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(p.1) Analectas - Confucio ARCA DE SABIDURÍA ----------------------
NOTA Para la trascripción de los nombres chinos he adoptado el sistema Pinyjn, que es menos elegante —y menos práctico para quienes no hablan chino— que el Wade-Giles. Dictó esta elección el hecho de que el uso del pinyin es hoy día el que predomina y probablemente llegará a ser el que se utilice universalmente. Respecto a los nombres personales, es tradicional que los chinos tuviesen diferentes nombres: un nombre era utilizado únicamente por los padres y superiores, había nombres de cortesía y de uso general, nombres figurados, títulos...; para evitar la confusión, como norma general, toda persona es nombrada con un sólo nombre, aunque, a veces, esto puede infringir gravemente las normas convencionales chinas. (p.2) En lo que respecta a la bibliografía, se proporcionan las referencias completas cuando se mencionan obras individuales. Las traducciones modernas de las Analectas que he consultado y a las que me he referido con más frecuencia son:
Quian Mu, Lunyu Xin Jie, II vols. Hong Kong: Xinya Yanjiu-suo, 1963. Yang Bojun, Lunyu Yizhu, Pekín: Zhonghua Shuju, 1958. Arthur Waley, The Analects of Confucius, Londres: George Allen & Unwin, 1938. D. C. Lau, Confucius: The Analects, Harmondsworth: Penguin, 1979.
A Hanfang
Introducción
Lu Xun (que murió en 1936, y es considerado con razón el mayor escritor de la China contemporánea, y, dicho sea de paso, no apreciaba a Confucio por las razones que se expondrán posteriormente) señaló que siempre que aparece un genio verdaderamente original en este mundo, se intenta inmediatamente liberarse de él. A este fin, se utilizan dos métodos. El primero es el de la eliminación: lo aíslan, lo dejan morirse de hambre, lo rodean de silencio, lo entierran vivo. Si esto no funciona, adoptan el segundo método (que es mucho más radical y terrible): la exaltación; lo ponen en un pedestal y lo convierten en un Dios. (Por supuesto, la ironía consiste en que Lu Xun fue sometido a los dos tratamientos: cuando estaba vivo, los comisarios comunistas lo tiranizaron; una vez muerto, leo veneraron como a su icono cultural más sagrado, pero ésta es otra historia). Durante más de 2.000 años, los emperadores chinos establecieron y promovieron el culto oficial a Confucio. El confucianismo se convirtió en una especie de religión del Estado. Hoy día los emperadores se han ido (¿se han ido de verdad?), pero el culto parece todavía estar muy vivo: en una fecha tan reciente como octubre de 1994, las autoridades comunistas de Pekín organizaron un gran simpósium para celebrar el 2.545 aniversario del nacimiento de Confucio. El principal orador (p.3) fue el primer ministro de Singapur, Lee Kuan-yew. Aparentemente fue invitado porque sus anfitriones deseaban aprender de él la receta mágica (supuestamente encontrada en Confucio) para conciliar la política autoritaria y la prosperidad capitalista. En cierta ocasión, Karl Marx advirtió a sus seguidores acérrimos que él no era marxista. Con más razón podría afirmarse que Confucio no era ciertamente un confuciano. El confucianismo imperial simplemente adoptó del Maestro aquellas afirmaciones que prescribían la sumisión a la autoridad establecida, ignorando oportunamente los conceptos más esenciales, como los preceptos sobre la justicia social, la disensión política y la obligación moral de los intelectuales de criticar a los gobernantes (incluso a riesgo de su vida), cuando éste abusaba de su poder o cuando oprimía al pueblo. Como consecuencia de estas manipulaciones ideológicas, en la época contemporánea muchos chinos cultos y de espíritu progresista llegaron a asociar espontáneamente el mismo nombre de Confucio a la tiranía feudal; su doctrina se convirtió en sinónimo de oscurantismo y opresión. Todos los grandes movimientos revolucionarios de la China del siglo XX han sido firmemente anticonfucianos, y no es difícil simpatizar con ellos. De hecho, si se me permite invocar aquí una experiencia personal, todavía recuerdo la decepción manifestada por varios amigos chinos al enterarse de que estaba traduciendo las Analectas de Confucio: se preguntaban cómo podía haber caído repentinamente en esa especie de regresión intelectual y política. Realmente no siento la necesidad de justificar la orientación que he tomado en mi trabajo. Pero seria muy fácil brindar dicha justificación por una razón obvia: a lo largo de la Historia ningún otro libro ha ejercido tanta influencia sobre tal número de personas y a lo largo de tanto tiempo como esta pequeña obra. Su afirmación de la ética humanista y de la fraternidad universal del ser humano ha (p.4) inspirado a todos los países del Este asiático y se ha convertido en el fundamento espiritual de la civilización más populosa y antigua de la Tierra. Si no leemos esta obra, si no apreciamos cómo fue entendida en cada época (y también malentendida), cómo fue utilizada (y también se abusó de ella), en una palabra, si la ignoramos, estamos perdiendo la clave más importante y única que puede hacernos acceder al mundo chino. Y cualquiera que permanezca ignorante de esta civilización, al final sólo puede alcanzar una comprensión limitada de la experiencia humana. Esta única consideración bastaría para justificar nuestro interés en Confucio, aun cuando hubiera tenido el carácter tan desagradable con el que muchos e importantes intelectuales chinos llegaron a describirlo a principios de este siglo. No me corresponde a mí decir si lo tuvo o no. Confucio puede hablar por sí mismo; y lo maravilloso es justamente que, después de veinticinco siglos, a veces parece que está abordando directamente los mismos problemas de nuestro tiempo y de nuestra sociedad. Pero esta modernidad de Confucio es un aspecto que quizá, y paradójicamente, los lectores no chinos se hallen en una mejor posición de apreciar. La única ventaja que podemos sacar de nuestra condición de extranjeros ignorantes es precisamente la posibilidad de considerar esta obra como una especie de inocencia imparcial, como si fuera una obra reciente totalmente nueva. Esa inocencia le es negada a los lectores nativos. Para ellos, las Analectas es el clásico por excelencia. Y antes de seguir, deberíamos considerar brevemente lo que significa el concepto de «clásico».
La naturaleza de un clásico
Un clásico es esencialmente un texto abierto, en el sentido de que conduce constantemente a nuevos desarrollos, nuevos comentarios y diferentes interpretaciones. Con el paso del tiempo, estos comentarios, interpretaciones y glosas forman una serie de capas, depósitos, acrecentamientos y aluviones que se acumulan, aumentan, y se (p.5) superponen unos sobre otros, como las arenas y los sedimentos de un río de aluvión cuyo cauce ha sido obstruido. Un clásico permite incontables usos y abusos, comprensiones y malentendidos; es un texto que continúa creciendo —puede ser deformado y enriquecido—, pero retiene una identidad esencial, aunque no pueda ya recuperarse plenamente su forma original. En cierta entrevista, Jorge Luis Borges dijo: «Los lectores crean de nuevo los libros que leen. Shakespeare es hoy día más rico que cuando él escribía. Cervantes también. Cervantes fue enriquecido por Unamuno. Shakespeare fue enriquecido por Coleridge y Bradley. Así es como crece un escritor. Tras su muerte, continúa desarrollándose en la mente de sus lectores. Y la Biblia, por ejemplo, hoy día es más rica que cuando se escribieron sus diversas partes. Un libro se beneficia del paso del tiempo. Todo puede beneficiarlo. Incluso los malentendidos pueden ayudar a un autor. Todo ayuda, incluso la ignorancia o el descuido de los lectores. Después de haber leído un libro, se puede retener una impresión inexacta del mismo, pero esto significa que ha sido modificado en la memoria. A mí me sucede esto con frecuencia. ¡Caramba!, no sé si me atrevo a confesarlo, pero siempre que cito a Shakespeare, ¡me doy cuenta que lo he mejorado!» En cierto sentido (si se me permite utilizar una imagen trivial), la forma en que cada afirmación de un clásico puede reunir los comentarios de la posteridad puede compararse con las perchas de la pared de un vestidor. Los sucesivos usuarios del vestidor llegan uno tras otro a colgar sus sombreros, abrigos, paraguas, bolsos o cualquier cosa; lo que cuelga aumenta de una forma pesada, colorida y diversificada, hasta que las perchas desaparecen totalmente bajo esa carga. Para el lector nativo, el clásico es intrincado y está abarrotado, es un lugar lleno de personas, voces, cosas y recuerdos que vibran con ecos. Para el lector extranjero, por el contrario, el clásico presenta a menudo el aspecto (p.6) desamparado del vestidor cuando todo el mundo se ha ido: una habitación vacía con simples filas de perchas solitarias en una pared desnuda, y esta extrema austeridad, esta simplicidad desconcertante y severa es la causante, en parte, de la impresión paradójica de modernidad, que es la que probablemente tendrá.
Las Analectas y los Evangelios
Las Analectas constituyen el único texto en el que puede encontrarse al Confucio real y vivo. En este sentido, las Analectas son a Confucio lo que los Evangelios son a Jesús. El texto, que consiste en una serie discontinua de afirmaciones breves, diálogos y anécdotas cortas, fue recopilado por dos generaciones sucesivas de discípulos (discípulos y discípulos de éstos), a lo largo de unos 75 años tras la muerte de Confucio, lo cual significa que la recopilación fue probablemente completada un poco antes, o alrededor, del año 400 a. de C. El texto es como un edredón multicolor hecho de piezas: son fragmentos que han sido cosidos juntos por diferentes manos, con una habilidad desigual, por lo que a veces existen algunas repeticiones, interpolaciones y contradicciones; hay algunos enigmas e innumerables grietas; pero en conjunto, se dan muy pocos anacronismos estilísticos: el lenguaje y la sintaxis de la mayoría de los fragmentos son coherentes y pertenecen al mismo periodo. En un punto esencial, la comparación con los Evangelios es especialmente esclarecedora. Los problemas que presentan los mismos textos han llevado a algunos investigadores contemporáneos a cuestionar su credibilidad, e incluso a dudar de la existencia histórica de Cristo. Estos estudios han provocado recientemente una curiosa reacción, sobre todo, por proceder de alguien inesperado: Julien Gracq —viejo y prestigioso novelista que estuvo muy cercano al movimiento surrealista—, hizo un comentario de lo más sorprendente por proceder de un agnóstico. En una reciente obra de ensayos 2, Gracq reconocía en primer lugar el impresionante conocimiento de uno de estos (p.7) investigadores (a cuyas conferencias había acudido en su juventud), así como la devastadora lógica de su razonamiento; pero confesaba que, al final, él seguía con la misma objeción esencial: a pesar de toda su formidable erudición, el estudioso en cuestión sencillamente «no tenía oídos», no podía oír lo que era tan obvio para cualquier lector sensible: el hecho de que subyace a todos los textos de los Evangelios una poderosa unidad de estilo de gran maestría, que procede de una voz única e inimitable; existe la presencia de una personalidad singular y excepcional, cuyas expresiones son tan originales y audaces que podrían calificarse positivamente de osadas. Ahora bien, si se niega la existencia de Jesús, se deben transferir todos estos atributos a algún escritor oscuro y anónimo, que habría poseído el improbable genio de inventar dicho personaje o, lo que es aún más inverosímil, habría que transferir esta prodigiosa capacidad de invención a todo un comité de escritores. Y Gracq llegaba a la siguiente conclusión: al final, si los investigadores contemporáneos, los clérigos de mentalidad progresiva y el dócil público se rinden ante toda esta erosión crítica de las Escrituras, el último grupo de defensores que mantendrá con obstinación que existe un Jesús vivo en el núcleo central de los Evangelios estará formado por artistas y escritores creativos, para los que las pruebas psicológicas del estilo tienen mucho más peso que los simples argumentos filológicos.
¿Quién fue Confucio?
Habiendo señalado por qué y cómo un novelista podía percibir un aspecto esencial de los Evangelios que un erudito no había podido captar, ha llegado el momento de volver a Confucio: naturalmente, no hay necesidad de defender su existencia histórica, puesto que nunca fue puesta en cuestión, pero cualquier lector de las Analectas debería ciertamente desarrollar ese tipo de sensibilidad que mostró Gracq en su lectura de los Evangelios y sintonizar igualmente con la voz singular de Confucio. La fuerte y compleja (p.8) individualidad del Maestro constituye la verdadera espina dorsal del libro y define su unidad. Elías Canetti (al que volveré posteriormente) lo resumió claramente: «Las Analectas de Confucio constituyen el retrato intelectual y espiritual más antiguo y completo de un hombre. Nos sorprende como si fuera un libro moderno.» La historiografía tradicional nos dice que Confucio nació en el año 551 y murió en el 479 a. de C. (estas fechas pueden no ser exactas, pero las investigaciones actuales no tienen nada mejor que ofrecer). El culto oficial confuciano ha creado a lo largo de los siglos una imagen convencional del Maestro y, como consecuencia, muchas personas han tendido a imaginarlo congo un viejo y solemne predicador, siempre formal, pomposo y ligeramente aburrido; como uno de esos hombres que «llevan la moderación demasiado lejos». Como contraste refrescante a estos estereotipos generalizados, las Analectas revelan un Confucio lleno de vida que sorprende constantemente. En uno de los pasajes, por ejemplo, el Maestro ofrece un autorretrato insólito: el gobernador de cierta ciudad había preguntado a uno de sus discípulos qué clase de hombre era Confucio, y como no supo qué responder, provocó la reacción del mismo Confucio: <<¿Por qué no le dijiste simplemente que Confucio es un hombre tan apasionado y entusiasta que a menudo se olvida de comer y pierde la conciencia de la llegada de la vejez?» Es revelador ese Confucio que escogió el entusiasmo como el principal aspecto que definía su carácter, y esto se confirma en otros episodios y afirmaciones de las Analectas. Por ejemplo, después de haber escuchado Confucio un raro fragmento de música antigua, se nos dice que la emoción se apoderó de él por sorpresa; «durante tres meses, olvidó el gusto de la carne». En otras muchas partes afirmaba que ese amor y éxtasis eran formas superiores del conocimiento. En diversas ocasiones podía también incomodar y sobresaltar a su entorno. Cuando su (p.9) querido discípulo Yan Hui murió prematuramente, Confucio quedó destrozado; su duelo fue salvaje, gritaba con una violencia que sorprendía a las personas que lo rodeaban; éstas lo criticaron afirmando que una reacción tan excesiva no era apropiada para un sabio, y la crítica fue rechazada por Confucio con indignación. En contraste con la imagen idealizada del erudito tradicional, frágil y delicado, que vive en medio de libros, las Analectas muestran que Confucio era aficionado a las actividades externas: era un consumado deportista, experto en el manejo de caballos, practicaba el tiro con arco y era aficionado a la caza y a la pesca. Era también un audaz e incansable viajero en una época en la que los viajes eran una aventura difícil y arriesgada; constantemente se desplazaba de un país a otro (la China preimperial era un mosaico de estados autónomos, en los que se hablaban dialectos diferentes, aunque compartían una cultura común; situación comparable de algún modo con la de la Europa de la Edad Moderna). A veces, se vio sometido a grandes peligros físicos, y escapó por poco a emboscadas preparadas por sus enemigos políticos. En cierta ocasión, desesperado por su falta de éxito en el intento de transformar el mundo civilizado conforme a sus principios, contempló la posibilidad de marcharse y establecerse entre los bárbaros. En otra ocasión, barajó la idea de navegar mar adentro en una balsa, tal como se solía hacer en su época en los viajes oceánicos. (Por cierto, este osado plan les resultaría infinitamente incomprensible a los eruditos menos aventurados de las épocas posteriores). Confucio fue un hombre de acción —audaz y heroico—, pero también fue esencialmente una figura trágica. Y esto no ha sido tal vez suficientemente percibido. El error fundamental que se ha desarrollado con respecto a Confucio se resume en la etiqueta con la que la China imperial empezó a venerarlo y, al mismo tiempo, a neutralizar el potencial originalmente subversivo que contenía su mensaje (p.10) político. Durante 2.000 años, Confucio fue canonizado como el Primer Maestro Supremo (su fecha de nacimiento —28 de septiembre— todavía se celebra en China como el Día de los Maestros). Esta es una cruel ironía. Por supuesto, Confucio dedicó mucha atención a la educación, pero nunca consideró que la enseñanza fuera su primera y verdadera vocación. Su verdadera vocación fue la política, y durante toda su vida conservó una fe mística en su misión política. Confucio vivió en una época de transición histórica, en una época de aguda crisis cultural. En un aspecto fundamental, existe una cierta similitud entre su época y la nuestra: él estaba siendo testigo del colapso de una civilización, veía cómo se hundía su mundo en la violencia y en la barbarie. Quinientos años antes se había establecido un orden feudal universal que había unificado todo el mundo civilizado. Esa había sido la hazaña de unos de los mayores héroes culturales de China, el Duque de Zhou. Pero en los tiempos de Confucio, la tradición Zhou ya no era operativa, y el mundo Zhou se estaba desmoronando. Confucio creía que el Cielo lo había escogido para convertirse en el heredero espiritual del Duque de Zhou, y que era 61 quien debía revivir su gran proyecto, restaurando el orden del mundo basándose una nueva ética y salvando a toda la civilización. Las Analectas están impregnadas de la inquebrantable creencia que Confucio tenía en su misión celestial. Constantemente se preparaba para ella y, de hecho, el reclutamiento y formación de sus discípulos formaban parte de su plan político. Pasó prácticamente toda su vida viajando de un estado a otro, con la esperanza de encontrar a un gobernante ilustrado que le diera por fin una oportunidad y lo emplease a él y a su equipo: que le confiase un territorio, aunque fuera pequeño, en el que pudiera establecer un modelo de gobierno. Pero todos sus esfuerzos fueron en vano. El problema no consistía en que él fuese políticamente ineficaz o poco práctico, sino todo lo contrario. Sus mejores discípulos (p.11) poseían competencias y talentos superiores y formaban alrededor de él una especie de gabinete en la sombra: había un especialista en asuntos exteriores y diplomacia, había expertos en economía, administración y defensa. Con un equipo así, Confucio representaba un formidable desafío para las autoridades establecidas: duques y príncipes se sentían incapaces de actuar según sus pautas, y sus respectivos ministros sabían que si Confucio y sus discípulos conseguían introducirse en la corte, ellos se quedarían muy pronto sin empleo. Confucio era habitualmente recibido con mucho respeto y mucha cortesía al principio allí donde iba; sin embargo, en la práctica, no sólo no encontró ninguna apertura política, sino que las camarillas le obligaban después a irse. Incluso, a veces, se desarrollaba rápidamente una hostilidad local y, literalmente, tenía que huir para salvar la vida. Al principio de su carrera, Confucio ocupó brevemente un cargo de rango inferior; después de eso, ya nunca en su vida ocupó ningún cargo oficial. Desde este punto de vista, puede afirmarse realmente que la carrera de Confucio fue un total y colosal fracaso. Una posteridad formada por admiradores y discípulos fue reacia a contemplar esta dura realidad. El fracaso humillante de un líder espiritual es siempre una paradoja de lo más perturbadora que difícilmente puede afrontar la fe ordinaria. (Consideremos de nuevo el caso de Jesús: fue necesario el paso de 300 años para que los cristianos fuesen capaces de afrontar la imagen de la cruz) 3. Así pues, la trágica realidad de Confucio como político fracasado fue sustituida por el mito glorioso de Confucio el Maestro Supremo.
La política de Confucio
Como acabo de señalar, la política fue el primer y principal interés de Confucio; pero, en general, esto también puede aplicarse a la antigua filosofía china. En su conjunto (con la única excepción sublime del taoísta Zhuang Zi), el pensamiento primitivo chino giró esencialmente alrededor de dos cuestiones: la armonía del universo y la armonía de la sociedad, en (p.12) otras palabras, la cosmología y la política. La vida eremítica puede ser tentadora para un sabio; pero, puesto que no somos pájaros ni mamíferos, no podemos escaparnos y vivir entre ellos. Tenemos que asociarnos con nuestros semejantes. Y cuando el mundo pierde la Vía, el sabio tiene el deber moral de reformar la sociedad y volverla a encauzar. La política es una extensión de la ética 4: «El gobierno es sinónimo de rectitud. Si el rey es recto, ¿cómo podría atreverse nadie a ser deshonesto?» El gobierno es de los hombres, no de las leyes (hasta hoy día, esto sigue siendo una de las grietas más peligrosas de la tradición política china). Confucio desconfiaba profundamente de las leyes: las leyes invitan a las personas a volverse tramposas, y sacan lo peor de ellas. La verdadera cohesión de una sociedad se asegura, no mediante normas legales, sino a través la observancia del ritual. La importancia central de los ritos en el orden confuciano puede parecer al principio desconcertante para algunos lectores occidentales (que evocan en su mente pintorescas imágenes de caballeros orientales sonriendo e inclinándose incesantemente unos ante otros), pero la rareza es meramente semántica; basta con sustituir simplemente la palabra «rito» por conceptos como «costumbres», «usos civilizados», «convenciones morales», o incluso «decencia ordinaria», e inmediatamente se da uno cuenta de que los valores confucianos están extraordinariamente cercanos a los principios de la filosofía política que el mundo occidental heredó de la Ilustración. Montesquieu en particular (que, paradójicamente, no compartió la euforia china de su época, ya que detectó un despiadado despotismo en la práctica política de la China del siglo XVIII) desarrolló conceptos que, sin saberlo, recuperaba los puntos de vista de Confucio de que es preferible un gobierno de ritos que un gobierno de leyes; Montesquieu consideraba que un aumento de la actividad legislativa no era un signo de civilización, sino que, por el (p.13) contrario, indicaba una crisis de la moral social. Su famosa afirmación de que «Quand un peuple a de bonnes moeurs, les lois deviennent simples» [«Cuando un pueblo tiene buenas costumbres, las leyes se vuelven simples»] podría haber sido sacada directamente de las Analectas. Según Confucio, un rey gobierna por su fuerza moral. Si no puede establecer un ejemplo moral, si no puede mantener y promover rituales y música (los dos hitos de la civilización), pierde el derecho a la lealtad de sus ministros y a la confianza del pueblo. El pilar esencial del Estado es la confianza del pueblo en sus gobernantes: si se pierde esta confianza, el país está sentenciado. Confucio decía con frecuencia que bastaba con que un gobernante lo emplease, para poder realizar muchas cosas en un ano y lograrlo todo en tres. Un día, un discípulo le preguntó: «Si un rey fuese a confiarte un territorio que pudieras gobernar conforme a tus ideas, ¿qué es lo primero que harías?» Confucio respondió: «Mi primera tarea seria sin duda rectificar los nombres.» Al oír esto, el discípulo quedó intrigado: «¿Rectificar los nombres? ¿Y esa sería tu primera prioridad? ¿Estás bromeando?» (Chesterton u Orwell, sin embargo, habrían entendido y aprobado inmediatamente la idea). Confucio tuvo que explicar: «Si los nombres no son correctos, si no están a la altura de las realidades, el lenguaje no tiene objeto. Si el lenguaje no tiene objeto, la acción se vuelve imposible y, por ello, todos los asuntos humanos se desintegran y su gobierno se vuelve sin sentido e imposible. De aquí que la primera tarea de un verdadero estadista sea rectificar los nombres.» Y esto es, de hecho, lo que Confucio mismo emprendió. Se pueden leer las Analectas como un intento de volver a definir el verdadero sentido de una serie de conceptos claves. Bajo la apariencia de restaurar su pleno significado, Confucio realmente inyectó un nuevo contenido a los viejos «nombres». Daré aquí simplemente un ejemplo, pero que tiene una importancia fundamental: el concepto de (p.14) «caballero» (junzi, el hombre ideal de Confucio). Originalmente significaba aristócrata, miembro de la elite social: uno no podía convertirse en un caballero, sólo podía haber nacido caballero. Para Confucio, por el contrario, el «caballero» es miembro de la elite moral. Es una cualidad ética, lograda mediante la práctica de la virtud y fortalecida a través de la educación. Todo hombre debería esforzarse por conseguirla, aunque pocos lo logran. Un aristócrata que es inmoral e inculto (los dos conceptos de moral y educación son sinónimos) no es un caballero, mientras que cualquier hombre ordinario puede alcanzar la condición de caballero si demuestra estar moralmente cualificado para ello. Como sólo los caballeros son aptos para gobernar, la autoridad política debe basarse sólo en criterios de logro moral y de competencia intelectual. En consecuencia, en cualquier orden apropiado, ni el nacimiento ni el dinero deben asegurar el poder. La autoridad política debe pertenecer exclusivamente a aquellos que pueden demostrar estar cualificados moral e intelectualmente. Este punto de vista tenía que tener consecuencias revolucionarias: fue el singular golpe ideológico totalmente devastador cuya consecuencia fue destruir el sistema feudal y socavar el poder de la aristocracia hereditaria; esto condujo después al establecimiento del imperio burocrático: el gobierno de los intelectuales. Durante más de 2.000 años, el Imperio estuvo gobernado por la elite intelectual; para tener acceso al poder político había que competir con éxito en los exámenes del funcionariado, que estaban abiertos a todos. Hasta la Edad Moderna, fue sin duda el sistema de gobierno más abierto, flexible, justo y sofisticado conocido en la Historia (es el mismo sistema que iba a impresionare inspirar a los filósofos europeos del siglo XVIII).
