ero, como se ha visto con el paso del tiempo, EEUU es una nación que, con independencia de quien gobierne, debe su
prosperidad en gran medida al sometimiento de otras naciones a sus
intereses y, por ello, su acomodación a los nuevos tiempos no va depender
del discurso de las campaña electorales sino solo puede ser fruto del
empuje de otras naciones en el escenario internacional, cuestión que
llevará su tiempo.
4. Hacia un nuevo paradigma emancipador universal
Una nueva realidad política parece, pues, que comienza a abrirse
camino con el final de la hegemonía mundial Occidental: la formación de un
mundo multipolar, donde los nuevos polos geopolíticos emergentes estarían
de acuerdo en las relaciones entre iguales, es decir, sin ambiciones
imperialistas como superación de las dramáticas experiencias históricas
vividas, como fue en China la larga guerra contra la ocupación japonesa,
en los países latinoamericanos el largo período de subordinación política
a su vecino del norte y el azote de los golpes de Estado, o en el caso de
Rusia, por la amarga experiencia del Imperio Soviético que le arrastró al
caos como nación en la última década del siglo XX. Por otra parte, los
países que no son “polo” también están interesados en que se desarrolle un
mundo multipolar porque les permite establecer sus relaciones
internacionales preferentes en libre competencia, en lugar de depender
exclusivamente de Occidente.
En este emergente escenario mundial tras el fracaso en la
práctica de las ideologías universalistas liberal y socialista
al que contribuyeron las dos grandes potencias que las instrumentalizaron
en su propio beneficio, EEUU y la extinta URSS ¿Cabe pensar que el
proyecto de una humanidad regida por los valores de libertad,
igualdad y fraternidad son una utopía? ¿Cabe pensar que el
género humano se ha detenido en su afán por transformar la sociedad en la
búsqueda de esos valores comunes a todas las ideologías, sean liberales o
socialistas, nacidas de los ideales de la Ilustración, por las que la
humanidad creyó que la felicidad social en la tierra era posible?
Si la humanidad aceptó con resignación durante milenios que la Tierra era
un valle de lágrimas y que solo en otro mundo metafísico dejaría de serlo
¿Se ha vuelto de nuevo a esa situación del pensamiento universal? Cabe
pensar que no, y cabe hacerlo, porque tras un recorrido histórico de
doscientos años de lucha por esos ideales, la voluntad transformadora
sigue vigente y la resignación pertenece ya al oscurantismo de otra
civilización que fue sepultada en el siglo de las luces y cabe
también pensar que no, porque los desheredados de la tierra quieren salir
de su situación de pobreza y la humanidad se enfrenta a problemas como el
cambio climático, la malnutrición, las enfermedades y el analfabetismo,
problemas que necesitan de soluciones globales.
Lo que ha fracasado, no son, pues, esos grandes ideales, sino el
camino trazado por los teóricos del liberalismo y socialismo
del siglo XIX.
El recorrido histórico ha desbrozado lo verdadero de lo falso. Lo
falso ha sido que la verdad de unos no se puede imponer por la fuerza a
otros, pretexto bajo el que actuaron los imperios coloniales europeos, el
imperialismo de EEUU y el de la antigua URSS. Lo verdadero es que el
género humano ha extraído de ese camino de dolor, la experiencia de que
solo es posible avanzar desde el diálogo, el respeto y el entendimiento
entre el mosaico de naciones surgidas desde el siglo XVIII tras un
doloroso parto de guerras y lo verdadero es también que el ritmo de los
cambios políticos y sociales lo deben marcar los propios ciudadanos de
cada nación.
Después de dos siglos se ha dado con el método pacífico y
científico de cambio. El poder transformador nace del respeto entre naciones. Pero el método no significa el cambio, sino las bases para
fundamentar el cambio.
Lo que hará que el cambio se ponga en marcha es la necesidad de
las naciones en colaborar para afrontar los graves problemas que tiene la
humanidad. No obstante, si bien el marco de las naciones es la base sobre
la que deben fundamentarse las transformaciones mundiales, el enemigo
número uno para llevar adelante esas transformaciones, paradójicamente, es
la concepción retrógrada de exaltación de la competencia entre naciones.
Durante los siglos XIX y XX la competencia entre imperios y naciones se
justificaba porque ante todo, lo que debía prevalecer era el bienestar de
cada nación sobre el resto. Se trataba de sacar beneficio unilateral y
ello llevaba al enfrentamiento, ese modelo vigente en la conciencia de la
mayoría de las sociedades de muchas naciones, principalmente de las que
fueron antiguos imperios coloniales, sigue siendo una de las herencias
negativas del proceso de fundación de las naciones.
El objetivo de las naciones debe ser apostar por la colaboración
porque en la misma hay más
beneficio que en la competencia siendo las propias naciones quienes vayan
determinando los ritmos de integración en las relaciones políticas y
económicas.
Es evidente que las sociedades más enrocadas en el paradigma de
confrontación entre naciones, en lugar del entendimiento, son aquellas en
las cuales su grado de bienestar ha alcanzado un alto desarrollo, pues
entienden que los postulados políticos universales pueden perjudicar su
estatus. Serán pues los países o regiones del mundo más poblados y
emergentes económica y políticamente los más interesados en un proceso
integrador.
