EL ESTILO ROMÁNICO
LA COLUMNA, EL PILAR CRUCIFORME Y EL ESTRIBO
EL ARCO Y LA BÓVEDA
DECORACIÓN
PUERTAS
EL TEMPLO
EL MONASTERIO
FRANCIA
INGLATERRA
ITALIA
ALEMANIA
ESPAÑA:
CATALUÑA
ARAGÓN Y NAVARRA
CASTILLA: LEÓN, FRÓMISTA Y SANTIAGO
COMPOSTELA
CIMBORRIOS LEONESES DEL SIGLO XII
SEGOVIA Y LA IGLESIA DE PÓRTICOS.
SORIA
ÁVILA
PORTUGAL
EL ESTILO ROMÁNICO
.—Como consecuencia de las conquistas técnicas
realizadas por las diversas escuelas nacidas en el antiguo Imperio de Occidente,
se forma hacia el siglo XI un estilo más sabio y uniforme, denominado románico
por razón análoga a la que hace llamar romances a las lenguas derivadas del
latín. Esa uniformidad es, en buena parte, debida a dos motivos principales. Las
Órdenes monásticas son ya muy influyentes en el período prerrománico; pero ahora
tiene lugar en la de los benedictinos una reforma que contribuye poderosamente a
la unificación de su vida. Esa reforma tiene su origen en el monasterio de Cluny,
fundado a principios del X, y su regla termina imponiéndose a un millar de
abadías diseminadas por todo Occidente, que considera dependencias suyas.
Por otra parte, gracias a la mayor seguridad que
comienza a disfrutarse en el antiguo Imperio de Occidente, se generaliza la
costumbre de las peregrinaciones a Roma y Santiago de Compostela, y esas
peregrinaciones contribuyen también en no pequeño grado a la
internacionalización del arte románico. En torno a las rutas de los peregrinos,
y en sus puntos estratégicos, se levantan algunos de los principales templos y
monasterios románicos, y de ellos son buen ejemplo los que en nuestro país se
escalonan a lo largo del llamado «Camino de Santiago», que desde el Pirineo
conduce a los peregrinos hasta la tumba del apóstol.
La arquitectura románica, que, como toda la
cristiana medieval, es, sobre todo, de carácter religioso, crea un tipo de
templo abovedado bastante uniforme, muy lejano ya del puramente basilical, y
que, evolucionando, continuará viviendo a través del gótico hasta los días del
Renacimiento. Pero, además, da forma a un nuevo tipo de monumento religioso, que
es el monasterio. Edad de oro de la vida monacal, el monasterio nace para
responder a las necesidades de un nuevo tipo de vida y con toda la personalidad
y claridad de concepción que distingue a esta suerte de creaciones. A pesar de
sus varios cambios posteriores, el monasterio conservará durante muchos siglos
buena parte de los rasgos generales con que ahora se nos presenta. Período éste
en que la ciencia se encuentra en los monasterios, suelen ser arquitectos los
mismos monjes.
LA COLUMNA, EL PILAR CRUCIFORME Y EL
ESTRIBO
.—No obstante, los grandes progresos técnicos que
la arquitectura románica aporta a los estilos occidentales anteriores, se diría
que los maestros románicos siguen confiando más en la gran masa de muros y
bóvedas que en el equilibrio y en el justo contrarresto de las presiones. Como
el arquitecto no gusta de abrir grandes vanos en sus gruesos muros y las
ventanas son tan pequeñas y estrechas que a veces semejan una saetera, como
suele suceder en los ábsides, los interiores son oscuros y mueven el espíritu al
recogimiento. Ahora bien, el predominio del macizo sobre el vano que distingue
al estilo románico responde probablemente, también en buen parte, al deseo de
conseguir ese efecto.
En la arquitectura románica, que ya no aprovecha
elementos constructivos ni decorativos de los monumentos romanos, el sentido de
la proporción clásica desaparece por completo, y donde este rompimiento con el
pasado se ofrece más sensible es en la columna, cuyo fuste deja de ser
troncocónico y se hace cilíndrico. La proporción entre el diámetro y la altura
de la columna se olvida, y el arquitecto románico no tiene inconveniente en dar
el mismo grueso a la baja columna de un claustro que a la altísima que, adosada
a un pilar del templo, se eleva hasta la bóveda de la nave mayor.
Perdido también el recuerdo de los órdenes
clásicos, todas las columnas (fig. 846) tienen basa
con plinto, y el fuste, o bien se conserva liso, que es lo más frecuente, o se
estría, incluso en zigzag, o se recubre de ornamentación vegetal.
(fig. 846)
Columnas románicas

Como veremos, mientras el arquitecto griego llega
a reemplazar el fuste por la figura humana, el románico lo que hace es adosarla
a él (fig. 847).
(fig. 847)
Columnas románicas con
esculturas

El collarino, que en la columna romana se labra en
la parte superior del fuste, pasa a formar parte del capitel (fig.
848), del que desaparece todo recuerdo de los órdenes dórico y jónico. Se
emplea, en cambio, el tipo de capitel cubierto de hojas, que, naturalmente,
deriva del corintio, aunque, salvo en algunos momentos o escuelas, el recuerdo
del acanto desaparece y el follaje es por completo distinto.
(fig. 848)
Capitel románico

El artista románico no se contenta, sin
embargo, con estos capiteles de abolengo clásico más o menos desfigurados. Con
este ritmo insistente y tortuoso que caracteriza su decoración vegetal, alarga
esos tallos vegetales y los entrelaza una y otra vez hasta crear un caprichoso
enrejado de formas vegetales, ya sin parentesco alguno con el diáfano orden de
las hojas de acanto clásico.
Llevado por el impulso de su vieja sensibilidad
nórdica, el decorador románico nos descubre en estas decoraciones su sangre
bárbara, triunfante después de varios siglos de educación clásica. Y esa misma
sensibilidad, avivada por las enseñanzas de marfiles hispano-árabes, telas y
decoraciones orientales, le lleva a entretejer con esos elementos vegetales
figuras de animales, e incluso humanas, bien reales, aunque muy estilizadas para
acoplarse a las exigencias de la decoración, o monstruosas y fantásticas. Son
figuras animadas que se retuercen, estiran o abultan caprichosamente, se muerden
o forcejean entre sí, revelando una inquietud y una tensión espiritual que
representa el extremo opuesto del reposo y la diafanidad helénicos (fig.
849).
(fig. 849)
Capitel románico. Santo
Domingo de Silos

Si la sensibilidad anticlásica crea estos
dramáticos capiteles cargados de monstruos, el sentido didáctico y evangelizador
de la Iglesia convierte a su vez el capitel en un relieve corrido en que se
recuerdan las historias del Antiguo y del Nuevo Testamento (fig. 850). Una vez
creado este nuevo tipo de capitel historiado, netamente cristiano, los artistas
introducen temas tomados de la fábula, como el apólogo, género tan
característicamente medieval, y escenas de los oficios más relacionados con el
arte de la construcción.
(fig. 850)
Capiteles románicos con
imagenes bíblicas. San Juan de la Peña

