HISTORIA DEL ARTE

CAPITULO XIV

ARQUITECTURA ROMÁNICA

Apunte contexto histórico

ÍNDICE

EL ESTILO ROMÁNICO

LA COLUMNA, EL PILAR CRUCIFORME Y EL ESTRIBO

EL ARCO Y LA BÓVEDA

DECORACIÓN

PUERTAS

EL TEMPLO

EL MONASTERIO

FRANCIA

INGLATERRA

ITALIA

ALEMANIA

ESPAÑA:

CATALUÑA

ARAGÓN Y NAVARRA

CASTILLA: LEÓN, FRÓMISTA Y SANTIAGO COMPOSTELA

CIMBORRIOS LEONESES DEL SIGLO XII

SEGOVIA Y LA IGLESIA DE PÓRTICOS.

SORIA

ÁVILA

PORTUGAL

 


EL ESTILO ROMÁNICO

.—Como consecuencia de las conquistas técnicas realizadas por las diversas escuelas nacidas en el antiguo Imperio de Occidente, se forma hacia el siglo XI un estilo más sabio y uniforme, denominado románico por razón análoga a la que hace llamar romances a las lenguas derivadas del latín. Esa uniformidad es, en buena parte, debida a dos motivos principales. Las Órdenes monásticas son ya muy influyentes en el período prerrománico; pero ahora tiene lugar en la de los benedictinos una reforma que contribuye poderosamente a la unificación de su vida. Esa reforma tiene su origen en el monasterio de Cluny, fundado a principios del X, y su regla termina imponiéndose a un millar de abadías diseminadas por todo Occidente, que considera dependencias suyas.

Por otra parte, gracias a la mayor seguridad que comienza a disfrutarse en el antiguo Imperio de Occidente, se generaliza la costumbre de las peregrinaciones a Roma y Santiago de Compostela, y esas peregrinaciones contribuyen también en no pequeño grado a la internacionalización del arte románico. En torno a las rutas de los peregrinos, y en sus puntos estratégicos, se levantan algunos de los principales templos y monasterios románicos, y de ellos son buen ejemplo los que en nuestro país se escalonan a lo largo del llamado «Camino de Santiago», que desde el Pirineo conduce a los peregrinos hasta la tumba del apóstol.

La arquitectura románica, que, como toda la cristiana medieval, es, sobre todo, de carácter religioso, crea un tipo de templo abovedado bastante uniforme, muy lejano ya del puramente basilical, y que, evolucionando, continuará viviendo a través del gótico hasta los días del Renacimiento. Pero, además, da forma a un nuevo tipo de monumento religioso, que es el monasterio. Edad de oro de la vida monacal, el monasterio nace para responder a las necesidades de un nuevo tipo de vida y con toda la personalidad y claridad de concepción que distingue a esta suerte de creaciones. A pesar de sus varios cambios posteriores, el monasterio conservará durante muchos siglos buena parte de los rasgos generales con que ahora se nos presenta. Período éste en que la ciencia se encuentra en los monasterios, suelen ser arquitectos los mismos monjes.


LA COLUMNA, EL PILAR CRUCIFORME Y EL ESTRIBO

.—No obstante, los grandes progresos técnicos que la arquitectura románica aporta a los estilos occidentales anteriores, se diría que los maestros románicos siguen confiando más en la gran masa de muros y bóvedas que en el equilibrio y en el justo contrarresto de las presiones. Como el arquitecto no gusta de abrir grandes vanos en sus gruesos muros y las ventanas son tan pequeñas y estrechas que a veces semejan una saetera, como suele suceder en los ábsides, los interiores son oscuros y mueven el espíritu al recogimiento. Ahora bien, el predominio del macizo sobre el vano que distingue al estilo románico responde probablemente, también en buen parte, al deseo de conseguir ese efecto.

En la arquitectura románica, que ya no aprovecha elementos constructivos ni decorativos de los monumentos romanos, el sentido de la proporción clásica desaparece por completo, y donde este rompimiento con el pasado se ofrece más sensible es en la columna, cuyo fuste deja de ser troncocónico y se hace cilíndrico. La proporción entre el diámetro y la altura de la columna se olvida, y el arquitecto románico no tiene inconveniente en dar el mismo grueso a la baja columna de un claustro que a la altísima que, adosada a un pilar del templo, se eleva hasta la bóveda de la nave mayor.

Perdido también el recuerdo de los órdenes clásicos, todas las columnas (fig. 846) tienen basa con plinto, y el fuste, o bien se conserva liso, que es lo más frecuente, o se estría, incluso en zigzag, o se recubre de ornamentación vegetal.

(fig. 846)

Columnas románicas

Como veremos, mientras el arquitecto griego llega a reemplazar el fuste por la figura humana, el románico lo que hace es adosarla a él (fig. 847).

(fig. 847)

Columnas románicas con esculturas

 

El collarino, que en la columna romana se labra en la parte superior del fuste, pasa a formar parte del capitel (fig. 848), del que desaparece todo recuerdo de los órdenes dórico y jónico. Se emplea, en cambio, el tipo de capitel cubierto de hojas, que, naturalmente, deriva del corintio, aunque, salvo en algunos momentos o escuelas, el recuerdo del acanto desaparece y el follaje es por completo distinto.

(fig. 848)

Capitel románico

 El artista románico no se contenta, sin embargo, con estos capiteles de abolengo clásico más o menos desfigurados. Con este ritmo insistente y tortuoso que caracteriza su decoración vegetal, alarga esos tallos vegetales y los entrelaza una y otra vez hasta crear un caprichoso enrejado de formas vegetales, ya sin parentesco alguno con el diáfano orden de las hojas de acanto clásico.

Llevado por el impulso de su vieja sensibilidad nórdica, el decorador románico nos descubre en estas decoraciones su sangre bárbara, triunfante después de varios siglos de educación clásica. Y esa misma sensibilidad, avivada por las enseñanzas de marfiles hispano-árabes, telas y decoraciones orientales, le lleva a entretejer con esos elementos vegetales figuras de animales, e incluso humanas, bien reales, aunque muy estilizadas para acoplarse a las exigencias de la decoración, o monstruosas y fantásticas. Son figuras animadas que se retuercen, estiran o abultan caprichosamente, se muerden o forcejean entre sí, revelando una inquietud y una tensión espiritual que representa el extremo opuesto del reposo y la diafanidad helénicos (fig.  849).

(fig.  849)

Capitel románico. Santo Domingo de Silos

Si la sensibilidad anticlásica crea estos dramáticos capiteles cargados de monstruos, el sentido didáctico y evangelizador de la Iglesia convierte a su vez el capitel en un relieve corrido en que se recuerdan las historias del Antiguo y del Nuevo Testamento (fig. 850). Una vez creado este nuevo tipo de capitel historiado, netamente cristiano, los artistas introducen temas tomados de la fábula, como el apólogo, género tan característicamente medieval, y escenas de los oficios más relacionados con el arte de la construcción.