No
obstante, el posible avance en un proceso de entendimiento entre naciones
a escala mundial dependerá de las naciones que tienen más poder económico
y capacidad de decisión para implementar políticas globales por su peso
económico y demográfico.
En el
actual momento histórico, corresponde ese papel de liderazgo a los países emergentes: Brasil, Rusia, India
y China, seguidos del resto
de países emergentes. Por ello, el proceso de integración política y
económica mundial vendrá determinado en gran medida por la
superación de las relaciones de confrontación principalmente entre China y
EEUU.
Las relaciones políticas que mantienen los países del mundo con
China, se pueden dividir en dos grandes apartados. En el primero estarían
los países Occidentales o países ricos, y en el segundo, los países pobres
y países emergentes entre los que destacan por su importancia Brasil,
Rusia e India. La relación de Occidente con China, es una relación de
amor, odio, una relación que ha venido a denominarse para China en la
política de “golpe y contacto”. Occidente se ha beneficiado en los últimos
años de los productos de exportación baratos de China y en la presente
crisis económica espera beneficiarse de la reactivación interna de China.
Pero este interés es contradictorio, pues, si bien Occidente desea que
China se reactive económicamente para beneficiarse de su crecimiento
también teme las consecuencias políticas que implica un mayor peso
económico y político de China en la esfera internacional.
A diferencia, de
este bloque de países, la relación de los países del Tercer Mundo y países
emergentes con China es diferente. Su relación se basa únicamente en la
política de “contacto”, pues, China constituye una alternativa de
oportunidades económicas frente a la dependencia que han tenido y tienen
del consumismo de los países ricos y no temen la influencia política
China, pues esta nación secularmente ha basado sus relaciones con otras
naciones en el respeto de los asuntos políticos internos de cada país.
La manera de desacreditar a China que tienen los países
occidentales ante su ciudadanía es proclamando
que su sistema político es
el más evolucionado de la historia de la humanidad por estar basado en la
competencia entre partidos políticos.
Sin embargo, este mensaje se
sustenta sobre una negra historia de
injerencia en otros países de guerras y de apoyo a golpistas, consecuencia
y herencia política y cultural de su pasado colonial e imperialista.
El sistema político vigente en China se basa en el sistema de
partidos del Frente Único liderados por el PCCh que dio lugar a la
fundación en 1949 de la actual Republica Popular en la parte continental
de China, de la que quedó excluido el Kuomitang por la confrontación
militar entre ambos bandos, quedando este partido recluido en la isla de
Taiwán. Los treinta años de reforma y apertura en China han sido un gran
paso adelante en materia de avances económicos, sociales y desarrollo
legislativo para conformarse como un Estado de derecho, pero la pregunta
que cabe hacerse es: si China, ante la necesidad cada vez más imperiosa de
la humanidad por avanzar en la construcción de un mundo multipolar basado
en la democracia y la justicia social mundial, entenderá que el principio
de Deng Xiaoping de “caminar al paso del tiempo” deberá traer un
cambio cualitativo interno deberá traer un cambio cualitativo interno
desde la perspectiva de la política de Reforma y Apertura.
El gobierno de EEUU debido a sus intereses creados como potencia
imperial, se orienta a anteponer en las relaciones con
otros países, la fuerza y la injerencia para conseguir su prevalencia como
potencia militar.
El
gobierno de China en su política de reforma y apertura se basa en
el principio de caminar hacia un mayor desarrollo
legislativo de los derechos ciudadanos pero asegurando en todo momento
un poder fuerte del Estado que de estabilidad al proceso de reformas.
El sujeto trasformador mundial en favor del conjunto de la
humanidad está en las naciones que lideran los procesos de
integración y buscan las ventajas
compartidas en el entendimiento. Éste
es son el para redimir al género humano de las guerras, de
las armas atómicas, el racismo y la xenofobia y enfrentar con garantía de éxito los graves
problemas medioambientales y la pobreza en el mundo.
