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ANTIGUO TESTAMENTO
GÉNESIS
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APOCALIPSIS /
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ANTIGUO
TESTAMENTO
GÉNESIS
La creación
Génesis 1
Génesis 1:1
En el principio creó Dios los cielos y la tierra.
Génesis 1:2
Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas
estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se
movía sobre la faz de las aguas.
Génesis 1:3
Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz.
Génesis 1:4
Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de
las tinieblas.
Génesis 1:5
Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche.
Y fue la tarde y la mañana un día.
Génesis 1:6
Luego dijo Dios: Haya expansión en medio de las aguas, y
separe las aguas de las aguas.
Génesis 1:7
E hizo Dios la expansión, y separó las aguas que estaban
debajo de la expansión, de las aguas que estaban sobre la
expansión. Y fue así.
Génesis 1:8
Y llamó Dios a la expansión Cielos. Y fue la tarde y la
mañana el día segundo.
Génesis 1:9
Dijo también Dios: Júntense las aguas que están debajo de
los cielos en un lugar, y descúbrase lo seco. Y fue así.
Génesis 1:10
Y llamó Dios a lo seco Tierra, y a la reunión de las
aguas
llamó Mares. Y vio Dios que era bueno.
Génesis 1:11
Después dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde,
hierba
que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según su
género, que su semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue
así.
Génesis 1:12
Produjo, pues, la tierra hierba verde, hierba que da
semilla
según su naturaleza, y árbol que da fruto, cuya semilla
está en él, según su género. Y vio Dios que era bueno.
Génesis 1:13
Y fue la tarde y la mañana el día tercero.
Génesis 1:14
Dijo luego Dios: Haya lumbreras en la expansión de los
cielos para separar el día de la noche; y sirvan de
señales para las estaciones, para días y años,
Génesis 1:15
y sean por lumbreras en la expansión de los cielos para
alumbrar sobre la tierra. Y fue así.
Génesis 1:16
E hizo Dios las dos grandes lumbreras; la lumbrera mayor
para que señorease en el día, y la lumbrera menor para
que
señorease en la noche; hizo también las estrellas.
Génesis 1:17
Y las puso Dios en la expansión de los cielos para
alumbrar
sobre la tierra,
Génesis 1:18
y para señorear en el día y en la noche, y para separar
la
luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno.
Génesis 1:19
Y fue la tarde y la mañana el día cuarto.
Génesis 1:20
Dijo Dios: Produzcan las aguas seres vivientes, y aves
que
vuelen sobre la tierra, en la abierta expansión de los
cielos.
Génesis 1:21
Y creó Dios los grandes monstruos marinos, y todo ser
viviente que se mueve, que las aguas produjeron según su
género, y toda ave alada según su especie. Y vio Dios que
era bueno.
Génesis 1:22
Y Dios los bendijo, diciendo: Fructificad y multiplicaos,
y
llenad las aguas en los mares, y multiplíquense las aves
en
la tierra.
Génesis 1:23
Y fue la tarde y la mañana el día quinto.
Génesis 1:24
Luego dijo Dios: Produzca la tierra seres vivientes según
su género, bestias y serpientes y animales de la tierra
según su especie. Y fue así.
Génesis 1:25
E hizo Dios animales de la tierra según su género, y
ganado según su género, y todo animal que se arrastra
sobre la tierra según su especie. Y vio Dios que era
bueno.
Génesis 1:26
Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen,
conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del
mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda
la
tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.
Génesis 1:27
Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo
creó; varón y hembra los creó.
Génesis 1:28
Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y
multiplicaos;
llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces
del
mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias
que
se mueven sobre la tierra.
Génesis 1:29
Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da
semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en
que hay fruto y que da semilla; os serán para comer.
Génesis 1:30
Y a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los
cielos, y a todo lo que se arrastra sobre la tierra, en
que
hay vida, toda planta verde les será para comer. Y fue
así.
Génesis 1:31
Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era
bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana el día
sexto.
Génesis 2
Génesis 2:1
Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo el
ejército de ellos.
Génesis 2:2
Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y
reposó el día séptimo de toda la obra que hizo.
Génesis 2:3
Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en
él reposó de toda la obra que había hecho en la
creación.
El hombre en el huerto del Edén
Génesis 2:4
Estos son los orígenes de los cielos y de la tierra
cuando
fueron creados, el día que Jehová Dios hizo la tierra y
los cielos,
Génesis 2:5
y toda planta del campo antes que fuese en la tierra, y
toda
hierba del campo antes que naciese; porque Jehová Dios
aún
no había hecho llover sobre la tierra, ni había hombre
para que labrase la tierra,
Génesis 2:6
sino que subía de la tierra un vapor, el cual regaba toda
la faz de la tierra.
Génesis 2:7
Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la
tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el
hombre un ser viviente.
Génesis 2:8
Y Jehová Dios plantó un huerto en Edén, al oriente; y
puso allí al hombre que había formado.
Génesis 2:9
Y Jehová Dios hizo nacer de la tierra todo árbol
delicioso
a la vista, y bueno para comer; también el árbol de vida
en medio del huerto, y el árbol de la ciencia del bien y
del mal.
Génesis 2:10
Y salía de Edén un río para regar el huerto, y de allí
se repartía en cuatro brazos.
Génesis 2:11
El nombre del uno era Pisón; éste es el que rodea toda la
tierra de Havila, donde hay oro;
Génesis 2:12
y el oro de aquella tierra es bueno; hay allí también
bedelio y ónice.
Génesis 2:13
El nombre del segundo río es Gihón; éste es el que rodea
toda la tierra de Cus.
Génesis 2:14
Y el nombre del tercer río es Hidekel; éste es el que va
al oriente de Asiria. Y el cuarto río es el Eufrates.
Génesis 2:15
Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto
de Edén, para que lo labrara y lo guardase.
Génesis 2:16
Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol
del huerto podrás comer;
Génesis 2:17
mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no
comerás;
porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.
Génesis 2:18
Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo;
le haré ayuda idónea para él.
Génesis 2:19
Jehová Dios formó, pues, de la tierra toda bestia del
campo, y toda ave de los cielos, y las trajo a Adán para
que viese cómo las había de llamar; y todo lo que Adán
llamó a los animales vivientes, ese es su nombre.
Génesis 2:20
Y puso Adán nombre a toda bestia y ave de los cielos y a
todo ganado del campo; mas para Adán no se halló ayuda
idónea para él.
Génesis 2:21
Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán,
y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y
cerró la carne en su lugar.
Génesis 2:22
Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo
una
mujer, y la trajo al hombre.
Génesis 2:23
Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y
carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del
varón fue tomada.
Génesis 2:24
Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se
unirá a su mujer, y serán una sola carne.
Génesis 2:25
Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se
avergonzaban.
Desobediencia del hombre
Génesis 3
Génesis 3:1
Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales
del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la
mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol
del huerto?
Génesis 3:2
Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los
árboles del huerto podemos comer;
Génesis 3:3
pero del fruto del árbol que está en medio del huerto
dijo
Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no
muráis.
Génesis 3:4
Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis;
Génesis 3:5
sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán
abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el
bien y el mal.
Génesis 3:6
Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que
era
agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la
sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a
su marido, el cual comió así como ella.
Génesis 3:7
Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron
que
estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y
se
hicieron delantales.
Génesis 3:8
Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el
huerto,
al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de
la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto.
Génesis 3:9
Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde
estás tú?
Génesis 3:10
Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo,
porque estaba desnudo; y me escondí.
Génesis 3:11
Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo?
¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses?
Génesis 3:12
Y el hombre respondió: La mujer que me diste por
compañera
me dio del árbol, y yo comí.
Génesis 3:13
Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has
hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí.
Génesis 3:14
Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto
hiciste,
maldita serás entre todas las bestias y entre todos los
animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo
comerás todos los días de tu vida.
Génesis 3:15
Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu
simiente
y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le
herirás en el calcañar.
Génesis 3:16
A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores
en
tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo
será para tu marido, y él se enseñoreará de ti.
Génesis 3:17
Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu
mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No
comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con
dolor comerás de ella todos los días de tu vida.
Génesis 3:18
Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del
campo.
Génesis 3:19
Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que
vuelvas
a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo
eres,
y al polvo volverás.
Génesis 3:20
Y llamó Adán el nombre de su mujer, Eva, por cuanto ella
era madre de todos los vivientes.
Génesis 3:21
Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de
pieles, y los vistió.
Génesis 3:22
Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de
nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no
alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y
coma, y viva para siempre.
Génesis 3:23
Y lo sacó Jehová del huerto del Edén, para que labrase la
tierra de que fue tomado.
Génesis 3:24
Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto
de Edén querubines, y una espada encendida que se
revolvía
por todos lados, para guardar el camino del árbol de la
vida.
Caín y Abel
Génesis 4
Génesis 4:1
Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz
a Caín, y dijo: Por voluntad de Jehová he adquirido
varón.
Génesis 4:2
Después dio a luz a su hermano Abel. Y Abel fue pastor de
ovejas, y Caín fue labrador de la tierra.
Génesis 4:3
Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto
de
la tierra una ofrenda a Jehová.
Génesis 4:4
Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas,
de
lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y
a su ofrenda;
Génesis 4:5
pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se
ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante.
Génesis 4:6
Entonces Jehová dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado,
y por qué ha decaído tu semblante?
Génesis 4:7
Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres
bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti
será
su deseo, y tú te enseñorearás de él.
Génesis 4:8
Y dijo Caín a su hermano Abel: Salgamos al campo. Y
aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó
contra su hermano Abel, y lo mató.
Génesis 4:9
Y Jehová dijo a Caín: ¿Dónde está Abel tu hermano? Y
él respondió: No sé. ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?
Génesis 4:10
Y él le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu
hermano clama a mí desde la tierra.
Génesis 4:11
Ahora, pues, maldito seas tú de la tierra, que abrió su
boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano.
Génesis 4:12
Cuando labres la tierra, no te volverá a dar su fuerza;
errante y extranjero serás en la tierra.
Génesis 4:13
Y dijo Caín a Jehová: Grande es mi castigo para ser
soportado.
Génesis 4:14
He aquí me echas hoy de la tierra, y de tu presencia me
esconderé, y seré errante y extranjero en la tierra; y
sucederá que cualquiera que me hallare, me matará.
Génesis 4:15
Y le respondió Jehová: Ciertamente cualquiera que matare
a
Caín, siete veces será castigado. Entonces Jehová puso
señal en Caín, para que no lo matase cualquiera que le
hallara.
Génesis 4:16
Salió, pues, Caín de delante de Jehová, y habitó en
tierra de Nod, al oriente de Edén.
Génesis 4:17
Y conoció Caín a su mujer, la cual concibió y dio a luz a
Enoc; y edificó una ciudad, y llamó el nombre de la
ciudad
del nombre de su hijo, Enoc.
Génesis 4:18
Y a Enoc le nació Irad, e Irad engendró a Mehujael, y
Mehujael engendró a Metusael, y Metusael engendró a Lamec.
Génesis 4:19
Y Lamec tomó para sí dos mujeres; el nombre de la una fue
Ada, y el nombre de la otra, Zila.
Génesis 4:20
Y Ada dio a luz a Jabal, el cual fue padre de los que
habitan en tiendas y crían ganados.
Génesis 4:21
Y el nombre de su hermano fue Jubal, el cual fue padre de
todos los que tocan arpa y flauta.
Génesis 4:22
Y Zila también dio a luz a Tubal-caín, artífice de toda
obra de bronce y de hierro; y la hermana de Tubal-caín
fue
Naama.
Génesis 4:23
Y dijo Lamec a sus mujeres:
Ada y Zila, oíd mi voz;
Mujeres de Lamec, escuchad mi dicho:
Que un varón mataré por mi herida,
Y un joven por mi golpe.
Génesis 4:24
Si siete veces será vengado Caín,
Lamec en verdad setenta veces siete lo será.
Génesis 4:25
Y conoció de nuevo Adán a su mujer, la cual dio a luz un
hijo, y llamó su nombre Set: Porque Dios (dijo ella) me
ha
sustituido otro hijo en lugar de Abel, a quien mató Caín.
Génesis 4:26
Y a Set también le nació un hijo, y llamó su nombre
Enós. Entonces los hombres comenzaron a invocar el nombre
de Jehová.
Los descendientes de Adán
(1 Cr. 1.1-4)
Génesis 5
Génesis 5:1
Este es el libro de las generaciones de Adán. El día en
que creó Dios al hombre, a semejanza de Dios lo hizo.
Génesis 5:2
Varón y hembra los creó; y los bendijo, y llamó el nombre
de ellos Adán, el día en que fueron creados.
Génesis 5:3
Y vivió Adán ciento treinta años, y engendró un hijo a
su semejanza, conforme a su imagen, y llamó su nombre
Set.
Génesis 5:4
Y fueron los días de Adán después que engendró a Set,
ochocientos años, y engendró hijos e hijas.
Génesis 5:5
Y fueron todos los días que vivió Adán novecientos
treinta años; y murió.
Génesis 5:6
Vivió Set ciento cinco años, y engendró a Enós.
Génesis 5:7
Y vivió Set, después que engendró a Enós, ochocientos
siete años, y engendró hijos e hijas.
Génesis 5:8
Y fueron todos los días de Set novecientos doce años; y
murió.
Génesis 5:9
Vivió Enós noventa años, y engendró a Cainán.
Génesis 5:10
Y vivió Enós, después que engendró a Cainán,
ochocientos quince años, y engendró hijos e hijas.
Génesis 5:11
Y fueron todos los días de Enós novecientos cinco años; y
murió.
Génesis 5:12
Vivió Cainán setenta años, y engendró a Mahalaleel.
Génesis 5:13
Y vivió Cainán, después que engendró a Mahalaleel,
ochocientos cuarenta años, y engendró hijos e hijas.
Génesis 5:14
Y fueron todos los días de Cainán novecientos diez años;
y murió.
Génesis 5:15
Vivió Mahalaleel sesenta y cinco años, y engendró a
Jared.
Génesis 5:16
Y vivió Mahalaleel, después que engendró a Jared,
ochocientos treinta años, y engendró hijos e hijas.
Génesis 5:17
Y fueron todos los días de Mahalaleel ochocientos noventa
y
cinco años; y murió.
Génesis 5:18
Vivió Jared ciento sesenta y dos años, y engendró a Enoc.
Génesis 5:19
Y vivió Jared, después que engendró a Enoc, ochocientos
años, y engendró hijos e hijas.
Génesis 5:20
Y fueron todos los días de Jared novecientos sesenta y
dos
años; y murió.
Génesis 5:21
Vivió Enoc sesenta y cinco años, y engendró a Matusalén.
Génesis 5:22
Y caminó Enoc con Dios, después que engendró a
Matusalén, trescientos años, y engendró hijos e hijas.
Génesis 5:23
Y fueron todos los días de Enoc trescientos sesenta y
cinco
años.
Génesis 5:24
Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque le
llevó Dios.
Génesis 5:25
Vivió Matusalén ciento ochenta y siete años, y engendró
a Lamec.
Génesis 5:26
Y vivió Matusalén, después que engendró a Lamec,
setecientos ochenta y dos años, y engendró hijos e hijas.
Génesis 5:27
Fueron, pues, todos los días de Matusalén novecientos
sesenta y nueve años; y murió.
Génesis 5:28
Vivió Lamec ciento ochenta y dos años, y engendró un
hijo;
Génesis 5:29
y llamó su nombre Noé, diciendo: Este nos aliviará de
nuestras obras y del trabajo de nuestras manos, a causa
de
la tierra que Jehová maldijo.
Génesis 5:30
Y vivió Lamec, después que engendró a Noé, quinientos
noventa y cinco años, y engendró hijos e hijas.
Génesis 5:31
Y fueron todos los días de Lamec setecientos setenta y
siete años; y murió.
Génesis 5:32
Y siendo Noé de quinientos años, engendró a Sem, a Cam y
a Jafet.
La maldad de los hombres
Génesis 6
Génesis 6:1
Aconteció que cuando comenzaron los hombres a
multiplicarse
sobre la faz de la tierra, y les nacieron hijas,
Génesis 6:2
que viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres
eran hermosas, tomaron para sí mujeres, escogiendo entre
todas.
Génesis 6:3
Y dijo Jehová: No contenderá mi espíritu con el hombre
para siempre, porque ciertamente él es carne; mas serán
sus días ciento veinte años.
Génesis 6:4
Había gigantes en la tierra en aquellos días, y también
después que se llegaron los hijos de Dios a las hijas de
los hombres, y les engendraron hijos. Estos fueron los
valientes que desde la antigüedad fueron varones de
renombre.
Génesis 6:5
Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la
tierra, y que todo designio de los pensamientos del
corazón
de ellos era de continuo solamente el mal.
Génesis 6:6
Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la
tierra,
y le dolió en su corazón.
Génesis 6:7
Y dijo Jehová: Raeré de sobre la faz de la tierra a los
hombres que he creado, desde el hombre hasta la bestia, y
hasta el reptil y las aves del cielo; pues me arrepiento
de
haberlos hecho.
Génesis 6:8
Pero Noé halló gracia ante los ojos de Jehová.
Noé construye el arca
Génesis 6:9
Estas son las generaciones de Noé: Noé, varón justo, era
perfecto en sus generaciones; con Dios caminó Noé.
Génesis 6:10
Y engendró Noé tres hijos: a Sem, a Cam y a Jafet.
Génesis 6:11
Y se corrompió la tierra delante de Dios, y estaba la
tierra llena de violencia.
Génesis 6:12
Y miró Dios la tierra, y he aquí que estaba corrompida;
porque toda carne había corrompido su camino sobre la
tierra.
Génesis 6:13
Dijo, pues, Dios a Noé: He decidido el fin de todo ser,
porque la tierra está llena de violencia a causa de
ellos;
y he aquí que yo los destruiré con la tierra.
Génesis 6:14
Hazte un arca de madera de gofer; harás aposentos en el
arca, y la calafatearás con brea por dentro y por fuera.
Génesis 6:15
Y de esta manera la harás: de trescientos codos la
longitud
del arca, de cincuenta codos su anchura, y de treinta
codos
su altura.
Génesis 6:16
Una ventana harás al arca, y la acabarás a un codo de
elevación por la parte de arriba; y pondrás la puerta del
arca a su lado; y le harás piso bajo, segundo y tercero.
Génesis 6:17
Y he aquí que yo traigo un diluvio de aguas sobre la
tierra, para destruir toda carne en que haya espíritu de
vida debajo del cielo; todo lo que hay en la tierra
morirá.
Génesis 6:18
Mas estableceré mi pacto contigo, y entrarás en el arca
tú, tus hijos, tu mujer, y las mujeres de tus hijos
contigo.
Génesis 6:19
Y de todo lo que vive, de toda carne, dos de cada especie
meterás en el arca, para que tengan vida contigo; macho y
hembra serán.
Génesis 6:20
De las aves según su especie, y de las bestias según su
especie, de todo reptil de la tierra según su especie,
dos
de cada especie entrarán contigo, para que tengan vida.
Génesis 6:21
Y toma contigo de todo alimento que se come, y
almacénalo,
y servirá de sustento para ti y para ellos.
Génesis 6:22
Y lo hizo así Noé; hizo conforme a todo lo que Dios le
mandó.
El diluvio
Génesis 7
Génesis 7:1
Dijo luego Jehová a Noé: Entra tú y toda tu casa en el
arca; porque a ti he visto justo delante de mí en esta
generación.
Génesis 7:2
De todo animal limpio tomarás siete parejas, macho y su
hembra; mas de los animales que no son limpios, una
pareja,
el macho y su hembra.
Génesis 7:3
También de las aves de los cielos, siete parejas, macho y
hembra, para conservar viva la especie sobre la faz de la
tierra.
Génesis 7:4
Porque pasados aún siete días, yo haré llover sobre la
tierra cuarenta días y cuarenta noches; y raeré de sobre
la faz de la tierra a todo ser viviente que hice.
Génesis 7:5
E hizo Noé conforme a todo lo que le mandó Jehová.
Génesis 7:6
Era Noé de seiscientos años cuando el diluvio de las
aguas
vino sobre la tierra.
Génesis 7:7
Y por causa de las aguas del diluvio entró Noé al arca, y
con él sus hijos, su mujer, y las mujeres de sus hijos.
Génesis 7:8
De los animales limpios, y de los animales que no eran
limpios, y de las aves, y de todo lo que se arrastra
sobre
la tierra,
Génesis 7:9
de dos en dos entraron con Noé en el arca; macho y
hembra,
como mandó Dios a Noé.
Génesis 7:10
Y sucedió que al séptimo día las aguas del diluvio
vinieron sobre la tierra.
Génesis 7:11
El año seiscientos de la vida de Noé, en el mes segundo,
a
los diecisiete días del mes, aquel día fueron rotas todas
las fuentes del grande abismo, y las cataratas de los
cielos
fueron abiertas,
Génesis 7:12
y hubo lluvia sobre la tierra cuarenta días y cuarenta
noches.
Génesis 7:13
En este mismo día entraron Noé, y Sem, Cam y Jafet hijos
de Noé, la mujer de Noé, y las tres mujeres de sus hijos,
con él en el arca;
Génesis 7:14
ellos, y todos los animales silvestres según sus
especies,
y todos los animales domesticados según sus especies, y
todo reptil que se arrastra sobre la tierra según su
especie, y toda ave según su especie, y todo pájaro de
toda especie.
Génesis 7:15
Vinieron, pues, con Noé al arca, de dos en dos de toda
carne en que había espíritu de vida.
Génesis 7:16
Y los que vinieron, macho y hembra de toda carne
vinieron,
como le había mandado Dios; y Jehová le cerró la puerta.
Génesis 7:17
Y fue el diluvio cuarenta días sobre la tierra; y las
aguas
crecieron, y alzaron el arca, y se elevó sobre la tierra.
Génesis 7:18
Y subieron las aguas y crecieron en gran manera sobre la
tierra; y flotaba el arca sobre la superficie de las
aguas.
Génesis 7:19
Y las aguas subieron mucho sobre la tierra; y todos los
montes altos que había debajo de todos los cielos, fueron
cubiertos.
Génesis 7:20
Quince codos más alto subieron las aguas, después que
fueron cubiertos los montes.
Génesis 7:21
Y murió toda carne que se mueve sobre la tierra, así de
aves como de ganado y de bestias, y de todo reptil que se
arrastra sobre la tierra, y todo hombre.
Génesis 7:22
Todo lo que tenía aliento de espíritu de vida en sus
narices, todo lo que había en la tierra, murió.
Génesis 7:23
Así fue destruido todo ser que vivía sobre la faz de la
tierra, desde el hombre hasta la bestia, los reptiles, y
las
aves del cielo; y fueron raídos de la tierra, y quedó
solamente Noé, y los que con él estaban en el arca.
Génesis 7:24
Y prevalecieron las aguas sobre la tierra ciento
cincuenta
días.
Génesis 8
Génesis 8:1
Y se acordó Dios de Noé, y de todos los animales, y de
todas las bestias que estaban con él en el arca; e hizo
pasar Dios un viento sobre la tierra, y disminuyeron las
aguas.
Génesis 8:2
Y se cerraron las fuentes del abismo y las cataratas de
los
cielos; y la lluvia de los cielos fue detenida.
Génesis 8:3
Y las aguas decrecían gradualmente de sobre la tierra; y
se
retiraron las aguas al cabo de ciento cincuenta días.
Génesis 8:4
Y reposó el arca en el mes séptimo, a los diecisiete días
del mes, sobre los montes de Ararat.
Génesis 8:5
Y las aguas fueron decreciendo hasta el mes décimo; en el
décimo, al primero del mes, se descubrieron las cimas de
los montes.
Génesis 8:6
Sucedió que al cabo de cuarenta días abrió Noé la
ventana del arca que había hecho,
Génesis 8:7
y envió un cuervo, el cual salió, y estuvo yendo y
volviendo hasta que las aguas se secaron sobre la tierra.
Génesis 8:8
Envió también de sí una paloma, para ver si las aguas se
habían retirado de sobre la faz de la tierra.
Génesis 8:9
Y no halló la paloma donde sentar la planta de su pie, y
volvió a él al arca, porque las aguas estaban aún sobre
la faz de toda la tierra. Entonces él extendió su mano, y
tomándola, la hizo entrar consigo en el arca.
Génesis 8:10
Esperó aún otros siete días, y volvió a enviar la paloma
fuera del arca.
Génesis 8:11
Y la paloma volvió a él a la hora de la tarde; y he aquí
que traía una hoja de olivo en el pico; y entendió Noé
que las aguas se habían retirado de sobre la tierra.
Génesis 8:12
Y esperó aún otros siete días, y envió la paloma, la
cual no volvió ya más a él.
Génesis 8:13
Y sucedió que en el año seiscientos uno de Noé, en el mes
primero, el día primero del mes, las aguas se secaron
sobre
la tierra; y quitó Noé la cubierta del arca, y miró, y he
aquí que la faz de la tierra estaba seca.
Génesis 8:14
Y en el mes segundo, a los veintisiete días del mes, se
secó la tierra.
Génesis 8:15
Entonces habló Dios a Noé, diciendo:
Génesis 8:16
Sal del arca tú, y tu mujer, y tus hijos, y las mujeres
de
tus hijos contigo.
Génesis 8:17
Todos los animales que están contigo de toda carne, de
aves
y de bestias y de todo reptil que se arrastra sobre la
tierra, sacarás contigo; y vayan por la tierra, y
fructifiquen y multiplíquense sobre la tierra.
Génesis 8:18
Entonces salió Noé, y sus hijos, su mujer, y las mujeres
de sus hijos con él.
Génesis 8:19
Todos los animales, y todo reptil y toda ave, todo lo que
se
mueve sobre la tierra según sus especies, salieron del
arca.
Génesis 8:20
Y edificó Noé un altar a Jehová, y tomó de todo animal
limpio y de toda ave limpia, y ofreció holocausto en el
altar.
Génesis 8:21
Y percibió Jehová olor grato; y dijo Jehová en su
corazón: No volveré más a maldecir la tierra por causa
del hombre; porque el intento del corazón del hombre es
malo desde su juventud; ni volveré más a destruir todo
ser
viviente, como he hecho.
Génesis 8:22
Mientras la tierra permanezca, no cesarán la sementera y
la
siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, y el
día y la noche.
Pacto de Dios con Noé
Génesis 9
Génesis 9:1
Bendijo Dios a Noé y a sus hijos, y les dijo: Fructificad
y
multiplicaos, y llenad la tierra.
Génesis 9:2
El temor y el miedo de vosotros estarán sobre todo animal
de la tierra, y sobre toda ave de los cielos, en todo lo
que
se mueva sobre la tierra, y en todos los peces del mar;
en
vuestra mano son entregados.
Génesis 9:3
Todo lo que se mueve y vive, os será para mantenimiento:
así como las legumbres y plantas verdes, os lo he dado
todo.
Génesis 9:4
Pero carne con su vida, que es su sangre, no comeréis.
Génesis 9:5
Porque ciertamente demandaré la sangre de vuestras vidas;
de mano de todo animal la demandaré, y de mano del
hombre;
de mano del varón su hermano demandaré la vida del
hombre.
Génesis 9:6
El que derramare sangre de hombre, por el hombre su
sangre
será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el
hombre.
Génesis 9:7
Mas vosotros fructificad y multiplicaos; procread
abundantemente en la tierra, y multiplicaos en ella.
Génesis 9:8
Y habló Dios a Noé y a sus hijos con él, diciendo:
Génesis 9:9
He aquí que yo establezco mi pacto con vosotros, y con
vuestros descendientes después de vosotros;
Génesis 9:10
y con todo ser viviente que está con vosotros; aves,
animales y toda bestia de la tierra que está con
vosotros,
desde todos los que salieron del arca hasta todo animal
de
la tierra.
Génesis 9:11
Estableceré mi pacto con vosotros, y no exterminaré ya
más toda carne con aguas de diluvio, ni habrá más diluvio
para destruir la tierra.
Génesis 9:12
Y dijo Dios: Esta es la señal del pacto que yo establezco
entre mí y vosotros y todo ser viviente que está con
vosotros, por siglos perpetuos:
Génesis 9:13
Mi arco he puesto en las nubes, el cual será por señal
del
pacto entre mí y la tierra.
Génesis 9:14
Y sucederá que cuando haga venir nubes sobre la tierra,
se
dejará ver entonces mi arco en las nubes.
Génesis 9:15
Y me acordaré del pacto mío, que hay entre mí y vosotros
y todo ser viviente de toda carne; y no habrá más diluvio
de aguas para destruir toda carne.
Génesis 9:16
Estará el arco en las nubes, y lo veré, y me acordaré del
pacto perpetuo entre Dios y todo ser viviente, con toda
carne que hay sobre la tierra.
Génesis 9:17
Dijo, pues, Dios a Noé: Esta es la señal del pacto que he
establecido entre mí y toda carne que está sobre la
tierra.
Embriaguez de Noé
Génesis 9:18
Y los hijos de Noé que salieron del arca fueron Sem, Cam
y
Jafet; y Cam es el padre de Canaán.
Génesis 9:19
Estos tres son los hijos de Noé, y de ellos fue llena
toda
la tierra.
Génesis 9:20
Después comenzó Noé a labrar la tierra, y plantó una
viña;
Génesis 9:21
y bebió del vino, y se embriagó, y estaba descubierto en
medio de su tienda.
Génesis 9:22
Y Cam, padre de Canaán, vio la desnudez de su padre, y lo
dijo a sus dos hermanos que estaban afuera.
Génesis 9:23
Entonces Sem y Jafet tomaron la ropa, y la pusieron sobre
sus propios hombros, y andando hacia atrás, cubrieron la
desnudez de su padre, teniendo vueltos sus rostros, y así
no vieron la desnudez de su padre.
Génesis 9:24
Y despertó Noé de su embriaguez, y supo lo que le había
hecho su hijo más joven,
Génesis 9:25
y dijo:
Maldito sea Canaán;
Siervo de siervos será a sus hermanos.
Génesis 9:26
Dijo más:
Bendito por Jehová mi Dios sea Sem,
Y sea Canaán su siervo.
Génesis 9:27
Engrandezca Dios a Jafet,
Y habite en las tiendas de Sem,
Y sea Canaán su siervo.
Génesis 9:28
Y vivió Noé después del diluvio trescientos cincuenta
años.
Los descendientes de los hijos de Noé
(1 Cr. 1.5-23)
Génesis 10
1 Estas son las generaciones de los hijos de Noé: Sem,
Cam y Jafet, a quienes nacieron hijos después del diluvio. 2 Los hijos de
Jafet: Gomer, Magog, Madai, Javán, Tubal, Mesec y Tiras. 3 Los hijos de Gomer:
Askenaz, Rifat y Togarma. 4 Los hijos de Javán: Elisa, Tarsis, Quitim y
Dodanim. 5 De éstos se poblaron las costas, cada cual según su lengua,
conforme a sus familias en sus naciones.
6 Los hijos de Cam: Cus, Mizraim, Fut y Canaán. 7 Y los
hijos de Cus: Seba, Havila, Sabta, Raama y Sabteca. Y los hijos de Raama: Seba
y Dedán. 8 Y Cus engendró a Nimrod, quien llegó a ser el primer poderoso en la
tierra. 9 Este fue vigoroso cazador delante de Jehová; por lo cual se dice:
Así como Nimrod, vigoroso cazador delante de Jehová. 10 Y fue el comienzo de
su reino Babel, Erec, Acad y Calne, en la tierra de Sinar. 11 De esta tierra
salió para Asiria, y edificó Nínive, Rehobot, Cala, 12 y Resén entre Nínive y
Cala, la cual es ciudad grande. 13 Mizraim engendró a Ludim, a Anamim, a
Lehabim, a Naftuhim, 14 a Patrusim, a Casluhim, de donde salieron los
filisteos, y a Caftorim.
15 Y Canaán engendró a Sidón su primogénito, a Het, 16 al
jebuseo, al amorreo, al gergeseo, 17 al heveo, al araceo, al sineo, 18 al
arvadeo, al zemareo y al hamateo; y después se dispersaron las familias de los
cananeos. 19 Y fue el territorio de los cananeos desde Sidón, en dirección a
Gerar, hasta Gaza; y en dirección de Sodoma, Gomorra, Adma y Zeboim, hasta
Lasa. 20 Estos son los hijos de Cam por sus familias, por sus lenguas, en sus
tierras, en sus naciones.
21 También le nacieron hijos a Sem, padre de todos los
hijos de Heber, y hermano mayor de Jafet. 22 Los hijos de Sem fueron Elam,
Asur, Arfaxad, Lud y Aram. 23 Y los hijos de Aram: Uz, Hul, Geter y Mas. 24
Arfaxad engendró a Sala, y Sala engendró a Heber. 25 Y a Heber nacieron dos
hijos: el nombre del uno fue Peleg, porque en sus días fue repartida la
tierra; y el nombre de su hermano, Joctán. 26 Y Joctán engendró a Almodad,
Selef, Hazar-mavet, Jera, 27 Adoram, Uzal, Dicla, 28 Obal, Abimael, Seba, 29
Ofir, Havila y Jobab; todos estos fueron hijos de Joctán. 30 Y la tierra en
que habitaron fue desde Mesa en dirección de Sefar, hasta la región montañosa
del oriente. 31 Estos fueron los hijos de Sem por sus familias, por sus
lenguas, en sus tierras, en sus naciones. 32 Estas son las familias de los
hijos de Noé por sus descendencias, en sus naciones; y de éstos se esparcieron
las naciones en la tierra después del diluvio.
La torre de Babel
Génesis 11
1 Tenía entonces toda la tierra una sola lengua y unas
mismas palabras. 2 Y aconteció que cuando salieron de oriente, hallaron una
llanura en la tierra de Sinar, y se estabecieron allí. 3 Y se dijeron unos a
otros: Vamos, hagamos ladrillo y cozámoslo con fuego. Y les sirvió el ladrillo
en lugar de piedra, y el asfalto en lugar de mezcla. 4 Y dijeron: Vamos,
edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo; y
hagámonos un nombre, por si fuéremos esparcidos sobre la faz de toda la
tierra. 5 Y descendió Jehová para ver la ciudad y la torre que edificaban los
hijos de los hombres. 6 Y dijo Jehová: He aquí el pueblo es uno, y todos éstos
tienen un solo lenguaje; y han comenzado la obra, y nada les hará desistir
ahora de lo que han pensado hacer. 7 Ahora, pues, descendamos, y confundamos
allí su lengua, para que ninguno entienda el habla de su compañero. 8 Así los
esparció Jehová desde allí sobre la faz de toda la tierra, y dejaron de
edificar la ciudad. 9 Por esto fue llamado el nombre de ella Babel, porque
allí confundió Jehová el lenguaje de toda la tierra, y desde allí los esparció
sobre la faz de toda la tierra.
Los descendientes de Sem
(1 Cr. 1.24-27)
10 Estas son las generaciones de Sem: Sem, de edad de
cien años, engendró a Arfaxad, dos años después del diluvio. 11 Y vivió Sem,
después que engendró a Arfaxad, quinientos años, y engendró hijos e hijas. 12
Arfaxad vivió treinta y cinco años, y engendró a Sala. 13 Y vivió Arfaxad,
después que engendró a Sala, cuatrocientos tres años, y engendró hijos e
hijas. 14 Sala vivió treinta años, y engendró a Heber. 15 Y vivió Sala,
después que engendró a Heber, cuatrocientos tres años, y engendró hijos e
hijas. 16 Heber vivió treinta y cuatro años, y engendró a Peleg. 17 Y vivió
Heber, después que engendró a Peleg, cuatrocientos treinta años, y engendró
hijos e hijas. 18 Peleg vivió treinta años, y engendró a Reu. 19 Y vivió Peleg,
después que engendró a Reu, doscientos nueve años, y engendró hijos e hijas.
20 Reu vivió treinta y dos años, y engendró a Serug. 21 Y vivió Reu, después
que engendró a Serug, doscientos siete años, y engendró hijos e hijas. 22
Serug vivió treinta años, y engendró a Nacor. 23 Y vivió Serug, después que
engendró a Nacor, doscientos años, y engendró hijos e hijas. 24 Nacor vivió
veintinueve años, y engendró a Taré. 25 Y vivió Nacor, después que engendró a
Taré, ciento diecinueve años, y engendró hijos e hijas. 26 Taré vivió setenta
años, y engendró a Abram, a Nacor y a Harán.
Los descendientes de Taré
27 Estas son las generaciones de Taré: Taré engendró a
Abram, a Nacor y a Harán; y Harán engendró a Lot. 28 Y murió Harán antes que
su padre Taré en la tierra de su nacimiento, en Ur de los caldeos. 29 Y
tomaron Abram y Nacor para sí mujeres; el nombre de la mujer de Abram era
Sarai, y el nombre de la mujer de Nacor, Milca, hija de Harán, padre de Milca
y de Isca. 30 Mas Sarai era estéril, y no tenía hijo. 31 Y tomó Taré a Abram
su hijo, y a Lot hijo de Harán, hijo de su hijo, y a Sarai su nuera, mujer de
Abram su hijo, y salió con ellos de Ur de los caldeos, para ir a la tierra de
Canaán; y vinieron hasta Harán, y se quedaron allí. 32 Y fueron los días de
Taré doscientos cinco años; y murió Taré en Harán.
Dios llama a Abram
Génesis 12
1 Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de
tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. 2 Y haré
de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás
bendición. 3 Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren
maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra. 4 Y se fue
Abram, como Jehová le dijo; y Lot fue con él. Y era Abram de edad de setenta y
cinco años cuando salió de Harán. 5 Tomó, pues, Abram a Sarai su mujer, y a
Lot hijo de su hermano, y todos sus bienes que habían ganado y las personas
que habían adquirido en Harán, y salieron para ir a tierra de Canaán; y a
tierra de Canaán llegaron.
6 Y pasó Abram por aquella tierra hasta el lugar de
Siquem, hasta el encino de More; y el cananeo estaba entonces en la tierra. 7
Y apareció Jehová a Abram, y le dijo: A tu descendencia daré esta tierra. Y
edificó allí un altar a Jehová, quien le había aparecido. 8 Luego se pasó de
allí a un monte al oriente de Bet-el, y plantó su tienda, teniendo a Bet-el al
occidente y Hai al oriente; y edificó allí altar a Jehová, e invocó el nombre
de Jehová. 9 Y Abram partió de allí, caminando y yendo hacia el Neguev.
Abram en Egipto
10 Hubo entonces hambre en la tierra, y descendió Abram a
Egipto para morar allá; porque era grande el hambre en la tierra. 11 Y
aconteció que cuando estaba para entrar en Egipto, dijo a Sarai su mujer: He
aquí, ahora conozco que eres mujer de hermoso aspecto; 12 y cuando te vean los
egipcios, dirán: Su mujer es; y me matarán a mí, y a ti te reservarán la vida.
13 Ahora, pues, di que eres mi hermana, para que me vaya bien por causa tuya,
y viva mi alma por causa de ti.
14 Y aconteció que cuando entró Abram en Egipto, los
egipcios vieron que la mujer era hermosa en gran manera. 15 También la vieron
los príncipes de Faraón, y la alabaron delante de él; y fue llevada la mujer a
casa de Faraón. 16 E hizo bien a Abram por causa de ella; y él tuvo ovejas,
vacas, asnos, siervos, criadas, asnas y camellos. 17 Mas Jehová hirió a Faraón
y a su casa con grandes plagas, por causa de Sarai mujer de Abram. 18 Entonces
Faraón llamó a Abram, y le dijo: ¿Qué es esto que has hecho conmigo? ¿Por qué
no me declaraste que era tu mujer? 19 ¿Por qué dijiste: Es mi hermana,
poniéndome en ocasión de tomarla para mí por mujer? Ahora, pues, he aquí tu
mujer; tómala, y vete. 20 Entonces Faraón dio orden a su gente acerca de Abram;
y le acompañaron, y a su mujer, con todo lo que tenía.
Abram y Lot se separan
Génesis 13
1 Subió, pues, Abram de Egipto hacia el Neguev, él y su
mujer, con todo lo que tenía, y con él Lot. 2 Y Abram era riquísimo en ganado,
en plata y en oro. 3 Y volvió por sus jornadas desde el Neguev hacia Bet-el,
hasta el lugar donde había estado antes su tienda entre Bet-el y Hai, 4 al
lugar del altar que había hecho allí antes; e invocó allí Abram el nombre de
Jehová.
5 También Lot, que andaba con Abram, tenía ovejas, vacas
y tiendas. 6 Y la tierra no era suficiente para que habitasen juntos, pues sus
posesiones eran muchas, y no podían morar en un mismo lugar. 7 Y hubo
contienda entre los pastores del ganado de Abram y los pastores del ganado de
Lot; y el cananeo y el ferezeo habitaban entonces en la tierra. 8 Entonces
Abram dijo a Lot: No haya ahora altercado entre nosotros dos, entre mis
pastores y los tuyos, porque somos hermanos. 9 ¿No está toda la tierra delante
de ti? Yo te ruego que te apartes de mí. Si fueres a la mano izquierda, yo iré
a la derecha; y si tú a la derecha, yo iré a la izquierda. 10 Y alzó Lot sus
ojos, y vio toda la llanura del Jordán, que toda ella era de riego, como el
huerto de Jehová, como la tierra de Egipto en la dirección de Zoar, antes que
destruyese Jehová a Sodoma y a Gomorra. 11 Entonces Lot escogió para sí toda
la llanura del Jordán; y se fue Lot hacia el oriente, y se apartaron el uno
del otro. 12 Abram acampó en la tierra de Canaán, en tanto que Lot habitó en
las ciudades de la llanura, y fue poniendo sus tiendas hasta Sodoma. 13 Mas
los hombres de Sodoma eran malos y pecadores contra Jehová en gran manera.
14 Y Jehová dijo a Abram, después que Lot se apartó de
él: Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y el
sur, y al oriente y al occidente. 15 Porque toda la tierra que ves, la daré a
ti y a tu descendencia para siempre. 16 Y haré tu descendencia como el polvo
de la tierra; que si alguno puede contar el polvo de la tierra, también tu
descendencia será contada. 17 Levántate, ve por la tierra a lo largo de ella y
a su ancho; porque a ti la daré. 18 Abram, pues, removiendo su tienda, vino y
moró en el encinar de Mamre, que está en Hebrón, y edificó allí altar a
Jehová.
Abram liberta a Lot
Génesis 14
1 Aconteció en los días de Amrafel rey de Sinar, Arioc
rey de Elasar, Quedorlaomer rey de Elam, y Tidal rey de Goim, 2 que éstos
hicieron guerra contra Bera rey de Sodoma, contra Birsa rey de Gomorra, contra
Sinab rey de Adma, contra Semeber rey de Zeboim, y contra el rey de Bela, la
cual es Zoar. 3 Todos éstos se juntaron en el valle de Sidim, que es el Mar
Salado. 4 Doce años habían servido a Quedorlaomer, y en el decimotercero se
rebelaron. 5 Y en el año decimocuarto vino Quedorlaomer, y los reyes que
estaban de su parte, y derrotaron a los refaítas en Astarot Karnaim, a los
zuzitas en Ham, a los emitas en Save-quiriataim, 6 y a los horeos en el monte
de Seir, hasta la llanura de Parán, que está junto al desierto. 7 Y volvieron
y vinieron a En-mispat, que es Cades, y devastaron todo el país de los
amalecitas, y también al amorreo que habitaba en Hazezontamar. 8 Y salieron el
rey de Sodoma, el rey de Gomorra, el rey de Adma, el rey de Zeboim y el rey de
Bela, que es Zoar, y ordenaron contra ellos batalla en el valle de Sidim; 9
esto es, contra Quedorlaomer rey de Elam, Tidal rey de Goim, Amrafel rey de
Sinar, y Arioc rey de Elasar; cuatro reyes contra cinco. 10 Y el valle de
Sidim estaba lleno de pozos de asfalto; y cuando huyeron el rey de Sodoma y el
de Gomorra, algunos cayeron allí; y los demás huyeron al monte. 11 Y tomaron
toda la riqueza de Sodoma y de Gomorra, y todas sus provisiones, y se fueron.
12 Tomaron también a Lot, hijo del hermano de Abram, que moraba en Sodoma, y
sus bienes, y se fueron.
13 Y vino uno de los que escaparon, y lo anunció a Abram
el hebreo, que habitaba en el encinar de Mamre el amorreo, hermano de Escol y
hermano de Aner, los cuales eran aliados de Abram. 14 Oyó Abram que su
pariente estaba prisionero, y armó a sus criados, los nacidos en su casa,
trescientos dieciocho, y los siguió hasta Dan. 15 Y cayó sobre ellos de noche,
él y sus siervos, y les atacó, y les fue siguiendo hasta Hoba al norte de
Damasco. 16 Y recobró todos los bienes, y también a Lot su pariente y sus
bienes, y a las mujeres y demás gente.
Melquisedec bendice a Abram
17 Cuando volvía de la derrota de Quedorlaomer y de los
reyes que con él estaban, salió el rey de Sodoma a recibirlo al valle de Save,
que es el Valle del Rey. 18 Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del
Dios Altísimo, sacó pan y vino; 19 y le bendijo, diciendo: Bendito sea Abram
del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra; 20 y bendito sea el
Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram los diezmos
de todo. 21 Entonces el rey de Sodoma dijo a Abram: Dame las personas, y toma
para ti los bienes. 22 Y respondió Abram al rey de Sodoma: He alzado mi mano a
Jehová Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra, 23 que desde un
hilo hasta una correa de calzado, nada tomaré de todo lo que es tuyo, para que
no digas: Yo enriquecí a Abram; 24 excepto solamente lo que comieron los
jóvenes, y la parte de los varones que fueron conmigo, Aner, Escol y Mamre,
los cuales tomarán su parte.
Dios promete a Abram un hijo
Génesis 15
1 Después de estas cosas vino la palabra de Jehová a
Abram en visión, diciendo: No temas, Abram; yo soy tu escudo, y tu galardón
será sobremanera grande. 2 Y respondió Abram: Señor Jehová, ¿qué me darás,
siendo así que ando sin hijo, y el mayordomo de mi casa es ese damasceno
Eliezer? 3 Dijo también Abram: Mira que no me has dado prole, y he aquí que
será mi heredero un esclavo nacido en mi casa. 4 Luego vino a él palabra de
Jehová, diciendo: No te heredará éste, sino un hijo tuyo será el que te
heredará. 5 Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las
estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia. 6 Y
creyó a Jehová, y le fue contado por justicia. 7 Y le dijo: Yo soy Jehová, que
te saqué de Ur de los caldeos, para darte a heredar esta tierra. 8 Y él
respondió: Señor Jehová, ¿en qué conoceré que la he de heredar? 9 Y le dijo:
Tráeme una becerra de tres años, y una cabra de tres años, y un carnero de
tres años, una tórtola también, y un palomino. 10 Y tomó él todo esto, y los
partió por la mitad, y puso cada mitad una enfrente de la otra; mas no partió
las aves. 11 Y descendían aves de rapiña sobre los cuerpos muertos, y Abram
las ahuyentaba. 12 Mas a la caída del sol sobrecogió el sueño a Abram, y he
aquí que el temor de una grande oscuridad cayó sobre él. 13 Entonces Jehová
dijo a Abram: Ten por cierto que tu descendencia morará en tierra ajena, y
será esclava allí, y será oprimida cuatrocientos años. 14 Mas también a la
nación a la cual servirán, juzgaré yo; y después de esto saldrán con gran
riqueza. 15 Y tú vendrás a tus padres en paz, y serás sepultado en buena
vejez. 16 Y en la cuarta generación volverán acá; porque aún no ha llegado a
su colmo la maldad del amorreo hasta aquí. 17 Y sucedió que puesto el sol, y
ya oscurecido, se veía un horno humeando, y una antorcha de fuego que pasaba
por entre los animales divididos. 18 En aquel día hizo Jehová un pacto con
Abram, diciendo: A tu descendencia daré esta tierra, desde el río de Egipto
hasta el río grande, el río Eufrates; 19 la tierra de los ceneos, los cenezeos,
los admoneos, 20 los heteos, los ferezeos, los refaítas, 21 los amorreos, los
cananeos, los gergeseos y los jebuseos.
Agar e Ismael
Génesis 16
1 Sarai mujer de Abram no le daba hijos; y ella tenía una
sierva egipcia, que se llamaba Agar. 2 Dijo entonces Sarai a Abram: Ya ves que
Jehová me ha hecho estéril; te ruego, pues, que te llegues a mi sierva; quizá
tendré hijos de ella. Y atendió Abram al ruego de Sarai. 3 Y Sarai mujer de
Abram tomó a Agar su sierva egipcia, al cabo de diez años que había habitado
Abram en la tierra de Canaán, y la dio por mujer a Abram su marido. 4 Y él se
llegó a Agar, la cual concibió; y cuando vio que había concebido, miraba con
desprecio a su señora. 5 Entonces Sarai dijo a Abram: Mi afrenta sea sobre ti;
yo te di mi sierva por mujer, y viéndose encinta, me mira con desprecio;
juzgue Jehová entre tú y yo. 6 Y respondió Abram a Sarai: He aquí, tu sierva
está en tu mano; haz con ella lo que bien te parezca. Y como Sarai la afligía,
ella huyó de su presencia.
7 Y la halló el ángel de Jehová junto a una fuente de
agua en el desierto, junto a la fuente que está en el camino de Shur. 8 Y le
dijo: Agar, sierva de Sarai, ¿de dónde vienes tú, y a dónde vas? Y ella
respondió: Huyo de delante de Sarai mi señora. 9 Y le dijo el ángel de Jehová:
Vuélvete a tu señora, y ponte sumisa bajo su mano. 10 Le dijo también el ángel
de Jehová: Multiplicaré tanto tu descendencia, que no podrá ser contada a
causa de la multitud. 11 Además le dijo el ángel de Jehová: He aquí que has
concebido, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Ismael, porque Jehová
ha oído tu aflicción. 12 Y él será hombre fiero; su mano será contra todos, y
la mano de todos contra él, y delante de todos sus hermanos habitará. 13
Entonces llamó el nombre de Jehová que con ella hablaba: Tú eres Dios que ve;
porque dijo: ¿No he visto también aquí al que me ve? 14 Por lo cual llamó al
pozo: Pozo del Viviente-que-me-ve. He aquí está entre Cades y Bered.
15 Y Agar dio a luz un hijo a Abram, y llamó Abram el
nombre del hijo que le dio Agar, Ismael. 16 Era Abram de edad de ochenta y
seis años, cuando Agar dio a luz a Ismael.
La circuncisión, señal del pacto
Génesis 17
1 Era Abram de edad de noventa y nueve años, cuando le
apareció Jehová y le dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí y
sé perfecto. 2 Y pondré mi pacto entre mí y ti, y te multiplicaré en gran
manera. 3 Entonces Abram se postró sobre su rostro, y Dios habló con él,
diciendo: 4 He aquí mi pacto es contigo, y serás padre de muchedumbre de
gentes. 5 Y no se llamará más tu nombre Abram, sino que será tu nombre
Abraham, porque te he puesto por padre de muchedumbre de gentes. 6 Y te
multiplicaré en gran manera, y haré naciones de ti, y reyes saldrán de ti. 7 Y
estableceré mi pacto entre mí y ti, y tu descendencia después de ti en sus
generaciones, por pacto perpetuo, para ser tu Dios, y el de tu descendencia
después de ti. 8 Y te daré a ti, y a tu descendencia después de ti, la tierra
en que moras, toda la tierra de Canaán en heredad perpetua; y seré el Dios de
ellos.
9 Dijo de nuevo Dios a Abraham: En cuanto a ti, guardarás
mi pacto, tú y tu descendencia después de ti por sus generaciones. 10 Este es
mi pacto, que guardaréis entre mí y vosotros y tu descendencia después de ti:
Será circuncidado todo varón de entre vosotros. 11 Circuncidaréis, pues, la
carne de vuestro prepucio, y será por señal del pacto entre mí y vosotros. 12
Y de edad de ocho días será circuncidado todo varón entre vosotros por
vuestras generaciones; el nacido en casa, y el comprado por dinero a cualquier
extranjero, que no fuere de tu linaje. 13 Debe ser circuncidado el nacido en
tu casa, y el comprado por tu dinero; y estará mi pacto en vuestra carne por
pacto perpetuo. 14 Y el varón incircunciso, el que no hubiere circuncidado la
carne de su prepucio, aquella persona será cortada de su pueblo; ha violado mi
pacto.
15 Dijo también Dios a Abraham: A Sarai tu mujer no la
llamarás Sarai, mas Sara será su nombre. 16 Y la bendeciré, y también te daré
de ella hijo; sí, la bendeciré, y vendrá a ser madre de naciones; reyes de
pueblos vendrán de ella. 17 Entonces Abraham se postró sobre su rostro, y se
rió, y dijo en su corazón: ¿A hombre de cien años ha de nacer hijo? ¿Y Sara,
ya de noventa años, ha de concebir? 18 Y dijo Abraham a Dios: Ojalá Ismael
viva delante de ti. 19 Respondió Dios: Ciertamente Sara tu mujer te dará a luz
un hijo, y llamarás su nombre Isaac; y confirmaré mi pacto con él como pacto
perpetuo para sus descendientes después de él. 20 Y en cuanto a Ismael,
también te he oído; he aquí que le bendeciré, y le haré fructificar y
multiplicar mucho en gran manera; doce príncipes engendrará, y haré de él una
gran nación. 21 Mas yo estableceré mi pacto con Isaac, el que Sara te dará a
luz por este tiempo el año que viene. 22 Y acabó de hablar con él, y subió
Dios de estar con Abraham.
23 Entonces tomó Abraham a Ismael su hijo, y a todos los
siervos nacidos en su casa, y a todos los comprados por su dinero, a todo
varón entre los domésticos de la casa de Abraham, y circuncidó la carne del
prepucio de ellos en aquel mismo día, como Dios le había dicho. 24 Era Abraham
de edad de noventa y nueve años cuando circuncidó la carne de su prepucio. 25
E Ismael su hijo era de trece años, cuando fue circuncidada la carne de su
prepucio. 26 En el mismo día fueron circuncidados Abraham e Ismael su hijo. 27
Y todos los varones de su casa, el siervo nacido en casa, y el comprado del
extranjero por dinero, fueron circuncidados con él.
Promesa del nacimiento de Isaac
Génesis 18
1 Después le apareció Jehová en el encinar de Mamre,
estando él sentado a la puerta de su tienda en el calor del día. 2 Y alzó sus
ojos y miró, y he aquí tres varones que estaban junto a él; y cuando los vio,
salió corriendo de la puerta de su tienda a recibirlos, y se postró en tierra,
3 y dijo: Señor, si ahora he hallado gracia en tus ojos, te ruego que no pases
de tu siervo. 4 Que se traiga ahora un poco de agua, y lavad vuestros pies; y
recostaos debajo de un árbol, 5 y traeré un bocado de pan, y sustentad vuestro
corazón, y después pasaréis; pues por eso habéis pasado cerca de vuestro
siervo. Y ellos dijeron: Haz así como has dicho. 6 Entonces Abraham fue de
prisa a la tienda a Sara, y le dijo: Toma pronto tres medidas de flor de
harina, y amasa y haz panes cocidos debajo del rescoldo. 7 Y corrió Abraham a
las vacas, y tomó un becerro tierno y bueno, y lo dio al criado, y éste se dio
prisa a prepararlo. 8 Tomó también mantequilla y leche, y el becerro que había
preparado, y lo puso delante de ellos; y él se estuvo con ellos debajo del
árbol, y comieron.
9 Y le dijeron: ¿Dónde está Sara tu mujer? Y él
respondió: Aquí en la tienda. 10 Entonces dijo: De cierto volveré a ti; y
según el tiempo de la vida, he aquí que Sara tu mujer tendrá un hijo. Y Sara
escuchaba a la puerta de la tienda, que estaba detrás de él. 11 Y Abraham y
Sara eran viejos, de edad avanzada; y a Sara le había cesado ya la costumbre
de las mujeres. 12 Se rió, pues, Sara entre sí, diciendo: ¿Después que he
envejecido tendré deleite, siendo también mi señor ya viejo? 13 Entonces
Jehová dijo a Abraham: ¿Por qué se ha reído Sara dieciendo: ¿Será cierto que
he de dar a luz siendo ya vieja? 14 ¿Hay para Dios alguna cosa difícil? Al
tiempo señalado volveré a ti, y según el tiempo de la vida, Sara tendrá un
hijo. 15 Entonces Sara negó, diciendo: No me reí; porque tuvo miedo. Y él
dijo: No es así, sino que te has reído.
Abraham intercede por Sodoma
16 Y los varones se levantaron de allí, y miraron hacia
Sodoma; y Abraham iba con ellos acompañándolos. 17 Y Jehová dijo: ¿Encubriré
yo a Abraham lo que voy a hacer, 18 habiendo de ser Abraham una nación grande
y fuerte, y habiendo de ser benditas en él todas las naciones de la tierra? 19
Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el
camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová sobre
Abraham lo que ha hablado acerca de él. 20 Entonces Jehová le dijo: Por cuanto
el clamor contra Sodoma y Gomorra se aumenta más y más, y el pecado de ellos
se ha agravado en extremo, 21 descenderé ahora, y veré si han consumado su
obra según el clamor que ha venido hasta mí; y si no, lo sabré. 22 Y se
apartaron de allí los varones, y fueron hacia Sodoma; pero Abraham estaba aún
delante de Jehová.
23 Y se acercó Abraham y dijo: ¿Destruirás también al
justo con el impío? 24 Quizá haya cincuenta justos dentro de la ciudad:
¿destruirás también y no perdonarás al lugar por amor a los cincuenta justos
que estén dentro de él? 25 Lejos de ti el hacer tal, que hagas morir al justo
con el impío, y que sea el justo tratado como el impío; nunca tal hagas. El
Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo? 26 Entonces respondió
Jehová: Si hallare en Sodoma cincuenta justos dentro de la ciudad, perdonaré a
todo este lugar por amor a ellos. 27 Y Abraham replicó y dijo: He aquí ahora
que he comenzado a hablar a mi Señor, aunque soy polvo y ceniza. 28 Quizá
faltarán de cincuenta justos cinco; ¿destruirás por aquellos cinco toda la
ciudad? Y dijo: No la destruiré, si hallare allí cuarenta y cinco. 29 Y volvió
a hablarle, y dijo: Quizá se hallarán allí cuarenta. Y respondió: No lo haré
por amor a los cuarenta. 30 Y dijo: No se enoje ahora mi Señor, si hablare:
quizá se hallarán allí treinta. Y respondió: No lo haré si hallare allí
treinta. 31 Y dijo: He aquí ahora que he emprendido el hablar a mi Señor:
quizá se hallarán allí veinte. No la destruiré, respondió, por amor a los
veinte. 32 Y volvió a decir: No se enoje ahora mi Señor, si hablare solamente
una vez: quizá se hallarán allí diez. No la destruiré, respondió, por amor a
los diez. 33 Y Jehová se fue, luego que acabó de hablar a Abraham; y Abraham
volvió a su lugar.
Destrucción de Sodoma y Gomorra
Génesis 19
1 Llegaron, pues, los dos ángeles a Sodoma a la caída de
la tarde; y Lot estaba sentado a la puerta de Sodoma. Y viéndolos Lot, se
levantó a recibirlos, y se inclinó hacia el suelo, 2 y dijo: Ahora, mis
señores, os ruego que vengáis a casa de vuestro siervo y os hospedéis, y
lavaréis vuestros pies; y por la mañana os levantaréis, y seguiréis vuestro
camino. Y ellos respondieron: No, que en la calle nos quedaremos esta noche. 3
Mas él porfió con ellos mucho, y fueron con él, y entraron en su casa; y les
hizo banquete, y coció panes sin levadura, y comieron. 4 Pero antes que se
acostasen, rodearon la casa los hombres de la ciudad, los varones de Sodoma,
todo el pueblo junto, desde el más joven hasta el más viejo. 5 Y llamaron a
Lot, y le dijeron: ¿Dónde están los varones que vinieron a ti esta noche?
Sácalos, para que los conozcamos. 6 Entonces Lot salió a ellos a la puerta, y
cerró la puerta tras sí, 7 y dijo: Os ruego, hermanos míos, que no hagáis tal
maldad. 8 He aquí ahora yo tengo dos hijas que no han conocido varón; os las
sacaré fuera, y haced de ellas como bien os pareciere; solamente que a estos
varones no hagáis nada, pues que vinieron a la sombra de mi tejado. 9 Y ellos
respondieron: Quita allá; y añadieron: Vino este extraño para habitar entre
nosotros, ¿y habrá de erigirse en juez? Ahora te haremos más mal que a ellos.
Y hacían gran violencia al varón, a Lot, y se acercaron para romper la puerta.
10 Entonces los varones alargaron la mano, y metieron a Lot en casa con ellos,
y cerraron la puerta. 11 Y a los hombrs que estaban a la puerta de la casa
hirieron con ceguera desde el menor hasta el mayor, de manera que se fatigaban
buscando la puerta.
12 Y dijeron los varones a Lot: ¿Tienes aquí alguno más?
Yernos, y tus hijos y tus hijas, y todo lo que tienes en la ciudad, sácalo de
este lugar; 13 porque vamos a destruir este lugar, por cuanto el clamor contra
ellos ha subido de punto delante de Jehová; por tanto, Jehová nos ha enviado
para destruirlo. 14 Entonces salió Lot y habló a sus yernos, los que habían de
tomar sus hijas, y les dijo: Levantaos, salid de este lugar; porque Jehová va
a destruir esta ciudad. Mas pareció a sus yernos como que se burlaba.
15 Y al rayar el alba, los ángeles daban prisa a Lot,
diciendo: Levántate, toma tu mujer, y tus dos hijas que se hallan aquí, para
que no perezcas en el castigo de la ciudad. 16 Y deteniéndose él, los varones
asieron de su mano, y de la mano de su mujer y de las manos de sus dos hijas,
según la misericordia de Jehová para con él; y lo sacaron y lo pusieron fuera
de la ciudad.
17 Y cuando los hubieron llevado fuera, dijeron: Escapa
por tu vida; no mires tras ti, ni pares en toda esta llanura; escapa al monte,
no sea que perezcas. 18 Pero Lot les dijo: No, yo os ruego, señores míos. 19
He aquí ahora ha hallado vuestro siervo gracia en vuestros ojos, y habéis
engrandecido vuestra misericordia que habéis hecho conmigo dándome la vida;
mas yo no podré escapar al monte, no sea que me alcance el mal, y muera. 20 He
aquí ahora esta ciudad está cerca para huir allá, la cual es pequeña; dejadme
escapar ahora allá (¿no es ella pequeña?), y salvaré mi vida. 21 Y le
respondió: He aquí he recibido también tu súplica sobre esto, y no destruiré
la ciudad de que has hablado. 22 Date prisa, escápate allá; porque nada podré
hacer hasta que hayas llegado allí. Por eso fue llamado el nombre de la
ciudad, Zoar. 23 El sol salía sobre la tierra, cuando Lot llegó a Zoar.
24 Entonces Jehová hizo llover sobre Sodoma y sobre
Gomorra azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos; 25 y destruyó las
ciudades, y toda aquella llanura, con todos los moradores de aquellas
ciudades, y el fruto de la tierra. 26 Entonces la mujer de Lot miró atrás, a
espaldas de él, y se volvió estatua de sal. 27 Y subió Abraham por la mañana
al lugar donde había estado delante de Jehová. 28 Y miró hacia Sodoma y
Gomorra, y hacia toda la tierra de aquella llanura miró; y he aquí que el humo
subía de la tierra como el humo de un horno.
29 Así, cuando destruyó Dios las ciudades de la llanura,
Dios se acordó de Abraham, y envió fuera a Lot de en medio de la destrucción,
al asolar las ciudades donde Lot estaba.
30 Pero Lot subió de Zoar y moró en el monte, y sus dos
hijas con él; porque tuvo miedo de quedarse en Zoar, y habitó en una cueva él
y sus dos hijas. 31 Entonces la mayor dijo a la menor: Nuestro padre es viejo,
y no queda varón en la tierra que entre a nosotras conforme a la costumbre de
toda la tierra. 32 Ven, demos a beber vino a nuestro padre, y durmamos con él,
y conservaremos de nuestro padre descendencia. 33 Y dieron a beber vino a su
padre aquella noche, y entró la mayor, y durmió con su padre; mas él no sintió
cuándo se acostó ella, ni cuándo se levantó. 34 El día siguiente, dijo la
mayor a la menor: He aquí, yo dormí la noche pasada con mi padre; démosle a
beber vino también esta noche, y entra y duerme con él, para que conservemos
de nuestro padre descendencia. 35 Y dieron a beber vino a su padre también
aquella noche, y se levantó la menor, y durmió con él; pero él no echó de ver
cuándo se acostó ella, ni cuándo se levantó. 36 Y las dos hijas de Lot
concibieron de su padre. 37 Y dio a luz la mayor un hijo, y llamó su nombre
Moab, el cual es padre de los moabitas hasta hoy. 38 La menor también dio a
luz un hijo, y llamó su nombre Ben- ammi, el cual es padre de los amonitas
hasta hoy.
Abraham y Abimelec
Génesis 20
1 De allí partió Abraham a la tierra del Neguev, y acampó
entre Cades y Shur, y habitó como forastero en Gerar. 2 Y dijo Abraham de Sara
su mujer: Es mi hermana. Y Abimelec rey de Gerar envió y tomó a Sara. 3 Pero
Dios vino a Abimelec en sueños de noche, y le dijo: He aquí, muerto eres, a
causa de la mujer que has tomado, la cual es casada con marido. 4 Mas Abimelec
no se había llegado a ella, y dijo: Señor, ¿matarás también al inocente? 5 ¿No
me dijo él: Mi hermana es; y ella también dijo: Es mi hermano? con sencillez
de mi corazón y con limpieza de mis manos he hecho esto. 6 Y le dijo Dios en
sueños: Yo también sé que con integridad de tu corazón has hecho esto; y yo
también te detuve de pecar contra mí, y así no te permití que la tocases. 7
Ahora, pues, devuelve la mujer a su marido; porque es profeta, y orará por ti,
y vivirás. Y si no la devolvieres, sabe que de cierto morirás tú, y todos los
tuyos.
8 Entonces Abimelec se levantó de mañana y llamó a todos
sus siervos, y dijo todas estas palabras en los oídos de ellos; y temieron los
hombres en gran manera. 9 Después llamó Abimelec a Abraham, y le dijo: ¿Qué
nos has hecho? ¿En qué pequé yo contra ti, que has atraído sobre mí y sobre mi
reino tan grande pecado? Lo que no debiste hacer has hecho conmigo. 10 Dijo
también Abimelec a Abraham: ¿Qué pensabas, para que hicieses esto? 11 Y
Abraham respondió: Porque dije para mí: Ciertamente no hay temor de Dios en
este lugar, y me matarán por causa de mi mujer. 12 Y a la verdad también es mi
hermana, hija de mi padre, mas no hija de mi madre, y la tomé por mujer. 13 Y
cuando Dios me hizo salir errante de la casa de mi padre, yo le dije: Esta es
la merced que tú harás conmigo, que en todos los lugares adonde lleguemos,
digas de mí: Mi hermano es. 14 Entonces Abimelec tomó ovejas y vacas, y
siervos y siervas, y se los dio a Abraham, y le devolvió a Sara su mujer. 15 Y
dijo Abimelec: He aquí mi tierra está delante de ti; habita donde bien te
parezca. 16 Y a Sara dijo: He aquí he dado mil monedas de plata a tu hermano;
mira que él te es como un velo para los ojos de todos los que están contigo, y
para con todos; así fue vindicada.
17 Entonces Abraham oró a Dios; y Dios sanó a Abimelec y
a su mujer, y a sus siervas, y tuvieron hijos. 18 Porque Jehová había cerrado
completamente toda matriz de la casa de Abimelec, a causa de Sara mujer de
Abraham.
Nacimiento de Isaac
Génesis 21
1 Visitó Jehová a Sara, como había dicho, e hizo Jehová
con Sara como había hablado. 2 Y Sara concibió y dio a Abraham un hijo en su
vejez, en el tiempo que Dios le había dicho. 3 Y llamó Abraham el nombre de su
hijo que le nació, que le dio a luz Sara, Isaac. 4 Y circuncidó Abraham a su
hijo Isaac de ocho días, como Dios le había mandado. 5 Y era Abraham de cien
años cuando nació Isaac su hijo.
6 Entonces dijo Sara: Dios me ha hecho reir, y cualquiera
que lo oyere, se reirá conmigo. 7 Y añadió: ¿Quién dijera a Abraham que Sara
habría de dar de mamar a hijos? Pues le he dado un hijo en su vejez.
Agar e Ismael son echados de la casa de Abraham
8 Y creció el niño, y fue destetado; e hizo Abraham gran
banquete el día que fue destetado Isaac. 9 Y vio Sara que el hijo de Agar la
egipcia, el cual ésta le había dado a luz a Abraham, se burlaba de su hijo
Isaac. 10 Por tanto, dijo a Abraham: Echa a esta sierva y a su hijo, porque el
hijo de esta sierva no ha de heredar con Isaac mi hijo. 11 Este dicho pareció
grave en gran manera a Abraham a causa de su hijo. 12 Entonces dijo Dios a
Abraham: No te parezca grave a causa del muchacho y de tu sierva; en todo lo
que te dijere Sara, oye su voz, porque en Isaac te será llamada descendencia.
13 Y también del hijo de la sierva haré una nación, porque es tu descendiente.
14 Entonces Abraham se levantó muy de mañana, y tomó pan, y un odre de agua, y
lo dio a Agar, poniéndolo sobre su hombro, y le entregó el muchacho, y la
despidió. Y ella salió y anduvo errante por el desierto de Beerseba.
15 Y le faltó el agua del odre, y echó al muchacho debajo
de un arbusto, 16 y se fue y se sentó enfrente, a distancia de un tiro de
arco; porque decía: No veré cuando el muchacho muera. Y cuando ella se sentó
enfrente, el muchacho alzó su voz y lloró. 17 Y oyó Dios la voz del muchacho;
y el ángel de Dios llamó a Agar desde el cielo, y le dijo: ¿Qué tienes, Agar?
No temas; porque Dios ha oído la voz del muchacho en donde está. 18 Levántate,
alza al muchacho, y sostenlo con tu mano, porque yo haré de él una gran
nación. 19 Entonces Dios le abrió los ojos, y vio una fuente de agua; y fue y
llenó el odre de agua, y dio de beber al muchacho. 20 Y Dios estaba con el
muchacho; y creció, y habitó en el desierto, y fue tirador de arco. 21 Y
habitó en el desierto de Parán; y su madre le tomó mujer de la tierra de
Egipto.
Pacto entre Abraham y Abimelec
22 Aconteció en aquel mismo tiempo que habló Abimelec, y
Ficol príncipe de su ejército, a Abraham, diciendo: Dios está contigo en todo
cuanto haces. 23 Ahora, pues, júrame aquí por Dios, que no faltarás a mí, ni a
mi hijo ni a mi nieto, sino que conforme a la bondad que yo hice contigo,
harás tú conmigo, y con la tierra en donde has morado. 24 Y respondió Abraham:
Yo juraré. 25 Y Abraham reconvino a Abimelec a causa de un pozo de agua, que
los siervos de Abimelec le habían quitado. 26 Y respondió Abimelec: No sé
quién haya hecho esto, ni tampoco tú me lo hiciste saber, ni yo lo he oído
hasta hoy. 27 Y tomó Abraham ovejas y vacas, y dio a Abimelec; e hicieron
ambos pacto. 28 Entonces puso Abraham siete corderas del rebaño aparte. 29 Y
dijo Abimelec a Abraham: ¿Qué significan esas siete corderas que has puesto
aparte? 30 Y él respondió: Que estas siete corderas tomarás de mi mano, para
que me sirvan de testimonio de que yo cavé este pozo. 31 Por esto llamó a
aquel lugar Beerseba; porque allí juraron ambos. 32 Así hicieron pacto en
Beerseba; y se levantó Abimelec, y Ficol príncipe de su ejército, y volvieron
a tierra de los filisteos.
33 Y plantó Abraham un árbol tamarisco en Beerseba, e
invocó allí el nombre de Jehová Dios eterno. 34 Y moró Abraham en tierra de
los filisteos muchos días.
Dios ordena a Abraham que sacrifique a Isaac
Génesis 22
1 Aconteció después de estas cosas, que probó Dios a
Abraham, y le dijo: Abraham. Y él respondió: Heme aquí. 2 Y dijo: Toma ahora
tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo
allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré. 3 Y Abraham se
levantó muy de mañana, y enalbardó su asno, y tomó consigo dos siervos suyos,
y a Isaac su hijo; y cortó leña para el holocausto, y se levantó, y fue al
lugar que Dios le dijo. 4 Al tercer día alzó Abraham sus ojos, y vio el lugar
de lejos. 5 Entonces dijo Abraham a sus siervos: Esperad aquí con el asno, y
yo y el muchacho iremos hasta allí y adoraremos, y volveremos a vosotros. 6 Y
tomó Abraham la leña del holocausto, y la puso sobre Isaac su hijo, y él tomó
en su mano el fuego y el cuchillo; y fueron ambos juntos. 7 Entonces habló
Isaac a Abraham su padre, y dijo: Padre mío. Y él respondió: Heme aquí, mi
hijo. Y él dijo: He aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde está el cordero para
el holocausto? 8 Y respondió Abraham: Dios se proveerá de cordero para el
holocausto, hijo mío. E iban juntos.
9 Y cuando llegaron al lugar que Dios le había dicho,
edificó allí Abraham un altar, y compuso la leña, y ató a Isaac su hijo, y lo
puso en el altar sobre la leña. 10 Y extendió Abraham su mano y tomó el
cuchillo para degollar a su hijo. 11 Entonces el ángel de Jehová le dio voces
desde el cielo, y dijo: Abraham, Abraham. Y él respondió: Heme aquí. 12 Y
dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya
conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único. 13
Entonces alzó Abraham sus ojos y miró, y he aquí a sus espaldas un carnero
trabado en un zarzal por sus cuernos; y fue Abraham y tomó el carnero, y lo
ofreció en holocausto en lugar de su hijo. 14 Y llamó Abraham el nombre de
aquel lugar, Jehová proveerá. Por tanto se dice hoy: En el monte de Jehová
será provisto.
15 Y llamó el ángel de Jehová a Abraham por segunda vez
desde el cielo, 16 y dijo: Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto
has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único hijo; 17 de cierto te
bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como
la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá las puertas
de sus enemigos. 18 En tu simiente serán benditas todas las naciones de la
tierra, por cuanto obedeciste a mi voz. 19 Y volvió Abraham a sus siervos, y
se levantaron y se fueron juntos a Beerseba; y habitó Abraham en Beerseba.
20 Aconteció después de estas cosas, que fue dada noticia
a Abraham, diciendo: He aquí que también Milca ha dado a luz hijos a Nacor tu
hermano: 21 Uz su primogénito, Buz su hermano, Kemuel padre de Aram, 22 Quesed,
Hazo, Pildas, Jidlaf y Betuel. 23 Y Betuel fue el padre de Rebeca. Estos son
los ocho hijos que dio a luz Milca, de Nacor hermano de Abraham. 24 Y su
concubina, que se llamaba Reúma, dio a luz también a Teba, a Gaham, a Tahas y
a Maaca.
Muerte y sepultura de Sara
Génesis 23
1 Fue la vida de Sara ciento veintisiete años; tantos
fueron los años de la vida de Sara. 2 Y murió Sara en Quiriat-arba, que es
Hebrón, en la tierra de Canaán; y vino Abraham a hacer duelo por Sara, y a
llorarla. 3 Y se levantó Abraham de delante de su muerta, y habló a los hijos
de Het, diciendo: 4 Extranjero y forastero soy entre vosotros; dadme propiedad
para sepultura entre vosotros, y sepultaré mi muerta de delante de mí. 5 Y
respondieron los hijos de Het a Abraham, y le dijeron: 6 Oyenos, señor
nuestro; eres un príncipe de Dios entre nosotros; en lo mejor de nuestros
sepulcros sepulta a tu muerta; ninguno de nosotros te negará su sepulcro, ni
te impedirá que entierres tu muerta. 7 Y Abraham se levantó, y se inclinó al
pueblo de aquella tierra, a los hijos de Het, 8 y habló con ellos, diciendo:
Si tenéis voluntad de que yo sepulte mi muerta de delante de mí, oídme, e
interceded por mí con Efrón hijo de Zohar, 9 para que me dé la cueva de
Macpela, que tiene al extremo de su heredad; que por su justo precio me la dé,
para posesión de sepultura en medio de vosotros. 10 Este Efrón estaba entre
los hijos de Het; y respondió Efrón heteo a Abraham, en presencia de los hijos
de Het, de todos los que entraban por la puerta de su ciudad, diciendo: 11 No,
señor mío, óyeme: te doy la heredad, y te doy también la cueva que está en
ella; en presencia de los hijos de mi pueblo te la doy; sepulta tu muerta. 12
Entonces Abraham se inclinó delante del pueblo de la tierra, 13 y respondió a
Efrón en presencia del pueblo de la tierra, deciendo: Antes, si te place, te
ruego que me oigas. Yo daré el precio de la heredad; tómalo de mí, y sepultaré
en ella mi muerta. 14 Respondió Efrón a Abraham, diciéndole: 15 Señor mío,
escúchame: la tierra vale cuatrocientos siclos de plata; ¿qué es esto entre tú
y yo? Entierra, pues, tu muerta. 16 Entonces Abraham se convino con Efrón, y
pesó Abraham a Efrón el dinero que dijo, en presencia de los hijos de Het,
cuatrocientos siclos de plata, de buena ley entre mercaderes.
17 Y quedó la heredad de Efrón que estaba en Macpela al
oriente de Mamre, la heredad con la cueva que estaba en ella, y todos los
árboles que había en la heredad, y en todos sus contornos, 18 como propiedad
de Abraham, en presencia de los hijos de Het y de todos los que entraban por
la puerta de la ciudad. 19 Después de esto sepultó Abraham a Sara su mujer en
la cueva de la heredad de Macpela al oriente de Mamre, que es Hebrón, en la
tierra de Canaán. 20 Y quedó la heredad y la cueva que en ella había, de
Abraham, como una posesión para sepultura, recibida de los hijos de Het.
Abraham busca esposa para Isaac
Génesis 24
1 Era Abraham ya viejo, y bien avanzado en años; y Jehová
había bendecido a Abraham en todo. 2 Y dijo Abraham a un criado suyo, el más
viejo de su casa, que era el que gobernaba en todo lo que tenía: Pon ahora tu
mano debajo de mi muslo, 3 y te juramentaré por Jehová, Dios de los cielos y
Dios de la tierra, que no tomarás para mi hijo mujer de las hijas de los
cananeos, entre los cuales yo habito; 4 sino que irás a mi tierra y a mi
parentela, y tomarás mujer para mi hijo Isaac. 5 El criado le respondió: Quizá
la mujer no querrá venir en pos de mí a esta tierra. ¿Volveré, pues, tu hijo a
la tierra de donde saliste? 6 Y Abraham le dijo: Guárdate que no vuelvas a mi
hijo allá. 7 Jehová, Dios de los cielos, que me tomó de la casa de mi padre y
de la tierra de mi parentela, y me habló y me juró, diciendo: A tu
descendencia daré esta tierra; él enviará su ángel delante de ti, y tú traerás
de allá mujer para mi hijo. 8 Y si la mujer no quisiere venir en pos de ti,
serás libre de este mi juramento; solamente que no vuelvas allá a mi hijo. 9
Entonces el criado puso su mano debajo del muslo de Abraham su señor, y le
juró sobre este negocio.
10 Y el criado tomó diez camellos de los camellos de su
señor, y se fue, tomando toda clase de regalos escogidos de su señor; y puesto
en camino, llegó a Mesopotamia, a la ciudad de Nacor. 11 E hizo arrodillar los
camellos fuera de la ciudad, junto a un pozo de agua, a la hora de la tarde,
la hora en que salen las doncellas por agua. 12 Y dijo: Oh Jehová, Dios de mi
señor Abraham, dame, te ruego, el tener hoy buen encuentro, y haz misericordia
con mi señor Abraham. 13 He aquí yo estoy junto a la fuente de agua, y las
hijas de los varones de esta ciudad salen por agua. 14 Sea, pues, que la
doncella a quien yo dijere: Baja tu cántaro, te ruego, para que yo beba, y
ella respondiere: Bebe, y también daré de beber a tus camellos; que sea ésta
la que tú has destinado para tu siervo Isaac; y en esto conoceré que habrás
hecho misericordia con mi señor.
15 Y aconteció que antes que él acabase de hablar, he
aquí Rebeca, que había nacido a Betuel, hijo de Milca mujer de Nacor hermano
de Abraham, la cual salía con su cántaro sobre su hombro. 16 Y la doncella era
de aspecto muy hermoso, virgen, a la que varón no había conocido; la cual
descendió a la fuente, y llenó su cántaro, y se volvía. 17 Entonces el criado
corrió hacia ella, y dijo: Te ruego que me des a beber un poco de agua de tu
cántaro. 18 Ella respondió: Bebe, señor mío; y se dio prisa a bajar su cántaro
sobre su mano, y le dio a beber. 19 Y cuando acabó de darle de beber, dijo:
También para tus camellos sacaré agua, hasta que acaben de beber. 20 Y se dio
prisa, y vació su cántaro en la pila, y corrió otra vez al pozo para sacar
agua, y sacó para todos sus camellos. 21 Y el hombre estaba maravillado de
ella, callando, para saber si Jehová había prosperado su viaje, o no. 22 Y
cuando los camellos acabaron de beber, le dio el hombre un pendiente de oro
que pesaba medio siclo, y dos brazaletes que pesaban diez, 23 y dijo: ¿De
quién eres hija? Te ruego que me digas: ¿hay en casa de tu padre lugar donde
posemos? 24 Y ella respondió: Soy hija de Betuel hijo de Milca, el cual ella
dio a luz a Nacor. 25 Y añadió: También hay en nuestra casa paja y mucho
forraje, y lugar para posar. 26 El hombre entonces se inclinó, y adoró a
Jehová, 27 y dijo: Bendito sea Jehová, Dios de mi amo Abraham, que no apartó
de mi amo su misericordia y su verdad, guiándome Jehová en el camino a casa de
los hermanos de mi amo. 28 Y la doncella corrió, e hizo saber en casa de su
madre estas cosas.
29 Y Rebeca tenía un hermano que se llamaba Labán, el
cual corrió afuera hacia el hombre, a la fuente. 30 Y cuando vio el pendiente
y los brazaletes en las manos de su hermana, que decía: Así me habló aquel
hombre, vino a él; y he aquí que estaba con los camellos junto a la fuente. 31
Y le dijo: Ven, bendito de Jehová; ¿por qué estás fuera? He preparado la casa,
y el lugar para los camellos.
32 Entonces el hombre vino a casa, y Labán desató los
camellos; y les dio paja y forraje, y agua para lavar los pies de él, y los
pies de los hombres que con él venían. 33 Y le pusieron delante qué comer; mas
él dijo: No comeré hasta que haya dicho mi mensaje. Y él le dijo: Habla. 34
Entonces dijo: Yo soy criado de Abraham. 35 Y Jehová ha bendecido mucho a mi
amo, y él se ha engrandecido; y le ha dado ovejas y vacas, plata y oro,
siervos y siervas, camellos y asnos. 36 Y Sara, mujer de mi amo, dio a luz en
su vejez un hijo a mi señor, quien le ha dado a él todo cuanto tiene. 37 Y mi
amo me hizo jurar, diciendo: No tomarás para mi hijo mujer de las hijas de los
cananeos, en cuya tierra habito; 38 sino que irás a la casa de mi padre y a mi
parentela, y tomarás mujer para mi hijo. 39 Y yo dije: Quizás la mujer no
querrá seguirme. 40 Entonces él me respondió: Jehová, en cuya presencia he
andado, enviará su ángel contigo, y prosperará tu camino; y tomarás para mi
hijo mujer de mi familia y de la casa de mi padre. 41 Entonces serás libre de
mi juramento, cuando hayas llegado a mi familia; y si no te la dieren, serás
libre de mi juramento. 42 Llegué, pues, hoy a la fuente, y dije: Jehová, Dios
de mi señor Abraham, si tú prosperas ahora mi camino por el cual ando, 43 he
aquí yo estoy junto a la fuente de agua; sea, pues, que la doncella que
saliere por agua, a la cual dijere: Dame de beber, te ruego, un poco de agua
de tu cántaro, 44 y ella me respondiere: Bebe tú, y también para tus camellos
sacaré agua; sea ésta la mujer que destinó Jehová para el hijo de mi señor. 45
Antes que acabase de hablar en mi corazón, he aquí Rebeca, que salía con su
cántaro sobre su hombro; y descendió a la fuente, y sacó agua; y le dije: te
ruego que me des de beber. 46 Y bajó prontamente su cántaro de encima de sí, y
dijo: Bebe, y también a tus camellos daré de beber. Y bebí, y dio también de
beber a mis camellos. 47 Entonces le pregunté, y dije: ¿De quién eres hija? Y
ella respondió: Hija de Betuel hijo de Nacor, que le dio a luz Milca. Entonces
le puse un pendiente en su nariz, y brazaletes en sus brazos; 48 y me incliné
y adoré a Jehová, y bendije a Jehová Dios de mi señor Abraham, que me había
guiado por camino de verdad para tomar la hija del hermano de mi señor para su
hijo. 49 Ahora, pues, si vosotros hacéis misericordia y verdad con mi señor,
declarádmelo; y si no, declarádmelo; y me iré a la diestra o a la siniestra.
50 Entonces Labán y Betuel respondieron y dijeron: De Jehová ha salido esto;
no podemos hablarte malo ni bueno. 51 He ahí Rebeca delante de ti; tómala y
vete, y sea mujer del hijo de tu señor, como lo ha dicho Jehová. 52 Cuando el
criado de Abraham oyó sus palabras, se inclinó en tierra ante Jehová. 53 Y
sacó el criado alhajas de plata y alhajas de oro, y vestidos, y dio a Rebeca;
también dio cosas preciosas a su hermano y a su madre. 54 Y comieron y
bebieron él y los varones que venían con él, y durmieron; y levantándose de
mañana, dijo: Enviadme a mi señor. 55 Entonces respondieron su hermano y su
madre: Espere la doncella con nosotros a lo menos diez días, y después irá. 56
Y él les dijo: No me detengáis, ya que Jehová ha prosperado mi camino;
despachadme para que me vaya a mi señor. 57 Ellos respondieron entonces:
Llamemos a la doncella y preguntémosle. 58 Y llamaron a Rebeca, y le dijeron:
¿Irás tú con este varón? Y ella respondió: Sí, iré. 59 Entonces dejaron ir a
Rebeca su hermana, y a su nodriza, y al criado de Abraham y a sus hombres. 60
Y bendijeron a Rebeca, y le dijeron: Hermana nuestra, sé madre de millares de
millares, y posean tus descendientes la puerta de sus enemigos. 61 Entonces se
levantó Rebeca y sus doncellas, y montaron en los camellos, y siguieron al
hombre; y el criado tomó a Rebeca, y se fue.
62 Y venía Isaac del pozo del Viviente-que-me-ve; porque
él habitaba en el Neguev. 63 Y había salido Isaac a meditar al campo, a la
hora de la tarde; y alzando sus ojos miró, y he aquí los camellos que venían.
64 Rebeca también alzó sus ojos, y vio a Isaac, y descendió del camello; 65
porque había preguntado al criado: ¿Quién es este varón que viene por el campo
hacia nosotros? Y el criado había respondido: Este es mi señor. Ella entonces
tomó el velo, y se cubrió. 66 Entonces el criado contó a Isaac todo lo que
había hecho. 67 Y la trajo Isaac a la tienda de su madre Sara, y tomó a Rebeca
por mujer, y la amó; y se consoló Isaac después de la muerte de su madre.
Los descendientes de Abraham y Cetura
(1 Cr. 1.32-33)
Génesis 25
1 Abraham tomó otra mujer, cuyo nombre era Cetura, 2 la
cual le dio a luz a Zimram, Jocsán, Medán, Madián, Isbac y Súa. 3 Y Jocsán
engendró a Seba y a Dedán; e hijos de Dedán fueron Asurim, Letusim y Leumim. 4
E hijos de Madián: Efa, Efer, Hanoc, Abida y Elda. Todos estos fueron hijos de
Cetura. 5 Y Abraham dio todo cuanto tenía a Isaac. 6 Pero a los hijos de sus
concubinas dio Abraham dones, y los envió lejos de Isaac su hijo, mientras él
vivía, hacia el oriente, a la tierra oriental.
Muerte y sepultura de Abraham
7 Y estos fueron los días que vivió Abraham: ciento
setenta y cinco años. 8 Y exhaló el espíritu, y murió Abraham en buena vejez,
anciano y lleno de años, y fue unido a su pueblo. 9 Y lo sepultaron Isaac e
Ismael sus hijos en la cueva de Macpela, en la heredad de Efrón hijo de Zohar
heteo, que está enfrente de Mamre, 10 heredad que compró Abraham de los hijos
de Het; allí fue sepultado Abraham, y Sara su mujer. 11 Y sucedió, después de
muerto Abraham, que Dios bendijo a Isaac su hijo; y habitó Isaac junto al pozo
del Viviente-que-me- ve.
Los descendientes de Ismael
(1 Cr. 1.28-31)
12 Estos son los descendientes de Ismael hijo de Abraham,
a quien le dio a luz Agar egipcia, sierva de Sara; 13 estos, pues, son los
nombres de los hijos de Ismael, nombrados en el orden de su nacimiento: El
primogénito de Ismael, Nebaiot; luego Cedar, Adbeel, Mibsam, 14 Misma, Duma,
Massa, 15 Hadar, Tema, Jetur, Nafis y Cedema. 16 Estos son los hijos de
Ismael, y estos sus nombres, por sus villas y por sus campamentos; doce
príncipes por sus familias. 17 Y estos fueron los años de la vida de Ismael,
ciento treinta y siete años; y exhaló el espíritu Ismael, y murió, y fue unido
a su pueblo. 18 Y habitaron desde Havila hasta Shur, que está enfrente de
Egipto viniendo a Asiria; y murió en presencia de todos sus hermanos.
Nacimiento de Jacob y Esaú
19 Estos son los descendientes de Isaac hijo de Abraham:
Abraham engendró a Isaac, 20 y era Isaac de cuarenta años cuando tomó por
mujer a Rebeca, hija de Betuel arameo de Padan-aram, hermana de Labán arameo.
21 Y oró Isaac a Jehová por su mujer, que era estéril; y lo aceptó Jehová, y
concibió Rebeca su mujer. 22 Y los hijos luchaban dentro de ella; y dijo: Si
es así, ¿para qué vivo yo? Y fue a consultar a Jehová; 23 y le respondió
Jehová:
Dos naciones hay en tu seno,
Y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas;
El un pueblo será más fuerte que el otro pueblo,
Y el mayor servirá al menor.
24 Cuando se cumplieron sus días para dar a luz, he aquí
había gemelos en su vientre. 25 Y salió el primero rubio, y era todo velludo
como una pelliza; y llamaron su nombre Esaú. 26 Después salió su hermano,
trabada su mano al calcañar de Esaú; y fue llamado su nombre Jacob. Y era
Isaac de edad de sesenta años cuando ella los dio a luz.
Esaú vende su primogenitura
27 Y crecieron los niños, y Esaú fue diestro en la caza,
hombre del campo; pero Jacob era varón quieto, que habitaba en tiendas. 28 Y
amó Isaac a Esaú, porque comía de su caza; mas Rebeca amaba a Jacob.
29 Y guisó Jacob un potaje; y volviendo Esaú del campo,
cansado, 30 dijo a Jacob: Te ruego que me des a comer de ese guiso rojo, pues
estoy muy cansado. Por tanto fue llamado su nombre Edom. 31 Y Jacob respondió:
Véndeme en este día tu primogenitura. 32 Entonces dijo Esaú: He aquí yo me voy
a morir; ¿para qué, pues, me servirá la primogenitura? 33 Y dijo Jacob:
Júramelo en este día. Y él le juró, y vendió a Jacob su primogenitura. 34
Entonces Jacob dio a Esaú pan y del guisado de las lentejas; y él comió y
bebió, y se levantó y se fue. Así menospreció Esaú la primogenitura.
Isaac en Gerar
Génesis 26
1 Después hubo hambre en la tierra, además de la primera
hambre que hubo en los días de Abraham; y se fue Isaac a Abimelec rey de los
filisteos, en Gerar. 2 Y se le apareció Jehová, y le dijo: No desciendas a
Egipto; habita en la tierra que yo te diré. 3 Habita como forastero en esta
tierra, y estaré contigo, y te bendeciré; porque a ti y a tu descendencia daré
todas estas tierras, y confirmaré el juramento que hice a Abraham tu padre. 4
Multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo, y daré a tu
descendencia todas estas tierras; y todas las naciones de la tierra serán
benditas en tu simiente, 5 por cuanto oyó Abraham mi voz, y guardó mi
precepto, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes.
6 Habitó, pues, Isaac en Gerar. 7 Y los hombres de aquel
lugar le preguntaron acerca de su mujer; y él respondió: Es mi hermana; porque
tuvo miedo de decir: Es mi mujer; pensando que tal vez los hombres del lugar
lo matarían por causa de Rebeca, pues ella era de hermoso aspecto. 8 Sucedió
que después que él estuvo allí muchos días, Abimelec, rey de los filisteos,
mirando por una ventana, vio a Isaac que acariciaba a Rebeca su mujer. 9 Y
llamó Abimelec a Isaac, y dijo: He aquí ella es de cierto tu mujer. ¿Cómo,
pues, dijiste: Es mi hermana? E Isaac le respondió: Porque dije: Quizá moriré
por causa de ella. 10 Y Abimelec dijo: ¿Por qué nos has hecho esto? Por poco
hubiera dormido alguno del pueblo con tu mujer, y hubieras traído sobre
nosotros el pecado. 11 Entonces Abimelec mandó a todo el pueblo, diciendo: El
que tocare a este hombre o a su mujer, de cierto morirá.
12 Y sembró Isaac en aquella tierra, y cosechó aquel año
ciento por uno; y le bendijo Jehová. 13 El varón se enriqueció, y fue
prosperado, y se engrandeció hasta hacerse muy poderoso. 14 Y tuvo hato de
ovejas, y hato de vacas, y mucha labranza; y los filisteos le tuvieron
envidia. 15 Y todos los pozos que habían abierto los criados de Abraham su
padre en sus días, los filisteos los habían cegado y llenado de tierra. 16
Entonces dijo Abimelec a Isaac: Apártate de nosotros, porque mucho más
poderoso que nosotros te has hecho.
17 E Isaac se fue de allí, y acampó en el valle de Gerar,
y habitó allí. 18 Y volvió a abrir Isaac los pozos de agua que habían abierto
en los días de Abraham su padre, y que los filisteos habían cegado después de
la muerte de Abraham; y los llamó por los nombres que su padre los había
llamado. 19 Pero cuando los siervos de Isaac cavaron en el valle, y hallaron
allí un pozo de aguas vivas, 20 los pastores de Gerar riñeron con los pastores
de Isaac, diciendo: El agua es nuestra. Por eso llamó el nombre del pozo Esek,
porque habían altercado con él. 21 Y abrieron otro pozo, y también riñeron
sobre él; y llamó su nombre Sitna. 22 Y se apartó de allí, y abrió otro pozo,
y no riñeron sobre él; y llamó su nombre Rehobot, y dijo: Porque ahora Jehová
nos ha prosperado, y fructificaremos en la tierra.
23 Y de allí subió a Beerseba. 24 Y se le apareció Jehová
aquella noche, y le dijo: Yo soy el Dios de Abraham tu padre; no temas, porque
yo estoy contigo, y yo bendeciré, y multiplicaré tu descendencia por amor de
Abraham mi siervo. 25 Y edificó allí un altar, e invocó el nombre de Jehová, y
plantó allí su tienda; y abrieron allí los siervos de Isaac un pozo.
26 Y Abimelec vino a él desde Gerar, y Ahuzat, amigo
suyo, y Ficol, capitán de su ejército. 27 Y les dijo Isaac: ¿Por qué venís a
mí, pues que me habéis aborrecido, y me echasteis de entre vosotros? 28 Y
ellos respondieron: Hemos visto que Jehová está contigo; y dijimos: Haya ahora
juramento entre nosotros, entre tú y nosotros, y haremos pacto cutigo, 29 que
no nos hagas mal, como nosotros no te hemos tocado, y como solamente te hemos
hecho bien, y te enviamos en paz; tú eres ahora bendito de Jehová. 30 Entonces
él les hizo banquete, y comieron y bebieron. 31 Y se levantaron de madrugada,
y juraron el uno al otro; e Isaac los despidió, y ellos se despidieron de él
en paz. 32 En aquel día sucedió que vinieron los criados de Isaac, y le dieron
nuevas acerca del pozo que habían abierto, y le dijeron: Hemos hallado agua.
33 Y lo llamó Seba; por esta causa el nombre de aquella ciudad es Beerseba
hasta este día.
34 Y cuando Esaú era de cuarenta años, tomó por mujer a
Judit hija de Beeri heteo, y a Basemat hija de Elón heteo; 35 y fueron
amargura de espíritu para Isaac y para Rebeca.
Jacob obtiene la bendición de Isaac
Génesis 27
1 Aconteció que cuando Isaac envejeció, y sus ojos se
oscurecieron quedando sin vista, llamó a Esaú su hijo mayor, y le dijo: Hijo
mío. Y él respondió: Heme aquí. 2 Y él dijo: He aquí ya soy viejo, no sé el
día de mi muerte. 3 Toma, pues, ahora tus armas, tu aljaba y tu arco, y sal al
campo y tráeme caza; 4 y hazme un guisado como a mí me gusta, y tráemelo, y
comeré, para que yo te bendiga antes que muera. 5 Y Rebeca estaba oyendo,
cuando hablaba Isaac a Esaú su hijo; y se fue Esaú al campo para buscar la
caza que había de traer.
6 Entonces Rebeca habló a Jacob su hijo, diciendo: He
aquí yo he oído a tu padre que hablaba con Esaú tu hermano, diciendo: 7 Tráeme
caza y hazme un guisado, para que coma, y te bendiga en presencia de Jehová
antes que yo muera. 8 Ahora, pues, hijo mío, obedece a mi voz en lo que te
mando. 9 Ve ahora al ganado, y tráeme de allí dos buenos cabritos de las
cabras, y haré de ellos viandas para tu padre, como a él le gusta; 10 y tú las
llevarás a tu padre, y comerá, para que él te bendiga antes de su muerte. 11 Y
Jacob dijo a Rebeca su madre: He aquí, Esaú mi hermano es hombre velloso, y yo
lampiño. 12 Quizá me palpará mi padre, y me tendrá por burlador, y traeré
sobre mí maldición y no bendición. 13 Y su madre respondió: Hijo mío, sea
sobre mí tu maldición; solamente obedece a mi voz y vé y tráemelos. 14
Entonces él fue y los tomó, y los trajo a su madre; y su madre hizo guisados,
como a su padre le gustaba. 15 Y tomó Rebeca los vestidos de Esaú su hijo
mayor, los preciosos, que ella tenía en casa, y vistió a Jacob su hijo menor;
16 y cubrió sus manos y la parte de su cuello donde no tenía vello, con las
pieles de los cabritos; 17 y entregó los guisados y el pan que había
preparado, en manos de Jacob su hijo.
18 Entonces éste fue a su padre y dijo: Padre mío. E
Isaac respondió: Heme aquí; ¿quién eres, hijo mío? 19 Y Jacob dijo a su padre:
Yo soy Esaú tu primogénito; he hecho como me dijiste: levántate ahora, y
siéntate, y come de mi caza, para que me bendigas. 20 Entonces Isaac dijo a su
hijo: ¿Cómo es que la hallaste tan pronto, hijo mío? Y él respondió: Porque
Jehová tu Dios hizo que la encontrase delante de mí. 21 E Isaac dijo a Jacob:
Acércate ahora, y te palparé, hijo mío, por si eres mi hijo Esaú o no. 22 Y se
acercó Jacob a su padre Isaac, quien le palpó, y dijo: La voz es la voz de
Jacob, pero las manos, las manos de Esaú. 23 Y no le conoció, porque sus manos
eran vellosas como las manos de Esaú; y le bendijo. 24 Y dijo: ¿Eres tú mi
hijo Esaú? Y Jacob respondió: Yo soy. 25 Dijo también: Acércamela, y comeré de
la caza de mi hijo, para que yo te bendiga; y Jacob se la acercó, e Isaac
comió; le trajo también vino, y bebió. 26 Y le dijo Isaac su padre: Acércate
ahora, y bésame, hijo mío. 27 Y Jacob se acercó, y le besó; y olió Isaac el
olor de sus vestidos, y le bendijo, diciendo:
Mira, el olor de mi hijo,
Como el olor del campo que Jehová ha bendecido;
28 Dios, pues, te dé del rocío del cielo,
Y de las grosuras de la tierra,
Y abundancia de trigo y de mosto.
29 Sírvante pueblos,
Y naciones se inclinen a ti;
Sé señor de tus hermanos,
Y se inclinen ante ti los hijos de tu madre.
Malditos los que te maldijeren,
Y benditos los que te bendijeren.
30 Y aconteció, luego que Isaac acabó de bendecir a
Jacob, y apenas había salido Jacob de delante de Isaac su padre, que Esaú su
hermano volvió de cazar. 31 E hizo él también guisados, y trajo a su padre, y
le dijo: Levántese mi padre, y coma de la caza de su hijo, para que me
bendiga. 32 Entonces Isaac su padre le dijo: ¿Quién eres tú? Y él le dijo: Yo
soy tu hijo, tu primogénito, Esaú. 33 Y se estremeció Isaac grandemente, y
dijo: ¿Quién es el que vino aquí, que trajo caza, y me dio, y comí de todo
antes que tú vinieses? Yo le bendije, y será bendito. 34 Cuando Esaú oyó las
palabras de su padre, clamó con una muy grande y muy amarga exclamación, y le
dijo: Bendíceme también a mí, padre mío. 35 Y él dijo: Vino tu hermano con
engaño, y tomó tu bendición. 36 Y Esaú respondió: Bien llamaron su nombre
Jacob, pues ya me ha suplantado dos veces: se apoderó de mi primogenitura, y
he aquí ahora ha tomado mi bendición. Y dijo: ¿No has guardado bendición para
mí? 37 Isaac respondió y dijo a Esaú: He aquí yo le he puesto por señor tuyo,
y le he dado por siervos a todos sus hermanos; de trigo y de vino le he
provisto; ¿qué, pues, te haré a ti ahora, hijo mío? 38 Y Esaú respondió a su
padre: ¿No tienes más que una sola bendición, padre mío? Bendíceme también a
mí, padre mío. Y alzó Esaú su voz, y lloró.
39 Entonces Isaac su padre habló y le dijo:
He aquí, será tu habitación en grosuras de la tierra,
Y del rocío de los cielos de arriba;
40 Y por tu espada vivirás, y a tu hermano servirás;
Y sucederá cuando te fortalezcas,
Que descargarás su yugo de tu cerviz.
Jacob huye de Esaú
41 Y aborreció Esaú a Jacob por la bendición con que su
padre le había bendecido, y dijo en su corazón: Llegarán los días del luto de
mi padre, y yo mataré a mi hermano Jacob. 42 Y fueron dichas a Rebeca las
palabras de Esaú su hijo mayor; y ella envió y llamó a Jacob su hijo menor, y
le dijo: He aquí, Esaú tu hermano se consula acerca de ti con la idea de
matarte. 43 Ahora pues, hijo mío, obedece a mi voz; levántate y huye a casa de
Labán mi hermano en Harán, 44 y mora con él algunos días, hasta que el enojo
de tu hermano se mitigue; 45 hasta que se aplaque la ira de tu hermano contra
ti, y olvide lo que le has hecho; yo enviaré entonces, y te traeré de allá.
¿Por qué seré privada de vosotros ambos en un día? 46 Y dijo Rebeca a Isaac:
Fastidio tengo de mi vida, a causa de las hijas de Het. Si Jacob toma mujer de
las hijas de Het, como éstas, de las hijas de esta tierra, ¿para qué quiero la
vida?
Génesis 28
1 Entonces Isaac llamó a Jacob, y lo bendijo, y le mandó
diciendo: No tomes mujer de las hijas de Canaán. 2 Levántate, ve a Padan-aram,
a casa de Betuel, padre de tu madre, y toma allí mujer de las hijas de Labán,
hermano de tu madre. 3 Y el Dios omnipotente te bendiga, y te haga fructificar
y te multiplique, hasta llegar a ser multitud de pueblos; 4 y te dé la
bendición de Abraham, y a tu descendencia contigo, para que heredes la tierra
en que moras, que Dios dio a Abraham. 5 Así envió Isaac a Jacob, el cual fue a
Padan-aram, a Labán hijo de Betuel arameo, hermano de Rebeca madre de Jacob y
de Esaú.
6 Y vio Esaú cómo Isaac había bendecido a Jacob, y le
había enviado a Padan-aram, para tomar para sí mujer de allí; y que cuando le
bendijo, le había mandado diciendo: No tomarás mujer de las hijas de Canaán; 7
y que Jacob había obedecido a su padre y a su madre, y se había ido a Padan-aram.
8 Vio asimismo Esaú que las hijas de Canaán parecían mal a Isaac su padre; 9 y
se fue Esaú a Ismael, y tomó para sí por mujer a Mahalat, hija de Ismael hijo
de Abraham, hermana de Nebaiot, además de sus otras mujeres.
Dios se aparece a Jacob en Bet-el
10 Salió, pues, Jacob de Beerseba, y fue a Harán. 11 Y
llegó a un cierto lugar, y durmió allí, porque ya el sol se había puesto; y
tomó de las piedras de aquel paraje y puso a su cabecera, y se acostó en aquel
lugar. 12 Y soñó: y he aquí una escalera que estaba apoyada en tierra, y su
extremo tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían
por ella. 13 Y he aquí, Jehová estaba en lo alto de ella, el cual dijo: Yo soy
Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que
estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia. 14 Será tu descendencia
como el polvo de la tierra, y te extenderás al occidente, al oriente, al norte
y al sur; y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu
simiente. 15 He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que
fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya
hecho lo que te he dicho. 16 Y despertó Jacob de su sueño, y dijo: Ciertamente
Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía. 17 Y tuvo miedo, y dijo: ¡Cuán
terrible es este lugar! No es otra cosa que casa de Dios, y puerta del cielo.
18 Y se levantó Jacob de mañana, y tomó la piedra que
había puesto de cabecera, y la alzó por señal, y derramó aceite encima de
ella. 19 Y llamó el nombre de aquel lugar Bet-el, aunque Luz era el nombre de
la ciudad primero. 20 E hizo Jacob voto, diciendo: Si fuere Dios conmigo, y me
guardare en este viaje en que voy, y me diere pan para comer y vestido para
vestir, 21 y si volviere en paz a casa de mi padre, Jehová será mi Dios. 22 Y
esta piedra que he puesto por señal, será casa de Dios; y de todo lo que me
dieres, el diezmo apartaré para ti.
Jacob sirve a Labán por Raquel y Lea
Génesis 29
1 Siguió luego Jacob su camino, y fue a la tierra de los
orientales. 2 Y miró, y vio un pozo en el campo; y he aquí tres rebaños de
ovejas que yacían cerca de él, porque de aquel pozo abrevaban los ganados; y
había una gran piedra sobre la boca del pozo. 3 Y juntaban allí todos los
rebaños; y revolvían la piedra de la boca del pozo, y abrevaban las ovejas, y
volvían la piedra sobre la boca del pozo a su lugar. 4 Y les dijo Jacob:
Hermanos míos, ¿de dónde sois? Y ellos respondieron: De Harán somos. 5 El les
dijo: ¿Conocéis a Labán hijo de Nacor? Y ellos dijeron: Sí, le conocemos. 6 Y
él les dijo: ¿Está bien? Y ellos dijeron: Bien, y he aquí Raquel su hija viene
con las ovejas. 7 Y él dijo: He aquí es aún muy de día; no es tiempo todavía
de recoger el ganado; abrevad las ovejas, e id a apacentarlas. 8 Y ellos
respondieron: No podemos, hasta que se junten todos los rebaños, y remuevan la
piedra de la boca del pozo, para que abrevemos las ovejas.
9 Mientras él aún hablaba con ellos, Raquel vino con el
rebaño de su padre, porque ella era la pastora. 10 Y sucedió que cuando Jacob
vio a Raquel, hija de Labán hermano de su madre, y las ovejas de Labán el
hermano de su madre, se acercó Jacob y removió la piedra de la boca del pozo,
y abrevó el rebaño de Labán hermano de su madre. 11 Y Jacob besó a Raquel, y
alzó su voz y lloró. 12 Y Jacob dijo a Raquel que él era hermano de su padre,
y que era hijo de Rebeca; y ella corrió, y dio las nuevas a su padre. 13 Así
que oyó Labán las nuevas de Jacob, hijo de su hermana, corrió a recibirlo, y
lo abrazó, lo besó, y lo trajo a su casa; y él contó a Labán todas estas
cosas. 14 Y Labán le dijo: Ciertamente hueso mío y carne mía eres. Y estuvo
con él durante un mes.
15 Entonces dijo Labán a Jacob: ¿Por ser tú mi hermano,
me servirás de balde? Dime cuál será tu salario. 16 Y Labán tenía dos hijas:
el nombre de la mayor era Lea, y el nombre de la menor, Raquel. 17 Y los ojos
de Lea eran delicados, pero Raquel era de lindo semblante y de hermoso
parecer. 18 Y Jacob amó a Raquel, y dijo: Yo te serviré siete años por Raquel
tu hija menor. 19 Y Labán respondió: Mejor es que te la dé a ti, y no que la
dé a otro hombre; quédate conmigo. 20 Así sirvió Jacob por Raquel siete años;
y le parecieron como pocos días, porque la amaba.
21 Entonces dijo Jacob a Labán: Dame mi mujer, porque mi
tiempo se ha cumplido, para unirme a ella. 22 Entonces Labán juntó a todos los
varones de aquel lugar, e hizo banquete. 23 Y sucedió que a la noche tomó a
Lea su hija, y se la trajo; y él se llegó a ella. 24 Y dio Labán su sierva
Zilpa a su hija Lea por criada. 25 Venida la mañana, he aquí que era Lea; y
Jacob dijo a Labán: ¿Qué es esto que me has hecho? ¿No te he servido por
Raquel? ¿Por qué, pues, me has engañado? 26 Y Labán respondió: No se hace así
en nuestro lugar, que se dé la menor antes de la mayor. 27 Cumple la semana de
ésta, y se te dará también la otra, por el servicio que hagas conmigo otros
siete años. 28 E hizo Jacob así, y cumplió la semana de aquélla; y él le dio a
Raquel su hija por mujer. 29 Y dio Labán a Raquel su hija su sierva Bilha por
criada. 30 Y se llegó también a Raquel, y la amó también más que a Lea; y
sirvió a Labán aún otros siete años.
Los hijos de Jacob
31 Y vio Jehová que Lea era menospreciada, y le dio
hijos; pero Raquel era estéril. 32 Y concibió Lea, y dio a luz un hijo, y
llamó su nombre Rubén, porque dijo: Ha mirado Jehová mi aflicción; ahora, por
tanto, me amará mi marido. 33 Concibió otra vez, y dio a luz un hijo, y dijo:
Por cuanto oyó Jehová que yo era menospreciada, me ha dado también éste. Y
llamó su nombre Simeón. 34 Y concibió otra vez, y dio a luz un hijo, y dijo:
Ahora esta vez se unirá mi marido conmigo, porque le he dado a luz tres hijos;
por tanto, llamó su nombre Leví. 35 Concibió otra vez, y dio a luz un hijo, y
dijo: Esta vez alabaré a Jehová; por esto llamó su nombre Judá; y dejó de dar
a luz.
Génesis 30
1 Viendo Raquel que no daba hijos a Jacob, tuvo envidia
de su hermana, y decía a Jacob: Dame hijos, o si no, me muero. 2 Y Jacob se
enojó contra Raquel, y dijo: ¿Soy yo acaso Dios, que te impidió el fruto de tu
vientre? 3 Y ella dijo: He aquí mi sierva Bilha; llégate a ella, y dará a luz
sobre mis rodillas, y yo también tendré hijos de ella. 4 Así le dio a Bilha su
sierva por mujer; y Jacob se llegó a ella. 5 Y concibió Bilha, y dio a luz un
hijo a Jacob. 6 Dijo entonces Raquel: Me juzgó Dios, y también oyó mi voz, y
me dio un hijo. Por tanto llamó su nombre Dan.x6* con mi hermana, y he
vencido. Y llamó su nombre Neftalí. 9 Viendo, pues, Lea, que había dejado de
dar a luz, tomó a Zilpa su sierva, y la dio a Jacob por mujer. 10 Y Zilpa
sierva de Lea dio a luz un hijo a Jacob. 11 Y dijo Lea: Vino la ventura; y
llamó su nombre Gad. 12 Luego Zilpa la sierva de Lea dio a luz otro hijo a
Jacob. 13 Y dijo Lea: Para dicha mía; porque las mujeres me dirán dichosa; y
llamó su nombre Aser.
14 Fue Rubén en tiempo de la siega de los trigos, y halló
mandrágoras en el campo, y las trajo a Lea su madre; y dijo Raquel a Lea: Te
ruego que me des de las mandrágoras de tu hijo. 15 Y ella respondió: ¿Es poco
que hayas tomado mi marido, sino que también te has de llevar las mandrágoras
de mi hijo? Y dijo Raquel: Pues dormirá contigo esta noche por las mandrágoras
de tu hijo. 16 Cuando, pues, Jacob volvía del campo a la tarde, salió Lea a
él, y le dijo: Llégate a mí, porque a la verdad te he alquilado por las
mandrágoras de mi hijo. Y durmió con ella aquella noche. 17 Y oyó Dios a Lea;
y concibió, y dio a luz el quinto hijo a Jacob. 18 Y dijo Lea: Dios me ha dado
mi recompensa, por cuanto di mi sierva a mi marido; por eso llamó su nombre
Isacar. 19 Después concibió Lea otra vez, y dio a luz el sexto hijo a Jacob.
20 Y dijo Lea: Dios me ha dado una buena dote; ahora morará conmigo mi marido,
porque le he dado a luz seis hijos; y llamó su nombre Zabulón. 21 Después dio
a luz una hija, y llamó su nombre Dina. 22 Y se acordó Dios de Raquel, y la
oyó Dios, y le concedió hijos. 23 Y concibió, y dio a luz un hijo, y dijo:
Dios ha quitado mi afrenta; 24 y llamó su nombre José, diciendo: Añádame
Jehová otro hijo.
Tretas de Jacob y de Labán
25 Aconteció cuando Raquel hubo dado a luz a José, que
Jacob dijo a Labán: Envíame, e iré a mi lugar, y a mi tierra. 26 Dame mis
mujeres y mis hijos, por las cuales he servido contigo, y déjame ir; pues tú
sabes los servicios que te he hecho. 27 Y Labán le respondió: Halle yo ahora
gracia en tus ojos, y quédate; he experimentado que Jehová me ha bendecido por
tu causa. 28 Y dijo: Señálame tu salario, y yo lo daré. 29 Y él respondió: Tú
sabes cómo te he servido, y cómo ha estado tu ganado conmigo. 30 Porque poco
tenías antes de mi venida, y ha crecido en gran número, y Jehová te ha
bendecido con mi llegada; y ahora, ¿cuándo trabajaré también por mi propia
casa? 31 Y él dijo: ¿Qué te daré? Y respondió Jacob: No me des nada; si
hicieres por mí esto, volveré a apacentar tus ovejas. 32 Yo pasaré hoy por
todo tu rebaño, poniendo aparte todas las ovejas manchadas y salpicadas de
color, y todas las ovejas de color oscuro, y las manchadas y salpicadas de
color entre las cabras; y esto será mi salario. 33 Así responderá por mí mi
honradez mañana, cuando vengas a reconocer mi salario; toda la que no fuere
pintada ni manchada en las cabras, y de color oscuro entre mis ovejas, se me
ha de tener como de hurto. 34 Dijo entonces Labán: Mira, sea como tú dices. 35
Y Labán apartó aquel día los machos cabríos manchados y rayados, y todas las
cabras manchadas y salpicadas de color, y toda aquella que tenía en sí algo de
blanco, y todas las de color oscuro entre las ovejas, y las puso en mano de
sus hijos. 36 Y puso tres días de camino entre sí y Jacob; y Jacob apacentaba
las otras ovejas de Labán.
37 Tomó luego Jacob varas verdes de álamo, de avellano y
de castaño, y descortezó en ellas mondaduras blancas, descubriendo así lo
blanco de las varas. 38 Y puso las varas que había mondado delante del ganado,
en los canales de los abrevaderos del agua donde venían a beber las ovejas,
las cuales procreaban cuando venían a beber. 39 Así concebían las ovejas
delante de las varas; y parían borregos listados, pintados y salpicados de
diversos colores. 40 Y apartaba Jacob los corderos, y ponía con su propio
rebaño los listados y todo lo que era oscuro del hato de Labán. Y ponía su
hato aparte, y no lo ponía con las ovejas de Labán. 41 Y sucedía que cuantas
veces se hallaban en celo las ovejas más fuertes, Jacob ponía las varas
delante de las ovejas en los abrevaderos, para que concibiesen a la vista de
las varas. 42 Pero cuando venían las ovejas más débiles, no las ponía; así
eran las más débiles para Labán, y las más fuertes para Jacob. 43 Y se
enriqueció el varón muchísimo, y tuvo muchas ovejas, y siervas y siervos, y
camellos y asnos.
Génesis 31
1 Y oía Jacob las palabras de los hijos de Labán, que
decían: Jacob ha tomado todo lo que era de nuestro padre, y de lo que era de
nuestro padre ha adquirido toda esta riqueza. 2 Miraba también Jacob el
semblante de Labán, y veía que no era para con él como había sido antes. 3
También Jehová dijo a Jacob: Vuélvete a la tierra de tus padres, y a tu
parentela, y yo estaré contigo. 4 Envió, pues, Jacob, y llamó a Raquel y a Lea
al campo donde estaban sus ovejas, 5 y les dijo: Veo que el semblante de
vuestro padre no es para conmigo como era antes; mas el Dios de mi padre ha
estado conmigo. 6 Vosotras sabéis que con todas mis fuerzas he servido a
vuestro padre; 7 y vuestro padre me ha engañado, y me ha cambiado el salario
diez veces; pero Dios no le ha permitido que me hiciese mal. 8 Si él decía
así: Los pintados serán tu salario, entonces todas las ovejas parían pintados;
y si decía así: Los listados serán tu salario; entonces todas las ovejas
parían listados. 9 Así quitó Dios el ganado de vuestro padre, y me lo dio a
mí. 10 Y sucedió que al tiempo que las ovejas estaban en celo, alcé yo mis
ojos y vi en sueños, y he aquí los machos que cubrían a las hembras eran
listados, pintados y abigarrados. 11 Y me dijo el ángel de Dios en sueños:
Jacob. Y yo dije: Heme aquí. 12 Y él dijo: Alza ahora tus ojos, y verás que
todos los machos que cubren a las hembras son listados, pintados y
abigarrados; porque yo he visto todo lo que Labán te ha hecho. 13 Yo soy el
Dios de Bet-el, donde tú ungiste la piedra, y donde me hiciste un voto.
Levántate ahora y sal de esta tierra, y vuélvete a la tierra de tu nacimiento.
14 Respondieron Raquel y Lea, y le dijeron: ¿Tenemos acaso parte o heredad en
la casa de nuestro padre? 15 ¿No nos tiene ya como por extrañas, pues que nos
vendió, y aun se ha comido del todo nuestro precio? 16 Porque toda la riqueza
que Dios ha quitado a nuestro padre, nuestra es y de nuestros hijos; ahora,
pues, haz todo lo que Dios te ha dicho.
Jacob huye de Labán
17 Entonces se levantó Jacob, y subió sus hijos y sus
mujeres sobre los camellos, 18 y puso en camino todo su ganado, y todo cuanto
había adquirido, el ganado de su ganancia que había obtenido en Padan-aram,
para volverse a Isaac su padre en la tierra de Canaán. 19 Pero Labán había ido
a trasquilar sus ovejas; y Raquel hurtó los ídolos de su padre. 20 Y Jacob
engañó a Labán arameo, no haciéndole saber que se iba. 21 Huyó, pues, con todo
lo que tenía; y se levantó y pasó el Eufrates, y se dirigió al monte de Galaad.
22 Y al tercer día fue dicho a Labán que Jacob había huido. 23 Entonces Labán
tomó a sus parientes consigo, y fue tras Jacob camino de siete días, y le
alcanzó en el monte de Galaad. 24 Y vino Dios a Labán arameo en sueños aquella
noche, y le dijo: Guárdate que no hables a Jacob descomedidamente.
25 Alcanzó, pues, Labán a Jacob; y éste había fijado su
tienda en el monte; y Labán acampó con sus parientes en el monte de Galaad. 26
Y dijo Labán a Jacob: ¿Qué has hecho, que me engañaste, y has traído a mis
hijas como prisioneras de guerra? 27 ¿Por qué te escondiste para huir, y me
engañaste, y no me lo hiciste saber para que yo te despidiera con alegría y
con cantares, con tamborín y arpa? 28 Pues ni aun me dajaste besar a mis hijos
y mis hijas. Ahora, locamente has hecho. 29 Poder hay en mi mano para haceros
mal; mas el Dios de tu padre me habló anoche diciendo: Guárdate que no hables
a Jacob descomedidamente. 30 Y ya que te ibas, porque tenías deseo de la casa
de tu padre, ¿por qué me hurtaste mis dioses? 31 Respondió Jacob y dijo a
Labán: Porque tuve miedo; pues pensé que quizá me quitarías por fuerza tus
hijas. 32 Aquel en cuyo poder hallares tus dioses, no viva; delante de
nuestros hermanos reconoce lo que yo tenga tuyo, y llévatelo. Jacob no sabía
que Raquel los había hurtado. 33 Entró Labán en la tienda de Jacob, en la
tienda de Lea, y en la tienda de las dos siervas, y no los halló; y salió de
la tienda de Lea, y entró en la tienda de Raquel. 34 Pero tomó Raquel los
ídolos y los puso en una albarda de un camello, y se sentó sobre ellos; y
buscó Labán en toda la tienda, y no los halló. 35 Y ella dijo a su padre: No
se enoje mi señor, porque no me puedo levantar delante de ti; pues estoy con
la costumbre de las mujeres. Y él buscó, pero no halló los ídolos.
36 Entonces Jacob se enojó, y riñó con Labán; y respondió
Jacob y dijo a Labán: ¿Qué transgresión es la mía? ¿Cuál es mi pecado, para
que con tanto ardor hayas venido en mi persecución? 37 Pues que has buscado en
todas mis cosas, ¿qué has hallado de todos los enseres de tu casa? Ponlo aquí
delante de mis hermanos y de los tuyos, y juzguen entre nosotros. 38 Estos
veinte años he estado contigo; tus ovejas y tus cabras nunca abortaron, ni yo
comí carnero de tus ovejas. 39 Nunca te traje lo arrebatado por las fieras: yo
pagaba el daño; lo hurtado así de día como de noche, a mí me lo cobrabas. 40
De día me consumía el calor, y de noche la helada, y el sueño huía de mis
ojos. 41 Así he estado veinte años en tu casa; catorce años te serví por tus
dos hijas, y seis años por tu ganado, y has cambiado mi salario diez veces. 42
Si el Dios de mi padre, Dios de Abraham y temor de Isaac, no estuviera
conmigo, de cierto me enviarías ahora con las manos vacías; pero Dios vio mi
aflicción y el trabajo de mis manos, y te reprendió anoche.
43 Respondió Labán y dijo a Jacob: Las hijas son hijas
mías, y los hijos, hijos míos son, y las ovejas son mis ovejas, y todo lo que
tú ves es mío: ¿y qué puedo yo hacer hoy a estas mis hijas, o a sus hijos que
ellas han dado a luz? 44 Ven, pues, ahora, y hagamos pacto tú y yo, y sea por
testimonio entre nosotros dos. 45 Entonces Jacob tomó una piedra, y la levantó
por señal. 46 Y dijo Jacob a sus hermanos: Recoged piedras. Y tomaron piedras
e hicieron un majano, y comieron allí sobre aquel majano. 47 Y lo llamó Labán,
Jegar Sahaduta; y lo llamó Jacob, Galaad. 48 Porque Labán dijo: Este majano es
testigo hoy entre nosotros dos; por eso fue llamado su nombre Galaad; 49 y
Mizpa, por cuanto dijo: Atalaye Jehová entre tú y yo, cuando nos apartemos el
uno del otro. 50 Si afligieres a mis hijas, o si tomares otras mujeres además
de mis hijas, nadie está con nosotros; mira, Dios es testigo entre nosotros
dos. 51 Dijo más Labán a Jacob: He aquí este majano, y he aquí esta señal, que
he erigido entre tú y yo. 52 Testigo sea este majano, y testigo sea esta
señal, que ni yo pasaré de este majano contra ti, ni tú pasarás de este majano
ni de esta señal contra mí, para mal. 53 El Dios de Abraham y el Dios de Nacor
juzgue entre nosotros, el Dios de sus padres. Y Jacob juró por aquel a quien
temía Isaac su padre. 54 Entonces Jacob inmoló víctimas en el monte, y llamó a
sus hermanos a comer pan; y comieron pan, y durmieron aquella noche en el
monte. 55 Y se levantó Labán de mañana, y besó sus hijos y sus hijas, y los
bendijo; y regresó y se volvió a su lugar.
Jacob se prepara para el encuentro con Esaú
Génesis 32
1 Jacob siguió su camino, y le salieron al encuentro
ángeles de Dios. 2 Y dijo Jacob cuando los vio: Campamento de Dios es este; y
llamó el nombre de aquel lugar Mahanaim. 3 Y envió Jacob mensajeros delante de
sí a Esaú su hermano, a la tierra de Seir, campo de Edom. 4 Y les mandó
diciendo: Así diréis a mi señor Esaú: Así dice tu siervo Jacob: Con Labán he
morado, y me he detenido hasta ahora; 5 y tengo vacas, asnos, ovejas, y
siervos y siervas; y envío a decirlo a mi señor, para hallar gracia en tus
ojos.
6 Y los mensajeros volvieron a Jacob, diciendo: Vinimos a
tu hermano Esaú, y él también viene a recibirte, y cuatrocientos hombres con
él. 7 Entonces Jacob tuvo gran temor, y se angustió; y distribuyó el pueblo
que tenía consigo, y las ovejas y las vacas y los camellos, en dos
campamentos. 8 Y dijo: Si viene Esaú contra un campamento y lo ataca, el otro
campamento escapará.
9 Y dijo Jacob: Dios de mi padre Abraham, y Dios de mi
padre Isaac, Jehová, que me dijiste: Vuélvete a tu tierra y a tu parentela, y
yo te haré bien; 10 menor soy que todas las misericordias y que toda la verdad
que has usado para con tu siervo; pues con mi cayado pasé este Jordán, y ahora
estoy sobre dos campamentos. 11 Líbrame ahora de la mano de mi hermano, de la
mano de Esaú, porque le temo; no venga acaso y me hiera la madre con los
hijos. 12 Y tú has dicho: Yo te haré bien, y tu descendencia será como la
arena del mar, que no se puede contar por la multitud. 13 Y durmió allí
aquella noche, y tomó de lo que le vino a la mano un presente para su hermano
Esaú: 14 doscientas cabras y veinte machos cabríos, doscientas ovejas y veinte
carneros, 15 treinta camellas paridas con sus crías, cuarenta vacas y diez
novillos, veinte asnas y diez borricos. 16 Y lo entregó a sus siervos, cada
manada de por sí; y dijo a sus siervos: Pasad delante de mí, y poned espacio
entre manada y manada. 17 Y mandó al primero, diciendo: Si Esaú mi hermano te
encontrare, y te preguntare, diciendo: ¿De quién eres? ¿y adónde vas? ¿y para
quién es esto que llevas delante de ti? 18 entonces dirás: Es un presente de
tu siervo Jacob, que envía a mi señor Esaú; y he aquí también él viene tras
nosotros. 19 Mandó también al segundo, y al tercero, y a todos los que iban
tras aquellas manadas, diciendo: Conforme a esto hablaréis a Esaú, cuando le
hallareis. 20 Y diréis también: He aquí tu siervo Jacob viene tras nosotros.
Porque dijo: Apaciguaré su ira con el presente que va delante de mí, y después
veré su rostro; quizá le seré acepto. 21 Pasó, pues, el presente delante de
él; y él durmió aquella noche en el campamento.
Jacob lucha con el ángel en Peniel
22 Y se levantó aquella noche, y tomó sus dos mujeres, y
sus dos siervas, y sus once hijos, y pasó el vado de Jaboc. 23 Los tomó, pues,
e hizo pasar el arroyo a ellos y a todo lo que tenía. 24 Así se quedó Jacob
solo; y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba. 25 Y cuando el varón
vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se
descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba. 26 Y dijo: Déjame,
porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejaré, si no me bendices. 27
Y el varón le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob. 28 Y el varón
le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con
Dios y con los hombres, y has vencido. 29 Entonces Jacob le preguntó, y dijo:
Declárame ahora tu nombre. Y el varón respondió: ¿Por qué me preguntas por mi
nombre? Y lo bendijo allí. 30 Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar, Peniel;
porque dijo: Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma. 31 Y cuando había
pasado Peniel, le salió el sol; y cojeaba de su cadera. 32 Por esto no comen
los hijos de Israel, hasta hoy día, del tendón que se contrajo, el cual está
en el encaje del muslo; porque tocó a Jacob este sitio de su muslo en el
tendón que se contrajo.
Reconciliación entre Jacob y Esaú
Génesis 33
1 Alzando Jacob sus ojos, miró, y he aquí venía Esaú, y
los cuatrocientos hombres con él; entonces repartió él los niños entre Lea y
Raquel y las dos siervas. 2 Y puso las siervas y sus niños delante, luego a
Lea y sus niños, y a Raquel y a José los últimos. 3 Y él pasó delante de ellos
y se inclinó a tierra siete veces, hasta que llegó a su hermano. 4 Pero Esaú
corrió a su encuentro y le abrazó, y se echó sobre su cuello, y le besó; y
lloraron. 5 Y alzó sus ojos y vio a las mujeres y los niños, y dijo: ¿Quiénes
son éstos? Y él respondió: Son los niños que Dios ha dado a tu siervo. 6 Luego
vinieron las siervas, ellas y sus niños, y se inclinaron. 7 Y vino Lea con sus
niños, y se inclinaron; y después llegó José y Raquel, y también se
inclinaron. 8 Y Esaú dijo: ¿Qué te propones con todos estos grupos que he
encontrado? Y Jacob respondió: El hallar gracia en los ojos de mi señor. 9 Y
dijo Esaú: Suficiente tengo yo, hermano mío; sea para ti lo que es tuyo. 10 Y
dijo Jacob: No, yo te ruego; si he hallado ahora gracia en tus ojos, acepta mi
presente, porque he visto tu rostro, como si hubiera visto el rostro de Dios,
pues que con tanto favor me has recibido. 11 Acepta, te ruego, mi presente que
te he traído, porque Dios me ha hecho merced, y todo lo que hay aquí es mío. E
insistió con él, y Esaú lo tomó. 12 Y Esaú dijo: Anda, vamos; y yo iré delante
de ti. 13 Y Jacob le dijo: Mi señor sabe que los niños son tiernos, y que
tengo ovejas y vacas paridas; y si las fatigan, en un día morirán todas las
ovejas. 14 Pase ahora mi señor delante de su siervo, y yo me iré poco a poco
al paso del ganado que va delante de mí y al paso de los niños, hasta que
llegue a mi señor a Seir. 15 Y Esaú dijo: Dejaré ahora contigo de la gente que
viene conmigo. Y Jacob dijo: ¿Para qué esto? Halle yo gracia en los ojos de mi
señor. 16 Así volvió Esaú aquel día por su camino a Seir. 17 Y Jacob fue a
Sucot, y edificó allí casa para sí, e hizo cabañas para su ganado; por tanto,
llamó el nombre de aquel lugar Sucot.
18 Después Jacob llegó sano y salvo a la ciudad de Siquem,
que está en la tierra de Canaán, cuando venía de Padan-aram; y acampó delante
de la ciudad. 19 Y compró una parte del campo, donde plantó su tienda, de mano
de los hijos de Hamor padre de Siquem, por cien monedas. 20 Y erigió allí un
altar, y lo llamó El-Elohe-Israel.
La deshonra de Dina vengada
Génesis 34
1 Salió Dina la hija de Lea, la cual ésta había dado a
luz a Jacob, a ver a las hijas del país. 2 Y la vio Siquem hijo de Hamor heveo,
príncipe de aquella tierra, y la tomó, y se acostó con ella, y la deshonró. 3
Pero su alma se apegó a Dina la hija de Lea, y se enamoró de la joven, y habló
al corazón de ella. 4 Y habló Siquem a Hamor su padre, diciendo: Tómame por
mujer a esta joven. 5 Pero oyó Jacob que Siquem había amancillado a Dina su
hija; y estando sus hijos con su ganado en el campo, calló Jacob hasta que
ellos viniesen.
6 Y se dirigió Hamor padre de Siquem a Jacob, para hablar
con él. 7 Y los hijos de Jacob vinieron del campo cuando lo supieron; y se
entristecieron los varones, y se enojaron mucho, porque hizo vileza en Israel
acostándose con la hija de Jacob, lo que no se debía haber hecho. 8 Y Hamor
habló con ellos, diciendo: El alma de mi hijo Siquem se ha apegado a vuestra
hija; os ruego que se la deis por mujer. 9 Y emparentad con nosotros; dadnos
vuestras hijas, y tomad vosotros las nuestras. 10 Y habitad con nosotros,
porque la tierra estará delante de vosotros; morad y negociad en ella, y tomad
en ella posesión. 11 Siquem también dijo al padre de Dina y a los hermanos de
ella: Halle yo gracia en vuestros ojos, y daré lo que me dijereis. 12 Aumentad
a cargo mío mucha dote y dones, y yo daré cuanto me dijereis; y dadme la joven
por mujer.
13 Pero respondieron los hijos de Jacob a Siquem y a
Hamor su padre con palabras engañosas, por cuanto había amancillado a Dina su
hermana. 14 Y les dijeron: No podemos hacer esto de dar nuestra hermana a
hombre incircunciso, porque entre nosotros es abominación. 15 Mas con esta
condición os complaceremos: si habéis de ser como nosotros, que se circuncide
entre vosotros todo varón. 16 Entonces os daremos nuestras hijas, y tomaremos
nosotros las vuestras; y habitaremos con vosotros, y seremos un pueblo. 17 Mas
si no nos prestareis oído para circuncidaros, tomaremos nuestra hija y nos
iremos. 18 Y parecieron bien sus palabras a Hamor, y a Siquem hijo de Hamor.
19 Y no tardó el joven en hacer aquello, porque la hija de Jacob le había
agradado; y él era el más distinguido de toda la casa de su padre.
20 Entonces Hamor y Siquem su hijo vinieron a la puerta
de su ciudad, y hablaron a los varones de su ciudad, diciendo: 21 Estos
varones son pacíficos con nosotros, y habitarán en el país, y traficarán en
él; pues he aquí la tierra es bastante ancha para ellos; nosotros tomaremos
sus hijas por mujeres, y les daremos las nuestras. 22 Mas con esta condición
consentirán estos hombres en habitar con nosotros, para que seamos un pueblo:
que se circuncide todo varón entre nosotros, así como ellos son circuncidados.
23 Su ganado, sus bienes y todas sus bestias serán nuestros; solamente
convengamos con ellos, y habitarán con nosotros. 24 Y obedecieron a Hamor y a
Siquem su hijo todos los que salían por la puerta de la ciudad, y
circuncidaron a todo varón, a cuantos salían por la puerta de su ciudad.
25 Pero sucedió que al tercer día, cuando sentían ellos
el mayor dolor, dos de los hijos de Jacob, Simeón y Leví, hermanos de Dina,
tomaron cada uno su espada, y vinieron contra la ciudad, que estaba
desprevenida, y mataron a todo varón. 26 Y a Hamor y a Siquem su hijo los
mataron a filo de espada; y tomaron a Dina de casa de Siquem, y se fueron. 27
Y los hijos de Jacob vinieron a los muertos, y saquearon la ciudad, por cuanto
habían amancillado a su hermana. 28 Tomaron sus ovejas y vacas y sus asnos, y
lo que había en la ciudad y en el campo, 29 y todos sus bienes; llevaron
cautivos a todos sus niños y sus mujeres, y robaron todo lo que había en casa.
30 Entonces dijo Jacob a Simeón y a Leví: Me habéis turbado con hacerme
abominable a los moradores de esta tierra, el cananeo y el ferezeo; y teniendo
yo pocos hombres, se juntarán contra mí y me atacarán, y seré destruido yo y
mi casa. 31 Pero ellos respondieron: ¿Había él de tratar a nuestra hermana
como a una ramera?
Dios bendice a Jacob en Bet-el
Génesis 35
1 Dijo Dios a Jacob: Levántate y sube a Bet-el, y quédate
allí; y haz allí un altar al Dios que te apareció cuando huías de tu hermano
Esaú. 2 Entonces Jacob dijo a su familia y a todos los que con él estaban:
Quitad los dioses ajenos que hay entre vosotros, y limpiaos, y mudad vuestros
vestidos. 3 Y levantémonos, y subamos a Bet-el; y haré allí altar al Dios que
me respondió en el día de mi angustia, y ha estado conmigo en el camino que he
andado. 4 Así dieron a Jacob todos los dioses ajenos que había en poder de
ellos, y los zarcillos que estaban en sus orejas; y Jacob los escondió debajo
de una encina que estaba junto a Siquem.
5 Y salieron, y el terror de Dios estuvo sobre las
ciudades que había en sus alrededores, y no persiguieron a los hijos de Jacob.
6 Y llegó Jacob a Luz, que está en tierra de Canaán (esta es Bet-el), él y
todo el pueblo que con él estaba. 7 Y edificó allí un altar, y llamó al lugar
El-bet-el, porque allí le había aparecido Dios, cuando huía de su hermano. 8
Entonces murió Débora, ama de Rebeca, y fue sepultada al pie de Bet-el, debajo
de una encina, la cual fue llamada Alón-bacut.
9 Apareció otra vez Dios a Jacob, cuando había vuelto de
Padan-aram, y le bendijo. 10 Y le dijo Dios: Tu nombre es Jacob; no se llamará
más tu nombre Jacob, sino Israel será tu nombre; y llamó su nombre Israel. 11
También le dijo Dios: Yo soy el Dios omnipotente: crece y multiplícate; una
nación y conjunto de naciones procederán de ti, y reyes saldrán de tus lomos.
12 La tierra que he dado a Abraham y a Isaac, la daré a ti, y a tu
descendencia después de ti daré la tierra. 13 Y se fue de él Dios, del lugar
en donde había hablado con él. 14 Y Jacob erigió una señal en el lugar donde
había hablado con él, una señal de piedra, y derramó sobre ella libación, y
echó sobre ella aceite. 15 Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar donde Dios
había hablado con él, Bet-el.
Muerte de Raquel
16 Después partieron de Bet-el; y había aún como media
legua de tierra para llegar a Efrata, cuando dio a luz Raquel, y hubo trabajo
en su parto. 17 Y aconteció, como había trabajo en su parto, que le dijo la
partera: No temas, que también tendrás este hijo. 18 Y aconteció que al
salírsele el alma (pues murió), llamó su nombre Benoni; mas su padre lo llamó
Benjamín. 19 Así murió Raquel, y fue sepultada en el camino de Efrata, la cual
es Belén. 20 Y levantó Jacob un pilar sobre su sepultura; esta es la señal de
la sepultura de Raquel hasta hoy. 21 Y salió Israel, y plantó su tienda más
allá de Migdal- edar.
Los hijos de Jacob
(1 Cr. 2.1-2)
22 Aconteció que cuando moraba Israel en aquella tierra,
fue Rubén y durmió con Bilha la concubina de su padre; lo cual llegó a saber
Israel. Ahora bien, los hijos de Israel fueron doce: 23 los hijos de Lea:
Rubén el primogénito de Jacob; Simeón, Leví, Judá, Isacar y Zabulón. 24 Los
hijos de Raquel: José y Benjamín. 25 Los hijos de Bilha, sierva de Raquel: Dan
y Neftalí. 26 Y los hijos de Zilpa, sierva de Lea: Gad y Aser. Estos fueron
los hijos de Jacob, que le nacieron en Padan-aram.
Muerte de Isaac
27 Después vino Jacob a Isaac su padre a Mamre, a la
ciudad de Arba, que es Hebrón, donde habitaron Abraham e Isaac. 28 Y fueron
los días de Isaac ciento ochenta años. 29 Y exhaló Isaac el espíritu, y murió,
y fue recogido a su pueblo, viejo y lleno de días; y lo sepultaron Esaú y
Jacob sus hijos.
Los descendientes de Esaú
(1 Cr. 1.34-54)
Génesis 36
1 Estas son las generaciones de Esaú, el cual es Edom: 2
Esaú tomó sus mujeres de las hijas de Canaán: a Ada, hija de Elón heteo, a
Aholibama, hija de Aná, hijo de Zibeón heveo, 3 y a Basemat hija de Ismael,
hermana de Nebaiot. 4 Ada dio a luz a Esaú a Elifaz; y Basemat dio a luz a
Reuel. 5 Y Aholibama dio a luz a Jeús, a Jaalam y a Coré; estos son los hijos
de Esaú, que le nacieron en la tierra de Canaán. 6 Y Esaú tomó sus mujeres,
sus hijos y sus hijas, y todas las personas de su casa, y sus ganados, y todas
sus bestias, y todo cuanto había adquirido en la tierra de Canaán, y se fue a
otra tierra, separándose de Jacob su hermano. 7 Porque los bienes de ellos
eran muchos; y no podían habitar juntos, ni la tierra en donde moraban los
podía sostener a causa de sus ganados. 8 Y Esaú habitó en el monte de Seir;
Esaú es Edom.
9 Estos son los linajes de Esaú, padre de Edom, en el
monte de Seir. 10 Estos son los nombres de los hijos de Esaú: Elifaz, hijo de
Ada mujer de Esaú; Reuel, hijo de Basemat mujer de Esaú. 11 Y los hijos de
Elifaz fueron Temán, Omar, Zefo, Gatam y Cenaz. 12 Y Timna fue concubina de
Elifaz hijo de Esaú, y ella le dio a luz a Amalec; estos son los hijos de Ada,
mujer de Esaú. 13 Los hijos de Reuel fueron Nahat, Zera, Sama y Miza; estos
son los hijos de Basemat mujer de Esaú. 14 Estos fueron los hijos de Aholibama
mujer de Esaú, hija de Aná, que fue hijo de Zibeón: ella dio a luz a Jeús,
Jaalam y Coré, hijos de Esaú.
15 Estos son los jefes de entre los hijos de Esaú: hijos
de Elifaz, primogénito de Esaú: los jefes Temán, Omar, Zefo, Cenaz, 16 Coré,
Gatam y Amalec; estos son los jefes de Elifaz en la tierra de Edom; estos
fueron los hijos de Ada. 17 Y estos son los hijos de Reuel, hijo de Esaú: los
jefes Nahat, Zera, Sama y Miza; estos son los jefes de la línea de Reuel en la
tierra de Edom; estos hijos vienen de Basemat mujer de Esaú. 18 Y estos son
los hijos de Aholibama mujer de Esaú: los jefes Jeús, Jaalam y Coré; estos
fueron los jefes que salieron de Aholibama mujer de Esaú, hija de Aná. 19
Estos, pues, son los hijos de Esaú, y sus jefes; él es Edom.
20 Estos son los hijos de Seir horeo, moradores de
aquella tierra: Lotán, Sobal, Zibeón, Aná, 21 Disón, Ezer y Disán; estos son
los jefes de los horeos, hijos de Seir, en la tierra de Edom. 22 Los hijos de
Lotán fueron Hori y Hemam; y Timna fue hermana de Lotán. 23 Los hijos de Sobal
fueron Alván, Manahat, Ebal, Sefo y Onam. 24 Y los hijos de Zibeón fueron Aja
y Aná. Este Aná es el que descubrió manantiales en el desierto, cuando
apacentaba los asnos de Zibeón su padre. 25 Los hijos de Aná fueron Disón, y
Aholibama hija de Aná. 26 Estos fueron los hijos de Disón: Hemdán, Esbán,
Itrán y Querán. 27 Y estos fueron los hijos de Ezer: Bilhán, Zaaván y Acán. 28
Estos fueron los hijos de Disán: Uz y Arán. 29 Y estos fueron los jefes de los
horeos: los jefes Lotán, Sobal, Zibeón, Aná, 30 Disón, Ezer y Disán; estos
fueron los jefes de los horeos, por sus mandos en la tierra de Seir.
31 Y los reyes que reinaron en la tierra de Edom, antes
que reinase rey sobre los hijos de Israel, fueron estos: 32 Bela hijo de Beor
reinó en Edom; y el nombre de su ciudad fue Dinaba. 33 Murió Bela, y reinó en
su lugar Jobab hijo de Zera, de Bosra. 34 Murió Jobab, y en su lugar reinó
Husam, de tierra de Temán. 35 Murió Husam, y reinó en su lugar Hadad hijo de
Bedad, el que derrotó a Madián en el campo de Moab; y el nombre de su ciudad
fue Avit. 36 Murió Hadad, y en su lugar reinó Samla de Masreca. 37 Murió Samla,
y reinó en su lugar Saúl de Rehobot junto al Eufrates. 38 Murió Saúl, y en
lugar suyo reinó Baal-hanán hijo de Acbor. 39 Y murió Baal-hanán hijo de Acbor,
y reinó Hadar en lugar suyo; y el nombre de su ciudad fue Pau; y el nombre de
su mujer, Mehetabel hija de Matred, hija de Mezaab. 40 Estos, pues, son los
nombres de los jefes de Esaú por sus linajes, por sus lugares, y sus nombres:
Timna, Alva, Jetet, 41 Aholibama, Ela, Pinón, 42 Cenaz, Temán, Mibzar, 43
Magdiel e Iram. Estos fueron los jefes de Edom según sus moradas en la tierra
de su posesión. Edom es el mismo Esaú, padre de los edomitas.
José es vendido por sus hermanos
Génesis 37
1 Habitó Jacob en la tierra donde había morado su padre,
en la tierra de Canaán. 2 Esta es la historia de la familia de Jacob: José,
siendo de edad de diecisiete años, apacentaba las ovejas con sus hermanos; y
el joven estaba con los hijos de Bilha y con los hijos de Zilpa, mujeres de su
padre; e informaba José a su padre la mala fama de ellos. 3 Y amaba Israel a
José más que a todos sus hijos, porque lo había tenido en su vejez; y le hizo
una túnica de diversos colores. 4 Y viendo sus hermanos que su padre lo amaba
más que a todos sus hermanos, le aborrecían, y no podían hablarle
pacíficamente.
5 Y soñó José un sueño, y lo contó a sus hermanos; y
ellos llegaron a aborrecerle más todavía. 6 Y él les dijo: Oíd ahora este
sueño que he soñado: 7 He aquí que atábamos manojos en medio del campo, y he
aquí que mi manojo se levantaba y estaba derecho, y que vuestros manojos
estaban alrededor y se inclinaban al mío. 8 Le respondieron sus hermanos:
¿Reinarás tú sobre nosotros, o señorearás sobre nosotros? Y le aborrecieron
aun más a causa de sus sueños y sus palabras. 9 Soñó aun otro sueño, y lo
contó a sus hermanos, diciendo: He aquí que he soñado otro sueño, y he aquí
que el sol y la luna y once estrellas se inclinaban a mí. 10 Y lo contó a su
padre y a sus hermanos; y su padre le reprendió, y le dijo: ¿Qué sueño es este
que soñaste? ¿Acaso vendremos yo y tu madre y tus hermanos a postrarnos en
tierra ante ti? 11 Y sus hermanos le tenían envidia, mas su padre meditaba en
esto.
12 Después fueron sus hermanos a apacentar las ovejas de
su padre en Siquem. 13 Y dijo Israel a José: Tus hermanos apacientan las
ovejas en Siquem: ven, y te enviaré a ellos. Y él respondió: Heme aquí. 14 E
Israel le dijo: Ve ahora, mira cómo están tus hermanos y cómo están las
ovejas, y tráeme la respuesta. Y lo envió del valle de Hebrón, y llegó a
Siquem. 15 Y lo halló un hombre, andando él errante por el campo, y le
preguntó aquel hombre, diciendo: ¿Qué buscas? 16 José respondió: Busco a mis
hermanos; te ruego que me muestres dónde están apacentando. 17 Aquel hombre
respondió: Ya se han ido de aquí; y yo les oí decir: Vamos a Dotán. Entonces
José fue tras de sus hermanos, y los halló en Dotán. 18 Cuando ellos lo vieron
de lejos, antes que llegara cerca de ellos, conspiraron contra él para
matarle. 19 Y dijeron el uno al otro: He aquí viene el soñador. 20 Ahora pues,
venid, y matémosle y echémosle en una cisterna, y diremos: Alguna mala bestia
lo devoró; y veremos qué será de sus sueños. 21 Cuando Rubén oyó esto, lo
libró de sus manos, y dijo: No lo matemos. 22 Y les dijo Rubén: No derraméis
sangre; echadlo en esta cisterna que está en el desierto, y no pongáis mano en
él; por librarlo así de sus manos, para hacerlo volver a su padre. 23 Sucedió,
pues, que cuando llegó José a sus hermanos, ellos quitaron a José su túnica,
la túnica de colores que tenía sobre sí; 24 y le tomaron y le echaron en la
cisterna; pero la cisterna estaba vacía, no había en ella agua.
25 Y se sentaron a comer pan; y alzando los ojos miraron,
y he aquí una compañía de ismaelitas que venía de Galaad, y sus camellos
traían aromas, bálsamo y mirra, e iban a llevarlo a Egipto. 26 Entonces Judá
dijo a sus hermanos: ¿Qué provecho hay en que matemos a nuestro hermano y
encubramos su muerte? 27 Venid, y vendámosle a los ismaelitas, y no sea
nuestra mano sobre él; porque él es nuestro hermano, nuestra propia carne. Y
sus hermanos convinieron con él. 28 Y cuando pasaban los madianitas
mercaderes, sacaron ellos a José de la cisterna, y le trajeron arriba, y le
vendieron a los ismaelitas por veinte piezas de plata. Y llevaron a José a
Egipto.
29 Después Rubén volvió a la cisterna, y no halló a José
dentro, y rasgó sus vestidos. 30 Y volvió a sus hermanos, y dijo: El joven no
parece; y yo, ¿adónde iré yo? 31 Entonces tomaron ellos la túnica de José, y
degollaron un cabrito de las cabras, y tiñeron la túnica con la sangre; 32 y
enviaron la túnica de colores y la trajeron a su padre, y dijeron: Esto hemos
hallado; reconoce ahora si es la túnica de tu hijo, o no. 33 Y él la
reconoció, y dijo: La túnica de mi hijo es; alguna mala bestia lo devoró; José
ha sido despedazado. 34 Entonces Jacob rasgó sus vestidos, y puso cilicio
sobre sus lomos, y guardó luto por su hijo muchos días. 35 Y se levantaron
todos sus hijos y todas sus hijas para consolarlo; mas él no quiso recibir
consuelo, y dijo: Descenderé enlutado a mi hijo hasta el Seol. Y lo lloró su
padre. 36 Y los madianitas lo vendieron en Egipto a Potifar, oficial de
Faraón, capitán de la guardia.
Judá y Tamar
Génesis 38
1 Aconteció en aquel tiempo, que Judá se apartó de sus
hermanos, y se fue a un varón adulamita que se llamaba Hira. 2 Y vio allí Judá
la hija de un hombre cananeo, el cual se llamaba Súa; y la tomó, y se llegó a
ella. 3 Y ella concibió, y dio a luz un hijo, y llamó su nombre Er. 4 Concibió
otra vez, y dio a luz un hijo, y llamó su nombre Onán. 5 Y volvió a concebir,
y dio a luz un hijo, y llamó su nombre Sela. Y estaba en Quezib cuando lo dio
a luz. 6 Después Judá tomó mujer para su primogénito Er, la cual se llamaba
Tamar. 7 Y Er, el primogénito de Judá, fue malo ante los ojos de Jehová, y le
quitó Jehová la vida. 8 Entonces Judá dijo a Onán: Llégate a la mujer de tu
hermano, y despósate con ella, y levanta descendencia a tu hermano. 9 Y
sabiendo Onán que la descendencia no había de ser suya, sucedía que cuando se
llegaba a la mujer de su hermano, vertía en tierra, por no dar descendencia a
su hermano. 10 Y desagradó en ojos de Jehová lo que hacía, y a él también le
quitó la vida. 11 Y Judá dijo a Tamar su nuera: Quédate viuda en casa de tu
padre, hasta que crezca Sela mi hijo; porque dijo: No sea que muera él también
como sus hermanos. Y se fue Tamar, y estuvo en casa de su padre.
12 Pasaron muchos días, y murió la hija de Súa, mujer de
Judá. Después Judá se consoló, y subía a los trasquiladores de sus ovejas a
Timnat, él y su amigo Hira el adulamita. 13 Y fue dado aviso a Tamar,
diciendo: He aquí tu suegro sube a Timnat a trasquilar sus ovejas. 14 Entonces
se quitó ella los vestidos de su viudez, y se cubrió con un velo, y se
arrebozó, y se puso a la entrada de Enaim junto al camino de Timnat; porque
veía que había crecido Sela, y ella no era dada a él por mujer. 15 Y la vio
Judá, y la tuvo por ramera, porque ella había cubierto su rostro. 16 Y se
apartó del camino hacia ella, y le dijo: Déjame ahora llegarme a ti: pues no
sabía que era su nuera; y ella dijo: ¿Qué me darás por llegarte a mí? 17 El
respondió: Yo te enviaré del ganado un cabrito de las cabras. Y ella dijo:
Dame una prenda hasta que lo envíes. 18 Entonces Judá dijo: ¿Qué prenda te
daré? Ella respondió: Tu sello, tu cordón, y tu báculo que tienes en tu mano.
Y él se los dio, y se llegó a ella, y ella concibió de él. 19 Luego se levantó
y se fue, y se quitó el velo de sobre sí, y se vistió las ropas de su viudez.
20 Y Judá envió el cabrito de las cabras por medio de su amigo el adulamita,
para que éste recibiese la prenda de la mujer; pero no la halló. 21 Y preguntó
a los hombres de aquel lugar, diciendo: ¿Dónde está la ramera de Enaim junto
al camino? Y ellos le dijeron: No ha estado aquí ramera alguna. 22 Entonces él
se volvió a Judá, y dijo: No la he hallado; y también los hombres del lugar
dijeron: Aquí no ha estado ramera. 23 Y Judá dijo: Tómeselo para sí, para que
no seamos menospreciados; he aquí yo he enviado este cabrito, y tú no la
hallaste.
24 Sucedió que al cabo de unos tres meses fue dado aviso
a Judá, diciendo: Tamar tu nuera ha fornicado, y ciertamente está encinta a
causa de las fornicaciones. Y Judá dijo: Sacadla, y sea quemada. 25 Pero ella,
cuando la sacaban, envió a decir a su suegro: Del varón cuyas son estas cosas,
estoy encinta. También dijo: Mira ahora de quién son estas cosas, el sello, el
cordón y el báculo. 26 Entonces Judá los reconoció, y dijo: Más justa es ella
que yo, por cuanto no la he dado a Sela mi hijo. Y nunca más la conoció.
27 Y aconteció que al tiempo de dar a luz, he aquí había
gemelos en su seno. 28 Sucedió cuando daba a luz, que sacó la mano el uno, y
la partera tomó y ató a su mano un hilo de grana, diciendo: Este salió
primero. 29 Pero volviendo él a meter la mano, he aquí salió su hermano; y
ella dijo: ¡Qué brecha te has abierto! Y llamó su nombre Fares. 30 Después
salió su hermano, el que tenía en su mano el hilo de grana, y llamó su nombre
Zara.
José y la esposa de Potifar
Génesis 39
1 Llevado, pues, José a Egipto, Potifar oficial de
Faraón, capitán de la guardia, varón egipcio, lo compró de los ismaelitas que
lo habían llevado allá. 2 Mas Jehová estaba con José, y fue varón próspero; y
estaba en la casa de su amo el egipcio. 3 Y vio su amo que Jehová estaba con
él, y que todo lo que él hacía, Jehová lo hacía prosperar en su mano. 4 Así
halló José gracia en sus ojos, y le servía; y él le hizo mayordomo de su casa
y entregó en su poder todo lo que tenía. 5 Y aconteció que desde cuando le dio
el encargo de su casa y de todo lo que tenía, Jehová bendijo la casa del
egipcio a causa de José, y la bendición de Jehová estaba sobre todo lo que
tenía, así en casa como en el campo. 6 Y dejó todo lo que tenía en mano de
José, y con él no se preocupaba de cosa alguna sino del pan que comía. Y era
José de hermoso semblante y bella presencia.
7 Aconteció después de esto, que la mujer de su amo puso
sus ojos en José, y dijo: Duerme conmigo. 8 Y él no quiso, y dijo a la mujer
de su amo: He aquí que mi señor no se preocupa conmigo de lo que hay en casa,
y ha puesto en mi mano todo lo que tiene. 9 No hay otro mayor que yo en esta
casa, y ninguna cosa me ha reservado sino a ti, por cuanto tú eres su mujer;
¿cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios? 10 Hablando ella
a José cada día, y no escuchándola él para acostarse al lado de ella, para
estar con ella, 11 aconteció que entró él un día en casa para hacer su oficio,
y no había nadie de los de casa allí. 12 Y ella lo asió por su ropa, diciendo:
Duerme conmigo. Entonces él dejó su ropa en las manos de ella, y huyó y salió.
13 Cuando vio ella que le había dejado su ropa en sus manos, y había huido
fuera, 14 llamó a los de casa, y les habló diciendo: Mirad, nos ha traído un
hebreo para que hiciese burla de nosotros. Vino él a mí para dormir conmigo, y
yo di grandes voces; 15 y viendo que yo alzaba la voz y gritaba, dejó junto a
mí su ropa, y huyó y salió. 16 Y ella puso junto a sí la ropa de José, hasta
que vino su señor a su casa. 17 Entonces le habló ella las mismas palabras,
diciendo: El siervo hebreo que nos trajiste, vino a mí para deshonrarme. 18 Y
cuando yo alcé mi voz y grité, él dejó su ropa junto a mí y huyó fuera.
19 Y sucedió que cuando oyó el amo de José las palabras
que su mujer le hablaba, diciendo: Así me ha tratado tu siervo, se encendió su
furor. 20 Y tomó su amo a José, y lo puso en la cárcel, donde estaban los
presos del rey, y estuvo allí en la cárcel. 21 Pero Jehová estaba con José y
le extendió su misericordia, y le dio gracia en los ojos del jefe de la
cárcel. 22 Y el jefe de la cárcel entregó en mano de José el cuidado de todos
los presos que había en aquella prisión; todo lo que se hacía allí, él lo
hacía. 23 No necesitaba atender el jefe de la cárcel cosa alguna de las que
estaban al cuidado de José, porque Jehová estaba con José, y lo que él hacía,
Jehová lo prosperaba.
José interpreta dos sueños
Génesis 40
1 Aconteció después de estas cosas, que el copero del rey
de Egipto y el panadero delinquieron contra su señor el rey de Egipto. 2 Y se
enojó Faraón contra sus dos oficiales, contra el jefe de los coperos y contra
el jefe de los panaderos, 3 y los puso en prisión en la casa del capitán de la
guardia, en la cárcel donde José estaba preso. 4 Y el capitán de la guardia
encargó de ellos a José, y él les servía; y estuvieron días en la prisión. 5 Y
ambos, el copero y el panadero del rey de Egipto, que estaban arrestados en la
prisión, tuvieron un sueño, cada uno su propio sueño en una misma noche, cada
uno con su propio significado. 6 Vino a ellos José por la mañana, y los miró,
y he aquí que estaban tristes. 7 Y él preguntó a aquellos oficiales de Faraón,
que estaban con él en la prisión de la casa de su señor, diciendo: ¿Por qué
parecen hoy mal vuestros semblantes? 8 Ellos le dijeron: Hemos tenido un
sueño, y no hay quien lo interprete. Entonces les dijo José: ¿No son de Dios
las interpretaciones? Contádmelo ahora.
9 Entonces el jefe de los coperos contó su sueño a José,
y le dijo: Yo soñaba que veía una vid delante de mí, 10 y en la vid tres
sarmientos; y ella como que brotaba, y arrojaba su flor, viniendo a madurar
sus racimos de uvas. 11 Y que la copa de Faraón estaba en mi mano, y tomaba yo
las uvas y las exprimía en la copa de Faraón, y daba yo la copa en mano de
Faraón. 12 Y le dijo José: Esta es su interpretación: los tres sarmientos son
tres días. 13 Al cabo de tres días levantará Faraón tu cabeza, y te restituirá
a tu puesto, y darás la copa a Faraón en su mano, como solías hacerlo cuando
eras su copero. 14 Acuérdate, pues, de mí cuando tengas ese bien, y te ruego
que uses conmigo de misericordia, y hagas mención de mí a Faraón, y me saques
de esta casa. 15 Porque fui hurtado de la tierra de los hebreos; y tampoco he
hecho aquí por qué me pusiesen en la cárcel.
16 Viendo el jefe de los panaderos que había interpretado
para bien, dijo a José: También yo soñé que veía tres canastillos blancos
sobre mi cabeza. 17 En el canastillo más alto había de toda clase de manjares
de pastelería para Faraón; y las aves las comían del canastillo de sobre mi
cabeza. 18 Entonces respondió José, y dijo: Esta es su interpretación: Los
tres canastillos tres días son. 19 Al cabo de tres días quitará Faraón tu
cabeza de sobre ti, y te hará colgar en la horca, y las aves comerán tu carne
de sobre ti.
20 Al tercer día, que era el día del cumpleaños de
Faraón, el rey hizo banquete a todos sus sirvientes; y alzó la cabeza del jefe
de los coperos, y la cabeza del jefe de los panaderos, entre sus servidores.
21 E hizo volver a su oficio al jefe de los coperos, y dio éste la copa en
mano de Faraón. 22 Mas hizo ahorcar al jefe de los panaderos, como lo había
interpretado José. 23 Y el jefe de los coperos no se acordó de José, sino que
le olvidó.
José interpreta el sueño de Faraón
Génesis 41
1 Aconteció que pasados dos años tuvo Faraón un sueño. Le
parecía que estaba junto al río; 2 y que del río subían siete vacas, hermosas
a la vista, y muy gordas, y pacían en el prado. 3 Y que tras ellas subían del
río otras siete vacas de feo aspecto y enjutas de carne, y se pararon cerca de
las vacas hermosas a la orilla del río; 4 y que las vacas de feo aspecto y
enjutas de carne devoraban a las siete vacas hermosas y muy gordas. Y despertó
Faraón. 5 Se durmió de nuevo, y soñó la segunda vez: Que siete espigas llenas
y hermosas crecían de una sola caña, 6 y que después de ellas salían otras
siete espigas menudas y abatidas del viento solano; 7 y las siete espigas
menudas devoraban a las siete espigas gruesas y llenas. Y despertó Faraón, y
he aquí que era sueño. 8 Sucedió que por la mañana estaba agitado su espíritu,
y envió e hizo llamar a todos los magos de Egipto, y a todos sus sabios; y les
contó Faraón sus sueños, mas no había quien los pudiese interpretar a Faraón.
9 Entonces el jefe de los coperos habló a Faraón,
diciendo: Me acuerdo hoy de mis faltas. 10 Cuando Faraón se enojó contra sus
siervos, nos echó a la prisión de la casa del capitán de la guardia a mí y al
jefe de los panaderos. 11 Y él y yo tuvimos un sueño en la misma noche, y cada
sueño tenía su propio significado. 12 Estaba allí con nosotros un joven
hebreo, siervo del capitán de la guardia; y se lo contamos, y él nos
interpretó nuestros sueños, y declaró a cada uno conforme a su sueño. 13 Y
aconteció que como él nos los interpretó, así fue: yo fui restablecido en mi
puesto, y el otro fue colgado.
14 Entonces Faraón envió y llamó a José. Y lo sacaron
apresuradamente de la cárcel, y se afeitó, y mudó sus vestidos, y vino a
Faraón. 15 Y dijo Faraón a José: Yo he tenido un sueño, y no hay quien lo
interprete; mas he oído decir de ti, que oyes sueños para interpretarlos. 16
Respondió José a Faraón, diciendo: No está en mí; Dios será el que dé
respuesta propicia a Faraón. 17 Entonces Faraón dijo a José: En mi sueño me
parecía que estaba a la orilla del río; 18 y que del río subían siete vacas de
gruesas carnes y hermosa apariencia, que pacían en el prado. 19 Y que otras
siete vacas subían después de ellas, flacas y de muy feo aspecto; tan
extenuadas, que no he visto otras semejantes en fealdad en toda la tierra de
Egipto. 20 Y las vacas flacas y feas devoraban a las siete primeras vacas
gordas; 21 y éstas entraban en sus entrañas, mas no se conocía que hubiesen
entrado, porque la apariencia de las flacas era aún mala, como al principio. Y
yo desperté. 22 Vi también soñando, que siete espigas crecían en una misma
caña, llenas y hermosas. 23 Y que otras siete espigas menudas, marchitas,
abatidas del viento solano, crecían después de ellas; 24 y las espigas menudas
devoraban a las siete espigas hermosas; y lo he dicho a los magos, mas no hay
quien me lo interprete.
25 Entonces respondió José a Faraón: El sueño de Faraón
es uno mismo; Dios ha mostrado a Faraón lo que va a hacer. 26 Las siete vacas
hermosas siete años son; y las espigas hermosas son siete años: el sueño es
uno mismo. 27 También las siete vacas flacas y feas que subían tras ellas, son
siete años; y las siete espigas menudas y marchitas del viento solano, siete
años serán de hambre. 28 Esto es lo que respondo a Faraón. Lo que Dios va a
hacer, lo ha mostrado a Faraón. 29 He aquí vienen siete años de gran
abundancia en toda la tierra de Egipto. 30 Y tras ellos seguirán siete años de
hambre; y toda la abundancia será olvidada en la tierra de Egipto, y el hambre
consumirá la tierra. 31 Y aquella abundancia no se echará de ver, a causa del
hambre siguiente la cual será gravísima. 32 Y el suceder el sueño a Faraón dos
veces, significa que la cosa es firme de parte de Dios, y que Dios se apresura
a hacerla. 33 Por tanto, provéase ahora Faraón de un varón prudente y sabio, y
póngalo sobre la tierra de Egipto. 34 Haga esto Faraón, y ponga gobernadores
sobre el país, y quinte la tierra de Egipto en los siete años de la
abundancia. 35 Y junten toda la provisión de estos buenos años que vienen, y
recojan el trigo bajo la mano de Faraón para mantenimiento de las ciudades; y
guárdenlo. 36 Y esté aquella provisión en depósito para el país, para los
siete años de hambre que habrá en la tierra de Egipto; y el país no perecerá
de hambre.
José, gobernador de Egipto
37 El asunto pareció bien a Faraón y a sus siervos, 38 y
dijo Faraón a sus siervos: ¿Acaso hallaremos a otro hombre como éste, en quien
esté el espíritu de Dios? 39 Y dijo Faraón a José: Pues que Dios te ha hecho
saber todo esto, no hay entendido ni sabio como tú. 40 Tú estarás sobre mi
casa, y por tu palabra se gobernará todo mi pueblo; solamente en el trono seré
yo mayor que tú. 41 Dijo además Faraón a José: He aquí yo te he puesto sobre
toda la tierra de Egipto. 42 Entonces Faraón quitó su anillo de su mano, y lo
puso en la mano de José, y lo hizo vestir de ropas de lino finísimo, y puso un
collar de oro en su cuello; 43 y lo hizo subir en su segundo carro, y
pregonaron delante de él: ¡Doblad la rodilla!; y lo puso sobre toda la tierra
de Egipto. 44 Y dijo Faraón a José: Yo soy Faraón; y sin ti ninguno alzará su
mano ni su pie en toda la tierra de Egipto. 45 Y llamó Faraón el nombre de
José, Zafnat-panea; y le dio por mujer a Asenat, hija de Potifera sacerdote de
On. Y salió José por toda la tierra de Egipto.
46 Era José de edad de treinta años cuando fue presentado
delante de Faraón rey de Egipto; y salió José de delante de Faraón, y recorrió
toda la tierra de Egipto. 47 En aquellos siete años de abundancia la tierra
produjo a montones. 48 Y él reunió todo el alimento de los siete años de
abundancia que hubo en la tierra de Egipto, y guardó alimento en las ciudades,
poniendo en cada ciudad el alimento del campo de sus alrededores. 49 Recogió
José trigo como arena del mar, mucho en extremo, hasta no poderse contar,
porque no tenía número. 50 Y nacieron a José dos hijos antes que viniese el
primer año del hambre, los cuales le dio a luz Asenat, hija de Potifera
sacerdote de On. 51 Y llamó José el nombre del primogénito, Manasés; porque
dijo: Dios me hizo olvidar todo mi trabajo, y toda la casa de mi padre. 52 Y
llamó el nombre del segundo, Efraín; porque dijo: Dios me hizo fructificar en
la tierra de mi aflicción.
53 Así se cumplieron los siete años de abundancia que
hubo en la tierra de Egipto. 54 Y comenzaron a venir los siete años del
hambre, como José había dicho; y hubo hambre en todos los países, mas en toda
la tierra de Egipto había pan. 55 Cuando se sintió el hambre en toda la tierra
de Egipto, el pueblo clamó a Faraón por pan. Y dijo Faraón a todos los
egipcios: Id a José, y haced lo que él os dijere. 56 Y el hambre estaba por
toda la extensión del país. Entonces abrió José todo granero donde había, y
vendía a los egipcios; porque había crecido el hambre en la tierra de Egipto.
57 Y de toda la tierra venían a Egipto para comprar de José, porque por toda
la tierra había crecido el hambre.
Los hermanos de José vienen por alimentos
Génesis 42
1 Viendo Jacob que en Egipto había alimentos, dijo a sus
hijos: ¿Por qué os estáis mirando? 2 Y dijo: He aquí, yo he oído que hay
víveres en Egipto; descended allá, y comprad de allí para nosotros, para que
podamos vivir, y no muramos. 3 Y descendieron los diez hermanos de José a
comprar trigo en Egipto. 4 Mas Jacob no envió a Benjamín, hermano de José, con
sus hermanos; porque dijo: No sea que le acontezca algún desastre. 5 Vinieron
los hijos de Israel a comprar entre los que venían; porque había hambre en la
tierra de Canaán.
6 Y José era el señor de la tierra, quien le vendía a
todo el pueblo de la tierra; y llegaron los hermanos de José, y se inclinaron
a él rostro a tierra. 7 Y José, cuando vio a sus hermanos, los conoció; mas
hizo como que no los conocía, y les habló ásperamente, y les dijo: ¿De dónde
habéis venido? Ellos respondieron: De la tierra de Canaán, para comprar
alimentos. 8 José, pues, conoció a sus hermanos; pero ellos no le conocieron.
9 Entonces se acordó José de los sueños que había tenido acerca de ellos, y
les dijo: Espías sois; por ver lo descubierto del país habéis venido. 10 Ellos
le respondieron: No, señor nuestro, sino que tus siervos han venido a comprar
alimentos. 11 Todos nosotros somos hijos de un varón; somos hombres honrados;
tus siervos nunca fueron espías. 12 Pero José les dijo: No; para ver lo
descubierto del país habéis venido. 13 Y ellos respondieron: Tus siervos somos
doce hermanos, hijos de un varón en la tierra de Canaán; y he aquí el menor
está hoy con nuestro padre, y otro no parece. 14 Y José les dijo: Eso es lo
que os he dicho, afirmando que sois espías. 15 En esto seréis probados: Vive
Faraón, que no saldréis de aquí, sino cuando vuestro hermano menor viniere
aquí. 16 Enviad a uno de vosotros y traiga a vuestro hermano, y vosotros
quedad presos, y vuestras palabras serán probadas, si hay verdad en vosotros;
y si no, vive Faraón, que sois espías. 17 Entonces los puso juntos en la
cárcel por tres días. 18 Y al tercer día les dijo José: Haced esto, y vivid:
Yo temo a Dios. 19 Si sois hombres honrados, quede preso en la casa de vuestra
cárcel uno de vuestros hermanos, y vosotros id y llevad el alimento para el
hambre de vuestra casa. 20 Pero traeréis a vuestro hermano menor, y serán
verificadas vuestras palabras, y no moriréis. Y ellos lo hicieron así.
21 Y decían el uno al otro: Verdaderamente hemos pecado
contra nuestro hermano, pues vimos la angustia de su alma cuando nos rogaba, y
no le escuchamos; por eso ha venido sobre nosotros esta angustia. 22 Entonces
Rubén les respondió, diciendo: ¿No os hablé yo y dije: No pequéis contra el
joven, y no escuchasteis? He aquí también se nos demanda su sangre. 23 Pero
ellos no sabían que los entendía José, porque había intérprete entre ellos. 24
Y se apartó José de ellos, y lloró; después volvió a ellos, y les habló, y
tomó de entre ellos a Simeón, y lo aprisionó a vista de ellos. 25 Después
mandó José que llenaran sus sacos de trigo, y devolviesen el dinero de cada
uno de ellos, poniéndolo en su saco, y les diesen comida para el camino; y así
se hizo con ellos.
26 Y ellos pusieron su trigo sobre sus asnos, y se fueron
de allí. 27 Pero abriendo uno de ellos su saco para dar de comer a su asno en
el mesón, vio su dinero que estaba en la boca de su costal. 28 Y dijo a sus
hermanos: Mi dinero se me ha devuelto, y helo aquí en mi saco. Entonces se les
sobresaltó el corazón, y espantados dijeron el uno al otro: ¿Qué es esto que
nos ha hecho Dios?
29 Y venidos a Jacob su padre en tierra de Canaán, le
contaron todo lo que les había acontecido, diciendo: 30 Aquel varón, el señor
de la tierra, nos habló ásperamente, y nos trató como a espías de la tierra.
31 Y nosotros le dijimos: Somos hombres honrados, nunca fuimos espías. 32
Somos doce hermanos, hijos de nuestro padre; uno no parece, y el menor está
hoy con nuestro padre en la tierra de Canaán. 33 Entonces aquel varón, el
señor de la tierra, nos dijo: En esto conoceré que sois hombres honrados:
dejad conmigo uno de vuestros hermanos, y tomad para el hambre de vuestras
casas, y andad, 34 y traedme a vuestro hermano el menor, para que yo sepa que
no sois espías, sino hombres honrados; así os daré a vuestro hermano, y
negociaréis en la tierra.
35 Y aconteció que vaciando ellos sus sacos, he aquí que
en el saco de cada uno estaba el atado de su dinero; y viendo ellos y su padre
los atados de su dinero, tuvieron temor. 36 Entonces su padre Jacob les dijo:
Me habéis privado de mis hijos; José no parece, ni Simeón tampoco, y a
Benjamín le llevaréis; contra mí son todas estas cosas. 37 Y Rubén habló a su
padre, diciendo: Harás morir a mis dos hijos, si no te lo devuelvo; entrégalo
en mi mano, que yo lo devolveré a ti. 38 Y él dijo: No descenderá mi hijo con
vosotros, pues su hermano ha muerto, y él solo ha quedado; y si le aconteciere
algún desastre en el camino por donde vais, haréis descender mis canas con
dolor al Seol.
Los hermanos de José regresan con Benjamín
Génesis 43
1 El hambre era grande en la tierra; 2 y aconteció que
cuando acabaron de comer el trigo que trajeron de Egipto, les dijo su padre:
Volved, y comprad para nosotros un poco de alimento. 3 Respondió Judá,
diciendo: Aquel varón nos protestó con ánimo resuelto, diciendo: No veréis mi
rostro si no traéis a vuestro hermano con vosotros. 4 Si enviares a nuestro
hermano con nosotros, descenderemos y te compraremos alimento. 5 Pero si no le
enviares, no descenderemos; porque aquel varón nos dijo: No veréis mi rostro
si no traéis a vuestro hermano con vosotros. 6 Dijo entonces Israel: ¿Por qué
me hicisteis tanto mal, declarando al varón que teníais otro hermano? 7 Y
ellos respondieron: Aquel varón nos preguntó expresamente por nosotros, y por
nuestra familia, diciendo: ¿Vive aún vuestro padre? ¿Tenéis otro hermano? Y le
declaramos conforme a estas palabras. ¿Acaso podíamos saber que él nos diría:
Haced venir a vuestro hermano? 8 Entonces Judá dijo a Israel su padre: Envía
al joven conmigo, y nos levantaremos e iremos, a fin de que vivamos y no
muramos nosotros, y tú, y nuestros niños. 9 Yo te respondo por él; a mí me
pedirás cuenta. Si yo no te lo vuelvo a traer, y si no lo pongo delante de ti,
seré para ti el culpable para siempre; 10 pues si no nos hubiéramos detenido,
ciertamente hubiéramos ya vuelto dos veces.
11 Entonces Israel su padre les respondió: Pues que así
es, hacedlo; tomad de lo mejor de la tierra en vuestros sacos, y llevad a
aquel varón un presente, un poco de bálsamo, un poco de miel, aromas y mirra,
nueces y almendras. 12 Y tomad en vuestras manos doble cantidad de dinero, y
llevad en vuestra mano el dinero vuelto en las bocas de vuestros costales;
quizá fue equivocación. 13 Tomad también a vuestro hermano, y levantaos, y
volved a aquel varón. 14 Y el Dios Omnipotente os dé misericordia delante de
aquel varón, y os suelte al otro vuestro hermano, y a este Benjamín. Y si he
de ser privado de mis hijos, séalo. 15 Entonces tomaron aquellos varones el
presente, y tomaron en su mano doble cantidad de dinero, y a Benjamín; y se
levantaron y descendieron a Egipto, y se presentaron delante de José.
16 Y vio José a Benjamín con ellos, y dijo al mayordomo
de su casa: Lleva a casa a esos hombres, y degüella una res y prepárala, pues
estos hombres comerán conmigo al mediodía. 17 E hizo el hombre como José dijo,
y llevó a los hombres a casa de José. 18 Entonces aquellos hombres tuvieron
temor, cuando fueron llevados a casa de José, y decían: Por el dinero que fue
devuelto en nuestros costales la primera vez nos han traído aquí, para
tendernos lazo, y atacarnos, y tomarnos por siervos a nosotros, y a nuestros
asnos. 19 Y se acercaron al mayordomo de la casa de José, y le hablaron a la
entrada de la casa. 20 Y dijeron: Ay, señor nuestro, nosotros en realidad de
verdad descendimos al principio a comprar alimentos. 21 Y aconteció que cuando
llegamos al mesón y abrimos nuestros costales, he aquí el dinero de cada uno
estaba en la boca de su costal, nuestro dinero en su justo peso; y lo hemos
vuelto a traer con nosotros. 22 Hemos también traído en nuestras manos otro
dinero para comprar alimentos; nosotros no sabemos quién haya puesto nuestro
dinero en nuestros costales. 23 El les respondió: Paz a vosotros, no temáis;
vuestro Dios y el Dios de vuestro padre os dio el tesoro en vuestros costales;
yo recibí vuestro dinero. Y sacó a Simeón a ellos. 24 Y llevó aquel varón a
los hombres a casa de José; y les dio agua, y lavaron sus pies, y dio de comer
a sus asnos. 25 Y ellos prepararon el presente entretanto que venía José a
mediodía, porque habían oído que allí habrían de comer pan.
26 Y vino José a casa, y ellos le trajeron el presente
que tenían en su mano dentro de la casa, y se inclinaron ante él hasta la
tierra. 27 Entonces les preguntó José cómo estaban, y dijo: ¿Vuestro padre, el
anciano que dijisteis, lo pasa bien? ¿Vive todavía? 28 Y ellos respondieron:
Bien va a tu siervo nuestro padre; aún vive. Y se inclinaron, e hicieron
reverencia. 29 Y alzando José sus ojos vio a Benjamín su hermano, hijo de su
madre, y dijo: ¿Es éste vuestro hermano menor, de quien me hablasteis? Y dijo:
Dios tenga misericordia de ti, hijo mío. 30 Entonces José se apresuró, porque
se conmovieron sus entrañas a causa de su hermano, y buscó dónde llorar; y
entró en su cámara, y lloró allí. 31 Y lavó su rostro y salió, y se contuvo, y
dijo: Poned pan. 32 Y pusieron para él aparte, y separadamente para ellos, y
aparte para los egipcios que con él comían; porque los egipcios no pueden
comer pan con los hebreos, lo cual es abominación a los egipcios. 33 Y se
sentaron delante de él, el mayor conforme a su primogenitura, y el menor
conforme a su menor edad; y estaban aquellos hombres atónitos mirándose el uno
al otro. 34 Y José tomó viandas de delante de sí para ellos; mas la porción de
Benjamín era cinco veces mayor que cualquiera de las de ellos. Y bebieron, y
se alegraron con él.
La copa de José
Génesis 44
1 Mandó José al mayordomo de su casa, diciendo: Llena de
alimento los costales de estos varones, cuanto puedan llevar, y pon el dinero
de cada uno en la boca de su costal. 2 Y pondrás mi copa, la copa de plata, en
la boca del costal del menor, con el dinero de su trigo. Y él hizo como dijo
José. 3 Venida la mañana, los hombres fueron despedidos con sus asnos. 4
Habiendo ellos salido de la ciudad, de la que aún no se habían alejado, dijo
José a su mayordomo: Levántate y sigue a esos hombres; y cuando los alcances,
diles: ¿Por qué habéis vuelto mal por bien? ¿Por qué habéis robado mi copa de
plata? 5 ¿No es ésta en la que bebe mi señor, y por la que suele adivinar?
Habéis hecho mal en lo que hicisteis.
6 Cuando él los alcanzó, les dijo estas palabras. 7 Y
ellos le respondieron: ¿Por qué dice nuestro señor tales cosas? Nunca tal
hagan tus siervos. 8 He aquí, el dinero que hallamos en la boca de nuestros
costales, te lo volvimos a traer desde la tierra de Canaán; ¿cómo, pues,
habíamos de hurtar de casa de tu señor plata ni oro? 9 Aquel de tus siervos en
quien fuere hallada la copa, que muera, y aun nosotros seremos siervos de mi
señor. 10 Y él dijo: También ahora sea conforme a vuestras palabras; aquel en
quien se hallare será mi siervo, y vosotros seréis sin culpa. 11 Ellos
entonces se dieron prisa, y derribando cada uno su costal en tierra, abrió
cada cual el costal suyo. 12 Y buscó; desde el mayor comenzó, y acabó en el
menor; y la copa fue hallada en el costal de Benjamín. 13 Entonces ellos
rasgaron sus vestidos, y cargó cada uno su asno y volvieron a la ciudad.
14 Vino Judá con sus hermanos a casa de José, que aún
estaba allí, y se postraron delante de él en tierra. 15 Y les dijo José: ¿Qué
acción es esta que habéis hecho? ¿No sabéis que un hombre como yo sabe
adivinar? 16 Entonces dijo Judá: ¿Qué diremos a mi señor? ¿Qué hablaremos, o
con qué nos justificaremos? Dios ha hallado la maldad de tus siervos; he aquí,
nosotros somos siervos de mi señor, nosotros, y también aquel en cuyo poder
fue hallada la copa. 17 José respondió: Nunca yo tal haga. El varón en cuyo
poder fue hallada la copa, él será mi siervo; vosotros id en paz a vuestro
padre.
Judá intercede por Benjamín
18 Entonces Judá se acercó a él, y dijo: Ay, señor mío,
te ruego que permitas que hable tu siervo una palabra en oídos de mi señor, y
no se encienda tu enojo contra tu siervo, pues tú eres como Faraón. 19 Mi
señor preguntó a sus siervos, diciendo: ¿Tenéis padre o hermano? 20 Y nosotros
respondimos a mi señor: Tenemos un padre anciano, y un hermano joven, pequeño
aún, que le nació en su vejez; y un hermano suyo murió, y él solo quedó de los
hijos de su madre; y su padre lo ama. 21 Y tú dijiste a tus siervos:
Traédmelo, y pondré mis ojos sobre él. 22 Y nosotros dijimos a mi señor: El
joven no puede dejar a su padre, porque si lo dejare, su padre morirá. 23 Y
dijiste a tus siervos: Si vuestro hermano menor no desciende con vosotros, no
veréis más mi rostro. 24 Aconteció, pues, que cuando llegamos a mi padre tu
siervo, le contamos las palabras de mi señor. 25 Y dijo nuestro padre: Volved
a comprarnos un poco de alimento. 26 Y nosotros respondimos: No podemos ir; si
nuestro hermano va con nosotros, iremos; porque no podremos ver el rostro del
varón, si no está con nosotros nuestro hermano el menor. 27 Entonces tu siervo
mi padre nos dijo: Vosotros sabéis que dos hijos me dio a luz mi mujer; 28 y
el uno salió de mi presencia, y pienso de cierto que fue despedazado, y hasta
ahora no lo he visto. 29 Y si tomáis también a éste de delante de mí, y le
acontece algún desastre, haréis descender mis canas con dolor al Seol. 30
Ahora, pues, cuando vuelva yo a tu siervo mi padre, si el joven no va conmigo,
como su vida está ligada a la vida de él, 31 sucederá que cuando no vea al
joven, morirá; y tus siervos harán descender las canas de tu siervo nuestro
padre con dolor al Seol. 32 Como tu siervo salió por fiador del joven con mi
padre, diciendo: Si no te lo vuelvo a traer, entonces yo seré culpable ante mi
padre para siempre; 33 te ruego, por tanto, que quede ahora tu siervo en lugar
del joven por siervo de mi señor, y que el joven vaya con sus hermanos. 34
Porque ¿cómo volveré yo a mi padre sin el joven? No podré, por no ver el mal
que sobrevendrá a mi padre.
José se da a conocer a sus hermanos
Génesis 45
1 No podía ya José contenerse delante de todos los que
estaban al lado suyo, y clamó: Haced salir de mi presencia a todos. Y no quedó
nadie con él, al darse a conocer José a sus hermanos. 2 Entonces se dio a
llorar a gritos; y oyeron los egipcios, y oyó también la casa de Faraón. 3 Y
dijo José a sus hermanos: Yo soy José; ¿vive aún mi padre? Y sus hermanos no
pudieron responderle, porque estaban turbados delante de él.
4 Entonces dijo José a sus hermanos: Acercaos ahora a mí.
Y ellos se acercaron. Y él dijo: Yo soy José vuestro hermano, el que
vendisteis para Egipto. 5 Ahora, pues, no os entristezcáis, ni os pese de
haberme vendido acá; porque para preservación de vida me envió Dios delante de
vosotros. 6 Pues ya ha habido dos años de hambre en medio de la tierra, y aún
quedan cinco años en los cuales ni habrá arada ni siega. 7 Y Dios me envió
delante de vosotros, para preservaros posteridad sobre la tierra, y para daros
vida por medio de gran liberación. 8 Así, pues, no me enviasteis acá vosotros,
sino Dios, que me ha puesto por padre de Faraón y por señor de toda su casa, y
por gobernador en toda la tierra de Egipto. 9 Daos prisa, id a mi padre y
decidle: Así dice tu hijo José: Dios me ha puesto por señor de todo Egipto;
ven a mí, no te detengas. 10 Habitarás en la tierra de Gosén, y estarás cerca
de mí, tú y tus hijos, y los hijos de tus hijos, tus ganados y tus vacas, y
todo lo que tienes. 11 Y allí te alimentaré, pues aún quedan cinco años de
hambre, para que no perezcas de pobreza tú y tu casa, y todo lo que tienes. 12
He aquí, vuestros ojos ven, y los ojos de mi hermano Benjamín, que mi boca os
habla. 13 Haréis, pues, saber a mi padre toda mi gloria en Egipto, y todo lo
que habéis visto; y daos prisa, y traed a mi padre acá. 14 Y se echó sobre el
cuello de Benjamín su hermano, y lloró; y también Benjamín lloró sobre su
cuello. 15 Y besó a todos sus hermanos, y lloró sobre ellos; y después sus
hermanos hablaron con él.
16 Y se oyó la noticia en la casa de Faráon, diciendo:
Los hermanos de José han venido. Y esto agradó en los ojos de Faraón y de sus
siervos. 17 Y dijo Faraón a José: Di a tus hermanos: Haced esto: cargad
vuestras bestias, e id, volved a la tierra de Canaán; 18 y tomad a vuestro
padre y a vuestras familias y venid a mí, porque yo os daré lo bueno de la
tierra de Egipto, y comeréis de la abundancia de la tierra. 19 Y tú manda:
Haced esto: tomaos de la tierra de Egipto carros para vuestros niños y
vuestras mujeres, y traed a vuestro padre, y venid. 20 Y no os preocupéis por
vuestros enseres, porque la riqueza de la tierra de Egipto será vuestra. 21 Y
lo hicieron así los hijos de Israel; y les dio José carros conforme a la orden
de Faraón, y les suministró víveres para el camino. 22 A cada uno de todos
ellos dio mudas de vestidos, y a Benjamín dio trescientas piezas de plata, y
cinco mudas de vestidos. 23 Y a su padre envió esto: diez asnos cargados de lo
mejor de Egipto, y diez asnas cargadas de trigo, y pan y comida, para su padre
en el camino. 24 Y despidió a sus hermanos, y ellos se fueron. Y él les dijo:
No riñáis por el camino. 25 Y subieron de Egipto, y llegaron a la tierra de
Canaán a Jacob su padre. 26 Y le dieron las nuevas, diciendo: José vive aún; y
él es señor en toda la tierra de Egipto. Y el corazón de Jacob se afligió,
porque no los creía. 27 Y ellos le contaron todas las palabras de José, que él
les había hablado; y viendo Jacob los carros que José enviaba para llevarlo,
su espíritu revivió. 28 Entonces dijo Israel: Basta; José mi hijo vive
todavía; iré, y le veré antes que yo muera.
Jacob y su familia en Egipto
Génesis 46
1 Salió Israel con todo lo que tenía, y vino a Beerseba,
y ofreció sacrificios al Dios de su padre Isaac. 2 Y habló Dios a Israel en
visiones de noche, y dijo: Jacob, Jacob. Y él respondió: Heme aquí. 3 Y dijo:
Yo soy Dios, el Dios de tu padre; no temas de descender a Egipto, porque allí
yo haré de ti una gran nación. 4 Yo descenderé contigo a Egipto, y yo también
te haré volver; y la mano de José cerrará tus ojos. 5 Y se levantó Jacob de
Beerseba; y tomaron los hijos de Israel a su padre Jacob, y a sus niños, y a
sus mujeres, en los carros que Faraón había enviado para llevarlo. 6 Y tomaron
sus ganados, y sus bienes que habían adquirido en la tierra de Canaán, y
vinieron a Egipto, Jacob y toda su descendencia consigo; 7 sus hijos, y los
hijos de sus hijos consigo; sus hijas, y las hijas de sus hijos, y a toda su
descendencia trajo consigo a Egipto.
8 Y estos son los nombres de los hijos de Israel, que
entraron en Egipto, Jacob y sus hijos: Rubén, el primogénito de Jacob. 9 Y los
hijos de Rubén: Hanoc, Falú, Hezrón y Carmi. 10 Los hijos de Simeón: Jemuel,
Jamín, Ohad, Jaquín, Zohar, y Saúl hijo de la cananea. 11 Los hijos de Leví:
Gersón, Coat y Merari. 12 Los hijos de Judá: Er, Onán, Sela, Fares y Zara; mas
Er y Onán murieron en la tierra de Canaán. Y los hijos de Fares fueron Hezrón
y Hamul. 13 Los hijos de Isacar: Tola, Fúa, Job y Simrón. 14 Los hijos de
Zabulón: Sered, Elón y Jahleel. 15 Estos fueron los hijos de Lea, los que dio
a luz a Jacob en Padan-aram, y además su hija Dina; treinta y tres las
personas todas de sus hijos e hijas. 16 Los hijos de Gad: Zifión, Hagui, Ezbón,
Suni, Eri, Arodi y Areli. 17 Y los hijos de Aser: Imna, Isúa, Isúi, Bería, y
Sera hermana de ellos. Los hijos de Bería: Heber y Malquiel. 18 Estos fueron
los hijos de Zilpa, la que Labán dio a su hija Lea, y dio a luz éstos a Jacob;
por todas dieciséis personas. 19 Los hijos de Raquel, mujer de Jacob: José y
Benjamín. 20 Y nacieron a José en la tierra de Egipto Manasés y Efraín, los
que le dio a luz Asenat, hija de Potifera sacerdote de On. 21 Los hijos de
Benjamín fueron Bela, Bequer, Asbel, Gera, Naamán, Ehi, Ros, Mupim, Hupim y
Ard. 22 Estos fueron los hijos de Raquel, que nacieron a Jacob; por todas
catorce personas. 23 Los hijos de Dan: Husim. 24 Los hijos de Neftalí: Jahzeel,
Guni, Jezer y Silem. 25 Estos fueron los hijos de Bilha, la que dio Labán a
Raquel su hija, y dio a luz éstos a Jacob; por todas siete personas. 26 Todas
las personas que vinieron con Jacob a Egipto, procedentes de sus lomos, sin
las mujeres de los hijos de Jacob, todas las personas fueron sesenta y seis.
27 Y los hijos de José, que le nacieron en Egipto, dos personas. Todas las
personas de la casa de Jacob, que entraron en Egipto, fueron setenta.
28 Y envió Jacob a Judá delante de sí a José, para que le
viniese a ver en Gosén; y llegaron a la tierra de Gosén. 29 Y José unció su
carro y vino a recibir a Israel su padre en Gosén; y se manifestó a él, y se
echó sobre su cuello, y lloró sobre su cuello largamente. 30 Entonces Israel
dijo a José: Muera yo ahora, ya que he visto tu rostro, y sé que aún vives. 31
Y José dijo a sus hermanos, y a la casa de su padre: Subiré y lo haré saber a
Faraón, y le diré: Mis hermanos y la casa de mi padre, que estaban en la
tierra de Canaán, han venido a mí. 32 Y los hombres son pastores de ovejas,
porque son hombres ganaderos; y han traído sus ovejas y sus vacas, y todo lo
que tenían. 33 Y cuando Faraón os llamare y dijere: ¿Cuál es vuestro oficio?
34 entonces diréis: Hombres de ganadería han sido tus siervos desde nuestra
juventud hasta ahora, nosotros y nuestros padres; a fin de que moréis en la
tierra de Gosén, porque para los egipcios es abominación todo pastor de
ovejas.
Génesis 47
1 Vino José y lo hizo saber a Faraón, y dijo: Mi padre y
mis hermanos, y sus ovejas y sus vacas, con todo lo que tienen, han venido de
la tierra de Canaán, y he aquí están en la tierra de Gosén. 2 Y de los
postreros de sus hermanos tomó cinco varones, y los presentó delante de
Faraón. 3 Y Faraón dijo a sus hermanos: ¿Cuál es vuestro oficio? Y ellos
respondieron a Faraón: Pastores de ovejas son tus siervos, así nosotros como
nuestros padres. 4 Dijeron además a Faraón: Para morar en esta tierra hemos
venido; porque no hay pasto para las ovejas de tus siervos, pues el hambre es
grave en la tierra de Canaán; por tanto, te rogamos ahora que permitas que
habiten tus siervos en la tierra de Gosén. 5 Entonces Faraón habló a José,
diciendo: Tu padre y tus hermanos han venido a ti. 6 La tierra de Egipto
delante de ti está; en lo mejor de la tierra haz habitar a tu padre y a tus
hermanos; habiten en la tierra de Gosén; y si entiendes que hay entre ellos
hombres capaces, ponlos por mayorales del ganado mío.
7 También José introdujo a Jacob su padre, y lo presentó
delante de Faraón; y Jacob bendijo a Faraón. 8 Y dijo Faraón a Jacob: ¿Cuántos
son los días de los años de tu vida? 9 Y Jacob respondió a Faraón: Los días de
los años de mi peregrinación son ciento treinta años; pocos y malos han sido
los días de los años de mi vida, y no han llegado a los días de los años de la
vida de mis padres en los días de su peregrinación. 10 Y Jacob bendijo a
Faraón, y salió de la presencia de Faraón. 11 Así José hizo habitar a su padre
y a sus hermanos, y les dio posesión en la tierra de Egipto, en lo mejor de la
tierra, en la tierra de Ramesés, como mandó Faraón. 12 Y alimentaba José a su
padre y a sus hermanos, y a toda la casa de su padre, con pan, según el número
de los hijos.
13 No había pan en toda la tierra, y el hambre era muy
grave, por lo que desfalleció de hambre la tierra de Egipto y la tierra de
Canaán. 14 Y recogió José todo el dinero que había en la tierra de Egipto y en
la tierra de Canaán, por los alimentos que de él compraban; y metió José el
dinero en casa de Faraón. 15 Acabado el dinero de la tierra de Egipto y de la
tierra de Canaán, vino todo Egipto a José, diciendo: Danos pan; ¿por qué
moriremos delante de ti, por haberse acabado el dinero? 16 Y José dijo: Dad
vuestros ganados y yo os daré por vuestros ganados, si se ha acabado el
dinero. 17 Y ellos trajeron sus ganados a José, y José les dio alimentos por
caballos, y por el ganado de las ovejas, y por el ganado de las vacas, y por
asnos; y les sustentó de pan por todos sus ganados aquel año. 18 Acabado aquel
año, vinieron a él el segundo año, y le dijeron: No encubrimos a nuestro señor
que el dinero ciertamente se ha acabado; también el ganado es ya de nuestro
señor; nada ha quedado delante de nuestro señor sino nuestros cuerpos y
nuestra tierra. 19 ¿Por qué moriremos delante de tus ojos, así nosotros como
nuestra tierra? Cómpranos a nosotros y a nuestra tierra por pan, y seremos
nosotros y nuestra tierra siervos de Faraón; y danos semilla para que vivamos
y no muramos, y no sea asolada la tierra.
20 Entonces compró José toda la tierra de Egipto para
Faraón; pues los egipcios vendieron cada uno sus tierras, porque se agravó el
hambre sobre ellos; y la tierra vino a ser de Faraón. 21 Y al pueblo lo hizo
pasar a las ciudades, desde un extremo al otro del territorio de Egipto. 22
Solamente la tierra de los sacerdotes no compró, por cuanto los sacerdotes
tenían ración de Faraón, y ellos comían la ración que Faraón les daba; por eso
no vendieron su tierra. 23 Y José dijo al pueblo: He aquí os he comprado hoy,
a vosotros y a vuestra tierra, para Faraón; ved aquí semilla, y sembraréis la
tierra. 24 De los frutos daréis el quinto a Faraón, y las cuatro partes serán
vuestras para sembrar las tierras, y para vuestro mantenimiento, y de los que
están en vuestras casas, y para que coman vuestros niños. 25 Y ellos
respondieron: La vida nos has dado; hallemos gracia en ojos de nuestro señor,
y seamos siervos de Faraón. 26 Entonces José lo puso por ley hasta hoy sobre
la tierra de Egipto, señalando para Faraón el quinto, excepto sólo la tierra
de los sacerdotes, que no fue de Faraón.
27 Así habitó Israel en la tierra de Egipto, en la tierra
de Gosén; y tomaron posesión de ella, y se aumentaron, y se multiplicaron en
gran manera. 28 Y vivió Jacob en la tierra de Egipto diecisiete años; y fueron
los días de Jacob, los años de su vida, ciento cuarenta y siete años. 29 Y
llegaron los días de Israel para morir, y llamó a José su hijo, y le dijo: Si
he hallado ahora gracia en tus ojos, te ruego que pongas tu mano debajo de mi
muslo, y harás conmigo misericordia y verdad. Te ruego que no me entierres en
Egipto. 30 Mas cuando duerma con mis padres, me llevarás de Egipto y me
sepultarás en el sepulcro de ellos. Y José respondió: Haré como tú dices. 31 E
Israel dijo: Júramelo. Y José le juró. Entonces Israel se inclinó sobre la
cabecera de la cama.
Jacob bendice a Efraín y a Manasés
Génesis 48
1 Sucedió después de estas cosas que dijeron a José: He
aquí tu padre está enfermo. Y él tomó consigo a sus dos hijos, Manasés y
Efraín. 2 Y se le hizo saber a Jacob, diciendo: He aquí tu hijo José viene a
ti. Entonces se esforzó Israel, y se sentó sobre la cama, 3 y dijo a José: El
Dios Omnipotente me apareció en Luz en la tierra de Canaán, y me bendijo, 4 y
me dijo: He aquí yo te haré crecer, y te multiplicaré, y te pondré por estirpe
de naciones; y daré esta tierra a tu descendencia después de ti por heredad
perpetua. 5 Y ahora tus dos hijos Efraín y Manasés, que te nacieron en la
tierra de Egipto, antes que viniese a ti a la tierra de Egipto, míos son; como
Rubén y Simeón, serán míos. 6 Y los que después de ellos has engendrado, serán
tuyos; por el nombre de sus hermanos serán llamados en sus heredades. 7 Porque
cuando yo venía de Padan-aram, se me murió Raquel en la tierra de Canaán, en
el camino, como media legua de tierra viniendo a Efrata; y la sepulté allí en
el camino de Efrata, que es Belén.
8 Y vio Israel los hijos de José, y dijo: ¿Quiénes son
éstos? 9 Y respondió José a su padre: Son mis hijos, que Dios me ha dado aquí.
Y él dijo: Acércalos ahora a mí, y los bendeciré. 10 Y los ojos de Israel
estaban tan agravados por la vejez, que no podía ver. Les hizo, pues,
acercarse a él, y él les besó y les abrazó. 11 Y dijo Israel a José: No
pensaba yo ver tu rostro, y he aquí Dios me ha hecho ver también a tu
descendencia. 12 Entonces José los sacó de entre sus rodillas, y se inclinó a
tierra. 13 Y los tomó José a ambos, Efraín a su derecha, a la izquierda de
Israel, y Manasés a su izquierda, a la derecha de Israel; y los acercó a él.
14 Entonces Israel extendió su mano derecha, y la puso sobre la cabeza de
Efraín, que era el menor, y su mano izquierda sobre la cabeza de Manasés,
colocando así sus manos adrede, aunque Manasés era el primogénito. 15 Y
bendijo a José, diciendo: El Dios en cuya presencia anduvieron mis padres
Abraham e Isaac, el Dios que me mantiene desde que yo soy hasta este día, 16
el Angel que me liberta de todo mal, bendiga a estos jóvenes; y sea perpetuado
en ellos mi nombre, y el nombre de mis padres Abraham e Isaac, y
multiplíquense en gran manera en medio de la tierra.
17 Pero viendo José que su padre ponía la mano derecha
sobre la cabeza de Efraín, le causó esto disgusto; y asió la mano de su padre,
para cambiarla de la cabeza de Efraín a la cabeza de Manasés. 18 Y dijo José a
su padre: No así, padre mío, porque éste es el primogénito; pon tu mano
derecha sobre su cabeza. 19 Mas su padre no quiso, y dijo: Lo sé, hijo mío, lo
sé; también él vendrá a ser un pueblo, y será también engrandecido; pero su
hermano menor será más grande que él, y su descendencia formará multitud de
naciones. 20 Y los bendijo aquel día, diciendo: En ti bendecirá Israel,
diciendo: Hágate Dios como a Efraín y como a Manasés. Y puso a Efraín antes de
Manasés. 21 Y dijo Israel a José: He aquí yo muero; pero Dios estará con
vosotros, y os hará volver a la tierra de vuestros padres. 22 Y yo te he dado
a ti una parte más que a tus hermanos, la cual tomé yo de mano del amorreo con
mi espada y con mi arco.
Profecía de Jacob acerca de sus hijos
Génesis 49
1 Y llamó Jacob a sus hijos, y dijo: Juntaos, y os
declararé lo que os ha de acontecer en los días venideros.
2 Juntaos y oíd, hijos de Jacob,
Y escuchad a vuestro padre Israel.
3 Rubén, tú eres mi primogénito,
2 mi fortaleza, y el principio de mi vigor;
Principal en dignidad, principal en poder.
4 Impetuoso como las aguas, no serás el principal,
Por cuanto subiste al lecho de tu padre;
Entonces te envileciste, subiendo a mi estrado.
5 Simeón y Leví son hermanos;
Armas de iniquidad sus armas.
6 En su consejo no entre mi alma,
Ni mi espíritu se junte en su compañía.
Porque en su furor mataron hombres,
Y en su temeridad desjarretaron toros.
7 Maldito su furor, que fue fiero;
Y su ira, que fue dura.
Yo los apartaré en Jacob,
Y los esparciré en Israel.
8 Judá, te alabarán tus hermanos;
Tu mano en la cerviz de tus enemigos;
Los hijos de tu padre se inclinarán a ti.
9 Cachorro de león, Judá;
De la presa subiste, hijo mío.
Se encorvó, se echó como león,
Así como león viejo: ¿quién lo despertará?
10 No será quitado el cetro de Judá,
Ni el legislador de entre sus pies,
Hasta que venga Siloh;
Y a él se congregarán los pueblos.
11 Atando a la vid su pollino,
Y a la cepa el hijo de su asna,
Lavó en el vino su vestido,
Y en la sangre de uvas su manto.
12 Sus ojos, rojos del vino,
Y sus dientes blancos de la leche.
13 Zabulón en puertos de mar habitará;
Será para puerto de naves,
Y su límite hasta Sidón.
14 Isacar, asno fuerte
Que se recuesta entre los apriscos;
15 Y vio que el descanso era bueno,
2 y que la tierra era deleitosa;
Y bajó su hombro para llevar,
Y sirvió en tributo.
16 Dan juzgará a su pueblo,
Como una de las tribus de Israel.
17 Será Dan serpiente junto al camino,
Víbora junto a la senda,
Que muerde los talones del caballo,
Y hace caer hacia atrás al jinete.
18 Tu salvación esperé, oh Jehová.
19 Gad, ejército lo acometerá;
Mas él acometerá al fin.
20 El pan de Aser será substancioso,
Y él dará deleites al rey.
21 Neftalí, cierva suelta,
Que pronunciará dichos hermosos.
22 Rama fructífera es José,
Rama fructífera junto a una fuente,
Cuyos vástagos se extienden sobre el muro.
23 Le causaron amargura,
Le asaetearon,
Y le aborrecieron los arqueros;
24 Mas su arco se mantuvo poderoso,
Y los brazos de sus manos se fortalecieron
Por las manos del Fuerte de Jacob
(Por el nombre del Pastor, la Roca de Israel),
25 Por el Dios de tu padre, el cual te ayudará,
Por el Dios Omnipotente, el cual te bendecirá
Con bendiciones de los cielos de arriba,
Con bendiciones del abismo que está abajo,
Con bendiciones de los pechos y del vientre.
26 Las bendiciones de tu padre
Fueron mayores que las bendiciones de mis progenitores;
Hasta el término de los collados eternos
Serán sobre la cabeza de José,
Y sobre la frente del que fue apartado de entre sus
hermanos.
27 Benjamín es lobo arrebatador;
A la mañana comerá la presa,
Y a la tarde repartirá los despojos.
Muerte y sepelio de Jacob
28 Todos éstos fueron las doce tribus de Israel, y esto
fue lo que su padre les dijo, al bendecirlos; a cada uno por su bendición los
bendijo. 29 Les mandó luego, y les dijo: Yo voy a ser reunido con mi pueblo.
Sepultadme con mis padres en la cueva que está en el campo de Efrón el heteo,
30 en la cueva que está en el campo de Macpela, al oriente de Mamre en la
tierra de Canaán, la cual compró Abraham con el mismo campo de Efrón el heteo,
para heredad de sepultura. 31 Allí sepultaron a Abraham y a Sara su mujer;
allí sepultaron a Isaac y a Rebeca su mujer; allí también sepulté yo a Lea. 32
La compra del campo y de la cueva que está en él, fue de los hijos de Het. 33
Y cuando acabó Jacob de dar mandamientos a sus hijos, encogió sus pies en la
cama, y expiró, y fue reunido con sus padres.
Génesis 50
1 Entonces se echó José sobre el rostro de su padre, y
lloró sobre él, y lo besó. 2 Y mandó José a sus siervos los médicos que
embalsamasen a su padre; y los médicos embalsamaron a Israel. 3 Y le
cumplieron cuarenta días, porque así cumplían los días de los embalsamados, y
lo lloraron los egipcios setenta días.
4 Y pasados los días de su luto, habló José a los de la
casa de Faraón, diciendo: Si he hallado ahora gracia en vuestros ojos, os
ruego que habléis en oídos de Faraón, diciendo: 5 Mi padre me hizo jurar,
diciendo: He aquí que voy a morir; en el sepulcro que cavé para mí en la
tierra de Canaán, allí me sepulturás; ruego, pues, que vaya yo ahora y sepulte
a mi padre, y volveré. 6 Y Faraón dijo: Ve, y sepulta a tu padre, como él te
hizo jurar. 7 Entonces José subió para sepultar a su padre; y subieron con él
todos los siervos de Faraón, los ancianos de su casa, y todos los ancianos de
la tierra de Egipto, 8 y toda la casa de José, y sus hermanos, y la casa de su
padre; solamente dejaron en la tierra de Gosén sus niños, y sus ovejas y sus
vacas. 9 Subieron también con él carros y gente de a caballo, y se hizo un
escuadrón muy grande. 10 Y llegaron hasta la era de Atad, que está al otro
lado del Jordán, y endecharon allí con grande y muy triste lamentación; y José
hizo a su padre duelo por siete días. 11 Y viendo los moradores de la tierra,
los cananeos, el llanto en la era de Atad, dijeron: Llanto grande es este de
los egipcios; por eso fue llamado su nombre Abel-mizraim, que está al otro
lado del Jordán. 12 Hicieron, pues, sus hijos con él según les había mandado;
13 pues lo llevaron sus hijos a la tierra de Canaán, y lo sepultaron en la
cueva del campo de Macpela, la que había comprado Abraham con el mismo campo,
para heredad de sepultura, de Efrón el heteo, al oriente de Mamre. 14 Y volvió
José a Egipto, él y sus hermanos, y todos los que subieron con él a sepultar a
su padre, después que lo hubo sepultado.
Muerte de José
15 Viendo los hermanos de José que su padre era muerto,
dijeron: Quizá nos aborrecerá José, y nos dará el pago de todo el mal que le
hicimos. 16 Y enviaron a decir a José: Tu padre mandó antes de su muerte,
diciendo: 17 Así diréis a José: Te ruego que perdones ahora la maldad de tus
hermanos y su pecado, porque mal te trataron; por tanto, ahora te rogamos que
perdones la maldad de los siervos del Dios de tu padre. Y José lloró mientras
hablaban. 18 Vinieron también sus hermanos y se postraron delante de él, y
dijeron: Henos aquí por siervos tuyos. 19 Y les respondió José: No temáis;
¿acaso estoy yo en lugar de Dios? 20 Vosotros pensasteis mal contra mí, mas
Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a
mucho pueblo. 21 Ahora, pues, no tengáis miedo; yo os sustentaré a vosotros y
a vuestros hijos. Así los consoló, y les habló al corazón.
22 Y habitó José en Egipto, él y la casa de su padre; y
vivió José ciento diez años. 23 Y vio José los hijos de Efraín hasta la
tercera generación; también los hijos de Maquir hijo de Manasés fueron criados
sobre las rodillas de José. 24 Y José dijo a sus hermanos: Yo voy a morir; mas
Dios ciertamente os visitará, y os hará subir de esta tierra a la tierra que
juró a Abraham, a Isaac y a Jacob. 25 E hizo jurar José a los hijos de Israel,
diciendo: Dios ciertamente os visitará, y haréis llevar de aquí mis huesos. 26
Y murió José a la edad de ciento diez años; y lo embalsamaron, y fue puesto en
un ataúd en Egipto.
ÉXODO
Aflicción de los israelitas en Egipto
ÉXODO 1
1 Estos son los nombres de los hijos de Israel que
entraron en Egipto con Jacob; cada uno entró con su familia: 2 Rubén, Simeón,
Leví, Judá, 3 Isacar, Zabulón, Benjamín, 4 Dan, Neftalí, Gad y Aser. 5 Todas
las personas que le nacieron a Jacob fueron setenta. Y José estaba en Egipto.
6 Y murió José, y todos sus hermanos, y toda aquella generación. 7 Y los hijos
de Israel fructificaron y se multiplicaron, y fueron aumentados y fortalecidos
en extremo, y se llenó de ellos la tierra.
8 Entretanto, se levantó sobre Egipto un nuevo rey que no
conocía a José; y dijo a su pueblo: 9 He aquí, el pueblo de los hijos de
Israel es mayor y más fuerte que nosotros. 10 Ahora, pues, seamos sabios para
con él, para que no se multiplique, y acontezca que viniendo guerra, él
también se una a nuestros enemigos y pelee contra nosotros, y se vaya de la
tierra. 11 Entonces pusieron sobre ellos comisarios de tributos que los
molestasen con sus cargas; y edificaron para Faraón las ciudades de
almacenaje, Pitón y Ramesés. 12 Pero cuanto más los oprimían, tanto más se
multiplicaban y crecían, de manera que los egipcios temían a los hijos de
Israel. 13 Y los egipcios hicieron servir a los hijos de Israel con dureza, 14
y amargaron su vida con dura servidumbre, en hacer barro y ladrillo, y en toda
labor del campo y en todo su servicio, al cual los obligaban con rigor.
15 Y habló el rey de Egipto a las parteras de las
hebreas, una de las cuales se llamaba Sifra, y otra Fúa, y les dijo: 16 Cuando
asistáis a las hebreas en sus partos, y veáis el sexo, si es hijo, matadlo; y
si es hija, entonces viva. 17 Pero las parteras temieron a Dios, y no hicieron
como les mandó el rey de Egipto, sino que preservaron la vida a los niños. 18
Y el rey de Egipto hizo llamar a las parteras y les dijo: ¿Por qué habéis
hecho esto, que habéis preservado la vida a los niños? 19 Y las parteras
respondieron a Faraón: Porque las mujeres hebreas no son como las egipcias;
pues son robustas, y dan a luz antes que la partera venga a ellas. 20 Y Dios
hizo bien a las parteras; y el pueblo se multiplicó y se fortaleció en gran
manera. 21 Y por haber las parteras temido a Dios, él prosperó sus familias.
22 Entonces Faraón mandó a todo su pueblo, diciendo: Echad al río a todo hijo
que nazca, y a toda hija preservad la vida.
Nacimiento de Moisés
ÉXODO 2
1 Un varón de la familia de Leví fue y tomó por mujer a
una hija de Leví, 2 la que concibió, y dio a luz un hijo; y viéndole que era
hermoso, le tuvo escondido tres meses. 3 Pero no pudiendo ocultarle más
tiempo, tomó una arquilla de juncos y la calafateó con asfalto y brea, y
colocó en ella al niño y lo puso en un carrizal a la orilla del río. 4 Y una
hermana suya se puso a lo lejos, para ver lo que le acontecería. 5 Y la hija
de Faraón descendió a lavarse al río, y paseándose sus doncellas por la ribera
del río, vio ella la arquilla en el carrizal, y envió una criada suya a que la
tomase. 6 Y cuando la abrió, vio al niño; y he aquí que el niño lloraba. Y
teniendo compasión de él, dijo: De los niños de los hebreos es éste. 7
Entonces su hermana dijo a la hija de Faraón: ¿Iré a llamarte una nodriza de
las hebreas, para que te críe este niño? 8 Y la hija de Faraón respondió: Ve.
Entonces fue la doncella, y llamó a la madre del niño, 9 a la cual dijo la
hija de Faraón: Lleva a este niño y críamelo, y yo te lo pagaré. Y la mujer
tomó al niño y lo crió. 10 Y cuando el niño creció, ella lo trajo a la hija de
Faraón, la cual lo prohijó, y le puso por nombre Moisés, diciendo: Porque de
las aguas lo saqué.
Moisés huye de Egipto
11 En aquellos días sucedió que crecido ya Moisés, salió
a sus hermanos, y los vio en sus duras tareas, y observó a un egipcio que
golpeaba a uno de los hebreos, sus hermanos. 12 Entonces miró a todas partes,
y viendo que no parecía nadie, mató al egipcio y lo escondió en la arena. 13
Al día siguiente salió y vio a dos hebreos que reñían; entonces dijo al que
maltrataba al otro: ¿Por qué golpeas a tu prójimo? 14 Y él respondió: ¿Quién
te ha puesto a ti por príncipe y juez sobre nosotros? ¿Piensas matarme como
mataste al egipcio? Entonces Moisés tuvo miedo, y dijo: Ciertamente esto ha
sido descubierto. 15 Oyendo Faraón acerca de este hecho, procuró matar a
Moisés; p8ero Moisés huyó de delante de Faraón, y habitó en la tierra de
Madián. 16 Y estando sentado junto al pozo, siete hijas que tenía el sacerdote
de Madián vinieron a sacar agua para llenar las pilas y dar de beber a las
ovejas de su padre. 17 Mas los pastores vinieron y las echaron de allí;
entonces Moisés se levantó y las defendió, y dio de beber a sus ovejas. 18 Y
volviendo ellas a Reuel su padre, él les dijo: ¿Por qué habéis venido hoy tan
pronto? 19 Ellas respondieron: Un varón egipcio nos defendió de mano de los
pastores, y también nos sacó el agua, y dio de beber a las ovejas. 20 Y dijo a
sus hijas: ¿Dónde está? ¿Por qué habéis dejado a ese hombre? Llamadle para que
coma. 21 Y Moisés convino en morar con aquel varón; y él dio su hija Séfora
por mujer a Moisés. 22 Y ella le dio a luz un hijo; y él le puso por nombre
Gersón, porque dijo: Forastero soy en tierra ajena.
23 Aconteció que después de muchos días murió el rey de
Egipto, y los hijos de Israel gemían a causa de la servidumbre, y clamaron; y
subió a Dios el clamor de ellos con motivo de su servidumbre. 24 Y oyó Dios el
gemido de ellos, y se acordó de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob. 25 Y miró
Dios a los hijos de Israel, y los reconoció Dios.
Llamamiento de Moisés
ÉXODO 3
1 Apacentando Moisés las ovejas de Jetro su suegro,
sacerdote de Madián, llevó las ovejas a través del desierto, y llegó hasta
Horeb, monte de Dios. 2 Y se le apareció el Angel de Jehová en una llama de
fuego en medio de una zarza; y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y
la zarza no se consumía. 3 Entonces Moisés dijo: Iré yo ahora y veré esta
grande visión, por qué causa la zarza no se quema. 4 Viendo Jehová que él iba
a ver, lo llamó Dios de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y él
respondió: Heme aquí. 5 Y dijo: No te acerques; quita tu calzado de tus pies,
porque el lugar en que tú estás, tierra santa es. 6 Y dijo: Yo soy el Dios de
tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob. Entonces Moisés
cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios.
7 Dijo luego Jehová: Bien he visto la aflicción de mi
pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus exactores; pues
he conocido sus angustias, 8 y he descendido para librarlos de mano de los
egipcios, y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, a tierra
que fluye leche y miel, a los lugares del cananeo, del heteo, del amorreo, del
ferezeo, del heveo y del jebuseo. 9 El clamor, pues, de los hijos de Israel ha
venido delante de mí, y también he visto la opresión con que los egipcios los
oprimen. 10 Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que saques de
Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel. 11 Entonces Moisés respondió a Dios:
¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel?
12 Y él respondió: Ve, porque yo estaré contigo; y esto te será por señal de
que yo te he enviado: cuando hayas sacado de Egipto al pueblo, serviréis a
Dios sobre este monte.
13 Dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos
de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si
ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé? 14 Y respondió
Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO
SOY me envió a vosotros. 15 Además dijo Dios a Moisés: Así dirás a los hijos
de Israel: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de
Isaac y Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para
siempre; con él se me recordará por todos los siglos. 16 Ve, y reúne a los
ancianos de Israel, y diles: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de
Abraham, de Isaac y de Jacob, me apareció diciendo: En verdad os he visitado,
y he visto lo que se os hace en Egipto; 17 y he dicho: Yo os sacaré de la
aflicción de Egipto a la tierra del cananeo, del heteo, del amorreo, del
ferezeo, del heveo y del jebuseo, a una tierra que fluye leche y miel. 18 Y
oirán tu voz; e irás tú, y los ancianos de Israel, al rey de Egipto, y le
diréis: Jehová el Dios de los hebreos nos ha encontrado; por tanto, nosotros
iremos ahora camino de tres días por el desierto, para que ofrezcamos
sacrificios a Jehová nuestro Dios. 19 Mas yo sé que el rey de Egipto no os
dejará ir sino por mano fuerte. 20 Pero yo extenderé mi mano, y heriré a
Egipto con todas mis maravillas que haré en él, y entonces os dejará ir. 21 Y
yo daré a este pueblo gracia en los ojos de los egipcios, para que cuando
salgáis, no vayáis con las manos vacías; 22 sino que pedirá cada mujer a su
vecina y a su huéspeda alhajas de plata, alhajas de oro, y vestidos, los
cuales pondréis sobre vuestros hijos y vuestras hijas; y despojaréis a Egipto.
ÉXODO 4
1 Entonces Moisés respondió diciendo: He aquí que ellos
no me creerán, ni oirán mi voz; porque dirán: No te ha aparecido Jehová. 2 Y
Jehová dijo: ¿Qué es eso que tienes en tu mano? Y él respondió: Una vara. 3 El
le dijo: Echala en tierra. Y él la echó en tierra, y se hizo una culebra; y
Moisés huía de ella. 4 Entonces dijo Jehová a Moisés: Extiende tu mano, y
tómala por la cola. Y él extendió su mano, y la tomó, y se volvió vara en su
mano. 5 Por esto creerán que se te ha aparecido Jehová, el Dios de tus padres,
el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob.
6 Le dijo además Jehová: Mete ahora tu mano en tu seno. Y
él metió la mano en su seno; y cuando la sacó, he aquí que su mano estaba
leprosa como la nieve. 7 Y dijo: Vuelve a meter tu mano en tu seno. Y él
volvió a meter su mano en su seno; y al sacarla de nuevo del seno, he aquí que
se había vuelto como la otra carne. 8 Si aconteciere que no te creyeren ni
obedecieren a la voz de la primera señal, creerán a la voz de la postrera. 9 Y
si aún no creyeren a estas dos señales, ni oyeren tu voz, tomarás de las aguas
del río y las derramarás en tierra; y se cambiarán aquellas aguas que tomarás
del río y se harán sangre en la tierra.
10 Entonces dijo Moisés a Jehová: ¡Ay, Señor! nunca he
sido hombre de fácil palabra, ni antes, ni desde que tú hablas a tu siervo;
porque soy tardo en el habla y torpe de lengua. 11 Y Jehová le respondió:
¿Quién dio la boca al hombre? ¿o quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al
ciego? ¿No soy yo Jehová? 12 Ahora pues, ve, y yo estaré con tu boca, y te
enseñaré lo que hayas de hablar. 13 Y él dijo: ¡Ay, Señor! envía, te ruego,
por medio del que debes enviar. 14 Entonces Jehová se enojó contra Moisés, y
dijo: ¿No conozco yo a tu hermano Aarón, levita, y que él habla bien? Y he
aquí que él saldrá a recibirte, y al verte se alegrará en su corazón. 15 Tú
hablarás a él, y pondrás en su boca las palabras, y yo estaré con tu boca y
con la suya, y os enseñaré lo que hayáis de hacer. 16 Y él hablará por ti al
pueblo; él te será a ti en lugar de boca, y tú serás para él en lugar de Dios.
17 Y tomarás en tu mano esta vara, con la cual harás las señales.
Moisés vuelve a Egipto
18 Así se fue Moisés, y volviendo a su suegro Jetro, le
dijo: Iré ahora, y volveré a mis hermanos que están en Egipto, para ver si aún
viven. Y Jetro dijo a Moisés: Ve en paz. 19 Dijo también Jehová a Moisés en
Madián: Ve y vuélvete a Egipto, porque han muerto todos los que procuraban tu
muerte. 20 Entonces Moisés tomó su mujer y sus hijos, y los puso sobre un
asno, y volvió a tierra de Egipto. Tomó también Moisés la vara de Dios en su
mano. 21 Y dijo Jehová a Moisés: Cuando hayas vuelto a Egipto, mira que hagas
delante de Faraón todas las maravillas que he puesto en tu mano; pero yo
endureceré su corazón, de modo que no dejará ir al pueblo. 22 Y dirás a
Faraón: Jehová ha dicho así: Israel es mi hijo, mi primogénito. 23 Ya te he
dicho que dejes ir a mi hijo, para que me sirva, mas no has querido dejarlo
ir; he aquí yo voy a matar a tu hijo, tu primogénito.
24 Y aconteció en el camino, que en una posada Jehová le
salió al encuentro, y quiso matarlo. 25 Entonces Séfora tomó un pedernal
afilado y cortó el prepucio de su hijo, y lo echó a sus pies, diciendo: A la
verdad tú me eres un esposo de sangre. 26 Así le dejó luego ir. Y ella dijo:
Esposo de sangre, a causa de la circuncisión.
27 Y Jehová dijo a Aarón: Ve a recibir a Moisés al
desierto. Y él fue, y lo encontró en el monte de Dios, y le besó. 28 Entonces
contó Moisés a Aarón todas las palabras de Jehová que le enviaba, y todas las
señales que le había dado. 29 Y fueron Moisés y Aarón, y reunieron a todos los
ancianos de los hijos de Israel. 30 Y habló Aarón acerca de todas las cosas
que Jehová había dicho a Moisés, e hizo las señales delante de los ojos del
pueblo. 31 Y el pueblo creyó; y oyendo que Jehová había visitado a los hijos
de Israel, y que había visto su aflicción, se inclinaron y adoraron.
Moisés y Aarón ante Faraón
ÉXODO 5
1 Después Moisés y Aarón entraron a la presencia de
Faraón y le dijeron: Jehová el Dios de Israel dice así: Deja ir a mi pueblo a
celebrarme fiesta en el desierto. 2 Y Faraón respondió: ¿Quién es Jehová, para
que yo oiga su voz y deje ir a Israel? Yo no conozco a Jehová, ni tampoco
dejaré ir a Israel. 3 Y ellos dijeron: El Dios de los hebreos nos ha
encontrado; iremos, pues, ahora, camino de tres días por el desierto, y
ofreceremos sacrificios a Jehová nuestro Dios, para que no venga sobre
nosotros con peste o con espada. 4 Entonces el rey de Egipto les dijo: Moisés
y Aarón, ¿por qué hacéis cesar al pueblo de su trabajo? Volved a vuestras
tareas. 5 Dijo también Faraón: He aquí el pueblo de la tierra es ahora mucho,
y vosotros les hacéis cesar de sus tareas. 6 Y mandó Faraón aquel mismo día a
los cuadrilleros del pueblo que lo tenían a su cargo, y a sus capataces,
diciendo: 7 De aquí en adelante no daréis paja al pueblo para hacer ladrillo,
como hasta ahora; vayan ellos y recojan por sí mismos la paja. 8 Y les
impondréis la misma tarea de ladrillo que hacían antes, y no les disminuiréis
nada; porque están ociosos, por eso levantan la voz diciendo: Vamos y
ofrezcamos sacrificios a nuestro Dios. 9 Agrávese la servidumbre sobre ellos,
para que se ocupen en ella, y no atiendan a palabras mentirosas.
10 Y saliendo los cuadrilleros del pueblo y sus
capataces, hablaron al pueblo, diciendo: Así ha dicho Faraón: Yo no os doy
paja. 11 Id vosotros y recoged la paja donde la halléis; pero nada se
disminuirá de vuestra tarea. 12 Entonces el pueblo se esparció por toda la
tierra de Egipto para recoger rastrojo en lugar de paja. 13 Y los cuadrilleros
los apremiaban, diciendo: Acabad vuestra obra, la tarea de cada día en su día,
como cuando se os daba paja. 14 Y azotaban a los capataces de los hijos de
Israel que los cuadrilleros de Faraón habían puesto sobre ellos, diciendo:
¿Por qué no habéis cumplido vuestra tarea de ladrillo ni ayer ni hoy, como
antes?
15 Y los capataces de los hijos de Israel vinieron a
Faraón y se quejaron a él, diciendo: ¿Por qué lo haces así con tus siervos? 16
No se da paja a tus siervos, y con todo nos dicen: Haced el ladrillo. Y he
aquí tus siervos son azotados, y el pueblo tuyo es el culpable. 17 Y él
respondió: Estáis ociosos, sí, ociosos, y por eso decís: Vamos y ofrezcamos
sacrificios a Jehová. 18 Id pues, ahora, y trabajad. No se os dará paja, y
habéis de entregar la misma tarea de ladrillo. 19 Entonces los capataces de
los hijos de Israel se vieron en aflicción, al decírseles: No se disminuirá
nada de vuestro ladrillo, de la tarea de cada día. 20 Y encontrando a Moisés y
a Aarón, que estaban a la vista de ellos cuando salían de la presencia de
Faraón, 21 les dijeron: Mire Jehová sobre vosotros, y juzgue; pues nos habéis
hecho abominables delante de Faraón y de sus siervos, poniéndoles la espada en
la mano para que nos maten.
Jehová comisiona a Moisés y a Aarón
22 Entonces Moisés se volvió a Jehová, y dijo: Señor,
¿por qué afliges a este pueblo? ¿Para qué me enviaste? 23 Porque desde que yo
vine a Faraón para hablarle en tu nombre, ha afligido a este pueblo; y tú no
has librado a tu pueblo.
ÉXODO 6
1 Jehová respondió a Moisés: Ahora verás lo que yo haré a
Faraón; porque con mano fuerte los dejará ir, y con mano fuerte los echará de
su tierra. 2 Habló todavía Dios a Moisés, y le dijo: Yo soy JEHOVÁ. 3 Y
aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como Dios Omnipotente, mas en mi nombre
JEHOVÁ no me di a conocer a ellos. 4 También establecí mi pacto con ellos, de
darles la tierra de Canaán, la tierra en que fueron forasteros, y en la cual
habitaron. 5 Asimismo yo he oído el gemido de los hijos de Israel, a quienes
hacen servir los egipcios, y me he acordado de mi pacto. 6 Por tanto, dirás a
los hijos de Israel: Yo soy JEHOVÁ; y yo os sacaré de debajo de las tareas
pesadas de Egipto, y os libraré de su servidumbre, y os redimiré con brazo
extendido, y con juicios grandes; 7 y os tomaré por mi pueblo y seré vuestro
Dios; y vosotros sabréis que yo soy Jehová vuestro Dios, que os sacó de debajo
de las tareas pesadas de Egipto. 8 Y os meteré en la tierra por la cual alcé
mi mano jurando que la daría a Abraham, a Isaac y a Jacob; y yo os la daré por
heredad. Yo JEHOVÁ.
9 De esta manera habló Moisés a los hijos de Israel; pero
ellos no escuchaban a Moisés a causa de la congoja de espíritu, y de la dura
servidumbre. 10 Y habló Jehová a Moisés, diciendo: 11 Entra y habla a Faraón
rey de Egipto, que deje ir de su tierra a los hijos de Israel. 12 Y respondió
Moisés delante de Jehová: He aquí, los hijos de Israel no me escuchan; ¿cómo,
pues, me escuchará Faraón, siendo yo torpe de labios? 13 Entonces Jehová habló
a Moisés y a Aarón y les dio mandamiento para los hijos de Israel, y para
Faraón rey de Egipto, para que sacasen a los hijos de Israel de la tierra de
Egipto.
14 Estos son los jefes de las familias de sus padres: Los
hijos de Rubén, el primogénito de Israel: Hanoc, Falú, Hezrón y Carmi; estas
son las familias de Rubén. 15 Los hijos de Simeón: Jemuel, Jamín, Ohad, Jaquín,
Zohar, y Saúl hijo de una cananea. Estas son las familias de Simeón. 16 Estos
son los nombres de los hijos de Leví por sus linajes: Gersón, Coat y Merari. Y
los años de la vida de Leví fueron ciento treinta y siete años. 17 Los hijos
de Gersón: Libni y Simei, por sus familias. 18 Y los hijos de Coat: Amram,
Izhar, Hebrón y Uziel. Y los años de la vida de Coat fueron ciento treinta y
tres años. 19 Y los hijos de Merari: Mahli y Musi. Estas son las familas de
Leví por sus linajes. 20 Y Amram tomó por mujer a Jocabed su tía, la cual dio
a luz a Aarón y a Moisés. Y los años de la vida de Amram fueron ciento treinta
y siete años. 21 Los hijos de Izhar: Coré, Nefeg y Zicri. 22 Y los hijos de
Uziel: Misael, Elzafán y Sitri. 23 Y tomó Aarón por mujer a Elisabet hija de
Aminadab, hermana de Naasón; la cual dio a luz a Nadab, Abiú, Eleazar e
Itamar. 24 Los hijos de Coré: Asir, Elcana y Abiasaf. Estas son las familias
de los coreítas. 25 Y Eleazar hijo de Aarón tomó para sí mujer de las hijas de
Futiel, la cual dio a luz a Finees. Y estos son los jefes de los padres de los
levitas por sus familias.
26 Este es aquel Aarón y aquel Moisés, a los cuales
Jehová dijo: Sacad a los hijos de Israel de la tierra de Egipto por sus
ejércitos. 27 Estos son los que hablaron a Faraón rey de Egipto, para sacar de
Egipto a los hijos de Israel. Moisés y Aarón fueron éstos.
28 Cuando Jehová habló a Moisés en la tierra de Egipto,
29 entonces Jehová habló a Moisés, diciendo: Yo soy JEHOVÁ; di a Faraón rey de
Egipto todas las cosas que yo te digo a ti. 30 Y Moisés respondió delante de
Jehová: He aquí, yo soy torpe de labios; ¿cómo, pues, me ha de oír Faraón?
ÉXODO 7
1 Jehová dijo a Moisés: Mira, yo te he constituido dios
para Faraón, y tu hermano Aarón será tu profeta. 2 Tú dirás todas las cosas
que yo te mande, y Aarón tu hermano hablará a Faraón, para que deje ir de su
tierra a los hijos de Israel. 3 Y yo endureceré el corazón de Faraón, y
multiplicaré en la tierra de Egipto mis señales y mis maravillas. 4 Y Faraón
no os oirá; mas yo pondré mi mano sobre Egipto, y sacaré a mis ejércitos, mi
pueblo, los hijos de Israel, de la tierra de Egipto, con grandes juicios. 5 Y
sabrán los egipcios que yo soy Jehová, cuando extienda mi mano sobre Egipto, y
saque a los hijos de Israel de en medio de ellos. 6 E hizo Moisés y Aarón como
Jehová les mandó; así lo hicieron. 7 Era Moisés de edad de ochenta años, y
Aarón de edad de ochenta y tres, cuando hablaron a Faraón.
La vara de Aarón
8 Habló Jehová a Moisés y a Aarón, diciendo: 9 Si Faraón
os respondiere diciendo: Mostrad milagro; dirás a Aarón: Toma tu vara, y
échala delante de Faraón, para que se haga culebra. 10 Vinieron, pues, Moisés
y Aarón a Faraón, e hicieron como Jehová lo había mandado. Y echó Aarón su
vara delante de Faraón y de sus siervos, y se hizo culebra. 11 Entonces llamó
también Faraón sabios y hechiceros, e hicieron también lo mismo los hechiceros
de Egipto con sus encantamientos; 12 pues echó cada uno su vara, las cuales se
volvieron culebras; mas la vara de Aarón devoró las varas de ellos. 13 Y el
corazón de Faraón se endureció, y no los escuchó, como Jehová lo había dicho.
La plaga de sangre
14 Entonces Jehová dijo a Moisés: El corazón de Faraón
está endurecido, y no quiere dejar ir al pueblo. 15 Ve por la mañana a Faraón,
he aquí que él sale al río; y tú ponte a la ribera delante de él, y toma en tu
mano la vara que se volvió culebra, 16 y dile: Jehová el Dios de los hebreos
me ha enviado a ti, diciendo: Deja ir a mi pueblo, para que me sirva en el
desierto; y he aquí que hasta ahora no has querido oír. 17 Así ha dicho
Jehová: En esto conocerás que yo soy Jehová: he aquí, yo golpearé con la vara
que tengo en mi mano el agua que está en el río, y se convertirá en sangre. 18
Y los peces que hay en el río morirán, y hederá el río, y los egipcios tendrán
asco de beber el agua del río. 19 Y Jehová dijo a Moisés: Di a Aarón: Toma tu
vara, y extiende tu mano sobre las aguas de Egipto, sobre sus ríos, sobre sus
arroyos y sobre sus estanques, y sobre todos sus depósitos de aguas, para que
se conviertan en sangre, y haya sangre por toda la región de Egipto, así en
los vasos de madera como en los de piedra.
20 Y Moisés y Aarón hicieron como Jehová lo mandó; y
alzando la vara golpeó las aguas que había en el río, en presencia de Faraón y
de sus siervos; y todas las aguas que había en el río se convirtieron en
sangre. 21 Asimismo los peces que había en el río murieron; y el río se
corrompió, tanto que los egipcios no podían beber de él. Y hubo sangre por
toda la tierra de Egipto. 22 Y los hechiceros de Egipto hicieron lo mismo con
sus encantamientos; y el corazón de Faraón se endureció, y no los escuchó;
como Jehová lo había dicho. 23 Y Faraón se volvió y fue a su casa, y no dio
atención tampoco a esto. 24 Y en todo Egipto hicieron pozos alrededor del río
para beber, porque no podían beber de las aguas del río. 25 Y se cumplieron
siete días después que Jehová hirió el río.
La plaga de ranas
ÉXODO 8
1 Entonces Jehová dijo a Moisés: Entra a la presencia de
Faraón y dile: Jehová ha dicho así: Deja ir a mi pueblo, para que me sirva. 2
Y si no lo quisieres dejar ir, he aquí yo castigaré con ranas todos tus
territorios. 3 Y el río criará ranas, las cuales subirán y entrarán en tu
casa, en la cámara donde duermes, y sobre tu cama, y en las casas de tus
siervos, en tu pueblo, en tus hornos y en tus artesas. 4 Y las ranas subirán
sobre ti, sobre tu pueblo, y sobre todos tus siervos. 5 Y Jehová dijo a
Moisés: Di a Aarón: Extiende tu mano con tu vara sobre los ríos, arroyos y
estanques, para que haga subir ranas sobre la tierra de Egipto. 6 Entonces
Aarón extendió su mano sobre las aguas de Egipto, y subieron ranas que
cubrieron la tierra de Egipto. 7 Y los hechiceros hicieron lo mismo con sus
encantamientos, e hicieron venir ranas sobre la tierra de Egipto.
