HISTORIA DEL ARTE

CAPITULO XVII

ARQUITECTURA GÓTICA

Apunte contexto histórico

ÍNDICE

EL ESTILO GÓTICO

EL ARCO Y LA BÓVEDA DE CRUCERÍA

PILARES Y ARBOTANTES

DECORACIÓN. PUERTAS Y VENTANAS

E L TEMPLO

EVOLUCIÓN DEL ESTILO

FRANCIA: EL ESTILO CISTERCIENSE

LAS PRIMERAS CATEDRALES GÓTICAS

ARQUITECTURA GÓTICA DEL SIGLO XV EN FRANCIA Y FLANDES

ESPAÑA: EL ESTILO CISTERCIENSE. CATEDRALES CASTELLANAS DEL SIGLO XIII

CATEDRALES CATALANAS DEL SIGLO XIV. PORTUGAL

ULTIMAS CATEDRALES GÓTICAS DE LOS SIGLOS XV Y XVI

ESCUELA DE TOLEDO: ANEQUIN EGAS, JUAN GUAS Y ENRIQUE EGAS

BURGOS: JUAN Y SIMÓN DE COLONIA. LONJAS DE LEVANTE

PORTUGAL

ALEMANIA E INGLATERRA

ITALIA

 


EL ESTILO GÓTICO

.—El absurdo nombre de gótico con que se conoce al estilo que como consecuencia de la evolución del románico impera durante los tres últimos siglos de la Edad Media, se debe al gran historiador del arte italiano del siglo XVI, Vasari, que lo cree de origen germánico. El estilo gótico adquiere una difusión geográfica más amplia que el románico, pues de una parte los cruzados llevan sus fronteras por Oriente hasta Tierra Santa y Chipre, y en sus últimos momentos, los españoles, por Occidente, al otro lado del Atlántico.

Cronológicamente comprende desde fines del siglo XII hasta muy entrado el siglo XVI, e incluso en Inglaterra, por un extraño fenómeno de tradicionalismo, sobrevive sin evolucionar hasta enlazar con su resurrección romántica del siglo XIX.

No obstante, aunque el estilo gótico es la consecuencia lógica de la evolución del románico, desde el punto de vista estético refleja una actitud espiritual y un gusto completamente distintos, y en muchos aspectos opuestos. Si las características fundamentales del románico son debidas al dominio de la masa sobre el vano, y en los interiores la sombra casi triunfa sobre la luz, el resorte que mueve al arquitecto gótico es su ansiedad de elevación y de luz y el consiguiente horror el macizo. Contribuyen a crear esta nueva sensibilidad, de una parte, ese eterno movimiento pendular del gusto, que llega ahora a una de sus metas más extremas, y de otra, la natural evolución del sistema de presiones y contrarrestos concentrados en determinados puntos, que se inicia en los últimos tiempos del Imperio romano.

El afán de luz hace al arquitecto gótico prescindir del muro en grado no superado en Occidente hasta que se comienza a emplear el hierro y el cemento, los dos nuevos materiales que revolucionan la arquitectura contemporánea. En la arquitectura gótica, el muro llega a perder su función esencial de soporte y, como sólo sirve de cerramiento, se reemplaza por vidrieras. Los amplísimos ventanales góticos son el extremo opuesto de las ventanas románicas, a veces simples saeteras.

Los arquitectos romanos y bizantinos construyen edificios de no menor altura que muchas catedrales góticas —Termas de Caracalla, Santa Sofía—, pero para ellos la altura es un factor más de su aspiración fundamental, que es la monumentalidad. Para el arquitecto gótico, en cambio, lo primero es la elevación y el hacer sentir ese movimiento ascendente, que en el fondo es ansia de Dios, con la mayor intensidad posible. Soportes y cubiertas parecen concebidos para servir a ese efecto. Las columnas pierden materia, se adelgazan y espiritualizan hasta transformarse en finísimos baquetones, y con ellas las molduras verticales producidas por las aristas de los antiguos pilares cruciformes. Gracias al paralelismo de unos y otras, la mirada, y con ella nuestro espíritu, se sienten fácilmente impulsados hacia las alturas, donde los arcos apuntados de las bóvedas nos señalan el camino del cielo. La tensión espiritual hacia las alturas es decisiva en el monumento gótico, y a ella se subordinan todos sus valores formales. En el exterior del edificio una serie de elementos arquitectónicos nuevos, a que nos referimos seguidamente, coadyuvan a ese mismo fin, y las torres, para servir a ese deseo, terminan agudas como flechas.

No obstante, la gran importancia que durante el período gótico conserva la arquitectura monástica, vivificada de nuevo por el nacimiento de las grandes Ordenes mendicantes de San Francisco y de Santo Domingo, el monumento donde el gótico alcanza su expresión más plena es la catedral, el edificio que se levanta en el centro de la gran ciudad, y en cuya altura y magnificencia cifran todo su orgullo los vecinos. Si la obra magna del románico ha sido el monasterio, pequeña ciudad en sí, es decir, la obra del monacato, la catedral es el templo de las grandes masas burguesas formadas en los últimos siglos medios. Es la manifestación plástica más perfecta de cuanto hay de espiritualidad en la Edad Media. (Anexo)


EL ARCO Y LA BÓVEDA DE CRUCERÍA

ARCOS

.—Como en el románico, el germen de la evolución del gótico se encuentra en la cubierta. Las innovaciones son consecuencia de las novedades introducidas en la bóveda.

El arco apuntado, que, empleado ya por los abasíes en el siglo IX, se utiliza en el románico borgoñón, es, gracias a su mayor verticalidad, de presiones laterales menores que el semicircular. Se le dan diversos nombres, según la proporción entre su altura y su luz (fig. 1028). Así se llaman de todo punto (A) cuando sus centros están en los arranques; de tercio punto (B) cuando, dividida su anchura en cinco partes, los centros se encuentran en los extremos de los tres quintos centrales, y de cuarto punto (C) si, dividida esa anchura en cuatro, se hace centro en los extremos de los dos cuartos interiores.

(fig. 1028)

Arcos góticos

—A-D, arcos góticos apuntados; E, conocopial; F, carpanel.— Pilar del siglo XV.

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El arco gótico nace con capacidad de transformación sólo equiparable a la del arco árabe. En el siglo XV se generaliza el arco apuntado conopial (E) o cóncavo-convexo de cuatro centros, dos dentro, a la altura de las impostas, y dos fuera, en la parte superior. Poco posterior es la aparición del arco rebajado del tipo carpanel o de tres centros, dos en la línea de las impostas y uno muy por bajo de ella Típico de Inglaterra es el llamado Tudor (D). También se emplea en vanos secundarios de la arquitectura gótica el arco escarzano, que no llega al semicírculo (F). Propio de los últimos tiempos del gótico es, finalmente, el arco mixtilíneo, producido por la introducción de pequeños trozos rectilíneos dentro del arco.

La sección del arco gótico, como consecuencia de las molduras cada vez más ricas de las aristas del románico, es apuntada, y se decora con las mismas molduras que el pilar.(fig. 1029).

(fig. 1029)

BÓVEDAS GÓTICAS

A, B, bóveda de crucería sin y con plementería; C, bóveda de cañón con estribos; a, estribo; D, bóveda de crucería contrarrestada con arbotantes; b, arbotante; c, estribo; d, pináculo.

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La bóveda de crucería o de ojivas góticas deriva de la bóveda de aristas románica, pero se diferencia esencialmente de ella. El arquitecto gótico descompone la bóveda en dos elementos (fig. 1029 A-B): los arcos que cruzan diagonalmente como antes las aristas, que son los arcos cruceros, ojivos u ojivas —de la palabra hispanoárabe aljibe—: los formeros y los fajones o perpiaños, todos los cuales constituyen el esqueleto de la bóveda, y los plementos, paños o témpanos, que, apoyándose en ese esqueleto, cierran la bóveda. Según la teoría tradicional, hija de los estudios realizados hace un siglo por el arquitecto francés Viollet-le-Duc, la desaparición de una sola dovela de los arcos de ese esqueleto lleva consigo el derrumbamiento de la bóveda, y eso se ha repetido hasta que la ruina de las catedrales francesas producida por la primera guerra europea demuestra la falsedad de la teoría, y que los plementos de por sí constituyen una bóveda con vida propia. Debido a ello hoy se apunta la idea de que tanto como las razones de orden mecánico deben influir las de orden estético en el nacimiento de la bóveda de crucería.

Resuelta la organización de la bóveda de nervios gótica sobre los dos arcos cruceros en diagonal y los cuatro exteriores, gracias a los cuales, lo mismo que en la de arista, la carga se concentra en cuatro puntos, no tardan en introducirse sobre este patrón primario novedades que van enriqueciendo su traza (fig. 1030).

(fig. 1030)

Modificaciones de las bóvedas góticas

G-L, bóvedas de ojivas; H, bóveda sexpartita; I, de terceletes; J-L, estrelladas.

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Al agregarse un nervio que una las claves de dos arcos laterales con la de la bóveda, se crea la bóveda sexpartita (H), así llamada por los seis plementos en que resulta subdividida. Cuando, para subrayar la continuidad de la nave, se dispone un nervio en el sentido del eje de ésta, uniendo las claves de todas sus bóvedas, ese nervio se denomina combado. De más importantes consecuencias es la novedad (I) de trazar por las bisectrices de los ángulos inferiores de cada témpano una pareja de nervios, que en su punto de convergencia se unen con otro nervio secundario o ligadura, que desciende de la clave. Este tipo de bóveda, llamada de terceletes, es de gran valor decorativo y representa una paso capital en el proceso de enriquecimiento de la bóveda, e incluso en la transformación misma de su estructura.

La transformación de terceletes y nervios intermedios termina dando lugar a las bóvedas estrelladas (J, L), cuya traza semeja, efectivamente, una estrella. Su uso se generaliza en el siglo XV. Papel también decisivo en el enriquecimiento de la bóveda de crucería desempeñan los múltiples nervios curvos que ligan las naves secundarias. En Inglaterra, evolucionándose en ese sentido, se crea la bóveda de abanico y en Alemania la reticulada, en la que se prescinde de los nervios cruceros e incluso perpiaños.

Como es natural, la bóveda de crucería ofrece otros aspectos interesantes, aunque de menor importancia desde el punto de vista decorativo. Tales son los de la altura y forma de los arcos cruceros y el despiece de los plementos, en todos los cuales se manifiestan notables diferencias entre las diversas escuelas.

Los precedentes de la bóveda de ojivas son varios y, al parecer, bastante antiguos. Para algunos tienen ese valor las bóvedas de aristas reforzadas de las Termas de Diocleciano y de otros monumentos romanos. En la arquitectura árabe hemos visto las bóvedas de la mezquita de Córdoba del siglo X. Pero, tal vez, el precedente más valioso es el grupo de bóvedas con nervios decididamente constructivos de Armenia que comienza en el siglo X en la iglesia de Ani y conserva su vitalidad hasta el XIII. Este tipo de bóveda de Armenia ofrece, además, el especial interés de su semejanza con el de las bóvedas de Lombardía, la más antigua de las cuales, la de Sannazaro Sesia, se considera comenzada en 1040. Precisa, sin embargo, reconocer que ninguna de estas escuelas ha sido capaz de sacar las consecuencias que a principios del siglo XII permiten crear en el norte de Francia la arquitectura gótica que después se difunde por toda Europa.

