HISTORIA DEL ARTE

CAPITULO IV

ARTE DE ASIA MENOR

Apunte contexto histórico

ÍNDICE

1. ARQUITECTURA MESOPOTÁMICA

2. ESCULTURA CALDEA

3. ESCULTURA ASIRÍA Y CERÁMICA VIDRIADA

4. ESTILOS

a) PERSIA

b) LOS  HITITAS

c) FENICIA Y PALESTINA


ARQUITECTURA MESOPOTÁMICA

.—La otra gran civilización es la que florece en el Asia Anterior, en los valles del Tigris y el Eufrates. Formada en Mesopotamia, es decir, en la región comprendida entre los dos ríos, pueden distinguirse en ella dos etapas de gran fecundidad artística: la caldea, en la parte más baja del valle, y la asiría, en las primeras estribaciones montañosas de la parte oriental. Más tarde, el arte mesopotámico, fecundado ya por el genio griego, penetra en plena región montañosa y crea el arte persa.

Al parecer, los creadores del estilo mesopotámico son los sumerios, establecidos en la región del golfo, junto a la desembocadura, en poblaciones como Ur, la patria de Abraham; estilo que asimilan después los semitas de Acad y Babilonia, situadas más al interior del valle (3000-2000 a. de C). Ese estilo no adquiere, sin embargo, pleno desarrollo hasta los períodos asirio (siglo XI-612) y neobabilónico (625- 539 a. de C), y a ellos se refieren las características que se apuntan a continuación como distintivas del arte mesopotámico.

Algunas de esas características más destacadas son debidas al material utilizado, y, en consecuencia, a su escenario geográfico. Escasa la piedra en Mesopotamia, el material obligado es el adobe o, lo que es lo mismo, el barro cocido al sol, blando y de aristas poco definidas.

El empleo de este material pequeño, y la escasez de árboles corpulentos para labrar vigas de gran longitud, tienen en el orden constructivo una primera consecuencia de importancia: la sustitución del dintel por el arco y de la techumbre adintelada por la bóveda. Tanto el arco como la bóveda dominantes son de medio punto. Consecuencia de esa misma falta de piedra es también la escasa importancia de la columna.

En el aspecto decorativo, la pobreza del material empleado, que no permite, como la piedra, dejarlo al descubierto, obliga a revestirlo con otro más rico. Ese material es la cerámica, es decir, el mismo barro, pero cocido y vidriado por uno de sus frentes. Contra lo que será frecuente en la cerámica arquitectónica posterior, en lugar de labrarse en forma de placas o losetas vidriadas por uno de sus lados mayores, se cubre de esmalte sólo uno de los frentes estrechos del ladrillo, en el que, además, se labra de relieve la parte correspondiente de la decoración, que en esa forma ha de decorar el muro. En las regiones donde existe, se cubre el muro con placas de alabastro, decoradas en relieve, y preferentemente con escenas de caza y guerra, como veremos al tratar de la escultura.

En Caldea y en Asiría los monumentos principales no son, como en Egipto, el templo y el sepulcro, sino el palacio. El monarca, más que el hijo de los dioses que rinde culto a sus divinos padres y piensa en su vida eterna, es, sobre todo, el dominador de pueblos y caudillo de expediciones guerreras ricas en prisioneros, a los que se degüella o amputan manos o pies, y para cuyo goce terreno y marco de su omnipotencia se labra el palacio. El palacio mesopotámico, que con frecuencia engloba el templo, con sus numerosas dependencias, sus patios, sus grandes salones de recepción, será el modelo de los palacios romanos al orientalizarse el Imperio, y de los medievales, en particular los bizantinos y árabes.

El mejor conocido, y que puede servir de ejemplo, es el de Jorsabad, construido por el rey Sargón (702-705) (fig. 131). Edificado sobre enorme meseta o plataforma con varias rampas de acceso.

 (fig. 131)

Palacio de Jorsabad

El palacio se encuentra dentro  de un recinto amurallado reforzado por torres, en el que se abren varias puertas monumentales defendidas por gruesos torreones y flanqueadas por gigantescas estatuas de piedra de toros alados de ocho patas (fig. 132).

