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EL CAPITALISMO
Selección de la Primera y
Segunda parte de la obra:
ECONOMÍA
MUNDIAL
Del catedrático Dr. José María Vidal Villa y el profesor Dr. Javier
Martínez Peinado, de la Universidad de Barcelona. Edición de 1995
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La selección se ha realizado por constituir el conjunto de ambas la
explicación detallada de los fundamentos teóricos del Capitalismo
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ÍNDICE
PRIMERA PARTE
METODOLOGÍA Y CONCEPTOS
Capítulo 1. La sociedad y las ciencias
sociales: método y especialización.
1.1. La realidad social como realidad
objetiva.
1.2. El método científico
1.3. La ciencia.
¿Como avanza la ciencia?.
Condiciones de! discurso
científico
Aplicación del método.
1.4. La ciencia social y su
especialización: la ciencia económica
La ciencia económica: origen
y evolución
La especialización de la
ciencia económica
Resumen.
Lecturas para la reflexión
Términos clave
Bibliografía
Capítulo 2. El método
económico-estructural
2.1. El método estructural en economía
2.2. La escuela estructuralista.
2.3. La escuela institucionalista.
Veblen y la American Economic
Association
El neoinstitucionalismo
2.4. La escuela marxista
Resumen
Lecturas para la reflexión
Términos clave
Bibliografía
Capítulo 3. Las estructuras
socioeconómicas
3.1. La estructura económica
3.2. Las fuerzas productivas
3.3. El modo de producción
Tipología de los modos de
producción.
3.4. La formación social
3.5. El sistema económico
3.6. Dinámica estructural: regulación
y cambio estructural
Resumen
Lecturas para la reflexión
Términos clave
Bibliografía
SEGUNDA PARTE
EL DESARROLLO CAPITALISTA
Capítulo 4. La estructura económica
capitalista.
4.1. El valor de las mercancías: valor
de uso, valor de cambio y utilidad.
4.2. Circulación simple de mercancías.
Las funciones de! dinero
4.3. Circulación capitalista de
mercancías.
4.4. La producción de nuevo valor
4.5. El capital: formas, funciones y
fracciones
4.6. Las relaciones estructurales
básicas.
La tasa de plusvalía
Composición orgánica del
capital.
Tasa de ganancia.
4.7. Valor y precio
La tasa media de ganancia
Formación de! precio de
producción.
Precio de producción y precio
de mercado
Resumen
Lecturas para la reflexión
Términos clave
Bibliografía
Capítulo 5. La dinámica estructural
capitalista (I): Leyes.
5.1. La ley de sobrepoblación
relativa.
5.2. La reproducción ampliada del
capital y la proporcionalidad
Reproducción simple.
Reproducción ampliada de
capital
5.3. La tendencia decreciente de la
tasa media de ganancia.
Resumen
Lecturas para la reflexión
Términos clave
Bibliografía
Capítulo 6. La dinámica estructural
capitalista (II): Los efectos
6.1. El ciclo económico.
Duración del ciclo
Fases del ciclo medio
6.2. Concentración y centralización
de) capital.
6.3. La expansión «exterior »
La internacionalización del
capital.
Limites de la expansión:
estancamiento y derrumbe
6.4. Periodización.
Fases estructurales.
Fases históricas según la
escuela regulacionista
Resumen
Lecturas para la reflexión
Términos clave
Bibliografía
Capítulo 7. La formación del sistema
capitalista mundial
7.1. El desarrollo histórico del
capitalismo
Del feudalismo al capitalismo
Las formaciones sociales
capitalistas europeas, americanas y asiáticas
7.2. La formación del Centro y la
Periferia
La expansión exterior: el
imperialismo
El reparto del mundo
Los procesos de
descolonización y el neoimperialismo.
7.3. Las rupturas históricas del
Sistema: las desconexiones
La revolución soviética
La revolución china.
7.4. La mundialización capitalista.
Resumen
Lecturas para la reflexión.
Términos clave
Bibliografía
*
PRIMERA PARTE
METODOLOGÍA Y CONCEPTOS
*
CAPÍTULO 1
LA
SOCIEDAD Y LAS CIENCIAS SOCIALES:
MÉTODO Y ESPECIALIZACIÓN
La
economía mundial forma parte de la realidad objetiva que es lo que la
ciencia intenta explicar sistemáticamente. No toda percepción de la
realidad es científica y menos en el ámbito del estudio de las sociedades.
Este capítulo es una breve introducción a la metodología científica y a su
utilización en el estudio de la sociedad y de su actividad económica. Se
exponen las diversas escuelas que han abordado esta temática, así como el
proceso de especialización de la ciencia económica.
*
1.1.
LA REALIDAD SOCIAL COMO REALIDAD OBJETIVA
Se
entiende por realidad objetiva el conjunto de hechos, fenómenos o
acontecimientos cuya existencia es ajena a la voluntad del investigador (o
de cualquier ser humano), que tienen existencia por sí mismos (que
existen, tanto si se conocen como si no) y que los científicos deben
intentar explicar (por ejemplo, es una realidad objetiva que la Tierra
gira alrededor del Sol, tanto si se sabe como si no).
Históricamente se han utilizado dos enfoques para intentar explicar dicha
realidad:
-
El enfoque
subjetivo, que inventa leyes de funcionamiento de los hechos y
fenómenos y pertenece al pensamiento idealista (religiones,
etcétera. Un ejemplo sería la relación histórica bíblica como voluntad
divina).
-
El enfoque
objetivo, trata de descubrir las leyes que rigen el
funcionamiento de lo real y pertenece al pensamiento racionalista y
materialista (científico).
La
realidad es única, total.
Pero para acceder a su
conocimiento se parcela. La primera parcelación de la realidad la divide
en realidad natural y realidad social. Esta última se configura
como la sociedad.
Se
entiende por sociedad el .conjunto de seres humanos relacionados entre
sí a través de conexiones estables cuyo fin es lograr de forma colectiva
la satisfacción de las necesidades de cada miembro del conjunto,
asegurando la subsistencia individual y del grupo.
La
sociedad forma
parte de la realidad objetiva y puede ser por tanto objeto de
investigación científica. Pero no siempre lo fue: durante siglos se
consideró que el devenir social respondía a designios divinos, o al azar,
o a la voluntad de unos pocos, etc. Es decir, primó un enfoque subjetivo.
El
objetivo de este libro es explicar la economía mundial, que es una parte
de la realidad social del planeta. Se hace necesario, entonces, tratar
sobre cómo se puede analizar dicha realidad objetiva.
*
1.2.
EL MÉTODO CIENTÍFICO
El método
científico es el proceso intelectual ordenado, lógico y coherente que se
utiliza para descubrir y explicar los hechos, fenómenos o acontecimientos
de la realidad objetiva.
Para
adecuarse mejor a las características del objeto de estudio, pueden
emplearse diferentes tipos de método:
-
Deductivo:
opera desde lo general hacia
lo particular. Utiliza básicamente la observación. Es el método
propio de la Ciencia Social.
-
Inductivo:
opera desde lo particular
hacia lo general. Utiliza básicamente la experimentación. Es el
método propio de la Ciencia Natural.
-
Analógico:
descubre y explica hechos o
fenómenos por comparación. Es propio de ciencias como la antropología, la
arqueología, etc. En ocasiones se utiliza complementariamente a los
anteriores.
El
estudio científico de la realidad mediante el método deductivo se efectúa
a través de diversas fases. Estas fases del método deductivo
corresponden a los pasos que recorre el investigador hasta formular
teorías sobre el funcionamiento del objeto de estudio. Estas fases son
las siguientes:
-
Observación:
para determinar con
precisión el objeto de estudio.
-
Abstracción:
consiste en un proceso
intelectual a través del cual se aíslan conceptualmente los fenómenos o
leyes más generales.
-
Concreción progresiva:
supone la
incorporación acumulativa de nuevos datos (variables, etcétera) que dan
mayor complejidad al objeto de estudio y lo aproximan a su manifestación
real objetiva.
-
Verificación:
consiste en la
utilización de técnicas de contrastación para validar o refutar las
conclusiones obtenidas (en economía supone usualmente la utilización de
métodos estadísticos).
El método
deductivo permite establecer leyes a los diferentes niveles de
abstracción:
-
A mayor nivel de
abstracción, mayor generalidad de la ley y menor complejidad del fenómeno
explicado.
-
A menor nivel de
abstracción, mayor concreción de la ley, mayor complejidad y menor
generalidad.
Ejemplo:
para analizar y comprender el desarrollo del sector textil londinense en
el capitalismo inglés del siglo XIX se pasaría por las siguientes fases:
-
Nivel de abstracción
máxima: Capitalismo (leyes generales de funcionamiento,
caracterización de una sociedad capitalista, etc.).
-
Primer nivel de
concreción histórica: en el siglo XIX (características de la fase
de libre concurrencia, de profundización del mercado interno nacional,
etc.).
-
Segundo nivel de
concreción nacional: inglés (características de la economía inglesa
en esa época, estructura social, etc.).
-
Tercer nivel de
concreción sectorial: textil (características de los inputs y
outputs del sector, dimensión y formas de competencia de las empresas,
relaciones laborales, etc.).
-
Cuarto paso de
concreción espacial: en Londres.
Y así
sucesivamente.
*
1.3.
LA CIENCIA
Una
definición de ciencia comúnmente aceptada es la que la considera como la
actividad intelectual que, mediante la aplicación de un método, intenta
explicar alguna parcela de la realidad objetiva.
¿Cómo
avanza la ciencia?
La
historia del conocimiento científico no es un devenir lineal, sino que
está inmerso en la propia historia social. La síntesis de ambas historias
(la de la ciencia y la social) es así mismo objeto de estudio. La pregunta
a responder sería: ¿cómo avanza el conocimiento científico de la realidad?
Para
responder a dicha pregunta cabe seguir a T. Kuhn ((T. Kuhn: La
estructura de las revoluciones científicas. FCE, México, 1962.), que
utiliza los siguientes tres conceptos clave:
-
Paradigma:
es una «verdad» comúnmente
aceptada por el conjunto de científicos que practican una ciencia. Son la
base que permite la elaboración de teorías y sobre ellos se asienta
el conocimiento científico de cada ciencia normal o madura.
-
Ciencia completa, normal o
madura: es
el conjunto de proposiciones que forman un paradigma o que se deducen de
un paradigma. Tiene un método propio adecuado a la explicación del objeto
de conocimiento de que se trate. Explica parcelas determinadas de la
realidad objetiva (ciencia natural, social, etcétera).
-
Revolución científica:
es el cambio en uno
o varios paradigmas que convierte en obsoletas las antiguas teorías y
permite la elaboración de nuevas teorías. (Ejemplo: en física, Einstein y
la teoría de la relatividad; en antropología, Darwin y la teoría de la
evolución de las especies; en economía, como se verá posteriormente, Marx,
los neoclásicos, Keynes, etc.)
La no
linealidad del desarrollo científico se debe en parte a dificultades u
obstáculos en principio ajenos a la propia labor científica, y tienen más
que ver con condicionantes políticos, ideológicos, de intereses personales
o corporativos, etc. Los nuevos paradigmas chocan contra la actitud
conservadora y tradicional de aquellos que mantienen su estatus socio
académico sobre los viejos paradigmas. A lo largo de la historia de la
ciencia el debate científico entre los «innovadores» y los «tradicionales»
ha estado jalonado de rechazos, persecuciones y marginación. A pesar de
todo, los nuevos paradigmas acaban imponiéndose.
En la
historia de la ciencia ha habido tres grandes revoluciones globales:
-
La primera
revolución científica afecta a la ciencia natural. Se produce
históricamente en el Renacimiento (siglos XVI-XVIII). Sobre la base de la
filosofía racionalista se desarrollan ciencias como la física, la
química inorgánica, la medicina, la biología, la astronomía, etc. Estos
primeros científicos pretenden responder a las preguntas ¿qué? y ¿por
qué?
-
La segunda
revolución científica afecta a la técnica, a través de la
aplicación sistemática de la ciencia a la producción. Su marco histórico
son los siglos con una filosofía positivista se desarrollan sobre
nuevos paradigmas la ingeniería, la arquitectura, la tecnología, las
ciencias aplicadas. Ahora se trata de responder a la preguntas ¿para
qué? y ¿cómo?
-
La tercera
revolución científica concierne a las teorías del desarrollo socio
histórico. Durante los siglos XIX-XX, la adopción. de la filosofía
materialista-evolucionista desarrolla sobre nuevos paradigmas la
Historia, la arqueología, la antropología y las ciencias sociales en
general. Las preguntas a responder ahora son ¿de dónde?, ¿a dónde?
o ¿quién?
Condiciones del discurso científico
No todo
pensamiento con lógica y coherencia internas es científico. Un discurso,
para que sea científico, tiene que cumplir diversos requisitos:
-
Debe hacer
referencia a la realidad objetiva (por ejemplo, no puede ser científica
una discusión sobre la existencia o la voluntad de Dios, o sobre el sexo
de los ángeles, o sobre «lo que habría pasado si no hubiera pasado lo que
efectivamente pasó»).
-
Debe hacer
referencia a una parcela de dicha realidad, es decir, se requiere una
acotación precisa de lo que se pretende explicar y, por consiguiente,
hacer abstracción de todo aquello que no es relevante dentro de la parcela
investigada.
-
Debe existir una
lógica interna del discurso, lo que implica la posibilidad de
modelización y la existencia de reglas de enlace entre los
conceptos y las leyes formuladas a distinto nivel de abstracción.
-
Debe suponer la
aceptación del carácter histórico de las leyes formuladas (que no son
leyes eternas). En definitiva, se trata de la aceptación de la relatividad
al propio marco histórico del objeto y del sujeto de estudio, dado que la
realidad objetiva es dinámica.
Aplicación del método
La
aplicación del método científico debe tener como resultado la elaboración
de conceptos y la construcción de teorías sobre el funcionamiento del
objeto de estudio. En este proceso deberán formularse, entonces:
-
Una(s) hipótesis:
o formulación de una(s) proposición(es) que se supone que explica(n)
la realidad que se trata de conocer.
-
Una
conceptualización: o elaboración de términos que designen con
precisión los hechos, fenómenos o acontecimientos que se pretende
explicar. Un concepto sólo puede referirse a un único hecho o fenómeno.
-
Una teorización:
o construcción de teorías explicativas del objeto de estudio, mediante
la utilización de los conceptos elaborados y la aplicación del método
científico. Estas teorías pueden constituir dos tipos de modelos en
función del grado de abstracción en el que se formulen:
Un
ejemplo integrador de todo este proceso de aplicación del método
científico al conocimiento en el caso de la producción y circulación de
mercancías es el siguiente: como se verá en capítulos posteriores, se
partirá de la hipótesis de que las mercancías se intercambian según
su valor, lo que se formulará como ley del valor. Se introducirá
entonces una conceptualización a diversos niveles de
abstracción: en el más alto se definirán el «valor de cambio» de la
mercancía, la «plusvalía», el «valor de la fuerza de trabajo»..; en un
nivel de abstracción más concreto, o más próximo a la realidad, estos
conceptos se concretarán en otros como son el «precio de producción», la
«ganancia»..; y en el proceso de concreción progresiva hacia los
fenómenos más visibles, se elaborarán los conceptos correspondientes a
«precio de mercado», «beneficio», «salario».. Por último, toda la
reflexión sobre el funcionamiento de la ley del valor en el capitalismo se
engloba en la teoría del valor-trabajo, que intenta explicar la
realidad económica (a diferentes niveles de abstracción) sobre la base de
que el trabajo humano es la fuente de todo valor. El modelo de la teoría
del valor-trabajo es un modelo teórico abstracto-real. A partir de
él se construyen otros modelos teórico-concretos (por ejemplo, los
de «desarrollo capitalista autocentrado», «desarrollo capitalista
extravertido», «relaciones económicas Centro-Periferia», etc.) que, en
definitiva, nos acercarán a la explicación de la economía mundial concreta
que pretendemos entender científicamente.
*
1.4.
LA CIENCIA SOCIAL Y SU ESPECIALIZACIÓN: LA CIENCIA ECONÓMICA
A partir
del tronco común de la filosofía como marco general del pensamiento
humano, y sobre la base de la aplicación de los métodos científicos, se
desprenden tres grandes grupos de ciencias cuya división se establece en
función de su objeto de estudio: las ciencias formales
(matemáticas, lógica, etcétera), las ciencias naturales (química,
física, biología, etc.) y las ciencias sociales.
En rigor,
en lugar de «ciencias sociales» se debería hablar en singular. La ciencia
social es única porque su objeto es la explicación de la realidad social y
ésta es única, aunque compleja. Esta complejidad es la que obliga a la
especialización en «ciencias sociales» que abordan parcelas diferenciadas
de la realidad social y que obviamente están relacionadas entre sí. Entre
ellas cabe citar: la Historia (en referencia no a la mera
recopilación o narración de datos y hechos, sino a la interpretación de la
evolución de la sociedad humana). El Derecho (ordenación
sistemática de las normas de comportamiento social), la Política
(explicación de los conceptos de «soberanía», «poder», «Estado»,
etcétera); la Sociología (que es la más reciente. y no es aún una
ciencia «madura» en el sentido de Kuhn, y se basa en la descripción y
aplicación de técnicas estadísticas para el conocimiento de los
comportamientos sociales), y, por supuesto, la Economía.
La
ciencia económica: origen y evolución
La
ciencia económica surge de la necesidad de explicar los fenómenos propios
de la parcela de la realidad social que atañen a la creación y la
distribución de la riqueza. Se desarrolla básicamente a partir de la
aparición del capitalismo. Con anterioridad únicamente hay algunas
referencias a la economía sin que existan tratamientos globales del tema
que puedan catalogarlos como sistemáticamente científicos.
Se suele
considerar como precursores inmediatos de la ciencia económica a los
autores englobados en el término de «Mercantilistas», a W. Petty y a
algunos pensadores de la Ilustración francesa.
La
ciencia económica se creó y desarrolló bajo la denominación de economía
política, que es la ciencia que se ocupa de las leyes de la
producción, la distribución, el cambio y el consumo. Entre otros
fenómenos, la economía política intenta explicar las leyes de la
acumulación del capital.
El
paradigma central de la economía política es la libertad, como lo
es también en las ciencias jurídica y política nacidas en el siglo XVIII.
En el caso de la economía política tal paradigma se refiere esencialmente
a las siguientes libertades:
-
Libre
competencia.
-
Libre
contratación de los trabajadores.
-
Libre
mercado en las relaciones entre productores y consumidores.
-
Libre
cambio en el comercio entre países.
-
Libre
movimiento de personas, espacial y sectorial.
-
Libre
movimiento del capital, espacial y sectorial.
La
ideología de la que surge esta ciencia es el liberalismo y entronca
con las corrientes de libre pensamiento propias del siglo XVIII y
principios del XIX. Por ello cabe pensar que la economía política es la
ciencia que explica las leyes de funcionamiento del capitalismo.
La
evolución de la
ciencia económica como ciencia «normal», con sus paradigmas y revoluciones
correspondientes, se podría resumir de la siguiente forma:
-
Los «clásicos»
fueron los primeros autores que desarrollaron esta ciencia. Enunciaron las
leyes más generales de funcionamiento del capitalismo, entre otras la ley
del valor-trabajo. Su concepción era ahistórica: identificaron las leyes
de la economía capitalista como leyes «eternas» de toda organización
social (mediante la acción de la llamada «mano invisible»). Sus análisis y
debates configuraron una auténtica «ciencia normal» en la que el énfasis
explicativo giraba en torno a la producción y distribución de la riqueza y
las ventajas del librecambio y de la división del trabajo.
Se
considera a Cantillon, Adam Smith, David Ricardo, T. Malthus, Rodbertus,
Sismondi y, más tardío, a Stuart Mill, como los principales autores
clásicos.
-
De la escuela
clásica surge como corriente independiente la escuela marxista, en
lo que se puede considerar la primera revolución científica en la
economía política. Basada en la obra de K. Marx (El Capital) y F.
Engels, mantiene el ámbito de globalidad de la economía clásica, pero
desarrolla bajo una nueva óptica la teoría del valor-trabajo, al resolver
el problema de cómo se obtiene el excedente productivo, introduciendo el
concepto de «plusvalía». También revoluciona la noción de evolución
histórica y cambio social a través del paradigma de la lucha o conflicto
entre clases sociales como motor de la historia. Explica las leyes de la
acumulación de capital y del desarrollo capitalista y, a diferencia de los
clásicos, las considera como leyes históricas, no eternas.
Esta
escuela tuvo importantes desarrollos posteriores a Marx, a través de las
aportaciones de autores como K. Kautsky, Rosa Luxemburg, R. Hilferding, N.
Bujarin, Lenin, Grossman, y más recientemente autores como M. Dobb, P.
Baran, P. Sweezy, E. Mandel, Samir Amin y muchos otros. El desarrollo de
esta escuela ha tenido tanta importancia teórica y práctica (en el ámbito
político y económico) en los últimos cien años que incluso los debates en
su seno han dado lugar a la formación de subescuelas, «ortodoxias» y
«heterodoxias», habiéndose acuñado términos como «neomarxismo»,
«post-marxismo», etc., para describir los contenidos de diversas
corrientes surgidas del tronco común marxista. En este sentido, en los
últimos años cabe destacar la aparición de la llamada corriente
regulacionista (Boyer, Lipietz, Aglietta).
-
La escuela
neoclásica surge también del tronco común de la economía clásica, pero
cambiando radicalmente de ámbito de conocimiento: ya no se tratará de
descubrir las leyes en las relaciones de producción y distribución, sino
en la relación entre medios escasos y usos alternativos. Incluso cambia de
denominación: pasa de llamarse «economía política» a denominarse
«economía» (economice). Supone también una revolución científica
y, teniendo en cuenta su vinculación a la necesidad de dar respuesta a
la revolución científica de Marx, algunos autores la han denominado
contra-revolución científica. Ya no se pretende la explicación global
del capitalismo, sino la de aspectos parciales del mismo: teoría del
consumidor, de la producción, del coste, etcétera, que culminan con las
teorías del equilibrio parcial y general en los mercados. Partiendo de
premisas rígidas (libre competencia sin fisuras), elabora modelos del
comportamiento teórico de productores, consumidores, compradores y
vendedores, basado en la maximización racional individual de utilidades.
Incorpora un amplio aparato de cálculo matemático (marginalismo). Su
ámbito específico de referencia es lo que se denomina microeconomía.
Su paradigma esencial es la libre competencia (más otra serie
de supuestos extremadamente restrictivos) y la neutralidad total del
Estado.
Los
modelos neoclásicos son altamente abstractos, extremadamente formalizados,
carentes de contenido real y ahistóricos. Sus principales autores son
Marshall, Jevons, Pareto, Cournot, Walras, etc., y tiene continuidad hasta
nuestros días, ya que ha configurado la que se considera «economía
convencional», dominante en la esfera académica. A partir de la crisis
económica de 1929 y la gran recesión consiguiente, se hizo patente la
inoperatividad de la doctrina neoclásica. Frente a ella apareció la
llamada «nueva ciencia económica», encabezada por J. M. Keynes (1936:
Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero). La
obra de Keynes inaugura la denominada macroeconomía. Su ámbito de
conocimiento es la economía en su conjunto y las leyes que intenta
descubrir atañen al conjunto de la economía. Será la base de la economía
del bienestar, de la política económica y de la intervención del Estado en
economía. Junto con el propio Keynes, se consideran autores significativos
en la imposición de esta corriente a Harrod, Kahn, etc.
La
«revolución keynesiana», más que una revolución científica, cabe
entenderla como una respuesta a la extrema debilidad en que había quedado
la economía convencional respecto al acontecer económico real. Prueba de
ello es que al cabo de pocos años se llegó a lo que se podría considerar
hoy como la ciencia económica «normal» convencional, a través de la
llamada «gran síntesis neoclásica», mediante la cual se integran la
macroeconomía keynesiana y la microeconomía neoclásica en un cuerpo
teórico-analítico no exento de contradicciones, debates e insuficiencias,
que se manifiestan especialmente en estos últimos años de crisis. Algunos
autores de esta corriente son Samuelson, Hicks y Modigliani.
Por otra
parte, hay que destacar que a partir de la obra de P. Sraffa se
desarrollará otra corriente crítica de la economía neoclásica ortodoxa,
basada en la recuperación del pensamiento de D. Ricardo. Este movimiento
neorricardiano ha tenido su principal expresión en la llamada «escuela de
Cambridge» (Inglaterra), cuya autora más destacada fue la economista Joan
Robinson.
-
Al margen de estas
corrientes, pero vinculadas en mayor o menor medida con alguna o con todas
ellas, se han desarrollado dos escuelas importantes como son la
estructuralista y la institucionalista, a las que se hará referencia
con más detalle en el próximo capítulo.
La
especialización de la ciencia económica
La
evolución de la ciencia económica cristaliza en la actual economía
convencional cuya docencia se subdivide en tres grandes materias:
-
Teoría económica:
identificada con la
explicación de modelos neoclásicos y keynesianos (micro y macroeconomía).
-
Política económica:
cuyo objeto
principal es la explicación de las formas de intervención del Estado en la
economía.
-
Estructura económica:
que pretende
explicar lo que se denomina «economía real», es decir, los hechos y
fenómenos en que se manifiesta el capitalismo. Básicamente se refiere
(habitualmente) a economías «sectoriales», «nacionales» o a la economía
«mundial».
Estos
tres enfoques de la economía se han subdividido a su vez en innumerables
especializaciones. Así, en el ámbito de la teoría económica encontramos
las teorías de los precios, del consumo, de la inversión, etc. En el de la
política económica, las políticas fiscal, monetaria, regional, industrial,
agrícola, etc. Y la estructura económica se especializa a nivel mundial,
nacional, regional, sectorial, etcétera.
Esta
clasificación no es exhaustiva. Procede de la tradición germánica y
francesa y no coincide plenamente con la clasificación anglosajona, que
modernamente ha tendido a considerar exclusivamente dos grandes grupos: la
teoría abstracta (economics) y el análisis aplicado (applied
economics), con múltiples especializaciones ad infinitum en
cada una de ellas.
Esta
ultra especialización ha sido criticada y ridiculizada por economistas
como J. K. Galbraith, que afirma que la súper especialización ha dado
lugar a la existencia de grandes expertos en un tema y al propio
tiempo absolutos analfabetos en el resto. Como muchos otros, considera
este autor que los economistas convencionales, en particular los
universitarios, se alejan cada vez más de la realidad objetiva que
deberían pretender explicar y que sus modelos cada vez más altamente
sofisticados sólo sirven como entretenimiento para ellos mismos. No es de
extrañar, pues, que exista un clamor por una vuelta a la realidad y al
enfoque globalizador; en resumen, al terreno de la economía política
clásica.
Precisamente esta necesidad de comprender la globalidad antes de
concretar sus ámbitos parciales es la que pretende cubrir el método
estructural en economía, que tiene tanto un componente teórico como
una vocación empírica para la descripción y comprensión de la realidad
económica. De este tema se ocupa el próximo capítulo.
*
RESUMEN
En este
capítulo se ha definido la realidad objetiva como objeto de la
ciencia y se ha expuesto cómo su conocimiento, para ser científico,
debe cumplir una serie de reglas que configuran precisamente un método
específico. Cuando el objeto científico es la sociedad, el método
científico pertinente suele ser el método deductivo. La ciencia no
avanza linealmente, sino a través de revoluciones científicas, que
imponen nuevos paradigmas para explicar la realidad, que a su vez
configuran la nueva ciencia «normal». Este proceso es o ha sido
especialmente conflictivo en las ciencias sociales; en la ciencia
económica existen diferentes escuelas que han supuesto en su
momento auténticas revoluciones o «contrarevoluciones» científicas. La
especialización de la ciencia económica, que ha llegado a extremos
inverosímiles, ha hecho perder la visión real y holística del acontecer
socioeconómico, por lo que cabe retomar dicha óptica a partir de la
utilización del método estructural.
*
LECTURAS PARA LA REFLEXIÓN
«(En el
campo de la realidad social) la única ciencia posible es la ciencia de la
sociedad, ya que el hecho social es uno: nunca es "económico", "político",
o "ideológico", etc., aunque hasta cierto punto pueda ser tratado bajo el
enfoque particular de cada una de las disciplinas universitarias
tradicionales (Economía, Sociología, Ciencias Políticas, etc.). Pero esta
operación de aproximación particular sólo tiene posibilidades de ser
científica en la medida en que conozca los límites y prepare el campo para
la ciencia global de la sociedad.»
S. Amin:
La acumulación a escala mundial. Siglo XXI, Madrid, 1974.
«Hacia
mediados del siglo XIX el capitalismo industrial había triunfado sobre la
vieja sociedad. No era ya muy necesario, al menos en Inglaterra, luchar
contra el predominio del interés de la tierra; Estados Unidos, por otra
parte, no teniendo un pasado feudal que le estorbara, nació burgués al fin
de sus días coloniales. No había ya tampoco la misma necesidad de crear
una sociedad económica como una unidad conceptual opuesta a las antiguas
sanciones autoritarias. Los hombres no se interesaban ya en aquellas
soluciones que fueron precisamente la preocupación de los economistas
burgueses cien años antes. Además, el instrumento que Ricardo forjó se
había dedicado después a empleos peligrosos en las manos de Marx. La nueva
economía subjetiva sirvió así un doble propósito. Dio una nueva
justificación al orden burgués y justificó en forma todavía más
convincente una época que no creía ya en la "mano invisible" y en la "ley
natural". Al mismo tiempo, con un análisis del precio del mercado,
proporcionó una técnica más adecuada para los problemas más detallados,
más microscópicos con que el capitalismo en su plenitud ocupaba cada vez
más el espíritu de sus servidores. En realidad esta importante apología
del laissez-faire casi no es más que una hábil prestidigitación.»
M. Dobb:
Introducción a la economía. FCE, México, 1981.
«La
especialización es una conveniencia científica, no una virtud científica.
Ella permite, entre otras cosas, el aprovechamiento de un amplio espectro
de talentos. Hace unos veinticinco años había en la Universidad de
California no ya especialistas en teoría económica, o en teoría de los
precios, o en precios agrícolas, o en precios de la fruta, sino
especialistas en precios de ciruelas y de los cítricos. No eran unos
grandes hombres, pero hacían un trabajo útil y eran muy respetados por los
productores de ciruelas y por las cooperativas de cítricos. Habrían sido
mucho menos útiles si se hubieran expuesto a los riesgos de problemas más
cósmicos (. .).»
J. K.
Galbraith: El nuevo estado industrial. Ariel, Barcelona, 1967.
*
TÉRMINOS CLAVE
Conocimiento científico
Revolución científica
Método
científico
Economía
política
Paradigmas
Escuelas
económicas
Ciencia
normal
Especialización
BIBLIOGRAFÍA
M. Blaug:
La
metodología en la ciencia económica.
Alianza, Madrid, 1993.
D.
McCloskey:
Si
eres tan listo. La narrativa de los expertos en economía.
Alianza, Madrid, 1993
J. L.
Sampedro:
Realidad económica y análisis estructural.
Aguilar, Madrid, 1961.
*
CAPÍTULO 2
EL
MÉTODO ECONÓMICO-ESTRUCTURAL
En el
capítulo anterior se expresó la idea de que el estudio de la realidad
económica no puede parcializarse, y se expuso que los modelos teóricos
convencionales dejan de considerar elementos tan esenciales de la propia
realidad que llegan incluso a invalidarse como explicativos. Como
alternativa, en el presente capítulo se exponen los rasgos esenciales del
método económico-estructural.
Esta
opción metodológica es el resultado de una larga y compleja síntesis de
aportaciones, algunas provenientes de economistas y otras, más
sistematizadas, procedentes de diversas escuelas de pensamiento. A
lo largo de la historia de la ciencia económica han sido varios y muy
diferentes los autores que han pensado la economía o partes de ella como
un conjunto de estructuras y de ahí la variedad de fuentes del
método económico-estructural. En cualquier caso, las escuelas que aquí se
abordarán como más significativas son la estructuralista, la
institucionalista y la marxista, por este orden, que es el
inverso al cronológico. Es decir, históricamente apareció primero la
marxista, después la institucionalista y por último la estructuralista.
Previamente a estas escuelas se tratarán algunas aportaciones que desde la
economía apuntaban al uso de este tipo de método.
La
aportación fundamental del enfoque estructural al análisis económico se
basa en el carácter global del mismo. Interesa destacar la utilidad
y necesidad de este método para, posteriormente, poder entender
cabalmente el Sistema económico capitalista mundial, porque dicho Sistema
es una totalidad, es una realidad objetiva configurada como una
unidad estructurada, en la que sus elementos —desarrollo,
subdesarrollo, Centro o Periferia— sólo pueden comprenderse dentro de
dicho conjunto.
*
2.1. EL MÉTODO ESTRUCTURAL EN ECONOMÍA
Se
consideran corrientes precursoras del método estructural en economía a un
conjunto variado de análisis que gravitan en torno al conocimiento de la
economía real, que estudian, cuantifican y miden sus elementos y
las relaciones entre ellos. La elección y definición de estos elementos,
sus interrelaciones, o la construcción de modelos matemáticos que las
expresen tal y como se supone que se manifiestan en la realidad económica
objetiva, proceden de diversas aproximaciones, distintas tanto en su
ubicación histórica como por su teoría y método. Se pueden citar las
siguientes:
Destacaron autores como Von Thünen, pionero de la teoría de la
localización, Ltisch, W. Isard, Boudeville y otros, que configuran la
moderna economía regional.
-
La
modelización matemática de la econometría, que permitió formalizar
un mayor número de relaciones entre variables económicas.
-
La
contabilidad social y los modelos de interrelación sectorial,
que definieron estadísticamente las principales macromagnitudes y flujos
productivos, comerciales y financieros que describen la economía real. El
precursor más destacado de este enfoque es el fisiócrata F. Quesnay y su «Tableau
Economique», y más recientemente su cultivador principal ha sido W.
Leontiev, inventor de la «tabla input-output».
-
Las
aportaciones de los autores pioneros en introducir el término de
«estructura económica» en sus trabajos. Aunque cada uno dio su particular
concepción de la misma, lo común en todos ellos fue la necesidad de
recoger con este concepto aspectos fundamentales del acontecer económico
que no eran contemplados o eran inabarcables por la teoría económica
convencional contemporánea. Se consideran más significativos a los
siguientes:
-
Wagemann (1928), que
la consideró enmarcada por los parámetros de totalidad, descripción y
realidad.
-
Eucken (1939), que
la identificó con el orden y la organización.
-
Akerman (1939), que
elaboró el «Análisis causal» en el que se enfatizaba la invariabilidad a
corto plazo de la estructura económica y se definían los límites del
cambio estructural.
-
J. R. Hicks
(1942), que definió la estructura económica en un sentido anatómico.
-
Perpiñá Grau (1936 y
1952), que primero la consideró como un resultante de factores naturales y
políticas económicas y posteriormente como un «resultado total orgánico de
un orden de actuaciones humanas».
-
F. Perroux (1939,
1949 y 1959), que realizó sucesivas aproximaciones a este concepto,
insistiendo en las ligazones y proporciones y en los movimientos lentos,
como características definitorias.
-
A. Marchal (1952),
que insistió también en el retardo relativo en el cambio estructural.
-
Tinbergen (1952),
quien, con un enfoque econométrico de la estructura, definió una «matriz
mínima» para definirla.
De las
diferentes definiciones de «estructura económica» de estos y otros autores
se deriva una ambigüedad que hace imposible que se cumplan las exigencias
de un cuerpo teórico científico. Sí que se consiguió, a partir de estas
aportaciones, una clarificación de ciertas características definitorias de
la «estructura económica» como dimensión o categoría específica de la
realidad económica:
-
La totalidad
comprensiva.
-
La interrelación
entre los elementos o variables.
-
La relativa
estabilidad o permanencia de dicha interrelación.
-
El carácter
empírico, cuantitativo y descriptivo del método estructural (por oposición
a lo etéreo de los modelos de la teoría económica).
La opción
por la utilización del método estructural en economía dio lugar en España
a la creación de una disciplina universitaria bajo la denominación de
Estructura económica, en cuyo desarrollo destaca, entre otras, la obra
pionera de J. L. Sampedro.
Además de
este conjunto de aportaciones, hay que destacar también a la corriente de
pensamiento conocida como estructuralismo latinoamericano. En ella
se incluyen un variado conjunto de autores que, a partir de la obra de R.
Prebisch en los años cincuenta, y desde la Comisión de las Naciones Unidas
Para América Latina (CEPAL), vieron la necesidad de pensar los problemas
del subdesarrollo y las limitaciones del desarrollo económico en las
economías latinoamericanas de una forma más global, realista y social que
la que ofrecía la teoría económica convencional. Las obras de O. Sunkel.
P. Paz, A. Pinto, Cardoso y muchos otros configuraron una línea de
pensamiento que derivaría en lo que se ha llamado la escuela de la
dependencia, que será tratada en el capítulo correspondiente a las
teorías del (sub)desarrollo.
En
cualquier caso, el atomismo y la extrema variedad del pensamiento
estructural habría hecho muy difícil, si no imposible, la construcción de
un modelo teórico operativo para afrontar, con las debidas exigencias
científicas, el estudio de la realidad económica (sectorial,
regional, nacional o mundial) en tanto que realidad estructurada. Estas
deficiencias son las se podrán superar a partir de las aportaciones del
estructuralismo, el institucionalismo y el marxismo, como
escuelas de pensamiento más sistematizadas y extendidas.
*
2.2.
LA ESCUELA ESTRUCTURALISTA
El
estructuralismo es una corriente metodológica relativamente reciente que
tiene su origen en ciencias distintas a la económica. Sus impulsores más
significativos fueron F. de Saussure (en la lingüística), Levy-Strauss (en
la antropología), Piaget (en la pedagogía y la psicología) y Foucault (en
la filosofía y la sociología), entre otros. La práctica del
estructuralismo está ampliamente difundida en el pensamiento europeo a
excepción del anglosajón, pero nunca adquirió importancia significativa en
EE.UU.
El método
del estructuralismo se basa en la noción de estructura. Se entiende
por estructura la conjunción de:
-
Una totalidad
(un todo o una unidad) que abarca una parcela completa de la
realidad y que es más que la suma de sus partes.
-
Unos elementos
o partes que constituyen dicha totalidad y que sólo pueden ser
completamente cognoscibles en tanto en cuanto se considera su posición y
su relación en esa totalidad.
-
La posición
de dichos elementos en el todo. Si los elementos no ocupan la posición que
les corresponde, la estructura no existiría o sería otra estructura.
-
La relación
de los distintos elementos entre sí. Esta relación es una relación
fuerte, es decir, si no existe, no existe tampoco la estructura. Las
relaciones pueden ser de oposición o de complementariedad.
-
Una dinámica,
cambio o evolución de las estructuras. Se considera que toda
estructura tiene un alto grado de estabilidad, pero está sometida a
un proceso dinámico de reproducción y de cambio (excepto las estructuras
formales: lógicas, matemáticas, ..). Conforme se reproduce la estructura,
cambian o evolucionan los elementos, su posición, sus relaciones..,
cambia en última instancia la propia estructura. El proceso de cambio
puede ser de dos tipos: paulatino (que implica evolución) o brusco
(que implica revolución).
Como
ejemplos de estructuras se podrían citar los siguientes:
-
En lingüística:
sujeto-verbo-predicado (frase afirmativa), verbo-sujeto-predicado (frase
interrogativa). No importa el idioma (castellano, catalán, francés, etc.),
importa la estructura.
-
En antropología: la
evolución de la familia como estructura: matriarcal, patriarcal, amplia,
estricta, etc.
-
En matemáticas:
teoría de conjuntos, estructuras algebraicas, etc.
-
En astronomía: el
sistema planetario.
-
En anatomía: el cuerpo humano. Este es uno de los mejores ejemplos para que se entienda
qué es una estructura: un todo (el cuerpo), unos elementos (los órganos,
el tronco, las extremidades, etc.), una posición (la que corresponde y no
otra: todas las partes del cuerpo humano puestas en una estantería no
son el cuerpo humano), unas relaciones (las que vinculan a cada
elemento entre sí) y un proceso de cambio (el cuerpo humano se reproduce y
evoluciona desde el feto hasta el cadáver: siempre es cuerpo humano, pero
cambia sin romper su estructura).
Cuando se
analizan estructuras reales es imprescindible introducir el tiempo
como factor que incide y define su dinámica. Surgen entonces tres
variantes:
-
El análisis
sincrónico: la sincronía es el eje de simultaneidad. Se
considera cada estructura en un momento del tiempo y se puede comparar
estructuras sin atender a su posible proceso de cambio o evolución (por
ejemplo, se comparan la estructura del cuerpo humano y la del cuerpo
animal, o las estructuras económicas de dos o más países, o las
estructuras demográficas de dos o más poblaciones). También se denomina
análisis transversal. El análisis diacrónico: la diacronía es
el eje de sucesión. Se estudia la evolución temporal de la
estructura y las modificaciones ocurridas en su proceso de reproducción
(por ejemplo: las edades por las que atraviesa el cuerpo humano o, en
economía, el proceso de formación del capitalismo en general o en un
país). También se denomina análisis longitudinal.
-
El análisis
acrónico: la acronía significa la no consideración del tiempo. Las
estructuras en este caso son eternas, ajenas al tiempo (por ejemplo: 3 x 2
= 6; en general todas las estructuras formales de la matemática y la
lógica son acrónicas).
Las
principales aportaciones de la escuela estructuralista que se incorporarán
al análisis económico-estructural serán precisamente de este carácter
teórico-metodológico: el método estructural se define como un
método científico para captar la realidad en su totalidad a través de las
relaciones más permanentes que vinculan los elementos de esa realidad.
*
2.3.
LA ESCUELA INSTITUCIONALISTA
La
escuela institucionalista surge a finales del siglo XIX y principios del
XX y se desarrolla como una reacción ante el pensamiento neoclásico. Los
autores institucionalistas entienden que no existe la libre competencia
y que se han producido cambios profundos en el capitalismo que obligan
a utilizar un nuevo enfoque para explicarlo. Se ha considerado que esta
escuela, básicamente norteamericana, engarza con la llamada Escuela
Histórica Alemana (en la que destacan autores como Sombart y otros) que
también había proclamado la necesidad de hacer «aterrizar» en la realidad
histórica una ciencia económica cada vez más alejada de ella por la
presión neoclásica.
El
fundador de esta escuela fue T. Veblen (noruego, afincado en EE.UU.) que
publicó en 1899 su Teoría de la clase ociosa, obra que se
considera, junto con otras del mismo autor, el origen del
institucionalismo.
Sin
embargo, esta escuela no es conocida con la denominación de «institucionalista»
hasta que fue así bautizada por Hamilton en 1919 en la American
Economic Review, la revista de la American Economic Association.
Algunos
autores importantes de esta escuela fueron, en la primera mitad de este
siglo, Commons, Mitchell, Hobson y Clark (todos anglosajones). Tras un
período de opacidad, derivada de la implantación de la nueva economía
keynesiana y de la posterior síntesis neoclásica, el institucionalismo
vuelve a surgir en la década de los cincuenta. El principal
neoinstitucionalista es J. K. Galbraith (considerado el «economista de la
abundancia» por sus análisis del capitalismo desarrollado). También G.
Myrdal (sueco, Premio Nobel de Economía, considerado el «economista de la
pobreza» por sus trabajos pioneros sobre el subdesarrollo) puede ser
considerado neoinstitucionalista. El neoinstitucionalismo está presente
hoy día como corriente significativa tanto en la Radical Economics
norteamericana como en la European Association for Evolutionary
Political Economy.
La
denominación de esta escuela procede del concepto de institución.
Es un concepto relativamente ambiguo, cuyo uso difiere según los autores y
los objetos de conocimiento (filosóficos, sociales, económicos, etc.). El
término tiene una doble acepción:
-
Como hábito
mental, uso o costumbre (así es utilizado por autores como Ortega y
Gasset y Veblen).
-
Como organismo
público, semipúblico o privado (así es utilizado, por ejemplo, por R.
Tamames).
La
institución como uso social representa una acción individual que es
automática, irracional y extraindividual. Por ejemplo, las
religiones, el hábito del trabajo ligado a la manutención («el que no
trabaja no come»), la moda, etc.
La acción
y los efectos de estos usos sociales son tan fuertes o más que las leyes
escritas. Quien no los cumple resulta marginado de la sociedad.
Tales usos sociales se expresan en general bajo el impersonal «los demás».
Son la base de la ideología dominante y del comportamiento colectivo. Son
mucho más difíciles de cambiar que las propias leyes escritas.
La
institución como organismo o grupo representa un conjunto más
«personalizado», jurídicamente o por tipo de actividad. Se habla así, por
ejemplo, de las «instituciones del Gobierno», las «instituciones
financieras», las «instituciones políticas» (sindicatos, partidos
políticos), la «Iglesia», la «Universidad», etc.
Esta
ambigüedad ha supuesto una de las deficiencias teórico-metodológicas de
esta escuela y hay que remitirse directamente a los distintos autores para
comprender su aportación específica al análisis estructural. En cualquier
caso, como quedó dicho, el origen de esta corriente está en la obra de Th.
Veblen.
Veblen
y la American Economic Association
El
pensamiento de Veblen se inspiró en tres fuentes principales: el
evolucionismo de Darwin, la obra de Marx (de quien aceptó la idea de
clases sociales, pero no la lucha de clases) y la obra de Marshall, a
quien consideraba un gran teórico y a su teoría una teoría atractiva y
sugerente, pero falsa, por cuanto las premisas de las que partía
(libre competencia, etc.) ya no existían en la realidad de finales del
siglo XIX.
Veblen
estudió únicamente la sociedad norteamericana de dicha época y observó los
cambios que se habían producido en ella. Los más esenciales hacían
referencia a la composición de clases de la sociedad. Distinguió así
entre:
-
Los que pueden:
los propietarios del
capital.
-
Los que saben:
los técnicos,
científicos y empresarios.
-
Los que hacen:
los obreros, empleados
y campesinos.
Señaló
entonces la idea de que los propietarios no aportan nada a la creación
de riqueza de la sociedad. Forman lo que él llamó la clase ociosa,
parasitaria y rentista.
Distinguió entre la esfera del negocio (business), en la que los
rentistas practican la adquisición de dinero, y la industria (industry),
que es en la que realmente se crea la riqueza y que no coincide con la
primera.
Los
responsables del incremento de la productividad, del avance tecnológico y
en general del progreso son los técnicos. La tecnología sería el
motor del desarrollo y los técnicos deberían ser los que gobernaran el
país. Ello representaría un orden nuevo, especie de despotismo
ilustrado moderno (esta idea fue recogida, distorsionada y utilizada
posteriormente por los fascismos). De no ser así, y de perdurar el poder
de los «ociosos», la sociedad correría el riesgo de convertirse en una
barbarie civilizada.
La gran
influencia de Veblen en sus contemporáneos se evidenció cuando en 1925 se
le pidió que presidiera la American Economic Association, que él
rechazó («no me la ofrecieron cuando yo la necesitaba», arguyó).
Los
continuadores de Veblen desarrollaron su actividad en torno a la
American Economic Review. En ella y bajo su influencia se
desarrollaron algunos conceptos que aún siguen siendo básicos en la
ciencia económica. Aportaron la dimensión sociológica, el análisis
sistemático de la economía real y financiera (fueron, de hecho, los
primeros «macroeconomistas»), técnicas de análisis cuantitativo, etcétera.
Precisamente se ha visto en su «excesivo» empirismo, en contraposición a
su debilidad lógico-teórica, una de las causas de su incapacidad para
revolucionar la ciencia académica, a diferencia del keynesianismo, que sí
lo conseguiría.
El
neoinstitucionalismo
Aunque el
institucionalismo no se convirtiese en escuela dominante, sus aportaciones
llegaron a impregnar el estudio de la economía real. Y desde la década de
los cincuenta aparecieron, con nuevos bríos, trabajos sobre la nueva
realidad económica que, tanto en el Centro como en la Periferia, seguía
desafiando al formalismo, ahistoricismo y desprecio por la economía real
de la teoría económica dominante en las Universidades. Por sus
características metodológicas, ideológicas y de contenido, dichos trabajos
se consideran como continuadores del institucionalismo clásico, y de ahí
el termino de neoinstitucionalistas aplicado a los autores que los
han desarrollado.
De entre
ellos destacan J. K. Galbraith y G. Myrdal, como autores pioneros en el
estudio de los cambios en el capitalismo desarrollado y en la explicación
del subdesarrollo, respectivamente.
J. K.
Galbraith es un economista y político norteamericano cuya vinculación con
J. F. Kennedy fue notoria. Embajador de su país en la India y Yugoslavia y
asesor del Gobierno demócrata de Kennedy, forma parte del establishment
norteamericano. A pesar de ello, es el crítico más duro, desde un
punto de vista no marxista, de la teoría neoclásica y de la economía
convencional.
Ya en sus
principales obras hasta 1970 (El capitalismo americano, La sociedad
opulenta, La hora liberal, El nuevo Estado industrial, El crack del 29),
además de una actitud crítica generalizada con respecto a la teoría
económica convencional, Galbraith propone una nueva manera de estudiar la
economía norteamericana, para lo cual introduce nuevos conceptos tales
como el poder compensatorio, la tecnoestructura, el
complejo militar-industrial y la sociedad opulenta. Estos
conceptos y las realidades que designan, que caracterizan los cambios
ocurridos tanto en el capitalismo en general como en las sociedades
capitalistas en concreto, serán tratados detenidamente en los capítulos
correspondientes. En el Recuadro 2.1 se resume brevemente la articulación
entre ellos para destacar el alejamiento de la visión institucionalista de
Galbraith con respecto a la ortodoxia neoclásica.
Y si K.
Galbraith representa el análisis institucionalista del capitalismo
desarrollado, G. Myrdal es, a su vez, el autor pionero en aproximarse a la
economía del subdesarrollo, haciendo hincapié en la especificidad de sus
«instituciones», que hacen tan inservible como en el caso del capitalismo
desarrollado a la teoría económica ortodoxa. En sus obras de los años
cincuenta y sesenta (Teoría económica y países subdesarrollados, El
drama asiático: una investigación sobre la pobreza de las naciones, Reto a
la pobreza, Solidaridad o desintegración, etc.) se plantea la falsedad
del paradigma de la consecución del crecimiento con equilibrio y, por el
contrario, se argumenta la existencia de un proceso causal acumulativo
que fomenta el desarrollo desigual entre regiones y países, lo que
provoca el círculo vicioso de la pobreza, dadas las características
institucionales del subdesarrollo.
En
definitiva, el institucionalismo ha reaparecido con fuerza analítica y
académica en las últimas décadas, incluso desbordando su origen americano.
Como ejemplo de ello baste citar la creación y desarrollo, durante los
años noventa, de la European Association for Evolutionary Political
Economy, con presencia en todos los países europeos a nivel
profesional y académico.
|
RECUADRO 2.1:
Una
visión alternativa del capitalismo americano (J. K. Galbraith)
La
economía capitalista, según el esquema neoclásico, funciona mediante
automatismos que se producen en el marco de la libre competencia.
El equilibrio se alcanza necesariamente y la competencia entre precios
y calidades determina los beneficios empresariales.
Pero la
realidad es que ya no existe la libre competencia. En la sociedad
capitalista contemporánea actúan millones de pequeñas y medianas empresas
que dependen de una forma u otra de unos cientos de grandes
Corporaciones que ejercen un efecto de dominio sobre el conjunto
económico. A través de su poder monopolístico sobre el mercado están en
condiciones de fijar precios y salarios para maximizar sus beneficios. En
la estructura organizativa de la Corporación se produce la separación
cada vez mayor entre la propiedad (accionistas) y el poder de
decisión, que queda en manos de los Gerentes, Jefes y Técnicos,
sector que constituye la Tecnoestructura. La potencia de las
grandes Corporaciones da lugar a que ya no actúen las «fuerzas ciegas del
mercado», sino la negociación colectiva, las asociaciones de consumidores,
el Estado, etc., que constituyen los Poderes Compensatorios del
poder de las Corporaciones.
El peso
creciente de la Tecnoestructura y la sustitución del ,libre juego del
mercado por el Poder Compensatorio llevan a la planificación en el
seno de la empresa y a una economía mixta, en la que se entrecruzan
las acciones de las grandes Corporaciones, las pequeñas y medianas
empresas y el Estado.
Es de
particular importancia el papel del Estado, que deja de ser neutral,
convirtiéndose en elemento activo tanto en la producción
(Corporaciones públicas) como en el consumo (Estado cliente). En este
último aspecto su papel como cliente casi exclusivo de la industria
artnamentística crea una relación estructural entre las Corporaciones
del sector, el Pentágono y la Administración, constituyéndose el
Complejo militar-industria!, cuyos intereses influyen poderosamente en
la economía y política tanto interior como exterior.
Todos
estos cambios en la esfera de la producción y la distribución han tenido
efectos sobre el conjunto de la sociedad. Los notables incrementos de
producción y productividad de las Corporaciones exigen una expansión
dirigida del consumo, que deriva en el consumismo, en el que la
supuesta «soberanía del consumidor» es sustituida por la presión
publicitaria, el imperio de la moda, la obsolescencia acelerada y
programada de los productos que exigen su rápido recambio, la creación de
nuevas necesidades, etc. Los patrones de consumo en esta sociedad
opulenta dejan de estar regidos por las necesidades de los
consumidores y pasan a estar regidos por las necesidades de venta de
las empresas productoras.
Todo ello
muestra la profundidad de los cambios que se han producido en la economía
capitalista norteamericana y la inutilidad de la teoría neoclásica para
explicar su realidad.
|
*
2.4.
LA ESCUELA MARXISTA
El
marxismo es heredero de tres corrientes de pensamiento: la filosofía de
Hegel, la economía política clásica (principalmente la obra de D.
Ricardo) y el socialismo utópico. Marx utilizó conceptos de estas tres
tendencias, pero construyó un método nuevo, global: el materialismo
dialéctico en filosofía y el materialismo histórico como
ciencia social. Los paradigmas fundamentales de este último son la
división de la sociedad en clases antagónicas, el conflicto entre dichas
clases como motor de la historia, la consideración del trabajo como única
fuente del valor y de la riqueza, etc.
La
importancia del marxismo para el método económico-estructural descansa en
que esta escuela, partiendo de la economía clásica, estudia el
funcionamiento del capitalismo como conjunto de estructuras sociales,
económicas y político-ideológicas. Y de ahí, generalizando, formula
teorías sobre las distintas formas de organización económica y social.
Se pueden
distinguir, entonces, dos grandes grupos de conceptos, referentes unos a
la economía y otros a las estructuras. En realidad, en el estudio del
capitalismo de Marx se usan todos esos conceptos articuladamente. Pero en
los desarrollos posteriores de la escuela marxista se pueden encontrar
autores «sólo» economistas (que desarrollan la teoría económica marxista
que explica el funcionamiento del capitalismo) y autores que fijan su
atención más en la dinámica histórica de las estructuras socioeconómicas y
político-sociales.
Los
conceptos fundamentales en los que se basa la óptica marxista del
funcionamiento económico proceden de la economía política clásica, y los
principales son los siguientes:
-
Trabajo:
es la actividad humana que
transforma recursos, naturales o previamente creados, en objetos útiles.
Por extensión, se considera también trabajo a la prestación de servicios.
-
Producción:
es el resultado de la
aplicación del trabajo a los recursos,•naturales o no, de la cual surgen
los productos, que pueden ser de dos tipos:
-
a) Medios de consumo:
que satisfacen
directamente una necesidad humana.
-
b) Medios de producción:
los
utilizados para producir otros productos.
-
Distribución:
es la forma de reparto
del producto global de la sociedad. Lo producido se distribuye entre todos
los miembros de la sociedad en función de las relaciones sociales de
distribución imperantes en ella. El volumen a repartir depende de la
producción. La forma de distribuir depende de las relaciones sociales,
principalmente de la forma que adopta la propiedad sobre los medios de
producción. En el capitalismo la distribución se efectúa a través de
dos tipos de rentas: salarios y beneficios.
-
Consumo:
corresponde a la utilización
de los productos y depende de la distribución, que es previa al acto de
consumir. El consumo depende a su vez, indirectamente, de las necesidades
humanas. Se divide en dos tipos: el consumo productivo representa
la utilización de productos en la producción de otros productos, y el
consumo improductivo corresponde a la utilización de productos para
satisfacer directamente necesidades humanas. En este acto de consumo el
producto desaparece del circuito económico.
-
Proceso de cambio
o intercambio: En algunas sociedades (las mercantiles),
corresponde al proceso de circulación de los productos. Los productos
destinados al cambio adoptan un nombre especial, mercancías, que
tienen tanto un valor de uso (en tanto que satisfacen una
necesidad, como productos que son) y un valor de cambio (que es el
que les sirve para el intercambio).
Todas
estas actividades económicas se desarrollan en sociedades concretas a lo
largo de la historia, pero no siempre del mismo modo. La forma de
realizar la producción, la distribución, el consumo, etc., depende para
Marx y sus seguidores, de las relaciones que establecen para llevarlas a
cabo las distintas clases sociales, y la relación básica que determina
a las demás es la relación de propiedad respecto a los medios de
producción. Como a lo largo de la historia esta relación ha ido
cambiando, el conjunto de estas relaciones, es decir, la estructura
económica de las sociedades, ha ido variando también. Por ende, las
distintas maneras de producir, de distribuir el producto y el excedente,
de consumir y de intercambiar, han configurado la historia material de la
humanidad.
Es aquí
donde se introduce el segundo conjunto de conceptos al que se hacía
referencia, conceptos que designan, a diferentes grados de abstracción,
dichas estructuras económicas.
Marx fue
el primero en definir el concepto de estructura económica como el
conjunto de relaciones de producción. A partir de ese concepto
definió también el modo de producción como la base eco nómica de
una sociedad en la que se conjugan la estructura económica y el
desarrollo de las fuerzas productivas, o recursos materiales y
humanos que se destinan a la actividad económica. Posteriormente, el
pensamiento estructuralista influyó con fuerza en la escuela marxista, en
una simbiosis fecunda en la filosofía, la historia, la antropología, la
sociología y la propia economía.
En este
proceso de reformulación de los conceptos estructurales del marxismo tuvo
un papel muy destacado el filósofo francés L. Althusser quien, junto con
E. Balibar, M. Harneker, N. Poulantzas, P. Vilar, M. Godelier, Sereni,
Luporini y otros, dotó de nuevos contenidos y rigor (no exentos de
polémica) al estructuralismo marxista. La conceptualización de las
estructuras socioeconómicas según esta síntesis estructuralismo-marxismo
será objeto del próximo capítulo.
Volviendo
al contenido económico del pensamiento marxista, hay que señalar que todo
su aparato conceptual y metodológico estuvo en principio abocado al
estudio de un modo de producción concreto, el capitalista y a cómo
se desarrolló el capitalismo en las sociedades europeas a partir de las
estructuras feudales. Los conceptos económicos que Marx introdujo como
propios de este modo de producción son los que configuran su aportación
«revolucionaria» a la economía política clásica.
Así, Marx
mantuvo la teoría clásica del valor-trabajo, pero distinguió entre
trabajo y fuerza de trabajo, que es la capacidad para trabajar que el
trabajador vende al propietario de los medios de producción, el
capitalista, a cambio de un salario. Con esta distinción Marx resolvió el
problema del origen del excedente o beneficio, que tenía bloqueada a la
economía clásica. La diferencia entre el valor creado por el trabajador en
el proceso de trabajo y el valor de su propia fuerza de trabajo vendida a
cambio del salario, corresponde al plus-valor o plusvalía,
que es precisamente la fuente del beneficio capitalista. De este concepto
surge el de explotación de la clase trabajadora, así como la
explicación de los antagonismos de clase en las sociedades capitalistas.
Por otra
parte, el carácter histórico (no eterno) del capitalismo como modo
de producción significa que el concepto de capital se debe entender
sólo en el contexto de esas determinadas relaciones de producción y que es
en sí mismo una relación social y no una cosa (una máquina. dinero,
etcétera). Y dado el antagonismo en dicha relación social, la temática en
torno al cambio estructural (evolución, transformación o superación
de la estructura capitalista) adquiere especial relevancia.
Esta
explicación dotaba al enfoque económico marxista de un contenido
revolucionario, no ya científico (en el sentido de Kuhn explicado en el
capítulo anterior), sino social y político. De ahí que siguiera un camino
propio y contrapuesto a la economía dominante neoclásica. Y en este camino
también surgieron polémicas e interpretaciones distintas de la dinámica
económica capitalista y sus cambios entre los economistas marxistas.
La
escuela marxista ha constituido un cuerpo de teoría económica denso y
vivo, siempre corolario con la propia dinámica real del capitalismo. A las
aportaciones de los autores más inmediatos a
Marx,
como K. Kautsky, Lenin, R. Luxemburgo, N. Bujarin, R. Hilferding, etc.,
hay que añadir, como destacables, las de Grossman, M. Dobb, P. Sweezy, P.
Baran, H. Magdoff, E. Mandel, Samir Amin o Ch. Bettelheim, por citar sólo
algunos de los que a su vez han encabezado cierto tipo de subescuelas,
entre muchos otros. El cuerpo teórico y conceptual resultante será tratado
en la Segunda Parte de este libro dedicada precisamente a la explicación
del modo de producción capitalista.
En
definitiva, la escuela marxista aporta una explicación del funcionamiento
económico del capitalismo que conlleva en sí mismo un carácter
estructural, al estudiar teórica y empíricamente las estructuras de la
producción, distribución y circulación tal como se producen en estructuras
sociales reales determinadas.
*
RESUMEN
El método
económico-estructural es el resultado de la aplicación del método
estructural en economía. Dicha aplicación se ha consolidado a partir
de diversas fuentes, unas procedentes de la propia ciencia económica (caso
del estructuralismo latinoamericano, el institucionalismo y
neoinstitucionalismo norteamericanos, o las obras de autores aislados
como Perroux, Akerman, etc., en Europa), otras desde otras disciplinas,
como es el caso del estructuralismo. En el caso del marxismo,
ambos aspectos, el económico y el estructural, se recogen
conjuntamente. En todos los casos, la intención es estudiar y comprender
la realidad económica como una totalidad en la que los
elementos están posicionados e interrelacionados de una manera
estable, que en definitiva es quien los define individualmente.
También es común, por tanto, el rechazo más o menos matizado de la
economía neoclásica, ante su incapacidad de abordar de forma global,
realista y empírica la estructura y dinámica de la economía.
*
LECTURAS PARA LA REFLEXIÓN
«En el
siglo XXI se seguirá leyendo a Marx. Para entonces estará claro que el
desprecio por Marx de los años setenta y ochenta, nacido del hipermarxismo
de 1968, fue sólo, como éste, otro despiste de la misma labilidad
pequeño-burguesa. Estará claro, como lo está hoy, que Marx es un clásico.
Se seguirá leyendo, si es que algo se lee: si no se produce antes la
catástrofe cuyo presentimiento anda reprimiendo tanta gente, con la ayuda
del angelical Tofler o con la del siniestro obeso Kahn. De todos modos, ni
la catástrofe arrinconaría definitivamente a Marx, sino que algún
marxólogo extraterrestre que asistiera al espectáculo podría sostener que
el desenlace estaba previsto en la "ruina común de las clases en lucha"
del Manifiesto comunista.»
M.
Sacristán Luzón: «¿Qué Marx se leerá en el siglo XXI?» En Materiales,
16-17, 1983.
--
«La
arcaica distinción teórica entre lo bajo y lo honorable en el modo de vida
de un hombre conserva hoy mucha de su antigua fuerza. Tanto es así que hay
muy pocos miembros de la clase más elevada que no tengan una repugnancia
instintiva por las formas vulgares de trabajo. (. .) Se condena y evita
sin titubear un instante las apariencias vulgares, las habitaciones
mezquinas (es decir, baratas) y las ocupaciones vulgarmente productivas.
(. .) La abstención del trabajo no es sólo un acto honorífico meritorio,
sino que llega a ser un requisito impuesto por el decoro. La insistencia
en la propiedad como base de la reputación es muy ingenua e imperiosa
durante los estadios primeros de la acumulación de riqueza. Abstenerse del
trabajo es la prueba convencional de la riqueza y, por ende, la marca
convencional de una buena posición social.»
Th.
Veblen: Teoría de la clase ociosa. FCE, Méjico, 1944.
--
«(Para
Veblen) aunque la clase ociosa se adueñara de bienes, sin devolver a
cambio ningún servicio productivo, lo hacía con la plena aprobación de la
comunidad. (. .) Lejos de ser considerados como malbaratadores y
despojadores, los hombres que se elevaban hasta el rango de ociosos eran
considerados como personas fuertes y hábiles. (. .) De modo, pues, que Veblen veía en la vida moderna la herencia del pasado. La clase ociosa
había cambiado sus ocupaciones, habla refinado sus métodos, pero su
finalidad continuaba siendo la misma: apoderarse de bienes, mediante la
rapiña, sin trabajar. Ya no buscaba, desde luego, el botín o las mujeres;
esa clase de barbarie ya no existía. En cambio, buscaba el dinero,
y la acumulación de dinero y su derroche o exhibición sutil venía a ser la
contrapartida moderna de los cueros cabelludos arrancados y colgados en
las tiendas de campaña de los indios. No sólo proseguía la clase ociosa en
sus viejas normas de rapiña, sino que se sentía realzada por las viejas
actitudes de admiración hacia la fortaleza personal.»
R. L.
Heilbroner: Vida y doctrina de los grandes economistas. Orbis,
Barcelona, 1984.
*
TÉRMINOS CLAVE
Método
estructural
Institucionalismo
Economía real
Neoinstitucionalismo
Estructuralismo
Marxismo
BIBLIOGRAFÍA
T.
Bottomore:
Diccionario del pensamiento marxista.
Tecnos, Madrid, 1984. J. K.
Galbraith: Historia de la economía. Ariel, Barcelona, 1993.
J. L.
Sampedro y R. Martínez Cortiña:
Estructura económica.
Ariel, Barcelona, 1973. Th.
Veblen: Teoría de la clase ociosa. FCE, México, 1966.
*
CAPÍTULO 3
LAS
ESTRUCTURAS SOCIOECONÓMICAS
Las
estructuras socioeconómicas son los conjuntos articulados de relaciones y
elementos que configuran la parte más global, estable, profunda y
definitoria de la realidad económica objetiva.
Para
descubrirlas el investigador debe realizar, aplicando el método científico
deductivo, un proceso de abstracción para extraer esos rasgos
estructurales de la sociedad, eligiendo aquellas relaciones entre sus
miembros que considere que constituyen su estructura. Por otra parte, a
través del proceso de concreción progresiva se toman en consideración más
elementos y más relaciones, de tal forma que se pueden definir estructuras
socioeconómicas más básicas o más complejas.
En este
capítulo se procederá de dicha forma, comenzando por definir la
estructura económica al nivel más general de las relaciones económicas
entre los grupos sociales, según su participación en los procesos
económicos de producción, distribución, circulación y consumo. A
continuación se añadirán a esta estructura las relaciones y los elementos
que atañen a la tecnología y a los distintos recursos que se involucran en
la actividad económica, dando lugar a una estructura más compleja que se
definirá como el modo de producción de una sociedad. Posteriormente se
incorporarán, en el proceso de concreción progresiva, los aspectos no
económicos e históricos que, junto con los anteriores, definen a las
sociedades concretas como estructuras aún más complejas, que se definirán
como formaciones sociales. A partir de ahí, e incorporando entonces las
relaciones entre las formaciones sociales, se definirá una nueva
estructura, más amplia y global, que es el sistema económico o sistema de
formaciones sociales.
Todo
ello se hará desde un punto de vista sincrónico. En un último apartado se
introducirá, entonces, el análisis diacrónico para abordar la problemática
de la regulación, evolución y cambio en estas estructuras.
Quedará
completada así la conceptualización necesaria para abordar el estudio del
Sistema capitalista mundial, objetivo último de este libro, y quedará
justificada la ordenación del mismo: el modo de producción capitalista,
las formaciones sociales capitalistas y la estructura del propio Sistema
mundial.
*
3.1.
LA ESTRUCTURA ECONÓMICA
La
estructura económica es el conjunto de relaciones económicas estables que
se producen entre los miembros de una sociedad en el ámbito de su
actividad económica.
Son de tres tipos:
1.
Relaciones de producción: son las que regulan la forma específica en que
cada individuo se inserta en el proceso de producción, definiendo su
posición en la estructura económica. Son a su vez de dos tipos:
a)
Las que atañen a la propiedad de los medios de producción. Dicha
propiedad puede ser colectiva, privada-individual, privada-colectiva (por
ejemplo, una Sociedad Anónima), etc.
La
propiedad tiene diversos ámbitos de definición y ejecución. Hay que
distinguir entre:
-
La propiedad
jurídica: designa al propietario jurídico de los medios de producción,
pueda o no disponer directamente de ellos. En última instancia, el
propietario jurídico .es el que puede decidir sobre la enajenación de su
propiedad. La posesión real: designa a quienes pueden decidir
directamente sobre el uso de los medios de producción, sean o no
propietarios de ellos.
-
La posesión real
se da como conjunción de la posesión efectiva (poder sobre el uso
de los medios de producción) y de la posesión técnica (derivada del
conocimiento técnico y de la utilización práctica del medio de
producción).
-
Cuando se dan
conjuntamente la propiedad jurídica y la posesión real, se dice que se
tiene la propiedad real de los medios de producción.
-
La apropiación
del producto resultante del uso de los medios de producción y del
excedente (diferencia entre lo producido y el coste de producirlo) se
realiza en base a las relaciones anteriores. La apropiación puede ser
opaca (caso del capitalismo) o transparente (caso del tributo
en el feudalismo). La apropiación formal se produce cuando se es
propietario jurídico de los medios de producción y puede estar en pugna
con la apropiación real, que se consigue por aquellos que disponen
efectiva y técnicamente de los medios de producción. Por supuesto, cuando
se da la propiedad real, el propietario se apropia realmente de
todo el producto y del excedente.
En el
Recuadro 3.1 se exponen algunos ejemplos al respecto para ilustrar la
importancia de estas distinciones en el marco de la propiedad.
b)
La división del
trabajo, que puede ser:
-
Social:
según el papel a cumplir en la
actividad económico-social: la tripleta vebleniana de «los que
tienen/los que saben/los que hacen», o la de Marx de
«capitalistas/obreros», o la que distingue «trabajo intelectual/trabajo
manual», etcétera.
-
Técnica:
según las tareas a desempeñar
en el proceso productivo: «ingeniero/capataz/operario», etc.
-
Sectorial:
según los diversos sectores
económicos: agricultura, comercio, industria manufacturera, banca y
finanzas, servicios, etc.
2.
Relaciones de distribución: son las que determinan la parte del
producto y del excedente que corresponden a cada individuo o colectivo de
individuos en el reparto del producto social. Dependen, pues, de las
relaciones de producción y de la apropiación derivada de ellas. En el
capitalismo adoptan la forma de salarios y beneficios (rentas, dividendos,
intereses, etc.).
3.
Relaciones de consumo: dependen de las de distribución y en última
instancia de las de producción. Determinan la forma en que se utiliza la
parte que corresponde a cada individuo en función de la distribución. Por
ejemplo, en el capitalismo todo el salario se gasta en medios de consumo
improductivo, parte de los beneficios se utiliza en consumo improductivo y
parte en consumo productivo (inversión).
Las
clases sociales que conforman cada sociedad son los elementos de la
estructura económica, posicionados e interconectados en su seno de una
manera objetiva e independiente de la voluntad de los individuos que las
componen, según las relaciones económicas antes descritas.
|
RECUADRO 3.1:
Distintas maneras de
ser propietario
En las
sociedades feudales, el propietario jurídico de la tierra y quien la
poseía efectivamente era el señor feudal, pero la posesión real de los
medios de producción estaba en manos de los campesinos, quienes por tanto
estaban en condiciones de decidir el volumen del excedente producido. El
rey, como cualquier otro señor feudal, era propietario jurídico de sus
tierras y al propio tiempo era soberano político del conjunto de la
sociedad. Por esa razón tampoco podía apropiarse de todo el excedente en
pugna con la apropiación efectiva por parte de la nobleza. En el inicio
del capitalismo, aunque el capitalista era el propietario jurídico y
poseía efectivamente los medios de producción (decidía cuándo y cómo se
tenían que utilizar), el conocimiento del proceso de producción por parte
del ex artesano proletarizado le daba éste parte de la posesión técnica,
lo que mermaba el poder del capitalista en cuanto al volumen del excedente
a apropiarse. De ahí el desarrollo de la organización fabril del proceso
de trabajo y de la progresiva pérdida del know how por parte del
trabajador, como medida imprescindible para que el capitalista ejerciese
la propiedad real de sus medios de producción.
En el
capitalismo avanzado, la organización de
la propiedad del
capital en Sociedades Anónimas vuelve a diferenciar a los accionistas,
propietarios jurídicos, de los que disponen efectiva y técnicamente del
capital, decidiendo en la práctica su uso real. Estos últimos configuran
lo que Galbraith llamó la tecnoestructura, poseedora real de los medios de
producción. Por ello, la tecnoestructra se apropia de parte del excedente
en forma de sueldos, gratificaciones, dietas, etc., mientras que los
accionistas, propietarios formales, lo hacen en la medida que decide a
tecnoestructura, a través del dividendo.
|
*
3.2.
LAS FUERZAS PRODUCTIVAS
Definidas
las relaciones entre las clases sociales, el siguiente paso es considerar
las relaciones entre la sociedad y los instrumentos y objetos de
trabajo. Es decir, se trata de considerar el conjunto de los
recursos humanos, las condiciones naturales de la producción,
las materias primas que éstas ofrecen, los medios de producción
que las transforman, el conocimiento técnico que posee la
sociedad para dicha transformación, etc.
Este
conjunto configura las fuerzas productivas, que se definen como la
estructura de recursos materiales e intelectuales de que dispone una
sociedad y que pone en funcionamiento para su subsistencia t. para
la reproducción de su estructura económica.
Las
fuerzas productivas están siempre caracterizadas por un determinado
grado de desarrollo, que se define por el nivel cuantitativo y
por las características cualitativas de los recursos utilizados.
Conforme aumenta la masa y la calidad de inputs introducidos en la
producción y, consiguientemente, el output a disposición de la
sociedad, se considera que el grado de desarrollo de las fuerzas
productivas es más alto. El desarrollo de las fuerzas productivas debe
permitir, así, producir cada vez más con menor esfuerzo relativo y
dependiendo cada vez menos de los límites que impone la Naturaleza. De ahí
que se identifique el desarrollo de las fuerzas productivas como el
progreso de una sociedad.
La
estructura de las fuerzas productivas está representada en el Esquema 3.1.
Debe
resaltarse, sin embargo, que las fuerzas productivas son un conjunto
estructurado y que por tanto todos sus elementos están
interrelacionados. El desarrollo desigual entre ellos, o la ruptura de
algunas de sus interrelaciones (por ejemplo, el agotamiento de un recurso
o el deterioro medioambiental), puede dificultar el desarrollo de la
estructura de las fuerzas productivas como bloque o, en otros términos,
puede cuestionar el progreso.
En las
relaciones entre las fuerzas productivas hay que distinguir entre las que
relacionan entre si los recursos materiales y las que relacionan los
recursos materiales con el ser humano productor.
1.-La
relación interna entre los instrumentos de trabajo (medios de
producción) y los objetos de trabajo (materias primas) es
fundamentalmente técnica.
2.-La
relación externa de los instrumentos y objetos de trabajo con el ser
humano es de carácter social, puesto que en ella se manifiesta la
propiedad. Esta relación tiene dos dimensiones:
a)-La material, que es
el trabajo, como actividad que relaciona físicamente los tres elementos
(ser humano/instrumento/objeto) y que por tanto adquiere carácter social,
no individual. Esto implica considerar irrelevantes los modelos de tipo «Robinson
Crusoe» para explicar la realidad. El trabajo se aplica en una determinada
estructura económica, no en una isla desierta.
b)-La intelectual, que
es la dimensión tecnológica, que sintetiza el conocimiento y control del
proceso material de trabajo y refleja la elección y desarrollo de los
objetos e instrumentos de trabajo para elevar el nivel de progreso. Por lo
tanto, también la tecnología tiene un carácter social, vinculado a la
estructura económica en que se desarrolla.
|
ESQUEMA 3.1
Las fuerzas
productivas

