ESTILO, TEMAS, EVOLUCIÓN
FRANCIA
ESPAÑA. EL SIGLO XI.
EL SIGLO XII
LA TRANSICIÓN. IMÁGENES
ITALIA
ALEMANIA
ESTILO, TEMAS, EVOLUCIÓN
.—La escultura romana, que en los últimos tiempos
del Imperio se consume en relieves cada vez más pobres, con la invasión de los
bárbaros termina por desaparecer como escultura monumental. La escultura
prerrománica de este carácter desempeña en Occidente papel aún más modesto que
en Bizancio. La actividad escultórica se limita casi exclusivamente a producir
pequeñas placas de marfil y a la orfebrería.
Como la bizantina posterior a los iconoclastas, la
románica representa la reacción más completa frente al naturalismo clásico. La
figura humana se espiritualiza y el escultor presta escaso interés a la anatomía
y a las bellezas corporales; el ropaje domina plenamente al cuerpo. Ahora bien,
mientras el escultor bizantino continuará de espaldas a la naturaleza hasta sus
últimos tiempos, el románico se irá dejando seducir por ella, y su estilo
evolucionará constantemente hasta desembocar en el gótico.
Otro aspecto que precisa no olvidar en la
escultura románica es su carácter decorativo, como creada que es para decorar el
templo y no como estatuaria exenta. La necesidad de adaptar la figura a las
proporciones y forma de la superficie arquitectónica es, a veces, decisiva en la
figura misma.
Esta función al servicio del templo con que nace
el nuevo estilo escultórico termina prestándole también un carácter
esencialmente monumental. Pues si bien, la creación de esta nueva escultura de tipo
monumental es la gran empresa del artista románico, que vuelve así a repetir,
aunque en forma diferente, la de los escultores griegos. Los dos campos
principales de la escultura románica al servicio de la arquitectura son las
portadas y los capiteles, tanto de aquéllas como del interior del templo y de
los claustros.
En las portadas, la parte donde la escultura
adquiere mayor desarrollo es el tímpano, y el tema preferido para decorarlo, la
visión apocalíptica del Todopoderoso —Pantocrátor— rodeado por los símbolos de
los cuatro Evangelistas —el águila de San Juan, el león de San Marcos, el toro
de San Lucas y el ángel de San Mateo— o Tetramorfos (fig.
940), y contemplado
por los veinticuatro ancianos, si bien de ordinario se prescinde de éstos.
También se presenta con frecuencia el Juicio Final. En todas esas composiciones
aparece el Todopoderoso dentro de una aureola ovalada, o ligeramente apuntada,
almendra mística —en italiano, mandorla, almendra— con que se figura el
resplandor de que habla el texto apocalíptico. A los temas puramente
apocalípticos se agregan a veces otros procedentes de los textos de los profetas
Ezequiel e Isaías.
(fig. 940)
Pantocrator portada catedral
de Chartres

Ignoramos los pasos seguidos hasta decorar los
tímpanos románicos con estos grandes temas. Al parecer, el primero conservado
que presenta el Cristo en Majestad es el de la iglesia de Besalú, de la segunda
mitad del siglo XI.
Pero la escultura rebasa el tímpano mismo y,
aunque en escala más menuda, suele recubrir las arquivoltas y los capiteles. En
cambio, vuelve a la escala mayor cuando se extiende a las jambas, que se decoran
con grandes estatuas adosadas (fig. 941).
(fig. 941).
Estatuas en jambas de la
portada en la catedral de Chartres

Concebidas con un sentido esencialmente
arquitectónico, desde el punto de vista expresivo, se encuentran unas aisladas
de otras, y sólo en los últimos tiempos del románico se les representa
comunicándose entre sí (fig. 942).
(fig. 942)
Estatuas del Pórtico de la
Gloria de Santiago de Compostela

La escultura en algunos monumentos no se reduce a
la parte abocinada de la puerta. Unas veces se continúa lateralmente, otras
forma un friso en la parte superior, y en ocasiones cubre por completo la
superficie del muro, como en Ripoll, (fig. 943), Sangüesa y Estella (fig.
944).
(fig. 943)
Estatuas de la portada de la iglesia
de Ripoll