Al reemplazar el arquitecto románico la techumbre
de madera por la bóveda con arcos de refuerzo transversales o , y hacerla
cabalgar sobre arquerías, le es necesario recibir no sólo, como hasta ahora, los
arcos de éstas paralelos al eje del templo o arcos formeros, sino también los
transversales o perpiaños. Como para recibir bien ese doble juego de arcos son
insuficientes la columna y el pilar rectangular, nace un nuevo tipo, bastante
más rico, de sección cruciforme (fig. 851), es
decir, con un cuerpo resaltado para cada uno de los cuatro arcos (A). Dado este
paso, la evolución y enriquecimiento del pilar románico es una consecuencia
natural. Al ser los arcos no sencillos, sino con otro resaltado más estrecho en
su intradós, cada uno de los frentes recibe también un nuevo resalto central
(B), que, para mayor efecto de riqueza, no hay inconveniente en transformar en
una columna adosada (C). El empleo de la bóveda de arista, que con la de cañón
es la preferida del románico, introduce, a su vez, una nueva columna de menor
grueso en el ángulo entrante del pilar (F), y se comprenderá que, dada la
tendencia al recargamiento propio de toda evolución artística, el primitivo
pilar cruciforme llegue a convertirse en un haz de columnas (G) y molduras
verticales que, como veremos, lleva en sí el germen del futuro pilar gótico.
(fig. 851)
Formas de pilares

Si el sistema abovedado con arcos de refuerzo
transforma en el interior el pilar en la manera descrita, exteriormente de lugar
a un gran número de estribos, que son su resalto, su verticalidad y su
paralelismo, contribuyen a la decoración de las fachadas laterales.
Descritas las principales novedades del soporte
románico, consecuencia del nuevo sistema de cubierta, veamos las características
de ésta.
EL ARCO Y LA BÓVEDA
.—El arco preferido es el de medio punto de
sección rectangular. Impulsado por el natural deseo de enriquecerlo, el artista
románico no tarda en doblarlo, es decir, en resaltar en su intradós otro más
estrecho, y en decorar sus ángulos con dos toros o molduras de sección
semicircular, y dado este primer paso, el proceso evolutivo continúa
multiplicando molduras cóncavas y salientes, tanto rectilíneas como quebradas,
aligerándolo de masa. Ya veremos, al tratar de las puertas, cómo el proceso de
enriquecimiento del arco no se limita a la multiplicación de molduras.
Ya queda dicho cómo las bóvedas preferidas de la
arquitectura románica son la de cañón semicircular con arcos de refuerzo y la de
aristas. En cuanto a las de tipo esférico, emplea tanto la bóveda sobre trompas
como la cúpula y la de cuarto de esfera, esta última en los ábsides. Utiliza
también la esquifada (fig. 852).
(fig. 852)
Tipos de bóvedas románicas

Aunque el estribo sirve para contrarrestar el
empuje de la bóveda de cañón concentrado en los arcos fajones, y los muros son
gruesos, la multiplicidad de las naves, la doble planta que a veces existe en
las laterales que a ella desembocan, crean numerosos problemas de equilibrio que
el arquitecto románico procura resolver contraponiendo unas bóvedas a otras para
que contrarresten sus mutuos empujes.
LA DECORACIÓN
La decoración es otro de los aspectos donde la
novedad del estilo románico se manifiesta más poderosa. El repertorio de temas
geométricos (fig. 853) está constituido
principalmente por: el ajedrezado (A); los billetes (B); las puntas de sierra
(C); el baquetón en zigzag (D); las filas de arcos o besantes (E); clavos (F),
etcétera.
(fig. 853)
Temas decorativos
geométricos

En cuanto a los temas vegetales y animales, ya
quedan expuestas sus principales características al tratar de los capiteles.
Las partes del edificio donde el arquitecto
románico concentra toda esta decoración son las portadas, los capiteles del
interior del templo y de los claustros, y las cornisas o aleros. Pero, además de
esta decoración esculpida en piedra, existe la gran pintura al fresco,
equivalente a la del mosaico bizantina, que cubre de historias sacras los
ábsides y las paredes interiores del templo.
PUERTAS
Las bellas consecuencias decorativas del
doblamiento del arco no sólo en el arco mismo, sino en el pilar, que adquiere
sección escalonada y se reviste de columnas, lleva al arquitecto románico a
concebir la puerta como una serie de arcos de tamaño decreciente y
progresivamente rehundidos o arquivoltas, que exigen en el muro una sección
igualmente escalonada, y que, como los pilares, se decoran con columnas. Debido
a ello, la puerta románica tiene un aspecto abocinado (fig.
854) muy típico,
que persistirá en el gótico. El arco de puerta, como el frontón clásico, suele
tener tímpano, y si la puerta es muy ancha, se refuerza el dintel sobre que
descansa ese tímpano con un soporte central o parteluz (fig.
855). Pero la
decoración no se reduce a estos elementos puramente arquitectónicos.
(fig. 854)
Portada de Iglesia Románica

(fig. 855)
Portada de la basílica de
San Vicente de Ávila

En las portadas de cierto lujo el escultor no duda
en adosar estatuas a las columnas y en disponer en forma radial otras pequeñas en las arquivoltas. Como es
lógico, la parte donde la escultura adquiere mayor desarrollo es el tímpano, que
se dedica a algún tema grandioso, como el apocalíptico del Todopoderoso, rodeado
por los animales simbólicos de los Evangelistas o Tetramorfos (fig.
856).
(fig. 856)
Tímpano de la Portada de San
Trófimo de Arlés

En el alero o cornisa, las cabezas de los pares
simulados en piedra presentan un variado repertorio de temas vegetales o
animales. A veces esas cabezas se ligan, formando una arquería ciega, bajo la
que se cobijan monstruosas figurillas.
EL TEMPLO
.—Aunque se conservan también monumentos románicos
de carácter civil, la mayoría de los existentes son templos y monasterios.
El templo románico es de planta de cruz latina, de
una o varias naves longitudinales terminadas en su cabecera en capillas
semicirculares o ábsides, y una transversal o crucero. El tramo producido por la
intersección de éste y la nave mayor se llama también crucero (fig.
857). Cuando
el templo tiene más de una nave, si las laterales dan la vuelta por detrás de la
capilla mayor, esa parte de las naves laterales constituye la girola o
deambulatorio. Tanto a ésta como a la nave del crucero suelen comunicar capillas
semicirculares simétricamente dispuestas, que contribuyen en alto grado al
enriquecimiento y belleza de la composición exterior del templo, no
sólo con su volumen, sino con la decoración de sus aleros y sus ventanas. El
gran número de estas capillas parece que tiene su origen en la necesidad de
aumentar los altares en los monasterios para que oficien sus muchos monjes.
(fig. 857)
Planta Catedral de Santiago
de Compostela

En planta Santiago de Compostela es una iglesia de
cruz latina de tres naves, la central de diez metros de anchura y cubierta con
bóveda de cañón con fajones y las laterales de cinco metros y cubierta con
bóvedas de arista.
En cuanto al interior de la iglesias románicas, ya quedan descritos los
pilares cruciformes, que son el soporte más frecuente, si bien en algún caso son
reemplazados por columnas muy gruesas o pilares cilíndricos, o alternan con
ellos (fig. 858).
(fig. 858)
Pilares cilíndricos de la
Catedral de Durham