5. La crisis del modelo económico mundial vigente a comienzos del
siglo XXI
El capitalismo ha tenido en los últimos ciento cincuenta años
cuatro grandes crisis globales, las de 1873, 1929, 1973 y la presente
crisis iniciada el 2008. El resto de las crisis, aunque han sido
importantes, no han tenido carácter global sino que han afectado a
sectores industriales o diferentes zonas del mundo. En la segunda mitad
del siglo XIX, el capitalismo estaba en su fase imperialista. La salida de
la larga depresión iniciada con la crisis de 1873 llevó a las potencias
económicas al proteccionismo, propiciando el mismo que el desarrollo de
las fuerzas productivas se realizara expandiendo cada potencia su
área de influencia geopolítica lo que llevaría a su confrontación en la
Primera Guerra Mundial. Tras la misma, comenzó una etapa en la que se
pretendió limitar el proteccionismo, pero la crisis de 1929 derivó en otra
profunda depresión y en una vuelta al proteccionismo y de nuevo se volvió
a la lucha por la ampliación de las áreas influencia geopolíticas que
traería otra vez la confrontación militar y llevaría en esa ocasión a
Japón a ocupar gran parte de China y a Alemania a invadir casi toda Europa
y gran parte de Rusia. Tras la derrota en la Segunda Guerra Mundial del
imperio nazi y del imperio del Sol Naciente, se aceleró el proceso
histórico de emancipación colonial y el mundo político económico se
dividió en dos doctrinas económicas. Por una parte, el mundo capitalista
bajo la hegemonía de EEUU, con una economía de mercado pero en la que los
Estados controlaban los sectores económicos estratégicos, como energía,
comunicaciones y algunas grandes industrias y, por otra parte, aquellos
países denominados de “socialismo real” que basaron su sistema económico
en la propiedad de los medios de producción por el Estado y en la
“desconexión” geopolítica del mundo capitalista, representados
principalmente por la URSS y China,
La crisis de 1973 puso en entredicho estos modelos económicos
mundiales conformados tras la Segunda Guerra Mundial. En el mundo
Occidental a finales de los años setenta se dio un paso adelante en la
globalización económica con la implementación del denominado modelo
neoliberal. Se privatizaron gran parte de los sectores económicos
estatalizados durante el período de la posguerra, se fomentó el libre
comercio y la globalización del sistema financiero en manos privadas. En
China se inició a finales de la década de los setenta el proceso de
“reforma y apertura” que terminaría tras su ingreso en la OMC con el
modelo de “desconexión” económica del mundo capitalista de la época de la
guerra fría. En la URSS, el inmovilismo de las fuerzas contrarias a la
apertura económica supuso un freno al desarrollo de las fuerzas
productivas en el ámbito soviético, lo que contribuyó a crear una
potente economía sumergida de bienes de consumo liderada por nuevas clases
sociales que representaban el desarrollo económico, y que acabarían en
1989 con el burocrático sistema soviético. Será, pues, a partir de 1989,
cuando toma cuerpo verdaderamente la globalización de la economía mundial.
Desde esa fecha el modelo neoliberal, sustentado en el consumo de los
países ricos, hizo crecer velozmente la economía mundial y permitió que
algunos países pobres se beneficiaran de esa expansión, particularmente
China que se convirtió en la fábrica del mundo al inundar el mercado con
productos basados en una mano de obra barata, creciendo durante dos
décadas su PIB en torno al 10% anual.
No obstante, la incidencia que el modelo económico neoliberal
tuvo en la mayoría de los países pobres fue negativa. Muchos países pobres
para impulsar el desarrollo económico habían adquirido préstamos de los
organismos financieros internacionales o directamente de los países ricos
con bajo interés, pero esta situación cambio radicalmente tras la crisis
de 1973. Las características estanflacionarias de esta crisis, creada por
la emisión abusiva de dólares de EEUU durante los años sesenta y setenta
del siglo XX para financiar la guerra de Vietnam, llevó a los países
acreedores a elevar el tipo de interés, encadenando a los países pobres al
incremento continuado del “servicio de la deuda” a pagar a los países
ricos, con la que éstos, amortizaron la inflación derivada de los gastos
sobredimensionados de EEUU.
Los países pobres, endeudados por el pago abusivo de los
intereses de la deuda, recurrieron a la expoliación de las materias primas
destinadas a satisfacer la demanda de la sociedad de consumo de los países
ricos; ello traería consigo un proceso acelerado de explotación de la
tierra en los países pobres acabando, en gran medida, con las economías de
autoconsumo, lo que acompañado de un fuerte crecimiento demográfico
derivó, en estos países, en un rápido éxodo del campo a la ciudad,
produciéndose un desordenado crecimiento urbano que ha provocado grandes
problemas de asentamientos humanos al carecer los mismos de
infraestructuras básicas como agua potable, alcantarillados y redes de
transporte.
Por otra parte, las relaciones económicas entre países pobres y
ricos han venido determinadas por la concentración de la demanda económica
mundial en los países ricos, que en la primera década del siglo XXI con
menos de un tercio de la población mundial acaparaban más de dos tercios
del consumo mundial, con lo cual, los procesos productivos globales se
articulan para esta demanda. La ventaja histórica de dos siglos en la
industrialización les ha permitido a los países ricos obtener el liderazgo
en materia de innovación y productividad técnica en los procesos de
producción, disponiendo de una ventaja comparativa en el intercambio
comercial de productos tecnológicos por materias primas, ventaja que
solamente pueden acortar los países pobres con una productividad económica
basada en salarios bajos, produciéndose un intercambio comercial desigual
favorable a los países industrializados. Esta desfavorable relación
comercial para los países pobres ha hecho, pues, más ricos a los países
ricos, dejando de lado las necesidades más perentorias de la mayoría de la
humanidad.
La concentración histórica de la demanda solvente en los países
desarrollados y su ventaja histórica en la industrialización ha
desembocado en un modelo de crecimiento consumista favorecido en los
últimos años por el modelo de crecimiento neoliberal basada en el consumo
privado, hasta que este modelo ha entrado en crisis en el año 2008
propiciado por las contradicciones propias de la economía sustentada
básicamente en el mercado.
La optimización continua de los productos y de los procesos de
producción permite producir a menor coste y en una economía de libre
mercado para mantener la ventaja de la competitividad también disminuye el
precio del producto en cuestión.
El empresario productor, en cada optimización productiva, tiene
que vender más productos para asegurar los mismos beneficios lo que obliga
a acortar el ciclo de renovación del consumo, pero llega un momento que
ello no es suficiente pues, por ejemplo, si el empresario produce
ordenadores éstos no pueden estar renovándose cada mes para mantener la
tasa de ganancia y se necesita ampliar y diversificar la oferta de bienes
y servicios.