(fig. 944).
Estatuas en las portadas de las
iglesias de Sangüesa y Estella

En cuanto a los capiteles, ya queda dicho al
tratar de la arquitectura la importancia que en ellos adquieren, además de los
temas vegetales, los animales y la figura humana , con frecuencia todos ellos
unidos. Los animales son en buena parte fantásticos, tales como dragones,
arpías, centauros, monstruos de dos cabezas o de dos cuerpos y una sola cabeza,
etc. Conocido el simbolismo que siempre han tenido para el hombre los animales,
es natural que para el de la época románica estos seres, hijos de la fantasía,
tengan en algunos casos, además de su función decorativa, un significado
concreto.
Las historias predominantes son, como es lógico,
las de carácter religioso, del Antiguo y del Nuevo Testamento, y de vidas de
santos. La enseñanza de estos Evangelios ilustrados, que son para los fieles el
vasto repertorio gráfico de los capiteles de portadas y claustros, se completa
con las representaciones de figuras y escenas alegóricas de vicios y virtudes.
Pero, además de estos temas de carácter sagrado,
se esculpen otros profanos, en particular en los claustros, bien de origen
literario o de la vida diaria, tales como fábulas de animales o escenas como la
del escultor trabajando, del claustro de San Cugat, junto a Barcelona. La
escultura románica de bulto redondo se reduce sobre todo a las imágenes del
Crucificado y de la Virgen con el Niño.
El Crucificado, como en el arte bizantino, es de
cuatro clavos, es decir, tiene los pies clavados separadamente. Impasible al
dolor, tiene el cuerpo derecho y los brazos horizontales. Adopta dos tipos: el
Cristo en Majestad, como Rey de Reyes, vestido con larga túnica de mangas, y
corona (fig. 945) y el Cristo desnudo, que sólo se cubre desde la cintura
hasta las rodillas con una faldilla que cae verticalmente (fig.
946). El Crucificado
románico, por lo general, está vivo y tiene corona.
(fig. 945)
Cristo en Majestad en el museo de Barcelona

(fig. 946)
Cristo desnudo con faldilla
del Museo de Nueva York

El naturalismo de los
últimos tiempos del románico, que anuncia ya la proximidad del gótico, hace que
esas normas antiguas cedan ante las de la nueva iconografía. El mejor ejemplo de
Majestad en España es el de Caldas de Montbuy, destruido en 1936, y que se
supone de hacia 1100 (fig. 947).
(fig. 947)
Cristo en Majestad
restaurado, de Caldes de Montbui

A la Virgen se la figura sentada, derecha y de
frente, con el Niño igualmente de frente y sentado sobre sus piernas en actitud
de bendecir (fig. 948).
(fig. 948
Vírgenes de Nájera, Solsona
y del Sagrario de Toledo

A veces tiene también un libro o el mundo en la otra
mano. Para el artista románico, como para el bizantino (fig. 949), la Virgen,
más que la madre, es el trono del Salvador. No existe comunicación expresiva
alguna entre madre e hijo, ver (fig. 728).
Esta manera de concebir a Cristo y a la Virgen con
el Niño, que responde perfectamente a la del Cristo en Majestad, o del Cristo
Juez del Día del Juicio, de las portadas, nos dice que el hombre románico piensa
más en la idea de Dios, y en el Dios de la justicia, que en el Dios del amor y
en el Hijo del Hombre.
Tras la caída del Imperio Romano, Desaparecida en Occidente la escultura figurada de
carácter monumental, precisa buscar el origen de la gran
escultura románica en aquellas manifestaciones artísticas donde continúa
representándose la figura humana, es decir, en los marfiles y en las obras de
orfebrería. En ellos da, en efecto, sus primeros pasos el nuevo estilo. Al lado
de los relieves de las encuadernaciones de libros, de los relicarios y de las
cruces, deben de ser de importancia decisiva los frontales de altar, que por
decorar la parte más santa del templo, se labran, cuando es posible, en metales
preciosos, y se decoran en relieve con el Cristo en Majestad, acompañado, en
general, por los apóstoles. El gran mérito del escultor románico es el haber
llevado esta escultura menuda a formar parte integrante del templo, dándole
proporciones monumentales.
Otras de sus mejores fuentes de inspiración es la
miniatura, donde ya en fecha anterior se han representado complicadas
composiciones iconográficas, que, sin duda, sirven de base para los grandes
temas de las portadas. En este aspecto las de los manuscritos mozárabes del
comentario del Apocalipsis, por Beato, ejercen, al parecer, gran influencia,
pues en ellas puede verse, por ejemplo, el tema del Todopoderoso con los
símbolos de los Evangelistas y los ancianos.
El estilo de la escultura románica, que se inicia
con el siglo XI y perdura en los monumentos más arcaizantes hasta principios del
XIII, como es natural, evoluciona en sus dos siglos de existencia.
En sus comienzos, el relieve es muy plano —en los
primeros monumentos plano casi por completo— y las escenas de escasa
complicación. Los ropajes aparecen muy ajustados al cuerpo; sólo se indican
sumariamente los plegados de las telas con trazos sencillos, paralelos y
convencionales. Con el tiempo todo ello se enriquece. Se trabaja en alto
relieve, y a veces las figuras parecen destacarse del fondo. En la segunda mitad
del siglo XII los ropajes se proyectan hacia el exterior en abundantes y
voluminosos plegados. Los personajes de las jambas de las portadas abandonan su
aislamiento y tienden a conversar entre sí.
FRANCIA
.—En Francia destaca muy en primer plano la
escuela del Languedoc, íntimamente relacionada con la española. Sus centros
principales radican en Toulouse y en Moissac. Sus monumentos más antiguos son el
Apostolado de la giróla de San Saturnino (fig. 949)
(1095), procedente de su antigua portada, y el de los pilares del claustro de Moissac
(fig. 950), de relieve todavía
bastante plano, miembros de perfiles rectilíneos, modelado sumario, y ropajes
con pliegues apenas acusados por somerísimos trazos curvilíneos. .
(fig. 949)
Pantocrator y apóstoles de
la giróla de San Saturnino de Tolouse