La cubierta, o es de cañón en todas las naves, o se
reserva ésta para la central, empleándose la de aristas en las laterales. En
algunas escuelas se cubren las naves laterales con bóvedas de cuarto cañón para
contrarrestar los empujes del cañón de la central (fig.
859), sistema, como
veremos, de fecundas consecuencias. A veces el arquitecto, y ello significa ya
un progreso considerable, no se limita a aprovechar la mayor elevación de la
nave central para abrir una fila de ventanas, sino que labra en ese desnivel
sobre las naves laterales un segundo piso o tribuna con ventanas a la nave
central.
(fig. 859)
Iglesia románica con bóvedas
laterales de cuarto de cañón

El tramo mismo del crucero, sobre todo, por
influencia bizantina, adquiere gran importancia. Se suele cubrir con bóveda de
mayor elevación, o cimborrio, que, por las proporciones cuadradas del tramo,
suele ser de trompas o cúpula sobre pechinas. La altura del tambor le presta a
veces proporciones sumamente esbeltas (fig. 860), (fig.
861).
(fig. 860)
Torre del Gallo. Salamanca

(fig. 861)
Bóveda Torre del Gallo.
Salamanca

Además de este tipo de templo de cruz latina, se
emplea, aunque es mucho menos frecuente, el de varios ejes de simetría, de
planta circular o poligonal. Por ser de esta forma el del Santo Sepulcro (fig.
862), es el adoptado en las iglesias de los Templarios.
(fig. 862)
Planta del Santo Sepulcro en
Jerusalén

El campanario, que en las iglesias bizantinas de
Rávena es de sección cilíndrica y está aislado, aunque en alguna escuela
conserva esa forma, se incorpora al edificio mismo del templo. Su emplazamiento
más frecuente es la fachada principal, pero otras veces se sitúa a los lados, y
en algunas escuelas junto al crucero (fig. 863). Con la incorporación del
campanario al edificio de la iglesia, el templo románico queda totalmente
creado.
(fig. 863)
Catedral de Worms

EL MONASTERIO
Ya hemos dicho cómo una de las grandes
aportaciones de la arquitectura románica es la creación del monasterio.
Establecido en el campo o en las afueras de las poblaciones, y dedicados los
monjes a la oración y el estudio, el monasterio posee también grandes
propiedades territoriales, de cuyos productos vive la comunidad, implicando todo
ello una serie de actividades espirituales y materiales, que se reflejan en la
distribución del edificio (fig. 864).
(fig. 864)
Planta Monasterio de Poblet
1. Iglesia; 2. Refertorio; 3. Claustro; 4. Sala
Capitular; 5. Dormitorio; 6. Escritorio; 7. Murallas; 8. Estancia conversos; 9.
Puerta principal.

Adosado al cuerpo del templo, es de rigor un gran
patio o claustro, que sirve de núcleo central al monasterio, sin perjuicio de
completarse con otros menores. El claustro es de arquerías sobre columnas de
escasa altura, y con frecuencia pareadas, que descargan sobre un
podio o pedestal corrido. A esas galerías, en que transcurre buena parte de las
horas de descanso de los religiosos, desembocan las principales dependencias. En
lugar preeminente se encuentran la sala capitular y el refectorio o comedor;
ambos con bancos de obra de fábrica corridos en su torno, y el refectorio con un
pulpito también de material pétreo para el que lee durante la comida de la
comunidad. A veces de la galería del claustro a que comunica el refectorio
avanza hacia el interior del patio un pequeño templete que sirve de lavabo. En
lugar inmediato al refectorio se encuentran las cocinas y la despensa. En el
mismo gran patio central suele estar también la librería.(fig.
865).
(fig. 865)
Dependencias del Monasterio
de Poblet

En lugares más alejados se hallan los diversos
almacenes, entre los que figuran el granero, la bodega, etc. Generalmente, en la
planta alta de ese claustro principal y en otros secundarios se encuentran las
celdas de los monjes. se completa el monasterio con una huerta.
FRANCIA
. — Aunque no sea la arquitectura románica
creación exclusivamente francesa, adquiere en Francia tal desarrollo y produce
en ella monumentos tan capitales, que debe colocarse a la cabeza de los
restantes países que cultivan ese estilo. Pueden distinguirse varios grupos.
En primer lugar, en la comarca central se forma ya
durante la primera mitad del siglo XI, el importante tipo de iglesia llamado de
peregrinación, con bóveda de cañón, arcos doblados, girola con capillas radiales
y dos plantas en las naves laterales, representando por la iglesia de Santa Fe
de Conques (1039-1065) (fig. 866), obra del maestro Hugo.
(fig. 866)
Iglesia y planta de Santa Fe
de Conques

Hacia el año 1083 se comienza
más al sur, en Tolosa, la iglesia de San Saturnino, que, como veremos, se
relaciona íntimamente con nuestro Santiago de Compostela. Es de cinco naves, con
girola y capillas radiales, más las que se abren en la nave de crucero, y gran
torre en el centro de éste (fig. 867).
(fig. 867).
Iglesia y planta de San
Saturnino en Tolouse

Grupo muy destacado dentro de la arquitectura
románica francesa es el constituido por las iglesias con cúpulas o bóvedas sobre
trompas. Su centro se encuentra en la región del Perigord y el Angoumois. El
monumento más antiguo es la catedral de Cahors (1119), de una sola nave y con
una cúpula en cada uno de sus dos tramos, pero las más importantes son las de
Angulema, ya con cuatro cúpulas, y San Front de
Perigueux (1120-1170) (fig. 868), (fig.
869), de planta de cruz griega y tres naves, con cinco cúpulas como en
los Santos Apóstoles de Constantinopla y San Marcos de Venecia.
(fig. 868)
Planta de las catedrales de Cahors,
Angulema y San Front de
Perigueux

(fig. 869)
Catedral de San Front de
Perigueux

Como consecuencia de ensayos realizados en el
siglo XI, encontramos principalmente en el Poitou, y en toda la región
comprendida entre el Loira y el Garona, otro tipo de iglesia con las tres naves
cubiertas a la misma altura. En el Poitou, además, se suelen decorar tanto los
muros interiores como los exteriores con numerosas arquerías. Tal vez el
monumento más representativo de esa estructura y de esa decoración es Nuestra
Señora la Grande, de Poitiers, cuya fachada se encuentra materialmente cubierta
de temas geométricos, vegetales y figurados (fig. 870).
(fig. 870)
Nuestra Señora la Grande, de Poitiers