En esos comienzos de la bóveda de ojivas propiamente gótica debe de desempeñar papel decisivo la escuela anglonormanda, ya que la catedral de Durham, en el norte de Inglaterra, la utiliza en su capilla mayor en 1096.

En la primera mitad del siglo XII existen ya varios monumentos importantes en Normandía —catedral de Evreux, 1119— que se cubren con bóvedas de ojivas.

Algo análogo sucede en las provincias de la Corona francesa —Domaine royal— y limítrofes. Las de Morienval (1133) se han considerado hasta fecha no lejana como las más antiguas bóvedas de ojivas.

Al segundo cuarto del siglo pertenecen ya Saint Denis (1144) y la catedral de Sens (1140) (fig. 1031). (fig. 1032).

(fig. 1031)

Primeras iglesias con formas arquitectónicas góticas

(fig. 1032)

Interior exterior de la catedral de Sens (1140)


PILARES Y ARBOTANTES

.—Consecuencia inmediata de multiplicar los nervios secundarios de la bóveda de crucería es la transformación del pilar, que, en el fondo, se limita a continuar el proceso iniciado en el pilar románico. Si en un principio las columnas adosadas conservan toda su personalidad y su sección semicircular, a medida que avanza el tiempo, al multiplicarse para recibir los nervios de las bóvedas, se van haciendo más finas y transformando su sección circular en apuntada. Convertida así la columna en simple baquetón, la sección de éste continúa evolucionando y adoptando formas semejantes a las descritas en los arcos. Como es natural, la pérdida de personalidad de las columnas adosadas y el convertirse en delgados baquetones, lleva consigo la desaparición del capitel individual y su fusión en una estrecha faja, que es ya el capitel corrido del pilar En las basas, no se llega a esta fusión, pero, en cambio, se labran alternativamente a diversa altura (fig. 1033).

(fig. 1033)

Pilares góticos

De mayor importancia aún son las consecuencias que el contrarresto de los empujes laterales de la bóveda tiene en el exterior del edificio. La gran elevación del templo gótico y el deseo de crear interiores luminosos impide utilizar los estribos empleados por el románico. Los maestros góticos, para resolver el problema siguen el camino iniciado por los maestros tolosanos al cubrir sus tribunas con esa bóveda de cuarto de círculo que sirve, al mismo tiempo, de contrarresto de los empujes de la de cañón de la nave central. El sistema es revolucionario, porque, en lugar de oponer a la fuerza siempre viva de la bóveda la masa inerte del estribo, dispone la fuerza no menos viva de otro arco, y este equilibrio de fuerzas contrapuestas es lo que convierte al monumento gótico en un ser viviente, ver (fig. 1029 C-D).

El arquitecto gótico reduce la vieja bóveda románica de cuarto de círculo a un simple arco, el arbotante o botarel (b), que, apoyado en su parte superior en el arranque de la bóveda de ojiva, conduce su empuje lateral a un estribo (c) situado en el muro de la nave inmediata, sin restar luminosidad al ventanal abierto en el muro de la nave cuya bóveda contrarresta. Para evitar el desplazamiento del estribo por el empuje del arbotante, sin elevarlo excesivamente en su totalidad, y contribuir al mismo tiempo a ese efecto ascendente, inspirador de la arquitectura gótica, se le corona con el pináculo (d) o pilar terminado en forma apiramidada en su parte superior. El arbotante, además de esta función mecánica, sirve para conducir al exterior, a través de los pináculos, el agua de lluvia de las bóvedas. Cuando por la gran altura de la nave se emplean dos arbotantes superpuestos, el más alto desempeña aquella función. Las bocas o cañones de desagüe, por lo general decorados con figuras animadas, son las gárgolas (fig. 1034).

(fig. 1034)

Gárgolas


DECORACIÓN. PUERTAS Y VENTANAS

.—Mientras en lo constructivo el gótico, revoluciona el muro por su interés en abrir en el mismo grandes ventanales, pero a su vez es consecuencia de la evolución del románico, en lo decorativo esa continuidad no existe. Sin perjuicio de llegar en los últimos momentos a extremos de riqueza y exuberancia que superan a los del estilo anterior, la decoración gótica nace después de la reacción cisterciense, uno de cuyos postulados es, como veremos, el raer todo ornamento.

Los temas geométricos preferidos son los que nacen del arco mismo, por la combinación de curvas de uno o varios centros. El dibujo geométrico o tracería gótica comienza yuxtaponiendo círculos o triángulos curvos, decorados en su interior con arquillos de medio punto o apuntados. El empleo del arco conopial con su doble curva abre en el siglo XV una nueva etapa en la decoración geométrica gótica. El entrecruzamiento de sus líneas crea una serie de curvas y contracurvas que, por semejar el ondulante movimiento de la llama, ha dado el nombre de flamígero al gótico en que se emplea. Los temas decorativos, que hasta entonces son circulares o triangulares, se transforman en una serie de óvalos apuntados de las más diversas proporciones (fig. 1035).

(fig. 1035)

Formas de ventanales góticos

Si la decoración geométrica gótica está llena de novedad, donde se advierte que la actitud espiritual del decorador gótico no sólo es diferente, sino opuesta a la del románico, es en la de carácter vegetal. San Francisco ha predicado el amor a la naturaleza y a sus más humildes criaturas, y ese aliento vital que anima la época hace que el decorador descubra la belleza natural de las plantas y no sienta la necesidad de transformarlas (fig. 1036) al esculpirlas en sus edificios.

(fig. 1036)

Decoración capiteles góticos

Las preferidas, sobre todo en los primeros tiempos, son las hojas de hiedra, de vid, de roble y de trébol. A su lado va ganando terreno la hoja de cardo (fig. 1037), llamada modernamente cardina, que los castellanos de la época llamaban berza, y que termina convirtiéndose en el tema vegetal corriente para decorar arquivoltas, jambas y capiteles.

(fig. 1037)

Cardina

En los capiteles de la figura 1036 pueden verse las típicas frondas del siglo XIII, frondas que se repiten en los ganchos de esa misma época de la (fig. 1038). En ésta puede observarse cómo esa fronda cede el paso al follaje posterior.

 (fig. 1038)

Frondas del siglo XIII

Además de estos temas de follaje, en los últimos tiempos del gótico se pone de moda otro, también vegetal, que refleja el agudo realismo característico del gótico tardío. Los troncos de plantas erizados de nudos y muñones y de rugosas cortezas deleitan el cincel minucioso del decorador del siglo XV. Son además, frecuentes la flor del cardo y la granada, que se emplean sobre todo en los tejidos.

La decoración de animales se distingue igualmente por el naturalismo de su interpretación, aunque no por ello se representen monstruos y seres fantásticos, que aparecen entremezclados con el follaje o formando pequeñas escenas o aislados en gárgolas, remates de barandales, etc.

La decoración gótica, como la románica, se concentra en las puertas, ventanas y claustros, si bien los capiteles son mucho menos importantes desde el punto de vista decorativo. En cambio, en el interior del templo se abren tres nuevos campos, que son las vidrieras de los grandes ventanales, el retablo y la sillería del coro.

Las portadas góticas son abocinadas, como las románicas; pero el tímpano suele dividirse en varias zonas horizontales, la decoración escultórica de las arquivoltas no se dispone radialmente, sino en el sentido de su curva, y las esculturas de arquivoltas y jambas suelen protegerse con chambranas o doseletes. La forma apuntada de la portada gótica suele completarse con el gablete o moldura angular que le sirve de coronamiento (fig. 1039). El gablete se aplica también a otros elementos arquitectónicos, como la parte superior de los estribos, pilares decorativos, etc.

(fig. 1039)

Gabletes

La ventana, por su gran amplitud, ofrece problemas inexistentes en el estilo románico. Para cerrar y decorar su gran vano se levantan en su interior una o varias columnillas o baquetones unidos en su parte superior por arcos sobre los que descansa una tracería calada (fig. 1040). En los primeros tiempos esa tracería se limita a uno o varios óculos circulares tangentes; después se enriquece el interior con arquillos decorativos; por último, se introduce la tracería flamígera. En los ventanales del templo los vanos de la tracería se cierran con vidrios de colores.

(fig. 1040)

Ventanales


E L TEMPLO

.—Las principales novedades de la planta del templo gótico son debidas al reflejo que sobre ella tiene la cubierta. En la planta gótica desaparecen las formas curvas debido a las dificultades de construir grandes ventanales en muros de esa forma, y, naturalmente, donde esto se hace más sensible es en la parte de la cabecera. Los ábsides, las girólas y las capillas de ésta y del crucero dejan de ser semicirculares y se hacen poligonales.(fig. 1041)

(fig. 1041)

Esquema catedral gótica

El empleo de la forma poligonal en la capilla mayor produce en la giróla una serie de tramos trapezoidales que, al cubrirse con bóvedas dé crucería, obligan a que la clave no se encuentre en el centro o a que las ojivas se quiebren para que su cruce tenga lugar en él (fig. 1042). En este caso, no es raro que para reforzarla se trace un nervio desde la clave al arco del testero.

(fig. 1042)

Clave de la bóveda

Entre las soluciones excepcionales se encuentran la de la catedral de París, consistente en tramos trapezoidales con nervios en triángulo, y la de la catedral de Toledo, que reemplaza los tramos trapezoidales por otros rectangulares y triangulares (fig. 1043).

(fig. 1043)

Crucería catedrales de Toledo y París

En cuanto a la sección del templo, es frecuente que la nave central se eleve mucho sobre las laterales exteriores.

Como los arbotantes hacen innecesarias las bóvedas laterales de contrarresto, que el románico aprovecha en segunda planta para la tribuna, ésta pierde importancia y el arquitecto gótico la convierte en simple galería o triforio a través del grosor de los pilares, ya que la presión de las bóvedas se transmite en buena parte por los baquetones adosados a él. Ese triforio, como sucede en algunas catedrales francesas, se continúa exteriormente en la fachada principal.

En la torre se renuncia al sistema de conservar la misma planta en toda su altura, estableciéndose acusada diferencia entre el cubo o parte inferior, y el campanario. En éste, la planta cuadrada se hace octogonal, o recibe grandes vanos que aligeran su masa. Como veremos, en algunas escuelas tiene por remate un cuerpo de forma apiramidada más o menos definida, que constituye el chapitel, y que a veces se enriquece con caladas tracerías (fig. 1044).

(fig. 1044)

Chapiteles de las catedrales de Chartres y Burgos

Los monumentos de carácter civil, tanto domésticos como públicos, adquieren ahora mayor importancia, pero será preferible aludir a ellos en los países respectivos a que pertenecen.


