hacer paliar su desventaja comercial comparativa con los países ricos, y es utilizar energías baratas, provenientes de combustibles fósiles y de la de fisión nuclear, (los que dispongan de esa tecnología), pues, cuanto más reduzcan los costes de la energía – trabajo, se van a situar en mejores condiciones de paliar en la otra desventaja comparativa en la producción de mercancías: la organización del trabajo, y por lo tanto, pueden mejorar sus salarios y reducir las horas de trabajo por persona. Este escenario que determina la relación entre países ricos y países pobres, en lo que respecta a la reducción de emisiones de CO2, solo tiene una salida, quienes tienen que liderar la reducción de emisiones son los países industrializados, aunque ello suponga una pérdida de la ventaja de su competitividad en los mercados mundiales. Pero, es posible que los países ricos no quieran abordar este camino en solitario, y por lo tanto las emisiones de CO2 continuarán incrementándose, particularmente por el incremento de las emisiones de los países en vías de desarrollo en la utilización de energías de baratas derivadas de los combustibles fósiles, particularmente el carbón. Y Aunque paradójicamente estos países sigan estando muy lejos de las emisiones de CO2 per capita de los países desarrollados, debido a la masa de su población sobrepasarán la emisión de los países desarrollados. 2º Resultados y previsiones de la dinámica real en las emisiones de CO2 (1990 - 2030) A continuación se muestran una serie de cuadros con datos mundiales de población y emisiones de CO2 distribuidos por países importantes y regiones pertenecientes a la OCDE y No OCDE, con proyecciones de la probable evolución hasta el año 2030. Leyenda OCDE No – OCDE CUADRO 1
GRÁFICO 1 Población del mundo (millones de habitantes)
CUADRO 2
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