(fig. 132)

Toros alados de ocho patas (Palacio de Jorsabad)

En su interior, el núcleo más importante lo constituye el gran patio principal, con el salón del trono al fondo. A la izquierda se levantan el zigurat y los tres templos del dios visible, dispuestos en torno a dos patios, es decir, lo que en un tiempo se consideró erróneamente el harén. En el lado opuesto, y con un gran patio por centro, debían de encontrarse las dependencias administrativas y las habitaciones de la servidumbre.

Sobre la meseta, pero separado ya del edificio del palacio mismo, se levanta el hilani, o pequeño templete con columnas, de influencia hitita.

Además de las gigantescas esculturas mencionadas —del palacio de Sargón proceden más de veinticinco parejas de toros alados—, completan su decoración numerosísimos relieves de alabastro con escenas de la vida del monarca, y en cerámica vidriada, representaciones de animales y plantas de gran tamaño.

 El palacio de Babilonia, reconstruido por Nabucodonosor en el siglo VI, tiene tres grandes patios comunicados por puertas con alcobas laterales, tal vez para la administración de justicia. Al fondo del último, que es el mayor, se levanta el salón del trono, el mayor también de todo el edificio, de unos cincuenta metros de largo por diecisiete de ancho, lo que hace suponer que estuvo abovedado, pues no es fácil disponer de vigas de esa longitud. (fig. 133)

(fig. 133)

Ilustración palacio Figurat de Babilonia

Del rico revestimiento de cerámica da cumplida idea, sobre todo, la decoración de la Puerta de Istar (fig. 134), situada en un ángulo del palacio para dar paso a la gran vía de las procesiones, decoración de cerámica que se guarda en el museo de Berlín.

(fig. 134)

Puerta de Istar. Palacio de Babilonia

Encuadrados por largas franjas con rosetas, los enormes paños de los muros y las jambas de la puerta nos muestran, sobre fondo azul, grandes animales de relieve que avanzan parsimoniosos hacia la entrada. De los tan celebrados jardines colgantes de Semíramis se creen restos unos grandes salones abovedados y sin luz, que pudieron servirles de base. A estas ruinas del palacio de Babilonia va unido el recuerdo de Daniel, Sardanápalo y Baltasar.(fig. 135).

(fig. 135).

Ilustración de los jardines colgantes de Babilonia

Del palacio hecho construir por Senaquerib (fig. 136), el hijo de Sargón, en Nínive se está muy mal informado, por la defectuosa excavación en él realizada para despojarle de los numerosos relieves, con las empresas de aquel monarca, que hoy se encuentran en el Museo Británico, pero coincide en rasgos generales con las características de los anteriores.

 (fig. 136)

Ilustración palacio de Senaquerib

Aunque sin la importancia y el desarrollo del egipcio, el templo mesopotámico posee también indudable personalidad. Su parte más típica, que es el zigurat o torre escalonada, hace que el rasgo más destacado del templo mesopotámico sea el deseo de aproximarse al cielo, y en él precisa saludar la aparición de la torre, que el cristianismo y el islamismo difundirán y convertirán en parte esencial de sus templos.

El palacio más antiguo conocido, que es el de Al-Ubaid (fig. 137), cerca de Ur, se nos presenta ya en su elevado basamento, recorrido en su frente por esos entrantes y salientes que serán tan típicos de la arquitectura mesopotámica, con toros de bronce en el friso y alguna columna de madera de palma revestida por mosaico de madreperla y lapislázuli.

(fig. 137)

Ilustración palacio de Al-Ubaid

Muy importante es el zigurat del templo de Sin (fig. 138), en Ur, formado por una primera gran pirámide truncada, con los típicos resaltos y entrantes alternados, sobre la que descansan otras dos superpuestas de menor altura, y una capilla como remate. El acceso al primer cuerpo tiene lugar por tres grandes escaleras, dos de ellas adosadas, y la tercera formando ángulo recto con las anteriores.

