Fragmentos y relatos literarios

 

 

Introducción

 

Los fragmentos y relatos son una serie de textos literarios cortos que relatan vivencias y reflexiones basadas en hechos o personas reales o imaginadas por el autor

 

Autor

Javier Colomo Ugarte

Relato

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Fragmentos

  

 

2015

El filo de la Montaña

 

El grupo de montañeros llegó a una pequeña meseta rodeada por un circo de varias montañas. Decidieron acometer la más elevada. En el descenso, Juan, se sintió con fuerzas y decidió desviarse para subir otra de las cimas. Caminaba lentamente por la cornisa. Los años pesaban, siete décadas de vida, y los seres queridos muertos. Pensó que la arista no era el mejor sitio para reflexionar, un descuido y podía caer al vacío. Imaginó la sensación que se debería sentir en una caída de trescientos metros en los instantes finales de la vida, cuando el choque final es la muerte. ¿Que sentiría? ¿pánico, o quizás una sensación de felicidad recordando la imagen de su esposa?.

El vuelo de un águila le sacó de sus pensamientos. Sudaba. Decidió detenerse, y acometer el tramo final de la cresta. Abajo, en la meseta, vio a sus compañeros que le hacían señales con los brazos. Los últimos metros a la cima se concentró en la subida pues precisaba de las manos para agarrarse a las piedras. El día era soleado y desde la cima se divisaba majestuosa la cordillera Pirenaica.

Sus compañeros le recriminaron que hubiera realizado solo la ascensión. Juan, sonrió, sabía que le querían. Conocían su dolor, pero no podían calcular la incertidumbre que en un momento dado podía existir entre la vida y la muerte, y eso les asustaba. Ni el mismo lo sabía. ¿Vivir? ¿Morir? ¿Volver al Estado de la materia que éramos antes de nacer? porque eso tiene que ser  la muerte. De qué sirve vivir cuando piensas que todos los ideales por los que has luchado en la vida, se desvanecen, y cuando las personas amadas, desaparecen.

Cuando el dolor es inconmensurable renunciamos, pero si el dolor nos deja seguir adelante continuamos, porque necesitamos amar y creer en nobles ideales, al final, morimos, porque es inevitable.

 

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1979

El puente

 

¡Queremos libertad, trabajo y salarios dignos, pero también queremos una naturaleza limpia. La centrales nucleares hipotecan nuestras vidas y la de nuestros hijos. No queremos su energía, producto del egoísmo de banqueros y empresarios sin escrúpulos, que no les importa poner en riesgo la vida de todo un pueblo!.

Yolanda, escuchaba la arenga de su compañero ante los concentrados. No estaba de acuerdo con los planes anunciados para la construcción de una central nuclear en el río junto al que había crecido. El mismo río en el que, en los dulces atardeceres de verano, le gustaba bañarse en sus aguas, donde conoció el amor, iba a servir para refrigerar el reactor de una central nuclear.

Gritó con todos los allí reunidos ¡No a las centrales nucleares! El puente se había abarrotado de manifestantes. La policía ordenaba con megafonía que despejaran la zona. Pasaron unos minutos y luego pertrechados con escudos avanzaron hacía el primer grupo en la cabecera del puente. Una lluvia de piedras cayo sobre ellos. Se oyeron disparos y cundió el pánico. Todos corrieron. Una silueta se dibujo entre el humo producido por el material antidisturbios.

Yolanda, permanecía quieta. Dobló sus rodillas y se posó sobre el suelo con la suavidad de una flor caída. De lejos un grupo de manifestantes corrió en su busca, pero un hermético círculo de policías les impidió el paso. Los manifestantes gritaron ¡La han matado! Yolanda permanecía inerte, había muerto con veinticinco años sobre las aguas de su amado río.

 

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2016

Voyager-1

 

La NASA informó que la sonda Voyager-1, lanzada en 1977, ha dejado el Sistema Solar y está a más de 18.700 millones de kilómetros de la Tierra. La noticia centró la conversación entre dos viejos amigos. Juan abrió la calculadora de su teléfono móvil y comenzó a realizar cálculos.

¿Cual era la velocidad media de  la Voyager-1? Calculó las horas aproximadas del periodo transcurrido entre el año 1977 y el 2016.

39 años por  el numero de días del año y por veinticuatro horas diarias, sin contar los años bisiestos, eran: 341.640 horas. Dividió los kilómetros recorridos de la Voyager-1 por las horas.

¡La velocidad es de 54.736 km/hora! exclamó Juan. ¿Seguimos con los cálculos? interpeló Juan a su amigo Jorge.

Sí, sí, remarcó, Jorge. Pero es mejor compararlo con distancias y velocidades conocidas para tener una idea más exacta. Por ejemplo, la distancia de la Tierra al Sol, o la velocidad de la luz.

Juan continuó con los cálculos. La distancia recorrida por la Voyager-1, era 124 veces los 150 millones de kilómetros de la distancia de la tierra al sol, y la velocidad equivalía a recorrer los 40.075 km de la circunferencia ecuatorial terrestre, en 44 minutos.

Una mezcla de asombro y admiración se reflejó en la cara de Juan. Sin embargo, Jorge no parecía impresionado.

- Por qué no haces la comparación con la velocidad de luz.

La calculadora volvió a entrar en funcionamiento en las manos de Juan. Dividió los 18.700 millones de kilómetros por 300.000 km/s, de la velocidad de la luz. Los segundos los pasó a horas y minutos.

¡La luz realiza ese recorrido en 17 horas y 19 minutos!

Jorge adoptó una actitud filosofal.

- Ósea, que los  39 años de recorrido de una sonda terrestre, se han quedado en 17 horas y 19 minutos en la medida astronómica que se utiliza para medir las distancias interestelares.

-No se exactamente a donde quieres llegar.

- Lo que quiero decir es que si tomamos, por ejemplo, la distancia que existe de nuestro sistema solar a la estrella más cercana, Alfa Centaury, que es de 4,37 años luz, en el supuesto que la Voyager-1, hiciera el recorrido de los 41,3 billones de kilómetros, tardaría 86.225 años.

- Parece una barrera de espacio y tiempo infranqueable para el ser humano.