EVOLUCIÓN DEL ESTILO

.—Como es natural, tratándose de un estilo que vive más de tres siglos, la evolución de las formas arquitectónicas góticas es grande, y, según es frecuente, esa evolución se realiza en el sentido de su progresiva complicación y de su creciente riqueza decorativa. Después de una etapa transitoria representada por el estilo cisterciense, suelen distinguirse tres períodos principales, que corresponden en España aproximadamente a los siglos XIII, XIV y XV. Aunque ya al tratar de los diversos elementos constructivos y decorativos se ha hecho referencia a su evolución propia, bueno será recapitular brevemente esas observaciones, para tener una idea clara del desarrollo general del estilo.

En cuanto a la estructura, pueden distinguirse en Francia, el país que marcha a la cabeza, las etapas siguientes: Una inicial de iglesias con tribunas  de la segunda mitad del siglo XII. Otra correspondiente a los siglos XIII y XIV, de iglesias con triforio, primero sólo con ventanas al interior de la nave  y después con fondo de vidriera al exterior del templo. Y una tercera que comienza a fines del siglo XIV, en la que se suprime el triforio, y el gran ventanal cerrado de la vidriera ocupa toda la altura de la nave mayor hasta la cubierta de las laterales.(fig. 1045).

(fig. 1045)

Evolución del estilo de las catedrales góticas

Durante el siglo XIII, las columnas adosadas a los pilares conservan toda su personalidad y sus capiteles son independientes, ver (fig. 1036). Es típico el capitel formado por dos cogollos angulares y uno central, y los de hojas diversas, muy separadas entre sí. No se pasa de la bóveda de terceletes y sexpartita, y las tracerías de los ventanales se reducen a un círculo liso sobre dos arcos apuntados o poco más, ver (fig. 1028).

La segunda etapa es propiamente transitoria, en la que las formas se van complicando y la decoración enriqueciéndose. Por ser la época en que los círculos se decoran en su interior con arquillos, subrayándose con gran claridad y reiteradamente su distribución radiada, se le ha dado por algunos el nombre de radial a esta etapa.(fig. 1046).

(fig. 1046)

Columnas radiales. (Colegiata de Medina del Campo)

En el último período, la fusión de las columnas en el pilar es completa y los capiteles, o son minúsculos, o se unen en una faja corrida; las basas se disponen a distinta altura, ver (fig. 1033). A veces los baquetones no se continúan en los nervios de la bóveda. La traza de la bóveda se puebla de nervios secundarios curvos y de ligamentos.

Nacen las bóvedas estrelladas y reticulares, ver (fig. 1030), y se hacen grandes alardes técnicos, labrándose algunas extraordinariamente planas. Aparecen los arcos conopial, carpanel y escarzano, y la decoración geométrica flamígena, cuyo origen es, al parecer, inglés, considerándose iniciada en Inglaterra a mediados del siglo XIV, e introducida en Francia durante la guerra de los Cien Años. La decoración vegetal, en particular la de cardina, es abundantísima, poblándose de figuras animadas y llegando a rebasar las molduras que la encuadran. Se introduce el tema de los troncos, la flor del cardo y la granada.


FRANCIA: EL ESTILO CISTERCIENSE

.—Antes de tratar de las catedrales de fines del XII de la región parisiense, en las que se inicia la evolución del gótico, que continuará a lo largo de las centurias siguientes, conviene referirse al estilo de los cistercienses de Borgoña de esta misma época, que se difunde con rapidez por Occidente, y es de uniformidad extraordinaria.

Más preocupados los benedictinos cluniacenses de la austeridad de su propia vida que de la sencillez y sobriedad decorativa de sus edificios, sus templos se hacen cada vez más lujosos. Ya hemos visto el gran número de torres de la iglesia de Cluny, y a ese tenor crece en las portadas, en el interior del templo y en el claustro la complicación de sus follajes y sus figuras monstruosas.

Tan desmedido lujo no tarda en provocar protestas dentro de la misma Orden. A principios del siglo XII, San Bernardo emprende la reforma de los benedictinos, que termina con la fundación de los benedictinos bernardos o monjes blancos, así llamados por el color que adoptan para distinguirse de los no reformados, que visten de negro. Las innovaciones de San Bernardo no se reducen al aspecto espiritual. En el libro de la Constitución de la Orden, de 1119, se dictan normas concretas sobre los nuevos templos. Se prohíben las torres, se quiere que las puertas se pinten simplemente de blanco, y se protesta con energía contra la exuberante decoración vegetal, poblada de centauros y otras figuras monstruosas, que para el reformador, además de ser ridículas, sólo sirven para distraer la piedad y apartarse de la pobreza evangélica. Debe, pues, abandonarse toda esa riqueza decorativa y limitarse el arquitecto a las formas puramente constructivas. Y esta actitud, en el fondo, de orden moral, termina por producir una importante revolución de carácter artístico. La reforma se extiende con rapidez asombrosa, y, al cabo de algún tiempo, el monasterio matriz del Císter cuenta con numerosísimas filiales.

El estilo monástico difundido por los cistercienses corresponde, en el fondo, a una etapa transitoria del románico al gótico, pues, aparte de su austeridad decorativa, que le lleva a no admitir más formas que las creadas por la construcción misma, acepta desde fecha muy temprana la bóveda de ojivas. El arco apuntado es frecuente. Sólo emplea columnas de fuste y capitel lisos; las columnas adosadas a veces no llegan hasta el suelo, sino que se interrumpen a cierta altura (fig. 1047) y las portadas se decoran repitiendo sus columnas y arquivoltas.

(fig. 1047)

Columnas cortadas en el pilar. Iglesia de Alcobaca

El patrón de los monasterio cistercienses admite pocas variantes, que se refieren, sobre todo, a la forma de la cabeza del templo. Los modelos son el monasterio de Clairvaux o Claraval, fundado por el propio San Bernardo, siguiendo modelos benedictinos de ábside semicircular con giróla y capillas, y el del Císter (fig. 1048), de cabecera cuadrada. Debido a ello, la uniformidad de los monasterios cistercienses es muy grande.(fig. 1049)

(fig. 1048)

Planta de las iglesias de Clairvaux y Cister o Citeaux

(fig. 1049)

Abadía del Cister


LAS PRIMERAS CATEDRALES GÓTICAS

.—Los primeros templos propiamente góticos son Saint Denis (1144) y la catedral de Sens (1140), anteriores a mediados de siglo. En Saint Denis (fig. 1050) la obra del célebre abad Suger, por desgracia muy restaurada, lo más importante es la parte de la giróla (fig. 1051).

(fig. 1050)

Catedral de Saint Denis (1144)

(fig. 1051)

Girola de Saint Denis

La catedral de Sens (fig. 1052), que, en cambio, se conserva en perfecto estado, es la primera gran catedral gótica. Como las inmediatamente posteriores —Noyon, Laon y París— se cubre con bóvedas sexpartitas en la nave central, correspondiendo a cada una de éstas dos en las laterales.

(fig. 1052)

Catedral de Sens (1140)

Lo mismo que en la de Noyon (1152) (fig. 1053), que le sigue en fecha, los pilares alternan con las columnas.

(fig. 1053)

Catedral de Noyon

En las de Laon (1174) y París (1163) sólo se emplean gruesas columnas, lo que contribuye poderosamente a producir el efecto de un interior ligero y diáfano. Sobre la arquería que en ellos cabalga marchan, en Laon (fig. 1054), tres cuerpos de vanos: el de la tribuna, que carga sobre las naves laterales; el del triforio y el de las ventanas. Es templo, carece de giróla, y sus tres naves terminan en un mismo plano.

(fig. 1054)

Interior y planta Catedral de Laon

La fachada (fig. 1055) ofrece una composición de origen normando que hará fortuna: un primer cuerpo de tres profundos pórticos, claraboya, arquería y dos grandes torres mochas de planta cuadrada y último cuerpo octogonal con torrecillas también octogonales en las ochavas. Además de estas dos torres, tiene otras dos menores en cada brazo del crucero, y un elevado cimborrio en el tramo central de éste.

(fig. 1055)

Catedral de Laon

Notre Dame de París (fig. 1056) es de cinco naves, tiene tribuna y en la giróla los tramos trapezoidales se encuentran cubiertos por bóvedas muy originales de nervios en triángulo. La nave de crucero, como en Laon, casi en el centro del templo y alejada de la capilla mayor, no sobresale lateralmente, por lo que la anchura, salvo en la parte de las torres, es uniforme. Las capillas que se abren a la giróla, y que son de testero plano y no poligonal —con lo que la cabecera del templo resulta semicircular—, se agregan en el siglo XIII.

(fig. 1056)

Interior Catedral de Notre Dame de París

La fachada (fig. 1057), obra ya también del siglo XIII, presenta triple pórtico, friso de estatuas, claraboya circular y arquería. Las torres son 24 de sección uniforme y terminan en plano, aunque se proyectan con flecha de coronamiento.

(fig. 1057)

Catedral de Notre Dame de París (Fachada principal)

Como es lógico, la catedral de París (fig. 1058) ejerció influencia decisiva no sólo en la comarca, sino en catedrales más lejanas, como las de Bourges y Le Mans.

(fig. 1058)

Planta y alzado de la Catedral de Notre Dame de París

La giróla de la catedral de Le Mans (fig. 1059) es particularmente interesante para la arquitectura gótica española por estar formada por bóvedas de planta rectangular y triangular alternadas, como en la catedral de Toledo.

(fig. 1059)

Cabecera y planta de la catedral de Le Mans

Las principales novedades de los grandes monumentos del siglo XIII consisten, en cuanto a la planta, en la mayor importancia concedida a la cabecera —recuérdese que en el siglo XIII se completa la giróla de Notre Dame, de París, con capillas radiales— y en la construcción de capillas entre los estribos de la nave. Se vuelve al pilar con columnas adosadas, ahora de forma cilíndrica, y termina desapareciendo la tribuna sobre las naves laterales, conservándose solamente el triforio alojado en el grueso del muro. En la segunda mitad del XIII la ventana se prolonga tras el triforio, que así produce el efecto de formar parte de aquélla. El primer paso en este sentido parece que se da en San Urbano de Troyes. En la cubierta se abandona la bóveda sexpartita y se emplea la de planta rectangular de cuatro témpanos, con lo que a cada bóveda de la nave central corresponde otra en las laterales (fig. 1060), y no dos, como cuando se emplea la sexpartita, ver (fig. 1058).

Las tres principales catedrales franceses de la primera mitad del siglo XIII son las de Chartres (1194), Reims (1210) y Amiens (1220), todas ellas de cinco naves desde el crucero.

En Chartres el impulso ascensional del gótico es ya manifiesto. No sólo porque su nave del centro alcanza treinta y siete metros de altura, sino porque las columnillas adosadas no arrancan, como en Laon y París, de los capiteles de las gruesas columnas, sino del suelo.(fig. 1060).