Confucio y la educación
A menudo se señala que las sociedades más dinámicas y con más éxito del Este y Sudeste asiático (Japón, Corea, Taiwan, Hong Kong y Singapur) comparten una cultura confuciana (p.15) común. ¿Habría por ello que llegar a la conclusión de que las Analectas podrían realmente proporcionar una fórmula secreta que posibilitaría en todas partes inyectar energía a las economías que flaquean y movilizar y motivar a una ciudadanía apática? La prosperidad de un Estado moderno es un fenómeno complejo que difícilmente puede ser atribuido a un único factor. Sin embargo, existe sin duda un rasgo común que caracteriza a las diversas sociedades «confucianas», pero hay que señalar que este mismo rasgo puede encontrarse en otros grupos sociales o étnicos (por ejemplo, en ciertas comunidades judías del mundo occidental) que son igualmente creativos y prósperos, pero que no tienen conexión alguna con la tradición confuciana. Este rasgo común es la extraordinaria importancia que todas estas sociedades atribuyen a la educación). Cualquier gobierno, cualquier comunidad o cualquier familia dispuesta a invertir en la educación tan considerable proporción de su energía y recursos podrían alcanzar beneficios culturales, sociales y económicos comparables a los que logran actualmente estos Estados «confucianos» de Asia que prosperan, o por algunas dinámicas y ricas minorías inmigrantes del mundo occidental. Al afirmar que el gobierno y la administración del Estado debe confiarse exclusivamente a la elite moral e intelectual de los «caballeros», Confucio estableció un vínculo duradero y decisivo entre la educación y el poder político: sólo aquélla puede proporcionar acceso a éste. En la Edad Contemporánea, incluso después de la eliminación del sistema de exámenes para el funcionariado y la caída del imperio y, a pesar de que la educación dejó de ser la clave de la autoridad política —que en esta nueva situación pasaría probablemente a ser el cañón—, el prestigio atribuido tradicionalmente a la cultura continuó sobreviviendo en la mentalidad de las sociedades confucianas: el hombre educado, por pobre y desvalido que sea, todavía inspiraba más respeto que el rico o el (p.16) poderoso. La educación confuciana estaba abierta a todos sin ninguna discriminación: a ricos y pobres, a nobles y plebeyos. Su objetivo era principalmente moral; el logro intelectual era el único medio para cultivarse éticamente. Existía una creencia optimista en el omnipresente poder de la educación: se presuponía que una conducta equivocada procedía de una falta de comprensión, de una carencia de conocimientos; sólo con que pudiera enseñarse al delincuente y hacerle percibir la naturaleza errónea de sus acciones, éste enmendaría de forma natural su proceder. (El concepto maoísta de «reeducación» que llegó a generar los excesos terribles del periodo de la «Revolución Cultural» fue, de hecho, uno de los muchos resurgimientos inconscientes de la mentalidad confuciana, que, paradójicamente, impregnaba la subestructura psicológica del maoísmo.) Pero lo más importante es que la educación confuciana era humanista y universalista. Como decía el Maestro: «Un caballero no es una vasija» (o también: «Un caballero no es una herramienta»), queriendo decir que su capacidad no tenía un límite específico, ni su utilidad una aplicación limitada. Lo importante no es la información técnica acumulada ni la profesionalidad especializada, sino el desarrollo de la propia humanidad. La educación no tiene que ver con tener, sino con ser. Confucio rechazó con rudeza a un estudiante que le hizo una pregunta de agronomía: «¡Es mejor que preguntes a un viejo campesino!» Por esta razón, con frecuencia se ha afirmado actualmente que el confucianismo inhibió el desarrollo de la ciencia y de la tecnología en China. Pero no existen fundamentos reales para dicha acusación. Simplemente, y en estos asuntos, los intereses de Confucio se centraron en la educación y en la cultura, y no en el entrenamiento y la técnica, que son temas completamente distintos, y es difícil llegar a saber cómo pueden abordarse estos temas de una forma diferente, tanto en la época de Confucio como en la nuestra. (El famoso concepto de C. P. Snow de las (p.17) «Dos Culturas» se basó en una falacia fundamental: él ignoraba que, lo mismo que la misma humanidad, la cultura sólo puede ser una por propia definición. No dudo de que un científico pueda estar más cultivado que un filósofo, un latinista o un historiador —y probablemente debería estarlo—, pero, si lo está, será porque lee filosofía, latín e historia en sus momentos de ocio).
Los silencios de Confucio
En el corto ensayo que escribió sobre Confucio, Elías Canetti (al que cité anteriormente) resaltó algo que se le ha pasado por alto a la mayoría de los estudiosos 5. Señaló que las Analectas constituyen una obra cuya importancia no reside sólo en lo que dice, sino también en lo que no dice. Esta observación es iluminadora. Sin duda, las Analectas hace un señalado uso de lo no dicho, lo cual es también un recurso característico del espíritu chino; más adelante encontraría sus aplicaciones más expresivas en el campo estético: el uso de los silencios en la música, el del vacío en la pintura y en los espacios sin nada de la arquitectura. Confucio desconfiaba de la elocuencia; despreciaba a las personas muy habladoras y odiaba los juegos de palabra ingeniosos. Para él, parecía que la lengua afilada debía reflejar una mente superficial; a medida que la reflexión se hace más profunda, se desarrolla el silencio. Confucio advirtió que su discípulo favorito solía decir tan poco que a veces los demás se habrían preguntado si no era necio. A otro discípulo que le había preguntado sobre la virtud suprema de la humanidad, Confucio le respondió de una forma típica: «Quien posee la suprema virtud de la humanidad es reticente a hablar.» Lo esencial está más allá de las palabras: todo lo que puede ser dicho es superfluo. Por ello un discípulo señaló: «Podemos oír y juntar las enseñanzas de nuestro Maestro en lo que respecta al conocimiento y la cultura, pero es imposible hacerle hablar sobre la naturaleza esencial de las cosas o sobre la voluntad del Cielo». Este silencio no reflejaba indiferencia ni escepticismo respecto a la voluntad del (p.18) cielo. De hecho, conocemos muchos pasajes de las Analectas que Confucio consideró como la guía suprema de su vida; pero él había suscrito la famosa conclusión de Wittgenstein: «De lo que uno no puede hablar, es mejor callarse.» No negaba la realidad de lo que está más allá de las palabras, simplemente ponía en guardia contra la locura de intentar alcanzarla con palabras. Su silencio era una afirmación: existe una realidad de la que no podemos decir nada. Los silencios de Confucio se producían fundamentalmente cuando sus interlocutores intentaban llevarlo a la cuestión del más allá. Esa actitud ha inducido a menudo a los comentaristas a llegar a la conclusión de que Confucio era agnóstico. Esta conclusión me parece superficial. Consideremos este famoso pasaje: «Zilu preguntó sobre la muerte. El Maestro respondió: "¿Si no conoces la vida, cómo puedes conocer la muerte?".» Canetti añadió el siguiente comentario: «No conozco a ningún sabio que haya tomado más en serio la muerte que Confucio.» La negativa a responder no es una forma de evadir el tema, sino que, por el contrario, es la afirmación más poderosa, puesto que las preguntas sobre la muerte siempre se refieren, de hecho, a un tiempo más allá de la muerte. Cualquier respuesta salta por encima de la muerte, haciendo desaparecer tanto ésta como su imposibilidad de comprenderla. Si existe algo después, lo mismo que si existe algo antes, entonces la muerte pierde parte de su peso. Confucio se niega a jugar con este inútil juego de manos. Al igual que el espacio vacío en la pintura, que concentra e irradia toda la energía interna del cuadro, el silencio de Confucio no es una retirada ni una huida; conduce a un compromiso inmediato y más profundo con la vida y la realidad. Cerca ya del fin de su carrera, Confucio dijo un día a sus discípulos: «Ya no quiero hablar más.» Los discípulos quedaron perplejos: «¿Pero Maestro, si no hablas, cómo podremos, pobres de nosotros, ser capaces de transmitir (p.19) ninguna enseñanza?» Confucio respondió: «¿Acaso habla el Cielo? Sin embargo, las cuatro estaciones siguen su curso y las cien criaturas continúan naciendo. «¿Acaso habla el Cielo?» Sin duda ya he hablado demasiado. A Hanfang ----------------
ANALECTAS DE CONFUCIO Capítulo 1
1.1. El Maestro dijo: «¿No es una alegría aprender algo y después ponerlo en práctica a su debido tiempo? ¿No es un placer tener amigos que vienen de lejos? ¡No es rasgo de un caballero no incomodarse cuando se ignoran sus méritos?».
1.2. El Maestro You dijo: «Un hombre que respeta a sus padres y a sus mayores difícilmente estará inclinado a desafiar a sus superiores. Un hombre que no esté inclinado a desafiar a sus superiores nunca fomentará una rebelión. Un caballero trabaja en lo esencial; una vez que lo esencial está asegurado, se desarrolla la Vía. Respetar a los padres y a los mayores es la base esencial de la humanidad.»
1.3. El Maestro dijo: «La charla ingeniosa y las maneras afectadas rara vez son signos de bondad.»
1.4. El Maestro Zeng dijo: «Cada día me examino tres veces. Cuando actúo en nombre de otros, ¿he sido digno de confianza? En mi relación con mis amigos, ¿he sido leal? ¿He practicado lo que se me ha enseñado?»
1.5. El Maestro dijo: «Para gobernar un Estado de tamaño medio, hay que despachar los asuntos con dignidad y buena fe; ser frugal y amar a todos; movilizar al pueblo sólo en los momentos adecuados.»
1.6. El Maestro dijo: «En el hogar, un joven debe respetar a sus padres; fuera de 61, debe respetar a sus mayores. Debe hablar poco, pero con buena fe; amar a todos, pero unirse a los virtuosos. Una vez hecho esto, si todavía tiene energía, dejadlo que se cultive.»
1.7. Zixia dijo: «Un hombre que valora la virtud más que la buena apariencia, que dedica toda su energía a servir a su padre y a su madre, que está dispuesto a dar su vida por su soberano, y que en la relación con sus amigos es leal a su palabra, aunque alguno pueda llamarlo inculto, yo seguiré manteniendo que es un (p.20) hombre educado.»
1.8. El Maestro dijo: «Un caballero que carece de gravedad no tiene autoridad y lo que ha aprendido es superficial. Un caballero valora sobre todo la lealtad y la fidelidad; no se hace amigo de los que son moralmente inferiores a él. Cuando comete una falta no tiene reparos en corregirla.»
1.9. El Maestro Zeng dijo: «Cuando se honra a los muertos y se mantiene viva la memoria de los antepasados remotos, la virtud de un pueblo se halla en su plenitud.»
1.10. Ziqin preguntó a Zigong: «Cuando el Maestro llega a otro país, siempre se informa de su política. ¿Pide él esa información o se la dan?» Zigong respondió: «El Maestro la obtiene siendo cordial, amable, cortés, moderado y respetuoso. El Maestro tiene una forma de preguntar que es muy diferente de la de los demás. ¿No es esto así?»
1.11. El Maestro dijo: «Cuando el padre está vivo, observa las aspiraciones del hijo. Cuando el padre está muerto, observa las acciones del hijo. Si tres años después, éste no se ha desviado de la forma de proceder de su padre, puede sin duda llamarse un hijo obediente.»
1.12. El Maestro You dijo: «Cuando se practica los ritos, lo más importante es la armonía. Es esto lo que embelleció el proceder de los antiguos reyes; lo que inspiró cada uno de sus movimientos, grandes y pequeños. Pero ellos sabían dónde detenerse: la armonía no puede buscarse por sí misma, ha de estar siempre subordinada a los ritos, de otro modo no funciona.»
1.13. El Maestro You dijo: «Si tus promesas se ajustan a lo que es correcto, podrás cumplir tu palabra. Si tus maneras se adaptan a los ritos, podrás mantenerte libre de la vergüenza y de la desgracia. El mejor apoyo procede de los propios parientes.»
1.14. El Maestro dijo: «Un caballero come sin llenar su vientre; escoge una morada sin exigir comodidad; es diligente en su trabajo y prudente en su hablar; busca la compañía de los virtuosos para corregir su propio proceder. De un hombre así puede decirse en verdad que tiene el deseo de aprender.»
1.15. Zigong (p.21) dijo: «Pobre sin servilismo; rico sin arrogancia. ¿Qué te parece esto?» El Maestro respondió: «No está mal, pero todavía es mejor: "Pobre, pero alegre; rico, pero comedido".» Zigong dijo: «En los Poemas se dice: "Como tallar el cuerno, como esculpir el marfil, como cortar el jade, como pulir la piedra." ¿Se refiere esto a la misma idea?» El Maestro respondió: «Oh, ¡se puede realmente empezar a hablar de los Poemas contigo! Te digo algo y tú comprendes el resto.»
El Maestro dijo: «No os preocupéis si los demás no reconocen vuestros méritos; preocuparos si no reconocéis los suyos.»
Capítulo 2
2.1. El Maestro dijo: «Quien gobierna mediante la virtud es como la estrella Polar, que permanece fija en su casa mientras las demás estrellas giran respetuosamente alrededor de ella.»
2.2. El Maestro dijo: «Los trescientos Poemas se resumen en una sola frase: "No pienses mal".»
2.3. El Maestro dijo: «Manejado por maniobras políticas y contenido con castigos, la gente se vuelve astuta y pierde la vergüenza. Conducidos por la virtud y moderados por los ritos desarrollan el sentido de la vergüenza y de la participación.»
2.4. El Maestro dijo: «A los 15 años me dediqué a aprender. A los 30, me establecí. A los 40, no tenía dudas. A los 50, conocí la voluntad del Cielo. A los 60, mi oído estaba sintonizado. A los 70, sigo todos los deseos de mi corazón sin quebrantar ninguna ley.»
2.5. El señor Meng Yi preguntó sobre la piedad filial. El Maestro respondió: «No desobedezcas nunca.» Cuando Fan Chi estaba conduciendo su carro, el Maestro le dijo: «Meng Yi me preguntó sobre la piedad filial y yo le respondí: "No desobedezcas nunca".» Fan Chi preguntó: ¿Y esto qué significa?» El Maestro respondió: «Cuando tus padres están vivos, sírveles de acuerdo con los ritos. Cuando mueran, entiérralos y celebra sacrificios de acuerdo con los ritos.»
2.6. El señor Meng Wu preguntó sobre la piedad filial. El Maestro respondió: «La única ocasión en que un hijo consciente de su deber hace que sus padres se preocupen es (p.22) cuando está enfermo.»
2.7. Ziyou preguntó sobre la piedad filial. El Maestro respondió: «Se piensa que son hijos obedientes los que alimentan a sus padres. Pero también alimentan a sus perros y caballos. A menos que haya respeto, ¿dónde está la diferencia?»
2.8. Zixia preguntó sobre la piedad filial. El Maestro respondió: «Lo que importa es la actitud. Si los jóvenes prestan simplemente sus servicios cuando hay trabajo por hacer o dejan que sus mayores beban y coman cuando hay vino y comida, ¿acaso podría considerarse esto como piedad filial?»
2.9. El Maestro dijo: «Puedo conversar todo el día con Yan Hui y nunca está en desacuerdo, así que parece torpe. Observadlo, sin embargo, cuando está solo: sus acciones reflejan plenamente lo que ha aprendido. ¡Oh, no, Hui no es torpe!»
2.10. El Maestro dijo: «Averigua las razones de un hombre para actuar, observa cómo actúa y examina en qué encuentra la paz. ¡Hay algo más que nos pudiera ocultar?»
2.11. El Maestro dijo: «Quien revisando lo viejo conoce lo nuevo, es apto para ser un maestro.»
2.12. El Maestro dijo: «Un caballero no es una vasija.»
2.13. Zigong preguntó qué era ser un verdadero caballero. El Maestro respondió: «Es quien sólo predica lo que practica.»
2.14. El Maestro dijo: «El caballero considera el todo en lugar de las partes. El hombre común considera las partes en lugar del todo.»
2.15. El Maestro dijo: «Estudiar sin pensar es inútil. Pensar sin estudiar es peligroso.»
2.16. El Maestro dijo: «Abordar una cuestión por el lado equivocado es sin duda dañino.»
2.17. El Maestro dijo: «Zilu, te voy a enseñar qué es el conocimiento. Estar al tanto de lo que sabes y de lo que no sabes eso es ciertamente conocer.»
2.18. Zizhang estaba estudiando con la esperanza de asegurarse un puesto de funcionario. El Maestro dijo: «Recoge mucha información, deja de lado lo que sea dudoso, repite con cautela el resto; entonces rara vez te equivocarás. Haz muchas observaciones, deja de lado lo que sea sospechoso, y pon en práctica con cautela el (p.23) resto; entonces tendrás pocas ocasiones de lamentarte. Con pocos errores en lo que dices y pocos lamentos en lo que haces, tu carrera está hecha.»
2.19. El duque Ai preguntó: «¿Qué debo hacer para ganarme el corazón de la gente?» Confucio respondió: «Eleva a las personas honradas y colócalas por encima de las no honradas, y ganarás el corazón de la gente. Si elevas a las personas no honradas y las sitúas por encima de las honradas, el pueblo te negará su apoyo.»
2.20. El señor Ji Kang preguntó: «¿Qué puedo hacer para que el pueblo sea respetuoso, leal y aplicado?» El Maestro respondió: «Acércate a él con dignidad y éste será respetuoso. Sé tu mismo un buen hijo y un padre bondadoso, y el pueblo será leal. Eleva a los buenos y entrena a los incompetentes, y todos cumplirán su deber con celo.»
Alguien preguntó a Confucio: «Maestro, ¿por qué no participas en el gobierno?» El Maestro respondió: «En los Documentos se dice: "Limítate a cultivar la piedad filial y sé bondadoso con tus hermanos, y ya estarás contribuyendo a la organización política." Esa es también una forma de acción política; no es necesario participar forzosamente en el gobierno.» 2.21. El Maestro dijo: «Si no se puede confiar en un hombre, no sabría qué hacer con él. ¿Cómo podrías tirar de un carro que no tuviera yunta o que no tuviera yugo?»
2.22. Zizhang preguntó: «Podemos conocer el futuro de diez generaciones?» El Maestro respondió: «La dinastía Yin tomó ritos de la dinastía Xia: podemos saber lo que se eliminó y lo que se añadió. La dinastía Zhou tomó ritos de la dinastía Yin: podemos saber lo que se eliminó y lo que se añadió. Si la dinastía Zhou tiene sucesores, podremos saber cómo será, incluso después de cien generaciones.»
El Maestro dijo: «Venerar a dioses que no son vuestros es servilismo. No actuar cuando lo exige la justicia es cobardía.»
Capítulo 3
3.1. El cabeza de la familia Ji utilizaba ocho filas de bailarines en las ceremonias del templo de sus antepasados. Confucio comentó: «Si es capaz de esto, ¿de qué no será capaz?»
3.2. (p.24) Las Tres [nobles] Familias [de Lu] representaron el poema Yong al final de los sacrificios a sus antepasados. El Maestro comentó: «Este poema dice: Los señores feudales están presentes, el Hijo del Cielo está sentado en su trono. ¿Para qué sirve esto en los salones de las Tres Familias?»
3.3. El Maestro dijo: «Si un hombre no tiene humanidad, ¿para qué le sirven los ritos? Si un hombre no tiene humanidad, ¿para qué le sirve la música?»
3.4. Lin Fang preguntó: «¿Cuál es la raíz de los ritos?» El Maestro respondió: «¡Es una gran pregunta! En las ceremonias, preferir la simplicidad al lujo; en los funerales, preferir el duelo a las convenciones.»
3.5. El Maestro dijo: «Los bárbaros que tienen gobernantes son inferiores a los diversos Estados de China que no lo tienen.»
3.6. El cabeza de la familia Ji se preparaba para hacer un peregrinaje al Monte Tai. El Maestro preguntó a Ran Qiu: «¿No puedes impedirlo?» Ran Qiu respondió: «No puedo.» El Maestro comentó: «¡Ay!, ¿alguna vez se ha dicho que el Espíritu del Monte Tai tuviera incluso menos conocimiento del ritual que Lin Fang?»
3.7. El Maestro dijo: «Un caballero evita la competición. Sin embargo, si debe competir, que sea en el tiro con arco. En este campo, cuando hace reverencias e intercambia con el adversario respetos recíprocos antes de la competición y después bebe, sigue siendo un caballero aunque compita.»
3.8. Zixia preguntó: «¿Qué significan estos versos?:
¡Oh, los hoyuelos de su sonrisa! ¡Ah, el blanco y negro de sus hermosos ojos! Es sobre la simple seda blanca donde los colores brillan.»
El Maestro respondió: «Pintar estrellas a partir de una simple seda blanca.» Zixia preguntó: «¿Es el ritual algo que viene después?» El Maestro respondió: «¡Oh, realmente abriste mis ojos! ¡Sólo con un hombre como tú es posible comentar los Poemas!»
3.9. El Maestro dijo: «¿Puedo hablar de los ritos de la dinastía Xia? Sus herederos, el país de Qi, no han conservado suficientes pruebas. Puedo hablar de los ritos de la dinastía Yin? Sus herederos, el país (p.25) de Song, no han conservado suficientes pruebas. No hay suficientes documentos ni suficientes hombres sabios; de otro modo, podría obtener datos de ellos.»