Explicación:
La
naturaleza aporta unas condiciones determinadas (clima, suelo, recursos
biológicos, minerales, fuentes energéticas, etc.) que la sociedad utiliza
a partir de su conocimiento científico y técnico, del volumen de su fuerza
de trabajo y de los medios de producción (instrumentos de trabajo) de que
dispone. Así obtiene nuevos medios de producción, materias primas y medios
de consumo. Se pueden distinguir, en primer lugar, entre las actividades
directamente ligadas con la Naturaleza y las que ya están desligadas de
ella; y, en segundo lugar, según las características de las condiciones
naturales de la producción se diferencian la agricultura, la minería,
etc., en el primer caso, y según el carácter transformador o no se
diferencian la industria del comercio, los servicios, etc., en el segundo
caso. En todas ellas tiene lugar el desarrollo de las fuerzas productivas.
|
*
3.3.
EL MODO DE PRODUCCIÓN
Hasta
aquí se han elaborado los conceptos de estructura económica para
expresar la parte fundamental de la organización económica de la sociedad,
y de fuerzas productivas, para expresar los recursos materiales e
intelectuales con que cuenta dicha organización. Se ha destacado que ambos
conjuntos están interrelacionados. Por lo tanto, se puede definir una
estructura más compleja que recoja a ambos como elementos y a sus
interrelaciones como las constitutivas de la nueva estructura, que se
denomina modo de producción.
Un
modo de producción es un conjunto estructurado de relaciones económicas
específicas y de fuerzas productivas con un determinado nivel de
desarrollo.
Es, pues,
un modelo teórico, elaborado a un alto nivel de abstracción, que
recoge los aspectos más globales, profundos y estables del desarrollo y
funcionamiento de la sociedad. En definitiva, se trata de expresar como
unidad estructurada la forma de relacionarse para producir (y distribuir y
consumir, derivadamente) y la forma de definir y realizar el progreso.
Dicho de otra forma: la manera, forma o modo de producir, distribuir y
consumir de una sociedad está definida por su estructura económica y el
grado de desarrollo de las fuerzas productivas.
La
interacción que se da entre las relaciones económicas (de producción,
distribución..) y el grado de desarrollo de las fuerzas productivas en el
seno del modo de producción es del siguiente tipo: el grado de desarrollo
de las fuerzas productivas posibilita las relaciones económicas y su
reproducción, las limita si no alcanza un determinado nivel o las impone a
partir de un nivel superior; por otra parte, y en sentido inverso, las
necesidades impuestas por la reproducción de la estructura económica y de
sus clases sociales impulsan el desarrollo específico de las diversas
fuerzas productivas y su forma de articularse, es decir, diseñan la
articulación sectorial y los niveles de productividad del trabajo.
Es decir,
el «progreso» no es una categoría universal (aunque así se considera
cuando se habla del «progreso de la Humanidad» o se hacen prospectivas
generalizadoras y abstractas para el futuro), sino que es característico
de cada modo de producción. Por tanto, hay que hablar con calificativos:
progreso capitalista o desarrollo capitalista de las fuerzas productivas.
Si se
produce un desajuste irreversible entre los dos componentes del modo de
producción, la ruptura en su estructura provoca que la sociedad no pueda
seguir produciendo, distribuyendo y consumiendo de la misma manera (del
mismo modo), y por tanto se impondrá la necesidad de un cambio
estructural y la sociedad organizará las relaciones entre sus miembros y
progresará sobre las bases de otro modo de producción.
En la
historia de las sociedades ha habido varios modos de producción. Aunque el
concepto de modo de producción tal y como se ha definido hasta ahora es un
concepto teórico-abstracto, que se refiere a la explicación de las leyes
generales de funcionamiento económico de la sociedad, es, sin embargo, un
concepto real, que hace referencia a la realidad objetiva. Ello
permite, por tanto, establecer una tipología de modos de
producción.
Tipología de los modos de producción
Al
diferenciar los distintos modos de producción que se pueden abstraer de la
historia real es importante resaltar que la tipología resultante no
implica necesariamente un orden de sucesión histórica, es
decir, no es una cronología. Algunos de ellos han coexistido
simultáneamente en sociedades concretas. Es decir, un modo de producción
puede ser dominante o, por el contrario, subordinado a otro
modo de producción, lo cual quiere simplemente decir que la parte más
significativa de las relaciones económicas y del progreso de una sociedad
se definen de una manera (modo de producción dominante), aunque existen
una parte de la organización social y algunas fuerzas productivas
desarrolladas que presentan características estructurales diferentes (modo
o modos de producción subordinados).
La
tipología de modos de producción que se presenta a continuación se basa en
ese carácter de dominación o subordinación que ha adoptado cada uno de
ellos en la historia social.
a)
Modos de producción dominantes:
-
Modo de producción
comunitario primitivo.
-
Modo de producción
tributario:
-
Precoz (modo de
producción feudal).
-
Desarrollado (asiático, americano).
-
Modo de producción
capitalista.
b)
Modos de producción subordinados (combinados
con otros):
-
Modo de producción
esclavista.
-
Modo de producción
mercantil simple.
-
Artesanal con
mercado local.
-
Artesanal con
comercio lejano.
c)
Además de los
anteriores, se ha argumentado sobre la existencia de otros modos de
producción, aunque su definición y su propia existencia real ha sido
objeto de polémicas. Tales serían:
-
Modo de producción
comunista.
-
Modo de producción
soviético.
-
Modo de producción
socialista.
-
Modo de producción
doméstico.
En cada
uno de estos modos de producción son específicas o propias de él las
siguientes características:
-
La forma de
propiedad de los medios de producción.
-
La estructura de
clases sociales.
-
La división del
trabajo.
-
La forma de
apropiación y distribución del producto y del excedente (derivada de las
formas de propiedad).
-
Los niveles
cuantitativos del producto social y del excedente (determinados por el
progreso) y las formas cualitativas del excedente (tributo, beneficio,
etc.).
-
El desarrollo
sectorial de las diversas fuerzas productivas y su peso en el desarrollo
global (en unos modos de producción la agricultura es dominante, en otros
lo es la industria, etcétera).
En el
Recuadro 3.2 se ejemplifica, al hilo de la historia, esta tipología
y algunas características de algunos de estos modos de producción.
En
definitiva, los modos de producción son estructuras teóricas que pretenden
reflejar la base económica de la sociedad.
Pero la
dimensión económica no es la única dimensión de la realidad social. Y el
modo de producción es una estructura más teórica que histórico-concreta.
Para incorporar las instancias no económicas y avanzar un paso más en la
concreción progresiva se necesita un nuevo concepto que es el de
formación social.
|
RECUADRO 3.2
No hay
modos de producción eternos
Ninguna
clase dominante deja de serlo por propia voluntad. A lo largo de la
historia las clases sociales han variado, como lo han hecho los recursos
disponibles, la dependencia de la Naturaleza y el conocimiento técnico.
Pensar en todos estos elementos simultáneamente para caracterizar una
sociedad es pensar en su modo de producción, y advertir cuán
variadas han sido las sociedades a lo largo de la historia es admitir que
no hay modos de producción eternos.
El modo
de producción históricamente más difundido fue el tributario
desarrollado, definido por algunos autores como el modo de
producción asiático. Sus relaciones económicas estaban definidas por
complejas relaciones de propiedad: la formal era del emperador (rey,
sátrapa, etc.) y la posesión real de los aldeanos, que pagaban tributo al
señor. Este excedente, apropiado de forma directa y visible, servía para
la reproducción de la clase dominante al servicio del emperador
(funcionarios, mandarines, guerreros, sacerdotes, etc.) no propietaria de
tierras, cuya función era realizar las tareas improductivas. La
agricultura es la actividad en la que se vuelca el desarrollo de las
fuerzas productivas, y el progreso o nivel de desarrollo de las sociedades
basadas en este modo de producción se mide por el nivel cuantitativo de
excedente conseguido, que permitía más volumen demográfico, más potencia
militar, etc. La fuerte centralización política permitía grandes obras de
irrigación, colonización de nuevas tierras, etc., y la estabilidad era
grande. De hecho, esta manera de producir no evolucionará, sino que será
destruida por el colonialismo europeo.
El modo
de producción feudal es considerado como una derivación o caso
especial del tributario. La estructura económica es más compleja: la
propiedad de la tierra es del noble (señor feudal) y el campesino es
siervo y paga tributo. El rey es soberano (políticamente), pero no
propietario de toda la tierra. La inestabilidad de la estructura de
clases es, por tanto, mayor, con un excedente más repartido. El nivel de
desarrollo de las fuerzas productivas es menor que en el caso anterior al
faltar la centralización del poder y la dispersión en la propiedad de la
tierra. Las formaciones sociales en las que dominó (Europa, Japón)
formaron, según Samir Amin, la «periferia» con respecto a las sociedades
tributarias más avanzadas (China, India, Persia).
El hilo
histórico que pasa por el modo de producción tributario combinado con el
esclavista (Grecia, Roma) se convierte en tributario precoz (feudal) en
Europa y se combina con la pequeña producción mercantil (en la que el
propietario de los medios de producción es quien los trabaja), que implica
un mayor progreso por la división del trabajo y un peso mayor a la
industria. La apropiación del excedente empieza ya a ser opaca a través
del mercado. La debilidad del modo feudal frente al ascenso de la
estructura y el progreso mercantiles da lugar finalmente al
capitalismo, que como modo de producción ha logrado, desde Europa, su
expansión mundial en sólo dos siglos. Este camino «eurocentrista» es la
muestra del paso de una situación periférica (el feudalismo europeo con
respecto a los Estados tributarios de Oriente) a una posición central
(Europa capitalista). Y la Historia continúa..
|
*
3.4 LA
FORMACIÓN SOCIAL
El
concepto de formación social se refiere a una sociedad concreta en un
momento determinado de la historia. Como concepto, se formula a un nivel
más bajo de abstracción que el de modo de producción, puesto que tiene en
cuenta más relaciones y elementos de la realidad social.
Una
formación social es una comunidad estructurada, determinada espacial e
históricamente, que se reproduce en su existencia económica y social a
través del tiempo.
Hay
conceptos y términos que hacen referencia, aparentemente, a la misma
realidad que pretende reflejar el concepto de «formación social»: país,
nación, Estado, etc. Sin embargo, no están definidos de la misma manera,
puesto que el concepto de formación social es producto del método
estructural, mientras que los otros son más ambiguos y producto de
análisis variados y en ocasiones divergentes procedentes de la geografía,
la política, etc.
Al
estudiar la realidad histórico-empírica de la sociedad mediante el método
estructural se hace evidente que la formación social supone, por una
parte, una combinación real de modos de producción y de instancias no
económicas (políticas, jurídicas, de conciencia social, etc.). Y, por
otra parte, es una estructura que articula los diferentes niveles de la
existencia social, que son tres:
-
Los recursos materiales e
intelectuales
de que dispone cada sociedad
para su subsistencia y reproducción en cada momento: su población y su
capacidad de trabajo, el entorno medioambiental, los recursos naturales en
su territorio, los medios de producción, el nivel de desarrollo técnico y
científico para su utilización, etc. Todo este conjunto constituye la
infraestructura de la formación social.
-
Las distintas clases y grupos
sociales y las relaciones establecidas entre ellos,
que determinan objetivamente
la posición de los individuos en la sociedad y las condiciones materiales
de su existencia como miembros de la colectividad. Esta es la
estructura de la formación social, la parte más significativa
de la cual es la estructura económica tal y como fue definida
anteriormente.
-
El conjunto de
manifestaciones sociales que se producen en la sociedad fuera de la esfera
de la actividad económica, aunque se derivan de ella y al propio tiempo
actúan sobre ella: la ideología, la cultura, las instituciones
políticas, la religión, etc. Más o menos explícitamente, todo ello es
la expresión de la conciencia social sobre la propia organización de la
comunidad, su justificación y el conjunto de mecanismos institucionales
para reproducir la estructura existente, usando con ese fin la
infraestructura disponible.
Este
conjunto de instancias e instituciones no económicas configura la
superestructura de la formación social.
La
infraestructura, la estructura y la superestructura son los tres
elementos de la formación social, y como ésta es un conjunto estructurado
las relaciones entre ellos son de carácter estable y fuerte:
-
Las relaciones
entre la infraestructura y la estructura son del mismo carácter que
las que existen entre las fuerzas productivas y la estructura económica,
definidas anteriormente: los recursos materiales de que dispone una
comunidad limitan por su escasez, o imponen por su abundancia, la
estructura social, los tipos de clases sociales, etc.; en sentido
recíproco, la utilización y desarrollo de los recursos existentes se
efectúa para reproducir la estructura social vigente y así el progreso
puede ser impulsado o bloqueado según los intereses de la clase dominante
en la estructura.
-
La relación entre
la estructura y la superestructura es más compleja. Sin duda las
instituciones y la conciencia social emanan de la estructura, puesto que
la racionalidad, la ideología, el aparato político-administrativo, la
normativa jurídica, etc., son desarrollados más o menos conscientemente
para defender los intereses de la clase dominante, el principal de los
cuales es mantenerse como tal clase dominante, aunque también es
necesario, para la estabilidad de la estructura económico-social, que las
clases dominadas o subordinadas a la dominante acepten su papel en
dicha estructura. Pero, por otra parte, el entramado superestructural
llega a hacerse tan complejo, la conciencia social llega a formularse en
usos y costumbres tan irracionales (las «instituciones» de la escuela
institucionalista), las normas jurídico-políticas alcanzan tal nivel de
burocratización endogámica, etc., que, como resultado, la propia
superestructura se dota de autonomía relativa en el devenir social.
-
Ello puede provocar
desajustes en la relación estructura-superestructura, en los que esta
última puede acusar cierto retardo a las necesidades de la estructura (por
ejemplo, las resistencias feudales a la estructura de clases capitalista)
o bien acelerar modificaciones en ella en base a su propia dinámica (el
mejor ejemplo de esto último son los procesos en las sociedades ex
soviéticas, en las que desde la superestructura anterior se están creando
las nuevas clases sociales y las nuevas relaciones económicas
capitalistas).
En la
teoría de la historia se ha incurrido en ocasiones en el error de
minusvalorar la influencia de la superestructura en la dinámica de la
estructura, pensando que siempre sería de menor importancia que la
recíproca. Esta óptica ha sido calificada como determinismo histórico,
ya que pretendía explicar el desarrollo histórico de las sociedades
casi exclusivamente a partir del cambio en su base económica. En realidad,
las formaciones sociales, al ser estructuras, son algo más complejo que
una mera pirámide en las que las relaciones
infraestructura-estructura-superestructura fueran una línea ascendente de
una sola dirección. Contra dicho determinismo histórico, el método
estructural enseña que, aunque efectivamente el papel de toda
superestructura es reproducir la base económica existente, la instancia
dominante en la dinámica social puede ser cualquiera de las tres,
dependiendo ello del tipo de base económica. Así, en un tipo de sociedades
el nivel dominante será el político, en otras el económico, en otras el
medioambiental, etc., en función de los modos de producción dominantes.
En
cualquier caso, es el modo de producción dominante (su estructura
económica específica) el que calificará a la formación social, y la
tipología de modos de producción es aplicable, entonces, a la de las
formaciones sociales. Encontramos así, en la historia, formaciones
sociales tributarias, feudales, mercantil-esclavistas, capitalistas, etc.
La
interrelación entre la infraestructura y la superestructura
está fundamentalmente
mediatizada por la estructura. Sin embargo, en determinados casos puede
encontrarse una «línea directa» entre ambos niveles. Por ejemplo, una
concepción religiosa que, como la bíblica, define al hombre como el «rey
de la creación», infunde a la relación con la naturaleza un sesgo
unidireccional y de dominación, que actualmente se consideraría «antiecológico»,
pero que ha influido de la misma manera en sociedades con distinta
estructura económica. Recíprocamente, la dependencia (por desconocimiento)
de la naturaleza se ha hecho presente en la propia existencia de algunas
religiones. Otro ejemplo de cómo la problemática en la infraestructura
puede influir directamente en la superestructura es la preocupación actual
por desarrollar una nueva conciencia y crear nuevas instituciones para
enfrentar el deterioro medioambiental global del planeta.
En suma,
la formación social es una estructura más concreta que el modo de
producción, pero definida a partir de él. En el Esquema 3.2 se representa
la relación conceptual entre ambos.
Cualquier
formación social se reproduce a lo largo del tiempo y su dinámica está
definida por los continuos ajustes que se realizan entre sus tres
componentes estructurales. Si en algún momento los desajustes entre ellos
son insalvables (derrumbe de la infraestructura, antagonismo
revolucionario entre sus clases sociales, etc.), la formación social se
romperá como estructura (antigua) y, sobre la articulación de los nuevos
contenidos de sus instancias (nuevos recursos o nueva estructura
económica, etc.), se desarrollará de otra manera una nueva formación
social, que posiblemente retendrá numerosos aspectos de la anterior,
aunque no dominantes.
|
ESQUEMA 3.2:
Los modos de producción en la formación social

