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El final de los imperialismos y la formación de un mundo multipolar El final del neo-imperialismo estadounidense puede abrir una etapa de esperanza para la humanidad
Octubre de 2008 Por: Javier Colomo Ugarte Sobre los imperios y el imperialismo La definición de imperio, en su sentido clásico, podría definirse como la predominancia de un centro político que mantiene bajo su control amplias áreas geográficas basado principalmente en su domino militar sobre la zona. Estas áreas sometidas contribuyen fundamentalmente al esplendor de la metrópolis o Centro político, con sus aportaciones de materias primas, metales preciosos, alimentos, etc. El más grande Imperio Occidental de la Antigüedad el Imperio Romano desde el siglo II a.c. hasta el siglo V de nuestra era, resume estas características. Lo mismo el Imperio Español de la Era Moderna desde el siglo XVI hasta principios del XIX, y el Imperio Británico desde el siglo XIX hasta mediados del XX. Todos los imperios han tenido una secuencia de tres fases: inicio, auge y decadencia, a saber: los inicios se corresponden con una expansión militar relativamente rápida donde se incorporan amplios territorios; el periodo de auge se corresponde con mantenimiento del estatus quo territorial basado principalmente en lo que podía denominarse el poder blando, es decir, la cultura, la religión y el desarrollo de infraestructuras; el periodo de decadencia se produce a partir de que se vuelve a precisar del poder militar pero no para su expansión sino para su mantenimiento, en esta última fase todos los imperios han sucumbido, pero a su vez han dejado un hueco geopolítico que ha sido ocupado por otros imperios reemplazando bien en los mismos territorios o en otros, o en unos y otros, el poder del imperio precedente, sucedió por ejemplo en el reemplazo del Imperio Español por el Británico en nuestra más reciente historia, a partir de que España perdiera su predominancia marítima en el mundo tras la batalla de Trafalgar. El final histórico de los imperios coloniales No obstante, los imperios coloniales de mediados del siglo XX, en la fase de su decadencia tuvieron que recurrir a un poder militar miles de veces superior, para intentar mantener sus posesiones coloniales, del que fuera necesario para hacerse con ellas, sin a la postre conseguirlo, por ejemplo, Indochina paso a ser una colonia francesa en el siglo XIX con la intervención de unas pocas cañoneras remontando el río MeKong, o el continente africano paso bajo dominio colonial principalmente de las potencias europeas con una intervención militar de muy pocos efectivos, pero en el periodo de la independencia de esta colonias, a pesar del enorme despliegue militar de estas potencias, no pudieron impedir que éstas se independizaran. Otra característica es que ninguna potencia militar vino a reemplazar militarmente la ocupación estos territorios. El Neo-Imperialismo de Estados Unidos y el Neo-Imperialismo soviético Después de la Segunda Guerra Mundial y fracasados los intentos clásicos de implantar en el mundo el Imperio Alemán en Occidente, y Japonés en Oriente, el mundo se dividió en dos modelos de imperialismo el neo-imperialismo de Estados Unidos representado por la expansión del capitalismo y el neo-imperialismo soviético basado en una economía estatalizada fruto de una concepción despótica de la aplicación de la teoría socialista y con presencia militar en las zonas ocupadas de los países europeos del este. Ambos modelos de imperialismo, siguieron en la denominada Guerra Fría disputándose áreas de influencia entre los países que habían salido de la colonización y extendieron su dominio en estas áreas de influencia en un modelo imperialista genuino desconocido históricamente, basado en la dependencia económica y política de la metrópolis y apoyado en y por las clases dirigentes de las antiguas colonias. El mundo quedo dividido así en casi toda la segunda mitad del siglo XX en tres mundos geopolíticos, el Primer Mundo representado por los países capitalistas industrializados liderados por Estados Unidos, el Segundo Mundo correspondiente al Mundo industrializado de economías estatalizadas dirigido por la URSS y el Tercer Mundo en el que se incluían los países pobres que en el pasado habían sido colonias o semicolonias como el caso de China. Tras el derrumbe del neo-imperialismo soviético por el colapso de su sistema económico interno, el mantenimiento de la dominación que ejercía sobre los países del Este europeo no se pudo mantener, tampoco lo intentó militarmente porque a diferencia del declive de otros imperialismos coloniales, el declive no se produjo por la rebelión de la periferia del imperio sino básicamente por el hundimiento del centro, es decir, del poder soviético en Rusia, si bien, el imperio soviético ya había pasado por la experiencia de intentar mantener por la fuerza militar sus áreas de influencia sin conseguirlo como fueron, entre otros, los casos de Hungría, Praga, y sobre todo Afganistán. Tras el hundimiento del imperio soviético, el imperialismo americano encontró una oportunidad histórica de oro para ocupar las áreas de influencia dejados por el imperio soviético buscando nuevos aliados en los países del Este europeo. Los inicios de un mundo multipolar No obstante otros agentes