(fig. 950)
Apóstoles de los pilares del claustro de Moissac

Ese mismo
efecto de fuerza produce el tímpano del crucero de la iglesia de San Saturnino
(1110), dedicado a la Ascensión (fig. 951).
(fig. 951)
Relieve de la Ascensión
de la iglesia de San Saturnino de Tolouse

El estilo de la puerta del crucero se afina en la
puerta de la Sala Capitular de la catedral, hoy en el Museo, firmada por
Gilabertus (1120- 1130). En ella encontramos las típicas actitudes de las
piernas cruzadas que les prestan apariencia de movimiento. El
plegado de los ropajes es también más inteligente y fino.
Pero la creación más grandiosa y mejor conservada
de la escuela tolosana es la gran portada de la iglesia de Moissac. Presenta en
el centro del tímpano (fig. 952) un dramático Cristo en Majestad, de grandiosas
proporciones, cubierto por revueltos ropajes y rodeado por los símbolos de los
Evangelistas, que vuelven apasionadamente sus cabezas hacia El. Dos ángeles
espiritualizados y alargadísimos limitan esta parte central del tímpano,
mientras los ancianos, distribuidos en tres zonas separadas por nubes,
contemplan la escena. La grandiosidad dramática de la visión apocalíptica no ha
sido nunca expresada tan intensamente como en el famoso tímpano de la iglesia
francesa.
(fig. 952)
Portada de la iglesia de Moissac

La Visitación del mismo pórtico es muy representativa del estilo
tolosano, tanto por el canon alargado de la figura como por el típico revuelo de
la ropa de la Virgen al caer.
La influencia de la escuela tolosana se extiende
por el centro de Francia. En Beaulieu el tema del tímpano es el Juicio Final,
pero el resto de la portada repite la composición de Moissac. En Souillac, el
estilo tolosano es igualmente sensible en el parteluz de la portada,
donde se entremezclan, con frenesí de decorador nórdico, pájaros, monstruos y
hombres, en ritmo quebrado y violento, de intensidad tal vez no superada en todo
el arte románico (fig. 953).
(fig. 953)
Pilar portada Souillac

La obra maestra de la escultura en Borgoña es la
portada de Vezelay, el monasterio cluniacense inmensamente rico gracias a los
peregrinos que acuden a visitar el cuerpo de la Magdalena. Se representa en el
tímpano el momento cuando el Salvador, rodeado por el resplandor de su almendra
mística, hace descender los rayos del Espíritu Santo sobre los apóstoles (fig.
954). Sus amplios ropajes de fina tela se revuelven al caer en
agitados remolinos como impulsados por el viento. «El día de la Pentecostés
—dice el texto bíblico— se sintió un ruido que venía del cielo, como el ruido de
un viento que sopla con impetuosidad, y fueron llenos del Espíritu Santo y
empezaron a hablar en lenguas extranjeras». Y ese ambiente dramático del ruido
del vendaval es el que agita a las emocionadas figuras de los discípulos. En los
compartimientos que rodean al tímpano el artista ha representado a esos pueblos
cuyas lenguas, por obra del Espíritu Santo, hablan ya los apóstoles, y que
gracias a ellos conocerán la verdadera fe. Son los partos, los caldeos, los
árabes, los egipcios, etc., de que habla el texto sagrado. Pero no contentos con
esto, los monjes de Vezelay han querido que la fe cristiana llegue a los más
remotos países, poblados por la fantasía medieval de seres monstruosos, que para
unos son simples monstruos, pero según otros, y entre ellos cuentan, sin duda,
los religiosos de Vezelay, por tener alma humana, son capaces de comprender la
palabra de Dios. Así vemos los minúsculos pigmeos, que para subir a caballo
precisan una escalera; los panocios de orejas gigantescas, los cinocéfalos con
cabeza de mono, etc. El canon de la figura humana de toda la portada, como en
Moissac, es alargadísimo, seguramente más por ansia de espiritualización y por
influencia bizantina que por exigencias decorativas.
(fig. 954)
Portada iglesia de Vezelay

El hermoso pórtico de San Lázaro, de Autun (1130),
nos lleva a la última etapa de la escuela borgoñona, cuando la exaltación
expresiva y la espiritualización de la figura humana llegan a extremos sólo
igualados por el Greco. Si Vezelay se considera dueño del cuerpo de la
Magdalena, Autun cree poseer el de San Lorenzo, y con limosnas y mandas
abundantes puede labrar también un lujoso pórtico. El lema es el Juicio Final (fig.
955), y como allí, el Todopoderoso, representado en escala gigantesca, preside
dentro de su mandorla sostenida por ángeles. A su derecha, los elegidos penetran
en celestiales palacios, mientras a su izquierda, San Miguel y el diablo pesan
las almas, y los condenados marchan al Infierno. Al pie del Todopoderoso puede
aún leerse la firma del extraordinario escultor: «Gislebertus hoc fecit.»
Gilesberto, lejos de ser un artista infantil y primitivo, es un artista refinado
y aun, si se prefiere, decadente, que subordina otros valores plásticos para
alcanzar una expresión lo más intensa posible. Víctima de las duras críticas de
Voltaire, que califica la espléndida portada de Autun de obra bárbara, apenas
pudo salvarse el Juicio Final bajo una gruesa capa de yeso.
(fig. 955)
Pórtico de San Lázaro, de Autun (Jucio Fina)