(fig.  850)

Capiteles románicos con imagenes bíblicas. San Juan de la Peña

Al reemplazar el arquitecto románico la techumbre de madera por la bóveda con arcos de refuerzo transversales o , y hacerla cabalgar sobre arquerías, le es necesario recibir no sólo, como hasta ahora, los arcos de éstas paralelos al eje del templo o arcos formeros, sino también los transversales o perpiaños. Como para recibir bien ese doble juego de arcos son insuficientes la columna y el pilar rectangular, nace un nuevo tipo, bastante más rico, de sección cruciforme (fig. 851), es decir, con un cuerpo resaltado para cada uno de los cuatro arcos (A). Dado este paso, la evolución y enriquecimiento del pilar románico es una consecuencia natural. Al ser los arcos no sencillos, sino con otro resaltado más estrecho en su intradós, cada uno de los frentes recibe también un nuevo resalto central (B), que, para mayor efecto de riqueza, no hay inconveniente en transformar en una columna adosada (C). El empleo de la bóveda de arista, que con la de cañón es la preferida del románico, introduce, a su vez, una nueva columna de menor grueso en el ángulo entrante del pilar (F), y se comprenderá que, dada la tendencia al recargamiento propio de toda evolución artística, el primitivo pilar cruciforme llegue a convertirse en un haz de columnas (G) y molduras verticales que, como veremos, lleva en sí el germen del futuro pilar gótico.

(fig. 851)

Formas de pilares

 

Si el sistema abovedado con arcos de refuerzo transforma en el interior el pilar en la manera descrita, exteriormente de lugar a un gran número de estribos, que son su resalto, su verticalidad y su paralelismo, contribuyen a la decoración de las fachadas laterales.

Descritas las principales novedades del soporte románico, consecuencia del nuevo sistema de cubierta, veamos las características de ésta.


EL ARCO Y LA BÓVEDA

.—El arco preferido es el de medio punto de sección rectangular. Impulsado por el natural deseo de enriquecerlo, el artista románico no tarda en doblarlo, es decir, en resaltar en su intradós otro más estrecho, y en decorar sus ángulos con dos toros o molduras de sección semicircular, y dado este primer paso, el proceso evolutivo continúa multiplicando molduras cóncavas y salientes, tanto rectilíneas como quebradas, aligerándolo de masa. Ya veremos, al tratar de las puertas, cómo el proceso de enriquecimiento del arco no se limita a la multiplicación de molduras.

Ya queda dicho cómo las bóvedas preferidas de la arquitectura románica son la de cañón semicircular con arcos de refuerzo y la de aristas. En cuanto a las de tipo esférico, emplea tanto la bóveda sobre trompas como la cúpula y la de cuarto de esfera, esta última en los ábsides. Utiliza también la esquifada (fig. 852).

(fig. 852)

Tipos de bóvedas románicas

Aunque el estribo sirve para contrarrestar el empuje de la bóveda de cañón concentrado en los arcos fajones, y los muros son gruesos, la multiplicidad de las naves, la doble planta que a veces existe en las laterales que a ella desembocan, crean numerosos problemas de equilibrio que el arquitecto románico procura resolver contraponiendo unas bóvedas a otras para que contrarresten sus mutuos empujes.


LA DECORACIÓN

La decoración es otro de los aspectos donde la novedad del estilo románico se manifiesta más poderosa. El repertorio de temas geométricos (fig. 853) está constituido principalmente por: el ajedrezado (A); los billetes (B); las puntas de sierra (C); el baquetón en zigzag (D); las filas de arcos o besantes (E); clavos (F), etcétera.

(fig. 853)

Temas decorativos geométricos

En cuanto a los temas vegetales y animales, ya quedan expuestas sus principales características al tratar de los capiteles.

Las partes del edificio donde el arquitecto románico concentra toda esta decoración son las portadas, los capiteles del interior del templo y de los claustros, y las cornisas o aleros. Pero, además de esta decoración esculpida en piedra, existe la gran pintura al fresco, equivalente a la del mosaico bizantina, que cubre de historias sacras los ábsides y las paredes interiores del templo.


PUERTAS

Las bellas consecuencias decorativas del doblamiento del arco no sólo en el arco mismo, sino en el pilar, que adquiere sección escalonada y se reviste de columnas, lleva al arquitecto románico a concebir la puerta como una serie de arcos de tamaño decreciente y progresivamente rehundidos o arquivoltas, que exigen en el muro una sección igualmente escalonada, y que, como los pilares, se decoran con columnas. Debido a ello, la puerta románica tiene un aspecto abocinado (fig. 854) muy típico, que persistirá en el gótico. El arco de puerta, como el frontón clásico, suele tener tímpano, y si la puerta es muy ancha, se refuerza el dintel sobre que descansa ese tímpano con un soporte central o parteluz (fig. 855). Pero la decoración no se reduce a estos elementos puramente arquitectónicos.

(fig. 854)

Portada de Iglesia Románica

(fig. 855)

Portada de la basílica de San Vicente de Ávila

En las portadas de cierto lujo el escultor no duda en adosar estatuas a las columnas  y en disponer en forma radial otras pequeñas en las arquivoltas. Como es lógico, la parte donde la escultura adquiere mayor desarrollo es el tímpano, que se dedica a algún tema grandioso, como el apocalíptico del Todopoderoso, rodeado por los animales simbólicos de los Evangelistas o Tetramorfos (fig. 856).

(fig. 856)

Tímpano de la Portada de San Trófimo de Arlés

En el alero o cornisa, las cabezas de los pares simulados en piedra presentan un variado repertorio de temas vegetales o animales. A veces esas cabezas se ligan, formando una arquería ciega, bajo la que se cobijan monstruosas figurillas.


EL TEMPLO

.—Aunque se conservan también monumentos románicos de carácter civil, la mayoría de los existentes son templos y monasterios.

El templo románico es de planta de cruz latina, de una o varias naves longitudinales terminadas en su cabecera en capillas semicirculares o ábsides, y una transversal o crucero. El tramo producido por la intersección de éste y la nave mayor se llama también crucero (fig. 857). Cuando el templo tiene más de una nave, si las laterales dan la vuelta por detrás de la capilla mayor, esa parte de las naves laterales constituye la girola o deambulatorio. Tanto a ésta como a la nave del crucero suelen comunicar capillas semicirculares simétricamente dispuestas, que contribuyen en alto grado al enriquecimiento y belleza de la composición exterior del templo, no sólo con su volumen, sino con la decoración de sus aleros y sus ventanas. El gran número de estas capillas parece que tiene su origen en la necesidad de aumentar los altares en los monasterios para que oficien sus muchos monjes.

(fig. 857)

Planta Catedral de Santiago de Compostela

En planta Santiago de Compostela es una iglesia de cruz latina de tres naves, la central de diez metros de anchura y cubierta con bóveda de cañón con fajones y las laterales de cinco metros y cubierta con bóvedas de arista.