comenzaron a entrar en escena a principios del siglo XXI. En América Latina tras décadas de dictaduras apoyadas por el neo-imperialismo de Estados Unidos, los nuevos sistemas democráticos dieron la opción a las sociedades americanas de apoyar por sufragio universal a las fuerzas políticas que pretendían emanciparse de la dependencia económica de Estados Unidos y caminar hacia su integración política y socioeconómica regional. A su vez, Rusia tras una década de desintegración (1991-2000), comenzó a emerger de sus cenizas consolidando un sistema democrático, recuperando su economía y reorientándola a un modelo mixto de mercado y de Estado, controlando la explotación de sus materias primas y desarrollando una política exterior no imperialista sino de respeto entre iguales con el resto de países. Estos polos emergentes sin aspiraciones imperialistas venían a sumarse a China que desde la fundación de la Republica Popular en 1949 había apostado por unas relaciones con el resto del mundo no imperialistas, es decir, no de dominio sino de trato entre iguales independientemente del sistema político interno de cada país, bajo el principio de: no injerencia en los asuntos internos de otros países. La estrategia militar de estos polos emergentes no se basaba, pues, en políticas expansionistas sino en el desarrollo de estrategias defensivas. Con la llegada en Estados Unidos de la administración republicana al poder en el año 2000, con el presidente Bush liderando la misma, Estados Unidos, pretendió frenar a estos polos emergentes y reafirmar el poder militar omnímodo de Estados Unidos en el mundo, para ello, aprovechando el Atentado del 11 de septiembre provocado por terroristas islamistas contra Estados Unidos desarrolló una estrategia política y militar para crear un poder paralelo al de Naciones Unidas o contrapoder internacional mundial, al crear una alianza de países que tomaran sus decisiones al margen de la ONU. La invasión de Irak sirvió a esos propósitos y respondió al desarrollo expansionistas imperialista clásico basado en el poder militar para el control de una estratégica zona de materias primas en el Oriente Medio, pero años después, viéndose su fracaso, se ha puesto de manifiesto de nuevo, que cuando un imperio precisa un gran esfuerzo militar para su expansión y este no resulta suficiente, la realidad histórica evidencia que no se está ante una guerra ofensiva sino defensiva aunque se recurra para ello al ataque, y que por lo tanto, el imperialismo americano es un imperio en declive pues no puede ganar ninguna guerra fuera de sus fronteras, como ya se vio en Vietnam y se ha repetido en Irak. El mundo, pues, ha cambiado irreversiblemente respecto a las ocupaciones militares del pasado, estas ya no pueden prosperar pues el desarrollo de la conciencia emancipadora de las naciones impide aceptar al ocupante como libertador. El poderío militar americano se ha convertido en un tigre de papel pues a pesar de su armamento no tiene capacidad militar para consolidar su política imperial expansiva, porque la ocupación de un país en el largo plazo ya no es históricamente posible, tampoco la alianza de naciones propuesta al margen de la ONU, ha podido consolidarse como resultado del fracaso de la ocupación de Irak, por lo tanto, el imperio americano es un imperio en declive y cuanto más recurra a la guerra más se acentuará su decadencia. El final de los imperialismos y la formación de un mundo multipolar ¿Pero, que diferencia hay entre un mundo multipolar y un mundo multi-imperialista? La diferencia radica en la forma de entender las relaciones entre las naciones, tanto políticas, económicas como sociales. Las relaciones imperialistas se caracterizan por el dominio del centro metropolitano sobre la periferia sustentadas principalmente en su poder militar, mientras que las relaciones multipolares solo pueden ser unas relaciones entre iguales. El fin de las relaciones imperiales o multi-imperiales que han sido la tónica dominante en el devenir histórico, ya no pueden repetirse porque estas relaciones históricamente han hecho techo, pues mantener ese tipo de relaciones supone en la práctica un esfuerzo militar inasumible para cualquier potencia, porque a la postre está abocada a su derrota. Los nuevos polos de poder económico y político emergentes no se desarrollan, pues, sobre la base de aspiraciones imperiales sino sobre la base de establecer relaciones entre iguales, entre otras razones, porque el renacimiento de estas potencias se realiza sobre experiencias históricas dramáticas, como fue en el caso de China, la larga guerra contra la ocupación extranjera; en el caso los países latinoamericano el largo periodo de subordinación política a su vecino del norte, y en el caso de Rusia por la experiencia de hundimiento del Centro del Imperio Soviético. Por ello la emergencia de estos polos políticos y económicos mundiales se basa en una cultura de relaciones entre iguales, y la decadencia del imperio americano, derivada de su incapacidad para imponer su hegemonía militar, alumbra la esperanza que el final del imperio americano sea el final de los imperialismos. Por otra parte, los países que no son polo están a favor de que de se desarrolle un mundo multipolar porque les permite establecer sus relaciones internacionales preferentes en libre competencia en