Explicación:
La
estructura de clases sociales de la formación social (E) es la resultante
de la combinación de relaciones económicas (RE) definidas en los diversos
modos de producción (MP1, MP2) que existen en esa
formación social (FS). Por ejemplo, en una formación social en la que
exista el modo de producción capitalista y el mercantil simple existirán
capitalistas, trabajadores asalariados y trabajadores por cuenta propia
(industriales, comerciantes, profesionales, etc.), configurando una
estructura económica (ee) que basa la estructura social, en la que estas
clases se manifestarán como burguesía, proletariado y pequeña burguesía,
respectivamente.
La
infraestructura de la formación social (I) está determinada por los
niveles de desarrollo de las fuerzas productivas (DFP) característicos de
los modos de producción presentes en esa formación social. En el ejemplo
anterior, las actividades económicas en las que se trabaje de modo
capitalista tendrán un nivel de desarrollo mayor y pesarán más en la
infraestructura que aquellas realizadas según el desarrollo mercantil
simple (nivel artesanal). La industria jugará un papel primordial (será
una sociedad «industrializada»), mucho mayor que en otra formación social
donde no existiera el modo de producción capitalista.
La
superestructura de la formación social (S) no está definida por los modos
de producción directamente, sino indirectamente a través de la
configuración de la base económica de la formación social.
Las
relaciones de oposición, dominación o subordinación que existan entre los
modos de producción (MP„ MP2) se manifestarán
superestructuralmente en las alianzas y antagonismos de clases sociales,
con sus proyectos políticos, ideológicos, etc., propios. En general, la
superestructura tenderá a asegurar la perpetuación de la estructura
económica propia del modo de producción dominante mediante las leyes, los
aparatos de Estado, etc., que excluirán así mismo a lo que sea antagónico
con ella. E integrará las estructuras económicas diferentes pero no
antagónicas, subordinándolas (por ejemplo, la formación social capitalista
de EE.UU. durante gran parte del siglo XIX integró la estructura económica
esclavista y la mercantil simple junto con la capitalista, hasta que la
primera se hizo antagónica con la última y entonces fue suprimida).
|
*
3.5.
EL SISTEMA ECONÓMICO
En un
paso más en la concreción histórico-real hay que considerar que las
sociedades han estado generalmente conectadas con otra u otras. Las
formaciones sociales se han relacionado históricamente de diversas
maneras, estableciendo conexiones más endebles o más fuertes y estables.
En este último caso, se puede llegar a un punto en el que lo que ocurre en
una formación social (en su infraestructura, en su estructura o en su
superestructura) sólo puede entenderse teniendo en cuenta sus relaciones
exteriores. Es necesario, entonces, incorporar un nuevo concepto para
designar esa nueva totalidad de la que la formación social individual es
sólo una parte. Este nuevo concepto es el de sistema económico.
Un
sistema económico es un conjunto estructurado de formaciones sociales que
mantienen entre sí interrelaciones fuertes, profundas, estables y tales
que su posición en el sistema define su dinámica interna.
Como
conjunto de formaciones sociales, el sistema económico está
metodológicamente definido al mismo nivel de abstracción
histórico-concreto que el concepto de formación social, es decir, es
también una comunidad estructurada con tres niveles: la
infraestructura, la estructura y la superestructura sistémicas. Pero
es una estructura más compleja, porque abarca una totalidad mayor y un
mayor número de relaciones:
-
La estructura del Sistema es
un conjunto de relaciones entre formaciones sociales
«completas». Es decir, al
hablar de estructura sistémica no hablamos sólo de relaciones entre clases
sociales (por ejemplo, burguesía mundial/proletariado mundial), sino
también de relaciones entre países (por ejemplo, países ricos/países
pobres, Centro/Periferia). El carácter de una formación social integrada
estructuralmente en un sistema económico viene definido por su posición en
el mismo, posición que no puede variar sustancialmente si no cambia la
estructura del sistema. Por otra parte, la estructura sistémica, es decir,
la forma de relacionarse entre sí las formaciones sociales que componen el
sistema, está determinada a nivel más profundo por un modo de
producción dominante, que da nombre al sistema (sistema feudal,
sistema capitalista, sistema socialista, etc.).
-
La infraestructura del Sistema
es el conjunto de infraestructuras
de las formaciones sociales
que en él se integran, pero es un conjunto estructurado según la totalidad
sistémica, no una mera yuxtaposición de recursos humanos y materiales. La
división sistémica del trabajo, la productividad y, en definitiva, el
desarrollo de las fuerzas productivas en la globalidad del sistema
no tiene por qué ser homogénea para sus componentes.
-
La superestructura del Sistema
no viene determinada por la mera yuxtaposición de las superestructuras de
las formaciones sociales que lo componen,
sino que tiende a ser
especifica y propia, capaz de asegurar la explotación «racional» (o
armónica con los intereses de la estructura) de las fuerzas productivas
del sistema.
-
Pueden producirse
procesos subsistémicos (creación de estructuras de varias formaciones
sociales mediante la integración económica y/o política) que pueden
alcanzar un nivel más avanzado que el del propio Sistema global. Estos
subsistemas tienen un efecto ambiguo en el desarrollo del Sistema total:
por una parte son un paso adelante en la articulación de las formaciones
sociales que lo integran, pero por otra pueden introducir factores de
disgregación o falta de armonía (por competitividad o antagonismos) en el
funcionamiento sistémico total.
En el
Esquema 3.3 se refleja la relación del Sistema con los otros
conceptos analizados en este capítulo.
En
definitiva, el concepto de sistema es un modelo teórico-real que recoge
todas las estructuras que componen la realidad económica a diferentes
grados de abstracción, y por lo tanto es el idóneo para convertirse en el
objeto de estudio más global, totalizador y real de la actual economía
mundial.
*
3.6.
DINÁMICA ESTRUCTURAL: REGULACIÓN Y CAMBIO ESTRUCTURAL
Hasta
aquí se han definido las estructuras fundamentales de la realidad
económica objetiva, explicitando las relaciones y elementos de dicha
realidad que en cada caso se toman en consideración. Su estudio se ha
efectuado de un modo sincrónico, aunque se ha hecho referencia a
las consecuencias de las rupturas posibles entre los elementos de las
estructuras (cambio de modo de producción, desestructuración de una
formación social, etc.). Ahora se trata de retomar esta problemática, es
decir, se tratará a continuación de definir, a través del análisis
diacrónico de las estructuras, qué cambios en los elementos y/o
relaciones de una estructura significan sólo una evolución de esa
estructura y cuáles implican una modificación definitiva y la
sustitución de la antigua por una nueva estructura (una nueva forma de
relacionarse los antiguos y/o nuevos elementos, que se denomina cambio
de estructuras o cambio estructural).
Las
estructuras sociales y económicas siempre están en movimiento,
porque la misma realidad está
siempre modificándose. El reflejo del movimiento real en los componentes
estructurales puede afectar a uno o a varios de ellos y los demás se van
adaptando por el propio funcionamiento del todo estructural. Este posee
unos mecanismos de regulación, que son los que permiten que la
estructura pueda asumir esos cambios sin cambiar ella misma, y que son muy
variados y específicos de cada estructura (en la realidad son mecanismos
económicos, coercitivos, políticos, etc.). Pero cuando la acumulación de
tales cambios impide el mantenimiento de las relaciones definitorias de
cada estructura, es cuando se impone su cambio.
|
ESQUEMA 3.3:
La
formación del sistema económico