- Eso es lo que yo pienso. Nuestra especie seguirá indagando e investigando con medios de observación otras estrellas, y sus sistemas planetarios, pero el contacto con los mismos es materialmente imposible.

- Es una sensación de soledad cósmica enorme. Asintió Juan.

Tenemos la Tierra, y pienso que debemos ser conscientes de que, aunque hubiera en nuestra galaxia un planeta similar al nuestro, la imposibilidad de alcanzarlo nos confina a la Tierra como el único lugar para la supervivencia de la especie humana, y ello nos obliga a preservarlo por encima de todo.

 

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1975

El piquete

 

Un silencio inusual reinaba en el centro de la ciudad al final de la tarde. Los furgones de la policía antidisturbios estaban apostados en las bocacalles. Eran unos días de tensión política y crispación en la calle. La decisión del dictador de ejecutar a varios militantes antifascistas había creado un clamoroso silencio en los lugares públicos. Nadie se atrevía a hablar de lo que le preocupaba, ni tampoco existían ganas de hablar de cosas triviales cuando la muerte pendía sobre unos jóvenes comprometidos con la democracia. Su muerte, debía ser un castigo ejemplar, para que, quienes osarán enfrentarse al régimen fascista, se lo pensaran dos veces.

Era un lucha contra el miedo. Una lucha por demostrar que no acallarían la protesta ciudadana. Todo estaba preparado para una manifestación de unos cientos de valientes que a una hora en punto dejarían de transitar por los alrededores y se congregarían en el centro del paseo. Sabían que la concentración no duraría mucho. La policía antidisturbios arremetería contra ellos, y tendrían que dispersarse. Sin embargo, aunque solo durara un minuto la manifestación, era suficiente. El objetivo era demostrar que el terror policial no iba a doblegar el espíritu antifascista.

No todos los que habían preparado la protesta contra las penas de muerte iban a acudir a la concentración. La tarea para unos militantes organizados era la de bloquear las bocacalles cruzando varios vehículos y de esa manera evitar que la policía antidisturbios entrara al centro del paseo con su blindados, dando tiempo a los manifestantes a concentrarse durante unos minutos.

El mayor temor de las personas que formaban el piquete no provenía de la policía antidisturbios sino de la policía secreta política, quienes iban armados con armas cortas de fuego ocultas, y con toda seguridad estaban entre los paseantes de esa tarde del mes de septiembre.

A la hora prevista un estruendo de voces retumbó a lo largo del paseo. ¡Ahora! grito alguien en una de las bocacalles. Seis personas acudieron veloces desde puntos dispersos al centro de la bocacalle. Cruzaron varios coches, y los furgones policiales tuvieron que detenerse. Los miembros del piquete corrieron, pero de pronto uno de ellos fue apresado por un policía secreta. El resto del piquete se abalanzó sobre el secreta y éste rodó por el suelo. Los policías antidisturbios que habían bajado aceleradamente de los furgones corrían hacía el piquete. Los miembros del piquete tenían entre 25 y 30 años, también corrieron, y los antidisturbios desistieron volviéndose contra los concentrados en el centro del paseo, quienes rápidamente se dispersaron.

Fueron unos minutos. Unos minutos de rebeldía ante la opresión. Un paso en favor de la libertad.

 

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1972

Las costas de Irlanda

 

Entró en el cuarto donde estaba el timón del barco que permanecía sujeto por quien iba a relevar durante cuatro horas.

- Tienes que mantener la dirección de la flecha constante sobre la marca en la brújula.

Tomó el timón mientras su compañero se ponía el impermeable para salir a cubierta.

-Parece que se avecina una tormenta, creo que será una noche movida. Estamos cerca de las costas de Irlanda y aquí las olas son muy fuertes, señaló su compañero al salir, un hombre de unos cuarenta años que se le veía curtido por la experiencia marinera.

Se quedó solo aferrando el timón. No parecía complicado mantener el rumbo mientras no soltara el timón. Era la primera vez que tenía uno en sus manos.

A sus veinte años había salido del pueblo pensando en tener una experiencia en el mar. La ocasión se le presentó pronto en aquel puerto de pescadores, donde se solicitaba personal para enrolarse durante los quince días que duraba la marea de pesca con redes de arrastre.

Debían estar muy faltos de personal, pues su inexperiencia no supuso ningún problema para que lo contrataran. Tal vez, porque el barco al que subió era el más desvencijado del puerto. Su misión cada cuatro horas que duraba el arrastre era, según indicaciones, seleccionar el pescado volcado sobre la cubierta e introducirlo en cajas.

A la semana de estar navegando el trabajo lo tenía agotado. La comida era mala pero el esfuerzo le había abierto un apetito voraz. Después de comprobar la dureza del trabajo, ya había decidido dar por terminada su experiencia marinera en cuanto tocaran puerto. Los marineros expertos con los que compartía el trabajo le parecían unos seres hechos de hierro. Los admiraba, por el buen talante con el que llevaban aquella dura vida.

Un inesperado movimiento del barco le sacó de sus pensamientos. Vio que estaba empezando a formarse un fuerte oleaje. Faltaba casi una hora para el anochecer de ese día del mes de enero y la noche parecía precipitarse sobre el horizonte. Un tupido manto de nubes grises unían el cielo con el mar sumiendo el color de sus aguas en la penumbra.

El barco comenzó a moverse con fuerza. El agua de lluvia azotaba los cristales del cuarto del piloto. La rueda del timón precisaba de un mayor esfuerzo para sujetarla y decidió concentrarse en mantener el rumbo. La dirección del barco estaba fijada transversalmente al oleaje y éste remontaba con la proa las olas, para luego descender hundiendo parte de la misma en el mar y, de nuevo, volvía a remontar la siguiente ola como si fuera una montaña rusa. Pensó que debido a su inexperiencia vendrían pronto a relevarle, pero no fue así, y agotó su turno en medio de aquel mar embravecido.

Otro marinero entró a relevarle. Su impermeable expulsaba el agua de la tormenta. Rápidamente se lo quito, lo colgó y con una sonrisa tomo el timón ¡vaya tormenta! esperemos que el Costa de Agadir aguante, ya lo ha hecho otras veces. La última parte de la frase le tranquilizó.