(fig. 138)

Ilustración zigurat del templo de Sin

Ese mismo tipo de zigurat es el que preside en el gran templo de Marduk, en Babilonia (fig. 139). Las ruinas sólo permiten reconocer sus dos cuerpos inferiores, pero es muy probable que tuviese los siete que describe Herodoto. Según éste, en el último se encontraban la mesa de oro y el lecho o diván en que reposa el dios por la noche, y al que acude la sacerdotisa para recibir sus revelaciones. El templo de que forma parte el zigurat se completa con un gran patio con numerosas habitaciones para los peregrinos y para celebrar las extrañas prácticas de las «presentadas» a Istar o Venus, que nos describe el historiador griego.

(fig. 139)

Ilustración templo de Marduk

Durante las grandes fiestas de la primavera se verifican las bodas de Marduk y Sarpanit, con cuyo motivo es traída desde una localidad próxima, en su carroza, la imagen de su hijo Nabu, y los tres reunidos deciden el hado del año.

Del período asirio conocemos dos grandes templos: el de Asur, del siglo XII, y el de Jorsabad, del VII.

El de "' Jorsabad forma ya queda descrito anteriormente. El de Asur (fig. 140), la antigua capital de Asiría, dedicado al dios del cielo Asur y a su hijo Adad, dios de la tormenta, consta de un patio con dos torreones rectangulares en su ingreso y otros al fondo que flanquean el paso a las capillas de cada uno de los dioses, junto a los cuales se levantaban otros tantos zigurats de planta cuadrada y rampas helicoidales en su torno.

(fig. 140)

Figuración templo de Asur

La arquitectura funeraria carece de monumentalidad. La tumba de la reina Subad, de Ur, es un simple pozo, pero nos ha conservado obras de orfebrería tan interesantes como su tocado, formado por hojas de oro y, sobre todo, piezas de tan gran belleza como sus arpas. En la más importante (fig. 141), la caja de resonancia está decorada con escenas diversas: el gigante forzudo capaz de estrangular dos toros, tema de gran fortuna en el arte mesopotámico, animales, o personajes disfrazados de animales y dedicados a la música, etc. Corona la caja una cabeza de toro, es decir, del mismo tipo que otra donada, según texto contemporáneo, por otro monarca al templo, y cuya resonancia recordaba el mugido del toro.

(fig. 141)

Arpa de la reina Subad de Ur


.

ESCULTURA CALDEA

.—La escultura mesopotámica no es tan uniforme como su arquitectura. Las diferencias entre la escultura caldea y la asiría son notables, y, aunque persistan en la segunda tipos y convencionalismos creados por la primera, parece preferible referirse independientemente a ambas escuelas.

Los primeros monumentos importantes de la época histórica de Sumer son el relieve del rey de Sírpula, Ur-Niná, del museo del Louvre (fig. 142), en el que lo vemos con una espuerta sobre la cabeza con materiales para comenzar alguna construcción, y hablando a sus hijos,

(fig. 142)

Relieve del rey de Sírpula, Ur-Niná

El del nieto del anterior, el gran conquistador Enatum, donde por primera vez encontramos al escultor mesopotámico consagrado a narrar las empresas guerreras del soberano (fig. 143), el género de tan brillante porvenir en la escuela asiría. Este relieve, que se considera de hacia el año 3000, y que se conoce con el nombre de la Estela de los Buitres, por los que devoran los cadáveres de los vencidos, se conserva en varios trozos, en su mayor parte en el museo del Louvre.

 (fig. 143)

Estela de los Buitres

Como en los relieves egipcios, la mitad inferior del cuerpo y el rostro se representan de perfil, mientras el tórax y el ojo figuran de frente.

En relieves de este período aparece ya, además, el águila de Sírpula hundiendo sus garras en un cuadrúpedo (fig. 144) en la forma que se perpetuará en el arte mesopotámico y pasará a la Europa medieval.

(fig. 144)

Águila de Sírpula

Las esculturas de bulto redondo de este período, también de muy tosca ejecución, se reducen a estatuas de personajes con faldas de gruesos flecos, pecho descubierto, cabeza rapada, rostro imberbe y manos unidas, al parecer, en actitud de oración. El rapado de la cabeza lleva consigo el empleo de pelucas que se ajustan con bandas,  Algunas de estas pelucas son de carácter votivo, como la de oro de la figura. (fig. 145).

(fig. 145)

Escultura de bulto redondo y peluca de oro

El momento de máximo florecimiento de la cultura sumeria corresponde a la época de Gudea, de mediados del tercer milenio, en que este patesi de Gudea, no sólo gran constructor, sino arquitecto él mismo, se nos muestra inmóvil, sentado o de pie y con las manos unidas.

