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Noviembre 2009

TÍTULO

La Tercera Civilización Mundial

Llegará un día que la humanidad sea gobernada como una gran nación de naciones donde todas las personas sean iguales y tengan los mismos derechos

Autor

Javier Colomo Ugarte

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Prólogo

Las civilizaciones a lo largo de la historia han estado circunscritas a países o regiones, si bien, la humanidad globalmente se ha desenvuelto en dos grandes civilizaciones: la del Antiguo Régimen regida por Reyes y emperadores hasta el periodo de la Ilustración en el siglo XVIII y el inicio de la revolución industrial, donde se alumbrará una segunda civilización mundial regida por el Estado Nación de soberanía popular, y la implementación de los combustibles fósiles a gran escala como forma de transformar la energía en trabajo productivo. Civilización de la cual formamos parte.

La Tercera Civilización Mundial es un ensayo político - histórico en el que se vierten ideas y conceptos de lo que ha sido el periplo de la humanidad en los últimos trescientos años, en el cual se ha ido conformando, en la memoria colectiva, un legado histórico universal de avances y fracasos que nos ha situado a principios del siglo XXI en una situación mundial donde se precisa rearticular un mensaje de esperanza para el conjunto de la humanidad. Un mensaje cuya praxis debiera inaugurar una nueva o Tercera Civilización Mundial para abordar globalmente los graves desequilibrios socioeconómicos, así como, detener los perversos efectos medioambientales que el vigente modelo de desarrollo económico y energético está produciendo.

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PRIMERA CIVILIZACIÓN MUNDIAL

De Antiguo Régimen regida por Reyes y Emperadores:

EDAD ANTIGUA

Inicios datos arqueológicos y escritos hasta:

La caída del imperio Romano (476)

EDAD MEDIA

Final del Imperio Romano hasta:

La caída de Constantinopla (1453)

EDAD MODERNA

Renacimiento al final del siglo XV hasta:

La Revolución Francesa (1789)

SEGUNDA CIVILIZACIÓN MUNDIAL

De Estados Nación de soberanía popular, y revolución industrial basada en los combustibles fósiles:

EDAD CONTEMPORÁNEA

Desde la Revolución francesa hasta:

Nuestros días

El discurso del ensayo discurre en un nivel donde se da por supuesto que el lector ya conoce muchas de las situaciones históricas, conceptos sociales, económicos y políticos. En su formato el ensayo es pretendidamente corto, para facilitar la lectura de quien se asoma a sus páginas.

 

TEMARIO

1. De la primera a la segunda Civilización

2. Auge y decadencia de las ideologías universales

3. El final de los imperialismos

4. Hacia un nuevo paradigma emancipador universal

5. La crisis del modelo económico mundial vigente a comienzos del siglo XXI

6. Encrucijada de intereses en la salida a la crisis económica mundial

7. El desarrollo económico y los límites del crecimiento

8. La Tercera Civilización

9. Epílogo

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Nunca en la historia, el Mundo estuvo tan interconectado en las relaciones económicas y políticas como en la actualidad, sin embargo, los inicios del presente siglo XXI, es uno de esos momentos en la historia contemporánea cuando más se carece de un pensamiento universal transformador cuyo sujeto principal sea el género humano y sus fines sean alcanzar la redención de las plagas que le azotan: hambre, miseria, guerras, analfabetismo, discriminación de la mujer, falta de atención sanitaria y degradación medioambiental.

1. De la primera a la segunda Civilización

Con la ilustración en el siglo XVIII, comenzó una corriente de pensamiento en la que el “ser humano” se constituyó en el “centro de todas las cosas”, por él debían regirse las normas sociales, expresadas en los derechos inalienables de las personas. Al fin, tras siglos de oscurantismo, el siglo de las luces alumbraba un ideal para la humanidad por el cual la Tierra podía dejar de ser un “Valle de Lágrimas” donde, en base a las leyes divinas, le había sido negado al ser humano su capacidad de transformar la realidad social en su propio beneficio.

