HISTORIA DEL ARTE

CAPÍTULO XLV

LA PINTURA DE LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XX

Apunte contexto histórico

ÍNDICE

LOS «FAUVES»: MATISSE, ROUAULT Y VLAMINCK
EL CUBISMO. PICASSO
PRIMITIVISMO. FUTURISMO
EXPRESIONISMO
LA GUERRA DE 1914: EL DADAÍSMO
LA PINTURA DE 1918 A 1940
LA PINTURA ABSTRACTA EN ALEMANIA, HOLANDA Y RUSIA, DE 1918 A 1940
EL SURREALISMO
LA ESCUELA MEJICANA


LOS «FAUVES»: MATISSE, ROUAULT Y VLAMINCK

. —Entre la serie de grupos que pugnan por abrir nuevos derroteros a la pintura moderna, y se asignan las más extrañas denominaciones, destaca el capitaneado por Henri Matisse. Saludados por la crítica del Salón de Otoño de 1905, en que hacen su presentación, como la «Jaula de Fieras» (Cage aux fauves), sus componentes reciben el calificativo de «fieras» (fauves), aunque probablemente les cuadra mejor el de incoherentes e «invertebrados», que también se les da. Matisse, que defiende con el pincel y con la pluma su credo artístico, propugna, contra lo que considera superficiales encantos del impresionismo, una fuerte configuración interna, oponiendo a lo que denomina la nature naturelle un estilo plano de colorido simple y contornos definidos. «Mi sueño —dice— es un arte lleno de equilibrio y pureza, sin contrastes intranquilizadores que exijan especia] atención» (fig. 2200).

(fig. 2200)

Alegría de vivir

Lo decorativo recupera en Matisse parte del valor perdido. Muere en 1955.

Artista muy influido por Matisse es R. Dufy (1878-1953), que pinta principalmente escenas de las carreras y de playa.

Al grupo de los «fauves» pertenecen los dos compañeros de Matisse, Rouault y Vlaminck. Georges Rouault (1871 - 1958), dedicado en su juventud a trazar vidrieras, aprende en ellas el arte de simplificar, basado en la importancia del dibujo y en la intensidad del color que caracteriza a su obra (fig. 2201).

(fig. 2201)

Arlequin

Vlaminck (1876), de sangre flamenca, se deja influir por Cézanne, y, aunque sin llegar al grado que Rouault, se distingue por el dramatismo que sabe infundir a sus creaciones, en particular a sus paisajes (fig. 2202).

(fig. 2202)

Paisaje otoñal

A este momento corresponde el comienzo de la carrera del versátil Derain (1880), quien después se entregará al cubismo, sin perjuicio de volver más tarde a los modelos de Cézanne. Entre los «fauves» debe citarse, por último, al holandés Van Dongen (1877), gran colorista. Aunque no es lo mejor de su obra, cultiva con frecuencia el retrato.

El grupo de los «fauves», que figura en vanguardia durante unos cinco años, comienza a disgregarse cuando los nuevos discípulos de Matisse, insatisfechos con el estilo de éste, lo tachan de puramente decorativo. Es un momento decisivo para el futuro francés de la pintura postimpresionista. Ya hemos visto figurar en el primer plano a artistas extranjeros de la categoría de Van Gogh. Ahora, la juventud francesa, al advertir cómo Matisse cierra la puerta a los nuevos vanguardistas, fija su vista en el español Picasso, en quien descubre a un artista más capaz de abrir derroteros desconocidos a la pintura. Al poner a la cabeza de su vanguardia a un extranjero, la escuela parisiense da un paso en pro de su internacionalismo, que será decisivo para su futuro. Desde este momento, sólo debe hablarse de una escuela de pintura internacional, en la que las mayores novedades se deben a pintores no franceses. Los franceses representan papel importante en el desarrollo de los nuevos estilos, pero no son sus inventores.


EL CUBISMO. PICASSO

. —Todos los ataques dirigidos contra el impresionismo por sus propios hijos se mantienen, sin embargo, dentro del culto al color, y parten de ese fondo sensual que nutre siempre a la pintura en sus épocas más fecundas. Pero esa preocupación por el volumen, la línea y los planos que, sin perjuicio de sus entusiasmos coloristas, hemos visto acusarse en los maestros anteriores, termina por sugerir a algunos pintores una concepción puramente intelectualista de su arte.

La nueva fórmula artística hace su aparición pública en 1908, y recibe el nombre de cubismo, del calificativo «cubista» aplicado precisamente por Matisse en tono de censura a los primeros cuadros que ve de este estilo, nombre que los cubistas terminan por aceptar en 1911. Lo mismo que el impresionismo tiene su teórico en Mauclair, el cubismo lo encuentra en Apollinaire, al que no tardan en agregarse otros teorizantes. El título del libro de uno de éstos, El mundo como representación, reflejo de la conocida obra de Schopenhauer, es tan significativo de las nuevas intenciones artísticas como la sentencia de Braque, uno de los pintores más caracterizados de ellos: «Los sentidos deforman; el espíritu forma.» El nuevo grupo de pintores sólo quiere ver en la realidad el reflejo de los volúmenes fundamentales de la geometría del espacio, y en ellos obligan a encajarse a las formas irregulares que la naturaleza ofrece a su mirada. El artista debe partir de la idea para comprender y dominar la naturaleza. La descomposición del cuerpo humano en sus volúmenes esenciales tiene precedentes tan remotos como el propio Durero. Pero, mientras no se llega al convencimiento de que la obra de arte no tiene que reproducir la naturaleza, y ni siquiera organizarla, el cubismo no logra su pleno desarrollo.