(fig. 1060)

Catedral de Chartres

La de Reims es el ejemplar más representativo de catedral gótica francesa. Aproximadamente de la misma altura que la de Chartres, pero mucho más larga —ciento cincuenta metros—, no se termina hasta principios del XIV, fecha a que corresponde la fachada de los pies. Sin la sobriedad de Notre Dame, de París, la composición de esa fachada principal responde, sin embargo, al mismo esquema. Las diferencias consisten en que el friso de los reyes ha desaparecido para incorporarse a la galería que corre por encima del gran rosetón, y, sobre todo, en que mientras la fachada de París está concebida en plano, la de Reims, como la de Laon, delata un deseo de profundidad manifiesto en las hornacinas, los pináculos que se anteponen a los estribos, y principalmente en el avance del pórtico, cuyo frente, destacado del de la fachada, subrayan agudos gabletes. Ligados los gabletes de las tres puertas y los de los arcos ciegos de los estribos inmediatos, el conjunto del pórtico adquiere personalidad extraordinaria. Los campanarios, inspirados en los de Laon, parece que se conciben con chapiteles apiramidados. Además de estas dos torres de fachada, se proyectan dos en cada extremo de la nave del crucero y un elevado cimborrio en el tramo central de éste. El primer maestro, y probablemente el autor de la traza del templo, es Jean d'Orbaís. Se conocen los nombres de sus sucesores hasta principios del siglo XIV (fig. 1061).

(fig. 1061)

Catedral de Reims

La catedral de Amiens, aproximadamente del mismo tamaño y apenas unos metros más alta, ha ejercido mayor influencia que la de Reims. El espacio entre el crucero y el presbiterio es aún más grande y a su giróla abren siete capillas de testero poligonal, la del centro más profunda que sus compañeras. En la fachada, la galería y el friso de los reyes se encuentran superpuestos y bajo el rosetón (fig. 1062). Su estructura interior es muy semejante, consistiendo la principal novedad en que el muro del fondo del triforio en la capilla mayor y en el crucero es reemplazado por la continuación de la vidriera de los ventanales, gracias a lo cual la luminosidad y ligereza del templo aumentan considerablemente. (fig. 1063).

(fig. 1062)

Catedral de Amiens

(fig. 1063)

Perspectiva del interior de la catedral de Amiens

El gótico de la segunda mitad del siglo XIII cuenta con dos monumentos insignes, en los que las dos grandes aspiraciones de la arquitectura gótica, la ligereza unida a la luminosidad y la elevación, alcanzan sus metas extremas. La Sainte Chapelle (1245) (fig. 1064), o Santa Capilla, del antiguo Palacio Real de París, construida por el arquitecto Pierre de Montreuil, para guardar la reliquia de la Corona de espinas enviada por el emperador de Bizancio, es de una sola nave de esbeltas proporciones; pero lo más importante es que la vidriera casi ha reemplazado totalmente al muro, descendiendo hasta el suelo.

(fig. 1064)

Santa Capilla. París

La catedral de Beauvais (1247) (fig. 1065) representa, en monumento de proporciones y complicación mayores, el mismo afán de luminosidad, bien manifiesto en el prolongarse las vidrieras tras el triforio y en el extraordinario adelgazamiento de los soportes (fig. 1066). Su altura supera a la de Amiens, llegando hasta los cuarenta y ocho metros, no obstante lo cual, todavía se eleva sobre su crucero, en el siglo XVI, un cimborrio en forma de torre de no menos de ciento cincuenta y tres metros, que termina hundiéndose y no vuelve a reconstruirse. Incompleta, la catedral de Beauvais es la víctima del ansia desmedida de luz y altura del gótico.

(fig. 1065)

Catedral de Beauvais

(fig. 1066)

Interior catedral de Beauvais

En el sur de Francia se forma un tipo de templo de características bastante definidas, y de especial interés para la arquitectura gótica española, por servir de modelo a la escuela catalana. Es de una nave muy amplia, con capillas alojadas entre los numerosos estribos que contrarrestan los grandes empujes de aquélla. Sirvan de ejemplo los franciscanos de Toulouse  y la catedral de Albi (fig. 1067).

(fig. 1067)

Catedral de Albi


ARQUITECTURA GÓTICA DEL SIGLO XV EN FRANCIA Y FLANDES

.—La guerra de los Cien Años significa un paréntesis en la actividad arquitectónica francesa, pero en los últimos años del siglo XV y comienzos del XVI se construyen ya de nuevo monumentos tan importantes como la torre de la catedral de Rúan (1480) y fachadas tan típicamente flamígeras como la de la Trinidad, de Vendóme (1485).

El capítulo más valioso de la arquitectura gótica de este período corresponde al norte de Francia y a Bélgica; en particular a los estados de Borgoña y Flandes. En la actual Bélgica se construyen monumentos religiosos de tanto interés como la catedral de Amberes (1387), de siete naves y bella torre de esbeltísimas proporciones y sabia composición,  como la torre de San Rambaut, de Malinas.

Pero lo que constituye la verdadera gloria de la escuela son los monumentos de carácter civil, natural consecuencia de la intensa vida municipal y gremial de los industriosos flamencos. La prosperidad y riqueza de sus gremios da lugar a edificios tan inmensos como la Lonja de los Paños (fig. 1068), de Yprés, en realidad anterior a este último período del gótico. De planta rectangular, con cubierta a dos aguas muy pendiente, SE levanta en su parte central una gruesa torre, a la que se subordinan los cuatro torreoncillos de los ángulos. De menores proporciones, pero de estilo análogo, las casas góticas de los diversos gremios son frecuentes en las ciudades flamencas.

(fig. 1068)

Lonja de los Paños, de Yprés

Aún más bellos que las casas gremiales son los Ayuntamientos. De planta también rectangular, la cubierta a dos aguas, muy apuntada, y las torres desempeñan en ellos papel de primer orden. Mientras en el de Bruselas (1455), con esbeltísima torre central, se repite el esquema de la composición de la Lonja de Yprés, en el de Lovaina (1448) desaparece la gran torre; pero, en cambio, las menores de los ángulos adquieren mayor tamaño y se ven acompañadas por una tercera en el ángulo mismo del piñón.(fig. 1069).

(fig. 1069)

Lonja de Lovaina

La Casa del Ayuntamiento, de Bruselas, sigue un sistema mixto. (fig. 1070).

(fig. 1070)

Ayuntamiento, de Bruselas


ESPAÑA: EL ESTILO CISTERCIENSE. CATEDRALES CASTELLANAS DEL SIGLO XIII

.—Protegidos los cistercienses por los monarcas como lo fueran antes los cluniacenses, levantan durante la segunda mitad del siglo XII numerosos monasterios. Destacan entre ellos el de Moreruela, copia directa del de Claraval, y el de Las Huelgas, de Burgos, de fundación real y panteón de los monarcas castellanos. Una de sus partes más bellas es la sala capitular (fig. 1071).

(fig. 1071)

Sala capitular del monasterio de Las Huelgas, de Burgos

En Cataluña, el de Poblet (1166), ver (fig. 864), obra de Bernardo de Portaregia, igualmente de fundación real, es, a su vez, panteón de los reyes aragoneses. Destaca la nave mayor de la Iglesia, (fig. 1072).

(fig. 1072)

Nave mayor de la iglesia del Monasterio de Poblet

El monasterio de Santes Creus (1177-1223) se distingue, en cambio, por su cabecera rectangular, como el del Císter.(fig. 1073).

(fig. 1073)

Planta de la iglesia del Monasterio de Santes Creus

En Portugal, el de Alcobaca (1140-1225) (fig. 1074), del tipo de Claraval, es, como los de las Huelgas y Poblet, panteón real.

(fig. 1074)

Planta e interior iglesia del convento de Alcobaca

Todos ellos con sus múltiples dependencias dispuestas en torno al claustro, son buenos ejemplos de la organización de la vida monástica. También es importante el de Oliva, en Navarra.(fig. 1075)

(fig. 1075)

Monasterio de la Oliva. Navarra

Empleado el estilo cisterciense en monumentos tan importantes patrocinados por la Corona, no tarda en influir en algunas catedrales, y ya quedan citadas las de Lérida,. Tarragona Zamora, que son, sin embargo, fundamentalmente románicas. Entra de lleno, en cambio, en esta etapa de transición la de Ávila, comenzada en 1172 (al parecer, por el maestro Eruchel o Fruchel (muerte 1279) (fig. 1076). De tres naves y soportes, en cuyos lisos capiteles deja su huella el estilo cisterciense, tiene doble giróla sobre columnas con capillas que, cual enormes nichos, en lugar de manifestarse al exterior, quedan englobadas dentro del grueso muro de la gran torre semicircular que defiende por esta parte las murallas de la ciudad. Se supone que en su origen esta parte de la giróla tuvo tribuna cubierta por bóveda de cuarto de círculo, y que ésta fue posteriormente reemplazada por arbotantes, con la natural desaparición del triforio y la conversión de sus balcones interiores en las actuales ventanas exteriores.

(fig. 1076)

Interior y planta de la catedral de Ávila

En la (fig. 1077) pueden verse los caminos de ronda y de defensa de la parte de la muralla.

 (fig. 1077)

Catedral de Ávila vista desde el exterior de la muralla

Como en Francia, la arquitectura gótica es en España arquitectura de grandes catedrales, si bien en el siglo XV la de carácter civil adquiere notable importancia. Durante su primera etapa, que corresponde al siglo XIII, deja sus monumentos principales en Castilla —catedrales de Burgos, León y Toledo—, desplazándose el centro de gravedad en la centuria siguiente a Levante —catedrales de Barcelona, Palma y Gerona—, para volver desde el XV a manifestar su mayor vitalidad en Castilla —catedrales de Sevilla, Salamanca, Segovia, escuelas de Burgos y Toledo—, si bien en Levante crea espléndidos edificios de administración pública —Lonjas de Barcelona, Valencia y Palma— y numerosas casas de amplias proporciones y aspecto monumental.

Las dos grandes catedrales castellanas de Burgos y Toledo se comienzan, aproximadamente, en el segundo cuarto del siglo XIII, y aunque algunas portadas y las torres se terminan en fecha muy tardía, en lo esencial responden a la traza primitiva. Todas ellas son obra de primer orden dentro de la arquitectura de su época, y tienen rasgos muy definidos que las distinguen entre sí.

La catedral de Burgos (1221-1260) (fig. 1078) se debe a los deseos del obispo y gran viajero don Mauricio, y del propio San Fernando, y se atribuye al maestro Enrique (muerte 1271), aunque, en realidad, no es probable que haya hecho su traza primitiva. Templo de tres naves, con brazo de crucero muy alargado, tiene giróla de tramos trapezoidales de ojivas quebradas y reforzadas por un nervio secundario, de la clave central a la del arco exterior, y dobles arbotantes. Fundándose en la gran longitud del brazo del crucero y en otros pormenores, se ha supuesto que la primitiva catedral se comienza con arreglo a una traza anterior, de inspiración cisterciense, debida a algún maestro discípulo del de las Huelgas, sin giróla y con cinco capillas abiertas al crucero, de las que sólo se conservaría una. Esta traza se cree transformada en la gótica actual, probablemente por el maestro Enrique. Con posterioridad se ha pensado que no ha existido tal transformación. Tiene triforio y arbotantes dobles.