El aspecto más interesante de la escuela borgoñona
es el de sus monasterios de benedictinos, en los que, como hemos visto, se crea
un tipo de arquitectura monástica que se difunde por toda Europa con el nombre
de cluniacense. El monasterio de Cluny, gracias a varios abades excepcionales,
después de reformar las relajadas costumbres de sus monjes, logra imponer la
reforma en una serie de monasterios de él dependientes. Pero, además de esta
reforma de tipo religioso, al reconstruir su nueva casa (1088-1131), fija las
principales normas monumentales para los monasterios de la Orden.
La iglesia de Cluny (fig.
871), destruida,
por desgracia, durante la Revolución francesa, era de cinco naves, la central de
cañón apuntado y las colaterales de arista, todas ellas de altura decreciente,
más dos transversales de crucero con capillas. Tenía girola, a la que se abrían
cinco capillas. Ante su fachada principal se levanta un pequeño cuerpo anterior
de tres naves, con sus torres, que constituía como una iglesia secundaria. El
exterior se caracterizaba por el gran número de torres, pues además de las dos
de los pies, destinada la una a archivo y la otra a prisión, existían en el
centro del crucero principal la gran torre cuadrada llamada de las lámparas, dos
octogonales de análoga altura a los lados y otras pequeñas en los ángulos.
Completaba el conjunto una torrecilla o cimborrio en el crucero inmediato a la
capilla mayor.
(fig. 871)
Restos y planta de la
iglesia de Cluny

En cuanto a la organización del monasterio,
respondía a las características generales ya descritas.
El gran poderío y riqueza de los cluniacenses que
hemos visto reflejarse en las numerosas torres que coronaban su casa matriz, no
tarda en manifestarse en una riqueza decorativa cada vez más exuberante y
fantástica.
En Provenza, la tierra más romanizada, el románico
se distingue por la simplicidad de sus estructuras. No suelen sus iglesias tener
girola y las azoteas de sus cubiertas y sus gruesas torres cuadradas prestan al
conjunto un aspecto de grandes masas cúbicas. Algunos de sus templos principales
son de una sola nave, con bóveda de cañón contrarrestada por otras menores de
escasa profundidad dispuestas transversalmente. En San Trófimo de Arles, la nave
central, muy elevada, se cubre con bóveda de cañón apuntado, contrarrestada en
las laterales por las de cuarto de cañón (fig. 872).
Tanto su fachada
como la de San Gil, de la misma población, con sus entablamentos, acantos,
pilastras estriadas y temas ornamentales clásicos, nos ponen bien de manifiesto
la profunda influencia ejercida por los viejos monumentos romanos de la ciudad.
(fig. 872)
Iglesia San Trófimo de Arles

En Normandía, la bóveda, principal preocupación de
los arquitectos románicos, desaparece, tanto en la nave del centro como en la
segunda planta de las laterales, que, lo mismo que aquélla, se cubren de madera. Debido al mismo deseo de esquivar dificultades, se renuncia a la
girola. En cambio, además de las dos torres de fachada, suele existir otra
cuadrada en el crucero. Este sentido simplificador lleva a emplear casi
exclusivamente la decoración geométrica, reduciendo al mínimo la de carácter
vegetal.
INGLATERRA
Como consecuencia de la conquista normanda,
Inglaterra, desde el punto de vista artístico, es ya, en la segunda mitad del
siglo XI, una prolongación de Normandía. Sus catedrales, de naves muy largas y
cruceros muy acusados, tienen, en el tramo central de éstos, un gran cimborrio
cuadrado con proporciones de torre; suelen tener tribuna, y la nave central se
cubre de madera o ya con bóvedas de ojivas. En la decoración dominan los temas
rectilíneos, y en el conjunto general del edificio las formas cúbicas.
El
edificio románico más antiguo de Inglaterra es la capilla de la Torre de
Londres, que se considera construida por Guillermo el Conquistador. (fig.
873).
(fig. 873)
Capilla de la Torre de Londres

Monumentos
capitales son las catedrales de Winchester (1079), Ely (1080), (fig.
874); Gloucester (1089) y Norwich (1096) (fig.
875)
(fig. 874)
Catedrales de Winchester y
Ely

(fig. 875)
Catedrales de Gloucester y Norwich

La Catedral de Durham (1094), es particularmente importante, por sus bóvedas de ojivas, que la
convierten en el primer templo gótico. (fig. 876).
(fig. 876)
Catedral de Durham

ITALIA
.—En el valle del Po la arquitectura románica
presenta caracteres muy diferentes a los del resto de Italia. Su estilo es el
llamado lombardo, denominación que en un tiempo se dio a todo el románico, por
creérsele nacido en Lombardía. Hoy sabemos que el estilo lombardo aporta algunos
temas ornamentales, pero no la estructura del templo románico.
Frecuentes en la arquitectura lombarda son los
arquillos ciegos de escaso relieve de las cornisas, las fajas, también poco
resaltadas, que recorren verticalmente el muro, y el capitel, de proporciones
cúbicas y redondeado en su parte baja. De la mayor importancia son las galerías,
de arcos que suelen recorrer la parte más alta de los muros exteriores de los
templos, los ábsides, el crucero, el cimborrio y la fachada principal. También
son típicos los pórticos resaltados sobre columnas que descansan en animales.
Monumentos representativos de la arquitectura
lombarda son San Ambrosio, de Milán (fig. 877), que se reconstruye en el
siglo XI; San Miguel de Pavía (fig. 878), la
catedral de Parma (fig. 879), la de Módena (fig.
880),
y la de San Zenón de Verona (fig. 881).
(figs. 877)
San Ambrosio, de Milán

(fig. 878)
San Miguel de Pavía

(figs. 879)
Catedral de Parma

(fig. 880)
Catedral de Módena

(fig. 881)
San Zenón de Verona

----------
Además de este capítulo lombardo, la arquitectura
italiana de ese período ofrece otros dos: el romano y el toscano, en los que la persistencia clásica nos
dice claramente la actitud italiana frente a los estilos nórdicos.
En Roma, como es natural, la tradición de las
viejas basílicas deja sentir su peso en las iglesias que se construyen en esta
época. La mayor novedad del románico romano se refiere a la técnica del mármol
decorado con mosaicos de colores. Difundida, al parecer, desde Monte Cassino,
deja sus mejores monumentos en los claustros, pórticos, pulpitos y pavimentos
romanos. Como en este género de trabajo se distingue una familia cuyos últimos
miembros se llamaban Cosme, se le conoce impropiamente con este nombre.
Monumentos de primer orden son los claustros de las iglesias de Letrán (fig.
882) y de San Pablo extramuros, ambos ya de la primera mitad del siglo XIII.(fig.
883).
(fig. 882)
Claustro de la iglesia de Letrán

(fig. 883)
Claustro de la iglesia de
San Pablo extramuros

En Toscana, el románico nos ofrece el grupo
florentino, cuya obra maestra es San Miniato, del siglo XI (fig.
884), de tipo basilical,
con cubierta de madera y muros revestidos con placas de mármoles de colores
diversos, es decir, siguiendo los modelos clásicos, y el pisano. El Baptisterio
de Florencia (fig. 885), que es de planta ortogonal, tiene esa misma clase de
revestimiento.
(fig. 884)
Iglesia de San Miniato