8 Entonces Faraón llamó a Moisés y a Aarón, y les dijo:
Orad a Jehová para que quite las ranas de mí y de mi pueblo, y dejaré ir a tu
pueblo para que ofrezca sacrificios a Jehová. 9 Y dijo Moisés a Faraón:
Dígnate indicarme cuándo debo orar por ti, por tus siervos y por tu pueblo,
para que las ranas sean quitadas de ti y de tus casas, y que solamente queden
en el río. 10 Y él dijo: Mañana. Y Moisés respondió: Se hará conforme a tu
palabra, para que conozcas que no hay como Jehová nuestro Dios. 11 Y las ranas
se irán de ti, y de tus casas, de tus siervos y de tu pueblo, y solamente
quedarán en el río. 12 Entonces salieron Moisés y Aarón de la presencia de
Faraón. Y clamó Moisés a Jehová tocante a las ranas que había mandado a
Faraón. 13 E hizo Jehová conforme a la palabra de Moisés, y murieron las ranas
de las casas, de los cortijos y de los campos. 14 Y las juntaron en montones,
y apestaba la tierra. 15 Pero viendo Faraón que le habían dado reposo,
endureció su corazón y no los escuchó, como Jehová lo había dicho.
La plaga de piojos
16 Entonces Jehová dijo a Moisés: Di a Aarón: Extiende tu
vara y golpea el polvo de la tierra, para que se vuelva piojos por todo el
país de Egipto. 17 Y ellos lo hicieron así; y Aarón extendió su mano con su
vara, y golpeó el polvo de la tierra, el cual se volvió piojos, así en los
hombres como en las bestias; todo el polvo de la tierra se volvió piojos en
todo el país de Egipto. 18 Y los hechiceros hicieron así también, para sacar
piojos con sus encantamientos; pero no pudieron. Y hubo piojos tanto en los
hombres como en las bestias. 19 Entonces los hechiceros dijeron a Faraón: Dedo
de Dios es éste. Mas el corazón de Faraón se endureció, y no los escuchó, como
Jehová lo había dicho.
La plaga de moscas
20 Jehová dijo a Moisés: Levántate de mañana y ponte
delante de Faraón, he aquí él sale al río; y dile: Jehová ha dicho así: Deja
ir a mi pueblo, para que me sirva. 21 Porque si no dejas ir a mi pueblo, he
aquí yo enviaré sobre ti, sobre tus siervos, sobre tu pueblo y sobre tus casas
toda clase de moscas; y las casas de los egipcios se llenarán de toda clase de
moscas, y asimismo la tierra donde ellos estén. 22 Y aquel día yo apartaré la
tierra de Gosén, en la cual habita mi pueblo, para que ninguna clase de moscas
haya en ella, a fin de que sepas que yo soy Jehová en medio de la tierra. 23 Y
yo pondré redención entre mi pueblo y el tuyo. Mañana será esta señal. 24 Y
Jehová lo hizo así, y vino toda clase de moscas molestísimas sobre la casa de
Faraón, sobre las casas de sus siervos, y sobre todo el país de Egipto; y la
tierra fue corrompida a causa de ellas.
25 Entonces Faraón llamó a Moisés y a Aarón, y les dijo:
Andad, ofreced sacrificio a vuestro Dios en la tierra. 26 Y Moisés respondió:
No conviene que hagamos así, porque ofreceríamos a Jehová nuestro Dios la
abominación de los egipcios. He aquí, si sacrificáramos la abominación de los
egipcios delante de ellos, ¿no nos apedrearían? 27 Camino de tres días iremos
por el desierto, y ofreceremos sacrificios a Jehová nuestro Dios, como él nos
dirá. 28 Dijo Faraón: Yo os dejaré ir para que ofrezcáis sacrificios a Jehová
vuestro Dios en el desierto, con tal que no vayáis más lejos; orad por mí. 29
Y respondió Moisés: He aquí, al salir yo de tu presencia, rogaré a Jehová que
las diversas clases de moscas se vayan de Faraón, y de sus siervos, y de su
pueblo mañana; con tal que Faraón no falte más, no dejando ir al pueblo a dar
sacrificio a Jehová. 30 Entonces Moisés salió de la presencia de Faraón, y oró
a Jehová. 31 Y Jehová hizo conforme a la palabra de Moisés, y quitó todas
aquellas moscas de Faraón, de sus siervos y de su pueblo, sin que quedara una.
32 Mas Faraón endureció aun esta vez su corazón, y no dejó ir al pueblo.
La plaga en el ganado
ÉXODO 9
1 Entonces Jehová dijo a Moisés: Entra a la presencia de
Faraón, y dile: Jehová, el Dios de los hebreos, dice así: Deja ir a mi pueblo,
para que me sirva. 2 Porque si no lo quieres dejar ir, y lo detienes aún, 3 he
aquí la mano de Jehová estará sobre tus ganados que están en el campo,
caballos, asnos, camellos, vacas y ovejas, con plaga gravísima. 4 Y Jehová
hará separación entre los ganados de Israel y los de Egipto, de modo que nada
muera de todo lo de los hijos de Israel. 5 Y Jehová fijó plazo, diciendo:
Mañana hará Jehová esta cosa en la tierra. 6 Al día siguiente Jehová hizo
aquello, y murió todo el ganado de Egipto; mas del ganado de los hijos de
Israel no murió uno. 7 Entonces Faraón envió, y he aquí que del ganado de los
hijos de Israel no había muerto uno. Mas el corazón de Faraón se endureció, y
no dejó ir al pueblo.
La plaga de úlceras
8 Y Jehová dijo a Moisés y a Aarón: Tomad puñados de
ceniza de un horno, y la esparcirá Moisés hacia el cielo delante de Faraón; 9
y vendrá a ser polvo sobre toda la tierra de Egipto, y producirá sarpullido
con úlceras en los hombres y en las bestias, por todo el país de Egipto. 10 Y
tomaron ceniza del horno, y se pusieron delante de Faraón, y la esparció
Moisés hacia el cielo; y hubo sarpullido que produjo úlceras tanto en los
hombres como en las bestias. 11 Y los hechiceros no podían estar delante de
Moisés a causa del sarpullido, porque hubo sarpullido en los hechiceros y en
todos los egipcios. 12 Pero Jehová endureció el corazón de Faraón, y no los
oyó, como Jehová lo había dicho a Moisés.
La plaga de granizo
13 Entonces Jehová dijo a Moisés: Levántate de mañana, y
ponte delante de Faraón, y dile: Jehová, el Dios de los hebreos, dice así:
Deja ir a mi pueblo, para que me sirva. 14 Porque yo enviaré esta vez todas
mis plagas a tu corazón, sobre tus siervos y sobre tu pueblo, para que
entiendas que no hay otro como yo en toda la tierra. 15 Porque ahora yo
extenderé mi mano para herirte a ti y a tu pueblo de plaga, y serás quitado de
la tierra. 16 Y a la verdad yo te he puesto para mostrar en ti mi poder, y
para que mi nombre sea anunciado en toda la tierra. 17 ¿Todavía te
ensoberbeces contra mi pueblo, para no dejarlos ir? 18 He aquí que mañana a
estas horas yo haré llover granizo muy pesado, cual nunca hubo en Egipto,
desde el día que se fundó hasta ahora. 19 Envía, pues, a recoger tu ganado, y
todo lo que tienes en el campo; porque todo hombre o animal que se halle en el
campo, y no sea recogido a casa, el granizo caerá sobre él, y morirá. 20 De
los siervos de Faraón, el que tuvo temor de la palabra de Jehová hizo huir sus
criados y su ganado a casa; 21 mas el que no puso en su corazón la palabra de
Jehová, dejó sus criados y sus ganados en el campo.
22 Y Jehová dijo a Moisés: Extiende tu mano hacia el
cielo, para que venga granizo en toda la tierra de Egipto sobre los hombres, y
sobre las bestias, y sobre toda la hierba del campo en el país de Egipto. 23 Y
Moisés extendió su vara hacia el cielo, y Jehová hizo tronar y granizar, y el
fuego se descargó sobre la tierra; y Jehová hizo llover granizo sobre la
tierra de Egipto. 24 Hubo, pues, granizo, y fuego mezclado con el granizo, tan
grande, cual nunca hubo en toda la tierra de Egipto desde que fue habitada. 25
Y aquel granizo hirió en toda la tierra de Egipto todo lo que estaba en el
campo, así hombres como bestias; asimismo destrozó el granizo toda la hierba
del campo, y desgajó todos los árboles del país. 26 Solamente en la tierra de
Gosén, donde estaban los hijos de Israel, no hubo granizo.
27 Entonces Faraón envió a llamar a Moisés y a Aarón, y
les dijo: He pecado esta vez; Jehová es justo, y yo y mi pueblo impíos. 28
Orad a Jehová para que cesen los truenos de Dios y el granizo, y yo os dejaré
ir, y no os detendréis más. 29 Y le respondió Moisés: Tan pronto salga yo de
la ciudad, extenderé mis manos a Jehová, y los truenos cesarán, y no habrá más
granizo; para que sepas que de Jehová es la tierra. 30 Pero yo sé que ni tú ni
tus siervos temeréis todavía la presencia de Jehová Dios. 31 El lino, pues, y
la cebada fueron destrozados, porque la cebada estaba ya espigada, y el lino
en caña. 32 Mas el trigo y el centeno no fueron destrozados, porque eran
tardíos. 33 Y salido Moisés de la presencia de Faraón, fuera de la ciudad,
extendió sus manos a Jehová, y cesaron los truenos y el granizo, y la lluvia
no cayó más sobre la tierra. 34 Y viendo Faraón que la lluvia había cesado, y
el granizo y los truenos, se obstinó en pecar, y endurecieron su corazón él y
sus siervos. 35 Y el corazón de Faraón se endureció, y no dejó ir a los hijos
de Israel, como Jehová lo había dicho por medio de Moisés.
La plaga de langostas
ÉXODO 10
1 Jehová dijo a Moisés: Entra a la presencia de Faraón;
porque yo he endurecido su corazón, y el corazón de sus siervos, para mostrar
entre ellos estas mis señales, 2 y para que cuentes a tus hijos y a tus nietos
las cosas que yo hice en Egipto, y mis señales que hice entre ellos; para que
sepáis que yo soy Jehová. 3 Entonces vinieron Moisés y Aarón a Faraón, y le
dijeron: Jehová el Dios de los hebreos ha dicho así: ¿Hasta cuándo no querrás
humillarte delante de mí? Deja ir a mi pueblo, para que me sirva. 4 Y si aún
rehúsas dejarlo ir, he aquí que mañana yo traeré sobre tu territorio la
langosta, 5 la cual cubrirá la faz de la tierra, de modo que no pueda verse la
tierra; y ella comerá lo que escapó, lo que os quedó del granizo; comerá
asimismo todo árbol que os fructifica en el campo. 6 Y llenará tus casas, y
las casas de todos tus siervos, y las casas de todos los egipcios, cual nunca
vieron tus padres ni tus abuelos, desde que ellos fueron sobre la tierra hasta
hoy. Y se volvió y salió de delante de Faraón. 7 Entonces los siervos de
Faraón le dijeron: ¿Hasta cuándo será este hombre un lazo para nosotros? Deja
ir a estos hombres, para que sirvan a Jehová su Dios. ¿Acaso no sabes todavía
que Egipto está ya destruido? 8 Y Moisés y Aarón volvieron a ser llamados ante
Faraón, el cual les dijo: Andad, servid a Jehová vuestro Dios. ¿Quiénes son
los que han de ir? 9 Moisés respondió: Hemos de ir con nuestros niños y con
nuestros viejos, con nuestros hijos y con nuestras hijas; con nuestras ovejas
y con nuestras vacas hemos de ir; porque es nuestra fiesta solemne para
Jehová. 10 Y él les dijo: ¡Así sea Jehová con vosotros! ¿Cómo os voy a dejar
ir a vosotros y a vuestros niños? ¡Mirad cómo el mal está delante de vuestro
rostro! 11 No será así; id ahora vosotros los varones, y servid a Jehová, pues
esto es lo que vosotros pedisteis. Y los echaron de la presencia de Faraón.
12 Entonces Jehová dijo a Moisés: Extiende tu mano sobre
la tierra de Egipto para traer la langosta, a fin de que suba sobre el país de
Egipto, y consuma todo lo que el granizo dejó. 13 Y extendió Moisés su vara
sobre la tierra de Egipto, y Jehová trajo un viento oriental sobre el país
todo aquel día y toda aquella noche; y al venir la mañana el viento oriental
trajo la langosta. 14 Y subió la langosta sobre toda la tierra de Egipto, y se
asentó en todo el país de Egipto en tan gran cantidad como no la hubo antes ni
la habrá después; 15 y cubrió la faz de todo el país, y oscureció la tierra; y
consumió toda la hierba de la tierra, y todo el fruto de los árboles que había
dejado el granizo; no quedó cosa verde en árboles ni en hierba del campo, en
toda la tierra de Egipto.
16 Entonces Faraón se apresuró a llamar a Moisés y a
Aarón, y dijo: He pecado contra Jehová vuestro Dios, y contra vosotros. 17 Mas
os ruego ahora que perdonéis mi pecado solamente esta vez, y que oréis a
Jehová vuestro Dios que quite de mí al menos esta plaga mortal. 18 Y salió
Moisés de delante de Faraón, y oró a Jehová. 19 Entonces Jehová trajo un
fortísimo viento occidental, y quitó la langosta y la arrojó en el Mar Rojo;
ni una langosta quedó en todo el país de Egipto. 20 Pero Jehová endureció el
corazón de Faraón, y éste no dejó ir a los hijos de Israel.
La plaga de tinieblas
21 Jehová dijo a Moisés: Extiende tu mano hacia el cielo,
para que haya tinieblas sobre la tierra de Egipto, tanto que cualquiera las
palpe. 22 Y extendió Moisés su mano hacia el cielo, y hubo densas tinieblas
sobre toda la tierra de Egipto, por tres días. 23 Ninguno vio a su prójimo, ni
nadie se levantó de su lugar en tres días; mas todos los hijos de Israel
tenían luz en sus habitaciones. 24 Entonces Faraón hizo llamar a Moisés, y
dijo: Id, servid a Jehová; solamente queden vuestras ovejas y vuestras vacas;
vayan también vuestros niños con vosotros. 25 Y Moisés respondió: Tú también
nos darás sacrificios y holocaustos que sacrifiquemos para Jehová nuestro
Dios. 26 Nuestros ganados irán también con nosotros; no quedará ni una pezuña;
porque de ellos hemos de tomar para servir a Jehová nuestro Dios, y no sabemos
con qué hemos de servir a Jehová hasta que lleguemos allá. 27 Pero Jehová
endureció el corazón de Faraón, y no quiso dejarlos ir. 28 Y le dijo Faraón:
Retírate de mí; guárdate que no veas más mi rostro, porque en cualquier día
que vieres mi rostro, morirás. 29 Y Moisés respondió: Bien has dicho; no veré
más tu rostro.
Anunciada la muerte de los primogénitos
ÉXODO 11
1 Jehová dijo a Moisés: Una plaga traeré aún sobre Faraón
y sobre Egipto, después de la cual él os dejará ir de aquí; y seguramente os
echará de aquí del todo. 2 Habla ahora al pueblo, y que cada uno pida a su
vecino, y cada una a su vecina, alhajas de plata y de oro. 3 Y Jehová dio
gracia al pueblo en los ojos de los egipcios. También Moisés era tenido por
gran varón en la tierra de Egipto, a los ojos de los siervos de Faraón, y a
los ojos del pueblo. 4 Dijo, pues, Moisés: Jehová ha dicho así: A la
medianoche yo saldré por en medio de Egipto, 5 y morirá todo primogénito en
tierra de Egipto, desde el primogénito de Faraón que se sienta en su trono,
hasta el primogénito de la sierva que está tras el molino, y todo primogénito
de las bestias. 6 Y habrá gran clamor por toda la tierra de Egipto, cual nunca
hubo, ni jamás habrá. 7 Pero contra todos los hijos de Israel, desde el hombre
hasta la bestia, ni un perro moverá su lengua, para que sepáis que Jehová hace
diferencia entre los egipcios y los israelitas. 8 Y descenderán a mí todos
estos tus siervos, e inclinados delante de mí dirán: Vete, tú y todo el pueblo
que está debajo de ti; y después de esto yo saldré. Y salió muy enojado de la
presencia de Faraón. 9 Y Jehová dijo a Moisés: Faraón no os oirá, para que mis
maravillas se multipliquen en la tierra de Egipto.
10 Y Moisés y Aarón hicieron todos estos prodigios
delante de Faraón; pues Jehová había endurecido el corazón de Faraón, y no
envió a los hijos de Israel fuera de su país.
La Pascua
ÉXODO 12
1 Habló Jehová a Moisés y a Aarón en la tierra de Egipto,
diciendo: 2 Este mes os será principio de los meses; para vosotros será éste
el primero en los meses del año. 3 Hablad a toda la congregación de Israel,
diciendo: En el diez de este mes tómese cada uno un cordero según las familias
de los padres, un cordero por familia. 4 Mas si la familia fuere tan pequeña
que no baste para comer el cordero, entonces él y su vecino inmediato a su
casa tomarán uno según el número de las personas; conforme al comer de cada
hombre, haréis la cuenta sobre el cordero. 5 El animal será sin defecto, macho
de un año; lo tomaréis de las ovejas o de las cabras. 6 Y lo guardaréis hasta
el día catorce de este mes, y lo inmolará toda la congregación del pueblo de
Israel entre las dos tardes. 7 Y tomarán de la sangre, y la pondrán en los dos
postes y en el dintel de las casas en que lo han de comer. 8 Y aquella noche
comerán la carne asada al fuego, y panes sin levadura; con hierbas amargas lo
comerán. 9 Ninguna cosa comeréis de él cruda, ni cocida en agua, sino asada al
fuego; su cabeza con sus pies y sus entrañas. 10 Ninguna cosa dejaréis de él
hasta la mañana; y lo que quedare hasta la mañana, lo quemaréis en el fuego.
11 Y lo comeréis así: ceñidos vuestros lomos, vuestro calzado en vuestros
pies, y vuestro bordón en vuestra mano; y lo comeréis apresuradamente; es la
Pascua de Jehová. 12 Pues yo pasaré aquella noche por la tierra de Egipto, y
heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto, así de los hombres como de
las bestias; y ejecutaré mis juicios en todos los dioses de Egipto. Yo Jehová.
13 Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y veré la
sangre y pasaré de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad cuando
hiera la tierra de Egipto.
14 Y este día os será en memoria, y lo celebraréis como
fiesta solemne para Jehová durante vuestras generaciones; por estatuto
perpetuo lo celebraréis. 15 Siete días comeréis panes sin levadura; y así el
primer día haréis que no haya levadura en vuestras casas; porque cualquiera
que comiere leudado desde el primer día hasta el séptimo, será cortado de
Israel. 16 El primer día habrá santa convocación, y asimismo en el séptimo día
tendréis una santa convocación; ninguna obra se hará en ellos, excepto
solamente que preparéis lo que cada cual haya de comer. 17 Y guardaréis la
fiesta de los panes sin levadura, porque en este mismo día saqué vuestras
huestes de la tierra de Egipto; por tanto, guardaréis este mandamiento en
vuestras generaciones por costumbre perpetua. 18 En el mes primero comeréis
los panes sin levadura, desde el día catorce del mes por la tarde hasta el
veintiuno del mes por la tarde. 19 Por siete días no se hallará levadura en
vuestras casas; porque cualquiera que comiere leudado, así extranjero como
natural del país, será cortado de la congregación de Israel. 20 Ninguna cosa
leudada comeréis; en todas vuestras habitaciones comeréis panes sin levadura.
21 Y Moisés convocó a todos los ancianos de Israel, y les
dijo: Sacad y tomaos corderos por vuestras familias, y sacrificad la pascua.
22 Y tomad un manojo de hisopo, y mojadlo en la sangre que estará en un
lebrillo, y untad el dintel y los dos postes con la sangre que estará en el
lebrillo; y ninguno de vosotros salga de las puertas de su casa hasta la
mañana. 23 Porque Jehová pasará hiriendo a los egipcios; y cuando vea la
sangre en el dintel y en los dos postes, pasará Jehová aquella puerta, y no
dejará entrar al heridor en vuestras casas para herir. 24 Guardaréis esto por
estatuto para vosotros y para vuestros hijos para siempre. 25 Y cuando entréis
en la tierra que Jehová os dará, como prometió, guardaréis este rito. 26 Y
cuando os dijeren vuestros hijos: ¿Qué es este rito vuestro?, 27 vosotros
responderéis: Es la víctima de la pascua de Jehová, el cual pasó por encima de
las casas de los hijos de Israel en Egipto, cuando hirió a los egipcios, y
libró nuestras casas. Entonces el pueblo se inclinó y adoró. 28 Y los hijos de
Israel fueron e hicieron puntualmente así, como Jehová había mandado a Moisés
y a Aarón.
Muerte de los primogénitos
29 Y aconteció que a la medianoche Jehová hirió a todo
primogénito en la tierra de Egipto, desde el primogénito de Faraón que se
sentaba sobre su trono hasta el primogénito del cautivo que estaba en la
cárcel, y todo primogénito de los animales. 30 Y se levantó aquella noche
Faraón, él y todos sus siervos, y todos los egipcios; y hubo un gran clamor en
Egipto, porque no había casa donde no hubiese un muerto. 31 E hizo llamar a
Moisés y a Aarón de noche, y les dijo: Salid de en medio de mi pueblo vosotros
y los hijos de Israel, e id, servid a Jehová, como habéis dicho. 32 Tomad
también vuestras ovejas y vuestras vacas, como habéis dicho, e idos; y
bendecidme también a mí.
33 Y los egipcios apremiaban al pueblo, dándose prisa a
echarlos de la tierra; porque decían: Todos somos muertos. 34 Y llevó el
pueblo su masa antes que se leudase, sus masas envueltas en sus sábanas sobre
sus hombros. 35 E hicieron los hijos de Israel conforme al mandamiento de
Moisés, pidiendo de los egipcios alhajas de plata, y de oro, y vestidos. 36 Y
Jehová dio gracia al pueblo delante de los egipcios, y les dieron cuanto
pedían; así despojaron a los egipcios.
Los israelitas salen de Egipto
37 Partieron los hijos de Israel de Ramesés a Sucot, como
seiscientos mil hombres de a pie, sin contar los niños. 38 También subió con
ellos grande multitud de toda clase de gentes, y ovejas, y muchísimo ganado.
39 Y cocieron tortas sin levadura de la masa que habían sacado de Egipto, pues
no había leudado, porque al echarlos fuera los egipcios, no habían tenido
tiempo ni para prepararse comida.
40 El tiempo que los hijos de Israel habitaron en Egipto
fue cuatrocientos treinta años. 41 Y pasados los cuatrocientos treinta años,
en el mismo día todas las huestes de Jehová salieron de la tierra de Egipto.
42 Es noche de guardar para Jehová, por haberlos sacado en ella de la tierra
de Egipto. Esta noche deben guardarla para Jehová todos los hijos de Israel en
sus generaciones.
43 Y Jehová dijo a Moisés y a Aarón: Esta es la ordenanza
de la pascua; ningún extraño comerá de ella. 44 Mas todo siervo humano
comprado por dinero comerá de ella, después que lo hubieres circuncidado. 45
El extranjero y el jornalero no comerán de ella. 46 Se comerá en una casa, y
no llevarás de aquella carne fuera de ella, ni quebraréis hueso suyo. 47 Toda
la congregación de Israel lo hará. 48 Mas si algún extranjero morare contigo,
y quisiere celebrar la pascua para Jehová, séale circuncidado todo varón, y
entonces la celebrará, y será como uno de vuestra nación; pero ningún
incircunciso comerá de ella. 49 La misma ley será para el natural, y para el
extranjero que habitare entre vosotros.
50 Así lo hicieron todos los hijos de Israel; como mandó
Jehová a Moisés y a Aarón, así lo hicieron. 51 Y en aquel mismo día sacó
Jehová a los hijos de Israel de la tierra de Egipto por sus ejércitos.
Consagración de los primogénitos
ÉXODO 13
1 Jehová habló a Moisés, diciendo: 2 Conságrame todo
primogénito. Cualquiera que abre matriz entre los hijos de Israel, así de los
hombres como de los animales, mío es.
3 Y Moisés dijo al pueblo: Tened memoria de este día, en
el cual habéis salido de Egipto, de la casa de servidumbre, pues Jehová os ha
sacado de aquí con mano fuerte; por tanto, no comeréis leudado. 4 Vosotros
salís hoy en el mes de Abib. 5 Y cuando Jehová te hubiere metido en la tierra
del cananeo, del heteo, del amorreo, del heveo y del jebuseo, la cual juró a
tus padres que te daría, tierra que destila leche y miel, harás esta
celebración en este mes. 6 Siete días comerás pan sin leudar, y el séptimo día
será fiesta para Jehová. 7 Por los siete días se comerán los panes sin
levadura, y no se verá contigo nada leudado, ni levadura, en todo tu
territorio. 8 Y lo contarás en aquel día a tu hijo, diciendo: Se hace esto con
motivo de lo que Jehová hizo conmigo cuando me sacó de Egipto. 9 Y te será
como una señal sobre tu mano, y como un memorial delante de tus ojos, para que
la ley de Jehová esté en tu boca; por cuanto con mano fuerte te sacó Jehová de
Egipto. 10 Por tanto, tú guardarás este rito en su tiempo de año en año.
11 Y cuando Jehová te haya metido en la tierra del
cananeo, como te ha jurado a ti y a tus padres, y cuando te la hubiere dado,
12 dedicarás a Jehová todo aquel que abriere matriz, y asimismo todo primer
nacido de tus animales; los machos serán de Jehová. 13 Mas todo primogénito de
asno redimirás con un cordero; y si no lo redimieres, quebrarás su cerviz.
También redimirás al primogénito de tus hijos. 14 Y cuando mañana te pregunte
tu hijo, diciendo: ¿Qué es esto?, le dirás: Jehová nos sacó con mano fuerte de
Egipto, de casa de servidumbre; 15 y endureciéndose Faraón para no dejarnos
ir, Jehová hizo morir en la tierra de Egipto a todo primogénito, desde el
primogénito humano hasta el primogénito de la bestia; y por esta causa yo
sacrifico para Jehová todo primogénito macho, y redimo al primogénito de mis
hijos. 16 Te será, pues, como una señal sobre tu mano, y por un memorial
delante de tus ojos, por cuanto Jehová nos sacó de Egipto con mano fuerte.
La columna de nube y de fuego
17 Y luego que Faraón dejó ir al pueblo, Dios no los
llevó por el camino de la tierra de los filisteos, que estaba cerca; porque
dijo Dios: Para que no se arrepienta el pueblo cuando vea la guerra, y se
vuelva a Egipto. 18 Mas hizo Dios que el pueblo rodease por el camino del
desierto del Mar Rojo. Y subieron los hijos de Israel de Egipto armados. 19
Tomó también consigo Moisés los huesos de José, el cual había juramentado a
los hijos de Israel, diciendo: Dios ciertamente os visitará, y haréis subir
mis huesos de aquí con vosotros. 20 Y partieron de Sucot y acamparon en Etam,
a la entrada del desierto. 21 Y Jehová iba delante de ellos de día en una
columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de
fuego para alumbrarles, a fin de que anduviesen de día y de noche. 22 Nunca se
apartó de delante del pueblo la columna de nube de día, ni de noche la columna
de fuego.
Los israelitas cruzan el Mar Rojo
ÉXODO 14
1 Habló Jehová a Moisés, diciendo: 2 Di a los hijos de
Israel que den la vuelta y acampen delante de Pi-hahirot, entre Migdol y el
mar hacia Baal-zefón; delante de él acamparéis junto al mar. 3 Porque Faraón
dirá de los hijos de Israel: Encerrados están en la tierra, el desierto los ha
encerrado. 4 Y yo endureceré el corazón de Faraón para que los siga; y seré
glorificado en Faraón y en todo su ejército, y sabrán los egipcios que yo soy
Jehová. Y ellos lo hicieron así.
5 Y fue dado aviso al rey de Egipto, que el pueblo huía;
y el corazón de Faraón y de sus siervos se volvió contra el pueblo, y dijeron:
¿Cómo hemos hecho esto de haber dejado ir a Israel, para que no nos sirva? 6 Y
unció su carro, y tomó consigo su pueblo; 7 y tomó seiscientos carros
escogidos, y todos los carros de Egipto, y los capitanes sobre ellos. 8 Y
endureció Jehová el corazón de Faraón rey de Egipto, y él siguió a los hijos
de Israel; pero los hijos de Israel habían salido con mano poderosa. 9
Siguiéndolos, pues, los egipcios, con toda la caballería y carros de Faraón,
su gente de a caballo, y todo su ejército, los alcanzaron acampados junto al
mar, al lado de Pi-hahirot, delante de Baal-zefón.
10 Y cuando Faraón se hubo acercado, los hijos de Israel
alzaron sus ojos, y he aquí que los egipcios venían tras ellos; por lo que los
hijos de Israel temieron en gran manera, y clamaron a Jehová. 11 Y dijeron a
Moisés: ¿No había sepulcros en Egipto, que nos has sacado para que muramos en
el desierto? ¿Por qué has hecho así con nosotros, que nos has sacado de
Egipto? 12 ¿No es esto lo que te hablamos en Egipto, diciendo: Déjanos servir
a los egipcios? Porque mejor nos fuera servir a los egipcios, que morir
nosotros en el desierto. 13 Y Moisés dijo al pueblo: No temáis; estad firmes,
y ved la salvación que Jehová hará hoy con vosotros; porque los egipcios que
hoy habéis visto, nunca más para siempre los veréis. 14 Jehová peleará por
vosotros, y vosotros estaréis tranquilos. 15 Entonces Jehová dijo a Moisés:
¿Por qué clamas a mí? Di a los hijos de Israel que marchen. 16 Y tú alza tu
vara, y extiende tu mano sobre el mar, y divídelo, y entren los hijos de
Israel por en medio del mar, en seco. 17 Y he aquí, yo endureceré el corazón
de los egipcios para que los sigan; y yo me glorificaré en Faraón y en todo su
ejército, en sus carros y en su caballería; 18 y sabrán los egipcios que yo
soy Jehová, cuando me glorifique en Faraón, en sus carros y en su gente de a
caballo.
19 Y el ángel de Dios que iba delante del campamento de
Israel, se apartó e iba en pos de ellos; y asimismo la columna de nube que iba
delante de ellos se apartó y se puso a sus espaldas, 20 e iba entre el
campamento de los egipcios y el campamento de Israel; y era nube y tinieblas
para aquéllos, y alumbraba a Israel de noche, y en toda aquella noche nunca se
acercaron los unos a los otros.
21 Y extendió Moisés su mano sobre el mar, e hizo Jehová
que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió
el mar en seco, y las aguas quedaron divididas. 22 Entonces los hijos de
Israel entraron por en medio del mar, en seco, teniendo las aguas como muro a
su derecha y a su izquierda. 23 Y siguiéndolos los egipcios, entraron tras
ellos hasta la mitad del mar, toda la caballería de Faraón, sus carros y su
gente de a caballo. 24 Aconteció a la vigilia de la mañana, que Jehová miró el
campamento de los egipcios desde la columna de fuego y nube, y trastornó el
campamento de los egipcios, 25 y quitó las ruedas de sus carros, y los
trastornó gravemente. Entonces los egipcios dijeron: Huyamos de delante de
Israel, porque Jehová pelea por ellos contra los egipcios. 26 Y Jehová dijo a
Moisés: Extiende tu mano sobre el mar, para que las aguas vuelvan sobre los
egipcios, sobre sus carros, y sobre su caballería. 27 Entonces Moisés extendió
su mano sobre el mar, y cuando amanecía, el mar se volvió en toda su fuerza, y
los egipcios al huir se encontraban con el mar; y Jehová derribó a los
egipcios en medio del mar. 28 Y volvieron las aguas, y cubrieron los carros y
la caballería, y todo el ejército de Faraón que había entrado tras ellos en el
mar; no quedó de ellos ni uno. 29 Y los hijos de Israel fueron por en medio
del mar, en seco, teniendo las aguas por muro a su derecha y a su izquierda.
30 Así salvó Jehová aquel día a Israel de mano de los
egipcios; e Israel vio a los egipcios muertos a la orilla del mar. 31 Y vio
Israel aquel grande hecho que Jehová ejecutó contra los egipcios; y el pueblo
temió a Jehová, y creyeron a Jehová y a Moisés su siervo.
Cántico de Moisés y de María
ÉXODO 15
1 Entonces cantó Moisés y los hijos de Israel este
cántico a Jehová, y dijeron:
Cantaré yo a Jehová, porque se ha magnificado
grandemente;
Ha echado en el mar al caballo y al jinete.
2 Jehová es mi fortaleza y mi cántico,
Y ha sido mi salvación.
Este es mi Dios, y lo alabaré;
Dios de mi padre, y lo enalteceré.
3 Jehová es varón de guerra;
Jehová es su nombre.
4 Echó en el mar los carros de Faraón y su ejército;
Y sus capitanes escogidos fueron hundidos en el Mar Rojo.
5 Los abismos los cubrieron;
Descendieron a las profundidades como piedra.
6 Tu diestra, oh Jehová, ha sido magnificada en poder;
Tu diestra, oh Jehová, ha quebrantado al enemigo.
7 Y con la grandeza de tu poder has derribado a los que
se levantaron contra ti.
Enviaste tu ira; los consumió como a hojarasca.
8 Al soplo de tu aliento se amontonaron las aguas;
Se juntaron las corrientes como en un montón;
Los abismos se cuajaron en medio del mar.
9 El enemigo dijo:
Perseguiré, apresaré, repartiré despojos;
Mi alma se saciará de ellos;
Sacaré mi espada, los destruirá mi mano.
10 Soplaste con tu viento; los cubrió el mar;
Se hundieron como plomo en las impetuosas aguas.
11 ¿Quién como tú, oh Jehová, entre los dioses?
¿Quién como tú, magnífico en santidad,
Terrible en maravillosas hazañas, hacedor de prodigios?
12 Extendiste tu diestra;
La tierra los tragó.
13 Condujiste en tu misericordia a este pueblo que
redimiste;
Lo llevaste con tu poder a tu santa morada.
14 Lo oirán los pueblos, y temblarán;
Se apoderará dolor de la tierra de los filisteos.
15 Entonces los caudillos de Edom se turbarán;
A los valientes de Moab les sobrecogerá temblor;
Se acobardarán todos los moradores de Canaán.
16 Caiga sobre ellos temblor y espanto;
A la grandeza de tu brazo enmudezcan como una piedra;
Hasta que haya pasado tu pueblo, oh Jehová,
Hasta que haya pasado este pueblo que tú rescataste.
17 Tú los introducirás y los plantarás en el monte de tu
heredad,
En el lugar de tu morada, que tú has preparado, oh
Jehová,
En el santuario que tus manos,
2 oh Jehová, han afirmado.
18 Jehová reinará eternamente y para siempre.
19 Porque Faraón entró cabalgando con sus carros y su
gente de a caballo en el mar, y Jehová hizo volver las aguas del mar sobre
ellos; mas los hijos de Israel pasaron en seco por en medio del mar. 20 Y
María la profetisa, hermana de Aarón, tomó un pandero en su mano, y todas las
mujeres salieron en pos de ella con panderos y danzas. 21 Y María les
respondía:
Cantad a Jehová, porque en extremo se ha engrandecido;
Ha echado en el mar al caballo y al jinete.
El agua amarga de Mara
22 E hizo Moisés que partiese Israel del Mar Rojo, y
salieron al desierto de Shur; y anduvieron tres días por el desierto sin
hallar agua. 23 Y llegaron a Mara, y no pudieron beber las aguas de Mara,
porque eran amargas; por eso le pusieron el nombre de Mara. 24 Entonces el
pueblo murmuró contra Moisés, y dijo: ¿Qué hemos de beber? 25 Y Moisés clamó a
Jehová, y Jehová le mostró un árbol; y lo echó en las aguas, y las aguas se
endulzaron. Allí les dio estatutos y ordenanzas, y allí los probó; 26 y dijo:
Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, e hicieres lo recto delante de
sus ojos, y dieres oído a sus mandamientos, y guardares todos sus estatutos,
ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti; porque yo
soy Jehová tu sanador. 27 Y llegaron a Elim, donde había doce fuentes de
aguas, y setenta palmeras; y acamparon allí junto a las aguas.
Dios da el maná
ÉXODO 16
1 Partió luego de Elim toda la congregación de los hijos
de Israel, y vino al desierto de Sin, que está entre Elim y Sinaí, a los
quince días del segundo mes después que salieron de la tierra de Egipto. 2 Y
toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón en
el desierto; 3 y les decían los hijos de Israel: Ojalá hubiéramos muerto por
mano de Jehová en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos a las ollas de
carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos; pues nos habéis sacado a este
desierto para matar de hambre a toda esta multitud.
4 Y Jehová dijo a Moisés: He aquí yo os haré llover pan
del cielo; y el pueblo saldrá, y recogerá diariamente la porción de un día,
para que yo lo pruebe si anda en mi ley, o no. 5 Mas en el sexto día
prepararán para guardar el doble de lo que suelen recoger cada día. 6 Entonces
dijeron Moisés y Aarón a todos los hijos de Israel: En la tarde sabréis que
Jehová os ha sacado de la tierra de Egipto, 7 y a la mañana veréis la gloria
de Jehová; porque él ha oído vuestras murmuraciones contra Jehová; porque
nosotros, ¿qué somos, para que vosotros murmuréis contra nosotros? 8 Dijo
también Moisés: Jehová os dará en la tarde carne para comer, y en la mañana
pan hasta saciaros; porque Jehová ha oído vuestras murmuraciones con que
habéis murmurado contra él; porque nosotros, ¿qué somos? Vuestras
murmuraciones no son contra nosotros, sino contra Jehová.
9 Y dijo Moisés a Aarón: Di a toda la congregación de los
hijos de Israel: Acercaos a la presencia de Jehová, porque él ha oído vuestras
murmuraciones. 10 Y hablando Aarón a toda la congregación de los hijos de
Israel, miraron hacia el desierto, y he aquí la gloria de Jehová apareció en
la nube. 11 Y Jehová habló a Moisés, diciendo: 12 Yo he oído las murmuraciones
de los hijos de Israel; háblales, diciendo: Al caer la tarde comeréis carne, y
por la mañana os saciaréis de pan, y sabréis que yo soy Jehová vuestro Dios.
13 Y venida la tarde, subieron codornices que cubrieron
el campamento; y por la mañana descendió rocío en derredor del campamento. 14
Y cuando el rocío cesó de descender, he aquí sobre la faz del desierto una
cosa menuda, redonda, menuda como una escarcha sobre la tierra. 15 Y viéndolo
los hijos de Israel, se dijeron unos a otros: ¿Qué es esto? porque no sabían
qué era. Entonces Moisés les dijo: Es el pan que Jehová os da para comer. 16
Esto es lo que Jehová ha mandado: Recoged de él cada uno según lo que pudiere
comer; un gomer por cabeza, conforme al número de vuestras personas, tomaréis
cada uno para los que están en su tienda. 17 Y los hijos de Israel lo hicieron
así; y recogieron unos más, otros menos; 18 y lo medían por gomer, y no sobró
al que había recogido mucho, ni faltó al que había recogido poco; cada uno
recogió conforme a lo que había de comer. 19 Y les dijo Moisés: Ninguno deje
nada de ello para mañana. 20 Mas ellos no obedecieron a Moisés, sino que
algunos dejaron de ello para otro día, y crió gusanos, y hedió; y se enojó
contra ellos Moisés. 21 Y lo recogían cada mañana, cada uno según lo que había
de comer; y luego que el sol calentaba, se derretía.
22 En el sexto día recogieron doble porción de comida,
dos gomeres para cada uno; y todos los príncipes de la congregación vinieron y
se lo hicieron saber a Moisés. 23 Y él les dijo: Esto es lo que ha dicho
Jehová: Mañana es el santo día de reposo, el reposo consagrado a Jehová; lo
que habéis de cocer, cocedlo hoy, y lo que habéis de cocinar, cocinadlo; y
todo lo que os sobrare, guardadlo para mañana. 24 Y ellos lo guardaron hasta
la mañana, según lo que Moisés había mandado, y no se agusanó, ni hedió. 25 Y
dijo Moisés: Comedlo hoy, porque hoy es día de reposo para Jehová; hoy no
hallaréis en el campo. 26 Seis días lo recogeréis; mas el séptimo día es día
de reposo; en él no se hallará. 27 Y aconteció que algunos del pueblo salieron
en el séptimo día a recoger, y no hallaron. 28 Y Jehová dijo a Moisés: ¿Hasta
cuándo no querréis guardar mis mandamientos y mis leyes? 29 Mirad que Jehová
os dió el día de reposo, y por eso en el sexto día os da pan para dos días.
Estése, pues, cada uno en su lugar, y nadie salga de él en el séptimo día. 30
Así el pueblo reposó el séptimo día.
31 Y la casa de Israel lo llamó Maná; y era como semilla
de culantro, blanco, y su sabor como de hojuelas con miel. 32 Y dijo Moisés:
Esto es lo que Jehová ha mandado: Llenad un gomer de él, y guardadlo para
vuestros descendientes, a fin de que vean el pan que yo os di a comer en el
desierto, cuando yo os saqué de la tierra de Egipto. 33 Y dijo Moisés a Aarón:
Toma una vasija y pon en ella un gomer de maná, y ponlo delante de Jehová,
para que sea guardado para vuestros descendientes. 34 Y Aarón lo puso delante
del Testimonio para guardarlo, como Jehová lo mandó a Moisés. 35 Así comieron
los hijos de Israel maná cuarenta años, hasta que llegaron a tierra habitada;
maná comieron hasta que llegaron a los límites de la tierra de Canaán. 36 Y un
gomer es la décima parte de un efa.
Agua de la roca
ÉXODO 17
1 Toda la congregación de los hijos de Israel partió del
desierto de Sin por sus jornadas, conforme al mandamiento de Jehová, y
acamparon en Refidim; y no había agua para que el pueblo bebiese. 2 Y altercó
el pueblo con Moisés, y dijeron: Danos agua para que bebamos. Y Moisés les
dijo: ¿Por qué altercáis conmigo? ¿Por qué tentáis a Jehová? 3 Así que el
pueblo tuvo allí sed, y murmuró contra Moisés, y dijo: ¿Por qué nos hiciste
subir de Egipto para matarnos de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros
ganados? 4 Entonces clamó Moisés a Jehová, diciendo: ¿Qué haré con este
pueblo? De aquí a un poco me apedrearán. 5 Y Jehová dijo a Moisés: Pasa
delante del pueblo, y toma contigo de los ancianos de Israel; y toma también
en tu mano tu vara con que golpeaste el río, y ve. 6 He aquí que yo estaré
delante de ti allí sobre la peña en Horeb; y golpearás la peña, y saldrán de
ella aguas, y beberá el pueblo. Y Moisés lo hizo así en presencia de los
ancianos de Israel. 7 Y llamó el nombre de aquel lugar Masah y Meriba, por la
rencilla de los hijos de Israel, y porque tentaron a Jehová, diciendo: ¿Está,
pues, Jehová entre nosotros, o no?
Guerra con Amalec
8 Entonces vino Amalec y peleó contra Israel en Refidim.
9 Y dijo Moisés a Josué: Escógenos varones, y sal a pelear contra Amalec;
mañana yo estaré sobre la cumbre del collado, y la vara de Dios en mi mano. 10
E hizo Josué como le dijo Moisés, peleando contra Amalec; y Moisés y Aarón y
Hur subieron a la cumbre del collado. 11 Y sucedía que cuando alzaba Moisés su
mano, Israel prevalecía; mas cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec. 12 Y
las manos de Moisés se cansaban; por lo que tomaron una piedra, y la pusieron
debajo de él, y se sentó sobre ella; y Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno
de un lado y el otro de otro; así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso
el sol. 13 Y Josué deshizo a Amalec y a su pueblo a filo de espada.
14 Y Jehová dijo a Moisés: Escribe esto para memoria en
un libro, y di a Josué que raeré del todo la memoria de Amalec de debajo del
cielo. 15 Y Moisés edificó un altar, y llamó su nombre Jehová- nisi; 16 y
dijo: Por cuanto la mano de Amalec se levantó contra el trono de Jehová,
Jehová tendrá guerra con Amalec de generación en generación.
Jetro visita a Moisés
ÉXODO 18
1 Oyó Jetro sacerdote de Madián, suegro de Moisés, todas
las cosas que Dios había hecho con Moisés, y con Israel su pueblo, y cómo
Jehová había sacado a Israel de Egipto. 2 Y tomó Jetro suegro de Moisés a
Séfora la mujer de Moisés, después que él la envió, 3 y a sus dos hijos; el
uno se llamaba Gersón, porque dijo: Forastero he sido en tierra ajena; 4 y el
otro se llamaba Eliezer, porque dijo: El Dios de mi padre me ayudó, y me libró
de la espada de Faraón. 5 Y Jetro el suegro de Moisés, con los hijos y la
mujer de éste, vino a Moisés en el desierto, donde estaba acampado junto al
monte de Dios; 6 y dijo a Moisés: Yo tu suegro Jetro vengo a ti, con tu mujer,
y sus dos hijos con ella. 7 Y Moisés salió a recibir a su suegro, y se
inclinó, y lo besó; y se preguntaron el uno al otro cómo estaban, y vinieron a
la tienda. 8 Y Moisés contó a su suegro todas las cosas que Jehová había hecho
a Faraón y a los egipcios por amor de Israel, y todo el trabajo que habían
pasado en el camino, y cómo los había librado Jehová. 9 Y se alegró Jetro de
todo el bien que Jehová había hecho a Israel, al haberlo librado de mano de
los egipcios.
10 Y Jetro dijo: Bendito sea Jehová, que os libró de mano
de los egipcios, y de la mano de Faraón, y que libró al pueblo de la mano de
los egipcios. 11 Ahora conozco que Jehová es más grande que todos los dioses;
porque en lo que se ensoberbecieron prevaleció contra ellos. 12 Y tomó Jetro,
suegro de Moisés, holocaustos y sacrificios para Dios; y vino Aarón y todos
los ancianos de Israel para comer con el suegro de Moisés delante de Dios.
Nombramiento de jueces
(Dt. 1.9-18)
13 Aconteció que al día siguiente se sentó Moisés a
juzgar al pueblo; y el pueblo estuvo delante de Moisés desde la mañana hasta
la tarde. 14 Viendo el suegro de Moisés todo lo que él hacía con el pueblo,
dijo: ¿Qué es esto que haces tú con el pueblo? ¿Por qué te sientas tú solo, y
todo el pueblo está delante de ti desde la mañana hasta la tarde? 15 Y Moisés
respondió a su suegro: Porque el pueblo viene a mí para consultar a Dios. 16
Cuando tienen asuntos, vienen a mí; y yo juzgo entre el uno y el otro, y
declaro las ordenanzas de Dios y sus leyes. 17 Entonces el suegro de Moisés le
dijo: No está bien lo que haces. 18 Desfallecerás del todo, tú, y también este
pueblo que está contigo; porque el trabajo es demasiado pesado para ti; no
podrás hacerlo tú solo. 19 Oye ahora mi voz; yo te aconsejaré, y Dios estará
contigo. Está tú por el pueblo delante de Dios, y somete tú los asuntos a
Dios. 20 Y enseña a ellos las ordenanzas y las leyes, y muéstrales el camino
por donde deben andar, y lo que han de hacer. 21 Además escoge tú de entre
todo el pueblo varones de virtud, temerosos de Dios, varones de verdad, que
aborrezcan la avaricia; y ponlos sobre el pueblo por jefes de millares, de
centenas, de cincuenta y de diez. 22 Ellos juzgarán al pueblo en todo tiempo;
y todo asunto grave lo traerán a ti, y ellos juzgarán todo asunto pequeño. Así
aliviarás la carga de sobre ti, y la llevarán ellos contigo. 23 Si esto
hicieres, y Dios te lo mandare, tú podrás sostenerte, y también todo este
pueblo irá en paz a su lugar.
24 Y oyó Moisés la voz de su suegro, e hizo todo lo que
dijo. 25 Escogió Moisés varones de virtud de entre todo Israel, y los puso por
jefes sobre el pueblo, sobre mil, sobre ciento, sobre cincuenta, y sobre diez.
26 Y juzgaban al pueblo en todo tiempo; el asunto difícil lo traían a Moisés,
y ellos juzgaban todo asunto pequeño. 27 Y despidió Moisés a su suegro, y éste
se fue a su tierra.
Israel en Sinaí
ÉXODO 19
1 En el mes tercero de la salida de los hijos de Israel
de la tierra de Egipto, en el mismo día llegaron al desierto de Sinaí. 2
Habían salido de Refidim, y llegaron al desierto de Sinaí, y acamparon en el
desierto; y acampó allí Israel delante del monte. 3 Y Moisés subió a Dios; y
Jehová lo llamó desde el monte, diciendo: Así dirás a la casa de Jacob, y
anunciarás a los hijos de Israel: 4 Vosotros visteis lo que hice a los
egipcios, y cómo os tomé sobre alas de águilas, y os he traído a mí. 5 Ahora,
pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi
especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. 6 Y
vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa. Estas son las
palabras que dirás a los hijos de Israel.
7 Entonces vino Moisés, y llamó a los ancianos del
pueblo, y expuso en presencia de ellos todas estas palabras que Jehová le
había mandado. 8 Y todo el pueblo respondió a una, y dijeron: Todo lo que
Jehová ha dicho, haremos. Y Moisés refirió a Jehová las palabras del pueblo. 9
Entonces Jehová dijo a Moisés: He aquí, yo vengo a ti en una nube espesa, para
que el pueblo oiga mientras yo hablo contigo, y también para que te crean para
siempre.
Y Moisés refirió las palabras del pueblo a Jehová. 10 Y
Jehová dijo a Moisés: Ve al pueblo, y santifícalos hoy y mañana; y laven sus
vestidos, 11 y estén preparados para el día tercero, porque al tercer día
Jehová descenderá a ojos de todo el pueblo sobre el monte de Sinaí. 12 Y
señalarás término al pueblo en derredor, diciendo: Guardaos, no subáis al
monte, ni toquéis sus límites; cualquiera que tocare el monte, de seguro
morirá. 13 No lo tocará mano, porque será apedreado o asaeteado; sea animal o
sea hombre, no vivirá. Cuando suene largamente la bocina, subirán al monte. 14
Y descendió Moisés del monte al pueblo, y santificó al pueblo; y lavaron sus
vestidos. 15 Y dijo al pueblo: Estad preparados para el tercer día; no toquéis
mujer.
16 Aconteció que al tercer día, cuando vino la mañana,
vinieron truenos y relámpagos, y espesa nube sobre el monte, y sonido de
bocina muy fuerte; y se estremeció todo el pueblo que estaba en el campamento.
17 Y Moisés sacó del campamento al pueblo para recibir a Dios; y se detuvieron
al pie del monte. 18 Todo el monte Sinaí humeaba, porque Jehová había
descendido sobre él en fuego; y el humo subía como el humo de un horno, y todo
el monte se estremecía en gran manera. 19 El sonido de la bocina iba
aumentando en extremo; Moisés hablaba, y Dios le respondía con voz tronante.
20 Y descendió Jehová sobre el monte Sinaí, sobre la cumbre del monte; y llamó
Jehová a Moisés a la cumbre del monte, y Moisés subió. 21 Y Jehová dijo a
Moisés: Desciende, ordena al pueblo que no traspase los límites para ver a
Jehová, porque caerá multitud de ellos. 22 Y también que se santifiquen los
sacerdotes que se acercan a Jehová, para que Jehová no haga en ellos estrago.
23 Moisés dijo a Jehová: El pueblo no podrá subir al monte Sinaí, porque tú
nos has mandado diciendo: Señala límites al monte, y santifícalo. 24 Y Jehová
le dijo: Ve, desciende, y subirás tú, y Aarón contigo; mas los sacerdotes y el
pueblo no traspasen el límite para subir a Jehová, no sea que haga en ellos
estrago. 25 Entonces Moisés descendió y se lo dijo al pueblo.
Los Diez Mandamientos
(Dt. 5.1-21)
ÉXODO 20
1 Y habló Dios todas estas palabras, diciendo: 2 Yo soy
Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre.
3 No tendrás dioses ajenos delante de mí.
4 No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté
arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la
tierra. 5 No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu
Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta
la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, 6 y hago misericordia
a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.
7 No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque
no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano.
8 Acuérdate del día de reposo para santificarlo. 9 Seis
días trabajarás, y harás toda tu obra; 10 mas el séptimo día es reposo para
Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu
siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus
puertas. 11 Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y
todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto,
Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó.
12 Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se
alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da.
13 No matarás.
14 No cometerás adulterio.
15 No hurtarás.
16 No hablarás contra tu prójimo falso testimonio.
17 No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la
mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni
cosa alguna de tu prójimo.
El terror del pueblo
(Dt. 5.22-33)
18 Todo el pueblo observaba el estruendo y los
relámpagos, y el sonido de la bocina, y el monte que humeaba; y viéndolo el
pueblo, temblaron, y se pusieron de lejos. 19 Y dijeron a Moisés: Habla tú con
nosotros, y nosotros oiremos; pero no hable Dios con nosotros, para que no
muramos. 20 Y Moisés respondió al pueblo: No temáis; porque para probaros vino
Dios, y para que su temor esté delante de vosotros, para que no pequéis.
21 Entonces el pueblo estuvo a lo lejos, y Moisés se
acercó a la oscuridad en la cual estaba Dios. 22 Y Jehová dijo a Moisés: Así
dirás a los hijos de Israel: Vosotros habéis visto que he hablado desde el
cielo con vosotros. 23 No hagáis conmigo dioses de plata, ni dioses de oro os
haréis. 24 Altar de tierra harás para mí, y sacrificarás sobre él tus
holocaustos y tus ofrendas de paz, tus ovejas y tus vacas; en todo lugar donde
yo hiciere que esté la memoria de mi nombre, vendré a ti y te bendeciré. 25 Y
si me hicieres altar de piedras, no las labres de cantería; porque si alzares
herramienta sobre él, lo profanarás. 26 No subirás por gradas a mi altar, para
que tu desnudez no se descubra junto a él.
Leyes sobre los esclavos
(Dt. 15.12-18)
ÉXODO 21
1 Estas son las leyes que les propondrás. 2 Si comprares
siervo hebreo, seis años servirá; mas al séptimo saldrá libre, de balde. 3 Si
entró solo, solo saldrá; si tenía mujer, saldrá él y su mujer con él. 4 Si su
amo le hubiere dado mujer, y ella le diere hijos o hijas, la mujer y sus hijos
serán de su amo, y él saldrá solo. 5 Y si el siervo dijere: Yo amo a mi señor,
a mi mujer y a mis hijos, no saldré libre; 6 entonces su amo lo llevará ante
los jueces, y le hará estar junto a la puerta o al poste; y su amo le horadará
la oreja con lesna, y será su siervo para siempre. 7 Y cuando alguno vendiere
su hija por sierva, no saldrá ella como suelen salir los siervos. 8 Si no
agradare a su señor, por lo cual no la tomó por esposa, se le permitirá que se
rescate, y no la podrá vender a pueblo extraño cuando la desechare. 9 Mas si
la hubiere desposado con su hijo, hará con ella según la costumbre de las
hijas. 10 Si tomare para él otra mujer, no disminuirá su alimento, ni su
vestido, ni el deber conyugal. 11 Y si ninguna de estas tres cosas hiciere,
ella saldrá de gracia, sin dinero.
Leyes sobre actos de violencia
12 El que hiriere a alguno, haciéndole así morir, él
morirá. 13 Mas el que no pretendía herirlo, sino que Dios lo puso en sus
manos, entonces yo te señalaré lugar al cual ha de huir. 14 Pero si alguno se
ensoberbeciere contra su prójimo y lo matare con alevosía, de mi altar lo
quitarás para que muera.
15 El que hiriere a su padre o a su madre, morirá.
16 Asimismo el que robare una persona y la vendiere, o si
fuere hallada en sus manos, morirá. 17 Igualmente el que maldijere a su padre
o a su madre, morirá.
18 Además, si algunos riñeren, y uno hiriere a su prójimo
con piedra o con el puño, y éste no muriere, pero cayere en cama; 19 si se
levantare y anduviere fuera sobre su báculo, entonces será absuelto el que lo
hirió; solamente le satisfará por lo que estuvo sin trabajar, y hará que le
curen.
20 Y si alguno hiriere a su siervo o a su sierva con
palo, y muriere bajo su mano, será castigado; 21 mas si sobreviviere por un
día o dos, no será castigado, porque es de su propiedad.
22 Si algunos riñeren, e hirieren a mujer embarazada, y
ésta abortare, pero sin haber muerte, serán penados conforme a lo que les
impusiere el marido de la mujer y juzgaren los jueces. 23 Mas si hubiere
muerte, entonces pagarás vida por vida, 24 ojo por ojo, diente por diente,
mano por mano, pie por pie, 25 quemadura por quemadura, herida por herida,
golpe por golpe.
Leyes sobre responsabilidades de amos y dueños
26 Si alguno hiriere el ojo de su siervo, o el ojo de su
sierva, y lo dañare, le dará libertad por razón de su ojo. 27 Y si hiciere
saltar un diente de su siervo, o un diente de su sierva, por su diente le
dejará ir libre.
28 Si un buey acorneare a hombre o a mujer, y a causa de
ello muriere, el buey será apedreado, y no será comida su carne; mas el dueño
del buey será absuelto. 29 Pero si el buey fuere acorneador desde tiempo
atrás, y a su dueño se le hubiere notificado, y no lo hubiere guardado, y
matare a hombre o mujer, el buey será apedreado, y también morirá su dueño. 30
Si le fuere impuesto precio de rescate, entonces dará por el rescate de su
persona cuanto le fuere impuesto. 31 Haya acorneado a hijo, o haya acorneado a
hija, conforme a este juicio se hará con él. 32 Si el buey acorneare a un
siervo o a una sierva, pagará su dueño treinta siclos de plata, y el buey será
apedreado.
33 Y si alguno abriere un pozo, o cavare cisterna, y no
la cubriere, y cayere allí buey o asno, 34 el dueño de la cisterna pagará el
daño, resarciendo a su dueño, y lo que fue muerto será suyo.
35 Y si el buey de alguno hiriere al buey de su prójimo
de modo que muriere, entonces venderán el buey vivo y partirán el dinero de
él, y también partirán el buey muerto. 36 Mas si era notorio que el buey era
acorneador desde tiempo atrás, y su dueño no lo hubiere guardado, pagará buey
por buey, y el buey muerto será suyo.
Leyes sobre la restitución
ÉXODO 22
1 Cuando alguno hurtare buey u oveja, y lo degollare o
vendiere, por aquel buey pagará cinco bueyes, y por aquella oveja cuatro
ovejas.
2 Si el ladrón fuere hallado forzando una casa, y fuere
herido y muriere, el que lo hirió no será culpado de su muerte. 3 Pero si
fuere de día, el autor de la muerte será reo de homicidio. El ladrón hará
completa restitución; si no tuviere con qué, será vendido por su hurto. 4 Si
fuere hallado con el hurto en la mano, vivo, sea buey o asno u oveja, pagará
el doble.
5 Si alguno hiciere pastar en campo o viña, y metiere su
bestia en campo de otro, de lo mejor de su campo y de lo mejor de su viña
pagará.
6 Cuando se prendiere fuego, y al quemar espinos quemare
mieses amontonadas o en pie, o campo, el que encendió el fuego pagará lo
quemado.
7 Cuando alguno diere a su prójimo plata o alhajas a
guardar, y fuere hurtado de la casa de aquel hombre, si el ladrón fuere
hallado, pagará el doble. 8 Si el ladrón no fuere hallado, entonces el dueño
de la casa será presentado a los jueces, para que se vea si ha metido su mano
en los bienes de su prójimo.
9 En toda clase de fraude, sobre buey, sobre asno, sobre
oveja, sobre vestido, sobre toda cosa perdida, cuando alguno dijere: Esto es
mío, la causa de ambos vendrá delante de los jueces; y el que los jueces
condenaren, pagará el doble a su prójimo.
10 Si alguno hubiere dado a su prójimo asno, o buey, u
oveja, o cualquier otro animal a guardar, y éste muriere o fuere estropeado, o
fuere llevado sin verlo nadie; 11 juramento de Jehová habrá entre ambos, de
que no metió su mano a los bienes de su prójimo; y su dueño lo aceptará, y el
otro no pagará. 12 Mas si le hubiere sido hurtado, resarcirá a su dueño. 13 Y
si le hubiere sido arrebatado por fiera, le traerá testimonio, y no pagará lo
arrebatado.
14 Pero si alguno hubiere tomado prestada bestia de su
prójimo, y fuere estropeada o muerta, estando ausente su dueño, deberá
pagarla. 15 Si el dueño estaba presente no la pagará. Si era alquilada, reciba
el dueño el alquiler.
Leyes humanitarias
16 Si alguno engañare a una doncella que no fuere
desposada, y durmiere con ella, deberá dotarla y tomarla por mujer. 17 Si su
padre no quisiere dársela, él le pesará plata conforme a la dote de las
vírgenes.
18 A la hechicera no dejarás que viva.
19 Cualquiera que cohabitare con bestia, morirá.
20 El que ofreciere sacrificio a dioses excepto solamente
a Jehová, será muerto.
21 Y al extranjero no engañarás ni angustiarás, porque
extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto. 22 A ninguna viuda ni
huérfano afligiréis. 23 Porque si tú llegas a afligirles, y ellos clamaren a
mí, ciertamente oiré yo su clamor; 24 y mi furor se encenderá, y os mataré a
espada, y vuestras mujeres serán viudas, y huérfanos vuestros hijos.
25 Cuando prestares dinero a uno de mi pueblo, al pobre
que está contigo, no te portarás con él como logrero, ni le impondrás usura.
26 Si tomares en prenda el vestido de tu prójimo, a la puesta del sol se lo
devolverás. 27 Porque sólo eso es su cubierta, es su vestido para cubrir su
cuerpo. ¿En qué dormirá? Y cuando él clamare a mí, yo le oiré, porque soy
misericordioso.
28 No injuriarás a los jueces, ni maldecirás al príncipe
de tu pueblo.
29 No demorarás la primicia de tu cosecha ni de tu lagar.
Me darás el primogénito de tus hijos. 30 Lo mismo harás
con el de tu buey y de tu oveja; siete días estará con su madre, y al octavo
día me lo darás.
31 Y me seréis varones santos. No comeréis carne
destrozada por las fieras en el campo; a los perros la echaréis.
ÉXODO 23
1 No admitirás falso rumor. No te concertarás con el
impío para ser testigo falso. 2 No seguirás a los muchos para hacer mal, ni
responderás en litigio inclinándote a los más para hacer agravios; 3 ni al
pobre distinguirás en su causa.
4 Si encontrares el buey de tu enemigo o su asno
extraviado, vuelve a llevárselo. 5 Si vieres el asno del que te aborrece caído
debajo de su carga, ¿le dejarás sin ayuda? Antes bien le ayudarás a
levantarlo.
6 No pervertirás el derecho de tu mendigo en su pleito. 7
De palabra de mentira te alejarás, y no matarás al inocente y justo; porque yo
no justificaré al impío. 8 No recibirás presente; porque el presente ciega a
los que ven, y pervierte las palabras de los justos.
9 Y no angustiarás al extranjero; porque vosotros sabéis
cómo es el alma del extranjero, ya que extranjeros fuisteis en la tierra de
Egipto.
10 Seis años sembrarás tu tierra, y recogerás su cosecha;
11 mas el séptimo año la dejarás libre, para que coman los pobres de tu
pueblo; y de lo que quedare comerán las bestias del campo; así harás con tu
viña y con tu olivar.
12 Seis días trabajarás, y al séptimo día reposarás, para
que descanse tu buey y tu asno, y tome refrigerio el hijo de tu sierva, y el
extranjero. 13 Y todo lo que os he dicho, guardadlo. Y nombre de otros dioses
no mentaréis, ni se oirá de vuestra boca.
Las tres fiestas anuales
(Ex. 34.18-26; Dt. 16.1-17)
14 Tres veces en el año me celebraréis fiesta. 15 La
fiesta de los panes sin levadura guardarás. Siete días comerás los panes sin
levadura, como yo te mandé, en el tiempo del mes de Abib, porque en él saliste
de Egipto; y ninguno se presentará delante de mí con las manos vacías. 16
También la fiesta de la siega, los primeros frutos de tus labores, que
hubieres sembrado en el campo, y la fiesta de la cosecha a la salida del año,
cuando hayas recogido los frutos de tus labores del campo. 17 Tres veces en el
año se presentará todo varón delante de Jehová el Señor.
18 No ofrecerás con pan leudo la sangre de mi sacrificio,
ni la grosura de mi víctima quedará de la noche hasta la mañana.
19 Las primicias de los primeros frutos de tu tierra
traerás a la casa de Jehová tu Dios. No guisarás el cabrito en la leche de su
madre.
El Angel de Jehová enviado para guiar a Israel
20 He aquí yo envío mi Angel delante de ti para que te
guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado. 21
Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no
perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él.
22 Pero si en verdad oyeres su voz e hicieres todo lo que
yo te dijere, seré enemigo de tus enemigos, y afligiré a los que te
afligieren.
23 Porque mi Angel irá delante de ti, y te llevará a la
tierra del amorreo, del heteo, del ferezeo, del cananeo, del heveo y del
jebuseo, a los cuales yo haré destruir. 24 No te inclinarás a sus dioses, ni
los servirás, ni harás como ellos hacen; antes los destruirás del todo, y
quebrarás totalmente sus estatuas. 25 Mas a Jehová vuestro Dios serviréis, y
él bendecirá tu pan y tus aguas; y yo quitaré toda enfermedad de en medio de
ti. 26 No habrá mujer que aborte, ni estéril en tu tierra; y yo completaré el
número de tus días. 27 Yo enviaré mi terror delante de ti, y consternaré a
todo pueblo donde entres, y te daré la cerviz de todos tus enemigos. 28
Enviaré delante de ti la avispa, que eche fuera al heveo, al cananeo y al
heteo, de delante de ti. 29 No los echaré de delante de ti en un año, para que
no quede la tierra desierta, y se aumenten contra ti las fieras del campo. 30
Poco a poco los echaré de delante de ti, hasta que te multipliques y tomes
posesión de la tierra. 31 Y fijaré tus límites desde el Mar Rojo hasta el mar
de los filisteos, y desde el desierto hasta el Eufrates; porque pondré en tus
manos a los moradores de la tierra, y tú los echarás de delante de ti. 32 No
harás alianza con ellos, ni con sus dioses. 33 En tu tierra no habitarán, no
sea que te hagan pecar contra mí sirviendo a sus dioses, porque te será
tropiezo.
Moisés y los ancianos en el Monte Sinaí
ÉXODO 24
1 Dijo Jehová a Moisés: Sube ante Jehová, tú, y Aarón,
Nadab, y Abiú, y setenta de los ancianos de Israel; y os inclinaréis desde
lejos. 2 Pero Moisés solo se acercará a Jehová; y ellos no se acerquen, ni
suba el pueblo con él.
3 Y Moisés vino y contó al pueblo todas las palabras de
Jehová, y todas las leyes; y todo el pueblo respondió a una voz, y dijo:
Haremos todas las palabras que Jehová ha dicho. 4 Y Moisés escribió todas las
palabras de Jehová, y levantándose de mañana edificó un altar al pie del
monte, y doce columnas, según las doce tribus de Israel. 5 Y envió jóvenes de
los hijos de Israel, los cuales ofrecieron holocaustos y becerros como
sacrificios de paz a Jehová. 6 Y Moisés tomó la mitad de la sangre, y la puso
en tazones, y esparció la otra mitad de la sangre sobre el altar. 7 Y tomó el
libro del pacto y lo leyó a oídos del pueblo, el cual dijo: Haremos todas las
cosas que Jehová ha dicho, y obedeceremos. 8 Entonces Moisés tomó la sangre y
roció sobre el pueblo, y dijo: He aquí la sangre del pacto que Jehová ha hecho
con vosotros sobre todas estas cosas.
9 Y subieron Moisés y Aarón, Nadab y Abiú, y setenta de
los ancianos de Israel; 10 y vieron al Dios de Israel; y había debajo de sus
pies como un embaldosado de zafiro, semejante al cielo cuando está sereno. 11
Mas no extendió su mano sobre los príncipes de los hijos de Israel; y vieron a
Dios, y comieron y bebieron.
12 Entonces Jehová dijo a Moisés: Sube a mí al monte, y
espera allá, y te daré tablas de piedra, y la ley, y mandamientos que he
escrito para enseñarles. 13 Y se levantó Moisés con Josué su servidor, y
Moisés subió al monte de Dios. 14 Y dijo a los ancianos: Esperadnos aquí hasta
que volvamos a vosotros; y he aquí Aarón y Hur están con vosotros; el que
tuviere asuntos, acuda a ellos.
15 Entonces Moisés subió al monte, y una nube cubrió el
monte. 16 Y la gloria de Jehová reposó sobre el monte Sinaí, y la nube lo
cubrió por seis días; y al séptimo día llamó a Moisés de en medio de la nube.
17 Y la apariencia de la gloria de Jehová era como un fuego abrasador en la
cumbre del monte, a los ojos de los hijos de Israel. 18 Y entró Moisés en
medio de la nube, y subió al monte; y estuvo Moisés en el monte cuarenta días
y cuarenta noches.
La ofrenda para el tabernáculo
(Ex. 35.4-9)
ÉXODO 25
1 Jehová habló a Moisés, diciendo: 2 Di a los hijos de
Israel que tomen para mí ofrenda; de todo varón que la diere de su voluntad,
de corazón, tomaréis mi ofrenda. 3 Esta es la ofrenda que tomaréis de ellos:
oro, plata, cobre, 4 azul, púrpura, carmesí, lino fino, pelo de cabras, 5
pieles de carneros teñidas de rojo, pieles de tejones, madera de acacia, 6
aceite para el alumbrado, especias para el aceite de la unción y para el
incienso aromático, 7 piedras de ónice, y piedras de engaste para el efod y
para el pectoral. 8 Y harán un santuario para mí, y habitaré en medio de
ellos. 9 Conforme a todo lo que yo te muestre, el diseño del tabernáculo, y el
diseño de todos sus utensilios, así lo haréis.
El arca del testimonio
(Ex. 37.1-9)
10 Harán también un arca de madera de acacia, cuya
longitud será de dos codos y medio, su anchura de codo y medio, y su altura de
codo y medio. 11 Y la cubrirás de oro puro por dentro y por fuera, y harás
sobre ella una cornisa de oro alrededor. 12 Fundirás para ella cuatro anillos
de oro, que pondrás en sus cuatro esquinas; dos anillos a un lado de ella, y
dos anillos al otro lado. 13 Harás unas varas de madera de acacia, las cuales
cubrirás de oro. 14 Y meterás las varas por los anillos a los lados del arca,
para llevar el arca con ellas. 15 Las varas quedarán en los anillos del arca;
no se quitarán de ella. 16 Y pondrás en el arca el testimonio que yo te daré.
17 Y harás un propiciatorio de oro fino, cuya longitud será de dos codos y
medio, y su anchura de codo y medio. 18 Harás también dos querubines de oro;
labrados a martillo los harás en los dos extremos del propiciatorio. 19 Harás,
pues, un querubín en un extremo, y un querubín en el otro extremo; de una
pieza con el propiciatorio harás los querubines en sus dos extremos. 20 Y los
querubines extenderán por encima las alas, cubriendo con sus alas el
propiciatorio; sus rostros el uno enfrente del otro, mirando al propiciatorio
los rostros de los querubines. 21 Y pondrás el propiciatorio encima del arca,
y en el arca pondrás el testimonio que yo te daré. 22 Y de allí me declararé a
ti, y hablaré contigo de sobre el propiciatorio, de entre los dos querubines
que están sobre el arca del testimonio, todo lo que yo te mandare para los
hijos de Israel.
La mesa para el pan de la proposición
(Ex. 37.10-16)
23 Harás asimismo una mesa de madera de acacia; su
longitud será de dos codos, y de un codo su anchura, y su altura de codo y
medio. 24 Y la cubrirás de oro puro, y le harás una cornisa de oro alrededor.
25 Le harás también una moldura alrededor, de un palmo menor de anchura, y
harás a la moldura una cornisa de oro alrededor. 26 Y le harás cuatro anillos
de oro, los cuales pondrás en las cuatro esquinas que corresponden a sus
cuatro patas. 27 Los anillos estarán debajo de la moldura, para lugares de las
varas para llevar la mesa. 28 Harás las varas de madera de acacia, y las
cubrirás de oro, y con ellas será llevada la mesa. 29 Harás también sus
platos, sus cucharas, sus cubiertas y sus tazones, con que se libará; de oro
fino los harás. 30 Y pondrás sobre la mesa el pan de la proposición delante de
mí continuamente.
El candelero de oro
(Ex. 37.17-24)
31 Harás además un candelero de oro puro; labrado a
martillo se hará el candelero; su pie, su caña, sus copas, sus manzanas y sus
flores, serán de lo mismo. 32 Y saldrán seis brazos de sus lados; tres brazos
del candelero a un lado, y tres brazos al otro lado. 33 Tres copas en forma de
flor de almendro en un brazo, una manzana y una flor; y tres copas en forma de
flor de almendro en otro brazo, una manzana y una flor; así en los seis brazos
que salen del candelero; 34 y en la caña central del candelero cuatro copas en
forma de flor de almendro, sus manzanas y sus flores. 35 Habrá una manzana
debajo de dos brazos del mismo, otra manzana debajo de otros dos brazos del
mismo, y otra manzana debajo de los otros dos brazos del mismo, así para los
seis brazos que salen del candelero. 36 Sus manzanas y sus brazos serán de una
pieza, todo ello una pieza labrada a martillo, de oro puro. 37 Y le harás
siete lamparillas, las cuales encenderás para que alumbren hacia adelante. 38
También sus despabiladeras y sus platillos, de oro puro. 39 De un talento de
oro fino lo harás, con todos estos utensilios. 40 Mira y hazlos conforme al
modelo que te ha sido mostrado en el monte.
El tabernáculo
(Ex. 36.8-38)
ÉXODO 26
1 Harás el tabernáculo de diez cortinas de lino torcido,
azul, púrpura y carmesí; y lo harás con querubines de obra primorosa. 2 La
longitud de una cortina de veintiocho codos, y la anchura de la misma cortina
de cuatro codos; todas las cortinas tendrán una misma medida. 3 Cinco cortinas
estarán unidas una con la otra, y las otras cinco cortinas unidas una con la
otra. 4 Y harás lazadas de azul en la orilla de la última cortina de la
primera unión; lo mismo harás en la orilla de la cortina de la segunda unión.
5 Cincuenta lazadas harás en la primera cortina, y cincuenta lazadas harás en
la orilla de la cortina que está en la segunda unión; las lazadas estarán
contrapuestas la una a la otra. 6 Harás también cincuenta corchetes de oro,
con los cuales enlazarás las cortinas la una con la otra, y se formará un
tabernáculo. 7 Harás asimismo cortinas de pelo de cabra para una cubierta
sobre el tabernáculo; once cortinas harás. 8 La longitud de cada cortina será
de treinta codos, y la anchura de cada cortina de cuatro codos; una misma
medida tendrán las once cortinas. 9 Y unirás cinco cortinas aparte y las otras
seis cortinas aparte; y doblarás la sexta cortina en el frente del
tabernáculo. 10 Y harás cincuenta lazadas en la orilla de la cortina, al borde
en la unión, y cincuenta lazadas en la orilla de la cortina de la segunda
unión.
11 Harás asimismo cincuenta corchetes de bronce, los
cuales meterás por las lazadas; y enlazarás las uniones para que se haga una
sola cubierta. 12 Y la parte que sobra en las cortinas de la tienda, la mitad
de la cortina que sobra, colgará a espaldas del tabernáculo. 13 Y un codo de
un lado, y otro codo del otro lado, que sobra a lo largo de las cortinas de la
tienda, colgará sobre los lados del tabernáculo a un lado y al otro, para
cubrirlo. 14 Harás también a la tienda una cubierta de pieles de carneros
teñidas de rojo, y una cubierta de pieles de tejones encima.
15 Y harás para el tabernáculo tablas de madera de
acacia, que estén derechas. 16 La longitud de cada tabla será de diez codos, y
de codo y medio la anchura. 17 Dos espigas tendrá cada tabla, para unirlas una
con otra; así harás todas las tablas del tabernáculo. 18 Harás, pues, las
tablas del tabernáculo; veinte tablas al lado del mediodía, al sur. 19 Y harás
cuarenta basas de plata debajo de las veinte tablas; dos basas debajo de una
tabla para sus dos espigas, y dos basas debajo de otra tabla para sus dos
espigas. 20 Y al otro lado del tabernáculo, al lado del norte, veinte tablas;
21 y sus cuarenta basas de plata; dos basas debajo de una tabla, y dos basas
debajo de otra tabla. 22 Y para el lado posterior del tabernáculo, al
occidente, harás seis tablas. 23 Harás además dos tablas para las esquinas del
tabernáculo en los dos ángulos posteriores; 24 las cuales se unirán desde
abajo, y asimismo se juntarán por su alto con un gozne; así será con las otras
dos; serán para las dos esquinas. 25 De suerte que serán ocho tablas, con sus
basas de plata, dieciséis basas; dos basas debajo de una tabla, y dos basas
debajo de otra tabla. 26 Harás también cinco barras de madera de acacia, para
las tablas de un lado del tabernáculo, 27 y cinco barras para las tablas del
otro lado del tabernáculo, y cinco barras para las tablas del lado posterior
del tabernáculo, al occidente. 28 Y la barra de en medio pasará por en medio
de las tablas, de un extremo al otro. 29 Y cubrirás de oro las tablas, y harás
sus anillos de oro para meter por ellos las barras; también cubrirás de oro
las barras. 30 Y alzarás el tabernáculo conforme al modelo que te fue mostrado
en el monte.
31 También harás un velo de azul, púrpura, carmesí y lino
torcido; será hecho de obra primorosa, con querubines; 32 y lo pondrás sobre
cuatro columnas de madera de acacia cubiertas de oro; sus capiteles de oro,
sobre basas de plata. 33 Y pondrás el velo debajo de los corchetes, y meterás
allí, del velo adentro, el arca del testimonio; y aquel velo os hará
separación entre el lugar santo y el santísimo. 34 Pondrás el propiciatorio
sobre el arca del testimonio en el lugar santísimo. 35 Y pondrás la mesa fuera
del velo, y el candelero enfrente de la mesa al lado sur del tabernáculo; y
pondrás la mesa al lado del norte.
36 Harás para la puerta del tabernáculo una cortina de
azul, púrpura, carmesí y lino torcido, obra de recamador. 37 Y harás para la
cortina cinco columnas de madera de acacia, las cuales cubrirás de oro, con
sus capiteles de oro; y fundirás cinco basas de bronce para ellas.
El altar de bronce
(Ex. 38.1-7)
ÉXODO 27
1 Harás también un altar de madera de acacia de cinco
codos de longitud, y de cinco codos de anchura; será cuadrado el altar, y su
altura de tres codos. 2 Y le harás cuernos en sus cuatro esquinas; los cuernos
serán parte del mismo; y lo cubrirás de bronce. 3 Harás también sus calderos
para recoger la ceniza, y sus paletas, sus tazones, sus garfios y sus
braseros; harás todos sus utensilios de bronce. 4 Y le harás un enrejado de
bronce de obra de rejilla, y sobre la rejilla harás cuatro anillos de bronce a
sus cuatro esquinas. 5 Y la pondrás dentro del cerco del altar abajo; y
llegará la rejilla hasta la mitad del altar. 6 Harás también varas para el
altar, varas de madera de acacia, las cuales cubrirás de bronce. 7 Y las varas
se meterán por los anillos, y estarán aquellas varas a ambos lados del altar
cuando sea llevado. 8 Lo harás hueco, de tablas; de la manera que te fue
mostrado en el monte, así lo harás.
El atrio del tabernáculo
(Ex. 38.9-20)
9 Asimismo harás el atrio del tabernáculo. Al lado
meridional, al sur, tendrá el atrio cortinas de lino torcido, de cien codos de
longitud para un lado. 10 Sus veinte columnas y sus veinte basas serán de
bronce; los capiteles de las columnas y sus molduras, de plata. 11 De la misma
manera al lado del norte habrá a lo largo cortinas de cien codos de longitud,
y sus veinte columnas con sus veinte basas de bronce; los capiteles de sus
columnas y sus molduras, de plata. 12 El ancho del atrio, del lado occidental,
tendrá cortinas de cincuenta codos; sus columnas diez, con sus diez basas. 13
Y en el ancho del atrio por el lado del oriente, al este, habrá cincuenta
codos. 14 Las cortinas a un lado de la entrada serán de quince codos; sus
columnas tres, con sus tres basas. 15 Y al otro lado, quince codos de
cortinas; sus columnas tres, con sus tres basas. 16 Y para la puerta del atrio
habrá una cortina de veinte codos, de azul, púrpura y carmesí, y lino torcido,
de obra de recamador; sus columnas cuatro, con sus cuatro basas. 17 Todas las
columnas alrededor del atrio estarán ceñidas de plata; sus capiteles de plata,
y sus basas de bronce. 18 La longitud del atrio será de cien codos, y la
anchura cincuenta por un lado y cincuenta por el otro, y la altura de cinco
codos; sus cortinas de lino torcido, y sus basas de bronce. 19 Todos los
utensilios del tabernáculo en todo su servicio, y todas sus estacas, y todas
las estacas del atrio, serán de bronce.
Aceite para las lámparas
(Lv. 24.1-4)
20 Y mandarás a los hijos de Israel que te traigan aceite
puro de olivas machacadas, para el alumbrado, para hacer arder continuamente
las lámparas. 21 En el tabernáculo de reunión, afuera del velo que está
delante del testimonio, las pondrá en orden Aarón y sus hijos para que ardan
delante de Jehová desde la tarde hasta la mañana, como estatuto perpetuo de
los hijos de Israel por sus generaciones.
Las vestiduras de los sacerdotes
(Ex. 39.1-31)
ÉXODO 28
1 Harás llegar delante de ti a Aarón tu hermano, y a sus
hijos consigo, de entre los hijos de Israel, para que sean mis sacerdotes; a
Aarón y a Nadab, Abiú, Eleazar e Itamar hijos de Aarón. 2 Y harás vestiduras
sagradas a Aarón tu hermano, para honra y hermosura. 3 Y tú hablarás a todos
los sabios de corazón, a quienes yo he llenado de espíritu de sabiduría, para
que hagan las vestiduras de Aarón, para consagrarle para que sea mi sacerdote.
4 Las vestiduras que harán son estas: el pectoral, el efod, el manto, la
túnica bordada, la mitra y el cinturón. Hagan, pues, las vestiduras sagradas
para Aarón tu hermano, y para sus hijos, para que sean mis sacerdotes.
5 Tomarán oro, azul, púrpura, carmesí y lino torcido, 6 y
harán el efod de oro, azul, púrpura, carmesí y lino torcido, de obra
primorosa. 7 Tendrá dos hombreras que se junten a sus dos extremos, y así se
juntará. 8 Y su cinto de obra primorosa que estará sobre él, será de la misma
obra, parte del mismo; de oro, azul, púrpura, carmesí y lino torcido. 9 Y
tomarás dos piedras de ónice, y grabarás en ellas los nombres de los hijos de
Israel; 10 seis de sus nombres en una piedra, y los otros seis nombres en la
otra piedra, conforme al orden de nacimiento de ellos. 11 De obra de grabador
en piedra, como grabaduras de sello, harás grabar las dos piedras con los
nombres de los hijos de Israel; les harás alrededor engastes de oro. 12 Y
pondrás las dos piedras sobre las hombreras del efod, para piedras memoriales
a los hijos de Israel; y Aarón llevará los nombres de ellos delante de Jehová
sobre sus dos hombros por memorial. 13 Harás, pues, los engastes de oro, 14 y
dos cordones de oro fino, los cuales harás en forma de trenza; y fijarás los
cordones de forma de trenza en los engastes.
15 Harás asimismo el pectoral del juicio de obra
primorosa, lo harás conforme a la obra del efod, de oro, azul, púrpura,
carmesí y lino torcido. 16 Será cuadrado y doble, de un palmo de largo y un
palmo de ancho; 17 y lo llenarás de pedrería en cuatro hileras de piedras; una
hilera de una piedra sárdica, un topacio y un carbunclo; 18 la segunda hilera,
una esmeralda, un zafiro y un diamante; 19 la tercera hilera, un jacinto, una
ágata y una amatista; 20 la cuarta hilera, un berilo, un ónice y un jaspe.
Todas estarán montadas en engastes de oro. 21 Y las piedras serán según los
nombres de los hijos de Israel, doce según sus nombres; como grabaduras de
sello cada una con su nombre, serán según las doce tribus. 22 Harás también en
el pectoral cordones de hechura de trenzas de oro fino. 23 Y harás en el
pectoral dos anillos de oro, los cuales pondrás a los dos extremos del
pectoral. 24 Y fijarás los dos cordones de oro en los dos anillos a los dos
extremos del pectoral; 25 y pondrás los dos extremos de los dos cordones sobre
los dos engastes, y los fijarás a las hombreras del efod en su parte
delantera. 26 Harás también dos anillos de oro, los cuales pondrás a los dos
extremos del pectoral, en su orilla que está al lado del efod hacia adentro.
27 Harás asimismo los dos anillos de oro, los cuales fijarás en la parte
delantera de las dos hombreras del efod, hacia abajo, delante de su juntura
sobre el cinto del efod. 28 Y juntarán el pectoral por sus anillos a los dos
anillos del efod con un cordón de azul, para que esté sobre el cinto del efod,
y no se separe el pectoral del efod. 29 Y llevará Aarón los nombres de los
hijos de Israel en el pectoral del juicio sobre su corazón, cuando entre en el
santuario, por memorial delante de Jehová continuamente. 30 Y pondrás en el
pectoral del juicio Urim y Tumim, para que estén sobre el corazón de Aarón
cuando entre delante de Jehová; y llevará siempre Aarón el juicio de los hijos
de Israel sobre su corazón delante de Jehová.
31 Harás el manto del efod todo de azul; 32 y en medio de
él por arriba habrá una abertura, la cual tendrá un borde alrededor de obra
tejida, como el cuello de un coselete, para que no se rompa. 33 Y en sus orlas
harás granadas de azul, púrpura y carmesí alrededor, y entre ellas campanillas
de oro alrededor. 34 Una campanilla de oro y una granada, otra campanilla de
oro y otra granada, en toda la orla del manto alrededor. 35 Y estará sobre
Aarón cuando ministre; y se oirá su sonido cuando él entre en el santuario
delante de Jehová y cuando salga, para que no muera.
36 Harás además una lámina de oro fino, y grabarás en
ella como grabadura de sello, SANTIDAD A JEHOVÁ. 37 Y la pondrás con un cordón
de azul, y estará sobre la mitra; por la parte delantera de la mitra estará.
38 Y estará sobre la frente de Aarón, y llevará Aarón las faltas cometidas en
todas las cosas santas, que los hijos de Israel hubieren consagrado en todas
sus santas ofrendas; y sobre su frente estará continuamente, para que obtengan
gracia delante de Jehová.
39 Y bordarás una túnica de lino, y harás una mitra de
lino; harás también un cinto de obra de recamador.
40 Y para los hijos de Aarón harás túnicas; también les
harás cintos, y les harás tiaras para honra y hermosura. 41 Y con ellos
vestirás a Aarón tu hermano, y a sus hijos con él; y los ungirás, y los
consagrarás y santificarás, para que sean mis sacerdotes. 42 Y les harás
calzoncillos de lino para cubrir su desnudez; serán desde los lomos hasta los
muslos. 43 Y estarán sobre Aarón y sobre sus hijos cuando entren en el
tabernáculo de reunión, o cuando se acerquen al altar para servir en el
santuario, para que no lleven pecado y mueran. Es estatuto perpetuo para él, y
para su descendencia después de él.
Consagración de Aarón y de sus hijos
(Lv. 8.1-36)
ÉXODO 29
1 Esto es lo que les harás para consagrarlos, para que
sean mis sacerdotes: Toma un becerro de la vacada, y dos carneros sin defecto;
2 y panes sin levadura, y tortas sin levadura amasadas con aceite, y hojaldres
sin levadura untadas con aceite; las harás de flor de harina de trigo. 3 Y las
pondrás en un canastillo, y en el canastillo las ofrecerás, con el becerro y
los dos carneros. 4 Y llevarás a Aarón y a sus hijos a la puerta del
tabernáculo de reunión, y los lavarás con agua. 5 Y tomarás las vestiduras, y
vestirás a Aarón la túnica, el manto del efod, el efod y el pectoral, y le
ceñirás con el cinto del efod; 6 y pondrás la mitra sobre su cabeza, y sobre
la mitra pondrás la diadema santa. 7 Luego tomarás el aceite de la unción, y
lo derramarás sobre su cabeza, y le ungirás. 8 Y harás que se acerquen sus
hijos, y les vestirás las túnicas. 9 Les ceñirás el cinto a Aarón y a sus
hijos, y les atarás las tiaras, y tendrán el sacerdocio por derecho perpetuo.
Así consagrarás a Aarón y a sus hijos.
10 Después llevarás el becerro delante del tabernáculo de
reunión, y Aarón y sus hijos pondrán sus manos sobre la cabeza del becerro. 11
Y matarás el becerro delante de Jehová, a la puerta del tabernáculo de
reunión. 12 Y de la sangre del becerro tomarás y pondrás sobre los cuernos del
altar con tu dedo, y derramarás toda la demás sangre al pie del altar. 13
Tomarás también toda la grosura que cubre los intestinos, la grosura de sobre
el hígado, los dos riñones, y la grosura que está sobre ellos, y lo quemarás
sobre el altar. 14 Pero la carne del becerro, y su piel y su estiércol, los
quemarás a fuego fuera del campamento; es ofrenda por el pecado.
15 Asimismo tomarás uno de los carneros, y Aarón y sus
hijos pondrán sus manos sobre la cabeza del carnero. 16 Y matarás el carnero,
y con su sangre rociarás sobre el altar alrededor. 17 Cortarás el carnero en
pedazos, y lavarás sus intestinos y sus piernas, y las pondrás sobre sus
trozos y sobre su cabeza. 18 Y quemarás todo el carnero sobre el altar; es
holocausto de olor grato para Jehová, es ofrenda quemada a Jehová.
19 Tomarás luego el otro carnero, y Aarón y sus hijos
pondrán sus manos sobre la cabeza del carnero. 20 Y matarás el carnero, y
tomarás de su sangre y la pondrás sobre el lóbulo de la oreja derecha de
Aarón, sobre el lóbulo de la oreja de sus hijos, sobre el dedo pulgar de las
manos derechas de ellos, y sobre el dedo pulgar de los pies derechos de ellos,
y rociarás la sangre sobre el altar alrededor. 21 Y con la sangre que estará
sobre el altar, y el aceite de la unción, rociarás sobre Aarón, sobre sus
vestiduras, sobre sus hijos, y sobre las vestiduras de éstos; y él será
santificado, y sus vestiduras, y sus hijos, y las vestiduras de sus hijos con
él.
22 Luego tomarás del carnero la grosura, y la cola, y la
grosura que cubre los intestinos, y la grosura del hígado, y los dos riñones,
y la grosura que está sobre ellos, y la espaldilla derecha; porque es carnero
de consagración. 23 También una torta grande de pan, y una torta de pan de
aceite, y una hojaldre del canastillo de los panes sin levadura presentado a
Jehová, 24 y lo pondrás todo en las manos de Aarón, y en las manos de sus
hijos; y lo mecerás como ofrenda mecida delante de Jehová. 25 Después lo
tomarás de sus manos y lo harás arder en el altar, sobre el holocausto, por
olor grato delante de Jehová. Es ofrenda encendida a Jehová.
26 Y tomarás el pecho del carnero de las consagraciones,
que es de Aarón, y lo mecerás por ofrenda mecida delante de Jehová; y será
porción tuya. 27 Y apartarás el pecho de la ofrenda mecida, y la espaldilla de
la ofrenda elevada, lo que fue mecido y lo que fue elevado del carnero de las
consagraciones de Aarón y de sus hijos, 28 y será para Aarón y para sus hijos
como estatuto perpetuo para los hijos de Israel, porque es ofrenda elevada; y
será una ofrenda elevada de los hijos de Israel, de sus sacrificios de paz,
porción de ellos elevada en ofrenda a Jehová.
29 Y las vestiduras santas, que son de Aarón, serán de
sus hijos después de él, para ser ungidos en ellas, y para ser en ellas
consagrados. 30 Por siete días las vestirá el que de sus hijos tome su lugar
como sacerdote, cuando venga al tabernáculo de reunión para servir en el
santuario.
31 Y tomarás el carnero de las consagraciones, y cocerás
su carne en lugar santo. 32 Y Aarón y sus hijos comerán la carne del carnero,
y el pan que estará en el canastillo, a la puerta del tabernáculo de reunión.
33 Y comerán aquellas cosas con las cuales se hizo expiación, para llenar sus
manos para consagrarlos; mas el extraño no las comerá, porque son santas. 34 Y
si sobrare hasta la mañana algo de la carne de las consagraciones y del pan,
quemarás al fuego lo que hubiere sobrado; no se comerá, porque es cosa santa.
35 Así, pues, harás a Aarón y a sus hijos, conforme a
todo lo que yo te he mandado; por siete días los consagrarás. 36 Cada día
ofrecerás el becerro del sacrificio por el pecado, para las expiaciones; y
purificarás el altar cuando hagas expiación por él, y lo ungirás para
santificarlo. 37 Por siete días harás expiación por el altar, y lo
santificarás, y será un altar santísimo: cualquiera cosa que tocare el altar,
será santificada.
Las ofrendas diarias
(Nm. 28.1-8)
38 Esto es lo que ofrecerás sobre el altar: dos corderos
de un año cada día, continuamente. 39 Ofrecerás uno de los corderos por la
mañana, y el otro cordero ofrecerás a la caída de la tarde. 40 Además, con
cada cordero una décima parte de un efa de flor de harina amasada con la
cuarta parte de un hin de aceite de olivas machacadas; y para la libación, la
cuarta parte de un hin de vino. 41 Y ofrecerás el otro cordero a la caída de
la tarde, haciendo conforme a la ofrenda de la mañana, y conforme a su
libación, en olor grato; ofrenda encendida a Jehová. 42 Esto será el
holocausto continuo por vuestras generaciones, a la puerta del tabernáculo de
reunión, delante de Jehová, en el cual me reuniré con vosotros, para hablaros
allí. 43 Allí me reuniré con los hijos de Israel; y el lugar será santificado
con mi gloria. 44 Y santificaré el tabernáculo de reunión y el altar;
santificaré asimismo a Aarón y a sus hijos, para que sean mis sacerdotes. 45 Y
habitaré entre los hijos de Israel, y seré su Dios. 46 Y conocerán que yo soy
Jehová su Dios, que los saqué de la tierra de Egipto, para habitar en medio de
ellos. Yo Jehová su Dios.
El altar del incienso
(Ex. 37.25-28)
ÉXODO 30
1 Harás asimismo un altar para quemar el incienso; de
madera de acacia lo harás. 2 Su longitud será de un codo, y su anchura de un
codo; será cuadrado, y su altura de dos codos; y sus cuernos serán parte del
mismo. 3 Y lo cubrirás de oro puro, su cubierta, sus paredes en derredor y sus
cuernos; y le harás en derredor una cornisa de oro. 4 Le harás también dos
anillos de oro debajo de su cornisa, a sus dos esquinas a ambos lados suyos,
para meter las varas con que será llevado. 5 Harás las varas de madera de
acacia, y las cubrirás de oro. 6 Y lo pondrás delante del velo que está junto
al arca del testimonio, delante del propiciatorio que está sobre el
testimonio, donde me encontraré contigo. 7 Y Aarón quemará incienso aromático
sobre él; cada mañana cuando aliste las lámparas lo quemará. 8 Y cuando Aarón
encienda las lámparas al anochecer, quemará el incienso; rito perpetuo delante
de Jehová por vuestras generaciones. 9 No ofreceréis sobre él incienso
extraño, ni holocausto, ni ofrenda; ni tampoco derramaréis sobre él libación.
10 Y sobre sus cuernos hará Aarón expiación una vez en el año con la sangre
del sacrificio por el pecado para expiación; una vez en el año hará expiación
sobre él por vuestras generaciones; será muy santo a Jehová.
El dinero del rescate
11 Habló también Jehová a Moisés, diciendo: 12 Cuando
tomes el número de los hijos de Israel conforme a la cuenta de ellos, cada uno
dará a Jehová el rescate de su persona, cuando los cuentes, para que no haya
en ellos mortandad cuando los hayas contado. 13 Esto dará todo aquel que sea
contado; medio siclo, conforme al siclo del santuario. El siclo es de veinte
geras. La mitad de un siclo será la ofrenda a Jehová. 14 Todo el que sea
contado, de veinte años arriba, dará la ofrenda a Jehová. 15 Ni el rico
aumentará, ni el pobre disminuirá del medio siclo, cuando dieren la ofrenda a
Jehová para hacer expiación por vuestras personas. 16 Y tomarás de los hijos
de Israel el dinero de las expiaciones, y lo darás para el servicio del
tabernáculo de reunión; y será por memorial a los hijos de Israel delante de
Jehová, para hacer expiación por vuestras personas.
17 Habló más Jehová a Moisés, diciendo: 18 Harás también
una fuente de bronce, con su base de bronce, para lavar; y la colocarás entre
el tabernáculo de reunión y el altar, y pondrás en ella agua. 19 Y de ella se
lavarán Aarón y sus hijos las manos y los pies. 20 Cuando entren en el
tabernáculo de reunión, se lavarán con agua, para que no mueran; y cuando se
acerquen al altar para ministrar, para quemar la ofrenda encendida para
Jehová, 21 se lavarán las manos y los pies, para que no mueran. Y lo tendrán
por estatuto perpetuo él y su descendencia por sus generaciones.
El aceite de la unción, y el incienso
22 Habló más Jehová a Moisés, diciendo: 23 Tomarás
especias finas: de mirra excelente quinientos siclos, y de canela aromática la
mitad, esto es, doscientos cincuenta, de cálamo aromático doscientos
cincuenta, 24 de casia quinientos, según el siclo del santuario, y de aceite
de olivas un hin. 25 Y harás de ello el aceite de la santa unción; superior
ungüento, según el arte del perfumador, será el aceite de la unción santa. 26
Con él ungirás el tabernáculo de reunión, el arca del testimonio, 27 la mesa
con todos sus utensilios, el candelero con todos sus utensilios, el altar del
incienso, 28 el altar del holocausto con todos sus utensilios, y la fuente y
su base. 29 Así los consagrarás, y serán cosas santísimas; todo lo que tocare
en ellos, será santificado. 30 Ungirás también a Aarón y a sus hijos, y los
consagrarás para que sean mis sacerdotes. 31 Y hablarás a los hijos de Israel,
diciendo: Este será mi aceite de la santa unción por vuestras generaciones. 32
Sobre carne de hombre no será derramado, ni haréis otro semejante, conforme a
su composición; santo es, y por santo lo tendréis vosotros. 33 Cualquiera que
compusiere ungüento semejante, y que pusiere de él sobre extraño, será cortado
de entre su pueblo.
34 Dijo además Jehová a Moisés: Toma especias aromáticas,
estacte y uña aromática y gálbano aromático e incienso puro; de todo en igual
peso, 35 y harás de ello el incienso, un perfume según el arte del perfumador,
bien mezclado, puro y santo. 36 Y molerás parte de él en polvo fino, y lo
pondrás delante del testimonio en el tabernáculo de reunión, donde yo me
mostraré a ti. Os será cosa santísima. 37 Como este incienso que harás, no os
haréis otro según su composición; te será cosa sagrada para Jehová. 38
Cualquiera que hiciere otro como este para olerlo, será cortado de entre su
pueblo.
Llamamiento de Bezaleel y de Aholiab
(Ex. 35.30-36.1)
ÉXODO 31
1 Habló Jehová a Moisés, diciendo: 2 Mira, yo he llamado
por nombre a Bezaleel hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá; 3 y lo he
llenado del Espíritu de Dios, en sabiduría y en inteligencia, en ciencia y en
todo arte, 4 para inventar diseños, para trabajar en oro, en plata y en
bronce, 5 y en artificio de piedras para engastarlas, y en artificio de
madera; para trabajar en toda clase de labor. 6 Y he aquí que yo he puesto con
él a Aholiab hijo de Ahisamac, de la tribu de Dan; y he puesto sabiduría en el
ánimo de todo sabio de corazón, para que hagan todo lo que te he mandado; 7 el
tabernáculo de reunión, el arca del testimonio, el propiciatorio que está
sobre ella, y todos los utensilios del tabernáculo, 8 la mesa y sus
utensilios, el candelero limpio y todos sus utensilios, el altar del incienso,
9 el altar del holocausto y todos sus utensilios, la fuente y su base, 10 los
vestidos del servicio, las vestiduras santas para Aarón el sacerdote, las
vestiduras de sus hijos para que ejerzan el sacerdocio, 11 el aceite de la
unción, y el incienso aromático para el santuario; harán conforme a todo lo
que te he mandado.
El día de reposo como señal
12 Habló además Jehová a Moisés, diciendo: 13 Tú hablarás
a los hijos de Israel, diciendo: En verdad vosotros guardaréis mis días de
reposo; porque es señal entre mí y vosotros por vuestras generaciones, para
que sepáis que yo soy Jehová que os santifico. 14 Así que guardaréis el día de
reposo, porque santo es a vosotros; el que lo profanare, de cierto morirá;
porque cualquiera que hiciere obra alguna en él, aquella persona será cortada
de en medio de su pueblo. 15 Seis días se trabajará, mas el día séptimo es día
de reposo consagrado a Jehová; cualquiera que trabaje en el día de reposo,
ciertamente morirá. 16 Guardarán, pues, el día de reposo los hijos de Israel,
celebrándolo por sus generaciones por pacto perpetuo. 17 Señal es para siempre
entre mí y los hijos de Israel; porque en seis días hizo Jehová los cielos y
la tierra, y en el séptimo día cesó y reposó.
El becerro de oro
(Dt. 9.6-29)
18 Y dio a Moisés, cuando acabó de hablar con él en el
monte de Sinaí, dos tablas del testimonio, tablas de piedra escritas con el
dedo de Dios.
ÉXODO 32
1 Viendo el pueblo que Moisés tardaba en descender del
monte, se acercaron entonces a Aarón, y le dijeron: Levántate, haznos dioses
que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de
la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido. 2 Y Aarón les dijo:
Apartad los zarcillos de oro que están en las orejas de vuestras mujeres, de
vuestros hijos y de vuestras hijas, y traédmelos. 3 Entonces todo el pueblo
apartó los zarcillos de oro que tenían en sus orejas, y los trajeron a Aarón;
4 y él los tomó de las manos de ellos, y le dio forma con buril, e hizo de
ello un becerro de fundición. Entonces dijeron: Israel, estos son tus dioses,
que te sacaron de la tierra de Egipto. 5 Y viendo esto Aarón, edificó un altar
delante del becerro; y pregonó Aarón, y dijo: Mañana será fiesta para Jehová.
6 Y al día siguiente madrugaron, y ofrecieron holocaustos, y presentaron
ofrendas de paz; y se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a
regocijarse.
7 Entonces Jehová dijo a Moisés: Anda, desciende, porque
tu pueblo que sacaste de la tierra de Egipto se ha corrompido. 8 Pronto se han
apartado del camino que yo les mandé; se han hecho un becerro de fundición, y
lo han adorado, y le han ofrecido sacrificios, y han dicho: Israel, estos son
tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto. 9 Dijo más Jehová a Moisés:
Yo he visto a este pueblo, que por cierto es pueblo de dura cerviz. 10 Ahora,
pues, déjame que se encienda mi ira en ellos, y los consuma; y de ti yo haré
una nación grande.
11 Entonces Moisés oró en presencia de Jehová su Dios, y
dijo: Oh Jehová, ¿por qué se encenderá tu furor contra tu pueblo, que tú
sacaste de la tierra de Egipto con gran poder y con mano fuerte? 12 ¿Por qué
han de hablar los egipcios, diciendo: Para mal los sacó, para matarlos en los
montes, y para raerlos de sobre la faz de la tierra? Vuélvete del ardor de tu
ira, y arrepiéntete de este mal contra tu pueblo. 13 Acuérdate de Abraham, de
Isaac y de Israel tus siervos, a los cuales has jurado por ti mismo, y les has
dicho: Yo multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo; y
daré a vuestra descendencia toda esta tierra de que he hablado, y la tomarán
por heredad para siempre. 14 Entonces Jehová se arrepintió del mal que dijo
que había de hacer a su pueblo.
15 Y volvió Moisés y descendió del monte, trayendo en su
mano las dos tablas del testimonio, las tablas escritas por ambos lados; de
uno y otro lado estaban escritas. 16 Y las tablas eran obra de Dios, y la
escritura era escritura de Dios grabada sobre las tablas. 17 Cuando oyó Josué
el clamor del pueblo que gritaba, dijo a Moisés: Alarido de pelea hay en el
campamento. 18 Y él respondió: No es voz de alaridos de fuertes, ni voz de
alaridos de débiles; voz de cantar oigo yo. 19 Y aconteció que cuando él llegó
al campamento, y vio el becerro y las danzas, ardió la ira de Moisés, y arrojó
las tablas de sus manos, y las quebró al pie del monte. 20 Y tomó el becerro
que habían hecho, y lo quemó en el fuego, y lo molió hasta reducirlo a polvo,
que esparció sobre las aguas, y lo dio a beber a los hijos de Israel.
21 Y dijo Moisés a Aarón: ¿Qué te ha hecho este pueblo,
que has traído sobre él tan gran pecado? 22 Y respondió Aarón: No se enoje mi
señor; tú conoces al pueblo, que es inclinado a mal. 23 Porque me dijeron:
Haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón
que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido. 24 Y
yo les respondí: ¿Quién tiene oro? Apartadlo. Y me lo dieron, y lo eché en el
fuego, y salió este becerro.
25 Y viendo Moisés que el pueblo estaba desenfrenado,
porque Aarón lo había permitido, para vergüenza entre sus enemigos, 26 se puso
Moisés a la puerta del campamento, y dijo: ¿Quién está por Jehová? Júntese
conmigo. Y se juntaron con él todos los hijos de Leví. 27 Y él les dijo: Así
ha dicho Jehová, el Dios de Israel: Poned cada uno su espada sobre su muslo;
pasad y volved de puerta a puerta por el campamento, y matad cada uno a su
hermano, y a su amigo, y a su pariente. 28 Y los hijos de Leví lo hicieron
conforme al dicho de Moisés; y cayeron del pueblo en aquel día como tres mil
hombres. 29 Entonces Moisés dijo: Hoy os habéis consagrado a Jehová, pues cada
uno se ha consagrado en su hijo y en su hermano, para que él dé bendición hoy
sobre vosotros.
30 Y aconteció que al día siguiente dijo Moisés al
pueblo: Vosotros habéis cometido un gran pecado, pero yo subiré ahora a
Jehová; quizá le aplacaré acerca de vuestro pecado. 31 Entonces volvió Moisés
a Jehová, y dijo: Te ruego, pues este pueblo ha cometido un gran pecado,
porque se hicieron dioses de oro, 32 que perdones ahora su pecado, y si no,
ráeme ahora de tu libro que has escrito. 33 Y Jehová respondió a Moisés: Al
que pecare contra mí, a éste raeré yo de mi libro. 34 Ve, pues, ahora, lleva a
este pueblo a donde te he dicho; he aquí mi ángel irá delante de ti; pero en
el día del castigo, yo castigaré en ellos su pecado.
35 Y Jehová hirió al pueblo, porque habían hecho el
becerro que formó Aarón.
La presencia de Dios prometida
ÉXODO 33
1 Jehová dijo a Moisés: Anda, sube de aquí, tú y el
pueblo que sacaste de la tierra de Egipto, a la tierra de la cual juré a
Abraham, Isaac y Jacob, diciendo: A tu descendencia la daré; 2 y yo enviaré
delante de ti el ángel, y echaré fuera al cananeo y al amorreo, al heteo, al
ferezeo, al heveo y al jebuseo 3 (a la tierra que fluye leche y miel); pero yo
no subiré en medio de ti, porque eres pueblo de dura cerviz, no sea que te
consuma en el camino.
4 Y oyendo el pueblo esta mala noticia, vistieron luto, y
ninguno se puso sus atavíos. 5 Porque Jehová había dicho a Moisés: Di a los
hijos de Israel: Vosotros sois pueblo de dura cerviz; en un momento subiré en
medio de ti, y te consumiré. Quítate, pues, ahora tus atavíos, para que yo
sepa lo que te he de hacer. 6 Entonces los hijos de Israel se despojaron de
sus atavíos desde el monte Horeb.
7 Y Moisés tomó el tabernáculo, y lo levantó lejos, fuera
del campamento, y lo llamó el Tabernáculo de Reunión. Y cualquiera que buscaba
a Jehová, salía al tabernáculo de reunión que estaba fuera del campamento. 8 Y
sucedía que cuando salía Moisés al tabernáculo, todo el pueblo se levantaba, y
cada cual estaba en pie a la puerta de su tienda, y miraban en pos de Moisés,
hasta que él entraba en el tabernáculo. 9 Cuando Moisés entraba en el
tabernáculo, la columna de nube descendía y se ponía a la puerta del
tabernáculo, y Jehová hablaba con Moisés. 10 Y viendo todo el pueblo la
columna de nube que estaba a la puerta del tabernáculo, se levantaba cada uno
a la puerta de su tienda y adoraba. 11 Y hablaba Jehová a Moisés cara a cara,
como habla cualquiera a su compañero. Y él volvía al campamento; pero el joven
Josué hijo de Nun, su servidor, nunca se apartaba de en medio del tabernáculo.
12 Y dijo Moisés a Jehová: Mira, tú me dices a mí: Saca
este pueblo; y tú no me has declarado a quién enviarás conmigo. Sin embargo,
tú dices: Yo te he conocido por tu nombre, y has hallado también gracia en mis
ojos. 13 Ahora, pues, si he hallado gracia en tus ojos, te ruego que me
muestres ahora tu camino, para que te conozca, y halle gracia en tus ojos; y
mira que esta gente es pueblo tuyo. 14 Y él dijo: Mi presencia irá contigo, y
te daré descanso. 15 Y Moisés respondió: Si tu presencia no ha de ir conmigo,
no nos saques de aquí. 16 ¿Y en qué se conocerá aquí que he hallado gracia en
tus ojos, yo y tu pueblo, sino en que tú andes con nosotros, y que yo y tu
pueblo seamos apartados de todos los pueblos que están sobre la faz de la
tierra?
17 Y Jehová dijo a Moisés: También haré esto que has
dicho, por cuanto has hallado gracia en mis ojos, y te he conocido por tu
nombre. 18 El entonces dijo: Te ruego que me muestres tu gloria. 19 Y le
respondió: Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro, y proclamaré el
nombre de Jehová delante de ti; y tendré misericordia del que tendré
misericordia, y seré clemente para con el que seré clemente. 20 Dijo más: No
podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá. 21 Y dijo aún
Jehová: He aquí un lugar junto a mí, y tú estarás sobre la peña; 22 y cuando
pase mi gloria, yo te pondré en una hendidura de la peña, y te cubriré con mi
mano hasta que haya pasado. 23 Después apartaré mi mano, y verás mis espaldas;
mas no se verá mi rostro.
El pacto renovado
(Dt. 10.1-5)
ÉXODO 34
1 Y Jehová dijo a Moisés: Alísate dos tablas de piedra
como las primeras, y escribiré sobre esas tablas las palabras que estaban en
las tablas primeras que quebraste. 2 Prepárate, pues, para mañana, y sube de
mañana al monte de Sinaí, y preséntate ante mí sobre la cumbre del monte. 3 Y
no suba hombre contigo, ni parezca alguno en todo el monte; ni ovejas ni
bueyes pazcan delante del monte. 4 Y Moisés alisó dos tablas de piedra como
las primeras; y se levantó de mañana y subió al monte Sinaí, como le mandó
Jehová, y llevó en su mano las dos tablas de piedra. 5 Y Jehová descendió en
la nube, y estuvo allí con él, proclamando el nombre de Jehová. 6 Y pasando
Jehová por delante de él, proclamó: ¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y
piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; 7 que guarda
misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y
que de ningún modo tendrá por inocente al malvado; que visita la iniquidad de
los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y
cuarta generación. 8 Entonces Moisés, apresurándose, bajó la cabeza hacia el
suelo y adoró. 9 Y dijo: Si ahora, Señor, he hallado gracia en tus ojos, vaya
ahora el Señor en medio de nosotros; porque es un pueblo de dura cerviz; y
perdona nuestra iniquidad y nuestro pecado, y tómanos por tu heredad.
10 Y él contestó: He aquí, yo hago pacto delante de todo
tu pueblo; haré maravillas que no han sido hechas en toda la tierra, ni en
nación alguna, y verá todo el pueblo en medio del cual estás tú, la obra de
Jehová; porque será cosa tremenda la que yo haré contigo.
Advertencia contra la idolatría de Canaán
(Dt. 7.1-5)
11 Guarda lo que yo te mando hoy; he aquí que yo echo de
delante de tu presencia al amorreo, al cananeo, al heteo, al ferezeo, al heveo
y al jebuseo. 12 Guárdate de hacer alianza con los moradores de la tierra
donde has de entrar, para que no sean tropezadero en medio de ti. 13
Derribaréis sus altares, y quebraréis sus estatuas, y cortaréis sus imágenes
de Asera. 14 Porque no te has de inclinar a ningún otro dios, pues Jehová,
cuyo nombre es Celoso, Dios celoso es. 15 Por tanto, no harás alianza con los
moradores de aquella tierra; porque fornicarán en pos de sus dioses, y
ofrecerán sacrificios a sus dioses, y te invitarán, y comerás de sus
sacrificios; 16 o tomando de sus hijas para tus hijos, y fornicando sus hijas
en pos de sus dioses, harán fornicar también a tus hijos en pos de los dioses
de ellas.
17 No te harás dioses de fundición.
Fiestas anuales
(Ex. 23.14-19; Dt. 16.1-17)
18 La fiesta de los panes sin levadura guardarás; siete
días comerás pan sin levadura, según te he mandado, en el tiempo señalado del
mes de Abib; porque en el mes de Abib saliste de Egipto. 19 Todo primer
nacido, mío es; y de tu ganado todo primogénito de vaca o de oveja, que sea
macho. 20 Pero redimirás con cordero el primogénito del asno; y si no lo
redimieres, quebrarás su cerviz. Redimirás todo primogénito de tus hijos; y
ninguno se presentará delante de mí con las manos vacías.
21 Seis días trabajarás, mas en el séptimo día
descansarás; aun en la arada y en la siega, descansarás. 22 También celebrarás
la fiesta de las semanas, la de las primicias de la siega del trigo, y la
fiesta de la cosecha a la salida del año. 23 Tres veces en el año se
presentará todo varón tuyo delante de Jehová el Señor, Dios de Israel. 24
Porque yo arrojaré a las naciones de tu presencia, y ensancharé tu territorio;
y ninguno codiciará tu tierra, cuando subas para presentarte delante de Jehová
tu Dios tres veces en el año.
25 No ofrecerás cosa leudada junto con la sangre de mi
sacrificio, ni se dejará hasta la mañana nada del sacrificio de la fiesta de
la pascua. 26 Las primicias de los primeros frutos de tu tierra llevarás a la
casa de Jehová tu Dios. No cocerás el cabrito en la leche de su madre.
Moisés y las tablas de la ley
27 Y Jehová dijo a Moisés: Escribe tú estas palabras;
porque conforme a estas palabras he hecho pacto contigo y con Israel. 28 Y él
estuvo allí con Jehová cuarenta días y cuarenta noches; no comió pan, ni bebió
agua; y escribió en tablas las palabras del pacto, los diez mandamientos.
29 Y aconteció que descendiendo Moisés del monte Sinaí
con las dos tablas del testimonio en su mano, al descender del monte, no sabía
Moisés que la piel de su rostro resplandecía, después que hubo hablado con
Dios. 30 Y Aarón y todos los hijos de Israel miraron a Moisés, y he aquí la
piel de su rostro era resplandeciente; y tuvieron miedo de acercarse a él. 31
Entonces Moisés los llamó; y Aarón y todos los príncipes de la congregación
volvieron a él, y Moisés les habló. 32 Después se acercaron todos los hijos de
Israel, a los cuales mandó todo lo que Jehová le había dicho en el monte
Sinaí. 33 Y cuando acabó Moisés de hablar con ellos, puso un velo sobre su
rostro. 34 Cuando venía Moisés delante de Jehová para hablar con él, se
quitaba el velo hasta que salía; y saliendo, decía a los hijos de Israel lo
que le era mandado. 35 Y al mirar los hijos de Israel el rostro de Moisés,
veían que la piel de su rostro era resplandeciente; y volvía Moisés a poner el
velo sobre su rostro, hasta que entraba a hablar con Dios.
Reglamento del día de reposo
ÉXODO 35
1 Moisés convocó a toda la congregación de los hijos de
Israel y les dijo: Estas son las cosas que Jehová ha mandado que sean hechas:
2 Seis días se trabajará, mas el día séptimo os será santo, día de reposo para
Jehová; cualquiera que en él hiciere trabajo alguno, morirá. 3 No encenderéis
fuego en ninguna de vuestras moradas en el día de reposo.
La ofrenda para el tabernáculo
(Ex. 25.1-9)
4 Y habló Moisés a toda la congregación de los hijos de
Israel, diciendo: Esto es lo que Jehová ha mandado: 5 Tomad de entre vosotros
ofrenda para Jehová; todo generoso de corazón la traerá a Jehová; oro, plata,
bronce, 6 azul, púrpura, carmesí, lino fino, pelo de cabras, 7 pieles de
carneros teñidas de rojo, pieles de tejones, madera de acacia, 8 aceite para
el alumbrado, especias para el aceite de la unción y para el incienso
aromático, 9 y piedras de ónice y piedras de engaste para el efod y para el
pectoral.
La obra del tabernáculo
(Ex. 39.32-43)
10 Todo sabio de corazón de entre vosotros vendrá y hará
todas las cosas que Jehová ha mandado: 11 el tabernáculo, su tienda, su
cubierta, sus corchetes, sus tablas, sus barras, sus columnas y sus basas; 12
el arca y sus varas, el propiciatorio, el velo de la tienda; 13 la mesa y sus
varas, y todos sus utensilios, y el pan de la proposición; 14 el candelero del
alumbrado y sus utensilios, sus lámparas, y el aceite para el alumbrado; 15 el
altar del incienso y sus varas, el aceite de la unción, el incienso aromático,
la cortina de la puerta para la entrada del tabernáculo; 16 el altar del
holocausto, su enrejado de bronce y sus varas, y todos sus utensilios, y la
fuente con su base; 17 las cortinas del atrio, sus columnas y sus basas, la
cortina de la puerta del atrio; 18 las estacas del tabernáculo, y las estacas
del atrio y sus cuerdas; 19 las vestiduras del servicio para ministrar en el
santuario, las sagradas vestiduras de Aarón el sacerdote, y las vestiduras de
sus hijos para servir en el sacerdocio.
El pueblo trae la ofrenda
20 Y salió toda la congregación de los hijos de Israel de
delante de Moisés. 21 Y vino todo varón a quien su corazón estimuló, y todo
aquel a quien su espíritu le dio voluntad, con ofrenda a Jehová para la obra
del tabernáculo de reunión y para toda su obra, y para las sagradas
vestiduras. 22 Vinieron así hombres como mujeres, todos los voluntarios de
corazón, y trajeron cadenas y zarcillos, anillos y brazaletes y toda clase de
joyas de oro; y todos presentaban ofrenda de oro a Jehová. 23 Todo hombre que
tenía azul, púrpura, carmesí, lino fino, pelo de cabras, pieles de carneros
teñidas de rojo, o pieles de tejones, lo traía. 24 Todo el que ofrecía ofrenda
de plata o de bronce traía a Jehová la ofrenda; y todo el que tenía madera de
acacia la traía para toda la obra del servicio. 25 Además todas las mujeres
sabias de corazón hilaban con sus manos, y traían lo que habían hilado: azul,
púrpura, carmesí o lino fino. 26 Y todas las mujeres cuyo corazón las impulsó
en sabiduría hilaron pelo de cabra. 27 Los príncipes trajeron piedras de
ónice, y las piedras de los engastes para el efod y el pectoral, 28 y las
especias aromáticas, y el aceite para el alumbrado, y para el aceite de la
unción, y para el incienso aromático. 29 De los hijos de Israel, así hombres
como mujeres, todos los que tuvieron corazón voluntario para traer para toda
la obra, que Jehová había mandado por medio de Moisés que hiciesen, trajeron
ofrenda voluntaria a Jehová.
Llamamiento de Bezaleel y de Aholiab
(Ex. 31.1-11)
30 Y dijo Moisés a los hijos de Israel: Mirad, Jehová ha
nombrado a Bezaleel hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá; 31 y lo ha
llenado del Espíritu de Dios, en sabiduría, en inteligencia, en ciencia y en
todo arte, 32 para proyectar diseños, para trabajar en oro, en plata y en
bronce, 33 y en la talla de piedras de engaste, y en obra de madera, para
trabajar en toda labor ingeniosa. 34 Y ha puesto en su corazón el que pueda
enseñar, así él como Aholiab hijo de Ahisamac, de la tribu de Dan; 35 y los ha
llenado de sabiduría de corazón, para que hagan toda obra de arte y de
invención, y de bordado en azul, en púrpura, en carmesí, en lino fino y en
telar, para que hagan toda labor, e inventen todo diseño.
ÉXODO 36
1 Así, pues, Bezaleel y Aholiab, y todo hombre sabio de
corazón a quien Jehová dio sabiduría e inteligencia para saber hacer toda la
obra del servicio del santuario, harán todas las cosas que ha mandado Jehová.
Moisés suspende la ofrenda del pueblo
2 Y Moisés llamó a Bezaleel y a Aholiab y a todo varón
sabio de corazón, en cuyo corazón había puesto Jehová sabiduría, todo hombre a
quien su corazón le movió a venir a la obra para trabajar en ella. 3 Y tomaron
de delante de Moisés toda la ofrenda que los hijos de Israel habían traído
para la obra del servicio del santuario, a fin de hacerla. Y ellos seguían
trayéndole ofrenda voluntaria cada mañana. 4 Tanto, que vinieron todos los
maestros que hacían toda la obra del santuario, cada uno de la obra que hacía,
5 y hablaron a Moisés, diciendo: El pueblo trae mucho más de lo que se
necesita para la obra que Jehová ha mandado que se haga. 6 Entonces Moisés
mandó pregonar por el campamento, diciendo: Ningún hombre ni mujer haga más
para la ofrenda del santuario. Así se le impidió al pueblo ofrecer más; 7 pues
tenían material abundante para hacer toda la obra, y sobraba.
Construcción del tabernáculo
(Ex. 26.1-37)
8 Todos los sabios de corazón de entre los que hacían la
obra, hicieron el tabernáculo de diez cortinas de lino torcido, azul, púrpura
y carmesí; las hicieron con querubines de obra primorosa. 9 La longitud de una
cortina era de veintiocho codos, y la anchura de cuatro codos; todas las
cortinas eran de igual medida.
10 Cinco de las cortinas las unió entre sí, y asimismo
unió las otras cinco cortinas entre sí. 11 E hizo lazadas de azul en la orilla
de la cortina que estaba al extremo de la primera serie; e hizo lo mismo en la
orilla de la cortina final de la segunda serie. 12 Cincuenta lazadas hizo en
la primera cortina, y otras cincuenta en la orilla de la cortina de la segunda
serie; las lazadas de la una correspondían a las de la otra. 13 Hizo también
cincuenta corchetes de oro, con los cuales enlazó las cortinas una con otra, y
así quedó formado un tabernáculo.
14 Hizo asimismo cortinas de pelo de cabra para una
tienda sobre el tabernáculo; once cortinas hizo. 15 La longitud de una cortina
era de treinta codos, y la anchura de cuatro codos; las once cortinas tenían
una misma medida. 16 Y unió cinco de las cortinas aparte, y las otras seis
cortinas aparte. 17 Hizo además cincuenta lazadas en la orilla de la cortina
que estaba al extremo de la primera serie, y otras cincuenta lazadas en la
orilla de la cortina final de la segunda serie. 18 Hizo también cincuenta
corchetes de bronce para enlazar la tienda, de modo que fuese una. 19 E hizo
para la tienda una cubierta de pieles de carneros teñidas de rojo, y otra
cubierta de pieles de tejones encima.
20 Además hizo para el tabernáculo las tablas de madera
de acacia, derechas. 21 La longitud de cada tabla era de diez codos, y de codo
y medio la anchura. 22 Cada tabla tenía dos espigas, para unirlas una con
otra; así hizo todas las tablas del tabernáculo. 23 Hizo, pues, las tablas
para el tabernáculo; veinte tablas al lado del sur, al mediodía. 24 Hizo
también cuarenta basas de plata debajo de las veinte tablas: dos basas debajo
de una tabla, para sus dos espigas, y dos basas debajo de otra tabla para sus
dos espigas. 25 Y para el otro lado del tabernáculo, al lado norte, hizo otras
veinte tablas, 26 con sus cuarenta basas de plata; dos basas debajo de una
tabla, y dos basas debajo de otra tabla. 27 Y para el lado occidental del
tabernáculo hizo seis tablas. 28 Para las esquinas del tabernáculo en los dos
lados hizo dos tablas, 29 las cuales se unían desde abajo, y por arriba se
ajustaban con un gozne; así hizo a la una y a la otra en las dos esquinas. 30
Eran, pues, ocho tablas, y sus basas de plata dieciséis; dos basas debajo de
cada tabla.
31 Hizo también las barras de madera de acacia; cinco
para las tablas de un lado del tabernáculo, 32 cinco barras para las tablas
del otro lado del tabernáculo, y cinco barras para las tablas del lado
posterior del tabernáculo hacia el occidente. 33 E hizo que la barra de en
medio pasase por en medio de las tablas de un extremo al otro. 34 Y cubrió de
oro las tablas, e hizo de oro los anillos de ellas, por donde pasasen las
barras; cubrió también de oro las barras.
35 Hizo asimismo el velo de azul, púrpura, carmesí y lino
torcido; lo hizo con querubines de obra primorosa. 36 Y para él hizo cuatro
columnas de madera de acacia, y las cubrió de oro, y sus capiteles eran de
oro; y fundió para ellas cuatro basas de plata. 37 Hizo también el velo para
la puerta del tabernáculo, de azul, púrpura, carmesí y lino torcido, obra de
recamador; 38 y sus cinco columnas con sus capiteles; y cubrió de oro los
capiteles y las molduras, e hizo de bronce sus cinco basas.
Mobiliario del tabernáculo
(Ex. 25.10-40; 27.1-8; 30.1-10)
ÉXODO 37
1 Hizo también Bezaleel el arca de madera de acacia; su
longitud era de dos codos y medio, su anchura de codo y medio, y su altura de
codo y medio. 2 Y la cubrió de oro puro por dentro y por fuera, y le hizo una
cornisa de oro en derredor. 3 Además fundió para ella cuatro anillos de oro a
sus cuatro esquinas; en un lado dos anillos y en el otro lado dos anillos. 4
Hizo también varas de madera de acacia, y las cubrió de oro. 5 Y metió las
varas por los anillos a los lados del arca, para llevar el arca. 6 Hizo
asimismo el propiciatorio de oro puro; su longitud de dos codos y medio, y su
anchura de codo y medio. 7 Hizo también los dos querubines de oro, labrados a
martillo, en los dos extremos del propiciatorio. 8 Un querubín a un extremo, y
otro querubín al otro extremo; de una pieza con el propiciatorio hizo los
querubines a sus dos extremos. 9 Y los querubines extendían sus alas por
encima, cubriendo con sus alas el propiciatorio; y sus rostros el uno enfrente
del otro miraban hacia el propiciatorio.
10 Hizo también la mesa de madera de acacia; su longitud
de dos codos, su anchura de un codo, y de codo y medio su altura; 11 y la
cubrió de oro puro, y le hizo una cornisa de oro alrededor. 12 Le hizo también
una moldura de un palmo menor de anchura alrededor, e hizo en derredor de la
moldura una cornisa de oro. 13 Le hizo asimismo de fundición cuatro anillos de
oro, y los puso a las cuatro esquinas que correspondían a las cuatro patas de
ella. 14 Debajo de la moldura estaban los anillos, por los cuales se metían
las varas para llevar la mesa. 15 E hizo las varas de madera de acacia para
llevar la mesa, y las cubrió de oro. 16 También hizo los utensilios que habían
de estar sobre la mesa, sus platos, sus cucharas, sus cubiertos y sus tazones
con que se había de libar, de oro fino.
17 Hizo asimismo el candelero de oro puro, labrado a
martillo; su pie, su caña, sus copas, sus manzanas y sus flores eran de lo
mismo. 18 De sus lados salían seis brazos; tres brazos de un lado del
candelero, y otros tres brazos del otro lado del candelero. 19 En un brazo,
tres copas en forma de flor de almendro, una manzana y una flor, y en otro
brazo tres copas en figura de flor de almendro, una manzana y una flor; así en
los seis brazos que salían del candelero. 20 Y en la caña del candelero había
cuatro copas en figura de flor de almendro, sus manzanas y sus flores, 21 y
una manzana debajo de dos brazos del mismo, y otra manzana debajo de otros dos
brazos del mismo, y otra manzana debajo de los otros dos brazos del mismo,
conforme a los seis brazos que salían de él. 22 Sus manzanas y sus brazos eran
de lo mismo; todo era una pieza labrada a martillo, de oro puro. 23 Hizo
asimismo sus siete lamparillas, sus despabiladeras y sus platillos, de oro
puro. 24 De un talento de oro puro lo hizo, con todos sus utensilios.
25 Hizo también el altar del incienso, de madera de
acacia; de un codo su longitud, y de otro codo su anchura; era cuadrado, y su
altura de dos codos; y sus cuernos de la misma pieza. 26 Y lo cubrió de oro
puro, su cubierta y sus paredes alrededor, y sus cuernos, y le hizo una
cornisa de oro alrededor. 27 Le hizo también dos anillos de oro debajo de la
cornisa en las dos esquinas a los dos lados, para meter por ellos las varas
con que había de ser conducido. 28 E hizo las varas de madera de acacia, y las
cubrió de oro.
29 Hizo asimismo el aceite santo de la unción, y el
incienso puro, aromático, según el arte del perfumador.
ÉXODO 38
1 Igualmente hizo de madera de acacia el altar del
holocausto; su longitud de cinco codos, y su anchura de otros cinco codos,
cuadrado, y de tres codos de altura. 2 E hizo sus cuernos a sus cuatro
esquinas, los cuales eran de la misma pieza, y lo cubrió de bronce. 3 Hizo
asimismo todos los utensilios del altar; calderos, tenazas, tazones, garfios y
palas; todos sus utensilios los hizo de bronce. 4 E hizo para el altar un
enrejado de bronce de obra de rejilla, que puso por debajo de su cerco hasta
la mitad del altar. 5 También fundió cuatro anillos a los cuatro extremos del
enrejado de bronce, para meter las varas. 6 E hizo las varas de madera de
acacia, y las cubrió de bronce. 7 Y metió las varas por los anillos a los
lados del altar, para llevarlo con ellas; hueco lo hizo, de tablas.
8 También hizo la fuente de bronce y su base de bronce,
de los espejos de las mujeres que velaban a la puerta del tabernáculo de
reunión.
El atrio del tabernáculo
(Ex. 27.9-19)
9 Hizo asimismo el atrio; del lado sur, al mediodía, las
cortinas del atrio eran de cien codos, de lino torcido. 10 Sus columnas eran
veinte, con sus veinte basas de bronce; los capiteles de las columnas y sus
molduras, de plata. 11 Y del lado norte cortinas de cien codos; sus columnas,
veinte, con sus veinte basas de bronce; los capiteles de las columnas y sus
molduras, de plata. 12 Del lado del occidente, cortinas de cincuenta codos;
sus columnas diez, y sus diez basas; los capiteles de las columnas y sus
molduras, de plata. 13 Del lado oriental, al este, cortinas de cincuenta
codos; 14 a un lado cortinas de quince codos, sus tres columnas y sus tres
basas; 15 al otro lado, de uno y otro lado de la puerta del atrio, cortinas de
quince codos, con sus tres columnas y sus tres basas. 16 Todas las cortinas
del atrio alrededor eran de lino torcido. 17 Las basas de las columnas eran de
bronce; los capiteles de las columnas y sus molduras, de plata; asimismo las
cubiertas de las cabezas de ellas, de plata; y todas las columnas del atrio
tenían molduras de plata. 18 La cortina de la entrada del atrio era de obra de
recamador, de azul, púrpura, carmesí y lino torcido; era de veinte codos de
longitud, y su anchura, o sea su altura, era de cinco codos, lo mismo que las
cortinas del atrio. 19 Sus columnas eran cuatro, con sus cuatro basas de
bronce y sus capiteles de plata; y las cubiertas de los capiteles de ellas, y
sus molduras, de plata. 20 Todas las estacas del tabernáculo y del atrio
alrededor eran de bronce.
Dirección de la obra
21 Estas son las cuentas del tabernáculo, del tabernáculo
del testimonio, las que se hicieron por orden de Moisés por obra de los
levitas bajo la dirección de Itamar hijo del sacerdote Aarón. 22 Y Bezaleel
hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá, hizo todas las cosas que Jehová
mandó a Moisés. 23 Y con él estaba Aholiab hijo de Ahisamac, de la tribu de
Dan, artífice, diseñador y recamador en azul, púrpura, carmesí y lino fino.
Metales usados en el santuario
24 Todo el oro empleado en la obra, en toda la obra del
santuario, el cual fue oro de la ofrenda, fue veintinueve talentos y
setecientos treinta siclos, según el siclo del santuario. 25 Y la plata de los
empadronados de la congregación fue cien talentos y mil setecientos setenta y
cinco siclos, según el siclo del santuario; 26 medio siclo por cabeza, según
el siclo del santuario; a todos los que pasaron por el censo, de edad de
veinte años arriba, que fueron seiscientos tres mil quinientos cincuenta. 27
Hubo además cien talentos de plata para fundir las basas del santuario y las
basas del velo; en cien basas, cien talentos, a talento por basa. 28 Y de los
mil setecientos setenta y cinco siclos hizo los capiteles de las columnas, y
cubrió los capiteles de ellas, y las ciñó. 29 El bronce ofrendado fue setenta
talentos y dos mil cuatrocientos siclos, 30 del cual fueron hechas las basas
de la puerta del tabernáculo de reunión, y el altar de bronce y su enrejado de
bronce, y todos los utensilios del altar, 31 las basas del atrio alrededor,
las basas de la puerta del atrio, y todas las estacas del tabernáculo y todas
las estacas del atrio alrededor.
Hechura de las vestiduras de los sacerdotes
(Ex. 28.1-43)
ÉXODO 39
1 Del azul, púrpura y carmesí hicieron las vestiduras del
ministerio para ministrar en el santuario, y asimismo hicieron las vestiduras
sagradas para Aarón, como Jehová lo había mandado a Moisés.
2 Hizo también el efod de oro, de azul, púrpura, carmesí
y lino torcido. 3 Y batieron láminas de oro, y cortaron hilos para tejerlos
entre el azul, la púrpura, el carmesí y el lino, con labor primorosa. 4
Hicieron las hombreras para que se juntasen, y se unían en sus dos extremos. 5
Y el cinto del efod que estaba sobre él era de lo mismo, de igual labor; de
oro, azul, púrpura, carmesí y lino torcido, como Jehová lo había mandado a
Moisés.
6 Y labraron las piedras de ónice montadas en engastes de
oro, con grabaduras de sello con los nombres de los hijos de Israel, 7 y las
puso sobre las hombreras del efod, por piedras memoriales para los hijos de
Israel, como Jehová lo había mandado a Moisés.
8 Hizo también el pectoral de obra primorosa como la obra
del efod, de oro, azul, púrpura, carmesí y lino torcido. 9 Era cuadrado; doble
hicieron el pectoral; su longitud era de un palmo, y de un palmo su anchura,
cuando era doblado. 10 Y engastaron en él cuatro hileras de piedras. La
primera hilera era un sardio, un topacio y un carbunclo; esta era la primera
hilera. 11 La segunda hilera, una esmeralda, un zafiro y un diamante. 12 La
tercera hilera, un jacinto, una ágata y una amatista. 13 Y la cuarta hilera,
un berilo, un ónice y un jaspe, todas montadas y encajadas en engastes de oro.
14 Y las piedras eran conforme a los nombres de los hijos de Israel, doce
según los nombres de ellos; como grabaduras de sello, cada una con su nombre,
según las doce tribus. 15 Hicieron también sobre el pectoral los cordones de
forma de trenza, de oro puro. 16 Hicieron asimismo dos engastes y dos anillos
de oro, y pusieron dos anillos de oro en los dos extremos del pectoral, 17 y
fijaron los dos cordones de oro en aquellos dos anillos a los extremos del
pectoral. 18 Fijaron también los otros dos extremos de los dos cordones de oro
en los dos engastes que pusieron sobre las hombreras del efod por delante. 19
E hicieron otros dos anillos de oro que pusieron en los dos extremos del
pectoral, en su orilla, frente a la parte baja del efod. 20 Hicieron además
dos anillos de oro que pusieron en la parte delantera de las dos hombreras del
efod, hacia abajo, cerca de su juntura, sobre el cinto del efod. 21 Y ataron
el pectoral por sus anillos a los anillos del efod con un cordón de azul, para
que estuviese sobre el cinto del mismo efod y no se separase el pectoral del
efod, como Jehová lo había mandado a Moisés.
22 Hizo también el manto del efod de obra de tejedor,
todo de azul, 23 con su abertura en medio de él, como el cuello de un
coselete, con un borde alrededor de la abertura, para que no se rompiese. 24 E
hicieron en las orillas del manto granadas de azul, púrpura, carmesí y lino
torcido. 25 Hicieron también campanillas de oro puro, y pusieron campanillas
entre las granadas en las orillas del manto, alrededor, entre las granadas; 26
una campanilla y una granada, otra campanilla y otra granada alrededor, en las
orillas del manto, para ministrar, como Jehová lo mandó a Moisés.
27 Igualmente hicieron las túnicas de lino fino de obra
de tejedor, para Aarón y para sus hijos. 28 Asimismo la mitra de lino fino, y
los adornos de las tiaras de lino fino, y los calzoncillos de lino, de lino
torcido. 29 También el cinto de lino torcido, de azul, púrpura y carmesí, de
obra de recamador, como Jehová lo mandó a Moisés.
30 Hicieron asimismo la lámina de la diadema santa de oro
puro, y escribieron en ella como grabado de sello: SANTIDAD A JEHOVÁ. 31 Y
pusieron en ella un cordón de azul para colocarla sobre la mitra por arriba,
como Jehová lo había mandado a Moisés.
La obra del tabernáculo terminada
(Ex. 35.10-19_
32 Así fue acabada toda la obra del tabernáculo, del
tabernáculo de reunión; e hicieron los hijos de Israel como Jehová lo había
mandado a Moisés; así lo hicieron. 33 Y trajeron el tabernáculo a Moisés, el
tabernáculo y todos sus utensilios; sus corchetes, sus tablas, sus barras, sus
columnas, sus basas; 34 la cubierta de pieles de carnero teñidas de rojo, la
cubierta de pieles de tejones, el velo del frente; 35 el arca del testimonio y
sus varas, el propiciatorio; 36 la mesa, todos sus vasos, el pan de la
proposición; 37 el candelero puro, sus lamparillas, las lamparillas que debían
mantenerse en orden, y todos sus utensilios, el aceite para el alumbrado; 38
el altar de oro, el aceite de la unción, el incienso aromático, la cortina
para la entrada del tabernáculo; 39 el altar de bronce con su enrejado de
bronce, sus varas y todos sus utensilios, la fuente y su base; 40 las cortinas
del atrio, sus columnas y sus basas, la cortina para la entrada del atrio, sus
cuerdas y sus estacas, y todos los utensilios del servicio del tabernáculo,
del tabernáculo de reunión; 41 las vestiduras del servicio para ministrar en
el santuario, las sagradas vestiduras para Aarón el sacerdote, y las
vestiduras de sus hijos, para ministrar en el sacerdocio. 42 En conformidad a
todas las cosas que Jehová había mandado a Moisés, así hicieron los hijos de
Israel toda la obra. 43 Y vio Moisés toda la obra, y he aquí que la habían
hecho como Jehová había mandado; y los bendijo.
Moisés erige el tabernáculo
ÉXODO 40
1 Luego Jehová habló a Moisés, diciendo: 2 En el primer
día del mes primero harás levantar el tabernáculo, el tabernáculo de reunión;
3 y pondrás en él el arca del testimonio, y la cubrirás con el velo. 4 Meterás
la mesa y la pondrás en orden; meterás también el candelero y encenderás sus
lámparas, 5 y pondrás el altar de oro para el incienso delante del arca del
testimonio, y pondrás la cortina delante a la entrada del tabernáculo. 6
Después pondrás el altar del holocausto delante de la entrada del tabernáculo,
del tabernáculo de reunión. 7 Luego pondrás la fuente entre el tabernáculo de
reunión y el altar, y pondrás agua en ella. 8 Finalmente pondrás el atrio
alrededor, y la cortina a la entrada del atrio. 9 Y tomarás el aceite de la
unción y ungirás el tabernáculo, y todo lo que está en él; y lo santificarás
con todos sus utensilios, y será santo. 10 Ungirás también el altar del
holocausto y todos sus utensilios; y santificarás el altar, y será un altar
santísimo. 11 Asimismo ungirás la fuente y su base, y la santificarás. 12 Y
llevarás a Aarón y a sus hijos a la puerta del tabernáculo de reunión, y los
lavarás con agua. 13 Y harás vestir a Aarón las vestiduras sagradas, y lo
ungirás, y lo consagrarás, para que sea mi sacerdote. 14 Después harás que se
acerquen sus hijos, y les vestirás las túnicas; 15 y los ungirás, como ungiste
a su padre, y serán mis sacerdotes, y su unción les servirá por sacerdocio
perpetuo, por sus generaciones. 16 Y Moisés hizo conforme a todo lo que Jehová
le mandó; así lo hizo. 17 Así, en el día primero del primer mes, en el segundo
año, el tabernáculo fue erigido. 18 Moisés hizo levantar el tabernáculo, y
asentó sus basas, y colocó sus tablas, y puso sus barras, e hizo alzar sus
columnas. 19 Levantó la tienda sobre el tabernáculo, y puso la sobrecubierta
encima del mismo, como Jehová había mandado a Moisés. 20 Y tomó el testimonio
y lo puso dentro del arca, y colocó las varas en el arca, y encima el
propiciatorio sobre el arca. 21 Luego metió el arca en el tabernáculo, y puso
el velo extendido, y ocultó el arca del testimonio, como Jehová había mandado
a Moisés. 22 Puso la mesa en el tabernáculo de reunión, al lado norte de la
cortina, fuera del velo, 23 y sobre ella puso por orden los panes delante de
Jehová, como Jehová había mandado a Moisés. 24 Puso el candelero en el
tabernáculo de reunión, enfrente de la mesa, al lado sur de la cortina, 25 y
encendió las lámparas delante de Jehová, como Jehová había mandado a Moisés.
26 Puso también el altar de oro en el tabernáculo de reunión, delante del
velo, 27 y quemó sobre él incienso aromático, como Jehová había mandado a
Moisés. 28 Puso asimismo la cortina a la entrada del tabernáculo. 29 Y colocó
el altar del holocausto a la entrada del tabernáculo, del tabernáculo de
reunión, y sacrificó sobre él holocausto y ofrenda, como Jehová había mandado
a Moisés. 30 Y puso la fuente entre el tabernáculo de reunión y el altar, y
puso en ella agua para lavar. 31 Y Moisés y Aarón y sus hijos lavaban en ella
sus manos y sus pies. 32 Cuando entraban en el tabernáculo de reunión, y
cuando se acercaban al altar, se lavaban, como Jehová había mandado a Moisés.
33 Finalmente erigió el atrio alrededor del tabernáculo y del altar, y puso la
cortina a la entrada del atrio. Así acabó Moisés la obra.
La nube sobre el tabernáculo
(Nm. 9.15-23)
34 Entonces una nube cubrió el tabernáculo de reunión, y
la gloria de Jehová llenó el tabernáculo. 35 Y no podía Moisés entrar en el
tabernáculo de reunión, porque la nube estaba sobre él, y la gloria de Jehová
lo llenaba. 36 Y cuando la nube se alzaba del tabernáculo, los hijos de Israel
se movían en todas sus jornadas; 37 pero si la nube no se alzaba, no se movían
hasta el día en que ella se alzaba. 38 Porque la nube de Jehová estaba de día
sobre el tabernáculo, y el fuego estaba de noche sobre él, a vista de toda la
casa de Israel, en todas sus jornadas.
LEVÍTICO
Los holocaustos
LEVÍTICO 1
1 Llamó Jehová a Moisés, y habló con él desde el
tabernáculo de reunión, diciendo: 2 Habla a los hijos de Israel y diles:
Cuando alguno de entre vosotros ofrece ofrenda a Jehová, de ganado vacuno u
ovejuno haréis vuestra ofrenda.
3 Si su ofrenda fuere holocausto vacuno, macho sin
defecto lo ofrecerá; de su voluntad lo ofrecerá a la puerta del tabernáculo de
reunión delante de Jehová. 4 Y pondrá su mano sobre la cabeza del holocausto,
y será aceptado para expiación suya. 5 Entonces degollará el becerro en la
presencia de Jehová; y los sacerdotes hijos de Aarón ofrecerán la sangre, y la
rociarán alrededor sobre el altar, el cual está a la puerta del tabernáculo de
reunión. 6 Y desollará el holocausto, y lo dividirá en sus piezas. 7 Y los
hijos del sacerdote Aarón pondrán fuego sobre el altar, y compondrán la leña
sobre el fuego. 8 Luego los sacerdotes hijos de Aarón acomodarán las piezas,
la cabeza y la grosura de los intestinos, sobre la leña que está sobre el
fuego que habrá encima del altar; 9 y lavará con agua los intestinos y las
piernas, y el sacerdote hará arder todo sobre el altar; holocausto es, ofrenda
encendida de olor grato para Jehová.
10 Si su ofrenda para holocausto fuere del rebaño, de las
ovejas o de las cabras, macho sin defecto lo ofrecerá. 11 Y lo degollará al
lado norte del altar delante de Jehová; y los sacerdotes hijos de Aarón
rociarán su sangre sobre el altar alrededor. 12 Lo dividirá en sus piezas, con
su cabeza y la grosura de los intestinos; y el sacerdote las acomodará sobre
la leña que está sobre el fuego que habrá encima del altar; 13 y lavará las
entrañas y las piernas con agua; y el sacerdote lo ofrecerá todo, y lo hará
arder sobre el altar; holocausto es, ofrenda encendida de olor grato para
Jehová.
14 Si la ofrenda para Jehová fuere holocausto de aves,
presentará su ofrenda de tórtolas, o de palominos. 15 Y el sacerdote la
ofrecerá sobre el altar, y le quitará la cabeza, y hará que arda en el altar;
y su sangre será exprimida sobre la pared del altar. 16 Y le quitará el buche
y las plumas, lo cual echará junto al altar, hacia el oriente, en el lugar de
las cenizas. 17 Y la henderá por sus alas, pero no la dividirá en dos; y el
sacerdote la hará arder sobre el altar, sobre la leña que estará en el fuego;
holocausto es, ofrenda encendida de olor grato para Jehová.
Las ofrendas
LEVÍTICO 2
1 Cuando alguna persona ofreciere oblación a Jehová, su
ofrenda será flor de harina, sobre la cual echará aceite, y pondrá sobre ella
incienso, 2 y la traerá a los sacerdotes, hijos de Aarón; y de ello tomará el
sacerdote su puño lleno de la flor de harina y del aceite, con todo el
incienso, y lo hará arder sobre el altar para memorial; ofrenda encendida es,
de olor grato a Jehová. 3 Y lo que resta de la ofrenda será de Aarón y de sus
hijos; es cosa santísima de las ofrendas que se queman para Jehová.
4 Cuando ofrecieres ofrenda cocida en horno, será de
tortas de flor de harina sin levadura amasadas con aceite, y hojaldres sin
levadura untadas con aceite. 5 Mas si ofrecieres ofrenda de sartén, será de
flor de harina sin levadura, amasada con aceite, 6 la cual partirás en piezas,
y echarás sobre ella aceite; es ofrenda. 7 Si ofrecieres ofrenda cocida en
cazuela, se hará de flor de harina con aceite. 8 Y traerás a Jehová la ofrenda
que se hará de estas cosas, y la presentarás al sacerdote, el cual la llevará
al altar. 9 Y tomará el sacerdote de aquella ofrenda lo que sea para su
memorial, y lo hará arder sobre el altar; ofrenda encendida de olor grato a
Jehová. 10 Y lo que resta de la ofrenda será de Aarón y de sus hijos; es cosa
santísima de las ofrendas que se queman para Jehová.
11 Ninguna ofrenda que ofreciereis a Jehová será con
levadura; porque de ninguna cosa leuda, ni de ninguna miel, se ha de quemar
ofrenda para Jehová. 12 Como ofrenda de primicias las ofreceréis a Jehová; mas
no subirán sobre el altar en olor grato. 13 Y sazonarás con sal toda ofrenda
que presentes, y no harás que falte jamás de tu ofrenda la sal del pacto de tu
Dios; en toda ofrenda tuya ofrecerás sal.
14 Si ofrecieres a Jehová ofrenda de primicias, tostarás
al fuego las espigas verdes, y el grano desmenuzado ofrecerás como ofrenda de
tus primicias. 15 Y pondrás sobre ella aceite, y pondrás sobre ella incienso;
es ofrenda. 16 Y el sacerdote hará arder el memorial de él, parte del grano
desmenuzado y del aceite, con todo el incienso; es ofrenda encendida para
Jehová.
Ofrendas de paz
LEVÍTICO 3
1 Si su ofrenda fuere sacrificio de paz, si hubiere de
ofrecerla de ganado vacuno, sea macho o hembra, sin defecto la ofrecerá
delante de Jehová. 2 Pondrá su mano sobre la cabeza de su ofrenda, y la
degollará a la puerta del tabernáculo de reunión; y los sacerdotes hijos de
Aarón rociarán su sangre sobre el altar alrededor. 3 Luego ofrecerá del
sacrificio de paz, como ofrenda encendida a Jehová, la grosura que cubre los
intestinos, y toda la grosura que está sobre las entrañas, 4 y los dos riñones
y la grosura que está sobre ellos, y sobre los ijares; y con los riñones
quitará la grosura de los intestinos que está sobre el hígado. 5 Y los hijos
de Aarón harán arder esto en el altar, sobre el holocausto que estará sobre la
leña que habrá encima del fuego; es ofrenda de olor grato para Jehová.
6 Mas si de ovejas fuere su ofrenda para sacrificio de
paz a Jehová, sea macho o hembra, la ofrecerá sin defecto. 7 Si ofreciere
cordero por su ofrenda, lo ofrecerá delante de Jehová. 8 Pondrá su mano sobre
la cabeza de su ofrenda, y después la degollará delante del tabernáculo de
reunión; y los hijos de Aarón rociarán su sangre sobre el altar alrededor. 9 Y
del sacrificio de paz ofrecerá por ofrenda encendida a Jehová la grosura, la
cola entera, la cual quitará a raíz del espinazo, la grosura que cubre todos
los intestinos, y toda la que está sobre las entrañas. 10 Asimismo los dos
riñones y la grosura que está sobre ellos, y la que está sobre los ijares; y
con los riñones quitará la grosura de sobre el hígado. 11 Y el sacerdote hará
arder esto sobre el altar; vianda es de ofrenda encendida para Jehová.
12 Si fuere cabra su ofrenda, la ofrecerá delante de
Jehová. 13 Pondrá su mano sobre la cabeza de ella, y la degollará delante del
tabernáculo de reunión; y los hijos de Aarón rociarán su sangre sobre el altar
alrededor. 14 Después ofrecerá de ella su ofrenda encendida a Jehová; la
grosura que cubre los intestinos, y toda la grosura que está sobre las
entrañas, 15 los dos riñones, la grosura que está sobre ellos, y la que está
sobre los ijares; y con los riñones quitará la grosura de sobre el hígado. 16
Y el sacerdote hará arder esto sobre el altar; vianda es de ofrenda que se
quema en olor grato a Jehová; toda la grosura es de Jehová. 17 Estatuto
perpetuo será por vuestras edades, dondequiera que habitéis, que ninguna
grosura ni ninguna sangre comeréis.
Ofrendas por el pecado
LEVÍTICO 4
1 Habló Jehová a Moisés, diciendo: 2 Habla a los hijos de
Israel y diles: Cuando alguna persona pecare por yerro en alguno de los
mandamientos de Jehová sobre cosas que no se han de hacer, e hiciere alguna de
ellas; 3 si el sacerdote ungido pecare según el pecado del pueblo, ofrecerá a
Jehová, por su pecado que habrá cometido, un becerro sin defecto para
expiación. 4 Traerá el becerro a la puerta del tabernáculo de reunión delante
de Jehová, y pondrá su mano sobre la cabeza del becerro, y lo degollará
delante de Jehová. 5 Y el sacerdote ungido tomará de la sangre del becerro, y
la traerá al tabernáculo de reunión; 6 y mojará el sacerdote su dedo en la
sangre, y rociará de aquella sangre siete veces delante de Jehová, hacia el
velo del santuario. 7 Y el sacerdote pondrá de esa sangre sobre los cuernos
del altar del incienso aromático, que está en el tabernáculo de reunión
delante de Jehová; y echará el resto de la sangre del becerro al pie del altar
del holocausto, que está a la puerta del tabernáculo de reunión. 8 Y tomará
del becerro para la expiación toda su grosura, la que cubre los intestinos, y
la que está sobre las entrañas, 9 los dos riñones, la grosura que está sobre
ellos, y la que está sobre los ijares; y con los riñones quitará la grosura de
sobre el hígado, 10 de la manera que se quita del buey del sacrificio de paz;
y el sacerdote la hará arder sobre el altar del holocausto. 11 Y la piel del
becerro, y toda su carne, con su cabeza, sus piernas, sus intestinos y su
estiércol, 12 en fin, todo el becerro sacará fuera del campamento a un lugar
limpio, donde se echan las cenizas, y lo quemará al fuego sobre la leña; en
donde se echan las cenizas será quemado.
13 Si toda la congregación de Israel hubiere errado, y el
yerro estuviere oculto a los ojos del pueblo, y hubieren hecho algo contra
alguno de los mandamientos de Jehová en cosas que no se han de hacer, y fueren
culpables; 14 luego que llegue a ser conocido el pecado que cometieren, la
congregación ofrecerá un becerro por expiación, y lo traerán delante del
tabernáculo de reunión. 15 Y los ancianos de la congregación pondrán sus manos
sobre la cabeza del becerro delante de Jehová, y en presencia de Jehová
degollarán aquel becerro. 16 Y el sacerdote ungido meterá de la sangre del
becerro en el tabernáculo de reunión, 17 y mojará el sacerdote su dedo en la
misma sangre, y rociará siete veces delante de Jehová hacia el velo. 18 Y de
aquella sangre pondrá sobre los cuernos del altar que está delante de Jehová
en el tabernáculo de reunión, y derramará el resto de la sangre al pie del
altar del holocausto, que está a la puerta del tabernáculo de reunión. 19 Y le
quitará toda la grosura y la hará arder sobre el altar. 20 Y hará de aquel
becerro como hizo con el becerro de la expiación; lo mismo hará de él; así
hará el sacerdote expiación por ellos, y obtendrán perdón. 21 Y sacará el
becerro fuera del campamento, y lo quemará como quemó el primer becerro;
expiación es por la congregación.
22 Cuando pecare un jefe, e hiciere por yerro algo contra
alguno de todos los mandamientos de Jehová su Dios sobre cosas que no se han
de hacer, y pecare; 23 luego que conociere su pecado que cometió, presentará
por su ofrenda un macho cabrío sin defecto. 24 Y pondrá su mano sobre la
cabeza del macho cabrío, y lo degollará en el lugar donde se degüella el
holocausto, delante de Jehová; es expiación. 25 Y con su dedo el sacerdote
tomará de la sangre de la expiación, y la pondrá sobre los cuernos del altar
del holocausto, y derramará el resto de la sangre al pie del altar del
holocausto, 26 y quemará toda su grosura sobre el altar, como la grosura del
sacrificio de paz; así el sacerdote hará por él la expiación de su pecado, y
tendrá perdón.
27 Si alguna persona del pueblo pecare por yerro,
haciendo algo contra alguno de los mandamientos de Jehová en cosas que no se
han de hacer, y delinquiere; 28 luego que conociere su pecado que cometió,
traerá por su ofrenda una cabra, una cabra sin defecto, por su pecado que
cometió. 29 Y pondrá su mano sobre la cabeza de la ofrenda de la expiación, y
la degollará en el lugar del holocausto. 30 Luego con su dedo el sacerdote
tomará de la sangre, y la pondrá sobre los cuernos del altar del holocausto, y
derramará el resto de la sangre al pie del altar. 31 Y le quitará toda su
grosura, de la manera que fue quitada la grosura del sacrificio de paz; y el
sacerdote la hará arder sobre el altar en olor grato a Jehová; así hará el
sacerdote expiación por él, y será perdonado.
32 Y si por su ofrenda por el pecado trajere cordero,
hembra sin defecto traerá. 33 Y pondrá su mano sobre la cabeza de la ofrenda
de expiación, y la degollará por expiación en el lugar donde se degüella el
holocausto. 34 Después con su dedo el sacerdote tomará de la sangre de la
expiación, y la pondrá sobre los cuernos del altar del holocausto, y derramará
el resto de la sangre al pie del altar. 35 Y le quitará toda su grosura, como
fue quitada la grosura del sacrificio de paz, y el sacerdote la hará arder en
el altar sobre la ofrenda encendida a Jehová; y le hará el sacerdote expiación
de su pecado que habrá cometido, y será perdonado.
LEVÍTICO 5
1 Si alguno pecare por haber sido llamado a testificar, y
fuere testigo que vio, o supo, y no lo denunciare, él llevará su pecado. 2
Asimismo la persona que hubiere tocado cualquiera cosa inmunda, sea cadáver de
bestia inmunda, o cadáver de animal inmundo, o cadáver de reptil inmundo, bien
que no lo supiere, será inmunda y habrá delinquido. 3 O si tocare inmundicia
de hombre, cualquiera inmundicia suya con que fuere inmundo, y no lo echare de
ver, si después llegare a saberlo, será culpable. 4 O si alguno jurare a la
ligera con sus labios hacer mal o hacer bien, en cualquiera cosa que el hombre
profiere con juramento, y él no lo entendiere; si después lo entiende, será
culpable por cualquiera de estas cosas. 5 Cuando pecare en alguna de estas
cosas, confesará aquello en que pecó, 6 y para su expiación traerá a Jehová
por su pecado que cometió, una hembra de los rebaños, una cordera o una cabra
como ofrenda de expiación; y el sacerdote le hará expiación por su pecado.
7 Y si no tuviere lo suficiente para un cordero, traerá a
Jehová en expiación por su pecado que cometió, dos tórtolas o dos palominos,
el uno para expiación, y el otro para holocausto. 8 Y los traerá al sacerdote,
el cual ofrecerá primero el que es para expiación; y le arrancará de su cuello
la cabeza, mas no la separará por completo. 9 Y rociará de la sangre de la
expiación sobre la pared del altar; y lo que sobrare de la sangre lo exprimirá
al pie del altar; es expiación. 10 Y del otro hará holocausto conforme al
rito; así el sacerdote hará expiación por el pecado de aquel que lo cometió, y
será perdonado.
11 Mas si no tuviere lo suficiente para dos tórtolas, o
dos palominos, el que pecó traerá como ofrenda la décima parte de un efa de
flor de harina para expiación. No pondrá sobre ella aceite, ni sobre ella
pondrá incienso, porque es expiación. 12 La traerá, pues, al sacerdote, y el
sacerdote tomará de ella su puño lleno, para memoria de él, y la hará arder en
el altar sobre las ofrendas encendidas a Jehová; es expiación. 13 Y hará el
sacerdote expiación por él en cuanto al pecado que cometió en alguna de estas
cosas, y será perdonado; y el sobrante será del sacerdote, como la ofrenda de
vianda.
Ofrendas expiatorias
14 Habló más Jehová a Moisés, diciendo: 15 Cuando alguna
persona cometiere falta, y pecare por yerro en las cosas santas de Jehová,
traerá por su culpa a Jehová un carnero sin defecto de los rebaños, conforme a
tu estimación en siclos de plata del siclo del santuario, en ofrenda por el
pecado. 16 Y pagará lo que hubiere defraudado de las cosas santas, y añadirá a
ello la quinta parte, y lo dará al sacerdote; y el sacerdote hará expiación
por él con el carnero del sacrificio por el pecado, y será perdonado.
17 Finalmente, si una persona pecare, o hiciere alguna de
todas aquellas cosas que por mandamiento de Jehová no se han de hacer, aun sin
hacerlo a sabiendas, es culpable, y llevará su pecado. 18 Traerá, pues, al
sacerdote para expiación, según tú lo estimes, un carnero sin defecto de los
rebaños; y el sacerdote le hará expiación por el yerro que cometió por
ignorancia, y será perdonado. 19 Es infracción, y ciertamente delinquió contra
Jehová.
LEVÍTICO 6
1 Habló Jehová a Moisés, diciendo: 2 Cuando una persona
pecare e hiciere prevaricación contra Jehová, y negare a su prójimo lo
encomendado o dejado en su mano, o bien robare o calumniare a su prójimo, 3 o
habiendo hallado lo perdido después lo negare, y jurare en falso; en alguna de
todas aquellas cosas en que suele pecar el hombre, 4 entonces, habiendo pecado
y ofendido, restituirá aquello que robó, o el daño de la calumnia, o el
depósito que se le encomendó, o lo perdido que halló, 5 o todo aquello sobre
que hubiere jurado falsamente; lo restituirá por entero a aquel a quien
pertenece, y añadirá a ello la quinta parte, en el día de su expiación. 6 Y
para expiación de su culpa traerá a Jehová un carnero sin defecto de los
rebaños, conforme a tu estimación, y lo dará al sacerdote para la expiación. 7
Y el sacerdote hará expiación por él delante de Jehová, y obtendrá perdón de
cualquiera de todas las cosas en que suele ofender.
Leyes de los sacrificios
8 Habló aún Jehová a Moisés, diciendo: 9 Manda a Aarón y
a sus hijos, y diles: Esta es la ley del holocausto: el holocausto estará
sobre el fuego encendido sobre el altar toda la noche, hasta la mañana; el
fuego del altar arderá en él. 10 Y el sacerdote se pondrá su vestidura de
lino, y vestirá calzoncillos de lino sobre su cuerpo; y cuando el fuego
hubiere consumido el holocausto, apartará él las cenizas de sobre el altar, y
las pondrá junto al altar. 11 Después se quitará sus vestiduras y se pondrá
otras ropas, y sacará las cenizas fuera del campamento a un lugar limpio. 12 Y
el fuego encendido sobre el altar no se apagará, sino que el sacerdote pondrá
en él leña cada mañana, y acomodará el holocausto sobre él, y quemará sobre él
las grosuras de los sacrificios de paz. 13 El fuego arderá continuamente en el
altar; no se apagará.
14 Esta es la ley de la ofrenda: La ofrecerán los hijos
de Aarón delante de Jehová ante el altar. 15 Y tomará de ella un puñado de la
flor de harina de la ofrenda, y de su aceite, y todo el incienso que está
sobre la ofrenda, y lo hará arder sobre el altar por memorial en olor grato a
Jehová. 16 Y el sobrante de ella lo comerán Aarón y sus hijos; sin levadura se
comerá en lugar santo; en el atrio del tabernáculo de reunión lo comerán. 17
No se cocerá con levadura; la he dado a ellos por su porción de mis ofrendas
encendidas; es cosa santísima, como el sacrificio por el pecado, y como el
sacrificio por la culpa. 18 Todos los varones de los hijos de Aarón comerán de
ella. Estatuto perpetuo será para vuestras generaciones tocante a las ofrendas
encendidas para Jehová; toda cosa que tocare en ellas será santificada.
19 Habló también Jehová a Moisés, diciendo: 20 Esta es la
ofrenda de Aarón y de sus hijos, que ofrecerán a Jehová el día que fueren
ungidos: la décima parte de un efa de flor de harina, ofrenda perpetua, la
mitad a la mañana y la mitad a la tarde. 21 En sartén se preparará con aceite;
frita la traerás, y los pedazos cocidos de la ofrenda ofrecerás en olor grato
a Jehová. 22 Y el sacerdote que en lugar de Aarón fuere ungido de entre sus
hijos, hará igual ofrenda. Es estatuto perpetuo de Jehová; toda ella será
quemada. 23 Toda ofrenda de sacerdote será enteramente quemada; no se comerá.
24 Y habló Jehová a Moisés, diciendo: 25 Habla a Aarón y
a sus hijos, y diles: Esta es la ley del sacrificio expiatorio: en el lugar
donde se degüella el holocausto, será degollada la ofrenda por el pecado
delante de Jehová; es cosa santísima. 26 El sacerdote que la ofreciere por el
pecado, la comerá; en lugar santo será comida, en el atrio del tabernáculo de
reunión. 27 Todo lo que tocare su carne, será santificado; y si salpicare su
sangre sobre el vestido, lavarás aquello sobre que cayere, en lugar santo. 28
Y la vasija de barro en que fuere cocida, será quebrada; y si fuere cocida en
vasija de bronce, será fregada y lavada con agua. 29 Todo varón de entre los
sacerdotes la comerá; es cosa santísima. 30 Mas no se comerá ninguna ofrenda
de cuya sangre se metiere en el tabernáculo de reunión para hacer expiación en
el santuario; al fuego será quemada.
LEVÍTICO 7
1 Asimismo esta es la ley del sacrificio por la culpa; es
cosa muy santa. 2 En el lugar donde degüellan el holocausto, degollarán la
víctima por la culpa; y rociará su sangre alrededor sobre el altar. 3 Y de
ella ofrecerá toda su grosura, la cola, y la grosura que cubre los intestinos,
4 los dos riñones, la grosura que está sobre ellos, y la que está sobre los
ijares; y con los riñones quitará la grosura de sobre el hígado. 5 Y el
sacerdote lo hará arder sobre el altar, ofrenda encendida a Jehová; es
expiación de la culpa. 6 Todo varón de entre los sacerdotes la comerá; será
comida en lugar santo; es cosa muy santa. 7 Como el sacrificio por el pecado,
así es el sacrificio por la culpa; una misma ley tendrán; será del sacerdote
que hiciere la expiación con ella. 8 Y el sacerdote que ofreciere holocausto
de alguno, la piel del holocausto que ofreciere será para él. 9 Asimismo toda
ofrenda que se cociere en horno, y todo lo que fuere preparado en sartén o en
cazuela, será del sacerdote que lo ofreciere. 10 Y toda ofrenda amasada con
aceite, o seca, será de todos los hijos de Aarón, tanto de uno como de otro.
11 Y esta es la ley del sacrificio de paz que se ofrecerá
a Jehová: 12 Si se ofreciere en acción de gracias, ofrecerá por sacrificio de
acción de gracias tortas sin levadura amasadas con aceite, y hojaldres sin
levadura untadas con aceite, y flor de harina frita en tortas amasadas con
aceite. 13 Con tortas de pan leudo presentará su ofrenda en el sacrificio de
acciones de gracias de paz. 14 Y de toda la ofrenda presentará una parte por
ofrenda elevada a Jehová, y será del sacerdote que rociare la sangre de los
sacrificios de paz. 15 Y la carne del sacrificio de paz en acción de gracias
se comerá en el día que fuere ofrecida; no dejarán de ella nada para otro día.
16 Mas si el sacrificio de su ofrenda fuere voto, o voluntario, será comido en
el día que ofreciere su sacrificio, y lo que de él quedare, lo comerán al día
siguiente; 17 y lo que quedare de la carne del sacrificio hasta el tercer día,
será quemado en el fuego. 18 Si se comiere de la carne del sacrificio de paz
al tercer día, el que lo ofreciere no será acepto, ni le será contado;
abominación será, y la persona que de él comiere llevará su pecado.
19 Y la carne que tocare alguna cosa inmunda, no se
comerá; al fuego será quemada. Toda persona limpia podrá comer la carne; 20
pero la persona que comiere la carne del sacrificio de paz, el cual es de
Jehová, estando inmunda, aquella persona será cortada de entre su pueblo. 21
Además, la persona que tocare alguna cosa inmunda, inmundicia de hombre, o
animal inmundo, o cualquier abominación inmunda, y comiere la carne del
sacrificio de paz, el cual es de Jehová, aquella persona será cortada de entre
su pueblo.
22 Habló más Jehová a Moisés, diciendo: 23 Habla a los
hijos de Israel, diciendo: Ninguna grosura de buey ni de cordero ni de cabra
comeréis. 24 La grosura de animal muerto, y la grosura del que fue despedazado
por fieras, se dispondrá para cualquier otro uso, mas no la comeréis. 25
Porque cualquiera que comiere grosura de animal, del cual se ofrece a Jehová
ofrenda encendida, la persona que lo comiere será cortada de entre su pueblo.
26 Además, ninguna sangre comeréis en ningún lugar en donde habitéis, ni de
aves ni de bestias. 27 Cualquiera persona que comiere de alguna sangre, la tal
persona será cortada de entre su pueblo.
28 Habló más Jehová a Moisés, diciendo: 29 Habla a los
hijos de Israel y diles: El que ofreciere sacrificio de paz a Jehová, traerá
su ofrenda del sacrificio de paz ante Jehová. 30 Sus manos traerán las
ofrendas que se han de quemar ante Jehová; traerá la grosura con el pecho; el
pecho para que sea mecido como sacrificio mecido delante de Jehová. 31 Y la
grosura la hará arder el sacerdote en el altar, mas el pecho será de Aarón y
de sus hijos. 32 Y daréis al sacerdote para ser elevada en ofrenda, la
espaldilla derecha de vuestros sacrificios de paz. 33 El que de los hijos de
Aarón ofreciere la sangre de los sacrificios de paz, y la grosura, recibirá la
espaldilla derecha como porción suya. 34 Porque he tomado de los sacrificios
de paz de los hijos de Israel el pecho que se mece y la espaldilla elevada en
ofrenda, y lo he dado a Aarón el sacerdote y a sus hijos, como estatuto
perpetuo para los hijos de Israel. 35 Esta es la porción de Aarón y la porción
de sus hijos, de las ofrendas encendidas a Jehová, desde el día que él los
consagró para ser sacerdotes de Jehová, 36 la cual mandó Jehová que les
diesen, desde el día que él los ungió de entre los hijos de Israel, como
estatuto perpetuo en sus generaciones.
37 Esta es la ley del holocausto, de la ofrenda, del
sacrificio por el pecado, del sacrificio por la culpa, de las consagraciones y
del sacrificio de paz, 38 la cual mandó Jehová a Moisés en el monte de Sinaí,
el día que mandó a los hijos de Israel que ofreciesen sus ofrendas a Jehová,
en el desierto de Sinaí.
Consagración de Aarón y de sus hijos
(Ex. 29.1-37)
LEVÍTICO 8
1 Habló Jehová a Moisés, diciendo: 2 Toma a Aarón y a sus
hijos con él, y las vestiduras, el aceite de la unción, el becerro de la
expiación, los dos carneros, y el canastillo de los panes sin levadura; 3 y
reúne toda la congregación a la puerta del tabernáculo de reunión. 4 Hizo,
pues, Moisés como Jehová le mandó, y se reunió la congregación a la puerta del
tabernáculo de reunión.
5 Y dijo Moisés a la congregación: Esto es lo que Jehová
ha mandado hacer. 6 Entonces Moisés hizo acercarse a Aarón y a sus hijos, y
los lavó con agua. 7 Y puso sobre él la túnica, y le ciñó con el cinto; le
vistió después el manto, y puso sobre él el efod, y lo ciñó con el cinto del
efod, y lo ajustó con él. 8 Luego le puso encima el pectoral, y puso dentro
del mismo los Urim y Tumim. 9 Después puso la mitra sobre su cabeza, y sobre
la mitra, en frente, puso la lámina de oro, la diadema santa, como Jehová
había mandado a Moisés.
10 Y tomó Moisés el aceite de la unción y ungió el
tabernáculo y todas las cosas que estaban en él, y las santificó. 11 Y roció
de él sobre el altar siete veces, y ungió el altar y todos sus utensilios, y
la fuente y su base, para santificarlos. 12 Y derramó del aceite de la unción
sobre la cabeza de Aarón, y lo ungió para santificarlo. 13 Después Moisés hizo
acercarse los hijos de Aarón, y les vistió las túnicas, les ciñó con cintos, y
les ajustó las tiaras, como Jehová lo había mandado a Moisés.
14 Luego hizo traer el becerro de la expiación, y Aarón y
sus hijos pusieron sus manos sobre la cabeza del becerro de la expiación, 15 y
lo degolló; y Moisés tomó la sangre, y puso con su dedo sobre los cuernos del
altar alrededor, y purificó el altar; y echó la demás sangre al pie del altar,
y lo santificó para reconciliar sobre él. 16 Después tomó toda la grosura que
estaba sobre los intestinos, y la grosura del hígado, y los dos riñones, y la
grosura de ellos, y lo hizo arder Moisés sobre el altar. 17 Mas el becerro, su
piel, su carne y su estiércol, lo quemó al fuego fuera del campamento, como
Jehová lo había mandado a Moisés.
18 Después hizo que trajeran el carnero del holocausto, y
Aarón y sus hijos pusieron sus manos sobre la cabeza del carnero; 19 y lo
degolló; y roció Moisés la sangre sobre el altar alrededor, 20 y cortó el
carnero en trozos; y Moisés hizo arder la cabeza, y los trozos, y la grosura.
21 Lavó luego con agua los intestinos y las piernas, y quemó Moisés todo el
carnero sobre el altar; holocausto de olor grato, ofrenda encendida para
Jehová, como Jehová lo había mandado a Moisés.
22 Después hizo que trajeran el otro carnero, el carnero
de las consagraciones, y Aarón y sus hijos pusieron sus manos sobre la cabeza
del carnero. 23 Y lo degolló; y tomó Moisés de la sangre, y la puso sobre el
lóbulo de la oreja derecha de Aarón, sobre el dedo pulgar de su mano derecha,
y sobre el dedo pulgar de su pie derecho. 24 Hizo acercarse luego los hijos de
Aarón, y puso Moisés de la sangre sobre el lóbulo de sus orejas derechas,
sobre los pulgares de sus manos derechas, y sobre los pulgares de sus pies
derechos; y roció Moisés la sangre sobre el altar alrededor.
25 Después tomó la grosura, la cola, toda la grosura que
estaba sobre los intestinos, la grosura del hígado, los dos riñones y la
grosura de ellos, y la espaldilla derecha. 26 Y del canastillo de los panes
sin levadura, que estaba delante de Jehová, tomó una torta sin levadura, y una
torta de pan de aceite, y una hojaldre, y lo puso con la grosura y con la
espaldilla derecha. 27 Y lo puso todo en las manos de Aarón, y en las manos de
sus hijos, e hizo mecerlo como ofrenda mecida delante de Jehová. 28 Después
tomó aquellas cosas Moisés de las manos de ellos, y las hizo arder en el altar
sobre el holocausto; eran las consagraciones en olor grato, ofrenda encendida
a Jehová. 29 Y tomó Moisés el pecho, y lo meció, ofrenda mecida delante de
Jehová; del carnero de las consagraciones aquella fue la parte de Moisés, como
Jehová lo había mandado a Moisés.
30 Luego tomó Moisés del aceite de la unción, y de la
sangre que estaba sobre el altar, y roció sobre Aarón, y sobre sus vestiduras,
sobre sus hijos, y sobre las vestiduras de sus hijos con él; y santificó a
Aarón y sus vestiduras, y a sus hijos y las vestiduras de sus hijos con él.
31 Y dijo Moisés a Aarón y a sus hijos: Hervid la carne a
la puerta del tabernáculo de reunión; y comedla allí con el pan que está en el
canastillo de las consagraciones, según yo he mandado, diciendo: Aarón y sus
hijos la comerán. 32 Y lo que sobre de la carne y del pan, lo quemaréis al
fuego. 33 De la puerta del tabernáculo de reunión no saldréis en siete días,
hasta el día que se cumplan los días de vuestras consagraciones; porque por
siete días seréis consagrados. 34 De la manera que hoy se ha hecho, mandó
hacer Jehová para expiaros. 35 A la puerta, pues, del tabernáculo de reunión
estaréis día y noche por siete días, y guardaréis la ordenanza delante de
Jehová, para que no muráis; porque así me ha sido mandado. 36 Y Aarón y sus
hijos hicieron todas las cosas que mandó Jehová por medio de Moisés.
Los sacrificios de Aarón
LEVÍTICO 9
1 En el día octavo, Moisés llamó a Aarón y a sus hijos, y
a los ancianos de Israel; 2 y dijo a Aarón: Toma de la vacada un becerro para
expiación, y un carnero para holocausto, sin defecto, y ofrécelos delante de
Jehová. 3 Y a los hijos de Israel hablarás diciendo: Tomad un macho cabrío
para expiación, y un becerro y un cordero de un año, sin defecto, para
holocausto. 4 Asimismo un buey y un carnero para sacrificio de paz, que
inmoléis delante de Jehová, y una ofrenda amasada con aceite; porque Jehová se
aparecerá hoy a vosotros. 5 Y llevaron lo que mandó Moisés delante del
tabernáculo de reunión, y vino toda la congregación y se puso delante de
Jehová. 6 Entonces Moisés dijo: Esto es lo que mandó Jehová; hacedlo, y la
gloria de Jehová se os aparecerá. 7 Y dijo Moisés a Aarón: Acércate al altar,
y haz tu expiación y tu holocausto, y haz la reconciliación por ti y por el
pueblo; haz también la ofrenda del pueblo, y haz la reconciliación por ellos,
como ha mandado Jehová.
8 Entonces se acercó Aarón al altar y degolló el becerro
de la expiación que era por él. 9 Y los hijos de Aarón le trajeron la sangre;
y él mojó su dedo en la sangre, y puso de ella sobre los cuernos del altar, y
derramó el resto de la sangre al pie del altar. 10 E hizo arder sobre el altar
la grosura con los riñones y la grosura del hígado de la expiación, como
Jehová lo había mandado a Moisés. 11 Mas la carne y la piel las quemó al fuego
fuera del campamento.
12 Degolló asimismo el holocausto, y los hijos de Aarón
le presentaron la sangre, la cual roció él alrededor sobre el altar. 13
Después le presentaron el holocausto pieza por pieza, y la cabeza; y lo hizo
quemar sobre el altar. 14 Luego lavó los intestinos y las piernas, y los quemó
sobre el holocausto en el altar.
15 Ofreció también la ofrenda del pueblo, y tomó el macho
cabrío que era para la expiación del pueblo, y lo degolló, y lo ofreció por el
pecado como el primero. 16 Y ofreció el holocausto, e hizo según el rito. 17
Ofreció asimismo la ofrenda, y llenó de ella su mano, y la hizo quemar sobre
el altar, además del holocausto de la mañana.
18 Degolló también el buey y el carnero en sacrificio de
paz, que era del pueblo; y los hijos de Aarón le presentaron la sangre, la
cual roció él sobre el altar alrededor; 19 y las grosuras del buey y del
carnero, la cola, la grosura que cubre los intestinos, los riñones, y la
grosura del hígado; 20 y pusieron las grosuras sobre los pechos, y él las
quemó sobre el altar. 21 Pero los pechos, con la espaldilla derecha, los meció
Aarón como ofrenda mecida delante de Jehová, como Jehová lo había mandado a
Moisés.
22 Después alzó Aarón sus manos hacia el pueblo y lo
bendijo; y después de hacer la expiación, el holocausto y el sacrificio de
paz, descendió. 23 Y entraron Moisés y Aarón en el tabernáculo de reunión, y
salieron y bendijeron al pueblo; y la gloria de Jehová se apareció a todo el
pueblo. 24 Y salió fuego de delante de Jehová, y consumió el holocausto con
las grosuras sobre el altar; y viéndolo todo el pueblo, alabaron, y se
postraron sobre sus rostros.
El pecado de Nadab y Abiú
LEVÍTICO 10
1 Nadab y Abiú, hijos de Aarón, tomaron cada uno su
incensario, y pusieron en ellos fuego, sobre el cual pusieron incienso, y
ofrecieron delante de Jehová fuego extraño, que él nunca les mandó. 2 Y salió
fuego de delante de Jehová y los quemó, y murieron delante de Jehová. 3
Entonces dijo Moisés a Aarón: Esto es lo que habló Jehová, diciendo: En los
que a mí se acercan me santificaré, y en presencia de todo el pueblo seré
glorificado. Y Aarón calló.
4 Y llamó Moisés a Misael y a Elzafán, hijos de Uziel tío
de Aarón, y les dijo: Acercaos y sacad a vuestros hermanos de delante del
santuario, fuera del campamento. 5 Y ellos se acercaron y los sacaron con sus
túnicas fuera del campamento, como dijo Moisés. 6 Entonces Moisés dijo a
Aarón, y a Eleazar e Itamar sus hijos: No descubráis vuestras cabezas, ni
rasguéis vuestros vestidos en señal de duelo, para que no muráis, ni se
levante la ira sobre toda la congregación; pero vuestros hermanos, toda la
casa de Israel, sí lamentarán por el incendio que Jehová ha hecho. 7 Ni
saldréis de la puerta del tabernáculo de reunión, porque moriréis; por cuanto
el aceite de la unción de Jehová está sobre vosotros. Y ellos hicieron
conforme al dicho de Moisés.
8 Y Jehová habló a Aarón, diciendo: 9 Tú, y tus hijos
contigo, no beberéis vino ni sidra cuando entréis en el tabernáculo de
reunión, para que no muráis; estatuto perpetuo será para vuestras
generaciones, 10 para poder discernir entre lo santo y lo profano, y entre lo
inmundo y lo limpio, 11 y para enseñar a los hijos de Israel todos los
estatutos que Jehová les ha dicho por medio de Moisés.
12 Y Moisés dijo a Aarón, y a Eleazar y a Itamar sus
hijos que habían quedado: Tomad la ofrenda que queda de las ofrendas
encendidas a Jehová, y comedla sin levadura junto al altar, porque es cosa muy
santa. 13 La comeréis, pues, en lugar santo; porque esto es para ti y para tus
hijos, de las ofrendas encendidas a Jehová, pues que así me ha sido mandado.
14 Comeréis asimismo en lugar limpio, tú y tus hijos y tus hijas contigo, el
pecho mecido y la espaldilla elevada, porque por derecho son tuyos y de tus
hijos, dados de los sacrificios de paz de los hijos de Israel. 15 Con las
ofrendas de las grosuras que se han de quemar, traerán la espaldilla que se ha
de elevar y el pecho que será mecido como ofrenda mecida delante de Jehová; y
será por derecho perpetuo tuyo y de tus hijos, como Jehová lo ha mandado.
16 Y Moisés preguntó por el macho cabrío de la expiación,
y se halló que había sido quemado; y se enojó contra Eleazar e Itamar, los
hijos que habían quedado de Aarón, diciendo: 17 ¿Por qué no comisteis la
expiación en lugar santo? Pues es muy santa, y la dio él a vosotros para
llevar la iniquidad de la congregación, para que sean reconciliados delante de
Jehová. 18 Ved que la sangre no fue llevada dentro del santuario; y vosotros
debíais comer la ofrenda en el lugar santo, como yo mandé. 19 Y respondió
Aarón a Moisés: He aquí hoy han ofrecido su expiación y su holocausto delante
de Jehová; pero a mí me han sucedido estas cosas, y si hubiera yo comido hoy
del sacrificio de expiación, ¿sería esto grato a Jehová? 20 Y cuando Moisés
oyó esto, se dio por satisfecho.
Animales limpios e inmundos
(Dt. 14.3-21)
LEVÍTICO 11
1 Habló Jehová a Moisés y a Aarón, diciéndoles: 2 Hablad
a los hijos de Israel y decidles: Estos son los animales que comeréis de entre
todos los animales que hay sobre la tierra. 3 De entre los animales, todo el
que tiene pezuña hendida y que rumia, éste comeréis. 4 Pero de los que rumian
o que tienen pezuña, no comeréis éstos: el camello, porque rumia pero no tiene
pezuña hendida, lo tendréis por inmundo. 5 También el conejo, porque rumia,
pero no tiene pezuña, lo tendréis por inmundo. 6 Asimismo la liebre, porque
rumia, pero no tiene pezuña, la tendréis por inmunda. 7 También el cerdo,
porque tiene pezuñas, y es de pezuñas hendidas, pero no rumia, lo tendréis por
inmundo. 8 De la carne de ellos no comeréis, ni tocaréis su cuerpo muerto; los
tendréis por inmundos.
9 Esto comeréis de todos los animales que viven en las
aguas: todos los que tienen aletas y escamas en las aguas del mar, y en los
ríos, estos comeréis. 10 Pero todos los que no tienen aletas ni escamas en el
mar y en los ríos, así de todo lo que se mueve como de toda cosa viviente que
está en las aguas, los tendréis en abominación. 11 Os serán, pues,
abominación; de su carne no comeréis, y abominaréis sus cuerpos muertos. 12
Todo lo que no tuviere aletas y escamas en las aguas, lo tendréis en
abominación.
13 Y de las aves, éstas tendréis en abominación; no se
comerán, serán abominación: el águila, el quebrantahuesos, el azor, 14 el
gallinazo, el milano según su especie; 15 todo cuervo según su especie; 16 el
avestruz, la lechuza, la gaviota, el gavilán según su especie; 17 el buho, el
somormujo, el ibis, 18 el calamón, el pelícano, el buitre, 19 la cigüeña, la
garza según su especie, la abubilla y el murciélago.
20 Todo insecto alado que anduviere sobre cuatro patas,
tendréis en abominación. 21 Pero esto comeréis de todo insecto alado que anda
sobre cuatro patas, que tuviere piernas además de sus patas para saltar con
ellas sobre la tierra; 22 estos comeréis de ellos: la langosta según su
especie, el langostín según su especie, el argol según su especie, y el hagab
según su especie. 23 Todo insecto alado que tenga cuatro patas, tendréis en
abominación.
24 Y por estas cosas seréis inmundos; cualquiera que
tocare sus cuerpos muertos será inmundo hasta la noche, 25 y cualquiera que
llevare algo de sus cadáveres lavará sus vestidos, y será inmundo hasta la
noche. 26 Todo animal de pezuña, pero que no tiene pezuña hendida, ni rumia,
tendréis por inmundo; y cualquiera que los tocare será inmundo. 27 Y de todos
los animales que andan en cuatro patas, tendréis por inmundo a cualquiera que
ande sobre sus garras; y todo el que tocare sus cadáveres será inmundo hasta
la noche. 28 Y el que llevare sus cadáveres, lavará sus vestidos, y será
inmundo hasta la noche; los tendréis por inmundos.
29 Y tendréis por inmundos a estos animales que se mueven
sobre la tierra: la comadreja, el ratón, la rana según su especie, 30 el
erizo, el cocodrilo, el lagarto, la lagartija y el camaleón. 31 Estos tendréis
por inmundos de entre los animales que se mueven, y cualquiera que los tocare
cuando estuvieren muertos será inmundo hasta la noche. 32 Y todo aquello sobre
que cayere algo de ellos después de muertos, será inmundo; sea cosa de madera,
vestido, piel, saco, sea cualquier instrumento con que se trabaja, será metido
en agua, y quedará inmundo hasta la noche; entonces quedará limpio. 33 Toda
vasija de barro dentro de la cual cayere alguno de ellos será inmunda, así
como todo lo que estuviere en ella, y quebraréis la vasija. 34 Todo alimento
que se come, sobre el cual cayere el agua de tales vasijas, será inmundo; y
toda bebida que hubiere en esas vasijas será inmunda. 35 Todo aquello sobre
que cayere algo del cadáver de ellos será inmundo; el horno u hornillos se
derribarán; son inmundos, y por inmundos los tendréis. 36 Con todo, la fuente
y la cisterna donde se recogen aguas serán limpias; mas lo que hubiere tocado
en los cadáveres será inmundo. 37 Y si cayere algo de los cadáveres sobre
alguna semilla que se haya de sembrar, será limpia. 38 Mas si se hubiere
puesto agua en la semilla, y cayere algo de los cadáveres sobre ella, la
tendréis por inmunda.
39 Y si algún animal que tuviereis para comer muriere, el
que tocare su cadáver será inmundo hasta la noche. 40 Y el que comiere del
cuerpo muerto, lavará sus vestidos y será inmundo hasta la noche; asimismo el
que sacare el cuerpo muerto, lavará sus vestidos y será inmundo hasta la
noche.
41 Y todo reptil que se arrastra sobre la tierra es
abominación; no se comerá. 42 Todo lo que anda sobre el pecho, y todo lo que
anda sobre cuatro o más patas, de todo animal que se arrastra sobre la tierra,
no lo comeréis, porque es abominación. 43 No hagáis abominables vuestras
personas con ningún animal que se arrastra, ni os contaminéis con ellos, ni
seáis inmundos por ellos. 44 Porque yo soy Jehová vuestro Dios; vosotros por
tanto os santificaréis, y seréis santos, porque yo soy santo; así que no
contaminéis vuestras personas con ningún animal que se arrastre sobre la
tierra. 45 Porque yo soy Jehová, que os hago subir de la tierra de Egipto para
ser vuestro Dios: seréis, pues, santos, porque yo soy santo.
46 Esta es la ley acerca de las bestias, y las aves, y
todo ser viviente que se mueve en las aguas, y todo animal que se arrastra
sobre la tierra, 47 para hacer diferencia entre lo inmundo y lo limpio, y
entre los animales que se pueden comer y los animales que no se pueden comer.
La purificación de la mujer después del parto
LEVÍTICO 12
1 Habló Jehová a Moisés, diciendo: 2 Habla a los hijos de
Israel y diles: La mujer cuando conciba y dé a luz varón, será inmunda siete
días; conforme a los días de su menstruación será inmunda. 3 Y al octavo día
se circuncidará al niño. 4 Mas ella permanecerá treinta y tres días
purificándose de su sangre; ninguna cosa santa tocará, ni vendrá al santuario,
hasta cuando sean cumplidos los días de su purificación. 5 Y si diere a luz
hija, será inmunda dos semanas, conforme a su separación, y sesenta y seis
días estará purificándose de su sangre.
6 Cuando los días de su purificación fueren cumplidos,
por hijo o por hija, traerá un cordero de un año para holocausto, y un
palomino o una tórtola para expiación, a la puerta del tabernáculo de reunión,
al sacerdote; 7 y él los ofrecerá delante de Jehová, y hará expiación por
ella, y será limpia del flujo de su sangre. Esta es la ley para la que diere a
luz hijo o hija. 8 Y si no tiene lo suficiente para un cordero, tomará
entonces dos tórtolas o dos palominos, uno para holocausto y otro para
expiación; y el sacerdote hará expiación por ella, y será limpia.
Leyes acerca de la lepra
LEVÍTICO 13
1 Habló Jehová a Moisés y a Aarón, diciendo: 2 Cuando el
hombre tuviere en la piel de su cuerpo hinchazón, o erupción, o mancha blanca,
y hubiere en la piel de su cuerpo como llaga de lepra, será traído a Aarón el
sacerdote o a uno de sus hijos los sacerdotes. 3 Y el sacerdote mirará la
llaga en la piel del cuerpo; si el pelo en la llaga se ha vuelto blanco, y
pareciere la llaga más profunda que la piel de la carne, llaga de lepra es; y
el sacerdote le reconocerá, y le declarará inmundo. 4 Y si en la piel de su
cuerpo hubiere mancha blanca, pero que no pareciere más profunda que la piel,
ni el pelo se hubiere vuelto blanco, entonces el sacerdote encerrará al
llagado por siete días. 5 Y al séptimo día el sacerdote lo mirará; y si la
llaga conserva el mismo aspecto, no habiéndose extendido en la piel, entonces
el sacerdote le volverá a encerrar por otros siete días. 6 Y al séptimo día el
sacerdote le reconocerá de nuevo; y si parece haberse oscurecido la llaga, y
que no ha cundido en la piel, entonces el sacerdote lo declarará limpio: era
erupción; y lavará sus vestidos, y será limpio. 7 Pero si se extendiere la
erupción en la piel después que él se mostró al sacerdote para ser limpio,
deberá mostrarse otra vez al sacerdote. 8 Y si reconociéndolo el sacerdote ve
que la erupción se ha extendido en la piel, lo declarará inmundo: es lepra.
9 Cuando hubiere llaga de lepra en el hombre, será traído
al sacerdote. 10 Y éste lo mirará, y si apareciere tumor blanco en la piel, el
cual haya mudado el color del pelo, y se descubre asimismo la carne viva, 11
es lepra crónica en la piel de su cuerpo; y le declarará inmundo el sacerdote,
y no le encerrará, porque es inmundo. 12 Mas si brotare la lepra cundiendo por
la piel, de modo que cubriere toda la piel del llagado desde la cabeza hasta
sus pies, hasta donde pueda ver el sacerdote, 13 entonces éste le reconocerá;
y si la lepra hubiere cubierto todo su cuerpo, declarará limpio al llagado;
toda ella se ha vuelto blanca, y él es limpio. 14 Mas el día que apareciere en
él la carne viva, será inmundo. 15 Y el sacerdote mirará la carne viva, y lo
declarará inmundo. Es inmunda la carne viva; es lepra. 16 Mas cuando la carne
viva cambiare y se volviere blanca, entonces vendrá al sacerdote, 17 y el
sacerdote mirará; y si la llaga se hubiere vuelto blanca, el sacerdote
declarará limpio al que tenía la llaga, y será limpio.
18 Y cuando en la piel de la carne hubiere divieso, y se
sanare, 19 y en el lugar del divieso hubiere una hinchazón, o una mancha
blanca rojiza, será mostrado al sacerdote. 20 Y el sacerdote mirará; y si
pareciere estar más profunda que la piel, y su pelo se hubiere vuelto blanco,
el sacerdote lo declarará inmundo; es llaga de lepra que se originó en el
divieso. 21 Y si el sacerdote la considerare, y no apareciere en ella pelo
blanco, ni fuere más profunda que la piel, sino oscura, entonces el sacerdote
le encerrará por siete días; 22 y si se fuere extendiendo por la piel,
entonces el sacerdote lo declarará inmundo; es llaga. 23 Pero si la mancha
blanca se estuviere en su lugar, y no se hubiere extendido, es la cicatriz del
divieso, y el sacerdote lo declarará limpio.
24 Asimismo cuando hubiere en la piel del cuerpo
quemadura de fuego, y hubiere en lo sanado del fuego mancha blanquecina,
rojiza o blanca, 25 el sacerdote la mirará; y si el pelo se hubiere vuelto
blanco en la mancha, y ésta pareciere ser más profunda que la piel, es lepra
que salió en la quemadura; y el sacerdote lo declarará inmundo, por ser llaga
de lepra. 26 Mas si el sacerdote la mirare, y no apareciere en la mancha pelo
blanco, ni fuere más profunda que la piel, sino que estuviere oscura, le
encerrará el sacerdote por siete días. 27 Y al séptimo día el sacerdote la
reconocerá; y si se hubiere ido extendiendo por la piel, el sacerdote lo
declarará inmundo; es llaga de lepra. 28 Pero si la mancha se estuviere en su
lugar, y no se hubiere extendido en la piel, sino que estuviere oscura, es la
cicatriz de la quemadura; el sacerdote lo declarará limpio, porque señal de la
quemadura es.
29 Y al hombre o mujer que le saliere llaga en la cabeza,
o en la barba, 30 el sacerdote mirará la llaga; y si pareciere ser más
profunda que la piel, y el pelo de ella fuere amarillento y delgado, entonces
el sacerdote le declarará inmundo; es tiña, es lepra de la cabeza o de la
barba. 31 Mas cuando el sacerdote hubiere mirado la llaga de la tiña, y no
pareciere ser más profunda que la piel, ni hubiere en ella pelo negro, el
sacerdote encerrará por siete días al llagado de la tiña; 32 y al séptimo día
el sacerdote mirará la llaga; y si la tiña no pareciere haberse extendido, ni
hubiere en ella pelo amarillento, ni pareciere la tiña más profunda que la
piel, 33 entonces le hará que se rasure, pero no rasurará el lugar afectado; y
el sacerdote encerrará por otros siete días al que tiene la tiña. 34 Y al
séptimo día mirará el sacerdote la tiña; y si la tiña no hubiere cundido en la
piel, ni pareciere ser más profunda que la piel, el sacerdote lo declarará
limpio; y lavará sus vestidos y será limpio. 35 Pero si la tiña se hubiere ido
extendiendo en la piel después de su purificación, 36 entonces el sacerdote la
mirará; y si la tiña hubiere cundido en la piel, no busque el sacerdote el
pelo amarillento; es inmundo. 37 Mas si le pareciere que la tiña está
detenida, y que ha salido en ella el pelo negro, la tiña está sanada; él está
limpio, y limpio lo declarará el sacerdote.
38 Asimismo cuando el hombre o la mujer tuviere en la
piel de su cuerpo manchas, manchas blancas, 39 el sacerdote mirará, y si en la
piel de su cuerpo aparecieren manchas blancas algo oscurecidas, es empeine que
brotó en la piel; está limpia la persona.
40 Y el hombre, cuando se le cayere el cabello, es calvo,
pero limpio. 41 Y si hacia su frente se le cayere el cabello, es calvo por
delante, pero limpio. 42 Mas cuando en la calva o en la antecalva hubiere
llaga blanca rojiza, lepra es que brota en su calva o en su antecalva. 43
Entonces el sacerdote lo mirará, y si pareciere la hinchazón de la llaga
blanca rojiza en su calva o en su antecalva, como el parecer de la lepra de la
piel del cuerpo, 44 leproso es, es inmundo, y el sacerdote lo declarará luego
inmundo; en su cabeza tiene la llaga.
45 Y el leproso en quien hubiere llaga llevará vestidos
rasgados y su cabeza descubierta, y embozado pregonará: ¡Inmundo! ¡inmundo! 46
Todo el tiempo que la llaga estuviere en él, será inmundo; estará impuro, y
habitará solo; fuera del campamento será su morada.
47 Cuando en un vestido hubiere plaga de lepra, ya sea
vestido de lana, o de lino, 48 o en urdimbre o en trama de lino o de lana, o
en cuero, o en cualquiera obra de cuero; 49 y la plaga fuere verdosa, o
rojiza, en vestido o en cuero, en urdimbre o en trama, o en cualquiera obra de
cuero; plaga es de lepra, y se ha de mostrar al sacerdote. 50 Y el sacerdote
mirará la plaga, y encerrará la cosa plagada por siete días. 51 Y al séptimo
día mirará la plaga; y si se hubiere extendido la plaga en el vestido, en la
urdimbre o en la trama, en el cuero, o en cualquiera obra que se hace de
cuero, lepra maligna es la plaga; inmunda será. 52 Será quemado el vestido, la
urdimbre o trama de lana o de lino, o cualquiera obra de cuero en que hubiere
tal plaga, porque lepra maligna es; al fuego será quemada.
53 Y si el sacerdote mirare, y no pareciere que la plaga
se haya extendido en el vestido, en la urdimbre o en la trama, o en cualquiera
obra de cuero, 54 entonces el sacerdote mandará que laven donde está la plaga,
y lo encerrará otra vez por siete días. 55 Y el sacerdote mirará después que
la plaga fuere lavada; y si pareciere que la plaga no ha cambiado de aspecto,
aunque no se haya extendido la plaga, inmunda es; la quemarás al fuego; es
corrosión penetrante, esté lo raído en el derecho o en el revés de aquella
cosa.
56 Mas si el sacerdote la viere, y pareciere que la plaga
se ha oscurecido después que fue lavada, la cortará del vestido, del cuero, de
la urdimbre o de la trama. 57 Y si apareciere de nuevo en el vestido, la
urdimbre o trama, o en cualquiera cosa de cuero, extendiéndose en ellos,
quemarás al fuego aquello en que estuviere la plaga. 58 Pero el vestido, la
urdimbre o la trama, o cualquiera cosa de cuero que lavares, y que se le
quitare la plaga, se lavará segunda vez, y entonces será limpia.
59 Esta es la ley para la plaga de la lepra del vestido
de lana o de lino, o de urdimbre o de trama, o de cualquiera cosa de cuero,
para que sea declarada limpia o inmunda.
LEVÍTICO 14
1 Y habló Jehová a Moisés, diciendo: 2 Esta será la ley
para el leproso cuando se limpiare: Será traído al sacerdote, 3 y éste saldrá
fuera del campamento y lo examinará; y si ve que está sana la plaga de la
lepra del leproso, 4 el sacerdote mandará luego que se tomen para el que se
purifica dos avecillas vivas, limpias, y madera de cedro, grana e hisopo. 5 Y
mandará el sacerdote matar una avecilla en un vaso de barro sobre aguas
corrientes. 6 Después tomará la avecilla viva, el cedro, la grana y el hisopo,
y los mojará con la avecilla viva en la sangre de la avecilla muerta sobre las
aguas corrientes; 7 y rociará siete veces sobre el que se purifica de la
lepra, y le declarará limpio; y soltará la avecilla viva en el campo. 8 Y el
que se purifica lavará sus vestidos, y raerá todo su pelo, y se lavará con
agua, y será limpio; y después entrará en el campamento, y morará fuera de su
tienda siete días. 9 Y el séptimo día raerá todo el pelo de su cabeza, su
barba y las cejas de sus ojos y todo su pelo, y lavará sus vestidos, y lavará
su cuerpo en agua, y será limpio.
10 El día octavo tomará dos corderos sin defecto, y una
cordera de un año sin tacha, y tres décimas de efa de flor de harina para
ofrenda amasada con aceite, y un log de aceite. 11 Y el sacerdote que le
purifica presentará delante de Jehová al que se ha de limpiar, con aquellas
cosas, a la puerta del tabernáculo de reunión; 12 y tomará el sacerdote un
cordero y lo ofrecerá por la culpa, con el log de aceite, y lo mecerá como
ofrenda mecida delante de Jehová. 13 Y degollará el cordero en el lugar donde
se degüella el sacrificio por el pecado y el holocausto, en el lugar del
santuario; porque como la víctima por el pecado, así también la víctima por la
culpa es del sacerdote; es cosa muy sagrada. 14 Y el sacerdote tomará de la
sangre de la víctima por la culpa, y la pondrá el sacerdote sobre el lóbulo de
la oreja derecha del que se purifica, sobre el pulgar de su mano derecha y
sobre el pulgar de su pie derecho. 15 Asimismo el sacerdote tomará del log de
aceite, y lo echará sobre la palma de su mano izquierda, 16 y mojará su dedo
derecho en el aceite que tiene en su mano izquierda, y esparcirá del aceite
con su dedo siete veces delante de Jehová. 17 Y de lo que quedare del aceite
que tiene en su mano, pondrá el sacerdote sobre el lóbulo de la oreja derecha
del que se purifica, sobre el pulgar de su mano derecha y sobre el pulgar de
su pie derecho, encima de la sangre del sacrificio por la culpa. 18 Y lo que
quedare del aceite que tiene en su mano, lo pondrá sobre la cabeza del que se
purifica; y hará el sacerdote expiación por él delante de Jehová. 19 Ofrecerá
luego el sacerdote el sacrificio por el pecado, y hará expiación por el que se
ha de purificar de su inmundicia; y después degollará el holocausto, 20 y hará
subir el sacerdote el holocausto y la ofrenda sobre el altar. Así hará el
sacerdote expiación por él, y será limpio.
21 Mas si fuere pobre, y no tuviere para tanto, entonces
tomará un cordero para ser ofrecido como ofrenda mecida por la culpa, para
reconciliarse, y una décima de efa de flor de harina amasada con aceite para
ofrenda, y un log de aceite, 22 y dos tórtolas o dos palominos, según pueda;
uno será para expiación por el pecado, y el otro para holocausto. 23 Al octavo
día de su purificación traerá estas cosas al sacerdote, a la puerta del
tabernáculo de reunión, delante de Jehová. 24 Y el sacerdote tomará el cordero
de la expiación por la culpa, y el log de aceite, y los mecerá el sacerdote
como ofrenda mecida delante de Jehová. 25 Luego degollará el cordero de la
culpa, y el sacerdote tomará de la sangre de la culpa, y la pondrá sobre el
lóbulo de la oreja derecha del que se purifica, sobre el pulgar de su mano
derecha y sobre el pulgar de su pie derecho. 26 Y el sacerdote echará del
aceite sobre la palma de su mano izquierda; 27 y con su dedo derecho el
sacerdote rociará del aceite que tiene en su mano izquierda, siete veces
delante de Jehová. 28 También el sacerdote pondrá del aceite que tiene en su
mano sobre el lóbulo de la oreja derecha del que se purifica, sobre el pulgar
de su mano derecha y sobre el pulgar de su pie derecho, en el lugar de la
sangre de la culpa. 29 Y lo que sobre del aceite que el sacerdote tiene en su
mano, lo pondrá sobre la cabeza del que se purifica, para reconciliarlo
delante de Jehová. 30 Asimismo ofrecerá una de las tórtolas o uno de los
palominos, según pueda. 31 Uno en sacrificio de expiación por el pecado, y el
otro en holocausto, además de la ofrenda; y hará el sacerdote expiación por el
que se ha de purificar, delante de Jehová. 32 Esta es la ley para el que
hubiere tenido plaga de lepra, y no tuviere más para su purificación.
33 Habló también Jehová a Moisés y a Aarón, diciendo: 34
Cuando hayáis entrado en la tierra de Canaán, la cual yo os doy en posesión,
si pusiere yo plaga de lepra en alguna casa de la tierra de vuestra posesión,
35 vendrá aquel de quien fuere la casa y dará aviso al sacerdote, diciendo:
Algo como plaga ha aparecido en mi casa. 36 Entonces el sacerdote mandará
desocupar la casa antes que entre a mirar la plaga, para que no sea
contaminado todo lo que estuviere en la casa; y después el sacerdote entrará a
examinarla. 37 Y examinará la plaga; y si se vieren manchas en las paredes de
la casa, manchas verdosas o rojizas, las cuales parecieren más profundas que
la superficie de la pared, 38 el sacerdote saldrá de la casa a la puerta de
ella, y cerrará la casa por siete días. 39 Y al séptimo día volverá el
sacerdote, y la examinará; y si la plaga se hubiere extendido en las paredes
de la casa, 40 entonces mandará el sacerdote, y arrancarán las piedras en que
estuviere la plaga, y las echarán fuera de la ciudad en lugar inmundo. 41 Y
hará raspar la casa por dentro alrededor, y derramarán fuera de la ciudad, en
lugar inmundo, el barro que rasparen. 42 Y tomarán otras piedras y las pondrán
en lugar de las piedras quitadas; y tomarán otro barro y recubrirán la casa.
43 Y si la plaga volviere a brotar en aquella casa,
después que hizo arrancar las piedras y raspar la casa, y después que fue
recubierta, 44 entonces el sacerdote entrará y la examinará; y si pareciere
haberse extendido la plaga en la casa, es lepra maligna en la casa; inmunda
es. 45 Derribará, por tanto, la tal casa, sus piedras, sus maderos y toda la
mezcla de la casa; y sacarán todo fuera de la ciudad a lugar inmundo. 46 Y
cualquiera que entrare en aquella casa durante los días en que la mandó
cerrar, será inmundo hasta la noche. 47 Y el que durmiere en aquella casa,
lavará sus vestidos; también el que comiere en la casa lavará sus vestidos.
48 Mas si entrare el sacerdote y la examinare, y viere
que la plaga no se ha extendido en la casa después que fue recubierta, el
sacerdote declarará limpia la casa, porque la plaga ha desaparecido. 49
Entonces tomará para limpiar la casa dos avecillas, y madera de cedro, grana e
hisopo; 50 y degollará una avecilla en una vasija de barro sobre aguas
corrientes. 51 Y tomará el cedro, el hisopo, la grana y la avecilla viva, y
los mojará en la sangre de la avecilla muerta y en las aguas corrientes, y
rociará la casa siete veces. 52 Y purificará la casa con la sangre de la
avecilla, con las aguas corrientes, con la avecilla viva, la madera de cedro,
el hisopo y la grana. 53 Luego soltará la avecilla viva fuera de la ciudad
sobre la faz del campo. Así hará expiación por la casa, y será limpia.
54 Esta es la ley acerca de toda plaga de lepra y de
tiña, 55 y de la lepra del vestido, y de la casa, 56 y acerca de la hinchazón,
y de la erupción, y de la mancha blanca, 57 para enseñar cuándo es inmundo, y
cuándo limpio. Esta es la ley tocante a la lepra.
Impurezas físicas
LEVÍTICO 15
1 Habló Jehová a Moisés y a Aarón, diciendo: 2 Hablad a
los hijos de Israel y decidles: Cualquier varón, cuando tuviere flujo de
semen, será inmundo. 3 Y esta será su inmundicia en su flujo: sea que su
cuerpo destiló a causa de su flujo, o que deje de destilar a causa de su
flujo, él será inmundo. 4 Toda cama en que se acostare el que tuviere flujo,
será inmunda; y toda cosa sobre que se sentare, inmunda será. 5 Y cualquiera
que tocare su cama lavará sus vestidos; se lavará también a sí mismo con agua,
y será inmundo hasta la noche. 6 Y el que se sentare sobre aquello en que se
hubiere sentado el que tiene flujo, lavará sus vestidos, se lavará también a
sí mismo con agua, y será inmundo hasta la noche. 7 Asimismo el que tocare el
cuerpo del que tiene flujo, lavará sus vestidos, y a sí mismo se lavará con
agua, y será inmundo hasta la noche. 8 Y si el que tiene flujo escupiere sobre
el limpio, éste lavará sus vestidos, y después de haberse lavado con agua,
será inmundo hasta la noche. 9 Y toda montura sobre que cabalgare el que
tuviere flujo será inmunda. 10 Cualquiera que tocare cualquiera cosa que haya
estado debajo de él, será inmundo hasta la noche; y el que la llevare, lavará
sus vestidos, y después de lavarse con agua, será inmundo hasta la noche. 11 Y
todo aquel a quien tocare el que tiene flujo, y no lavare con agua sus manos,
lavará sus vestidos, y a sí mismo se lavará con agua, y será inmundo hasta la
noche. 12 La vasija de barro que tocare el que tiene flujo será quebrada, y
toda vasija de madera será lavada con agua.
13 Cuando se hubiere limpiado de su flujo el que tiene
flujo, contará siete días desde su purificación, y lavará sus vestidos, y
lavará su cuerpo en aguas corrientes, y será limpio. 14 Y el octavo día tomará
dos tórtolas o dos palominos, y vendrá delante de Jehová a la puerta del
tabernáculo de reunión, y los dará al sacerdote; 15 y el sacerdote hará del
uno ofrenda por el pecado, y del otro holocausto; y el sacerdote le purificará
de su flujo delante de Jehová.
16 Cuando el hombre tuviere emisión de semen, lavará en
agua todo su cuerpo, y será inmundo hasta la noche. 17 Y toda vestidura, o
toda piel sobre la cual cayere la emisión del semen, se lavará con agua, y
será inmunda hasta la noche. 18 Y cuando un hombre yaciere con una mujer y
tuviere emisión de semen, ambos se lavarán con agua, y serán inmundos hasta la
noche.
19 Cuando la mujer tuviere flujo de sangre, y su flujo
fuere en su cuerpo, siete días estará apartada; y cualquiera que la tocare
será inmundo hasta la noche. 20 Todo aquello sobre que ella se acostare
mientras estuviere separada, será inmundo; también todo aquello sobre que se
sentare será inmundo. 21 Y cualquiera que tocare su cama, lavará sus vestidos,
y después de lavarse con agua, será inmundo hasta la noche. 22 También
cualquiera que tocare cualquier mueble sobre que ella se hubiere sentado,
lavará sus vestidos; se lavará luego a sí mismo con agua, y será inmundo hasta
la noche. 23 Y lo que estuviere sobre la cama, o sobre la silla en que ella se
hubiere sentado, el que lo tocare será inmundo hasta la noche. 24 Si alguno
durmiere con ella, y su menstruo fuere sobre él, será inmundo por siete días;
y toda cama sobre que durmiere, será inmunda.
25 Y la mujer, cuando siguiere el flujo de su sangre por
muchos días fuera del tiempo de su costumbre, o cuando tuviere flujo de sangre
más de su costumbre, todo el tiempo de su flujo será inmunda como en los días
de su costumbre. 26 Toda cama en que durmiere todo el tiempo de su flujo, le
será como la cama de su costumbre; y todo mueble sobre que se sentare, será
inmundo, como la impureza de su costumbre. 27 Cualquiera que tocare esas cosas
será inmundo; y lavará sus vestidos, y a sí mismo se lavará con agua, y será
inmundo hasta la noche. 28 Y cuando fuere libre de su flujo, contará siete
días, y después será limpia. 29 Y el octavo día tomará consigo dos tórtolas o
dos palominos, y los traerá al sacerdote, a la puerta del tabernáculo de
reunión; 30 y el sacerdote hará del uno ofrenda por el pecado, y del otro
holocausto; y la purificará el sacerdote delante de Jehová del flujo de su
impureza.
31 Así apartaréis de sus impurezas a los hijos de Israel,
a fin de que no mueran por sus impurezas por haber contaminado mi tabernáculo
que está entre ellos.
32 Esta es la ley para el que tiene flujo, y para el que
tiene emisión de semen, viniendo a ser inmundo a causa de ello; 33 y para la
que padece su costumbre, y para el que tuviere flujo, sea varón o mujer, y
para el hombre que durmiere con mujer inmunda.
El día de la expiación
LEVÍTICO 16
1 Habló Jehová a Moisés después de la muerte de los dos
hijos de Aarón, cuando se acercaron delante de Jehová, y murieron. 2 Y Jehová
dijo a Moisés: Di a Aarón tu hermano, que no en todo tiempo entre en el
santuario detrás del velo, delante del propiciatorio que está sobre el arca,
para que no muera; porque yo apareceré en la nube sobre el propiciatorio. 3
Con esto entrará Aarón en el santuario: con un becerro para expiación, y un
carnero para holocausto. 4 Se vestirá la túnica santa de lino, y sobre su
cuerpo tendrá calzoncillos de lino, y se ceñirá el cinto de lino, y con la
mitra de lino se cubrirá. Son las santas vestiduras; con ellas se ha de vestir
después de lavar su cuerpo con agua. 5 Y de la congregación de los hijos de
Israel tomará dos machos cabríos para expiación, y un carnero para holocausto.
6 Y hará traer Aarón el becerro de la expiación que es
suyo, y hará la reconciliación por sí y por su casa. 7 Después tomará los dos
machos cabríos y los presentará delante de Jehová, a la puerta del tabernáculo
de reunión. 8 Y echará suertes Aarón sobre los dos machos cabríos; una suerte
por Jehová, y otra suerte por Azazel. 9 Y hará traer Aarón el macho cabrío
sobre el cual cayere la suerte por Jehová, y lo ofrecerá en expiación. 10 Mas
el macho cabrío sobre el cual cayere la suerte por Azazel, lo presentará vivo
delante de Jehová para hacer la reconciliación sobre él, para enviarlo a
Azazel al desierto.
11 Y hará traer Aarón el becerro que era para expiación
suya, y hará la reconciliación por sí y por su casa, y degollará en expiación
el becerro que es suyo. 12 Después tomará un incensario lleno de brasas de
fuego del altar de delante de Jehová, y sus puños llenos del perfume aromático
molido, y lo llevará detrás del velo. 13 Y pondrá el perfume sobre el fuego
delante de Jehová, y la nube del perfume cubrirá el propiciatorio que está
sobre el testimonio, para que no muera. 14 Tomará luego de la sangre del
becerro, y la rociará con su dedo hacia el propiciatorio al lado oriental;
hacia el propiciatorio esparcirá con su dedo siete veces de aquella sangre. 15
Después degollará el macho cabrío en expiación por el pecado del pueblo, y
llevará la sangre detrás del velo adentro, y hará de la sangre como hizo con
la sangre del becerro, y la esparcirá sobre el propiciatorio y delante del
propiciatorio. 16 Así purificará el santuario, a causa de las impurezas de los
hijos de Israel, de sus rebeliones y de todos sus pecados; de la misma manera
hará también al tabernáculo de reunión, el cual reside entre ellos en medio de
sus impurezas. 17 Ningún hombre estará en el tabernáculo de reunión cuando él
entre a hacer la expiación en el santuario, hasta que él salga, y haya hecho
la expiación por sí, por su casa y por toda la congregación de Israel. 18 Y
saldrá al altar que está delante de Jehová, y lo expiará, y tomará de la
sangre del becerro y de la sangre del macho cabrío, y la pondrá sobre los
cuernos del altar alrededor. 19 Y esparcirá sobre él de la sangre con su dedo
siete veces, y lo limpiará, y lo santificará de las inmundicias de los hijos
de Israel.
20 Cuando hubiere acabado de expiar el santuario y el
tabernáculo de reunión y el altar, hará traer el macho cabrío vivo; 21 y
pondrá Aarón sus dos manos sobre la cabeza del macho cabrío vivo, y confesará
sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel, todas sus rebeliones y
todos sus pecados, poniéndolos así sobre la cabeza del macho cabrío, y lo
enviará al desierto por mano de un hombre destinado para esto. 22 Y aquel
macho cabrío llevará sobre sí todas las iniquidades de ellos a tierra
inhabitada; y dejará ir el macho cabrío por el desierto.
23 Después vendrá Aarón al tabernáculo de reunión, y se
quitará las vestiduras de lino que había vestido para entrar en el santuario,
y las pondrá allí. 24 Lavará luego su cuerpo con agua en el lugar del
santuario, y después de ponerse sus vestidos saldrá, y hará su holocausto, y
el holocausto del pueblo, y hará la expiación por sí y por el pueblo. 25 Y
quemará en el altar la grosura del sacrificio por el pecado. 26 El que hubiere
llevado el macho cabrío a Azazel, lavará sus vestidos, lavará también con agua
su cuerpo, y después entrará en el campamento. 27 Y sacarán fuera del
campamento el becerro y el macho cabrío inmolados por el pecado, cuya sangre
fue llevada al santuario para hacer la expiación; y quemarán en el fuego su
piel, su carne y su estiércol. 28 El que los quemare lavará sus vestidos,
lavará también su cuerpo con agua, y después podrá entrar en el campamento.
29 Y esto tendréis por estatuto perpetuo: En el mes
séptimo, a los diez días del mes, afligiréis vuestras almas, y ninguna obra
haréis, ni el natural ni el extranjero que mora entre vosotros. 30 Porque en
este día se hará expiación por vosotros, y seréis limpios de todos vuestros
pecados delante de Jehová. 31 Día de reposo es para vosotros, y afligiréis
vuestras almas; es estatuto perpetuo. 32 Hará la expiación el sacerdote que
fuere ungido y consagrado para ser sacerdote en lugar de su padre; y se
vestirá las vestiduras de lino, las vestiduras sagradas. 33 Y hará la
expiación por el santuario santo, y el tabernáculo de reunión; también hará
expiación por el altar, por los sacerdotes y por todo el pueblo de la
congregación. 34 Y esto tendréis como estatuto perpetuo, para hacer expiación
una vez al año por todos los pecados de Israel. Y Moisés lo hizo como Jehová
le mandó.
El santuario único
LEVÍTICO 17
1 Habló Jehová a Moisés, diciendo: 2 Habla a Aarón y a
sus hijos, y a todos los hijos de Israel, y diles: Esto es lo que ha mandado
Jehová: 3 Cualquier varón de la casa de Israel que degollare buey o cordero o
cabra, en el campamento o fuera de él, 4 y no lo trajere a la puerta del
tabernáculo de reunión para ofrecer ofrenda a Jehová delante del tabernáculo
de Jehová, será culpado de sangre el tal varón; sangre derramó; será cortado
el tal varón de entre su pueblo, 5 a fin de que traigan los hijos de Israel
sus sacrificios, los que sacrifican en medio del campo, para que los traigan a
Jehová a la puerta del tabernáculo de reunión al sacerdote, y sacrifiquen
ellos sacrificios de paz a Jehová. 6 Y el sacerdote esparcirá la sangre sobre
el altar de Jehová a la puerta del tabernáculo de reunión, y quemará la
grosura en olor grato a Jehová. 7 Y nunca más sacrificarán sus sacrificios a
los demonios, tras de los cuales han fornicado; tendrán esto por estatuto
perpetuo por sus edades.
8 Les dirás también: Cualquier varón de la casa de
Israel, o de los extranjeros que moran entre vosotros, que ofreciere
holocausto o sacrificio, 9 y no lo trajere a la puerta del tabernáculo de
reunión para hacerlo a Jehová, el tal varón será igualmente cortado de su
pueblo.
Prohibición de comer la sangre
10 Si cualquier varón de la casa de Israel, o de los
extranjeros que moran entre ellos, comiere alguna sangre, yo pondré mi rostro
contra la persona que comiere sangre, y la cortaré de entre su pueblo. 11
Porque la vida de la carne en la sangre está, y yo os la he dado para hacer
expiación sobre el altar por vuestras almas; y la misma sangre hará expiación
de la persona. 12 Por tanto, he dicho a los hijos de Israel: Ninguna persona
de vosotros comerá sangre, ni el extranjero que mora entre vosotros comerá
sangre. 13 Y cualquier varón de los hijos de Israel, o de los extranjeros que
moran entre ellos, que cazare animal o ave que sea de comer, derramará su
sangre y la cubrirá con tierra.
14 Porque la vida de toda carne es su sangre; por tanto,
he dicho a los hijos de Israel: No comeréis la sangre de ninguna carne, porque
la vida de toda carne es su sangre; cualquiera que la comiere será cortado. 15
Y cualquier persona, así de los naturales como de los extranjeros, que comiere
animal mortecino o despedazado por fiera, lavará sus vestidos y a sí misma se
lavará con agua, y será inmunda hasta la noche; entonces será limpia. 16 Y si
no los lavare, ni lavare su cuerpo, llevará su iniquidad.
Actos de inmoralidad prohibidos
LEVÍTICO 18
1 Habló Jehová a Moisés, diciendo: 2 Habla a los hijos de
Israel, y diles: Yo soy Jehová vuestro Dios. 3 No haréis como hacen en la
tierra de Egipto, en la cual morasteis; ni haréis como hacen en la tierra de
Canaán, a la cual yo os conduzco, ni andaréis en sus estatutos. 4 Mis
ordenanzas pondréis por obra, y mis estatutos guardaréis, andando en ellos. Yo
Jehová vuestro Dios. 5 Por tanto, guardaréis mis estatutos y mis ordenanzas,
los cuales haciendo el hombre, vivirá en ellos. Yo Jehová.
6 Ningún varón se llegue a parienta próxima alguna, para
descubrir su desnudez. Yo Jehová. 7 La desnudez de tu padre, o la desnudez de
tu madre, no descubrirás; tu madre es, no descubrirás su desnudez. 8 La
desnudez de la mujer de tu padre no descubrirás; es la desnudez de tu padre. 9
La desnudez de tu hermana, hija de tu padre o hija de tu madre, nacida en casa
o nacida fuera, su desnudez no descubrirás. 10 La desnudez de la hija de tu
hijo, o de la hija de tu hija, su desnudez no descubirás, porque es la
desnudez tuya. 11 La desnudez de la hija de la mujer de tu padre, engendrada
de tu padre, tu hermana es; su desnudez no descubrirás. 12 La desnudez de la
hermana de tu padre no descubrirás; es parienta de tu padre. 13 La desnudez de
la hermana de tu madre no descubrirás, porque parienta de tu madre es. 14 La
desnudez del hermano de tu padre no descubrirás; no llegarás a su mujer; es
mujer del hermano de tu padre. 15 La desnudez de tu nuera no descubrirás;
mujer es de tu hijo, no descubrirás su desnudez. 16 La desnudez de la mujer de
tu hermano no descubrirás; es la desnudez de tu hermano. 17 La desnudez de la
mujer y de su hija no descubrirás; no tomarás la hija de su hijo, ni la hija
de su hija, para descubrir su desnudez; son parientas, es maldad. 18 No
tomarás mujer juntamente con su hermana, para hacerla su rival, descubriendo
su desnudez delante de ella en su vida.
19 Y no llegarás a la mujer para descubrir su desnudez
mientras esté en su impureza menstrual. 20 Además, no tendrás acto carnal con
la mujer de tu prójimo, contaminándote con ella. 21 Y no des hijo tuyo para
ofrecerlo por fuego a Moloc; no contamines así el nombre de tu Dios. Yo
Jehová. 22 No te echarás con varón como con mujer; es abominación. 23 Ni con
ningún animal tendrás ayuntamiento amancillándote con él, ni mujer alguna se
pondrá delante de animal para ayuntarse con él; es perversión.
24 En ninguna de estas cosas os amancillaréis; pues en
todas estas cosas se han corrompido las naciones que yo echo de delante de
vosotros, 25 y la tierra fue contaminada; y yo visité su maldad sobre ella, y
la tierra vomitó sus moradores. 26 Guardad, pues, vosotros mis estatutos y mis
ordenanzas, y no hagáis ninguna de estas abominaciones, ni el natural ni el
extranjero que mora entre vosotros 27 (porque todas estas abominaciones
hicieron los hombres de aquella tierra que fueron antes de vosotros, y la
tierra fue contaminada); 28 no sea que la tierra os vomite por haberla
contaminado, como vomitó a la nación que la habitó antes de vosotros. 29
Porque cualquiera que hiciere alguna de todas estas abominaciones, las
personas que las hicieren serán cortadas de entre su pueblo. 30 Guardad, pues,
mi ordenanza, no haciendo las costumbres abominables que practicaron antes de
vosotros, y no os contaminéis en ellas. Yo Jehová vuestro Dios.
Leyes de santidad y de justicia
LEVÍTICO 19
1 Habló Jehová a Moisés, diciendo: 2 Habla a toda la
congregación de los hijos de Israel, y diles: Santos seréis, porque santo soy
yo Jehová vuestro Dios. 3 Cada uno temerá a su madre y a su padre, y mis días
de reposo guardaréis. Yo Jehová vuestro Dios. 4 No os volveréis a los ídolos,
ni haréis para vosotros dioses de fundición. Yo Jehová vuestro Dios.
5 Y cuando ofreciereis sacrificio de ofrenda de paz a
Jehová, ofrecedlo de tal manera que seáis aceptos. 6 Será comido el día que lo
ofreciereis, y el día siguiente; y lo que quedare para el tercer día, será
quemado en el fuego. 7 Y si se comiere el día tercero, será abominación; no
será acepto, 8 y el que lo comiere llevará su delito, por cuanto profanó lo
santo de Jehová; y la tal persona será cortada de su pueblo.
9 Cuando siegues la mies de tu tierra, no segarás hasta
el último rincón de ella, ni espigarás tu tierra segada. 10 Y no rebuscarás tu
viña, ni recogerás el fruto caído de tu viña; para el pobre y para el
extranjero lo dejarás. Yo Jehová vuestro Dios.
11 No hurtaréis, y no engañaréis ni mentiréis el uno al
otro. 12 Y no juraréis falsamente por mi nombre, profanando así el nombre de
tu Dios. Yo Jehová.
13 No oprimirás a tu prójimo, ni le robarás. No retendrás
el salario del jornalero en tu casa hasta la mañana. 14 No maldecirás al
sordo, y delante del ciego no pondrás tropiezo, sino que tendrás temor de tu
Dios. Yo Jehová.
15 No harás injusticia en el juicio, ni favoreciendo al
pobre ni complaciendo al grande; con justicia juzgarás a tu prójimo. 16 No
andarás chismeando entre tu pueblo. No atentarás contra la vida de tu prójimo.
Yo Jehová.
17 No aborrecerás a tu hermano en tu corazón; razonarás
con tu prójimo, para que no participes de su pecado. 18 No te vengarás, ni
guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti
mismo. Yo Jehová.
19 Mis estatutos guardarás. No harás ayuntar tu ganado
con animales de otra especie; tu campo no sembrarás con mezcla de semillas, y
no te pondrás vestidos con mezcla de hilos.
20 Si un hombre yaciere con una mujer que fuere sierva
desposada con alguno, y no estuviere rescatada, ni le hubiere sido dada
libertad, ambos serán azotados; no morirán, por cuanto ella no es libre. 21 Y
él traerá a Jehová, a la puerta del tabernáculo de reunión, un carnero en
expiación por su culpa. 22 Y con el carnero de la expiación lo reconciliará el
sacerdote delante de Jehová, por su pecado que cometió; y se le perdonará su
pecado que ha cometido.
23 Y cuando entréis en la tierra, y plantéis toda clase
de árboles frutales, consideraréis como incircunciso lo primero de su fruto;
tres años os será incircunciso; su fruto no se comerá. 24 Y el cuarto año todo
su fruto será consagrado en alabanzas a Jehová. 25 Mas al quinto año comeréis
el fruto de él, para que os haga crecer su fruto. Yo Jehová vuestro Dios.
26 No comeréis cosa alguna con sangre. No seréis
agoreros, ni adivinos. 27 No haréis tonsura en vuestras cabezas, ni dañaréis
la punta de vuestra barba. 28 Y no haréis rasguños en vuestro cuerpo por un
muerto, ni imprimiréis en vosotros señal alguna. Yo Jehová.
29 No contaminarás a tu hija haciéndola fornicar, para
que no se prostituya la tierra y se llene de maldad. 30 Mis días de reposo
guardaréis, y mi santuario tendréis en reverencia. Yo Jehová.
31 No os volváis a los encantadores ni a los adivinos; no
los consultéis, contaminándoos con ellos. Yo Jehová vuestro Dios.
32 Delante de las canas te levantarás, y honrarás el
rostro del anciano, y de tu Dios tendrás temor. Yo Jehová.
33 Cuando el extranjero morare con vosotros en vuestra
tierra, no le oprimiréis. 34 Como a un natural de vosotros tendréis al
extranjero que more entre vosotros, y lo amarás como a ti mismo; porque
extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto. Yo Jehová vuestro Dios.
35 No hagáis injusticia en juicio, en medida de tierra,
en peso ni en otra medida. 36 Balanzas justas, pesas justas y medidas justas
tendréis. Yo Jehová vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto. 37
Guardad, pues, todos mis estatutos y todas mis ordenanzas, y ponedlos por
obra. Yo Jehová.
Penas por actos de inmoralidad
LEVÍTICO 20
1 Habló Jehová a Moisés, diciendo: 2 Dirás asimismo a los
hijos de Israel: Cualquier varón de los hijos de Israel, o de los extranjeros
que moran en Israel, que ofreciere alguno de sus hijos a Moloc, de seguro
morirá; el pueblo de la tierra lo apedreará. 3 Y yo pondré mi rostro contra el
tal varón, y lo cortaré de entre su pueblo, por cuanto dio de sus hijos a
Moloc, contaminando mi santuario y profanando mi santo nombre. 4 Si el pueblo
de la tierra cerrare sus ojos respecto de aquel varón que hubiere dado de sus
hijos a Moloc, para no matarle, 5 entonces yo pondré mi rostro contra aquel
varón y contra su familia, y le cortaré de entre su pueblo, con todos los que
fornicaron en pos de él prostituyéndose con Moloc.
6 Y la persona que atendiere a encantadores o adivinos,
para prostituirse tras de ellos, yo pondré mi rostro contra la tal persona, y
la cortaré de entre su pueblo. 7 Santificaos, pues, y sed santos, porque yo
Jehová soy vuestro Dios. 8 Y guardad mis estatutos, y ponedlos por obra. Yo
Jehová que os santifico. 9 Todo hombre que maldijere a su padre o a su madre,
de cierto morirá; a su padre o a su madre maldijo; su sangre será sobre él.
10 Si un hombre cometiere adulterio con la mujer de su
prójimo, el adúltero y la adúltera indefectiblemente serán muertos. 11
Cualquiera que yaciere con la mujer de su padre, la desnudez de su padre
descubrió; ambos han de ser muertos; su sangre será sobre ellos. 12 Si alguno
durmiere con su nuera, ambos han de morir; cometieron grave perversión; su
sangre será sobre ellos. 13 Si alguno se ayuntare con varón como con mujer,
abominación hicieron; ambos han de ser muertos; sobre ellos será su sangre. 14
El que tomare mujer y a la madre de ella, comete vileza; quemarán con fuego a
él y a ellas, para que no haya vileza entre vosotros. 15 Cualquiera que
tuviere cópula con bestia, ha de ser muerto, y mataréis a la bestia. 16 Y si
una mujer se llegare a algún animal para ayuntarse con él, a la mujer y al
animal matarás; morirán indefectiblemente; su sangre será sobre ellos.
17 Si alguno tomare a su hermana, hija de su padre o hija
de su madre, y viere su desnudez, y ella viere la suya, es cosa execrable; por
tanto serán muertos a ojos de los hijos de su pueblo; descubrió la desnudez de
su hermana; su pecado llevará. 18 Cualquiera que durmiere con mujer
menstruosa, y descubriere su desnudez, su fuente descubrió, y ella descubrió
la fuente de su sangre; ambos serán cortados de entre su pueblo. 19 La
desnudez de la hermana de tu madre, o de la hermana de tu padre, no
descubrirás; porque al descubrir la desnudez de su parienta, su iniquidad
llevarán. 20 Cualquiera que durmiere con la mujer del hermano de su padre, la
desnudez del hermano de su padre descubrió; su pecado llevarán; morirán sin
hijos. 21 Y el que tomare la mujer de su hermano, comete inmundicia; la
desnudez de su hermano descubrió; sin hijos serán.
22 Guardad, pues, todos mis estatutos y todas mis
ordenanzas, y ponedlos por obra, no sea que os vomite la tierra en la cual yo
os introduzco para que habitéis en ella. 23 Y no andéis en las prácticas de
las naciones que yo echaré de delante de vosotros; porque ellos hicieron todas
estas cosas, y los tuve en abominación. 24 Pero a vosotros os he dicho:
Vosotros poseeréis la tierra de ellos, y yo os la daré para que la poseáis por
heredad, tierra que fluye leche y miel. Yo Jehová vuestro Dios, que os he
apartado de los pueblos. 25 Por tanto, vosotros haréis diferencia entre animal
limpio e inmundo, y entre ave inmunda y limpia; y no contaminéis vuestras
personas con los animales, ni con las aves, ni con nada que se arrastra sobre
la tierra, los cuales os he apartado por inmundos. 26 Habéis, pues, de serme
santos, porque yo Jehová soy santo, y os he apartado de los pueblos para que
seáis míos.
27 Y el hombre o la mujer que evocare espíritus de
muertos o se entregare a la adivinación, ha de morir; serán apedreados; su
sangre será sobre ellos.
Santidad de los sacerdotes
LEVÍTICO 21
1 Jehová dijo a Moisés: Habla a los sacerdotes hijos de
Aarón, y diles que no se contaminen por un muerto en sus pueblos. 2 Mas por su
pariente cercano, por su madre o por su padre, o por su hijo o por su hermano,
3 o por su hermana virgen, a él cercana, la cual no haya tenido marido, por
ella se contaminará. 4 No se contaminará como cualquier hombre de su pueblo,
haciéndose inmundo. 5 No harán tonsura en su cabeza, ni raerán la punta de su
barba, ni en su carne harán rasguños. 6 Santos serán a su Dios, y no
profanarán el nombre de su Dios, porque las ofrendas encendidas para Jehová y
el pan de su Dios ofrecen; por tanto, serán santos. 7 Con mujer ramera o
infame no se casarán, ni con mujer repudiada de su marido; porque el sacerdote
es santo a su Dios. 8 Le santificarás, por tanto, pues el pan de tu Dios
ofrece; santo será para ti, porque santo soy yo Jehová que os santifico. 9 Y
la hija del sacerdote, si comenzare a fornicar, a su padre deshonra; quemada
será al fuego.
10 Y el sumo sacerdote entre sus hermanos, sobre cuya
cabeza fue derramado el aceite de la unción, y que fue consagrado para llevar
las vestiduras, no descubrirá su cabeza, ni rasgará sus vestidos, 11 ni
entrará donde haya alguna persona muerta; ni por su padre ni por su madre se
contaminará. 12 Ni saldrá del santuario, ni profanará el santuario de su Dios;
porque la consagración por el aceite de la unción de su Dios está sobre él. Yo
Jehová. 13 Tomará por esposa a una mujer virgen. 14 No tomará viuda, ni
repudiada, ni infame ni ramera, sino tomará de su pueblo una virgen por mujer,
15 para que no profane su descendencia en sus pueblos; porque yo Jehová soy el
que los santifico.
16 Y Jehová habló a Moisés, diciendo: 17 Habla a Aarón y
dile: Ninguno de tus descendientes por sus generaciones, que tenga algún
defecto, se acercará para ofrecer el pan de su Dios. 18 Porque ningún varón en
el cual haya defecto se acercará; varón ciego, o cojo, o mutilado, o sobrado,
19 o varón que tenga quebradura de pie o rotura de mano, 20 o jorobado, o
enano, o que tenga nube en el ojo, o que tenga sarna, o empeine, o testículo
magullado. 21 Ningún varón de la descendencia del sacerdote Aarón, en el cual
haya defecto, se acercará para ofrecer las ofrendas encendidas para Jehová.
Hay defecto en él; no se acercará a ofrecer el pan de su Dios. 22 Del pan de
su Dios, de lo muy santo y de las cosas santificadas, podrá comer. 23 Pero no
se acercará tras el velo, ni se acercará al altar, por cuanto hay defecto en
él; para que no profane mi santuario, porque yo Jehová soy el que los
santifico. 24 Y Moisés habló esto a Aarón, y a sus hijos, y a todos los hijos
de Israel.
Santidad de las ofrendas
LEVÍTICO 22
1 Habló Jehová a Moisés, diciendo: 2 Di a Aarón y a sus
hijos que se abstengan de las cosas santas que los hijos de Israel me han
dedicado, y no profanen mi santo nombre. Yo Jehová. 3 Diles: Todo varón de
toda vuestra descendencia en vuestras generaciones, que se acercare a las
cosas sagradas que los hijos de Israel consagran a Jehová, teniendo inmundicia
sobre sí, será cortado de mi presencia. Yo Jehová. 4 Cualquier varón de la
descendencia de Aarón que fuere leproso, o padeciere flujo, no comerá de las
cosas sagradas hasta que esté limpio. El que tocare cualquiera cosa de
cadáveres, o el varón que hubiere tenido derramamiento de semen, 5 o el varón
que hubiere tocado cualquier reptil por el cual será inmundo, u hombre por el
cual venga a ser inmundo, conforme a cualquiera inmundicia suya; 6 la persona
que lo tocare será inmunda hasta la noche, y no comerá de las cosas sagradas
antes que haya lavado su cuerpo con agua. 7 Cuando el sol se pusiere, será
limpio; y después podrá comer las cosas sagradas, porque su alimento es. 8
Mortecino ni despedazado por fiera no comerá, contaminándose en ello. Yo
Jehová. 9 Guarden, pues, mi ordenanza, para que no lleven pecado por ello, no
sea que así mueran cuando la profanen. Yo Jehová que los santifico.