Tomo su impermeable y se dispuso a salir. El marinero, volvió a exclamar ¡ Las costas de Irlanda están cerca, y aquí las tormentas son más fuertes! ¡Ten cuidado cuando cruces la cubierta y agárrate bien a la barandilla!

El viento huracanado le sacudió el rostro cuando salió del cuarto del piloto. Una barandilla recorría el centro del barco desde el cuarto del piloto hasta la bodega donde estaban los camastros. Se asió a la misma. Las olas barrían la cubierta y comprobó  que tenía que aferrarse con fuerza sino quería ser arrastrado. Cuando estaba en el centro de la cubierta una ola lo levantó quedando solamente sujeto con la manos. La ola le mantuvo durante unos instantes flotando sobre la cubierta. Notó la tensión en sus brazos que se habían convertido en el único amarre al barco. La ola pasó, y otras más pequeñas continuaron.

Llegó a la bodega, se quitó el impermeable y se tumbó en el camastro. Sus compañeros dormían, o al menos es lo que parecía. Pensó que hubiera sido si la ola lo hubiera arrastrado, y recordó un pasaje de lo obra de Víctor Hugo "Los Miserables", donde narra los instantes en el que un marinero cae al mar en medio de una tormenta. Se durmió y soñó con ese pasaje, en el que el marinero vive la angustia de la soledad entre el cielo y el mar mientras el barco continúa alejándose sin que nadie se diera cuenta de su tragedia.

Terminada la marea de quince días arribaron a puerto. Cobró su paga y se despidió. El mar le seguía pareciendo fascinante, pero decididamente la vida de marinero no estaba hecha para él.

 

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2004

La Madre

 

Era una soleada mañana de mayo. Un día apropiado para disfrutar de los parques de la ciudad. Caminó un buen rato. En el trayecto se sumió en la vorágine de transeúntes silenciosos que con prisas caminaban en medio del infernal ruido del tráfico. De pronto, un vehículo perdió el control e invadió la acera. Una madre con su hijo en brazos se encontraba en la trayectoria del vehículo. La madre en un acto reflejo se giró para evitar que el niño recibiera el golpe de frente.

El conductor giró bruscamente el volante y esquivó a la madre terminando su recorrido empotrado contra un ventanal. Unos corrieron hacia el lugar del conductor, y otros, hacia donde estaba la madre. Estaba agitada, pero se le veía feliz, al ver que su hijo se encontraba bien. El incidente acabo sin ninguna persona herida, salvo el conductor que fue trasladado del lugar en una ambulancia.

Jorge quedó conmovido por la acción de la madre. En aquel crítico momento, su vida no importaba, lo importante era salvar a su hijo. Pensó que los sentimientos afectivos humanos parecen estructurados por la naturaleza. No existe mayor amor que el de una madre por sus hijos. El amor de la pareja; el que existe entre hermanos, y el de los hijos hacia los padres pueden ser fuertes, pero quedan eclipsados por el de la Madre hacía sus hijos.

Siendo éste el más sublime de todos, le pareció que la maternidad y sus expresiones afectivas estaban socialmente poco valoradas. Pensó que, tal vez, en ello ha influido el escaso apoyo político y social a la emancipación de la mujer que ha convertido la maternidad en un hándicap en su realización personal.

De regreso del paseo volvió a recordar el incidente de unas horas antes. Le pareció que la grandeza de aquella madre por proteger a su hijo era la grandeza de todas la mujeres del mundo. Pensó que la relegación social de la mujer por el varón en la mayoría de las culturas, no solo ha sido una enorme injusticia, sino que la humanidad estaba desperdiciando los valores femeninos en los que radica la principal fuente de amor.

 

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1998

El destino del sol

 

El sol había estado presente durante toda la mañana y la tarde. Al atardecer, Andrés y María, subieron a la pequeña colina a cuyos pies tenían su casa; querían disfrutar de la puesta de sol, como tantas veces lo habían hecho a lo largo de su vida de casados.

Faltaban unos treinta minutos para la puesta de sol. Andrés los calculó como su padre le había enseñado. Colocando los dedos de una mano entre el sol y el horizonte el espacio que cubría cada dedo eran quince minutos. Sabía que ese cálculo dependía de la estación del año y de la latitud, pero como no vivía lejos de donde nació, él seguía utilizándolo.

Cuando conoció a su esposa los dos disfrutaban con las puestas de sol. Y después de treinta años, en días señalados, seguían haciéndolo. El sol continuaba descendiendo casi imperceptiblemente sobre la línea del horizonte y las nubes iban tomando un tono rojizo. Se agarraron de las manos como si ese momento desprendiera una energía singular que debía ser compartida.

Era el momento en el que les gustaba reflexionar, y ese día tenía un significado especial, pues le habían dado de alta a María de su tratamiento contra el cáncer.

- Las puestas de sol son hermosas pero en la medida que pasan los años nos recuerdan que también nosotros estamos entrando en el crepúsculo de nuestras vidas. Señaló Andrés.

-Nada es para siempre, ni siquiera el propio sol. Respondió María.

- No me puedo imaginar que el sol pueda morir. Puesto que tú eres la doctora en filosofía de la ciencia. Explícamelo.

- En la naturaleza todo es movimiento, y cada momento que pasa es diferente del anterior y de esa ley general nada escapa. El movimiento se produce porque la materia cambia de un estadio a otro, bien sea en forma de materia o energía, y la irreversibilidad se produce porque termodinámicamente el espacio es un sistema con diferentes temperaturas y por ello está sujeto al segundo principio de la termodinámica de que en todo foco térmico existe una pérdida irreversible de energía en forma de calor hacia el espacio más frío,  por lo que la materia no puede volver al estado precedente. La metáfora de Demócrito de hace 2400 años, de que nunca nos bañamos en el mismo río porque el agua fluye y, por lo tanto, siempre cambia, ilustra esas dos condiciones, movimiento e irreversibilidad del movimiento.

- ¿Y eso aplicado al sol como se entiende?