(fig. 1078)

Figuración Catedral de Burgos

Las fachadas de los brazos del crucero terminan en tupida arquería con estatuas, y las puertas mismas, llamadas del Sarmental (fig. 1079) y de la Coronería, tienen rica decoración escultórica, de que se tratará más adelante. Completa la serie de portadas la del claustro, ya de hacia 1300, y también con historias y estatuas y ajedrezado de castillos y leones. Las caladas agujas que coronan sus torres son ya obra del siglo XV.

(fig. 1079)

Puerta del Sarmental. Catedral de Burgos

La de Toledo, por la influencia árabe que existe en la arquería de su triforio (fig. 1080) y por la honda huella que deja en la arquitectura posterior, resulta la más española. Es templo de cinco naves más dos capillas, y otra de crucero que no sobresale lateralmente en planta, es decir, es de anchura uniforme, diferenciándose en ello de las catedrales de Burgos y León. Pero su parte más interesante es la organización de su giróla doble, distribuida en tramos rectangulares y triangulares, que dan lugar a una serie de capillas alternadas, grandes y pequeñas.

(fig. 1080)

Planta y girola doble de la catedral de Toledo

De sus torres sólo llega a construirse una, que se termina en el siglo XV. De sus portadas, aunque de estilo bastante avanzado, corresponden todavía a este período las tres de la fachada principal, con escultura y decoración ajedrezada de castillos y leones (fig. 1081), y la del crucero o del Reloj, con tímpano distribuido en fajas y profusa decoración escultórica.

(fig. 1081)

Portada principal de la catedral de Toledo

El arquitecto que figura en los primeros años, y a quien se debe probablemente su traza, es el maestro Martín (1227-1234), citándose después a Petrus Petri (muerte 1291), a quien se ha querido identificar con el francés Pierre de Corbie, aunque, en realidad, ignoramos su patria. Si fuese español, su nombre sería Pedro Pérez. El débil fundamento para la identificación ha sido la remota semejanza de la giróla toledana con el proyecto que figura en el álbum de dibujos del arquitecto contemporáneo Villard d'Honnecourt, inventado por el autor, en colaboración con Pierre de Corbie. (fig. 1082).

(fig. 1082)

Bocetos de giróla del cuaderno de Villard d'Honnecourt

En él falta la gran novedad de alternar tramos rectangulares y triangulares, que cuenta, en cambio con modelos hispanoárabes, como la Torre del Oro, de Sevilla. La giróla de la catedral de Toledo sirve de modelo a las de la Magistral de Alcalá (fig. 1083), de Santiago, de Bilbao (fig 1084), en el siglo XV, y en el XVI, a la catedral de Granada.(fig 1085)

(fig. 1083)

Capillas y planta de la catedral Magistral de Alcalá

(fig. 1084)

Nave central y planta de la catedral de Santiago de Bilbao

(fig. 1085)

Planta de la Catedral de Granada

La catedral de León (fig. 1086), terminada hacia 1280, es la más luminosa de las españolas. En ella el muro se reduce a lo más indispensable y las vidrieras ocupan amplísimas superficies. El único nombre de arquitecto conocido en la época de su construcción es el del maestro Enrique (muerte 1277). (fig. 1087).

(fig. 1086)

Catedral de León

(fig. 1087)

Alzado de la catedral de León

De tres naves, las tiene también en el crucero, más otra transversal entre éste y el comienzo de la girola, que es de tramos trapezoidales con nervios quebrados, pero sin el nervio de refuerzo de la catedral de Burgos. (fig. 1088), (fig. 1089).

(fig. 1088)

Planta de la catedral de León

(fig. 1089)

Interior de la catedral de León

Las torres, contra lo que sucede en ésta y en la de Toledo, se encuentran adosadas a los pies del templo. El triforio, que se aloja en el grosor del pilar, tiene por fondo las vidrieras. (fig. 1090)

(fig. 1090)

Vidrieras de la Catedral de León

En la fachada principal (fig. 1091) se abre gran pórtico triple sumamente abocinado, con arcos muy apuntados en los machones que separan cada una de sus tres puertas.

(fig. 1091)

Portada fachada occidental de la Catedral de León

El cuerpo central que le sirve de remate es invención moderna, pues a finales del siglo XIX, debido al estado de la catedral se realizaron importantes obras de restauración, (fig. 1092) Al parecer sólo existirían en su lugar tres grandes gabletes, y de las torres que lo encuadran una es del siglo XIV y la otra de fines del siglo XV.

(fig. 1092)

Restauración de la Catedral de León a finales del siglo  XIX

Las portadas del crucero, como las anteriores, tienen rica decoración escultórica; ver (fig. 1079). La catedral francesa más semejante a la de León es la de Reims

Menos conocida, pero de gran interés, y muy de principios del siglo XIII, es la catedral de Cuenca. En la (fig. 1093) (1) se reproduce la obra primitiva antes de adicionársele en el siglo XV su gran giróla actual en la que se copia el sistema toledano de bóvedas rectangulares y triangulares (2) . Tanto la nave central como la de crucero se cubren con bóvedas sexpartitas.

(fig. 1093)

Planta antigua (1) y actual (2) de la catedral de Cuenca

 


CATEDRALES CATALANAS DEL SIGLO XIV. PORTUGAL

.—Mientras los castellanos se dedican durante buena parte del siglo XIV a terminar las grades catedrales comenzadas en el anterior, en Levante se acomete la gran empresa de dotar de templos catedralicios a las principales capitales de la diócesis que aún carecen de ellos.

El templo levantino, inspirado en el del sur de Francia, se distingue por la gran anchura de su nave central, el aprovechamiento de los espacios comprendidos entre los contrafuertes para alojar las capillas, su deficiente iluminación y la escasa importancia concedida a los arbotantes, lo que hace los exteriores macizos y faltos de esa ligereza característica del gótico. Las torres suelen ser poligonales y terminar en plano.

La catedral de Barcelona es de tres naves, más dos de capillas alojadas entre los estribos y otra de crucero que no sobresale de las fachadas laterales. La giróla es de tipo corriente. En cuanto a su sección, la nave central es más elevada, pero las laterales tienen la misma altura que las grandes tribunas que descansan sobre las capillas. Tan interesante como estas tribunas es la distribución de sus torres, a las que, al parecer, se ha querido dar el valor simbólico de los clavos de la cruz, pues mientras dos de ellas se levantan en los extremos de la nave del crucero, la tercera, que en realidad es un cimborrio, se encuentra a los pies de la nave mayor. Todas ellas son poligonales.

Trazada la catedral de Barcelona por Bertrán Riquer en 1298, sus torres se deben, probablemente, al maestro de Santo Domingo de Mallorca, Jaime Fabré, que se hace cargo de la obra en 1317. La fachada principal es del siglo XIX.(fig. 1094).

(fig. 1094)

Catedral de Barcelona, planta alzado principal y sección transversal

La catedral de Gerona (fig. 1095), que no se comienza hasta 1312, sólo se construye de tres naves hasta el crucero, y a principios del siglo XV se decide continuarla de una sola nave, de gigantescas proporciones, a cuyo efecto se verifica una famosa junta de los principales arquitectos de la Corona de Aragón.

 (fig. 1095)

Catedral de Gerona

Catedral de Gerona, planta y alzado interior

Aunque la de Palma de Mallorca se principia ya en la segunda mitad del siglo XII, las obras se prolongan hasta el siglo XVI. Es como la de Barcelona, de tres naves (fig. 1096), con capillas entre los estribos. En la cabecera se encuentra la capilla de Jaime I, en cuyo fondo se abre, además, la tribuna regia. Sus notas más destacadas son la gran anchura de su nave central y la estrechez de sus tramos, que tiene como consecuencia la gran proximidad de los estribos cuya masa contribuye tan poderosamente al efecto exterior del templo.

(fig. 1096)

Planta, alzado y catedral de Palma

Como es natural, además de estas catedrales, se labra un crecido número de templos, algunos tan importantes como los de Santa María del Mar (1328)  y Santa María del Pino, de Barcelona.(fig. 1097)

(fig. 1097)

Santa María del Mar y Santa María del Pino, de Barcelona

Ee esta época, claustro de gran belleza  de delgadísimas columnas típicamente catalanas, es el de Pedralbes, en Barcelona.(fig. 1098).

(fig. 1098)

Claustro de Pedralbes, en Barcelona.

En Portugal, la gran empresa de la arquitectura gótica de este período es el monasterio de Batalha (fig. 1099), comenzado a construir en los últimos años del siglo XIV para conmemorar la victoria de Aljubarrptá. Templo erigido a la independencia del país, es un monumento nacional que la Corona portuguesa continúa enriqueciendo en la centuria siguiente (fig. 1100). Su planta es de tipo cisterciense, de tres naves, con otra de crucero, a la que abren tres capillas.

(fig. 1099)

Planta monasterio de Batalha

(fig. 1100)

Monasterio de Batalha

La decoración de su fachada con numerosos baquetones y otros aspectos delata acusada influencia inglesa, explicable por las estrechas relaciones políticas existentes entre ambos países. (fig. 1101).

(fig. 1101)

Estatuas de los Apóstoles a la izquierda del portal gótico

Una de sus partes más interesantes es la gran capilla del fundador a los pies del lado de la Epístola. De planta cuadrada, se cubre en su parte central con bella bóveda estrellada sobre ocho pilares (fig. 1102).

Como veremos, hacia 1500 se agrega al templo por su testero una nueva capilla funeraria, que no llega a concluirse. Dirigen la obra del templo Alfonso Domingues y más tarde el maestro Huguet, al parecer inglés.

(fig. 1102)

 Gran capilla del fundador


ULTIMAS CATEDRALES GÓTICAS DE LOS SIGLOS XV Y XVI

.—Con el siglo XV la actividad arquitectónica cobra nueva vida, emprendiéndose la construcción de las últimas grandes catedrales góticas. Pero, además, al calor de la obra de las lujosas capillas familiares, y de las torres de las viejas catedrales de Burgos y Toledo, se forman dos importantes escuelas, que producen varios monasterios, hospitales y casas, de primera importancia para la historia de nuestra arquitectura gótica. En Levante ya no se labran nuevas catedrales, pero, en cambio, la arquitectura civil produce en sus hermosas Lonjas los interiores más amplios de ese carácter de toda la Edad Media española.

El último siglo de las catedrales góticas españolas lo inicia en sus primeros años la de Sevilla (1402), de proporciones tan exageradamente grandes que el mismo cabildo, al decidir su construcción, manifiesta el propósito de levantar una catedral tal, y tan grande que las generaciones futuras lo tengan por loco, y, en efecto, es uno de los templos de mayor tamaño de la cristiandad.(fig. 1103)

(fig. 1103)

Catedral de Sevilla

Es de cinco naves, más dos de capillas y una de crucero que no rebasa las fachadas laterales, cubiertas por bóvedas tan sencillas que, no obstante lo avanzado de su fecha, se reducen a las ojivas, salvo en el tramo mismo del crucero y en los cuatro inmediatos, donde se cargan de nervios secundarios, ligamentos y follaje decorativo.(fig. 1104).