Explicación:
Como en
el Esquema 3.2, los modos de producción (MP1 y MP2)
presentes en las formaciones sociales (FSa y FSb) configuran sus
infraestructuras, estructuras y superestructuras (la e Ib, Ea y Eb, Sa y
Sb, respectivamente). La relación que se da entre las formaciones sociales
se convierte en estructural (estable, global y fuerte) cuando el modo de
producción dominante en ellas (en este caso el MP,) es el que diseña dicha
relación, la cual se constituye entonces como estructura sistémica
o del sistema. El conjunto de recursos de FSa y FSb (Ia e Ib) pasan a
configurar la infraestructura sistémica, que es utilizada según las
características del desarrollo de las fuerzas productivas propio del modo
de producción dominante en la estructura sistémica (MP,). En la
superestructura sistémica (Ss) se pueden distinguir aquellas
instituciones y organismos resultado de la yuxtaposición de las
superestructuras de las formaciones sociales (Si) —por ejemplo, organismos
intergubernamentales— y aquellas otras más específicas de la globalidad
sistémica, resultado directo de la estructura del sistema —por citar
ejemplos reales, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, la
Comisión Trilateral, el Club de Roma, la Internacional Socialista.
|
Por
ejemplo, se ha visto que la estructura económica está definida por
una serie de relaciones económicas:
-
Relaciones de
producción, que incluyen:
-
Relaciones de
propiedad jurídica.
-
Relaciones de
posesión efectiva, técnica y real.
-
Relaciones de
propiedad real.
-
Relaciones de
apropiación (jurídica o formal, efectiva, técnica y real).
-
Relaciones de
distribución.
-
Relaciones de
consumo.
A lo
largo del proceso dinámico de reproducción económica y social, algunas de
estas relaciones se van modificando: las distintas formas de posesión
pueden pasar de unas clases a otra (la dominante), modificando la
apropiación, o lo pueden hacer las de distribución —si una clase dominada
se apodera de parte del excedente—, etc. Siempre y cuando estas
modificaciones no alteren qué clase es la propietaria de los medios de
producción, la estructura económica se definirá del mismo modo (feudal,
capitalista, etc.), aunque se podrá hablar de etapas, estadios o formas
diferentes (por ejemplo, las estructuras feudales en Europa en el siglo IX
y en el siglo XIV, o las estructuras feudales europeas y la japonesa, o la
estructura capitalista en un país desarrollado y la de un país
subdesarrollado. Cuando algunos de los mecanismos de regulación
fallan, es cuando se desarrollan otros que incorporen esas modificaciones
para mantener la reproducción global. El ejemplo más ilustrativo de esto
último podría ser el binomio Mercado/Estado como mecanismos de regulación
en la estructura económica capitalista: cuando el mercado, en la crisis de
los años treinta, demostró su ineficacia, el Estado entró en acción, pero
en la crisis actual se vuelve a cuestionar su eficacia reguladora; y a lo
largo de todo el proceso, la estructura económica ha evolucionado, pero no
ha dejado de ser capitalista.
Lo mismo
ocurre con las fuerzas productivas. El progreso es por sí
mismo evolución y mejora de las técnicas y recursos manteniendo su
interrelación, pero llega un momento en que se traspasa el umbral que
permitía esa articulación de las fuerzas productivas existentes y su
desarrollo exige un cambio radical: cambiar las fuentes de energía, o el
volumen y calidad de los recursos humanos, o el nivel científico-técnico,
etc.
Como
estructura de las dos anteriores, el modo de producción reflejará
sus cambios y evoluciones parciales, y por tanto también sufrirá
modificaciones en su seno, que pueden constituir fases (en el
capitalista, por ejemplo, la fase concurrencial, la fase monopolista de
base nacional y la fase monopolista de base mundial) o formas
distintas (el feudal, como forma «degenerada» del tributario, por la mayor
debilidad de su clase dominante).
Los
mecanismos de regulación del modo de producción funcionan para adecuar
permanentemente en su evolución el desarrollo de las fuerzas productivas a
la estructura económica, y viceversa. La moderna escuela regulacionista
(de origen francés) define distintos modos de desarrollo de un
modo de producción, resultado de las diferentes soluciones en la
adecuación de las dimensiones social y técnica del modo de producción.
Así, por ejemplo, en el capitalismo se puede distinguir un modo de
desarrollo basado en la libre competencia y en la acumulación extensiva,
de otro modo de desarrollo del mismo modo de producción capitalista basado
en el monopolio y la acumulación intensiva.
En
cualquier caso, cuando la estructura económica o el desarrollo de las
fuerzas productivas han acumulado tal cantidad de cambios cuantitativos o
cualitativos que hacen inservibles tales mecanismos, sobrevendrá el
cambio de modo de producción. El ejemplo más clásico es el paso del
feudalismo al capitalismo, con fuerzas productivas encorsetadas por la
estructura feudal y una nueva clase emergente (la burguesía) necesitada de
nuevas relaciones socioeconómicas para imponer la nueva forma de producir.
A su vez,
la formación social y el sistema, definidos en el nivel
histórico-concreto, hacen más visibles estas diferencias entre
evolución y revolución. En el caso de la formación social, su
superestructura es el lugar donde se manifiesta la conciencia y la
voluntad institucional tanto de «cambiar algo para que nada cambie» en su
estructura económico-social (reformismo, evolución), como de la necesidad
del cambio total, estructural (revolución). Y los mecanismos de regulación
políticos, jurídicos, de política económica, etc., son reflejo de la base
económica. En el caso del sistema, se puede intentar exclusivamente
mejorar el papel de una formación social en la estructura sistémica (el
Nuevo Orden Económico Internacional tantas veces pedido para los países
subdesarrollados), con lo que la estructura del sistema no cambia,
o romper definitivamente con esa estructura, separándose del sistema
(desconexión). En el caso de que la superestructura sistémica no esté
totalmente desarrollada, los mecanismos de regulación serán más
ineficientes o débiles, y ello creará más inestabilidad al sistema como
estructura, como precisamente se tendrá ocasión de mostrar en el caso del
Sistema capitalista mundial.
*
RESUMEN
La
estructura económica
(ee) de una sociedad es el
conjunto de relaciones de producción, distribución y consumo
establecidas entre las clases sociales. Tales relaciones están
definidas por las relaciones de propiedad y posesión de los medios
de producción y de apropiación del producto y excedente sociales.
La estructura económica se basa en la utilización de las fuerzas
productivas (FP), que es el conjunto de recursos materiales y humanos
de que dispone una sociedad para su subsistencia y reproducción. Incluyen
la población como fuerza de trabajo, las condiciones de
producción que ofrece la Naturaleza -tierra, yacimientos, entorno
medioambiental, etc.-, los medios de producción, el nivel
científico y técnico, etc. El desarrollo de las fuerzas productivas
configura el progreso de una sociedad, y junto a la estructura
económica constituyen su base económica. El conjunto
estructurado de la estructura económica y el desarrollo de las fuerzas
productivas es el modo de producción (MP) de una sociedad. El
modo de producción es un concepto teórico-abstracto que explica
cómo se organiza la sociedad para producir y cómo realiza su progreso. A
partir de él, y en el proceso de concreción progresiva, se define la
formación social (FS) como la combinación de modos de producción y
de instancias no económicas que se dan en una sociedad determinada
históricamente. La formación social es una estructura que articula los
tres niveles de la sociedad: la infraestructura (recursos), la
estructura (clases sociales y relaciones entre ellas) y la
superestructura (conjunto de instituciones políticas, jurídicas,
conciencia social, etc.). Cuando varias formaciones sociales se relacionan
de una manera estable y fuerte, constituyen un sistema económico de
formaciones sociales, cuya estructura viene dada por las relaciones
que se establecen entre las formaciones sociales. El sistema económico es
la estructura más amplia, que más estructuras de la realidad abarca, y es
el concepto adecuado para abordar el estudio de la economía mundial. Todas
estas estructuras (ee, FP, MP, FS y sistema) están sometidas
a la evolución y al cambio estructural.
*
LECTURAS PARA LA REFLEXIÓN
En la
producción material de su existencia, los hombres entran en relaciones
determinadas, necesarias, independientes de su voluntad; estas relaciones
de producción corresponden a un grado determinado de desarrollo de sus
fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de
producción constituye la estructura económica de la sociedad, la base
real, sobre la cual se eleva una superestructura jurídica y política y a
la que corresponden formas sociales determinadas de conciencia. El modo de
producción de la vida material condiciona el proceso de vida social,
política e intelectual en general. No es la conciencia de los hombres lo
que determina la realidad; por el contrario, la realidad social es la que
determina su conciencia. Durante el curso de su desarrollo, las fuerzas
productivas de la realidad entran en contradicción con las relaciones de
producción existentes, o, lo cual no es más que su expresión jurídica, con
las relaciones de propiedad en cuyo interior se habían movido hasta
entonces. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas que eran,
estas reacciones se convierten en trabas de estas fuerzas. Entonces se
abre una era de revolución social. El cambio que se ha producido en la
base económica trastorna más o menos lenta o rápidamente toda la colosal
superestructura. Al considerar tales trastornos importa siempre distinguir
entre el trastorno material de las condiciones económicas de producción
(. .) y las formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o
filosóficas; en una palabra, las formas ideológicas, bajo las cuales los
hombres adquieren conciencia de este conflicto y lo resuelven. Así como no
se juzga a un individuo por la idea que él tenga de sí mismo, tampoco se
puede juzgar tal época del trastorno por la conciencia de sí misma. Es
preciso, por el contrario, explicar esta conciencia por las
contradicciones de la vida material, por el conflicto que existe entre las
fuerzas productoras sociales y las ilaciones de producción.»
K. Marx:
Contribución a la crítica de la Economía Política. Prólogo. 1859.
--
«La
historia se ocupa de las sociedades. Para que estas sociedades sean
estudiables, es necesario poder expresar las relaciones internas a través
de un esquema de estructura.' Pero la historia se ocupa de sociedades
en movimiento. Dicho de otro modo, debe construir esquemas
estructurales de funcionamiento (y no solamente de relaciones
estáticas), y debe dar cuenta no sólo de las principales estructuras
teóricas existentes en el mundo en tal o cual momento, sino también de
contradicciones, de las tensiones, que llevan a los cambios
de estructuras, a lo que podríamos llamar desestructuraciones y
reestructuraciones. (. .) Observemos que la permanencia de una lengua,
de un folclor, de "prácticas" de diversos tipos, que desempeñan un papel
tan importante en las "etnias", forma parte de las
estructuras mentales de larga duración. (. .) Para un historiador, el problema consiste en
saber si, en las "desestructuraciones" y en las "reestructuraciones" de
otro género, de un modo de producción a otro, tal o cual tipo de
"estructura mental" refuerza o debilita la antigua
estructura global, acelera o retrasa el paso a la nueva.»
P. Vilar:
Iniciación al vocabulario del análisis histórico. Crítica,
Barcelona, 1982.
--
«Con
demasiada frecuencia los historiadores han puesto la etiqueta de
"revolución" a los cambios que constantemente se producen en el curso de
la historia. Detectaron una "Revolución Urbana" en los albores de la
historia, una "Revolución Comercial" en la Europa del siglo XVII, una
"especie de Revolución Industrial" en la Holanda del siglo XI y una
"Revolución Industrial" en la Inglaterra del siglo mí. Sin embargo, todas
estas "revoluciones", al menos desde nuestra perspectiva, tuvieron muy
poco de revolucionario. Produjeron algunos cambios, pero no alteraron el
carácter fundamental de la economía de las sociedades en cuyo seno
tuvieron lugar. Cuando aparecieron las primeras "ciudades", las sociedades
que experimentaron el nuevo fenómeno siguieron siendo fundamentalmente
agrícolas, y las "ciudades" no pasaron de simples órganos de un mundo
agrícola un poco más complejo. A menudo no eran más que los centros de
recaudación de las rentas agrícolas.»
C. M.
Cipolla: Historia económica de la población mundial. Crítica,
Barcelona, 1979.
*
TÉRMINOS CLAVE
Estructura económica
Relaciones de
producción
Fuerzas productivas
Progreso
Modo de producción
Formación social
Infraestructura
Estructura
Superestructura
Sistema económico
Regulación
Cambio estructural
BIBLIOGRAFÍA
S. Amin:
El
desarrollo desigual.
Fontanella, Barcelona, 1975.
R. Boyen:
La
Teoría de la Regulación: un análisis crítico.
Alfons el Magnanim, Valencia,
1992.
M.
Godelier:
Economía, fetichismo y religión.
Siglo XXI, Madrid, 1974.
J. M.
Vidal Villa y J. Martínez Peinado:
Estructura económica y Sistema Capitalista Mundial.
Pirámide, Madrid, 1987.
*
SEGUNDA PARTE
EL
DESARROLLO CAPITALISTA
*
CAPÍTULO 4
LA
ESTRUCTURA ECONÓMICA CAPITALISTA
Se inicia
en este capítulo el estudio del modo de producción capitalista, que
es el modo de producción dominante en el sistema económico mundial. Y para
su explicación se partirá de la teoría objetiva del valor de las
mercancías. En realidad, se trata de comenzar describiendo la
producción y circulación de mercancías, que es la base económica de la
sociedad mercantil simple, e introducir posteriormente las clases sociales
y las relaciones de producción capitalistas, es decir, la propiedad
privada de los medios de producción (que también se da en el modo de
producción mercantil) y el trabajo asalariado (que sólo se da en el
capitalista).
A partir
de ahí se verá cómo esa «capitalización» de las relaciones mercantiles,
que se manifiesta como ciclo del capital, produce durante el
proceso de producción (y no en el de circulación) el valor excedente o
plusvalía y cómo se pueden expresar en términos de valor las
relaciones estructurales básicas que conforman la estructura económica
capitalista.
Mediante
el proceso metodológico de la concreción progresiva, por último, se
llevará la explicación desde el ámbito más teórico de los valores hasta el
ámbito más real de los precios.
*
4.1.
EL VALOR DE LAS MERCANCÍAS: VALOR DE USO, VALOR DE CAMBIO Y UTILIDAD
Producto es todo
aquel objeto material resultante de la aplicación de trabajo humano a los
recursos, naturales o no, para su transformación en objetos útiles.
Los
productos poseen valor de uso y proporcionan utilidad. El
valor de uso viene dado por las características y propiedades
materiales del producto. Es, pues, objetivo e independiente del
consumidor. La utilidad es el grado de satisfacción de las
necesidades del consumidor que proporciona el valor de uso del producto.
Es, pues, subjetiva.
Ejemplos:
-
El valor de uso
de un abrigo, dadas las características de esta prenda de vestir, es
abrigar, proteger del frío, etc. Su utilidad será grande en un
clima frío, pero pequeña en un clima cálido:
-
El valor de uso
de una manzana viene dado por sus características nutritivas, de
sabor, digestivas, etc. La utilidad de la primera manzana que
consume una persona puede ser alta; la de la quinta será muy baja (incluso
negativa), pero el valor de uso de esa quinta manzana es igual que el de
la primera, puesto que tienen las mismas propiedades.
-
De las diferencias
entre estos dos conceptos surgen dos enfoques de la llamada Teoría del
valor:
-
El valor de uso
es la base de la Teoría objetiva del valor, formulada por la
escuela clásica y recogida por la escuela marxista, también conocida como
Teoría del valor-trabajo.
-
La utilidad
es la base de la Teoría
subjetiva del valor, formulada por la escuela neoclásica, también
conocida como Teoría de la utilidad.
Cuando
los productos se destinan al intercambio se dice que poseen valor de
cambio y reciben el nombre de mercancías. Todas las mercancías
son productos, pero no todos los productos son mercancías. Por ejemplo,
los productos agrarios de subsistencia son productos; los mismos productos
agrarios en el mercado local son mercancías.
Las
mercancías no están destinadas directamente a la satisfacción de
necesidades, de consumo o de producción, de su productor, sino que su
objetivo es el de proporcionar otras mercancías o dinero a su propietario.
Por ejemplo, un fabricante de zapatos que produce 10.000 pares no los
quiere usar (realizar su valor de uso), sino que los quiere vender
(realizar su valor de cambio) para conseguir con su venta otros valores de
uso distintos a los zapatos o dinero.
Para
intercambiarse entre sí las mercancías deben tener un valor de cambio
equivalente, de tal manera que en el acto de cambio no resulte
perjudicado ninguno de los agentes (comprador y vendedor).
Debe
existir, por tanto, una medida homogénea del valor que permita
establecer dichas equivalencias. Esa medida homogénea no puede referirse a
ninguna característica física de la mercancía: peso, tamaño, color,
densidad, etc. Por tanto, no se trata del valor de uso. Tampoco
puede servir la valoración subjetiva del posible comprador, ya que la
valoración diferirá de un comprador a otro. Por tanto, no se trata de
la utilidad. Tiene, pues, que encontrarse una medida objetiva
del valor.
Para ello
se observa que todas las mercancías son fruto del trabajo humano,
desarrollado en un proceso de trabajo o producción. En dicho proceso
intervienen diferentes trabajadores que efectúan un trabajo concreto
que es heterogéneo (sastre, carpintero, etc.) y que da como
resultado los diferentes valores de uso: el trabajo concreto del sastre es
hacer prendas para vestir, abrigar, etc.; el trabajo concreto del
carpintero es hacer sillas para sentarse, etc.
Por
tanto, el trabajo concreto no sirve como medida homogénea del valor,
puesto que remite al valor de uso.
Sin
embargo, todo trabajo concreto representa un uso de energías físicas y
mentales del trabajador. A este gasto de energía se le denomina
trabajo abstracto y permite la aproximación a la homogeneidad,
puesto que es común en todos los procesos de trabajo, independientemente
de su resultado material.
No
obstante, no todos los trabajadores tienen la misma pericia, ni trabajan
con igual destreza o rapidez. Cada trabajador ejerce su trabajo en lo que
se denomina tiempo de trabajo individual (TTI), que es
heterogéneo.
A nivel
del conjunto de la sociedad existe sin embargo un tiempo de trabajo
socialmente necesario (TTSN) para la producción de cada mercancía, que
viene determinado por el nivel tecnológico y la cualificación media propia
de cada rama de la producción. Es decir, el 'TTSN está determinado por el
nivel de desarrollo de las fuerzas productivas.
El
tiempo de trabajo socialmente necesario para producir una mercancía sirve
como medida homogénea del valor de cambio. El valor de una mercancía es
igual al tiempo de trabajo socialmente necesario para producirla.
A partir
de aquí se puede formular la ley del valor que funciona en toda
sociedad mercantil, que postula que las mercancías se intercambian
según el tiempo de trabajo sociahnente necesario incorporado en ellas.
Así,
según la ley del valor, si una silla requiere una hora de trabajo por
término medio y un trabajador necesita dos horas para producir una silla,
en el intercambio sólo obtendrá como equivalente el valor de una hora y no
de dos. Por consiguiente:
TTI >
TTSN => Coste mayor, pérdidas.
TTI <
TTSN => Coste menor, beneficios extraordinarios.
Por
tanto, la producción mercantil exige la introducción del desarrollo
técnico. Los diferentes productores intentarán, para conseguir
beneficios extraordinarios, aumentar la productividad y disminuir el
tiempo de trabajo individual, o bien tendrán que ponerse a la altura de
los innovadores para no sufrir pérdidas cuando las innovaciones se hayan
extendido y hayan hecho disminuir el TTSN.
En suma,
la ley del valor resume las fuerzas actuantes en una sociedad productora
de mercancías, ya que regula:
-
Las proporciones en
que se intercambian las mercancías (según el TTSN incorporado en cada
una).
-
El volumen de
producción de cada una de ellas (si se produce en demasía, el exceso será
tiempo de trabajo malgastado y se tendrá que reducir la cantidad
producida).
-
La asignación de la
fuerza de trabajo y de los recursos a las diferentes ramas de la
producción.
*
4.2.
CIRCULACIÓN SIMPLE DE MERCANCÍAS
La
circulación mercantil exige que el intercambio esté libre de «engaño»,
«timo» o cualquier desviación no económica de la regla de equivalencia. El
mercado, que es el reflejo externo de la ley del valor,
funciona gracias a esta rígida ley: los intercambios son intercambios de
equivalentes.
Por
ejemplo, si
1 mesa =
8 horas de TTSN
y
1 silla =
1 hora de TTSN
Entonces, según la ley del valor, en el mercado se intercambiarán:
1 mesa =
8 sillas
Cada
productor produce un tipo de mercancía (o pocos) y necesita muchas y
diversas para consumir y producir. Por tanto, a cambio de sus mercancías
debe obtener en el mercado otras muchas mercancías de valor de cambio
equivalente, pero de valor de uso diferente. Las mercancías, entonces,
se intercambian según el siguiente esquema:
M –
M'
Siendo
M y M' dos mercancías diferentes y:
Valor de
cambio de M = valor de cambio de M' valor de uso de M valor de uso
de M'
Ahora
bien, obsérvese que este intercambio de M por M' sólo se
dará si al vendedor de M le interesa conseguir precisamente M' y en la
cantidad ofertada por el productor de M', y viceversa. La operación
M – M' es, de hecho, un trueque mercantil. Conforme aumenta
el número de necesidades y de diferentes mercancías en el mercado, su
circulación fluida y el crecimiento de los intercambios exigen la
superación del trueque. La forma de superarlo consiste en que exista una
mercancía que sea aceptada por todos como equivalente del valor de todas
las demás mercancías, de tal manera que cualquier productor puede cambiar
su mercancía M por esa mercancía equivalente y, posteriormente, conseguir
con esta última la M' deseada, en la cantidad y momento que desee. Esta
mercancía equivalente general da origen al dinero.
Ahora el
productor lleva sus mercancías al mercado, las vende y obtiene dinero por
ellas, con el cual compra las mercancías que necesita. Este proceso se
denomina circulación simple de mercancías y en él no se crea nuevo
valor. Esquemáticamente se representa así:
M — D
— M' M, M' = Mercancías.
V = V
= V D =
Dinero.
M
M' V -=
Valor.
Y
consiste en vender para comprar.
Las
funciones del dinero
Tradicionalmente el dinero se ha definido por las funciones que cumple:
instrumento de cambio, medio de pago, reserva de valor, etc. En la teoría
económica convencional esas funciones se• expresan como la demanda de
dinero por motivo de transacciones, por motivo de precaución
y por motivo de especulación. Aquello que «funcione» con esos fines
será dinero. El problema se plantea cuando hay muchas cosas que pueden
cumplir algunas de esas funciones, y en tal sentido pueden funcionar como
«dineros parciales» (por ejemplo, obras de arte, metales preciosos,
sellos, etc., como reservas de valor y especulación; papeles o piezas de
metal como medio de circulación; etc.). Una definición «funcionalista» del
dinero («dinero es lo que funciona como dinero») sólo cabe en una teoría
subjetiva del valor, en la que la demanda, derivada de la utilidad, es el
polo central en la explicación del funcionamiento económico.
En la
teoría objetiva del valor, sin embargo, se puede definir la esencia del
dinero previamente a sus funciones.
En la
circulación de mercancías se hace necesario que una de ellas se convierta,
por aceptación social, en equivalente general del valor de
todas las demás. Esa mercancía tiene, como todas y previamente a
convertirse en mercancía-dinero, un valor de uso y un valor de cambio,
dado este último por el trabajo socialmente necesario incorporado en su
producción. Es con este valor con el que se comparan los valores de las
demás mercancías. ¿Y cuál es el valor de uso de la mercancía dinero? Como
en toda mercancía, dicho valor de uso corresponde a las características
materiales que posee como producto.
¿Cómo se
elige la mercancía equivalente-general? Sin duda, la aceptación social que
la convertirá (y sólo a ella) en dinero será el resultado de un largo
proceso a través del cual esa mercancía muestra cualidades especiales para
cumplir las funciones requeridas:
-
En cuanto a su valor
de cambio, tiene que contener mucho valor, puesto que tiene que reflejar
el valor total de todas las demás mercancías. Tiene, pues, que «costar»
mucho trabajo producirla.
-
En cuanto a su valor
de uso, tiene que tener unas características materiales tales que sea
fácilmente divisible en pequeñas cantidades (para realizar múltiples
transacciones), que sea imperecedera, que sea fácilmente transportable,
etc. Por otra parte, debe simbolizar bien el poder de la riqueza en la
tradición y conciencia sociales.
Por todo
ello no es extraño que las mercancías-dinero más importantes en la
historia fueran los metales preciosos, el oro y la plata.
A partir
de su aceptación social, la mercancía-dinero puede cumplir sus funciones:
-
Medida de valores:
el dinero tiene un
valor (producto del TTSN) y los valores de las demás mercancías se
expresan en una cantidad de la mercancía equivalente general. Fijando
dicha cantidad (por ejemplo, una onza de oro) se consigue un patrón de
precios (los valores de las mercancías se expresan en precios: M vale
tres onzas de oro), y considerando sus múltiplos y submúltiplos funciona
como unidad de cuenta.
-
Medio de circulación:
para las
transacciones, el valor de la mercancía-dinero viene ahora fijado
externamente, mediante la acuñación, y es independiente del valor
real de la cantidad que circula. Por tanto, la mercancía-dinero puede
sustituirse por dinero-signo (papel, aleaciones, etc.), que
representa, cuando está circulando, más valor que el que tiene
intrínsecamente (como papel, aleación, etcétera). El valor del dinero en
circulación es, pues, meramente nominal y depende, en última
instancia, de la confianza que se tiene en que tras el signo del dinero
existe, efectivamente, ese valor en términos de la mercancía
equivalente-general. La base de esa confianza debe ser la
convertibilidad y, en su ausencia, el poder social.
La
disociación entre el dinero y los signos del dinero, por otra parte
necesaria para un volumen de transacciones creciente y más rápido, crea la
posibilidad de crisis de intercambio, crisis comerciales y crisis
monetarias.
-
Medio de atesoramiento:
como reserva de
valor, o con fines especulativos, el dinero vuelve a mostrar su valor
(variable) como en la primera función, vuelve a funcionar como
equivalente-general. La no circulación que supone el atesoramiento es una
forma de control de la propia cantidad en circulación y sobre todo del
valor de los signos del dinero.
Todas
estas funciones contradictorias entre sí las cumple el dinero en cualquier
sociedad mercantil. En el capitalismo el dinero pasa a funcionar como
capital, y se agregan nuevas tensiones entre la circulación monetaria
(circulación capitalista de mercancías) y la circulación financiera
(circulación del capital-dinero) en las que no cabe profundizar en el
actual contexto analítico.
*
4.3.
CIRCULACIÓN CAPITALISTA DE MERCANCÍAS
A
diferencia de la circulación simple de mercancías, en este caso de lo que
se trata es de comprar para vender. El productor no pretende
obtener nuevas mercancías a cambio de las que ha producido. Su objetivo es
otro: obtener más dinero que el que empleó para comprar. Esquemáticamente
se representa así:
D M D'
donde D' > D
Se trata
de una relación mercantil y, por tanto, no puede haber engaño. Según la
ley del valor, tiene que producirse un intercambio de equivalentes.
Ello sólo es posible si las mercancías que se compran tienen menos valor
que las mercancías que se venden, lo cual sólo es posible si las
mercancías compradas sufren un previo proceso de transformación antes de
ser vendidas. Dicho proceso es su proceso de producción.
Esquemáticamente se representa así:

V =
V < V' = V'
D, D'
= Dinero.
MP
= Medios de
producción. FT = Fuerza de trabajo.
M =
Mercancía.
V, V'
= Valor.
Este
proceso se denomina ciclo del capital (más adelante se definirá con
mayor precisión el concepto de «capital»).
La
peculiaridad de este proceso radica en que las mercancías compradas son
distintas de las mercancías que serán vendidas. Se compran medios de
producción (máquinas, materias primas, energía, edificios, etc.) y
fuerza de trabajo. Ambas mercancías tienen una característica común:
su valor de uso es producir otras mercancías. Estas «otras
mercancías» son las que serán vendidas y tienen la peculiaridad de que
poseen más valor que los medios de producción y la fuerza de
trabajo empleados en su producción, lo cual implica que en el proceso
de producción se ha creado un nuevo valor.
Este
fenómeno tiene lugar en virtud de la acción de la ley del valor. En
efecto, la aplicación de la fuerza de trabajo a los medios de producción
implica tiempo de trabajo, que es precisamente la fuente de valor.
El nuevo valor creado contiene plus-valor o plusvalía.
En la
circulación capitalista de mercancías (ciclo del capital) tienen lugar los
siguientes tres pasos:
1º

Intercambio de equivalentes en el mercado
V = V
Esta
primera transformación del capital se efectúa en el mercado y consiste en
la conversión del dinero en medios de producción y fuerza de trabajo. Se
produce una inversión de la forma del capital (se le da la «vuelta») y de
ahí su nombre: inversión.
2º

Creación
de nuevo valor: proceso de producción
V < V'
En esta
segunda transformación, el capital, a través del proceso de producción, se
convierte en las mercancías que ya contienen el nuevo valor.
3º
M — D'
Intercambio de equivalentes en el mercado
V' =
V'
Esta
tercera transformación se efectúa en el mercado e implica la realización
(venta) de las mercancías producidas, es decir, su nueva conversión en
dinero, cuyo volumen será superior al inicial. Esta fase también se
denomina realización de la plusvalía.
Por
consiguiente, se constata que en el mercado no se crea valor: el valor
se crea en el proceso de producción.
*
4.4.
LA PRODUCCIÓN DE NUEVO VALOR
Los
medios de producción son mercancías ya producidas y por tanto poseen
valor. Este valor se transmite íntegro al valor de las mercancías nuevas
(concepto similar pero no idéntico al de amortización). Permanece
constante en el proceso de producción. Por ello, recibe el nombre de
capital constante y se designa con una c.
La fuerza
de trabajo al realizar su valor de uso —trabajar— crea nuevo valor. Este
nuevo valor se incorpora a las nuevas mercancías íntegramente.
Sin
embargo, el nuevo valor creado no coincide con el propio valor de la
fuerza de trabajo, que es menor. El valor de la fuerza de trabajo se
denomina capital variable y se designa con una v. Este nuevo valor,
que corresponde a la retribución de la fuerza de trabajo, se crea antes
de que el propietario del capital pague el salario a los trabajadores:
Es decir, los trabajadores adelantan al capitalista lo que será su
propio salario.
El resto
del nuevo valor, el que excede al capital variable, forma el excedente o
plusvalía, designada como pl. Este nuevo valor se lo apropia
íntegramente el capitalista.
El valor
de las nuevas mercancías será el siguiente:
V' = c
+ + pl
o
genéricamente
V = c
+ + pl
Esta
ecuación representa la expresión de la ley del valor cuando actúa en la
estructura económica capitalista. En ella se observa que:
c + v =
Capital total invertido o
coste total de producción (aparentemente, el capitalista «desembolsa» la
cantidad y correspondiente a los salarios de los trabajadores, aunque en
realidad los trabajadores sólo perciben su salario después de haber creado
las mercancías que ya poseen el nuevo valor, es decir, «adelantan»
su propio valor y al capitalista.
La
relación capitalista-obrero es una relación contractual. En el contrato
laboral se estipulan legalmente el salario y la jornada de
trabajo (horario, etc.). Se trata de una relación mercantil que, como
toda relación mercantil, entraña un intercambio de equivalentes.
Por
tanto, el salario debe ser equivalente al valor de la mercancía vendida
por el trabajador: su fuerza de trabajo.
El valor
de la fuerza de trabajo corresponde al tiempo de trabajo socialmente
necesario para producir las mercancías que integran el consumo del
trabajador y de su familia y que aseguran su reproducción y cualificación.
Es un valor socialmente determinado y depende de la historia y las
condiciones propias de cada sociedad.
A lo
largo de la jornada de trabajo, el trabajador crea un nuevo valor que
excede al valor de su fuerza de trabajo. La diferencia entre el nuevo
valor creado y el valor de la fuerza de trabajo es la plusvalía.
Ejemplo:
|
Jornada de trabajo |
|
(A) 4 horas |
B) 4 horas |
|
Capital variable |
Plusvalía |
Existen
dos maneras de incrementar la plusvalía:
-
Plusvalía absoluta:
consiste en
incrementar el tiempo de trabajo de los trabajadores sin modificar su
remuneración (por ejemplo, pasar de 8 horas a 12 horas con el mismo
salario). En definitiva, aumentar la masa de plusvalía producida alargando
la parte (B). Es la base de la acumulación extensiva del capital.
-
Plusvalía relativa:
consiste en
incrementar la productividad de los trabajadores, de tal manera que la
recuperación del valor de la fuerza de trabajo se realice en menos tiempo.
En definitiva, aumentar la masa de plusvalía producida acortando la parte
(A) (por ejemplo, abaratar los medios de consumo del trabajador, sus
gastos de transporte, de cualificación, etc., o hacérselos pagar a la
sociedad en su conjunto; otro método es aumentar la intensidad del
trabajo mediante aumentos de ritmo, cadenas de montaje, etc.). Es la base
de la acumulación intensiva del capital.
*
4.5.
EL CAPITAL: FORMAS, FUNCIONES Y FRACCIONES
El
concepto de capital, aunque parezca lo contrario, es uno de los conceptos
de utilización más ambigua tanto en el lenguaje coloquial como en el
planteamiento teórico convencional. Se identifica al capital con el
dinero, la riqueza, las máquinas, las fábricas, etc. Si esto fuera así,
todas las sociedades en la historia de la humanidad habrían sido
capitalistas, puesto que siempre ha habido herramientas, talleres,
etc., por muy rudimentarios que fuesen. También se habla de «bienes de
capital» como sinónimo de medios de producción, frase que, si consideramos
lo anterior, se observa que no quiere decir, en sí, absolutamente nada.
Por ello,
se hace preciso definir con más precisión el concepto de capital.
Se
entiende por capital una relación de propiedad establecida entre el
capitalista y todos aquellos objetos materiales o servicios personales que
le permitan aumentarlo, especialmente con la fuerza de trabajo. Es decir,
el capital no es la «cosa», sino la relación de propiedad sobre las
«cosas».
El
capital es, por tanto, la expresión de la propiedad privada sobre el
dinero, los medios de producción, la fuerza de trabajo contratada y las
mercancías producidas. Por tanto, en términos económicos, el capital es
todo valor producido en condiciones de propiedad privada de los medios de
producción y de fuerza de trabajo libre y asalariada, valor que se utiliza
para producir más valor.
Así, una
máquina es capital (constante) si es utilizada por fuerza de trabajo
asalariada para producir plusvalía, lo mismo que la propia fuerza de
trabajo es capital (variable) cuando se usa para dicho fin. Y el dinero
sólo es capital cuando se invierte para obtener el beneficio capitalista,
pero no funciona como tal cuando se intercambia por medios de consumo.
Como se
ha visto anteriormente, en el ciclo del capital éste asume tres
firmas:
-
Capital-dinero: D, D'.
-
Capital productivo: MP y FT durante el proceso de producción.
-
Capital-mercancías: M (MP, FT), M'.
Hay que
resaltar que a lo largo del ciclo siempre existe el mismo capital,
es decir, siempre existe el mismo propietario, la misma relación de
propiedad, pero esta propiedad se ejerce sobre objetos distintos. Además,
a lo largo del ciclo del capital, éste se valoriza, crece. Tan capital es
el dinero que se invierte, como los medios de producción y la fuerza de
trabajo que se compran y que se combinan durante el proceso productivo,
como las mercancías que se han producido y se tienen que vender para
recuperar el capital inicial y aumentarlo. Siempre es el mismo capital
cualitativamente, aunque cuantitativamente haya crecido.
Desde el
punto de vista del papel que cumplen en el proceso de creación de
valor, el capital tiene dos funciones diferentes:
-
Capital constante:
formado por los medios
de producción (máquinas, energía, materias primas, instalaciones, suelo,
edificios, etc.).
-
Capital variable:
utilizado para comprar
la fuerza de trabajo. (Recordemos que este capital es «avanzado» por el
trabajador al capitalista, al crear las mercancías que poseen el nuevo
valor.)
Estos dos
conceptos suelen confundirse con los conceptos contables de capital fijo y
capital circulante. Pero no son sinónimos. El capital constante
corresponde a todo el capital fijo (máquinas, instalaciones, edificios,
etc.) y parte del capital circulante (energía, materias primas, etc.). Por
su parte, el capital variable incluye sólo la fuerza de trabajo que es
parte del capital circulante.
Por
último, hay que considerar las diversas actividades en las que, a
partir de la división sectorial del trabajo, se vuelca la producción de
capital. El capital total se fracciona para «atender» los diferentes
sectores económicos y por ello se definen diversas fracciones del
capital: capital agrario, capital industrial, capital
bancario, capital financiero, capital inmobiliario,
capital comercial, capital especulativo, etc.
Cada una
de estas fracciones se valoriza sobre la base de la creación de valor en
el proceso de producción social global (sobre la plusvalía general), pero
los beneficios percibidos por cada una de ellas son diferentes: ganancias,
intereses, alquileres, renta de la tierra, ganancias especulativas,
etcétera.
*
4.6.
LAS RELACIONES ESTRUCTURALES BÁSICAS
Tanto el
«valor» como el «capital» son expresiones de unas determinadas
relaciones económicas. Como se vio en el Capítulo 3, tales relaciones
son las que definen la estructura económica. Por eso, las
relaciones que se establecen entre las clases sociales en el modo de
producción capitalista se pueden expresar en términos de «valor», con los
conceptos que se han visto hasta ahora.
En la
expresión de la ley del valor
V = c +
v + pl
están
contenidas, así, las relaciones estructurales básicas de la
economía capitalista, que se obtienen interrelacionando los tres
componentes de V.
La
tasa de plusvalía
Esta
relación mide el peso relativo del trabajo no pagado (plusvalía) con
respecto al trabajo pagado (capital variable). Se denomina también tasa
de explotación. El capitalista intentará aumentarla (por los ya
citados métodos de acumulación intensiva o extensiva) y los trabajadores
intentarán reducirla mediante el aumento de salarios. A nivel concreto,
este antagonismo se expresa en la lucha sindical.
pl
pl' =
—--
v
Composición
orgánica del capital
Relaciona
el capital constante con el capital total invertido. Mide el grado de
utilización de medios de producción y por tanto la relación entre
trabajo muerto o cristalizado y trabajo vivo.
c
c'=
-------
c
+v
Tasa
de ganancia
Expresa
la relación entre la plusvalía y el capital invertido. Mide la
rentabilidad del capital.
pl
g’=
-------
c + v
A través
de un simple procedimiento aritmético se demuestra que la tasa de ganancia
puede expresarse como una función de las dos restantes relaciones
estructurales básicas:

De esta
última expresión se deduce que la tasa de ganancia varía directamente con
la tasa de plusvalía e inversamente a la composición orgánica de capital.
Esta relación está en la base de la explicación de la tendencia
decreciente de la tasa media de ganancia, como se expondrá
posteriormente.
*
4.7.
VALOR Y PRECIO
En la
realidad no se manifiestan los valores como tales (son opacos), sino como
precios (son visibles). Para llegar a ellos, aplicando el método
deductivo, hay que avanzar en la concreción progresiva, es decir, hay que
introducir mayor número de elementos para acercar más a la realidad el
discurso teórico. En este caso, la primera concreción consiste en
introducir en la explicación la consideración del carácter social de la
producción, es decir, la existencia de numerosos productores y
numerosos consumidores que se enfrentan entre sí en el mercado.
La
explicación que sigue corresponde a la formación de precios en una
economía cerrada y en condiciones de competencia perfecta, lo cual
exige la existencia de libre movilidad de capitales y de fuerza de trabajo
y la no intervención del Estado. Y esta primera concreción se mantiene en
el terreno del valor.
Un
supuesto adicional, en este caso arbitrario pero útil para facilitar la
explicación, es que la economía está dividida en tres sectores (I, II, III)
que la abarcan por completo.
La
tasa media de ganancia
Se parte
de la expresión general de la ley del valor:
V= c
+ y + pl
Si esta
ley actuara de forma independiente en cada sector ocurriría lo siguiente:
|
|
c |
v |
Pl |
V |
g' |
|
I |
100 |
100 |
100 |
300 |
50 % |
|
II |
200 |
100 |
100 |
400 |
33,3 % |
|
III |
300 |
100 |
100 |
500 |
25 % |
Se ha
supuesto que las tasas de plusvalía son iguales en los tres sectores (cosa
que debe ocurrir en la realidad) y que la inversión en capital constante
es diferente, es decir, la composición orgánica del capital es diferente.
Si la ley del valor funcionara independientemente en cada sector, las
tasas de ganancias serían diferentes, mayor en el sector con menor
inversión en capital constante. Ahora bien, dada la existencia de
libre movilidad de capitales, todos los capitales fluirían hacia el
sector I, el más rentable, y no habría producción en el resto de sectores.
En la
realidad esto no ocurre así.
Existe una tendencia profunda
que lleva a la igualación de las tasas de ganancia, de tal manera que
todos los capitales perciban una remuneración porcentual igual. Se
trata de la tasa media de ganancia, cuya expresión general es la
siguiente:

La tasa
media de ganancia en el ejemplo anterior sería:

La
masa de ganancia, es decir, el volumen de ganancia correspondiente a
cada sector, sería el resultado de aplicar la tasa media de ganancia al
capital total invertido en cada uno de ellos:
g =
G'(c + v)
Esta
expresión asegura que cada capitalista percibe como remuneración del
capital que ha invertido la misma tasa de ganancia, pero como los
capitales invertidos son diferentes, cada capitalista percibirá una
masa de ganancia diferente proporcional al volumen de capital
invertido. En resumen, la tasa media de ganancia asegura la
remuneración del capital de forma proporcional al volumen de capital total
invertido.
Formación del precio de producción
Mediante
la acción de la tasa media de ganancia cada capital debe percibir una
remuneración proporcional al volumen invertido. Por consiguiente, el
precio de producción (precio en fábrica, no en el mercado), o precio de
coste, debe incluir la amortización del capital (c + y) más la
ganancia que se espera obtener. La ecuación del precio de producción es la
siguiente:
Pp=c+v+
G'(c + y)
Mediante
el cuadro de transformación se obtienen los resultados• siguientes:
|
|
c |
y |
pl |
V |
G'(%) |
g |
Pp |
|
1 |
100 |
100 |
100 |
300 |
33,3 |
66,7 |
266,7 |
|
II |
200 |
100 |
100 |
400 |
33,3 |
100 |
400 |
|
III |
300 |
100 |
100 |
500 |
33,3 |
133,3 |
533,3 |
|
Total |
600 |
300 |
300 |
1.200 |
|
300 |
1.200 |
En este
cuadro se observa lo siguiente:
-
La pl del
sector I es mayor que la g del sector I.
-
La pl del
sector II es igual que la g del sector II.
-
La pl del
sector III es menor que la g del sector III.
-
El V del sector I es
mayor que el Pp del sector I.
-
El V del sector II
es igual que el Pp del sector II.
-
El V del sector III
es menor que el Pp del sector III.
Estas
desigualdades muestran que se produce transferencia de valor y de
plusvalía de unos sectores a otros (en el ejemplo, del sector I al III).
Esta transferencia es el efecto de las diferentes inversiones de capital
constante en cada sector.
Ahora
bien, a nivel global se produce lo siguiente:

lo cual
quiere decir que, al nivel de la totalidad social:
Por
consiguiente, a nivel social se cumple la expresión:
V = c
+ v + pl
y,
al propio tiempo, se cumple la remuneración proporcional a los capitales
invertidos en virtud de la acción de la tasa media de ganancia. Por tanto,
las leyes obtenidas al nivel más concreto no desmienten las obtenidas al
nivel más abstracto.
Precio
de producción y precio de mercado
La
transformación por la primera concreción se mantiene, como se indicó, en
el terreno del valor. El precio de producción es la expresión del coste de
producción más la ganancia esperada por el capitalista. Es un precio
anterior al mercado. En el mercado el precio sufre una nueva
alteración y es necesaria, pues, una segunda concreción.
En el
mercado los precios oscilan en función de la oferta y la demanda.
Pero esta oscilación no es la única explicación de su nivel. Por el
contrario, existe un eje en torno al cual actúan la oferta y la demanda:
ese eje es el precio de producción.
El precio
de mercado es el precio empíricamente observado por los
capitalistas y es precisamente el que permitirá realizar —o no— las
mercancías producidas y por tanto convertir la plusvalía en ellas
contenida en un volumen de dinero superior al invertido.
Ahora
bien, la oscilación del precio de mercado en torno al precio de producción
da lugar a las situaciones de la Figura 4.1.
Así, en
el mercado se puede producir que:



Figura 4.1.
Oscilación del precio de mercado.
Es
decir, de las cinco posiciones posibles del precio de mercado con respecto
al precio de producción, sólo en una se producen pérdidas (g < 0).
Cuando
g = 0, se recupera el capital invertido (c + v) y no hay ni
pérdidas ni ganancias. A esta situación se le denomina en Teoría Económica
«mínimo de explotación».
En el
resto de posiciones hay ganancias y en una de ellas, además de la ganancia
derivada de la tasa media de ganancia, se produce un super-beneficio (B).
*
RESUMEN
La
producción y circulación de mercancías está regulada por la ley del
valor, que postula que éstas se intercambian según el tiempo de
trabajo socialmente necesario invertido en su producción. En
circulación simple de mercancías (vender para comprar) aparece el
dinero como medida de valores, medio de circulación y reserva de
valor. En condiciones capitalistas (comprar para vender obteniendo
beneficio), la fuerza de trabajo es una mercancía más, cuyo valor de uso
es el trabajo y su valor de cambio lo que cuesta (re)producirla. En el
proceso de producción, el trabajador produce más valor que su propio valor
de cambio y esa diferencia es la plusvalía (pl), que se apropia el
capitalista. Los otros dos componentes del valor total producido (V) son
el capital constante (c) (los medios de producción, materias
primas, etc., que transmiten su valor a la mercancía final) y el
capital variable (v) (que se paga al trabajador). Por tanto, c
y v, corresponden a las dos funciones del capital
en el proceso de producción. El capital es, pues, una relación
social que cristaliza en los elementos de la producción y a través de su
ciclo asume diversas formas: capital-dinero, capital-mercancía y
capital productivo. Y, dependiendo del. sector económico en que se
invierte, se distinguen sus fracciones: capital industrial,
agrícola, comercial, bancario, etc. A partir de los tres componentes del
valor se pueden definir las relaciones estructurales básicas de la
economía capitalista, que son la tasa de plusvalía (pl/v), la
composición orgánica de capital (c/(c + v)) y la tasa de ganancia (pl/(c
+ v)). Pero cada capitalista no se apropia de la plusvalía generada en
«su» proceso de producción, sino que la plusvalía total se reparte, en
base a una única tasa media de ganancia (G'), entre los
capitalistas según su capital invertido, dando lugar a los precios de
producción, que incluyen el coste de producción (c1
+ v1 y la ganancia (g1 = + v1)),
en torno a los cuales fluctúan los precios de mercado.
*
LECTURAS PARA LA REFLEXIÓN
«La
utilidad, por tanto, no es la medida del valor de cambio, aunque es algo
absolutamente esencial al mismo. Si una cosa fuese completamente inútil
—en otras palabras, si no pudiese en modo alguno contribuir a nuestro
bienestar—, estaría desprovista de valor de cambio, cualquiera que fuese
su escasez o la cantidad de trabajo necesaria para conseguirla. El valor
de cambio de las cosas que poseen utilidad tiene dos orígenes: su escasez
y la cantidad de trabajo requerida para obtenerlas. Hay algunos bienes
cuyo valor está determinado únicamente por su escasez. La cantidad de
tales bienes no•puede ser aumentada por el trabajo y, por tanto, no se
puede reducir su valor aumentando la oferta. Pertenecen a esta clase las
estatuas y pinturas notables, monedas y libros raros, y los vinos de
calidad especial. (. .) Sin embargo, estas cosas forman una parte muy
pequeña de aquella masa de bienes que se cambian diariamente en el
mercado. (. .) Siempre que hablamos, pues, de bienes, de su valor de
cambio y de las leyes que rigen sus precios relativos, nos referimos
exclusivamente a aquellos bienes cuya cantidad puede ser aumentada por
efecto de la actividad humana, y en cuya producción interviene, sin
restricciones, la competencia. (. .) Que esto es el fundamento del valor
de cambio de todas las cosas (. .) es una doctrina de la mayor importancia
en la economía política, pues nada dio origen a tantos errores y tantas
diferencias de opinión en esta ciencia como la imprecisión de los
conceptos atribuidos al término valor.»
D.
Ricardo: Principios de Economía Política y de tributación.
Seminarios y Ediciones, Madrid, 1973.
--
«Una
variación del tipo de beneficio supone un patrón distinto de precios
relativos. (. .) Por consiguiente, resulta que una variación de la
distribución altera lo que debe distribuirse. Este enigma tuvo ocupado a
Ricardo hasta el día de su muerte. Marx adoptó la noción de que los
precios de los productos son proporcionales al tiempo-trabajo necesario
para producirlos y le dio una nueva y sorprendente interpretación —todos
los productos se intercambian por sus valores y esto también es cierto en
el caso de la propia fuerza de trabajo—. En efecto, la fuerza de trabajo
se "produce" con el tiempo de trabajo necesario para cubrir la
subsistencia del trabajador. Puesto que el output es superior al
salario, el trabajo produce más valor del que recibe. Así, de la
teoría del valor se dedujo la teoría de la explotación. Los
economistas ortodoxos respetaban a Ricardo. pero esta interpretación de su
análisis era muy contraria a sus ideas. Se esforzaron por alegar que el
enigma de Ricardo sobre la unidad de medida implicaba que en realidad
tenía intención de admitir que el capital crea valor, al igual que
el trabajo. Pero hubiesen podido dar el quite a Marx de otra forma mucho
mejor; en vez de modificar la solución del problema de los precios
relativos, cambiaron el problema. En los años 1870 una nueva ola invadió
la economía: la teoría de la oferta y la demanda.»
J.
Robinsón: Teoría económica y economía política. Martínez Roca,
Barcelona, 1973.
*
TÉRMINOS CLAVE
Mercancía
Valor de
uso
Valor de
cambio
Tiempo de
trabajo socialmente necesario
Dinero
Capital
Capital
constante
Capital
variable
Plusvalía
Tasa de
plusvalía
Composición orgánica del capital
Tasa de
ganancia
Precio de
producción
Precio de
mercado
BIBLIOGRAFÍA
M. Desai:
Lecciones de teoría económica marxista.
Siglo XXI, Madrid, 1978: B.
Fine y L.
Harris:
Para
releer «El Capital».
FCE, México, 1985.
E. Mandel:
Tratado de economía marxista.
Era, México, 1975.
P. M.
Sweezy:
Teoría
del desarrollo capitalista.
FCE, México, 1972.
*
CAPÍTULO 5
LA
DINÁMICA ESTRUCTURAL CAPITALISTA (I): LEYES
En el
capítulo anterior se han analizado los componentes básicos de la
estructura económica capitalista. Ahora hay que considerar, desde el punto
de vista diacrónico, las leyes de funcionamiento de esa
estructura, es decir, cómo se reproduce dinámicamente.
Por lo
tanto, se tratará de la reproducción del modo de producción, es decir, de
cómo se reproducen como un todo articulado las relaciones económicas y las
fuerzas productivas en el proceso de producción y realización de la
plusvalía.
A dicho
proceso de reproducción se le denomina proceso de acumulación de
capital, y se dice «acumulación» porque la dinámica capitalista
consiste básicamente en la utilización continua del capital (como
valor y como relación social) para obtener más capital.
El
estudio de la dinámica capitalista se dividirá en dos partes. En este
capítulo se abordan algunas de las leyes fundamentales que rigen la
acumulación de capital, poniendo de manifiesto los conflictos,
contradicciones y desequilibrios que comporta su actuación. Se tratarán,
así, el desempleo estructural de la fuerza de trabajo, la
dificultad del equilibrio oferta-demanda y la presión estructural que
impulsa la caída de la tasa media de ganancia, contradictoria con
el motor del comportamiento capitalista, que es el de maximizar los
beneficios.
La
continua «superación» de tales conflictos y contradicciones, que
constituye la auténtica «historia» del desarrollo capitalista, es lo que
será tratado como efectos de estas leyes en el próximo capítulo.
*
5.1.
LA LEY DE SOBREPOBLACIÓN RELATIVA
Al
explicar la actuación de la ley del valor en la sociedad mercantil
simple ya se puso de manifiesto que dicha ley impulsa el avance técnico
para rebajar el tiempo de trabajo individual. Esto significa que en el
modo de producción mercantil simple cabe esperar un mayor desarrollo de
las fuerzas productivas que en los modos no mercantiles.
En el
caso capitalista, esta presión al progreso se acentúa a causa de las
necesidades de la estructura económica capitalista, tal como se analizó a
través de las relaciones estructurales básicas: para aumentar la
escala de producción de plusvalía, para aumentar la tasa de plusvalía,
para obtener más masa de ganancia, etc., los capitalistas,
individualmente, están obligados a introducir el progreso técnico en los
procesos de producción.
De ahí
que el desarrollo capitalista haya supuesto un enorme desarrollo de las
fuerzas productivas en relación a los modos precapitalistas,
desarrollo realizado
especialmente en la actividad de transformación (industria), que
es la que tiene menos limitaciones naturales para la expansión: la
posibilidad de producir mercancías transformadas es infinita, siempre se
puede producir una nueva mercancía y de una nueva forma, cosa que no
ocurre en la agricultura o en la explotación de recursos naturales,
donde la Naturaleza recuerda su existencia exógena a la voluntad humana.
Por otra
parte, las actividades de la circulación y distribución de las mercancías
producidas, aunque también pueden ser objeto de progreso (y de hecho lo
son, y extraordinariamente, con el desarrollo capitalista), se derivan
necesariamente de lo ya producido y por lo tanto el desarrollo de las
fuerzas productivas en esas actividades se deriva siempre del desarrollo
de las fuerzas productivas en la actividad industrial.
Se
considerará, pues, progreso capitalista, a aquel desarrollo de las fuerzas
productivas motivado y dirigido por las necesidades de la estructura
económica capitalista, que son las de aumentar el capital y la plusvalía
producida en todos los procesos de valorización del capital.
La
necesidad del avance técnico, bien para mejorar su posición competitiva,
bien para no ser desplazado del mercado, es ineludible para el capitalista
y provoca una dinámica continua de sustitución del trabajo del obrero
manual por el trabajo mecánico.
La
ampliación de la
escala de producción da lugar a una composición orgánica creciente,
lo que significa que el capital constante crece más que el capital
variable. Es decir, la tendencia capitalista de sustituir el trabajo
«vivo» por trabajo «muerto» en los procesos de producción crea un exceso
relativo del primero (fuerza de trabajo) respecto al uso del segundo
(medios de producción): cada vez hay más medios de producción, pero a la
vez se necesita menos fuerza de trabajo para su uso
Entre los
economistas clásicos, D. Ricardo ya había destacado esta característica
del desarrollo capitalista. Pero fue K. Marx quien mejor explicitó su
dimensión de ley insoslayable y escribió en El Capital:
-
«Este descenso
relativo del capital variable, descenso acelerado con el incremento del
capital total y que avanza con mayor rapidez que éste, se revela, por otra
parte, invirtiéndose los términos, como un crecimiento absoluto
constante de la población obrera, más rápido que el del capital variable o
el de los medios de ocupación que este suministra. Pero este
crecimiento no es constante, sino relativo: la acumulación capitalista
produce constantemente, en proporción a su intensidad y a su
extensión, una población obrera excesiva para las necesidades medias de
explotación del capital, es decir, una población obrera remanente o
sobrante (. .).
-
(. .) Al producir la
acumulación de capital, la población obrera produce también, en
proporciones cada vez mayores, los medios para su propio exceso
relativo. Es ésta una ley de población peculiar del régimen de
producción capitalista. (. .) Esta superpoblación se convierte, a su
vez, en palanca de acumulación de capital. Más aún, en una de las
condiciones de vida del régimen capitalista de producción. Constituye
un ejército industrial de reserva, un contingente disponible (.
.) (que) brinda (al capital) el material humano, dispuesto siempre
para ser explotado a medida que lo reclamen sus necesidades variables de
explotación e independientemente, además, de los límites que puede oponer
el aumento real de la población.»' K. Marx: El capital. págs. 533 a
535. Según la edición de FCE, México, 1973.
El
proceso de sustitución de trabajadores por maquinaria, que D. Ricardo
explicó y que Marx elevó al rango de ley de la acumulación capitalista
ha sido una constante en la historia del capitalismo y se ha
manifestado como la existencia permanente de desempleo, de fuerza de
trabajo que es expulsada del proceso de producción y/o que no logra entrar
en él. El desempleo, pues, es una característica estructural del
desarrollo capitalista.
En
numerosas ocasiones se ha intentado desmentir esta ley de la acumulación
capitalista arguyendo que la auténtica causa del desempleo no es el uso
capitalista de los medios de producción, sino el volumen de la
población, que se enfrenta a una «escasez» de recursos productivos. Pero
esta argumentación es falaz. En primer lugar, es empíricamente
contrastable, tanto transversal como longitudinalmente, la existencia del
desempleo estructural en sociedades con volúmenes de población muy
variados y con dinámicas demográficas diversas. Por poner sólo dos
ejemplos: el auge económico de las décadas posteriores a la Segunda Guerra
Mundial se hizo en el marco de una insólita explosión demográfica llamada
el baby boom en los países desarrollados, y por otra parte las
mayores tasas de desempleo conocidas en dichos países se están generando
en un período de claro estancamiento demográfico.
Pero la
razón fundamental de la inconsistencia del argumento que culpa del
desempleo al volumen de población es de índole teórica: el desempleo o la
insuficiencia de recursos para ocupar a la población no es una
categoría universal, sino característica de cada manera de organizar
la producción, de cada manera de usar los medios de producción, de los
distintos fines de la producción (satisfacer directamente necesidades,
obtener beneficios, etc.). Es decir, es característica de cada modo de
producción. En los modos precapitalistas, con bajo desarrollo de las
fuerzas productivas, puede existir la sobrepoblación absoluta, al
enfrentarse la población a unos recursos mínimos determinados por
la Naturaleza. La historia demuestra que entonces funcionan los mecanismos
de adaptación en la población: desplazamientos espaciales, hambrunas, etc.
(los llamados remedios malthusianos). Pero en el capitalismo, la
sobrepoblación es causada por lo contrario, por unos recursos máximos:
es a causa del aumento de los medios de producción por lo que
se queda fuerza de trabajo sin poderlos usar. En términos estrictos, no es
precisamente la cantidad de medios de producción la que genera
población «sobrante», sino el uso capitalista de los medios de
producción, con el fin de maximizar la ganancia individual del
capitalista. Por eso se caracteriza a esta sobrepoblación como
relativa.
Puede
concebirse que, en términos teóricos, otro modo de producción con el mismo
alto desarrollo de las fuerzas productivas podría permitir que la
población trabajase mucho menos tiempo, en actividades más variadas, etc.
El reparto del trabajo implicaría menos esfuerzo, gracias a esa
abundancia de medios de producción y tecnología. Pero la «racionalidad
económica» (capitalista) sólo considera el coste/beneficio individual (del
capitalista) y consideraría «irracional» que trabajando «poco» se asegure
la subsistencia y el progreso. La visión de los economistas sobre el
reparto del trabajo va acompañada, indefectiblemente, de la disminución de
salarios, para lograr objetivamente mantener la tasa de plusvalía y la
tasa de ganancia, aunque el discurso académico-profesional lo vincule a
una «racionalidad» eterna, inmutable, propia del «orden natural» o de la
«mano ciega» del mercado.
Establecido el carácter estructural de la sobre-población relativa
que se manifiesta como desempleo, se pueden considerar diversos tipos de
desempleo:
-
El desempleo
tecnológico, producto del aumento de la composición orgánica del
capital y del desarrollo de las fuerzas productivas. Expresa que cada vez
hace falta menos cantidad de fuerza de trabajo para realizar las
actividades productivas. Y aunque se creen nuevas actividades que pudieran
absorber a los trabajadores desplazados, el progreso tecnológico en dichas
nuevas actividades y ramas productivas acabarán teniendo el mismo efecto.
-
El desempleo
cíclico, ocasionado por el cierre o reducción de actividad en empresas
en crisis.
-
El desempleo
latente, que se refiere a los contingentes de fuerza de trabajo que
están por el momento al margen del proceso de valorización de capital,
ocupados o no en actividades no capitalistas (en la agricultura, en la
esfera doméstica), etc.
-
El desempleo
estacionario, que aparece periódicamente en aquellas actividades que
tienen un período de producción discontinuo (por ejemplo, en la
agricultura, en algunos servicios como el turismo, etc.).
-
Etcétera.
Pero el
desempleo no es sólo resultado de la dinámica estructural del modo
de producción capitalista. Es también un mecanismo de ésta para
mantener bajo el precio de la fuerza de trabajo (el salario) y
fortalece la posición del capitalista en la relación capital/trabajo («las
máquinas no piden aumento de salario ni hacen huelgas»). El volumen y
características del «ejército de reserva» es, así, uno de los
mecanismos de regulación de la dinámica de la tasa de plusvalía.
Por
último, hay que destacar que, además de no poder absorber a toda la fuerza
de trabajo disponible, la dinámica capitalista tampoco puede, en
ocasiones, aprovechar toda la capacidad y el conocimiento de la fuerza de
trabajo efectivamente ocupada, dando lugar al fenómeno del subempleo:
la fuerza de trabajo empleada trabaja en tareas de menor cualificación
que la que posee.
*
5.2.
LA REPRODUCCIÓN AMPLIADA DEL CAPITAL Y LA PROPORCIONALIDAD
La
racionalidad del modo de producción capitalista estriba en obtener el
máximo beneficio posible para incrementar el capital. Esta
racionalidad implica una de las características principales del
capitalismo: su tendencia intrínseca a la expansión. Un capital que
no crece se extingue como tal capital.
El
crecimiento del capital, identificado con el crecimiento económico,
se produce a través de los procesos de acumulación, es decir, de lo
que se denomina reproducción ampliada del capital.
La
forma que adopta el crecimiento del capital, es decir, el
desarrollo capitalista, no es uniforme ni armónica. Las decisiones de
invertir y de cuánto invertir son tomadas independientemente por multitud
de capitalistas que sólo conocerán ex-post la justeza de su
decisión. La racionalidad de la misma, por otra parte, no está vinculada a
cubrir estrictamente las necesidades del mercado, sino a maximizar el
beneficio individual. Por eso se puede decir que la producción capitalista
es anárquica. En virtud de dicha anarquía de la producción,
el crecimiento adopta la forma de ciclos económicos, que serán
tratados en el próximo capítulo. Esa es la peculiar forma de manifestarse
el desarrollo capitalista. La situación de equilibrio es, contra lo
que opina la economía convencional, una situación excepcional y claramente
inestable.
Para que
haya crecimiento se tiene que asegurar previamente la reproducción de las
condiciones que permiten la producción capitalista. Estas condiciones son
las siguientes:
-
Reproducción de los
medios de producción gastados y sustitución por nuevos, de la misma o de
nueva tecnología. Este proceso permite el incremento de la productividad y
está vinculado al progreso técnico.
-
Reproducción de la
fuerza de trabajo e incremento del número de trabajadores empleados. Esto
no se contradice con la ley de sobrepoblación relativa, puesto que lo que
ésta plantea es que el aumento de c será mayor que ese aumento de
u.
-
Reproducción de las
condiciones generales de funcionamiento de la sociedad (políticas,
jurídicas, etc.) y adecuación a los procesos de crecimiento.
-
Reproducción del
capital y ampliación del mismo.
Este
último proceso corresponde a la acumulación de capital. Para su estudio se
procederá en dos pasos: en primer lugar se expondrá, con fines
exclusivamente didácticos, el proceso de reproducción simple, es
decir, aquel proceso que permite reproducir en volumen el capital
implicado en el proceso de producción, sin crecimiento y, por
tanto, sin acumulación. En segundo lugar, se explicará la acumulación o
reproducción ampliada del capital.
Reproducción simple
A partir
de unos supuestos y una hipótesis que caracteriza la no acumulación, se
trata de descubrir cuáles son las condiciones para el equilibrio.
Los
supuestos de partida son los siguientes:
-
Competencia
perfecta: libre movilidad de capitales y de fuerza de trabajo.
-
Dos únicas clases
sociales: capitalistas, propietarios de los medios de producción, y
trabajadores, no propietarios de los medios de producción.
-
Dos sectores (no
arbitrarios) que abarcan la totalidad de la producción:
-
ector productor de medios de producción.
-
Sector
productor de medios de consumo.
Esta
clasificación en dos sectores se fundamenta en dos diferencias
fundamentales entre ellos:
-
Diferencia en el
valor de uso de las mercancías producidas: el valor de uso de las mercancías
producidas por el Sector I es volver a entrar en el proceso de
valorización del capital (como capital constante). El valor de uso de las
mercancías producidas por el Sector II se realiza en el consumo
improductivo.
-
Diferencia en la
propiedad sobre cada tipo de mercancías: los asalariados no pueden
ser propietarios de medios de producción, pues por definición, si lo
fueran, pasarían a ser capitalistas.
-
Las hipótesis
en el caso de la reproducción simple de capital son que:
-
Los asalariados
gastan todos sus ingresos (v) en mercancías del Sector II (medios de
consumo).
-
Los capitalistas
gastan todos sus ingresos (pl) en mercancías del Sector II, es
decir, no hay acumulación.
La
reproducción del capital se produce en la fase M' – D' del ciclo
del capital, en el mercado, e implica la realización (venta) de las
mercancías que ya poseen el nuevo valor.
En el
mercado actúan la oferta y la demanda: la oferta expresada en mercancías y
la demanda expresada en dinero. Las mercancías han sido producidas en
función de la ley del valor y por tanto:
M =
V= c + v + pl
En el
equilibrio la oferta y la demanda deben ser iguales. No
deben quedar mercancías sin vender y debe haber suficiente dinero en manos
de los consumidores para comprarlas.
El
funcionamiento del proceso para llegar al equilibrio es el siguiente:

donde c1
y c2 expresan la demanda de reposición de medios de producción
gastados (en cierta forma, la amortización) en cada sector, v1
y v2 el consumo de los trabajadores y pl1 y
pl2 el consumo de los capitalistas.
En las
anteriores expresiones, la oferta expresa volúmenes de mercancías y la
demanda volúmenes de dinero, con la peculiaridad de que ambas son
iguales en valor para que, en el equilibrio, se produzca el
intercambio de equivalentes.
Las
ecuaciones de equilibrio derivadas de las dos ecuaciones anteriores
son:
V1
+ pl1= c2
c2=
v1+ pl1
Ambas
ecuaciones son aparentemente iguales, y de hecho lo son en valor. Pero,
sin embargo, expresan cosas diferentes. En la primera ecuación, v1
y pl1 son mercancías-medios de producción y c2
es dinero. En la segunda ecuación, c2 representa
mercancías-medios de consumo y v1 y pl1 son
dinero.
En
definitiva, la ecuación genérica del equilibrio se expresa así:
c2
= v1 + pl1
Si no
se estuviese en situación de equilibrio (que normalmente no se produce) se
darían las dos siguientes situaciones:
Oferta
> Demanda => Sobreproducción
Oferta
< Demanda => Escasez
Obsérvese la complejidad de la ecuación o, en otras palabras, la enorme
exigencia que implica para que se alcance el equilibrio: a partir de
decisiones individuales de inversión de unos capitalistas (los del
Sector II), el valor añadido en el otro sector (el Sector I) tiene
que ser equivalente. Leído al revés: la capacidad de consumo de las clases
sociales implicadas en la producción de medios de producción tiene que
equivaler a la parte del valor producido en el Sector II dedicado a la
reposición de sus medios de producción.
Reproducción ampliada del capital
Este
proceso corresponde al de acumulación del capital y por tanto hay
crecimiento.
Los
supuestos e hipótesis del caso anterior se mantienen salvo en los
siguientes aspectos:
-
Los capitalistas
gastan parte de sus ingresos en la adquisición de medios de producción
(Sector I) para
efectuar la nueva inversión que permitirá la acumulación.
-
La parte de los
ingresos de los capitalistas gastada en medios de producción (demandados
al Sector I) se designa por F1. La parte gastada en
adquirir medios de consumo (demandados al Sector II) se designa por F2.
Debe cumplirse que:
F1
+ F2 = 1
-
A efectos únicamente
expositivos, se supone que en el proceso de reproducción ampliada no crece
el volumen de fuerza de trabajo empleada. Es decir, sólo crece c y
no crece v. Este supuesto no refleja la realidad, pero permite aislar el
fenómeno de la acumulación de capital en medios de producción.
El
funcionamiento del proceso para llegar al equilibrio es el siguiente:

y
simplificando se llega a las ecuaciones de equilibrio en régimen de
reproducción ampliada:
v
1 + F2 Pl1 c 2
F1 Pl2
c2
+ F1 p12 = v1+ F2 pl1
También
en este caso ambas ecuaciones son aparentemente iguales, y de hecho lo son
en valor. Pero los primeros términos de cada ecuación representan
mercancías, mientras que los segundos representan dinero.
La
ecuación de equilibrio genérica en el caso de la reproducción ampliada de
capital es:
c 2
+ F 1 Pl2 = v 1 + F2
pl1
De nuevo,
como en el caso de la reproducción simple, se pone de manifiesto, por la
complejidad de la fórmula y la heterogeneidad de las decisiones
implicadas, la dificultad, ahora agrandada, de la consecución y el
mantenimiento del equilibrio. Más bien cabe esperar una sucesión de
desequilibrios que pueden obedecer a muy diversas razones (tantas como
variables entran en la ecuación, y no se olvide que aquí se ha utilizado
una versión mínima, muy restrictiva, de la acumulación: sólo crece c y
a una tasa igual para los dos sectores).
Las
anteriores ecuaciones permiten reflejar los siguientes conceptos:
Inversión
total:
c1
+ c2 + F1(pl1 + p12) + v1
+ v2
Inversión
bruta en medios de producción:
c1
+ c2 + F1(pl1 + pl2)
Acumulación. Nueva inversión en medios de producción. Inversión neta:
F
1(pl1 + pl2)
Demanda
de reposición de medios de producción gastados (en cierta forma, la
amortización):
c1
y c2
En
términos de asimilación de estas magnitudes de valor a las macromagnitudes
de la Contabilidad Nacional, se podrían establecer las siguientes
igualdades:
Producto
nacional bruto:
ci1+
c2 + v1
+ v2 + pl1
+ pl2
Renta
nacional (valor añadido neto):
v1
+ v2
+ pl1 + pl2
Tasa de
inversión: F1.
Tasa de
consumo: F2.
La
condición de equilibrio en la reproducción ampliada expresa la interacción
entre la producción y el mercado. También manifiesta la interconexión
necesaria entre la producción de plusvalía, la inversión en la producción
de medios de consumo y el valor añadido en la producción de medios de
producción. En suma, es una síntesis de la relación entre la capacidad
de producir de una economía y su capacidad de consumir. El que ambas
capacidades se desarrollen simultáneamente de una forma armónica o
equilibrada es algo tan difícil en la estructura capitalista (con los
supuestos de partida) como lo es conseguir la condición de equilibrio a
partir de multitud de decisiones de inversión y consumo inconexas.
Por
último, los esquemas de proporcionalidad entre los sectores antes
descritos ilustran la formación de un mercado interno capitalista, en
el que son simultáneas la producción capitalista de medios de
producción y la producción capitalista de medios de consumo.
El
resultado final del proceso es el crecimiento del capital fruto de
la reproducción ampliada o acumulación, como se observa en la Figura 5.1.

Figura
5.1
*
5.3.
LA TENDENCIA DECRECIENTE DE LA TASA MEDIA DE GANANCIA
La
formación de la tasa media de ganancia se produce en virtud de la acción
conjunta de todos los capitalistas y todos los capitales. Es una de las
llamadas «fuerzas ciegas del mercado». Ahora bien, cada capitalista sabe
que, para aumentar su producción y reducir el precio de sus mercancías
como arma competitiva, le conviene incrementar su productividad individual
y para ello debe introducir cada vez una mayor proporción de medios de
producción (ác > áv) en la inversión total.
Esta
actitud es racional individualmente, pero da lugar a un efecto no deseado:
la disminución de la tasa media de ganancia (G'), en virtud de la
expresión:
G' =
PL'(1 — C')
Donde
PL'
= Tasa de
plusvalía global.
C'
= Composición
orgánica del capital global.
En la
anterior expresión se observa que la tasa media de ganancia varía
positivamente con la tasa de plusvalía global, mientras que varía
negativamente con la composición orgánica del capital global.
El
comportamiento racional de cada capitalista consiste en la búsqueda de su
máximo beneficio, y éste se obtiene, aparentemente, mediante una reducción
relativa de sus costes salariales y un aumento de su productividad, lo
cual se consigue aumentando su inversión en medios de producción (máquinas
más eficientes, nuevas tecnologías, etcétera). Ello da lugar a que el
crecimiento del capital constante sea mayor que el del capital variable y
que, por tanto, la composición orgánica individual crezca. Si éste es el
comportamiento racional de un capitalista, lo es también de todos los
capitalistas. Ahora bien, cuando actúan racionalmente todos los
capitalistas, buscando su máximo beneficio, el efecto social derivado es
el contrario: la tasa media de ganancia desciende (aunque es posible que
la masa de ganancia de cada capitalista aumente).
Efectivamente, si C' crece más rápidamente que PL',
entonces G' desciende. Considerada la globalidad del capital, esta
presión a la caída de G' manifiesta la dificultad creciente de
valorizar la masa también creciente del capital. O sea, el problema
fundamental es el de conseguir suficiente masa de plusvalía para remunerar
a un capital continuamente acrecentado por la reproducción ampliada. Y
aunque el aumento de C' puede provocar un aumento de PL'
(por aumento en la productividad e intensidad en el trabajo), este
aumento tiene límites naturales (la jornada de trabajo, el valor de la
fuerza de trabajo) y sociales (la lucha sindical), mientras que el aumento
de C' no los tiene.
Esta
tendencia se enfrenta a poderosas fuerzas contrarrestantes que la
distorsionan, e incluso pueden llegar a evitarla en la realidad. Entre
otras, se pueden citar las siguientes:
-
La caída de los
salarios por efecto del desempleo, que hace aumentar PL'.
-
El descenso del
capital variable por aumento de la productividad del trabajo, que hace que
se reduzca el valor de la fuerza de trabajo. Este es un caso en el que el
aumento de C' es acompañado por un incremento de PL'.
-
La explotación de
sectores precapitalistas (que implica la extensión del capital para
articularse con estos sectores, lo que dará lugar al colonialismo y
al imperialismo, que serán tratados posteriormente).
-
El abaratamiento de
los elementos del capital constante, bien por innovación tecnológica, bien
a través de su destrucción, bien a través de la limitación de la capacidad
productiva. Ello reduce o neutraliza el aumento de C'.
-
La «exportación» de
capital constante, es decir, retirarlo del mercado interno en el que se
forma la G'. Este fenómeno también está ligado a la expansión «exterior»
del capital y al imperialismo.
-
La imposición de
barreras a la libre movilidad de capitales que es consustancial a la
formación de G'. Ello da lugar al fenómeno del monopolismo,
a través de la concentración y centralización del capital,
etcétera, como se explicará en el próximo capítulo.
En
general, se trata de mecanismos que tienden a aumentar PL' y/o a
frenar el crecimiento de C'. Hasta qué punto pueden evitar
permanentemente la crisis de sobreacumulación de capital ha sido y es un
tema de gran calado teórico y político, en torno al cual ha existido un
extenso debate, en el que no se entra en el actual contexto analítico. Lo
que más interesa destacar ahora es que estos mecanismos contrarrestantes
se convierten en auténticos mecanismos de regulación de la dinámica
estructural capitalista, y su actuación da lugar a variaciones en el
modo de desarrollo del propio modo de producción capitalista.
La ley de
la tendencia decreciente de la tasa media de ganancia y de la actuación de
sus mecanismos contrarrestantes explica, así, una buena parte de las
modificaciones que tienen lugar en la estructura económica y en el
progreso capitalista, a la vez que plantea sus límites.
A lo
largo de este capítulo se ha visto cómo la actuación de las leyes de
sobrepoblación, de equilibrio en la proporcionalidad y de la tendencia a
la caída de la tasa media de ganancia, da como resultado una serie de
fenómenos y modificaciones en la dinámica capitalista: el desarrollo
cíclico, la concentración y centralización del capital, la expansión
exterior, etc., que se pueden considerar como efectos de dichas
leyes y como tales serán tratados en el próximo capítulo.
*
RESUMEN
El modo
de producción capitalista se reproduce dinámicamente a través de la
acumulación de capital, que supone el crecimiento de la composición
orgánica del capital a nivel global. La acumulación de capital está regida
por leyes económicas objetivas, entre las cuales destacan:
-
La ley de
sobrepoblación relativa: al ser el crecimiento del capital constante
mayor que el del capital variable, se crea una sobrepoblación relativa o
fuerza de trabajo sobrante para las necesidades de la acumulación de
capital; esta sobrepoblación relativa se expresa como desempleo,
que tiene carácter estructural (no coyuntural) en el capitalismo.
-
La condición de
equilibrio entre la oferta y la demanda, que articula la producción de
medios de producción y la producción de medios de consumo en unas
proporciones de valor producido y demanda solvente muy estrictas para
la reproducción ampliada del capital. Como en el capitalismo existe
la anarquía de las decisiones de inversión y consumo, más que el
equilibrio serán frecuentes los desequilibrios por sobreproducción y
subconsumo.
-
La ley de la
tendencia decreciente de la tasa media de ganancia, según la cual, a
medida que crece la masa de capital, es cada vez más difícil
rentabilizarlo a la tasa de ganancia existente, por lo que ésta tiende a
decrecer. Existen causas contrarrestantes de esta tendencia que
elevan la tasa de plusvalía y/o frenan el crecimiento de la composición
orgánica de capital.
*
LECTURAS PARA LA REFLEXIÓN
«(. .) La
opinión mantenida por la clase trabajadora de que el empleo de la
maquinaria es frecuentemente perjudicial para sus intereses no está
fundada en un prejuicio ni en un error, sino que se ajusta a los
principios más correctos de la economía política.»
D.
Ricardo: Principios de Economía Política y de tributación.
Seminarios y Ediciones, Madrid, 1973.
--
«Si bien
el sistema capitalista establece el marco de acción de las clases y los
individuos; si bien es el capital y su acumulación quien establece los
fundamentos para la liberación humana, precisa, paradójicamente, a través
del desarrollo de las formas de explotación que reducen el tiempo laboral
necesario para la reproducción de los trabajadores, el límite último del
desarrollo capitalista son los seres humanos, la humanidad trabajadora.
Pero esto es así por que el capital se enfrenta a su límite histórico, en
la medida en que no pueda asegurar ya la reproducción de sus explotados.
La tasa decreciente de ganancia fuerza al capital a reducir los salarios,
de tal manera que llega a cuestionar la propia reproducción de la fuerza
de trabajo. (. .) Porque la acumulación de capital tiende a destruir las
bases mismas de esa acumulación es por lo que el capitalismo descansa
sobre una contradicción explosiva. (. .) Lebowitz capta lúcidamente que
"sin contradicción, no hay movimiento; sin la caída de la tasa de
ganancia, no hay innovación, ni creciente productividad laboral, ni
creciente composición orgánica del capital, etc., es decir, no hay
movimiento".»
J. A.
Moral Santín: La acumulación del capital y sus crisis. Akal,
Madrid, 1986.
*
TÉRMINOS CLAVE
Leyes económicas
Reproducción
ampliada del capital
Acumulación de capital
Equilibrio
Sobrepoblación relativa
Caída de la tasa
media de ganancia
Desempleo
Factores
contrarrestantes
BIBLIOGRAFÍA
M. Desai:
Lecciones de teoría económica marxista.
Siglo XXI, Madrid, 1978.
B. Fine y
L. Harris:
Para
releer «El capital».
FCE, México, 1985.
E. Mandel:
Tratado de economía marxista.
Era, México, 1975.
J. A.
Moral Santín y H. Raymond:
La
acumulación del capital y sus crisis.
Akal, Madrid, 1986.
A. Shaikh:
Valor,
acumulación y crisis.
Tercer Mundo Editores, Bogotá,
1990.
P. M.
Sweezy:
Teoría
del desarrollo capitalista. FCE, México, 1972.
*
CAPÍTULO 6
LA
DINÁMICA ESTRUCTURAL CAPITALISTA (II): LOS EFECTOS
*
6.1.
EL CICLO ECONÓMICO
El
crecimiento del capital deriva del proceso de acumulación, resultante de
la tendencia expansiva intrínseca del capitalismo. Pero la forma del
crecimiento, es decir, el desarrollo, no es uniforme, en virtud de la
anarquía de la producción. Por el contrario, está sometida a
continuos vaivenes que dan lugar a los ciclos económicos. El primer
efecto de las leyes de la acumulación capitalista es, por consiguiente,
que el desarrollo capitalista es un desarrollo cíclico.
Los
ciclos surgen, en principio, por la no adecuación de la oferta y la
demanda en el mercado. La actuación de las leyes referidas a las
condiciones de equilibrio en la reproducción ampliada y a la tendencia
decreciente de la tasa media de ganancia se manifiestan en el mercado como
sobreproducción y/o subconsumo:
-
En la
sobreproducción, los capitalistas individuales actúan racionalmente
cuando incrementan su propia producción suponiendo que el mercado la podrá
absorber. Pero desconocen las decisiones de producción de otros
capitalistas, que también actúan racionalmente incrementando su
producción. Ello da lugar a que se produzca más de lo que el mercado puede
absorber.
-
En el subconsumo
se trata de que las rentas salariales generadas en el proceso de
producción tienen menos valor que el de los medios de consumo salariales,
lo cual provoca que se produzca más que lo que puede ser absorbido por los
trabajadores. Así mismo, en el sector de medios de producción el valor de
las mercancías producidas supera la capacidad de reproducción ampliada de
los capitalistas. Es decir, no se genera la demanda solvente
suficiente.
Tanto la
sobreproducción como el subconsumo se manifiestan en el mercado
como mercancías sin vender a los precios que remuneran la ganancia del
capitalista. La sobreproducción es, pues, relativa y sólo lo es con
respecto a la obtención de un determinado margen de beneficios. Tras la
sobreproducción relativa se encuentra, entonces, la presión a la caída de
la tasa media de ganancia producida por la sobreacumulación.
Este
fenómeno es una muestra de la contradicción propia del capitalismo entre
el crecimiento de la capacidad de producir y el crecimiento de la
capacidad de consumir.
Duración del ciclo
Los
ciclos tienen diferente duración, en función de las causas que los
ocasionan. En general se suelen dividir en tres tipos:
-
Ciclos largos:
también llamados
Kondratiev, en honor al economista ruso que los descubrió. Son ciclos de
duración variable en torno a los cincuenta años, y aunque este autor los
vinculó a la dinámica de la inversión, otros autores como Schumpeter los
interpretaron a partir del ritmo de las innovaciones y de la implantación
de nuevos sistemas tecnológicos que dan lugar a nuevos medíos de
producción, de transporte y de consumo. Más recientemente, Samir Amin,
Mandel, Gunder Frank, Wallerstein y otros han hablado de «ondas largas»
que afectan a la totalidad del. sistema económico, con dos
fases, la de crecimiento (fase A) y la de descenso (fase B). En la fase B
entra en crisis paulatinamente no sólo el antiguo sistema tecnológico y
productivo, sino también el orden institucional sistémico.
-
Ciclos medios:
son los ciclos
propiamente económicos y se derivan de la acumulación de capital
individual que origina la anarquía de la producción y la no adecuación de
la oferta y la demanda en el mercado. Su duración es variable, entre siete
y doce años. El ciclo medio fue descubierto y formulado por primera vez
por Juglar, quien habló de una duración de entre ocho y diez años. Cuando
se van creando barreras a la libre concurrencia de capitales y se
desarrolla el capitalismo monopolista, esta duración ha tendido a crecer,
llegando a durar más de veinte años. Entre el ciclo medio y el ciclo largo
se sitúa, en términos de duración, el ciclo de Kuznets, de unos treinta
años.
-
Ciclos cortos:
de una duración de
entre uno y cuatro años son los llamados ciclos coyunturales,
resultantes de procesos de adecuación de la oferta a la demanda en el
mercado en lapsos breves. Corresponden a pequeños auges y pequeñas
recesiones, es decir, a la oscilación de la oferta y la demanda en torno a
un hipotético punto de equilibrio. Kitchin, que definió el ciclo corto en
base a los movimientos del tipo de interés y los precios al por mayor, le
adjudicó una duración de entre tres y cuatro años. Pero incluso se ha
argumentado la existencia de ciclos cortos según las coyunturas políticas
(elecciones) y otra multitud de factores.
Los tres
ciclos se combinan entre sí y caracterizan conjuntamente la situación
económica concreta de cada período. Schumpeter, en concreto, consideró que
en cada movimiento largo se incluían seis ciclos Juglar, y en cada
Juglar tres ciclos cortos de cuarenta meses.
Fases
del ciclo medio
El ciclo
económico es un proceso continuo que atraviesa cuatro fases:
-
Auge.
-
Crisis.
-
Depresión.
-
Recuperación.
En el
auge hay una utilización máxima de las fuerzas productivas. El
desempleo de fuerza de trabajo será mínimo y la utilización de la
capacidad instalada, máxima. El sistema de crédito se expande para
facilitar la inversión y la realización del valor de las mercancías
producidas (crédito a la inversión y al consumo), e incluso puede mantener
«artificialmente» esta fase, o la imagen de la misma, durante un tiempo.
Es decir, el auge en la producción de capital puede haber acabado (cada
vez cuesta más vender mercancías al precio remunerativo para el capital),
pero la ilusión del dinero-signo impide la conciencia de dicho final. De
ahí que el estallido de la crisis se suele manifestar como crisis
comerciales y monetario-financieras.
La
crisis es el momento de interrupción generalizada del proceso de
acumulación. Como no se puede rentabilizar el capital invertido, se
inutiliza rápidamente capital constante y se reduce el capital variable
que no se puede valorizar. Se manifiesta en cierres de empresas, aumento
del desempleo, disminución de utilización de la capacidad instalada, etc.
La
depresión es el período en el que se remodelan las fuerzas productivas
y van tomando posiciones los nuevos capitales emergentes. En general, se
trata de eliminar las trabas a la recuperación de la tasa de ganancia y de
superar los desajustes en la proporcionalidad entre la capacidad de
producir y la capacidad de consumir.
La
recuperación, por último, supone la paulatina puesta en marcha de las
nuevas fuerzas productivas, mejorar las condiciones para la inversión y la
realización, etc., hasta que culmina en un nuevo auge.
Los
ciclos medios se generan siempre en el capitalismo. No obstante, su
duración e intensidad han variado a lo largo de la historia. En la fase
concurrencia! del capitalismo marcaron la tónica de su desarrollo y
determinaron la transformación del capitalismo concurrencial en
monopolista, así como la intervención del Estado con políticas
anticíclicas. Estas modificaciones estructurales suponen cambios
importantes en la duración y profundidad del ciclo, aunque no lo
eliminan.
La
sucesión de ciclos da lugar a cambios sustanciales en el propio
funcionamiento del capitalismo. Efectivamente, la «limpieza» de empresas
obsoletas y anticuadas que se produce en las fases de crisis y depresión
permite el mantenimiento en activo de las empresas más rentables, que
suelen ser las más grandes. Ello abre el camino a la concentración y
centralización del capital, fenómenos que acabarán eliminando las
condiciones de libre competencia y suscitarán la transición de la fase
concurrencial a la fase monopolista del capitalismo.
En
resumen, si como se vio en la Figura 5.1 la acumulación expresa el
crecimiento del capital, el ciclo expresa, por su parte, la forma
de este crecimiento, es decir, el desarrollo capitalista, como refleja la
Figura 6.1.