- El sol es una estrella mediana de los billones de estrellas que pueblan el universo. Su nacimiento hace unos 4.600 millones de años, se produce porque una gran nube de gas y polvo, formada por restos gaseosos, comenzó a contraerse por efecto de la gravedad hasta que ésta provocó una temperatura en la que comenzaron a producirse reacciones de fusión nuclear a partir de su principal combustible el hidrógeno convertido en helio y energía. La fusión nuclear genera fuerzas expansivas que contrarrestan a la fuerza de gravedad, de tal manera que el sol, al igual que otras estrellas, mantiene un equilibrio entre su masa y la reacción del combustible que la mantiene encendida. Sin embargo, el sol por las leyes de la termodinámica experimenta una pérdida constante de energía que va consumiendo sus reservas de hidrógeno, y cuando éstas se agoten se irá enfriando, poniendo fin a la fuerza expansiva de la fusión nuclear, y la fuerza de la gravedad lo contraerá convirtiéndolo en el caso de la masa del sol en una enana blanca del tamaño de la Tierra, otras estrellas más masivas verán su final convertidas en uno de los enigmáticos agujeros negros. El sol, previamente a su contracción pasará por un proceso inflacionario que la convertirá en una gigante roja que se calcula llegará hasta la órbita de Júpiter aniquilando a su paso a todos los planetas. Aunque para cuando llegue ese momento deberán pasar más de 4.000 millones de años.

- Ósea, que se puede decir que la fuerza de la gravedad enciende las estrellas, y cuando agotan su energía las convierte en un cementerio de residuos.

- Así es.

- Es triste pensar que las puestas de sol acabarán. Asintió Andrés.

- Lo que nos queda es vivir, con la ventaja de que los humanos somos los únicos seres de la naturaleza con capacidad de reflexionar sobre lo que nos rodea, sobre la vida y la muerte. Es lo que nos diferencia de la materia inerte y del resto de especies. Ahora que he salido del cáncer me han vuelto las ganas de vivir más fuerte que nunca.

 

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2005

En el recuerdo

 

Pedro, limpió con esmero la placa. Volvió a leer el texto grabado en bajo-relieve sobre el metal, comprobando que tras quitarle el óxido el nombre y la fecha de la muerte se distinguían con claridad. Levantó la mirada al horizonte. Desde el lugar que estaba, al fondo, se proyectaba un hermoso valle cubierto de árboles, con un pantano que extendía sus aguas como un remanso de quietud hasta el linde de las escarpadas laderas.

Imaginó la mirada de su amigo hacia al valle. Nada había cambiado. Las vistas eran las mismas que hacía veinte años. Le sobrecogía la indiferencia con la que el tiempo transcurre en la Naturaleza. El recuerdo nos hacía diferentes, mantenía viva la memoria de los seres queridos. Había compartido durante años experiencias, convicciones y su pasión por la montaña con su amigo Juan, hasta que ésta cobraría su vida.

Fue un proyecto que a todos entusiasmó. Conquistar la cima del mundo: el monte Everest. De todo el grupo de montaña Juan era el indicado para participar en la expedición. Reunía todas las condiciones, físicas, por su alto grado de resistencia y experiencia, y humanas, por su compañerismo.

Las primeras noticias de la expedición llegaron por correo a través de postales. Transmitían alegría y esperanza. Luego llegaría la triste noticia, Juan había tenido un accidente en las cotas más altas del Everest y había muerto. Su cuerpo no pudo ser rescatado, y permanece protegido y custodiado por el frío y el hielo de la alta montaña.

Pedro recogió sus cosas, miro hacia la placa y emprendió el camino de regreso. De nuevo, imaginó la que hubiera podido ser la última mirada de su amigo. A punto de tocar con las manos el techo del mundo, un inmenso océano de montañas precipitándose a su pies.

 

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1990

La tormenta

 

El tren de Cuzco los dejó a primera hora de la mañana al inicio de la ruta a 2.800 metros de altitud. Caminaron durante todo el día. Pensaban pasar la noche a la intemperie y al día siguiente llegar a las ruinas de Machu Picchu. La tarde estaba llegando a su fin y estaban cerca de alcanzar la cota más elevada de los 4.200 metros, pensaron que podían rebasarla y dormir en la otra vertiente.

Sin embargo, un relámpago lejano les hizo desistir de su propósito y decidieron buscar un lugar que l0s protegiera de la tormenta. No le temían a la lluvia mientras estuvieran caminando, pues el ejercicio mantenía sus cuerpos calientes, pero no podían arriesgarse a pasar la noche mojados a esa altura.

Los tres amigos comenzaron a mirar a los lados del camino para encontrar un refugio. Javier había leído que en esa zona existían pequeñas cuevas, y tenía la esperanza de que encontraran alguna. Sus dos compañeros, conociendo su osadía eran más escépticos. Comenzaron a oír los truenos de la tormenta y un gesto de inquietud se apoderó de los tres. De improviso Javier exclamó ¡Aquí!

En la base de un pequeño promontorio de rocas se perfilaba un hueco entre las mismas. Comprobaron que cabían los tres y se acomodaron. Los truenos se hicieron más intensos, y la lluvia no tardó en llegar. El golpeteo de la misma sonaba en el exterior, los tres amigos bromearon, luego se durmieron.

Llovió durante toda la noche. Cuando despertaron por la mañana estimaron que por su intensidad la tormenta se prolongaría durante todo el día. Se pusieron los impermeables y continuaron el camino. A media tarde, entre la bruma de las nubes de la tormenta disipándose, avistaron las ruinas de Machu Picchu. Se miraron y sonrieron. Un sentimiento de camaradería unió fuertemente a los tres.

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1521

Enrique de Malaca

 

Tuvo la desgracia de convertirse en esclavo y la fortuna de serlo de uno de los hombres más intrépidos que jamás conocieron los mares: Fernando de Magallanes (1481-1521). Enrique, como así fue bautizado, fue comprado por Magallanes en Malaca en el año 1511, bajo dominio del reino de Portugal.

En 1494 el reino de Portugal y el de España habían alcanzado un acuerdo en el Tratado de Tordesillas para repartirse globalmente las nuevas tierras descubiertas, que dividió el mundo en dos partes por un meridiano creado al afecto, situado a 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde.

