Tras la guerra de 40 días de EEUU e Israel contra Irán, que terminó con la
derrota militar de EEUU en la región del golfo pérsico y la recuperación de Irán
de su soberanía sobre el estrecho de Ormuz, la agonía neoliberal en los países
desarrollados se ha acentuado, y la crisis económica de estos países se
está convirtiendo en una crisis socioeconómica, debido al aumento de
precios de la energía que afecta a toda la cadena de consumo.
El elemento principal que convierte una crisis económica en crisis
socioeconómica es la estanflación, es decir, estancamiento productivo e
inflación simultáneamente. La misma puede evolucionar lentamente o
abruptamente.
En las crisis económicas de 1929 y 1973, lo hizo
abruptamente, pero en la actualidad, el proceso de estanflación es lento
pero progresivo, atemperada por el recurso al incremento de las deudas
soberanas de los países desarrollados, pero aun así, la ciudadanía comienza a
experimentar ya un progresivo deterioro de sus condiciones de vida, en cuanto a
falta de trabajo, de trabajos estables, y aumento de los precios de los bienes
de consumo de primera necesidad y energéticos.
Percepción política
Cuando se alcanza el nivel de crisis socioeconómica esta influye en la
percepción política de la conciencia ciudadana, si es
abrupta puede llevar a revueltas sociales, y si es lenta,
pueden iniciarse movimientos políticos, aunque los mismos pueden ser de
diferente naturaleza.
Por ejemplo, la crisis de 1929, contribuyó en Alemania a la liquidación
del liberalismo del periodo de la República de Weimar (1919-1933) y el ascenso
del Nazismo; por el contrario, la crisis de 1973, tal vez por ser de menor
intensidad, no produjo cambios sociales y políticos, pero si contribuyó a la
liquidación por parte de las élites financieras del G7 del modelo económico
Keynesiano, con gran protagonismo del Estado, vigente desde la posguerra, con la desmantelación de las propiedades del Estado y su venta a manos privadas
financieras, que luego fueron las que iniciaron el proceso de deslocalización
industrial.
Aunque por lo general la estanflación siempre produce un cambio en la
visión sociopolítica, esta necesariamente no es unidireccional o, como sucedió en
1973, tampoco puede ser dramática, quedando las aspiraciones
políticas de la ciudadanía dentro del vigente
status quo político.
En los países desarrollados las sinergias emocionales de la población
tienden a ser resistentes a los cambios geopolíticos y económicos globales
liderados por los países emergentes, percibiéndose los mismos como una
amenaza a sus intereses y Status Histórico, por lo que las actitudes
totalitarias y agresivas contra ese mundo emergente prevalecen y se agrandan.
No hay cambio sino existe teoría política de cambio.
En la historia, los cambios se han producido cuando el malestar derivado de las
condiciones materiales de existencia de las clases sociales marginadas ha podido
ser encauzado por una nueva teoría política y con la
organización activa de los sectores más dinámicos de la sociedad en torno a la
misma. Tal fue el caso de la Revolución Francesa (1789). La teoría
revolucionaria elaborada por ilustrados como Rousseau, sirvió para que las
nuevas clases burguesas tuvieran un instrumento para
alumbrar un nuevo orden
político que se implantaría en Europa Occidental en el siglo XIX, poniendo fin al
que parecía ser el inamovible Antiguo Régimen Absolutista.
La revolución, independencia y fundación de los EEUU en 1777, también tuvo sus
fundamentos en los valores de la Ilustración donde la soberanía del Rey
Británico fue reemplazada por el concepto de la Nación en una nueva constitución.
Anteriormente a esos dos episodios históricos emblemáticos, se habían producido
en diferente lugares crisis y revueltas sociales pero, las mismas, ante la falta
de una teoría revolucionaria y de agentes activos para llevarla adelante,
siempre habían quedado en simples revueltas ahogadas por la represión de las
monarquías absolutas, pero sin que las mismas cuestionaran el sistema del Antiguo
Régimen.