Para ello deberán crearse nuevas necesidades subjetivas a través
de la publicidad orientadas a quienes detentan la demanda efectiva,
de tal manera que se generará la necesidad en el consumidor de pasar, por
ejemplo, de tener un televisor a tener dos, lo mismo pasaría con un
segundo coche, una segunda residencia, nuevas vacaciones, y ello solo es
posible con el crédito.
El sistema financiero privado desempeña un papel fundamental en
este modelo de crecimiento a través de la concesión de créditos al
consumidor.
La banca para mantener su actividad de negocio precisa del
creciente endeudamiento de los consumidores a través del crédito, pero ese
endeudamiento tiene un límite, que viene determinado por la creciente
deuda de los consumidores que limita la capacidad de comprar más bienes y
servicios. El sistema financiero no puede sustraerse a la economía real,
pues el dinero que el financiero presta (tal y como explicó Marx), no es
sino un adelanto de futuro de la parte de la ganancia que el empresario
obtendrá de la venta de sus productos o servicios, de tal manera que el
sistema financiero, se retroalimenta de ese crecimiento futuro, hasta que
llega el momento en que se produce la crisis de sobreproducción, es decir,
la capacidad de producción supera la capacidad del gasto a través del
endeudamiento, lo que repercute en una disminución de la producción,
aumenta el paro y como consecuencia también la morosidad por impagos a la
que tienen que hacer frente los bancos.
Esta dinámica
productiva, consustancial al liberalismo económico, no es nueva, en
realidad es la causante de las crisis más importantes de este modelo de
capitalismo en 1873 y 1929.
Pero tanto la crisis de 1873 como la de 1929, tuvieron una
respuesta proteccionista por parte de las potencias económicas que les
llevó a una expansión en áreas de influencia político económicas y que
propició las dos guerras mundiales.
Esa respuesta a la crisis iniciada en 1873 y que llevaría al
enfrentamiento entre potencias en la Primera Guerra Mundial, llevó al
teórico del socialismo Lenin a considerar que el imperialismo y su disputa
por las áreas de influencia geoeconómicas era la fase superior del
capitalismo, cuestión que la nueva disputa por las áreas de influencia
tras la crisis de 1929 y que dio lugar a la Segunda Guerra Mundial parecía
darle la razón.
Sin embargo, la historia ha demostrado que ese estadio de lucha
interimperialista de desarrollo del capitalismo era solamente una fase
intermedia y que el capitalismo llega a su fase superior de desarrollo
cuando las relaciones de producción se interconectan fuertemente a
escala planetaria, es decir, cuando las relaciones de producción se
vuelven irreversiblemente globales y ya no es posible implementar medidas
proteccionistas territoriales como salida a la crisis.
Solamente a partir de finales del siglo XX, tras el desplome de
la URSS, la incorporación de China a la OMC y la globalización de las
finanzas mundiales se puede decir que el desarrollo de las fuerzas
productivas mundiales articuladas bajo el sistema económico neoliberal
ha llegado al estadio de la economía mundo donde no es posible
retornar al proteccionismo.
En este contexto, la crisis iniciada en el 2008, es una crisis
con características especiales: 1º- porque es una crisis global del
capitalismo en la fase superior de su desarrollo; 2º- porque la crisis se
ha generado en los centros más poderosos de la economía mundial y lo ha
hecho a su vez en el corazón que rige el sistema económico global, el
sistema financiero, y 3º- porque es una crisis para la cual debido a las
profundas interconexiones económicas no caben soluciones parciales
proteccionistas.
La crisis financiera en el mundo occidental como factor detonante
de la crisis mundial representa el fracaso del modelo neoliberal de
crecimiento económico, sustentado básicamente en los sectores sociales con
fuerte poder adquisitivo de los países ricos y estimulado en base a la
especulación crediticia. Está especulación se fundamentó en un mercado de
futuros que se creía ilimitado.
Los créditos hipotecarios se concedían no tanto por la solvencia
personal de los hipotecados, sino porque la supuesta revalorización futura
del inmueble hipotecado compensaría la posible insolvencia del
adjudicatario del crédito. En base a esta especulación financiera los
defensores del neoliberalismo creían que se había encontrado por elevación
del consumismo la fórmula para evitar la crisis de subconsumo pero la
realidad de la crisis vino a demostrar que había un umbral al desarrollo
económico basado fundamentalmente en la demanda solvente de unos cientos
de millones de personas de los países ricos.
6. Encrucijada de intereses en la salida a la crisis económica
mundial
Si la crisis económica mundial iniciada en el 2008 afectara a una
región o sector, tendría un horizonte cíclico dentro del paradigma de
crecimiento económico neoliberal dominante, pero al ser una crisis
financiera global de los países desarrollados y producirse en la fase
superior de desarrollo capitalista mundial, sin que se pueda recurrir a
medidas proteccionistas, su salida no es previsible. La estrategia de los
gobiernos de los países ricos para salir de la crisis se basa en confiar
en que sea la clase financiera privada, la que de nuevo, pasado un tiempo,
reactivará el modelo consumista de los países ricos a través del crédito.
La estrategia de la clase financiera Occidental, de ganar tiempo
para rehacerse de su crisis, además de afectar negativamente a las clases
medias de los países ricos, tiene también una incidencia negativa en los
países en desarrollo que ven mermada su actividad productiva de
exportación al no reactivarse la demanda en los países ricos.