10 Ningún extraño comerá cosa sagrada; el huésped del
sacerdote, y el jornalero, no comerán cosa sagrada. 11 Mas cuando el sacerdote
comprare algún esclavo por dinero, éste podrá comer de ella, así como también
el nacido en su casa podrá comer de su alimento. 12 La hija del sacerdote, si
se casare con varón extraño, no comerá de la ofrenda de las cosas sagradas. 13
Pero si la hija del sacerdote fuere viuda o repudiada, y no tuviere prole y se
hubiere vuelto a la casa de su padre, como en su juventud, podrá comer del
alimento de su padre; pero ningún extraño coma de él. 14 Y el que por yerro
comiere cosa sagrada, añadirá a ella una quinta parte, y la dará al sacerdote
con la cosa sagrada. 15 No profanarán, pues, las cosas santas de los hijos de
Israel, las cuales apartan para Jehová; 16 pues les harían llevar la iniquidad
del pecado, comiendo las cosas santas de ellos; porque yo Jehová soy el que
los santifico.
17 También habló Jehová a Moisés, diciendo: 18 Habla a
Aarón y a sus hijos, y a todos los hijos de Israel, y diles: Cualquier varón
de la casa de Israel, o de los extranjeros en Israel, que ofreciere su ofrenda
en pago de sus votos, o como ofrendas voluntarias ofrecidas en holocausto a
Jehová, 19 para que sea aceptado, ofreceréis macho sin defecto de entre el
ganado vacuno, de entre los corderos, o de entre las cabras. 20 Ninguna cosa
en que haya defecto ofreceréis, porque no será acepto por vosotros. 21
Asimismo, cuando alguno ofreciere sacrificio en ofrenda de paz a Jehová para
cumplir un voto, o como ofrenda voluntaria, sea de vacas o de ovejas, para que
sea aceptado será sin defecto. 22 Ciego, perniquebrado, mutilado, verrugoso,
sarnoso o roñoso, no ofreceréis éstos a Jehová, ni de ellos pondréis ofrenda
encendida sobre el altar de Jehová. 23 Buey o carnero que tenga de más o de
menos, podrás ofrecer por ofrenda voluntaria; pero en pago de voto no será
acepto. 24 No ofreceréis a Jehová animal con testículos heridos o magullados,
rasgados o cortados, ni en vuestra tierra lo ofreceréis. 25 Ni de mano de
extranjeros tomarás estos animales para ofrecerlos como el pan de vuestro
Dios, porque su corrupción está en ellos; hay en ellos defecto, no se os
aceptarán.
26 Y habló Jehová a Moisés, diciendo: 27 El becerro o el
cordero o la cabra, cuando naciere, siete días estará mamando de su madre; mas
desde el octavo día en adelante será acepto para ofrenda de sacrificio
encendido a Jehová. 28 Y sea vaca u oveja, no degollaréis en un mismo día a
ella y a su hijo. 29 Y cuando ofreciereis sacrificio de acción de gracias a
Jehová, lo sacrificaréis de manera que sea aceptable. 30 En el mismo día se
comerá; no dejaréis de él para otro día. Yo Jehová.
31 Guardad, pues, mis mandamientos, y cumplidlos. Yo
Jehová. 32 Y no profanéis mi santo nombre, para que yo sea santificado en
medio de los hijos de Israel. Yo Jehová que os santifico, 33 que os saqué de
la tierra de Egipto, para ser vuestro Dios. Yo Jehová.
Las fiestas solemnes
(Nm. 28.16-29.40)
LEVÍTICO 23
1 Habló Jehová a Moisés, diciendo: 2 Habla a los hijos de
Israel y diles: Las fiestas solemnes de Jehová, las cuales proclamaréis como
santas convocaciones, serán estas: 3 Seis días se trabajará, mas el séptimo
día será de reposo, santa convocación; ningún trabajo haréis; día de reposo es
de Jehová en dondequiera que habitéis.
4 Estas son las fiestas solemnes de Jehová, las
convocaciones santas, a las cuales convocaréis en sus tiempos: 5 En el mes
primero, a los catorce del mes, entre las dos tardes, pascua es de Jehová. 6 Y
a los quince días de este mes es la fiesta solemne de los panes sin levadura a
Jehová; siete días comeréis panes sin levadura. 7 El primer día tendréis santa
convocación; ningún trabajo de siervos haréis. 8 Y ofreceréis a Jehová siete
días ofrenda encendida; el séptimo día será santa convocación; ningún trabajo
de siervo haréis.
9 Y habló Jehová a Moisés, diciendo: 10 Habla a los hijos
de Israel y diles: Cuando hayáis entrado en la tierra que yo os doy, y seguéis
su mies, traeréis al sacerdote una gavilla por primicia de los primeros frutos
de vuestra siega. 11 Y el sacerdote mecerá la gavilla delante de Jehová, para
que seáis aceptos; el día siguiente del día de reposo la mecerá. 12 Y el día
que ofrezcáis la gavilla, ofreceréis un cordero de un año, sin defecto, en
holocausto a Jehová. 13 Su ofrenda será dos décimas de efa de flor de harina
amasada con aceite, ofrenda encendida a Jehová en olor gratísimo; y su
libación será de vino, la cuarta parte de un hin. 14 No comeréis pan, ni grano
tostado, ni espiga fresca, hasta este mismo día, hasta que hayáis ofrecido la
ofrenda de vuestro Dios; estatuto perpetuo es por vuestras edades en
dondequiera que habitéis.
15 Y contaréis desde el día que sigue al día de reposo,
desde el día en que ofrecisteis la gavilla de la ofrenda mecida; siete semanas
cumplidas serán. 16 Hasta el día siguiente del séptimo día de reposo contaréis
cincuenta días; entonces ofreceréis el nuevo grano a Jehová. 17 De vuestras
habitaciones traeréis dos panes para ofrenda mecida, que serán de dos décimas
de efa de flor de harina, cocidos con levadura, como primicias para Jehová. 18
Y ofreceréis con el pan siete corderos de un año, sin defecto, un becerro de
la vacada, y dos carneros; serán holocausto a Jehová, con su ofrenda y sus
libaciones, ofrenda encendida de olor grato para Jehová. 19 Ofreceréis además
un macho cabrío por expiación, y dos corderos de un año en sacrificio de
ofrenda de paz. 20 Y el sacerdote los presentará como ofrenda mecida delante
de Jehová, con el pan de las primicias y los dos corderos; serán cosa sagrada
a Jehová para el sacerdote. 21 Y convocaréis en este mismo día santa
convocación; ningún trabajo de siervos haréis; estatuto perpetuo en
dondequiera que habitéis por vuestras generaciones.
22 Cuando segareis la mies de vuestra tierra, no segaréis
hasta el último rincón de ella, ni espigarás tu siega; para el pobre y para el
extranjero la dejarás. Yo Jehová vuestro Dios.
23 Y habló Jehová a Moisés, diciendo: 24 Habla a los
hijos de Israel y diles: En el mes séptimo, al primero del mes tendréis día de
reposo, una conmemoración al son de trompetas, y una santa convocación. 25
Ningún trabajo de siervos haréis; y ofreceréis ofrenda encendida a Jehová.
26 También habló Jehová a Moisés, diciendo: 27 A los diez
días de este mes séptimo será el día de expiación; tendréis santa convocación,
y afligiréis vuestras almas, y ofreceréis ofrenda encendida a Jehová. 28
Ningún trabajo haréis en este día; porque es día de expiación, para
reconciliaros delante de Jehová vuestro Dios. 29 Porque toda persona que no se
afligiere en este mismo día, será cortada de su pueblo. 30 Y cualquiera
persona que hiciere trabajo alguno en este día, yo destruiré a la tal persona
de entre su pueblo. 31 Ningún trabajo haréis; estatuto perpetuo es por
vuestras generaciones en dondequiera que habitéis. 32 Día de reposo será a
vosotros, y afligiréis vuestras almas, comenzando a los nueve días del mes en
la tarde; de tarde a tarde guardaréis vuestro reposo.
33 Y habló Jehová a Moisés, diciendo: 34 Habla a los
hijos de Israel y diles: A los quince días de este mes séptimo será la fiesta
solemne de los tabernáculos a Jehová por siete días. 35 El primer día habrá
santa convocación; ningún trabajo de siervos haréis. 36 Siete días ofreceréis
ofrenda encendida a Jehová; el octavo día tendréis santa convocación, y
ofreceréis ofrenda encendida a Jehová; es fiesta, ningún trabajo de siervos
haréis.
37 Estas son las fiestas solemnes de Jehová, a las que
convocaréis santas reuniones, para ofrecer ofrenda encendida a Jehová,
holocausto y ofrenda, sacrificio y libaciones, cada cosa en su tiempo, 38
además de los días de reposo de Jehová, de vuestros dones, de todos vuestros
votos, y de todas vuestras ofrendas voluntarias que acostumbráis dar a Jehová.
39 Pero a los quince días del mes séptimo, cuando hayáis
recogido el fruto de la tierra, haréis fiesta a Jehová por siete días; el
primer día será de reposo, y el octavo día será también día de reposo. 40 Y
tomaréis el primer día ramas con fruto de árbol hermoso, ramas de palmeras,
ramas de árboles frondosos, y sauces de los arroyos, y os regocijaréis delante
de Jehová vuestro Dios por siete días. 41 Y le haréis fiesta a Jehová por
siete días cada año; será estatuto perpetuo por vuestras generaciones; en el
mes séptimo la haréis. 42 En tabernáculos habitaréis siete días; todo natural
de Israel habitará en tabernáculos, 43 para que sepan vuestros descendientes
que en tabernáculos hice yo habitar a los hijos de Israel cuando los saqué de
la tierra de Egipto. Yo Jehová vuestro Dios.
44 Así habló Moisés a los hijos de Israel sobre las
fiestas solemnes de Jehová.
Aceite para las lámparas
(Ex. 27.20-21)
LEVÍTICO 24
1 Habló Jehová a Moisés, diciendo: 2 Manda a los hijos de
Israel que te traigan para el alumbrado aceite puro de olivas machacadas, para
hacer arder las lámparas continuamente. 3 Fuera del velo del testimonio, en el
tabernáculo de reunión, las dispondrá Aarón desde la tarde hasta la mañana
delante de Jehová; es estatuto perpetuo por vuestras generaciones. 4 Sobre el
candelero limpio pondrá siempre en orden las lámparas delante de Jehová.
El pan de la proposición
5 Y tomarás flor de harina, y cocerás de ella doce
tortas; cada torta será de dos décimas de efa. 6 Y las pondrás en dos hileras,
seis en cada hilera, sobre la mesa limpia delante de Jehová. 7 Pondrás también
sobre cada hilera incienso puro, y será para el pan como perfume, ofrenda
encendida a Jehová. 8 Cada día de reposo lo pondrá continuamente en orden
delante de Jehová, en nombre de los hijos de Israel, como pacto perpetuo. 9 Y
será de Aarón y de sus hijos, los cuales lo comerán en lugar santo; porque es
cosa muy santa para él, de las ofrendas encendidas a Jehová, por derecho
perpetuo.
Castigo del blasfemo
10 En aquel tiempo el hijo de una mujer israelita, el
cual era hijo de un egipcio, salió entre los hijos de Israel; y el hijo de la
israelita y un hombre de Israel riñeron en el campamento. 11 Y el hijo de la
mujer israelita blasfemó el Nombre, y maldijo; entonces lo llevaron a Moisés.
Y su madre se llamaba Selomit, hija de Dibri, de la tribu de Dan. 12 Y lo
pusieron en la cárcel, hasta que les fuese declarado por palabra de Jehová.
13 Y Jehová habló a Moisés, diciendo: 14 Saca al blasfemo
fuera del campamento, y todos los que le oyeron pongan sus manos sobre la
cabeza de él, y apedréelo toda la congregación. 15 Y a los hijos de Israel
hablarás, diciendo: Cualquiera que maldijere a su Dios, llevará su iniquidad.
16 Y el que blasfemare el nombre de Jehová, ha de ser muerto; toda la
congregación lo apedreará; así el extranjero como el natural, si blasfemare el
Nombre, que muera. 17 Asimismo el hombre que hiere de muerte a cualquiera
persona, que sufra la muerte. 18 El que hiere a algún animal ha de
restituirlo, animal por animal. 19 Y el que causare lesión en su prójimo,
según hizo, así le sea hecho: 20 rotura por rotura, ojo por ojo, diente por
diente; según la lesión que haya hecho a otro, tal se hará a él. 21 El que
hiere algún animal ha de restituirlo; mas el que hiere de muerte a un hombre,
que muera. 22 Un mismo estatuto tendréis para el extranjero, como para el
natural; porque yo soy Jehová vuestro Dios. 23 Y habló Moisés a los hijos de
Israel, y ellos sacaron del campamento al blasfemo y lo apedrearon. Y los
hijos de Israel hicieron según Jehová había mandado a Moisés.
El año de reposo de la tierra y el año del jubileo
LEVÍTICO 25
1 Jehová habló a Moisés en el monte de Sinaí, diciendo: 2
Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando hayáis entrado en la tierra que yo
os doy, la tierra guardará reposo para Jehová. 3 Seis años sembrarás tu
tierra, y seis años podarás tu viña y recogerás sus frutos. 4 Pero el séptimo
año la tierra tendrá descanso, reposo para Jehová; no sembrarás tu tierra, ni
podarás tu viña. 5 Lo que de suyo naciere en tu tierra segada, no lo segarás,
y las uvas de tu viñedo no vendimiarás; año de reposo será para la tierra. 6
Mas el descanso de la tierra te dará para comer a ti, a tu siervo, a tu
sierva, a tu criado, y a tu extranjero que morare contigo; 7 y a tu animal, y
a la bestia que hubiere en tu tierra, será todo el fruto de ella para comer.
8 Y contarás siete semanas de años, siete veces siete
años, de modo que los días de las siete semanas de años vendrán a serte
cuarenta y nueve años. 9 Entonces harás tocar fuertemente la trompeta en el
mes séptimo a los diez días del mes; el día de la expiación haréis tocar la
trompeta por toda vuestra tierra. 10 Y santificaréis el año cincuenta, y
pregonaréis libertad en la tierra a todos sus moradores; ese año os será de
jubileo, y volveréis cada uno a vuestra posesión, y cada cual volverá a su
familia. 11 El año cincuenta os será jubileo; no sembraréis, ni segaréis lo
que naciere de suyo en la tierra, ni vendimiaréis sus viñedos, 12 porque es
jubileo; santo será a vosotros; el producto de la tierra comeréis.
13 En este año de jubileo volveréis cada uno a vuestra
posesión. 14 Y cuando vendiereis algo a vuestro prójimo, o comprareis de mano
de vuestro prójimo, no engañe ninguno a su hermano. 15 Conforme al número de
los años después del jubileo comprarás de tu prójimo; conforme al número de
los años de los frutos te venderá él a ti. 16 Cuanto mayor fuere el número de
los años, aumentarás el precio, y cuanto menor fuere el número, disminuirás el
precio; porque según el número de las cosechas te venderá él. 17 Y no engañe
ninguno a su prójimo, sino temed a vuestro Dios; porque yo soy Jehová vuestro
Dios.
18 Ejecutad, pues, mis estatutos y guardad mis
ordenanzas, y ponedlos por obra, y habitaréis en la tierra seguros; 19 y la
tierra dará su fruto, y comeréis hasta saciaros, y habitaréis en ella con
seguridad. 20 Y si dijereis: ¿Qué comeremos el séptimo año? He aquí no hemos
de sembrar, ni hemos de recoger nuestros frutos; 21 entonces yo os enviaré mi
bendición el sexto año, y ella hará que haya fruto por tres años. 22 Y
sembraréis el año octavo, y comeréis del fruto añejo; hasta el año noveno,
hasta que venga su fruto, comeréis del añejo. 23 La tierra no se venderá a
perpetuidad, porque la tierra mía es; pues vosotros forasteros y extranjeros
sois para conmigo. 24 Por tanto, en toda la tierra de vuestra posesión
otorgaréis rescate a la tierra.
25 Cuando tu hermano empobreciere, y vendiere algo de su
posesión, entonces su pariente más próximo vendrá y rescatará lo que su
hermano hubiere vendido. 26 Y cuando el hombre no tuviere rescatador, y
consiguiere lo suficiente para el rescate, 27 entonces contará los años desde
que vendió, y pagará lo que quedare al varón a quien vendió, y volverá a su
posesión. 28 Mas si no consiguiere lo suficiente para que se la devuelvan, lo
que vendió estará en poder del que lo compró hasta el año del jubileo; y al
jubileo saldrá, y él volverá a su posesión.
29 El varón que vendiere casa de habitación en ciudad
amurallada, tendrá facultad de redimirla hasta el término de un año desde la
venta; un año será el término de poderse redimir. 30 Y si no fuere rescatada
dentro de un año entero, la casa que estuviere en la ciudad amurallada quedará
para siempre en poder de aquel que la compró, y para sus descendientes; no
saldrá en el jubileo. 31 Mas las casas de las aldeas que no tienen muro
alrededor serán estimadas como los terrenos del campo; podrán ser rescatadas,
y saldrán en el jubileo. 32 Pero en cuanto a las ciudades de los levitas,
éstos podrán rescatar en cualquier tiempo las casas en las ciudades de su
posesión. 33 Y el que comprare de los levitas saldrá de la casa vendida, o de
la ciudad de su posesión, en el jubileo, por cuanto las casas de las ciudades
de los levitas son la posesión de ellos entre los hijos de Israel. 34 Mas la
tierra del ejido de sus ciudades no se venderá, porque es perpetua posesión de
ellos.
35 Y cuando tu hermano empobreciere y se acogiere a ti,
tú lo ampararás; como forastero y extranjero vivirá contigo. 36 No tomarás de
él usura ni ganancia, sino tendrás temor de tu Dios, y tu hermano vivirá
contigo. 37 No le darás tu dinero a usura, ni tus víveres a ganancia. 38 Yo
Jehová vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto, para daros la tierra
de Canaán, para ser vuestro Dios.
39 Y cuando tu hermano empobreciere, estando contigo, y
se vendiere a ti, no le harás servir como esclavo. 40 Como criado, como
extranjero estará contigo; hasta el año del jubileo te servirá. 41 Entonces
saldrá libre de tu casa; él y sus hijos consigo, y volverá a su familia, y a
la posesión de sus padres se restituirá. 42 Porque son mis siervos, los cuales
saqué yo de la tierra de Egipto; no serán vendidos a manera de esclavos. 43 No
te enseñorearás de él con dureza, sino tendrás temor de tu Dios. 44 Así tu
esclavo como tu esclava que tuvieres, serán de las gentes que están en vuestro
alrededor; de ellos podréis comprar esclavos y esclavas. 45 También podréis
comprar de los hijos de los forasteros que viven entre vosotros, y de las
familias de ellos nacidos en vuestra tierra, que están con vosotros, los
cuales podréis tener por posesión. 46 Y los podréis dejar en herencia para
vuestros hijos después de vosotros, como posesión hereditaria; para siempre os
serviréis de ellos; pero en vuestros hermanos los hijos de Israel no os
enseñorearéis cada uno sobre su hermano con dureza.
47 Si el forastero o el extranjero que está contigo se
enriqueciere, y tu hermano que está junto a él empobreciere, y se vendiere al
forastero o extranjero que está contigo, o a alguno de la familia del
extranjero; 48 después que se hubiere vendido, podrá ser rescatado; uno de sus
hermanos lo rescatará. 49 O su tío o el hijo de su tío lo rescatará, o un
pariente cercano de su familia lo rescatará; o si sus medios alcanzaren, él
mismo se rescatará. 50 Hará la cuenta con el que lo compró, desde el año que
se vendió a él hasta el año del jubileo; y ha de apreciarse el precio de su
venta conforme al número de los años, y se contará el tiempo que estuvo con él
conforme al tiempo de un criado asalariado. 51 Si aún fueren muchos años,
conforme a ellos devolverá para su rescate, del dinero por el cual se vendió.
52 Y si quedare poco tiempo hasta el año del jubileo, entonces hará un cálculo
con él, y devolverá su rescate conforme a sus años. 53 Como con el tomado a
salario anualmente hará con él; no se enseñoreará en él con rigor delante de
tus ojos. 54 Y si no se rescatare en esos años, en el año del jubileo saldrá,
él y sus hijos con él. 55 Porque mis siervos son los hijos de Israel; son
siervos míos, a los cuales saqué de la tierra de Egipto. Yo Jehová vuestro
Dios.
Bendiciones de la obediencia
(Dt. 7.12-24; 28.1-14)
LEVÍTICO 26
1 No haréis para vosotros ídolos, ni escultura, ni os
levantaréis estatua, ni pondréis en vuestra tierra piedra pintada para
inclinaros a ella; porque yo soy Jehová vuestro Dios. 2 Guardad mis días de
reposo, y tened en reverencia mi santuario. Yo Jehová.
3 Si anduviereis en mis decretos y guardareis mis
mandamientos, y los pusiereis por obra, 4 yo daré vuestra lluvia en su tiempo,
y la tierra rendirá sus productos, y el árbol del campo dará su fruto. 5
Vuestra trilla alcanzará a la vendimia, y la vendimia alcanzará a la
sementera, y comeréis vuestro pan hasta saciaros, y habitaréis seguros en
vuestra tierra. 6 Y yo daré paz en la tierra, y dormiréis, y no habrá quien os
espante; y haré quitar de vuestra tierra las malas bestias, y la espada no
pasará por vuestro país. 7 Y perseguiréis a vuestros enemigos, y caerán a
espada delante de vosotros. 8 Cinco de vosotros perseguirán a ciento, y ciento
de vosotros perseguirán a diez mil, y vuestros enemigos caerán a filo de
espada delante de vosotros. 9 Porque yo me volveré a vosotros, y os haré
crecer, y os multiplicaré, y afirmaré mi pacto con vosotros. 10 Comeréis lo
añejo de mucho tiempo, y pondréis fuera lo añejo para guardar lo nuevo. 11 Y
pondré mi morada en medio de vosotros, y mi alma no os abominará; 12 y andaré
entre vosotros, y yo seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo. 13 Yo
Jehová vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto, para que no fueseis
sus siervos, y rompí las coyundas de vuestro yugo, y os he hecho andar con el
rostro erguido.
Consecuencias de la desobediencia
(Dt. 28.15-68)
14 Pero si no me oyereis, ni hiciereis todos estos mis
mandamientos, 15 y si desdeñareis mis decretos, y vuestra alma menospreciare
mis estatutos, no ejecutando todos mis mandamientos, e invalidando mi pacto,
16 yo también haré con vosotros esto: enviaré sobre vosotros terror,
extenuación y calentura, que consuman los ojos y atormenten el alma; y
sembraréis en vano vuestra semilla, porque vuestros enemigos la comerán. 17
Pondré mi rostro contra vosotros, y seréis heridos delante de vuestros
enemigos; y los que os aborrecen se enseñorearán de vosotros, y huiréis sin
que haya quien os persiga. 18 Y si aun con estas cosas no me oyereis, yo
volveré a castigaros siete veces más por vuestros pecados. 19 Y quebrantaré la
soberbia de vuestro orgullo, y haré vuestro cielo como hierro, y vuestra
tierra como bronce. 20 Vuestra fuerza se consumirá en vano, porque vuestra
tierra no dará su producto, y los árboles de la tierra no darán su fruto.
21 Si anduviereis conmigo en oposición, y no me
quisiereis oír, yo añadiré sobre vosotros siete veces más plagas según
vuestros pecados. 22 Enviaré también contra vosotros bestias fieras que os
arrebaten vuestros hijos, y destruyan vuestro ganado, y os reduzcan en número,
y vuestros caminos sean desiertos.
23 Y si con estas cosas no fuereis corregidos, sino que
anduviereis conmigo en oposición, 24 yo también procederé en contra de
vosotros, y os heriré aún siete veces por vuestros pecados. 25 Traeré sobre
vosotros espada vengadora, en vindicación del pacto; y si buscareis refugio en
vuestras ciudades, yo enviaré pestilencia entre vosotros, y seréis entregados
en mano del enemigo. 26 Cuando yo os quebrante el sustento del pan, cocerán
diez mujeres vuestro pan en un horno, y os devolverán vuestro pan por peso; y
comeréis, y no os saciaréis.
27 Si aun con esto no me oyereis, sino que procediereis
conmigo en oposición, 28 yo procederé en contra de vosotros con ira, y os
catigaré aún siete veces por vuestros pecados. 29 Y comeréis la carne de
vuestros hijos, y comeréis la carne de vuestras hijas. 30 Destruiré vuestros
lugares altos, y derribaré vuestras imágenes, y pondré vuestros cuerpos
muertos sobre los cuerpos muertos de vuestros ídolos, y mi alma os abominará.
31 Haré desiertas vuestras ciudades, y asolaré vuestros santuarios, y no oleré
la fragancia de vuestro suave perfume. 32 Asolaré también la tierra, y se
pasmarán por ello vuestros enemigos que en ella moren; 33 y a vosotros os
esparciré entre las naciones, y desenvainaré espada en pos de vosotros; y
vuestra tierra estará asolada, y desiertas vuestras ciudades.
34 Entonces la tierra gozará sus días de reposo, todos
los días que esté asolada, mientras vosotros estéis en la tierra de vuestros
enemigos; la tierra descansará entonces y gozará sus días de reposo. 35 Todo
el tiempo que esté asolada, descansará por lo que no reposó en los días de
reposo cuando habitabais en ella. 36 Y a los que queden de vosotros infundiré
en sus corazones tal cobardía, en la tierra de sus enemigos, que el sonido de
una hoja que se mueva los perseguirá, y huirán como ante la espada, y caerán
sin que nadie los persiga. 37 Tropezarán los unos con los otros como si
huyeran ante la espada, aunque nadie los persiga; y no podréis resistir
delante de vuestros enemigos. 38 Y pereceréis entre las naciones, y la tierra
de vuestros enemigos os consumirá. 39 Y los que queden de vosotros decaerán en
las tierras de vuestros enemigos por su iniquidad; y por la iniquidad de sus
padres decaerán con ellos.
40 Y confesarán su iniquidad, y la iniquidad de sus
padres, por su prevaricación con que prevaricaron contra mí; y también porque
anduvieron conmigo en oposición, 41 yo también habré andado en contra de
ellos, y los habré hecho entrar en la tierra de sus enemigos; y entonces se
humillará su corazón incircunciso, y reconocerán su pecado. 42 Entonces yo me
acordaré de mi pacto con Jacob, y asimismo de mi pacto con Isaac, y también de
mi pacto con Abraham me acordaré, y haré memoria de la tierra. 43 Pero la
tierra será abandonada por ellos, y gozará sus días de reposo, estando
desierta a causa de ellos; y entonces se someterán al castigo de sus
iniquidades; por cuanto menospreciaron mis ordenanzas, y su alma tuvo fastidio
de mis estatutos. 44 Y aun con todo esto, estando ellos en tierra de sus
enemigos, yo no los desecharé, ni los abominaré para consumirlos, invalidando
mi pacto con ellos; porque yo Jehová soy su Dios. 45 Antes me acordaré de
ellos por el pacto antiguo, cuando los saqué de la tierra de Egipto a los ojos
de las naciones, para ser su Dios. Yo Jehová.
46 Estos son los estatutos, ordenanzas y leyes que
estableció Jehová entre sí y los hijos de Israel en el monte de Sinaí por mano
de Moisés.
Cosas consagradas a Dios
LEVÍTICO 27
1 Habló Jehová a Moisés, diciendo: 2 Habla a los hijos de
Israel y diles: Cuando alguno hiciere especial voto a Jehová, según la
estimación de las personas que se hayan de redimir, lo estimarás así: 3 En
cuanto al varón de veinte años hasta sesenta, lo estimarás en cincuenta siclos
de plata, según el siclo del santuario. 4 Y si fuere mujer, la estimarás en
treinta siclos. 5 Y si fuere de cinco años hasta veinte, al varón lo estimarás
en veinte siclos, y a la mujer en diez siclos. 6 Y si fuere de un mes hasta
cinco años, entonces estimarás al varón en cinco siclos de plata, y a la mujer
en tres siclos de plata. 7 Mas si fuere de sesenta años o más, al varón lo
estimarás en quince siclos, y a la mujer en diez siclos. 8 Pero si fuere muy
pobre para pagar tu estimación, entonces será llevado ante el sacerdote, quien
fijará el precio; conforme a la posibilidad del que hizo el voto, le fijará
precio el sacerdote.
9 Y si fuere animal de los que se ofrece ofrenda a
Jehová, todo lo que de los tales se diere a Jehová será santo. 10 No será
cambiado ni trocado, bueno por malo, ni malo por bueno; y si se permutare un
animal por otro, él y el dado en cambio de él serán sagrados. 11 Si fuere
algún animal inmundo, de que no se ofrece ofrenda a Jehová, entonces el animal
será puesto delante del sacerdote, 12 y el sacerdote lo valorará, sea bueno o
sea malo; conforme a la estimación del sacerdote, así será. 13 Y si lo
quisiere rescatar, añadirá sobre tu valuación la quinta parte.
14 Cuando alguno dedicare su casa consagrándola a Jehová,
la valorará el sacerdote, sea buena o sea mala; según la valorare el
sacerdote, así quedará. 15 Mas si el que dedicó su casa deseare rescatarla,
añadirá a tu valuación la quinta parte del valor de ella, y será suya.
16 Si alguno dedicare de la tierra de su posesión a
Jehová, tu estimación será conforme a su siembra; un homer de siembra de
cebada se valorará en cincuenta siclos de plata. 17 Y si dedicare su tierra
desde el año del jubileo, conforme a tu estimación quedará. 18 Mas si después
del jubileo dedicare su tierra, entonces el sacerdote hará la cuenta del
dinero conforme a los años que quedaren hasta el año del jubileo, y se
rebajará de tu estimación. 19 Y si el que dedicó la tierra quisiere redimirla,
añadirá a tu estimación la quinta parte del precio de ella, y se le quedará
para él. 20 Mas si él no rescatare la tierra, y la tierra se vendiere a otro,
no la rescatará más; 21 sino que cuando saliere en el jubileo, la tierra será
santa para Jehová, como tierra consagrada; la posesión de ella será del
sacerdote. 22 Y si dedicare alguno a Jehová la tierra que él compró, que no
era de la tierra de su herencia, 23 entonces el sacerdote calculará con él la
suma de tu estimación hasta el año del jubileo, y aquel día dará tu precio
señalado, cosa consagrada a Jehová. 24 En el año del jubileo, volverá la
tierra a aquél de quien él la compró, cuya es la herencia de la tierra. 25 Y
todo lo que valorares será conforme al siclo del santuario; el siclo tiene
veinte geras.
26 Pero el primogénito de los animales, que por la
primogenitura es de Jehová, nadie lo dedicará; sea buey u oveja, de Jehová es.
27 Mas si fuere de los animales inmundos, lo rescatarán conforme a tu
estimación, y añadirán sobre ella la quinta parte de su precio; y si no lo
rescataren, se venderá conforme a tu estimación.
28 Pero no se venderá ni se rescatará ninguna cosa
consagrada, que alguno hubiere dedicado a Jehová; de todo lo que tuviere, de
hombres y animales, y de las tierras de su posesión, todo lo consagrado será
cosa santísima para Jehová. 29 Ninguna persona separada como anatema podrá ser
rescatada; indefectiblemente ha de ser muerta.
30 Y el diezmo de la tierra, así de la simiente de la
tierra como del fruto de los árboles, de Jehová es; es cosa dedicada a Jehová.
31 Y si alguno quisiere rescatar algo del diezmo, añadirá la quinta parte de
su precio por ello. 32 Y todo diezmo de vacas o de ovejas, de todo lo que pasa
bajo la vara, el diezmo será consagrado a Jehová. 33 No mirará si es bueno o
malo, ni lo cambiará; y si lo cambiare, tanto él como el que se dio en cambio
serán cosas sagradas; no podrán ser rescatados.
34 Estos son los mandamientos que ordenó Jehová a Moisés
para los hijos de Israel, en el monte de Sinaí.
NÚMEROS
Censo de Israel en Sinaí
NÚMEROS 1
1 Habló Jehová a Moisés en el desierto de Sinaí, en el
tabernáculo de reunión, en el día primero del mes segundo, en el segundo año
de su salida de la tierra de Egipto, diciendo: 2 Tomad el censo de toda la
congregación de los hijos de Israel por sus familias, por las casas de sus
padres, con la cuenta de los nombres, todos los varones por sus cabezas. 3 De
veinte años arriba, todos los que pueden salir a la guerra en Israel, los
contaréis tú y Aarón por sus ejércitos. 4 Y estará con vosotros un varón de
cada tribu, cada uno jefe de la casa de sus padres. 5 Estos son los nombres de
los varones que estarán con vosotros: De la tribu de Rubén, Elisur hijo de
Sedeur. 6 De Simeón, Selumiel hijo de Zurisadai. 7 De Judá, Naasón hijo de
Aminadab. 8 De Isacar, Natanael hijo de Zuar. 9 De Zabulón, Eliab hijo de
Helón. 10 De los hijos de José: de Efraín, Elisama hijo de Amiud; de Manasés,
Gamaliel hijo de Pedasur. 11 De Benjamín, Abidán hijo de Gedeoni. 12 De Dan,
Ahiezer hijo de Amisadai. 13 De Aser, Pagiel hijo de Ocrán. 14 De Gad, Eliasaf
hijo de Deuel. 15 De Neftalí, Ahira hijo de Enán. 16 Estos eran los nombrados
de entre la congregación, príncipes de las tribus de sus padres, capitanes de
los millares de Israel.
17 Tomaron, pues, Moisés y Aarón a estos varones que
fueron designados por sus nombres, 18 y reunieron a toda la congregación en el
día primero del mes segundo, y fueron agrupados por familias, según las casas
de sus padres, conforme a la cuenta de los nombres por cabeza, de veinte años
arriba. 19 Como Jehová lo había mandado a Moisés, los contó en el desierto de
Sinaí.
20 De los hijos de Rubén, primogénito de Israel, por su
descendencia, por sus familias, según las casas de sus padres, conforme a la
cuenta de los nombres por cabeza, todos los varones de veinte años arriba,
todos los que podían salir a la guerra; 21 los contados de la tribu de Rubén
fueron cuarenta y seis mil quinientos.
22 De los hijos de Simeón, por su descendencia, por sus
familias, según las casas de sus padres, fueron contados conforme a la cuenta
de los nombres por cabeza, todos los varones de veinte años arriba, todos los
que podían salir a la guerra; 23 los contados de la tribu de Simeón fueron
cincuenta y nueve mil trescientos.
24 De los hijos de Gad, por su descendencia, por sus
familias, según las casas de sus padres, conforme a la cuenta de los nombres,
de veinte años arriba, todos los que podían salir a la guerra; 25 los contados
de la tribu de Gad fueron cuarenta y cinco mil seiscientos cincuenta.
26 De los hijos de Judá, por su descendencia, por sus
familias, según las casas de sus padres, conforme a la cuenta de los nombres,
de veinte años arriba, todos los que podían salir a la guerra; 27 los contados
de la tribu de Judá fueron setenta y cuatro mil seiscientos.
28 De los hijos de Isacar, por su descendencia, por sus
familias, según las casas de sus padres, conforme a la cuenta de los nombres,
de veinte años arriba, todos los que podían salir a la guerra; 29 los contados
de la tribu de Isacar fueron cincuenta y cuatro mil cuatrocientos.
30 De los hijos de Zabulón, por su descendencia, por sus
familias, según las casas de sus padres, conforme a la cuenta de sus nombres,
de veinte años arriba, todos los que podían salir a la guerra; 31 los contados
de la tribu de Zabulón fueron cincuenta y siete mil cuatrocientos.
32 De los hijos de José; de los hijos de Efraín, por su
descendencia, por sus familias, según las casas de sus padres, conforme a la
cuenta de los nombres, de veinte años arriba, todos los que podían salir a la
guerra; 33 los contados de la tribu de Efraín fueron cuarenta mil quinientos.
34 Y de los hijos de Manasés, por su descendencia, por
sus familias, según las casas de sus padres, conforme a la cuenta de los
nombres, de veinte años arriba, todos los que podían salir a la guerra; 35 los
contados de la tribu de Manasés fueron treinta y dos mil doscientos.
36 De los hijos de Benjamín, por su descendencia, por sus
familias, según las casas de sus padres, conforme a la cuenta de los nombres,
de veinte años arriba, todos los que podían salir a la guerra; 37 los contados
de la tribu de Benjamín fueron treinta y cinco mil cuatrocientos.
38 De los hijos de Dan, por su descendencia, por sus
familias, según las casas de sus padres, conforme a la cuenta de los nombres,
de veinte años arriba, todos los que podían salir a la guerra; 39 los contados
de la tribu de Dan fueron sesenta y dos mil setecientos.
40 De los hijos de Aser, por su descendencia, por sus
familias, según las casas de sus padres, conforme a la cuenta de los nombres,
de veinte años arriba, todos los que podían salir a la guerra; 41 los contados
de la tribu de Aser fueron cuarenta y un mil quinientos.
42 De los hijos de Neftalí, por su descendencia, por sus
familias, según las casas de sus padres, conforme a la cuenta de los nombres,
de veinte años arriba, todos los que podían salir a la guerra; 43 los contados
de la tribu de Neftalí fueron cincuenta y tres mil cuatrocientos.
44 Estos fueron los contados, los cuales contaron Moisés
y Aarón, con los príncipes de Israel, doce varones, uno por cada casa de sus
padres. 45 Y todos los contados de los hijos de Israel por las casas de sus
padres, de veinte años arriba, todos los que podían salir a la guerra en
Israel, 46 fueron todos los contados seiscientos tres mil quinientos
cincuenta.
Nombramiento de los levitas
47 Pero los levitas, según la tribu de sus padres, no
fueron contados entre ellos; 48 porque habló Jehová a Moisés, diciendo: 49
Solamente no contarás la tribu de Leví, ni tomarás la cuenta de ellos entre
los hijos de Israel, 50 sino que pondrás a los levitas en el tabernáculo del
testimonio, y sobre todos sus utensilios, y sobre todas las cosas que le
pertenecen; ellos llevarán el tabernáculo y todos sus enseres, y ellos
servirán en él, y acamparán alrededor del tabernáculo. 51 Y cuando el
tabernáculo haya de trasladarse, los levitas lo desarmarán, y cuando el
tabernáculo haya de detenerse, los levitas lo armarán; y el extraño que se
acercare morirá. 52 Los hijos de Israel acamparán cada uno en su campamento, y
cada uno junto a su bandera, por sus ejércitos; 53 pero los levitas acamparán
alrededor del tabernáculo del testimonio, para que no haya ira sobre la
congregación de los hijos de Israel; y los levitas tendrán la guarda del
tabernáculo del testimonio. 54 E hicieron los hijos de Israel conforme a todas
las cosas que mandó Jehová a Moisés; así lo hicieron.
Campamentos y jefes de las tribus
NÚMEROS 2
1 Habló Jehová a Moisés y a Aarón, diciendo: 2 Los hijos
de Israel acamparán cada uno junto a su bandera, bajo las enseñas de las casas
de sus padres; alrededor del tabernáculo de reunión acamparán. 3 Estos
acamparán al oriente, al este: la bandera del campamento de Judá, por sus
ejércitos; y el jefe de los hijos de Judá, Naasón hijo de Aminadab. 4 Su
cuerpo de ejército, con sus contados, setenta y cuatro mil seiscientos. 5
Junto a él acamparán los de la tribu de Isacar; y el jefe de los hijos de
Isacar, Natanael hijo de Zuar. 6 Su cuerpo de ejército, con sus contados,
cincuenta y cuatro mil cuatrocientos. 7 Y la tribu de Zabulón; y el jefe de
los hijos de Zabulón, Eliab hijo de Helón. 8 Su cuerpo de ejército, con sus
contados, cincuenta y siete mil cuatrocientos. 9 Todos los contados en el
campamento de Judá, ciento ochenta y seis mil cuatrocientos, por sus
ejércitos, marcharán delante.
10 La bandera del campamento de Rubén estará al sur, por
sus ejércitos; y el jefe de los hijos de Rubén, Elisur hijo de Sedeur. 11 Su
cuerpo de ejército, con sus contados, cuarenta y seis mil quinientos. 12
Acamparán junto a él los de la tribu de Simeón; y el jefe de los hijos de
Simeón, Selumiel hijo de Zurisadai. 13 Su cuerpo de ejército, con sus
contados, cincuenta y nueve mil trescientos. 14 Y la tribu de Gad; y el jefe
de los hijos de Gad, Eliasaf hijo de Reuel. 15 Su cuerpo de ejército, con sus
contados, cuarenta y cinco mil seiscientos cincuenta. 16 Todos los contados en
el campamento de Rubén, ciento cincuenta y un mil cuatrocientos cincuenta, por
sus ejércitos, marcharán los segundos.
17 Luego irá el tabernáculo de reunión, con el campamento
de los levitas, en medio de los campamentos en el orden en que acampan; así
marchará cada uno junto a su bandera.
18 La bandera del campamento de Efraín por sus ejércitos,
al occidente; y el jefe de los hijos de Efraín, Elisama hijo de Amiud. 19 Su
cuerpo de ejército, con sus contados, cuarenta mil quinientos. 20 Junto a él
estará la tribu de Manasés; y el jefe de los hijos de Manasés, Gamaliel hijo
de Pedasur. 21 Su cuerpo de ejército, con sus contados, treinta y dos mil
doscientos. 22 Y la tribu de Benjamín; y el jefe de los hijos de Benjamín,
Abidán hijo de Gedeoni. 23 Y su cuerpo de ejército, con sus contados, treinta
y cinco mil cuatrocientos. 24 Todos los contados en el campamento de Efraín,
ciento ocho mil cien, por sus ejércitos, irán los terceros.
25 La bandera del campamento de Dan estará al norte, por
sus ejércitos; y el jefe de los hijos de Dan, Ahiezer hijo de Amisadai. 26 Su
cuerpo de ejército, con sus contados, sesenta y dos mil setecientos. 27 Junto
a él acamparán los de la tribu de Aser; y el jefe de los hijos de Aser, Pagiel
hijo de Ocrán. 28 Su cuerpo de ejército, con sus contados, cuarenta y un mil
quinientos. 29 Y la tribu de Neftalí; y el jefe de los hijos de Neftalí, Ahira
hijo de Enán. 30 Su cuerpo de ejército, con sus contados, cincuenta y tres mil
cuatrocientos. 31 Todos los contados en el campamento de Dan, ciento cincuenta
y siete mil seiscientos, irán los últimos tras sus banderas.
32 Estos son los contados de los hijos de Israel, según
las casas de sus padres; todos los contados por campamentos, por sus
ejércitos, seiscientos tres mil quinientos cincuenta. 33 Mas los levitas no
fueron contados entre los hijos de Israel, como Jehová lo mandó a Moisés.
34 E hicieron los hijos de Israel conforme a todas las
cosas que Jehová mandó a Moisés; así acamparon por sus banderas, y así
marcharon cada uno por sus familias, según las casas de sus padres.
Censo y deberes de los levitas
NÚMEROS 3
1 Estos son los descendientes de Aarón y de Moisés, en el
día en que Jehová habló a Moisés en el monte de Sinaí. 2 Y estos son los
nombres de los hijos de Aarón: Nadab el primogénito, Abiú, Eleazar e Itamar. 3
Estos son los nombres de los hijos de Aarón, sacerdotes ungidos, a los cuales
consagró para ejercer el sacerdocio. 4 Pero Nadab y Abiú murieron delante de
Jehová cuando ofrecieron fuego extraño delante de Jehová en el desierto de
Sinaí; y no tuvieron hijos; y Eleazar e Itamar ejercieron el sacerdocio
delante de Aarón su padre.
5 Y Jehová habló a Moisés, diciendo: 6 Haz que se acerque
la tribu de Leví, y hazla estar delante del sacerdote Aarón, para que le
sirvan, 7 y desempeñen el encargo de él, y el encargo de toda la congregación
delante del tabernáculo de reunión para servir en el ministerio del
tabernáculo; 8 y guarden todos los utensilios del tabernáculo de reunión, y
todo lo encargado a ellos por los hijos de Israel, y ministren en el servicio
del tabernáculo. 9 Y darás los levitas a Aarón y a sus hijos; le son
enteramente dados de entre los hijos de Israel. 10 Y constituirás a Aarón y a
sus hijos para que ejerzan su sacerdocio; y el extraño que se acercare,
morirá.
11 Habló además Jehová a Moisés, diciendo: 12 He aquí, yo
he tomado a los levitas de entre los hijos de Israel en lugar de todos los
primogénitos, los primeros nacidos entre los hijos de Israel; serán, pues,
míos los levitas. 13 Porque mío es todo primogénito; desde el día en que yo
hice morir a todos los primogénitos en la tierra de Egipto, santifiqué para mí
a todos los primogénitos en Israel, así de hombres como de animales; míos
serán. Yo Jehová.
14 Y Jehová habló a Moisés en el desierto de Sinaí,
diciendo: 15 Cuenta los hijos de Leví según las casas de sus padres, por sus
familias; contarás todos los varones de un mes arriba. 16 Y Moisés los contó
conforme a la palabra de Jehová, como le fue mandado. 17 Los hijos de Leví
fueron estos por sus nombres: Gersón, Coat y Merari. 18 Y los nombres de los
hijos de Gersón por sus familias son estos: Libni y Simei. 19 Los hijos de
Coat por sus familias son: Amram, Izhar, Hebrón y Uziel. 20 Y los hijos de
Merari por sus familias: Mahli y Musi. Estas son las familias de Leví, según
las casas de sus padres.
21 De Gersón era la familia de Libni y la de Simei; estas
son las familias de Gersón. 22 Los contados de ellos conforme a la cuenta de
todos los varones de un mes arriba, los contados de ellos fueron siete mil
quinientos. 23 Las familias de Gersón acamparán a espaldas del tabernáculo, al
occidente; 24 y el jefe del linaje de los gersonitas, Eliasaf hijo de Lael. 25
A cargo de los hijos de Gersón, en el tabernáculo de reunión, estarán el
tabernáculo, la tienda y su cubierta, la cortina de la puerta del tabernáculo
de reunión, 26 las cortinas del atrio, y la cortina de la puerta del atrio,
que está junto al tabernáculo y junto al altar alrededor; asimismo sus cuerdas
para todo su servicio.
27 De Coat eran la familia de los amramitas, la familia
de los izharitas, la familia de los hebronitas y la familia de los uzielitas;
estas son las familias coatitas. 28 El número de todos los varones de un mes
arriba era ocho mil seiscientos, que tenían la guarda del santuario. 29 Las
familias de los hijos de Coat acamparán al lado del tabernáculo, al sur; 30 y
el jefe del linaje de las familias de Coat, Elizafán hijo de Uziel. 31 A cargo
de ellos estarán el arca, la mesa, el candelero, los altares, los utensilios
del santuario con que ministran, y el velo con todo su servicio. 32 Y el
principal de los jefes de los levitas será Eleazar hijo del sacerdote Aarón,
jefe de los que tienen la guarda del santuario.
33 De Merari era la familia de los mahlitas y la familia
de los musitas; estas son las familias de Merari. 34 Los contados de ellos
conforme al número de todos los varones de un mes arriba fueron seis mil
doscientos. 35 Y el jefe de la casa del linaje de Merari, Zuriel hijo de
Abihail; acamparán al lado del tabernáculo, al norte. 36 A cargo de los hijos
de Merari estará la custodia de las tablas del tabernáculo, sus barras, sus
columnas, sus basas y todos sus enseres, con todo su servicio; 37 y las
columnas alrededor del atrio, sus basas, sus estacas y sus cuerdas.
38 Los que acamparán delante del tabernáculo al oriente,
delante del tabernáculo de reunión al este, serán Moisés y Aarón y sus hijos,
teniendo la guarda del santuario en lugar de los hijos de Israel; y el extraño
que se acercare, morirá. 39 Todos los contados de los levitas, que Moisés y
Aarón conforme a la palabra de Jehová contaron por sus familias, todos los
varones de un mes arriba, fueron veintidós mil.
Rescate de los primogénitos
40 Y Jehová dijo a Moisés: Cuenta todos los primogénitos
varones de los hijos de Israel de un mes arriba, y cuéntalos por sus nombres.
41 Y tomarás a los levitas para mí en lugar de todos los primogénitos de los
hijos de Israel, y los animales de los levitas en lugar de todos los
primogénitos de los animales de los hijos de Israel. Yo Jehová. 42 Contó
Moisés, como Jehová le mandó, todos los primogénitos de los hijos de Israel.
43 Y todos los primogénitos varones, conforme al número de sus nombres, de un
mes arriba, fueron veintidós mil doscientos setenta y tres.
44 Luego habló Jehová a Moisés, diciendo: 45 Toma los
levitas en lugar de todos los primogénitos de los hijos de Israel, y los
animales de los levitas en lugar de sus animales; y los levitas serán míos. Yo
Jehová. 46 Y para el rescate de los doscientos setenta y tres de los
primogénitos de los hijos de Israel, que exceden a los levitas, 47 tomarás
cinco siclos por cabeza; conforme al siclo del santuario los tomarás. El siclo
tiene veinte geras. 48 Y darás a Aarón y a sus hijos el dinero del rescate de
los que exceden. 49 Tomó, pues, Moisés el dinero del rescate de los que
excedían el número de los redimidos por los levitas, 50 y recibió de los
primogénitos de los hijos de Israel, en dinero, mil trescientos sesenta y
cinco siclos, conforme al siclo del santuario. 51 Y Moisés dio el dinero de
los rescates a Aarón y a sus hijos, conforme a la palabra de Jehová, según lo
que Jehová había mandado a Moisés.
Tareas de los levitas
NÚMEROS 4
1 Habló Jehová a Moisés y a Aarón, diciendo: 2 Toma la
cuenta de los hijos de Coat de entre los hijos de Leví, por sus familias,
según las casas de sus padres, 3 de edad de treinta años arriba hasta
cincuenta años, todos los que entran en compañía para servir en el tabernáculo
de reunión. 4 El oficio de los hijos de Coat en el tabernáculo de reunión, en
el lugar santísimo, será este: 5 Cuando haya de mudarse el campamento, vendrán
Aarón y sus hijos y desarmarán el velo de la tienda, y cubrirán con él el arca
del testimonio; 6 y pondrán sobre ella la cubierta de pieles de tejones, y
extenderán encima un paño todo de azul, y le pondrán sus varas. 7 Sobre la
mesa de la proposición extenderán un paño azul, y pondrán sobre ella las
escudillas, las cucharas, las copas y los tazones para libar; y el pan
continuo estará sobre ella. 8 Y extenderán sobre ella un paño carmesí, y lo
cubrirán con la cubierta de pieles de tejones; y le pondrán sus varas. 9
Tomarán un paño azul y cubrirán el candelero del alumbrado, sus lamparillas,
sus despabiladeras, sus platillos, y todos sus utensilios del aceite con que
se sirve; 10 y lo pondrán con todos sus utensilios en una cubierta de pieles
de tejones, y lo colocarán sobre unas parihuelas. 11 Sobre el altar de oro
extenderán un paño azul, y lo cubrirán con la cubierta de pieles de tejones, y
le pondrán sus varas. 12 Y tomarán todos los utensilios del servicio de que
hacen uso en el santuario, y los pondrán en un paño azul, y los cubrirán con
una cubierta de pieles de tejones, y los colocarán sobre unas parihuelas. 13
Quitarán la ceniza del altar, y extenderán sobre él un paño de púrpura; 14 y
pondrán sobre él todos sus instrumentos de que se sirve: las paletas, los
garfios, los braseros y los tazones, todos los utensilios del altar; y
extenderán sobre él la cubierta de pieles de tejones, y le pondrán además las
varas; 15 Y cuando acaben Aarón y sus hijos de cubrir el santuario y todos los
utensilios del santuario, cuando haya de mudarse el campamento, vendrán
después de ello los hijos de Coat para llevarlos; pero no tocarán cosa santa,
no sea que mueran. Estas serán las cargas de los hijos de Coat en el
tabernáculo de reunión.
16 Pero a cargo de Eleazar hijo del sacerdote Aarón
estará el aceite del alumbrado, el incienso aromático, la ofrenda continua y
el aceite de la unción; el cargo de todo el tabernáculo y de todo lo que está
en él, del santuario y de sus utensilios.
17 Habló también Jehová a Moisés y a Aarón, diciendo: 18
No haréis que perezca la tribu de las familias de Coat de entre los levitas.
19 Para que cuando se acerquen al lugar santísimo vivan, y no mueran, haréis
con ellos esto: Aarón y sus hijos vendrán y los pondrán a cada uno en su
oficio y en su cargo. 20 No entrarán para ver cuando cubran las cosas santas,
porque morirán.
21 Además habló Jehová a Moisés, diciendo: 22 Toma
también el número de los hijos de Gersón según las casas de sus padres, por
sus familias. 23 De edad de treinta años arriba hasta cincuenta años los
contarás; todos los que entran en compañía para servir en el tabernáculo de
reunión. 24 Este será el oficio de las familias de Gersón, para ministrar y
para llevar: 25 Llevarán las cortinas del tabernáculo, el tabernáculo de
reunión, su cubierta, la cubierta de pieles de tejones que está encima de él,
la cortina de la puerta del tabernáculo de reunión, 26 las cortinas del atrio,
la cortina de la puerta del atrio, que está cerca del tabernáculo y cerca del
altar alrededor, sus cuerdas, y todos los instrumentos de su servicio y todo
lo que será hecho para ellos; así servirán. 27 Según la orden de Aarón y de
sus hijos será todo el ministerio de los hijos de Gersón en todos sus cargos,
y en todo su servicio; y les encomendaréis en guarda todos sus cargos. 28 Este
es el servicio de las familias de los hijos de Gersón en el tabernáculo de
reunión; y el cargo de ellos estará bajo la dirección de Itamar hijo del
sacerdote Aarón.
29 Contarás los hijos de Merari por sus familias, según
las casas de sus padres. 30 Desde el de edad de treinta años arriba hasta el
de cincuenta años los contarás; todos los que entran en compañía para servir
en el tabernáculo de reunión. 31 Este será el deber de su cargo para todo su
servicio en el tabernáculo de reunión: las tablas del tabernáculo, sus barras,
sus columnas y sus basas, 32 las columnas del atrio alrededor y sus basas, sus
estacas y sus cuerdas, con todos sus instrumentos y todo su servicio; y
consignarás por sus nombres todos los utensilios que ellos tienen que
transportar. 33 Este será el servicio de las familias de los hijos de Merari
para todo su ministerio en el tabernáculo de reunión, bajo la dirección de
Itamar hijo del sacerdote Aarón.
34 Moisés, pues, y Aarón, y los jefes de la congregación,
contaron a los hijos de Coat por sus familias y según las casas de sus padres,
35 desde el de edad de treinta años arriba hasta el de edad de cincuenta años;
todos los que entran en compañía para ministrar en el tabernáculo de reunión.
36 Y fueron los contados de ellos por sus familias, dos mil setecientos
cincuenta. 37 Estos fueron los contados de las familias de Coat, todos los que
ministran en el tabernáculo de reunión, los cuales contaron Moisés y Aarón,
como lo mandó Jehová por medio de Moisés.
38 Y los contados de los hijos de Gersón por sus
familias, según las casas de sus padres, 39 desde el de edad de treinta años
arriba hasta el de edad de cincuenta años, todos los que entran en compañía
para ministrar en el tabernáculo de reunión; 40 los contados de ellos por sus
familias, según las casas de sus padres, fueron dos mil seiscientos treinta.
41 Estos son los contados de las familias de los hijos de Gersón, todos los
que ministran en el tabernáculo de reunión, los cuales contaron Moisés y Aarón
por mandato de Jehová.
42 Y los contados de las familias de los hijos de Merari,
por sus familias, según las casas de sus padres, 43 desde el de edad de
treinta años arriba hasta el de edad de cincuenta años, todos los que entran
en compañía para ministrar en el tabernáculo de reunión; 44 los contados de
ellos, por sus familias, fueron tres mil doscientos. 45 Estos fueron los
contados de las familias de los hijos de Merari, los cuales contaron Moisés y
Aarón, según lo mandó Jehová por medio de Moisés.
46 Todos los contados de los levitas que Moisés y Aarón y
los jefes de Israel contaron por sus familias, y según las casas de sus
padres, 47 desde el de edad de treinta años arriba hasta el de edad de
cincuenta años, todos los que entraban para ministrar en el servicio y tener
cargo de obra en el tabernáculo de reunión, 48 los contados de ellos fueron
ocho mil quinientos ochenta. 49 Como lo mandó Jehová por medio de Moisés
fueron contados, cada uno según su oficio y según su cargo; los cuales contó
él, como le fue mandado.
Todo inmundo es echado fuera del campamento
NÚMEROS 5
1 Jehová habló a Moisés, diciendo: 2 Manda a los hijos de
Israel que echen del campamento a todo leproso, y a todos los que padecen
flujo de semen, y a todo contaminado con muerto. 3 Así a hombres como a
mujeres echaréis; fuera del campamento los echaréis, para que no contaminen el
campamento de aquellos entre los cuales yo habito. 4 Y lo hicieron así los
hijos de Israel, y los echaron fuera del campamento; como Jehová dijo a
Moisés, así lo hicieron los hijos de Israel.
Ley sobre la restitución
5 Además habló Jehová a Moisés, diciendo: 6 Di a los
hijos de Israel: El hombre o la mujer que cometiere alguno de todos los
pecados con que los hombres prevarican contra Jehová y delinquen, 7 aquella
persona confesará el pecado que cometió, y compensará enteramente el daño, y
añadirá sobre ello la quinta parte, y lo dará a aquel contra quien pecó. 8 Y
si aquel hombre no tuviere pariente al cual sea resarcido el daño, se dará la
indemnización del agravio a Jehová entregándola al sacerdote, además del
carnero de las expiaciones, con el cual hará expiación por él. 9 Toda ofrenda
de todas las cosas santas que los hijos de Israel presentaren al sacerdote,
suya será. 10 Y lo santificado de cualquiera será suyo; asimismo lo que
cualquiera diere al sacerdote, suyo será.
Ley sobre los celos
11 También Jehová habló a Moisés, diciendo: 12 Habla a
los hijos de Israel y diles: Si la mujer de alguno se descarriare, y le fuere
infiel, 13 y alguno cohabitare con ella, y su marido no lo hubiese visto por
haberse ella amancillado ocultamente, ni hubiere testigo contra ella, ni ella
hubiere sido sorprendida en el acto; 14 si viniere sobre él espíritu de celos,
y tuviere celos de su mujer, habiéndose ella amancillado; o viniere sobre él
espíritu de celos, y tuviere celos de su mujer, no habiéndose ella
amancillado; 15 entonces el marido traerá su mujer al sacerdote, y con ella
traerá su ofrenda, la décima parte de un efa de harina de cebada; no echará
sobre ella aceite, ni pondrá sobre ella incienso, porque es ofrenda de celos,
ofrenda recordativa, que trae a la memoria el pecado.
16 Y el sacerdote hará que ella se acerque y se ponga
delante de Jehová. 17 Luego tomará el sacerdote del agua santa en un vaso de
barro; tomará también el sacerdote del polvo que hubiere en el suelo del
tabernáculo, y lo echará en el agua. 18 Y hará el sacerdote estar en pie a la
mujer delante de Jehová, y descubrirá la cabeza de la mujer, y pondrá sobre
sus manos la ofrenda recordativa, que es la ofrenda de celos; y el sacerdote
tendrá en la mano las aguas amargas que acarrean maldición. 19 Y el sacerdote
la conjurará y le dirá: Si ninguno ha dormido contigo, y si no te has apartado
de tu marido a inmundicia, libre seas de estas aguas amargas que traen
maldición; 20 mas si te has descarriado de tu marido y te has amancillado, y
ha cohabitado contigo alguno fuera de tu marido 21 (el sacerdote conjurará a
la mujer con juramento de maldición, y dirá a la mujer): Jehová te haga
maldición y execración en medio de tu pueblo, haciendo Jehová que tu muslo
caiga y que tu vientre se hinche; 22 y estas aguas que dan maldición entren en
tus entrañas, y hagan hinchar tu vientre y caer tu muslo. Y la mujer dirá:
Amén, amén.
23 El sacerdote escribirá estas maldiciones en un libro,
y las borrará con las aguas amargas; 24 y dará a beber a la mujer las aguas
amargas que traen maldición; y las aguas que obran maldición entrarán en ella
para amargar. 25 Después el sacerdote tomará de la mano de la mujer la ofrenda
de los celos, y la mecerá delante de Jehová, y la ofrecerá delante del altar.
26 Y tomará el sacerdote un puñado de la ofrenda en memoria de ella, y lo
quemará sobre el altar, y después dará a beber las aguas a la mujer. 27 Le
dará, pues, a beber las aguas; y si fuere inmunda y hubiere sido infiel a su
marido, las aguas que obran maldición entrarán en ella para amargar, y su
vientre se hinchará y caerá su muslo; y la mujer será maldición en medio de su
pueblo. 28 Mas si la mujer no fuere inmunda, sino que estuviere limpia, ella
será libre, y será fecunda.
29 Esta es la ley de los celos, cuando la mujer cometiere
infidelidad contra su marido, y se amancillare; 30 o del marido sobre el cual
pasare espíritu de celos, y tuviere celos de su mujer; la presentará entonces
delante de Jehová, y el sacerdote ejecutará en ella toda esta ley. 31 El
hombre será libre de iniquidad, y la mujer llevará su pecado.
El voto de los nazareos
NÚMEROS 6
1 Habló Jehová a Moisés, diciendo: 2 Habla a los hijos de
Israel y diles: El hombre o la mujer que se apartare haciendo voto de nazareo,
para dedicarse a Jehová, 3 se abstendrá de vino y de sidra; no beberá vinagre
de vino, ni vinagre de sidra, ni beberá ningún licor de uvas, ni tampoco
comerá uvas frescas ni secas. 4 Todo el tiempo de su nazareato, de todo lo que
se hace de la vid, desde los granillos hasta el hollejo, no comerá.
5 Todo el tiempo del voto de su nazareato no pasará
navaja sobre su cabeza; hasta que sean cumplidos los días de su apartamiento a
Jehová, será santo; dejará crecer su cabello.
6 Todo el tiempo que se aparte para Jehová, no se
acercará a persona muerta. 7 Ni aun por su padre ni por su madre, ni por su
hermano ni por su hermana, podrá contaminarse cuando mueran; porque la
consagración de su Dios tiene sobre su cabeza. 8 Todo el tiempo de su
nazareato, será santo para Jehová.
9 Si alguno muriere súbitamente junto a él, su cabeza
consagrada será contaminada; por tanto, el día de su purificación raerá su
cabeza; al séptimo día la raerá. 10 Y el día octavo traerá dos tórtolas o dos
palominos al sacerdote, a la puerta del tabernáculo de reunión. 11 Y el
sacerdote ofrecerá el uno en expiación, y el otro en holocausto; y hará
expiación de lo que pecó a causa del muerto, y santificará su cabeza en aquel
día. 12 Y consagrará para Jehová los días de su nazareato, y traerá un cordero
de un año en expiación por la culpa; y los días primeros serán anulados, por
cuanto fue contaminado su nazareato.
13 Esta es, pues, la ley del nazareo el día que se
cumpliere el tiempo de su nazareato: Vendrá a la puerta del tabernáculo de
reunión, 14 y ofrecerá su ofrenda a Jehová, un cordero de un año sin tacha en
holocausto, y una cordera de un año sin defecto en expiación, y un carnero sin
defecto por ofrenda de paz. 15 Además un canastillo de tortas sin levadura, de
flor de harina amasadas con aceite, y hojaldres sin levadura untadas con
aceite, y su ofrenda y sus libaciones. 16 Y el sacerdote lo ofrecerá delante
de Jehová, y hará su expiación y su holocausto; 17 y ofrecerá el carnero en
ofrenda de paz a Jehová, con el canastillo de los panes sin levadura; ofrecerá
asimismo el sacerdote su ofrenda y sus libaciones. 18 Entonces el nazareo
raerá a la puerta del tabernáculo de reunión su cabeza consagrada, y tomará
los cabellos de su cabeza consagrada y los pondrá sobre el fuego que está
debajo de la ofrenda de paz. 19 Después tomará el sacerdote la espaldilla
cocida del carnero, una torta sin levadura del canastillo, y una hojaldre sin
levadura, y las pondrá sobre las manos del nazareo, después que fuere raída su
cabeza consagrada; 20 y el sacerdote mecerá aquello como ofrenda mecida
delante de Jehová, lo cual será cosa santa del sacerdote, además del pecho
mecido y de la espaldilla separada; después el nazareo podrá beber vino.
21 Esta es la ley del nazareo que hiciere voto de su
ofrenda a Jehová por su nazareato, además de lo que sus recursos le
permitieren; según el voto que hiciere, así hará, conforme a la ley de su
nazareato.
La bendición sacerdotal
22 Jehová habló a Moisés, diciendo: 23 Habla a Aarón y a
sus hijos y diles: Así bendeciréis a los hijos de Israel, diciéndoles:
24 Jehová te bendiga, y te guarde;
25 Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga
de ti misericordia;
26 Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz.
27 Y pondrán mi nombre sobre los hijos de Israel, y yo
los bendeciré.
Ofrendas para la dedicación del altar
NÚMEROS 7
1 Aconteció que cuando Moisés hubo acabado de levantar el
tabernáculo, y lo hubo ungido y santificado, con todos sus utensilios, y
asimismo ungido y santificado el altar y todos sus utensilios, 2 entonces los
príncipes de Israel, los jefes de las casas de sus padres, los cuales eran los
príncipes de las tribus, que estaban sobre los contados, ofrecieron; 3 y
trajeron sus ofrendas delante de Jehová, seis carros cubiertos y doce bueyes;
por cada dos príncipes un carro, y cada uno un buey, y los ofrecieron delante
del tabernáculo. 4 Y Jehová habló a Moisés, diciendo: 5 Tómalos de ellos, y
serán para el servicio del tabernáculo de reunión; y los darás a los levitas,
a cada uno conforme a su ministerio. 6 Entonces Moisés recibió los carros y
los bueyes, y los dio a los levitas. 7 Dos carros y cuatro bueyes dio a los
hijos de Gersón, conforme a su ministerio, 8 y a los hijos de Merari dio
cuatro carros y ocho bueyes, conforme a su ministerio bajo la mano de Itamar
hijo del sacerdote Aarón. 9 Pero a los hijos de Coat no les dio, porque
llevaban sobre sí en los hombros el servicio del santuario. 10 Y los príncipes
trajeron ofrendas para la dedicación del altar el día en que fue ungido,
ofreciendo los príncipes su ofrenda delante del altar. 11 Y Jehová dijo a
Moisés: Ofrecerán su ofrenda, un príncipe un día, y otro príncipe otro día,
para la dedicación del altar.
12 Y el que ofreció su ofrenda el primer día fue Naasón
hijo de Aminadab, de la tribu de Judá. 13 Su ofrenda fue un plato de plata de
ciento treinta siclos de peso, y un jarro de plata de setenta siclos, al siclo
del santuario, ambos llenos de flor de harina amasada con aceite para ofrenda;
14 una cuchara de oro de diez siclos, llena de incienso; 15 un becerro, un
carnero, un cordero de un año para holocausto; 16 un macho cabrío para
expiación; 17 y para ofrenda de paz, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos
cabríos y cinco corderos de un año. Esta fue la ofrenda de Naasón hijo de
Aminadab.
18 El segundo día ofreció Natanael hijo de Zuar, príncipe
de Isacar. 19 Ofreció como su ofrenda un plato de plata de ciento treinta
siclos de peso, y un jarro de plata de setenta siclos, al siclo del santuario,
ambos llenos de flor de harina amasada con aceite para ofrenda; 20 una cuchara
de oro de diez siclos, llena de incienso; 21 un becerro, un carnero, un
cordero de un año para holocausto; 22 un macho cabrío para expiación; 23 y
para ofrenda de paz, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabríos y cinco
corderos de un año. Esta fue la ofrenda de Natanael hijo de Zuar.
24 El tercer día, Eliab hijo de Helón, príncipe de los
hijos de Zabulón. 25 Y su ofrenda fue un plato de plata de ciento treinta
siclos de peso, y un jarro de plata de setenta siclos, al siclo del santuario,
ambos llenos de flor de harina amasada con aceite para ofrenda; 26 una cuchara
de oro de diez siclos, llena de incienso; 27 un becerro, un carnero, un
cordero de un año para holocausto; 28 un macho cabrío para expiación; 29 y
para ofrenda de paz, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabríos y cinco
corderos de un año. Esta fue la ofrenda de Eliab hijo de Helón.
30 El cuarto día, Elisur hijo de Sedeur, príncipe de los
hijos de Rubén. 31 Y su ofrenda fue un plato de plata de ciento treinta siclos
de peso, y un jarro de plata de setenta siclos, al siclo del santuario, ambos
llenos de flor de harina amasada con aceite para ofrenda; 32 una cuchara de
oro de diez siclos, llena de incienso; 33 un becerro, un carnero, un cordero
de un año para holocausto; 34 un macho cabrío para expiación; 35 y para
ofrenda de paz, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabríos y cinco
corderos de un año. Esta fue la ofrenda de Elisur hijo de Sedeur.
36 El quinto día, Selumiel hijo de Zurisadai, príncipe de
los hijos de Simeón. 37 Y su ofrenda fue un plato de plata de ciento treinta
siclos de peso, y un jarro de plata de setenta siclos, al siclo del santuario,
ambos llenos de flor de harina amasada con aceite para ofrenda; 38 una cuchara
de oro de diez siclos, llena de incienso; 39 un becerro, un carnero, un
cordero de un año para holocausto; 40 un macho cabrío para expiación; 41 y
para ofrenda de paz, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabríos y cinco
corderos de un año. Esta fue la ofrenda de Selumiel hijo de Zurisadai.
42 El sexto día, Eliasaf hijo de Deuel, príncipe de los
hijos de Gad. 43 Y su ofrenda fue un plato de plata de ciento treinta siclos
de peso, y un jarro de plata de setenta siclos, al siclo del santuario, ambos
llenos de flor de harina amasada con aceite para ofrenda; 44 una cuchara de
oro de diez siclos, llena de incienso; 45 un becerro, un carnero, un cordero
de un año para holocausto; 46 un macho cabrío para expiación; 47 y para
ofrenda de paz, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabríos y cinco
corderos de un año. Esta fue la ofrenda de Eliasaf hijo de Deuel.
48 El séptimo día, el príncipe de los hijos de Efraín,
Elisama hijo de Amiud. 49 Y su ofrenda fue un plato de plata de ciento treinta
siclos de peso, y un jarro de plata de setenta siclos, al siclo del santuario,
ambos llenos de flor de harina amasada con aceite para ofrenda; 50 una cuchara
de oro de diez siclos, llena de incienso; 51 un becerro, un carnero, un
cordero de un año para holocausto; 52 un macho cabrío para expiación; 53 y
para ofrenda de paz, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabríos y cinco
corderos de un año. Esta fue la ofrenda de Elisama hijo de Amiud.
54 El octavo día, el príncipe de los hijos de Manasés,
Gamaliel hijo de Pedasur. 55 Y su ofrenda fue un plato de plata de ciento
treinta siclos de peso, y un jarro de plata de setenta siclos, al siclo del
santuario, ambos llenos de flor de harina amasada con aceite para ofrenda; 56
una cuchara de oro de diez siclos, llena de incienso; 57 un becerro, un
carnero, un cordero de un año para holocausto; 58 un macho cabrío para
expiación; 59 y para ofrenda de paz, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos
cabríos y cinco corderos de un año. Esta fue la ofrenda de Gamaliel hijo de
Pedasur.
60 El noveno día, el príncipe de los hijos de Benjamín,
Abidán hijo de Gedeoni. 61 Y su ofrenda fue un plato de plata de ciento
treinta siclos de peso, y un jarro de plata de setenta siclos, al siclo del
santuario, ambos llenos de flor de harina amasada con aceite para ofrenda; 62
una cuchara de oro de diez siclos, llena de incienso; 63 un becerro, un
carnero, un cordero de un año para holocausto; 64 un macho cabrío para
expiación; 65 y para ofrenda de paz, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos
cabríos y cinco corderos de un año. Esta fue la ofrenda de Abidán hijo de
Gedeoni.
66 El décimo día, el príncipe de los hijos de Dan,
Ahiezer hijo de Amisadai. 67 Y su ofrenda fue un plato de plata de ciento
treinta siclos de peso, y un jarro de plata de setenta siclos, al siclo del
santuario, ambos llenos de flor de harina amasada con aceite para ofrenda; 68
una cuchara de oro de diez siclos, llena de incienso; 69 un becerro, un
carnero, un cordero de un año para holocausto; 70 un macho cabrío para
expiación; 71 y para ofrenda de paz, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos
cabríos y cinco corderos de un año. Esta fue la ofrenda de Ahiezer hijo de
Amisadai.
72 El undécimo día, el príncipe de los hijos de Aser,
Pagiel hijo de Ocrán. 73 Y su ofrenda fue un plato de plata de ciento treinta
siclos de peso, y un jarro de plata de setenta siclos, al siclo del santuario,
ambos llenos de flor de harina amasada con aceite para ofrenda; 74 una cuchara
de oro de diez siclos, llena de incienso; 75 un becerro, un carnero, un
cordero de un año para holocausto; 76 un macho cabrío para expiación; 77 y
para ofrenda de paz, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabríos y cinco
corderos de un año. Esta fue la ofrenda de Pagiel hijo de Ocrán.
78 El duodécimo día, el príncipe de los hijos de Neftalí,
Ahira hijo de Enán. 79 Su ofrenda fue un plato de plata de ciento treinta
siclos de peso, y un jarro de plata de setenta siclos, al siclo del santuario,
ambos llenos de flor de harina amasada con aceite para ofrenda; 80 una cuchara
de oro de diez siclos, llena de incienso; 81 un becerro, un carnero, un
cordero de un año para holocausto; 82 un macho cabrío para expiación; 83 y
para ofrenda de paz, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabríos y cinco
corderos de un año. Esta fue la ofrenda de Ahira hijo de Enán.
84 Esta fue la ofrenda que los príncipes de Israel
ofrecieron para la dedicación del altar, el día en que fue ungido: doce platos
de plata, doce jarros de plata, doce cucharas de oro. 85 Cada plato de ciento
treinta siclos, y cada jarro de setenta; toda la plata de la vajilla, dos mil
cuatrocientos siclos, al siclo del santuario. 86 Las doce cucharas de oro
llenas de incienso, de diez siclos cada cuchara, al siclo del santuario; todo
el oro de las cucharas, ciento veinte siclos. 87 Todos los bueyes para
holocausto, doce becerros; doce los carneros, doce los corderos de un año, con
su ofrenda, y doce los machos cabríos para expiación. 88 Y todos los bueyes de
la ofrenda de paz, veinticuatro novillos, sesenta los carneros, sesenta los
machos cabríos, y sesenta los corderos de un año. Esta fue la ofrenda para la
dedicación del altar, después que fue ungido.
89 Y cuando entraba Moisés en el tabernáculo de reunión,
para hablar con Dios, oía la voz que le hablaba de encima del propiciatorio
que estaba sobre el arca del testimonio, de entre los dos querubines; y
hablaba con él.
Aarón enciende las lámparas
NÚMEROS 8
1 Habló Jehová a Moisés, diciendo: 2 Habla a Aarón y
dile: Cuando enciendas las lámparas, las siete lámparas alumbrarán hacia
adelante del candelero. 3 Y Aarón lo hizo así; encendió hacia la parte
anterior del candelero sus lámparas, como Jehová lo mandó a Moisés. 4 Y esta
era la hechura del candelero, de oro labrado a martillo; desde su pie hasta
sus flores era labrado a martillo; conforme al modelo que Jehová mostró a
Moisés, así hizo el candelero.
Consagración de los levitas
5 También Jehová habló a Moisés, diciendo: 6 Toma a los
levitas de entre los hijos de Israel, y haz expiación por ellos. 7 Así harás
para expiación por ellos: Rocía sobre ellos el agua de la expiación, y haz
pasar la navaja sobre todo su cuerpo, y lavarán sus vestidos, y serán
purificados. 8 Luego tomarán un novillo, con su ofrenda de flor de harina
amasada con aceite; y tomarás otro novillo para expiación. 9 Y harás que los
levitas se acerquen delante del tabernáculo de reunión, y reunirás a toda la
congregación de los hijos de Israel. 10 Y cuando hayas acercado a los levitas
delante de Jehová, pondrán los hijos de Israel sus manos sobre los levitas; 11
y ofrecerá Aarón los levitas delante de Jehová en ofrenda de los hijos de
Israel, y servirán en el ministerio de Jehová. 12 Y los levitas pondrán sus
manos sobre las cabezas de los novillos; y ofrecerás el uno por expiación, y
el otro en holocausto a Jehová, para hacer expiación por los levitas. 13 Y
presentarás a los levitas delante de Aarón, y delante de sus hijos, y los
ofrecerás en ofrenda a Jehová.
14 Así apartarás a los levitas de entre los hijos de
Israel, y serán míos los levitas. 15 Después de eso vendrán los levitas a
ministrar en el tabernáculo de reunión; serán purificados, y los ofrecerás en
ofrenda. 16 Porque enteramente me son dedicados a mí los levitas de entre los
hijos de Israel, en lugar de todo primer nacido; los he tomado para mí en
lugar de los primogénitos de todos los hijos de Israel. 17 Porque mío es todo
primogénito de entre los hijos de Israel, así de hombres como de animales;
desde el día que yo herí a todo primogénito en la tierra de Egipto, los
santifiqué para mí. 18 Y he tomado a los levitas en lugar de todos los
primogénitos de los hijos de Israel. 19 Y yo he dado en don los levitas a
Aarón y a sus hijos de entre los hijos de Israel, para que ejerzan el
ministerio de los hijos de Israel en el tabernáculo de reunión, y reconcilien
a los hijos de Israel; para que no haya plaga en los hijos de Israel, al
acercarse los hijos de Israel al santuario.
20 Y Moisés y Aarón y toda la congregación de los hijos
de Israel hicieron con los levitas conforme a todas las cosas que mandó Jehová
a Moisés acerca de los levitas; así hicieron con ellos los hijos de Israel. 21
Y los levitas se purificaron, y lavaron sus vestidos; y Aarón los ofreció en
ofrenda delante de Jehová, e hizo Aarón expiación por ellos para purificarlos.
22 Así vinieron después los levitas para ejercer su ministerio en el
tabernáculo de reunión delante de Aarón y delante de sus hijos; de la manera
que mandó Jehová a Moisés acerca de los levitas, así hicieron con ellos.
23 Luego habló Jehová a Moisés, diciendo: 24 Los levitas
de veinticinco años arriba entrarán a ejercer su ministerio en el servicio del
tabernáculo de reunión. 25 Pero desde los cincuenta años cesarán de ejercer su
ministerio, y nunca más lo ejercerán. 26 Servirán con sus hermanos en el
tabernáculo de reunión, para hacer la guardia, pero no servirán en el
ministerio. Así harás con los levitas en cuanto a su ministerio.
Celebración de la pascua
NÚMEROS 9
1 Habló Jehová a Moisés en el desierto de Sinaí, en el
segundo año de su salida de la tierra de Egipto, en el mes primero, diciendo:
2 Los hijos de Israel celebrarán la pascua a su tiempo. 3 El decimocuarto día
de este mes, entre las dos tardes, la celebraréis a su tiempo; conforme a
todos sus ritos y conforme a todas sus leyes la celebraréis. 4 Y habló Moisés
a los hijos de Israel para que celebrasen la pascua. 5 Celebraron la pascua en
el mes primero, a los catorce días del mes, entre las dos tardes, en el
desierto de Sinaí; conforme a todas las cosas que mandó Jehová a Moisés, así
hicieron los hijos de Israel. 6 Pero hubo algunos que estaban inmundos a causa
de muerto, y no pudieron celebrar la pascua aquel día; y vinieron delante de
Moisés y delante de Aarón aquel día, 7 y le dijeron aquellos hombres: Nosotros
estamos inmundos por causa de muerto; ¿por qué seremos impedidos de ofrecer
ofrenda a Jehová a su tiempo entre los hijos de Israel? 8 Y Moisés les
respondió: Esperad, y oiré lo que ordena Jehová acerca de vosotros.
9 Y Jehová habló a Moisés, diciendo: 10 Habla a los hijos
de Israel, diciendo: Cualquiera de vosotros o de vuestros descendientes, que
estuviere inmundo por causa de muerto o estuviere de viaje lejos, celebrará la
pascua a Jehová. 11 En el mes segundo, a los catorce días del mes, entre las
dos tardes, la celebrarán; con panes sin levadura y hierbas amargas la
comerán. 12 No dejarán del animal sacrificado para la mañana, ni quebrarán
hueso de él; conforme a todos los ritos de la pascua la celebrarán. 13 Mas el
que estuviere limpio, y no estuviere de viaje, si dejare de celebrar la
pascua, la tal persona será cortada de entre su pueblo; por cuanto no ofreció
a su tiempo la ofrenda de Jehová, el tal hombre llevará su pecado. 14 Y si
morare con vosotros extranjero, y celebrare la pascua a Jehová, conforme al
rito de la pascua y conforme a sus leyes la celebrará; un mismo rito tendréis,
tanto el extranjero como el natural de la tierra.
La nube sobre el tabernáculo
(Ex. 40.34-38)
15 El día que el tabernáculo fue erigido, la nube cubrió
el tabernáculo sobre la tienda del testimonio; y a la tarde había sobre el
tabernáculo como una apariencia de fuego, hasta la mañana. 16 Así era
continuamente: la nube lo cubría de día, y de noche la apariencia de fuego. 17
Cuando se alzaba la nube del tabernáculo, los hijos de Israel partían; y en el
lugar donde la nube paraba, allí acampaban los hijos de Israel. 18 Al mandato
de Jehová los hijos de Israel partían, y al mandato de Jehová acampaban; todos
los días que la nube estaba sobre el tabernáculo, permanecían acampados. 19
Cuando la nube se detenía sobre el tabernáculo muchos días, entonces los hijos
de Israel guardaban la ordenanza de Jehová, y no partían. 20 Y cuando la nube
estaba sobre el tabernáculo pocos días, al mandato de Jehová acampaban, y al
mandato de Jehová partían. 21 Y cuando la nube se detenía desde la tarde hasta
la mañana, o cuando a la mañana la nube se levantaba, ellos partían; o si
había estado un día, y a la noche la nube se levantaba, entonces partían. 22 O
si dos días, o un mes, o un año, mientras la nube se detenía sobre el
tabernáculo permaneciendo sobre él, los hijos de Israel seguían acampados, y
no se movían; mas cuando ella se alzaba, ellos partían. 23 Al mandato de
Jehová acampaban, y al mandato de Jehová partían, guardando la ordenanza de
Jehová como Jehová lo había dicho por medio de Moisés.
Las trompetas de plata
NÚMEROS 10
1 Jehová habló a Moisés, diciendo: 2 Hazte dos trompetas
de plata; de obra de martillo las harás, las cuales te servirán para convocar
la congregación, y para hacer mover los campamentos. 3 Y cuando las tocaren,
toda la congregación se reunirá ante ti a la puerta del tabernáculo de
reunión. 4 Mas cuando tocaren sólo una, entonces se congregarán ante ti los
príncipes, los jefes de los millares de Israel. 5 Y cuando tocareis alarma,
entonces moverán los campamentos de los que están acampados al oriente. 6 Y
cuando tocareis alarma la segunda vez, entonces moverán los campamentos de los
que están acampados al sur; alarma tocarán para sus partidas. 7 Pero para
reunir la congregación tocaréis, mas no con sonido de alarma. 8 Y los hijos de
Aarón, los sacerdotes, tocarán las trompetas; y las tendréis por estatuto
perpetuo por vuestras generaciones. 9 Y cuando saliereis a la guerra en
vuestra tierra contra el enemigo que os molestare, tocaréis alarma con las
trompetas; y seréis recordados por Jehová vuestro Dios, y seréis salvos de
vuestros enemigos. 10 Y en el día de vuestra alegría, y en vuestras
solemnidades, y en los principios de vuestros meses, tocaréis las trompetas
sobre vuestros holocaustos, y sobre los sacrificios de paz, y os serán por
memoria delante de vuestro Dios. Yo Jehová vuestro Dios.
Los israelitas salen de Sinaí
11 En el año segundo, en el mes segundo, a los veinte
días del mes, la nube se alzó del tabernáculo del testimonio. 12 Y partieron
los hijos de Israel del desierto de Sinaí según el orden de marcha; y se
detuvo la nube en el desierto de Parán. 13 Partieron la primera vez al mandato
de Jehová por medio de Moisés. 14 La bandera del campamento de los hijos de
Judá comenzó a marchar primero, por sus ejércitos; y Naasón hijo de Aminadab
estaba sobre su cuerpo de ejército. 15 Sobre el cuerpo de ejército de la tribu
de los hijos de Isacar, Natanael hijo de Zuar. 16 Y sobre el cuerpo de
ejército de la tribu de los hijos de Zabulón, Eliab hijo de Helón.
17 Después que estaba ya desarmado el tabernáculo, se
movieron los hijos de Gersón y los hijos de Merari, que lo llevaban. 18 Luego
comenzó a marchar la bandera del campamento de Rubén por sus ejércitos; y
Elisur hijo de Sedeur estaba sobre su cuerpo de ejército. 19 Sobre el cuerpo
de ejército de la tribu de los hijos de Simeón, Selumiel hijo de Zurisadai. 20
Y sobre el cuerpo de ejército de la tribu de los hijos de Gad, Eliasaf hijo de
Deuel.
21 Luego comenzaron a marchar los coatitas llevando el
santuario; y entretanto que ellos llegaban, los otros acondicionaron el
tabernáculo. 22 Después comenzó a marchar la bandera del campamento de los
hijos de Efraín por sus ejércitos; y Elisama hijo de Amiud estaba sobre su
cuerpo de ejército. 23 Sobre el cuerpo de ejército de la tribu de los hijos de
Manasés, Gamaliel hijo de Pedasur. 24 Y sobre el cuerpo de ejército de la
tribu de los hijos de Benjamín, Abidán hijo de Gedeoni.
25 Luego comenzó a marchar la bandera del campamento de
los hijos de Dan por sus ejércitos, a retaguardia de todos los campamentos; y
Ahiezer hijo de Amisadai estaba sobre su cuerpo de ejército. 26 Sobre el
cuerpo de ejército de la tribu de los hijos de Aser, Pagiel hijo de Ocrán. 27
Y sobre el cuerpo de ejército de la tribu de los hijos de Neftalí, Ahira hijo
de Enán. 28 Este era el orden de marcha de los hijos de Israel por sus
ejércitos cuando partían.
29 Entonces dijo Moisés a Hobab, hijo de Ragüel
madianita, su suegro: Nosotros partimos para el lugar del cual Jehová ha
dicho: Yo os lo daré. Ven con nosotros, y te haremos bien; porque Jehová ha
prometido el bien a Israel. 30 Y él le respondió: Yo no iré, sino que me
marcharé a mi tierra y a mi parentela. 31 Y él le dijo: Te ruego que no nos
dejes; porque tú conoces los lugares donde hemos de acampar en el desierto, y
nos serás en lugar de ojos. 32 Y si vienes con nosotros, cuando tengamos el
bien que Jehová nos ha de hacer, nosotros te haremos bien.
33 Así partieron del monte de Jehová camino de tres días;
y el arca del pacto de Jehová fue delante de ellos camino de tres días,
buscándoles lugar de descanso. 34 Y la nube de Jehová iba sobre ellos de día,
desde que salieron del campamento.
35 Cuando el arca se movía, Moisés decía: Levántate, oh
Jehová, y sean dispersados tus enemigos, y huyan de tu presencia los que te
aborrecen. 36 Y cuando ella se detenía, decía: Vuelve, oh Jehová, a los
millares de millares de Israel.
Jehová envía codornices
NÚMEROS 11
1 Aconteció que el pueblo se quejó a oídos de Jehová; y
lo oyó Jehová, y ardió su ira, y se encendió en ellos fuego de Jehová, y
consumió uno de los extremos del campamento. 2 Entonces el pueblo clamó a
Moisés, y Moisés oró a Jehová, y el fuego se extinguió. 3 Y llamó a aquel
lugar Tabera, porque el fuego de Jehová se encendió en ellos.
4 Y la gente extranjera que se mezcló con ellos tuvo un
vivo deseo, y los hijos de Israel también volvieron a llorar y dijeron: ¡Quién
nos diera a comer carne! 5 Nos acordamos del pescado que comíamos en Egipto de
balde, de los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos; 6 y
ahora nuestra alma se seca; pues nada sino este maná ven nuestros ojos.
7 Y era el maná como semilla de culantro, y su color como
color de bedelio. 8 El pueblo se esparcía y lo recogía, y lo molía en molinos
o lo majaba en morteros, y lo cocía en caldera o hacía de él tortas; su sabor
era como sabor de aceite nuevo. 9 Y cuando descendía el rocío sobre el
campamento de noche, el maná descendía sobre él.
10 Y oyó Moisés al pueblo, que lloraba por sus familias,
cada uno a la puerta de su tienda; y la ira de Jehová se encendió en gran
manera; también le pareció mal a Moisés. 11 Y dijo Moisés a Jehová: ¿Por qué
has hecho mal a tu siervo? ¿y por qué no he hallado gracia en tus ojos, que
has puesto la carga de todo este pueblo sobre mí? 12 ¿Concebí yo a todo este
pueblo? ¿Lo engendré yo, para que me digas: Llévalo en tu seno, como lleva la
que cría al que mama, a la tierra de la cual juraste a sus padres? 13 ¿De
dónde conseguiré yo carne para dar a todo este pueblo? Porque lloran a mí,
diciendo: Danos carne que comamos. 14 No puedo yo solo soportar a todo este
pueblo, que me es pesado en demasía. 15 Y si así lo haces tú conmigo, yo te
ruego que me des muerte, si he hallado gracia en tus ojos; y que yo no vea mi
mal.
16 Entonces Jehová dijo a Moisés: Reúneme setenta varones
de los ancianos de Israel, que tú sabes que son ancianos del pueblo y sus
principales; y tráelos a la puerta del tabernáculo de reunión, y esperen allí
contigo. 17 Y yo descenderé y hablaré allí contigo, y tomaré del espíritu que
está en ti, y pondré en ellos; y llevarán contigo la carga del pueblo, y no la
llevarás tú solo. 18 Pero al pueblo dirás: Santificaos para mañana, y comeréis
carne; porque habéis llorado en oídos de Jehová, diciendo: ¡Quién nos diera a
comer carne! ¡Ciertamente mejor nos iba en Egipto! Jehová, pues, os dará
carne, y comeréis. 19 No comeréis un día, ni dos días, ni cinco días, ni diez
días, ni veinte días, 20 sino hasta un mes entero, hasta que os salga por las
narices, y la aborrezcáis, por cuanto menospreciasteis a Jehová que está en
medio de vosotros, y llorasteis delante de él, diciendo: ¿Para qué salimos acá
de Egipto? 21 Entonces dijo Moisés: Seiscientos mil de a pie es el pueblo en
medio del cual yo estoy; ¡y tú dices: Les daré carne, y comerán un mes entero!
22 ¿Se degollarán para ellos ovejas y bueyes que les basten? ¿o se juntarán
para ellos todos los peces del mar para que tengan abasto? 23 Entonces Jehová
respondió a Moisés: ¿Acaso se ha acortado la mano de Jehová? Ahora verás si se
cumple mi palabra, o no.
24 Y salió Moisés y dijo al pueblo las palabras de
Jehová; y reunió a los setenta varones de los ancianos del pueblo, y los hizo
estar alrededor del tabernáculo. 25 Entonces Jehová descendió en la nube, y le
habló; y tomó del espíritu que estaba en él, y lo puso en los setenta varones
ancianos; y cuando posó sobre ellos el espíritu, profetizaron, y no cesaron.
26 Y habían quedado en el campamento dos varones,
llamados el uno Eldad y el otro Medad, sobre los cuales también reposó el
espíritu; estaban éstos entre los inscritos, pero no habían venido al
tabernáculo; y profetizaron en el campamento. 27 Y corrió un joven y dio aviso
a Moisés, y dijo: Eldad y Medad profetizan en el campamento. 28 Entonces
respondió Josué hijo de Nun, ayudante de Moisés, uno de sus jóvenes, y dijo:
Señor mío Moisés, impídelos. 29 Y Moisés le respondió: ¿Tienes tú celos por
mí? Ojalá todo el pueblo de Jehová fuese profeta, y que Jehová pusiera su
espíritu sobre ellos. 30 Y Moisés volvió al campamento, él y los ancianos de
Israel.
31 Y vino un viento de Jehová, y trajo codornices del
mar, y las dejó sobre el campamento, un día de camino a un lado, y un día de
camino al otro, alrededor del campamento, y casi dos codos sobre la faz de la
tierra. 32 Entonces el pueblo estuvo levantado todo aquel día y toda la noche,
y todo el día siguiente, y recogieron codornices; el que menos, recogió diez
montones; y las tendieron para sí a lo largo alrededor del campamento. 33 Aún
estaba la carne entre los dientes de ellos, antes que fuese masticada, cuando
la ira de Jehová se encendió en el pueblo, e hirió Jehová al pueblo con una
plaga muy grande. 34 Y llamó el nombre de aquel lugar Kibrot-hataava, por
cuanto allí sepultaron al pueblo codicioso. 35 De Kibrot-hataava partió el
pueblo a Hazerot, y se quedó en Hazerot.
María y Aarón murmuran contra Moisés
NÚMEROS 12
1 María y Aarón hablaron contra Moisés a causa de la
mujer cusita que había tomado; porque él había tomado mujer cusita. 2 Y
dijeron: ¿Solamente por Moisés ha hablado Jehová? ¿No ha hablado también por
nosotros? Y lo oyó Jehová. 3 Y aquel varón Moisés era muy manso, más que todos
los hombres que había sobre la tierra. 4 Luego dijo Jehová a Moisés, a Aarón y
a María: Salid vosotros tres al tabernáculo de reunión. Y salieron ellos tres.
5 Entonces Jehová descendió en la columna de la nube, y se puso a la puerta
del tabernáculo, y llamó a Aarón y a María; y salieron ambos. 6 Y él les dijo:
Oíd ahora mis palabras. Cuando haya entre vosotros profeta de Jehová, le
apareceré en visión, en sueños hablaré con él. 7 No así a mi siervo Moisés,
que es fiel en toda mi casa. 8 Cara a cara hablaré con él, y claramente, y no
por figuras; y verá la apariencia de Jehová. ¿Por qué, pues, no tuvisteis
temor de hablar contra mi siervo Moisés?
9 Entonces la ira de Jehová se encendió contra ellos; y
se fue. 10 Y la nube se apartó del tabernáculo, y he aquí que María estaba
leprosa como la nieve; y miró Aarón a María, y he aquí que estaba leprosa. 11
Y dijo Aarón a Moisés: ¡Ah! señor mío, no pongas ahora sobre nosotros este
pecado; porque locamente hemos actuado, y hemos pecado. 12 No quede ella ahora
como el que nace muerto, que al salir del vientre de su madre, tiene ya medio
consumida su carne. 13 Entonces Moisés clamó a Jehová, diciendo: Te ruego, oh
Dios, que la sanes ahora. 14 Respondió Jehová a Moisés: Pues si su padre
hubiera escupido en su rostro, ¿no se avergonzaría por siete días? Sea echada
fuera del campamento por siete días, y después volverá a la congregación. 15
Así María fue echada del campamento siete días; y el pueblo no pasó adelante
hasta que se reunió María con ellos. 16 Después el pueblo partió de Hazerot, y
acamparon en el desierto de Parán.
Misión de los doce espías
(Dt. 1.19-33)
NÚMEROS 13
1 Y Jehová habló a Moisés, diciendo: 2 Envía tú hombres
que reconozcan la tierra de Canaán, la cual yo doy a los hijos de Israel; de
cada tribu de sus padres enviaréis un varón, cada uno príncipe entre ellos. 3
Y Moisés los envió desde el desierto de Parán, conforme a la palabra de
Jehová; y todos aquellos varones eran príncipes de los hijos de Israel. 4
Estos son sus nombres: De la tribu de Rubén, Samúa hijo de Zacur. 5 De la
tribu de Simeón, Safat hijo de Horí. 6 De la tribu de Judá, Caleb hijo de
Jefone. 7 De la tribu de Isacar, Igal hijo de José. 8 De la tribu de Efraín,
Oseas hijo de Nun. 9 De la tribu de Benjamín, Palti hijo de Rafú. 10 De la
tribu de Zabulón, Gadiel hijo de Sodi. 11 De la tribu de José: de la tribu de
Manasés, Gadi hijo de Susi. 12 De la tribu de Dan, Amiel hijo de Gemali. 13 De
la tribu de Aser, Setur hijo de Micael. 14 De la tribu de Neftalí, Nahbi hijo
de Vapsi. 15 De la tribu de Gad, Geuel hijo de Maqui. 16 Estos son los nombres
de los varones que Moisés envió a reconocer la tierra; y a Oseas hijo de Nun
le puso Moisés el nombre de Josué.
17 Los envió, pues, Moisés a reconocer la tierra de
Canaán, diciéndoles: Subid de aquí al Neguev, y subid al monte, 18 y observad
la tierra cómo es, y el pueblo que la habita, si es fuerte o débil, si poco o
numeroso; 19 cómo es la tierra habitada, si es buena o mala; y cómo son las
ciudades habitadas, si son campamentos o plazas fortificadas; 20 y cómo es el
terreno, si es fértil o estéril, si en él hay árboles o no; y esforzaos, y
tomad del fruto del país. Y era el tiempo de las primeras uvas.
21 Y ellos subieron, y reconocieron la tierra desde el
desierto de Zin hasta Rehob, entrando en Hamat. 22 Y subieron al Neguev y
vinieron hasta Hebrón; y allí estaban Ahimán, Sesai y Talmai, hijos de Anac.
Hebrón fue edificada siete años antes de Zoán en Egipto. 23 Y llegaron hasta
el arroyo de Escol, y de allí cortaron un sarmiento con un racimo de uvas, el
cual trajeron dos en un palo, y de las granadas y de los higos. 24 Y se llamó
aquel lugar el Valle de Escol, por el racimo que cortaron de allí los hijos de
Israel.
25 Y volvieron de reconocer la tierra al fin de cuarenta
días. 26 Y anduvieron y vinieron a Moisés y a Aarón, y a toda la congregación
de los hijos de Israel, en el desierto de Parán, en Cades, y dieron la
información a ellos y a toda la congregación, y les mostraron el fruto de la
tierra. 27 Y les contaron, diciendo: Nosotros llegamos a la tierra a la cual
nos enviaste, la que ciertamente fluye leche y miel; y este es el fruto de
ella. 28 Mas el pueblo que habita aquella tierra es fuerte, y las ciudades muy
grandes y fortificadas; y también vimos allí a los hijos de Anac. 29 Amalec
habita el Neguev, y el heteo, el jebuseo y el amorreo habitan en el monte, y
el cananeo habita junto al mar, y a la ribera del Jordán.
30 Entonces Caleb hizo callar al pueblo delante de
Moisés, y dijo: Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos
nosotros que ellos. 31 Mas los varones que subieron con él, dijeron: No
podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros. 32 Y
hablaron mal entre los hijos de Israel, de la tierra que habían reconocido,
diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra que traga a
sus moradores; y todo el pueblo que vimos en medio de ella son hombres de
grande estatura. 33 También vimos allí gigantes, hijos de Anac, raza de los
gigantes, y éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así les
parecíamos a ellos.
Los israelitas se rebelan contra Jehová
NÚMEROS 14
1 Entonces toda la congregación gritó, y dio voces; y el
pueblo lloró aquella noche. 2 Y se quejaron contra Moisés y contra Aarón todos
los hijos de Israel; y les dijo toda la multitud: ¡Ojalá muriéramos en la
tierra de Egipto; o en este desierto ojalá muriéramos! 3 ¿Y por qué nos trae
Jehová a esta tierra para caer a espada, y que nuestras mujeres y nuestros
niños sean por presa? ¿No nos sería mejor volvernos a Egipto?
4 Y decían el uno al otro: Designemos un capitán, y
volvámonos a Egipto. 5 Entonces Moisés y Aarón se postraron sobre sus rostros
delante de toda la multitud de la congregación de los hijos de Israel. 6 Y
Josué hijo de Nun y Caleb hijo de Jefone, que eran de los que habían
reconocido la tierra, rompieron sus vestidos, 7 y hablaron a toda la
congregación de los hijos de Israel, diciendo: La tierra por donde pasamos
para reconocerla, es tierra en gran manera buena. 8 Si Jehová se agradare de
nosotros, él nos llevará a esta tierra, y nos la entregará; tierra que fluye
leche y miel. 9 Por tanto, no seáis rebeldes contra Jehová, ni temáis al
pueblo de esta tierra; porque nosotros los comeremos como pan; su amparo se ha
apartado de ellos, y con nosotros está Jehová; no los temáis. 10 Entonces toda
la multitud habló de apedrearlos.
Pero la gloria de Jehová se mostró en el tabernáculo de
reunión a todos los hijos de Israel, 11 y Jehová dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo
me ha de irritar este pueblo? ¿Hasta cuándo no me creerán, con todas las
señales que he hecho en medio de ellos? 12 Yo los heriré de mortandad y los
destruiré, y a ti te pondré sobre gente más grande y más fuerte que ellos.
13 Pero Moisés respondió a Jehová: Lo oirán luego los
egipcios, porque de en medio de ellos sacaste a este pueblo con tu poder; 14 y
lo dirán a los habitantes de esta tierra, los cuales han oído que tú, oh
Jehová, estabas en medio de este pueblo, que cara a cara aparecías tú, oh
Jehová, y que tu nube estaba sobre ellos, y que de día ibas delante de ellos
en columna de nube, y de noche en columna de fuego; 15 y que has hecho morir a
este pueblo como a un solo hombre; y las gentes que hubieren oído tu fama
hablarán, diciendo: 16 Por cuanto no pudo Jehová meter este pueblo en la
tierra de la cual les había jurado, los mató en el desierto. 17 Ahora, pues,
yo te ruego que sea magnificado el poder del Señor, como lo hablaste,
diciendo: 18 Jehová, tardo para la ira y grande en misericordia, que perdona
la iniquidad y la rebelión, aunque de ningún modo tendrá por inocente al
culpable; que visita la maldad de los padres sobre los hijos hasta los
terceros y hasta los cuartos. 19 Perdona ahora la iniquidad de este pueblo
según la grandeza de tu misericordia, y como has perdonado a este pueblo desde
Egipto hasta aquí.
Jehová castiga a Israel
(Dt. 1.34-40)
20 Entonces Jehová dijo: Yo lo he perdonado conforme a tu
dicho. 21 Mas tan ciertamente como vivo yo, y mi gloria llena toda la tierra,
22 todos los que vieron mi gloria y mis señales que he hecho en Egipto y en el
desierto, y me han tentado ya diez veces, y no han oído mi voz, 23 no verán la
tierra de la cual juré a sus padres; no, ninguno de los que me han irritado la
verá. 24 Pero a mi siervo Caleb, por cuanto hubo en él otro espíritu, y
decidió ir en pos de mí, yo le meteré en la tierra donde entró, y su
descendencia la tendrá en posesión. 25 Ahora bien, el amalecita y el cananeo
habitan en el valle; volveos mañana y salid al desierto, camino del Mar Rojo.
26 Y Jehová habló a Moisés y a Aarón, diciendo: 27 ¿Hasta
cuándo oiré esta depravada multitud que murmura contra mí, las querellas de
los hijos de Israel, que de mí se quejan? 28 Diles: Vivo yo, dice Jehová, que
según habéis hablado a mis oídos, así haré yo con vosotros. 29 En este
desierto caerán vuestros cuerpos; todo el número de los que fueron contados de
entre vosotros, de veinte años arriba, los cuales han murmurado contra mí. 30
Vosotros a la verdad no entraréis en la tierra, por la cual alcé mi mano y
juré que os haría habitar en ella; exceptuando a Caleb hijo de Jefone, y a
Josué hijo de Nun. 31 Pero a vuestros niños, de los cuales dijisteis que
serían por presa, yo los introduciré, y ellos conocerán la tierra que vosotros
despreciasteis. 32 En cuanto a vosotros, vuestros cuerpos caerán en este
desierto. 33 Y vuestros hijos andarán pastoreando en el desierto cuarenta
años, y ellos llevarán vuestras rebeldías, hasta que vuestros cuerpos sean
consumidos en el desierto. 34 Conforme al número de los días, de los cuarenta
días en que reconocisteis la tierra, llevaréis vuestras iniquidades cuarenta
años, un año por cada día; y conoceréis mi castigo. 35 Yo Jehová he hablado;
así haré a toda esta multitud perversa que se ha juntado contra mí; en este
desierto serán consumidos, y ahí morirán.
Muerte de los diez espías malvados
36 Y los varones que Moisés envió a reconocer la tierra,
y que al volver habían hecho murmurar contra él a toda la congregación,
desacreditando aquel país, 37 aquellos varones que habían hablado mal de la
tierra, murieron de plaga delante de Jehová. 38 Pero Josué hijo de Nun y Caleb
hijo de Jefone quedaron con vida, de entre aquellos hombres que habían ido a
reconocer la tierra.
La derrota en Horma
(Dt. 1.41-46)
39 Y Moisés dijo estas cosas a todos los hijos de Israel,
y el pueblo se enlutó mucho. 40 Y se levantaron por la mañana y subieron a la
cumbre del monte, diciendo: Henos aquí para subir al lugar del cual ha hablado
Jehová; porque hemos pecado. 41 Y dijo Moisés: ¿Por qué quebrantáis el
mandamiento de Jehová? Esto tampoco os saldrá bien. 42 No subáis, porque
Jehová no está en medio de vosotros, no seáis heridos delante de vuestros
enemigos. 43 Porque el amalecita y el cananeo están allí delante de vosotros,
y caeréis a espada; pues por cuanto os habéis negado a seguir a Jehová, por
eso no estará Jehová con vosotros. 44 Sin embargo, se obstinaron en subir a la
cima del monte; pero el arca del pacto de Jehová, y Moisés, no se apartaron de
en medio del campamento. 45 Y descendieron el amalecita y el cananeo que
habitaban en aquel monte, y los hirieron y los derrotaron, persiguiéndolos
hasta Horma.
Leyes sobre las ofrendas
NÚMEROS 15
1 Jehová habló a Moisés, diciendo: 2 Habla a los hijos de
Israel, y diles: Cuando hayáis entrado en la tierra de vuestra habitación que
yo os doy, 3 y hagáis ofrenda encendida a Jehová, holocausto, o sacrificio,
por especial voto, o de vuestra voluntad, o para ofrecer en vuestras fiestas
solemnes olor grato a Jehová, de vacas o de ovejas; 4 entonces el que presente
su ofrenda a Jehová traerá como ofrenda la décima parte de un efa de flor de
harina, amasada con la cuarta parte de un hin de aceite. 5 De vino para la
libación ofrecerás la cuarta parte de un hin, además del holocausto o del
sacrificio, por cada cordero. 6 Por cada carnero harás ofrenda de dos décimas
de flor de harina, amasada con la tercera parte de un hin de aceite; 7 y de
vino para la libación ofrecerás la tercera parte de un hin, en olor grato a
Jehová. 8 Cuando ofrecieres novillo en holocausto o sacrificio, por especial
voto, o de paz a Jehová, 9 ofrecerás con el novillo una ofrenda de tres
décimas de flor de harina, amasada con la mitad de un hin de aceite; 10 y de
vino para la libación ofrecerás la mitad de un hin, en ofrenda encendida de
olor grato a Jehová.
11 Así se hará con cada buey, o carnero, o cordero de las
ovejas, o cabrito. 12 Conforme al número así haréis con cada uno, según el
número de ellos. 13 Todo natural hará estas cosas así, para ofrecer ofrenda
encendida de olor grato a Jehová. 14 Y cuando habitare con vosotros
extranjero, o cualquiera que estuviere entre vosotros por vuestras
generaciones, si hiciere ofrenda encendida de olor grato a Jehová, como
vosotros hiciereis, así hará él. 15 Un mismo estatuto tendréis vosotros de la
congregación y el extranjero que con vosotros mora; será estatuto perpetuo por
vuestras generaciones; como vosotros, así será el extranjero delante de
Jehová. 16 Una misma ley y un mismo decreto tendréis, vosotros y el extranjero
que con vosotros mora.
17 También habló Jehová a Moisés, diciendo: 18 Habla a
los hijos de Israel, y diles: Cuando hayáis entrado en la tierra a la cual yo
os llevo, 19 cuando comencéis a comer del pan de la tierra, ofreceréis ofrenda
a Jehová. 20 De lo primero que amaséis, ofreceréis una torta en ofrenda; como
la ofrenda de la era, así la ofreceréis. 21 De las primicias de vuestra masa
daréis a Jehová ofrenda por vuestras generaciones. 22 Y cuando errareis, y no
hiciereis todos estos mandamientos que Jehová ha dicho a Moisés, 23 todas las
cosas que Jehová os ha mandado por medio de Moisés, desde el día que Jehová lo
mandó, y en adelante por vuestras edades, 24 si el pecado fue hecho por yerro
con ignorancia de la congregación, toda la congregación ofrecerá un novillo
por holocausto en olor grato a Jehová, con su ofrenda y su libación conforme a
la ley, y un macho cabrío en expiación. 25 Y el sacerdote hará expiación por
toda la congregación de los hijos de Israel; y les será perdonado, porque
yerro es; y ellos traerán sus ofrendas, ofrenda encendida a Jehová, y sus
expiaciones delante de Jehová por sus yerros. 26 Y será perdonado a toda la
congregación de los hijos de Israel, y al extranjero que mora entre ellos, por
cuanto es yerro de todo el pueblo.
27 Si una persona pecare por yerro, ofrecerá una cabra de
un año para expiación. 28 Y el sacerdote hará expiación por la persona que
haya pecado por yerro; cuando pecare por yerro delante de Jehová, la
reconciliará, y le será perdonado. 29 El nacido entre los hijos de Israel, y
el extranjero que habitare entre ellos, una misma ley tendréis para el que
hiciere algo por yerro. 30 Mas la persona que hiciere algo con soberbia, así
el natural como el extranjero, ultraja a Jehová; esa persona será cortada de
en medio de su pueblo. 31 Por cuanto tuvo en poco la palabra de Jehová, y
menospreció su mandamiento, enteramente será cortada esa persona; su iniquidad
caerá sobre ella.
Lapidación de un violador del día de reposo
32 Estando los hijos de Israel en el desierto, hallaron a
un hombre que recogía leña en día de reposo. 33 Y los que le hallaron
recogiendo leña, lo trajeron a Moisés y a Aarón, y a toda la congregación; 34
y lo pusieron en la cárcel, porque no estaba declarado qué se le había de
hacer. 35 Y Jehová dijo a Moisés: Irremisiblemente muera aquel hombre;
apedréelo toda la congregación fuera del campamento. 36 Entonces lo sacó la
congregación fuera del campamento, y lo apedrearon, y murió, como Jehová mandó
a Moisés.
Franjas en los vestidos
37 Y Jehová habló a Moisés, diciendo: 38 Habla a los
hijos de Israel, y diles que se hagan franjas en los bordes de sus vestidos,
por sus generaciones; y pongan en cada franja de los bordes un cordón de azul.
39 Y os servirá de franja, para que cuando lo veáis os acordéis de todos los
mandamientos de Jehová, para ponerlos por obra; y no miréis en pos de vuestro
corazón y de vuestros ojos, en pos de los cuales os prostituyáis. 40 Para que
os acordéis, y hagáis todos mis mandamientos, y seáis santos a vuestro Dios.
41 Yo Jehová vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto, para ser
vuestro Dios. Yo Jehová vuestro Dios.
La rebelión de Coré
NÚMEROS 16
1 Coré hijo de Izhar, hijo de Coat, hijo de Leví, y Datán
y Abiram hijos de Eliab, y On hijo de Pelet, de los hijos de Rubén, tomaron
gente, 2 y se levantaron contra Moisés con doscientos cincuenta varones de los
hijos de Israel, príncipes de la congregación, de los del consejo, varones de
renombre. 3 Y se juntaron contra Moisés y Aarón y les dijeron: ¡Basta ya de
vosotros! Porque toda la congregación, todos ellos son santos, y en medio de
ellos está Jehová; ¿por qué, pues, os levantáis vosotros sobre la congregación
de Jehová? 4 Cuando oyó esto Moisés, se postró sobre su rostro; 5 y habló a
Coré y a todo su séquito, diciendo: Mañana mostrará Jehová quién es suyo, y
quién es santo, y hará que se acerque a él; al que él escogiere, él lo
acercará a sí. 6 Haced esto: tomaos incensarios, Coré y todo su séquito, 7 y
poned fuego en ellos, y poned en ellos incienso delante de Jehová mañana; y el
varón a quien Jehová escogiere, aquel será el santo; esto os baste, hijos de
Leví. 8 Dijo más Moisés a Coré: Oíd ahora, hijos de Leví: 9 ¿Os es poco que el
Dios de Israel os haya apartado de la congregación de Israel, acercándoos a él
para que ministréis en el servicio del tabernáculo de Jehová, y estéis delante
de la congregación para ministrarles, 10 y que te hizo acercar a ti, y a todos
tus hermanos los hijos de Leví contigo? ¿Procuráis también el sacerdocio? 11
Por tanto, tú y todo tu séquito sois los que os juntáis contra Jehová; pues
Aarón, ¿qué es, para que contra él murmuréis?
12 Y envió Moisés a llamar a Datán y Abiram, hijos de
Eliab; mas ellos respondieron: No iremos allá. 13 ¿Es poco que nos hayas hecho
venir de una tierra que destila leche y miel, para hacernos morir en el
desierto, sino que también te enseñorees de nosotros imperiosamente? 14 Ni
tampoco nos has metido tú en tierra que fluya leche y miel, ni nos has dado
heredades de tierras y viñas. ¿Sacarás los ojos de estos hombres? No
subiremos.
15 Entonces Moisés se enojó en gran manera, y dijo a
Jehová: No mires a su ofrenda; ni aun un asno he tomado de ellos, ni a ninguno
de ellos he hecho mal. 16 Después dijo Moisés a Coré: Tú y todo tu séquito,
poneos mañana delante de Jehová; tú, y ellos, y Aarón; 17 y tomad cada uno su
incensario y poned incienso en ellos, y acercaos delante de Jehová cada uno
con su incensario, doscientos cincuenta incensarios; tú también, y Aarón, cada
uno con su incensario. 18 Y tomó cada uno su incensario, y pusieron en ellos
fuego, y echaron en ellos incienso, y se pusieron a la puerta del tabernáculo
de reunión con Moisés y Aarón. 19 Ya Coré había hecho juntar contra ellos toda
la congregación a la puerta del tabernáculo de reunión; entonces la gloria de
Jehová apareció a toda la congregación. 20 Y Jehová habló a Moisés y a Aarón,
diciendo: 21 Apartaos de entre esta congregación, y los consumiré en un
momento. 22 Y ellos se postraron sobre sus rostros, y dijeron: Dios, Dios de
los espíritus de toda carne, ¿no es un solo hombre el que pecó? ¿Por qué
airarte contra toda la congregación? 23 Entonces Jehová habló a Moisés,
diciendo: 24 Habla a la congregación y diles: Apartaos de en derredor de la
tienda de Coré, Datán y Abiram.
25 Entonces Moisés se levantó y fue a Datán y a Abiram, y
los ancianos de Israel fueron en pos de él. 26 Y él habló a la congregación,
diciendo: Apartaos ahora de las tiendas de estos hombres impíos, y no toquéis
ninguna cosa suya, para que no perezcáis en todos sus pecados. 27 Y se
apartaron de las tiendas de Coré, de Datán y de Abiram en derredor; y Datán y
Abiram salieron y se pusieron a las puertas de sus tiendas, con sus mujeres,
sus hijos y sus pequeñuelos. 28 Y dijo Moisés: En esto conoceréis que Jehová
me ha enviado para que hiciese todas estas cosas, y que no las hice de mi
propia voluntad. 29 Si como mueren todos los hombres murieren éstos, o si
ellos al ser visitados siguen la suerte de todos los hombres, Jehová no me
envió. 30 Mas si Jehová hiciere algo nuevo, y la tierra abriere su boca y los
tragare con todas sus cosas, y descendieren vivos al Seol, entonces conoceréis
que estos hombres irritaron a Jehová.
31 Y aconteció que cuando cesó él de hablar todas estas
palabras, se abrió la tierra que estaba debajo de ellos. 32 Abrió la tierra su
boca, y los tragó a ellos, a sus casas, a todos los hombres de Coré, y a todos
sus bienes. 33 Y ellos, con todo lo que tenían, descendieron vivos al Seol, y
los cubrió la tierra, y perecieron de en medio de la congregación. 34 Y todo
Israel, los que estaban en derredor de ellos, huyeron al grito de ellos;
porque decían: No nos trague también la tierra. 35 También salió fuego de
delante de Jehová, y consumió a los doscientos cincuenta hombres que ofrecían
el incienso.
36 Entonces Jehová habló a Moisés, diciendo: 37 Di a
Eleazar hijo del sacerdote Aarón, que tome los incensarios de en medio del
incendio, y derrame más allá el fuego; porque son santificados 38 los
incensarios de estos que pecaron contra sus almas; y harán de ellos planchas
batidas para cubrir el altar; por cuanto ofrecieron con ellos delante de
Jehová, son santificados, y serán como señal a los hijos de Israel. 39 Y el
sacerdote Eleazar tomó los incensarios de bronce con que los quemados habían
ofrecido; y los batieron para cubrir el altar, 40 en recuerdo para los hijos
de Israel, de que ningún extraño que no sea de la descendencia de Aarón se
acerque para ofrecer incienso delante de Jehová, para que no sea como Coré y
como su séquito; según se lo dijo Jehová por medio de Moisés.
41 El día siguiente, toda la congregación de los hijos de
Israel murmuró contra Moisés y Aarón, diciendo: Vosotros habéis dado muerte al
pueblo de Jehová. 42 Y aconteció que cuando se juntó la congregación contra
Moisés y Aarón, miraron hacia el tabernáculo de reunión, y he aquí la nube lo
había cubierto, y apareció la gloria de Jehová. 43 Y vinieron Moisés y Aarón
delante del tabernáculo de reunión. 44 Y Jehová habló a Moisés, diciendo: 45
Apartaos de en medio de esta congregación, y los consumiré en un momento. Y
ellos se postraron sobre sus rostros. 46 Y dijo Moisés a Aarón: Toma el
incensario, y pon en él fuego del altar, y sobre él pon incienso, y ve pronto
a la congregación, y haz expiación por ellos, porque el furor ha salido de la
presencia de Jehová; la mortandad ha comenzado. 47 Entonces tomó Aarón el
incensario, como Moisés dijo, y corrió en medio de la congregación; y he aquí
que la mortandad había comenzado en el pueblo; y él puso incienso, e hizo
expiación por el pueblo, 48 y se puso entre los muertos y los vivos; y cesó la
mortandad. 49 Y los que murieron en aquella mortandad fueron catorce mil
setecientos, sin los muertos por la rebelión de Coré. 50 Después volvió Aarón
a Moisés a la puerta del tabernáculo de reunión, cuando la mortandad había
cesado.
La vara de Aarón florece
NÚMEROS 17
1 Luego habló Jehová a Moisés, diciendo: 2 Habla a los
hijos de Israel, y toma de ellos una vara por cada casa de los padres, de
todos los príncipes de ellos, doce varas conforme a las casas de sus padres; y
escribirás el nombre de cada uno sobre su vara. 3 Y escribirás el nombre de
Aarón sobre la vara de Leví; porque cada jefe de familia de sus padres tendrá
una vara. 4 Y las pondrás en el tabernáculo de reunión delante del testimonio,
donde yo me manifestaré a vosotros. 5 Y florecerá la vara del varón que yo
escoja, y haré cesar de delante de mí las quejas de los hijos de Israel con
que murmuran contra vosotros. 6 Y Moisés habló a los hijos de Israel, y todos
los príncipes de ellos le dieron varas; cada príncipe por las casas de sus
padres una vara, en total doce varas; y la vara de Aarón estaba entre las
varas de ellos. 7 Y Moisés puso las varas delante de Jehová en el tabernáculo
del testimonio.
8 Y aconteció que el día siguiente vino Moisés al
tabernáculo del testimonio; y he aquí que la vara de Aarón de la casa de Leví
había reverdecido, y echado flores, y arrojado renuevos, y producido
almendras. 9 Entonces sacó Moisés todas las varas de delante de Jehová a todos
los hijos de Israel; y ellos lo vieron, y tomaron cada uno su vara. 10 Y
Jehová dijo a Moisés: Vuelve la vara de Aarón delante del testimonio, para que
se guarde por señal a los hijos rebeldes; y harás cesar sus quejas de delante
de mí, para que no mueran. 11 E hizo Moisés como le mandó Jehová, así lo hizo.
12 Entonces los hijos de Israel hablaron a Moisés,
diciendo: He aquí nosotros somos muertos, perdidos somos, todos nosotros somos
perdidos. 13 Cualquiera que se acercare, el que viniere al tabernáculo de
Jehová, morirá. ¿Acabaremos por perecer todos?
Sostenimiento de sacerdotes y levitas
NÚMEROS 18
1 Jehová dijo a Aarón: Tú y tus hijos, y la casa de tu
padre contigo, llevaréis el pecado del santuario; y tú y tus hijos contigo
llevaréis el pecado de vuestro sacerdocio. 2 Y a tus hermanos también, la
tribu de Leví, la tribu de tu padre, haz que se acerquen a ti y se junten
contigo, y te servirán; y tú y tus hijos contigo serviréis delante del
tabernáculo del testimonio. 3 Y guardarán lo que tú ordenes, y el cargo de
todo el tabernáculo; mas no se acercarán a los utensilios santos ni al altar,
para que no mueran ellos y vosotros. 4 Se juntarán, pues, contigo, y tendrán
el cargo del tabernáculo de reunión en todo el servicio del tabernáculo;
ningún extraño se ha de acercar a vosotros. 5 Y tendréis el cuidado del
santuario, y el cuidado del altar, para que no venga más la ira sobre los
hijos de Israel. 6 Porque he aquí, yo he tomado a vuestros hermanos los
levitas de entre los hijos de Israel, dados a vosotros en don de Jehová, para
que sirvan en el ministerio del tabernáculo de reunión. 7 Mas tú y tus hijos
contigo guardaréis vuestro sacerdocio en todo lo relacionado con el altar, y
del velo adentro, y ministraréis. Yo os he dado en don el servicio de vuestro
sacerdocio; y el extraño que se acercare, morirá.
8 Dijo más Jehová a Aarón: He aquí yo te he dado también
el cuidado de mis ofrendas; todas las cosas consagradas de los hijos de Israel
te he dado por razón de la unción, y a tus hijos, por estatuto perpetuo. 9
Esto será tuyo de la ofrenda de las cosas santas, reservadas del fuego; toda
ofrenda de ellos, todo presente suyo, y toda expiación por el pecado de ellos,
y toda expiación por la culpa de ellos, que me han de presentar, será cosa muy
santa para ti y para tus hijos. 10 En el santuario la comerás; todo varón
comerá de ella; cosa santa será para ti. 11 Esto también será tuyo: la ofrenda
elevada de sus dones, y todas las ofrendas mecidas de los hijos de Israel, he
dado a ti y a tus hijos y a tus hijas contigo, por estatuto perpetuo; todo
limpio en tu casa comerá de ellas. 12 De aceite, de mosto y de trigo, todo lo
más escogido, las primicias de ello, que presentarán a Jehová, para ti las he
dado. 13 Las primicias de todas las cosas de la tierra de ellos, las cuales
traerán a Jehová, serán tuyas; todo limpio en tu casa comerá de ellas. 14 Todo
lo consagrado por voto en Israel será tuyo. 15 Todo lo que abre matriz, de
toda carne que ofrecerán a Jehová, así de hombres como de animales, será tuyo;
pero harás que se redima el primogénito del hombre; también harás redimir el
primogénito de animal inmundo. 16 De un mes harás efectuar el rescate de
ellos, conforme a tu estimación, por el precio de cinco siclos, conforme al
siclo del santuario, que es de veinte geras. 17 Mas el primogénito de vaca, el
primogénito de oveja y el primogénito de cabra, no redimirás; santificados
son; la sangre de ellos rociarás sobre el altar, y quemarás la grosura de
ellos, ofrenda encendida en olor grato a Jehová. 18 Y la carne de ellos será
tuya; como el pecho de la ofrenda mecida y como la espaldilla derecha, será
tuya. 19 Todas las ofrendas elevadas de las cosas santas, que los hijos de
Israel ofrecieren a Jehová, las he dado para ti, y para tus hijos y para tus
hijas contigo, por estatuto perpetuo; pacto de sal perpetuo es delante de
Jehová para ti y para tu descendencia contigo. 20 Y Jehová dijo a Aarón: De la
tierra de ellos no tendrás heredad, ni entre ellos tendrás parte. Yo soy tu
parte y tu heredad en medio de los hijos de Israel.
21 Y he aquí yo he dado a los hijos de Leví todos los
diezmos en Israel por heredad, por su ministerio, por cuanto ellos sirven en
el ministerio del tabernáculo de reunión. 22 Y no se acercarán más los hijos
de Israel al tabernáculo de reunión, para que no lleven pecado por el cual
mueran. 23 Mas los levitas harán el servicio del tabernáculo de reunión, y
ellos llevarán su iniquidad; estatuto perpetuo para vuestros descendientes; y
no poseerán heredad entre los hijos de Israel. 24 Porque a los levitas he dado
por heredad los diezmos de los hijos de Israel, que ofrecerán a Jehová en
ofrenda; por lo cual les he dicho: Entre los hijos de Israel no poseerán
heredad.
25 Y habló Jehová a Moisés, diciendo: 26 Así hablarás a
los levitas, y les dirás: Cuando toméis de los hijos de Israel los diezmos que
os he dado de ellos por vuestra heredad, vosotros presentaréis de ellos en
ofrenda mecida a Jehová el diezmo de los diezmos. 27 Y se os contará vuestra
ofrenda como grano de la era, y como producto del lagar. 28 Así ofreceréis
también vosotros ofrenda a Jehová de todos vuestros diezmos que recibáis de
los hijos de Israel; y daréis de ellos la ofrenda de Jehová al sacerdote
Aarón. 29 De todos vuestros dones ofreceréis toda ofrenda a Jehová; de todo lo
mejor de ellos ofreceréis la porción que ha de ser consagrada. 30 Y les dirás:
Cuando ofreciereis lo mejor de ellos, será contado a los levitas como producto
de la era, y como producto del lagar. 31 Y lo comeréis en cualquier lugar,
vosotros y vuestras familias; pues es vuestra remuneración por vuestro
ministerio en el tabernáculo de reunión. 32 Y no llevaréis pecado por ello,
cuando hubiereis ofrecido la mejor parte de él; y no contaminaréis las cosas
santas de los hijos de Israel, y no moriréis.
La purificación de los inmundos
NÚMEROS 19
1 Jehová habló a Moisés y a Aarón, diciendo: 2 Esta es la
ordenanza de la ley que Jehová ha prescrito, diciendo: Di a los hijos de
Israel que te traigan una vaca alazana, perfecta, en la cual no haya falta,
sobre la cual no se haya puesto yugo; 3 y la daréis a Eleazar el sacerdote, y
él la sacará fuera del campamento, y la hará degollar en su presencia. 4 Y
Eleazar el sacerdote tomará de la sangre con su dedo, y rociará hacia la parte
delantera del tabernáculo de reunión con la sangre de ella siete veces; 5 y
hará quemar la vaca ante sus ojos; su cuero y su carne y su sangre, con su
estiércol, hará quemar. 6 Luego tomará el sacerdote madera de cedro, e hisopo,
y escarlata, y lo echará en medio del fuego en que arde la vaca. 7 El
sacerdote lavará luego sus vestidos, lavará también su cuerpo con agua, y
después entrará en el campamento; y será inmundo el sacerdote hasta la noche.
8 Asimismo el que la quemó lavará sus vestidos en agua, también lavará en agua
su cuerpo, y será inmundo hasta la noche. 9 Y un hombre limpio recogerá las
cenizas de la vaca y las pondrá fuera del campamento en lugar limpio, y las
guardará la congregación de los hijos de Israel para el agua de purificación;
es una expiación. 10 Y el que recogió las cenizas de la vaca lavará sus
vestidos, y será inmundo hasta la noche; y será estatuto perpetuo para los
hijos de Israel, y para el extranjero que mora entre ellos.
11 El que tocare cadáver de cualquier persona será
inmundo siete días. 12 Al tercer día se purificará con aquella agua, y al
séptimo día será limpio; y si al tercer día no se purificare, no será limpio
al séptimo día. 13 Todo aquel que tocare cadáver de cualquier persona, y no se
purificare, el tabernáculo de Jehová contaminó, y aquella persona será cortada
de Israel; por cuanto el agua de la purificación no fue rociada sobre él,
inmundo será, y su inmundicia será sobre él.
14 Esta es la ley para cuando alguno muera en la tienda:
cualquiera que entre en la tienda, y todo el que esté en ella, será inmundo
siete días. 15 Y toda vasija abierta, cuya tapa no esté bien ajustada, será
inmunda; 16 y cualquiera que tocare algún muerto a espada sobre la faz del
campo, o algún cadáver, o hueso humano, o sepulcro, siete días será inmundo.
17 Y para el inmundo tomarán de la ceniza de la vaca quemada de la expiación,
y echarán sobre ella agua corriente en un recipiente; 18 y un hombre limpio
tomará hisopo, y lo mojará en el agua, y rociará sobre la tienda, sobre todos
los muebles, sobre las personas que allí estuvieren, y sobre aquel que hubiere
tocado el hueso, o el asesinado, o el muerto, o el sepulcro. 19 Y el limpio
rociará sobre el inmundo al tercero y al séptimo día; y cuando lo haya
purificado al día séptimo, él lavará luego sus vestidos, y a sí mismo se
lavará con agua, y será limpio a la noche.
20 Y el que fuere inmundo, y no se purificare, la tal
persona será cortada de entre la congregación, por cuanto contaminó el
tabernáculo de Jehová; no fue rociada sobre él el agua de la purificación; es
inmundo. 21 Les será estatuto perpetuo; también el que rociare el agua de la
purificación lavará sus vestidos; y el que tocare el agua de la purificación
será inmundo hasta la noche. 22 Y todo lo que el inmundo tocare, será inmundo;
y la persona que lo tocare será inmunda hasta la noche.
Agua de la roca
NÚMEROS 20
1 Llegaron los hijos de Israel, toda la congregación, al
desierto de Zin, en el mes primero, y acampó el pueblo en Cades; y allí murió
María, y allí fue sepultada.
2 Y porque no había agua para la congregación, se
juntaron contra Moisés y Aarón. 3 Y habló el pueblo contra Moisés, diciendo: ¡Ojalá
hubiéramos muerto cuando perecieron nuestros hermanos delante de Jehová! 4
¿Por qué hiciste venir la congregación de Jehová a este desierto, para que
muramos aquí nosotros y nuestras bestias? 5 ¿Y por qué nos has hecho subir de
Egipto, para traernos a este mal lugar? No es lugar de sementera, de higueras,
de viñas ni de granadas; ni aun de agua para beber. 6 Y se fueron Moisés y
Aarón de delante de la congregación a la puerta del tabernáculo de reunión, y
se postraron sobre sus rostros; y la gloria de Jehová apareció sobre ellos. 7
Y habló Jehová a Moisés, diciendo: 8 Toma la vara, y reúne la congregación, tú
y Aarón tu hermano, y hablad a la peña a vista de ellos; y ella dará su agua,
y les sacarás aguas de la peña, y darás de beber a la congregación y a sus
bestias. 9 Entonces Moisés tomó la vara de delante de Jehová, como él le
mandó.
10 Y reunieron Moisés y Aarón a la congregación delante
de la peña, y les dijo: ¡Oíd ahora, rebeldes! ¿Os hemos de hacer salir aguas
de esta peña? 11 Entonces alzó Moisés su mano y golpeó la peña con su vara dos
veces; y salieron muchas aguas, y bebió la congregación, y sus bestias. 12 Y
Jehová dijo a Moisés y a Aarón: Por cuanto no creísteis en mí, para
santificarme delante de los hijos de Israel, por tanto, no meteréis esta
congregación en la tierra que les he dado. 13 Estas son las aguas de la
rencilla, por las cuales contendieron los hijos de Israel con Jehová, y él se
santificó en ellos.
Edom rehúsa dar paso a Israel
14 Envió Moisés embajadores al rey de Edom desde Cades,
diciendo: Así dice Israel tu hermano: Tú has sabido todo el trabajo que nos ha
venido; 15 cómo nuestros padres descendieron a Egipto, y estuvimos en Egipto
largo tiempo, y los egipcios nos maltrataron, y a nuestros padres; 16 y
clamamos a Jehová, el cual oyó nuestra voz, y envió un ángel, y nos sacó de
Egipto; y he aquí estamos en Cades, ciudad cercana a tus fronteras. 17 Te
rogamos que pasemos por tu tierra. No pasaremos por labranza, ni por viña, ni
beberemos agua de pozos; por el camino real iremos, sin apartarnos a diestra
ni a siniestra, hasta que hayamos pasado tu territorio. 18 Edom le respondió:
No pasarás por mi país; de otra manera, saldré contra ti armado. 19 Y los
hijos de Israel dijeron: Por el camino principal iremos; y si bebiéremos tus
aguas yo y mis ganados, daré el precio de ellas; déjame solamente pasar a pie,
nada más. 20 Pero él respondió: No pasarás. Y salió Edom contra él con mucho
pueblo, y mano fuerte. 21 No quiso, pues, Edom dejar pasar a Israel por su
territorio, y se desvió Israel de él.
Aarón muere en el Monte Hor
22 Y partiendo de Cades los hijos de Israel, toda aquella
congregación, vinieron al monte de Hor. 23 Y Jehová habló a Moisés y a Aarón
en el monte de Hor, en la frontera de la tierra de Edom, diciendo: 24 Aarón
será reunido a su pueblo, pues no entrará en la tierra que yo di a los hijos
de Israel, por cuanto fuisteis rebeldes a mi mandamiento en las aguas de la
rencilla. 25 Toma a Aarón y a Eleazar su hijo, y hazlos subir al monte de Hor,
26 y desnuda a Aarón de sus vestiduras, y viste con ellas a Eleazar su hijo;
porque Aarón será reunido a su pueblo, y allí morirá. 27 Y Moisés hizo como
Jehová le mandó; y subieron al monte de Hor a la vista de toda la
congregación. 28 Y Moisés desnudó a Aarón de sus vestiduras, y se las vistió a
Eleazar su hijo; y Aarón murio allí en la cumbre del monte, y Moisés y Eleazar
descendieron del monte. 29 Y viendo toda la congregación que Aarón había
muerto, le hicieron duelo por treinta días todas la familias de Israel.
El rey de Arad ataca a Israel
NÚMEROS 21
1 Cuando el cananeo, el rey de Arad, que habitaba en el
Neguev, oyó que venía Israel por el camino de Atarim, peleó contra Israel, y
tomó de él prisioneros. 2 Entonces Israel hizo voto a Jehová, y dijo: Si en
efecto entregares este pueblo en mi mano, yo destruiré sus ciudades. 3 Y
Jehová escuchó la voz de Israel, y entregó al cananeo, y los destruyó a ellos
y a sus ciudades; y llamó el nombre de aquel lugar Horma.
La serpiente de bronce
4 Después partieron del monte de Hor, camino del Mar
Rojo, para rodear la tierra de Edom; y se desanimó el pueblo por el camino. 5
Y habló el pueblo contra Dios y contra Moisés: ¿Por qué nos hiciste subir de
Egipto para que muramos en este desierto? Pues no hay pan ni agua, y nuestra
alma tiene fastidio de este pan tan liviano. 6 Y Jehová envió entre el pueblo
serpientes ardientes, que mordían al pueblo; y murió mucho pueblo de Israel. 7
Entonces el pueblo vino a Moisés y dijo: Hemos pecado por haber hablado contra
Jehová, y contra ti; ruega a Jehová que quite de nosotros estas serpientes. Y
Moisés oró por el pueblo. 8 Y Jehová dijo a Moisés: Hazte una serpiente
ardiente, y ponla sobre una asta; y cualquiera que fuere mordido y mirare a
ella, vivirá. 9 Y Moisés hizo una serpiente de bronce, y la puso sobre una
asta; y cuando alguna serpiente mordía a alguno, miraba a la serpiente de
bronce, y vivía.
Los israelitas rodean la tierra de Moab
10 Después partieron los hijos de Israel y acamparon en
Obot. 11 Y partiendo de Obot, acamparon en Ije-abarim, en el desierto que está
enfrente de Moab, al nacimiento del sol. 12 Partieron de allí, y acamparon en
el valle de Zered. 13 De allí partieron, y acamparon al otro lado de Arnón,
que está en el desierto, y que sale del territorio del amorreo; porque Arnón
es límite de Moab, entre Moab y el amorreo. 14 Por tanto se dice en el libro
de las batallas de Jehová:
Lo que hizo en el Mar Rojo,
Y en los arroyos de Arnón;
15 Y a la corriente de los arroyos
Que va a parar en Ar,
Y descansa en el límite de Moab.
16 De allí vinieron a Beer: este es el pozo del cual
Jehová dijo a Moisés: Reúne al pueblo, y les daré agua. 17 Entonces, cantó
Israel este cántico:
Sube, oh pozo; a él cantad;
18 Pozo, el cual cavaron los señores.
Lo cavaron los príncipes del pueblo,
Y el legislador, con sus báculos.
Del desierto vinieron a Matana, 19 y de Matana a Nahaliel,
y de Nahaliel a Bamot; 20 y de Bamot al valle que está en los campos de Moab,
y a la cumbre de Pisga, que mira hacia el desierto.
Israel derrota a Sehón
(Dt. 2.26-37)
21 Entonces envió Israel embajadores a Sehón rey de los
amorreos, diciendo: 22 Pasaré por tu tierra; no nos iremos por los sembrados,
ni por las viñas; no beberemos las aguas de los pozos; por el camino real
iremos, hasta que pasemos tu territorio. 23 Mas Sehón no dejó pasar a Israel
por su territorio, sino que juntó Sehón todo su pueblo y salió contra Israel
en el desierto, y vino a Jahaza y peleó contra Israel. 24 Y lo hirió Israel a
filo de espada, y tomó su tierra desde Arnón hasta Jaboc, hasta los hijos de
Amón; porque la frontera de los hijos de Amón era fuerte. 25 Y tomó Israel
todas estas ciudades, y habitó Israel en todas las ciudades del amorreo, en
Hesbón y en todas sus aldeas. 26 Porque Hesbón era la ciudad de Sehón rey de
los amorreos, el cual había tenido guerra antes con el rey de Moab, y tomado
de su poder toda su tierra hasta Arnón. 27 Por tanto dicen los proverbistas:
Venid a Hesbón,
Edifíquese y repárese la ciudad de Sehón.
28 Porque fuego salió de Hesbón,
Y llama de la ciudad de Sehón,
Y consumió a Ar de Moab,
A los señores de las alturas de Arnón.
29 ¡Ay de ti, Moab!
Pereciste, pueblo de Quemos.
Fueron puestos sus hijos en huida,
Y sus hijas en cautividad,
Por Sehón rey de los amorreos.
30 Mas devastamos el reino de ellos;
Pereció Hesbón hasta Dibón,
Y destruimos hasta Nofa y Medeba.
Israel derrota a Og de Basán
(Dt. 3.1-11)
31 Así habitó Israel en la tierra del amorreo. 32 También
envió Moisés a reconocer a Jazer; y tomaron sus aldeas, y echaron al amorreo
que estaba allí. 33 Y volvieron, y subieron camino de Basán; y salió contra
ellos Og rey de Basán, él y todo su pueblo, para pelear en Edrei. 34 Entonces
Jehová dijo a Moisés: No le tengas miedo, porque en tu mano lo he entregado, a
él y a todo su pueblo, y a su tierra; y harás de él como hiciste de Sehón rey
de los amorreos, que habitaba en Hesbón. 35 E hirieron a él y a sus hijos, y a
toda su gente, sin que le quedara uno, y se apoderaron de su tierra.
Balac manda llamar a Balaam
NÚMEROS 22
1 Partieron los hijos de Israel, y acamparon en los
campos de Moab junto al Jordán, frente a Jericó. 2 Y vio Balac hijo de Zipor
todo lo que Israel había hecho al amorreo. 3 Y Moab tuvo gran temor a causa
del pueblo, porque era mucho; y se angustió Moab a causa de los hijos de
Israel. 4 Y dijo Moab a los ancianos de Madián: Ahora lamerá esta gente todos
nuestros contornos, como lame el buey la grama del campo. Y Balac hijo de
Zipor era entonces rey de Moab. 5 Por tanto, envió mensajeros a Balaam hijo de
Beor, en Petor, que está junto al río en la tierra de los hijos de su pueblo,
para que lo llamasen, diciendo: Un pueblo ha salido de Egipto, y he aquí cubre
la faz de la tierra, y habita delante de mí. 6 Ven pues, ahora, te ruego,
maldíceme este pueblo, porque es más fuerte que yo; quizá yo pueda herirlo y
echarlo de la tierra; pues yo sé que el que tú bendigas será bendito, y el que
tú maldigas será maldito.
7 Fueron los ancianos de Moab y los ancianos de Madián
con las dádivas de adivinación en su mano, y llegaron a Balaam y le dijeron
las palabras de Balac. 8 El les dijo: Reposad aquí esta noche, y yo os daré
respuesta según Jehová me hablare. Así los príncipes de Moab se quedaron con
Balaam. 9 Y vino Dios a Balaam, y le dijo: ¿Qué varones son estos que están
contigo? 10 Y Balaam respondió a Dios: Balac hijo de Zipor, rey de Moab, ha
enviado a decirme: 11 He aquí, este pueblo que ha salido de Egipto cubre la
faz de la tierra; ven pues, ahora, y maldícemelo; quizá podré pelear contra él
y echarlo. 12 Entonces dijo Dios a Balaam: No vayas con ellos, ni maldigas al
pueblo, porque bendito es. 13 Así Balaam se levantó por la mañana y dijo a los
príncipes de Balac: Volveos a vuestra tierra, porque Jehová no me quiere dejar
ir con vosotros. 14 Y los príncipes de Moab se levantaron, y vinieron a Balac
y dijeron: Balaam no quiso venir con nosotros.
15 Volvió Balac a enviar otra vez más príncipes, y más
honorables que los otros; 16 los cuales vinieron a Balaam, y le dijeron: Así
dice Balac, hijo de Zipor: Te ruego que no dejes de venir a mí; 17 porque sin
duda te honraré mucho, y haré todo lo que me digas; ven, pues, ahora,
maldíceme a este pueblo. 18 Y Balaam respondió y dijo a los siervos de Balac:
Aunque Balac me diese su casa llena de plata y oro, no puedo traspasar la
palabra de Jehová mi Dios para hacer cosa chica ni grande. 19 Os ruego, por
tanto, ahora, que reposéis aquí esta noche, para que yo sepa qué me vuelve a
decir Jehová. 20 Y vino Dios a Balaam de noche, y le dijo: Si vinieron para
llamarte estos hombres, levántate y vete con ellos; pero harás lo que yo te
diga.
El ángel y el asna de Balaam
21 Así Balaam se levantó por la mañana, y enalbardó su
asna y fue con los príncipes de Moab. 22 Y la ira de Dios se encendió porque
él iba; y el ángel de Jehová se puso en el camino por adversario suyo. Iba,
pues, él montado sobre su asna, y con él dos criados suyos. 23 Y el asna vio
al ángel de Jehová, que estaba en el camino con su espada desnuda en su mano;
y se apartó el asna del camino, e iba por el campo. Entonces azotó Balaam al
asna para hacerla volver al camino. 24 Pero el ángel de Jehová se puso en una
senda de viñas que tenía pared a un lado y pared al otro. 25 Y viendo el asna
al ángel de Jehová, se pegó a la pared, y apretó contra la pared el pie de
Balaam; y él volvió a azotarla. 26 Y el ángel de Jehová pasó más allá, y se
puso en una angostura donde no había camino para apartarse ni a derecha ni a
izquierda. 27 Y viendo el asna al ángel de Jehová, se echó debajo de Balaam; y
Balaam se enojó y azotó al asna con un palo. 28 Entonces Jehová abrió la boca
al asna, la cual dijo a Balaam: ¿Qué te he hecho, que me has azotado estas
tres veces? 29 Y Balaam respondió al asna: Porque te has burlado de mí. ¡Ojalá
tuviera espada en mi mano, que ahora te mataría! 30 Y el asna dijo a Balaam:
¿No soy yo tu asna? Sobre mí has cabalgado desde que tú me tienes hasta este
día; ¿he acostumbrado hacerlo así contigo? Y él respondió: No.
31 Entonces Jehová abrió los ojos de Balaam, y vio al
ángel de Jehová que estaba en el camino, y tenía su espada desnuda en su mano.
Y Balaam hizo reverencia, y se inclinó sobre su rostro. 32 Y el ángel de
Jehová le dijo: ¿Por qué has azotado tu asna estas tres veces? He aquí yo he
salido para resistirte, porque tu camino es perverso delante de mí. 33 El asna
me ha visto, y se ha apartado luego de delante de mí estas tres veces; y si de
mí no se hubiera apartado, yo también ahora te mataría a ti, y a ella dejaría
viva. 34 Entonces Balaam dijo al ángel de Jehová: He pecado, porque no sabía
que tú te ponías delante de mí en el camino; mas ahora, si te parece mal, yo
me volveré. 35 Y el ángel de Jehová dijo a Balaam: Ve con esos hombres; pero
la palabra que yo te diga, esa hablarás. Así Balaam fue con los príncipes de
Balac.
36 Oyendo Balac que Balaam venía, salió a recibirlo a la
ciudad de Moab, que está junto al límite de Arnón, que está al extremo de su
territorio. 37 Y Balac dijo a Balaam: ¿No envié yo a llamarte? ¿Por qué no has
venido a mí? ¿No puedo yo honrarte? 38 Balaam respondió a Balac: He aquí yo he
venido a ti; mas ¿podré ahora hablar alguna cosa? La palabra que Dios pusiere
en mi boca, esa hablaré. 39 Y fue Balaam con Balac, y vinieron a Quiriat-huzot.
40 Y Balac hizo matar bueyes y ovejas, y envió a Balaam, y a los príncipes que
estaban con él.
Balaam bendice a Israel
41 El día siguiente, Balac tomó a Balaam y lo hizo subir
a Bamot-baal, y desde allí vio a los más cercanos del pueblo.
NÚMEROS 23
1 Y Balaam dijo a Balac: Edifícame aquí siete altares, y
prepárame aquí siete becerros y siete carneros. 2 Balac hizo como le dijo
Balaam; y ofrecieron Balac y Balaam un becerro y un carnero en cada altar. 3 Y
Balaam dijo a Balac: Ponte junto a tu holocausto, y yo iré; quizá Jehová me
vendrá al encuentro, y cualquiera cosa que me mostrare, te avisaré. Y se fue a
un monte descubierto. 4 Y vino Dios al encuentro de Balaam, y éste le dijo:
Siete altares he ordenado, y en cada altar he ofrecido un becerro y un
carnero. 5 Y Jehová puso palabra en la boca de Balaam, y le dijo: Vuelve a
Balac, y dile así. 6 Y volvió a él, y he aquí estaba él junto a su holocausto,
él y todos los príncipes de Moab. 7 Y él tomó su parábola, y dijo:
De Aram me trajo Balac,
Rey de Moab, de los montes del oriente;
Ven, maldíceme a Jacob,
Y ven, execra a Israel.
8 ¿Por qué maldeciré yo al que Dios no maldijo?
¿Y por qué he de execrar al que Jehová no ha execrado?
9 Porque de la cumbre de las peñas lo veré,
Y desde los collados lo miraré;
He aquí un pueblo que habitará confiado,
Y no será contado entre las naciones.
10 ¿Quién contará el polvo de Jacob,
O el número de la cuarta parte de Israel?
Muera yo la muerte de los rectos,
Y mi postrimería sea como la suya.
11 Entonces Balac dijo a Balaam: ¿Qué me has hecho? Te he
traído para que maldigas a mis enemigos, y he aquí has proferido bendiciones.
12 El respondió y dijo: ¿No cuidaré de decir lo que Jehová ponga en mi boca?
13 Y dijo Balac: Te ruego que vengas conmigo a otro lugar
desde el cual los veas; solamente los más cercanos verás, y no los verás
todos; y desde allí me los maldecirás. 14 Y lo llevó al campo de Zofim, a la
cumbre de Pisga, y edificó siete altares, y ofreció un becerro y un carnero en
cada altar. 15 Entonces él dijo a Balac: Ponte aquí junto a tu holocausto, y
yo iré a encontrar a Dios allí. 16 Y Jehová salió al encuentro de Balaam, y
puso palabra en su boca, y le dijo: Vuelve a Balac, y dile así. 17 Y vino a
él, y he aquí que él estaba junto a su holocausto, y con él los príncipes de
Moab; y le dijo Balac: ¿Qué ha dicho Jehová? 18 Entonces él tomó su parábola,
y dijo:
Balac, levántate y oye;
Escucha mis palabras, hijo de Zipor:
19 Dios no es hombre, para que mienta,
Ni hijo de hombre para que se arrepienta.
El dijo, ¿y no hará?
Habló, ¿y no lo ejecutará?
20 He aquí, he recibido orden de bendecir;
El dio bendición, y no podré revocarla.
21 No ha notado iniquidad en Jacob,
Ni ha visto perversidad en Israel.
Jehová su Dios está con él,
Y júbilo de rey en él.
22 Dios los ha sacado de Egipto;
Tiene fuerzas como de búfalo.
23 Porque contra Jacob no hay agüero,
Ni adivinación contra Israel.
Como ahora, será dicho de Jacob y de Israel:
¡Lo que ha hecho Dios!
24 He aquí el pueblo que como león se levantará,
Y como león se erguirá;
No se echará hasta que devore la presa,
Y beba la sangre de los muertos.
25 Entonces Balac dijo a Balaam: Ya que no lo maldices,
tampoco lo bendigas. 26 Balaam respondió y dijo a Balac: ¿No te he dicho que
todo lo que Jehová me diga, eso tengo que hacer? 27 Y dijo Balac a Balaam: Te
ruego que vengas, te llevaré a otro lugar; por ventura parecerá bien a Dios
que desde allí me lo maldigas. 28 Y Balac llevó a Balaam a la cumbre de Peor,
que mira hacia el desierto. 29 Entonces Balaam dijo a Balac: Edifícame aquí
siete altares, y prepárame aquí siete becerros y siete carneros. 30 Y Balac
hizo como Balaam le dijo; y ofreció un becerro y un carnero en cada altar.
NÚMEROS 24
1 Cuando vio Balaam que parecía bien a Jehová que él
bendijese a Israel, no fue, como la primera y segunda vez, en busca de agüero,
sino que puso su rostro hacia el desierto; 2 y alzando sus ojos, vio a Israel
alojado por sus tribus; y el Espíritu de Dios vino sobre él. 3 Entonces tomó
su parábola, y dijo:
Dijo Balaam hijo de Beor,
Y dijo el varón de ojos abiertos;
4 Dijo el que oyó los dichos de Dios,
El que vio la visión del Omnipotente;
Caído, pero abiertos los ojos:
5 ¡Cuán hermosas son tus tiendas, oh Jacob,
Tus habitaciones, oh Israel!
6 Como arroyos están extendidas,
Como huertos junto al río,
Como áloes plantados por Jehová,
Como cedros junto a las aguas.
7 De sus manos destilarán aguas,
Y su descendencia será en muchas aguas;
Enaltecerá su rey más que Agag,
Y su reino será engrandecido.
8 Dios lo sacó de Egipto;
Tiene fuerzas como de búfalo.
Devorará a las naciones enemigas,
Desmenuzará sus huesos,
Y las traspasará con sus saetas.
9 Se encorvará para echarse como león,
Y como leona; ¿quién lo despertará?
Benditos los que te bendijeren,
Y malditos los que te maldijeren.
Profecía de Balaam
10 Entonces se encendió la ira de Balac contra Balaam, y
batiendo sus manos le dijo: Para maldecir a mis enemigos te he llamado, y he
aquí los has bendecido ya tres veces. 11 Ahora huye a tu lugar; yo dije que te
honraría, mas he aquí que Jehová te ha privado de honra. 12 Y Balaam le
respondió: ¿No lo declaré yo también a tus mensajeros que me enviaste,
diciendo: 13 Si Balac me diese su casa llena de plata y oro, yo no podré
traspasar el dicho de Jehová para hacer cosa buena ni mala de mi arbitrio, mas
lo que hable Jehová, eso diré yo? 14 He aquí, yo me voy ahora a mi pueblo; por
tanto, ven, te indicaré lo que este pueblo ha de hacer a tu pueblo en los
postreros días. 15 Y tomó su parábola, y dijo:
Dijo Balaam hijo de Beor,
Dijo el varón de ojos abiertos;
16 Dijo el que oyó los dichos de Jehová,
Y el que sabe la ciencia del Altísimo,
El que vio la visión del Omnipotente;
Caído, pero abiertos los ojos:
17 Lo veré, mas no ahora;
Lo miraré, mas no de cerca;
Saldrá ESTRELLA de Jacob,
Y se levantará cetro de Israel,
Y herirá las sienes de Moab,
Y destruirá a todos los hijos de Set.
18 Será tomada Edom,
Será también tomada Seir por sus enemigos,
E Israel se portará varonilmente.
19 De Jacob saldrá el dominador,
Y destruirá lo que quedare de la ciudad.
20 Y viendo a Amalec, tomó su parábola y dijo:
Amalec, cabeza de naciones;
Mas al fin perecerá para siempre.
21 Y viendo al ceneo, tomó su parábola y dijo:
Fuerte es tu habitación;
Pon en la peña tu nido;
22 Porque el ceneo será echado,
Cuando Asiria te llevará cautivo.
23 Tomó su parábola otra vez, y dijo:
¡Ay! ¿quién vivirá cuando hiciere Dios estas cosas?
24 Vendrán naves de la costa de Quitim,
Y afligirán a Asiria, afligirán también a Heber;
Mas él también perecerá para siempre.
25 Entonces se levantó Balaam y se fue, y volvió a su
lugar; y también Balac se fue por su camino.
Israel acude a Baal-peor
NÚMEROS 25
1 Moraba Israel en Sitim; y el pueblo empezó a fornicar
con las hijas de Moab, 2 las cuales invitaban al pueblo a los sacrificios de
sus dioses; y el pueblo comió, y se inclinó a sus dioses. 3 Así acudió el
pueblo a Baal-peor; y el furor de Jehová se encendió contra Israel. 4 Y Jehová
dijo a Moisés: Toma a todos los príncipes del pueblo, y ahórcalos ante Jehová
delante del sol, y el ardor de la ira de Jehová se apartará de Israel. 5
Entonces Moisés dijo a los jueces de Israel: Matad cada uno a aquellos de los
vuestros que se han juntado con Baal-peor.
6 Y he aquí un varón de los hijos de Israel vino y trajo
una madianita a sus hermanos, a ojos de Moisés y de toda la congregación de
los hijos de Israel, mientras lloraban ellos a la puerta del tabernáculo de
reunión. 7 Y lo vio Finees hijo de Eleazar, hijo del sacerdote Aarón, y se
levantó de en medio de la congregación, y tomó una lanza en su mano; 8 y fue
tras el varón de Israel a la tienda, y los alanceó a ambos, al varón de
Israel, y a la mujer por su vientre. Y cesó la mortandad de los hijos de
Israel. 9 Y murieron de aquella mortandad veinticuatro mil.
10 Entonces Jehová habló a Moisés, diciendo: 11 Finees
hijo de Eleazar, hijo del sacerdote Aarón, ha hecho apartar mi furor de los
hijos de Israel, llevado de celo entre ellos; por lo cual yo no he consumido
en mi celo a los hijos de Israel. 12 Por tanto diles: He aquí yo establezco mi
pacto de paz con él; 13 y tendrá él, y su descendencia después de él, el pacto
del sacerdocio perpetuo, por cuanto tuvo celo por su Dios e hizo expiación por
los hijos de Israel.
14 Y el nombre del varón que fue muerto con la madianita
era Zimri hijo de Salu, jefe de una familia de la tribu de Simeón. 15 Y el
nombre de la mujer madianita muerta era Cozbi hija de Zur, príncipe de
pueblos, padre de familia en Madián.
16 Y Jehová habló a Moisés, diciendo: 17 Hostigad a los
madianitas, y heridlos, 18 por cuanto ellos os afligieron a vosotros con sus
ardides con que os han engañado en lo tocante a Baal-peor, y en lo tocante a
Cozbi hija del príncipe de Madián, su hermana, la cual fue muerta el día de la
mortandad por causa de Baal-peor.
Censo del pueblo en Moab
NÚMEROS 26
1 Aconteció después de la mortandad, que Jehová habló a
Moisés y a Eleazar hijo del sacerdote Aarón, diciendo: 2 Tomad el censo de
toda la congregación de los hijos de Israel, de veinte años arriba, por las
casas de sus padres, todos los que pueden salir a la guerra en Israel. 3 Y
Moisés y el sacerdote Eleazar hablaron con ellos en los campos de Moab, junto
al Jordán frente a Jericó, diciendo: 4 Contaréis el pueblo de veinte años
arriba, como mandó Jehová a Moisés y a los hijos de Israel que habían salido
de tierra de Egipto.
5 Rubén, primogénito de Israel; los hijos de Rubén: de
Enoc, la familia de los enoquitas; de Falú, la familia de los faluitas; 6 de
Hezrón, la familia de los hezronitas; de Carmi, la familia de los carmitas. 7
Estas son las familias de los rubenitas; y fueron contados de ellas cuarenta y
tres mil setecientos treinta. 8 Los hijos de Falú: Eliab. 9 Y los hijos de
Eliab: Nemuel, Datán y Abiram. Estos Datán y Abiram fueron los del consejo de
la congregación, que se rebelaron contra Moisés y Aarón con el grupo de Coré,
cuando se rebelaron contra Jehová; 10 y la tierra abrió su boca y los tragó a
ellos y a Coré, cuando aquel grupo murió, cuando consumió el fuego a
doscientos cincuenta varones, para servir de escarmiento. 11 Mas los hijos de
Coré no murieron.
12 Los hijos de Simeón por sus familias: de Nemuel, la
familia de los nemuelitas; de Jamín, la familia de los jaminitas; de Jaquín,
la familia de los jaquinitas; 13 de Zera, la familia de los zeraítas; de Saúl,
la familia de los saulitas. 14 Estas son las familias de los simeonitas,
veintidós mil doscientos.
15 Los hijos de Gad por sus familias: de Zefón, la
familia de los zefonitas; de Hagui, la familia de los haguitas; de Suni, la
familia de los sunitas; 16 de Ozni, la familia de los oznitas; de Eri, la
familia de los eritas; 17 de Arod, la familia de los aroditas; de Areli, la
familia de los arelitas. 18 Estas son las familias de Gad; y fueron contados
de ellas cuarenta mil quinientos.
19 Los hijos de Judá: Er y Onán; y Er y Onán murieron en
la tierra de Canaán. 20 Y fueron los hijos de Judá por sus familias: de Sela,
la familia de los selaítas; de Fares, la familia de los faresitas; de Zera, la
familia de los zeraítas. 21 Y fueron los hijos de Fares: de Hezrón, la familia
de los hezronitas; de Hamul, la familia de los hamulitas. 22 Estas son las
familias de Judá, y fueron contados de ellas setenta y seis mil quinientos.
23 Los hijos de Isacar por sus familias; de Tola, la
familia de los tolaítas; de Fúa, la familia de los funitas; 24 de Jasub, la
familia de los jasubitas; de Simrón, la familia de los simronitas. 25 Estas
son las familias de Isacar, y fueron contados de ellas sesenta y cuatro mil
trescientos.
26 Los hijos de Zabulón por sus familias: de Sered, la
familia de los sereditas; de Elón, la familia de los elonitas; de Jahleel, la
familia de los jahleelitas. 27 Estas son las familias de los zabulonitas, y
fueron contados de ellas sesenta mil quinientos.
28 Los hijos de José por sus familias: Manasés y Efraín.
29 Los hijos de Manasés: de Maquir, la familia de los maquiritas; y Maquir
engendró a Galaad; de Galaad, la familia de los galaaditas. 30 Estos son los
hijos de Galaad: de Jezer, la familia de los jezeritas; de Helec, la familia
de los helequitas; 31 de Asriel, la familia de los asrielitas; de Siquem, la
familia de los siquemitas; 32 de Semida, la familia de los semidaítas; de
Hefer, la familia de los heferitas. 33 Y Zelofehad hijo de Hefer no tuvo hijos
sino hijas; y los nombres de las hijas de Zelofehad fueron Maala, Noa, Hogla,
Milca y Tirsa. 34 Estas son las familias de Manasés; y fueron contados de
ellas cincuenta y dos mil setecientos.
35 Estos son los hijos de Efraín por sus familias: de
Sutela, la familia de los sutelaítas; de Bequer, la familia de los bequeritas;
de Tahán, la familia de los tahanitas. 36 Y estos son los hijos de Sutela: de
Erán, la familia de los eranitas. 37 Estas son las familias de los hijos de
Efraín; y fueron contados de ellas treinta y dos mil quinientos. Estos son los
hijos de José por sus familias.
38 Los hijos de Benjamín por sus familias: de Bela, la
familia de los belaítas; de Asbel, la familia de los asbelitas; de Ahiram, la
familia de los ahiramitas; 39 de Sufam, la familia de los sufamitas; de Hufam,
la familia de los hufamitas. 40 Y los hijos de Bela fueron Ard y Naamán: de
Ard, la familia de los arditas; de Naamán, la familia de los naamitas. 41
Estos son los hijos de Benjamín por sus familias; y fueron contados de ellos
cuarenta y cinco mil seiscientos.
42 Estos son los hijos de Dan por sus familias: de Súham,
la familia de los suhamitas. Estas son las familias de Dan por sus familias.
43 De las familias de los suhamitas fueron contados sesenta y cuatro mil
cuatrocientos.
44 Los hijos de Aser por sus familias: de Imna, la
familia de los imnitas; de Isúi, la familia de los isuitas; de Bería, la
familia de los beriaítas. 45 Los hijos de Bería: de Heber, la familia de los
heberitas; de Malquiel, la familia de los malquielitas. 46 Y el nombre de la
hija de Aser fue Sera. 47 Estas son las familias de los hijos de Aser; y
fueron contados de ellas cincuenta y tres mil cuatrocientos.
48 Los hijos de Neftalí, por sus familias: de Jahzeel, la
familia de los jahzeelitas; de Guni, la familia de los gunitas; 49 de Jezer,
la familia de los jezeritas; de Silem, la familia de los silemitas. 50 Estas
son las familias de Neftalí por sus familias; y fueron contados de ellas
cuarenta y cinco mil cuatrocientos.
51 Estos son los contados de los hijos de Israel,
seiscientos un mil setecientos treinta.
Orden para la repartición de la tierra
52 Y habló Jehová a Moisés, diciendo: 53 A éstos se
repartirá la tierra en heredad, por la cuenta de los nombres. 54 A los más
darás mayor heredad, y a los menos menor; y a cada uno se le dará su heredad
conforme a sus contados. 55 Pero la tierra será repartida por suerte; y por
los nombres de las tribus de sus padres heredarán. 56 Conforme a la suerte
será repartida su heredad entre el grande y el pequeño.
Censo de la tribu de Leví
57 Los contados de los levitas por sus familias son
estos: de Gersón, la familia de los gersonitas; de Coat, la familia de los
coatitas; de Merari, la familia de los meraritas. 58 Estas son las familias de
los levitas: la familia de los libnitas, la familia de los hebronitas, la
familia de los mahlitas, la familia de los musitas, la familia de los coreítas.
Y Coat engendró a Amram. 59 La mujer de Amram se llamó Jocabed, hija de Leví,
que le nació a Leví en Egipto; ésta dio a luz de Amram a Aarón y a Moisés, y a
María su hermana. 60 Y a Aarón le nacieron Nadab, Abiú, Eleazar e Itamar. 61
Pero Nadab y Abiú murieron cuando ofrecieron fuego extraño delante de Jehová.
62 De los levitas fueron contados veintitrés mil, todos varones de un mes
arriba; porque no fueron contados entre los hijos de Israel, por cuanto no les
había de ser dada heredad entre los hijos de Israel.
Caleb y Josué sobreviven
63 Estos son los contados por Moisés y el sacerdote
Eleazar, los cuales contaron los hijos de Israel en los campos de Moab, junto
al Jordán frente a Jericó. 64 Y entre éstos ninguno hubo de los contados por
Moisés y el sacerdote Aarón, quienes contaron a los hijos de Israel en el
desierto de Sinaí. 65 Porque Jehová había dicho de ellos: Morirán en el
desierto; y no quedó varón de ellos, sino Caleb hijo de Jefone y Josué hijo de
Nun.
Petición de las hijas de Zelofehad
NÚMEROS 27
1 Vinieron las hijas de Zelofehad hijo de Hefer, hijo de
Galaad, hijo de Maquir, hijo de Manasés, de las familias de Manasés hijo de
José, los nombres de las cuales eran Maala, Noa, Hogla, Milca y Tirsa; 2 y se
presentaron delante de Moisés y delante del sacerdote Eleazar, y delante de
los príncipes y de toda la congregación, a la puerta del tabernáculo de
reunión, y dijeron: 3 Nuestro padre murió en el desierto; y él no estuvo en la
compañía de los que se juntaron contra Jehová en el grupo de Coré, sino que en
su propio pecado murió, y no tuvo hijos. 4 ¿Por qué será quitado el nombre de
nuestro padre de entre su familia, por no haber tenido hijo? Danos heredad
entre los hermanos de nuestro padre.
5 Y Moisés llevó su causa delante de Jehová. 6 Y Jehová
respondió a Moisés, diciendo: 7 Bien dicen las hijas de Zelofehad; les darás
la posesión de una heredad entre los hermanos de su padre, y traspasarás la
heredad de su padre a ellas. 8 Y a los hijos de Israel hablarás, diciendo:
Cuando alguno muriere sin hijos, traspasaréis su herencia a su hija. 9 Si no
tuviere hija, daréis su herencia a sus hermanos; 10 y si no tuviere hermanos,
daréis su herencia a los hermanos de su padre. 11 Y si su padre no tuviere
hermanos, daréis su herencia a su pariente más cercano de su linaje, y de éste
será; y para los hijos de Israel esto será por estatuto de derecho, como
Jehová mandó a Moisés.
Josué es designado como sucesor de Moisés
12 Jehová dijo a Moisés: Sube a este monte Abarim, y
verás la tierra que he dado a los hijos de Israel. 13 Y después que la hayas
visto, tú también serás reunido a tu pueblo, como fue reunido tu hermano
Aarón. 14 Pues fuisteis rebeldes a mi mandato en el desierto de Zin, en la
rencilla de la congregación, no santificándome en las aguas a ojos de ellos.
Estas son las aguas de la rencilla de Cades en el desierto de Zin. 15 Entonces
respondió Moisés a Jehová, diciendo: 16 Ponga Jehová, Dios de los espíritus de
toda carne, un varón sobre la congregación, 17 que salga delante de ellos y
que entre delante de ellos, que los saque y los introduzca, para que la
congregación de Jehová no sea como ovejas sin pastor. 18 Y Jehová dijo a
Moisés: Toma a Josué hijo de Nun, varón en el cual hay espíritu, y pondrás tu
mano sobre él; 19 y lo pondrás delante del sacerdote Eleazar, y delante de
toda la congregación; y le darás el cargo en presencia de ellos. 20 Y pondrás
de tu dignidad sobre él, para que toda la congregación de los hijos de Israel
le obedezca. 21 El se pondrá delante del sacerdote Eleazar, y le consultará
por el juicio del Urim delante de Jehová; por el dicho de él saldrán, y por el
dicho de él entrarán, él y todos los hijos de Israel con él, y toda la
congregación. 22 Y Moisés hizo como Jehová le había mandado, pues tomó a Josué
y lo puso delante del sacerdote Eleazar, y de toda la congregación; 23 y puso
sobre él sus manos, y le dio el cargo, como Jehová había mandado por mano de
Moisés.
Las ofrendas diarias
(Ex. 29.38-46)
NÚMEROS 28
1 Habló Jehová a Moisés, diciendo: 2 Manda a los hijos de
Israel, y diles: Mi ofrenda, mi pan con mis ofrendas encendidas en olor grato
a mí, guardaréis, ofreciéndomelo a su tiempo. 3 Y les dirás: Esta es la
ofrenda encendida que ofreceréis a Jehová: dos corderos sin tacha de un año,
cada día, será el holocausto continuo. 4 Un cordero ofrecerás por la mañana, y
el otro cordero ofrecerás a la caída de la tarde; 5 y la décima parte de un
efa de flor de harina, amasada con un cuarto de un hin de aceite de olivas
machacadas, en ofrenda. 6 Es holocausto continuo, que fue ordenado en el monte
Sinaí para olor grato, ofrenda encendida a Jehová. 7 Y su libación, la cuarta
parte de un hin con cada cordero; derramarás libación de vino superior ante
Jehová en el santuario. 8 Y ofrecerás el segundo cordero a la caída de la
tarde; conforme a la ofrenda de la mañana y conforme a su libación ofrecerás,
ofrenda encendida en olor grato a Jehová.
Ofrendas mensuales y del día de reposo
9 Mas el día de reposo, dos corderos de un año sin
defecto, y dos décimas de flor de harina amasada con aceite, como ofrenda, con
su libación. 10 Es el holocausto de cada día de reposo, además del holocausto
continuo y su libación.
11 Al comienzo de vuestros meses ofreceréis en holocausto
a Jehová dos becerros de la vacada, un carnero, y siete corderos de un año sin
defecto; 12 y tres décimas de flor de harina amasada con aceite, como ofrenda
con cada becerro; y dos décimas de flor de harina amasada con aceite, como
ofrenda con cada carnero; 13 y una décima de flor de harina amasada con
aceite, en ofrenda que se ofrecerá con cada cordero; holocausto de olor grato,
ofrenda encendida a Jehová. 14 Y sus libaciones de vino, medio hin con cada
becerro, y la tercera parte de un hin con cada carnero, y la cuarta parte de
un hin con cada cordero. Este es el holocausto de cada mes por todos los meses
del año. 15 Y un macho cabrío en expiación se ofrecerá a Jehová, además del
holocausto continuo con su libación.
Ofrendas de las fiestas solemnes
(Lv. 23.1-44)
16 Pero en el mes primero, a los catorce días del mes,
será la pascua de Jehová. 17 Y a los quince días de este mes, la fiesta
solemne; por siete días se comerán panes sin levadura. 18 El primer día será
santa convocación; ninguna obra de siervos haréis. 19 Y ofreceréis como
ofrenda encendida en holocausto a Jehová, dos becerros de la vacada, y un
carnero, y siete corderos de un año; serán sin defecto. 20 Y su ofrenda de
harina amasada con aceite: tres décimas con cada becerro, y dos décimas con
cada carnero; 21 y con cada uno de los siete corderos ofreceréis una décima.
22 Y un macho cabrío por expiación, para reconciliaros. 23 Esto ofreceréis
además del holocausto de la mañana, que es el holocausto continuo. 24 Conforme
a esto ofreceréis cada uno de los siete días, vianda y ofrenda encendida en
olor grato a Jehová; se ofrecerá además del holocausto continuo, con su
libación. 25 Y el séptimo día tendréis santa convocación; ninguna obra de
siervos haréis.
26 Además, el día de las primicias, cuando presentéis
ofrenda nueva a Jehová en vuestras semanas, tendréis santa convocación;
ninguna obra de siervos haréis. 27 Y ofreceréis en holocausto, en olor grato a
Jehová, dos becerros de la vacada, un carnero, siete corderos de un año; 28 y
la ofrenda de ellos, flor de harina amasada con aceite, tres décimas con cada
becerro, dos décimas con cada carnero, 29 y con cada uno de los siete corderos
una décima; 30 y un macho cabrío para hacer expiación por vosotros. 31 Los
ofreceréis, además del holocausto continuo con sus ofrendas, y sus libaciones;
serán sin defecto.
NÚMEROS 29
1 En el séptimo mes, el primero del mes, tendréis santa
convocación; ninguna obra de siervos haréis; os será día de sonar las
trompetas. 2 Y ofreceréis holocausto en olor grato a Jehová, un becerro de la
vacada, un carnero, siete corderos de un año sin defecto; 3 y la ofrenda de
ellos, de flor de harina amasada con aceite, tres décimas de efa con cada
becerro, dos décimas con cada carnero, 4 y con cada uno de los siete corderos,
una décima; 5 y un macho cabrío por expiación, para reconciliaros, 6 además
del holocausto del mes y su ofrenda, y el holocausto continuo y su ofrenda, y
sus libaciones conforme a su ley, como ofrenda encendida a Jehová en olor
grato.
7 En el diez de este mes séptimo tendréis santa
convocación, y afligiréis vuestras almas; ninguna obra haréis; 8 y ofreceréis
en holocausto a Jehová en olor grato, un becerro de la vacada, un carnero, y
siete corderos de un año; serán sin defecto. 9 Y sus ofrendas, flor de harina
amasada con aceite, tres décimas de efa con cada becerro, dos décimas con cada
carnero, 10 y con cada uno de los siete corderos, una décima; 11 y un macho
cabrío por expiación; además de la ofrenda de las expiaciones por el pecado, y
del holocausto continuo y de sus ofrendas y de sus libaciones.
12 También a los quince días del mes séptimo tendréis
santa convocación; ninguna obra de siervos haréis, y celebraréis fiesta
solemne a Jehová por siete días. 13 Y ofreceréis en holocausto, en ofrenda
encendida a Jehová en olor grato, trece becerros de la vacada, dos carneros, y
catorce corderos de un año; han de ser sin defecto. 14 Y las ofrendas de
ellos, de flor de harina amasada con aceite, tres décimas de efa con cada uno
de los trece becerros, dos décimas con cada uno de los dos carneros, 15 y con
cada uno de los catorce corderos, una décima; 16 y un macho cabrío por
expiación, además del holocausto continuo, su ofrenda y su libación.
17 El segundo día, doce becerros de la vacada, dos
carneros, catorce corderos de un año sin defecto, 18 y sus ofrendas y sus
libaciones con los becerros, con los carneros y con los corderos, según el
número de ellos, conforme a la ley; 19 y un macho cabrío por expiación; además
del holocausto continuo, y su ofrenda y su libación.
20 El día tercero, once becerros, dos carneros, catorce
corderos de un año sin defecto; 21 y sus ofrendas y sus libaciones con los
becerros, con los carneros y con los corderos, según el número de ellos,
conforme a la ley; 22 y un macho cabrío por expiación, además del holocausto
continuo, y su ofrenda y su libación.
23 El cuarto día, diez becerros, dos carneros, catorce
corderos de un año sin defecto; 24 sus ofrendas y sus libaciones con los
becerros, con los carneros y con los corderos, según el número de ellos,
conforme a la ley; 25 y un macho cabrío por expiación; además del holocausto
continuo, su ofrenda y su libación.
26 El quinto día, nueve becerros, dos carneros, catorce
corderos de un año sin defecto; 27 y sus ofrendas y sus libaciones con los
becerros, con los carneros y con los corderos, según el número de ellos,
conforme a la ley; 28 y un macho cabrío por expiación, además del holocausto
continuo, su ofrenda y su libación.
29 El sexto día, ocho becerros, dos carneros, catorce
corderos de un año sin defecto; 30 y sus ofrendas y sus libaciones con los
becerros, con los carneros y con los corderos, según el número de ellos,
conforme a la ley; 31 y un macho cabrío por expiación, además del holocausto
continuo, su ofrenda y su libación.
32 El séptimo día, siete becerros, dos carneros, catorce
corderos de un año sin defecto; 33 y sus ofrendas y sus libaciones con los
becerros, con los carneros y con los corderos, según el número de ellos,
conforme a la ley; 34 y un macho cabrío por expiación, además del holocausto
continuo, con su ofrenda y su libación.
35 El octavo día tendréis solemnidad; ninguna obra de
siervos haréis. 36 Y ofreceréis en holocausto, en ofrenda encendida de olor
grato a Jehová, un becerro, un carnero, siete corderos de un año sin defecto;
37 sus ofrendas y sus libaciones con el becerro, con el carnero y con los
corderos, según el número de ellos, conforme a la ley; 38 y un macho cabrío
por expiación, además del holocausto continuo, con su ofrenda y su libación.
39 Estas cosas ofreceréis a Jehová en vuestras fiestas
solemnes, además de vuestros votos, y de vuestras ofrendas voluntarias, para
vuestros holocaustos, y para vuestras ofrendas, y para vuestras libaciones, y
para vuestras ofrendas de paz.
40 Y Moisés dijo a los hijos de Israel conforme a todo lo
que Jehová le había mandado.
Ley de los votos
NÚMEROS 30
1 Habló Moisés a los príncipes de las tribus de los hijos
de Israel, diciendo: Esto es lo que Jehová ha mandado. 2 Cuando alguno hiciere
voto a Jehová, o hiciere juramento ligando su alma con obligación, no
quebrantará su palabra; hará conforme a todo lo que salió de su boca. 3 Mas la
mujer, cuando hiciere voto a Jehová, y se ligare con obligación en casa de su
padre, en su juventud; 4 si su padre oyere su voto, y la obligación con que
ligó su alma, y su padre callare a ello, todos los votos de ella serán firmes,
y toda obligación con que hubiere ligado su alma, firme será. 5 Mas si su
padre le vedare el día que oyere todos sus votos y sus obligaciones con que
ella hubiere ligado su alma, no serán firmes; y Jehová la perdonará, por
cuanto su padre se lo vedó. 6 Pero si fuere casada e hiciere votos, o
pronunciare de sus labios cosa con que obligue su alma; 7 si su marido lo
oyere, y cuando lo oyere callare a ello, los votos de ella serán firmes, y la
obligación con que ligó su alma, firme será. 8 Pero si cuando su marido lo
oyó, le vedó, entonces el voto que ella hizo, y lo que pronunció de sus labios
con que ligó su alma, será nulo; y Jehová la perdonará. 9 Pero todo voto de
viuda o repudiada, con que ligare su alma, será firme. 10 Y si hubiere hecho
voto en casa de su marido, y hubiere ligado su alma con obligación de
juramento, 11 si su marido oyó, y calló a ello y no le vedó, entonces todos
sus votos serán firmes, y toda obligación con que hubiere ligado su alma,
firme será. 12 Mas si su marido los anuló el día que los oyó, todo lo que
salió de sus labios cuanto a sus votos, y cuanto a la obligación de su alma,
será nulo; su marido los anuló, y Jehová la perdonará. 13 Todo voto, y todo
juramento obligándose a afligir el alma, su marido lo confirmará, o su marido
lo anulará. 14 Pero si su marido callare a ello de día en día, entonces
confirmó todos sus votos, y todas las obligaciones que están sobre ella; los
confirmó, por cuanto calló a ello el día que lo oyó. 15 Mas si los anulare
después de haberlos oído, entonces él llevará el pecado de ella.
16 Estas son las ordenanzas que Jehová mandó a Moisés
entre el varón y su mujer, y entre el padre y su hija durante su juventud en
casa de su padre.
Venganza de Israel contra Madián
NÚMEROS 31
1 Jehová habló a Moisés, diciendo: 2 Haz la venganza de
los hijos de Israel contra los madianitas; después serás recogido a tu pueblo.
3 Entonces Moisés habló al pueblo, diciendo: Armaos algunos de vosotros para
la guerra, y vayan contra Madián y hagan la venganza de Jehová en Madián. 4
Mil de cada tribu de todas las tribus de los hijos de Israel, enviaréis a la
guerra. 5 Así fueron dados de los millares de Israel, mil por cada tribu, doce
mil en pie de guerra. 6 Y Moisés los envió a la guerra; mil de cada tribu
envió; y Finees hijo del sacerdote Eleazar fue a la guerra con los vasos del
santuario, y con las trompetas en su mano para tocar. 7 Y pelearon contra
Madián, como Jehová lo mandó a Moisés, y mataron a todo varón. 8 Mataron
también, entre los muertos de ellos, a los reyes de Madián, Evi, Requem, Zur,
Hur y Reba, cinco reyes de Madián; también a Balaam hijo de Beor mataron a
espada. 9 Y los hijos de Israel llevaron cautivas a las mujeres de los
madianitas, a sus niños, y todas sus bestias y todos sus ganados; y
arrebataron todos sus bienes, 10 e incendiaron todas sus ciudades, aldeas y
habitaciones. 11 Y tomaron todo el despojo, y todo el botín, así de hombres
como de bestias. 12 Y trajeron a Moisés y al sacerdote Eleazar, y a la
congregación de los hijos de Israel, los cautivos y el botín y los despojos al
campamento, en los llanos de Moab, que están junto al Jordán frente a Jericó.
13 Y salieron Moisés y el sacerdote Eleazar, y todos los
príncipes de la congregación, a recibirlos fuera del campamento. 14 Y se enojó
Moisés contra los capitanes del ejército, contra los jefes de millares y de
centenas que volvían de la guerra, 15 y les dijo Moisés: ¿Por qué habéis
dejado con vida a todas las mujeres? 16 He aquí, por consejo de Balaam ellas
fueron causa de que los hijos de Israel prevaricasen contra Jehová en lo
tocante a Baal-peor, por lo que hubo mortandad en la congregación de Jehová.
17 Matad, pues, ahora a todos los varones de entre los niños; matad también a
toda mujer que haya conocido varón carnalmente. 18 Pero a todas las niñas
entre las mujeres, que no hayan conocido varón, las dejaréis con vida. 19 Y
vosotros, cualquiera que haya dado muerte a persona, y cualquiera que haya
tocado muerto, permaneced fuera del campamento siete días, y os purificaréis
al tercer día y al séptimo, vosotros y vuestros cautivos. 20 Asimismo
purificaréis todo vestido, y toda prenda de pieles, y toda obra de pelo de
cabra, y todo utensilio de madera.
Repartición del botín
21 Y el sacerdote Eleazar dijo a los hombres de guerra
que venían de la guerra: Esta es la ordenanza de la ley que Jehová ha mandado
a Moisés: 22 Ciertamente el oro y la plata, el bronce, hierro, estaño y plomo,
23 todo lo que resiste el fuego, por fuego lo haréis pasar, y será limpio,
bien que en las aguas de purificación habrá de purificarse; y haréis pasar por
agua todo lo que no resiste el fuego. 24 Además lavaréis vuestros vestidos el
séptimo día, y así seréis limpios; y después entraréis en el campamento.
25 Y Jehová habló a Moisés, diciendo: 26 Toma la cuenta
del botín que se ha hecho, así de las personas como de las bestias, tú y el
sacerdote Eleazar, y los jefes de los padres de la congregación; 27 y partirás
por mitades el botín entre los que pelearon, los que salieron a la guerra, y
toda la congregación. 28 Y apartarás para Jehová el tributo de los hombres de
guerra que salieron a la guerra; de quinientos, uno, así de las personas como
de los bueyes, de los asnos y de las ovejas. 29 De la mitad de ellos lo
tomarás; y darás al sacerdote Eleazar la ofrenda de Jehová. 30 Y de la mitad
perteneciente a los hijos de Israel tomarás uno de cada cincuenta de las
personas, de los bueyes, de los asnos, de las ovejas y de todo animal, y los
darás a los levitas, que tienen la guarda del tabernáculo de Jehová. 31 E
hicieron Moisés y el sacerdote Eleazar como Jehová mandó a Moisés.
32 Y fue el botín, el resto del botín que tomaron los
hombres de guerra, seiscientas setenta y cinco mil ovejas, 33 setenta y dos
mil bueyes, 34 y sesenta y un mil asnos. 35 En cuanto a personas, de mujeres
que no habían conocido varón, eran por todas treinta y dos mil. 36 Y la mitad,
la parte de los que habían salido a la guerra, fue el número de trescientas
treinta y siete mil quinientas ovejas; 37 y el tributo de las ovejas para
Jehová fue seiscientas setenta y cinco. 38 De los bueyes, treinta y seis mil;
y de ellos el tributo para Jehová, setenta y dos. 39 De los asnos, treinta mil
quinientos; y de ellos el tributo para Jehová, sesenta y uno. 40 Y de las
personas, dieciséis mil; y de ellas el tributo para Jehová, treinta y dos
personas. 41 Y dio Moisés el tributo, para ofrenda elevada a Jehová, al
sacerdote Eleazar, como Jehová lo mandó a Moisés.
42 Y de la mitad para los hijos de Israel, que apartó
Moisés de los hombres que habían ido a la guerra 43 (la mitad para la
congregación fue: de las ovejas, trescientas treinta y siete mil quinientas;
44 de los bueyes, treinta y seis mil; 45 de los asnos, treinta mil quinientos;
46 y de las personas, dieciséis mil); 47 de la mitad, pues, para los hijos de
Israel, tomó Moisés uno de cada cincuenta, así de las personas como de los
animales, y los dio a los levitas, que tenían la guarda del tabernáculo de
Jehová, como Jehová lo había mandado a Moisés.
48 Vinieron a Moisés los jefes de los millares de aquel
ejército, los jefes de millares y de centenas, 49 y dijeron a Moisés: Tus
siervos han tomado razón de los hombres de guerra que están en nuestro poder,
y ninguno ha faltado de nosotros. 50 Por lo cual hemos ofrecido a Jehová
ofrenda, cada uno de lo que ha hallado, alhajas de oro, brazaletes, manillas,
anillos, zarcillos y cadenas, para hacer expiación por nuestras almas delante
de Jehová. 51 Y Moisés y el sacerdote Eleazar recibieron el oro de ellos,
alhajas, todas elaboradas. 52 Y todo el oro de la ofrenda que ofrecieron a
Jehová los jefes de millares y de centenas fue dieciséis mil setecientos
cincuenta siclos. 53 Los hombres del ejército habían tomado botín cada uno
para sí. 54 Recibieron, pues, Moisés y el sacerdote Eleazar el oro de los
jefes de millares y de centenas, y lo trajeron al tabernáculo de reunión, por
memoria de los hijos de Israel delante de Jehová.
Rubén y Gad se establecen al oriente del Jordán
(Dt. 3.12-22)
NÚMEROS 32
1 Los hijos de Rubén y los hijos de Gad tenían una muy
inmensa muchedumbre de ganado; y vieron la tierra de Jazer y de Galaad, y les
pareció el país lugar de ganado. 2 Vinieron, pues, los hijos de Gad y los
hijos de Rubén, y hablaron a Moisés y al sacerdote Eleazar, y a los príncipes
de la congregación, diciendo: 3 Atarot, Dibón, Jazer, Nimra, Hesbón, Eleale,
Sebam, Nebo y Beón, 4 la tierra que Jehová hirió delante de la congregación de
Israel, es tierra de ganado, y tus siervos tienen ganado. 5 Por tanto,
dijeron, si hallamos gracia en tus ojos, dése esta tierra a tus siervos en
heredad, y no nos hagas pasar el Jordán.
6 Y respondió Moisés a los hijos de Gad y a los hijos de
Rubén: ¿Irán vuestros hermanos a la guerra, y vosotros os quedaréis aquí? 7 ¿Y
por qué desanimáis a los hijos de Israel, para que no pasen a la tierra que
les ha dado Jehová? 8 Así hicieron vuestros padres, cuando los envié desde
Cades- barnea para que viesen la tierra. 9 Subieron hasta el torrente de Escol,
y después que vieron la tierra, desalentaron a los hijos de Israel para que no
viniesen a la tierra que Jehová les había dado. 10 Y la ira de Jehová se
encendió entonces, y juró diciendo: 11 No verán los varones que subieron de
Egipto de veinte años arriba, la tierra que prometí con juramento a Abraham,
Isaac y Jacob, por cuanto no fueron perfectos en pos de mí; 12 excepto Caleb
hijo de Jefone cenezeo, y Josué hijo de Nun, que fueron perfectos en pos de
Jehová. 13 Y la ira de Jehová se encendió contra Israel, y los hizo andar
errantes cuarenta años por el desierto, hasta que fue acabada toda aquella
generación que había hecho mal delante de Jehová. 14 Y he aquí, vosotros
habéis sucedido en lugar de vuestros padres, prole de hombres pecadores, para
añadir aún a la ira de Jehová contra Israel. 15 Si os volviereis de en pos de
él, él volverá otra vez a dejaros en el desierto, y destruiréis a todo este
pueblo.
16 Entonces ellos vinieron a Moisés y dijeron:
Edificaremos aquí majadas para nuestro ganado, y ciudades para nuestros niños;
17 y nosotros nos armaremos, e iremos con diligencia delante de los hijos de
Israel, hasta que los metamos en su lugar; y nuestros niños quedarán en
ciudades fortificadas a causa de los moradores del país. 18 No volveremos a
nuestras casas hasta que los hijos de Israel posean cada uno su heredad. 19
Porque no tomaremos heredad con ellos al otro lado del Jordán ni adelante, por
cuanto tendremos ya nuestra heredad a este otro lado del Jordán al oriente. 20
Entonces les respondió Moisés: Si lo hacéis así, si os disponéis para ir
delante de Jehová a la guerra, 21 y todos vosotros pasáis armados el Jordán
delante de Jehová, hasta que haya echado a sus enemigos de delante de sí, 22 y
sea el país sojuzgado delante de Jehová; luego volveréis, y seréis libres de
culpa para con Jehová, y para con Israel; y esta tierra será vuestra en
heredad delante de Jehová. 23 Mas si así no lo hacéis, he aquí habréis pecado
ante Jehová; y sabed que vuestro pecado os alcanzará. 24 Edificaos ciudades
para vuestros niños, y majadas para vuestras ovejas, y haced lo que ha
declarado vuestra boca. 25 Y hablaron los hijos de Gad y los hijos de Rubén a
Moisés, diciendo: Tus siervos harán como mi señor ha mandado. 26 Nuestros
niños, nuestras mujeres, nuestros ganados y todas nuestras bestias, estarán
ahí en las ciudades de Galaad; 27 y tus siervos, armados todos para la guerra,
pasarán delante de Jehová a la guerra, de la manera que mi señor dice.
28 Entonces les encomendó Moisés al sacerdote Eleazar, y
a Josué hijo de Nun, y a los príncipes de los padres de las tribus de los
hijos de Israel. 29 Y les dijo Moisés: Si los hijos de Gad y los hijos de
Rubén pasan con vosotros el Jordán, armados todos para la guerra delante de
Jehová, luego que el país sea sojuzgado delante de vosotros, les daréis la
tierra de Galaad en posesión; 30 mas si no pasan armados con vosotros,
entonces tendrán posesión entre vosotros, en la tierra de Canaán. 31 Y los
hijos de Gad y los hijos de Rubén respondieron diciendo: Haremos lo que Jehová
ha dicho a tus siervos. 32 Nosotros pasaremos armados delante de Jehová a la
tierra de Canaán, y la posesión de nuestra heredad será a este lado del
Jordán.
33 Así Moisés dio a los hijos de Gad, a los hijos de
Rubén, y a la media tribu de Manasés hijo de José, el reino de Sehón rey
amorreo y el reino de Og rey de Basán, la tierra con sus ciudades y sus
territorios, las ciudades del país alrededor. 34 Y los hijos de Gad edificaron
Dibón, Atarot, Aroer, 35 Atarot-sofán, Jazer, Jogbeha, 36 Bet-nimra y Bet-arán,
ciudades fortificadas; hicieron también majadas para ovejas. 37 Y los hijos de
Rubén edificaron Hesbón, Eleale, Quiriataim, 38 Nebo, Baal-meón (mudados los
nombres) y Sibma; y pusieron nombres a las ciudades que edificaron. 39 Y los
hijos de Maquir hijo de Manasés fueron a Galaad, y la tomaron, y echaron al
amorreo que estaba en ella. 40 Y Moisés dio Galaad a Maquir hijo de Manasés,
el cual habitó en ella. 41 También Jair hijo de Manasés fue y tomó sus aldeas,
y les puso por nombre Havot-jair. 42 Asimismo Noba fue y tomó Kenat y sus
aldeas, y lo llamó Noba, conforme a su nombre.
Jornadas de Israel desde Egipto hasta el Jordán
NÚMEROS 33
1 Estas son las jornadas de los hijos de Israel, que
salieron de la tierra de Egipto por sus ejércitos, bajo el mando de Moisés y
Aarón. 2 Moisés escribió sus salidas conforme a sus jornadas por mandato de
Jehová. Estas, pues, son sus jornadas con arreglo a sus salidas. 3 De Ramesés
salieron en el mes primero, a los quince días del mes primero; el segundo día
de la pascua salieron los hijos de Israel con mano poderosa, a vista de todos
los egipcios, 4 mientras enterraban los egipcios a los que Jehová había herido
de muerte de entre ellos, a todo primogénito; también había hecho Jehová
juicios contra sus dioses.
5 Salieron, pues, los hijos de Israel de Ramesés, y
acamparon en Sucot. 6 Salieron de Sucot y acamparon en Etam, que está al
confín del desierto. 7 Salieron de Etam y volvieron sobre Pi-hahirot, que está
delante de Baal-zefón, y acamparon delante de Migdol. 8 Salieron de Pi-hahirot
y pasaron por en medio del mar al desierto, y anduvieron tres días de camino
por el desierto de Etam, y acamparon en Mara. 9 Salieron de Mara y vinieron a
Elim, donde había doce fuentes de aguas, y setenta palmeras; y acamparon allí.
10 Salieron de Elim y acamparon junto al Mar Rojo. 11 Salieron del Mar Rojo y
acamparon en el desierto de Sin. 12 Salieron del desierto de Sin y acamparon
en Dofca. 13 Salieron de Dofca y acamparon en Alús. 14 Salieron de Alús y
acamparon en Refidim, donde el pueblo no tuvo aguas para beber. 15 Salieron de
Refidim y acamparon en el desierto de Sinaí. 16 Salieron del desierto de Sinaí
y acamparon en Kibrot- hataava. 17 Salieron de Kibrot-hataava y acamparon en
Hazerot. 18 Salieron de Hazerot y acamparon en Ritma. 19 Salieron de Ritma y
acamparon en Rimón-peres. 20 Salieron de Rimón-peres y acamparon en Libna. 21
Salieron de Libna y acamparon en Rissa. 22 Salieron de Rissa y acamparon en
Ceelata. 23 Salieron de Ceelata y acamparon en el monte de Sefer. 24 Salieron
del monte de Sefer y acamparon en Harada. 25 Salieron de Harada y acamparon en
Macelot. 26 Salieron de Macelot y acamparon en Tahat. 27 Salieron de Tahat y
acamparon en Tara. 28 Salieron de Tara y acamparon en Mitca. 29 Salieron de
Mitca y acamparon en Hasmona. 30 Salieron de Hasmona y acamparon en Moserot.
31 Salieron de Moserot y acamparon en Bene-jaacán. 32 Salieron de Bene-jaacán
y acamparon en el monte de Gidgad. 33 Salieron del monte de Gidgad y acamparon
en Jotbata. 34 Salieron de Jotbata y acamparon en Abrona. 35 Salieron de
Abrona y acamparon en Ezión-geber. 36 Salieron de Ezión-geber y acamparon en
el desierto de Zin, que es Cades. 37 Y salieron de Cades y acamparon en el
monte de Hor, en la extremidad del país de Edom.
38 Y subió el sacerdote Aarón al monte de Hor, conforme
al dicho de Jehová, y allí murió a los cuarenta años de la salida de los hijos
de Israel de la tierra de Egipto, en el mes quinto, en el primero del mes. 39
Era Aarón de edad de ciento veintitrés años, cuando murió en el monte de Hor.
40 Y el cananeo, rey de Arad, que habitaba en el Neguev
en la tierra de Canaán, oyó que habían venido los hijos de Israel.
41 Y salieron del monte de Hor y acamparon en Zalmona. 42
Salieron de Zalmona y acamparon en Punón. 43 Salieron de Punón y acamparon en
Obot. 44 Salieron de Obot y acamparon en Ije-abarim, en la frontera de Moab.
45 Salieron de Ije-abarim y acamparon en Dibón-gad. 46 Salieron de Dibón-gad y
acamparon en Almón-diblataim. 47 Salieron de Almón-diblataim y acamparon en
los montes de Abarim, delante de Nebo. 48 Salieron de los montes de Abarim y
acamparon en los campos de Moab, junto al Jordán, frente a Jericó. 49
Finalmente acamparon junto al Jordán, desde Bet-jesimot hasta Abel-sitim, en
los campos de Moab.
Límites y repartición de Canaán
50 Y habló Jehová a Moisés en los campos de Moab junto al
Jordán frente a Jericó, diciendo: 51 Habla a los hijos de Israel, y diles:
Cuando hayáis pasado el Jordán entrando en la tierra de Canaán, 52 echaréis de
delante de vosotros a todos los moradores del país, y destruiréis todos sus
ídolos de piedra, y todas sus imágenes de fundición, y destruiréis todos sus
lugares altos; 53 y echaréis a los moradores de la tierra, y habitaréis en
ella; porque yo os la he dado para que sea vuestra propiedad. 54 Y heredaréis
la tierra por sorteo por vuestras familias; a los muchos daréis mucho por
herencia, y a los pocos daréis menos por herencia; donde le cayere la suerte,
allí la tendrá cada uno; por las tribus de vuestros padres heredaréis. 55 Y si
no echareis a los moradores del país de delante de vosotros, sucederá que los
que dejareis de ellos serán por aguijones en vuestros ojos y por espinas en
vuestros costados, y os afligirán sobre la tierra en que vosotros habitareis.
56 Además, haré a vosotros como yo pensé hacerles a ellos.
NÚMEROS 34
1 Y Jehová habló a Moisés, diciendo: 2 Manda a los hijos
de Israel y diles: Cuando hayáis entrado en la tierra de Canaán, esto es, la
tierra que os ha de caer en herencia, la tierra de Canaán según sus límites, 3
tendréis el lado del sur desde el desierto de Zin hasta la frontera de Edom; y
será el límite del sur al extremo del Mar Salado hacia el oriente. 4 Este
límite os irá rodeando desde el sur hasta la subida de Acrabim, y pasará hasta
Zin; y se extenderá del sur a Cades- barnea; y continuará a Hasar-adar, y
pasará hasta Asmón. 5 Rodeará este límite desde Asmón hasta el torrente de
Egipto, y sus remates serán al occidente.
6 Y el límite occidental será el Mar Grande; este límite
será el límite occidental.
7 El límite del norte será este: desde el Mar Grande
trazaréis al monte de Hor. 8 Del monte de Hor trazaréis a la entrada de Hamat,
y seguirá aquel límite hasta Zedad; 9 y seguirá este límite hasta Zifrón, y
terminará en Hazar- enán; este será el límite del norte.
10 Por límite al oriente trazaréis desde Hazar-enán hasta
Sefam; 11 y bajará este límite desde Sefam a Ribla, al oriente de Aín; y
descenderá el límite, y llegará a la costa del mar de Cineret, al oriente. 12
Después descenderá este límite al Jordán, y terminará en el Mar Salado: esta
será vuestra tierra por sus límites alrededor.
13 Y mandó Moisés a los hijos de Israel, diciendo: Esta
es la tierra que se os repartirá en heredades por sorteo, que mandó Jehová que
diese a las nueve tribus, y a la media tribu; 14 porque la tribu de los hijos
de Rubén según las casas de sus padres, y la tribu de los hijos de Gad según
las casas de sus padres, y la media tribu de Manasés, han tomado su heredad.
15 Dos tribus y media tomaron su heredad a este lado del Jordán frente a
Jericó al oriente, al nacimiento del sol.
16 Y habló Jehová a Moisés, diciendo: 17 Estos son los
nombres de los varones que os repartirán la tierra: El sacerdote Eleazar, y
Josué hijo de Nun. 18 Tomaréis también de cada tribu un príncipe, para dar la
posesión de la tierra. 19 Y estos son los nombres de los varones: De la tribu
de Judá, Caleb hijo de Jefone. 20 De la tribu de los hijos de Simeón, Semuel
hijo de Amiud. 21 De la tribu de Benjamín, Elidad hijo de Quislón. 22 De la
tribu de los hijos de Dan, el príncipe Buqui hijo de Jogli. 23 De los hijos de
José: de la tribu de los hijos de Manasés, el príncipe Haniel hijo de Efod, 24
y de la tribu de los hijos de Efraín, el príncipe Kemuel hijo de Siftán. 25 De
la tribu de los hijos de Zabulón, el príncipe Elizafán hijo de Parnac. 26 De
la tribu de los hijos de Isacar, el príncipe Paltiel hijo de Azán. 27 De la
tribu de los hijos de Aser, el príncipe Ahiud hijo de Selomi. 28 Y de la tribu
de los hijos de Neftalí, el príncipe Pedael hijo de Amiud. 29 A éstos mandó
Jehová que hiciesen la repartición de las heredades a los hijos de Israel en
la tierra de Canaán.
Herencia de los levitas
NÚMEROS 35
1 Habló Jehová a Moisés en los campos de Moab, junto al
Jordán frente a Jericó, diciendo: 2 Manda a los hijos de Israel que den a los
levitas, de la posesión de su heredad, ciudades en que habiten; también daréis
a los levitas los ejidos de esas ciudades alrededor de ellas. 3 Y tendrán
ellos las ciudades para habitar, y los ejidos de ellas serán para sus
animales, para sus ganados y para todas sus bestias. 4 Y los ejidos de las
ciudades que daréis a los levitas serán mil codos alrededor, desde el muro de
la ciudad para afuera. 5 Luego mediréis fuera de la ciudad al lado del oriente
dos mil codos, al lado del sur dos mil codos, al lado del occidente dos mil
codos, y al lado del norte dos mil codos, y la ciudad estará en medio; esto
tendrán por los ejidos de las ciudades. 6 Y de las ciudades que daréis a los
levitas, seis ciudades serán de refugio, las cuales daréis para que el
homicida se refugie allá; y además de éstas daréis cuarenta y dos ciudades. 7
Todas las ciudades que daréis a los levitas serán cuarenta y ocho ciudades con
sus ejidos. 8 Y en cuanto a las ciudades que diereis de la heredad de los
hijos de Israel, del que tiene mucho tomaréis mucho, y del que tiene poco
tomaréis poco; cada uno dará de sus ciudades a los levitas según la posesión
que heredará.
Ciudades de refugio
(Dt. 19.1-13)
9 Habló Jehová a Moisés, diciendo: 10 Habla a los hijos
de Israel, y diles: Cuando hayáis pasado al otro lado del Jordán a la tierra
de Canaán, 11 os señalaréis ciudades, ciudades de refugio tendréis, donde huya
el homicida que hiriere a alguno de muerte sin intención. 12 Y os serán
aquellas ciudades para refugiarse del vengador, y no morirá el homicida hasta
que entre en juicio delante de la congregación. 13 De las ciudades, pues, que
daréis, tendréis seis ciudades de refugio. 14 Tres ciudades daréis a este lado
del Jordán, y tres ciudades daréis en la tierra de Canaán, las cuales serán
ciudades de refugio. 15 Estas seis ciudades serán de refugio para los hijos de
Israel, y para el extranjero y el que more entre ellos, para que huya allá
cualquiera que hiriere de muerte a otro sin intención.
16 Si con instrumento de hierro lo hiriere y muriere,
homicida es; el homicida morirá. 17 Y si con piedra en la mano, que pueda dar
muerte, lo hiriere y muriere, homicida es; el homicida morirá. 18 Y si con
instrumento de palo en la mano, que pueda dar muerte, lo hiriere y muriere,
homicida es; el homicida morirá. 19 El vengador de la sangre, él dará muerte
al homicida; cuando lo encontrare, él lo matará. 20 Y si por odio lo empujó, o
echó sobre él alguna cosa por asechanzas, y muere; 21 o por enemistad lo hirió
con su mano, y murió, el heridor morirá; es homicida; el vengador de la sangre
matará al homicida cuando lo encontrare.
22 Mas si casualmente lo empujó sin enemistades, o echó
sobre él cualquier instrumento sin asechanzas, 23 o bien, sin verlo hizo caer
sobre él alguna piedra que pudo matarlo, y muriere, y él no era su enemigo, ni
procuraba su mal; 24 entonces la congregación juzgará entre el que causó la
muerte y el vengador de la sangre conforme a estas leyes; 25 y la congregación
librará al homicida de mano del vengador de la sangre, y la congregación lo
hará volver a su ciudad de refugio, en la cual se había refugiado; y morará en
ella hasta que muera el sumo sacerdote, el cual fue ungido con el aceite
santo. 26 Mas si el homicida saliere fuera de los límites de su ciudad de
refugio, en la cual se refugió, 27 y el vengador de la sangre le hallare fuera
del límite de la ciudad de su refugio, y el vengador de la sangre matare al
homicida, no se le culpará por ello; 28 pues en su ciudad de refugio deberá
aquél habitar hasta que muera el sumo sacerdote; y después que haya muerto el
sumo sacerdote, el homicida volverá a la tierra de su posesión.
Ley sobre los testigos y sobre el rescate
29 Estas cosas os serán por ordenanza de derecho por
vuestras edades, en todas vuestras habitaciones. 30 Cualquiera que diere
muerte a alguno, por dicho de testigos morirá el homicida; mas un solo testigo
no hará fe contra una persona para que muera. 31 Y no tomaréis precio por la
vida del homicida, porque está condenado a muerte; indefectiblemente morirá.
32 Ni tampoco tomaréis precio del que huyó a su ciudad de refugio, para que
vuelva a vivir en su tierra, hasta que muera el sumo sacerdote. 33 Y no
contaminaréis la tierra donde estuviereis; porque esta sangre amancillará la
tierra, y la tierra no será expiada de la sangre que fue derramada en ella,
sino por la sangre del que la derramó. 34 No contaminéis, pues, la tierra
donde habitáis, en medio de la cual yo habito; porque yo Jehová habito en
medio de los hijos de Israel.
Ley del casamiento de las herederas
NÚMEROS 36
1 Llegaron los príncipes de los padres de la familia de
Galaad hijo de Maquir, hijo de Manasés, de las familias de los hijos de José;
y hablaron delante de Moisés y de los príncipes, jefes de las casas paternas
de los hijos de Israel, 2 y dijeron: Jehová mandó a mi señor que por sorteo
diese la tierra a los hijos de Israel en posesión; también ha mandado Jehová a
mi señor, que dé la posesión de Zelofehad nuestro hermano a sus hijas. 3 Y si
ellas se casaren con algunos de los hijos de las otras tribus de los hijos de
Israel, la herencia de ellas será así quitada de la herencia de nuestros
padres, y será añadida a la herencia de la tribu a que se unan; y será quitada
de la porción de nuestra heredad. 4 Y cuando viniere el jubileo de los hijos
de Israel, la heredad de ellas será añadida a la heredad de la tribu de sus
maridos; así la heredad de ellas será quitada de la heredad de la tribu de
nuestros padres.
5 Entonces Moisés mandó a los hijos de Israel por mandato
de Jehová, diciendo: La tribu de los hijos de José habla rectamente. 6 Esto es
lo que ha mandado Jehová acerca de las hijas de Zelofehad, diciendo: Cásense
como a ellas les plazca, pero en la familia de la tribu de su padre se
casarán, 7 para que la heredad de los hijos de Israel no sea traspasada de
tribu en tribu; porque cada uno de los hijos de Israel estará ligado a la
heredad de la tribu de sus padres. 8 Y cualquiera hija que tenga heredad en
las tribus de los hijos de Israel, con alguno de la familia de la tribu de su
padre se casará, para que los hijos de Israel posean cada uno la heredad de
sus padres, 9 y no ande la heredad rodando de una tribu a otra, sino que cada
una de las tribus de los hijos de Israel estará ligada a su heredad.
10 Como Jehová mandó a Moisés, así hicieron las hijas de
Zelofehad. 11 Y así Maala, Tirsa, Hogla, Milca y Noa, hijas de Zelofehad, se
casaron con hijos de sus tíos paternos. 12 Se casaron en la familia de los
hijos de Manasés, hijo de José; y la heredad de ellas quedó en la tribu de la
familia de su padre.
13 Estos son los mandamientos y los estatutos que mandó
Jehová por medio de Moisés a los hijos de Israel en los campos de Moab, junto
al Jordán, frente a Jericó.
DEUTERONOMIO
Moisés recuerda a Israel las promesas de Jehová en Horeb
DEUTERONOMIO 1
1 Estas son las palabras que habló Moisés a todo Israel a
este lado del Jordán en el desierto, en el Arabá frente al Mar Rojo, entre
Parán, Tofel, Labán, Hazerot y Dizahab. 2 Once jornadas hay desde Horeb,
camino del monte de Seir, hasta Cades-barnea. 3 Y aconteció que a los cuarenta
años, en el mes undécimo, el primero del mes, Moisés habló a los hijos de
Israel conforme a todas las cosas que Jehová le había mandado acerca de ellos,
4 después que derrotó a Sehón rey de los amorreos, el cual habitaba en Hesbón,
y a Og rey de Basán que habitaba en Astarot en Edrei. 5 De este lado del
Jordán, en tierra de Moab, resolvió Moisés declarar esta ley, diciendo: 6
Jehová nuestro Dios nos habló en Horeb, diciendo: Habéis estado bastante
tiempo en este monte. 7 Volveos e id al monte del amorreo y a todas sus
comarcas, en el Arabá, en el monte, en los valles, en el Neguev, y junto a la
costa del mar, a la tierra del cananeo, y al Líbano, hasta el gran río, el río
Eufrates. 8 Mirad, yo os he entregado la tierra; entrad y poseed la tierra que
Jehová juró a vuestros padres Abraham, Isaac y Jacob, que les daría a ellos y
a su descendencia después de ellos.
Nombramiento de jueces
(Ex. 18.13-27)
9 En aquel tiempo yo os hablé diciendo: Yo solo no puedo
llevaros. 10 Jehová vuestro Dios os ha multiplicado, y he aquí hoy vosotros
sois como las estrellas del cielo en multitud. 11 ¡Jehová Dios de vuestros
padres os haga mil veces más de lo que ahora sois, y os bendiga, como os ha
prometido! 12 ¿Cómo llevaré yo solo vuestras molestias, vuestras cargas y
vuestros pleitos? 13 Dadme de entre vosotros, de vuestras tribus, varones
sabios y entendidos y expertos, para que yo los ponga por vuestros jefes. 14 Y
me respondisteis y dijisteis: Bueno es hacer lo que has dicho. 15 Y tomé a los
principales de vuestras tribus, varones sabios y expertos, y los puse por
jefes sobre vosotros, jefes de millares, de centenas, de cincuenta y de diez,
y gobernadores de vuestras tribus. 16 Y entonces mandé a vuestros jueces,
diciendo: Oíd entre vuestros hermanos, y juzgad justamente entre el hombre y
su hermano, y el extranjero. 17 No hagáis distinción de persona en el juicio;
así al pequeño como al grande oiréis; no tendréis temor de ninguno, porque el
juicio es de Dios; y la causa que os fuere difícil, la traeréis a mí, y yo la
oiré. 18 Os mandé, pues, en aquel tiempo, todo lo que habíais de hacer.
Misión de los doce espías
(Nm. 13.1-33)
19 Y salidos de Horeb, anduvimos todo aquel grande y
terrible desierto que habéis visto, por el camino del monte del amorreo, como
Jehová nuestro Dios nos lo mandó; y llegamos hasta Cades- barnea. 20 Entonces
os dije: Habéis llegado al monte del amorreo, el cual Jehová nuestro Dios nos
da. 21 Mira, Jehová tu Dios te ha entregado la tierra; sube y toma posesión de
ella, como Jehová el Dios de tus padres te ha dicho; no temas ni desmayes. 22
Y vinisteis a mí todos vosotros, y dijisteis: Enviemos varones delante de
nosotros que nos reconozcan la tierra, y a su regreso nos traigan razón del
camino por donde hemos de subir, y de las ciudades adonde hemos de llegar. 23
Y el dicho me pareció bien; y tomé doce varones de entre vosotros, un varón
por cada tribu. 24 Y se encaminaron, y subieron al monte, y llegaron hasta el
valle de Escol, y reconocieron la tierra. 25 Y tomaron en sus manos del fruto
del país, y nos lo trajeron, y nos dieron cuenta, y dijeron: Es buena la
tierra que Jehová nuestro Dios nos da. 26 Sin embargo, no quisisteis subir,
antes fuisteis rebeldes al mandato de Jehová vuestro Dios; 27 y murmurasteis
en vuestras tiendas, diciendo: Porque Jehová nos aborrece, nos ha sacado de
tierra de Egipto, para entregarnos en manos del amorreo para destruirnos. 28
¿A dónde subiremos? Nuestros hermanos han atemorizado nuestro corazón,
diciendo: Este pueblo es mayor y más alto que nosotros, las ciudades grandes y
amuralladas hasta el cielo; y también vimos allí a los hijos de Anac. 29
Entonces os dije: No temáis, ni tengáis miedo de ellos. 30 Jehová vuestro
Dios, el cual va delante de vosotros, él peleará por vosotros, conforme a
todas las cosas que hizo por vosotros en Egipto delante de vuestros ojos. 31 Y
en el desierto has visto que Jehová tu Dios te ha traído, como trae el hombre
a su hijo, por todo el camino que habéis andado, hasta llegar a este lugar. 32
Y aun con esto no creísteis a Jehová vuestro Dios, 33 quien iba delante de
vosotros por el camino para reconoceros el lugar donde habíais de acampar, con
fuego de noche para mostraros el camino por donde anduvieseis, y con nube de
día.
Dios castiga a Israel
(Nm. 14.20-35)
34 Y oyó Jehová la voz de vuestras palabras, y se enojó,
y juró diciendo: 35 No verá hombre alguno de estos, de esta mala generación,
la buena tierra que juré que había de dar a vuestros padres, 36 excepto Caleb
hijo de Jefone; él la verá, y a él le daré la tierra que pisó, y a sus hijos;
porque ha seguido fielmente a Jehová. 37 También contra mí se airó Jehová por
vosotros, y me dijo: Tampoco tú entrarás allá. 38 Josué hijo de Nun, el cual
te sirve, él entrará allá; anímale, porque él la hará heredar a Israel. 39 Y
vuestros niños, de los cuales dijisteis que servirían de botín, y vuestros
hijos que no saben hoy lo bueno ni lo malo, ellos entrarán allá, y a ellos la
daré, y ellos la heredarán. 40 Pero vosotros volveos e id al desierto, camino
del Mar Rojo.
La derrota en Horma
(Nm. 14.39-45)
41 Entonces respondisteis y me dijisteis: Hemos pecado
contra Jehová; nosotros subiremos y pelearemos, conforme a todo lo que Jehová
nuestro Dios nos ha mandado. Y os armasteis cada uno con sus armas de guerra,
y os preparasteis para subir al monte. 42 Y Jehová me dijo: Diles: No subáis,
ni peleéis, pues no estoy entre vosotros; para que no seáis derrotados por
vuestros enemigos. 43 Y os hablé, y no disteis oído; antes fuisteis rebeldes
al mandato de Jehová, y persistiendo con altivez subisteis al monte. 44 Pero
salió a vuestro encuentro el amorreo, que habitaba en aquel monte, y os
persiguieron como hacen las avispas, y os derrotaron en Seir, hasta Horma. 45
Y volvisteis y llorasteis delante de Jehová, pero Jehová no escuchó vuestra
voz, ni os prestó oído. 46 Y estuvisteis en Cades por muchos días, los días
que habéis estado allí.
Los años en el desierto
DEUTERONOMIO 2
1 Luego volvimos y salimos al desierto, camino del Mar
Rojo, como Jehová me había dicho; y rodeamos el monte de Seir por mucho
tiempo. 2 Y Jehová me habló, diciendo: 3 Bastante habéis rodeado este monte;
volveos al norte. 4 Y manda al pueblo, diciendo: Pasando vosotros por el
territorio de vuestros hermanos los hijos de Esaú, que habitan en Seir, ellos
tendrán miedo de vosotros; mas vosotros guardaos mucho. 5 No os metáis con
ellos, porque no os daré de su tierra ni aun lo que cubre la planta de un pie;
porque yo he dado por heredad a Esaú el monte de Seir. 6 Compraréis de ellos
por dinero los alimentos, y comeréis; y también compraréis de ellos el agua, y
beberéis; 7 pues Jehová tu Dios te ha bendecido en toda obra de tus manos; él
sabe que andas por este gran desierto; estos cuarenta años Jehová tu Dios ha
estado contigo, y nada te ha faltado. 8 Y nos alejamos del territorio de
nuestros hermanos los hijos de Esaú, que habitaban en Seir, por el camino del
Arabá desde Elat y Ezión-geber; y volvimos, y tomamos el camino del desierto
de Moab.
9 Y Jehová me dijo: No molestes a Moab, ni te empeñes con
ellos en guerra, porque no te daré posesión de su tierra; porque yo he dado a
Ar por heredad a los hijos de Lot. 10 (Los emitas habitaron en ella antes,
pueblo grande y numeroso, y alto como los hijos de Anac. 11 Por gigantes eran
ellos tenidos también, como los hijos de Anac; y los moabitas los llaman
emitas. 12 Y en Seir habitaron antes los horeos, a los cuales echaron los
hijos de Esaú; y los arrojaron de su presencia, y habitaron en lugar de ellos,
como hizo Israel en la tierra que les dio Jehová por posesión.) 13 Levantaos
ahora, y pasad el arroyo de Zered. Y pasamos el arroyo de Zered. 14 Y los días
que anduvimos de Cades-barnea hasta cuando pasamos el arroyo de Zered fueron
treinta y ocho años; hasta que se acabó toda la generación de los hombres de
guerra de en medio del campamento, como Jehová les había jurado. 15 Y también
la mano de Jehová vino sobre ellos para destruirlos de en medio del
campamento, hasta acabarlos.
16 Y aconteció que después que murieron todos los hombres
de guerra de entre el pueblo, 17 Jehová me habló, diciendo: 18 Tú pasarás hoy
el territorio de Moab, a Ar. 19 Y cuando te acerques a los hijos de Amón, no
los molestes, ni contiendas con ellos; porque no te daré posesión de la tierra
de los hijos de Amón, pues a los hijos de Lot la he dado por heredad. 20 (Por
tierra de gigantes fue también ella tenida; habitaron en ella gigantes en otro
tiempo, a los cuales los amonitas llamaban zomzomeos; 21 pueblo grande y
numeroso, y alto, como los hijos de Anac; a los cuales Jehová destruyó delante
de los amonitas. Estos sucedieron a aquéllos, y habitaron en su lugar, 22 como
hizo Jehová con los hijos de Esaú que habitaban en Seir, delante de los cuales
destruyó a los horeos; y ellos sucedieron a éstos, y habitaron en su lugar
hasta hoy. 23 Y a los aveos que habitaban en aldeas hasta Gaza, los caftoreos
que salieron de Caftor los destruyeron, y habitaron en su lugar.) 24
Levantaos, salid, y pasad el arroyo de Arnón; he aquí he entregado en tu mano
a Sehón rey de Hesbón, amorreo, y a su tierra; comienza a tomar posesión de
ella, y entra en guerra con él. 25 Hoy comenzaré a poner tu temor y tu espanto
sobre los pueblos debajo de todo el cielo, los cuales oirán tu fama, y
temblarán y se angustiarán delante de ti.
Israel derrota a Sehón
(Nm. 21.21-30)
26 Y envié mensajeros desde el desierto de Cademot a
Sehón rey de Hesbón con palabras de paz, diciendo: 27 Pasaré por tu tierra por
el camino; por el camino iré, sin apartarme ni a diestra ni a siniestra. 28 La
comida me venderás por dinero, y comeré; el agua también me darás por dinero,
y beberé; solamente pasaré a pie, 29 como lo hicieron conmigo los hijos de
Esaú que habitaban en Seir, y los moabitas que habitaban en Ar; hasta que
cruce el Jordán a la tierra que nos da Jehová nuestro Dios. 30 Mas Sehón rey
de Hesbón no quiso que pasásemos por el territorio suyo; porque Jehová tu Dios
había endurecido su espíritu, y obstinado su corazón para entregarlo en tu
mano, como hasta hoy. 31 Y me dijo Jehová: He aquí yo he comenzado a entregar
delante de ti a Sehón y a su tierra; comienza a tomar posesión de ella para
que la heredes. 32 Y nos salió Sehón al encuentro, él y todo su pueblo, para
pelear en Jahaza. 33 Mas Jehová nuestro Dios lo entregó delante de nosotros; y
lo derrotamos a él y a sus hijos, y a todo su pueblo. 34 Tomamos entonces
todas sus ciudades, y destruimos todas las ciudades, hombres, mujeres y niños;
no dejamos ninguno. 35 Solamente tomamos para nosotros los ganados, y los
despojos de las ciudades que habíamos tomado. 36 Desde Aroer, que está junto a
la ribera del arroyo de Arnón, y la ciudad que está en el valle, hasta Galaad,
no hubo ciudad que escapase de nosotros; todas las entregó Jehová nuestro Dios
en nuestro poder. 37 Solamente a la tierra de los hijos de Amón no llegamos;
ni a todo lo que está a la orilla del arroyo de Jaboc ni a las ciudades del
monte, ni a lugar alguno que Jehová nuestro Dios había prohibido.
Israel derrota a Og rey de Basán
(Nm. 21.31-35)
DEUTERONOMIO 3
1 Volvimos, pues, y subimos camino de Basán, y nos salió
al encuentro Og rey de Basán para pelear, él y todo su pueblo, en Edrei. 2 Y
me dijo Jehová: No tengas temor de él, porque en tu mano he entregdo a él y a
todo su pueblo, con su tierra; y harás con él como hiciste con Sehón rey
amorreo, que habitaba en Hesbón. 3 Y Jehová nuestro Dios entregó también en
nuestra mano a Og rey de Basán, y a todo su pueblo, al cual derrotamos hasta
acabar con todos. 4 Y tomamos entonces todas sus ciudades; no quedó ciudad que
no les tomásemos; sesenta ciudades, toda la tierra de Argob, del reino de Og
en Basán. 5 Todas estas eran ciudades fortificadas con muros altos, con
puertas y barras, sin contar otras muchas ciudades sin muro. 6 Y las
destruimos, como hicimos a Sehón rey de Hesbón, matando en toda ciudad a
hombres, mujeres y niños. 7 Y tomamos para nosotros todo el ganado, y los
despojos de las ciudades. 8 También tomamos en aquel tiempo la tierra desde el
arroyo de Arnón hasta el monte de Hermón, de manos de los dos reyes amorreos
que estaban a este lado del Jordán. 9 (Los sidonios llaman a Hermón, Sirión; y
los amorreos, Senir.) 10 Todas las ciudades de la llanura, y todo Galaad, y
todo Basán hasta Salca y Edrei, ciudades del reino de Og en Basán. 11 Porque
únicamente Og rey de Basán había quedado del resto de los gigantes. Su cama,
una cama de hierro, ¿no está en Rabá de los hijos de Amón? La longitud de ella
es de nueve codos, y su anchura de cuatro codos, según el codo de un hombre.
Rubén, Gad y la media tribu de Manasés se establecen al
oriente del Jordán
(Nm. 32.1-42)
12 Y esta tierra que heredamos en aquel tiempo, desde
Aroer, que está junto al arroyo de Arnón, y la mitad del monte de Galaad con
sus ciudades, la di a los rubenitas y a los gaditas; 13 y el resto de Galaad,
y todo Basán, del reino de Og, toda la tierra de Argob, que se llamaba la
tierra de los gigantes, lo di a la media tribu de Manasés. 14 Jair hijo de
Manasés tomó toda la tierra de Argob hasta el límite con Gesur y Maaca, y la
llamó por su nombre, Basán- havot-jair, hasta hoy. 15 Y Galaad se lo di a
Maquir. 16 Y a los rubenitas y gaditas les di de Galaad hasta el arroyo de
Arnón, teniendo por límite el medio del valle, hasta el arroyo de Jaboc, el
cual es límite de los hijos de Amón; 17 también el Arabá, con el Jordán como
límite desde Cineret hasta el mar del Arabá, el Mar Salado, al pie de las
laderas del Pisga al oriente.
18 Y os mandé entonces, diciendo: Jehová vuestro Dios os
ha dado esta tierra por heredad; pero iréis armados todos los valientes
delante de vuestros hermanos los hijos de Israel. 19 Solamente vuestras
mujeres, vuestros hijos y vuestros ganados (yo sé que tenéis mucho ganado),
quedarán en las ciudades que os he dado, 20 hasta que Jehová dé reposo a
vuestros hermanos, así como a vosotros, y hereden ellos también la tierra que
Jehová vuestro Dios les da al otro lado del Jordán; entonces os volveréis cada
uno a la heredad que yo os he dado. 21 Ordené también a Josué en aquel tiempo,
diciendo: Tus ojos vieron todo lo que Jehová vuestro Dios ha hecho a aquellos
dos reyes; así hará Jehová a todos los reinos a los cuales pasarás tú. 22 No
los temáis; porque Jehová vuestro Dios, él es el que pelea por vosotros.
No se le permite a Moisés entrar a Canaán
23 Y oré a Jehová en aquel tiempo, diciendo: 24 Señor
Jehová, tú has comenzado a mostrar a tu siervo tu grandeza, y tu mano
poderosa; porque ¿qué dios hay en el cielo ni en la tierra que haga obras y
proezas como las tuyas? 25 Pase yo, te ruego, y vea aquella tierra buena que
está más allá del Jordán, aquel buen monte, y el Líbano. 26 Pero Jehová se
había enojado contra mí a causa de vosotros, por lo cual no me escuchó; y me
dijo Jehová: Basta, no me hables más de este asunto. 27 Sube a la cumbre del
Pisga y alza tus ojos al oeste, y al norte, y al sur, y al este, y mira con
tus propios ojos; porque no pasarás el Jordán. 28 Y manda a Josué, y anímalo,
y fortalécelo; porque él ha de pasar delante de este pueblo, y él les hará
heredar la tierra que verás. 29 Y paramos en el valle delante de Bet-peor.
Moisés exhorta a la obediencia
DEUTERONOMIO 4
1 Ahora, pues, oh Israel, oye los estatutos y decretos
que yo os enseño, para que los ejecutéis, y viváis, y entréis y poseáis la
tierra que Jehová el Dios de vuestros padres os da. 2 No añadiréis a la
palabra que yo os mando, ni disminuiréis de ella, para que guardéis los
mandamientos de Jehová vuestro Dios que yo os ordene. 3 Vuestros ojos vieron
lo que hizo Jehová con motivo de Baal- peor; que a todo hombre que fue en pos
de Baal-peor destruyó Jehová tu Dios de en medio de ti. 4 Mas vosotros que
seguisteis a Jehová vuestro Dios, todos estáis vivos hoy. 5 Mirad, yo os he
enseñado estatutos y decretos, como Jehová mi Dios me mandó, para que hagáis
así en medio de la tierra en la cual entráis para tomar posesión de ella. 6
Guardadlos, pues, y ponedlos por obra; porque esta es vuestra sabiduría y
vuestra inteligencia ante los ojos de los pueblos, los cuales oirán todos
estos estatutos, y dirán: Ciertamente pueblo sabio y entendido, nación grande
es esta. 7 Porque ¿qué nación grande hay que tenga dioses tan cercanos a ellos
como lo está Jehová nuestro Dios en todo cuanto le pedimos? 8 Y ¿qué nación
grande hay que tenga estatutos y juicios justos como es toda esta ley que yo
pongo hoy delante de vosotros?
La experiencia de Israel en Horeb
9 Por tanto, guárdate, y guarda tu alma con diligencia,
para que no te olvides de las cosas que tus ojos han visto, ni se aparten de
tu corazón todos los días de tu vida; antes bien, las enseñarás a tus hijos, y
a los hijos de tus hijos. 10 El día que estuviste delante de Jehová tu Dios en
Horeb, cuando Jehová me dijo: Reúneme el pueblo, para que yo les haga oír mis
palabras, las cuales aprenderán, para temerme todos los días que vivieren
sobre la tierra, y las enseñarán a sus hijos; 11 y os acercasteis y os
pusisteis al pie del monte; y el monte ardía en fuego hasta en medio de los
cielos con tinieblas, nube y oscuridad; 12 y habló Jehová con vosotros de en
medio del fuego; oísteis la voz de sus palabras, mas a excepción de oír la
voz, ninguna figura visteis. 13 Y él os anunció su pacto, el cual os mandó
poner por obra; los diez mandamientos, y los escribió en dos tablas de piedra.
14 A mí también me mandó Jehová en aquel tiempo que os enseñase los estatutos
y juicios, para que los pusieseis por obra en la tierra a la cual pasáis a
tomar posesión de ella.
Advertencia contra la idolatría
15 Guardad, pues, mucho vuestras almas; pues ninguna
figura visteis el día que Jehová habló con vosotros de en medio del fuego; 16
para que no os corrompáis y hagáis para vosotros escultura, imagen de figura
alguna, efigie de varón o hembra, 17 figura de animal alguno que está en la
tierra, figura de ave alguna alada que vuele por el aire, 18 figura de ningún
animal que se arrastre sobre la tierra, figura de pez alguno que haya en el
agua debajo de la tierra. 19 No sea que alces tus ojos al cielo, y viendo el
sol y la luna y las estrellas, y todo el ejército del cielo, seas impulsado, y
te inclines a ellos y les sirvas; porque Jehová tu Dios los ha concedido a
todos los pueblos debajo de todos los cielos. 20 Pero a vosotros Jehová os
tomó, y os ha sacado del horno de hierro, de Egipto, para que seáis el pueblo
de su heredad como en este día. 21 Y Jehová se enojó contra mí por causa de
vosotros, y juró que yo no pasaría el Jordán, ni entraría en la buena tierra
que Jehová tu Dios te da por heredad. 22 Así que yo voy a morir en esta
tierra, y no pasaré el Jordán; mas vosotros pasaréis, y poseeréis aquella
buena tierra. 23 Guardaos, no os olvidéis del pacto de Jehová vuestro Dios,
que él estableció con vosotros, y no os hagáis escultura o imagen de ninguna
cosa que Jehová tu Dios te ha prohibido. 24 Porque Jehová tu Dios es fuego
consumidor, Dios celoso.
25 Cuando hayáis engendrado hijos y nietos, y hayáis
envejecido en la tierra, si os corrompiereis e hiciereis escultura o imagen de
cualquier cosa, e hiciereis lo malo ante los ojos de Jehová vuestro Dios, para
enojarlo; 26 yo pongo hoy por testigos al cielo y a la tierra, que pronto
pereceréis totalmente de la tierra hacia la cual pasáis el Jordán para tomar
posesión de ella; no estaréis en ella largos días sin que seáis destruidos. 27
Y Jehová os esparcirá entre los pueblos, y quedaréis pocos en número entre las
naciones a las cuales os llevará Jehová. 28 Y serviréis allí a dioses hechos
de manos de hombres, de madera y piedra, que no ven, ni oyen, ni comen, ni
huelen. 29 Mas si desde allí buscares a Jehová tu Dios, lo hallarás, si lo
buscares de todo tu corazón y de toda tu alma. 30 Cuando estuvieres en
angustia, y te alcanzaren todas estas cosas, si en los postreros días te
volvieres a Jehová tu Dios, y oyeres su voz; 31 porque Dios misericordioso es
Jehová tu Dios; no te dejará, ni te destruirá, ni se olvidará del pacto que
les juró a tus padres.
32 Porque pregunta ahora si en los tiempos pasados que
han sido antes de ti, desde el día que creó Dios al hombre sobre la tierra, si
desde un extremo del cielo al otro se ha hecho cosa semejante a esta gran
cosa, o se haya oído otra como ella. 33 ¿Ha oído pueblo alguno la voz de Dios,
hablando de en medio del fuego, como tú la has oído, sin perecer? 34 ¿O ha
intentado Dios venir a tomar para sí una nación de en medio de otra nación,
con pruebas, con señales, con milagros y con guerra, y mano poderosa y brazo
extendido, y hechos aterradores como todo lo que hizo con vosotros Jehová
vuestro Dios en Egipto ante tus ojos? 35 A ti te fue mostrado, para que
supieses que Jehová es Dios, y no hay otro fuera de él. 36 Desde los cielos te
hizo oír su voz, para enseñarte; y sobre la tierra te mostró su gran fuego, y
has oído sus palabras de en medio del fuego. 37 Y por cuanto él amó a tus
padres, escogió a su descendencia después de ellos, y te sacó de Egipto con su
presencia y con su gran poder, 38 para echar de delante de tu presencia
naciones grandes y más fuertes que tú, y para introducirte y darte su tierra
por heredad, como hoy. 39 Aprende pues, hoy, y reflexiona en tu corazón que
Jehová es Dios arriba en el cielo y abajo en la tierra, y no hay otro. 40 Y
guarda sus estatutos y sus mandamientos, los cuales yo te mando hoy, para que
te vaya bien a ti y a tus hijos después de ti, y prolongues tus días sobre la
tierra que Jehová tu Dios te da para siempre.
Las ciudades de refugio al oriente del Jordán
41 Entonces apartó Moisés tres ciudades a este lado del
Jordán al nacimiento del sol, 42 para que huyese allí el homicida que matase a
su prójimo sin intención, sin haber tenido enemistad con él nunca antes; y que
huyendo a una de estas ciudades salvase su vida: 43 Beser en el desierto, en
tierra de la llanura, para los rubenitas; Ramot en Galaad para los gaditas, y
Golán en Basán para los de Manasés.
Moisés recapitula la promulgación de la ley
44 Esta, pues, es la ley que Moisés puso delante de los
hijos de Israel. 45 Estos son los testimonios, los estatutos y los decretos
que habló Moisés a los hijos de Israel cuando salieron de Egipto; 46 a este
lado del Jordán, en el valle delante de Bet-peor, en la tierra de Sehón rey de
los amorreos que habitaba en Hesbón, al cual derrotó Moisés con los hijos de
Israel, cuando salieron de Egipto; 47 y poseyeron su tierra, y la tierra de Og
rey de Basán; dos reyes de los amorreos que estaban de este lado del Jordán,
al oriente. 48 Desde Aroer, que está junto a la ribera del arroyo de Arnón,
hasta el monte de Sion, que es Hermón; 49 y todo el Arabá de este lado del
Jordán, al oriente, hasta el mar del Arabá, al pie de las laderas del Pisga.
Los Diez Mandamientos
(Ex. 20.1-17)
DEUTERONOMIO 5
1 Llamó Moisés a todo Israel y les dijo: Oye, Israel, los
estatutos y decretos que yo pronuncio hoy en vuestros oídos; aprendedlos, y
guardadlos, para ponerlos por obra. 2 Jehová nuestro Dios hizo pacto con
nosotros en Horeb. 3 No con nuestros padres hizo Jehová este pacto, sino con
nosotros todos los que estamos aquí hoy vivos. 4 Cara a cara habló Jehová con
vosotros en el monte de en medio del fuego. 5 Yo estaba entonces entre Jehová
y vosotros, para declararos la palabra de Jehová; porque vosotros tuvisteis
temor del fuego, y no subisteis al monte. Dijo:
6 Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de tierra de
Egipto, de casa de servidumbre.
7 No tendrás dioses ajenos delante de mí.
8 No harás para ti escultura, ni imagen alguna de cosa
que está arriba en los cielos, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo
de la tierra. 9 No te inclinarás a ellas ni las servirás; porque yo soy Jehová
tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos
hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, 10 y que hago
misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.
11 No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque
Jehová no dará por inocente al que tome su nombre en vano.
12 Guardarás el día de reposo para santificarlo, como
Jehová tu Dios te ha mandado. 13 Seis días trabajarás, y harás toda tu obra;
14 mas el séptimo día es reposo a Jehová tu Dios; ninguna obra harás tú, ni tu
hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu buey, ni tu asno, ni
ningún animal tuyo, ni el extranjero que está dentro de tus puertas, para que
descanse tu siervo y tu sierva como tú. 15 Acuérdate que fuiste siervo en
tierra de Egipto, y que Jehová tu Dios te sacó de allá con mano fuerte y brazo
extendido; por lo cual Jehová tu Dios te ha mandado que guardes el día de
reposo.
16 Honra a tu padre y a tu madre, como Jehová tu Dios te
ha mandado, para que sean prolongados tus días, y para que te vaya bien sobre
la tierra que Jehová tu Dios te da.
17 No matarás.
18 No cometerás adulterio.
19 No hurtarás.
20 No dirás falso testimonio contra tu prójimo.
21 No codiciarás la mujer de tu prójimo, ni desearás la
casa de tu prójimo, ni su tierra, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni
su asno, ni cosa alguna de tu prójimo.
El terror del pueblo
(Ex. 20.18-26)
22 Estas palabras habló Jehová a toda vuestra
congregación en el monte, de en medio del fuego, de la nube y de la oscuridad,
a gran voz; y no añadió más. Y las escribió en dos tablas de piedra, las
cuales me dio a mí. 23 Y aconteció que cuando vosotros oísteis la voz de en
medio de las tinieblas, y visteis al monte que ardía en fuego, vinisteis a mí,
todos los príncipes de vuestras tribus, y vuestros ancianos, 24 y dijisteis:
He aquí Jehová nuestro Dios nos ha mostrado su gloria y su grandeza, y hemos
oído su voz de en medio del fuego; hoy hemos visto que Jehová habla al hombre,
y éste aún vive. 25 Ahora, pues, ¿por qué vamos a morir? Porque este gran
fuego nos consumirá; si oyéremos otra vez la voz de Jehová nuestro Dios,
moriremos. 26 Porque ¿qué es el hombre, para que oiga la voz del Dios viviente
que habla de en medio del fuego, como nosotros la oímos, y aún viva? 27
Acércate tú, y oye todas las cosas que dijere Jehová nuestro Dios; y tú nos
dirás todo lo que Jehová nuestro Dios te dijere, y nosotros oiremos y haremos.
28 Y oyó Jehová la voz de vuestras palabras cuando me
hablabais, y me dijo Jehová: He oído la voz de las palabras de este pueblo,
que ellos te han hablado; bien está todo lo que han dicho. 29 ¡Quién diera que
tuviesen tal corazón, que me temiesen y guardasen todos los días todos mis
mandamientos, para que a ellos y a sus hijos les fuese bien para siempre! 30
Ve y diles: Volveos a vuestras tiendas. 31 Y tú quédate aquí conmigo, y te
diré todos los mandamientos y estatutos y decretos que les enseñarás, a fin de
que los pongan ahora por obra en la tierra que yo les doy por posesión. 32
Mirad, pues, que hagáis como Jehová vuestro Dios os ha mandado; no os apartéis
a diestra ni a siniestra. 33 Andad en todo el camino que Jehová vuestro Dios
os ha mandado, para que viváis y os vaya bien, y tengáis largos días en la
tierra que habéis de poseer.