Había llegado para la humanidad el momento de su periplo histórico, en el que como género, podía aspirar a lograr la felicidad social en la Tierra porque el hombre era perfectible y por lo mismo susceptible de alcanzar la felicidad en un paraíso terrenal y no celestial. De lo que para los ilustrados significó ese gran acto de fe vivificante dio cuenta Saint-Just (1767-1794), el joven revolucionario francés quien ante la Convención (1793) afirmó, con una gran simplicidad, lo que fuera el credo de toda una época: "la felicidad social" -dijo- es una idea nueva. Una idea que ya había sido recogida en la declaración de independencia de los Estados Unidos de América del 4 de julio de 1776 y que tuvo su concreción en el artículo 1 de la Declaración de los derechos del Hombre y del Ciudadano (24 junio 1793, Año I del gobierno jacobino) por el que se establece: El objetivo de la sociedad es la felicidad común”.

Saint-Just (1767 – 1794)

En esta nueva era que se iniciaba de la mano de un nuevo pensamiento político, el destino de la humanidad ya no pertenecía a los designios divinos y de sus representantes en la Tierra, la soberanía de los pueblos podía dejar de ser “Patrimonio de los Reyes” y los Reyes, hasta entonces omnipresentes en la historia de la humanidad, comenzaron a ser cuestionados. Era el principio del final de la Primera Civilización que había regido los destinos de la humanidad durante milenios.

El siglo XVIII, o siglo de las luces inauguró, pues, una Segunda Civilización y lo era, porque rompía con el paradigma del pensamiento universal, de que la estructura de la sociedad, sustentada en “incuestionables” leyes divinas y sociales, era inmutable y lo era también, porque el nuevo pensamiento proporcionaba al género humano la capacidad de transformar la realidad social, para bien y para mal pero, basándose en su instinto de conservación y en su humanidad, debía y podía aspirar a construir un mundo donde la satisfacción de las necesidades básicas, la justicia social y la libertad de pensamiento abarcaran a todo el género humano sin exclusión.

París 1789

La Revolución Francesa de 1789 fue el primer gran revulsivo de la historia de la humanidad, el primer paso práctico por el que se iniciaba el camino de la transformación política basada en los derechos de ser humano. La teoría social formulada por ilustrados como Rousseau, Montesquieu y Voltaire, abrió un nuevo camino a las clases sociales subordinadas a los poderes absolutistas. Esas clases sociales no solamente podían rebelarse contra dichos poderes, como ya había ocurrido otras veces en la historia, pero que siempre habían quedado en simples revueltas ante la falta de un discurso alternativo al de Dios y sus representantes en la tierra sino que desde ese momento, existía un camino diferente para organizar la sociedad, era posible creer en la igualdad en la libertad y la fraternidad de todos los seres humanos. Las rebeliones contra los poderes entonces establecidos, dejaron de ser revueltas y pasaron a ser revoluciones. El mundo comenzó a cambiar de base y los que hasta entonces “nada” eran, podían aspirar a un mañana en el que todo podía ser.

Luís XVI (1754-1793)

Pero esa aspiración que en el pensamiento parecía irrefutable, en la práctica, se encontró con serios obstáculos fundamentados en los intereses creados de clases sociales y sectores de pensamiento del Antiguo Régimen, que veían que el camino hacía ese fin en beneficio del género humano, contradecía sus intereses particulares y por ello, se opusieron al mismo. De esta manera el avance hacia tal objetivo emancipador universal solo podía lograrse mediante la lucha de quienes tenían todo por ganar, contra los que tenían todo por perder en esa lucha, en la que estos últimos defenderían con todos los medios a su alcance: su poder económico y político.

 

La Libertad guiando al Pueblo (1830 )

De Delacroix (1798 – 1863)

 

2. Auge y decadencia de las ideologías universales

El pensamiento liberal, auspiciado por las nuevas clases emergentes burguesas que detentaban el poder de los medios de producción acrecentado por la expansión de la revolución industrial, fue el que barrió políticamente al Antiguo Régimen. Con las desamortizaciones, las propiedades de los nobles y de la iglesia pasaron a regirse por las leyes del mercado y la propiedad privada se convirtió en el nuevo paradigma del desarrollo de las fuerzas productivas. La libertad individual, el triunfo del más fuerte sobre el más débil era la nueva norma de convivencia. La “nación” sustituía al “reino” como marco político para el desarrollo económico.