En la región parisiense se producen en los últimos
tiempos del románico, y en vísperas del gótico, hasta el punto de considerarse
por algunos como las primeras creaciones de éste, dos importantes conjuntos
escultóricos: el pórtico real de Chartres y el pórtico de la abadía de Saint
Denis.
La catedral de Chartres, famosa por poseer la
túnica de la Virgen, dispone en esa época de grandes recursos que le permiten
decorar ricamente la fachada principal de su primitivo templo románico, cuya
decoración escultórica es la actual del edificio gótico. Los tímpanos están
dedicados al Salvador —el Cristo en Majestad con el Tetramorfos—, el del centro,
y los laterales, a la Virgen con el Niño y la Ascensión (fig.
956); en las
jambas, derechos y como queriendo participar de la rigidez arquitectónica de las
columnas ante que se encuentran, dos docenas de personajes de canon tan alargado
como los de Vezelay.
(fig. 956)
Pórtico real de la catedral de Chartres

Mientras en la escuela borgoñona el arrebato
espiritual que los anima agita con violencia sus cuerpos, éstos aparecen aquí
deliberadamente impasibles, no obstante lo cual, la expresión de los rostros
revela una dulzura delatora de la proximidad del gótico. En el estilo del
Pórtico Real de Chartres se labran numerosas portadas francesas, entre ellas,
las laterales de las catedrales de Le Mans (1158), la de Santa Ana, de la
fachada principal de Notre Dame de París (fig. 957); las de Corbeil, Saint
Loup de Naud, etc.
(fig. 957)
Puerta de Santa Ana de Notre
Dame de París

En la portada de Saint Denis, de París (1140), la
obra de tiempos del célebre abad Suger, hacen papel de columnas en las jambas,
estatuas tan rígidas como las de Chartres.
El apogeo de la escultura en Provenza es más
tardío, y debido a los monumentos romanos conservados en la vieja provincia
romana, se distingue por un aire clásico que falta en Tolosa y Borgoña. Al
intenso dramatismo de Moissac y Vezelay reemplaza una solemne majestuosidad de
estirpe romana. La manera de plegar los ropajes, inspirada en la escultura
antigua, carece del impetuoso movimiento que agita las vestiduras típicamente
románicas de los monumentos del centro y del sur de Francia.
La portada de San Trófimo de Arles,
cobijada bajo un alero que tiene mucho de frontón, presenta en el tímpano al
Cristo en Majestad lodeado por los símbolos de los Evangelistas. El friso del
dintel se prolonga aquí, cual si de un templo clásico se tratase, por todo el
frente de la portada, y en él aparecen, como en los sarcófagos, dispuestos en
fila, un sinnúmero de personajes. (fig. 958).
(fig. 958)
Portada de San Trófimo de Arles

Análoga es la decoración
escultórica de San Gil, también de Arles, si bien su friso se prolonga a lo
largo de la fachada, incluso incluyendo sus tres portadas.
ESPAÑA. EL SIGLO XI.
—Los monumentos fechados más antiguos corresponden
al Rosellón, en la Cataluña francesa. Los dinteles de San Genis les Fonts
(1021) (fig.959) y de San Andrés de Sureda son
testimonio de la actividad de un escultor de vigorosa personalidad, pero que no
llega a formar escuela de cierta duración. Es artista que esculpe en plano y a
bisel como en la época visigoda, y sus personajes son de canon muy bajo, cabeza
grande y de mirar desencajado, según los modelos prerrománicos. En los fondos
emplea todavía el arco de herradura. Los dinteles, como más adelante los
frontales catalanes, presentan en el centro al Cristo en Majestad en la mandona y los apóstoles a los
lados.
(fig.959)
Dintel de San Genis les Fonts

En Aragón, las mejores obras de esta primera etapa
del románico son el sepulcro de Doña Sancha (muerte-1095) (fig.
960), del Museo de
Jaca, y los capiteles historiados de esta catedral.
(fig. 960)
Sepulcro de Doña Sancha

Donde radica el núcleo más vigoroso de nuestra
escultura románica del siglo XI es en León y Galicia, coincidiendo con los
prósperos reinados de Fernando I y Alfonso VI. En la naciente corte leonesa
encontramos ya en el tercer cuarto de la centuria varias obras importantes en
marfil y piedra, delatoras de sorprendente actividad escultórica de cierto
carácter áulico. El grupo principal de los marfiles lo constituye el tesoro de
San Isidoro, de León, hoy en gran parte disperso e integrado en su mayoría por
donaciones reales. La pieza príncipe es el Crucifijo de Don Fernando y Doña
Sancha (fig. 961), del Museo Arqueológico Nacional, regalado en 1063, y de 1059
es el relicario de San Juan Bautista, de San Isidoro, de León. A esta misma
escuela leonesa pertenecen el Crucifijo del Museo de León (fig.
962), y la arqueta de las Bienaventuranzas del de Madrid (fig.
963).
(fig. 961)
Crucifijo de Don Fernando y Doña Sancha

