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Autor: Javier COLOMO UGARTE TÍTULO DESARROLLO, SUBDESARROLLO Y MIGRACIONES INTERNACIONALES A COMIENZOS DEL SIGLO XXI Artículo publicado en la revista de la UNED: Espacio, Tiempo y Forma (2003) Índice 2. Causas de los movimientos migratorios y cambios de tendencia 2.1. Interacción de las causas objetivas y subjetivas de las migraciones 2.2. Desequilibrios entre países y regiones del mundo 2.3. Percepción subjetiva de los grandes desequilibrios 3. Caracterización de los desequilibrios socioeconómicos mundiales4. Evaluación de las migraciones internacionales 5. Análisis de los saldos migratorios netos por grandes regiones del mundo 5.1. Periodo 1980-1985 5.2. Periodo 1995-2000 5.3. Variación en las tasas de migración 6. Relación de los movimientos migratorios con los condicionantes socioeconómicos 7. Estimación al 2025 de los movimientos migratorios mundiales
1. Introducción El origen de las migraciones del siglo XXI poco tiene que ver con el de las acontecidas en otros momentos de la historia contemporánea. Durante el siglo XIX, la expansión de la economía tuvo dos grandes flujos migratorios; por un lado, desde las metrópolis hacia las colonias o áreas de influencia de los países europeos, destacando América Latina, Oceanía y África como destinos de los europeos; por otro, la articulación del centro económico norteamericano atrajo también numerosa mano de obra principalmente europea. La migración transoceánica se desarrolló paralelamente a la dinámica económica cíclica de las metrópolis, de tal manera que fue máxima hasta los años veinte del siglo XX y descendió a raíz de la Gran Depresión. Después de la Segunda Guerra Mundial, el auge en el centro y norte de Europa Occidental atrajo a varios millones de emigrantes del entonces sur semidesarrollado europeo-asiático (Portugal, España, Italia, Yugoslavia, Grecia, Turquía), que buscaron empleo en los sectores más significativos de la industrialización; la crisis económica de la segunda mitad de los setenta supuso el regreso de muchos emigrantes (especialmente españoles, italianos y portugueses), reduciéndose así la presencia extranjera perteneciente a países europeos. Desde la perspectiva mundial, la nueva fase de migración internacional comenzó a partir de los años cincuenta; los flujos migratorios han cambiado de sentido y, a partir de entonces, se producen mayoritariamente desde los países pobres hacia el centro desarrollado. Ello fue especialmente significativo en EE.UU., con flujos de inmigrantes procedentes de América Latina. El mismo fenómeno se produjo también en Europa, donde los inmigrantes de los países subdesarrollados se establecieron de forma estable, caso de los asiáticos y caribeños en Gran Bretaña o de los magrebíes y del África negra en Francia. De todas maneras, el inicio de la migración de las zonas subdesarrolladas al centro desarrollado en los años cincuenta y sesenta tuvo su origen, en el caso de Gran Bretaña y Francia, en los procesos de descolonización, y, en el caso de Estados Unidos, en los profundos desequilibrios que vivía América Latina en los años sesenta setenta, respondiendo, pues, a una situación histórica coyuntural. La emigración a estas zonas debiera haber remitido, si se hubieran cumplido las expectativas de desarrollo en los países de procedencia; pero ello no ha sido así y, a finales del siglo XX, la emigración al centro desarrollado desde los países subdesarrollados se ha incrementado notablemente. La pobreza y el subdesarrollo son la realidad que, cada vez con más fuerza, conforma el origen de las migraciones internacionales del siglo XXI. 2. Causas de los movimientos migratorios y cambios de tendencia No existe una teoría general sobre las causas de las migraciones económicas. Esta carencia no es tanto por la falta de estudios sobre las mismas como porque éstas están sujetas a situaciones históricas cambiantes, por lo que hablar de causas de los fenómenos migratorios es hablar de causas en un contexto histórico determinado. Las causas de las migraciones se han venido tratando desde que en el siglo XIX se comenzaran a realizar estudios sobre las mismas. Las leyes de Ravenstein, formuladas en el siglo XIX, se pensaron para sociedades en transformación, desde un modelo de empleo mayoritariamente agrícola a otro nuevo mayoritariamente industrial[1]. Según la doctrina económica neoclásica, la migración es una consecuencia de las diferencias de renta per cápita entre los distintos países. Pero estas diferencias han existido entre países ricos y pobres desde la época colonial y, sin embargo, no es hasta finales del siglo XX cuando cobran importancia las migraciones desde los países pobres al centro desarrollado. Otras teorías afirman que el elevado crecimiento demográfico de los países produce un excedente de mano de obra que no puede ser absorbido de manera productiva y se traduce en migraciones más numerosas a los países desarrollados. Sin embargo, las pruebas disponibles no avalan