El gran mandamiento
DEUTERONOMIO 6
1 Estos, pues, son los mandamientos, estatutos y decretos
que Jehová vuestro Dios mandó que os enseñase, para que los pongáis por obra
en la tierra a la cual pasáis vosotros para tomarla; 2 para que temas a Jehová
tu Dios, guardando todos sus estatutos y sus mandamientos que yo te mando, tú,
tu hijo, y el hijo de tu hijo, todos los días de tu vida, para que tus días
sean prolongados. 3 Oye, pues, oh Israel, y cuida de ponerlos por obra, para
que te vaya bien en la tierra que fluye leche y miel, y os multipliquéis, como
te ha dicho Jehová el Dios de tus padres.
4 Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. 5 Y
amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus
fuerzas. 6 Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; 7 y
las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando
por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. 8 Y las atarás como una
señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; 9 y las escribirás
en los postes de tu casa, y en tus puertas.
Exhortaciones a la obediencia
10 Cuando Jehová tu Dios te haya introducido en la tierra
que juró a tus padres Abraham, Isaac y Jacob que te daría, en ciudades grandes
y buenas que tú no edificaste, 11 y casas llenas de todo bien, que tú no
llenaste, y cisternas cavadas que tú no cavaste, viñas y olivares que no
plantaste, y luego que comas y te sacies, 12 cuídate de no olvidarte de
Jehová, que te sacó de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. 13 A
Jehová tu Dios temerás, y a él solo servirás, y por su nombre jurarás. 14 No
andaréis en pos de dioses ajenos, de los dioses de los pueblos que están en
vuestros contornos; 15 porque el Dios celoso, Jehová tu Dios, en medio de ti
está; para que no se inflame el furor de Jehová tu Dios contra ti, y te
destruya de sobre la tierra.
16 No tentaréis a Jehová vuestro Dios, como lo tentasteis
en Masah. 17 Guardad cuidadosamente los mandamientos de Jehová vuestro Dios, y
sus testimonios y sus estatutos que te ha mandado. 18 Y haz lo recto y bueno
ante los ojos de Jehová, para que te vaya bien, y entres y poseas la buena
tierra que Jehová juró a tus padres; 19 para que él arroje a tus enemigos de
delante de ti, como Jehová ha dicho.
20 Mañana cuando te preguntare tu hijo, diciendo: ¿Qué
significan los testimonios y estatutos y decretos que Jehová nuestro Dios os
mandó? 21 entonces dirás a tu hijo: Nosotros éramos siervos de Faraón en
Egipto, y Jehová nos sacó de Egipto con mano poderosa. 22 Jehová hizo señales
y milagros grandes y terribles en Egipto, sobre Faraón y sobre toda su casa,
delante de nuestros ojos; 23 y nos sacó de allá, para traernos y darnos la
tierra que juró a nuestros padres. 24 Y nos mandó Jehová que cumplamos todos
estos estatutos, y que temamos a Jehová nuestro Dios, para que nos vaya bien
todos los días, y para que nos conserve la vida, como hasta hoy. 25 Y
tendremos justicia cuando cuidemos de poner por obra todos estos mandamientos
delante de Jehová nuestro Dios, como él nos ha mandado.
Advertencias contra la idolatría de Canaán
(Ex. 34.11-17)
DEUTERONOMIO 7
1 Cuando Jehová tu Dios te haya introducido en la tierra
en la cual entrarás para tomarla, y haya echado de delante de ti a muchas
naciones, al heteo, al gergeseo, al amorreo, al cananeo, al ferezeo, al heveo
y al jebuseo, siete naciones mayores y más poderosas que tú, 2 y Jehová tu
Dios las haya entregado delante de ti, y las hayas derrotado, las destruirás
del todo; no harás con ellas alianza, ni tendrás de ellas misericordia. 3 Y no
emparentarás con ellas; no darás tu hija a su hijo, ni tomarás a su hija para
tu hijo. 4 Porque desviará a tu hijo de en pos de mí, y servirán a dioses
ajenos; y el furor de Jehová se encenderá sobre vosotros, y te destruirá
pronto. 5 Mas así habéis de hacer con ellos: sus altares destruiréis, y
quebraréis sus estatuas, y destruiréis sus imágenes de Asera, y quemaréis sus
esculturas en el fuego.
Un pueblo santo para Jehová
6 Porque tú eres pueblo santo para Jehová tu Dios; Jehová
tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los
pueblos que están sobre la tierra. 7 No por ser vosotros más que todos los
pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más
insignificante de todos los pueblos; 8 sino por cuanto Jehová os amó, y quiso
guardar el juramento que juró a vuestros padres, os ha sacado Jehová con mano
poderosa, y os ha rescatado de servidumbre, de la mano de Faraón rey de
Egipto. 9 Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel, que guarda el
pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta
mil generaciones; 10 y que da el pago en persona al que le aborrece,
destruyéndolo; y no se demora con el que le odia, en persona le dará el pago.
11 Guarda, por tanto, los mandamientos, estatutos y decretos que yo te mando
hoy que cumplas.
Bendiciones de la obediencia
(Lv. 26.3-13; Dt. 28.1-14)
12 Y por haber oído estos decretos y haberlos guardado y
puesto por obra, Jehová tu Dios guardará contigo el pacto y la misericordia
que juró a tus padres. 13 Y te amará, te bendecirá y te multiplicará, y
bendecirá el fruto de tu vientre y el fruto de tu tierra, tu grano, tu mosto,
tu aceite, la cría de tus vacas, y los rebaños de tus ovejas, en la tierra que
juró a tus padres que te daría. 14 Bendito serás más que todos los pueblos; no
habrá en ti varón ni hembra estéril, ni en tus ganados. 15 Y quitará Jehová de
ti toda enfermedad; y todas las malas plagas de Egipto, que tú conoces, no las
pondrá sobre ti, antes las pondrá sobre todos los que te aborrecieren. 16 Y
consumirás a todos los pueblos que te da Jehová tu Dios; no los perdonará tu
ojo, ni servirás a sus dioses, porque te será tropiezo.
17 Si dijeres en tu corazón: Estas naciones son mucho más
numerosas que yo; ¿cómo las podré exterminar? 18 no tengas temor de ellas;
acuérdate bien de lo que hizo Jehová tu Dios con Faraón y con todo Egipto; 19
de las grandes pruebas que vieron tus ojos, y de las señales y milagros, y de
la mano poderosa y el brazo extendido con que Jehová tu Dios te sacó; así hará
Jehová tu Dios con todos los pueblos de cuya presencia tú temieres. 20 También
enviará Jehová tu Dios avispas sobre ellos, hasta que perezcan los que
quedaren y los que se hubieren escondido de delante de ti. 21 No desmayes
delante de ellos, porque Jehová tu Dios está en medio de ti, Dios grande y
temible. 22 Y Jehová tu Dios echará a estas naciones de delante de ti poco a
poco; no podrás acabar con ellas en seguida, para que las fieras del campo no
se aumenten contra ti. 23 Mas Jehová tu Dios las entregará delante de ti, y él
las quebrantará con grande destrozo, hasta que sean destruidas. 24 El
entregará sus reyes en tu mano, y tú destruirás el nombre de ellos de debajo
del cielo; nadie te hará frente hasta que los destruyas. 25 Las esculturas de
sus dioses quemarás en el fuego; no codiciarás plata ni oro de ellas para
tomarlo para ti, para que no tropieces en ello, pues es abominación a Jehová
tu Dios; 26 y no traerás cosa abominable a tu casa, para que no seas anatema;
del todo la aborrecerás y la abominarás, porque es anatema.
La buena tierra que han de poseer
DEUTERONOMIO 8
1 Cuidaréis de poner por obra todo mandamiento que yo os
ordeno hoy, para que viváis, y seáis multiplicados, y entréis y poseáis la
tierra que Jehová prometió con juramento a vuestros padres. 2 Y te acordarás
de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en
el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu
corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos. 3 Y te afligió, y te hizo
tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres
la habían conocido, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre,
mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre. 4 Tu vestido
nunca se envejeció sobre ti, ni el pie se te ha hinchado en estos cuarenta
años. 5 Reconoce asimismo en tu corazón, que como castiga el hombre a su hijo,
así Jehová tu Dios te castiga. 6 Guardarás, pues, los mandamientos de Jehová
tu Dios, andando en sus caminos, y temiéndole. 7 Porque Jehová tu Dios te
introduce en la buena tierra, tierra de arroyos, de aguas, de fuentes y de
manantiales, que brotan en vegas y montes; 8 tierra de trigo y cebada, de
vides, higueras y granados; tierra de olivos, de aceite y de miel; 9 tierra en
la cual no comerás el pan con escasez, ni te faltará nada en ella; tierra
cuyas piedras son hierro, y de cuyos montes sacarás cobre. 10 Y comerás y te
saciarás, y bendecirás a Jehová tu Dios por la buena tierra que te habrá dado.
Amonestación de no olvidar a Dios
11 Cuídate de no olvidarte de Jehová tu Dios, para
cumplir sus mandamientos, sus decretos y sus estatutos que yo te ordeno hoy;
12 no suceda que comas y te sacies, y edifiques buenas casas en que habites,
13 y tus vacas y tus ovejas se aumenten, y la plata y el oro se te
multipliquen, y todo lo que tuvieres se aumente; 14 y se enorgullezca tu
corazón, y te olvides de Jehová tu Dios, que te sacó de tierra de Egipto, de
casa de servidumbre; 15 que te hizo caminar por un desierto grande y
espantoso, lleno de serpientes ardientes, y de escorpiones, y de sed, donde no
había agua, y él te sacó agua de la roca del pedernal; 16 que te sustentó con
maná en el desierto, comida que tus padres no habían conocido, afligiéndote y
probándote, para a la postre hacerte bien; 17 y digas en tu corazón: Mi poder
y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza. 18 Sino acuérdate de Jehová
tu Dios, porque él te da el poder para hacer las riquezas, a fin de confirmar
su pacto que juró a tus padres, como en este día. 19 Mas si llegares a
olvidarte de Jehová tu Dios y anduvieres en pos de dioses ajenos, y les
sirvieres y a ellos te inclinares, yo lo afirmo hoy contra vosotros, que de
cierto pereceréis. 20 Como las naciones que Jehová destruirá delante de
vosotros, así pereceréis, por cuanto no habréis atendido a la voz de Jehová
vuestro Dios.
Dios destruirá a las naciones de Canaán
DEUTERONOMIO 9
1 Oye, Israel: tú vas hoy a pasar el Jordán, para entrar
a desposeer a naciones más numerosas y más poderosas que tú, ciudades grandes
y amuralladas hasta el cielo; 2 un pueblo grande y alto, hijos de los anaceos,
de los cuales tienes tú conocimiento, y has oído decir: ¿Quién se sostendrá
delante de los hijos de Anac? 3 Entiende, pues, hoy, que es Jehová tu Dios el
que pasa delante de ti como fuego consumidor, que los destruirá y humillará
delante de ti; y tú los echarás, y los destruirás en seguida, como Jehová te
ha dicho.
4 No pienses en tu corazón cuando Jehová tu Dios los haya
echado de delante de ti, diciendo: Por mi justicia me ha traído Jehová a
poseer esta tierra; pues por la impiedad de estas naciones Jehová las arroja
de delante de ti. 5 No por tu justicia, ni por la rectitud de tu corazón
entras a poseer la tierra de ellos, sino por la impiedad de estas naciones
Jehová tu Dios las arroja de delante de ti, y para confirmar la palabra que
Jehová juró a tus padres Abraham, Isaac y Jacob.
La rebelión de Israel en Horeb
(Ex. 31.18-32.35)
6 Por tanto, sabe que no es por tu justicia que Jehová tu
Dios te da esta buena tierra para tomarla; porque pueblo duro de cerviz eres
tú. 7 Acuérdate, no olvides que has provocado la ira de Jehová tu Dios en el
desierto; desde el día que saliste de la tierra de Egipto, hasta que
entrasteis en este lugar, habéis sido rebeldes a Jehová. 8 En Horeb
provocasteis a ira a Jehová, y se enojó Jehová contra vosotros para
destruiros. 9 Cuando yo subí al monte para recibir las tablas de piedra, las
tablas del pacto que Jehová hizo con vosotros, estuve entonces en el monte
cuarenta días y cuarenta noches, sin comer pan ni beber agua; 10 y me dio
Jehová las dos tablas de piedra escritas con el dedo de Dios; y en ellas
estaba escrito según todas las palabras que os habló Jehová en el monte, de en
medio del fuego, el día de la asamblea. 11 Sucedió al fin de los cuarenta días
y cuarenta noches, que Jehová me dio las dos tablas de piedra, las tablas del
pacto. 12 Y me dijo Jehová: Levántate, desciende pronto de aquí, porque tu
pueblo que sacaste de Egipto se ha corrompido; pronto se han apartado del
camino que yo les mandé; se han hecho una imagen de fundición.
13 Y me habló Jehová, diciendo: He observado a ese
pueblo, y he aquí que es pueblo duro de cerviz. 14 Déjame que los destruya, y
borre su nombre de debajo del cielo, y yo te pondré sobre una nación fuerte y
mucho más numerosa que ellos. 15 Y volví y descendí del monte, el cual ardía
en fuego, con las tablas del pacto en mis dos manos. 16 Y miré, y he aquí
habíais pecado contra Jehová vuestro Dios; os habíais hecho un becerro de
fundición, apartándoos pronto del camino que Jehová os había mandado. 17
Entonces tomé las dos tablas y las arrojé de mis dos manos, y las quebré
delante de vuestros ojos. 18 Y me postré delante de Jehová como antes,
cuarenta días y cuarenta noches; no comí pan ni bebí agua, a causa de todo
vuestro pecado que habíais cometido haciendo el mal ante los ojos de Jehová
para enojarlo. 19 Porque temí a causa del furor y de la ira con que Jehová
estaba enojado contra vosotros para destruiros. Pero Jehová me escuchó aun
esta vez. 20 Contra Aarón también se enojó Jehová en gran manera para
destruirlo; y también oré por Aarón en aquel entonces. 21 Y tomé el objeto de
vuestro pecado, el becerro que habíais hecho, y lo quemé en el fuego, y lo
desmenucé moliéndolo muy bien, hasta que fue reducido a polvo; y eché el polvo
de él en el arroyo que descendía del monte.
22 También en Tabera, en Masah y en Kibrot-hataava
provocasteis a ira a Jehová. 23 Y cuando Jehová os envió desde Cades-barnea,
diciendo: Subid y poseed la tierra que yo os he dado, también fuisteis
rebeldes al mandato de Jehová vuestro Dios, y no le creísteis, ni obedecisteis
a su voz. 24 Rebeldes habéis sido a Jehová desde el día que yo os conozco.
25 Me postré, pues, delante de Jehová; cuarenta días y
cuarenta noches estuve postrado, porque Jehová dijo que os había de destruir.
26 Y oré a Jehová, diciendo: Oh Señor Jehová, no destruyas a tu pueblo y a tu
heredad que has redimido con tu grandeza, que sacaste de Egipto con mano
poderosa. 27 Acuérdate de tus siervos Abraham, Isaac y Jacob; no mires a la
dureza de este pueblo, ni a su impiedad ni a su pecado, 28 no sea que digan
los de la tierra de donde nos sacaste: Por cuanto no pudo Jehová introducirlos
en la tierra que les había prometido, o porque los aborrecía, los sacó para
matarlos en el desierto. 29 Y ellos son tu pueblo y tu heredad, que sacaste
con tu gran poder y con tu brazo extendido.
El pacto renovado
(Ex. 34.1-10)
DEUTERONOMIO 10
1 En aquel tiempo Jehová me dijo: Lábrate dos tablas de
piedra como las primeras, y sube a mí al monte, y hazte un arca de madera; 2 y
escribiré en aquellas tablas las palabras que estaban en las primeras tablas
que quebraste; y las pondrás en el arca. 3 E hice un arca de madera de acacia,
y labré dos tablas de piedra como las primeras, y subí al monte con las dos
tablas en mi mano. 4 Y escribió en las tablas conforme a la primera escritura,
los diez mandamientos que Jehová os había hablado en el monte de en medio del
fuego, el día de la asamblea; y me las dio Jehová. 5 Y volví y descendí del
monte, y puse las tablas en el arca que había hecho; y allí están, como Jehová
me mandó. 6 (Después salieron los hijos de Israel de Beerot-bene- jaacán a
Mosera; allí murió Aarón, y allí fue sepultado, y en lugar suyo tuvo el
sacerdocio su hijo Eleazar. 7 De allí partieron a Gudgoda, y de Gudgoda a
Jotbata, tierra de arroyos de aguas. 8 En aquel tiempo apartó Jehová la tribu
de Leví para que llevase el arca del pacto de Jehová, para que estuviese
delante de Jehová para servirle, y para bendecir en su nombre, hasta hoy, 9
por lo cual Leví no tuvo parte ni heredad con sus hermanos; Jehová es su
heredad, como Jehová tu Dios le dijo.)
10 Y yo estuve en el monte como los primeros días,
cuarenta días y cuarenta noches; y Jehová también me escuchó esta vez, y no
quiso Jehová destruirte. 11 Y me dijo Jehová: Levántate, anda, para que
marches delante del pueblo, para que entren y posean la tierra que juré a sus
padres que les había de dar.
Lo que Dios exige
12 Ahora, pues, Israel, ¿qué pide Jehová tu Dios de ti,
sino que temas a Jehová tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que lo
ames, y sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma; 13 que
guardes los mandamientos de Jehová y sus estatutos, que yo te prescribo hoy,
para que tengas prosperidad? 14 He aquí, de Jehová tu Dios son los cielos, y
los cielos de los cielos, la tierra, y todas las cosas que hay en ella. 15
Solamente de tus padres se agradó Jehová para amarlos, y escogió su
descendencia después de ellos, a vosotros, de entre todos los pueblos, como en
este día. 16 Circuncidad, pues, el prepucio de vuestro corazón, y no
endurezcáis más vuestra cerviz. 17 Porque Jehová vuestro Dios es Dios de
dioses y Señor de señores, Dios grande, poderoso y temible, que no hace
acepción de personas, ni toma cohecho; 18 que hace justicia al huérfano y a la
viuda; que ama también al extranjero dándole pan y vestido. 19 Amaréis, pues,
al extranjero; porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto. 20 A Jehová
tu Dios temerás, a él solo servirás, a él seguirás, y por su nombre jurarás.
21 El es el objeto de tu alabanza, y él es tu Dios, que ha hecho contigo estas
cosas grandes y terribles que tus ojos han visto. 22 Con setenta personas
descendieron tus padres a Egipto, y ahora Jehová te ha hecho como las
estrellas del cielo en multitud.
La grandeza de Jehová
DEUTERONOMIO 11
1 Amarás, pues, a Jehová tu Dios, y guardarás sus
ordenanzas, sus estatutos, sus decretos y sus mandamientos, todos los días. 2
Y comprended hoy, porque no hablo con vuestros hijos que no han sabido ni
visto el castigo de Jehová vuestro Dios, su grandeza, su mano poderosa, y su
brazo extendido, 3 y sus señales, y sus obras que hizo en medio de Egipto a
Faraón rey de Egipto, y a toda su tierra; 4 y lo que hizo al ejército de
Egipto, a sus caballos y a sus carros; cómo precipitó las aguas del Mar Rojo
sobre ellos, cuando venían tras vosotros y Jehová los destruyó hasta hoy; 5 y
lo que ha hecho con vosotros en el desierto, hasta que habéis llegado a este
lugar; 6 y lo que hizo con Datán y Abiram, hijos de Eliab hijo de Rubén; cómo
abrió su boca la tierra, y los tragó con sus familias, sus tiendas, y todo su
ganado, en medio de todo Israel. 7 Mas vuestros ojos han visto todas las
grandes obras que Jehová ha hecho.
Bendiciones de la Tierra Prometida
8 Guardad, pues, todos los mandamientos que yo os
prescribo hoy, para que seáis fortalecidos, y entréis y poseáis la tierra a la
cual pasáis para tomarla; 9 y para que os sean prolongados los días sobre la
tierra, de la cual juró Jehová a vuestros padres, que había de darla a ellos y
a su descendencia, tierra que fluye leche y miel. 10 La tierra a la cual
entras para tomarla no es como la tierra de Egipto de donde habéis salido,
donde sembrabas tu semilla, y regabas con tu pie, como huerto de hortaliza. 11
La tierra a la cual pasáis para tomarla es tierra de montes y de vegas, que
bebe las aguas de la lluvia del cielo; 12 tierra de la cual Jehová tu Dios
cuida; siempre están sobre ella los ojos de Jehová tu Dios, desde el principio
del año hasta el fin.
13 Si obedeciereis cuidadosamente a mis mandamientos que
yo os prescribo hoy, amando a Jehová vuestro Dios, y sirviéndole con todo
vuestro corazón, y con toda vuestra alma, 14 yo daré la lluvia de vuestra
tierra a su tiempo, la temprana y la tardía; y recogerás tu grano, tu vino y
tu aceite. 15 Daré también hierba en tu campo para tus ganados; y comerás, y
te saciarás. 16 Guardaos, pues, que vuestro corazón no se infatúe, y os
apartéis y sirváis a dioses ajenos, y os inclinéis a ellos; 17 y se encienda
el furor de Jehová sobre vosotros, y cierre los cielos, y no haya lluvia, ni
la tierra dé su fruto, y perezcáis pronto de la buena tierra que os da Jehová.
18 Por tanto, pondréis estas mis palabras en vuestro
corazón y en vuestra alma, y las ataréis como señal en vuestra mano, y serán
por frontales entre vuestros ojos. 19 Y las enseñaréis a vuestros hijos,
hablando de ellas cuando te sientes en tu casa, cuando andes por el camino,
cuando te acuestes, y cuando te levantes, 20 y las escribirás en los postes de
tu casa, y en tus puertas; 21 para que sean vuestros días, y los días de
vuestros hijos, tan numerosos sobre la tierra que Jehová juró a vuestros
padres que les había de dar, como los días de los cielos sobre la tierra. 22
Porque si guardareis cuidadosamente todos estos mandamientos que yo os
prescribo para que los cumpláis, y si amareis a Jehová vuestro Dios, andando
en todos sus caminos, y siguiéndole a él, 23 Jehová también echará de delante
de vosotros a todas estas naciones, y desposeeréis naciones grandes y más
poderosas que vosotros. 24 Todo lugar que pisare la planta de vuestro pie será
vuestro; desde el desierto hasta el Líbano, desde el río Eufrates hasta el mar
occidental será vuestro territorio. 25 Nadie se sostendrá delante de vosotros;
miedo y temor de vosotros pondrá Jehová vuestro Dios sobre toda la tierra que
pisareis, como él os ha dicho.
26 He aquí yo pongo hoy delante de vosotros la bendición
y la maldición: 27 la bendición, si oyereis los mandamientos de Jehová vuestro
Dios, que yo os prescribo hoy, 28 y la maldición, si no oyereis los
mandamientos de Jehová vuestro Dios, y os apartareis del camino que yo os
ordeno hoy, para ir en pos de dioses ajenos que no habéis conocido. 29 Y
cuando Jehová tu Dios te haya introducido en la tierra a la cual vas para
tomarla, pondrás la bendición sobre el monte Gerizim, y la maldición sobre el
monte Ebal, 30 los cuales están al otro lado del Jordán, tras el camino del
occidente en la tierra del cananeo, que habita en el Arabá frente a Gilgal,
junto al encinar de More. 31 Porque vosotros pasáis el Jordán para ir a poseer
la tierra que os da Jehová vuestro Dios; y la tomaréis, y habitaréis en ella.
32 Cuidaréis, pues, de cumplir todos los estatutos y decretos que yo presento
hoy delante de vosotros.
El santuario único
DEUTERONOMIO 12
1 Estos son los estatutos y decretos que cuidaréis de
poner por obra en la tierra que Jehová el Dios de tus padres te ha dado para
que tomes posesión de ella, todos los días que vosotros viviereis sobre la
tierra. 2 Destruiréis enteramente todos los lugares donde las naciones que
vosotros heredaréis sirvieron a sus dioses, sobre los montes altos, y sobre
los collados, y debajo de todo árbol frondoso. 3 Derribaréis sus altares, y
quebraréis sus estatuas, y sus imágenes de Asera consumiréis con fuego; y
destruiréis las esculturas de sus dioses, y raeréis su nombre de aquel lugar.
4 No haréis así a Jehová vuestro Dios, 5 sino que el lugar que Jehová vuestro
Dios escogiere de entre todas vuestras tribus, para poner allí su nombre para
su habitación, ése buscaréis, y allá iréis. 6 Y allí llevaréis vuestros
holocaustos, vuestros sacrificios, vuestros diezmos, y la ofrenda elevada de
vuestras manos, vuestros votos, vuestras ofrendas voluntarias, y las primicias
de vuestras vacas y de vuestras ovejas; 7 y comeréis allí delante de Jehová
vuestro Dios, y os alegraréis, vosotros y vuestras familias, en toda obra de
vuestras manos en la cual Jehová tu Dios te hubiere bendecido. 8 No haréis
como todo lo que hacemos nosotros aquí ahora, cada uno lo que bien le parece,
9 porque hasta ahora no habéis entrado al reposo y a la heredad que os da
Jehová vuestro Dios. 10 Mas pasaréis el Jordán, y habitaréis en la tierra que
Jehová vuestro Dios os hace heredar; y él os dará reposo de todos vuestros
enemigos alrededor, y habitaréis seguros. 11 Y al lugar que Jehová vuestro
Dios escogiere para poner en él su nombre, allí llevaréis todas las cosas que
yo os mando: vuestros holocaustos, vuestros sacrificios, vuestros diezmos, las
ofrendas elevadas de vuestras manos, y todo lo escogido de los votos que
hubiereis prometido a Jehová. 12 Y os alegraréis delante de Jehová vuestro
Dios, vosotros, vuestros hijos, vuestras hijas, vuestros siervos y vuestras
siervas, y el levita que habite en vuestras poblaciones; por cuanto no tiene
parte ni heredad con vosotros. 13 Cuídate de no ofrecer tus holocaustos en
cualquier lugar que vieres; 14 sino que en el lugar que Jehová escogiere, en
una de tus tribus, allí ofrecerás tus holocaustos, y allí harás todo lo que yo
te mando.
15 Con todo, podrás matar y comer carne en todas tus
poblaciones conforme a tu deseo, según la bendición que Jehová tu Dios te haya
dado; el inmundo y el limpio la podrá comer, como la de gacela o de ciervo. 16
Solamente que sangre no comeréis; sobre la tierra la derramaréis como agua. 17
Ni comerás en tus poblaciones el diezmo de tu grano, de tu vino o de tu
aceite, ni las primicias de tus vacas, ni de tus ovejas, ni los votos que
prometieres, ni las ofrendas voluntarias, ni las ofrendas elevadas de tus
manos; 18 sino que delante de Jehová tu Dios las comerás, en el lugar que
Jehová tu Dios hubiere escogido, tú, tu hijo, tu hija, tu siervo, tu sierva, y
el levita que habita en tus poblaciones; te alegrarás delante de Jehová tu
Dios de toda la obra de tus manos. 19 Ten cuidado de no desamparar al levita
en todos tus días sobre la tierra.
20 Cuando Jehová tu Dios ensanchare tu territorio, como
él te ha dicho, y tú dijeres: Comeré carne, porque deseaste comerla, conforme
a lo que deseaste podrás comer. 21 Si estuviere lejos de ti el lugar que
Jehová tu Dios escogiere para poner allí su nombre, podrás matar de tus vacas
y de tus ovejas que Jehová te hubiere dado, como te he mandado yo, y comerás
en tus puertas según todo lo que deseares. 22 Lo mismo que se come la gacela y
el ciervo, así las podrás comer; el inmundo y el limpio podrán comer también
de ellas. 23 Solamente que te mantengas firme en no comer sangre; porque la
sangre es la vida, y no comerás la vida juntamente con su carne. 24 No la
comerás; en tierra la derramarás como agua. 25 No comerás de ella, para que te
vaya bien a ti y a tus hijos después de ti, cuando hicieres lo recto ante los
ojos de Jehová. 26 Pero las cosas que hubieres consagrado, y tus votos, las
tomarás, y vendrás con ellas al lugar que Jehová hubiere escogido; 27 y
ofrecerás tus holocaustos, la carne y la sangre, sobre el altar de Jehová tu
Dios; y la sangre de tus sacrificios será derramada sobre el altar de Jehová
tu Dios, y podrás comer la carne. 28 Guarda y escucha todas estas palabras que
yo te mando, para que haciendo lo bueno y lo recto ante los ojos de Jehová tu
Dios, te vaya bien a ti y a tus hijos después de ti para siempre.
Advertencias contra la idolatría
29 Cuando Jehová tu Dios haya destruido delante de ti las
naciones adonde tú vas para poseerlas, y las heredes, y habites en su tierra,
30 guárdate que no tropieces yendo en pos de ellas, después que sean
destruidas delante de ti; no preguntes acerca de sus dioses, diciendo: De la
manera que servían aquellas naciones a sus dioses, yo también les serviré. 31
No harás así a Jehová tu Dios; porque toda cosa abominable que Jehová
aborrece, hicieron ellos a sus dioses; pues aun a sus hijos y a sus hijas
quemaban en el fuego a sus dioses.
32 Cuidarás de hacer todo lo que yo te mando; no añadirás
a ello, ni de ello quitarás.
DEUTERONOMIO 13
1 Cuando se levantare en medio de ti profeta, o soñador
de sueños, y te anunciare señal o prodigios, 2 y si se cumpliere la señal o
prodigio que él te anunció, diciendo: Vamos en pos de dioses ajenos, que no
conociste, y sirvámosles; 3 no darás oído a las palabras de tal profeta, ni al
tal soñador de sueños; porque Jehová vuestro Dios os está probando, para saber
si amáis a Jehová vuestro Dios con todo vuestro corazón, y con toda vuestra
alma. 4 En pos de Jehová vuestro Dios andaréis; a él temeréis, guardaréis sus
mandamientos y escucharéis su voz, a él serviréis, y a él seguiréis. 5 Tal
profeta o soñador de sueños ha de ser muerto, por cuanto aconsejó rebelión
contra Jehová vuestro Dios que te sacó de tierra de Egipto y te rescató de
casa de servidumbre, y trató de apartarte del camino por el cual Jehová tu
Dios te mandó que anduvieses; y así quitarás el mal de en medio de ti.
6 Si te incitare tu hermano, hijo de tu madre, o tu hijo,
tu hija, tu mujer o tu amigo íntimo, diciendo en secreto: Vamos y sirvamos a
dioses ajenos, que ni tú ni tus padres conocisteis, 7 de los dioses de los
pueblos que están en vuestros alrededores, cerca de ti o lejos de ti, desde un
extremo de la tierra hasta el otro extremo de ella; 8 no consentirás con él,
ni le prestarás oído; ni tu ojo le compadecerá, ni le tendrás misericordia, ni
lo encubrirás, 9 sino que lo matarás; tu mano se alzará primero sobre él para
matarle, y después la mano de todo el pueblo. 10 Le apedrearás hasta que
muera, por cuanto procuró apartarte de Jehová tu Dios, que te sacó de tierra
de Egipto, de casa de servidumbre; 11 para que todo Israel oiga, y tema, y no
vuelva a hacer en medio de ti cosa semejante a esta.
12 Si oyeres que se dice de alguna de tus ciudades que
Jehová tu Dios te da para vivir en ellas, 13 que han salido de en medio de ti
hombres impíos que han instigado a los moradores de su ciudad, diciendo: Vamos
y sirvamos a dioses ajenos, que vosotros no conocisteis; 14 tú inquirirás, y
buscarás y preguntarás con diligencia; y si pareciere verdad, cosa cierta, que
tal abominación se hizo en medio de ti, 15 irremisiblemente herirás a filo de
espada a los moradores de aquella ciudad, destruyéndola con todo lo que en
ella hubiere, y también matarás sus ganados a filo de espada. 16 Y juntarás
todo su botín en medio de la plaza, y consumirás con fuego la ciudad y todo su
botín, todo ello, como holocausto a Jehová tu Dios, y llegará a ser un montón
de ruinas para siempre; nunca más será edificada. 17 Y no se pegará a tu mano
nada del anatema, para que Jehová se aparte del ardor de su ira, y tenga de ti
misericordia, y tenga compasión de ti, y te multiplique, como lo juró a tus
padres, 18 cuando obedecieres a la voz de Jehová tu Dios, guardando todos sus
mandamientos que yo te mando hoy, para hacer lo recto ante los ojos de Jehová
tu Dios.
DEUTERONOMIO 14
1 Hijos sois de Jehová vuestro Dios; no os sajaréis, ni
os raparéis a causa de muerto. 2 Porque eres pueblo santo a Jehová tu Dios, y
Jehová te ha escogido para que le seas un pueblo único de entre todos los
pueblos que están sobre la tierra.
Animales limpios e inmundos
(Lv. 11.1-47)
3 Nada abominable comerás. 4 Estos son los animales que
podréis comer: el buey, la oveja, la cabra, 5 el ciervo, la gacela, el corzo,
la cabra montés, el íbice, el antílope y el carnero montés. 6 Y todo animal de
pezuñas, que tiene hendidura de dos uñas, y que rumiare entre los animales,
ese podréis comer. 7 Pero estos no comeréis, entre los que rumian o entre los
que tienen pezuña hendida: camello, liebre y conejo; porque rumian, mas no
tienen pezuña hendida, serán inmundos; 8 ni cerdo, porque tiene pezuña
hendida, mas no rumia; os será inmundo. De la carne de éstos no comeréis, ni
tocaréis sus cuerpos muertos.
9 De todo lo que está en el agua, de estos podréis comer:
todo lo que tiene aleta y escama. 10 Mas todo lo que no tiene aleta y escama,
no comeréis; inmundo será.
11 Toda ave limpia podréis comer. 12 Y estas son de las
que no podréis comer: el águila, el quebrantahuesos, el azor, 13 el gallinazo,
el milano según su especie, 14 todo cuervo según su especie, 15 el avestruz,
la lechuza, la gaviota y el gavilán según sus especies, 16 el buho, el ibis,
el calamón, 17 el pelícano, el buitre, el somormujo, 18 la cigüeña, la garza
según su especie, la abubilla y el murciélago. 19 Todo insecto alado será
inmundo; no se comerá. 20 Toda ave limpia podréis comer.
21 Ninguna cosa mortecina comeréis; al extranjero que
está en tus poblaciones la darás, y él podrá comerla; o véndela a un
extranjero, porque tú eres pueblo santo a Jehová tu Dios. No cocerás el
cabrito en la leche de su madre.
La ley del diezmo
22 Indefectiblemente diezmarás todo el producto del grano
que rindiere tu campo cada año. 23 Y comerás delante de Jehová tu Dios en el
lugar que él escogiere para poner allí su nombre, el diezmo de tu grano, de tu
vino y de tu aceite, y las primicias de tus manadas y de tus ganados, para que
aprendas a temer a Jehová tu Dios todos los días. 24 Y si el camino fuere tan
largo que no puedas llevarlo, por estar lejos de ti el lugar que Jehová tu
Dios hubiere escogido para poner en él su nombre, cuando Jehová tu Dios te
bendijere, 25 entonces lo venderás y guardarás el dinero en tu mano, y vendrás
al lugar que Jehová tu Dios escogiere; 26 y darás el dinero por todo lo que
deseas, por vacas, por ovejas, por vino, por sidra, o por cualquier cosa que
tú deseares; y comerás allí delante de Jehová tu Dios, y te alegrarás tú y tu
familia. 27 Y no desampararás al levita que habitare en tus poblaciones;
porque no tiene parte ni heredad contigo.
28 Al fin de cada tres años sacarás todo el diezmo de tus
productos de aquel año, y lo guardarás en tus ciudades. 29 Y vendrá el levita,
que no tiene parte ni heredad contigo, y el extranjero, el huérfano y la viuda
que hubiere en tus poblaciones, y comerán y serán saciados; para que Jehová tu
Dios te bendiga en toda obra que tus manos hicieren.
El año de remisión
DEUTERONOMIO 15
1 Cada siete años harás remisión. 2 Y esta es la manera
de la remisión: perdonará a su deudor todo aquel que hizo empréstito de su
mano, con el cual obligó a su prójimo; no lo demandará más a su prójimo, o a
su hermano, porque es pregonada la remisión de Jehová. 3 Del extranjero
demandarás el reintegro; pero lo que tu hermano tuviere tuyo, lo perdonará tu
mano, 4 para que así no haya en medio de ti mendigo; porque Jehová te
bendecirá con abundancia en la tierra que Jehová tu Dios te da por heredad
para que la tomes en posesión, 5 si escuchares fielmente la voz de Jehová tu
Dios, para guardar y cumplir todos estos mandamientos que yo te ordeno hoy. 6
Ya que Jehová tu Dios te habrá bendecido, como te ha dicho, prestarás entonces
a muchas naciones, mas tú no tomarás prestado; tendrás dominio sobre muchas
naciones, pero sobre ti no tendrán dominio.
Préstamos a los pobres
7 Cuando haya en medio de ti menesteroso de alguno de tus
hermanos en alguna de tus ciudades, en la tierra que Jehová tu Dios te da, no
endurecerás tu corazón, ni cerrarás tu mano contra tu hermano pobre, 8 sino
abrirás a él tu mano liberalmente, y en efecto le prestarás lo que necesite. 9
Guárdate de tener en tu corazón pensamiento perverso, diciendo: Cerca está el
año séptimo, el de la remisión, y mires con malos ojos a tu hermano
menesteroso para no darle; porque él podrá clamar contra ti a Jehová, y se te
contará por pecado. 10 Sin falta le darás, y no serás de mezquino corazón
cuando le des; porque por ello te bendecirá Jehová tu Dios en todos tus
hechos, y en todo lo que emprendas. 11 Porque no faltarán menesterosos en
medio de la tierra; por eso yo te mando, diciendo: Abrirás tu mano a tu
hermano, al pobre y al menesteroso en tu tierra.
Leyes sobre los esclavos
(Ex. 21.1-11)
12 Si se vendiere a ti tu hermano hebreo o hebrea, y te
hubiere servido seis años, al séptimo le despedirás libre. 13 Y cuando lo
despidieres libre, no le enviarás con las manos vacías. 14 Le abastecerás
liberalmente de tus ovejas, de tu era y de tu lagar; le darás de aquello en
que Jehová te hubiere bendecido. 15 Y te acordarás de que fuiste siervo en la
tierra de Egipto, y que Jehová tu Dios te rescató; por tanto yo te mando esto
hoy. 16 Si él te dijere: No te dejaré; porque te ama a ti y a tu casa, y
porque le va bien contigo; 17 entonces tomarás una lesna, y horadarás su oreja
contra la puerta, y será tu siervo para siempre; así también harás a tu
criada. 18 No te parezca duro cuando le enviares libre, pues por la mitad del
costo de un jornalero te sirvió seis años; y Jehová tu Dios te bendecirá en
todo cuanto hicieres.
Consagración de los primogénitos machos
19 Consagrarás a Jehová tu Dios todo primogénito macho de
tus vacas y de tus ovejas; no te servirás del primogénito de tus vacas, ni
trasquilarás el primogénito de tus ovejas. 20 Delante de Jehová tu Dios los
comerás cada año, tú y tu familia, en el lugar que Jehová escogiere. 21 Y si
hubiere en él defecto, si fuere ciego, o cojo, o hubiere en él cualquier
falta, no lo sacrificarás a Jehová tu Dios. 22 En tus poblaciones lo comerás;
el inmundo lo mismo que el limpio comerán de él, como de una gacela o de un
ciervo. 23 Solamente que no comas su sangre; sobre la tierra la derramarás
como agua.
Fiestas anuales
(Ex. 23.14-17; 34.18-24)
DEUTERONOMIO 16
1 Guardarás el mes de Abib, y harás pascua a Jehová tu
Dios; porque en el mes de Abib te sacó Jehová tu Dios de Egipto, de noche. 2 Y
sacrificarás la pascua a Jehová tu Dios, de las ovejas y de las vacas, en el
lugar que Jehová escogiere para que habite allí su nombre. 3 No comerás con
ella pan con levadura; siete días comerás con ella pan sin levadura, pan de
aflicción, porque aprisa saliste de tierra de Egipto; para que todos los días
de tu vida te acuerdes del día en que saliste de la tierra de Egipto. 4 Y no
se verá levadura contigo en todo tu territorio por siete días; y de la carne
que matares en la tarde del primer día, no quedará hasta la mañana. 5 No
podrás sacrificar la pascua en cualquiera de las ciudades que Jehová tu Dios
te da; 6 sino en el lugar que Jehová tu Dios escogiere para que habite allí su
nombre, sacrificarás la pascua por la tarde a la puesta del sol, a la hora que
saliste de Egipto. 7 Y la asarás y comerás en el lugar que Jehová tu Dios
hubiere escogido; y por la mañana regresarás y volverás a tu habitación. 8
Seis días comerás pan sin levadura, y el séptimo día será fiesta solemne a
Jehová tu Dios; no trabajarás en él.
9 Siete semanas contarás; desde que comenzare a meterse
la hoz en las mieses comenzarás a contar las siete semanas. 10 Y harás la
fiesta solemne de las semanas a Jehová tu Dios; de la abundancia voluntaria de
tu mano será lo que dieres, según Jehová tu Dios te hubiere bendecido. 11 Y te
alegrarás delante de Jehová tu Dios, tú, tu hijo, tu hija, tu siervo, tu
sierva, el levita que habitare en tus ciudades, y el extranjero, el huérfano y
la viuda que estuvieren en medio de ti, en el lugar que Jehová tu Dios hubiere
escogido para poner allí su nombre. 12 Y acuérdate de que fuiste siervo en
Egipto; por tanto, guardarás y cumplirás estos estatutos.
13 La fiesta solemne de los tabernáculos harás por siete
días, cuando hayas hecho la cosecha de tu era y de tu lagar. 14 Y te alegrarás
en tus fiestas solemnes, tú, tu hijo, tu hija, tu siervo, tu sierva, y el
levita, el extranjero, el huérfano y la viuda que viven en tus poblaciones. 15
Siete días celebrarás fiesta solemne a Jehová tu Dios en el lugar que Jehová
escogiere; porque te habrá bendecido Jehová tu Dios en todos tus frutos, y en
toda la obra de tus manos, y estarás verdaderamente alegre.
16 Tres veces cada año aparecerá todo varón tuyo delante
de Jehová tu Dios en el lugar que él escogiere: en la fiesta solemne de los
panes sin levadura, y en la fiesta solemne de las semanas, y en la fiesta
solemne de los tabernáculos. Y ninguno se presentará delante de Jehová con las
manos vacías; 17 cada uno con la ofrenda de su mano, conforme a la bendición
que Jehová tu Dios te hubiere dado.
Administración de la justicia
18 Jueces y oficiales pondrás en todas tus ciudades que
Jehová tu Dios te dará en tus tribus, los cuales juzgarán al pueblo con justo
juicio. 19 No tuerzas el derecho; no hagas acepción de personas, ni tomes
soborno; porque el soborno ciega los ojos de los sabios, y pervierte las
palabras de los justos. 20 La justicia, la justicia seguirás, para que vivas y
heredes la tierra que Jehová tu Dios te da.
21 No plantarás ningún árbol para Asera cerca del altar
de Jehová tu Dios, que tú te habrás hecho, 22 ni te levantarás estatua, lo
cual aborrece Jehová tu Dios.
DEUTERONOMIO 17
1 No ofrecerás en sacrificio a Jehová tu Dios, buey o
cordero en el cual haya falta o alguna cosa mala, pues es abominación a Jehová
tu Dios.
2 Cuando se hallare en medio de ti, en alguna de tus
ciudades que Jehová tu Dios te da, hombre o mujer que haya hecho mal ante los
ojos de Jehová tu Dios traspasando su pacto, 3 que hubiere ido y servido a
dioses ajenos, y se hubiere inclinado a ellos, ya sea al sol, o a la luna, o a
todo el ejército del cielo, lo cual yo he prohibido; 4 y te fuere dado aviso,
y después que oyeres y hubieres indagado bien, la cosa pareciere de verdad
cierta, que tal abominación ha sido hecha en Israel; 5 entonces sacarás a tus
puertas al hombre o a la mujer que hubiere hecho esta mala cosa, sea hombre o
mujer, y los apedrearás, y así morirán. 6 Por dicho de dos o de tres testigos
morirá el que hubiere de morir; no morirá por el dicho de un solo testigo. 7
La mano de los testigos caerá primero sobre él para matarlo, y después la mano
de todo el pueblo; así quitarás el mal de en medio de ti.
8 Cuando alguna cosa te fuere difícil en el juicio, entre
una clase de homicidio y otra, entre una clase de derecho legal y otra, y
entre una clase de herida y otra, en negocios de litigio en tus ciudades;
entonces te levantarás y recurrirás al lugar que Jehová tu Dios escogiere; 9 y
vendrás a los sacerdotes levitas, y al juez que hubiere en aquellos días, y
preguntarás; y ellos te enseñarán la sentencia del juicio. 10 Y harás según la
sentencia que te indiquen los del lugar que Jehová escogiere, y cuidarás de
hacer según todo lo que te manifiesten. 11 Según la ley que te enseñen, y
según el juicio que te digan, harás; no te apartarás ni a diestra ni a
siniestra de la sentencia que te declaren. 12 Y el hombre que procediere con
soberbia, no obedeciendo al sacerdote que está para ministrar allí delante de
Jehová tu Dios, o al juez, el tal morirá; y quitarás el mal de en medio de
Israel. 13 Y todo el pueblo oirá, y temerá, y no se ensoberbecerá.
Instrucciones acerca de un rey
14 Cuando hayas entrado en la tierra que Jehová tu Dios
te da, y tomes posesión de ella y la habites, y digas: Pondré un rey sobre mí,
como todas las naciones que están en mis alrededores; 15 ciertamente pondrás
por rey sobre ti al que Jehová tu Dios escogiere; de entre tus hermanos
pondrás rey sobre ti; no podrás poner sobre ti a hombre extranjero, que no sea
tu hermano. 16 Pero él no aumentará para sí caballos, ni hará volver al pueblo
a Egipto con el fin de aumentar caballos; porque Jehová os ha dicho: No
volváis nunca por este camino. 17 Ni tomará para sí muchas mujeres, para que
su corazón no se desvíe; ni plata ni oro amontonará para sí en abundancia. 18
Y cuando se siente sobre el trono de su reino, entonces escribirá para sí en
un libro una copia de esta ley, del original que está al cuidado de los
sacerdotes levitas; 19 y lo tendrá consigo, y leerá en él todos los días de su
vida, para que aprenda a temer a Jehová su Dios, para guardar todas las
palabras de esta ley y estos estatutos, para ponerlos por obra; 20 para que no
se eleve su corazón sobre sus hermanos, ni se aparte del mandamiento a diestra
ni a siniestra; a fin de que prolongue sus días en su reino, él y sus hijos,
en medio de Israel.
Las porciones de los levitas
DEUTERONOMIO 18
1 Los sacerdotes levitas, es decir, toda la tribu de Leví,
no tendrán parte ni heredad en Israel; de las ofrendas quemadas a Jehová y de
la heredad de él comerán. 2 No tendrán, pues, heredad entre sus hermanos;
Jehová es su heredad, como él les ha dicho. 3 Y este será el derecho de los
sacerdotes de parte del pueblo, de los que ofrecieren en sacrificio buey o
cordero: darán al sacerdote la espaldilla, las quijadas y el cuajar. 4 Las
primicias de tu grano, de tu vino y de tu aceite, y las primicias de la lana
de tus ovejas le darás; 5 porque le ha escogido Jehová tu Dios de entre todas
tus tribus, para que esté para administrar en el nombre de Jehová, él y sus
hijos para siempre.
6 Y cuando saliere un levita de alguna de tus ciudades de
entre todo Israel, donde hubiere vivido, y viniere con todo el deseo de su
alma al lugar que Jehová escogiere, 7 ministrará en el nombre de Jehová su
Dios como todos sus hermanos los levitas que estuvieren allí delante de
Jehová. 8 Igual ración a la de los otros comerá, además de sus patrimonios.
Amonestación contra costumbres paganas
9 Cuando entres a la tierra que Jehová tu Dios te da, no
aprenderás a hacer según las abominaciones de aquellas naciones. 10 No sea
hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien
practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, 11 ni
encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos. 12 Porque es
abominación para con Jehová cualquiera que hace estas cosas, y por estas
abominaciones Jehová tu Dios echa estas naciones de delante de ti. 13 Perfecto
serás delante de Jehová tu Dios. 14 Porque estas naciones que vas a heredar, a
agoreros y a adivinos oyen; mas a ti no te ha permitido esto Jehová tu Dios.
Dios promete un profeta como Moisés
15 Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo,
te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis; 16 conforme a todo lo que pediste a
Jehová tu Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo: No vuelva yo a oír la
voz de Jehová mi Dios, ni vea yo más este gran fuego, para que no muera. 17 Y
Jehová me dijo: Han hablado bien en lo que han dicho. 18 Profeta les levantaré
de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él
les hablará todo lo que yo le mandare. 19 Mas a cualquiera que no oyere mis
palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta. 20 El profeta que
tuviere la presunción de hablar palabra en mi nombre, a quien yo no le haya
mandado hablar, o que hablare en nombre de dioses ajenos, el tal profeta
morirá. 21 Y si dijeres en tu corazón: ¿Cómo conoceremos la palabra que Jehová
no ha hablado?; 22 si el profeta hablare en nombre de Jehová, y no se
cumpliere lo que dijo, ni aconteciere, es palabra que Jehová no ha hablado;
con presunción la habló el tal profeta; no tengas temor de él.
Las ciudades de refugio
(Nm. 35.9-28)
DEUTERONOMIO 19
1 Cuando Jehová tu Dios destruya a las naciones cuya
tierra Jehová tu Dios te da a ti, y tú las heredes, y habites en sus ciudades,
y en sus casas; 2 te apartarás tres ciudades en medio de la tierra que Jehová
tu Dios te da para que la poseas. 3 Arreglarás los caminos, y dividirás en
tres partes la tierra que Jehová tu Dios te dará en heredad, y será para que
todo homicida huya allí.
4 Y este es el caso del homicida que huirá allí, y
vivirá: aquel que hiriere a su prójimo sin intención y sin haber tenido
enemistad con él anteriormente; 5 como el que fuere con su prójimo al monte a
cortar leña, y al dar su mano el golpe con el hacha para cortar algún leño,
saltare el hierro del cabo, y diere contra su prójimo y éste muriere; aquél
huirá a una de estas ciudades, y vivirá; 6 no sea que el vengador de la
sangre, enfurecido, persiga al homicida, y le alcance por ser largo el camino,
y le hiera de muerte, no debiendo ser condenado a muerte por cuanto no tenía
enemistad con su prójimo anteriormente. 7 Por tanto yo te mando, diciendo:
Separarás tres ciudades. 8 Y si Jehová tu Dios ensanchare tu territorio, como
lo juró a tus padres, y te diere toda la tierra que prometió dar a tus padres,
9 siempre y cuando guardares todos estos mandamientos que yo te prescribo hoy,
para ponerlos por obra; que ames a Jehová tu Dios y andes en sus caminos todos
los días; entonces añadirás tres ciudades más a estas tres, 10 para que no sea
derramada sangre inocente en medio de la tierra que Jehová tu Dios te da por
heredad, y no seas culpado de derramamiento de sangre.
11 Pero si hubiere alguno que aborreciere a su prójimo y
lo acechare, y se levantare contra él y lo hiriere de muerte, y muriere; si
huyere a alguna de estas ciudades, 12 entonces los ancianos de su ciudad
enviarán y lo sacarán de allí, y lo entregarán en mano del vengador de la
sangre para que muera. 13 No le compadecerás; y quitarás de Israel la sangre
inocente, y te irá bien.
14 En la heredad que poseas en la tierra que Jehová tu
Dios te da, no reducirás los límites de la propiedad de tu prójimo, que
fijaron los antiguos.
Leyes sobre el testimonio
15 No se tomará en cuenta a un solo testigo contra
ninguno en cualquier delito ni en cualquier pecado, en relación con cualquiera
ofensa cometida. Sólo por el testimonio de dos o tres testigos se mantendrá la
acusación. 16 Cuando se levantare testigo falso contra alguno, para testificar
contra él, 17 entonces los dos litigantes se presentarán delante de Jehová, y
delante de los sacerdotes y de los jueces que hubiere en aquellos días. 18 Y
los jueces inquirirán bien; y si aquel testigo resultare falso, y hubiere
acusado falsamente a su hermano, 19 entonces haréis a él como él pensó hacer a
su hermano; y quitarás el mal de en medio de ti. 20 Y los que quedaren oirán y
temerán, y no volverán a hacer más una maldad semejante en medio de ti. 21 Y
no le compadecerás; vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por
mano, pie por pie.
Leyes sobre la guerra
DEUTERONOMIO 20
1 Cuando salgas a la guerra contra tus enemigos, si
vieres caballos y carros, y un pueblo más grande que tú, no tengas temor de
ellos, porque Jehová tu Dios está contigo, el cual te sacó de tierra de
Egipto. 2 Y cuando os acerquéis para combatir, se pondrá en pie el sacerdote y
hablará al pueblo, 3 y les dirá: Oye, Israel, vosotros os juntáis hoy en
batalla contra vuestros enemigos; no desmaye vuestro corazón, no temáis, ni os
azoréis, ni tampoco os desalentéis delante de ellos; 4 porque Jehová vuestro
Dios va con vosotros, para pelear por vosotros contra vuestros enemigos, para
salvaros. 5 Y los oficiales hablarán al pueblo, diciendo: ¿Quién ha edificado
casa nueva, y no la ha estrenado? Vaya, y vuélvase a su casa, no sea que muera
en la batalla, y algún otro la estrene. 6 ¿Y quién ha plantado viña, y no ha
disfrutado de ella? Vaya, y vuélvase a su casa, no sea que muera en la
batalla, y algún otro la disfrute. 7 ¿Y quién se ha desposado con mujer, y no
la ha tomado? Vaya, y vuélvase a su casa, no sea que muera en la batalla, y
algún otro la tome. 8 Y volverán los oficiales a hablar al pueblo, y dirán:
¿Quién es hombre medroso y pusilánime? Vaya, y vuélvase a su casa, y no apoque
el corazón de sus hermanos, como el corazón suyo. 9 Y cuando los oficiales
acaben de hablar al pueblo, entonces los capitanes del ejército tomarán el
mando a la cabeza del pueblo.
10 Cuando te acerques a una ciudad para combatirla, le
intimarás la paz. 11 Y si respondiere: Paz, y te abriere, todo el pueblo que
en ella fuere hallado te será tributario, y te servirá. 12 Mas si no hiciere
paz contigo, y emprendiere guerra contigo, entonces la sitiarás. 13 Luego que
Jehová tu Dios la entregue en tu mano, herirás a todo varón suyo a filo de
espada. 14 Solamente las mujeres y los niños, y los animales, y todo lo que
haya en la ciudad, todo su botín tomarás para ti; y comerás del botín de tus
enemigos, los cuales Jehová tu Dios te entregó. 15 Así harás a todas las
ciudades que estén muy lejos de ti, que no sean de las ciudades de estas
naciones. 16 Pero de las ciudades de estos pueblos que Jehová tu Dios te da
por heredad, ninguna persona dejarás con vida, 17 sino que los destruirás
completamente: al heteo, al amorreo, al cananeo, al ferezeo, al heveo y al
jebuseo, como Jehová tu Dios te ha mandado; 18 para que no os enseñen a hacer
según todas sus abominaciones que ellos han hecho para sus dioses, y pequéis
contra Jehová vuestro Dios.
19 Cuando sities a alguna ciudad, peleando contra ella
muchos días para tomarla, no destruirás sus árboles metiendo hacha en ellos,
porque de ellos podrás comer; y no los talarás, porque el árbol del campo no
es hombre para venir contra ti en el sitio. 20 Mas el árbol que sepas que no
lleva fruto, podrás destruirlo y talarlo, para construir baluarte contra la
ciudad que te hace la guerra, hasta sojuzgarla.
Expiación de un asesinato cuyo autor se desconoce
DEUTERONOMIO 21
1 Si en la tierra que Jehová tu Dios te da para que la
poseas, fuere hallado alguien muerto, tendido en el campo, y no se supiere
quién lo mató, 2 entonces tus ancianos y tus jueces saldrán y medirán la
distancia hasta las ciudades que están alrededor del muerto. 3 Y los ancianos
de la ciudad más cercana al lugar donde fuere hallado el muerto, tomarán de
las vacas una becerra que no haya trabajado, que no haya llevado yugo; 4 y los
ancianos de aquella ciudad traerán la becerra a un valle escabroso, que nunca
haya sido arado ni sembrado, y quebrarán la cerviz de la becerra allí en el
valle. 5 Entonces vendrán los sacerdotes hijos de Leví, porque a ellos escogió
Jehová tu Dios para que le sirvan, y para bendecir en el nombre de Jehová; y
por la palabra de ellos se decidirá toda disputa y toda ofensa. 6 Y todos los
ancianos de la ciudad más cercana al lugar donde fuere hallado el muerto
lavarán sus manos sobre la becerra cuya cerviz fue quebrada en el valle; 7 y
protestarán y dirán: Nuestras manos no han derramado esta sangre, ni nuestros
ojos lo han visto. 8 Perdona a tu pueblo Israel, al cual redimiste, oh Jehová;
y no culpes de sangre inocente a tu pueblo Israel. Y la sangre les será
perdonada. 9 Y tú quitarás la culpa de la sangre inocente de en medio de ti,
cuando hicieres lo que es recto ante los ojos de Jehová.
Diversas leyes
10 Cuando salieres a la guerra contra tus enemigos, y
Jehová tu Dios los entregare en tu mano, y tomares de ellos cautivos, 11 y
vieres entre los cautivos a alguna mujer hermosa, y la codiciares, y la
tomares para ti por mujer, 12 la meterás en tu casa; y ella rapará su cabeza,
y cortará sus uñas, 13 y se quitará el vestido de su cautiverio, y se quedará
en tu casa; y llorará a su padre y a su madre un mes entero; y después podrás
llegarte a ella, y tú serás su marido, y ella será tu mujer. 14 Y si no te
agradare, la dejarás en libertad; no la venderás por dinero, ni la tratarás
como esclava, por cuanto la humillaste.
15 Si un hombre tuviere dos mujeres, la una amada y la
otra aborrecida, y la amada y la aborrecida le hubieren dado hijos, y el hijo
primogénito fuere de la aborrecida; 16 en el día que hiciere heredar a sus
hijos lo que tuviere, no podrá dar el derecho de primogenitura al hijo de la
amada con preferencia al hijo de la aborrecida, que es el primogénito; 17 mas
al hijo de la aborrecida reconocerá como primogénito, para darle el doble de
lo que correspondiere a cada uno de los demás; porque él es el principio de su
vigor, y suyo es el derecho de la primogenitura.
18 Si alguno tuviere un hijo contumaz y rebelde, que no
obedeciere a la voz de su padre ni a la voz de su madre, y habiéndole
castigado, no les obedeciere; 19 entonces lo tomarán su padre y su madre, y lo
sacarán ante los ancianos de su ciudad, y a la puerta del lugar donde viva; 20
y dirán a los ancianos de la ciudad: Este nuestro hijo es contumaz y rebelde,
no obedece a nuestra voz; es glotón y borracho. 21 Entonces todos los hombres
de su ciudad lo apedrearán, y morirá; así quitarás el mal de en medio de ti, y
todo Israel oirá, y temerá.
22 Si alguno hubiere cometido algún crimen digno de
muerte, y lo hiciereis morir, y lo colgareis en un madero, 23 no dejaréis que
su cuerpo pase la noche sobre el madero; sin falta lo enterrarás el mismo día,
porque maldito por Dios es el colgado; y no contaminarás tu tierra que Jehová
tu Dios te da por heredad.
DEUTERONOMIO 22
1 Si vieres extraviado el buey de tu hermano, o su
cordero, no le negarás tu ayuda; lo volverás a tu hermano. 2 Y si tu hermano
no fuere tu vecino, o no lo conocieres, lo recogerás en tu casa, y estará
contigo hasta que tu hermano lo busque, y se lo devolverás. 3 Así harás con su
asno, así harás también con su vestido, y lo mismo harás con toda cosa de tu
hermano que se le perdiere y tú la hallares; no podrás negarle tu ayuda. 4 Si
vieres el asno de tu hermano, o su buey, caído en el camino, no te apartarás
de él; le ayudarás a levantarlo.
5 No vestirá la mujer traje de hombre, ni el hombre
vestirá ropa de mujer; porque abominación es a Jehová tu Dios cualquiera que
esto hace.
6 Cuando encuentres por el camino algún nido de ave en
cualquier árbol, o sobre la tierra, con pollos o huevos, y la madre echada
sobre los pollos o sobre los huevos, no tomarás la madre con los hijos. 7
Dejarás ir a la madre, y tomarás los pollos para ti, para que te vaya bien, y
prolongues tus días.
8 Cuando edifiques casa nueva, harás pretil a tu terrado,
para que no eches culpa de sangre sobre tu casa, si de él cayere alguno.
9 No sembrarás tu viña con semillas diversas, no sea que
se pierda todo, tanto la semilla que sembraste como el fruto de la viña. 10 No
ararás con buey y con asno juntamente. 11 No vestirás ropa de lana y lino
juntamente.
12 Te harás flecos en las cuatro puntas de tu manto con
que te cubras.
Leyes sobre la castidad
13 Cuando alguno tomare mujer, y después de haberse
llegado a ella la aborreciere, 14 y le atribuyere faltas que den que hablar, y
dijere: A esta mujer tomé, y me llegué a ella, y no la hallé virgen; 15
entonces el padre de la joven y su madre tomarán y sacarán las señales de la
virginidad de la doncella a los ancianos de la ciudad, en la puerta; 16 y dirá
el padre de la joven a los ancianos: Yo di mi hija a este hombre por mujer, y
él la aborrece; 17 y he aquí, él le atribuye faltas que dan que hablar,
diciendo: No he hallado virgen a tu hija; pero ved aquí las señales de la
virginidad de mi hija. Y extenderán la vestidura delante de los ancianos de la
ciudad. 18 Entonces los ancianos de la ciudad tomarán al hombre y lo
castigarán; 19 y le multarán en cien piezas de plata, las cuales darán al
padre de la joven, por cuanto esparció mala fama sobre una virgen de Israel; y
la tendrá por mujer, y no podrá despedirla en todos sus días. 20 Mas si
resultare ser verdad que no se halló virginidad en la joven, 21 entonces la
sacarán a la puerta de la casa de su padre, y la apedrearán los hombres de su
ciudad, y morirá, por cuanto hizo vileza en Israel fornicando en casa de su
padre; así quitarás el mal de en medio de ti.
22 Si fuere sorprendido alguno acostado con una mujer
casada con marido, ambos morirán, el hombre que se acostó con la mujer, y la
mujer también; así quitarás el mal de Israel.
23 Si hubiere una muchacha virgen desposada con alguno, y
alguno la hallare en la ciudad, y se acostare con ella; 24 entonces los
sacaréis a ambos a la puerta de la ciudad, y los apedrearéis, y morirán; la
joven porque no dio voces en la ciudad, y el hombre porque humilló a la mujer
de su prójimo; así quitarás el mal de en medio de ti.
25 Mas si un hombre hallare en el campo a la joven
desposada, y la forzare aquel hombre, acostándose con ella, morirá solamente
el hombre que se acostó con ella; 26 mas a la joven no le harás nada; no hay
en ella culpa de muerte; pues como cuando alguno se levanta contra su prójimo
y le quita la vida, así es en este caso. 27 Porque él la halló en el campo;
dio voces la joven desposada, y no hubo quien la librase.
28 Cuando algún hombre hallare a una joven virgen que no
fuere desposada, y la tomare y se acostare con ella, y fueren descubiertos; 29
entonces el hombre que se acostó con ella dará al padre de la joven cincuenta
piezas de plata, y ella será su mujer, por cuanto la humilló; no la podrá
despedir en todos sus días.
30 Ninguno tomará la mujer de su padre, ni profanará el
lecho de su padre.
Los excluidos de la congregación
DEUTERONOMIO 23
1 No entrará en la congregación de Jehová el que tenga
magullados los testículos, o amputado su miembro viril.
2 No entrará bastardo en la congregación de Jehová; ni
hasta la décima generación no entrarán en la congregación de Jehová.
3 No entrará amonita ni moabita en la congregación de
Jehová, ni hasta la décima generación de ellos; no entrarán en la congregación
de Jehová para siempre, 4 por cuanto no os salieron a recibir con pan y agua
al camino, cuando salisteis de Egipto, y porque alquilaron contra ti a Balaam
hijo de Beor, de Petor en Mesopotamia, para maldecirte. 5 Mas no quiso Jehová
tu Dios oír a Balaam; y Jehová tu Dios te convirtió la maldición en bendición,
porque Jehová tu Dios te amaba. 6 No procurarás la paz de ellos ni su bien en
todos los días para siempre.
7 No aborrecerás al edomita, porque es tu hermano; no
aborrecerás al egipcio, porque forastero fuiste en su tierra. 8 Los hijos que
nacieren de ellos, en la tercera generación entrarán en la congregación de
Jehová.
Leyes sanitarias
9 Cuando salieres a campaña contra tus enemigos, te
guardarás de toda cosa mala.
10 Si hubiere en medio de ti alguno que no fuere limpio,
por razón de alguna impureza acontecida de noche, saldrá fuera del campamento,
y no entrará en él. 11 Pero al caer la noche se lavará con agua, y cuando se
hubiere puesto el sol, podrá entrar en el campamento.
12 Tendrás un lugar fuera del campamento adonde salgas;
13 tendrás también entre tus armas una estaca; y cuando estuvieres allí fuera,
cavarás con ella, y luego al volverte cubrirás tu excremento; 14 porque Jehová
tu Dios anda en medio de tu campamento, para librarte y para entregar a tus
enemigos delante de ti; por tanto, tu campamento ha de ser santo, para que él
no vea en ti cosa inmunda, y se vuelva de en pos de ti.
Leyes humanitarias
15 No entregarás a su señor el siervo que se huyere a ti
de su amo. 16 Morará contigo, en medio de ti, en el lugar que escogiere en
alguna de tus ciudades, donde a bien tuviere; no le oprimirás.
17 No haya ramera de entre las hijas de Israel, ni haya
sodomita de entre los hijos de Israel. 18 No traerás la paga de una ramera ni
el precio de un perro a la casa de Jehová tu Dios por ningún voto; porque
abominación es a Jehová tu Dios tanto lo uno como lo otro.
19 No exigirás de tu hermano interés de dinero, ni
interés de comestibles, ni de cosa alguna de que se suele exigir interés. 20
Del extraño podrás exigir interés, mas de tu hermano no lo exigirás, para que
te bendiga Jehová tu Dios en toda obra de tus manos en la tierra adonde vas
para tomar posesión de ella.
21 Cuando haces voto a Jehová tu Dios, no tardes en
pagarlo; porque ciertamente lo demandará Jehová tu Dios de ti, y sería pecado
en ti. 22 Mas cuando te abstengas de prometer, no habrá en ti pecado. 23 Pero
lo que hubiere salido de tus labios, lo guardarás y lo cumplirás, conforme lo
prometiste a Jehová tu Dios, pagando la ofrenda voluntaria que prometiste con
tu boca.
24 Cuando entres en la viña de tu prójimo, podrás comer
uvas hasta saciarte; mas no pondrás en tu cesto. 25 Cuando entres en la mies
de tu prójimo, podrás arrancar espigas con tu mano; mas no aplicarás hoz a la
mies de tu prójimo.
DEUTERONOMIO 24
1 Cuando alguno tomare mujer y se casare con ella, si no
le agradare por haber hallado en ella alguna cosa indecente, le escribirá
carta de divorcio, y se la entregará en su mano, y la despedirá de su casa. 2
Y salida de su casa, podrá ir y casarse con otro hombre. 3 Pero si la
aborreciere este último, y le escribiere carta de divorcio, y se la entregare
en su mano, y la despidiere de su casa; o si hubiere muerto el postrer hombre
que la tomó por mujer, 4 no podrá su primer marido, que la despidió, volverla
a tomar para que sea su mujer, después que fue envilecida; porque es
abominación delante de Jehová, y no has de pervertir la tierra que Jehová tu
Dios te da por heredad.
5 Cuando alguno fuere recién casado, no saldrá a la
guerra, ni en ninguna cosa se le ocupará; libre estará en su casa por un año,
para alegrar a la mujer que tomó.
6 No tomarás en prenda la muela del molino, ni la de
abajo ni la de arriba; porque sería tomar en prenda la vida del hombre.
7 Cuando fuere hallado alguno que hubiere hurtado a uno
de sus hermanos los hijos de Israel, y le hubiere esclavizado, o le hubiere
vendido, morirá el tal ladrón, y quitarás el mal de en medio de ti.
8 En cuanto a la plaga de la lepra, ten cuidado de
observar diligentemente y hacer según todo lo que os enseñaren los sacerdotes
levitas; según yo les he mandado, así cuidaréis de hacer. 9 Acuérdate de lo
que hizo Jehová tu Dios a María en el camino, después que salisteis de Egipto.
10 Cuando entregares a tu prójimo alguna cosa prestada,
no entrarás en su casa para tomarle prenda. 11 Te quedarás fuera, y el hombre
a quien prestaste te sacará la prenda. 12 Y si el hombre fuere pobre, no te
acostarás reteniendo aún su prenda. 13 Sin falta le devolverás la prenda
cuando el sol se ponga, para que pueda dormir en su ropa, y te bendiga; y te
será justicia delante de Jehová tu Dios.
14 No oprimirás al jornalero pobre y menesteroso, ya sea
de tus hermanos o de los extranjeros que habitan en tu tierra dentro de tus
ciudades. 15 En su día le darás su jornal, y no se pondrá el sol sin dárselo;
pues es pobre, y con él sustenta su vida; para que no clame contra ti a
Jehová, y sea en ti pecado.
16 Los padres no morirán por los hijos, ni los hijos por
los padres; cada uno morirá por su pecado.
17 No torcerás el derecho del extranjero ni del huérfano,
ni tomarás en prenda la ropa de la viuda, 18 sino que te acordarás que fuiste
siervo en Egipto, y que de allí te rescató Jehová tu Dios; por tanto, yo te
mando que hagas esto.
19 Cuando siegues tu mies en tu campo, y olvides alguna
gavilla en el campo, no volverás para recogerla; será para el extranjero, para
el huérfano y para la viuda; para que te bendiga Jehová tu Dios en toda obra
de tus manos. 20 Cuando sacudas tus olivos, no recorrerás las ramas que hayas
dejado tras de ti; serán para el extranjero, para el huérfano y para la viuda.
21 Cuando vendimies tu viña, no rebuscarás tras de ti; será para el
extranjero, para el huérfano y para la viuda. 22 Y acuérdate que fuiste siervo
en tierra de Egipto; por tanto, yo te mando que hagas esto.
DEUTERONOMIO 25
1 Si hubiere pleito entre algunos, y acudieren al
tribunal para que los jueces los juzguen, éstos absolverán al justo, y
condenarán al culpable. 2 Y si el delincuente mereciere ser azotado, entonces
el juez le hará echar en tierra, y le hará azotar en su presencia; según su
delito será el número de azotes. 3 Se podrá dar cuarenta azotes, no más; no
sea que, si lo hirieren con muchos azotes más que éstos, se sienta tu hermano
envilecido delante de tus ojos.
4 No pondrás bozal al buey cuando trillare.
5 Cuando hermanos habitaren juntos, y muriere alguno de
ellos, y no tuviere hijo, la mujer del muerto no se casará fuera con hombre
extraño; su cuñado se llegará a ella, y la tomará por su mujer, y hará con
ella parentesco. 6 Y el primogénito que ella diere a luz sucederá en el nombre
de su hermano muerto, para que el nombre de éste no sea borrado de Israel. 7 Y
si el hombre no quisiere tomar a su cuñada, irá entonces su cuñada a la
puerta, a los ancianos, y dirá: Mi cuñado no quiere suscitar nombre en Israel
a su hermano; no quiere emparentar conmigo. 8 Entonces los ancianos de aquella
ciudad lo harán venir, y hablarán con él; y si él se levantare y dijere: No
quiero tomarla, 9 se acercará entonces su cuñada a él delante de los ancianos,
y le quitará el calzado del pie, y le escupirá en el rostro, y hablará y dirá:
Así será hecho al varón que no quiere edificar la casa de su hermano. 10 Y se
le dará este nombre en Israel: La casa del descalzado.
11 Si algunos riñeren uno con otro, y se acercare la
mujer de uno para librar a su marido de mano del que le hiere, y alargando su
mano asiere de sus partes vergonzosas, 12 le cortarás entonces la mano; no la
perdonarás.
13 No tendrás en tu bolsa pesa grande y pesa chica, 14 ni
tendrás en tu casa efa grande y efa pequeño. 15 Pesa exacta y justa tendrás;
efa cabal y justo tendrás, para que tus días sean prolongados sobre la tierra
que Jehová tu Dios te da. 16 Porque abominación es a Jehová tu Dios cualquiera
que hace esto, y cualquiera que hace injusticia.
Orden de exterminar a Amalec
17 Acuérdate de lo que hizo Amalec contigo en el camino,
cuando salías de Egipto; 18 de cómo te salió al encuentro en el camino, y te
desbarató la retaguardia de todos los débiles que iban detrás de ti, cuando tú
estabas cansado y trabajado; y no tuvo ningún temor de Dios. 19 Por tanto,
cuando Jehová tu Dios te dé descanso de todos tus enemigos alrededor, en la
tierra que Jehová tu Dios te da por heredad para que la poseas, borrarás la
memoria de Amalec de debajo del cielo; no lo olvides.
Primicias y diezmos
DEUTERONOMIO 26
1 Cuando hayas entrado en la tierra que Jehová tu Dios te
da por herencia, y tomes posesión de ella y la habites, 2 entonces tomarás de
las primicias de todos los frutos que sacares de la tierra que Jehová tu Dios
te da, y las pondrás en una canasta, e irás al lugar que Jehová tu Dios
escogiere para hacer habitar allí su nombre. 3 Y te presentarás al sacerdote
que hubiere en aquellos días, y le dirás: Declaro hoy a Jehová tu Dios, que he
entrado en la tierra que juró Jehová a nuestros padres que nos daría. 4 Y el
sacerdote tomará la canasta de tu mano, y la pondrá delante del altar de
Jehová tu Dios.
5 Entonces hablarás y dirás delante de Jehová tu Dios: Un
arameo a punto de perecer fue mi padre, el cual descendió a Egipto y habitó
allí con pocos hombres, y allí creció y llegó a ser una nación grande, fuerte
y numerosa; 6 y los egipcios nos maltrataron y nos afligieron, y pusieron
sobre nosotros dura servidumbre. 7 Y clamamos a Jehová el Dios de nuestros
padres; y Jehová oyó nuestra voz, y vio nuestra aflicción, nuestro trabajo y
nuestra opresión; 8 y Jehová nos sacó de Egipto con mano fuerte, con brazo
extendido, con grande espanto, y con señales y con milagros; 9 y nos trajo a
este lugar, y nos dio esta tierra, tierra que fluye leche y miel. 10 Y ahora,
he aquí he traído las primicias del fruto de la tierra que me diste, oh
Jehová. Y lo dejarás delante de Jehová tu Dios, y adorarás delante de Jehová
tu Dios. 11 Y te alegrarás en todo el bien que Jehová tu Dios te haya dado a
ti y a tu casa, así tú como el levita y el extranjero que está en medio de ti.
12 Cuando acabes de diezmar todo el diezmo de tus frutos
en el año tercero, el año del diezmo, darás también al levita, al extranjero,
al huérfano y a la viuda; y comerán en tus aldeas, y se saciarán. 13 Y dirás
delante de Jehová tu Dios: He sacado lo consagrado de mi casa, y también lo he
dado al levita, al extranjero, al huérfano y a la viuda, conforme a todo lo
que me has mandado; no he transgredido tus mandamientos, ni me he olvidado de
ellos. 14 No he comido de ello en mi luto, ni he gastado de ello estando yo
inmundo, ni de ello he ofrecido a los muertos; he obedecido a la voz de Jehová
mi Dios, he hecho conforme a todo lo que me has mandado. 15 Mira desde tu
morada santa, desde el cielo, y bendice a tu pueblo Israel, y a la tierra que
nos has dado, como juraste a nuestros padres, tierra que fluye leche y miel.
16 Jehová tu Dios te manda hoy que cumplas estos
estatutos y decretos; cuida, pues, de ponerlos por obra con todo tu corazón y
con toda tu alma. 17 Has declarado solemnemente hoy que Jehová es tu Dios, y
que andarás en sus caminos, y guardarás sus estatutos, sus mandamientos y sus
decretos, y que escucharás su voz. 18 Y Jehová ha declarado hoy que tú eres
pueblo suyo, de su exclusiva posesión, como te lo ha prometido, para que
guardes todos sus mandamientos; 19 a fin de exaltarte sobre todas las naciones
que hizo, para loor y fama y gloria, y para que seas un pueblo santo a Jehová
tu Dios, como él ha dicho.
Orden de escribir la ley en piedras sobre el Monte Ebal
DEUTERONOMIO 27
1 Ordenó Moisés, con los ancianos de Israel, al pueblo,
diciendo: Guardaréis todos los mandamientos que yo os prescribo hoy. 2 Y el
día que pases el Jordán a la tierra que Jehová tu Dios te da, levantarás
piedras grandes, y las revocarás con cal; 3 y escribirás en ellas todas las
palabras de esta ley, cuando hayas pasado para entrar en la tierra que Jehová
tu Dios te da, tierra que fluye leche y miel, como Jehová el Dios de tus
padres te ha dicho. 4 Cuando, pues, hayas pasado el Jordán, levantarás estas
piedras que yo os mando hoy, en el monte Ebal, y las revocarás con cal; 5 y
edificarás allí un altar a Jehová tu Dios, altar de piedras; no alzarás sobre
ellas instrumento de hierro. 6 De piedras enteras edificarás el altar de
Jehová tu Dios, y ofrecerás sobre él holocausto a Jehová tu Dios; 7 y
sacrificarás ofrendas de paz, y comerás allí, y te alegrarás delante de Jehová
tu Dios. 8 Y escribirás muy claramente en las piedras todas las palabras de
esta ley.
9 Y Moisés, con los sacerdotes levitas, habló a todo
Israel, diciendo: Guarda silencio y escucha, oh Israel; hoy has venido a ser
pueblo de Jehová tu Dios. 10 Oirás, pues, la voz de Jehová tu Dios, y
cumplirás sus mandamientos y sus estatutos, que yo te ordeno hoy.
Las maldiciones en el monte Ebal
11 Y mandó Moisés al pueblo en aquel día, diciendo: 12
Cuando hayas pasado el Jordán, éstos estarán sobre el monte Gerizim para
bendecir al pueblo: Simeón, Leví, Judá, Isacar, José y Benjamín. 13 Y éstos
estarán sobre el monte Ebal para pronunciar la maldición: Rubén, Gad, Aser,
Zabulón, Dan y Neftalí. 14 Y hablarán los levitas, y dirán a todo varón de
Israel en alta voz:
15 Maldito el hombre que hiciere escultura o imagen de
fundición, abominación a Jehová, obra de mano de artífice, y la pusiere en
oculto. Y todo el pueblo responderá y dirá: Amén.
16 Maldito el que deshonrare a su padre o a su madre. Y
dirá todo el pueblo: Amén.
17 Maldito el que redujere el límite de su prójimo. Y
dirá todo el pueblo: Amén.
18 Maldito el que hiciere errar al ciego en el camino. Y
dirá todo el pueblo: Amén.
19 Maldito el que pervirtiere el derecho del extranjero,
del huérfano y de la viuda. Y dirá todo el pueblo: Amén.
20 Maldito el que se acostare con la mujer de su padre,
por cuanto descubrió el regazo de su padre. Y dirá todo el pueblo: Amén.
21 Maldito el que se ayuntare con cualquier bestia. Y
dirá todo el pueblo: Amén.
22 Maldito el que se acostare con su hermana, hija de su
padre, o hija de su madre. Y dirá todo el pueblo: Amén.
23 Maldito el que se acostare con su suegra. Y dirá todo
el pueblo: Amén.
24 Maldito el que hiriere a su prójimo ocultamente. Y
dirá todo el pueblo: Amén.
25 Maldito el que recibiere soborno para quitar la vida
al inocente. Y dirá todo el pueblo: Amén.
26 Maldito el que no confirmare las palabras de esta ley
para hacerlas. Y dirá todo el pueblo: Amén.
Bendiciones de la obediencia
(Lv. 26.3-13; Dt. 7.12-24)
DEUTERONOMIO 28
1 Acontecerá que si oyeres atentamente la voz de Jehová
tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te
prescribo hoy, también Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de
la tierra. 2 Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si
oyeres la voz de Jehová tu Dios. 3 Bendito serás tú en la ciudad, y bendito tú
en el campo. 4 Bendito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, el fruto
de tus bestias, la cría de tus vacas y los rebaños de tus ovejas. 5 Benditas
serán tu canasta y tu artesa de amasar. 6 Bendito serás en tu entrar, y
bendito en tu salir.
7 Jehová derrotará a tus enemigos que se levantaren
contra ti; por un camino saldrán contra ti, y por siete caminos huirán de
delante de ti. 8 Jehová te enviará su bendición sobre tus graneros, y sobre
todo aquello en que pusieres tu mano; y te bendecirá en la tierra que Jehová
tu Dios te da. 9 Te confirmará Jehová por pueblo santo suyo, como te lo ha
jurado, cuando guardares los mandamientos de Jehová tu Dios, y anduvieres en
sus caminos. 10 Y verán todos los pueblos de la tierra que el nombre de Jehová
es invocado sobre ti, y te temerán. 11 Y te hará Jehová sobreabundar en
bienes, en el fruto de tu vientre, en el fruto de tu bestia, y en el fruto de
tu tierra, en el país que Jehová juró a tus padres que te había de dar. 12 Te
abrirá Jehová su buen tesoro, el cielo, para enviar la lluvia a tu tierra en
su tiempo, y para bendecir toda obra de tus manos. Y prestarás a muchas
naciones, y tú no pedirás prestado. 13 Te pondrá Jehová por cabeza, y no por
cola; y estarás encima solamente, y no estarás debajo, si obedecieres los
mandamientos de Jehová tu Dios, que yo te ordeno hoy, para que los guardes y
cumplas, 14 y si no te apartares de todas las palabras que yo te mando hoy, ni
a diestra ni a siniestra, para ir tras dioses ajenos y servirles.
Consecuencias de la desobediencia
(Lv. 26.14-46)
15 Pero acontecerá, si no oyeres la voz de Jehová tu
Dios, para procurar cumplir todos sus mandamientos y sus estatutos que yo te
intimo hoy, que vendrán sobre ti todas estas maldiciones, y te alcanzarán. 16
Maldito serás tú en la ciudad, y maldito en el campo. 17 Maldita tu canasta, y
tu artesa de amasar. 18 Maldito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra,
la cría de tus vacas, y los rebaños de tus ovejas. 19 Maldito serás en tu
entrar, y maldito en tu salir.
20 Y Jehová enviará contra ti la maldición, quebranto y
asombro en todo cuanto pusieres mano e hicieres, hasta que seas destruido, y
perezcas pronto a causa de la maldad de tus obras por las cuales me habrás
dejado. 21 Jehová traerá sobre ti mortandad, hasta que te consuma de la tierra
a la cual entras para tomar posesión de ella. 22 Jehová te herirá de tisis, de
fiebre, de inflamación y de ardor, con sequía, con calamidad repentina y con
añublo; y te perseguirán hasta que perezcas. 23 Y los cielos que están sobre
tu cabeza serán de bronce, y la tierra que está debajo de ti, de hierro. 24
Dará Jehová por lluvia a tu tierra polvo y ceniza; de los cielos descenderán
sobre ti hasta que perezcas.
25 Jehová te entregará derrotado delante de tus enemigos;
por un camino saldrás contra ellos, y por siete caminos huirás delante de
ellos; y serás vejado por todos los reinos de la tierra. 26 Y tus cadáveres
servirán de comida a toda ave del cielo y fiera de la tierra, y no habrá quien
las espante. 27 Jehová te herirá con la úlcera de Egipto, con tumores, con
sarna, y con comezón de que no puedas ser curado. 28 Jehová te herirá con
locura, ceguera y turbación de espíritu; 29 y palparás a mediodía como palpa
el ciego en la oscuridad, y no serás prosperado en tus caminos; y no serás
sino oprimido y robado todos los días, y no habrá quien te salve. 30 Te
desposarás con mujer, y otro varón dormirá con ella; edificarás casa, y no
habitarás en ella; plantarás viña, y no la disfrutarás. 31 Tu buey será matado
delante de tus ojos, y tú no comerás de él; tu asno será arrebatado de delante
de ti, y no te será devuelto; tus ovejas serán dadas a tus enemigos, y no
tendrás quien te las rescate. 32 Tus hijos y tus hijas serán entregados a otro
pueblo, y tus ojos lo verán, y desfallecerán por ellos todo el día; y no habrá
fuerza en tu mano. 33 El fruto de tu tierra y de todo tu trabajo comerá pueblo
que no conociste; y no serás sino oprimido y quebrantado todos los días. 34 Y
enloquecerás a causa de lo que verás con tus ojos. 35 Te herirá Jehová con
maligna pústula en las rodillas y en las piernas, desde la planta de tu pie
hasta tu coronilla, sin que puedas ser curado.
36 Jehová te llevará a ti, y al rey que hubieres puesto
sobre ti, a nación que no conociste ni tú ni tus padres; y allá servirás a
dioses ajenos, al palo y a la piedra. 37 Y serás motivo de horror, y servirás
de refrán y de burla a todos los pueblos a los cuales te llevará Jehová. 38
Sacarás mucha semilla al campo, y recogerás poco, porque la langosta lo
consumirá. 39 Plantarás viñas y labrarás, pero no beberás vino, ni recogerás
uvas, porque el gusano se las comerá. 40 Tendrás olivos en todo tu territorio,
mas no te ungirás con el aceite, porque tu aceituna se caerá. 41 Hijos e hijas
engendrarás, y no serán para ti, porque irán en cautiverio. 42 Toda tu
arboleda y el fruto de tu tierra serán consumidos por la langosta. 43 El
extranjero que estará en medio de ti se elevará sobre ti muy alto, y tú
descenderás muy abajo. 44 El te prestará a ti, y tú no le prestarás a él; él
será por cabeza, y tú serás por cola. 45 Y vendrán sobre ti todas estas
maldiciones, y te perseguirán, y te alcanzarán hasta que perezcas; por cuanto
no habrás atendido a la voz de Jehová tu Dios, para guardar sus mandamientos y
sus estatutos, que él te mandó; 46 y serán en ti por señal y por maravilla, y
en tu descendencia para siempre.
47 Por cuanto no serviste a Jehová tu Dios con alegría y
con gozo de corazón, por la abundancia de todas las cosas, 48 servirás, por
tanto, a tus enemigos que enviare Jehová contra ti, con hambre y con sed y con
desnudez, y con falta de todas las cosas; y él pondrá yugo de hierro sobre tu
cuello, hasta destruirte. 49 Jehová traerá contra ti una nación de lejos, del
extremo de la tierra, que vuele como águila, nación cuya lengua no entiendas;
50 gente fiera de rostro, que no tendrá respeto al anciano, ni perdonará al
niño; 51 y comerá el fruto de tu bestia y el fruto de tu tierra, hasta que
perezcas; y no te dejará grano, ni mosto, ni aceite, ni la cría de tus vacas,
ni los rebaños de tus ovejas, hasta destruirte. 52 Pondrá sitio a todas tus
ciudades, hasta que caigan tus muros altos y fortificados en que tú confías,
en toda tu tierra; sitiará, pues, todas tus ciudades y toda la tierra que
Jehová tu Dios te hubiere dado. 53 Y comerás el fruto de tu vientre, la carne
de tus hijos y de tus hijas que Jehová tu Dios te dio, en el sitio y en el
apuro con que te angustiará tu enemigo. 54 El hombre tierno en medio de ti, y
el muy delicado, mirará con malos ojos a su hermano, y a la mujer de su seno,
y al resto de sus hijos que le quedaren; 55 para no dar a alguno de ellos de
la carne de sus hijos, que él comiere, por no haberle quedado nada, en el
asedio y en el apuro con que tu enemigo te oprimirá en todas tus ciudades. 56
La tierna y la delicada entre vosotros, que nunca la planta de su pie
intentaría sentar sobre la tierra, de pura delicadeza y ternura, mirará con
malos ojos al marido de su seno, a su hijo, a su hija, 57 al recién nacido que
sale de entre sus pies, y a sus hijos que diere a luz; pues los comerá
ocultamente, por la carencia de todo, en el asedio y en el apuro con que tu
enemigo te oprimirá en tus ciudades.
58 Si no cuidares de poner por obra todas las palabras de
esta ley que están escritas en este libro, temiendo este nombre glorioso y
temible: JEHOVÁ TU DIOS, 59 entonces Jehová aumentará maravillosamente tus
plagas y las plagas de tu descendencia, plagas grandes y permanentes, y
enfermedades malignas y duraderas; 60 y traerá sobre ti todos los males de
Egipto, delante de los cuales temiste, y no te dejarán. 61 Asimismo toda
enfermedad y toda plaga que no está escrita en el libro de esta ley, Jehová la
enviará sobre ti, hasta que seas destruido. 62 Y quedaréis pocos en número, en
lugar de haber sido como las estrellas del cielo en multitud, por cuanto no
obedecisteis a la voz de Jehová tu Dios. 63 Así como Jehová se gozaba en
haceros bien y en multiplicaros, así se gozará Jehová en arruinaros y en
destruiros; y seréis arrancados de sobre la tierra a la cual entráis para
tomar posesión de ella. 64 Y Jehová te esparcirá por todos los pueblos, desde
un extremo de la tierra hasta el otro extremo; y allí servirás a dioses ajenos
que no conociste tú ni tus padres, al leño y a la piedra. 65 Y ni aun entre
estas naciones descansarás, ni la planta de tu pie tendrá reposo; pues allí te
dará Jehová corazón temeroso, y desfallecimiento de ojos, y tristeza de alma;
66 y tendrás tu vida como algo que pende delante de ti, y estarás temeroso de
noche y de día, y no tendrás seguridad de tu vida. 67 Por la mañana dirás:
¡Quién diera que fuese la tarde! y a la tarde dirás: ¡Quién diera que fuese la
mañana! por el miedo de tu corazón con que estarás amedrentado, y por lo que
verán tus ojos. 68 Y Jehová te hará volver a Egipto en naves, por el camino
del cual te ha dicho: Nunca más volverás; y allí seréis vendidos a vuestros
enemigos por esclavos y por esclavas, y no habrá quien os compre.
Pacto de Jehová con Israel en Moab
DEUTERONOMIO 29
1 Estas son las palabras del pacto que Jehová mandó a
Moisés que celebrase con los hijos de Israel en la tierra de Moab, además del
pacto que concertó con ellos en Horeb.
2 Moisés, pues, llamó a todo Israel, y les dijo: Vosotros
habéis visto todo lo que Jehová ha hecho delante de vuestros ojos en la tierra
de Egipto a Faraón y a todos sus siervos, y a toda su tierra, 3 las grandes
pruebas que vieron vuestros ojos, las señales y las grandes maravillas. 4 Pero
hasta hoy Jehová no os ha dado corazón para entender, ni ojos para ver, ni
oídos para oír. 5 Y yo os he traído cuarenta años en el desierto; vuestros
vestidos no se han envejecido sobre vosotros, ni vuestro calzado se ha
envejecido sobre vuestro pie. 6 No habéis comido pan, ni bebisteis vino ni
sidra; para que supierais que yo soy Jehová vuestro Dios. 7 Y llegasteis a
este lugar, y salieron Sehón rey de Hesbón y Og rey de Basán delante de
nosotros para pelear, y los derrotamos; 8 y tomamos su tierra, y la dimos por
heredad a Rubén y a Gad y a la media tribu de Manasés. 9 Guardaréis, pues, las
palabras de este pacto, y las pondréis por obra, para que prosperéis en todo
lo que hiciereis.
10 Vosotros todos estáis hoy en presencia de Jehová
vuestro Dios; los cabezas de vuestras tribus, vuestros ancianos y vuestros
oficiales, todos los varones de Israel; 11 vuestros niños, vuestras mujeres, y
tus extranjeros que habitan en medio de tu campamento, desde el que corta tu
leña hasta el que saca tu agua; 12 para que entres en el pacto de Jehová tu
Dios, y en su juramento, que Jehová tu Dios concierta hoy contigo, 13 para
confirmarte hoy como su pueblo, y para que él te sea a ti por Dios, de la
manera que él te ha dicho, y como lo juró a tus padres Abraham, Isaac y Jacob.
14 Y no solamente con vosotros hago yo este pacto y este juramento, 15 sino
con los que están aquí presentes hoy con nosotros delante de Jehová nuestro
Dios, y con los que no están aquí hoy con nosotros.
16 Porque vosotros sabéis cómo habitamos en la tierra de
Egipto, y cómo hemos pasado por en medio de las naciones por las cuales habéis
pasado; 17 y habéis visto sus abominaciones y sus ídolos de madera y piedra,
de plata y oro, que tienen consigo. 18 No sea que haya entre vosotros varón o
mujer, o familia o tribu, cuyo corazón se aparte hoy de Jehová nuestro Dios,
para ir a servir a los dioses de esas naciones; no sea que haya en medio de
vosotros raíz que produzca hiel y ajenjo, 19 y suceda que al oír las palabras
de esta maldición, él se bendiga en su corazón, diciendo: Tendré paz, aunque
ande en la dureza de mi corazón, a fin de que con la embriaguez quite la sed.
20 No querrá Jehová perdonarlo, sino que entonces humeará la ira de Jehová y
su celo sobre el tal hombre, y se asentará sobre él toda maldición escrita en
este libro, y Jehová borrará su nombre de debajo del cielo; 21 y lo apartará
Jehová de todas las tribus de Israel para mal, conforme a todas las
maldiciones del pacto escrito en este libro de la ley. 22 Y dirán las
generaciones venideras, vuestros hijos que se levanten después de vosotros, y
el extranjero que vendrá de lejanas tierras, cuando vieren las plagas de
aquella tierra, y sus enfermedades de que Jehová la habrá hecho enfermar 23
(azufre y sal, abrasada toda su tierra; no será sembrada, ni producirá, ni
crecerá en ella hierba alguna, como sucedió en la destrucción de Sodoma y de
Gomorra, de Adma y de Zeboim, las cuales Jehová destruyó en su furor y en su
ira); 24 más aún, todas las naciones dirán: ¿Por qué hizo esto Jehová a esta
tierra? ¿Qué significa el ardor de esta gran ira? 25 Y responderán: Por cuanto
dejaron el pacto de Jehová el Dios de sus padres, que él concertó con ellos
cuando los sacó de la tierra de Egipto, 26 y fueron y sirvieron a dioses
ajenos, y se inclinaron a ellos, dioses que no conocían, y que ninguna cosa
les habían dado. 27 Por tanto, se encendió la ira de Jehová contra esta
tierra, para traer sobre ella todas las maldiciones escritas en este libro; 28
y Jehová los desarraigó de su tierra con ira, con furor y con grande
indignación, y los arrojó a otra tierra, como hoy se ve.
29 Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios;
mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para
que cumplamos todas las palabras de esta ley.
Condiciones para la restauración y la bendición
DEUTERONOMIO 30
1 Sucederá que cuando hubieren venido sobre ti todas
estas cosas, la bendición y la maldición que he puesto delante de ti, y te
arrepintieres en medio de todas las naciones adonde te hubiere arrojado Jehová
tu Dios, 2 y te convirtieres a Jehová tu Dios, y obedecieres a su voz conforme
a todo lo que yo te mando hoy, tú y tus hijos, con todo tu corazón y con toda
tu alma, 3 entonces Jehová hará volver a tus cautivos, y tendrá misericordia
de ti, y volverá a recogerte de entre todos los pueblos adonde te hubiere
esparcido Jehová tu Dios. 4 Aun cuando tus desterrados estuvieren en las
partes más lejanas que hay debajo del cielo, de allí te recogerá Jehová tu
Dios, y de allá te tomará; 5 y te hará volver Jehová tu Dios a la tierra que
heredaron tus padres, y será tuya; y te hará bien, y te multiplicará más que a
tus padres. 6 Y circuncidará Jehová tu Dios tu corazón, y el corazón de tu
descendencia, para que ames a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu
alma, a fin de que vivas. 7 Y pondrá Jehová tu Dios todas estas maldiciones
sobre tus enemigos, y sobre tus aborrecedores que te persiguieron. 8 Y tú
volverás, y oirás la voz de Jehová, y pondrás por obra todos sus mandamientos
que yo te ordeno hoy. 9 Y te hará Jehová tu Dios abundar en toda obra de tus
manos, en el fruto de tu vientre, en el fruto de tu bestia, y en el fruto de
tu tierra, para bien; porque Jehová volverá a gozarse sobre ti para bien, de
la manera que se gozó sobre tus padres, 10 cuando obedecieres a la voz de
Jehová tu Dios, para guardar sus mandamientos y sus estatutos escritos en este
libro de la ley; cuando te convirtieres a Jehová tu Dios con todo tu corazón y
con toda tu alma.
11 Porque este mandamiento que yo te ordeno hoy no es
demasiado difícil para ti, ni está lejos. 12 No está en el cielo, para que
digas: ¿Quién subirá por nosotros al cielo, y nos lo traerá y nos lo hará oír
para que lo cumplamos? 13 Ni está al otro lado del mar, para que digas: ¿Quién
pasará por nosotros el mar, para que nos lo traiga y nos lo haga oír, a fin de
que lo cumplamos? 14 Porque muy cerca de ti está la palabra, en tu boca y en
tu corazón, para que la cumplas.
15 Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el
bien, la muerte y el mal; 16 porque yo te mando hoy que ames a Jehová tu Dios,
que andes en sus caminos, y guardes sus mandamientos, sus estatutos y sus
decretos, para que vivas y seas multiplicado, y Jehová tu Dios te bendiga en
la tierra a la cual entras para tomar posesión de ella. 17 Mas si tu corazón
se apartare y no oyeres, y te dejares extraviar, y te inclinares a dioses
ajenos y les sirvieres, 18 yo os protesto hoy que de cierto pereceréis; no
prolongaréis vuestros días sobre la tierra adonde vais, pasando el Jordán,
para entrar en posesión de ella. 19 A los cielos y a la tierra llamo por
testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la
bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu
descendencia; 20 amando a Jehová tu Dios, atendiendo a su voz, y siguiéndole a
él; porque él es vida para ti, y prolongación de tus días; a fin de que
habites sobre la tierra que juró Jehová a tus padres, Abraham, Isaac y Jacob,
que les había de dar.
Josué es instalado como sucesor de Moisés
DEUTERONOMIO 31
1 Fue Moisés y habló estas palabras a todo Israel, 2 y
les dijo: Este día soy de edad de ciento veinte años; no puedo más salir ni
entrar; además de esto Jehová me ha dicho: No pasarás este Jordán. 3 Jehová tu
Dios, él pasa delante de ti; él destruirá a estas naciones delante de ti, y
las heredarás; Josué será el que pasará delante de ti, como Jehová ha dicho. 4
Y hará Jehová con ellos como hizo con Sehón y con Og, reyes de los amorreos, y
con su tierra, a quienes destruyó. 5 Y los entregará Jehová delante de
vosotros, y haréis con ellos conforme a todo lo que os he mandado. 6 Esforzaos
y cobrad ánimo; no temáis, ni tengáis miedo de ellos, porque Jehová tu Dios es
el que va contigo; no te dejará, ni te desamparará.
7 Y llamó Moisés a Josué, y le dijo en presencia de todo
Israel: Esfuérzate y anímate; porque tú entrarás con este pueblo a la tierra
que juró Jehová a sus padres que les daría, y tú se la harás heredar. 8 Y
Jehová va delante de ti; él estará contigo, no te dejará, ni te desamparará;
no temas ni te intimides.
9 Y escribió Moisés esta ley, y la dio a los sacerdotes
hijos de Leví, que llevaban el arca del pacto de Jehová, y a todos los
ancianos de Israel. 10 Y les mandó Moisés, diciendo: Al fin de cada siete
años, en el año de la remisión, en la fiesta de los tabernáculos, 11 cuando
viniere todo Israel a presentarse delante de Jehová tu Dios en el lugar que él
escogiere, leerás esta ley delante de todo Israel a oídos de ellos. 12 Harás
congregar al pueblo, varones y mujeres y niños, y tus extranjeros que
estuvieren en tus ciudades, para que oigan y aprendan, y teman a Jehová
vuestro Dios, y cuiden de cumplir todas las palabras de esta ley; 13 y los
hijos de ellos que no supieron, oigan, y aprendan a temer a Jehová vuestro
Dios todos los días que viviereis sobre la tierra adonde vais, pasando el
Jordán, para tomar posesión de ella.
14 Y Jehová dijo a Moisés: He aquí se ha acercado el día
de tu muerte; llama a Josué, y esperad en el tabernáculo de reunión para que
yo le dé el cargo. Fueron, pues, Moisés y Josué, y esperaron en el tabernáculo
de reunión. 15 Y se apareció Jehová en el tabernáculo, en la columna de nube;
y la columna de nube se puso sobre la puerta del tabernáculo.
16 Y Jehová dijo a Moisés: He aquí, tú vas a dormir con
tus padres, y este pueblo se levantará y fornicará tras los dioses ajenos de
la tierra adonde va para estar en medio de ella; y me dejará, e invalidará mi
pacto que he concertado con él; 17 y se encenderá mi furor contra él en aquel
día; y los abandonaré, y esconderé de ellos mi rostro, y serán consumidos; y
vendrán sobre ellos muchos males y angustias, y dirán en aquel día: ¿No me han
venido estos males porque no está mi Dios en medio de mí? 18 Pero ciertamente
yo esconderé mi rostro en aquel día, por todo el mal que ellos habrán hecho,
por haberse vuelto a dioses ajenos. 19 Ahora pues, escribíos este cántico, y
enséñalo a los hijos de Israel; ponlo en boca de ellos, para que este cántico
me sea por testigo contra los hijos de Israel. 20 Porque yo les introduciré en
la tierra que juré a sus padres, la cual fluye leche y miel; y comerán y se
saciarán, y engordarán; y se volverán a dioses ajenos y les servirán, y me
enojarán, e invalidarán mi pacto. 21 Y cuando les vinieren muchos males y
angustias, entonces este cántico responderá en su cara como testigo, pues será
recordado por la boca de sus descendientes; porque yo conozco lo que se
proponen de antemano, antes que los introduzca en la tierra que juré darles.
22 Y Moisés escribió este cántico aquel día, y lo enseñó a los hijos de
Israel.
23 Y dio orden a Josué hijo de Nun, y dijo: Esfuérzate y
anímate, pues tú introducirás a los hijos de Israel en la tierra que les juré,
y yo estaré contigo.
Orden de guardar la ley junto al arca
24 Y cuando acabó Moisés de escribir las palabras de esta
ley en un libro hasta concluirse, 25 dio órdenes Moisés a los levitas que
llevaban el arca del pacto de Jehová, diciendo: 26 Tomad este libro de la ley,
y ponedlo al lado del arca del pacto de Jehová vuestro Dios, y esté allí por
testigo contra ti. 27 Porque yo conozco tu rebelión, y tu dura cerviz; he aquí
que aun viviendo yo con vosotros hoy, sois rebeldes a Jehová; ¿cuánto más
después que yo haya muerto? 28 Congregad a mí todos los ancianos de vuestras
tribus, y a vuestros oficiales, y hablaré en sus oídos estas palabras, y
llamaré por testigos contra ellos a los cielos y a la tierra. 29 Porque yo sé
que después de mi muerte, ciertamente os corromperéis y os apartaréis del
camino que os he mandado; y que os ha de venir mal en los postreros días, por
haber hecho mal ante los ojos de Jehová, enojándole con la obra de vuestras
manos.
Cántico de Moisés
30 Entonces habló Moisés a oídos de toda la congregación
de Israel las palabras de este cántico hasta acabarlo.
DEUTERONOMIO 32
1 Escuchad, cielos, y hablaré;
Y oiga la tierra los dichos de mi boca.
2 Goteará como la lluvia mi enseñanza;
Destilará como el rocío mi razonamiento;
Como la llovizna sobre la grama,
Y como las gotas sobre la hierba;
3 Porque el nombre de Jehová proclamaré.
Engrandeced a nuestro Dios.
4 El es la Roca, cuya obra es perfecta,
Porque todos sus caminos son rectitud;
Dios de verdad, y sin ninguna iniquidad en él;
Es justo y recto.
5 La corrupción no es suya; de sus hijos es la mancha,
Generación torcida y perversa.
6 ¿Así pagáis a Jehová,
Pueblo loco e ignorante?
¿No es él tu padre que te creó?
El te hizo y te estableció.
7 Acuérdate de los tiempos antiguos,
Considera los años de muchas generaciones;
Pregunta a tu padre, y él te declarará;
A tus ancianos, y ellos te dirán.
8 Cuando el Altísimo hizo heredar a las naciones,
Cuando hizo dividir a los hijos de los hombres,
Estableció los límites de los pueblos
Según el número de los hijos de Israel.
9 Porque la porción de Jehová es su pueblo;
Jacob la heredad que le tocó.
10 Le halló en tierra de desierto,
Y en yermo de horrible soledad;
Lo trajo alrededor, lo instruyó,
Lo guardó como a la niña de su ojo.
11 Como el águila que excita su nidada,
Revolotea sobre sus pollos,
Extiende sus alas, los toma,
Los lleva sobre sus plumas,
12 Jehová solo le guió,
Y con él no hubo dios extraño.
13 Lo hizo subir sobre las alturas de la tierra,
Y comió los frutos del campo,
E hizo que chupase miel de la peña,
Y aceite del duro pedernal;
14 Mantequilla de vacas y leche de ovejas,
Con grosura de corderos,
Y carneros de Basán; también machos cabríos,
Con lo mejor del trigo;
Y de la sangre de la uva bebiste vino.
15 Pero engordó Jesurún, y tiró coces
(Engordaste, te cubriste de grasa);
Entonces abandonó al Dios que lo hizo,
Y menospreció la Roca de su salvación.
16 Le despertaron a celos con los dioses ajenos;
Lo provocaron a ira con abominaciones.
17 Sacrificaron a los demonios, y no a Dios;
A dioses que no habían conocido,
A nuevos dioses venidos de cerca,
Que no habían temido vuestros padres.
18 De la Roca que te creó te olvidaste;
Te has olvidado de Dios tu creador.
19 Y lo vio Jehová, y se encendió en ira
Por el menosprecio de sus hijos y de sus hijas.
20 Y dijo: Esconderé de ellos mi rostro,
Veré cuál será su fin;
Porque son una generación perversa,
Hijos infieles.
21 Ellos me movieron a celos con lo que no es Dios;
Me provocaron a ira con sus ídolos;
Yo también los moveré a celos con un pueblo que no es
pueblo,
Los provocaré a ira con una nación insensata.
22 Porque fuego se ha encendido en mi ira,
Y arderá hasta las profundidades del Seol;
Devorará la tierra y sus frutos,
Y abrasará los fundamentos de los montes.
23 Yo amontonaré males sobre ellos;
Emplearé en ellos mis saetas.
24 Consumidos serán de hambre, y devorados de fiebre
ardiente
Y de peste amarga;
Diente de fieras enviaré también sobre ellos,
Con veneno de serpientes de la tierra.
25 Por fuera desolará la espada,
Y dentro de las cámaras el espanto;
Así al joven como a la doncella,
Al niño de pecho como al hombre cano.
26 Yo había dicho que los esparciría lejos,
Que haría cesar de entre los hombres la memoria de ellos,
27 De no haber temido la provocación del enemigo,
No sea que se envanezcan sus adversarios,
No sea que digan: Nuestra mano poderosa
Ha hecho todo esto, y no Jehová.
28 Porque son nación privada de consejos,
Y no hay en ellos entendimiento.
29 ¡Ojalá fueran sabios, que comprendieran esto,
Y se dieran cuenta del fin que les espera!
30 ¿Cómo podría perseguir uno a mil,
Y dos hacer huir a diez mil,
Si su Roca no los hubiese vendido,
Y Jehová no los hubiera entregado?
31 Porque la roca de ellos no es como nuestra Roca,
Y aun nuestros enemigos son de ello jueces.
32 Porque de la vid de Sodoma es la vid de ellos,
Y de los campos de Gomorra;
Las uvas de ellos son uvas ponzoñosas,
Racimos muy amargos tienen.
33 Veneno de serpientes es su vino,
Y ponzoña cruel de áspides.
34 ¿No tengo yo esto guardado conmigo,
Sellado en mis tesoros?
35 Mía es la venganza y la retribución;
A su tiempo su pie resbalará,
Porque el día de su aflicción está cercano,
Y lo que les está preparado se apresura.
36 Porque Jehová juzgará a su pueblo,
Y por amor de sus siervos se arrepentirá,
Cuando viere que la fuerza pereció,
Y que no queda ni siervo ni libre.
37 Y dirá: ¿Dónde están sus dioses,
La roca en que se refugiaban;
38 Que comían la grosura de sus sacrificios,
Y bebían el vino de sus libaciones?
Levántense, que os ayuden
Y os defiendan.
39 Ved ahora que yo, yo soy,
Y no hay dioses conmigo;
Yo hago morir, y yo hago vivir;
Yo hiero, y yo sano;
Y no hay quien pueda librar de mi mano.
40 Porque yo alzaré a los cielos mi mano,
Y diré: Vivo yo para siempre,
41 Si afilare mi reluciente espada,
Y echare mano del juicio,
Yo tomaré venganza de mis enemigos,
Y daré la retribución a los que me aborrecen.
42 Embriagaré de sangre mis saetas,
Y mi espada devorará carne;
En la sangre de los muertos y de los cautivos,
En las cabezas de larga cabellera del enemigo.
43 Alabad, naciones, a su pueblo,
Porque él vengará la sangre de sus siervos,
Y tomará venganza de sus enemigos,
Y hará expiación por la tierra de su pueblo.
44 Vino Moisés y recitó todas las palabras de este
cántico a oídos del pueblo, él y Josué hijo de Nun. 45 Y acabó Moisés de
recitar todas estas palabras a todo Israel; 46 y les dijo: Aplicad vuestro
corazón a todas las palabras que yo os testifico hoy, para que las mandéis a
vuestros hijos, a fin de que cuiden de cumplir todas las palabras de esta ley.
47 Porque no os es cosa vana; es vuestra vida, y por medio de esta ley haréis
prolongar vuestros días sobre la tierra adonde vais, pasando el Jordán, para
tomar posesión de ella.
Se le permite a Moisés contemplar la tierra de Canaán
48 Y habló Jehová a Moisés aquel mismo día, diciendo: 49
Sube a este monte de Abarim, al monte Nebo, situado en la tierra de Moab que
está frente a Jericó, y mira la tierra de Canaán, que yo doy por heredad a los
hijos de Israel; 50 y muere en el monte al cual subes, y sé unido a tu pueblo,
así como murió Aarón tu hermano en el monte Hor, y fue unido a su pueblo; 51
por cuanto pecasteis contra mí en medio de los hijos de Israel en las aguas de
Meriba de Cades, en el desierto de Zin; porque no me santificasteis en medio
de los hijos de Israel. 52 Verás, por tanto, delante de ti la tierra; mas no
entrarás allá, a la tierra que doy a los hijos de Israel.
Moisés bendice a las doce tribus de Israel
DEUTERONOMIO 33
1 Esta es la bendición con la cual bendijo Moisés varón
de Dios a los hijos de Israel, antes que muriese. 2 Dijo:
Jehová vino de Sinaí,
Y de Seir les esclareció;
Resplandeció desde el monte de Parán,
Y vino de entre diez millares de santos,
Con la ley de fuego a su mano derecha.
3 Aun amó a su pueblo;
Todos los consagrados a él estaban en su mano;
Por tanto, ellos siguieron en tus pasos,
Recibiendo dirección de ti,
4 Cuando Moisés nos ordenó una ley,
Como heredad a la congregación de Jacob.
5 Y fue rey en Jesurún,
Cuando se congregaron los jefes del pueblo
Con las tribus de Israel.
6 Viva Rubén, y no muera;
Y no sean pocos sus varones.
7 Y esta bendición profirió para Judá. Dijo así:
Oye, oh Jehová, la voz de Judá,
Y llévalo a su pueblo;
Sus manos le basten,
Y tú seas su ayuda contra sus enemigos.
8 A Leví dijo:
Tu Tumim y tu Urim sean para tu varón piadoso,
A quien probaste en Masah,
Con quien contendiste en las aguas de Meriba,
9 Quien dijo de su padre y de su madre: Nunca los he
visto;
Y no reconoció a sus hermanos,
Ni a sus hijos conoció;
Pues ellos guardaron tus palabras,
Y cumplieron tu pacto.
10 Ellos enseñarán tus juicios a Jacob,
Y tu ley a Israel;
Pondrán el incienso delante de ti,
Y el holocausto sobre tu altar.
11 Bendice, oh Jehová, lo que hicieren,
Y recibe con agrado la obra de sus manos;
Hiere los lomos de sus enemigos,
Y de los que lo aborrecieren, para que nunca se levanten.
12 A Benjamín dijo:
El amado de Jehová habitará confiado cerca de él;
Lo cubrirá siempre,
Y entre sus hombros morará.
13 A José dijo:
Bendita de Jehová sea tu tierra,
Con lo mejor de los cielos, con el rocío,
Y con el abismo que está abajo.
14 Con los más escogidos frutos del sol,
Con el rico producto de la luna,
15 Con el fruto más fino de los montes antiguos,
Con la abundancia de los collados eternos,
16 Y con las mejores dádivas de la tierra y su plenitud;
Y la gracia del que habitó en la zarza
Venga sobre la cabeza de José,
Y sobre la frente de aquel que es príncipe entre sus
hermanos.
17 Como el primogénito de su toro es su gloria,
Y sus astas como astas de búfalo;
Con ellas acorneará a los pueblos juntos hasta los fines
de la tierra;
Ellos son los diez millares de Efraín,
Y ellos son los millares de Manasés.
18 A Zabulón dijo:
Alégrate, Zabulón, cuando salieres;
Y tú, Isacar, en tus tiendas.
19 Llamarán a los pueblos a su monte;
Allí sacrificarán sacrificios de justicia,
Por lo cual chuparán la abundancia de los mares,
Y los tesoros escondidos de la arena.
20 A Gad dijo:
Bendito el que hizo ensanchar a Gad;
Como león reposa,
Y arrebata brazo y testa.
21 Escoge lo mejor de la tierra para sí,
Porque allí le fue reservada la porción del legislador.
Y vino en la delantera del pueblo;
Con Israel ejecutó los mandatos y los justos decretos de
Jehová.
22 A Dan dijo:
Dan es cachorro de león
Que salta desde Basán.
23 A Neftalí dijo:
Neftalí, saciado de favores,
Y lleno de la bendición de Jehová,
Posee el occidente y el sur.
24 A Aser dijo:
Bendito sobre los hijos sea Aser;
Sea el amado de sus hermanos,
Y moje en aceite su pie.
25 Hierro y bronce serán tus cerrojos,
Y como tus días serán tus fuerzas.
26 No hay como el Dios de Jesurún,
Quien cabalga sobre los cielos para tu ayuda,
Y sobre las nubes con su grandeza.
27 El eterno Dios es tu refugio,
Y acá abajo los brazos eternos;
El echó de delante de ti al enemigo,
Y dijo: Destruye.
28 E Israel habitará confiado, la fuente de Jacob
habitará sola
En tierra de grano y de vino;
También sus cielos destilarán rocío.
29 Bienaventurado tú, oh Israel.
¿Quién como tú,
Pueblo salvo por Jehová,
Escudo de tu socorro,
Y espada de tu triunfo?
Así que tus enemigos serán humillados,
Y tú hollarás sobre sus alturas.
Muerte y sepultura de Moisés
DEUTERONOMIO 34
1 Subió Moisés de los campos de Moab al monte Nebo, a la
cumbre del Pisga, que está enfrente de Jericó; y le mostró Jehová toda la
tierra de Galaad hasta Dan, 2 todo Neftalí, y la tierra de Efraín y de Manasés,
toda la tierra de Judá hasta el mar occidental; 3 el Neguev, y la llanura, la
vega de Jericó, ciudad de las palmeras, hasta Zoar. 4 Y le dijo Jehová: Esta
es la tierra de que juré a Abraham, a Isaac y a Jacob, diciendo: A tu
descendencia la daré. Te he permitido verla con tus ojos, mas no pasarás allá.
5 Y murió allí Moisés siervo de Jehová, en la tierra de Moab, conforme al
dicho de Jehová. 6 Y lo enterró en el valle, en la tierra de Moab, enfrente de
Bet-peor; y ninguno conoce el lugar de su sepultura hasta hoy. 7 Era Moisés de
edad de ciento veinte años cuando murió; sus ojos nunca se oscurecieron, ni
perdió su vigor. 8 Y lloraron los hijos de Israel a Moisés en los campos de
Moab treinta días; y así se cumplieron los días del lloro y del luto de
Moisés.
9 Y Josué hijo de Nun fue lleno del espíritu de
sabiduría, porque Moisés había puesto sus manos sobre él; y los hijos de
Israel le obedecieron, e hicieron como Jehová mandó a Moisés. 10 Y nunca más
se levantó profeta en Israel como Moisés, a quien haya conocido Jehová cara a
cara; 11 nadie como él en todas las señales y prodigios que Jehová le envió a
hacer en tierra de Egipto, a Faraón y a todos sus siervos y a toda su tierra,
12 y en el gran poder y en los hechos grandiosos y terribles que Moisés hizo a
la vista de todo Israel.
JOSUÉ
Preparativos para la conquista
JOSUÉ 1
1 Aconteció después de la muerte de Moisés siervo de
Jehová, que Jehová habló a Josué hijo de Nun, servidor de Moisés, diciendo: 2
Mi siervo Moisés ha muerto; ahora, pues, levántate y pasa este Jordán, tú y
todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel. 3 Yo os he
entregado, como lo había dicho a Moisés, todo lugar que pisare la planta de
vuestro pie. 4 Desde el desierto y el Líbano hasta el gran río Eufrates, toda
la tierra de los heteos hasta el gran mar donde se pone el sol, será vuestro
territorio. 5 Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como
estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé. 6
Esfuérzate y sé valiente; porque tú repartirás a este pueblo por heredad la
tierra de la cual juré a sus padres que la daría a ellos. 7 Solamente
esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que
mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra,
para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas. 8 Nunca se apartará
de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él,
para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque
entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien. 9 Mira que te mando
que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios
estará contigo en dondequiera que vayas.
10 Y Josué mandó a los oficiales del pueblo, diciendo: 11
Pasad por en medio del campamento y mandad al pueblo, diciendo: Preparaos
comida, porque dentro de tres días pasaréis el Jordán para entrar a poseer la
tierra que Jehová vuestro Dios os da en posesión.
12 También habló Josué a los rubenitas y gaditas y a la
media tribu de Manasés, diciendo: 13 Acordaos de la palabra que Moisés, siervo
de Jehová, os mandó diciendo: Jehová vuestro Dios os ha dado reposo, y os ha
dado esta tierra. 14 Vuestras mujeres, vuestros niños y vuestros ganados
quedarán en la tierra que Moisés os ha dado a este lado del Jordán; mas
vosotros, todos los valientes y fuertes, pasaréis armados delante de vuestros
hermanos, y les ayudaréis, 15 hasta tanto que Jehová haya dado reposo a
vuestros hermanos como a vosotros, y que ellos también posean la tierra que
Jehová vuestro Dios les da; y después volveréis vosotros a la tierra de
vuestra herencia, la cual Moisés siervo de Jehová os ha dado, a este lado del
Jordán hacia donde nace el sol; y entraréis en posesión de ella. 16 Entonces
respondieron a Josué, diciendo: Nosotros haremos todas las cosas que nos has
mandado, e iremos adondequiera que nos mandes. 17 De la manera que obedecimos
a Moisés en todas las cosas, así te obedeceremos a ti; solamente que Jehová tu
Dios esté contigo, como estuvo con Moisés. 18 Cualquiera que fuere rebelde a
tu mandamiento, y no obedeciere a tus palabras en todas las cosas que le
mandes, que muera; solamente que te esfuerces y seas valiente.
Josué envía espías a Jericó
JOSUÉ 2
1 Josué hijo de Nun envió desde Sitim dos espías
secretamente, diciéndoles: Andad, reconoced la tierra, y a Jericó. Y ellos
fueron, y entraron en casa de una ramera que se llamaba Rahab, y posaron allí.
2 Y fue dado aviso al rey de Jericó, diciendo: He aquí que hombres de los
hijos de Israel han venido aquí esta noche para espiar la tierra. 3 Entonces
el rey de Jericó envió a decir a Rahab: Saca a los hombres que han venido a
ti, y han entrado a tu casa; porque han venido para espiar toda la tierra. 4
Pero la mujer había tomado a los dos hombres y los había escondido; y dijo: Es
verdad que unos hombres vinieron a mí, pero no supe de dónde eran. 5 Y cuando
se iba a cerrar la puerta, siendo ya oscuro, esos hombres se salieron, y no sé
a dónde han ido; seguidlos aprisa, y los alcanzaréis. 6 Mas ella los había
hecho subir al terrado, y los había escondido entre los manojos de lino que
tenía puestos en el terrado. 7 Y los hombres fueron tras ellos por el camino
del Jordán, hasta los vados; y la puerta fue cerrada después que salieron los
perseguidores.
8 Antes que ellos se durmiesen, ella subió al terrado, y
les dijo: 9 Sé que Jehová os ha dado esta tierra; porque el temor de vosotros
ha caído sobre nosotros, y todos los moradores del país ya han desmayado por
causa de vosotros. 10 Porque hemos oído que Jehová hizo secar las aguas del
Mar Rojo delante de vosotros cuando salisteis de Egipto, y lo que habéis hecho
a los dos reyes de los amorreos que estaban al otro lado del Jordán, a Sehón y
a Og, a los cuales habéis destruido. 11 Oyendo esto, ha desmayado nuestro
corazón; ni ha quedado más aliento en hombre alguno por causa de vosotros,
porque Jehová vuestro Dios es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra.
12 Os ruego pues, ahora, que me juréis por Jehová, que como he hecho
misericordia con vosotros, así la haréis vosotros con la casa de mi padre, de
lo cual me daréis una señal segura; 13 y que salvaréis la vida a mi padre y a
mi madre, a mis hermanos y hermanas, y a todo lo que es suyo; y que libraréis
nuestras vidas de la muerte. 14 Ellos le respondieron: Nuestra vida responderá
por la vuestra, si no denunciareis este asunto nuestro; y cuando Jehová nos
haya dado la tierra, nosotros haremos contigo misericordia y verdad.
15 Entonces ella los hizo descender con una cuerda por la
ventana; porque su casa estaba en el muro de la ciudad, y ella vivía en el
muro. 16 Y les dijo: Marchaos al monte, para que los que fueron tras vosotros
no os encuentren; y estad escondidos allí tres días, hasta que los que os
siguen hayan vuelto; y después os iréis por vuestro camino. 17 Y ellos le
dijeron: Nosotros quedaremos libres de este juramento con que nos has
juramentado. 18 He aquí, cuando nosotros entremos en la tierra, tú atarás este
cordón de grana a la ventana por la cual nos descolgaste; y reunirás en tu
casa a tu padre y a tu madre, a tus hermanos y a toda la familia de tu padre.
19 Cualquiera que saliere fuera de las puertas de tu casa, su sangre será
sobre su cabeza, y nosotros sin culpa. Mas cualquiera que se estuviere en casa
contigo, su sangre será sobre nuestra cabeza, si mano le tocare. 20 Y si tú
denunciares este nuestro asunto, nosotros quedaremos libres de este tu
juramento con que nos has juramentado. 21 Ella respondió: Sea así como habéis
dicho. Luego los despidió, y se fueron; y ella ató el cordón de grana a la
ventana.
22 Y caminando ellos, llegaron al monte y estuvieron allí
tres días, hasta que volvieron los que los perseguían; y los que los
persiguieron buscaron por todo el camino, pero no los hallaron. 23 Entonces
volvieron los dos hombres; descendieron del monte, y pasaron, y vinieron a
Josué hijo de Nun, y le contaron todas las cosas que les habían acontecido. 24
Y dijeron a Josué: Jehová ha entregado toda la tierra en nuestras manos; y
también todos los moradores del país desmayan delante de nosotros.
El paso del Jordán
JOSUÉ 3
1 Josué se levantó de mañana, y él y todos los hijos de
Israel partieron de Sitim y vinieron hasta el Jordán, y reposaron allí antes
de pasarlo. 2 Y después de tres días, los oficiales recorrieron el campamento,
3 y mandaron al pueblo, diciendo: Cuando veáis el arca del pacto de Jehová
vuestro Dios, y los levitas sacerdotes que la llevan, vosotros saldréis de
vuestro lugar y marcharéis en pos de ella, 4 a fin de que sepáis el camino por
donde habéis de ir; por cuanto vosotros no habéis pasado antes de ahora por
este camino. Pero entre vosotros y ella haya distancia como de dos mil codos;
no os acercaréis a ella. 5 Y Josué dijo al pueblo: Santificaos, porque Jehová
hará mañana maravillas entre vosotros. 6 Y habló Josué a los sacerdotes,
diciendo: Tomad el arca del pacto, y pasad delante del pueblo. Y ellos tomaron
el arca del pacto y fueron delante del pueblo.
7 Entonces Jehová dijo a Josué: Desde este día comenzaré
a engrandecerte delante de los ojos de todo Israel, para que entiendan que
como estuve con Moisés, así estaré contigo. 8 Tú, pues, mandarás a los
sacerdotes que llevan el arca del pacto, diciendo: Cuando hayáis entrado hasta
el borde del agua del Jordán, pararéis en el Jordán. 9 Y Josué dijo a los
hijos de Israel: Acercaos, y escuchad las palabras de Jehová vuestro Dios. 10
Y añadió Josué: En esto conoceréis que el Dios viviente está en medio de
vosotros, y que él echará de delante de vosotros al cananeo, al heteo, al
heveo, al ferezeo, al gergeseo, al amorreo y al jebuseo. 11 He aquí, el arca
del pacto del Señor de toda la tierra pasará delante de vosotros en medio del
Jordán. 12 Tomad, pues, ahora doce hombres de las tribus de Israel, uno de
cada tribu. 13 Y cuando las plantas de los pies de los sacerdotes que llevan
el arca de Jehová, Señor de toda la tierra, se asienten en las aguas del
Jordán, las aguas del Jordán se dividirán; porque las aguas que vienen de
arriba se detendrán en un montón.
14 Y aconteció cuando partió el pueblo de sus tiendas
para pasar el Jordán, con los sacerdotes delante del pueblo llevando el arca
del pacto, 15 cuando los que llevaban el arca entraron en el Jordán, y los
pies de los sacerdotes que llevaban el arca fueron mojados a la orilla del
agua (porque el Jordán suele desbordarse por todas sus orillas todo el tiempo
de la siega), 16 las aguas que venían de arriba se detuvieron como en un
montón bien lejos de la ciudad de Adam, que está al lado de Saretán, y las que
descendían al mar del Arabá, al Mar Salado, se acabaron, y fueron divididas; y
el pueblo pasó en dirección de Jericó. 17 Mas los sacerdotes que llevaban el
arca del pacto de Jehová, estuvieron en seco, firmes en medio del Jordán,
hasta que todo el pueblo hubo acabado de pasar el Jordán; y todo Israel pasó
en seco.
Las doce piedras tomadas del Jordán
JOSUÉ 4
1 Cuando toda la gente hubo acabado de pasar el Jordán,
Jehová habló a Josué, diciendo: 2 Tomad del pueblo doce hombres, uno de cada
tribu, 3 y mandadles, diciendo: Tomad de aquí de en medio del Jordán, del
lugar donde están firmes los pies de los sacerdotes, doce piedras, las cuales
pasaréis con vosotros, y levantadlas en el lugar donde habéis de pasar la
noche. 4 Entonces Josué llamó a los doce hombres a los cuales él había
designado de entre los hijos de Israel, uno de cada tribu. 5 Y les dijo Josué:
Pasad delante del arca de Jehová vuestro Dios a la mitad del Jordán, y cada
uno de vosotros tome una piedra sobre su hombro, conforme al número de las
tribus de los hijos de Israel, 6 para que esto sea señal entre vosotros; y
cuando vuestros hijos preguntaren a sus padres mañana, diciendo: ¿Qué
significan estas piedras? 7 les responderéis: Que las aguas del Jordán fueron
divididas delante del arca del pacto de Jehová; cuando ella pasó el Jordán,
las aguas del Jordán se dividieron; y estas piedras servirán de monumento
conmemorativo a los hijos de Israel para siempre.
8 Y los hijos de Israel lo hicieron así como Josué les
mandó: tomaron doce piedras de en medio del Jordán, como Jehová lo había dicho
a Josué, conforme al número de las tribus de los hijos de Israel, y las
pasaron al lugar donde acamparon, y las levantaron allí. 9 Josué también
levantó doce piedras en medio del Jordán, en el lugar donde estuvieron los
pies de los sacerdotes que llevaban el arca del pacto; y han estado allí hasta
hoy. 10 Y los sacerdotes que llevaban el arca se pararon en medio del Jordán
hasta que se hizo todo lo que Jehová había mandado a Josué que dijese al
pueblo, conforme a todas las cosas que Moisés había mandado a Josué; y el
pueblo se dio prisa y pasó.
11 Y cuando todo el pueblo acabó de pasar, también pasó
el arca de Jehová, y los sacerdotes, en presencia del pueblo. 12 También los
hijos de Rubén y los hijos de Gad y la media tribu de Manasés pasaron armados
delante de los hijos de Israel, según Moisés les había dicho; 13 como cuarenta
mil hombres armados, listos para la guerra, pasaron hacia la llanura de Jericó
delante de Jehová. 14 En aquel día Jehová engrandeció a Josué a los ojos de
todo Israel; y le temieron, como habían temido a Moisés, todos los días de su
vida.
15 Luego Jehová habló a Josué, diciendo: 16 Manda a los
sacerdotes que llevan el arca del testimonio, que suban del Jordán. 17 Y Josué
mandó a los sacerdotes, diciendo: Subid del Jordán. 18 Y aconteció que cuando
los sacerdotes que llevaban el arca del pacto de Jehová subieron de en medio
del Jordán, y las plantas de los pies de los sacerdotes estuvieron en lugar
seco, las aguas del Jordán se volvieron a su lugar, corriendo como antes sobre
todos sus bordes.
19 Y el pueblo subió del Jordán el día diez del mes
primero, y acamparon en Gilgal, al lado oriental de Jericó. 20 Y Josué erigió
en Gilgal las doce piedras que habían traído del Jordán. 21 Y habló a los
hijos de Israel, diciendo: Cuando mañana preguntaren vuestros hijos a sus
padres, y dijeren: ¿Qué significan estas piedras? 22 declararéis a vuestros
hijos, diciendo: Israel pasó en seco por este Jordán. 23 Porque Jehová vuestro
Dios secó las aguas del Jordán delante de vosotros, hasta que habíais pasado,
a la manera que Jehová vuestro Dios lo había hecho en el Mar Rojo, el cual
secó delante de nosotros hasta que pasamos; 24 para que todos los pueblos de
la tierra conozcan que la mano de Jehová es poderosa; para que temáis a Jehová
vuestro Dios todos los días.
La circuncisión y la pascua en Gilgal
JOSUÉ 5
1 Cuando todos los reyes de los amorreos que estaban al
otro lado del Jordán al occidente, y todos los reyes de los cananeos que
estaban cerca del mar, oyeron cómo Jehová había secado las aguas del Jordán
delante de los hijos de Israel hasta que hubieron pasado, desfalleció su
corazón, y no hubo más aliento en ellos delante de los hijos de Israel.
2 En aquel tiempo Jehová dijo a Josué: Hazte cuchillos
afilados, y vuelve a circuncidar la segunda vez a los hijos de Israel. 3 Y
Josué se hizo cuchillos afilados, y circuncidó a los hijos de Israel en el
collado de Aralot. 4 Esta es la causa por la cual Josué los circuncidó: Todo
el pueblo que había salido de Egipto, los varones, todos los hombres de
guerra, habían muerto en el desierto, por el camino, después que salieron de
Egipto. 5 Pues todos los del pueblo que habían salido, estaban circuncidados;
mas todo el pueblo que había nacido en el desierto, por el camino, después que
hubieron salido de Egipto, no estaba circuncidado. 6 Porque los hijos de
Israel anduvieron por el desierto cuarenta años, hasta que todos los hombres
de guerra que habían salido de Egipto fueron consumidos, por cuanto no
obedecieron a la voz de Jehová; por lo cual Jehová les juró que no les dejaría
ver la tierra de la cual Jehová había jurado a sus padres que nos la daría,
tierra que fluye leche y miel. 7 A los hijos de ellos, que él había hecho
suceder en su lugar, Josué los circuncidó; pues eran incircuncisos, porque no
habían sido circuncidados por el camino.
8 Y cuando acabaron de circuncidar a toda la gente, se
quedaron en el mismo lugar en el campamento, hasta que sanaron. 9 Y Jehová
dijo a Josué: Hoy he quitado de vosotros el oprobio de Egipto; por lo cual el
nombre de aquel lugar fue llamado Gilgal, hasta hoy.
10 Y los hijos de Israel acamparon en Gilgal, y
celebraron la pascua a los catorce días del mes, por la tarde, en los llanos
de Jericó. 11 Al otro día de la pascua comieron del fruto de la tierra, los
panes sin levadura, y en el mismo día espigas nuevas tostadas. 12 Y el maná
cesó el día siguiente, desde que comenzaron a comer del fruto de la tierra; y
los hijos de Israel nunca más tuvieron maná, sino que comieron de los frutos
de la tierra de Canaán aquel año.
Josué y el varón con la espada desenvainada
13 Estando Josué cerca de Jericó, alzó sus ojos y vio un
varón que estaba delante de él, el cual tenía una espada desenvainada en su
mano. Y Josué, yendo hacia él, le dijo: ¿Eres de los nuestros, o de nuestros
enemigos? 14 El respondió: No; mas como Príncipe del ejército de Jehová he
venido ahora. Entonces Josué, postrándose sobre su rostro en tierra, le adoró;
y le dijo: ¿Qué dice mi Señor a su siervo? 15 Y el Príncipe del ejército de
Jehová respondió a Josué: Quita el calzado de tus pies, porque el lugar donde
estás es santo. Y Josué así lo hizo.
La toma de Jericó
JOSUÉ 6
1 Ahora, Jericó estaba cerrada, bien cerrada, a causa de
los hijos de Israel; nadie entraba ni salía. 2 Mas Jehová dijo a Josué: Mira,
yo he entregado en tu mano a Jericó y a su rey, con sus varones de guerra. 3
Rodearéis, pues, la ciudad todos los hombres de guerra, yendo alrededor de la
ciudad una vez; y esto haréis durante seis días. 4 Y siete sacerdotes llevarán
siete bocinas de cuernos de carnero delante del arca; y al séptimo día daréis
siete vueltas a la ciudad, y los sacerdotes tocarán las bocinas. 5 Y cuando
toquen prolongadamente el cuerno de carnero, así que oigáis el sonido de la
bocina, todo el pueblo gritará a gran voz, y el muro de la ciudad caerá;
entonces subirá el pueblo, cada uno derecho hacia adelante. 6 Llamando, pues,
Josué hijo de Nun a los sacerdotes, les dijo: Llevad el arca del pacto, y
siete sacerdotes lleven bocinas de cuerno de carnero delante del arca de
Jehová. 7 Y dijo al pueblo: Pasad, y rodead la ciudad; y los que están armados
pasarán delante del arca de Jehová.
8 Y así que Josué hubo hablado al pueblo, los siete
sacerdotes, llevando las siete bocinas de cuerno de carnero, pasaron delante
del arca de Jehová, y tocaron las bocinas; y el arca del pacto de Jehová los
seguía. 9 Y los hombres armados iban delante de los sacerdotes que tocaban las
bocinas, y la retaguardia iba tras el arca, mientras las bocinas sonaban
continuamente. 10 Y Josué mandó al pueblo, diciendo: Vosotros no gritaréis, ni
se oirá vuestra voz, ni saldrá palabra de vuestra boca, hasta el día que yo os
diga: Gritad; entonces gritaréis. 11 Así que él hizo que el arca de Jehová
diera una vuelta alrededor de la ciudad, y volvieron luego al campamento, y
allí pasaron la noche.
12 Y Josué se levantó de mañana, y los sacerdotes tomaron
el arca de Jehová. 13 Y los siete sacerdotes, llevando las siete bocinas de
cuerno de carnero, fueron delante del arca de Jehová, andando siempre y
tocando las bocinas; y los hombres armados iban delante de ellos, y la
retaguardia iba tras el arca de Jehová, mientras las bocinas tocaban
continuamente. 14 Así dieron otra vuelta a la ciudad el segundo día, y
volvieron al campamento; y de esta manera hicieron durante seis días.
15 Al séptimo día se levantaron al despuntar el alba, y
dieron vuelta a la ciudad de la misma manera siete veces; solamente este día
dieron vuelta alrededor de ella siete veces. 16 Y cuando los sacerdotes
tocaron las bocinas la séptima vez, Josué dijo al pueblo: Gritad, porque
Jehová os ha entregado la ciudad. 17 Y será la ciudad anatema a Jehová, con
todas las cosas que están en ella; solamente Rahab la ramera vivirá, con todos
los que estén en casa con ella, por cuanto escondió a los mensajeros que
enviamos. 18 Pero vosotros guardaos del anatema; ni toquéis, ni toméis alguna
cosa del anatema, no sea que hagáis anatema el campamento de Israel, y lo
turbéis. 19 Mas toda la plata y el oro, y los utensilios de bronce y de
hierro, sean consagrados a Jehová, y entren en el tesoro de Jehová. 20
Entonces el pueblo gritó, y los sacerdotes tocaron las bocinas; y aconteció
que cuando el pueblo hubo oído el sonido de la bocina, gritó con gran vocerío,
y el muro se derrumbó. El pueblo subió luego a la ciudad, cada uno derecho
hacia adelante, y la tomaron. 21 Y destruyeron a filo de espada todo lo que en
la ciudad había; hombres y mujeres, jóvenes y viejos, hasta los bueyes, las
ovejas, y los asnos.
22 Mas Josué dijo a los dos hombres que habían reconocido
la tierra: Entrad en casa de la mujer ramera, y haced salir de allí a la mujer
y a todo lo que fuere suyo, como lo jurasteis. 23 Y los espías entraron y
sacaron a Rahab, a su padre, a su madre, a sus hermanos y todo lo que era
suyo; y también sacaron a toda su parentela, y los pusieron fuera del
campamento de Israel. 24 Y consumieron con fuego la ciudad, y todo lo que en
ella había; solamente pusieron en el tesoro de la casa de Jehová la plata y el
oro, y los utensilios de bronce y de hierro. 25 Mas Josué salvó la vida a
Rahab la ramera, y a la casa de su padre, y a todo lo que ella tenía; y habitó
ella entre los israelitas hasta hoy, por cuanto escondió a los mensajeros que
Josué había enviado a reconocer a Jericó.
26 En aquel tiempo hizo Josué un juramento, diciendo:
Maldito delante de Jehová el hombre que se levantare y reedificare esta ciudad
de Jericó. Sobre su primogénito eche los cimientos de ella, y sobre su hijo
menor asiente sus puertas.
27 Estaba, pues, Jehová con Josué, y su nombre se divulgó
por toda la tierra.
El pecado de Acán
JOSUÉ 7
1 Pero los hijos de Israel cometieron una prevaricación
en cuanto al anatema; porque Acán hijo de Carmi, hijo de Zabdi, hijo de Zera,
de la tribu de Judá, tomó del anatema; y la ira de Jehová se encendió contra
los hijos de Israel.
2 Después Josué envió hombres desde Jericó a Hai, que
estaba junto a Bet-avén hacia el oriente de Bet-el; y les habló diciendo:
Subid y reconoced la tierra. Y ellos subieron y reconocieron a Hai. 3 Y
volviendo a Josué, le dijeron: No suba todo el pueblo, sino suban como dos mil
o tres mil hombres, y tomarán a Hai; no fatigues a todo el pueblo yendo allí,
porque son pocos. 4 Y subieron allá del pueblo como tres mil hombres, los
cuales huyeron delante de los de Hai. 5 Y los de Hai mataron de ellos a unos
treinta y seis hombres, y los siguieron desde la puerta hasta Sebarim, y los
derrotaron en la bajada; por lo cual el corazón del pueblo desfalleció y vino
a ser como agua.
6 Entonces Josué rompió sus vestidos, y se postró en
tierra sobre su rostro delante del arca de Jehová hasta caer la tarde, él y
los ancianos de Israel; y echaron polvo sobre sus cabezas. 7 Y Josué dijo:
¡Ah, Señor Jehová! ¿Por qué hiciste pasar a este pueblo el Jordán, para
entregarnos en las manos de los amorreos, para que nos destruyan? ¡Ojalá nos
hubiéramos quedado al otro lado del Jordán! 8 ¡Ay, Señor! ¿qué diré, ya que
Israel ha vuelto la espalda delante de sus enemigos? 9 Porque los cananeos y
todos los moradores de la tierra oirán, y nos rodearán, y borrarán nuestro
nombre de sobre la tierra; y entonces, ¿qué harás tú a tu grande nombre?
10 Y Jehová dijo a Josué: Levántate; ¿por qué te postras
así sobre tu rostro? 11 Israel ha pecado, y aun han quebrantado mi pacto que
yo les mandé; y también han tomado del anatema, y hasta han hurtado, han
mentido, y aun lo han guardado entre sus enseres. 12 Por esto los hijos de
Israel no podrán hacer frente a sus enemigos, sino que delante de sus enemigos
volverán la espalda, por cuanto han venido a ser anatema; ni estaré más con
vosotros, si no destruyereis el anatema de en medio de vosotros. 13 Levántate,
santifica al pueblo, y di: Santificaos para mañana; porque Jehová el Dios de
Israel dice así: Anatema hay en medio de ti, Israel; no podrás hacer frente a
tus enemigos, hasta que hayáis quitado el anatema de en medio de vosotros. 14
Os acercaréis, pues, mañana por vuestras tribus; y la tribu que Jehová tomare,
se acercará por sus familias; y la familia que Jehová tomare, se acercará por
sus casas; y la casa que Jehová tomare, se acercará por los varones; 15 y el
que fuere sorprendido en el anatema, será quemado, él y todo lo que tiene, por
cuanto ha quebrantado el pacto de Jehová, y ha cometido maldad en Israel.
16 Josué, pues, levantándose de mañana, hizo acercar a
Israel por sus tribus; y fue tomada la tribu de Judá. 17 Y haciendo acercar a
la tribu de Judá, fue tomada la familia de los de Zera; y haciendo luego
acercar a la familia de los de Zera por los varones, fue tomado Zabdi. 18 Hizo
acercar su casa por los varones, y fue tomado Acán hijo de Carmi, hijo de
Zabdi, hijo de Zera, de la tribu de Judá. 19 Entonces Josué dijo a Acán: Hijo
mío, da gloria a Jehová el Dios de Israel, y dale alabanza, y declárame ahora
lo que has hecho; no me lo encubras. 20 Y Acán respondió a Josué diciendo:
Verdaderamente yo he pecado contra Jehová el Dios de Israel, y así y así he
hecho. 21 Pues vi entre los despojos un manto babilónico muy bueno, y
doscientos siclos de plata, y un lingote de oro de peso de cincuenta siclos,
lo cual codicié y tomé; y he aquí que está escondido bajo tierra en medio de
mi tienda, y el dinero debajo de ello.
22 Josué entonces envió mensajeros, los cuales fueron
corriendo a la tienda; y he aquí estaba escondido en su tienda, y el dinero
debajo de ello. 23 Y tomándolo de en medio de la tienda, lo trajeron a Josué y
a todos los hijos de Israel, y lo pusieron delante de Jehová. 24 Entonces
Josué, y todo Israel con él, tomaron a Acán hijo de Zera, el dinero, el manto,
el lingote de oro, sus hijos, sus hijas, sus bueyes, sus asnos, sus ovejas, su
tienda y todo cuanto tenía, y lo llevaron todo al valle de Acor. 25 Y le dijo
Josué: ¿Por qué nos has turbado? Túrbete Jehová en este día. Y todos los
israelitas los apedrearon, y los quemaron después de apedrearlos. 26 Y
levantaron sobre él un gran montón de piedras, que permanece hasta hoy. Y
Jehová se volvió del ardor de su ira. Y por esto aquel lugar se llama el Valle
de Acor, hasta hoy.
Toma y destrucción de Hai
JOSUÉ 8
1 Jehová dijo a Josué: No temas ni desmayes; toma contigo
toda la gente de guerra, y levántate y sube a Hai. Mira, yo he entregado en tu
mano al rey de Hai, a su pueblo, a su ciudad y a su tierra. 2 Y harás a Hai y
a su rey como hiciste a Jericó y a su rey; sólo que sus despojos y sus bestias
tomaréis para vosotros. Pondrás, pues, emboscadas a la ciudad detrás de ella.
3 Entonces se levantaron Josué y toda la gente de guerra,
para subir contra Hai; y escogió Josué treinta mil hombres fuertes, los cuales
envió de noche. 4 Y les mandó, diciendo: Atended, pondréis emboscada a la
ciudad detrás de ella; no os alejaréis mucho de la ciudad, y estaréis todos
dispuestos. 5 Y yo y todo el pueblo que está conmigo nos acercaremos a la
ciudad; y cuando salgan ellos contra nosotros, como hicieron antes, huiremos
delante de ellos. 6 Y ellos saldrán tras nosotros, hasta que los alejemos de
la ciudad; porque dirán: Huyen de nosotros como la primera vez. Huiremos,
pues, delante de ellos. 7 Entonces vosotros os levantaréis de la emboscada y
tomaréis la ciudad; pues Jehová vuestro Dios la entregará en vuestras manos. 8
Y cuando la hayáis tomado, le prenderéis fuego. Haréis conforme a la palabra
de Jehová; mirad que os lo he mandado. 9 Entonces Josué los envió; y ellos se
fueron a la emboscada, y se pusieron entre Bet-el y Hai, al occidente de Hai;
y Josué se quedó aquella noche en medio del pueblo.
10 Levantándose Josué muy de mañana, pasó revista al
pueblo, y subió él, con los ancianos de Israel, delante del pueblo contra Hai.
11 Y toda la gente de guerra que con él estaba, subió y se acercó, y llegaron
delante de la ciudad, y acamparon al norte de Hai; y el valle estaba entre él
y Hai. 12 Y tomó como cinco mil hombres, y los puso en emboscada entre Bet-el
y Hai, al occidente de la ciudad. 13 Así dispusieron al pueblo: todo el
campamento al norte de la ciudad, y su emboscada al occidente de la ciudad, y
Josué avanzó aquella noche hasta la mitad del valle. 14 Y aconteció que
viéndolo el rey de Hai, él y su pueblo se apresuraron y madrugaron; y al
tiempo señalado, los hombres de la ciudad salieron al encuentro de Israel para
combatir, frente al Arabá, no sabiendo que estaba puesta emboscada a espaldas
de la ciudad. 15 Entonces Josué y todo Israel se fingieron vencidos y huyeron
delante de ellos por el camino del desierto. 16 Y todo el pueblo que estaba en
Hai se juntó para seguirles; y siguieron a Josué, siendo así alejados de la
ciudad. 17 Y no quedó hombre en Hai ni en Bet-el, que no saliera tras de
Israel; y por seguir a Israel dejaron la ciudad abierta.
18 Entonces Jehová dijo a Josué: Extiende la lanza que
tienes en tu mano hacia Hai, porque yo la entregaré en tu mano. Y Josué
extendió hacia la ciudad la lanza que en su mano tenía. 19 Y levantándose
prontamente de su lugar los que estaban en la emboscada, corrieron luego que
él alzó su mano, y vinieron a la ciudad, y la tomaron, y se apresuraron a
prenderle fuego. 20 Y los hombres de Hai volvieron el rostro, y al mirar, he
aquí que el humo de la ciudad subía al cielo, y no pudieron huir ni a una
parte ni a otra, porque el pueblo que iba huyendo hacia el desierto se volvió
contra los que les seguían. 21 Josué y todo Israel, viendo que los de la
emboscada habían tomado la ciudad, y que el humo de la ciudad subía, se
volvieron y atacaron a los de Hai. 22 Y los otros salieron de la ciudad a su
encuentro, y así fueron encerrados en medio de Israel, los unos por un lado, y
los otros por el otro. Y los hirieron hasta que no quedó ninguno de ellos que
escapase. 23 Pero tomaron vivo al rey de Hai, y lo trajeron a Josué.
24 Y cuando los israelitas acabaron de matar a todos los
moradores de Hai en el campo y en el desierto a donde los habían perseguido, y
todos habían caído a filo de espada hasta ser consumidos, todos los israelitas
volvieron a Hai, y también la hirieron a filo de espada. 25 Y el número de los
que cayeron aquel día, hombres y mujeres, fue de doce mil, todos los de Hai.
26 Porque Josué no retiró su mano que había extendido con la lanza, hasta que
hubo destruido por completo a todos los moradores de Hai. 27 Pero los
israelitas tomaron para sí las bestias y los despojos de la ciudad, conforme a
la palabra de Jehová que le había mandado a Josué. 28 Y Josué quemó a Hai y la
redujo a un montón de escombros, asolada para siempre hasta hoy. 29 Y al rey
de Hai lo colgó de un madero hasta caer la noche; y cuando el sol se puso,
mandó Josué que quitasen del madero su cuerpo, y lo echasen a la puerta de la
ciudad; y levantaron sobre él un gran montón de piedras, que permanece hasta
hoy.
Lectura de la ley en el Monte Ebal
30 Entonces Josué edificó un altar a Jehová Dios de
Israel en el monte Ebal, 31 como Moisés siervo de Jehová lo había mandado a
los hijos de Israel, como está escrito en el libro de la ley de Moisés, un
altar de piedras enteras sobre las cuales nadie alzó hierro; y ofrecieron
sobre él holocaustos a Jehová, y sacrificaron ofrendas de paz. 32 También
escribió allí sobre las piedras una copia de la ley de Moisés, la cual
escribió delante de los hijos de Israel. 33 Y todo Israel, con sus ancianos,
oficiales y jueces, estaba de pie a uno y otro lado del arca, en presencia de
los sacerdotes levitas que llevaban el arca del pacto de Jehová, así los
extranjeros como los naturales. La mitad de ellos estaba hacia el monte
Gerizim, y la otra mitad hacia el monte Ebal, de la manera que Moisés, siervo
de Jehová, lo había mandado antes, para que bendijesen primeramente al pueblo
de Israel. 34 Después de esto, leyó todas las palabras de la ley, las
bendiciones y las maldiciones, conforme a todo lo que está escrito en el libro
de la ley. 35 No hubo palabra alguna de todo cuanto mandó Moisés, que Josué no
hiciese leer delante de toda la congregación de Israel, y de las mujeres, de
los niños, y de los extranjeros que moraban entre ellos.
Astucia de los gabaonitas
JOSUÉ 9
1 Cuando oyeron estas cosas todos los reyes que estaban a
este lado del Jordán, así en las montañas como en los llanos, y en toda la
costa del Mar Grande delante del Líbano, los heteos, amorreos, cananeos,
ferezeos, heveos y jebuseos, 2 se concertaron para pelear contra Josué e
Israel.
3 Mas los moradores de Gabaón, cuando oyeron lo que Josué
había hecho a Jericó y a Hai, 4 usaron de astucia; pues fueron y se fingieron
embajadores, y tomaron sacos viejos sobre sus asnos, y cueros viejos de vino,
rotos y remendados, 5 y zapatos viejos y recosidos en sus pies, con vestidos
viejos sobre sí; y todo el pan que traían para el camino era seco y mohoso. 6
Y vinieron a Josué al campamento en Gilgal, y le dijeron a él y a los de
Israel: Nosotros venimos de tierra muy lejana; haced, pues, ahora alianza con
nosotros. 7 Y los de Israel respondieron a los heveos: Quizás habitáis en
medio de nosotros. ¿Cómo, pues, podremos hacer alianza con vosotros? 8 Ellos
respondieron a Josué: Nosotros somos tus siervos. Y Josué les dijo: ¿Quiénes
sois vosotros, y de dónde venís? 9 Y ellos respondieron: Tus siervos han
venido de tierra muy lejana, por causa del nombre de Jehová tu Dios; porque
hemos oído su fama, y todo lo que hizo en Egipto, 10 y todo lo que hizo a los
dos reyes de los amorreos que estaban al otro lado del Jordán: a Sehón rey de
Hesbón, y a Og rey de Basán, que estaba en Astarot. 11 Por lo cual nuestros
ancianos y todos los moradores de nuestra tierra nos dijeron: Tomad en
vuestras manos provisión para el camino, e id al encuentro de ellos, y
decidles: Nosotros somos vuestros siervos; haced ahora alianza con nosotros.
12 Este nuestro pan lo tomamos caliente de nuestras casas para el camino el
día que salimos para venir a vosotros; y helo aquí ahora ya seco y mohoso. 13
Estos cueros de vino también los llenamos nuevos; helos aquí ya rotos; también
estos nuestros vestidos y nuestros zapatos están ya viejos a causa de lo muy
largo del camino. 14 Y los hombres de Israel tomaron de la provisiones de
ellos, y no consultaron a Jehová. 15 Y Josué hizo paz con ellos, y celebró con
ellos alianza concediéndoles la vida; y también lo juraron los príncipes de la
congregación.
16 Pasados tres días después que hicieron alianza con
ellos, oyeron que eran sus vecinos, y que habitaban en medio de ellos. 17 Y
salieron los hijos de Israel, y al tercer día llegaron a las ciudades de
ellos; y sus ciudades eran Gabaón, Cafira, Beerot y Quiriat-jearim. 18 Y no
los mataron los hijos de Israel, por cuanto los príncipes de la congregación
les habían jurado por Jehová el Dios de Israel. Y toda la congregación
murmuraba contra los príncipes. 19 Mas todos los príncipes respondieron a toda
la congregación: Nosotros les hemos jurado por Jehová Dios de Israel; por
tanto, ahora no les podemos tocar. 20 Esto haremos con ellos: les dejaremos
vivir, para que no venga ira sobre nosotros por causa del juramento que les
hemos hecho. 21 Dijeron, pues, de ellos los príncipes: Dejadlos vivir; y
fueron constituidos leñadores y aguadores para toda la congregación,
concediéndoles la vida, según les habían prometido los príncipes.
22 Y llamándolos Josué, les habló diciendo: ¿Por qué nos
habéis engañado, diciendo: Habitamos muy lejos de vosotros, siendo así que
moráis en medio de nosotros? 23 Ahora, pues, malditos sois, y no dejará de
haber de entre vosotros siervos, y quien corte la leña y saque el agua para la
casa de mi Dios. 24 Y ellos respondieron a Josué y dijeron: Como fue dado a
entender a tus siervos que Jehová tu Dios había mandado a Moisés su siervo que
os había de dar toda la tierra, y que había de destruir a todos los moradores
de la tierra delante de vosotros, por esto temimos en gran manera por nuestras
vidas a causa de vosotros, e hicimos esto. 25 Ahora, pues, henos aquí en tu
mano; lo que te pareciere bueno y recto hacer de nosotros, hazlo. 26 Y él lo
hizo así con ellos; pues los libró de la mano de los hijos de Israel, y no los
mataron. 27 Y Josué los destinó aquel día a ser leñadores y aguadores para la
congregación, y para el altar de Jehová en el lugar que Jehová eligiese, lo
que son hasta hoy.
Derrota de los amorreos
JOSUÉ 10
1 Cuando Adonisedec rey de Jerusalén oyó que Josué había
tomado a Hai, y que la había asolado (como había hecho a Jericó y a su rey,
así hizo a Hai y a su rey), y que los moradores de Gabaón habían hecho paz con
los israelitas, y que estaban entre ellos, 2 tuvo gran temor; porque Gabaón
era una gran ciudad, como una de las ciudades reales, y mayor que Hai, y todos
sus hombres eran fuertes. 3 Por lo cual Adonisedec rey de Jerusalén envió a
Hoham rey de Hebrón, a Piream rey de Jarmut, a Jafía rey de Laquis y a Debir
rey de Eglón, diciendo: 4 Subid a mí y ayudadme, y combatamos a Gabaón; porque
ha hecho paz con Josué y con los hijos de Israel. 5 Y cinco reyes de los
amorreos, el rey de Jerusalén, el rey de Hebrón, el rey de Jarmut, el rey de
Laquis y el rey de Eglón, se juntaron y subieron, ellos con todos sus
ejércitos, y acamparon cerca de Gabaón, y pelearon contra ella.
6 Entonces los moradores de Gabaón enviaron a decir a
Josué al campamento en Gilgal: No niegues ayuda a tus siervos; sube
prontamente a nosotros para defendernos y ayudarnos; porque todos los reyes de
los amorreos que habitan en las montañas se han unido contra nosotros. 7 Y
subió Josué de Gilgal, él y todo el pueblo de guerra con él, y todos los
hombres valientes. 8 Y Jehová dijo a Josué: No tengas temor de ellos; porque
yo los he entregado en tu mano, y ninguno de ellos prevalecerá delante de ti.
9 Y Josué vino a ellos de repente, habiendo subido toda la noche desde Gilgal.
10 Y Jehová los llenó de consternación delante de Israel, y los hirió con gran
mortandad en Gabaón; y los siguió por el camino que sube a Bet-horón, y los
hirió hasta Azeca y Maceda. 11 Y mientras iban huyendo de los israelitas, a la
bajada de Bet-horón, Jehová arrojó desde el cielo grandes piedras sobre ellos
hasta Azeca, y murieron; y fueron más los que murieron por las piedras del
granizo, que los que los hijos de Israel mataron a espada.
12 Entonces Josué habló a Jehová el día en que Jehová
entregó al amorreo delante de los hijos de Israel, y dijo en presencia de los
israelitas:
Sol, detente en Gabaón;
Y tú, luna, en el valle de Ajalón.
13 Y el sol se detuvo y la luna se paró,
Hasta que la gente se hubo vengado de sus enemigos.
¿No está escrito esto en el libro de Jaser? Y el sol se
paró en medio del cielo, y no se apresuró a ponerse casi un día entero. 14 Y
no hubo día como aquel, ni antes ni después de él, habiendo atendido Jehová a
la voz de un hombre; porque Jehová peleaba por Israel.
15 Y Josué, y todo Israel con él, volvió al campamento en
Gilgal.
16 Y los cinco reyes huyeron, y se escondieron en una
cueva en Maceda. 17 Y fue dado aviso a Josué que los cinco reyes habían sido
hallados escondidos en una cueva en Maceda. 18 Entonces Josué dijo: Rodad
grandes piedras a la entrada de la cueva, y poned hombres junto a ella para
que los guarden; 19 y vosotros no os detengáis, sino seguid a vuestros
enemigos, y heridles la retaguardia, sin dejarles entrar en sus ciudades;
porque Jehová vuestro Dios los ha entregado en vuestra mano. 20 Y aconteció
que cuando Josué y los hijos de Israel acabaron de herirlos con gran mortandad
hasta destruirlos, los que quedaron de ellos se metieron en las ciudades
fortificadas. 21 Todo el pueblo volvió sano y salvo a Josué, al campamento en
Maceda; no hubo quien moviese su lengua contra ninguno de los hijos de Israel.
22 Entonces dijo Josué: Abrid la entrada de la cueva, y
sacad de ella a esos cinco reyes. 23 Y lo hicieron así, y sacaron de la cueva
a aquellos cinco reyes: al rey de Jerusalén, al rey de Hebrón, al rey de
Jarmut, al rey de Laquis y al rey de Eglón. 24 Y cuando los hubieron llevado a
Josué, llamó Josué a todos los varones de Israel, y dijo a los principales de
la gente de guerra que habían venido con él: Acercaos, y poned vuestros pies
sobre los cuellos de estos reyes. Y ellos se acercaron y pusieron sus pies
sobre los cuellos de ellos. 25 Y Josué les dijo: No temáis, ni os atemoricéis;
sed fuertes y valientes, porque así hará Jehová a todos vuestros enemigos
contra los cuales peleáis. 26 Y después de esto Josué los hirió y los mató, y
los hizo colgar en cinco maderos; y quedaron colgados en los maderos hasta
caer la noche. 27 Y cuando el sol se iba a poner, mandó Josué que los quitasen
de los maderos, y los echasen en la cueva donde se habían escondido; y
pusieron grandes piedras a la entrada de la cueva, las cuales permanecen hasta
hoy.
28 En aquel mismo día tomó Josué a Maceda, y la hirió a
filo de espada, y mató a su rey; por completo los destruyó, con todo lo que en
ella tenía vida, sin dejar nada; e hizo al rey de Maceda como había hecho al
rey de Jericó.
29 Y de Maceda pasó Josué, y todo Israel con él, a Libna;
y peleó contra Libna; 30 y Jehová la entregó también a ella y a su rey en
manos de Israel; y la hirió a filo de espada, con todo lo que en ella tenía
vida, sin dejar nada; e hizo a su rey de la manera como había hecho al rey de
Jericó.
31 Y Josué, y todo Israel con él, pasó de Libna a Laquis,
y acampó cerca de ella, y la combatió; 32 y Jehová entregó a Laquis en mano de
Israel, y la tomó al día siguiente, y la hirió a filo de espada, con todo lo
que en ella tenía vida, así como había hecho en Libna.
33 Entonces Horam rey de Gezer subió en ayuda de Laquis;
mas a él y a su pueblo destruyó Josué, hasta no dejar a ninguno de ellos.
34 De Laquis pasó Josué, y todo Israel con él, a Eglón; y
acamparon cerca de ella, y la combatieron; 35 y la tomaron el mismo día, y la
hirieron a filo de espada; y aquel día mató a todo lo que en ella tenía vida,
como había hecho en Laquis.
36 Subió luego Josué, y todo Israel con él, de Eglón a
Hebrón, y la combatieron. 37 Y tomándola, la hirieron a filo de espada, a su
rey y a todas sus ciudades, con todo lo que en ella tenía vida, sin dejar
nada; como había hecho a Eglón, así la destruyeron con todo lo que en ella
tenía vida.
38 Después volvió Josué, y todo Israel con él, sobre
Debir, y combatió contra ella; 39 y la tomó, y a su rey, y a todas sus
ciudades; y las hirieron a filo de espada, y destruyeron todo lo que allí
dentro tenía vida, sin dejar nada; como había hecho a Hebrón, y como había
hecho a Libna y a su rey, así hizo a Debir y a su rey.
40 Hirió, pues, Josué toda la región de las montañas, del
Neguev, de los llanos y de las laderas, y a todos sus reyes, sin dejar nada;
todo lo que tenía vida lo mató, como Jehová Dios de Israel se lo había
mandado. 41 Y los hirió Josué desde Cades-barnea hasta Gaza, y toda la tierra
de Gosén hasta Gabaón. 42 Todos estos reyes y sus tierras los tomó Josué de
una vez; porque Jehová el Dios de Israel peleaba por Israel. 43 Y volvió
Josué, y todo Israel con él, al campamento en Gilgal.
Derrota de la alianza de Jabín
JOSUÉ 11
1 Cuando oyó esto Jabín rey de Hazor, envió mensaje a
Jobab rey de Madón, al rey de Simrón, al rey de Acsaf, 2 y a los reyes que
estaban en la región del norte en las montañas, y en el Arabá al sur de
Cineret, en los llanos, y en las regiones de Dor al occidente; 3 y al cananeo
que estaba al oriente y al occidente, al amorreo, al heteo, al ferezeo, al
jebuseo en las montañas, y al heveo al pie de Hermón en tierra de Mizpa. 4
Estos salieron, y con ellos todos sus ejércitos, mucha gente, como la arena
que está a la orilla del mar en multitud, con muchísimos caballos y carros de
guerra. 5 Todos estos reyes se unieron, y vinieron y acamparon unidos junto a
las aguas de Merom, para pelear contra Israel.
6 Mas Jehová dijo a Josué: No tengas temor de ellos,
porque mañana a esta hora yo entregaré a todos ellos muertos delante de
Israel; desjarretarás sus caballos, y sus carros quemarás a fuego. 7 Y Josué,
y toda la gente de guerra con él, vino de repente contra ellos junto a las
aguas de Merom. 8 Y los entregó Jehová en manos de Israel, y los hirieron y
los siguieron hasta Sidón la grande y hasta Misrefotmaim, y hasta el llano de
Mizpa al oriente, hiriéndolos hasta que no les dejaron ninguno. 9 Y Josué hizo
con ellos como Jehová le había mandado: desjarretó sus caballos, y sus carros
quemó a fuego.
10 Y volviendo Josué, tomó en el mismo tiempo a Hazor, y
mató a espada a su rey; pues Hazor había sido antes cabeza de todos estos
reinos. 11 Y mataron a espada todo cuanto en ella tenía vida, destruyéndolo
por completo, sin quedar nada que respirase; y a Hazor pusieron fuego. 12
Asimismo tomó Josué todas las ciudades de aquellos reyes, y a todos los reyes
de ellas, y los hirió a filo de espada, y los destruyó, como Moisés siervo de
Jehová lo había mandado. 13 Pero a todas las ciudades que estaban sobre
colinas, no las quemó Israel; únicamente a Hazor quemó Josué. 14 Y los hijos
de Israel tomaron para sí todo el botín y las bestias de aquellas ciudades;
mas a todos los hombres hirieron a filo de espada hasta destruirlos, sin dejar
alguno con vida. 15 De la manera que Jehová lo había mandado a Moisés su
siervo, así Moisés lo mandó a Josué; y así Josué lo hizo, sin quitar palabra
de todo lo que Jehová había mandado a Moisés.
Josué se apodera de toda la tierra
16 Tomó, pues, Josué toda aquella tierra, las montañas,
todo el Neguev, toda la tierra de Gosén, los llanos, el Arabá, las montañas de
Israel y sus valles. 17 Desde el monte Halac, que sube hacia Seir, hasta Baal-gad
en la llanura del Líbano, a la falda del monte Hermón; tomó asimismo a todos
sus reyes, y los hirió y mató. 18 Por mucho tiempo tuvo guerra Josué con estos
reyes. 19 No hubo ciudad que hiciese paz con los hijos de Israel, salvo los
heveos que moraban en Gabaón; todo lo tomaron en guerra. 20 Porque esto vino
de Jehová, que endurecía el corazón de ellos para que resistiesen con guerra a
Israel, para destruirlos, y que no les fuese hecha misericordia, sino que
fuesen desarraigados, como Jehová lo había mandado a Moisés.
21 También en aquel tiempo vino Josué y destruyó a los
anaceos de los montes de Hebrón, de Debir, de Anab, de todos los montes de
Judá y de todos los montes de Israel; Josué los destruyó a ellos y a sus
ciudades. 22 Ninguno de los anaceos quedó en la tierra de los hijos de Israel;
solamente quedaron en Gaza, en Gat y en Asdod. 23 Tomó, pues, Josué toda la
tierra, conforme a todo lo que Jehová había dicho a Moisés; y la entregó Josué
a los israelitas por herencia conforme a su distribución según sus tribus; y
la tierra descansó de la guerra.
Reyes derrotados por Moisés
JOSUÉ 12
1 Estos son los reyes de la tierra que los hijos de
Israel derrotaron y cuya tierra poseyeron al otro lado del Jordán hacia donde
nace el sol, desde el arroyo de Arnón hasta el monte Hermón, y todo el Arabá
al oriente: 2 Sehón rey de los amorreos, que habitaba en Hesbón, y señoreaba
desde Aroer, que está a la ribera del arroyo de Arnón, y desde en medio del
valle, y la mitad de Galaad, hasta el arroyo de Jaboc, término de los hijos de
Amón; 3 y el Arabá hasta el mar de Cineret, al oriente; y hasta el mar del
Arabá, el Mar Salado, al oriente, por el camino de Bet- jesimot, y desde el
sur al pie de las laderas del Pisga. 4 Y el territorio de Og rey de Basán, que
había quedado de los refaítas, el cual habitaba en Astarot y en Edrei, 5 y
dominaba en el monte Hermón, en Salca, en todo Basán hasta los límites de
Gesur y de Maaca, y la mitad de Galaad, territorio de Sehón rey de Hesbón. 6 A
éstos derrotaron Moisés siervo de Jehová y los hijos de Israel; y Moisés
siervo de Jehová dio aquella tierra en posesión a los rubenitas, a los gaditas
y a la media tribu de Manasés.
Reyes derrotados por Josué
7 Y estos son los reyes de la tierra que derrotaron Josué
y los hijos de Israel, a este lado del Jordán hacia el occidente, desde Baal-gad
en el llano del Líbano hasta el monte de Halac que sube hacia Seir; y Josué
dio la tierra en posesión a las tribus de Israel, conforme a su distribución;
8 en las montañas, en los valles, en el Arabá, en las laderas, en el desierto
y en el Neguev; el heteo, el amorreo, el cananeo, el ferezeo, el heveo y el
jebuseo. 9 El rey de Jericó, uno; el rey de Hai, que está al lado de Bet-el,
otro; 10 el rey de Jerusalén, otro; el rey de Hebrón, otro; 11 el rey de
Jarmut, otro; el rey de Laquis, otro; 12 el rey de Eglón, otro; el rey de
Gezer, otro; 13 el rey de Debir, otro; el rey de Geder, otro; 14 el rey de
Horma, otro; el rey de Arad, otro; 15 el rey de Libna, otro; el rey de Adulam,
otro; 16 el rey de Maceda, otro; el rey de Bet-el, otro; 17 el rey de Tapúa,
otro; el rey de Hefer, otro; 18 el rey de Afec, otro; el rey de Sarón, otro;
19 el rey de Madón, otro; el rey de Hazor, otro; 20 el rey de Simron-merón,
otro; el rey de Acsaf, otro; 21 el rey de Taanac, otro; el rey de Meguido,
otro; 22 el rey de Cedes, otro; el rey de Jocneam del Carmelo, otro; 23 el rey
de Dor, de la provincia de Dor, otro; el rey de Goim en Gilgal, otro; 24 el
rey de Tirsa, otro; treinta y un reyes por todos.
Tierra aún sin conquistar
JOSUÉ 13
1 Siendo Josué ya viejo, entrado en años, Jehová le dijo:
Tú eres ya viejo, de edad avanzada, y queda aún mucha tierra por poseer. 2
Esta es la tierra que queda: todos los territorios de los filisteos, y todos
los de los gesureos; 3 desde Sihor, que está al oriente de Egipto, hasta el
límite de Ecrón al norte, que se considera de los cananeos; de los cinco
príncipes de los filisteos, el gazeo, el asdodeo, el ascaloneo, el geteo y el
ecroneo; también los aveos; 4 al sur toda la tierra de los cananeos, y Mehara,
que es de los sidonios, hasta Afec, hasta los límites del amorreo; 5 la tierra
de los giblitas, y todo el Líbano hacia donde sale el sol, desde Baal-gad al
pie del monte Hermón, hasta la entrada de Hamat; 6 todos los que habitan en
las montañas desde el Líbano hasta Misrefotmaim, todos los sidonios; yo los
exterminaré delante de los hijos de Israel; solamente repartirás tú por suerte
el país a los israelitas por heredad, como te he mandado. 7 Reparte, pues,
ahora esta tierra en heredad a las nueve tribus, y a la media tribu de Manasés.
8 Porque los rubenitas y gaditas y la otra mitad de
Manasés recibieron ya su heredad, la cual les dio Moisés al otro lado del
Jordán al oriente, según se la dio Moisés siervo de Jehová; 9 desde Aroer, que
está a la orilla del arroyo de Arnón, y la ciudad que está en medio del valle,
y toda la llanura de Medeba, hasta Dibón; 10 todas las ciudades de Sehón rey
de los amorreos, el cual reinó en Hesbón, hasta los límites de los hijos de
Amón; 11 y Galaad, y los territorios de los gesureos y de los maacateos, y
todo el monte Hermón, y toda la tierra de Basán hasta Salca; 12 todo el reino
de Og en Basán, el cual reinó en Astarot y en Edrei, el cual había quedado del
resto de los refaítas; pues Moisés los derrotó, y los echó. 13 Mas a los
gesureos y a los maacateos no los echaron los hijos de Israel, sino que Gesur
y Maaca habitaron entre los israelitas hasta hoy.
El territorio que distribuyó Moisés
14 Pero a la tribu de Leví no dio heredad; los
sacrificios de Jehová Dios de Israel son su heredad, como él les había dicho.
15 Dio, pues, Moisés a la tribu de los hijos de Rubén
conforme a sus familias. 16 Y fue el territorio de ellos desde Aroer, que está
a la orilla del arroyo de Arnón, y la ciudad que está en medio del valle, y
toda la llanura hasta Medeba; 17 Hesbón, con todas sus ciudades que están en
la llanura; Dibón, Bamot-baal, Bet-baal-meón, 18 Jahaza, Cademot, Mefaat, 19
Quiriataim, Sibma, Zaret-sahar en el monte del valle, 20 Bet-peor, las laderas
de Pisga, Bet-jesimot, 21 todas las ciudades de la llanura, y todo el reino de
Sehón rey de los amorreos, que reinó en Hesbón, al cual derrotó Moisés, y a
los príncipes de Madián, Evi, Requem, Zur, Hur y Reba, príncipes de Sehón que
habitaban en aquella tierra. 22 También mataron a espada los hijos de Israel a
Balaam el adivino, hijo de Beor, entre los demás que mataron. 23 Y el Jordán
fue el límite del territorio de los hijos de Rubén. Esta fue la heredad de los
hijos de Rubén conforme a sus familias, estas ciudades con sus aldeas.
24 Dio asimismo Moisés a la tribu de Gad, a los hijos de
Gad, conforme a sus familias. 25 El territorio de ellos fue Jazer, y todas las
ciudades de Galaad, y la mitad de la tierra de los hijos de Amón hasta Aroer,
que está enfrente de Rabá. 26 Y desde Hesbón hasta Ramat-mizpa, y Betonim; y
desde Mahanaim hasta el límite de Debir; 27 y en el valle, Bet-aram, Bet-nimra,
Sucot y Zafón, resto del reino de Sehón rey de Hesbón; el Jordán y su límite
hasta el extremo del mar de Cineret al otro lado del Jordán, al oriente. 28
Esta es la heredad de los hijos de Gad por sus familias, estas ciudades con
sus aldeas.
29 También dio Moisés heredad a la media tribu de Manasés;
y fue para la media tribu de los hijos de Manasés, conforme a sus familias. 30
El territorio de ellos fue desde Mahanaim, todo Basán, todo el reino de Og rey
de Basán, y todas las aldeas de Jair que están en Basán, sesenta poblaciones,
31 y la mitad de Galaad, y Astarot y Edrei, ciudades del reino de Og en Basán,
para los hijos de Maquir hijo de Manasés, para la mitad de los hijos de Maquir
conforme a sus familias.
32 Esto es lo que Moisés repartió en heredad en los
llanos de Moab, al otro lado del Jordán de Jericó, al oriente. 33 Mas a la
tribu de Leví no dio Moisés heredad; Jehová Dios de Israel es la heredad de
ellos, como él les había dicho.
Canaán repartida por suerte
JOSUÉ 14
1 Esto, pues, es lo que los hijos de Israel tomaron por
heredad en la tierra de Canaán, lo cual les repartieron el sacerdote Eleazar,
Josué hijo de Nun, y los cabezas de los padres de las tribus de los hijos de
Israel. 2 Por suerte se les dio su heredad, como Jehová había mandado a Moisés
que se diera a las nueve tribus y a la media tribu. 3 Porque a las dos tribus
y a la media tribu les había dado Moisés heredad al otro lado del Jordán; mas
a los levitas no les dio heredad entre ellos. 4 Porque los hijos de José
fueron dos tribus, Manasés y Efraín; y no dieron parte a los levitas en la
tierra sino ciudades en que morasen, con los ejidos de ellas para sus ganados
y rebaños. 5 De la manera que Jehová lo había mandado a Moisés, así lo
hicieron los hijos de Israel en el repartimiento de la tierra.
Caleb recibe Hebrón
6 Y los hijos de Judá vinieron a Josué en Gilgal; y
Caleb, hijo de Jefone cenezeo, le dijo: Tú sabes lo que Jehová dijo a Moisés,
varón de Dios, en Cades-barnea, tocante a mí y a ti. 7 Yo era de edad de
cuarenta años cuando Moisés siervo de Jehová me envió de Cades-barnea a
reconocer la tierra; y yo le traje noticias como lo sentía en mi corazón. 8 Y
mis hermanos, los que habían subido conmigo, hicieron desfallecer el corazón
del pueblo; pero yo cumplí siguiendo a Jehová mi Dios. 9 Entonces Moisés juró
diciendo: Ciertamente la tierra que holló tu pie será para ti, y para tus
hijos en herencia perpetua, por cuanto cumpliste siguiendo a Jehová mi Dios.
10 Ahora bien, Jehová me ha hecho vivir, como él dijo, estos cuarenta y cinco
años, desde el tiempo que Jehová habló estas palabras a Moisés, cuando Israel
andaba por el desierto; y ahora, he aquí, hoy soy de edad de ochenta y cinco
años. 11 Todavía estoy tan fuerte como el día que Moisés me envió; cual era mi
fuerza entonces, tal es ahora mi fuerza para la guerra, y para salir y para
entrar. 12 Dame, pues, ahora este monte, del cual habló Jehová aquel día;
porque tú oíste en aquel día que los anaceos están allí, y que hay ciudades
grandes y fortificadas. Quizá Jehová estará conmigo, y los echaré, como Jehová
ha dicho.
13 Josué entonces le bendijo, y dio a Caleb hijo de
Jefone a Hebrón por heredad. 14 Por tanto, Hebrón vino a ser heredad de Caleb
hijo de Jefone cenezeo, hasta hoy, por cuanto había seguido cumplidamente a
Jehová Dios de Israel. 15 Mas el nombre de Hebrón fue antes Quiriat-arba;
porque Arba fue un hombre grande entre los anaceos. Y la tierra descansó de la
guerra.
El territorio de Judá
JOSUÉ 15
1 La parte que tocó en suerte a la tribu de los hijos de
Judá, conforme a sus familias, llegaba hasta la frontera de Edom, teniendo el
desierto de Zin al sur como extremo meridional. 2 Y su límite por el lado del
sur fue desde la costa del Mar Salado, desde la bahía que mira hacia el sur; 3
y salía hacia el sur de la subida de Acrabim, pasando hasta Zin; y subiendo
por el sur hasta Cades-barnea, pasaba a Hezrón, y subiendo por Adar daba
vuelta a Carca. 4 De allí pasaba a Asmón, y salía al arroyo de Egipto, y
terminaba en el mar. Este, pues, os será el límite del sur. 5 El límite
oriental es el Mar Salado hasta la desembocadura del Jordán. Y el límite del
lado del norte, desde la bahía del mar en la desembocadura del Jordán; 6 y
sube este límite por Bet-hogla, y pasa al norte de Bet-arabá, y de aquí sube a
la piedra de Bohán hijo de Rubén. 7 Luego sube a Debir desde el valle de Acor;
y al norte mira sobre Gilgal, que está enfrente de la subida de Adumín, que
está al sur del arroyo; y pasa hasta las aguas de En-semes, y sale a la fuente
de Rogel. 8 Y sube este límite por el valle del hijo de Hinom al lado sur del
jebuseo, que es Jerusalén. Luego sube por la cumbre del monte que está
enfrente del valle de Hinom hacia el occidente, el cual está al extremo del
valle de Refaim, por el lado del norte. 9 Y rodea este límite desde la cumbre
del monte hasta la fuente de las aguas de Neftoa, y sale a las ciudades del
monte de Efrón, rodeando luego a Baala, que es Quiriat-jearim. 10 Después gira
este límite desde Baala hacia el occidente al monte de Seir; y pasa al lado
del monte de Jearim hacia el norte, el cual es Quesalón, y desciende a Bet-semes,
y pasa a Timna. 11 Sale luego al lado de Ecrón hacia el norte; y rodea a
Sicrón, y pasa por el monte de Baala, y sale a Jabneel y termina en el mar. 12
El límite del occidente es el Mar Grande. Este fue el límite de los hijos de
Judá, por todo el contorno, conforme a sus familias.
Caleb conquista Hebrón y Debir
(Jue. 1.10-15)
13 Mas a Caleb hijo de Jefone dio su parte entre los
hijos de Judá, conforme al mandamiento de Jehová a Josué; la ciudad de Quiriat-arba
padre de Anac, que es Hebrón. 14 Y Caleb echó de allí a los tres hijos de Anac,
a Sesai, Ahimán y Talmai, hijos de Anac. 15 De aquí subió contra los que
moraban en Debir; y el nombre de Debir era antes Quiriat-sefer. 16 Y dijo
Caleb: Al que atacare a Quiriat-sefer, y la tomare, yo le daré mi hija Acsa
por mujer. 17 Y la tomó Otoniel, hijo de Cenaz hermano de Caleb; y él le dio
su hija Acsa por mujer. 18 Y aconteció que cuando la llevaba, él la persuadió
que pidiese a su padre tierras para labrar. Ella entonces se bajó del asno. Y
Caleb le dijo: ¿Qué tienes? 19 Y ella respondió: Concédeme un don; puesto que
me has dado tierra del Neguev, dame también fuentes de aguas. El entonces le
dio las fuentes de arriba, y las de abajo.
Las ciudades de Judá
20 Esta, pues, es la heredad de la tribu de los hijos de
Judá por sus familias. 21 Y fueron las ciudades de la tribu de los hijos de
Judá en el extremo sur, hacia la frontera de Edom: Cabseel, Edar, Jagur, 22
Cina, Dimona, Adada, 23 Cedes, Hazor, Itnán, 24 Zif, Telem, Bealot, 25 Hazor-hadata,
Queriot, Hezrón (que es Hazor), 26 Amam, Sema, Molada, 27 Hazar-gada, Hesmón,
Bet-pelet, 28 Hazar-sual, Beerseba, Bizotia, 29 Baala, Iim, Esem, 30 Eltolad,
Quesil, Horma, 31 Siclag, Madmana, Sansana, 32 Lebaot, Silhim, Aín y Rimón;
por todas veintinueve ciudades con sus aldeas.
33 En las llanuras, Estaol, Zora, Asena, 34 Zanoa, En-ganim,
Tapúa, Enam, 35 Jarmut, Adulam, Soco, Azeca, 36 Saaraim, Aditaim, Gedera y
Gederotaim; catorce ciudades con sus aldeas.
37 Zenán, Hadasa, Migdal-gad, 38 Dileán, Mizpa, Jocteel,
39 Laquis, Boscat, Eglón, 40 Cabón, Lahmam, Quitlis, 41 Gederot, Bet-dagón,
Naama y Maceda; dieciséis ciudades con sus aldeas.
42 Libna, Eter, Asán, 43 Jifta, Asena, Nezib, 44 Keila,
Aczib y Maresa; nueve ciudades con sus aldeas.
45 Ecrón con sus villas y sus aldeas. 46 Desde Ecrón
hasta el mar, todas las que están cerca de Asdod con sus aldeas.
47 Asdod con sus villas y sus aldeas; Gaza con sus villas
y sus aldeas hasta el río de Egipto, y el Mar Grande con sus costas.
48 Y en las montañas, Samir, Jatir, Soco, 49 Dana,
Quiriat-sana (que es Debir); 50 Anab, Estemoa, Anim, 51 Gosén, Holón y Gilo;
once ciudades con sus aldeas.
52 Arab, Duma, Esán, 53 Janum, Bet-tapúa, Afeca, 54 Humta,
Quiriat-arba (la cual es Hebrón) y Sior; nueve ciudades con sus aldeas.
55 Maón, Carmel, Zif, Juta, 56 Jezreel, Jocdeam, Zanoa,
57 Caín, Gabaa y Timna; diez ciudades con sus aldeas.
58 Halhul, Bet-sur, Gedor, 59 Maarat, Bet-anot y Eltecón;
seis ciudades con sus aldeas.
60 Quiriat-baal (que es Quiriat-jearim) y Rabá; dos
ciudades con sus aldeas.
61 En el desierto, Bet-arabá, Midín, Secaca, 62 Nibsán,
la Ciudad de la Sal y Engadi; seis ciudades con sus aldeas.
63 Mas a los jebuseos que habitaban en Jerusalén, los
hijos de Judá no pudieron arrojarlos; y ha quedado el jebuseo en Jerusalén con
los hijos de Judá hasta hoy.
Territorio de Efraín y de Manasés
JOSUÉ 16
1 Tocó en suerte a los hijos de José desde el Jordán de
Jericó hasta las aguas de Jericó hacia el oriente, hacia el desierto que sube
de Jericó por las montañas de Bet-el. 2 Y de Bet-el sale a Luz, y pasa a lo
largo del territorio de los arquitas hasta Atarot, 3 y baja hacia el occidente
al territorio de los jafletitas, hasta el límite de Bet-horón la de abajo, y
hasta Gezer; y sale al mar.
4 Recibieron, pues, su heredad los hijos de José, Manasés
y Efraín.
5 Y en cuanto al territorio de los hijos de Efraín por
sus familias, el límite de su heredad al lado del oriente fue desde Atarot-adar
hasta Bet-horón la de arriba. 6 Continúa el límite hasta el mar, y hasta
Micmetat al norte, y da vuelta hacia el oriente hasta Taanat-silo, y de aquí
pasa a Janoa. 7 De Janoa desciende a Atarot y a Naarat, y toca Jericó y sale
al Jordán. 8 Y de Tapúa se vuelve hacia el mar, al arroyo de Caná, y sale al
mar. Esta es la heredad de la tribu de los hijos de Efraín por sus familias. 9
Hubo también ciudades que se apartaron para los hijos de Efraín en medio de la
heredad de los hijos de Manasés, todas ciudades con sus aldeas. 10 Pero no
arrojaron al cananeo que habitaba en Gezer; antes quedó el cananeo en medio de
Efraín, hasta hoy, y fue tributario.
JOSUÉ 17
1 Se echaron también suertes para la tribu de Manasés,
porque fue primogénito de José. Maquir, primogénito de Manasés y padre de
Galaad, el cual fue hombre de guerra, tuvo Galaad y Basán. 2 Se echaron
también suertes para los otros hijos de Manasés conforme a sus familias: los
hijos de Abiezer, los hijos de Helec, los hijos de Asriel, los hijos de Siquem,
los hijos de Hefer y los hijos de Semida; éstos fueron los hijos varones de
Manasés hijo de José, por sus familias.
3 Pero Zelofehad hijo de Hefer, hijo de Galaad, hijo de
Maquir, hijo de Manasés, no tuvo hijos sino hijas, los nombres de las cuales
son estos: Maala, Noa, Hogla, Milca y Tirsa. 4 Estas vinieron delante del
sacerdote Eleazar y de Josué hijo de Nun, y de los príncipes, y dijeron:
Jehová mandó a Moisés que nos diese heredad entre nuestros hermanos. Y él les
dio heredad entre los hermanos del padre de ellas, conforme al dicho de
Jehová. 5 Y le tocaron a Manasés diez partes además de la tierra de Galaad y
de Basán que está al otro lado del Jordán, 6 porque las hijas de Manasés
tuvieron heredad entre sus hijos; y la tierra de Galaad fue de los otros hijos
de Manasés.
7 Y fue el territorio de Manasés desde Aser hasta
Micmetat, que está enfrente de Siquem; y va al sur, hasta los que habitan en
Tapúa. 8 La tierra de Tapúa fue de Manasés; pero Tapúa misma, que está junto
al límite de Manasés, es de los hijos de Efraín. 9 Desciende este límite al
arroyo de Caná, hacia el sur del arroyo. Estas ciudades de Efraín están entre
las ciudades de Manasés; y el límite de Manasés es desde el norte del mismo
arroyo, y sus salidas son al mar. 10 Efraín al sur, y Manasés al norte, y el
mar es su límite; y se encuentra con Aser al norte, y con Isacar al oriente.
11 Tuvo también Manasés en Isacar y en Aser a Bet-seán y sus aldeas, a Ibleam
y sus aldeas, a los moradores de Dor y sus aldeas, a los moradores de Endor y
sus aldeas, a los moradores de Taanac y sus aldeas, y a los moradores de
Meguido y sus aldeas; tres provincias. 12 Mas los hijos de Manasés no pudieron
arrojar a los de aquellas ciudades; y el cananeo persistió en habitar en
aquella tierra. 13 Pero cuando los hijos de Israel fueron lo suficientemente
fuertes, hicieron tributario al cananeo, mas no lo arrojaron.
14 Y los hijos de José hablaron a Josué, diciendo: ¿Por
qué nos has dado por heredad una sola suerte y una sola parte, siendo nosotros
un pueblo tan grande, y que Jehová nos ha bendecido hasta ahora? 15 Y Josué
les respondió: Si sois pueblo tan grande, subid al bosque, y haceos desmontes
allí en la tierra de los ferezeos y de los refaítas, ya que el monte de Efraín
es estrecho para vosotros. 16 Y los hijos de José dijeron: No nos bastará a
nosotros este monte; y todos los cananeos que habitan la tierra de la llanura,
tienen carros herrados; los que están en Bet-seán y en sus aldeas, y los que
están en el valle de Jezreel. 17 Entonces Josué respondió a la casa de José, a
Efraín y a Manasés, diciendo: Tú eres gran pueblo, y tienes grande poder; no
tendrás una sola parte, 18 sino que aquel monte será tuyo; pues aunque es
bosque, tú lo desmontarás y lo poseerás hasta sus límites más lejanos; porque
tú arrojarás al cananeo, aunque tenga carros herrados, y aunque sea fuerte.
Territorios de las demás tribus
JOSUÉ 18
1 Toda la congregación de los hijos de Israel se reunió
en Silo, y erigieron allí el tabernáculo de reunión, después que la tierra les
fue sometida.
2 Pero habían quedado de los hijos de Israel siete tribus
a las cuales aún no habían repartido su posesión. 3 Y Josué dijo a los hijos
de Israel: ¿Hasta cuándo seréis negligentes para venir a poseer la tierra que
os ha dado Jehová el Dios de vuestros padres? 4 Señalad tres varones de cada
tribu, para que yo los envíe, y que ellos se levanten y recorran la tierra, y
la describan conforme a sus heredades, y vuelvan a mí. 5 Y la dividirán en
siete partes; y Judá quedará en su territorio al sur, y los de la casa de José
en el suyo al norte. 6 Vosotros, pues, delinearéis la tierra en siete partes,
y me traeréis la descripción aquí, y yo os echaré suertes aquí delante de
Jehová nuestro Dios. 7 Pero los levitas ninguna parte tienen entre vosotros,
porque el sacerdocio de Jehová es la heredad de ellos; Gad también y Rubén, y
la media tribu de Manasés, ya han recibido su heredad al otro lado del Jordán
al oriente, la cual les dio Moisés siervo de Jehová.
8 Levantándose, pues, aquellos varones, fueron; y mandó
Josué a los que iban para delinear la tierra, diciéndoles: Id, recorred la
tierra y delineadla, y volved a mí, para que yo os eche suertes aquí delante
de Jehová en Silo. 9 Fueron, pues, aquellos varones y recorrieron la tierra,
delineándola por ciudades en siete partes en un libro, y volvieron a Josué al
campamento en Silo. 10 Y Josué les echó suertes delante de Jehová en Silo; y
allí repartió Josué la tierra a los hijos de Israel por sus porciones.
11 Y se sacó la suerte de la tribu de los hijos de
Benjamín conforme a sus familias; y el territorio adjudicado a ella quedó
entre los hijos de Judá y los hijos de José. 12 Fue el límite de ellos al lado
del norte desde el Jordán, y sube hacia el lado de Jericó al norte; sube
después al monte hacia el occidente, y viene a salir al desierto de Bet-avén.
13 De allí pasa en dirección de Luz, al lado sur de Luz (que es Bet-el), y
desciende de Atarot-adar al monte que está al sur de Bet-horón la de abajo. 14
Y tuerce hacia el oeste por el lado sur del monte que está delante de Bet-horón
al sur; y viene a salir a Quiriat-baal (que es Quiriat-jearim), ciudad de los
hijos de Judá. Este es el lado del occidente. 15 El lado del sur es desde el
extremo de Quiriat-jearim, y sale al occidente, a la fuente de las aguas de
Neftoa; 16 y desciende este límite al extremo del monte que está delante del
valle del hijo de Hinom, que está al norte en el valle de Refaim; desciende
luego al valle de Hinom, al lado sur del jebuseo, y de allí desciende a la
fuente de Rogel. 17 Luego se inclina hacia el norte y sale a En-semes, y de
allí a Gelilot, que está delante de la subida de Adumín, y desciende a la
piedra de Bohán hijo de Rubén, 18 y pasa al lado que está enfrente del Arabá,
y desciende al Arabá. 19 Y pasa el límite al lado norte de Bet-hogla, y
termina en la bahía norte del Mar Salado, a la extremidad sur del Jordán; este
es el límite sur. 20 Y el Jordán era el límite al lado del oriente. Esta es la
heredad de los hijos de Benjamín por sus límites alrededor, conforme a sus
familias.
21 Las ciudades de la tribu de los hijos de Benjamín, por
sus familias, fueron Jericó, Bet-hogla, el valle de Casis, 22 Bet-arabá,
Zemaraim, Bet-el, 23 Avim, Pará, Ofra, 24 Quefar-haamoni, Ofni y Geba; doce
ciudades con sus aldeas; 25 Gabaón, Ramá, Beerot, 26 Mizpa, Cafira, Mozah, 27
Requem, Irpeel, Tarala, 28 Zela, Elef, Jebús (que es Jerusalén), Gabaa y
Quiriat; catorce ciudades con sus aldeas. Esta es la heredad de los hijos de
Benjamín conforme a sus familias.
JOSUÉ 19
1 La segunda suerte tocó a Simeón, para la tribu de los
hijos de Simeón conforme a sus familias; y su heredad fue en medio de la
heredad de los hijos de Judá. 2 Y tuvieron en su heredad a Beerseba, Seba,
Molada, 3 Hazar-sual, Bala, Ezem, 4 Eltolad, Betul, Horma, 5 Siclag, Bet-marcabot,
Hazar-susa, 6 Bet-lebaot y Saruhén; trece ciudades con sus aldeas; 7 Aín,
Rimón, Eter y Asán; cuatro ciudades con sus aldeas; 8 y todas las aldeas que
estaban alrededor de estas ciudades hasta Baalat-beer, que es Ramat del Neguev.
Esta es la heredad de la tribu de los hijos de Simeón conforme a sus familias.
9 De la suerte de los hijos de Judá fue sacada la heredad de los hijos de
Simeón, por cuanto la parte de los hijos de Judá era excesiva para ellos; así
que los hijos de Simeón tuvieron su heredad en medio de la de Judá.
10 La tercera suerte tocó a los hijos de Zabulón conforme
a sus familias; y el territorio de su heredad fue hasta Sarid. 11 Y su límite
sube hacia el occidente a Marala, y llega hasta Dabeset, y de allí hasta el
arroyo que está delante de Jocneam; 12 y gira de Sarid hacia el oriente, hacia
donde nace el sol, hasta el límite de Quislot-tabor, sale a Daberat, y sube a
Jafía. 13 Pasando de allí hacia el lado oriental a Gat-hefer y a Ita- cazín,
sale a Rimón rodeando a Nea. 14 Luego, al norte, el límite gira hacia Hanatón,
viniendo a salir al valle de Jefte-el; 15 y abarca Catat, Naalal, Simrón,
Idala y Belén; doce ciudades con sus aldeas. 16 Esta es la heredad de los
hijos de Zabulón conforme a sus familias; estas ciudades con sus aldeas.
17 La cuarta suerte correspondió a Isacar, a los hijos de
Isacar conforme a sus familias. 18 Y fue su territorio Jezreel, Quesulot,
Sunem, 19 Hafaraim, Sihón, Anaharat, 20 Rabit, Quisión, Abez, 21 Remet, En-ganim,
En-hada y Bet-pases. 22 Y llega este límite hasta Tabor, Sahazima y Bet-semes,
y termina en el Jordán; dieciséis ciudades con sus aldeas. 23 Esta es la
heredad de la tribu de los hijos de Isacar conforme a sus familias; estas
ciudades con sus aldeas.
24 La quinta suerte correspondió a la tribu de los hijos
de Aser conforme a sus familias. 25 Y su territorio abarcó Helcat, Halí, Betén,
Acsaf, 26 Alamelec, Amad y Miseal; y llega hasta Carmelo al occidente, y a
Sihorlibnat. 27 Después da vuelta hacia el oriente a Bet-dagón y llega a
Zabulón, al valle de Jefte-el al norte, a Bet-emec y a Neiel, y sale a Cabul
al norte. 28 Y abarca a Hebrón, Rehob, Hamón y Caná, hasta la gran Sidón. 29
De allí este límite tuerce hacia Ramá, y hasta la ciudad fortificada de Tiro,
y gira hacia Hosa, y sale al mar desde el territorio de Aczib. 30 Abarca
también Uma, Afec y Rehob; veintidós ciudades con sus aldeas. 31 Esta es la
heredad de la tribu de los hijos de Aser conforme a sus familias; estas
ciudades con sus aldeas.
32 La sexta suerte correspondió a los hijos de Neftalí
conforme a sus familias. 33 Y abarcó su territorio desde Helef, Alón-saananim,
Adami- neceb y Jabneel, hasta Lacum, y sale al Jordán. 34 Y giraba el límite
hacia el occidente a Aznot-tabor, y de allí pasaba a Hucoc, y llegaba hasta
Zabulón al sur, y al occidente confinaba con Aser, y con Judá por el Jordán
hacia donde nace el sol. 35 Y las ciudades fortificadas son Sidim, Zer, Hamat,
Racat, Cineret, 36 Adama, Ramá, Hazor, 37 Cedes, Edrei, En-hazor, 38 Irón,
Migdal-el, Horem, Bet-anat y Bet-semes; diecinueve ciudades con sus aldeas. 39
Esta es la heredad de la tribu de los hijos de Neftalí conforme a sus
familias; estas ciudades con sus aldeas.
40 La séptima suerte correspondió a la tribu de los hijos
de Dan conforme a sus familias. 41 Y fue el territorio de su heredad, Zora,
Estaol, Ir-semes, 42 Saalabín, Ajalón, Jetla, 43 Elón, Timnat, Ecrón, 44
Elteque, Gibetón, Baalat, 45 Jehúd, Bene-berac, Gat-rimón, 46 Mejarcón y Racón,
con el territorio que está delante de Jope. 47 Y les faltó territorio a los
hijos de Dan; y subieron los hijos de Dan y combatieron a Lesem, y tomándola
la hirieron a filo de espada, y tomaron posesión de ella y habitaron en ella;
y llamaron a Lesem, Dan, del nombre de Dan su padre. 48 Esta es la heredad de
la tribu de los hijos de Dan conforme a sus familias; estas ciudades con sus
aldeas.
49 Y después que acabaron de repartir la tierra en
heredad por sus territorios, dieron los hijos de Israel heredad a Josué hijo
de Nun en medio de ellos; 50 según la palabra de Jehová, le dieron la ciudad
que él pidió, Timnat-sera, en el monte de Efraín; y él reedificó la ciudad y
habitó en ella.
51 Estas son las heredades que el sacerdote Eleazar, y
Josué hijo de Nun, y los cabezas de los padres, entregaron por suerte en
posesión a las tribus de los hijos de Israel en Silo, delante de Jehová, a la
entrada del tabernáculo de reunión; y acabaron de repartir la tierra.
Josué señala ciudades de refugio
JOSUÉ 20
1 Habló Jehová a Josué, diciendo: 2 Habla a los hijos de
Israel y diles: Señalaos las ciudades de refugio, de las cuales yo os hablé
por medio de Moisés, 3 para que se acoja allí el homicida que matare a alguno
por accidente y no a sabiendas; y os servirán de refugio contra el vengador de
la sangre. 4 Y el que se acogiere a alguna de aquellas ciudades, se presentará
a la puerta de la ciudad, y expondrá sus razones en oídos de los ancianos de
aquella ciudad; y ellos le recibirán consigo dentro de la ciudad, y le darán
lugar para que habite con ellos. 5 Si el vengador de la sangre le siguiere, no
entregarán en su mano al homicida, por cuanto hirió a su prójimo por
accidente, y no tuvo con él ninguna enemistad antes. 6 Y quedará en aquella
ciudad hasta que comparezca en juicio delante de la congregación, y hasta la
muerte del que fuere sumo sacerdote en aquel tiempo; entonces el homicida
podrá volver a su ciudad y a su casa y a la ciudad de donde huyó.
7 Entonces señalaron a Cedes en Galilea, en el monte de
Neftalí, Siquem en el monte de Efraín, y Quiriat-arba (que es Hebrón) en el
monte de Judá. 8 Y al otro lado del Jordán al oriente de Jericó, señalaron a
Beser en el desierto, en la llanura de la tribu de Rubén, Ramot en Galaad de
la tribu de Gad, y Golán en Basán de la tribu de Manasés. 9 Estas fueron las
ciudades señaladas para todos los hijos de Israel, y para el extranjero que
morase entre ellos, para que se acogiese a ellas cualquiera que hiriese a
alguno por accidente, a fin de que no muriese por mano del vengador de la
sangre, hasta que compareciese delante de la congregación.
Ciudades de los levitas
(1 Cr. 6.54-81)
JOSUÉ 21
1 Los jefes de los padres de los levitas vinieron al
sacerdote Eleazar, a Josué hijo de Nun y a los cabezas de los padres de las
tribus de los hijos de Israel, 2 y les hablaron en Silo en la tierra de
Canaán, diciendo: Jehová mandó por medio de Moisés que nos fuesen dadas
ciudades donde habitar, con sus ejidos para nuestros ganados. 3 Entonces los
hijos de Israel dieron de su propia herencia a los levitas, conforme al
mandato de Jehová, estas ciudades con sus ejidos.
4 Y la suerte cayó sobre las familias de los coatitas; y
los hijos de Aarón el sacerdote, que eran de los levitas, obtuvieron por
suerte de la tribu de Judá, de la tribu de Simeón y de la tribu de Benjamín,
trece ciudades.
5 Y los otros hijos de Coat obtuvieron por suerte diez
ciudades de las familias de la tribu de Efraín, de la tribu de Dan y de la
media tribu de Manasés.
6 Los hijos de Gersón obtuvieron por suerte, de las
familias de la tribu de Isacar, de la tribu de Aser, de la tribu de Neftalí y
de la media tribu de Manasés en Basán, trece ciudades.
7 Los hijos de Merari según sus familias obtuvieron de la
tribu de Rubén, de la tribu de Gad y de la tribu de Zabulón, doce ciudades.
8 Dieron, pues, los hijos de Israel a los levitas estas
ciudades con sus ejidos, por suertes, como había mandado Jehová por conducto
de Moisés.
9 De la tribu de los hijos de Judá, y de la tribu de los
hijos de Simeón, dieron estas ciudades que fueron nombradas, 10 las cuales
obtuvieron los hijos de Aarón de las familias de Coat, de los hijos de Leví;
porque para ellos fue la suerte en primer lugar. 11 Les dieron Quiriat-arba
del padre de Anac, la cual es Hebrón, en el monte de Judá, con sus ejidos en
sus contornos. 12 Mas el campo de la ciudad y sus aldeas dieron a Caleb hijo
de Jefone, por posesión suya.
13 Y a los hijos del sacerdote Aarón dieron Hebrón con
sus ejidos como ciudad de refugio para los homicidas; además, Libna con sus
ejidos, 14 Jatir con sus ejidos, Estemoa con sus ejidos, 15 Holón con sus
ejidos, Debir con sus ejidos, 16 Aín con sus ejidos, Juta con sus ejidos y Bet-semes
con sus ejidos; nueve ciudades de estas dos tribus; 17 y de la tribu de
Benjamín, Gabaón con sus ejidos, Geba con sus ejidos, 18 Anatot con sus
ejidos, Almón con sus ejidos; cuatro ciudades. 19 Todas las ciudades de los
sacerdotes hijos de Aarón son trece con sus ejidos.
20 Mas las familias de los hijos de Coat, levitas, los
que quedaban de los hijos de Coat, recibieron por suerte ciudades de la tribu
de Efraín. 21 Les dieron Siquem con sus ejidos, en el monte de Efraín, como
ciudad de refugio para los homicidas; además, Gezer con su ejidos, 22 Kibsaim
con sus ejidos y Bet-horón con sus ejidos; cuatro ciudades. 23 De la tribu de
Dan, Elteque con sus ejidos, Gibetón con sus ejidos, 24 Ajalón con sus ejidos
y Gat-rimón con sus ejidos; cuatro ciudades. 25 Y de la media tribu de Manasés,
Taanac con sus ejidos y Gat-rimón con sus ejidos; dos ciudades. 26 Todas las
ciudades para el resto de las familias de los hijos de Coat fueron diez con
sus ejidos.
27 A los hijos de Gersón de las familias de los levitas,
dieron de la media tribu de Manasés a Golán en Basán con sus ejidos como
ciudad de refugio para los homicidas, y además, Beestera con sus ejidos; dos
ciudades. 28 De la tribu de Isacar, Cisón con sus ejidos, Daberat con sus
ejidos, 29 Jarmut con sus ejidos y En-ganim con sus ejidos; cuatro ciudades.
30 De la tribu de Aser, Miseal con sus ejidos, Abdón con sus ejidos, 31 Helcat
con sus ejidos y Rehob con sus ejidos; cuatro ciudades. 32 Y de la tribu de
Neftalí, Cedes en Galilea con sus ejidos como ciudad de refugio para los
homicidas, y además, Hamot-dor con sus ejidos y Cartán con sus ejidos; tres
ciudades. 33 Todas las ciudades de los gersonitas por sus familias fueron
trece ciudades con sus ejidos.
34 Y a las familias de los hijos de Merari, levitas que
quedaban, se les dio de la tribu de Zabulón, Jocneam con sus ejidos, Carta con
sus ejidos, 35 Dimna con sus ejidos y Naalal con sus ejidos; cuatro ciudades.
36 Y de la tribu de Rubén, Beser con sus ejidos, Jahaza con sus ejidos, 37
Cademot con sus ejidos y Mefaat con sus ejidos; cuatro ciudades. 38 De la
tribu de Gad, Ramot de Galaad con sus ejidos como ciudad de refugio para los
homicidas; además, Mahanaim con sus ejidos, 39 Hesbón con sus ejidos y Jazer
con sus ejidos; cuatro ciudades. 40 Todas las ciudades de los hijos de Merari
por sus familias, que restaban de las familias de los levitas, fueron por sus
suertes doce ciudades.
41 Y todas las ciudades de los levitas en medio de la
posesión de los hijos de Israel, fueron cuarenta y ocho ciudades con sus
ejidos. 42 Y estas ciudades estaban apartadas la una de la otra, cada cual con
sus ejidos alrededor de ella; así fue con todas estas ciudades.
Israel ocupa la tierra
43 De esta manera dio Jehová a Israel toda la tierra que
había jurado dar a sus padres, y la poseyeron y habitaron en ella. 44 Y Jehová
les dio reposo alrededor, conforme a todo lo que había jurado a sus padres; y
ninguno de todos sus enemigos pudo hacerles frente, porque Jehová entregó en
sus manos a todos sus enemigos. 45 No faltó palabra de todas las buenas
promesas que Jehová había hecho a la casa de Israel; todo se cumplió.
El altar junto al Jordán
JOSUÉ 22
1 Entonces Josué llamó a los rubenitas, a los gaditas, y
a la media tribu de Manasés, 2 y les dijo: Vosotros habéis guardado todo lo
que Moisés siervo de Jehová os mandó, y habéis obedecido a mi voz en todo lo
que os he mandado. 3 No habéis dejado a vuestros hermanos en este largo tiempo
hasta el día de hoy, sino que os habéis cuidado de guardar los mandamientos de
Jehová vuestro Dios. 4 Ahora, pues, que Jehová vuestro Dios ha dado reposo a
vuestros hermanos, como lo había prometido, volved, regresad a vuestras
tiendas, a la tierra de vuestras posesiones, que Moisés siervo de Jehová os
dio al otro lado del Jordán. 5 Solamente que con diligencia cuidéis de cumplir
el mandamiento y la ley que Moisés siervo de Jehová os ordenó: que améis a
Jehová vuestro Dios, y andéis en todos sus caminos; que guardéis sus
mandamientos, y le sigáis a él, y le sirváis de todo vuestro corazón y de toda
vuestra alma. 6 Y bendiciéndolos, Josué los despidió, y se fueron a sus
tiendas.
7 También a la media tribu de Manasés había dado Moisés
posesión en Basán; mas a la otra mitad dio Josué heredad entre sus hermanos a
este lado del Jordán, al occidente; y también a éstos envió Josué a sus
tiendas, después de haberlos bendecido. 8 Y les habló diciendo: Volved a
vuestras tiendas con grandes riquezas, con mucho ganado, con plata, con oro, y
bronce, y muchos vestidos; compartid con vuestros hermanos el botín de
vuestros enemigos. 9 Así los hijos de Rubén y los hijos de Gad y la media
tribu de Manasés, se volvieron, separándose de los hijos de Israel, desde
Silo, que está en la tierra de Canaán, para ir a la tierra de Galaad, a la
tierra de sus posesiones, de la cual se habían posesionado conforme al mandato
de Jehová por conducto de Moisés.
10 Y llegando a los límites del Jordán que está en la
tierra de Canaán, los hijos de Rubén y los hijos de Gad y la media tribu de
Manasés edificaron allí un altar junto al Jordán, un altar de grande
apariencia. 11 Y los hijos de Israel oyeron decir que los hijos de Rubén y los
hijos de Gad y la media tribu de Manasés habían edificado un altar frente a la
tierra de Canaán, en los límites del Jordán, del lado de los hijos de Israel.
12 Cuando oyeron esto los hijos de Israel, se juntó toda la congregación de
los hijos de Israel en Silo, para subir a pelear contra ellos.
13 Y enviaron los hijos de Israel a los hijos de Rubén y
a los hijos de Gad y a la media tribu de Manasés en tierra de Galaad, a Finees
hijo del sacerdote Eleazar, 14 y a diez príncipes con él: un príncipe por cada
casa paterna de todas las tribus de Israel, cada uno de los cuales era jefe de
la casa de sus padres entre los millares de Israel. 15 Los cuales fueron a los
hijos de Rubén y a los hijos de Gad y a la media tribu de Manasés, en la
tierra de Galaad, y les hablaron diciendo: 16 Toda la congregación de Jehová
dice así: ¿Qué transgresión es esta con que prevaricáis contra el Dios de
Israel para apartaros hoy de seguir a Jehová, edificándoos altar para ser
rebeldes contra Jehová? 17 ¿No ha sido bastante la maldad de Peor, de la que
no estamos aún limpios hasta este día, por la cual vino la mortandad en la
congregación de Jehová, 18 para que vosotros os apartéis hoy de seguir a
Jehová? Vosotros os rebeláis hoy contra Jehová, y mañana se airará él contra
toda la congregación de Israel. 19 Si os parece que la tierra de vuestra
posesión es inmunda, pasaos a la tierra de la posesión de Jehová, en la cual
está el tabernáculo de Jehová, y tomad posesión entre nosotros; pero no os
rebeléis contra Jehová, ni os rebeléis contra nosotros, edificándoos altar
además del altar de Jehová nuestro Dios. 20 ¿No cometió Acán hijo de Zera
prevaricación en el anatema, y vino ira sobre toda la congregación de Israel?
Y aquel hombre no pereció solo en su iniquidad.
21 Entonces los hijos de Rubén y los hijos de Gad y la
media tribu de Manasés respondieron y dijeron a los cabezas de los millares de
Israel: 22 Jehová Dios de los dioses, Jehová Dios de los dioses, él sabe, y
hace saber a Israel: si fue por rebelión o por prevaricación contra Jehová, no
nos salves hoy. 23 Si nos hemos edificado altar para volvernos de en pos de
Jehová, o para sacrificar holocausto u ofrenda, o para ofrecer sobre él
ofrendas de paz, el mismo Jehová nos lo demande. 24 Lo hicimos más bien por
temor de que mañana vuestros hijos digan a nuestros hijos: ¿Qué tenéis
vosotros con Jehová Dios de Israel? 25 Jehová ha puesto por lindero el Jordán
entre nosotros y vosotros, oh hijos de Rubén e hijos de Gad; no tenéis
vosotros parte en Jehová; y así vuestros hijos harían que nuestros hijos
dejasen de temer a Jehová. 26 Por esto dijimos: Edifiquemos ahora un altar, no
para holocausto ni para sacrificio, 27 sino para que sea un testimonio entre
nosotros y vosotros, y entre los que vendrán después de nosotros, de que
podemos hacer el servicio de Jehová delante de él con nuestros holocaustos,
con nuestros sacrificios y con nuestras ofrendas de paz; y no digan mañana
vuestros hijos a los nuestros: Vosotros no tenéis parte en Jehová. 28
Nosotros, pues, dijimos: Si aconteciere que tal digan a nosotros, o a nuestras
generaciones en lo por venir, entonces responderemos: Mirad el símil del altar
de Jehová, el cual hicieron nuestros padres, no para holocaustos o
sacrificios, sino para que fuese testimonio entre nosotros y vosotros. 29
Nunca tal acontezca que nos rebelemos contra Jehová, o que nos apartemos hoy
de seguir a Jehová, edificando altar para holocaustos, para ofrenda o para
sacrificio, además del altar de Jehová nuestro Dios que está delante de su
tabernáculo.
30 Oyendo Finees el sacerdote y los príncipes de la
congregación, y los jefes de los millares de Israel que con él estaban, las
palabras que hablaron los hijos de Rubén y los hijos de Gad y los hijos de
Manasés, les pareció bien todo ello. 31 Y dijo Finees hijo del sacerdote
Eleazar a los hijos de Rubén, a los hijos de Gad y a los hijos de Manasés: Hoy
hemos entendido que Jehová está entre nosotros, pues que no habéis intentado
esta traición contra Jehová. Ahora habéis librado a los hijos de Israel de la
mano de Jehová.
32 Y Finees hijo del sacerdote Eleazar, y los príncipes,
dejaron a los hijos de Rubén y a los hijos de Gad, y regresaron de la tierra
de Galaad a la tierra de Canaán, a los hijos de Israel, a los cuales dieron la
respuesta. 33 Y el asunto pareció bien a los hijos de Israel, y bendijeron a
Dios los hijos de Israel; y no hablaron más de subir contra ellos en guerra,
para destruir la tierra en que habitaban los hijos de Rubén y los hijos de Gad.
34 Y los hijos de Rubén y los hijos de Gad pusieron por nombre al altar Ed;
porque testimonio es entre nosotros que Jehová es Dios.
Exhortación de Josué al pueblo
JOSUÉ 23
1 Aconteció, muchos días después que Jehová diera reposo
a Israel de todos sus enemigos alrededor, que Josué, siendo ya viejo y
avanzado en años, 2 llamó a todo Israel, a sus ancianos, sus príncipes, sus
jueces y sus oficiales, y les dijo: Yo ya soy viejo y avanzado en años. 3 Y
vosotros habéis visto todo lo que Jehová vuestro Dios ha hecho con todas estas
naciones por vuestra causa; porque Jehová vuestro Dios es quien ha peleado por
vosotros. 4 He aquí os he repartido por suerte, en herencia para vuestras
tribus, estas naciones, así las destruidas como las que quedan, desde el
Jordán hasta el Mar Grande, hacia donde se pone el sol. 5 Y Jehová vuestro
Dios las echará de delante de vosotros, y las arrojará de vuestra presencia; y
vosotros poseeréis sus tierras, como Jehová vuestro Dios os ha dicho. 6
Esforzaos, pues, mucho en guardar y hacer todo lo que está escrito en el libro
de la ley de Moisés, sin apartaros de ello ni a diestra ni a siniestra; 7 para
que no os mezcléis con estas naciones que han quedado con vosotros, ni hagáis
mención ni juréis por el nombre de sus dioses, ni los sirváis, ni os inclinéis
a ellos. 8 Mas a Jehová vuestro Dios seguiréis, como habéis hecho hasta hoy. 9
Pues ha arrojado Jehová delante de vosotros grandes y fuertes naciones, y
hasta hoy nadie ha podido resistir delante de vuestro rostro. 10 Un varón de
vosotros perseguirá a mil; porque Jehová vuestro Dios es quien pelea por
vosotros, como él os dijo. 11 Guardad, pues, con diligencia vuestras almas,
para que améis a Jehová vuestro Dios. 12 Porque si os apartareis, y os
uniereis a lo que resta de estas naciones que han quedado con vosotros, y si
concertareis con ellas matrimonios, mezclándoos con ellas, y ellas con
vosotros, 13 sabed que Jehová vuestro Dios no arrojará más a estas naciones
delante de vosotros, sino que os serán por lazo, por tropiezo, por azote para
vuestros costados y por espinas para vuestros ojos, hasta que perezcáis de
esta buena tierra que Jehová vuestro Dios os ha dado.
14 Y he aquí que yo estoy para entrar hoy por el camino
de toda la tierra; reconoced, pues, con todo vuestro corazón y con toda
vuestra alma, que no ha faltado una palabra de todas las buenas palabras que
Jehová vuestro Dios había dicho de vosotros; todas os han acontecido, no ha
faltado ninguna de ellas. 15 Pero así como ha venido sobre vosotros toda
palabra buena que Jehová vuestro Dios os había dicho, también traerá Jehová
sobre vosotros toda palabra mala, hasta destruiros de sobre la buena tierra
que Jehová vuestro Dios os ha dado, 16 si traspasareis el pacto de Jehová
vuestro Dios que él os ha mandado, yendo y honrando a dioses ajenos, e
inclinándoos a ellos. Entonces la ira de Jehová se encenderá contra vosotros,
y pereceréis prontamente de esta buena tierra que él os ha dado.
Discurso de despedida de Josué
JOSUÉ 24
1 Reunió Josué a todas las tribus de Israel en Siquem, y
llamó a los ancianos de Israel, sus príncipes, sus jueces y sus oficiales; y
se presentaron delante de Dios. 2 Y dijo Josué a todo el pueblo: Así dice
Jehová, Dios de Israel: Vuestros padres habitaron antiguamente al otro lado
del río, esto es, Taré, padre de Abraham y de Nacor; y servían a dioses
extraños. 3 Y yo tomé a vuestro padre Abraham del otro lado del río, y lo
traje por toda la tierra de Canaán, y aumenté su descendencia, y le di Isaac.
4 A Isaac di Jacob y Esaú. Y a Esaú di el monte de Seir, para que lo poseyese;
pero Jacob y sus hijos descendieron a Egipto. 5 Y yo envié a Moisés y a Aarón,
y herí a Egipto, conforme a lo que hice en medio de él, y después os saqué. 6
Saqué a vuestros padres de Egipto; y cuando llegaron al mar, los egipcios
siguieron a vuestros padres hasta el Mar Rojo con carros y caballería. 7 Y
cuando ellos clamaron a Jehová, él puso oscuridad entre vosotros y los
egipcios, e hizo venir sobre ellos el mar, el cual los cubrió; y vuestros ojos
vieron lo que hice en Egipto. Después estuvisteis muchos días en el desierto.
8 Yo os introduje en la tierra de los amorreos, que habitaban al otro lado del
Jordán, los cuales pelearon contra vosotros; mas yo los entregué en vuestras
manos, y poseísteis su tierra, y los destruí de delante de vosotros. 9 Después
se levantó Balac hijo de Zipor, rey de los moabitas, y peleó contra Israel; y
envió a llamar a Balaam hijo de Beor, para que os maldijese. 10 Mas yo no
quise escuchar a Balaam, por lo cual os bendijo repetidamente, y os libré de
sus manos. 11 Pasasteis el Jordán, y vinisteis a Jericó, y los moradores de
Jericó pelearon contra vosotros: los amorreos, ferezeos, cananeos, heteos,
gergeseos, heveos y jebuseos, y yo los entregué en vuestras manos. 12 Y envié
delante de vosotros tábanos, los cuales los arrojaron de delante de vosotros,
esto es, a los dos reyes de los amorreos; no con tu espada, ni con tu arco. 13
Y os di la tierra por la cual nada trabajasteis, y las ciudades que no
edificasteis, en las cuales moráis; y de las viñas y olivares que no
plantasteis, coméis.
14 Ahora, pues, temed a Jehová, y servidle con integridad
y en verdad; y quitad de entre vosotros los dioses a los cuales sirvieron
vuestros padres al otro lado del río, y en Egipto; y servid a Jehová. 15 Y si
mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a
quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a
los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa
serviremos a Jehová.
16 Entonces el pueblo respondió y dijo: Nunca tal
acontezca, que dejemos a Jehová para servir a otros dioses; 17 porque Jehová
nuestro Dios es el que nos sacó a nosotros y a nuestros padres de la tierra de
Egipto, de la casa de servidumbre; el que ha hecho estas grandes señales, y
nos ha guardado por todo el camino por donde hemos andado, y en todos los
pueblos por entre los cuales pasamos. 18 Y Jehová arrojó de delante de
nosotros a todos los pueblos, y al amorreo que habitaba en la tierra;
nosotros, pues, también serviremos a Jehová, porque él es nuestro Dios.
19 Entonces Josué dijo al pueblo: No podréis servir a
Jehová, porque él es Dios santo, y Dios celoso; no sufrirá vuestras rebeliones
y vuestros pecados. 20 Si dejareis a Jehová y sirviereis a dioses ajenos, él
se volverá y os hará mal, y os consumirá, después que os ha hecho bien. 21 El
pueblo entonces dijo a Josué: No, sino que a Jehová serviremos. 22 Y Josué
respondió al pueblo: Vosotros sois testigos contra vosotros mismos, de que
habéis elegido a Jehová para servirle. Y ellos respondieron: Testigos somos.
23 Quitad, pues, ahora los dioses ajenos que están entre vosotros, e inclinad
vuestro corazón a Jehová Dios de Israel. 24 Y el pueblo respondió a Josué: A
Jehová nuestro Dios serviremos, y a su voz obedeceremos. 25 Entonces Josué
hizo pacto con el pueblo el mismo día, y les dio estatutos y leyes en Siquem.
26 Y escribió Josué estas palabras en el libro de la ley de Dios; y tomando
una gran piedra, la levantó allí debajo de la encina que estaba junto al
santuario de Jehová. 27 Y dijo Josué a todo el pueblo: He aquí esta piedra nos
servirá de testigo, porque ella ha oído todas las palabras que Jehová nos ha
hablado; será, pues, testigo contra vosotros, para que no mintáis contra
vuestro Dios. 28 Y envió Josué al pueblo, cada uno a su posesión.
Muerte de Josué
(Jue. 2.6-10)
29 Después de estas cosas murió Josué hijo de Nun, siervo
de Jehová, siendo de ciento diez años. 30 Y le sepultaron en su heredad en
Timnat-sera, que está en el monte de Efraín, al norte del monte de Gaas.
31 Y sirvió Israel a Jehová todo el tiempo de Josué, y
todo el tiempo de los ancianos que sobrevivieron a Josué y que sabían todas
las obras que Jehová había hecho por Israel.
Sepultura de los huesos de José en Siquem
32 Y enterraron en Siquem los huesos de José, que los
hijos de Israel habían traído de Egipto, en la parte del campo que Jacob
compró de los hijos de Hamor padre de Siquem, por cien piezas de dinero; y fue
posesión de los hijos de José.
Muerte de Eleazar
33 También murió Eleazar hijo de Aarón, y lo enterraron
en el collado de Finees su hijo, que le fue dado en el monte de Efraín.
JUECES
Judá y Simeón capturan a Adoni-bezec
JUECES 1
1 Aconteció después de la muerte de Josué, que los hijos
de Israel consultaron a Jehová, diciendo: ¿Quién de nosotros subirá primero a
pelear contra los cananeos? 2 Y Jehová respondió: Judá subirá; he aquí que yo
he entregado la tierra en sus manos. 3 Y Judá dijo a Simeón su hermano: Sube
conmigo al territorio que se me ha adjudicado, y peleemos contra el cananeo, y
yo también iré contigo al tuyo. Y Simeón fue con él. 4 Y subió Judá, y Jehová
entregó en sus manos al cananeo y al ferezeo; e hirieron de ellos en Bezec a
diez mil hombres. 5 Y hallaron a Adoni-bezec en Bezec, y pelearon contra él; y
derrotaron al cananeo y al ferezeo. 6 Mas Adoni-bezec huyó; y le siguieron y
le prendieron, y le cortaron los pulgares de las manos y de los pies. 7
Entonces dijo Adoni-bezec: Setenta reyes, cortados los pulgares de sus manos y
de sus pies, recogían las migajas debajo de mi mesa; como yo hice, así me ha
pagado Dios. Y le llevaron a Jerusalén, donde murió.
Judá conquista Jerusalén y Hebrón
8 Y combatieron los hijos de Judá a Jerusalén y la
tomaron, y pasaron a sus habitantes a filo de espada y pusieron fuego a la
ciudad. 9 Después los hijos de Judá descendieron para pelear contra el cananeo
que habitaba en las montañas, en el Neguev, y en los llanos. 10 Y marchó Judá
contra el cananeo que habitaba en Hebrón, la cual se llamaba antes Quiriat-arba;
e hirieron a Sesai, a Ahimán y a Talmai.
Otoniel conquista Debir y recibe a Acsa
(Jos. 15.15-19)
11 De allí fue a los que habitaban en Debir, que antes se
llamaba Quiriat-sefer. 12 Y dijo Caleb: El que atacare a Quiriat-sefer y la
tomare, yo le daré Acsa mi hija por mujer. 13 Y la tomó Otoniel hijo de Cenaz,
hermano menor de Caleb; y él le dio Acsa su hija por mujer. 14 Y cuando ella
se iba con él, la persuadió que pidiese a su padre un campo. Y ella se bajó
del asno, y Caleb le dijo: ¿Qué tienes? 15 Ella entonces le respondió:
Concédeme un don; puesto que me has dado tierra del Neguev, dame también
fuentes de aguas. Entonces Caleb le dio las fuentes de arriba y las fuentes de
abajo.
Extensión de las conquistas de Judá y de Benjamín
16 Y los hijos del ceneo, suegro de Moisés, subieron de
la ciudad de las palmeras con los hijos de Judá al desierto de Judá, que está
en el Neguev cerca de Arad; y fueron y habitaron con el pueblo. 17 Y fue Judá
con su hermano Simeón, y derrotaron al cananeo que habitaba en Sefat, y la
asolaron; y pusieron por nombre a la ciudad, Horma. 18 Tomó también Judá a
Gaza con su territorio, Ascalón con su territorio y Ecrón con su territorio.
19 Y Jehová estaba con Judá, quien arrojó a los de las montañas; mas no pudo
arrojar a los que habitaban en los llanos, los cuales tenían carros herrados.
20 Y dieron Hebrón a Caleb, como Moisés había dicho; y él arrojó de allí a los
tres hijos de Anac. 21 Mas al jebuseo que habitaba en Jerusalén no lo
arrojaron los hijos de Benjamín, y el jebuseo habitó con los hijos de Benjamín
en Jerusalén hasta hoy.
José conquista Bet-el
22 También la casa de José subió contra Bet-el; y Jehová
estaba con ellos. 23 Y la casa de José puso espías en Bet-el, ciudad que antes
se llamaba Luz. 24 Y los que espiaban vieron a un hombre que salía de la
ciudad, y le dijeron: Muéstranos ahora la entrada de la ciudad, y haremos
contigo misericordia. 25 Y él les mostró la entrada a la ciudad, y la hirieron
a filo de espada; pero dejaron ir a aquel hombre con toda su familia. 26 Y se
fue el hombre a la tierra de los heteos, y edificó una ciudad a la cual llamó
Luz; y este es su nombre hasta hoy.
Extensión de las conquistas de Manasés y de Efraín
27 Tampoco Manasés arrojó a los de Bet-seán, ni a los de
sus aldeas, ni a los de Taanac y sus aldeas, ni a los de Dor y sus aldeas, ni
a los habitantes de Ibleam y sus aldeas, ni a los que habitan en Meguido y en
sus aldeas; y el cananeo persistía en habitar en aquella tierra. 28 Pero
cuando Israel se sintió fuerte hizo al cananeo tributario, mas no lo arrojó.
29 Tampoco Efraín arrojó al cananeo que habitaba en Gezer,
sino que habitó el cananeo en medio de ellos en Gezer.
Extensión de las conquistas de las demás tribus
30 Tampoco Zabulón arrojó a los que habitaban en Quitrón,
ni a los que habitaban en Naalal, sino que el cananeo habitó en medio de él, y
le fue tributario.
31 Tampoco Aser arrojó a los que habitaban en Aco, ni a
los que habitaban en Sidón, en Ahlab, en Aczib, en Helba, en Afec y en Rehob.
32 Y moró Aser entre los cananeos que habitaban en la tierra; pues no los
arrojó.
33 Tampoco Neftalí arrojó a los que habitaban en Bet-semes,
ni a los que habitaban en Bet-anat, sino que moró entre los cananeos que
habitaban en la tierra; mas le fueron tributarios los moradores de Bet-semes y
los moradores de Bet-anat.
34 Los amorreos acosaron a los hijos de Dan hasta el
monte, y no los dejaron descender a los llanos. 35 Y el amorreo persistió en
habitar en el monte de Heres, en Ajalón y en Saalbim; pero cuando la casa de
José cobró fuerzas, lo hizo tributario. 36 Y el límite del amorreo fue desde
la subida de Acrabim, desde Sela hacia arriba.
El ángel de Jehová en Boquim
JUECES 2
1 El ángel de Jehová subió de Gilgal a Boquim, y dijo: Yo
os saqué de Egipto, y os introduje en la tierra de la cual había jurado a
vuestros padres, diciendo: No invalidaré jamás mi pacto con vosotros, 2 con
tal que vosotros no hagáis pacto con los moradores de esta tierra, cuyos
altares habéis de derribar; mas vosotros no habéis atendido a mi voz. ¿Por qué
habéis hecho esto? 3 Por tanto, yo también digo: No los echaré de delante de
vosotros, sino que serán azotes para vuestros costados, y sus dioses os serán
tropezadero. 4 Cuando el ángel de Jehová habló estas palabras a todos los
hijos de Israel, el pueblo alzó su voz y lloró. 5 Y llamaron el nombre de
aquel lugar Boquim, y ofrecieron allí sacrificios a Jehová.
Muerte de Josué
(Jos. 24.29-31)
6 Porque ya Josué había despedido al pueblo, y los hijos
de Israel se habían ido cada uno a su heredad para poseerla. 7 Y el pueblo
había servido a Jehová todo el tiempo de Josué, y todo el tiempo de los
ancianos que sobrevivieron a Josué, los cuales habían visto todas las grandes
obras de Jehová, que él había hecho por Israel. 8 Pero murió Josué hijo de
Nun, siervo de Jehová, siendo de ciento diez años. 9 Y lo sepultaron en su
heredad en Timnat-sera, en el monte de Efraín, al norte del monte de Gaas. 10
Y toda aquella generación también fue reunida a sus padres. Y se levantó
después de ellos otra generación que no conocía a Jehová, ni la obra que él
había hecho por Israel.
Apostasía de Israel, y la obra de los jueces
11 Después los hijos de Israel hicieron lo malo ante los
ojos de Jehová, y sirvieron a los baales. 12 Dejaron a Jehová el Dios de sus
padres, que los había sacado de la tierra de Egipto, y se fueron tras otros
dioses, los dioses de los pueblos que estaban en sus alrededores, a los cuales
adoraron; y provocaron a ira a Jehová. 13 Y dejaron a Jehová, y adoraron a
Baal y a Astarot. 14 Y se encendió contra Israel el furor de Jehová, el cual
los entregó en manos de robadores que los despojaron, y los vendió en mano de
sus enemigos de alrededor; y no pudieron ya hacer frente a sus enemigos. 15
Por dondequiera que salían, la mano de Jehová estaba contra ellos para mal,
como Jehová había dicho, y como Jehová se lo había jurado; y tuvieron gran
aflicción.
16 Y Jehová levantó jueces que los librasen de mano de
los que les despojaban; 17 pero tampoco oyeron a sus jueces, sino que fueron
tras dioses ajenos, a los cuales adoraron; se apartaron pronto del camino en
que anduvieron sus padres obedeciendo a los mandamientos de Jehová; ellos no
hicieron así. 18 Y cuando Jehová les levantaba jueces, Jehová estaba con el
juez, y los libraba de mano de los enemigos todo el tiempo de aquel juez;
porque Jehová era movido a misericordia por sus gemidos a causa de los que los
oprimían y afligían. 19 Mas acontecía que al morir el juez, ellos volvían
atrás, y se corrompían más que sus padres, siguiendo a dioses ajenos para
servirles, e inclinándose delante de ellos; y no se apartaban de sus obras, ni
de su obstinado camino. 20 Y la ira de Jehová se encendió contra Israel, y
dijo: Por cuanto este pueblo traspasa mi pacto que ordené a sus padres, y no
obedece a mi voz, 21 tampoco yo volveré más a arrojar de delante de ellos a
ninguna de las naciones que dejó Josué cuando murió; 22 para probar con ellas
a Israel, si procurarían o no seguir el camino de Jehová, andando en él, como
lo siguieron sus padres. 23 Por esto dejó Jehová a aquellas naciones, sin
arrojarlas de una vez, y no las entregó en mano de Josué.
Naciones que fueron dejadas para probar a Israel
JUECES 3
1 Estas, pues, son las naciones que dejó Jehová para
probar con ellas a Israel, a todos aquellos que no habían conocido todas la
guerras de Canaán; 2 solamente para que el linaje de los hijos de Israel
conociese la guerra, para que la enseñasen a los que antes no la habían
conocido: 3 los cinco príncipes de los filisteos, todos los cananeos, los
sidonios, y los heveos que habitaban en el monte Líbano, desde el monte de
Baal-hermón hasta llegar a Hamat. 4 Y fueron para probar con ellos a Israel,
para saber si obedecerían a los mandamientos de Jehová, que él había dado a
sus padres por mano de Moisés. 5 Así los hijos de Israel habitaban entre los
cananeos, heteos, amorreos, ferezeos, heveos y jebuseos. 6 Y tomaron de sus
hijas por mujeres, y dieron sus hijas a los hijos de ellos, y sirvieron a sus
dioses.
Otoniel liberta a Israel de Cusan-risataim
7 Hicieron, pues, los hijos de Israel lo malo ante los
ojos de Jehová, y olvidaron a Jehová su Dios, y sirvieron a los baales y a las
imágenes de Asera. 8 Y la ira de Jehová se encendió contra Israel, y los
vendió en manos de Cusan-risataim rey de Mesopotamia; y sirvieron los hijos de
Israel a Cusan-risataim ocho años. 9 Entonces clamaron los hijos de Israel a
Jehová; y Jehová levantó un libertador a los hijos de Israel y los libró; esto
es, a Otoniel hijo de Cenaz, hermano menor de Caleb. 10 Y el Espíritu de
Jehová vino sobre él, y juzgó a Israel, y salió a batalla, y Jehová entregó en
su mano a Cusan-risataim rey de Siria, y prevaleció su mano contra Cusan-risataim.
11 Y reposó la tierra cuarenta años; y murió Otoniel hijo de Cenaz.
Aod liberta a Israel de Moab
12 Volvieron los hijos de Israel a hacer lo malo ante los
ojos de Jehová; y Jehová fortaleció a Eglón rey de Moab contra Israel, por
cuanto habían hecho lo malo ante los ojos de Jehová. 13 Este juntó consigo a
los hijos de Amón y de Amalec, y vino e hirió a Israel, y tomó la ciudad de
las palmeras. 14 Y sirvieron los hijos de Israel a Eglón rey de los moabitas
dieciocho años.
15 Y clamaron los hijos de Israel a Jehová; y Jehová les
levantó un libertador, a Aod hijo de Gera, benjamita, el cual era zurdo. Y los
hijos de Israel enviaron con él un presente a Eglón rey de Moab. 16 Y Aod se
había hecho un puñal de dos filos, de un codo de largo; y se lo ciñó debajo de
sus vestidos a su lado derecho. 17 Y entregó el presente a Eglón rey de Moab;
y era Eglón hombre muy grueso. 18 Y luego que hubo entregado el presente,
despidió a la gente que lo había traído. 19 Mas él se volvió desde los ídolos
que están en Gilgal, y dijo: Rey, una palabra secreta tengo que decirte. El
entonces dijo: Calla. Y salieron de delante de él todos los que con él
estaban. 20 Y se le acercó Aod, estando él sentado solo en su sala de verano.
Y Aod dijo: Tengo palabra de Dios para ti. El entonces se levantó de la silla.
21 Entonces alargó Aod su mano izquierda, y tomó el puñal de su lado derecho,
y se lo metió por el vientre, 22 de tal manera que la empuñadura entró también
tras la hoja, y la gordura cubrió la hoja, porque no sacó el puñal de su
vientre; y salió el estiércol. 23 Y salió Aod al corredor, y cerró tras sí las
puertas de la sala y las aseguró con el cerrojo.
24 Cuando él hubo salido, vinieron los siervos del rey,
los cuales viendo las puertas de la sala cerradas, dijeron: Sin duda él cubre
sus pies en la sala de verano. 25 Y habiendo esperado hasta estar confusos,
porque él no abría las puertas de la sala, tomaron la llave y abrieron; y he
aquí su señor caído en tierra, muerto.
26 Mas entre tanto que ellos se detuvieron, Aod escapó, y
pasando los ídolos, se puso a salvo en Seirat. 27 Y cuando había entrado, tocó
el cuerno en el monte de Efraín, y los hijos de Israel descendieron con él del
monte, y él iba delante de ellos. 28 Entonces él les dijo: Seguidme, porque
Jehová ha entregado a vuestros enemigos los moabitas en vuestras manos. Y
descendieron en pos de él, y tomaron los vados del Jordán a Moab, y no dejaron
pasar a ninguno. 29 Y en aquel tiempo mataron de los moabitas como diez mil
hombres, todos valientes y todos hombres de guerra; no escapó ninguno. 30 Así
fue subyugado Moab aquel día bajo la mano de Israel; y reposó la tierra
ochenta años.
Samgar liberta a Israel de los filisteos
31 Después de él fue Samgar hijo de Anat, el cual mató a
seiscientos hombres de los filisteos con una aguijada de bueyes; y él también
salvó a Israel.
Débora y Barac derrotan a Sísara
JUECES 4
1 Después de la muerte de Aod, los hijos de Israel
volvieron a hacer lo malo ante los ojos de Jehová. 2 Y Jehová los vendió en
mano de Jabín rey de Canaán, el cual reinó en Hazor; y el capitán de su
ejército se llamaba Sísara, el cual habitaba en Haroset-goim. 3 Entonces los
hijos de Israel clamaron a Jehová, porque aquél tenía novecientos carros
herrados, y había oprimido con crueldad a los hijos de Israel por veinte años.