Napoleón (1769 – 1821)

Pero la mayoría de la población que había creído en el mensaje de la libertad, la igualdad y la fraternidad universal, vieron como ese mensaje, de nuevo, solamente beneficiaba a unos pocos. Y en oposición al pensamiento liberal, el socialismo prendió entre amplios sectores desfavorecidos de obreros y campesinos como ideal universal emancipador enfrentando al nuevo poder del capitalismo pensado y estructurado para perpetuar el interés particular de determinadas clases sociales y naciones por encima del interés general de la humanidad.

Conspiración liberal (1830)

La “nación” surgida al calor de ilustración como soberanía de los pueblos en contra del concepto de soberanía del Antiguo Régimen basada en reyes, parecía el marco adecuado para avanzar en el camino hacia la redención socialista universal del género humano, en el que cada nación protagonizaría su propio cambio a través de la desconexión geopolítica del capitalismo mundial y la suma de estas naciones socialistas llevaría al final del capitalismo, es decir, al final de la prevalencia de los intereses de una “minoría” sobre los universales del género humano.

Comuneros primavera 1871

La conquista revolucionaria del Estado nacional era pues la condición imprescindible. La trágica experiencia de la Comuna de París de 1871, llevó a fundamentar a los teóricos del cambio del capitalismo al socialismo en el principio de que la voluntad popular no garantizaba el cambio pacífico del sistema económico capitalista al socialista, ni siquiera garantizaba las reformas del propio capitalismo si éstas iban en contra de los intereses de las clases sociales que detentaban el poder económico, pues, esas clases, utilizaban todo su poder militar para acabar con los cambios económicos y políticos.

Resistencia comunera 18 de Marzo al 28 de Mayo de 1871

De ese concepto surgió la teoría de que el poder de transformación de la sociedad no nace de las urnas sino de la punta del fusil y que una vez tomado el poder, éste, debe mantenerse también a través de la represión de las clases sociales expulsadas del poder (Teoría que llevaría al movimiento internacionalista a dividirse entre la II internacional de socialismo democrático y la III internacional comunista de dictadura del proletariado).

Lenin hablando a la multitud

La revolución bolchevique de 1917, guiada por ese pensamiento y formulada como teoría científica por Lenin en su obra “El Estado y la Revolución” supuso para millones de personas una luz, un primer paso en el avance hacia el ideal emancipador del género humano.

Desde el inicio del siglo XIX, el capitalismo de las metrópolis europeas fortalecido en las revoluciones liberales nacionales se expandió militarmente a todo el mundo, justificando con el pensamiento de la exportación de los valores de la civilización de la Ilustración a los pueblos atrasados del mundo, lo que era imperialismo colonial y expolio económico.

Influencia colonial principios siglo XX

Ejército imperial Británico

Pero esta expansión de raíz económica y política, llevaba a profundas diferencias de intereses de dominio territorial geopolítico entre las propias potencias, de tal manera que, el poder capitalista se reforzó militarmente, no solo para frenar posibles cambios sociales en la propia metrópolis sino para expandir sus áreas de influencia geopolítica.

La crisis económica de 1873 y la larga depresión que le sucedió, traería el final del entendimiento pacífico entre las potencias occidentales en el comercio y se instauró un modelo económico mundial basado en el proteccionismo de las áreas de influencia colonial exclusivas de las potencias occidentales, principalmente de Gran Bretaña y Francia.

Alemania formada tardíamente como nación en el Segundo Reich en 1871, también conocido como Imperio Alemán, con la proclamación de Guillermo I como emperador, carecía de áreas de influencia exclusiva coloniales y, por ello, su poder mundial era escaso, y comenzó a acariciar la idea napoleónica de: “quien controla el centro del Sistema Global, controla la Periferia global formada por las colonias”, y se fue preparando para la guerra contra los imperios con mayor dominio de territorios y recursos mundiales: Gran Bretaña; Francia y Rusia.

La carrera armamentística denominada como “paz armada” culminó en 1914 en una confrontación sin precedentes: La Primera Guerra Mundial.

 

Trincheras: Primera Guerra Mundial

Tras esta guerra, con la derrota de Alemania el mundo cambio radicalmente. El nuevo estatus internacional consolidó en el Tratado de Versalles (1919) el predominio Británico y Francés frente a Alemania. A ese predominio se añadió una nueva potencia con valores opuestos al capitalismo: la URSS.

