ARQUITECTURA DE LA
INDIA
ESCULTURA DE LA INDIA
PINTURA DE LA INDIA
ARQUITECTURA DE CHINA
ESCULTURA CHINA
PINTURA CHINA
ARTES DECORATIVAS :
LA PORCELANA CHINA
ARQUITECTURA JAPONESA
ESCULTURA
JAPONESA
PINTURA JAPONESA
ARQUITECTURA AZTECA Y MAYA
ESCULTURA AZTECA Y MAYA
PINTURA
Y ARTE PLUMARIO AZTECA Y MAYA
ARQUITECTURA
PERUANA
ARTES DECORATIVAS PERUANAS.
CERÁMICA. TELAS
ARQUITECTURA DE LA
INDIA
.—País de vegetación rica,
donde la madera abunda, durante mucho tiempo los monumentos arquitectónicos de
la India deben de labrarse en madera, aunque, por desgracia, la mayor parte de
esas obras han desaparecido y sólo podemos conocerlas a través de las que,
inspirándose en ellas, se tallan posteriormente en la roca. Pero lo más
interesante es el hecho de que procedan de esos monumentos en madera buena parte
de las formas constructivas y decorativas de la arquitectura india.
Parece haber nacido en la
parte septentrional de la península, regada por el Indo y por el Ganges, la de
mayor vitalidad durante los períodos primitivo y clásico. Más tarde, en la época
llamada barroca, la vida artística se desplaza hacia el centro y el sur, y no
sólo llega a cubrir de monumentos la isla de Ceilán, sino que se extiende hasta
Java e Indochina.
La creación arquitectónica
más antigua es la estupa, monumento de tipo macizo y forma semiesférica dedicado
a conservar alguna reliquia de Buda, o simplemente a conmemorar algún recuerdo
de su vida. La célebre estupa de Santchi (fig. 560), reconstruida hacia el año
100 antes de C, pero que se remonta a época muy anterior, nos muestra ya todos
los elementos característicos de este tipo de edificación: en la cúspide, el
quitasol de varios pisos, emblema de soberanía, sobre el emplazamiento de las
reliquias; en la parte inferior las dos vallas, una más alta que otra, que
limitan las dos vías procesionales, y las cuatro puertas orientadas hacia los
puntos cardinales. Tanto en esas vallas, que simulan gruesos troncos, como en
las puertas, en las que se superponen tres dinteles riquísimos decorados con
menudos relieves, es manifiesto su origen lignario.
(fig. 560)
Estupa
de Santchi

Ese mismo origen lignario
pone su sello en la chaitya, el otro tipo de monumento búdico de los primeros
tiempos. Lugares de oración excavados en la roca, tienen generalmente tres naves
formadas por dos filas de pilares o columnas, que en el testero, al rodear la
estupa, describen un semicírculo. (fig.
561).
(fig. 561)
Chaitya

Desde el punto de vista
constructivo, lo más interesante es su bóveda de cañón, igualmente tallada en la
roca, que dibuja en la fachada un arco con trasdós piriforme, y las columnas que
en Carli , en el siglo I antes de C, son octogonales con basas
bulbosas y capiteles campaniformes coronados por grupos escultóricos. (fig.
562)
(fig. 562)
Templo de Carli

En
realidad, estos templos excavados se limitan a reproducir los labrados en madera
a la luz del día. Las chaityas tienen, a veces, su complemento en las viharas o
sangharamas, consistentes, por lo general, en un patio de columnas rodeado por
las celdas de los monjes.(fig.
563).
(fig. 563)
Vihara

En los siglos VI y VII, al
decaer el budismo y extenderse el brahmanismo con sus divinidades védicas, se
siente la necesidad de nuevos templos donde rendir culto al numeroso Olimpo
brahmánico. Debido a ello, los templos rupestres de Elora y Elefanta (fig.
564)
son de pórticos y galerías más espaciosas; pero lo más importante es que esos
templos excavados pasan cada vez más a segundo término y se prefiere labrarlos
al aire libre. El templo consta ahora de la capilla, donde se encuentra la
imagen, o vimana, y el mandapam, donde los sacerdotes verifican los cultos y los
fieles veneran al dios. Exteriormente se componen de un cuerpo bajo, flanqueado
de columnas, y otro alto, que concentra todo el interés del arquitecto indio y
que con frecuencia consta de toda una serie de cuerpos escalonados y separados
por gruesos aleros o cornisas.
(fig. 564)
Templo de Elefanta

Después de un período de
escasa actividad constructora, se inicia en el siglo X una nueva era de
esplendor, que perdura hasta los tiempos modernos. Ya en la última etapa del
ciclo artístico anterior se levantan en la parte oriental, en la región de Orissa, al sur de Calcuta, algunos templos que presentan varias de las
características principales que distinguen a los de esta época. En los templos
de Bhuvanesvara se advierte el manifiesto deseo de distinguir el mandapam de la
vimana, labrando aquél más bajo y desarrollándolo en superficie, y transformando
ésta en una especie de torre, el sijara, o templo torre (fig.
565).
(fig. 565)
Templos
de Bhuvanesvara

A medida que
avanza el tiempo la estructura del mandapam se va complicando, se multiplican
sus pórticos y se enriquecen cada vez más con remates inspirados en las estupas.
El sijara, por su parte, multiplica hasta el infinito sus cuerpos horizontales,
reforzándolos con gruesos salientes que le acompañan en toda o parte de su
altura.
En la región septentrional,
los pórticos del mandapam adquieren desarrollo extraordinario. Se labran arcos
caprichosos, que crean bellos efectos de perspectiva, y al lado de la decoración
tradicional aparecen ya los motivos árabes. (fig. 566). En los grandes santuarios del monte Abu se construyen en los siglos XI y XIII verdaderas ciudades sagradas.
(fig. 566)
Templo de monte Abu con
motivos árabes

En el extremo sur de la
península es donde el templo indio experimenta su última gran transformación.
Iniciada en los siglos XIII y XIV, no produce, sin embargo, sus grandes
creaciones hasta los siglos XVII y XVIII. El templo se rodea entonces con toda
una serie de patios y lagos protegidos por varios recintos con puertas coronadas
por cubiertas monumentales escalonadas, verdaderas torres-puertas llamadas
gopuran (fig. 567). Los más bellos ejemplares son los de Srinrangam, Madura y Trichinopoly.
(fig. 567)
Templo de
Srinrangam

La obra maestra de la
arquitectura india fuera de la península es el gran templo búdico de Borobudur (fig.
568), en la isla de Java. Labrado en los siglos VIII y IX, es monumento capital
donde el valor simbólico de la cubierta del templo indio experimenta su más
espléndida evolución. Los manirás o abstracciones gráficas del mundo real y
espiritual, hijos del sentido filosófico y religioso que inspira aquellas
construcciones, crean en los grandes cuadros y círculos de su planta una serie
de castillos espirituales que prestan al templo mismo un valor mágico y
benéfico, aparte de la saludable influencia que irradian las propias imágenes
regidoras de los diversos círculos del Universo. En Borobudur se superponen
cinco terrazas con Budas en nichos coronados por estupas, existiendo en la
última de las terrazas, en torno a una gran estupa central, tres círculos de
estupas campaniformes también, con figuras del dios. Un paisaje de exuberancia
tropical coronado de volcanes sirve de marco a esta espléndida ciudadela divina.
(fig. 568)
Templo
búdico de Borobudur (Java)