En cuanto al interior de la iglesias románicas, ya quedan descritos los pilares cruciformes, que son el soporte más frecuente, si bien en algún caso son reemplazados por columnas muy gruesas o pilares cilíndricos, o alternan con ellos (fig. 858).

(fig. 858)

Pilares cilíndricos de la Catedral de Durham

La cubierta, o es de cañón en todas las naves, o se reserva ésta para la central, empleándose la de aristas en las laterales. En algunas escuelas se cubren las naves laterales con bóvedas de cuarto cañón para contrarrestar los empujes del cañón de la central (fig. 859), sistema, como veremos, de fecundas consecuencias. A veces el arquitecto, y ello significa ya un progreso considerable, no se limita a aprovechar la mayor elevación de la nave central para abrir una fila de ventanas, sino que labra en ese desnivel sobre las naves laterales un segundo piso o tribuna con ventanas a la nave central.

(fig. 859)

Iglesia románica con bóvedas laterales de cuarto de cañón

El tramo mismo del crucero, sobre todo, por influencia bizantina, adquiere gran importancia. Se suele cubrir con bóveda de mayor elevación, o cimborrio, que, por las proporciones cuadradas del tramo, suele ser de trompas o cúpula sobre pechinas. La altura del tambor le presta a veces proporciones sumamente esbeltas (fig. 860), (fig. 861).

(fig. 860)

Torre del Gallo. Salamanca

(fig. 861)

Bóveda Torre del Gallo. Salamanca

Además de este tipo de templo de cruz latina, se emplea, aunque es mucho menos frecuente, el de varios ejes de simetría, de planta circular o poligonal. Por ser de esta forma el del Santo Sepulcro (fig. 862), es el adoptado en las iglesias de los Templarios.

(fig. 862)

Planta del Santo Sepulcro en Jerusalén

El campanario, que en las iglesias bizantinas de Rávena es de sección cilíndrica y está aislado, aunque en alguna escuela conserva esa forma, se incorpora al edificio mismo del templo. Su emplazamiento más frecuente es la fachada principal, pero otras veces se sitúa a los lados, y en algunas escuelas junto al crucero (fig. 863). Con la incorporación del campanario al edificio de la iglesia, el templo románico queda totalmente creado.

(fig. 863)

Catedral de Worms


EL MONASTERIO

Ya hemos dicho cómo una de las grandes aportaciones de la arquitectura románica es la creación del monasterio. Establecido en el campo o en las afueras de las poblaciones, y dedicados los monjes a la oración y el estudio, el monasterio posee también grandes propiedades territoriales, de cuyos productos vive la comunidad, implicando todo ello una serie de actividades espirituales y materiales, que se reflejan en la distribución del edificio (fig. 864).

(fig. 864)

Planta Monasterio de Poblet

1. Iglesia; 2. Refertorio; 3. Claustro; 4. Sala Capitular; 5. Dormitorio; 6. Escritorio; 7. Murallas; 8. Estancia conversos; 9. Puerta principal.

Adosado al cuerpo del templo, es de rigor un gran patio o claustro, que sirve de núcleo central al monasterio, sin perjuicio de completarse con otros menores. El claustro es de arquerías sobre columnas de escasa altura, y con frecuencia pareadas, que descargan sobre un podio o pedestal corrido. A esas galerías, en que transcurre buena parte de las horas de descanso de los religiosos, desembocan las principales dependencias. En lugar preeminente se encuentran la sala capitular y el refectorio o comedor; ambos con bancos de obra de fábrica corridos en su torno, y el refectorio con un pulpito también de material pétreo para el que lee durante la comida de la comunidad. A veces de la galería del claustro a que comunica el refectorio avanza hacia el interior del patio un pequeño templete que sirve de lavabo. En lugar inmediato al refectorio se encuentran las cocinas y la despensa. En el mismo gran patio central suele estar también la librería.(fig. 865).

(fig. 865)

Dependencias del Monasterio de Poblet

En lugares más alejados se hallan los diversos almacenes, entre los que figuran el granero, la bodega, etc. Generalmente, en la planta alta de ese claustro principal y en otros secundarios se encuentran las celdas de los monjes. se completa el monasterio con una huerta.


FRANCIA

. — Aunque no sea la arquitectura románica creación exclusivamente francesa, adquiere en Francia tal desarrollo y produce en ella monumentos tan capitales, que debe colocarse a la cabeza de los restantes países que cultivan ese estilo. Pueden distinguirse varios grupos.

En primer lugar, en la comarca central se forma ya durante la primera mitad del siglo XI, el importante tipo de iglesia llamado de peregrinación, con bóveda de cañón, arcos doblados, girola con capillas radiales y dos plantas en las naves laterales, representando por la iglesia de Santa Fe de Conques (1039-1065) (fig. 866), obra del maestro Hugo.

(fig. 866)

Iglesia y planta de Santa Fe de Conques

Hacia el año 1083 se comienza más al sur, en Tolosa, la iglesia de San Saturnino, que, como veremos, se relaciona íntimamente con nuestro Santiago de Compostela. Es de cinco naves, con girola y capillas radiales, más las que se abren en la nave de crucero, y gran torre en el centro de éste (fig. 867).

(fig. 867).

Iglesia y planta de San Saturnino en Tolouse

Grupo muy destacado dentro de la arquitectura románica francesa es el constituido por las iglesias con cúpulas o bóvedas sobre trompas. Su centro se encuentra en la región del Perigord y el Angoumois. El monumento más antiguo es la catedral de Cahors (1119), de una sola nave y con una cúpula en cada uno de sus dos tramos, pero las más importantes son las de Angulema, ya con cuatro cúpulas, y San Front de Perigueux (1120-1170) (fig. 868), (fig. 869), de planta de cruz griega y tres naves, con cinco cúpulas como en los Santos Apóstoles de Constantinopla y San Marcos de Venecia.

(fig. 868)

Planta de las catedrales de Cahors, Angulema y San Front de Perigueux

(fig. 869)

Catedral de San Front de Perigueux

Como consecuencia de ensayos realizados en el siglo XI, encontramos principalmente en el Poitou, y en toda la región comprendida entre el Loira y el Garona, otro tipo de iglesia con las tres naves cubiertas a la misma altura. En el Poitou, además, se suelen decorar tanto los muros interiores como los exteriores con numerosas arquerías. Tal vez el monumento más representativo de esa estructura y de esa decoración es Nuestra Señora la Grande, de Poitiers, cuya fachada se encuentra materialmente cubierta de temas geométricos, vegetales y figurados (fig. 870).

(fig. 870)

Nuestra Señora la Grande, de Poitiers

El aspecto más interesante de la escuela borgoñona es el de sus monasterios de benedictinos, en los que, como hemos visto, se crea un tipo de arquitectura monástica que se difunde por toda Europa con el nombre de cluniacense. El monasterio de Cluny, gracias a varios abades excepcionales, después de reformar las relajadas costumbres de sus monjes, logra imponer la reforma en una serie de monasterios de él dependientes. Pero, además de esta reforma de tipo religioso, al reconstruir su nueva casa (1088-1131), fija las principales normas monumentales para los monasterios de la Orden.