Después de inventada la fotografía, se dice, no precisa copiar la naturaleza. Es preferible crear una belleza abstracta. Además, el artista no debe limitarse a pintar lo que le ofrece un solo punto de vista. En Du cubisme, de los pintores Gleizes y Metzinger, los teóricos del grupo, se afirma que debe darse la vuelta «en torno al objeto para tomar varias apariencias sucesivas, que, fundidas en una sola imagen, la reconstituyen». En 1922 escribe Apollinaire que «la geometría es a las artes plásticas lo que la gramática es al escritor», y que así como las tres dimensiones euclidianas no bastan ya a la moderna geometría, los artistas necesitan lo que en los talleres se denomina «la cuarta dimensión», es decir, la que permite ver «la inmensidad del espacio eternizado en cualquier sentido en un momento», o lo que es lo mismo, «la dimensión del infinito». El ambiente estético que reflejan estas ideas sirve de base no sólo al cubismo, sino a otras tendencias de estos años.

Los colores dominantes en el cubismo son los pardos, verdes, amarillos y grises, renunciándose en ellos a su valor dinámico.

Se discute la fecha del nacimiento del estilo cubista, e incluso si su iniciación se debe a Picasso o al francés Braque. Parece que las obras más antiguas de este estilo son las de Picasso, de 1906-1907, que toman por punto de partida las acuarelas de Cézanne, y en opinión de algún crítico, reflejan rasgos característicos de no pocos paisajes españoles en los que el caserío acusa con fuerza sus nítidos volúmenes. Incluso se ve relacionado el nacimiento del nuevo estilo con su regreso de unas vacaciones de verano en España. De todos modos, la participación española en el nacimiento y en el triunfo del cubismo es indiscutible, no sólo por la presencia de Picasso, sino por la colaboración, en Francia, de numerosos compatriotas suyos, tales como Juan Gris, Zárraga, Ortiz de Zarate, Picabía, Cossío, Bores y Viñes. La importancia de esa participación no sólo en el cubismo, sino en otros movimientos artísticos del presente siglo, la reconoce uno de los principales críticos franceses actuales, en estos términos: «Los elementos más revolucionarios y más anárquicos del arte moderno vienen del otro lado del Pirineo.»

El verdadero definidor y quien hace realmente triunfar al cubismo es el español Pablo Ruiz Picasso. Nacido en Málaga en 1881 y formado en Barcelona, se traslada a París, en 1900, y en pocos años logra ponerse a la cabeza de la vanguardia de la escuela internacional en que ha llegado a convertirse el grupo de pintores franceses y extranjeros radicados en aquella ciudad. Capta con habilidad y rapidez sorprendentes el ritmo del postimpresionismo y ese espíritu de inquietud y ese ansia de novedad del momento parisiense. Llevado por él este nuevo estilo a la cúspide de su fama, le hace sufrir las más variadas mutaciones, abandonándolas después, para volver a ellas más tarde y tener concentrada sobre sí la atención artística durante medio siglo. La constante renovación y la inagotable fecundidad de Picasso son uno de los espectáculos más sorprendentes de la pintura contemporánea.

Formado en el ambiente impresionista de fin de siglo, experimenta a su llegada a París la influencia de Toulouse-Lautrec, pero reacciona pronto (fig. 2203).

(fig. 2203)

Niña

Durante el primer lustro del siglo nos descubre su cuerda sentimental, cargada de pesimismo, representando con un dibujo fino y emotivo pobres gentes de cuerpos escuálidos, pero de aire distinguido y expresión inteligente y melancólica. Los arlequines y personajes de circo, vistos en su triste realidad, constituyen el tema preferido de este período, al que por la coloración azul empleada se denomina la «época azul» (1901-1904) (fig. 2204).

(fig. 2204)

La vida

Poco después, el pesimismo inspirador de las obras anteriores cede en intensidad, el dibujo se ablanda y con frecuencia el modelado se simplifica. El interés por lo expresivo comienza a dar paso al interés por lo plástico. Es la llamada «época rosa» (1905- 1906). Coincidiendo con la muerte de Cézanne, el estilo de Picasso principia a transformarse profundamente (fig. 2205).

(fig. 2205)

La señora Canals

En 1904 se ha celebrado la exposición de las obras de aquél, que se repite en los dos siguientes, y ese mismo año tiene lugar la de los «fauves». Si éstos le invitan a volver la espalda al naturalismo impresionista, Cézanne, con su simplificación de la forma, le señala el rumbo hacia los volúmenes geométricos. Por otra parte, la escultura de los negros, puesta de moda, le descubre un arte ya muy antiguo, formado sobre esas mismas premisas y dotado de expresión intensa, pero esquematizada. Es la «época negra», de 1907 y 1908. (fig. 2206).