A la Corona española se le otorgaban las tierras descubiertas hacia el oeste del meridiano, que dejaba bajo su dominio, con la excepción de Brasil, el continente americano, conocido como las Indias Occidentales. La Corona de Portugal se adjudicaría las tierras descubiertas al este del meridiano, que incluía a Brasil en el continente americano; enclaves en África y la India, y un conglomerado de islas en el oriente asiático, denominadas como Indias Orientales.

En su expansión territorial, la incógnita que se planteó a ambos reinos era conocer donde se situaba la línea que separaba el este y el oeste a 180 grados de longitud del meridiano de Tordesillas, o antimeridiano, en el que se pensaba se localizaban las islas Molucas o de las especias, situadas en las coordenadas 2°S 128°E (Gr).

El 10 de agosto de 1919, Magallanes, bajo bandera española, iniciaría una expedición navegando hacia el oeste, con cuatro objetivos principales: 1. Ampliar las tierras descubiertas bajo dominio de la corona española; 2. Explorar si existía un paso marítimo que permitiese cruzar el continente americano; 3. Comprobar la distancia y navegabilidad del océano descubierto por Vasco Núñez de Balboa en 1513, y que posteriormente el propio Magallanes denominará "Pacífico", y 4. Alcanzar navegando hacia el oeste las islas Molucas en el oriente asiático, en litigio entre ambas reinos por la indefinición del trazado del antimeridiano.

Enrique había nacido en la región del antimeridiano. Tras ser apresado y adquirido como esclavo por Magallanes, cuando era adolescente, se convertiría en su compañero inseparable. Sin saberlo, su vida siguió la estela de los audaces proyectos y las vicisitudes por hacerlos realidad de su dueño hasta su muerte el 27 de abril de 1521, en la isla filipina de Mactán de Cebú, situada en las coordenadas: 10°18′N 123°58′E (Gr).

Magallanes desde su salida de Portugal en 1505, navegando por la ruta oriental había llegado hasta los 128º de longitud este, en el archipiélago de las Molucas en 1511, y el lugar de su muerte estaba a 123°58′ de longitud este, navegando por la ruta occidental desde Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), rebasando en cinco grados la circunnavegación del globo terrestre, cruzando la línea del ecuador en su viaje de ida y vuelta a Portugal, y en su viaje de solo ida desde España, bordeando por primera vez el continente americano por el estrecho que descubrió y en su honor lleva su nombre.

Solamente otra persona hasta entonces en la historia de la humanidad había circunnavegado el globo terrestre, su inseparable esclavo Enrique, pero éste lo haría llegando al lugar del que era nativo. El 28 de marzo de 1521, Enrique el esclavo de Magallanes, hablará con los nativos en su idioma.

El veneciano, Antonio Pigafetta (1480-1534), tripulante y cronista de la expedición de Magallanes, lo anota de la siguiente manera en su diario de viaje.

"Iove, a ventiotto de marzo, per aver visto la notte passata fuoco in una isola, ne la mattina sorgessimo appresso de questa: vedessemo una barca piccola che la chiamano boloto, con otto uomini de dentro appropinquarse ne la nave capitanea. Uno schiavo del capitano generale, che era de Zamatra, già chiamata Traprobona, li parlò, il quale subito intesono".

(Por haber visto fuego la noche anterior en una isla, en la mañana del jueves 28 de marzo se ancló frente a ésta y observamos que una barca reducida -que llaman allá boloto- con ocho hombres de tripulación, acercábase a la carabela capitana. Un esclavo del capitán general, que era de Sumatra (llamada anteriormente Traprobana), les habló e inmediatamente le entendieron).

Era la prueba de que, por primera vez, una persona completaba la vuelta al mundo, habiendo cruzado la línea del ecuador en su viaje de Malaca a Portugal navegando hacia el oeste, y en su viaje desde España al lugar que le vio nacer, navegando también en dirección 0este.

Enrique de Malaca, tiene su reconocimiento en la Estatua erigida en su nombre en el Museo Marítimo de Malaca, Malasia.

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1975 

El Derrumbe

 

Mediodía del 30 de abril de 1975. Saigón esta a punto de ser tomada por las fuerzas anticoloniales del Ejército Popular de Vietnam al mando del General Võ Nguyên Giáp. Un tanque con el numero 390 y una estrella de cinco puntas con fondo rojo pintados en su torreta enfiló la puerta del Palacio Presidencial. Cuatro decididos combatientes conducían el tanque. El teniente Vu Dang Toan, dio la orden y arremetieron contra las protecciones de la puerta. La verja cedió ante el empuje del tanque, detrás del mismo una oleada de jóvenes soldados norvietnamitas con cascos verdes, camisas del mismo color, sandalias fabricadas con caucho de neumáticos y armados con fusiles de asalto AK47, tomaron en pocos minutos el que fuera el palacio presidencial del gobierno colonial en Saigón. Subieron las escaleras del palacio con sus banderas y llegaron al despacho del presidente de Vietnam del Sur. Éste cínicamente manifestó:

- Les hemos estado esperando para poder transferirles el gobierno.

La contestación de los soldados fue:

- Usted no tiene nada que transferir. Puede rendirse incondicionalmente.

Todo había sucedido de manera inesperada. Saigón estaba abandonada a su suerte por el ejercito más poderoso de la historia de la humanidad. Eran horas decisivas. El pánico se apoderó de los colaboracionistas de años de opresión. A las ocho de la mañana una marea humana forzó la entrada del aeropuerto, intentando abordar en su huída cualquier medio aéreo disponible. Las imágenes de la desesperación quedarían grabadas para la historia. Una multitud de manos pugnando por aferrarse a los patines de los helicópteros impidiendo que éstos remontaran el vuelo, mientras sus ocupantes golpeaban sin piedad a los desesperados para poder escapar.

Era el derrumbe del ejército invasor, a manos de un pueblo decidido a conquistar la libertad de su nación.

Una década de terror precedía a su retirada. 338.000 toneladas de napalm sobre Vietnam que dejaron más de 2 millones de victimas vietnamitas; 100.000 toneladas de herbicidas (agentes azul, naranja, y blanco) arrojadas para acabar con las fuentes de alimento y refugio del Viet Cong, y un legado de la guerra química que dejaría con posterioridad medio millón de niños con serios defectos de nacimiento. No solo fue Vietnam, sobre la vecina Laos, EEUU, arrojaría más bombas que en toda la Segunda Guerra Mundial. Nunca nadie fue juzgado por tal genocidio.