la opinión de que los niveles de emigración guarden relación con las tasas regionales de crecimiento demográfico; por ejemplo, en los años cincuenta y sesenta, Europa occidental tuvo un fuerte crecimiento demográfico y era a su vez un importante centro de inmigración. La pobreza es otro de los factores que se citan como causa fundamental de la migración internacional. Sin embargo, si la pobreza se mide en función de la posición económica relativa del individuo en la sociedad de origen, la mayoría de los emigrantes internacionales no son los más pobres en relación a sus conciudadanos, ya que ellos ocupan la zona intermedia en la escala de ingresos del país de origen. En cuanto al concepto de expulsión–atracción, la teoría de Ravenstein y la económica en general se inclina más por el principio de atracción que por el de expulsión. Pero hoy en los movimientos migratorios internacionales se combinan ambos factores. La fuerza de atracción que ejerce el país receptor se regula por medio de cupos legales de inmigrantes; y el crecimiento de los inmigrantes indocumentados no obedece a que las condiciones del foco de atracción sean cada vez mejores, sino a que el efecto de expulsión se acentúa, como consecuencia del reiterado fracaso de los proyectos económicos de los países del Tercer Mundo. Así pues, la cuestión principal no consta en la elaboración de una teoría que explique con carácter general a todas las migraciones económicas, sino en la respuesta al por qué, en las últimas décadas del siglo XX, en muchas regiones de la Tierra aparece una crisis social tan aguda, capaz de romper las barreras de contención que hasta hace poco parecían existir en los países emisores del Tercer Mundo. Si el diferencial entre pobreza y riqueza es causa de migración, también lo era en los años setenta y ochenta; sin embargo, es a partir de esa década cuando, según nuestros cálculos, el saldo migratorio internacional se multiplica por cuatro entre los años 1985 y 2000. Por otra parte, aunque la situación de las estructuras económicas y políticas entre naciones explican la predisposición a que se produzcan flujos migratorios, no explican por qué, dentro de un conjunto de individuos con características similares, se termina produciendo la migración de sólo algunos. Esto, en parte, se debe al hecho de la existencia de redes de migrantes entre los países emisores y los receptores que constituyen una estrategia colectiva combinada, destinada a reducir riesgos en la sociedad natal con el envío de remesas[2]. Una vez en marcha la migración internacional, se refuerzan las redes de migración a través de lazos personales basados en el parentesco, la amistad o el origen común que unen a migrantes, ex migrantes y no migrantes, tanto en las zonas de origen como en las de destino. Así la ayuda prestada a los nuevos migrantes por los amigos y familiares ya establecidos en el extranjero reduce los gastos y riesgos de la migración y aumenta la probabilidad de nuevas migraciones. Pero el reforzamiento de las redes solamente explica las ventajas que tiene una parte de la población para la migración de un colectivo mucho más amplio que quisiera emigrar; las redes por sí mismas no justifican, pues, el fuerte incremento de la migración internacional ni su carácter sostenido. En el presente estudio, la teoría de las causas de las migraciones internacionales de finales del siglo XX y principios del XXI, se basa en los siguientes criterios: 1. La migración internacional es un fenómeno que obedece a la interacción de causas objetivas y subjetivas. 2. Las causas objetivas de las migraciones mundiales se basa en los desequilibrios regionales, a escala mundial. 3. Las causas subjetivas se basan en la evolución social de la percepción del espacio político–económico. 4. La interacción de ambos grupos de causas se produce en determinados sectores sociales de los países emisores, según regiones del mundo. 2.1. Interacción de las causas objetivas y subjetivas de las migraciones En materia social, cuando se habla de causas objetivas, se corre el riesgo de caer en la definición de las mismas como si se tratara de una ciencia física exacta con una ley de causa efecto; y esto no es así. Las causas objetivas deben entenderse como condicionantes que en mayor o menor medida empujan a las personas a emigrar. En el caso de las migraciones forzadas por cuestiones políticas o debido a desastres naturales, la causa tiene tal fuerza que la voluntad de los individuos cuenta poco. En el caso de migraciones económicas el condicionante es menor, pero éste existe, aunque en última instancia será la voluntad de los individuos lo que determinará el acto de migrar. Así, pues, cuando se habla de causas objetivas nos estamos refiriendo a condicionantes que no constituyen causas forzosas para emigrar;, pero sí son realidades que obligan a las personas a reflexionar sobre la necesidad o no de emigrar. Desde el punto de vista subjetivo, no todas las personas que desean emigrar lo hacen, pues también