3.10. El Maestro dijo: «En el sacrificio al Antepasado de la Dinastía, una vez que se ha hecho la primera ofrenda, no deseo ver el resto.»
3.11. Alguien preguntó a Confucio que explicase el significado del sacrifico al Antepasado de la Dinastía. El Maestro respondió: «No lo sé. Cualquiera que lo supiera podría dominar el mundo si lo tuviera en la palma de su mano.» Y puso el dedo en su mano.
3.12. El sacrifico implica presencia. Se deben hacer sacrificios a los dioses como si estuvieran presentes. El Maestro dijo: «Si no hago sacrificios con todo mi corazón, es lo mismo que si no los hiciera.»
3.13. Wangsun Jia preguntó: «¿Qué significa el dicho "congráciate con el dios de la cocina en lugar de con el dios de la casa"?» El Maestro respondió: «No tiene ningún sentido. Si ofendes al Cielo, la oración es inútil.»
3.14. El Maestro dijo: «La dinastía Zhou tomó como modelo las dos dinastías anteriores. ¡Qué espléndida civilización! Yo soy un seguidor de la dinastía Zhou.»
3.15. El Maestro visitó el gran templo del Fundador de la Dinastía. Hizo preguntas acerca de todo, y alguien comentó: «¿Quién dijo que este individuo es un experto en ritos? Cuando visitó el gran templo, tenía que preguntar por todo.» Al oír este comentario, el Maestro dijo: «Precisamente, ése es el ritual.»
3.16. El Maestro dijo: «En el tiro con arco, no importa atravesar o no el blanco, ya que los arqueros pueden tener distinta fuerza. Así es corno se pensaba antaño.»
3.17. Zigong deseaba prescindir del sacrificio de una oveja para la Ceremonia de La Luna Nueva. El Maestro comentó: «Tú aprecias la oveja, yo aprecio la ceremonia.»
3.18. El Maestro dijo: «Cuando un hombre sirve a su señor cumpliendo con todos sus ritos, los demás piensan que es un adulador.»
3.19. El duque Ding preguntó: «Cómo debe tratar un soberano a su ministro? ¿Cómo debe servir un ministro a su soberano?» Confucio (p.26) respondió: «Un soberano debe tratar a su ministro con cortesía, un ministro debe servir a su soberano con lealtad.»
El Maestro dijo: «El poema Las águilas pescadoras es alegre sin ser licencioso, y, triste sin amargura.»
3.20. El duque Ai preguntó a Zai Yu qué madera debía utilizar para el tótem local. Zai Yu respondió: «Los hombres de Xia utilizaban el pino; los hombres de Yin utilizaban el ciprés; los hombres de Zhou utilizaban el abeto, porque decían que la gente debe temer». Al oír esto el Maestro comentó: «Lo que está hecho, está hecho; pertenece todo al pasado, y no sirve para nada discutir.»
3.21. El Maestro dijo: «¡Guan Zhong era un mediocre!» Alguien objetó: «¿Acaso no era Guan Zhong frugal?» Confucio respondió: «Guan Zhong tenía tres palacios, todos ellos bien atendidos. ¿Cómo podría llamársele frugal?» —«Pero ¿no conocía los ritos?» —«Sólo el soberano de un estado puede poner una reja en su puerta; pero Guan Zhong también la puso. Sólo el soberano de un estado puede servirse de un porta copas cuando se encuentra otro soberano, pero Guan Zhong también lo hacía. Si afirmas que Guan Zhong conocía el ritual, entonces ¿quién no conoce el ritual?»
3.22. El Maestro estaba hablando de música con el maestro de música de Lu. Y le dijo: «Lo único que podemos saber de música es lo siguiente: primero, hay una apertura con todos los instrumentos tocando al unísono; a partir de aquí fluye con armonía, claridad y continuidad; y después termina.»
3.23. El oficial encargado de la frontera de Yi pidió tener una entrevista con Confucio, diciendo: «Siempre que un caballero llega a estos lugares, solicito verlo.» Los discípulos arreglaron una entrevista. Cuando ésta terminó, el oficial les dijo: «Caballeros, no se preocupen por su destitución. El mundo ha estado sin la Vía durante mucho tiempo. El Cielo va a servirse del Maestro para tocar a rebato.»
3.24. El Maestro dijo del Himno de la Coronación Pacífica que era totalmente hermoso y bueno. Del Himno de la (p.27) Conquista Militar dijo que era totalmente hermoso, pero no totalmente bueno.
3.25. El Maestro dijo: «No puedo soportar la autoridad sin generosidad, la ceremonia sin reverencia, el duelo sin dolor.» 3.26.
Capítulo 4
4.1. El Maestro dijo: «Es hermoso vivir en medio de la humanidad. Difícilmente es sabio escoger un lugar para vivir desprovisto de humanidad».
4.2. El Maestro dijo: «Un hombre sin virtud no puede soportar la adversidad ni la alegría durante mucho tiempo. Un hombre bueno descansa en su humanidad. Un hombre sabio sabe cómo utilizarla.»
4.3. El Maestro dijo: «Sólo un hombre benevolente puede amar y odiar a los demás.»
4.4. El Maestro dijo: «Cuando se busca realizar la humanidad, no hay lugar para el mal.»
4.5. El Maestro dijo: «Ser rico y tener rango es lo que todo el mundo codicia; pero si la única forma de obtenerlo va contra sus principios, debe desistir de su propósito. La pobreza y la oscuridad es lo que todo el mundo odia; pero si para escapar de ella tiene que ir contra sus principios, debe aceptar su suerte. Si un caballero traiciona la benevolencia, ¡cómo puede hacerse un nombre? Ni siquiera por un momento debe un caballero apartarse de la virtud; se aferra a ella a través de las pruebas, se aferra a ella a través de las tribulaciones.»
4.6. El Maestro dijo: «Nunca he visto realmente a un hombre que amase la bondad y odiase la maldad. Cualquiera que ame verdaderamente la bondad, no pondrá nada por encima de ella; cualquiera que odie verdaderamente la maldad, practica la bondad de tal forma que ninguna maldad puede entrar en él. ¡Hay alguien que alguna vez haya dedicado toda su fuerza a la bondad sólo por un día? Nadie lo ha hecho nunca, pero no es por falta de fuerza; puede que haya personas que no tengan la menor fuerza para ello, pero nunca he visto a nadie así.»
4.7. El Maestro dijo: «Nuestras faltas nos definen. A partir de ellas se puede conocer nuestras cualidades.»
4.8. El Maestro dijo: «Escucha la Vía al amanecer y muere satisfecho al (p.28) atardecer».
4.9. El Maestro dijo: «Si un erudito pone su corazón en la Vía, pero se avergüenza de vestirse pobremente y de comer con frugalidad, no es digno de ser escuchado.»
4.10. El Maestro dijo: «En los asuntos del mundo, un caballero no tiene una posición predeterminada: adopta la posición que es justa.»
4.11. El Maestro dijo: «El caballero busca la virtud; el hombre común se apega a su tierra natal. El caballero busca la justicia, el hombre común busca favores.»
4.12. El Maestro dijo: «Quien actúa sólo en aras de su propio interés produce mucho resentimiento.»
4.13. El Maestro dijo: «Si alguien puede gobernar el país conservando los ritos y mostrando deferencia, no hay nada más que añadir. Si alguien no puede gobernar el país conservando los ritos y mostrando deferencia, ¡para qué sirve entonces el ritual?»
4.14. El Maestro dijo: «No os preocupéis si no ocupáis un cargo oficial, preocuparos más bien de no merecerlo. No os preocupéis de no ser famosos, sino más bien de no tener méritos para serlo.»
4.15. El Maestro dijo: «Shen, mi doctrina la recorre un solo hilo.» El Maestro Zeng Shen respondió: «Es cierto.» Cuando el Maestro se marchó, los demás discípulos preguntaron: «¿Qué quiso decir?» El Maestro Zeng comentó: «La doctrina del Maestro consiste en lealtad y reciprocidad, eso es todo.»
4.16. El Maestro dijo: «El caballero aprecia la justicia; el hombre común aprecia lo que le beneficia.»
4.17. El Maestro dijo: «Cuando veáis a un hombre honrado, intentad imitarlo. Cuando veáis a un hombre que no es honrado, examinaros a vosotros mismos [examinad si tenéis los mismos defectos].»
4.18. El Maestro dijo: «Cuando servís a vuestros padres, tal vez tengáis que disuadirlos amablemente. Si veis que no aceptan vuestro consejo, sed respetuosos y no los contradigáis. No dejéis que vuestros esfuerzos se conviertan en amargura.»
4.19. El Maestro dijo: «Mientras vivan vuestros padres, no viajéis lejos. Si tenéis que viajar, dejad una dirección.»
4.20. El Maestro dijo: «Si tres años después de (p.29) la muerte de su padre, el hijo no ha alterado el proceder de éste, ciertamente es un buen hijo.»
4.21. El Maestro dijo: «Tened siempre en mente la edad de vuestros padres. Que este pensamiento sea al mismo tiempo vuestra alegría y vuestra preocupación.»
El Maestro dijo: «En la Antigüedad se era reticente a hablar, porque se temía la deshonra de que las obras no estuviesen a la altura de las palabras.» 4.22. El Maestro dijo: «El autocontrol rara vez le lleva a uno a equivocarse.»
4.23. El Maestro dijo: «Un caballero debe ser lento para empezar a hablar y rápido para actuar.»
4.24. El Maestro dijo: «La virtud no es solitaria, siempre tiene vecinos.»
Zi You dijo: «Cuando se está al servicio de un señor, la mezquindad atrae la desgracia; en las relaciones de amistad, la mezquindad atrae el distanciamiento.»
Capítulo 5
5.1. El Maestro comentó de Gongye Chang: «Sería un buen esposo. Aunque estuvo en la cárcel, era inocente.» Y le dio a su hija en matrimonio.
5.2. El Maestro comentó de Nan Rong: «En un país en el que prevalece la Vía, será tenido en cuenta. En un país que no sigue la Vía, sabrá salvar su piel.» Y le dio a su sobrina en matrimonio.
5.3. El Maestro comentó de Zijian: «¡Es un verdadero caballero! Si no hubiera realmente ningún caballero en Lu, ¿dónde podría haber adquirido sus cualidades?»
5.4. Zigong preguntó: «¿Qué piensas de mí?» El Maestro dijo: «Eres una vasija.» — «¿Qué clase de vasija?» —«Un valioso jarrón ritual.»
5.5. Alguien comentó: «Ran Yong es bueno pero no es elocuente.» El Maestro dijo: «¿Para qué sirve la elocuencia? Una lengua ágil crea muchos enemigos. No sé si Ran Yong es bueno, pero, ciertamente, no necesita la elocuencia.»
5.6. El Maestro recomendó a Qidiao Kai para un cargo oficial, pero éste respondió: «Todavía no estoy preparado para esa tarea.» El Maestro quedó encantado.
5.7. El Maestro dijo: «La Vía no prevalece. Tomaré una balsa y saldré a la mar. Estoy seguro de que Zilu me acompañará.» Al oír esto, Zilu no cabía en sí de (p.30) contento. El Maestro dijo: «Zilu es más audaz que yo. Sin embargo, ¡de dónde sacaremos la madera para nuestra balsa?»
5.8. El señor Meng Wu preguntó al Maestro si Zilu era bueno. El Maestro respondió: «No lo sé.» El volvió a preguntar, y el Maestro respondió: «En el gobierno de un país mediano se le debería confiar el Ministerio de Defensa. Pero si es bueno, no lo sé.» «¿Y qué puedes decir de Ran Qiu?» El Maestro respondió: «¿Ran Qiu? Podría ser el gobernador de una pequeña ciudad o el administrador de una gran propiedad. Pero si es bueno, no lo sé.» «¿Y qué puedes decir de Gongxi Chi?» El Maestro respondió: «¿Gongxi Chi? Ceñido con su fajín, podría permanecer en la corte y atender a los huéspedes distinguidos. Pero si es bueno, no lo sé.»
El Maestro preguntó a Zigong: «¿Quién es mejor, tú o Yan Hui?» —«¿Cómo podría compararme con Yan Hui? De una sola cosa que aprende, él deduce diez; de una cosa que yo aprendo, sólo deduzco dos.» El Maestro dijo: «Ciertamente no te puedes comparar con él, pero tampoco yo.» 5.9. Zai Yu dormía durante el día. El Maestro comentó: «La madera podrida no puede ser tallada; las paredes llenas de estiércol no pueden ser alisadas. ¿Qué utilidad tiene corregirle?» El Maestro dijo: «Hubo un tiempo en que solía escuchar lo que los demás decían y actuaban conforme a sus palabras, pero ahora escucho lo que dicen y observo lo que hacen. Es Zai Yu quien me hizo cambiar.»
5.10. El Maestro dijo: «Nunca he encontrado a nadie que sea realmente constante.» Alguien replicó: «Tal vez Shen Cheng?» El Maestro respondió: «Shen Cheng se deja llevar por sus deseos. ¿Cómo podría llamársele constante?»
5.11. Zigong dijo: «Yo no querría hacer a otros lo que no quiero que me hagan a mí.» El Maestro dijo: «¡Oh, todavía no lo has conseguido!»
5.12. Zigong dijo: «Podemos recopilar los puntos de vista de nuestro Maestro sobre la cultura, pero no es posible oír sus opiniones sobre la naturaleza de las cosas y la Vía del Cielo.»
5.13. Cuando Zai Yu (p.31) había aprendido una cosa, su único miedo era poder aprender otra antes de tener la oportunidad de practicar lo que ya había aprendido.
5.14. Zigong preguntó: «¿Por qué se llamó "Civilizado" a Kong el Civilizado?» El Maestro respondió: «Porque tenía una mente ágil, le gustaba aprender y no se avergonzaba de instruirse preguntando a sus inferiores.»
5.15. El Maestro comentó de Zichan: «Seguía el proceder de un caballero en cuatro aspectos: era digno en su conducta privada, respetuoso en el servicio a su señor, generoso con el pueblo y justo con el trabajo de éste.»
5.16. El Maestro dijo: «Yan Ying conocía el arte de la relación social: con él nunca se convertía en excesiva familiaridad una antigua amistad.»
5.17. El Maestro dijo: «Zang Sunchen construyó una casa a su tortuga, con columnas en forma de montañas y techos decorados con lentejas de agua. ¿Acaso se había vuelto loco?»
5.18. Zizhang preguntó: «Ziwen fue nombrado primer ministro tres veces, pero nunca mostró júbilo alguno. Fue destituido tres veces, pero nunca mostró ninguna decepción. En cada ocasión, puso debidamente al corriente a su sucesor en los asuntos de su cargo. ¿Qué dirías de esto?» El Maestro respondió: «Era leal.» Zizhang volvió a preguntar: «¿Era bueno?» El Maestro respondió: «No lo sé; no veo por qué tendríamos que llamarlo bueno.» «Cuando Cui Zhu mató al soberano de Qi, Chen Xuwu, que poseía unos vastos territorios, abandonó sus propiedades y dejó el reino de Qi. Tras establecerse en otro país, dijo: "Estos soberanos no son mejor que Cui Zhu", y se marchó de ese país. Habiéndose establecido en otro estado, dijo de nuevo: "Estos soberanos no son mejor que Cui Zhu", y partió de nuevo. ¿Qué dirías de esto?» El Maestro respondió: «Era puro.» Zizhang volvió a preguntar: «¿Era bueno?» El Maestro dijo: «No lo sé. No sé por qué podríamos llamarle bueno.»
5.19. El señor Ji Wen siempre lo pensaba tres veces antes de actuar. Al oír esto, el Maestro dijo: «Dos veces es suficiente.»
5.20. El Maestro dijo: (p.32) «Cuando prevalecía la Vía en el país, el señor Ning Wu era inteligente. Cuando el país perdió la Vía, el señor Ning Wu se volvió necio. Su inteligencia puede ser igualada; su necedad no tiene parangón.»
5.21. Estando el Maestro en Chen, dijo: «¡Volvamos a nuestro hogar, volvamos a nuestro hogar! Nuestros jóvenes están llenos de ardor y tienen un brillante talento, pero no saben cómo utilizarlo.»
5.22. El Maestro dijo: «Boyi y Shuqi nunca recordaron las viejas ofensas y rara vez provocaron el resentimiento.»
5.23. El Maestro dijo: «¿Quién dijo que Weisheng Gao era recto? Cuando alguien le pedía vinagre, él se lo pedía a su vez al vecino y lo daba como si fuese suyo.»
5.24. El Maestro dijo: «La adulación, la afectación y la obsequiosidad eran cosas que Zuoqiu Ming despreciaba, y yo también las desprecio. Hacerse amigo de alguien hacia quien se siente secretamente hostilidad es algo que Zuoqiu Ming detestaba, y que yo también detesto.»
5.25. Yan Hui y Zilu estaban de servicio. El Maestro dijo: «¿Y si me manifestarais vuestros deseos íntimos?» Zilu dijo: «Yo deseo poder compartir mis carros, caballos, túnicas y mantos con mis amigos sin incomodarme si me los estropean.» Yan Hui dijo: «Yo deseo no fanfarronear nunca de mis buenas cualidades ni llamar la atención sobre mis buenas obras.» Zilu dijo: «¿Puedo preguntar cuáles son los deseos íntimos de nuestro Maestro?» El Maestro dijo: «Yo deseo que los ancianos puedan disfrutar de la paz, los amigos disfrutar de la confianza y los jóvenes disfrutar del afecto.»
5.26. El Maestro dijo: «Lamentablemente, nunca he visto un hombre capaz de ver sus propias faltas y de exponerlas ante el tribunal de su corazón.»
El Maestro dijo: «En una aldea de diez casas, podrán encontrarse sin duda personas leales y fieles como yo, pero no encontraréis a alguien tan amante del conocimiento.»
Capítulo 6
6.1. El Maestro dijo: «Ran Yong posee lo que hace a un príncipe.»
6.2. Ran Yong preguntó sobre Zisang Bosi. El Maestro respondió: «Su (p.33) proceder comedido es plenamente correcto.» Ran Yong preguntó: «Ser estricto con uno mismo y comedido con los demás es aceptable. Ser comedido con uno mismo y comedido con los demás sería demasiada laxitud. ¿Estoy en lo cierto?» El Maestro respondió: «Es correcto.»
6.3. El duque Ai preguntó: «¿Cuál de los discípulos tiene amor por el conocimiento?» Confucio respondió: «Estaba Yan Hui que le gustaba aprender; nunca descargó sus frustraciones sobre los demás; nunca cometió el mismo error dos veces. Desgraciadamente, su periodo de vida fue corto: está muerto. Ahora, hasta donde sé, no existe nadie con tal amor por el conocimiento.»
6.4. Gongxi Chi fue enviado en misión a Qi. El Maestro Ran Qiu pidió una ración de arroz para la madre de Gongxi. El Maestro dijo: «Dadle un cuenco lleno.» El pidió más, y el Maestro dijo: «Dadle una "medida".» El Maestro Ran Qiu le dio cien veces más. El Maestro dijo: «Gongxi Chi está viajando hacia Qi con caballos lustrosos y excelentes pieles. Siempre he oído que un caballero ayuda a los necesitados, no que haga aún más ricos a los ricos.»
6.5. Cuando Yuan Xian se convirtió en el administrador de Confucio, se le ofreció una ración de cien medidas de arroz, pero él la rechazó. El Maestro dijo: «¡No la rechaces! Puedes dárselas a los habitantes de tu pueblo.»
6.6. El Maestro dijo de Ran Yong: «Algunos dudarían en escoger para un sacrificio la cría de un buey de labor; pero, si un novillo tiene buenos cuernos y la piel color alazán, ¿podrían acaso rechazarlo los Espíritus de las Colinas y Ríos?»
6.7. El Maestro dijo: «¡Ah!, Yan Hui podría poner su mente en la bondad durante tres meses sin interrupción, mientras que los demás sólo lo logran de vez en cuando.»
6.8. El señor Ji Kang preguntó: «¿Podría nombrarse ministro a Zilu?» El Maestro respondió: «Zilu es resuelto, ¿por qué no nombrarlo ministro?» Pero él insistió: «¿Podría Zigong ser nombrado ministro?» —«Zigong es sagaz; ¿por qué no nombrarlo ministro?» Ji Kang volvió a preguntar: « (p.34) ¿Podría Ran Qiu ser nombrado ministro?» —«Ran Qiu tiene talento; ¿por qué no nombrarlo ministro?»
El cabeza de la familia Ji invitó a Min Ziqian a administrar sus territorios en Bi. Min Ziqian respondió al mensajero: «Transmite amablemente que lo siento, pero si se me hace una nueva oferta, tendré que retirarme al otro lado del río Wen.» 6.9. Boniu estaba enfermo. El Maestro acudió a preguntar por su salud. Sosteniéndole la mano a través de la ventana, dijo: «Está desahuciado. ¡Desgraciadamente, así es el destino! ¡Que un hombre tal tenga una enfermedad como ésta!, ¡que un hombre semejante tenga una enfermedad como ésta!»
6.10. El Maestro dijo: «¡Qué admirable fue Yan Hui! Un puñado de arroz para comer, una calabaza de agua para beber, una choza como refugio: nadie soportaría tal pobreza, pero la alegría de Yan Hui permanecía inalterable. ¡Qué admirable era Yan Hui!»
6.11. Ran Qiu dijo: «No es que no me guste la Vía del Maestro, pero no tengo la fuerza para seguirla.» El Maestro comentó: «Quien no tiene la fuerza siempre puede abandonar a medio camino. Pero tú has abandonado antes de empezar.»
6.12. El Maestro dijo a Zixia: «Sé un noble erudito y no un vulgar arrogante.»
6.13. Ziyou era gobernador de Wucheng. El Maestro preguntó: «¿Tienes contigo a las personas adecuadas?» —«Tengo a alguien llamado Tantai Mieming: nunca toma atajos, y nunca ha acudido a mi casa excepto para asuntos oficiales.»
6.14. El Maestro dijo: «Meng Zhifan no era un fanfarrón. Cuando estaba en ruta, permanecía en la retaguardia para cubrir la retirada. Sólo cuando llegaba a la puerta de la ciudad espoleaba a su caballo y decía: "No fue el valor lo que me mantuvo en la retaguardia, sino la lentitud de mi caballo".»
6.15. El Maestro dijo: «Para sobrevivir en una época como la nuestra, no es suficiente con tener la belleza del príncipe Zhao de Song. Se requiere tener la ágil lengua del funcionario Tuo.»
6.16. El Maestro dijo: «¿Quién podría dejar una casa sin utilizar la puerta? ¿Por (p.35) qué la gente busca salir de la Vía?»
6.17. El Maestro dijo: «Cuando la naturaleza prevalece sobre la cultura, se tiene a un salvaje; cuando la cultura prevalece sobre la naturaleza, se tiene a un pedante. Cuando naturaleza y cultura están en equilibrio, se tiene a un caballero.»
6.18. El Maestro dijo: «Un hombre sobrevive gracias a su integridad. Si sobrevive sin ella, es pura suerte.»
6.19. El Maestro dijo: «Conocer algo no es tan bueno como amarlo; amar algo no es tan bueno como disfrutarlo.»
El Maestro dijo: «Se pueden exponer cosas superiores a personas corrientes; pero no se pueden exponer cosas superiores a personas inferiores.» 6.20. Fan Chi preguntó sobre la sabiduría. El Maestro dijo: «Asegura los derechos de la gente; respeta a espíritus y dioses, pero manténlos a distancia: sin duda, esto es la sabiduría.» Fan Chi preguntó sobre la bondad. El Maestro respondió: «Las pruebas de un buen hombre conllevan su fruto: sin duda, esto es la bondad.»