En Indochina, el arte jemer,
de Cambodje, también de origen indostánico, crea en el siglo XII el gran templo
de Ankor-Vat (fig. 569), la expresión más perfecta de los santuarios fundados
por los reyes khmer, que no sólo son divinizados a su muerte, sino que crean el
dios Devazaja, encarnación del principio de majestad. De planta rectangular y
rodeado por anchísimo canal, está formado por cinco recintos concéntricos, en
cuya terraza central, y más elevada, se levanta el templo.
(fig. 569)
Templo
de Ankor-Vat (Camboya)

ESCULTURA DE LA INDIA
La escultura de la India se
nos presenta ya en sus primeros momentos con un gran dominio del movimiento de
la figura humana. El cuerpo aparece contrabalanceado y en el relieve las
posiciones intermedias entre el perfil y la frontalidad abundan. Como es
natural, su estilo se encuentra intensamente influido por el ideal estético de
la raza. El de la belleza femenina es de talle muy estrecho, pechos abultados y
caderas muy anchas, y ese ideal es el que se procura exaltar en su escultura
desde los primeros tiempos. Para el artista indio, lo importante no es la
anatomía ni la musculatura, sino la blandura del cuerpo humano y la suavidad de
los movimientos. El reflejo de éstos en la musculatura no le importa.
Una de las manifestaciones
más antiguas de la escultura india son los relieves de las puertas de las
estupas, con desfiles de animales adorando árboles, y estupas sagradas,
ceremonias de carácter religioso y escenas búdicas, aunque en los primeros
templos se procura no representar al mismo Buda. Aparecen, sin embargo, algunos
dioses de los Vedas, como la diosa de la belleza, Chiri, con las piernas cruzadas
sobra la flor de loto, recibiendo el agua que con la trompa deja caer sobre su
cabeza el elefante. (fig. 570).
(fig. 570)
Diosa de la belleza, Chiri

La representación tan corriente de Buda como hombre-dios es
ya del siglo I y se debe al arte de Gandhara, en el noroeste del Indostán, donde
el helenismo conserva sorprendente vitalidad. Se le imagina como un yogi o
anacoreta en meditación con las piernas cruzadas (fig. 571), ya con los
alargados lóbulos de sus orejas, y el grano, o urna, en la frente, según se
repite en toda la India, y de ella se extiende por el resto de Asia.
(fig. 571)
Buda predicando

La
escultura propiamente india le agrega, al parecer, sus ensortijados rizos,
símbolos de los atributos de belleza del ser supremo. El nimbo tiene su origen
en el del Helios griego.
Aunque la influencia
helenística es sensible en otras manifestaciones escultóricas de la India, los
grandes relieves de Matura y Amaratvi, entre otros, demuestran toda la
originalidad de la manera de sentir del escultor indio.
La escultura neobrahmánica,
con sus deidades de múltiples cabezas y brazos, labra en sus templos un
sinnúmero de relieves y de estatuas, todo ello de gran riqueza. Figuran entre
los mejores el gran relieve de Shiva, del templo rupestre de Cailasa, en Elora (fig.
572),
con sus múltiples brazos danzando triunfalmente sobre sus enemigos, y el del
demonio de las diez cabezas tratando en vano de mover la roca paradisíaca donde
el mismo dios se encuentra plácidamente con su mujer.
(fig. 572)
Relieve
de Shiva, del templo rupestre de Cailasa, en Elora,

En los templos del siglo XVI no es raro colocar ante las columnas enormes figuras o grupos con caballos
encabritados, hombres o fieras, leones, elefantes, etcétera, de proporciones
gigantescas. Buen ejemplo de este tipo de decoración es el pórtico de Sirinrangan.
(fig. 573).
(fig. 573)
Esculturas pórtico
de Sirinrangan

La escultura india cultiva
también el bronce, el cobre y el latón, y sus más típicas creaciones en este
material son las estatuas de Shiva bailando dentro de una gran aureola. (fig.
574).
(fig. 574).
Danza de Shiva. Museo Guimet

PINTURA DE LA INDIA
Las pinturas más valiosas
son las de carácter mural de las grutas de Ajanta, en las que puede seguirse la
evolución desde el siglo I al VII, si bien las más numerosas son las más
tardías. Representan escenas de la vida de Buda, de sus reliquias y de la
historia de su doctrina. (fig. 575).
(fig. 575)
Pinturas de la cueva de Ajanta

El estilo de sus composiciones es el de los relieves.
El deseo de ver el origen de esta escuela pictórica en sugestiones occidentales
no ha tenido éxito, y se tiende a considerarla creación fundamentalmente india.
ARQUITECTURA DE CHINA
.—La formación del gran
Imperio chino se remonta al siglo III a. de C, cuando se construye su famosa
muralla. Desde esa fecha vive bajo la dinastía de los Han, no menos de seis
siglos de notable prosperidad, a los que siguen otros cuatro, durante los cuales
el Imperio se descompone en varios Estados y se establece la capital en Nankín,
mientras los tártaros dominan en el Norte. El budismo, introducido en el siglo
I, y de tan capital importancia para los destinos artísticos del país, adquiere
ya en este último período difusión amplísima y definitiva. Unificado de nuevo el
Imperio en los siglos VII y VIII bajo la dinastía T'ang, ensancha sus fronteras
hasta el Turquestán, el Tibet, Annam y Corea, e impone su arte al Japón. Es la
época de máximo florecimiento cultural del pueblo chino, del llamado arte
clásico, que habrá de sobrevivir varios siglos en el Japón. La conquista por los
mongoles, en el siglo XIII, tiene como consecuencia, a mediados del siguiente,
la instauración de la dinastía Ming, que dura hasta el XVII, aunque, en
realidad, sus sucesores los manchúes, que se mantienen en el Poder hasta 1911,
se limitan, desde el punto de vista artístico, a seguir la pauta de los Ming,
hasta el punto de que bajo ambas dinastías vive China un prolongado período de
florecimiento de cinco siglos. Es la época cuando se construye Pekín y a la que
debe China la fisonomía con que la ha conocido la Edad Moderna.
De arquitectura de madera,
tanto del período Han como del anterior, es muy poco lo que poseemos. El tipo de
edificio base, tanto de la arquitectura religiosa como de la civil, es el
pabellón sobre pilares o columnas de madera, con ricas cubiertas de vigas
salientes y gran techumbre, generalmente de cuatro aguas. Como la techumbre
desempeña papel de primer orden en la composición general, si el pabellón tiene
varios pisos, a cada uno de ellos se decora con la suya. Al pabellón suelen
acompañarle torres también de varios pisos, y si se trata de un conjunto
arquitectónico de gran importancia, se labran pórticos también en forma de
torres, igualmente con más de un piso, patios con galerías, quioscos en lagos,
etc. Fundida la torre con la estupa introducida por el budismo, sus frentes se
cubren de benéficas esculturas de Buda, y se componen de una numerosa serie de
cuerpos con otras tantas techumbres. En el siglo VI, estas torres o pagodas se
labran ya no sólo de sección hexagonal, sino octogonales y aun de más lados, y
los aleros se proyectan notablemente al exterior. Este tipo se conserva con
ligeras variaciones hasta el siglo XVIII. Uno de los ejemplares más importantes
es la pagoda de loyang. (fig. 576).
(fig. 576)
Pagoda
de loyang

La arquitectura china es polícroma. La madera no sólo
se pinta, sino que se barniza; las paredes se cubren de estuco y el azulejo
desempeña también papel muy destacado; y en los templos y palacios imperiales
las tejas son vidriadas en amarillo y verde. Los relieves en barro cocido, y aun
la pintura al fresco, son utilizados por el arquitecto chino, sobre todo en las
llamadas «paredes mágicas», que, bien como muros independientes o en las cercas
de templos y palacios, protegen contra los malos espíritus.
En el período de tránsito a
la época T'ang, las principales novedades son la aparición de la cubierta
cóncava y la mayor importancia concedida a las torres.
(fig. 577),
(fig. 577)
Pagoda de Xumi, construida en el año 636.