(fig. 962)
Crucifijo de Carrizo del Museo de León

(fig. 963)
Arqueta de las
Bienaventuranzas. Museo arqueológico de Madrid

La escultura monumental aparece en los relieves de
los capiteles del Panteón de San Isidoro de León (1504-1067) con escenas de la vida de Jesús un tanto
toscas, pero de un vigor expresivo extraordinario (fig.
964), y deja sus
creaciones principales en las portadas del templo nuevo de San Isidoro, de fecha
ya más avanzada del siglo XI.
(fig. 964)
Capitel del Panteón de San
Isidoro de León

En el centro de un tímpano vemos el Cordero
rodeado de ángeles, acompañado por diversas escenas, entre ellas el Sacrificio
de Isaac (fig. 965), y en el tímpano de la otra, el Descendimiento, la Ascensión y las
Mujeres en el sepulcro, en las que el avance respecto del estilo de los
capiteles del Panteón es considerable (fig. 966).
(fig. 965).
Tímpano con el Cordero
rodeado de ángeles de San Isidoro de León

(fig. 966)
Tímpano con el Descendimiento de Jesús de la Cruz
de San Isidoro de León

Íntimamente relacionado con el estilo de éstas se
encuentra la decoración de la Puerta de las Platerías, de Santiago de Compostela
(1103). El orden en que se distribuyen sus esculturas no es el primitivo, y, aun
disponiéndose de la descripción de un peregrino del siglo XII, no es fácil
conocerlo en forma segura. Los tímpanos, que no han sufrido alteración,
contienen escenas del Nuevo Testamento. Visto de frente, en el de la izquierda (fig.
967) ocupan
lugar principal las Tentaciones del Señor, y junto a ellas se encuentra la
sorprendente figura de la Adúltera, como nos dice el peregrino del siglo XII,
teniendo entre sus manos la fétida cabeza de su amante, cortada por su marido,
besándola dos veces al día obligada por su esposo.
(fig. 967)
Tímpano izquierdo Puerta de
las Platerías, de Santiago de Compostela

En el tímpano de la derecha (fig. 968), los temas principales son el Prendimiento, la Flagelación y la Coronación
de espinas.
(fig. 968)
Tímpano derecho Puerta de
las Platerías, de Santiago de Compostela

En los estribos que flanquean la portada aparecen personajes y
escenas del Antiguo Testamento, sobresaliendo en el contrafuerte izquierdo la figura de David (fig.
969).
(fig. 969)
Figura de David en el contrafuerte izquierdo
Puerta de las Platerías, Santiago

En
el muro, sobre los arcos, vamos en las enjutas ángeles con trompetas, como si
del Juicio Final se tratase; y presididos en el centro por las hermosas figuras
del Salvador y Santiago (fig. 970) —el Salvador se considera de fines del
siglo XII y relacionado con el maestro Mateo—, un sinnúmero de personajes, de
los que sólo algunos deben de conservar su colocación originaria.
(fig. 970)
Parte superior Puerta de las
Platerías, de Santiago de Compostela

Como es
natural, en obra escultórica de estas proporciones trabajan varios maestros de
calidad muy diversa, el mejor de los cuales —el «Maestro Esteban»— se ha
supuesto que pueda ser el maestro del tímpano de San Isidoro de León.
Tanto las esculturas de las portadas de León, como
las de Santiago, guardan estrecho parentesco estilístico con las ya citadas de
Tolosa, de Francia.
El otro gran núcleo de escultura del siglo XI se
forma en tierra burgalesa, y también aquí encontramos varias series de relieves
de marfil. Los más antiguos (1067-1070) son los de la vida de San Millán, de la
Cogolla, en parte conservados en aquel monasterio (fig.
971). Aunque los fondos de arquitectura con sus arcos de herradura atestiguan haberse esculpido
en España, consta que son obra de los alemanes Engelran y su hijo Rodolfo, que
se retratan en uno de los relieves, hoy en el Museo de San Petesburgo.
(fig. 971).
Relieve de marfil del arca de San Millán, de la
Cogolla,

De arte más
refinado son los del arca de San Felices (fig. 972).
(fig. 972)
Relieve de marfil del arca de San Felices
monasterio de la Cogolla,