4 Gobernaba en aquel tiempo a Israel una mujer, Débora,
profetisa, mujer de Lapidot; 5 y acostumbraba sentarse bajo la palmera de
Débora, entre Ramá y Bet-el, en el monte de Efraín; y los hijos de Israel
subían a ella a juicio. 6 Y ella envió a llamar a Barac hijo de Abinoam, de
Cedes de Neftalí, y le dijo: ¿No te ha mandado Jehová Dios de Israel,
diciendo: Ve, junta a tu gente en el monte de Tabor, y toma contigo diez mil
hombres de la tribu de Neftalí y de la tribu de Zabulón; 7 y yo atraeré hacia
ti al arroyo de Cisón a Sísara, capitán del ejército de Jabín, con sus carros
y su ejército, y lo entregaré en tus manos? 8 Barac le respondió: Si tú fueres
conmigo, yo iré; pero si no fueres conmigo, no iré. 9 Ella dijo: Iré contigo;
mas no será tuya la gloria de la jornada que emprendes, porque en mano de
mujer venderá Jehová a Sísara. Y levantándose Débora, fue con Barac a Cedes.
10 Y juntó Barac a Zabulón y a Neftalí en Cedes, y subió con diez mil hombres
a su mando; y Débora subió con él.
11 Y Heber ceneo, de los hijos de Hobab suegro de Moisés,
se había apartado de los ceneos, y había plantado sus tiendas en el valle de
Zaanaim, que está junto a Cedes.
12 Vinieron, pues, a Sísara las nuevas de que Barac hijo
de Abinoam había subido al monte de Tabor. 13 Y reunió Sísara todos sus
carros, novecientos carros herrados, con todo el pueblo que con él estaba,
desde Haroset- goim hasta el arroyo de Cisón. 14 Entonces Débora dijo a Barac:
Levántate, porque este es el día en que Jehová ha entregado a Sísara en tus
manos. ¿No ha salido Jehová delante de ti? Y Barac descendió del monte de
Tabor, y diez mil hombres en pos de él. 15 Y Jehová quebrantó a Sísara, a
todos sus carros y a todo su ejército, a filo de espada delante de Barac; y
Sísara descendió del carro, y huyó a pie. 16 Mas Barac siguió los carros y el
ejército hasta Haroset- goim, y todo el ejército de Sísara cayó a filo de
espada, hasta no quedar ni uno.
17 Y Sísara huyó a pie a la tienda de Jael mujer de Heber
ceneo; porque había paz entre Jabín rey de Hazor y la casa de Heber ceneo. 18
Y saliendo Jael a recibir a Sísara, le dijo: Ven, señor mío, ven a mí, no
tengas temor. Y él vino a ella a la tienda, y ella le cubrió con una manta. 19
Y él le dijo: Te ruego me des de beber un poco de agua, pues tengo sed. Y ella
abrió un odre de leche y le dio de beber, y le volvió a cubrir. 20 Y él le
dijo: Estate a la puerta de la tienda; y si alguien viniere, y te preguntare,
diciendo: ¿Hay aquí alguno? tú responderás que no. 21 Pero Jael mujer de Heber
tomó una estaca de la tienda, y poniendo un mazo en su mano, se le acercó
calladamente y le metió la estaca por las sienes, y la enclavó en la tierra,
pues él estaba cargado de sueño y cansado; y así murió. 22 Y siguiendo Barac a
Sísara, Jael salió a recibirlo, y le dijo: Ven, y te mostraré al varón que tú
buscas. Y él entró donde ella estaba, y he aquí Sísara yacía muerto con la
estaca por la sien.
23 Así abatió Dios aquel día a Jabín, rey de Canaán,
delante de los hijos de Israel. 24 Y la mano de los hijos de Israel fue
endureciéndose más y más contra Jabín rey de Canaán, hasta que lo destruyeron.
Cántico de Débora y de Barac
JUECES 5
1 Aquel día cantó Débora con Barac hijo de Abinoam,
diciendo:
2 Por haberse puesto al frente los caudillos en Israel,
Por haberse ofrecido voluntariamente el pueblo,
Load a Jehová.
3 Oíd, reyes; escuchad, oh príncipes;
Yo cantaré a Jehová,
Cantaré salmos a Jehová, el Dios de Israel.
4 Cuando saliste de Seir, oh Jehová,
Cuando te marchaste de los campos de Edom,
La tierra tembló, y los cielos destilaron,
Y las nubes gotearon aguas.
5 Los montes temblaron delante de Jehová,
Aquel Sinaí, delante de Jehová Dios de Israel.
6 En los días de Samgar hijo de Anat,
En los días de Jael, quedaron abandonados los caminos,
Y los que andaban por las sendas se apartaban por
senderos torcidos.
7 Las aldeas quedaron abandonadas en Israel, habían
decaído,
Hasta que yo Débora me levanté,
Me levanté como madre en Israel.
8 Cuando escogían nuevos dioses,
La guerra estaba a las puertas;
¿Se veía escudo o lanza
Entre cuarenta mil en Israel?
9 Mi corazón es para vosotros, jefes de Israel,
Para los que voluntariamente os ofrecisteis entre el
pueblo.
Load a Jehová.
10 Vosotros los que cabalgáis en asnas blancas,
Los que presidís en juicio,
Y vosotros los que viajáis, hablad.
11 Lejos del ruido de los arqueros, en los abrevaderos,
Allí repetirán los triunfos de Jehová,
Los triunfos de sus aldeas en Israel;
Entonces marchará hacia las puertas el pueblo de Jehová.
12 Despierta, despierta, Débora;
Despierta, despierta, entona cántico.
Levántate, Barac, y lleva tus cautivos, hijo de Abinoam.
13 Entonces marchó el resto de los nobles;
El pueblo de Jehová marchó por él en contra de los
poderosos.
14 De Efraín vinieron los radicados en Amalec,
En pos de ti, Benjamín, entre tus pueblos;
De Maquir descendieron príncipes,
Y de Zabulón los que tenían vara de mando.
15 Caudillos también de Isacar fueron con Débora;
Y como Barac, también Isacar
Se precipitó a pie en el valle.
Entre las familias de Rubén
Hubo grandes resoluciones del corazón.
16 ¿Por qué te quedaste entre los rediles,
Para oír los balidos de los rebaños?
Entre las familias de Rubén
Hubo grandes propósitos del corazón.
17 Galaad se quedó al otro lado del Jordán;
Y Dan, ¿por qué se estuvo junto a las naves?
Se mantuvo Aser a la ribera del mar,
Y se quedó en sus puertos.
18 El pueblo de Zabulón expuso su vida a la muerte,
Y Neftalí en las alturas del campo.
19 Vinieron reyes y pelearon;
Entonces pelearon los reyes de Canaán,
En Taanac, junto a las aguas de Meguido,
Mas no llevaron ganancia alguna de dinero.
20 Desde los cielos pelearon las estrellas;
Desde sus órbitas pelearon contra Sísara.
21 Los barrió el torrente de Cisón,
El antiguo torrente, el torrente de Cisón.
Marcha, oh alma mía, con poder.
22 Entonces resonaron los cascos de los caballos
Por el galopar, por el galopar de sus valientes.
23 Maldecid a Meroz, dijo el ángel de Jehová;
Maldecid severamente a sus moradores,
Porque no vinieron al socorro de Jehová,
Al socorro de Jehová contra los fuertes.
24 Bendita sea entre las mujeres Jael,
Mujer de Heber ceneo;
Sobre las mujeres bendita sea en la tienda.
25 El pidió agua, y ella le dio leche;
En tazón de nobles le presentó crema.
26 Tendió su mano a la estaca,
Y su diestra al mazo de trabajadores,
Y golpeó a Sísara; hirió su cabeza,
Y le horadó, y atravesó sus sienes.
27 Cayó encorvado entre sus pies, quedó tendido;
Entre sus pies cayó encorvado;
Donde se encorvó, allí cayó muerto.
28 La madre de Sísara se asoma a la ventana,
Y por entre las celosías a voces dice:
¿Por qué tarda su carro en venir?
¿Por qué las ruedas de sus carros se detienen?
29 Las más avisadas de sus damas le respondían,
Y aun ella se respondía a sí misma:
30 ¿No han hallado botín, y lo están repartiendo?
A cada uno una doncella, o dos;
Las vestiduras de colores para Sísara,
Las vestiduras bordadas de colores;
La ropa de color bordada de ambos lados, para los jefes
de los que tomaron el botín.
31 Así perezcan todos tus enemigos, oh Jehová;
Mas los que te aman, sean como el sol cuando sale en su
fuerza.
Y la tierra reposó cuarenta años.
Llamamiento de Gedeón
JUECES 6
1 Los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos de
Jehová; y Jehová los entregó en mano de Madián por siete años. 2 Y la mano de
Madián prevaleció contra Israel. Y los hijos de Israel, por causa de los
madianitas, se hicieron cuevas en los montes, y cavernas, y lugares
fortificados. 3 Pues sucedía que cuando Israel había sembrado, subían los
madianitas y amalecitas y los hijos del oriente contra ellos; subían y los
atacaban. 4 Y acampando contra ellos destruían los frutos de la tierra, hasta
llegar a Gaza; y no dejaban qué comer en Israel, ni ovejas, ni bueyes, ni
asnos. 5 Porque subían ellos y sus ganados, y venían con sus tiendas en grande
multitud como langostas; ellos y sus camellos eran innumerables; así venían a
la tierra para devastarla. 6 De este modo empobrecía Israel en gran manera por
causa de Madián; y los hijos de Israel clamaron a Jehová.
7 Y cuando los hijos de Israel clamaron a Jehová, a causa
de los madianitas, 8 Jehová envió a los hijos de Israel un varón profeta, el
cual les dijo: Así ha dicho Jehová Dios de Israel: Yo os hice salir de Egipto,
y os saqué de la casa de servidumbre. 9 Os libré de mano de los egipcios, y de
mano de todos los que os afligieron, a los cuales eché de delante de vosotros,
y os di su tierra; 10 y os dije: Yo soy Jehová vuestro Dios; no temáis a los
dioses de los amorreos, en cuya tierra habitáis; pero no habéis obedecido a mi
voz.
11 Y vino el ángel de Jehová, y se sentó debajo de la
encina que está en Ofra, la cual era de Joás abiezerita; y su hijo Gedeón
estaba sacudiendo el trigo en el lagar, para esconderlo de los madianitas. 12
Y el ángel de Jehová se le apareció, y le dijo: Jehová está contigo, varón
esforzado y valiente. 13 Y Gedeón le respondió: Ah, señor mío, si Jehová está
con nosotros, ¿por qué nos ha sobrevenido todo esto? ¿Y dónde están todas sus
maravillas, que nuestros padres nos han contado, diciendo: ¿No nos sacó Jehová
de Egipto? Y ahora Jehová nos ha desamparado, y nos ha entregado en mano de
los madianitas. 14 Y mirándole Jehová, le dijo: Ve con esta tu fuerza, y
salvarás a Israel de la mano de los madianitas. ¿No te envío yo? 15 Entonces
le respondió: Ah, señor mío, ¿con qué salvaré yo a Israel? He aquí que mi
familia es pobre en Manasés, y yo el menor en la casa de mi padre. 16 Jehová
le dijo: Ciertamente yo estaré contigo, y derrotarás a los madianitas como a
un solo hombre. 17 Y él respondió: Yo te ruego que si he hallado gracia
delante de ti, me des señal de que tú has hablado conmigo. 18 Te ruego que no
te vayas de aquí hasta que vuelva a ti, y saque mi ofrenda y la ponga delante
de ti. Y él respondió: Yo esperaré hasta que vuelvas.
19 Y entrando Gedeón, preparó un cabrito, y panes sin
levadura de un efa de harina; y puso la carne en un canastillo, y el caldo en
una olla, y sacándolo se lo presentó debajo de aquella encina. 20 Entonces el
ángel de Dios le dijo: Toma la carne y los panes sin levadura, y ponlos sobre
esta peña, y vierte el caldo. Y él lo hizo así. 21 Y extendiendo el ángel de
Jehová el báculo que tenía en su mano, tocó con la punta la carne y los panes
sin levadura; y subió fuego de la peña, el cual consumió la carne y los panes
sin levadura. Y el ángel de Jehová desapareció de su vista. 22 Viendo entonces
Gedeón que era el ángel de Jehová, dijo: Ah, Señor Jehová, que he visto al
ángel de Jehová cara a cara. 23 Pero Jehová le dijo: Paz a ti; no tengas
temor, no morirás. 24 Y edificó allí Gedeón altar a Jehová, y lo llamó Jehová-salom;
el cual permanece hasta hoy en Ofra de los abiezeritas.
25 Aconteció que la misma noche le dijo Jehová: Toma un
toro del hato de tu padre, el segundo toro de siete años, y derriba el altar
de Baal que tu padre tiene, y corta también la imagen de Asera que está junto
a él; 26 y edifica altar a Jehová tu Dios en la cumbre de este peñasco en
lugar conveniente; y tomando el segundo toro, sacrifícalo en holocausto con la
madera de la imagen de Asera que habrás cortado. 27 Entonces Gedeón tomó diez
hombres de sus siervos, e hizo como Jehová le dijo. Mas temiendo hacerlo de
día, por la familia de su padre y por los hombres de la ciudad, lo hizo de
noche.
28 Por la mañana, cuando los de la ciudad se levantaron,
he aquí que el altar de Baal estaba derribado, y cortada la imagen de Asera
que estaba junto a él, y el segundo toro había sido ofrecido en holocausto
sobre el altar edificado. 29 Y se dijeron unos a otros: ¿Quién ha hecho esto?
Y buscando e inquiriendo, les dijeron: Gedeón hijo de Joás lo ha hecho.
Entonces los hombres de la ciudad dijeron a Joás: 30 Saca a tu hijo para que
muera, porque ha derribado el altar de Baal y ha cortado la imagen de Asera
que estaba junto a él. 31 Y Joás respondió a todos los que estaban junto a él:
¿Contenderéis vosotros por Baal? ¿Defenderéis su causa? Cualquiera que
contienda por él, que muera esta mañana. Si es un dios, contienda por sí mismo
con el que derribó su altar. 32 Aquel día Gedeón fue llamado Jerobaal, esto
es: Contienda Baal contra él, por cuanto derribó su altar.
33 Pero todos los madianitas y amalecitas y los del
oriente se juntaron a una, y pasando acamparon en el valle de Jezreel. 34
Entonces el Espíritu de Jehová vino sobre Gedeón, y cuando éste tocó el
cuerno, los abiezeritas se reunieron con él. 35 Y envió mensajeros por todo
Manasés, y ellos también se juntaron con él; asimismo envió mensajeros a Aser,
a Zabulón y a Neftalí, los cuales salieron a encontrarles.
36 Y Gedeón dijo a Dios: Si has de salvar a Israel por mi
mano, como has dicho, 37 he aquí que yo pondré un vellón de lana en la era; y
si el rocío estuviere en el vellón solamente, quedando seca toda la otra
tierra, entonces entenderé que salvarás a Israel por mi mano, como lo has
dicho. 38 Y aconteció así, pues cuando se levantó de mañana, exprimió el
vellón y sacó de él el rocío, un tazón lleno de agua. 39 Mas Gedeón dijo a
Dios: No se encienda tu ira contra mí, si aún hablare esta vez; solamente
probaré ahora otra vez con el vellón. Te ruego que solamente el vellón quede
seco, y el rocío sobre la tierra. 40 Y aquella noche lo hizo Dios así; sólo el
vellón quedó seco, y en toda la tierra hubo rocío.
Gedeón derrota a los madianitas
JUECES 7
1 Levantándose, pues, de mañana Jerobaal, el cual es
Gedeón, y todo el pueblo que estaba con él, acamparon junto a la fuente de
Harod; y tenía el campamento de los madianitas al norte, más allá del collado
de More, en el valle.
2 Y Jehová dijo a Gedeón: El pueblo que está contigo es
mucho para que yo entregue a los madianitas en su mano, no sea que se alabe
Israel contra mí, diciendo: Mi mano me ha salvado. 3 Ahora, pues, haz pregonar
en oídos del pueblo, diciendo: Quien tema y se estremezca, madrugue y
devuélvase desde el monte de Galaad. Y se devolvieron de los del pueblo
veintidós mil, y quedaron diez mil.
4 Y Jehová dijo a Gedeón: Aún es mucho el pueblo;
llévalos a las aguas, y allí te los probaré; y del que yo te diga: Vaya éste
contigo, irá contigo; mas de cualquiera que yo te diga: Este no vaya contigo,
el tal no irá. 5 Entonces llevó el pueblo a las aguas; y Jehová dijo a Gedeón:
Cualquiera que lamiere las aguas con su lengua como lame el perro, a aquél
pondrás aparte; asimismo a cualquiera que se doblare sobre sus rodillas para
beber. 6 Y fue el número de los que lamieron llevando el agua con la mano a su
boca, trescientos hombres; y todo el resto del pueblo se dobló sobre sus
rodillas para beber las aguas. 7 Entonces Jehová dijo a Gedeón: Con estos
trescientos hombres que lamieron el agua os salvaré, y entregaré a los
madianitas en tus manos; y váyase toda la demás gente cada uno a su lugar. 8 Y
habiendo tomado provisiones para el pueblo, y sus trompetas, envió a todos los
israelitas cada uno a su tienda, y retuvo a aquellos trescientos hombres; y
tenía el campamento de Madián abajo en el valle.
9 Aconteció que aquella noche Jehová le dijo: Levántate,
y desciende al campamento; porque yo lo he entregado en tus manos. 10 Y si
tienes temor de descender, baja tú con Fura tu criado al campamento, 11 y
oirás lo que hablan; y entonces tus manos se esforzarán, y descenderás al
campamento. Y él descendió con Fura su criado hasta los puestos avanzados de
la gente armada que estaba en el campamento. 12 Y los madianitas, los
amalecitas y los hijos del oriente estaban tendidos en el valle como langostas
en multitud, y sus camellos eran innumerables como la arena que está a la
ribera del mar en multitud. 13 Cuando llegó Gedeón, he aquí que un hombre
estaba contando a su compañero un sueño, diciendo: He aquí yo soñé un sueño:
Veía un pan de cebada que rodaba hasta el campamento de Madián, y llegó a la
tienda, y la golpeó de tal manera que cayó, y la trastornó de arriba abajo, y
la tienda cayó. 14 Y su compañero respondió y dijo: Esto no es otra cosa sino
la espada de Gedeón hijo de Joás, varón de Israel. Dios ha entregado en sus
manos a los madianitas con todo el campamento.
15 Cuando Gedeón oyó el relato del sueño y su
interpretación, adoró; y vuelto al campamento de Israel, dijo: Levantaos,
porque Jehová ha entregado el campamento de Madián en vuestras manos. 16 Y
repartiendo los trescientos hombres en tres escuadrones, dio a todos ellos
trompetas en sus manos, y cántaros vacíos con teas ardiendo dentro de los
cántaros. 17 Y les dijo: Miradme a mí, y haced como hago yo; he aquí que
cuando yo llegue al extremo del campamento, haréis vosotros como hago yo. 18
Yo tocaré la trompeta, y todos los que estarán conmigo; y vosotros tocaréis
entonces las trompetas alrededor de todo el campamento, y diréis: ¡Por Jehová
y por Gedeón! 19 Llegaron, pues, Gedeón y los cien hombres que llevaba
consigo, al extremo del campamento, al principio de la guardia de la
medianoche, cuando acababan de renovar los centinelas; y tocaron las
trompetas, y quebraron los cántaros que llevaban en sus manos. 20 Y los tres
escuadrones tocaron las trompetas, y quebrando los cántaros tomaron en la mano
izquierda las teas, y en la derecha las trompetas con que tocaban, y gritaron:
¡Por la espada de Jehová y de Gedeón! 21 Y se estuvieron firmes cada uno en su
puesto en derredor del campamento; entonces todo el ejército echó a correr
dando gritos y huyendo. 22 Y los trescientos tocaban las trompetas; y Jehová
puso la espada de cada uno contra su compañero en todo el campamento. Y el
ejército huyó hasta Bet-sita, en dirección de Zerera, y hasta la frontera de
Abel-mehola en Tabat. 23 Y juntándose los de Israel, de Neftalí, de Aser y de
todo Manasés, siguieron a los madianitas.
24 Gedeón también envió mensajeros por todo el monte de
Efraín, diciendo: Descended al encuentro de los madianitas, y tomad los vados
de Bet-bara y del Jordán antes que ellos lleguen. Y juntos todos los hombres
de Efraín, tomaron los vados de Bet-bara y del Jordán. 25 Y tomaron a dos
príncipes de los madianitas, Oreb y Zeeb; y mataron a Oreb en la peña de Oreb,
y a Zeeb lo mataron en el lagar de Zeeb; y después que siguieron a los
madianitas, trajeron las cabezas de Oreb y de Zeeb a Gedeón al otro lado del
Jordán.
Gedeón captura a los reyes de Madián
JUECES 8
1 Pero los hombres de Efraín le dijeron: ¿Qué es esto que
has hecho con nosotros, no llamándonos cuando ibas a la guerra contra Madián?
Y le reconvinieron fuertemente. 2 A los cuales él respondió: ¿Qué he hecho yo
ahora comparado con vosotros? ¿No es el rebusco de Efraín mejor que la
vendimia de Abiezer? 3 Dios ha entregado en vuestras manos a Oreb y a Zeeb,
príncipes de Madián; ¿y qué he podido yo hacer comparado con vosotros?
Entonces el enojo de ellos contra él se aplacó, luego que él habló esta
palabra.
4 Y vino Gedeón al Jordán, y pasó él y los trescientos
hombres que traía consigo, cansados, mas todavía persiguiendo. 5 Y dijo a los
de Sucot: Yo os ruego que deis a la gente que me sigue algunos bocados de pan;
porque están cansados, y yo persigo a Zeba y Zalmuna, reyes de Madián. 6 Y los
principales de Sucot respondieron: ¿Están ya Zeba y Zalmuna en tu mano, para
que demos pan a tu ejército? 7 Y Gedeón dijo: Cuando Jehová haya entregado en
mi mano a Zeba y a Zalmuna, yo trillaré vuestra carne con espinos y abrojos
del desierto. 8 De allí subió a Peniel, y les dijo las mismas palabras. Y los
de Peniel le respondieron como habían respondido los de Sucot. 9 Y él habló
también a los de Peniel, diciendo: Cuando yo vuelva en paz, derribaré esta
torre.
10 Y Zeba y Zalmuna estaban en Carcor, y con ellos su
ejército como de quince mil hombres, todos los que habían quedado de todo el
ejército de los hijos del oriente; pues habían caído ciento veinte mil hombres
que sacaban espada. 11 Subiendo, pues, Gedeón por el camino de los que
habitaban en tiendas al oriente de Noba y de Jogbeha, atacó el campamento,
porque el ejército no estaba en guardia. 12 Y huyendo Zeba y Zalmuna, él los
siguió; y prendió a los dos reyes de Madián, Zeba y Zalmuna, y llenó de
espanto a todo el ejército.
13 Entonces Gedeón hijo de Joás volvió de la batalla
antes que el sol subiese, 14 y tomó a un joven de los hombres de Sucot, y le
preguntó; y él le dio por escrito los nombres de los principales y de los
ancianos de Sucot, setenta y siete varones. 15 Y entrando a los hombres de
Sucot, dijo: He aquí a Zeba y a Zalmuna, acerca de los cuales me zaheristeis,
diciendo: ¿Están ya en tu mano Zeba y Zalmuna, para que demos nosotros pan a
tus hombres cansados? 16 Y tomó a los ancianos de la ciudad, y espinos y
abrojos del desierto, y castigó con ellos a los de Sucot. 17 Asimismo derribó
la torre de Peniel, y mató a los de la ciudad.
18 Luego dijo a Zeba y a Zalmuna: ¿Qué aspecto tenían
aquellos hombres que matasteis en Tabor? Y ellos respondieron: Como tú, así
eran ellos; cada uno parecía hijo de rey. 19 Y él dijo: Mis hermanos eran,
hijos de mi madre. ¡Vive Jehová, que si les hubierais conservado la vida, yo
no os mataría! 20 Y dijo a Jeter su primogénito: Levántate, y mátalos. Pero el
joven no desenvainó su espada, porque tenía temor, pues era aún muchacho. 21
Entonces dijeron Zeba y Zalmuna: Levántate tú, y mátanos; porque como es el
varón, tal es su valentía. Y Gedeón se levantó, y mató a Zeba y a Zalmuna; y
tomó los adornos de lunetas que sus camellos traían al cuello.
22 Y los israelitas dijeron a Gedeón: Sé nuestro señor,
tú, y tu hijo, y tu nieto; pues que nos has librado de mano de Madián. 23 Mas
Gedeón respondió: No seré señor sobre vosotros, ni mi hijo os señoreará:
Jehová señoreará sobre vosotros. 24 Y les dijo Gedeón: Quiero haceros una
petición; que cada uno me dé los zarcillos de su botín (pues traían zarcillos
de oro, porque eran ismaelitas). 25 Ellos respondieron: De buena gana te los
daremos. Y tendiendo un manto, echó allí cada uno los zarcillos de su botín.
26 Y fue el peso de los zarcillos de oro que él pidió, mil setecientos siclos
de oro, sin las planchas y joyeles y vestidos de púrpura que traían los reyes
de Madián, y sin los collares que traían sus camellos al cuello. 27 Y Gedeón
hizo de ellos un efod, el cual hizo guardar en su ciudad de Ofra; y todo
Israel se prostituyó tras de ese efod en aquel lugar; y fue tropezadero a
Gedeón y a su casa. 28 Así fue subyugado Madián delante de los hijos de
Israel, y nunca más volvió a levantar cabeza. Y reposó la tierra cuarenta años
en los días de Gedeón.
29 Luego Jerobaal hijo de Joás fue y habitó en su casa.
30 Y tuvo Gedeón setenta hijos que constituyeron su descendencia, porque tuvo
muchas mujeres. 31 También su concubina que estaba en Siquem le dio un hijo, y
le puso por nombre Abimelec. 32 Y murió Gedeón hijo de Joás en buena vejez, y
fue sepultado en el sepulcro de su padre Joás, en Ofra de los abiezeritas.
33 Pero aconteció que cuando murió Gedeón, los hijos de
Israel volvieron a prostituirse yendo tras los baales, y escogieron por dios a
Baal-berit. 34 Y no se acordaron los hijos de Israel de Jehová su Dios, que
los había librado de todos sus enemigos en derredor; 35 ni se mostraron
agradecidos con la casa de Jerobaal, el cual es Gedeón, conforme a todo el
bien que él había hecho a Israel.
Reinado de Abimelec
JUECES 9
1 Abimelec hijo de Jerobaal fue a Siquem, a los hermanos
de su madre, y habló con ellos, y con toda la familia de la casa del padre de
su madre, diciendo: 2 Yo os ruego que digáis en oídos de todos los de Siquem:
¿Qué os parece mejor, que os gobiernen setenta hombres, todos los hijos de
Jerobaal, o que os gobierne un solo hombre? Acordaos que yo soy hueso vuestro,
y carne vuestra. 3 Y hablaron por él los hermanos de su madre en oídos de
todos los de Siquem todas estas palabras; y el corazón de ellos se inclinó a
favor de Abimelec, porque decían: Nuestro hermano es. 4 Y le dieron setenta
siclos de plata del templo de Baal-berit, con los cuales Abimelec alquiló
hombres ociosos y vagabundos, que le siguieron. 5 Y viniendo a la casa de su
padre en Ofra, mató a sus hermanos los hijos de Jerobaal, setenta varones,
sobre una misma piedra; pero quedó Jotam el hijo menor de Jerobaal, que se
escondió. 6 Entonces se juntaron todos los de Siquem con toda la casa de Milo,
y fueron y eligieron a Abimelec por rey, cerca de la llanura del pilar que
estaba en Siquem.
7 Cuando se lo dijeron a Jotam, fue y se puso en la
cumbre del monte de Gerizim, y alzando su voz clamó y les dijo: Oídme, varones
de Siquem, y así os oiga Dios. 8 Fueron una vez los árboles a elegir rey sobre
sí, y dijeron al olivo: Reina sobre nosotros. 9 Mas el olivo respondió: ¿He de
dejar mi aceite, con el cual en mí se honra a Dios y a los hombres, para ir a
ser grande sobre los árboles? 10 Y dijeron los árboles a la higuera: Anda tú,
reina sobre nosotros. 11 Y respondió la higuera: ¿He de dejar mi dulzura y mi
buen fruto, para ir a ser grande sobre los árboles? 12 Dijeron luego los
árboles a la vid: Pues ven tú, reina sobre nosotros. 13 Y la vid les
respondió: ¿He de dejar mi mosto, que alegra a Dios y a los hombres, para ir a
ser grande sobre los árboles? 14 Dijeron entonces todos los árboles a la
zarza: Anda tú, reina sobre nosotros. 15 Y la zarza respondió a los árboles:
Si en verdad me elegís por rey sobre vosotros, venid, abrigaos bajo de mi
sombra; y si no, salga fuego de la zarza y devore a los cedros del Líbano.
16 Ahora, pues, si con verdad y con integridad habéis
procedido en hacer rey a Abimelec, y si habéis actuado bien con Jerobaal y con
su casa, y si le habéis pagado conforme a la obra de sus manos 17 (porque mi
padre peleó por vosotros, y expuso su vida al peligro para libraros de mano de
Madián, 18 y vosotros os habéis levantado hoy contra la casa de mi padre, y
habéis matado a sus hijos, setenta varones sobre una misma piedra; y habéis
puesto por rey sobre los de Siquem a Abimelec hijo de su criada, por cuanto es
vuestro hermano); 19 si con verdad y con integridad habéis procedido hoy con
Jerobaal y con su casa, que gocéis de Abimelec, y él goce de vosotros. 20 Y si
no, fuego salga de Abimelec, que consuma a los de Siquem y a la casa de Milo,
y fuego salga de los de Siquem y de la casa de Milo, que consuma a Abimelec.
21 Y escapó Jotam y huyó, y se fue a Beer, y allí se estuvo por miedo de
Abimelec su hermano.
22 Después que Abimelec hubo dominado sobre Israel tres
años, 23 envió Dios un mal espíritu entre Abimelec y los hombres de Siquem, y
los de Siquem se levantaron contra Abimelec; 24 para que la violencia hecha a
los setenta hijos de Jerobaal, y la sangre de ellos, recayera sobre Abimelec
su hermano que los mató, y sobre los hombres de Siquem que fortalecieron las
manos de él para matar a sus hermanos. 25 Y los de Siquem pusieron en las
cumbres de los montes asechadores que robaban a todos los que pasaban junto a
ellos por el camino; de lo cual fue dado aviso a Abimelec.
26 Y Gaal hijo de Ebed vino con sus hermanos y se pasaron
a Siquem, y los de Siquem pusieron en él su confianza. 27 Y saliendo al campo,
vendimiaron sus viñedos, y pisaron la uva e hicieron fiesta; y entrando en el
templo de sus dioses, comieron y bebieron, y maldijeron a Abimelec. 28 Y Gaal
hijo de Ebed dijo: ¿Quién es Abimelec, y qué es Siquem, para que nosotros le
sirvamos? ¿No es hijo de Jerobaal, y no es Zebul ayudante suyo? Servid a los
varones de Hamor padre de Siquem; pero ¿por qué le hemos de servir a él? 29
Ojalá estuviera este pueblo bajo mi mano, pues yo arrojaría luego a Abimelec,
y diría a Abimelec: Aumenta tus ejércitos, y sal.
30 Cuando Zebul gobernador de la ciudad oyó las palabras
de Gaal hijo de Ebed, se encendió en ira, 31 y envió secretamente mensajeros a
Abimelec, diciendo: He aquí que Gaal hijo de Ebed y sus hermanos han venido a
Siquem, y he aquí que están sublevando la ciudad contra ti. 32 Levántate,
pues, ahora de noche, tú y el pueblo que está contigo, y pon emboscadas en el
campo. 33 Y por la mañana al salir el sol madruga y cae sobre la ciudad; y
cuando él y el pueblo que está con él salgan contra ti, tú harás con él según
se presente la ocasión.
34 Levantándose, pues, de noche Abimelec y todo el pueblo
que con él estaba, pusieron emboscada contra Siquem con cuatro compañías. 35 Y
Gaal hijo de Ebed salió, y se puso a la entrada de la puerta de la ciudad; y
Abimelec y todo el pueblo que con él estaba, se levantaron de la emboscada. 36
Y viendo Gaal al pueblo, dijo a Zebul: He allí gente que desciende de las
cumbres de los montes. Y Zebul le respondió: Tú ves la sombra de los montes
como si fueran hombres. 37 Volvió Gaal a hablar, y dijo: He allí gente que
desciende de en medio de la tierra, y una tropa viene por el camino de la
encina de los adivinos. 38 Y Zebul le respondió: ¿Dónde está ahora tu boca con
que decías: ¿Quién es Abimelec para que le sirvamos? ¿No es este el pueblo que
tenías en poco? Sal pues, ahora, y pelea con él. 39 Y Gaal salió delante de
los de Siquem, y peleó contra Abimelec. 40 Mas lo persiguió Abimelec, y Gaal
huyó delante de él; y cayeron heridos muchos hasta la entrada de la puerta. 41
Y Abimelec se quedó en Aruma; y Zebul echó fuera a Gaal y a sus hermanos, para
que no morasen en Siquem.
42 Aconteció el siguiente día, que el pueblo salió al
campo; y fue dado aviso a Abimelec, 43 el cual, tomando gente, la repartió en
tres compañías, y puso emboscadas en el campo; y cuando miró, he aquí el
pueblo que salía de la ciudad; y se levantó contra ellos y los atacó. 44
Porque Abimelec y la compañía que estaba con él acometieron con ímpetu, y se
detuvieron a la entrada de la puerta de la ciudad, y las otras dos compañías
acometieron a todos los que estaban en el campo, y los mataron. 45 Y Abimelec
peleó contra la ciudad todo aquel día, y tomó la ciudad, y mató al pueblo que
en ella estaba; y asoló la ciudad, y la sembró de sal.
46 Cuando oyeron esto todos los que estaban en la torre
de Siquem, se metieron en la fortaleza del templo del dios Berit. 47 Y fue
dado aviso a Abimelec, de que estaban reunidos todos los hombres de la torre
de Siquem. 48 Entonces subió Abimelec al monte de Salmón, él y toda la gente
que con él estaba; y tomó Abimelec un hacha en su mano, y cortó una rama de
los árboles, y levantándola se la puso sobre sus hombros, diciendo al pueblo
que estaba con él: Lo que me habéis visto hacer, apresuraos a hacerlo como yo.
49 Y todo el pueblo cortó también cada uno su rama, y siguieron a Abimelec, y
las pusieron junto a la fortaleza, y prendieron fuego con ellas a la
fortaleza, de modo que todos los de la torre de Siquem murieron, como unos mil
hombres y mujeres.
50 Después Abimelec se fue a Tebes, y puso sitio a Tebes,
y la tomó. 51 En medio de aquella ciudad había una torre fortificada, a la
cual se retiraron todos los hombres y las mujeres, y todos los señores de la
ciudad; y cerrando tras sí las puertas, se subieron al techo de la torre. 52 Y
vino Abimelec a la torre, y combatiéndola, llegó hasta la puerta de la torre
para prenderle fuego. 53 Mas una mujer dejó caer un pedazo de una rueda de
molino sobre la cabeza de Abimelec, y le rompió el cráneo. 54 Entonces llamó
apresuradamente a su escudero, y le dijo: Saca tu espada y mátame, para que no
se diga de mí: Una mujer lo mató. Y su escudero le atravesó, y murió. 55 Y
cuando los israelitas vieron muerto a Abimelec, se fueron cada uno a su casa.
56 Así pagó Dios a Abimelec el mal que hizo contra su padre, matando a sus
setenta hermanos. 57 Y todo el mal de los hombres de Siquem lo hizo Dios
volver sobre sus cabezas, y vino sobre ellos la maldición de Jotam hijo de
Jerobaal.
Tola y Jair juzgan a Israel
JUECES 10
1 Después de Abimelec, se levantó para librar a Israel
Tola hijo de Fúa, hijo de Dodo, varón de Isacar, el cual habitaba en Samir en
el monte de Efraín. 2 Y juzgó a Israel veintitrés años; y murió, y fue
sepultado en Samir.
3 Tras él se levantó Jair galaadita, el cual juzgó a
Israel veintidós años. 4 Este tuvo treinta hijos, que cabalgaban sobre treinta
asnos; y tenían treinta ciudades, que se llaman las ciudades de Jair hasta
hoy, las cuales están en la tierra de Galaad. 5 Y murió Jair, y fue sepultado
en Camón.
Jefté liberta a Israel de los amonitas
6 Pero los hijos de Israel volvieron a hacer lo malo ante
los ojos de Jehová, y sirvieron a los baales y a Astarot, a los dioses de
Siria, a los dioses de Sidón, a los dioses de Moab, a los dioses de los hijos
de Amón y a los dioses de los filisteos; y dejaron a Jehová, y no le
sirvieron. 7 Y se encendió la ira de Jehová contra Israel, y los entregó en
mano de los filisteos, y en mano de los hijos de Amón; 8 los cuales oprimieron
y quebrantaron a los hijos de Israel en aquel tiempo dieciocho años, a todos
los hijos de Israel que estaban al otro lado del Jordán en la tierra del
amorreo, que está en Galaad. 9 Y los hijos de Amón pasaron el Jordán para
hacer también guerra contra Judá y contra Benjamín y la casa de Efraín, y fue
afligido Israel en gran manera.
10 Entonces los hijos de Israel clamaron a Jehová,
diciendo: Nosotros hemos pecado contra ti; porque hemos dejado a nuestro Dios,
y servido a los baales. 11 Y Jehová respondió a los hijos de Israel: ¿No
habéis sido oprimidos de Egipto, de los amorreos, de los amonitas, de los
filisteos, 12 de los de Sidón, de Amalec y de Maón, y clamando a mí no os
libré de sus manos? 13 Mas vosotros me habéis dejado, y habéis servido a
dioses ajenos; por tanto, yo no os libraré más. 14 Andad y clamad a los dioses
que os habéis elegido; que os libren ellos en el tiempo de vuestra aflicción.
15 Y los hijos de Israel respondieron a Jehová: Hemos pecado; haz tú con
nosotros como bien te parezca; sólo te rogamos que nos libres en este día. 16
Y quitaron de entre sí los dioses ajenos, y sirvieron a Jehová; y él fue
angustiado a causa de la aflicción de Israel.
17 Entonces se juntaron los hijos de Amón, y acamparon en
Galaad; se juntaron asimismo los hijos de Israel, y acamparon en Mizpa. 18 Y
los príncipes y el pueblo de Galaad dijeron el uno al otro: ¿Quién comenzará
la batalla contra los hijos de Amón? Será caudillo sobre todos los que habitan
en Galaad.
JUECES 11
1 Jefté galaadita era esforzado y valeroso; era hijo de
una mujer ramera, y el padre de Jefté era Galaad. 2 Pero la mujer de Galaad le
dio hijos, los cuales, cuando crecieron, echaron fuera a Jefté, diciéndole: No
heredarás en la casa de nuestro padre, porque eres hijo de otra mujer. 3 Huyó,
pues, Jefté de sus hermanos, y habitó en tierra de Tob; y se juntaron con él
hombres ociosos, los cuales salían con él.
4 Aconteció andando el tiempo, que los hijos de Amón
hicieron guerra contra Israel. 5 Y cuando los hijos de Amón hicieron guerra
contra Israel, los ancianos de Galaad fueron a traer a Jefté de la tierra de
Tob; 6 y dijeron a Jefté: Ven, y serás nuestro jefe, para que peleemos contra
los hijos de Amón. 7 Jefté respondió a los ancianos de Galaad: ¿No me
aborrecisteis vosotros, y me echasteis de la casa de mi padre? ¿Por qué, pues,
venís ahora a mí cuando estáis en aflicción? 8 Y los ancianos de Galaad
respondieron a Jefté: Por esta misma causa volvemos ahora a ti, para que
vengas con nosotros y pelees contra los hijos de Amón, y seas caudillo de
todos los que moramos en Galaad. 9 Jefté entonces dijo a los ancianos de
Galaad: Si me hacéis volver para que pelee contra los hijos de Amón, y Jehová
los entregare delante de mí, ¿seré yo vuestro caudillo? 10 Y los ancianos de
Galaad respondieron a Jefté: Jehová sea testigo entre nosotros, si no
hiciéremos como tú dices. 11 Entonces Jefté vino con los ancianos de Galaad, y
el pueblo lo eligió por su caudillo y jefe; y Jefté habló todas sus palabras
delante de Jehová en Mizpa.
12 Y envió Jefté mensajeros al rey de los amonitas,
diciendo: ¿Qué tienes tú conmigo, que has venido a mí para hacer guerra contra
mi tierra? 13 El rey de los amonitas respondió a los mensajeros de Jefté: Por
cuanto Israel tomó mi tierra, cuando subió de Egipto, desde Arnón hasta Jaboc
y el Jordán; ahora, pues, devuélvela en paz. 14 Y Jefté volvió a enviar otros
mensajeros al rey de los amonitas, 15 para decirle: Jefté ha dicho así: Israel
no tomó tierra de Moab, ni tierra de los hijos de Amón. 16 Porque cuando
Israel subió de Egipto, anduvo por el desierto hasta el Mar Rojo, y llegó a
Cades. 17 Entonces Israel envió mensajeros al rey de Edom, diciendo: Yo te
ruego que me dejes pasar por tu tierra; pero el rey de Edom no los escuchó.
Envió también al rey de Moab, el cual tampoco quiso; se quedó, por tanto,
Israel en Cades. 18 Después, yendo por el desierto, rodeó la tierra de Edom y
la tierra de Moab, y viniendo por el lado oriental de la tierra de Moab,
acampó al otro lado de Arnón, y no entró en territorio de Moab; porque Arnón
es territorio de Moab. 19 Y envió Israel mensajeros a Sehón rey de los
amorreos, rey de Hesbón, diciéndole: Te ruego que me dejes pasar por tu tierra
hasta mi lugar. 20 Mas Sehón no se fio de Israel para darle paso por su
territorio, sino que reuniendo Sehón toda su gente, acampó en Jahaza, y peleó
contra Israel. 21 Pero Jehová Dios de Israel entregó a Sehón y a todo su
pueblo en mano de Israel, y los derrotó; y se apoderó Israel de toda la tierra
de los amorreos que habitaban en aquel país. 22 Se apoderaron también de todo
el territorio del amorreo desde Arnón hasta Jaboc, y desde el desierto hasta
el Jordán. 23 Así que, lo que Jehová Dios de Israel desposeyó al amorreo
delante de su pueblo Israel, ¿pretendes tú apoderarte de él? 24 Lo que te
hiciere poseer Quemos tu dios, ¿no lo poseerías tú? Así, todo lo que desposeyó
Jehová nuestro Dios delante de nosotros, nosotros lo poseeremos. 25 ¿Eres tú
ahora mejor en algo que Balac hijo de Zipor, rey de Moab? ¿Tuvo él cuestión
contra Israel, o hizo guerra contra ellos? 26 Cuando Israel ha estado
habitando por trescientos años a Hesbón y sus aldeas, a Aroer y sus aldeas, y
todas las ciudades que están en el territorio de Arnón, ¿por qué no las habéis
recobrado en ese tiempo? 27 Así que, yo nada he pecado contra ti, mas tú haces
mal conmigo peleando contra mí. Jehová, que es el juez, juzgue hoy entre los
hijos de Israel y los hijos de Amón. 28 Mas el rey de los hijos de Amón no
atendió a las razones que Jefté le envió.
29 Y el Espíritu de Jehová vino sobre Jefté; y pasó por
Galaad y Manasés, y de allí pasó a Mizpa de Galaad, y de Mizpa de Galaad pasó
a los hijos de Amón. 30 Y Jefté hizo voto a Jehová, diciendo: Si entregares a
los amonitas en mis manos, 31 cualquiera que saliere de las puertas de mi casa
a recibirme, cuando regrese victorioso de los amonitas, será de Jehová, y lo
ofreceré en holocausto. 32 Y fue Jefté hacia los hijos de Amón para pelear
contra ellos; y Jehová los entregó en su mano. 33 Y desde Aroer hasta llegar a
Minit, veinte ciudades, y hasta la vega de las viñas, los derrotó con muy
grande estrago. Así fueron sometidos los amonitas por los hijos de Israel.
34 Entonces volvió Jefté a Mizpa, a su casa; y he aquí su
hija que salía a recibirle con panderos y danzas, y ella era sola, su hija
única; no tenía fuera de ella hijo ni hija. 35 Y cuando él la vio, rompió sus
vestidos, diciendo: ¡Ay, hija mía! en verdad me has abatido, y tú misma has
venido a ser causa de mi dolor; porque le he dado palabra a Jehová, y no podré
retractarme. 36 Ella entonces le respondió: Padre mío, si le has dado palabra
a Jehová, haz de mí conforme a lo que prometiste, ya que Jehová ha hecho
venganza en tus enemigos los hijos de Amón. 37 Y volvió a decir a su padre:
Concédeme esto: déjame por dos meses que vaya y descienda por los montes, y
llore mi virginidad, yo y mis compañeras. 38 El entonces dijo: Ve. Y la dejó
por dos meses. Y ella fue con sus compañeras, y lloró su virginidad por los
montes. 39 Pasados los dos meses volvió a su padre, quien hizo de ella
conforme al voto que había hecho. Y ella nunca conoció varón. 40 Y se hizo
costumbre en Israel, que de año en año fueran las doncellas de Israel a
endechar a la hija de Jefté galaadita, cuatro días en el año.
JUECES 12
1 Entonces se reunieron los varones de Efraín, y pasaron
hacia el norte, y dijeron a Jefté: ¿Por qué fuiste a hacer guerra contra los
hijos de Amón, y no nos llamaste para que fuéramos contigo? Nosotros
quemaremos tu casa contigo. 2 Y Jefté les respondió: Yo y mi pueblo teníamos
una gran contienda con los hijos de Amón, y os llamé, y no me defendisteis de
su mano. 3 Viendo, pues, que no me defendíais, arriesgué mi vida, y pasé
contra los hijos de Amón, y Jehová me los entregó; ¿por qué, pues, habéis
subido hoy contra mí para pelear conmigo? 4 Entonces reunió Jefté a todos los
varones de Galaad, y peleó contra Efraín; y los de Galaad derrotaron a Efraín,
porque habían dicho: Vosotros sois fugitivos de Efraín, vosotros los
galaaditas, en medio de Efraín y de Manasés. 5 Y los galaaditas tomaron los
vados del Jordán a los de Efraín; y aconteció que cuando decían los fugitivos
de Efraín: Quiero pasar, los de Galaad les preguntaban: ¿Eres tú efrateo? Si
él respondía: No, 6 entonces le decían: Ahora, pues, di Shibolet. Y él decía
Sibolet; porque no podía pronunciarlo correctamente. Entonces le echaban mano,
y le degollaban junto a los vados del Jordán. Y murieron entonces de los de
Efraín cuarenta y dos mil. 7 Y Jefté juzgó a Israel seis años; y murió Jefté
galaadita, y fue sepultado en una de las ciudades de Galaad.
Ibzán, Elón y Abdón, jueces de Israel
8 Después de él juzgó a Israel Ibzán de Belén, 9 el cual
tuvo treinta hijos y treinta hijas, las cuales casó fuera, y tomó de fuera
treinta hijas para sus hijos; y juzgó a Israel siete años. 10 Y murió Ibzán, y
fue sepultado en Belén. 11 Después de él juzgó a Israel Elón zabulonita, el
cual juzgó a Israel diez años. 12 Y murió Elón zabulonita, y fue sepultado en
Ajalón en la tierra de Zabulón. 13 Después de él juzgó a Israel Abdón hijo de
Hilel, piratonita. 14 Este tuvo cuarenta hijos y treinta nietos, que
cabalgaban sobre setenta asnos; y juzgó a Israel ocho años. 15 Y murió Abdón
hijo de Hilel piratonita, y fue sepultado en Piratón, en la tierra de Efraín,
en el monte de Amalec.
JUECES 13
Nacimiento de Sansón
1 Los hijos de Israel volvieron a hacer lo malo ante los
ojos de Jehová; y Jehová los entregó en mano de los filisteos por cuarenta
años. 2 Y había un hombre de Zora, de la tribu de Dan, el cual se llamaba
Manoa; y su mujer era estéril, y nunca había tenido hijos. 3 A esta mujer
apareció el ángel de Jehová, y le dijo: He aquí que tú eres estéril, y nunca
has tenido hijos; pero concebirás y darás a luz un hijo. 4 Ahora, pues, no
bebas vino ni sidra, ni comas cosa inmunda. 5 Pues he aquí que concebirás y
darás a luz un hijo; y navaja no pasará sobre su cabeza, porque el niño será
nazareo a Dios desde su nacimiento, y él comenzará a salvar a Israel de mano
de los filisteos. 6 Y la mujer vino y se lo contó a su marido, diciendo: Un
varón de Dios vino a mí, cuyo aspecto era como el aspecto de un ángel de Dios,
temible en gran manera; y no le pregunté de dónde ni quién era, ni tampoco él
me dijo su nombre. 7 Y me dijo: He aquí que tú concebirás, y darás a luz un
hijo; por tanto, ahora no bebas vino, ni sidra, ni comas cosa inmunda, porque
este niño será nazareo a Dios desde su nacimiento hasta el día de su muerte.
8 Entonces oró Manoa a Jehová, y dijo: Ah, Señor mío, yo
te ruego que aquel varón de Dios que enviaste, vuelva ahora a venir a
nosotros, y nos enseñe lo que hayamos de hacer con el niño que ha de nacer. 9
Y Dios oyó la voz de Manoa; y el ángel de Dios volvió otra vez a la mujer,
estando ella en el campo; mas su marido Manoa no estaba con ella. 10 Y la
mujer corrió prontamente a avisarle a su marido, diciéndole: Mira que se me ha
aparecido aquel varón que vino a mí el otro día. 11 Y se levantó Manoa, y
siguió a su mujer; y vino al varón y le dijo: ¿Eres tú aquel varón que habló a
la mujer? Y él dijo: Yo soy. 12 Entonces Manoa dijo: Cuando tus palabras se
cumplan, ¿cómo debe ser la manera de vivir del niño, y qué debemos hacer con
él? 13 Y el ángel de Jehová respondió a Manoa: La mujer se guardará de todas
las cosas que yo le dije. 14 No tomará nada que proceda de la vid; no beberá
vino ni sidra, y no comerá cosa inmunda; guardará todo lo que le mandé.
15 Entonces Manoa dijo al ángel de Jehová: Te ruego nos
permitas detenerte, y te prepararemos un cabrito. 16 Y el ángel de Jehová
respondió a Manoa: Aunque me detengas, no comeré de tu pan; mas si quieres
hacer holocausto, ofrécelo a Jehová. Y no sabía Manoa que aquél fuese ángel de
Jehová. 17 Entonces dijo Manoa al ángel de Jehová: ¿Cuál es tu nombre, para
que cuando se cumpla tu palabra te honremos? 18 Y el ángel de Jehová
respondió: ¿Por qué preguntas por mi nombre, que es admirable? 19 Y Manoa tomó
un cabrito y una ofrenda, y los ofreció sobre una peña a Jehová; y el ángel
hizo milagro ante los ojos de Manoa y de su mujer. 20 Porque aconteció que
cuando la llama subía del altar hacia el cielo, el ángel de Jehová subió en la
llama del altar ante los ojos de Manoa y de su mujer, los cuales se postraron
en tierra.
21 Y el ángel de Jehová no volvió a aparecer a Manoa ni a
su mujer. Entonces conoció Manoa que era el ángel de Jehová. 22 Y dijo Manoa a
su mujer: Ciertamente moriremos, porque a Dios hemos visto. 23 Y su mujer le
respondió: Si Jehová nos quisiera matar, no aceptaría de nuestras manos el
holocausto y la ofrenda, ni nos hubiera mostrado todas estas cosas, ni ahora
nos habría anunciado esto. 24 Y la mujer dio a luz un hijo, y le puso por
nombre Sansón. Y el niño creció, y Jehová lo bendijo. 25 Y el Espíritu de
Jehová comenzó a manifestarse en él en los campamentos de Dan, entre Zora y
Estaol.
Sansón y la mujer filistea de Timnat
JUECES 14
1 Descendió Sansón a Timnat, y vio en Timnat a una mujer
de las hijas de los filisteos. 2 Y subió, y lo declaró a su padre y a su
madre, diciendo: Yo he visto en Timnat una mujer de las hijas de los
filisteos; os ruego que me la toméis por mujer. 3 Y su padre y su madre le
dijeron: ¿No hay mujer entre las hijas de tus hermanos, ni en todo nuestro
pueblo, para que vayas tú a tomar mujer de los filisteos incircuncisos? Y
Sansón respondió a su padre: Tómame ésta por mujer, porque ella me agrada.
4 Mas su padre y su madre no sabían que esto venía de
Jehová, porque él buscaba ocasión contra los filisteos; pues en aquel tiempo
los filisteos dominaban sobre Israel.
5 Y Sansón descendió con su padre y con su madre a Timnat;
y cuando llegaron a las viñas de Timnat, he aquí un león joven que venía
rugiendo hacia él. 6 Y el Espíritu de Jehová vino sobre Sansón, quien
despedazó al león como quien despedaza un cabrito, sin tener nada en su mano;
y no declaró ni a su padre ni a su madre lo que había hecho. 7 Descendió,
pues, y habló a la mujer; y ella agradó a Sansón. 8 Y volviendo después de
algunos días para tomarla, se apartó del camino para ver el cuerpo muerto del
león; y he aquí que en el cuerpo del león había un enjambre de abejas, y un
panal de miel. 9 Y tomándolo en sus manos, se fue comiéndolo por el camino; y
cuando alcanzó a su padre y a su madre, les dio también a ellos que comiesen;
mas no les descubrió que había tomado aquella miel del cuerpo del león.
10 Vino, pues, su padre adonde estaba la mujer, y Sansón
hizo allí banquete; porque así solían hacer los jóvenes. 11 Y aconteció que
cuando ellos le vieron, tomaron treinta compañeros para que estuviesen con él.
12 Y Sansón les dijo: Yo os propondré ahora un enigma, y si en los siete días
del banquete me lo declaráis y descifráis, yo os daré treinta vestidos de lino
y treinta vestidos de fiesta. 13 Mas si no me lo podéis declarar, entonces
vosotros me daréis a mí los treinta vestidos de lino y los vestidos de fiesta.
Y ellos respondieron: Propón tu enigma, y lo oiremos. 14 Entonces les dijo:
Del devorador salió comida,
Y del fuerte salió dulzura.
Y ellos no pudieron declararle el enigma en tres días.
15 Al séptimo día dijeron a la mujer de Sansón: Induce a
tu marido a que nos declare este enigma, para que no te quememos a ti y a la
casa de tu padre. ¿Nos habéis llamado aquí para despojarnos? 16 Y lloró la
mujer de Sansón en presencia de él, y dijo: Solamente me aborreces, y no me
amas, pues no me declaras el enigma que propusiste a los hijos de mi pueblo. Y
él respondió: He aquí que ni a mi padre ni a mi madre lo he declarado, ¿y te
lo había de declarar a ti? 17 Y ella lloró en presencia de él los siete días
que ellos tuvieron banquete; mas al séptimo día él se lo declaró, porque le
presionaba; y ella lo declaró a los hijos de su pueblo. 18 Al séptimo día,
antes que el sol se pusiese, los de la ciudad le dijeron:
¿Qué cosa más dulce que la miel?
¿Y qué cosa más fuerte que el león?
Y él les respondió:
Si no araseis con mi novilla,
Nunca hubierais descubierto mi enigma. 19 Y el Espíritu
de Jehová vino sobre él, y descendió a Ascalón y mató a treinta hombres de
ellos; y tomando sus despojos, dio las mudas de vestidos a los que habían
explicado el enigma; y encendido en enojo se volvió a la casa de su padre. 20
Y la mujer de Sansón fue dada a su compañero, al cual él había tratado como su
amigo.
JUECES 15
1 Aconteció después de algún tiempo, que en los días de
la siega del trigo Sansón visitó a su mujer con un cabrito, diciendo: Entraré
a mi mujer en el aposento. Mas el padre de ella no lo dejó entrar. 2 Y dijo el
padre de ella: Me persuadí de que la aborrecías, y la di a tu compañero. Mas
su hermana menor, ¿no es más hermosa que ella? Tómala, pues, en su lugar. 3
Entonces le dijo Sansón: Sin culpa seré esta vez respecto de los filisteos, si
mal les hiciere. 4 Y fue Sansón y cazó trescientas zorras, y tomó teas, y
juntó cola con cola, y puso una tea entre cada dos colas. 5 Después,
encendiendo las teas, soltó las zorras en los sembrados de los filisteos, y
quemó las mieses amontonadas y en pie, viñas y olivares. 6 Y dijeron los
filisteos: ¿Quién hizo esto? Y les contestaron: Sansón, el yerno del timnateo,
porque le quitó su mujer y la dio a su compañero. Y vinieron los filisteos y
la quemaron a ella y a su padre. 7 Entonces Sansón les dijo: Ya que así habéis
hecho, juro que me vengaré de vosotros, y después desistiré. 8 Y los hirió
cadera y muslo con gran mortandad; y descendió y habitó en la cueva de la peña
de Etam.
Sansón derrota a los filisteos en Lehi
9 Entonces los filisteos subieron y acamparon en Judá, y
se extendieron por Lehi. 10 Y los varones de Judá les dijeron: ¿Por qué habéis
subido contra nosotros? Y ellos respondieron: A prender a Sansón hemos subido,
para hacerle como él nos ha hecho. 11 Y vinieron tres mil hombres de Judá a la
cueva de la peña de Etam, y dijeron a Sansón: ¿No sabes tú que los filisteos
dominan sobre nosotros? ¿Por qué nos has hecho esto? Y él les respondió: Yo
les he hecho como ellos me hicieron. 12 Ellos entonces le dijeron: Nosotros
hemos venido para prenderte y entregarte en mano de los filisteos. Y Sansón
les respondió: Juradme que vosotros no me mataréis. 13 Y ellos le
respondieron, diciendo: No; solamente te prenderemos, y te entregaremos en sus
manos; mas no te mataremos. Entonces le ataron con dos cuerdas nuevas, y le
hicieron venir de la peña.
14 Y así que vino hasta Lehi, los filisteos salieron
gritando a su encuentro; pero el Espíritu de Jehová vino sobre él, y las
cuerdas que estaban en sus brazos se volvieron como lino quemado con fuego, y
las ataduras se cayeron de sus manos. 15 Y hallando una quijada de asno fresca
aún, extendió la mano y la tomó, y mató con ella a mil hombres. 16 Entonces
Sansón dijo:
Con la quijada de un asno, un montón, dos montones;
Con la quijada de un asno maté a mil hombres. 17 Y
acabando de hablar, arrojó de su mano la quijada, y llamó a aquel lugar Ramat-lehi.
18 Y teniendo gran sed, clamó luego a Jehová, y dijo: Tú
has dado esta grande salvación por mano de tu siervo; ¿y moriré yo ahora de
sed, y caeré en mano de los incircuncisos? 19 Entonces abrió Dios la cuenca
que hay en Lehi; y salió de allí agua, y él bebió, y recobró su espíritu, y se
reanimó. Por esto llamó el nombre de aquel lugar, En-hacore, el cual está en
Lehi, hasta hoy. 20 Y juzgó a Israel en los días de los filisteos veinte años.
Sansón en Gaza
JUECES 16
1 Fue Sansón a Gaza, y vio allí a una mujer ramera, y se
llegó a ella. 2 Y fue dicho a los de Gaza: Sansón ha venido acá. Y lo
rodearon, y acecharon toda aquella noche a la puerta de la ciudad; y
estuvieron callados toda aquella noche, diciendo: Hasta la luz de la mañana;
entonces lo mataremos. 3 Mas Sansón durmió hasta la medianoche; y a la
medianoche se levantó, y tomando las puertas de la ciudad con sus dos pilares
y su cerrojo, se las echó al hombro, y se fue y las subió a la cumbre del
monte que está delante de Hebrón.
Sansón y Dalila
4 Después de esto aconteció que se enamoró de una mujer
en el valle de Sorec, la cual se llamaba Dalila. 5 Y vinieron a ella los
príncipes de los filisteos, y le dijeron: Engáñale e infórmate en qué consiste
su gran fuerza, y cómo lo podríamos vencer, para que lo atemos y lo dominemos;
y cada uno de nosotros te dará mil cien siclos de plata. 6 Y Dalila dijo a
Sansón: Yo te ruego que me declares en qué consiste tu gran fuerza, y cómo
podrás ser atado para ser dominado. 7 Y le respondió Sansón: Si me ataren con
siete mimbres verdes que aún no estén enjutos, entonces me debilitaré y seré
como cualquiera de los hombres. 8 Y los príncipes de los filisteos le trajeron
siete mimbres verdes que aún no estaban enjutos, y ella le ató con ellos. 9 Y
ella tenía hombres en acecho en el aposento. Entonces ella le dijo: ¡Sansón,
los filisteos contra ti! Y él rompió los mimbres, como se rompe una cuerda de
estopa cuando toca el fuego; y no se supo el secreto de su fuerza.
10 Entonces Dalila dijo a Sansón: He aquí tú me has
engañado, y me has dicho mentiras; descúbreme, pues, ahora, te ruego, cómo
podrás ser atado. 11 Y él le dijo: Si me ataren fuertemente con cuerdas nuevas
que no se hayan usado, yo me debilitaré, y seré como cualquiera de los
hombres. 12 Y Dalila tomó cuerdas nuevas, y le ató con ellas, y le dijo:
¡Sansón, los filisteos sobre ti! Y los espías estaban en el aposento. Mas él
las rompió de sus brazos como un hilo.
13 Y Dalila dijo a Sansón: Hasta ahora me engañas, y
tratas conmigo con mentiras. Descúbreme, pues, ahora, cómo podrás ser atado.
El entonces le dijo: Si tejieres siete guedejas de mi cabeza con la tela y las
asegurares con la estaca. 14 Y ella las aseguró con la estaca, y le dijo:
¡Sansón, los filisteos sobre ti! Mas despertando él de su sueño, arrancó la
estaca del telar con la tela.
15 Y ella le dijo: ¿Cómo dices: Yo te amo, cuando tu
corazón no está conmigo? Ya me has engañado tres veces, y no me has
descubierto aún en qué consiste tu gran fuerza. 16 Y aconteció que,
presionándole ella cada día con sus palabras e importunándole, su alma fue
reducida a mortal angustia. 17 Le descubrió, pues, todo su corazón, y le djio:
Nunca a mi cabeza llegó navaja; porque soy nazareo de Dios desde el vientre de
mi madre. Si fuere rapado, mi fuerza se apartará de mí, y me debilitaré y seré
como todos los hombres.
18 Viendo Dalila que él le había descubierto todo su
corazón, envió a llamar a los principales de los filisteos, diciendo: Venid
esta vez, porque él me ha descubierto todo su corazón. Y los principales de
los filisteos vinieron a ella, trayendo en su mano el dinero. 19 Y ella hizo
que él se durmiese sobre sus rodillas, y llamó a un hombre, quien le rapó las
siete guedejas de su cabeza; y ella comenzó a afligirlo, pues su fuerza se
apartó de él. 20 Y le dijo: ¡Sansón, los filisteos sobre ti! Y luego que
despertó él de su sueño, se dijo: Esta vez saldré como las otras y me
escaparé. Pero él no sabía que Jehová ya se había apartado de él. 21 Mas los
filisteos le echaron mano, y le sacaron los ojos, y le llevaron a Gaza; y le
ataron con cadenas para que moliese en la cárcel. 22 Y el cabello de su cabeza
comenzó a crecer, después que fue rapado.
Muerte de Sansón
23 Entonces los principales de los filisteos se juntaron
para ofrecer sacrificio a Dagón su dios y para alegrarse; y dijeron: Nuestro
dios entregó en nuestras manos a Sansón nuestro enemigo. 24 Y viéndolo el
pueblo, alabaron a su dios, diciendo: Nuestro dios entregó en nuestras manos a
nuestro enemigo, y al destruidor de nuestra tierra, el cual había dado muerte
a muchos de nosotros. 25 Y aconteció que cuando sintieron alegría en su
corazón, dijeron: Llamad a Sansón, para que nos divierta. Y llamaron a Sansón
de la cárcel, y sirvió de juguete delante de ellos; y lo pusieron entre las
columnas. 26 Entonces Sansón dijo al joven que le guiaba de la mano: Acércame,
y hazme palpar las columnas sobre las que descansa la casa, para que me apoye
sobre ellas. 27 Y la casa estaba llena de hombres y mujeres, y todos los
principales de los filisteos estaban allí; y en el piso alto había como tres
mil hombres y mujeres, que estaban mirando el escarnio de Sansón.
28 Entonces clamó Sansón a Jehová, y dijo: Señor Jehová,
acuérdate ahora de mí, y fortaléceme, te ruego, solamente esta vez, oh Dios,
para que de una vez tome venganza de los filisteos por mis dos ojos. 29 Asió
luego Sansón las dos columnas de en medio, sobre las que descansaba la casa, y
echó todo su peso sobre ellas, su mano derecha sobre una y su mano izquierda
sobre la otra. 30 Y dijo Sansón: Muera yo con los filisteos. Entonces se
inclinó con toda su fuerza, y cayó la casa sobre los principales, y sobre todo
el pueblo que estaba en ella. Y los que mató al morir fueron muchos más que
los que había matado durante su vida. 31 Y descendieron sus hermanos y toda la
casa de su padre, y le tomaron, y le llevaron, y le sepultaron entre Zora y
Estaol, en el sepulcro de su padre Manoa. Y él juzgó a Israel veinte años.
Las imágenes y el sacerdote de Micaía
JUECES 17
1 Hubo un hombre del monte de Efraín, que se llamaba
Micaía, 2 el cual dijo a su madre: Los mil cien siclos de plata que te fueron
hurtados, acerca de los cuales maldijiste, y de los cuales me hablaste, he
aquí el dinero está en mi poder; yo lo tomé. Entonces la madre dijo: Bendito
seas de Jehová, hijo mío. 3 Y él devolvió los mil cien siclos de plata a su
madre; y su madre dijo: En verdad he dedicado el dinero a Jehová por mi hijo,
para hacer una imagen de talla y una de fundición; ahora, pues, yo te lo
devuelvo. 4 Mas él devolvió el dinero a su madre, y tomó su madre doscientos
siclos de plata y los dio al fundidor, quien hizo de ellos una imagen de talla
y una de fundición, la cual fue puesta en la casa de Micaía. 5 Y este hombre
Micaía tuvo casa de dioses, e hizo efod y terafines, y consagró a uno de sus
hijos para que fuera su sacerdote. 6 En aquellos días no había rey en Israel;
cada uno hacía lo que bien le parecía.
7 Y había un joven de Belén de Judá, de la tribu de Judá,
el cual era levita, y forastero allí. 8 Este hombre partió de la ciudad de
Belén de Judá para ir a vivir donde pudiera encontrar lugar; y llegando en su
camino al monte de Efraín, vino a casa de Micaía. 9 Y Micaía le dijo: ¿De
dónde vienes? Y el levita le respondió: Soy de Belén de Judá, y voy a vivir
donde pueda encontrar lugar. 10 Entonces Micaía le dijo: Quédate en mi casa, y
serás para mí padre y sacerdote; y yo te daré diez siclos de plata por año,
vestidos y comida. Y el levita se quedó. 11 Agradó, pues, al levita morar con
aquel hombre, y fue para él como uno de sus hijos. 12 Y Micaía consagró al
levita, y aquel joven le servía de sacerdote, y permaneció en casa de Micaía.
13 Y Micaía dijo: Ahora sé que Jehová me prosperará, porque tengo un levita
por sacerdote.
Micaía y los hombres de Dan
JUECES 18
1 En aquellos días no había rey en Israel. Y en aquellos
días la tribu de Dan buscaba posesión para sí donde habitar, porque hasta
entonces no había tenido posesión entre las tribus de Israel. 2 Y los hijos de
Dan enviaron de su tribu cinco hombres de entre ellos, hombres valientes, de
Zora y Estaol, para que reconociesen y explorasen bien la tierra; y les
dijeron: Id y reconoced la tierra. Estos vinieron al monte de Efraín, hasta la
casa de Micaía, y allí posaron. 3 Cuando estaban cerca de la casa de Micaía,
reconocieron la voz del joven levita; y llegando allá, le dijeron: ¿Quién te
ha traído acá? ¿y qué haces aquí? ¿y qué tienes tú por aquí? 4 El les
respondió: De esta y de esta manera ha hecho conmigo Micaía, y me ha tomado
para que sea su sacerdote. 5 Y ellos le dijeron: Pregunta, pues, ahora a Dios,
para que sepamos si ha de prosperar este viaje que hacemos. 6 Y el sacerdote
les respondió: Id en paz; delante de Jehová está vuestro camino en que andáis.
7 Entonces aquellos cinco hombres salieron, y vinieron a
Lais; y vieron que el pueblo que habitaba en ella estaba seguro, ocioso y
confiado, conforme a la costumbre de los de Sidón, sin que nadie en aquella
región les perturbase en cosa alguna, ni había quien poseyese el reino. Y
estaban lejos de los sidonios, y no tenían negocios con nadie. 8 Volviendo,
pues, ellos a sus hermanos en Zora y Estaol, sus hermanos les dijeron: ¿Qué
hay? Y ellos respondieron: 9 Levantaos, subamos contra ellos; porque nosotros
hemos explorado la región, y hemos visto que es muy buena; ¿y vosotros no
haréis nada? No seáis perezosos en poneros en marcha para ir a tomar posesión
de la tierra. 10 Cuando vayáis, llegaréis a un pueblo confiado y a una tierra
muy espaciosa, pues Dios la ha entregado en vuestras manos; lugar donde no hay
falta de cosa alguna que haya en la tierra.
11 Entonces salieron de allí, de Zora y de Estaol,
seiscientos hombres de la familia de Dan, armados de armas de guerra. 12
Fueron y acamparon en Quiriat-jearim en Judá, por lo cual llamaron a aquel
lugar el campamento de Dan, hasta hoy; está al occidente de Quiriat-jearim. 13
Y de allí pasaron al monte de Efraín, y vinieron hasta la casa de Micaía.
14 Entonces aquellos cinco hombres que habían ido a
reconocer la tierra de Lais dijeron a sus hermanos: ¿No sabéis que en estas
casas hay efod y terafines, y una imagen de talla y una de fundición? Mirad,
por tanto, lo que habéis de hacer. 15 Cuando llegaron allá, vinieron a la casa
del joven levita, en casa de Micaía, y le preguntaron cómo estaba. 16 Y los
seiscientos hombres, que eran de los hijos de Dan, estaban armados de sus
armas de guerra a la entrada de la puerta. 17 Y subiendo los cinco hombres que
habían ido a reconocer la tierra, entraron allá y tomaron la imagen de talla,
el efod, los terafines y la imagen de fundición, mientras estaba el sacerdote
a la entrada de la puerta con los seiscientos hombres armados de armas de
guerra. 18 Entrando, pues, aquéllos en la casa de Micaía, tomaron la imagen de
talla, el efod, los terafines y la imagen de fundición. Y el sacerdote les
dijo: ¿Qué hacéis vosotros? 19 Y ellos le respondieron: Calla, pon la mano
sobre tu boca, y vente con nosotros, para que seas nuestro padre y sacerdote.
¿Es mejor que seas tú sacerdote en casa de un solo hombre, que de una tribu y
familia de Israel? 20 Y se alegró el corazón del sacerdote, el cual tomó el
efod y los terafines y la imagen, y se fue en medio del pueblo.
21 Y ellos se volvieron y partieron, y pusieron los
niños, el ganado y el bagaje por delante. 22 Cuando ya se habían alejado de la
casa de Micaía, los hombres que habitaban en las casas cercanas a la casa de
Micaía se juntaron y siguieron a los hijos de Dan. 23 Y dando voces a los de
Dan, éstos volvieron sus rostros, y dijeron a Micaía: ¿Qué tienes, que has
juntado gente? 24 El respondió: Tomasteis mis dioses que yo hice y al
sacerdote, y os vais; ¿qué más me queda? ¿Por qué, pues, me decís: ¿Qué
tienes? 25 Y los hijos de Dan le dijeron: No des voces tras nosotros, no sea
que los de ánimo colérico os acometan, y pierdas también tu vida y la vida de
los tuyos. 26 Y prosiguieron los hijos de Dan su camino, y Micaía, viendo que
eran más fuertes que él, volvió y regresó a su casa.
27 Y ellos, llevando las cosas que había hecho Micaía,
juntamente con el sacerdote que tenía, llegaron a Lais, al pueblo tranquilo y
confiado; y los hirieron a filo de espada, y quemaron la ciudad. 28 Y no hubo
quien los defendiese, porque estaban lejos de Sidón, y no tenían negocios con
nadie. Y la ciudad estaba en el valle que hay junto a Bet-rehob. Luego
reedificaron la ciudad, y habitaron en ella. 29 Y llamaron el nombre de
aquella ciudad Dan, conforme al nombre de Dan su padre, hijo de Israel, bien
que antes se llamaba la ciudad Lais. 30 Y los hijos de Dan levantaron para sí
la imagen de talla; y Jonatán hijo de Gersón, hijo de Moisés, él y sus hijos
fueron sacerdotes en la tribu de Dan, hasta el día del cautiverio de la
tierra. 31 Así tuvieron levantada entre ellos la imagen de talla que Micaía
había hecho, todo el tiempo que la casa de Dios estuvo en Silo.
El levita y su concubina
JUECES 19
1 En aquellos días, cuando no había rey en Israel, hubo
un levita que moraba como forastero en la parte más remota del monte de
Efraín, el cual había tomado para sí mujer concubina de Belén de Judá. 2 Y su
concubina le fue infiel, y se fue de él a casa de su padre, a Belén de Judá, y
estuvo allá durante cuatro meses. 3 Y se levantó su marido y la siguió, para
hablarle amorosamente y hacerla volver; y llevaba consigo un criado, y un par
de asnos; y ella le hizo entrar en la casa de su padre. 4 Y viéndole el padre
de la joven, salió a recibirle gozoso; y le detuvo su suegro, el padre de la
joven, y quedó en su casa tres días, comiendo y bebiendo y alojándose allí. 5
Al cuarto día, cuando se levantaron de mañana, se levantó también el levita
para irse; y el padre de la joven dijo a su yerno: Conforta tu corazón con un
bocado de pan, y después os iréis. 6 Y se sentaron ellos dos juntos, y
comieron y bebieron. Y el padre de la joven dijo al varón: Yo te ruego que
quieras pasar aquí la noche, y se alegrará tu corazón. 7 Y se levantó el varón
para irse, pero insistió su suegro, y volvió a pasar allí la noche. 8 Al
quinto día, levantándose de mañana para irse, le dijo el padre de la joven:
Conforta ahora tu corazón, y aguarda hasta que decline el día. Y comieron
ambos juntos. 9 Luego se levantó el varón para irse, él y su concubina y su
criado. Entonces su suegro, el padre de la joven, le dijo: He aquí ya el día
declina para anochecer, te ruego que paséis aquí la noche; he aquí que el día
se acaba, duerme aquí, para que se alegre tu corazón; y mañana os levantaréis
temprano a vuestro camino y te irás a tu casa.
10 Mas el hombre no quiso pasar allí la noche, sino que
se levantó y se fue, y llegó hasta enfrente de Jebús, que es Jerusalén, con su
par de asnos ensillados, y su concubina. 11 Y estando ya junto a Jebús, el día
había declinado mucho; y dijo el criado a su señor: Ven ahora, y vámonos a
esta ciudad de los jebuseos, para que pasemos en ella la noche. 12 Y su señor
le respondió: No iremos a ninguna ciudad de extranjeros, que no sea de los
hijos de Israel, sino que pasaremos hasta Gabaa. Y dijo a su criado: 13 Ven,
sigamos hasta uno de esos lugares, para pasar la noche en Gabaa o en Ramá. 14
Pasando, pues, caminaron, y se les puso el sol junto a Gabaa que era de
Benjamín. 15 Y se apartaron del camino para entrar a pasar allí la noche en
Gabaa; y entrando, se sentaron en la plaza de la ciudad, porque no hubo quien
los acogiese en casa para pasar la noche.
16 Y he aquí un hombre viejo que venía de su trabajo del
campo al anochecer, el cual era del monte de Efraín, y moraba como forastero
en Gabaa; pero los moradores de aquel lugar eran hijos de Benjamín. 17 Y
alzando el viejo los ojos, vio a aquel caminante en la plaza de la ciudad, y
le dijo: ¿A dónde vas, y de dónde vienes? 18 Y él respondió: Pasamos de Belén
de Judá a la parte más remota del monte de Efraín, de donde soy; y había ido a
Belén de Judá; mas ahora voy a la casa de Jehová, y no hay quien me reciba en
casa. 19 Nosotros tenemos paja y forraje para nuestros asnos, y también
tenemos pan y vino para mí y para tu sierva, y para el criado que está con tu
siervo; no nos hace falta nada. 20 Y el hombre anciano dijo: Paz sea contigo;
tu necesidad toda quede solamente a mi cargo, con tal que no pases la noche en
la plaza. 21 Y los trajo a su casa, y dio de comer a sus asnos; y se lavaron
los pies, y comieron y bebieron.
22 Pero cuando estaban gozosos, he aquí que los hombres
de aquella ciudad, hombres perversos, rodearon la casa, golpeando a la puerta;
y hablaron al anciano, dueño de la casa, diciendo: Saca al hombre que ha
entrado en tu casa, para que lo conozcamos. 23 Y salió a ellos el dueño de la
casa y les dijo: No, hermanos míos, os ruego que no cometáis este mal; ya que
este hombre ha entrado en mi casa, no hagáis esta maldad. 24 He aquí mi hija
virgen, y la concubina de él; yo os las sacaré ahora; humilladlas y haced con
ellas como os parezca, y no hagáis a este hombre cosa tan infame. 25 Mas
aquellos hombres no le quisieron oír; por lo que tomando aquel hombre a su
concubina, la sacó; y entraron a ella, y abusaron de ella toda la noche hasta
la mañana, y la dejaron cuando apuntaba el alba. 26 Y cuando ya amanecía, vino
la mujer, y cayó delante de la puerta de la casa de aquel hombre donde su
señor estaba, hasta que fue de día.
27 Y se levantó por la mañana su señor, y abrió las
puertas de la casa, y salió para seguir su camino; y he aquí la mujer su
concubina estaba tendida delante de la puerta de la casa, con las manos sobre
el umbral. 28 El le dijo: Levántate, y vámonos; pero ella no respondió.
Entonces la levantó el varón, y echándola sobre su asno, se levantó y se fue a
su lugar. 29 Y llegando a su casa, tomó un cuchillo, y echó mano de su
concubina, y la partió por sus huesos en doce partes, y la envió por todo el
territorio de Israel. 30 Y todo el que veía aquello, decía: Jamás se ha hecho
ni visto tal cosa, desde el tiempo en que los hijos de Israel subieron de la
tierra de Egipto hasta hoy. Considerad esto, tomad consejo, y hablad.
La guerra contra Benjamín
JUECES 20
1 Entonces salieron todos los hijos de Israel, y se
reunió la congregación como un solo hombre, desde Dan hasta Beerseba y la
tierra de Galaad, a Jehová en Mizpa. 2 Y los jefes de todo el pueblo, de todas
las tribus de Israel, se hallaron presentes en la reunión del pueblo de Dios,
cuatrocientos mil hombres de a pie que sacaban espada. 3 Y los hijos de
Benjamín oyeron que los hijos de Israel habían subido a Mizpa. Y dijeron los
hijos de Israel: Decid cómo fue esta maldad. 4 Entonces el varón levita,
marido de la mujer muerta, respondió y dijo: Yo llegué a Gabaa de Benjamín con
mi concubina, para pasar allí la noche. 5 Y levantándose contra mí los de
Gabaa, rodearon contra mí la casa por la noche, con idea de matarme, y a mi
concubina la humillaron de tal manera que murió. 6 Entonces tomando yo mi
concubina, la corté en pedazos, y la envié por todo el territorio de la
posesión de Israel, por cuanto han hecho maldad y crimen en Israel. 7 He aquí
todos vosotros sois hijos de Israel; dad aquí vuestro parecer y consejo.
8 Entonces todo el pueblo, como un solo hombre, se
levantó, y dijeron: Ninguno de nosotros irá a su tienda, ni volverá ninguno de
nosotros a su casa. 9 Mas esto es ahora lo que haremos a Gabaa: contra ella
subiremos por sorteo. 10 Tomaremos diez hombres de cada ciento por todas las
tribus de Israel, y ciento de cada mil, y mil de cada diez mil, que lleven
víveres para el pueblo, para que yendo a Gabaa de Benjamín le hagan conforme a
toda la abominación que ha cometido en Israel. 11 Y se juntaron todos los
hombres de Israel contra la ciudad, ligados como un solo hombre.
12 Y las tribus de Israel enviaron varones por toda la
tribu de Benjamín, diciendo: ¿Qué maldad es esta que ha sido hecha entre
vosotros? 13 Entregad, pues, ahora a aquellos hombres perversos que están en
Gabaa, para que los matemos, y quitemos el mal de Israel. Mas los de Benjamín
no quisieron oír la voz de sus hermanos los hijos de Israel, 14 sino que los
de Benjamín se juntaron de las ciudades en Gabaa, para salir a pelear contra
los hijos de Israel. 15 Y fueron contados en aquel tiempo los hijos de
Benjamín de las ciudades, veintiséis mil hombres que sacaban espada, sin los
que moraban en Gabaa, que fueron por cuenta setecientos hombres escogidos. 16
De toda aquella gente había setecientos hombres escogidos, que eran zurdos,
todos los cuales tiraban una piedra con la honda a un cabello, y no erraban.
17 Y fueron contados los varones de Israel, fuera de Benjamín, cuatrocientos
mil hombres que sacaban espada, todos estos hombres de guerra.
18 Luego se levantaron los hijos de Israel, y subieron a
la casa de Dios y consultaron a Dios, diciendo: ¿Quién subirá de nosotros el
primero en la guerra contra los hijos de Benjamín? Y Jehová respondió: Judá
será el primero.
19 Se levantaron, pues, los hijos de Israel por la
mañana, contra Gabaa. 20 Y salieron los hijos de Israel a combatir contra
Benjamín, y los varones de Israel ordenaron la batalla contra ellos junto a
Gabaa. 21 Saliendo entonces de Gabaa los hijos de Benjamín, derribaron por
tierra aquel día veintidós mil hombres de los hijos de Israel. 22 Mas
reanimándose el pueblo, los varones de Israel volvieron a ordenar la batalla
en el mismo lugar donde la habían ordenado el primer día. 23 Porque los hijos
de Israel subieron y lloraron delante de Jehová hasta la noche, y consultaron
a Jehová, diciendo: ¿Volveremos a pelear con los hijos de Benjamín nuestros
hermanos? Y Jehová les respondió: Subid contra ellos.
24 Por lo cual se acercaron los hijos de Israel contra
los hijos de Benjamín el segundo día. 25 Y aquel segundo día, saliendo
Benjamín de Gabaa contra ellos, derribaron por tierra otros dieciocho mil
hombres de los hijos de Israel, todos los cuales sacaban espada. 26 Entonces
subieron todos los hijos de Israel, y todo el pueblo, y vinieron a la casa de
Dios; y lloraron, y se sentaron allí en presencia de Jehová, y ayunaron aquel
día hasta la noche; y ofrecieron holocaustos y ofrendas de paz delante de
Jehová. 27 Y los hijos de Israel preguntaron a Jehová (pues el arca del pacto
de Dios estaba allí en aquellos días, 28 y Finees hijo de Eleazar, hijo de
Aarón, ministraba delante de ella en aquellos días), y dijeron: ¿Volveremos
aún a salir contra los hijos de Benjamín nuestros hermanos, para pelear, o
desistiremos? Y Jehová dijo: Subid, porque mañana yo os los entregaré.
29 Y puso Israel emboscadas alrededor de Gabaa. 30
Subiendo entonces los hijos de Israel contra los hijos de Benjamín el tercer
día, ordenaron la batalla delante de Gabaa, como las otras veces. 31 Y
salieron los hijos de Benjamín al encuentro del pueblo, alejándose de la
ciudad; y comenzaron a herir a algunos del pueblo, matándolos como las otras
veces por los caminos, uno de los cuales sube a Bet-el, y el otro a Gabaa en
el campo; y mataron unos treinta hombres de Israel. 32 Y los hijos de Benjamín
decían: Vencidos son delante de nosotros, como antes. Mas los hijos de Israel
decían: Huiremos, y los alejaremos de la ciudad hasta los caminos. 33 Entonces
se levantaron todos los de Israel de su lugar, y se pusieron en orden de
batalla en Baal-tamar; y también las emboscadas de Israel salieron de su
lugar, de la pradera de Gabaa. 34 Y vinieron contra Gabaa diez mil hombres
escogidos de todo Israel, y la batalla arreciaba; mas ellos no sabían que ya
el desastre se acercaba a ellos. 35 Y derrotó Jehová a Benjamín delante de
Israel; y mataron los hijos de Israel aquel día a veinticinco mil cien hombres
de Benjamín, todos los cuales sacaban espada.
36 Y vieron los hijos de Benjamín que eran derrotados; y
los hijos de Israel cedieron campo a Benjamín, porque estaban confiados en las
emboscadas que habían puesto detrás de Gabaa. 37 Y los hombres de las
emboscadas acometieron prontamente a Gabaa, y avanzaron e hirieron a filo de
espada a toda la ciudad. 38 Y era la señal concertada entre los hombres de
Israel y las emboscadas, que hiciesen subir una gran humareda de la ciudad. 39
Luego, pues, que los de Israel retrocedieron en la batalla, los de Benjamín
comenzaron a herir y matar a la gente de Israel como treinta hombres, y ya
decían: Ciertamente ellos han caído delante de nosotros, como en la primera
batalla. 40 Mas cuando la columna de humo comenzó a subir de la ciudad, los de
Benjamín miraron hacia atrás; y he aquí que el humo de la ciudad subía al
cielo. 41 Entonces se volvieron los hombres de Israel, y los de Benjamín se
llenaron de temor, porque vieron que el desastre había venido sobre ellos. 42
Volvieron, por tanto, la espalda delante de Israel hacia el camino del
desierto; pero la batalla los alcanzó, y los que salían de las ciudades los
destruían en medio de ellos. 43 Así cercaron a los de Benjamín, y los acosaron
y hollaron desde Menúha hasta enfrente de Gabaa hacia donde nace el sol. 44 Y
cayeron de Benjamín dieciocho mil hombres, todos ellos hombres de guerra. 45
Volviéndose luego, huyeron hacia el desierto, a la peña de Rimón, y de ellos
fueron abatidos cinco mil hombres en los caminos; y fueron persiguiéndolos aun
hasta Gidom, y mataron de ellos a dos mil hombres. 46 Fueron todos los que de
Benjamín murieron aquel día, veinticinco mil hombres que sacaban espada, todos
ellos hombres de guerra. 47 Pero se volvieron y huyeron al desierto a la peña
de Rimón seiscientos hombres, los cuales estuvieron en la peña de Rimón cuatro
meses. 48 Y los hombres de Israel volvieron sobre los hijos de Benjamín, y los
hirieron a filo de espada, así a los hombres de cada ciudad como a las bestias
y todo lo que fue hallado; asimismo pusieron fuego a todas las ciudades que
hallaban.
Mujeres para los benjamitas
JUECES 21
1 Los varones de Israel habían jurado en Mizpa, diciendo:
Ninguno de nosotros dará su hija a los de Benjamín por mujer. 2 Y vino el
pueblo a la casa de Dios, y se estuvieron allí hasta la noche en presencia de
Dios; y alzando su voz hicieron gran llanto, y dijeron: 3 Oh Jehová Dios de
Israel, ¿por qué ha sucedido esto en Israel, que falte hoy de Israel una
tribu? 4 Y al día siguiente el pueblo se levantó de mañana, y edificaron allí
altar, y ofrecieron holocaustos y ofrendas de paz. 5 Y dijeron los hijos de
Israel: ¿Quién de todas las tribus de Israel no subió a la reunión delante de
Jehová? Porque se había hecho gran juramento contra el que no subiese a Jehová
en Mizpa, diciendo: Sufrirá la muerte. 6 Y los hijos de Israel se
arrepintieron a causa de Benjamín su hermano, y dijeron: Cortada es hoy de
Israel una tribu. 7 ¿Qué haremos en cuanto a mujeres para los que han quedado?
Nosotros hemos jurado por Jehová que no les daremos nuestras hijas por
mujeres.
8 Y dijeron: ¿Hay alguno de las tribus de Israel que no
haya subido a Jehová en Mizpa? Y hallaron que ninguno de Jabes-galaad había
venido al campamento, a la reunión. 9 Porque fue contado el pueblo, y no hubo
allí varón de los moradores de Jabes-galaad. 10 Entonces la congregación envió
allá a doce mil hombres de los más valientes, y les mandaron, diciendo: Id y
herid a filo de espada a los moradores de Jabes-galaad, con las mujeres y
niños. 11 Pero haréis de esta manera: mataréis a todo varón, y a toda mujer
que haya conocido ayuntamiento de varón. 12 Y hallaron de los moradores de
Jabes-galaad cuatrocientas doncellas que no habían conocido ayuntamiento de
varón, y las trajeron al campamento en Silo, que está en la tierra de Canaán.
13 Toda la congregación envió luego a hablar a los hijos
de Benjamín que estaban en la peña de Rimón, y los llamaron en paz. 14 Y
volvieron entonces los de Benjamín, y les dieron por mujeres las que habían
guardado vivas de las mujeres de Jabes- galaad; mas no les bastaron éstas. 15
Y el pueblo tuvo compasión de Benjamín, porque Jehová había abierto una brecha
entre las tribus de Israel.
16 Entonces los ancianos de la congregación dijeron: ¿Qué
haremos respecto de mujeres para los que han quedado? Porque fueron muertas
las mujeres de Benjamín. 17 Y dijeron: Tenga Benjamín herencia en los que han
escapado, y no sea exterminada una tribu de Israel. 18 Pero nosotros no les
podemos dar mujeres de nuestras hijas, porque los hijos de Israel han jurado
diciendo: Maldito el que diere mujer a los benjamitas. 19 Ahora bien, dijeron,
he aquí cada año hay fiesta solemne de Jehová en Silo, que está al norte de
Bet-el, y al lado oriental del camino que sube de Bet-el a Siquem, y al sur de
Lebona. 20 Y mandaron a los hijos de Benjamín, diciendo: Id, y poned
emboscadas en las viñas, 21 y estad atentos; y cuando veáis salir a las hijas
de Silo a bailar en corros, salid de las viñas, y arrebatad cada uno mujer
para sí de las hijas de Silo, e idos a tierra de Benjamín. 22 Y si vinieren
los padres de ellas o sus hermanos a demandárnoslas, nosotros les diremos:
Hacednos la merced de concedérnoslas, pues que nosotros en la guerra no
tomamos mujeres para todos; además, no sois vosotros los que se las disteis,
para que ahora seáis culpados. 23 Y los hijos de Benjamín lo hicieron así; y
tomaron mujeres conforme a su número, robándolas de entre las que danzaban; y
se fueron, y volvieron a su heredad, y reedificaron las ciudades, y habitaron
en ellas. 24 Entonces los hijos de Israel se fueron también de allí, cada uno
a su tribu y a su familia, saliendo de allí cada uno a su heredad.
25 En estos días no había rey en Israel; cada uno hacía
lo que bien le parecía.
RUT
Rut y Noemí
RUT 1
1 Aconteció en los días que gobernaban los jueces, que
hubo hambre en la tierra. Y un varón de Belén de Judá fue a morar en los
campos de Moab, él y su mujer, y dos hijos suyos. 2 El nombre de aquel varón
era Elimelec, y el de su mujer, Noemí; y los nombres de sus hijos eran Mahlón
y Quelión, efrateos de Belén de Judá. Llegaron, pues, a los campos de Moab, y
se quedaron allí. 3 Y murió Elimelec, marido de Noemí, y quedó ella con sus
dos hijos, 4 los cuales tomaron para sí mujeres moabitas; el nombre de una era
Orfa, y el nombre de la otra, Rut; y habitaron allí unos diez años. 5 Y
murieron también los dos, Mahlón y Quelión, quedando así la mujer desamparada
de sus dos hijos y de su marido. 6 Entonces se levantó con sus nueras, y
regresó de los campos de Moab; porque oyó en el campo de Moab que Jehová había
visitado a su pueblo para darles pan. 7 Salió, pues, del lugar donde había
estado, y con ella sus dos nueras, y comenzaron a caminar para volverse a la
tierra de Judá. 8 Y Noemí dijo a sus dos nueras: Andad, volveos cada una a la
casa de su madre; Jehová haga con vosotras misericordia, como la habéis hecho
con los muertos y conmigo. 9 Os conceda Jehová que halléis descanso, cada una
en casa de su marido. Luego las besó, y ellas alzaron su voz y lloraron, 10 y
le dijeron: Ciertamente nosotras iremos contigo a tu pueblo. 11 Y Noemí
respondió: Volveos, hijas mías; ¿para qué habéis de ir conmigo? ¿Tengo yo más
hijos en el vientre, que puedan ser vuestros maridos? 12 Volveos, hijas mías,
e idos; porque yo ya soy vieja para tener marido. Y aunque dijese: Esperanza
tengo, y esta noche estuviese con marido, y aun diese a luz hijos, 13 ¿habíais
vosotras de esperarlos hasta que fuesen grandes? ¿Habíais de quedaros sin
casar por amor a ellos? No, hijas mías; que mayor amargura tengo yo que
vosotras, pues la mano de Jehová ha salido contra mí. 14 Y ellas alzaron otra
vez su voz y lloraron; y Orfa besó a su suegra, mas Rut se quedó con ella. 15
Y Noemí dijo: He aquí tu cuñada se ha vuelto a su pueblo y a sus dioses;
vuélvete tú tras ella. 16 Respondió Rut: No me ruegues que te deje, y me
aparte de ti; porque a dondequiera que tú fueres, iré yo, y dondequiera que
vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios. 17 Donde tú
murieres, moriré yo, y allí seré sepultada; así me haga Jehová, y aun me
añada, que sólo la muerte hará separación entre nosotras dos. 18 Y viendo
Noemí que estaba tan resuelta a ir con ella, no dijo más. 19 Anduvieron, pues,
ellas dos hasta que llegaron a Belén; y aconteció que habiendo entrado en
Belén, toda la ciudad se conmovió por causa de ellas, y decían: ¿No es ésta
Noemí? 20 Y ella les respondía: No me llaméis Noemí, sino llamadme Mara;
porque en grande amargura me ha puesto el Todopoderoso. 21 Yo me fui llena,
pero Jehová me ha vuelto con las manos vacías. ¿Por qué me llamaréis Noemí, ya
que Jehová ha dado testimonio contra mí, y el Todopoderoso me ha afligido? 22
Así volvió Noemí, y Rut la moabita su nuera con ella; volvió de los campos de
Moab, y llegaron a Belén al comienzo de la siega de la cebada.
Rut recoge espigas en el campo de Booz
RUT 2
1 Tenía Noemí un pariente de su marido, hombre rico de la
familia de Elimelec, el cual se llamaba Booz. 2 Y Rut la moabita dijo a Noemí:
Te ruego que me dejes ir al campo, y recogeré espigas en pos de aquel a cuyos
ojos hallare gracia. Y ella le respondió: Vé, hija mía. 3 Fue, pues, y
llegando, espigó en el campo en pos de los segadores; y aconteció que aquella
parte del campo era de Booz, el cual era de la familia de Elimelec. 4 Y he
aquí que Booz vino de Belén, y dijo a los segadores: Jehová sea con vosotros.
Y ellos respondieron: Jehová te bendiga. 5 Y Booz dijo a su criado el
mayordomo de los segadores: ¿De quién es esta joven? 6 Y el criado, mayordomo
de los segadores, respondió y dijo: Es la joven moabita que volvió con Noemí
de los campos de Moab; 7 y ha dicho: Te ruego que me dejes recoger y juntar
tras los segadores entre las gavillas. Entró, pues, y está desde por la mañana
hasta ahora, sin descansar ni aun por un momento. 8 Entonces Booz dijo a Rut:
Oye, hija mía, no vayas a espigar a otro campo, ni pases de aquí; y aquí
estarás junto a mis criadas. 9 Mira bien el campo que sieguen, y síguelas;
porque yo he mandado a los criados que no te molesten. Y cuando tengas sed, ve
a las vasijas, y bebe del agua que sacan los criados. 10 Ella entonces bajando
su rostro se inclinó a tierra, y le dijo: ¿Por qué he hallado gracia en tus
ojos para que me reconozcas, siendo yo extranjera? 11 Y respondiendo Booz, le
dijo: He sabido todo lo que has hecho con tu suegra después de la muerte de tu
marido, y que dejando a tu padre y a tu madre y la tierra donde naciste, has
venido a un pueblo que no conociste antes. 12 Jehová recompense tu obra, y tu
remuneración sea cumplida de parte de Jehová Dios de Israel, bajo cuyas alas
has venido a refugiarte. 13 Y ella dijo: Señor mío, halle yo gracia delante de
tus ojos; porque me has consolado, y porque has hablado al corazón de tu
sierva, aunque no soy ni como una de tus criadas. 14 Y Booz le dijo a la hora
de comer: Ven aquí, y come del pan, y moja tu bocado en el vinagre. Y ella se
sentó junto a los segadores, y él le dio del potaje, y comió hasta que se
sació, y le sobró. 15 Luego se levantó para espigar. Y Booz mandó a sus
criados, diciendo: Que recoja también espigas entre las gavillas, y no la
avergoncéis; 16 y dejaréis también caer para ella algo de los manojos, y lo
dejaréis para que lo recoja, y no la reprendáis. 17 Espigó, pues, en el campo
hasta la noche, y desgranó lo que había recogido, y fue como un efa de cebada.
18 Y lo tomó, y se fue a la ciudad; y su suegra vio lo que había recogido.
Sacó también luego lo que le había sobrado después de haber quedado saciada, y
se lo dio. 19 Y le dijo su suegra: ¿Dónde has espigado hoy? ¿y dónde has
trabajado? Bendito sea el que te ha reconocido. Y contó ella a su suegra con
quién había trabajado, y dijo: El nombre del varón con quien hoy he trabajado
es Booz. 20 Y dijo Noemí a su nuera: Sea él bendito de Jehová, pues que no ha
rehusado a los vivos la benevolencia que tuvo para con los que han muerto.
Después le dijo Noemí: Nuestro pariente es aquel varón, y uno de los que
pueden redimirnos. 21 Y Rut la moabita dijo: Además de esto me ha dicho:
Júntate con mis criadas, hasta que hayan acabado toda mi siega. 22 Y Noemí
respondió a Rut su nuera: Mejor es, hija mía, que salgas con sus criadas, y
que no te encuentren en otro campo. 23 Estuvo, pues, junto con las criadas de
Booz espigando, hasta que se acabó la siega de la cebada y la del trigo; y
vivía con su suegra.
Rut y Booz en la era
RUT 3
1 Después le dijo su suegra Noemí: Hija mía, ¿no he de
buscar hogar para ti, para que te vaya bien? 2 ¿No es Booz nuestro pariente,
con cuyas criadas tú has estado? He aquí que él avienta esta noche la parva de
las cebadas. 3 Te lavarás, pues, y te ungirás, y vistiéndote tus vestidos,
irás a la era; mas no te darás a conocer al varón hasta que él haya acabado de
comer y de beber. 4 Y cuando él se acueste, notarás el lugar donde se acuesta,
e irás y descubrirás sus pies, y te acostarás allí; y él te dirá lo que hayas
de hacer. 5 Y ella respondió: Haré todo lo que tú me mandes. 6 Descendió,
pues, a la era, e hizo todo lo que su suegra le había mandado. 7 Y cuando Booz
hubo comido y bebido, y su corazón estuvo contento, se retiró a dormir a un
lado del montón. Entonces ella vino calladamente, y le descubrió los pies y se
acostó. 8 Y aconteció que a la medianoche se estremeció aquel hombre, y se
volvió; y he aquí, una mujer estaba acostada a sus pies. 9 Entonces él dijo:
¿Quién eres? Y ella respondió: Yo soy Rut tu sierva; extiende el borde de tu
capa sobre tu sierva, por cuanto eres pariente cercano. 10 Y él dijo: Bendita
seas tú de Jehová, hija mía; has hecho mejor tu postrera bondad que la
primera, no yendo en busca de los jóvenes, sean pobres o ricos. 11 Ahora pues,
no temas, hija mía; yo haré contigo lo que tú digas, pues toda la gente de mi
pueblo sabe que eres mujer virtuosa. 12 Y ahora, aunque es cierto que yo soy
pariente cercano, con todo eso hay pariente más cercano que yo. 13 Pasa aquí
la noche, y cuando sea de día, si él te redimiere, bien, redímate; mas si él
no te quisiere redimir, yo te redimiré, vive Jehová. Descansa, pues, hasta la
mañana. 14 Y después que durmió a sus pies hasta la mañana, se levantó antes
que los hombres pudieran reconocerse unos a otros; porque él dijo: No se sepa
que vino mujer a la era. 15 Después le dijo: Quítate el manto que traes sobre
ti, y tenlo. Y teniéndolo ella, él midió seis medidas de cebada, y se las puso
encima; y ella se fue a la ciudad. 16 Y cuando llegó a donde estaba su suegra,
ésta le dijo: ¿Qué hay, hija mía? Y le contó ella todo lo que con aquel varón
le había acontecido. 17 Y dijo: Estas seis medidas de cebada me dio,
diciéndome: A fin de que no vayas a tu suegra con las manos vacías. 18
Entonces Noemí dijo: Espérate, hija mía, hasta que sepas cómo se resuelve el
asunto; porque aquel hombre no descansará hasta que concluya el asunto hoy.
Booz se casa con Rut
RUT 4
1 Booz subió a la puerta y se sentó allí; y he aquí
pasaba aquel pariente de quien Booz había hablado, y le dijo: Eh, fulano, ven
acá y siéntate. Y él vino y se sentó. 2 Entonces él tomó a diez varones de los
ancianos de la ciudad, y dijo: Sentaos aquí. Y ellos se sentaron. 3 Luego dijo
al pariente: Noemí, que ha vuelto del campo de Moab, vende una parte de las
tierras que tuvo nuestro hermano Elimelec. 4 Y yo decidí hacértelo saber, y
decirte que la compres en presencia de los que están aquí sentados, y de los
ancianos de mi pueblo. Si tú quieres redimir, redime; y si no quieres redimir,
decláramelo para que yo lo sepa; porque no hay otro que redima sino tú, y yo
después de ti. Y él respondió: Yo redimiré. 5 Entonces replicó Booz: El mismo
día que compres las tierras de mano de Noemí, debes tomar también a Rut la
moabita, mujer del difunto, para que restaures el nombre del muerto sobre su
posesión. 6 Y respondió el pariente: No puedo redimir para mí, no sea que dañe
mi heredad. Redime tú, usando de mi derecho, porque yo no podré redimir. 7
Había ya desde hacía tiempo esta costumbre en Israel tocante a la redención y
al contrato, que para la confirmación de cualquier negocio, el uno se quitaba
el zapato y lo daba a su compañero; y esto servía de testimonio en Israel. 8
Entonces el pariente dijo a Booz: Tómalo tú. Y se quitó el zapato. 9 Y Booz
dijo a los ancianos y a todo el pueblo: Vosotros sois testigos hoy, de que he
adquirido de mano de Noemí todo lo que fue de Elimelec, y todo lo que fue de
Quelión y de Mahlón. 10 Y que también tomo por mi mujer a Rut la moabita,
mujer de Mahlón, para restaurar el nombre del difunto sobre su heredad, para
que el nombre del muerto no se borre de entre sus hermanos y de la puerta de
su lugar. Vosotros sois testigos hoy. 11 Y dijeron todos los del pueblo que
estaban a la puerta con los ancianos: Testigos somos. Jehová haga a la mujer
que entra en tu casa como a Raquel y a Lea, las cuales edificaron la casa de
Israel; y tú seas ilustre en Efrata, y seas de renombre en Belén. 12 Y sea tu
casa como la casa de Fares, el que Tamar dio a luz a Judá, por la descendencia
que de esa joven te dé Jehová. 13 Booz, pues, tomó a Rut, y ella fue su mujer;
y se llegó a ella, y Jehová le dio que concibiese y diese a luz un hijo. 14 Y
las mujeres decían a Noemí: Loado sea Jehová, que hizo que no te faltase hoy
pariente, cuyo nombre será celebrado en Israel; 15 el cual será restaurador de
tu alma, y sustentará tu vejez; pues tu nuera, que te ama, lo ha dado a luz; y
ella es de más valor para ti que siete hijos. 16 Y tomando Noemí el hijo, lo
puso en su regazo, y fue su aya. 17 Y le dieron nombre las vecinas, diciendo:
Le ha nacido un hijo a Noemí; y lo llamaron Obed. Este es padre de Isaí, padre
de David. 18 Estas son las generaciones de Fares: Fares engendró a Hezrón, 19
Hezrón engendró a Ram, y Ram engendró a Aminadab, 20 Aminadab engendró a
Naasón, y Naasón engendró a Salmón, 21 Salmón engendró a Booz, y Booz engendró
a Obed, 22 Obed engendró a Isaí, e Isaí engendró a David.
Primer Libro de
SAMUEL
Nacimiento de Samuel
1 SAMUEL 1
1 Hubo un varón de Ramataim de Zofim, del monte de
Efraín, que se llamaba Elcana hijo de Jeroham, hijo de Eliú, hijo de Tohu,
hijo de Zuf, efrateo. 2 Y tenía él dos mujeres; el nombre de una era Ana, y el
de la otra, Penina. Y Penina tenía hijos, mas Ana no los tenía. 3 Y todos los
años aquel varón subía de su ciudad para adorar y para ofrecer sacrificios a
Jehová de los ejércitos en Silo, donde estaban dos hijos de Elí, Ofni y Finees,
sacerdotes de Jehová. 4 Y cuando llegaba el día en que Elcana ofrecía
sacrificio, daba a Penina su mujer, a todos sus hijos y a todas sus hijas, a
cada uno su parte. 5 Pero a Ana daba una parte escogida; porque amaba a Ana,
aunque Jehová no le había concedido tener hijos. 6 Y su rival la irritaba,
enojándola y entristeciéndola, porque Jehová no le había concedido tener
hijos. 7 Así hacía cada año; cuando subía a la casa de Jehová, la irritaba
así; por lo cual Ana lloraba, y no comía. 8 Y Elcana su marido le dijo: Ana,
¿por qué lloras? ¿por qué no comes? ¿y por qué está afligido tu corazón? ¿No
te soy yo mejor que diez hijos?
9 Y se levantó Ana después que hubo comido y bebido en
Silo; y mientras el sacerdote Elí estaba sentado en una silla junto a un pilar
del templo de Jehová, 10 ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró
abundantemente. 11 E hizo voto, diciendo: Jehová de los ejércitos, si te
dignares mirar a la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te
olvidares de tu sierva, sino que dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo
dedicaré a Jehová todos los días de su vida, y no pasará navaja sobre su
cabeza.
12 Mientras ella oraba largamente delante de Jehová, Elí
estaba observando la boca de ella. 13 Pero Ana hablaba en su corazón, y
solamente se movían sus labios, y su voz no se oía; y Elí la tuvo por ebria.
14 Entonces le dijo Elí: ¿Hasta cuándo estarás ebria? Digiere tu vino. 15 Y
Ana le respondió diciendo: No, señor mío; yo soy una mujer atribulada de
espíritu; no he bebido vino ni sidra, sino que he derramado mi alma delante de
Jehová. 16 No tengas a tu sierva por una mujer impía; porque por la magnitud
de mis congojas y de mi aflicción he hablado hasta ahora. 17 Elí respondió y
dijo: Ve en paz, y el Dios de Israel te otorgue la petición que le has hecho.
18 Y ella dijo: Halle tu sierva gracia delante de tus ojos. Y se fue la mujer
por su camino, y comió, y no estuvo más triste.
19 Y levantándose de mañana, adoraron delante de Jehová,
y volvieron y fueron a su casa en Ramá. Y Elcana se llegó a Ana su mujer, y
Jehová se acordó de ella. 20 Aconteció que al cumplirse el tiempo, después de
haber concebido Ana, dio a luz un hijo, y le puso por nombre Samuel, diciendo:
Por cuanto lo pedí a Jehová.
21 Después subió el varón Elcana con toda su familia,
para ofrecer a Jehová el sacrificio acostumbrado y su voto. 22 Pero Ana no
subió, sino dijo a su marido: Yo no subiré hasta que el niño sea destetado,
para que lo lleve y sea presentado delante de Jehová, y se quede allá para
siempre. 23 Y Elcana su marido le respondió: Haz lo que bien te parezca;
quédate hasta que lo destetes; solamente que cumpla Jehová su palabra. Y se
quedó la mujer, y crió a su hijo hasta que lo destetó. 24 Después que lo hubo
destetado, lo llevó consigo, con tres becerros, un efa de harina, y una vasija
de vino, y lo trajo a la casa de Jehová en Silo; y el niño era pequeño. 25 Y
matando el becerro, trajeron el niño a Elí. 26 Y ella dijo: ¡Oh, señor mío!
Vive tu alma, señor mío, yo soy aquella mujer que estuvo aquí junto a ti
orando a Jehová. 27 Por este niño oraba, y Jehová me dio lo que le pedí. 28
Yo, pues, lo dedico también a Jehová; todos los días que viva, será de Jehová.
Y adoró allí a Jehová.
Cántico de Ana
SAMUEL 2
1 Y Ana oró y dijo:
Mi corazón se regocija en Jehová,
Mi poder se exalta en Jehová;
Mi boca se ensanchó sobre mis enemigos,
Por cuanto me alegré en tu salvación.
2 No hay santo como Jehová;
Porque no hay ninguno fuera de ti,
Y no hay refugio como el Dios nuestro.
3 No multipliquéis palabras de grandeza y altanería;
Cesen las palabras arrogantes de vuestra boca;
Porque el Dios de todo saber es Jehová,
Y a él toca el pesar las acciones.
4 Los arcos de los fuertes fueron quebrados,
Y los débiles se ciñeron de poder.
5 Los saciados se alquilaron por pan,
Y los hambrientos dejaron de tener hambre;
Hasta la estéril ha dado a luz siete,
Y la que tenía muchos hijos languidece.
6 Jehová mata, y él da vida;
El hace descender al Seol, y hace subir.
7 Jehová empobrece, y él enriquece;
Abate, y enaltece.
8 El levanta del polvo al pobre,
Y del muladar exalta al menesteroso,
Para hacerle sentarse con príncipes y heredar un sitio de
honor.
Porque de Jehová son las columnas de la tierra,
Y él afirmó sobre ellas el mundo.
9 El guarda los pies de sus santos,
Mas los impíos perecen en tinieblas;
Porque nadie será fuerte por su propia fuerza.
10 Delante de Jehová serán quebrantados sus adversarios,
Y sobre ellos tronará desde los cielos;
Jehová juzgará los confines de la tierra,
Dará poder a su Rey,
Y exaltará el poderío de su Ungido.
11 Y Elcana se volvió a su casa en Ramá; y el niño
ministraba a Jehová delante del sacerdote Elí.
El pecado de los hijos de Elí
12 Los hijos de Elí eran hombres impíos, y no tenían
conocimiento de Jehová. 13 Y era costumbre de los sacerdotes con el pueblo,
que cuando alguno ofrecía sacrificio, venía el criado del sacerdote mientras
se cocía la carne, trayendo en su mano un garfio de tres dientes, 14 y lo
metía en el perol, en la olla, en el caldero o en la marmita; y todo lo que
sacaba el garfio, el sacerdote lo tomaba para sí. De esta manera hacían con
todo israelita que venía a Silo. 15 Asimismo, antes de quemar la grosura,
venía el criado del sacerdote, y decía al que sacrificaba: Da carne que asar
para el sacerdote; porque no tomará de ti carne cocida, sino cruda. 16 Y si el
hombre le respondía: Quemen la grosura primero, y después toma tanto como
quieras; él respondía: No, sino dámela ahora mismo; de otra manera yo la
tomaré por la fuerza. 17 Era, pues, muy grande delante de Jehová el pecado de
los jóvenes; porque los hombres menospreciaban las ofrendas de Jehová.
18 Y el joven Samuel ministraba en la presencia de
Jehová, vestido de un efod de lino. 19 Y le hacía su madre una túnica pequeña
y se la traía cada año, cuando subía con su marido para ofrecer el sacrificio
acostumbrado. 20 Y Elí bendijo a Elcana y a su mujer, diciendo: Jehová te dé
hijos de esta mujer en lugar del que pidió a Jehová. Y se volvieron a su casa.
21 Y visitó Jehová a Ana, y ella concibió, y dio a luz
tres hijos y dos hijas. Y el joven Samuel crecía delante de Jehová.
22 Pero Elí era muy viejo; y oía de todo lo que sus hijos
hacían con todo Israel, y cómo dormían con las mujeres que velaban a la puerta
del tabernáculo de reunión. 23 Y les dijo: ¿Por qué hacéis cosas semejantes?
Porque yo oigo de todo este pueblo vuestros malos procederes. 24 No, hijos
míos, porque no es buena fama la que yo oigo; pues hacéis pecar al pueblo de
Jehová. 25 Si pecare el hombre contra el hombre, los jueces le juzgarán; mas
si alguno pecare contra Jehová, ¿quién rogará por él? Pero ellos no oyeron la
voz de su padre, porque Jehová había resuelto hacerlos morir.
26 Y el joven Samuel iba creciendo, y era acepto delante
de Dios y delante de los hombres.
27 Y vino un varón de Dios a Elí, y le dijo: Así ha dicho
Jehová: ¿No me manifesté yo claramente a la casa de tu padre, cuando estaban
en Egipto en casa de Faraón? 28 Y yo le escogí por mi sacerdote entre todas
las tribus de Israel, para que ofreciese sobre mi altar, y quemase incienso, y
llevase efod delante de mí; y di a la casa de tu padre todas las ofrendas de
los hijos de Israel. 29 ¿Por qué habéis hollado mis sacrificios y mis
ofrendas, que yo mandé ofrecer en el tabernáculo; y has honrado a tus hijos
más que a mí, engordándoos de lo principal de todas las ofrendas de mi pueblo
Israel? 30 Por tanto, Jehová el Dios de Israel dice: Yo había dicho que tu
casa y la casa de tu padre andarían delante de mí perpetuamente; mas ahora ha
dicho Jehová: Nunca yo tal haga, porque yo honraré a los que me honran, y los
que me desprecian serán tenidos en poco. 31 He aquí, vienen días en que
cortaré tu brazo y el brazo de la casa de tu padre, de modo que no haya
anciano en tu casa. 32 Verás tu casa humillada, mientras Dios colma de bienes
a Israel; y en ningún tiempo habrá anciano en tu casa. 33 El varón de los
tuyos que yo no corte de mi altar, será para consumir tus ojos y llenar tu
alma de dolor; y todos los nacidos en tu casa morirán en la edad viril. 34 Y
te será por señal esto que acontecerá a tus dos hijos, Ofni y Finees: ambos
morirán en un día. 35 Y yo me suscitaré un sacerdote fiel, que haga conforme a
mi corazón y a mi alma; y yo le edificaré casa firme, y andará delante de mi
ungido todos los días. 36 Y el que hubiere quedado en tu casa vendrá a
postrarse delante de él por una moneda de plata y un bocado de pan,
diciéndole: Te ruego que me agregues a alguno de los ministerios, para que
pueda comer un bocado de pan.
Jehová llama a Samuel
1 SAMUEL 3
1 El joven Samuel ministraba a Jehová en presencia de Elí;
y la palabra de Jehová escaseaba en aquellos días; no había visión con
frecuencia.
2 Y aconteció un día, que estando Elí acostado en su
aposento, cuando sus ojos comenzaban a oscurecerse de modo que no podía ver, 3
Samuel estaba durmiendo en el templo de Jehová, donde estaba el arca de Dios;
y antes que la lámpara de Dios fuese apagada, 4 Jehová llamó a Samuel; y él
respondió: Heme aquí. 5 Y corriendo luego a Elí, dijo: Heme aquí, ¿Para qué me
llamaste? Y Elí le dijo: Yo no he llamado; vuelve y acuéstate. Y él se volvió
y se acostó. 6 Y Jehová volvió a llamar otra vez a Samuel. Y levantándose
Samuel, vino a Elí y dijo: Heme aquí; ¿para qué me has llamado? Y él dijo:
Hijo mío, yo no he llamado; vuelve y acuéstate. 7 Y Samuel no había conocido
aún a Jehová, ni la palabra de Jehová le había sido revelada. 8 Jehová, pues,
llamó la tercera vez a Samuel. Y él se levantó y vino a Elí, y dijo: Heme
aquí; ¿para qué me has llamado? Entonces entendió Elí que Jehová llamaba al
joven. 9 Y dijo Elí a Samuel: Ve y acuéstate; y si te llamare, dirás: Habla,
Jehová, porque tu siervo oye. Así se fue Samuel, y se acostó en su lugar.
10 Y vino Jehová y se paró, y llamó como las otras veces:
¡Samuel, Samuel! Entonces Samuel dijo: Habla, porque tu siervo oye. 11 Y
Jehová dijo a Samuel: He aquí haré yo una cosa en Israel, que a quien la
oyere, le retiñirán ambos oídos. 12 Aquel día yo cumpliré contra Elí todas las
cosas que he dicho sobre su casa, desde el principio hasta el fin. 13 Y le
mostraré que yo juzgaré su casa para siempre, por la iniquidad que él sabe;
porque sus hijos han blasfemado a Dios, y él no los ha estorbado. 14 Por
tanto, yo he jurado a la casa de Elí que la iniquidad de la casa de Elí no
será expiada jamás, ni con sacrificios ni con ofrendas.
15 Y Samuel estuvo acostado hasta la mañana, y abrió las
puertas de la casa de Jehová. Y Samuel temía descubrir la visión a Elí. 16
Llamando, pues, Elí a Samuel, le dijo: Hijo mío, Samuel. Y él respondió: Heme
aquí. 17 Y Elí dijo: ¿Qué es la palabra que te habló? Te ruego que no me la
encubras; así te haga Dios y aun te añada, si me encubrieres palabra de todo
lo que habló contigo. 18 Y Samuel se lo manifestó todo, sin encubrirle nada.
Entonces él dijo: Jehová es; haga lo que bien le pareciere.
19 Y Samuel creció, y Jehová estaba con él, y no dejó
caer a tierra ninguna de sus palabras. 20 Y todo Israel, desde Dan hasta
Beerseba, conoció que Samuel era fiel profeta de Jehová. 21 Y Jehová volvió a
aparecer en Silo; porque Jehová se manifestó a Samuel en Silo por la palabra
de Jehová.
Los filisteos capturan el arca
1 SAMUEL 4
1 Y Samuel habló a todo Israel.
Por aquel tiempo salió Israel a encontrar en batalla a
los filisteos, y acampó junto a Eben- ezer, y los filisteos acamparon en Afec.
2 Y los filisteos presentaron la batalla a Israel; y trabándose el combate,
Israel fue vencido delante de los filisteos, los cuales hirieron en la batalla
en el campo como a cuatro mil hombres. 3 Cuando volvió el pueblo al
campamento, los ancianos de Israel dijeron: ¿Por qué nos ha herido hoy Jehová
delante de los filisteos? Traigamos a nosotros de Silo el arca del pacto de
Jehová, para que viniendo entre nosotros nos salve de la mano de nuestros
enemigos. 4 Y envió el pueblo a Silo, y trajeron de allá el arca del pacto de
Jehová de los ejércitos, que moraba entre los querubines; y los dos hijos de
Elí, Ofni y Finees, estaban allí con el arca del pacto de Dios.
5 Aconteció que cuando el arca del pacto de Jehová llegó
al campamento, todo Israel gritó con tan gran júbilo que la tierra tembló. 6
Cuando los filisteos oyeron la voz de júbilo, dijeron: ¿Qué voz de gran júbilo
es esta en el campamento de los hebreos? Y supieron que el arca de Jehová
había sido traída al campamento. 7 Y los filisteos tuvieron miedo, porque
decían: Ha venido Dios al campamento. Y dijeron: ¡Ay de nosotros! pues antes
de ahora no fue así. 8 ¡Ay de nosotros! ¿Quién nos librará de la mano de estos
dioses poderosos? Estos son los dioses que hirieron a Egipto con toda plaga en
el desierto. 9 Esforzaos, oh filisteos, y sed hombres, para que no sirváis a
los hebreos, como ellos os han servido a vosotros; sed hombres, y pelead.
10 Pelearon, pues, los filisteos, e Israel fue vencido, y
huyeron cada cual a sus tiendas; y fue hecha muy grande mortandad, pues
cayeron de Israel treinta mil hombres de a pie. 11 Y el arca de Dios fue
tomada, y muertos los dos hijos de Elí, Ofni y Finees.
12 Y corriendo de la batalla un hombre de Benjamín, llegó
el mismo día a Silo, rotos sus vestidos y tierra sobre su cabeza; 13 y cuando
llegó, he aquí que Elí estaba sentado en una silla vigilando junto al camino,
porque su corazón estaba temblando por causa del arca de Dios. Llegado, pues,
aquel hombre a la ciudad, y dadas las nuevas, toda la ciudad gritó. 14 Cuando
Elí oyó el estruendo de la gritería, dijo: ¿Qué estruendo de alboroto es este?
Y aquel hombre vino aprisa y dio las nuevas a Elí. 15 Era ya Elí de edad de
noventa y ocho años, y sus ojos se habían oscurecido, de modo que no podía
ver. 16 Dijo, pues, aquel hombre a Elí: Yo vengo de la batalla, he escapado
hoy del combate. Y Elí dijo: ¿Qué ha acontecido, hijo mío? 17 Y el mensajero
respondió diciendo: Israel huyó delante de los filisteos, y también fue hecha
gran mortandad en el pueblo; y también tus dos hijos, Ofni y Finees, fueron
muertos, y el arca de Dios ha sido tomada. 18 Y aconteció que cuando él hizo
mención del arca de Dios, Elí cayó hacia atrás de la silla al lado de la
puerta, y se desnucó y murió; porque era hombre viejo y pesado. Y había
juzgado a Israel cuarenta años.
19 Y su nuera la mujer de Finees, que estaba encinta,
cercana al alumbramiento, oyendo el rumor que el arca de Dios había sido
tomada, y muertos su suegro y su marido, se inclinó y dio a luz; porque le
sobrevinieron sus dolores de repente. 20 Y al tiempo que moría, le decían las
que estaban junto a ella: No tengas temor, porque has dado a luz un hijo. Mas
ella no respondió, ni se dio por entendida. 21 Y llamó al niño Icabod,
diciendo: ¡Traspasada es la gloria de Israel! por haber sido tomada el arca de
Dios, y por la muerte de su suegro y de su marido. 22 Dijo, pues: Traspasada
es la gloria de Israel; porque ha sido tomada el arca de Dios.
El arca en tierra de los filisteoss
1 SAMUEL 5
1 Cuando los filisteos capturaron el arca de Dios, la
llevaron desde Eben-ezer a Asdod. 2 Y tomaron los filisteos el arca de Dios, y
la metieron en la casa de Dagón, y la pusieron junto a Dagón. 3 Y cuando al
siguiente día los de Asdod se levantaron de mañana, he aquí Dagón postrado en
tierra delante del arca de Jehová; y tomaron a Dagón y lo volvieron a su
lugar. 4 Y volviéndose a levantar de mañana el siguiente día, he aquí que
Dagón había caído postrado en tierra delante del arca de Jehová; y la cabeza
de Dagón y las dos palmas de sus manos estaban cortadas sobre el umbral,
habiéndole quedado a Dagón el tronco solamente. 5 Por esta causa los
sacerdotes de Dagón y todos los que entran en el templo de Dagón no pisan el
umbral de Dagón en Asdod, hasta hoy.
6 Y se agravó la mano de Jehová sobre los de Asdod, y los
destruyó y los hirió con tumores en Asdod y en todo su territorio. 7 Y viendo
esto los de Asdod, dijeron: No quede con nosotros el arca del Dios de Israel,
porque su mano es dura sobre nosotros y sobre nuestro dios Dagón. 8
Convocaron, pues, a todos los príncipes de los filisteos, y les dijeron: ¿Qué
haremos del arca del Dios de Israel? Y ellos respondieron: Pásese el arca del
Dios de Israel a Gat. Y pasaron allá el arca del Dios de Israel. 9 Y aconteció
que cuando la habían pasado, la mano de Jehová estuvo contra la ciudad con
gran quebrantamiento, y afligió a los hombres de aquella ciudad desde el chico
hasta el grande, y se llenaron de tumores. 10 Entonces enviaron el arca de
Dios a Ecrón. Y cuando el arca de Dios vino a Ecrón, los ecronitas dieron
voces, diciendo: Han pasado a nosotros el arca del Dios de Israel para
matarnos a nosotros y a nuestro pueblo. 11 Y enviaron y reunieron a todos los
príncipes de los filisteos, diciendo: Enviad el arca del Dios de Israel, y
vuélvase a su lugar, y no nos mate a nosotros ni a nuestro pueblo; porque
había consternación de muerte en toda la ciudad, y la mano de Dios se había
agravado allí. 12 Y los que no morían, eran heridos de tumores; y el clamor de
la ciudad subía al cielo.
Los filisteos devuelven el arca
1 SAMUEL 6
1 Estuvo el arca de Jehová en la tierra de los filisteos
siete meses. 2 Entonces los filisteos, llamando a los sacerdotes y adivinos,
preguntaron: ¿Qué haremos del arca de Jehová? Hacednos saber de qué manera la
hemos de volver a enviar a su lugar. 3 Ellos dijeron: Si enviáis el arca del
Dios de Israel, no la enviéis vacía, sino pagadle la expiación; entonces
seréis sanos, y conoceréis por qué no se apartó de vosotros su mano. 4 Y ellos
dijeron: ¿Y qué será la expiación que le pagaremos? Ellos respondieron:
Conforme al número de los príncipes de los filisteos, cinco tumores de oro, y
cinco ratones de oro, porque una misma plaga ha afligido a todos vosotros y a
vuestros príncipes. 5 Haréis, pues, figuras de vuestros tumores, y de vuestros
ratones que destruyen la tierra, y daréis gloria al Dios de Israel; quizá
aliviará su mano de sobre vosotros y de sobre vuestros dioses, y de sobre
vuestra tierra. 6 ¿Por qué endurecéis vuestro corazón, como los egipcios y
Faraón endurecieron su corazón? Después que los había tratado así, ¿no los
dejaron ir, y se fueron? 7 Haced, pues, ahora un carro nuevo, y tomad luego
dos vacas que críen, a las cuales no haya sido puesto yugo, y uncid las vacas
al carro, y haced volver sus becerros de detrás de ellas a casa. 8 Tomaréis
luego el arca de Jehová, y la pondréis sobre el carro, y las joyas de oro que
le habéis de pagar en ofrenda por la culpa, las pondréis en una caja al lado
de ella; y la dejaréis que se vaya. 9 Y observaréis; si sube por el camino de
su tierra a Bet-semes, él nos ha hecho este mal tan grande; y si no, sabremos
que no es su mano la que nos ha herido, sino que esto ocurrió por accidente.
10 Y aquellos hombres lo hicieron así; tomando dos vacas
que criaban, las uncieron al carro, y encerraron en casa sus becerros. 11
Luego pusieron el arca de Jehová sobre el carro, y la caja con los ratones de
oro y las figuras de sus tumores. 12 Y las vacas se encaminaron por el camino
de Bet-semes, y seguían camino recto, andando y bramando, sin apartarse ni a
derecha ni a izquierda; y los príncipes de los filisteos fueron tras ellas
hasta el límite de Bet-semes. 13 Y los de Bet-semes segaban el trigo en el
valle; y alzando los ojos vieron el arca, y se regocijaron cuando la vieron.
14 Y el carro vino al campo de Josué de Bet-semes, y paró allí donde había una
gran piedra; y ellos cortaron la madera del carro, y ofrecieron las vacas en
holocausto a Jehová. 15 Y los levitas bajaron el arca de Jehová, y la caja que
estaba junto a ella, en la cual estaban las joyas de oro, y las pusieron sobre
aquella gran piedra; y los hombres de Bet-semes sacrificaron holocaustos y
dedicaron sacrificios a Jehová en aquel día. 16 Cuando vieron esto los cinco
príncipes de los filisteos, volvieron a Ecrón el mismo día.
17 Estos fueron los tumores de oro que pagaron los
filisteos en expiación a Jehová: por Asdod uno, por Gaza uno, por Ascalón uno,
por Gat uno, por Ecrón uno. 18 Y los ratones de oro fueron conforme al número
de todas las ciudades de los filisteos pertenecientes a los cinco príncipes,
así las ciudades fortificadas como las aldeas sin muro. La gran piedra sobre
la cual pusieron el arca de Jehová está en el campo de Josué de Bet-semes
hasta hoy.
19 Entonces Dios hizo morir a los hombres de Bet-semes,
porque habían mirado dentro del arca de Jehová; hizo morir del pueblo a
cincuenta mil setenta hombres. Y lloró el pueblo, porque Jehová lo había
herido con tan gran mortandad. 20 Y dijeron los de Bet-semes: ¿Quién podrá
estar delante de Jehová el Dios santo? ¿A quién subirá desde nosotros? 21 Y
enviaron mensajeros a los habitantes de Quiriat-jearim, diciendo: Los
filisteos han devuelto el arca de Jehová; descended, pues, y llevadla a
vosotros.
1 SAMUEL 7
1 Vinieron los de Quiriat-jearim y llevaron el arca de
Jehová, y la pusieron en casa de Abinadab, situada en el collado; y
santificaron a Eleazar su hijo para que guardase el arca de Jehová. 2 Desde el
día que llegó el arca a Quiriat-jearim pasaron muchos días, veinte años; y
toda la casa de Israel lamentaba en pos de Jehová.
Samuel, juez de Israel
3 Habló Samuel a toda la casa de Israel, diciendo: Si de
todo vuestro corazón os volvéis a Jehová, quitad los dioses ajenos y a Astarot
de entre vosotros, y preparad vuestro corazón a Jehová, y sólo a él servid, y
os librará de la mano de los filisteos. 4 Entonces los hijos de Israel
quitaron a los baales y a Astarot, y sirvieron sólo a Jehová.
5 Y Samuel dijo: Reunid a todo Israel en Mizpa, y yo
oraré por vosotros a Jehová. 6 Y se reunieron en Mizpa, y sacaron agua, y la
derramaron delante de Jehová, y ayunaron aquel día, y dijeron allí: Contra
Jehová hemos pecado. Y juzgó Samuel a los hijos de Israel en Mizpa. 7 Cuando
oyeron los filisteos que los hijos de Israel estaban reunidos en Mizpa,
subieron los príncipes de los filisteos contra Israel; y al oír esto los hijos
de Israel, tuvieron temor de los filisteos. 8 Entonces dijeron los hijos de
Israel a Samuel: No ceses de clamar por nosotros a Jehová nuestro Dios, para
que nos guarde de la mano de los filisteos. 9 Y Samuel tomó un cordero de
leche y lo sacrificó entero en holocausto a Jehová; y clamó Samuel a Jehová
por Israel, y Jehová le oyó. 10 Y aconteció que mientras Samuel sacrificaba el
holocausto, los filisteos llegaron para pelear con los hijos de Israel. Mas
Jehová tronó aquel día con gran estruendo sobre los filisteos, y los
atemorizó, y fueron vencidos delante de Israel. 11 Y saliendo los hijos de
Israel de Mizpa, siguieron a los filisteos, hiriéndolos hasta abajo de Bet-car.
12 Tomó luego Samuel una piedra y la puso entre Mizpa y
Sen, y le puso por nombre Eben-ezer, diciendo: Hasta aquí nos ayudó Jehová. 13
Así fueron sometidos los filisteos, y no volvieron más a entrar en el
territorio de Israel; y la mano de Jehová estuvo contra los filisteos todos
los días de Samuel. 14 Y fueron restituidas a los hijos de Israel las ciudades
que los filisteos habían tomado a los israelitas, desde Ecrón hasta Gat; e
Israel libró su territorio de mano de los filisteos. Y hubo paz entre Israel y
el amorreo.
15 Y juzgó Samuel a Israel todo el tiempo que vivió. 16 Y
todos los años iba y daba vuelta a Bet-el, a Gilgal y a Mizpa, y juzgaba a
Israel en todos estos lugares. 17 Después volvía a Ramá, porque allí estaba su
casa, y allí juzgaba a Israel; y edificó allí un altar a Jehová.
Israel pide rey
1 SAMUEL 8
1 Aconteció que habiendo Samuel envejecido, puso a sus
hijos por jueces sobre Israel. 2 Y el nombre de su hijo primogénito fue Joel,
y el nombre del segundo, Abías; y eran jueces en Beerseba. 3 Pero no
anduvieron los hijos por los caminos de su padre, antes se volvieron tras la
avaricia, dejándose sobornar y pervirtiendo el derecho.
4 Entonces todos los ancianos de Israel se juntaron, y
vinieron a Ramá para ver a Samuel, 5 y le dijeron: He aquí tú has envejecido,
y tus hijos no andan en tus caminos; por tanto, constitúyenos ahora un rey que
nos juzgue, como tienen todas las naciones. 6 Pero no agradó a Samuel esta
palabra que dijeron: Danos un rey que nos juzgue. Y Samuel oró a Jehová. 7 Y
dijo Jehová a Samuel: Oye la voz del pueblo en todo lo que te digan; porque no
te han desechado a ti, sino a mí me han desechado, para que no reine sobre
ellos. 8 Conforme a todas las obras que han hecho desde el día que los saqué
de Egipto hasta hoy, dejándome a mí y sirviendo a dioses ajenos, así hacen
también contigo. 9 Ahora, pues, oye su voz; mas protesta solemnemente contra
ellos, y muéstrales cómo les tratará el rey que reinará sobre ellos.
10 Y refirió Samuel todas las palabras de Jehová al
pueblo que le había pedido rey. 11 Dijo, pues: Así hará el rey que reinará
sobre vosotros: tomará vuestros hijos, y los pondrá en sus carros y en su
gente de a caballo, para que corran delante de su carro; 12 y nombrará para sí
jefes de miles y jefes de cincuentenas; los pondrá asimismo a que aren sus
campos y sieguen sus mieses, y a que hagan sus armas de guerra y los
pertrechos de sus carros. 13 Tomará también a vuestras hijas para que sean
perfumadoras, cocineras y amasadoras. 14 Asimismo tomará lo mejor de vuestras
tierras, de vuestras viñas y de vuestros olivares, y los dará a sus siervos.
15 Diezmará vuestro grano y vuestras viñas, para dar a sus oficiales y a sus
siervos. 16 Tomará vuestros siervos y vuestras siervas, vuestros mejores
jóvenes, y vuestros asnos, y con ellos hará sus obras. 17 Diezmará también
vuestros rebaños, y seréis sus siervos. 18 Y clamaréis aquel día a causa de
vuestro rey que os habréis elegido, mas Jehová no os responderá en aquel día.
19 Pero el pueblo no quiso oír la voz de Samuel, y dijo:
No, sino que habrá rey sobre nosotros; 20 y nosotros seremos también como
todas las naciones, y nuestro rey nos gobernará, y saldrá delante de nosotros,
y hará nuestras guerras. 21 Y oyó Samuel todas las palabras del pueblo, y las
refirió en oídos de Jehová. 22 Y Jehová dijo a Samuel: Oye su voz, y pon rey
sobre ellos. Entonces dijo Samuel a los varones de Israel: Idos cada uno a
vuestra ciudad.
Saúl es elegido rey
1 SAMUEL 9
1 Había un varón de Benjamín, hombre valeroso, el cual se
llamaba Cis, hijo de Abiel, hijo de Zeror, hijo de Becorat, hijo de Afía, hijo
de un benjamita. 2 Y tenía él un hijo que se llamaba Saúl, joven y hermoso.
Entre los hijos de Israel no había otro más hermoso que él; de hombros arriba
sobrepasaba a cualquiera del pueblo.
3 Y se habían perdido las asnas de Cis, padre de Saúl;
por lo que dijo Cis a Saúl su hijo: Toma ahora contigo alguno de los criados,
y levántate, y ve a buscar las asnas. 4 Y él pasó el monte de Efraín, y de
allí a la tierra de Salisa, y no las hallaron. Pasaron luego por la tierra de
Saalim, y tampoco. Después pasaron por la tierra de Benjamín, y no las
encontraron.
5 Cuando vinieron a la tierra de Zuf, Saúl dijo a su
criado que tenía consigo: Ven, volvámonos; porque quizá mi padre, abandonada
la preocupación por las asnas, estará acongojado por nosotros. 6 El le
respondió: He aquí ahora hay en esta ciudad un varón de Dios, que es hombre
insigne; todo lo que él dice acontece sin falta. Vamos, pues, allá; quizá nos
dará algún indicio acerca del objeto por el cual emprendimos nuestro camino. 7
Respondió Saúl a su criado: Vamos ahora; pero ¿qué llevaremos al varón? Porque
el pan de nuestras alforjas se ha acabado, y no tenemos qué ofrecerle al varón
de Dios. ¿Qué tenemos? 8 Entonces volvió el criado a responder a Saúl,
diciendo: He aquí se halla en mi mano la cuarta parte de un siclo de plata;
esto daré al varón de Dios, para que nos declare nuestro camino. 9
(Antiguamente en Israel cualquiera que iba a consultar a Dios, decía así:
Venid y vamos al vidente; porque al que hoy se llama profeta, entonces se le
llamaba vidente.) 10 Dijo entonces Saúl a su criado: Dices bien; anda, vamos.
Y fueron a la ciudad donde estaba el varón de Dios.
11 Y cuando subían por la cuesta de la ciudad, hallaron
unas doncellas que salían por agua, a las cuales dijeron: ¿Está en este lugar
el vidente? 12 Ellas, respondiéndoles, dijeron: Sí; helo allí delante de ti;
date prisa, pues, porque hoy ha venido a la ciudad en atención a que el pueblo
tiene hoy un sacrificio en el lugar alto. 13 Cuando entréis en la ciudad, le
encontraréis luego, antes que suba al lugar alto a comer; pues el pueblo no
comerá hasta que él haya llegado, por cuanto él es el que bendice el
sacrificio; después de esto comen los convidados. Subid, pues, ahora, porque
ahora le hallaréis. 14 Ellos entonces subieron a la ciudad; y cuando
estuvieron en medio de ella, he aquí Samuel venía hacía ellos para subir al
lugar alto. 15 Y un día antes que Saúl viniese, Jehová había revelado al oído
de Samuel, diciendo:
16 Mañana a esta misma hora yo enviaré a ti un varón de
la tierra de Benjamín, al cual ungirás por príncipe sobre mi pueblo Israel, y
salvará a mi pueblo de mano de los filisteos; porque yo he mirado a mi pueblo,
por cuanto su clamor ha llegado hasta mí. 17 Y luego que Samuel vio a Saúl,
Jehová le dijo: He aquí éste es el varón del cual te hablé; éste gobernará a
mi pueblo. 18 Acercándose, pues, Saúl a Samuel en medio de la puerta, le dijo:
Te ruego que me enseñes dónde está la casa del vidente. 19 Y Samuel respondió
a Saúl, diciendo: Yo soy el vidente; sube delante de mí al lugar alto, y come
hoy conmigo, y por la mañana te despacharé, y te descubriré todo lo que está
en tu corazón. 20 Y de las asnas que se te perdieron hace ya tres días, pierde
cuidado de ellas, porque se han hallado. Mas ¿para quién es todo lo que hay de
codiciable en Israel, sino para ti y para toda la casa de tu padre? 21 Saúl
respondió y dijo: ¿No soy yo hijo de Benjamín, de la más pequeña de las tribus
de Israel? Y mi familia ¿no es la más pequeña de todas las familias de la
tribu de Benjamín? ¿Por qué, pues, me has dicho cosa semejante?
22 Entonces Samuel tomó a Saúl y a su criado, los
introdujo a la sala, y les dio lugar a la cabecera de los convidados, que eran
unos treinta hombres. 23 Y dijo Samuel al cocinero: Trae acá la porción que te
di, la cual te dije que guardases aparte. 24 Entonces alzó el cocinero una
espaldilla, con lo que estaba sobre ella, y la puso delante de Saúl. Y Samuel
dijo: He aquí lo que estaba reservado; ponlo delante de ti y come, porque para
esta ocasión se te guardó, cuando dije: Yo he convidado al pueblo. Y Saúl
comió aquel día con Samuel.
25 Y cuando hubieron descendido del lugar alto a la
ciudad, él habló con Saúl en el terrado. 26 Al otro día madrugaron; y al
despuntar el alba, Samuel llamó a Saúl, que estaba en el terrado, y dijo:
Levántate, para que te despida. Luego se levantó Saúl, y salieron ambos, él y
Samuel.
27 Y descendiendo ellos al extremo de la ciudad, dijo
Samuel a Saúl: Di al criado que se adelante (y se adelantó el criado), mas
espera tú un poco para que te declare la palabra de Dios.
1 SAMUEL 10
1 Tomando entonces Samuel una redoma de aceite, la
derramó sobre su cabeza, y lo besó, y le dijo: ¿No te ha ungido Jehová por
príncipe sobre su pueblo Israel? 2 Hoy, después que te hayas apartado de mí,
hallarás dos hombres junto al sepulcro de Raquel, en el territorio de
Benjamín, en Selsa, los cuales te dirán: Las asnas que habías ido a buscar se
han hallado; tu padre ha dejado ya de inquietarse por las asnas, y está
afligido por vosotros, diciendo: ¿Qué haré acerca de mi hijo? 3 Y luego que de
allí sigas más adelante, y llegues a la encina de Tabor, te saldrán al
encuentro tres hombres que suben a Dios en Bet-el, llevando uno tres cabritos,
otro tres tortas de pan, y el tercero una vasija de vino; 4 los cuales, luego
que te hayan saludado, te darán dos panes, los que tomarás de mano de ellos. 5
Después de esto llegarás al collado de Dios donde está la guarnición de los
filisteos; y cuando entres allá en la ciudad encontrarás una compañía de
profetas que descienden del lugar alto, y delante de ellos salterio, pandero,
flauta y arpa, y ellos profetizando. 6 Entonces el Espíritu de Jehová vendrá
sobre ti con poder, y profetizarás con ellos, y serás mudado en otro hombre. 7
Y cuando te hayan sucedido estas señales, haz lo que te viniere a la mano,
porque Dios está contigo. 8 Luego bajarás delante de mí a Gilgal; entonces
descenderé yo a ti para ofrecer holocaustos y sacrificar ofrendas de paz.
Espera siete días, hasta que yo venga a ti y te enseñe lo que has de hacer.
9 Aconteció luego, que al volver él la espalda para
apartarse de Samuel, le mudó Dios su corazón; y todas estas señales
acontecieron en aquel día. 10 Y cuando llegaron allá al collado, he aquí la
compañía de los profetas que venía a encontrarse con él; y el Espíritu de Dios
vino sobre él con poder, y profetizó entre ellos. 11 Y aconteció que cuando
todos los que le conocían antes vieron que profetizaba con los profetas, el
pueblo decía el uno al otro: ¿Qué le ha sucedido al hijo de Cis? ¿Saúl también
entre los profetas? 12 Y alguno de allí respondió diciendo: ¿Y quién es el
padre de ellos? Por esta causa se hizo proverbio: ¿También Saúl entre los
profetas? 13 Y cesó de profetizar, y llegó al lugar alto.
14 Un tío de Saúl dijo a él y a su criado: ¿A dónde
fuisteis? Y él respondió: A buscar las asnas; y como vimos que no parecían,
fuimos a Samuel. 15 Dijo el tío de Saúl: Yo te ruego me declares qué os dijo
Samuel. 16 Y Saúl respondió a su tío: Nos declaró expresamente que las asnas
habían sido halladas. Mas del asunto del reino, de que Samuel le había
hablado, no le descubrió nada.
17 Después Samuel convocó al pueblo delante de Jehová en
Mizpa, 18 y dijo a los hijos de Israel: Así ha dicho Jehová el Dios de Israel:
Yo saqué a Israel de Egipto, y os libré de mano de los egipcios, y de mano de
todos los reinos que os afligieron. 19 Pero vosotros habéis desechado hoy a
vuestro Dios, que os guarda de todas vuestras aflicciones y angustias, y
habéis dicho: No, sino pon rey sobre nosotros. Ahora, pues, presentaos delante
de Jehová por vuestras tribus y por vuestros millares.
20 Y haciendo Samuel que se acercasen todas las tribus de
Israel, fue tomada la tribu de Benjamín. 21 E hizo llegar la tribu de Benjamín
por sus familias, y fue tomada la familia de Matri; y de ella fue tomado Saúl
hijo de Cis. Y le buscaron, pero no fue hallado. 22 Preguntaron, pues, otra
vez a Jehová si aún no había venido allí aquel varón. Y respondió Jehová: He
aquí que él está escondido entre el bagaje. 23 Entonces corrieron y lo
trajeron de allí; y puesto en medio del pueblo, desde los hombros arriba era
más alto que todo el pueblo. 24 Y Samuel dijo a todo el pueblo: ¿Habéis visto
al que ha elegido Jehová, que no hay semejante a él en todo el pueblo?
Entonces el pueblo clamó con alegría, diciendo: ¡Viva el rey!
25 Samuel recitó luego al pueblo las leyes del reino, y
las escribió en un libro, el cual guardó delante de Jehová. 26 Y envió Samuel
a todo el pueblo cada uno a su casa. Saúl también se fue a su casa en Gabaa, y
fueron con él los hombres de guerra cuyos corazones Dios había tocado. 27 Pero
algunos perversos dijeron: ¿Cómo nos ha de salvar éste? Y le tuvieron en poco,
y no le trajeron presente; mas él disimuló.
Saúl derrota a los amonitas
1 SAMUEL 11
1 Después subió Nahas amonita, y acampó contra Jabes de
Galaad. Y todos los de Jabes dijeron a Nahas: Haz alianza con nosotros, y te
serviremos. 2 Y Nahas amonita les respondió: Con esta condición haré alianza
con vosotros, que a cada uno de todos vosotros saque el ojo derecho, y ponga
esta afrenta sobre todo Israel. 3 Entonces los ancianos de Jabes le dijeron:
Danos siete días, para que enviemos mensajeros por todo el territorio de
Israel; y si no hay nadie que nos defienda, saldremos a ti. 4 Llegando los
mensajeros a Gabaa de Saúl, dijeron estas palabras en oídos del pueblo; y todo
el pueblo alzó su voz y lloró.
5 Y he aquí Saúl que venía del campo, tras los bueyes; y
dijo Saúl: ¿Qué tiene el pueblo, que llora? Y le contaron las palabras de los
hombres de Jabes. 6 Al oír Saúl estas palabras, el Espíritu de Dios vino sobre
él con poder; y él se encendió en ira en gran manera. 7 Y tomando un par de
bueyes, los cortó en trozos y los envió por todo el territorio de Israel por
medio de mensajeros, diciendo: Así se hará con los bueyes del que no saliere
en pos de Saúl y en pos de Samuel. Y cayó temor de Jehová sobre el pueblo, y
salieron como un solo hombre. 8 Y los contó en Bezec; y fueron los hijos de
Israel trescientos mil, y treinta mil los hombres de Judá. 9 Y respondieron a
los mensajeros que habían venido: Así diréis a los de Jabes de Galaad: Mañana
al calentar el sol, seréis librados. Y vinieron los mensajeros y lo anunciaron
a los de Jabes, los cuales se alegraron. 10 Y los de Jabes dijeron a los
enemigos: Mañana saldremos a vosotros, para que hagáis con nosotros todo lo
que bien os pareciere. 11 Aconteció que al día siguiente dispuso Saúl al
pueblo en tres compañías, y entraron en medio del campamento a la vigilia de
la mañana, e hirieron a los amonitas hasta que el día calentó; y los que
quedaron fueron dispersos, de tal manera que no quedaron dos de ellos juntos.
12 El pueblo entonces dijo a Samuel: ¿Quiénes son los que
decían: ¿Ha de reinar Saúl sobre nosotros? Dadnos esos hombres, y los
mataremos. 13 Y Saúl dijo: No morirá hoy ninguno, porque hoy Jehová ha dado
salvación en Israel. 14 Mas Samuel dijo al pueblo: Venid, vamos a Gilgal para
que renovemos allí el reino. 15 Y fue todo el pueblo a Gilgal, e invistieron
allí a Saúl por rey delante de Jehová en Gilgal. Y sacrificaron allí ofrendas
de paz delante de Jehová, y se alegraron mucho allí Saúl y todos los de
Israel.
Discurso de Samuel al pueblo
1 SAMUEL 12
1 Dijo Samuel a todo Israel: He aquí, yo he oído vuestra
voz en todo cuanto me habéis dicho, y os he puesto rey. 2 Ahora, pues, he aquí
vuestro rey va delante de vosotros. Yo soy ya viejo y lleno de canas; pero mis
hijos están con vosotros, y yo he andado delante de vosotros desde mi juventud
hasta este día. 3 Aquí estoy; atestiguad contra mí delante de Jehová y delante
de su ungido, si he tomado el buey de alguno, si he tomado el asno de alguno,
si he calumniado a alguien, si he agraviado a alguno, o si de alguien he
tomado cohecho para cegar mis ojos con él; y os lo restituiré. 4 Entonces
dijeron: Nunca nos has calumniado ni agraviado, ni has tomado algo de mano de
ningún hombre. 5 Y él les dijo: Jehová es testigo contra vosotros, y su ungido
también es testigo en este día, que no habéis hallado cosa alguna en mi mano.
Y ellos respondieron: Así es.
6 Entonces Samuel dijo al pueblo: Jehová que designó a
Moisés y a Aarón, y sacó a vuestros padres de la tierra de Egipto, es testigo.
7 Ahora, pues, aguardad, y contenderé con vosotros delante de Jehová acerca de
todos los hechos de salvación que Jehová ha hecho con vosotros y con vuestros
padres. 8 Cuando Jacob hubo entrado en Egipto, y vuestros padres clamaron a
Jehová, Jehová envió a Moisés y a Aarón, los cuales sacaron a vuestros padres
de Egipto, y los hicieron habitar en este lugar. 9 Y olvidaron a Jehová su
Dios, y él los vendió en mano de Sísara jefe del ejército de Hazor, y en mano
de los filisteos, y en mano del rey de Moab, los cuales les hicieron guerra.
10 Y ellos clamaron a Jehová, y dijeron: Hemos pecado, porque hemos dejado a
Jehová y hemos servido a los baales y a Astarot; líbranos, pues, ahora de mano
de nuestros enemigos, y te serviremos. 11 Entonces Jehová envió a Jerobaal, a
Barac, a Jefté y a Samuel, y os libró de mano de vuestros enemigos en
derredor, y habitasteis seguros. 12 Y habiendo visto que Nahas rey de los
hijos de Amón venía contra vosotros, me dijisteis: No, sino que ha de reinar
sobre nosotros un rey; siendo así que Jehová vuestro Dios era vuestro rey. 13
Ahora, pues, he aquí el rey que habéis elegido, el cual pedisteis; ya veis que
Jehová ha puesto rey sobre vosotros. 14 Si temiereis a Jehová y le sirviereis,
y oyereis su voz, y no fuereis rebeldes a la palabra de Jehová, y si tanto
vosotros como el rey que reina sobre vosotros servís a Jehová vuestro Dios,
haréis bien. 15 Mas si no oyereis la voz de Jehová, y si fuereis rebeldes a
las palabras de Jehová, la mano de Jehová estará contra vosotros como estuvo
contra vuestros padres. 16 Esperad aún ahora, y mirad esta gran cosa que
Jehová hará delante de vuestros ojos. 17 ¿No es ahora la siega del trigo? Yo
clamaré a Jehová, y él dará truenos y lluvias, para que conozcáis y veáis que
es grande vuestra maldad que habéis hecho ante los ojos de Jehová, pidiendo
para vosotros rey. 18 Y Samuel clamó a Jehová, y Jehová dio truenos y lluvias
en aquel día; y todo el pueblo tuvo gran temor de Jehová y de Samuel.
19 Entonces dijo todo el pueblo a Samuel: Ruega por tus
siervos a Jehová tu Dios, para que no muramos; porque a todos nuestros pecados
hemos añadido este mal de pedir rey para nosotros. 20 Y Samuel respondió al
pueblo: No temáis; vosotros habéis hecho todo este mal; pero con todo eso no
os apartéis de en pos de Jehová, sino servidle con todo vuestro corazón. 21 No
os apartéis en pos de vanidades que no aprovechan ni libran, porque son
vanidades. 22 Pues Jehová no desamparará a su pueblo, por su grande nombre;
porque Jehová ha querido haceros pueblo suyo. 23 Así que, lejos sea de mí que
peque yo contra Jehová cesando de rogar por vosotros; antes os instruiré en el
camino bueno y recto. 24 Solamente temed a Jehová y servidle de verdad con
todo vuestro corazón, pues considerad cuán grandes cosas ha hecho por
vosotros. 25 Mas si perseverareis en hacer mal, vosotros y vuestro rey
pereceréis.
Guerra contra los filisteos
1 SAMUEL 13
1 Había ya reinado Saúl un año; y cuando hubo reinado dos
años sobre Israel, 2 escogió luego a tres mil hombres de Israel, de los cuales
estaban con Saúl dos mil en Micmas y en el monte de Bet-el, y mil estaban con
Jonatán en Gabaa de Benjamín; y envió al resto del pueblo cada uno a sus
tiendas. 3 Y Jonatán atacó a la guarnición de los filisteos que había en el
collado, y lo oyeron los filisteos. E hizo Saúl tocar trompeta por todo el
país, diciendo: Oigan los hebreos. 4 Y todo Israel oyó que se decía: Saúl ha
atacado a la guarnición de los filisteos; y también que Israel se había hecho
abominable a los filisteos. Y se juntó el pueblo en pos de Saúl en Gilgal.
5 Entonces los filisteos se juntaron para pelear contra
Israel, treinta mil carros, seis mil hombres de a caballo, y pueblo numeroso
como la arena que está a la orilla del mar; y subieron y acamparon en Micmas,
al oriente de Bet-avén. 6 Cuando los hombres de Israel vieron que estaban en
estrecho (porque el pueblo estaba en aprieto), se escondieron en cuevas, en
fosos, en peñascos, en rocas y en cisternas. 7 Y algunos de los hebreos
pasaron el Jordán a la tierra de Gad y de Galaad; pero Saúl permanecía aún en
Gilgal, y todo el pueblo iba tras él temblando.
8 Y él esperó siete días, conforme al plazo que Samuel
había dicho; pero Samuel no venía a Gilgal, y el pueblo se le desertaba. 9
Entonces dijo Saúl: Traedme holocausto y ofrendas de paz. Y ofreció el
holocausto. 10 Y cuando él acababa de ofrecer el holocausto, he aquí Samuel
que venía; y Saúl salió a recibirle, para saludarle. 11 Entonces Samuel dijo:
¿Qué has hecho? Y Saúl respondió: Porque vi que el pueblo se me desertaba, y
que tú no venías dentro del plazo señalado, y que los filisteos estaban
reunidos en Micmas, 12 me dije: Ahora descenderán los filisteos contra mí a
Gilgal, y yo no he implorado el favor de Jehová. Me esforcé, pues, y ofrecí
holocausto. 13 Entonces Samuel dijo a Saúl: Locamente has hecho; no guardaste
el mandamiento de Jehová tu Dios que él te había ordenado; pues ahora Jehová
hubiera confirmado tu reino sobre Israel para siempre. 14 Mas ahora tu reino
no será duradero. Jehová se ha buscado un varón conforme a su corazón, al cual
Jehová ha designado para que sea príncipe sobre su pueblo, por cuanto tú no
has guardado lo que Jehová te mandó. 15 Y levantándose Samuel, subió de Gilgal
a Gabaa de Benjamín.
Y Saúl contó la gente que se hallaba con él, como
seiscientos hombres. 16 Saúl, pues, y Jonatán su hijo, y el pueblo que con
ellos se hallaba, se quedaron en Gabaa de Benjamín; pero los filisteos habían
acampado en Micmas. 17 Y salieron merodeadores del campamento de los filisteos
en tres escuadrones; un escuadrón marchaba por el camino de Ofra hacia la
tierra de Sual, 18 otro escuadrón marchaba hacia Bet-horón, y el tercer
escuadrón marchaba hacia la región que mira al valle de Zeboim, hacia el
desierto.
19 Y en toda la tierra de Israel no se hallaba herrero;
porque los filisteos habían dicho: Para que los hebreos no hagan espada o
lanza. 20 Por lo cual todos los de Israel tenían que descender a los filisteos
para afilar cada uno la reja de su arado, su azadón, su hacha o su hoz. 21 Y
el precio era un pim por las rejas de arado y por los azadones, y la tercera
parte de un siclo por afilar las hachas y por componer las aguijadas. 22 Así
aconteció que en el día de la batalla no se halló espada ni lanza en mano de
ninguno del pueblo que estaba con Saúl y con Jonatán, excepto Saúl y Jonatán
su hijo, que las tenían. 23 Y la guarnición de los filisteos avanzó hasta el
paso de Micmas.
1 SAMUEL 14
1 Aconteció un día, que Jonatán hijo de Saúl dijo a su
criado que le traía las armas: Ven y pasemos a la guarnición de los filisteos,
que está de aquel lado. Y no lo hizo saber a su padre. 2 Y Saúl se hallaba al
extremo de Gabaa, debajo de un granado que hay en Migrón, y la gente que
estaba con él era como seiscientos hombres. 3 Y Ahías hijo de Ahitob, hermano
de Icabod, hijo de Finees, hijo de Elí, sacerdote de Jehová en Silo, llevaba
el efod; y no sabía el pueblo que Jonatán se hubiese ido. 4 Y entre los
desfiladeros por donde Jonatán procuraba pasar a la guarnición de los
filisteos, había un peñasco agudo de un lado, y otro del otro lado; el uno se
llamaba Boses, y el otro Sene. 5 Uno de los peñascos estaba situado al norte,
hacia Micmas, y el otro al sur, hacia Gabaa.
6 Dijo, pues, Jonatán a su paje de armas: Ven, pasemos a
la guarnición de estos incircuncisos; quizá haga algo Jehová por nosotros,
pues no es difícil para Jehová salvar con muchos o con pocos. 7 Y su paje de
armas le respondió: Haz todo lo que tienes en tu corazón; ve, pues aquí estoy
contigo a tu voluntad. 8 Dijo entonces Jonatán: Vamos a pasar a esos hombres,
y nos mostraremos a ellos. 9 Si nos dijeren así: Esperad hasta que lleguemos a
vosotros, entonces nos estaremos en nuestro lugar, y no subiremos a ellos. 10
Mas si nos dijeren así: Subid a nosotros, entonces subiremos, porque Jehová
los ha entregado en nuestra mano; y esto nos será por señal. 11 Se mostraron,
pues, ambos a la guarnición de los filisteos, y los filisteos dijeron: He aquí
los hebreos, que salen de las cavernas donde se habían escondido. 12 Y los
hombres de la guarnición respondieron a Jonatán y a su paje de armas, y
dijeron: Subid a nosotros, y os haremos saber una cosa. Entonces Jonatán dijo
a su paje de armas: Sube tras mí, porque Jehová los ha entregado en manos de
Israel. 13 Y subió Jonatán trepando con sus manos y sus pies, y tras él su
paje de armas; y a los que caían delante de Jonatán, su paje de armas que iba
tras él los mataba. 14 Y fue esta primera matanza que hicieron Jonatán y su
paje de armas, como veinte hombres, en el espacio de una media yugada de
tierra. 15 Y hubo pánico en el campamento y por el campo, y entre toda la
gente de la guarnición; y los que habían ido a merodear, también ellos
tuvieron pánico, y la tierra tembló; hubo, pues, gran consternación.
16 Y los centinelas de Saúl vieron desde Gabaa de
Benjamín cómo la multitud estaba turbada, e iba de un lado a otro y era
deshecha. 17 Entonces Saúl dijo al pueblo que estaba con él: Pasad ahora
revista, y ved quién se haya ido de los nuestros. Pasaron revista, y he aquí
que faltaba Jonatán y su paje de armas. 18 Y Saúl dijo a Ahías: Trae el arca
de Dios. Porque el arca de Dios estaba entonces con los hijos de Israel. 19
Pero aconteció que mientras aún hablaba Saúl con el sacerdote, el alboroto que
había en el campamento de los filisteos aumentaba, e iba creciendo en gran
manera. Entonces dijo Saúl al sacerdote: Detén tu mano. 20 Y juntando Saúl a
todo el pueblo que con él estaba, llegaron hasta el lugar de la batalla; y he
aquí que la espada de cada uno estaba vuelta contra su compañero, y había gran
confusión. 21 Y los hebreos que habían estado con los filisteos de tiempo
atrás, y habían venido con ellos de los alrededores al campamento, se pusieron
también del lado de los israelitas que estaban con Saúl y con Jonatán. 22
Asimismo todos los israelitas que se habían escondido en el monte de Efraín,
oyendo que los filisteos huían, también ellos los persiguieron en aquella
batalla. 23 Así salvó Jehová a Israel aquel día. Y llegó la batalla hasta Bet-avén.
24 Pero los hombres de Israel fueron puestos en apuro
aquel día; porque Saúl había juramentado al pueblo, diciendo: Cualquiera que
coma pan antes de caer la noche, antes que haya tomado venganza de mis
enemigos, sea maldito. Y todo el pueblo no había probado pan. 25 Y todo el
pueblo llegó a un bosque, donde había miel en la superficie del campo. 26
Entró, pues, el pueblo en el bosque, y he aquí que la miel corría; pero no
hubo quien hiciera llegar su mano a su boca, porque el pueblo temía el
juramento. 27 Pero Jonatán no había oído cuando su padre había juramentado al
pueblo, y alargó la punta de una vara que traía en su mano, y la mojó en un
panal de miel, y llevó su mano a la boca; y fueron aclarados sus ojos. 28
Entonces habló uno del pueblo, diciendo: Tu padre ha hecho jurar solemnemente
al pueblo, diciendo: Maldito sea el hombre que tome hoy alimento. Y el pueblo
desfallecía. 29 Respondió Jonatán: Mi padre ha turbado el país. Ved ahora cómo
han sido aclarados mis ojos, por haber gustado un poco de esta miel. 30
¿Cuánto más si el pueblo hubiera comido libremente hoy del botín tomado de sus
enemigos? ¿No se habría hecho ahora mayor estrago entre los filisteos?
31 E hirieron aquel día a los filisteos desde Micmas
hasta Ajalón; pero el pueblo estaba muy cansado. 32 Y se lanzó el pueblo sobre
el botín, y tomaron ovejas y vacas y becerros, y los degollaron en el suelo; y
el pueblo los comió con sangre. 33 Y le dieron aviso a Saúl, diciendo: El
pueblo peca contra Jehová, comiendo la carne con la sangre. Y él dijo:
Vosotros habéis prevaricado; rodadme ahora acá una piedra grande. 34 Además
dijo Saúl: Esparcíos por el pueblo, y decidles que me traigan cada uno su
vaca, y cada cual su oveja, y degolladlas aquí, y comed; y no pequéis contra
Jehová comiendo la carne con la sangre. Y trajo todo el pueblo cada cual por
su mano su vaca aquella noche, y las degollaron allí. 35 Y edificó Saúl altar
a Jehová; este altar fue el primero que edificó a Jehová.
36 Y dijo Saúl: Descendamos de noche contra los
filisteos, y los saquearemos hasta la mañana, y no dejaremos de ellos ninguno.
Y ellos dijeron: Haz lo que bien te pareciere. Dijo luego el sacerdote:
Acerquémonos aquí a Dios. 37 Y Saúl consultó a Dios: ¿Descenderé tras los
filisteos? ¿Los entregarás en mano de Israel? Mas Jehová no le dio respuesta
aquel día. 38 Entonces dijo Saúl: Venid acá todos los principales del pueblo,
y sabed y ved en qué ha consistido este pecado hoy; 39 porque vive Jehová que
salva a Israel, que aunque fuere en Jonatán mi hijo, de seguro morirá. Y no
hubo en todo el pueblo quien le respondiese. 40 Dijo luego a todo Israel:
Vosotros estaréis a un lado, y yo y Jonatán mi hijo estaremos al otro lado. Y
el pueblo respondió a Saúl: Haz lo que bien te pareciere. 41 Entonces dijo
Saúl a Jehová Dios de Israel: Da suerte perfecta. Y la suerte cayó sobre
Jonatán y Saúl, y el pueblo salió libre. 42 Y Saúl dijo: Echad suertes entre
mí y Jonatán mi hijo. Y la suerte cayó sobre Jonatán.
43 Entonces Saúl dijo a Jonatán: Declárame lo que has
hecho. Y Jonatán se lo declaró y dijo: Ciertamente gusté un poco de miel con
la punta de la vara que traía en mi mano; ¿y he de morir? 44 Y Saúl respondió:
Así me haga Dios y aun me añada, que sin duda morirás, Jonatán. 45 Entonces el
pueblo dijo a Saúl: ¿Ha de morir Jonatán, el que ha hecho esta grande
salvación en Israel? No será así. Vive Jehová, que no ha de caer un cabello de
su cabeza en tierra, pues que ha actuado hoy con Dios. Así el pueblo libró de
morir a Jonatán. 46 Y Saúl dejó de seguir a los filisteos; y los filisteos se
fueron a su lugar.
47 Después de haber tomado posesión del reinado de
Israel, Saúl hizo guerra a todos sus enemigos en derredor: contra Moab, contra
los hijos de Amón, contra Edom, contra los reyes de Soba, y contra los
filisteos; y adondequiera que se volvía, era vencedor. 48 Y reunió un ejército
y derrotó a Amalec, y libró a Israel de mano de los que lo saqueaban.
49 Y los hijos de Saúl fueron Jonatán, Isúi y Malquisúa.
Y los nombres de sus dos hijas eran, el de la mayor, Merab, y el de la menor,
Mical. 50 Y el nombre de la mujer de Saúl era Ahinoam, hija de Ahimaas. Y el
nombre del general de su ejército era Abner, hijo de Ner tío de Saúl. 51
Porque Cis padre de Saúl, y Ner padre de Abner, fueron hijos de Abiel.
52 Y hubo guerra encarnizada contra los filisteos todo el
tiempo de Saúl; y a todo el que Saúl veía que era hombre esforzado y apto para
combatir, lo juntaba consigo.
Saúl desobedece y es desechado
1 SAMUEL 15
1 Después Samuel dijo a Saúl: Jehová me envió a que te
ungiese por rey sobre su pueblo Israel; ahora, pues, está atento a las
palabras de Jehová. 2 Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Yo castigaré lo
que hizo Amalec a Israel al oponérsele en el camino cuando subía de Egipto. 3
Ve, pues, y hiere a Amalec, y destruye todo lo que tiene, y no te apiades de
él; mata a hombres, mujeres, niños, y aun los de pecho, vacas, ovejas,
camellos y asnos.
4 Saúl, pues, convocó al pueblo y les pasó revista en
Telaim, doscientos mil de a pie, y diez mil hombres de Judá. 5 Y viniendo Saúl
a la ciudad de Amalec, puso emboscada en el valle. 6 Y dijo Saúl a los ceneos:
Idos, apartaos y salid de entre los de Amalec, para que no os destruya
juntamente con ellos; porque vosotros mostrasteis misericordia a todos los
hijos de Israel, cuando subían de Egipto. Y se apartaron los ceneos de entre
los hijos de Amalec. 7 Y Saúl derrotó a los amalecitas desde Havila hasta
llegar a Shur, que está al oriente de Egipto. 8 Y tomó vivo a Agag rey de
Amalec, pero a todo el pueblo mató a filo de espada. 9 Y Saúl y el pueblo
perdonaron a Agag, y a lo mejor de las ovejas y del ganado mayor, de los
animales engordados, de los carneros y de todo lo bueno, y no lo quisieron
destruir; mas todo lo que era vil y despreciable destruyeron.
10 Y vino palabra de Jehová a Samuel, diciendo: 11 Me
pesa haber puesto por rey a Saúl, porque se ha vuelto de en pos de mí, y no ha
cumplido mis palabras. Y se apesadumbró Samuel, y clamó a Jehová toda aquella
noche. 12 Madrugó luego Samuel para ir a encontrar a Saúl por la mañana; y fue
dado aviso a Samuel, diciendo: Saúl ha venido a Carmel, y he aquí se levantó
un monumento, y dio la vuelta, y pasó adelante y descendió a Gilgal. 13 Vino,
pues, Samuel a Saúl, y Saúl le dijo: Bendito seas tú de Jehová; yo he cumplido
la palabra de Jehová. 14 Samuel entonces dijo: ¿Pues qué balido de ovejas y
bramido de vacas es este que yo oigo con mis oídos? 15 Y Saúl respondió: De
Amalec los han traído; porque el pueblo perdonó lo mejor de las ovejas y de
las vacas, para sacrificarlas a Jehová tu Dios, pero lo demás lo destruimos.
16 Entonces dijo Samuel a Saúl: Déjame declararte lo que Jehová me ha dicho
esta noche. Y él le respondió: Di.
17 Y dijo Samuel: Aunque eras pequeño en tus propios
ojos, ¿no has sido hecho jefe de las tribus de Israel, y Jehová te ha ungido
por rey sobre Israel? 18 Y Jehová te envió en misión y dijo: Ve, destruye a
los pecadores de Amalec, y hazles guerra hasta que los acabes. 19 ¿Por qué,
pues, no has oído la voz de Jehová, sino que vuelto al botín has hecho lo malo
ante los ojos de Jehová? 20 Y Saúl respondió a Samuel: Antes bien he obedecido
la voz de Jehová, y fui a la misión que Jehová me envió, y he traído a Agag
rey de Amalec, y he destruido a los amalecitas. 21 Mas el pueblo tomó del
botín ovejas y vacas, las primicias del anatema, para ofrecer sacrificios a
Jehová tu Dios en Gilgal. 22 Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los
holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová?
Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención
que la grosura de los carneros. 23 Porque como pecado de adivinación es la
rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste
la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey.
24 Entonces Saúl dijo a Samuel: Yo he pecado; pues he
quebrantado el mandamiento de Jehová y tus palabras, porque temí al pueblo y
consentí a la voz de ellos. Perdona, pues, ahora mi pecado, 25 y vuelve
conmigo para que adore a Jehová. 26 Y Samuel respondió a Saúl: No volveré
contigo; porque desechaste la palabra de Jehová, y Jehová te ha desechado para
que no seas rey sobre Israel. 27 Y volviéndose Samuel para irse, él se asió de
la punta de su manto, y éste se rasgó. 28 Entonces Samuel le dijo: Jehová ha
rasgado hoy de ti el reino de Israel, y lo ha dado a un prójimo tuyo mejor que
tú. 29 Además, el que es la Gloria de Israel no mentirá, ni se arrepentirá,
porque no es hombre para que se arrepienta. 30 Y él dijo: Yo he pecado; pero
te ruego que me honres delante de los ancianos de mi pueblo y delante de
Israel, y vuelvas conmigo para que adore a Jehová tu Dios. 31 Y volvió Samuel
tras Saúl, y adoró Saúl a Jehová.
32 Después dijo Samuel: Traedme a Agag rey de Amalec. Y
Agag vino a él alegremente. Y dijo Agag: Ciertamente ya pasó la amargura de la
muerte. 33 Y Samuel dijo: Como tu espada dejó a las mujeres sin hijos, así tu
madre será sin hijo entre las mujeres. Entonces Samuel cortó en pedazos a Agag
delante de Jehová en Gilgal.
34 Se fue luego Samuel a Ramá, y Saúl subió a su casa en
Gabaa de Saúl. 35 Y nunca después vio Samuel a Saúl en toda su vida; y Samuel
lloraba a Saúl; y Jehová se arrepentía de haber puesto a Saúl por rey sobre
Israel.
Samuel unge a David
1 SAMUEL 16
1 Dijo Jehová a Samuel: ¿Hasta cuándo llorarás a Saúl,
habiéndolo yo desechado para que no reine sobre Israel? Llena tu cuerno de
aceite, y ven, te enviaré a Isaí de Belén, porque de sus hijos me he provisto
de rey. 2 Y dijo Samuel: ¿Cómo iré? Si Saúl lo supiera, me mataría. Jehová
respondió: Toma contigo una becerra de la vacada, y di: A ofrecer sacrificio a
Jehová he venido. 3 Y llama a Isaí al sacrificio, y yo te enseñaré lo que has
de hacer; y me ungirás al que yo te dijere. 4 Hizo, pues, Samuel como le dijo
Jehová; y luego que él llegó a Belén, los ancianos de la ciudad salieron a
recibirle con miedo, y dijeron: ¿Es pacífica tu venida? 5 El respondió: Sí,
vengo a ofrecer sacrificio a Jehová; santificaos, y venid conmigo al
sacrificio. Y santificando él a Isaí y a sus hijos, los llamó al sacrificio.
6 Y aconteció que cuando ellos vinieron, él vio a Eliab,
y dijo: De cierto delante de Jehová está su ungido. 7 Y Jehová respondió a
Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo
desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo
que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón. 8 Entonces llamó
Isaí a Abinadab, y lo hizo pasar delante de Samuel, el cual dijo: Tampoco a
éste ha escogido Jehová. 9 Hizo luego pasar Isaí a Sama. Y él dijo: Tampoco a
éste ha elegido Jehová. 10 E hizo pasar Isaí siete hijos suyos delante de
Samuel; pero Samuel dijo a Isaí: Jehová no ha elegido a éstos. 11 Entonces
dijo Samuel a Isaí: ¿Son éstos todos tus hijos? Y él respondió: Queda aún el
menor, que apacienta las ovejas. Y dijo Samuel a Isaí: Envía por él, porque no
nos sentaremos a la mesa hasta que él venga aquí. 12 Envió, pues, por él, y le
hizo entrar; y era rubio, hermoso de ojos, y de buen parecer. Entonces Jehová
dijo: Levántate y úngelo, porque éste es. 13 Y Samuel tomó el cuerno del
aceite, y lo ungió en medio de sus hermanos; y desde aquel día en adelante el
Espíritu de Jehová vino sobre David. Se levantó luego Samuel, y se volvió a
Ramá.
David toca para Saúl
14 El Espíritu de Jehová se apartó de Saúl, y le
atormentaba un espíritu malo de parte de Jehová. 15 Y los criados de Saúl le
dijeron: He aquí ahora, un espíritu malo de parte de Dios te atormenta. 16
Diga, pues, nuestro señor a tus siervos que están delante de ti, que busquen a
alguno que sepa tocar el arpa, para que cuando esté sobre ti el espíritu malo
de parte de Dios, él toque con su mano, y tengas alivio. 17 Y Saúl respondió a
sus criados: Buscadme, pues, ahora alguno que toque bien, y traédmelo. 18
Entonces uno de los criados respondió diciendo: He aquí yo he visto a un hijo
de Isaí de Belén, que sabe tocar, y es valiente y vigoroso y hombre de guerra,
prudente en sus palabras, y hermoso, y Jehová está con él. 19 Y Saúl envió
mensajeros a Isaí, diciendo: Envíame a David tu hijo, el que está con las
ovejas. 20 Y tomó Isaí un asno cargado de pan, una vasija de vino y un
cabrito, y lo envió a Saúl por medio de David su hijo. 21 Y viniendo David a
Saúl, estuvo delante de él; y él le amó mucho, y le hizo su paje de armas. 22
Y Saúl envió a decir a Isaí: Yo te ruego que esté David conmigo, pues ha
hallado gracia en mis ojos. 23 Y cuando el espíritu malo de parte de Dios
venía sobre Saúl, David tomaba el arpa y tocaba con su mano; y Saúl tenía
alivio y estaba mejor, y el espíritu malo se apartaba de él.
David mata a Goliat
1 SAMUEL 17
1 Los filisteos juntaron sus ejércitos para la guerra, y
se congregaron en Soco, que es de Judá, y acamparon entre Soco y Azeca, en
Efes-damim. 2 También Saúl y los hombres de Israel se juntaron, y acamparon en
el valle de Ela, y se pusieron en orden de batalla contra los filisteos. 3 Y
los filisteos estaban sobre un monte a un lado, e Israel estaba sobre otro
monte al otro lado, y el valle entre ellos. 4 Salió entonces del campamento de
los filisteos un paladín, el cual se llamaba Goliat, de Gat, y tenía de altura
seis codos y un palmo. 5 Y traía un casco de bronce en su cabeza, y llevaba
una cota de malla; y era el peso de la cota cinco mil siclos de bronce. 6
Sobre sus piernas traía grebas de bronce, y jabalina de bronce entre sus
hombros. 7 El asta de su lanza era como un rodillo de telar, y tenía el hierro
de su lanza seiscientos siclos de hierro; e iba su escudero delante de él. 8 Y
se paró y dio voces a los escuadrones de Israel, diciéndoles: ¿Para qué os
habéis puesto en orden de batalla? ¿No soy yo el filisteo, y vosotros los
siervos de Saúl? Escoged de entre vosotros un hombre que venga contra mí. 9 Si
él pudiere pelear conmigo, y me venciere, nosotros seremos vuestros siervos; y
si yo pudiere más que él, y lo venciere, vosotros seréis nuestros siervos y
nos serviréis. 10 Y añadió el filisteo: Hoy yo he desafiado al campamento de
Israel; dadme un hombre que pelee conmigo. 11 Oyendo Saúl y todo Israel estas
palabras del filisteo, se turbaron y tuvieron gran miedo.
12 Y David era hijo de aquel hombre efrateo de Belén de
Judá, cuyo nombre era Isaí, el cual tenía ocho hijos; y en el tiempo de Saúl
este hombre era viejo y de gran edad entre los hombres. 13 Y los tres hijos
mayores de Isaí habían ido para seguir a Saúl a la guerra. Y los nombres de
sus tres hijos que habían ido a la guerra eran: Eliab el primogénito, el
segundo Abinadab, y el tercero Sama; 14 y David era el menor. Siguieron, pues,
los tres mayores a Saúl. 15 Pero David había ido y vuelto, dejando a Saúl,
para apacentar las ovejas de su padre en Belén. 16 Venía, pues, aquel filisteo
por la mañana y por la tarde, y así lo hizo durante cuarenta días.
17 Y dijo Isaí a David su hijo: Toma ahora para tus
hermanos un efa de este grano tostado, y estos diez panes, y llévalo pronto al
campamento a tus hermanos. 18 Y estos diez quesos de leche los llevarás al
jefe de los mil; y mira si tus hermanos están buenos, y toma prendas de ellos.
19 Y Saúl y ellos y todos los de Israel estaban en el
valle de Ela, peleando contra los filisteos. 20 Se levantó, pues, David de
mañana, y dejando las ovejas al cuidado de un guarda, se fue con su carga como
Isaí le había mandado; y llegó al campamento cuando el ejército salía en orden
de batalla, y daba el grito de combate. 21 Y se pusieron en orden de batalla
Israel y los filisteos, ejército frente a ejército. 22 Entonces David dejó su
carga en mano del que guardaba el bagaje, y corrió al ejército; y cuando
llegó, preguntó por sus hermanos, si estaban bien. 23 Mientras él hablaba con
ellos, he aquí que aquel paladín que se ponía en medio de los dos campamentos,
que se llamaba Goliat, el filisteo de Gat, salió de entre las filas de los
filisteos y habló las mismas palabras, y las oyó David.
24 Y todos los varones de Israel que veían aquel hombre
huían de su presencia, y tenían gran temor. 25 Y cada uno de los de Israel
decía: ¿No habéis visto aquel hombre que ha salido? El se adelanta para
provocar a Israel. Al que le venciere, el rey le enriquecerá con grandes
riquezas, y le dará su hija, y eximirá de tributos a la casa de su padre en
Israel. 26 Entonces habló David a los que estaban junto a él, diciendo: ¿Qué
harán al hombre que venciere a este filisteo, y quitare el oprobio de Israel?
Porque ¿quién es este filisteo incircunciso, para que provoque a los
escuadrones del Dios viviente? 27 Y el pueblo le respondió las mismas
palabras, diciendo: Así se hará al hombre que le venciere.
28 Y oyéndole hablar Eliab su hermano mayor con aquellos
hombres, se encendió en ira contra David y dijo: ¿Para qué has descendido acá?
¿y a quién has dejado aquellas pocas ovejas en el desierto? Yo conozco tu
soberbia y la malicia de tu corazón, que para ver la batalla has venido. 29
David respondió: ¿Qué he hecho yo ahora? ¿No es esto mero hablar? 30 Y
apartándose de él hacia otros, preguntó de igual manera; y le dio el pueblo la
misma respuesta de antes.
31 Fueron oídas las palabras que David había dicho, y las
refirieron delante de Saúl; y él lo hizo venir. 32 Y dijo David a Saúl: No
desmaye el corazón de ninguno a causa de él; tu siervo irá y peleará contra
este filisteo. 33 Dijo Saúl a David: No podrás tú ir contra aquel filisteo,
para pelear con él; porque tú eres muchacho, y él un hombre de guerra desde su
juventud. 34 David respondió a Saúl: Tu siervo era pastor de las ovejas de su
padre; y cuando venía un león, o un oso, y tomaba algún cordero de la manada,
35 salía yo tras él, y lo hería, y lo libraba de su boca; y si se levantaba
contra mí, yo le echaba mano de la quijada, y lo hería y lo mataba. 36 Fuese
león, fuese oso, tu siervo lo mataba; y este filisteo incircunciso será como
uno de ellos, porque ha provocado al ejéricto del Dios viviente. 37 Añadió
David: Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del
oso, él también me librará de la mano de este filisteo. Y dijo Saúl a David:
Ve, y Jehová esté contigo. 38 Y Saúl vistió a David con sus ropas, y puso
sobre su cabeza un casco de bronce, y le armó de coraza. 39 Y ciñó David su
espada sobre sus vestidos, y probó a andar, porque nunca había hecho la
prueba. Y dijo David a Saúl: Yo no puedo andar con esto, porque nunca lo
practiqué. Y David echó de sí aquellas cosas. 40 Y tomó su cayado en su mano,
y escogió cinco piedras lisas del arroyo, y las puso en el saco pastoril, en
el zurrón que traía, y tomó su honda en su mano, y se fue hacia el filisteo.
41 Y el filisteo venía andando y acercándose a David, y
su escudero delante de él. 42 Y cuando el filisteo miró y vio a David, le tuvo
en poco; porque era muchacho, y rubio, y de hermoso parecer. 43 Y dijo el
filisteo a David: ¿Soy yo perro, para que vengas a mí con palos? Y maldijo a
David por sus dioses. 44 Dijo luego el filisteo a David: Ven a mí, y daré tu
carne a las aves del cielo y a las bestias del campo. 45 Entonces dijo David
al filisteo: Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti
en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel,
a quien tú has provocado. 46 Jehová te entregará hoy en mi mano, y yo te
venceré, y te cortaré la cabeza, y daré hoy los cuerpos de los filisteos a las
aves del cielo y a las bestias de la tierra; y toda la tierra sabrá que hay
Dios en Israel. 47 Y sabrá toda esta congregación que Jehová no salva con
espada y con lanza; porque de Jehová es la batalla, y él os entregará en
nuestras manos.
48 Y aconteció que cuando el filisteo se levantó y echó a
andar para ir al encuentro de David, David se dio prisa, y corrió a la linea
de batalla contra el filisteo. 49 Y metiendo David su mano en la bolsa, tomó
de allí una piedra, y la tiró con la honda, e hirió al filisteo en la frente;
y la piedra quedó clavada en la frente, y cayó sobre su rostro en tierra.
50 Así venció David al filisteo con honda y piedra; e
hirió al filisteo y lo mató, sin tener David espada en su mano. 51 Entonces
corrió David y se puso sobre el filisteo; y tomando la espada de él y
sacándola de su vaina, lo acabó de matar, y le cortó con ella la cabeza. Y
cuando los filisteos vieron a su paladín muerto, huyeron. 52 Levantándose
luego los de Israel y los de Judá, gritaron, y siguieron a los filisteos hasta
llegar al valle, y hasta las puertas de Ecrón. Y cayeron los heridos de los
filisteos por el camino de Saaraim hasta Gat y Ecrón. 53 Y volvieron los hijos
de Israel de seguir tras los filisteos, y saquearon su campamento. 54 Y David
tomó la cabeza del filisteo y la trajo a Jerusalén, pero las armas de él las
puso en su tienda.
55 Y cuando Saúl vio a David que salía a encontrarse con
el filisteo, dijo a Abner general del ejército: Abner, ¿de quién es hijo ese
joven? Y Abner respondió: 56 Vive tu alma, oh rey, que no lo sé. Y el rey
dijo: Pregunta de quién es hijo ese joven. 57 Y cuando David volvía de matar
al filisteo, Abner lo tomó y lo llevó delante de Saúl, teniendo David la
cabeza del filisteo en su mano. 58 Y le dijo Saúl: Muchacho, ¿de quién eres
hijo? Y David respondió: Yo soy hijo de tu siervo Isaí de Belén.
Pacto de Jonatán y David
1 SAMUEL 18
1 Aconteció que cuando él hubo acabado de hablar con
Saúl, el alma de Jonatán quedó ligada con la de David, y lo amó Jonatán como a
sí mismo. 2 Y Saúl le tomó aquel día, y no le dejó volver a casa de su padre.
3 E hicieron pacto Jonatán y David, porque él le amaba como a sí mismo. 4 Y
Jonatán se quitó el manto que llevaba, y se lo dio a David, y otras ropas
suyas, hasta su espada, su arco y su talabarte. 5 Y salía David a dondequiera
que Saúl le enviaba, y se portaba prudentemente. Y lo puso Saúl sobre gente de
guerra, y era acepto a los ojos de todo el pueblo, y a los ojos de los siervos
de Saúl.
Saúl tiene celos de David
6 Aconteció que cuando volvían ellos, cuando David volvió
de matar al filisteo, salieron las mujeres de todas las ciudades de Israel
cantando y danzando, para recibir al rey Saúl, con panderos, con cánticos de
alegría y con instrumentos de música. 7 Y cantaban las mujeres que danzaban, y
decían:
Saúl hirió a sus miles,
Y David a sus diez miles.
8 Y se enojó Saúl en gran manera, y le desagradó este
dicho, y dijo: A David dieron diez miles, y a mí miles; no le falta más que el
reino. 9 Y desde aquel día Saúl no miró con buenos ojos a David.
10 Aconteció al otro día, que un espíritu malo de parte
de Dios tomó a Saúl, y él desvariaba en medio de la casa. David tocaba con su
mano como los otros días; y tenía Saúl la lanza en la mano. 11 Y arrojó Saúl
la lanza, diciendo: Enclavaré a David a la pared. Pero David lo evadió dos
veces.
12 Mas Saúl estaba temeroso de David, por cuanto Jehová
estaba con él, y se había apartado de Saúl; 13 por lo cual Saúl lo alejó de
sí, y le hizo jefe de mil; y salía y entraba delante del pueblo. 14 Y David se
conducía prudentemente en todos sus asuntos, y Jehová estaba con él. 15 Y
viendo Saúl que se portaba tan prudentemente, tenía temor de él. 16 Mas todo
Israel y Judá amaba a David, porque él salía y entraba delante de ellos.
17 Entonces dijo Saúl a David: He aquí, yo te daré Merab
mi hija mayor por mujer, con tal que me seas hombre valiente, y pelees las
batallas de Jehová. Mas Saúl decía: No será mi mano contra él, sino que será
contra él la mano de los filisteos. 18 Pero David respondió a Saúl: ¿Quién soy
yo, o qué es mi vida, o la familia de mi padre en Israel, para que yo sea
yerno del rey? 19 Y llegado el tiempo en que Merab hija de Saúl se había de
dar a David, fue dada por mujer a Adriel meholatita.
20 Pero Mical la otra hija de Saúl amaba a David; y fue
dicho a Saúl, y le pareció bien a sus ojos. 21 Y Saúl dijo: Yo se la daré,
para que le sea por lazo, y para que la mano de los filisteos sea contra él.
Dijo, pues, Saúl a David por segunda vez: Tú serás mi yerno hoy. 22 Y mandó
Saúl a sus siervos: Hablad en secreto a David, diciéndole: He aquí el rey te
ama, y todos sus siervos te quieren bien; sé, pues, yerno del rey. 23 Los
criados de Saúl hablaron estas palabras a los oídos de David. Y David dijo:
¿Os parece a vosotros que es poco ser yerno del rey, siendo yo un hombre pobre
y de ninguna estima? 24 Y los criados de Saúl le dieron la respuesta,
diciendo: Tales palabras ha dicho David. 25 Y Saúl dijo: Decid así a David: El
rey no desea la dote, sino cien prepucios de filisteos, para que sea tomada
venganza de los enemigos del rey. Pero Saúl pensaba hacer caer a David en
manos de los filisteos. 26 Cuando sus siervos declararon a David estas
palabras, pareció bien la cosa a los ojos de David, para ser yerno del rey. Y
antes que el plazo se cumpliese, 27 se levantó David y se fue con su gente, y
mató a doscientos hombres de los filisteos; y trajo David los prepucios de
ellos y los entregó todos al rey, a fin de hacerse yerno del rey. Y Saúl le
dio su hija Mical por mujer. 28 Pero Saúl, viendo y considerando que Jehová
estaba con David, y que su hija Mical lo amaba, 29 tuvo más temor de David; y
fue Saúl enemigo de David todos los días.
30 Y salieron a campaña los príncipes de los filisteos; y
cada vez que salían, David tenía más éxito que todos los siervos de Saúl, por
lo cual se hizo de mucha estima su nombre.
Saúl procura matar a David
1 SAMUEL 19
1 Habló Saúl a Jonatán su hijo, y a todos sus siervos,
para que matasen a David; pero Jonatán hijo de Saúl amaba a David en gran
manera, 2 y dio aviso a David, diciendo: Saúl mi padre procura matarte; por
tanto cuídate hasta la mañana, y estate en lugar oculto y escóndete. 3 Y yo
saldré y estaré junto a mi padre en el campo donde estés; y hablaré de ti a mi
padre, y te haré saber lo que haya. 4 Y Jonatán habló bien de David a Saúl su
padre, y le dijo: No peque el rey contra su siervo David, porque ninguna cosa
ha cometido contra ti, y porque sus obras han sido muy buenas para contigo; 5
pues él tomó su vida en su mano, y mató al filisteo, y Jehová dio gran
salvación a todo Israel. Tú lo viste, y te alegraste; ¿por qué, pues, pecarás
contra la sangre inocente, matando a David sin causa? 6 Y escuchó Saúl la voz
de Jonatán, y juró Saúl: Vive Jehová, que no morirá. 7 Y llamó Jonatán a
David, y le declaró todas estas palabras; y él mismo trajo a David a Saúl, y
estuvo delante de él como antes.
8 Después hubo de nuevo guerra; y salió David y peleó
contra los filisteos, y los hirió con gran estrago, y huyeron delante de él. 9
Y el espíritu malo de parte de Jehová vino sobre Saúl; y estando sentado en su
casa tenía una lanza a mano, mientras David estaba tocando. 10 Y Saúl procuró
enclavar a David con la lanza a la pared, pero él se apartó de delante de
Saúl, el cual hirió con la lanza en la pared; y David huyó, y escapó aquella
noche.
11 Saúl envió luego mensajeros a casa de David para que
lo vigilasen, y lo matasen a la mañana. Mas Mical su mujer avisó a David,
diciendo: Si no salvas tu vida esta noche, mañana serás muerto. 12 Y descolgó
Mical a David por una ventana; y él se fue y huyó, y escapó. 13 Tomó luego
Mical una estatua, y la puso sobre la cama, y le acomodó por cabecera una
almohada de pelo de cabra y la cubrió con la ropa. 14 Y cuando Saúl envió
mensajeros para prender a David, ella respondió: Está enfermo. 15 Volvió Saúl
a enviar mensajeros para que viesen a David, diciendo: Traédmelo en la cama
para que lo mate. 16 Y cuando los mensajeros entraron, he aquí la estatua
estaba en la cama, y una almohada de pelo de cabra a su cabecera. 17 Entonces
Saúl dijo a Mical: ¿Por qué me has engañado así, y has dejado escapar a mi
enemigo? Y Mical respondió a Saúl: Porque él me dijo: Déjame ir; si no, yo te
mataré.
18 Huyó, pues, David, y escapó, y vino a Samuel en Ramá,
y le dijo todo lo que Saúl había hecho con él. Y él y Samuel se fueron y
moraron en Naiot. 19 Y fue dado aviso a Saúl, diciendo: He aquí que David está
en Naiot en Ramá. 20 Entonces Saúl envió mensajeros para que trajeran a David,
los cuales vieron una compañía de profetas que profetizaban, y a Samuel que
estaba allí y los presidía. Y vino el Espíritu de Dios sobre los mensajeros de
Saúl, y ellos también profetizaron. 21 Cuando lo supo Saúl, envió otros
mensajeros, los cuales también profetizaron. Y Saúl volvió a enviar mensajeros
por tercera vez, y ellos también profetizaron. 22 Entonces él mismo fue a Ramá;
y llegando al gran pozo que está en Secú, preguntó diciendo: ¿Dónde están
Samuel y David? Y uno respondió: He aquí están en Naiot en Ramá. 23 Y fue a
Naiot en Ramá; y también vino sobre él el Espíritu de Dios, y siguió andando y
profetizando hasta que llegó a Naiot en Ramá. 24 Y él también se despojó de
sus vestidos, y profetizó igualmente delante de Samuel, y estuvo desnudo todo
aquel día y toda aquella noche. De aquí se dijo: ¿También Saúl entre los
profetas?
Amistad de David y Jonatán
1 SAMUEL 20
1 Después David huyó de Naiot en Ramá, y vino delante de
Jonatán, y dijo: ¿Qué he hecho yo? ¿Cuál es mi maldad, o cuál mi pecado contra
tu padre, para que busque mi vida? 2 El le dijo: En ninguna manera; no
morirás. He aquí que mi padre ninguna cosa hará, grande ni pequeña, que no me
la descubra; ¿por qué, pues, me ha de encubrir mi padre este asunto? No será
así. 3 Y David volvió a jurar diciendo: Tu padre sabe claramente que yo he
hallado gracia delante de tus ojos, y dirá: No sepa esto Jonatán, para que no
se entristezca; y ciertamente, vive Jehová y vive tu alma, que apenas hay un
paso entre mí y la muerte. 4 Y Jonatán dijo a David: Lo que deseare tu alma,
haré por ti. 5 Y David respondió a Jonatán: He aquí que mañana será nueva
luna, y yo acostumbro sentarme con el rey a comer; mas tú dejarás que me
esconda en el campo hasta la tarde del tercer día. 6 Si tu padre hiciere
mención de mí, dirás: Me rogó mucho que lo dejase ir corriendo a Belén su
ciudad, porque todos los de su familia celebran allá el sacrificio anual. 7 Si
él dijere: Bien está, entonces tendrá paz tu siervo; mas si se enojare, sabe
que la maldad está determinada de parte de él. 8 Harás, pues, misericordia con
tu siervo, ya que has hecho entrar a tu siervo en pacto de Jehová contigo; y
si hay maldad en mí, mátame tú, pues no hay necesidad de llevarme hasta tu
padre. 9 Y Jonatán le dijo: Nunca tal te suceda; antes bien, si yo supiere que
mi padre ha determinado maldad contra ti, ¿no te lo avisaría yo? 10 Dijo
entonces David a Jonatán: ¿Quién me dará aviso si tu padre te respondiere
ásperamente? 11 Y Jonatán dijo a David: Ven, salgamos al campo. Y salieron
ambos al campo.
12 Entonces dijo Jonatán a David: ¡Jehová Dios de Israel,
sea testigo! Cuando le haya preguntado a mi padre mañana a esta hora, o el día
tercero, si resultare bien para con David, entonces enviaré a ti para
hacértelo saber. 13 Pero si mi padre intentare hacerte mal, Jehová haga así a
Jonatán, y aun le añada, si no te lo hiciere saber y te enviare para que te
vayas en paz. Y esté Jehová contigo, como estuvo con mi padre. 14 Y si yo
viviere, harás conmigo misericordia de Jehová, para que no muera, 15 y no
apartarás tu misericordia de mi casa para siempre. Cuando Jehová haya cortado
uno por uno los enemigos de David de la tierra, no dejes que el nombre de
Jonatán sea quitado de la casa de David. 16 Así hizo Jonatán pacto con la casa
de David, diciendo: Requiéralo Jehová de la mano de los enemigos de David. 17
Y Jonatán hizo jurar a David otra vez, porque le amaba, pues le amaba como a
sí mismo.
18 Luego le dijo Jonatán: Mañana es nueva luna, y tú
serás echado de menos, porque tu asiento estará vacío. 19 Estarás, pues, tres
días, y luego descenderás y vendrás al lugar donde estabas escondido el día
que ocurrió esto mismo, y esperarás junto a la piedra de Ezel. 20 Y yo tiraré
tres saetas hacia aquel lado, como ejercitándome al blanco. 21 Luego enviaré
al criado, diciéndole: Ve, busca las saetas. Y si dijere al criado: He allí
las saetas más acá de ti, tómalas; tú vendrás, porque paz tienes, y nada malo
hay, vive Jehová. 22 Mas si yo dijere al muchacho así: He allí las saetas más
allá de ti; vete, porque Jehová te ha enviado. 23 En cuanto al asunto de que
tú y yo hemos hablado, esté Jehová entre nosotros dos para siempre.
24 David, pues, se escondió en el campo, y cuando llegó
la nueva luna, se sentó el rey a comer pan. 25 Y el rey se sentó en su silla,
como solía, en el asiento junto a la pared, y Jonatán se levantó, y se sentó
Abner al lado de Saúl, y el lugar de David quedó vacío.
26 Mas aquel día Saúl no dijo nada, porque se decía: Le
habrá acontecido algo, y no está limpio; de seguro no está purificado. 27 Al
siguiente día, el segundo día de la nueva luna, aconteció también que el
asiento de David quedó vacío. Y Saúl dijo a Jonatán su hijo: ¿Por qué no ha
venido a comer el hijo de Isaí hoy ni ayer? 28 Y Jonatán respondió a Saúl:
David me pidió encarecidamente que le dejase ir a Belén, 29 diciendo: Te ruego
que me dejes ir, porque nuestra familia celebra sacrificio en la ciudad, y mi
hermano me lo ha mandado; por lo tanto, si he hallado gracia en tus ojos,
permíteme ir ahora para visitar a mis hermanos. Por esto, pues, no ha venido a
la mesa del rey.
30 Entonces se encendió la ira de Saúl contra Jonatán, y
le dijo: Hijo de la perversa y rebelde, ¿acaso no sé yo que tú has elegido al
hijo de Isaí para confusión tuya, y para confusión de la vergüenza de tu
madre? 31 Porque todo el tiempo que el hijo de Isaí viviere sobre la tierra,
ni tú estarás firme, ni tu reino. Envía pues, ahora, y tráemelo, porque ha de
morir. 32 Y Jonatán respondió a su padre Saúl y le dijo: ¿Por qué morirá? ¿Qué
ha hecho? 33 Entonces Saúl le arrojó una lanza para herirlo; de donde entendió
Jonatán que su padre estaba resuelto a matar a David. 34 Y se levantó Jonatán
de la mesa con exaltada ira, y no comió pan el segundo día de la nueva luna;
porque tenía dolor a causa de David, porque su padre le había afrentado.
35 Al otro día, de mañana, salió Jonatán al campo, al
tiempo señalado con David, y un muchacho pequeño con él. 36 Y dijo al
muchacho: Corre y busca las saetas que yo tirare. Y cuando el muchacho iba
corriendo, él tiraba la saeta de modo que pasara más allá de él. 37 Y llegando
el muchacho adonde estaba la saeta que Jonatán había tirado, Jonatán dio voces
tras el muchacho, diciendo: ¿No está la saeta más allá de ti? 38 Y volvió a
gritar Jonatán tras el muchacho: Corre, date prisa, no te pares. Y el muchacho
de Jonatán recogió las saetas, y vino a su señor. 39 Pero ninguna cosa
entendió el muchacho; solamente Jonatán y David entendían de lo que se
trataba. 40 Luego dio Jonatán sus armas a su muchacho, y le dijo: Vete y
llévalas a la ciudad. 41 Y luego que el muchacho se hubo ido, se levantó David
del lado del sur, y se inclinó tres veces postrándose hasta la tierra; y
besándose el uno al otro, lloraron el uno con el otro; y David lloró más. 42 Y
Jonatán dijo a David: Vete en paz, porque ambos hemos jurado por el nombre de
Jehová, diciendo: Jehová esté entre tú y yo, entre tu descendencia y mi
descendencia, para siempre. Y él se levantó y se fue; y Jonatán entró en la
ciudad.
David huye de Saúl
1 SAMUEL 21
1 Vino David a Nob, al sacerdote Ahimelec; y se
sorprendió Ahimelec de su encuentro, y le dijo: ¿Cómo vienes tú solo, y nadie
contigo? 2 Y respondió David al sacerdote Ahimelec: El rey me encomendó un
asunto, y me dijo: Nadie sepa cosa alguna del asunto a que te envío, y lo que
te he encomendado; y yo les señalé a los criados un cierto lugar. 3 Ahora,
pues, ¿qué tienes a mano? Dame cinco panes, o lo que tengas. 4 El sacerdote
respondió a David y dijo: No tengo pan común a la mano, solamente tengo pan
sagrado; pero lo daré si los criados se han guardado a lo menos de mujeres. 5
Y David respondió al sacerdote, y le dijo: En verdad las mujeres han estado
lejos de nosotros ayer y anteayer; cuando yo salí, ya los vasos de los jóvenes
eran santos, aunque el viaje es profano; ¿cuánto más no serán santos hoy sus
vasos? 6 Así el sacerdote le dio el pan sagrado, porque allí no había otro pan
sino los panes de la proposición, los cuales habían sido quitados de la
presencia de Jehová, para poner panes calientes el día que aquéllos fueron
quitados.
7 Y estaba allí aquel día detenido delante de Jehová uno
de los siervos de Saúl, cuyo nombre era Doeg, edomita, el principal de los
pastores de Saúl.
8 Y David dijo a Ahimelec: ¿No tienes aquí a mano lanza o
espada? Porque no tomé en mi mano mi espada ni mis armas, por cuanto la orden
del rey era apremiante. 9 Y el sacerdote respondió: La espada de Goliat el
filisteo, al que tú venciste en el valle de Ela, está aquí envuelta en un velo
detrás del efod; si quieres tomarla, tómala; porque aquí no hay otra sino esa.
Y dijo David: Ninguna como ella; dámela.
10 Y levantándose David aquel día, huyó de la presencia
de Saúl, y se fue a Aquis rey de Gat. 11 Y los siervos de Aquis le dijeron:
¿No es éste David, el rey de la tierra? ¿no es éste de quien cantaban en las
danzas, diciendo:
Hirió Saúl a sus miles,
Y David a sus diez miles?
12 Y David puso en su corazón estas palabras, y tuvo gran
temor de Aquis rey de Gat. 13 Y cambió su manera de comportarse delante de
ellos, y se fingió loco entre ellos, y escribía en las portadas de las
puertas, y dejaba correr la saliva por su barba. 14 Y dijo Aquis a sus
siervos: He aquí, veis que este hombre es demente; ¿por qué lo habéis traído a
mí? 15 ¿Acaso me faltan locos, para que hayáis traído a éste que hiciese de
loco delante de mí? ¿Había de entrar éste en mi casa?
1 SAMUEL 22
1 Yéndose luego David de allí, huyó a la cueva de Adulam;
y cuando sus hermanos y toda la casa de su padre lo supieron, vinieron allí a
él. 2 Y se juntaron con él todos los afligidos, y todo el que estaba
endeudado, y todos los que se hallaban en amargura de espíritu, y fue hecho
jefe de ellos; y tuvo consigo como cuatrocientos hombres.
3 Y se fue David de allí a Mizpa de Moab, y dijo al rey
de Moab: Yo te ruego que mi padre y mi madre estén con vosotros, hasta que
sepa lo que Dios hará de mí. 4 Los trajo, pues, a la presencia del rey de
Moab, y habitaron con él todo el tiempo que David estuvo en el lugar fuerte. 5
Pero el profeta Gad dijo a David: No te estés en este lugar fuerte; anda y
vete a tierra de Judá. Y David se fue, y vino al bosque de Haret.
Saúl mata a los sacerdotes de Nob
6 Oyó Saúl que se sabía de David y de los que estaban con
él. Y Saúl estaba sentado en Gabaa, debajo de un tamarisco sobre un alto; y
tenía su lanza en su mano, y todos sus siervos estaban alrededor de él. 7 Y
dijo Saúl a sus siervos que estaban alrededor de él: Oíd ahora, hijos de
Benjamín: ¿Os dará también a todos vosotros el hijo de Isaí tierras y viñas, y
os hará a todos vosotros jefes de millares y jefes de centenas, 8 para que
todos vosotros hayáis conspirado contra mí, y no haya quien me descubra al
oído cómo mi hijo ha hecho alianza con el hijo de Isaí, ni alguno de vosotros
que se duela de mí y me descubra cómo mi hijo ha levantado a mi siervo contra
mí para que me aceche, tal como lo hace hoy? 9 Entonces Doeg edomita, que era
el principal de los siervos de Saúl, respondió y dijo: Yo vi al hijo de Isaí
que vino a Nob, a Ahimelec hijo de Ahitob, 10 el cual consultó por él a Jehová
y le dio provisiones, y también le dio la espada de Goliat el filisteo.
11 Y el rey envió por el sacerdote Ahimelec hijo de
Ahitob, y por toda la casa de su padre, los sacerdotes que estaban en Nob; y
todos vinieron al rey. 12 Y Saúl le dijo: Oye ahora, hijo de Ahitob. Y él
dijo: Heme aquí, señor mío. 13 Y le dijo Saúl: ¿Por qué habéis conspirado
contra mí, tú y el hijo de Isaí, cuando le diste pan y espada, y consultaste
por él a Dios, para que se levantase contra mí y me acechase, como lo hace hoy
día? 14 Entonces Ahimelec respondió al rey, y dijo: ¿Y quién entre todos tus
siervos es tan fiel como David, yerno también del rey, que sirve a tus órdenes
y es ilustre en tu casa? 15 ¿He comenzado yo desde hoy a consultar por él a
Dios? Lejos sea de mí; no culpe el rey de cosa alguna a su siervo, ni a toda
la casa de mi padre; porque tu siervo ninguna cosa sabe de este asunto, grande
ni pequeña. 16 Y el rey dijo: Sin duda morirás, Ahimelec, tú y toda la casa de
tu padre. 17 Entonces dijo el rey a la gente de su guardia que estaba
alrededor de él: Volveos y matad a los sacerdotes de Jehová; porque también la
mano de ellos está con David, pues sabiendo ellos que huía, no me lo
descubrieron. Pero los siervos del rey no quisieron extender sus manos para
matar a los sacerdotes de Jehová. 18 Entonces dijo el rey a Doeg: Vuelve tú, y
arremete contra los sacerdotes. Y se volvió Doeg el edomita y acometió a los
sacerdotes, y mató en aquel día a ochenta y cinco varones que vestían efod de
lino. 19 Y a Nob, ciudad de los sacerdotes, hirió a filo de espada; así a
hombres como a mujeres, niños hasta los de pecho, bueyes, asnos y ovejas, todo
lo hirió a filo de espada.
20 Pero uno de los hijos de Ahimelec hijo de Ahitob, que
se llamaba Abiatar, escapó, y huyó tras David. 21 Y Abiatar dio aviso a David
de cómo Saúl había dado muerte a los sacerdotes de Jehová. 22 Y dijo David a
Abiatar: Yo sabía que estando allí aquel día Doeg el edomita, él lo había de
hacer saber a Saúl. Yo he ocasionado la muerte a todas las personas de la casa
de tu padre. 23 Quédate conmigo, no temas; quien buscare mi vida, buscará
también la tuya; pues conmigo estarás a salvo.
David en el desierto
1 SAMUEL 23
1 Dieron aviso a David, diciendo: He aquí que los
filisteos combaten a Keila, y roban las eras. 2 Y David consultó a Jehová,
diciendo: ¿Iré a atacar a estos filisteos? Y Jehová respondió a David: Ve,
ataca a los filisteos, y libra a Keila. 3 Pero los que estaban con David le
dijeron: He aquí que nosotros aquí en Judá estamos con miedo; ¿cuánto más si
fuéremos a Keila contra el ejército de los filisteos? 4 Entonces David volvió
a consultar a Jehová. Y Jehová le respondió y dijo: Levántate, desciende a
Keila, pues yo entregaré en tus manos a los filisteos. 5 Fue, pues, David con
sus hombres a Keila, y peleó contra los filisteos, se llevó sus ganados, y les
causó una gran derrota; y libró David a los de Keila.
6 Y aconteció que cuando Abiatar hijo de Ahimelec huyó
siguiendo a David a Keila, descendió con el efod en su mano. 7 Y fue dado
aviso a Saúl que David había venido a Keila. Entonces dijo Saúl: Dios lo ha
entregado en mi mano, pues se ha encerrado entrando en ciudad con puertas y
cerraduras. 8 Y convocó Saúl a todo el pueblo a la batalla para descender a
Keila, y poner sitio a David y a sus hombres. 9 Mas entendiendo David que Saúl
ideaba el mal contra él, dijo a Abiatar sacerdote: Trae el efod. 10 Y dijo
David: Jehová Dios de Israel, tu siervo tiene entendido que Saúl trata de
venir contra Keila, a destruir la ciudad por causa mía. 11 ¿Me entregarán los
vecinos de Keila en sus manos? ¿Descenderá Saúl, como ha oído tu siervo?
Jehová Dios de Israel, te ruego que lo declares a tu siervo. Y Jehová dijo:
Sí, descenderá. 12 Dijo luego David: ¿Me entregarán los vecinos de Keila a mí
y a mis hombres en manos de Saúl? Y Jehová respondió: Os entregarán. 13 David
entonces se levantó con sus hombres, que eran como seiscientos, y salieron de
Keila, y anduvieron de un lugar a otro. Y vino a Saúl la nueva de que David se
había escapado de Keila, y desistió de salir. 14 Y David se quedó en el
desierto en lugares fuertes, y habitaba en un monte en el desierto de Zif; y
lo buscaba Saúl todos los días, pero Dios no lo entregó en sus manos.
15 Viendo, pues, David que Saúl había salido en busca de
su vida, se estuvo en Hores, en el desierto de Zif. 16 Entonces se levantó
Jonatán hijo de Saúl y vino a David a Hores, y fortaleció su mano en Dios. 17
Y le dijo: No temas, pues no te hallará la mano de Saúl mi padre, y tú
reinarás sobre Israel, y yo seré segundo después de ti; y aun Saúl mi padre
así lo sabe. 18 Y ambos hicieron pacto delante de Jehová; y David se quedó en
Hores, y Jonatán se volvió a su casa.
19 Después subieron los de Zif para decirle a Saúl en
Gabaa: ¿No está David escondido en nuestra tierra en las peñas de Hores, en el
collado de Haquila, que está al sur del desierto? 20 Por tanto, rey, desciende
pronto ahora, conforme a tu deseo, y nosotros lo entregaremos en la mano del
rey. 21 Y Saúl dijo: Benditos seáis vosotros de Jehová, que habéis tenido
compasión de mí. 22 Id, pues, ahora, aseguraos más, conoced y ved el lugar de
su escondite, y quién lo haya visto allí; porque se me ha dicho que él es
astuto en gran manera. 23 Observad, pues, e informaos de todos los escondrijos
donde se oculta, y volved a mí con información segura, y yo iré con vosotros;
y si él estuviere en la tierra, yo le buscaré entre todos los millares de
Judá. 24 Y ellos se levantaron, y se fueron a Zif delante de Saúl.
Pero David y su gente estaban en el desierto de Maón, en
el Arabá al sur del desierto. 25 Y se fue Saúl con su gente a buscarlo; pero
fue dado aviso a David, y descendió a la peña, y se quedó en el desierto de
Maón. Cuando Saúl oyó esto, siguió a David al desierto de Maón. 26 Y Saúl iba
por un lado del monte, y David con sus hombres por el otro lado del monte, y
se daba prisa David para escapar de Saúl; mas Saúl y sus hombres habían
encerrado a David y a su gente para capturarlos. 27 Entonces vino un mensajero
a Saúl, diciendo: Ven luego, porque los filisteos han hecho una irrupción en
el país. 28 Volvió, por tanto, Saúl de perseguir a David, y partió contra los
filisteos. Por esta causa pusieron a aquel lugar por nombre Sela-hama-lecot.
29 Entonces David subió de allí y habitó en los lugares fuertes de En-gadi.
David perdona la vida a Saúl en En-gadi
1 SAMUEL 24
1 Cuando Saúl volvió de perseguir a los filisteos, le
dieron aviso, diciendo: He aquí David está en el desierto de En-gadi. 2 Y
tomando Saúl tres mil hombres escogidos de todo Israel, fue en busca de David
y de sus hombres, por las cumbres de los peñascos de las cabras monteses. 3 Y
cuando llegó a un redil de ovejas en el camino, donde había una cueva, entró
Saúl en ella para cubrir sus pies; y David y sus hombres estaban sentados en
los rincones de la cueva. 4 Entonces los hombres de David le dijeron: He aquí
el día de que te dijo Jehová: He aquí que entrego a tu enemigo en tu mano, y
harás con él como te pareciere. Y se levantó David, y calladamente cortó la
orilla del manto de Saúl. 5 Después de esto se turbó el corazón de David,
porque había cortado la orilla del manto de Saúl. 6 Y dijo a sus hombres:
Jehová me guarde de hacer tal cosa contra mi señor, el ungido de Jehová, que
yo extienda mi mano contra él; porque es el ungido de Jehová. 7 Así reprimió
David a sus hombres con palabras, y no les permitió que se levantasen contra
Saúl. Y Saúl, saliendo de la cueva, siguió su camino.
8 También David se levantó después, y saliendo de la
cueva dio voces detrás de Saúl, diciendo: ¡Mi señor el rey! Y cuando Saúl miró
hacia atrás, David inclinó su rostro a tierra, e hizo reverencia. 9 Y dijo
David a Saúl: ¿Por qué oyes las palabras de los que dicen: Mira que David
procura tu mal? 10 He aquí han visto hoy tus ojos cómo Jehová te ha puesto hoy
en mis manos en la cueva; y me dijeron que te matase, pero te perdoné, porque
dije: No extenderé mi mano contra mi señor, porque es el ungido de Jehová. 11
Y mira, padre mío, mira la orilla de tu manto en mi mano; porque yo corté la
orilla de tu manto, y no te maté. Conoce, pues, y ve que no hay mal ni
traición en mi mano, ni he pecado contra ti; sin embargo, tú andas a caza de
mi vida para quitármela. 12 Juzgue Jehová entre tú y yo, y véngueme de ti
Jehová; pero mi mano no será contra ti. 13 Como dice el proverbio de los
antiguos: De los impíos saldrá la impiedad; así que mi mano no será contra ti.
14 ¿Tras quién ha salido el rey de Israel? ¿A quién persigues? ¿A un perro
muerto? ¿A una pulga? 15 Jehová, pues, será juez, y él juzgará entre tú y yo.
El vea y sustente mi causa, y me defienda de tu mano.
16 Y aconteció que cuando David acabó de decir estas
palabras a Saúl, Saúl dijo: ¿No es esta la voz tuya, hijo mío David? Y alzó
Saúl su voz y lloró, 17 y dijo a David: Más justo eres tú que yo, que me has
pagado con bien, habiéndote yo pagado con mal. 18 Tú has mostrado hoy que has
hecho conmigo bien; pues no me has dado muerte, habiéndome entregado Jehová en
tu mano. 19 Porque ¿quién hallará a su enemigo, y lo dejará ir sano y salvo?
Jehová te pague con bien por lo que en este día has hecho conmigo. 20 Y ahora,
como yo entiendo que tú has de reinar, y que el reino de Israel ha de ser en
tu mano firme y estable, 21 júrame, pues, ahora por Jehová, que no destruirás
mi descendencia después de mí, ni borrarás mi nombre de la casa de mi padre.
22 Entonces David juró a Saúl. Y se fue Saúl a su casa, y David y sus hombres
subieron al lugar fuerte.
David y Abigail
1 SAMUEL 25
1 Murió Samuel, y se juntó todo Israel, y lo lloraron, y
lo sepultaron en su casa en Ramá.
Y se levantó David y se fue al desierto de Parán. 2 Y en
Maón había un hombre que tenía su hacienda en Carmel, el cual era muy rico, y
tenía tres mil ovejas y mil cabras. Y aconteció que estaba esquilando sus
ovejas en Carmel. 3 Y aquel varón se llamaba Nabal, y su mujer, Abigail. Era
aquella mujer de buen entendimiento y de hermosa apariencia, pero el hombre
era duro y de malas obras; y era del linaje de Caleb. 4 Y oyó David en el
desierto que Nabal esquilaba sus ovejas. 5 Entonces envió David diez jóvenes y
les dijo: Subid a Carmel e id a Nabal, y saludadle en mi nombre, 6 y decidle
así: Sea paz a ti, y paz a tu familia, y paz a todo cuanto tienes. 7 He sabido
que tienes esquiladores. Ahora, tus pastores han estado con nosotros; no les
tratamos mal, ni les faltó nada en todo el tiempo que han estado en Carmel. 8
Pregunta a tus criados, y ellos te lo dirán. Hallen, por tanto, estos jóvenes
gracia en tus ojos, porque hemos venido en buen día; te ruego que des lo que
tuvieres a mano a tus siervos, y a tu hijo David.
9 Cuando llegaron los jóvenes enviados por David, dijeron
a Nabal todas estas palabras en nombre de David, y callaron. 10 Y Nabal
respondió a los jóvenes enviados por David, y dijo: ¿Quién es David, y quién
es el hijo de Isaí? Muchos siervos hay hoy que huyen de sus señores. 11 ¿He de
tomar yo ahora mi pan, mi agua, y la carne que he preparado para mis
esquiladores, y darla a hombres que no sé de dónde son? 12 Y los jóvenes que
había enviado David se volvieron por su camino, y vinieron y dijeron a David
todas estas palabras. 13 Entonces David dijo a sus hombres: Cíñase cada uno su
espada. Y se ciñó cada uno su espada y también David se ciñó su espada; y
subieron tras David como cuatrocientos hombres, y dejaron doscientos con el
bagaje.
14 Pero uno de los criados dio aviso a Abigail mujer de
Nabal, diciendo: He aquí David envió mensajeros del desierto que saludasen a
nuestro amo, y él los ha zaherido. 15 Y aquellos hombres han sido muy buenos
con nosotros, y nunca nos trataron mal, ni nos faltó nada en todo el tiempo
que anduvimos con ellos, cuando estábamos en el campo. 16 Muro fueron para
nosotros de día y de noche, todos los días que hemos estado con ellos
apacentando las ovejas. 17 Ahora, pues, reflexiona y ve lo que has de hacer,
porque el mal está ya resuelto contra nuestro amo y contra toda su casa; pues
él es un hombre tan perverso, que no hay quien pueda hablarle.
18 Entonces Abigail tomó luego doscientos panes, dos
cueros de vino, cinco ovejas guisadas, cinco medidas de grano tostado, cien
racimos de uvas pasas, y doscientos panes de higos secos, y lo cargó todo en
asnos. 19 Y dijo a sus criados: Id delante de mí, y yo os seguiré luego; y
nada declaró a su marido Nabal. 20 Y montando un asno, descendió por una parte
secreta del monte; y he aquí David y sus hombres venían frente a ella, y ella
les salió al encuentro. 21 Y David había dicho: Ciertamente en vano he
guardado todo lo que éste tiene en el desierto, sin que nada le haya faltado
de todo cuanto es suyo; y él me ha vuelto mal por bien. 22 Así haga Dios a los
enemigos de David y aun les añada, que de aquí a mañana, de todo lo que fuere
suyo no he de dejar con vida ni un varón.
23 Y cuando Abigail vio a David, se bajó prontamente del
asno, y postrándose sobre su rostro delante de David, se inclinó a tierra; 24
y se echó a sus pies, y dijo: Señor mío, sobre mí sea el pecado; mas te ruego
que permitas que tu sierva hable a tus oídos, y escucha las palabras de tu
sierva. 25 No haga caso ahora mi señor de ese hombre perverso, de Nabal;
porque conforme a su nombre, así es. El se llama Nabal, y la insensatez está
con él; mas yo tu sierva no vi a los jóvenes que tú enviaste. 26 Ahora pues,
señor mío, vive Jehová, y vive tu alma, que Jehová te ha impedido el venir a
derramar sangre y vengarte por tu propia mano. Sean, pues, como Nabal tus
enemigos, y todos los que procuran mal contra mi señor. 27 Y ahora este
presente que tu sierva ha traído a mi señor, sea dado a los hombres que siguen
a mi señor. 28 Y yo te ruego que perdones a tu sierva esta ofensa; pues Jehová
de cierto hará casa estable a mi señor, por cuanto mi señor pelea las batallas
de Jehová, y mal no se ha hallado en ti en tus días. 29 Aunque alguien se haya
levantado para perseguirte y atentar contra tu vida, con todo, la vida de mi
señor será ligada en el haz de los que viven delante de Jehová tu Dios, y él
arrojará la vida de tus enemigos como de en medio de la palma de una honda. 30
Y acontecerá que cuando Jehová haga con mi señor conforme a todo el bien que
ha hablado de ti, y te establezca por príncipe sobre Israel, 31 entonces,
señor mío, no tendrás motivo de pena ni remordimientos por haber derramado
sangre sin causa, o por haberte vengado por ti mismo. Guárdese, pues, mi
señor, y cuando Jehová haga bien a mi señor, acuérdate de tu sierva.
32 Y dijo David a Abigail: Bendito sea Jehová Dios de
Israel, que te envió para que hoy me encontrases. 33 Y bendito sea tu
razonamiento, y bendita tú, que me has estorbado hoy de ir a derramar sangre,
y a vengarme por mi propia mano. 34 Porque vive Jehová Dios de Israel que me
ha defendido de hacerte mal, que si no te hubieras dado prisa en venir a mi
encuentro, de aquí a mañana no le hubiera quedado con vida a Nabal ni un
varón. 35 Y recibió David de su mano lo que le había traído, y le dijo: Sube
en paz a tu casa, y mira que he oído tu voz, y te he tenido respeto.
36 Y Abigail volvió a Nabal, y he aquí que él tenía
banquete en su casa como banquete de rey; y el corazón de Nabal estaba alegre,
y estaba completamente ebrio, por lo cual ella no le declaró cosa alguna hasta
el día siguiente. 37 Pero por la mañana, cuando ya a Nabal se le habían pasado
los efectos del vino, le refirió su mujer estas cosas; y desmayó su corazón en
él, y se quedó como una piedra. 38 Y diez días después, Jehová hirió a Nabal,
y murió.
39 Luego que David oyó que Nabal había muerto, dijo:
Bendito sea Jehová, que juzgó la causa de mi afrenta recibida de mano de
Nabal, y ha preservado del mal a su siervo; y Jehová ha vuelto la maldad de
Nabal sobre su propia cabeza. Después envió David a hablar con Abigail, para
tomarla por su mujer. 40 Y los siervos de David vinieron a Abigail en Carmel,
y hablaron con ella, diciendo: David nos ha enviado a ti, para tomarte por su
mujer. 41 Y ella se levantó e inclinó su rostro a tierra, diciendo: He aquí tu
sierva, que será una sierva para lavar los pies de los siervos de mi señor. 42
Y levantándose luego Abigail con cinco doncellas que le servían, montó en un
asno y siguió a los mensajeros de David, y fue su mujer. 43 También tomó David
a Ahinoam de Jezreel, y ambas fueron sus mujeres. 44 Porque Saúl había dado a
su hija Mical mujer de David a Palti hijo de Lais, que era de Galim.
David perdona la vida a Saúl en Zif
1 SAMUEL 26
1 Vinieron los zifeos a Saúl en Gabaa, diciendo: ¿No está
David escondido en el collado de Haquila, al oriente del desierto? 2 Saúl
entonces se levantó y descendió al desierto de Zif, llevando consigo tres mil
hombres escogidos de Israel, para buscar a David en el desierto de Zif. 3 Y
acampó Saúl en el collado de Haquila, que está al oriente del desierto, junto
al camino. Y estaba David en el desierto, y entendió que Saúl le seguía en el
desierto. 4 David, por tanto, envió espías, y supo con certeza que Saúl había
venido. 5 Y se levantó David, y vino al sitio donde Saúl había acampado; y
miró David el lugar donde dormían Saúl y Abner hijo de Ner, general de su
ejército. Y estaba Saúl durmiendo en el campamento, y el pueblo estaba
acampado en derredor de él.
6 Entonces David dijo a Ahimelec heteo y a Abisai hijo de
Sarvia, hermano de Joab: ¿Quién descenderá conmigo a Saúl en el campamento? Y
dijo Abisai: Yo descenderé contigo. 7 David, pues, y Abisai fueron de noche al
ejército; y he aquí que Saúl estaba tendido durmiendo en el campamento, y su
lanza clavada en tierra a su cabecera; y Abner y el ejército estaban tendidos
alrededor de él. 8 Entonces dijo Abisai a David: Hoy ha entregado Dios a tu
enemigo en tu mano; ahora, pues, déjame que le hiera con la lanza, y lo
enclavaré en la tierra de un golpe, y no le daré segundo golpe. 9 Y David
respondió a Abisai: No le mates; porque ¿quién extenderá su mano contra el
ungido de Jehová, y será inocente? 10 Dijo además David: Vive Jehová, que si
Jehová no lo hiriere, o su día llegue para que muera, o descendiendo en
batalla perezca, 11 guárdeme Jehová de extender mi mano contra el ungido de
Jehová. Pero toma ahora la lanza que está a su cabecera, y la vasija de agua,
y vámonos. 12 Se llevó, pues, David la lanza y la vasija de agua de la
cabecera de Saúl, y se fueron; y no hubo nadie que viese, ni entendiese, ni
velase, pues todos dormían; porque un profundo sueño enviado de Jehová había
caído sobre ellos.
13 Entonces pasó David al lado opuesto, y se puso en la
cumbre del monte a lo lejos, habiendo gran distancia entre ellos. 14 Y dio
voces David al pueblo, y a Abner hijo de Ner, diciendo: ¿No respondes, Abner?
Entonces Abner respondió y dijo: ¿Quién eres tú que gritas al rey? 15 Y dijo
David a Abner: ¿No eres tú un hombre? ¿y quién hay como tú en Israel? ¿Por
qué, pues, no has guardado al rey tu señor? Porque uno del pueblo ha entrado a
matar a tu señor el rey. 16 Esto que has hecho no está bien. Vive Jehová, que
sois dignos de muerte, porque no habéis guardado a vuestro señor, al ungido de
Jehová. Mira pues, ahora, dónde está la lanza del rey, y la vasija de agua que
estaba a su cabecera.
17 Y conociendo Saúl la voz de David, dijo: ¿No es esta
tu voz, hijo mío David? Y David respondió: Mi voz es, rey señor mío. 18 Y
dijo: ¿Por qué persigue así mi señor a su siervo? ¿Qué he hecho? ¿Qué mal hay
en mi mano? 19 Ruego, pues, que el rey mi señor oiga ahora las palabras de su
siervo. Si Jehová te incita contra mí, acepte él la ofrenda; mas si fueren
hijos de hombres, malditos sean ellos en presencia de Jehová, porque me han
arrojado hoy para que no tenga parte en la heredad de Jehová, diciendo: Vé y
sirve a dioses ajenos. 20 No caiga, pues, ahora mi sangre en tierra delante de
Jehová, porque ha salido el rey de Israel a buscar una pulga, así como quien
persigue una perdiz por los montes.
21 Entonces dijo Saúl: He pecado; vuélvete, hijo mío
David, que ningún mal te haré más, porque mi vida ha sido estimada preciosa
hoy a tus ojos. He aquí yo he hecho neciamente, y he errado en gran manera. 22
Y David respondió y dijo: He aquí la lanza del rey; pase acá uno de los
criados y tómela. 23 Y Jehová pague a cada uno su justicia y su lealtad; pues
Jehová te había entregado hoy en mi mano, mas yo no quise extender mi mano
contra el ungido de Jehová. 24 Y he aquí, como tu vida ha sido estimada
preciosa hoy a mis ojos, así sea mi vida a los ojos de Jehová, y me libre de
toda aflicción. 25 Y Saúl dijo a David: Bendito eres tú, hijo mío David; sin
duda emprenderás tú cosas grandes, y prevalecerás. Entonces David se fue por
su camino, y Saúl se volvió a su lugar.
David entre los filisteos
1 SAMUEL 27
1 Dijo luego David en su corazón: Al fin seré muerto
algún día por la mano de Saúl; nada, por tanto, me será mejor que fugarme a la
tierra de los filisteos, para que Saúl no se ocupe de mí, y no me ande
buscando más por todo el territorio de Israel; y así escaparé de su mano. 2 Se
levantó, pues, David, y con los seiscientos hombres que tenía consigo se pasó
a Aquis hijo de Maoc, rey de Gat. 3 Y moró David con Aquis en Gat, él y sus
hombres, cada uno con su familia; David con sus dos mujeres, Ahinoam
jezreelita y Abigail la que fue mujer de Nabal el de Carmel. 4 Y vino a Saúl
la nueva de que David había huido a Gat, y no lo buscó más.
5 Y David dijo a Aquis: Si he hallado gracia ante tus
ojos, séame dado lugar en alguna de las aldeas para que habite allí; pues ¿por
qué ha de morar tu siervo contigo en la ciudad real? 6 Y Aquis le dio aquel
día a Siclag, por lo cual Siclag vino a ser de los reyes de Judá hasta hoy. 7
Fue el número de los días que David habitó en la tierra de los filisteos, un
año y cuatro meses.
8 Y subía David con sus hombres, y hacían incursiones
contra los gesuritas, los gezritas y los amalecitas; porque éstos habitaban de
largo tiempo la tierra, desde como quien va a Shur hasta la tierra de Egipto.
9 Y asolaba David el país, y no dejaba con vida hombre ni mujer; y se llevaba
las ovejas, las vacas, los asnos, los camellos y las ropas, y regresaba a
Aquis. 10 Y decía Aquis: ¿Dónde habéis merodeado hoy? Y David decía: En el
Neguev de Judá, y el Neguev de Jerameel, o en el Neguev de los ceneos. 11 Ni
hombre ni mujer dejaba David con vida para que viniesen a Gat; diciendo: No
sea que den aviso de nosotros y digan: Esto hizo David. Y esta fue su
costumbre todo el tiempo que moró en la tierra de los filisteos. 12 Y Aquis
creía a David, y decía: El se ha hecho abominable a su pueblo de Israel, y
será siempre mi siervo.
1 SAMUEL 28
1 Aconteció en aquellos días, que los filisteos reunieron
sus fuerzas para pelear contra Israel. Y dijo Aquis a David: Ten entendido que
has de salir conmigo a campaña, tú y tus hombres. 2 Y David respondió a Aquis:
Muy bien, tú sabrás lo que hará tu siervo. Y Aquis dijo a David: Por tanto, yo
te constituiré guarda de mi persona durante toda mi vida.
Saúl y la adivina de Endor
3 Ya Samuel había muerto, y todo Israel lo había
lamentado, y le habían sepultado en Ramá, su ciudad. Y Saúl había arrojado de
la tierra a los encantadores y adivinos. 4 Se juntaron, pues, los filisteos, y
vinieron y acamparon en Sunem; y Saúl juntó a todo Israel, y acamparon en
Gilboa. 5 Y cuando vio Saúl el campamento de los filisteos, tuvo miedo, y se
turbó su corazón en gran manera. 6 Y consultó Saúl a Jehová; pero Jehová no le
respondió ni por sueños, ni por Urim, ni por profetas. 7 Entonces Saúl dijo a
sus criados: Buscadme una mujer que tenga espíritu de adivinación, para que yo
vaya a ella y por medio de ella pregunte. Y sus criados le respondieron: He
aquí hay una mujer en Endor que tiene espíritu de adivinación.
8 Y se disfrazó Saúl, y se puso otros vestidos, y se fue
con dos hombres, y vinieron a aquella mujer de noche; y él dijo: Yo te ruego
que me adivines por el espíritu de adivinación, y me hagas subir a quien yo te
dijere. 9 Y la mujer le dijo: He aquí tú sabes lo que Saúl ha hecho, cómo ha
cortado de la tierra a los evocadores y a los adivinos. ¿Por qué, pues, pones
tropiezo a mi vida, para hacerme morir? 10 Entonces Saúl le juró por Jehová,
diciendo: Vive Jehová, que ningún mal te vendrá por esto. 11 La mujer entonces
dijo: ¿A quién te haré venir? Y él respondió: Hazme venir a Samuel. 12 Y
viendo la mujer a Samuel, clamó en alta voz, y habló aquella mujer a Saúl,
diciendo: 13 ¿Por qué me has engañado? pues tú eres Saúl. Y el rey le dijo: No
temas. ¿Qué has visto? Y la mujer respondió a Saúl: He visto dioses que suben
de la tierra. 14 El le dijo: ¿Cuál es su forma? Y ella respondió: Un hombre
anciano viene, cubierto de un manto. Saúl entonces entendió que era Samuel, y
humillando el rostro a tierra, hizo gran reverencia.
15 Y Samuel dijo a Saúl: ¿Por qué me has inquietado
haciéndome venir? Y Saúl respondió: Estoy muy angustiado, pues los filisteos
pelean contra mí, y Dios se ha apartado de mí, y no me responde más, ni por
medio de profetas ni por sueños; por esto te he llamado, para que me declares
lo que tengo que hacer. 16 Entonces Samuel dijo: ¿Y para qué me preguntas a
mí, si Jehová se ha apartado de ti y es tu enemigo? 17 Jehová te ha hecho como
dijo por medio de mí; pues Jehová ha quitado el reino de tu mano, y lo ha dado
a tu compañero, David. 18 Como tú no obedeciste a la voz de Jehová, ni
cumpliste el ardor de su ira contra Amalec, por eso Jehová te ha hecho esto
hoy. 19 Y Jehová entregará a Israel también contigo en manos de los filisteos;
y mañana estaréis conmigo, tú y tus hijos; y Jehová entregará también al
ejército de Israel en mano de los filisteos.
20 Entonces Saúl cayó en tierra cuan grande era, y tuvo
gran temor por las palabras de Samuel; y estaba sin fuerzas, porque en todo
aquel día y aquella noche no había comido pan. 21 Entonces la mujer vino a
Saúl, y viéndolo turbado en gran manera, le dijo: He aquí que tu sierva ha
obedecido a tu voz, y he arriesgado mi vida, y he oído las palabras que tú me
has dicho. 22 Te ruego, pues, que tú también oigas la voz de tu sierva; pondré
yo delante de ti un bocado de pan para que comas, a fin de que cobres fuerzas,
y sigas tu camino. 23 Y él rehusó diciendo: No comeré. Pero porfiaron con él
sus siervos juntamente con la mujer, y él les obedeció. Se levantó, pues, del
suelo, y se sentó sobre una cama. 24 Y aquella mujer tenía en su casa un
ternero engordado, el cual mató luego; y tomó harina y la amasó, y coció de
ella panes sin levadura. 25 Y lo trajo delante de Saúl y de sus siervos; y
después de haber comido, se levantaron, y se fueron aquella noche.
Los filisteos desconfían de David
1 SAMUEL 29
1 Los filisteos juntaron todas sus fuerzas en Afec, e
Israel acampó junto a la fuente que está en Jezreel. 2 Y cuando los príncipes
de los filisteos pasaban revista a sus compañías de a ciento y de a mil
hombres, David y sus hombres iban en la retaguardia con Aquis. 3 Y dijeron los
príncipes de los filisteos: ¿Qué hacen aquí estos hebreos? Y Aquis respondió a
los príncipes de los filisteos: ¿No es éste David, el siervo de Saúl rey de
Israel, que ha estado conmigo por días y años, y no he hallado falta en él
desde el día que se pasó a mí hasta hoy? 4 Entonces los príncipes de los
filisteos se enojaron contra él, y le dijeron: Despide a este hombre, para que
se vuelva al lugar que le señalaste, y no venga con nosotros a la batalla, no
sea que en la batalla se nos vuelva enemigo; porque ¿con qué cosa volvería
mejor a la gracia de su señor que con las cabezas de estos hombres? 5 ¿No es
éste David, de quien cantaban en las danzas, diciendo:
Saúl hirió a sus miles,
Y David a sus diez miles?
6 Y Aquis llamó a David y le dijo: Vive Jehová, que tú
has sido recto, y que me ha parecido bien tu salida y tu entrada en el
campamento conmigo, y que ninguna cosa mala he hallado en ti desde el día que
viniste a mí hasta hoy; mas a los ojos de los príncipes no agradas. 7
Vuélvete, pues, y vete en paz, para no desagradar a los príncipes de los
filisteos. 8 Y David respondió a Aquis: ¿Qué he hecho? ¿Qué has hallado en tu
siervo desde el día que estoy contigo hasta hoy, para que yo no vaya y pelee
contra los enemigos de mi señor el rey? 9 Y Aquis respondió a David, y dijo:
Yo sé que tú eres bueno ante mis ojos, como un ángel de Dios; pero los
príncipes de los filisteos me han dicho: No venga con nosotros a la batalla.
10 Levántate, pues, de mañana, tú y los siervos de tu señor que han venido
contigo; y levantándoos al amanecer, marchad. 11 Y se levantó David de mañana,
él y sus hombres, para irse y volver a la tierra de los filisteos; y los
filisteos fueron a Jezreel.
David derrota a los amalecitas
1 SAMUEL 30
1 Cuando David y sus hombres vinieron a Siclag al tercer
día, los de Amalec habían invadido el Neguev y a Siclag, y habían asolado a
Siclag y le habían prendido fuego. 2 Y se habían llevado cautivas a las
mujeres y a todos los que estaban allí, desde el menor hasta el mayor; pero a
nadie habían dado muerte, sino se los habían llevado al seguir su camino. 3
Vino, pues, David con los suyos a la ciudad, y he aquí que estaba quemada, y
sus mujeres y sus hijos e hijas habían sido llevados cautivos. 4 Entonces
David y la gente que con él estaba alzaron su voz y lloraron, hasta que les
faltaron las fuerzas para llorar. 5 Las dos mujeres de David, Ahinoam
jezreelita y Abigail la que fue mujer de Nabal el de Carmel, también eran
cautivas. 6 Y David se angustió mucho, porque el pueblo hablaba de apedrearlo,
pues todo el pueblo estaba en amargura de alma, cada uno por sus hijos y por
sus hijas; mas David se fortaleció en Jehová su Dios.
7 Y dijo David al sacerdote Abiatar hijo de Ahimelec: Yo
te ruego que me acerques el efod. Y Abiatar acercó el efod a David. 8 Y David
consultó a Jehová, diciendo: ¿Perseguiré a estos merodeadores? ¿Los podré
alcanzar? Y él le dijo: Síguelos, porque ciertamente los alcanzarás, y de
cierto librarás a los cautivos. 9 Partió, pues, David, él y los seiscientos
hombres que con él estaban, y llegaron hasta el torrente de Besor, donde se
quedaron algunos. 10 Y David siguió adelante con cuatrocientos hombres; porque
se quedaron atrás doscientos, que cansados no pudieron pasar el torrente de
Besor.