6.21. El Maestro dijo: «Los sabios encuentran alegría en el agua, los bondadosos encuentran alegría en las montañas. Los sabios son activos, los bondadosos son apacibles. Los sabios son alegres, los bondadosos viven larga vida.»
6.22. El Maestro dijo: «Con una sola reforma, el país de Qi podría alcanzar el nivel de Lu; con una sola reforma, Lu podría alcanzar la Vía.»
6.23. El Maestro dijo: «Un jarrón cuadrado que no es cuadrado, ¡vaya jarrón cuadrado!»
6.24. Zai Yu preguntó: «Si alguien dijera a un buen hombre que la bondad se halla en el fondo del pozo, ¿se tiraría en él?» El Maestro respondió: «¿Por qué debería hacerlo? Un caballero puede estar mal informado, pero no puede ser seducido: puede ser engañado, pero no puede ser extraviado.»
6.25. El Maestro dijo: «Un caballero amplía su conocimiento por medio de la literatura y se refina con el ritual; por ello, no es probable que se equivoque.»
6.26. El Maestro fue a ver a Nanzi, la concubina del duque Ling. A Zilu no le gustó. El Maestro juró: «¡Que me confunda el cielo si he (p.36) obrado mal! ¡Que me confunda el cielo!»
6.27. El Maestro dijo: «Suprema es la fuerza moral de la Vía Media, sin embargo ya no se encuentra normalmente entre la gente.»
Zigong preguntó: «¿Qué dirías de un hombre que favorece generosamente a todos y que podría salvar a la multitud? ¿Podría ser llamado bueno?» El Maestro respondió: «¿Qué tiene que ver esto con la bondad? ¡Sería un sabio virtuoso! Incluso Yao y Shun serían deficientes en este aspecto. El hombre bueno facilita a los demás lo que desea obtener para sí mismo. La receta de la bondad consiste simplemente en la capacidad de tomar las propias aspiraciones como guía.»
Capítulo 7
7.1. El Maestro dijo: «Yo me limito a transmitir, no invento nada. Confío en el pasado y lo amo. En esto me atrevo a compararme con nuestro venerable Peng.»
7.2. El Maestro dijo: «Acumular conocimiento en silencio, estar siempre hambriento por aprender, enseñar a los demás sin cansarme, todo esto me surge de forma natural.»
7.3. El Maestro dijo: «No cultivar la fuerza moral, no explorar lo que he aprendido, la incapacidad de seguir lo que sé que es justo, y de reformar lo que no es bueno, todas éstas son mis preocupaciones.»
7.4. Cuando permanecía en su hogar, el Maestro mantenía la compostura y la alegría.
7.5. El Maestro dijo: «Me estoy volviendo terriblemente viejo. Hace ya mucho tiempo que no sueño con el duque de Zhou.»
7.6. El Maestro dijo: «Poned vuestro corazón en la Vía; basaos en la fuerza moral; seguid la bondad; disfrutad las artes.»
7.7. El Maestro dijo: «Nunca negué mis enseñanzas a nadie que las buscase, aunque fuera demasiado pobre para ofrecer algo más que un detalle de agradecimiento por su educación.»
7.8. El Maestro dijo: «Yo instruyo sólo a los entusiastas; sólo guío a los fervientes. Destapo sólo una parte de la cuestión, y si el estudiante no puede descubrir el resto, no digo más.»
7.9. Cuando el Maestro comía cerca de alguien que estaba en duelo, nunca acababa toda su comida.
7.10. El día (p.37) que había llorado [por el duelo de alguien], el Maestro nunca cantaba.
7.11. El Maestro dijo a Yan Hui: «Sólo tú y yo podemos aparecer cuando se nos necesita, y desaparecer cuando somos destituidos.» Zilu preguntó: «¿Si hubieras tenido el mando de los Tres Ejércitos, a quién habrías nombrado tu lugarteniente?» El Maestro respondió: «Como lugarteniente mío no hubiera escogido a quien lucha con tigres o atraviesa ríos sin sentir miedo. Más bien a alguien que estuviera lleno de temor antes de entrar en acción y prefiriera siempre una victoria lograda mediante la estrategia.» 7.12. El Maestro dijo: «Si buscar la riqueza fuera un objetivo decente, la buscaría, aunque tuviera que trabajar como portero. Pero siendo como es, prefiero seguir mis inclinaciones.»
7.13. Éstos son los asuntos que el Maestro aborda con cautela: el ayuno, la guerra y la enfermedad.
7.14. Cuando el Maestro estaba en Qi, oyó el Himno de la Coronación de Shun. Durante tres meses olvidó el sabor de la carne. El comentó: «Nunca imaginé que la música pudiera alcanzar tal punto.»
7.15. Ran Qiu preguntó: «¿Apoya nuestro Maestro al duque de Wei?» Zigong dijo: «Bueno, voy a preguntarle.» Zigong acudió a Confucio y le preguntó: «Qué clase de personas eran Boyi y Shuqi?» — «Fueron hombres virtuosos de la Antigüedad.» —«¿Acaso se quejaron?» —«Ellos buscaron la bondad y obtuvieron la bondad. ¿Por qué habrían de quejarse?» Zigong partió y comunicó a Ran Qiu: «Nuestro Maestro no apoya al duque de Wei.»
7.16. El Maestro dijo: «Aunque sólo se tenga poco arroz para comer, sólo agua para beber y el brazo doblado por una almohada, puedes ser feliz. Las riquezas y los honores sin justicia son para mí como nubes pasajeras.»
7.17. El Maestro dijo: «Dadme algunos años más; y si puedo estudiar los Cambios hasta que tenga cincuenta años, me liberaré de hacer grandes errores.»
7.18. Ocasiones en las que el Maestro no se sirvió del dialecto: Cuando recitaba los Poemas y los Documentos, y cuando celebraba ceremonias. (p.38) En todas estas ocasiones utilizaba la pronunciación correcta.
7.19. Cuando el gobernador de She preguntó a Zilu sobre Confucio, Zilu no respondió. El Maestro comentó posteriormente: «¿Por qué no dijiste: "Es la clase de hombre que, en medio de su entusiasmo, se olvida de comer, en su alegría olvida preocuparse, e ignora la proximidad de la vejez?".»
7.20. El Maestro dijo: «Personalmente no estoy dotado con conocimiento innato. Soy simplemente un hombre que adora el pasado y es diligente en investigarlo.»
7.21. El Maestro nunca habló de milagros, violencia, desórdenes ni espíritus.
7.22. El Maestro dijo: «Ponedme en compañía de dos personas al azar, e invariablemente tendrán algo que enseñarme. Puedo tomar sus cualidades como modelo y sus defectos como advertencia.»
El Maestro dijo: «El Cielo me invistió de fuerza moral. ¿Qué puedo temer de Huan Tui?»
7.23. El Maestro dijo a sus discípulos: «Amigos, ¿creéis que os estoy ocultando algo? No oculto nada. Todo lo que hago lo comparto con vosotros. Así es como soy.»
7.24. El Maestro se sirvió en sus enseñanzas de cuatro cosas: la literatura, las realidades de la vida, la lealtad y la buena fe.
7.25. El Maestro dijo: «No puedo esperar encontrar a un sabio virtuoso. Me contentaría si pudiera encontrar simplemente un caballero.» El Maestro dijo: «No puedo esperar encontrar un hombre perfecto. Me contentaría con poder encontrar simplemente un hombre de principios. Es difícil tener principios cuando la Nada pretende ser Algo, el Vacío pretende ser el Lleno y la Penuria pretende ser la Opulencia.»
7.26. El Maestro pescaba con caña, no con red. Cuando cazaba, nunca disparaba a un pájaro en reposo.
7.27. El Maestro dijo: «Tal vez haya personas que puedan actuar sin conocimiento, pero yo no soy una de ellas. El mejor sustituto para el conocimiento innato es escuchar mucho, escoger lo mejor y seguirlo; ver mucho y conservar la imagen.»
7.28. La gente de Huxiang era sorda a toda enseñanza; pero un muchacho (p.39) acudió a visitar al Maestro, y los discípulos quedaron perplejos. El Maestro dijo: «Aprobar su visita no significa que aprobemos lo que se halla detrás. ¿Por qué ser tan melindrosos? Cuando un hombre se asea antes de una visita, apreciamos su limpieza, no deducimos de ella su pasado o su futuro.»
7.29. El Maestro dijo: «¿Es la bondad algo inalcanzable? Mientras añore la bondad, ésta se hallará a mano.»
7.30. Chen Sibai preguntó: «¿Conoce el ritual tu duque Zhao?» Confucio dijo: «Conoce el ritual.» Cuando Confucio se retiró, Chen, inclinándose ante Wuma Qi, lo invitó a adelantarse y dijo: «He oído que un caballero nunca es parcial. ¿Pero no es acaso tu Maestro muy parcial? El duque tomó una esposa de Wu, pero como pertenecía a su propio clan, la cambió el nombre. ¿Si esto es conocer el ritual, entonces quién no conoce el ritual?» Wuma Qi informó de esto a Confucio. El Maestro comentó: «Sin duda soy afortunado; cada vez que cometo un error, siempre hay alguien para señalarlo.»
Cuando el Maestro estaba cantando acompañado, si alguien cantaba una pieza que a él le gustaba, siempre le pedía que la repitiese antes de unirse a él. 7.31. El Maestro dijo: «Mi celo es tan fuerte como el de cualquiera, pero todavía no he logrado vivir noblemente.»
7.32. El Maestro dijo: «No afirmo ser sabio ni haber alcanzado la perfección humana. ¿Cómo me atrevería a afirmarlo? Sin embargo, mi meta permanece inalterable y nunca me canso de enseñar a la gente.» Gongxi Chi dijo: «Esto es precisamente lo que los discípulos no logramos emular.»
7.33. El Maestro estaba gravemente enfermo. Zilu pidió permiso para partir y decir una plegaria. El Maestro preguntó: «¿Existe tal cosa?» Zilu repuso: «Oh sí, la invocación es la siguiente: "Os rogamos, Espíritus de lo alto y Espíritus de lo bajo".» El Maestro dijo: «En ese caso, ya he estado rezando desde hace tiempo.»
7.34. El Maestro dijo: «La opulencia puede conducir a la arrogancia, y la frugalidad a la tacañería. Es preferible ser tacaños que (p.40) arrogantes.»
7.35. El Maestro dijo: «Un caballero es tolerante y libre; un hombre del vulgo siempre está lleno de ansiedad y temor.»
El Maestro era afable, aunque severo; tenía autoridad sin ser despótico; era digno, pero fácil de abordar.»
Capítulo 8
8.1. El Maestro dijo: «De Taibo, puede decirse en verdad que su fuerza moral fue suprema. Tres veces renunció al dominio del mundo entero, sin dar ninguna oportunidad a los demás para que lo alabasen.»
8.2. El Maestro dijo: «Sin los ritos, la cortesía cansa; sin los ritos, la prudencia es tímida; sin los ritos, el valor es pendenciero; sin los ritos, la franqueza es dañina. Cuando los caballeros tratan a sus propios familiares con generosidad, las personas ordinarias son atraídas a la bondad; cuando no se olvidan los viejos vínculos, las personas ordinarias no son volubles.»
8.3. Cuando el maestro Zeng estaba enfermo, llamó a sus discípulos y les dijo: «Mirad mis pies. Mirad mis manos. En los Poemas se dice:
Convulso y con temblores, como al borde de un abismo, como al caminar sobre hielo.
Pero ahora, amigos míos, sé que he llegado seguro al puerto.»
8.4 Cuando el maestro Zeng estaba enfermo, el señor Mengjing acudió a visitarlo. El maestro Zeng dijo: «Triste es el canto de un pájaro que está a punto de morir; verdaderas son las palabras de un hombre que está al borde de la muerte. Cuando un caballero sigue la Vía, pone especial atención en tres cosas: en su actitud, evita la temeridad y la arrogancia; en su expresión, se atiene a la buena fe; en sus palabras, renuncia a la vulgaridad y al sinsentido. En cuanto a los detalles de los sacrificios y otros ritos, se lo deja a los encargados de los mismos.»
8.5. El maestro Zeng dijo: «Hace mucho tiempo que tuve un amigo que practicó lo siguiente: competente, pero dispuesto a escuchar a los incompetentes; con talento, pero dispuesto a escuchar a los que carecían de él; poseyéndolo, parecía no tenerlo; aceptaba los insultos sin ofenderse.»
8.6. El maestro Zeng dijo: «Podéis confiarle el cuidado de un huérfano, (p.41) podéis confiarle el gobierno de todo un país; si lo ponéis a prueba, permanece inalterable. ¿Es alguien así un caballero? Sin duda, lo es.»
8.7. El maestro Zeng dijo: «Un erudito debe ser fuerte y resuelto, puesto que su carga es pesada y su jornada larga. Su carga es la humanidad, ¿acaso no es ésta pesada? Su jornada se termina sólo con la muerte, ¿acaso no es ésta larga?»
El Maestro dijo: «Inspiraos en los Poemas, estabilizad vuestro proceder con los ritos; encontrad vuestra satisfacción en la música.»
8.8. El Maestro dijo: «Podéis hacer que los demás sigan la Vía, pero no podéis hacer que la entiendan.»
8.9. El Maestro, dijo: «Atrapado por la pobreza, un hombre valiente quizá se rebele. Si se le empuja demasiado lejos, también puede rebelarse un hombre sin moral.»
8.10. El Maestro dijo: «Un hombre puede tener los espléndidos talentos del duque de Zhou, pero si es arrogante y malvado, sus méritos no valen nada.»
8.11. El Maestro dijo: «Es difícil encontrar a un hombre que pueda estudiar tres años sin pensar en alcanzar un puesto.»
8.12. El Maestro dijo: «Mantened la fe, amad el conocimiento, defended la buena Vía con vuestra vida. No entréis en un país inestable; no residáis en un país revuelto. Brillad en un mundo que sigue la Vía; ocultaos cuando el mundo la pierde. En un país en el que prevalece la Vía es vergonzoso permanecer pobre y anónimo; en un país que ha perdido la Vía, es vergonzoso convertirse en alguien rico y recibir honores.»
8.13. El Maestro dijo: «No entrometeros en el proceder de un cargo que no sea el vuestro.»
8.14. Cuando Zhi, el maestro de música, está dirigiendo la obertura y el final de Las águilas pescadoras, ¡qué plenitud entra por los oídos!»
8.15. El Maestro dijo: «Las personas impetuosas, pero que no son sinceras; las que son ignorantes, y además imprudentes; las ingenuas, pero que no son dignas de confianza, están más allá de mi comprensión.»
8.16. El Maestro dijo: «Aprender es como cazar, ya que cuando no obtienes la pieza [cuando no (p.42) comprendes], temes perder lo que ya has obtenido.»
8.17. El Maestro dijo: «¡Qué sublimes eran Shun y Yu: dominaban todo lo que estaba bajo el Cielo, pero no se apegaban a ello!»
8.18. El Maestro dijo: «¡Qué gran soberano fue Yao! ¡Qué sublime! Sólo el Cielo es grande, y Yao siguió su modelo. La gente no encontraba palabras para elogiar su generosidad. ¡Qué sublime fueron sus logros, qué espléndidas sus instituciones!»
8.19. Shun gobernó el mundo entero sólo con cinco ministros. El rey Wu dijo: «Yo tengo diez ministros.» Confucio dijo: «¡Cuán verdad es que es difícil encontrar personas capaces! Se supone que la época de Yao y Shun era abundante en talento, pero Shun encontró sólo cinco ministros; respecto al rey Wu, puesto que uno de sus ministros era mujer, de hecho sólo encontró nueve hombres. Aunque la Casa de Zhou dominaba dos tercios del mundo, seguía siendo tributaria de Shang. Puede decirse en verdad que la fuerza moral de Zhou era suprema.»
El Maestro dijo: «No encuentro defecto alguno en Yu. Comía y bebía frugalmente, pero mostraba una absoluta devoción en sus sacrificios a los espíritus; se vestía pobremente, pero sus túnicas ceremoniales eran magníficas; su morada era modesta, pero empleó su energía en canalizar las inundaciones. No puedo encontrar defecto alguno en Yu.»
Capítulo 9
9.1. El Maestro rara vez hablaba de provecho, destino o humanidad.
9.2. Un hombre de Daxiang dijo: « ¡Vuestro Confucio es realmente grande! Con su vasto conocimiento todavía no ha logrado sobresalir en ningún campo particular.» El Maestro oyó este comentario y dijo a sus discípulos: «¿Qué habilidad debo cultivar? ¿Debo cultivar la conducción de carros? ¿Debo emprender el tiro con arco? De acuerdo, me decidiré por la conducción de carros.»
9.3. Según él ritual, la capa ceremonial debe estar hecha de cáñamo; hoy día está hecha de seda, lo cual es más práctico; yo sigo la costumbre general. Según el ritual, hay que inclinarse al empezar a subir las gradas; hoy día se inclinan después de haberlas (p.43) subido, y esto es irrespetuoso, aunque vaya en contra de la costumbre general, yo me inclino antes de subir las gradas.
9.4. El Maestro evitaba totalmente cuatro cosas: el capricho, el dogmatismo, la obstinación y la vanidad.
9.5. Cuando el Maestro fue detenido en Kuan, dijo: «El rey Wen ha muerto; ¿acaso no reposa ahora la civilización sobre mí? Si el Cielo quiere que la civilización sea destruida, ¿por qué me ha concedido su responsabilidad? Si el Cielo no pretende que la civilización sea destruida, ¿qué puedo temer de los habitantes de Kuan?»
9.6. El Gran Chambelán preguntó a Zigong: «¿Es tu maestro sabio virtuoso? Si es así, ¿por qué posee tantas capacidades [oficios]?» Zigong respondió: «Sin duda el Cielo lo hizo sabio y virtuoso; pero resulta que también tiene muchas capacidades.» AI oír esto, el Maestro comentó: «El Gran Chambelán realmente me conoce. En mi juventud yo era pobre; por ello tuve que aprender una gran variedad de oficios humildes. ¿Acaso corresponde esta versatilidad a un caballero? No, no corresponde.»
9.7. Lao afirmó: «El Maestro dijo que su fracaso en la vida pública lo obligó a desarrollar diversos oficios.»
9.8. El Maestro dijo: «¿Soy una persona erudita? No. Un campesino me planteó esta pregunta, y mi mente quedó en blanco. Sin embargo, consideré el problema desde todos los ángulos hasta que comprendí algo.»
9.9. El Maestro dijo: «El Fénix no llega, el Río no hace aparecer ningún carruaje. ¡Mi tiempo se ha acabado!»
Siempre que el Maestro veía a alguien haciendo duelo, con la túnica ceremonial, o a un hombre ciego, por joven que fuera, en el acto se levantaba y respetuosamente se apartaba a un lado.
9.10. Yan Hui dijo suspirando: «Cuanto más la contemplo [la doctrina del Maestro], más elevada es; cuanto más profundizo en ella, más se resiste; la vi ante mí, y de repente estaba detrás de mí. Paso a paso, nuestro Maestro sabe cómo atrapar a la gente. Me estimula con textos, pero me refrena con el ritual. Aunque quisiera detenerme, no podría. En el momento en que (p.44) mis recursos se agotan, la meta parece lejana; anhelo alcanzarla, pero no encuentro el camino.»
9.11. El Maestro estaba muy enfermo, y Zilu organizó a los discípulos en séquito, como si fueran los vasallos de un señor. En una de las mejorías de su enfermedad, el Maestro dijo: «Zilu, esta farsa ya ha durado bastante. ¿A quién puedo engañar con estos vasallos simulados? ¿Acaso puedo engañar al Cielo? En lugar de morir entre vasallos, prefiero morir en brazos de mis discípulos. Tal vez no tenga un funeral de Estado, pero tampoco moriré al borde de la cuneta.»
9.12. Zigong dijo: «Si tuvieras una valiosa pieza de jade, ¿la esconderías a salvo en una caja, o intentarías venderla por un buen precio?» El Maestro respondió: «¡La vendería! ¡La vendería! Lo que estoy esperando es la oferta adecuada.»
9.13. El Maestro quiso establecerse entre las nueve tribus bárbaras del Este. Alguien comentó: «Esos lugares son salvajes, ¿cómo te las arreglarías?» El Maestro respondió: «¿Cómo podrían ser salvajes una vez que un caballero se ha establecido allí?»
9.14. El Maestro dijo: «Sólo fue tras mi regreso de Wei a Lu cuando puse de nuevo la música en orden: piezas cortas por una parte, e himnos por otra.»
9.15. El Maestro dijo: «Nunca he encontrado difícil servir a mis superiores fuera de casa y a mis mayores en el hogar, ni enterrar a los muertos con la debida reverencia o a moderarme en el vino.»
9.16. Cuando el Maestro estaba cerca de un río dijo: «Todo fluye de este modo, día y noche, sin cesar.»
9.17. El Maestro dijo: «Nunca he conocido a alguien que preciase la virtud tanto como el sexo.»
9.18. El Maestro dijo: «Es como construir un túmulo: si uno se detiene antes del último cesto de tierra, el túmulo queda para siempre inacabado. Es como llenar una zanja: una vez que se ha llenado la primera canasta, sólo se necesita continuar hasta terminar.»
El Maestro dijo: «La cualidad singular de Yan Hui era su capacidad de atención cuando se le hablaba.»
9.19. El Maestro dijo de Yan Hui: «¡Ay de mí!, vigilé (p.45) su progreso, pero no lo vi alcanzar la meta.»
9.20. El Maestro dijo: «Hay brotes que nunca llegan a flor, hay flores que nunca llegan a fruto.»
9.21. El Maestro dijo: «Deberíamos considerar a los jóvenes con respeto: ¿quién sabe si la próxima generación no alcanzará en mérito a la presente? Sin embargo, si a la edad de cuarenta o cincuenta años un hombre no se ha hecho un nombre, ya no merece ser tomado en serio.»
9.22. El Maestro dijo: «¿Cómo podrían las palabras de amonestación dejar de obtener nuestro asentimiento? Lo principal, no obstante, debería ser realmente corregir nuestra conducta. ¿Cómo podrían las palabras de elogio dejar de deleitarnos? Sin embargo, lo principal debería ser realmente entender su propósito. Algunos muestran deleite, pero no comprensión, o asienten, sin cambiar su proceder. Realmente no sé qué hacer con ellos.»
9.23. El Maestro dijo: «Valorad la lealtad y la confianza sobre todo lo demás; no hagáis amistad con aquellos cuya moral es inferior a la vuestra; no temáis corregir vuestros errores.»
9.24. El Maestro dijo: «Es posible privar a un ejército de su comandante en jefe; pero no se puede privar al más humilde de los hombres de su libre voluntad.»
9.25. El Maestro dijo: «Sólo Zilu puede mantenerse con su túnica remendada junto a quienes llevan finas pieles sin sentir vergüenza:
«Sin envidia ni codicia, debe ser un buen hombre.»
A partir de entonces, Zilu estaba continuamente cantando estos dos versos. El Maestro dijo: «Advierte que ésta no es la receta de la perfección.»