Pero la obra capital de la escuela castellana es
la parte más antigua de la decoración del claustro de Silos, que debe de
corresponder a los años de 1085-1100. Sus capiteles con figuras de animales
reales y monstruosos, afrontados al gusto oriental y entrelazados con temas
califales, que los convierten en obra netamente española,
ver (fig. 849).
Los
relieves de los pilares (fig. 973) —Incredulidad de Santo Tomás, Camino de Emaús, Descendimiento, las Marías en el Sepulcro, Pentecostés y Ascensión— no
son del tono un tanto bronco que suele dominar en la escultura leonesa. Su
modelado es más suave, y los plegados de los ropajes no producen efectos tan
violentos de claroscuro, acusándose, en cambio, por líneas de escasa
profundidad. Sus personajes, de esbeltas proporciones, cruzan convencionalmente
las piernas; como en la escuela tolosana, llegando a producirse rara ilusión de
movimiento —Incredulidad de Santo Tomás—. El origen del estilo de estos relieves
es uno de los problemas más discutidos de la escultura medieval, por sus
relaciones estilísticas con Moissac, Souillac y otras obras de primer orden de
la escuela francesa.
(fig. 973)
Relieves de los pilares de Santo Domingo de Silos

EL SIGLO XII
CATALUÑA
.—La obra de mayores proporciones de la escuela
románica catalana es la gran portada del monasterio de Ripoll (fig.
974),
probablemente del segundo cuarto del siglo XII. Distribuida en zonas
horizontales, la escultura cubre en ella todo el frente del muro en que se abre
la puerta. En la zona superior forman largo friso el Salvador y los viejos del
Apocalipsis, y bajo ella ocupan las tres inmediatas, santos y escenas del
Antiguo Testamento. En la gran zona siguiente, y bajo arcos, aparecen, a la
izquierda, David y los músicos, y a la derecha, otra serie de personajes en los
que se quiere ver a Jesús bendiciendo a los fundadores, el Conde Oliva Cabrera y
su hijo, el abad Oliva. Más abajo, en dos zonas, se ven fieras devorando
animales tímidos y medallones con los pecados capitales. En el estilo de este
importante conjunto escultórico se ha querido ver la influencia del tolosano
Gilabert.
(fig. 974)
Portada del monasterio de Ripoll

Después de la portada de Ripoll, las obras
principales de los escultores catalanes del siglo XII son los claustros. Aunque
sin fecha segura, el más antiguo, donde la decoración historiada se desarrolla
plenamente, es el de la catedral de Gerona. Las escenas son del Antiguo y del
Nuevo Testamento. Los relieves del de San Cugat del Valles, de análogos
caracteres, son obra firmada de Arnaldus Gatell, que figura en las nóminas de
los monjes del monasterio de mediados del siglo XII y se representa a sí mismo
esculpiendo un capitel. El claustro más tardío es el de la catedral de Tarragona
(1214), donde, además de los capiteles, es importante el Cristo en Majestad con
el Tetramorfos, y el capitel central de la Epifanía, de la portada que comunica
con el templo.
NAVARRA Y ARAGÓN
La escultura navarro-aragonesa presenta varios
maestros de estilos perfectamente definidos, entre los que figura Leodegario,
que firma la gran portada de Sangüesa, en Navarra, y que, a juzgar por su nombre
y estilo, es, al parecer, un borgoñón de la comarca de Autun. El tema figurado
en el tímpano es el Juicio Final, y tanto en sus figuras como en las de las
jambas se pone bien de manifiesto esa afición al alargamiento comentado en San
Lázaro, de Autun. En las enjutas es interesante, desde el punto de vista
iconográfico, la escena de la leyenda nórdica del herrero Regin forjando la
espada y Sigurd matando al dragón Fáfner. Pero tanto esta parte de las enjutas
como la superior de la portada con el Cristo en Majestad y los apóstoles, se
deben ya a otro maestro, el de San Juan de la Peña.
Este es artista preocupado por producir la
impresión de fuerza. Sus personajes son un tanto toscos y, al contrario de lo
que sucede a los de Leodegario, de rechonchas proporciones. Gusta de multiplicar
los plegados, pero los esculpe en plano, contrastando con lo que entonces se
hace en Castilla. Sus obras principales son los claustros de San Juan de la Peña
y de San Pedro el Viejo, de Huesca (fig. 975).
(fig. 975).
Relieves en capiteles del
claustro de San Pedro el Viejo, de Huesca

A mediados del siglo XII, el cambio de estilo de
la escultura románica castellana es muy sensible, y la sobriedad de formas y la
rigidez del período anterior ceden paso al gusto por ropajes de plegados
exuberantes y proyectados hacia afuera, y por un mayor movimiento. Obras de esa
nueva etapa estilística son el friso de Santiago de Carrión y la segunda serie
de los relieves de Silos.
El friso de Carrión, probablemente de 1165,
muestra en el centro el hermoso conjunto del Cristo en Majestad, de rostro noble
y grandioso, y amplio ropaje de abundantes y rizados pliegues, rodeado por los
símbolos de los Evangelistas, todo ello de muy alto relieve. A los lados, bajo
hornacinas, se encuentran los apóstoles, algunos de los cuales, de tipo fino y
nervioso, avanzan persuasivos y llenos de vida hacia nosotros.
De los dos
relieves de Silos, el más importante, que es el de la Anunciación (fig.
976), es
típico ejemplo de ese barroquismo de que gusta hacer alarde en los ropajes el
románico de los últimos tiempos.
(fig. 976)
Relieve de la Anunciación
del monasterio de Silos