Figura
6.1.
*
6.2.
CONCENTRACIÓN Y CENTRALIZACIÓN DEL CAPITAL
A través
del desarrollo cíclico se produce una continua desaparición de empresas
que son expulsadas por la crisis. En el aspecto técnico de la actuación de
la ley del valor, subsistirán a la crisis las empresas que en cada
rama productiva utilizan un tiempo de trabajo individual menor que el
tiempo de trabajo socialmente necesario (marcado, en la fase de auge, por
las empresas ahora obsoletas) debido a la introducción de mejoras en la
productividad. Estas mejoras en la productividad pueden ser debidas tanto
a la innovación tecnológica como a la reducción del capital variable o a
una combinación de ambas. El tiempo de trabajo individual de estas
empresas «más competitivas» se convierte, a lo largo de la fase de
depresión, en el nuevo tiempo de trabajo socialmente necesario. Así, se
obliga a todos los competidores a alcanzar el mismo desarrollo de las
fuerzas productivas.
Por lo
tanto, si el primer efecto de las leyes de la acumulación capitalista es
el desarrollo cíclico, el segundo efecto es que a través de aquél se
genera un proceso que es tanto material como social:
-
Material:
las masas de capital
necesarias para resistir el ciclo y relanzar la acumulación son cada vez
mayores.
-
Social:
el número de personas que
controlan esas masas crecientes de capital es cada vez menor.
Es decir,
en ese proceso se concentran más capitales para controlar más
medios de producción y fuerza de trabajo, producir más mercancías y
obtener más ganancias, y cada vez menor número de personas centralizan
la posesión de ese capital engrandecido.
Considerando esta concentración y centralización del capital más
concretamente, se pueden caracterizar como sigue:
Concentración de capital:
se trata de un proceso
principalmente material o físico, con repercusiones económicas tales como
el aumento de la dimensión de las unidades productivas, de las fábricas y,
en definitiva, de las empresas productivas.
Las
principales características de la concentración de capital son las
siguientes:
-
A del tamaño medio
de las empresas. Crece la dimensión del capital invertido, de los medios
de producción instalados, del volumen de producción y de los obreros
empleados.
-
A de la escala de la
producción. Se produce más por obrero empleado y por unidad de capital
empleada, es decir, aumenta la productividad.
-
Además que
proporcional a Av: AC'.
-
A del grado de
desarrollo de las fuerzas productivas.
Históricamente, la concentración del capital afectó en primer término a
empresas del Sector I (siderurgia, cemento, electricidad, astilleros
navales, ferrocarriles, etc.). Posteriormente afectó al Sector II
(automóviles, alimentación, etc.) e incluso en los sectores improductivos
(grandes superficies comerciales, etc.). Sólo a partir de la actual
revolución tecnológica, y en el marco de la globalización de las
actividades económicas a escala mundial, se ha dado un cierto proceso de
desconcentración espacial de algunas actividades.
Este
aumento de la dimensión de las empresas tiende a impedir, y de hecho acaba
impidiendo, la inversión de capital de capitalistas individuales y
determina, por tanto, el segundo aspecto del proceso, la centralización
del capital.
Centralización del capital:
este fenómeno, derivado del
anterior, es un fenómeno estrictamente económico. Consiste en que son
necesarios capitales cada vez más grandes para intervenir en algunas ramas
de la producción. El mecanismo que funcionaba en la fase concurrencial,
según el cual los capitales individuales se movían hacia las ramas con
mayor rentabilidad, deja de operar (desaparece o queda muy mermada la
libre movilidad de capitales entre ramas). No cualquier capitalista
individual dispone de la masa de capital-dinero para invertir en
una siderurgia o en la construcción de un ferrocarril. Surge así la
necesidad de agrupar los capitales. La centralización del capital
consiste precisamente en la agrupación de muchos capitales individuales
para llevar a efecto una actividad productiva, una empresa productiva.
La
centralización de capitales tiene un efecto derivado que consiste en que
son cada vez menos los capitalistas que controlan cada vez más capital.
Este
hecho da lugar a una estratificación entre los propios
capitalistas, algunos de los cuales dejan de intervenir en la producción y
se convierten en meros rentistas. La consecuencia es que el
control del capital se centraliza y la decisión sobre su uso
recae en menos personas. Es decir, se opera un cambio en la propiedad
real del capital en el propio seno de la clase capitalista.
Las
principales formas de centralización del capital son:
La
Sociedad Anónima consiste en la puesta en común de varios capitales
individuales. El conjunto de los capitales aportados es el capital
social, cuya propiedad (privada colectiva) pertenece a la empresa (S.
A.), mientras que cada capitalista se mantiene como propietario (propiedad
privada individual) de la parte proporcional del capital acorde con su
aportación, que se plasma en acciones. La S. A. se organiza de
forma democrática en función de las acciones, no de las personas.
La posesión real del capital social se centraliza en el
Consejo de Administración, controlado por el socio mayoritario o que posee
el apoyo de los propietarios de la mayoría de las acciones. No cualquier
capitalista puede decidir sobre lo que se ha de hacer con el capital de la
empresa, e incluso se generaliza el desconocimiento de su funcionamiento
fuera del Consejo de Administración. Este es quien decide sobre el uso de
todo el capital: dónde se invierte, qué y cuánto se produce, cierre
o apertura de sucursales, empleo, sueldos y salarios, etc. Decide además
el volumen de beneficios a distribuir (dividendos), que es siempre
inferior a la ganancia de la empresa. La diferencia se utiliza para
autofinanciación, remuneración de ejecutivos, etc. (recuérdese, en este
sentido, el concepto de Tecnoestructura de Galbraith). Los capitalistas
que tienen capacidad de decisión sobre el capital social son los
empresarios, mientras que los exclusivamente receptores de dividendos
son los rentistas.
La
Bolsa es un mercado de títulos de propiedad. A ella acuden los
capitalistas cuando se quieren desprender de sus acciones y a ella acuden
los empresarios cuando tratan de captar fondos de otros capitalistas. Es,
por tanto, un mercado de valores (propiedad) y un mercado de
papeles (acciones, signo de propiedad). Lo que se comercia es la
propiedad individual que da derecho a la percepción de dividendos. Por
tanto, hay que distinguir entre el valor objetivo de la acción (que
depende de la ganancia esperada por la empresa) y el valor de mercado
de la acción (que depende de la oferta y la demanda de acciones). Esta
diferencia da lugar a la especulación, que permite obtener
beneficios (o pérdidas) sin relación con la actividad empresarial real.
El
sistema bancario y financiero es el agente más efectivo de la
centralización del capital. A partir del dinero depositado por los
depositantes, el banco concede créditos para la circulación y para la
inversión por los que cobra un interés superior al que paga a los
depositantes. La diferencia es el beneficio del negocio bancario y como
está en disposición de crear dinero bancario la masa de créditos
(y, por consiguiente, el volumen de beneficios) se puede acrecentar sin
más límite que el de la confianza de los depositantes. Por otra parte, el
banco puede intervenir en Bolsa comprando acciones en Sociedades Anónimas
ajenas, con lo que obtiene dividendos y puede también invertir como socio
mayoritario en empresas, con lo que participa no sólo en los dividendos,
sino también en la ganancia. Por último, si el banco está constituido como
Sociedad Anónima controlará, además de los capitales ajenos, los capitales
de los accionistas minoritarios, que sólo percibirán como remuneración los
dividendos, siempre menores que la ganancia creada por el negocio
bancario.
A todo
este entramado de relaciones económicas, en particular a la inversión
del capital bancario en la industria, se le denomina capital
financiero, cuya posesión origina una subclase entre los capitalistas:
la oligarquía financiera.
(R.
Hilferding expuso sistemáticamente el origen y el funcionamiento del
capital financiero en su obra El capital financiero,
publicada en 1911).
El
sistema bancario y financiero se convierten en el principal agente
centralizador de capital debido a las enormes posibilidades de utilizar
grandes masas de capital ajeno.
La
concentración y la
centralización del capital son la base del capitalismo
monopolista. La palabra «monopolio» en sentido estricto designa la
existencia de una sola empresa oferente en un mercado determinado. Sin
embargo, por extensión se habla de situación de monopolio o de
capitalismo monopolista para designar aquella economía en la que han
dejado de operar las reglas de la competencia propias de la fase
concurrencial y en su lugar operan pocas empresas de gran dimensión que
distorsionan la actuación libre del mercado y determinan los precios de
forma relativamente independiente de la demanda.
El
capitalismo monopolista es la situación en la que pocas empresas de cada
rama, o de algunas ramas, imponen sus decisiones al conjunto del mercado y
arrastran tras de sí al conjunto de la economía.
Las
empresas monopolistas ejercen su dominio sobre el mercado y
sustituyen la antigua competencia en función de precios y calidades por
otro tipo de competencia basada en la publicidad, el diseño, la
tecnología, etc., e incluso por ninguna competencia cuando el control del
mercado es total.
Las
empresas monopolistas cristalizan en grandes Corporaciones.
*
6.3.
LA EXPANSIÓN «EXTERIOR»
En la
explicación correspondiente a la tendencia decreciente de la tasa media de
ganancia ya se indicó que algunas de sus fuerzas contrarrestantes
apuntaban al «desbordamiento» de los límites del mercado interno. Hablar
de expansión exterior del capital significa, en este contexto, la
ampliación del marco de la acumulación de capital (del proceso de
valorización y del proceso de realización) hacia otros mercados y hacia
otras economías diferentes al primitivo mercado interno en el que se forma
la G', se busca el equilibrio en la reproducción ampliada, etc.
Este proceso de expansión será dirigido por el capital financiero, fruto
del proceso de concentración y centralización del capital.
La
expansión exterior no tiene lugar sólo como respuesta a los problemas de
la caída de la rentabilidad o a los problemas de sobreproducción. Se puede
argumentar también su necesidad a partir de la propia reproducción
ampliada. En este caso, la implicación principal del argumento es que si
la reproducción ampliada del capital es imposible en un marco cerrado (y
exige entonces la expansión exterior), la acumulación capitalista tiene un
límite claro: cuando haya abarcado todas las actividades económicas y
todos los mercados, el modo de producción capitalista será incapaz de
reproducirse.
Como al
nivel de abstracción del modo de producción no se ha considerado la
dimensión «nacional» del mercado interno, no tendría mucho significado
definir la expansión exterior en base a los países o naciones origen y
destino de dicha expansión, aunque en la realidad concreta se manifieste
así. Por claridad terminológica, sin embargo, se usará el término
de internacionalización para expresar el proceso de expansión del
capital. Más concretamente, la internacionalización del capital es el
mecanismo de la expansión exterior.
La
internacionalización del capital
El
capital se expande como relación social (propiedad) y a través de las
diferentes formas que adopta a lo largo de su ciclo. En el proceso
de internacionalización del capital cabe distinguir:
-
La
internacionalización del capital-mercancía: se refiere a la expansión
exterior de la circulación de M (medios de producción y fuerza de trabajo)
y M' (mercancías producidas). En términos concretos, se manifiesta como el
comercio exterior y las migraciones económicas.
-
La
internacionalización del capital-dinero: se refiere a la expansión
exterior de la circulación de D y D'. En términos
concretos, este proceso se manifiesta en la inversión «extranjera» y en el
sistema monetario-financiero internacional.
-
La
internacionalización del capital productivo: se refiere a la expansión
exterior del propio proceso de producción. En términos concretos, se
manifiesta en la producción multinacional con plantas industriales en
diferentes países, acoplando componentes o repitiendo el mismo proceso
productivo para vender en un mercado mundial. La internacionalización de
esta forma del capital presupone la internacionalización de las dos formas
anteriores, puesto que implica la inversión «extranjera»
(internacionalización de D — M) y el mercado mundial
(internacionalización de M' D').
Por otra
parte, la internacionalización del capital como relación social
significa la expansión de la relación salarial y de la competencia
intercapitalista, así como la multinacionalización de la propiedad. En
realidad, este es el verdadero contenido de la expansión exterior, y sus
manifestaciones son de gran importancia:
-
La cultura del valor
de cambio y del beneficio individual se va extendiendo a todas las
actividades y modos de producción, destruyendo aquellos que se le oponen y
subordinando a los que le pueden ser útiles por un tiempo según las
necesidades de la acumulación de capital.
-
La subsistencia de
los trabajadores se vinculará al mercado capitalista de fuerza de trabajo,
eliminando la producción para el auto-consumo privado o colectivo.
-
Existirá una
tendencia según la cual todos los recursos (del mundo), naturales o
humanos, serán puestos a producir directa o indirectamente una plusvalía
que será apropiada por una minoría cada vez más minoritaria en función del
proceso de centralización. Y todo ello a través, fenoménicamente, del
mecanismo del «mercado», asignando los recursos mundiales de tal forma que
se constituye en «mercado mundial».
-
Por último, hay que
destacar que en la clase trabajadora se puede producir una segmentación
entre aquellos grupos que se beneficien de la expansión exterior del
capital y los que no. Aparece así, en un contexto de mundialización de la
clase trabajadora, una subclase trabajadora privilegiada (que Lenin
denominó aristocracia obrera) que, si bien tiene intereses
antagónicos con la clase capitalista para la que trabaja, es solidaria con
ella al aprovecharse de las ventajas de la expansión exterior.
Límites de la expansión: estancamiento y derrumbe
Entre las
teorías del imperialismo de principios de siglo destaca la aportación de
Rosa Luxemburg (La acumulación de capital, 1913). Esta autora,
política y revolucionaria marxista de origen polaco, planteó la expansión
exterior como una exigencia de la reproducción ampliada y teorizó el
proceso que lleva intrínsecamente al capitalismo hacia el estancamiento y
el derrumbe.
La tesis
que sostuvo Rosa Luxemburg es que es imposible la realización de las
mercancías que contienen la plusvalía necesaria para la acumulación en una
economía capitalista concurrencia! cerrada, por cuanto no existe la
demanda solvente necesaria para ello.
Este
planteamiento no era nuevo en la economía política. Ya Sismondi y Malthus,
en la escuela clásica, habían argumentado la crisis capitalista como una
crisis de subconsumo. Mucho más tarde, Keynes retomará el análisis
malthusiano al respecto. Sin embargo, R. Luxemburg es la autora que
elabora la teoría más completa y coherente al respecto, y su aportación
tiene consecuencias muy significativas en los análisis posteriores sobre
la economía mundial.
En
esencia, la argumentación de R. Luxcmburg es la siguiente:
A) El
problema
-
Con los supuestos
usuales de una economía capitalista cerrada en competencia perfecta, la
condición de equilibrio en la reproducción ampliada exige un aumento de la
demanda solvente para realizar el valor de las mercancías que incorporan
el aumento de valor (plusvalía).
-
Se definen las
rentas primarias como aquellas que surgen directamente del proceso de
producción, antes de la redistribución de rentas que se produce en el
conjunto de la sociedad. Cada modo de producción tiene unas rentas
primarias características. En el capitalismo las rentas primarias son
sólo dos: los salarios —cuya magnitud en valor coincide con el
capital variable (0— y la plusvalía, que adopta la forma externa de
beneficios. Las rentas derivadas proceden de la
redistribución de las rentas primarias. En el capitalismo son muy
variadas: intereses, alquileres, impuestos, salarios de los trabajadores
improductivos, etc.
-
El problema es que,
en términos de dinero, la plusvalía es d = D' — D. La
diferencia entre el capital-dinero inicial (D) y el
capital-dinero necesario para realizar la plusvalía, es decir, d, no
existe en el circuito económico (si no está contenida en D,
¿de dónde surge la d necesaria para realizar el valor contenido
en pl?). Por tanto, no existe la demanda solvente en dinero que
permite realizar el valor de dichas mercancías.
Por
consiguiente, si se mantiene la hipótesis de dos clases sociales,
capitalistas y trabajadores, perceptores de dos rentas primarias,
plusvalías y salarios, una de las cuales (la plusvalía) no se puede
convertir en dinero, cabe concluir que mediante el propio funcionamiento
del capitalismo no se crea la demanda solvente que se requiere.
B) La
solución
Algunos
autores contemporáneos de Rosa Luxemburg argumentaron que la demanda
solvente podía proceder de lo que denominaron terceras personas:
trabajadores improductivos, clero, funcionarios, militares, burocracia,
perceptores de alquileres, etc. Era un razonamiento en la línea de Malthus.
Sin
embargo, las rentas de estos sectores de la población son rentas
derivadas, no son primarias, y por tanto no resuelven el problema que,
en última instancia, queda circunscrito a la generación de rentas
primarias.
Otros
autores argumentaron que la demanda solvente procedía del comercio
exterior y que era preciso abandonar la hipótesis de economía cerrada.
Sin embargo, si el comercio exterior se realiza entre empresas
capitalistas el problema subsiste y únicamente aumenta el ámbito
territorial en que se desarrolla el proceso, pues el comercio exterior
por sí solo no genera rentas primarias.
La
solución a esa contradicción, según Rosa Luxemburg, no surge de dentro
del modo de producción capitalista, sino desde fuera de él. Es decir,
hay que abandonar la hipótesis de existencia de dos únicas clases
sociales y hay que suponer que existen más, que son a su vez
perceptoras de rentas primarias.
Por
consiguiente, las fuentes de demanda solvente para la creciente
producción capitalista tienen que ser de origen no capitalista.
Tales fuentes son las siguientes:
-Clases sociales no capitalistas
de la población de un país
capitalista, tales como:
-
Campesinos, que
perciben la renta de la tierra (renta primaria).
-
Artesanos, que
perciben la renta procedente de la pequeña producción mercantil (renta
primaria).
-Países no capitalistas
cuyas fuentes de renta
primaria sean de origen esclavista, tributario, de comercio lejano o de
cualquier otro tipo.
Ambos son
fuentes de demanda solvente para la producción creciente del capitalismo.
C)
Consecuencias y tendencias
Ahora
bien, el capitalismo absorbe toda actividad con la que se relaciona. De
tal modo que en el interior de los países capitalistas avanzados las
clases sociales precapitalistas han tendido a ser convertidas en las
clases propias del capitalismo (capitalistas o asalariados) y han acabado
por desaparecer como clases precapitalistas. La creación de los mercados
interiores y la conversión de la tierra en capital (libre compra-venta de
la tierra, etcétera) acabaron con las dos fuentes de renta primaria que
surgían de dichas actividades.
De ahí
que, a finales del siglo XIX y principios del XX, la principal fuente de
renta primaria fuera la procedente de países no capitalistas, lo cual
explica el fuerte impulso del imperialismo, es decir, de la
expansión exterior del capitalismo europeo y norteamericano.
Sin
embargo, era fácil prever que el capitalismo iría impregnando las
economías y las sociedades de los pueblos coloniales (como efectivamente
así ocurrió), con lo cual dichas fuentes primarias también tenderían a
desaparecer.
En
consecuencia, a largo plazo, el capitalismo tiene intrínsecamente una
tendencia a la universalización que lleva en su seno la semilla del
estancamiento y, en el límite, cuando toda actividad económica y todo país
sean capitalistas, provocará su derrumbe, puesto que no se podrá realizar
la reproducción ampliada.
D)
Críticas y vigencia
La tesis
de Rosa Luxemburg fue criticada por muchos autores, entre otros Lenin,
quien recordó que Rosa Luxemburg olvidaba en su argumentación un elemento
esencial, que era la velocidad de circulación del dinero. En
definitiva, el no tener en cuenta la esfera monetario-financiera es la
mayor debilidad formal del argumento.
Sin
embargo, y a pesar de algunos errores, la capacidad predictiva del
futuro de la obra de Rosa Luxemburg ha demostrado ser muy alta. La
óptica «subconsumista» y de la tendencia al estancamiento está presente en
autores muy significativos de la escuela marxista que estudia la economía
capitalista mundial como P. Sweezy, P. Baran, S. Amin y otros. En los
capítulos correspondientes a las relaciones entre el Centro y la Periferia
del Sistema capitalista mundial se volverán a encontrar derivaciones de
este enfoque. También se ha argumentado que la antigua URSS y los países
llamados socialistas eran fuentes importantes de rentas primarias de
origen no capitalista que podían jugar el papel de demanda solvente para
el capitalismo. Con el fin de esas experiencias políticas y económicas el
capitalismo tiende más que nunca hacia la mundialización y, de ser cierta
la teoría de Rosa Luxemburg, hacia el estancamiento y el derrumbe.
*
6.4.
PERIODIZACIÓN
Hasta
aquí se han analizado los principales efectos que tienen las leyes que
rigen la dinámica del modo de producción capitalista, el proceso de
acumulación de capital. Y se ha visto cómo el desarrollo cíclico, la
concentración y centralización de capitales y la expansión exterior están
estrechamente relacionados entre sí y que todos juntos implican
numerosas modificaciones tanto en las relaciones económicas como en el
desarrollo de las fuerzas productivas que caracterizan
estructuralmente al modo de producción.
Estas
modificaciones no significan que el modo de producción deje de ser el
capitalista, ni que se tenga que definir sincrónicamente de otra manera:
sigue siendo una manera de producir basada en la propiedad privada de
los medios de producción que permite la apropiación privada del excedente
producido por la fuerza de trabajo asalariada. Cabe decir que los
fenómenos de la crisis, la centralización del capital, la expansión
exterior, etc., actúan como mecanismos reguladores de la dinámica
estructural capitalista y las modificaciones que conllevan dan lugar a
diversas fases y modos de desarrollo del capitalismo.
Definir
estas fases y modos de desarrollo es establecer una
periodización del modo de producción capitalista.
Se pueden
utilizar dos ópticas para establecer dicha periodización:
-
Una visión
abstracta, ahistórica y sincrónica de cada fase, caracterizándola de modo
general. Esta óptica da lugar a una periodización estructural,
aplicable a todas las formaciones sociales capitalistas.
-
Una visión concreta
e histórica de los cambios operados en el desarrollo capitalista en
formaciones sociales específicas. En este caso se considera que las
características de cada fase son específicas de cada desarrollo histórico,
concreto, y no se puede generalizar. Se pueden periodizar, entonces, el
desarrollo capitalista en EE.UU., en Inglaterra, en España, en México,
etc., pero las fases definidas en cada uno de ellos no son aplicables
automáticamente a otros países. Se trata de una periodización
histórica.
Fases
estructurales
Atendiendo a las características de las relaciones económicas y de la
forma del progreso capitalistas, se pueden establecer tres fases. Las dos
primeras se refieren al funcionamiento del modo de producción en un
mercado interno «individual» (nacional) y la tercera hace referencia a la
articulación de todos los mercados internos posibles formando un mercado
«global» (mundial). Las tres fases son:
1. La
fase concurrencial, que se caracteriza por:
-
Libre movilidad de
capitales y fuerza de trabajo.
-
Libre funcionamiento
de la ley del valor («libre mercado»): formación de una única tasa media
de ganancia que remunera proporcionalmente a los capitalistas y regula la
competencia entre éstos a través de precios y cantidades.
-
Extracción de
plusvalía más en forma absoluta que relativa (acumulación
extensiva del capital).
-
Neutralidad
económica del Estado.
-
Anarquía de la
producción y, por consiguiente, desarrollo capitalista cíclico.
-
Desarrollo de las
fuerzas productivas (el progreso) que se centra en el paso de la
manufactura al maquinismo: el sector predominante en el mercado interno es
la industria.
2. La
fase monopolista de base nacional, que implica la existencia de
diferentes mercados internos protegidos y la expansión exterior de
carácter imperialista. Se caracteriza por:
-
Trabas a la libre
movilidad de capitales y fuerza de trabajo.
-
Segmentación en el
seno de las clases sociales: aparición de la oligarquía financiera y de la
aristocracia obrera.
-
Distorsión en el
funcionamiento de la ley del valor: jerarquización de tasas de ganancia y
competencia entre grandes empresas no a través de precios de productos
homogéneos, sino mediante los mecanismos de captación de las rentas de los
consumidores para la venta de productos heterogéneos (publicidad, etc.).
-
Extracción de
plusvalía más en forma relativa que absoluta (acumulación
intensiva de capital).
-
Intervención del
Estado en la economía con políticas anticíclicas.
-
Aunque el desarrollo
cíclico no desaparece, la intervención estatal y la capacidad de los
monopolios de controlar la capacidad de producir y el mercado atenúan la
anarquía de la producción y la duración del ciclo se alarga.
-
El progreso da un
salto cuantitativo (aumento de la dimensión y escala de la
producción, por la concentración de capital) y cualitativo
(desarrollo científico y tecnológico, nueva organización y racionalización
del proceso de trabajo). Por otra parte, y aunque la industria sigue
siendo el pilar del progreso, se desarrollan extraordinariamente las
actividades improductivas («terciarización» de la economía).
3. La
fase monopolista de base mundial (mundialización), que se desarrolla a
partir de la expansión exterior del capitalismo monopolista y por lo tanto
tiene características de la fase anterior. Pero al unificar todos los
mercados capitalistas en un único mercado «mundial», se dan también en
esta fase características de la fase concurrencial, en el sentido de:
-
Libre movilidad de
capitales a nivel internacional.
-
Tendencia a la
formación de una única tasa media de ganancia entre los capitales
mundializados.
-
Competencia entre
monopolios internacionales (grandes Corporaciones multinacionales) en cada
rama productiva, que adopta características de la fase monopolista, pero
vuelve a surgir también la competencia propia de la fase concurrencial
basada en precios, cantidades, calidades e incluso salarios.
-
Se establece una
nueva división internacional del trabajo a través de la
internacionalización del capital productivo. A través de ella se segmenta
la clase obrera mundial.
-
Nuevo avance en el
desarrollo de las fuerzas productivas para permitir la mundialización de
la actividad empresarial: revolución tecnológica que afecta a los
transportes y comunicaciones, a la gestión, a la segmentación de la
producción.
-
El Estado (nacional)
pierde influencia o capacidad de maniobra frente a la mundialización
económica y la acción de las empresas multinacionales.
En
definitiva, esta fase recoge teóricamente las modificaciones estructurales
que han ocurrido y están ocurriendo en el capitalismo mundial en las
últimas décadas del siglo XX. Como fase estructural, está todavía en
proceso de desarrollo y algunas de sus características no se han
desplegado plenamente, o lo están haciendo con impedimentos y
contradicciones frente a las estructuras capitalistas que atraviesan
todavía por las dos fases anteriores.
Es decir,
en una formación social concreta, o en el propio Sistema mundial, se
pueden encontrar simultáneamente capitales que se reproducen en la fase
concurrencial, capitales monopolistas que operan sólo en el mercado
interno nacional y capitales monopolistas de base mundial, que operan
internacionalmente.
Las fases
estructurales, por tanto, no implican una sucesión histórica, sino una
jerarquización por evolución estructural: el capital que se reproduce
en la fase monopolista de base nacional subordinará a sus intereses al
capital nacional en fase de libre concurrencia, pero a su vez estará
subordinado al capital multinacional.
Fases
históricas según la escuela regulacionista
El
establecimiento de una periodización histórica en el desarrollo
capitalista se debe principalmente a la moderna escuela regulacionista,
en la que destacan autores como Aglietta, Boyer, Lipietz, Jessop,
Boccara, De Bernis, etc. Esta escuela (ciertamente desde aportaciones muy
heterogéneas) ha buscado racionalizar formalmente los cambios ocurridos en
el desarrollo capitalista concreto en diversas formaciones sociales a
través de la definición de los mecanismos de regulación y las
modificaciones que han sufrido. Sus tesis, no exentas de polémicas, se
pueden resumir como sigue:
-
En la evolución del
capitalismo en las formaciones sociales existen modos de desarrollo
(MD) históricamente específicos y temporalmente limitados.
-
Cada modo de
desarrollo se compone de un modo de regulación (MR) y de un
régimen de acumulación (RA) que, aunque interrelacionados, mantienen
en su origen una cierta autonomía.
-
El modo de
regulación es el conjunto integrado de instituciones que regula las
relaciones intercapitalistas, la relación capital/trabajo, las relaciones
financieras, la intervención del Estado en la economía y la relación de
las empresas nacionales con la economía internacional. Es, pues, el marco
de interrelaciones entre las unidades económicas. En la historia se pueden
identificar dos modos de regulación: el competitivo (MRC) y el
monopolista (MRM).
-
El régimen de
acumulación está definido por las características organizativas y
tecnológicas del proceso de producción y de la inversión, la composición
de la demanda efectiva (beneficios, salarios e impuestos) y la
articulación de los modos no capitalistas en la estructura económica
capitalista. Caracteriza, pues, al progreso y a la dinámica de
crecimiento. En la historia se identifican dos regímenes de acumulación:
el extensivo (RAE) y el intensivo (RAI), definidos en base a
la forma predominante de extracción de plusvalía.
-
Existen, por tanto,
una serie de combinaciones posibles entre los modos de regulación y los
regímenes de acumulación, que determinan un único modo de desarrollo
que opera durante un determinado tiempo, hasta que la adaptación entre
ambos se rompe. Los modos de desarrollo resultantes de estas combinaciones
son específicos de cada formación social.
La
historia del capitalismo en EE.UU. presenta tres modos de desarrollo:
-
Durante gran parte
del siglo XIX el modo de desarrollo es una combinación del modo de
regulación competitivo y el régimen de acumulación extensivo;
-
Desde finales del
siglo XIX hasta la crisis de la Gran Depresión el modo de desarrollo
consistió en un régimen de acumulación intensivo emergente y un modo
de regulación competitivo modificado, pero insuficiente para adaptarse a
ese régimen de acumulación (la crisis de los años treinta sería producto
de esta inadaptación);
-
Y desde entonces el
modo de desarrollo se basaría en un modo de regulación monopolista
y un régimen de acumulación intensivo, y es el llamado modo de
desarrollo fordista cuya crisis, que se inicia a finales de los años
sesenta, forma parte de la crisis actual.
La
periodización estructural caracteriza a la dinámica histórica del
capitalismo por el predominio de una u otra de sus fases en cada situación
concreta y, a diferencia de la periodización de enfoque regulacionista,
permite la elaboración de una periodización del sistema en su conjunto. Se
trata de reducir el nivel de abstracción desde el ámbito del modo de
producción al ámbito de las formaciones sociales y, por ende, del sistema.
Este es el contenido del próximo capítulo.
*
RESUMEN
La forma
del crecimiento capitalista es el desarrollo cíclico, en el que la
acumulación de capital atraviesa por fases de auge, crisis, depresión y
recuperación. La duración de los ciclos es variable y da lugar a los
ciclos cortos (de coyuntura), medios (económicos) y
largos (tecnológicos). Por otra parte, en la dinámica capitalista se
produce un proceso de concentración y centralización del capital,
mediante el cual la dimensión de las empresas es cada vez mayor y el
capital engrandecido es controlado por cada vez menos capitalistas. Las
formas principales de centralización son la formación de Sociedades
Anónimas, la Bolsa y la Banca y el Sistema financiero,
que dan lugar a una situación de monopolio y a la aparición de una
oligarquía financiera. La expansión exterior es también una
respuesta a las dificultades de la acumulación de capital en el mercado
interno y se desarrolla mediante la internacionalización del capital
como relación social y en sus formas de mercancía, dinero y capital
productivo. La necesidad de la reproducción ampliada del capital
explica la expansión exterior como la articulación de los modos de
producción no capitalistas al capitalista para disponer de sus
rentas primarias, pero plantea también los límites de la misma cuando
el capital lo abarque todo. Todos estos elementos de la dinámica
capitalista suponen modificaciones estructurales en el modo de
producción, que permiten establecer una periodización que puede ser
estructural o histórica. En la periodización estructural se
definen las fases concurrencial, monopolista de base nacional y
monopolista de base mundial del capitalismo, y en la histórica se
analizan los cambios concretos en el desarrollo capitalista en cada
formación social.
*
LECTURAS PARA LA REFLEXIÓN
«Si la
producción capitalista constituye un mercado suficiente para sí misma, la
acumulación capitalista (considerada objetivamente) es un proceso
ilimitado. Si la producción puede subsistir, seguir aumentando sin trabas,
esto es, si puede desarrollar ilimitadamente las fuerzas productivas,
aunque el mundo entero esté dominado por el capital, cuando toda la
humanidad se componga exclusivamente de capitalistas y proletarios
asalariados, se derrumba uno de los pilares más firmes del socialismo de
Marx. (. .) Si la producción capitalista constituye un mercado suficiente
para sí misma y permite cualquier ampliación para el total del valor
acumulado, resulta inexplicable otro fenómeno de la moderna evolución: la
lucha por los más lejanos mercados y por la exportación de capitales, que
son los fenómenos más relevantes del imperialismo actual, resultaría
totalmente incomprensible. ¿Para qué tanto ruido? ¿Para qué la conquista
de las colonias, las guerras del opio y las peleas actuales por los
pantanos del Congo y los desiertos de Mesopotamia? Sería mucho más
conveniente que el capital se quedara en casa a darse la buena vida. Krupp
produce alegremente para Thysen, Thysen para Krupp, no necesitan ocuparse
más que de invertir los capitales una y otra vez en las propias
explotaciones y ampliarlas mutuamente de un modo indefinido. El
movimiento histórico del capital resulta sencillamente incomprensible, y,
con él, el imperialismo actual. O queda también la inapre ciable
declaración de Pannekoek (. .): la búsqueda de mercados no capitalistas es
ciertamente 'un hecho, pero no una necesidad'. Esto constituye una
verdadera perla de la concepción materialista de la historia. (. .) Si
aceptamos el supuesto de (estos) "expertos", el socialismo como fin
último, y el imperialismo como su estadio preparatorio, dejan de ser una
necesidad histórica. Aquél se convierte en una loable solución de la clase
obrera, y éste es una indignidad y un deslumbramiento de la burguesía.»
R.
Luxemburg: La acumulación de capital. Grijalbo, Barcelona,
1978.
--
«Las
ondas largas de signo expansivo son períodos en los que las fuerzas que
operan contra la tendencia a la caída de la tasa media de ganancia actúan
con fuerza y de forma sincronizada. Las ondas largas de signo depresivo
son períodos en los que las fuerzas que operan contra la tendencia a la
caída de la tasa media de ganancia son más escasas, más débiles y están
claramente menos sincronizadas. El hecho de que esto se produzca en
ciertos puntos de inflexión sólo puede explicarse a la luz de un análisis
histórico concreto de un período dado del desarrollo capitalista que
conduce a tal punto de inflexión.»
E. Mandel:
Las ondas largas del desarrollo capitalista. Siglo XXI, Madrid,
1986.
*
TÉRMINOS CLAVE
Ciclo
Sobreproducción
Subconsumo
Crisis
Concentración
Centralización
Monopolismo
Internacionalización
Imperialismo
Periodización
BIBLIOGRAFÍA
M.
Aglietta:
Regulación y crisis del capitalismo.
Siglo XXI, Madrid, 1979.
S. Amin y
otros:
Dinámica de la crisis global.
Siglo XXI, México, 1983.
R.
Hilferding:
El
capital financiero.
Tecnos, Madrid, 1985.
R.
Luxemburg:
La
acumulación de capital.
Grijalbo, Barcelona, 1978.
E. Mandel:
El capitalismo tardío. Era, México, 1979.
Ch.
Palloix:
La
internacionalización del capital.
Blume, Madrid, 1978.
*
CAPÍTULO 7.
LA
FORMACIÓN DEL SISTEMA CAPITALISTA MUNDIAL
En
capítulos anteriores se ha expuesto el funcionamiento del modo de
producción capitalista, tanto desde la perspectiva sincrónica como
diacrónicamente. Se ha destacado, en este último caso, cómo la expansión
exterior es esencial para la reproducción del propio modo capitalista de
producir.
En el
proceso de concreción progresiva, procede ahora pasar del nivel
abstracto-teórico típico del estudio del «modo de producción» al nivel
histórico-concreto que caracteriza a los conceptos de «formación social» y
«sistema». Es decir, se trata de considerar cómo se desarrolló
realmente el capitalismo en las diversas formaciones sociales y cómo las
articuló hasta formar un sistema mundial.
En este
capítulo no se trata de realizar un resumen histórico exhaustivo, sino de
expresar, a través de la consideración histórica, la acción real de las
leyes de desarrollo del capitalismo y sus efectos.
En primer
lugar se tratará de la capitalización de las formaciones sociales
que primero vivieron dicho proceso. Posteriormente se abordará cómo el
desarrollo capitalista impulsó la expansión exterior, dando lugar al
imperialismo. A partir de los procesos de articulación imperialista de
las colonias se formará lo que después será la Periferia del
Sistema mundial, siempre supeditada a su Centro.
Por
último, se tratarán los procesos de desconexión operados en el
Sistema Imperialista (básicamente a raíz de las guerras mundiales: la
revolución rusa y la revolución china) y la consolidación definitiva de un
Sistema económico capitalista mundial, basado en la mundialización del
modo de producción que le da nombre.
*
7.1.
EL DESARROLLO HISTÓRICO DEL CAPITALISMO
El
término «capitalismo» se identifica con la forma concreta de manifestación
de las leyes del modo de producción capitalista en las diferentes
formaciones sociales. En lenguaje coloquial se utiliza como sinónimo de
«países capitalistas», de «economía de libre mercado», etc.
El
capitalismo se inició como actividad periférica en el seno de sociedades
europeas en las que el modo de producción dominante era el feudal. Se
desarrolló principalmente en ciudades inglesas, francesas, alemanas,
belgas, holandesas y del norte de Italia y de España (País Vasco y
Cataluña). Durante siglos —entre el XV y el XVIII—, el capitalismo estuvo
subordinado al modo feudal dominante.
Surgió en
los «burgos» —y de ahí el nombre de «burguesía» para la clase propiamente
capitalista—, a través de la transformación de la actividad mercantil
simple de artesanos y comerciantes en actividad capitalista. Los siervos
liberados, los soldados licenciados, la población flotante de las ciudades
y los trabajadores excedentes del campo formaron la base del futuro
«proletariado», así denominado por su volumen y dinamismo
demográfico (de prole: muchos hijos).
El
proceso que permitió crear las condiciones para la difusión generalizada
del capitalismo se denomina acumulación originaria de capital.
Mediante dicho proceso, la burguesía emergente consiguió hacerse con los
recursos y riqueza necesarios para iniciar la capitalización de la
producción, asalariando fuerza de trabajo que quedó «libre» de sus
actividades de subsistencia anteriores. Las principales fuentes de la
acumulación originaria de capital en Europa fueron:
-
Los metales
preciosos (oro y plata) de las colonias de América.
-
La práctica de la
usura (banqueros, comerciantes, etc.).
-
La conversión de
la tierra en mercancía. Es decir, el fin de las relaciones de dominio
señorial y la aparición de las relaciones mercantiles que se derivan de la
compraventa de tierras.
-
La crisis de la
organización gremial de los artesanos.
Los dos
primeros puntos hacen referencia a la disponibilidad de masas de dinero
para convertirlo en capital. Las dos últimas hacen referencia a las
condiciones internas de formación de la estructura capitalista a partir de
y a costa de la estructura feudal precedente.
Del
feudalismo al capitalismo
En el
cambio interno de estructuras que se fue operando a lo largo de la
acumulación originaria destacan la capitalización de la esfera productiva,
de la esfera circulatoria y de la tierra.
A) Del
taller artesanal a la fábrica capitalista
La
producción capitalista representó un enfrentamiento con la producción
artesanal agrupada en gremios u oficios, cuyas características principales
eran las siguientes:
-
Los medios de
producción eran utilizados directamente por sus propietarios en el proceso
de trabajo.
-
La estructura
jerárquica era por una parte muy rígida (maestros, oficiales y
aprendices), pero por otra parte el aprendiz llegaría algún día a oficial
y el oficial se independizaría como maestro.
-
El conocimiento del
proceso de producción (la técnica de trabajo) se transmite íntegro del
maestro al aprendiz a lo largo del tiempo.
-
Para poder ejercer
un oficio, el aspirante tenía que ser aceptado por el gremio
correspondiente.
-
El trabajo se
realizaba principalmente sobre pedido: a demanda individualizada, oferta
individualizada. La escala de la producción era, entonces, limitada.
-
El mercado tenía una
dimensión local discontinua (esporádica o periódica: ferias).
-
Esta estructura
gremial era incompatible con la estructura capitalista porque, y en
correspondencia con los puntos anteriores:
-
El propietario
capitalista de los medios de producción no los trabaja directamente: el
trabajo lo realiza fuerza de trabajo asalariada.
-
No por trabajar toda
su vida en la empresa el trabajador asalariado se convertirá en
capitalista.
-
El capitalista debe
hacerse con el conocimiento del proceso de trabajo y reducir y parcializar
al máximo el que tiene el trabajador, para controlar la posesión
técnica de los medios de producción.
-
El capitalismo exige
que el capitalista pueda invertir su capital donde más le convenga, sin
necesidad de ser admitido por ningún tribunal de maestros.
De aquí
que la transformación de la esfera productiva artesanal-feudal para
adecuarla a la estructura capitalista y al desarrollo de las fuerzas
productivas necesario para la acumulación de capital pasara por diferentes
etapas:
-
Taller artesano.
-
Trabajo a domicilio.
-
Taller manufacturero
(sin división técnica del trabajo).
-
Fábrica:
introducción a gran escala de las máquinas, que implican la
especialización de tareas y la división del trabajo, con pérdida
paulatina del conocimiento del proceso global de producción por parte de
los trabajadores.
El obrero
artesanal, a domicilio o en los primeros talleres capitalistas, elaboraba
el producto íntegramente. En el taller capitalista, y especialmente en la
fábrica, el trabajador efectúa una función determinada, pero ya no elabora
el producto completo. En este proceso los trabajadores han sido
expropiados de sus herramientas y de su «saber hacer».
A través
de dichas etapas se impone la propiedad real de los medios de
producción por parte del capitalista, así como su control sobre el
proceso de trabajo. Posteriormente, la propia dinámica capitalista de
concentración y centralización del capital dará lugar a nuevas etapas en
la organización y características técnicas del proceso de trabajo, siempre
buscando completar o perfeccionar dicha propiedad y dicho control: la gran
industria mecanizada con cadenas de montaje, la automatización y la
robotización, que serán tratadas específicamente en un capítulo posterior.
B) De
la feria medieval al mercado interno nacional
La
limitación del mercado local y de la oferta sobre pedido fue superada por
el capitalismo ensanchando el mercado tanto espacialmente como a nivel de
contenido, puesto que ya no se trata sólo del mercado de medios de consumo
y de producción, sino también del mercado laboral (ya que la fuerza
de trabajo pasa a convertirse en mercancía):
-
A nivel espacial se
pasa de la feria medieval al mercado local, luego comarcal o
regional y finalmente nacional. La formación, consolidación
y profundización del mercado interno nacional, tanto de medios de
producción y consumo como de fuerza de trabajo, da lugar a la formación de
los Estados-nación.
-
A nivel de contenido
se cambia la propia orientación de la producción y el consumo: de la
producción de subsistencia y autoconsumo se pasa a la producción
capitalista de los medios de consumo salariales; de la producción
sobre pedido se pasa a producir mercancías homogéneas en gran cantidad
para consumidores anónimos.
El
desarrollo de esta «economía de mercado» capitalista exigía la libre
movilidad de capitales entre los sectores productivos (sin las ataduras
gremiales) y la libre movilidad de trabajadores (libertad de contratación
y despido), y de ahí que la primera fase del desarrollo capitalista
estuviese marcada ideológicamente por el liberalismo económico como
reivindicación ante las estrechas superestructuras feudales, cuyo bastión
principal era la propiedad de la tierra, que se convirtió en el punto de
fricción principal entre las antiguas clases dominantes y la nueva clase
emergente, la burguesía.
C) La
mercantilización de la tierra
La tierra
era la condición natural de producción, el recurso natural más
importante en las sociedades precapitalistas. Su propiedad basaba el poder
de la clase dominante y su explotación aseguraba la reproducción de dicha
clase a través de la apropiación del excedente que proporcionaba. Por otra
parte, aseguraba el autoconsumo a los campesinos, que además estaban
ligados a la tierra por lazos de servidumbre.
Si la
burguesía tenía que extraer el excedente del trabajo asalariado, para ello
tenía que conseguir dos cosas: que hubiera suficientes trabajadores
«libres» y que sus medios de subsistencia fueran lo más baratos posible.
Para lograr ambas cosas simultáneamente sólo había una solución: explotar
la tierra de forma capitalista, es decir, introducir el trabajo asalariado
y el desarrollo de las fuerzas productivas en la explotación agropecuaria.
El auténtico triunfo de la burguesía no llegó hasta la realización de
reformas agrarias que privatizaron las tierras comunales y
mercantilizaron las grandes extensiones de tierra propiedad de los
terratenientes y el clero.
Las
formaciones sociales capitalistas europeas, americanas y asiáticas
Todos
estos procesos, que constituyen la capitalización de la base económica,
tomaron cuerpo en las diferentes sociedades europeas y en Japón a lo
largo de un dilatado período. No en todas ellas se produjo de la misma
manera ni se llegó al mismo grado de capitalización.
Las
características infraestructurales, estructurales y superestructurales de
los diferentes países de Europa determinaron la mayor o menor
facilidad de imposición de la forma capitalista de producir en su seno:
-
En lo que se refiere
a la infraestructura, la disposición de recursos energéticos (yacimientos
de carbón, energía hidráulica) y materias primas (hierro, etc.) posibilitó
posiciones de vanguardia en la revolución industrial: Inglaterra, Bélgica,
Alsacia y Lorena en Francia, la cuenca del Rhur en Alemania, el País Vasco
y Asturias en España, etc. El desarrollo de la industria textil y la
industria alimentaria fueron también base del despegue capitalista,
incluso en zonas sin recursos mineros y energéticos considerables, tales
como Holanda, el norte de Italia, Cataluña y varias regiones de Alemania y
Francia. También fue importante la disposición de recursos humanos y
científicos y la orografía y condiciones de transporte (el «retraso» de la
Península Ibérica en la capitalización ha sido achacado, entre otras
causas, a deficiencias en estos aspectos).
-
En lo que se refiere
a la estructura, la menor o mayor estabilidad feudal y la mayor o menor
penetración mercantil facilitaron o dificultaron la capitalización de las
relaciones sociales. El norte y el occidente de Europa vieron emerger
burguesías potentes que se apoyaron en un principio en el mercantilismo
practicado por el Estado de las monarquías absolutistas, que dependían
de ellas para la financiación de las interminables guerras intereuropeas.
-
En lo que se refiere
a la superestructura, hubo dos componentes fundamentales en el cambio: la
lucha contra el poder absoluto del monarca, a nivel jurídico-político, y
el protestantismo a nivel religioso. La llamada Revolución Gloriosa
inglesa (1688) y la Revolución Francesa (1789) son los paradigmas de la
idea de sociedad democrática y civil (constitucional) que necesitaba la
burguesía para romper definitivamente las rigideces oscurantistas
feudales, imponer la reforma agraria e impulsar el progreso en el contexto
de la libertad política y económica. El imperio napoleónico sirvió para
extenderlas por toda Europa.
El
nacionalismo se desarrolló como ideología pareja al liberalismo y
generó la conciencia nacional que impulsó la creación de los
Estados-nación, que se configuraron tras las guerras napoleónicas a lo
largo de la primera mitad del siglo XIX. A pesar de los múltiples
conflictos, revoluciones internas y de la inestabilidad política y social,
hacia 1870, tras la unificación italiana y alemana, ya se dibuja una
Europa de Estados-nación muy similar a la actual, salvo por la pervivencia
del Imperio austro-húngaro y los restos del Imperio otomano.
En
Estados Unidos, la independencia (1776) permitió desplegar desde cero
un capitalismo modélico. Sin las trabas feudales que hubo que eliminar en
Europa, en Estados Unidos se creó una potente burguesía que pudo explotar
al máximo los amplísimos recursos naturales de un territorio prácticamente
«vacío». El genocidio de la población aborigen permitió la ocupación de