existen otros condicionantes disuasorios, que en muchos casos hacen desistir al emigrante potencial de cumplir su deseo; por ejemplo, falta de medios para emprender el viaje, dificultades del viaje, problemas familiares, etc. Además, están los elementos de disuasión por la fuerza, como son los controles fronterizos o la repatriación, una vez que el emigrante ha llegado a su destino. Si se entiende por causas objetivas de la emigración las condiciones de vida que impulsan a tomar la decisión de emigrar, hay que suponer que estas condiciones son en el entorno donde se vive peores que en otros lugares a donde se quiere emigrar. Por ejemplo, si en todo el mundo se viviese en las mismas condiciones que en el país emisor de migración, ésta no existiría, pues el emigrante nada tendría que ganar con el cambio. Los condicionantes lo son, pues, cuando existe la diferencia entre países o regiones. Pero, además de existir esta diferencia, debe existir también la percepción de la diferencia. La percepción de la diferencia es subjetiva y, por lo tanto, está sujeta a interpretaciones. Cuando hay una interpretación exagerada de la diferencia, se crea el mito del país de destino, donde el emigrante cree que en él solucionará satisfactoriamente sus problemas. Pero, en principio, se debe separar el desequilibrio regional objetivo de la percepción del mismo, pues si no existiese el primero, tampoco existiría el segundo. Por ello, nos centraremos primero en el concepto de desequilibrio objetivo entre países y regiones del mundo. 2.2. Desequilibrios entre países y regiones del mundo Teóricamente, el desequilibrio se establece entre dos espacios con condiciones de vida diferentes: entre el ámbito que tiene las condiciones óptimas y el que carece de ellas. En el caso de las migraciones internacionales de finales del siglo XX, el factor económico es el principal desequilibrio que impulsa a la migración de los países pobres a los ricos; aunque existen también otros factores, como el mayor nivel en materia de salud, educación, seguridad social, etc., correspondiendo a los países receptores las mejores condiciones. Pero desde el punto de vista demográfico, los países desarrollados presentan una estructura demográfica muy envejecida, por lo que la renovación de la población en los grupos de edad más jóvenes sólo puede realizarse mediante aportes migratorios. Esta es la ventaja que poseen los países que tienen una estructura demográfica juvenil y dinámica, que en general son los países pobres, generadores de emigración. Lo que ocurre es que esta ventaja de los países pobres no constituye un factor de atracción, sino de expulsión, al existir un gran número de personas en edad de trabajar, pero sin perspectivas de conseguir empleo. Por el contrario, la desventaja de los países desarrollados en cuanto a estructura demográfica actúa como factor de atracción, ya que se considera necesario para la buena marcha de la economía reducir el desequilibrio demográfico causado por el déficit de los grupos de edad más jóvenes. Así pues, en los países desarrollados existen ventajas que constituyen factores de atracción, pero también carencias que actúan igualmente como factores de atracción; por el contrario, en los países pobres existen carencias que actúan como causas de expulsión y supuestas ventajas en la estructura demográfica que también constituyen factores de expulsión. Los desequilibrios regionales a escala mundial están entrecruzados; y ello, sin duda, favorece las migraciones entre países en una sola dirección: de los menos desarrollados a los más desarrollados. 2.3. Percepción subjetiva de los grandes desequilibrios Hasta ahora, hemos dado por supuesto que los desequilibrios ente países y regiones se produce porque estos no pueden resolver internamente sus propios desequilibrios. Evidentemente, los países desarrollados necesitarían un cambio de modelo demográfico, si quisieran resolver el envejecimiento de su población, pero no existe en la actualidad ningún indicio de que esto suceda. De manera muy diferente se plantea el problema en los países pobres. El concepto de países en vías de desarrollo, planteado internacionalmente después de la Segunda Guerra Mundial, no precisa en cuánto tiempo los países pobres debieran culminar el proceso de desarrollo. Sin embargo, las altas tasas de crecimiento vegetativo y de población urbana sí continúan siendo una constante. El desajuste entre crecimiento económico y crecimiento demográfico, entre crecimiento económico y reparto de riqueza y entre el fuerte crecimiento de los asentamientos urbanos y la carencia de infraestructuras, genera objetivamente desequilibrios internos de difícil solución. Y, si con el paso del tiempo estos desequilibrios no mejoran, subjetivamente surge entre la población incertidumbre sobre las posibles soluciones, llegando a producirse también frustración y desesperación. Esta es la cuestión fundamental: la percepción de la diferencia entre países pobres y ricos se acrecienta no solamente por el hecho diferencial de las condiciones objetivas entre naciones o regiones del mundo, sino también, y sobre todo, por la percepción de la imposibilidad de mejorar las expectativas de vida en un plazo razonable en el país de nacimiento. El desequilibrio entre países no tendría por qué ser motivo de atracción y expulsión de migrantes, si existiera en los respectivos países posibilidades reales, en un periodo de tiempo prudencial, de resolver sus desequilibrios internos. No obstante, hay que tener en cuenta que la decisión de emigrar afecta a una parte de la población que comparte las causas objetivas con la otra parte de la población que decide no emigrar. Este aspecto es más difícil, cuando no imposible, de cuantificar. 