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1989

Catedral Gótica

 

Manuel había llegado a Borgoña para una estancia de varios días. La región le pareció un puente al pasado medieval de inicios del segundo milenio. Un periodo en el que se produjeron profundos cambios en el monacato que regía y dirigía la espiritualidad de reyes, nobles y plebeyos.

Los años previos al año 1000 habían estado marcados por la austeridad y el temor al fin del mundo anunciado en el Apocalipsis de San Juan, que debería acontecer con el cambio de milenio. Los propios recintos de las iglesias de gruesos muros, con estrechas ventanas por donde escasamente entraba la luz, contribuían a extender el temor de Dios.

Después del año 1000 la vida continuó. En el seno del monacato comenzó un movimiento de renovación de la imagen del Dios del temor y la penumbra por la del Dios del amor y de la luz, que llevaría a considerar la necesidad de un cambio en  la estructura  del templo para que transmitiese un sentimiento de luminosidad y elevación hacia Dios.

En la arquitectura románica impulsada por la orden de Cluny, el templo se sustentaba en el muro reforzado con pilares externos sobre los que se apoyaban los arcos fajones de la bóveda. La altura estaba condicionada por el grosor de los muros y pilares, y las ventanas eran estrechas para no debilitar el muro.

Aumentar la altura de la bóveda para transmitir el sentido de elevación y simultáneamente abrir grandes ventanales en el muro para iluminar el interior del templo era imposible en la arquitectura románica. La orden del Cister sería la principal impulsora de un profundo cambio arquitectónico que daría lugar al estilo que con posterioridad sería denominado, gótico.

El templo dejó de sustentarse en el muro. En sustitución se ideó un sistema de pilares y arbotantes que conforman el esqueleto del templo, convergiendo todos los nervios en el centro de la bóveda en forma de crucería, cubriendo el espacio entre los nervios con una plementería de paños de piedras o dovelas (plementos) a modo de cerramiento. Esta solución arquitectónica permitió aumentar sensiblemente la altura del templo. El sentido de elevación ganado con la altura, sería reforzado sustituyendo el arco románico de medio punto por el de arco apuntado. En las paredes del templo, desprovistas de su función de soporte de la bóveda, se pudieron abrir grandes ventanales adornados con cristalerías de color que permitieron la amplificación de la entrada de la luz natural a la nave central, como símbolo de pureza y amor.

El domingo por la mañana Manuel acudió a la catedral de Sens, considerada una de las primeras del estilo gótico. Imaginó la sensación que experimentarían los primeros feligreses con el cambio arquitectónico. De la penumbra del románico, a la luz del gótico, de la opresión de los gruesos muros románicos, a la liviandad de las paredes del gótico, de la lúgubre bóveda románica que invitaba a fijar la vista en el suelo, a levantarla a lo más alto del templo para admirar sus ventanales y crucerías en forma apuntada hacia el cielo.

 

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1958

Carreteras en el aire

 

Con once, y ochenta años, nieto y abuelo tenían la edad adecuada para cuidar el uno del otro. El nieto acompañaba al abuelo en sus paseos fuera del pueblo con la seguridad de tener un rápido mensajero ante cualquier contratiempo, y la madre del niño sabía que su hijo nunca iba dejar solo al abuelo, lo que le garantizaba la compañía recíproca. Tener un hijo inquieto y con una imaginación fuera de lo común preocupaba a la madre, y la compañía del abuelo era un ancla a sus fantasías.

El abuelo, un hombre pragmático, había comenzado a trabajar a la edad de su nieto ayudando a su padre en las tareas agrícolas, y había continuado como agricultor hasta pasados los setenta años, cuando decidió jubilarse con los ahorros de toda su vida. Justamente sabía leer y escribir, era de carácter abierto pero a la vez desconfiado con los desconocidos, y comedido en los comentarios sobre las cosas que escapaban a su entendimiento.

La mecanización de las tareas agrícolas que comenzaban a introducirse le tenían fascinado. Una segadora arrastrada por dos caballos era capaz de hacer el trabajo de veinte segadores a mano, y una trilladora tardaba unas horas en triturar la paja y separarla del grano, cuando hacerlo en la era, requería de días y de toda la mano de obra disponible en el pueblo.

Por el contrario, la imaginación de su nieto no tenía límites, con once años se preocupaba por los cambios tecnológicos más que nadie en el pueblo. El abuelo pensaba que era una cuestión de los tiempos en los que se nace. Cuando él era niño, nada cambiaba, y durante toda su vida estuvo trabajando en el campo igual que como lo había hecho su padre. En cambio, su nieto había nacido en los tiempos de los avances técnicos, que a él no dejaban de sorprenderlo. El año anterior, había oído en la radio que los rusos habían llevado al espacio fuera de la Tierra a una perra llamada Laika, y de un tiempo a esta parte habían empezado a aparecer en el cielo unas marcadas líneas blancas que no las había visto en toda su vida.

Era mediados de abril, el día había salido fresco pero con un sol brillante. Por la tarde, abuelo y nieto salieron a dar un paseo. El nieto ya sabía donde irían, al pie de la pared de un convento situado en la orilla del río. En días frescos y soleados a su abuelo le gustaba ponerse en aquella pared a tomar los rayos del sol de la tarde. Llegaron al lugar y el abuelo se sentó en un viejo banco de madera pegado a la pared, inclinó la boina hacia adelante para darle sombra a los ojos y entró en un estado de sopor. El nieto comenzó a jugar por los alrededores sin perder de vista a su abuelo.

La tarde avanzaba y los rayos de sol fueron debilitándose. Cuando el abuelo percibió que comenzaba a refrescar, llamó a su nieto. Éste se acercó y emprendieron el camino de regreso. En ese momento vieron en el cielo como un objeto volador iba trazando una estela blanca. Los dos estuvieron mirando un rato la progresión de la estela.

¿Que será esa marca? dijo el abuelo.

El nieto sabía que la formaban un nuevo tipo de aviones con motores de reacción, pero conociendo la curiosidad de su abuelo y su desconocimiento pensó en gastarle un broma.