9.26. El Maestro dijo: «Es en medio del frío del invierno cuando podéis ver lo verde que son los pinos y los cipreses.»
9.27. El Maestro dijo: «Los sabios no padecen la perplejidad; los virtuosos no tienen preocupaciones; los valientes carecen de temor.»
El Maestro dijo: «Hay personas con las que podéis compartir información, pero no podéis compartir la Vía. Hay personas con las que podéis compartir la Vía, pero no el compromiso. Hay personas con quien podéis (p.46) compartir el compromiso, pero no el consejo.»
9.31 Agita sus brotes el cerezo. No es que no piense en ti, ¡pero tu casa está tan lejos!
El Maestro dijo: «Él no la amaba realmente; si la hubiera amado, ¿le hubiera importado la distancia?»
Capítulo 10
10.1. En su lugar natal, Confucio era modesto en sus maneras y hablaba con cautela [como si no supiera expresarse]. Sin embargo, en el templo de sus antepasados y en la corte, su discurso era elocuente, aunque circunspecto.
10.2. Cuando en la corte conversaba con los funcionarios inferiores, era afable; cuando conversaba con los funcionarios superiores, era respetuoso. Frente al soberano, era humilde, aunque sereno.
10.3. Cuando el soberano le ordenaba dar la bienvenida a un huésped, mostraba gravedad y buena disposición. Cuando se inclinaba y saludada a izquierda y derecha, su túnica seguía los movimientos de su cuerpo, y, cuando se apresuraba, sus mangas ondeaban como alas. Al final de la visita, siempre anunciaba: «El invitado ha partido.»
10.4. Cuando atravesaba la puerta ante el palacio del Duque, su paso era discreto. Nunca se paraba en medio del paso ni ponía el pie en el umbral. Cuando pasaba frente al trono, adoptaba una expresión de gravedad, aceleraba el paso y hablaba como si no tuviera voz. Al subir las gradas del salón de audiencias, alzaba el extremo de su túnica y se inclinaba conteniendo el aliento; al salir y descender el primer escalón, expresaba alivio y satisfacción. En el último escalón, se movía ligero como si anduviera sobre alas. Al volver a ocupar su lugar, recuperaba su semblante humilde.
10.5. Cuando sostenía la tabla de jade, se inclinaba como doblándose bajo su peso. La alzaba como para saludar y la bajaba como para ofrecerla. Su expresión reflejaba respeto, y caminaba dando pasos cortos como si caminara por un sendero estrecho. Cuando ofrecía presentes rituales, su expresión era elegante. En las audiencias privadas era alegre.
10.6. Un caballero no lleva solapas color púrpura ni malva; el (p.47) rojo y el violeta no deben utilizarse diariamente en el hogar. En medio del calor del verano lleva ropa clara, rica o pobre, pero nunca sale sin ponerse la túnica. Con una túnica negra, lleva piel de oveja; con una túnica blanca, piel de ciervo; con una túnica amarilla, piel de zorro. Su túnica de piel, de puertas adentro, es larga, con la manga derecha más corta. Su camisón de noche llega hasta las rodillas. Las gruesas pieles de zorro y tejón son más apropiadas dentro del hogar. Excepto en los duelos, siempre lleva los adornos de su cinturón. Con la salvedad de su túnica ceremonial, que es de una sola pieza, toda su ropa está cortada y cosida. En los funerales, no deben llevarse pieles de cordero ni bonetes negros. El Día de Año Nuevo debe asistir a la corte con ropa de corte.
10.7. En periodos de abstinencia, lleva la ropa de purificación, que está hecha de lino sencillo. En periodos de abstinencia, sigue otra dieta, y en el hogar no se sienta en su sitio habitual.
10.8. Aunque su arroz sea de la mejor calidad, no come en exceso; aunque su carne esté finamente picada, no la engulle. No come alimentos que estén pasados o rancios, pescado que no esté fresco, ni carne estropeada. Tampoco alimentos que hayan perdido el color, que huelan mal, que estén mal cocinados, que no sean servidos en el momento apropiado, que no estén cortados adecuadamente, o que no sean servidos con su salsa correspondiente. Aunque haya mucha carne, no comerá más carne que arroz. En lo que respecta al vino, sin embargo, no hay limitación, siempre que mantenga la cabeza clara. No consume vino comprado en un comercio, ni carne seca del mercado. A lo largo de la comida tiene a mano algo de jengibre, pero lo utiliza con moderación.
10.9. Después de un sacrificio oficial, la carne no debe conservarse pasada la noche. La carne de los sacrificios domésticos no debe conservarse más de tres días. Después del tercer día, no debe comerse.
10.10. No debe conversarse durante las comidas ni en la cama.
10.11. Por simple que sea la comida, debe recitarse una (p.48) plegaria antes de cada una de ellas, y recitarse con devoción.
10.12. No hay que sentarse en una esterilla que no esté bien dispuesta.
10.13. Cuando se bebe en una celebración de un pueblo, no debe marcharse antes que los ancianos.
10.14. Cuando se practicaba un exorcismo en su pueblo natal, él asistía vestido con la ropa de la corte en el lado este.
10.15. Cuando enviaba un mensaje a alguien en otro Estado, se inclinaba dos veces antes de enviar al mensajero.
El señor Ji Kang le envió algunas medicinas. Confucio se inclinó y aceptó el regalo, pero dijo: «No estoy familiarizado con esta sustancia y no me atrevo a probarla.»
10.16. Cuando se incendiaron los establos, el Maestro dejó la corte y preguntó: «¿Hay alguien herido?» No preguntó por los caballos.
10.17. Cuando el príncipe le envía un presente de comida cocinada, debe probarla inmediatamente después de haber dispuesto correctamente su esterilla. Cuando el príncipe le envía un presente de alimentos crudos, debe cocinarlos y ofrecerlos a los antepasados. Cuando el príncipe le regala un animal vivo, debe conservarlo. Cuando espera al príncipe a la hora de comer, prueba los alimentos antes de que éste haga las ofrendas ceremoniales.
10.18. Cuando Confucio cayó enfermo, el Duque acudió a visitarlo. Estaba tumbado con la cabeza dirigida al Este, la ropa de Corte plegada encima de la cama y la faja ceremonial extendida [para mostrar su respeto].
10.19. Siempre que el Duque lo llamaba, acudía sin esperar a que los caballos fuesen enganchados a su carro.
10.20. Cuando visitaba el Gran Templo, Confucio se informaba sobre todos y cada uno de sus puntos.
10.21. Cuando murió un amigo, no había nadie para encargarse del funeral. Confucio dijo: «Yo me encargaré.»
10.22. Cuando recibía un regalo de un amigo, aunque friera de tanta importancia como un carro y [varios] caballos, no se inclinaba saludando, a menos que fuese un presente de carne para el sacrificio ceremonial.
10.23. En la cama, no yacía (p.49) rígido como un cadáver; en casa, no se sentaba tieso como un invitado.
10.24. Siempre que veía a una persona en duelo reciente, incluso si era alguien a quien encontraba cada día, siempre le expresaba sus condolencias. Siempre que veía a alguien con el bonete ceremonial, o a un ciego, aunque fuese de humilde posición, le expresaba sus respetos. Cuando viajaba en su carruaje, siempre se inclinaba para saludar a cualquiera que pasara en duelo, aunque fuera un simple vendedor ambulante. Cuando se le ofrecía en un banquete una exquisitez exótica, expresaba su aprecio poniéndose en pie. El estallido repentino de un trueno o de un violento vendaval siempre afectaba su semblante.
Al entrar en su carruaje, siempre se mantenía recto mirando al frente, y se servía del pasamano. Una vez dentro, no miraba hacia atrás, ni conversaba sin sentido, ni señalaba con el dedo.
10.25. Asustado, el pájaro alzó el vuelo; voló hacia otra parte y después volvió a posarse. Confucio comentó: «El faisán del puente de la montaña conoce el momento adecuado, ¡conoce el momento adecuado!» Zilu se inclinó ante el pájaro, que aleteó tres veces antes de emprender el vuelo.
Capítulo 11
11.1. El Maestro dijo: «Antes de ocupar un cargo, los plebeyos deben profundizar primero en el conocimiento de los ritos y de la música, mientras que los nobles pueden dejarlos para después. Si yo tuviera que nombrar funcionarios, elegiría entre los primeros.»
11.2. El Maestro dijo: «De todos los que me acompañaron en mis tribulaciones en Chen y Cai, ninguno está ya conmigo.»
11.3. La virtud: Yan Hui, Min Ziqian, Ran Boniu, Ran Yong. Elocuencia: Zai Yu, Zigong. Gobierno: Ran Qiu, Zilu. Cultura: Ziyou, Zixia.
11.4. El Maestro dijo: «Yan Hui no me sirve: todo lo que digo le agrada.»
11.5. El Maestro dijo: «¡Qué buen hijo es Min Ziqian! Nadie contradice nunca a sus padres ni a sus hermanos cuando éstos lo alaban.»
11.6. Nangong Kuo era aficionado a repetir:
Puede quitarse una mancha de un cetro de jade blanco, pero es irreparable una (p.50) mancha en las palabras.
Confucio le otorgó en matrimonio a la hija de su hermano mayor.
11.7. El señor Ji Kang preguntó: «¿A cuál de tus discípulos le gusta aprender?» Confucio respondió: «Estaba Yan Hui, al que le gustaba aprender. Desgraciadamente, su vida fue corta: ahora está muerto y ya no hay nadie.»
11.8. Cuando Yan Hui murió, su padre, Yan Lu, preguntó si podía vender el carruaje del Maestro para procurarse un mausoleo. El Maestro dijo: «Con talento o no, un hijo es un hijo. Cuando murió Li, mi propio hijo, fue enterrado sólo con un ataúd y sin mausoleo. Yo no empecé a ir a pie para procurarme un mausoleo. Puesto que mi rango está inmediatamente después de los funcionarios superiores, no es adecuado que vaya a pie.»
11.9. Cuando Yan Hui murió, el Maestro dijo: «¡Ay de mí! ¡El Cielo me está destruyendo, el Cielo me está destruyendo!»
Cuando Yan Hui murió, el Maestro Lloró desconsoladamente. Sus seguidores dijeron: «Maestro, un duelo así no es adecuado.» El Maestro replicó: «Para hacer el duelo de un hombre así, ¡qué clase de dolor seria adecuado?» 11.10. Cuando Yan Hui murió, los discípulos querían hacerle un gran funeral. El Maestro dijo: «No es adecuado.» Los discípulos le hicieron un gran funeral, y el Maestro comentó: «Yan Hui me trató como un padre, pero no se me dio la oportunidad de tratarle como [traté] a mi hijo. No es culpa mía, sino vuestra, amigos míos.»
11.11. Zilu preguntó cómo servir a los espíritus y a los dioses. El Maestro respondió: «Tú no eres capaz de servir a los hombres, ¿cómo podrías servir a los espíritus?» Zilu inquirió: «¿Puedo preguntarte sobre la muerte? El Maestro respondió: «Todavía no conoces la vida, ¿cómo podrías conocer la muerte?»
11.12. Cuando estaba junto al Maestro, Min Ziqian parecía respetuoso; Zilu parecía agudo; Ran Qiu y Zigong parecían afables. El Maestro estaba complacido. (El Maestro dijo:) «Un hombre como Zilu no morirá de muerte natural.»
11.13. Los habitantes de Lu estaban reconstruyendo el Gran Tesoro. Min (p.51) Ziqian preguntó: ¿Por qué no reconstruirlo conforme a su antigua línea? ¿Por qué cambiar el plan?» El Maestro respondió: «Este hombre apenas habla, pero cuando habla da en el blanco.»
11.14. El Maestro dijo: «¿Qué clase de música está tocando Zilu en mi casa?» Los discípulos dejaron de respetar a Zilu. El Maestro dijo: «Zilu ha subido hasta el vestíbulo, pero todavía no ha entrado en la cámara.»
11.15. Zigong preguntó: «¿Quién es mejor: Zizhang o Zixia?» El Maestro respondió: «Zizhang se pasa y Zixia no llega.» Zigong volvió a preguntar: «¿Es entonces Zizhang el mejor?» El Maestro respondió: «Ambos fallan el blanco.»
11.16. El cabeza de la familia Ji era más rico que un rey, pero Ran Qiu seguía presionando a los campesinos para hacerse todavía más rico. El Maestro comentó: «Ya no es mi discípulo. Tocad el tambor, amigos míos, y atacadlo; tenéis mi permiso.»
11.17. Zigao era necio; Zeng Shen era lento; Zizhang era exagerado; Zilu era salvaje.
11.18. El Maestro dijo: «Yan Hui estuvo muy cerca de la perfección y, sin embargo, padeció la pobreza. Zigong no aceptó su suerte y emprendió negocios; su juicio es frecuentemente correcto [siempre le salen bien].»
11.19. Zizhang preguntó sobre la Vía del Hombre Bueno. El Maestro respondió: «No es seguir las viejas rutinas, pero tampoco conduce a la cámara interna».
11.20. El Maestro dijo: «Estoy de acuerdo en que sus opiniones son sólidas, pero ¿es un caballero, o sólo una solemne pretensión?»
11.21. Zilu preguntó: «¿Debo practicar inmediatamente lo que he aprendido?» El Maestro respondió: «Tu padre y tu hermano mayor todavía están vivos; ¿cómo puedes practicar inmediatamente lo que acabas de aprender?» Ran Qiu preguntó: «¿Debo practicar inmediatamente lo que acabo de aprender?» El Maestro respondió: «Practícalo inmediatamente.» Gongxi Chi dijo: «Cuando Zilu preguntó si debía practicar inmediatamente lo que acaba de aprender, le dijiste que consultase primero a su padre y a su hermano mayor. Cuando Ran (p.52) Qiu preguntó si podía practicar inmediatamente lo que acaba de aprender, le dijiste que lo practicase inmediatamente. Estoy confundido; ¿puedo pedirte que lo expliques?» El Maestro respondió: «Ran Qiu es lento, por eso lo empujo; Zilu tiene la energía de dos personas, por eso lo retengo.»
11.22. El Maestro fue detenido en Kuang; Yan Hui se había quedado rezagado. Cuando se reunieron más tarde, el Maestro comentó: «Pensé que estabas muerto.» Yan Hui dijo: «Mientras estés vivo, ¿cómo me atrevería a morir?»
11.23. Ji Ziran preguntó: «¿Podría decirse que Zilu y Ran Qiu fueron grandes ministros?» El Maestro respondió: «Pensé que ibas a preguntar algo interesante, pero ¡he aquí que simplemente preguntas sobre Zilu y Ran Qiu! Un gran ministro es un ministro que sirve a su señor siguiendo la Vía y que dimite cuando ambos son irreconciliables. Ahora bien, en lo que concierne a Zilu y a Ran Qiu, podrían estar cualificados para ocupar cualquier puesto vacante.» Ji Ziran preguntó: «¿Quiere decir que simplemente deben seguir cualquier orden?» El Maestro respondió: «No hasta el punto de matar a su padre o a su señor.»
11.24. Zilu recomendó a Ziran que fuera alcaide de Bi. El Maestro comentó: «Estás jugando una mala pasada a este joven.» Zilu respondió: «Así se ocupará de las personas del lugar y de sus asuntos; aprenderá cosas que no están en los libros.» El Maestro respondió: «Es por esta especie de observaciones por lo que me disgustan las sutilezas ingeniosas.»
11.25. Zilu, Zeng Dian, Ran Qiu y Gongxi Chi estaban sentados con el Maestro. Este dijo: «Olvidad por un momento que soy mayor que vosotros. Con frecuencia decís: "El mundo no reconoce nuestros méritos." Pero, si se os diera la oportunidad, ¿qué os gustaría hacer?» Zilu se precipitó a responder el primero: «Dame un país no demasiado pequeño, atenazado entre dos poderosos vecinos que le atacan y que sufre hambruna. Si me pones al cargo de él, en tres años reviviría el espíritu de su pueblo y le haría recuperar su fuerza.» El (p.53) Maestro sonrió. «¿Y qué dices tú, Ran Qiu?» Este respondió: «Dame un territorio de 60 a 70, o, al menos, de 50 a 60 pueblos; en tres años aseguraría la prosperidad de sus habitantes. Sin embargo, en lo que respecta a su bienestar espiritual, habría que esperar naturalmente a la intervención de un verdadero caballero.» «Y tú, Gongxi Chi, ¿qué dices?» «Yo no afirmo que podría hacer esto, pero me gustaría aprender: en las ceremonias del Templo de los Antepasados, en un encuentro diplomático, por ejemplo, y llevando bonete y casulla, me gustaría participar como ayudante menor.» «¿Y qué dices tú, Zeng Diam?» Zeng Dian, que había permanecido tocando tranquilamente su cítara, dio un último acorde y puso de lado su instrumento. Entonces respondió: «Me terno que mi deseo no tiene nada que ver con el de mis tres compañeros.» El Maestro comentó: «¡Esto no tiene nada de malo! Después de todo, cada cual está simplemente haciendo la confidencia de sus aspiraciones personales.» «A finales de la primavera, después de que se ha acabado de hacer la ropa de primavera, junto con cinco o seis compañeros y seis o siete muchachos, me gustaría bañarme en el río Yi, y después disfrutar de la brisa en la Terraza de la Danza de la Lluvia y volver a casa cantando.» El Maestro lanzó un gran suspiro, diciendo: «¡Yo estoy de acuerdo con Dian!» Cuando los otros tres se marcharon, Zeng Dian se quedó y preguntó: «¿Qué piensas de sus deseos?» El Maestro contestó: «Simplemente cada uno confió sus aspiraciones personales.» ¿Por qué sonreíste ante las palabras de Zilu?» «Porque un Estado debe gobernarse mediante las restricciones del ritual; pero sus palabras eran jactanciosas.» «En lo que respecta a Ran Qiu, ¿no estaba de hecho hablando de todo un Estado?» «Ciertamente; ¿acaso has oído hablar alguna vez de "un territorio de 60 a 70, o de 50 a 60 pueblos?"» «¿Y Gongxi Chi? ¿No estaba hablando también de un Estado?» «¡Un encuentro diplomático en el Templo de los Antepasados! ¿A qué (p.54) podría referirse sino a un encuentro de varios Estados? Y si Gongxi Chi estuviera allí sólo como joven ayudante, ¿quién desempeñaría el papel principal?»
Capítulo 12
12.1. Yan Hui preguntó acerca de la humanidad. El Maestro respondió: «La práctica de la humanidad se reduce a domesticar el yo y a restaurar los ritos. Domestica el yo y restaura los ritos, aunque sea un solo día, y el mundo entero se unirá a tu humanidad. La práctica de esta virtud procede del yo, no de ninguna otra cosa.» Yan Hui dijo: «¿Puedo preguntar cuáles son los siguientes pasos?» El Maestro respondió: «Observa los ritos de la siguiente forma: no mires, no escuches, no digas ni hagas nada impropio.» Yan Hui dijo: «Tal vez no esté dotado, pero con tu permiso, intentaré hacer lo que me has dicho.»
12.2. Ran Yong preguntó sobre la humanidad. El Maestro dijo: «Cuando estés en otro estado, compórtate como si estuvieras frente a un huésped importante. Dirige a los demás como si estuvieras realizando una gran ceremonia. Lo que no desees para ti, no lo impongas a los demás. No dejes que el resentimiento entre en los asuntos públicos, y tampoco lo dejes entrar en los asuntos privados.» Ran Yong dijo: «Tal vez no esté dotado, pero con tu permiso intentaré hacer lo que me has dicho.»
12.3. Sima Niu preguntó sobre la humanidad. El Maestro respondió: «Quien practica la humanidad es reacio a hablar.» Aquél insistió: «¿Reacio a hablar? ¿Y a eso lo llamas humanidad?» El Maestro afirmó: «Cuando la práctica de algo es difícil, ¿cómo se puede hablar de ello a la ligera?»
12.4. Sima Niu preguntó: «¿Qué es un caballero?» El Maestro respondió: «Un caballero no tiene pesar ni miedo.» Sima Niu preguntó: «¿Sin pesar ni miedo? ¿Y eso es lo que hace a un caballero?» El Maestro respondió: «Siendo su conciencia sin tacha, ¿cómo podría sentir pesar?, ¿como podría sentir miedo?»
12.5. Sima Niu se lamentaba: «Todos tienen hermanos; yo soy el único que no tiene.» Zixia contestó: «Yo he oído decir que la vida y la muerte son decretadas (p.55) por el destino, que las riquezas y los honores son otorgadas por el Cielo. Puesto que un caballero se comporta con reverencia y diligencia, trata a los demás con deferencia y cortesía, todos los que se hallan dentro de los Cuatro Mares son sus hermanos. ¿Cómo podría un caballero quejarse de no tener hermanos?»
12.6. Zizhang preguntó acerca de la perspicacia. El Maestro respondió: «Quien a pesar de estar rodeado de calumnias y ensordecido por las críticas permanece en calma, puede ser llamado perspicaz. De hecho, podría llamársele clarividente.»
Zigong preguntó sobre el gobierno. El Maestro comentó: «Suficiente comida, suficientes armas y la confianza del pueblo.» Zigong preguntó: «Si tuvieras que prescindir de una de estas tres cosas, ¿qué dejarías de lado?» —«Las armas». —«Si tuvieras que prescindir de una de las dos restantes, ¿cuál dejarías de lado?» —«La comida; al fin y al cabo, todo el mundo tiene que morir más tarde o más temprano. Pero sin la confianza del pueblo, ningún gobierno puede mantenerse.»
12.7. Ji Zicheng dijo: «Se es caballero simplemente por naturaleza. ¿Para qué sirve entonces la cultura?» Zigong respondió: «Es lamentable lo que acabas de decir. "Ni siquiera una cuadriga de caballos puede alcanzar una lengua demasiado suelta." La naturaleza es cultura, la cultura es naturaleza. Sin su pelo, la piel de un tigre o de un leopardo es exactamente lo mismo que la de un perro o la de una oveja.»
12.8. El duque Ai preguntó a You Ruo: «Han fallado las cosechas; me he quedado sin provisiones. ¿Qué debo hacer?» You Ruo respondió: «¿Por qué no imponer un diezmo?» El duque Ai respondió: «Incluso el doble de lo que se obtendría no cubrirían mis necesidades; ¿para qué serviría un simple diezmo?» You Ruo respondió: ((Si los vasallos tienen suficiente, ¿cómo podría no tener suficiente su señor? Si los vasallos no tienen suficiente, ¿cómo podría tener su señor suficiente?»
12.9. Zizhang preguntó cómo acumular fuerza moral y cómo reconocer la incoherencia de los (p.56) sentimientos. El Maestro respondió: «Pon la lealtad y la fe por encima de todo lo demás y sigue la justicia. Así es como se acumula fuerza moral. Cuando amas a alguien, deseas que viva; cuando odias a alguien, deseas que muera. Ahora bien, desear al mismo tiempo que viva y muera es un ejemplo de incoherencia.»
Si no es por la riqueza, entonces es por el cambio...
12.10. El duque Jing de Qi preguntó a Confucio sobre el gobierno. Confucio respondió: «Deja que el señor sea señor, que el súbdito sea súbdito, que el padre sea padre y que el hijo sea hijo.» El duque comentó: «¡Excelente! Si el señor ya no es un señor, el súbdito, un súbdito; el padre, un padre, y el hijo, un hijo, ¿cómo podría estar ya seguro de nada, ni siquiera de mi comida diaria?»