Esta
situación está llevando a los países emergentes: Brasil, Rusia, India y
China (BRIC), a orientarse hacia un cambio de su modelo de
desarrollo económico de producción manufacturera y de exportación de
materias primas hacía los países ricos por otro que complemente el mismo,
con el desarrollo del consumo interno de bienes y servicios y el
fortalecimiento de las relaciones comerciales entre los propios países
emergentes.
Esta estrategia económica de los países ricos basada en confiar
en la clase financiera privada para remontar la recesión seguirá
determinando por un tiempo la marcha de la crisis, pero esta clase social
de financieros se ha convertido en un lastre para el desarrollo de las
fuerzas productivas mundiales, no solo, porque su insolvencia lastra
la salida de la crisis, sino porque el modelo de crecimiento económico
basado en el despilfarro de unos pocos es difícil que pueda reactivarse.
Por ello esta crisis mundial, a diferencia de las anteriores, pone en
entredicho el vigente modelo económico mundial regido por las potencias
económicas del Primer Mundo pues, en los países ricos no existen intereses
económicos (fuerzas objetivas) ni pensamiento político (fuerzas
subjetivas) para reorientar su modelo de crecimiento hacia otro basado en
incorporar al consumo de bienes y servicios a la población del Tercer
Mundo, debiendo ser desde la periferia del sistema económico mundial
(países pobres y emergentes) donde deberá surgir la iniciativa para
liderar un cambio en las relaciones de producción entre países que
favorezca el desarrollo de las fuerzas productivas mundiales.
De los países emergentes, China es el país que está en mejores
condiciones de remontar la crisis económica en un corto plazo al no tener
apalancamiento financiero, ni intereses creados que puedan frenar la
reactivación económica.
China dispone de una potente banca pública que le permite controlar
los procesos especulativos financieros. Y aunque va a sufrir durante un
tiempo indeterminado la crisis y reconversión de su industria exportadora
debido a la caída de la demanda de los países ricos, la estrategia
económica basada en la implementación de la demanda agregada
interna a través de inversiones públicas, es probable, que en un corto
plazo de tiempo, tenga dos efectos positivos. Por una parte, ayudará a
aliviar la caída de las exportaciones por el retraimiento de la demanda
exterior y por otra, le permitirá crear infraestructuras que faciliten la
incorporación de millones de personas a lo bienes y servicios de consumo
privado, de esta forma se creará un nuevo paradigma económico de
fortalecimiento de la demanda interna, favoreciendo con ello una rápida
superación de la recesión económica.
Este ritmo diferente para salir de la crisis, rápida y cierta en
China, y lenta e incierta en los países desarrollados puede contribuir a
que China se convierta en un polo económico articulador de otras economías
emergentes principalmente de Latinoamérica y los países euroasiáticos.
En esa dirección, sería importante para los países emergentes no
solo tener respuestas para su desarrollo interno, sino estar preparados
para liderar propuestas que faciliten una mayor integración económica de
los países en vías de desarrollo, potenciando la inversión en
infraestructuras a través de la creación de bancos públicos regionales
coordinados con los organismos internacionales.
A la crisis económica le falta recorrido en el tiempo para que,
ante la incapacidad de los países del ricos para promover el desarrollo de
las fuerzas productivas mundiales, los países emergentes y sectores
sociales de los países ricos cuestionen la estrategia de la oligarquía
financiera mundial para ganar tiempo e intentar reproducir el modelo
desarrollista y consumista de los países ricos.
La economía global se encuentra en una encrucijada histórica,
como nunca lo estuvo antes y los países emergentes pueden hacer que el
vigente sistema capitalista neoliberal dominante en el mundo pueda
experimentar una profunda transformación que traiga un modelo económico
más humanizado orientado a la satisfacción de las necesidades básicas de
los pobres del mundo, así como su acceso a los bienes de consumo, ello
redundaría en beneficio de la humanidad en general.
7. El desarrollo económico y los límites del crecimiento
Si la ilustración inauguró una nueva civilización en el campo del
pensamiento, las innovaciones técnicas como la máquina de vapor y el motor
de combustión que permitían transformar el calor en trabajo productivo, lo
hizo en el campo de la producción de bienes y servicios.
Hasta el siglo XVIII de nuestra era, las únicas fuentes de
energía susceptibles de ser transformadas en trabajo habían sido, el
esfuerzo, humano, el animal de tiro y carga, los saltos de agua y la
fuerza del viento aplicada a la navegación e industrias rudimentarias.
La posibilidad de transformar mecánicamente el calor en trabajo
productivo demandó nuevas fuentes de energía como la madera y
posteriormente los combustibles fósiles. Transformó paulatinamente las
sociedades rurales al mecanizar los trabajos agrícolas liberándose
ingentes recursos de mano de obra para la industria y los servicios.
Estos profundos cambios
operados durante los siglos XVIII, XIX y XX se entendieron como un
“progreso” en el que no se concebía que el uso masivo de los recursos
naturales pudiera tener unos límites por su impacto en el medio ambiente.
Desde otro enfoque,
solo Malthus plantearía la cuestión al considerar inviable el crecimiento
demográfico ilimitado en un Planeta con recursos limitados.
Durante casi todo el siglo XX los países industrializados tanto
los basados en la economía de mercado como los antiguos países socialistas
del denominado “socialismo real”, basaron su desarrollo económico en el
optimismo del crecimiento ilimitado.