tierras por los colonos sin impedimentos de ningún tipo, y la inmigración
irlandesa, alemana y escandinava, principalmente, proporcionó los recursos
humanos. Hacia el sur, el naciente Estado de la Unión se anexionó la
Florida, la Luisiana y tras la guerra con México, Texas y 2 millones de km2
al norte del Río Bravo (1848). No obstante, la existencia de formas
esclavistas de explotación en el sur, distorsionaba el mercado capitalista
de fuerza de trabajo. La Guerra de Secesión (1861-65) unificó el mercado
interno, tanto de mercancías como laboral, y consolidó la expansión
exterior hacia el Pacífico, la legendaria «conquista del Oeste». Estados
Unidos se convirtió, así, en el país paradigmático de la construcción del
capitalismo: progreso, individualismo, liberalismo y democracia.
En
Japón, el proceso de capitalización fue dirigido e impulsado desde el
propio Estado. La capitalización de Japón fue la más tardía, durante la
Era Meiji (1868-1912): se abolió por decreto el orden feudal (1871), se
instauró la monarquía constitucional y se impulsó la industrialización.
Esta «tardanza» explica que la estructura capita lista emergente tuviera
claros signos de monopolismo e imperialismo desde su origen. Es de
destacar que Japón es la única formación social no europea —tanto EE.UU.
como Canadá y Oceanía eran sociedades europeas en territorios no europeos—
que tuvo un desarrollo capitalista autónomo. Ello se debe tanto a su
estructura de clases interna como a un hecho fundamental: Japón fue la
única sociedad no europea que nunca fue colonia de los europeos y,
por ende, nunca se integró de forma dependiente y subordinada al sistema
imperialista.
*
7.2.
LA FORMACIÓN DEL CENTRO Y LA PERIFERIA
Una
vez constituidos los mercados interiores nacionales y consolidados los
Estados-nación en Europa, EE.UU. y Japón, el capitalismo inició una etapa
de expansión exterior que le llevaría a dominar el conjunto del
mundo. Esta expansión corresponde en el interior de cada país a la fase
monopolista de base nacional y se desarrolla paralelamente al
imperialismo capitalista.
Esta
expansión del capitalismo en el mundo se originó en algunos países
europeos y se extendió a todo el planeta a partir de dichos países
(primero, España y Portugal; después, Inglaterra, Holanda, Francia y
Bélgica). Para caracterizar correctamente este proceso hay que recordar
que las formas del capital se pueden internacionalizar de manera
relativamente autónoma y, por tanto, definen diversas «etapas» en el
proceso de expansión desde sus inicios hasta la actualidad. Las dos
primeras etapas culminan con la formación del Sistema capitalista mundial
mediante el colonialismo y el imperialismo y la tercera supone la
consolidación de dicho Sistema, una vez realizados los procesos de
descolonización, sobre la base de la mundialización económica
operada por el neoimperialismo. Este será ejercido desde el
Centro del Sistema adaptando a la Periferia a las necesidades
del propio Centro.
La
expansión exterior: el imperialismo
La
primera época del colonialismo se basó en la internacionalización
del capital-mercancía. Se caracteriza por la búsqueda de nuevos
mercados para las mercancías de origen industrial producidas en las
metrópolis y por la búsqueda de materias primas minerales o agrarias.
Políticamente corresponde a la formación de los imperios inglés,
francés, holandés y belga y a la expansión de los EE.UU. hacia el
territorio del «Oeste». La expansión se produjo mediante guerras de
conquista y anexión territorial de los pueblos conquistados. Los países
colonizados quedaron bajo la protección de las leyes arancelarias de la
metrópoli, es decir, pasaron a ser «mercado interior» distorsionado de la
economía metropolitana.
Las
relaciones económicas se pueden esquematizar del siguiente modo:
Mercancías (V = c + v + pl)
Metrópoli------------------------>Colonia
Metrópoli<------------------------Colonia
Dinero =
D' y materias primas
El
comercio exterior en esta época significa que la plusvalía creada en las
metrópolis se realizaba, en parte, en forma de dinero en las colonias. Por
otra parte, ese comercio era desigual: funcionaba como intercambio de
equivalentes en sentido metrópoli-a-colonia, pero asumía la forma de
pillaje (no relación de equivalentes) en el sentido
colonia-a-metrópoli.
La
segunda época del colonialismo constituye propiamente el
imperialismo y estuvo basada de forma predominante en la
internacionalización del capital-dinero. En esta fase, la expansión
exterior del capitalismo asume una nueva forma: además de la exportación
de mercancías comienza a adquirir una importancia mayor la exportación
de capital-dinero con el fin de ser invertido en las colonias para
producir mercancías que serán exportadas hacia las metrópolis. En este
caso, la plusvalía se crea en las colonias y se convierte en dinero en las
metrópolis. Además, las plusvalías realizadas en las colonias son
remitidas a las metrópolis en forma de beneficios. Es la época de la
transformación de las colonias en territorios de monocultivo o
monoproducción (plantaciones y enclaves mineros).
Las
relaciones económicas se pueden esquematizar del siguiente modo:
Dinero
=D=c+c
Metrópoli------------------------->Colonia
Metrópoli<-------------------------Colonia
Dinero =
D' =
c + + pl
Una de
las particularidades de esta relación es que la tasa de plusvalía obtenida
en las colonias era mayor que la de las metrópolis, lo cuál permitía una
mayor rentabilización del capital invertido. A esta segunda fase de la
expansión exterior del capitalismo corresponde el término de
imperialismo, que se desarrolló básicamente entre 1870 y 1945. En el
Recuadro 7.1 se ejemplifican las relaciones metrópoli-colonia en el caso
de Gran Bretaña y la India.
|
RECUADRO 7.1:
La
colonización británica en la India
Uno de
los ejemplos más significativos de la expansión exterior de las metrópolis
europeas es la colonización de la India por Gran Bretaña desde principios
del siglo XVII, expansión que desembocará en unas estructuras coloniales
capitalistas que serán las que originaran y potenciaran el subdesarrollo y
la pauperización de la economía india.
Antes de
la colonización británica, la estructura social y económica india
presentaba rasgos típicos del modo de producción tributario,
caracterizado por la propiedad comunitaria de la tierra y la existencia de
un Estado central fuerte. En particular, la estructura social de la India
se basaba en comunidades rurales sustentadas por la agricultura y la
industria artesana, lo que les permitía autoabastecerse. La conquista y el
saqueo inglés destruye esa base económica y transforma la organización
social tradicional, dejando a su población sumida en la pobreza y
dependiente de los intereses económicos de la potencia colonizadora.
En una
primera etapa de la colonización, la expansión del capitalismo británico
en la India se realizó a través de la Compañía de las Indias Orientales
y se caracterizó por un doble flujo comercial desigual: la
exportación de productos ingleses al extenso mercado indio y la
exportación de materias primas indias para abastecer a la industria
inglesa. La alta calidad y bajo precio de los productos indios, sobre
todo en artículos de confección, hizo que la penetración inglesa en ese
mercado no fuera fácil. Adoptó formas que fueron más allá de las
estrictamente económicas. En un primer momento, el gobierno británico
frenó las importaciones que Gran Bretaña venía realizando de productos
textiles indios mediante el establecimiento de elevados impuestos a la
importación textil, que iban del 10 al 30
% de su valor.
Posteriormente, esta medida se complementó, gracias a la conquista y al
dominio político-administrativo de la práctica totalidad del territorio
indio, con la liberalización de los aranceles a la importación en la India
de todos los productos ingleses. Así, entre 1814 y 1835, el volumen de
productos de algodón exportados desde Inglaterra a la India pasó de 1
millón a 51 millones de yardas, mientras que el número de piezas de
algodón exportadas por la India a Inglaterra pasó de 1.250.000 a 306.000.
La consecuencia no podía ser otra que la destrucción de la industria
artesanal india y el empobrecimiento de sus tejedores e hiladores, de
manera que a mediados del siglo XIX la India era importadora de productos
como el algodón, la seda, la lana, el cristal o el papel, todos ellos
productos que antaño la India producía a unos niveles de calidad muy
superiores a los ingleses.
Los
efectos de la colonización sobre la agricultura y el campesinado no fueron
menos dramáticos. La necesidad de abastecimiento de la industria inglesa
de primeras materias de origen agrario conllevó la reestructuración de
la producción agrícola, el cambio de propiedad de la tierra y la escasez
de productos alimenticios, impidiendo la .reproducción de la sociedad
india y provocando importantes olas de hambre. A partir del siglo XVIII,
la producción agrícola tradicional de la India, principalmente arroz y
trigo, base de la dieta de su población, se mantiene o se incrementa
levemente, mientras que, paralelamente, se expande la producción de
productos agrícolas no alimenticios mediante extensas plantaciones de
algodón, yute, té e índigo. Desde mediados del siglo XIX se inicia un
crecimiento continuo de las exportaciones de productos alimenticios
indios. En 1921, la India, una sociedad básicamente agrícola, se convierte
en importadora neta de productos alimenticios, necesarios para su
abastecimiento. En el período 1900-1945, la producción de productos
alimenticios tiene un crecimiento del orden del 3 %, mientras que la de
materias primas de origen agrícola lo hace al 45 %.
A
mediados del siglo XVIII, la conquista de nuevos territorios permite a la
Compañía la recaudación de impuestos sobre el suelo en determinadas
provincias, pero pronto trasladará esta función a los Zamindaire,
nombrándolos propietarios del suelo, lo que facilitará la concentración de
la propiedad de la tierra en manos de una minoría. Paralelamente, los
excesivos impuestos que debía pagar el campesino al poder colonial y las
condiciones desfavorables del arrendamiento provocan el progresivo
endeudamiento del campesinado, que a menudo se verá obligado a endeudarse
para alimentar a su familia. Todo ello conduce a que, a partir del 1800,
ya se observe un incremento del número de muertos por inanición.
En la
segunda mitad del siglo XIX se inicia la segunda etapa del colonialismo,
el imperialismo, de manera que la expansión del capitalismo en la
India adopta una nueva forma, complementaria de la anterior, caracterizada
por la exportación de capital (excedentario en Gran Bretaña). La
actividad inversora británica en la India se concentra en la
construcción de ferrocarriles y líneas ferroviarias, que en 1900 ya
alcanzan las 25.000 millas, con el doble objetivo de llegar a las zonas de
abastecimiento de materias primas y de poder introducir los productos
ingleses en cualquier punto del territorio indio. La inversión en
ferrocarriles no sólo se realizó en detrimento de otro tipo de inversiones
que hubieran sido más beneficiosas para la economía india, sino que además
no crearon ningún tipo de articulación en la economía nacional. La
construcción ferroviaria fue fuertemente criticada por los nacionalistas
indios, ya que se trataba de un volumen de inversión que, dirigida a
sectores como la energía eléctrica o la agricultura (para sistemas de
irrigación), hubiese permitido' un desarrollo económico considerable. Por
otro lado, las materias primas industriales y los medios de producción,
tales como el hierro, los vagones o incluso el carbón, necesarias para
esta inversión, fueron importadas de Inglaterra, lo que benefició a la
economía inglesa y no permitió el surgimiento de una industria pesada en
la India. Esta era la lógica de la expansión del capitalismo a partir de
la metrópoli hacia la colonia.
La India
se convirtió en la colonia agrícola de la Inglaterra industrial, de tal
manera que la colonización favoreció la acumulación primitiva y la
industrialización de Inglaterra. De hecho, una sociedad como la india, que
en los siglos XVI y XVII tenía muchas posibilidades de industrialización
basada en una industria manual eficiente, un superávit agrícola y
unos ricos yacimientos de minerales, se encontró en una situación de
retroceso provocado por la expansión exterior del capitalismo inglés, por
el colonialismo y el imperialismo, que dio lugar a un proceso de
desarrollo del subdesarrollo.
|
El primer
autor que trató el tema del imperialismo fue Hobson, economista inglés
vinculado al pensamiento institucionalista, social-cristiano y autor en
1902 de un libro titulado Imperialism.
Pero el
principal divulgador de la teoría del imperialismo capitalista fue
Lenin en su obra
El
imperialismo, fase superior del capitalismo
(1917). Lenin recibió la
influencia de otros autores, como el propio Hobson, Hilferding, Rosa
Luxemburgo, Bujarin, y de hecho aportó pocas cosas nuevas respecto a
ellos. Pero si su obra se hizo más famosa y «paradigmática» que la de
los otros autores para la escuela marxista posterior fue porque dicho
libro tiene la virtud de condensar en un solo texto las principales
aportaciones de su época sobre el imperialismo. En el Recuadro 7.2 se
resume la aportación de Lenin.
El
reparto del mundo
El
reparto del mundo entre las potencias imperialistas se consuma plenamente
entre 1870 y 1918, como se observa en el Cuadro 7.1, según los datos
ofrecidos por Lenin en su obra sobre el imperialismo.
Cuadro
7.1. El reparto del mundo.
Porcentaje de la superficie de cada territorio
|
|
1870 |
1900 |
|
Australia |
100,0 |
100,0 |
|
Polinesia |
56,8 |
98,9 |
|
Asia |
51,5 |
56,6 |
|
América |
27,5 |
27,2 |
|
África |
10,8 |
90,4 |
|
RECUADRO 7.2:
Lenin y el imperialismo
El
pensamiento de Lenin sobre el imperialismo se centra en las
contradicciones del capitalismo que posibilitaban y hacían necesaria la
revolución socialista mundial. Para él, el capitalismo había
entrado en su fase superior, el imperialismo, que
caracterizó concretamente a través de cinco puntos de carácter económico y
dos puntos de carácter sociopolítico referentes al «aburguesamiento» de la
clase obrera en las metrópolis. Estos puntos son los siguientes:
-
La concentración y
la centralización del capital dan lugar al surgimiento de monopolios.
-
El capital bancario
y el capital industrial se funden para dar lugar al capital financiero.
Este último es la base de una nueva fracción de clase dominante: la
oligarquía financiera.
-
La exportación de
capitales es la forma típica del imperialismo y predomina sobre la
exportación de mercancías.
-
Se tiende a la
formación de asociaciones monopolistas que se reparten los diferentes
mercados del mundo.
-
Las potencias
capitalistas culminan el reparto del mundo entre ellas.
-
Merced a la
explotación de las colonias se genera el suficiente excedente para
permitir la formación de una fracción de la clase obrera «rica» en los
países colonialistas: se trata de la «aristocracia obrera».
-
La existencia de tal
excedente permite que la política interior de los países colonialistas se
haga socialdemócrata (vacaciones pagadas, seguros sociales. Jornada de
ocho horas, etc.). La política exterior es militarista y racista.
El
imperialismo, fase superior del capitalismo
(publicada como ensayo
popular) no fue la única obra de Lenin sobre el tema, ya que polemizó
en otras contra la socialdemocracia europea que votó los créditos de
guerra para el primer conflicto mundial. Su caracterización de la política
belicista y social-chovinista como el principal enemigo del socialismo en
aquellos momentos le llevó a crear plataformas pacifistas y a vincular la
propia revolución socialista en Rusia a la paz. Y también vinculó
prematuramente las luchas de liberación nacional antiimperialistas
a la extensión del socialismo mundial. Por ello, su obra es fundamental
para entender los procesos políticos de descolonización posteriores. En
suma, la importancia de Lenin en este tema es mucho mayor en el contexto
histórico-político que en el estrictamente teórico-económico.
|
Las
principales potencias colonialistas eran Inglaterra, Francia, Holanda y
Bélgica. Como residuos de su anterior imperio colonial quedaban España y
Portugal. Y tres potencias recién constituidas como Estado-nación
(Alemania, Italia y Japón) pugnaban por crear su propio imperio colonial,
enfrentándose para ello con las otras potencias imperialistas: las dos
contiendas mundiales del siglo XX tuvieron una raíz de rivalidad
interimperialista entre ambos grupos de países, en particular la Primera
Guerra Mundial.
Por su
parte, EE.UU. consolidó su expansión exterior sui generis en el
territorio continental que hoy ocupa, más posteriores anexiones como la de
Alaska, Hawai y las frustradas de Cuba, Puerto Rico, Panamá e incluso
Yucatán. Al amparo de la doctrina Monroe («América, para los americanos»,
1823), con una retórica anticolonialista y antieuropea, los
norteamericanos se reservaron el derecho, y lo ejercieron en numerosas
ocasiones, de intervenir militarmente en cuantas ocasiones les pareciera
necesario en el territorio de América Latina, de tal modo que los países
latinoamericanos, sin ser colonia de los EE.UU. en sentido estricto, eran
prácticamente su «territorio protegido».
Las
colonias fueron repartidas entre las diferentes metrópolis de la siguiente
forma:
-
Australia
correspondía básicamente al imperio británico.
-
Polinesia se
repartió entre ingleses, franceses y norteamericanos.
-
Asia fue colonizada
básicamente por ingleses (Indostán, Medio Oriente), franceses (Indochina)
y holandeses (Indonesia). Con posterioridad, Japón intentó expansionarse
en Asia: colonización de Corea, parte de China e intentos de anexión de la
Rusia asiática.
-
China no llegó a ser
nunca una colonia en sentido estricto. Su territorio se repartió en zonas
de influencia entre las diferentes potencias, pero mantuvo su soberanía
como Estado. Sólo Japón conquistó una parte de China (Manchuria) y se la
anexionó como protectorado. La situación china se puede considerar semi-colonial.
-
América Latina
mantuvo su independencia política, pero pasó a ser dominada económicamente
por Estados Unidos, que practicó una nueva forma de imperialismo que
después será bautizada como neoimperialismo.
-
África era el
continente menos colonizado en 1870. La carrera por la conquista de
territorios dio lugar a ocupaciones de ingleses (desde Egipto hasta África
del Sur en el Indico, más Nigeria y Ghana en el Atlántico), franceses
(Madagascar y la costa ecuatorial atlántica, además del norte de África) y
belgas (Congo, hoy Zaire, más Ruanda y Burundi). Portugal mantuvo su
imperio en Angola, Mozambique y Guinea. Estados Unidos creó y protegió a
Liberia (Estado «negro» para asentar a los «negros libertos» por la Guerra
de Secesión norteamericana) y sólo permaneció como país independiente el
reino de Abisinia. En el territorio africano trataron de expandirse los
alemanes (Tanganika, Togo, Camerún, Namibia y el intento frustrado de
colonizar Marruecos) e italianos (Libia y posteriormente Somalia y
Abisinia, hoy Etiopía y Eritrea). Esta expansión dio lugar a
enfrentamientos bélicos que desembocaron en la P y 11a Guerras Mundiales.
Mención aparte merece Sudáfrica, colonizada por los ingleses y holandeses
y escenario de frecuentes guerras entre unos y otros que culminan con la
llamada «guerra de los boers» (1899-1902). Esta república instauró un
régimen racista que se ha mantenido hasta la década de los noventa, en el
siglo XX.
-
Rusia, por último,
creó un amplio imperio hacia el Pacífico y el Sur, pero con
características claramente precapitalistas, semejantes a las de otros dos
imperios residuales contemporáneos: el austro-húngaro y el otomano.
El Cuadro
7.2 muestra la importancia de la colonización de algunas potencias.
Cuadro
7.2. El reparto de
las colonias.
|
Potencias |
1870 |
1914 |
|
Superficie |
Población |
Superficie |
Población |
|
Inglaterra |
22,5 |
251,9 |
33,5 |
393,5 |
|
Rusia |
17,0 |
15,9 |
17,4 |
33,2 |
|
Francia |
0,9 |
6,6 |
10,6 |
55,5 |
|
Alemania |
|
|
2,9 |
12,3 |
|
EE.UU. |
|
|
0,3 |
9,7 |
|
Japón |
|
|
0,3 |
19,2 |
Superficie: millones de km2 colonizados. Población: millones de
habitantes colonizados.
El
imperialismo representó, en consecuencia, la universalización del
capitalismo y dio origen al. Sistema capitalista mundial como forma
de organización de las relaciones económicas entre países (metrópolis y
colonias) con estructuras económicas diferentes, todas ellas dentro del
ámbito del capitalismo (es decir, con predominio del modo de producción
capitalista). Este Sistema se constituyó en torno a dos bloques: el
Centro (constituido por las metrópolis) y la Periferia
(constituida por las colonias y semicolonias).
Los
procesos de descolonización y el neoimperialismo
El
imperialismo económico había sido acompañado, en general, por una
ideología racista según la cual «el hombre blanco» y su «civilización»
(cristiana, capitalista-burguesa) eran superiores al resto de razas y
culturas. Se justificaba así, superestructuralmente, la destrucción o
subordinación de los modos precapitalistas y la desarticulación
estructural de las formaciones sociales coloniales basadas en ellos, que
eran vistas como «primitivas» y «atrasadas».
Tres
factores favorecieron el proceso de independencia de las colonias:
-
El movimiento
socialista europeo, que había denunciado el imperialismo y el
nacional-chovinismo y que en función del «internacionalismo proletario»
reivindicaba el derecho a la autodeterminación e independencia de las
colonias. Muchos movimientos de libe ración nacional se inspiraron
en este pensamiento: Mao Tse Tung en China, Ho Chi Minh en Vietnam, Kim Il
Sung en Corea. En África, líderes como Patricio Lumumba en el Congo belga,
Samora Machel en Mozambique, Seku Ture en Guinea, Amilcar Cabral en
Guinea-portuguesa y muchos otros. Y en América Latina, Fidel Castro y
Ernesto «Che» Guevara.
-
La formación de
élites en las colonias, educadas en el pensamiento europeo (liberal o
socialista): Gandhi en la India, Sukarno en Indonesia, Nasser en Egipto,
Ben Bella en Argelia, Burguiba en Túnez, Nkrumah en Ghana, Nyerere en
Tanzania, Kenyatta y el movimiento «mau-mau» en Kenia y muchos otros.
-
Los conflictos
interimperialistas, sobre todo la Segunda Guerra Mundial, en los que
la «civilización» del hombre blanco demostró su cara más brutal.
Estos
fueron los factores determinantes en la formación del movimiento
anticolonial. EE.UU. desempeñó un papel importante en este sentido, así
como la Sociedad de Naciones y la Organización de las Naciones Unidas,
surgida tras el segundo conflicto bélico mundial.
Las
potencias imperialistas europeas respondieron más o menos diligente e
inteligentemente a la marea del sentimiento anticolonial. Gran Bretaña
optó, en general, por una política descolonizadora rápida, delegando en
las clases dominantes autóctonas el proceso («protectorados») y
salvaguardando la articulación económica con los intereses de la metrópoli
(la Commonwealth). A Francia le costó más, puesto que su modelo de
asimilación dejaba menos autonomía a las clases dirigentes de las
colonias y tuvo que enfrentarse a numerosas guerras de liberación
nacional, las más importantes de las cuales fueron las de Indochina y de
Argelia. Holanda, que pretendía un camino intermedio entre el modelo
británico y el francés, acabó en puro militarismo ante el nacionalismo
socialista y religioso en Indonesia, y su intervención armada fue
criticada incluso por las otras potencias imperialistas.
El
proceso de descolonización previo a la Segunda Guerra Mundial afectó
básicamente a zonas de emigración europea (Canadá y Australia) y
parcialmente al Oriente Medio, por la caída del Imperio otomano, aliado de
Alemania en el conflicto, que fue repartido entre Gran Bretaña (Arabia,
Irak, Palestina) y Francia (Siria y Líbano). Por otra parte, Egipto (1920
y 1936) e Irán (1930) obtuvieron la independencia formal de Gran Bretaña,
pero continuaron sometidos al Imperio británico hasta alcanzar su plena
soberanía con posterioridad a la Segunda Guerra Mundial.
Fue en
las dos décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial cuando el proceso
de descolonización afectó a prácticamente la totalidad de las colonias,
excepto a las de dos países (Portugal y España) que, bajo regímenes
dictatoriales de índole fascista, se mantuvieron, sin embargo, neutrales
en la contienda. La independencia de las colonias de estos dos países se
producirá en la segunda mitad de los años setenta.
Según las
diferentes regiones, los procesos de descolonización culminaron de la
siguiente forma:
-
En Asia, India,
Pakistán y Ceilán (Sri Lanka) consiguen la independencia de Gran Bretaña
en 1947, Birmania en 1948 e Indonesia (de Holanda) en 1949. Paralelamente,
Corea y China habían expulsado a los japoneses de su territorio e iniciado
la revolución socialista, que en Corea llevará a la partición de la
península tras la intervención norteamericana (1950-53) y en China
culminará con el triunfo de Mao Tse Tung en 1949. En la Península
Indochina, el imperialismo francés fue derrotado militarmente en Vietnam y
en 1954 culminan su independencia Vietnam, Camboya y Laos (Acuerdos de
Ginebra). En 1957 consiguieron la independencia Singapur y Malasia (que se
constituyó como Federación con Brunei, norte de Borneo y Sarawak en 1963).
-
En África, la mayor
parte de los países consiguieron la independencia política entre 1956 y
1962. Francia fue quien enfrentó luchas de liberación nacional más
violentas en el norte (la insurrección argelina comienza en 1954 y durará
hasta 1962). En 1956 alcanzan la independencia Marruecos, Túnez y Sudán;
en 1957, Ghana; en 1958, Guinea; en 1960, Camerún, Togo, Madagascar, Congo
Belga (Zaire), Somalia, Congo-Brazaville (Rep. Del Congo), República
Centroafricana, Chad, Gabón, Dahomey (Benín), Níger, Alto
Volta (Burkina Faso), Costa
de Marfil, Senegal, Malí, Nigeria y Mauritania; en 1961, Sierra Leona y
Tanganika; en 1962, Argelia, Ruanda, Burundi y Uganda; en 1963, Zanzíbar y
Kenia, y en 1964, Malawi y Rodesia del Norte (Zambia). Quedarán casi
exclusivamente las colonias portuguesas (hasta 1975-76) y el colonialismo
racista blanco en Rodesia del Sur y en Sudáfrica. El primero se mantuvo
hasta 1980, con la independencia de Zimbabwe, y, en el caso sudafricano,
se mantendrá el apartheid racista hasta los años noventa y el
triunfo de Mandela en las
primeras elecciones realmente democráticas. La
última colonia que ha accedido a la independencia es Namibia (1992).
Eritrea, por su parte, ha logrado la secesión de Etiopía.
-
En América, el
proceso de descolonización se limitó a las colonias caribeñas. En la
década de los sesenta consiguieron la independencia Jamaica (1962),
Trinidad y Tobago (1962) y Barbados (1966) y en la década de los setenta y
principios de los ochenta el resto de colonias, Surinam (Guayana
holandesa), Guyana (Guayana inglesa), así como otras islas del Caribe.
*
7.3.
LAS RUPTURAS HISTÓRICAS DEL SISTEMA: LAS DESCONEXIONES
Al
margen de los conflictos interclasistas nacionales y coloniales que
jalonaron la implantación capitalista, sólo el denominado socialismo
real supuso una experiencia efectiva y estable al margen del Sistema
capitalista mundial. El proceso que se inicia con la Revolución de Octubre
en Rusia, en plena Primera Guerra Mundial, y que acabaría consolidando el
llamado bloque socialista, consiguió durante un largo tiempo
limitar y condicionar el proceso de expansión del capitalismo en un área
geográfica importante e incluso, en algunos momentos, amenazar su propia
continuidad.
Las
revoluciones socialistas supusieron una ruptura efectiva del
Sistema. Se produce una ruptura cuando concurren una revolución
política, que desplaza las anteriores superestructuras políticas,
jurídicas, etc., por otras nuevas y una revolución económica y social,
que supone cambios en el régimen de propiedad y en la estructura
social (disolución de las antiguas clases sociales dominantes
terratenientes y capitalistas, reforma agraria, etc.).
Se
pueden considerar tres formas de cambios en la propiedad privada de los
medios de producción:
-
La
nacionalización, que supone negar el reconocimiento de los derechos de
propiedad a los propietarios no nacionales (capitalistas extranjeros). Los
medios de producción pasan a ser de agentes nacionales públicos o
privados.
-
La
estatización, que implica que los medios de producción privados pasan
a ser propiedad del Estado, ya procedan de propietarios privados
nacionales o extranjeros.
-
La
colectivización, que implica que la propiedad es asumida por los
colectivos laborales del sector, localidad o empresa.
La
ideología que sustentó los procesos de ruptura en el Sistema fue el
marxismo. Marx entendía el proceso de transición socialista al
comunismo corno un régimen socioeconómico en que cada individuo
recibía de la sociedad en función proporcional al trabajo que desarrollaba
y en el que por tanto había desaparecido la explotación del hombre por el
hombre. El modo de producción comunista se situaba en un horizonte
indeterminado cuando, además de haber desaparecido el capitalismo
completamente del escenario mundial, se suponía que la sociedad había sido
educada en tal forma en que serla posible que cada uno aportase en función
de sus posibilidades y capacidades y a cambio demandase de ella y
obtuviese lo que necesitase. Sería una sociedad sin clases, sin Estado y
sin diferencias entre los seres humanos por razones económicas o sociales.
Así mismo, implica la existencia de abundancia material y sólo sería
posible a nivel mundial.
Las
revoluciones socialistas del siglo XX son una experiencia histórica de
intento de transición, es decir, de aplicación concreta de los
principios de organización socialista para superar el capitalismo y
abrir la posibilidad futura de una sociedad comunista.
La
primera revolución socialista se consolidó en parte del antiguo Imperio
ruso, conformando la URSS. Aunque después de 1917 se produjeron diversos
intentos revolucionarios en otros países (Alemania, Hungría, Finlandia,
etc.), todos ellos fracasaron y la URSS quedo prácticamente aislada hasta
la Segunda Guerra Mundial.
Al igual
que la Primera Guerra Mundial acabó por producir los estallidos sociales
que condujeron a la Revolución Soviética, la Segunda Guerra Mundial
acabaría estimulando procesos revolucionarios tanto en Europa (Italia,
Grecia, Yugoslavia, Albania, etc.) como, sobre todo, en el mundo
colonizado: China, Indochina, Corea, etc. Como consecuencia de esos
movimientos sociales y de la ocupación efectiva por el ejército soviético
de Europa Oriental, un gran número de países pasó a desconectarse del
Sistema: Albania, Hungría, Yugoslavia, Checoslovaquia, Rumania, Alemania
Oriental, Polonia y Bulgaria en Europa, y Mongolia, Corea del Norte y
Vietnam del Norte en Asia. Especialmente en Europa se tendió a instaurar
mecánicamente un modelo de organización «calcado» de la URSS.
Finalmente, con el proceso de descolonización, diversos movimientos de
liberación nacional acabaron por evolucionar hacia regímenes socialistas:
por ejemplo en Cuba, Vietnam, Laos, Camboya, Angola, Mozambique, etc.
En todos
los casos el modelo soviético fue un punto de referencia determinante. Por
tanto, la crisis de la URSS tuvo y tiene efectos muy importantes sobre
todo ese conjunto de países, condicionando los intentos de desconexión.
A
continuación se tratarán sucintamente los rasgos generales de los procesos
soviético y chino.
La
revolución soviética
La
revolución de Octubre de 1917 fue la primera ruptura histórica con el
capitalismo. Provocada por la guerra, se extendió en un país sometido a un
régimen feudal en el campo y al capitalismo en algunas ciudades
industriales.
Los
soviets, nuevos organismos de poder de democracia directa que
organizaban a obreros, soldados y campesinos, impusieron las propuestas de
Lenin de reparto de la tierra, de acuerdo de paz. Etcétera. Pero el Estado
soviético fue atacado en 1918 por los países capitalistas que habían
luchado entre sí en la Primera Guerra Mundial. De la primera fase
revolucionaria en la que las fábricas y campos estaban colectivizados por
sus trabajadores, se pasó a la fase del comunismo de guerra, para
hacer frente a la guerra civil. En el curso de esos años (1919-1921) la
requisa reemplazó al mercado y a la planificación, y se militarizó la
gestión de las fábricas y el conjunto de la vida social y económica.
Finalmente, el Ejército Rojo venció a las tropas «blancas» y expulsó del
país los ejércitos de las potencias intervencionistas: Canadá, Inglaterra,
Alemania, EE.UU., Francia, Rumania, Turquía, etc. El país quedó
empobrecido y desorganizado como consecuencia de la guerra.
Tras la
guerra se implantó la Nueva Política Económica (NEP), sobre la base
de limitar la gestión del Estado a los sectores estratégicos y permitir el
funcionamiento del área privada supeditada a la pública. Se abolió la
requisa y se dio un papel al mercado. Aunque la NEP permitió recuperar la
economía del país, pronto se abrió el Gran Debate sobre el modelo
de socialismo a seguir.
De este
proceso de discusión política y económica salió reforzado Stalin, que
obtuvo poderes muy amplios para desplazar a Trotsky (que proponía un
sistema ultracentralizado de gestión y una rápida acumulación industrial).
Una vez en el poder, Stalin, con una ambición personal ilimitada, en lugar
de aplicar la vía cooperativa, descentralizada y de acumulación lenta
sobre el campo, aplicó en la práctica las tesis de Trotsky. Se eliminó
todo debate político en la URSS y se instauró un régimen autoritario y
unipersonal.
El
período estalinista se extendió de 1928 a 1953 y configuró lo que
después se exportaría como modelo soviético:
-
Estatalización del
conjunto de la economía.
-
Ausencia de
mecanismos de participación democrática.
-
Rápida acumulación
en la industria pesada.
-
Práctica anulación
de los mecanismos de mercado a todos los niveles.
-
Extensión de la
planificación centralizada (producción, precios, etc.) a toda la
producción.
Con un
sistema de gestión piramidal, en el que las empresas dependían de los
Ministerios, éstos del GOSPLAN y éste de Stalin, la URSS vivió un período
de rápido crecimiento, pero de creciente pérdida de eficiencia y de
soporte social y, paralelamente, de extrema burocratización.
Desapareció el incentivo económico y fue reemplazado por el estímulo
«ideológico» y la represión (campos de trabajo, desplazamientos de mano de
obra, etc.). Aunque ese proceso permitió a la URSS derrotar al nazismo,
resultó a la larga insoportable para su propia población.
En 1956
se inició la desestalinización, con Kruschev. Se intentaron
reformar algunos aspectos del anterior modelo, pero en un país en el que
había desaparecido la vida política en el seno de la sociedad no fue
posible ir más allá de reducir la presión sobre el sector agrario e
introducir algunas reformas marginales en la industria y el comercio.
La
burocracia impidió que las reformas avanzaran hacia la
descentralización y democratización y desplazó a Kruschev para dar paso a
Brezhnev y a una larga era de estancamiento (hasta 1985). Esa época
consolidó la estructura de gestión estalinista (ultracentralización,
estatalización, ausencia de mercado, gestión piramidal…). El resultado,
sin control social y sin incentivos económicos, no podía ser otro que la
generalización de la corrupción y la ineficiencia. El acceso a
importantes recursos mineros en Siberia permitió alargar la vida de un
modelo extensivo ineficiente, a lo largo de un período que fue el más
mediocre de la historia de la URSS.
Cuando en
1985 Gorbachov, con la Perestroika, intentó reformar el modelo era
ya tarde. Se pretendió una reforma que desestatalizara el
socialismo reduciendo la planificación a los aspectos estratégicos, diera
mayor protagonismo a los trabajadores con la autogestión de las
empresas públicas, utilizase el mercado para dar poder a los
consumidores, etcétera. Se trataba de recuperar el espíritu de la NEP
preestalinista y propugnar un sistema socialista que se caracterizase por
el mantenimiento de la economía planificada, pero únicamente a través de
la planificación de las grandes macro magnitudes determinantes del
desarrollo nacional, la autonomía de la gestión de las empresas y la
democratización de la vida política. Pero la democratización del país, muy
atrasado políticamente por decenios de autoritarismo, no le permitió
encontrar un soporte para instituir un modelo socialista distinto.
El
impulso social de la Revolución de Octubre se había agotado y parte de la
burocracia del Partido Comunista aprovechó la descentralización para
transformarla (en su beneficio) en privatización. Aquellos burócratas
hoy ya son los nuevos capitalistas de una formación social insertada en el
Sistema capitalista mundial. Paralelamente al proceso de
desmantelamiento del socialismo en la URSS desapareció el «socialismo» en
los países de Europa Oriental.
La
revolución china
El
proceso revolucionario en China fue producto de una larga lucha de base
campesina que se inició a mediados de los años veinte y se consolidó en la
lucha contra el imperialismo japonés y los grandes propietarios chinos.
Mao Tse Tung dirigió ese proceso de dimensiones legendarias, desde las
primeras pequeñas zonas liberadas de campesinos desposeídos, hasta la
victoria del Ejército Popular en 1949.
El
proceso chino tuvo una relativa autonomía de la URSS, porque Stalin jamás
creyó posible una revolución socialista de base campesina. Durante un
primer período de reconstrucción nacional (1949-1952), el nuevo
poder popular trató de unificar administrativamente el país, estabilizar
la moneda y recuperar las infraestructuras. El sector económico socialista
se constituyó sobre la expropiación del capital y tierras de cuatro
familias (el capital burocrático) que detentaban la mayor parte de las
propiedades industriales, mineras y de transporte, así como de derechos
censales sobre la tierra. En la siguiente fase de construcción
socialista (1952-1957), se empezó a practicar una política de
desarrollo del sector industrial a partir del Estado. En este período Mao
forzó a los campesinos a organizarse en cooperativas de forma
acelerada. Durante la desestalinización se inició una campaña de
liberalización denominada de las Cien Flores (1957), en la que
aparecerá una fuerte contestación social a la cooperativización acelerada.
Para
recuperar la iniciativa política, Mao propugna el gran salto adelante
(1957-1962). En lugar de las cooperativas se crean las comunas
populares. Cada una de ellas agrupa a decenas de miles de personas. Se
intenta organizar inmensas empresas socialistas en el campo, que fracasan
relativamente al apoyarse en medios de producción precapitalistas: azada y
mano de obra.
Tras
graves desequilibrios en la producción agraria, y a pesar de su prestigio
de héroe nacional, Mao es apartado del poder y se abre un período de
reajuste (1962-1966), que permite estabilizar de nuevo el país y
estimular el crecimiento.
Pero Mao
no se resignó a tener un papel secundario y a sus 73 años, y apoyado en el
Ministro de Defensa (Lin Piao) y en la juventud, lanzó la revolución
cultural (1966-1976) con el fin de cambiar radicalmente las
relaciones de producción y avanzar directamente hacia el comunismo. El
resultado de este proceso fue la paralización del país por diez años,
aunque no se consolidó una centralización de tipo soviético y existieron
notables procesos de autoorganización de los comités revolucionarios. Pero
el modelo de socialismo maoísta tampoco proporcionó la estabilidad
suficiente para el desarrollo y el progreso.
En 1977
se cerró, tras la muerte de Mao, la revolución cultural y se abrió la
etapa de las cuatro modernizaciones y de reforma económica,
liderada por Deng Shiao-Ping. Se trataba de reformar profundamente el
sistema de planificación, concentrando la acción del Gobierno en la
manipulación de pocas y estratégicas variables macroeconómicas que le
permitiesen controlar con flexibilidad el conjunto de la economía: precios
de garantía, precios de productos básicos, nivel impositivo de empresas y
consumidores, inversión estratégica, etc. Gran parte de la anterior acción
de gobierno ultracentralizada se diluyó a través de la constitución de
mercados de trabajo, financieros, tecnológicos, mercancías, etc., a todos
los niveles (comarca, cantón, provincia, etc.) que permitirían a las
empresas desarrollar relaciones entre sí.
La
reforma económica ha tenido un éxito indudable en cuanto al crecimiento
económico. Desde 1977, China está creciendo a niveles muy altos,
superiores al 7 % anual. Su renta ha pasado de los 120 dólares per cápita
a los 450 dólares en 15 años, a pesar de que la población aún crece de
forma importante.
El papel
del Estado sigue siendo fundamental y, lejos de diluirse al renunciar a la
ultracentralización, sigue siendo determinante en el desarrollo económico.
La inversión del Estado en sus empresas fue en 1986 prácticamente el
triple de la de 1978. En lo que se refiere a la formación de capital
humano, los estudiantes en las universidades públicas son ahora 40 veces
los de 1970.
Resulta
evidente que gracias a la desconexión del Sistema capitalista mundial ha
sido posible este desarrollo. China se ha reservado el controlar cómo se
insertaba en el mercado mundial, hacia dónde se dirigían las inversiones
que entraban en el país, qué especialización productiva adoptaba,
etcétera, a la vez que ha mantenido el compromiso de garantizar a su
población unas mínimas condiciones de vida, empezando por garantizar el
empleo productivo. Queda fuera de duda que la reforma ha sido el
período de desarrollo más estable y de mayor vitalidad en toda la historia
de China: no resulta ninguna nimiedad que con un 7 % del total mundial de
las tierras de labor, el país haya resuelto, en lo fundamental, el
problema del abastecimiento de alimentación y ropa de un 20 % de la
población del planeta. Sin embargo, no es posible paralizar el desarrollo
social sobre los éxitos del pasado. La «desconexión» de China no significa
aislamiento; al contrario, su comercio exterior ha aumentado
significativamente, y aunque es un comercio tutelado y dirigido a
objetivos económicos de crecimiento y acumulación, cabe plantearse, sin
embargo, hasta qué punto puede hablarse hoy del mantenimiento de China al
margen del Sistema capitalista mundial. En la perspectiva de futuro jugará
un papel trascendental el grado de participación y control popular del
actual proceso de desarrollo y crecimiento económico, frente a las
posibles tentaciones de privatización por una nueva clase dominante
amparada en la tradición autoritaria del Estado.
*
7.4.
LA MUNDIALIZACIÓN CAPITALISTA
Por
mundialización capitalista se entiende el proceso de creación de un
único mercado interno mundial que funciona mediante la universalización de
la ley del valor. Es decir, la acumulación de capital, las relaciones
estructurales básicas, la
articulación entre la producción de medios de producción y la producción
de medios de consumo, el desarrollo cíclico, etc., tienen lugar a escala
mundial. Desde el punto de vista del modo de producción, significa que
tanto las relaciones económicas como el desarrollo de las diversas fuerzas
productivas (población, recursos, tecnología) se definen ahora a escala
mundial.
Desde el
punto de vista del Sistema, significa la mundialización de la base
económica (infraestructura más estructura). Ello implica que los recursos
de que dispone ahora un país dependen del uso sistémico de los recursos
totales del mundo y que las relaciones entre las clases sociales en
dicho país están definidas por las relaciones de clase globales a nivel
mundial.
Tras los
procesos de descolonización, el mecanismo de articulación entre economías
ahora políticamente independientes fue el del neoimperialismo.
El
neoimperialismo está basado en la internacionalización del capital
productivo y corresponde a la fase de capitalismo monopolista de base
mundial que llega hasta nuestros días. Se mantienen los procesos
anteriores de internacionalización del capital-mercancía y del
capital-dinero y se inicia la internacionalización del capital productivo.
Es decir, se culmina la internacionalización del ciclo completo del
capital. El agente principal de este proceso son las empresas
multinacionales, que organizan la acumulación a escala mundial a
través de la división internacional del trabajo y la
segmentación espacial del proceso productivo.
La
forma de dominación
es básicamente económica, lo cual permitió que las colonias accedieran a
la independencia política sin menoscabo de la consolidación del Sistema
mundial Centro/Periferia. Frente a los mecanismos de regulación del
Sistema basados en la política imperialista, ineficaces y contestados tras
los conflictos mundiales, el neoimperialismo ha supuesto un conjunto de
nuevos mecanismos de regulación para perpetuar la reproducción de la
estructura capitalista a nivel mundial.
Desde el
punto de vista histórico, el proceso de mundialización de la economía toma
cuerpo después de la Segunda Guerra Mundial y se despliega efectivamente
desde finales de la década de los sesenta, cuando las mutaciones en los
sistemas tecnológicos en la producción, en los transportes y en las
comunicaciones permitirán el rapidísimo avance de la producción y
circulación de mercancías, servicios y dinero «mundializados».
Sin
embargo, este proceso relativamente reciente fue claramente
previsto por N. Bujarin en su obra Economía mundial e imperialismo,
de 1915. Además de sus aportaciones teóricas sobre la ciencia económica
(por ejemplo, en su obra Economía política del rentista, contra la
visión neoclásica), Bujarin fue el precursor de la interpretación
de dos grandes fenómenos de la evolución del capitalismo: la
internacionalización del capital y la constitución del Sistema en Centro y
Periferia. Bujarin introdujo por primera vez esta terminología en el
pensamiento económico. En el Recuadro 7.3 se exponen las tesis principales
de este autor al respecto y se puede constatar la altísima capacidad
predictiva de su pensamiento.
|
RECUADRO
7.3: N. Bujarin y la economía mundial
N.
Bujarin, en su libro La economía mundial y el imperialismo, escrito
en 1915 y publicado en 1917, explicó la economía capitalista de su época y
sus tendencias futuras con respecto a tres temas principales:
a)
Economía mundial. Concebida como algo conceptualmente distinto a la
mera yuxtaposición de economías nacionales y a las relaciones
internacionales entre países, abordó su explicación haciendo referencia a
los siguientes puntos:
1)
División internacional del trabajo.
Existe un proceso de
especialización productiva de los diferentes países, derivado de
condicionamientos económicos y políticos, es decir, del carácter de
metrópoli colonialista o de colonia de los territorios afectados. Ello da
lugar a una clasificación que permite distinguir entre:
-
Países
industrializados (Europa, EE.UU.).
-
Países no
industrializados:
-
Agrarios (Polonia,
Ucrania, colonias).
-
Mineros (energéticos
y no energéticos) (colonias).
2)
Desarrollo desigual.
El desarrollo económico de
los diferentes tipos de países es desigual. Se produce una desigualdad
entre los países industrializados-ricos y los países (colonias)
agrarios-mineros-pobres. Se reproduce a escala mundial, en cierto sentido,
la diferenciación campo-ciudad que existe a nivel nacional. En los países
(colonias) pobres se implanta una economía dual con dos pilares:
-
Agricultura de
plantación o enclave minero, de carácter plenamente capitalista y
propiedad extranjera.
-
Agricultura de
subsistencia, atrasada.
3)
Gran desarrollo (desigual) de las fuerzas
productivas. En el período de
expansión imperialista del capitalismo, paralelo al monopolismo de base
nacional, tiene lugar un gran desarrollo de las fuerzas productivas, en
particular en lo que atañe al transporte y las comunicaciones: navegación,
ferrocarril, inicio de la aviación, etc. Este desarrollo, controlado por
las metrópolis coloniales, favorece el contacto rápido entre países y
colonias y representa la base material para la creación del mercado
mundial. Mercado mundial. El mercado de algunas mercancías desborda
las barreras nacionales y comienza a ser mundial: es el caso de las
materias primas agrarias o mineras procedentes de los países-colonia. Se
inicia la formación de precios a nivel mundial.
4)
Economía mundial.
La consolidación del mercado mundial abre el camino para la aparición de
la economía mundial, aún en formación, que estaría integrada por dos
grupos de países: los ricos-industriales y los pobres-agrarios-mineros.
Estos últimos son periféricos con respecto a los primeros, que
serían centrales. Esta es la primera vez que se utiliza esta
terminología.
b)
Economías nacionales.
Son las propias de los países
metropolitanos-ricos-colonialistas y sus características principales son
las siguientes:
-
Economías
industrializadas desarrolladas con base nacional.
-
Economías
monopolistas con cárteles, trusts y holdings. Empresas de gran
dimensión.
-
Economías
protegidas económica y políticamente por Estados fuertes.
-
Economías
expansivas, tanto en el interior como hacia el exterior, lo cual da
lugar a rivalidad interimperialista, que se manifiesta en guerras
comerciales (mercados finales, abastecimiento de materias primas),
políticas y militares (la causa de la Primera Guerra Mundial fue un
enfrentamiento interimperialista).
-
Relaciones internacionales.
A pesar de
las pugnas entre países por el control de territorios coloniales y a pesar
de la competencia entre empresas nacionales por el control de los mercados
internacionales o del mercado mundial, se observa una tendencia
profunda hacia la constitución de una economía que abarque a
todo el mundo.
En su
época. Lo esencial era:
La
tendencia a largo plazo muestra, por el contrario, una necesaria
eliminación de la rivalidad interimperialista, derivada del propio
desarrollo del capitalismo que tiende a extender la monopolización a todo
el mundo. Este proceso puede culminar de dos maneras:
-
Formación de
trusts mundiales (actuales empresas multinacionales), que eliminarían
la competencia a escala mundial.
-
Formación de un
Estado mundial en cuyo seno se desarrolle la competencia
intermonopólica de las diferentes empresas mundiales. A esta situación se
la denomina superimperialismo.
|
En
definitiva, el actual Sistema capitalista mundial es el producto del
acontecer histórico del desarrollo capitalista que ha tenido lugar tanto a
nivel nacional como mundial. En el Esquema 7.1. que retorna (ahora
concretamente) el Esquema 3.3., se plasma tanto la formación como el
contenido estructural de dicho Sistema.
Aparece
entonces nítido el objeto de estudio de este libro y se justifica el
método seguido hasta el momento para abordarlo: la economía mundial actual
sólo se puede entender como un complejo conjunto estructurado de
unidades, relaciones y acciones económicas e institucionales, cuya
comprensión exige un tratamiento también estructurado a través del
estudio de la infraestructura, la estructura y la superestructura del
Sistema mundial en su Centro y en su Periferia.