La iglesia de Cluny (fig. 871), destruida, por desgracia, durante la Revolución francesa, era de cinco naves, la central de cañón apuntado y las colaterales de arista, todas ellas de altura decreciente, más dos transversales de crucero con capillas. Tenía girola, a la que se abrían cinco capillas. Ante su fachada principal se levanta un pequeño cuerpo anterior de tres naves, con sus torres, que constituía como una iglesia secundaria. El exterior se caracterizaba por el gran número de torres, pues además de las dos de los pies, destinada la una a archivo y la otra a prisión, existían en el centro del crucero principal la gran torre cuadrada llamada de las lámparas, dos octogonales de análoga altura a los lados y otras pequeñas en los ángulos. Completaba el conjunto una torrecilla o cimborrio en el crucero inmediato a la capilla mayor.

(fig. 871)

Restos y planta de la iglesia de Cluny

En cuanto a la organización del monasterio, respondía a las características generales ya descritas.

El gran poderío y riqueza de los cluniacenses que hemos visto reflejarse en las numerosas torres que coronaban su casa matriz, no tarda en manifestarse en una riqueza decorativa cada vez más exuberante y fantástica.

En Provenza, la tierra más romanizada, el románico se distingue por la simplicidad de sus estructuras. No suelen sus iglesias tener girola y las azoteas de sus cubiertas y sus gruesas torres cuadradas prestan al conjunto un aspecto de grandes masas cúbicas. Algunos de sus templos principales son de una sola nave, con bóveda de cañón contrarrestada por otras menores de escasa profundidad dispuestas transversalmente. En San Trófimo de Arles, la nave central, muy elevada, se cubre con bóveda de cañón apuntado, contrarrestada en las laterales por las de cuarto de cañón (fig. 872). Tanto su fachada como la de San Gil, de la misma población, con sus entablamentos, acantos, pilastras estriadas y temas ornamentales clásicos, nos ponen bien de manifiesto la profunda influencia ejercida por los viejos monumentos romanos de la ciudad.

(fig. 872)

Iglesia San Trófimo de Arles

En Normandía, la bóveda, principal preocupación de los arquitectos románicos, desaparece, tanto en la nave del centro como en la segunda planta de las laterales, que, lo mismo que aquélla, se cubren de madera. Debido al mismo deseo de esquivar dificultades, se renuncia a la girola. En cambio, además de las dos torres de fachada, suele existir otra cuadrada en el crucero. Este sentido simplificador lleva a emplear casi exclusivamente la decoración geométrica, reduciendo al mínimo la de carácter vegetal.


INGLATERRA

Como consecuencia de la conquista normanda, Inglaterra, desde el punto de vista artístico, es ya, en la segunda mitad del siglo XI, una prolongación de Normandía. Sus catedrales, de naves muy largas y cruceros muy acusados, tienen, en el tramo central de éstos, un gran cimborrio cuadrado con proporciones de torre; suelen tener tribuna, y la nave central se cubre de madera o ya con bóvedas de ojivas. En la decoración dominan los temas rectilíneos, y en el conjunto general del edificio las formas cúbicas.

El edificio románico más antiguo de Inglaterra es la capilla de la Torre de Londres, que se considera construida por Guillermo el Conquistador. (fig. 873).

(fig. 873)

Capilla de la Torre de Londres

Monumentos capitales son las catedrales de Winchester (1079), Ely (1080), (fig. 874);  Gloucester (1089) y Norwich (1096) (fig. 875)

(fig. 874)

Catedrales de Winchester y Ely

(fig. 875)

Catedrales de Gloucester y Norwich

La Catedral de Durham (1094), es particularmente importante, por sus bóvedas de ojivas, que la convierten en el primer templo gótico. (fig. 876).

(fig. 876)

Catedral de Durham


ITALIA

.—En el valle del Po la arquitectura románica presenta caracteres muy diferentes a los del resto de Italia. Su estilo es el llamado lombardo, denominación que en un tiempo se dio a todo el románico, por creérsele nacido en Lombardía. Hoy sabemos que el estilo lombardo aporta algunos temas ornamentales, pero no la estructura del templo románico.

Frecuentes en la arquitectura lombarda son los arquillos ciegos de escaso relieve de las cornisas, las fajas, también poco resaltadas, que recorren verticalmente el muro, y el capitel, de proporciones cúbicas y redondeado en su parte baja. De la mayor importancia son las galerías, de arcos que suelen recorrer la parte más alta de los muros exteriores de los templos, los ábsides, el crucero, el cimborrio y la fachada principal. También son típicos los pórticos resaltados sobre columnas que descansan en animales.

Monumentos representativos de la arquitectura lombarda son San Ambrosio, de Milán (fig. 877), que se reconstruye en el siglo XI; San Miguel de Pavía (fig. 878), la catedral de Parma (fig. 879), la de Módena (fig. 880), y la de San Zenón de Verona (fig. 881).

(figs. 877)

San Ambrosio, de Milán

(fig. 878)

San Miguel de Pavía

(figs. 879)

Catedral de Parma

(fig. 880)

Catedral de Módena

(fig. 881)

San Zenón de Verona

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Además de este capítulo lombardo, la arquitectura italiana de ese período ofrece otros dos: el romano y el toscano, en los que la persistencia clásica nos dice claramente la actitud italiana frente a los estilos nórdicos.

En Roma, como es natural, la tradición de las viejas basílicas deja sentir su peso en las iglesias que se construyen en esta época. La mayor novedad del románico romano se refiere a la técnica del mármol decorado con mosaicos de colores. Difundida, al parecer, desde Monte Cassino, deja sus mejores monumentos en los claustros, pórticos, pulpitos y pavimentos romanos. Como en este género de trabajo se distingue una familia cuyos últimos miembros se llamaban Cosme, se le conoce impropiamente con este nombre. Monumentos de primer orden son los claustros de las iglesias de Letrán (fig. 882) y de San Pablo extramuros, ambos ya de la primera mitad del siglo XIII.(fig. 883).

(fig. 882)

Claustro de la iglesia de Letrán

(fig. 883)

Claustro de la iglesia de San Pablo extramuros

En Toscana, el románico nos ofrece el grupo florentino, cuya obra maestra es San Miniato, del siglo XI (fig. 884), de tipo basilical, con cubierta de madera y muros revestidos con placas de mármoles de colores diversos, es decir, siguiendo los modelos clásicos, y el pisano. El Baptisterio de Florencia (fig. 885), que es de planta ortogonal, tiene esa misma clase de revestimiento.