Una de esas estatuas es la llamada el Arquitecto, (fig. 146) por presentar sobre sus piernas el plano de un edificio. Las cabezas, rebosantes de energía, se cubren con peluca en forma de turbante.

(fig. 146)

Patesi de Gudea. El Arquitecto

El primer relieve importante de la etapa babilónica es la Estela de Naram- Sim (fig. 147), el hijo del fundador del poderío babilónico. Se figura en ella al monarca aplastando con el pie a dos enemigos, mientras un tercero se desploma en tierra atravesado por su lanza y un cuarto implora su clemencia; al fondo se levanta un gigantesco monolito coronado por dos estrellas, y en primer término aparecen sus soldados.

(fig. 147)

Estela de Naram- Sim

Del período babilónico conservamos la gran columna o estela de piedra negra del Código de Hamurabi (2050 a. de J. C.) (fig. 148), que muestra en relieve, en la parte superior, al dios solar Shama comunicando a aquel monarca las leyes que aparecen inscritas en torno a la columna. Hamurabi viste y se toca con turbante como Gudea, pero tiene ya barba semítica, mientras Shama, con larga barba postiza, se toca con tiara de cuernos.

(fig. 148)

Estela de piedra negra del Código de Hamurabi (2050 a. de J. C.)

Estos cuernos, atributos de santidad, son, al parecer, consecuencia de la divinización del auroc o toro salvaje del Bajo Eufrates por los sumerios, llegando a representárseles aislados sobre el altar (fig. 149).

(fig. 149)

Escultura de toro

El relieve de la (fig. 150) representa a un rey de Babilonia ante el mismo dios Shama, sobre cuyo altar aparece el disco solar movido por la divinidad desde las alturas. Con este tipo de relieve se relacionan los de las piedras de término o de donaciones de tierras, en las que a veces se representa el acto de la donación.

(fig. 150)

Rey de Babilonia ante el dios Shama

Aunque de pequeñas proporciones, deben recordarse los sellos cilíndricos que sirven para firmar contratos, y en los que se representan personajes y escenas de carácter religioso. Tema muy frecuente en ellos son las hazañas del forzudo Guilgamés, el héroe vencedor de toros y leones (fig. 151).

(fig. 151)

Sello cilíndrico


.

ESCULTURA ASIRÍA Y CERÁMICA VIDRIADA

.—Cuando la escultura mesopotámica adquiere su plenitud y crea un gran número de obras de primera categoría es bajo los asirios. Aunque en parte se limita a desarrollar lo creado en las etapas anteriores, es indudable que es una sensibilidad artística diferente la que da vida a su escultura.

El asirio, a juzgar por sus esculturas, es un entusiasta de la fuerza.

Sus hombres y sus dioses son fuertes, anchos, y visten largas túnicas, pero cuando nos dejan ver su cuerpo hacen alarde de su poderosa musculatura. A veces nos muestran los gruesos tendones en que terminan sus hercúleos músculos, y las venas que los entrecruzan. Su mirada escrutadora les lleva a copiar minuciosamente los innumerables rizos de su cabellera y de sus largas barbas. Y ese mismo espíritu observador es el que les convierte en escultores animalistas de primera calidad.

En cuanto a los temas, ahora adquieren su máximo desarrollo los de las campañas del soberano, que vimos aparecer en la Estela de los Buitres, y de las cacerías reales. En el capítulo de los animales monstruosos de carácter religioso, ya cultivado en Caldea, la gran aportación asiría es el toro antropomorfo alado (fig. 152), pues, aunque en realidad se limita a dotar de alas al toro antropomorfo caldeo, a ella se debe su forma artística definitiva. El toro alado es el animal sobre el que recorre el mundo el dios Asur.

(fig. 152)

Toro antropomorfo alado

La estatua continúa cultivándose, pero el escultor asirio prefiere el relieve, donde ya es muy frecuente que la figura humana aparezca con el tórax de perfil.

Las tres principales series de relieves asirios son las que decoraron los palacios de Kalah, Jorsabad y Nínive; la primera y la última en el Museo Británico, y la segunda, en el del Louvre.