(fig. 2206)

Desnudo con toalla, año 1907

En 1907, pinta las Señoritas de Aviñón (fig. 2207), del Museo de Arte Moderno, de Nueva York, obra capital, que con razón se considera el punto de partida del cubismo. Descompone en ella la realidad y la reduce a sus formas geometrizadas, rompiendo con el objetivismo tradicional e intentando representar la tercera dimensión sin acudir a la perspectiva.

(fig. 2207)

Señoritas de Aviñón, año 1907

En la vista de Horta (1908) (fig. 2208) lleva a su último extremo el estilo de Cézanne,

(fig. 2208)

Embalse Horta del Ebro, año 1908

A esta época corresponde la formación del estilo propiamente cubista, que en su primera etapa se denomina «cubismo analítico» (fig. 2209) (fig. 2210).

(fig. 2209)

Arlequin, año 109

(fig. 2210)

Mujer joven con mandolina, año 1910

En los años sucesivos forma su obra con trozos del modelo previamente analizado y desarticulado; abate los planos como en los dibujos infantiles y emplea transparencias. Para realzar por contraste esa nueva realidad y contrarrestar su posible valor decorativo, introduce trozos de papeles impresos, rejillas de asientos, etc., que pega a la pintura misma. Son los «collages» o parches, cuyo empleo se generaliza en 1912.

En esta época ha creado ya el «cubismo sintético», en el que además el color es cada vez más monocromo. En el «cubismo hermético» se aleja aún más de la pintura de asunto, que sólo puede identificarse por algunos signos esquemáticos sobre una serie de valores puramente plásticos, que hacen pensar en una composición musical. En las composiciones de «Recortes de papel» llega, en 1914, a grandes extremos de abstracción, a los que después agrega materiales tan ajenos a la pintura como la tela, el espejo o la arena. En esto, la crítica contemporánea ve una necesidad lírica de metamorfosear el, destino de esos materiales (fig. 2211).

(fig. 2211)

Papeles pegados, año 1914

El cubismo de Picasso alcanza su máxima depuración en el «período cristal» (1916), en el que llega a convertirlo, como se ha dicho, en un puro juego de formas coloreadas en el espacio. Sirva de ejemplo el Arlequín, del Museo de Nueva York (1915) (fig. 2212).

(fig. 2212)

Arlequín, del Museo de Nueva York, año 1915

La permanencia de Picasso en Roma (1917) para preparar la escenografía de un ballet ruso y el contacto con éste, terminan en la posguerra por llevarle a representar de nuevo la figura humana con un criterio tradicional, iniciando así «la época clásica» (fig. 2213), sin perjuicio de seguir cultivando el estilo anterior; recuérdese los Tres músicos, de 1921 (fig. 2214).

(fig. 2213)

Mujer con hijo, año 1921

(fig. 2214)

Tres músicos, año 1921

Sus modelos humanos no son ahora los tipos finos, de la «época azul», sino otros monstruosamente corpulentos, de pies y manos deformes, que repetirán servilmente los picassianos. En 1924, Picasso retorna al estilo plástico puro del cubismo, y pinta bodegones, coincidiendo, como veremos, con el manifiesto de los superrealistas. El interés por el movimiento despertado en él por el ballet termina por producir una serie de composiciones dinámicas abstractas que constituyen la «época de Dinard» (1925-1928), así llamada por la población donde trabaja. Obra representativa es Los tres bailarines (1925) (fig. 2215).

(fig. 2215)

Tres bailarines, año 1925

Sigue otra nueva etapa, en que metamorfosea la figura humana con una imaginación lírica ajena a toda razón, dejándose guiar por el inconsciente y por lo mítico y fabuloso. Es el «estilo escultural» del «período de las metamorfosis» (1929-1931), que coincide con la época en que hace sus construcciones de hierro con González. Sirva de ejemplo la Mujer a orillas del mar (1929) (fig. 2216).

(fig. 2216)

Mujer a orillas del mar, año 1929

En la cuarta década continúa metamorfoseando la figura humana —en 1931 ilustra unas metamorfosis de Ovidio— sobre la base de líneas curvas, sobre todo elípticas —Mujer con flor (1932) —, (fig. 2217).

(fig. 2217)

Mujer con flor, año 1932

Pero no tarda en manifestar un gusto por, los trazos angulosos, que desemboca en crueles deformaciones intensamente expresivas —Corrida de toros (1934), La musa (1935) (fig. 2218).

(fig. 2218)

La musa, año 1935

Es el estilo que culmina en Guernica (1937) (fig. 2219), que comienza a pintar a los pocos días de la destrucción de la villa, en pleno furor bélico, y que está dotada de un expresionismo dramático extraordinario.

(fig. 2219)

Guernica, año 1937

Este expresionismo continúa inspirando las obras principales del período de la guerra mundial. Aunque representa la guerra misma, el sentido de la derrota y del desastre inspira el Gato y el pájaro (1939) (fig. 2220) y la Calavera del toro (1942) (fig. 2221), sobre el fondo morado del martirio.