(fig. 884)

Iglesia de San Miniato

(fig. 885)

Baptisterio de Florencia

Pisa, la ciudad la más rica de Toscana en el siglo XI,  construye uno de los conjuntos arquitectónicos más bellos e impresionantes de la Edad Media: la Catedral, la Torre y el Baptisterio. Ya el hecho de labrarlos en un campo aislado para que luzcan plenamente todas sus fachadas denota el sentido monumental de quienes los conciben. La Catedral (1063-1118) (fig. 886), (fig. 887), obra de los maestros Burgueto y Reinaldo, de arquerías sobre columnas, como en las viejas basílicas, es de cinco naves y tiene crucero de tres naves, con gran cúpula de bóveda ovalada en el centro. Las cubiertas son de bóveda de arista en las naves laterales y de madera en las centrales. De mármol blanco y oscuro, en fajas alternadas, se completa la decoración exterior, con arquerías decorativas de estilo lombardo, que en la fachada principal forman varios pisos.

(fig. 886)

Catedral de Pisa

(fig. 887)

Interior Catedral de Pisa

 

El Baptisterio (1153) (fig. 888), de planta circular, y aislado del templo, según la costumbre italiana, es obra del maestro Diotisalvi. La galería primitiva exterior del segundo cuerpo se labra posteriormente en estilo gótico.

(fig. 888)

Baptisterio de Pisa

En la Torre (1174) (fig. 889), debida al alemán Guillermo y al pisano Bonnano, las arquerías, como en el templo clásico, envuelven totalmente el cuerpo del edificio. Su desplome data de los días mismos de su construcción.

(fig. 889)

Torre de Pisa

El Campo Santo (1188), (fig.890), que completa el espléndido conjunto formado por los monumentos anteriores, aunque se comienza en este período, debe su personalidad a la tracería gótica de sus vanos interiores.

(fig.890)

Campo Santo de Pisa


ALEMANIA

En la arquitectura románica alemana, uno de los rasgos más característicos es el empleo del ábside, no sólo en el testero, sino a los pies de la nave mayor, según la tradición carolingia. El monumento más representativo de esa corriente nacional es la iglesia de Hildesheim (1033) (fig. 891), con cubierta de madera sobre pilares alternados con columnas, capiteles cúbicos y dos naves de crucero.

(fig. 891)

Planta y alzado de la iglesia de San Miguel de Hildesheim

En el tipo de templo generalizado en la región renana, la más importante de Alemania para la arquitectura románica, además del doble ábside citado, son también rasgos persistentes las torres cilíndricas pareadas de los pies y del testero, y el empleo de la bóveda de aristas, tanto en la nave central como en las laterales, lo que hace que a cada tramo de aquélla correspondan dos de éstas. Por influencia lombarda se decoran los exteriores con arquillos ciegos, listeles verticales y galerías de arcos. Monumentos representativos de la escuela renana son las catedrales de Worms (fig. 892), Maguncia (fig. 893), Spira (fig. 894) y Santa María de Laach (fig. 895).

(fig. 892)

Catedral de Worms

(fig. 893)

Interior y planta de la Catedral de Maguncia

(fig. 894)

Catedral de Spira

(fig. 895).

Interior y planta de la Catedral de Santa María de Laach

Capítulo especial merecen las iglesias de Colonia, la de Santa María en Capitolio (fig. 896) y la de los Santos Apóstoles (fig. 897), por sus cabeceras treboladas, y la de San Gereón (fig. 988), por su planta de tipo central .

(fig. 896)

 Iglesia de Santa María en Capitolio

(fig. 897)

Interior y planta de la Iglesia de los Santos Apóstoles

(fig. 898)

Iglesia de San Gereón


CATALUÑA

.—Cuando el arte asturiano ha producido algunas obras muy bellas y valiosas, desde el punto de vista constructivo, que llevan en sí el germen de futuros progresos, y cuando comienzan a fecundar nuestra arquitectura cristiana los inmigrados mozárabes, la invasión del estilo románico, mucho más pujante, termina anulando estos primeros brotes de una arquitectura propia.

Los principios de la arquitectura románica en Cataluña se encuentran sujetos a las influencias carolingia y árabe. Testimonio de la primera es San Pedro de las Puellas, de Barcelona (945), y de la segunda, varios capiteles y elementos decorativos de manifiesta ascendencia califal en diversos templos. De 941 se considera la pequeña iglesia de Santa María de Amer, de tres naves por completo abovedadas, terminadas en otros tantos ábsides, que se ha citado como el monumento de este tipo más antiguo de Occidente de fecha conocida. En 1022 encontramos ya la interesante y original iglesia de San Pedro de Roda (fig. 899), con girola y pilares con columnas superpuestas. En sus capiteles, ricamente decorados, parece persistir la tradición árabe.

(fig. 899)

Interior y planta de la Iglesia de San Pedro de Roda

Pero lo más característico del románico catalán frente las restantes escuelas peninsulares es la intensa influencia lombarda.

Avanzado ya el primer cuarto de siglo, el comienzo de esa influencia coincide con una intensa actividad arquitectónica. Los canteros lombardos, en unos veinticinco años, cubren Cataluña de templos de varios tipos bastante uniformes. De una o más naves, en este caso separadas por pilares, y otra de crucero, todas ellas abovedadas, y de pórticos y fajas verticales lombardas. Muy típicas y bellas son sus grandes y esbeltas torres de planta cuadrada —Cuixá (fig. 900), Tahull (fig. 901)— y a veces cilíndricas —Santa Coloma de Andorra (fig. 902)— con ventanas geminadas. Por lo general, se levantan aisladas, pero también aparecen unidas al templo, en alguna ocasión sobre el crucero mismo.

(fig. 900)

Abadía de San Miguel de Cuixá

(fig. 901)

Iglesia San Clemente de Thaull

(fig. 902)

Iglesia Santa Coloma de Andorra

Tal vez la iglesia de tipo lombardo más antigua sea Santa María de Rosas (1022). Pero quien debe de contribuir de manera más decisiva a la difusión del estilo es el famoso abad de Ripoll, Oliva. Al parecer, el cuerpo del templo de aquel monasterio (fig. 903), de cinco naves con gruesos pilares lisos y otros menores alternando con columnas, es de tiempos de su padre, el conde Oliva (970-977). El abad Oliva lo que hace en 1032 es añadirle un cuerpo de fachada con dos grandes torres, y su amplio crucero con siete ábsides, todo ello con la típica decoración lombarda de arquillos ciegos en fila y fajas verticales. Desgraciadamente, el monasterio, muy destruido en el siglo XIX, se reconstruye a fines del mismo en forma tal que el templo es, en su mayor parte, obra de esta fecha. La portada occidental es una de las partes valiosas que se conserva (fig. 904).

(fig. 903)

Monasterio y planta de Santa María de Ripoll

(fig. 904)

Portada occidental del monasterio de Ripoll

Reflejo de sus naves laterales abovedadas sobre columnas parece ser la iglesia de San Martín de Canigó (1026) (fig. 905).

(fig. 905)

Abadía e interior de la Iglesia de San Martín de Canigó

Aunque menos vigorosa, en el siglo XII persiste la influencia lombarda en la catedral de Seo de Urgel (fig, 906), de tres naves con cruceros, a cuyos brazos se abren cuatro capillas semicirculares labradas dentro del muro, y galería exterior en la parte alta de la mayor. Semejante a Santa María de Bérgamo y a San Miguel de Pavía, consta que en 1175 se compromete a edificarla, con cuatro lombardos, Raimundus Lombardus.