lugar de depender exclusivamente de Occidente. Si bien el proyecto sudamericano de integración regional está sus comienzos, su camino es irreversible; la reorganización de Rusia, tras la debacle imperialista soviética, también se orienta hacia un renacimiento de lo mejor de sus potenciales tanto en lo tecnológico como económico; China con su fuerte desarrollo económico se orienta a transformar su economía de exportación de productos, a otra basada en el consumo interno lo que contribuirá a que el resto de naciones tengan más oportunidades para su desarrollo al crearse un centro de consumo nuevo para la exportación. La característica singular además de estos polos emergentes es que apuntan al desarrollo de modelos económicos mixtos, es decir, que compatibilizan la economía de mercado con la planificación del Estado, por lo tanto constituyen también áreas de restricción al desarrollo del neoliberalismo. Estados Unidos se encuentra en la encrucijada de apostar por una huída hacia adelante intentando someter militarmente a países productores de materias primas, lo que supondría sin duda acelerar su declive pero que de producirse de forma agónica puede suponer un plus de sufrimiento para la humanidad. La otra opción es apostar por la inauguración de una etapa en la que trataría de consolidar su supremacía mundial a través del desarrollo de un poder blando basado en el respeto y diálogo con las naciones, poniendo freno a su política neoliberal y cambiando la visión de la utilización de los recursos del planeta en su exclusivo beneficio, lo que a la postre podría dar lugar un renacimiento basado en su capacidad tecnológica y su potencial de consumo interno compartiendo con los polos emergentes una relación entre iguales. La Unión Europea ha puesto de manifiesto, no solo su incapacidad para articularse como una realidad política única, sino que las relaciones internacionales de los países miembros, están muy subordinadas a las de Estados Unidos, por lo tanto dependerá del rumbo que tome esta potencia para conocer el rumbo de la UE. Un futuro confuso pero prometedor para el género humano La crisis económica mundial está poniendo de manifiesto el fracaso del modelo neoliberal inaugurado tras la crisis de los setenta del siglo XX, y de la misma forma que el imperialismo soviético fracaso por el hundimiento de su funcionamiento económico interno, la presente crisis financiera en el 2008 en Estados Unidos, le ha llevado a fracasar como imperio porque su modelo neoliberal a quebrado en el propio centro del sistema. De está manera, un nuevo horizonte de esperanza se abre para la humanidad al abrirse un camino para la constitución de un mundo multipolar basado en unas relaciones entre iguales y con una economía mundial fundamentada en los principios del mercado y de la planificación de los Estados y de las instituciones mundiales. No obstante, los cambios no se presentan fáciles, si bien desde el paradigma neoliberal no existe ningún indicador económico que augure un futuro de crecimiento económico, pues, sin liquidez en los bancos y con unos consumidores paralizados y aferrados a sus ahorros, nadie puede devolver la confianza a los mercados, se hace más notorio que solamente un cambio del paradigma económico neoliberal por otro que implemente la demanda agregada a través del endeudamiento de los Estados y se oriente a un modelo de economía mixta y de integración socioeconómica entre naciones, puede hacerlo, pero no es fácil, porque los que controlan los resortes de la economía y dirigentes políticos de los países desarrollados pertenecen a la tradición neoliberal y se han convertido en rémoras para el crecimiento. Los ciudadanos y los polos mundiales emergentes tendrán que pasar por encima de ellos. En la historia del género humano, los dirigentes políticos han sabido encontrar las oportunidades para hacer que los acontecimientos se orienten en una dirección u otra. En estos momentos en que la crisis económica mundial sacude con fuerza los cimientos del último imperio, los polos emergentes que pretenden un mundo multipolar entre iguales, tienen su oportunidad, tanto China, como Rusia y los países latinoamericanos debieran entender que ha llegado el momento de dar un gran salto adelante en la profundización de sus reformas internas y en la relación entre ellos. En el caso de China con la apertura democrática, el desarrollo de la sociedad de consumo, y la implementación progresiva del Estado de Bienestar, en condiciones diferentes también es el caso de Rusia, y en Latinoamérica es el momento de dar saltos de gigante en el proceso de integración regional, propiciando estructuras económicas y financieras comunes que permitan a cada Estado avanzar también el desarrollo del consumo interno y la democracia social. Es el momento de que las potencias emergentes recojan lo mejor de las tradiciones democráticas y sociales del mundo para crear un nuevo marco humanista encaminado no al interés de una nación, como es el modelo de Estados Unidos, sino del conjunto del género humano. Los cambios solamente lo pueden y deben liderar las potencias emergentes, los países ricos se resistirán a ceder su hegemonía pero están a la defensiva. El germen de una revolución mundial, que se dilucidará ante todo en el campo de las ideas y de los éxitos económicos, está en marcha. |