(fig. 2220)

El Gato y el pájaro (año 1939)

(fig. 2221)

La Calavera del toro (año 1942)

La paz hace renacer el optimismo en Picasso y, cuando se retira al Castillo de Antibes (1946), convertido en museo, desarrolla, en una numerosa serie de composiciones, una sinfonía pastoral de colores claros —amarillo y el azul, sobre todo— interpretada en el estilo de las metamorfosis curvilíneas (fig. 2222).

(fig. 2222)

Sinfonía pastoral, año 1946

Pero la cuerda trágica no se agota en Picasso. La guerra desatada por EEUU Corea (1950-1953), le inspira la Masacre de Corea, obra en la que se aprecian las claras influencias de Los fusilamientos del 3 de mayo (1814) de Francisco de Goya (fig. 2223).

(fig. 2223)

Masacre en Corea, año 1951

Entre los seguidores del cubismo ya quedan citados Braque (1882) y el tornadizo Derain. Este lo abandona en 1911; pero, en cambio, se incorporan a él Gleizes, Meztinger, Delaunay, Léger (fig. 2224).

(fig. 2224)

Soldado

Los españoles Picabí y Juan Gris (muerte 1927), seudónimo de José González (fig.  2225). Como grupo conserva su unión hasta 1914.

(fig.  2225)

Botella de vino

En 1918 el pintor Ozenfant publica ya su Aprés le cubisme. Picasso continúa su carrera después de esa fecha, abriendo nuevas rutas a la pintura, y algunos de sus compañeros y discípulos introducen novedades en el cubismo. Así, Delaunay (1885 - 1941), ya en vísperas de la Guerra Europea, enriquece el cubismo, al querer expresar la simultaneidad de las sensaciones coloreadas, e intensificar el movimiento con espirales y círculos (fig. 2226)

(fig. 2226)

Disco solar

Es el «Orfismo», que como cubismo coloreado no produce sus mejores obras hasta después de la guerra. Debe su nombre a Apollinaire.


PRIMITIVISMO. FUTURISMO

. —Los veinte años que siguen al cubismo son fecundos en grupos y tendencias, a veces más teóricas que reales, todos ellos con su correspondiente título. Es la época dorada de los «ismos».

El interés por el arte de los pueblos primitivos modernos y de los niños ha hecho valorar a una serie de artistas de formación autodidacta, al margen de las academias y del arte de su tiempo. Uno de los más importantes es Henri Rousseau (1844-1910), llamado también «el aduanero», que expone en 1886 sus típicas composiciones, henchidas de imaginación expresada en una forma ingenua. En la Comida del león, por ejemplo, descubre su nostalgia de la selva tropical (fig. 2227).

(fig. 2227)

Comida del león

En esta misma categoría de pintores populares e ingenuos de la realidad suele incluirse a M. Utrillo (1883), el hijo natural de la modelo de Degas. Años después le da su nombre el pintor español Miguel Utrillo. Alcohólico como su padre desde la infancia, mientras su vida es presa del Alcohólismo, pinta vistas de Montmartre, jugosas y llenas de encanto. Por desgracia, al regenerar su vida, esos valores se amortiguan y su arte pierde atractivo (fig. 2228).

(fig. 2228)

Vista urbana

En Italia, el movimiento postimpresionista, que toma el nombre de futurismo, tiene por cerebro al poeta Marinetti, que en 1910 escribe un violento manifiesto contra el estilo tradicional, en el que aparecen frases como éstas: «Queremos destruir los museos y las bibliotecas. ¡Vengan los incendiarios con sus dedos oliendo a petróleo!» La principal preocupación de los futuristas, más que la abstracción de las formas de la naturaleza, es el representar el dinamismo de la vida, expresar sincrónicamente diferentes momentos del movimiento, o, lo que es lo mismo, la simultaneidad, y hacernos ver también el anverso y reverso de las cosas.

«Una motocicleta de carrera con el cuadro adornado con grandes tubos como serpientes de aliento explosivo..., una moto rugiente, que parece correr sobre el estallido de una bomba, es más bella que la Victoria de Samotracia», son palabras de Marinetti. «Cada objeto, dice, se revela por las líneas, como se resolvería siguiendo la tendencia de sus fuerzas», y esas «líneas-fuerzas» son las que la sensibilidad del artista debe descubrir.

Pero las obras creadas por los futuristas apenas son capaces de expresar plásticamente esos deseos y quedan muy por bajo de sus teorías. Nada tiene, pues, de extraño, que a los cinco años el grupo de los futuristas, cuya sede es Milán, haya desaparecido tras las aparatosas nubes de sus violentas soflamas estéticas. Los principales representantes del futurismo son Severini, Baila, Boccioni, Carra. Títulos significativos de sus obras son Visión simultánea, Traqueteo de la calesa, Lo que nos cuenta el tranvía, etc.

Después de la guerra, el principal superviviente, que es Carra (fig. 2229), abandona las «líneas-fuerzas» y pinta a le Cézanne.

(fig. 2229)

Gentil hombre ebrio

El futurismo no deja de influir en algún cubista, como Gleizes y Léger (fig. 2230).