La depresión de los años treinta iniciada tras la crisis económica de 1929, puso fin al sistema económico liberal restaurado al final de la Primera Guerra Mundial y volvió a instaurarse un régimen proteccionista basado en las áreas de influencia exclusiva de cada potencia imperial.

En Alemania, con el triunfo electoral del partido Nacional Socialista (NAZI) se puso fin a la República de Weimar (1918-1933) conformando un nuevo Estado bajo el poder del Partido NAZI.

El partido Nacional Socialista Alemán tenía dos objetivos: 1. resarcirse de la humillación del Tratado de Versalles, en el que se sustentaba su componente Nacionalista y 2. Poner fin al sistema liberal, dando el peso fundamental de la economía al Estado, que daba forma su componente Socialista, pero sobre todo, de nuevo, el partido NAZI comenzó a pretender el control del Centro del Sistema global para dominar el mundo, preparándose para la guerra contra Gran Bretaña; Francia y Rusia.

Alemania, y sus aliados Italia y Japón se convirtieron en las potencias emergentes y trataron de imponer un nuevo orden mundial en el que no habría lugar ni para las democracias sustentadas en los valores individuales de la Ilustración, ni para los regímenes socialistas.

La guerra contra ambos sistemas políticos llevó a Alemania a invadir Europa hacia el Oeste y hacia el Este y a Japón a invadir China, dando lugar a la Segunda Guerra Mundial, que fue la guerra más grande y devastadora que jamás conoció el género humano.

La crisis económica de 1929 tuvo la característica de dar un fuerte impulso al sesgo internacionalista de todas las ideologías emergentes. Por un lado, la revolución bolchevique empeñada en subvertir el orden capitalista mundial, por otro, el nazismo Alemán y fascismo Italiano que aspiraban también a instaurar sus sistemas totalitarios no únicamente en su naciones de origen, sino en el mundo entero. En ese contexto, las democracias sustentadas en los valores liberales de la Ilustración entendieron que debían hacer lo mismo, siendo Estados Unidos quien lideraría esta corriente de pensamiento. La diferencia cualitativa entre la Primera Gran Guerra y la Segunda fue, pues, que las partes confrontadas no lo hicieron solamente por ambiciones territoriales sino porque pretendían implantar un sistema político económico e ideológico a escala planetaria.

Expansión militar de Alemania y Japón en la Segunda Guerra Mundial

En 1945, Alemania, Italia y Japón fueron derrotados por las fuerzas soviéticas en alianza con EEUU y Gran Bretaña. En Núremberg, liberales y bolcheviques juzgaron a los vencidos por la responsabilidad individual en las atrocidades cometidas  y a los regímenes nazi y fascista los sepultaron en el basurero de la historia como los sistemas más odiosos jamás conocidos.

Mas las diferencias entre la corriente bolchevique y la liberal tapadas por la alianza frente al nazismo, no tardaría en destaparse, la victoria comunista en China el país más poblado de la Tierra, puso en guardia al triunfador de la corriente liberal, EEUU. La primera gran confrontación tendría lugar en la guerra de Corea, que terminó en 1953 dividiendo a ese país en dos, en el paralelo 38, eso y la incorporación de las armas atómicas a los arsenales de EEUU y la URSS, estableció un empate mundial que dejó al mundo dividido en dos corrientes de pensamiento y zonas geopolíticas que tenían el afán de cambiar el mundo, exportando, desde la URSS, el sistema bolchevique y, desde Estados Unidos, la democracia liberal.

Churchill, Roosevelt y Stalin

Conferencia de Yalta (febrero 1945)

Pero a pesar de ese empate que dio lugar a una larga guerra fría, donde se evitaba el cuerpo a cuerpo, sobre todo por el miedo a desatar una guerra nuclear, el Primer Mundo el Occidental liberal, industrial y capitalista liderado por EEUU, y el Segundo Mundo el de la URSS, industrial y socialista liderado por Rusia, tuvieron un terreno donde llevar sus aspiraciones expansionistas, un mundo sin industrializar, habitado por la mayoría de la población mundial, un mundo de pobreza y subordinación a las antiguas metrópolis imperiales europeas: el Tercer Mundo.

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