El templo budista típicamente
chino, cuando llega a formarse es en la época T'ang,
pero, destruidos los monumentos antiguos, los que dan idea cumplida de su
organización son modernos. Sirva de ejemplo el templo de kuanyin o la
diosa de la misericordia de P'u-tsi-szo (fig. 578).
Formado por una serie de
pabellones y pórticos, se ordena en un gran eje central. Alzase a su entrada la
cámara de las lápidas conmemorativas de la fundación, a la que sigue un puente
adintelado con un quiosco central que salva el Estanque de los lotos sagrados.
Al otro lado del estanque se encuentran tres pórticos aislados: el central,
guardado por dos leones, que sólo se utiliza en las grandes solemnidades, y dos
laterales menores. Algo más al fondo, correspondiendo a los pórticos anteriores
y formando con ellos una primera plaza, se levanta en el centro el Pórtico de
los cuatro reyes del cielo, con las estatuas de éstos guardando la entrada, y a
los lados, otros dos pórticos menores. Completan la plaza en sus frentes
laterales la Torre de los timbales y la Torre de las campanas. Más al fondo,
sobre elevada terraza, penetrase ya en la gran Sala de oración, de cinco naves
longitudinales, a la que sigue en el centro del gran patio cerrado la Sala de la
Ley, que en otros templos sirve para la predicación. En el mismo eje está el
Pórtico de las flores caducas, y más allá, la casa del gran sacerdote. En los
muros laterales del patio se encuentran los Lohans o dieciocho discípulos de
Buda. Junto al ingreso del templo, y antes de llegar a la Cámara de las lápidas,
se levanta la pagoda.
(fig. 578)
Templo de kuanyin o de la diosa de la
misericordia

Bajo la dinastía Ming, el arte chino recorre su
último periodo fecundo, creándose un tipo de construcción religiosa, de la que
es buen ejemplo, la sala de oración por buenas cosechas en el Templo del Cielo,
del siglo XV, en Pekín, formados ambos por una serie de terrazas concéntricas. (fig.
579).
(fig. 579).
Sala de oración por buenas
cosechas en el Templo del Cielo

Importante por la riqueza decorativas a que puede
llegar la arquitectura bajo los Ming son las columnas de mármol del pórtico del
templo de Confucio de principios del siglo XVI, en su ciudad natal de Cofu,
cubiertas con dragones y temas nubiformes. (fig. 580).
(fig. 580)
Columnas de mármol del
pórtico del templo de Confucio en Cofu

Del palacio chino hemos de formarnos idea por el
de Pekín que, construido ya bajo los Ming, debe reflejar la tradición de las
épocas. Está constituido por una serie de grandes patios, ordenados en un eje y
comunicados por puertas monumentales. En uno de ellos, y sobre una terraza con
escalinata de mármol, se levanta el pabellón del trono, completando el conjunto
el templo de los antepasados del emperador y el de las divinidades protectoras.
Un enorme jardín con tres lagos sirve de escenarios y complemento al conjunto de
palacios. (fig. 581).
(fig. 581)
Palacios de la ciudad
prohibida en Pekín de la dinastía Ming

Tipo de monumento importante en la arquitectura
china es el pai-lu o puerta del triunfo, que se levanta en las plazas y
calles para conmemorar grandes acontecimientos en honor de personajes ilustres o
en memoria de los difuntos. Labrados en piedra, dejan ver, sin embargo, en sus
vanos adintelados su origen lignario. Excepcionalmente se emplea también el
arco.(fig. 582).
(fig. 582)
Pai-lu
o puerta del triunfo

ESCULTURA CHINA
—La escultura desempeña en el
arte chino papel más secundario que en la India. La de carácter monumental,
sobre todo, es de escasa importancia. De todos modos, no faltan relieves en los
edificios funerarios, estatuas de divinidades y de hombres de tamaño mayor que
el natural, éstas sobre todo, en las avenidas de los grandes mausoleos. Como
hemos visto en la India, el escultor chino se nos muestra libre de la
preocupación por la frontalidad y dominando las más varias actitudes. El género
preferido, y el que se conoce mejor, es la escultura de tamaño pequeño, tanto en
bronce como en madera o piedra, y, sobre todo, en jade y en porcelana.
Con la triunfal difusión del
budismo se introducen sus representaciones religiosas, entre las que ocupa el
primer plano, como es lógico, la del propio Buda, siendo también muy frecuente
la diosa de la misericordia, que aquí toma el nombre de Kuan-yin, y que,
representada con el niño en el regazo, hace pensar en nuestras Vírgenes
medievales. (fig. 583).
(fig. 583)
Diosa Kuan-yin

Con las imágenes se introduce
la costumbre india de esculpir grandes relieves en las laderas rocosas
inmediatas a los templos budistas. Junto a ellos precisa citar los de carácter
funerario, como los de los caballos favoritos del emperador T'ai-tsong, del
siglo VII, representados en su sepulcro con admirable sentido naturalista. (fig.
584).
(fig. 584)
Relieve de guerreros y
caballos

Estatuas importantes y
frecuentes son las de los Lohans o discípulos de Buda, y las de los guerreros
del cielo, de gran tamaño, fundidas en hierro y en violentas actitudes.(fig.
585).
(fig. 585)
Lohans o discípulo de
Buda

El sepulcro adopta la forma de túmulo de tierra o
pirámide de piedra, con cámara sepulcral en su interior y corredor de acceso.
Ante la puerta suelen levantarse estatuas de piedra, de guerreros o de animales.
Mención aparte, merece los guerreros de terracota,
son una colección de estatuas de terracota que representan las figuras de los
guerreros y caballos del ejército primer emperador de China de la Dinastía Qin,
210-209 a. C. Se trata de un tipo de arte funerario enterrado en formación de
batalla, en Xian. (fig. 586)
(fig. 586)
Guerreros de terracota en
Xian

PINTURA CHINA
.—Es el arte en que los chinos manifiestan mejor sus dotes artísticas. Aunque no falta la pintura
mural, en mamparas y biombos, el género más corriente es el de la aguada en
tiras de tela de seda o de papel en rollos, o plegados en zigzags y con tapas
formando un álbum. Los rollos son, o verticales, para colgarlos de la pared, o
para verlos extendidos en el suelo.
Es pintura concebida en
plano, en la que domina el dibujo, de colores muy suaves, procurándose evitar la
sombra como medio de producir la ilusión de espacio. Muy relacionada con el arte
gráfico, con frecuencia participa de sus caracteres. Conoce, desde fecha muy
temprana, la perspectiva lineal, y se desvanece las tintas para producir el
efecto de distancia. Representa la figura humana en todas las actitudes y
posiciones. Cultiva, también desde muy antiguo, todos los géneros,
dedicando especial atención al paisaje, cuyos accidentes gusta de simplificar
con indudable acierto, aunque procura destacar en primer término árboles,
y plantas. El punto de
vista es con frecuencia muy alto.
Los pintores chinos de nombres conocidos forman legión, siendo ya abundantes en los
primeros tiempos de nuestra Era. En esta época, además de representaciones de
divinidades budistas, encontramos escenas de la vida profana, retratos, animales y paisajes.
El grado de florecimiento que alcanza la pintura
china y el interés que por ella se siente, lo indica el que el emperador, a fines
del siglo XI, funde una especie de Academia imperial y haga redactar un catálogo
de su pinacoteca en el que figuran más de seis mil pinturas y más de doscientos
nombres de artistas.
Ya bajo la dinastía Tang en el siglo VIII el
pintor expresa su perfección artística. (fig. 587).
(fig. 587)
Caballos con jinete.
Dinastía Tang, siglo VIII