11 Y hallaron en el campo a un hombre egipcio, el cual
trajeron a David, y le dieron pan, y comió, y le dieron a beber agua. 12 Le
dieron también un pedazo de masa de higos secos y dos racimos de pasas. Y
luego que comió, volvió en él su espíritu; porque no había comido pan ni
bebido agua en tres días y tres noches. 13 Y le dijo David: ¿De quién eres tú,
y de dónde eres? Y respondió el joven egipcio: Yo soy siervo de un amalecita,
y me dejó mi amo hoy hace tres días, porque estaba yo enfermo; 14 pues hicimos
una incursión a la parte del Neguev que es de los cereteos, y de Judá, y al
Neguev de Caleb; y pusimos fuego a Siclag. 15 Y le dijo David: ¿Me llevarás tú
a esa tropa? Y él dijo: Júrame por Dios que no me matarás, ni me entregarás en
mano de mi amo, y yo te llevaré a esa gente.
16 Lo llevó, pues; y he aquí que estaban desparramados
sobre toda aquella tierra, comiendo y bebiendo y haciendo fiesta, por todo
aquel gran botín que habían tomado de la tierra de los filisteos y de la
tierra de Judá. 17 Y los hirió David desde aquella mañana hasta la tarde del
día siguiente; y no escapó de ellos ninguno, sino cuatrocientos jóvenes que
montaron sobre los camellos y huyeron. 18 Y libró David todo lo que los
amalecitas habían tomado, y asimismo libertó David a sus dos mujeres. 19 Y no
les faltó cosa alguna, chica ni grande, así de hijos como de hijas, del robo,
y de todas las cosas que les habían tomado; todo lo recuperó David. 20 Tomó
también David todas las ovejas y el ganado mayor; y trayéndolo todo delante,
decían: Este es el botín de David.
21 Y vino David a los doscientos hombres que habían
quedado cansados y no habían podido seguir a David, a los cuales habían hecho
quedar en el torrente de Besor; y ellos salieron a recibir a David y al pueblo
que con él estaba. Y cuando David llegó a la gente, les saludó con paz. 22
Entonces todos los malos y perversos de entre los que habían ido con David,
respondieron y dijeron: Porque no fueron con nosotros, no les daremos del
botín que hemos quitado, sino a cada uno su mujer y sus hijos; que los tomen y
se vayan. 23 Y David dijo: No hagáis eso, hermanos míos, de lo que nos ha dado
Jehová, quien nos ha guardado, y ha entregado en nuestra mano a los
merodeadores que vinieron contra nosotros. 24 ¿Y quién os escuchará en este
caso? Porque conforme a la parte del que desciende a la batalla, así ha de ser
la parte del que queda con el bagaje; les tocará parte igual. 25 Desde aquel
día en adelante fue esto por ley y ordenanza en Israel, hasta hoy.
26 Y cuando David llegó a Siclag, envió del botín a los
ancianos de Judá, sus amigos, diciendo: He aquí un presente para vosotros del
botín de los enemigos de Jehová. 27 Lo envió a los que estaban en Bet-el, en
Ramot del Neguev, en Jatir, 28 en Aroer, en Sifmot, en Estemoa, 29 en Racal,
en las ciudades de Jerameel, en las ciudades del ceneo, 30 en Horma, en
Corasán, en Atac, 31 en Hebrón, y en todos los lugares donde David había
estado con sus hombres.
Muerte de Saúl y de sus hijos
(1 Cr. 10.1-12)
1 SAMUEL 31
1 Los filisteos, pues, pelearon contra Israel, y los de
Israel huyeron delante de los filisteos, y cayeron muertos en el monte de
Gilboa. 2 Y siguiendo los filisteos a Saúl y a sus hijos, mataron a Jonatán, a
Abinadab y a Malquisúa, hijos de Saúl. 3 Y arreció la batalla contra Saúl, y
le alcanzaron los flecheros, y tuvo gran temor de ellos. 4 Entonces dijo Saúl
a su escudero: Saca tu espada, y traspásame con ella, para que no vengan estos
incircuncisos y me traspasen, y me escarnezcan. Mas su escudero no quería,
porque tenía gran temor. Entonces tomó Saúl su propia espada y se echó sobre
ella. 5 Y viendo su escudero a Saúl muerto, él también se echó sobre su
espada, y murió con él. 6 Así murió Saúl en aquel día, juntamente con sus tres
hijos, y su escudero, y todos sus varones. 7 Y los de Israel que eran del otro
lado del valle, y del otro lado del Jordán, viendo que Israel había huido y
que Saúl y sus hijos habían sido muertos, dejaron las ciudades y huyeron; y
los filisteos vinieron y habitaron en ellas.
8 Aconteció al siguiente día, que viniendo los filisteos
a despojar a los muertos, hallaron a Saúl y a sus tres hijos tendidos en el
monte de Gilboa. 9 Y le cortaron la cabeza, y le despojaron de las armas; y
enviaron mensajeros por toda la tierra de los filisteos, para que llevaran las
buenas nuevas al templo de sus ídolos y al pueblo. 10 Y pusieron sus armas en
el templo de Astarot, y colgaron su cuerpo en el muro de Bet-sán. 11 Mas
oyendo los de Jabes de Galaad esto que los filisteos hicieron a Saúl, 12 todos
los hombres valientes se levantaron, y anduvieron toda aquella noche, y
quitaron el cuerpo de Saúl y los cuerpos de sus hijos del muro de Bet-sán; y
viniendo a Jabes, los quemaron allí. 13 Y tomando sus huesos, los sepultaron
debajo de un árbol en Jabes, y ayunaron siete días.
Segundo Libro de
SAMUEL
David oye de la muerte de Saúl
2 SAMUEL 1
1 Aconteció después de la muerte de Saúl, que vuelto
David de la derrota de los amalecitas, estuvo dos días en Siclag. 2 Al tercer
día, sucedió que vino uno del campamento de Saúl, rotos sus vestidos, y tierra
sobre su cabeza; y llegando a David, se postró en tierra e hizo reverencia. 3
Y le preguntó David: ¿De dónde vienes? Y él respondió: Me he escapado del
campamento de Israel. 4 David le dijo: ¿Qué ha acontecido? Te ruego que me lo
digas. Y él respondió: El pueblo huyó de la batalla, y también muchos del
pueblo cayeron y son muertos; también Saúl y Jonatán su hijo murieron. 5 Dijo
David a aquel joven que le daba las nuevas: ¿Cómo sabes que han muerto Saúl y
Jonatán su hijo? 6 El joven que le daba las nuevas respondió: Casualmente vine
al monte de Gilboa, y hallé a Saúl que se apoyaba sobre su lanza, y venían
tras él carros y gente de a caballo. 7 Y mirando él hacia atrás, me vio y me
llamó; y yo dije: Heme aquí. 8 Y me preguntó: ¿Quién eres tú? Y yo le
respondí: Soy amalecita. 9 El me volvió a decir: Te ruego que te pongas sobre
mí y me mates, porque se ha apoderado de mí la angustia; pues mi vida está aún
toda en mí. 10 Yo entonces me puse sobre él y le maté, porque sabía que no
podía vivir después de su caída; y tomé la corona que tenía en su cabeza, y la
argolla que traía en su brazo, y las he traído acá a mi señor.
11 Entonces David, asiendo de sus vestidos, los rasgó; y
lo mismo hicieron los hombres que estaban con él. 12 Y lloraron y lamentaron y
ayunaron hasta la noche, por Saúl y por Jonatán su hijo, por el pueblo de
Jehová y por la casa de Israel, porque habían caído a filo de espada. 13 Y
David dijo a aquel joven que le había traído las nuevas: ¿De dónde eres tú? Y
él respondió: Yo soy hijo de un extranjero, amalecita. 14 Y le dijo David:
¿Cómo no tuviste temor de extender tu mano para matar al ungido de Jehová? 15
Entonces llamó David a uno de sus hombres, y le dijo: Ve y mátalo. Y él lo
hirió, y murió. 16 Y David le dijo: Tu sangre sea sobre tu cabeza, pues tu
misma boca atestiguó contra ti, diciendo: Yo maté al ungido de Jehová.
David endecha a Saúl y a Jonatán
17 Y endechó David a Saúl y a Jonatán su hijo con esta
endecha, 18 y dijo que debía enseñarse a los hijos de Judá. He aquí que está
escrito en el libro de Jaser.
19 ¡Ha perecido la gloria de Israel sobre tus alturas!
¡Cómo han caído los valientes!
20 No lo anunciéis en Gat,
Ni deis las nuevas en las plazas de Ascalón;
Para que no se alegren las hijas de los filisteos,
Para que no salten de gozo las hijas de los
incircuncisos.
21 Montes de Gilboa,
Ni rocío ni lluvia caiga sobre vosotros, ni seáis tierras
de ofrendas;
Porque allí fue desechado el escudo de los valientes,
El escudo de Saúl, como si no hubiera sido ungido con
aceite.
22 Sin sangre de los muertos, sin grosura de los
valientes,
El arco de Jonatán no volvía atrás,
Ni la espada de Saúl volvió vacía.
23 Saúl y Jonatán, amados y queridos;
Inseparables en su vida, tampoco en su muerte fueron
separados;
Más ligeros eran que águilas,
Más fuertes que leones.
24 Hijas de Israel, llorad por Saúl,
Quien os vestía de escarlata con deleites,
Quien adornaba vuestras ropas con ornamentos de oro.
25 ¡Cómo han caído los valientes en medio de la batalla!
¡Jonatán, muerto en tus alturas!
26 Angustia tengo por ti, hermano mío Jonatán,
Que me fuiste muy dulce.
Más maravilloso me fue tu amor
Que el amor de las mujeres.
27 ¡Cómo han caído los valientes,
Han perecido las armas de guerra!
David es proclamado rey de Judá
2 SAMUEL 2
1 Después de esto aconteció que David consultó a Jehová,
diciendo: ¿Subiré a alguna de las ciudades de Judá? Y Jehová le respondió:
Sube. David volvió a decir: ¿A dónde subiré? Y él le dijo: A Hebrón. 2 David
subió allá, y con él sus dos mujeres, Ahinoam jezreelita y Abigail, la que fue
mujer de Nabal el de Carmel. 3 Llevó también David consigo a los hombres que
con él habían estado, cada uno con su familia; los cuales moraron en las
ciudades de Hebrón. 4 Y vinieron los varones de Judá y ungieron allí a David
por rey sobre la casa de Judá.
Y dieron aviso a David, diciendo: Los de Jabes de Galaad
son los que sepultaron a Saúl. 5 Entonces envió David mensajeros a los de
Jabes de Galaad, diciéndoles: Benditos seáis vosotros de Jehová, que habéis
hecho esta misericordia con vuestro señor, con Saúl, dándole sepultura. 6
Ahora, pues, Jehová haga con vosotros misericordia y verdad; y yo también os
haré bien por esto que habéis hecho. 7 Esfuércense, pues, ahora vuestras
manos, y sed valientes; pues muerto Saúl vuestro señor, los de la casa de Judá
me han ungido por rey sobre ellos.
Guerra entre David y la casa de Saúl
8 Pero Abner hijo de Ner, general del ejército de Saúl,
tomó a Is-boset hijo de Saúl, y lo llevó a Mahanaim, 9 y lo hizo rey sobre
Galaad, sobre Gesuri, sobre Jezreel, sobre Efraín, sobre Benjamín y sobre todo
Israel. 10 De cuarenta años era Is-boset hijo de Saúl cuando comenzó a reinar
sobre Israel, y reinó dos años. Solamente los de la casa de Judá siguieron a
David. 11 Y fue el número de los días que David reinó en Hebrón sobre la casa
de Judá, siete años y seis meses.
12 Abner hijo de Ner salió de Mahanaim a Gabaón con los
siervos de Is-boset hijo de Saúl, 13 y Joab hijo de Sarvia y los siervos de
David salieron y los encontraron junto al estanque de Gabaón; y se pararon los
unos a un lado del estanque, y los otros al otro lado. 14 Y dijo Abner a Joab:
Levántense ahora los jóvenes, y maniobren delante de nosotros. Y Joab
respondió: Levántense. 15 Entonces se levantaron, y pasaron en número igual,
doce de Benjamín por parte de Is-boset hijo de Saúl, y doce de los siervos de
David. 16 Y cada uno echó mano de la cabeza de su adversario, y metió su
espada en el costado de su adversario, y cayeron a una; por lo que fue llamado
aquel lugar, Helcat-hazurim, el cual está en Gabaón. 17 La batalla fue muy
reñida aquel día, y Abner y los hombres de Israel fueron vencidos por los
siervos de David. 18 Estaban allí los tres hijos de Sarvia: Joab, Abisai y
Asael. Este Asael era ligero de pies como una gacela del campo.
19 Y siguió Asael tras de Abner, sin apartarse ni a
derecha ni a izquierda. 20 Y miró atrás Abner, y dijo: ¿No eres tú Asael? Y él
respondió: Sí. 21 Entonces Abner le dijo: Apártate a la derecha o a la
izquierda, y echa mano de alguno de los hombres, y toma para ti sus despojos.
Pero Asael no quiso apartarse de en pos de él. 22 Y Abner volvió a decir a
Asael: Apártate de en pos de mí; ¿por qué he de herirte hasta derribarte?
¿Cómo levantaría yo entonces mi rostro delante de Joab tu hermano? 23 Y no
queriendo él irse, lo hirió Abner con el regatón de la lanza por la quinta
costilla, y le salió la lanza por la espalda, y cayó allí, y murió en aquel
mismo sitio. Y todos los que venían por aquel lugar donde Asael había caído y
estaba muerto, se detenían.
24 Mas Joab y Abisai siguieron a Abner; y se puso el sol
cuando llegaron al collado de Amma, que está delante de Gía, junto al camino
del desierto de Gabaón. 25 Y se juntaron los hijos de Benjamín en pos de
Abner, formando un solo ejército; e hicieron alto en la cumbre del collado. 26
Y Abner dio voces a Joab, diciendo: ¿Consumirá la espada perpetuamente? ¿No
sabes tú que el final será amargura? ¿Hasta cuándo no dirás al pueblo que se
vuelva de perseguir a sus hermanos? 27 Y Joab respondió: Vive Dios, que si no
hubieses hablado, el pueblo hubiera dejado de seguir a sus hermanos desde esta
mañana. 28 Entonces Joab tocó el cuerno, y todo el pueblo se detuvo, y no
persiguió más a los de Israel, ni peleó más.
29 Y Abner y los suyos caminaron por el Arabá toda
aquella noche, y pasando el Jordán cruzaron por todo Bitrón y llegaron a
Mahanaim. 30 Joab también volvió de perseguir a Abner, y juntando a todo el
pueblo, faltaron de los siervos de David diecinueve hombres y Asael. 31 Mas
los siervos de David hirieron de los de Benjamín y de los de Abner, a
trescientos sesenta hombres, los cuales murieron. 32 Tomaron luego a Asael, y
lo sepultaron en el sepulcro de su padre en Belén. Y caminaron toda aquella
noche Joab y sus hombres, y les amaneció en Hebrón.
2 SAMUEL 3
1 Hubo larga guerra entre la casa de Saúl y la casa de
David; pero David se iba fortaleciendo, y la casa de Saúl se iba debilitando.
Hijos de David nacidos en Hebrón
(1 Cr. 3.1-4)
2 Y nacieron hijos a David en Hebrón; su primogénito fue
Amnón, de Ahinoam jezreelita; 3 su segundo Quileab, de Abigail la mujer de
Nabal el de Carmel; el tercero, Absalón hijo de Maaca, hija de Talmai rey de
Gesur; 4 el cuarto, Adonías hijo de Haguit; el quinto, Sefatías hijo de Abital;
5 el sexto, Itream, de Egla mujer de David. Estos le nacieron a David en
Hebrón.
Abner pacta con David en Hebrón
6 Como había guerra entre la casa de Saúl y la de David,
aconteció que Abner se esforzaba por la casa de Saúl. 7 Y había tenido Saúl
una concubina que se llamaba Rizpa, hija de Aja; y dijo Is-boset a Abner: ¿Por
qué te has llegado a la concubina de mi padre? 8 Y se enojó Abner en gran
manera por las palabras de Is-boset, y dijo: ¿Soy yo cabeza de perro que
pertenezca a Judá? Yo he hecho hoy misericordia con la casa de Saúl tu padre,
con sus hermanos y con sus amigos, y no te he entregado en mano de David; ¿y
tú me haces hoy cargo del pecado de esta mujer? 9 Así haga Dios a Abner y aun
le añada, si como ha jurado Jehová a David, no haga yo así con él, 10
trasladando el reino de la casa de Saúl, y confirmando el trono de David sobre
Israel y sobre Judá, desde Dan hasta Beerseba. 11 Y él no pudo responder
palabra a Abner, porque le temía.
12 Entonces envió Abner mensajeros a David de su parte,
diciendo: ¿De quién es la tierra? Y que le dijesen: Haz pacto conmigo, y he
aquí que mi mano estará contigo para volver a ti todo Israel. 13 Y David dijo:
Bien; haré pacto contigo, mas una cosa te pido: No me vengas a ver sin que
primero traigas a Mical la hija de Saúl, cuando vengas a verme. 14 Después de
esto envió David mensajeros a Is-boset hijo de Saúl, diciendo: Restitúyeme mi
mujer Mical, la cual desposé conmigo por cien prepucios de filisteos. 15
Entonces Is-boset envió y se la quitó a su marido Paltiel hijo de Lais. 16 Y
su marido fue con ella, siguiéndola y llorando hasta Bahurim. Y le dijo Abner:
Anda, vuélvete. Entonces él se volvió.
17 Y habló Abner con los ancianos de Israel, diciendo:
Hace ya tiempo procurabais que David fuese rey sobre vosotros. 18 Ahora, pues,
hacedlo; porque Jehová ha hablado a David, diciendo: Por la mano de mi siervo
David libraré a mi pueblo Israel de mano de los filisteos, y de mano de todos
sus enemigos. 19 Habló también Abner a los de Benjamín; y fue también Abner a
Hebrón a decir a David todo lo que parecía bien a los de Israel y a toda la
casa de Benjamín.
20 Vino, pues, Abner a David en Hebrón, y con él veinte
hombres; y David hizo banquete a Abner y a los que con él habían venido. 21 Y
dijo Abner a David: Yo me levantaré e iré, y juntaré a mi señor el rey a todo
Israel, para que hagan contigo pacto, y tú reines como lo desea tu corazón.
David despidió luego a Abner, y él se fue en paz.
Joab mata a Abner
22 Y he aquí que los siervos de David y Joab venían del
campo, y traían consigo gran botín. Mas Abner no estaba con David en Hebrón,
pues ya lo había despedido, y él se había ido en paz. 23 Y luego que llegó
Joab y todo el ejército que con él estaba, fue dado aviso a Joab, diciendo:
Abner hijo de Ner ha venido al rey, y él le ha despedido, y se fue en paz. 24
Entonces Joab vino al rey, y le dijo: ¿Qué has hecho? He aquí Abner vino a ti;
¿por qué, pues, le dejaste que se fuese? 25 Tú conoces a Abner hijo de Ner. No
ha venido sino para engañarte, y para enterarse de tu salida y de tu entrada,
y para saber todo lo que tú haces.
26 Y saliendo Joab de la presencia de David, envió
mensajeros tras Abner, los cuales le hicieron volver desde el pozo de Sira,
sin que David lo supiera. 27 Y cuando Abner volvió a Hebrón, Joab lo llevó
aparte en medio de la puerta para hablar con él en secreto; y allí, en
venganza de la muerte de Asael su hermano, le hirió por la quinta costilla, y
murió. 28 Cuando David supo después esto, dijo: Inocente soy yo y mi reino,
delante de Jehová, para siempre, de la sangre de Abner hijo de Ner. 29 Caiga
sobre la cabeza de Joab, y sobre toda la casa de su padre; que nunca falte de
la casa de Joab quien padezca flujo, ni leproso, ni quien ande con báculo, ni
quien muera a espada, ni quien tenga falta de pan. 30 Joab, pues, y Abisai su
hermano, mataron a Abner, porque él había dado muerte a Asael hermano de ellos
en la batalla de Gabaón.
31 Entonces dijo David a Joab, y a todo el pueblo que con
él estaba: Rasgad vuestros vestidos, y ceñíos de cilicio, y haced duelo
delante de Abner. Y el rey David iba detrás del féretro. 32 Y sepultaron a
Abner en Hebrón; y alzando el rey su voz, lloró junto al sepulcro de Abner; y
lloró también todo el pueblo. 33 Y endechando el rey al mismo Abner, decía:
¿Había de morir Abner como muere un villano?
34 Tus manos no estaban atadas, ni tus pies ligados con
grillos;
Caíste como los que caen delante de malos hombres.
Y todo el pueblo volvió a llorar sobre él. 35 Entonces
todo el pueblo vino para persuadir a David que comiera, antes que acabara el
día. Mas David juró diciendo: Así me haga Dios y aun me añada, si antes que se
ponga el sol gustare yo pan, o cualquiera otra cosa. 36 Todo el pueblo supo
esto, y le agradó; pues todo lo que el rey hacía agradaba a todo el pueblo. 37
Y todo el pueblo y todo Israel entendió aquel día, que no había procedido del
rey el matar a Abner hijo de Ner. 38 También dijo el rey a sus siervos: ¿No
sabéis que un príncipe y grande ha caído hoy en Israel? 39 Y yo soy débil hoy,
aunque ungido rey; y estos hombres, los hijos de Sarvia, son muy duros para
mí; Jehová dé el pago al que mal hace, conforme a su maldad.
Is-boset es asesinado
2 SAMUEL 4
1 Luego que oyó el hijo de Saúl que Abner había sido
muerto en Hebrón, las manos se le debilitaron, y fue atemorizado todo Israel.
2 Y el hijo de Saúl tenía dos hombres, capitanes de bandas de merodeadores; el
nombre de uno era Baana, y el del otro, Recab, hijos de Rimón beerotita, de
los hijos de Benjamín (porque Beerot era también contado con Benjamín, 3 pues
los beerotitas habían huido a Gitaim, y moran allí como forasteros hasta hoy).
4 Y Jonatán hijo de Saúl tenía un hijo lisiado de los
pies. Tenía cinco años de edad cuando llegó de Jezreel la noticia de la muerte
de Saúl y de Jonatán, y su nodriza le tomó y huyó; y mientras iba huyendo
apresuradamente, se le cayó el niño y quedó cojo. Su nombre era Mefi-boset.
5 Los hijos, pues, de Rimón beerotita, Recab y Baana,
fueron y entraron en el mayor calor del día en casa de Is-boset, el cual
estaba durmiendo la siesta en su cámara. 6 Y he aquí la portera de la casa
había estado limpiando trigo, pero se durmió; y fue así como Recab y Baana su
hermano se introdujeron en la casa. 7 Cuando entraron en la casa, Is=boset
dormía sobre su lecho en su cámara; y lo hirieron y lo mataron, y le cortaron
la cabeza, y habiéndola tomado, caminaron toda la noche por el camino del
Arabá. 8 Y trajeron la cabeza de Is-boset a David en Hebrón, y dijeron al rey:
He aquí la cabeza de Is-boset hijo de Saúl tu enemigo, que procuraba matarte;
y Jehová ha vengado hoy a mi señor el rey, de Saúl y de su linaje. 9 Y David
respondió a Recab y a su hermano Baana, hijos de Rimón beerotita, y les dijo:
Vive Jehová que ha redimido mi alma de toda angustia, 10 que cuando uno me dio
nuevas, diciendo: He aquí Saúl ha muerto, imaginándose que traía buenas
nuevas, yo lo prendí, y le maté en Siclag en pago de la nueva. 11 ¿Cuánto más
a los malos hombres que mataron a un hombre justo en su casa, y sobre su cama?
Ahora, pues, ¿no he de demandar yo su sangre de vuestras manos, y quitaros de
la tierra? 12 Entonces David ordenó a sus servidores, y ellos los mataron, y
les cortaron las manos y los pies, y los colgaron sobre el estanque en Hebrón.
Luego tomaron la cabeza de Is- boset, y la enterraron en el sepulcro de Abner
en Hebrón.
David es proclamado rey de Israel
(1 Cr. 11.1-3)
2 SAMUEL 5
1 Vinieron todas las tribus de Israel a David en Hebrón y
hablaron, diciendo: Henos aquí, hueso tuyo y carne tuya somos. 2 Y aun antes
de ahora, cuando Saúl reinaba sobre nosotros, eras tú quien sacabas a Israel a
la guerra, y lo volvías a traer. Además Jehová te ha dicho: Tú apacentarás a
mi pueblo Israel, y tú serás príncipe sobre Israel. 3 Vinieron, pues, todos
los ancianos de Israel al rey en Hebrón, y el rey David hizo pacto con ellos
en Hebrón delante de Jehová; y ungieron a David por rey sobre Israel. 4 Era
David de treinta años cuando comenzó a reinar, y reinó cuarenta años. 5 En
Hebrón reinó sobre Judá siete años y seis meses, y en Jerusalén reinó treinta
y tres años sobre todo Israel y Judá.
David toma la fortaleza de Sion
(1 Cr. 11.4-9)
6 Entonces marchó el rey con sus hombres a Jerusalén
contra los jebuseos que moraban en aquella tierra; los cuales hablaron a
David, diciendo: Tú no entrarás acá, pues aun los ciegos y los cojos te
echarán (queriendo decir: David no puede entrar acá). 7 Pero David tomó la
fortaleza de Sion, la cual es la ciudad de David. 8 Y dijo David aquel día:
Todo el que hiera a los jebuseos, suba por el canal y hiera a los cojos y
ciegos aborrecidos del alma de David. Por esto se dijo: Ciego ni cojo no
entrará en la casa. 9 Y David moró en la fortaleza, y le puso por nombre la
Ciudad de David; y edificó alrededor desde Milo hacia adentro. 10 Y David iba
adelantando y engrandeciéndose, y Jehová Dios de los ejércitos estaba con él.
Hiram envía embajadores a David
(1 Cr. 14.1-2)
11 También Hiram rey de Tiro envió embajadores a David, y
madera de cedro, y carpinteros, y canteros para los muros, los cuales
edificaron la casa de David. 12 Y entendió David que Jehová le había
confirmado por rey sobre Israel, y que había engrandecido su reino por amor de
su pueblo Israel.
Hijos de David nacidos en Jerusalén
(1 Cr. 3.5-9; 14.3-7)
13 Y tomó David más concubinas y mujeres de Jerusalén,
después que vino de Hebrón, y le nacieron más hijos e hijas. 14 Estos son los
nombres de los que le nacieron en Jerusalén: Samúa, Sobab, Natán, Salomón, 15
Ibhar, Elisúa, Nefeg, Jafía, 16 Elisama, Eliada y Elifelet.
David derrota a los filisteos
(1 Cr. 14.8-17)
17 Oyendo los filisteos que David había sido ungido por
rey sobre Israel, subieron todos los filisteos para buscar a David; y cuando
David lo oyó, descendió a la fortaleza. 18 Y vinieron los filisteos, y se
extendieron por el valle de Refaim. 19 Entonces consultó David a Jehová,
diciendo: ¿Iré contra los filisteos? ¿Los entregarás en mi mano? Y Jehová
respondió a David: Ve, porque ciertamente entregaré a los filisteos en tu
mano. 20 Y vino David a Baal-perazim, y allí los venció David, y dijo:
Quebrantó Jehová a mis enemigos delante de mí, como corriente impetuosa. Por
esto llamó el nombre de aquel lugar Baal-perazim. 21 Y dejaron allí sus
ídolos, y David y sus hombres los quemaron.
22 Y los filisteos volvieron a venir, y se extendieron en
el valle de Refaim. 23 Y consultando David a Jehová, él le respondió: No
subas, sino rodéalos, y vendrás a ellos enfrente de las balsameras. 24 Y
cuando oigas ruido como de marcha por las copas de las balsameras, entonces te
moverás; porque Jehová saldrá delante de ti a herir el campamento de los
filisteos. 25 Y David lo hizo así, como Jehová se lo había mandado; e hirió a
los filisteos desde Geba hasta llegar a Gezer.
David intenta llevar el arca a Jerusalén
(1 Cr. 13.5-14)
2 SAMUEL 6
1 David volvió a reunir a todos los escogidos de Israel,
treinta mil. 2 Y se levantó David y partió de Baala de Judá con todo el pueblo
que tenía consigo, para hacer pasar de allí el arca de Dios, sobre la cual era
invocado el nombre de Jehová de los ejércitos, que mora entre los querubines.
3 Pusieron el arca de Dios sobre un carro nuevo, y la llevaron de la casa de
Abinadab, que estaba en el collado; y Uza y Ahío, hijos de Abinadab, guiaban
el carro nuevo. 4 Y cuando lo llevaban de la casa de Abinadab, que estaba en
el collado, con el arca de Dios, Ahío iba delante del arca. 5 Y David y toda
la casa de Israel danzaban delante de Jehová con toda clase de instrumentos de
madera de haya; con arpas, salterios, panderos, flautas y címbalos.
6 Cuando llegaron a la era de Nacón, Uza extendió su mano
al arca de Dios, y la sostuvo; porque los bueyes tropezaban. 7 Y el furor de
Jehová se encendió contra Uza, y lo hirió allí Dios por aquella temeridad, y
cayó allí muerto junto al arca de Dios. 8 Y se entristeció David por haber
herido Jehová a Uza, y fue llamado aquel lugar Pérez-uza, hasta hoy. 9 Y
temiendo David a Jehová aquel día, dijo: ¿Cómo ha de venir a mí el arca de
Jehová? 10 De modo que David no quiso traer para sí el arca de Jehová a la
ciudad de David; y la hizo llevar David a casa de Obed-edom geteo. 11 Y estuvo
el arca de Jehová en casa de Obed-edom geteo tres meses; y bendijo Jehová a
Obed-edom y a toda su casa.
David trae el arca a Jerusalén
(1 Cr. 15.1-16.6)
12 Fue dado aviso al rey David, diciendo: Jehová ha
bendecido la casa de Obed-edom y todo lo que tiene, a causa del arca de Dios.
Entonces David fue, y llevó con alegría el arca de Dios de casa de Obed-edom a
la ciudad de David. 13 Y cuando los que llevaban el arca de Dios habían andado
seis pasos, él sacrificó un buey y un carnero engordado. 14 Y David danzaba
con toda su fuerza delante de Jehová; y estaba David vestido con un efod de
lino. 15 Así David y toda la casa de Israel conducían el arca de Jehová con
júbilo y sonido de trompeta.
16 Cuando el arca de Jehová llegó a la ciudad de David,
aconteció que Mical hija de Saúl miró desde una ventana, y vio al rey David
que saltaba y danzaba delante de Jehová; y le menospreció en su corazón. 17
Metieron, pues, el arca de Jehová, y la pusieron en su lugar en medio de una
tienda que David le había levantado; y sacrificó David holocaustos y ofrendas
de paz delante de Jehová. 18 Y cuando David había acabado de ofrecer los
holocaustos y ofrendas de paz, bendijo al pueblo en el nombre de Jehová de los
ejércitos. 19 Y repartió a todo el pueblo, y a toda la multitud de Israel, así
a hombres como a mujeres, a cada uno un pan, y un pedazo de carne y una torta
de pasas. Y se fue todo el pueblo, cada uno a su casa.
20 Volvió luego David para bendecir su casa; y saliendo
Mical a recibir a David, dijo: ¡Cuán honrado ha quedado hoy el rey de Israel,
descubriéndose hoy delante de las criadas de sus siervos, como se descubre sin
decoro un cualquiera! 21 Entonces David respondió a Mical: Fue delante de
Jehová, quien me eligió en preferencia a tu padre y a toda tu casa, para
constituirme por príncipe sobre el pueblo de Jehová, sobre Israel. Por tanto,
danzaré delante de Jehová. 22 Y aun me haré más vil que esta vez, y seré bajo
a tus ojos; pero seré honrado delante de las criadas de quienes has hablado.
23 Y Mical hija de Saúl nunca tuvo hijos hasta el día de su muerte.
Pacto de Dios con David
(1 Cr. 17.1-27)
2 SAMUEL 7
1 Aconteció que cuando ya el rey habitaba en su casa,
después que Jehová le había dado reposo de todos sus enemigos en derredor, 2
dijo el rey al profeta Natán: Mira ahora, yo habito en casa de cedro, y el
arca de Dios está entre cortinas. 3 Y Natán dijo al rey: Anda, y haz todo lo
que está en tu corazón, porque Jehová está contigo.
4 Aconteció aquella noche, que vino palabra de Jehová a
Natán, diciendo: 5 Ve y di a mi siervo David: Así ha dicho Jehová: ¿Tú me has
de edificar casa en que yo more? 6 Ciertamente no he habitado en casas desde
el día en que saqué a los hijos de Israel de Egipto hasta hoy, sino que he
andado en tienda y en tabernáculo. 7 Y en todo cuanto he andado con todos los
hijos de Israel, ¿he hablado yo palabra a alguna de las tribus de Israel, a
quien haya mandado apacentar a mi pueblo de Israel, diciendo: ¿Por qué no me
habéis edificado casa de cedro? 8 Ahora, pues, dirás así a mi siervo David:
Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Yo te tomé del redil, de detrás de las
ovejas, para que fueses príncipe sobre mi pueblo, sobre Israel; 9 y he estado
contigo en todo cuanto has andado, y delante de ti he destruido a todos tus
enemigos, y te he dado nombre grande, como el nombre de los grandes que hay en
la tierra. 10 Además, yo fijaré lugar a mi pueblo Israel y lo plantaré, para
que habite en su lugar y nunca más sea removido, ni los inicuos le aflijan
más, como al principio, 11 desde el día en que puse jueces sobre mi pueblo
Israel; y a ti te daré descanso de todos tus enemigos. Asimismo Jehová te hace
saber que él te hará casa. 12 Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con
tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá
de tus entrañas, y afirmaré su reino. 13 El edificará casa a mi nombre, y yo
afirmaré para siempre el trono de su reino. 14 Yo le seré a él padre, y él me
será a mí hijo. Y si él hiciere mal, yo le castigaré con vara de hombres, y
con azotes de hijos de hombres; 15 pero mi misericordia no se apartará de él
como la aparté de Saúl, al cual quité de delante de ti. 16 Y será afirmada tu
casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable
eternamente. 17 Conforme a todas estas palabras, y conforme a toda esta
visión, así habló Natán a David.
18 Y entró el rey David y se puso delante de Jehová, y
dijo: Señor Jehová, ¿quién soy yo, y qué es mi casa, para que tú me hayas
traído hasta aquí? 19 Y aun te ha parecido poco esto, Señor Jehová, pues
también has hablado de la casa de tu siervo en lo por venir. ¿Es así como
procede el hombre, Señor Jehová? 20 ¿Y qué más puede añadir David hablando
contigo? Pues tú conoces a tu siervo, Señor Jehová. 21 Todas estas grandezas
has hecho por tu palabra y conforme a tu corazón, haciéndolas saber a tu
siervo. 22 Por tanto, tú te has engrandecido, Jehová Dios; por cuanto no hay
como tú, ni hay Dios fuera de ti, conforme a todo lo que hemos oído con
nuestros oídos. 23 ¿Y quién como tu pueblo, como Israel, nación singular en la
tierra? Porque fue Dios para rescatarlo por pueblo suyo, y para ponerle
nombre, y para hacer grandezas a su favor, y obras terribles a tu tierra, por
amor de tu pueblo que rescataste para ti de Egipto, de las naciones y de sus
dioses. 24 Porque tú estableciste a tu pueblo Israel por pueblo tuyo para
siempre; y tú, oh Jehová, fuiste a ellos por Dios. 25 Ahora pues, Jehová Dios,
confirma para siempre la palabra que has hablado sobre tu siervo y sobre su
casa, y haz conforme a lo que has dicho. 26 Que sea engrandecido tu nombre
para siempre, y se diga: Jehová de los ejércitos es Dios sobre Israel; y que
la casa de tu siervo David sea firme delante de ti. 27 Porque tú, Jehová de
los ejércitos, Dios de Israel, revelaste al oído de tu siervo, diciendo: Yo te
edificaré casa. Por esto tu siervo ha hallado en su corazón valor para hacer
delante de ti esta súplica. 28 Ahora pues, Jehová Dios, tú eres Dios, y tus
palabras son verdad, y tú has prometido este bien a tu siervo. 29 Ten ahora a
bien bendecir la casa de tu siervo, para que permanezca perpetuamente delante
de ti, porque tú, Jehová Dios, lo has dicho, y con tu bendición será bendita
la casa de tu siervo para siempre.
David extiende sus dominios
(1 Cr. 18.1-13)
2 SAMUEL 8
1 Después de esto, aconteció que David derrotó a los
filisteos y los sometió, y tomó David a Meteg-ama de mano de los filisteos.
2 Derrotó también a los de Moab, y los midió con cordel,
haciéndolos tender por tierra; y midió dos cordeles para hacerlos morir, y un
cordel entero para preservarles la vida; y fueron los moabitas siervos de
David, y pagaron tributo.
3 Asimismo derrotó David a Hadad=ezer hijo de Rehob, rey
de Soba, al ir éste a recuperar su territorio al río Eufrates. 4 Y tomó David
de ellos mil setecientos hombres de a caballo, y veinte mil hombres de a pie;
y desjarretó David los caballos de todos los carros, pero dejó suficientes
para cien carros. 5 Y vinieron los sirios de Damasco para dar ayuda a Hadad-ezer
rey de Soba; y David hirió de los sirios a veintidós mil hombres. 6 Puso luego
David guarnición en Siria de Damasco, y los sirios fueron hechos siervos de
David, sujetos a tributo. Y Jehová dio la victoria a David por dondequiera que
fue. 7 Y tomó David los escudos de oro que traían los siervos de Hadad-ezer, y
los llevó a Jerusalén. 8 Asimismo de Beta y de Berotai, ciudades de Hadad-ezer,
tomó el rey David gran cantidad de bronce.
9 Entonces oyendo Toi rey de Hamat, que David había
derrotado a todo el ejército de Hadad-ezer, 10 envió Toi a Joram su hijo al
rey David, para saludarle pacíficamente y para bendecirle, porque había
peleado con Hadad-ezer y lo había vencido; porque Toi era enemigo de Hadad-
ezer. Y Joram llevaba en su mano utensilios de plata, de oro y de bronce; 11
los cuales el rey David dedicó a Jehová, con la plata y el oro que había
dedicado de todas las naciones que había sometido; 12 de los sirios, de los
moabitas, de los amonitas, de los filisteos, de los amalecitas, y del botín de
Hadad=ezer hijo de Rehob, rey de Soba.
13 Así ganó David fama. Cuando regresaba de derrotar a
los sirios, destrozó a dieciocho mil edomitas en el Valle de la Sal. 14 Y puso
guarnición en Edom; por todo Edom puso guarnición, y todos los edomitas fueron
siervos de David. Y Jehová dio la victoria a David por dondequiera que fue.
Oficiales de David
(2 S. 20.23-26; 1 Cr. 18.14-17)
15 Y reinó David sobre todo Israel; y David administraba
justicia y equidad a todo su pueblo. 16 Joab hijo de Sarvia era general de su
ejército, y Josafat hijo de Ahilud era cronista; 17 Sadoc hijo de Ahitob y
Ahimelec hijo de Abiatar eran sacerdotes; Seraías era escriba; 18 Benaía hijo
de Joiada estaba sobre los cereteos y peleteos; y los hijos de David eran los
príncipes.
Bondad de David hacia Mefi-boset
2 SAMUEL 9
1 Dijo David: ¿Ha quedado alguno de la casa de Saúl, a
quien haga yo misericordia por amor de Jonatán? 2 Y había un siervo de la casa
de Saúl, que se llamaba Siba, al cual llamaron para que viniese a David. Y el
rey le dijo: ¿Eres tú Siba? Y él respondió: Tu siervo. 3 El rey le dijo: ¿No
ha quedado nadie de la casa de Saúl, a quien haga yo misericordia de Dios? Y
Siba respondió al rey: Aún ha quedado un hijo de Jonatán, lisiado de los pies.
4 Entonces el rey le preguntó: ¿Dónde está? Y Siba respondió al rey: He aquí,
está en casa de Maquir hijo de Amiel, en Lodebar. 5 Entonces envió el rey
David, y le trajo de la casa de Maquir hijo de Amiel, de Lodebar. 6 Y vino
Mefi-boset, hijo de Jonatán hijo de Saúl, a David, y se postró sobre su rostro
e hizo reverencia. Y dijo David: Mefi-boset. Y él respondió: He aquí tu
siervo. 7 Y le dijo David: No tengas temor, porque yo a la verdad haré contigo
misericordia por amor de Jonatán tu padre, y te devolveré todas las tierras de
Saúl tu padre; y tú comerás siempre a mi mesa. 8 Y él inclinándose, dijo:
¿Quién es tu siervo, para que mires a un perro muerto como yo?
9 Entonces el rey llamó a Siba siervo de Saúl, y le dijo:
Todo lo que fue de Saúl y de toda su casa, yo lo he dado al hijo de tu señor.
10 Tú, pues, le labrarás las tierras, tú con tus hijos y tus siervos, y
almacenarás los frutos, para que el hijo de tu señor tenga pan para comer;
pero Mefi-boset el hijo de tu señor comerá siempre a mi mesa. Y tenía Siba
quince hijos y veinte siervos. 11 Y respondió Siba al rey: Conforme a todo lo
que ha mandado mi señor el rey a su siervo, así lo hará tu siervo. Mefi-boset,
dijo el rey, comerá a mi mesa, como uno de los hijos del rey. 12 Y tenía Mefi-boset
un hijo pequeño, que se llamaba Micaía. Y toda la familia de la casa de Siba
eran siervos de Mefi-boset. 13 Y moraba Mefi-boset en Jerusalén, porque comía
siempre a la mesa del rey; y estaba lisiado de ambos pies.
Derrotas de amonitas y sirios
(1 Cr. 19. 1-19)
2 SAMUEL 10
1 Después de esto, aconteció que murió el rey de los
hijos de Amón, y reinó en lugar suyo Hanún su hijo. 2 Y dijo David: Yo haré
misericordia con Hanún hijo de Nahas, como su padre la hizo conmigo. Y envió
David sus siervos para consolarlo por su padre. Mas llegados los siervos de
David a la tierra de los hijos de Amón, 3 los príncipes de los hijos de Amón
dijeron a Hanún su señor: ¿Te parece que por honrar David a tu padre te ha
enviado consoladores? ¿No ha enviado David sus siervos a ti para reconocer e
inspeccionar la ciudad, para destruirla? 4 Entonces Hanún tomó los siervos de
David, les rapó la mitad de la barba, les cortó los vestidos por la mitad
hasta las nalgas, y los despidió. 5 Cuando se le hizo saber esto a David,
envió a encontrarles, porque ellos estaban en extremo avergonzados; y el rey
mandó que les dijeran: Quedaos en Jericó hasta que os vuelva a nacer la barba,
y entonces volved.
6 Y viendo los hijos de Amón que se habían hecho odiosos
a David, enviaron los hijos de Amón y tomaron a sueldo a los sirios de Bet-rehob
y a los sirios de Soba, veinte mil hombres de a pie, del rey de Maaca mil
hombres, y de Is-tob doce mil hombres. 7 Cuando David oyó esto, envió a Joab
con todo el ejército de los valientes. 8 Y saliendo los hijos de Amón, se
pusieron en orden de batalla a la entrada de la puerta; pero los sirios de
Soba, de Rehob, de Is-tob y de Maaca estaban aparte en el campo.
9 Viendo, pues, Joab que se le presentaba la batalla de
frente y a la retaguardia, entresacó de todos los escogidos de Israel, y se
puso en orden de batalla contra los sirios. 10 Entregó luego el resto del
ejército en mano de Abisai su hermano, y lo alineó para encontrar a los
amonitas. 11 Y dijo: Si los sirios pudieren más que yo, tú me ayudarás; y si
los hijos de Amón pudieren más que tú, yo te daré ayuda. 12 Esfuérzate, y
esforcémonos por nuestro pueblo, y por las ciudades de nuestro Dios; y haga
Jehová lo que bien le pareciere. 13 Y se acercó Joab, y el pueblo que con él
estaba, para pelear contra los sirios; mas ellos huyeron delante de él. 14
Entonces los hijos de Amón, viendo que los sirios habían huido, huyeron
también ellos delante de Abisai, y se refugiaron en la ciudad. Se volvió,
pues, Joab de luchar contra los hijos de Amón, y vino a Jerusalén.
15 Pero los sirios, viendo que habían sido derrotados por
Israel, se volvieron a reunir. 16 Y envió Hadad-ezer e hizo salir a los sirios
que estaban al otro lado del Eufrates, los cuales vinieron a Helam, llevando
por jefe a Sobac, general del ejército de Hadad-ezer. 17 Cuando fue dado aviso
a David, reunió a todo Israel, y pasando el Jordán vino a Helam; y los sirios
se pusieron en orden de batalla contra David y pelearon contra él. 18 Mas los
sirios huyeron delante de Israel; y David mató de los sirios a la gente de
setecientos carros, y cuarenta mil hombres de a caballo; hirió también a Sobac
general del ejército, quien murió allí. 19 Viendo, pues, todos los reyes que
ayudaban a Hadad-ezer, cómo habían sido derrotados delante de Israel, hicieron
paz con Israel y le sirvieron; y de allí en adelante los sirios temieron
ayudar más a los hijos de Amón.
David y Betsabé
2 SAMUEL 11
1 Aconteció al año siguiente, en el tiempo que salen los
reyes a la guerra, que David envió a Joab, y con él a sus siervos y a todo
Israel, y destruyeron a los amonitas, y sitiaron a Rabá; pero David se quedó
en Jerusalén.
2 Y sucedió un día, al caer la tarde, que se levantó
David de su lecho y se paseaba sobre el terrado de la casa real; y vio desde
el terrado a una mujer que se estaba bañando, la cual era muy hermosa. 3 Envió
David a preguntar por aquella mujer, y le dijeron: Aquella es Betsabé hija de
Eliam, mujer de Urías heteo. 4 Y envió David mensajeros, y la tomó; y vino a
él, y él durmió con ella. Luego ella se purificó de su inmundicia, y se volvió
a su casa. 5 Y concibió la mujer, y envió a hacerlo saber a David, diciendo:
Estoy encinta.
6 Entonces David envió a decir a Joab: Envíame a Urías
heteo. Y Joab envió a Urías a David. 7 Cuando Urías vino a él, David le
preguntó por la salud de Joab, y por la salud del pueblo, y por el estado de
la guerra. 8 Después dijo David a Urías: Desciende a tu casa, y lava tus pies.
Y saliendo Urías de la casa del rey, le fue enviado presente de la mesa real.
9 Mas Urías durmió a la puerta de la casa del rey con todos los siervos de su
señor, y no descendió a su casa. 10 E hicieron saber esto a David, diciendo:
Urías no ha descendido a su casa. Y dijo David a Urías: ¿No has venido de
camino? ¿Por qué, pues, no descendiste a tu casa? 11 Y Urías respondió a
David: El arca e Israel y Judá están bajo tiendas, y mi señor Joab, y los
siervos de mi señor, en el campo; ¿y había yo de entrar en mi casa para comer
y beber, y a dormir con mi mujer? Por vida tuya, y por vida de tu alma, que yo
no haré tal cosa. 12 Y David dijo a Urías: Quédate aquí aún hoy, y mañana te
despacharé. Y se quedó Urías en Jerusalén aquel día y el siguiente. 13 Y David
lo convidó a comer y a beber con él, hasta embriagarlo. Y él salió a la tarde
a dormir en su cama con los siervos de su señor; mas no descendió a su casa.
14 Venida la mañana, escribió David a Joab una carta, la
cual envió por mano de Urías. 15 Y escribió en la carta, diciendo: Poned a
Urías al frente, en lo más recio de la batalla, y retiraos de él, para que sea
herido y muera. 16 Así fue que cuando Joab sitió la ciudad, puso a Urías en el
lugar donde sabía que estaban los hombres más valientes. 17 Y saliendo luego
los de la ciudad, pelearon contra Joab, y cayeron algunos del ejército de los
siervos de David; y murió también Urías heteo. 18 Entonces envió Joab e hizo
saber a David todos los asuntos de la guerra. 19 Y mandó al mensajero,
diciendo: Cuando acabes de contar al rey todos los asuntos de la guerra, 20 si
el rey comenzare a enojarse, y te dijere: ¿Por qué os acercasteis demasiado a
la ciudad para combatir? ¿No sabíais lo que suelen arrojar desde el muro? 21
¿Quién hirió a Abimelec hijo de Jerobaal? ¿No echó una mujer del muro un
pedazo de una rueda de molino, y murió en Tebes? ¿Por qué os acercasteis tanto
al muro? Entonces tú le dirás: También tu siervo Urías heteo es muerto.
22 Fue el mensajero, y llegando, contó a David todo
aquello a que Joab le había enviado. 23 Y dijo el mensajero a David:
Prevalecieron contra nosotros los hombres que salieron contra nosotros al
campo, bien que nosotros les hicimos retroceder hasta la entrada de la puerta;
24 pero los flecheros tiraron contra tus siervos desde el muro, y murieron
algunos de los siervos del rey; y murió también tu siervo Urías heteo. 25 Y
David dijo al mensajero: Así dirás a Joab: No tengas pesar por esto, porque la
espada consume, ora a uno, ora a otro; refuerza tu ataque contra la ciudad,
hasta que la rindas. Y tú aliéntale.
26 Oyendo la mujer de Urías que su marido Urías era
muerto, hizo duelo por su marido. 27 Y pasado el luto, envió David y la trajo
a su casa; y fue ella su mujer, y le dio a luz un hijo. Mas esto que David
había hecho, fue desagradable ante los ojos de Jehová.
Natán amonesta a David
2 SAMUEL 12
1 Jehová envió a Natán a David; y viniendo a él, le dijo:
Había dos hombres en una ciudad, el uno rico, y el otro pobre. 2 El rico tenía
numerosas ovejas y vacas; 3 pero el pobre no tenía más que una sola corderita,
que él había comprado y criado, y que había crecido con él y con sus hijos
juntamente, comiendo de su bocado y bebiendo de su vaso, y durmiendo en su
seno; y la tenía como a una hija. 4 Y vino uno de camino al hombre rico; y
éste no quiso tomar de sus ovejas y de sus vacas, para guisar para el
caminante que había venido a él, sino que tomó la oveja de aquel hombre pobre,
y la preparó para aquel que había venido a él. 5 Entonces se encendió el furor
de David en gran manera contra aquel hombre, y dijo a Natán: Vive Jehová, que
el que tal hizo es digno de muerte. 6 Y debe pagar la cordera con cuatro
tantos, porque hizo tal cosa, y no tuvo misericordia.
7 Entonces dijo Natán a David: Tú eres aquel hombre. Así
ha dicho Jehová, Dios de Israel: Yo te ungí por rey sobre Israel, y te libré
de la mano de Saúl, 8 y te di la casa de tu señor, y las mujeres de tu señor
en tu seno; además te di la casa de Israel y de Judá; y si esto fuera poco, te
habría añadido mucho más. 9 ¿Por qué, pues, tuviste en poco la palabra de
Jehová, haciendo lo malo delante de sus ojos? A Urías heteo heriste a espada,
y tomaste por mujer a su mujer, y a él lo mataste con la espada de los hijos
de Amón. 10 Por lo cual ahora no se apartará jamás de tu casa la espada, por
cuanto me menospreciaste, y tomaste la mujer de Urías heteo para que fuese tu
mujer. 11 Así ha dicho Jehová: He aquí yo haré levantar el mal sobre ti de tu
misma casa, y tomaré tus mujeres delante de tus ojos, y las daré a tu prójimo,
el cual yacerá con tus mujeres a la vista del sol. 12 Porque tú lo hiciste en
secreto; mas yo haré esto delante de todo Israel y a pleno sol. 13 Entonces
dijo David a Natán: Pequé contra Jehová. Y Natán dijo a David: También Jehová
ha remitido tu pecado; no morirás. 14 Mas por cuanto con este asunto hiciste
blasfemar a los enemigos de Jehová, el hijo que te ha nacido ciertamente
morirá. 15 Y Natán se volvió a su casa.
Y Jehová hirió al niño que la mujer de Urías había dado a
David, y enfermó gravemente. 16 Entonces David rogó a Dios por el niño; y
ayunó David, y entró, y pasó la noche acostado en tierra. 17 Y se levantaron
los ancianos de su casa, y fueron a él para hacerlo levantar de la tierra; mas
él no quiso, ni comió con ellos pan. 18 Y al séptimo día murió el niño; y
temían los siervos de David hacerle saber que el niño había muerto, diciendo
entre sí: Cuando el niño aún vivía, le hablábamos, y no quería oír nuestra
voz; ¿cuánto más se afligirá si le decimos que el niño ha muerto? 19 Mas
David, viendo a sus siervos hablar entre sí, entendió que el niño había
muerto; por lo que dijo David a sus siervos: ¿Ha muerto el niño? Y ellos
respondieron: Ha muerto. 20 Entonces David se levantó de la tierra, y se lavó
y se ungió, y cambió sus ropas, y entró a la casa de Jehová, y adoró. Después
vino a su casa, y pidió, y le pusieron pan, y comió. 21 Y le dijeron sus
siervos: ¿Qué es esto que has hecho? Por el niño, viviendo aún, ayunabas y
llorabas; y muerto él, te levantaste y comiste pan. 22 Y él respondió:
Viviendo aún el niño, yo ayunaba y lloraba, diciendo: ¿Quién sabe si Dios
tendrá compasión de mí, y vivirá el niño? 23 Mas ahora que ha muerto, ¿para
qué he de ayunar? ¿Podré yo hacerle volver? Yo voy a él, mas él no volverá a
mí.
24 Y consoló David a Betsabé su mujer, y llegándose a
ella durmió con ella; y ella le dio a luz un hijo, y llamó su nombre Salomón,
al cual amó Jehová, 25 y envió un mensaje por medio de Natán profeta; así
llamó su nombre Jedidías, a causa de Jehová.
David captura Rabá
(1 Cr. 20.1-3)
26 Joab peleaba contra Rabá de los hijos de Amón, y tomó
la ciudad real. 27 Entonces envió Joab mensajeros a David, diciendo: Yo he
puesto sitio a Rabá, y he tomado la ciudad de las aguas. 28 Reúne, pues, ahora
al pueblo que queda, y acampa contra la ciudad y tómala, no sea que tome yo la
ciudad y sea llamada de mi nombre. 29 Y juntando David a todo el pueblo, fue
contra Rabá, y combatió contra ella, y la tomó. 30 Y quitó la corona de la
cabeza de su rey, la cual pesaba un talento de oro, y tenía piedras preciosas;
y fue puesta sobre la cabeza de David. Y sacó muy grande botín de la ciudad.
31 Sacó además a la gente que estaba en ella, y los puso a trabajar con
sierras, con trillos de hierro y hachas de hierro, y además los hizo trabajar
en los hornos de ladrillos; y lo mismo hizo a todas las ciudades de los hijos
de Amón. Y volvió David con todo el pueblo a Jerusalén.
Amnón y Tamar
2 SAMUEL 13
1 Aconteció después de esto, que teniendo Absalón hijo de
David una hermana hermosa que se llamaba Tamar, se enamoró de ella Amnón hijo
de David. 2 Y estaba Amnón angustiado hasta enfermarse por Tamar su hermana,
pues por ser ella virgen, le parecía a Amnón que sería difícil hacerle cosa
alguna. 3 Y Amnón tenía un amigo que se llamaba Jonadab, hijo de Simea,
hermano de David; y Jonadab era hombre muy astuto. 4 Y éste le dijo: Hijo del
rey, ¿por qué de día en día vas enflaqueciendo así? ¿No me lo descubrirás a
mí? Y Amnón le respondió: Yo amo a Tamar la hermana de Absalón mi hermano. 5 Y
Jonadab le dijo: Acuéstate en tu cama, y finge que estás enfermo; y cuando tu
padre viniere a visitarte, dile: Te ruego que venga mi hermana Tamar, para que
me dé de comer, y prepare delante de mí alguna vianda, para que al verla yo la
coma de su mano. 6 Se acostó, pues, Amnón, y fingió que estaba enfermo; y vino
el rey a visitarle. Y dijo Amnón al rey: Yo te ruego que venga mi hermana
Tamar, y haga delante de mí dos hojuelas, para que coma yo de su mano.
7 Y David envió a Tamar a su casa, diciendo: Ve ahora a
casa de Amnón tu hermano, y hazle de comer. 8 Y fue Tamar a casa de su hermano
Amnón, el cual estaba acostado; y tomó harina, y amasó, e hizo hojuelas
delante de él y las coció. 9 Tomó luego la sartén, y las sacó delante de él;
mas él no quiso comer. Y dijo Amnón: Echad fuera de aquí a todos. Y todos
salieron de allí. 10 Entonces Amnón dijo a Tamar: Trae la comida a la alcoba,
para que yo coma de tu mano. Y tomando Tamar las hojuelas que había preparado,
las llevó a su hermano Amnón a la alcoba. 11 Y cuando ella se las puso delante
para que comiese, asió de ella, y le dijo: Ven, hermana mía, acuéstate
conmigo. 12 Ella entonces le respondió: No, hermano mío, no me hagas
violencia; porque no se debe hacer así en Israel. No hagas tal vileza. 13
Porque ¿adónde iría yo con mi deshonra? Y aun tú serías estimado como uno de
los perversos en Israel. Te ruego pues, ahora, que hables al rey, que él no me
negará a ti. 14 Mas él no la quiso oír, sino que pudiendo más que ella, la
forzó, y se acostó con ella.
15 Luego la aborreció Amnón con tan gran aborrecimiento,
que el odio con que la aborreció fue mayor que el amor con que la había amado.
Y le dijo Amnón: Levántate, y vete. 16 Y ella le respondió: No hay razón;
mayor mal es este de arrojarme, que el que me has hecho. Mas él no la quiso
oír, 17 sino que llamando a su criado que le servía, le dijo: Echame a ésta
fuera de aquí, y cierra tras ella la puerta. 18 Y llevaba ella un vestido de
diversos colores, traje que vestían las hijas vírgenes de los reyes. Su
criado, pues, la echó fuera, y cerró la puerta tras ella. 19 Entonces Tamar
tomó ceniza y la esparció sobre su cabeza, y rasgó la ropa de colores de que
estaba vestida, y puesta su mano sobre su cabeza, se fue gritando.
Venganza y huida de Absalón
20 Y le dijo su hermano Absalón: ¿Ha estado contigo tu
hermano Amnón? Pues calla ahora, hermana mía; tu hermano es; no se angustie tu
corazón por esto. Y se quedó Tamar desconsolada en casa de Absalón su hermano.
21 Y luego que el rey David oyó todo esto, se enojó mucho. 22 Mas Absalón no
habló con Amnón ni malo ni bueno; aunque Absalón aborrecía a Amnón, porque
había forzado a Tamar su hermana.
23 Aconteció pasados dos años, que Absalón tenía
esquiladores en Baal-hazor, que está junto a Efraín; y convidó Absalón a todos
los hijos del rey. 24 Y vino Absalón al rey, y dijo: He aquí, tu siervo tiene
ahora esquiladores; yo ruego que venga el rey y sus siervos con tu siervo. 25
Y respondió el rey a Absalón: No, hijo mío, no vamos todos, para que no te
seamos gravosos. Y aunque porfió con él, no quiso ir, mas le bendijo. 26
Entonces dijo Absalón: Pues si no, te ruego que venga con nosotros Amnón mi
hermano. Y el rey le respondió: ¿Para qué ha de ir contigo? 27 Pero como
Absalón le importunaba, dejó ir con él a Amnón y a todos los hijos del rey. 28
Y Absalón había dado orden a sus criados, diciendo: Os ruego que miréis cuando
el corazón de Amnón esté alegre por el vino; y al decir yo: Herid a Amnón,
entonces matadle, y no temáis, pues yo os lo he mandado. Esforzaos, pues, y
sed valientes. 29 Y los criados de Absalón hicieron con Amnón como Absalón les
había mandado. Entonces se levantaron todos los hijos del rey, y montaron cada
uno en su mula, y huyeron.
30 Estando ellos aún en el camino, llegó a David el rumor
que decía: Absalón ha dado muerte a todos los hijos del rey, y ninguno de
ellos ha quedado. 31 Entonces levantándose David, rasgó sus vestidos, y se
echó en tierra, y todos sus criados que estaban junto a él también rasgaron
sus vestidos. 32 Pero Jonadab, hijo de Simea hermano de David, habló y dijo:
No diga mi señor que han dado muerte a todos los jóvenes hijos del rey, pues
sólo Amnón ha sido muerto; porque por mandato de Absalón esto había sido
determinado desde el día en que Amnón forzó a Tamar su hermana. 33 Por tanto,
ahora no ponga mi señor el rey en su corazón ese rumor que dice: Todos los
hijos del rey han sido muertos; porque sólo Amnón ha sido muerto.
34 Y Absalón huyó. Entre tanto, alzando sus ojos el joven
que estaba de atalaya, miró, y he aquí mucha gente que venía por el camino a
sus espaldas, del lado del monte. 35 Y dijo Jonadab al rey: He allí los hijos
del rey que vienen; es así como tu siervo ha dicho. 36 Cuando él acabó de
hablar, he aquí los hijos del rey que vinieron, y alzando su voz lloraron. Y
también el mismo rey y todos sus siervos lloraron con muy grandes lamentos.
37 Mas Absalón huyó y se fue a Talmai hijo de Amiud, rey
de Gesur. Y David lloraba por su hijo todos los días. 38 Así huyó Absalón y se
fue a Gesur, y estuvo allá tres años. 39 Y el rey David deseaba ver a Absalón;
pues ya estaba consolado acerca de Amnón, que había muerto.
Joab procura el regreso de Absalón
2 SAMUEL 14
1 Conociendo Joab hijo de Sarvia que el corazón del rey
se inclinaba por Absalón, 2 envió Joab a Tecoa, y tomó de allá una mujer
astuta, y le dijo: Yo te ruego que finjas estar de duelo, y te vistas ropas de
luto, y no te unjas con óleo, sino preséntate como una mujer que desde mucho
tiempo está de duelo por algún muerto; 3 y entrarás al rey, y le hablarás de
esta manera. Y puso Joab las palabras en su boca.
4 Entró, pues, aquella mujer de Tecoa al rey, y
postrándose en tierra sobre su rostro, hizo reverencia, y dijo: ¡Socorro, oh
rey! 5 El rey le dijo: ¿Qué tienes? Y ella respondió: Yo a la verdad soy una
mujer viuda y mi marido ha muerto. 6 Tu sierva tenía dos hijos, y los dos
riñeron en el campo; y no habiendo quien los separase, hirió el uno al otro, y
lo mató. 7 Y he aquí toda la familia se ha levantado contra tu sierva,
diciendo: Entrega al que mató a su hermano, para que le hagamos morir por la
vida de su hermano a quien él mató, y matemos también al heredero. Así
apagarán el ascua que me ha quedado, no dejando a mi marido nombre ni reliquia
sobre la tierra.
8 Entonces el rey dijo a la mujer: Vete a tu casa, y yo
daré órdenes con respecto a ti. 9 Y la mujer de Tecoa dijo al rey: Rey señor
mío, la maldad sea sobre mí y sobre la casa de mi padre; mas el rey y su trono
sean sin culpa. 10 Y el rey dijo: Al que hablare contra ti, tráelo a mí, y no
te tocará más. 11 Dijo ella entonces: Te ruego, oh rey, que te acuerdes de
Jehová tu Dios, para que el vengador de la sangre no aumente el daño, y no
destruya a mi hijo. Y el respondió: Vive Jehová, que no caerá ni un cabello de
la cabeza de tu hijo en tierra.
12 Y la mujer dijo: Te ruego que permitas que tu sierva
hable una palabra a mi señor el rey. Y él dijo: Habla. 13 Entonces la mujer
dijo: ¿Por qué, pues, has pensado tú cosa semejante contra el pueblo de Dios?
Porque hablando el rey esta palabra, se hace culpable él mismo, por cuanto el
rey no hace volver a su desterrado. 14 Porque de cierto morimos, y somos como
aguas derramadas por tierra, que no pueden volver a recogerse; ni Dios quita
la vida, sino que provee medios para no alejar de sí al desterrado. 15 Y el
haber yo venido ahora para decir esto al rey mi señor, es porque el pueblo me
atemorizó; y tu sierva dijo: Hablaré ahora al rey; quizá él hará lo que su
sierva diga. 16 Pues el rey oirá, para librar a su sierva de mano del hombre
que me quiere destruir a mí y a mi hijo juntamente, de la heredad de Dios. 17
Tu sierva, pues, dice: Sea ahora de consuelo la respuesta de mi señor el rey,
pues que mi señor el rey es como un ángel de Dios para discernir entre lo
bueno y lo malo. Así Jehová tu Dios sea contigo.
18 Entonces David respondió y dijo a la mujer: Yo te
ruego que no me encubras nada de lo que yo te preguntare. Y la mujer dijo:
Hable mi señor el rey. 19 Y el rey dijo: ¿No anda la mano de Joab contigo en
todas estas cosas? La mujer respondió y dijo: Vive tu alma, rey señor mío, que
no hay que apartarse a derecha ni a izquierda de todo lo que mi señor el rey
ha hablado; porque tu siervo Joab, él me mandó, y él puso en boca de tu sierva
todas estas palabras. 20 Para mudar el aspecto de las cosas Joab tu siervo ha
hecho esto; pero mi señor es sabio conforme a la sabiduría de un ángel de
Dios, para conocer lo que hay en la tierra.
21 Entonces el rey dijo a Joab: He aquí yo hago esto; ve,
y haz volver al joven Absalón. 22 Y Joab se postró en tierra sobre su rostro e
hizo reverencia, y después que bendijo al rey, dijo: Hoy ha entendido tu
siervo que he hallado gracia en tus ojos, rey señor mío, pues ha hecho el rey
lo que su siervo ha dicho. 23 Se levantó luego Joab y fue a Gesur, y trajo a
Absalón a Jerusalén. 24 Mas el rey dijo: Váyase a su casa, y no vea mi rostro.
Y volvió Absalón a su casa, y no vio el rostro del rey.
25 Y no había en todo Israel ninguno tan alabado por su
hermosura como Absalón; desde la planta de su pie hasta su coronilla no había
en él defecto. 26 Cuando se cortaba el cabello (lo cual hacía al fin de cada
año, pues le causaba molestia, y por eso se lo cortaba), pesaba el cabello de
su cabeza doscientos siclos de peso real. 27 Y le nacieron a Absalón tres
hijos, y una hija que se llamó Tamar, la cual era mujer de hermoso semblante.
28 Y estuvo Absalón por espacio de dos años en Jerusalén,
y no vio el rostro del rey. 29 Y mandó Absalón por Joab, para enviarlo al rey,
pero él no quiso venir; y envió aun por segunda vez, y no quiso venir. 30
Entonces dijo a sus siervos: Mirad, el campo de Joab está junto al mío, y
tiene allí cebada; id y prendedle fuego. Y los siervos de Absalón prendieron
fuego al campo. 31 Entonces se levantó Joab y vino a casa de Absalón, y le
dijo: ¿Por qué han prendido fuego tus siervos a mi campo? 32 Y Absalón
respondió a Joab: He aquí yo he enviado por ti, diciendo que vinieses acá, con
el fin de enviarte al rey para decirle: ¿Para qué vine de Gesur? Mejor me
fuera estar aún allá. Vea yo ahora el rostro del rey; y si hay en mí pecado,
máteme. 33 Vino, pues, Joab al rey, y se lo hizo saber. Entonces llamó a
Absalón, el cual vino al rey, e inclinó su rostro a tierra delante del rey; y
el rey besó a Absalón.
Absalón se subleva contra David
2 SAMUEL 15
1 Aconteció después de esto, que Absalón se hizo de
carros y caballos, y cincuenta hombres que corriesen delante de él. 2 Y se
levantaba Absalón de mañana, y se ponía a un lado del camino junto a la
puerta; y a cualquiera que tenía pleito y venía al rey a juicio, Absalón le
llamaba y le decía: ¿De qué ciudad eres? Y él respondía: Tu siervo es de una
de las tribus de Israel. 3 Entonces Absalón le decía: Mira, tus palabras son
buenas y justas; mas no tienes quien te oiga de parte del rey. 4 Y decía
Absalón: ¡Quién me pusiera por juez en la tierra, para que viniesen a mí todos
los que tienen pleito o negocio, que yo les haría justicia! 5 Y acontecía que
cuando alguno se acercaba para inclinarse a él, él extendía la mano y lo
tomaba, y lo besaba. 6 De esta manera hacía con todos los israelitas que
venían al rey a juicio; y así robaba Absalón el corazón de los de Israel.
7 Al cabo de cuatro años, aconteció que Absalón dijo al
rey: Yo te ruego me permitas que vaya a Hebrón, a pagar mi voto que he
prometido a Jehová. 8 Porque tu siervo hizo voto cuando estaba en Gesur en
Siria, diciendo: Si Jehová me hiciere volver a Jerusalén, yo serviré a Jehová.
9 Y el rey le dijo: Ve en paz. Y él se levantó, y fue a Hebrón. 10 Entonces
envió Absalón mensajeros por todas las tribus de Israel, diciendo: Cuando
oigáis el sonido de la trompeta diréis: Absalón reina en Hebrón. 11 Y fueron
con Absalón doscientos hombres de Jerusalén convidados por él, los cuales iban
en su sencillez, sin saber nada. 12 Y mientras Absalón ofrecía los
sacrificios, llamó a Ahitofel gilonita, consejero de David, de su ciudad de
Gilo. Y la conspiración se hizo poderosa, y aumentaba el pueblo que seguía a
Absalón.
13 Y un mensajero vino a David, diciendo: El corazón de
todo Israel se va tras Absalón. 14 Entonces David dijo a todos sus siervos que
estaban con él en Jerusalén: Levantaos y huyamos, porque no podremos escapar
delante de Absalón; daos prisa a partir, no sea que apresurándose él nos
alcance, y arroje el mal sobre nosotros, y hiera la ciudad a filo de espada.
15 Y los siervos del rey dijeron al rey: He aquí, tus siervos están listos a
todo lo que nuestro señor el rey decida. 16 El rey entonces salió, con toda su
familia en pos de él. Y dejó el rey diez mujeres concubinas, para que
guardasen la casa. 17 Salió, pues, el rey con todo el pueblo que le seguía, y
se detuvieron en un lugar distante. 18 Y todos sus siervos pasaban a su lado,
con todos los cereteos y peleteos; y todos los geteos, seiscientos hombres que
habían venido a pie desde Gat, iban delante del rey.
19 Y dijo el rey a Itai geteo: ¿Para qué vienes tú
también con nosotros? Vuélvete y quédate con el rey; porque tú eres
extranjero, y desterrado también de tu lugar. 20 Ayer viniste, ¿y he de hacer
hoy que te muevas para ir con nosotros? En cuanto a mí, yo iré a donde pueda
ir; tú vuélvete, y haz volver a tus hermanos; y Jehová te muestre amor
permanente y fidelidad. 21 Y respondió Itai al rey, diciendo: Vive Dios, y
vive mi señor el rey, que o para muerte o para vida, donde mi señor el rey
estuviere, allí estará también tu siervo. 22 Entonces David dijo a Itai: Ven,
pues, y pasa. Y pasó Itai geteo, y todos sus hombres, y toda su familia. 23 Y
todo el país lloró en alta voz; pasó luego toda la gente el torrente de
Cedrón; asimismo pasó el rey, y todo el pueblo pasó al camino que va al
desierto.
24 Y he aquí, también iba Sadoc, y con él todos los
levitas que llevaban el arca del pacto de Dios; y asentaron el arca del pacto
de Dios. Y subió Abiatar después que todo el pueblo hubo acabado de salir de
la ciudad. 25 Pero dijo el rey a Sadoc: Vuelve el arca de Dios a la ciudad. Si
yo hallare gracia ante los ojos de Jehová, él hará que vuelva, y me dejará
verla y a su tabernáculo. 26 Y si dijere: No me complazco en ti; aquí estoy,
haga de mí lo que bien le pareciere. 27 Dijo además el rey al sacerdote Sadoc:
¿No eres tú el vidente? Vuelve en paz a la ciudad, y con vosotros vuestros dos
hijos; Ahimaas tu hijo, y Jonatán hijo de Abiatar. 28 Mirad, yo me detendré en
los vados del desierto, hasta que venga respuesta de vosotros que me dé aviso.
29 Entonces Sadoc y Abiatar volvieron el arca de Dios a Jerusalén, y se
quedaron allá.
30 Y David subió la cuesta de los Olivos; y la subió
llorando, llevando la cabeza cubierta y los pies descalzos. También todo el
pueblo que tenía consigo cubrió cada uno su cabeza, e iban llorando mientras
subían. 31 Y dieron aviso a David, diciendo: Ahitofel está entre los que
conspiraron con Absalón. Entonces dijo David: Entorpece ahora, oh Jehová, el
consejo de Ahitofel.
32 Cuando David llegó a la cumbre del monte para adorar
allí a Dios, he aquí Husai arquita que le salió al encuentro, rasgados sus
vestidos, y tierra sobre su cabeza. 33 Y le dijo David: Si pasares conmigo, me
serás carga. 34 Mas si volvieres a la ciudad, y dijeres a Absalón: Rey, yo
seré tu siervo; como hasta aquí he sido siervo de tu padre, así seré ahora
siervo tuyo; entonces tú harás nulo el consejo de Ahitofel. 35 ¿No estarán
allí contigo los sacerdotes Sadoc y Abiatar? Por tanto, todo lo que oyeres en
la casa del rey, se lo comunicarás a los sacerdotes Sadoc y Abiatar. 36 Y he
aquí que están con ellos sus dos hijos, Ahimaas el de Sadoc y Jonatán el de
Abiatar; por medio de ellos me enviaréis aviso de todo lo que oyereis. 37 Así
vino Husai amigo de David a la ciudad; y Absalón entró en Jerusalén.
2 SAMUEL 16
1 Cuando David pasó un poco más allá de la cumbre del
monte, he aquí Siba el criado de Mefi-boset, que salía a recibirle con un par
de asnos enalbardados, y sobre ellos doscientos panes, cien racimos de pasas,
cien panes de higos secos, y un cuero de vino. 2 Y dijo el rey a Siba: ¿Qué es
esto? Y Siba respondió: Los asnos son para que monte la familia del rey, los
panes y las pasas para que coman los criados, y el vino para que beban los que
se cansen en el desierto. 3 Y dijo el rey: ¿Dónde está el hijo de tu señor? Y
Siba respondió al rey: He aquí él se ha quedado en Jerusalén, porque ha dicho:
Hoy me devolverá la casa de Israel el reino de mi padre. 4 Entonces el rey
dijo a Siba: He aquí, sea tuyo todo lo que tiene Mefi-boset. Y respondió Siba
inclinándose: Rey señor mío, halle yo gracia delante de ti.
5 Y vino el rey David hasta Bahurim; y he aquí salía uno
de la familia de la casa de Saúl, el cual se llamaba Simei hijo de Gera; y
salía maldiciendo, 6 y arrojando piedras contra David, y contra todos los
siervos del rey David; y todo el pueblo y todos los hombres valientes estaban
a su derecha y a su izquierda. 7 Y decía Simei, maldiciéndole: ¡Fuera, fuera,
hombre sanguinario y perverso! 8 Jehová te ha dado el pago de toda la sangre
de la casa de Saúl, en lugar del cual tú has reinado, y Jehová ha entregado el
reino en mano de tu hijo Absalón; y hete aquí sorprendido en tu maldad, porque
eres hombre sanguinario.
9 Entonces Abisai hijo de Sarvia dijo al rey: ¿Por qué
maldice este perro muerto a mi señor el rey? Te ruego que me dejes pasar, y le
quitaré la cabeza. 10 Y el rey respondió: ¿Qué tengo yo con vosotros, hijos de
Sarvia? Si él así maldice, es porque Jehová le ha dicho que maldiga a David.
¿Quién, pues, le dirá: ¿Por qué lo haces así? 11 Y dijo David a Abisai y a
todos sus siervos: He aquí, mi hijo que ha salido de mis entrañas, acecha mi
vida; ¿cuánto más ahora un hijo de Benjamín? Dejadle que maldiga, pues Jehová
se lo ha dicho. 12 Quizá mirará Jehová mi aflicción, y me dará Jehová bien por
sus maldiciones de hoy. 13 Y mientras David y los suyos iban por el camino,
Simei iba por el lado del monte delante de él, andando y maldiciendo, y
arrojando piedras delante de él, y esparciendo polvo. 14 Y el rey y todo el
pueblo que con él estaba, llegaron fatigados, y descansaron allí.
15 Y Absalón y toda la gente suya, los hombres de Israel,
entraron en Jerusalén, y con él Ahitofel. 16 Aconteció luego, que cuando Husai
arquita, amigo de David, vino al encuentro de Absalón, dijo Husai: ¡Viva el
rey, viva el rey! 17 Y Absalón dijo a Husai: ¿Es este tu agradecimiento para
con tu amigo? ¿Por qué no fuiste con tu amigo? 18 Y Husai respondió a Absalón:
No, sino que de aquel que eligiere Jehová y este pueblo y todos los varones de
Israel, de aquél seré yo, y con él me quedaré. 19 ¿Y a quién había yo de
servir? ¿No es a su hijo? Como he servido delante de tu padre, así seré
delante de ti.
20 Entonces dijo Absalón a Ahitofel: Dad vuestro consejo
sobre lo que debemos hacer. 21 Y Ahitofel dijo a Absalón: Llégate a las
concubinas de tu padre, que él dejó para guardar la casa; y todo el pueblo de
Israel oirá que te has hecho aborrecible a tu padre, y así se fortalecerán las
manos de todos los que están contigo. 22 Entonces pusieron para Absalón una
tienda sobre el terrado, y se llegó Absalón a las concubinas de su padre, ante
los ojos de todo Israel. 23 Y el consejo que daba Ahitofel en aquellos días,
era como si se consultase la palabra de Dios. Así era todo consejo de Ahitofel,
tanto con David como con Absalón.
Consejos de Ahitofel y de Husai
2 SAMUEL 17
1 Entonces Ahitofel dijo a Absalón: Yo escogeré ahora
doce mil hombres, y me levantaré y seguiré a David esta noche, 2 y caeré sobre
él mientras está cansado y débil de manos; lo atemorizaré, y todo el pueblo
que está con él huirá, y mataré al rey solo. 3 Así haré volver a ti todo el
pueblo (pues tú buscas solamente la vida de un hombre); y cuando ellos hayan
vuelto, todo el pueblo estará en paz. 4 Este consejo pareció bien a Absalón y
a todos los ancianos de Israel.
5 Y dijo Absalón: Llamad también ahora a Husai arquita,
para que asimismo oigamos lo que él dirá. 6 Cuando Husai vino a Absalón, le
habló Absalón, diciendo: Así ha dicho Ahitofel; ¿seguiremos su consejo, o no?
Di tú. 7 Entonces Husai dijo a Absalón: El consejo que ha dado esta vez
Ahitofel no es bueno. 8 Y añadió Husai: Tú sabes que tu padre y los suyos son
hombres valientes, y que están con amargura de ánimo, como la osa en el campo
cuando le han quitado sus cachorros. Además, tu padre es hombre de guerra, y
no pasará la noche con el pueblo. 9 He aquí él estará ahora escondido en
alguna cueva, o en otro lugar; y si al principio cayeren algunos de los tuyos,
quienquiera que lo oyere dirá: El pueblo que sigue a Absalón ha sido
derrotado. 10 Y aun el hombre valiente, cuyo corazón sea como corazón de león,
desmayará por completo; porque todo Israel sabe que tu padre es hombre
valiente, y que los que están con él son esforzados. 11 Aconsejo, pues, que
todo Israel se junte a ti, desde Dan hasta Beerseba, en multitud como la arena
que está a la orilla del mar, y que tú en persona vayas a la batalla. 12
Entonces le acometeremos en cualquier lugar en donde se hallare, y caeremos
sobre él como cuando el rocío cae sobre la tierra, y ni uno dejaremos de él y
de todos los que están con él. 13 Y si se refugiare en alguna ciudad, todos
los de Israel llevarán sogas a aquella ciudad, y la arrastraremos hasta el
arroyo, hasta que no se encuentre allí ni una piedra. 14 Entonces Absalón y
todos los de Israel dijeron: El consejo de Husai arquita es mejor que el
consejo de Ahitofel. Porque Jehová había ordenado que el acertado consejo de
Ahitofel se frustrara, para que Jehová hiciese venir el mal sobre Absalón.
15 Dijo luego Husai a los sacerdotes Sadoc y Abiatar: Así
y así aconsejó Ahitofel a Absalón y a los ancianos de Israel; y de esta manera
aconsejé yo. 16 Por tanto, enviad inmediatamente y dad aviso a David,
diciendo: No te quedes esta noche en los vados del desierto, sino pasa luego
el Jordán, para que no sea destruido el rey y todo el pueblo que con él está.
17 Y Jonatán y Ahimaas estaban junto a la fuente de Rogel, y fue una criada y
les avisó, porque ellos no podían mostrarse viniendo a la ciudad; y ellos
fueron y se lo hicieron saber al rey David. 18 Pero fueron vistos por un
joven, el cual lo hizo saber a Absalón; sin embargo, los dos se dieron prisa a
caminar, y llegaron a casa de un hombre en Bahurim, que tenía en su patio un
pozo, dentro del cual se metieron. 19 Y tomando la mujer de la casa una manta,
la extendió sobre la boca del pozo, y tendió sobre ella el grano trillado; y
nada se supo del asunto. 20 Llegando luego los criados de Absalón a la casa de
la mujer, le dijeron: ¿Dónde están Ahimaas y Jonatán? Y la mujer les
respondió: Ya han pasado el vado de las aguas. Y como ellos los buscaron y no
los hallaron, volvieron a Jerusalén.
21 Y después que se hubieron ido, aquéllos salieron del
pozo y se fueron, y dieron aviso al rey David, diciéndole: Levantaos y daos
prisa a pasar las aguas, porque Ahitofel ha dado tal consejo contra vosotros.
22 Entonces David se levantó, y todo el pueblo que con él estaba, y pasaron el
Jordán antes que amaneciese; ni siquiera faltó uno que no pasase el Jordán.
23 Pero Ahitofel, viendo que no se había seguido su
consejo, enalbardó su asno, y se levantó y se fue a su casa a su ciudad; y
después de poner su casa en orden, se ahorcó, y así murió, y fue sepultado en
el sepulcro de su padre.
24 Y David llegó a Mahanaim; y Absalón pasó el Jordán con
toda la gente de Israel. 25 Y Absalón nombró a Amasa jefe del ejército en
lugar de Joab. Amasa era hijo de un varón de Israel llamado Itra, el cual se
había llegado a Abigail hija de Nahas, hermana de Sarvia madre de Joab. 26 Y
acampó Israel con Absalón en tierra de Galaad.
27 Luego que David llegó a Mahanaim, Sobi hijo de Nahas,
de Rabá de los hijos de Amón, Maquir hijo de Amiel, de Lodebar, y Barzilai
galaadita de Rogelim, 28 trajeron a David y al pueblo que estaba con él,
camas, tazas, vasijas de barro, trigo, cebada, harina, grano tostado, habas,
lentejas, garbanzos tostados, 29 miel, manteca, ovejas, y quesos de vaca, para
que comiesen; porque decían: El pueblo está hambriento y cansado y sediento en
el desierto.
Muerte de Absalón
2 SAMUEL 18
1 David, pues, pasó revista al pueblo que tenía consigo,
y puso sobre ellos jefes de millares y jefes de centenas. 2 Y envió David al
pueblo, una tercera parte bajo el mando de Joab, una tercera parte bajo el
mando de Abisai hijo de Sarvia, hermano de Joab, y una tercera parte al mando
de Itai geteo. Y dijo el rey al pueblo: Yo también saldré con vosotros. 3 Mas
el pueblo dijo: No saldrás; porque si nosotros huyéremos, no harán caso de
nosotros; y aunque la mitad de nosotros muera, no harán caso de nosotros; mas
tú ahora vales tanto como diez mil de nosotros. Será, pues, mejor que tú nos
des ayuda desde la ciudad. 4 Entonces el rey les dijo: Yo haré lo que bien os
parezca. Y se puso el rey a la entrada de la puerta, mientras salía todo el
pueblo de ciento en ciento y de mil en mil. 5 Y el rey mandó a Joab, a Abisai
y a Itai, diciendo: Tratad benignamente por amor de mí al joven Absalón. Y
todo el pueblo oyó cuando dio el rey orden acerca de Absalón a todos los
capitanes.
6 Salió, pues, el pueblo al campo contra Israel, y se
libró la batalla en el bosque de Efraín. 7 Y allí cayó el pueblo de Israel
delante de los siervos de David, y se hizo allí en aquel día una gran matanza
de veinte mil hombres. 8 Y la batalla se extendió por todo el país; y fueron
más los que destruyó el bosque aquel día, que los que destruyó la espada.
9 Y se encontró Absalón con los siervos de David; e iba
Absalón sobre un mulo, y el mulo entró por debajo de las ramas espesas de una
gran encina, y se le enredó la cabeza en la encina, y Absalón quedó suspendido
entre el cielo y la tierra; y el mulo en que iba pasó delante. 10 Viéndolo
uno, avisó a Joab, diciendo: He aquí que he visto a Absalón colgado de una
encina. 11 Y Joab respondió al hombre que le daba la nueva: Y viéndolo tú,
¿por qué no le mataste luego allí echándole a tierra? Me hubiera placido darte
diez siclos de plata, y un talabarte. 12 El hombre dijo a Joab: Aunque me
pesaras mil siclos de plata, no extendería yo mi mano contra el hijo del rey;
porque nosotros oímos cuando el rey te mandó a ti y a Abisai y a Itai,
diciendo: Mirad que ninguno toque al joven Absalón. 13 Por otra parte, habría
yo hecho traición contra mi vida, pues que al rey nada se le esconde, y tú
mismo estarías en contra. 14 Y respondió Joab: No malgastaré mi tiempo
contigo. Y tomando tres dardos en su mano, los clavó en el corazón de Absalón,
quien estaba aún vivo en medio de la encina. 15 Y diez jóvenes escuderos de
Joab rodearon e hirieron a Absalón, y acabaron de matarle.
16 Entonces Joab tocó la trompeta, y el pueblo se volvió
de seguir a Israel, porque Joab detuvo al pueblo. 17 Tomando después a Absalón,
le echaron en un gran hoyo en el bosque, y levantaron sobre él un montón muy
grande de piedras; y todo Israel huyó, cada uno a su tienda. 18 Y en vida,
Absalón había tomado y erigido una columna, la cual está en el valle del rey;
porque había dicho: Yo no tengo hijo que conserve la memoria de mi nombre. Y
llamó aquella columna por su nombre, y así se ha llamado Columna de Absalón,
hasta hoy.
19 Entonces Ahimaas hijo de Sadoc dijo: ¿Correré ahora, y
daré al rey las nuevas de que Jehová ha defendido su causa de la mano de sus
enemigos? 20 Respondió Joab: Hoy no llevarás las nuevas; las llevarás otro
día; no darás hoy la nueva, porque el hijo del rey ha muerto. 21 Y Joab dijo a
un etíope: Ve tú, y di al rey lo que has visto. Y el etíope hizo reverencia
ante Joab, y corrió. 22 Entonces Ahimaas hijo de Sadoc volvió a decir a Joab:
Sea como fuere, yo correré ahora tras el etíope. Y Joab dijo: Hijo mío, ¿para
qué has de correr tú, si no recibirás premio por las nuevas? 23 Mas él
respondió: Sea como fuere, yo correré. Entonces le dijo: Corre. Corrió, pues,
Ahimaas por el camino de la llanura, y pasó delante del etíope.
24 Y David estaba sentado entre las dos puertas; y el
atalaya había ido al terrado sobre la puerta en el muro, y alzando sus ojos,
miró, y vio a uno que corría solo. 25 El atalaya dio luego voces, y lo hizo
saber al rey. Y el rey dijo: Si viene solo, buenas nuevas trae. En tanto que
él venía acercándose, 26 vio el atalaya a otro que corría; y dio voces el
atalaya al portero, diciendo: He aquí otro hombre que corre solo. Y el rey
dijo: Este también es mensajero. 27 Y el atalaya volvió a decir: Me parece el
correr del primero como el correr de Ahimaas hijo de Sadoc. Y respondió el
rey: Ese es hombre de bien, y viene con buenas nuevas.
28 Entonces Ahimaas dijo en alta voz al rey: Paz. Y se
inclinó a tierra delante del rey, y dijo: Bendito sea Jehová Dios tuyo, que ha
entregado a los hombres que habían levantado sus manos contra mi señor el rey.
29 Y el rey dijo: ¿El joven Absalón está bien? Y Ahimaas respondió: Vi yo un
gran alboroto cuando envió Joab al siervo del rey y a mí tu siervo; mas no sé
qué era. 30 Y el rey dijo: Pasa, y ponte allí. Y él pasó, y se quedó de pie.
31 Luego vino el etíope, y dijo: Reciba nuevas mi señor
el rey, que hoy Jehová ha defendido tu causa de la mano de todos los que se
habían levantado contra ti. 32 El rey entonces dijo al etíope: ¿El joven
Absalón está bien? Y el etíope respondió: Como aquel joven sean los enemigos
de mi señor el rey, y todos los que se levanten contra ti para mal. 33
Entonces el rey se turbó, y subió a la sala de la puerta, y lloró; y yendo,
decía así: ¡Hijo mío Absalón, hijo mío, hijo mío Absalón! ¡Quién me diera que
muriera yo en lugar de ti, Absalón, hijo mío, hijo mío!
David vuelve a Jerusalén
2 SAMUEL 19
1 Dieron aviso a Joab: He aquí el rey llora, y hace duelo
por Absalón. 2 Y se volvió aquel día la victoria en luto para todo el pueblo;
porque oyó decir el pueblo aquel día que el rey tenía dolor por su hijo. 3 Y
entró el pueblo aquel día en la ciudad escondidamente, como suele entrar a
escondidas el pueblo avergonzado que ha huido de la batalla. 4 Mas el rey,
cubierto el rostro, clamaba en alta voz: ¡Hijo mío Absalón, Absalón, hijo mío,
hijo mío! 5 Entonces Joab vino al rey en la casa, y dijo: Hoy has avergonzado
el rostro de todos tus siervos, que hoy han librado tu vida, y la vida de tus
hijos y de tus hijas, y la vida de tus mujeres, y la vida de tus concubinas, 6
amando a los que te aborrecen, y aborreciendo a los que te aman; porque hoy
has declarado que nada te importan tus príncipes y siervos; pues hoy me has
hecho ver claramente que si Absalón viviera, aunque todos nosotros
estuviéramos muertos, entonces estarías contento. 7 Levántate pues, ahora, y
ve afuera y habla bondadosamente a tus siervos; porque juro por Jehová que si
no sales, no quedará ni un hombre contigo esta noche; y esto te será peor que
todos los males que te han sobrevenido desde tu juventud hasta ahora. 8
Entonces se levantó el rey y se sentó a la puerta, y fue dado aviso a todo el
pueblo, diciendo: He aquí el rey está sentado a la puerta. Y vino todo el
pueblo delante del rey; pero Israel había huido, cada uno a su tienda.
9 Y todo el pueblo disputaba en todas las tribus de
Israel, diciendo: El rey nos ha librado de mano de nuestros enemigos, y nos ha
salvado de mano de los filisteos; y ahora ha huido del país por miedo de
Absalón. 10 Y Absalón, a quien habíamos ungido sobre nosotros, ha muerto en la
batalla. ¿Por qué, pues, estáis callados respecto de hacer volver al rey?
11 Y el rey David envió a los sacerdotes Sadoc y Abiatar,
diciendo: Hablad a los ancianos de Judá, y decidles: ¿Por qué seréis vosotros
los postreros en hacer volver el rey a su casa, cuando la palabra de todo
Israel ha venido al rey para hacerle volver a su casa? 12 Vosotros sois mis
hermanos; mis huesos y mi carne sois. ¿Por qué, pues, seréis vosotros los
postreros en hacer volver al rey? 13 Asimismo diréis a Amasa: ¿No eres tú
también hueso mío y carne mía? Así me haga Dios, y aun me añada, si no fueres
general del ejército delante de mí para siempre, en lugar de Joab. 14 Así
inclinó el corazón de todos los varones de Judá, como el de un solo hombre,
para que enviasen a decir al rey: Vuelve tú, y todos tus siervos. 15 Volvió,
pues, el rey, y vino hasta el Jordán. Y Judá vino a Gilgal para recibir al rey
y para hacerle pasar el Jordán.
16 Y Simei hijo de Gera, hijo de Benjamín, que era de
Bahurim, se dio prisa y descendió con los hombres de Judá a recibir al rey
David. 17 Con él venían mil hombres de Benjamín; asimismo Siba, criado de la
casa de Saúl, con sus quince hijos y sus veinte siervos, los cuales pasaron el
Jordán delante del rey. 18 Y cruzaron el vado para pasar a la familia del rey,
y para hacer lo que a él le pareciera. Entonces Simei hijo de Gera se postró
delante del rey cuando él hubo pasado el Jordán, 19 y dijo al rey: No me culpe
mi señor de iniquidad, ni tengas memoria de los males que tu siervo hizo el
día en que mi señor el rey salió de Jerusalén; no los guarde el rey en su
corazón. 20 Porque yo tu siervo reconozco haber pecado, y he venido hoy el
primero de toda la casa de José, para descender a recibir a mi señor el rey.
21 Respondió Abisai hijo de Sarvia y dijo: ¿No ha de morir por esto Simei, que
maldijo al ungido de Jehová? 22 David entonces dijo: ¿Qué tengo yo con
vosotros, hijos de Sarvia, para que hoy me seáis adversarios? ¿Ha de morir hoy
alguno en Israel? ¿Pues no sé yo que hoy soy rey sobre Israel? 23 Y dijo el
rey a Simei: No morirás. Y el rey se lo juró.
24 También Mefi-boset hijo de Saúl descendió a recibir al
rey; no había lavado sus pies, ni había cortado su barba, ni tampoco había
lavado sus vestidos, desde el día en que el rey salió hasta el día en que
volvió en paz. 25 Y luego que vino él a Jerusalén a recibir al rey, el rey le
dijo: Mefi-boset, ¿por qué no fuiste conmigo? 26 Y él respondió: Rey señor
mío, mi siervo me engañó; pues tu siervo había dicho: Enalbárdame un asno, y
montaré en él, e iré al rey; porque tu siervo es cojo. 27 Pero él ha
calumniado a tu siervo delante de mi señor el rey; mas mi señor el rey es como
un ángel de Dios; haz, pues, lo que bien te parezca. 28 Porque toda la casa de
mi padre era digna de muerte delante de mi señor el rey, y tú pusiste a tu
siervo entre los convidados a tu mesa. ¿Qué derecho, pues, tengo aún para
clamar más al rey? 29 Y el rey le dijo: ¿Para qué más palabras? Yo he
determinado que tú y Siba os dividáis las tierras. 30 Y Mefi-boset dijo al
rey: Deja que él las tome todas, pues que mi señor el rey ha vuelto en paz a
su casa.
31 También Barzilai galaadita descendió de Rogelim, y
pasó el Jordán con el rey, para acompañarle al otro lado del Jordán. 32 Era
Barzilai muy anciano, de ochenta años, y él había dado provisiones al rey
cuando estaba en Mahanaim, porque era hombre muy rico. 33 Y el rey dijo a
Barzilai: Pasa conmigo, y yo te sustentaré conmigo en Jerusalén. 34 Mas
Barzilai dijo al rey: ¿Cuántos años más habré de vivir, para que yo suba con
el rey a Jerusalén? 35 De edad de ochenta años soy este día. ¿Podré distinguir
entre lo que es agradable y lo que no lo es? ¿Tomará gusto ahora tu siervo en
lo que coma o beba? ¿Oiré más la voz de los cantores y de las cantoras? ¿Para
qué, pues, ha de ser tu siervo una carga para mi señor el rey? 36 Pasará tu
siervo un poco más allá del Jordán con el rey; ¿por qué me ha de dar el rey
tan grande recompensa? 37 Yo te ruego que dejes volver a tu siervo, y que
muera en mi ciudad, junto al sepulcro de mi padre y de mi madre. Mas he aquí a
tu siervo Quimam; que pase él con mi señor el rey, y haz a él lo que bien te
pareciere. 38 Y el rey dijo: Pues pase conmigo Quimam, y yo haré con él como
bien te parezca; y todo lo que tú pidieres de mí, yo lo haré. 39 Y todo el
pueblo pasó el Jordán; y luego que el rey hubo también pasado, el rey besó a
Barzilai, y lo bendijo; y él se volvió a su casa. 40 El rey entonces pasó a
Gilgal, y con él pasó Quimam; y todo el pueblo de Judá acompañaba al rey, y
también la mitad del pueblo de Israel.
41 Y he aquí todos los hombres de Israel vinieron al rey,
y le dijeron: ¿Por qué los hombres de Judá, nuestros hermanos, te han llevado,
y han hecho pasar el Jordán al rey y a su familia, y a todos los siervos de
David con él? 42 Y todos los hombres de Judá respondieron a todos los de
Israel: Porque el rey es nuestro pariente. Mas ¿por qué os enojáis vosotros de
eso? ¿Hemos nosotros comido algo del rey? ¿Hemos recibido de él algún regalo?
43 Entonces respondieron los hombres de Israel, y dijeron a los de Judá:
Nosotros tenemos en el rey diez partes, y en el mismo David más que vosotros.
¿Por qué, pues, nos habéis tenido en poco? ¿No hablamos nosotros los primeros,
respecto de hacer volver a nuestro rey? Y las palabras de los hombres de Judá
fueron más violentas que las de los hombres de Israel.
Sublevación de Seba
2 SAMUEL 20
1 Aconteció que se hallaba allí un hombre perverso que se
llamaba Seba hijo de Bicri, hombre de Benjamín, el cual tocó la trompeta, y
dijo: No tenemos nosotros parte en David, ni heredad con el hijo de Isaí.
¡Cada uno a su tienda, Israel! 2 Así todos los hombres de Israel abandonaron a
David, siguiendo a Seba hijo de Bicri; mas los de Judá siguieron a su rey
desde el Jordán hasta Jerusalén.
3 Y luego que llegó David a su casa en Jerusalén, tomó el
rey las diez mujeres concubinas que había dejado para guardar la casa, y las
puso en reclusión, y les dio alimentos; pero nunca más se llegó a ellas, sino
que quedaron encerradas hasta que murieron, en viudez perpetua.
4 Después dijo el rey a Amasa: Convócame a los hombres de
Judá para dentro de tres días, y hállate tú aquí presente. 5 Fue, pues, Amasa
para convocar a los de Judá; pero se detuvo más del tiempo que le había sido
señalado. 6 Y dijo David a Abisai: Seba hijo de Bicri nos hará ahora más daño
que Absalón; toma, pues, tú los siervos de tu señor, y ve tras él, no sea que
halle para sí ciudades fortificadas, y nos cause dificultad. 7 Entonces
salieron en pos de él los hombres de Joab, y los cereteos y peleteos y todos
los valientes; salieron de Jerusalén para ir tras Seba hijo de Bicri. 8 Y
estando ellos cerca de la piedra grande que está en Gabaón, les salió Amasa al
encuentro. Y Joab estaba ceñido de su ropa, y sobre ella tenía pegado a sus
lomos el cinto con una daga en su vaina, la cual se le cayó cuando él avanzó.
9 Entonces Joab dijo a Amasa: ¿Te va bien, hermano mío? Y tomó Joab con la
diestra la barba de Amasa, para besarlo. 10 Y Amasa no se cuidó de la daga que
estaba en la mano de Joab; y éste le hirió con ella en la quinta costilla, y
derramó sus entrañas por tierra, y cayó muerto sin darle un segundo golpe.
Después Joab y su hermano Abisai fueron en persecución de
Seba hijo de Bicri. 11 Y uno de los hombres de Joab se paró junto a él,
diciendo: Cualquiera que ame a Joab y a David, vaya en pos de Joab. 12 Y Amasa
yacía revolcándose en su sangre en mitad del camino; y todo el que pasaba, al
verle, se detenía; y viendo aquel hombre que todo el pueblo se paraba, apartó
a Amasa del camino al campo, y echó sobre él una vestidura. 13 Luego que fue
apartado del camino, pasaron todos los que seguían a Joab, para ir tras Seba
hijo de Bicri.
14 Y él pasó por todas las tribus de Israel hasta Abel-bet-maaca
y todo Barim; y se juntaron, y lo siguieron también. 15 Y vinieron y lo
sitiaron en Abel-bet-maaca, y pusieron baluarte contra la ciudad, y quedó
sitiada; y todo el pueblo que estaba con Joab trabajaba por derribar la
muralla. 16 Entonces una mujer sabia dio voces en la ciudad, diciendo: Oíd,
oíd; os ruego que digáis a Joab que venga acá, para que yo hable con él. 17
Cuando él se acercó a ella, dijo la mujer: ¿Eres tú Joab? Y él respondió: Yo
soy. Ella le dijo: Oye las palabras de tu sierva. Y él respondió: Oigo. 18
Entonces volvió ella a hablar, diciendo: Antiguamente solían decir: Quien
preguntare, pregunte en Abel; y así concluían cualquier asunto. 19 Yo soy de
las pacíficas y fieles de Israel; pero tú procuras destruir una ciudad que es
madre en Israel. ¿Por qué destruyes la heredad de Jehová? 20 Joab respondió
diciendo: Nunca tal, nunca tal me acontezca, que yo destruya ni deshaga. 21 La
cosa no es así: mas un hombre del monte de Efraín, que se llama Seba hijo de
Bicri, ha levantado su mano contra el rey David; entregad a ése solamente, y
me iré de la ciudad. Y la mujer dijo a Joab: He aquí su cabeza te será
arrojada desde el muro. 22 La mujer fue luego a todo el pueblo con su
sabiduría; y ellos cortaron la cabeza a Seba hijo de Bicri, y se la arrojaron
a Joab. Y él tocó la trompeta, y se retiraron de la ciudad, cada uno a su
tienda. Y Joab se volvió al rey a Jerusalén.
Oficiales de David
(2 S. 8.15-18; 1 Cr. 18.14-17)
23 Así quedó Joab sobre todo el ejército de Israel, y
Benaía hijo de Joiada sobre los cereteos y peleteos, 24 y Adoram sobre los
tributos, y Josafat hijo de Ahilud era el cronista. 25 Seva era escriba, y
Sadoc y Abiatar, sacerdotes, 26 e Ira jaireo fue también sacerdote de David.
Venganza de los gabaonitas
2 SAMUEL 21
1 Hubo hambre en los días de David por tres años
consecutivos. Y David consultó a Jehová, y Jehová le dijo: Es por causa de
Saúl, y por aquella casa de sangre, por cuanto mató a los gabaonitas. 2
Entonces el rey llamó a los gabaonitas, y les habló. (Los gabaonitas no eran
de los hijos de Israel, sino del resto de los amorreos, a los cuales los hijos
de Israel habían hecho juramento; pero Saúl había procurado matarlos en su
celo por los hijos de Israel y de Judá.) 3 Dijo, pues, David a los gabaonitas:
¿Qué haré por vosotros, o qué satisfacción os daré, para que bendigáis la
heredad de Jehová? 4 Y los gabaonitas le respondieron: No tenemos nosotros
querella sobre plata ni sobre oro con Saúl y con su casa; ni queremos que
muera hombre de Israel. Y él les dijo: Lo que vosotros dijereis, haré. 5 Ellos
respondieron al rey: De aquel hombre que nos destruyó, y que maquinó contra
nosotros para exterminarnos sin dejar nada de nosotros en todo el territorio
de Israel, 6 dénsenos siete varones de sus hijos, para que los ahorquemos
delante de Jehová en Gabaa de Saúl, el escogido de Jehová. Y el rey dijo: Yo
los daré.
7 Y perdonó el rey a Mefi-boset hijo de Jonatán, hijo de
Saúl, por el juramento de Jehová que hubo entre ellos, entre David y Jonatán
hijo de Saúl. 8 Pero tomó el rey a dos hijos de Rizpa hija de Aja, los cuales
ella había tenido de Saúl, Armoni y Mefi-boset, y a cinco hijos de Mical hija
de Saúl, los cuales ella había tenido de Adriel hijo de Barzilai meholatita, 9
y los entregó en manos de los gabaonitas, y ellos los ahorcaron en el monte
delante de Jehová; y así murieron juntos aquellos siete, los cuales fueron
muertos en los primeros días de la siega, al comenzar la siega de la cebada.
10 Entonces Rizpa hija de Aja tomó una tela de cilicio y
la tendió para sí sobre el peñasco, desde el principio de la siega hasta que
llovió sobre ellos agua del cielo; y no dejó que ninguna ave del cielo se
posase sobre ellos de día, ni fieras del campo de noche. 11 Y fue dicho a
David lo que hacía Rizpa hija de Aja, concubina de Saúl. 12 Entonces David fue
y tomó los huesos de Saúl y los huesos de Jonatán su hijo, de los hombres de
Jabes de Galaad, que los habían hurtado de la plaza de Bet-sán, donde los
habían colgado los filisteos, cuando los filisteos mataron a Saúl en Gilboa;
13 e hizo llevar de allí los huesos de Saúl y los huesos de Jonatán su hijo; y
recogieron también los huesos de los ahorcados. 14 Y sepultaron los huesos de
Saúl y los de su hijo Jonatán en tierra de Benjamín, en Zela, en el sepulcro
de Cis su padre; e hicieron todo lo que el rey había mandado. Y Dios fue
propicio a la tierra después de esto.
Abisai libra a David del gigante
15 Volvieron los filisteos a hacer la guerra a Israel, y
descendió David y sus siervos con él, y pelearon con los filisteos; y David se
cansó. 16 E Isbi-benob, uno de los descendientes de los gigantes, cuya lanza
pesaba trescientos siclos de bronce, y quien estaba ceñido con una espada
nueva, trató de matar a David; 17 mas Abisai hijo de Sarvia llegó en su ayuda,
e hirió al filisteo y lo mató. Entonces los hombres de David le juraron,
diciendo: Nunca más de aquí en adelante saldrás con nosotros a la batalla, no
sea que apagues la lámpara de Israel.
Los hombres de David matan a los gigantes
(1 Cr. 20. 4-8)
18 Otra segunda guerra hubo después en Gob contra los
filisteos; entonces Sibecai husatita mató a Saf, quien era uno de los
descendientes de los gigantes. 19 Hubo otra vez guerra en Gob contra los
filisteos, en la cual Elhanán, hijo de Jaare-oregim de Belén, mató a Goliat
geteo, el asta de cuya lanza era como el rodillo de un telar. 20 Después hubo
otra guerra en Gat, donde había un hombre de gran estatura, el cual tenía doce
dedos en las manos, y otros doce en los pies, veinticuatro por todos; y
también era descendiente de los gigantes. 21 Este desafió a Israel, y lo mató
Jonatán, hijo de Simea hermano de David. 22 Estos cuatro eran descendientes de
los gigantes en Gat, los cuales cayeron por mano de David y por mano de sus
siervos.
Cántico de liberación de David
(Sal. 18 título, 1-50)
2 SAMUEL 22
1 Habló David a Jehová las palabras de este cántico, el
día que Jehová le había librado de la mano de todos sus enemigos, y de la mano
de Saúl. 2 Dijo:
Jehová es mi roca y mi fortaleza, y mi libertador;
3 Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré;
Mi escudo, y el fuerte de mi salvación, mi alto refugio;
Salvador mío; de violencia me libraste.
4 Invocaré a Jehová, quien es digno de ser alabado,
Y seré salvo de mi enemigos.
5 Me rodearon ondas de muerte,
Y torrentes de perversidad me atemorizaron.
6 Ligaduras del Seol me rodearon;
Tendieron sobre mí lazos de muerte.
7 En mi angustia invoqué a Jehová,
Y clamé a mi Dios;
El oyó mi voz desde su templo,
Y mi clamor llegó a sus oídos.
8 La tierra fue conmovida, y tembló,
Y se conmovieron los cimientos de los cielos;
Se estremecieron, porque se indignó él.
9 Humo subió de su nariz,
Y de su boca fuego consumidor;
Carbones fueron por él encendidos.
10 E inclinó los cielos, y descendió;
Y había tinieblas debajo de sus pies.
11 Y cabalgó sobre un querubín, y voló;
Voló sobre las alas del viento.
12 Puso tinieblas por su escondedero alrededor de sí;
Oscuridad de aguas y densas nubes.
13 Por el resplandor de su presencia se encendieron
carbones ardientes.
14 Y tronó desde los cielos Jehová,
Y el Altísimo dio su voz;
15 Envió sus saetas, y los dispersó;
Y lanzó relámpagos, y los destruyó.
16 Entonces aparecieron los torrentes de las aguas,
Y quedaron al descubierto los cimientos del mundo;
A la reprensión de Jehová,
Por el soplo del aliento de su nariz.
17 Envió desde lo alto y me tomó;
Me sacó de las muchas aguas.
18 Me libró de poderoso enemigo,
Y de los que me aborrecían, aunque eran más fuertes que
yo.
19 Me asaltaron en el día de mi quebranto;
Mas Jehová fue mi apoyo,
20 Y me sacó a lugar espacioso;
Mi libró, porque se agradó de mí.
21 Jehová me ha premiado conforme a mi justicia;
Conforme a la limpieza de mis manos me ha recompensado.
22 Porque yo he guardado los caminos de Jehová,
Y no me aparté impíamente de mi Dios.
23 Pues todos sus decretos estuvieron delante de mí,
Y no me he apartado de sus estatutos.
24 Fui recto para con él,
Y me he guardado de mi maldad;
25 Por lo cual me ha recompensado Jehová conforme a mi
justicia;
Conforme a la limpieza de mis manos delante de su vista.
26 Con el misericordioso te mostrarás misericordioso,
Y recto para con el hombre íntegro.
27 Limpio te mostrarás para con el limpio,
Y rígido serás para con el perverso.
28 Porque tú salvas al pueblo afligido,
Mas tus ojos están sobre los altivos para abatirlos.
29 Tú eres mi lámpara, oh Jehová;
Mi Dios alumbrará mis tinieblas.
30 Contigo desbarataré ejércitos,
Y con mi Dios asaltaré muros.
31 En cuanto a Dios, perfecto es su camino,
Y acrisolada la palabra de Jehová.
Escudo es a todos los que en él esperan.
32 Porque ¿quién es Dios, sino sólo Jehová?
¿Y qué roca hay fuera de nuestro Dios?
33 Dios es el que me ciñe de fuerza,
Y quien despeja mi camino;
34 Quien hace mis pies como de ciervas,
Y me hace estar firme sobre mis alturas;
35 Quien adiestra mis manos para la batalla,
De manera que se doble el arco de bronce con mis brazos.
36 Me diste asimismo el escudo de tu salvación,
Y tu benignidad me ha engrandecido.
37 Tú ensanchaste mis pasos debajo de mí,
Y mis pies no han resbalado.
38 Perseguiré a mis enemigos, y los destruiré,
Y no volveré hasta acabarlos.
39 Los consumiré y los heriré, de modo que no se
levanten;
Caerán debajo de mis pies.
40 Pues me ceñiste de fuerzas para la pelea;
Has humillado a mis enemigos debajo de mí,
41 Y has hecho que mis enemigos me vuelvan las espaldas,
Para que yo destruyese a los que me aborrecen.
42 Clamaron, y no hubo quien los salvase;
Aun a Jehová, mas no les oyó.
43 Como polvo de la tierra los molí;
Como lodo de las calles los pisé y los trituré.
44 Me has librado de las contiendas del pueblo;
Me guardaste para que fuese cabeza de naciones;
Pueblo que yo no conocía me servirá.
45 Los hijos de extraños se someterán a mí;
Al oir de mí, me obedecerán.
46 Los extraños se debilitarán,
Y saldrán temblando de sus encierros.
47 Viva Jehová, y bendita sea mi roca,
Y engrandecido sea el Dios de mi salvación.
48 El Dios que venga mis agravios,
Y sujeta pueblos debajo de mí;
49 El que me libra de enemigos,
Y aun me exalta sobre los que se levantan contra mí;
Me libraste del varón violento.
50 Por tanto, yo te confesaré entre las naciones, oh
Jehová,
Y cantaré a tu nombre.
51 El salva gloriosamente a su rey,
Y usa de misericordia para con su ungido,
A David y a su descendencia para siempre.
Ultimas palabras de David
2 SAMUEL 23
1 Estas son las palabras postreras de David.
Dijo David hijo de Isaí,
Dijo aquel varón que fue levantado en alto,
El ungido del Dios de Jacob,
El dulce cantor de Israel:
2 El Espíritu de Jehová ha hablado por mí,
Y su palabra ha estado en mi lengua.
3 El Dios de Israel ha dicho,
Me habló la Roca de Israel:
Habrá un justo que gobierne entre los hombres,
Que gobierne en el temor de Dios.
4 Será como la luz de la mañana,
Como el resplandor del sol en una mañana sin nubes,
Como la lluvia que hace brotar la hierba de la tierra.
5 No es así mi casa para con Dios;
Sin embargo, él ha hecho conmigo pacto perpetuo,
Ordenado en todas las cosas, y será guardado,
Aunque todavía no haga él florecer
Toda mi salvación y mi deseo.
6 Mas los impíos serán todos ellos como espinos
arrancados,
Los cuales nadie toma con la mano;
7 Sino que el que quiere tocarlos
Se arma de hierro y de asta de lanza,
Y son del todo quemados en su lugar.
Los valientes de David
(1 Cr. 11.10-47)
8 Estos son los nombres de los valientes que tuvo David:
Joseb-basebet el tacmonita, principal de los capitanes; éste era Adino el
eznita, que mató a ochocientos hombres en una ocasión.
9 Después de éste, Eleazar hijo de Dodo, ahohíta, uno de
los tres valientes que estaban con David cuando desafiaron a los filisteos que
se habían reunido allí para la batalla, y se habían alejado los hombres de
Israel. 10 Este se levantó e hirió a los filisteos hasta que su mano se cansó,
y quedó pegada su mano a la espada. Aquel día Jehová dio una gran victoria, y
se volvió el pueblo en pos de él tan sólo para recoger el botín.
11 Después de éste fue Sama hijo de Age, ararita. Los
filisteos se habían reunido en Lehi, donde había un pequeño terreno lleno de
lentejas, y el pueblo había huido delante de los filisteos. 12 El entonces se
paró en medio de aquel terreno y lo defendió, y mató a los filisteos; y Jehová
dio una gran victoria. 13 Y tres de los treinta jefes descendieron y vinieron
en tiempo de la siega a David en la cueva de Adulam; y el campamento de los
filisteos estaba en el valle de Refaim. 14 David entonces estaba en el lugar
fuerte, y había en Belén una guarnición de los filisteos. 15 Y David dijo con
vehemencia: ¡Quién me diera a beber del agua del pozo de Belén que está junto
a la puerta! 16 Entonces los tres valientes irrumpieron por el campamento de
los filisteos, y sacaron agua del pozo de Belén que estaba junto a la puerta;
y tomaron, y la trajeron a David; mas él no la quiso beber, sino que la
derramó para Jehová, diciendo: 17 Lejos sea de mí, oh Jehová, que yo haga
esto. ¿He de beber yo la sangre de los varones que fueron con peligro de su
vida? Y no quiso beberla. Los tres valientes hicieron esto.
18 Y Abisai hermano de Joab, hijo de Sarvia, fue el
principal de los treinta. Este alzó su lanza contra trescientos, a quienes
mató, y ganó renombre con los tres. 19 El era el más renombrado de los
treinta, y llegó a ser su jefe; mas no igualó a los tres primeros.
20 Después, Benaía hijo de Joiada, hijo de un varón
esforzado, grande en proezas, de Cabseel. Este mató a dos leones de Moab; y él
mismo descendió y mató a un león en medio de un foso cuando estaba nevando. 21
También mató él a un egipcio, hombre de gran estatura; y tenía el egipcio una
lanza en su mano, pero descendió contra él con un palo, y arrebató al egipcio
la lanza de la mano, y lo mató con su propia lanza. 22 Esto hizo Benaía hijo
de Joiada, y ganó renombre con los tres valientes. 23 Fue renombrado entre los
treinta, pero no igualó a los tres primeros. Y lo puso David como jefe de su
guardia personal.
24 Asael hermano de Joab fue de los treinta; Elhanán hijo
de Dodo de Belén, 25 Sama harodita, Elica harodita, 26 Heles paltita, Ira hijo
de Iques, tecoíta, 27 Abiezer anatotita, Mebunai husatita, 28 Salmón ahohíta,
Maharai netofatita, 29 Heleb hijo de Baana, netofatita, Itai hijo de Ribai, de
Gabaa de los hijos de Benjamín, 30 Benaía piratonita, Hidai del arroyo de Gaas,
31 Abi-albón arbatita, Azmavet barhumita, 32 Eliaba saalbonita, Jonatán de los
hijos de Jasén, 33 Sama ararita, Ahíam hijo de Sarar, ararita, 34 Elifelet
hijo de Ahasbai, hijo de Maaca, Eliam hijo de Ahitofel, gilonita, 35 Hezrai
carmelita, Paarai arbita, 36 Igal hijo de Natán, de Soba, Bani gadita, 37
Selec amonita, Naharai beerotita, escudero de Joab hijo de Sarvia, 38 Ira
itrita, Gareb itrita, 39 Urías heteo; treinta y siete por todos.
David censa al pueblo
(1 Cr. 21.1-27)
2 SAMUEL 24
1 Volvió a encenderse la ira de Jehová contra Israel, e
incitó a David contra ellos a que dijese: Ve, haz un censo de Israel y de
Judá. 2 Y dijo el rey a Joab, general del ejército que estaba con él: Recorre
ahora todas las tribus de Israel, desde Dan hasta Beerseba, y haz un censo del
pueblo, para que yo sepa el número de la gente. 3 Joab respondió al rey: Añada
Jehová tu Dios al pueblo cien veces tanto como son, y que lo vea mi señor el
rey; mas ¿por qué se complace en esto mi señor el rey? 4 Pero la palabra del
rey prevaleció sobre Joab y sobre los capitanes del ejército. Salió, pues,
Joab, con los capitanes del ejército, de delante del rey, para hacer el censo
del pueblo de Israel. 5 Y pasando el Jordán acamparon en Aroer, al sur de la
ciudad que está en medio del valle de Gad y junto a Jazer. 6 Después fueron a
Galaad y a la tierra baja de Hodsi; y de allí a Danjaán y a los alrededores de
Sidón. 7 Fueron luego a la fortaleza de Tiro, y a todas las ciudades de los
heveos y de los cananeos, y salieron al Neguev de Judá en Beerseba. 8 Después
que hubieron recorrido toda la tierra, volvieron a Jerusalén al cabo de nueve
meses y veinte días. 9 Y Joab dio el censo del pueblo al rey; y fueron los de
Israel ochocientos mil hombres fuertes que sacaban espada, y los de Judá
quinientos mil hombres.
10 Después que David hubo censado al pueblo, le pesó en
su corazón; y dijo David a Jehová: Yo he pecado gravemente por haber hecho
esto; mas ahora, oh Jehová, te ruego que quites el pecado de tu siervo, porque
yo he hecho muy neciamente. 11 Y por la mañana, cuando David se hubo
levantado, vino palabra de Jehová al profeta Gad, vidente de David, diciendo:
12 Ve y di a David: Así ha dicho Jehová: Tres cosas te ofrezco; tú escogerás
una de ellas, para que yo la haga. 13 Vino, pues, Gad a David, y se lo hizo
saber, y le dijo: ¿Quieres que te vengan siete años de hambre en tu tierra? ¿o
que huyas tres meses delante de tus enemigos y que ellos te persigan? ¿o que
tres días haya peste en tu tierra? Piensa ahora, y mira qué responderé al que
me ha enviado. 14 Entonces David dijo a Gad: En grande angustia estoy;
caigamos ahora en mano de Jehová, porque sus misericordias son muchas, mas no
caiga yo en manos de hombres.
15 Y Jehová envió la peste sobre Israel desde la mañana
hasta el tiempo señalado; y murieron del pueblo, desde Dan hasta Beerseba,
setenta mil hombres. 16 Y cuando el ángel extendió su mano sobre Jerusalén
para destruirla, Jehová se arrepintió de aquel mal, y dijo al ángel que
destruía al pueblo: Basta ahora; detén tu mano. Y el ángel de Jehová estaba
junto a la era de Arauna jebuseo. 17 Y David dijo a Jehová, cuando vio al
ángel que destruía al pueblo: Yo pequé, yo hice la maldad; ¿qué hicieron estas
ovejas? Te ruego que tu mano se vuelva contra mí, y contra la casa de mi
padre.
18 Y Gad vino a David aquel día, y le dijo: Sube, y
levanta un altar a Jehová en la era de Arauna jebuseo. 19 Subió David,
conforme al dicho de Gad, según había mandado Jehová; 20 y Arauna miró, y vio
al rey y a sus siervos que venían hacia él. Saliendo entonces Arauna, se
inclinó delante del rey, rostro a tierra. 21 Y Arauna dijo: ¿Por qué viene mi
señor el rey a su siervo? Y David respondió: Para comprar de ti la era, a fin
de edificar un altar a Jehová, para que cese la mortandad del pueblo. 22 Y
Arauna dijo a David: Tome y ofrezca mi señor el rey lo que bien le pareciere;
he aquí bueyes para el holocausto, y los trillos y los yugos de los bueyes
para leña. 23 Todo esto, oh rey, Arauna lo da al rey. Luego dijo Arauna al
rey: Jehová tu Dios te sea propicio. 24 Y el rey dijo a Arauna: No, sino por
precio te lo compraré; porque no ofreceré a Jehová mi Dios holocaustos que no
me cuesten nada. Entonces David compró la era y los bueyes por cincuenta
siclos de plata. 25 Y edificó allí David un altar a Jehová, y sacrificó
holocaustos y ofrendas de paz; y Jehová oyó las súplicas de la tierra, y cesó
la plaga en Israel.
Primer Libro de los
REYES
Abisag sirve a David
1 REYES 1
1 Cuando el rey David era viejo y avanzado en días, le
cubrían de ropas, pero no se calentaba. 2 Le dijeron, por tanto, sus siervos:
Busquen para mi señor el rey una joven virgen, para que esté delante del rey y
lo abrigue, y duerma a su lado, y entrará en calor mi señor el rey. 3 Y
buscaron una joven hermosa por toda la tierra de Israel, y hallaron a Abisag
sunamita, y la trajeron al rey. 4 Y la joven era hermosa; y ella abrigaba al
rey, y le servía; pero el rey nunca la conoció.
Adonías usurpa el trono
5 Entonces Adonías hijo de Haguit se rebeló, diciendo: Yo
reinaré. Y se hizo de carros y de gente de a caballo, y de cincuenta hombres
que corriesen delante de él. 6 Y su padre nunca le había entristecido en todos
sus días con decirle: ¿Por qué haces así? Además, éste era de muy hermoso
parecer; y había nacido después de Absalón. 7 Y se había puesto de acuerdo con
Joab hijo de Sarvia y con el sacerdote Abiatar, los cuales ayudaban a Adonías.
8 Pero el sacerdote Sadoc, y Benaía hijo de Joiada, el profeta Natán, Simei,
Rei y todos los grandes de David, no seguían a Adonías.
9 Y matando Adonías ovejas y vacas y animales gordos
junto a la peña de Zohelet, la cual está cerca de la fuente de Rogel, convidó
a todos sus hermanos los hijos del rey, y a todos los varones de Judá, siervos
del rey; 10 pero no convidó al profeta Natán, ni a Benaía, ni a los grandes,
ni a Salomón su hermano.
11 Entonces habló Natán a Betsabé madre de Salomón,
diciendo: ¿No has oído que reina Adonías hijo de Haguit, sin saberlo David
nuestro señor? 12 Ven pues, ahora, y toma mi consejo, para que conserves tu
vida, y la de tu hijo Salomón. 13 Ve y entra al rey David, y dile: Rey señor
mío, ¿no juraste a tu sierva, diciendo: Salomón tu hijo reinará después de mí,
y él se sentará en mi trono? ¿Por qué, pues, reina Adonías? 14 Y estando tú
aún hablando con el rey, yo entraré tras ti y reafirmaré tus razones.
15 Entonces Betsabé entró a la cámara del rey; y el rey
era muy viejo, y Abisag sunamita le servía. 16 Y Betsabé se inclinó, e hizo
reverencia al rey. Y el rey dijo: ¿Qué tienes? 17 Y ella le respondió: Señor
mío, tú juraste a tu sierva por Jehová tu Dios, diciendo: Salomón tu hijo
reinará después de mí, y él se sentará en mi trono. 18 Y he aquí ahora Adonías
reina, y tú, mi señor rey, hasta ahora no lo sabes. 19 Ha matado bueyes, y
animales gordos, y muchas ovejas, y ha convidado a todos los hijos del rey, al
sacerdote Abiatar, y a Joab general del ejército; mas a Salomón tu siervo no
ha convidado. 20 Entre tanto, rey señor mío, los ojos de todo Israel están
puestos en ti, para que les declares quién se ha de sentar en el trono de mi
señor el rey después de él. 21 De otra manera sucederá que cuando mi señor el
rey duerma con sus padres, yo y mi hijo Salomón seremos tenidos por culpables.
22 Mientras aún hablaba ella con el rey, he aquí vino el
profeta Natán. 23 Y dieron aviso al rey, diciendo: He aquí el profeta Natán;
el cual, cuando entró al rey, se postró delante del rey inclinando su rostro a
tierra. 24 Y dijo Natán: Rey señor mío, ¿has dicho tú: Adonías reinará después
de mí, y él se sentará en mi trono? 25 Porque hoy ha descendido, y ha matado
bueyes y animales gordos y muchas ovejas, y ha convidado a todos los hijos del
rey, y a los capitanes del ejército, y también al sacerdote Abiatar; y he
aquí, están comiendo y bebiendo delante de él, y han dicho: ¡Viva el rey
Adonías! 26 Pero ni a mí tu siervo, ni al sacerdote Sadoc, ni a Benaía hijo de
Joiada, ni a Salomón tu siervo, ha convidado. 27 ¿Es este negocio ordenado por
mi señor el rey, sin haber declarado a tus siervos quién se había de sentar en
el trono de mi señor el rey después de él?
David proclama rey a Salomón
28 Entonces el rey David respondió y dijo: Llamadme a
Betsabé. Y ella entró a la presencia del rey, y se puso delante del rey. 29 Y
el rey juró diciendo: Vive Jehová, que ha redimido mi alma de toda angustia,
30 que como yo te he jurado por Jehová Dios de Israel, diciendo: Tu hijo
Salomón reinará después de mí, y él se sentará en mi trono en lugar mío; que
así lo haré hoy. 31 Entonces Betsabé se inclinó ante el rey, con su rostro a
tierra, y haciendo reverencia al rey, dijo: Viva mi señor el rey David para
siempre.
32 Y el rey David dijo: Llamadme al sacerdote Sadoc, al
profeta Natán, y a Benaía hijo de Joiada. Y ellos entraron a la presencia del
rey. 33 Y el rey les dijo: Tomad con vosotros los siervos de vuestro señor, y
montad a Salomón mi hijo en mi mula, y llevadlo a Gihón; 34 y allí lo ungirán
el sacerdote Sadoc y el profeta Natán como rey sobre Israel, y tocaréis
trompeta, diciendo: ¡Viva el rey Salomón! 35 Después iréis vosotros detrás de
él, y vendrá y se sentará en mi trono, y él reinará por mí; porque a él he
escogido para que sea príncipe sobre Israel y sobre Judá. 36 Entonces Benaía
hijo de Joiada respondió al rey y dijo: Amén. Así lo diga Jehová, Dios de mi
señor el rey. 37 De la manera que Jehová ha estado con mi señor el rey, así
esté con Salomón, y haga mayor su trono que el trono de mi señor el rey David.
38 Y descendieron el sacerdote Sadoc, el profeta Natán,
Benaía hijo de Joiada, y los cereteos y los peleteos, y montaron a Salomón en
la mula del rey David, y lo llevaron a Gihón. 39 Y tomando el sacerdote Sadoc
el cuerno del aceite del tabernáculo, ungió a Salomón; y tocaron trompeta, y
dijo todo el pueblo: ¡Viva el rey Salomón! 40 Después subió todo el pueblo en
pos de él, y cantaba la gente con flautas, y hacían grandes alegrías, que
parecía que la tierra se hundía con el clamor de ellos.
41 Y lo oyó Adonías, y todos los convidados que con él
estaban, cuando ya habían acabado de comer. Y oyendo Joab el sonido de la
trompeta, dijo: ¿Por qué se alborota la ciudad con estruendo? 42 Mientras él
aún hablaba, he aquí vino Jonatán hijo del sacerdote Abiatar, al cual dijo
Adonías: Entra, porque tú eres hombre valiente, y traerás buenas nuevas. 43
Jonatán respondió y dijo a Adonías: Ciertamente nuestro señor el rey David ha
hecho rey a Salomón; 44 y el rey ha enviado con él al sacerdote Sadoc y al
profeta Natán, y a Benaía hijo de Joiada, y también a los cereteos y a los
peleteos, los cuales le montaron en la mula del rey; 45 y el sacerdote Sadoc y
el profeta Natán lo han ungido por rey en Gihón, y de allí han subido con
alegrías, y la ciudad está llena de estruendo. Este es el alboroto que habéis
oído. 46 También Salomón se ha sentado en el trono del reino, 47 y aun los
siervos del rey han venido a bendecir a nuestro señor el rey David, diciendo:
Dios haga bueno el nombre de Salomón más que tu nombre, y haga mayor su trono
que el tuyo. Y el rey adoró en la cama. 48 Además el rey ha dicho así: Bendito
sea Jehová Dios de Israel, que ha dado hoy quien se siente en mi trono,
viéndolo mis ojos.
49 Ellos entonces se estremecieron, y se levantaron todos
los convidados que estaban con Adonías, y se fue cada uno por su camino. 50
Mas Adonías, temiendo de la presencia de Salomón, se levantó y se fue, y se
asió de los cuernos del altar. 51 Y se lo hicieron saber a Salomón, diciendo:
He aquí que Adonías tiene miedo del rey Salomón, pues se ha asido de los
cuernos del altar, diciendo: Júreme hoy el rey Salomón que no matará a espada
a su siervo. 52 Y Salomón dijo: Si él fuere hombre de bien, ni uno de sus
cabellos caerá en tierra; mas si se hallare mal en él, morirá. 53 Y envió el
rey Salomón, y lo trajeron del altar; y él vino, y se inclinó ante el rey
Salomón. Y Salomón le dijo: Vete a tu casa.
Mandato de David a Salomón
REYES 2
1 Llegaron los días en que David había de morir, y ordenó
a Salomón su hijo, diciendo: 2 Yo sigo el camino de todos en la tierra;
esfuérzate, y sé hombre. 3 Guarda los preceptos de Jehová tu Dios, andando en
sus caminos, y observando sus estatutos y mandamientos, sus decretos y sus
testimonios, de la manera que está escrito en la ley de Moisés, para que
prosperes en todo lo que hagas y en todo aquello que emprendas; 4 para que
confirme Jehová la palabra que me habló, diciendo: Si tus hijos guardaren mi
camino, andando delante de mí con verdad, de todo su corazón y de toda su
alma, jamás, dice, faltará a ti varón en el trono de Israel.
5 Ya sabes tú lo que me ha hecho Joab hijo de Sarvia, lo
que hizo a dos generales del ejército de Israel, a Abner hijo de Ner y a Amasa
hijo de Jeter, a los cuales él mató, derramando en tiempo de paz la sangre de
guerra, y poniendo sangre de guerra en el talabarte que tenía sobre sus lomos,
y en los zapatos que tenía en sus pies. 6 Tú, pues, harás conforme a tu
sabiduría; no dejarás descender sus canas al Seol en paz. 7 Mas a los hijos de
Barzilai galaadita harás misericordia, que sean de los convidados a tu mesa;
porque ellos vinieron de esta manera a mí, cuando iba huyendo de Absalón tu
hermano. 8 También tienes contigo a Simei hijo de Gera, hijo de Benjamín, de
Bahurim, el cual me maldijo con una maldición fuerte el día que yo iba a
Mahanaim. Mas él mismo descendió a recibirme al Jordán, y yo le juré por
Jehová diciendo: Yo no te mataré a espada. 9 Pero ahora no lo absolverás; pues
hombre sabio eres, y sabes cómo debes hacer con él; y harás descender sus
canas con sangre al Seol.
Muerte de David
(1 Cr. 29. 26-30)
10 Y durmió David con sus padres, y fue sepultado en su
ciudad. 11 Los días que reinó David sobre Israel fueron cuarenta años; siete
años reinó en Hebrón, y treinta y tres años reinó en Jerusalén. 12 Y se sentó
Salomón en el trono de David su padre, y su reino fue firme en gran manera.
Salomón afirma su reino
13 Entonces Adonías hijo de Haguit vino a Betsabé madre
de Salomón; y ella le dijo: ¿Es tu venida de paz? El respondió: Sí, de paz. 14
En seguida dijo: Una palabra tengo que decirte. Y ella dijo: Di. 15 El dijo:
Tú sabes que el reino era mío, y que todo Israel había puesto en mí su rostro
para que yo reinara; mas el reino fue traspasado, y vino a ser de mi hermano,
porque por Jehová era suyo. 16 Ahora yo te hago una petición; no me la
niegues. Y ella le dijo: Habla. 17 El entonces dijo: Yo te ruego que hables al
rey Salomón (porque él no te lo negará), para que me dé Abisag sunamita por
mujer. 18 Y Betsabé dijo: Bien; yo hablaré por ti al rey.
19 Vino Betsabé al rey Salomón para hablarle por Adonías.
Y el rey se levantó a recibirla, y se inclinó ante ella, y volvió a sentarse
en su trono, e hizo traer una silla para su madre, la cual se sentó a su
diestra. 20 Y ella dijo: Una pequeña petición pretendo de ti; no me la
niegues. Y el rey le dijo: Pide, madre mía, que yo no te la negaré. 21 Y ella
dijo: Dese Abisag sunamita por mujer a tu hermano Adonías. 22 El rey Salomón
respondió y dijo a su madre: ¿Por qué pides a Abisag sunamita para Adonías?
Demanda también para él el reino; porque él es mi hermano mayor, y ya tiene
también al sacerdote Abiatar, y a Joab hijo de Sarvia. 23 Y el rey Salomón
juró por Jehová, diciendo: Así me haga Dios y aun me añada, que contra su vida
ha hablado Adonías estas palabras. 24 Ahora, pues, vive Jehová, quien me ha
confirmado y me ha puesto sobre el trono de David mi padre, y quien me ha
hecho casa, como me había dicho, que Adonías morirá hoy. 25 Entonces el rey
Salomón envió por mano de Benaía hijo de Joiada, el cual arremetió contra él,
y murió.
26 Y el rey dijo al sacerdote Abiatar: Vete a Anatot, a
tus heredades, pues eres digno de muerte; pero no te mataré hoy, por cuanto
has llevado el arca de Jehová el Señor delante de David mi padre, y además has
sido afligido en todas las cosas en que fue afligido mi padre. 27 Así echó
Salomón a Abiatar del sacerdocio de Jehová, para que se cumpliese la palabra
de Jehová que había dicho sobre la casa de Elí en Silo.
28 Y vino la noticia a Joab; porque también Joab se había
adherido a Adonías, si bien no se había adherido a Absalón. Y huyó Joab al
tabernáculo de Jehová, y se asió de los cuernos del altar. 29 Y se le hizo
saber a Salomón que Joab había huido al tabernáculo de Jehová, y que estaba
junto al altar. Entonces envió Salomón a Benaía hijo de Joiada, diciendo: Ve,
y arremete contra él. 30 Y entró Benaía al tabernáculo de Jehová, y le dijo:
El rey ha dicho que salgas. Y él dijo: No, sino que aquí moriré. Y Benaía
volvió con esta respuesta al rey, diciendo: Así dijo Joab, y así me respondió.
31 Y el rey le dijo: Haz como él ha dicho; mátale y entiérrale, y quita de mí
y de la casa de mi padre la sangre que Joab ha derramado injustamente. 32 Y
Jehová hará volver su sangre sobre su cabeza; porque él ha dado muerte a dos
varones más justos y mejores que él, a los cuales mató a espada sin que mi
padre David supiese nada: a Abner hijo de Ner, general del ejército de Israel,
y a Amasa hijo de Jeter, general del ejército de Judá. 33 La sangre, pues, de
ellos recaerá sobre la cabeza de Joab, y sobre la cabeza de su descendencia
para siempre; mas sobre David y sobre su descendencia, y sobre su casa y sobre
su trono, habrá perpetuamente paz de parte de Jehová. 34 Entonces Benaía hijo
de Joiada subió y arremetió contra él, y lo mató; y fue sepultado en su casa
en el desierto. 35 Y el rey puso en su lugar a Benaía hijo de Joiada sobre el
ejército, y a Sadoc puso el rey por sacerdote en lugar de Abiatar.
36 Después envió el rey e hizo venir a Simei, y le dijo:
Edifícate una casa en Jerusalén y mora ahí, y no salgas de allí a una parte ni
a otra; 37 porque sabe de cierto que el día que salieres y pasares el torrente
de Cedrón, sin duda morirás, y tu sangre será sobre tu cabeza. 38 Y Simei dijo
al rey: La palabra es buena; como el rey mi señor ha dicho, así lo hará tu
siervo. Y habitó Simei en Jerusalén muchos días.
39 Pero pasados tres años, aconteció que dos siervos de
Simei huyeron a Aquis hijo de Maaca, rey de Gat. Y dieron aviso a Simei,
diciendo: He aquí que tus siervos están en Gat. 40 Entonces Simei se levantó y
ensilló su asno y fue a Aquis en Gat, para buscar a sus siervos. Fue, pues,
Simei, y trajo sus siervos de Gat. 41 Luego fue dicho a Salomón que Simei
había ido de Jerusalén hasta Gat, y que había vuelto. 42 Entonces el rey envió
e hizo venir a Simei, y le dijo: ¿No te hice jurar yo por Jehová, y te
protesté diciendo: El día que salieres y fueres acá o allá, sabe de cierto que
morirás? Y tú me dijiste: La palabra es buena, yo la obedezco. 43 ¿Por qué,
pues, no guardaste el juramento de Jehová, y el mandamiento que yo te impuse?
44 Dijo además el rey a Simei: Tú sabes todo el mal, el cual tu corazón bien
sabe, que cometiste contra mi padre David; Jehová, pues, ha hecho volver el
mal sobre tu cabeza. 45 Y el rey Salomón será bendito, y el trono de David
será firme perpetuamente delante de Jehová. 46 Entonces el rey mandó a Benaía
hijo de Joiada, el cual salió y lo hirió, y murió.
Y el reino fue confirmado en la mano de Salomón.
Salomón se casa con la hija de Faraón
1 REYES 3
1 Salomón hizo parentesco con Faraón rey de Egipto, pues
tomó la hija de Faraón, y la trajo a la ciudad de David, entre tanto que
acababa de edificar su casa, y la casa de Jehová, y los muros de Jerusalén
alrededor. 2 Hasta entonces el pueblo sacrificaba en los lugares altos; porque
no había casa edificada al nombre de Jehová hasta aquellos tiempos.
Salomón pide sabiduría
(2 Cr. 1.1-13)
3 Mas Salomón amó a Jehová, andando en los estatutos de
su padre David; solamente sacrificaba y quemaba incienso en los lugares altos.
4 E iba el rey a Gabaón, porque aquél era el lugar alto principal, y
sacrificaba allí; mil holocaustos sacrificaba Salomón sobre aquel altar. 5 Y
se le apareció Jehová a Salomón en Gabaón una noche en sueños, y le dijo Dios:
Pide lo que quieras que yo te dé. 6 Y Salomón dijo: Tú hiciste gran
misericordia a tu siervo David mi padre, porque él anduvo delante de ti en
verdad, en justicia, y con rectitud de corazón para contigo; y tú le has
reservado esta tu gran misericordia, en que le diste hijo que se sentase en su
trono, como sucede en este día. 7 Ahora pues, Jehová Dios mío, tú me has
puesto a mí tu siervo por rey en lugar de David mi padre; y yo soy joven, y no
sé cómo entrar ni salir. 8 Y tu siervo está en medio de tu pueblo al cual tú
escogiste; un pueblo grande, que no se puede contar ni numerar por su
multitud. 9 Da, pues, a tu siervo corazón entendido para juzgar a tu pueblo, y
para discernir entre lo bueno y lo malo; porque ¿quién podrá gobernar este tu
pueblo tan grande?
10 Y agradó delante del Señor que Salomón pidiese esto.
11 Y le dijo Dios: Porque has demandado esto, y no pediste para ti muchos
días, ni pediste para ti riquezas, ni pediste la vida de tus enemigos, sino
que demandaste para ti inteligencia para oir juicio, 12 he aquí lo he hecho
conforme a tus palabras; he aquí que te he dado corazón sabio y entendido,
tanto que no ha habido antes de ti otro como tú, ni después de ti se levantará
otro como tú. 13 Y aun también te he dado las cosas que no pediste, riquezas y
gloria, de tal manera que entre los reyes ninguno haya como tú en todos tus
días. 14 Y si anduvieres en mis caminos, guardando mis estatutos y mis
mandamientos, como anduvo David tu padre, yo alargaré tus días.
15 Cuando Salomón despertó, vio que era sueño; y vino a
Jerusalén, y se presentó delante del arca del pacto de Jehová, y sacrificó
holocaustos y ofreció sacrificios de paz, e hizo también banquete a todos sus
siervos.
Sabiduría y prosperidad de Salomón
16 En aquel tiempo vinieron al rey dos mujeres rameras, y
se presentaron delante de él. 17 Y dijo una de ellas: ¡Ah, señor mío! Yo y
esta mujer morábamos en una misma casa, y yo di a luz estando con ella en la
casa. 18 Aconteció al tercer día después de dar yo a luz, que ésta dio a luz
también, y morábamos nosotras juntas; ninguno de fuera estaba en casa, sino
nosotras dos en la casa. 19 Y una noche el hijo de esta mujer murió, porque
ella se acostó sobre él. 20 Y se levantó a medianoche y tomó a mi hijo de
junto a mí, estando yo tu sierva durmiendo, y lo puso a su lado, y puso al
lado mío su hijo muerto. 21 Y cuando yo me levanté de madrugada para dar el
pecho a mi hijo, he aquí que estaba muerto; pero lo observé por la mañana, y
vi que no era mi hijo, el que yo había dado a luz. 22 Entonces la otra mujer
dijo: No; mi hijo es el que vive, y tu hijo es el muerto. Y la otra volvió a
decir: No; tu hijo es el muerto, y mi hijo es el que vive. Así hablaban
delante del rey.
23 El rey entonces dijo: Esta dice: Mi hijo es el que
vive, y tu hijo es el muerto; y la otra dice: No, mas el tuyo es el muerto, y
mi hijo es el que vive. 24 Y dijo el rey: Traedme una espada. Y trajeron al
rey una espada. 25 En seguida el rey dijo: Partid por medio al niño vivo, y
dad la mitad a la una, y la otra mitad a la otra. 26 Entonces la mujer de
quien era el hijo vivo, habló al rey (porque sus entrañas se le conmovieron
por su hijo), y dijo: ¡Ah, señor mío! dad a ésta el niño vivo, y no lo matéis.
Mas la otra dijo: Ni a mí ni a ti; partidlo. 27 Entonces el rey respondió y
dijo: Dad a aquélla el hijo vivo, y no lo matéis; ella es su madre. 28 Y todo
Israel oyó aquel juicio que había dado el rey; y temieron al rey, porque
vieron que había en él sabiduría de Dios para juzgar.
1 REYES 4
1 Reinó, pues, el rey Salomón sobre todo Israel. 2 Y
estos fueron los jefes que tuvo: Azarías hijo del sacerdote Sadoc; 3 Elihoref
y Ahías, hijos de Sisa, secretarios; Josafat hijo de Ahilud, canciller; 4
Benaía hijo de Joiada sobre el ejército; Sadoc y Abiatar, los sacerdotes; 5
Azarías hijo de Natán, sobre los gobernadores; Zabud hijo de Natán, ministro
principal y amigo del rey; 6 Ahisar, mayordomo; y Adoniram hijo de Abda, sobre
el tributo.
7 Tenía Salomón doce gobernadores sobre todo Israel, los
cuales mantenían al rey y a su casa. Cada uno de ellos estaba obligado a
abastecerlo por un mes en el año. 8 Y estos son los nombres de ellos: el hijo
de Hur en el monte de Efraín; 9 el hijo de Decar en Macaz, en Saalbim, en Bet-semes,
en Elón y en Bet-hanán; 10 el hijo de Hesed en Arubot; éste tenía también a
Soco y toda la tierra de Hefer; 11 el hijo de Abinadab en todos los
territorios de Dor; éste tenía por mujer a Tafat hija de Salomón; 12 Baana
hijo de Ahilud en Taanac y Meguido, en toda Bet-seán, que está cerca de
Saretán, más abajo de Jezreel, desde Bet-seán hasta Abel-mehola, y hasta el
otro lado de Jocmeam; 13 el hijo de Geber en Ramot de Galaad; éste tenía
también las ciudades de Jair hijo de Manasés, las cuales estaban en Galaad;
tenía también la provincia de Argob que estaba en Basán, sesenta grandes
ciudades con muro y cerraduras de bronce; 14 Ahinadab hijo de Iddo en Mahanaim;
15 Ahimaas en Neftalí; éste tomó también por mujer a Basemat hija de Salomón.
16 Baana hijo de Husai, en Aser y en Alot; 17 Josafat hijo de Parúa, en Isacar;
18 Simei hijo de Ela, en Benjamín; 19 Geber hijo de Uri, en la tierra de
Galaad, la tierra de Sehón rey de los amorreos y de Og rey de Basán; éste era
el único gobernador en aquella tierra.
20 Judá e Israel eran muchos, como la arena que está
junto al mar en multitud, comiendo, bebiendo y alegrándose. 21 Y Salomón
señoreaba sobre todos los reinos desde el Eufrates hasta la tierra de los
filisteos y el límite con Egipto; y traían presentes, y sirvieron a Salomón
todos los días que vivió.
22 Y la provisión de Salomón para cada día era de treinta
coros de flor de harina, sesenta coros de harina, 23 diez bueyes gordos,
veinte bueyes de pasto y cien ovejas; sin los ciervos, gacelas, corzos y aves
gordas. 24 Porque él señoreaba en toda la región al oeste del Eufrates, desde
Tifsa hasta Gaza, sobre todos los reyes al oeste del Eufrates; y tuvo paz por
todos lados alrededor. 25 Y Judá e Israel vivían seguros, cada uno debajo de
su parra y debajo de su higuera, desde Dan hasta Beerseba, todos los días de
Salomón. 26 Además de esto, Salomón tenía cuarenta mil caballos en sus
caballerizas para sus carros, y doce mil jinetes. 27 Y estos gobernadores
mantenían al rey Salomón, y a todos los que a la mesa del rey Salomón venían,
cada uno un mes, y hacían que nada faltase. 28 Hacían también traer cebada y
paja para los caballos y para las bestias de carga, al lugar donde él estaba,
cada uno conforme al turno que tenía.
29 Y Dios dio a Salomón sabiduría y prudencia muy
grandes, y anchura de corazón como la arena que está a la orilla del mar. 30
Era mayor la sabiduría de Salomón que la de todos los orientales, y que toda
la sabiduría de los egipcios. 31 Aun fue más sabio que todos los hombres, más
que Etán ezraíta, y que Hemán, Calcol y Darda, hijos de Mahol; y fue conocido
entre todas las naciones de alrededor. 32 Y compuso tres mil proverbios, y sus
cantares fueron mil cinco. 33 También disertó sobre los árboles, desde el
cedro del Líbano hasta el hisopo que nace en la pared. Asimismo disertó sobre
los animales, sobre las aves, sobre los reptiles y sobre los peces. 34 Y para
oír la sabiduría de Salomón venían de todos los pueblos y de todos los reyes
de la tierra, adonde había llegado la fama de su sabiduría.
Pacto de Salomón con Hiram
(2 Cr. 2.1-18)
1 REYES 5
1 Hiram rey de Tiro envió también sus siervos a Salomón,
luego que oyó que lo habían ungido por rey en lugar de su padre; porque Hiram
siempre había amado a David. 2 Entonces Salomón envió a decir a Hiram: 3 Tú
sabes que mi padre David no pudo edificar casa al nombre de Jehová su Dios,
por las guerras que le rodearon, hasta que Jehová puso sus enemigos bajo las
plantas de sus pies. 4 Ahora Jehová mi Dios me ha dado paz por todas partes;
pues ni hay adversarios, ni mal que temer. 5 Yo, por tanto, he determinado
ahora edificar casa al nombre de Jehová mi Dios, según lo que Jehová habló a
David mi padre, diciendo: Tu hijo, a quien yo pondré en lugar tuyo en tu
trono, él edificará casa a mi nombre. 6 Manda, pues, ahora, que me corten
cedros del Líbano; y mis siervos estarán con los tuyos, y yo te daré por tus
siervos el salario que tú dijeres; porque tú sabes bien que ninguno hay entre
nosotros que sepa labrar madera como los sidonios.
7 Cuando Hiram oyó las palabras de Salomón, se alegró en
gran manera, y dijo: Bendito sea hoy Jehová, que dio hijo sabio a David sobre
este pueblo tan grande. 8 Y envió Hiram a decir a Salomón: He oído lo que me
mandaste a decir; yo haré todo lo que te plazca acerca de la madera de cedro y
la madera de ciprés. 9 Mis siervos la llevarán desde el Líbano al mar, y la
enviaré en balsas por mar hasta el lugar que tú me señales, y allí se
desatará, y tú la tomarás; y tú cumplirás mi deseo al dar de comer a mi
familia. 10 Dio, pues, Hiram a Salomón madera de cedro y madera de ciprés,
toda la que quiso. 11 Y Salomón daba a Hiram veinte mil coros de trigo para el
sustento de su familia, y veinte coros de aceite puro; esto daba Salomón a
Hiram cada año. 12 Jehová, pues, dio a Salomón sabiduría como le había dicho;
y hubo paz entre Hiram y Salomón, e hicieron pacto entre ambos.
13 Y el rey Salomón decretó leva en todo Israel, y la
leva fue de treinta mil hombres, 14 los cuales enviaba al Líbano de diez mil
en diez mil, cada mes por turno, viniendo así a estar un mes en el Líbano, y
dos meses en sus casas; y Adoniram estaba encargado de aquella leva. 15 Tenía
también Salomón setenta mil que llevaban las cargas, y ochenta mil cortadores
en el monte; 16 sin los principales oficiales de Salomón que estaban sobre la
obra, tres mil trescientos, los cuales tenían a cargo el pueblo que hacía la
obra. 17 Y mandó el rey que trajesen piedras grandes, piedras costosas, para
los cimientos de la casa, y piedras labradas. 18 Y los albañiles de Salomón y
los de Hiram, y los hombres de Gebal, cortaron y prepararon la madera y la
cantería para labrar la casa.
Salomón edifica el templo
(2 Cr. 3. 1-14)
1 REYES 6
1 En el año cuatrocientos ochenta después que los hijos
de Israel salieron de Egipto, el cuarto año del principio del reino de Salomón
sobre Israel, en el mes de Zif, que es el mes segundo, comenzó él a edificar
la casa de Jehová. 2 La casa que el rey Salomón edificó a Jehová tenía sesenta
codos de largo y veinte de ancho, y treinta codos de alto. 3 Y el pórtico
delante del templo de la casa tenía veinte codos de largo a lo ancho de la
casa, y el ancho delante de la casa era de diez codos. 4 E hizo a la casa
ventanas anchas por dentro y estrechas por fuera. 5 Edificó también junto al
muro de la casa aposentos alrededor, contra las paredes de la casa alrededor
del templo y del lugar santísimo; e hizo cámaras laterales alrededor. 6 El
aposento de abajo era de cinco codos de ancho, el de en medio de seis codos de
ancho, y el tercero de siete codos de ancho; porque por fuera había hecho
disminuciones a la casa alrededor, para no empotrar las vigas en las paredes
de la casa.
7 Y cuando se edificó la casa, la fabricaron de piedras
que traían ya acabadas, de tal manera que cuando la edificaban, ni martillos
ni hachas se oyeron en la casa, ni ningún otro instrumento de hierro.
8 La puerta del aposento de en medio estaba al lado
derecho de la casa; y se subía por una escalera de caracol al de en medio, y
del aposento de en medio al tercero. 9 Labró, pues, la casa, y la terminó; y
la cubrió con artesonados de cedro. 10 Edificó asimismo el aposento alrededor
de toda la casa, de altura de cinco codos, el cual se apoyaba en la casa con
maderas de cedro.
11 Y vino palabra de Jehová a Salomón, diciendo: 12 Con
relación a esta casa que tú edificas, si anduvieres en mis estatutos e
hicieres mis decretos, y guardares todos mis mandamientos andando en ellos, yo
cumpliré contigo mi palabra que hablé a David tu padre; 13 y habitaré en ella
en medio de los hijos de Israel, y no dejaré a mi pueblo Israel.
14 Así, pues, Salomón labró la casa y la terminó. 15 Y
cubrió las paredes de la casa con tablas de cedro, revistiéndola de madera por
dentro, desde el suelo de la casa hasta las vigas de la techumbre; cubrió
también el pavimento con madera de ciprés. 16 Asimismo hizo al final de la
casa un edificio de veinte codos, de tablas de cedro desde el suelo hasta lo
más alto; así hizo en la casa un aposento que es el lugar santísimo. 17 La
casa, esto es, el templo de adelante, tenía cuarenta codos. 18 Y la casa
estaba cubierta de cedro por dentro, y tenía entalladuras de calabazas
silvestres y de botones de flores. Todo era cedro; ninguna piedra se veía. 19
Y adornó el lugar santísimo por dentro en medio de la casa, para poner allí el
arca del pacto de Jehová. 20 El lugar santísimo estaba en la parte de adentro,
el cual tenía veinte codos de largo, veinte de ancho, y veinte de altura; y lo
cubrió de oro purísimo; asimismo cubrió de oro el altar de cedro. 21 De manera
que Salomón cubrió de oro puro la casa por dentro, y cerró la entrada del
santuario con cadenas de oro, y lo cubrió de oro. 22 Cubrió, pues, de oro toda
la casa de arriba abajo, y asimismo cubrió de oro todo el altar que estaba
frente al lugar santísimo.
23 Hizo también en el lugar santísimo dos querubines de
madera de olivo, cada uno de diez codos de altura. 24 Una ala del querubín
tenía cinco codos, y la otra ala del querubín otros cinco codos; así que había
diez codos desde la punta de una ala hasta la punta de la otra. 25 Asimismo el
otro querubín tenía diez codos; porque ambos querubines eran de un mismo
tamaño y de una misma hechura. 26 La altura del uno era de diez codos, y
asimismo la del otro. 27 Puso estos querubines dentro de la casa en el lugar
santísimo, los cuales extendían sus alas, de modo que el ala de uno tocaba una
pared, y el ala del otro tocaba la otra pared, y las otras dos alas se tocaban
la una a la otra en medio de la casa. 28 Y cubrió de oro los querubines.
29 Y esculpió todas las paredes de la casa alrededor de
diversas figuras, de querubines, de palmeras y de botones de flores, por
dentro y por fuera. 30 Y cubrió de oro el piso de la casa, por dentro y por
fuera.
31 A la entrada del santuario hizo puertas de madera de
olivo; y el umbral y los postes eran de cinco esquinas. 32 Las dos puertas
eran de madera de olivo; y talló en ellas figuras de querubines, de palmeras y
de botones de flores, y las cubrió de oro; cubrió también de oro los
querubines y las palmeras.
33 Igualmente hizo a la puerta del templo postes
cuadrados de madera de olivo. 34 Pero las dos puertas eran de madera de
ciprés; y las dos hojas de una puerta giraban, y las otras dos hojas de la
otra puerta también giraban. 35 Y talló en ellas querubines y palmeras y
botones de flores, y las cubrió de oro ajustado a las talladuras. 36 Y edificó
el atrio interior de tres hileras de piedras labradas, y de una hilera de
vigas de cedro.
37 En el cuarto año, en el mes de Zif, se echaron los
cimientos de la casa de Jehová. 38 Y en el undécimo año, en el mes de Bul, que
es el mes octavo, fue acabada la casa con todas sus dependencias, y con todo
lo necesario. La edificó, pues, en siete años.
Otros edificios de Salomón
1 REYES 7
1 Después edificó Salomón su propia casa en trece años, y
la terminó toda.
2 Asimismo edificó la casa del bosque del Líbano, la cual
tenía cien codos de longitud, cincuenta codos de anchura y treinta codos de
altura, sobre cuatro hileras de columnas de cedro, con vigas de cedro sobre
las columnas. 3 Y estaba cubierta de tablas de cedro arriba sobre las vigas,
que se apoyaban en cuarenta y cinco columnas; cada hilera tenía quince
columnas. 4 Y había tres hileras de ventanas, una ventana contra la otra en
tres hileras. 5 Todas las puertas y los postes eran cuadrados; y unas ventanas
estaban frente a las otras en tres hileras.
6 También hizo un pórtico de columnas, que tenía
cincuenta codos de largo y treinta codos de ancho; y este pórtico estaba
delante de las primeras, con sus columnas y maderos correspondientes.
7 Hizo asimismo el pórtico del trono en que había de
juzgar, el pórtico del juicio, y lo cubrió de cedro del suelo al techo.
8 Y la casa en que él moraba, en otro atrio dentro del
pórtico, era de obra semejante a ésta. Edificó también Salomón para la hija de
Faraón, que había tomado por mujer, una casa de hechura semejante a la del
pórtico.
9 Todas aquellas obras fueron de piedras costosas,
cortadas y ajustadas con sierras según las medidas, así por dentro como por
fuera, desde el cimiento hasta los remates, y asimismo por fuera hasta el gran
atrio. 10 El cimiento era de piedras costosas, piedras grandes, piedras de
diez codos y piedras de ocho codos. 11 De allí hacia arriba eran también
piedras costosas, labradas conforme a sus medidas, y madera de cedro. 12 Y en
el gran atrio alrededor había tres hileras de piedras labradas, y una hilera
de vigas de cedro; y así también el atrio interior de la casa de Jehová, y el
atrio de la casa.
Salomón emplea a Hiram, de Tiro
(2 Cr. 2. 13-14; 3. 15-17)
13 Y envió el rey Salomón, e hizo venir de Tiro a Hiram,
14 hijo de una viuda de la tribu de Neftalí. Su padre, que trabajaba en
bronce, era de Tiro; e Hiram era lleno de sabiduría, inteligencia y ciencia en
toda obra de bronce. Este, pues, vino al rey Salomón, e hizo toda su obra.
15 Y vació dos columnas de bronce; la altura de cada una
era de dieciocho codos, y rodeaba a una y otra un hilo de doce codos. 16 Hizo
también dos capiteles de fundición de bronce, para que fuesen puestos sobre
las cabezas de las columnas; la altura de un capitel era de cinco codos, y la
del otro capitel también de cinco codos. 17 Había trenzas a manera de red, y
unos cordones a manera de cadenas, para los capiteles que se habían de poner
sobre las cabezas de las columnas; siete para cada capitel. 18 Hizo también
dos hileras de granadas alrededor de la red, para cubrir los capiteles que
estaban en las cabezas de las columnas con las granadas; y de la misma forma
hizo en el otro capitel. 19 Los capiteles que estaban sobre las columnas en el
pórtico, tenían forma de lirios, y eran de cuatro codos. 20 Tenían también los
capiteles de las dos columnas, doscientas granadas en dos hileras alrededor en
cada capitel, encima de su globo, el cual estaba rodeado por la red. 21 Estas
columnas erigió en el pórtico del templo; y cuando hubo alzado la columna del
lado derecho, le puso por nombre Jaquín, y alzando la columna del lado
izquierdo, llamó su nombre Boaz. 22 Y puso en las cabezas de las columnas
tallado en forma de lirios, y así se acabó la obra de las columnas.
Mobiliario del templo
(2 Cr. 4. 1-5. 1)
23 Hizo fundir asimismo un mar de diez codos de un lado
al otro, perfectamente redondo; su altura era de cinco codos, y lo ceñía
alrededor un cordón de treinta codos. 24 Y rodeaban aquel mar por debajo de su
borde alrededor unas bolas como calabazas, diez en cada codo, que ceñían el
mar alrededor en dos filas, las cuales habían sido fundidas cuando el mar fue
fundido. 25 Y descansaba sobre doce bueyes; tres miraban al norte, tres
miraban al occidente, tres miraban al sur, y tres miraban al oriente; sobre
estos se apoyaba el mar, y las ancas de ellos estaban hacia la parte de
adentro. 26 El grueso del mar era de un palmo menor, y el borde era labrado
como el borde de un cáliz o de flor de lis; y cabían en él dos mil batos.
27 Hizo también diez basas de bronce, siendo la longitud
de cada basa de cuatro codos, y la anchura de cuatro codos, y de tres codos la
altura. 28 La obra de las basas era esta: tenían unos tableros, los cuales
estaban entre molduras; 29 y sobre aquellos tableros que estaban entre las
molduras, había figuras de leones, de bueyes y de querubines; y sobre las
molduras de la basa, así encima como debajo de los leones y de los bueyes,
había unas añadiduras de bajo relieve. 30 Cada basa tenía cuatro ruedas de
bronce, con ejes de bronce, y en sus cuatro esquinas había repisas de
fundición que sobresalían de los festones, para venir a quedar debajo de la
fuente. 31 Y la boca de la fuente entraba un codo en el remate que salía para
arriba de la basa; y la boca era redonda, de la misma hechura del remate, y
éste de codo y medio. Había también sobre la boca entalladuras con sus
tableros, los cuales eran cuadrados, no redondos. 32 Las cuatro ruedas estaban
debajo de los tableros, y los ejes de las ruedas nacían en la misma basa. La
altura de cada rueda era de un codo y medio. 33 Y la forma de las ruedas era
como la de las ruedas de un carro; sus ejes, sus rayos, sus cubos y sus
cinchos, todo era de fundición. 34 Asimismo las cuatro repisas de las cuatro
esquinas de cada basa; y las repisas eran parte de la misma basa. 35 Y en lo
alto de la basa había una pieza redonda de medio codo de altura, y encima de
la basa sus molduras y tableros, los cuales salían de ella misma. 36 E hizo en
las tablas de las molduras, y en los tableros, entalladuras de querubines, de
leones y de palmeras, con proporción en el espacio de cada una, y alrededor
otros adornos. 37 De esta forma hizo diez basas, fundidas de una misma manera,
de una misma medida y de una misma entalladura.
38 Hizo también diez fuentes de bronce; cada fuente
contenía cuarenta batos, y cada una era de cuatro codos; y colocó una fuente
sobre cada una de las diez basas. 39 Y puso cinco basas a la mano derecha de
la casa, y las otras cinco a la mano izquierda; y colocó el mar al lado
derecho de la casa, al oriente, hacia el sur.
40 Asimismo hizo Hiram fuentes, y tenazas, y cuencos. Así
terminó toda la obra que hizo a Salomón para la casa de Jehová: 41 dos
columnas, y los capiteles redondos que estaban en lo alto de las dos columnas;
y dos redes que cubrían los dos capiteles redondos que estaban sobre la cabeza
de las columnas; 42 cuatrocientas granadas para las dos redes, dos hileras de
granadas en cada red, para cubrir los dos capiteles redondos que estaban sobre
las cabezas de las columnas; 43 las diez basas, y las diez fuentes sobre las
basas; 44 un mar, con doce bueyes debajo del mar; 45 y calderos, paletas,
cuencos, y todos los utensilios que Hiram hizo al rey Salomón, para la casa de
Jehová, de bronce bruñido. 46 Todo lo hizo fundir el rey en la llanura del
Jordán, en tierra arcillosa, entre Sucot y Saretán. 47 Y no inquirió Salomón
el peso del bronce de todos los utensilios, por la gran cantidad de ellos.
48 Entonces hizo Salomón todos los enseres que
pertenecían a la casa de Jehová: un altar de oro, y una mesa también de oro,
sobre la cual estaban los panes de la proposición; 49 cinco candeleros de oro
purísimo a la mano derecha, y otros cinco a la izquierda, frente al lugar
santísimo; con las flores, las lámparas y tenazas de oro. 50 Asimismo los
cántaros, despabiladeras, tazas, cucharillas e incensarios, de oro purísimo;
también de oro los quiciales de las puertas de la casa de adentro, del lugar
santísimo, y los de las puertas del templo.
51 Así se terminó toda la obra que dispuso hacer el rey
Salomón para la casa de Jehová. Y metió Salomón lo que David su padre había
dedicado, plata, oro y utensilios; y depositó todo en las tesorerías de la
casa de Jehová.
Salomón traslada el arca al templo
(2 Cr. 5.2-14)
1 REYES 8
1 Entonces Salomón reunió ante sí en Jerusalén a los
ancianos de Israel, a todos los jefes de las tribus, y a los principales de
las familias de los hijos de Israel, para traer el arca del pacto de Jehová de
la ciudad de David, la cual es Sion. 2 Y se reunieron con el rey Salomón todos
los varones de Israel en el mes de Etanim, que es el mes séptimo, en el día de
la fiesta solemne. 3 Y vinieron todos los ancianos de Israel, y los sacerdotes
tomaron el arca. 4 Y llevaron el arca de Jehová, y el tabernáculo de reunión,
y todos los utensilios sagrados que estaban en el tabernáculo, los cuales
llevaban los sacerdotes y levitas. 5 Y el rey Salomón, y toda la congregación
de Israel que se había reunido con él, estaban con él delante del arca,
sacrificando ovejas y bueyes, que por la multitud no se podían contar ni
numerar. 6 Y los sacerdotes metieron el arca del pacto de Jehová en su lugar,
en el santuario de la casa, en el lugar santísimo, debajo de las alas de los
querubines. 7 Porque los querubines tenían extendidas las alas sobre el lugar
del arca, y así cubrían los querubines el arca y sus varas por encima. 8 Y
sacaron las varas, de manera que sus extremos se dejaban ver desde el lugar
santo, que está delante del lugar santísimo, pero no se dejaban ver desde más
afuera; y así quedaron hasta hoy. 9 En el arca ninguna cosa había sino las dos
tablas de piedra que allí había puesto Moisés en Horeb, donde Jehová hizo
pacto con los hijos de Israel, cuando salieron de la tierra de Egipto. 10 Y
cuando los sacerdotes salieron del santuario, la nube llenó la casa de Jehová.
11 Y los sacerdotes no pudieron permanecer para ministrar por causa de la
nube; porque la gloria de Jehová había llenado la casa de Jehová.
Dedicación del templo
(2 Cr. 6.1-7.10)
12 Entonces dijo Salomón: Jehová ha dicho que él
habitaría en la oscuridad. 13 Yo he edificado casa por morada para ti, sitio
en que tú habites para siempre. 14 Y volviendo el rey su rostro, bendijo a
toda la congregación de Israel; y toda la congregación de Israel estaba de
pie. 15 Y dijo: Bendito sea Jehová, Dios de Israel, que habló a David mi padre
lo que con su mano ha cumplido, diciendo: 16 Desde el día que saqué de Egipto
a mi pueblo Israel, no he escogido ciudad de todas las tribus de Israel para
edificar casa en la cual estuviese mi nombre, aunque escogí a David para que
presidiese en mi pueblo Israel. 17 Y David mi padre tuvo en su corazón
edificar casa al nombre de Jehová Dios de Israel. 18 Pero Jehová dijo a David
mi padre: Cuanto a haber tenido en tu corazón edificar casa a mi nombre, bien
has hecho en tener tal deseo. 19 Pero tú no edificarás la casa, sino tu hijo
que saldrá de tus lomos, él edificará casa a mi nombre. 20 Y Jehová ha
cumplido su palabra que había dicho; porque yo me he levantado en lugar de
David mi padre, y me he sentado en el trono de Israel, como Jehová había
dicho, y he edificado la casa al nombre de Jehová Dios de Israel. 21 Y he
puesto en ella lugar para el arca, en la cual está el pacto de Jehová que él
hizo con nuestros padres cuando los sacó de la tierra de Egipto.
22 Luego se puso Salomón delante del altar de Jehová, en
presencia de toda la congregación de Israel, y extendiendo sus manos al cielo,
23 dijo: Jehová Dios de Israel, no hay Dios como tú, ni arriba en los cielos
ni abajo en la tierra, que guardas el pacto y la misericordia a tus siervos,
los que andan delante de ti con todo su corazón; 24 que has cumplido a tu
siervo David mi padre lo que le prometiste; lo dijiste con tu boca, y con tu
mano lo has cumplido, como sucede en este día. 25 Ahora, pues, Jehová Dios de
Israel, cumple a tu siervo David mi padre lo que le prometiste, diciendo: No
te faltará varón delante de mí, que se siente en el trono de Israel, con tal
que tus hijos guarden mi camino y anden delante de mí como tú has andado
delante de mí. 26 Ahora, pues, oh Jehová Dios de Israel, cúmplase la palabra
que dijiste a tu siervo David mi padre.
27 Pero ¿es verdad que Dios morará sobre la tierra? He
aquí que los cielos, los cielos de los cielos, no te pueden contener; ¿cuánto
menos esta casa que yo he edificado? 28 Con todo, tú atenderás a la oración de
tu siervo, y a su plegaria, oh Jehová Dios mío, oyendo el clamor y la oración
que tu siervo hace hoy delante de ti; 29 que estén tus ojos abiertos de noche
y de día sobre esta casa, sobre este lugar del cual has dicho: Mi nombre
estará allí; y que oigas la oración que tu siervo haga en este lugar. 30 Oye,
pues, la oración de tu siervo, y de tu pueblo Israel; cuando oren en este
lugar, también tú lo oirás en el lugar de tu morada, en los cielos; escucha y
perdona.
31 Si alguno pecare contra su prójimo, y le tomaren
juramento haciéndole jurar, y viniere el juramento delante de tu altar en esta
casa; 32 tú oirás desde el cielo y actuarás, y juzgarás a tus siervos,
condenando al impío y haciendo recaer su proceder sobre su cabeza, y
justificando al justo para darle conforme a su justicia.
33 Si tu pueblo Israel fuere derrotado delante de sus
enemigos por haber pecado contra ti, y se volvieren a ti y confesaren tu
nombre, y oraren y te rogaren y suplicaren en esta casa, 34 tú oirás en los
cielos, y perdonarás el pecado de tu pueblo Israel, y los volverás a la tierra
que diste a sus padres.
35 Si el cielo se cerrare y no lloviere, por haber ellos
pecado contra ti, y te rogaren en este lugar y confesaren tu nombre, y se
volvieren del pecado, cuando los afligieres, 36 tú oirás en los cielos, y
perdonarás el pecado de tus siervos y de tu pueblo Israel, enseñándoles el
buen camino en que anden; y darás lluvias sobre tu tierra, la cual diste a tu
pueblo por heredad.
37 Si en la tierra hubiere hambre, pestilencia,
tizoncillo, añublo, langosta o pulgón; si sus enemigos los sitiaren en la
tierra en donde habiten; cualquier plaga o enfermedad que sea; 38 toda oración
y toda súplica que hiciere cualquier hombre, o todo tu pueblo Israel, cuando
cualquiera sintiere la plaga en su corazón, y extendiere sus manos a esta
casa, 39 tú oirás en los cielos, en el lugar de tu morada, y perdonarás, y
actuarás, y darás a cada uno conforme a sus caminos, cuyo corazón tú conoces
(porque sólo tú conoces el corazón de todos los hijos de los hombres); 40 para
que te teman todos los días que vivan sobre la faz de la tierra que tú diste a
nuestros padres.
41 Asimismo el extranjero, que no es de tu pueblo Israel,
que viniere de lejanas tierras a causa de tu nombre 42 (pues oirán de tu gran
nombre, de tu mano fuerte y de tu brazo extendido), y viniere a orar a esta
casa, 43 tú oirás en los cielos, en el lugar de tu morada, y harás conforme a
todo aquello por lo cual el extranjero hubiere clamado a ti, para que todos
los pueblos de la tierra conozcan tu nombre y te teman, como tu pueblo Israel,
y entiendan que tu nombre es invocado sobre esta casa que yo edifiqué.
44 Si tu pueblo saliere en batalla contra sus enemigos
por el camino que tú les mandes, y oraren a Jehová con el rostro hacia la
ciudad que tú elegiste, y hacia la casa que yo edifiqué a tu nombre, 45 tú
oirás en los cielos su oración y su súplica, y les harás justicia.
46 Si pecaren contra ti (porque no hay hombre que no
peque), y estuvieres airado contra ellos, y los entregares delante del
enemigo, para que los cautive y lleve a tierra enemiga, sea lejos o cerca, 47
y ellos volvieren en sí en la tierra donde fueren cautivos; si se
convirtieren, y oraren a ti en la tierra de los que los cautivaron, y dijeren:
Pecamos, hemos hecho lo malo, hemos cometido impiedad; 48 y si se convirtieren
a ti de todo su corazón y de toda su alma, en la tierra de sus enemigos que
los hubieren llevado cautivos, y oraren a ti con el rostro hacia su tierra que
tú diste a sus padres, y hacia la ciudad que tú elegiste y la casa que yo he
edificado a tu nombre, 49 tú oirás en los cielos, en el lugar de tu morada, su
oración y su súplica, y les harás justicia. 50 Y perdonarás a tu pueblo que
había pecado contra ti, y todas sus infracciones con que se hayan rebelado
contra ti, y harás que tengan de ellos misericordia los que los hubieren
llevado cautivos; 51 porque ellos son tu pueblo y tu heredad, el cual tú
sacaste de Egipto, de en medio del horno de hierro. 52 Estén, pues, atentos
tus ojos a la oración de tu siervo y a la plegaria de tu pueblo Israel, para
oírlos en todo aquello por lo cual te invocaren; 53 porque tú los apartaste
para ti como heredad tuya de entre todos los pueblos de la tierra, como lo
dijiste por medio de Moisés tu siervo, cuando sacaste a nuestros padres de
Egipto, oh Señor Jehová.
54 Cuando acabó Salomón de hacer a Jehová toda esta
oración y súplica, se levantó de estar de rodillas delante del altar de Jehová
con sus manos extendidas al cielo; 55 y puesto en pie, bendijo a toda la
congregación de Israel, diciendo en voz alta: 56 Bendito sea Jehová, que ha
dado paz a su pueblo Israel, conforme a todo lo que él había dicho; ninguna
palabra de todas sus promesas que expresó por Moisés su siervo, ha faltado. 57
Esté con nosotros Jehová nuestro Dios, como estuvo con nuestros padres, y no
nos desampare ni nos deje. 58 Incline nuestro corazón hacia él, para que
andemos en todos sus caminos, y guardemos sus mandamientos y sus estatutos y
sus decretos, los cuales mandó a nuestros padres. 59 Y estas mis palabras con
que he orado delante de Jehová, estén cerca de Jehová nuestro Dios de día y de
noche, para que él proteja la causa de su siervo y de su pueblo Israel, cada
cosa en su tiempo; 60 a fin de que todos los pueblos de la tierra sepan que
Jehová es Dios, y que no hay otro. 61 Sea, pues, perfecto vuestro corazón para
con Jehová nuestro Dios, andando en sus estatutos y guardando sus
mandamientos, como en el día de hoy.
62 Entonces el rey, y todo Israel con él, sacrificaron
víctimas delante de Jehová. 63 Y ofreció Salomón sacrificios de paz, los
cuales ofreció a Jehová: veintidós mil bueyes y ciento veinte mil ovejas. Así
dedicaron el rey y todos los hijos de Israel la casa de Jehová. 64 Aquel mismo
día santificó el rey el medio del atrio, el cual estaba delante de la casa de
Jehová; porque ofreció allí los holocaustos, las ofrendas y la grosura de los
sacrificios de paz, por cuanto el altar de bronce que estaba delante de Jehová
era pequeño, y no cabían en él los holocaustos, las ofrendas y la grosura de
los sacrificios de paz.
65 En aquel tiempo Salomón hizo fiesta, y con él todo
Israel, una gran congregación, desde donde entran en Hamat hasta el río de
Egipto, delante de Jehová nuestro Dios, por siete días y aun por otros siete
días, esto es, por catorce días. 66 Y al octavo día despidió al pueblo; y
ellos, bendiciendo al rey, se fueron a sus moradas alegres y gozosos de
corazón, por todos los beneficios que Jehová había hecho a David su siervo y a
su pueblo Israel.
Pacto de Dios con Salomón
(2 Cr. 7. 11-22)
1 REYES 9
1 Cuando Salomón hubo acabado la obra de la casa de
Jehová, y la casa real, y todo lo que Salomón quiso hacer, 2 Jehová apareció a
Salomón la segunda vez, como le había aparecido en Gabaón. 3 Y le dijo Jehová:
Yo he oído tu oración y tu ruego que has hecho en mi presencia. Yo he
santificado esta casa que tú has edificado, para poner mi nombre en ella para
siempre; y en ella estarán mis ojos y mi corazón todos los días. 4 Y si tú
anduvieres delante de mí como anduvo David tu padre, en integridad de corazón
y en equidad, haciendo todas las cosas que yo te he mandado, y guardando mis
estatutos y mis decretos, 5 yo afirmaré el trono de tu reino sobre Israel para
siempre, como hablé a David tu padre, diciendo: No faltará varón de tu
descendencia en el trono de Israel. 6 Mas si obstinadamente os apartareis de
mí vosotros y vuestros hijos, y no guardareis mis mandamientos y mis estatutos
que yo he puesto delante de vosotros, sino que fuereis y sirviereis a dioses
ajenos, y los adorareis; 7 yo cortaré a Israel de sobre la faz de la tierra
que les he entregado; y esta casa que he santificado a mi nombre, yo la echaré
de delante de mí, e Israel será por proverbio y refrán a todos los pueblos; 8
y esta casa, que estaba en estima, cualquiera que pase por ella se asombrará,
y se burlará, y dirá: ¿Por qué ha hecho así Jehová a esta tierra y a esta
casa? 9 Y dirán: Por cuanto dejaron a Jehová su Dios, que había sacado a sus
padres de tierra de Egipto, y echaron mano a dioses ajenos, y los adoraron y
los sirvieron; por eso ha traído Jehová sobre ellos todo este mal.
Otras actividades de Salomón
(2 Cr. 8. 1-18)
10 Aconteció al cabo de veinte años, cuando Salomón ya
había edificado las dos casas, la casa de Jehová y la casa real, 11 para las
cuales Hiram rey de Tiro había traído a Salomón madera de cedro y de ciprés, y
cuanto oro quiso, que el rey Salomón dio a Hiram veinte ciudades en tierra de
Galilea. 12 Y salió Hiram de Tiro para ver las ciudades que Salomón le había
dado, y no le gustaron. 13 Y dijo: ¿Qué ciudades son estas que me has dado,
hermano? Y les puso por nombre, la tierra de Cabul, nombre que tiene hasta
hoy. 14 E Hiram había enviado al rey ciento veinte talentos de oro.
15 Esta es la razón de la leva que el rey Salomón impuso
para edificar la casa de Jehová, y su propia casa, y Milo, y el muro de
Jerusalén, y Hazor, Meguido y Gezer: 16 Faraón el rey de Egipto había subido y
tomado a Gezer, y la quemó, y dio muerte a los cananeos que habitaban la
ciudad, y la dio en dote a su hija la mujer de Salomón. 17 Restauró, pues,
Salomón a Gezer y a la baja Bet-horón, 18 a Baalat, y a Tadmor en tierra del
desierto; 19 asimismo todas las ciudades donde Salomón tenía provisiones, y
las ciudades de los carros, y las ciudades de la gente de a caballo, y todo lo
que Salomón quiso edificar en Jerusalén, en el Líbano, y en toda la tierra de
su señorío. 20 A todos los pueblos que quedaron de los amorreos, heteos,
ferezeos, heveos y jebuseos, que no eran de los hijos de Israel; 21 a sus
hijos que quedaron en la tierra después de ellos, que los hijos de Israel no
pudieron acabar, hizo Salomón que sirviesen con tributo hasta hoy. 22 Mas a
ninguno de los hijos de Israel impuso Salomón servicio, sino que eran hombres
de guerra, o sus criados, sus príncipes, sus capitanes, comandantes de sus
carros, o su gente de a caballo.
23 Y los que Salomón había hecho jefes y vigilantes sobre
las obras eran quinientos cincuenta, los cuales estaban sobre el pueblo que
trabajaba en aquella obra.
24 Y subió la hija de Faraón de la ciudad de David a su
casa que Salomón le había edificado; entonces edificó él a Milo.
25 Y ofrecía Salomón tres veces cada año holocaustos y
sacrificios de paz sobre el altar que él edificó a Jehová, y quemaba incienso
sobre el que estaba delante de Jehová, después que la casa fue terminada.
26 Hizo también el rey Salomón naves en Ezión-geber, que
está junto a Elot en la ribera del Mar Rojo, en la tierra de Edom. 27 Y envió
Hiram en ellas a sus siervos, marineros y diestros en el mar, con los siervos
de Salomón, 28 los cuales fueron a Ofir y tomaron de allí oro, cuatrocientos
veinte talentos, y lo trajeron al rey Salomón.
La reina de Sabá visita a Salomón
(2 Cr. 9. 1-12)
1 REYES 10
1 Oyendo la reina de Sabá la fama que Salomón había
alcanzado por el nombre de Jehová, vino a probarle con preguntas difíciles. 2
Y vino a Jerusalén con un séquito muy grande, con camellos cargados de
especias, y oro en gran abundancia, y piedras preciosas; y cuando vino a
Salomón, le expuso todo lo que en su corazón tenía. 3 Y Salomón le contestó
todas sus preguntas, y nada hubo que el rey no le contestase. 4 Y cuando la
reina de Sabá vio toda la sabiduría de Salomón, y la casa que había edificado,
5 asimismo la comida de su mesa, las habitaciones de sus oficiales, el estado
y los vestidos de los que le servían, sus maestresalas, y sus holocaustos que
ofrecía en la casa de Jehová, se quedó asombrada.
6 Y dijo al rey: Verdad es lo que oí en mi tierra de tus
cosas y de tu sabiduría; 7 pero yo no lo creía, hasta que he venido, y mis
ojos han visto que ni aun se me dijo la mitad; es mayor tu sabiduría y bien,
que la fama que yo había oído. 8 Bienaventurados tus hombres, dichosos estos
tus siervos, que están continuamente delante de ti, y oyen tu sabiduría. 9
Jehová tu Dios sea bendito, que se agradó de ti para ponerte en el trono de
Israel; porque Jehová ha amado siempre a Israel, te ha puesto por rey, para
que hagas derecho y justicia. 10 Y dio ella al rey ciento veinte talentos de
oro, y mucha especiería, y piedras preciosas; nunca vino tan gran cantidad de
especias, como la reina de Sabá dio al rey Salomón.
11 La flota de Hiram que había traído el oro de Ofir,
traía también de Ofir mucha madera de sándalo, y piedras preciosas. 12 Y de la
madera de sándalo hizo el rey balaustres para la casa de Jehová y para las
casas reales, arpas también y salterios para los cantores; nunca vino
semejante madera de sándalo, ni se ha visto hasta hoy.
13 Y el rey Salomón dio a la reina de Sabá todo lo que
ella quiso, y todo lo que pidió, además de lo que Salomón le dio. Y ella se
volvió, y se fue a su tierra con sus criados.
Riquezas y fama de Salomón
(2 Cr. 9. 13-24)
14 El peso del oro que Salomón tenía de renta cada año,
era seiscientos sesenta y seis talentos de oro; 15 sin lo de los mercaderes, y
lo de la contratación de especias, y lo de todos los reyes de Arabia, y de los
principales de la tierra. 16 Hizo también el rey Salomón doscientos escudos
grandes de oro batido; seiscientos siclos de oro gastó en cada escudo. 17
Asimismo hizo trescientos escudos de oro batido, en cada uno de los cuales
gastó tres libras de oro; y el rey los puso en la casa del bosque del Líbano.
18 Hizo también el rey un gran trono de marfil, el cual cubrió de oro
purísimo. 19 Seis gradas tenía el trono, y la parte alta era redonda por el
respaldo; y a uno y otro lado tenía brazos cerca del asiento, junto a los
cuales estaban colocados dos leones. 20 Estaban también doce leones puestos
allí sobre las seis gradas, de un lado y de otro; en ningún otro reino se
había hecho trono semejante. 21 Y todos los vasos de beber del rey Salomón
eran de oro, y asimismo toda la vajilla de la casa del bosque del Líbano era
de oro fino; nada de plata, porque en tiempo de Salomón no era apreciada. 22
Porque el rey tenía en el mar una flota de naves de Tarsis, con la flota de
Hiram. Una vez cada tres años venía la flota de Tarsis, y traía oro, plata,
marfil, monos y pavos reales.
23 Así excedía el rey Salomón a todos los reyes de la
tierra en riquezas y en sabiduría. 24 Toda la tierra procuraba ver la cara de
Salomón, para oír la sabiduría que Dios había puesto en su corazón. 25 Y todos
le llevaban cada año sus presentes: alhajas de oro y de plata, vestidos,
armas, especias aromáticas, caballos y mulos.
Salomón comercia en caballos y en carros
(2 Cr. 1. 14-17; 9. 25-28)
26 Y juntó Salomón carros y gente de a caballo; y tenía
mil cuatrocientos carros, y doce mil jinetes, los cuales puso en las ciudades
de los carros, y con el rey en Jerusalén. 27 E hizo el rey que en Jerusalén la
plata llegara a ser como piedras, y los cedros como cabrahigos de la Sefela en
abundancia. 28 Y traían de Egipto caballos y lienzos a Salomón; porque la
compañía de los mercaderes del rey compraba caballos y lienzos. 29 Y venía y
salía de Egipto, el carro por seiscientas piezas de plata, y el caballo por
ciento cincuenta; y así los adquirían por mano de ellos todos los reyes de los
heteos, y de Siria.
Apostasía y dificultades de Salomón
1 REYES 11
1 Pero el rey Salomón amó, además de la hija de Faraón, a
muchas mujeres extranjeras; a las de Moab, a las de Amón, a las de Edom, a las
de Sidón, y a las heteas; 2 gentes de las cuales Jehová había dicho a los
hijos de Israel: No os llegaréis a ellas, ni ellas se llegarán a vosotros;
porque ciertamente harán inclinar vuestros corazones tras sus dioses. A éstas,
pues, se juntó Salomón con amor. 3 Y tuvo setecientas mujeres reinas y
trescientas concubinas; y sus mujeres desviaron su corazón. 4 Y cuando Salomón
era ya viejo, sus mujeres inclinaron su corazón tras dioses ajenos, y su
corazón no era perfecto con Jehová su Dios, como el corazón de su padre David.
5 Porque Salomón siguió a Astoret, diosa de los sidonios, y a Milcom, ídolo
abominable de los amonitas. 6 E hizo Salomón lo malo ante los ojos de Jehová,
y no siguió cumplidamente a Jehová como David su padre. 7 Entonces edificó
Salomón un lugar alto a Quemos, ídolo abominable de Moab, en el monte que está
enfrente de Jerusalén, y a Moloc, ídolo abominable de los hijos de Amón. 8 Así
hizo para todas sus mujeres extranjeras, las cuales quemaban incienso y
ofrecían sacrificios a sus dioses.
9 Y se enojó Jehová contra Salomón, por cuanto su corazón
se había apartado de Jehová Dios de Israel, que se le había aparecido dos
veces, 10 y le había mandado acerca de esto, que no siguiese a dioses ajenos;
mas él no guardó lo que le mandó Jehová. 11 Y dijo Jehová a Salomón: Por
cuanto ha habido esto en ti, y no has guardado mi pacto y mis estatutos que yo
te mandé, romperé de ti el reino, y lo entregaré a tu siervo. 12 Sin embargo,
no lo haré en tus días, por amor a David tu padre; lo romperé de la mano de tu
hijo. 13 Pero no romperé todo el reino, sino que daré una tribu a tu hijo, por
amor a David mi siervo, y por amor a Jerusalén, la cual yo he elegido.
14 Y Jehová suscitó un adversario a Salomón: Hadad
edomita, de sangre real, el cual estaba en Edom. 15 Porque cuando David estaba
en Edom, y subió Joab el general del ejército a enterrar los muertos, y mató a
todos los varones de Edom 16 (porque seis meses habitó allí Joab, y todo
Israel, hasta que hubo acabado con todo el sexo masculino en Edom), 17 Hadad
huyó, y con él algunos varones edomitas de los siervos de su padre, y se fue a
Egipto; era entonces Hadad muchacho pequeño. 18 Y se levantaron de Madián, y
vinieron a Parán; y tomando consigo hombres de Parán, vinieron a Egipto, a
Faraón rey de Egipto, el cual les dio casa y les señaló alimentos, y aun les
dio tierra. 19 Y halló Hadad gran favor delante de Faraón, el cual le dio por
mujer la hermana de su esposa, la hermana de la reina Tahpenes. 20 Y la
hermana de Tahpenes le dio a luz su hijo Genubat, al cual destetó Tahpenes en
casa de Faraón; y estaba Genubat en casa de Faraón entre los hijos de Faraón.
21 Y oyendo Hadad en Egipto que David había dormido con sus padres, y que era
muerto Joab general del ejército, Hadad dijo a Faraón: Déjame ir a mi tierra.
22 Faraón le respondió: ¿Por qué? ¿Qué te falta conmigo, que procuras irte a
tu tierra? El respondió: Nada; con todo, te ruego que me dejes ir.
23 Dios también levantó por adversario contra Salomón a
Rezón hijo de Eliada, el cual había huido de su amo Hadad-ezer, rey de Soba.
24 Y había juntado gente contra él, y se había hecho capitán de una compañía,
cuando David deshizo a los de Soba. Después fueron a Damasco y habitaron allí,
y le hicieron rey en Damasco. 25 Y fue adversario de Israel todos los días de
Salomón; y fue otro mal con el de Hadad, porque aborreció a Israel, y reinó
sobre Siria.
26 También Jeroboam hijo de Nabat, efrateo de Sereda,
siervo de Salomón, cuya madre se llamaba Zerúa, la cual era viuda, alzó su
mano contra el rey. 27 La causa por la cual éste alzó su mano contra el rey
fue esta: Salomón, edificando a Milo, cerró el portillo de la ciudad de David
su padre. 28 Y este varón Jeroboam era valiente y esforzado; y viendo Salomón
al joven que era hombre activo, le encomendó todo el cargo de la casa de José.
29 Aconteció, pues, en aquel tiempo, que saliendo Jeroboam de Jerusalén, le
encontró en el camino el profeta Ahías silonita, y éste estaba cubierto con
una capa nueva; y estaban ellos dos solos en el campo. 30 Y tomando Ahías la
capa nueva que tenía sobre sí, la rompió en doce pedazos, 31 y dijo a
Jeroboam: Toma para ti los diez pedazos; porque así dijo Jehová Dios de
Israel: He aquí que yo rompo el reino de la mano de Salomón, y a ti te daré
diez tribus; 32 y él tendrá una tribu por amor a David mi siervo, y por amor a
Jerusalén, ciudad que yo he elegido de todas las tribus de Israel; 33 por
cuanto me han dejado, y han adorado a Astoret diosa de los sidonios, a Quemos
dios de Moab, y a Moloc dios de los hijos de Amón; y no han andado en mis
caminos para hacer lo recto delante de mis ojos, y mis estatutos y mis
decretos, como hizo David su padre. 34 Pero no quitaré nada del reino de sus
manos, sino que lo retendré por rey todos los días de su vida, por amor a
David mi siervo, al cual yo elegí, y quien guardó mis mandamientos y mis
estatutos. 35 Pero quitaré el reino de la mano de su hijo, y lo daré a ti, las
diez tribus. 36 Y a su hijo daré una tribu, para que mi siervo David tenga
lámpara todos los días delante de mí en Jerusalén, ciudad que yo me elegí para
poner en ella mi nombre. 37 Yo, pues, te tomaré a ti, y tú reinarás en todas
las cosas que deseare tu alma, y serás rey sobre Israel. 38 Y si prestares
oído a todas las cosas que te mandare, y anduvieres en mis caminos, e hicieres
lo recto delante de mis ojos, guardando mis estatutos y mis mandamientos, como
hizo David mi siervo, yo estaré contigo y te edificaré casa firme, como la
edifiqué a David, y yo te entregaré a Israel. 39 Y yo afligiré a la
descendencia de David a causa de esto, mas no para siempre. 40 Por esto
Salomón procuró matar a Jeroboam, pero Jeroboam se levantó y huyó a Egipto, a
Sisac rey de Egipto, y estuvo en Egipto hasta la muerte de Salomón.
Muerte de Salomón
(2 Cr. 9.29-31)
41 Los demás hechos de Salomón, y todo lo que hizo, y su
sabiduría, ¿no está escrito en el libro de los hechos de Salomón? 42 Los días
que Salomón reinó en Jerusalén sobre todo Israel fueron cuarenta años. 43 Y
durmió Salomón con sus padres, y fue sepultado en la ciudad de su padre David;
y reinó en su lugar Roboam su hijo.
Rebelión de Israel
(2 Cr. 10.1-11.4)
1 REYES 12
1 Roboam fue a Siquem, porque todo Israel había venido a
Siquem para hacerle rey. 2 Y aconteció que cuando lo oyó Jeroboam hijo de
Nabat, que aún estaba en Egipto, adonde había huido de delante del rey
Salomón, y habitaba en Egipto, 3 enviaron a llamarle. Vino, pues, Jeroboam, y
toda la congregación de Israel, y hablaron a Roboam, diciendo: 4 Tu padre
agravó nuestro yugo, mas ahora disminuye tú algo de la dura servidumbre de tu
padre, y del yugo pesado que puso sobre nosotros, y te serviremos. 5 Y él les
dijo: Idos, y de aquí a tres días volved a mí. Y el pueblo se fue.
6 Entonces el rey Roboam pidió consejo de los ancianos
que habían estado delante de Salomón su padre cuando vivía, y dijo: ¿Cómo
aconsejáis vosotros que responda a este pueblo? 7 Y ellos le hablaron
diciendo: Si tú fueres hoy siervo de este pueblo y lo sirvieres, y
respondiéndoles buenas palabras les hablares, ellos te servirán para siempre.
8 Pero él dejó el consejo que los ancianos le habían dado, y pidió consejo de
los jóvenes que se habían criado con él, y estaban delante de él. 9 Y les
dijo: ¿Cómo aconsejáis vosotros que respondamos a este pueblo, que me ha
hablado diciendo: Disminuye algo del yugo que tu padre puso sobre nosotros? 10
Entonces los jóvenes que se habían criado con él le respondieron diciendo: Así
hablarás a este pueblo que te ha dicho estas palabras: Tu padre agravó nuestro
yugo, mas tú disminúyenos algo; así les hablarás: El menor dedo de los míos es
más grueso que los lomos de mi padre. 11 Ahora, pues, mi padre os cargó de
pesado yugo, mas yo añadiré a vuestro yugo; mi padre os castigó con azotes,
mas yo os castigaré con escorpiones.
12 Al tercer día vino Jeroboam con todo el pueblo a
Roboam, según el rey lo había mandado, diciendo: Volved a mí al tercer día. 13
Y el rey respondió al pueblo duramente, dejando el consejo que los ancianos le
habían dado; 14 y les habló conforme al consejo de los jóvenes, diciendo: Mi
padre agravó vuestro yugo, pero yo añadiré a vuestro yugo; mi padre os castigó
con azotes, mas yo os castigaré con escorpiones. 15 Y no oyó el rey al pueblo;
porque era designio de Jehová para confirmar la palabra que Jehová había
hablado por medio de Ahías silonita a Jeroboam hijo de Nabat.
16 Cuando todo el pueblo vio que el rey no les había
oído, le respondió estas palabras, diciendo: ¿Qué parte tenemos nosotros con
David? No tenemos heredad en el hijo de Isaí. ¡Israel, a tus tiendas! ¡Provee
ahora en tu casa, David! Entonces Israel se fue a sus tiendas. 17 Pero reinó
Roboam sobre los hijos de Israel que moraban en las ciudades de Judá. 18 Y el
rey Roboam envió a Adoram, que estaba sobre los tributos; pero lo apedreó todo
Israel, y murió. Entonces el rey Roboam se apresuró a subirse en un carro y
huir a Jerusalén. 19 Así se apartó Israel de la casa de David hasta hoy. 20 Y
aconteció que oyendo todo Israel que Jeroboam había vuelto, enviaron a
llamarle a la congregación, y le hicieron rey sobre todo Israel, sin quedar
tribu alguna que siguiese la casa de David, sino sólo la tribu de Judá.
21 Y cuando Roboam vino a Jerusalén, reunió a toda la
casa de Judá y a la tribu de Benjamín, ciento ochenta mil hombres, guerreros
escogidos, con el fin de hacer guerra a la casa de Israel, y hacer volver el
reino a Roboam hijo de Salomón. 22 Pero vino palabra de Jehová a Semaías varón
de Dios, diciendo: 23 Habla a Roboam hijo de Salomón, rey de Judá, y a toda la
casa de Judá y de Benjamín, y a los demás del pueblo, diciendo: 24 Así ha
dicho Jehová: No vayáis, ni peleéis contra vuestros hermanos los hijos de
Israel; volveos cada uno a su casa, porque esto lo he hecho yo. Y ellos oyeron
la palabra de Dios, y volvieron y se fueron, conforme a la palabra de Jehová.
El pecado de Jeroboam
25 Entonces reedificó Jeroboam a Siquem en el monte de
Efraín, y habitó en ella; y saliendo de allí, reedificó a Penuel. 26 Y dijo
Jeroboam en su corazón: Ahora se volverá el reino a la casa de David, 27 si
este pueblo subiere a ofrecer sacrificios en la casa de Jehová en Jerusalén;
porque el corazón de este pueblo se volverá a su señor Roboam rey de Judá, y
me matarán a mí, y se volverán a Roboam rey de Judá. 28 Y habiendo tenido
consejo, hizo el rey dos becerros de oro, y dijo al pueblo: Bastante habéis
subido a Jerusalén; he aquí tus dioses, oh Israel, los cuales te hicieron
subir de la tierra de Egipto. 29 Y puso uno en Bet-el, y el otro en Dan. 30 Y
esto fue causa de pecado; porque el pueblo iba a adorar delante de uno hasta
Dan. 31 Hizo también casas sobre los lugares altos, e hizo sacerdotes de entre
el pueblo, que no eran de los hijos de Leví. 32 Entonces instituyó Jeroboam
fiesta solemne en el mes octavo, a los quince días del mes, conforme a la
fiesta solemne que se celebraba en Judá; y sacrificó sobre un altar. Así hizo
en Bet-el, ofreciendo sacrificios a los becerros que había hecho. Ordenó
también en Bet-el sacerdotes para los lugares altos que él había fabricado. 33
Sacrificó, pues, sobre el altar que él había hecho en Bet-el, a los quince
días del mes octavo, el mes que él había inventado de su propio corazón; e
hizo fiesta a los hijos de Israel, y subió al altar para quemar incienso.
Un profeta de Judá amonesta a Jeroboam
1 REYES 13
1 He aquí que un varón de Dios por palabra de Jehová vino
de Judá a Bet-el; y estando Jeroboam junto al altar para quemar incienso, 2
aquél clamó contra el altar por palabra de Jehová y dijo: Altar, altar, así ha
dicho Jehová: He aquí que a la casa de David nacerá un hijo llamado Josías, el
cual sacrificará sobre ti a los sacerdotes de los lugares altos que queman
sobre ti incienso, y sobre ti quemarán huesos de hombres. 3 Y aquel mismo día
dio una señal, diciendo: Esta es la señal de que Jehová ha hablado: he aquí
que el altar se quebrará, y la ceniza que sobre él está se derramará. 4 Cuando
el rey Jeroboam oyó la palabra del varón de Dios, que había clamado contra el
altar de Bet-el, extendiendo su mano desde el altar, dijo: ¡Prendedle! Mas la
mano que había extendido contra él, se le secó, y no la pudo enderezar. 5 Y el
altar se rompió, y se derramó la ceniza del altar, conforme a la señal que el
varón de Dios había dado por palabra de Jehová. 6 Entonces respondiendo el
rey, dijo al varón de Dios: Te pido que ruegues ante la presencia de Jehová tu
Dios, y ores por mí, para que mi mano me sea restaurada. Y el varón de Dios
oró a Jehová, y la mano del rey se le restauró, y quedó como era antes. 7 Y el
rey dijo al varón de Dios: Ven conmigo a casa, y comerás, y yo te daré un
presente. 8 Pero el varón de Dios dijo al rey: Aunque me dieras la mitad de tu
casa, no iría contigo, ni comería pan ni bebería agua en este lugar. 9 Porque
así me está ordenado por palabra de Jehová, diciendo: No comas pan, ni bebas
agua, ni regreses por el camino que fueres. 10 Regresó, pues, por otro camino,
y no volvió por el camino por donde había venido a Bet-el.
11 Moraba entonces en Bet-el un viejo profeta, al cual
vino su hijo y le contó todo lo que el varón de Dios había hecho aquel día en
Bet-el; le contaron también a su padre las palabras que había hablado al rey.
12 Y su padre les dijo: ¿Por qué camino se fue? Y sus hijos le mostraron el
camino por donde había regresado el varón de Dios que había venido de Judá. 13
Y él dijo a sus hijos: Ensilladme el asno. Y ellos le ensillaron el asno, y él
lo montó. 14 Y yendo tras el varón de Dios, le halló sentado debajo de una
encina, y le dijo: ¿Eres tú el varón de Dios que vino de Judá? El dijo: Yo
soy. 15 Entonces le dijo: Ven conmigo a casa, y come pan. 16 Mas él respondió:
No podré volver contigo, ni iré contigo, ni tampoco comeré pan ni beberé agua
contigo en este lugar. 17 Porque por palabra de Dios me ha sido dicho: No
comas pan ni bebas agua allí, ni regreses por el camino por donde fueres. 18 Y
el otro le dijo, mintiéndole: Yo también soy profeta como tú, y un ángel me ha
hablado por palabra de Jehová, diciendo: Tráele contigo a tu casa, para que
coma pan y beba agua. 19 Entonces volvió con él, y comió pan en su casa, y
bebió agua.
20 Y aconteció que estando ellos en la mesa, vino palabra
de Jehová al profeta que le había hecho volver. 21 Y clamó al varón de Dios
que había venido de Judá, diciendo: Así dijo Jehová: Por cuanto has sido
rebelde al mandato de Jehová, y no guardaste el mandamiento que Jehová tu Dios
te había prescrito, 22 sino que volviste, y comiste pan y bebiste agua en el
lugar donde Jehová te había dicho que no comieses pan ni bebieses agua, no
entrará tu cuerpo en el sepulcro de tus padres. 23 Cuando había comido pan y
bebido, el que le había hecho volver le ensilló el asno. 24 Y yéndose, le topó
un león en el camino, y le mató; y su cuerpo estaba echado en el camino, y el
asno junto a él, y el león también junto al cuerpo. 25 Y he aquí unos que
pasaban, y vieron el cuerpo que estaba echado en el camino, y el león que
estaba junto al cuerpo; y vinieron y lo dijeron en la ciudad donde el viejo
profeta habitaba.
26 Oyéndolo el profeta que le había hecho volver del
camino, dijo: El varón de Dios es, que fue rebelde al mandato de Jehová; por
tanto, Jehová le ha entregado al león, que le ha quebrantado y matado,
conforme a la palabra de Jehová que él le dijo. 27 Y habló a sus hijos, y les
dijo: Ensilladme un asno. Y ellos se lo ensillaron. 28 Y él fue, y halló el
cuerpo tendido en el camino, y el asno y el león que estaban junto al cuerpo;
el león no había comido el cuerpo, ni dañado al asno. 29 Entonces tomó el
profeta el cuerpo del varón de Dios, y lo puso sobre el asno y se lo llevó. Y
el profeta viejo vino a la ciudad, para endecharle y enterrarle. 30 Y puso el
cuerpo en su sepulcro; y le endecharon, diciendo: ¡Ay, hermano mío! 31 Y
después que le hubieron enterrado, habló a sus hijos, diciendo: Cuando yo
muera, enterradme en el sepulcro en que está sepultado el varón de Dios; poned
mis huesos junto a los suyos. 32 Porque sin duda vendrá lo que él dijo a voces
por palabra de Jehová contra el altar que está en Bet-el, y contra todas las
cosas de los lugares altos que están en las ciudades de Samaria.
33 Con todo esto, no se apartó Jeroboam de su mal camino,
sino que volvió a hacer sacerdotes de los lugares altos de entre el pueblo, y
a quien quería lo consagraba para que fuese de los sacerdotes de los lugares
altos. 34 Y esto fue causa de pecado a la casa de Jeroboam, por lo cual fue
cortada y raída de sobre la faz de la tierra.
Profecía de Ahías contra Jeroboam
1 REYES 14
1 En aquel tiempo Abías hijo de Jeroboam cayó enfermo. 2
Y dijo Jeroboam a su mujer: Levántate ahora y disfrázate, para que no te
conozcan que eres la mujer de Jeroboam, y ve a Silo; porque allá está el
profeta Ahías, el que me dijo que yo había de ser rey sobre este pueblo. 3 Y
toma en tu mano diez panes, y tortas, y una vasija de miel, y ve a él, para
que te declare lo que ha de ser de este niño.
4 Y la mujer de Jeroboam lo hizo así; y se levantó y fue
a Silo, y vino a casa de Ahías. Y ya no podía ver Ahías, porque sus ojos se
habían oscurecido a causa de su vejez. 5 Mas Jehová había dicho a Ahías: He
aquí que la mujer de Jeroboam vendrá a consultarte por su hijo, que está
enfermo; así y así le responderás, pues cuando ella viniere, vendrá
disfrazada.
6 Cuando Ahías oyó el sonido de sus pies, al entrar ella
por la puerta, dijo: Entra, mujer de Jeroboam. ¿Por qué te finges otra? He
aquí yo soy enviado a ti con revelación dura. 7 Ve y di a Jeroboam: Así dijo
Jehová Dios de Israel: Por cuanto yo te levanté de en medio del pueblo, y te
hice príncipe sobre mi pueblo Israel, 8 y rompí el reino de la casa de David y
te lo entregué a ti; y tú no has sido como David mi siervo, que guardó mis
mandamientos y anduvo en pos de mí con todo su corazón, haciendo solamente lo
recto delante de mis ojos, 9 sino que hiciste lo malo sobre todos los que han
sido antes de ti, pues fuiste y te hiciste dioses ajenos e imágenes de
fundición para enojarme, y a mí me echaste tras tus espaldas; 10 por tanto, he
aquí que yo traigo mal sobre la casa de Jeroboam, y destruiré de Jeroboam todo
varón, así el siervo como el libre en Israel; y barreré la posteridad de la
casa de Jeroboam como se barre el estiércol, hasta que sea acabada. 11 El que
muera de los de Jeroboam en la ciudad, lo comerán los perros, y el que muera
en el campo, lo comerán las aves del cielo; porque Jehová lo ha dicho. 12 Y tú
levántate y vete a tu casa; y al poner tu pie en la ciudad, morirá el niño. 13
Y todo Israel lo endechará, y le enterrarán; porque de los de Jeroboam, sólo
él será sepultado, por cuanto se ha hallado en él alguna cosa buena delante de
Jehová Dios de Israel, en la casa de Jeroboam. 14 Y Jehová levantará para sí
un rey sobre Israel, el cual destruirá la casa de Jeroboam en este día; y lo
hará ahora mismo. 15 Jehová sacudirá a Israel al modo que la caña se agita en
las aguas; y él arrancará a Israel de esta buena tierra que había dado a sus
padres, y los esparcirá más allá del Eufrates, por cuanto han hecho sus
imágenes de Asera, enojando a Jehová. 16 Y él entregará a Israel por los
pecados de Jeroboam, el cual pecó, y ha hecho pecar a Israel.
17 Entonces la mujer de Jeroboam se levantó y se marchó,
y vino a Tirsa; y entrando ella por el umbral de la casa, el niño murió. 18 Y
lo enterraron, y lo endechó todo Israel, conforme a la palabra de Jehová, la
cual él había hablado por su siervo el profeta Ahías. 19 Los demás hechos de
Jeroboam, las guerras que hizo, y cómo reinó, todo está escrito en el libro de
las historias de los reyes de Israel. 20 El tiempo que reinó Jeroboam fue de
veintidós años; y habiendo dormido con sus padres, reinó en su lugar Nadab su
hijo.
Reinado de Roboam
(2 Cr. 12.1-16)
21 Roboam hijo de Salomón reinó en Judá. De cuarenta y un
años era Roboam cuando comenzó a reinar, y diecisiete años reinó en Jerusalén,
ciudad que Jehová eligió de todas las tribus de Israel, para poner allí su
nombre. El nombre de su madre fue Naama, amonita. 22 Y Judá hizo lo malo ante
los ojos de Jehová, y le enojaron más que todo lo que sus padres habían hecho
en sus pecados que cometieron. 23 Porque ellos también se edificaron lugares
altos, estatuas, e imágenes de Asera, en todo collado alto y debajo de todo
árbol frondoso. 24 Hubo también sodomitas en la tierra, e hicieron conforme a
todas las abominaciones de las naciones que Jehová había echado delante de los
hijos de Israel.
25 Al quinto año del rey Roboam subió Sisac rey de Egipto
contra Jerusalén, 26 y tomó los tesoros de la casa de Jehová, y los tesoros de
la casa real, y lo saqueó todo; también se llevó todos los escudos de oro que
Salomón había hecho. 27 Y en lugar de ellos hizo el rey Roboam escudos de
bronce, y los dio a los capitanes de los de la guardia, quienes custodiaban la
puerta de la casa real. 28 Cuando el rey entraba en la casa de Jehová, los de
la guardia los llevaban; y los ponían en la cámara de los de la guardia.
29 Los demás hechos de Roboam, y todo lo que hizo, ¿no
está escrito en las crónicas de los reyes de Judá? 30 Y hubo guerra entre
Roboam y Jeroboam todos los días. 31 Y durmió Roboam con sus padres, y fue
sepultado con sus padres en la ciudad de David. El nombre de su madre fue
Naama, amonita. Y reinó en su lugar Abiam su hijo.
Reinado de Abiam
(2 Cr. 13.1-22)
1 REYES 15
1 En el año dieciocho del rey Jeroboam hijo de Nabat,
Abiam comenzó a reinar sobre Judá, 2 y reinó tres años en Jerusalén. El nombre
de su madre fue Maaca, hija de Abisalom. 3 Y anduvo en todos los pecados que
su padre había cometido antes de él; y no fue su corazón perfecto con Jehová
su Dios, como el corazón de David su padre. 4 Mas por amor a David, Jehová su
Dios le dio lámpara en Jerusalén, levantando a su hijo después de él, y
sosteniendo a Jerusalén; 5 por cuanto David había hecho lo recto ante los ojos
de Jehová, y de ninguna cosa que le mandase se había apartado en todos los
días de su vida, salvo en lo tocante a Urías heteo. 6 Y hubo guerra entre
Roboam, y Jeroboam todos los días de su vida. 7 Los demás hechos de Abiam, y
todo lo que hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de
Judá? Y hubo guerra entre Abiam y Jeroboam. 8 Y durmió Abiam con sus padres, y
lo sepultaron en la ciudad de David; y reinó Asa su hijo en su lugar.
Reinado de Asa
(2 Cr. 14.1-5; 15.16-19)
9 En el año veinte de Jeroboam rey de Israel, Asa comenzó
a reinar sobre Judá. 10 Y reinó cuarenta y un años en Jerusalén; el nombre de
su madre fue Maaca, hija de Abisalom. 11 Asa hizo lo recto ante los ojos de
Jehová, como David su padre. 12 Porque quitó del país a los sodomitas, y quitó
todos los ídolos que sus padres habían hecho. 13 También privó a su madre
Maaca de ser reina madre, porque había hecho un ídolo de Asera. Además deshizo
Asa el ídolo de su madre, y lo quemó junto al torrente de Cedrón. 14 Sin
embargo, los lugares altos no se quitaron. Con todo, el corazón de Asa fue
perfecto para con Jehová toda su vida. 15 También metió en la casa de Jehová
lo que su padre había dedicado, y lo que él dedicó: oro, plata y alhajas.
Alianza de Asa con Ben-adad
(2 Cr. 16.1-10)
16 Hubo guerra entre Asa y Baasa rey de Israel, todo el
tiempo de ambos. 17 Y subió Baasa rey de Israel contra Judá, y edificó a Ramá,
para no dejar a ninguno salir ni entrar a Asa rey de Judá. 18 Entonces tomando
Asa toda la plata y el oro que había quedado en los tesoros de la casa de
Jehová, y los tesoros de la casa real, los entregó a sus siervos, y los envió
el rey Asa a Ben-adad hijo de Tabrimón, hijo de Hezión, rey de Siria, el cual
residía en Damasco, diciendo: 19 Haya alianza entre nosotros, como entre mi
padre y el tuyo. He aquí yo te envío un presente de plata y de oro; ve, y
rompe tu pacto con Baasa rey de Israel, para que se aparte de mí. 20 Y Ben-adad
consintió con el rey Asa, y envió los príncipes de los ejércitos que tenía
contra las ciudades de Israel, y conquistó Ijón, Dan, Abel-bet-maaca, y toda
Cineret, con toda la tierra de Neftalí. 21 Oyendo esto Baasa, dejó de edificar
a Ramá, y se quedó en Tirsa. 22 Entonces el rey Asa convocó a todo Judá, sin
exceptuar a ninguno; y quitaron de Ramá la piedra y la madera con que Baasa
edificaba, y edificó el rey Asa con ello a Geba de Benjamín, y a Mizpa.
Muerte de Asa
(2 Cr. 16.11-14)
23 Los demás hechos de Asa, y todo su poderío, y todo lo
que hizo, y las ciudades que edificó, ¿no está todo escrito en el libro de las
crónicas de los reyes de Judá? Mas en los días de su vejez enfermó de los
pies. 24 Y durmió Asa con sus padres, y fue sepultado con ellos en la ciudad
de David su padre; y reinó en su lugar Josafat su hijo.
Reinado de Nadab
25 Nadab hijo de Jeroboam comenzó a reinar sobre Israel
en el segundo año de Asa rey de Judá; y reinó sobre Israel dos años. 26 E hizo
lo malo ante los ojos de Jehová, andando en el camino de su padre, y en los
pecados con que hizo pecar a Israel.
27 Y Baasa hijo de Ahías, el cual era de la casa de
Isacar, conspiró contra él, y lo hirió Baasa en Gibetón, que era de los
filisteos; porque Nadab y todo Israel tenían sitiado a Gibetón. 28 Lo mató,
pues, Baasa en el tercer año de Asa rey de Judá, y reinó en lugar suyo. 29 Y
cuando él vino al reino, mató a toda la casa de Jeroboam, sin dejar alma
viviente de los de Jeroboam, hasta raerla, conforme a la palabra que Jehová
habló por su siervo Ahías silonita; 30 por los pecados que Jeroboam había
cometido, y con los cuales hizo pecar a Israel; y por su provocación con que
provocó a enojo a Jehová Dios de Israel.
31 Los demás hechos de Nadab, y todo lo que hizo, ¿no
está todo escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? 32 Y
hubo guerra entre Asa y Baasa rey de Israel, todo el tiempo de ambos.
Reinado de Baasa
33 En el tercer año de Asa rey de Judá, comenzó a reinar
Baasa hijo de Ahías sobre todo Israel en Tirsa; y reinó veinticuatro años. 34
E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, y anduvo en el camino de Jeroboam, y
en su pecado con que hizo pecar a Israel.
1 REYES 16
1 Y vino palabra de Jehová a Jehú hijo de Hanani contra
Baasa, diciendo: 2 Por cuanto yo te levanté del polvo y te puse por príncipe
sobre mi pueblo Israel, y has andado en el camino de Jeroboam, y has hecho
pecar a mi pueblo Israel, provocándome a ira con tus pecados; 3 he aquí yo
barreré la posteridad de Baasa, y la posteridad de su casa; y pondré su casa
como la casa de Jeroboam hijo de Nabat. 4 El que de Baasa fuere muerto en la
ciudad, lo comerán los perros; y el que de él fuere muerto en el campo, lo
comerán las aves del cielo.
5 Los demás hechos de Baasa, y las cosas que hizo, y su
poderío, ¿no está todo escrito en el libro de las crónicas de los reyes de
Israel? 6 Y durmió Baasa con sus padres, y fue sepultado en Tirsa, y reinó en
su lugar Ela su hijo. 7 Pero la palabra de Jehová por el profeta Jehú hijo de
Hanani había sido contra Baasa y también contra su casa, con motivo de todo lo
malo que hizo ante los ojos de Jehová, provocándole a ira con las obras de sus
manos, para que fuese hecha como la casa de Jeroboam; y porque la había
destruido.
Reinados de Ela y de Zimri
8 En el año veintiséis de Asa rey de Judá comenzó a
reinar Ela hijo de Baasa sobre Israel en Tirsa; y reinó dos años. 9 Y conspiró
contra él su siervo Zimri, comandante de la mitad de los carros. Y estando él
en Tirsa, bebiendo y embriagado en casa de Arsa su mayordomo en Tirsa, 10 vino
Zimri y lo hirió y lo mató, en el año veintisiete de Asa rey de Judá; y reinó
en lugar suyo.
11 Y luego que llegó a reinar y estuvo sentado en su
trono, mató a toda la casa de Baasa, sin dejar en ella varón, ni parientes ni
amigos. 12 Así exterminó Zimri a toda la casa de Baasa, conforme a la palabra
que Jehová había proferido contra Baasa por medio del profeta Jehú, 13 por
todos los pecados de Baasa y los pecados de Ela su hijo, con los cuales ellos
pecaron e hicieron pecar a Israel, provocando a enojo con sus vanidades a
Jehová Dios de Israel. 14 Los demás hechos de Ela, y todo lo que hizo, ¿no
está todo escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?
15 En el año veintisiete de Asa rey de Judá, comenzó a
reinar Zimri, y reinó siete días en Tirsa; y el pueblo había acampado contra
Gibetón, ciudad de los filisteos. 16 Y el pueblo que estaba en el campamento
oyó decir: Zimri ha conspirado, y ha dado muerte al rey. Entonces todo Israel
puso aquel mismo día por rey sobre Israel a Omri, general del ejército, en el
campo de batalla. 17 Y subió Omri de Gibetón, y con él todo Israel, y sitiaron
a Tirsa. 18 Mas viendo Zimri tomada la ciudad, se metió en el palacio de la
casa real, y prendió fuego a la casa consigo; y así murió, 19 por los pecados
que había cometido, haciendo lo malo ante los ojos de Jehová, y andando en los
caminos de Jeroboam, y en su pecado que cometió, haciendo pecar a Israel. 20
El resto de los hechos de Zimri, y la conspiración que hizo, ¿no está todo
escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?
Reinado de Omri
21 Entonces el pueblo de Israel fue dividido en dos
partes: la mitad del pueblo seguía a Tibni hijo de Ginat para hacerlo rey, y
la otra mitad seguía a Omri. 22 Mas el pueblo que seguía a Omri pudo más que
el que seguía a Tibni hijo de Ginat; y Tibni murió, y Omri fue rey. 23 En el
año treinta y uno de Asa rey de Judá, comenzó a reinar Omri sobre Israel, y
reinó doce años; en Tirsa reinó seis años. 24 Y Omri compró a Semer el monte
de Samaria por dos talentos de plata, y edificó en el monte; y llamó el nombre
de la ciudad que edificó, Samaria, del nombre de Semer, que fue dueño de aquel
monte.
25 Y Omri hizo lo malo ante los ojos de Jehová, e hizo
peor que todos los que habían reinado antes de él; 26 pues anduvo en todos los
caminos de Jeroboam hijo de Nabat, y en el pecado con el cual hizo pecar a
Israel, provocando a ira a Jehová Dios de Israel con sus ídolos. 27 Los demás
hechos de Omri, y todo lo que hizo, y las valentías que ejecutó, ¿no está todo
escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? 28 Y Omri durmió
con sus padres, y fue sepultado en Samaria, y reinó en lugar suyo Acab su
hijo.
Reinado de Acab
29 Comenzó a reinar Acab hijo de Omri sobre Israel el año
treinta y ocho de Asa rey de Judá. 30 Y reinó Acab hijo de Omri sobre Israel
en Samaria veintidós años. Y Acab hijo de Omri hizo lo malo ante los ojos de
Jehová, más que todos los que reinaron antes de él. 31 Porque le fue ligera
cosa andar en los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, y tomó por mujer a
Jezabel, hija de Et-baal rey de los sidonios, y fue y sirvió a Baal, y lo
adoró. 32 E hizo altar a Baal, en el templo de Baal que él edificó en Samaria.
33 Hizo también Acab una imagen de Asera, haciendo así Acab más que todos los
reyes de Israel que reinaron antes que él, para provocar la ira de Jehová Dios
de Israel. 34 En su tiempo Hiel de Bet-el reedificó a Jericó. A precio de la
vida de Abiram su primogénito echó el cimiento, y a precio de la vida de Segub
su hijo menor puso sus puertas, conforme a la palabra que Jehová había hablado
por Josué hijo de Nun.
Elías predice la sequía
1 REYES 17
1 Entonces Elías tisbita, que era de los moradores de
Galaad, dijo a Acab: Vive Jehová Dios de Israel, en cuya presencia estoy, que
no habrá lluvia ni rocío en estos años, sino por mi palabra. 2 Y vino a él
palabra de Jehová, diciendo: 3 Apártate de aquí, y vuélvete al oriente, y
escóndete en el arroyo de Querit, que está frente al Jordán. 4 Beberás del
arroyo; y yo he mandado a los cuervos que te den allí de comer. 5 Y él fue e
hizo conforme a la palabra de Jehová; pues se fue y vivió junto al arroyo de
Querit, que está frente al Jordán. 6 Y los cuervos le traían pan y carne por
la mañana, y pan y carne por la tarde; y bebía del arroyo. 7 Pasados algunos
días, se secó el arroyo, porque no había llovido sobre la tierra.
Elías y la viuda de Sarepta
8 Vino luego a él palabra de Jehová, diciendo: 9
Levántate, vete a Sarepta de Sidón, y mora allí; he aquí yo he dado orden allí
a una mujer viuda que te sustente. 10 Entonces él se levantó y se fue a
Sarepta. Y cuando llegó a la puerta de la ciudad, he aquí una mujer viuda que
estaba allí recogiendo leña; y él la llamó, y le dijo: Te ruego que me traigas
un poco de agua en un vaso, para que beba. 11 Y yendo ella para traérsela, él
la volvió a llamar, y le dijo: Te ruego que me traigas también un bocado de
pan en tu mano. 12 Y ella respondió: Vive Jehová tu Dios, que no tengo pan
cocido; solamente un puñado de harina tengo en la tinaja, y un poco de aceite
en una vasija; y ahora recogía dos leños, para entrar y prepararlo para mí y
para mi hijo, para que lo comamos, y nos dejemos morir. 13 Elías le dijo: No
tengas temor; ve, haz como has dicho; pero hazme a mí primero de ello una
pequeña torta cocida debajo de la ceniza, y tráemela; y después harás para ti
y para tu hijo. 14 Porque Jehová Dios de Israel ha dicho así: La harina de la
tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá, hasta el día en que
Jehová haga llover sobre la faz de la tierra. 15 Entonces ella fue e hizo como
le dijo Elías; y comió él, y ella, y su casa, muchos días. 16 Y la harina de
la tinaja no escaseó, ni el aceite de la vasija menguó, conforme a la palabra
que Jehová había dicho por Elías.
17 Después de estas cosas aconteció que cayó enfermo el
hijo del ama de la casa; y la enfermedad fue tan grave que no quedó en él
aliento. 18 Y ella dijo a Elías: ¿Qué tengo yo contigo, varón de Dios? ¿Has
venido a mí para traer a memoria mis iniquidades, y para hacer morir a mi
hijo? 19 El le dijo: Dame acá tu hijo. Entonces él lo tomó de su regazo, y lo
llevó al aposento donde él estaba, y lo puso sobre su cama. 20 Y clamando a
Jehová, dijo: Jehová Dios mío, ¿aun a la viuda en cuya casa estoy hospedado
has afligido, haciéndole morir su hijo? 21 Y se tendió sobre el niño tres
veces, y clamó a Jehová y dijo: Jehová Dios mío, te ruego que hagas volver el
alma de este niño a él. 22 Y Jehová oyó la voz de Elías, y el alma del niño
volvió a él, y revivió. 23 Tomando luego Elías al niño, lo trajo del aposento
a la casa, y lo dio a su madre, y le dijo Elías: Mira, tu hijo vive. 24
Entonces la mujer dijo a Elías: Ahora conozco que tú eres varón de Dios, y que
la palabra de Jehová es verdad en tu boca.
Elías regresa a ver a Acab
1 REYES 18
1 Pasados muchos días, vino palabra de Jehová a Elías en
el tercer año, diciendo: Ve, muéstrate a Acab, y yo haré llover sobre la faz
de la tierra. 2 Fue, pues, Elías a mostrarse a Acab. Y el hambre era grave en
Samaria. 3 Y Acab llamó a Abdías su mayordomo. Abdías era en gran manera
temeroso de Jehová. 4 Porque cuando Jezabel destruía a los profetas de Jehová,
Abdías tomó a cien profetas y los escondió de cincuenta en cincuenta en
cuevas, y los sustentó con pan y agua. 5 Dijo, pues, Acab a Abdías: Ve por el
país a todas las fuentes de aguas, y a todos los arroyos, a ver si acaso
hallaremos hierba con que conservemos la vida a los caballos y a las mulas,
para que no nos quedemos sin bestias. 6 Y dividieron entre sí el país para
recorrerlo; Acab fue por un camino, y Abdías fue separadamente por otro.
7 Y yendo Abdías por el camino, se encontró con Elías; y
cuando lo reconoció, se postró sobre su rostro y dijo: ¿No eres tú mi señor
Elías? 8 Y él respondió: Yo soy; ve, di a tu amo: Aquí está Elías. 9 Pero él
dijo: ¿En qué he pecado, para que entregues a tu siervo en mano de Acab para
que me mate? 10 Vive Jehová tu Dios, que no ha habido nación ni reino adonde
mi señor no haya enviado a buscarte, y todos han respondido: No está aquí; y a
reinos y a naciones él ha hecho jurar que no te han hallado. 11 ¿Y ahora tú
dices: Ve, di a tu amo: Aquí está Elías? 12 Acontecerá que luego que yo me
haya ido, el Espíritu de Jehová te llevará adonde yo no sepa, y al venir yo y
dar las nuevas a Acab, al no hallarte él, me matará; y tu siervo teme a Jehová
desde su juventud. 13 ¿No ha sido dicho a mi señor lo que hice, cuando Jezabel
mataba a los profetas de Jehová; que escondí a cien varones de los profetas de
Jehová de cincuenta en cincuenta en cuevas, y los mantuve con pan y agua? 14
¿Y ahora dices tú: Ve, di a tu amo: Aquí está Elías; para que él me mate? 15 Y
le dijo Elías: Vive Jehová de los ejércitos, en cuya presencia estoy, que hoy
me mostraré a él. 16 Entonces Abdías fue a encontrarse con Acab, y le dio el
aviso; y Acab vino a encontrarse con Elías.
17 Cuando Acab vio a Elías, le dijo: ¿Eres tú el que
turbas a Israel? 18 Y él respondió: Yo no he turbado a Israel, sino tú y la
casa de tu padre, dejando los mandamientos de Jehová, y siguiendo a los baales.
19 Envía, pues, ahora y congrégame a todo Israel en el monte Carmelo, y los
cuatrocientos cincuenta profetas de Baal, y los cuatrocientos profetas de
Asera, que comen de la mesa de Jezabel.
Elías y los profetas de Baal
20 Entonces Acab convocó a todos los hijos de Israel, y
reunió a los profetas en el monte Carmelo. 21 Y acercándose Elías a todo el
pueblo, dijo: ¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si
Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él. Y el pueblo no respondió
palabra. 22 Y Elías volvió a decir al pueblo: Sólo yo he quedado profeta de
Jehová; mas de los profetas de Baal hay cuatrocientos cincuenta hombres. 23
Dénsenos, pues, dos bueyes, y escojan ellos uno, y córtenlo en pedazos, y
pónganlo sobre leña, pero no pongan fuego debajo; y yo prepararé el otro buey,
y lo pondré sobre leña, y ningún fuego pondré debajo. 24 Invocad luego
vosotros el nombre de vuestros dioses, y yo invocaré el nombre de Jehová; y el
Dios que respondiere por medio de fuego, ése sea Dios. Y todo el pueblo
respondió, diciendo: Bien dicho. 25 Entonces Elías dijo a los profetas de
Baal: Escogeos un buey, y preparadlo vosotros primero, pues que sois los más;
e invocad el nombre de vuestros dioses, mas no pongáis fuego debajo. 26 Y
ellos tomaron el buey que les fue dado y lo prepararon, e invocaron el nombre
de Baal desde la mañana hasta el mediodía, diciendo: ¡Baal, respóndenos! Pero
no había voz, ni quien respondiese; entre tanto, ellos andaban saltando cerca
del altar que habían hecho. 27 Y aconteció al mediodía, que Elías se burlaba
de ellos, diciendo: Gritad en alta voz, porque dios es; quizá está meditando,
o tiene algún trabajo, o va de camino; tal vez duerme, y hay que despertarle.
28 Y ellos clamaban a grandes voces, y se sajaban con cuchillos y con lancetas
conforme a su costumbre, hasta chorrear la sangre sobre ellos. 29 Pasó el
mediodía, y ellos siguieron gritando frenéticamente hasta la hora de ofrecerse
el sacrificio, pero no hubo ninguna voz, ni quien respondiese ni escuchase.
30 Entonces dijo Elías a todo el pueblo: Acercaos a mí. Y
todo el pueblo se le acercó; y él arregló el altar de Jehová que estaba
arruinado. 31 Y tomando Elías doce piedras, conforme al número de las tribus
de los hijos de Jacob, al cual había sido dada palabra de Jehová diciendo,
Israel será tu nombre, 32 edificó con las piedras un altar en el nombre de
Jehová; después hizo una zanja alrededor del altar, en que cupieran dos
medidas de grano. 33 Preparó luego la leña, y cortó el buey en pedazos, y lo
puso sobre la leña. 34 Y dijo: Llenad cuatro cántaros de agua, y derramadla
sobre el holocausto y sobre la leña. Y dijo: Hacedlo otra vez; y otra vez lo
hicieron. Dijo aún: Hacedlo la tercera vez; y lo hicieron la tercera vez, 35
de manera que el agua corría alrededor del altar, y también se había llenado
de agua la zanja.
36 Cuando llegó la hora de ofrecerse el holocausto, se
acercó el profeta Elías y dijo: Jehová Dios de Abraham, de Isaac y de Israel,
sea hoy manifiesto que tú eres Dios en Israel, y que yo soy tu siervo, y que
por mandato tuyo he hecho todas estas cosas. 37 Respóndeme, Jehová,
respóndeme, para que conozca este pueblo que tú, oh Jehová, eres el Dios, y
que tú vuelves a ti el corazón de ellos. 38 Entonces cayó fuego de Jehová, y
consumió el holocausto, la leña, las piedras y el polvo, y aun lamió el agua
que estaba en la zanja. 39 Viéndolo todo el pueblo, se postraron y dijeron:
¡Jehová es el Dios, Jehová es el Dios! 40 Entonces Elías les dijo: Prended a
los profetas de Baal, para que no escape ninguno. Y ellos los prendieron; y
los llevó Elías al arroyo de Cisón, y allí los degolló.
Elías ora por lluvia
41 Entonces Elías dijo a Acab: Sube, come y bebe; porque
una lluvia grande se oye. 42 Acab subió a comer y a beber. Y Elías subió a la
cumbre del Carmelo, y postrándose en tierra, puso su rostro entre las
rodillas. 43 Y dijo a su criado: Sube ahora, y mira hacia el mar. Y él subió,
y miró, y dijo: No hay nada. Y él le volvió a decir: Vuelve siete veces. 44 A
la séptima vez dijo: Yo veo una pequeña nube como la palma de la mano de un
hombre, que sube del mar. Y él dijo: Ve, y di a Acab: Unce tu carro y
desciende, para que la lluvia no te ataje. 45 Y aconteció, estando en esto,
que los cielos se oscurecieron con nubes y viento, y hubo una gran lluvia. Y
subiendo Acab, vino a Jezreel. 46 Y la mano de Jehová estuvo sobre Elías, el
cual ciñó sus lomos, y corrió delante de Acab hasta llegar a Jezreel.
Elías huye a Horeb
1 REYES 19
1 Acab dio a Jezabel la nueva de todo lo que Elías había
hecho, y de cómo había matado a espada a todos los profetas. 2 Entonces envió
Jezabel a Elías un mensajero, diciendo: Así me hagan los dioses, y aun me
añadan, si mañana a estas horas yo no he puesto tu persona como la de uno de
ellos. 3 Viendo, pues, el peligro, se levantó y se fue para salvar su vida, y
vino a Beerseba, que está en Judá, y dejó allí a su criado.
4 Y él se fue por el desierto un día de camino, y vino y
se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová,
quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres. 5 Y echándose debajo del
enebro, se quedó dormido; y he aquí luego un ángel le tocó, y le dijo:
Levántate, come. 6 Entonces él miró, y he aquí a su cabecera una torta cocida
sobre las ascuas, y una vasija de agua; y comió y bebió, y volvió a dormirse.
7 Y volviendo el ángel de Jehová la segunda vez, lo tocó, diciendo: Levántate
y come, porque largo camino te resta. 8 Se levantó, pues, y comió y bebió; y
fortalecido con aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta
Horeb, el monte de Dios.
9 Y allí se metió en una cueva, donde pasó la noche. Y
vino a él palabra de Jehová, el cual le dijo: ¿Qué haces aquí, Elías? 10 El
respondió: He sentido un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque
los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han
matado a espada a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para
quitarme la vida. 11 El le dijo: Sal fuera, y ponte en el monte delante de
Jehová. Y he aquí Jehová que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía
los montes, y quebraba las peñas delante de Jehová; pero Jehová no estaba en
el viento. Y tras el viento un terremoto; pero Jehová no estaba en el
terremoto. 12 Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego.
Y tras el fuego un silbo apacible y delicado. 13 Y cuando lo oyó Elías, cubrió
su rostro con su manto, y salió, y se puso a la puerta de la cueva. Y he aquí
vino a él una voz, diciendo: ¿Qué haces aquí, Elías? 14 El respondió: He
sentido un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de
Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a
tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida. 15 Y le
dio Jehová: Ve, vuélvete por tu camino, por el desierto de Damasco; y
llegarás, y ungirás a Hazael por rey de Siria. 16 A Jehú hijo de Nimsi ungirás
por rey sobre Israel; y a Eliseo hijo de Safat, de Abel-mehola, ungirás para
que sea profeta en tu lugar. 17 Y el que escapare de la espada de Hazael, Jehú
lo matará; y el que escapare de la espada de Jehú, Eliseo lo matará. 18 Y yo
haré que queden en Israel siete mil, cuyas rodillas no se doblaron ante Baal,
y cuyas bocas no lo besaron.
Llamamiento de Eliseo
19 Partiendo él de allí, halló a Eliseo hijo de Safat,
que araba con doce yuntas delante de sí, y él tenía la última. Y pasando Elías
por delante de él, echó sobre él su manto. 20 Entonces dejando él los bueyes,
vino corriendo en pos de Elías, y dijo: Te ruego que me dejes besar a mi padre
y a mi madre, y luego te seguiré. Y él le dijo: Ve, vuelve; ¿qué te he hecho
yo? 21 Y se volvió, y tomó un par de bueyes y los mató, y con el arado de los
bueyes coció la carne, y la dio al pueblo para que comiesen. Después se
levantó y fue tras Elías, y le servía.
Acab derrota a los sirios
1 REYES 20
1 Entonces Ben-adad rey de Siria juntó a todo su
ejército, y con él a treinta y dos reyes, con caballos y carros; y subió y
sitió a Samaria, y la combatió. 2 Y envió mensajeros a la ciudad a Acab rey de
Israel, diciendo: 3 Así ha dicho Ben-adad: Tu plata y tu oro son míos, y tus
mujeres y tus hijos hermosos son míos. 4 Y el rey de Israel respondió y dijo:
Como tú dices, rey señor mío, yo soy tuyo, y todo lo que tengo. 5 Volviendo
los mensajeros otra vez, dijeron: Así dijo Ben-adad: Yo te envié a decir: Tu
plata y tu oro, y tus mujeres y tus hijos me darás. 6 Además, mañana a estas
horas enviaré yo a ti mis siervos, los cuales registrarán tu casa, y las casas
de tus siervos; y tomarán y llevarán todo lo precioso que tengas.
7 Entonces el rey de Israel llamó a todos los ancianos
del país, y les dijo: Entended, y ved ahora cómo éste no busca sino mal; pues
ha enviado a mí por mis mujeres y mis hijos, y por mi plata y por mi oro, y yo
no se lo he negado. 8 Y todos los ancianos y todo el pueblo le respondieron:
No le obedezcas, ni hagas lo que te pide. 9 Entonces él respondió a los
embajadores de Ben-adad: Decid al rey mi señor: Haré todo lo que mandaste a tu
siervo al principio; mas esto no lo puedo hacer. Y los embajadores fueron, y
le dieron la respuesta. 10 Y Ben-adad nuevamente le envió a decir: Así me
hagan los dioses, y aun me añadan, que el polvo de Samaria no bastará a los
puños de todo el pueblo que me sigue. 11 Y el rey de Israel respondió y dijo:
Decidle que no se alabe tanto el que se ciñe las armas, como el que las
desciñe.
12 Y cuando él oyó esta palabra, estando bebiendo con los
reyes en las tiendas, dijo a sus siervos: Disponeos. Y ellos se dispusieron
contra la ciudad. 13 Y he aquí un profeta vino a Acab rey de Israel, y le
dijo: Así ha dicho Jehová: ¿Has visto esta gran multitud? He aquí yo te la
entregaré hoy en tu mano, para que conozcas que yo soy Jehová. 14 Y respondió
Acab: ¿Por mano de quién? El dijo: Así ha dicho Jehová: Por mano de los
siervos de los príncipes de las provincias. Y dijo Acab: ¿Quién comenzará la
batalla? Y él respondió: Tú. 15 Entonces él pasó revista a los siervos de los
príncipes de las provincias, los cuales fueron doscientos treinta y dos. Luego
pasó revista a todo el pueblo, a todos los hijos de Israel, que fueron siete
mil.
16 Y salieron a mediodía. Y estaba Ben-adad bebiendo y
embriagándose en las tiendas, él y los reyes, los treinta y dos reyes que
habían venido en su ayuda. 17 Y los siervos de los príncipes de las provincias
salieron los primeros. Y Ben-adad había enviado quien le dio aviso, diciendo:
Han salido hombres de Samaria. 18 El entonces dijo: Si han salido por paz,
tomadlos vivos; y si han salido para pelear, tomadlos vivos.