El movimiento descolonizador que tuvo su mayor expansión después
de la Segunda Guerra Mundial puso sobre la mesa las necesidades de los
nuevos países emancipados que se tradujo en la aspiración por alcanzar los
grados de desarrollo de las antiguas metrópolis imperiales.
En la década de los setenta del siglo XX resurgirá el debate de
los límites del crecimiento económico y demográfico a través de
instituciones como el club de Roma.
La conferencia de Estocolmo y los movimientos ecologistas que
comienzan apuntar las catastróficas consecuencias medioambientales y
climáticas que puede tener la externalización de gases de efecto
invernadero como consecuencia de un desarrollo económico sustentado en un
modelo energético de combustibles fósiles.
La conferencia de Río Janeiro en 1992 sobre Medio Ambiente alertó
sobre los límites ambientales del vigente modelo de crecimiento económico,
lo que dio lugar con posterioridad al protocolo de Kyoto para la reducción
de emisiones de gases de efecto invernadero de los países industrializados
para situarlas en el 2012 en los niveles de 1990.
Alcanzado, pues, en el siglo XXI un desarrollo económico mundial
que está afectando al clima de la Tierra la pregunta que cabe hacerse es
¿Si con las cotas de riqueza actuales, patrimonio en dos terceras partes
de un tercio de la población mundial, se disparan las alarmas
medioambientales, es posible alcanzar niveles de desarrollo económico en
todo el mundo equivalentes a los de los países industrializados sin que
tal desarrollo lleve a un desastre medioambiental?
La respuesta a esta pregunta, presenta intereses encontrados,
pues todos quieren evitar el deterioro medioambiental pero nadie quiere
renunciar al crecimiento económico. Los países ricos porque no quieren ni
pueden renunciar al sistema de crecimiento económico basado en la sociedad
de consumo y los países pobres porque no quieren ni pueden renunciar a su
desarrollo económico para poder atender a las necesidades más perentorias
de la población, en materia de alimentación, salud y educación. La
consecuencia política, hasta ahora, no ha estado en buscar soluciones
globales sino en el enrocamiento de cada parte en sus posiciones.
Los políticos de los países ricos intentan justificar ante sus
sociedades que los países pobres deben aceptar con resignación su destino
de miseria, ante la imposibilidad de un crecimiento ilimitado debido a los
efectos medioambientales, mientras que los países pobres acusarán a los
países ricos de nadar en la opulencia y ser los principales responsables
desde la revolución industrial de la concentración de CO2 en la
atmósfera. Pero las acusaciones de unos y otros no pueden evitar que la
contradicción entre el desarrollo económico y los límites del crecimiento
se acentúe por los siguientes factores:
1. El funcionamiento
político económico mundial que basado principalmente en el consumo de los
países ricos y la externalización de costes medioambientales en forma de
gases de efecto invernadero.
2. La imposibilidad de controlar el crecimiento demográfico a
escala mundial, debido a un funcionamiento político, donde cada nación por
sus tradiciones y realidades económicas tiene políticas diferentes al
respecto, o carecen de ellas. Cuando sería necesaria una planificación
demográfica para no sobrepasar un límite de habitantes de la Tierra (que
se podían situar sobre los once mil millones de personas previstos para la
segunda mitad del siglo XXI) tanto por los recursos alimentarios, como por
la cantidad de energía necesaria para promover y mantener el desarrollo
económico de ese volumen de población mundial.
3. La necesidad de los países pobres de atender no solamente a la
alimentación, sino a la generación y consumo energético para poder
propiciar su desarrollo económico. Cuestión que en el vigente sistema
energético mundial lleva inevitablemente a un crecimiento sostenido de la
utilización de combustibles fósiles, pues no existe en el corto y medio
plazo, en el actual paradigma tecnológico, alternativas a la dependencia
energética de los combustibles fósiles y aunque se consiguiera atenuar
esta dependencia por la implementación de otras energías como la de fisión
nuclear o las energías renovables, los países pobres no tienen ni tendrán
a corto plazo posibilidades de acceso ni dinero para pagar esas
tecnologías, por lo que deberán seguir recurriendo al carbón por ser el
combustible más barato, abundante y accesible como fuente principal de
generación eléctrica.
Por ello, va a ser inevitable que las actuales reservas probadas
de combustibles fósiles sean externalizadas en formas de gases de efecto
invernadero a la atmósfera, produciéndose, al ritmo de consumo actual, el
agotamiento de las reservas probadas del petróleo y el gas natural para
finales del siglo XXI cuando quedarán solamente reservas de carbón.
La externalización a la atmósfera, para esas fechas, de las
reservas de combustibles fósiles principalmente en forma de CO2,
debido a la cantidad y corto espacio de tiempo de su emisión, no va a
poder ser absorbida por los sumideros naturales de la biosfera, por lo que
se producirá una concentración de CO2 en la atmósfera no
reciclable por la fotosíntesis, lo que producirá que el efecto
invernadero, al ser el CO2 un gas de gran longevidad, continúe
por muchas décadas incluso después de haberse agotado las reservas de
combustibles fósiles.