Sin embargo, no se limita a las
composiciones con figuras.
Los temas que en él se
registran nos hablan de la amplitud del repertorio pictórico en tan remota
fecha. Se citan asuntos religiosos, hombres, edificios, gentes extranjeras,
dragones y peces, tipos de animales, pájaros y flores, cañaverales de bambú,
hierbas, insectos y paisajes. (fig. 588).
(fig. 588)
Temas pictóricos (Pájaros y
Paisaje)

En el paisaje, que cada vez adquiere más
importancia, no siente el movimiento de la perspectiva con su punto de fuga sino
la lejanía producida por la neblina, la neblina y el agua, que además sugiere el
"chi" o aliento vital que anima a la naturaleza. No tiene inconveniente en
superponer puntos de vista diferentes. Inspirado en el paisaje montañoso de
China de neblinas y cascadas, el pintor termina creando un paisaje convencional
y escribiendo tratados como el "Manual de la pintura del jardín de la semilla
de mostaza" de 1679, donde se ofrecen esquemas de paisajes y de formas
típicas de árboles, rocas, montes, cataratas, etc.
Para el pintor chino, además del simbolismo de los
animales fantásticos mencionados, también lo tienen algunos temas que figuran en
su pinturas y artes decorativas: el bambú le hace pensar en el que
cultiva su inteligencia y se dobla pero no se quiebra; el pino nudoso en el
espíritu incontestable de la vejez; las nubes en el paisaje, le hace sentir el
espíritu cósmico que anima las cosas; el melocotón le evoca la inmortalidad, la
pareja de aves acuáticas la felicidad matrimonial; el caballo cansado, el
artista menospreciado, etc.
En el paisaje se distinguen dos tendencias, una de
dibujo fuerte, anguloso y dramático que se considera propia del Norte de Kufeng,
del siglo XI, y otra tendencia más blanda, de formas redondeadas, de nieblas y
nubes, que tiene su centro en Nanking, del siglo XIV, y que llega hasta nuestros
días. En los últimos tiempos de la dinastía Sung el pintor del de paisaje se
siente inclinado a representar los primeros términos como si a la inspiración de
la amplia naturaleza hubiese sucedido la del jardín con sus árboles, flores y
pájaros (fig. 589).
(fig. 589)
Estilos de la pintura China
(siglos: XI - XIV)

El triunfo de los mongoles, vencedores de los
tártaros y conquistadores de China, que establecen la capital en Pekín en la
época que la conocerá Marco Polo, inspira bajo la dinastía Yuan (1280-1368),
toda una serie de pinturas que celebran sus hazañas guerreras y los representan
en sus caballos. En constraste con este temario, un grupo de pintores, el
llamado de los Cuatro Grandes Maestros se retiran al Sur, volviendo a poner de
moda un estilo tradicional muy próximo a la caligrafía.
Siglos más tarde, con el triunfo de los manchúes,
otro grupo, el de los Individualistas, abandona el estilo imperante en su tiempo
y procura que la pintura exprese los sentimientos de su autor. Su estilo se
mantiene floreciente en el siglo XVIII. (fig. 590).
(fig. 590)
Paisaje del pintor shitao
(1642-1707)

ARTES DECORATIVAS :
LA PORCELANA CHINA
La porcelana es invención
china. Es una pasta formada por caolín, silicato de aluminio, que no llega a
fundirse y forma como el esqueleto de la porcelana —que eso precisamente
significa kao-ling—, feldespato que produce la masa vitrea y cuarzo. Estos dos
últimos productos constituyen el pai-tun-tzin o carne de la porcelana. La
cocción oscila entre los 1.300 y los 1.500 grados. La masa de la porcelana es
cubierta por una capa de bórax o de feldespato que puede ser teñida con óxidos
metálicos. Se supone que la porcelana debió de ser descubierta al querer
fabricar el vidrio opaco o el jade artificial. El deseo de imitar la calidad y
el color del jade, en efecto, no es raro en la porcelana china.
.—Uno de los rasgos más
destacados del arte decorativo chino es su gusto por la asimetría, y entre los
temas de carácter geométrico son frecuentes el meandro, los en forma de S y C y,
sobre todo, las nubes. En cuanto a los de carácter animado, son los más
importantes el dragón y el ave fénix. El dragón chino tiene cabeza de camaleón,
cuernos de ciervo, escamas de serpiente, garras de águila y cola de serpiente, y
simboliza el agua bienhechora, el cielo y el poder real. El fénix, que tiene
cabeza de faisán, cuerpo de dragón o pavo real, alas de este mismo animal y
cuello de tortuga, encarna análogas" ideas, y es atributo de la emperatriz. Se
emplea también con frecuencia el ki-lin o unicornio —caballo con un cuerno en la
frente.
La contextura de la porcelana
es uniforme, traslúcida a contraluz, sonora y agradable al tacto. Aunque en ella
se esculpen estatuitas (fig. 591), por lo general se dedica a la
vajilla. Las formas de ésta son por lo común sencillas, insistiéndose en algunos
tipos. En los comienzos, está influida por la vajilla de bronce. Existe la
vasija lisa, cuyos valores son la forma, la calidad de la superficie y el color,
y la decorada. En la porcelana lisa desde tiempos muy remotos se utilizan como
recursos decorativos las grietas y fallos de cocción, tales como los
corrimientos de la pasta o «lagrimones». En la no lisa la decoración puede ser
en relieve y pintada. En este caso es frecuente que el color general del vaso se
interrumpa, reservando unos medallones para historias o temas de diversa índole.
(fig. 591)
Exposición de porcelana
china en el Museo de Louvre

La porcelana propiamente tal
no se fabrica hasta mediados del siglo X, coincidiendo con los comienzos de la
época Sung (960-1279). La más antigua, que se remonta al período anterior, la
T'ang, es monocroma, de tono muy igual y de brillos muy bellos obtenidos por la
superposición de nueve capas de feldespato. Los colores dominantes son el verde
grisáceo claro o «claro de luna» y el azul pálido o «color del cielo después de
la lluvia», según la terminología china. Las vasijas son lisas o presentan en
relieve nubes, olas, hojas, pájaros o peces (fig. 592). El nombre de «celadón»
con que se conoce esta clase de porcelana de color claro y suave es europeo, y
alude a las cintas verdes llevadas por Celadón, héroe de una novela francesa.
(fig. 592)
Vaso celadón de la dinastía Song, datado en el
siglo XIII

En el siglo XIV, restaurada
la fabricación de la porcelana después de la invasión mongólica, se pone en
primera fila la porcelana blanca que permite la decoración cromática, empleada
ya en la gran época Ming (1368-1644). En ésta, la fabricación de la porcelana se
concentra en King-to-chen. Se continúan produciendo vasos a un solo color,
incluso los de tipo «celadón», aunque en decadencia. En los de varios colores,
que comienzan en el siglo XV y se impone en la centuria siguiente, utilizan ya
esmaltes de plomo. Para evitar la unión de los diversos colores, la superficie
tiene partes rehundidas y rebordes salientes que los reciben y separan,
respectivamente; es decir, utilizan una técnica que veremos en la cerámica y en
los esmaltes occidentales. La decoración pintada se reduce al principio al color
azul sobre el fondo blanco (fig. 593).
(fig. 593)
Jarra china azul y blanca, dinastía Ming,
mediados del siglo XV