19 Salieron, pues, de la ciudad los siervos de los
príncipes de las provincias, y en pos de ellos el ejército. 20 Y mató cada uno
al que venía contra él; y huyeron los sirios, siguiéndoles los de Israel. Y el
rey de Siria, Ben-adad, se escapó en un caballo con alguna gente de
caballería. 21 Y salió el rey de Israel, e hirió la gente de a caballo, y los
carros, y deshizo a los sirios causándoles gran estrago.
22 Vino luego el profeta al rey de Israel y le dijo: Ve,
fortalécete, y considera y mira lo que hagas; porque pasado un año, el rey de
Siria vendrá contra ti.
23 Y los siervos del rey de Siria le dijeron: Sus dioses
son dioses de los montes, por eso nos han vencido; mas si peleáremos con ellos
en la llanura, se verá si no los vencemos. 24 Haz, pues, así: Saca a los reyes
cada uno de su puesto, y pon capitanes en lugar de ellos. 25 Y tú fórmate otro
ejército como el ejército que perdiste, caballo por caballo, y carro por
carro; luego pelearemos con ellos en campo raso, y veremos si no los vencemos.
Y él les dio oído, y lo hizo así.
26 Pasado un año, Ben-adad pasó revista al ejército de
los sirios, y vino a Afec para pelear contra Israel. 27 Los hijos de Israel
fueron también inspeccionados, y tomando provisiones fueron al encuentro de
ellos; y acamparon los hijos de Israel delante de ellos como dos rebañuelos de
cabras, y los sirios llenaban la tierra. 28 Vino entonces el varón de Dios al
rey de Israel, y le habló diciendo: Así dijo Jehová: Por cuanto los sirios han
dicho: Jehová es Dios de los montes, y no Dios de los valles, yo entregaré
toda esta gran multitud en tu mano, para que conozcáis que yo soy Jehová. 29
Siete días estuvieron acampados los unos frente a los otros, y al séptimo día
se dio la batalla; y los hijos de Israel mataron de los sirios en un solo día
cien mil hombres de a pie. 30 Los demás huyeron a Afec, a la ciudad; y el muro
cayó sobre veintisiete mil hombres que habían quedado. También Ben- adad vino
huyendo a la ciudad, y se escondía de aposento en aposento.
31 Entonces sus siervos le dijeron: He aquí, hemos oído
de los reyes de la casa de Israel, que son reyes clementes; pongamos, pues,
ahora cilicio en nuestros lomos, y sogas en nuestros cuellos, y salgamos al
rey de Israel, a ver si por ventura te salva la vida. 32 Ciñeron, pues, sus
lomos con cilicio, y sogas a sus cuellos, y vinieron al rey de Israel y le
dijeron: Tu siervo Ben-adad dice: Te ruego que viva mi alma. Y él respondió:
Si él vive aún, mi hermano es. 33 Esto tomaron aquellos hombres por buen
augurio, y se apresuraron a tomar la palabra de su boca, y dijeron: Tu hermano
Ben-adad vive. Y él dijo: Id y traedle. Ben-adad entonces se presentó a Acab,
y él le hizo subir en un carro. 34 Y le dijo Ben-adad: Las ciudades que mi
padre tomó al tuyo, yo las restituiré; y haz plazas en Damasco para ti, como
mi padre las hizo en Samaria. Y yo, dijo Acab, te dejaré partir con este
pacto. Hizo, pues, pacto con él, y le dejó ir.
35 Entonces un varón de los hijos de los profetas dijo a
su compañero por palabra de Dios: Hiéreme ahora. Mas el otro no quiso herirle.
36 El le dijo: Por cuanto no has obedecido a la palabra de Jehová, he aquí que
cuando te apartes de mí, te herirá un león. Y cuando se apartó de él, le
encontró un león, y le mató. 37 Luego se encontró con otro hombre, y le dijo:
Hiéreme ahora. Y el hombre le dio un golpe, y le hizo una herida. 38 Y el
profeta se fue, y se puso delante del rey en el camino, y se disfrazó,
poniéndose una venda sobre los ojos. 39 Y cuando el rey pasaba, él dio voces
al rey, y dijo: Tu siervo salió en medio de la batalla; y he aquí que se me
acercó un soldado y me trajo un hombre, diciéndome: Guarda a este hombre, y si
llegare a huir, tu vida será por la suya, o pagarás un talento de plata. 40 Y
mientras tu siervo estaba ocupado en una y en otra cosa, el hombre
desapareció. Entonces el rey de Israel le dijo: Esa será tu sentencia; tú la
has pronunciado. 41 Pero él se quitó de pronto la venda de sobre sus ojos, y
el rey de Israel conoció que era de los profetas. 42 Y él le dijo: Así ha
dicho Jehová: Por cuanto soltaste de la mano el hombre de mi anatema, tu vida
será por la suya, y tu pueblo por el suyo. 43 Y el rey de Israel se fue a su
casa triste y enojado, y llegó a Samaria.
Acab y la viña de Nabot
1 REYES 21
1 Pasadas estas cosas, aconteció que Nabot de Jezreel
tenía allí una viña junto al palacio de Acab rey de Samaria. 2 Y Acab habló a
Nabot, diciendo: Dame tu viña para un huerto de legumbres, porque está cercana
a mi casa, y yo te daré por ella otra viña mejor que esta; o si mejor te
pareciere, te pagaré su valor en dinero. 3 Y Nabot respondió a Acab: Guárdeme
Jehová de que yo te dé a ti la heredad de mis padres. 4 Y vino Acab a su casa
triste y enojado, por la palabra que Nabot de Jezreel le había respondido,
diciendo: No te daré la heredad de mis padres. Y se acostó en su cama, y
volvió su rostro, y no comió.
5 Vino a él su mujer Jezabel, y le dijo: ¿Por qué está
tan decaído tu espíritu, y no comes? 6 El respondió: Porque hablé con Nabot de
Jezreel, y le dije que me diera su viña por dinero, o que si más quería, le
daría otra viña por ella; y él respondió: Yo no te daré mi viña. 7 Y su mujer
Jezabel le dijo: ¿Eres tú ahora rey sobre Israel? Levántate, y come y
alégrate; yo te daré la viña de Nabot de Jezreel.
8 Entonces ella escribió cartas en nombre de Acab, y las
selló con su anillo, y las envió a los ancianos y a los principales que
moraban en la ciudad con Nabot. 9 Y las cartas que escribió decían así:
Proclamad ayuno, y poned a Nabot delante del pueblo; 10 y poned a dos hombres
perversos delante de él, que atestigüen contra él y digan: Tú has blasfemado a
Dios y al rey. Y entonces sacadlo, y apedreadlo para que muera. 11 Y los de su
ciudad, los ancianos y los principales que moraban en su ciudad, hicieron como
Jezabel les mandó, conforme a lo escrito en las cartas que ella les había
enviado. 12 Y promulgaron ayuno, y pusieron a Nabot delante del pueblo. 13
Vinieron entonces dos hombres perversos, y se sentaron delante de él; y
aquellos hombres perversos atestiguaron contra Nabot delante del pueblo,
diciendo: Nabot ha blasfemado a Dios y al rey. Y lo llevaron fuera de la
ciudad y lo apedrearon, y murió. 14 Después enviaron a decir a Jezabel: Nabot
ha sido apedreado y ha muerto.
15 Cuando Jezabel oyó que Nabot había sido apedreado y
muerto, dijo a Acab: Levántate y toma la viña de Nabot de Jezreel, que no te
la quiso dar por dinero; porque Nabot no vive, sino que ha muerto. 16 Y oyendo
Acab que Nabot era muerto, se levantó para descender a la viña de Nabot de
Jezreel, para tomar posesión de ella.
17 Entonces vino palabra de Jehová a Elías tisbita,
diciendo: 18 Levántate, desciende a encontrarte con Acab rey de Israel, que
está en Samaria; he aquí él está en la viña de Nabot, a la cual ha descendido
para tomar posesión de ella. 19 Y le hablarás diciendo: Así ha dicho Jehová:
¿No mataste, y también has despojado? Y volverás a hablarle, diciendo: Así ha
dicho Jehová: En el mismo lugar donde lamieron los perros la sangre de Nabot,
los perros lamerán también tu sangre, tu misma sangre.
20 Y Acab dijo a Elías: ¿Me has hallado, enemigo mío? El
respondió: Te he encontrado, porque te has vendido a hacer lo malo delante de
Jehová. 21 He aquí yo traigo mal sobre ti, y barreré tu posteridad y destruiré
hasta el último varón de la casa de Acab, tanto el siervo como el libre en
Israel. 22 Y pondré tu casa como la casa de Jeroboam hijo de Nabat, y como la
casa de Baasa hijo de Ahías, por la rebelión con que me provocaste a ira, y
con que has hecho pecar a Israel. 23 De Jezabel también ha hablado Jehová,
diciendo: Los perros comerán a Jezabel en el muro de Jezreel. 24 El que de
Acab fuere muerto en la ciudad, los perros lo comerán, y el que fuere muerto
en el campo, lo comerán las aves del cielo.
25 (A la verdad ninguno fue como Acab, que se vendió para
hacer lo malo ante los ojos de Jehová; porque Jezabel su mujer lo incitaba. 26
El fue en gran manera abominable, caminando en pos de los ídolos, conforme a
todo lo que hicieron los amorreos, a los cuales lanzó Jehová de delante de los
hijos de Israel.)
27 Y sucedió que cuando Acab oyó estas palabras, rasgó
sus vestidos y puso cilicio sobre su carne, ayunó, y durmió en cilicio, y
anduvo humillado. 28 Entonces vino palabra de Jehová a Elías tisbita,
diciendo: 29 ¿No has visto cómo Acab se ha humillado delante de mí? Pues por
cuanto se ha humillado delante de mí, no traeré el mal en sus días; en los
días de su hijo traeré el mal sobre su casa.
Micaías profetiza la derrota de Acab
(2 Cr. 18.1-34)
1 REYES 22
1 Tres años pasaron sin guerra entre los sirios e Israel.
2 Y aconteció al tercer año, que Josafat rey de Judá descendió al rey de
Israel. 3 Y el rey de Israel dijo a sus siervos: ¿No sabéis que Ramot de
Galaad es nuestra, y nosotros no hemos hecho nada para tomarla de mano del rey
de Siria? 4 Y dijo a Josafat: ¿Quieres venir conmigo a pelear contra Ramot de
Galaad? Y Josafat respondió al rey de Israel: Yo soy como tú, y mi pueblo como
tu pueblo, y mis caballos como tus caballos.
5 Dijo luego Josafat al rey de Israel: Yo te ruego que
consultes hoy la palabra de Jehová. 6 Entonces el rey de Israel reunió a los
profetas, como cuatrocientos hombres, a los cuales dijo: ¿Iré a la guerra
contra Ramot de Galaad, o la dejaré? Y ellos dijeron: Sube, porque Jehová la
entregará en mano del rey. 7 Y dijo Josafat: ¿Hay aún aquí algún profeta de
Jehová, por el cual consultemos? 8 El rey de Israel respondió a Josafat: Aún
hay un varón por el cual podríamos consultar a Jehová, Micaías hijo de Imla;
mas yo le aborrezco, porque nunca me profetiza bien, sino solamente mal. Y
Josafat dijo: No hable el rey así. 9 Entonces el rey de Israel llamó a un
oficial, y le dijo: Trae pronto a Micaías hijo de Imla. 10 Y el rey de Israel
y Josafat rey de Judá estaban sentados cada uno en su silla, vestidos de sus
ropas reales, en la plaza junto a la entrada de la puerta de Samaria; y todos
los profetas profetizaban delante de ellos. 11 Y Sedequías hijo de Quenaana se
había hecho unos cuernos de hierro, y dijo: Así ha dicho Jehová: Con éstos
acornearás a los sirios hasta acabarlos. 12 Y todos los profetas profetizaban
de la misma manera, diciendo: Sube a Ramot de Galaad, y serás prosperado;
porque Jehová la entregará en mano del rey.
13 Y el mensajero que había ido a llamar a Micaías, le
habló diciendo: He aquí que las palabras de los profetas a una voz anuncian al
rey cosas buenas; sea ahora tu palabra conforme a la palabra de alguno de
ellos, y anuncia también buen éxito. 14 Y Micaías respondió: Vive Jehová, que
lo que Jehová me hablare, eso diré. 15 Vino, pues, al rey, y el rey le dijo:
Micaías, ¿iremos a pelear contra Ramot de Galaad, o la dejaremos? El le
respondió: Sube, y serás prosperado, y Jehová la entregará en mano del rey. 16
Y el rey le dijo: ¿Hasta cuántas veces he de exigirte que no me digas sino la
verdad en el nombre de Jehová? 17 Entonces él dijo: Yo vi a todo Israel
esparcido por los montes, como ovejas que no tienen pastor; y Jehová dijo:
Estos no tienen señor; vuélvase cada uno a su casa en paz. 18 Y el rey de
Israel dijo a Josafat: ¿No te lo había yo dicho? Ninguna cosa buena
profetizará él acerca de mí, sino solamente el mal. 19 Entonces él dijo: Oye,
pues, palabra de Jehová: Yo vi a Jehová sentado en su trono, y todo el
ejército de los cielos estaba junto a él, a su derecha y a su izquierda. 20 Y
Jehová dijo: ¿Quién inducirá a Acab, para que suba y caiga en Ramot de Galaad?
Y uno decía de una manera, y otro decía de otra. 21 Y salió un espíritu y se
puso delante de Jehová, y dijo: Yo le induciré. Y Jehová le dijo: ¿De qué
manera? 22 El dijo: Yo saldré, y seré espíritu de mentira en boca de todos sus
profetas. Y él dijo: Le inducirás, y aun lo conseguirás; vé, pues, y hazlo
así. 23 Y ahora, he aquí Jehová ha puesto espíritu de mentira en la boca de
todos tus profetas, y Jehová ha decretado el mal acerca de ti.
24 Entonces se acercó Sedequías hijo de Quenaana y golpeó
a Micaías en la mejilla, diciendo: ¿Por dónde se fue de mí el Espíritu de
Jehová para hablarte a ti? 25 Y Micaías respondió: He aquí tú lo verás en
aquel día, cuando te irás metiendo de aposento en aposento para esconderte. 26
Entonces el rey de Israel dijo: Toma a Micaías, y llévalo a Amón gobernador de
la ciudad, y a Joás hijo del rey; 27 y dirás: Así ha dicho el rey: Echad a
éste en la cárcel, y mantenedle con pan de angustia y con agua de aflicción,
hasta que yo vuelva en paz. 28 Y dijo Micaías: Si llegas a volver en paz,
Jehová no ha hablado por mí. En seguida dijo: Oíd, pueblos todos.
29 Subió, pues, el rey de Israel con Josafat rey de Judá
a Ramot de Galaad. 30 Y el rey de Israel dijo a Josafat: Yo me disfrazaré, y
entraré en la batalla; y tú ponte tus vestidos. Y el rey de Israel se
disfrazó, y entró en la batalla. 31 Mas el rey de Siria había mandado a sus
treinta y dos capitanes de los carros, diciendo: No peleéis ni con grande ni
con chico, sino sólo contra el rey de Israel. 32 Cuando los capitanes de los
carros vieron a Josafat, dijeron: Ciertamente éste es el rey de Israel; y
vinieron contra él para pelear con él; mas el rey Josafat gritó. 33 Viendo
entonces los capitanes de los carros que no era el rey de Israel, se apartaron
de él. 34 Y un hombre disparó su arco a la ventura e hirió al rey de Israel
por entre las junturas de la armadura, por lo que dijo él a su cochero: Da la
vuelta, y sácame del campo, pues estoy herido. 35 Pero la batalla había
arreciado aquel día, y el rey estuvo en su carro delante de los sirios, y a la
tarde murió; y la sangre de la herida corría por el fondo del carro. 36 Y a la
puesta del sol salió un pregón por el campamento, diciendo: ¡Cada uno a su
ciudad, y cada cual a su tierra!
37 Murió, pues, el rey, y fue traído a Samaria; y
sepultaron al rey en Samaria. 38 Y lavaron el carro en el estanque de Samaria;
y los perros lamieron su sangre (y también las rameras se lavaban allí),
conforme a la palabra que Jehová había hablado. 39 El resto de los hechos de
Acab, y todo lo que hizo, y la casa de marfil que construyó, y todas las
ciudades que edificó, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los
reyes de Israel? 40 Y durmió Acab con sus padres, y reinó en su lugar Ocozías
su hijo.
Reinado de Josafat
(2 Cr. 20.31-37)
41 Josafat hijo de Asa comenzó a reinar sobre Judá en el
cuarto año de Acab rey de Israel. 42 Era Josafat de treinta y cinco años
cuando comenzó a reinar, y reinó veinticinco años en Jerusalén. El nombre de
su madre fue Azuba hija de Silhi. 43 Y anduvo en todo el camino de Asa su
padre, sin desviarse de él, haciendo lo recto ante los ojos de Jehová. Con
todo eso, los lugares altos no fueron quitados; porque el pueblo sacrificaba
aún, y quemaba incienso en ellos. 44 Y Josafat hizo paz con el rey de Israel.
45 Los demás hechos de Josafat, y sus hazañas, y las
guerras que hizo, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes
de Judá? 46 Barrió también de la tierra el resto de los sodomitas que había
quedado en el tiempo de su padre Asa.
47 No había entonces rey en Edom; había gobernador en
lugar de rey. 48 Josafat había hecho naves de Tarsis, las cuales habían de ir
a Ofir por oro; mas no fueron, porque se rompieron en Ezión-geber. 49 Entonces
Ocozías hijo de Acab dijo a Josafat: Vayan mis siervos con los tuyos en las
naves. Mas Josafat no quiso. 50 Y durmió Josafat con sus padres, y fue
sepultado con ellos en la ciudad de David su padre; y en su lugar reinó Joram
su hijo.
Reinado de Ocozías de Israel
51 Ocozías hijo de Acab comenzó a reinar sobre Israel en
Samaria, el año diecisiete de Josafat rey de Judá; y reinó dos años sobre
Israel. 52 E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, y anduvo en el camino de su
padre, y en el camino de su madre, y en el camino de Jeroboam hijo de Nabat,
que hizo pecar a Israel; 53 porque sirvió a Baal, y lo adoró, y provocó a ira
a Jehová Dios de Israel, conforme a todas las cosas que había hecho su padre.
Segundo Libro de los
REYES
Muerte de Ocozías
2 REYES 1
1 Después de la muerte de Acab, se rebeló Moab contra
Israel.
2 Y Ocozías cayó por la ventana de una sala de la casa
que tenía en Samaria; y estando enfermo, envió mensajeros, y les dijo: Id y
consultad a Baal-zebub dios de Ecrón, si he de sanar de esta mi enfermedad. 3
Entonces el ángel de Jehová habló a Elías tisbita, diciendo: Levántate, y sube
a encontrarte con los mensajeros del rey de Samaria, y diles: ¿No hay Dios en
Israel, que vais a consultar a Baal-zebub dios de Ecrón? 4 Por tanto, así ha
dicho Jehová: Del lecho en que estás no te levantarás, sino que ciertamente
morirás. Y Elías se fue.
5 Cuando los mensajeros se volvieron al rey, él les dijo:
¿Por qué os habéis vuelto? 6 Ellos le respondieron: Encontramos a un varón que
nos dijo: Id, y volveos al rey que os envió, y decidle: Así ha dicho Jehová:
¿No hay Dios en Israel, que tú envías a consultar a Baal-zebub dios de Ecrón?
Por tanto, del lecho en que estás no te levantarás; de cierto morirás. 7
Entonces él les dijo: ¿Cómo era aquel varón que encontrasteis, y os dijo tales
palabras? 8 Y ellos le respondieron: Un varón que tenía vestido de pelo, y
ceñía sus lomos con un cinturón de cuero. Entonces él dijo: Es Elías tisbita.
9 Luego envió a él un capitán de cincuenta con sus
cincuenta, el cual subió a donde él estaba; y he aquí que él estaba sentado en
la cumbre del monte. Y el capitán le dijo: Varón de Dios, el rey ha dicho que
desciendas. 10 Y Elías respondió y dijo al capitán de cincuenta: Si yo soy
varón de Dios, descienda fuego del cielo, y consúmate con tus cincuenta. Y
descendió fuego del cielo, que lo consumió a él y a sus cincuenta.
11 Volvió el rey a enviar a él otro capitán de cincuenta
con sus cincuenta; y le habló y dijo: Varón de Dios, el rey ha dicho así:
Desciende pronto. 12 Y le respondió Elías y dijo: Si yo soy varón de Dios,
descienda fuego del cielo, y consúmate con tus cincuenta. Y descendió fuego
del cielo, y lo consumió a él y a sus cincuenta.
13 Volvió a enviar al tercer capitán de cincuenta con sus
cincuenta; y subiendo aquel tercer capitán de cincuenta, se puso de rodillas
delante de Elías y le rogó, diciendo: Varón de Dios, te ruego que sea de valor
delante de tus ojos mi vida, y la vida de estos tus cincuenta siervos. 14 He
aquí ha descendido fuego del cielo, y ha consumido a los dos primeros
capitanes de cincuenta con sus cincuenta; sea estimada ahora mi vida delante
de tus ojos. 15 Entonces el ángel de Jehová dijo a Elías: Desciende con él; no
tengas miedo de él. Y él se levantó, y descendió con él al rey. 16 Y le dijo:
Así ha dicho Jehová: Por cuanto enviaste mensajeros a consultar a Baal-zebub
dios de Ecrón, ¿no hay Dios en Israel para consultar en su palabra? No te
levantarás, por tanto, del lecho en que estás, sino que de cierto morirás.
17 Y murió conforme a la palabra de Jehová, que había
hablado Elías. Reinó en su lugar Joram, en el segundo año de Joram hijo de
Josafat, rey de Judá; porque Ocozías no tenía hijo. 18 Los demás hechos de
Ocozías, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de
Israel?
Eliseo sucede a Elías
2 REYES 2
1 Aconteció que cuando quiso Jehová alzar a Elías en un
torbellino al cielo, Elías venía con Eliseo de Gilgal. 2 Y dijo Elías a
Eliseo: Quédate ahora aquí, porque Jehová me ha enviado a Bet-el. Y Eliseo
dijo: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Descendieron, pues, a Bet-el.
3 Y saliendo a Eliseo los hijos de los profetas que estaban en Bet-el, le
dijeron: ¿Sabes que Jehová te quitará hoy a tu señor de sobre ti? Y él dijo:
Sí, yo lo sé; callad.
4 Y Elías le volvió a decir: Eliseo, quédate aquí ahora,
porque Jehová me ha enviado a Jericó. Y él dijo: Vive Jehová, y vive tu alma,
que no te dejaré. Vinieron, pues, a Jericó. 5 Y se acercaron a Eliseo los
hijos de los profetas que estaban en Jericó, y le dijeron: ¿Sabes que Jehová
te quitará hoy a tu señor de sobre ti? El respondió: Sí, yo lo sé; callad.
6 Y Elías le dijo: Te ruego que te quedes aquí, porque
Jehová me ha enviado al Jordán. Y él dijo: Vive Jehová, y vive tu alma, que no
te dejaré. Fueron, pues, ambos. 7 Y vinieron cincuenta varones de los hijos de
los profetas, y se pararon delante a lo lejos; y ellos dos se pararon junto al
Jordán. 8 Tomando entonces Elías su manto, lo dobló, y golpeó las aguas, las
cuales se apartaron a uno y a otro lado, y pasaron ambos por lo seco.
9 Cuando habían pasado, Elías dijo a Eliseo: Pide lo que
quieras que haga por ti, antes que yo sea quitado de ti. Y dijo Eliseo: Te
ruego que una doble porción de tu espíritu sea sobre mí. 10 El le dijo: Cosa
difícil has pedido. Si me vieres cuando fuere quitado de ti, te será hecho
así; mas si no, no.
11 Y aconteció que yendo ellos y hablando, he aquí un
carro de fuego con caballos de fuego apartó a los dos; y Elías subió al cielo
en un torbellino. 12 Viéndolo Eliseo, clamaba: ¡Padre mío, padre mío, carro de
Israel y su gente de a caballo! Y nunca más le vio; y tomando sus vestidos,
los rompió en dos partes. 13 Alzó luego el manto de Elías que se le había
caído, y volvió, y se paró a la orilla del Jordán. 14 Y tomando el manto de
Elías que se le había caído, golpeó las aguas, y dijo: ¿Dónde está Jehová, el
Dios de Elías? Y así que hubo golpeado del mismo modo las aguas, se apartaron
a uno y a otro lado, y pasó Eliseo.
15 Viéndole los hijos de los profetas que estaban en
Jericó al otro lado, dijeron: El espíritu de Elías reposó sobre Eliseo. Y
vinieron a recibirle, y se postraron delante de él. 16 Y dijeron: He aquí hay
con tus siervos cincuenta varones fuertes; vayan ahora y busquen a tu señor;
quizá lo ha levantado el Espíritu de Jehová, y lo ha echado en algún monte o
en algún valle. Y él les dijo: No enviéis. 17 Mas ellos le importunaron, hasta
que avergonzándose dijo: Enviad. Entonces ellos enviaron cincuenta hombres,
los cuales lo buscaron tres días, mas no lo hallaron. 18 Y cuando volvieron a
Eliseo, que se había quedado en Jericó, él les dijo: ¿No os dije yo que no
fueseis?
19 Y los hombres de la ciudad dijeron a Eliseo: He aquí,
el lugar en donde está colocada esta ciudad es bueno, como mi señor ve; mas
las aguas son malas, y la tierra es estéril. 20 Entonces él dijo: Traedme una
vasija nueva, y poned en ella sal. Y se la trajeron. 21 Y saliendo él a los
manantiales de las aguas, echó dentro la sal, y dijo: Así ha dicho Jehová: Yo
sané estas aguas, y no habrá más en ellas muerte ni enfermedad. 22 Y fueron
sanas las aguas hasta hoy, conforme a la palabra que habló Eliseo.
23 Después subió de allí a Bet-el; y subiendo por el
camino, salieron unos muchachos de la ciudad, y se burlaban de él, diciendo:
¡Calvo, sube! ¡calvo, sube! 24 Y mirando él atrás, los vio, y los maldijo en
el nombre de Jehová. Y salieron dos osos del monte, y despedazaron de ellos a
cuarenta y dos muchachos. 25 De allí fue al monte Carmelo, y de allí volvió a
Samaria.
Reinado de Joram de Israel
2 REYES 3
1 Joram hijo de Acab comenzó a reinar en Samaria sobre
Israel el año dieciocho de Josafat rey de Judá; y reinó doce años. 2 E hizo lo
malo ante los ojos de Jehová, aunque no como su padre y su madre; porque quitó
las estatuas de Baal que su padre había hecho. 3 Pero se entregó a los pecados
de Jeroboam hijo de Nabat, que hizo pecar a Israel, y no se apartó de ellos.
Eliseo predice la victoria sobre Moab
4 Entonces Mesa rey de Moab era propietario de ganados, y
pagaba al rey de Israel cien mil corderos y cien mil carneros con sus
vellones. 5 Pero muerto Acab, el rey de Moab se rebeló contra el rey de
Israel. 6 Salió entonces de Samaria el rey Joram, y pasó revista a todo
Israel. 7 Y fue y envió a decir a Josafat rey de Judá: El rey de Moab se ha
rebelado contra mí: ¿irás tú conmigo a la guerra contra Moab? Y él respondió:
Iré, porque yo soy como tú; mi pueblo como tu pueblo, y mis caballos como los
tuyos. 8 Y dijo: ¿Por qué camino iremos? Y él respondió: Por el camino del
desierto de Edom.
9 Salieron, pues, el rey de Israel, el rey de Judá, y el
rey de Edom; y como anduvieron rodeando por el desierto siete días de camino,
les faltó agua para el ejército, y para las bestias que los seguían. 10
Entonces el rey de Israel dijo: ¡Ah! que ha llamado Jehová a estos tres reyes
para entregarlos en manos de los moabitas. 11 Mas Josafat dijo: ¿No hay aquí
profeta de Jehová, para que consultemos a Jehová por medio de él? Y uno de los
siervos del rey de Israel respondió y dijo: Aquí está Eliseo hijo de Safat,
que servía a Elías. 12 Y Josafat dijo: Este tendrá palabra de Jehová. Y
descendieron a él el rey de Israel, y Josafat, y el rey de Edom.
13 Entonces Eliseo dijo al rey de Israel: ¿Qué tengo yo
contigo? Ve a los profetas de tu padre, y a los profetas de tu madre. Y el rey
de Israel le respondió: No; porque Jehová ha reunido a estos tres reyes para
entregarlos en manos de los moabitas. 14 Y Eliseo dijo: Vive Jehová de los
ejércitos, en cuya presencia estoy, que si no tuviese respeto al rostro de
Josafat rey de Judá, no te mirara a ti, ni te viera. 15 Mas ahora traedme un
tañedor. Y mientras el tañedor tocaba, la mano de Jehová vino sobre Eliseo, 16
quien dijo: Así ha dicho Jehová: Haced en este valle muchos estanques. 17
Porque Jehová ha dicho así: No veréis viento, ni veréis lluvia; pero este
valle será lleno de agua, y beberéis vosotros, y vuestras bestias y vuestros
ganados. 18 Y esto es cosa ligera en los ojos de Jehová; entregará también a
los moabitas en vuestras manos. 19 Y destruiréis toda ciudad fortificada y
toda villa hermosa, y talaréis todo buen árbol, cegaréis todas las fuentes de
aguas, y destruiréis con piedras toda tierra fértil. 20 Aconteció, pues, que
por la mañana, cuando se ofrece el sacrificio, he aquí vinieron aguas por el
camino de Edom, y la tierra se llenó de aguas.
21 Cuanto todos los de Moab oyeron que los reyes subían a
pelear contra ellos, se juntaron desde los que apenas podían ceñir armadura en
adelante, y se pusieron en la frontera. 22 Cuando se levantaron por la mañana,
y brilló el sol sobre las aguas, vieron los de Moab desde lejos las aguas
rojas como sangre; 23 y dijeron: ¡Esto es sangre de espada! Los reyes se han
vuelto uno contra otro, y cada uno ha dado muerte a su compañero. Ahora, pues,
¡Moab, al botín! 24 Pero cuando llegaron al campamento de Israel, se
levantaron los israelitas y atacaron a los de Moab, los cuales huyeron de
delante de ellos; pero los persiguieron matando a los de Moab. 25 Y asolaron
las ciudades, y en todas las tierras fértiles echó cada uno su piedra, y las
llenaron; cegaron también todas las fuentes de las aguas, y derribaron todos
los buenos árboles; hasta que en Kir-hareset solamente dejaron piedras, porque
los honderos la rodearon y la destruyeron. 26 Y cuando el rey de Moab vio que
era vencido en la batalla, tomó consigo setecientos hombres que manejaban
espada, para atacar al rey de Edom; mas no pudieron. 27 Entonces arrebató a su
primogénito que había de reinar en su lugar, y lo sacrificó en holocausto
sobre el muro. Y hubo grande enojo contra Israel; y se apartaron de él, y se
volvieron a su tierra.
El aceite de la viuda
2 REYES 4
1 Una mujer, de las mujeres de los hijos de los profetas,
clamó a Eliseo, diciendo: Tu siervo mi marido ha muerto; y tú sabes que tu
siervo era temeroso de Jehová; y ha venido el acreedor para tomarse dos hijos
míos por siervos. 2 Y Eliseo le dijo: ¿Qué te haré yo? Declárame qué tienes en
casa. Y ella dijo: Tu sierva ninguna cosa tiene en casa, sino una vasija de
aceite. 3 El le dijo: Ve y pide para ti vasijas prestadas de todos tus
vecinos, vasijas vacías, no pocas. 4 Entra luego, y enciérrate tú y tus hijos;
y echa en todas las vasijas, y cuando una esté llena, ponla aparte. 5 Y se fue
la mujer, y cerró la puerta encerrándose ella y sus hijos; y ellos le traían
las vasijas, y ella echaba del aceite. 6 Cuando las vasijas estuvieron llenas,
dijo a un hijo suyo: Tráeme aún otras vasijas. Y él dijo: No hay más vasijas.
Entonces cesó el aceite. 7 Vino ella luego, y lo contó al varón de Dios, el
cual dijo: Ve y vende el aceite, y paga a tus acreedores; y tú y tus hijos
vivid de lo que quede.
Eliseo y la sunamita
8 Aconteció también que un día pasaba Eliseo por Sunem; y
había allí una mujer importante, que le invitaba insistentemente a que
comiese; y cuando él pasaba por allí, venía a la casa de ella a comer. 9 Y
ella dijo a su marido: He aquí ahora, yo entiendo que éste que siempre pasa
por nuestra casa, es varón santo de Dios. 10 Yo te ruego que hagamos un
pequeño aposento de paredes, y pongamos allí cama, mesa, silla y candelero,
para que cuando él viniere a nosotros, se quede en él.
11 Y aconteció que un día vino él por allí, y se quedó en
aquel aposento, y allí durmió. 12 Entonces dijo a Giezi su criado: Llama a
esta sunamita. Y cuando la llamó, vino ella delante de él. 13 Dijo él entonces
a Giezi: Dile: He aquí tú has estado solícita por nosotros con todo este
esmero; ¿qué quieres que haga por ti? ¿Necesitas que hable por ti al rey, o al
general del ejército? Y ella respondió: Yo habito en medio de mi pueblo. 14 Y
él dijo: ¿Qué, pues, haremos por ella? Y Giezi respondió: He aquí que ella no
tiene hijo, y su marido es viejo. 15 Dijo entonces: Llámala. Y él la llamó, y
ella se paró a la puerta. 16 Y él le dijo: El año que viene, por este tiempo,
abrazarás un hijo. Y ella dijo: No, señor mío, varón de Dios, no hagas burla
de tu sierva. 17 Mas la mujer concibió, y dio a luz un hijo el año siguiente,
en el tiempo que Eliseo le había dicho.
18 Y el niño creció. Pero aconteció un día, que vino a su
padre, que estaba con los segadores; 19 y dijo a su padre: ¡Ay, mi cabeza, mi
cabeza! Y el padre dijo a un criado: Llévalo a su madre. 20 Y habiéndole él
tomado y traído a su madre, estuvo sentado en sus rodillas hasta el mediodía,
y murió. 21 Ella entonces subió, y lo puso sobre la cama del varón de Dios, y
cerrando la puerta, se salió. 22 Llamando luego a su marido, le dijo: Te ruego
que envíes conmigo a alguno de los criados y una de las asnas, para que yo
vaya corriendo al varón de Dios, y regrese. 23 El dijo: ¿Para qué vas a verle
hoy? No es nueva luna, ni día de reposo. Y ella respondió: Paz. 24 Después
hizo enalbardar el asna, y dijo al criado: Guía y anda; y no me hagas detener
en el camino, sino cuando yo te lo dijere. 25 Partió, pues, y vino al varón de
Dios, al monte Carmelo.
Y cuando el varón de Dios la vio de lejos, dijo a su
criado Giezi: He aquí la sunamita. 26 Te ruego que vayas ahora corriendo a
recibirla, y le digas: ¿Te va bien a ti? ¿Le va bien a tu marido, y a tu hijo?
Y ella dijo: Bien. 27 Luego que llegó a donde estaba el varón de Dios en el
monte, se asió de sus pies. Y se acercó Giezi para quitarla; pero el varón de
Dios le dijo: Déjala, porque su alma está en amargura, y Jehová me ha
encubierto el motivo, y no me lo ha revelado. 28 Y ella dijo: ¿Pedí yo hijo a
mi señor? ¿No dije yo que no te burlases de mí? 29 Entonces dijo él a Giezi:
Ciñe tus lomos, y toma mi báculo en tu mano, y ve; si alguno te encontrare, no
lo saludes, y si alguno te saludare, no le respondas; y pondrás mi báculo
sobre el rostro del niño. 30 Y dijo la madre del niño: Vive Jehová, y vive tu
alma, que no te dejaré. 31 El entonces se levantó y la siguió. Y Giezi había
ido delante de ellos, y había puesto el báculo sobre el rostro del niño; pero
no tenía voz ni sentido, y así se había vuelto para encontrar a Eliseo, y se
lo declaró, diciendo: El niño no despierta.
32 Y venido Eliseo a la casa, he aquí que el niño estaba
muerto tendido sobre su cama. 33 Entrando él entonces, cerró la puerta tras
ambos, y oró a Jehová. 34 Después subió y se tendió sobre el niño, poniendo su
boca sobre la boca de él, y sus ojos sobre sus ojos, y sus manos sobre las
manos suyas; así se tendió sobre él, y el cuerpo del niño entró en calor. 35
Volviéndose luego, se paseó por la casa a una y otra parte, y después subió, y
se tendió sobre él nuevamente, y el niño estornudó siete veces, y abrió sus
ojos. 36 Entonces llamó él a Giezi, y le dijo: Llama a esta sunamita. Y él la
llamó. Y entrando ella, él le dijo: Toma tu hijo. 37 Y así que ella entró, se
echó a sus pies, y se inclinó a tierra; y después tomó a su hijo, y salió.
Milagros en beneficio de los profetas
38 Eliseo volvió a Gilgal cuando había una grande hambre
en la tierra. Y los hijos de los profetas estaban con él, por lo que dijo a su
criado: Pon una olla grande, y haz potaje para los hijos de los profetas. 39 Y
salió uno al campo a recoger hierbas, y halló una como parra montés, y de ella
llenó su falda de calabazas silvestres; y volvió, y las cortó en la olla del
potaje, pues no sabía lo que era. 40 Después sirvió para que comieran los
hombres; pero sucedió que comiendo ellos de aquel guisado, gritaron diciendo:
¡Varón de Dios, hay muerte en esa olla! Y no lo pudieron comer. 41 El entonces
dijo: Traed harina. Y la esparció en la olla, y dijo: Da de comer a la gente.
Y no hubo más mal en la olla.
42 Vino entonces un hombre de Baal-salisa, el cual trajo
al varón de Dios panes de primicias, veinte panes de cebada, y trigo nuevo en
su espiga. Y él dijo: Da a la gente para que coma. 43 Y respondió su
sirviente: ¿Cómo pondré esto delante de cien hombres? Pero él volvió a decir:
Da a la gente para que coma, porque así ha dicho Jehová: Comerán, y sobrará.
44 Entonces lo puso delante de ellos, y comieron, y les sobró, conforme a la
palabra de Jehová.
Eliseo y Naamán
2 REYES 5
1 Naamán, general del ejército del rey de Siria, era
varón grande delante de su señor, y lo tenía en alta estima, porque por medio
de él había dado Jehová salvación a Siria. Era este hombre valeroso en
extremo, pero leproso. 2 Y de Siria habían salido bandas armadas, y habían
llevado cautiva de la tierra de Israel a una muchacha, la cual servía a la
mujer de Naamán. 3 Esta dijo a su señora: Si rogase mi señor al profeta que
está en Samaria, él lo sanaría de su lepra. 4 Entrando Naamán a su señor, le
relató diciendo: Así y así ha dicho una muchacha que es de la tierra de
Israel. 5 Y le dijo el rey de Siria: Anda, ve, y yo enviaré cartas al rey de
Israel.
Salió, pues, él, llevando consigo diez talentos de plata,
y seis mil piezas de oro, y diez mudas de vestidos. 6 Tomó también cartas para
el rey de Israel, que decían así: Cuando lleguen a ti estas cartas, sabe por
ellas que yo envío a ti mi siervo Naamán, para que lo sanes de su lepra. 7
Luego que el rey de Israel leyó las cartas, rasgó sus vestidos, y dijo: ¿Soy
yo Dios, que mate y dé vida, para que éste envíe a mí a que sane un hombre de
su lepra? Considerad ahora, y ved cómo busca ocasión contra mí.
8 Cuando Eliseo el varón de Dios oyó que el rey de Israel
había rasgado sus vestidos, envió a decir al rey: ¿Por qué has rasgado tus
vestidos? Venga ahora a mí, y sabrá que hay profeta en Israel. 9 Y vino Naamán
con sus caballos y con su carro, y se paró a las puertas de la casa de Eliseo.
10 Entonces Eliseo le envió un mensajero, diciendo: Vé y lávate siete veces en
el Jordán, y tu carne se te restaurará, y serás limpio. 11 Y Naamán se fue
enojado, diciendo: He aquí yo decía para mí: Saldrá él luego, y estando en pie
invocará el nombre de Jehová su Dios, y alzará su mano y tocará el lugar, y
sanará la lepra. 12 Abana y Farfar, ríos de Damasco, ¿no son mejores que todas
las aguas de Israel? Si me lavare en ellos, ¿no seré también limpio? Y se
volvió, y se fue enojado. 13 Mas sus criados se le acercaron y le hablaron
diciendo: Padre mío, si el profeta te mandara alguna gran cosa, ¿no la harías?
¿Cuánto más, diciéndote: Lávate, y serás limpio? 14 El entonces descendió, y
se zambulló siete veces en el Jordán, conforme a la palabra del varón de Dios;
y su carne se volvió como la carne de un niño, y quedó limpio.
15 Y volvió al varón de Dios, él y toda su compañía, y se
puso delante de él, y dijo: He aquí ahora conozco que no hay Dios en toda la
tierra, sino en Israel. Te ruego que recibas algún presente de tu siervo. 16
Mas él dijo: Vive Jehová, en cuya presencia estoy, que no lo aceptaré. Y le
instaba que aceptara alguna cosa, pero él no quiso. 17 Entonces Naamán dijo:
Te ruego, pues, ¿de esta tierra no se dará a tu siervo la carga de un par de
mulas? Porque de aquí en adelante tu siervo no sacrificará holocausto ni
ofrecerá sacrificio a otros dioses, sino a Jehová. 18 En esto perdone Jehová a
tu siervo: que cuando mi señor el rey entrare en el templo de Rimón para
adorar en él, y se apoyare sobre mi brazo, si yo también me inclinare en el
templo de Rimón; cuando haga tal, Jehová perdone en esto a tu siervo. 19 Y él
le dijo: Ve en paz. Se fue, pues, y caminó como media legua de tierra.
20 Entonces Giezi, criado de Eliseo el varón de Dios,
dijo entre sí: He aquí mi señor estorbó a este sirio Naamán, no tomando de su
mano las cosas que había traído. Vive Jehová, que correré yo tras él y tomaré
de él alguna cosa. 21 Y siguió Giezi a Naamán; y cuando vio Naamán que venía
corriendo tras él, se bajó del carro para recibirle, y dijo: ¿Va todo bien? 22
Y él dijo: Bien. Mi señor me envía a decirte: He aquí vinieron a mí en esta
hora del monte de Efraín dos jóvenes de los hijos de los profetas; te ruego
que les des un talento de plata, y dos vestidos nuevos. 23 Dijo Naamán: Te
ruego que tomes dos talentos. Y le insistió, y ató dos talentos de plata en
dos bolsas, y dos vestidos nuevos, y lo puso todo a cuestas a dos de sus
criados para que lo llevasen delante de él. 24 Y así que llegó a un lugar
secreto, él lo tomó de mano de ellos, y lo guardó en la casa; luego mandó a
los hombres que se fuesen. 25 Y él entró, y se puso delante de su señor. Y
Eliseo le dijo: ¿De dónde vienes, Giezi? Y él dijo: Tu siervo no ha ido a
ninguna parte. 26 El entonces le dijo: ¿No estaba también allí mi corazón,
cuando el hombre volvió de su carro a recibirte? ¿Es tiempo de tomar plata, y
de tomar vestidos, olivares, viñas, ovejas, bueyes, siervos y siervas? 27 Por
tanto, la lepra de Naamán se te pegará a ti y a tu descendencia para siempre.
Y salió de delante de él leproso, blanco como la nieve.
Eliseo hace flotar el hacha
2 REYES 6
1 Los hijos de los profetas dijeron a Eliseo: He aquí, el
lugar en que moramos contigo nos es estrecho. 2 Vamos ahora al Jordán, y
tomemos de allí cada uno una viga, y hagamos allí lugar en que habitemos. Y él
dijo: Andad. 3 Y dijo uno: Te rogamos que vengas con tus siervos. Y él
respondió: Yo iré. 4 Se fue, pues, con ellos; y cuando llegaron al Jordán,
cortaron la madera. 5 Y aconteció que mientras uno derribaba un árbol, se le
cayó el hacha en el agua; y gritó diciendo: ¡Ah, señor mío, era prestada! 6 El
varón de Dios preguntó: ¿Dónde cayó? Y él le mostró el lugar. Entonces cortó
él un palo, y lo echó allí; e hizo flotar el hierro. 7 Y dijo: Tómalo. Y él
extendió la mano, y lo tomó.
Eliseo y los sirios
8 Tenía el rey de Siria guerra contra Israel, y
consultando con sus siervos, dijo: En tal y tal lugar estará mi campamento. 9
Y el varón de Dios envió a decir al rey de Israel: Mira que no pases por tal
lugar, porque los sirios van allí. 10 Entonces el rey de Israel envió a aquel
lugar que el varón de Dios había dicho; y así lo hizo una y otra vez con el
fin de cuidarse.
11 Y el corazón del rey de Siria se turbó por esto; y
llamando a sus siervos, les dijo: ¿No me declararéis vosotros quién de los
nuestros es del rey de Israel? 12 Entonces uno de los siervos dijo: No, rey
señor mío, sino que el profeta Eliseo está en Israel, el cual declara al rey
de Israel las palabras que tú hablas en tu cámara más secreta. 13 Y él dijo:
Id, y mirad dónde está, para que yo envíe a prenderlo. Y le fue dicho: He aquí
que él está en Dotán. 14 Entonces envió el rey allá gente de a caballo, y
carros, y un gran ejército, los cuales vinieron de noche, y sitiaron la
ciudad.
15 Y se levantó de mañana y salió el que servía al varón
de Dios, y he aquí el ejército que tenía sitiada la ciudad, con gente de a
caballo y carros. Entonces su criado le dijo: ¡Ah, señor mío! ¿qué haremos? 16
El le dijo: No tengas miedo, porque más son los que están con nosotros que los
que están con ellos. 17 Y oró Eliseo, y dijo: Te ruego, oh Jehová, que abras
sus ojos para que vea. Entonces Jehová abrió los ojos del criado, y miró; y he
aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo, y de carros de fuego
alrededor de Eliseo. 18 Y luego que los sirios descendieron a él, oró Eliseo a
Jehová, y dijo: Te ruego que hieras con ceguera a esta gente. Y los hirió con
ceguera, conforme a la petición de Eliseo. 19 Después les dijo Eliseo: No es
este el camino, ni es esta la ciudad; seguidme, y yo os guiaré al hombre que
buscáis. Y los guió a Samaria.
20 Y cuando llegaron a Samaria, dijo Eliseo: Jehová, abre
los ojos de éstos, para que vean. Y Jehová abrió sus ojos, y miraron, y se
hallaban en medio de Samaria. 21 Cuando el rey de Israel los hubo visto, dijo
a Eliseo: ¿Los mataré, padre mío? 22 El le respondió: No los mates. ¿Matarías
tú a los que tomaste cautivos con tu espada y con tu arco? Pon delante de
ellos pan y agua, para que coman y beban, y vuelvan a sus señores. 23 Entonces
se les preparó una gran comida; y cuando habían comido y bebido, los envió, y
ellos se volvieron a su señor. Y nunca más vinieron bandas armadas de Siria a
la tierra de Israel.
Eliseo y el sitio de Samaria
24 Después de esto aconteció que Ben-adad rey de Siria
reunió todo su ejército, y subió y sitió a Samaria. 25 Y hubo gran hambre en
Samaria, a consecuencia de aquel sitio; tanto que la cabeza de un asno se
vendía por ochenta piezas de plata, y la cuarta parte de un cab de estiércol
de palomas por cinco piezas de plata. 26 Y pasando el rey de Israel por el
muro, una mujer le gritó, y dijo: Salva, rey señor mío. 27 Y él dijo: Si no te
salva Jehová, ¿de dónde te puedo salvar yo? ¿Del granero, o del lagar? 28 Y le
dijo el rey: ¿Qué tienes? Ella respondió: Esta mujer me dijo: Da acá tu hijo,
y comámoslo hoy, y mañana comeremos el mío. 29 Cocimos, pues, a mi hijo, y lo
comimos. El día siguiente yo le dije: Da acá tu hijo, y comámoslo. Mas ella ha
escondido a su hijo. 30 Cuando el rey oyó las palabras de aquella mujer, rasgó
sus vestidos, y pasó así por el muro; y el pueblo vio el cilicio que traía
interiormente sobre su cuerpo. 31 Y él dijo: Así me haga Dios, y aun me añada,
si la cabeza de Eliseo hijo de Safat queda sobre él hoy.
32 Y Eliseo estaba sentado en su casa, y con él estaban
sentados los ancianos; y el rey envió a él un hombre. Mas antes que el
mensajero viniese a él, dijo él a los ancianos: ¿No habéis visto cómo este
hijo de homicida envía a cortarme la cabeza? Mirad, pues, y cuando viniere el
mensajero, cerrad la puerta, e impedidle la entrada. ¿No se oye tras él el
ruido de los pasos de su amo? 33 Aún estaba él hablando con ellos, y he aquí
el mensajero que descendía a él; y dijo: Ciertamente este mal de Jehová viene.
¿Para qué he de esperar más a Jehová?
2 REYES 7
1 Dijo entonces Eliseo: Oíd palabra de Jehová: Así dijo
Jehová: Mañana a estas horas valdrá el seah de flor de harina un siclo, y dos
seahs de cebada un siclo, a la puerta de Samaria. 2 Y un príncipe sobre cuyo
brazo el rey se apoyaba, respondió al varón de Dios, y dijo: Si Jehová hiciese
ahora ventanas en el cielo, ¿sería esto así? Y él dijo: He aquí tú lo verás
con tus ojos, mas no comerás de ello.
3 Había a la entrada de la puerta cuatro hombres
leprosos, los cuales dijeron el uno al otro: ¿Para qué nos estamos aquí hasta
que muramos? 4 Si tratáremos de entrar en la ciudad, por el hambre que hay en
la ciudad moriremos en ella; y si nos quedamos aquí, también moriremos. Vamos,
pues, ahora, y pasemos al campamento de los sirios; si ellos nos dieren la
vida, viviremos; y si nos dieren la muerte, moriremos. 5 Se levantaron, pues,
al anochecer, para ir al campamento de los sirios; y llegando a la entrada del
campamento de los sirios, no había allí nadie. 6 Porque Jehová había hecho que
en el campamento de los sirios se oyese estruendo de carros, ruido de
caballos, y estrépito de gran ejército; y se dijeron unos a otros: He aquí, el
rey de Israel ha tomado a sueldo contra nosotros a los reyes de los heteos y a
los reyes de los egipcios, para que vengan contra nosotros. 7 Y así se
levantaron y huyeron al anochecer, abandonando sus tiendas, sus caballos, sus
asnos, y el campamento como estaba; y habían huido para salvar sus vidas. 8
Cuando los leprosos llegaron a la entrada del campamento, entraron en una
tienda y comieron y bebieron, y tomaron de allí plata y oro y vestidos, y
fueron y lo escondieron; y vueltos, entraron en otra tienda, y de allí también
tomaron, y fueron y lo escondieron.
9 Luego se dijeron el uno al otro: No estamos haciendo
bien. Hoy es día de buena nueva, y nosotros callamos; y si esperamos hasta el
amanecer, nos alcanzará nuestra maldad. Vamos pues, ahora, entremos y demos la
nueva en casa del rey. 10 Vinieron, pues, y gritaron a los guardas de la
puerta de la ciudad, y les declararon, diciendo: Nosotros fuimos al campamento
de los sirios, y he aquí que no había allí nadie, ni voz de hombre, sino
caballos atados, asnos también atados, y el campamento intacto. 11 Los
porteros gritaron, y lo anunciaron dentro, en el palacio del rey. 12 Y se
levantó el rey de noche, y dijo a sus siervos: Yo os declararé lo que nos han
hecho los sirios. Ellos saben que tenemos hambre, y han salido de las tiendas
y se han escondido en el campo, diciendo: Cuando hayan salido de la ciudad,
los tomaremos vivos, y entraremos en la ciudad. 13 Entonces respondió uno de
sus siervos y dijo: Tomen ahora cinco de los caballos que han quedado en la
ciudad (porque los que quedan acá también perecerán como toda la multitud de
Israel que ya ha perecido), y enviemos y veamos qué hay. 14 Tomaron, pues, dos
caballos de un carro, y envió el rey al campamento de los sirios, diciendo: Id
y ved. 15 Y ellos fueron, y los siguieron hasta el Jordán; y he aquí que todo
el camino estaba lleno de vestidos y enseres que los sirios habían arrojado
por la premura. Y volvieron los mensajeros y lo hicieron saber al rey.
16 Entonces el pueblo salió, y saqueó el campamento de
los sirios. Y fue vendido un seah de flor de harina por un siclo, y dos seahs
de cebada por un siclo, conforme a la palabra de Jehová. 17 Y el rey puso a la
puerta a aquel príncipe sobre cuyo brazo él se apoyaba; y lo atropelló el
pueblo a la entrada, y murió, conforme a lo que había dicho el varón de Dios,
cuando el rey descendió a él. 18 Aconteció, pues, de la manera que el varón de
Dios había hablado al rey, diciendo: Dos seahs de cebada por un siclo, y el
seah de flor de harina será vendido por un siclo mañana a estas horas, a la
puerta de Samaria. 19 A lo cual aquel príncipe había respondido al varón de
Dios, diciendo: Si Jehová hiciese ventanas en el cielo, ¿pudiera suceder esto?
Y él dijo: He aquí tú lo verás con tus ojos, mas no comerás de ello. 20 Y le
sucedió así; porque el pueblo le atropelló a la entrada, y murió.
Los bienes de la sunamita devueltos
2 REYES 8
1 Habló Eliseo a aquella mujer a cuyo hijo él había hecho
vivir, diciendo: Levántate, vete tú y toda tu casa a vivir donde puedas;
porque Jehová ha llamado el hambre, la cual vendrá sobre la tierra por siete
años. 2 Entonces la mujer se levantó, e hizo como el varón de Dios le dijo; y
se fue ella con su familia, y vivió en tierra de los filisteos siete años. 3 Y
cuando habían pasado los siete años, la mujer volvió de la tierra de los
filisteos; después salió para implorar al rey por su casa y por sus tierras. 4
Y había el rey hablado con Giezi, criado del varón de Dios, diciéndole: Te
ruego que me cuentes todas las maravillas que ha hecho Eliseo. 5 Y mientras él
estaba contando al rey cómo había hecho vivir a un muerto, he aquí que la
mujer, a cuyo hijo él había hecho vivir, vino para implorar al rey por su casa
y por sus tierras. Entonces dijo Giezi: Rey señor mío, esta es la mujer, y
este es su hijo, al cual Eliseo hizo vivir. 6 Y preguntando el rey a la mujer,
ella se lo contó. Entonces el rey ordenó a un oficial, al cual dijo: Hazle
devolver todas las cosas que eran suyas, y todos los frutos de sus tierras
desde el día que dejó el país hasta ahora.
Hazael reina en Siria
7 Eliseo se fue luego a Damasco; y Ben-adad rey de Siria
estaba enfermo, al cual dieron aviso, diciendo: El varón de Dios ha venido
aquí. 8 Y el rey dijo a Hazael: Toma en tu mano un presente, y ve a recibir al
varón de Dios, y consulta por él a Jehová, diciendo: ¿Sanaré de esta
enfermedad? 9 Tomó, pues, Hazael en su mano un presente de entre los bienes de
Damasco, cuarenta camellos cargados, y fue a su encuentro, y llegando se puso
delante de él, y dijo: Tu hijo Ben-adad rey de Siria me ha enviado a ti,
diciendo: ¿Sanaré de esta enfermedad? 10 Y Eliseo le dijo: Ve, dile:
Seguramente sanarás. Sin embargo, Jehová me ha mostrado que él morirá
ciertamente. 11 Y el varón de Dios le miró fijamente, y estuvo así hasta
hacerlo ruborizarse; luego lloró el varón de Dios. 12 Entonces le dijo Hazael:
¿Por qué llora mi señor? Y él respondió: Porque sé el mal que harás a los
hijos de Israel; a sus fortalezas pegarás fuego, a sus jóvenes matarás a
espada, y estrellarás a sus niños, y abrirás el vientre a sus mujeres que
estén encintas. 13 Y Hazael dijo: Pues, ¿qué es tu siervo, este perro, para
que haga tan grandes cosas? Y respondió Eliseo: Jehová me ha mostrado que tú
serás rey de Siria. 14 Y Hazael se fue, y vino a su señor, el cual le dijo:
¿Qué te ha dicho Eliseo? Y él respondió: Me dijo que seguramente sanarás. 15
El día siguiente, tomó un paño y lo metió en agua, y lo puso sobre el rostro
de Ben-adad, y murió; y reinó Hazael en su lugar.
Reinado de Joram de Judá
(2 Cr. 21.1-20)
16 En el quinto año de Joram hijo de Acab, rey de Israel,
y siendo Josafat rey de Judá, comenzó a reinar Joram hijo de Josafat, rey de
Judá. 17 De treinta y dos años era cuando comenzó a reinar, y ocho años reinó
en Jerusalén. 18 Y anduvo en el camino de los reyes de Israel, como hizo la
casa de Acab, porque una hija de Acab fue su mujer; e hizo lo malo ante los
ojos de Jehová. 19 Con todo eso, Jehová no quiso destruir a Judá, por amor a
David su siervo, porque había prometido darle lámpara a él y a sus hijos
perpetuamente.
20 En el tiempo de él se rebeló Edom contra el dominio de
Judá, y pusieron rey sobre ellos. 21 Joram, por tanto, pasó a Zair, y todos
sus carros con él; y levantándose de noche atacó a los de Edom, los cuales le
habían sitiado, y a los capitanes de los carros; y el pueblo huyó a sus
tiendas. 22 No obstante, Edom se libertó del dominio de Judá, hasta hoy.
También se rebeló Libna en el mismo tiempo. 23 Los demás hechos de Joram, y
todo lo que hizo, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes
de Judá? 24 Y durmió Joram con sus padres, y fue sepultado con ellos en la
ciudad de David; y reinó en lugar suyo Ocozías, su hijo.
Reinado de Ocozías de Judá
(2 Cr. 22.1-6)
25 En el año doce de Joram hijo de Acab, rey de Israel,
comenzó a reinar Ocozías hijo de Joram, rey de Judá. 26 De veintidós años era
Ocozías cuando comenzó a reinar, y reinó un año en Jerusalén. El nombre de su
madre fue Atalía, hija de Omri rey de Israel. 27 Anduvo en el camino de la
casa de Acab, e hizo lo malo ante los ojos de Jehová, como la casa de Acab;
porque era yerno de la casa de Acab.
28 Y fue a la guerra con Joram hijo de Acab a Ramot de
Galaad, contra Hazael rey de Siria; y los sirios hirieron a Joram. 29 Y el rey
Joram se volvió a Jezreel para curarse de las heridas que los sirios le
hicieron frente a Ramot, cuando peleó contra Hazael rey de Siria. Y descendió
Ocozías hijo de Joram rey de Judá, a visitar a Joram hijo de Acab en Jezreel,
porque estaba enfermo.
Jehú es ungido rey de Israel
2 REYES 9
1 Entonces el profeta Eliseo llamó a uno de los hijos de
los profetas, y le dijo: Ciñe tus lomos, y toma esta redoma de aceite en tu
mano, y ve a Ramot de Galaad. 2 Cuando llegues allá, verás allí a Jehú hijo de
Josafat hijo de Nimsi; y entrando, haz que se levante de entre sus hermanos, y
llévalo a la cámara. 3 Toma luego la redoma de aceite, y derrámala sobre su
cabeza y di: Así dijo Jehová: Yo te he ungido por rey sobre Israel. Y abriendo
la puerta, echa a huir, y no esperes.
4 Fue, pues, el joven, el profeta, a Ramot de Galaad. 5
Cuando él entró, he aquí los príncipes del ejército que estaban sentados. Y él
dijo: Príncipe, una palabra tengo que decirte. Jehú dijo: ¿A cuál de todos
nosotros? Y él dijo: A ti, príncipe. 6 Y él se levantó, y entró en casa; y el
otro derramó el aceite sobre su cabeza, y le dijo: Así dijo Jehová Dios de
Israel: Yo te he ungido por rey sobre Israel, pueblo de Jehová. 7 Herirás la
casa de Acab tu señor, para que yo vengue la sangre de mis siervos los
profetas, y la sangre de todos los siervos de Jehová, de la mano de Jezabel. 8
Y perecerá toda la casa de Acab, y destruiré de Acab todo varón, así al siervo
como al libre en Israel. 9 Y yo pondré la casa de Acab como la casa de
Jeroboam hijo de Nabat, y como la casa de Baasa hijo de Ahías. 10 Y a Jezabel
la comerán los perros en el campo de Jezreel, y no habrá quien la sepulte. En
seguida abrió la puerta, y echó a huir.
11 Después salió Jehú a los siervos de su señor, y le
dijeron: ¿Hay paz? ¿Para qué vino a ti aquel loco? Y él les dijo: Vosotros
conocéis al hombre y sus palabras. 12 Ellos dijeron: Mentira; decláranoslo
ahora. Y él dijo: Así y así me habló, diciendo: Así ha dicho Jehová: Yo te he
ungido por rey sobre Israel. 13 Entonces cada uno tomó apresuradamente su
manto, y lo puso debajo de Jehú en un trono alto, y tocaron corneta, y
dijeron: Jehú es rey.
Jehú mata a Joram
14 Así conspiró Jehú hijo de Josafat, hijo de Nimsi,
contra Joram. (Estaba entonces Joram guardando a Ramot de Galaad con todo
Israel, por causa de Hazael rey de Siria; 15 pero se había vuelto el rey Joram
a Jezreel, para curarse de las heridas que los sirios le habían hecho,
peleando contra Hazael rey de Siria.) Y Jehú dijo: Si es vuestra voluntad,
ninguno escape de la ciudad, para ir a dar las nuevas en Jezreel. 16 Entonces
Jehú cabalgó y fue a Jezreel, porque Joram estaba allí enfermo. También estaba
Ocozías rey de Judá, que había descendido a visitar a Joram.
17 Y el atalaya que estaba en la torre de Jezreel vio la
tropa de Jehú que venía, y dijo: Veo una tropa. Y Joram dijo: Ordena a un
jinete que vaya a reconocerlos, y les diga: ¿Hay paz? 18 Fue, pues, el jinete
a reconocerlos, y dijo: El rey dice así: ¿Hay paz? Y Jehú le dijo: ¿Qué tienes
tú que ver con la paz? Vuélvete conmigo. El atalaya dio luego aviso, diciendo:
El mensajero llegó hasta ellos, y no vuelve. 19 Entonces envió otro jinete, el
cual llegando a ellos, dijo: El rey dice así: ¿Hay paz? Y Jehú respondió: ¿Qué
tienes tú que ver con la paz? Vuélvete conmigo. 20 El atalaya volvió a decir:
También éste llegó a ellos y no vuelve; y el marchar del que viene es como el
marchar de Jehú hijo de Nimsi, porque viene impetuosamente.
21 Entonces Joram dijo: Unce el carro. Y cuando estaba
uncido su carro, salieron Joram rey de Israel y Ocozías rey de Judá, cada uno
en su carro, y salieron a encontrar a Jehú, al cual hallaron en la heredad de
Nabot de Jezreel. 22 Cuando vio Joram a Jehú, dijo: ¿Hay paz, Jehú? Y él
respondió: ¿Qué paz, con las fornicaciones de Jezabel tu madre, y sus muchas
hechicerías? 23 Entonces Joram volvió las riendas y huyó, y dijo a Ocozías:
¡Traición, Ocozías! 24 Pero Jehú entesó su arco, e hirió a Joram entre las
espaldas; y la saeta salió por su corazón, y él cayó en su carro. 25 Dijo
luego Jehú a Bidcar su capitán: Tómalo, y échalo a un extremo de la heredad de
Nabot de Jezreel. Acuérdate que cuando tú y yo íbamos juntos con la gente de
Acab su padre, Jehová pronunció esta sentencia sobre él, diciendo: 26 Que yo
he visto ayer la sangre de Nabot, y la sangre de sus hijos, dijo Jehová; y te
daré la paga en esta heredad, dijo Jehová. Tómalo pues, ahora, y échalo en la
heredad de Nabot, conforme a la palabra de Jehová.
Jehú mata a Ocozías
(2 Cr. 22.7-9)
27 Viendo esto Ocozías rey de Judá, huyó por el camino de
la casa del huerto. Y lo siguió Jehú, diciendo: Herid también a éste en el
carro. Y le hirieron a la subida de Gur, junto a Ibleam. Y Ocozías huyó a
Meguido, pero murió allí. 28 Y sus siervos le llevaron en un carro a
Jerusalén, y allá le sepultaron con sus padres, en su sepulcro en la ciudad de
David.
29 En el undécimo año de Joram hijo de Acab, comenzó a
reinar Ocozías sobre Judá.
Muerte de Jezabel
30 Vino después Jehú a Jezreel; y cuando Jezabel lo oyó,
se pintó los ojos con antimonio, y atavió su cabeza, y se asomó a una ventana.
31 Y cuando entraba Jehú por la puerta, ella dijo: ¿Sucedió bien a Zimri, que
mató a su señor? 32 Alzando él entonces su rostro hacia la ventana, dijo:
¿Quién está conmigo? ¿quién? Y se inclinaron hacia él dos o tres eunucos. 33 Y
él les dijo: Echadla abajo. Y ellos la echaron; y parte de su sangre salpicó
en la pared, y en los caballos; y él la atropelló. 34 Entró luego, y después
que comió y bebió, dijo: Id ahora a ver a aquella maldita, y sepultadla, pues
es hija de rey. 35 Pero cuando fueron para sepultarla, no hallaron de ella más
que la calavera, y los pies, y las palmas de las manos. 36 Y volvieron, y se
lo dijeron. Y él dijo: Esta es la palabra de Dios, la cual él habló por medio
de su siervo Elías tisbita, diciendo: En la heredad de Jezreel comerán los
perros las carnes de Jezabel, 37 y el cuerpo de Jezabel será como estiércol
sobre la faz de la tierra en la heredad de Jezreel, de manera que nadie pueda
decir: Esta es Jezabel.
Jehú extermina la casa de Acab
2 REYES 10
1 Tenía Acab en Samaria setenta hijos; y Jehú escribió
cartas y las envió a Samaria a los principales de Jezreel, a los ancianos y a
los ayos de Acab, diciendo: 2 Inmediatamente que lleguen estas cartas a
vosotros los que tenéis a los hijos de vuestro señor, y los que tienen carros
y gente de a caballo, la ciudad fortificada, y las armas, 3 escoged al mejor y
al más recto de los hijos de vuestro señor, y ponedlo en el trono de su padre,
y pelead por la casa de vuestro señor. 4 Pero ellos tuvieron gran temor, y
dijeron: He aquí, dos reyes no pudieron resistirle; ¿cómo le resistiremos
nosotros? 5 Y el mayordomo, el gobernador de la ciudad, los ancianos y los
ayos enviaron a decir a Jehú: Siervos tuyos somos, y haremos todo lo que nos
mandes; no elegiremos por rey a ninguno, haz lo que bien te parezca. 6 El
entonces les escribió la segunda vez, diciendo: Si sois míos, y queréis
obedecerme, tomad las cabezas de los hijos varones de vuestro señor, y venid a
mí mañana a esta hora, a Jezreel. Y los hijos del rey, setenta varones,
estaban con los principales de la ciudad, que los criaban. 7 Cuando las cartas
llegaron a ellos, tomaron a los hijos del rey, y degollaron a los setenta
varones, y pusieron sus cabezas en canastas, y se las enviaron a Jezreel. 8 Y
vino un mensajero que le dio las nuevas, diciendo: Han traído las cabezas de
los hijos del rey. Y él le dijo: Ponedlas en dos montones a la entrada de la
puerta hasta la mañana. 9 Venida la mañana, salió él, y estando en pie dijo a
todo el pueblo: Vosotros sois justos; he aquí yo he conspirado contra mi
señor, y le he dado muerte; pero ¿quién ha dado muerte a todos éstos? 10 Sabed
ahora que de la palabra que Jehová habló sobre la casa de Acab, nada caerá en
tierra; y que Jehová ha hecho lo que dijo por su siervo Elías. 11 Mató
entonces Jehú a todos los que habían quedado de la casa de Acab en Jezreel, a
todos sus príncipes, a todos sus familiares, y a sus sacerdotes, hasta que no
quedó ninguno.
12 Luego se levantó de allí para ir a Samaria; y en el
camino llegó a una casa de esquileo de pastores. 13 Y halló allí a los
hermanos de Ocozías rey de Judá, y les dijo: ¿Quiénes sois vosotros? Y ellos
dijeron: Somos hermanos de Ocozías, y hemos venido a saludar a los hijos del
rey, y a los hijos de la reina. 14 Entonces él dijo: Prendedlos vivos. Y
después que los tomaron vivos, los degollaron junto al pozo de la casa de
esquileo, cuarenta y dos varones, sin dejar ninguno de ellos.
15 Yéndose luego de allí, se encontró con Jonadab hijo de
Recab; y después que lo hubo saludado, le dijo: ¿Es recto tu corazón, como el
mío es recto con el tuyo? Y Jonadab dijo: Lo es. Pues que lo es, dame la mano.
Y él le dio la mano. Luego lo hizo subir consigo en el carro, 16 y le dijo:
Ven conmigo, y verás mi celo por Jehová. Lo pusieron, pues, en su carro. 17 Y
luego que Jehú hubo llegado a Samaria, mató a todos los que habían quedado de
Acab en Samaria, hasta exterminarlos, conforme a la palabra de Jehová, que
había hablado por Elías.
Jehú extermina el culto de Baal
18 Después reunió Jehú a todo el pueblo, y les dijo: Acab
sirvió poco a Baal, mas Jehú lo servirá mucho. 19 Llamadme, pues, luego a
todos los profetas de Baal, a todos sus siervos y a todos sus sacerdotes; que
no falte uno, porque tengo un gran sacrificio para Baal; cualquiera que
faltare no vivirá. Esto hacía Jehú con astucia, para exterminar a los que
honraban a Baal. 20 Y dijo Jehú: Santificad un día solemne a Baal. Y ellos
convocaron. 21 Y envió Jehú por todo Israel, y vinieron todos los siervos de
Baal, de tal manera que no hubo ninguno que no viniese. Y entraron en el
templo de Baal, y el templo de Baal se llenó de extremo a extremo. 22 Entonces
dijo al que tenía el cargo de las vestiduras: Saca vestiduras para todos los
siervos de Baal. Y él les sacó vestiduras. 23 Y entró Jehú con Jonadab hijo de
Recab en el templo de Baal, y dijo a los siervos de Baal: Mirad y ved que no
haya aquí entre vosotros alguno de los siervos de Jehová, sino sólo los
siervos de Baal.
24 Y cuando ellos entraron para hacer sacrificios y
holocaustos, Jehú puso fuera a ochenta hombres, y les dijo: Cualquiera que
dejare vivo a alguno de aquellos hombres que yo he puesto en vuestras manos,
su vida será por la del otro. 25 Y después que acabaron ellos de hacer el
holocausto, Jehú dijo a los de su guardia y a los capitanes: Entrad, y
matadlos; que no escape ninguno. Y los mataron a espada, y los dejaron
tendidos los de la guardia y los capitanes. Y fueron hasta el lugar santo del
templo de Baal, 26 y sacaron las estatuas del templo de Baal, y las quemaron.
27 Y quebraron la estatua de Baal, y derribaron el templo de Baal, y lo
convirtieron en letrinas hasta hoy.
28 Así exterminó Jehú a Baal de Israel. 29 Con todo eso,
Jehú no se apartó de los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, que hizo pecar a
Israel; y dejó en pie los becerros de oro que estaban en Bet-el y en Dan. 30 Y
Jehová dijo a Jehú: Por cuanto has hecho bien ejecutando lo recto delante de
mis ojos, e hiciste a la casa de Acab conforme a todo lo que estaba en mi
corazón, tus hijos se sentarán sobre el trono de Israel hasta la cuarta
generación. 31 Mas Jehú no cuidó de andar en la ley de Jehová Dios de Israel
con todo su corazón, ni se apartó de los pecados de Jeroboam, el que había
hecho pecar a Israel.
32 En aquellos días comenzó Jehová a cercenar el
territorio de Israel; y los derrotó Hazael por todas las fronteras, 33 desde
el Jordán al nacimiento del sol, toda la tierra de Galaad, de Gad, de Rubén y
de Manasés, desde Aroer que está junto al arroyo de Arnón, hasta Galaad y
Basán. 34 Los demás hechos de Jehú, y todo lo que hizo, y toda su valentía,
¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? 35 Y
durmió Jehú con sus padres, y lo sepultaron en Samaria; y reinó en su lugar
Joacaz su hijo. 36 El tiempo que reinó Jehú sobre Israel en Samaria fue de
veintiocho años.
Atalía usurpa el trono
(2 Cr. 22.10-23.21)
2 REYES 11
1 Cuando Atalía madre de Ocozías vio que su hijo era
muerto, se levantó y destruyó toda la descendencia real. 2 Pero Josaba hija
del rey Joram, hermana de Ocozías, tomó a Joás hijo de Ocozías y lo sacó
furtivamente de entre los hijos del rey a quienes estaban matando, y lo ocultó
de Atalía, a él y a su ama, en la cámara de dormir, y en esta forma no lo
mataron. 3 Y estuvo con ella escondido en la casa de Jehová seis años; y
Atalía fue reina sobre el país.
4 Mas al séptimo año envió Joiada y tomó jefes de
centenas, capitanes, y gente de la guardia, y los metió consigo en la casa de
Jehová, e hizo con ellos alianza, juramentándolos en la casa de Jehová; y les
mostró el hijo del rey. 5 Y les mandó diciendo: Esto es lo que habéis de
hacer: la tercera parte de vosotros tendrá la guardia de la casa del rey el
día de reposo. 6 Otra tercera parte estará a la puerta de Shur, y la otra
tercera parte a la puerta del postigo de la guardia; así guardaréis la casa,
para que no sea allanada. 7 Mas las dos partes de vosotros que salen el día de
reposo tendréis la guardia de la casa de Jehová junto al rey. 8 Y estaréis
alrededor del rey por todos lados, teniendo cada uno sus armas en las manos; y
cualquiera que entrare en las filas, sea muerto. Y estaréis con el rey cuando
salga, y cuando entre.
9 Los jefes de centenas, pues, hicieron todo como el
sacerdote Joiada les mandó; y tomando cada uno a los suyos, esto es, los que
entraban el día de reposo y los que salían el día de reposo, vinieron al
sacerdote Joiada. 10 Y el sacerdote dio a los jefes de centenas las lanzas y
los escudos que habían sido del rey David, que estaban en la casa de Jehová.
11 Y los de la guardia se pusieron en fila, teniendo cada uno sus armas en sus
manos, desde el lado derecho de la casa hasta el lado izquierdo, junto al
altar y el templo, en derredor del rey. 12 Sacando luego Joiada al hijo del
rey, le puso la corona y el testimonio, y le hicieron rey ungiéndole; y
batiendo las manos dijeron: ¡Viva el rey!
13 Oyendo Atalía el estruendo del pueblo que corría,
entró al pueblo en el templo de Jehová. 14 Y cuando miró, he aquí que el rey
estaba junto a la columna, conforme a la costumbre, y los príncipes y los
trompeteros junto al rey; y todo el pueblo del país se regocijaba, y tocaban
las trompetas. Entonces Atalía, rasgando sus vestidos, clamó a voz en cuello:
¡Traición, traición! 15 Mas el sacerdote Joiada mandó a los jefes de centenas
que gobernaban el ejército, y les dijo: Sacadla fuera del recinto del templo,
y al que la siguiere, matadlo a espada. (Porque el sacerdote dijo que no la
matasen en el templo de Jehová.) 16 Le abrieron, pues, paso; y en el camino
por donde entran los de a caballo a la casa del rey, allí la mataron.
17 Entonces Joiada hizo pacto entre Jehová y el rey y el
pueblo, que serían pueblo de Jehová; y asimismo entre el rey y el pueblo. 18 Y
todo el pueblo de la tierra entró en el templo de Baal, y lo derribaron;
asimismo despedazaron enteramente sus altares y sus imágenes, y mataron a
Matán sacerdote de Baal delante de los altares. Y el sacerdote puso guarnición
sobre la casa de Jehová. 19 Después tomó a los jefes de centenas, los
capitanes, la guardia y todo el pueblo de la tierra, y llevaron al rey desde
la casa de Jehová, y vinieron por el camino de la puerta de la guardia a la
casa del rey; y se sentó el rey en el trono de los reyes. 20 Y todo el pueblo
de la tierra se regocijó, y la ciudad estuvo en reposo, habiendo sido Atalía
muerta a espada junto a la casa del rey.
21 Era Joás de siete años cuando comenzó a reinar.
Reinado de Joás de Judá
(2 Cr. 24.1-27)
2 REYES 12
1 En el séptimo año de Jehú comenzó a reinar Joás, y
reinó cuarenta años en Jerusalén. El nombre de su madre fue Sibia, de Beerseba.
2 Y Joás hizo lo recto ante los ojos de Jehová todo el tiempo que le dirigió
el sacerdote Joiada. 3 Con todo eso, los lugares altos no se quitaron, porque
el pueblo aún sacrificaba y quemaba incienso en los lugares altos.
4 Y Joás dijo a los sacerdotes: Todo el dinero consagrado
que se suele traer a la casa de Jehová, el dinero del rescate de cada persona
según está estipulado, y todo el dinero que cada uno de su propia voluntad
trae a la casa de Jehová, 5 recíbanlo los sacerdotes, cada uno de mano de sus
familiares, y reparen los portillos del templo dondequiera que se hallen
grietas. 6 Pero en el año veintitrés del rey Joás aún no habían reparado los
sacerdotes las grietas del templo. 7 Llamó entonces el rey Joás al sumo
sacerdote Joiada y a los sacerdotes, y les dijo: ¿Por qué no reparáis las
grietas del templo? Ahora, pues, no toméis más el dinero de vuestros
familiares, sino dadlo para reparar las grietas del templo. 8 Y los sacerdotes
consintieron en no tomar más dinero del pueblo, ni tener el cargo de reparar
las grietas del templo.
9 Mas el sumo sacerdote Joiada tomó un arca e hizo en la
tapa un agujero, y la puso junto al altar, a la mano derecha así que se entra
en el templo de Jehová; y los sacerdotes que guardaban la puerta ponían allí
todo el dinero que se traía a la casa de Jehová. 10 Y cuando veían que había
mucho dinero en el arca, venía el secretario del rey y el sumo sacerdote, y
contaban el dinero que hallaban en el templo de Jehová, y lo guardaban. 11 Y
daban el dinero suficiente a los que hacían la obra, y a los que tenían a su
cargo la casa de Jehová; y ellos lo gastaban en pagar a los carpinteros y
maestros que reparaban la casa de Jehová, 12 y a los albañiles y canteros; y
en comprar la madera y piedra de cantería para reparar las grietas de la casa
de Jehová, y en todo lo que se gastaba en la casa para repararla. 13 Mas de
aquel dinero que se traía a la casa de Jehová, no se hacían tazas de plata, ni
despabiladeras, ni jofainas, ni trompetas; ni ningún otro utensilio de oro ni
de plata se hacía para el templo de Jehová; 14 porque lo daban a los que
hacían la obra, y con él reparaban la casa de Jehová. 15 Y no se tomaba cuenta
a los hombres en cuyas manos el dinero era entregado, para que ellos lo diesen
a los que hacían la obra; porque lo hacían ellos fielmente. 16 El dinero por
el pecado, y el dinero por la culpa, no se llevaba a la casa de Jehová; porque
era de los sacerdotes.
17 Entonces subió Hazael rey de Siria, y peleó contra Gat,
y la tomó. Y se propuso Hazael subir contra Jerusalén; 18 por lo cual tomó
Joás rey de Judá todas las ofrendas que habían dedicado Josafat y Joram y
Ocozías sus padres, reyes de Judá, y las que él había dedicado, y todo el oro
que se halló en los tesoros de la casa de Jehová y en la casa del rey, y lo
envió a Hazael rey de Siria; y él se retiró de Jerusalén.
19 Los demás hechos de Joás, y todo lo que hizo, ¿no está
escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? 20 Y se levantaron
sus siervos, y conspiraron en conjuración, y mataron a Joás en la casa de
Milo, cuando descendía él a Sila; 21 pues Josacar hijo de Simeat y Jozabad
hijo de Somer, sus siervos, le hirieron, y murió. Y lo sepultaron con sus
padres en la ciudad de David, y reinó en su lugar Amasías su hijo.
Reinado de Joacaz
2 REYES 13
1 En el año veintitrés de Joás hijo de Ocozías, rey de
Judá, comenzó a reinar Joacaz hijo de Jehú sobre Israel en Samaria; y reinó
diecisiete años. 2 E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, y siguió en los
pecados de Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel; y no se apartó
de ellos. 3 Y se encendió el furor de Jehová contra Israel, y los entregó en
mano de Hazael rey de Siria, y en mano de Ben-adad hijo de Hazael, por largo
tiempo. 4 Mas Joacaz oró en presencia de Jehová, y Jehová lo oyó; porque miró
la aflicción de Israel, pues el rey de Siria los afligía. 5 (Y dio Jehová
salvador a Israel, y salieron del poder de los sirios; y habitaron los hijos
de Israel en sus tiendas, como antes. 6 Con todo eso, no se apartaron de los
pecados de la casa de Jeroboam, el que hizo pecar a Israel; en ellos
anduvieron; y también la imagen de Asera permaneció en Samaria.) 7 Porque no
le había quedado gente a Joacaz, sino cincuenta hombres de a caballo, diez
carros, y diez mil hombres de a pie; pues el rey de Siria los había destruido,
y los había puesto como el polvo para hollar. 8 El resto de los hechos de
Joacaz, y todo lo que hizo, y sus valentías, ¿no está escrito en el libro de
las crónicas de los reyes de Israel? 9 Y durmió Joacaz con sus padres, y lo
sepultaron en Samaria, y reinó en su lugar Joás su hijo.
Reinado de Joás de Israel
10 El año treinta y siete de Joás rey de Judá, comenzó a
reinar Joás hijo de Joacaz sobre Israel en Samaria; y reinó dieciséis años. 11
E hizo lo malo ante los ojos de Jehová; no se apartó de todos los pecados de
Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel; en ellos anduvo. 12 Los
demás hechos de Joás, y todo lo que hizo, y el esfuerzo con que guerreó contra
Amasías rey de Judá, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes
de Israel? 13 Y durmió Joás con sus padres, y se sentó Jeroboam sobre su
trono; y Joás fue sepultado en Samaria con los reyes de Israel.
Profecía final y muerte de Eliseo
14 Estaba Eliseo enfermo de la enfermedad de que murió. Y
descendió a él Joás rey de Israel, y llorando delante de él, dijo: ¡Padre mío,
padre mío, carro de Israel y su gente de a caballo! 15 Y le dijo Eliseo: Toma
un arco y unas saetas. Tomó él entonces un arco y unas saetas. 16 Luego dijo
Eliseo al rey de Israel: Pon tu mano sobre el arco. Y puso él su mano sobre el
arco. Entonces puso Eliseo sus manos sobre las manos del rey, 17 y dijo: Abre
la ventana que da al oriente. Y cuando él la abrió, dijo Eliseo: Tira. Y
tirando él, dijo Eliseo: Saeta de salvación de Jehová, y saeta de salvación
contra Siria; porque herirás a los sirios en Afec hasta consumirlos. 18 Y le
volvió a decir: Toma las saetas. Y luego que el rey de Israel las hubo tomado,
le dijo: Golpea la tierra. Y él la golpeó tres veces, y se detuvo. 19 Entonces
el varón de Dios, enojado contra él, le dijo: Al dar cinco o seis golpes,
hubieras derrotado a Siria hasta no quedar ninguno; pero ahora sólo tres veces
derrotarás a Siria.
20 Y murió Eliseo, y lo sepultaron. Entrado el año,
vinieron bandas armadas de moabitas a la tierra. 21 Y aconteció que al
sepultar unos a un hombre, súbitamente vieron una banda armada, y arrojaron el
cadáver en el sepulcro de Eliseo; y cuando llegó a tocar el muerto los huesos
de Eliseo, revivió, y se levantó sobre sus pies.
22 Hazael, pues, rey de Siria, afligió a Israel todo el
tiempo de Joacaz. 23 Mas Jehová tuvo misericordia de ellos, y se compadeció de
ellos y los miró, a causa de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob; y no quiso
destruirlos ni echarlos de delante de su presencia hasta hoy.
24 Y murió Hazael rey de Siria, y reinó en su lugar Ben-adad
su hijo. 25 Y volvió Joás hijo de Joacaz y tomó de mano de Ben-adad hijo de
Hazael las ciudades que éste había tomado en guerra de mano de Joacaz su
padre. Tres veces lo derrotó Joás, y restituyó las ciudades a Israel.
Reinado de Amasías
(2 Cr. 25.1-28)
2 REYES 14
1 En el año segundo de Joás hijo de Joacaz rey de Israel,
comenzó a reinar Amasías hijo de Joás rey de Judá. 2 Cuando comenzó a reinar
era de veinticinco años, y veintinueve años reinó en Jerusalén; el nombre de
su madre fue Joadán, de Jerusalén. 3 Y él hizo lo recto ante los ojos de
Jehová, aunque no como David su padre; hizo conforme a todas las cosas que
había hecho Joás su padre. 4 Con todo eso, los lugares altos no fueron
quitados, porque el pueblo aún sacrificaba y quemaba incienso en esos lugares
altos. 5 Y cuando hubo afirmado en sus manos el reino, mató a los siervos que
habían dado muerte al rey su padre. 6 Pero no mató a los hijos de los que le
dieron muerte, conforme a lo que está escrito en el libro de la ley de Moisés,
donde Jehová mandó diciendo: No matarán a los padres por los hijos, ni a los
hijos por los padres, sino que cada uno morirá por su propio pecado.
7 Este mató asimismo a diez mil edomitas en el Valle de
la Sal, y tomó a Sela en batalla, y la llamó Jocteel, hasta hoy.
8 Entonces Amasías envió mensajeros a Joás hijo de Joacaz,
hijo de Jehú, rey de Israel, diciendo: Ven, para que nos veamos las caras. 9 Y
Joás rey de Israel envió a Amasías rey de Judá esta respuesta: El cardo que
está en el Líbano envió a decir al cedro que está en el Líbano: Da tu hija por
mujer a mi hijo. Y pasaron las fieras que están en el Líbano, y hollaron el
cardo. 10 Ciertamente has derrotado a Edom, y tu corazón se ha envanecido;
gloríate pues, mas quédate en tu casa. ¿Para qué te metes en un mal, para que
caigas tú y Judá contigo?
11 Pero Amasías no escuchó; por lo cual subió Joás rey de
Israel, y se vieron las caras él y Amasías rey de Judá, en Bet-semes, que es
de Judá. 12 Y Judá cayó delante de Israel, y huyeron, cada uno a su tienda. 13
Además Joás rey de Israel tomó a Amasías rey de Judá, hijo de Joás hijo de
Ocozías, en Bet-semes; y vino a Jerusalén, y rompió el muro de Jerusalén desde
la puerta de Efraín hasta la puerta de la esquina, cuatrocientos codos. 14 Y
tomó todo el oro, y la plata, y todos los utensilios que fueron hallados en la
casa de Jehová, y en los tesoros de la casa del rey, y a los hijos tomó en
rehenes, y volvió a Samaria.
15 Los demás hechos que ejecutó Joás, y sus hazañas, y
cómo peleó contra Amasías rey de Judá, ¿no está escrito en el libro de las
crónicas de los reyes de Israel? 16 Y durmió Joás con sus padres, y fue
sepultado en Samaria con los reyes de Israel; y reinó en su lugar Jeroboam su
hijo.
17 Y Amasías hijo de Joás, rey de Judá, vivió después de
la muerte de Joás hijo de Joacaz, rey de Israel, quince años. 18 Los demás
hechos de Amasías, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes
de Judá? 19 Conspiraron contra él en Jerusalén, y él huyó a Laquis; pero le
persiguieron hasta Laquis, y allá lo mataron. 20 Lo trajeron luego sobre
caballos, y lo sepultaron en Jerusalén con sus padres, en la ciudad de David.
21 Entonces todo el pueblo de Judá tomó a Azarías, que era de dieciséis años,
y lo hicieron rey en lugar de Amasías su padre. 22 Reedificó él a Elat, y la
restituyó a Judá, después que el rey durmió con sus padres.
Reinado de Jeroboam II
23 El año quince de Amasías hijo de Joás rey de Judá,
comenzó a reinar Jeroboam hijo de Joás sobre Israel en Samaria; y reinó
cuarenta y un años. 24 E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, y no se apartó
de todos los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel. 25
El restauró los límites de Israel desde la entrada de Hamat hasta el mar del
Arabá, conforme a la palabra de Jehová Dios de Israel, la cual él había
hablado por su siervo Jonás hijo de Amitai, profeta que fue de Gat-hefer. 26
Porque Jehová miró la muy amarga aflicción de Israel; que no había siervo ni
libre, ni quien diese ayuda a Israel; 27 y Jehová no había determinado raer el
nombre de Israel de debajo del cielo; por tanto, los salvó por mano de
Jeroboam hijo de Joás.
28 Los demás hechos de Jeroboam, y todo lo que hizo, y su
valentía, y todas las guerras que hizo, y cómo restituyó al dominio de Israel
a Damasco y Hamat, que habían pertenecido a Judá, ¿no está escrito en el libro
de las crónicas de los reyes de Israel? 29 Y durmió Jeroboam con sus padres,
los reyes de Israel, y reinó en su lugar Zacarías su hijo.
Reinado de Azarías
(2 Cr. 26. 3-5, 16-23)
2 REYES 15
1 En el año veintisiete de Jeroboam rey de Israel,
comenzó a reinar Azarías hijo de Amasías, rey de Judá. 2 Cuando comenzó a
reinar era de dieciséis años, y cincuenta y dos años reinó en Jerusalén; el
nombre de su madre fue Jecolías, de Jerusalén. 3 E hizo lo recto ante los ojos
de Jehová, conforme a todas las cosas que su padre Amasías había hecho. 4 Con
todo eso, los lugares altos no se quitaron, porque el pueblo sacrificaba aún y
quemaba incienso en los lugares altos. 5 Mas Jehová hirió al rey con lepra, y
estuvo leproso hasta el día de su muerte, y habitó en casa separada, y Jotam
hijo del rey tenía el cargo del palacio, gobernando al pueblo. 6 Los demás
hechos de Azarías, y todo lo que hizo, ¿no está escrito en el libro de las
crónicas de los reyes de Judá? 7 Y durmió Azarías con sus padres, y lo
sepultaron con ellos en la ciudad de David, y reinó en su lugar Jotam su hijo.
Reinado de Zacarías
8 En el año treinta y ocho de Azarías rey de Judá, reinó
Zacarías hijo de Jeroboam sobre Israel seis meses. 9 E hizo lo malo ante los
ojos de Jehová, como habían hecho sus padres; no se apartó de los pecados de
Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel. 10 Contra él conspiró
Salum hijo de Jabes, y lo hirió en presencia de su pueblo, y lo mató, y reinó
en su lugar. 11 Los demás hechos de Zacarías, he aquí que están escritos en el
libro de las crónicas de los reyes de Israel. 12 Y esta fue la palabra de
Jehová que había hablado a Jehú, diciendo: Tus hijos hasta la cuarta
generación se sentarán en el trono de Israel. Y fue así.
Reinado de Salum
13 Salum hijo de Jabes comenzó a reinar en el año treinta
y nueve de Uzías rey de Judá, y reinó un mes en Samaria; 14 porque Manahem
hijo de Gadi subió de Tirsa y vino a Samaria, e hirió a Salum hijo de Jabes en
Samaria y lo mató, y reinó en su lugar. 15 Los demás hechos de Salum, y la
conspiración que tramó, he aquí que están escritos en el libro de las crónicas
de los reyes de Israel. 16 Entonces Manahem saqueó a Tifsa, y a todos los que
estaban en ella, y también sus alrededores desde Tirsa; la saqueó porque no le
habían abierto las puertas, y abrió el vientre a todas sus mujeres que estaban
encintas.
Reinado de Manahem
17 En el año treinta y nueve de Azarías rey de Judá,
reinó Manahem hijo de Gadi sobre Israel diez años, en Samaria. 18 E hizo lo
malo ante los ojos de Jehová; en todo su tiempo no se apartó de los pecados de
Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel. 19 Y vino Pul rey de
Asiria a atacar la tierra; y Manahem dio a Pul mil talentos de plata para que
le ayudara a confirmarse en el reino. 20 E impuso Manahem este dinero sobre
Israel, sobre todos los poderosos y opulentos; de cada uno cincuenta siclos de
plata, para dar al rey de Asiria; y el rey de Asiria se volvió, y no se detuvo
allí en el país. 21 Los demás hechos de Manahem, y todo lo que hizo, ¿no está
escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? 22 Y durmió
Manahem con sus padres, y reinó en su lugar Pekaía su hijo.
Reinado de Pekaía
23 En el año cincuenta de Azarías rey de Judá, reinó
Pekaía hijo de Manahem sobre Israel en Samaria, dos años. 24 E hizo lo malo
ante los ojos de Jehová; no se apartó de los pecados de Jeroboam hijo de Nabat,
el que hizo pecar a Israel. 25 Y conspiró contra él Peka hijo de Remalías,
capitán suyo, y lo hirió en Samaria, en el palacio de la casa real, en
compañía de Argob y de Arie, y de cincuenta hombres de los hijos de los
galaaditas; y lo mató, y reinó en su lugar. 26 Los demás hechos de Pekaía, y
todo lo que hizo, he aquí que está escrito en el libro de las crónicas de los
reyes de Israel.
Reinado de Peka
27 En el año cincuenta y dos de Azarías rey de Judá,
reinó Peka hijo de Remalías sobre Israel en Samaria; y reinó veinte años. 28 E
hizo lo malo ante los ojos de Jehová; no se apartó de los pecados de Jeroboam
hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel.
29 En los días de Peka rey de Israel, vino Tiglat-pileser
rey de los asirios, y tomó a Ijón, Abel-bet-maaca, Janoa, Cedes, Hazor, Galaad,
Galilea, y toda la tierra de Neftalí; y los llevó cautivos a Asiria. 30 Y
Oseas hijo de Ela conspiró contra Peka hijo de Remalías, y lo hirió y lo mató,
y reinó en su lugar, a los veinte años de Jotam hijo de Uzías. 31 Los demás
hechos de Peka, y todo lo que hizo, he aquí que está escrito en el libro de
las crónicas de los reyes de Israel.
Reinado de Jotam
(2 Cr. 27.1-9)
32 En el segundo año de Peka hijo de Remalías rey de
Israel, comenzó a reinar Jotam hijo de Uzías rey de Judá. 33 Cuando comenzó a
reinar era de veinticinco años, y reinó dieciséis años en Jerusalén. El nombre
de su madre fue Jerusa hija de Sadoc. 34 Y él hizo lo recto ante los ojos de
Jehová; hizo conforme a todas las cosas que había hecho su padre Uzías. 35 Con
todo eso, los lugares altos no fueron quitados, porque el pueblo sacrificaba
aún, y quemaba incienso en los lugares altos. Edificó él la puerta más alta de
la casa de Jehová. 36 Los demás hechos de Jotam, y todo lo que hizo, ¿no está
escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? 37 En aquel tiempo
comenzó Jehová a enviar contra Judá a Rezín rey de Siria, y a Peka hijo de
Remalías. 38 Y durmió Jotam con sus padres, y fue sepultado con ellos en la
ciudad de David su padre, y reinó en su lugar Acaz su hijo.
Reinado de Acaz
(2 Cr. 28.1-27)
2 REYES 16
1 En el año diecisiete de Peka hijo de Remalías, comenzó
a reinar Acaz hijo de Jotam rey de Judá. 2 Cuando comenzó a reinar Acaz era de
veinte años, y reinó en Jerusalén dieciséis años; y no hizo lo recto ante los
ojos de Jehová su Dios, como David su padre. 3 Antes anduvo en el camino de
los reyes de Israel, y aun hizo pasar por fuego a su hijo, según las prácticas
abominables de las naciones que Jehová echó de delante de los hijos de Israel.
4 Asimismo sacrificó y quemó incienso en los lugares altos, y sobre los
collados, y debajo de todo árbol frondoso.
5 Entonces Rezín rey de Siria y Peka hijo de Remalías,
rey de Israel, subieron a Jerusalén para hacer guerra y sitiar a Acaz; mas no
pudieron tomarla. 6 En aquel tiempo el rey de Edom recobró Elat para Edom, y
echó de Elat a los hombres de Judá; y los de Edom vinieron a Elat y habitaron
allí hasta hoy. 7 Entonces Acaz envió embajadores a Tiglat-pileser rey de
Asiria, diciendo: Yo soy tu siervo y tu hijo; sube, y defiéndeme de mano del
rey de Siria, y de mano del rey de Israel, que se han levantado contra mí. 8 Y
tomando Acaz la plata y el oro que se halló en la casa de Jehová, y en los
tesoros de la casa real, envió al rey de Asiria un presente. 9 Y le atendió el
rey de Asiria; pues subió el rey de Asiria contra Damasco, y la tomó, y llevó
cautivos a los moradores a Kir, y mató a Rezín.
10 Después fue el rey Acaz a encontrar a Tiglat-pileser
rey de Asiria en Damasco; y cuando vio el rey Acaz el altar que estaba en
Damasco, envió al sacerdote Urías el diseño y la descripción del altar,
conforme a toda su hechura. 11 Y el sacerdote Urías edificó el altar; conforme
a todo lo que el rey Acaz había enviado de Damasco, así lo hizo el sacerdote
Urías, entre tanto que el rey Acaz venía de Damasco. 12 Y luego que el rey
vino de Damasco, y vio el altar, se acercó el rey a él, y ofreció sacrificios
en él; 13 y encendió su holocausto y su ofrenda, y derramó sus libaciones, y
esparció la sangre de sus sacrificios de paz junto al altar. 14 E hizo acercar
el altar de bronce que estaba delante de Jehová, en la parte delantera de la
casa, entre el altar y el templo de Jehová, y lo puso al lado del altar hacia
el norte. 15 Y mandó el rey Acaz al sacerdote Urías, diciendo: En el gran
altar encenderás el holocausto de la mañana y la ofrenda de la tarde, y el
holocausto del rey y su ofrenda, y asimismo el holocausto de todo el pueblo de
la tierra y su ofrenda y sus libaciones; y esparcirás sobre él toda la sangre
del holocausto, y toda la sangre del sacrificio. El altar de bronce será mío
para consultar en él. 16 E hizo el sacerdote Urías conforme a todas las cosas
que el rey Acaz le mandó.
17 Y cortó el rey Acaz los tableros de las basas, y les
quitó las fuentes; y quitó también el mar de sobre los bueyes de bronce que
estaban debajo de él, y lo puso sobre el suelo de piedra. 18 Asimismo el
pórtico para los días de reposo, que habían edificado en la casa, y el
pasadizo de afuera, el del rey, los quitó del templo de Jehová, por causa del
rey de Asiria. 19 Los demás hechos que puso por obra Acaz, ¿no están todos
escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? 20 Y durmió el rey
Acaz con sus padres, y fue sepultado con ellos en la ciudad de David, y reinó
en su lugar su hijo Ezequías.
Caída de Samaria y cautiverio de Israel
2 REYES 17
1 En el año duodécimo de Acaz rey de Judá, comenzó a
reinar Oseas hijo de Ela en Samaria sobre Israel; y reinó nueve años. 2 E hizo
lo malo ante los ojos de Jehová, aunque no como los reyes de Israel que habían
sido antes de él. 3 Contra éste subió Salmanasar rey de los asirios; y Oseas
fue hecho su siervo, y le pagaba tributo. 4 Mas el rey de Asiria descubrió que
Oseas conspiraba; porque había enviado embajadores a So, rey de Egipto, y no
pagaba tributo al rey de Asiria, como lo hacía cada año; por lo que el rey de
Asiria le detuvo, y le aprisionó en la casa de la cárcel. 5 Y el rey de Asiria
invadió todo el país, y sitió a Samaria, y estuvo sobre ella tres años. 6 En
el año nueve de Oseas, el rey de Asiria tomó Samaria, y llevó a Israel cautivo
a Asiria, y los puso en Halah, en Habor junto al río Gozán, y en las ciudades
de los medos.
7 Porque los hijos de Israel pecaron contra Jehová su
Dios, que los sacó de tierra de Egipto, de bajo la mano de Faraón rey de
Egipto, y temieron a dioses ajenos, 8 y anduvieron en los estatutos de las
naciones que Jehová había lanzado de delante de los hijos de Israel, y en los
estatutos que hicieron los reyes de Israel. 9 Y los hijos de Israel hicieron
secretamente cosas no rectas contra Jehová su Dios, edificándose lugares altos
en todas sus ciudades, desde las torres de las atalayas hasta las ciudades
fortificadas, 10 y levantaron estatuas e imágenes de Asera en todo collado
alto, y debajo de todo árbol frondoso, 11 y quemaron allí incienso en todos
los lugares altos, a la manera de la naciones que Jehová había traspuesto de
delante de ellos, e hicieron cosas muy malas para provocar a ira a Jehová. 12
Y servían a los ídolos, de los cuales Jehová les había dicho: Vosotros no
habéis de hacer esto. 13 Jehová amonestó entonces a Israel y a Judá por medio
de todos los profetas y de todos los videntes, diciendo: Volveos de vuestros
malos caminos, y guardad mis mandamientos y mis ordenanzas, conforme a todas
las leyes que yo prescribí a vuestros padres, y que os he enviado por medio de
mis siervos los profetas. 14 Mas ellos no obedecieron, antes endurecieron su
cerviz, como la cerviz de sus padres, los cuales no creyeron en Jehová su
Dios. 15 Y desecharon sus estatutos, y el pacto que él había hecho con sus
padres, y los testimonios que él había prescrito a ellos; y siguieron la
vanidad, y se hicieron vanos, y fueron en pos de las naciones que estaban
alrededor de ellos, de las cuales Jehová les había mandado que no hiciesen a
la manera de ellas. 16 Dejaron todos los mandamientos de Jehová su Dios, y se
hicieron imágenes fundidas de dos becerros, y también imágenes de Asera, y
adoraron a todo el ejército de los cielos, y sirvieron a Baal; 17 e hicieron
pasar a sus hijos y a sus hijas por fuego; y se dieron a adivinaciones y
agüeros, y se entregaron a hacer lo malo ante los ojos de Jehová, provocándole
a ira. 18 Jehová, por tanto, se airó en gran manera contra Israel, y los quitó
de delante de su rostro; y no quedó sino sólo la tribu de Judá.
19 Mas ni aun Judá guardó los mandamientos de Jehová su
Dios, sino que anduvieron en los estatutos de Israel, los cuales habían ellos
hecho. 20 Y desechó Jehová a toda la descendencia de Israel, y los afligió, y
los entregó en manos de saqueadores, hasta echarlos de su presencia.
21 Porque separó a Israel de la casa de David, y ellos
hicieron rey a Jeroboam hijo de Nabat; y Jeroboam apartó a Israel de en pos de
Jehová, y les hizo cometer gran pecado. 22 Y los hijos de Israel anduvieron en
todos los pecados de Jeroboam que él hizo, sin apartarse de ellos, 23 hasta
que Jehová quitó a Israel de delante de su rostro, como él lo había dicho por
medio de todos los profetas sus siervos; e Israel fue llevado cautivo de su
tierra a Asiria, hasta hoy.
Asiria puebla de nuevo a Samaria
24 Y trajo el rey de Asiria gente de Babilonia, de Cuta,
de Ava, de Hamat y de Sefarvaim, y los puso en las ciudades de Samaria, en
lugar de los hijos de Israel; y poseyeron a Samaria, y habitaron en sus
ciudades. 25 Y aconteció al principio, cuando comenzaron a habitar allí, que
no temiendo ellos a Jehová, envió Jehová contra ellos leones que los mataban.
26 Dijeron, pues, al rey de Asiria: Las gentes que tú trasladaste y pusiste en
las ciudades de Samaria, no conocen la ley del Dios de aquella tierra, y él ha
echado leones en medio de ellos, y he aquí que los leones los matan, porque no
conocen la ley del Dios de la tierra. 27 Y el rey de Asiria mandó, diciendo:
Llevad allí a alguno de los sacerdotes que trajisteis de allá, y vaya y habite
allí, y les enseñe la ley del Dios del país. 28 Y vino uno de los sacerdotes
que habían llevado cautivo de Samaria, y habitó en Bet-el, y les enseñó cómo
habían de temer a Jehová.
29 Pero cada nación se hizo sus dioses, y los pusieron en
los templos de los lugares altos que habían hecho los de Samaria; cada nación
en su ciudad donde habitaba. 30 Los de Babilonia hicieron a Sucot-benot, los
de Cuta hicieron a Nergal, y los de Hamat hicieron a Asima. 31 Los aveos
hicieron a Nibhaz y a Tartac, y los de Sefarvaim quemaban sus hijos en el
fuego para adorar a Adramelec y a Anamelec, dioses de Sefarvaim. 32 Temían a
Jehová, e hicieron del bajo pueblo sacerdotes de los lugares altos, que
sacrificaban para ellos en los templos de los lugares altos. 33 Temían a
Jehová, y honraban a sus dioses, según la costumbre de las naciones de donde
habían sido trasladados. 34 Hasta hoy hacen como antes: ni temen a Jehová, ni
guardan sus estatutos ni sus ordenanzas, ni hacen según la ley y los
mandamientos que prescribió Jehová a los hijos de Jacob, al cual puso el
nombre de Israel; 35 con los cuales Jehová había hecho pacto, y les mandó
diciendo: No temeréis a otros dioses, ni los adoraréis, ni les serviréis, ni
les haréis sacrificios. 36 Mas a Jehová, que os sacó de tierra de Egipto con
grande poder y brazo extendido, a éste temeréis, y a éste adoraréis, y a éste
haréis sacrificio. 37 Los estatutos y derechos y ley y mandamientos que os dio
por escrito, cuidaréis siempre de ponerlos por obra, y no temeréis a dioses
ajenos. 38 No olvidaréis el pacto que hice con vosotros, ni temeréis a dioses
ajenos; 39 mas temed a Jehová vuestro Dios, y él os librará de mano de todos
vuestros enemigos. 40 Pero ellos no escucharon; antes hicieron según su
costumbre antigua. 41 Así temieron a Jehová aquellas gentes, y al mismo tiempo
sirvieron a sus ídolos; y también sus hijos y sus nietos, según como hicieron
sus padres, así hacen hasta hoy.
Reinado de Ezequías
(2 Cr. 29.1-2)
2 REYES 18
1 En el tercer año de Oseas hijo de Ela, rey de Israel,
comenzó a reinar Ezequías hijo de Acaz rey de Judá. 2 Cuando comenzó a reinar
era de veinticinco años, y reinó en Jerusalén veintinueve años. El nombre de
su madre fue Abi hija de Zacarías. 3 Hizo lo recto ante los ojos de Jehová,
conforme a todas las cosas que había hecho David su padre. 4 El quitó los
lugares altos, y quebró las imágenes, y cortó los símbolos de Asera, e hizo
pedazos la serpiente de bronce que había hecho Moisés, porque hasta entonces
le quemaban incienso los hijos de Israel; y la llamó Nehustán. 5 En Jehová
Dios de Israel puso su esperanza; ni después ni antes de él hubo otro como él
entre todos los reyes de Judá. 6 Porque siguió a Jehová, y no se apartó de él,
sino que guardó los mandamientos que Jehová prescribió a Moisés. 7 Y Jehová
estaba con él; y adondequiera que salía, prosperaba. El se rebeló contra el
rey de Asiria, y no le sirvió. 8 Hirió también a los filisteos hasta Gaza y
sus fronteras, desde las torres de las atalayas hasta la ciudad fortificada.
Caída de Samaria
9 En el cuarto año del rey Ezequías, que era el año
séptimo de Oseas hijo de Ela, rey de Israel, subió Salmanasar rey de los
asirios contra Samaria, y la sitió, 10 y la tomaron al cabo de tres años. En
el año sexto de Ezequías, el cual era el año noveno de Oseas rey de Israel,
fue tomada Samaria. 11 Y el rey de Asiria llevó cautivo a Israel a Asiria, y
los puso en Halah, en Habor junto al río Gozán, y en las ciudades de los
medos; 12 por cuanto no habían atendido a la voz de Jehová su Dios, sino que
habían quebrantado su pacto; y todas las cosas que Moisés siervo de Jehová
había mandado, no las habían escuchado, ni puesto por obra.
Senaquerib invade a Judá
(2 Cr. 32.1-19; Is. 36.1-22)
13 A los catorce años del rey Ezequías, subió Senaquerib
rey de Asiria contra todas las ciudades fortificadas de Judá, y las tomó. 14
Entonces Ezequías rey de Judá envió a decir al rey de Asiria que estaba en
Laquis: Yo he pecado; apártate de mí, y haré todo lo que me impongas. Y el rey
de Asiria impuso a Ezequías rey de Judá trescientos talentos de plata, y
treinta talentos de oro. 15 Dio, por tanto, Ezequías toda la plata que fue
hallada en la casa de Jehová, y en los tesoros de la casa real. 16 Entonces
Ezequías quitó el oro de las puertas del templo de Jehová y de los quiciales
que el mismo rey Ezequías había cubierto de oro, y lo dio al rey de Asiria. 17
Después el rey de Asiria envió contra el rey Ezequías al Tartán, al Rabsaris y
al Rabsaces, con un gran ejército, desde Laquis contra Jerusalén, y subieron y
vinieron a Jerusalén. Y habiendo subido, vinieron y acamparon junto al
acueducto del estanque de arriba, en el camino de la heredad del Lavador. 18
Llamaron luego al rey, y salió a ellos Eliaquim hijo de Hilcías, mayordomo, y
Sebna escriba, y Joa hijo de Asaf, canciller.
19 Y les dijo el Rabsaces: Decid ahora a Ezequías: Así
dice el gran rey de Asiria: ¿Qué confianza es esta en que te apoyas? 20 Dices
(pero son palabras vacías): Consejo tengo y fuerzas para la guerra. Mas ¿en
qué confías, que te has rebelado contra mí? 21 He aquí que confías en este
báculo de caña cascada, en Egipto, en el cual si alguno se apoyare, se le
entrará por la mano y la traspasará. Tal es Faraón rey de Egipto para todos
los que en él confían. 22 Y si me decís: Nosotros confiamos en Jehová nuestro
Dios, ¿no es éste aquel cuyos lugares altos y altares ha quitado Ezequías, y
ha dicho a Judá y a Jerusalén: Delante de este altar adoraréis en Jerusalén?
23 Ahora, pues, yo te ruego que des rehenes a mi señor, el rey de Asiria, y yo
te daré dos mil caballos, si tú puedes dar jinetes para ellos. 24 ¿Cómo, pues,
podrás resistir a un capitán, al menor de los siervos de mi señor, aunque
estés confiado en Egipto con sus carros y su gente de a caballo? 25 ¿Acaso he
venido yo ahora sin Jehová a este lugar, para destruirlo? Jehová me ha dicho:
Sube a esta tierra, y destrúyela.
26 Entonces dijo Eliaquim hijo de Hilcías, y Sebna y Joa,
al Rabsaces: Te rogamos que hables a tus siervos en arameo, porque nosotros lo
entendemos, y no hables con nosotros en lengua de Judá a oídos del pueblo que
está sobre el muro. 27 Y el Rabsaces les dijo: ¿Me ha enviado mi señor para
decir estas palabras a ti y a tu señor, y no a los hombres que están sobre el
muro, expuestos a comer su propio estiércol y beber su propia orina con
vosotros?
28 Entonces el Rabsaces se puso en pie y clamó a gran voz
en lengua de Judá, y habló diciendo: Oíd la palabra del gran rey, el rey de
Asiria. 29 Así ha dicho el rey: No os engañe Ezequías, porque no os podrá
librar de mi mano. 30 Y no os haga Ezequías confiar en Jehová, diciendo:
Ciertamente nos librará Jehová, y esta ciudad no será entregada en mano del
rey de Asiria. 31 No escuchéis a Ezequías, porque así dice el rey de Asiria:
Haced conmigo paz, y salid a mí, y coma cada uno de su vid y de su higuera, y
beba cada uno las aguas de su pozo, 32 hasta que yo venga y os lleve a una
tierra como la vuestra, tierra de grano y de vino, tierra de pan y de viñas,
tierra de olivas, de aceite, y de miel; y viviréis, y no moriréis. No oigáis a
Ezequías, porque os engaña cuando dice: Jehová nos librará. 33 ¿Acaso alguno
de los dioses de las naciones ha librado su tierra de la mano del rey de
Asiria? 34 ¿Dónde está el dios de Hamat y de Arfad? ¿Dónde está el dios de
Sefarvaim, de Hena, y de Iva? ¿Pudieron éstos librar a Samaria de mi mano? 35
¿Qué dios de todos los dioses de estas tierras ha librado su tierra de mi
mano, para que Jehová libre de mi mano a Jerusalén?
36 Pero el pueblo calló, y no le respondió palabra;
porque había mandamiento del rey, el cual había dicho: No le respondáis. 37
Entonces Eliaquim hijo de Hilcías, mayordomo, y Sebna escriba, y Joa hijo de
Asaf, canciller, vinieron a Ezequías, rasgados sus vestidos, y le contaron las
palabras del Rabsaces.
Judá es librado de Senaquerib
(2 Cr. 32.20-23; Is. 37.1-38)
2 REYES 19
1 Cuando el rey Ezequías lo oyó, rasgó sus vestidos y se
cubrió de cilicio, y entró en la casa de Jehová. 2 Y envió a Eliaquim
mayordomo, a Sebna escriba y a los ancianos de los sacerdotes, cubiertos de
cilicio, al profeta Isaías hijo de Amoz, 3 para que le dijesen: Así ha dicho
Ezequías: Este día es día de angustia, de reprensión y de blasfemia; porque
los hijos están a punto de nacer, y la que da a luz no tiene fuerzas. 4 Quizá
oirá Jehová tu Dios todas las palabras del Rabsaces, a quien el rey de los
asirios su señor ha enviado para blasfemar al Dios viviente, y para vituperar
con palabras, las cuales Jehová tu Dios ha oído; por tanto, eleva oración por
el remanente que aún queda. 5 Vinieron, pues, los siervos del rey Ezequías a
Isaías. 6 E Isaías les respondió: Así diréis a vuestro señor: Así ha dicho
Jehová: No temas por las palabras que has oído, con las cuales me han
blasfemado los siervos del rey de Asiria. 7 He aquí pondré yo en él un
espíritu, y oirá rumor, y volverá a su tierra; y haré que en su tierra caiga a
espada.
8 Y regresando el Rabsaces, halló al rey de Asiria
combatiendo contra Libna; porque oyó que se había ido de Laquis. 9 Y oyó decir
que Tirhaca rey de Etiopía había salido para hacerle guerra. Entonces volvió
él y envió embajadores a Ezequías, diciendo: 10 Así diréis a Ezequías rey de
Judá: No te engañe tu Dios en quien tú confías, para decir: Jerusalén no será
entregada en mano del rey de Asiria. 11 He aquí tú has oído lo que han hecho
los reyes de Asiria a todas las tierras, destruyéndolas; ¿y escaparás tú? 12
¿Acaso libraron sus dioses a las naciones que mis padres destruyeron, esto es,
Gozán, Harán, Resef, y los hijos de Edén que estaban en Telasar? 13 ¿Dónde
está el rey de Hamat, el rey de Arfad, y el rey de la ciudad de Sefarvaim, de
Hena y de Iva?
14 Y tomó Ezequías las cartas de mano de los embajadores;
y después que las hubo leído, subió a la casa de Jehová, y las extendió
Ezequías delante de Jehová. 15 Y oró Ezequías delante de Jehová, diciendo:
Jehová Dios de Israel, que moras entre los querubines, sólo tú eres Dios de
todos los reinos de la tierra; tú hiciste el cielo y la tierra. 16 Inclina, oh
Jehová, tu oído, y oye; abre, oh Jehová, tus ojos, y mira; y oye las palabras
de Senaquerib, que ha enviado a blasfemar al Dios viviente. 17 Es verdad, oh
Jehová, que los reyes de Asiria han destruido las naciones y sus tierras; 18 y
que echaron al fuego a sus dioses, por cuanto ellos no eran dioses, sino obra
de manos de hombres, madera o piedra, y por eso los destruyeron. 19 Ahora,
pues, oh Jehová Dios nuestro, sálvanos, te ruego, de su mano, para que sepan
todos los reinos de la tierra que sólo tú, Jehová, eres Dios. 20 Entonces
Isaías hijo de Amoz envió a decir a Ezequías: Así ha dicho Jehová, Dios de
Israel: Lo que me pediste acerca de Senaquerib rey de Asiria, he oído. 21 Esta
es la palabra que Jehová ha pronunciado acerca de él: La virgen hija de Sion
te menosprecia, te escarnece; detrás de ti mueve su cabeza la hija de
Jerusalén. 22 ¿A quién has vituperado y blasfemado? ¿y contra quién has alzado
la voz, y levantado en alto tus ojos? Contra el Santo de Israel. 23 Por mano
de tus mensajeros has vituperado a Jehová, y has dicho: Con la multitud de mis
carros he subido a las alturas de los montes, a lo más inaccesible del Líbano;
cortaré sus altos cedros, sus cipreses más escogidos; me alojaré en sus más
remotos lugares, en el bosque de sus feraces campos. 24 Yo he cavado y bebido
las aguas extrañas, he secado con las plantas de mis pies todos los ríos de
Egipto. 25 ¿Nunca has oído que desde tiempos antiguos yo lo hice, y que desde
los días de la antigüedad lo tengo ideado? Y ahora lo he hecho venir, y tú
serás para hacer desolaciones, para reducir las ciudades fortificadas a
montones de escombros. 26 Sus moradores fueron de corto poder; fueron
acobardados y confundidos; vinieron a ser como la hierba del campo, y como
hortaliza verde, como heno de los terrados, marchitado antes de su madurez. 27
He conocido tu situación, tu salida y tu entrada, y tu furor contra mí. 28 Por
cuanto te has airado contra mí, por cuanto tu arrogancia ha subido a mis
oídos, yo pondré mi garfio en tu nariz, y mi freno en tus labios, y te haré
volver por el camino por donde viniste.
29 Y esto te daré por señal, oh Ezequías: Este año
comeréis lo que nacerá de suyo, y el segundo año lo que nacerá de suyo; y el
tercer año sembraréis, y segaréis, y plantaréis viñas, y comeréis el fruto de
ellas. 30 Y lo que hubiere escapado, lo que hubiere quedado de la casa de
Judá, volverá a echar raíces abajo, y llevará fruto arriba. 31 Porque saldrá
de Jerusalén remanente, y del monte de Sion los que se salven. El celo de
Jehová de los ejércitos hará esto.
32 Por tanto, así dice Jehová acerca del rey de Asiria:
No entrará en esta ciudad, ni echará saeta en ella; ni vendrá delante de ella
con escudo, ni levantará contra ella baluarte. 33 Por el mismo camino que
vino, volverá, y no entrará en esta ciudad, dice Jehová. 34 Porque yo ampararé
esta ciudad para salvarla, por amor a mí mismo, y por amor a David mi siervo.
35 Y aconteció que aquella misma noche salió el ángel de
Jehová, y mató en el campamento de los asirios a ciento ochenta y cinco mil; y
cuando se levantaron por la mañana, he aquí que todo era cuerpos de muertos.
36 Entonces Senaquerib rey de Asiria se fue, y volvió a Nínive, donde se
quedó. 37 Y aconteció que mientras él adoraba en el templo de Nisroc su dios,
Adramelec y Sarezer sus hijos lo hirieron a espada, y huyeron a tierra de
Ararat. Y reinó en su lugar Esarhadón su hijo.
Enfermedad de Ezequías
(2 Cr. 32.24-26; Is. 38.1-22)
2 REYES 20
1 En aquellos días Ezequías cayó enfermo de muerte. Y
vino a él el profeta Isaías hijo de Amoz, y le dijo: Jehová dice así: Ordena
tu casa, porque morirás, y no vivirás. 2 Entonces él volvió su rostro a la
pared, y oró a Jehová y dijo: 3 Te ruego, oh Jehová, te ruego que hagas
memoria de que he andado delante de ti en verdad y con íntegro corazón, y que
he hecho las cosas que te agradan. Y lloró Ezequías con gran lloro. 4 Y antes
que Isaías saliese hasta la mitad del patio, vino palabra de Jehová a Isaías,
diciendo: 5 Vuelve, y di a Ezequías, príncipe de mi pueblo: Así dice Jehová,
el Dios de David tu padre: Yo he oído tu oración, y he visto tus lágrimas; he
aquí que yo te sano; al tercer día subirás a la casa de Jehová. 6 Y añadiré a
tus días quince años, y te libraré a ti y a esta ciudad de mano del rey de
Asiria; y ampararé esta ciudad por amor a mí mismo, y por amor a David mi
siervo. 7 Y dijo Isaías: Tomad masa de higos. Y tomándola, la pusieron sobre
la llaga, y sanó.
8 Y Ezequías había dicho a Isaías: ¿Qué señal tendré de
que Jehová me sanará, y que subiré a la casa de Jehová al tercer día? 9
Respondió Isaías: Esta señal tendrás de Jehová, de que hará Jehová esto que ha
dicho: ¿Avanzará la sombra diez grados, o retrocederá diez grados? 10 Y
Ezequías respondió: Fácil cosa es que la sombra decline diez grados; pero no
que la sombra vuelva atrás diez grados. 11 Entonces el profeta Isaías clamó a
Jehová; e hizo volver la sombra por los grados que había descendido en el
reloj de Acaz, diez grados atrás.
Ezequías recibe a los enviados de Babilonia
(2 Cr. 32.27-31; Is. 39.1-8)
12 En aquel tiempo Merodac-baladán hijo de Baladán, rey
de Babilonia, envió mensajeros con cartas y presentes a Ezequías, porque había
oído que Ezequías había caído enfermo. 13 Y Ezequías los oyó, y les mostró
toda la casa de sus tesoros, plata, oro, y especias, y ungüentos preciosos, y
la casa de sus armas, y todo lo que había en sus tesoros; ninguna cosa quedó
que Ezequías no les mostrase, así en su casa como en todos sus dominios. 14
Entonces el profeta Isaías vino al rey Ezequías, y le dijo: ¿Qué dijeron
aquellos varones, y de dónde vinieron a ti? Y Ezequías le respondió: De
lejanas tierras han venido, de Babilonia. 15 Y él le volvió a decir: ¿Qué
vieron en tu casa? Y Ezequías respondió: Vieron todo lo que había en mi casa;
nada quedó en mis tesoros que no les mostrase.
16 Entonces Isaías dijo a Ezequías: Oye palabra de
Jehová: 17 He aquí vienen días en que todo lo que está en tu casa, y todo lo
que tus padres han atesorado hasta hoy, será llevado a Babilonia, sin quedar
nada, dijo Jehová. 18 Y de tus hijos que saldrán de ti, que habrás engendrado,
tomarán, y serán eunucos en el palacio del rey de Babilonia. 19 Entonces
Ezequías dijo a Isaías: La palabra de Jehová que has hablado, es buena.
Después dijo: Habrá al menos paz y seguridad en mis días.
Muerte de Ezequías
(2 Cr. 32.32-33)
20 Los demás hechos de Ezequías, y todo su poderío, y
cómo hizo el estanque y el conducto, y metió las aguas en la ciudad, ¿no está
escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? 21 Y durmió Ezequías
con sus padres, y reinó en su lugar Manasés su hijo.
Reinado de Manasés
(2 Cr. 33.1-20)
2 REYES 21
1 De doce años era Manasés cuando comenzó a reinar, y
reinó en Jerusalén cincuenta y cinco años; el nombre de su madre fue Hepsiba.
2 E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, según las abominaciones de las
naciones que Jehová había echado de delante de los hijos de Israel. 3 Porque
volvió a edificar los lugares altos que Ezequías su padre había derribado, y
levantó altares a Baal, e hizo una imagen de Asera, como había hecho Acab rey
de Israel; y adoró a todo el ejército de los cielos, y rindió culto a aquellas
cosas. 4 Asimismo edificó altares en la casa de Jehová, de la cual Jehová
había dicho: Yo pondré mi nombre en Jerusalén. 5 Y edificó altares para todo
el ejército de los cielos en los dos atrios de la casa de Jehová. 6 Y pasó a
su hijo por fuego, y se dio a observar los tiempos, y fue agorero, e instituyó
encantadores y adivinos, multiplicando así el hacer lo malo ante los ojos de
Jehová, para provocarlo a ira. 7 Y puso una imagen de Asera que él había
hecho, en la casa de la cual Jehová había dicho a David y a Salomón su hijo:
Yo pondré mi nombre para siempre en esta casa, y en Jerusalén, a la cual
escogí de todas las tribus de Israel; 8 y no volveré a hacer que el pie de
Israel sea movido de la tierra que di a sus padres, con tal que guarden y
hagan conforme a todas las cosas que yo les he mandado, y conforme a toda la
ley que mi siervo Moisés les mandó. 9 Mas ellos no escucharon; y Manasés los
indujo a que hiciesen más mal que las naciones que Jehová destruyó delante de
los hijos de Israel.
10 Habló, pues, Jehová por medio de sus siervos los
profetas, diciendo: 11 Por cuanto Manasés rey de Judá ha hecho estas
abominaciones, y ha hecho más mal que todo lo que hicieron los amorreos que
fueron antes de él, y también ha hecho pecar a Judá con sus ídolos; 12 por
tanto, así ha dicho Jehová el Dios de Israel: He aquí yo traigo tal mal sobre
Jerusalén y sobre Judá, que al que lo oyere le retiñirán ambos oídos. 13 Y
extenderé sobre Jerusalén el cordel de Samaria y la plomada de la casa de Acab;
y limpiaré a Jerusalén como se limpia un plato, que se friega y se vuelve boca
abajo. 14 Y desampararé el resto de mi heredad, y lo entregaré en manos de sus
enemigos; y serán para presa y despojo de todos sus adversarios; 15 por cuanto
han hecho lo malo ante mis ojos, y me han provocado a ira, desde el día que
sus padres salieron de Egipto hasta hoy.
16 Fuera de esto, derramó Manasés mucha sangre inocente
en gran manera, hasta llenar a Jerusalén de extremo a extremo; además de su
pecado con que hizo pecar a Judá, para que hiciese lo malo ante los ojos de
Jehová.
17 Los demás hechos de Manasés, y todo lo que hizo, y el
pecado que cometió, ¿no está todo escrito en el libro de las crónicas de los
reyes de Judá? 18 Y durmió Manasés con sus padres, y fue sepultado en el
huerto de su casa, en el huerto de Uza, y reinó en su lugar Amón su hijo.
Reinado de Amón
(2 Cr. 33.21-25)
19 De veintidós años era Amón cuando comenzó a reinar, y
reinó dos años en Jerusalén. El nombre de su madre fue Mesulemet hija de Haruz,
de Jotba. 20 E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, como había hecho Manasés
su padre. 21 Y anduvo en todos los caminos en que su padre anduvo, y sirvió a
los ídolos a los cuales había servido su padre, y los adoró; 22 y dejó a
Jehová el Dios de sus padres, y no anduvo en el camino de Jehová. 23 Y los
siervos de Amón conspiraron contra él, y mataron al rey en su casa. 24
Entonces el pueblo de la tierra mató a todos los que habían conspirado contra
el rey Amón; y puso el pueblo de la tierra por rey en su lugar a Josías su
hijo. 25 Los demás hechos de Amón, ¿no están todos escritos en el libro de las
crónicas de los reyes de Judá? 26 Y fue sepultado en su sepulcro en el huerto
de Uza, y reinó en su lugar Josías su hijo.
Reinado de Josías
(2 Cr. 34.1-2)
2 REYES 22
1 Cuando Josías comenzó a reinar era de ocho años, y
reinó en Jerusalén treinta y un años. El nombre de su madre fue Jedida hija de
Adaía, de Boscat. 2 E hizo lo recto ante los ojos de Jehová, y anduvo en todo
el camino de David su padre, sin apartarse a derecha ni a izquierda.
Hallazgo del libro de la ley
(2 Cr. 34.8-33)
3 A los dieciocho años del rey Josías, envió el rey a
Safán hijo de Azalía, hijo de Mesulam, escriba, a la casa de Jehová, diciendo:
4 Ve al sumo sacerdote Hilcías, y dile que recoja el dinero que han traído a
la casa de Jehová, que han recogido del pueblo los guardianes de la puerta, 5
y que lo pongan en manos de los que hacen la obra, que tienen a su cargo el
arreglo de la casa de Jehová, y que lo entreguen a los que hacen la obra de la
casa de Jehová, para reparar las grietas de la casa; 6 a los carpinteros,
maestros y albañiles, para comprar madera y piedra de cantería para reparar la
casa; 7 y que no se les tome cuenta del dinero cuyo manejo se les confiare,
porque ellos proceden con honradez.
8 Entonces dijo el sumo sacerdote Hilcías al escriba
Safán: He hallado el libro de la ley en la casa de Jehová. E Hilcías dio el
libro a Safán, y lo leyó. 9 Viniendo luego el escriba Safán al rey, dio cuenta
al rey y dijo: Tus siervos han recogido el dinero que se halló en el templo, y
lo han entregado en poder de los que hacen la obra, que tienen a su cargo el
arreglo de la casa de Jehová. 10 Asimismo el escriba Safán declaró al rey,
diciendo: El sacerdote Hilcías me ha dado un libro. Y lo leyó Safán delante
del rey.
11 Y cuando el rey hubo oído las palabras del libro de la
ley, rasgó sus vestidos. 12 Luego el rey dio orden al sacerdote Hilcías, a
Ahicam hijo de Safán, a Acbor hijo de Micaías, al escriba Safán y a Asaías
siervo del rey, diciendo: 13 Id y preguntad a Jehová por mí, y por el pueblo,
y por todo Judá, acerca de las palabras de este libro que se ha hallado;
porque grande es la ira de Jehová que se ha encendido contra nosotros, por
cuanto nuestros padres no escucharon las palabras de este libro, para hacer
conforme a todo lo que nos fue escrito.
14 Entonces fueron el sacerdote Hilcías, y Ahicam, Acbor,
Safán y Asaías, a la profetisa Hulda, mujer de Salum hijo de Ticva, hijo de
Harhas, guarda de las vestiduras, la cual moraba en Jerusalén en la segunda
parte de la ciudad, y hablaron con ella. 15 Y ella les dijo: Así ha dicho
Jehová el Dios de Israel: Decid al varón que os envió a mí: 16 Así dijo
Jehová: He aquí yo traigo sobre este lugar, y sobre los que en él moran, todo
el mal de que habla este libro que ha leído el rey de Judá; 17 por cuanto me
dejaron a mí, y quemaron incienso a dioses ajenos, provocándome a ira con toda
la obra de sus manos; mi ira se ha encendido contra este lugar, y no se
apagará. 18 Mas al rey de Judá que os ha enviado para que preguntaseis a
Jehová, diréis así: Así ha dicho Jehová el Dios de Israel: Por cuanto oíste
las palabras del libro, 19 y tu corazón se enterneció, y te humillaste delante
de Jehová, cuando oíste lo que yo he pronunciado contra este lugar y contra
sus moradores, que vendrán a ser asolados y malditos, y rasgaste tus vestidos,
y lloraste en mi presencia, también yo te he oído, dice Jehová. 20 Por tanto,
he aquí yo te recogeré con tus padres, y serás llevado a tu sepulcro en paz, y
no verán tus ojos todo el mal que yo traigo sobre este lugar. Y ellos dieron
al rey la respuesta.
2 REYES 23
1 Entonces el rey mandó reunir con él a todos los
ancianos de Judá y de Jerusalén. 2 Y subió el rey a la casa de Jehová con
todos los varones de Judá, y con todos los moradores de Jerusalén, con los
sacerdotes y profetas y con todo el pueblo, desde el más chico hasta el más
grande; y leyó, oyéndolo ellos, todas las palabras del libro del pacto que
había sido hallado en la casa de Jehová. 3 Y poniéndose el rey en pie junto a
la columna, hizo pacto delante de Jehová, de que irían en pos de Jehová, y
guardarían sus mandamientos, sus testimonios y sus estatutos, con todo el
corazón y con toda el alma, y que cumplirían las palabras del pacto que
estaban escritas en aquel libro. Y todo el pueblo confirmó el pacto.
Reformas de Josías
(2 Cr. 34.3-7)
4 Entonces mandó el rey al sumo sacerdote Hilcías, a los
sacerdotes de segundo orden, y a los guardianes de la puerta, que sacasen del
templo de Jehová todos los utensilios que habían sido hechos para Baal, para
Asera y para todo el ejército de los cielos; y los quemó fuera de Jerusalén en
el campo del Cedrón, e hizo llevar las cenizas de ellos a Bet-el. 5 Y quitó a
los sacerdotes idólatras que habían puesto los reyes de Judá para que quemasen
incienso en los lugares altos en las ciudades de Judá, y en los alrededores de
Jerusalén; y asimismo a los que quemaban incienso a Baal, al sol y a la luna,
y a los signos del zodíaco, y a todo el ejército de los cielos. 6 Hizo también
sacar la imagen de Asera fuera de la casa de Jehová, fuera de Jerusalén, al
valle del Cedrón, y la quemó en el valle del Cedrón, y la convirtió en polvo,
y echó el polvo sobre los sepulcros de los hijos del pueblo. 7 Además derribó
los lugares de prostitución idolátrica que estaban en la casa de Jehová, en
los cuales tejían las mujeres tiendas para Asera. 8 E hizo venir todos los
sacerdotes de las ciudades de Judá, y profanó los lugares altos donde los
sacerdotes quemaban incienso, desde Geba hasta Beerseba; y derribó los altares
de las puertas que estaban a la entrada de la puerta de Josué, gobernador de
la ciudad, que estaban a la mano izquierda, a la puerta de la ciudad. 9 Pero
los sacerdotes de los lugares altos no subían al altar de Jehová en Jerusalén,
sino que comían panes sin levadura entre sus hermanos. 10 Asimismo profanó a
Tofet, que está en el valle del hijo de Hinom, para que ninguno pasase su hijo
o su hija por fuego a Moloc. 11 Quitó también los caballos que los reyes de
Judá habían dedicado al sol a la entrada del templo de Jehová, junto a la
cámara de Natán-melec eunuco, el cual tenía a su cargo los ejidos; y quemó al
fuego los carros del sol. 12 Derribó además el rey los altares que estaban
sobre la azotea de la sala de Acaz, que los reyes de Judá habían hecho, y los
altares que había hecho Manasés en los dos atrios de la casa de Jehová; y de
allí corrió y arrojó el polvo al arroyo del Cedrón. 13 Asimismo profanó el rey
los lugares altos que estaban delante de Jerusalén, a la mano derecha del
monte de la destrucción, los cuales Salomón rey de Israel había edificado a
Astoret ídolo abominable de los sidonios, a Quemos ídolo abominable de Moab, y
a Milcom ídolo abominable de los hijos de Amón. 14 Y quebró las estatuas, y
derribó las imágenes de Asera, y llenó el lugar de ellos de huesos de hombres.
15 Igualmente el altar que estaba en Bet-el, y el lugar
alto que había hecho Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel; aquel
altar y el lugar alto destruyó, y lo quemó, y lo hizo polvo, y puso fuego a la
imagen de Asera. 16 Y se volvió Josías, y viendo los sepulcros que estaban
allí en el monte, envió y sacó los huesos de los sepulcros, y los quemó sobre
el altar para contaminarlo, conforme a la palabra de Jehová que había
profetizado el varón de Dios, el cual había anunciado esto. 17 Después dijo:
¿Qué monumento es este que veo? Y los de la ciudad le respondieron: Este es el
sepulcro del varón de Dios que vino de Judá, y profetizó estas cosas que tú
has hecho sobre el altar de Bet-el. 18 Y él dijo: Dejadlo; ninguno mueva sus
huesos; y así fueron preservados sus huesos, y los huesos del profeta que
había venido de Samaria. 19 Y todas las casas de los lugares altos que estaban
en las ciudades de Samaria, las cuales habían hecho los reyes de Israel para
provocar a ira, las quitó también Josías, e hizo de ellas como había hecho en
Bet-el. 20 Mató además sobre los altares a todos los sacerdotes de los lugares
altos que allí estaban, y quemó sobre ellos huesos de hombres, y volvió a
Jerusalén.
Josías celebra la pascua
(2 Cr. 35.1-19)
21 Entonces mandó el rey a todo el pueblo, diciendo:
Haced la pascua a Jehová vuestro Dios, conforme a lo que está escrito en el
libro de este pacto. 22 No había sido hecha tal pascua desde los tiempos en
que los jueces gobernaban a Israel, ni en todos los tiempos de los reyes de
Israel y de los reyes de Judá. 23 A los dieciocho años del rey Josías fue
hecha aquella pascua a Jehová en Jerusalén.
Persiste la ira de Jehová contra Judá
24 Asimismo barrió Josías a los encantadores, adivinos y
terafines, y todas las abominaciones que se veían en la tierra de Judá y en
Jerusalén, para cumplir las palabras de la ley que estaban escritas en el
libro que el sacerdote Hilcías había hallado en la casa de Jehová. 25 No hubo
otro rey antes de él, que se convirtiese a Jehová de todo su corazón, de toda
su alma y de todas sus fuerzas, conforme a toda la ley de Moisés; ni después
de él nació otro igual. 26 Con todo eso, Jehová no desistió del ardor con que
su gran ira se había encendido contra Judá, por todas las provocaciones con
que Manasés le había irritado. 27 Y dijo Jehová: También quitaré de mi
presencia a Judá, como quité a Israel, y desecharé a esta ciudad que había
escogido, a Jerusalén, y a la casa de la cual había yo dicho: Mi nombre estará
allí.
Muerte de Josías
(2 Cr. 35.20-27)
28 Los demás hechos de Josías, y todo lo que hizo, ¿no
está todo escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? 29 En
aquellos días Faraón Necao rey de Egipto subió contra el rey de Asiria al río
Eufrates, y salió contra él el rey Josías; pero aquél, así que le vio, lo mató
en Meguido. 30 Y sus siervos lo pusieron en un carro, y lo trajeron muerto de
Meguido a Jerusalén, y lo sepultaron en su sepulcro. Entonces el pueblo de la
tierra tomó a Joacaz hijo de Josías, y lo ungieron y lo pusieron por rey en
lugar de su padre.
Reinado y destronamiento de Joacaz
(2 Cr. 36.1-4)
31 De veintitrés años era Joacaz cuando comenzó a reinar,
y reinó tres meses en Jerusalén. El nombre de su madre fue Hamutal hija de
Jeremías, de Libna. 32 Y él hizo lo malo ante los ojos de Jehová, conforme a
todas las cosas que sus padres habían hecho. 33 Y lo puso preso Faraón Necao
en Ribla en la provincia de Hamat, para que no reinase en Jerusalén; e impuso
sobre la tierra una multa de cien talentos de plata, y uno de oro. 34 Entonces
Faraón Necao puso por rey a Eliaquim hijo de Josías, en lugar de Josías su
padre, y le cambió el nombre por el de Joacim; y tomó a Joacaz y lo llevó a
Egipto, y murió allí. 35 Y Joacim pagó a Faraón la plata y el oro; mas hizo
avaluar la tierra para dar el dinero conforme al mandamiento de Faraón,
sacando la plata y el oro del pueblo de la tierra, de cada uno según la
estimación de su hacienda, para darlo a Faraón Necao.
Reinado de Joacim
(2 Cr. 36.5-8)
36 De veinticinco años era Joacim cuando comenzó a
reinar, y once años reinó en Jerusalén. El nombre de su madre fue Zebuda hija
de Pedaías, de Ruma. 37 E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, conforme a
todas las cosas que sus padres habían hecho.
2 REYES 24
1 En su tiempo subió en campaña Nabucodonosor rey de
Babilonia. Joacim vino a ser su siervo por tres años, pero luego volvió y se
rebeló contra él. 2 Pero Jehová envió contra Joacim tropas de caldeos, tropas
de sirios, tropas de moabitas y tropas de amonitas, los cuales envió contra
Judá para que la destruyesen, conforme a la palabra de Jehová que había
hablado por sus siervos los profetas. 3 Ciertamente vino esto contra Judá por
mandato de Jehová, para quitarla de su presencia, por los pecados de Manasés,
y por todo lo que él hizo; 4 asimismo por la sangre inocente que derramó, pues
llenó a Jerusalén de sangre inocente; Jehová, por tanto, no quiso perdonar. 5
Los demás hechos de Joacim, y todo lo que hizo, ¿no está escrito en el libro
de las crónicas de los reyes de Judá? 6 Y durmió Joacim con sus padres, y
reinó en su lugar Joaquín su hijo. 7 Y nunca más el rey de Egipto salió de su
tierra; porque el rey de Babilonia le tomó todo lo que era suyo desde el río
de Egipto hasta el río Eufrates.
Joaquín y los nobles son llevados cautivos a Babilonia
(2 Cr. 36.9-10)
8 De dieciocho años era Joaquín cuando comenzó a reinar,
y reinó en Jerusalén tres meses. El nombre de su madre fue Nehusta hija de
Elnatán, de Jerusalén. 9 E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, conforme a
todas las cosas que había hecho su padre.
10 En aquel tiempo subieron contra Jerusalén los siervos
de Nabucodonosor rey de Babilonia, y la ciudad fue sitiada. 11 Vino también
Nabucodonosor rey de Babilonia contra la ciudad, cuando sus siervos la tenían
sitiada. 12 Entonces salió Joaquín rey de Judá al rey de Babilonia, él y su
madre, sus siervos, sus príncipes y sus oficiales; y lo prendió el rey de
Babilonia en el octavo año de su reinado. 13 Y sacó de allí todos los tesoros
de la casa de Jehová, y los tesoros de la casa real, y rompió en pedazos todos
los utensilios de oro que había hecho Salomón rey de Israel en la casa de
Jehová, como Jehová había dicho. 14 Y llevó en cautiverio a toda Jerusalén, a
todos los príncipes, y a todos los hombres valientes, hasta diez mil cautivos,
y a todos los artesanos y herreros; no quedó nadie, excepto los pobres del
pueblo de la tierra. 15 Asimismo llevó cautivos a Babilonia a Joaquín, a la
madre del rey, a las mujeres del rey, a sus oficiales y a los poderosos de la
tierra; cautivos los llevó de Jerusalén a Babilonia. 16 A todos los hombres de
guerra, que fueron siete mil, y a los artesanos y herreros, que fueron mil, y
a todos los valientes para hacer la guerra, llevó cautivos el rey de
Babilonia. 17 Y el rey de Babilonia puso por rey en lugar de Joaquín a
Matanías su tío, y le cambió el nombre por el de Sedequías.
Reinado de Sedequías
(2 Cr. 36.11-16; Jer. 52.1-3)
18 De veintiún años era Sedequías cuando comenzó a
reinar, y reinó en Jerusalén once años. El nombre de su madre fue Hamutal hija
de Jeremías, de Libna. 19 E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, conforme a
todo lo que había hecho Joacim. 20 Vino, pues, la ira de Jehová contra
Jerusalén y Judá, hasta que los echó de su presencia. Y Sedequías se rebeló
contra el rey de Babilonia.
Caída de Jerusalén
(Jer. 39.1-7; 52.3-11)
2 REYES 25
1 Aconteció a los nueve años de su reinado, en el mes
décimo, a los diez días del mes, que Nabucodonosor rey de Babilonia vino con
todo su ejército contra Jerusalén, y la sitió, y levantó torres contra ella
alrededor. 2 Y estuvo la ciudad sitiada hasta el año undécimo del rey
Sedequías. 3 A los nueve días del cuarto mes prevaleció el hambre en la
ciudad, hasta que no hubo pan para el pueblo de la tierra. 4 Abierta ya una
brecha en el muro de la ciudad, huyeron de noche todos los hombres de guerra
por el camino de la puerta que estaba entre los dos muros, junto a los huertos
del rey, estando los caldeos alrededor de la ciudad; y el rey se fue por el
camino del Arabá. 5 Y el ejército de los caldeos siguió al rey, y lo apresó en
las llanuras de Jericó, habiendo sido dispersado todo su ejército. 6 Preso,
pues, el rey, le trajeron al rey de Babilonia en Ribla, y pronunciaron contra
él sentencia. 7 Degollaron a los hijos de Sedequías en presencia suya, y a
Sedequías le sacaron los ojos, y atado con cadenas lo llevaron a Babilonia.
Cautividad de Judá
(2 Cr. 36.17-21; Jer. 39.8-10; 52.12-30)
8 En el mes quinto, a los siete días del mes, siendo el
año diecinueve de Nabucodonosor rey de Babilonia, vino a Jerusalén Nabuzaradán,
capitán de la guardia, siervo del rey de Babilonia. 9 Y quemó la casa de
Jehová, y la casa del rey, y todas las casas de Jerusalén; y todas las casas
de los príncipes quemó a fuego. 10 Y todo el ejército de los caldeos que
estaba con el capitán de la guardia, derribó los muros alrededor de Jerusalén.
11 Y a los del pueblo que habían quedado en la ciudad, a los que se habían
pasado al rey de Babilonia, y a los que habían quedado de la gente común, los
llevó cautivos Nabuzaradán, capitán de la guardia. 12 Mas de los pobres de la
tierra dejó Nabuzaradán, capitán de la guardia, para que labrasen las viñas y
la tierra.
13 Y quebraron los caldeos las columnas de bronce que
estaban en la casa de Jehová, y las basas, y el mar de bronce que estaba en la
casa de Jehová, y llevaron el bronce a Babilonia. 14 Llevaron también los
calderos, las paletas, las despabiladeras, los cucharones, y todos los
utensilios de bronce con que ministraban; 15 incensarios, cuencos, los que de
oro, en oro, y los que de plata, en plata; todo lo llevó el capitán de la
guardia. 16 Las dos columnas, un mar, y las basas que Salomón había hecho para
la casa de Jehová; no fue posible pesar todo esto. 17 La altura de una columna
era de dieciocho codos, y tenía encima un capitel de bronce; la altura del
capitel era de tres codos, y sobre el capitel había una red y granadas
alrededor, todo de bronce; e igual labor había en la otra columna con su red.
18 Tomó entonces el capitán de la guardia al primer
sacerdote Seraías, al segundo sacerdote Sofonías, y tres guardas de la
vajilla; 19 y de la ciudad tomó un oficial que tenía a su cargo los hombres de
guerra, y cinco varones de los consejeros del rey, que estaban en la ciudad,
el principal escriba del ejército, que llevaba el registro de la gente del
país, y sesenta varones del pueblo de la tierra, que estaban en la ciudad. 20
Estos tomó Nabuzaradán, capitán de la guardia, y los llevó a Ribla al rey de
Babilonia. 21 Y el rey de Babilonia los hirió y mató en Ribla, en tierra de
Hamat. Así fue llevado cautivo Judá de sobre su tierra.
El remanente huye a Egipto
22 Y al pueblo que Nabucodonosor rey de Babilonia dejó en
tierra de Judá, puso por gobernador a Gedalías hijo de Ahicam, hijo de Safán.
23 Y oyendo todos los príncipes del ejército, ellos y su gente, que el rey de
Babilonia había puesto por gobernador a Gedalías, vinieron a él en Mizpa;
Ismael hijo de Netanías, Johanán hijo de Carea, Seraías hijo de Tanhumet
netofatita, y Jaazanías hijo de un maacateo, ellos con los suyos. 24 Entonces
Gedalías les hizo juramento a ellos y a los suyos, y les dijo: No temáis de
ser siervos de los caldeos; habitad en la tierra, y servid al rey de
Babilonia, y os irá bien. 25 Mas en el mes séptimo vino Ismael hijo de
Netanías, hijo de Elisama, de la estirpe real, y con él diez varones, e
hirieron a Gedalías, y murió; y también a los de Judá y a los caldeos que
estaban con él en Mizpa. 26 Y levantándose todo el pueblo, desde el menor
hasta el mayor, con los capitanes del ejército, se fueron a Egipto, por temor
de los caldeos.
Joaquín es libertado y recibe honores en Babilonia
(Jer. 52.31-34)
27 Aconteció a los treinta y siete años del cautiverio de
Joaquín rey de Judá, en el mes duodécimo, a los veintisiete días del mes, que
Evil-merodac rey de Babilonia, en el primer año de su reinado, libertó a
Joaquín rey de Judá, sacándolo de la cárcel; 28 y le habló con benevolencia, y
puso su trono más alto que los tronos de los reyes que estaban con él en
Babilonia. 29 Y le cambió los vestidos de prisionero, y comió siempre delante
de él todos los días de su vida. 30 Y diariamente le fue dada su comida de
parte del rey, de continuo, todos los días de su vida.
Primer Libro de
CRÓNICAS
Descendientes de Adán
(Gn. 5.1-32)
1 CRÓNICAS 1
1 Adán, Set, Enós, 2 Cainán, Mahalaleel, Jared, 3 Enoc,
Matusalén, Lamec, 4 Noé, Sem, Cam y Jafet.
Descendientes de los hijos de Noé
(Gn. 10.1-32)
5 Los hijos de Jafet: Gomer, Magog, Madai, Javán, Tubal,
Mesec y Tiras. 6 Los hijos de Gomer: Askenaz, Rifat y Togarma. 7 Los hijos de
Javán: Elisa, Tarsis, Quitim y Dodanim.
8 Los hijos de Cam: Cus, Mizraim, Fut y Canaán. 9 Los
hijos de Cus: Seba, Havila, Sabta, Raama y Sabteca. Y los hijos de Raama: Seba
y Dedán. 10 Cus engendró a Nimrod; éste llegó a ser poderoso en la tierra.
11 Mizraim engendró a Ludim, Anamim, Lehabim, Naftuhim,
12 Patrusim y Casluhim; de éstos salieron los filisteos y los caftoreos.
13 Canaán engendró a Sidón su primogénito, y a Het, 14 al
jebuseo, al amorreo, al gergeseo, 15 al heveo, al araceo, al sineo, 16 al
arvadeo, al zemareo y al hamateo.
17 Los hijos de Sem: Elam, Asur, Arfaxad, Lud, Aram, Uz,
Hul, Geter y Mesec. 18 Arfaxad engendró a Sela, y Sela engendró a Heber. 19 Y
a Heber nacieron dos hijos; el nombre del uno fue Peleg, por cuanto en sus
días fue dividida la tierra; y el nombre de su hermano fue Joctán. 20 Joctán
engendró a Almodad, Selef, Hazar-mavet y Jera. 21 A Adoram también, a Uzal,
Dicla, 22 Ebal, Abimael, Seba, 23 Ofir, Havila y Jobab; todos hijos de Joctán.
Descendientes de Sem
(Gn. 11.10-26)
24 Sem, Arfaxad, Sela, 25 Heber, Peleg, Reu, 26 Serug,
Nacor, Taré, 27 y Abram, el cual es Abraham.
Descendientes de Ismael y de Cetura
(Gn. 25.1-6, 12-18)
28 Los hijos de Abraham: Isaac e Ismael. 29 Y estas son
sus descendencias: el primogénito de Ismael, Nebaiot; después Cedar, Adbeel,
Mibsam, 30 Misma, Duma, Massa, Hadad, Tema, 31 Jetur, Nafis y Cedema; éstos
son los hijos de Ismael. 32 Y Cetura, concubina de Abraham, dio a luz a Zimram,
Jocsán, Medán, Madián, Isbac y Súa. Los hijos de Jocsán: Seba y Dedán. 33 Los
hijos de Madián: Efa, Efer, Hanoc, Abida y Elda; todos éstos fueron hijos de
Cetura.
Descendientes de Esaú
(Gn. 36.1-43)
34 Abraham engendró a Isaac, y los hijos de Isaac fueron
Esaú e Israel. 35 Los hijos de Esaú: Elifaz, Reuel, Jeús, Jaalam y Coré. 36
Los hijos de Elifaz: Temán, Omar, Zefo, Gatam, Cenaz, Timna y Amalec. 37 Los
hijos de Reuel: Nahat, Zera, Sama y Miza.
38 Los hijos de Seir: Lotán, Sobal, Zibeón, Aná, Disón,
Ezer y Disán. 39 Los hijos de Lotán: Hori y Homam; y Timna fue hermana de
Lotán. 40 Los hijos de Sobal: Alván, Manahat, Ebal, Sefo y Onam. Los hijos de
Zibeón: Aja y Aná. 41 Disón fue hijo de Aná; y los hijos de Disón: Amram,
Esbán, Itrán y Querán. 42 Los hijos de Ezer: Bilhán, Zaaván y Jaacán. Los
hijos de Disán: Uz y Arán.
43 Y estos son los reyes que reinaron en la tierra de
Edom, antes que reinase rey sobre los hijos de Israel: Bela hijo de Beor; y el
nombre de su ciudad fue Dinaba. 44 Muerto Bela, reinó en su lugar Jobab hijo
de Zera, de Bosra. 45 Y muerto Jobab, reinó en su lugar Husam, de la tierra de
los temanitas. 46 Muerto Husam, reinó en su lugar Hadad hijo de Bedad, el que
derrotó a Madián en el campo de Moab; y el nombre de su ciudad fue Avit. 47
Muerto Hadad, reinó en su lugar Samla de Masreca. 48 Muerto también Samla,
reinó en su lugar Saúl de Rehobot, que está junto al Eufrates. 49 Y muerto
Saúl, reinó en su lugar Baal-hanán hijo de Acbor. 50 Muerto Baal-hanán, reinó
en su lugar Hadad, el nombre de cuya ciudad fue Pai; y el nombre de su mujer,
Mehetabel hija de Matred, hija de Mezaab. 51 Muerto Hadad, sucedieron en Edom
los jefes Timna, Alva, Jetet, 52 Aholibama, Ela, Pinón, 53 Cenaz, Temán,
Mibzar, 54 Magdiel e Iram. Estos fueron los jefes de Edom.
Los hijos de Israel
(Gn. 35.22-26)
CRÓNICAS 2
1 Estos son los hijos de Israel: Rubén, Simeón, Leví,
Judá, Isacar, Zabulón, 2 Dan, José, Benjamín, Neftalí, Gad y Aser.
Descendientes de Judá
3 Los hijos de Judá: Er, Onán y Sela. Estos tres le
nacieron de la hija de Súa, cananea. Y Er, primogénito de Judá, fue malo
delante de Jehová, quien lo mató. 4 Y Tamar su nuera dio a luz a Fares y a
Zera. Todos los hijos de Judá fueron cinco.
5 Los hijos de Fares: Hezrón y Hamul. 6 Y los hijos de
Zera: Zimri, Etán, Hemán, Calcol y Dara; por todos cinco. 7 Hijo de Carmi fue
Acán, el que perturbó a Israel, porque prevaricó en el anatema. 8 Azarías fue
hijo de Etán.
9 Los hijos que nacieron a Hezrón: Jerameel, Ram y
Quelubai. 10 Ram engendró a Aminadab, y Aminadab engendró a Naasón, príncipe
de los hijos de Judá. 11 Naasón engendró a Salmón, y Salmón engendró a Booz.
12 Booz engendró a Obed, y Obed engendró a Isaí, 13 e Isaí engendró a Eliab su
primogénito, el segundo Abinadab, Simea el tercero, 14 el cuarto Natanael, el
quinto Radai, 15 el sexto Ozem, el séptimo David, 16 de los cuales Sarvia y
Abigail fueron hermanas. Los hijos de Sarvia fueron tres: Abisai, Joab y Asael.
17 Abigail dio a luz a Amasa, cuyo padre fue Jeter ismaelita, 18 Caleb hijo de
Hezrón engendró a Jeriot de su mujer Azuba. Y los hijos de ella fueron Jeser,
Sobab y Ardón. 19 Muerta Azuba, tomó Caleb por mujer a Efrata, la cual dio a
luz a Hur. 20 Y Hur engendró a Uri, y Uri engendró a Bezaleel.
21 Después entró Hezrón a la hija de Maquir padre de
Galaad, la cual tomó siendo él de sesenta años, y ella dio a luz a Segub. 22 Y
Segub engendró a Jair, el cual tuvo veintitrés ciudades en la tierra de Galaad.
23 Pero Gesur y Aram tomaron de ellos las ciudades de Jair, con Kenat y sus
aldeas, sesenta lugares. Todos éstos fueron de los hijos de Maquir padre de
Galaad. 24 Muerto Hezrón en Caleb de Efrata, Abías mujer de Hezrón dio a luz a
Asur padre de Tecoa.
25 Los hijos de Jerameel primogénito de Hezrón fueron Ram
su primogénito, Buna, Orén, Ozem y Ahías. 26 Y tuvo Jerameel otra mujer
llamada Atara, que fue madre de Onam. 27 Los hijos de Ram primogénito de
Jerameel fueron Maaz, Jamín y Equer. 28 Y los hijos de Onam fueron Samai y
Jada. Los hijos de Samai: Nadab y Abisur. 29 Y el nombre de la mujer de Abisur
fue Abihail, la cual dio a luz a Ahbán y a Molid. 30 Los hijos de Nadab: Seled
y Apaim. Y Seled murió sin hijos. 31 Isi fue hijo de Apaim, y Sesán hijo de
Isi, e hijo de Sesán, Ahlai. 32 Los hijos de Jada hermano de Samai: Jeter y
Jonatán. Y murió Jeter sin hijos. 33 Los hijos de Jonatán: Pelet y Zaza. Estos
fueron los hijos de Jerameel. 34 Y Sesán no tuvo hijos, sino hijas; pero tenía
Sesán un siervo egipcio llamado Jarha. 35 A éste Sesán dio su hija por mujer,
y ella dio a luz a Atai. 36 Atai engendró a Natán, y Natán engendró a Zabad;
37 Zabad engendró a Eflal, Eflal engendró a Obed; 38 Obed engendró a Jehú,
Jehú engendró a Azarías; 39 Azarías engendró a Heles, Heles engendró a Elasa;
40 Elasa engendró a Sismai, Sismai engendró a Salum; 41 Salum engendró a
Jecamías, y Jecamías engendró a Elisama.
42 Los hijos de Caleb hermano de Jerameel fueron: Mesa su
primogénito, que fue el padre de Zif; y los hijos de Maresa padre de Hebrón.
43 Y los hijos de Hebrón: Coré, Tapúa, Requem y Sema. 44 Sema engendró a Raham
padre de Jorcoam, y Requem engendró a Samai. 45 Maón fue hijo de Samai, y Maón
padre de Bet-sur. 46 Y Efa concubina de Caleb dio a luz a Harán, a Mosa y a
Gazez. Y Harán engendró a Gazez. 47 Los hijos de Jahdai: Regem, Jotam, Gesam,
Pelet, Efa y Saaf. 48 Maaca concubina de Caleb dio a luz a Seber y a Tirhana.
49 También dio a luz a Saaf padre de Madmana, y a Seva padre de Macbena y
padre de Gibea. Y Acsa fue hija de Caleb. 50 Estos fueron los hijos de Caleb.
Los hijos de Hur primogénito de Efrata: Sobal padre de Quiriat-jearim, 51
Salma padre de Belén, y Haref padre de Bet-gader. 52 Y los hijos de Sobal
padre de Quiriat-jearim fueron Haroe, la mitad de los manahetitas. 53 Y las
familias de Quiriat-jearim fueron los itritas, los futitas, los sumatitas y
los misraítas, de los cuales salieron los zoratitas y los estaolitas. 54 Los
hijos de Salma: Belén, y los netofatitas, Atrot-bet-joab, y la mitad de los
manahetitas, los zoraítas. 55 Y las familias de los escribas que moraban en
Jabes fueron los tirateos, los simeateos y los sucateos, los cuales son los
ceneos que vinieron de Hamat padre de la casa de Recab.
Los hijos de David
(2 S. 3.2-5; 5.13-16; 1 Cr. 14.3-7)
1 CRÓNICAS 3
1 Estos son los hijos de David que le nacieron en Hebrón:
Amnón el primogénito, de Ahinoam jezreelita; el segundo, Daniel, de Abigail la
de Carmel; 2 el tercero, Absalón hijo de Maaca, hija de Talmai rey de Gesur;
el cuarto, Adonías hijo de Haguit; 3 el quinto, Sefatías, de Abital; el sexto,
Itream, de Egla su mujer. 4 Estos seis le nacieron en Hebrón, donde reinó
siete años y seis meses; y en Jerusalén reinó treinta y tres años. 5 Estos
cuatro le nacieron en Jerusalén: Simea, Sobab, Natán, y Salomón hijo de Bet-súa
hija de Amiel. 6 Y otros nueve: Ibhar, Elisama, Elifelet, 7 Noga, Nefeg, Jafía,
8 Elisama, Eliada y Elifelet. 9 Todos éstos fueron los hijos de David, sin los
hijos de las concubinas. Y Tamar fue hermana de ellos.
Descendientes de Salomón
10 Hijo de Salomón fue Roboam, cuyo hijo fue Abías, del
cual fue hijo Asa, cuyo hijo fue Josafat, 11 de quien fue hijo Joram, cuyo
hijo fue Ocozías, hijo del cual fue Joás, 12 del cual fue hijo Amasías, cuyo
hijo fue Azarías, e hijo de éste, Jotam. 13 Hijo de éste fue Acaz, del que fue
hijo Ezequías, cuyo hijo fue Manasés, 14 del cual fue hijo Amón, cuyo hijo fue
Josías. 15 Y los hijos de Josías: Johanán su primogénito, el segundo Joacim,
el tercero Sedequías, el cuarto Salum. 16 Los hijos de Joacim: Jeconías su
hijo, hijo del cual fue Sedequías. 17 Y los hijos de Jeconías: Asir, Salatiel,
18 Malquiram, Pedaías, Senazar, Jecamías, Hosama y Nedabías. 19 Los hijos de
Pedaías: Zorobabel y Simei. Y los hijos de Zorobabel: Mesulam, Hananías, y
Selomit su hermana; 20 y Hasuba, Ohel, Berequías, Hasadías y Jusab-hesed;
cinco por todos. 21 Los hijos de Hananías: Pelatías y Jesaías; su hijo,
Refaías; su hijo, Arnán; su hijo, Abdías; su hijo, Secanías. 22 Hijo de
Secanías fue Semaías; y los hijos de Semaías: Hatús, Igal, Barías, Nearías y
Safat, seis. 23 Los hijos de Nearías fueron estos tres: Elioenai, Ezequías y
Azricam. 24 Los hijos de Elioenai fueron estos siete: Hodavías, Eliasib,
Pelaías, Acub, Johanán, Dalaías y Anani.
Descendientes de Judá
1 CRÓNICAS 4
1 Los hijos de Judá: Fares, Hezrón, Carmi, Hur y Sobal. 2
Reaía hijo de Sobal engendró a Jahat, y Jahat engendró a Ahumai y a Lahad.
Estas son las familias de los zoratitas. 3 Y estas son las del padre de Etam:
Jezreel, Isma e Ibdas. Y el nombre de su hermana fue Haze-lelponi. 4 Penuel
fue padre de Gedor, y Ezer padre de Husa. Estos fueron los hijos de Hur
primogénito de Efrata, padre de Belén. 5 Asur padre de Tecoa tuvo dos mujeres,
Hela y Naara. 6 Y Naara dio a luz a Ahuzam, Hefer, Temeni y Ahastari. Estos
fueron los hijos de Naara. 7 Los hijos de Hela: Zeret, Jezoar y Etnán. 8 Cos
engendró a Anub, a Zobeba, y la familia de Aharhel hijo de Harum. 9 Y Jabes
fue más ilustre que sus hermanos, al cual su madre llamó Jabes, diciendo: Por
cuanto lo di a luz en dolor. 10 E invocó Jabes al Dios de Israel, diciendo: ¡Oh,
si me dieras bendición, y ensancharas mi territorio, y si tu mano estuviera
conmigo, y me libraras de mal, para que no me dañe! Y le otorgó Dios lo que
pidió. 11 Quelub hermano de Súa engendró a Mehir, el cual fue padre de Estón.
12 Y Estón engendró a Bet-rafa, a Paseah, y a Tehina padre de la ciudad de
Nahas; éstos son los varones de Reca. 13 Los hijos de Cenaz: Otoniel y Seraías.
Los hijos de Otoniel: Hatat, 14 y Meonotai, el cual engendró a Ofra. Y Seraías
engendró a Joab, padre de los habitantes del valle de Carisim, porque fueron
artífices. 15 Los hijos de Caleb hijo de Jefone: Iru, Ela y Naam; e hijo de
Ela fue Cenaz. 16 Los hijos de Jehalelel: Zif, Zifa, Tirías y Asareel. 17 Y
los hijos de Esdras: Jeter, Mered, Efer y Jalón; también engendró a María, a
Samai y a Isba padre de Estemoa. 18 Y su mujer Jehudaía dio a luz a Jered
padre de Gedor, a Heber padre de Soco y a Jecutiel padre de Zanoa. Estos
fueron los hijos de Bitia hija de Faraón, con la cual casó Mered. 19 Y los
hijos de la mujer de Hodías, hermana de Naham, fueron el padre de Keila
garmita, y Estemoa maacateo. 20 Los hijos de Simón: Amnón, Rina, Ben-hanán y
Tilón. Y los hijos de Isi: Zohet y Benzohet. 21 Los hijos de Sela hijo de
Judá: Er padre de Leca, y Laada padre de Maresa, y las familias de los que
trabajan lino en Bet- asbea; 22 y Joacim, y los varones de Cozeba, Joás, y
Saraf, los cuales dominaron en Moab y volvieron a Lehem, según registros
antiguos. 23 Estos eran alfareros, y moraban en medio de plantíos y cercados;
moraban allá con el rey, ocupados en su servicio.
Descendientes de Simeón
24 Los hijos de Simeón: Nemuel, Jamín, Jarib, Zera, Saúl,
25 y Salum su hijo, Mibsam su hijo y Misma su hijo. 26 Los hijos de Misma:
Hamuel su hijo, Zacur su hijo, y Simei su hijo. 27 Los hijos de Simei fueron
dieciséis, y seis hijas; pero sus hermanos no tuvieron muchos hijos, ni
multiplicaron toda su familia como los hijos de Judá. 28 Y habitaron en
Beerseba, Molada, Hazar-sual, 29 Bilha, Ezem, Tolad, 30 Betuel, Horma, Siclag,
31 Bet-marcabot, Hazar-susim, Bet-birai y Saaraim. Estas fueron sus ciudades
hasta el reinado de David. 32 Y sus aldeas fueron Etam, Aín, Rimón, Toquén y
Asán; cinco pueblos, 33 y todas sus aldeas que estaban en contorno de estas
ciudades hasta Baal. Esta fue su habitación, y esta su descendencia.
34 Y Mesobab, Jamlec, Josías hijo de Amasías, 35 Joel,
Jehú hijo de Josibías, hijo de Seraías, hijo de Asiel, 36 Elioenai, Jaacoba,
Jesohaía, Asaías, Adiel, Jesimiel, Benaía, 37 y Ziza hijo de Sifi, hijo de
Alón, hijo de Jedaías, hijo de Simri, hijo de Semaías. 38 Estos, por sus
nombres, son los principales entre sus familias; y las casas de sus padres
fueron multiplicadas en gran manera. 39 Y llegaron hasta la entrada de Gedor
hasta el oriente del valle, buscando pastos para sus ganados. 40 Y hallaron
gruesos y buenos pastos, y tierra ancha y espaciosa, quieta y reposada, porque
los de Cam la habitaban antes. 41 Y estos que han sido escritos por sus
nombres, vinieron en días de Ezequías rey de Judá, y desbarataron sus tiendas
y cabañas que allí hallaron, y los destruyeron hasta hoy, y habitaron allí en
lugar de ellos; por cuanto había allí pastos para sus ganados. 42 Asimismo
quinientos hombres de ellos, de los hijos de Simeón, fueron al monte de Seir,
llevando por capitanes a Pelatías, Nearías, Refaías y Uziel, hijos de Isi, 43
y destruyeron a los que habían quedado de Amalec, y habitaron allí hasta hoy.
Descendientes de Rubén
1 CRÓNICAS 5
1 Los hijos de Rubén primogénito de Israel (porque él era
el primogénito, mas como violó el lecho de su padre, sus derechos de
primogenitura fueron dados a los hijos de José, hijo de Israel, y no fue
contado por primogénito; 2 bien que Judá llegó a ser el mayor sobre sus
hermanos, y el príncipe de ellos; mas el derecho de primogenitura fue de
José); 3 fueron, pues, los hijos de Rubén primogénito de Israel: Hanoc, Falú,
Hezrón y Carmi. 4 Los hijos de Joel: Semaías su hijo, Gog su hijo, Simei su
hijo, 5 Micaía su hijo, Reaía su hijo, Baal su hijo, 6 Beera su hijo, el cual
fue transportado por Tiglat-pileser rey de los asirios. Este era principal de
los rubenitas. 7 Y sus hermanos por sus familias, cuando eran contados en sus
descendencias, tenían por príncipes a Jeiel y a Zacarías. 8 Y Bela hijo de
Azaz, hijo de Sema, hijo de Joel, habitó en Aroer hasta Nebo y Baal-meón. 9
Habitó también desde el oriente hasta la entrada del desierto, desde el río
Eufrates; porque tenía mucho ganado en la tierra de Galaad. 10 Y en los días
de Saúl hicieron guerra contra los agarenos, los cuales cayeron en su mano; y
ellos habitaron en sus tiendas en toda la región oriental de Galaad.
Descendientes de Gad
11 Y los hijos de Gad habitaron enfrente de ellos en la
tierra de Basán hasta Salca. 12 Joel fue el principal en Basán; el segundo
Safán, luego Jaanai, después Safat. 13 Y sus hermanos, según las familias de
sus padres, fueron Micael, Mesulam, Seba, Jorai, Jacán, Zía y Heber; por todos
siete. 14 Estos fueron los hijos de Abihail hijo de Huri, hijo de Jaroa, hijo
de Galaad, hijo de Micael, hijo de Jesisai, hijo de Jahdo, hijo de Buz. 15
También Ahí hijo de Abdiel, hijo de Guni, fue principal en la casa de sus
padres. 16 Y habitaron en Galaad, en Basán y en sus aldeas, y en todos los
ejidos de Sarón hasta salir de ellos. 17 Todos éstos fueron contados por sus
generaciones en días de Jotam rey de Judá y en días de Jeroboam rey de Israel.
Historia de las dos tribus y media
18 Los hijos de Rubén y de Gad, y la media tribu de
Manasés, hombres valientes, hombres que traían escudo y espada, que entesaban
arco, y diestros en la guerra, eran cuarenta y cuatro mil setecientos sesenta
que salían a batalla. 19 Estos tuvieron guerra contra los agarenos, y Jetur,
Nafis y Nodab. 20 Y fueron ayudados contra ellos, y los agarenos y todos los
que con ellos estaban se rindieron en sus manos; porque clamaron a Dios en la
guerra, y les fue favorable, porque esperaron en él. 21 Y tomaron sus ganados,
cincuenta mil camellos, doscientas cincuenta mil ovejas y dos mil asnos; y
cien mil personas. 22 Y cayeron muchos muertos, porque la guerra era de Dios;
y habitaron en sus lugares hasta el cautiverio.
23 Los hijos de la media tribu de Manasés, multiplicados
en gran manera, habitaron en la tierra desde Basán hasta Baal- hermón y Senir
y el monte de Hermón. 24 Y estos fueron los jefes de las casas de sus padres:
Efer, Isi, Eliel, Azriel, Jeremías, Hodavías y Jahdiel, hombres valientes y
esforzados, varones de nombre y jefes de las casas de sus padres. 25 Pero se
rebelaron contra el Dios de sus padres, y se prostituyeron siguiendo a los
dioses de los pueblos de la tierra, a los cuales Jehová había quitado de
delante de ellos; 26 por lo cual el Dios de Israel excitó el espíritu de Pul
rey de los asirios, y el espíritu de Tiglat-pileser rey de los asirios, el
cual transportó a los rubenitas y gaditas y a la media tribu de Manasés, y los
llevó a Halah, a Habor, a Hara y al río Gozán, hasta hoy.
Descendientes de Leví
1 CRÓNICAS 6
1 Los hijos de Leví: Gersón, Coat y Merari. 2 Los hijos
de Coat: Amram, Izhar, Hebrón y Uziel. 3 Los hijos de Amram: Aarón, Moisés y
María. Los hijos de Aarón: Nadab, Abiú, Eleazar e Itamar. 4 Eleazar engendró a
Finees, Finees engendró a Abisúa, 5 Abisúa engendró a Buqui, Buqui engendró a
Uzi, 6 Uzi engendró a Zeraías, Zeraías engendró a Meraiot, 7 Meraiot engendró
a Amarías, Amarías engendró a Ahitob, 8 Ahitob engendró a Sadoc, Sadoc
engendró a Ahimaas, 9 Ahimaas engendró a Azarías, Azarías engendró a Johanán,
10 y Johanán engendró a Azarías, el que tuvo el sacerdocio en la casa que
Salomón edificó en Jerusalén. 11 Azarías engendró a Amarías, Amarías engendró
a Ahitob, 12 Ahitob engendró a Sadoc, Sadoc engendró a Salum, 13 Salum
engendró a Hilcías, Hilcías engendró a Azarías, 14 Azarías engendró a Seraías,
y Seraías engendró a Josadac, 15 y Josadac fue llevado cautivo cuando Jehová
transportó a Judá y a Jerusalén por mano de Nabucodonosor.
16 Los hijos de Leví: Gersón, Coat y Merari. 17 Y estos
son los nombres de los hijos de Gersón: Libni y Simei. 18 Los hijos de Coat:
Amram, Izhar, Hebrón y Uziel. 19 Los hijos de Merari: Mahli y Musi. Estas son
las familias de Leví, según sus descendencias. 20 Gersón: Libni su hijo, Jahat
su hijo, Zima su hijo, 21 Joa su hijo, Iddo su hijo, Zera su hijo, Jeatrai su
hijo. 22 Los hijos de Coat: Aminadab su hijo, Coré su hijo, Asir su hijo, 23
Elcana su hijo, Ebiasaf su hijo, Asir su hijo, 24 Tahat su hijo, Uriel su
hijo, Uzías su hijo, y Saúl su hijo. 25 Los hijos de Elcana: Amasai y Ahimot;
26 Elcana su hijo, Zofai su hijo, Nahat su hijo. 27 Eliab su hijo, Jeroham su
hijo, Elcana su hijo. 28 Los hijos de Samuel: el primogénito Vasni, y Abías.
29 Los hijos de Merari: Mahli, Libni su hijo, Simei su hijo, Uza su hijo, 30
Simea su hijo, Haguía su hijo, Asaías su hijo.
Cantores del templo nombrados por David
31 Estos son los que David puso sobre el servicio de
canto en la casa de Jehová, después que el arca tuvo reposo, 32 los cuales
servían delante de la tienda del tabernáculo de reunión en el canto, hasta que
Salomón edificó la casa de Jehová en Jerusalén; después estuvieron en su
ministerio según su costumbre. 33 Estos, pues, con sus hijos, ayudaban: de los
hijos de Coat, el cantor Hemán hijo de Joel, hijo de Samuel, 34 hijo de Elcana,
hijo de Jeroham, hijo de Eliel, hijo de Toa, 35 hijo de Zuf, hijo de Elcana,
hijo de Mahat, hijo de Amasai, 36 hijo de Elcana, hijo de Joel, hijo de
Azarías, hijo de Sofonías, 37 hijo de Tahat, hijo de Asir, hijo de Ebiasaf,
hijo de Coré, 38 hijo de Izhar, hijo de Coat, hijo de Leví, hijo de Israel; 39
y su hermano Asaf, el cual estaba a su mano derecha; Asaf, hijo de Berequías,
hijo de Simea, 40 hijo de Micael, hijo de Baasías, hijo de Malquías, 41 hijo
de Etni, hijo de Zera, hijo de Adaía, 42 hijo de Etán, hijo de Zima, hijo de
Simei, 43 hijo de Jahat, hijo de Gersón, hijo de Leví. 44 Pero a la mano
izquierda estaban sus hermanos los hijos de Merari, esto es, Etán hijo de
Quisi, hijo de Abdi, hijo de Maluc, 45 hijo de Hasabías, hijo de Amasías, hijo
de Hilcías, 46 hijo de Amsi, hijo de Bani, hijo de Semer, 47 hijo de Mahli,
hijo de Musi, hijo de Merari, hijo de Leví. 48 Y sus hermanos los levitas
fueron puestos sobre todo el ministerio del tabernáculo de la casa de Dios.
Descendientes de Aarón.
49 Mas Aarón y sus hijos ofrecían sacrificios sobre el
altar del holocausto, y sobre el altar del perfume quemaban incienso, y
ministraban en toda la obra del lugar santísimo, y hacían las expiaciones por
Israel conforme a todo lo que Moisés siervo de Dios había mandado. 50 Los
hijos de Aarón son estos: Eleazar su hijo, Finees su hijo, Abisúa su hijo, 51
Buqui su hijo, Uzi su hijo, Zeraías su hijo, 52 Meraiot su hijo, Amarías su
hijo, Ahitob su hijo, 53 Sadoc su hijo, Ahimaas su hijo.
Las ciudades de los levitas
(Jos. 21.1-42)
54 Estas son sus habitaciones, conforme a sus domicilios
y sus términos, las de los hijos de Aarón por las familias de los coatitas,
porque a ellos les tocó en suerte. 55 Les dieron, pues, Hebrón en tierra de
Judá, y sus ejidos alrededor de ella. 56 Pero el territorio de la ciudad y sus
aldeas se dieron a Caleb, hijo de Jefone. 57 De Judá dieron a los hijos de
Aarón la ciudad de refugio, esto es, Hebrón; además, Libna con sus ejidos,
Jatir, Estemoa con sus ejidos, 58 Hilén con sus ejidos, Debir con sus ejidos,
59 Asán con sus ejidos y Bet-semes con sus ejidos. 60 Y de la tribu de
Benjamín, Geba con sus ejidos, Alemet con sus ejidos y Anatot con sus ejidos.
Todas sus ciudades fueron trece ciudades, repartidas por sus linajes.
61 A los hijos de Coat que quedaron de su parentela,
dieron por suerte diez ciudades de la media tribu de Manasés. 62 A los hijos
de Gersón, por sus linajes, dieron de la tribu de Isacar, de la tribu de Aser,
de la tribu de Neftalí y de la tribu de Manasés en Basán, trece ciudades. 63 Y
a los hijos de Merari, por sus linajes, de la tribu de Rubén, de la tribu de
Gad y de la tribu de Zabulón, dieron por suerte doce ciudades. 64 Y los hijos
de Israel dieron a los levitas ciudades con sus ejidos. 65 Dieron por suerte
de la tribu de los hijos de Judá, de la tribu de los hijos de Simeón y de la
tribu de los hijos de Benjamín, las ciudades que nombraron por sus nombres.
66 A las familias de los hijos de Coat dieron ciudades
con sus ejidos de la tribu de Efraín. 67 Les dieron la ciudad de refugio,
Siquem con sus ejidos en el monte de Efraín; además, Gezer con sus ejidos, 68
Jocmeam con sus ejidos, Bet-horón con sus ejidos, 69 Ajalón con sus ejidos y
Gat-rimón con sus ejidos. 70 De la media tribu de Manasés, Aner con sus ejidos
y Bileam con sus ejidos, para los de las familias de los hijos de Coat que
habían quedado.
71 A los hijos de Gersón dieron de la media tribu de
Manasés, Golán en Basán con sus ejidos y Astarot con sus ejidos. 72 De la
tribu de Isacar, Cedes con sus ejidos, Daberat con sus ejidos, 73 Ramot con
sus ejidos y Anem con sus ejidos. 74 De la tribu de Aser, Masal con sus
ejidos, Abdón con sus ejidos, 75 Hucoc con sus ejidos y Rehob con sus ejidos.
76 De la tribu de Neftalí, Cedes en Galilea con sus ejidos, Hamón con sus
ejidos y Quiriataim con sus ejidos. 77 A los hijos de Merari que habían
quedado, dieron de la tribu de Zabulón, Rimón con sus ejidos y Tabor con sus
ejidos. 78 Del otro lado del Jordán frente a Jericó, al oriente del Jordán,
dieron de la tribu de Rubén, Beser en el desierto con sus ejidos, Jaza con sus
ejidos, 79 Cademot con sus ejidos y Mefaat con sus ejidos. 80 Y de la tribu de
Gad, Ramot de Galaad con sus ejidos, Mahanaim con sus ejidos, 81 Hesbón con
sus ejidos y Jazer con sus ejidos.
Descendientes de Isacar
1 CRÓNICAS 7
1 Los hijos de Isacar fueron cuatro: Tola, Fúa, Jasub y
Simrón. 2 Los hijos de Tola: Uzi, Refaías, Jeriel, Jahmai, Jibsam y Semuel,
jefes de las familias de sus padres. De Tola fueron contados por sus linajes
en el tiempo de David, veintidós mil seiscientos hombres muy valerosos. 3 Hijo
de Uzi fue Israhías; y los hijos de Israhías: Micael, Obadías, Joel e Isías;
por todos, cinco príncipes. 4 Y había con ellos en sus linajes, por las
familias de sus padres, treinta y seis mil hombres de guerra; porque tuvieron
muchas mujeres e hijos. 5 Y sus hermanos por todas las familias de Isacar,
contados todos por sus genealogías, eran ochenta y siete mil hombres valientes
en extremo.
Descendientes de Benjamín
6 Los hijos de Benjamín fueron tres: Bela, Bequer y
Jediael. 7 Los hijos de Bela: Ezbón, Uzi, Uziel, Jerimot e Iri; cinco jefes de
casas paternas, hombres de gran valor, y de cuya descendencia fueron contados
veintidós mil treinta y cuatro. 8 Los hijos de Bequer: Zemira, Joás, Eliezer,
Elioenai, Omri, Jerimot, Abías, Anatot y Alamet; todos éstos fueron hijos de
Bequer. 9 Y contados por sus descendencias, por sus linajes, los que eran
jefes de familias resultaron veinte mil doscientos hombres de grande esfuerzo.
10 Hijo de Jediael fue Bilhán; y los hijos de Bilhán: Jeús, Benjamín, Aod,
Quenaana, Zetán, Tarsis y Ahisahar. 11 Todos éstos fueron hijos de Jediael,
jefes de familias, hombres muy valerosos, diecisiete mil doscientos que salían
a combatir en la guerra. 12 Supim y Hupim fueron hijos de Hir; y Husim, hijo
de Aher.
Descendientes de Neftalí
13 Los hijos de Neftalí: Jahzeel, Guni, Jezer y Salum,
hijos de Bilha.
Descendientes de Manasés
14 Los hijos de Manasés: Asriel, al cual dio a luz su
concubina la siria, la cual también dio a luz a Maquir padre de Galaad. 15 Y
Maquir tomó mujer de Hupim y Supim, cuya hermana tuvo por nombre Maaca; y el
nombre del segundo fue Zelofehad. Y Zelofehad tuvo hijas. 16 Y Maaca mujer de
Maquir dio a luz un hijo, y lo llamó Peres; y el nombre de su hermano fue
Seres, cuyos hijos fueron Ulam y Requem. 17 Hijo de Ulam fue Bedán. Estos
fueron los hijos de Galaad, hijo de Maquir, hijo de Manasés. 18 Y su hermana
Hamolequet dio a luz a Isod, Abiezer y Mahala, 19 Y los hijos de Semida fueron
Ahián, Siquem, Likhi y Aniam.
Descendientes de Efraín
20 Los hijos de Efraín: Sutela, Bered su hijo, Tahat su
hijo, Elada su hijo, Tahat su hijo, 21 Zabad su hijo, Sutela su hijo, Ezer y
Elad. Mas los hijos de Gat, naturales de aquella tierra, los mataron, porque
vinieron a tomarles sus ganados. 22 Y Efraín su padre hizo duelo por muchos
días, y vinieron sus hermanos a consolarlo. 23 Después él se llegó a su mujer,
y ella concibió y dio a luz un hijo, al cual puso por nombre Bería, por cuanto
había estado en aflicción en su casa. 24 Y su hija fue Seera, la cual edificó
a Bet-horón la baja y la alta, y a Uzen-seera. 25 Hijo de este Bería fue Refa,
y Resef, y Telah su hijo, y Tahán su hijo, 26 Laadán su hijo, Amiud su hijo,
Elisama su hijo, 27 Nun su hijo, Josué su hijo. 28 Y la heredad y habitación
de ellos fue Bet-el con sus aldeas; y hacia el oriente Naarán, y a la parte
del occidente Gezer y sus aldeas; asimismo Siquem con sus aldeas, hasta Gaza y
sus aldeas; 29 y junto al territorio de los hijos de Manasés, Bet-seán con sus
aldeas, Taanac con sus aldeas, Meguido con sus aldeas, y Dor con sus aldeas.
En estos lugares habitaron los hijos de José hijo de Israel.
Descendientes de Aser
30 Los hijos de Aser: Imna, Isúa, Isúi, Bería, y su
hermana Sera. 31 Los hijos de Bería: Heber, y Malquiel, el cual fue padre de
Birzavit. 32 Y Heber engendró a Jaflet, Somer, Hotam, y Súa hermana de ellos.
33 Los hijos de Jaflet: Pasac, Bimhal y Asvat. Estos fueron los hijos de
Jaflet. 34 Y los hijos de Semer: Ahí, Rohga, Jehúba y Aram. 35 Los hijos de
Helem su hermano: Zofa, Imna, Seles y Amal. 36 Los hijos de Zofa: Súa,
Harnefer, Súal, Beri, Imra, 37 Beser, Hod, Sama, Silsa, Itrán y Beera. 38 Los
hijos de Jeter: Jefone, Pispa y Ara. 39 Y los hijos de Ula: Ara, Haniel y
Rezia. 40 Todos éstos fueron hijos de Aser, cabezas de familias paternas,
escogidos, esforzados, jefes de príncipes; y contados que fueron por sus
linajes entre los que podían tomar las armas, el número de ellos fue
veintiséis mil hombres.
Descendientes de Benjamín
1 CRÓNICAS 8
1 Benjamín engendró a Bela su primogénito, Asbel el
segundo, Ahara el tercero, 2 Noha el cuarto, y Rafa el quinto. 3 Y los hijos
de Bela fueron Adar, Gera, Abiud, 4 Abisúa, Naamán, Ahoa, 5 Gera, Sefufán e
Hiram. 6 Y estos son los hijos de Aod, estos los jefes de casas paternas que
habitaron en Geba y fueron transportados a Manahat: 7 Naamán, Ahías y Gera;
éste los transportó, y engendró a Uza y a Ahiud. 8 Y Saharaim engendró hijos
en la provincia de Moab, después que dejó a Husim y a Baara que eran sus
mujeres. 9 Engendró, pues, de Hodes su mujer a Jobab, Sibia, Mesa, Malcam, 10
Jeúz, Saquías y Mirma. Estos son sus hijos, jefes de familias. 11 Mas de Husim
engendró a Abitob y a Elpaal. 12 Y los hijos de Elpaal: Heber, Misam y Semed
(el cual edificó Ono, y Lod con sus aldeas), 13 Bería también, y Sema, que
fueron jefes de las familias de los moradores de Ajalón, los cuales echaron a
los moradores de Gat. 14 Y Ahío, Sasac, Jeremot, 15 Zebadías, Arad, Ader, 16
Micael, Ispa y Joha, hijos de Bería. 17 Y Zebadías, Mesulam, Hizqui, Heber, 18
Ismerai, Jezlías y Jobab, hijos de Elpaal. 19 Y Jaquim, Zicri, Zabdi, 20
Elienai, Ziletai, Eliel, 21 Adaías, Beraías y Simrat, hijos de Simei. 22 E
Ispán, Heber, Eliel, 23 Abdón, Zicri, Hanán, 24 Hananías, Elam, Anatotías, 25
Ifdaías y Peniel, hijos de Sasac. 26 Y Samserai, Seharías, Atalías, 27
Jaresías, Elías y Zicri, hijos de Jeroham. 28 Estos fueron jefes principales
de familias por sus linajes, y habitaron en Jerusalén.
29 Y en Gabaón habitaron Abigabaón, la mujer del cual se
llamó Maaca, 30 y su hijo primogénito Abdón, y Zur, Cis, Baal, Nadab, 31 Gedor,
Ahío y Zequer. 32 Y Miclot engendró a Simea. Estos también habitaron con sus
hermanos en Jerusalén, enfrente de ellos. 33 Ner engendró a Cis, Cis engendró
a Saúl, y Saúl engendró a Jonatán, Malquisúa, Abinadab y Es-baal. 34 Hijo de
Jonatán fue Merib-baal, y Merib-baal engendró a Micaía. 35 Los hijos de Micaía:
Pitón, Melec, Tarea y Acaz. 36 Acaz engendró a Joada, Joada engendró a Alemet,
Azmavet y Zimri, y Zimri engendró a Mosa. 37 Mosa engendró a Bina, hijo del
cual fue Rafa, hijo del cual fue Elasa, cuyo hijo fue Azel. 38 Los hijos de
Azel fueron seis, cuyos nombres son Azricam, Bocru, Ismael, Searías, Obadías y
Hanán; todos éstos fueron hijos de Azel. 39 Y los hijos de Esec su hermano:
Ulam su primogénito, Jehús el segundo, Elifelet el tercero. 40 Y fueron los
hijos de Ulam hombres valientes y vigorosos, flecheros diestros, los cuales
tuvieron muchos hijos y nietos, ciento cincuenta. Todos éstos fueron de los
hijos de Benjamín.
Los que regresaron de Babilonia
(Neh. 11.1-24)
1 CRÓNICAS 9
1 Contado todo Israel por sus genealogías, fueron
escritos en el libro de los reyes de Israel. Y los de Judá fueron
transportados a Babilonia por su rebelión. 2 Los primeros moradores que
entraron en sus posesiones en las ciudades fueron israelitas, sacerdotes,
levitas y sirvientes del templo. 3 Habitaron en Jerusalén, de los hijos de
Judá, de los hijos de Benjamín, de los hijos de Efraín y Manasés: 4 Utai hijo
de Amiud, hijo de Omri, hijo de Imri, hijo de Bani, de los hijos de Fares hijo
de Judá. 5 Y de los silonitas, Asaías el primogénito, y sus hijos. 6 De los
hijos de Zera, Jeuel y sus hermanos, seiscientos noventa. 7 Y de los hijos de
Benjamín: Salú hijo de Mesulam, hijo de Hodavías, hijo de Asenúa, 8 Ibneías
hijo de Jeroham, Ela hijo de Uzi, hijo de Micri, y Mesulam hijo de Sefatías,
hijo de Reuel, hijo de Ibnías. 9 Y sus hermanos por sus linajes fueron
novecientos cincuenta y seis. Todos estos hombres fueron jefes de familia en
sus casas paternas.
10 De los sacerdotes: Jedaías, Joiarib, Jaquín, 11
Azarías hijo de Hilcías, hijo de Mesulam, hijo de Sadoc, hijo de Meraiot, hijo
de Ahitob, príncipe de la casa de Dios; 12 Adaía hijo de Jeroham, hijo de
Pasur, hijo de Malquías; Masai hijo de Adiel, hijo de Jazera, hijo de Mesulam,
hijo de Mesilemit, hijo de Imer, 13 y sus hermanos, jefes de sus casas
paternas, en número de mil setecientos sesenta, hombres muy eficaces en la
obra del ministerio en la casa de Dios.
14 De los levitas: Semaías hijo de Hasub, hijo de Azricam,
hijo de Hasabías, de los hijos de Merari, 15 Bacbacar, Heres, Galal, Matanías
hijo de Micaía, hijo de Zicri, hijo de Asaf; 16 Obadías hijo de Semaías, hijo
de Galal, hijo de Jedutún; y Berequías hijo de Asa, hijo de Elcana, el cual
habitó en las aldeas de los netofatitas.
17 Y los porteros: Salum, Acub, Talmón, Ahimán y sus
hermanos. Salum era el jefe. 18 Hasta ahora entre las cuadrillas de los hijos
de Leví han sido estos los porteros en la puerta del rey que está al oriente.
19 Salum hijo de Coré, hijo de Ebiasaf, hijo de Coré, y sus hermanos los
coreítas por la casa de su padre, tuvieron a su cargo la obra del ministerio,
guardando las puertas del tabernáculo, como sus padres guardaron la entrada
del campamento de Jehová. 20 Y Finees hijo de Eleazar fue antes capitán sobre
ellos; y Jehová estaba con él. 21 Zacarías hijo de Meselemías era portero de
la puerta del tabernáculo de reunión. 22 Todos éstos, escogidos para guardas
en las puertas, eran doscientos doce cuando fueron contados por el orden de
sus linajes en sus villas, a los cuales constituyó en su oficio David y Samuel
el vidente. 23 Así ellos y sus hijos eran porteros por sus turnos a las
puertas de la casa de Jehová, y de la casa del tabernáculo. 24 Y estaban los
porteros a los cuatro lados; al oriente, al occidente, al norte y al sur. 25 Y
sus hermanos que estaban en sus aldeas, venían cada siete días según su turno
para estar con ellos. 26 Porque cuatro principales de los porteros levitas
estaban en el oficio, y tenían a su cargo las cámaras y los tesoros de la casa
de Dios. 27 Estos moraban alrededor de la casa de Dios, porque tenían el cargo
de guardarla, y de abrirla todas las mañanas.
28 Algunos de éstos tenían a su cargo los utensilios para
el ministerio, los cuales se metían por cuenta, y por cuenta se sacaban. 29 Y
otros de ellos tenían el cargo de la vajilla, y de todos los utensilios del
santuario, de la harina, del vino, del aceite, del incienso y de las especias.
30 Y algunos de los hijos de los sacerdotes hacían los perfumes aromáticos. 31
Matatías, uno de los levitas, primogénito de Salum coreíta, tenía a su cargo
las cosas que se hacían en sartén. 32 Y algunos de los hijos de Coat, y de sus
hermanos, tenían a su cargo los panes de la proposición, los cuales ponían por
orden cada día de reposo.
33 También había cantores, jefes de familias de los
levitas, los cuales moraban en las cámaras del templo, exentos de otros
servicios, porque de día y de noche estaban en aquella obra. 34 Estos eran
jefes de familias de los levitas por sus linajes, jefes que habitaban en
Jerusalén.
Genealogía de Saúl
35 En Gabaón habitaba Jehiel padre de Gabaón, el nombre
de cuya mujer era Maaca; 36 y su hijo primogénito Abdón, luego Zur, Cis, Baal,
Ner, Nadab, 37 Gedor, Ahío, Zacarías y Miclot; 38 y Miclot engendró a Simeam.
Estos habitaban también en Jerusalén con sus hermanos enfrente de ellos. 39
Ner engendró a Cis, Cis engendró a Saúl, y Saúl engendró a Jonatán, Malquisúa,
Abinadab y Es-baal. 40 Hijo de Jonatán fue Merib-baal, y Merib-baal engendró a
Micaía. 41 Y los hijos de Micaía: Pitón, Melec, Tarea y Acaz. 42 Acaz engendró
a Jara, Jara engendró a Alemet, Azmavet y Zimri, y Zimri engendró a Mosa, 43 y
Mosa engendró a Bina, cuyo hijo fue Refaías, del que fue hijo Elasa, cuyo hijo
fue Azel. 44 Y Azel tuvo seis hijos, los nombres de los cuales son: Azricam,
Bocru, Ismael, Searías, Obadías y Hanán. Estos fueron los hijos de Azel.
Muerte de Saúl y de sus hijos
(1 S. 31.1-13)
1 CRÓNICAS 10
1 Los filisteos pelearon contra Israel; y huyeron delante
de ellos los israelitas, y cayeron heridos en el monte de Gilboa. 2 Y los
filisteos siguieron a Saúl y a sus hijos, y mataron los filisteos a Jonatán, a
Abinadab y a Malquisúa, hijos de Saúl. 3 Y arreciando la batalla contra Saúl,
le alcanzaron los flecheros, y fue herido por los flecheros. 4 Entonces dijo
Saúl a su escudero: Saca tu espada y traspásame con ella, no sea que vengan
estos incircuncisos y hagan escarnio de mí; pero su escudero no quiso, porque
tenía mucho miedo. Entonces Saúl tomó la espada, y se echó sobre ella. 5
Cuando su escudero vio a Saúl muerto, él también se echó sobre su espada y se
mató. 6 Así murieron Saúl y sus tres hijos; y toda su casa murió juntamente
con él. 7 Y viendo todos los de Israel que habitaban en el valle, que habían
huido, y que Saúl y sus hijos eran muertos, dejaron sus ciudades y huyeron, y
vinieron los filisteos y habitaron en ellas.
8 Sucedió al día siguiente, que al venir los filisteos a
despojar a los muertos, hallaron a Saúl y a sus hijos tendidos en el monte de
Gilboa. 9 Y luego que le despojaron, tomaron su cabeza y sus armas, y enviaron
mensajeros por toda la tierra de los filisteos para dar las nuevas a sus
ídolos y al pueblo. 10 Y pusieron sus armas en el templo de sus dioses, y
colgaron la cabeza en el templo de Dagón. 11 Y oyendo todos los de Jabes de
Galaad lo que los filisteos habían hecho de Saúl, 12 se levantaron todos los
hombres valientes, y tomaron el cuerpo de Saúl y los cuerpos de sus hijos, y
los trajeron a Jabes; y enterraron sus huesos debajo de una encina en Jabes, y
ayunaron siete días.
13 Así murió Saúl por su rebelión con que prevaricó
contra Jehová, contra la palabra de Jehová, la cual no guardó, y porque
consultó a una adivina, 14 y no consultó a Jehová; por esta causa lo mató, y
traspasó el reino a David hijo de Isaí.
David es proclamado rey de Israel
(2 S. 5.1-5)
1 CRÓNICAS 11
1 Entonces todo Israel se juntó a David en Hebrón,
diciendo: He aquí nosotros somos tu hueso y tu carne. 2 También antes de
ahora, mientras Saúl reinaba, tú eras quien sacaba a la guerra a Israel, y lo
volvía a traer. También Jehová tu Dios te ha dicho: Tú apacentarás a mi pueblo
Israel, y tú serás príncipe sobre Israel mi pueblo. 3 Y vinieron todos los
ancianos de Israel al rey en Hebrón, y David hizo con ellos pacto delante de
Jehová; y ungieron a David por rey sobre Israel, conforme a la palabra de
Jehová por medio de Samuel.
David toma la fortaleza de Sion
(2 S. 5.6-10)
4 Entonces se fue David con todo Israel a Jerusalén, la
cual es Jebús; y los jebuseos habitaban en aquella tierra. 5 Y los moradores
de Jebús dijeron a David: No entrarás acá. Mas David tomó la fortaleza de Sion,
que es la ciudad de David. 6 Y David había dicho: El que primero derrote a los
jebuseos será cabeza y jefe. Entonces Joab hijo de Sarvia subió el primero, y
fue hecho jefe. 7 Y David habitó en la fortaleza, y por esto la llamaron la
Ciudad de David. 8 Y edificó la ciudad alrededor, desde Milo hasta el muro; y
Joab reparó el resto de la ciudad. 9 Y David iba adelantando y creciendo, y
Jehová de los ejércitos estaba con él.
Los valientes de David
(2 S. 23.8-39)
10 Estos son los principales de los valientes que David
tuvo, y los que le ayudaron en su reino, con todo Israel, para hacerle rey
sobre Israel, conforme a la palabra de Jehová. 11 Y este es el número de los
valientes que David tuvo: Jasobeam hijo de Hacmoni, caudillo de los treinta,
el cual blandió su lanza una vez contra trescientos, a los cuales mató.
12 Tras de éste estaba Eleazar hijo de Dodo, ahohíta, el
cual era de los tres valientes. 13 Este estuvo con David en Pasdamim, estando
allí juntos en batalla los filisteos; y había allí una parcela de tierra llena
de cebada, y huyendo el pueblo delante de los filisteos, 14 se pusieron ellos
en medio de la parcela y la defendieron, y vencieron a los filisteos, porque
Jehová los favoreció con una gran victoria.
15 Y tres de los treinta principales descendieron a la
peña a David, a la cueva de Adulam, estando el campamento de los filisteos en
el valle de Refaim. 16 David estaba entonces en la fortaleza, y había entonces
guarnición de los filisteos en Belén. 17 David deseó entonces, y dijo: ¡Quién
me diera de beber de las aguas del pozo de Belén, que está a la puerta! 18 Y
aquellos tres rompieron por el campamento de los filisteos, y sacaron agua del
pozo de Belén, que está a la puerta, y la tomaron y la trajeron a David; mas
él no la quiso beber, sino que la derramó para Jehová, y dijo: 19 Guárdeme mi
Dios de hacer esto. ¿Había yo de beber la sangre y la vida de estos varones,
que con peligro de sus vidas la han traído? Y no la quiso beber. Esto hicieron
aquellos tres valientes.
20 Y Abisai, hermano de Joab, era jefe de los treinta, el
cual blandió su lanza contra trescientos y los mató, y ganó renombre con los
tres. 21 Fue el más ilustre de los treinta, y fue el jefe de ellos, pero no
igualó a los tres primeros.
22 Benaía hijo de Joiada, hijo de un varón valiente de
Cabseel, de grandes hechos; él venció a los dos leones de Moab; también
descendió y mató a un león en medio de un foso, en tiempo de nieve. 23 El
mismo venció a un egipcio, hombre de cinco codos de estatura; y el egipcio
traía una lanza como un rodillo de tejedor, mas él descendió con un báculo, y
arrebató al egipcio la lanza de la mano, y lo mató con su misma lanza. 24 Esto
hizo Benaía hijo de Joiada, y fue nombrado con los tres valientes. 25 Y fue el
más distinguido de los treinta, pero no igualó a los tres primeros. A éste
puso David en su guardia personal.
26 Y los valientes de los ejércitos: Asael hermano de
Joab, Elhanan hijo de Dodo de Belén, 27 Samot harodita, Heles pelonita; 28 Ira
hijo de Iques tecoíta, Abiezer anatotita, 29 Sibecai husatita, Ilai ahohíta,
30 Maharai netofatita, Heled hijo de Baana netofatita, 31 Itai hijo de Ribai,
de Gabaa de los hijos de Benjamín, Benaía piratonita, 32 Hurai del río Gaas,
Abiel arbatita, 33 Azmavet barhumita, Eliaba saalbonita, 34 los hijos de Hasem
gizonita, Jonatán hijo de Sage ararita, 35 Ahíam hijo de Sacar ararita, Elifal
hijo de Ur, 36 Hefer mequeratita, Ahías pelonita, 37 Hezro carmelita, Naarai
hijo de Ezbai, 38 Joel hermano de Natán, Mibhar hijo de Hagrai, 39 Selec
amonita, Naharai beerotita, escudero de Joab hijo de Sarvia, 40 Ira itrita,
Gareb itrita, 41 Urías heteo, Zabad hijo de Ahlai, 42 Adina hijo de Siza
rubenita, príncipe de los rubenitas, y con él treinta, 43 Hanán hijo de Maaca,
Josafat mitnita, 44 Uzías astarotita, Sama y Jehiel hijos de Hotam aroerita;
45 Jediael hijo de Simri, y Joha su hermano, tizita, 46 Eliel mahavita,
Jerebai y Josavía hijos de Elnaam, Itma moabita, 47 Eliel, Obed, y Jaasiel
mesobaíta.
El ejército de David
1 CRÓNICAS 12
1 Estos son los que vinieron a David en Siclag, estando
él aún encerrado por causa de Saúl hijo de Cis, y eran de los valientes que le
ayudaron en la guerra. 2 Estaban armados de arcos, y usaban de ambas manos
para tirar piedras con honda y saetas con arco. De los hermanos de Saúl de
Benjamín: 3 El principal Ahiezer, después Joás, hijos de Semaa gabaatita;
Jeziel y Pelet hijos de Azmavet, Beraca, Jehú anatotita, 4 Ismaías gabaonita,
valiente entre los treinta, y más que los treinta; Jeremías, Jahaziel, Johanán,
Jozabad gederatita, 5 Eluzai, Jerimot, Bealías, Semarías, Sefatías harufita, 6
Elcana, Isías, Azareel, Joezer y Jasobeam, coreítas, 7 y Joela y Zebadías
hijos de Jeroham de Gedor.
8 También de los de Gad huyeron y fueron a David, al
lugar fuerte en el desierto, hombres de guerra muy valientes para pelear,
diestros con escudo y pavés; sus rostros eran como rostros de leones, y eran
ligeros como las gacelas sobre las montañas. 9 Ezer el primero, Obadías el
segundo, Eliab el tercero, 10 Mismana el cuarto, Jeremías el quinto, 11 Atai
el sexto, Eliel el séptimo, 12 Johanán el octavo, Elzabad el noveno, 13
Jeremías el décimo y Macbanai el undécimo. 14 Estos fueron capitanes del
ejército de los hijos de Gad. El menor tenía cargo de cien hombres, y el mayor
de mil. 15 Estos pasaron el Jordán en el mes primero, cuando se había
desbordado por todas sus riberas; e hicieron huir a todos los de los valles al
oriente y al poniente.
16 Asimismo algunos de los hijos de Benjamín y de Judá
vinieron a David al lugar fuerte. 17 Y David salió a ellos, y les habló
diciendo: Si habéis venido a mí para paz y para ayudarme, mi corazón será
unido con vosotros; mas si es para entregarme a mis enemigos, sin haber
iniquidad en mis manos, véalo el Dios de nuestros padres, y lo demande. 18
Entonces el Espíritu vino sobre Amasai, jefe de los treinta, y dijo: Por ti,
oh David, y contigo, oh hijo de Isaí. Paz, paz contigo, y paz con tus
ayudadores, pues también tu Dios te ayuda. Y David los recibió, y los puso
entre los capitanes de la tropa.
19 También se pasaron a David algunos de Manasés, cuando
vino con los filisteos a la batalla contra Saúl (pero David no les ayudó,
porque los jefes de los filisteos, habido consejo, lo despidieron, diciendo:
Con peligro de nuestras cabezas se pasará a su señor Saúl). 20 Así que
viniendo él a Siclag, se pasaron a él de los de Manasés, Adnas, Jozabad,
Jediaiel, Micael, Jozabad, Eliú y Ziletai, príncipes de millares de los de
Manasés. 21 Estos ayudaron a David contra la banda de merodeadores, pues todos
ellos eran hombres valientes, y fueron capitanes en el ejército. 22 Porque
entonces todos los días venía ayuda a David, hasta hacerse un gran ejército,
como ejército de Dios.
23 Y este es el número de los principales que estaban
listos para la guerra, y vinieron a David en Hebrón para traspasarle el reino
de Saúl, conforme a la palabra de Jehová: 24 De los hijos de Judá que traían
escudo y lanza, seis mil ochocientos, listos para la guerra. 25 De los hijos
de Simeón, siete mil cien hombres, valientes y esforzados para la guerra. 26
De los hijos de Leví, cuatro mil seiscientos; 27 asimismo Joiada, príncipe de
los del linaje de Aarón, y con él tres mil setecientos, 28 y Sadoc, joven
valiente y esforzado, con veintidós de los principales de la casa de su padre.
29 De los hijos de Benjamín hermanos de Saúl, tres mil; porque hasta entonces
muchos de ellos se mantenían fieles a la casa de Saúl. 30 De los hijos de
Efraín, veinte mil ochocientos, muy valientes, varones ilustres en las casas
de sus padres. 31 De la media tribu de Manasés, dieciocho mil, los cuales
fueron tomados por lista para venir a poner a David por rey. 32 De los hijos
de Isacar, doscientos principales, entendidos en los tiempos, y que sabían lo
que Israel debía hacer, cuyo dicho seguían todos sus hermanos. 33 De Zabulón
cincuenta mil, que salían a campaña prontos para la guerra, con toda clase de
armas de guerra, dispuestos a pelear sin doblez de corazón. 34 De Neftalí, mil
capitanes, y con ellos treinta y siete mil con escudo y lanza. 35 De los de
Dan, dispuestos a pelear, veintiocho mil seiscientos. 36 De Aser, dispuestos
para la guerra y preparados para pelear, cuarenta mil. 37 Y del otro lado del
Jordán, de los rubenitas y gaditas y de la media tribu de Manasés, ciento
veinte mil con toda clase de armas de guerra.
38 Todos estos hombres de guerra, dispuestos para
guerrear, vinieron con corazón perfecto a Hebrón, para poner a David por rey
sobre todo Israel; asimismo todos los demás de Israel estaban de un mismo
ánimo para poner a David por rey. 39 Y estuvieron allí con David tres días
comiendo y bebiendo, porque sus hermanos habían preparado para ellos. 40
También los que les eran vecinos, hasta Isacar y Zabulón y Neftalí, trajeron
víveres en asnos, camellos, mulos y bueyes; provisión de harina, tortas de
higos, pasas, vino y aceite, y bueyes y ovejas en abundancia, porque en Israel
había alegría.
David propone trasladar el arca a Jerusalén
1 CRÓNICAS 13
1 Entonces David tomó consejo con los capitanes de
millares y de centenas, y con todos los jefes. 2 Y dijo David a toda la
asamblea de Israel: Si os parece bien y si es la voluntad de Jehová nuestro
Dios, enviaremos a todas partes por nuestros hermanos que han quedado en todas
las tierras de Israel, y por los sacerdotes y levitas que están con ellos en
sus ciudades y ejidos, para que se reúnan con nosotros; 3 y traigamos el arca
de nuestro Dios a nosotros, porque desde el tiempo de Saúl no hemos hecho caso
de ella. 4 Y dijo toda la asamblea que se hiciese así, porque la cosa parecía
bien a todo el pueblo.
David intenta traer el arca
(2 S. 6.1-11)
5 Entonces David reunió a todo Israel, desde Sihor de
Egipto hasta la entrada de Hamat, para que trajesen el arca de Dios de Quiriat-jearim.
6 Y subió David con todo Israel a Baala de Quiriat-jearim, que está en Judá,
para pasar de allí el arca de Jehová Dios, que mora entre los querubines,
sobre la cual su nombre es invocado. 7 Y llevaron el arca de Dios de la casa
de Abinadab en un carro nuevo; y Uza y Ahío guiaban el carro. 8 Y David y todo
Israel se regocijaban delante de Dios con todas sus fuerzas, con cánticos,
arpas, salterios, tamboriles, címbalos y trompetas.
9 Pero cuando llegaron a la era de Quidón, Uza extendió
su mano al arca para sostenerla, porque los bueyes tropezaban. 10 Y el furor
de Jehová se encendió contra Uza, y lo hirió, porque había extendido su mano
al arca; y murió allí delante de Dios. 11 Y David tuvo pesar, porque Jehová
había quebrantado a Uza; por lo que llamó aquel lugar Pérez-uza, hasta hoy. 12
Y David temió a Dios aquel día, y dijo: ¿Cómo he de traer a mi casa el arca de
Dios? 13 Y no trajo David el arca a su casa en la ciudad de David, sino que la
llevó a casa de Obed-edom geteo. 14 Y el arca de Dios estuvo con la familia de
Obed-edom, en su casa, tres meses; y bendijo Jehová la casa de Obed-edom, y
todo lo que tenía.
Hiram envía embajadores a David
(2 S. 5.11-12)
1 CRÓNICAS 14
1 Hiram rey de Tiro envió a David embajadores, y madera
de cedro, y albañiles y carpinteros, para que le edificasen una casa. 2 Y
entendió David que Jehová lo había confirmado como rey sobre Israel, y que
había exaltado su reino sobre su pueblo Israel.
Hijos de David nacidos en Jerusalén
(2 S. 5.13-16; 1 Cr. 3.5-9)
3 Entonces David tomó también mujeres en Jerusalén, y
engendró David más hijos e hijas. 4 Y estos son los nombres de los que le
nacieron en Jerusalén: Samúa, Sobab, Natán, Salomón, 5 Ibhar, Elisúa, Elpelet,
6 Noga, Nefeg, Jafía, 7 Elisama, Beeliada y Elifelet.
David derrota a los filisteos
(2 S. 5.17-25)
8 Oyendo los filisteos que David había sido ungido rey
sobre todo Israel, subieron todos los filisteos en busca de David. Y cuando
David lo oyó, salió contra ellos. 9 Y vinieron los filisteos, y se extendieron
por el valle de Refaim. 10 Entonces David consultó a Dios, diciendo: ¿Subiré
contra los filisteos? ¿Los entregarás en mi mano? Y Jehová le dijo: Sube,
porque yo los entregaré en tus manos. 11 Subieron, pues, a Baal-perazim, y
allí los derrotó David. Dijo luego David: Dios rompió mis enemigos por mi
mano, como se rompen las aguas. Por esto llamaron el nombre de aquel lugar
Baal-perazim. 12 Y dejaron allí sus dioses, y David dijo que los quemasen. 13
Y volviendo los filisteos a extenderse por el valle, 14 David volvió a
consultar a Dios, y Dios le dijo: No subas tras ellos, sino rodéalos, para
venir a ellos por delante de las balsameras.
15 Y así que oigas venir un estruendo por las copas de
las balsameras, sal luego a la batalla, porque Dios saldrá delante de ti y
herirá el ejército de los filisteos. 16 Hizo, pues, David como Dios le mandó,
y derrotaron al ejército de los filisteos desde Gabaón hasta Gezer. 17 Y la
fama de David fue divulgada por todas aquellas tierras; y Jehová puso el temor
de David sobre todas las naciones.
David trae el arca a Jerusalén
(2 S. 6.12-23)
1 CRÓNICAS 15
1 Hizo David también casas para sí en la ciudad de David,
y arregló un lugar para el arca de Dios, y le levantó una tienda. 2 Entonces
dijo David: El arca de Dios no debe ser llevada sino por los levitas; porque a
ellos ha elegido Jehová para que lleven el arca de Jehová, y le sirvan
perpetuamente. 3 Y congregó David a todo Israel en Jerusalén, para que pasasen
el arca de Jehová a su lugar, el cual le había él preparado. 4 Reunió también
David a los hijos de Aarón y a los levitas; 5 de los hijos de Coat, Uriel el
principal, y sus hermanos, ciento veinte. 6 De los hijos de Merari, Asaías el
principal, y sus hermanos, doscientos veinte. 7 De los hijos de Gersón, Joel
el principal, y sus hermanos, ciento treinta. 8 De los hijos de Elizafán,
Semaías el principal, y sus hermanos, doscientos. 9 De los hijos de Hebrón,
Eliel el principal, y sus hermanos, ochenta. 10 De los hijos de Uziel,
Aminadab el principal, y sus hermanos, ciento doce. 11 Y llamó David a los
sacerdotes Sadoc y Abiatar, y a los levitas Uriel, Asaías, Joel, Semaías,
Eliel y Aminadab, 12 y les dijo: Vosotros que sois los principales padres de
las familias de los levitas, santificaos, vosotros y vuestros hermanos, y
pasad el arca de Jehová Dios de Israel al lugar que le he preparado; 13 pues
por no haberlo hecho así vosotros la primera vez, Jehová nuestro Dios nos
quebrantó, por cuanto no le buscamos según su ordenanza. 14 Así los sacerdotes
y los levitas se santificaron para traer el arca de Jehová Dios de Israel. 15
Y los hijos de los levitas trajeron el arca de Dios puesta sobre sus hombros
en las barras, como lo había mandado Moisés, conforme a la palabra de Jehová.
16 Asimismo dijo David a los principales de los levitas,
que designasen de sus hermanos a cantores con instrumentos de música, con
salterios y arpas y címbalos, que resonasen y alzasen la voz con alegría. 17 Y
los levitas designaron a Hemán hijo de Joel; y de sus hermanos, a Asaf hijo de
Berequías; y de los hijos de Merari y de sus hermanos, a Etán hijo de Cusaías.
18 Y con ellos a sus hermanos del segundo orden, a Zacarías, Jaaziel,
Semiramot, Jehiel, Uni, Eliab, Benaía, Maasías, Matatías, Elifelehu, Micnías,
Obed-edom y Jeiel, los porteros. 19 Así Hemán, Asaf y Etán, que eran cantores,
sonaban címbalos de bronce. 20 Y Zacarías, Aziel, Semiramot, Jehiel, Uni,
Eliab, Maasías y Benaía, con salterios sobre Alamot. 21 Matatías, Elifelehu,
Micnías, Obed-edom, Jeiel y Azazías tenían arpas afinadas en la octava para
dirigir. 22 Y Quenanías, principal de los levitas en la música, fue puesto
para dirigir el canto, porque era entendido en ello. 23 Berequías y Elcana
eran porteros del arca. 24 Y Sebanías, Josafat, Natanael, Amasai, Zacarías,
Benaía y Eliezer, sacerdotes, tocaban las trompetas delante del arca de Dios;
Obed-edom y Jehías eran también porteros del arca.
25 David, pues, y los ancianos de Israel y los capitanes
de millares, fueron a traer el arca del pacto de Jehová, de casa de Obed-edom,
con alegría. 26 Y ayudando Dios a los levitas que llevaban el arca del pacto
de Jehová, sacrificaron siete novillos y siete carneros. 27 Y David iba
vestido de lino fino, y también todos los levitas que llevaban el arca, y
asimismo los cantores; y Quenanías era maestro de canto entre los cantores.
Llevaba también David sobre sí un efod de lino. 28 De esta manera llevaba todo
Israel el arca del pacto de Jehová, con júbilo y sonido de bocinas y trompetas
y címbalos, y al son de salterios y arpas. 29 Pero cuando el arca del pacto de
Jehová llegó a la ciudad de David, Mical, hija de Saúl, mirando por una
ventana, vio al rey David que saltaba y danzaba; y lo menospreció en su
corazón.
1 CRÓNICAS 16
1 Así trajeron el arca de Dios, y la pusieron en medio de
la tienda que David había levantado para ella; y ofrecieron holocaustos y
sacrificios de paz delante de Dios. 2 Y cuando David acabó de ofrecer el
holocausto y los sacrificios de paz, bendijo al pueblo en el nombre de Jehová.
3 Y repartió a todo Israel, así a hombres como a mujeres, a cada uno una torta
de pan, una pieza de carne, y una torta de pasas.
4 Y puso delante del arca de Jehová ministros de los
levitas, para que recordasen y confesasen y loasen a Jehová Dios de Israel: 5
Asaf el primero; el segundo después de él, Zacarías; Jeiel, Semiramot, Jehiel,
Matatías, Eliab, Benaía, Obed-edom y Jeiel, con sus instrumentos de salterios
y arpas; pero Asaf sonaba los címbalos. 6 También los sacerdotes Benaía y
Jahaziel sonaban continuamente las trompetas delante del arca del pacto de
Dios.
Salmo de acción de gracias de David
(Sal. 105.1-15; 96.1-13; 106.47-48)
7 Entonces, en aquel día, David comenzó a aclamar a
Jehová por mano de Asaf y de sus hermanos:
8 Alabad a Jehová, invocad su nombre,
Dad a conocer en los pueblos sus obras.
9 Cantad a él, cantadle salmos;
Hablad de todas sus maravillas.
10 Gloriaos en su santo nombre;
Alégrese el corazón de los que buscan a Jehová.
11 Buscad a Jehová y su poder;
Buscad su rostro continuamente.
12 Haced memoria de las maravillas que ha hecho,
De sus prodigios, y de los juicios de su boca,
13 Oh vosotros, hijos de Israel su siervo,
Hijos de Jacob, sus escogidos.
14 Jehová, él es nuestro Dios;
Sus juicios están en toda la tierra.
15 El hace memoria de su pacto perpetuamente,
Y de la palabra que él mandó para mil generaciones;
16 Del pacto que concertó con Abraham,
Y de su juramento a Isaac;
17 El cual confirmó a Jacob por estatuto,
Y a Israel por pacto sempiterno,
18 Diciendo: A ti daré la tierra de Canaán,
Porción de tu heredad.
19 Cuando ellos eran pocos en número,
Pocos y forasteros en ella,
20 Y andaban de nación en nación,
Y de un reino a otro pueblo,
21 No permitió que nadie los oprimiese;
Antes por amor de ellos castigó a los reyes.
22 No toquéis, dijo, a mis ungidos,
Ni hagáis mal a mis profetas.
23 Cantad a Jehová toda la tierra,
Proclamad de día en día su salvación.
24 Cantad entre las gentes su gloria,
Y en todos los pueblos sus maravillas.
25 Porque grande es Jehová, y digno de suprema alabanza,
Y de ser temido sobre todos los dioses.
26 Porque todos los dioses de los pueblos son ídolos;
Mas Jehová hizo los cielos.
27 Alabanza y magnificencia delante de él;
Poder y alegría en su morada.
28 Tributad a Jehová, oh familias de los pueblos,
Dad a Jehová gloria y poder.
29 Dad a Jehová la honra debida a su nombre;
Traed ofrenda, y venid delante de él;
Postraos delante de Jehová en la hermosura de la
santidad.
30 Temed en su presencia, toda la tierra;
El mundo será aún establecido, para que no se conmueva.
31 Alégrense los cielos, y gócese la tierra,
Y digan en las naciones: Jehová reina.
32 Resuene el mar, y su plenitud;
Alégrese el campo, y todo lo que contiene.
33 Entonces cantarán los árboles de los bosques delante
de Jehová,
Porque viene a juzgar la tierra.
34 Aclamad a Jehová, porque él es bueno;
Porque su misericordia es eterna.
35 Y decid: Sálvanos, oh Dios, salvación nuestra;
Recógenos, y líbranos de las naciones,
Para que confesemos tu santo nombre,
Y nos gloriemos en tus alabanzas.
36 Bendito sea Jehová Dios de Israel,
De eternidad a eternidad.
Y dijo todo el pueblo, Amén, y alabó a Jehová.
Los levitas encargados del arca
37 Y dejó allí, delante del arca del pacto de Jehová, a
Asaf y a sus hermanos, para que ministrasen de continuo delante del arca, cada
cosa en su día; 38 y a Obed-edom y a sus sesenta y ocho hermanos; y a Obed-edom
hijo de Jedutún y a Hosa como porteros. 39 Asimismo al sacerdote Sadoc, y a
los sacerdotes sus hermanos, delante del tabernáculo de Jehová en el lugar
alto que estaba en Gabaón, 40 para que sacrificasen continuamente, a mañana y
tarde, holocaustos a Jehová en el altar del holocausto, conforme a todo lo que
está escrito en la ley de Jehová, que él prescribió a Israel; 41 y con ellos a
Hemán, a Jedutún y a los otros escogidos declarados por sus nombres, para
glorificar a Jehová, porque es eterna su misericordia. 42 Con ellos a Hemán y
a Jedutún con trompetas y címbalos para los que tocaban, y con otros
instrumentos de música de Dios; y a los hijos de Jedutún para porteros.
43 Y todo el pueblo se fue cada uno a su casa; y David se
volvió para bendecir su casa.
Pacto de Dios con David
(2 S. 7.1-29)
1 CRÓNICAS 17
1 Aconteció que morando David en su casa, dijo David al
profeta Natán: He aquí yo habito en casa de cedro, y el arca del pacto de
Jehová debajo de cortinas. 2 Y Natán dijo a David: Haz todo lo que está en tu
corazón, porque Dios está contigo.
3 En aquella misma noche vino palabra de Dios a Natán,
diciendo: 4 Ve y di a David mi siervo: Así ha dicho Jehová: Tú no me
edificarás casa en que habite. 5 Porque no he habitado en casa alguna desde el
día que saqué a los hijos de Israel hasta hoy; antes estuve de tienda en
tienda, y de tabernáculo en tabernáculo. 6 Por dondequiera que anduve con todo
Israel, ¿hablé una palabra a alguno de los jueces de Israel, a los cuales
mandé que apacentasen a mi pueblo, para decirles: ¿Por qué no me edificáis una
casa de cedro? 7 Por tanto, ahora dirás a mi siervo David: Así ha dicho Jehová
de los ejércitos: Yo te tomé del redil, de detrás de las ovejas, para que
fueses príncipe sobre mi pueblo Israel; 8 y he estado contigo en todo cuanto
has andado, y he cortado a todos tus enemigos de delante de ti, y te haré gran
nombre, como el nombre de los grandes en la tierra. 9 Asimismo he dispuesto
lugar para mi pueblo Israel, y lo he plantado para que habite en él y no sea
más removido; ni los hijos de iniquidad lo consumirán más, como antes, 10 y
desde el tiempo que puse los jueces sobre mi pueblo Israel; mas humillaré a
todos tus enemigos. Te hago saber, además, que Jehová te edificará casa. 11 Y
cuando tus días sean cumplidos para irte con tus padres, levantaré
descendencia después de ti, a uno de entre tus hijos, y afirmaré su reino. 12
El me edificará casa, y yo confirmaré su trono eternamente. 13 Yo le seré por
padre, y él me será por hijo; y no quitaré de él mi misericordia, como la
quité de aquel que fue antes de ti; 14 sino que lo confirmaré en mi casa y en
mi reino eternamente, y su trono será firme para siempre. 15 Conforme a todas
estas palabras, y conforme a toda esta visión, así habló Natán a David.
16 Y entró el rey David y estuvo delante de Jehová, y
dijo: Jehová Dios, ¿quién soy yo, y cuál es mi casa, para que me hayas traído
hasta este lugar? 17 Y aun esto, oh Dios, te ha parecido poco, pues que has
hablado de la casa de tu siervo para tiempo más lejano, y me has mirado como a
un hombre excelente, oh Jehová Dios. 18 ¿Qué más puede añadir David pidiendo
de ti para glorificar a tu siervo? Mas tú conoces a tu siervo. 19 Oh Jehová,
por amor de tu siervo y según tu corazón, has hecho toda esta grandeza, para
hacer notorias todas tus grandezas. 20 Jehová, no hay semejante a ti, ni hay
Dios sino tú, según todas las cosas que hemos oído con nuestros oídos. 21 ¿Y
qué pueblo hay en la tierra como tu pueblo Israel, cuyo Dios fuese y se
redimiese un pueblo, para hacerte nombre con grandezas y maravillas, echando a
las naciones de delante de tu pueblo, que tú rescataste de Egipto? 22 Tú has
constituido a tu pueblo Israel por pueblo tuyo para siempre; y tú, Jehová, has
venido a ser su Dios. 23 Ahora pues, Jehová, la palabra que has hablado acerca
de tu siervo y de su casa, sea firme para siempre, y haz como has dicho. 24
Permanezca, pues, y sea engrandecido tu nombre para siempre, a fin de que se
diga: Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, es Dios para Israel. Y sea la
casa de tu siervo David firme delante de ti. 25 Porque tú, Dios mío, revelaste
al oído a tu siervo que le has de edificar casa; por eso ha hallado tu siervo
motivo para orar delante de ti. 26 Ahora pues, Jehová, tú eres el Dios que has
hablado de tu siervo este bien; 27 y ahora has querido bendecir la casa de tu
siervo, para que permanezca perpetuamente delante de ti; porque tú, Jehová, la
has bendecido, y será bendita para siempre.
David extiende sus dominios
(2 S. 8.1-14)
1 CRÓNICAS 18
1 Después de estas cosas aconteció que David derrotó a
los filisteos, y los humilló, y tomó a Gat y sus villas de mano de los
filisteos.
2 También derrotó a Moab, y los moabitas fueron siervos
de David, trayéndole presentes.
3 Asimismo derrotó David a Hadad-ezer rey de Soba, en
Hamat, yendo éste a asegurar su dominio junto al río Eufrates. 4 Y le tomó
David mil carros, siete mil de a caballo, y veinte mil hombres de a pie; y
desjarretó David los caballos de todos los carros, excepto los de cien carros
que dejó. 5 Y viniendo los sirios de Damasco en ayuda de Hadad-ezer rey de
Soba, David hirió de ellos veintidós mil hombres. 6 Y puso David guarnición en
Siria de Damasco, y los sirios fueron hechos siervos de David, trayéndole
presentes; porque Jehová daba la victoria a David dondequiera que iba. 7 Tomó
también David los escudos de oro que llevaban los siervos de Hadad-ezer, y los
trajo a Jerusalén. 8 Asimismo de Tibhat y de Cun, ciudades de Hadad-ezer, tomó
David muchísimo bronce, con el que Salomón hizo el mar de bronce, las
columnas, y utensilios de bronce.
9 Y oyendo Toi rey de Hamat que David había deshecho todo
el ejército de Hadad-ezer rey de Soba, 10 envió a Adoram su hijo al rey David,
para saludarle y bendecirle por haber peleado con Hadad-ezer y haberle
vencido; porque Toi tenía guerra contra Hadad-ezer. Le envió también toda
clase de utensilios de oro, de plata y de bronce; 11 los cuales el rey David
dedicó a Jehová, con la plata y el oro que había tomado de todas las naciones
de Edom, de Moab, de los hijos de Amón, de los filisteos y de Amalec.
12 Además de esto, Abisai hijo de Sarvia destrozó en el
valle de la Sal a dieciocho mil edomitas. 13 Y puso guarnición en Edom, y
todos los edomitas fueron siervos de David; porque Jehová daba el triunfo a
David dondequiera que iba.
Oficiales de David
(2 S. 8.15-18; 20.23-26)
14 Reinó David sobre todo Israel, y juzgaba con justicia
a todo su pueblo. 15 Y Joab hijo de Sarvia era general del ejército, y Josafat
hijo de Ahilud, canciller. 16 Sadoc hijo de Ahitob y Abimelec hijo de Abiatar
eran sacerdotes, y Savsa, secretario. 17 Y Benaía hijo de Joiada estaba sobre
los cereteos y peleteos; y los hijos de David eran los príncipes cerca del
rey.
Derrotas de amonitas y sirios
(2 S. 10.1-19)
1 CRÓNICAS 19
1 Después de estas cosas aconteció que murió Nahas rey de
los hijos de Amón, y reinó en su lugar su hijo. 2 Y dijo David: Manifestaré
misericordia con Hanún hijo de Nahas, porque también su padre me mostró
misericordia. Así David envió embajadores que lo consolasen de la muerte de su
padre. Pero cuando llegaron los siervos de David a la tierra de los hijos de
Amón a Hanún, para consolarle, 3 los príncipes de los hijos de Amón dijeron a
Hanún: ¿A tu parecer honra David a tu padre, que te ha enviado consoladores?
¿No vienen más bien sus siervos a ti para espiar, e inquirir, y reconocer la
tierra? 4 Entonces Hanún tomó los siervos de David y los rapó, y les cortó los
vestidos por la mitad, hasta las nalgas, y los despachó. 5 Se fueron luego, y
cuando llegó a David la noticia sobre aquellos varones, él envió a recibirlos,
porque estaban muy afrentados. El rey mandó que les dijeran: Estaos en Jericó
hasta que os crezca la barba, y entonces volveréis.
6 Y viendo los hijos de Amón que se habían hecho odiosos
a David, Hanún y los hijos de Amón enviaron mil talentos de plata para tomar a
sueldo carros y gente de a caballo de Mesopotamia, de Siria, de Maaca y de
Soba. 7 Y tomaron a sueldo treinta y dos mil carros, y al rey de Maaca y a su
ejército, los cuales vinieron y acamparon delante de Medeba. Y se juntaron
también los hijos de Amón de sus ciudades, y vinieron a la guerra. 8 Oyéndolo
David, envió a Joab con todo el ejército de los hombres valientes. 9 Y los
hijos de Amón salieron, y ordenaron la batalla a la entrada de la ciudad; y
los reyes que habían venido estaban aparte en el campo.
10 Y viendo Joab que el ataque contra él había sido
dispuesto por el frente y por la retaguardia, escogió de los más aventajados
que había en Israel, y con ellos ordenó su ejército contra los sirios. 11 Puso
luego el resto de la gente en mano de Abisai su hermano, y los ordenó en
batalla contra los amonitas. 12 Y dijo: Si los sirios fueren más fuertes que
yo, tú me ayudarás; y si los amonitas fueren más fuertes que tú, yo te
ayudaré. 13 Esfuérzate, y esforcémonos por nuestro pueblo, y por las ciudades
de nuestro Dios; y haga Jehová lo que bien le parezca. 14 Entonces se acercó
Joab y el pueblo que tenía consigo, para pelear contra los sirios; mas ellos
huyeron delante de él. 15 Y los hijos de Amón, viendo que los sirios habían
huido, huyeron también ellos delante de Abisai su hermano, y entraron en la
ciudad. Entonces Joab volvió a Jerusalén.
16 Viendo los sirios que habían caído delante de Israel,
enviaron embajadores, y trajeron a los sirios que estaban al otro lado del
Eufrates, cuyo capitán era Sofac, general del ejército de Hadad-ezer. 17 Luego
que fue dado aviso a David, reunió a todo Israel, y cruzando el Jordán vino a
ellos, y ordenó batalla contra ellos. Y cuando David hubo ordenado su tropa
contra ellos, pelearon contra él los sirios. 18 Mas el pueblo sirio huyó
delante de Israel; y mató David de los sirios a siete mil hombres de los
carros, y cuarenta mil hombres de a pie; asimismo mató a Sofac general del
ejército. 19 Y viendo los siervos de Hadad-ezer que habían caído delante de
Israel, concertaron paz con David, y fueron sus siervos; y el pueblo sirio
nunca más quiso ayudar a los hijos de Amón.
David captura a Rabá
(2 S. 12.26-31)
1 CRÓNICAS 20
1 Aconteció a la vuelta del año, en el tiempo que suelen
los reyes salir a la guerra, que Joab sacó las fuerzas del ejército, y
destruyó la tierra de los hijos de Amón, y vino y sitió a Rabá. Mas David
estaba en Jerusalén; y Joab batió a Rabá, y la destruyó. 2 Y tomó David la
corona de encima de la cabeza del rey de Rabá, y la halló de peso de un
talento de oro, y había en ella piedras preciosas; y fue puesta sobre la
cabeza de David. Además de esto sacó de la ciudad muy grande botín. 3 Sacó
también al pueblo que estaba en ella, y lo puso a trabajar con sierras, con
trillos de hierro y con hachas. Lo mismo hizo David a todas las ciudades de
los hijos de Amón. Y volvió David con todo el pueblo a Jerusalén.
Los hombres de David matan a los gigantes
(2 S. 21.18-22)
4 Después de esto aconteció que se levantó guerra en
Gezer contra los filisteos; y Sibecai husatita mató a Sipai, de los
descendientes de los gigantes; y fueron humillados. 5 Volvió a levantarse
guerra contra los filisteos; y Elhanán hijo de Jair mató a Lahmi, hermano de
Goliat geteo, el asta de cuya lanza era como un rodillo de telar. 6 Y volvió a
haber guerra en Gat, donde había un hombre de grande estatura, el cual tenía
seis dedos en pies y manos, veinticuatro por todos; y era descendiente de los
gigantes. 7 Este hombre injurió a Israel, pero lo mató Jonatán, hijo de Simea
hermano de David. 8 Estos eran descendientes de los gigantes en Gat, los
cuales cayeron por mano de David y de sus siervos.
David censa al pueblo
(2 S. 24.1-25)
1 CRÓNICAS 21
1 Pero Satanás se levantó contra Israel, e incitó a David
a que hiciese censo de Israel. 2 Y dijo David a Joab y a los príncipes del
pueblo: Id, haced censo de Israel desde Beerseba hasta Dan, e informadme sobre
el número de ellos para que yo lo sepa. 3 Y dijo Joab: Añada Jehová a su
pueblo cien veces más, rey señor mío; ¿no son todos éstos siervos de mi señor?
¿Para qué procura mi señor esto, que será para pecado a Israel? 4 Mas la orden
del rey pudo más que Joab. Salió, por tanto, Joab, y recorrió todo Israel, y
volvió a Jerusalén y dio la cuenta del número del pueblo a David. 5 Y había en
todo Israel un millón cien mil que sacaban espada, y de Judá cuatrocientos
setenta mil hombres que sacaban espada. 6 Entre éstos no fueron contados los
levitas, ni los hijos de Benjamín, porque la orden del rey era abominable a
Joab.
7 Asimismo esto desagradó a Dios, e hirió a Israel. 8
Entonces dijo David a Dios: He pecado gravemente al hacer esto; te ruego que
quites la iniquidad de tu siervo, porque he hecho muy locamente. 9 Y habló
Jehová a Gad, vidente de David, diciendo: 10 Ve y habla a David, y dile: Así
ha dicho Jehová: Tres cosas te propongo; escoge de ellas una que yo haga
contigo. 11 Y viniendo Gad a David, le dijo: Así ha dicho Jehová: 12 Escoge
para ti: o tres años de hambre, o por tres meses ser derrotado delante de tus
enemigos con la espada de tus adversarios, o por tres días la espada de
Jehová, esto es, la peste en la tierra, y que el ángel de Jehová haga
destrucción en todos los términos de Israel. Mira, pues, qué responderé al que
me ha enviado. 13 Entonces David dijo a Gad: Estoy en grande angustia. Ruego
que yo caiga en la mano de Jehová, porque sus misericordias son muchas en
extremo; pero que no caiga en manos de hombres.
14 Así Jehová envió una peste en Israel, y murieron de
Israel setenta mil hombres. 15 Y envió Jehová el ángel a Jerusalén para
destruirla; pero cuando él estaba destruyendo, miró Jehová y se arrepintió de
aquel mal, y dijo al ángel que destruía: Basta ya; detén tu mano. El ángel de
Jehová estaba junto a la era de Ornán jebuseo. 16 Y alzando David sus ojos,
vio al ángel de Jehová, que estaba entre el cielo y la tierra, con una espada
desnuda en su mano, extendida contra Jerusalén. Entonces David y los ancianos
se postraron sobre sus rostros, cubiertos de cilicio. 17 Y dijo David a Dios:
¿No soy yo el que hizo contar el pueblo? Yo mismo soy el que pequé, y
ciertamente he hecho mal; pero estas ovejas, ¿qué han hecho? Jehová Dios mío,
sea ahora tu mano contra mi, y contra la casa de mi padre, y no venga la peste
sobre tu pueblo.
18 Y el ángel de Jehová ordenó a Gad que dijese a David
que subiese y construyese un altar a Jehová en la era de Ornán jebuseo. 19
Entonces David subió, conforme a la palabra que Gad le había dicho en nombre
de Jehová. 20 Y volviéndose Ornán, vio al ángel, por lo que se escondieron
cuatro hijos suyos que con él estaban. Y Ornán trillaba el trigo. 21 Y
viniendo David a Ornán, miró Ornán, y vio a David; y saliendo de la era, se
postró en tierra ante David. 22 Entonces dijo David a Ornán: Dame este lugar
de la era, para que edifique un altar a Jehová; dámelo por su cabal precio,
para que cese la mortandad en el pueblo. 23 Y Ornán respondió a David: Tómala
para ti, y haga mi señor el rey lo que bien le parezca; y aun los bueyes daré
para el holocausto, y los trillos para leña, y trigo para la ofrenda; yo lo
doy todo. 24 Entonces el rey David dijo a Ornán: No, sino que efectivamente la
compraré por su justo precio; porque no tomaré para Jehová lo que es tuyo, ni
sacrificaré holocausto que nada me cueste. 25 Y dio David a Ornán por aquel
lugar el peso de seiscientos siclos de oro. 26 Y edificó allí David un altar a
Jehová, en el que ofreció holocaustos y ofrendas de paz, e invocó a Jehová,
quien le respondió por fuego desde los cielos en el altar del holocausto. 27
Entonces Jehová habló al ángel, y éste volvió su espada a la vaina.