Las consecuencias climáticas pueden ser variadas y todavía
impredecibles, pero en general asumibles por la humanidad hasta la
segunda mitad
del presente siglo, pues pueden consistir, en ciclones de fuerza
desconocida, sequías prolongadas en las áreas de los anticiclones
subtropicales, debido al ajuste de las masas térmicas de aire que regulan
la circulación atmosférica, e inundaciones en las zonas templadas por el
rápido deshielo de las precipitaciones nivales. Pero la consecuencia de mayor
coste para la actual civilización industrial podría venir
a finales del siglo XXI, debido a que la externalización de CO2 ya
habrá sido suficiente para que el efecto invernadero haya afectado a la
temperatura glaciar de manera irreversible, con el inicio del
deshielo de las plataformas continentales heladas: Groenlandia y la
Antártida, lo que puede provocar la subida
del mar entre uno y tres metros, afectando a todos
las asentamientos humanos costeros del planeta donde vive más del 50% de
la población mundial.
Esta contradicción entre límites medioambientales y crecimiento
económico solamente es posible resolverla desde planteamientos a escala
planetaria en los que prevalezcan los intereses del conjunto del género
humano sobre los intereses creados de determinadas clases sociales y
naciones.
8. La Tercera Civilización
La civilización nacida de la Ilustración está agotada. Y esta
agotada porque esta civilización que se articuló fundando y tomando la
nación como espacio político por la ideología liberal y socialista para
traer la libertad y el bienestar, después de dos siglos en los que se ha
avanzado enormemente en logros científicos y tecnológicos, en los que el
desarrollo de las fuerzas productivas ha alcanzado cotas
inimaginables al principio de la revolución industrial, ha sido incapaz de
conseguir las metas humanísticas de redención del género humano.
La Segunda Civilización Mundial está agotada porque después de
doscientos años de dominio de las potencias occidentales, de pensar sin
éxito que la descolonización traería el progreso para los pobres, de
soportar dos guerras mundiales, el riesgo de una conflagración nuclear y
la amenaza cada vez más evidente de una catástrofe medioambiental; la
mayoría de la humanidad percibe el agotamiento de todas las alternativas
políticas experimentadas en estos dos últimos siglos para solucionar los
graves desafíos del siglo XXI, y lo está, porque con la crisis iniciada en
el año 2008, el modelo económico basado en la competencia de las ventajas
de unas naciones sobre otras ha quedado obsoleto para promover el
desarrollo de las fuerzas productivas mundiales, así como para resolver
los graves problemas universales de desigualdad que tienen sumida a la
mayoría de la humanidad en la pobreza, la ignorancia, la discriminación de
la mujer, la mal nutrición, las enfermedades y la guerras locales,
mientras un tercio de la población mundial vive en la opulencia.
Se ha llegado a un punto en que los problemas globales, sino se
cambia el rumbo, pueden afectar a la propia supervivencia del género
humano. Ya no es posible que se salven solo las naciones poderosas,
también sus habitantes están condenados a sufrir las consecuencias
derivadas del estancamiento económico, el crecimiento demográfico y la
catástrofe medioambiental.
Pero una vez más, no serán los poderosos quienes tomen la
iniciativa para promover los cambios que precisa el género humano, la
transformación deberá venir de aquellos países emergentes que marquen la
pauta política para diseñar un mundo nuevo de integración política y
económica y en la medida en que eso suceda, los países ricos deberán
seguir su estela.
Llegará un día en que la humanidad sea gobernada como una gran
nación donde todas las personas sean iguales y tengan los mismos derechos,
obligaciones y libertades, ese será el momento en que se alcance
la
Tercera Civilización universal en la que se fundamentarán los destinos de la humanidad.
La antítesis de esta realidad es la conformación de un mundo unipolar, en
el que muchos sectores sociales y políticos de los países ricos estarían
de acuerdo para hacer prevalecer sus particulares intereses. Un paso
intermedio entre esa antítesis y un gobierno fundamentado en los intereses
de toda la humanidad, es la formación de un mundo multipolar basado en la
colaboración y el equilibrio de intereses entre las grandes naciones, ese
es un mundo por el que apuestan los países emergentes.
Pero este paso intermedio, aunque puede suponer un avance en la
paz y el desarrollo económico mundial, es insuficiente para conseguir
abordar con éxito los problemas de la pobreza y medioambientales que tiene
actualmente planteados la humanidad. Solamente acometiendo una profunda
reforma política y económica mundial donde los destinos de la humanidad
sean gestionados globalmente sería posible hacer de la Tierra un lugar de
libertad y prosperidad para la humanidad, porque se ha llegado a un punto,
en que el mundo se ha convertido en un barco en el que solamente es
posible evitar el naufragio con el empeño y el compromiso de una única
tripulación, el género humano.
Los aspectos fundamentales que debieran regir la conformación de
la gestión universal basada en los ciudadanos del Mundo debieran ser:
1. Reforma de las Naciones Unidas democratizando sus estructuras
en base a la representación poblacional de las naciones. Reforma
necesaria porque la actual estructura de la ONU diseñada como orden
mundial de los vencedores de la Segunda Guerra Mundial no representa la
opinión de la mayoría de la humanidad.
2. Elaboración de una constitución por la que se debieran regir
los destinos del mundo, en la que se definirían las competencias de la ONU
y la de los gobiernos nacionales. Constitución por la que todos los
ciudadanos del mundo dispondrían de un marco de referencia de derechos y
obligaciones universales.