A esta postrera etapa del estilo pertenecen, en
tierra alavesa, el pórtico de Armentia (1146-1190) (fig.
977), donde se
representa el Salvador en el Limbo y las Mujeres en el Sepulcro, y en Navarra,
el de San Miguel, de Estella (fig. 978).
(fig. 977)
Pórtico de Armentia

(fig. 978)
Tímpano San Miguel, de Estella

LA TRANSICIÓN. IMÁGENES
.—La última fase de la escultura castellanoleonesa,
ya de transición al gótico, nos ofrece tres grandes maestros muy afines entre
sí.
El de San Vicente de Ávila nos ha
dejado en la portada principal de este templo una de las creaciones más
emocionantes de nuestro arte de la Edad Media, donde el Salvador, desde el
parteluz, preside a los apóstoles, que, adosados a las columnas de las jambas,
se inclinan unos hacia otros y entablan conversación, como será ya costumbre en
el período gótico. Delgados, ligeramente encorvados, de cabeza grande y rostros
alargados, de noble aspecto, hablan entre sí (fig. 979).
(fig. 979)
Apóstoles y portada de San
Vicente de Ávila

Al mismo escultor de la portada de San Vicente se atribuye la
bella serie de relieves del sepulcro de los santos Vicente, Sabina y Cristeta (fig.
980), que representan varias historias de su martirio y de la vida de Jesús. Las
escenas de martirio, gracias a la natural carencia de precedentes iconográficos,
son las de inspiración más fresca y personal, destacando entre ellas, por la
elegancia de sus desnudos, el pasaje de los tres hermanos despojados de sus
vestiduras, y, por su dramatismo, el del brutal aplastamiento de sus cabezas por
el judío, y el del momento cuando éste, atacado por la serpiente, implora
clemencia. En el del judío labrando el sepulcro, podemos imaginar al anónimo
artista de San Vicente.
(fig. 980)
Relieves del cenotafio de los
santos: Vicente, Sabina y Cristeta

En Asturias, adicionada la Cámara Santa, de Oviedo, a fines del
siglo XII, con una segunda planta, se decoran las columnas pareadas que reciben
los arcos transversales de su bóveda con un apostolado distribuido también por
parejas, que, como en San Vicente de Ávila, casi son de bulto redondo, y
conversan entre sí. Algo más duro de expresión que el maestro de Ávila, pero
indudablemente relacionado con él, el de la Cámara Santa es otro gran artista de
primera calidad. Los apóstoles se completan con las bellas historias de los
capiteles, y en las basas, con las parejas de animales, que el escultor trata
con particular cariño (fig. 981).
(fig. 981)
Relieves de la Cámara Santa, de Oviedo

El tercer gran escultor, íntimamente relacionado
con los anteriores, que cierra el ciclo románico y preludia el gótico, es el
maestro Mateo. Las cuentas de la basílica compostelana nos dicen que en 1168 se
encuentra al frente de las obras del templo, y la inscripción que hace grabar en
el famoso Pórtico de la Gloria (fig. 982), que en 1183 se coloca el dintel de
éste. Cinco años después queda terminado, y el rey de León le concede una
pensión de cien morabetinos de oro anuales. Todavía en 1217 continuamos teniendo
noticias de su vida.
Consta el pórtico de una gran puerta central y dos
laterales más pequeñas. En el tímpano de la primera el Salvador,
acompañado por los Evangelistas, con sus correspondientes símbolos, preside la
composición total; ángeles con instrumentos de la Pasión forman la fila
inferior, y sobre ellos se ordenan en otras dos los elegidos; en las arquivoltas
aparecen dispuestos radialmente los ancianos del Apocalipsis. En las jambas,
ante las columnas, y conversando entre sí por parejas, como en Ávila y Oviedo,
aparecen los profetas y los apóstoles, que se continúan en las portadas
laterales y que constituyen la parte más bella y lograda del pórtico.
Bajo el Salvador, y sobre rica columna recubierta
por el árbol de Jessé (lám. 407), la noble figura de Santiago, sentado y apoyado
en su báculo, recibe a los peregrinos ante el pilar central. En la base de éste,
pero mirando hacia el interior del templo, el propio maestro Mateo reza
humildemente arrodillado.
(fig. 982)
Pórtico de la Gloria de
Santiago de Compostela

El maestro Mateo, al contrario de lo que hicieran
los de Ávila y Oviedo, concentra la vida de sus personajes en sus típicos
rostros de expresión amable y bondadosa. Modela sus cuerpos con blandura, pero
no gusta de animarlos con el dinamismo un tanto nervioso del escultor de Oviedo.
Personajes de formas llenas, contrastan también con el enflaquecimiento y
misticismo de los apóstoles de Ávila.
Lo más
sorprendente y seductor de algunas de sus esculturas es su expresión alegre y de
franca sonrisa y movimiento de piernas cruzadas en la que se anuncia decididamente ese sentido optimista de la
vida que inspirará la escultura gótica de Reims. Los rostros de Daniel y de San
Juan son los más significativos como precedentes del nuevo estilo, ver (fig.
983)
(fig. 983)
Figuras del evangelio del
Pórtico de la gloria de Santiago