(fig. 885)
Baptisterio de Florencia

Pisa, la ciudad la más rica de Toscana en el siglo XI,
construye uno de los conjuntos arquitectónicos más bellos e impresionantes de la
Edad Media: la Catedral, la Torre y el Baptisterio. Ya el hecho de labrarlos en
un campo aislado para que luzcan plenamente todas sus fachadas denota el sentido
monumental de quienes los conciben. La Catedral (1063-1118) (fig.
886), (fig. 887), obra de los maestros Burgueto
y Reinaldo, de arquerías sobre columnas, como en las viejas basílicas, es de
cinco naves y tiene crucero de tres naves, con gran cúpula de bóveda ovalada en
el centro. Las cubiertas son de
bóveda de arista en las naves laterales y de madera en las centrales. De mármol
blanco y oscuro, en fajas alternadas, se completa la decoración exterior, con
arquerías decorativas de estilo lombardo, que en la fachada principal forman
varios pisos.
(fig. 886)
Catedral de Pisa

(fig. 887)
Interior Catedral de Pisa

El Baptisterio (1153) (fig.
888), de planta
circular, y aislado del templo, según la costumbre italiana, es obra del maestro Diotisalvi. La galería primitiva exterior del segundo cuerpo se labra
posteriormente en estilo gótico.
(fig. 888)
Baptisterio de Pisa

En la Torre (1174) (fig. 889), debida al alemán
Guillermo y al pisano Bonnano, las arquerías, como en el templo clásico,
envuelven totalmente el cuerpo del edificio. Su desplome data de los días mismos
de su construcción.
(fig. 889)
Torre de Pisa

El Campo Santo (1188), (fig.890), que completa el espléndido conjunto
formado por los monumentos anteriores, aunque se comienza en este período, debe
su personalidad a la tracería gótica de sus vanos interiores.
(fig.890)
Campo Santo de Pisa

ALEMANIA
En la arquitectura románica alemana, uno de los
rasgos más característicos es el empleo del ábside, no sólo en el testero, sino
a los pies de la nave mayor, según la tradición carolingia. El
monumento más representativo de esa corriente nacional es la iglesia de Hildesheim (1033) (fig.
891), con cubierta de madera sobre pilares alternados
con columnas, capiteles cúbicos y dos naves de crucero.
(fig. 891)
Planta y alzado de la iglesia de San Miguel de Hildesheim

En el tipo de templo generalizado en la región
renana, la más importante de Alemania para la arquitectura románica, además del
doble ábside citado, son también rasgos persistentes las torres cilíndricas
pareadas de los pies y del testero, y el empleo de la bóveda de aristas, tanto
en la nave central como en las laterales, lo que hace que a cada tramo de
aquélla correspondan dos de éstas. Por influencia lombarda se decoran los
exteriores con arquillos ciegos, listeles verticales y galerías de arcos.
Monumentos representativos de la escuela renana son las catedrales de Worms (fig.
892), Maguncia (fig. 893), Spira (fig.
894) y Santa María de Laach
(fig. 895).
(fig. 892)
Catedral de Worms

(fig. 893)
Interior y planta de la Catedral de Maguncia

(fig. 894)
Catedral de Spira

(fig. 895).
Interior y planta de la Catedral de Santa María de Laach

Capítulo especial merecen las iglesias de Colonia,
la de Santa María en Capitolio (fig. 896) y la de
los Santos Apóstoles (fig. 897), por sus cabeceras treboladas, y
la de San Gereón (fig. 988), por su planta de tipo
central .
(fig. 896)
Iglesia de Santa María en Capitolio

(fig. 897)
Interior y planta de la Iglesia de los Santos
Apóstoles

(fig. 898)
Iglesia de San Gereón

CATALUÑA
.—Cuando el arte asturiano ha producido algunas
obras muy bellas y valiosas, desde el punto de vista constructivo, que llevan en
sí el germen de futuros progresos, y cuando comienzan a fecundar nuestra
arquitectura cristiana los inmigrados mozárabes, la invasión del estilo
románico, mucho más pujante, termina anulando estos primeros brotes de una
arquitectura propia.
Los principios de la arquitectura románica en
Cataluña se encuentran sujetos a las influencias carolingia y árabe. Testimonio
de la primera es San Pedro de las Puellas, de Barcelona (945), y de la segunda,
varios capiteles y elementos decorativos de manifiesta ascendencia califal en
diversos templos. De 941 se considera la pequeña iglesia de Santa María de Amer,
de tres naves por completo abovedadas, terminadas en otros tantos ábsides, que
se ha citado como el monumento de este tipo más antiguo de Occidente de fecha
conocida. En 1022 encontramos ya la interesante y original iglesia de San Pedro
de Roda (fig. 899), con girola y pilares con columnas superpuestas. En
sus capiteles, ricamente decorados, parece persistir la tradición árabe.
(fig. 899)
Interior y planta de la Iglesia de San Pedro de
Roda

Pero lo
más característico del románico catalán frente las restantes escuelas
peninsulares es la intensa influencia lombarda.
Avanzado ya el primer cuarto de siglo, el comienzo
de esa influencia coincide con una intensa actividad arquitectónica. Los
canteros lombardos, en unos veinticinco años, cubren Cataluña de templos de
varios tipos bastante uniformes. De una o más naves, en este caso separadas por
pilares, y otra de crucero, todas ellas abovedadas, y de pórticos y fajas
verticales lombardas. Muy típicas y bellas son sus grandes y esbeltas torres de
planta cuadrada —Cuixá (fig. 900), Tahull (fig.
901)— y a veces cilíndricas —Santa
Coloma de Andorra (fig. 902)— con ventanas geminadas. Por lo general, se
levantan aisladas, pero también aparecen unidas al templo, en alguna ocasión
sobre el crucero mismo.
(fig. 900)
Abadía de San Miguel de
Cuixá

(fig. 901)
Iglesia San Clemente de
Thaull

(fig. 902)
Iglesia Santa Coloma de Andorra

Tal vez la iglesia de tipo lombardo más antigua
sea Santa María de Rosas (1022). Pero quien debe de contribuir de manera más
decisiva a la difusión del estilo es el famoso abad de Ripoll, Oliva. Al
parecer, el cuerpo del templo de aquel monasterio (fig.
903), de
cinco naves con gruesos pilares lisos y otros menores alternando con columnas,
es de tiempos de su padre, el conde Oliva (970-977). El abad Oliva lo que hace
en 1032 es añadirle un cuerpo de fachada con dos grandes torres, y su amplio
crucero con siete ábsides, todo ello con la típica decoración lombarda de
arquillos ciegos en fila y fajas verticales. Desgraciadamente, el monasterio,
muy destruido en el siglo XIX, se reconstruye a fines del mismo en forma tal que
el templo es, en su mayor parte, obra de esta fecha. La portada occidental es
una de las partes valiosas que se conserva (fig. 904).
(fig. 903)
Monasterio y planta de Santa
María de Ripoll

(fig. 904)
Portada occidental del
monasterio de Ripoll

Reflejo de sus naves
laterales abovedadas sobre columnas parece ser la iglesia de San Martín de Canigó (1026) (fig.
905).
(fig. 905)
Abadía e interior de la
Iglesia de San Martín de Canigó

Aunque menos vigorosa, en el siglo XII persiste la
influencia lombarda en la catedral de Seo de Urgel (fig,
906), de tres
naves con cruceros, a cuyos brazos se abren cuatro capillas semicirculares
labradas dentro del muro, y galería exterior en la parte alta de la mayor.
Semejante a Santa María de Bérgamo y a San Miguel de Pavía, consta que en 1175
se compromete a edificarla, con cuatro lombardos, Raimundus Lombardus.
(fig, 906)
Catedral de Seo de Urgel