-------

Los relieves de Kalah nos muestran, en el estilo narrativo ya típicamente asirio, la vida del constructor del palacio, el rey Asur-Nasir- Pal (883-839): su desfile en el carro guerrero, protegido por el símbolo del dios Asur, el ataque de las fortalezas (fig. 153), la caza del león. (fig. 154) y sus ofertorios  con alas litúrgicas, expresan este estilo.(fig. 155).

(fig. 153).

Rey Asur-Nasir- Pal. Ataque de las fortalezas

(fig. 154)

 Caza del león

(fig. 155)

Ofertorios  con alas litúrgicas

-----------------

Los relieves de Jorsabad se refieren a la vida del rey Sargón, monarca más pacífico, que no gusta de cacerías ni de grandes empresas guerreras, pero siente gran interés por los caballos que le traen sus tributarios de Persia y Armenia.

Conjunto escultórico monumental de gran categoría son las varias parejas de toros antropocéfalos alados, acompañados por Guilgamés en la puerta principal del palacio (fig. 156).

(fig. 156)

Toros antropocéfalos alados

La decoración escultórica de Jorsabad se completa con relieves de barro vidriado de la técnica ya comentada.

-------

En los relieves del palacio de Nínive puede contemplarse desde la historia de la construcción del edificio por Senaquerib, con el penoso traslado de los toros alados, hasta sus campañas para dominar la sublevación de Babilonia y los caldeos, con la persecución de éstos en los pantanos del Delta, y contra Palestina. (fig. 157).

(fig. 157)

Sublevación de Babilonia y los caldeos

En los de su nieto Asur-Bani- Pal, aunque no faltan escenas guerreras, lo más importante, y lo que, en realidad, constituye uno de los capítulos más bellos de la escultura antigua, son sus cacerías. En ellas se pone de manifiesto, sobre todo, el fino sentido del escultor asirio para captar los más fugaces movimientos de los animales y seleccionar los rasgos esenciales de la fiera.

Cuentan entre los más bellos los relieves dedicados a la caza del león, en uno de los cuales vemos al monarca, a galope tendido sobre su caballo, hundiendo su lanza en la fiera (fig. 158).

(fig. 158)

Rey Asur-Bani-Pal. Caza de león

Pero las obras maestras son las que representan a estos animales atravesados por las flechas.

La Leona herida del Museo Británico (fig. 159) es una de las obras cumbres de la escultura animalista. El poderoso esfuerzo realizado por el animal con la parte anterior de su cuerpo, su rugido feroz al sentirse impotente para avanzar, y la mortal flacidez de los cuartos traseros, que arrastra ya por el suelo, están interpretados con acierto admirable.

(fig. 159)

Leona herida

La leona tiene su pareja en el León herido (fig. 160), que, sentado en sus cuartos traseros arroja por sus fauces un torrente de sangre.

(fig. 160)

León herido

Relieve muy reproducido de la vida privada de Asur-Bani-Pal es el que le presenta comiendo en el lecho bajo el emparrado de su jardín, acompañado por la reina, eunucos y músicos (fig. 161).

(fig. 161).

Asur-Bani-Pal acompañado por la reina, eunucos y músicos

Escena frecuente en los relieves asirios es la de los genios alados (fig. 162).

(fig. 162)

Genio alado

Aunque de menor finura que los relieves citados, son también obras importantes de la escultura asiría los de bronce de las puertas de Balauat, del Museo Británico, que narra las campañas de Salmanasar (860-849), el hijo de Asur-Nasir-Pal. Nos cuenta:  (fig. 163-164-165)

 (fig. 163)

 La salida de Salmanasar para la campaña

(fig. 164)

La conducción de los prisioneros

(fig. 165)

La humillación del rey vencido y la ordenación de su castigo

El castigo a los prisioneros con la amputación de pies y manos, su degollación y su empalamiento final, es uno de los testimonios más elocuentes de la tremenda crueldad asiría (fig. 166).

(fig. 166)

Castigo de los prisioneros

-De fecha reciente, puesto que corresponde al período neobabilónico, es decir, ya al siglo VI, es la hermosa decoración en relieve de barro vidriado de la ya citada Puerta de Istar del Palacio de Babilonia, ver (fig. 154).