- Yo creo que son carreteras.

El abuelo, dudó de lo que decía el versado de su nieto, pero después de haber oído en la radio lo de la perra Laika, tampoco quería aparecer como un ignorante ante su nieto, y con una tono de voz entre duda y asentimiento, respondió.

¡Que veremos aún!

El nieto rió para sus adentros, y emprendieron el regreso. La tarde llegaba a su fin, y su madre ya les estaría esperando.

 

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1962

El primer amor

 

Él debía ser diferente. Todos sus amigos estaban entusiasmados con cumplir años y convertirse en adultos, pero él se resistía a que eso sucediera. Con 14 años seguía añorando el mundo fantástico de su infancia, en el que él, era quien organizaba las grandes batallas en el juego entre bandas; quien lideraba las exploraciones más atrevidas en las afueras de la ciudad; trepaba más ágil que ninguno los árboles más altos, y mejor relataba las historias de aventuras, pero ese mundo parecía haber llegado a su final.

El fútbol, la música, las comidas del fin de semana, en las que algunos bebían e incluso fumaban, pero sobre todo las relaciones entre chicas y chicos, eran las actividades que habían comenzado a cobrar importancia en la transición hacía el mundo de los adultos.

La dificultades para adaptarse a la nueva situación le habían provocado una gran timidez, y su círculo de amigos se hizo más pequeño e íntimo. En el fútbol encontró una nueva pasión y un puente hacía su madurez, pero el mundo de las chicas le perturbaba. Un nuevo sentimiento había aparecido, estaba siempre enamorado de diferentes chicas, pero su timidez le impedía manifestar lo que sentía. Veía a las chicas como seres extraordinarios, superiores a los varones dotadas de una gran belleza y de superior inteligencia.

Comenzó a ir al cine en cuadrilla de amigos y amigas. Ese día, vieron una película cuya protagonista era una chica rubia de ojos azules. Se enamoró de la protagonista, sus ojos azules y el cabello rubio le evocaban las princesas de los relatos de aventuras de su infancia. Cuando salieron del cine estaba como ausente, lo cual debido a su timidez era bastante habitual, aunque a las chicas de la cuadrilla no les pasó desapercibido que un sentimiento más profundo de lo habitual le embargaba.

Aquella noche, le costó dormirse pensando en como podía conocer a la protagonista de la película. Imaginó que un día paseando por la orilla del río se conocían, también imaginó que la secuestraban y que él con astucia la rescataba. Se prometió a si mismo que nunca la olvidaría.

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2012

El deshonor

 

-Según el Departamento de Asuntos de Veteranos, un promedio de veinte veteranos del servicio militar por día mueren por suicidio, representando el 18 % de las muertes por suicidio en EEUU, mientras este colectivo solo representa el 8,5 % de la población adulta estadounidense. Las tasas más altas, se hallan entre los militares veteranos de entre 18 y 34 años de edad-. John escuchó la noticia en la radio. La estadística le tocaba muy de cerca, hacía un semana que su amigo Robert había puesto fin a su vida de un disparo.

Los dos habían estado juntos en la guerra de Irak. La peor parte se la había llevado él. Tras haber sido herido en Irak había quedado casi imposibilitado para caminar. Vivía modestamente de la pensión del Estado en Santa Mónica, donde había pasado la mayor parte de su vida antes de apuntarse al ejército. Cada cierto periodo de tiempo recibía la visita de Robert. Conocía las dificultades que tenía su amigo para que lo contratasen debido a su pasado militar; éste se quejaba de no tener un trabajo fijo, había estado empleado como barman, taxista y transportista, pero John sabía que un problema más profundo afectaba la estabilidad emocional de Robert.

Ambos habían tenido una experiencia que les marcaría para el resto de sus días. En Irak, en una inspección en un suburbio de Bagdad, cuando iban a entrar en una de las casas, alguien empezó a disparar contra la patrulla en la que estaban, se pusieron a cubierto y arrojaron unas granadas de mano en su interior. Cuando los efectos de las explosiones pasaron vieron que los disparos no habían procedido del interior sino que los habían efectuado dos milicianos desde el exterior que huían por las calles adyacentes.

Entraron en la casa. El espectáculo que presenciaron les dejo horrorizados. Entre los escombros había una mujer joven y tres niños menores de cinco años destrozados por las explosiones de las granadas. Robert estaba muy afectado. John le escuchó como con una voz susurrante repetía: -son como la familia que yo quiero tener cuando vuelva a casa.

Sin embargo, Robert, no llegó a tener una familia. Había quedado muy afectado emocionalmente y muy limitado para establecer relaciones sociales. John creía que con el tiempo su amigo se sobrepondría al dolor, pero últimamente lo veía muy crítico con su experiencia en el ejército, sentimiento que empezó a compartir con él.

Robert le decía que estaban viviendo instalados en una mentira. Los gobernantes los elogiaban como honorables soldados que cumplían con su deber en la defensa de su país, pero para Robert, su paso por Irak no había tenido nada de honorable. Se habían comportado como un ejército de ocupación que no duda en masacrar a personas inocentes.

Se sentía engañado en sus valores patrióticos por políticos sin escrúpulos. No tenía nada de que enorgullecerse, porque de haberlo tenido su autoestima, su dignidad y su honor estarían invictos, y le hubieran ayudado a superar sus traumas. El deshonor, le impidió rehabilitarse, y el suicidio fue el final a un camino que consideraba sin salida.

 

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2010

El glaciar

 

Habían pasado treinta años desde que subieron a la cima del Posets. Ángel dudaba de que después de tanto tiempo, pudiera subir de nuevo a la cumbre de 3.375 metros, pero su amigo Luís con quien realizó en el pasado la subida, le había insistido y ambos volverían a intentarlo.

Era agosto, Luís llego de Madrid un viernes, se instalaron en el refugio de Viadós a 1.700 metros, y el sábado por la mañana iniciaron la ascensión por la misma ruta que en 1980. Conforme avanzaban hacia la cima el entorno se les iba haciendo familiar. Pasaron la Cabaña de la Basa (1.880 m.), cruzaron el barranco Puyarueso (2.180 m.) y se aproximaron al inicio del glaciar de Llardana (2.800 m.). Cuando llegaron, los dos quedaron sorprendidos.