Explicación:
MPC:
modo de producción capitalista.
REc:
relaciones económicas capitalistas.
DcFP:
desarrollo capitalista de las fuerzas productivas.
MPMS:
modo de producción mercantil simple (producción y/o comercio artesanal).
REms:
relaciones económicas mercantiles simples. DmsFP: desarrollo mercantil
simple de las fuerzas productivas.
MPF:
modo de producción feudal.
REf:
relaciones económicas feudales.
DfFP:
desarrollo feudal de las fuerzas productivas.
MPT:
modo de producción tributario.
REt:
relaciones
económicas tributarias.
DtFP:
desarrollo tributario de las fuerzas productivas.
oMPnC:
otros modos de producción no capitalistas.
REnc:
relaciones económicas no capitalistas características de dichos modos.
DncFP:
desarrollos no capitalistas de las fuerzas productivas característicos de
dichos modos.
El modo
de producción capitalista se hace hegemónico en algunas formaciones
sociales a partir de las estructuras mercantiles y feudales, mediante la
revolución institucional, económica y técnica que supone la capitalización
de las estructuras económicas en dichas sociedades. En la fase
concurrencia] del MPC (desde finales del siglo XVIII hasta el último
tercio del siglo XIX) prima la formación y consolidación de los mercados
internos nacionales y la consiguiente formación y consolidación de los
Estados-nación en Europa, Norteamérica y Japón. Los contactos que tienen
estas formaciones sociales capitalistas con el resto del mundo se enmarcan
en la acumulación originaria del capital, en el colonialismo de América y
en el comercio lejano con Asia y África, en los que las formaciones
sociales tributarias avanzadas gozan de gran estabilidad estructural.
Conforme
se desarrolla la dinámica capitalista hacia el monopolismo y el
colonialismo-imperialismo, las formaciones sociales no capitalistas son
incorporadas al naciente sistema capitalista como colonias. Se
desarticulan como estructuras estables, puesto que sus recursos son
utilizados para satisfacer las necesidades del mercado interno de las
metrópolis capitalistas. Por medio de la ocupación militar se asegura la
regulación superestructural de la explotación de la base económica
(infraestructura + estructura) de las colonias, realizada económicamente a
través de la internacionalización del capital-mercancía y del
capital-dinero. El resultado final es que, mientras las formaciones
sociales capitalistas-imperialistas mantienen su estructuración interna y
articulan a las clases sociales en los intereses comunes
nacional-imperialistas, las formaciones sociales coloniales se
desestructuran, la regulación superestructural es exterior, la
infraestructura se explota según necesidades exteriores y la articulación
entre las clases sociales precapitalistas se define por la capitalización
de origen exterior, que margina, subordina o destruye a los grupos y
actividades de subsistencia y mercantiles previamente existentes. Como las
relaciones imperialistas entre las metrópolis y las colonias adquieren un
carácter estable y fuerte (sobre todo por la vía política), se forma ya un
Sistema de formaciones sociales, constituido por un Centro imperialista y
una Periferia colonial.
Las
guerras interimperialistas fruto de la competencia entre los capitales
monopolistas de base nacional, junto con el ascenso del movimiento
socialista anticapitalista y antiimperialista, producen la inestabilidad
de este Sistema y dan como resultado, por una parte, una serie de
desconexiones por medio de revoluciones socialistas (URSS. China, etc.) y,
por otra parte, un proceso generalizado de descolonización.
La
tercera fase del modo de producción capitalista, la mundialización,
articula, a través del neoimperialismo, la reproducción ampliada del
capital internacionalizado en todas su formas (mercancía, dinero y ahora
capital productivo), a las formaciones sociales capitalistas ya
independientes políticamente, manteniendo así el Sistema Centro/Periferia
sobre nuevas bases económicas.
*
RESUMEN
La
hegemonía del modo capitalista de producir en las formaciones sociales
feudales se consiguió a lo largo de un prolongado proceso histórico en el
que se pasó del taller artesanal a la fábrica capitalista, se
formaron y consolidaron los mercados internos de mercancías y de fuerza
de trabajo y se mercantilizó la tierra. A través de las
revoluciones burguesas se constituyeron los Estados-nación, que
fueron el marco del desarrollo capitalista en su fase concurrencial.
Las necesidades de expansión exterior de la acumulación de
capital en las formaciones sociales capitalistas resultantes dieron lugar
al colonialismo e imperialismo, a través de la
internacionalización del capital-mercancía y del capital-dinero,
durante la fase monopolista de base nacional del modo de
producción. Los imperios supusieron la articulación de todas las
formaciones sociales capitalistas (metrópolis) y no capitalistas
(colonias), dando lugar a un Sistema Imperialista de
Formaciones Sociales. Los monopolios se repartieron los mercados y las
metrópolis imperialistas se repartieron el territorio mundial, en un marco
de competencia monopolista-imperialista que dio lugar a dos guerras
mundiales. Las revoluciones socialistas que produjeron
desconexiones del Sistema imperialista y los procesos de
descolonización más o menos revolucionarios exigieron un nuevo
mecanismo de articulación económica mundial, el neoimperialismo.
Con la internacionalización del capital productivo se alcanza la
internacionalización total del ciclo del capital. La nueva fase del
modo de producción así inaugurada, la mundialización (fase monopolista
de base mundial), permite consolidar el actual Sistema capitalista
mundial de formaciones sociales constituido por un Centro, en
el que se da la acumulación auto-centrada y el desarrollo, y
una Periferia, caracterizada por la acumulación extravertida
y el subdesarrollo.
*
LECTURAS PARA LA REFLEXIÓN
«En
forma muy breve, el argumento de Weber era que la doctrina de la
predestinación, característica de las ramas calvinistas del movimiento
protestante, planteó en la mente del creyente una gran ansiedad con
respecto a su salvación. (. .) El calvinista era impulsado a buscar
maneras de tranquilizarse a sí mismo sobre su destino. (. .) Desde luego,
tal forma de vida conduciría a una rápida acumulación de capital,
comportamiento racional y éxito en los negocios. (. .) Weber, hay que
advertirlo, no era monista. Nunca arguyó que era únicamente el
protestantismo el que había conducido al capitalismo; en realidad, alegó
específicamente otros factores para completar su interpretación de la
moderna economía industrial: el florecimiento de la moderna nación-Estado,
basada en la burocracia profesional, los avances científicos y el triunfo
del espíritu racionalista. Pero se planteó el problema del capitalismo con
una perspectiva universal. Quería saber por qué el capitalismo industrial
apareció en Occidente, especialmente en la Europa del Noroeste, y no, por
ejemplo, en China, que tan sólo pocos siglos antes había sido, con mucho,
la más rica y la más avanzada, política, económica y tecnológicamente
hablando. Y encontró que el protestantismo era una de las principales
características diferenciadoras.»
D. S.
Landes: Estudios sobre el nacimiento y desarrollo del capitalismo.
Ayuso, Madrid, 1971.
--
«Durante
toda su historia, hasta la revolución Meiji (1867-1868), el Japón estuvo
bajo la influencia de la cultura china; los estímulos e iniciativas
culturales venían de China, bien directamente o bien a través de Corea.
Los japoneses alcanzaron su desarrollo original adaptando la cultura
importada a su tradición cultural propia y a las condiciones locales. No
obstante, siempre hubo una gran diferencia cultural entre ambos países, y
el Japón hubo de repetir una y otra vez el proceso de importar, asimilar y
modificar la cultura china, al objeto de mejorar su propio nivel de
conocimientos y civilización. (. .) Después de la revolución Meiji se
instauró un proceso similar entre el Japón y los países occidentales, cuya
ciencia y técnica importó aquél para desarrollar su cultura y su
economía.»
M.
Morishima: Por qué ha triunfado el Japón. Crítica, Barcelona, 1984.
--
«En
África (y también en las Antillas y en Oriente) el poder colonial
organizaba "razzias", imponía el servicio obligatorio y procedía a masivos
reclutamientos forzosos de jóvenes nativos. Vertían verdaderos cargamentos
de senegaleses, sudaneses, voltaneses, argelinos y marroquíes sobre los
campos de batalla de Champagne, Lorena y Flandes. Allí, las tropas
coloniales morían en primera línea. Generalmente servían de escudo a los
ejércitos metropolitanos. Las colonias se transformaron rápidamente en un
vivero casi inagotable de carne de cañón. (. .) El total de tropas
coloniales reclutadas por Francia en el período 1914-1918 se eleva a
607.000 soldados.»
J.
Ziegler: Vira el Poder. Crítica de la razón de Estado. IEPALA.
Madrid, 1987.
*
TÉRMINOS CLAVE
Revolución burguesa
Estado-nación
Mercado interno
Sistema imperialista
Metrópoli
Colonias
Desconexiones
Descolonización
Neoimperialismo
Sistema capitalista
mundial
Centro
Periferia
BIBLIOGRAFÍA
S. Amin:
La
acumulación a escala mundial.
Siglo XXI, Madrid. 1974.
La
desconexión. IEPALA,
Madrid, 1991.
Ch.
Bettelheim:
La
lucha de clases en la URSS
(2 vols.). Siglo XXI, Madrid,
1976 y 1978.
La
construcción del socialismo en China.
Era, México. 1966.
N.
Bujarin:
La
economía mundial y el imperialismo.
Pasado y Presente, Córdoba
(Argentina), 1977.
G- Frank:
La
acumulación mundial.
Siglo XXI, Madrid, 1985.
H.
Grimal:
Historia de las descolonizaciones del siglo XX.
IEPALA. Madrid. 1989.
G.
Wallerstein:
El
moderno sistema mundial.
Siglo XXI, Madrid. 1979.
FIN
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