En el siglo XVI la paleta
se amplía, bien reduciéndose a los verdes, amarillos y violetas, o empleando
todos los colores conocidos (fig. 594).
(fig. 594)
Porcelana China del período Kangxi (1662-1722)

Con destino a La India y a
Persia, se aplican al vaso ya recubierto de color temas en relieve que bien son
también esmaltados o quedan en el color de la pasta, es decir, de bizcocho.
Además de los temas decorativos empleados con anterioridad se generalizan en la
porcelana pintada los dragones, el ave fénix, los peces, las ramas
en flor, los paisajes, las divinidades y personajes del taoísmo y del budismo,
tales como los Ocho inmortales: He Xiangu, Han Xiang Zi, Lan Caihe, Li Tieguai,
Lü Dongbin, Zhongli Quan, Cao Guojiu, Zhang Guo Lao. (fig.
595).
(fig. 595)
Recipiente de porcelana con
las figuras de los ocho inmortales

En la época Ts'ing
(1644-1911) la porcelana continúa floreciente, sobre todo bajo el emperador
Kang'hi (1662-1721), citándose a principios de siglo en King-to-chen no menos de
tres mil hornos. En los vasos monocromos aumenta la variedad de los colores y la
igualdad de los esmaltes, pero los de decoración pintada adquieren cada vez
mayor importancia. La principal novedad en cuanto a los temas decorativos se
refiere al interés por los temas florales, principalmente crisantemos y
magnolias, con pájaros y mariposas.
Son típicos de este período los decorados
con flores blancas de ciruelo (fig. 596) sobre fondo jaspeado, que representa el
deshielo de la primavera, y que se regalaban en esta fecha, que en China es
cuando comienza el año.
(fig. 596)
Recipiente de porcelana con
flores blancas de ciruelo

Entre los nuevos colores debe recordarse el negro
intenso. Bajo Kang'hi aparecen los vasos llamados de la «familia verde», por
dominar en ellos esa gama (fig. 597), que pasa de moda para dar
paso a los de la «familia rosa» (fig. 598), de colores pálidos y
delicados. A esta época corresponde también la técnica denominada de «cáscara de
huevo, (fig.
599),», por lo blanca y delgada, y que se destina a la exportación.
(fig. 597)
Porcelana de la "familia verde", período Kangxi
(Dinastía Qing)

(fig. 598)
Xi Wang Mu, deidad taoísta figurada en un plato
de porcelana de la "familia rosa", período de Yongzheng (Dinastía Qing)

(fig. 599)
Porcelana realizada con la técnica de cáscara de
huevo

El siglo XIX es ya de
decadencia. Destruido King-to-chen por un incendio, no obstante ser reconstruido
a mediados de esa centuria, se limita ya a copiar los modelos antiguos. La
porcelana china es conocida en Europa en el siglo XV a través de Egipto, y es
importada ya directamente en el siguiente por los portugueses.
(fig. 600)
Porcelana china azul y blanca de exportación, con
escena europea e inscripción francesa "El Imperio de la virtud se estableció
hasta el fin del Universo", período Kangxi, 1690–1700“Familia verde” del período
Kangxi (1662-1722)

ARQUITECTURA JAPONESA
Aunque la arquitectura japonesa deriva directamente de la china,
hasta el extremo de que algún capítulo de ésta solo la conocemos a través de los
monumentos japoneses, nos referimos independientemente a éstos.
Como el sintoismo pervive simultáneamente con el budismo, su
arquitectura termina fundiéndose con la nueva religión, pero sus templos suelen
conservar la cubierta tradicional de pizarra, tablillas o junco, en vez de
emplear la teja. La madera suele pintarse de rojo.
Como ejemplo de templo
japonés puede citarse el de Horiuyi en Nara (607) (fig. 601), en el que imperan por todas
partes, ya plenamente desarrolladas y en tranquila armonía con el paisaje
circundante, las majestuosas curvas cóncavas de los tejados. Cercado por un
prolongado cuerpo de edificación cubierto a dos aguas, se abre en él la puerta
principal o chumon de dos pisos, con sus correspondientes aleros, que da paso al
patio donde se levanta el Gran Pabellón de Oro o Kondo, en cuya sala central se
encuentran sobre una tribuna las estatuas de los dioses. La pagoda es una bella
torre de cinco aleros curvos con campanas, y un gran mástil con anillas de
coronamiento.
(fig. 601)
Templo de Horiuyi en Nara

Durante varios siglos el
templo conserva en el Japón esos mismos caracteres, si bien adquiere alguna
mayor complejidad y manifiesta el deseo, cada vez más acusado, de que sus líneas
generales jueguen con las del paisaje. Son obras de perfección exquisita, en las
que las cubiertas se encuentran trazadas con tal sentimiento que parecen flotar
en el aire, llegándose a imitar en las sencillas líneas exteriores del templo
Uji (1053), gracias a la forma de las alas laterales del pabellón, la figura del
ave fénix (fig. 602). Con esa sencillez forma contraste la riqueza de su decoración
interior, a base de bronce, laca, oro y nácar.
(fig. 602)
Templo de Uji

Esta unión de la arquitectura
con el paisaje hace que los conventos japoneses, reflejo también de los chinos
coetáneos, se conciban como parte de un pequeño jardín donde se representan,
naturalmente, también en pequeño, todos los elementos del paisaje. Que no en
vano es ahora, en el período denominado pintoresco, cuando el jardín chino
adquiere sus caracteres propios.
ESCULTURA
JAPONESA
En las imágenes búdicas del
Japón se siguen los tipos creados en China, y de ello es buen ejemplo el Buda-Yasuki,
el gran sanador, del templo de Nara, sentado en elevado pedestal y acompañado
por los Bodisatvas del Sol y de la Luna, los tres ante aureolas apuntadas
decoradas con pequeñas figuras de Buda en relieve. Es obra fundida en bronce de
principios del siglo VIII. De bronce son también las dos estatuas de Buda, de
proporciones gigantescas, de Nara y Kamakura, de unos quince metros de alto. Del
siglo VIII la primera, la segunda corresponde ya al XIII.
(fig. 603).
(fig. 603)
Budas de Nara y Kamakura

Al lado de Buda desempeña
igualmente papel importante la diosa de la misericordia, aquí llamada Kwannon. (fig. 604)
(fig. 604)
Diosa
de la misericordia, Kwannon

Y, como es natural, se introducen también, aunque toman nombres japoneses, los
soldados celestes. A los cuatro reyes del cielo se les llama Shitennos y Nios.
Formando contraste con las beatíficas y reposadas representaciones búdicas
siempre de frente, a estos guardas celestes se les imagina en movidísimas
actitudes, sin preocupación alguna de frontalidad, luchando con los demonios (fig.
605). En
ellos es donde la escultura japonesa alcanza su máxima personalidad. Conocemos
los nombres de algunos escultores, entre los que figura Kokei, autor de varios
Shitennos de Nara.
(fig. 605)
Los cuatro guardianes o reyes
del cielo. Shitennos

La escultura japonesa es de
bronce, madera pintada o de la técnica Kanshitu; es decir, de madera cubierta de
lienzo, y éste de barniz con un polvo especial. En esta capa negruzca de barniz
es en la que se termina el modelado.
Mucho más original que la
gran escultura es la de carácter decorativo, ejecutada en los más diversos
materiales, y donde el japonés pone bien de manifiesto su fino sentido
decorativo de la composición. Muy conocidos dentro de este tipo de trabajo son
los recazos de espadas (fig. 606).
(fig. 606).
Espadas grabadas