(fig. 1104)

Interior catedral de Sevilla

Concebido el templo en su traza primitiva con giróla, y, contra lo que es costumbre, comenzado por los pies para respetar el mayor tiempo posible la capilla real situada en la vieja mezquita en la parte de la cabecera, cuando se llega a ésta se termina por renunciar a la giróla. Se forma entonces la cabecera plana que hoy existe, con un ábside central para la capilla real, que proyectada en estilo gótico, concluye haciéndose, según veremos, en el renacentista. Las naves laterales dobles son de la misma altura (fig. 1105).

(fig. 1105)

Planta y alzado de la Catedral de Sevillla

De sus portadas, las más antiguas y bellas son las laterales de los pies, con tímpano de tema único, según es norma en el siglo XV, y elegante gablete sobre fondo de sencillos baquetones paralelos. Las compañeras del testero, inspiradas en ellas, son ya de hacia 1500.(fig. 1106).

(fig. 1106)

Decoración de las portadas de: Las Campanillas, San Cristobal y el Perdón

Proyectada sin torres, gracias al buen criterio de conservar la de la mezquita almohade, la catedral sevillana resultaba de perfil plano y poco movido. A causa de ello, e influido por el cimborrio con proporciones de torre de la catedral de Burgos, de que se trata más adelante, se levanta (1506) en su crucero uno tan elevado que llega a la altura del actual cuerpo de campanas de la Giralda; pero, desgraciadamente, se hunde a los pocos años, reconstruyéndose poco después en la forma que hoy vemos, aunque el actual es copia, a su vez, de este segundo, que vuelve a hundirse a fines del siglo pasado.(fig. 1107).

(fig. 1107)

Giralda de Sevilla

No sabemos con seguridad cómo se llama el autor de la catedral de Sevilla, pero los maestros que figuran en este primer período, a juzgar por sus nombres, deben de ser franceses o flamencos. El que aparece en fecha más antigua es Isambret. Hacia 1500 merece recordarse el de Alonso Rodríguez, autor del cimborrio, quien mientras éste se mantiene en pie, disfruta de gran prestigio.

Las otras grandes catedrales de este período gótico corresponden ya al siglo XVI. De 1512 data el comienzo de la de Salamanca (fig. 1108), obra del arquitecto Juan Gil de Hontañón. De cinco naves, incluidas las capillas, se concibe con giróla, pero a fines del siglo XVI se renuncia a ésta, terminándose en plano, como la de Sevilla.

(fig. 1108)

Planta de la catedral vieja y nueva de Salamanca

Aunque hasta entonces se respeta en lo fundamental la traza primitiva, parte de su decoración es renacentista (fig. 1109). Tanto la cúpula como la torre son ya barrocas, del siglo XVIII.

(fig. 1109)

Interior de la catedral de Salamanca

Al mismo Juan Gil de Hontañón se deben las trazas de la catedral de Segovia (fig. 1110), que se comienza aún más tarde, en 1525. De proporciones más pequeñas, la obra avanza más rápidamente. Su interior es muy semejante al de la de Salamanca (fig. 1110).

(fig. 1110)

Planta e interior (Vía Sacra) de la catedral de Segovia

Dos años antes que la de Segovia se comienza por el burgalés Hernán Ruiz el Viejo la que con la oposición del Concejo Municipal y por empeño del Obispo se levanta absurdamente en el centro de la Mezquita de Córdoba, destruyendo buena parte de sus naves (fig. 1111). Terminada en fecha muy tardía (1607), gran parte de su nave se cubre en el estilo renacentista de esta época.

(fig. 1111)

Planta mezquita y catedral de Córdoba

Aunque no se edifica de nueva planta, la obra arquitectónica de más empeño del siglo XV, en Aragón, es la Seo, de Zaragoza (fig. 1112). En 1490 se le transforma en amplio templo, de proporciones casi cuadradas, de cinco naves de igual altura, más dos de capillas, conservándose en la cabecera los tres ábsides del antiguo edificio románico. Siguiéndose la moda burgalesa, se le dota de un hermoso cimborrio (1498), al parecer, obra del maestro Gombau, cubierto por una bóveda de nervios que no se cruzan en el centro, de tipo califal.

(fig. 1112)

Planta e interior Seo de Zaragoza


ESCUELA DE TOLEDO, MAESTROS ARQUITECTOS:

ANEQUIN EGAS, JUAN GUAS Y ENRIQUE EGAS

.— Ya queda dicho cómo las dos escuelas principales del siglo XV nacidas al calor de la terminación de sus catedrales son las de Toledo y Burgos. En Toledo, al mediar el siglo, introduce el estilo flamígero el flamenco Anequin Egas, autor de la Puerta de los Leones (1459), y a este estilo pertenecen las dos hermosas capillas sepulcrales de San Ildefonso y de Don Álvaro de Luna, que se abren a la giróla de la catedral toledana, ambas cubiertas con bóvedas estrelladas.

Formado probablemente con Egas, el gran arquitecto de tiempos de los Reyes Católicos, en Toledo, es el francés Juan Guas, cuya obra maestra es el convento de San Juan de los Reyes (fig. 1013), mandado construir para conmemorar la victoria de Toro (1476). Su templo es, por su organización, ejemplar típico de este momento. De una sola nave muy ancha, como los catalanes, tiene capillas entre los estribos; los brazos del crucero no rebasan tampoco la profundidad de éstos, y la capilla mayor es ochavada. El coro se encuentra en alto y tiene cimborrio, que, en su origen, se concibe de mayor altura.

(fig. 1013)

San Juan de los Reyes. Toledo

Por su decoración es también monumento de primera calidad. En los brazos del crucero el tema heráldico, tan usado por el gótico castellano del siglo XIII, adquiere gigantesco desarrollo en los enormes escudos que, tenidos por el águila de San Juan y acompañados por leones y las divisas de los monarcas, llenan toda su zona central (fig. 1114). La epigrafía, tan importante, como veremos, en el arte granadino, da lugar a una larga inscripción histórica de gran tamaño, que corre a lo largo del templo, y hasta en las cornisas parecen distinguirse los mocárabes.

(fig. 1114)

Interior San Juan de los Reyes. Toledo

No menos rico es el claustro (fig. 1115), de arquerías mixtilíneas, tracerías flamígeras y letrero corrido en el interior de la galería.

 (fig. 1115)

Claustro San Juan de los Reyes. Toledo

Obra también de Juan Guas, o al menos hecha en colaboración con él, es la casa del Duque del Infantado, de Guadalajara (fig. 1116). Aunque en su fachada se deja sentir ya la influencia renacentista, en su conjunto es fundamentalmente gótica.

(fig. 1116)

Fachada de la casa del Duque del Infantado, de Guadalajara

Su patio (fig. 1117), de columnas helicoidales, arcos mixtilíneos y riquísima decoración, es una de las creaciones más características del barroquismo gótico que precede a la muerte del gran estilo.

(fig. 1117)

Patio de la casa del Duque del Infantado, de Guadalajara

Centro del maravilloso palacio, escenario de las fiestas dadas por los Mendoza a Francisco I, prisionero camino de Madrid, era el hermoso Salón de Linajes, cubierto por enorme bóveda de mocárabes, destruida por desgracia en 1936. Volada cornisa de mocárabes pone todavía la nota morisca en la fachada, cuya galería de balcones de coronamiento ha de tener prolongados ecos en las casas castellanas. Su almohadillado delata ya la influencia renacentista.

A la misma familia de los Mendoza se debe el bello castillo del Real de Manzanares (1479) (fig. 1118), con paramento decorado en forma análoga y cornisa de arquillos, que semejan mocárabes.

(fig. 1118)

Castillo del Real de Manzanares

Aunque en sus últimos tiempos debe de cultivar también el estilo renacentista, el otro gran arquitecto de la escuela toledana es Enrique Egas, maestro mayor de la catedral. Obras seguras suyas son la planta de la catedral de Granada, en la que copia la de Toledo, y que se construye después en estilo Renacimiento, y la Capilla Real de la misma ciudad andaluza.

A Enrique Egas se debe además, probablemente, la traza de los tres grandes hospitales que se edifican en tiempos de los Reyes Católicos en Toledo (fig. 1119), Granada y Santiago de Compostela, con una distribución análoga a la del hospital de Milán, obra del arquitecto y tratadista renacentista Filarete. Constan de dos largas naves que se cruzan en ángulo recto, y cuatro patios en los ángulos formados por la cruz. Gracias a esa disposición, los enfermos pueden oír desde sus lechos la misa dicha en el altar del crucero. Mientras en el de Toledo el piso de la segunda planta no se continúa en el tramo mismo del crucero, que forma así un patio interior cubierto por la bóveda de esa segunda planta, y tiene barandal en su torno, en los de Granada y Santiago ese patio no existe. Este tipo de hospital cruciforme, como veremos, está destinado a tener gran fortuna no sólo en España, sino en la América española, donde continúa evolucionando hasta fines del siglo XVIII.

(fig. 1119)

Planta hospital de Santa Cruz de Toledo

De estilo toledano son los principales templos que se levantan en Segovia durante esa época, entre los que figura en primer plano el Monasterio del Parral (fig. 1120).

(fig. 1120)

Interior iglesia del monasterio de Santa María del Parral

Muy bella es la portada de Santa Cruz (fig. 1121).

(fig. 1121)

Portada de Santa Cruz, Segovia

De un recargamento equiparable al de Juan Guas, se construye en esta época en la catedral de Murcia la capilla de los Vélez, una de las obras más representativas del barroquismo gótico castellano.(fig. 1122).

(fig. 1122)

 Capilla de los Vélez de la catedral de Murcia

En Ávila, el maestro de mayor relieve es Martín Carpintero, autor del monasterio de Santo Tomás (1482-1492), fundado por los Reyes Católicos. Labrado en granito, es de sobriedad decorativa extraordinaria, sobre todo comparado con San Juan de los Reyes. De una sola nave y con la típica organización de las iglesias conventuales de tiempos de los Reyes Católicos, tiene la novedad de que la capilla mayor se encuentra, como el coro, en segunda planta (fig. 1023), gracias a lo cual la comunidad puede ver mejor los oficios y no ser distraída por el público.

(fig. 1023)

Capilla mayor del monasterio de Santo Tomás de Ávila

Obra muy bella es también la capilla de Mosén Rubín (fig. 1024).

 (fig. 1024)

 Capilla de Mosén Rubín. Ávila


BURGOS: JUAN Y SIMÓN DE COLONIA. LONJAS DE LEVANTE

.—La introducción de la última etapa del estilo gótico en Burgos se debe al arquitecto Juan de Colonia (muerte 1481), traído por el obispo Don Alonso de Cartagena al regresar del Concilio de Basilea, de tan trascendentales consecuencias artísticas. Sus primeras obras son los esbeltísimos chapiteles octogonales calados (1442-1458) de las torres (fig. 1125) de la catedral, que se proyectan para ser coronados por las estatuas de San Pedro y San Pablo.