(fig. 2230)

Los constructores

En Inglaterra inspira el «Vorticismo» de Wyndam Lewis y su grupo.


 EXPRESIONISMO

. —Por los años en que los «fauves» comienzan a disgregarse, se forman en Alemania grupos de pintores que no tardan en figurar en la vanguardia del arte internacional. Tienen como precedente el grupo de Dresde, llamado el Puente, «Die Brücke», fundado por Schmidt-Rottluft, Kirchner y Heckel. En Berlín fundan (1908) la Nueva Secesión, Pechstein y el austriaco Kokoschka, y en Munich se constituye (1909) un grupo que organiza una exposición del arte parisiense de vanguardia —Picasso, Derain, Vlaminck, etc. —, cuyo resultado es el nacimiento, en 1911, del grupo del Jinete azul, «Der Blaue Reiter», capitaneado por el ruso Vassily Kandinsky (1864-1944) y por Franz Marc (1880 - 1916). La denominación del grupo se debe al título de un cuadro de Kandinsky.

El estilo por ellos creado recibe el nombre de expresionismo. A sus seguidores sólo importa el mundo exterior en cuanto es indispensable para expresar el mundo interior del espíritu. Formula la teoría el propio Kandinsky, quien, después de una larga vida infecunda, entra, en 1908, en contacto con el neoimpresionismo francés, y termina creando una pintura expresiva no imitativa, de naturaleza más musical que pictórica. La pintura, según él, debe descubrir tras la corteza de la realidad los valores universales y absolutos del espíritu y expresarlos, con la menor cantidad posible de objetivismo. Debe seguir el camino de la música, la menos contaminada de objetivismo, ofreciéndose así a la pintura una nueva vida como actividad espiritual. El artista, nos dice, debe expresarse a sí mismo. Kandinsky no deforma el objeto natural, sino que prescinde de él, esforzándose por la abstracción más absoluta. Su obra literaria De lo espiritual en el arte (1910), es básica para conocer el arte abstracto. La época creadora de Kandinsky de mayor actividad está comprendida entre 1911 y 1914, fecha en que la guerra le obliga a regresar a Rusia (fig. 2231).

(fig. 2231)

Composición

Franz Marc, cuya corta vida termina con su muerte ante Verdún, tiene tempranos contactos con los «fauves» y, sobre todo, con los cubistas. Marc habla de la «tercera vista» con que precisa penetrar en las esencias del mundo interior, y de la necesidad de expresar la arquitectura cósmica de los seres. Así procura expresar «la tigridad» del tigre por medio de contorsiones plásticas, y hace de los ritmos dinámicos de la fuerza del caballo el tema de varias de sus obras más representativas. Sirva de ejemplo de su estilo la Torre de caballos (1912) (fig. 2232).

(fig. 2232)

La Torre de caballos

El gran trío de los expresionistas lo completa Kokoschka (1886), que cultiva el retrato y el paisaje (fig. 2233).

(fig. 2233)

Novia del viento

A medias, entre el expresionismo y el surrealismo, puede citarse en este lugar al suizo Paul Klee (1879-1940) (fig. 2234).

(fig. 2234)

Chaleco Rojo


LA GUERRA DE 1914: EL DADAÍSMO

. —La guerra de 1914, paraliza la producción artística europea, es causa de que surja en la neutral Suiza un movimiento que inspirará buena parte de la actividad artística posterior.

Es el «dadaísmo», que nace en 1916 en una cervecería de Zurich, donde se reúnen varios artistas refugiados muy de segunda fila, de diversos países, que bajo el ambiente de catástrofe de la guerra, adoptan una actividad subversiva, cínica e irreverente, y, en suma, destructora respecto de todo el arte anterior. Toma el nombre de la voz infantil «dada» y tiene por cabeza al rumano Tristán Tzara (1896 - 1963), artista insignificante y, por lo demás, desconocido, cuyo principal colaborador es el cubista español Picabía (1878 - 1953) (fig. 2235).

(fig. 2235)

Aparato amoroso

Gracias a lo que la doctrina tiene de destructora, el «dadaísmo» no tarda en recibir el apoyo de artistas ya famosos como Picasso y Kandinsky. Aunque se constituyen grupos «dadaístas» en varias capitales europeas, al terminar con la paz de 1918 el pesimismo y el desequilibrio de la guerra, «dada» se esfuma.

El «dadaísmo», en realidad, es una actitud espiritual y no un estilo. Pero su actitud en pro del escándalo y del ridiculizar, que lleva a Duchamps a poner bigotes a la Gioconda, y a exponer un vaso de noche bajo el título de Fuente, inspirará al surrealismo. Los espectáculos-provocaciones, que son tan dados al «dadaísmo», se inauguran ya en 1916 en el cabaret Voltaire, en que se convierte la primitiva cervecería de Zurich.


LA PINTURA DE 1918 A 1940

. —Después de la terminación de la guerra, los pintores franceses continúan cultivando sus estilos anteriores. El más representativo es Matisse, que vive hasta 1955. Pero quien sigue figurando a la cabeza de la vanguardia, renovándose constantemente, es Picasso, y junto a él, son ya extranjeros los que en Francia o fuera de ella descubren nuevos rumbos a la pintura. Un reputado crítico francés reconoce que en 1930 el arte de su patria «ha quedado literalmente enterrado bajo un alud de extranjeros».