12.11. «Emitir una sentencia apoyándose únicamente en la mitad de las pruebas, sólo Zilu puede hacerlo.» Zilu nunca se fue a dormir sin cumplir una promesa.
12.12. El Maestro dijo: «Yo podría dictar sentencias tan bien como cualquiera, pero prefiero hacer que los procesos sean innecesarios.»
12.13. Zizhang preguntó sobre el gobierno. El Maestro respondió: «Reflexiona incansablemente sobre él. Cumple tus responsabilidades lealmente.»
El Maestro dijo: «Un caballero amplía su conocimiento leyendo y se refrena con el ritual; por ello, no es probable que actúe mal.»
12.14. El Maestro dijo: «Un caballero saca lo mejor de la gente, no lo peor. Un hombre del vulgo hace lo opuesto.»
12.15. El señor Ji Kang preguntó a Confucio sobre el gobierno. Este respondió: «Gobernar es ser recto. Si te comportas rectamente, ¿quién se atreverá a no hacerlo?»
12.16. El señor Ji Kang se preocupaba por los ladrones. Consultó a Confucio, y éste le dijo: «Si tú no fueras codicioso, no te robarían, aunque les pagases para hacerlo.»
12.17. El señor Ji Kang preguntó a Confucio sobre el gobierno diciendo: «¿Qué pensarías si matara a los delincuentes para ayudar a las personas honradas?» Confucio respondió: «Estás aquí para gobernar, ¿qué (p.57) necesidad hay de matar? Si deseas lo bueno, la gente será buena. La fuerza moral del caballero es viento, la fuerza moral del hombre ordinario es hierba. Ante el viento, la hierba ha de inclinarse.»
12.18. Zizhang preguntó: «¿Cuándo puede decirse que un erudito ha alcanzado la percepción superior?» El Maestro respondió: «Eso depende de qué quieras decir por "percepción".» Zizhang respondió: «Ser reconocido en la vida pública y ser reconocido en la vida privada.» El Maestro comentó: «Esto es reconocimiento, no percepción. Para alcanzar la percepción, un hombre debe tener buena madera y amar la justicia, examinar las palabras de los demás, observar sus expresiones y tener en mente la necesidad de respetar el punto de vista de los demás. Respecto al reconocimiento, es suficiente con exhibir la virtud y comportarse al revés. Basta con que finjas imperturbablemente y, sin duda, lograrás el reconocimiento en la vida pública y también en la vida privada.»
12.19. Cuando Fan Chi estaba hablando con Confucio bajo la Terraza de la Danza de la Lluvia, dijo: «¿Puedo preguntar cómo se puede acumular fuerza moral, neutralizar la hostilidad y reconocer la incoherencia de los sentimientos?» El Maestro respondió: «¡Excelente cuestión! ¿Acaso no es la forma de acumular fuerza moral poner el esfuerzo por encima de la recompensa? ¿Acaso no es neutralizar la hostilidad atacar el mismo mal y no el mal que está en los demás? ¿Acaso no es un ejemplo de incoherencia ponerse en peligro a sí mismo y a la familia en un arranque súbito de cólera?»
12.20. Fan Chi preguntó sobre la humanidad. El Maestro respondió: «Amar a todos.» También preguntó sobre el conocimiento. El Maestro respondió: «Conocer a todos.» Fan Chi no entendió. El Maestro añadió: «Eleva a las personas honradas y colócalas por encima de las no honradas para que puedan corregirlas.» Fan Chi se retiró. Cuando vio a Zixia le preguntó: «Hace un momento, estaba con el Maestro, le pregunté sobre el conocimiento y me contestó: (p.58) "Eleva a las personas honradas y colócalas por encima de las no honradas, para que puedan corregirlas." ¿Qué significa esto?» Zixia respondió: «¡Qué admirables palabras! Cuando Shun gobernaba el mundo, elevó de entre la multitud a Gao Yao y desaparecieron los malvados. Cuando Tang gobernaba el mundo, elevó de entre la multitud a Yi Yin, y desaparecieron los malvados.» 12.21. Zigong preguntó cómo tratar a los amigos. El Maestro dijo: «Dales consejos leales y guíalos con tacto. Si esto fracasa, deténte: no te expongas a su repulsa.»
El Maestro Zeng dijo: «Un caballero hace amigos gracias a su cultura y con ellos cultiva su humanidad.»
Capítulo 13
13.1. Zilu preguntó respecto al gobierno. El Maestro respondió: «Guíalos, anímalos.» Zilu le pidió que desarrollase estos preceptos. El Maestro dijo: «[Hazlo] incansablemente.»
13.2. Siendo Ran Yong administrador de la familia Ji, preguntó acerca del gobierno. El Maestro dijo: «Guía a los funcionarios. Perdona sus errores. Promueve a los hombres de talento.» —«¿Cómo se reconoce a un hombre que tiene talento y merece ser promovido?» El Maestro respondió: «Promueve a los que conoces [bien]. Los que no conoces difícilmente permanecerán ignorados».
13.3. Zilu preguntó: «Si el soberano de Wei te confiara el gobierno del país, ¿cuál sería tu primera iniciativa?» El Maestro respondió: «Sin duda sería rectificar los nombres.» Zilu volvió a preguntar: «¿Lo harías realmente? ¿No es un poco inverosímil? ¿Para qué serviría esa rectificación?» El Maestro respondió: «¡Qué aburrido puedes llegar a ser! Allí donde un caballero no sabe, debe callarse. Si los nombres no se corrigen, el lenguaje carece de objeto. Cuando el lenguaje carece de objeto, no puede llevarse a cabo ningún asunto. Cuando no puede llevarse a cabo ningún asunto, languidecen los ritos y la música. Cuando los ritos y la música languidecen, los castigos y las penas equivocan su blanco. Cuando los castigos y las penas equivocan su blanco, las personas no saben dónde están. (p.59) Por ello, un caballero debe ser capaz de expresar cualquier cosa que conciba y debe ser capaz de hacer cualquier cosa que diga. En el tema del lenguaje, un caballero no deja nada al azar.
13.4. Fan Chi rogó a Confucio que le enseñase agronomía. El Maestro respondió: «Mejor pídeselo a un viejo campesino.» Fan Chi le rogó entonces que le enseñase horticultura. El Maestro respondió: «Mejor pídeselo a un viejo horticultor.» Cuando Fan Chi se fue, el Maestro comentó: «¡Qué hombre más vulgar! Si sus mejores cultivan los ritos, el pueblo no se atreverá a ser irrespetuoso. Si sus mejores cultivan la justicia, el pueblo no se atreverá a desobedecer. Si sus mejores cultivan la buena fe, el pueblo no se atreverá a ser mentiroso. A un país así, la gente acudiría en masa de todas partes con sus bebés arropados en la espalda. ¿Para qué sirve la agronomía?»
13.5. El Maestro dijo: «Imaginad a un hombre que puede recitar los trescientos Poemas, le dais un cargo, pero no está a la altura de la tarea; le enviáis al extranjero en una misión diplómatica, pero es incapaz de un simple intercambio de réplicas ingeniosas. ¿Para qué sirve entonces todo ese vasto aprendizaje?»
13.6. El Maestro dijo: «[Cuando] él [el soberano] es recto: las cosas marchan por sí mismas, sin necesidad de emitir órdenes. [Cuando] él [el soberano] no es recto: tiene que multiplicar las órdenes que de todos modos no son seguidas.»
13.7. El Maestro dijo: «En política, los estados de Lu y Wei son hermanos.»
En el sentido de «serán promovidos por otros». (N. del T.) 13.8. El Maestro comentó sobre el príncipe Jing de Wei: «Sabe cómo vivir. En cuanto empezó a ser un poco próspero, dijo: "Esto es muy apropiado." Cuando su riqueza aumentó, dijo: "Es muy cómodo." Cuando su riqueza se hizo considerable, dijo: "Es espléndido".»
13.9. El Maestro iba de camino hacia Wei y era Ran Qiu quien conducía el carruaje. El Maestro comentó: «¡Cuánta gente!» Ran Qiu preguntó: «Cuando hay mucha población, ¿qué debe hacerse?» —«Enriquecerla.» —«Y una vez (p.60) que es rica, ¿cuál es el siguiente paso?» — «Educarla.»
13.10. El Maestro dijo: «Si un soberano pudiera emplearme, en un año haría que las cosas funcionaran y en tres años se verían los resultados.»
13.11. El Maestro dijo: «¡Cuán verdad es el siguiente dicho!: "Cuando buenos hombres han gobernado el país durante cien años, puede superarse la crueldad y extirparse el crimen".»
13.12. El Maestro dijo: «Incluso con un rey sabio, se necesitaría toda una generación para que prevaleciera la humanidad.»
13.13. El Maestro dijo: «Si un hombre puede conducir su vida rectamente, las tareas del gobierno no serían problema para él. Si no puede conducir su propia vida con rectitud, ¿cómo podría conducir rectamente a los demás?»
13.14. Cuando Ran Qiu acababa de regresar de la corte, el Maestro le preguntó: «¿Qué te mantuvo allí tanto tiempo?» Ran Qiu respondió: «Había asuntos de Estado por resolver.» El Maestro comentó: «Querrás decir asuntos privados. Si hubiera habido asuntos de Estado, habría sabido de ellos, aunque ya no esté en el gobierno.»
13.15. El duque Ding preguntó: «¿Hay alguna sola máxima que pueda asegurar la prosperidad a un país?» Confucio respondió: «Las simples palabras no pueden lograrlo. No obstante, existe un dicho: "Es difícil ser príncipe, no es fácil ser súbdito." Una máxima que pudiera hacer entender al soberano la dificultad de su tarea estaría cerca de asegurar la prosperidad del país.» «¿Existe una sola máxima que pueda arruinar a un país?» Confucio respondió: «Las simples palabras no pueden lograrlo. No obstante, existe un dicho: "El único placer de ser príncipe es no tener que padecer nunca la contradicción." Si tienes razón y nadie te contradice, está bien; pero si estás equivocado y nadie te contradice, ¿no es éste un ejemplo de "una sola máxima que puede arruinar a un país?".»
13.16. El gobernador de She preguntó a Confucio sobre el gobierno. El Maestro respondió: «Haz feliz a la población local y atrae emigrantes de lejos.»
13.17. Cuando Zixia era (p.61) magistrado de Jufu, preguntó sobre política, y el Maestro dijo: «No intentes acelerar las cosas. Ignora las pequeñas ventajas. Si aceleras las cosas, no alcanzarás tu meta. Si persigues las pequeñas ventajas, las grandes empresas no darán su fruto.»
13.18. El gobernador de She declaró a Confucio: «Entre mis súbditos hay un hombre con una integridad a toda prueba: cuando su padre robó una oveja, lo denunció.» Confucio comentó: «Entre mi gente, los hombres íntegros hacen las cosas de una forma diferente: el padre encubre al hijo, el hijo encubre al padre y hay integridad en lo que hacen.»
13.19. Fan Chi preguntó sobre la humanidad. El Maestro respondió: «Sé cortés en la vida privada; reverente en la vida pública; leal en las relaciones personales. Incluso entre los bárbaros, no te apartes de esta actitud.»
13.20. Zigong preguntó: «¿Qué hay que hacer para merecer ser llamado caballero?» El Maestro respondió: «Aquel que se comporta con honor y, cuando se le envía en misión en las cuatro direcciones del mundo, no atrae la desgracia sobre su señor, merece ser llamado caballero.» «¿Y a continuación, si me atrevo a preguntar?» «Sus parientes alaban su piedad filial y los vecinos de su pueblo elogian la forma en que respeta a los ancianos.» «¿Y a continuación, si me atrevo a preguntar?» «Se puede confiar en su palabra; acaba todo lo que emprende. En esto, tal vez sólo muestre la obstinación de un hombre común, sin embargo, podría probablemente llamársele caballero de categoría inferior.» «A este respecto, ¿cómo calificarías a nuestros políticos actuales?» «¡Ay de mí! ¡No merece siquiera mencionar a esos insignificantes!»
13.21. El Maestro dijo: «Si no puedo encontrar a personas que observen las convenciones para asociarme con ellas, me contentaré con los locos y los puros. Los locos se atreven a hacer cualquier cosas, mientras hay cosas que los puros nunca harán.»
13.22. El Maestro dijo: «Las gentes del sur tienen un dicho: "Un hombre sin constancia no podría ser un chamán." ¡Qué (p.62) verdad más grande!» Sobre la afirmación de Los Cambios «Tener fuerza moral sin constancia lleva al infortunio», el Maestro comentó: «No es necesario hacer un horóscopo para alguien así.»
13.23. El Maestro dijo: «Un caballero busca la armonía, pero no el conformismo. Un hombre común, busca el conformismo, pero no la armonía.»
13.24. Zigong preguntó: «¿Qué pensarías de un hombre que gustase a todos los vecinos de su pueblo?» El Maestro respondió: «No es suficiente.» —«¿Y si no gustase a ningún vecino de su pueblo?» —«No es suficiente. Sería mejor si lo quisiera la buena gente y no lo quisiera la mala gente.» 13.25. El Maestro dijo: «Es fácil trabajar para un caballero, pero no es fácil complacerlo. Si intentas complacerlo con actos inmorales, no estará complacido; pero nunca pide nada que esté más allá de vuestra capacidad. No es fácil trabajar para un hombre común, pero es fácil complacerlo. Intenta complacerlo, incluso con un proceder inmoral, y quedará complacido; pero sus demandas no conocen limites.»
13.26. El Maestro dijo: «Un caballero muestra autoridad, pero no arrogancia. Un hombre común muestra arrogancia, pero no autoridad.»
13.27. El Maestro dijo: «La firmeza, la resolución, la simplicidad y el silencio nos acercan a la humanidad.»
13.28. Zilu preguntó: «¿Cómo puede uno merecer ser llamado gran caballero?» El Maestro respondió: «Quien muestra cordialidad y una atención exigente, merece ser llamado caballero. La atención exigente hacia los amigos y la cordialidad hacia los hermanos.»
13.29. El Maestro dijo: «Se necesita ser enseñado por buenos hombres siete años antes de poder tomar las armas.»
El Maestro dijo: «Enviar a alguien a la guerra que no ha sido apropiadamente instruido es mandarlo a la tumba.»
Capítulo 14
14.1. Yuan Xian preguntó acerca de la vergüenza. El Maestro respondió: «Cuando prevalece la Vía en el Estado, sírvelo. Servir al Estado que ha perdido la Vía, es sin duda vergonzoso.» «Quien se ha liberado de la (p.63) ambición, de la presunción, del resentimiento y de la codicia, ¿ha llegado a la plenitud de la humanidad?» El Maestro respondió: «Ha logrado algo difícil, pero si es la plenitud de la humanidad o no, no lo sé.»
14.2. El Maestro dijo: «Un erudito que se preocupa de su bienestar material no merece ser llamado erudito.»
14.3. El Maestro dijo: «Cuando en el Estado prevalece la Vía, hablad y actuad con integridad. Cuando el Estado ha perdido la Vía, actuad con integridad y hablad con mesura.»
14.4. El Maestro dijo: «Un hombre virtuoso da siempre buenos consejos; un hombre que da buenos consejos no es siempre virtuoso. Un hombre bueno siempre es valiente; un hombre valiente no siempre es bueno.»
14.5. Nangong Kuo preguntó a Confucio, diciendo: «Yi fue un buen arquero y Ao un buen marino; ninguno de los dos tuvieron una muerte natural. Yu y Ji araban la tierra y heredaron el mundo [¿cómo puede entenderse esto?].» El Maestro no respondió. Cuando Nangong Kuo se marchó, el Maestro dijo: «¡Qué caballero! ¡Este hombre valora realmente la virtud!».
14.6. El Maestro dijo: «No siempre los caballeros logran la plenitud de la humanidad. Los hombres mezquinos nunca la logran.»
14.7. El Maestro dijo: «¿Acaso se puede hacer una excepción con aquellos a quienes se ama? ¿Puede la lealtad impedirle a uno amonestar?»
14.8. El Maestro dijo: «Siempre que había que redactar un edicto, Pi Chen hacía el primer borrador, Shi Shu lo revisaba, Ziyu, el Maestro del Protocolo, lo preparaba y Zichan de Dongli lo pulía dándole su forma final.»
14.9. Alguien preguntó sobre Zichan. El Maestro respondió: «Era un hombre generoso.» «¿Y qué puedes decir de Zixi?»
«Oh, ¡más vale no mencionarlo!» ¿Y qué puedes decir de Guan Zhong?» «¡Un hombre extraordinario! En Pian se apoderó de trescientos hogares del feudo de Bo. Este, aun reducido a comer pobremente hasta el final de sus días, nunca pronunció una sola palabra de queja contra él.»
14.10. El Maestro afirmó: «Es difícil (p.64) ser pobre sin resentimiento; es fácil ser rico sin arrogancia.»
14.11. El Maestro dijo: «Meng Gongchuo está más que cualificado para el puesto de administrador en una gran familia, pero no está suficientemente cualificado para ser ministro de un pequeño estado.»
14.12. Zilu preguntó cuál era la definición de un «hombre realizado». El Maestro respondió: «Alguien que tiene la sabiduría de Zang Wuzhong, el desapego de Gongchuo, el valor de Zhuangzi de Bian y el talento de Ran Qiu, y que puede armonizar estas cualidades con los ritos y la música, puede ser considerado un hombre realizado.» Después añadió: «Hoy día, puede calificárselo así con menos: quien no pierde su sentido de la justicia a la vista del beneficio, quien está siempre dispuesto a entregar su vida en medio del peligro y quien mantiene su palabra a lo largo de las tribulaciones puede también ser considerado un hombre realizado.»
14.13. El Maestro preguntó a Gongming Jia sobre Gongshu Wenzi: «¿Es verdad que tu maestro nunca hablaba, nunca reía ni tomaba ninguna cosa?» Gongming Jia respondió: «Quienes te dijeron esto exageraban. Mi maestro hablaba sólo en las ocasiones apropiadas, y así nadie pensaba que hablaba demasiado; se reía sólo cuando estaba alegre, y así nadie pensó nunca que se reía demasiado; tomaba sólo su justa recompensa, y así nadie pensó nunca que tomaba demasiadas cosas.» El Maestro dijo: «Oh, ¿fue así? ¿Pudo realmente haber sido así?»
14.14. El Maestro dijo: «Zang Wuzhong tras ocupar Fang, pidió que Lu lo reconociera como un feudo hereditario. Diga lo que se diga, no puedo creer que no ejerciera presión sobre su señor.»
14.15. El Maestro dijo: «El duque Wen de Jin era sutil, pero no era recto; el duque Huan de Qi era recto, pero no sutil.»
14.16. Zilu dijo: «Cuando el duque Huan mató al príncipe Jiu, uno de los tutores del príncipe, Shao Hu, murió con él, pero el otro, Guan Zhong, escogió vivir. ¿Podria decirse que no era suficientemente virtuoso?» El Maestro respondió: «Si el duque Huan fue capaz de (p.65) reunir nueve veces todos esos estados, no fue por la fuerza de sus ejércitos, sino gracias a la autoridad de Guan Zhong. ¡Tal era su virtud!, ¡tal era su virtud!»
Zigong preguntó: «¿No era Guan Zhong un hombre sin principios? Después de que el duque Huan matara al príncipe Jiu, no sólo escogió vivir, sino que además se convirtió en ministro del asesino.» El Maestro respondió: «Al servir como ministro al duque Huan, Guan Zhong impuso su autoridad sobre todos los estados y estableció el orden en todo el mundo; aún hoy día, la gente se beneficia de sus iniciativas. Sin Guan Zhong, no habría sino salvajes despeinados plegando sus túnicas del lado erróneo. Ahora bien, ¿preferirías que, como un infeliz que ha perdido el juicio, se ahorcara al borde de una zanja y que desapareciera sin que nadie lo advirtiese?»
14.17. Zhuan, el administrador de Gongshu Wenzi, gracias a éste, fue promovido junto a él al cargo de ministro. Al oír esto, el Maestro comentó: «Gongshu realmente mereció el título póstumo del "Civilizado".»
14.18. Cuando el Maestro afirmó que el duque Ling de Wei carecía de principios, el señor Kang preguntó: «En este caso, ¿cómo es que no ha perdido su estado?» Confucio respondió: «Porque tiene a Kong Yu a cargo de los asuntos exteriores, a Zhu Tuo a cargo del culto de los antepasados y a Wangsun Jia a cargo del ejército. En estas circunstancias, ¿cómo puede perder su estado?»
14.19. El Maestro dijo: «Una promesa hecha a la ligera es difícil de cumplir.»
14.20. Cuando Chen Heng mató al duque Jian de Qi, Confucio hizo su ablución ritual, acudió a la corte, se presentó al duque Ai de Lu y le dijo: «Chen Heng ha matado a su príncipe. Os ruego que lo castiguéis.» El duque respondió: «Informa a los Tres Señores.» Confucio comentó: «Sólo porque tengo un cargo oficial me sentí obligado a informar, pero mi príncipe se limitó a decir: "Informa a los Tres Señores".» Confucio acudió a informar a los Tres Señores, pero éstos se negaron a intervenir. Confucio comentó: «Sólo (p.66) porque tengo un cargo oficial me sentí obligado a informar.»
14.21. Zilu preguntó sobre cómo servir a un príncipe. El Maestro respondió: «Dile la verdad, aunque ésta lo ofenda.»
14.22. El Maestro dijo: «Un caballero aspira a la benevolencia, un hombre común aspira a los bienes materiales.»
14.23. El Maestro dijo: «En la Antigüedad las personas estudiaban para mejorar. Hoy día, estudian para impresionar a los demás.»
14.24. Qu Boyu envió un mensajero a Confucio. Después de haberlo invitado a sentarse, Confucio le preguntó: «¿Cómo está tu señor?» El mensajero respondió: «Mi señor desea cometer menos errores, pero todavía no lo ha logrado.» Cuando el mensajero se marchó, el Maestro comentó: «¡Qué buen mensajero!, ¡qué buen mensajero!»
14.25. El Maestro dijo: «Quien no tenga un cargo en el gobierno, no discute su política.» El maestro Zeng comentó: «Ningún caballero debería considerar lo que está por encima de su puesto.»
14.26. El Maestro dijo: «Un caballero debería avergonzarse si sus obras no están a la altura de sus palabras.»
14.27. El Maestro dijo: «Un caballero se rige por tres principios que yo soy incapaz de seguir: su humanidad desconoce la ansiedad; su sabiduría carece de dudas; su valor desconoce el miedo.» Zigong comentó: «Maestro, acabas de hacer una descripción de ti mismo.»
14.28. Zigong criticaba a los demás, y el Maestro dijo: «Zigong debe ya haber alcanzado la perfección, lo cual le deja un tiempo del que yo carezco.»
14.29. El Maestro dijo: «No es vuestro anonimato lo que debe perturbaros, sino vuestra incompetencia.»
14.30. El Maestro dijo: «No prever el engaño ni sospechar la mala fe, pero ser capaz de detectarlos inmediatamente, eso es sin duda sagacidad.»