(fig, 906)

Catedral de Seo de Urgel

Con los típicos arcos ciegos de ese origen, se decora la iglesia de planta de cruz griega de San Pablo del Campo, de Barcelona, de principios del XII, obra de Guitart y Rotlandis.

Como es natural, no faltan en Cataluña monumentos como San Juan de las Abadesas, con deambulatorio y capillas radiales, al gusto francés. Aunque de mayor interés escultórico que arquitectónico, uno de los principales capítulos de la arquitectura catalana del siglo XII es el constituido por los claustros de San Pedro de Galligáns y de la catedral, de Gerona, y el de San Cugat del Valles. El diminuto de San Pablo del Campo, se distingue por sus arcos lobulados (fig. 907).

(fig. 907)

Interior San Pablo del Campo. Barcelona

La arquitectura románica catalana vive en sus últimos años nueva época de florecimiento. Sus dos creaciones principales son las catedrales de Lérida y Tarragona, que si en ciertos aspectos constructivos son obras de transición al gótico, en otros son todavía puramente románicas.

La catedral de Lérida (fig. 908), que se comienza ya en 1203 por el maestro Pedro Dercumba o de Coma, es de tres naves, con larga nave de crucero a la que abren, además del mayor, una pareja de ábsides laterales, todos ellos terminados en forma semicircular. Los pilares delatan ya, en cambio, el propósito de cubrir con bóvedas de crucería; los arcos son apuntados, y el cimborrio, octogonal y de muy bellas proporciones, es ya típico producto del tránsito al gótico. Sabemos que es obra del arquitecto Pedro de Penyafreita (1286), autor también del claustro que, en lugar de encontrarse, según es corriente, a un lado del templo, se levanta a los pies, a manera de nartex. Pese al goticismo de la catedral, sus portadas son románicas, de temas decorativos en su mayoría de carácter vegetal y geométrico, muy menudos, y de factura extremadamente fina. Se imitarán en la catedral de Valencia.

(fig. 908)

Planta e interior Catedral de Lérida

En la catedral de Tarragona, que se principia en 1171, no se llega a la fachada principal hasta fines del XIII (fig. 909). Sus ábsides, son todavía semicirculares y abiertos al crucero, pero ya desde éste se cubre con bóveda gótica, y puramente gótico es el cimborrio. Del mismo estilo que la de Lérida es la portada. El claustro es de principios del XIII.

(fig. 909)

Catedral de Tarragona

Monumentos de carácter civil son la Casa de la Pahería, de Lérida, y parte del Palacio Episcopal de Barcelona.


ARAGÓN Y NAVARRA

Los monumentos más antiguos del románico navarro-aragonés corresponden a las altas regiones pirenaicas ocupadas por los dos minúsculos reinos antes de la conquista de Pamplona y Huesca. El gran monumento de estos primeros tiempos es el monasterio navarro de Leyre (1057), cuya cabecera —el resto es gótico—, de triple ábside, es ,de elevadas proporciones y descansa sobre cripta de cuatro naves, una y otra con capiteles muy primitivos.(fig. 910).

(fig. 910)

Cripta del monasterio de Leyre en Navarra

En su segunda etapa, el románico aragonés produce ya una obra que deja sentir su influencia fuera de la región. Es la catedral de Jaca (fig. 911), que probablemente se comienza en 1054 al establecerse en aquella ciudad la capital del reino aragonés y en 1063 se trata de terminar. De tres naves formadas por pilares cruciformes y columnas alternadas, y terminadas en ábsides semicirculares, se cubre su crucero con bóveda semiesférica sobre trompas reforzadas por nervios cruzados en el centro. Se considera esta bóveda como uno de los precedentes de la de ojivas gótica. Importante es también la decoración de los ábsides —sólo queda uno primitivo— y de las portadas. En el ábside aparecen ya el alero de ajedrezado y canes, y las columnas adosadas, que después serán tan frecuentes.

(fig. 911)

Interior catedral de Jaca y ajedrezado en el ábside

La iglesia de Loarre (fig. 912), es más tardía. Labrada en el interior del importante castillo románico de su nombre, es de fundación real y debe de comenzarse en el último tercio del siglo XI y concluirse ya en el XII. Tiene el ábside decorado con arquerías ciegas, y su nave única se distingue por su gran bóveda esférica sobre trompas.

 (fig. 912)

Bóveda de la iglesia de Loarre

Por su forma octogonal precisan mención aparte las iglesias navarras de Eunate (fig. 913) y Torres del Río (fig. 914), ambas de fines del siglo XII. La primera está rodeada por una arquería igualmente poligonal; pero la más interesante es la segunda, por su bóveda de nervios de tipo árabe cordobés; por tanto, uno de los monumentos mudéjares más antiguos.

(fig. 913)

Planta e Iglesia de Santa María de Eunate

(fig. 914)

Bóveda de la iglesia del Santo Sepulcro en Torres del Río. Navarra

En cuanto a la arquitectura civil, poseemos la casa de los duques de Granada, de Estella, ya de hacia 1200, en cuyos capiteles firmados por el escultor Martín de Logroño, se representa el tema caballeresco de la lucha de Rolando y Ferragús.(fig. 915).

(fig. 915)

Casa de lo duques de Granada y capitel con Rolando y Ferragús


CASTILLA: LEÓN, FRÓMISTA Y SANTIAGO DE COMPOSTELA

.—La vieja iglesia de San Juan Bautista, de León análoga a la de Valdediós, de la que sólo conocemos los cimientos, es todavía de estilo asturiano.

Usada como Panteón real dedicado ya a San Isidoro, la reina Doña Sancha, mujer de Fernando I, lo amplía (1056-1067) por la parte de los pies, con un pórtico de tres naves cubiertas con bóvedas de aristas, sobre columnas o pilares con medias columnas, cuyos hermosos capiteles delatan también la presencia del nuevo estilo románico. Sobre la parte del pórtico, situada a los pies del templo, se encuentra la tribuna abierta a éste.

Pero el viejo templo, con su pórtico, resulta pequeño para los monarcas leoneses, cada vez más poderosos, y Doña Urraca, hija de Doña Sancha, hace construir, ya en el último tercio del siglo —1072 a 1101, aproximadamente—, el actual templo de San Isidoro (fig. 916).

(fig. 916)

Planta y templo de San Isidoro

Doña Urraca, conservará parte del pórtico adicionado por su madre al antiguo edificio, que es lo que hoy conocemos con el nombre de Panteón Real.(fig. 917).