La misma sede de los artistas franceses o establecidos en París deja de ser el Montmartre de los impresionistas, de los «fauves» y del Picasso creador del cubismo, y se trasladan al Boulevard Montparnasse, al otro lado del río. Al «Moulin Rouge», de Toulouse-Lautrec, suceden ahora los cafés de «La Rotonde» y de «Le Dome».

Entre los artistas extranjeros de estilo más personal residentes en París figura el sefardita italiano Modigliani (1884 - 1920), que se traslada a la capital francesa a poco de cumplir los veinte años. Su vida de bohemia licenciosa y la ininterrumpida cadena de sus amoríos, consumen su salud, le alejan del trabajo y le hunden en la miseria más lamentable. Su obra se reduce a la labor de los últimos años de su vida y se distingue por su estilo decorativo, de formas muy simplificadas, dominadas, por lo general, por un solo motivo rítmico. La elegancia y la melancolía son notas características de su estilo, muy personal, aunque intensamente influido en lo formal por el cubismo incipiente (fig. 2236).

(fig. 2236)

Desnudo

Ya queda indicado cómo el cubismo colorista u «orfismo» de Delaunay, que se inicia poco antes de comenzar la guerra, produce ahora sus mejores obras.

A este momento corresponde el «purismo» de Ozenfant (1886 - 1966), que dentro de la misma tendencia abstracta pugna por crear composiciones ordenadas y precisas con mucho dibujo de aspecto industrial, en las que el objeto es reconocible por lo general (fig. 2237).

(fig. 2237)

Bodegón con copa vino tinto

Le acompaña en esta tendencia el arquitecto Le Corbusier, que cultiva también la pintura. Lothe y la española María Blanchard (1881 - 1932), con su «neocubismo», vira hacia la realidad, tratando de superponer lo abstracto a lo real (fig. 2238).

(fig. 2238)

Niño enfermo


LA PINTURA ABSTRACTA EN ALEMANIA, HOLANDA Y RUSIA, DE 1918 A 1940

. — El estilo expresionista sobrevive a la guerra. Algunos como Beckmann y, sobre todo, como Grosz, suelen fustigar en sus cuadros el vicio y la corrupción política, dándose además en sus obras una curiosa coexistencia de minuciosidad realista y de intensas deformaciones. Consecuencia de la subida al poder del partido Nacionalsocialista, que considera el período posterior a la  guerra (1914-1918) como «una era de vergüenza de Alemania», es la depuración que realiza en 1933 del arte postimpresionista.

Ya queda citada, al tratar de la arquitectura, la escuela de Dessau, de Walter Gropius, y el papel desempeñado en ella por los pintores Kandinsky y Klee.

En Holanda, el discípulo de Picasso, Mondrian (1872-1944), produce ya durante la guerra una pintura abstracta denominada «neoplasticismo» de carácter geométrico, en la que procura armonizar rectángulos y líneas (fig. 2239). El manifiesto que publica en París en 1920 influye, sobre todo, en la arquitectura.

(fig. 2239)

Composición en rojo amarillo y azul

En Rusia, Malevitch (1878-1935), que se encuentra en contacto con los cubistas desde 1913, trata de alcanzar una pintura no objetiva, liberada de toda sensación asociativa. Denomina su estilo «suprematismo» por instaurar, son sus palabras, «la supremacía de la pura sensibilidad». «El suprematismo —escribe— comprime toda la pintura, reduciéndola a un cuadrado negro sobre una tela blanca. No tuve que inventar nada. Lo que yo sentía en mí era la noche absoluta; en ella percibía la creación y le di el nombre de suprematismo. Su expresión es el plano negro en forma de cuadrado» (fig. 2240).

(fig. 2240)

Composición suprematista

Su discípulo Lissitzky convierte la pintura en geometría. Hacia 1917, los hermanos Nahum Gabo (fig. 2241) y Antonio Pevsner, formados en París y Munich, y ya citados como escultores, crean el «constructivismo», influidos por el cubismo y el futurismo, que da a la obra pictórica el aspecto de un dibujo o relieve ingenieril con palancas, ruedas, alambres, planchas de cristal, etc .

(fig. 2241)

Obra construcción 1

En Estados Unidos, el principal representante del arte abstracto es el alemán Bauer, de formación berlinesa, y en Inglaterra, Nash, que pinta cuadros de las dos guerras.


EL SURREALISMO

. —La creación más genuina del período comprendido entre las dos guerras es el surrealismo. Surrealismo es la españolización de la palabra francesa «surrealisme», inventada por Apollinaire, y que equivale a surrealismo o suprarrealismo. Como tantos otros movimientos artísticos contemporáneos, da a conocer sus aspiraciones en un manifiesto, que en este caso publica el poeta Andrés Bretón, en 1924, manifiesto de franca inspiración dadaísta.