Los animales en ella representados lo han sido ahora con un criterio decorativo, en estilo grave y solemne. Son leones  (fig. 167).

(fig. 167)

Leones en relieve de barro vidriado de la Puerta de Istar

Destaca en la misma, sirruk, el cuadrúpedo imaginario consagrado a Marduk, de cuerpo cubierto de escamas, cabeza de serpiente, manos de león y patas de aves de rapiña.(fig. 168).

(fig. 168)

Sirruk, el cuadrúpedo imaginario consagrado a Marduk

La importancia de los relieves de la puerta de Istar, en Babilonia, nos dice el gran desarrollo adquirido por la cerámica vidriada. (fig. 169).

(fig. 169)

Vasija de Istar

La técnica del barro cocido y recubierto por una capa de esmalte o barniz vitreo, obtenido por la fusión de compuestos metálicos, encuentra en los pueblos mesopotámicos sus primeros grandes cultivadores occidentales. En sus obras de cerámica vidriada precisa ver el primer gran capítulo de esta manifestación artística, que con tanto éxito cultivarán los pueblos islámicos durante la Edad Media, y los europeos de los tiempos modernos.


.

ESTILOS

PERSIA - LOS HITITAS  -  FENICIA Y PALESTINA


 

PERSIA

.—Heredera Persia del poderío político y de la tradición artística caldeo asiría, la naturaleza montañosa del país, donde ni la piedra ni la madera faltan, y la tardía fecha de su florecimiento, cuando ya Grecia empieza a dejar sentir la influencia de su poderosa personalidad, hacen que su arte ofrezca novedades importantes respecto del caldeo asirio.

La principal, debida precisamente a la diferencia de los materiales empleados, es la del primordial papel concedido a la columna, que no sólo se utiliza por sistema, sino con verdadera profusión (figs. 170, 171).

(fig. 170)

Columna persa

(fig. 171)

Terraza de Persópolis

El arquitecto persa, como el egipcio en las salas hipóstilas, cubre grandes superficies en forma adintelada sobre innumerables columnas.

Pero las proporciones de esas columnas han recibido el soplo de la elegancia helénica, y no sólo se tornan espigadas y esbeltas, sino que, para subrayar su movimiento ascendente, cubren su fuste de estrías verticales, y a ese mismo efecto contribuye su elevada base campaniforme, ver (fig. 170). El capitel está formado por la mitad anterior de dos animales, generalmente toros, unidos por su tronco y que simulan sostener en sus lomos las vigas de la cubierta.

En Persia, el monumento capital continúa siendo el palacio que, aunque conserva de los asirios las puertas monumentales flanqueadas por gigantescos cuadrúpedos antropomorfos (fig. 172), por su estructura adintelada, el escaso empleo del muro y el predominio de los pórticos de columnas, responde a una concepción completamente distinta.

 (fig. 172)

Puerta naciones de Persópolis

De los palacios persas más importantes conocidos es el de Persépolis, el lugar donde fija su residencia Darío (fig. 173).

(fig. 173)

Ruinas palacio de Persópolis

Allí se levantan todavía sobre amplísima terraza natural de piedra las ruinas de varios apadanas o palacios de recepción de planta cuadrada y grandes proporciones, formados por numerosas columnas dispuestas en cuadrícula y pórticos también de columnas. Es decir, se desarrolla en éstos el sistema que apunta tímidamente en los hilanis de influencia hitita de Jorsabad.

La doble escalinata que da acceso a la terraza desemboca ante la puerta monumental, el llamado pórtico de Jerjes, al que éste llama en una inscripción la Puerta de las Naciones, flanqueada por dos gigantescos toros antropomorfos y alados, ver (fig. 172), según el modelo asirio.

Del palacio de Darío (fig. 174-175) se conservan, en cambio, parte de sus muros y, sobre todo, numerosas puertas y ventanas, por estar labradas en piedra, a veces en un solo bloque, y otro tanto sucede con la llamada Sala de las Cien Columnas, del mismo monarca.