Más fácil que precisar el origen del estilo del
maestro Mateo es descubrir su influencia. Desde Santiago, meta de la gran
peregrinación jacobea, los ecos de su obra se extienden más allá del Pirineo. En
Lausanne se ha seguido bastante de cerca todo el pórtico, y tanto en Chartres
como en Amiens y Reims se ha señalado el reflejo de su estilo. Pero, como es
natural, ese influjo es más intenso en el noroeste de España, y buenos
testimonios de ello son la portada de la catedral de Orense, donde se copia con
bastante fidelidad el modelo santiagués, y la de Ciudad Rodrigo.
Además de la gran escultura monumental en piedra,
se conserva en España un buen número de imágenes en madera. La mayoría son de
carácter no poco popular, pero no faltan algunas excelentes.
En cuanto al Crucificado, cuyos caracteres en el
período románico ya quedan descritos, existen varios ejemplares de Cristo en
Majestad. El más bello e importante es el de Caldas de Montbuy (fig.
984), que
sobre la túnica lleva pallia clásica, como en las Majestades bizantinas más
antiguas.
(fig. 984)
Santa Majestad de Caldes de
Montbui

La Majestad de Batlló, del Museo de Barcelona, conserva su policromía
bizantina (fig. 985). Los Crucificados desnudos con sudario cubriendo los muslos
son ya más abundantes.
(fig. 985)
Majestad de Batlló, del Museo de Barcelona

Los escultores en madera no se reducen a
representar la figura del Crucificado. Por suerte, han llegado hasta nosotros
los importantes grupos del Descendimiento, de San Juan de las Abadesas (fig.
986) y de Erile, éste en el Museo de Barcelona.
(fig. 986)
Descendimiento de Cristo crucificado. San Juan de
las Abadesas

Entre las Vírgenes, destacan las
de Bastanit y Ujué; las del Sagrario de la catedral de Toledo y la tan venerada de Montserrat
(fig. 987).
(fig. 987)
Vírgenes de Bastanit, de Ujué, del Sagrario de
Toledo y de Montserrat

Las vírgenes de Solsona y
Nájera (fig. 988), con el Niño no de frente, sino sobre una de las
piernas, anuncian ya la interpretación más humanizada del gótico.
(fig. 988)
Vírgenes de Solsona y
Nájera

La de Solsona
es de piedra, se considera obra importada y se ha atribuido a Gilabertus de
Tolosa, aunque algunos la creen ya de principios del XIII.
ITALIA
.—La escultura románica no llega a crear en Italia
las grandes composiciones que hemos visto en Francia; y España. Por lo general,
se reduce a frisos o estatuas adosadas, todo ello dotado de ese reposo clásico
ya comentado en Provenza.
La comarca más rica en escultura románica es el
Norte. En Verona y Módena vemos profetas, escenas bíblicas y temas
caballerescos, como los de Rolando y Oliveros, y el ataque de un castillo del
rey Arturo por varios caballeros bretones. Son obras firmadas que nos conservan
los nombres de los maestros Nicolás y Guillermo.
La segunda etapa de esta escultura lombarda la
representa Benedetto Antelami, que deja a fines del siglo varias obras en las
catedrales de Parma (1178-1196) y Borgo San Donnino. De estilo un tanto monótono
y poco expresivo, puede servir de ejemplo el relieve del Descendimiento de la
catedral de Parma. (fig. 989).
(fig. 989)
Descendimiento de Cristo crucificado de la
catedral de Parma

Aunque no de grandes vuelos escultóricos, forman
un pequeño capítulo en la escultura románica italiana los relieves de las
puertas de bronce. La importación de varios ejemplares traídos de Bizancio da
lugar, en la segunda mitad del XII, a una escuela de fundidores, entre los que
descuellan Barisanus de Trani, en el Sur, y Bonnanus de Pisa, en Toscana. A este
último se deben las puertas de las catedrales de su Pisa (fig.
990) y de Monreale, en
Palermo.
(fig. 990)
Puertas de bronce de la
catedral de Pisa

ALEMANIA
En Alemania, la creación capital del período
románico corresponde a comienzos del siglo XI, y por ello es del mayor interés.
Ese temprano florecimiento va unido al nombre del obispo Bernward de Hildesheim,
la persona de confianza del emperador. A su iniciativa se deben las puertas de
la catedral (1015), con relieves del Viejo Testamento y de la vida de Jesús.
Casi de bulto redondo, la composición es diáfana y los personajes están dotados
de vida extraordinaria. (fig. 991).
(fig. 991)
Puertas de bronce de la
catedral de Hildesheim

De estilo algo más tosco, el obispo Bernward hace
levantar además ante su catedral una columna de bronce (1012), de cerca de
cuatro metros de altura, con escenas evangélicas en un relieve continuo
dispuesto en espiral. Aunque la técnica de la fundición se conserva en el
período carolingio, se piensa respecto de estas dos obras en la influencia
bizantina. (fig. 992)
(fig. 992)
Columna de bronce, Hildesheim