Su novedad respecto del dadaísmo es de estirpe freudiana, y consiste en conceder a la realidad contemplada en el estado subconsciente e irracional, sobre todo del sueño, más valor y verdad que a la percibida por los sentidos en estado de vigilia. El surrealismo desea representar esa realidad liberada de la lógica del estado de vigilia, y para conseguirlo suele seguir el camino del automatismo, que llega a convertir la obra en una especie de cardiograma, y el onírico o del sueño, o ambos a la -vez. La consecuencia inmediata, sobre todo del surrealismo onírico, es la vuelta al objetivismo de la pintura de asunto. Una de las conquistas más bellas del surrealismo onírico son los escenarios interminables, en los que el ansia de espacio del cuatrocentismo italiano se carga del sentimiento de la soledad que se percibe en el sueño ante la contemplación de lo infinito. A esos efectos de infinito y de soledad contribuye el sentido plástico aprendido en el cubismo. Debido a la inspiración dadaística, el surrealismo centra a veces su interés con complacencia morbosa en los aspectos más escandalizadores, para el profano, de las teorías de Freud sobre la vida erótica.

Aunque se burla del surrealismo, el italiano Chirico (1888 -1978), formado en Alemania y en contacto con los cubistas, cultiva algunos de los valores de la nueva tendencia con anterioridad al manifiesto de 1924. La influencia de lo onírico es sensible en algunas de sus obras, en las que suele representar estatuas y arquitecturas en grandes espacios abiertos. El mismo califica su pintura de «metafísica» (fig. 2242).

(fig. 2242)

El gran metafísico, año 1917

El surrealismo del judío ruso Marc Chagall (1887 - 1985), que pasa en París la mayor parte de su carrera artística, tiene un tono alegre, popular y hasta infantil, de cuento de hadas, que permite a los seres humanos caminar por el cielo y a los animales leer (fig. 2243). Los expresionistas alemanes suelen considerarlo también de su grupo.

(fig. 2243)

Violón

El surrealismo automatista tiene uno de sus principales representantes en el español Miró (1893 - 1983). El mismo Miró escribe: «Mi pintura está siempre concebida en un estado de alucinación resultante de un choque objetivo o subjetivo, del cual yo soy totalmente irresponsable.» Las pinturas de Miró alcanzan alto grado de abstracción, distinguiéndose además por el valor •decorativo de la composición (fig. 2244).

(fig. 2244)

Arlequinada

Semejante a Miró en el arte de simplificar y en la precisión de los contornos es el alsaciano alemán Hans Arp (1887 - 1966) (fig. 2245).

(fig. 2245)

Montaña, mesa, anclas

Con esta tendencia se relaciona también el suizo Klee (1879 - 1940), que, como aquél, procede del expresionismo.

Frente al automatismo y a la abstracción de Miró y Arp, se distingue la generación más joven de Rene Magritte (1898 - 1967) (fig. 2246).

(fig. 2246)

Minotauro

Ivés Tanguy (1900 - 1955)  (fig. 2247).

 (fig. 2247)

Horas del verano

Y de forma destacada el español Salvador Dalí (1904 - 1989), por su interés por lo onírico.

A Dalí se deben algunos de los mejores y más típicos escenarios creados por el estilo, donde hacen alarde de su soledad, con vigoroso valor plástico, seres intensamente metamorfoseados, a veces con crueldad picassiana (fig. 2248).

(fig. 2248)

Presagio de la Guerra Civil en España

Dalí es técnico extraordinario, en el que se funde la minuciosidad del miniaturista con el sentido de la calidad de los maestros menores holandeses. Después de un largo período de inspiración dadaística, en el que lo erótico alcanza a veces extremos ejemplares, ha sucedido un interés por el clasicismo renacentista (1937-1938) y por el género religioso, en que ha producido obras como el Crucifijo sobre el mundo (fig. 2249) con admirable paisaje.

(fig. 2249)

Crucifijo sobre el mundo

 La Virgen de Port Lligat, de vieja solera iconográfica (fig. 2250) y Santiago (fig. 2251).

(fig. 2250)

Virgen de Port Lligat

(fig. 2251)

Santiago

Entre las obras anteriores, recuérdense La sangre más dulce que la miel (fig. 2252) y Persistencia de la memoria (fig. 2253).

(fig. 2252)

La sangre más dulce que la miel

(fig. 2253)

Persistencia de la memoria

El surrealismo invade el campo del cine, una de cuyas primeras obras de ese estilo es Le Chien andalou, del español Buñuel.

De los surrealistas alemanes, merece recordarse Max Ernst, autor de un Tratado de pintura superrealista (fig. 2254).

(fig. 2254)

Elefante Célebes


LA ESCUELA MEJICANA

. —En América, la novedad del siglo actual en el campo de la pintura es el nacimiento de la escuela mejicana.