(figs. 174)

Palacio de Darío

(fig. 175)

Figuración Palacio de Darío

Capítulo interesante de la arquitectura persa es el de las tumbas reales. La supuesta de Ciro (fig. 176), en Pasargada, es un edículo rectangular cubierto a dos aguas y construido sobre elevado cuerpo gradiforme.

(fig. 176)

Tumba de Ciro

Pero el tipo corriente de sepulcro real persepolitano es excavado en la roca (fig. 177), y, en realidad, su interés artístico, se reduce a la fachada. En un rehundimiento cruciforme en el acantilado se representa en la parte central un pórtico ciego de columnas del tipo ya descrito, y sobre él, un dintel de varias molduras. En la parte superior, sobre una plataforma que sostienen las figuras alegóricas de las provincias del Imperio, aparece el soberano orando ante el altar del fuego, bajo el símbolo de Aura Mazda, el dios creador. La tumba sin terminar debe ser la de Darío III, en quien Alejandro pone fin a la dinastía persa ajeménide.

(fig. 177)

Tumba persa escavada en la roca

La escultura persa agrega muy poco a las de Caldea y Asiría, limitándose a continuar la tradición de ésta, si bien, dada su fecha mucho más tardía, lo mismo que su arquitectura, se beneficia de la influencia griega. A ella debe, en efecto, la interpretación de la figura humana un sentido de la elegancia que falta en la escultura puramente mesopotámica.

Ya quedan citados los toros antropomorfos con alas, ver (fig. 172) de origen asirio, que ahora pierden la quinta pata con que aparecen en aquellos modelos, y arquean sus alas hacia arriba. se esculpen temas de luchas de animales, como el león atacando al toro, de la escalera de Persépolis, (fig. 178).

(fig. 178)

León atacando al toro, de la escalera de Persépolis

 Los cuadrúpedos monstruosos alados al gusto asirio, desfilando parsimoniosamente, de los que son excelentes ejemplos los de cerámica vidriada del Museo del Louvre, procedentes del Palacio de Susa (figs. 179, 180).

(figs. 179)

Caballo alado

(figs. 180)

León alado

 

En alguna ocasión —Sala de las Cien Columnas— vemos al monarca, como al antiguo Guilgamés, matando un león sin esfuerzo alguno. Pero el relieve de animales de tipo naturalista desaparece.(fig. 181).

(fig. 181)

Rey matando un león (Persépolis)

Y lo mismo que no se esculpen las cacerías reales, tampoco se narran ya las campañas del monarca.

Los relieves que decoran los frentes de las terrazas y las jambas de las puertas se expresan en lenguaje menos sangriento que los asirios.

Lo que nos muestran son las largas comitivas de personajes que ofrecen sus tributos al soberano. Ya hemos visto cómo en los relieves de las fachadas de los sepulcros reales se representa al soberano sobre una plataforma sostenida por las figuras alegóricas de las provincias del Imperio. Ese mismo tema se repite en una de las puertas de la Sala de las Cien Columnas (fig. 182).

(fig. 182)

Comitivas ofreciendo sus tributos al soberano

 Otras veces lo que vemos desfilar es el séquito o la guardia del soberano, los lanceros persas con el arco y el carcaj a la espalda. Además de estos relieves en piedra, se labran otros en barro vidriado del tipo ya visto en Asiría. Muy conocido es el de los Arqueros (fig. 183), que, procedente del palacio de Artajerjes, en Susa, se conserva en el Museo del Louvre.

(fig. 183)

Arqueros


Los HITITAS

.—Sin haber llegado a crear un arte de la categoría del mesopotámico ni del egipcio, conviene recordar por su gran antigüedad y por su extraordinario poderío político a los hititas, que llegan a vencer a los egipcios y a conquistar Babilonia. Su arte parece que se forma al contacto del caldeo, y, aunque en medida muy modesta, influye en al asirio. De todas formas, es arte siempre un tanto tosco y no produce realmente ninguna obra de primera calidad.

Su principal aportación a la historia de la arquitectura es el hilani o especie de palacete, con pórtico adintelado sobre columnas, flanqueado por dos torres y con algunas cámaras interiores. Como hemos visto, se construyen hilanis hititas en Jorsabad, y se ha supuesto que pueden ser el germen de los futuros palacios persas. También se considera de origen hitita la costumbre de flanquear las puertas con grandes figuras de animales. (figs. 184 - 185).