14.31. Weisheng Mu dijo a Confucio: «¡Oye, tú!, ¿qué es lo que hace que vayas continuamente de un lado a otro? ¿Es para mostrar lo lista que es tu lengua?» Confucio respondió: «Yo no me jacto de tener una lengua inteligente, simplemente detesto la testarudez.»
14.32. El Maestro (p.67) dijo: «El famoso caballo Ji era apreciado no por su fuerza física, sino por su fuerza interna.»
14.33. Alguien preguntó: «¿Qué piensas de devolver bondad por odio?» El Maestro respondió: «¿Y con qué devolverás la bondad? Más vale devolver justicia por odio, y bondad por bondad.»
14.34. El Maestro dijo: «¡Nadie me entiende!» Zigong preguntó: «¿Por qué no te entiende nadie?» El Maestro respondió: «Yo no acuso al Cielo, ni culpo a los hombres; aquí abajo estoy aprendiendo y ahí arriba se me está escuchando. Si soy comprendido, debe ser por el Cielo.»
Gongbo Liao calumnió a Zilu ante Ji Sun. Zifu Jingbo informó de esto a Confucio, diciendo: «El buen nombre de mi señor ha sido echado por tierra por Gongbo Liao, pero todavía tengo poder para hacer que se exponga su pellejo en la plaza del mercado. El Maestro dijo: «Si es la voluntad del Cielo, la verdad prevalecerá; si es la voluntad del Cielo, la voluntad perecerá. ¿Qué puede Gongbo Liao contra la voluntad del Cielo?» 14.35. El Maestro dijo: «La máxima sabiduría consiste en evitar el mundo; a continuación, evitar ciertos lugares; después, evitar ciertas actitudes; por último, evitar ciertas palabras.» El Maestro dijo: «Siete hombres lo lograron.»
14.36. Zilu permaneció toda la noche junto a la Puerta de Piedra. El guardián le preguntó: «¿De dónde eres?» Zilu respondió: «Pertenezco al hogar de Confucio.» —«Oh, ¿es ése que persigue lo que sabe que es imposible?»
14.37. El Maestro estaba tocando las campanas de piedra en Wei. Un hombre que pasaba frente a su puerta llevando una canasta comentó: «¡Realmente pone su corazón en su música!» Poco después, sin embargo, añadió: «¡Qué ordinario, ese insignificante tintineo! ¡Si el mundo te ignora, que así sea!
Si el agua del vado es profunda, atraviésalo vestido; si el agua es poco profunda, levanta el borde de tu túnica.»
El Maestro exclamó: «¡Qué intrepidez! No tengo nada que decir.»
14.38. Zizhang dijo: «En los Documentos está escrito: "Cuando el rey Gaozong estaba guardando duelo por (p.68) su padre, no habló durante tres años." ¿Qué significa esto?» El Maestro respondió: «No es necesario destacar el caso del rey Gaozong, en la Antigüedad todos lo hacían. Tras la muerte de un soberano, durante tres años, todos los funcionarios que habían sido nombrados por él permanecían en su puesto y seguían las órdenes de su primer ministro.»
14.39. El Maestro dijo: «Un pueblo es fácilmente gobernado cuando sus superiores cultivan las costumbres sociales.»
14.40. Zilu preguntó qué es lo que hace a un caballero. El Maestro respondió: «Cultivando su virtud, extiende la paz a sus vecinos.» —«¿Eso es todo?» —«Cultivando su virtud, expande su paz a todo el mundo; incluso Yao y Shun no podrían haberse puesto un objetivo más alto.»
14.41. Yuan Rang estaba sentado esperando con las piernas [arrogantemente] abiertas. El Maestro dijo: «Un joven que no respeta a sus mayores no llegará a nada cuando crezca, e incluso intentará esquivar la muerte cuando llegue a la vejez; es un parásito.» Y le golpeó en las espinillas con su bastón.
Un muchacho del pueblo de Que fue empleado como mensajero de Confucio. Alguien preguntó sobre él: «¿Está haciendo algún progreso?» El Maestro respondió: «Por lo que puedo ver, cuando observo cómo escoge un sitio para sí o camina adelantando a personas mayores que él, lo que le interesa, al parecer, no es progresar, sino llegar rápidamente [tener éxito].»
Capítulo 15
15.1. El duque Ling de Wei preguntó a Confucio acerca de la táctica militar. Confucio respondió: «Tengo alguna experiencia en el manejo de las vasijas rituales, pero nunca aprendí cómo manejar tropas.» Al día siguiente se marchó.
15.2. En Chen se quedó corto de provisiones. Los seguidores de Confucio quedaron tan débiles que no podían ya ponerse en pie. Zilu acudió a verlo y le dijo con indignación: «¿Cómo es posible para un caballero encontrarse en tal penuria?» El Maestro respondió: «Un caballero puede encontrarse sin duda en la penuria, pero sólo un hombre común puede alterarse (p.69) por ello.»
15.3. El Maestro preguntó: «Zigong, ¡piensas que soy alguien que aprende muchas cosas y después las acumula?» —«Sin duda alguna; ¿acaso no es así?» El Maestro respondió: «No. Con un solo hilo las uno todas.»
15.4. El Maestro exclamó: «Zilu, ¡qué pocos son los que entienden la fuerza moral!»
15.5. El Maestro dijo: «Shun fue sin duda uno de los que sabían gobernar por medio de la no acción. ¿Cómo lo hacía? Se sentaba reverentemente en el trono, mirando hacia el sur. Eso era todo.»
15.6. Zizhang preguntó sobre la conducta: «El Maestro respondió: «Habla con lealtad y buena fe, actúa con dedicación y respeto, e incluso entre los bárbaros tu conducta será irreprochable. Si hablas sin lealtad y buena fe, si actúas sin dedicación y respeto, tu conducta será inaceptable, incluso en tu propio pueblo natal. Allí donde estés, debes tener presente siempre este precepto; hazlo grabar en el yugo de tu carruaje, y sólo entonces podrás avanzar.» Zizhang lo escribió en su banda ceremonial.
15.7. El Maestro dijo: «¡Qué recto era Shi Yu! Bajo un buen gobierno, era recto como una flecha; bajo un mal gobierno, seguía siendo recto como una flecha. ¡Qué caballero era Qu Boyu! Bajo un buen gobierno, utilizaba sus talentos. Bajo un mal gobierno, los escondía en su corazón.»
15.8. El Maestro dijo: «Cuando tratéis con un hombre que es capaz de entender vuestras enseñanzas, si no le enseñáis, hacéis que su talento se desperdicie. Cuando tratáis con un hombre que es incapaz de entender vuestras enseñanzas, si lo enseñáis, desperdiciáis vuestras enseñanzas. Un maestro sabio no desperdicia a un hombre ni desperdicia sus enseñanzas.»
El Maestro dijo: «Un hombre recto, un hombre que practica la humanidad, no busca la vida a expensas de su humanidad; por el contrario, habrá ocasiones en que dará su vida para realizar su humanidad.» 15.9. Zigong preguntó cómo practicar la humanidad. El Maestro respondió: «Un artesano que desea hacer un buen trabajo debe afilar primero sus herramientas. En cualquier país (p.70) en el que os establezcáis, ofreced vuestros servicios al más virtuoso de los ministros y haceros amigos de aquellos caballeros que cultivan la humanidad.»
15.10. Yan Hui preguntó cómo gobernar un estado. El Maestro respondió: «Cumple con el calendario de Xia; monta en el carruaje de Yin; lleva el bonete de Zhou. En cuanto a la música, sigue el Himno de la Coronación de Shun y el Himno de la Victoria de Wu. Proscribe la música de Zheng. Apártate de los conversadores astutos. La música de Zheng corrompe. Los conversadores astutos son peligrosos.»
15.11. El Maestro dijo: «Un hombre que no se preocupa del futuro está condenado a preocuparse del presente.»
15.12. El Maestro dijo: «El hecho es que nunca he visto a un hombre que apreciase la virtud tanto como el sexo.»
15.13. El Maestro dijo: «¡Zang Sunchen "robó" su cargo! El sabía que Liuxia Hui estaba mejor calificado que él, pero no compartió su puesto con él.»
15.14. El Maestro dijo: «Exigid mucho de vosotros mismos, poco de los demás, y evitaréis la insatisfacción.»
15.15. El Maestro dijo: «No sé realmente qué debo hacer con aquellos que no se preguntan: "¿Qué debo hacer antes de emprender la acción?".»
15.16. El Maestro dijo: «No soporto a aquellos que son capaces de pasar todo el día exhibiendo su ingenio sin dar con una sola verdad.»
15.17. El Maestro dijo: «Un caballero toma la justicia como base, actúa conforme al ritual, habla de él con modestia y, por medio de la buena fe, lo hace fructificar. Así es como actúa un caballero.»
15.18. El Maestro dijo: «Un caballero siempre se resiente por su incompetencia, no por su anonimato.»
15.19. El Maestro dijo: «Un caballero se preocupa por la posibilidad de desaparecer de este mundo sin haberse hecho un nombre.»
15.20. El Maestro dijo: «Un caballero se exige a sí mismo; un hombre común exige a los demás.»
El Maestro dijo: «Un caballero es digno sin ser agresivo, sociable sin ser partidista.»
15.21. El Maestro dijo: «Un caballero no (p.71) aprueba a una persona por expresar determinada opinión, ni rechaza una opinión por ser expresada por determinada persona.»
15.22. Zigong preguntó: «¿Hay alguna sola palabra que pueda guiarnos toda nuestra vida?» El Maestro respondió: «¿No sería la reciprocidad? Lo que no desees que te hagan a ti, no se lo hagas a los demás.»
15.23. El Maestro dijo: «En mi trato con los demás, acaso elogio a alguien?, acaso culpo a alguien? Si elogio a alguien, es sólo después de haberlo examinado. Las personas de hoy son las mismas que en otro tiempo permitieron llevar un recto itinerario a las Tres Dinastías.»
15.24. El Maestro dijo: «Todavía puedo recordar que hubo un tiempo en el que cuando los escribas encontraban una palabra dudosa dejaban un espacio en blanco, y en el que los propietarios de caballos hacían que los nuevos fuesen probados por un experto. Hoy día, ya no se siguen esas prácticas.»
15.25. El Maestro dijo: «La conversación superficial arruina la virtud. Las pequeñas impaciencias arruinan los grandes planes.»
15.26. El Maestro dijo: «Cuando un hombre es rechazado por todos, habría que investigar. Cuando a todo el mundo le gusta alguien, habría que investigar.»
15.27. El Maestro dijo: «El hombre puede engrandecer la Vía. No es la Vía la que engrandece al hombre.»
15.28. El Maestro dijo: «Sin duda es un error no enmendar un error.»
15.29. El Maestro dijo: «En un intento de meditar, una vez pasé todo un día sin comer y la noche sin dormir, pero no me sirvió de nada. Es mejor estudiar.»
15.30. El Maestro dijo: «Un caballero busca la Vía, no busca un medio de vida. Arad los campos y tal vez sigáis hambrientos. Dedicaos al aprendizaje y tal vez tengáis un puesto. Un caballero se preocupa por encontrar la Vía, no se preocupa de que tal vez siga siendo pobre.»
El Maestro dijo: «Al final se pierde el poder que se alcanza gracias al conocimiento, pero que no puede mantenerse a través de la bondad. Pero el poder que se alcanza gracias al conocimiento y que se mantiene a través de la (p.72) bondad puede no ser respetado por los demás si no se ejerce con dignidad. El poder alcanzado a través del conocimiento, mantenido por medio de la bondad y ejercido con dignidad, tampoco es el poder apropiado, si no se maneja conforme a los ritos del poder.» 15.31. El Maestro dijo: «Pueden confiársele grandes tareas a un caballero, ya que no se puede comprobar su capacidad en pequeños asuntos. A un hombre común no se le pueden confiar grandes tareas, pero se puede comprobar su capacidad en pequeños asuntos.»
15.32. El Maestro dijo: «La humanidad es más esencial para la gente que el agua y el fuego. He visto a hombres perder su vida por rendirse al agua o al fuego; nunca he visto a nadie perder su vida por rendirse a la humanidad.»
15.33. El Maestro dijo: «En el camino de la virtud, no tengáis miedo de superar a vuestro maestro.»
15.34. El Maestro dijo: «Un caballero tiene principios, pero no es rígido.»
15.35. El Maestro dijo: «Cuando se sirve al príncipe, la dedicación al deber debe ser prioritaria a cualquier pensamiento de recompensa.»
15.36. El Maestro dijo: «Mis enseñanzas se dirigen a todos sin hacer diferencias.»
15.37. El Maestro dijo: «No tiene sentido intercambiar puntos de vista con aquellos que siguen una Vía diferente.»
15.38. El Maestro dijo: «Las palabras sirven simplemente para comunicar.»
15.39. Mian, el maestro de música ciego, acudió a visitar a Confucio. Cuando alcanzó los peldaños, el Maestro advirtió: «Ten cuidado con los peldaños.» Llevándolo a su asiento, el Maestro dijo: «Aquí está tu asiento.» Cuando todo el mundo estaba sentado, el Maestro explicó, uno por uno, quién estaba sentado en cada lugar. Cuando partió el maestro de música, Zizhang preguntó: «¿Es esta la forma de dirigirse a un músico?» El Maestro respondió: «Sí, ésta es la forma de guiar a un músico.»
Capítulo 16
16.1. El señor Ji se disponía a atacar Zhuanyu. Ran Qiu y Zilu acudieron a ver a Confucio y le informaron: «El señor Ji va a intervenir en (p.73) Zhuanyu.» Confucio dijo: «Qiu, ¿no eres tú a quien hay que culpar de esto? Nuestros antiguos reyes establecieron Zhuanyu como territorio autónomo; además, es el corazón de nuestro país y nos es leal. ¿Por qué atacarlo?» Ran Qiu respondió: «Esa es la voluntad de nuestro señor y no el deseo de ninguno de nosotros dos.» Confucio comentó: «¡Qiu! Zhou Ren dijo: "Quien es fuerte permanece firme; quien se siente inadecuado se retira." ¿Qué clase de ayudante es aquel que no puede sujetar a su señor cuando vacila ni apoyarlo cuando se cae? Además, lo que dijiste es falso. Si un tigre o un rinoceronte se escapa de su jaula, si se rompe en su cofre una concha de tortuga o un jade, ¿nadie será responsable de ese accidente?» Ran Qiu respondió: «Actualmente Zhuanyu tiene fuertes defensas y está cerca del castillo de nuestro señor. Si él no lo toma hoy, en el futuro se convertirá en una amenaza para sus hijos y sus nietos.» Confucio contestó: «¡Qiu! Un caballero aborrece a las personas que inventan excusas para sus acciones en lugar de afirmar sencillamente: "Es esto lo que quiero." Siempre he oído que lo que preocupa al cabeza del estado o al jefe de un clan no es la pobreza, sino la desigualdad, no la falta de población, sino la falta de paz. Porque si hay igualdad, no habrá pobreza, y si hay paz, no habrá falta de población. Entonces, si los habitantes que viven en tierras lejanas siguen resistiéndose a tu atracción, debes atraerlos mediante la fuerza moral de la civilización; y después, tras haberlos atraído, hacerlos disfrutar de tu paz. Pero ahora, con vosotros dos como ministros, vuestro señor es incapaz de atraer a los habitantes de tierras lejanas, su país está socavado por las divisiones y la agitación, no puede mantenerlo unido por más tiempo, ¡y aun así quiere librar una guerra contra sus propias provincias! Me temo que para el señor Ji la amenaza real no procede de Zhuanyu, se halla en el interior de su propio palacio.»
16.2. Confucio dijo: «Cuando el mundo sigue la Vía, el Hijo del (p.74) Cielo determina los ritos, la música y las expediciones militares. Cuando el mundo pierde la Vía, son los señores feudales quienes determinan los ritos, la música y las expediciones militares. Una vez que son los señores feudales quienes deciden estos asuntos, su autoridad apenas dura diez generaciones; una vez que son sus ministros quienes determinan esos asuntos, su autoridad apenas dura cinco generaciones; una vez que los asuntos del país caen en manos de los administradores de los ministros, su autoridad apenas dura tres generaciones. En un mundo que sigue la Vía, la iniciativa política no pertenece a los ministros; en un mundo que sigue la Vía, los súbditos no tienen necesidad de cuestionar la política.»
Confucio dijo: «La Casa Ducal de Lu ha perdido su autoridad desde hace ya cinco generaciones; el poder político ha caído ya en manos de los ministros desde hace ya cuatro generaciones; por ello, el futuro de sus descendientes es hoy día precario.» 16.3. Confucio dijo: «Tres clases de amigos son beneficiosos; tres clases de amigos son dañinos. Es beneficiosa la amistad con las personas rectas, dignas de confianza y cultas. Es dañina la amistad con personas tortuosas, halagadoras y falsas.»
16.4. Confucio dijo: «Tres clases de placeres son provechosos; tres clases de placeres son dañinos. Es provechoso el placer de ejecutar los ritos y la música apropiadamente, el placer de elogiar las cualidades de los demás y el placer de tener muchos amigos de talento. Es dañino el placer de exhibir el lujo, el placer de holgazanear y el placer de celebrar juergas libidinosas.»
16.5. Confucio dijo: «Cuando se espera a un caballero, hay que evitar tres errores. Es imprudente hablar antes de haber sido invitado a ello. Es excesiva reserva no hablar cuando se es invitado a ello. Es ceguera hablar sin observar la expresión del caballero.»
16.6. Confucio dijo: «Un caballero debe ponerse en guardia contra tres peligros. Cuando es joven y la energía de la sangre está alterada, debe guardarse de la lujuria. En su madurez, (p.75) cuando la energía de la sangre está en su plenitud, debe guardarse de la rabia. En la vejez, cuando la energía de la sangre decae, debe guardarse de la rapacidad.»
16.7. Confucio dijo: «Un caballero teme tres cosas. Teme la voluntad del Cielo. Teme a los grandes hombres. Teme las palabras de los santos. Un hombre común no teme la voluntad del Cielo, porque no la conoce. Desprecia la grandeza y ser burla de las palabras de los santos.»
16.8. Confucio dijo: «Quienes poseen el conocimiento innato pertenecen al rango más alto. A continuación vienen los que adquieren el conocimiento a través del aprendizaje. Los siguientes son aquellos que aprenden a través de las vicisitudes de la vida. En la categoría inferior están las personas ordinarias que atraviesan las vicisitudes de la vida sin aprender nada.»
16.9. Confucio dijo: «Un caballero presta atención en nueve circunstancias: — Cuando mira, para ver con claridad. — Cuando escucha, para oír sin confusión. — En su expresión, para ser amistoso. — En su actitud, para ser respetuoso. — En sus palabras, para ser leal. — En sus obligaciones, para ser responsable. — Cuando duda, para cuestionar. — Cuando está enfadado, para reflexionar sobre las consecuencias. — Cuando obtiene un beneficio, para considerar si es justo.»
Confucio dijo: «He oído el siguiente dicho que he visto practicar: "Estad sedientos de la bondad y retroceded temerosos ante el mal." También he oído el siguiente dicho, pero nunca lo he visto practicar: "Retiraos del mundo y seguid las aspiraciones de vuestro corazón; caminad por la rectitud para alcanzar la Vía".»
16.10. El duque Jing de Qi tenía 1.000 carros de guerra. El día de su muerte, no pudo encontrar ninguno para venerar su memoria. Boyi y Shuqi murieron de hambre en el bosque; hasta hoy día se sigue elogiando sus méritos. «¿No es un ejemplo de lo que se acaba de decir?»
16.11. Chen Ziqin preguntó al hijo de Confucio: «¿Has recibido alguna enseñanza especial de tu padre?» Este respondió: «No. En cierta (p.76) ocasión en que él estaba solo y yo atravesaba el patio discretamente, me preguntó: "¿Has estudiado los Poemas?" Yo respondí: "No." El me dijo: "Si no estudias los Poemas, no serás capaz de mantener tu posición en ninguna conversación." Yo me retiré entonces a estudiar los Poemas. Otro día, cuando él estaba de nuevo solo en pie y yo atravesaba discretamente el patio, me preguntó: "¿Has estudiado los ritos?" Yo respondí: "No." El dijo: "Si no estudias los ritos, no serás capaz de situarte en la sociedad." Yo me retiré a estudiar los ritos. Esas son las dos enseñanzas que recibí.» Chen Ziqin se marchó complacido y comentó: «Pregunté una cosa y aprendí tres. Aprendí sobre los Poemas, aprendí sobre los ritos y aprendí sobre cómo un caballero no es condescendiente con su hijo.»
Se utilizan varios títulos para la consorte de un soberano. El soberano la llama «Mi Señora». Ella se llama a sí misma «Tu pequeña doncella». La gente la llama «La Señora del Soberano», pero cuando hablan a forasteros, se refieren a ella como « Nuestra pequeña soberana». Los forasteros pueden llamarla también «La Señora del Soberano».
Capítulo 17
17.1. Yang Huo deseaba ver a Confucio, pero éste no quería verlo. Yang Huo le envió un lechón. Confucio escogió un momento en el que Yang Huo no estaba en su casa y acudió para agradecerle el presente. Entonces ambos se encontraron en el camino. Yang Huo se dirigió a Confucio, diciéndole: «¡Entra! Tengo algo que decirte.» A continuación añadió: «¿Puede llamarse a un hombre virtuoso si guarda sus talentos para sí mientras su país va a la ruina? Yo no lo creo. ¿Puede un hombre llamarse sabio si está deseoso de actuar pero pierde cada oportunidad de hacerlo? Yo no lo creo. Pasan los días y los meses y el tiempo no nos espera.» Confucio respondió: «De acuerdo, aceptaré un cargo.»
17.2. El Maestro dijo: «Lo que la naturaleza une, la costumbre lo separa.»
17.3. El Maestro dijo: «Sólo los más sabios y los más necios no cambian nunca.»
17.4. El Maestro fue a Wucheng, (p.77) donde Ziyou era gobernador. Le divirtió oír tocar instrumentos de cuerda y cantar himnos, y comentó con una sonrisa: «¿Por qué utilizar un cuchillo de carnicero para matar un pollo?» Ziyou respondió: «Maestro, en el pasado te oí decir: "El caballero que cultiva la Vía ama a todos sin excepción; los plebeyos que cultivan la Vía son fáciles de gobernar".» El Maestro comentó: «Amigos míos, Ziyou tiene razón. Estaba simplemente bromeando.»
17.5. Gongshan Furao, que mantenía la fortaleza de Bi, se rebeló e invitó a Confucio a unirse a él. El Maestro estuvo tentado de hacerlo; ante este hecho, Zilu quedó consternado y dijo: «Es muy desafortunado no tener adónde ir, ¿pero es acaso ésta una razón para unirse a Gongshan?» El Maestro respondió: «Puesto que me está invitando, debe ser para algo. Bastaría con que alguien me empleara, para que yo pudiera establecer una nueva dinastía Zhou en el Este.»
17.6. Zizhang preguntó a Confucio sobre la humanidad. El Maestro respondió: «Cualquiera que pueda expandir las cinco prácticas en todo el mundo aumentará la humanidad.» — ¿Y cuáles son éstas?» —«La cortesía, la tolerancia, la buena fe, la diligencia y la generosidad. La cortesía evita los insultos; la tolerancia gana todos los corazones; la buena fe inspira la confianza en los demás; la diligencia asegura el éxito; la generosidad confiere autoridad sobre los demás.»