(fig. 917)

Panteón Real de San Isidoro de León

El nuevo templo de San Isidoro es ya obra plenamente románica.- y, por fortuna, de autor conocido, del maestro Pedro Deustambem, enterrado en el templo con grandes honores. Es de tres naves, sobre pilares con medias columnas, la central cubierta por bóveda de cañón con arcos perpiaños, y las laterales con bóvedas de aristas. Los arcos son muy peraltados y doblados, y los del crucero, lobulados, de influencia árabe (fig. 918). En el exterior, sus ábsides, del tipo de la catedral de Jaca, y sus puertas tienen abundante decoración escultórica, que se describirá más adelante.

(fig. 918)

Interior de San Isidoro de León

Más perfeccionado que en San Isidoro, de León, se muestra el románico en San Martín, de Frómista (fig. 919), escala en la ruta de la peregrinación jacobea. Se construye hacia 1065, a expensas de Doña Mayor, la viuda del rey de Navarra. De tres naves, tiene otra de crucero que no sobresale en planta, todas ellas cubiertas con bóveda de cañón. Sus pilares son cruciformes, con medias columnas, y los arcos, doblados. Su cimborrio, de tambor octogonal con ventanas, sobre trompas y con bóveda semiesférica, es digno precedente de los que veremos en Zamora y Salamanca. Gracias al cimborrio, el exterior del templo ofrece una variedad de volúmenes que falta en San Isidoro, a lo que contribuye también la diferencia de altura de sus ábsides, que repiten el tipo de Jaca. A la novedad del exterior coadyuvan, por último, las dos torrecillas cilíndricas de la fachada de los pies, donde van alojadas las escaleras. Se decoran los tímpanos .de sus postigos con el Crismón, según el modelo jaqués. Esta influencia es también muy sensible en los capiteles con decoración vegetal. Por desgracia, la iglesia de Frómista fue excesivamente restaurada hace años.

(fig. 919)

San Martín, de Frómista

La obra en que culmina el románico de León y Frómista es la catedral de Santiago de Compostela, ver (fig. 857). Comenzada en 1075, en la puerta del crucero meridional —de las Platerías—, se lee la fecha de 1130. Hacia 1130, está fundamentalmente terminada. De su autor sólo sabemos que se llama Bernardo, a quien, con razón, se califica ya en el siglo XII de «maestro admirable». Cuando se trabaja en la puerta de las Platerías, dirige las obras el maestro Esteban. (fig. 920).

(fig. 920)

Figuración de la Iglesia original de Santiago de Compostela

La catedral de Santiago es de tres naves, con crucero larguísimo, también de tres naves, con cuatro capillas semicirculares y girola con capillas radiales. La central de éstas es de planta cuadrada, las dos inmediatas semicirculares y las dos últimas poligonales. De pilares cruciformes, con medias columnas en los frentes, los arcos son, como los de San Isidoro de León, peraltados, y se cubre en las naves laterales con bóvedas de aristas. Sobre éstas carga la galería, que cubierta a su vez por bóveda de cuarto de círculo, se continúa a lo largo de la girola y comunica a la nave mayor por ventanas de dos arcos, como en San Marcial de Limoges y San Saturnino de Tolosa. Aunque sólo llegan a construirse en su menor parte, sabemos, por testimonio del siglo XII, que el templo se proyecta con nueve torres: una en cada esquina del brazo de crucero, dos en la fachada principal, dos para las escaleras en la unión del brazo mayor y el de crucero y otra en el tramo central de éste. La única portada existente de esta época es la de las Platerías o del crucero sur. (fig. 921).

(fig. 921)

Portada de las Platerías de la catedral de Santiago de Compostela

 Los precedentes de la iglesia de Santiago se encuentran en la de tipo de peregrinación (fig. 922), formada en San Martín de Tours, Santa Fe de Conques y San Marcial de Limoges, concluido entre 1083 y 1114, y San Saturnino de Tolosa, ver (fig. 867), en el que se trabaja activamente hacia esa misma fecha de 1083, pero que no se acaba hasta 1119. Contemporánea, pues, esta última de la de Santiago, y la que con ella guarda mayor parecido, la prioridad de la una respecto de la otra es problema aún no resuelto en definitiva.

(fig. 922)

Exterior e interior de la catedral de Santiago de Compostela

Aunque muy desvirtuado, el estilo de la gran basílica compostelana inspira las catedrales de Orense y Lugo (1129), ésta debida al maestro Raimundo de Monforte. El estilo románico, de todos modos, arraiga profundamente en Galicia, sobreviviendo hasta fechas muy avanzadas.

A quien es preciso citar en el tránsito del románico al gótico es al maestro Mateo, autor del Pórtico de la Gloria y de su cripta, de la catedral santiaguesa, donde emplea ya bóvedas de crucería góticas.(fig. 923).

(fig. 923)

Pórtico de la Gloria de la catedral de Santiago de Compostela


CIMBORRIOS LEONESES DEL SIGLO XII

.—En la segunda mitad del siglo XII se construyen tres templos muy importantes, que emplean ya el arco apuntado y la bóveda de crucería, pero que, sobre todo, lucen bellos cimborrios, delatores de una intensa influencia bizantina.

La catedral de Zamora (1151-1174), de tres naves, con crucero apenas sobresaliente de la anchura de éstas y tres ábsides semicirculares, tiene bóveda gótica de crucería en la nave central, si bien las de las laterales son todavía de aristas. En la lisura de sus capiteles se advierte la influencia de los cistercienses. Lo verdaderamente importante es su extraordinario cimborrio (fig. 924) sobre pechinas, con tambor calado por un cuerpo de ventanas y bóveda semiesférica de gallones trasdosados, reforzada por nervios que apoyan en las medias columnas situadas entre aquéllas.

(fig. 924)

Cúpula catedral de Zamora

Si el interior del cimborrio es bello, su exterior no lo es menos, belleza a que se agrega su singularidad sin precedente en el país. El tambor se completa con cuatro torrecillas cilíndricas, que rematan en un segundo cuerpo de menudas arquerías con bóveda bulbosa, torrecillas que, además de enriquecer el conjunto, contrarrestan el empuje de la gran media naranja. (fig. 925).

(fig. 925)

Cimborrio catedral de Zamora

Como habrá podido observarse, la organización del cimborrio de Zamora es típicamente bizantina y responde a la misma corriente oriental inspiradora de las iglesias cupuliformes francesas, ya citadas, del Perigord y el Angoumois. El arquitecto, sin embargo, se ha formado sobre modelos orientales, como la iglesia de Manasija, en Yugoslavia.

La portada es puramente arquitectónica, y el tema principal de la misma se reduce a unos lóbulos convexos, que se repiten en sus cuatro arquivoltas, todo ello bastante de acuerdo con la sobriedad cisterciense del interior del templo. (fig. 926)

(fig. 926)

Portada catedral de Zamora

Por los mismos años que la de Zamora, o poco después, debe de comenzarse la catedral de Salamanca (fig. 927), en la que trabaja en los últimos años del siglo y primeros del siguiente un cierto maestro Pedro, que se ha querido relacionar con el Pedro de Aix (1213), sepultado en el claustro.