Los principales monumentos son las ruinas de las murallas de su antigua capital, Hatusás, la actual Bogaz-Kioi, en Asia Menor, una de cuyas puertas aparece flanqueada por leones,

(fig. 184)

Ruinas de las murallas de la antigua capital hitita, Hatusás

(fig. 185)

Figuración hilani hitita

El pórtico del Palacio de Tell-Halaf (fig. 186), con tres soportes antropomorfos, cuyos pedestales descansan sobre dos leones y un toro.

(fig. 186)

Pórtico del Palacio de Tell-Halaf (Museo de Alepo)

 

La escultura, de estilo bastante tosco y sumario, y en su mayor parte en relieve, nos muestra divinidades que desfilan ante nosotros procesionalmente y calzado de punta levantada como zuecos, deidades monstruosas, guerreros, oferentes, etc. Importantes por sus relieves son el santuario rupestre de Iasily-Kaya, en la misma Bogaz- Kioi (fig. 187).

(fig. 187)

Relieve hitita del santuario rupestre de Iasily-Kaya

 


FENICIA Y PALESTINA

.—Los fenicios, como pueblo establecido en la costa, se encuentran más libres de la influencia mesopotámica, a la que, naturalmente, se agrega la egipcia y, en fecha más avanzada, la griega.

Su arte es, por tanto, de carácter ecléctico, y refleja las formas creadas por aquellos pueblos, sin verdadera personalidad. Desempeña, sin embargo, un papel importante como difundidor de aquellos estilos por los lejanos países occidentales visitados por sus naves.

Los monumentos arquitectónicos conservados son de escasa importancia, pudiendo recordarse la Torre sepulcral de Amrith (fig. 188), de forma cilíndrica, con un primer cuerpo decorado por cuatro leones de frente, otros dos rematados por almenas escalonadas en relieve y una media naranja de coronamiento.

(fig. 188)

Torre sepulcral de Amrith

Lo más importante para la historia del arte son sus capiteles labrados en el mismo bloque que el fuste, consistentes en dos volutas, a las que acompañan, a veces, otras en sentido inverso, y que constituyen un ilustre precedente del capitel jónico clásico. Aunque han aparecido en tierra firme, donde más abundan es en la vecina isla de Chipre, dominada en su parte meridional por la influencia fenicia. Se le denomina con frecuencia capitel chipriota (fig. 189)

(fig. 189)

Capitel fenicio

Como es natural, la escultura fenicia es del mismo carácter ecléctico que su arquitectura. Sus sarcófagos siguen con frecuencia el modelo egipcio, como en el caso del de Esmunazar, del Museo del Louvre.(fig. 190).

(fig. 190)

Sarcófago de Esmunazar

El del Museo de Cádiz (fig. 191), que delata, en cambio, la influencia griega, nos dice cómo estos pesados monumentos de la escultura fenicia llegan hasta el lejano Occidente.

(fig. 191)

Sarcófago fenicio (Cádiz)

El arte fenicio se extiende también hacia el interior de Siria, y obra fundamentalmente fenicia debe ser el Templo de Salomón, en Jerusalén, que sólo conocemos por los textos bíblicos. Consta que el rey de Tiro envía a ese efecto albañiles y carpinteros. Como no poseemos ninguna representación gráfica, las varias reconstrucciones propuestas, tan diversas entre sí, no ofrecen garantías de reflejar su verdadero aspecto.

Sólo sabemos que constaba de un primer recinto accesible a todo el mundo, otro ceñido por muros más elevados con tres puertas de bronce, reservado a los judíos, y un tercero al que sólo tenían acceso los sacerdotes, y en cuyo testero occidental se encontraba el verdadero santuario. Al fondo de éste se guardaba el Arca de la Alianza con las Tablas de la Ley.

Preceden al templo, tal vez formando parte de su pórtico, como en los hilanis hititas, dos enormes columnas. Complemento importante del templo es el llamado «Mar de bronce», o gigantesca taza de ese metal, sobre doce toros dispuestos radialmente, que se levanta en el atrio o recinto de los sacerdotes.(fig. 192)

(fig. 192)

Figuración templo de Salomón

 

.