(fig. 1125)

 Chapiteles de la catedral de Burgos

El perfil de la catedral, ya tan alterado con los chapiteles de las torres, se transforma además radicalmente, gracias a su elevadísimo cimborrio y a la elegante capilla del Condestable levantada en su cabecera. El templo, de líneas tendidas y torres chatas, queda así convertido en un edificio desarrollado en altura. El cimborrio actual es, como veremos, la reconstrucción hecha a mediados del siglo XVI, al hundirse el de Juan de Colonia. De planta octogonal y varios cuerpos, se cubre con bella bóveda estrellada y calada (fig. 1126), en la que llega a su máximo desarrollo el tipo de bóveda introducido por Colonia en el primitivo cimborrio arruinado.

(fig. 1126)

Cúpula del cimborrio de la catedral de Burgos

Por su elegancia y por la luminosidad que presta al interior del templo, es una de las creaciones más bellas de nuestro gótico de última hora. Obra técnicamente difícil, deslumbra a sus contemporáneos, y se imita en varias catedrales, aunque la realidad, como hemos visto en Sevilla, pone freno al exagerado afán de altura (fig. 1127).

(fig. 1127)

Cimborrio de la catedral de Burgos

A Juan de Colonia se debe, además, la Cartuja de Miraflores, con bóveda estrellada y calada en el crucero.(fig. 1128).

(fig. 1128)

 Cúpula de la Cartuja de Miraflores

La obra y el estilo de Juan de Colonia tiene su continuación en su hijo Juan de Colonia (muerte 1511), que llena con su actividad el último tercio del siglo XV. A él se debe la hermosa capilla del Condestable (1482). Como las ya citadas de la catedral de Toledo, se abre en la giróla, en el eje del templo, y se cubre también con rica bóveda octogonal estrellada y calada, aunque sólo en su parte central (fig. 1129). Sus arcos tienen riquísima decoración igualmente calada, y los muros se encuentran decorados por enormes escudos.

(fig. 1129)

Cúpula capilla del Condestable. Catedral de Burgos

Recuérdese entre la bella serie burgalesa de bóvedas estrelladas la de la capilla de la Presentación (fig. 1130) de la catedral.

(fig. 1130)

Cúpula capilla de la Presentación. Catedral de Burgos

Problema aún no resuelto es el si deben incluirse en la escuela burgalesa o en la toledana las magníficas fachadas de San Pablo y del Colegio de San Gregorio, de Valladolid, hecho construir éste por fray Alonso de Burgos, y sin duda una de las obras maestras de nuestra arquitectura. En la portada de San Gregorio, en particular, la decoración escala extremos de riqueza extraordinarios, revistiendo el arquitecto el paramento de menuda labor de cesta, convirtiendo los baquetones en haces de varas erizadas de muñones y haciendo que flanqueen el ingreso estatuas de salvajes cubiertos de pelo, el típico tema hijo de la fantasía gótica de los últimos tiempos (fig. 1131).

(fig. 1131)

Portada de San Gregorio en Valladolid

El patio, de belleza y elegancia también excepcionales, es de columnas helicoidales y decora su friso con una cadena corrida (fig. 1132).

(fig. 1132).

Patio de San Gregorio en Valladolid

Claro está que, además de las grandes catedrales citadas y de las dos escuelas principales de Toledo y Burgos, existen otros focos regionales y tipos de monumentos producto de esta última etapa gótica, como, por ejemplo, el de iglesia sobre columnas y rica cubierta de crucería.

Aparte de estos grandes monumentos, se construye en las principales ciudades castellanas un sinnúmero de casas en las que se crea un modelo de fachada que, gracias a su sentido de las proporciones y a su sobria decoración, produce sorprendente efecto de gravedad y nobleza. Rasgos característicos de ellas son el enorme tamaño y lisura de las dovelas de sus sencillos arcos de medio punto y el alfiz que a veces encuadra no sólo la puerta, sino el balcón. El escudo suele ser también elemento importante en el conjunto. Sirvan de ejemplo la de Doña María la Brava de Salamanca, y la de los Dávila, en Ávila (fig. 1133).

(fig. 1133).

Casas de Doña María la Brava, en Salamanca, y de los Dávila, en Ávila

Y también, las de Juan Bravo, en Segovia, y la muy restaurada del Cordón, en Burgos (fig. 11134).

(fig. 1134)

Casas de Juan Bravo, en Segovia, y del Cordón, en Burgos

Aunque ya coronan sus pilares festones renacentistas, es todavía de franca concepción gótica el patio de la Casa de las Conchas, de Salamanca, y buena parte de su fachada.(fig. 1135).

(fig. 1135)

Patio y fachada de la Casa de las Conchas, Salamanca

La arquitectura religiosa levantina produce en el siglo XV alguna obra tan conocida como el Miquelete o torre de planta poligonal de la catedral de Valencia y tan interesante como la iglesia de Villena, de pilares helicoidales. (fig. 1136).

(fig. 1136)

Miquelete de la catedral de Valencia y alzado iglesia de Villena

Pero los interiores más bellos y amplios son los civiles, a cuya cabeza figura el Salón del «Tinell» (1370) del Palacio de Barcelona (fig. 1137).

(fig. 1137)

Salón del Tinell del Palacio de Barcelona

La Lonja de Barcelona (1380-1392) de tres naves y con techumbre de madera  (fig. 1138).

(fig. 1138)

Lonja de Barcelona

La lonja de Palma de Mallorca (1426-1448) (fig. 1139), obra del gran arquitecto Guillermo Sagrera, que interviene en la junta de la catedral de Gerona, ya citada, y que, como veremos, es también escultor de primera fila, es seguramente el ejemplar más bello de la serie y el único puro de adiciones posteriores. Cubierto por bóvedas de crucería de una misma altura, sobre esbeltos pilares helicoidales, sin más decoración que sus aristas vivas, su interior es de simplicidad y elegancia de proporciones admirables. Exteriormente delata ese amor por las superficies lisas tan propio del gótico levantino, reduciéndose su decoración a varios torreoncillos octogonales que refuerzan las esquinas y dividen en grandes paños el lienzo de muro, y al ligero coronamiento de ventanales. El ángel que decora la portada principal es obra del propio Sagrera.

(fig. 1139)

Lonja de Palma de Mallorca

La Lonja de la Seda, de Valencia (1482-1498) (fig. 1140), es muy posterior y se debe al arquitecto Pedro Compte. A semejanza de la de Palma, su gran sala es de pilares helicoidales, aquí con baquetones en sus aristas. Pero, además, se completa con un amplio cuerpo de edificación, donde se encuentran la capilla y la cárcel de mercaderes en quiebra. El ala del Consulado, que se termina en pleno siglo XVI, deja ver la influencia renacentista.

(fig. 1140)

Lonja de la Seda, de Valencia

El tipo de casa gótica catalana se crea en el siglo anterior, pero es ahora cuando se producen sus ejemplares más valiosos. Su parte más original es el patio, de escalera sobre alargados arcos rampantes, arcos rebajados sobre saledizos y bellas galerías de finas columnas. Ninguno tan bello como el de la Generalitat (fig. 1141) (1425), de Barcelona, obra de Marcos Safont, a quien se debe también la capilla de la misma.

(fig. 1141)

Generalitat de Barcelona

De no menor finura y elegancia es la fachada (1400-1402) de la Casa de la Ciudad o Ayuntamiento.(fig. 1142).

(fig. 1142)

Fachada gótica del ayuntamiento de Barcelona

De fines del siglo XIV merece recordarse la monumental Puerta de Serranos  de Valencia, donde la ciudad recibe a los monarcas.(fig. 1143).

(fig. 1143)

Puerta con torres y puertas interiores de Serranos  de Valencia

 


PORTUGAL

.—La gran creación del arte medieval portugués es su arquitectura gótica de última hora, ya con frecuencia muy mezclada con formas renacentistas. Corresponde, pues, al momento en que el estilo gótico se sobrecarga de decoración, exuberancia decorativ favorecida en este caso por la gran prosperidad material de Portugal, cuyos afortunados descubrimientos marítimos vuelcan sobre el puerto de Lisboa los más codiciados productos de Oriente, y al parecer, también por el gusto de la ampulosidad que distingue al genio portugués en no pocas de sus manifestaciones. Por coincidir con el momento de máximo poderío político de Portugal, se considera como el verdadero estilo nacional, y por corresponder en buena parte al reinado de Don Manuel el Afortunado (1495-1521) se le denomina, desde hace ya un siglo, estilo manuelino. Absurdamente discutida durante mucho tiempo la personalidad del estilo, ésta es innegable, manifestándose en sus momentos más característicos, dentro del recargamiento decorativo propio de esta última etapa del gótico, por su empleo de temas marítimos, como la cuerda con la arandela de la red y las velas hinchadas por el viento. La esfera armilar, emblema real, y la cruz de la Orden de Cristo se repiten también con frecuencia.

A la cabeza de los monumentos manuelinos figura el monasterio de los Jerónimos de Belem, construido a orillas del Tajo, en la misma playa de que partiera Vasco de Gama y a los pocos años de su regreso, quedando así ligada la obra más completa del arte manuelino con la mayor empresa marinera de la nación. Trazado (1503) y dirigido durante bastantes años por el francés Boytac, gran parte de la obra se debe, sin embargo, a su sucesor, Juan del Castillo, que ya emplea el Renacimiento. El templo, de tres naves, con pilares revestidos por rica decoración y crucero de amplia bóveda de crucería, es panteón, en la capilla mayor, de Don Manuel, y en las laterales, de Don Enrique, Don Sebastián, Vasco de Gama y Camoens. Pero lo más bello del monasterio es él claustro (fig. 1144), donde a la obra gótica de dos plantas, de Boytac, de rica tracería sobre columnas torsas, agrega Castillo un cuerpo bajo más avanzado, que, al crear una terraza en la planta alta, aumenta los intensos efectos de claroscuro del conjunto.

 (fig. 1144)

Monasterio y claustro de los Jerónimos. Portugal

En el monasterio de Batalha, ver (fig. 1100), según hemos visto, la obra maestra de la arquitectura portuguesa de la primera mitad del XV, se agrega ahora en el eje de la iglesia y adosada a la capilla mayor, como la de San Ildefonso de la catedral de Toledo, otra octogonal con capillas en los lados dedicada a sepulcro de Don Duarte, que queda inconclusa, y cuya profusa decoración es primorosa (fig. 1145). Comenzada en 1509, como no llega a terminarse, se le llama las Capelhas imperfeitas. Con su obra se relacionan los nombres de Mateo Fernandes y Juan del Castillo. A esta misma época corresponden las bellas tracerías del claustro.