3. Caracterización de los desequilibrios socioeconómicos mundialesCon el fin de tener una radiografía de los desequilibrios objetivos que inducen a la emigración desde los países pobres al centro desarrollado, se ha cuantificado la situación socioeconómica de 170 países a finales del siglo XX. El procedimiento se ha basado en el análisis factorial. Se ha trabajado con 14 variables que definen las características socioeconómicas más importantes de 170 países referidas a la segunda mitad de la década de noventa. Estas variables se corresponden con los tres campos que definen los desequilibrios entre sociedades: variables demográficas, socioeconómicas y de calidad de vida (Cuadro núm. 1). Cuadro núm. 1 Variables para el análisis de los desequilibrios socioeconómicos del mundo
Elaboración propia Las variables demográficas reflejan el crecimiento demográfico, la estructura de la población y la población urbana respecto del total de la población. Las variables socioeconómicas se refieren a la riqueza relativa del país o renta media por habitante y la composición de la población activa. Las variables de calidad de vida definen las condiciones sanitarias, la situación cultural y la esperanza de vida. En estas 14 variables se han resumido, pues, los posibles desequilibrios internos de cada país en relación con los 170 seleccionados. La matriz inicial se ha compuesto con los datos de las 14 variables y los 170 países. Recurriendo al análisis factorial se han relacionado las 14 variables de los 170 países, habiendo obtenido una correlación elevada entre las mismas. Entre los factores, uno solo explica el 72,6% de la varianza (Cuadros núm. 2 y 3). Por ello se ha tomado solamente este factor y se ha despreciado el resto de factores por la escasa significación de los mismos. El valor del factor se expresa en cada país en las notaciones factoriales; de esta manera, se han resumido los 14 valores de cada país en uno solo. Ver anexos Cuadro núm. 2 Cuadro núm. 3 Matriz del primer factor Varianza de los factores
Elaboración propia El primer factor, que explica el 72,6 de la varianza, representa dos modelos de sociedades, expresados, por un lado, en las variables con correlaciones positivas y, por otro, en las variables con correlaciones negativas. El modelo expresado en las siete variables de correlación positiva presenta sociedades con fuerte dinamismo demográfico, un precario desarrollo económico y escasa calidad de vida. Ello está representado en las tasas de natalidad y de fecundidad más altas, el crecimiento vegetativo más elevado, el mayor grupo de edad de población menor de 15 años, las mayores tasas de empleo agrícola, la mayor tasa de analfabetismo y la tasa de mortalidad infantil más alta. En oposición, está el otro modelo de sociedades, expresado en la correlación de las variables negativas; se caracteriza por su poco dinamismo demográfico, excelente desarrollo económico y buena calidad de vida. Ello se expresa en el mayor porcentaje de viejos, en el más elevado PNB por habitante ($), la población activa industrial y de servicios más numerosa, el mayor porcentaje de población urbana, la mayor esperanza de vida al nacer y el mayor número de médicos por mil habitantes. Desde el punto de vista de los desequilibrios, en las sociedades con correlaciones positivas el desequilibrio interno se manifiesta, principalmente, en el bajo PNB por habitante ($), la menor población activa industrial y de servicios, la menor esperanza de vida al nacer y el menor número de médicos por mil habitantes. En las sociedades con correlaciones negativas el desequilibrio interno se expresa principalmente por las bajas tasas de fecundidad y natalidad, el bajo crecimiento vegetativo y el menor porcentaje de menores de 15 años. Pero estos desequilibrios internos y entre naciones tienen un valor particular en cada país, que se expresa cuantitativamente en las notaciones factoriales del denominado factor socioeconómico. Según el resultado de las notaciones factoriales, se han agrupado los países conformando cuatro tipologías, dos para las notaciones negativas y dos para las positivas (Cuadro núm. 4 y Mapa 1). Cuadro 4 Matriz de notaciones factoriales (14 variables por 170 países)
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