En la actualidad, si miramos a EEUU, por más que su decadencia global y la
crisis estanflacionaria se acentúe, el malestar que pueda derivarse de estas
causas, no tiene ninguna salida política porque se carece de la teoría política
necesaria y de los agentes activos para implementarla.
A veces, algunos analistas consideran que la división en la sociedad
estadounidense entre ricos y pobres puede llevar a una guerra civil. En
principio hay que diferenciar entre enfrentamiento civil y
guerra civil. El enfrentamiento civil es una
situación de revueltas sociales contra las autoridades locales o del Estado o
entre diferentes grupos sociales.
En EEUU, las revueltas que puedan surgir serán reprimidas y después nada más sucederá. La
sociedad americana no es capaz de generar ningún pensamiento colectivo nuevo, y
seguirá atrapada en el individualismo, la aceptación resignada de su
empobrecimiento y la actitud de externalizar su rabia a los países emergentes.
De manera diferente, la guerra civil siempre
se caracteriza en su inicio por la existencia de una división o
secesión territorial donde cada una de las
partes enfrentadas usa los territorios bajo su control para avanzar en la
confrontación.
En la historia hay multitud de ejemplos, como: la guerra civil de EEUU
(1861-1865); la guerra civil rusa (1919-1921); la de España (1936-1939); en
China (1945-1949); en Ucrania, iniciada con la secesión de las regiones
del Donbas tras el rechazo al golpe de Estado filonazi en Kiev en 2014.
En algunos casos, las guerras civiles finalizan con territorios secesionados,
como fue el caso de Taiwan en China en 1949, y en el caso actual de Ucrania, con
los oblast de Crimea, Lugansk, Donetsk,
Jerson y Zaporiyia incorporándose democráticamente a Rusia.
En EEUU, solamente si las crisis social y política derivara hacia
movimientos de secesión, principalmente del Estado de California (donde
ya existe un movimiento secesionista organizado:
Cal*Exit), cuestionaría los
fundamentos de toda la Unión, y podría dar lugar a una
guerra civil, pero por el momento, ese es un escenario poco probable.
En EEUU, un tercio de sus población vive en la abundancia, y hasta ahora es
políticamente lo que en realidad cuenta. El resto de la población carece de las
capacidades de discernimiento para hacerse preguntas, de por qué unos son tan
ricos y otros ven, como cada vez, es más precaria su vida, por lo que su voto se
integra en el sistema y cuenta muy poco políticamente.
La Gestión de la Percepción
La Gestión de la Percepción es un término acuñado por los grupos pensantes
de las élites financieras y los servicios de Inteligencia occidentales, para, a
través principalmente de los medios de comunicación, las redes sociales, ONGs y
el cine, moldear la conciencia de la ciudadanía, siguiendo un esquema que se
asemeja al diseño carcelario de Jeremy Bentham
en una Arquitectura panóptica
con una torre central que permite vigilar a todos los reclusos, en este caso
sobre el conjunto de la
sociedad,
generando autodisciplina,
en torno a un pensamiento único sustentado actualmente en la rusofobia.
Arquitectura panóptica

La Gestión de la Percepción sirve también a la promoción de políticos
afines a las oligarquías financieras del G7, y a la justificación de las
agresiones de la OTAN en países fuera de sus fronteras.
En este contexto, el futuro de la sociedad de EEUU y Occidente en general está abocado a la
pobreza intelectual y la desintegración de todos los valores colectivos.
Un ciudadano con las necesidades básicas cubiertas, como todavía es el caso de
las sociedades occidentales, es muy fácil de manipular. La máxima «pan y circo» (panem et circenses) de los
emperadores romanos de regalar comida (trigo) y organizar espectáculos masivos
para mantener entretenida a la plebe, ilustra claramente está situación.