Con los
típicos arcos ciegos de ese origen, se decora la iglesia de planta de cruz
griega de San Pablo del Campo, de Barcelona, de principios del XII, obra de
Guitart y Rotlandis.
Como es natural, no faltan en Cataluña monumentos
como San Juan de las Abadesas, con deambulatorio y capillas radiales, al gusto
francés. Aunque de mayor interés escultórico que arquitectónico, uno de los
principales capítulos de la arquitectura catalana del siglo XII es el
constituido por los claustros de San Pedro de Galligáns y de la catedral, de
Gerona, y el de San Cugat del Valles. El diminuto de San Pablo del Campo, se
distingue por sus arcos lobulados (fig. 907).
(fig. 907)
Interior San Pablo del Campo. Barcelona

La arquitectura románica catalana vive en sus
últimos años nueva época de florecimiento. Sus dos creaciones principales son
las catedrales de Lérida y Tarragona, que si en ciertos aspectos constructivos
son obras de transición al gótico, en otros son todavía puramente románicas.
La catedral de Lérida (fig.
908), que se
comienza ya en 1203 por el maestro Pedro Dercumba o de Coma, es de tres naves,
con larga nave de crucero a la que abren, además del mayor, una pareja de
ábsides laterales, todos ellos terminados en forma semicircular. Los pilares
delatan ya, en cambio, el propósito de cubrir con bóvedas de crucería; los arcos
son apuntados, y el cimborrio, octogonal y de muy bellas proporciones, es ya
típico producto del tránsito al gótico. Sabemos que es obra del arquitecto Pedro
de Penyafreita (1286), autor también del claustro que, en lugar de encontrarse,
según es corriente, a un lado del templo, se levanta a los pies, a manera de nartex. Pese al goticismo de la catedral, sus
portadas son románicas, de temas decorativos en su mayoría de carácter vegetal y
geométrico, muy menudos, y de factura extremadamente fina. Se imitarán en la
catedral de Valencia.
(fig. 908)
Planta e interior Catedral de Lérida

En la catedral de Tarragona, que se principia en
1171, no se llega a la fachada principal hasta fines del XIII (fig.
909). Sus ábsides, son
todavía semicirculares y abiertos al crucero, pero ya desde éste se cubre con
bóveda gótica, y puramente gótico es el cimborrio. Del mismo estilo
que la de Lérida es la portada. El claustro es de
principios del XIII.
(fig. 909)
Catedral de Tarragona

Monumentos de carácter civil son la Casa de la Pahería, de Lérida, y parte del Palacio Episcopal de Barcelona.
ARAGÓN Y NAVARRA
Los monumentos más antiguos del románico
navarro-aragonés corresponden a las altas regiones pirenaicas ocupadas por los
dos minúsculos reinos antes de la conquista de Pamplona y Huesca. El gran
monumento de estos primeros tiempos es el monasterio navarro de Leyre (1057),
cuya cabecera —el resto es gótico—, de triple ábside, es ,de elevadas
proporciones y descansa sobre cripta de cuatro naves, una y otra con capiteles
muy primitivos.(fig. 910).
(fig. 910)
Cripta del monasterio de Leyre
en Navarra

En su segunda etapa, el románico aragonés produce
ya una obra que deja sentir su influencia fuera de la región. Es la catedral de
Jaca (fig. 911), que probablemente se comienza en
1054 al establecerse en aquella ciudad la capital del reino aragonés y en 1063
se trata de terminar. De tres naves formadas por pilares cruciformes y columnas
alternadas, y terminadas en ábsides semicirculares, se cubre su crucero con
bóveda semiesférica sobre trompas reforzadas por nervios cruzados en el centro.
Se considera esta bóveda como uno de los precedentes de la de ojivas gótica.
Importante es también la decoración de los ábsides —sólo queda uno primitivo— y
de las portadas. En el ábside aparecen ya el alero de ajedrezado y canes, y las columnas
adosadas, que después serán tan frecuentes.
(fig. 911)
Interior catedral de Jaca y ajedrezado en el
ábside

La iglesia de Loarre (fig.
912), es más tardía.
Labrada en el interior del importante castillo románico de su nombre, es de
fundación real y debe de comenzarse en el último tercio del siglo XI y
concluirse ya en el XII. Tiene el ábside decorado con arquerías ciegas, y su
nave única se distingue por su gran bóveda esférica sobre trompas.
(fig. 912)
Bóveda de la iglesia de Loarre

Por su forma octogonal precisan mención aparte las
iglesias navarras de Eunate (fig. 913) y Torres del Río (fig.
914), ambas
de fines del siglo XII. La primera está rodeada por una arquería igualmente
poligonal; pero la más interesante es la segunda, por su bóveda de nervios de
tipo árabe cordobés; por tanto, uno de los monumentos mudéjares más antiguos.
(fig. 913)
Planta e Iglesia de Santa
María de Eunate

(fig. 914)
Bóveda de la iglesia del
Santo Sepulcro en Torres del Río. Navarra

En cuanto a la arquitectura civil, poseemos la
casa de los duques de Granada, de Estella, ya de hacia 1200, en cuyos capiteles
firmados por el escultor Martín de Logroño, se representa el tema caballeresco
de la lucha de Rolando y Ferragús.(fig. 915).
(fig. 915)
Casa de lo duques de Granada
y capitel con Rolando y Ferragús

CASTILLA: LEÓN, FRÓMISTA Y SANTIAGO DE COMPOSTELA
.—La vieja iglesia de San Juan Bautista, de León análoga a la de Valdediós, de
la que sólo conocemos los cimientos, es todavía
de estilo asturiano.
Usada como Panteón real dedicado ya a San Isidoro, la reina Doña Sancha, mujer de Fernando I, lo amplía (1056-1067) por la parte de los pies, con
un pórtico de tres naves cubiertas con bóvedas de aristas, sobre columnas o
pilares con medias columnas, cuyos hermosos capiteles delatan también la
presencia del nuevo estilo románico. Sobre la parte del pórtico, situada a los
pies del templo, se encuentra la tribuna abierta a éste.
Pero el viejo templo, con su pórtico, resulta
pequeño para los monarcas leoneses, cada vez más poderosos, y Doña Urraca, hija
de Doña Sancha, hace construir, ya en el último tercio del siglo —1072 a 1101,
aproximadamente—, el actual templo de San Isidoro (fig.
916).
(fig. 916)
Planta y templo de San
Isidoro

Doña Urraca, conservará
parte del pórtico adicionado por su madre al antiguo edificio, que es lo que
hoy conocemos con el nombre de Panteón Real.(fig. 917).
(fig. 917)
Panteón Real de San Isidoro de León