LA PINTURA JAPONESA
La pintura japonesa no
comienza a manifestar su personalidad frente a la china hasta que en el siglo XI
abandona los temas búdicos de origen chino y se dedica a representar temas
legendarios caballerescos y de la vida cortesana y cenobítica. Se distinguen en
esta primera fase las escuelas de Yamato, Kasuga y Tosa. Obra típica
de la última, y de autor conocido, es la historia de Honen Shonin. (fig. 607).
(fig. 607)
Honen predicando entre la gente común. Pintura siglo XIV

Desde el siglo XIV la pintura
es la principal manifestación artística japonesa, creándose en la centuria
siguiente la nueva escuela de los Kano, así llamada por el nombre del fundador y
de su hijo, que introduce el estilo chino del período Sung con sus paisajes de
montañas, nubes, nieblas y cascadas, en las diversas estaciones del año. El que
ejerce más amplia y permanente influencia es el segundo Kano Motonobu (muerte en 1559),
cuya obra maestra es el paisaje propiedad del conde Date, de Kyoto (fig. 608).
Tanto la escuela de Tosa como la de Kano se conservan activas hasta el siglo XVIII, aunque ya sin la fuerza creadora primitiva.
(fig. 608)
Paisaje de
Kano Motonobu

A mediados de esta centuria
se deja ya sentir la influencia europea, el sentido realista es cada vez más
poderoso, y el grabado en madera polícromo adquiere progresiva importancia,
hasta el punto de que los principales pintores lo cultivan activamente. El
principal representante de esta nueva era de la pintura japonesa es Hokusai (muerto
en
1849), dibujante infatigable (fig. 609), (fig. 610) durante su larguísima vida.
(fig. 609)
La gran ola

(fig. 610)
Autoretrato

Su obra más amplia es la Man-gua,
de no menos de catorce tomos, en los que nos ofrece un sinnúmero de escenas de
la vida japonesa. Aparte de ésta que le conquista el rango de primer pintor de
su país, deja otras series famosas, como las de las Cien vistas el Fuji, la de
Los héroes japoneses, etc. El segundo gran maestro de esta última fase de la
pintura japonesa es Hiroshigue (muerto en 1858), que se considera el más avanzado en el
sentido europeo en el cultivo del paisaje, del que publica estampas sueltas (fig.
611).
(fig. 611)
Estampa del Santuario de Akiba en Ukeji

ARTE AMERICANO
PREHISPÁNICO
ARQUITECTURA AZTECA Y MAYA
.—En América se forma un arte
propio, de caracteres muy definidos, cuyos dos centros principales radican en
México y América central y en el Perú y Bolivia.
En México y América central
destacan dos pueblos: los aztecas, establecidos en la meseta mexicana y que
terminan conquistando buena parte de América central, y los mayas, que habitan
en Yucatán, Guatemala y Honduras. Sus estilos se influyen y entrecruzan, y en
obra como ésta es preferible estudiar conjuntamente uno y otro. Es arte
contemporáneo del cristiano medieval.
La arquitectura de México y
América central es de cantería, y su soporte preferido, el pilar. La columna,
cuando la utiliza con cierta constancia, como sucede en Yucatán, es gruesa, baja
y sin más capitel que una pieza lisa como el abaco clásico. Desconoce la
cubierta abovedada, y sólo llega a construir por el avance progresivo de los
sillares una bóveda falsa de intradós rectilíneo o ligeramente curvo. Las
molduras suelen estar formadas por planos rectos, y, en general, son bastante
sencillas.
Su monumento principal es el
templo, cuya estructura carece de complicaciones interiores. Es construcción de
grandes masas que se impone, sobre todo, por su volumen (fig.
612). Como las
principales ceremonias tienen lugar a cielo abierto, la parte cubierta del
templo se reduce a la habitación de la divinidad, permaneciendo los fieles al
aire libre. El templo está constituido por unos patios formados por varias
terrazas de escasa altura y amplia superficie. Sobre ellas, o por ellas
rodeadas, se levantan las pirámides truncadas, que sirven, a su vez, de pedestal
a la pequeña capilla habitación del dios. Reunido el pueblo en el patio,
contempla las ceremonias que se celebran en la plataforma de la gran pirámide,
en la que, además de la capilla, se encuentra el techcatl o altar donde es
sacrificada la víctima, cuyo cuerpo se arroja después por la gran escalera de la
pirámide, de gradas numerosas de poca huella.
(fig. 612)
Pirámide del Sol de
Teotihuacán

La pirámide adopta diversas
formas, desde la simplemente escalonada o de paredes lisas, hasta la que
interrumpe su perfil oblicuo por medio de una superficie de estrechos cuerpos o
tableros verticales (fig. 613), (fig.
614). Este sistema de interrumpir la
oblicuidad de la pirámide llega en ciertos monumentos mayas a crear verdaderas
fachadas con pórticos que ocultan en buena parte la forma de la pirámide
originaria. La capilla es casi siempre única, aunque no faltan templos que
presenten varias dispuestas en fila; es de planta rectangular, con el ingreso
por uno de los frentes mayores, y en la zona maya llegan a tener varias crujías.
(fig. 613)
Pirámide de Tajín

(fig. 614)
Pirámide de Chichen Itzá

Las construcciones que
flanquean los patios en la zona maya, a las que suele denominarse palacios, son
las que nos ofrecen las fachadas más importantes del arte mejicano.
La parte más decorada es la superior. (fig.
615)
(fig. 615)
Templo Casa de las Monjas

En Palenque, esa parte se encuentra
inclinada, como en la primitiva cubierta. A manera de anchísimo entablamento se
dibujan en ella varias fajas horizontales divididas por la típica moldura maya,
formada por un listel entre otros dos oblicuos. Su anchura es tan grande que
iguala a la parte inferior de la fachada, que el arquitecto
anima también a veces con el mayor lujo.
El primer paso en este sentido consiste
en formar pórticos de columnas (fig. 616); después se cubre la superficie del
muro con fustes simplemente yuxtapuestos como tema decorativo, y, sobre todo, se
continúa el decorado de la especie de entablamento hasta la línea misma de
tierra, quedando así la totalidad de la fachada cubierta por riquísima
ornamentación de carácter casi uniforme.
(fig. 616)
Arco de Labna

El proceso de enriquecimiento
de la fachada, sin embargo, no se detiene ahí. Se completa en muchas capillas
mayas con la elevada crestería que suele labrarse, bien sobre el grueso
muro que separa las crujías, o sobre el de fachada como continuación de ella.
Entre los principales
conjuntos de monumentos mejicanos figuran las ruinas de la sagrada ciudad de
Teotihuacán (fig. 617). No lejos de la capital de la República se extienden en
más de dos kilómetros de longitud, a los lados de una amplia y recta avenida
llamada de los Muertos. Sus templos principales son las pirámides del Sol y de
la Luna, y, sobre todo, la de Quetzalcoatl, en la que el cuerpo de serpiente
emplumada del dios bienhechor aparece enrollado en los tableros de la pirámide,
mostrándonos su cabeza casi tantas veces como días tiene el año. El gran templo
de Tenochtitlán, la capital del imperio azteca, lo conocemos por la descripción
de los cronistas y por los restos descubiertos en la Plaza Mayor de México.
(fig. 617)
Ciudad
de Teotihuacán