3. Aprobación de la constitución por sufragio universal de todos
los ciudadanos del Mundo. Procedimiento democrático que daría a la
constitución vigencia universal y uniría a los ciudadanos del mundo en un
marco de referencia legal.
4. Elección democrática del presidente de la ONU y del Gobierno
por los representantes de las Naciones elegidos según población. El
procedimiento de elección por voto de los representantes de las naciones,
permitiría establecer un equilibrio entre el presidente y el gobierno
mundial, con los representantes de las naciones.
5. Declaración universal de los derechos humanos por consenso de
la asamblea de representantes de las naciones, tomando como referencia la
declaración de 1948, donde se debiera hacer especial incidencia en la no
discriminación de la mujer, la abolición del trabajo infantil y de toda
forma de esclavitud. La necesidad de una nueva declaración viene
determinada porque la vigente de 1948, ha sido instrumentalizada por unos
países en contra de otros, por ello sería necesario consensuar la nueva
declaración entre todas las naciones.
6. Abolición de las armas nucleares. Las armas nucleares son
producto de la confrontación imperialista entre la antigua URSS y Estados
Unidos, a la que se han sumado otras naciones como elemento de disuasión
para no ser agredidas. Con la institucionalización de un gobierno mundial,
las armas nucleares, no solamente estarían de más por el peligro que
suponen para la humanidad sino porque su finalidad geomilitar entre
potencias tampoco tendría razón de ser.
7. Creación de fuerzas militares de la ONU. La necesidad de
fuerzas militares de intervención en conflictos entre naciones, es un
instrumento necesario para salvaguardar el que sería el nuevo orden
mundial.
8. Constitución de un Banco Mundial Público con fondos de las
naciones según PIB per cápita de cada nación y constitución de bancos
regionales públicos en coordinación con el Banco Mundial para gestionar
los fondos estructurales destinados a programas de desarrollo, con el
objetivo principal de cumplir los objetivos y metas del milenio. El
modelo económico que la experiencia de los últimos años se ha demostrado
como el más prospero y equitativo, es el que combina la propiedad pública
de los sectores estratégicos de la economía con la propiedad privada del
resto de sectores económicos. Las finanzas son el elemento fundamental que
permite orientar las inversiones para el desarrollo de las fuerzas
productivas en función de los intereses de unas pocas naciones o, por el
contrario, del conjunto de las necesidades de la humanidad por ello, el
grueso del sistema financiero debiera ser público pues permitiría
articular la demanda agregada para la implementación de infraestructuras y
programas de desarrollo.
9. Constitución de una agencia mundial de la energía para
fomentar las energías renovables y acelerar la investigación para la
sustitución del motor de combustión interna con el que funcionan los
grandes trasportes marítimos y terrestres, la maquinaria pesada para la
construcción de infraestructuras y la explotación agraria, así como
dedicar los mayores esfuerzos científico-técnicos para conseguir la
generación de energía mediante la fusión nuclear por ser la fuente de
generación masiva de energía sin costes medioambientales, actualmente en
fase de investigación en el proyecto ITER. Esta agencia debería
garantizar que se atendieran las necesidades energéticas en todas las
regiones del mundo, así como, la implementación de un programa de
sumideros naturales y artificiales de CO2 a escala planetaria.
10. Implementar, según las condiciones de cada país, un programa
de planificación demográfica mundial. El crecimiento demográfico de la
humanidad no puede considerarse ilimitado y dado el número de habitantes
ya alcanzado y las altas tasas de crecimiento existentes, se precisa de
una política de planificación demográfica que lleve a estabilizar la
población mundial sobre los once mil millones de personas. Las diferentes
realidades demográficas de las distintas regiones del mundo hace necesario
que está planificación se realice con características diferentes en cada
una de ellas pero en cualquier caso, sería deseable para finales del siglo
XXI haber estabilizado el crecimiento demográfico mundial.
Estos debieran ser los puntos más importantes para inaugurar una
nueva civilización que podría abrir las puertas a la libertad y el
bienestar de la humanidad en armonía con el medio ambiente.
9. Epílogo
Ya no es viable abordar los graves problemas que enfrenta la
humanidad desde los intereses exclusivistas nacionales, las naciones que
se enroquen en esa política irán perdiendo protagonismo internacional,
mientras que las que apuesten por el desarrollo de los valores de
integración política y económica para superar diferencias y abordar
conjuntamente los problemas globales de todo el género humano, son las que
podrán avanzar hacia un estadio superior supranacional. La convicción y la
sinceridad en esos postulados es lo que posibilitará que la humanidad
reconozca a las naciones líderes que precisa para avanzar en ese camino.
La herencia histórica de enfrentamientos entre naciones e injerencias es
un lastre que solo puede ser superada por las pruebas de confianza entre
naciones. Los sectores sociales que se han beneficiado y se benefician con
la desigualdad ofrecerán resistencia a las políticas de entendimiento
entre naciones y de profundización de la democracia universal. La lucha
democrática de la mayoría de la humanidad, contra los intereses creados de
esas minorías, es lo que puede traer un tiempo nuevo de integración
política y económica mundial, en el que el género humano tiene todo un
mundo por ganar.
La humanidad debe y puede soñar, ahora más que nunca, que los
ideales democráticos universales, la emancipación social de la humanidad,
la aspiración de la unión de las naciones, y los principios de la armonía
entre seres humanos y naturaleza, pueden fundirse ideológicamente en un
abrazo.