Formada en los años en que las vanguardias artísticas europeas se dividen entre la abstracción y el surrealismo, la escuela mejicana prefiere el estilo tradicional, aunque simplificando el modelo natural para intensificar el valor de la forma. Recuérdese que la primera visita de Rivera, uno de sus fundadores, coincide con el «descubrimiento» de Cézanne y el nacimiento del cubismo. El triunfo de la Revolución mejicana de 1910, en gran parte de signo socialista, y el encargo por el gobierno, unos diez años más tarde, de una numerosa serie de grandes pinturas murales, son decisivos para la formación de la escuela y para el carácter de su pintura. Gracias a esos encargos, la pintura mejicana es, sobre todo, mural, y a ello debe en no pequeña medida su tono grandioso y su monumentalidad. Nacida al servicio de la Revolución, buena parte de sus creaciones cantan las conquistas sociales y políticas de ésta, mezcladas con fobias de inspiración indigenista y antirreligiosa, de signo dadaísta. La decisión gubernamental de decorar con grandes composiciones murales los edificios públicos, coincide con el regreso a Méjico de Rivera y Siqueiros desde Europa, y de Orozco desde los Estados Unidos.

Diego Rivera (1886 - 1957), después de recorrer parte de Europa, llega en 1910 a París, donde participa del entusiasmo general de Cézanne y cultiva la amistad de Picasso, de quien se dice discípulo. Para su porvenir es decisivo el estudio que hace en 1920, en Italia, de los frescos trecentistas, en particular de Giotto. Reintegrado a su patria, se incorpora a la política socialista en el poder, entusiasmo político que le lleva más tarde al comunismo. No obstante haber cultivado el cubismo, al recibir los encargos gubernamentales, su arte vuelve a la tradición naturalista, esforzándose por alcanzar una grandiosidad a tono con las proporciones de los muros cuya decoración se le confía. Ello le lleva a simplificar las formas en las que, si no faltan ecos del estilo picassiano de estos años, se siente sobre todo el recuerdo de los grandes fresquistas del pleno Renacimiento. Se deja sentir esa influencia más en la figura que en el arte de componer, agobiado casi siempre por una locuacidad de primitivo, que le impide crear composiciones monumentales y grandiosas. La alegoría y el retrato desempeñan en su obra papel muy importante, y su verdadero mérito está en la vida y energía que sabe infundir a no pocas de sus figuras y grupos.

De 1922 es la alegoría de la Creación, de la Escuela Preparatoria, y de 1923 la importante serie de frescos de los patios de la Secretaría de Educación, dedicados al Trabajo, a las Fiestas, a las Ciencias y a las Artes. Los títulos de algunas de las composiciones, como El reparto de las tierras, La liberación del peón y La maestra rural, son claros ecos de los afanes de la Revolución. Los frescos de la Sala de Actos de la Escuela de Agricultura de Chapingo, (1924-1927) que hace después, se considera de lo mejor suyo como concepción de conjunto (fig. 2255)

(fig. 2255)

Murales de Chapingo

En los muros de la escalera del Palacio del Gobierno, antiguo de los Virreyes, pinta a manera de tríptico gigantesco: el Méjico antiguo, la Historia de Méjico desde la Conquista hasta la Revolución, que ocupa el centro, y el Mundo de hoy y de mañana (fig. 2256).

(fig. 2256)

Murales Palacio Nacional

Artista de más personalidad es José Clemente Orozco (n. 1885-1949), que no visita Europa hasta después de cumplir los cuarenta y cinco años. Orozco, que es un testigo entusiasta de la Revolución, con la que colabora desde la prensa con sus caricaturas, es un excelente y vigoroso dibujante que avanza más que Rivera en el proceso simplificador de la forma. Su dramatismo hondo y desgarrador, que de haberlos conocido se diría aprendido en los frescos de Signorelli, se expresa en escorzos violentos y con personajes vigorosos, de nervios en tensión a punto de dispararse, y todo ello con simplicidad de medios admirable. Su arte hace sentir más intensamente que el de Rivera el torrente arrollador de la Revolución, los horrores de la guerra, el ímpetu del soldado del pueblo, el dolor de los explotados y de los pobres, la insolencia y el orgullo de los ricos, etc.

Entre los frescos que pinta para la Escuela Preparatoria (1922) figuran La destrucción del Viejo Orden (fig. 2257) y la Trinchera (fig. 2258), ésta, pletórica de energía.

(fig. 2257)

La destrucción del Viejo Orden

(fig. 2258)

En las Trincheras

Al igual que Rivera, Orozco deja también importantes composiciones murales en los Estados Unidos. Recuérdese, en el Pomona College, de California, la de Prometeo y, en Hannover, la Partida de Quetzalcoatl, rebosante de dinamismo, y Cristo destruyendo su cruz, donde refleja el amargo pesimismo que inspira su obra. La fuerza expresiva de Orozco culmina en las pinturas que hace en Guadalajara, su patria (1936-1939). Figuran entre ellas el Circo político, del Palacio de Gobierno, y la hermosa serie de frescos de la iglesia del Hospicio, donde desarrolla temas como la España mística y la España guerrera.

Algo más joven que Rivera y Orozco, David Alfaro Siqueiros (nacido en 1886), pertenece también a esta etapa creadora de la escuela.

En América del Sur, la figura más destacada es el brasileño Cándido Portinari (1903 - 1962), hijo de italianos, que visita Europa ya cumplidos los veinticinco años. Suele pintar escenas de trabajadores brasileñas blancos y de color, de inspiración social (fig. 2259).

(fig. 2259)

Campesinos