El nuevo templo de San Isidoro es ya obra
plenamente románica.- y, por fortuna, de autor conocido, del maestro Pedro
Deustambem, enterrado en el templo con grandes honores. Es de tres naves,
sobre pilares con medias columnas, la central cubierta por bóveda de cañón con
arcos perpiaños, y las laterales con bóvedas de aristas. Los arcos son muy
peraltados y doblados, y los del crucero, lobulados, de influencia árabe (fig.
918). En el exterior, sus ábsides, del tipo de la catedral de Jaca, y sus
puertas tienen abundante decoración escultórica, que se describirá más adelante.
(fig. 918)
Interior de San Isidoro de
León

Más perfeccionado que en San Isidoro, de León, se
muestra el románico en San Martín, de Frómista (fig. 919), escala en la
ruta de la peregrinación jacobea. Se construye hacia 1065, a expensas de Doña
Mayor, la viuda del rey de Navarra. De tres naves, tiene otra de crucero que no
sobresale en planta, todas ellas cubiertas con bóveda de cañón. Sus pilares son
cruciformes, con medias columnas, y los arcos, doblados. Su cimborrio, de tambor
octogonal con ventanas, sobre trompas y con bóveda semiesférica, es digno
precedente de los que veremos en Zamora y Salamanca. Gracias al cimborrio, el
exterior del templo ofrece una variedad de volúmenes que falta en San Isidoro, a
lo que contribuye también la diferencia de altura de sus ábsides, que repiten el
tipo de Jaca. A la novedad del exterior coadyuvan, por último, las dos
torrecillas cilíndricas de la fachada de los pies, donde van alojadas las
escaleras. Se decoran los tímpanos .de sus postigos con el Crismón, según el
modelo jaqués. Esta influencia es también muy sensible en los capiteles con
decoración vegetal. Por desgracia, la iglesia de Frómista fue excesivamente
restaurada hace años.
(fig. 919)
San Martín, de Frómista

La obra en que culmina el románico de León y
Frómista es la catedral de Santiago de Compostela, ver (fig.
857). Comenzada en
1075, en la puerta del crucero meridional —de las Platerías—, se lee la fecha de
1130. Hacia 1130, está fundamentalmente terminada. De su autor sólo sabemos que
se llama Bernardo, a quien, con razón, se califica ya en el siglo XII de
«maestro admirable». Cuando se trabaja en la puerta de las Platerías, dirige las
obras el maestro Esteban. (fig. 920).
(fig. 920)
Figuración de la Iglesia
original de Santiago de Compostela

La catedral de Santiago es de tres naves, con
crucero larguísimo, también de tres naves, con cuatro capillas semicirculares y
girola con capillas radiales. La central de éstas es de planta cuadrada, las dos
inmediatas semicirculares y las dos últimas poligonales. De pilares cruciformes,
con medias columnas en los frentes, los arcos son, como los de San Isidoro de
León, peraltados, y se cubre en las naves laterales con bóvedas de aristas.
Sobre éstas carga la galería, que cubierta a su vez por bóveda de cuarto de
círculo, se continúa a lo largo de la girola y comunica a la nave
mayor por ventanas de dos arcos, como en San Marcial de Limoges y San Saturnino
de Tolosa. Aunque sólo llegan a construirse en su menor parte, sabemos, por
testimonio del siglo XII, que el templo se proyecta con nueve torres: una en
cada esquina del brazo de crucero, dos en la fachada principal, dos para las
escaleras en la unión del brazo mayor y el de crucero y otra en el tramo central
de éste. La única portada existente de esta época es la de
las Platerías o del crucero sur. (fig. 921).
(fig. 921)
Portada de las Platerías de
la catedral de Santiago de Compostela

Los precedentes de la iglesia de Santiago se
encuentran en la de tipo de peregrinación (fig. 922), formada en San Martín de Tours, Santa
Fe de Conques y San Marcial de Limoges, concluido entre 1083 y 1114, y
San Saturnino de Tolosa, ver (fig. 867), en el que se trabaja activamente hacia esa
misma fecha de 1083, pero que no se acaba hasta 1119. Contemporánea, pues, esta
última de la de Santiago, y la que con ella guarda mayor parecido, la prioridad
de la una respecto de la otra es problema aún no resuelto en definitiva.
(fig. 922)
Exterior e interior de la
catedral de Santiago de Compostela

Aunque muy desvirtuado, el estilo de la gran
basílica compostelana inspira las catedrales de Orense y Lugo (1129), ésta
debida al maestro Raimundo de Monforte. El estilo románico, de todos modos,
arraiga profundamente en Galicia, sobreviviendo hasta fechas muy avanzadas.
A
quien es preciso citar en el tránsito del románico al gótico es al maestro
Mateo, autor del Pórtico de la Gloria y de su cripta, de la catedral
santiaguesa, donde emplea ya bóvedas de crucería góticas.(fig.
923).
(fig. 923)
Pórtico de la Gloria de la catedral de Santiago de
Compostela

CIMBORRIOS LEONESES DEL SIGLO XII
.—En la segunda mitad del siglo XII se construyen
tres templos muy importantes, que emplean ya el arco apuntado y la bóveda de
crucería, pero que, sobre todo, lucen bellos cimborrios, delatores de una
intensa influencia bizantina.
La catedral de Zamora (1151-1174), de tres naves,
con crucero apenas sobresaliente de la anchura de éstas y tres ábsides
semicirculares, tiene bóveda gótica de crucería en la nave central, si bien las
de las laterales son todavía de aristas. En la lisura de sus capiteles se
advierte la influencia de los cistercienses. Lo verdaderamente importante es su
extraordinario cimborrio (fig. 924) sobre pechinas, con tambor calado por un
cuerpo de ventanas y bóveda semiesférica de gallones trasdosados, reforzada por
nervios que apoyan en las medias columnas situadas entre aquéllas.
(fig. 924)
Cúpula catedral de Zamora

Si el
interior del cimborrio es bello, su exterior no lo es menos, belleza a que se
agrega su singularidad sin precedente en el país. El tambor se completa con
cuatro torrecillas cilíndricas, que rematan en un segundo cuerpo de menudas
arquerías con bóveda bulbosa, torrecillas que, además de enriquecer el conjunto,
contrarrestan el empuje de la gran media naranja. (fig.
925).
(fig. 925)
Cimborrio catedral de Zamora

Como habrá podido observarse,
la organización del cimborrio de Zamora es típicamente bizantina y responde a la
misma corriente oriental inspiradora de las iglesias cupuliformes francesas, ya
citadas, del Perigord y el Angoumois. El arquitecto, sin embargo, se ha formado
sobre modelos orientales, como la iglesia de Manasija, en Yugoslavia.
La portada es puramente arquitectónica, y el tema
principal de la misma se reduce a unos lóbulos convexos, que se repiten en sus
cuatro arquivoltas, todo ello bastante de acuerdo con la sobriedad cisterciense
del interior del templo. (fig. 926)
(fig. 926)
Portada catedral de Zamora

Por los mismos años que la de Zamora, o poco
después, debe de comenzarse la catedral de Salamanca (fig.
927), en la que
trabaja en los últimos años del siglo y primeros del siguiente un cierto maestro
Pedro, que se ha querido relacionar con el Pedro de Aix (1213), sepultado en el
claustro.
De planta análoga a la de Zamora, la bóveda de crucería se emplea ya
en las tres naves, y los capiteles son de riqueza escultórica, que contrasta con
la sobriedad zamorana. Como en aquélla, lo excepcional es el cimborrio, llamado
Torre del Gallo, de proporciones mucho más esbeltas que el de
la catedral hermana, pero de análoga organización.
(fig. 927)
Exterior, cúpula e interior,
catedral vieja de Salamanca