17.7. Cuando Bi Xi invitó a Confucio, el Maestro estuvo tentado a ir. Zilu dijo entonces: «Maestro, en el pasado te oí decir "un caballero no se asocia con aquellos que personalmente actúan mal." Bi Xi está utilizando su fortaleza de Zhongmou para iniciar una rebelión. ¿Cómo puedes considerar unirte a él?» El Maestro respondió: «Es verdad que dije eso, pero lo que resiste a ser pulverizado es verdaderamente fuerte, y lo que resiste a ser teñido de negro es verdaderamente blanco. ¡Soy acaso una calabaza amarga que sólo sirve para colgar como decoración pero que no puede comerse?»
17.8. El Maestro preguntó: «Zilu, ¿has oído hablar de las seis (p.78) cualidades y de las seis perversiones?» —«No.» —«Siéntate, te las diré. Amar la humanidad sin amar el aprendizaje degenera en necedad. Amar la inteligencia sin amar el conocimiento degenera en frivolidad. Amar la caballerosidad sin amar el conocimiento degenera en bandidismo. Amar la franqueza sin amar el conocimiento degenera en brutalidad. Amar el valor sin amar el conocimiento degenera en violencia. Amar la fuerza sin amar el conocimiento degenera en anarquía.»
17.9. El Maestro dijo: «Hijos míos, ¿por qué no estudiáis los Poemas? Los Poemas pueden ofreceros el estímulo y la observación, la capacidad de comunión y un vehículo para el dolor. En casa os permite servir a vuestro padre y, fuera, servir a vuestro señor. También podéis aprender en ellos los nombres de muchos pájaros, animales [que no vuelan], plantas y árboles.»
17.10. El Maestro preguntó a su hijo: «¿Has trabajado ya la primera y la segunda parte de los Poemas? Cualquiera que vaya por la vida sin haber trabajado la primera y la segunda parte de los Poemas permanecerá estancado como si estuviera de cara a la pared.»
17.11. El Maestro dijo: «Se habla de los ritos por aquí y de los ritos por allá, ¡como si el ritual consistiera en meras ofrendas de jade y seda! Se habla de música por aquí y de música por allá, ¡como si la música consistiera simplemente en campanas y tambores!»
17.12. El Maestro dijo: «Un cobarde que echa miradas fieras es —por decirlo crudamente— como un ladrón que escala un muro.»
17.13. El Maestro dijo: «Aquellos que hacen de la virtud su profesión son la ruina de ésta.»
17.14. El Maestro dijo: «Los vendedores ambulantes de rumores son personas que han abandonado la virtud.»
17.15. El Maestro dijo: «¿Es posible servir a un príncipe en compañía de un canalla? Antes de alcanzar su posición, su único temor es el de no poder llegar a ella, y una vez que la obtiene, su único temor es poder perderla. Y cuando teme perderla, se vuelve capaz de todo.»
17.16. El Maestro dijo: «Las (p.79) personas de antaño tenían tres faltas, que las de hoy ni siquiera pueden igualar. La excentricidad de los antiguos era despreocupada, mientras que la excentricidad actual es licenciosa. El orgullo de los antiguos era arrogante, mientras que el orgullo contemporáneo es malhumorado. La ingenuidad de los antiguos era recta, mientras que la ingenuidad actual es una impostura.»
El Maestro dijo: «La charla superficial y las maneras afectadas rara vez son signos de bondad.»
17.17. El Maestro dijo: «Detesto que el púrpura sustituya al bermellón; detesto que la música popular corrompa la música clásica; detesto que las falsas lenguas hagan caer reinos y clanes.»
17.18. El Maestro dijo: «Ya no quiero hablar más.» Zigong pregunto: «Maestro, si tú no hablas, ¿cómo podremos, pobres de nosotros, ser capaces de transmitir ninguna enseñanza?» El Maestro respondió: «¿Acaso habla el Cielo? Sin embargo, las cuatro estaciones siguen su curso y las cien criaturas continúan naciendo. ¿Acaso habla el Cielo?»
17.19. Ru Bei quería ver a Confucio. Éste declinó la oferta con la excusa de que estaba enfermo. Cuando el mensajero de Ru Bei se estaba marchando, el Maestro tomó su cítara y empezó a cantar muy alto para que aquél le oyera.
17.20. Zai Yu preguntó: «Tres anos de duelo por los propios padres es un largo periodo. Si un caballero deja todas sus prácticas rituales durante tres años, éstas decaerán; si deja todas sus interpretaciones musicales durante tres años, la música se perderá. Cuando una vieja cosecha se consume, crece una nueva cosecha, y, para alumbrar el fuego, se utiliza una nueva lumbre en cada estación. Un año de duelo sería suficiente.» El Maestro respondió: «Si transcurrido sólo un año, tuvieras que comer de nuevo arroz blanco y vestirte de seda, ¿te sentirías cómodo?» —«Totalmente.» —«En ese caso, ¡hazlo! La razón para que un caballero prolongue su duelo es simplemente la siguiente: puesto que los manjares delicados le parecen no tener sabor, la música no le brinda ningún disfrute y (p.80) la comodidad de su casa se le hace inconfortable, prefiere prescindir de todos esos placeres. Ahora bien, si tú puedes disfrutar de ellos, ¡adelante!» Cuando Zai Yu se marchó, el Maestro comentó: «Zai Yu carece de humanidad. Cuando nace un niño, durante los tres primeros años de su vida no abandona el regazo de sus padres. Tres años de duelo es una costumbre observada en todo el mundo. ¿Acaso Zai Yu no disfrutó nunca del amor de sus padres, ni siquiera durante esos tres primeros años?»
17.21. El Maestro dijo: «No puedo soportar esas gentes que llenan su vientre todo el día, ¡sin utilizar su cerebro! ¿Por qué no pueden jugar al ajedrez? Al menos, eso seria mejor que nada.»
17.22. Zilu preguntó: «¿Aprecia un caballero el valor?» El Maestro respondió: «Un caballero pone la justicia por encima de todo. Un caballero valiente, pero que no es justo, puede convertirse en un rebelde; un hombre del vulgo que es valiente, pero no justo, puede convertirse en un bandido.»
17.23. Zigong preguntó: «¿Hay cosas que deteste un caballero?» El Maestro respondió: «Sí. Detesta a aquellos que se detienen en los defectos de los demás. Detesta a los subordinados que calumnian a sus superiores. Detesta a aquellos cuyo valor no está moderado por maneras civilizadas. Detesta a los impulsivos y obstinados.» Y continuó: «¿Y tú? ¿Cuáles son las cosas que detestas?» —«Detesto a aquellos que plagian fingiendo ser cultos. Detesto a los arrogantes que fingen ser valientes. Detesto a los maledicentes que pretenden ser francos.»
17.24. El Maestro dijo: «Las mujeres y los subordinados son especialmente difíciles de manejar: sed amistosos, y se familiarizan demasiado; sed distantes, y se ofenderán.»
El Maestro dijo: «Cualquiera que no sea apreciado a los cuarenta años, seguirá sin ser apreciado hasta el final.»
Capítulo 18
18.1. El señor de Wei huyó del tirano; el señor de Ji fue hecho esclavo por éste, y Bi Gan fue ejecutado por amonestarlo. Confucio comentó: «La Dinastía Yin tenía tres modelos de (p.81) humanidad.»
18.2. Liuxia Hui era magistrado, y fue depuesto tres veces. Cuando las personas le preguntaban: «¿Por qué no te vas a algún otro lado?», él respondía: «Si trabajas con honradez, ¿dónde no encontrarás la misma suerte? Si trabajara en contra de los dictados de mi conciencia, ¿para qué necesitaría dejar la tierra de mis padres?»
18.3. El duque Jing de Qi había invitado a Confucio, diciendo: «No puedo tratarlo lo mismo que al señor Ji. Le trataré como si su rango estuviera entre el señor Ji y el señor Meng.» Y a continuación añadió: «Soy demasiado viejo. No puedo emplearlo.» Confucio se marchó [del estado de Qi].
18.4. Los habitantes de Qi enviaron al estado de Lu corno presente un grupo de muchachas que bailaban y cantaban. El señor Ji Huan las aceptó, y durante tres días no atendió los asuntos de la corte. Entonces Confucio se marchó [del estado de Lu].
18.5. Jieyu, el loco de Chu, pasó por delante de Confucio cantando:
¡Fénix, oh Fénix! El pasado ya no tiene remedio, pero el futuro todavía no está perdido. ¡Abandona, abandona! ¡Contados están los días de los funcionarios!
Confucio detuvo su carruaje, pues quería hablar con él, pero el loco aceleró el paso y desapareció. Confucio no logró hablar con él.
18.6. Changju y Jieni estaban arando juntos. Confucio, que pasaba por allí, envió a Zilu a preguntar dónde estaba el vado. Changju preguntó: «Quién está en el carruaje?» Zilu respondió: «Es Confucio.» —«Confucio de Lu?» —«Él mismo.» —«Entonces ya sabe dónde está el vado.» Zilu preguntó entonces a Jieni, que preguntó a su vez: «¿Quién eres tú?» —«Soy Zilu.» —«¿El discípulo de Confucio, de Lu?» —«Sí.» —«El universo entero es barrido por la misma marea; ¿quién puede invertir su curso? En lugar de seguir a un caballero que va de un señor a otro, ¿no sería mejor seguir a un caballero que haya renunciado al mundo?» Mientras tanto continuaron atendiendo su campo. Zilu regresó e informó a Confucio. Este pareció perdido en sus pensamientos y (p.82) suspiró: «Es imposible asociarse con pájaros y animales salvajes. ¿Con quién seguir en compañía si no es con los de mi propia especie? Si el mundo siguiera la Vía, no tendría que reformarlo.» 18.7. Una vez que viajaba con Confucio, Zilu quedó rezagado. Entonces encontró a un anciano que llevaba al hombro un cesto colgado de su cayado. Zilu le preguntó: «¿Has visto a mi maestro?» El anciano respondió: «¿Quién puede ser tu maestro si no te esfuerzas con tus cuatro miembros y no puedes distinguir siquiera las cinco clases de cereal?» Entonces plantó su cayado en el suelo y empezó a sembrar. Zilu lo miró respetuosamente. El anciano lo invitó a pasar la noche, mató un pollo, cocinó un poco de arroz y le presentó a sus dos hijos. Al día siguiente, Zilu reemprendió su jornada e informó a Confucio. El Maestro comentó: «El hombre que encontraste es un eremita», y envió a Zilu de vuelta para buscarlo, pero al llegar al lugar donde vivía, Zilu descubrió que el anciano se había ido. Zilu comentó entonces: «No está bien retirarse de la vida pública. No se puede ignorar la diferencia entre la vejez y la juventud, y mucho menos las obligaciones recíprocas entre el príncipe y el súbdito. No se pueden descartar las relaciones humanas más esenciales, simplemente para preservar la propia pureza. Un caballero tiene una obligación moral de servir al Estado aunque prevea que no prevalecerá la Vía.»
18.8. Quienes se habían retirado del mundo fueron Boyi, Shuqi, Yuzhong, Yiyi, Zhuzhang, Liuxia Hui y Shaolian. El Maestro dijo: «No aceptar componendas ni insultos puede resumir la actitud de Boyi y Shuqi.» Sobre Liuxia Hui y Shaolian comentó: «Hicieron compromisos y sufrieron insultos, pero lograron conservar la decencia en sus palabras y la prudencia en sus obras.» Sobre Yuzhong y Yiyi comentó: «Se hicieron eremitas y dejaron de hablar. Permanecieron puros y se refugiaron en el anonimato. Personalmente hago las cosas de diferente modo: no sigo prescripciones rígidas de lo que hay que hacer y de lo que no.» 18.9. Zhi, el (p.83) gran maestro de música partió para Qi. Gan, músico del segundo banquete, partió para Chu. Liao, músico del tercer banquete, partió para Cai. Que, músico del cuarto banquete, partió para Qin. El tambor Fangshu cruzó el río Amarillo. El timbal Wu cruzó el río Han. Yang, el sustituto del maestro de música, y Xiang, que tocaba el carillón de piedra, cruzaron al otro lado del mar. 18.10. El duque de Zhu dijo a su hijo, el duque de Lu: «Un caballero no descuida a sus parientes. No da la oportunidad a sus ministros de quejarse de que no se confía en ellos. Sin una grave causa, no despide a los viejos vasallos. De nadie espera la perfección.»
18.11. La dinastía Zhou tenía ocho caballeros: los hermanos mayores Da y Gua; los siguientes hermanos Tu y Hu, los hermanos más jóvenes Ye y Xia, y los hermanos menores Sui y Gua. 18.12.
Capítulo 19
19.1. Zizhang dijo: «Cuando afronta el peligro, un caballero está preparado para dar su vida; la perspectiva de provecho no le hace olvidar lo que es justo; cuando celebra sacrificios, lo hace con piedad; cuando está de duelo, expresa su pesar. ¿Qué más se puede desear?»
19.2. Zizhang dijo: «Si un hombre acepta la virtud sin demasiada convicción y sigue en la Vía sin demasiada determinación, ¿podríamos realmente decir que está realmente aceptando la virtud y siguiendo la Vía?»
19.3. Los discípulos de Zixia preguntaron a Zizhang sobre la relación social. Zizhang les preguntó a su vez: «¿Qué es lo que os dijo Zixia?» Ellos respondieron: «Zixia dijo: "Uniros a las personas adecuadas y evitar las que no lo son".» Zizhang comentó: «A mí se me enseñó algo diferente: un caballero respeta a los sabios y tolera a los mediocres; alaba a los buenos y tiene compasión por los incapaces. Si tengo una gran sabiduría, ¿a quién no toleraría? Si no tengo una gran sabiduría, las personas me evitarán; ¿cómo podría entonces evitarlas yo a ellas?»
19.4. Zixia dijo: «Incluso las disciplinas menores tienen sus méritos; pero quien tiene ante sí un largo viaje teme los cenagales, y por esta razón es por lo que un (p.84) caballero no toma caminos poco frecuentados.»
19.5. Zixia dijo: «Quien día tras día recuerda lo que todavía tiene que aprender, y mes tras mes no olvida lo que ya ha aprendido, es realmente alguien a quien le apasiona el conocimiento.»
19.6. Zixia dijo: «Amplía lo que aprendes y mantente en tu propósito; investiga de cerca y reflexiona sobre las cosas que están a mano. Entonces encontrarás la plenitud de tu humanidad.»
19.7. Zixia dijo: «Los cien artesanos viven en sus talleres para perfeccionar sus artesanías. Un caballero continúa aprendiendo para alcanzar la verdad.»
19.8. Zixia dijo: «Un hombre del vulgo siempre intenta encubrir sus errores.»
19.9. Zixia dijo: «Un caballero produce tres tipos de impresiones: si lo miráis de lejos, parece severo. Si os acercáis, es amistoso. Si oís lo que dice, es incisivo.»
Zixia dijo: «Un caballero gana primero la confianza de su gente y después puede movilizarla. Sin esa confianza, ésta se puede sentir utilizada. Primero gana la confianza de su príncipe y después puede presentarle criticas. Sin esta confianza, el príncipe puede sentir que está siendo calumniado.» 19.10. Zixia dijo: «Los principios esenciales no deben transgredirse. Los principios secundarios permiten algún compromiso.»
19.11. Ziyu dijo: «Los discípulos y los seguidores jóvenes de Zixia pueden desenvolverse bien siempre que sólo se les pida limpiar y barrer el suelo, abrir la puerta, saludar y despedir. Pero éstas son simples minucias. Cuando se trata de asuntos fundamentales, están totalmente perdidos. ¿Cómo es esto posible?» Al oír esto, Zixia respondió: «¡No! Ziyu está absolutamente equivocado. En la doctrina del caballero, ¿qué es lo primero que debe enseñarse y qué es lo menos importante? Ocurre lo mismo que con las plantas y los árboles: hay muchas variedades adecuadas para diferentes lugares. En la doctrina de los caballeros, ¿cómo puede haber algo inútil? No obstante, sólo un sabio virtuoso seria capaz de aceptarla de principio a fin.»
19.12. (p.85) Zixia dijo: El tiempo libre de la política debe dedicarse al conocimiento. El tiempo no dedicado a aprender debe dedicarse a la política.»
19.13. Ziyu dijo: «El duelo debe de expresar el pesar y detenerse ahí.»
19.14. Ziyu dijo: «Mi amigo Zizhang es un hombre de una extraordinaria capacidad, pero no ha alcanzado la plenitud de la humanidad.»
19.15. El maestro Zeng dijo: «Zizhang toma demasiado espacio; no es fácil cultivar la humanidad a su lado.»
19.16. El maestro Zeng dijo: «Yo aprendí lo siguiente del Maestro: cuando un hombre revela su verdadero ser, es cuando está haciendo el duelo por sus padres.»
19.17. El maestro Zeng dijo: «Yo aprendí lo siguiente del Maestro: si hay algún aspecto de la piedad filial del señor Meng Zhuang que es inigualable, es la forma en que retuvo a los vasallos de su padre y mantuvo su política.»
19.18. La familia Meng nombró como juez a Yang Fu. Yang Fu pidió consejo al Maestro Zeng. Este dijo: «Las autoridades han perdido la Vía; el pueblo ha estado durante mucho tiempo sin guía. Cada vez que resuelvas un caso, hazlo con compasión y no con un sentimiento de victoria.»
19.19. Zigong dijo: «Zhouxin no fue tan malo como su reputación. Por esta razón es por lo que un caballero detesta seguir la corriente de la opinión pública: toda la suciedad del mundo flota en ella». 19.20. 19.21. Zigong dijo: «El error de un caballero es como un eclipse solar o lunar. Comete un error, y todo el mundo lo advierte; corrige su error, y todo el mundo lo admira.»
19.22. Gongsun Chao de Wei preguntó a Zigong: «¿De quién ha sacado su conocimiento Confucio?» Zigong respondió: «La Vía del rey Wen y del rey Wu nunca cayó en el olvido y siempre permaneció viva entre la gente. El sabio retuvo su esencia, el ignorante retuvo unos pocos detalles. Ambos tenían elementos de la Vía del rey Wen y del rey Wu. No hay nadie de quien nuestro Maestro no haya podido aprender algo; y no hay nadie que haya podido ser maestro exclusivo de nuestro Maestro.»
19.23. (p.86) Shusun Wushu comentó a algunos ministros cuando estaba conversando en la corte: «Zigong es mejor que Confucio.» Zifu Jingbo se lo comunicó a Zigong, y éste comentó: «[El conocimiento] es como un muro alrededor: la altura de mi muro sólo alcanza hasta el hombro; de una sola mirada, cualquiera que pase puede ver la belleza del edificio que hay dentro. El muro de nuestro Maestro es cien veces más alto que el tamaño de un hombre; a menos que se nos permita pasar por la puerta, no podéis imaginar el esplendor y la riqueza de este templo ancestral y de las cien estancias que hay dentro. ¡Pero pocos son aquellos a quienes se da acceso! La observación de tu maestro no es por ello sorprendente.»
19.24. Cuando Shusun Wushu difamó a Confucio, Zigong comentó: «No importa, ya que esto no puede alcanzarlo. Los méritos de otros son como una colina por la que puedes caminar, pero Confucio es como el Sol o la Luna, sobre los que no puedes saltar. Si alguien quisiera evitar su luz, podría esto afectar al Sol o a la Luna? Lo único que conseguiría es manifestar su propia locura.»
Chen Ziqin dijo a Zigong: «Eres demasiado modesto; ¿en qué aspecto puede considerarse a Confucio superior a ti?» Zigong respondió: «Con una sola palabra, un caballero revela su sabiduría; con una sola palabra, revela su ignorancia, y es por esto por lo que las mide cuidadosamente. Los logros del Maestro no pueden igualarse, al igual que no puede subirse al cielo con una escalera. Si se le hubiera confiado al maestro el gobierno de un país o de una hacienda, podría haber realizado el dicho: "Los elevó, y subieron; los condujo, y caminaron; les ofreció paz, y acudieron a él en tropel; les movilizó, y se hicieron eco de su llamada; en vida fue glorificado; su muerte fue llorada." ¿Cómo podrían igualarse jamás sus logros?»
Capítulo 20
20.1. Yao dijo:
¡Oh, Shun! La sucesión celestial ha recaído sobre ti; ¡Sigue fielmente la Vía del Medio! Si el pueblo de los Cuatro Mares cae en la consternación y en la miseria, se te (p.87) retirará para siempre este don celestial.
Shun pasó su mensaje a Yao. Tang dijo: «Yo, el pequeño, me atrevo a sacrificar un toro negro y me atrevo a proclamarlo al dios más augusto y soberano: no me atreveré a perdonar a los culpables; los siervos no podrán ocultarte nada, pues ya les has juzgado en tu corazón. Si soy culpable, no castigues por mí a mis diez mil feudos; si el pueblo de los diez mil feudos es culpable, que recaiga sobre mi cabeza. Zhou benefició a muchos vasallos. Las buenas personas prosperaron.
Aunque tengo mis propios familiares, prefiero confiar en los hombres virtuosos. Si el pueblo actúa mal, que su falta recaiga sobre mi cabeza.
Regula los pesos y las medidas, restablece los cargos que han sido abolidos, y la autoridad del gobierno llegará a todas partes. Restaura los estados que han sido destruidos; reanuda las líneas dinásticas interrumpidas, reinstala a los exiliados políticos y ganarás el corazón del pueblo en todo el mundo. Los asuntos que importan son: el pueblo, los alimentos, el duelo y los sacrificios. La generosidad gana a las masas. La buena fe inspira confianza al pueblo. La actividad asegura el éxito. La justicia aporta alegría.
20.2. Zizhang preguntó a Confucio: «¿Quién está calificado para gobernar?» El maestro respondió: «Aquel que cultiva los cinco tesoros y evita los cuatro males es apto para gobernar.» Zizhang volvió a preguntar: «¿Cuáles son los cinco tesoros?» El Maestro respondió: «Un caballero es generoso sin tener que gastar; hace trabajar a la gente sin que ésta se queje; tiene ambición pero no rapacidad; posee autoridad, pero no arrogancia; es severo, pero no fiero.» Zizhang preguntó: «Cómo puede ser uno "generoso sin tener que gastar?"» El Maestro respondió: «Si dejas que la gente haga lo que es beneficioso para ella, ¿no estás siendo generoso sin tener que gastar? Si haces que la gente trabaje sólo en lo que es razonable, ¿quién se quejará? Si tu ambición es la humanidad y si la realizas, ¿qué espacio queda para la rapacidad? Un caballero trata (p.88) igualmente a los muchos y a los pocos , a los humildes y a los grandes, presta la misma atención a todos: ¿acaso no es eso tener autoridad sin arrogancia? Un caballero se viste correctamente, su mirada es recta, la gente lo mira con respeto.»
Zizhang preguntó: «¡Qué son los Cuatro Males?» El Maestro respondió: «El terror que reposa en la ignorancia y en el crimen. La tiranía que exige resultados sin órdenes adecuadas. La extorsión, que se lleva a cabo a través de órdenes contradictorias. Los funcionarios que dan de mala gana a la gente lo que les es debido.»
Confucio dijo: «Quien no entiende el destino es incapaz de comportarse como un caballero. Quien no entiende los ritos es incapaz de establecerse. Quien no entiende las palabras es incapaz de entender a nadie.» FIN |