De planta análoga a la de Zamora, la bóveda de crucería se emplea ya en las tres naves, y los capiteles son de riqueza escultórica, que contrasta con la sobriedad zamorana. Como en aquélla, lo excepcional es el cimborrio, llamado Torre del Gallo, de proporciones mucho más esbeltas que el de la catedral hermana, pero de análoga organización.

(fig. 927)

Exterior, cúpula e interior, catedral vieja de Salamanca

Menos esbelto que el de Salamanca, pero muy influido por él, se encuentra el cimborrio de la Colegiata de Toro (1160-1240) (fig. 928).

(fig. 928)

Cimborrio de la Colegiata de Toro

 También debe incluirse en la serie de cimborrios leoneses la cúpula de la sala capitular de la catedral d e Plasencia (fig. 929).

(fig. 929)

Bóveda de la sala capitular de la catedral vieja de Plasencia


SEGOVIA Y LA IGLESIA DE PÓRTICOS

.—Uno de los grupos estilísticos más uniforme del románico español es el segoviano, caracterizado por los pórticos exteriores que rodean sus fachadas. De gran utilidad en clima frío como el castellano, y de gran belleza, gracias a los efectos de perspectiva de sus arquerías, este tipo de iglesia parroquial segoviano es una de las creaciones más singulares de nuestro románico.

La iglesia de este tipo más antigua de Segovia es San Juan de los Caballeros. Tiene pórticos en sus dos fachadas meridional y occidental, y cornisa de arquillos trilobulados sobre canecillos con abundante y varia decoración figurada. (fig. 930)

(fig. 930)

Iglesia San Juan de los Caballeros de Segovia

De fecha ya avanzada en el siglo XII se considera la de San Millán (fig. 931), que, como la mayor parte de las restantes iglesias, repite el modelo de la catedral de Jaca, de pilares y columnas alternados. Abovedada solamente en el testero, presenta en el tramo del crucero bóveda con nervios no cruzados en el centro, al gusto califal. Los pórticos cubren las dos fachadas laterales.

(fig. 931)

Iglesia de San Millán de Segovia

La iglesia más tardía parece ser la de San Martín, ya con pórticos en sus tres fachadas y torre sobre el tramo del crucero.

Por su esbeltísima torre, ya del siglo XIII, tan influyente en la silueta de la ciudad, es singular la de San Esteban (fig. 932).

(fig. 932)

Iglesia de San Esteban de Segovia

Los ejemplos de iglesias con pórticos no se reducen a las citadas. En mejor o peor estado, son varias las existentes en la misma ciudad y en la comarca, ofreciendo particular interés entre éstas, por estar fechadas, la de San Miguel de Sepúlveda (1093), de una sola nave, y la de Duratón (1100), firmada por el arquitecto Michel. Aunque los mejores ejemplares de este tipo de iglesia son los segovianos, existen también en la provincia de Soria, y, aunque mucho menos, en la de Burgos.

Sin relación con él, debe recordarse además la de templarios de la Veracruz (1208) de la misma Segovia (fig. 933). Es de planta dodecagonal con tres ábsides y nave en torno a un cuerpo igualmente dodecagonal de dos pisos, el superior cubierto con bóveda de nervios no cruzados en el centro, como la de San Millán.

(fig. 933)

Bóveda, planta e Iglesia de los templarios de la Veracruz. Segovia


SORIA

En tierra soriana, los tres monumentos principales son la portada de Santo Domingo y las dos iglesias de templarios de San Juan de Duero y de San Miguel, de Almazán, testimonio la primera de influjos franceses y vivo reflejo las últimas de intenso mudejarismo. La de San Juan de Duero (fig. 934), en las afueras de Soria, es excepcional por su claustro de arcos apuntados cruzados, de claro abolengo morisco, si bien la presencia de los templarios puede explicar sugestiones orientales, como las de Amalfi o Palermo.

(fig. 934)

Claustro de San Juan de Duero

El origen cordobés es, en cambio, indiscutible en la importante bóveda califal de San Miguel de Almazán (fig. 935).

(fig. 935)

Bóveda califal de San Miguel de Almazán


ÁVILA

En Ávila, las grandes empresas del románico son las murallas, de cubos redondos y sin muestra alguna de influencia morisca, obra de los canteros de Raimundo de Borgoña, y las iglesias de San Vicente y San Pedro.

La de San Vicente (fig. 936), que se construye sobre el lugar donde sufren martirio el santo y sus hermanas, es de tres naves con otra de crucero sumamente alargada, pilares con medias columnas y arcos de medio punto doblados. Las naves laterales se cubren con bóvedas de aristas, y sobre ellas descansan las tribunas con ventanas hacia la nave mayor. Románico todo lo anterior, difieren del plan primitivo las bóvedas de la nave central, el tramo del crucero y el pórtico de los pies. Todas ellas son ya de crucería gótica, advirtiéndose claramente en los capiteles de los pilares de la nave mayor cómo éstos han sido construidos para recibir bóveda de cañón con arcos perpiaños.

(fig. 936)

Interior San Vicente de Ávila

En el tramo del crucero, donde hoy se levanta una de las primeras bóvedas góticas españolas de crucería, parece haberse proyectado cimborrio de tipo leonés. La gran portada de los pies (fig. 937) presenta en sus arquivoltas rica decoración vegetal, según el gusto borgoñón, y tiene parteluz. Las esculturas son, como veremos, de primer orden.

(fig. 937)

Portada occidental de San Vicente de Ávila

El cambio de criterio en la cubierta se explica por la historia de la construcción, que, comenzada ya en el XI, se paraliza a principios del siguiente, una vez terminados la cabecera, el crucero y los muros de las naves, reanudándose unos cincuenta años después, al parecer, bajo la dirección del arquitecto de la catedral, el maestro Fruchel. Las obras consumen todavía el siglo XIII.


PORTUGAL

Aunque no faltan en Portugal algunas iglesias de interés para el estudio del románico y pueda señalarse una particular insistencia en la forma rectangular de la capilla mayor, lo que realmente importa a un estudio de carácter general son sus catedrales. De ellas, la única que ha llegado a nosotros en buen estado es la de Coimbra (fig. 738), que se construye por los maestros Bernardo y Roberto durante la segunda mitad del siglo XII. Con tres ábsides semicirculares en lugar de girola y crucero de una sola nave, el modelo seguido es, sin embargo, la basílica compostelana, como lo atestiguan la organización de sus naves y el triforio. Característicos de la catedral de Coimbra son su coronamiento almenado y los resaltes de su fachada, que prestan a su exterior más aspecto de castillo que de templo.

(fig. 938)

Interior y exterior de la catedral de Coimbra

De la catedral de Lisboa (1150), obra probablemente de los citadas Roberto y Bernardo, que después trabajan en Coimbra, no queda sino la planta y el crucero.

Por su traza poligonal, análoga a la de la Veracruz de Segovia, merece recordarse la «Charola» o iglesia de los templarios, de Thomar (fig. 739).

(fig. 939)

Convento y «Charola» o iglesia de los templarios, de Thomar