-No está el glaciar. Dijo Ángel.

-Creo que están desapareciendo los glaciares. Respondió su amigo.

¿Cómo que están desapareciendo?

-Sí, debe ser por el cambio climático.

Se sentaron para hacer un descanso. Dos montañeros que realizaban la ascensión se aproximaron. Ángel se dirigió a ellos.

-Hace treinta años estuvimos en agosto en este mismo lugar, y aquí había un glaciar, pero prácticamente ya no queda rastro. Y señaló un pequeño nevero.

-Durante los meses de verano no hay glaciar, si queréis verlo tenéis que venir en noviembre. Respondió uno de ellos, y continuaron su camino.

-Parece increíble, ha estado ahí desde hace 10.000 años y en treinta años ha desaparecido. Comentó Ángel.

-Debe ser un fenómeno general. Donde más impacto está teniendo es en las cordilleras del Himalaya y los Andes en las que la superficie de glaciares se ha reducido en un 30%. Lo leí en una revista científica. Hay un retroceso del hielo perpetuo a escala planetaria, principalmente en el Ártico.

-Es una lástima, que elementos de la Naturaleza que llevan tanto tiempo desaparezcan. Afortunadamente este fenómeno no tiene repercusión en la población.

-Por el momento, no, pero en el futuro es posible que lo tenga. Si el deshielo llega a afectar seriamente a la Antártida donde está la mayor masa de hielo continental, el nivel de mar podría subir hasta llegar a inundar la mayoría de las ciudades costeras. El deshielo es un punto de no retorno, pues el calentamiento del planeta por el efecto invernadero es imposible revertirlo.

-Visto así, parece preocupante. El género humano hemos creado una civilización capaz de calentar el planeta con las emisiones de CO2, pero sin capacidad para enfriarlo.

-Eso parece.

Continuaron la ascensión por la cresta norte del Posets, y alcanzaron la cima a las doce del mediodía. Desde la misma se divisaba una extensa superficie en todas las direcciones. En lo que alcanzaba la vista, la naturaleza aparecía desnuda de la influencia humana, como si en miles de años nada hubiera cambiado; sin embargo, invisiblemente en el aire atmosférico, seguía acumulándose los efectos de la civilización industrial como una bomba retardada en el tiempo.

 

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1973

La lucha por la libertad

 

Con 22 años, Manuel, después de haber terminado el servicio militar, encontró trabajo en una fábrica metalúrgica en la línea de montaje. A pesar de que el trabajo era rutinario, el ambiente del grupo de trabajo le agradaba. Sus compañeros eran de su edad y pronto hizo amistad con ellos. El mejor momento era la hora del descanso, paraban 15 minutos, que aprovechaban para almorzar y recuperar fuerzas para acometer la segunda parte de la jornada de 8 horas.

Cuando comenzó el verano, la mayoría de los operarios, en un número aproximado de 200, salían al jardín de la fábrica en la hora del descanso. Cada grupo escogía un lugar para sentarse, el grupo de Manuel lo hacía junto a un árbol, bajo el que comían y bromeaban.  Cuando tocaba la sirena, de nuevo acudían raudos a sus puestos de trabajo.

El descanso de aquel lunes fue diferente a los demás. Manuel estaba bromeando con uno de sus compañeros, cuando otro les dijo ¡Silencio! -Pedro va tomar la palabra. Manuel se dio cuenta que los 200 operarios también guardaron silencio. Una persona aproximadamente de su edad de pelo moreno, con voz pausada se dirigió a los congregados.

-Compañeros, cuando estamos reunidos y hablamos de los problemas laborales que tenemos, y nos escuchamos unos a otros, la reunión se convierte en una asamblea, pero, algo que parece tan natural, está prohibido en este país. El hecho de que yo os dirija la palabra y vosotros me escuchéis, es un delito que puede estar penado con cárcel, cuando es  un derecho humano que está reconocido en la Carta de Derechos Humanos de la ONU. Mi propósito, si estimáis procedente, es en los siguientes días ir leyendo durante dos minutos los artículos de la carta de Derechos Humanos.

Uno sonoro -Sí, Sí.., rompió el silencio creado para oír a Pedro.

Pedro comenzó por el artículo primero, pensando concluir la lectura de los 30 artículos de la Carta el sábado de esa semana. Los trabajadores le escuchaban en silencio, y al término, el murmullo de voces volvía a inundar el ambiente. Este acontecimiento tuvo el efecto de producir un cambio en las conversaciones en los grupos de trabajo. Conceptos y expresiones de las que Manuel no había oído hablar como derechos sindicales y sindicatos obreros legales, comenzaron a ocupar las discusiones.

Sin embargo, Pedro no llegó a los artículos 19 y 20, en los que se declaran los derechos humanos de la libertad de reunión, expresión y asociación. El jueves de esa semana Pedro volvió a hablar, pero esa vez fue para dar lectura  a su carta de despido. Un sentimiento de indignación se apoderó de los congregados. Manuel se sintió, no solamente indignado, sino también sorprendido, no comprendía que un hecho tan inofensivo y que no afectaba en ningún caso a la producción ni al rendimiento laboral, pudiera ser castigado de esa manera.

Otro trabajador, se dirigió a los trabajadores, informándoles que se iba a formar una comisión de obreros para intentar negociar con la dirección de la empresa el retiro de la carta despido. De no ser así, habían pensado recurrir a otro derecho prohibido, la huelga. A continuación, un tercer trabajador tomó la palabra, señalando que con el despido, Pedro, había pasado a ser una persona estigmatizada, y ninguna otra empresa lo contrataría, y solicitó, en caso de ser preciso, estar prestos a ayudar a Pedro. Otra vez un sonoro Sí, Sí.., se escuchó en el jardín.

Esos días cambiarían la forma de pensar de Manuel. Una inquietud existencial se apoderó de él.  La vida de aventuras y viajes con la que había soñado de adolescente quedaba eclipsada, ante la responsabilidad de cambiar el oprobioso régimen que prohibía a los trabajadores sus derechos más elementales. Desde ese momento, sin renunciar a su vocación pacifista, adquiría un compromiso ineludible con la lucha por la libertad.

 

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