En Yucatán, las ruinas son
importantes y numerosas. Figuran en primer plano las de Palenque, las de Uxmal,
con las Casas de las Monjas (fig. 618) y del Gobernador; y las de Labná con su
«Arco», ver (fig. 616), o edificio en ángulo, en una de cuyas alas se abre el arco
falso que, describiendo una elegante curva apuntada con pequeño dintel a manera
de clave, comunica dos antiguos patios del templo.
(fig. 618)
Casas de las Monjas

El conjunto monumental más
visitado y conocido de Yucatán es el de Chichén Itzá, ver (fig. 614). Sus ruinas aparecen
ordenadas en torno a un eje que pasa por dos cenotes, o enormes pozos
típicamente yucatecos, en una extensión de cerca de un kilómetro cuadrado. Sus
monumentos principales son el Castillo o templo de Kukulcán (fig.
619). —el Quetzalcoatl
maya—, la portada de cuya capilla sostiene enormes columnas en forma
de serpientes emplumadas (fig.
620).
(fig. 619)
Templo
de Kukulcán

(fig. 620)
Serpientes
emplumadas del templo de Kukulcán

Destaca el cojunto arqutectónico del
Juego de Pelota (fig. 621), el
deporte que apasiona a los mejicanos tanto como las carreras a los bizantinos,
cruzándose en sus apuestas joyas, esclavos y hasta las mancebas.Situado
sobre una gran terraza rectangular, flanquean el campo de juego dos cuerpos
altos y largos, escalonados al exterior y cortados verticalmente al interior. En
el centro del borde superior de estos frentes verticales se encuentran las
argollas por donde los jugadores deben pasar la pelota, y sobre esos grandes
cuerpos laterales se levantan varios templetes. Sostienen también su pórtico serpientes emplumadas.
(fig. 621)
Figuración y ruinas del
recinto del juego de la pelota

Fuera de Yucatán, en la
región de Oaxaca, las ruinas de Mitla muestran un estilo diferente y de carácter
más geométrico, pero de gran belleza.(fig. 622).
(fig. 622)
Ruinas de Mitla

ESCULTURA AZTECA Y
MAYA
.—Al escultor mejicano
prehispánico, más que la belleza del cuerpo humano, le interesa lo expresivo,
concentrado, sobre todo, en el rostro. La tensión espiritual de su cultura
primitiva se refleja en ellos con una fuerza extraordinaria. Producto típico del
Olimpo azteca es la gran estatua de cerca de tres metros de la monstruosa
Coatlicue (fig. 623), madre de los dioses, vestida con falda de serpientes
entrelazadas, y con doble rostro del mismo animal de arqueados colmillos y
bífida lengua. Luce collar de corazones y manos, del que, como centro, pende una
calavera.
(fig. 623)
Coatlicue, madre de los
dioses

Que los escultores aztecas son también grandes animalistas, con
criterio esencialmente decorativo, lo muestra el tigre echado, con una gran
cavidad en la parte central de su cuerpo para la sangre de los sacrificios, del
Museo de México. El llamado Calendario azteca (fig.624) es una representación
cosmogónica de este pueblo con el Sol, Tonatiuh, en el centro, dentro del aspa
del movimiento, con los signos de los cuatro soles o eras anteriores en sus
brazos, y los signos de los meses en la zona inmediata, todo ello encuadrado por
las dos serpientes.
(fig.624)
Calendario azteca

En el campo del relieve, es
el arte maya el que nos ha conservado más monumentos. En ellos el escultor se
preocupa, más que el azteca, de la elegancia de la figura, cuyo perfil traza con
cariño, a veces extraordinario, si bien por su extraño sentido de la belleza
subraya su frente deprimida y alargada. Esos relieves nos presentan sacerdotes
con ricas vestiduras y recargadísimos tocados de plumas, que, a veces, danzan en
místico arrebato ante la veneración de los fieles. Otras son guerreros
igualmente cargados de plumas y abalorios. En la mayoría de los relieves el
escultor aprovecha el gran penacho de plumas para llenar su parte alta, y cubre
con inscripciones los restantes espacios libres. El dios que ocupa lugar
preferente debe ser Itzamná, el dios de la luz y de la vida, creador de la
escritura. Se le imagina como un anciano de nariz aguileña muy pronunciada, y
con sólo un diente muy largo en el centro de la boca. (fig.
625).
(fig. 625)
Itzamná, dios de la sabiduría

Entre los relieves más
curiosos del arte maya figura el llamado de la Cruz de Palenque (fig.
626).
(fig. 626)
Representación Cruz de
Palenque

El relieve en Chichén Itzá nos presenta la serpiente
emplumada que, con el cuerpo erguido, abre las fauces y con su lengua bífida
espera los presentes de una comitiva. (fig.
627).
(fig. 627).
Relieve de la serpiente
emplumada en Chichén Itzá

En el Museo de América, de Madrid, se conserva un
relieve procedente de Palenque. De gran riqueza decorativa son los monolitos de
Copan y Quiriguá (fig. 628).
(fig. 628)
Monolitos
de Quiriguá

Típicas manifestaciones de la
escultura mexicana son, por último, las máscaras de piedras duras y, sobre todo,
las revestidas de mosaico, de turquesa, nácar y coral. (fig.
629).
(fig. 629)
Máscara azteca Xiuhtecuhtli, dios del fuego.
Mosaico turquesa, Museo Británico

PINTURA Y ARTE PLUMARIO AZTECA Y MAYA
Los restos de pintura mural
son escasos, pero acreditan un nivel equiparable al del relieve. Capítulo
específico de la pintura mexicana constituyen los códices hechos de largas tiras
de papel de maguey o piel de venado, blanqueadas con tiza y pintadas a la
acuarela. Ilustradas por ambas caras y dobladas en varios pliegues, forman una
especie de libro que se protege con dos tableros.
Su contenido es
religioso, astronómico y de hechicería, y en algunos, al parecer, histórico.
Aunque se han descrito sus escenas, no se han podido leer en su conjunto en
forma definitiva. En el Museo de América, de Madrid, se guarda el códice maya
llamado Pre-cortesiano.(fig.
630).
(fig. 630).
Fragmento Códice Pre-Cortesiano del Museo de
América en Madrid

Igualmente típico de México
es el arte plumario, cuya principal manifestación artística es el llamado
mosaico de plumas, en el que se llegan a representar escenas animadas que emulan
la verdadera pintura. Lo conservado de época prehispánica es escasísimo, y lo
más valioso es el escudo del Museo de Viena. (fig. 631).
(fig. 631)
Plumario del museo de Viena

En el Museo de América existe otro
mucho más sencillo. Pero lo que nos puede dar idea más cumplida de lo que es
este arte son las obras ya posteriores a la conquista, como las mitras del siglo XVI del Escorial y de la Catedral de Toledo.
(fig. 632).
(fig. 632)
Mitra de Plumas. Escorial

ARQUITECTURA
PERUANA
.—En la arquitectura peruana
existe clara diferencia entre la región de la costa, que emplea el adobe, y la
de las tierras altas, que construye con piedra.
Los maestros cuzqueños son
excelentes canteros. En ninguna parte de América se acaricia el paramento del
sillar y se labran sus uniones con mayor esmero. En cuanto a las dimensiones de
las piezas, puede decirse que construyen desde verdaderos muros megalíticos
hasta la obra de sillería isódoma. Con frecuencia, en el deseo de aprovechar, en
lo posible, todo el tamaño de la piedra, se labran en forma irregular, incluso
con ángulos entrantes; la llamada de los «Doce ángulos» de una calle de Cuzco,
es buena prueba de los extremos a que se llega en este sentido. La cara exterior
del sillar suele ser ligeramente convexa, produciendo así, en el paramento, un
leve almohadillado de tenue claroscuro. (fig. 633).
(fig. 633)
Calle
Hatun Rumiyoc en Cuzco, o de
los «Doce ángulos»