(fig. 1145)

Capelhas imperfeitas. Portugal

La tercera gran obra del estilo manuelino, y la que resulta más original, es la iglesia de la Orden de Cristo, de Tomar. Rematada por crestería en la que triunfan las esferas armilares y la cruz de la Orden, se concentra su decoración en la ventana de los pies (fig. 1146), donde, coronadas por los mismos emblemas heráldicos, las gruesas maromas marineras se retuercen con énfasis barroco, y las formas se hinchan y se recubren de menudos temas rugosos que no dejan espacio libre alguno. Se ignora el nombre del genial autor de esta decoración —se ha pensado en Ayres de Quental—, pues, aunque Juan de Castillo firma en 1515 la portada del templo, su estilo es diferente del de ésta.

(fig. 1146)

Ventana manuelina, de Tomar

De carácter diferente, recuérdese, por último, la torre de Belem (fig. 1147), de Lisboa, en la orilla del Tajo.

(fig. 1147)

Torre de Belem de Lisboa


ALEMANIA E INGLATERRA

.—En Alemania se construyen en el siglo XIII dos grandes catedrales, la de Colonia y la de Estrasburgo, ambas muy influidas por los modelos franceses.

La de Colonia (1248) (fig. 1148), aunque ampliando a cinco el número de sus naves, está inspirada en la de Amiens y en la de Beauvais. Se comienza al mismo tiempo por la cabecera y por la fachada principal, pero queda por varios siglos sin la parte del centro y con las torres sin terminar, hasta que en la segunda mitad del siglo XIX  se concluye con arreglo a los planos primitivos. De proporciones ingentes, su interior, de cinco naves, es uno de los más grandiosos creados por la arquitectura gótica, y su exterior, con las dos largas agujas de sus torres, pese a su inevitable sensación de obra moderna, es también impresionante.(fig. 1149).

(fig. 1148)

Planta y catedral de Colonia

(fig. 1149)

Interior catedral de Colonia

En la catedral de Estrasburgo (figs. 1150),  de capilla mayor románica y nave análoga a la de Saint Denis, lo más bello y de mayor originalidad es su fachada principal debida a Erwin de Steinbach (1284-1318), (figs. 1151). Luce en sus dos cuerpos inferiores delicadísima decoración calada, de finísimos baquetones, arquillos y gran rosa, que más producen el efecto de obra de orfebrería que de labor realizada en piedra. Las calles laterales, con sus prolongadísimos baquetones, hacen pensar en un gigantesco instrumento de música. En la aguja de la torre —la compañera no llega a levantarse—, obra de Juan Hülte de Colonia (1398-1439), se hace el mismo alarde de calar la piedra. Las agujas caladas de las torres son precisamente las creaciones más bellas de la arquitectura gótica alemana del siglo XV.

(figs. 1150)

Planta y catedral de Estrasburgo

 (figs. 1151)

Fachada principal de la catedral de Estrasburgo

Catedrales con torres de parecida importancia son las de Ulm, Friburgo y Viena (fig. 1152).

(fig. 1152)

Torres de la catedrales de Ulm, Friburgo y Viena

La arquitectura inglesa, que, como hemos visto, cubre ya hacia 1100 con bóvedas de ojivas la catedral de Durham.

En el siglo XIII crea dos catedrales particularmente importantes y típicamente inglesas: la de Salisbury (fig. 1153) y la de Lincoln (fig. 1154). Ambas tienen doble crucero, testero plano, gran fachada cubierta de arquerías distribuidas en zonas horizontales, cimborrio y sala capitular poligonal con pilar en el centro.

(fig. 1153)

Planta y catedral de Salisbury

(fig. 1154)

Planta y catedral de Lincoln

En Lincoln, se levantan en el frente dos gruesas torres de sección cuadrada, uniforme en toda su altura, y otra análoga aún más gruesa en el crucero, todas ellas terminadas en plano. La de Salisbury, que es única y se encuentra en el crucero, termina, en cambio, en agudo chapitel, formando contraste con la voluminosa torre anterior de la catedral de Ely.

La última etapa del gótico inglés, la del llamado estilo perpendicular, se distingue por el predominio de líneas verticales y seguidas, con escasas curvas e interrumpidas por otras horizontales, y por el empleo de las bóvedas de abanico, así denominadas por dibujar esa forma sus nervios radiales y uniformes al irse abriendo desde su arranque. El estilo perpendicular aparece ya creado en la reconstrucción de la catedral de Gloucester, a mediados del siglo XIV. La gran capilla del ábside (1360), con el sepulcro de Eduardo II, muestra en su testero plano, tan típico de la escuela, amplísima red de piedra formada casi exclusivamente por baquetones verticales y horizontales (fig. 1155), mientras las galerías del claustro (1370) se cubren con bóvedas de abanico (fig. 1156).

(fig. 1155).

Sepulcro de Eduardo II en la catedral de Gloucester

(fig. 1156)

Claustro de la catedral de Gloucester

El estilo perpendicular, que continúa en pleno vigor a fines del XV, produce en este último momento las tres bellas capillas reales del Colegio del Rey (fig. 1157), de Cambridge (1540-1515) (fig. 1158); la de San Jorge, de Windsor y la de Enrique VII, de la iglesia de Westminster, de Londres. (fig. 1159).

(fig. 1157)

Capilla real del Colegio del Rey, de Cambridge

(fig. 1158)

Capilla de San Jorge, de Windsor

(fig. 1159)

Capilla Enrique VII, de la iglesia de Westminster, de Londres

Los historiadores ingleses, además de estos dos estilos —al del XIII le llaman inglés primitivo—, distinguen uno intermedio (1250-1350), que denominan curvilíneo o decorado.


ITALIA

.—Aún menos que en el período románico se incorpora Italia al estilo dominante en el resto de Occidente. En primer lugar, desde principios del siglo XV abandona las formas góticas y, entregada plenamente a la imitación de los monumentos clásicos, crea el estilo Renacimiento. Pero en el siglo y medio anterior, sin perjuicio de construirse en tierra italiana algún templo de estilo puramente cisterciense, como el de Fossanova, obra de arquitectos franceses, o gótico, como el de San Francisco de Asís, sólo se aceptan algunos, aspectos del gótico, y más en lo decorativo que en lo constructivo. Es estilo que no entusiasma a los arquitectos italianos, pues no en vano es la antítesis del clasicismo, siempre vivo en su país.

En primer lugar, la arquitectura gótica italiana no siente ese ansia de subrayar el movimiento ascendente, tan esencial en el estilo, y, además, su afición al empleo de mármoles de diversos colores, heredada del período anterior, le lleva a recorrer el edificio con fajas paralelas y horizontales o con cuadrículas que no favorecen, en verdad, su movimiento ascendente. Por otra parte, en los interiores es el efecto de espacio, y no la lógica trabazón de los elementos constructivos, lo que impresiona al visitante. Los arbotantes y los pináculos se reducen a su mínimo desarrollo y los gabletes son reemplazados con frecuencia por apuntados frontones. Las ventanas tampoco adquieren la amplitud que hemos visto en Francia y, como consecuencia de ello, se conservan amplios lienzos del muro, que favorecen en el interior el cultivo de la gran pintura mural, tipo de pintura que, en cambio, casi desaparece en el resto de Europa.

El tipo de templo corriente es de origen cisterciense, sin giróla y con gran brazo de crucero al que abren varias capillas. De él son buenos ejemplos los de Santa Cruz (fig. 1160) y Santa María Novella (fig. 1161), de Florencia, de franciscanos y dominicos, respectivamente. Ambas son obras de hacia 1300, la primera debida a Arnolfo de Cambio.

(fig. 1160)

Iglesia de Santa Cruz. Florencia

(fig. 1161)

Iglesia de Santa María Novella. Florencia

Las grandes empresas arquitectónicas de este período son las catedrales. La de Siena, comenzada a mediados del siglo XIII, es de pilares con medias columnas en los frentes y arcos de medio punto. En su interior, de gran amplitud, las hiladas de colores alternados son de influencia pisana, y su fachada , obra del escultor Juan Pisano, es una de las creaciones más bellas y más características de la transformación esencial que sufre la arquitectura gótica en Italia.(fig. 1162).

(fig. 1162)

Catedral de Siena

La reacción frente al gótico es aún más intensa en la catedral de Santa María de la Flor (fig. 1163), de Florencia, que, comenzada en 1296 por Arnolfo de Cambio, el autor de Santa Cruz, es después objeto de múltiples innovaciones en su plan primitivo, terminando por recibir en su crucero la gran cúpula (1420), considerada, según veremos, como la obra magna donde se inicia la arquitectura renacentista. En su exterior, el gótico sólo se manifiesta tímidamente en el encuadramiento de sus pequeños vanos, mientras que las placas de mármoles de colores, como en el estilo románico toscano, crean menuda retícula rectangular.

 (fig. 1163)

Catedral de Santa María de la Flor de Florencia

El interior es excepcional, pues su cuerpo, de tres naves, desemboca en un tramo en forma octogonal de mayor anchura que aquél, correspondiente a la cúpula y al que desembocan tres ábsides poligonales, con pequeñas capillas.(fig. 1164).

 (fig. 1164)

Interior catedral de Santa María de la Flor de Florencia

 

La torre —el Campanile—, aislada del templo, y cuya traza primitiva se debe al pintor Giotto, se encuentra también revestida con placas de mármoles de colores, y presenta varios cuerpos de ventanas cuya amplitud aumenta con la altura, favoreciendo así el efecto de ligereza.(fig. 1165).

(fig. 1165)

Torre -el Campanile-

Recuérdese, por último, la iglesia de Santa María de la Espina, de Pisa (fig. 1166) (1325), construida en mármol a orillas del Arno.

(fig. 1166)

Iglesia de Santa María de la Espina, de Pisa

La arquitectura civil crea, igualmente por mano de Arnolfo de Cambio, el Ayuntamiento de Florencia (1299) —el Palazzo Vecchio o de la Signoria—, con coronamiento volado de almenas y elevadísima torre, que forma contraste con las proporciones cúbicas del edificio (fig. 1167).

(fig. 1167).

Ayuntamiento de Florencia

En estilo más avanzado, y época más tardía, pero aún con decoración gótica, se levanta, inmediata al Ayuntamiento, la Lonja, Logia de la Signoria o Logia dei Lanzi (fig. 1168).

(fig. 1168)

Logia dei Lanzi, Florencia

No menos bello es el Ayuntamiento de Siena (fig. 1169).

(fig. 1169)

 Ayuntamiento de Siena

En el valle del Po, más sujeto a las influencias nórdicas, el gótico se mantiene con mayor pujanza. El monumento de carácter religioso de mayor empeño es la gigantesca catedral de Milán (1388), en la que, pese a sus pináculos y arbotantes, el mármol en que está labrada hace que sus formas góticas no dejen de producir un efecto extraño. (fig. 1170).(fig. 1171).

(fig. 1170)

Catedral de Milán

(fig. 1171)

Interior y planta de la catedral de Milán

En el orden civil, Venecia nos presenta su gran palacio de los Dux (fig. 1172), de amplias galerías de tracería gótica.

(fig. 1172)

 Palacio de los Dux, Venecia

Por influencia española, el gótico deja también monumentos de estilo bastante puro en el sur de Italia y en Sicilia.