Menos esbelto que el de Salamanca, pero muy
influido por él, se encuentra el cimborrio de la Colegiata de Toro (1160-1240) (fig.
928).
(fig. 928)
Cimborrio de la Colegiata de
Toro

También debe incluirse en la serie de cimborrios leoneses la cúpula de la
sala capitular de la catedral d e Plasencia (fig. 929).
(fig. 929)
Bóveda de la sala capitular
de la catedral vieja de Plasencia

SEGOVIA Y LA IGLESIA DE PÓRTICOS
.—Uno de los grupos estilísticos más uniforme del
románico español es el segoviano, caracterizado por los pórticos exteriores que
rodean sus fachadas. De gran utilidad en clima frío como el castellano, y de
gran belleza, gracias a los efectos de perspectiva de sus arquerías, este tipo
de iglesia parroquial segoviano es una de las creaciones más singulares de
nuestro románico.
La iglesia de este tipo más antigua de Segovia es
San Juan de los Caballeros. Tiene pórticos en sus dos fachadas meridional y
occidental, y cornisa de arquillos trilobulados sobre canecillos con abundante y
varia decoración figurada. (fig. 930)
(fig. 930)
Iglesia San Juan de los Caballeros de Segovia

De fecha ya avanzada en el siglo XII se considera la
de San Millán (fig. 931), que, como la mayor parte de las restantes iglesias,
repite el modelo de la catedral de Jaca, de pilares y columnas alternados.
Abovedada solamente en el testero, presenta en el tramo del crucero bóveda con
nervios no cruzados en el centro, al gusto califal. Los pórticos cubren las dos
fachadas laterales.
(fig. 931)
Iglesia de San Millán de Segovia

La iglesia más tardía parece ser la de San Martín,
ya con pórticos en sus tres fachadas y torre sobre el tramo del crucero.
Por su
esbeltísima torre, ya del siglo XIII, tan influyente en la silueta de la ciudad,
es singular la de San Esteban (fig. 932).
(fig. 932)
Iglesia de San Esteban de Segovia

Los ejemplos de iglesias con pórticos no se
reducen a las citadas. En mejor o peor estado, son varias las existentes en la
misma ciudad y en la comarca, ofreciendo particular interés entre éstas, por
estar fechadas, la de San Miguel de Sepúlveda (1093), de una sola nave, y la de
Duratón (1100), firmada por el arquitecto Michel. Aunque los mejores ejemplares
de este tipo de iglesia son los segovianos, existen también en la provincia de
Soria, y, aunque mucho menos, en la de Burgos.
Sin relación con él, debe recordarse además la de
templarios de la Veracruz (1208) de la misma Segovia (fig. 933). Es de planta dodecagonal con tres ábsides y nave en torno a un cuerpo igualmente dodecagonal
de dos pisos, el superior cubierto con bóveda de nervios no cruzados en el
centro, como la de San Millán.
(fig. 933)
Bóveda, planta e Iglesia de
los templarios de la Veracruz. Segovia

SORIA
En tierra soriana, los tres monumentos principales
son la portada de Santo Domingo y las dos iglesias de templarios de San Juan de
Duero y de San Miguel, de Almazán, testimonio la primera de influjos franceses y
vivo reflejo las últimas de intenso mudejarismo. La de San Juan de Duero (fig.
934), en las afueras de Soria, es excepcional por su claustro de arcos apuntados
cruzados, de claro abolengo morisco, si bien la presencia de los templarios
puede explicar sugestiones orientales, como las de Amalfi o Palermo.
(fig. 934)
Claustro de San Juan de Duero

El origen
cordobés es, en cambio, indiscutible en la importante bóveda califal de San
Miguel de Almazán
(fig. 935).
(fig. 935)
Bóveda califal de San Miguel
de Almazán

ÁVILA
En Ávila, las grandes empresas del románico son
las murallas, de cubos redondos y sin muestra alguna de influencia morisca, obra
de los canteros de Raimundo de Borgoña, y las iglesias de San Vicente y San
Pedro.
La de San Vicente (fig. 936),
que se construye sobre el lugar donde sufren martirio el santo y sus hermanas,
es de tres naves con otra de crucero sumamente alargada, pilares con medias
columnas y arcos de medio punto doblados. Las naves laterales se cubren con
bóvedas de aristas, y sobre ellas descansan las tribunas con ventanas hacia la
nave mayor. Románico todo lo anterior, difieren del plan primitivo las bóvedas
de la nave central, el tramo del crucero y el pórtico de los pies.
Todas ellas son ya de crucería gótica, advirtiéndose claramente en los capiteles
de los pilares de la nave mayor cómo éstos han sido construidos para recibir
bóveda de cañón con arcos perpiaños.
(fig. 936)
Interior San Vicente de Ávila

En el tramo del crucero, donde hoy se
levanta una de las primeras bóvedas góticas españolas de crucería, parece
haberse proyectado cimborrio de tipo leonés. La gran portada de los pies (fig.
937) presenta en sus arquivoltas rica decoración vegetal, según el gusto
borgoñón, y tiene parteluz. Las esculturas son, como veremos, de primer orden.
(fig. 937)
Portada occidental de San
Vicente de Ávila

El cambio de criterio en la cubierta se explica
por la historia de la construcción, que, comenzada ya en el XI, se paraliza a
principios del siguiente, una vez terminados la cabecera, el crucero y los muros
de las naves, reanudándose unos cincuenta años después, al parecer, bajo la
dirección del arquitecto de la catedral, el maestro Fruchel. Las obras consumen
todavía el siglo XIII.
PORTUGAL
Aunque no faltan en Portugal algunas iglesias de
interés para el estudio del románico y pueda señalarse una particular
insistencia en la forma rectangular de la capilla mayor, lo que realmente
importa a un estudio de carácter general son sus catedrales. De ellas, la única
que ha llegado a nosotros en buen estado es la de Coimbra (fig.
738), que se
construye por los maestros Bernardo y Roberto durante la segunda mitad del siglo XII.
Con tres ábsides semicirculares en lugar de girola y crucero de una sola nave,
el modelo seguido es, sin embargo, la basílica compostelana, como lo atestiguan
la organización de sus naves y el triforio. Característicos de la catedral de
Coimbra son su coronamiento almenado y los resaltes de su fachada, que prestan a
su exterior más aspecto de castillo que de templo.
(fig. 938)
Interior y exterior de la
catedral de Coimbra

De la catedral de Lisboa (1150), obra
probablemente de los citadas Roberto y Bernardo, que después trabajan en
Coimbra, no queda sino la planta y el crucero.
Por su traza poligonal, análoga a
la de la Veracruz de Segovia, merece recordarse la «Charola» o iglesia de los
templarios, de Thomar (fig. 739).
(fig. 939)
Convento y «Charola» o iglesia de los templarios,
de Thomar