Lo mismo que el resto de
América, el Perú prehispánico no llega a conocer el arco, existiendo, en cambio,
la tendencia a construir los vanos en forma trapezoidal, como en la arquitectura
prehelénica. La cubierta debió ser casi siempre de madera.
Ruinas a que se atribuye la
mayor antigüedad son las de Tiahuanaco, que se levantan solitarias en el
desolado paisaje del lago Titicaca, a más de cuatro mil metros sobre el nivel
del mar. Por voluntad del Sol, nace en una de sus islas el primer Inca, y, en
efecto, las numerosas ruinas que existen en torno al lago legendario son
testimonio de una importante civilización muy antigua, todavía envuelta en el
misterio. (fig. 634).
(fig. 634)
Ruinas de
Tiahuanaco

La más importante es su famosa Puerta, de tamaño no grande (fig.
635).
Los temas que cubren su dintel han sido trazados con la reiteración de un
tejido.
(fig. 635)
Puerta de Tiahuanaco

La divinidad principal (fig.
636), para algunos Viracocha, el dios
supremo, con su cuerpo diminuto y su gran cabeza cuadrada, de la que salen
numerosos apéndices radiales, aparece de pie, absolutamente de frente y sobre
una especie de almena escalonada, con la grandiosidad del Sol que se eleva sobre
los Andes. En sus manos empuña dos animales con cuerpo de serpiente y derechos
como cetros, mientras por los lados acuden de riguroso perfil veinticuatro
personajes alados, unos con cabeza humana y otros con cabeza de pájaro. El gran
dios de Tiahuanaco es, según algunos arqueólogos, el que calienta a los
pobladores de las alturas andinas con sus rayos, y con sus lágrimas les humedece
la tierra para que puedan hacer sus sementeras.
(fig. 636)
Relieve Dios supremo en la
puerta de Tiahuanaco

Monumentos característicos de
la región del Titicaca son, además, las Chulpas o torreones de planta circular o
rectagular, al parecer, de carácter funerario.(fig.
637).
(fig. 637)
Chulpas

Del gran templo del Sol, el
Coricancha o recinto sagrado, convertido por los españoles en monasterio de
Santo Domingo, existen algunos muros y las descripciones de los cronistas. La
cámara misma del Sol, aunque cubierta de paja, tiene sus paredes revestidas con
planchas de oro, y presididas por la imagen del dios, labrada en el mismo metal;
allí reposan las momias de sus hijos los Incas. Y análogas
características, aunque en plata, presenta la cámara de la Luna. Inmediato al
templo se encuentra el jardín, donde, contrahechos en oro y plata, aparecen los
más diversos animales y plantas.
Pero de lo que poseemos
monumentos impresionantes de cantería incaica es de la arquitectura militar. Las
obras de fortificación adquieren en el Perú importancia extraordinaria. La más
conocida de todas, que es la de Saxahuamán (fig. 638), está situada en la
montaña que domina el Cuzco, y consta de tres series de murallas dispuestas en
zigzag y labradas en enormes piedras.
(fig. 638)
Ruinas fortificación de
Saxahuamán

La más bella y más hermosamente situada
es, quizá, la de Pisac, en el alto valle del Urabamba, desde cuyas terrazas se
domina uno de los más grandiosos paisajes de los Andes. (fig.
639).
(fig. 639)
Ruinas fortificación de
Pisac

En los diversos valles de la
zona de la costa peruana se forman varios centros artísticos, que terminan por
ser dominados por los Incas. El material constructivo, como queda indicado, es
el barro cocido al sol, que a veces se emplea en enormes bloques, revestidos con
barro para disimular las uniones. A la preferencia por el adobe va unida la
forma de pirámide de los edificios y la gran riqueza decorativa de los
paramentos.
Una de las construcciones
apiramidadas más interesantes es la de Moche, en la región de Trujilla, formada
por varios cuerpos escalonados, pero donde la decoración de los paramentos
alcanza mayor riqueza es en las ruinas de la gran ciudad de Chan-Chan, sojuzgada
por los incas a mediados del siglo XV. En ellas vemos desde el sencillo
ajedrezado hasta las lujosas composiciones del Patio de los Arabescos, aunque
siempre en la forma geométrica propia de las artes textiles. (fig.
640).
(fig. 640)
Ciudadela de adobe de Chan Chan

El santuario más
famoso de la costa es el de Pachacamac, el dios creador, que eso significa su
nombre, cuyo templo primitivo consiste en una serie de pirámides truncadas
superpuestas, a la que se agregan numerosas dependencias para peregrinos y
sacerdotes.(fig. 641).
(fig. 641)
Santuario de
de Pachacamac

Por último, destacan de forma singular las
ruinas de
Machu Picchu,
«monte viejo» es el nombre contemporáneo que se da a una llacta —antiguo poblado
incaico andino— construida antes del siglo XV, se encuentra ubicado en la
Cordillera Oriental del sur del Perú, en la cadena montañosa de los Andes a
2.430 metros sobre el nivel del mar. Está ubicada en la región Cuzco, provincia de
Urubamba, y se extiende sobre una superficie de 326 kilómetros cuadrados
Machu Picchu fue
declarado Santuario Histórico Peruano en 1981 y está en la Lista del
Patrimonio de la Humanidad de la Unesco desde 1983. (fig.
642).
(fig. 642)
Machu
Picchu

ARTES DECORATIVAS PERUANAS.
CERÁMICA. TELAS
.—Donde el repertorio
decorativo peruano se manifiesta más plenamente es en los tejidos y en la
cerámica, artes ambas que alcanzan excepcional perfección. Además de los temas
aludidos, la rica fauna costera se refleja, sobre todo, en la cerámica.(fig.
643).
(fig. 643)
Vasijas

En la cerámica, el capítulo
más extraordinario es el de las vasijas antropomorfas, en las que el
cuerpo humano suele desaparecer en beneficio de la cabeza, que es donde el
escultor peruano hace alarde de su capacidad naturalista.
Entre
las figuras zoomorfas, la de mayor interés, y que sirve de base a varias
transformaciones de carácter fantástico, es la del felino, que parece poder
identificarse con el gato montes o tití, el animal que debe de dar nombre a la
extensa comarca del Titicaca —la Peña del Gato—. Lo que hiere la sensibilidad
del peruano en el felino es su expresión airada, su rostro de proporciones
cuadradas y grandes bigotes, y su lengua delgada y aguda. Sus bigotes adquieren
tal desarrollo que se transforman en especie de máscara. El cuerpo alguna vez es
el del felino, de formas curvas, rabo largo y piel con lunares; pero,
generalmente, es de tipo humano. (fig.
644).
(fig. 644)
Decoraciones cerámicas
antropomorfas

En los tejidos, el principal
atractivo es la belleza de sus colores y el gusto con que se les combina. Tanto
las representaciones de animales reales como de los monstruosos, se encuentran
muy geometrizadas, tal y como muestra el manto de la Cultura Chimú de Perú,
(1000 - 1476). El Diseño esta compuesto por bloques de motivos de pelícanos y
atunes en una paleta brillante (fig.
645).
(fig. 645)
Manto de la cultura Chimu en Perú (1000 - 1476)