El lugar para el templo
28 Viendo David que Jehová le había oído en la era de
Ornán jebuseo, ofreció sacrificios allí. 29 Y el tabernáculo de Jehová que
Moisés había hecho en el desierto, y el altar del holocausto, estaban entonces
en el lugar alto de Gabaón; 30 pero David no pudo ir allá a consultar a Dios,
porque estaba atemorizado a causa de la espada del ángel de Jehová.
1 CRÓNICAS 22
1 Y dijo David: Aquí estará la casa de Jehová Dios, y
aquí el altar del holocausto para Israel.
Preparativos para el templo
2 Después mandó David que se reuniese a los extranjeros
que había en la tierra de Israel, y señaló de entre ellos canteros que
labrasen piedras para edificar la casa de Dios. 3 Asimismo preparó David mucho
hierro para la clavazón de las puertas, y para las junturas; y mucho bronce
sin peso, y madera de cedro sin cuenta. 4 Porque los sidonios y tirios habían
traído a David abundancia de madera de cedro. 5 Y dijo David: Salomón mi hijo
es muchacho y de tierna edad, y la casa que se ha de edificar a Jehová ha de
ser magnífica por excelencia, para renombre y honra en todas las tierras;
ahora, pues, yo le prepararé lo necesario. Y David antes de su muerte hizo
preparativos en gran abundancia.
6 Llamó entonces David a Salomón su hijo, y le mandó que
edificase casa a Jehová Dios de Israel. 7 Y dijo David a Salomón: Hijo mío, en
mi corazón tuve el edificar templo al nombre de Jehová mi Dios. 8 Mas vino a
mí palabra de Jehová, diciendo: Tú has derramado mucha sangre, y has hecho
grandes guerras; no edificarás casa a mi nombre, porque has derramado mucha
sangre en la tierra delante de mí. 9 He aquí te nacerá un hijo, el cual será
varón de paz, porque yo le daré paz de todos sus enemigos en derredor; por
tanto, su nombre será Salomón, y yo daré paz y reposo sobre Israel en sus
días. 10 El edificará casa a mi nombre, y él me será a mí por hijo, y yo le
seré por padre; y afirmaré el trono de su reino sobre Israel para siempre. 11
Ahora pues, hijo mío, Jehová esté contigo, y seas prosperado, y edifiques casa
a Jehová tu Dios, como él ha dicho de ti. 12 Y Jehová te dé entendimiento y
prudencia, para que cuando gobiernes a Israel, guardes la ley de Jehová tu
Dios. 13 Entonces serás prosperado, si cuidares de poner por obra los
estatutos y decretos que Jehová mandó a Moisés para Israel. Esfuérzate, pues,
y cobra ánimo; no temas, ni desmayes. 14 He aquí, yo con grandes esfuerzos he
preparado para la casa de Jehová cien mil talentos de oro, y un millón de
talentos de plata, y bronce y hierro sin medida, porque es mucho. Asimismo he
preparado madera y piedra, a lo cual tú añadirás. 15 Tú tienes contigo muchos
obreros, canteros, albañiles, carpinteros, y todo hombre experto en toda obra.
16 Del oro, de la plata, del bronce y del hierro, no hay cuenta. Levántate, y
manos a la obra; y Jehová esté contigo.
17 Asimismo mandó David a todos los principales de Israel
que ayudasen a Salomón su hijo, diciendo: 18 ¿No está con vosotros Jehová
vuestro Dios, el cual os ha dado paz por todas partes? Porque él ha entregado
en mi mano a los moradores de la tierra, y la tierra ha sido sometida delante
de Jehová, y delante de su pueblo. 19 Poned, pues, ahora vuestros corazones y
vuestros ánimos en buscar a Jehová vuestro Dios; y levantaos, y edificad el
santuario de Jehová Dios, para traer el arca del pacto de Jehová, y los
utensilios consagrados a Dios, a la casa edificada al nombre de Jehová.
Distribución y deberes de los levitas
1 CRÓNICAS 23
1 Siendo, pues, David ya viejo y lleno de días, hizo a
Salomón su hijo rey sobre Israel.
2 Y juntando a todos los principales de Israel, y a los
sacerdotes y levitas, 3 fueron contados los levitas de treinta años arriba; y
fue el número de ellos por sus cabezas, contados uno por uno, treinta y ocho
mil. 4 De éstos, veinticuatro mil para dirigir la obra de la casa de Jehová, y
seis mil para gobernadores y jueces. 5 Además, cuatro mil porteros, y cuatro
mil para alabar a Jehová, dijo David, con los instrumentos que he hecho para
tributar alabanzas. 6 Y los repartió David en grupos conforme a los hijos de
Leví: Gersón, Coat y Merari.
7 Los hijos de Gersón: Laadán y Simei. 8 Los hijos de
Laadán, tres: Jehiel el primero, después Zetam y Joel. 9 Los hijos de Simei,
tres: Selomit, Haziel y Harán. Estos fueron los jefes de las familias de
Laadán. 10 Y los hijos de Simei: Jahat, Zina, Jeús y Bería. Estos cuatro
fueron los hijos de Simei. 11 Jahat era el primero, y Zina el segundo; pero
Jeús y Bería no tuvieron muchos hijos, por lo cual fueron contados como una
familia.
12 Los hijos de Coat: Amram, Izhar, Hebrón y Uziel, ellos
cuatro. 13 Los hijos de Amram: Aarón y Moisés. Y Aarón fue apartado para ser
dedicado a las cosas más santas, él y sus hijos para siempre, para que
quemasen incienso delante de Jehová, y le ministrasen y bendijesen en su
nombre, para siempre. 14 Y los hijos de Moisés varón de Dios fueron contados
en la tribu de Leví. 15 Los hijos de Moisés fueron Gersón y Eliezer. 16 Hijo
de Gersón fue Sebuel el jefe. 17 E hijo de Eliezer fue Rehabías el jefe. Y
Eliezer no tuvo otros hijos; mas los hijos de Rehabías fueron muchos. 18 Hijo
de Izhar fue Selomit el jefe. 19 Los hijos de Hebrón: Jerías el jefe, Amarías
el segundo, Jahaziel el tercero, y Jecamán el cuarto. 20 Los hijos de Uziel:
Micaía el jefe, e Isías el segundo.
21 Los hijos de Merari: Mahli y Musi. Los hijos de Mahli:
Eleazar y Cis. 22 Y murió Eleazar sin hijos; pero tuvo hijas, y los hijos de
Cis, sus parientes, las tomaron por mujeres. 23 Los hijos de Musi: Mahli, Edar
y Jeremot, ellos tres.
24 Estos son los hijos de Leví en las familias de sus
padres, jefes de familias según el censo de ellos, contados por sus nombres,
por sus cabezas, de veinte años arriba, los cuales trabajaban en el ministerio
de la casa de Jehová. 25 Porque David dijo: Jehová Dios de Israel ha dado paz
a su pueblo Israel, y él habitará en Jerusalén para siempre. 26 Y también los
levitas no tendrán que llevar más el tabernáculo y todos los utensilios para
su ministerio. 27 Así que, conforme a las postreras palabras de David, se hizo
la cuenta de los hijos de Leví de veinte años arriba. 28 Y estaban bajo las
órdenes de los hijos de Aarón para ministrar en la casa de Jehová, en los
atrios, en las cámaras, y en la purificación de toda cosa santificada, y en la
demás obra del ministerio de la casa de Dios. 29 Asimismo para los panes de la
proposición, para la flor de harina para el sacrificio, para las hojuelas sin
levadura, para lo preparado en sartén, para lo tostado, y para toda medida y
cuenta; 30 y para asistir cada mañana todos los días a dar gracias y tributar
alabanzas a Jehová, y asimismo por la tarde; 31 y para ofrecer todos los
holocaustos a Jehová los días de reposo, lunas nuevas y fiestas solemnes,
según su número y de acuerdo con su rito, continuamente delante de Jehová; 32
y para que tuviesen la guarda del tabernáculo de reunión, y la guarda del
santuario, bajo las órdenes de los hijos de Aarón sus hermanos, en el
ministerio de la casa de Jehová.
1 CRÓNICAS 24
1 También los hijos de Aarón fueron distribuidos en
grupos. Los hijos de Aarón: Nadab, Abiú, Eleazar e Itamar. 2 Mas como Nadab y
Abiú murieron antes que su padre, y no tuvieron hijos, Eleazar e Itamar
ejercieron el sacerdocio. 3 Y David, con Sadoc de los hijos de Eleazar, y
Ahimelec de los hijos de Itamar, los repartió por sus turnos en el ministerio.
4 Y de los hijos de Eleazar había más varones principales que de los hijos de
Itamar; y los repartieron así: De los hijos de Eleazar, dieciséis cabezas de
casas paternas; y de los hijos de Itamar, por sus casas paternas, ocho. 5 Los
repartieron, pues, por suerte los unos con los otros; porque de los hijos de
Eleazar y de los hijos de Itamar hubo príncipes del santuario, y príncipes de
la casa de Dios. 6 Y el escriba Semaías hijo de Natanael, de los levitas,
escribió sus nombres en presencia del rey y de los príncipes, y delante de
Sadoc el sacerdote, de Ahimelec hijo de Abiatar y de los jefes de las casas
paternas de los sacerdotes y levitas, designando por suerte una casa paterna
para Eleazar, y otra para Itamar.
7 La primera suerte tocó a Joiarib, la segunda a Jedaías,
8 la tercera a Harim, la cuarta a Seorim, 9 la quinta a Malquías, la sexta a
Mijamín, 10 la séptima a Cos, la octava a Abías, 11 la novena a Jesúa, la
décima a Secanías, 12 la undécima a Eliasib, la duodécima a Jaquim, 13 la
decimatercera a Hupa, la decimacuarta a Jesebeab, 14 la decimaquinta a Bilga,
la decimasexta a Imer, 15 la decimaséptima a Hezir, la decimaoctava a Afses,
16 la decimanovena a Petaías, la vigésima a Hezequiel, 17 la vigesimaprimera a
Jaquín, la vigesimasegunda a Gamul, 18 la vigesimatercera a Delaía, la
vigesimacuarta a Maazías. 19 Estos fueron distribuidos para su ministerio,
para que entrasen en la casa de Jehová, según les fue ordenado por Aarón su
padre, de la manera que le había mandado Jehová el Dios de Israel.
20 Y de los hijos de Leví que quedaron: Subael, de los
hijos de Amram; y de los hijos de Subael, Jehedías. 21 Y de los hijos de
Rehabías, Isías el jefe. 22 De los izharitas, Selomot; e hijo de Selomot,
Jahat. 23 De los hijos de Hebrón: Jerías el jefe, el segundo Amarías, el
tercero Jahaziel, el cuarto Jecamán. 24 Hijo de Uziel, Micaía; e hijo de
Micaía, Samir. 25 Hermano de Micaía, Isías; e hijo de Isías, Zacarías. 26 Los
hijos de Merari: Mahli y Musi; hijo de Jaazías, Beno. 27 Los hijos de Merari
por Jaazías: Beno, Soham, Zacur e Ibri. 28 Y de Mahli, Eleazar, quien no tuvo
hijos. 29 Hijo de Cis, Jerameel. 30 Los hijos de Musi: Mahli, Edar y Jerimot.
Estos fueron los hijos de los levitas conforme a sus casas paternas. 31 Estos
también echaron suertes, como sus hermanos los hijos de Aarón, delante del rey
David, y de Sadoc y de Ahimelec, y de los jefes de las casas paternas de los
sacerdotes y levitas; el principal de los padres igualmente que el menor de
sus hermanos.
Distribución de músicos y cantores
1 CRÓNICAS 25
1 Asimismo David y los jefes del ejército apartaron para
el ministerio a los hijos de Asaf, de Hemán y de Jedutún, para que
profetizasen con arpas, salterios y címbalos; y el número de ellos, hombres
idóneos para la obra de su ministerio, fue: 2 De los hijos de Asaf: Zacur,
José, Netanías y Asarela, hijos de Asaf, bajo la dirección de Asaf, el cual
profetizaba bajo las órdenes del rey. 3 De los hijos de Jedutún: Gedalías,
Zeri, Jesaías, Hasabías, Matatías y Simei; seis, bajo la dirección de su padre
Jedutún, el cual profetizaba con arpa, para aclamar y alabar a Jehová. 4 De
los hijos de Hemán: Buquías, Matanías, Uziel, Sebuel, Jeremot, Hananías,
Hanani, Eliata, Gidalti, Romanti-ezer, Josbecasa, Maloti, Hotir y Mahaziot. 5
Todos éstos fueron hijos de Hemán, vidente del rey en las cosas de Dios, para
exaltar su poder; y Dios dio a Hemán catorce hijos y tres hijas. 6 Y todos
éstos estaban bajo la dirección de su padre en la música, en la casa de
Jehová, con címbalos, salterios y arpas, para el ministerio del templo de
Dios. Asaf, Jedutún y Hemán estaban por disposición del rey. 7 Y el número de
ellos, con sus hermanos, instruidos en el canto para Jehová, todos los aptos,
fue doscientos ochenta y ocho. 8 Y echaron suertes para servir por turnos,
entrando el pequeño con el grande, lo mismo el maestro que el discípulo.
9 La primera suerte salió por Asaf, para José; la segunda
para Gedalías, quien con sus hermanos e hijos fueron doce. 10 la tercera para
Zacur, con sus hijos y sus hermanos, doce; 11 la cuarta para Izri, con sus
hijos y sus hermanos, doce; 12 la quinta para Netanías, con sus hijos y sus
hermanos, doce; 13 la sexta para Buquías, con sus hijos y sus hermanos, doce;
14 la séptima para Jesarela, con sus hijos y sus hermanos, doce; 15 la octava
para Jesahías, con sus hijos y sus hermanos, doce; 16 la novena para Matanías,
con sus hijos y sus hermanos, doce; 17 la décima para Simei, con sus hijos y
sus hermanos, doce; 18 la undécima para Azareel, con sus hijos y sus hermanos,
doce; 19 la duodécima para Hasabías, con sus hijos y sus hermanos, doce; 20 la
decimatercera para Subael, con sus hijos y sus hermanos, doce; 21 la
decimacuarta para Matatías, con sus hijos y sus hermanos, doce; 22 la
decimaquinta para Jeremot, con sus hijos y sus hermanos, doce; 23 la
decimasexta para Hananías, con sus hijos y sus hermanos, doce; 24 la
decimaséptima para Josbecasa, con sus hijos y sus hermanos, doce; 25 la
decimaoctava para Hanani, con sus hijos y sus hermanos, doce; 26 la
decimanovena para Maloti, con sus hijos y sus hermanos, doce; 27 la vigésima
para Eliata, con sus hijos y sus hermanos, doce; 28 la vigesimaprimera para
Hotir, con sus hijos y sus hermanos, doce; 29 la vigesimasegunda para Gidalti,
con sus hijos y sus hermanos, doce; 30 la vigesimatercera para Mahaziot, con
sus hijos y sus hermanos, doce; 31 la vigesimacuarta para Romanti-ezer, con
sus hijos y sus hermanos, doce.
Porteros y oficiales
1 CRÓNICAS 26
1 También fueron distribuidos los porteros: de los
coreítas, Meselemías hijo de Coré, de los hijos de Asaf. 2 Los hijos de
Meselemías: Zacarías el primogénito, Jediael el segundo, Zebadías el tercero,
Jatniel el cuarto, 3 Elam el quinto, Johanán el sexto, Elioenai el séptimo. 4
Los hijos de Obed-edom: Semaías el primogénito, Jozabad el segundo, Joa el
tercero, el cuarto Sacar, el quinto Natanael, 5 el sexto Amiel, el séptimo
Isacar, el octavo Peultai; porque Dios había bendecido a Obed-edom. 6 También
de Semaías su hijo nacieron hijos que fueron señores sobre la casa de sus
padres; porque eran varones valerosos y esforzados. 7 Los hijos de Semaías:
Otni, Rafael, Obed, Elzabad, y sus hermanos, hombres esforzados; asimismo Eliú
y Samaquías. 8 Todos éstos de los hijos de Obed-edom; ellos con sus hijos y
sus hermanos, hombres robustos y fuertes para el servicio; sesenta y dos, de
Obed-edom. 9 Y los hijos de Meselemías y sus hermanos, dieciocho hombres
valientes. 10 De Hosa, de los hijos de Merari: Simri el jefe (aunque no era el
primogénito, mas su padre lo puso por jefe), 11 el segundo Hilcías, el tercero
Tebalías, el cuarto Zacarías; todos los hijos de Hosa y sus hermanos fueron
trece.
12 Entre éstos se hizo la distribución de los porteros,
alternando los principales de los varones en la guardia con sus hermanos, para
servir en la casa de Jehová. 13 Echaron suertes, el pequeño con el grande,
según sus casas paternas, para cada puerta. 14 Y la suerte para la del oriente
cayó a Selemías. Y metieron en las suertes a Zacarías su hijo, consejero
entendido; y salió la suerte suya para la del norte. 15 Y para Obed-edom la
puerta del sur, y a sus hijos la casa de provisiones del templo. 16 Para Supim
y Hosa, la del occidente, la puerta de Salequet, en el camino de la subida,
correspondiéndose guardia con guardia. 17 Al oriente seis levitas, al norte
cuatro de día; al sur cuatro de día; y a la casa de provisiones de dos en dos.
18 En la cámara de los utensilios al occidente, cuatro al camino, y dos en la
cámara. 19 Estas son las distribuciones de los porteros, hijos de los coreítas
y de los hijos de Merari.
20 Y de los levitas, Ahías tenía cargo de los tesoros de
la casa de Dios, y de los tesoros de las cosas santificadas. 21 Cuanto a los
hijos de Laadán hijo de Gersón: de Laadán, los jefes de las casas paternas de
Laadán gersonita fueron los jehielitas.
22 Los hijos de Jehieli, Zetam y Joel su hermano,
tuvieron cargo de los tesoros de la casa de Jehová. 23 De entre los amramitas,
de los izharitas, de los hebronitas y de los uzielitas, 24 Sebuel hijo de
Gersón, hijo de Moisés, era jefe sobre los tesoros. 25 En cuanto a su hermano
Eliezer, hijo de éste era Rehabías, hijo de éste Jesaías, hijo de éste Joram,
hijo de éste Zicri, del que fue hijo Selomit. 26 Este Selomit y sus hermanos
tenían a su cargo todos los tesoros de todas las cosas santificadas que había
consagrado el rey David, y los jefes de las casas paternas, los capitanes de
millares y de centenas, y los jefes del ejército; 27 de lo que habían
consagrado de las guerras y de los botines, para reparar la casa de Jehová. 28
Asimismo todas las cosas que había consagrado el vidente Samuel, y Saúl hijo
de Cis, Abner hijo de Ner y Joab hijo de Sarvia, y todo lo que cualquiera
consagraba, estaba a cargo de Selomit y de sus hermanos.
29 De los izharitas, Quenanías y sus hijos eran
gobernadores y jueces sobre Israel en asuntos exteriores. 30 De los hebronitas,
Hasabías y sus hermanos, hombres de vigor, mil setecientos, gobernaban a
Israel al otro lado del Jordán, al occidente, en toda la obra de Jehová, y en
el servicio del rey. 31 De los hebronitas, Jerías era el jefe de los
hebronitas repartidos en sus linajes por sus familias. En el año cuarenta del
reinado de David se registraron, y fueron hallados entre ellos hombres fuertes
y vigorosos en Jazer de Galaad. 32 Y sus hermanos, hombres valientes, eran dos
mil setecientos, jefes de familias, los cuales el rey David constituyó sobre
los rubenitas, los gaditas y la media tribu de Manasés, para todas las cosas
de Dios y los negocios del rey.
Otros oficiales de David
1 CRÓNICAS 27
1 Estos son los principales de los hijos de Israel, jefes
de familias, jefes de millares y de centenas, y oficiales que servían al rey
en todos los negocios de las divisiones que entraban y salían cada mes durante
todo el año, siendo cada división de veinticuatro mil.
2 Sobre la primera división del primer mes estaba
Jasobeam hijo de Zabdiel; y había en su división veinticuatro mil. 3 De los
hijos de Fares, él fue jefe de todos los capitanes de las compañías del primer
mes. 4 Sobre la división del segundo mes estaba Dodai ahohíta; y Miclot era
jefe en su división, en la que también había veinticuatro mil. 5 El jefe de la
tercera división para el tercer mes era Benaía, hijo del sumo sacerdote Joiada;
y en su división había veinticuatro mil. 6 Este Benaía era valiente entre los
treinta y sobre los treinta; y en su división estaba Amisabad su hijo. 7 El
cuarto jefe para el cuarto mes era Asael hermano de Joab, y después de él
Zebadías su hijo; y en su división había veinticuatro mil. 8 El quinto jefe
para el quinto mes era Samhut izraíta; y en su división había veinticuatro
mil. 9 El sexto para el sexto mes era Ira hijo de Iques, de Tecoa; y en su
división veinticuatro mil. 10 El séptimo para el séptimo mes era Heles
pelonita, de los hijos de Efraín; y en su división veinticuatro mil. 11 El
octavo para el octavo mes era Sibecai husatita, de los zeraítas; y en su
división veinticuatro mil. 12 El noveno para el noveno mes era Abiezer
anatotita, de los benjamitas; y en su división veinticuatro mil. 13 El décimo
para el décimo mes era Maharai netofatita, de los zeraítas; y en su división
veinticuatro mil. 14 El undécimo para el undécimo mes era Benaía piratonita,
de los hijos de Efraín; y en su división veinticuatro mil. 15 El duodécimo
para el duodécimo mes era Heldai netofatita, de Otoniel; y en su división
veinticuatro mil.
16 Asimismo sobre las tribus de Israel: el jefe de los
rubenitas era Eliezer hijo de Zicri; de los simeonitas, Sefatías, hijo de
Maaca. 17 De los levitas, Hasabías hijo de Kemuel; de los de Aarón, Sadoc. 18
De Judá, Eliú, uno de los hermanos de David; de los de Isacar, Omri hijo de
Micael. 19 De los de Zabulón, Ismaías hijo de Abdías; de los de Neftalí,
Jerimot hijo de Azriel. 20 De los hijos de Efraín, Oseas hijo de Azazías; de
la media tribu de Manasés, Joel hijo de Pedaías. 21 De la otra media tribu de
Manasés, en Galaad, Iddo hijo de Zacarías; de los de Benjamín, Jaasiel hijo de
Abner. 22 Y de Dan, Azareel hijo de Jeroham. Estos fueron los jefes de las
tribus de Israel. 23 Y no tomó David el número de los que eran de veinte años
abajo, por cuanto Jehová había dicho que él multiplicaría a Israel como las
estrellas del cielo. 24 Joab hijo de Sarvia había comenzado a contar; pero no
acabó, pues por esto vino el castigo sobre Israel, y así el número no fue
puesto en el registro de las crónicas del rey David.
25 Azmavet hijo de Adiel tenía a su cargo los tesoros del
rey; y Jonatán hijo de Uzías los tesoros de los campos, de las ciudades, de
las aldeas y de las torres. 26 Y de los que trabajaban en la labranza de las
tierras, Ezri hijo de Quelub. 27 De las viñas, Simei ramatita; y del fruto de
las viñas para las bodegas, Zabdi sifmita. 28 De los olivares e higuerales de
la Sefela, Baal-hanán gederita; y de los almacenes del aceite, Joás. 29 Del
ganado que pastaba en Sarón, Sitrai saronita; y del ganado que estaba en los
valles, Safat hijo de Adlai. 30 De los camellos, Obil ismaelita; de las asnas,
Jehedías meronotita; 31 y de las ovejas, Jaziz agareno. Todos estos eran
administradores de la hacienda del rey David.
32 Y Jonatán tío de David era consejero, varón prudente y
escriba; y Jehiel hijo de Hacmoni estaba con los hijos del rey. 33 También
Ahitofel era consejero del rey, y Husai arquita amigo del rey. 34 Después de
Ahitofel estaba Joiada hijo de Benaía, y Abiatar. Y Joab era el general del
ejército del rey.
Salomón sucede a David
1 CRÓNICAS 28
1 Reunió David en Jerusalén a todos los principales de
Israel, los jefes de las tribus, los jefes de las divisiones que servían al
rey, los jefes de millares y de centenas, los administradores de toda la
hacienda y posesión del rey y de sus hijos, y los oficiales y los más
poderosos y valientes de sus hombres. 2 Y levantándose el rey David, puesto en
pie dijo: Oídme, hermanos míos, y pueblo mío. Yo tenía el propósito de
edificar una casa en la cual reposara el arca del pacto de Jehová, y para el
estrado de los pies de nuestro Dios; y había ya preparado todo para edificar.
3 Mas Dios me dijo: Tú no edificarás casa a mi nombre, porque eres hombre de
guerra, y has derramado mucha sangre. 4 Pero Jehová el Dios de Israel me
eligió de toda la casa de mi padre, para que perpetuamente fuese rey sobre
Israel; porque a Judá escogió por caudillo, y de la casa de Judá a la familia
de mi padre; y de entre los hijos de mi padre se agradó de mí para ponerme por
rey sobre todo Israel. 5 Y de entre todos mis hijos (porque Jehová me ha dado
muchos hijos), eligió a mi hijo Salomón para que se siente en el trono del
reino de Jehová sobre Israel. 6 Y me ha dicho: Salomón tu hijo, él edificará
mi casa y mis atrios; porque a éste he escogido por hijo, y yo le seré a él
por padre. 7 Asimismo yo confirmaré su reino para siempre, si él se esforzare
a poner por obra mis mandamientos y mis decretos, como en este día. 8 Ahora,
pues, ante los ojos de todo Israel, congregación de Jehová, y en oídos de
nuestro Dios, guardad e inquirid todos los preceptos de Jehová vuestro Dios,
para que poseáis la buena tierra, y la dejéis en herencia a vuestros hijos
después de vosotros perpetuamente.
9 Y tú, Salomón, hijo mío, reconoce al Dios de tu padre,
y sírvele con corazón perfecto y con ánimo voluntario; porque Jehová escudriña
los corazones de todos, y entiende todo intento de los pensamientos. Si tú le
buscares, lo hallarás; mas si lo dejares, él te desechará para siempre. 10
Mira, pues, ahora, que Jehová te ha elegido para que edifiques casa para el
santuario; esfuérzate, y hazla.
11 Y David dio a Salomón su hijo el plano del pórtico del
templo y sus casas, sus tesorerías, sus aposentos, sus cámaras y la casa del
propiciatorio. 12 Asimismo el plano de todas las cosas que tenía en mente para
los atrios de la casa de Jehová, para todas las cámaras alrededor, para las
tesorerías de la casa de Dios, y para las tesorerías de las cosas
santificadas. 13 También para los grupos de los sacerdotes y de los levitas,
para toda la obra del ministerio de la casa de Jehová, y para todos los
utensilios del ministerio de la casa de Jehová. 14 Y dio oro en peso para las
cosas de oro, para todos los utensilios de cada servicio, y plata en peso para
todas las cosas de plata, para todos los utensilios de cada servicio. 15 Oro
en peso para los candeleros de oro, y para sus lámparas; en peso el oro para
cada candelero y sus lámparas; y para los candeleros de plata, plata en peso
para cada candelero y sus lámparas, conforme al servicio de cada candelero. 16
Asimismo dio oro en peso para las mesas de la proposición, para cada mesa; del
mismo modo plata para las mesas de plata. 17 También oro puro para los
garfios, para los lebrillos, para las copas y para las tazas de oro; para cada
taza por peso; y para las tazas de plata, por peso para cada taza. 18 Además,
oro puro en peso para el altar del incienso, y para el carro de los querubines
de oro, que con las alas extendidas cubrían el arca del pacto de Jehová. 19
Todas estas cosas, dijo David, me fueron trazadas por la mano de Jehová, que
me hizo entender todas las obras del diseño.
20 Dijo además David a Salomón su hijo: Anímate y
esfuérzate, y manos a la obra; no temas, ni desmayes, porque Jehová Dios, mi
Dios, estará contigo; él no te dejará ni te desamparará, hasta que acabes toda
la obra para el servicio de la casa de Jehová. 21 He aquí los grupos de los
sacerdotes y de los levitas, para todo el ministerio de la casa de Dios,
estarán contigo en toda la obra; asimismo todos los voluntarios e inteligentes
para toda forma de servicio, y los príncipes, y todo el pueblo para ejecutar
todas tus órdenes.
1 CRÓNICAS 29
1 Después dijo el rey David a toda la asamblea: Solamente
a Salomón mi hijo ha elegido Dios; él es joven y tierno de edad, y la obra
grande; porque la casa no es para hombre, sino para Jehová Dios. 2 Yo con
todas mis fuerzas he preparado para la casa de mi Dios, oro para las cosas de
oro, plata para las cosas de plata, bronce para las de bronce, hierro para las
de hierro, y madera para las de madera; y piedras de ónice, piedras preciosas,
piedras negras, piedras de diversos colores, y toda clase de piedras
preciosas, y piedras de mármol en abundancia. 3 Además de esto, por cuanto
tengo mi afecto en la casa de mi Dios, yo guardo en mi tesoro particular oro y
plata que, además de todas las cosas que he preparado para la casa del
santuario, he dado para la casa de mi Dios: 4 tres mil talentos de oro, de oro
de Ofir, y siete mil talentos de plata refinada para cubrir las paredes de las
casas; 5 oro, pues, para las cosas de oro, y plata para las cosas de plata, y
para toda la obra de las manos de los artífices. ¿Y quién quiere hacer hoy
ofrenda voluntaria a Jehová?
6 Entonces los jefes de familia, y los príncipes de las
tribus de Israel, jefes de millares y de centenas, con los administradores de
la hacienda del rey, ofrecieron voluntariamente. 7 Y dieron para el servicio
de la casa de Dios cinco mil talentos y diez mil dracmas de oro, diez mil
talentos de plata, dieciocho mil talentos de bronce, y cinco mil talentos de
hierro. 8 Y todo el que tenía piedras preciosas las dio para el tesoro de la
casa de Jehová, en mano de Jehiel gersonita. 9 Y se alegró el pueblo por haber
contribuido voluntariamente; porque de todo corazón ofrecieron a Jehová
voluntariamente.
10 Asimismo se alegró mucho el rey David, y bendijo a
Jehová delante de toda la congregación; y dijo David: Bendito seas tú, oh
Jehová, Dios de Israel nuestro padre, desde el siglo y hasta el siglo. 11 Tuya
es, oh Jehová, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor;
porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo,
oh Jehová, es el reino, y tú eres excelso sobre todos. 12 Las riquezas y la
gloria proceden de ti, y tú dominas sobre todo; en tu mano está la fuerza y el
poder, y en tu mano el hacer grande y el dar poder a todos. 13 Ahora pues,
Dios nuestro, nosotros alabamos y loamos tu glorioso nombre.
14 Porque ¿quién soy yo, y quién es mi pueblo, para que
pudiésemos ofrecer voluntariamente cosas semejantes? Pues todo es tuyo, y de
lo recibido de tu mano te damos. 15 Porque nosotros, extranjeros y advenedizos
somos delante de ti, como todos nuestros padres; y nuestros días sobre la
tierra, cual sombra que no dura. 16 Oh Jehová Dios nuestro, toda esta
abundancia que hemos preparado para edificar casa a tu santo nombre, de tu
mano es, y todo es tuyo. 17 Yo sé, Dios mío, que tú escudriñas los corazones,
y que la rectitud te agrada; por eso yo con rectitud de mi corazón
voluntariamente te he ofrecido todo esto, y ahora he visto con alegría que tu
pueblo, reunido aquí ahora, ha dado para ti espontáneamente. 18 Jehová, Dios
de Abraham, de Isaac y de Israel nuestros padres, conserva perpetuamente esta
voluntad del corazón de tu pueblo, y encamina su corazón a ti. 19 Asimismo da
a mi hijo Salomón corazón perfecto, para que guarde tus mandamientos, tus
testimonios y tus estatutos, y para que haga todas las cosas, y te edifique la
casa para la cual yo he hecho preparativos.
20 Después dijo David a toda la congregación: Bendecid
ahora a Jehová vuestro Dios. Entonces toda la congregación bendijo a Jehová
Dios de sus padres, e inclinándose adoraron delante de Jehová y del rey. 21 Y
sacrificaron víctimas a Jehová, y ofrecieron a Jehová holocaustos al día
siguiente; mil becerros, mil carneros, mil corderos con sus libaciones, y
muchos sacrificios de parte de todo Israel. 22 Y comieron y bebieron delante
de Jehová aquel día con gran gozo; y dieron por segunda vez la investidura del
reino a Salomón hijo de David, y ante Jehová le ungieron por príncipe, y a
Sadoc por sacerdote.
23 Y se sentó Salomón por rey en el trono de Jehová en
lugar de David su padre, y fue prosperado; y le obedeció todo Israel. 24 Y
todos los príncipes y poderosos, y todos los hijos del rey David, prestaron
homenaje al rey Salomón. 25 Y Jehová engrandeció en extremo a Salomón a ojos
de todo Israel, y le dio tal gloria en su reino, cual ningún rey la tuvo antes
de él en Israel.
Muerte de David
(1 R. 2.10-12)
26 Así reinó David hijo de Isaí sobre todo Israel. 27 El
tiempo que reinó sobre Israel fue cuarenta años. Siete años reinó en Hebrón, y
treinta y tres reinó en Jerusalén. 28 Y murió en buena vejez, lleno de días,
de riquezas y de gloria; y reinó en su lugar Salomón su hijo. 29 Y los hechos
del rey David, primeros y postreros, están escritos en el libro de las
crónicas de Samuel vidente, en las crónicas del profeta Natán, y en las
crónicas de Gad vidente, 30 con todo lo relativo a su reinado, y su poder, y
los tiempos que pasaron sobre él, y sobre Israel y sobre todos los reinos de
aquellas tierras.
Segundo libro de Crónicas
Salomón pide sabiduría
2 Crónicas 1
(1 R. 3.3-15)
1 Salomón hijo de David fue afirmado en su reino, y
Jehová su Dios estaba con él, y lo engrandeció sobremanera.
2 Y convocó Salomón a todo Israel, a jefes de millares y
de centenas, a jueces, y a todos los príncipes de todo Israel, jefes de
familias.
3 Y fue Salomón, y con él toda esta asamblea, al lugar
alto que había en Gabaón; porque allí estaba el tabernáculo de reunión de
Dios, que Moisés siervo de Jehová había hecho en el desierto.
4 Pero David había traído el arca de Dios de Quiriat-jearim
al lugar que él le había preparado; porque él le había levantado una tienda en
Jerusalén.
5 Asimismo el altar de bronce que había hecho Bezaleel
hijo de Uri, hijo de Hur, estaba allí delante del tabernáculo de Jehová, al
cual fue a consultar Salomón con aquella asamblea.
6 Subió, pues, Salomón allá delante de Jehová, al altar
de bronce que estaba en el tabernáculo de reunión, y ofreció sobre él mil
holocaustos.
7 Y aquella noche apareció Dios a Salomón y le dijo:
Pídeme lo que quieras que yo te dé.
8 Y Salomón dijo a Dios: Tú has tenido con David mi padre
gran misericordia, y a mí me has puesto por rey en lugar suyo.
9 Confírmese pues, ahora, oh Jehová Dios, tu palabra dada
a David mi padre; porque tú me has puesto por rey sobre un pueblo numeroso
como el polvo de la tierra.
10 Dame ahora sabiduría y ciencia, para presentarme
delante de este pueblo; porque ¿quién podrá gobernar a este tu pueblo tan
grande?
11 Y dijo Dios a Salomón: Por cuanto hubo eso en tu
corazón, y no pediste riquezas, bienes o gloria, ni la vida de los que te
quieren mal, ni pediste muchos días, sino que has pedido para ti sabiduría y
ciencia para gobernar a mi pueblo, sobre el cual te he puesto por rey,
12 sabiduría y ciencia te son dadas; y también te daré
riquezas, bienes y gloria, como nunca tuvieron los reyes que han sido antes de
ti, ni tendrán los que vengan después de ti.
13 Y desde el lugar alto que estaba en Gabaón, delante
del tabernáculo de reunión, volvió Salomón a Jerusalén, y reinó sobre Israel.
Salomón comercia en caballos y en carros
(1 R. 10.26-29; 2 Cr. 9:25-28)
14 Y juntó Salomón carros y gente de a caballo; y tuvo
mil cuatrocientos carros y doce mil jinetes, los cuales puso en las ciudades
de los carros y con el rey en Jerusalén.
15 Y acumuló el rey plata y oro en Jerusalén como
piedras, y cedro como cabrahigos de la Sefela en abundancia.
16 Y los mercaderes del rey compraban por contrato
caballos y lienzos finos de Egipto para Salomón.
17 Y subían y compraban en Egipto un carro por
seiscientas piezas de plata, y un caballo por ciento cincuenta; y así
compraban por medio de ellos para todos los reyes de los heteos, y para los
reyes de Siria.
Pacto de Salomón con Hiram
2 Crónicas 2
(1 R. 5.1-18; 7.13-14)
1 Determinó, pues, Salomón edificar casa al nombre de
Jehová, y casa para su reino.
2 Y designó Salomón setenta mil hombres que llevasen
cargas, y ochenta mil hombres que cortasen en los montes, y tres mil
seiscientos que los vigilasen.
3 Y envió a decir Salomón a Hiram rey de Tiro: Haz
conmigo como hiciste con David mi padre, enviándole cedros para que edificara
para sí casa en que morase.
4 He aquí, yo tengo que edificar casa al nombre de Jehová
mi Dios, para consagrársela, para quemar incienso aromático delante de él, y
para la colocación continua de los panes de la proposición, y para holocaustos
a mañana y tarde, en los días de reposo, nuevas lunas, y festividades de
Jehová nuestro Dios; lo cual ha de ser perpetuo en Israel.
5 Y la casa que tengo que edificar, ha de ser grande;
porque el Dios nuestro es grande sobre todos los dioses.
6 Mas, ¿quién será capaz de edificarle casa, siendo que
los cielos y los cielos de los cielos no pueden contenerlo? ¿Quién, pues, soy
yo para que le edifique casa, sino tan sólo para quemar incienso delante de
él?
7 Envíame, pues, ahora un hombre hábil que sepa trabajar
en oro, en plata, en bronce, en hierro, en púrpura, en grana y en azul, y que
sepa esculpir con los maestros que están conmigo en Judá y en Jerusalén, los
cuales dispuso mi padre.
8 Envíame también madera del Líbano: cedro, ciprés y
sándalo; porque yo sé que tus siervos saben cortar madera en el Líbano; y he
aquí, mis siervos irán con los tuyos,
9 para que me preparen mucha madera, porque la casa que
tengo que edificar ha de ser grande y portentosa.
10 Y he aquí, para los trabajadores tus siervos,
cortadores de madera, he dado veinte mil coros de trigo en grano, veinte mil
coros de cebada, veinte mil batos de vino, y veinte mil batos de aceite.
11 Entonces Hiram rey de Tiro respondió por escrito que
envió a Salomón: Porque Jehová amó a su pueblo, te ha puesto por rey sobre
ellos.
12 Además decía Hiram: Bendito sea Jehová el Dios de
Israel, que hizo los cielos y la tierra, y que dio al rey David un hijo sabio,
entendido, cuerdo y prudente, que edifique casa a Jehová, y casa para su
reino.
13 Yo, pues, te he enviado un hombre hábil y entendido,
Hiram-abi,
14 hijo de una mujer de las hijas de Dan, mas su padre
fue de Tiro; el cual sabe trabajar en oro, plata, bronce y hierro, en piedra y
en madera, en Púrpura y en azul, en lino y en carmesí; asimismo sabe esculpir
toda clase de figuras, y sacar toda forma de diseño que se le pida, con tus
hombres peritos, y con los de mi señor David tu padre.
15 Ahora, pues, envíe mi señor a sus siervos el trigo y
cebada, y aceite y vino, que ha dicho;
16 y nosotros cortaremos en el Líbano la madera que
necesites, y te la traeremos en balsas por el mar hasta Jope, y tú la harás
llevar hasta Jerusalén.
17 Y contó Salomón todos los hombres extranjeros que
había en la tierra de Israel, después de haberlos ya contado David su padre, y
fueron hallados ciento cincuenta y tres mil seiscientos.
18 Y señaló de ellos setenta mil para llevar cargas, y
ochenta mil canteros en la montaña, y tres mil seiscientos por capataces para
hacer trabajar al pueblo.
Salomón edifica el templo
2 Crónicas 3
(1 R. 6.1-38)
1 Comenzó Salomón a edificar la casa de Jehová en
Jerusalén, en el monte Moriah, que había sido mostrado a David su padre, en el
lugar que David había preparado en la era de Ornán jebuseo.
2 Y comenzó a edificar en el mes segundo, a los dos días
del mes, en el cuarto año de su reinado.
3 Estas son las medidas que dio Salomón a los cimientos
de la casa de Dios. La primera, la longitud, de sesenta codos, y la anchura de
veinte codos.
4 El pórtico que estaba al frente del edificio era de
veinte codos de largo, igual al ancho de la casa, y su altura de ciento veinte
codos; y lo cubrió por dentro de oro puro.
5 Y techó el cuerpo mayor del edificio con madera de
ciprés, la cual cubrió de oro fino, e hizo realzar en ella palmeras y cadenas.
6 Cubrió también la casa de piedras preciosas para
ornamento; y el oro era oro de Parvaim.
7 Así que cubrió la casa, sus vigas, sus umbrales, sus
paredes y sus puertas, con oro; y esculpió querubines en las paredes.
8 Hizo asimismo el lugar santísimo, cuya longitud era de
veinte codos según el ancho del frente de la casa, y su anchura de veinte
codos; y lo cubrió de oro fino que ascendía a seiscientos talentos.
9 Y el peso de los clavos era de uno hasta cincuenta
siclos de oro. Cubrió también de oro los aposentos.
10 Y dentro del lugar santísimo hizo dos querubines de
madera, los cuales fueron cubiertos de oro.
11 La longitud de las alas de los querubines era de
veinte codos; porque una ala era de cinco codos, la cual llegaba hasta la
pared de la casa, y la otra de cinco codos, la cual tocaba el ala del otro
querubín.
12 De la misma manera una ala del otro querubín era de
cinco codos, la cual llegaba hasta la pared de la casa, y la otra era de cinco
codos, que tocaba el ala del otro querubín.
13 Estos querubines tenían las alas extendidas por veinte
codos, y estaban en pie con los rostros hacia la casa.
14 Hizo también el velo de azul, púrpura, carmesí y lino,
e hizo realzar querubines en él.
Las dos columnas
(1 R. 7.15-22)
15 Delante de la casa hizo dos columnas de treinta y
cinco codos de altura cada una, con sus capiteles encima, de cinco codos.
16 Hizo asimismo cadenas en el santuario, y las puso
sobre los capiteles de las columnas; e hizo cien granadas, las cuales puso en
las cadenas.
17 Y colocó las columnas delante del templo, una a la
mano derecha, y otra a la izquierda; y a la de la mano derecha llamó Jaquín, y
a la de la izquierda, Boaz.
Mobiliario del templo
2 Crónicas 4
(1 R. 7.23-51)
1 Hizo además un altar de bronce de veinte codos de
longitud, veinte codos de anchura, y diez codos de altura.
2 También hizo un mar de fundición, el cual tenía diez
codos de un borde al otro, enteramente redondo; su altura era de cinco codos,
y un cordón de treinta codos de largo lo ceñía alrededor.
3 Y debajo del mar había figuras de calabazas que lo
circundaban, diez en cada codo alrededor; eran dos hileras de calabazas
fundidas juntamente con el mar.
4 Estaba asentado sobre doce bueyes, tres de los cuales
miraban al norte, tres al occidente, tres al sur, y tres al oriente; y el mar
descansaba sobre ellos, y las ancas de ellos estaban hacia adentro.
5 Y tenía de grueso un palmo menor, y el borde tenía la
forma del borde de un cáliz, o de una flor de lis. Y le cabían tres mil batos.
6 Hizo también diez fuentes, y puso cinco a la derecha y
cinco a la izquierda, para lavar y limpiar en ellas lo que se ofrecía en
holocausto; pero el mar era para que los sacerdotes se lavaran en él.
7 Hizo asimismo diez candeleros de oro según su forma,
los cuales puso en el templo, cinco a la derecha y cinco a la izquierda.
8 Además hizo diez mesas y las puso en el templo, cinco a
la derecha y cinco a la izquierda; igualmente hizo cien tazones de oro.
9 También hizo el atrio de los sacerdotes, y el gran
atrio, y las portadas del atrio, y cubrió de bronce las puertas de ellas.
10 Y colocó el mar al lado derecho, hacia el sureste de
la casa.
11 Hiram también hizo calderos, y palas, y tazones; y
acabó Hiram la obra que hacía al rey Salomón para la casa de Dios.
12 Dos columnas, y los cordones, los capiteles sobre las
cabezas de las dos columnas, y dos redes para cubrir las dos esferas de los
capiteles que estaban encima de las columnas;
13 cuatrocientas granadas en las dos redes, dos hileras
de granadas en cada red, para que cubriesen las dos esferas de los capiteles
que estaban encima de las columnas.
14 Hizo también las basas, sobre las cuales colocó las
fuentes;
15 un mar, y los doce bueyes debajo de él;
16 y calderos, palas y garfios; de bronce muy fino hizo
todos sus enseres Hiram-abi al rey Salomón para la casa de Jehová.
17 Los fundió el rey en los llanos del Jordán, en tierra
arcillosa, entre Sucot y Seredata.
18 Y Salomón hizo todos estos enseres en número tan
grande, que no pudo saberse el peso del bronce.
19 Así hizo Salomón todos los utensilios para la casa de
Dios, y el altar de oro, y las mesas sobre las cuales se ponían los panes de
la proposición;
20 asimismo los candeleros y sus lámparas, de oro puro,
para que las encendiesen delante del lugar santísimo conforme a la ordenanza.
21 Las flores, lamparillas y tenazas se hicieron de oro,
de oro finísimo;
22 también las despabiladeras, los lebrillos, las
cucharas y los incensarios eran de oro puro. Y de oro también la entrada de la
casa, sus puertas interiores para el lugar santísimo, y las puertas de la casa
del templo.
2 Crónicas 5
1 Acabada toda la obra que hizo Salomón para la casa de
Jehová, metió Salomón las cosas que David su padre había dedicado; y puso la
plata, y el oro, y todos los utensilios, en los tesoros de la casa de Dios.
Salomón traslada el arca del templo
(1 R. 8.1-11)
2 Entonces Salomón reunió en Jerusalén a los ancianos de
Israel y a todos los príncipes de las tribus, los jefes de las familias de los
hijos de Israel, para que trajesen el arca del pacto de Jehová de la ciudad de
David, que es Sion.
3 Y se congregaron con el rey todos los varones de
Israel, para la fiesta solemne del mes séptimo.
4 Vinieron, pues, todos los ancianos de Israel, y los
levitas tomaron el arca;
5 y llevaron el arca, y el tabernáculo de reunión, y
todos los utensilios del santuario que estaban en el tabernáculo; los
sacerdotes y los levitas los llevaron.
6 Y el rey Salomón, y toda la congregación de Israel que
se había reunido con él delante del arca, sacrificaron ovejas y bueyes, que
por ser tantos no se pudieron contar ni numerar.
7 Y los sacerdotes metieron el arca del pacto de Jehová
en su lugar, en el santuario de la casa, en el lugar santísimo, bajo las alas
de los querubines;
8 pues los querubines extendían las alas sobre el lugar
del arca, y los querubines cubrían por encima así el arca como sus barras.
9 E hicieron salir las barras, de modo que se viesen las
cabezas de las barras del arca delante el lugar santísimo, mas no se veían
desde fuera; y allí están hasta hoy.
10 En el arca no había más que las dos tablas que Moisés
había puesto en Horeb, con las cuales Jehová había hecho pacto con los hijos
de Israel, cuando salieron de Egipto.
11 Y cuando los sacerdotes salieron del santuario (porque
todos los sacerdotes que se hallaron habían sido santificados, y no guardaban
sus turnos;
12 y los levitas cantores, todos los de Asaf, los de
Hemán y los de Jedutún, juntamente con sus hijos y sus hermanos, vestidos de
lino fino, estaban con címbalos y salterios y arpas al oriente del altar; y
con ellos ciento veinte sacerdotes que tocaban trompetas),
13 cuando sonaban, pues, las trompetas, y cantaban todos
a una, para alabar y dar gracias a Jehová, y a medida que alzaban la voz con
trompetas y címbalos y otros instrumentos de música, y alababan a Jehová,
diciendo: Porque él es bueno, porque su misericordia es para siempre; entonces
la casa se llenó de una nube, la casa de Jehová.
14 Y no podían los sacerdotes estar allí para ministrar,
por causa de la nube; porque la gloria de Jehová había llenado la casa de
Dios.
Dedicación del templo
2 Crónicas 6
(1 R. 8.12-66)
1 Entonces dijo Salomón: Jehová ha dicho que él habitaría
en la oscuridad.
2 Yo, pues, he edificado una casa de morada para ti, y
una habitación en que mores para siempre.
3 Y volviendo el rey su rostro, bendijo a toda la
congregación de Israel; y toda la congregación de Israel estaba en pie.
4 Y él dijo: Bendito sea Jehová Dios de Israel, quien con
su mano ha cumplido lo que prometió con su boca a David mi padre, diciendo:
5 Desde el día que saqué a mi pueblo de la tierra de
Egipto, ninguna ciudad he elegido de todas las tribus de Israel para edificar
casa donde estuviese mi nombre, ni he escogido varón que fuese príncipe sobre
mi pueblo Israel.
6 Más a Jerusalén he elegido para que en ella esté mi
nombre, y a David he elegido para que esté sobre mi pueblo Israel.
7 Y David mi padre tuvo en su corazón edificar casa al
nombre de Jehová Dios de Israel.
8 Mas Jehová dijo a David mi padre: Respecto a haber
tenido en tu corazón deseo de edificar casa a mi nombre, bien has hecho en
haber tenido esto en tu corazón.
9 Pero tú no edificarás la casa, sino tu hijo que saldrá
de tus lomos, él edificará casa a mi nombre.
10 Y Jehová ha cumplido su palabra que había dicho, pues
me levanté yo en lugar de David mi padre, y me he sentado en el trono de
Israel, como Jehová había dicho, y he edificado casa al nombre de Jehová Dios
de Israel.
11 Y en ella he puesto el arca, en la cual está el pacto
de Jehová que celebró con los hijos de Israel.
12 Se puso luego Salomón delante del altar de Jehová, en
presencia de toda la congregación de Israel, y extendió sus manos.
13 Porque Salomón había hecho un estrado de bronce de
cinco codos de largo, de cinco codos de ancho y de altura de tres codos, y lo
había puesto en medio del atrio; y se puso sobre él, se arrodilló delante de
toda la congregación de Israel, y extendió sus manos al cielo, y dijo:
14 Jehová Dios de Israel, no hay Dios semejante a ti en
el cielo ni en la tierra, que guardas el pacto y la misericordia con tus
siervos que caminan delante de ti de todo su corazón;
15 que has guardado a tu siervo David mi padre lo que le
prometiste; tú lo dijiste con tu boca, y con tu mano lo has cumplido, como se
ve en este día.
16 Ahora, pues, Jehová Dios de Israel, cumple a tu siervo
David mi padre lo que le has prometido, diciendo: No faltará de ti varón
delante de mí, que se siente en el trono de Israel, con tal que tus hijos
guarden su camino, andando en mi ley, como tú has andado delante de mí.
17 Ahora, pues, oh Jehová Dios de Israel, cúmplase tu
palabra que dijiste a tu siervo David.
18 Mas ¿es verdad que Dios habitará con el hombre en la
tierra? He aquí, los cielos y los cielos de los cielos no te pueden contener;
¿cuánto menos esta casa que he edificado?
19 Mas tú mirarás a la oración de tu siervo, y a su
ruego, oh Jehová Dios mío, para oír el clamor y la oración con que tu siervo
ora delante de ti.
20 Que tus ojos estén abiertos sobre esta casa de día y
de noche, sobre el lugar del cual dijiste: Mi nombre estará allí; que oigas la
oración con que tu siervo ora en este lugar.
21 Asimismo que oigas el ruego de tu siervo, y de tu
pueblo Israel, cuando en este lugar hicieren oración, que tú oirás desde los
cielos, desde el lugar de tu morada; que oigas y perdones.
22 Si alguno pecare contra su prójimo, y se le exigiere
juramento, y viniere a jurar ante tu altar en esta casa,
23 tu oirás desde los cielos, y actuarás, y juzgarás a
tus siervos, dando la paga al impío, haciendo recaer su proceder sobre su
cabeza, y justificando al justo al darle conforme a su justicia.
24 Si tu pueblo Israel fuere derrotado delante del
enemigo por haber prevaricado contra ti, y se convirtiere, y confesare tu
nombre, y rogare delante ti en esta casa,
25 tú oirás desde los cielos, y perdonarás el pecado de
tu pueblo Israel, y les harás volver a la tierra que diste a ellos y a sus
padres.
26 Si los cielos se cerraren y no hubiere lluvias, por
haber pecado contra ti, si oraren a ti hacia este lugar, y confesaren tu
nombre, y se convirtieren de sus pecados, cuando los afligieres,
27 tú los oirás en los cielos, y perdonarás el pecado de
tus siervos y de tu pueblo Israel, y les enseñarás el buen camino para que
anden en él, y darás lluvia sobre tu tierra, que diste por heredad a tu
pueblo.
28 Si hubiere hambre en la tierra, o si hubiere
pestilencia, si hubiere tizoncillo o añublo, langosta o pulgón; o si los
sitiaren sus enemigos en la tierra en donde moren; cualquiera plaga o
enfermedad que sea;
29 toda oración y todo ruego que hiciere cualquier
hombre, o todo tu pueblo Israel, cualquiera que conociere su llaga y su dolor
en su corazón, si extendiere sus manos hacia esta casa,
30 tú oirás desde los cielos, desde el lugar de tu
morada, y perdonarás, y darás a cada uno conforme a sus caminos, habiendo
conocido su corazón; porque sólo tú conoces el corazón de los hijos de los
hombres;
31 para que te teman y anden en tus caminos, todos los
días que vivieren sobre la faz de la tierra que tú diste a nuestros padres.
32 Y también al extranjero que no fuere de tu pueblo
Israel, que hubiere venido de lejanas tierras a causa de tu gran nombre y de
tu mano poderosa, y de tu brazo extendido, si viniere y orare hacia esta casa,
33 tú oirás desde los cielos, desde el lugar de tu
morada, y harás conforme a todas las cosas por las cuales hubiere clamado a ti
el extranjero; para que todos los pueblos de la tierra conozcan tu nombre, y
te teman así como tu pueblo Israel, y sepan que tu nombre es invocado sobre
esta casa que yo he edificado.
34 Si tu pueblo saliere a la guerra contra sus enemigos
por el camino que tú les enviares, y oraren a ti hacia esta ciudad que tú
elegiste, hacia la casa que he edificado a tu nombre,
35 tú oirás desde los cielos su oración y su ruego, y
ampararás su causa.
36 Si pecaren contra ti (pues no hay hombre que no
peque), y te enojares contra ellos, y los entregares delante de sus enemigos,
para que los que los tomaren los lleven cautivos a tierra de enemigos, lejos o
cerca,
37 y ellos volvieren en sí en la tierra donde fueren
llevados cautivos; si se convirtieren, y oraren a ti en la tierra de su
cautividad, y dijeren: Pecamos, hemos hecho inicuamente, impíamente hemos
hecho;
38 si se convirtieren a ti de todo su corazón y de toda
su alma en la tierra de su cautividad, donde los hubieren llevado cautivos, y
oraren hacia la tierra que tú diste a sus padres, hacia la ciudad que tú
elegiste, y hacia la casa que he edificado a tu nombre;
39 tú oirás desde los cielos, desde el lugar de tu
morada, su oración y su ruego, y ampararás su causa, y perdonarás a tu pueblo
que pecó contra ti.
40 Ahora, pues, oh Dios mío, te ruego que estén abiertos
tus ojos y atentos tus oídos a la oración en este lugar.
41 Oh Jehová Dios, levántate ahora para habitar en tu
reposo, tú y el arca de tu poder; oh Jehová Dios, sean vestidos de salvación
tus sacerdotes, y tus santos se regocijen en tu bondad.
42 Jehová Dios, no rechaces a tu ungido; acuérdate de tus
misericordias para con David tu siervo.
2 Crónicas 7
1 Cuando Salomón acabó de orar, descendió fuego de los
cielos, y consumió el holocausto y las víctimas; y la gloria de Jehová llenó
la casa.
2 Y no podían entrar los sacerdotes en la casa de Jehová,
porque la gloria de Jehová había llenado la casa de Jehová.
3 Cuando vieron todos los hijos de Israel descender el
fuego y la gloria de Jehová sobre la casa, se postraron sobre sus rostros en
el pavimento y adoraron, y alabaron a Jehová, diciendo: Porque él es bueno, y
su misericordia es para siempre.
4 Entonces el rey y todo el pueblo sacrificaron víctimas
delante de Jehová.
5 Y ofreció el rey Salomón en sacrificio veintidós mil
bueyes, y ciento veinte mil ovejas; y así dedicaron la casa de Dios el rey y
todo el pueblo.
6 Y los sacerdotes desempeñaban su ministerio; también
los levitas, con los instrumentos de música de Jehová, los cuales había hecho
el rey David para alabar a Jehová porque su misericordia es para siempre,
cuando David alababa por medio de ellos. Asimismo los sacerdotes tocaban
trompetas delante de ellos, y todo Israel estaba en pie.
7 También Salomón consagró la parte central del atrio que
estaba delante de la casa de Jehová, por cuanto había ofrecido allí los
holocaustos, y la grosura de las ofrendas de paz; porque en el altar de bronce
que Salomón había hecho no podían caber los holocaustos, las ofrendas y las
grosuras.
8 Entonces hizo Salomón fiesta siete días, y con él todo
Israel, una gran congregación, desde la entrada de Hamat hasta el arroyo de
Egipto.
9 Al octavo día hicieron solemne asamblea, porque habían
hecho la dedicación del altar en siete días, y habían celebrado la fiesta
solemne por siete días.
10 Y a los veintitrés días del mes séptimo envió al
pueblo a sus hogares, alegres y gozosos de corazón por los beneficios que
Jehová había hecho a David y a Salomón, y a su pueblo Israel.
Pacto de Dios con Salomón
(1 R. 9.1-9)
11 Terminó, pues, Salomón la casa de Jehová, y la casa
del rey; y todo lo que Salomón se propuso hacer en la casa de Jehová, y en su
propia casa, fue prosperado.
12 Y apareció Jehová a Salomón de noche, y le dijo: Yo he
oído tu oración, y he elegido para mí este lugar por casa de sacrificio.
13 Si yo cerrare los cielos para que no haya lluvia, y si
mandare a la langosta que consuma la tierra, o si enviare pestilencia a mi
pueblo;
14 si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es
invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos
caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré
su tierra.
15 Ahora estarán abiertos mis ojos y atentos mis oídos a
la oración en este lugar;
16 porque ahora he elegido y santificado esta casa, para
que esté en ella mi nombre para siempre; y mis ojos y mi corazón estarán ahí
para siempre.
17 Y si tú anduvieres delante de mí como anduvo David tu
padre, e hicieres todas las cosas que yo te he mandado, y guardares mis
estatutos y mis decretos,
18 yo confirmaré el trono de tu reino, como pacté con
David tu padre, diciendo: No te faltará varón que gobierne en Israel.
19 Mas si vosotros os volviereis, y dejareis mis
estatutos y mandamientos que he puesto delante de vosotros, y fuereis y
sirviereis a dioses ajenos, y los adorareis,
20 yo os arrancaré de mi tierra que os he dado; y esta
casa que he santificado a mi nombre, yo la arrojaré de mi presencia, y la
pondré por burla y escarnio de todos los pueblos.
21 Y esta casa que es tan excelsa, será espanto a todo el
que pasare, y dirá: ¿Por qué ha hecho así Jehová a esta tierra y a esta casa?
22 Y se responderá: Por cuanto dejaron a Jehová Dios de
sus padres, que los sacó de la tierra de Egipto, y han abrazado a dioses
ajenos, y los adoraron y sirvieron; por eso él ha traído todo este mal sobre
ellos.
Otras actividades de Salomón
2 Crónicas 8
(1 R. 9.10-28)
1 Después de veinte años, durante los cuales Salomón
había edificado la casa de Jehová y su propia casa,
2 reedificó Salomón las ciudades que Hiram le había dado,
y estableció en ellas a los hijos de Israel.
3 Después vino Salomón a Hamat de Soba, y la tomó.
4 Y edificó a Tadmor en el desierto, y todas las ciudades
de aprovisionamiento que edificó en Hamat.
5 Asimismo reedificó a Bet-horón la de arriba y a Bet-horón
la de abajo, ciudades fortificadas, con muros, puertas y barras;
6 y a Baalat, y a todas las ciudades de provisiones que
Salomón tenía; también todas las ciudades de los carros y las de la gente de a
caballo, y todo lo que Salomón quiso edificar en Jerusalén, en el Líbano, y en
toda la tierra de su dominio.
7 Y a todo el pueblo que había quedado de los heteos,
amorreos, ferezeos, heveos y jebuseos, que no eran de Israel,
8 los hijos de los que habían quedado en la tierra
después de ellos, a los cuales los hijos de Israel no destruyeron del todo,
hizo Salomón tributarios hasta hoy.
9 Pero de los hijos de Israel no puso Salomón siervos en
su obra; porque eran hombres de guerra, y sus oficiales y sus capitanes, y
comandantes de sus carros, y su gente de a caballo.
10 Y tenía Salomón doscientos cincuenta gobernadores
principales, los cuales mandaban sobre aquella gente.
11 Y pasó Salomón a la hija de Faraón, de la ciudad de
David a la casa que él había edificado para ella; porque dijo: Mi mujer no
morará en la casa de David rey de Israel, porque aquellas habitaciones donde
ha entrado el arca de Jehová, son sagradas.
12 Entonces ofreció Salomón holocaustos a Jehová sobre el
altar de Jehová que él había edificado delante del pórtico,
13 para que ofreciesen cada cosa en su día, conforme al
mandamiento de Moisés, en los días de reposo, en las nuevas lunas, y en las
fiestas solemnes tres veces en el año, esto es, en la fiesta de los panes sin
levadura, en la fiesta de las semanas y en la fiesta de los tabernáculos.
14 Y constituyó los turnos de los sacerdotes en sus
oficios, conforme a lo ordenado por David su padre, y los levitas en sus
cargos, para que alabasen y ministrasen delante de los sacerdotes, cada cosa
en su día; asimismo los porteros por su orden a cada puerta; porque así lo
había mandado David, varón de Dios.
15 Y no se apartaron del mandamiento del rey, en cuanto a
los sacerdotes y los levitas, y los tesoros, y todo negocio;
16 porque toda la obra de Salomón estaba preparada desde
el día en que se pusieron los cimientos de la casa de Jehová hasta que fue
terminada, hasta que la casa de Jehová fue acabada totalmente.
17 Entonces Salomón fue a Ezión-geber y a Elot, a la
costa del mar en la tierra de Edom.
18 Porque Hiram le había enviado naves por mano de sus
siervos, y marineros diestros en el mar, los cuales fueron con los siervos de
Salomón a Ofir, y tomaron de allá cuatrocientos cincuenta talentos de oro, y
los trajeron al rey Salomón.
La reina de Sabá visita a Salomón
2 Crónicas 9
(1 R. 10.1-13)
1 Oyendo la reina de Sabá la fama de Salomón, vino a
Jerusalén con un séquito muy grande, con camellos cargados de especias
aromáticas, oro en abundancia, y piedras preciosas, para probar a Salomón con
preguntas difíciles. Y luego que vino a Salomón, habló con él de todo lo que
en su corazón tenía.
2 Pero Salomón le respondió a todas sus preguntas, y nada
hubo que Salomón no le contestase.
3 Y viendo la reina de Sabá la sabiduría de Salomón, y la
casa que había edificado,
4 y las viandas de su mesa, las habitaciones de sus
oficiales, el estado de sus criados y los vestidos de ellos, sus maestresalas
y sus vestidos, y la escalinata por donde subía a la casa de Jehová, se quedó
asombrada.
5 Y dijo al rey: Verdad es lo que había oído en mi tierra
acerca de tus cosas y de tu sabiduría;
6 pero yo no creía las palabras de ellos, hasta que he
venido, y mis ojos han visto; y he aquí que ni aun la mitad de la grandeza de
tu sabiduría me había sido dicha; porque tú superas la fama que yo había oído.
7 Bienaventurados tus hombres, y dichosos estos siervos
tuyos que están siempre delante de ti, y oyen tu sabiduría.
8 Bendito sea Jehová tu Dios, el cual se ha agradado de
ti para ponerte sobre su trono como rey para Jehová tu Dios; por cuanto tu
Dios amó a Israel para afirmarlo perpetuamente, por eso te ha puesto por rey
sobre ellos, para que hagas juicio y justicia.
9 Y dio al rey ciento veinte talentos de oro, y gran
cantidad de especias aromáticas, y piedras preciosas; nunca hubo tales
especias aromáticas como las que dio la reina de Sabá al rey Salomón.
10 También los siervos de Hiram y los siervos de Salomón,
que habían traído el oro de Ofir, trajeron madera de sándalo, y piedras
preciosas.
11 Y de la madera de sándalo el rey hizo gradas en la
casa de Jehová y en las casas reales, y arpas y salterios para los cantores;
nunca en la tierra de Judá se había visto madera semejante.
12 Y el rey Salomón dio a la reina de Sabá todo lo que
ella quiso y le pidió, más de lo que ella había traído al rey. Después ella se
volvió y se fue a su tierra con sus siervos.
Riquezas y fama de Salomón
(1 R. 10.14-29; 2 Cr. 1.14-17)
13 El peso del oro que venía a Salomón cada año, era
seiscientos sesenta y seis talentos de oro,
14 sin lo que traían los mercaderes y negociantes;
también todos los reyes de Arabia y los gobernadores de la tierra traían oro y
plata a Salomón.
15 Hizo también el rey Salomón doscientos paveses de oro
batido, cada uno de los cuales tenía seiscientos siclos de oro labrado;
16 asimismo trescientos escudos de oro batido, teniendo
cada escudo trescientos siclos de oro; y los puso el rey en la casa del bosque
del Líbano.
17 Hizo además el rey un gran trono de marfil, y lo
cubrió de oro puro.
18 El trono tenía seis gradas, y un estrado de oro fijado
al trono, y brazos a uno y otro lado del asiento, y dos leones que estaban
junto a los brazos.
19 Había también allí doce leones sobre las seis gradas,
a uno y otro lado. Jamás fue hecho trono semejante en reino alguno.
20 Toda la vajilla del rey Salomón era de oro, y toda la
vajilla de la casa del bosque del Líbano, de oro puro. En los días de Salomón
la plata no era apreciada.
21 Porque la flota del rey iba a Tarsis con los siervos
de Hiram, y cada tres años solían venir las naves de Tarsis, y traían oro,
plata, marfil, monos y pavos reales.
22 Y excedió el rey Salomón a todos los reyes de la
tierra en riqueza y en sabiduría.
23 Y todos los reyes de la tierra procuraban ver el
rostro de Salomón, para oír la sabiduría que Dios el había dado.
24 Cada uno de éstos traía su presente, alhajas de plata,
alhajas de oro, vestidos, armas, perfumes, caballos y mulos, todos los años.
25 Tuvo también Salomón cuatro mil caballerizas para sus
caballos y carros, y doce mil jinetes, los cuales puso en las ciudades de los
carros, y con el rey en Jerusalén.
26 Y tuvo dominio sobre todos los reyes desde el Eufrates
hasta la tierra de los filisteos, y hasta la frontera de Egipto.
27 Y acumuló el rey plata en Jerusalén como piedras, y
cedros como los cabrahigos de la Sefela en abundancia.
28 Traían también caballos para Salomón, de Egipto y de
todos los países.
Muerte de Salomón
(1 R. 11.41-43)
29 Los demás hechos de Salomón, primeros y postreros, ¿no
están todos escritos en los libros del profeta Natán, en la profecía de Ahías
silonita, y en la profecía del vidente Iddo contra Jeroboam hijo de Nabat?
30 Reinó Salomón en Jerusalén sobre todo Israel cuarenta
años.
31 Y durmió Salomón con sus padres, y lo sepultaron en la
ciudad de David su padre; y reinó en su lugar Roboam su hijo.
Rebelión de Israel
2 Crónicas 10
(1 R. 12.1-24)
1 Roboam fue a Siquem, porque en Siquem se había reunido
todo Israel para hacerlo rey.
2 Y cuando lo oyó Jeroboam hijo de Nabat, el cual estaba
en Egipto, adonde había huido a causa del rey Salomón, volvió de Egipto.
3 Y enviaron y le llamaron. Vino, pues, Jeroboam, y todo
Israel, y hablaron a Roboam, diciendo:
4 Tu padre agravó nuestro yugo; ahora alivia algo de la
dura servidumbre y del pesado yugo con que tu padre nos apremió, y te
serviremos.
5 Y él les dijo: Volved a mí de aquí a tres días. Y el
pueblo se fue.
6 Entonces el rey Roboam tomó consejo con los ancianos
que habían estado delante de Salomón su padre cuando vivía, y les dijo: ¿Cómo
aconsejáis vosotros que responda a este pueblo?
7 Y ellos le contestaron diciendo: Si te condujeres
humanamente con este pueblo, y les agradares, y les hablares buenas palabras,
ellos te servirán siempre.
8 Más él, dejando el consejo que le dieron los ancianos,
tomó consejo con los jóvenes que se habían criado con él, y que estaban a su
servicio.
9 Y les dijo: ¿Qué aconsejáis vosotros que respondamos a
este pueblo, que me ha hablado, diciendo: Alivia algo del yugo que tu padre
puso sobre nosotros?
10 Entonces los jóvenes que se habían criado con él, le
contestaron: Así dirás al pueblo que te ha hablado diciendo: Tu padre agravó
nuestro yugo, mas tú disminuye nuestra carga. Así les dirás: Mi dedo más
pequeño es más grueso que los lomos de mi padre.
11 Así que, si mi padre os cargó de yugo pesado, yo
añadiré a vuestro yugo; mi padre os castigó con azotes, y yo con escorpiones.
12 Vino, pues, Jeroboam con todo el pueblo a Roboam al
tercer día, según el rey les había hablado diciendo: Volved a mí de aquí a
tres días.
13 Y el rey les respondió ásperamente; pues dejó el rey
Roboam el consejo de los ancianos,
14 y les habló conforme al consejo de los jóvenes,
diciendo: Mi padre hizo pesado vuestro yugo, pero yo añadiré a vuestro yugo;
mi padre os castigó con azotes, mas yo con escorpiones.
15 Y no escuchó el rey al pueblo; porque la causa era de
Dios, para que Jehová cumpliera la palabra que había hablado por Ahías
silonita a Jeroboam hijo de Nabat.
16 Y viendo todo Israel que el rey no les había oído,
respondió el pueblo al rey, diciendo: ¿Qué parte tenemos nosotros con David?
No tenemos herencia en el hijo de Isaí. ¡Israel, cada uno a sus tiendas!
¡David, mira ahora por tu casa! Así se fue todo Israel a sus tiendas.
17 Mas reinó Roboam sobre los hijos de Israel que
habitaban en las ciudades de Judá.
18 Envió luego el rey Roboam a Adoram, que tenía cargo de
los tributos; pero le apedrearon los hijos de Israel, y murió. Entonces se
apresuró el rey Roboam, y subiendo en su carro huyó a Jerusalén.
19 Así se apartó Israel de la casa de David hasta hoy.
2 Crónicas 11
1 Cuando vino Roboam a Jerusalén, reunió de la casa de
Judá y de Benjamín a ciento ochenta mil hombres escogidos de guerra, para
pelear contra Israel y hacer volver el reino a Roboam.
2 Mas vino la palabra de Jehová a Semaías varón de Dios,
diciendo:
3 Habla a Roboam hijo de Salomón, rey de Judá, y a todos
los israelitas en Judá y Benjamín, diciéndoles:
4 Así ha dicho Jehová: No subáis, ni peleéis contra
vuestros hermanos; vuélvase cada uno a su casa, porque yo he hecho esto. Y
ellos oyeron la palabra de Jehová y se volvieron, y no fueron contra Jeroboam.
Prosperidad de Roboam
5 Y habitó Roboam en Jerusalén, y edificó ciudades para
fortificar a Judá.
6 Edificó Belén, Etam, Tecoa,
7 Bet-sur, Soco, Adulam,
8 Gat, Maresa, Zif,
9 Adoraim, Laquis, Azeca,
10 Zora, Ajalón y Hebrón, que eran ciudades fortificadas
de Judá y Benjamín.
11 Reforzó también las fortalezas, y puso en ellas
capitanes, y provisiones, vino y aceite;
12 y en todas las ciudades puso escudos y lanzas. Las
fortificó, pues, en gran manera; y Judá y Benjamín le estaban sujetos.
13 Y los sacerdotes y levitas que estaban en todo Israel,
se juntaron a él desde todos los lugares donde vivían.
14 Porque los levitas dejaban sus ejidos y sus
posesiones, y venían a Judá y a Jerusalén; pues Jeroboam y sus hijos los
excluyeron del ministerio de Jehová.
15 Y él designó sus propios sacerdotes para los lugares
altos, y para los demonios, y para los becerros que él había hecho.
16 Tras aquellos acudieron también de todas las tribus de
Israel los que habían puesto su corazón en buscar a Jehová Dios de Israel; y
vinieron a Jerusalén para ofrecer sacrificios a Jehová, el Dios de sus padres.
17 Así fortalecieron el reino de Judá, y confirmaron a
Roboam hijo de Salomón, por tres años; porque tres años anduvieron en el
camino de David y de Salomón.
18 Y tomó Roboam por mujer a Mahalat hija de Jerimot,
hijo de David, y de Abihail hija de Eliab, hijo de Isaí,
19 la cual le dio a luz estos hijos: Jeús, Semarías y
Zaham.
20 Después de ella tomó a Maaca hija de Absalón, la cual
le dio a luz Abías, Atai, Ziza y Selomit.
21 Pero Roboam amó a Maaca hija de Absalón sobre todas
sus mujeres y concubinas; porque tomó dieciocho mujeres y sesenta concubinas,
y engendró veintiocho hijos y sesenta hijas.
22 Y puso Roboam a Abías hijo de Maaca por jefe y
príncipe de sus hermanos, porque quería hacerle rey.
23 Obró sagazmente, y esparció a todos sus hijos por
todas las tierras de Judá y de Benjamín, y por todas las ciudades
fortificadas, y les dio provisiones en abundancia, y muchas mujeres.
Sisac invade Judá
2 Crónicas 12
(1 R. 14.21-31)
1 Cuando Roboam había consolidado el reino, dejó la ley
de Jehová, y todo Israel con él.
2 Y por cuanto se habían rebelado contra Jehová, en el
quinto año del rey Roboam subió Sisac rey de Egipto contra Jerusalén,
3 con mil doscientos carros, y con sesenta mil hombres de
a caballo; mas el pueblo que venía con él de Egipto, esto es, de libios,
suquienos y etíopes, no tenía número.
4 Y tomó las ciudades fortificadas de Judá, y llegó hasta
Jerusalén.
5 Entonces vino el profeta Semaías a Roboam y a los
príncipes de Judá, que estaban reunidos en Jerusalén por causa de Sisac, y les
dijo: Así ha dicho Jehová: Vosotros me habéis dejado, y yo también os he
dejado en manos de Sisac.
6 Y los príncipes de Israel y el rey se humillaron, y
dijeron: Justo es Jehová.
7 Y cuando Jehová vio que se habían humillado, vino
palabra de Jehová a Semaías, diciendo: Se han humillado; no los destruiré;
antes los salvaré en breve, y no se derramará mi ira contra Jerusalén por mano
de Sisac.
8 Pero serán sus siervos, para que sepan lo que es
servirme a mí, y qué es servir a los reinos de las naciones.
9 Subió, pues, Sisac rey de Egipto a Jerusalén, y tomó
los tesoros de la casa de Jehová, y los tesoros de la casa del rey; todo lo
llevó, y tomó los escudos de oro que Salomón había hecho.
10 Y en lugar de ellos hizo el rey Roboam escudos de
bronce, y los entregó a los jefes de la guardia, los cuales custodiaban la
entrada de la casa del rey.
11 Cuando el rey iba a la casa de Jehová, venían los de
la guardia y los llevaban, y después los volvían a la cámara de la guardia.
12 Y cuando él se humilló, la ira de Jehová se apartó de
él, para no destruirlo del todo; y también en Judá las cosas fueron bien.
13 Fortalecido, pues, Roboam, reinó en Jerusalén; y era
Roboam de cuarenta y un años cuando comenzó a reinar, y diecisiete años reinó
en Jerusalén, ciudad que escogió Jehová de todas las tribus de Israel para
poner en ella su nombre. Y el nombre de la madre de Roboam fue Naama amonita.
14 E hizo lo malo, porque no dispuso su corazón para
buscar a Jehová.
15 Las cosas de Roboam, primeras y postreras, ¿no están
escritas en los libros del profeta Semaías y del vidente Iddo, en el registro
de las familias? Y entre Roboam y Jeroboam hubo guerra constante.
16 Y durmió Roboam con sus padres, y fue sepultado en la
ciudad de David; y reinó en su lugar Abías su hijo.
Reinado de Abías
2 Crónicas 13
(1 R. 15.1-8)
1 A los dieciocho años del rey Jeroboam, reinó Abías
sobre Judá,
2 y reinó tres años en Jerusalén. El nombre de su madre
fue Micaías hija de Uriel de Gabaa. Y hubo guerra entre Abías y Jeroboam.
3 Entonces Abías ordenó batalla con un ejército de
cuatrocientos mil hombres de guerra, valerosos y escogidos; y Jeroboam ordenó
batalla contra él con ochocientos mil hombres escogidos, fuertes y valerosos.
4 Y se levantó Abías sobre el monte Zemaraim, que está en
los montes de Efraín, y dijo: Oídme, Jeroboam y todo Israel.
5 ¿No sabéis vosotros que Jehová Dios de Israel dio el
reino a David sobre Israel para siempre, a él y a sus hijos, bajo pacto de
sal?
6 Pero Jeroboam hijo de Nabat, siervo de Salomón hijo de
David, se levantó y rebeló contra su señor.
7 Y se juntaron con él hombres vanos y perversos, y
pudieron más que Roboam hijo de Salomón, porque Roboam era joven y pusilánime,
y no se defendió de ellos.
8 Y ahora vosotros tratáis de resistir al reino de Jehová
en mano de los hijos de David, porque sois muchos, y tenéis con vosotros los
becerros de oro que Jeroboam os hizo por dioses.
9 ¿No habéis arrojado vosotros a los sacerdotes de
Jehová, a los hijos de Aarón y a los levitas, y os habéis designado sacerdotes
a la manera de los pueblos de otras tierras, para que cualquiera venga a
consagrarse con un becerro y siete carneros, y así sea sacerdote de los que no
son dioses?
10 Mas en cuanto a nosotros, Jehová es nuestro Dios, y no
le hemos dejado; y los sacerdotes que ministran delante de Jehová son los
hijos de Aarón, y los que están en la obra son levitas.
11 los cuales queman para Jehová los holocaustos cada
mañana y cada tarde, y el incienso aromático; y ponen los panes sobre la mesa
limpia, y el candelero de oro con sus lámparas para que ardan cada tarde;
porque nosotros guardamos la ordenanza de Jehová nuestro Dios, mas vosotros le
habéis dejado.
12 Y he aquí Dios está con nosotros por jefe, y sus
sacerdotes con las trompetas del júbilo para que suenen contra vosotros. Oh
hijos de Israel, no peleéis contra Jehová el Dios de vuestros padres, porque
no prosperaréis.
13 Pero Jeroboam hizo tender una emboscada para venir a
ellos por la espalda; y estando así delante de ellos, la emboscada estaba a
espaldas de Judá.
14 Y cuando miró Judá, he aquí que tenía batalla por
delante y a las espaldas; por lo que clamaron a Jehová, y los sacerdotes
tocaron las trompetas.
15 Entonces los de Judá gritaron con fuerza; y así que
ellos alzaron el grito, Dios desbarató a Jeroboam y a todo Israel delante de
Abías y de Judá;
16 y huyeron los hijos de Israel delante de Judá, y Dios
los entregó en sus manos.
17 Y Abías y su gente hicieron en ellos una gran matanza,
y cayeron heridos de Israel quinientos mil hombres escogidos.
18 Así fueron humillados los hijos de Israel en aquel
tiempo, y los hijos de Judá prevalecieron, porque se apoyaban en Jehová el
Dios de sus padres.
19 Y siguió Abías a Jeroboam, y le tomó algunas ciudades,
a Bet-el con sus aldeas, a Jesana con sus aldeas, y a Efraín con sus aldeas.
20 Y nunca más tuvo Jeroboam poder en los días de Abías;
y Jehová lo hirió, y murió.
21 Pero Abías se hizo más poderoso. Tomó catorce mujeres,
y engendró veintidós hijos y dieciséis hijas.
22 Los demás hechos de Abías, sus caminos y sus dichos,
están escritos en la historia de Iddo profeta.
Reinado de Asa
2 Crónicas 14
(1 R. 15.9-12)
1 Durmió Abías con sus padres, y fue sepultado en la
ciudad de David; y reinó en su lugar su hijo Asa, en cuyos días tuvo sosiego
el país por diez años.
2 E hizo Asa lo bueno y lo recto ante los ojos de Jehová
su Dios.
3 Porque quitó los altares del culto extraño, y los
lugares altos; quebró las imágenes, y destruyó los símbolos de Asera;
4 y mandó a Judá que buscase a Jehová el Dios de sus
padres, y pusiese por obra la ley y los mandamientos.
5 Quitó asimismo de todas las ciudades de Judá los
lugares altos y las imágenes; y estuvo el reino en paz bajo su reinado.
6 Y edificó ciudades fortificadas en Judá, por cuanto
había paz en la tierra, y no había guerra contra él en aquellos tiempos;
porque Jehová le había dado paz.
7 Dijo, por tanto, a Judá: Edifiquemos estas ciudades, y
cerquémoslas de muros con torres, puertas y barras, ya que la tierra es
nuestra; porque hemos buscado a Jehová nuestro Dios; le hemos buscado, y él
nos ha dado paz por todas partes. Edificaron, pues, y fueron prosperados.
8 Tuvo también Asa ejército que traía escudos y lanzas;
de Judá trescientos mil, y de Benjamín doscientos ochenta mil que traían
escudos y entesaban arcos, todos hombres diestros.
9 Y salió contra ellos Zera etíope con un ejército de un
millón de hombres y trescientos carros; y vino hasta Maresa.
10 Entonces salió Asa contra él, y ordenaron la batalla
en el valle de Sefata junto a Maresa.
11 Y clamó Asa a Jehová su Dios, y dijo: ¡Oh Jehová, para
ti no hay diferencia alguna en dar ayuda al poderoso o al que no tiene
fuerzas! Ayúdanos, oh Jehová Dios nuestro, porque en ti nos apoyamos, y en tu
nombre venimos contra este ejército. Oh Jehová, tú eres nuestro Dios; no
prevalezca contra ti el hombre.
12 Y Jehová deshizo a los etíopes delante de Asa y
delante de Judá; y huyeron los etíopes.
13 Y Asa, y el pueblo que con él estaba, los persiguieron
hasta Gerar; y cayeron los etíopes hasta no quedar en ellos aliento, porque
fueron deshechos delante de Jehová y de su ejército. Y les tomaron muy grande
botín.
14 Atacaron también todas las ciudades alrededor de Gerar,
porque el terror de Jehová cayó sobre ellas; y saquearon todas las ciudades,
porque había en ellas gran botín.
15 Asimismo atacaron las cabañas de los que tenían
ganado, y se llevaron muchas ovejas y camellos, y volvieron a Jerusalén.
Reformas religiosas de Asa
2 Crónicas 15
(1 R. 15.13-15)
1 Vino el Espíritu de Dios sobre Azarías hijo de Oded,
2 y salió al encuentro de Asa, y le dijo: Oídme, Asa y
todo Judá y Benjamín: Jehová estará con vosotros, si vosotros estuviereis con
él; y si le buscareis, será hallado de vosotros; mas si le dejareis, él
también os dejará.
3 Muchos días ha estado Israel sin verdadero Dios y sin
sacerdote que enseñara, y sin ley;
4 pero cuando en su tribulación se convirtieron a Jehová
Dios de Israel, y le buscaron, él fue hallado de ellos.
5 En aquellos tiempos no hubo paz, ni para el que entraba
ni para el que salía, sino muchas aflicciones sobre todos los habitantes de
las tierras.
6 Y una gente destruía a otra, y una ciudad a otra
ciudad; porque Dios los turbó con toda clase de calamidades.
7 Pero esforzaos vosotros, y no desfallezcan vuestras
manos, pues hay recompensa para vuestra obra.
8 Cuando oyó Asa las palabras y la profecía del profeta
Azarías hijo de Oded, cobró ánimo, y quitó los ídolos abominables de toda la
tierra de Judá y de Benjamín, y de las ciudades que él había tomado en la
parte montañosa de Efraín; y reparó el altar de Jehová que estaba delante del
pórtico de Jehová.
9 Después reunió a todo Judá y Benjamín, y con ellos los
forasteros de Efraín, de Manasés y de Simeón; porque muchos de Israel se
habían pasado a él, viendo que Jehová su Dios estaba con él.
10 Se reunieron, pues, en Jerusalén, en el mes tercero
del año decimoquinto del reinado de Asa.
11 Y en aquel mismo día sacrificaron para Jehová, del
botín que habían traído, setecientos bueyes y siete mil ovejas.
12 Entonces prometieron solemnemente que buscarían a
Jehová el Dios de sus padres, de todo su corazón y de toda su alma;
13 y que cualquiera que no buscase a Jehová el Dios de
Israel, muriese, grande o pequeño, hombre o mujer.
14 Y juraron a Jehová con gran voz y júbilo, al son de
trompetas y de bocinas.
15 Todos los de Judá se alegraron de este juramento;
porque de todo su corazón lo juraban, y de toda su voluntad lo buscaban, y fue
hallado de ellos; y Jehová les dio paz por todas partes.
16 Y aun a Maaca madre del rey Asa, él mismo la depuso de
su dignidad, porque había hecho una imagen de Asera; y Asa destruyó la imagen,
y la desmenuzó, y la quemó junto al torrente de Cedrón.
17 Con todo esto, los lugares altos no eran quitados de
Israel, aunque el corazón de Asa fue perfecto en todos sus días.
18 Y trajo a la casa de Dios lo que su padre había
dedicado, y lo que él había consagrado, plata, oro y utensilios.
19 Y no hubo más guerra hasta los treinta y cinco años
del reinado de Asa.
Alianza de Asa con Ben-adad
2 Crónicas 16
(1 R. 15.16-22)
1 En el año treinta y seis del reinado de Asa, subió
Baasa rey de Israel contra Judá, y fortificó a Ramá, para no dejar salir ni
entrar a ninguno al rey Asa, rey de Judá.
2 Entonces sacó Asa la plata y el oro de los tesoros de
la casa de Jehová y de la casa real y envió a Ben-adad rey de Siria, que
estaba en Damasco, diciendo:
3 Haya alianza entre tú y yo, como la hubo entre tu padre
y mi padre; he aquí yo te he enviado plata y oro, para que vengas y deshagas
la alianza que tienes con Baasa rey de Israel, a fin de que se retire de mí.
4 Y consintió Ben-adad con el rey Asa, y envió los
capitanes de sus ejércitos contra las ciudades de Israel; y conquistaron Ijón,
Dan, Abel-maim y todas las ciudades de aprovisionamiento de Neftalí.
5 Oyendo esto Baasa, cesó de edificar a Ramá, y abandonó
su obra.
6 Entonces el rey Asa tomó a todo Judá, y se llevaron de
Ramá la piedra y la madera con que Baasa edificaba, y con ellas edificó a Geba
y Mizpa.
7 En aquel tiempo vino el vidente Hanani a Asa rey de
Judá, y le dijo: Por cuanto te has apoyado en el rey de Siria, y no te
apoyaste en Jehová tu Dios, por eso el ejército del rey de Siria ha escapado
de tus manos.
8 Los etíopes y los libios, ¿no eran un ejército
numerosísimo, con carros y mucha gente de a caballo? Con todo, porque te
apoyaste en Jehová, él los entregó en tus manos.
9 Porque los ojos de Jehová contemplan toda la tierra,
para mostrar su poder a favor de los que tienen corazón perfecto para con él.
Locamente has hecho en esto; porque de aquí en adelante habrá más guerra
contra ti.
10 Entonces se enojó Asa contra el vidente y lo echó en
la cárcel, porque se encolerizó grandemente a causa de esto. Y oprimió Asa en
aquel tiempo a algunos del pueblo.
Muerte de Asa
(1 R. 15.23-24)
11 Mas he aquí los hechos de Asa, primeros y postreros,
están escritos en el libro de los reyes de Judá y de Israel.
12 En el año treinta y nueve de su reinado, Asa enfermó
gravemente de los pies, y en su enfermedad no buscó a Jehová, sino a los
médicos.
13 Y durmió Asa con sus padres, y murió en el año
cuarenta y uno de su reinado.
14 Y lo sepultaron en los sepulcros que él había hecho
para sí en la ciudad de David; y lo pusieron en un ataúd, el cual llenaron de
perfumes y diversas especias aromáticas, preparadas por expertos perfumistas;
e hicieron un gran fuego en su honor.
Reinado de Josafat
2 Crónicas 17
1 Reinó en su lugar Josafat su hijo, el cual se hizo
fuerte contra Israel.
2 Puso ejércitos en todas las ciudades fortificadas de
Judá, y colocó gente de guarnición en tierra de Judá, y asimismo en las
ciudades de Efraín que su padre Asa había tomado.
3 Y Jehová estuvo con Josafat, porque anduvo en los
primeros caminos de David su padre, y no buscó a los baales,
4 sino que buscó al Dios de su padre, y anduvo en sus
mandamientos, y no según las obras de Israel.
5 Jehová, por tanto, confirmó el reino en su mano, y todo
Judá dio a Josafat presentes; y tuvo riquezas y gloria en abundancia.
6 Y se animó su corazón en los caminos de Jehová, y quitó
los lugares altos y las imágenes de Asera de en medio de Judá.
7 Al tercer año de su reinado envió sus príncipes Ben-hail,
Abdías, Zacarías, Natanael y Micaías, para que enseñasen en las ciudades de
Judá;
8 y con ellos a los levitas Semaías, Netanías, Zebadías,
Asael, Semiramot, Jonatán, Adonías, Tobías y Tobadonías; y con ellos a los
sacerdotes Elisama y Joram.
9 Y enseñaron en Judá, teniendo consigo el libro de la
Ley de Jehová, y recorrieron todas las ciudades de Judá enseñando al pueblo.
10 Y cayó el pavor de Jehová sobre todos los reinos de
las tierras que estaban alrededor de Judá, y no osaron hacer guerra contra
Josafat.
11 Y traían de los filisteos presentes a Josafat, y
tributos de plata. Los árabes también le trajeron ganados: siete mil
setecientos carneros y siete mil setecientos machos cabríos.
12 Iba, pues, Josafat engrandeciéndose mucho; y edificó
en Judá fortalezas y ciudades de aprovisionamiento.
13 Tuvo muchas provisiones en las ciudades de Judá, y
hombres de guerra muy valientes en Jerusalén.
14 Y este es el número de ellos según sus casas paternas:
de los jefes de los millares de Judá, el general Adnas, y con él trescientos
mil hombres muy esforzados.
15 Después de él, el jefe Johanán, y con él doscientos
ochenta mil.
16 Tras éste, Amasías hijo de Zicri, el cual se había
ofrecido voluntariamente a Jehová, y con él doscientos mil hombres valientes.
17 De Benjamín, Eliada, hombre muy valeroso, y con él
doscientos mil armados de arco y escudo.
18 Tras éste, Jozabad, y con él ciento ochenta mil
dispuestos para la guerra.
19 Estos eran siervos del rey, sin los que el rey había
puesto en las ciudades fortificadas en todo Judá.
Micaías profetiza la derrota de Acab
2 Crónicas 18
(1 R. 22.1-40)
1 Tenía, pues, Josafat riquezas y gloria en abundancia; y
contrajo parentesco con Acab.
2 Y después de algunos años descendió a Samaria para
visitar a Acab; por lo que Acab mató muchas ovejas y bueyes para él y para la
gente que con él venía, y le persuadió que fuese con él contra Ramot de Galaad.
3 Y dijo Acab rey de Israel a Josafat rey de Judá:
¿Quieres venir conmigo contra Ramot de Galaad? Y él respondió: Yo soy como tú,
y mi pueblo como tu pueblo; iremos contigo a la guerra.
4 Además dijo Josafat al rey de Israel: Te ruego que
consultes hoy la palabra de Jehová.
5 Entonces el rey de Israel reunió a cuatrocientos
profetas, y les preguntó: ¿Iremos a la guerra contra Ramot de Galaad, o me
estaré quieto? Y ellos dijeron: Sube, porque Dios los entregará en mano del
rey.
6 Pero Josafat dijo: ¿Hay aún aquí algún profeta de
Jehová, para que por medio de él preguntemos?
7 El rey de Israel respondió a Josafat: Aún hay aquí un
hombre por el cual podemos preguntar a Jehová; mas yo le aborrezco, porque
nunca me profetiza cosa buena, sino siempre mal. Este es Micaías hijo de Imla.
Y respondió Josafat: No hable así el rey.
8 Entonces el rey de Israel llamó a un oficial, y le
dijo: Haz venir luego a Micaías hijo de Imla.
9 Y el rey de Israel y Josafat rey de Judá estaban
sentados cada uno en su trono, vestidos con sus ropas reales, en la plaza
junto a la entrada de la puerta de Samaria, y todos los profetas profetizaban
delante de ellos.
10 Y Sedequías hijo de Quenaana se había hecho cuernos de
hierro, y decía: Así ha dicho Jehová: Con estos acornearás a los sirios hasta
destruirlos por completo.
11 De esta manera profetizaban también todos los
profetas, diciendo: Sube contra Ramot de Galaad, y serás prosperado; porque
Jehová la entregará en mano del rey.
12 Y el mensajero que había ido a llamar a Micaías, le
habló diciendo: He aquí las palabras de los profetas a una voz anuncian al rey
cosas buenas; yo, pues, te ruego que tu palabra sea como la de uno de ellos,
que hables bien.
13 Dijo Micaías: Vive Jehová, que lo que mi Dios me
dijere, eso hablaré. Y vino al rey.
14 y el rey le dijo: Micaías, ¿iremos a pelear contra
Ramot de Galaad, o me estaré quieto? El Respondió: Subid, y seréis
prosperados, pues serán entregados en vuestras manos.
15 El rey le dijo: ¿Hasta cuántas veces te conjuraré por
el nombre de Jehová que no me hables sino la verdad?
16 Entonces Micaías dijo: He visto a todo Israel
derramado por los montes como ovejas sin pastor; y dijo Jehová: Estos no
tienen señor; vuélvase cada uno en paz a su casa.
17 Y el rey de Israel dijo a Josafat: ¿No te había yo
dicho que no me profetizaría bien, sino mal?
18 Entonces él dijo: Oíd, pues, palabra de Jehová: Yo he
visto a Jehová sentado en su trono, y todo el ejército de los cielos estaba a
su mano derecha y a su izquierda.
19 Y Jehová preguntó: ¿Quién inducirá a Acab rey de
Israel, para que suba y caiga en Ramot de Galaad? Y uno decía así, y otro
decía de otra manera.
20 Entonces salió un espíritu que se puso delante de
Jehová y dijo: Yo le induciré. Y Jehová le dijo: ¿De qué modo?
21 Y él dijo: Saldré y seré espíritu de mentira en la
boca de todos sus profetas. Y Jehová dijo: Tú le inducirás, y lo lograrás;
anda y hazlo así.
22 Y ahora, he aquí Jehová ha puesto espíritu de mentira
en la boca de estos tus profetas; pues Jehová ha hablado el mal con contra ti.
23 Entonces Sedequías hijo de Quenaana se le acercó y
golpeó a Micaías en la mejilla, y dijo: ¿Por qué camino se fue de mí el
Espíritu de Jehová para hablarte a ti?
24 Y Micaías respondió: He aquí tú lo verás aquel día,
cuando entres de cámara en cámara para esconderte.
25 Entonces el rey de Israel dijo: Tomad a Micaías, y
llevadlo a Amón gobernador de la ciudad, y a Joás hijo del rey,
26 y decidles: El rey ha dicho así: Poned a éste en la
cárcel, y sustentadle con pan de aflicción y agua de angustia, hasta que yo
vuelva en paz.
27 Y Micaías dijo: Si tú volvieres en paz, Jehová no ha
hablado por mí. Dijo además: Oíd, pueblos todos.
28 Subieron, pues, el rey de Israel, y Josafat rey de
Judá, a Ramot de Galaad.
29 Y dijo el rey de Israel a Josafat: Yo me disfrazaré
para entrar en la batalla, pero tú vístete tus ropas reales. Y se disfrazó el
rey de Israel, y entró en la batalla.
30 Había el rey de Siria mandado a los capitanes de los
carros que tenía consigo, diciendo: No peleéis con chico ni con grande, sino
sólo con el rey de Israel.
31 Cuando los capitanes de los carros vieron a Josafat,
dijeron: Este es el rey de Israel. Y lo rodearon para pelear; mas Josafat
clamó, y Jehová lo ayudó, y los apartó Dios de él;
32 pues viendo los capitanes de los carros que no era el
rey de Israel, desistieron de acosarle.
33 Mas disparando uno el arco a la ventura, hirió al rey
de Israel entre las junturas y el coselete. El entonces dijo al cochero:
Vuelve las riendas, y sácame del campo, porque estoy mal herido.
34 Y arreció a batalla aquel día, por lo que estuvo el
rey de Israel en pie en el carro enfrente de los sirios hasta la tarde; y
murió al ponerse el sol.
El profeta Jehú amonesta a Josafat
2 Crónicas 19
1 Josafat rey de Judá volvió en paz a su casa en
Jerusalén.
2 Y le salió al encuentro el vidente Jehú hijo de Hanani,
y dijo al rey Josafat: ¿Al impío das ayuda, y amas a los que aborrecen a
Jehová? Pues ha salido de la presencia de Jehová ira contra ti por esto.
3 Pero se han hallado en ti buenas cosas, por cuanto has
quitado de la tierra las imágenes de Asera, y has dispuesto tu corazón para
buscar a Dios.
Josafat nombra jueces
4 Habitó, pues, Josafat en Jerusalén; pero daba vuelta y
salía al pueblo, desde Beerseba hasta el monte de Efraín, y los conducía a
Jehová el Dios de sus padres.
5 Y puso jueces en todas las ciudades fortificadas de
Judá, por todos los lugares.
6 Y dijo a los jueces: Mirad lo que hacéis; porque no
juzgáis en lugar de hombre, sino en lugar de Jehová, el cual está con vosotros
cuando juzgáis.
7 Sea, pues, con vosotros el temor de Jehová; mirad lo
que hacéis, porque con Jehová nuestro Dios no hay injusticia, ni acepción de
personas, ni admisión de cohecho.
8 Puso también Josafat en Jerusalén a algunos de los
levitas y sacerdotes, y de los padres de familias de Israel, para el juicio de
Jehová y para las causas. Y volvieron a Jerusalén.
9 Y les mandó diciendo: Procederéis asimismo con temor de
Jehová, con verdad, y con corazón íntegro.
10 En cualquier causa que viniere a vosotros de vuestros
hermanos que habitan en las ciudades, en causas de sangre, entre ley y
precepto, estatutos y decretos, les amonestaréis que no pequen contra Jehová,
para que no venga ira sobre vosotros y sobre vuestros hermanos. Haciendo así,
no pecaréis.
11 Y he aquí, el sacerdote Amarías será el que os presida
en todo asunto de Jehová, y Zebadías hijo de Ismael, príncipe de la casa de
Judá, en todos los negocios del rey; también los levitas serán oficiales en
presencia de vosotros. Esforzaos, pues, para hacerlo, y Jehová estará con el
bueno.
Victoria sobre Moab y Amón
2 Crónicas 20
1 Pasadas estas cosas, aconteció que los hijos de Moab y
de Amón, y con ellos otros de los amonitas, vinieron contra Josafat a la
guerra.
2 Y acudieron algunos y dieron aviso a Josafat, diciendo:
Contra ti viene una gran multitud del otro lado del mar, y de Siria; y he aquí
están en Hazezon-tamar, que es En-gadi.
3 Entonces él tuvo temor; y Josafat humilló su rostro
para consultar a Jehová, e hizo pregonar ayuno a todo Judá.
4 Y se reunieron los de Judá para pedir socorro a Jehová;
y también de todas las ciudades de Judá vinieron a pedir ayuda a Jehová.
5 Entonces Josafat se puso de pie en la asamblea de Judá
y de Jerusalén, en la casa de Jehová, delante del atrio nuevo;
6 y dijo: Jehová Dios de nuestros padres, ¿no eres tú
Dios en los cielos, y tienes dominio sobre todos los reinos de las naciones?
¿No está en tu mano tal fuerza y poder, que no hay quien te resista?
7 Dios nuestro, ¿no echaste tú los moradores de esta
tierra delante de tu pueblo Israel, y la diste a la descendencia de Abraham tu
amigo para siempre?
8 Y ellos han habitado en ella, y te han edificado en
ella santuario a tu nombre, diciendo:
9 Si mal viniere sobre nosotros, o espada de castigo, o
pestilencia, o hambre, nos presentaremos delante de esta casa, y delante de ti
(porque tu nombre está en esta casa), y a causa de nuestras tribulaciones
clamaremos a ti, y tú nos oirás y salvarás.
10 Ahora, pues, he aquí los hijos de Amón y de Moab, y
los del monte de Seir, a cuya tierra no quisiste que pasase Israel cuando
venía de la tierra de Egipto, sino que se apartase de ellos, y no los
destruyese;
11 he aquí ellos nos dan el pago viniendo a arrojarnos de
la heredad que tú nos diste en posesión.
12 ¡Oh Dios nuestro! ¿no los juzgarás tú? Porque en
nosotros no hay fuerza contra tan grande multitud que viene contra nosotros;
no sabemos qué hacer, y a ti volvemos nuestros ojos.
13 Y todo Judá estaba en pie delante de Jehová, con sus
niños y sus mujeres y sus hijos.
14 Y estaba allí Jahaziel hijo de Zacarías, hijo de
Benaía, hijo de Jeiel, hijo de Matanías, levita de los hijos de Asaf, sobre el
cual vino el Espíritu de Jehová en medio de la reunión;
15 y dijo: Oíd, Judá todo, y vosotros moradores de
Jerusalén, y tú, rey Josafat. Jehová os dice así: No temáis ni os amedrentéis
delante de esta multitud tan grande, porque no es vuestra la guerra, sino de
Dios.
16 Mañana descenderéis contra ellos; he aquí que ellos
subirán por la cuesta de Sis, y los hallaréis junto al arroyo, antes del
desierto de Jeruel.
17 No habrá para que peleéis vosotros en este caso;
paraos, estad quietos, y ved la salvación de Jehová con vosotros. Oh Judá y
Jerusalén, no temáis ni desmayéis; salid mañana contra ellos, porque Jehová
estará con vosotros.
18 Entonces Josafat se inclinó rostro a tierra, y
asimismo todo Judá y los moradores de Jerusalén se postraron delante de
Jehová, y adoraron a Jehová.
19 Y se levantaron los levitas de los hijos de Coat y de
los hijos de Coré, para alabar a Jehová el Dios de Israel con fuerte y alta
voz.
20 Y cuando se levantaron por la mañana, salieron al
desierto de Tecoa. Y mientras ellos Salían, Josafat, estando en pie, dijo:
Oídme, Judá y moradores de Jerusalén. Creed en Jehová vuestro Dios, y estaréis
seguros; creed a sus profetas, y seréis prosperados.
21 Y habido consejo con el pueblo, puso a algunos que
cantasen y alabasen a Jehová, vestidos de ornamentos sagrados, mientras salía
la gente armada, y que dijesen: Glorificad a Jehová, porque su misericordia es
para siempre.
22 Y cuando comenzaron a entonar cantos de alabanza,
Jehová puso contra los hijos de Amón, de Moab y del monte de Seir, las
emboscadas de ellos mismos que venían contra Judá, y se mataron los unos a los
otros.
23 Porque los hijos de Amón y Moab se levantaron contra
los del monte de Seir para matarlos y destruirlos; y cuando hubieron acabado
con los del monte de Seir, cada cual ayudó a la destrucción de su compañero.
24 Y luego que vino Judá a la torre del desierto, miraron
hacia la multitud, y he aquí yacían ellos en tierra muertos, pues ninguno
había escapado.
25 Viniendo entonces Josafat y su pueblo a despojarlos,
hallaron entre los cadáveres muchas riquezas, así vestidos como alhajas
preciosas, que tomaron para sí, tantos, que no los podían llevar; tres días
estuvieron recogiendo el botín, porque era mucho.
26 Y al cuarto día se juntaron en el valle de Beraca;
porque allí bendijeron a Jehová, y por esto llamaron el nombre de aquel paraje
el valle de Beraca, hasta hoy.
27 Y todo Judá y los de Jerusalén, y Josafat a la cabeza
de ellos, volvieron para regresar a Jerusalén gozosos, porque Jehová les había
dado gozo librándolos de sus enemigos.
28 Y vinieron a Jerusalén con salterios, arpas y
trompetas, a la casa de Jehová.
29 Y el pavor de Dios cayó sobre todos los reinos de
aquella tierra, cuando oyeron que Jehová había peleado contra los enemigos de
Israel.
30 Y el reino de Josafat tuvo paz, porque su Dios le dio
paz por todas partes.
Resumen del reinado de Josafat
(1 R. 22.41-50)
31 Así reinó Josafat sobre Judá; de treinta y cinco años
era cuando comenzó a reinar, y reinó veinticinco años en Jerusalén. El nombre
de su madre fue Azuba, hija de Silhi.
32 Y anduvo en el camino de Asa su padre, sin apartarse
de él, haciendo lo recto ante los ojos de Jehová.
33 Con todo eso, los lugares altos no fueron quitados;
pues el pueblo aún no había enderezado su corazón al Dios de sus padres.
34 Los demás hechos de Josafat, primeros y postreros, he
aquí están escritos en las palabras de Jehú hijo de Hanani, del cual se hace
mención en el libro de los reyes de Israel.
35 Pasadas estas cosas, Josafat rey de Judá trabó amistad
con Ocozías rey de Israel, el cual era dado a la impiedad,
36 e hizo con él compañía para construir naves que fuesen
a Tarsis; y construyeron las naves en Ezión-geber.
37 Entonces Eliezer hijo de Dodava, de Maresa, profetizó
contra Josafat, diciendo: Por cuanto has hecho compañía con Ocozías, Jehová
destruirá tus obras. Y las naves se rompieron, y no pudieron ir a Tarsis.
Reinado de Joram de Judá
2 Crónicas 21
(2 R. 8.16-24)
1 Durmió Josafat con sus padres, y lo sepultaron con sus
padres en la ciudad de David. Y reinó en su lugar Joram su hijo,
2 quien tuvo por hermanos, hijos de Josafat, a Azarías,
Jehiel, Zacarías, Azarías, Micael, y Sefatías. Todos estos fueron hijos de
Josafat rey de Judá.
3 Y su padre les había dado muchos regalos de oro y de
plata, y cosas preciosas, y ciudades fortificadas en Judá; pero había dado el
reino a Joram, porque él era el primogénito.
4 Fue elevado, pues, Joram al reino de su padre; y luego
que se hizo fuerte, mató a espada a todos sus hermanos, y también a algunos de
los príncipes de Israel.
5 Cuando comenzó a reinar era de treinta y dos años, y
reinó ocho años en Jerusalén.
6 Y anduvo en el camino de los reyes de Israel, como lo
hizo la casa de Acab; porque tenía por mujer a la hija de Acab, e hizo lo malo
ante los ojos de Jehová.
7 Mas Jehová no quiso destruir la casa de David, a causa
del pacto que había hecho con David, y porque le había dicho que le daría
lámpara a él y a sus hijos perpetuamente.
8 En los días de éste se rebeló Edom contra el dominio de
Judá, y pusieron rey sobre sí.
9 Entonces pasó Joram con sus príncipes, y todos sus
carros; y se levantó de noche, y derrotó a los edomitas que le habían sitiado,
y a todos los comandantes de los carros.
10 No obstante, Edom se libertó del dominio de Judá,
hasta hoy. También en el mismo tiempo Libna se libertó de su dominio, por
cuanto él había dejado a Jehová el Dios de sus padres.
11 Además de esto, hizo lugares altos en los montes de
Judá, e hizo que los moradores de Jerusalén fornicasen tras ellos, y a ello
impelió a Judá.
12 Le llegó una carta del profeta Elías, que decía:
Jehová el Dios de David tu padre ha dicho así: Por cuanto no has andado en los
caminos de Josafat tu padre, ni en los caminos de Asa rey de Judá,
13 sino que has andado en el camino de los reyes de
Israel, y has hecho que fornicase Judá y los moradores de Jerusalén, como
fornicó la casa de Acab; y además has dado muerte a tus hermanos, a la familia
de tu padre, los cuales eran mejores que tú;
14 he aquí Jehová herirá a tu pueblo de una gran plaga, y
a tus hijos y a tus mujeres, y a todo cuanto tienes;
15 y a ti con muchas enfermedades, con enfermedad de tus
intestinos, hasta que se te salgan a causa de tu persistente enfermedad.
16 Entonces Jehová despertó contra Joram la ira de los
filisteos y de los árabes que estaban junto a los etíopes;
17 y subieron contra Judá, e invadieron la tierra, y
tomaron todos los bienes que hallaron en la casa del rey, y a sus hijos y a
sus mujeres; y no le quedó más hijo sino solamente Joacaz el menor de sus
hijos.
18 Después de todo esto, Jehová lo hirió con una
enfermedad incurable en los intestinos.
19 Y aconteció que al pasar muchos días, al fin, al cabo
de dos años, los intestinos se le salieron por la enfermedad, muriendo así de
enfermedad muy penosa. Y no encendieron fuego en su honor, como lo habían
hecho con sus padres.
20 Cuando comenzó a reinar era de treinta y dos años, y
reinó en Jerusalén ocho años; y murió sin que lo desearan más. Y lo sepultaron
en la ciudad de David, pero no en los sepulcros de los reyes.
Reinado de Ocozías de Judá
2 Crónicas 22
(2 R. 8.25-29)
1 Los habitantes de Jerusalén hicieron rey en lugar de
Joram a Ocozías su hijo menor; porque una banda armada que había venido con
los árabes al campamento, había matado a todos los mayores, por lo cual reinó
Ocozías, hijo de Joram rey de Judá.
2 Cuando Ocozías comenzó a reinar era de cuarenta y dos
años, y reinó un año en Jerusalén. El nombre de su madre fue Atalía, hija de
Omri.
3 También él anduvo en los caminos de la casa de Acab,
pues su madre le aconsejaba a que actuase impíamente.
4 Hizo, pues, lo malo ante los ojos de Jehová, como la
casa de Acab; porque después de la muerte de su padre, ellos le aconsejaron
para su perdición.
5 Y él anduvo en los consejos de ellos, y fue a la guerra
con Joram hijo de Acab, rey de Israel, contra Hazael rey de Siria, a Ramot de
Galaad, donde los sirios hirieron a Joram.
6 Y volvió para curarse en Jezreel de las heridas que le
habían hecho en Ramot, peleando contra Hazael rey de Siria. Y descendió
Ocozías hijo de Joram, rey de Judá, para visitar a Joram hijo de Acab en
Jezreel, porque allí estaba enfermo.
Jehú mata a Ocozías
(2 R. 9.27-29)
7 Pero esto venía de Dios, para que Ocozías fuese
destruido viniendo a Joram; porque habiendo venido, salió con Joram contra
Jehú hijo de Nimsi, al cual Jehová había ungido para que exterminara la
familia de Acab.
8 Y haciendo juicio Jehú contra la casa de Acab, halló a
los príncipes de Judá, y a los hijos de los hermanos de Ocozías, que servían a
Ocozías, y los mató.
9 Y buscando a Ocozías, el cual se había escondido en
Samaria, lo hallaron y lo trajeron a Jehú, y le mataron; y le dieron
sepultura, porque dijeron: Es hijo de Josafat, quien de todo su corazón buscó
a Jehová. Y la casa de Ocozías no tenía fuerzas para poder retener el reino.
Atalía usurpa el trono
(2 R. 11.1-21)
10 Entonces Atalía madre de Ocozías, viendo que su hijo
era muerto, se levantó y exterminó toda la descendencia real de la casa de
Judá.
11 Pero Josabet, hija del rey, tomó a Joás hijo de
Ocozías, y escondiéndolo de entre los demás hijos del rey, a los cuales
mataban, le guardó a él y a su ama en uno de los aposentos. Así lo escondió
Josabet, hija del rey Joram, mujer del sacerdote Joiada (porque ella era
hermana de Ocozías), de delante de Atalía, y no lo mataron.
12 Y estuvo con ellos escondido en la casa de Dios seis
años. Entre tanto, Atalía reinaba en el país.
2 Crónicas 23
1 En el séptimo año se ánimo Joiada, y tomó consigo en
alianza a los jefes de centenas Azarías hijo de Jeroham, Ismael hijo de
Johanán, Azarías hijo de Obed, Maasías hijo de Adaía, y Elisafat hijo de Zicri,
2 los cuales recorrieron el país de Judá, y reunieron a
los levitas de todas las ciudades de Judá y a los príncipes de las familias de
Israel, y vinieron a Jerusalén.
3 Y toda la multitud hizo pacto con el rey en la casa de
Dios. Y Joiada les dijo: He aquí el hijo del rey, el cual reinará, como Jehová
ha dicho respecto a los hijos de David.
4 Ahora haced esto: una tercera parte de vosotros, los
que entran el día de reposo, estarán de porteros con los sacerdotes y los
levitas.
5 Otra tercera parte, a la casa del rey; y la otra
tercera parte, a la puerta del Cimiento; y todo el pueblo estará en los patios
de la casa de Jehová.
6 Y ninguno entre en la casa de Jehová, sino los
sacerdotes y levitas que ministran; éstos entrarán, porque están consagrados;
y todo el pueblo hará guardia delante de Jehová.
7 Y los levitas rodearán al rey por todas partes, y cada
uno tendrá sus armas en la mano; cualquiera que entre en la casa, que muera; y
estaréis con el rey cuando entre y cuando salga.
8 Y los levitas y todo Judá lo hicieron todo como lo
había mandado el sacerdote Joiada; y tomó cada jefe a los suyos, los que
entraban el día de reposo, y los que salían el día de reposo; porque el
sacerdote Joiada no dio licencia a las compañías.
9 Dio también el sacerdote Joiada a los jefes de centenas
las lanzas, los paveses y los escudos que habían sido del rey David, y que
estaban en la casa de Dios;
10 y puso en orden a todo el pueblo, teniendo cada uno su
espada en la mano, desde el rincón derecho del templo hasta el izquierdo,
hacia el altar y la casa, alrededor del rey por todas partes.
11 Entonces sacaron al hijo del rey, y le pusieron la
corona y el testimonio, y lo proclamaron rey; y Joiada y sus hijos lo
ungieron, diciendo luego: ¡Viva el rey!
12 Cuando Atalía oyó el estruendo de la gente que corría,
y de los que aclamaban al rey, vino al pueblo a la casa de Jehová;
13 y mirando, vio al rey que estaba junto a su columna a
la entrada, y los príncipes y los trompeteros junto al rey, y que todo el
pueblo de la tierra mostraba alegría, y sonaba bocinas, y los cantores con
instrumentos de música dirigían la alabanza. Entonces Atalía rasgó sus
vestidos, y dijo: ¡Traición! ¡Traición!
14 Pero el sacerdote Joiada mandó que salieran los jefes
de centenas del ejército, y les dijo: Sacadla fuera del recinto, y al que la
siguiere, matadlo a filo de espada; porque el sacerdote había mandado que no
la matasen en la casa de Jehová.
15 Ellos, pues, le echaron mano, y luego que ella hubo
pasado la entrada de la puerta de los caballos de la casa del rey, allí la
mataron.
16 Y Joiada hizo un pacto entre sí y todo el pueblo y el
rey, que serían pueblo de Jehová.
17 Después de esto entró todo el pueblo en el templo de
Baal, y lo derribaron, y también sus altares; e hicieron pedazos sus imágenes,
y mataron delante de los altares a Matán, sacerdote de Baal.
18 Luego ordenó Joiada los oficios en la casa de Jehová,
bajo la mano de los sacerdotes y levitas, según David los había distribuido en
la casa de Jehová, para ofrecer a Jehová los holocaustos, como está escrito en
la ley de Moisés, con gozo y con cánticos, conforme a la disposición de David.
19 Puso también porteros a las puertas de la casa de
Jehová, para que por ninguna vía entrase ningún inmundo.
20 Llamó después a los jefes de centenas, y a los
principales, a los que gobernaban el pueblo y a todo el pueblo de la tierra,
para conducir al rey desde la casa de Jehová; y cuando llegaron a la mitad de
la puerta mayor de la casa del rey, sentaron al rey sobre el trono del reino.
21 Y se regocijó todo el pueblo del país; y la ciudad
estuvo tranquila, después que mataron a Atalía a filo de espada.
Reinado de Joás de Judá
2 Crónicas 24
(2 R. 12.1-21)
1 De siete años era Joás cuando comenzó a reinar, y
cuarenta años reinó en Jerusalén. El nombre de su madre fue Sibia, de Beerseba.
2 E hizo Joás lo recto ante los ojos de Jehová todos los
días de Joiada el sacerdote.
3 Y Joiada tomó para él dos mujeres; y engendró hijos e
hijas.
4 Después de esto, aconteció que Joás decidió restaurar
la casa de Jehová.
5 Y reunió a los sacerdotes y los levitas, y les dijo:
Salid por las ciudades de Judá, y recoged dinero de todo Israel, para que cada
año sea reparada la casa de vuestro Dios; y vosotros poned diligencia en el
asunto. Pero los levitas no pusieron diligencia.
6 Por lo cual el rey llamó al sumo sacerdote Joiada y le
dijo: ¿Por qué no has procurado que los levitas traigan de Judá y de Jerusalén
la ofrenda que Moisés siervo de Jehová impuso a la congregación de Israel para
el tabernáculo del testimonio?
7 Porque la impía Atalía y sus hijos habían destruido la
casa de Dios, y además habían gastado en los ídolos todas las cosas
consagradas de la casa de Jehová.
8 Mandó, pues, el rey que hiciesen un arca, la cual
pusieron fuera, a la puerta de la casa de Jehová;
9 e hicieron pregonar en Judá y en Jerusalén, que
trajesen a Jehová la ofrenda que Moisés siervo de Dios había impuesto a Israel
en el desierto.
10 Y todos los jefes y todo el pueblo se gozaron, y
trajeron ofrendas, y las echaron en el arca hasta llenarla.
11 Y cuando venía el tiempo para llevar el arca al
secretario del rey por mano de los levitas, cuando veían que había mucho
dinero, venía el escriba del rey, y el que estaba puesto por el sumo
sacerdote, y llevaban el arca, y la vaciaban, y la volvían a su lugar. Así lo
hacían de día en día, y recogían mucho dinero,
12 y el rey y Joiada lo daban a los que hacían el trabajo
del servicio de la casa de Jehová; y tomaban canteros y carpinteros que
reparasen la casa de Jehová, y artífices en hierro y bronce para componer la
casa.
13 Hacían, pues, los artesanos la obra, y por sus manos
la obra fue restaurada, y restituyeron la casa de Dios a su antigua condición,
y la consolidaron.
14 Y cuando terminaron, trajeron al rey y a Joiada lo que
quedaba del dinero, e hicieron de él utensilios para la casa de Jehová,
utensilios para el servicio, morteros, cucharas, vasos de oro y de plata. Y
sacrificaban holocaustos continuamente en la casa de Jehová todos los días de
Joiada.
15 Mas Joiada envejeció, y murió lleno de días; de ciento
treinta años era cuando murió.
16 Y lo sepultaron en la ciudad de David con los reyes,
por cuanto había hecho bien con Israel, y para con Dios, y con su casa.
17 Muerto Joiada, vinieron los príncipes de Judá y
ofrecieron obediencia al rey; y el rey los oyó.
18 Y desampararon la casa de Jehová el Dios de sus
padres, y sirvieron a los símbolos de Asera y a las imágenes esculpidas.
Entonces la ira de Dios vino sobre Judá y Jerusalén por este su pecado.
19 Y les envió profetas para que los volviesen a Jehová,
los cuales les amonestaron; mas ellos no los escucharon.
20 Entonces el Espíritu de Dios vino sobre Zacarías hijo
del sacerdote Joiada; y puesto en pie, donde estaba más alto que el pueblo,
les dijo: Así ha dicho Dios: ¿Por qué quebrantáis los mandamientos de Jehová?
No os vendrá bien por ello; porque por haber dejado a Jehová, él también os
abandonará.
21 Pero ellos hicieron conspiración contra él, y por
mandato del rey lo apedrearon hasta matarlo, en el patio de la casa de Jehová.
22 Así el rey Joás no se acordó de la misericordia que
Joiada padre de Zacarías había hecho con él, antes mató a su hijo, quien dijo
al morir: Jehová lo vea y lo demande.
23 A la vuelta del año subió contra él el ejército de
Siria; y vinieron a Judá y a Jerusalén, y destruyeron en el pueblo a todos los
principales de él, y enviaron todo el botín al rey a Damasco.
24 Porque aunque el ejército de Siria había venido con
poca gente, Jehová entregó en sus manos un ejército muy numeroso, por cuanto
habían dejado a Jehová el Dios de sus padres. Así ejecutaron juicios contra
Joás.
25 Y cuando se fueron los sirios, lo dejaron agobiado por
sus dolencias; y conspiraron contra él sus siervos a causa de la sangre de los
hijos de Joiada el sacerdote, y lo hirieron en su cama, y murió. Y lo
sepultaron en la ciudad de David, pero no en los sepulcros de los reyes.
26 Los que conspiraron contra él fueron Zabad hijo de
Simeat amonita, y Jozabad hijo de Simrit moabita.
27 En cuanto a los hijos de Joás, y la multiplicación que
hizo de las rentas, y la restauración de la casa de Jehová, he aquí está
escrito en la historia del libro de los reyes. Y reinó en su lugar Amasías su
hijo.
Reinado de Amasías
2 Crónicas 25
(2 R. 14.1-22)
1 De veinticinco años era Amasías cuando comenzó a
reinar, y veintinueve años reinó en Jerusalén; el nombre de su madre fue
Joadán, de Jerusalén.
2 Hizo él lo recto ante los ojos de Jehová, aunque no de
perfecto corazón.
3 Y luego que fue confirmado en el reino, mató a los
siervos que habían matado al rey su padre.
4 Pero no mató a los hijos de ellos, según lo que está
escrito en la ley, en el libro de Moisés, donde Jehová mandó diciendo: No
morirán los padres por los hijos, ni los hijos por los padres; mas cada uno
morirá por su pecado.
5 Reunió luego Amasías a Judá, y con arreglo a las
familias les puso jefes de millares y de centenas sobre todo Judá y Benjamín.
Después puso en lista a todos los de veinte años arriba, y fueron hallados
trescientos mil escogidos para salir a la guerra, que tenían lanza y escudo.
6 Y de Israel tomó a sueldo por cien talentos de plata, a
cien mil hombres valientes.
7 Mas un varón de Dios vino a él y le dijo: Rey, no vaya
contigo el ejército de Israel; porque Jehová no está con Israel, ni con todos
los hijos de Efraín.
8 Pero si vas así, si lo haces, y te esfuerzas para
pelear, Dios te hará caer delante de los enemigos; porque en Dios está el
poder, o para ayudar, o para derribar.
9 Y Amasías dijo al varón de Dios: ¿Qué, pues, se hará de
los cien talentos que he dado al ejército de Israel? Y el varón de Dios
respondió: Jehová puede darte mucho más que esto.
10 Entonces Amasías apartó el ejército de la gente que
había venido a él de Efraín, para que se fuesen a sus casas; y ellos se
enojaron grandemente contra Judá, y volvieron a sus casas encolerizados.
11 Esforzándose entonces Amasías, sacó a su pueblo, y
vino al Valle de la Sal, y mató de los hijos de Seir diez mil.
12 Y los hijos de Judá tomaron vivos a otros diez mil,
los cuales llevaron a la cumbre de un peñasco, y de allí los despeñaron, y
todos se hicieron pedazos.
13 Mas los del ejército que Amasías había despedido, para
que no fuesen con él a la guerra, invadieron las ciudades de Judá, desde
Samaria hasta Bet-horón, y mataron a tres mil de ellos, y tomaron gran
despojo.
14 Volviendo luego Amasías de la matanza de los edomitas,
trajo también consigo los dioses de los hijos de Seir, y los puso ante sí por
dioses, y los adoró, y les quemó incienso.
15 Por esto se encendió la ira de Jehová contra Amasías,
y envió a él un profeta, que le dijo: ¿Por qué has buscado los dioses de otra
nación, que no libraron a su pueblo de tus manos?
16 Y hablándole el profeta estas cosas, él le respondió:
¿Te han puesto a ti por consejero del rey? Déjate de eso. ¿Por qué quieres que
te maten? Y cuando terminó de hablar, el profeta dijo luego: Yo sé que Dios ha
decretado destruirte, porque has hecho esto, y no obedeciste mi consejo.
17 Y Amasías rey de Judá, después de tomar consejo, envió
a decir a Joás hijo de Joacaz, hijo de Jehú, rey de Israel: Ven, y veámonos
cara a cara.
18 Entonces Joás rey de Israel envió a decir a Amasías
rey de Judá: El cardo que estaba en el Líbano envió al cedro que estaba en el
Líbano, diciendo: Da tu hija a mi hijo por mujer. Y he aquí que las fieras que
estaban en el Líbano pasaron, y hollaron el cardo.
19 Tú dices: He aquí he derrotado a Edom; y tu corazón se
enaltece para gloriarte. Quédate ahora en tu casa. ¿Para qué provocas un mal
en que puedas caer tú y Judá contigo?
20 Mas Amasías no quiso oír; porque era la voluntad de
Dios, que los quería entregar en manos de sus enemigos, por cuanto habían
buscado los dioses de Edom.
21 Subió, pues, Joás rey de Israel, y se vieron cara a
cara él y Amasías rey de Judá en la batalla de Bet-semes, la cual es de Judá.
22 Pero cayó Judá delante de Israel, y huyó cada uno a su
casa.
23 Y Joás rey de Israel apresó en Bet-semes a Amasías rey
de Judá, hijo de Joás, hijo de Joacaz, y lo llevó a Jerusalén; y derribó el
muro de Jerusalén desde la puerta de Efraín hasta la puerta del ángulo, un
tramo de cuatrocientos codos.
24 Asimismo tomó todo el oro y la plata, y todos los
utensilios que se hallaron en la casa de Dios en casa de Obed-edom, y los
tesoros de la casa del rey, y los hijos de los nobles; después volvió a
Samaria.
25 Y vivió Amasías hijo de Joás, rey de Judá, quince años
después de la muerte de Joás hijo de Joacaz, rey de Israel.
26 Los demás hechos de Amasías, primeros y postreros, ¿no
están escritos en el libro de los reyes de Judá y de Israel?
27 Desde el tiempo en que Amasías se apartó de Jehová,
empezaron a conspirar contra él en Jerusalén; y habiendo él huido a Laquis,
enviaron tras él a Laquis, y allá lo mataron;
28 y lo trajeron en caballos, y lo sepultaron con sus
padres en la ciudad de Judá.
Reinado de Uzías
2 Crónicas 26
(2 R. 15.1-7)
1 Entonces todo el pueblo de Judá tomó a Uzías, el cual
tenía dieciséis años de edad, y lo pusieron por rey en lugar de Amasías su
padre.
2 Uzías edificó a Elot, y la restituyó a Judá después que
el rey Amasías durmió con sus padres.
3 De dieciséis años era Uzías cuando comenzó a reinar, y
cincuenta y dos años reinó en Jerusalén. El nombre de su madre fue Jecolías,
de Jerusalén.
4 E hizo lo recto ante los ojos de Jehová, conforme a
todas las cosas que había hecho Amasías su padre.
5 Y persistió en buscar a Dios en los días de Zacarías,
entendido en visiones de Dios; y en estos días en que buscó a Jehová, él le
prosperó.
6 Y salió y peleó contra los filisteos, y rompió el muro
de Gat, y el muro de Jabnia, y el muro de Asdod; y edificó ciudades en Asdod,
y en la tierra de los filisteos.
7 Dios le dio ayuda contra los filisteos, y contra los
árabes que habitaban en Gur-baal, y contra los amonitas.
8 Y dieron los amonitas presentes a Uzías, y se divulgó
su fama hasta la frontera de Egipto; porque se había hecho altamente poderoso.
9 Edificó también Uzías torres en Jerusalén, junto a la
puerta del ángulo, y junto a la puerta del valle, y junto a las esquinas; y
las fortificó.
10 Asimismo edificó torres en el desierto, y abrió muchas
cisternas; porque tuvo muchos ganados, así en la Sefela como en las vegas, y
viñas y labranzas, así en los montes como en los llanos fértiles; porque era
amigo de la agricultura.
11 Tuvo también Uzías un ejército de guerreros, los
cuales salían a la guerra en divisiones, de acuerdo con la lista hecha por
mano de Jeiel escriba, y de Maasías gobernador, y de Hananías, uno de los
jefes del rey.
12 Todo el número de los jefes de familia, valientes y
esforzados, era dos mil seiscientos.
13 Y bajo la mano de éstos estaba el ejército de guerra,
de trescientos siete mil quinientos guerreros poderosos y fuertes, para ayudar
al rey contra los enemigos.
14 Y Uzías preparó para todo el ejército escudos, lanzas,
yelmos, coseletes, arcos, y hondas para tirar piedras.
15 E hizo en Jerusalén máquinas inventadas por
ingenieros, para que estuviesen en las torres y en los baluartes, para arrojar
saetas y grandes piedras. Y su fama se extendió lejos, porque fue ayudado
maravillosamente, hasta hacerse poderoso.
16 Mas cuando ya era fuerte su corazón se enalteció para
su ruina; porque se rebeló contra Jehová su Dios, entrando en el templo de
Jehová para quemar incienso en el altar del incienso.
17 Y entró tras él el sacerdote Azarías, y con él ochenta
sacerdotes de Jehová, varones valientes.
18 Y se pusieron contra el rey Uzías, y le dijeron: No te
corresponde a ti, oh Uzías, el quemar incienso a Jehová, sino a los sacerdotes
hijos de Aarón, que son consagrados para quemarlo. Sal del santuario, porque
has prevaricado, y no te será para gloria delante de Jehová Dios.
19 Entonces Uzías, teniendo en la mano un incensario para
ofrecer incienso, se llenó de ira; y en su ira contra los sacerdotes, la lepra
le brotó en la frente, delante de los sacerdotes en la casa de Jehová, junto
al altar del incienso.
20 Y le miró el sumo sacerdote Azarías, y todos los
sacerdotes, y he aquí la lepra estaba en su frente; y le hicieron salir
apresuradamente de aquel lugar; y él también se dio prisa a salir, porque
Jehová lo había herido.
21 Así el rey Uzías fue leproso hasta el día de su
muerte, y habitó leproso en una casa apartada, por lo cual fue excluido de la
casa de Jehová; y Jotam su hijo tuvo cargo de la casa real, gobernando al
pueblo de la tierra.
22 Los demás hechos de Uzías, primeros y postreros,
fueron escritos por el profeta Isaías, hijo de Amoz.
23 Y durmió Uzías con sus padres, y lo sepultaron con sus
padres en el campo de los sepulcros reales; porque dijeron: Leproso es. Y
reinó Jotam su hijo en lugar suyo.
Reinado de Jotam
2 Crónicas 27
(2 R. 15.32-38)
1 De veinticinco años era Jotam cuando comenzó a reinar,
y dieciséis años reinó en Jerusalén. El nombre de su madre fue Jerusa, hija de
Sadoc.
2 E hizo lo recto ante los ojos de Jehová, conforme a
todas las cosas que había hecho Uzías su padre, salvo que no entró en el
santuario de Jehová. Pero el pueblo continuaba corrompiéndose.
3 Edificó él la puerta mayor de la casa de Jehová, y
sobre el muro de la fortaleza edificó mucho.
4 Además edificó ciudades en las montañas de Judá, y
construyó fortalezas y torres en los bosques.
5 También tuvo él guerra con el rey de los hijos de Amón,
a los cuales venció; y le dieron los hijos de Amón en aquel año cien talentos
de plata, diez mil coros de trigo, y diez mil coros de cebada. Esto le dieron
los hijos de Amón, y lo mismo en el segundo año y en el tercero.
6 Así que Jotam se hizo fuerte, porque preparó sus
caminos delante de Jehová su Dios.
7 Los demás hechos de Jotam, y todas sus guerras, y sus
caminos, he aquí están escritos en el libro de los reyes de Israel y de Judá.
8 Cuando comenzó a reinar era de veinticinco años, y
dieciséis reinó en Jerusalén.
9 Y durmió Jotam con sus padres, y lo sepultaron en la
ciudad de David; y reinó en su lugar Acaz su hijo.
Reinado de Acaz
2 Crónicas 28
(2 R. 16.1-20)
1 De veinte años era Acaz cuando comenzó a reinar, y
dieciséis años reinó en Jerusalén: mas no hizo lo recto ante los ojos de
Jehová, como David su padre.
2 Antes anduvo en los caminos de los reyes de Israel, y
además hizo imágenes fundidas a los baales.
3 Quemó también incienso en el valle de los hijos de
Hinom, e hizo pasar a sus hijos por fuego, conforme a las abominaciones de las
naciones que Jehová había arrojado de la presencia de los hijos de Israel.
4 Asimismo sacrificó y quemó incienso en los lugares
altos, en los collados, y debajo de todo árbol frondoso.
5 Por lo cual Jehová su Dios lo entregó en manos del rey
de los sirios, los cuales lo derrotaron, y le tomaron gran número de
prisioneros que llevaron a Damasco. Fue también entregado en manos del rey de
Israel, el cual lo batió con gran mortandad.
6 Porque Peka hijo de Remalías mató en Judá en un día
ciento veinte mil hombres valientes, por cuanto habían dejado a Jehová el Dios
de sus padres.
7 Asimismo Zicri, hombre poderoso de Efraín, mató a
Maasías hijo del rey, a Azricam su mayordomo, y a Elcana, segundo después del
rey.
8 También los hijos de Israel tomaron cautivos de sus
hermanos a doscientos mil, mujeres, muchachos y muchachas, además de haber
tomado de ellos mucho botín que llevaron a Samaria.
9 Había entonces allí un profeta de Jehová que se llamaba
Oded, el cual salió delante del ejército cuando entraba en Samaria, y les
dijo: He aquí, Jehová el Dios de vuestros padres, por el enojo contra Judá,
los ha entregado en vuestras manos; y vosotros los habéis matado con ira que
ha llegado hasta el cielo.
10 Y ahora habéis determinado sujetar a vosotros a Judá y
a Jerusalén como siervos y siervas; mas ¿no habéis pecado vosotros contra
Jehová vuestro Dios?
11 Oídme, pues, ahora, y devolved a los cautivos que
habéis tomado de vuestros hermanos; porque Jehová está airado contra vosotros.
12 Entonces se levantaron algunos varones de los
principales de los hijos de Efraín, Azarías hijo de Johanán, Berequías hijo de
Mesilemot, Ezequías hijo de Salum, y Amasa hijo de Hadlai, contra los que
venían de la guerra.
13 Y les dijeron: No traigáis aquí a los cautivos, porque
el pecado contra Jehová estará sobre nosotros. Vosotros tratáis de añadir
sobre nuestros pecados y sobre nuestras culpas, siendo muy grande nuestro
delito, y el ardor de la ira contra Israel.
14 Entonces el ejército dejó a los cautivos y el botín
delante de los príncipes y de toda la multitud.
15 Y se levantaron los varones nombrados, y tomaron a los
cautivos, y del despojo vistieron a los que de ellos estaban desnudos; los
vistieron, los calzaron, y les dieron de comer y de beber, los ungieron, y
condujeron en asnos a todos los débiles, y los llevaron hasta Jericó, ciudad
de las palmeras, cerca de sus hermanos; y ellos volvieron a Samaria.
16 En aquel tiempo envió a pedir el rey Acaz a los reyes
de Asiria que le ayudasen.
17 Porque también los edomitas habían venido y atacado a
los de Judá, y habían llevado cautivos.
18 Asimismo los filisteos se habían extendido por las
ciudades de la Sefela y del Neguev de Judá, y habían tomado Bet-semes, Ajalón,
Gederot, Soco con sus aldeas, Timna también con sus aldeas, y Gimzo con sus
aldeas; y habitaban en ellas.
19 Porque Jehová había humillado a Judá por causa de Acaz
rey de Israel, por cuanto él había actuado desenfrenadamente en Judá, y había
prevaricado gravemente contra Jehová.
20 También vino contra él Tiglat-pileser rey de los
asirios, quien lo redujo a estrechez, y no lo fortaleció.
21 No obstante que despojó Acaz la casa de Jehová, y la
casa real, y las de los príncipes, para dar al rey de los asirios, éste no le
ayudó.
22 Además el rey Acaz en el tiempo que aquel le apuraba,
añadió mayor pecado contra Jehová;
23 porque ofreció sacrificios a los dioses de Damasco que
le habían derrotado, y dijo: Pues que los dioses de los reyes de Siria les
ayudan, yo también ofreceré sacrificios a ellos para que me ayuden; bien que
fueron éstos su ruina, y la de todo Israel.
24 Además de eso recogió Acaz los utensilios de la casa
de Dios, y los quebró, y cerró las puertas de la casa de Jehová, y se hizo
altares en Jerusalén en todos los rincones.
25 Hizo también lugares altos en todas las ciudades de
Judá, para quemar incienso a los dioses ajenos, provocando así a ira a Jehová
el Dios de sus padres.
26 Los demás de sus hechos, y todos su caminos, primeros
y postreros, he aquí están escritos en el libro de los reyes de Judá y de
Israel.
27 Y durmió Acaz con sus padres, y lo sepultaron en la
ciudad de Jerusalén, pero no lo metieron en los sepulcros de los reyes de
Israel; y reinó en su lugar Ezequías su hijo.
Reinado de Ezequías
2 Crónicas 29
(2 R. 18.1-3)
1 Comenzó a reinar Ezequías siendo de veinticinco años, y
reinó veintinueve años en Jerusalén. El nombre de su madre fue Abías, hija de
Zacarías.
2 E hizo lo recto ante los ojos de Jehová, conforme a
todas las cosas que había hecho David su padre.
Ezequías restablece el culto del templo
3 En el primer año de su reinado, en el mes primero,
abrió las puertas de la casa de Jehová, y las reparó.
4 E hizo venir a los sacerdotes y levitas, y los reunió
en la plaza oriental.
5 Y les dijo: ¡Oídme, levitas! Santificaos ahora, y
santificad la casa de Jehová el Dios de vuestros padres, y sacad del santuario
la inmundicia.
6 Porque nuestros padres se han rebelado, y han hecho lo
malo ante los ojos de Jehová nuestro Dios; porque le dejaron, y apartaron sus
rostros del tabernáculo de Jehová, y le volvieron las espaldas.
7 Y aun cerraron las puertas del pórtico, y apagaron las
lámparas; no quemaron incienso, ni sacrificaron holocausto en el santuario al
Dios de Israel.
8 Por tanto, la ira de Jehová ha venido sobre Judá y
Jerusalén, y los ha entregado a turbación, a execración y a escarnio, como
veis vosotros con vuestros ojos.
9 Y he aquí nuestros padres han caído a espada, y
nuestros hijos, nuestras hijas y nuestras mujeres fueron llevados cautivos por
esto.
10 Ahora, pues, yo he determinado hacer pacto con Jehová
el Dios de Israel, para que aparte de nosotros el ardor de su ira.
11 Hijos míos, no os engañéis ahora, porque Jehová os ha
escogido a vosotros para que estéis delante de él y le sirváis, y seáis sus
ministros, y le queméis incienso.
12 Entonces se levantaron los levitas Mahat hijo de
Amasai y Joel hijo de Azarías, de los hijos de Coat; de los hijos de Merari,
Cis hijo de Abdi y Azarías hijo de Jehalelel; de los hijos de Gersón, Joa hijo
de Zima y Edén hijo de Joa;
13 de los hijos de Elizafán, Simri y Jeiel; de los hijos
de Asaf, Zacarías y Matanías;
14 de los hijos de Hemán, Jehiel y Simei; y de los hijos
de Jedutún, Semaías y Uziel.
15 Estos reunieron a sus hermanos, y se santificaron, y
entraron, conforme al mandamiento del rey y las palabras de Jehová, para
limpiar la casa de Jehová.
16 Y entrando los sacerdotes dentro de la casa de Jehová
para limpiarla, sacaron toda la inmundicia que hallaron en el templo de
Jehová, al atrio de la casa de Jehová; y de allí los levitas la llevaron fuera
al torrente de Cedrón.
17 Comenzaron a santificarse el día primero del mes
primero, y a los ocho
del mismo mes vinieron al pórtico de Jehová; y
santificaron la casa de Jehová en ocho días, y en el día dieciséis del mes
primero terminaron.
18 Entonces vinieron al rey Ezequías y le dijeron: Ya
hemos limpiado toda la casa de Jehová, el altar del holocausto, y todos sus
instrumentos, y la mesa de la proposición con todos sus utensilios.
19 Asimismo hemos preparado y santificado todos los
utensilios que en su infidelidad había desechado el rey Acaz, cuando reinaba;
y he aquí están delante del altar de Jehová.
20 Y levantándose de mañana, el rey Ezequías reunió los
principales de la ciudad, y subió a la casa de Jehová.
21 Y presentaron siete novillos, siete carneros, siete
corderos y siete machos cabríos para expiación por el reino, por el santuario
y por Judá. Y dijo a los sacerdotes hijos de Aarón que los ofreciesen sobre el
altar de Jehová.
22 Mataron, pues, los novillos, y los sacerdotes
recibieron la sangre, y la esparcieron sobre el altar; mataron luego los
carneros, y esparcieron la sangre sobre el altar; asimismo mataron los
corderos, y esparcieron la sangre sobre el altar.
23 Después hicieron acercar delante del rey y de la
multitud los machos cabríos para la expiación, y pusieron sobre ellos sus
manos;
24 y los sacerdotes los mataron, e hicieron ofrenda de
expiación con la sangre de ellos sobre el altar, para reconciliar a todo
Israel; porque por todo Israel mandó el rey hacer el holocausto y la
expiación.
25 Puso también levitas en la casa de Jehová con
címbalos, salterios y arpas, conforme al mandamiento de David, de Gad vidente
del rey, y del profeta Natán, porque aquel mandamiento procedía de Jehová por
medio de sus profetas.
26 Y los levitas estaban con los instrumentos de David, y
los sacerdotes con trompetas.
27 Entonces mandó Ezequías sacrificar el holocausto en el
altar; y cuando comenzó el holocausto, comenzó también el cántico de Jehová,
con las trompetas y los instrumentos de David rey de Israel.
28 Y toda la multitud adoraba, y los cantores cantaban, y
los trompeteros sonaban las trompetas; todo esto duró hasta consumirse el
holocausto.
29 Y cuando acabaron de ofrecer, se inclinó el rey, y
todos los que con él estaban, y adoraron.
30 Entonces el rey Ezequías y los príncipes dijeron a los
levitas que alabasen a Jehová con las palabras de David y de Asaf vidente; y
ellos alabaron con gran alegría, y se inclinaron y adoraron.
31 Y respondiendo Ezequías, dijo: Vosotros os habéis
consagrado ahora a Jehová; acercaos, pues, y presentad sacrificios y alabanzas
en la casa de Jehová. Y la multitud presentó sacrificios y alabanzas; y todos
los generosos de corazón trajeron holocaustos.
32 Y fue el número de los holocaustos que trajo la
congregación, setenta bueyes, cien carneros y doscientos corderos, todo para
el holocausto de Jehová.
33 Y las ofrendas fueron seiscientos bueyes y tres mil
ovejas.
34 Mas los sacerdotes eran pocos, y no bastaban para
desollar los holocaustos; y así sus hermanos los levitas les ayudaron hasta
que acabaron la obra, y hasta que los demás sacerdotes se santificaron; porque
los levitas fueron más rectos de corazón para santificarse que los sacerdotes.
35 Así, pues, hubo abundancia de holocaustos, con grosura
de las ofrendas de paz, y libaciones para cada holocausto. Y quedó
restablecido el servicio de la casa de Jehová.
36 Y se alegró Ezequías con todo el pueblo, de que Dios
hubiese preparado el pueblo; porque la cosa fue hecha rápidamente.
Ezequías celebra la pascua
2 Crónicas 30
1 Envió después Ezequías por todo Israel y Judá, y
escribió cartas a Efraín y a Manasés, para que viniesen a Jerusalén a la casa
de Jehová para celebrar la pascua a Jehová Dios de Israel.
2 Y el rey había tomado consejo con sus príncipes, y con
toda la congregación en Jerusalén, para celebrar la pascua en el mes segundo;
3 porque entonces no la podían celebrar, por cuanto no
había suficientes sacerdotes santificados, ni el pueblo se había reunido en
Jerusalén.
4 Esto agradó al rey y a toda la multitud.
5 Y determinaron hacer pasar pregón por todo Israel,
desde Beerseba hasta Dan, para que viniesen a celebrar la pascua a Jehová Dios
de Israel, en Jerusalén; porque en mucho tiempo no la habían celebrado al modo
que está escrito.
6 Fueron, pues, correos con cartas de mano del rey y de
sus príncipes por todo Israel y Judá, como el rey lo había mandado, y decían:
Hijos de Israel, volveos a Jehová el Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, y
él se volverá al remanente que ha quedado de la mano de los reyes de Asiria.
7 No seáis como vuestros padres y como vuestros hermanos,
que se rebelaron contra Jehová el Dios de sus padres, y él los entregó a
desolación, como vosotros veis.
8 No endurezcáis, pues, ahora vuestra cerviz como
vuestros padres; someteos a Jehová, y venid a su santuario, el cual él ha
santificado para siempre; y servid a Jehová vuestro Dios, y el ardor de su ira
se apartará de vosotros.
9 Porque si os volviereis a Jehová, vuestros hermanos y
vuestros hijos hallarán misericordia delante de los que los tienen cautivos, y
volverán a esta tierra; porque Jehová vuestro Dios es clemente y
misericordioso, y no apartará de vosotros su rostro, si vosotros os volviereis
a él.
10 Pasaron, pues, los correos de ciudad en ciudad por la
tierra de Efraín y Manasés, hasta Zabulón; mas se reían y burlaban de ellos.
11 Con todo eso, algunos hombres de Aser, de Manasés y de
Zabulón se humillaron y vinieron a Jerusalén.
12 En Judá también estuvo la mano de Dios para darles un
solo corazón para cumplir el mensaje del rey y de los príncipes, conforme a la
palabra de Jehová.
13 Y se reunió en Jerusalén mucha gente para celebrar la
fiesta solemne de los panes sin levadura en el mes segundo, una vasta reunión.
14 Y levantándose, quitaron los altares que había en
Jerusalén; quitaron también todos los altares de incienso, y los echaron al
torrente de Cedrón.
15 Entonces sacrificaron la pascua, a los catorce días
del mes segundo; y los sacerdotes y los levitas llenos de vergüenza se
santificaron, y trajeron los holocaustos a la casa de Jehová.
16 Y tomaron su lugar en los turnos de costumbre,
conforme a la ley de Moisés varón de Dios; y los sacerdotes esparcían la
sangre que recibían de manos de los levitas.
17 Porque había muchos en la congregación que no estaban
santificados, y por eso los levitas sacrificaban la pascua por todos los que
no se habían purificado, para santificarlos a Jehová.
18 Porque una gran multitud del pueblo de Efraín y
Manasés, y de Isacar y Zabulón, no se habían purificado, y comieron la pascua
no conforme a lo que está escrito. Mas Ezequías oró por ellos, diciendo:
Jehová, que es bueno, sea propicio a todo aquel que ha preparado su corazón
para buscar a Dios,
19 a Jehová el Dios de sus padres, aunque no esté
purificado según los ritos de purificación del santuario.
20 Y oyó Jehová a Ezequías, y sanó al pueblo.
21 Así los hijos de Israel que estaban en Jerusalén
celebraron la fiesta solemne de los panes sin levadura por siete días con
grande gozo; y glorificaban a Jehová todos los días los levitas y los
sacerdotes, cantando con instrumentos resonantes a Jehová.
22 Y habló Ezequías al corazón de todos los levitas que
tenían buena inteligencia en el servicio de Jehová. Y comieron de lo
sacrificado en la fiesta solemne por siete días, ofreciendo sacrificios de
paz, y dando gracias a Jehová el Dios de sus padres.
23 Y toda aquella asamblea determinó que celebrasen la
fiesta por otros siete días; y la celebraron otros siete días con alegría.
24 Porque Ezequías rey de Judá había dado a la asamblea
mil novillos y siete mil ovejas; y también los príncipes dieron al pueblo mil
novillos y diez mil ovejas; y muchos sacerdotes ya se habían santificado.
25 Se alegró, pues, toda la congregación de Judá, como
también los sacerdotes y levitas, y toda la multitud que había venido de
Israel; asimismo los forasteros que habían venido de la tierra de Israel, y
los que habitaban en Judá.
26 Hubo entonces gran regocijo en Jerusalén; porque desde
los días de Salomón hijo de David rey de Israel, no había habido cosa
semejante en Jerusalén.
27 Después los sacerdotes y levitas, puestos en pie,
bendijeron al pueblo; y la voz de ellos fue oída, y su oración llegó a la
habitación de su santuario, al cielo.
2 Crónicas 31
1 Hechas todas estas cosas, todos los de Israel que
habían estado allí salieron por las ciudades de Judá, y quebraron las estatuas
y destruyeron las imágenes de Asera, y derribaron los lugares altos y los
altares por todo Judá y Benjamín, y también en Efraín y Manasés, hasta
acabarlo todo. Después se volvieron todos los hijos de Israel a sus ciudades,
cada uno a su posesión.
Ezequías reorganiza el servicio de los sacerdotes y
levitas
2 Y arregló Ezequías la distribución de los sacerdotes y
de los levitas conforme a sus turnos, cada uno según su oficio; los sacerdotes
y los levitas para ofrecer el holocausto y las ofrendas de paz, para que
ministrasen, para que diesen gracias y alabasen dentro de las puertas de los
atrios de Jehová.
3 El rey contribuyó de su propia hacienda para los
holocaustos a mañana y tarde, y para los holocaustos de los días de reposo,
nuevas lunas y fiestas solemnes, como está escrito en la ley de Jehová.
4 Mandó también al pueblo que habitaba en Jerusalén, que
diese la porción correspondiente a los sacerdotes y levitas, para que ellos se
dedicasen a la ley de Jehová.
5 Y cuando este edicto fue divulgado, los hijos de Israel
dieron muchas primicias de grano, vino, aceite, miel, y de todos los frutos de
la tierra; trajeron asimismo en abundancia los diezmos de todas las cosas.
6 También los hijos de Israel y de Judá, que habitaban en
las ciudades de Judá, dieron del mismo modo los diezmos de las vacas y de las
ovejas; y trajeron los diezmos de lo santificado, de las cosas que habían
prometido a Jehová su Dios, y los depositaron en montones.
7 En el mes tercero comenzaron a formar aquellos
montones, y terminaron en el mes séptimo.
8 Cuando Ezequías y los príncipes vinieron y vieron los
montones, bendijeron a Jehová, y a su pueblo Israel.
9 Y preguntó Ezequías a los sacerdotes y a los levitas
acerca de esos montones.
10 Y el sumo sacerdote Azarías, de la casa de Sadoc, le
contestó: Desde que comenzaron a traer las ofrendas a la casa de Jehová, hemos
comido y nos hemos saciado, y nos ha sobrado mucho, porque Jehová ha bendecido
a su pueblo; y ha quedado esta abundancia de provisiones.
11 Entonces mandó Ezequías que preparasen cámaras en la
casa de Jehová; y las prepararon.
12 Y en ellas depositaron las primicias y los diezmos y
las cosas consagradas, fielmente; y dieron cargo de ello al levita Conanías,
el principal, y Simei su hermano fue el segundo.
13 Y Jehiel, Azazías, Nahat, Asael, Jerimot, Jozabad,
Eliel, Ismaquías, Mahat y Benaía, fueron los mayordomos al servicio de
Conanías y de Simei su hermano, por mandamiento del rey Ezequías y de Azarías,
príncipe de la casa de Dios.
14 Y el levita Coré hijo de Imna, guarda de la puerta
oriental, tenía cargo de las ofrendas voluntarias para Dios, y de la
distribución de las ofrendas dedicadas a Jehová, y de las cosas santísimas.
15 Y a su servicio estaban Edén, Miniamín, Jesúa, Semaías,
Amarías y Secanías, en las ciudades de los sacerdotes, para dar con fidelidad
a sus hermanos sus porciones conforme a sus grupos, así al mayor como al
menor;
16 a los varones anotados por sus linajes, de tres años
arriba, a todos los que entraban en la casa de Jehová para desempeñar su
ministerio según sus oficios y grupos.
17 También a los que eran contados entre los sacerdotes
según sus casas paternas; y a los levitas de edad de veinte años arriba,
conforme a sus oficios y grupos.
18 Eran inscritos con todos sus niños, sus mujeres, sus
hijos e hijas, toda la multitud; porque con fidelidad se consagraban a las
cosas santas.
19 Del mismo modo para los hijos de Aarón, sacerdotes,
que estaban en los ejidos de sus ciudades, por todas las ciudades, los varones
nombrados tenían cargo de dar sus porciones a todos los varones de entre los
sacerdotes, y a todo el linaje de los levitas.
20 De esta manera hizo Ezequías en todo Judá; y ejecutó
lo bueno, recto y verdadero delante de Jehová su Dios.
21 En todo cuanto emprendió en el servicio de la casa de
Dios, de acuerdo con la ley y los mandamientos, buscó a su Dios, lo hizo de
todo corazón, y fue prosperado.
Senaquerib invade Judá
2 Crónicas 32
(2 R. 18.13-37; Is. 36.1-22)
1 Después de estas cosas y de esta fidelidad, vino
Senaquerib rey de los asirios e invadió a Judá, y acampó contra las ciudades
fortificadas, con la intención de conquistarlas.
2 Viendo, pues, Ezequías la venida de Senaquerib, y su
intención de combatir a Jerusalén,
3 tuvo consejo con sus príncipes y con sus hombres
valientes, para cegar las fuentes de agua que estaban fuera de la ciudad; y
ellos le apoyaron.
4 Entonces se reunió mucho pueblo, y cegaron todas las
fuentes, y el arroyo que corría a través del territorio, diciendo: ¿Por qué
han de hallar los reyes de Asiria muchas aguas cuando vengan?
5 Después con animó resuelto edificó Ezequías todos los
muros caídos, e hizo alzar las torres, y otro muro por fuera; fortificó además
a Milo en la ciudad de David, y también hizo muchas espadas y escudos.
6 Y puso capitanes de guerra sobre el pueblo, y los hizo
reunir en la plaza de la puerta de la ciudad, y habló al corazón de ellos,
diciendo:
7 Esforzaos y animaos; no temáis, ni tengáis miedo del
rey de Asiria, ni de toda la multitud que con él viene; porque más hay con
nosotros que con él.
8 Con él está el brazo de carne, mas con nosotros está
Jehová nuestro Dios para ayudarnos y pelear nuestras batallas. Y el pueblo
tuvo confianza en las palabras de Ezequías rey de Judá.
9 Después de esto, Senaquerib rey de los asirios,
mientras sitiaba a Laquis con todas sus fuerzas, envió sus siervos a Jerusalén
para decir a Ezequías rey de Judá, y a todos los de Judá que estaban en
Jerusalén:
10 Así ha dicho Senaquerib rey los asirios: ¿En quién
confiáis vosotros, al resistir el sitio en Jerusalén?
11 ¿No os engaña Ezequías para entregaros a muerte, a
hambre y a sed, al decir: Jehová nuestro Dios nos librará de la mano del rey
de Asiria?
12 ¿No es Ezequías el mismo que ha quitado sus lugares
altos y sus altares, y ha dicho a Judá y a Jerusalén: Delante de este solo
altar adoraréis, y sobre él quemaréis incienso?
13 ¿No habéis sabido lo que yo y mis padres hemos hecho a
todos los pueblos de la tierra? ¿Pudieron los dioses de las naciones de estas
tierras librar su tierra de mi mano?
14 ¿Qué dios hubo de entre todos los dioses de aquellas
naciones que destruyeron mis padres, que pudiese salvar a su pueblo de mis
manos? ¿Cómo podrá vuestro Dios libraros de mi mano?
15 Ahora, pues, no os engañe Ezequías, ni os persuada de
ese modo, ni le creáis; que si ningún dios de todas aquellas naciones y reinos
pudo librar a su pueblo de mis manos, y de las manos de mis padres, ¿cuánto
menos vuestro Dios os podrá librar de mi mano?
16 Y otras cosas más hablaron sus siervos contra Jehová
Dios, y contra su siervo Ezequías.
17 Además de esto escribió cartas en que blasfemaba
contra Jehová el Dios de Israel, y hablaba contra él, diciendo: Como los
dioses de las naciones de los países no pudieron librar a su pueblo de mis
manos, tampoco el Dios de Ezequías librará al suyo de mis manos.
18 Y clamaron a gran voz en judaico al pueblo de
Jerusalén que estaba sobre los muros, para espantarles y atemorizarles, a fin
de poder tomar la ciudad.
19 Y hablaron contra el Dios de Jerusalén, como contra
los dioses de los pueblos de la tierra, que son obra de manos de hombres.
Jehová libra a Ezequías
(2 R. 19.1-37; Is. 37:1-38)
20 Mas el rey Ezequías y el profeta Isaías hijo de Amoz
oraron por esto, y clamaron al cielo.
21 Y Jehová envió un ángel, el cual destruyó a todo
valiente y esforzado, y a los jefes y capitanes en el campamento del rey de
Asiria. Este se volvió, por tanto, avergonzado a su tierra; y entrando en el
templo de su dios, allí lo mataron a espada sus propios hijos.
22 Así salvó Jehová a Ezequías y a los moradores de
Jerusalén de las manos de Senaquerib rey de Asiria, y de las manos de todos; y
les dio reposo por todos lados.
23 Y muchos trajeron a Jerusalén ofrenda a Jehová, y
ricos presentes a Ezequías rey de Judá; y fue muy engrandecido delante de
todas las naciones después de esto.
Enfermedad de Ezequías
(2 R. 20.1-11; Is. 38.1-22)
24 En aquel tiempo Ezequías enfermó de muerte; y oró a
Jehová, quien le respondió, y le dio una señal.
25 Mas Ezequías no correspondió al bien que le había sido
hecho, sino que se enalteció su corazón, y vino la ira contra él, y contra
Judá y Jerusalén.
26 Pero Ezequías, después de haberse enaltecido su
corazón, se humilló, él y los moradores de Jerusalén; y no vino sobre ellos la
ira de Jehová en los días de Ezequías.
Ezequías recibe a los enviados de Babilonia
(2 R. 20.12-19; Is. 39.1-8)
27 Y tuvo Ezequías riquezas y gloria, muchas en gran
manera; y adquirió tesoros de plata y oro, piedras preciosas, perfumes,
escudos, y toda clase de joyas deseables.
28 Asimismo hizo depósitos para las rentas del grano, del
vino y del aceite, establos para toda clase de bestias, y apriscos para los
ganados.
29 Adquirió también ciudades, y hatos de ovejas y de
vacas en gran abundancia; porque Dios le había dado muchas riquezas.
30 Este Ezequías cubrió los manantiales de Gihón la de
arriba, y condujo el agua hacia el occidente de la ciudad de David. Y fue
prosperado Ezequías en todo lo que hizo.
31 Mas en lo referente a los mensajeros de los príncipes
de Babilonia, que enviaron a él para saber del prodigio que había acontecido
en el país, Dios lo dejó, para probarle, para hacer conocer todo lo que estaba
en su corazón.
Muerte de Ezequías
(2 R. 20.20-21)
32 Los demás hechos de Ezequías, y sus misericordias, he
aquí todos están escritos en la profecía del profeta Isaías hijo de Amoz, en
el libro de los reyes de Judá y de Israel.
33 Y durmió Ezequías con sus padres, y lo sepultaron en
el lugar más prominente de los sepulcros de los hijos de David, honrándole en
su muerte todo Judá y toda Jerusalén; y reinó en su lugar Manasés su hijo.
Reinado de Manasés
2 Crónicas 33
(2 R. 21.1-18)
1 De doce años era Manasés cuando comenzó a reinar, y
cincuenta y cinco años reinó en Jerusalén.
2 Pero hizo lo malo ante los ojos de Jehová, conforme a
las abominaciones de las naciones que Jehová había echado de delante de los
hijos de Israel.
3 Porque él reedificó los lugares altos que Ezequías su
padre había derribado, y levantó altares a los baales, e hizo imágenes de
Asera, y adoró a todo el ejército de los cielos, y les rindió culto.
4 Edificó también altares en la casa de Jehová, de la
cual había dicho Jehová: En Jerusalén estará mi nombre perpetuamente.
5 Edificó asimismo altares a todo el ejército de los
cielos en los dos atrios de la casa de Jehová.
6 Y pasó sus hijos por fuego en el valle del hijo de
Hinom; y observaba los tiempos, miraba en agüeros, era dado a adivinaciones, y
consultaba a adivinos y encantadores; se excedió en hacer lo malo ante los
ojos de Jehová, hasta encender su ira.
7 Además de esto puso una imagen fundida que hizo, en la
casa de Dios, de la cual había dicho Dios a David y a Salomón su hijo: En esta
casa y en Jerusalén, la cual yo elegí sobre todas las tribus de Israel, pondré
mi nombre para siempre;
8 y nunca más quitaré el pie de Israel de la tierra que
yo entregué a vuestros padres, a condición de que guarden y hagan todas las
cosas que yo les he mandado, toda la ley, los estatutos y los preceptos, por
medio de Moisés.
9 Manasés, pues, hizo extraviarse a Judá y los moradores
de Jerusalén, para hacer más mal que las naciones que Jehová destruyó delante
de los hijos de Israel.
10 Y habló Jehová a Manasés y a su pueblo, mas ellos no
escucharon;
11 por lo cual Jehová trajo contra ellos los generales
del ejército del rey de los asirios, los cuales aprisionaron con grillos a
Manasés, y atado con cadenas lo llevaron a Babilonia.
12 Mas luego que fue puesto en angustias, oró a Jehová su
Dios, humillado grandemente en la presencia del Dios de sus padres.
13 Y habiendo orado a él, fue atendido; pues Dios oyó su
oración y lo restauró a Jerusalén, a su reino. Entonces reconoció Manasés que
Jehová era Dios.
14 Después de esto edificó el muro exterior de la cuidad
de David, al occidente de Gihón, en el valle, a la entrada de la puerta del
Pescado, y amuralló Ofel, y elevó el muro muy alto; y puso capitanes del
ejército en todas las ciudades fortificadas de Judá.
15 Asimismo quitó los dioses ajenos, y el ídolo de la
casa de Jehová, y todos los altares que había edificado en el monte de la casa
de Jehová y en Jerusalén, y los echó fuera de la ciudad.
16 Reparó luego el altar de Jehová, y sacrificó sobre él
sacrificios de ofrendas de paz y de alabanza; y mandó a Judá que sirviesen a
Jehová Dios de Israel.
17 Pero el pueblo aún sacrificaba en los lugares altos,
aunque lo hacía para Jehová su Dios.
18 Los Demás hechos de Manasés, y su oración a su Dios, y
las palabras de los videntes que le hablaron en nombre de Jehová el Dios de
Israel, he aquí todo está escrito en las actas de los reyes de Israel.
19 Su oración también, y cómo fue oído, todos sus
pecados, y su prevaricación, los sitios donde edificó lugares altos y erigió
imágenes de Asera e ídolos, antes que se humillase, he aquí estas cosas están
escritas en las palabras de los videntes.
20 Y durmió Manasés con sus padres, y lo sepultaron en su
casa; y reinó en su lugar Amón su hijo.
Reinado de Amón
(2 R. 21.19-26)
21 De veintidós años era Amón cuando comenzó a reinar, y
dos años reinó en Jerusalén.
22 E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, como había
hecho Manasés su padre; porque ofreció sacrificios y sirvió a todos los ídolos
que su padre Manasés había hecho.
23 Pero nunca se humilló delante de Jehová, como se
humilló Manasés su padre; antes bien aumentó el pecado.
24 Y conspiraron contra él sus siervos, y lo mataron en
su casa.
25 Mas el pueblo de la tierra mató a todos los que habían
conspirado contra el rey Amón; y el pueblo de la tierra puso por rey en su
lugar a Josías su hijo.
Reinado de Josías
2 Crónicas 34
(2 R. 22.1-2)
1 De ocho años era Josías cuando comenzó a reinar, y
treinta y un años reinó en Jerusalén.
2 Este hizo lo recto ante los ojos de Jehová, y anduvo en
los caminos de David su padre, sin apartarse a la derecha ni a la izquierda.
Reformas de Josías
(2 R. 23.4-20)
3 A los ocho años de su reinado, siendo aún muchacho,
comenzó a buscar al Dios de David su padre; y a los doce años comenzó a
limpiar a Judá y a Jerusalén de los lugares altos, imágenes de Asera,
esculturas, e imágenes fundidas.
4 Y derribaron delante de él los altares de los baales, e
hizo pedazos las imágenes del sol, que estaban puestas encima; despedazó
también las imágenes de Asera, las esculturas y estatuas fundidas, y las
desmenuzó, y esparció el polvo sobre los sepulcros de los que les habían
ofrecido sacrificios.
5 Quemó además los huesos de los sacerdotes sobre sus
altares, y limpió a Judá y a Jerusalén.
6 Lo mismo hizo en las ciudades de Manasés, Efraín,
Simeón y hasta Neftalí, y en los lugares asolados alrededor.
7 Y cuando hubo derribado los altares y las imágenes de
Asera, y quebrado y desmenuzado las esculturas, y destruido todos los ídolos
por toda la tierra de Israel, volvió a Jerusalén.
Hallazgo del libro de la ley
(2 R. 22.3-23.3)
8 A los dieciocho años de su reinado, después de haber
limpiado la tierra y la casa, envió a Safán hijo de Azalía, a Maasías
gobernador de la ciudad, y a Joa hijo de Joacaz, canciller, para que reparasen
la casa de Jehová su Dios.
9 Vinieron éstos al sumo sacerdote Hilcías, y dieron el
dinero que había sido traído a la casa de Jehová, que los levitas que
guardaban la puerta habían recogido de mano de Manasés y de Efraín y de todo
el remanente de Israel, de todo Judá y Benjamín, y de los habitantes de
Jerusalén.
10 Y lo entregaron en mano de los que hacían la obra, que
eran mayordomos en la casa de Jehová, los cuales lo daban a los que hacían la
obra y trabajaban en la casa de Jehová, para reparar y restaurar el templo.
11 Daban asimismo a los carpinteros y canteros para que
comprasen piedra de cantería, y madera para los armazones y para la
entabladura de los edificios que habían destruido los reyes de Judá.
12 Y estos hombres procedían con fidelidad en la obra; y
eran sus mayordomos Jahat y Abdías, levitas de los hijos de Merari, y Zacarías
y Mesulam de los hijos de Coat, para que activasen la obra; y de los levitas,
todos los entendidos en instrumentos de música.
13 También velaban sobre los cargadores, y eran
mayordomos de los que se ocupaban en cualquier clase de obra; y de los levitas
había escribas, gobernadores y porteros.
14 Y al sacar el dinero que había sido traído a la casa
de Jehová, el sacerdote Hilcías halló el libro de la ley de Jehová dada por
medio de Moisés.
15 Y dando cuenta Hilcías, dijo al escriba Safán: Yo he
hallado el libro de la ley en la casa de Jehová. Y dio Hilcías el libro a
Safán.
16 Y Safán lo llevó al rey, y le contó el asunto,
diciendo: Tus siervos han cumplido todo lo que les fue encomendado.
17 Han reunido el dinero que se halló en la casa de
Jehová, y lo han entregado en mano de los encargados, y en mano de los que
hacen la obra.
18 Además de esto, declaró el escriba Safán al rey,
diciendo: El sacerdote Hilcías me dio un libro. Y leyó Safán en él delante del
rey.
19 Luego que el rey oyó las palabras de la ley, rasgó sus
vestidos;
20 Y mandó a Hilcías y a Ahicam hijo de Safán, y a Abdón
hijo de Micaía, y a Safán escriba, y a Asaías siervo del rey, diciendo:
21 Andad, consultad a Jehová por mí y por el remanente de
Israel y de Judá acerca de las palabras del libro que se ha hallado; porque
grande es la ira de Jehová que ha caído sobre nosotros, por cuanto nuestros
padres no guardaron la palabra de Jehová, para hacer conforme a todo lo que
está escrito en este libro.
22 Entonces Hilcías y los del rey fueron a Hulda
profetisa, mujer de Salum hijo de Ticva, hijo de Harhas, guarda de las
vestiduras, la cual moraba en Jerusalén en el segundo barrio, y le dijeron las
palabras antes dichas.
23 Y ella respondió: Jehová Dios de Israel ha dicho así:
Decid al varón que os ha enviado a mí, que así ha dicho Jehová:
24 He aquí yo traigo mal sobre este lugar, y sobre los
moradores de él, todas las maldiciones que están escritas en el libro que
leyeron delante del rey de Judá;
25 por cuanto me han dejado, y han ofrecido sacrificios
dioses ajenos, provocándome a ira con todas las obras de sus manos; por tanto,
se derramará mi ira sobre este lugar, y no se apagará.
26 Mas al rey de Judá, que os ha enviado a consultar a
Jehová, así le diréis: Jehová el Dios de Israel ha dicho así: Por cuanto oíste
las palabras del libro,
27 y tu corazón se conmovió, y te humillaste delante de
Dios al oír sus palabras sobre este lugar y sobre sus moradores, y te
humillaste delante de mí, y rasgaste tus vestidos y lloraste en mi presencia,
yo también te he oído, dice Jehová.
28 He aquí que yo te recogeré con tus padres, y serás
recogido en tu sepulcro en paz, y tus ojos no verán todo el mal que yo traigo
sobre este lugar y sobre los moradores de él. Y ellos refirieron al rey la
respuesta.
29 Entonces el rey envió y reunió a todos los ancianos de
Judá y de Jerusalén.
30 Y subió el rey a la casa de Jehová, y con él todos los
varones de Judá, y los moradores de Jerusalén, los sacerdotes, los levitas y
todo el pueblo, desde el mayor hasta el más pequeño; y leyó a oídos de ellos
todas las palabras del libro del pacto que había sido hallado en la casa de
Jehová.
31 Y estando el rey en pie en su sitio, hizo delante de
Jehová pacto de caminar en pos de Jehová y de guardar sus mandamientos, sus
testimonios y sus estatutos, con todo su corazón y con toda su alma, poniendo
por obra las palabras del pacto que estaban escritas en aquel libro.
32 E hizo que se obligaran a ello todos los que estaban
en Jerusalén y en Benjamín; y los moradores de Jerusalén hicieron conforme al
pacto de Dios, del Dios de sus padres.
33 Y quitó Josías todas las abominaciones de toda la
tierra de los hijos de Israel, e hizo que todos los que se hallaban en Israel
sirviesen a Jehová su Dios. No se apartaron de en pos de Jehová el Dios de sus
padres, todo el tiempo que él vivió.
Josías celebra la pascua
2 Crónicas 35
(2 R. 23.21-23)
1 Josías celebró la pascua a Jehová en Jerusalén, y
sacrificaron la pascua a los catorce días del mes primero.
2 Puso también a los sacerdotes en sus oficios, y los
confirmó en el ministerio de la casa de Jehová.
3 Y dijo a los levitas que enseñaban a todo Israel, y que
estaban dedicados a Jehová: Poned el arca santa en la casa que edificó Salomón
hijo de David, rey de Israel, para que no la carguéis más sobre los hombros.
Ahora servid a Jehová vuestro Dios, y a su pueblo Israel.
4 Preparaos según las familias de vuestros padres, por
vuestros turnos, como lo ordenaron David rey de Israel y Salomón su hijo.
5 Estad en el santuario según la distribución de las
familias de vuestros hermanos los hijos del pueblo, y según la distribución de
la familia de los levitas.
6 Sacrificad luego la pascua; y después de santificaros,
preparad a vuestros hermanos para que hagan conforme a la palabra de Jehová
dada por medio de Moisés.
7 Y dio el rey Josías a los del pueblo ovejas, corderos y
cabritos de los rebaños, en número de treinta mil, y tres mil bueyes, todo
para la pascua, para todos los que se hallaron presentes; esto de la hacienda
del rey.
8 También sus príncipes dieron con liberalidad al pueblo
y a los sacerdotes y levitas. Hilcías, Zacarías y Jehiel, oficiales de la casa
de Dios, dieron a los sacerdotes, para celebrar la pascua, dos mil seiscientas
ovejas y trescientos bueyes.
9 Asimismo Conanías, y Semaías y Natanael sus hermanos, y
Hasabías, Jeiel y Josabad, jefes de los levitas, dieron a los levitas, para
los sacrificios de la pascua, cinco mil ovejas y quinientos bueyes.
10 Preparado así el servicio, los sacerdotes se colocaron
en sus puestos, y asimismo los levitas en sus turnos, conforme al mandamiento
del rey.
11 Y sacrificaron la pascua; y esparcían los sacerdotes
la sangre recibida de mano de los levitas, y los levitas desollaban las
víctimas.
12 Tomaron luego del holocausto, para dar conforme a los
repartimientos de las familias del pueblo, a fin de que ofreciesen a Jehová
según está escrito en el libro de Moisés; y asimismo tomaron de los bueyes.
13 Y asaron la pascua al fuego conforme a la ordenanza;
mas lo que había sido santificado lo cocieron en ollas, en calderos y
sartenes, y lo repartieron rápidamente a todo el pueblo.
14 Después prepararon para ellos mismos y para los
sacerdotes; porque los sacerdotes, hijos de Aarón, estuvieron ocupados hasta
la noche en el sacrificio de los holocaustos y de las grosuras; por tanto, los
levitas prepararon para ellos mismos y para los sacerdotes hijos de Aarón.
15 Asimismo los cantores hijos de Asaf estaban en su
puesto, conforme al mandamiento de David, de Asaf y de Hemán, y de Jedutún
vidente del rey; también los porteros estaban a cada puerta; y no era
necesario que se apartasen de su ministerio, porque sus hermanos los levitas
preparaban para ellos.
16 Así fue preparado todo el servicio de Jehová en aquel
día, para celebrar la pascua y para sacrificar los holocaustos sobre el altar
de Jehová, conforme al mandamiento del rey Josías.
17 Y los hijos de Israel que estaban allí celebraron la
pascua en aquel tiempo, y la fiesta solemne de los panes sin levadura por
siete días.
18 Nunca fue celebrada una pascua como esta en Israel
desde los días de Samuel el profeta; ni ningún rey de Israel celebró pascua
tal como la que celebró el rey Josías, con los sacerdotes y levitas, y todo
Judá e Israel, los que se hallaron allí, juntamente con los moradores de
Jerusalén.
19 Esta pascua fue celebrada en el año dieciocho del rey
Josías.
Muerte de Josías
(2 R. 23.28-30)
20 Después de todas estas cosas, luego de haber reparado
Josías la casa de Jehová, Necao rey de Egipto subió para hacer guerra en
Carquemis junto al Eufrates; y salió Josías contra él.
21 Y Necao le envió mensajeros, diciendo: ¿Qué tengo yo
contigo, rey de Judá? Yo no vengo contra ti hoy, sino contra la casa que me
hace guerra; y Dios me ha dicho que me apresure. Deja de oponerte a Dios,
quien está conmigo, no sea que él te destruya.
22 Mas Josías no se retiró, sino que se disfrazó para
darle batalla, y no atendió a las palabras de Necao, que eran de boca de Dios;
y vino a darle batalla en el campo de Meguido.
23 Y los flecheros tiraron contra el rey Josías. Entonces
dijo el rey a sus siervos: Quitadme de aquí, porque estoy gravemente herido.
24 Entonces sus siervos lo sacaron de aquel carro, y lo
pusieron en un segundo carro que tenía, y lo llevaron a Jerusalén, donde
murió; y lo sepultaron en los sepulcros de sus padres. Y todo Judá y Jerusalén
hicieron duelo por Josías.
25 Y Jeremías endechó en memoria de Josías. Todos los
cantores y cantoras recitan esas lamentaciones sobre Josías hasta hoy; y las
tomaron por norma para endechar en Israel, las cuales están escritas en el
libro de Lamentos.
26 Los demás hechos de Josías, y sus obras piadosas
conforme a lo que está escrito en la ley de Jehová,
27 y sus hechos, primeros y postreros, he aquí están
escritos en el libro de los reyes de Israel y de Judá.
Reinado y destronamiento de Joacaz
2 Crónicas 36
(2 R. 23.31-35)
1 Entonces el pueblo de la tierra tomó a Joacaz hijo de
Josías, y lo hizo rey en lugar de su padre en Jerusalén.
2 De veintitrés años era Joacaz cuando comenzó a reinar,
y tres meses reinó en Jerusalén.
3 Y el rey de Egipto lo quitó de Jerusalén, y condenó la
tierra a pagar cien talentos de plata y uno de oro.
4 Y estableció el rey de Egipto a Eliaquim hermano de
Joacaz por rey sobre Judá y Jerusalén, y le mudó el nombre en Joacim; y a
Joacaz su hermano tomó Necao, y lo llevó a Egipto.
Reinado de Joacim
(2 R. 23.36-24.7)
5 Cuando comenzó a reinar Joacim era de veinticinco años,
y reinó once años en Jerusalén; e hizo lo malo ante los ojos de Jehová su
Dios.
6 Y subió contra él Nabucodonosor rey de Babilonia, y lo
llevó a Babilonia atado con cadenas.
7 También llevó Nabucodonosor a Babilonia de los
utensilios de la casa de Jehová, y los puso en su templo en Babilonia.
8 Los demás hechos de Joacim, y las abominaciones que
hizo, y lo que en él se halló, está escrito en el libro de los reyes de Israel
y de Judá; y reinó en su lugar Joaquín su hijo.
Joaquín es llevado cautivo a Babilonia
(2 R. 24.8-17)
9 De ocho años era Joaquín cuando comenzó a reinar, y
reinó tres meses y diez días en Jerusalén; e hizo lo malo ante los ojos de
Jehová.
10 A la vuelta del año el rey Nabucodonosor envió y lo
hizo llevar a Babilonia, juntamente con los objetos preciosos de la casa de
Jehová, y constituyó a Sedequías su hermano por rey sobre Judá y Jerusalén.
Reinado de Sedequías
(2 R. 24.18-20; Jer. 52.1-3)
11 De veintiún años era Sedequías cuando comenzó a
reinar, y once años reinó en Jerusalén.
12 E hizo lo malo ante los ojos de Jehová su Dios, y no
se humilló delante del profeta Jeremías, que le hablaba de parte de Jehová.
13 Se rebeló asimismo contra el rey Nabucodonosor, al
cual había jurado por Dios; y endureció su cerviz, y obstinó su corazón para
no volverse a Jehová el Dios de Israel.
14 También todos los principales sacerdotes, y el pueblo,
aumentaron la iniquidad, siguiendo todas las abominaciones de las naciones, y
contaminando la casa de Jehová, la cual él había santificado en Jerusalén.
15 Y Jehová el Dios de sus padres envió constantemente
palabra a ellos por medio de sus mensajeros, porque él tenía misericordia de
su pueblo y de su habitación.
16 Mas ellos hacían escarnio de los mensajeros de Dios, y
menospreciaban sus palabras, burlándose de sus profetas, hasta que subió la
ira de Jehová contra su pueblo, y no hubo ya remedio.
Cautividad de Judá
(2 R. 25.8-21; Jer. 39.8-10; 52.12-30)
17 Por lo cual trajo contra ellos al rey de los caldeos,
que mató a espada a sus jóvenes en la casa de su santuario, sin perdonar joven
ni doncella, anciano ni decrépito; todos los entregó en sus manos.
18 Asimismo todos los utensilios de la casa de Dios,
grandes y chicos, los tesoros de la casa de Jehová, y los tesoros de la casa
del rey y de sus príncipes, todo lo llevó a Babilonia.
19 Y quemaron la casa de Dios, y rompieron el muro de
Jerusalén, y consumieron a fuego todos sus palacios, y destruyeron todos sus
objetos deseables.
20 Los que escaparon de la espada fueron llevados
cautivos a Babilonia, y fueron siervos de él y de sus hijos, hasta que vino el
reino de los persas;
21 para que se cumpliese la palabra de Jehová por boca de
Jeremías, hasta que la tierra hubo gozado de reposo; porque todo el tiempo de
su asolamiento reposó, hasta que los setenta años fueron cumplidos.
El decreto de Ciro
(Esd. 1.1-4)
22 Mas al primer año de Ciro rey de los persas, para que
se cumpliese la palabra de Jehová por boca de Jeremías, Jehová despertó el
espíritu de Ciro rey de los persas, el cual hizo pregonar de palabra y también
por escrito, por todo su reino, diciendo:
23 Así dice Ciro, rey de los persas: Jehová, el Dios de
los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra; y él me ha mandado que
le edifique casa en Jerusalén, que está en Judá. Quien haya entre vosotros de
todo su pueblo, sea Jehová su Dios con él, y suba.
ESDRAS
El decreto de Ciro
(2 Cr. 36.22-23)
ESDRAS 1
1 En el primer año de Ciro rey de Persia, para que se
cumpliese la palabra de Jehová por boca de Jeremías, despertó Jehová el
espíritu de Ciro rey de Persia, el cual hizo pregonar de palabra y también por
escrito por todo su reino, diciendo:
2 Así ha dicho Ciro rey de Persia: Jehová el Dios de los
cielos me ha dado todos los reinos de la tierra, y me ha mandado que le
edifique casa en Jerusalén, que está en Judá. 3 Quien haya entre vosotros de
su pueblo, sea Dios con él, y suba a Jerusalén que está en Judá, y edifique la
casa a Jehová Dios de Israel (él es el Dios), la cual está en Jerusalén. 4 Y a
todo el que haya quedado, en cualquier lugar donde more, ayúdenle los hombres
de su lugar con plata, oro, bienes y ganados, además de ofrendas voluntarias
para la casa de Dios, la cual está en Jerusalén.
El regreso a Jerusalén
5 Entonces se levantaron los jefes de las casas paternas
de Judá y de Benjamín, y los sacerdotes y levitas, todos aquellos cuyo
espíritu despertó Dios para subir a edificar la casa de Jehová, la cual está
en Jerusalén. 6 Y todos los que estaban en sus alrededores les ayudaron con
plata y oro, con bienes y ganado, y con cosas preciosas, además de todo lo que
se ofreció voluntariamente. 7 Y el rey Ciro sacó los utensilios de la casa de
Jehová, que Nabucodonosor había sacado de Jerusalén, y los había puesto en la
casa de sus dioses. 8 Los sacó, pues, Ciro rey de Persia, por mano de
Mitrídates tesorero, el cual los dio por cuenta a Sesbasar príncipe de Judá. 9
Y esta es la cuenta de ellos: treinta tazones de oro, mil tazones de plata,
veintinueve cuchillos, 10 treinta tazas de oro, otras cuatrocientas diez tazas
de plata, y otros mil utensilios. 11 Todos los utensilios de oro y de plata
eran cinco mil cuatrocientos. Todos los hizo llevar Sesbasar con los que
subieron del cautiverio de Babilonia a Jerusalén.
Los que volvieron con Zorobabel
(Neh. 7.5-73)
ESDRAS 2
1 Estos son los hijos de la provincia que subieron del
cautiverio, de aquellos que Nabucodonosor rey de Babilonia había llevado
cautivos a Babilonia, y que volvieron a Jerusalén y a Judá, cada uno a su
ciudad; 2 los cuales vinieron con Zorobabel, Jesúa, Nehemías, Seraías,
Reelaías, Mardoqueo, Bilsán, Mispar, Bigvai, Rehum y Baana.
El número de los varones del pueblo de Israel: 3 Los
hijos de Paros, dos mil ciento setenta y dos. 4 Los hijos de Sefatías,
trescientos setenta y dos. 5 Los hijos de Ara, setecientos setenta y cinco. 6
Los hijos de Pahat-moab, de los hijos de Jesúa y de Joab, dos mil ochocientos
doce. 7 Los hijos de Elam, mil doscientos cincuenta y cuatro. 8 Los hijos de
Zatu, novecientos cuarenta y cinco. 9 Los hijos de Zacai, setecientos sesenta.
10 Los hijos de Bani, seiscientos cuarenta y dos. 11 Los hijos de Bebai,
seiscientos veintitrés. 12 Los hijos de Azgad, mil doscientos veintidós. 13
Los hijos de Adonicam, seiscientos sesenta y seis. 14 Los hijos de Bigvai, dos
mil cincuenta y seis. 15 Los hijos de Adín, cuatrocientos cincuenta y cuatro.
16 Los hijos de Ater, de Ezequías, noventa y ocho. 17 Los hijos de Bezai,
trescientos veintitrés. 18 Los hijos de Jora, ciento doce. 19 Los hijos de
Hasum, doscientos veintitrés. 20 Los hijos de Gibar, noventa y cinco. 21 Los
hijos de Belén, ciento veintitrés. 22 Los varones de Netofa, cincuenta y seis.
23 Los varones de Anatot, ciento veintiocho. 24 Los hijos de Azmavet, cuarenta
y dos. 25 Los hijos de Quiriat-jearim, Cafira y Beerot, setecientos cuarenta y
tres. 26 Los hijos de Ramá y Geba, seiscientos veintiuno. 27 Los varones de
Micmas, ciento veintidós. 28 Los varones de Bet-el y Hai, doscientos
veintitrés. 29 Los hijos de Nebo, cincuenta y dos. 30 Los hijos de Magbis,
ciento cincuenta y seis. 31 Los hijos del otro Elam, mil doscientos cincuenta
y cuatro. 32 Los hijos de Harim, trescientos veinte. 33 Los hijos de Lod,
Hadid y Ono, setecientos veinticinco. 34 Los hijos de Jericó, trescientos
cuarenta y cinco. 35 Los hijos de Senaa, tres mil seiscientos treinta.
36 Los sacerdotes: los hijos de Jedaías, de la casa de
Jesúa, novecientos setenta y tres. 37 Los hijos de Imer, mil cincuenta y dos.
38 Los hijos de Pasur, mil doscientos cuarenta y siete. 39 Los hijos de Harim,
mil diecisiete.
40 Los levitas: los hijos de Jesúa y de Cadmiel, de los
hijos de Hodavías, setenta y cuatro. 41 Los cantores: los hijos de Asaf,
ciento veintiocho. 42 Los hijos de los porteros: los hijos de Salum, los hijos
de Ater, los hijos de Talmón, los hijos de Acub, los hijos de Hatita, los
hijos de Sobai; por todos, ciento treinta y nueve.
43 Los sirvientes del templo: los hijos de Ziha, los
hijos de Hasufa, los hijos de Tabaot, 44 los hijos de Queros, los hijos de
Siaha, los hijos de Padón, 45 los hijos de Lebana, los hijos de Hagaba, los
hijos de Acub, 46 los hijos de Hagab, los hijos de Salmai, los hijos de Hanán,
47 los hijos de Gidel, los hijos de Gahar, los hijos de Reaía, 48 los hijos de
Rezín, los hijos de Necoda, los hijos de Gazam, 49 los hijos de Uza, los hijos
de Paseah, los hijos de Besai, 50 los hijos de Asena, los hijos de Meunim, los
hijos de Nefusim, 51 los hijos de Bacbuc, los hijos de Hacufa, los hijos de
Harhur, 52 los hijos de Bazlut, los hijos de Mehída, los hijos de Harsa, 53
los hijos de Barcos, los hijos de Sísara, los hijos de Tema, 54 los hijos de
Nezía, los hijos de Hatifa.
55 Los hijos de los siervos de Salomón: los hijos de
Sotai, los hijos de Soferet, los hijos de Peruda, 56 los hijos de Jaala, los
hijos de Darcón, los hijos de Gidel, 57 los hijos de Sefatías, los hijos de
Hatil, los hijos de Poqueret-hazebaim, los hijos de Ami.
58 Todos los sirvientes del templo, e hijos de los
siervos de Salomón, trescientos noventa y dos.
59 Estos fueron los que subieron de Tel-mela, Tel-harsa,
Querub, Addán e Imer que no pudieron demostrar la casa de sus padres, ni su
linaje, si eran de Israel: 60 los hijos de Delaía, los hijos de Tobías, los
hijos de Necoda, seiscientos cincuenta y dos. 61 Y de los hijos de los
sacerdotes: los hijos de Habaía, los hijos de Cos, los hijos de Barzilai, el
cual tomó mujer de las hijas de Barzilai galaadita, y fue llamado por el
nombre de ellas. 62 Estos buscaron su registro de genealogías, y no fue
hallado; y fueron excluidos del sacerdocio, 63 y el gobernador les dijo que no
comiesen de las cosas más santas, hasta que hubiese sacerdote para consultar
con Urim y Tumim.
64 Toda la congregación, unida como un solo hombre, era
de cuarenta y dos mil trescientos sesenta, 65 sin contar sus siervos y
siervas, los cuales eran siete mil trescientos treinta y siete; y tenían
doscientos cantores y cantoras. 66 Sus caballos eran setecientos treinta y
seis; sus mulas, doscientas cuarenta y cinco; 67 sus camellos, cuatrocientos
treinta y cinco; asnos, seis mil setecientos veinte.
68 Y algunos de los jefes de casas paternas, cuando
vinieron a la casa de Jehová que estaba en Jerusalén, hicieron ofrendas
voluntarias para la casa de Dios, para reedificarla en su sitio. 69 Según sus
fuerzas dieron al tesorero de la obra sesenta y un mil dracmas de oro, cinco
mil libras de plata, y cien túnicas sacerdotales.
70 Y habitaron los sacerdotes, los levitas, los del
pueblo, los cantores, los porteros y los sirvientes del templo en sus
ciudades; y todo Israel en sus ciudades.
Restauración del altar y del culto
ESDRAS 3
1 Cuando llegó el mes séptimo, y estando los hijos de
Israel ya establecidos en las ciudades, se juntó el pueblo como un solo hombre
en Jerusalén. 2 Entonces se levantaron Jesúa hijo de Josadac y sus hermanos
los sacerdotes, y Zorobabel hijo de Salatiel y sus hermanos, y edificaron el
altar del Dios de Israel, para ofrecer sobre él holocaustos, como está escrito
en la ley de Moisés varón de Dios. 3 Y colocaron el altar sobre su base,
porque tenían miedo de los pueblos de las tierras, y ofrecieron sobre él
holocaustos a Jehová, holocaustos por la mañana y por la tarde. 4 Celebraron
asimismo la fiesta solemne de los tabernáculos, como está escrito, y
holocaustos cada día por orden conforme al rito, cada cosa en su día; 5 además
de esto, el holocausto continuo, las nuevas lunas, y todas las fiestas
solemnes de Jehová, y todo sacrificio espontáneo, toda ofrenda voluntaria a
Jehová. 6 Desde el primer día del mes séptimo comenzaron a ofrecer holocaustos
a Jehová; pero los cimientos del templo de Jehová no se habían echado todavía.
7 Y dieron dinero a los albañiles y carpinteros; asimismo comida, bebida y
aceite a los sidonios y tirios para que trajesen madera de cedro desde el
Líbano por mar a Jope, conforme a la voluntad de Ciro rey de Persia acerca de
esto.
Colocación de los cimientos del templo
8 En el año segundo de su venida a la casa de Dios en
Jerusalén, en el mes segundo, comenzaron Zorobabel hijo de Salatiel, Jesúa
hijo de Josadac y los otros sus hermanos, los sacerdotes y los levitas, y
todos los que habían venido de la cautividad a Jerusalén; y pusieron a los
levitas de veinte años arriba para que activasen la obra de la casa de Jehová.
9 Jesúa también, sus hijos y sus hermanos, Cadmiel y sus hijos, hijos de Judá,
como un solo hombre asistían para activar a los que hacían la obra en la casa
de Dios, junto con los hijos de Henadad, sus hijos y sus hermanos, levitas.
10 Y cuando los albañiles del templo de Jehová echaban
los cimientos, pusieron a los sacerdotes vestidos de sus ropas y con
trompetas, y a los levitas hijos de Asaf con címbalos, para que alabasen a
Jehová, según la ordenanza de David rey de Israel. 11 Y cantaban, alabando y
dando gracias a Jehová, y diciendo: Porque él es bueno, porque para siempre es
su misericordia sobre Israel. Y todo el pueblo aclamaba con gran júbilo,
alabando a Jehová porque se echaban los cimientos de la casa de Jehová. 12 Y
muchos de los sacerdotes, de los levitas y de los jefes de casas paternas,
ancianos que habían visto la casa primera, viendo echar los cimientos de esta
casa, lloraban en alta voz, mientras muchos otros daban grandes gritos de
alegría. 13 Y no podía distinguir el pueblo el clamor de los gritos de
alegría, de la voz del lloro; porque clamaba el pueblo con gran júbilo, y se
oía el ruido hasta de lejos.
Los adversarios detienen la obra
ESDRAS 4
1 Oyendo los enemigos de Judá y de Benjamín que los
venidos de la cautividad edificaban el templo de Jehová Dios de Israel, 2
vinieron a Zorobabel y a los jefes de casas paternas, y les dijeron:
Edificaremos con vosotros, porque como vosotros buscamos a vuestro Dios, y a
él ofrecemos sacrificios desde los días de Esar-hadón rey de Asiria, que nos
hizo venir aquí. 3 Zorobabel, Jesúa, y los demás jefes de casas paternas de
Israel dijeron: No nos conviene edificar con vosotros casa a nuestro Dios,
sino que nosotros solos la edificaremos a Jehová Dios de Israel, como nos
mandó el rey Ciro, rey de Persia.
4 Pero el pueblo de la tierra intimidó al pueblo de Judá,
y lo atemorizó para que no edificara. 5 Sobornaron además contra ellos a los
consejeros para frustrar sus propósitos, todo el tiempo de Ciro rey de Persia
y hasta el reinado de Darío rey de Persia.
6 Y en el reinado de Asuero, en el principio de su
reinado, escribieron acusaciones contra los habitantes de Judá y de Jerusalén.
7 También en días de Artajerjes escribieron Bislam,
Mitrídates, Tabeel y los demás compañeros suyos, a Artajerjes rey de Persia; y
la escritura y el lenguaje de la carta eran en arameo. 8 Rehum canciller y
Simsai secretario escribieron una carta contra Jerusalén al rey Artajerjes. 9
En tal fecha escribieron Rehum canciller y Simsai secretario, y los demás
compañeros suyos los jueces, gobernadores y oficiales, y los de Persia, de
Erec, de Babilonia, de Susa, esto es, los elamitas, 10 y los demás pueblos que
el grande y glorioso Asnapar transportó e hizo habitar en las ciudades de
Samaria y las demás provincias del otro lado del río. 11 Y esta es la copia de
la carta que enviaron: Al rey Artajerjes: Tus siervos del otro lado del río te
saludan. 12 Sea notorio al rey, que los judíos que subieron de ti a nosotros
vinieron a Jerusalén; y edifican la ciudad rebelde y mala, y levantan los
muros y reparan los fundamentos. 13 Ahora sea notorio al rey, que si aquella
ciudad fuere reedificada, y los muros fueren levantados, no pagarán tributo,
impuesto y rentas, y el erario de los reyes será menoscabado. 14 Siendo que
nos mantienen del palacio, no nos es justo ver el menosprecio del rey, por lo
cual hemos enviado a hacerlo saber al rey, 15 para que se busque en el libro
de las memorias de tus padres. Hallarás en el libro de las memorias, y sabrás
que esta ciudad es ciudad rebelde, y perjudicial a los reyes y a las
provincias, y que de tiempo antiguo forman en medio de ella rebeliones, por lo
que esta ciudad fue destruida. 16 Hacemos saber al rey que si esta ciudad
fuere reedificada, y levantados sus muros, la región de más allá del río no
será tuya.
17 El rey envió esta respuesta: A Rehum canciller, a
Simsai secretario, a los demás compañeros suyos que habitan en Samaria, y a
los demás del otro lado del río: Salud y paz. 18 La carta que nos enviasteis
fue leída claramente delante de mí. 19 Y por mí fue dada orden y buscaron; y
hallaron que aquella ciudad de tiempo antiguo se levanta contra los reyes y se
rebela, y se forma en ella sedición; 20 y que hubo en Jerusalén reyes fuertes
que dominaron en todo lo que hay más allá del río, y que se les pagaba
tributo, impuesto y rentas. 21 Ahora, pues, dad orden que cesen aquellos
hombres, y no sea esa ciudad reedificada hasta que por mí sea dada nueva
orden. 22 Y mirad que no seáis negligentes en esto; ¿por qué habrá de crecer
el daño en perjuicio de los reyes?
23 Entonces, cuando la copia de la carta del rey
Artajerjes fue leída delante de Rehum, y de Simsai secretario y sus
compañeros, fueron apresuradamente a Jerusalén a los judíos, y les hicieron
cesar con poder y violencia. 24 Entonces cesó la obra de la casa de Dios que
estaba en Jerusalén, y quedó suspendida hasta el año segundo del reinado de
Darío rey de Persia.
Reedificación del templo
ESDRAS 5
1 Profetizaron Hageo y Zacarías hijo de Iddo, ambos
profetas, a los judíos que estaban en Judá y en Jerusalén en el nombre del
Dios de Israel quien estaba sobre ellos. 2 Entonces se levantaron Zorobabel
hijo de Salatiel y Jesúa hijo de Josadac, y comenzaron a reedificar la casa de
Dios que estaba en Jerusalén; y con ellos los profetas de Dios que les
ayudaban.
3 En aquel tiempo vino a ellos Tatnai gobernador del otro
lado del río, y Setar-boznai y sus compañeros, y les dijeron así: ¿Quién os ha
dado orden para edificar esta casa y levantar estos muros? 4 Ellos también
preguntaron: ¿Cuáles son los nombres de los hombres que hacen este edificio? 5
Mas los ojos de Dios estaban sobre los ancianos de los judíos, y no les
hicieron cesar hasta que el asunto fuese llevado a Darío; y entonces
respondieron por carta sobre esto.
6 Copia de la carta que Tatnai gobernador del otro lado
del río, y Setar-boznai, y sus compañeros los gobernadores que estaban al otro
lado del río, enviaron al rey Darío. 7 Le enviaron carta, y así estaba escrito
en ella: Al rey Darío toda paz. 8 Sea notorio al rey, que fuimos a la
provincia de Judea, a la casa del gran Dios, la cual se edifica con piedras
grandes; y ya los maderos están puestos en las paredes, y la obra se hace de
prisa, y prospera en sus manos. 9 Entonces preguntamos a los ancianos,
diciéndoles así: ¿Quién os dio orden para edificar esta casa y para levantar
estos muros? 10 Y también les preguntamos sus nombres para hacértelo saber,
para escribirte los nombres de los hombres que estaban a la cabeza de ellos.
11 Y nos respondieron diciendo así: Nosotros somos siervos del Dios del cielo
y de la tierra, y reedificamos la casa que ya muchos años antes había sido
edificada, la cual edificó y terminó el gran rey de Israel. 12 Mas después que
nuestros padres provocaron a ira al Dios de los cielos, él los entregó en mano
de Nabucodonosor rey de Babilonia, caldeo, el cual destruyó esta casa y llevó
cautivo al pueblo a Babilonia. 13 Pero en el año primero de Ciro rey de
Babilonia, el mismo rey Ciro dio orden para que esta casa de Dios fuese
reedificada. 14 También los utensilios de oro y de plata de la casa de Dios,
que Nabucodonosor había sacado del templo que estaba en Jerusalén y los había
llevado al templo de Babilonia, el rey Ciro los sacó del templo de Babilonia,
y fueron entregados a Sesbasar, a quien había puesto por gobernador; 15 y le
dijo: Toma estos utensilios, ve, y llévalos al templo que está en Jerusalén; y
sea reedificada la casa de Dios en su lugar. 16 Entonces este Sesbasar vino y
puso los cimientos de la casa de Dios, la cual está en Jerusalén, y desde
entonces hasta ahora se edifica, y aún no está concluida. 17 Y ahora, si al
rey parece bien, búsquese en la casa de los tesoros del rey que está allí en
Babilonia, si es así que por el rey Ciro había sido dada la orden para
reedificar esta casa de Dios en Jerusalén, y se nos envíe a decir la voluntad
del rey sobre esto.
ESDRAS 6
1 Entonces el rey Darío dio la orden de buscar en la casa
de los archivos, donde guardaban los tesoros allí en Babilonia. 2 Y fue
hallado en Acmeta, en el palacio que está en la provincia de Media, un libro
en el cual estaba escrito así: Memoria: 3 En el año primero del rey Ciro, el
mismo rey Ciro dio orden acerca de la casa de Dios, la cual estaba en
Jerusalén, para que fuese la casa reedificada como lugar para ofrecer
sacrificios, y que sus paredes fuesen firmes; su altura de sesenta codos, y de
sesenta codos su anchura; 4 y tres hileras de piedras grandes, y una de madera
nueva; y que el gasto sea pagado por el tesoro del rey. 5 Y también los
utensilios de oro y de plata de la casa de Dios, los cuales Nabucodonosor sacó
del templo que estaba en Jerusalén y los pasó a Babilonia, sean devueltos y
vayan a su lugar, al templo que está en Jerusalén, y sean puestos en la casa
de Dios.
6 Ahora, pues, Tatnai gobernador del otro lado del río,
Setar- boznai, y vuestros compañeros los gobernadores que estáis al otro lado
del río, alejaos de allí. 7 Dejad que se haga la obra de esa casa de Dios; que
el gobernador de los judíos y sus ancianos reedifiquen esa casa de Dios en su
lugar. 8 Y por mí es dada orden de lo que habéis de hacer con esos ancianos de
los judíos, para reedificar esa casa de Dios; que de la hacienda del rey, que
tiene del tributo del otro lado del río, sean dados puntualmente a esos
varones los gastos, para que no cese la obra. 9 Y lo que fuere necesario,
becerros, carneros y corderos para holocaustos al Dios del cielo, trigo, sal,
vino y aceite, conforme a lo que dijeren los sacerdotes que están en
Jerusalén, les sea dado día por día sin obstáculo alguno, 10 para que ofrezcan
sacrificios agradables al Dios del cielo, y oren por la vida del rey y por sus
hijos. 11 También por mí es dada orden, que cualquiera que altere este
decreto, se le arranque un madero de su casa, y alzado, sea colgado en él, y
su casa sea hecha muladar por esto. 12 Y el Dios que hizo habitar allí su
nombre, destruya a todo rey y pueblo que pusiere su mano para cambiar o
destruir esa casa de Dios, la cual está en Jerusalén. Yo Darío he dado el
decreto; sea cumplido prontamente.
13 Entonces Tatnai gobernador del otro lado del río, y
Setar-boznai y sus compañeros, hicieron puntualmente según el rey Darío había
ordenado. 14 Y los ancianos de los judíos edificaban y prosperaban, conforme a
la profecía del profeta Hageo y de Zacarías hijo de Iddo. Edificaron, pues, y
terminaron, por orden del Dios de Israel, y por mandato de Ciro, de Darío, y
de Artajerjes rey de Persia. 15 Esta casa fue terminada el tercer día del mes
de Adar, que era el sexto año del reinado del rey Darío.
16 Entonces los hijos de Israel, los sacerdotes, los
levitas y los demás que habían venido de la cautividad, hicieron la dedicación
de esta casa de Dios con gozo. 17 Y ofrecieron en la dedicación de esta casa
de Dios cien becerros, doscientos carneros y cuatrocientos corderos; y doce
machos cabríos en expiación por todo Israel, conforme al número de las tribus
de Israel. 18 Y pusieron a los sacerdotes en sus turnos, y a los levitas en
sus clases, para el servicio de Dios en Jerusalén, conforme a lo escrito en el
libro de Moisés.
19 También los hijos de la cautividad celebraron la
pascua a los catorce días del mes primero. 20 Porque los sacerdotes y los
levitas se habían purificado a una; todos estaban limpios, y sacrificaron la
pascua por todos los hijos de la cautividad, y por sus hermanos los
sacerdotes, y por sí mismos. 21 Comieron los hijos de Israel que habían vuelto
del cautiverio, con todos aquellos que se habían apartado de las inmundicias
de las gentes de la tierra para buscar a Jehová Dios de Israel. 22 Y
celebraron con regocijo la fiesta solemne de los panes sin levadura siete
días, por cuanto Jehová los había alegrado, y había vuelto el corazón del rey
de Asiria hacia ellos, para fortalecer sus manos en la obra de la casa de
Dios, del Dios de Israel.
Esdras y sus compañeros llegan a Jerusalén
ESDRAS 7
1 Pasadas estas cosas, en el reinado de Artajerjes rey de
Persia, Esdras hijo de Seraías, hijo de Azarías, hijo de Hilcías, 2 hijo de
Salum, hijo de Sadoc, hijo de Ahitob, 3 hijo de Amarías, hijo de Azarías, hijo
de Meraiot, 4 hijo de Zeraías, hijo de Uzi, hijo de Buqui, 5 hijo de Abisúa,
hijo de Finees, hijo de Eleazar, hijo de Aarón, primer sacerdote, 6 este
Esdras subió de Babilonia. Era escriba diligente en la ley de Moisés, que
Jehová Dios de Israel había dado; y le concedió el rey todo lo que pidió,
porque la mano de Jehová su Dios estaba sobre Esdras.
7 Y con él subieron a Jerusalén algunos de los hijos de
Israel, y de los sacerdotes, levitas, cantores, porteros y sirvientes del
templo, en el séptimo año del rey Artajerjes. 8 Y llegó a Jerusalén en el mes
quinto del año séptimo del rey. 9 Porque el día primero del primer mes fue el
principio de la partida de Babilonia, y al primero del mes quinto llegó a
Jerusalén, estando con él la buena mano de Dios. 10 Porque Esdras había
preparado su corazón para inquirir la ley de Jehová y para cumplirla, y para
enseñar en Israel sus estatutos y decretos.
11 Esta es la copia de la carta que dio el rey Artajerjes
al sacerdote Esdras, escriba versado en los mandamientos de Jehová y en sus
estatutos a Israel: 12 Artajerjes rey de reyes, a Esdras, sacerdote y escriba
erudito en la ley del Dios del cielo: Paz. 13 Por mí es dada orden que todo
aquel en mi reino, del pueblo de Israel y de sus sacerdotes y levitas, que
quiera ir contigo a Jerusalén, vaya. 14 Porque de parte del rey y de sus siete
consejeros eres enviado a visitar a Judea y a Jerusalén, conforme a la ley de
tu Dios que está en tu mano; 15 y a llevar la plata y el oro que el rey y sus
consejeros voluntariamente ofrecen al Dios de Israel, cuya morada está en
Jerusalén, 16 y toda la plata y el oro que halles en toda la provincia de
Babilonia, con las ofrendas voluntarias del pueblo y de los sacerdotes, que
voluntariamente ofrecieren para la casa de su Dios, la cual está en Jerusalén.
17 Comprarás, pues, diligentemente con este dinero becerros, carneros y
corderos, con sus ofrendas y sus libaciones, y los ofrecerás sobre el altar de
la casa de vuestro Dios, la cual está en Jerusalén. 18 Y lo que a ti y a tus
hermanos os parezca hacer de la otra plata y oro, hacedlo conforme a la
voluntad de vuestro Dios. 19 Los utensilios que te son entregados para el
servicio de la casa de tu Dios, los restituirás delante de Dios en Jerusalén.
20 Y todo lo que se requiere para la casa de tu Dios, que te sea necesario
dar, lo darás de la casa de los tesoros del rey.
21 Y por mí, Artajerjes rey, es dada orden a todos los
tesoreros que están al otro lado del río, que todo lo que os pida el sacerdote
Esdras, escriba de la ley del Dios del cielo, se le conceda prontamente, 22
hasta cien talentos de plata, cien coros de trigo, cien batos de vino, y cien
batos de aceite; y sal sin medida. 23 Todo lo que es mandado por el Dios del
cielo, sea hecho prontamente para la casa del Dios del cielo; pues, ¿por qué
habría de ser su ira contra el reino del rey y de sus hijos? 24 Y a vosotros
os hacemos saber que a todos los sacerdotes y levitas, cantores, porteros,
sirvientes del templo y ministros de la casa de Dios, ninguno podrá imponerles
tributo, contribución ni renta.
25 Y tú, Esdras, conforme a la sabiduría que tienes de tu
Dios, pon jueces y gobernadores que gobiernen a todo el pueblo que está al
otro lado del río, a todos los que conocen las leyes de tu Dios; y al que no
las conoce, le enseñarás. 26 Y cualquiera que no cumpliere la ley de tu Dios,
y la ley del rey, sea juzgado prontamente, sea a muerte, a destierro, a pena
de multa, o prisión.
27 Bendito Jehová Dios de nuestros padres, que puso tal
cosa en el corazón del rey, para honrar la casa de Jehová que está en
Jerusalén, 28 e inclinó hacia mí su misericordia delante del rey y de sus
consejeros, y de todos los príncipes poderosos del rey. Y yo, fortalecido por
la mano de mi Dios sobre mí, reuní a los principales de Israel para que
subiesen conmigo.
ESDRAS 8
1 Estos son los jefes de casas paternas, y la genealogía
de aquellos que subieron conmigo de Babilonia, reinando el rey Artajerjes: 2
De los hijos de Finees, Gersón; de los hijos de Itamar, Daniel; de los hijos
de David, Hatús. 3 De los hijos de Secanías y de los hijos de Paros, Zacarías,
y con él, en la línea de varones, ciento cincuenta. 4 De los hijos de Pahat-moab,
Elioenai hijo de Zeraías, y con él doscientos varones. 5 De los hijos de
Secanías, el hijo de Jahaziel, y con él trescientos varones. 6 De los hijos de
Adín, Ebed hijo de Jonatán, y con él cincuenta varones. 7 De los hijos de
Elam, Jesaías hijo de Atalías, y con él setenta varones. 8 De los hijos de
Sefatías, Zebadías hijo de Micael, y con él ochenta varones. 9 De los hijos de
Joab, Obadías hijo de Jehiel, y con él doscientos dieciocho varones. 10 De los
hijos de Selomit, el hijo de Josifías, y con él ciento sesenta varones. 11 De
los hijos de Bebai, Zacarías hijo de Bebai, y con él veintiocho varones. 12 De
los hijos de Azgad, Johanán hijo de Hacatán, y con él ciento diez varones; 13
De los hijos de Adonicam, los postreros, cuyos nombres son estos: Elifelet,
Jeiel y Semaías, y con ellos sesenta varones. 14 Y de los hijos de Bigvai,
Utai y Zabud, y con ellos sesenta varones.
15 Los reuní junto al río que viene a Ahava, y acampamos
allí tres días; y habiendo buscado entre el pueblo y entre los sacerdotes, no
hallé allí de los hijos de Leví. 16 Entonces despaché a Eliezer, Ariel,
Semaías, Elnatán, Jarib, Elnatán, Natán, Zacarías y Mesulam, hombres
principales, asimismo a Joiarib y a Elnatán, hombres doctos; 17 y los envié a
Iddo, jefe en el lugar llamado Casifia, y puse en boca de ellos las palabras
que habían de hablar a Iddo, y a sus hermanos los sirvientes del templo en el
lugar llamado Casifia, para que nos trajesen ministros para la casa de nuestro
Dios. 18 Y nos trajeron según la buena mano de nuestro Dios sobre nosotros, un
varón entendido, de los hijos de Mahli hijo de Leví, hijo de Israel; a
Serebías con sus hijos y sus hermanos, dieciocho; 19 a Hasabías, y con él a
Jesaías de los hijos de Merari, a sus hermanos y a sus hijos, veinte; 20 y de
los sirvientes del templo, a quienes David con los príncipes puso para el
ministerio de los levitas, doscientos veinte sirvientes del templo, todos los
cuales fueron designados por sus nombres.
21 Y publiqué ayuno allí junto al río Ahava, para
afligirnos delante de nuestro Dios, para solicitar de él camino derecho para
nosotros, y para nuestros niños, y para todos nuestros bienes. 22 Porque tuve
vergüenza de pedir al rey tropa y gente de a caballo que nos defendiesen del
enemigo en el camino; porque habíamos hablado al rey, diciendo: La mano de
nuestro Dios es para bien sobre todos los que le buscan; mas su poder y su
furor contra todos los que le abandonan. 23 Ayunamos, pues, y pedimos a
nuestro Dios sobre esto, y él nos fue propicio.
24 Aparté luego a doce de los principales de los
sacerdotes, a Serebías y a Hasabías, y con ellos diez de sus hermanos; 25 y
les pesé la plata, el oro y los utensilios, ofrenda que para la casa de
nuestro Dios habían ofrecido el rey y sus consejeros y sus príncipes, y todo
Israel allí presente. 26 Pesé, pues, en manos de ellos seiscientos cincuenta
talentos de plata, y utensilios de plata por cien talentos, y cien talentos de
oro; 27 además, veinte tazones de oro de mil dracmas, y dos vasos de bronce
bruñido muy bueno, preciados como el oro. 28 Y les dije: Vosotros estáis
consagrados a Jehová, y son santos los utensilios, y la plata y el oro,
ofrenda voluntaria a Jehová Dios de nuestros padres. 29 Vigilad y guardadlos,
hasta que los peséis delante de los príncipes de los sacerdotes y levitas, y
de los jefes de las casas paternas de Israel en Jerusalén, en los aposentos de
la casa de Jehová. 30 Los sacerdotes y los levitas recibieron el peso de la
plata y del oro y de los utensilios, para traerlo a Jerusalén a la casa de
nuestro Dios.
31 Y partimos del río Ahava el doce del mes primero, para
ir a Jerusalén; y la mano de nuestro Dios estaba sobre nosotros, y nos libró
de mano del enemigo y del acechador en el camino. 32 Y llegamos a Jerusalén, y
reposamos allí tres días. 33 Al cuarto día fue luego pesada la plata, el oro y
los utensilios, en la casa de nuestro Dios, por mano del sacerdote Meremot
hijo de Urías, y con él Eleazar hijo de Finees; y con ellos Jozabad hijo de
Jesúa y Noadías hijo de Binúi, levitas. 34 Por cuenta y por peso se entregó
todo, y se apuntó todo aquel peso en aquel tiempo.
35 Los hijos de la cautividad, los que habían venido del
cautiverio, ofrecieron holocaustos al Dios de Israel, doce becerros por todo
Israel, noventa y seis carneros, setenta y siete corderos, y doce machos
cabríos por expiación, todo en holocausto a Jehová. 36 Y entregaron los
despachos del rey a sus sátrapas y capitanes del otro lado del río, los cuales
ayudaron al pueblo y a la casa de Dios.
Oración de confesión de Esdras
ESDRAS 9
1 Acabadas estas cosas, los príncipes vinieron a mí,
diciendo: El pueblo de Israel y los sacerdotes y levitas no se han separado de
los pueblos de las tierras, de los cananeos, heteos, ferezeos, jebuseos,
amonitas, moabitas, egipcios y amorreos, y hacen conforme a sus abominaciones.
2 Porque han tomado de las hijas de ellos para sí y para sus hijos, y el
linaje santo ha sido mezclado con los pueblos de las tierras; y la mano de los
príncipes y de los gobernadores ha sido la primera en cometer este pecado. 3
Cuando oí esto, rasgué mi vestido y mi manto, y arranqué pelo de mi cabeza y
de mi barba, y me senté angustiado en extremo. 4 Y se me juntaron todos los
que temían las palabras del Dios de Israel, a causa de la prevaricación de los
del cautiverio; mas yo estuve muy angustiado hasta la hora del sacrificio de
la tarde. 5 Y a la hora del sacrificio de la tarde me levanté de mi aflicción,
y habiendo rasgado mi vestido y mi manto, me postré de rodillas, y extendí mis
manos a Jehová mi Dios, 6 y dije:
Dios mío, confuso y avergonzado estoy para levantar, oh
Dios mío, mi rostro a ti, porque nuestras iniquidades se han multiplicado
sobre nuestra cabeza, y nuestros delitos han crecido hasta el cielo. 7 Desde
los días de nuestros padres hasta este día hemos vivido en gran pecado; y por
nuestras iniquidades nosotros, nuestros reyes y nuestros sacerdotes hemos sido
entregados en manos de los reyes de las tierras, a espada, a cautiverio, a
robo, y a vergüenza que cubre nuestro rostro, como hoy día. 8 Y ahora por un
breve momento ha habido misericordia de parte de Jehová nuestro Dios, para
hacer que nos quedase un remanente libre, y para darnos un lugar seguro en su
santuario, a fin de alumbrar nuestro Dios nuestros ojos y darnos un poco de
vida en nuestra servidumbre. 9 Porque siervos somos; mas en nuestra
servidumbre no nos ha desamparado nuestro Dios, sino que inclinó sobre
nosotros su misericordia delante de los reyes de Persia, para que se nos diese
vida para levantar la casa de nuestro Dios y restaurar sus ruinas, y darnos
protección en Judá y en Jerusalén.
10 Pero ahora, ¿qué diremos, oh Dios nuestro, después de
esto? Porque nosotros hemos dejado tus mandamientos, 11 que prescribiste por
medio de tus siervos los profetas, diciendo: La tierra a la cual entráis para
poseerla, tierra inmunda es a causa de la inmundicia de los pueblos de
aquellas regiones, por las abominaciones de que la han llenado de uno a otro
extremo con su inmundicia. 12 Ahora, pues, no daréis vuestras hijas a los
hijos de ellos, ni sus hijas tomaréis para vuestros hijos, ni procuraréis
jamás su paz ni su prosperidad; para que seáis fuertes y comáis el bien de la
tierra, y la dejéis por heredad a vuestros hijos para siempre. 13 Mas después
de todo lo que nos ha sobrevenido a causa de nuestras malas obras, y a causa
de nuestro gran pecado, ya que tú, Dios nuestro, no nos has castigado de
acuerdo con nuestras iniquidades, y nos diste un remanente como este, 14
¿hemos de volver a infringir tus mandamientos, y a emparentar con pueblos que
cometen estas abominaciones? ¿No te indignarías contra nosotros hasta
consumirnos, sin que quedara remanente ni quien escape? 15 Oh Jehová Dios de
Israel, tú eres justo, puesto que hemos quedado un remanente que ha escapado,
como en este día. Henos aquí delante de ti en nuestros delitos; porque no es
posible estar en tu presencia a causa de esto.
Expulsión de las mujeres extranjeras
ESDRAS 10
1 Mientras oraba Esdras y hacía confesión, llorando y
postrándose delante de la casa de Dios, se juntó a él una muy grande multitud
de Israel, hombres, mujeres y niños; y lloraba el pueblo amargamente. 2
Entonces respondió Secanías hijo de Jehiel, de los hijos de Elam, y dijo a
Esdras: Nosotros hemos pecado contra nuestro Dios, pues tomamos mujeres
extranjeras de los pueblos de la tierra; mas a pesar de esto, aún hay
esperanza para Israel. 3 Ahora, pues, hagamos pacto con nuestro Dios, que
despediremos a todas las mujeres y los nacidos de ellas, según el consejo de
mi señor y de los que temen el mandamiento de nuestro Dios; y hágase conforme
a la ley. 4 Levántate, porque esta es tu obligación, y nosotros estaremos
contigo; esfuérzate, y pon mano a la obra. 5 Entonces se levantó Esdras y
juramentó a los príncipes de los sacerdotes y de los levitas, y a todo Israel,
que harían conforme a esto; y ellos juraron.
6 Se levantó luego Esdras de delante de la casa de Dios,
y se fue a la cámara de Johanán hijo de Eliasib; e ido allá, no comió pan ni
bebió agua, porque se entristeció a causa del pecado de los del cautiverio. 7
E hicieron pregonar en Judá y en Jerusalén que todos los hijos del cautiverio
se reuniesen en Jerusalén; 8 y que el que no viniera dentro de tres días,
conforme al acuerdo de los príncipes y de los ancianos, perdiese toda su
hacienda, y el tal fuese excluido de la congregación de los del cautiverio.
9 Así todos los hombres de Judá y de Benjamín se
reunieron en Jerusalén dentro de los tres días, a los veinte días del mes, que
era el mes noveno; y se sentó todo el pueblo en la plaza de la casa de Dios,
temblando con motivo de aquel asunto, y a causa de la lluvia. 10 Y se levantó
el sacerdote Esdras y les dijo: Vosotros habéis pecado, por cuanto tomasteis
mujeres extranjeras, añadiendo así sobre el pecado de Israel. 11 Ahora, pues,
dad gloria a Jehová Dios de vuestros padres, y haced su voluntad, y apartaos
de los pueblos de las tierras, y de las mujeres extranjeras. 12 Y respondió
toda la asamblea, y dijeron en alta voz: Así se haga conforme a tu palabra. 13
Pero el pueblo es mucho, y el tiempo lluvioso, y no podemos estar en la calle;
ni la obra es de un día ni de dos, porque somos muchos los que hemos pecado en
esto. 14 Sean nuestros príncipes los que se queden en lugar de toda la
congregación, y todos aquellos que en nuestras ciudades hayan tomado mujeres
extranjeras, vengan en tiempos determinados, y con ellos los ancianos de cada
ciudad, y los jueces de ellas, hasta que apartemos de nosotros el ardor de la
ira de nuestro Dios sobre esto. 15 Solamente Jonatán hijo de Asael y Jahazías
hijo de Ticva se opusieron a esto, y los levitas Mesulam y Sabetai les
ayudaron.
16 Así hicieron los hijos del cautiverio. Y fueron
apartados el sacerdote Esdras, y ciertos varones jefes de casas paternas según
sus casas paternas; todos ellos por sus nombres se sentaron el primer día del
mes décimo para inquirir sobre el asunto. 17 Y terminaron el juicio de todos
aquellos que habían tomado mujeres extranjeras, el primer día del mes primero.
18 De los hijos de los sacerdotes que habían tomado
mujeres extranjeras, fueron hallados estos: De los hijos de Jesúa hijo de
Josadac, y de sus hermanos: Maasías, Eliezer, Jarib y Gedalías. 19 Y dieron su
mano en promesa de que despedirían sus mujeres, y ofrecieron como ofrenda por
su pecado un carnero de los rebaños por su delito. 20 De los hijos de Imer:
Hanani y Zebadías. 21 De los hijos de Harim: Maasías, Elías, Semaías, Jehiel y
Uzías. 22 De los hijos de Pasur: Elioenai, Maasías, Ismael, Natanael, Jozabad
y Elasa.
23 De los hijos de los levitas: Jozabad, Simei, Kelaía
(éste es Kelita), Petaías, Judá y Eliezer. 24 De los cantores: Eliasib; y de
los porteros: Salum, Telem y Uri.
25 Asimismo de Israel: De los hijos de Paros: Ramía,
Jezías, Malquías, Mijamín, Eleazar, Malquías y Benaía. 26 De los hijos de
Elam: Matanías, Zacarías, Jehiel, Abdi, Jeremot y Elías. 27 De los hijos de
Zatu: Elioenai, Eliasib, Matanías, Jeremot, Zabad y Aziza. 28 De los hijos de
Bebai: Johanán, Hananías, Zabai y Atlai. 29 De los hijos de Bani: Mesulam,
Maluc, Adaía, Jasub, Seal y Ramot. 30 De los hijos de Pahat-moab: Adna, Quelal,
Benaía, Maasías, Matanías, Bezaleel, Binúi y Manasés. 31 De los hijos de Harim:
Eliezer, Isías, Malquías, Semaías, Simeón, 32 Benjamín, Maluc y Semarías. 33
De los hijos de Hasum: Matenai, Matata, Zabad, Elifelet, Jeremai, Manasés y
Simei. 34 De los hijos de Bani: Madai, Amram, Uel, 35 Benaía, Bedías, Quelúhi,
36 Vanías, Meremot, Eliasib, 37 Matanías, Matenai, Jaasai, 38 Bani, Binúi,
Simei, 39 Selemías, Natán, Adaía, 40 Macnadebai, Sasai, Sarai, 41 Azareel,
Selemías, Semarías, 42 Salum, Amarías y José. 43 Y de los hijos de Nebo: Jeiel,
Matatías, Zabad, Zebina, Jadau, Joel y Benaía. 44 Todos estos habían tomado
mujeres extranjeras; y había mujeres de ellos que habían dado a luz hijos.
NEHEMÍAS
Oración de Nehemías sobre Jerusalén
NEHEMÍAS 1
1 Palabras de Nehemías hijo de Hacalías. Aconteció en el
mes de Quisleu, en el año veinte, estando yo en Susa, capital del reino, 2 que
vino Hanani, uno de mis hermanos, con algunos varones de Judá, y les pregunté
por los judíos que habían escapado, que habían quedado de la cautividad, y por
Jerusalén. 3 Y me dijeron: El remanente, los que quedaron de la cautividad,
allí en la provincia, están en gran mal y afrenta, y el muro de Jerusalén
derribado, y sus puertas quemadas a fuego.
4 Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo
por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos. 5 Y dije: Te
ruego, oh Jehová, Dios de los cielos, fuerte, grande y temible, que guarda el
pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos; 6 esté
ahora atento tu oído y abiertos tus ojos para oír la oración de tu siervo, que
hago ahora delante de ti día y noche, por los hijos de Israel tus siervos; y
confieso los pecados de los hijos de Israel que hemos cometido contra ti; sí,
yo y la casa de mi padre hemos pecado. 7 En extremo nos hemos corrompido
contra ti, y no hemos guardado los mandamientos, estatutos y preceptos que
diste a Moisés tu siervo. 8 Acuérdate ahora de la palabra que diste a Moisés
tu siervo, diciendo: Si vosotros pecareis, yo os dispersaré por los pueblos; 9
pero si os volviereis a mí, y guardareis mis mandamientos, y los pusiereis por
obra, aunque vuestra dispersión fuere hasta el extremo de los cielos, de allí
os recogeré, y os traeré al lugar que escogí para hacer habitar allí mi
nombre. 10 Ellos, pues, son tus siervos y tu pueblo, los cuales redimiste con
tu gran poder, y con tu mano poderosa. 11 Te ruego, oh Jehová, esté ahora
atento tu oído a la oración de tu siervo, y a la oración de tus siervos,
quienes desean reverenciar tu nombre; concede ahora buen éxito a tu siervo, y
dale gracia delante de aquel varón. Porque yo servía de copero al rey.
Artajerjes envía a Nehemías a Jerusalén
NEHEMÍAS 2
1 Sucedió en el mes de Nisán, en el año veinte del rey
Artajerjes, que estando ya el vino delante de él, tomé el vino y lo serví al
rey. Y como yo no había estado antes triste en su presencia, 2 me dijo el rey:
¿Por qué está triste tu rostro? pues no estás enfermo. No es esto sino
quebranto de corazón. Entonces temí en gran manera. 3 Y dije al rey: Para
siempre viva el rey. ¿Cómo no estará triste mi rostro, cuando la ciudad, casa
de los sepulcros de mis padres, está desierta, y sus puertas consumidas por el
fuego? 4 Me dijo el rey: ¿Qué cosa pides? Entonces oré al Dios de los cielos,
5 y dije al rey: Si le place al rey, y tu siervo ha hallado gracia delante de
ti, envíame a Judá, a la ciudad de los sepulcros de mis padres, y la
reedificaré. 6 Entonces el rey me dijo (y la reina estaba sentada junto a él):
¿Cuánto durará tu viaje, y cuándo volverás? Y agradó al rey enviarme, después
que yo le señalé tiempo. 7 Además dije al rey: Si le place al rey, que se me
den cartas para los gobernadores al otro lado del río, para que me franqueen
el paso hasta que llegue a Judá; 8 y carta para Asaf guarda del bosque del
rey, para que me dé madera para enmaderar las puertas del palacio de la casa,
y para el muro de la ciudad, y la casa en que yo estaré. Y me lo concedió el
rey, según la benéfica mano de mi Dios sobre mí.
9 Vine luego a los gobernadores del otro lado del río, y
les di las cartas del rey. Y el rey envió conmigo capitanes del ejército y
gente de a caballo. 10 Pero oyéndolo Sanbalat horonita y Tobías el siervo
amonita, les disgustó en extremo que viniese alguno para procurar el bien de
los hijos de Israel.
Nehemías anima al pueblo a reedificar los muros
11 Llegué, pues, a Jerusalén, y después de estar allí
tres días, 12 me levanté de noche, yo y unos pocos varones conmigo, y no
declaré a hombre alguno lo que Dios había puesto en mi corazón que hiciese en
Jerusalén; ni había cabalgadura conmigo, excepto la única en que yo cabalgaba.
13 Y salí de noche por la puerta del Valle hacia la fuente del Dragón y a la
puerta del Muladar; y observé los muros de Jerusalén que estaban derribados, y
sus puertas que estaban consumidas por el fuego. 14 Pasé luego a la puerta de
la Fuente, y al estanque del Rey; pero no había lugar por donde pasase la
cabalgadura en que iba. 15 Y subí de noche por el torrente y observé el muro,
y di la vuelta y entré por la puerta del Valle, y me volví. 16 Y no sabían los
oficiales a dónde yo había ido, ni qué había hecho; ni hasta entonces lo había
declarado yo a los judíos y sacerdotes, ni a los nobles y oficiales, ni a los
demás que hacían la obra.
17 Les dije, pues: Vosotros veis el mal en que estamos,
que Jerusalén está desierta, y sus puertas consumidas por el fuego; venid, y
edifiquemos el muro de Jerusalén, y no estemos más en oprobio. 18 Entonces les
declaré cómo la mano de mi Dios había sido buena sobre mí, y asimismo las
palabras que el rey me había dicho. Y dijeron: Levantémonos y edifiquemos. Así
esforzaron sus manos para bien. 19 Pero cuanto lo oyeron Sanbalat horonita,
Tobías el siervo amonita, y Gesem el árabe, hicieron escarnio de nosotros, y
nos despreciaron, diciendo: ¿Qué es esto que hacéis vosotros? ¿Os rebeláis
contra el rey? 20 Y en respuesta les dije: El Dios de los cielos, él nos
prosperará, y nosotros sus siervos nos levantaremos y edificaremos, porque
vosotros no tenéis parte ni derecho ni memoria en Jerusalén.
Reparto del trabajo de reedificación
NEHEMÍAS 3
1 Entonces se levantó el sumo sacerdote Eliasib con sus
hermanos los sacerdotes, y edificaron la puerta de las Ovejas. Ellos
arreglaron y levantaron sus puertas hasta la torre de Hamea, y edificaron
hasta la torre de Hananeel. 2 Junto a ella edificaron los varones de Jericó, y
luego edificó Zacur hijo de Imri.
3 Los hijos de Senaa edificaron la puerta del Pescado;
ellos la enmaderaron, y levantaron sus puertas, con sus cerraduras y sus
cerrojos. 4 Junto a ellos restauró Meremot hijo de Urías, hijo de Cos, y al
lado de ellos restauró Mesulam hijo de Berequías, hijo de Mesezabeel. Junto a
ellos restauró Sadoc hijo de Baana. 5 E inmediato a ellos restauraron los
tecoítas; pero sus grandes no se prestaron para ayudar a la obra de su Señor.
6 La puerta Vieja fue restaurada por Joiada hijo de Paseah y Mesulam hijo de
Besodías; ellos la enmaderaron, y levantaron sus puertas, con sus cerraduras y
cerrojos. 7 Junto a ellos restauró Melatías gabaonita y Jadón meronotita,
varones de Gabaón y de Mizpa, que estaban bajo el dominio del gobernador del
otro lado del río. 8 Junto a ellos restauró Uziel hijo de Harhaía, de los
plateros; junto al cual restauró también Hananías, hijo de un perfumero. Así
dejaron reparada a Jerusalén hasta el muro ancho. 9 Junto a ellos restauró
también Refaías hijo de Hur, gobernador de la mitad de la región de Jerusalén.
10 Asimismo restauró junto a ellos, y frente a su casa, Jedaías hijo de
Harumaf; y junto a él restauró Hatús hijo de Hasabnías. 11 Malquías hijo de
Harim y Hasub hijo de Pahat-moab restauraron otro tramo, y la torre de los
Hornos. 12 Junto a ellos restauró Salum hijo de Halohes, gobernador de la
mitad de la región de Jerusalén, él con sus hijas.
13 La puerta del Valle la restauró Hanún con los
moradores de Zanoa; ellos la reedificaron, y levantaron sus puertas, con sus
cerraduras y sus cerrojos, y mil codos del muro, hasta la puerta del Muladar.
14 Reedificó la puerta del Muladar Malquías hijo de Recab, gobernador de la
provincia de Bet-haquerem; él la reedificó, y levantó sus puertas, sus
cerraduras y sus cerrojos. 15 Salum hijo de Colhoze, gobernador de la región
de Mizpa, restauró la puerta de la Fuente; él la reedificó, la enmaderó y
levantó sus puertas, sus cerraduras y sus cerrojos, y el muro del estanque de
Siloé hacia el huerto del rey, y hasta las gradas que descienden de la ciudad
de David. 16 Después de él restauró Nehemías hijo de Azbuc, gobernador de la
mitad de la región de Bet-sur, hasta delante de los sepulcros de David, y
hasta el estanque labrado, y hasta la casa de los Valientes. 17 Tras él
restauraron los levitas; Rehum hijo de Bani, y junto a él restauró Hasabías,
gobernador de la mitad de la región de Keila, por su región. 18 Después de él
restauraron sus hermanos, Bavai hijo de Henadad, gobernador de la mitad de la
región de Keila. 19 Junto a él restauró Ezer hijo de Jesúa, gobernador de
Mizpa, otro tramo frente a la subida de la armería de la esquina. 20 Después
de él Baruc hijo de Zabai con todo fervor restauró otro tramo, desde la
esquina hasta la puerta de la casa de Eliasib sumo sacerdote. 21 Tras él
restauró Meremot hijo de Urías hijo de Cos otro tramo, desde la entrada de la
casa de Eliasib hasta el extremo de la casa de Eliasib. 22 Después de él
restauraron los sacerdotes, los varones de la llanura. 23 Después de ellos
restauraron Benjamín y Hasub, frente a su casa; y después de éstos restauró
Azarías hijo de Maasías, hijo de Ananías, cerca de su casa. 24 Después de él
restauró Binúi hijo de Henadad otro tramo, desde la casa de Azarías hasta el
ángulo entrante del muro, y hasta la esquina. 25 Palal hijo de Uzai, enfrente
de la esquina y la torre alta que sale de la casa del rey, que está en el
patio de la cárcel. Después de él, Pedaías hijo de Faros. 26 Y los sirvientes
del templo que habitaban en Ofel restauraron hasta enfrente de la puerta de
las Aguas al oriente, y la torre que sobresalía. 27 Después de ellos
restauraron los tecoítas otro tramo, enfrente de la gran torre que sobresale,
hasta el muro de Ofel.
28 Desde la puerta de los Caballos restauraron los
sacerdotes, cada uno enfrente de su casa. 29 Después de ellos restauró Sadoc
hijo de Imer, enfrente de su casa; y después de él restauró Semaías hijo de
Secanías, guarda de la puerta Oriental. 30 Tras él, Hananías hijo de Selemías
y Hanún hijo sexto de Salaf restauraron otro tramo. Después de ellos restauró
Mesulam hijo de Berequías, enfrente de su cámara. 31 Después de él restauró
Malquías hijo del platero, hasta la casa de los sirvientes del templo y de los
comerciantes, enfrente de la puerta del Juicio, y hasta la sala de la esquina.
32 Y entre la sala de la esquina y la puerta de las Ovejas, restauraron los
plateros y los comerciantes.
Precauciones contra los enemigos
NEHEMÍAS 4
1 Cuando oyó Sanbalat que nosotros edificábamos el muro,
se enojó y se enfureció en gran manera, e hizo escarnio de los judíos. 2 Y
habló delante de sus hermanos y del ejército de Samaria, y dijo: ¿Qué hacen
estos débiles judíos? ¿Se les permitirá volver a ofrecer sus sacrificios?
¿Acabarán en un día? ¿Resucitarán de los montones del polvo las piedras que
fueron quemadas? 3 Y estaba junto a él Tobías amonita, el cual dijo: Lo que
ellos edifican del muro de piedra, si subiere una zorra lo derribará. 4 Oye,
oh Dios nuestro, que somos objeto de su menosprecio, y vuelve el baldón de
ellos sobre su cabeza, y entrégalos por despojo en la tierra de su cautiverio.
5 No cubras su iniquidad, ni su pecado sea borrado delante de ti, porque se
airaron contra los que edificaban. 6 Edificamos, pues, el muro, y toda la
muralla fue terminada hasta la mitad de su altura, porque el pueblo tuvo ánimo
para trabajar.
7 Pero aconteció que oyendo Sanbalat y Tobías, y los
árabes, los amonitas y los de Asdod, que los muros de Jerusalén eran
reparados, porque ya los portillos comenzaban a ser cerrados, se encolerizaron
mucho; 8 y conspiraron todos a una para venir a atacar a Jerusalén y hacerle
daño. 9 Entonces oramos a nuestro Dios, y por causa de ellos pusimos guarda
contra ellos de día y de noche. 10 Y dijo Judá: Las fuerzas de los
acarreadores se han debilitado, y el escombro es mucho, y no podemos edificar
el muro. 11 Y nuestros enemigos dijeron: No sepan, ni vean, hasta que entremos
en medio de ellos y los matemos, y hagamos cesar la obra. 12 Pero sucedió que
cuando venían los judíos que habitaban entre ellos, nos decían hasta diez
veces: De todos los lugares de donde volviereis, ellos caerán sobre vosotros.
13 Entonces por las partes bajas del lugar, detrás del
muro, y en los sitios abiertos, puse al pueblo por familias, con sus espadas,
con sus lanzas y con sus arcos. 14 Después miré, y me levanté y dije a los
nobles y a los oficiales, y al resto del pueblo: No temáis delante de ellos;
acordaos del Señor, grande y temible, y pelead por vuestros hermanos, por
vuestros hijos y por vuestras hijas, por vuestras mujeres y por vuestras
casas. 15 Y cuando oyeron nuestros enemigos que lo habíamos entendido, y que
Dios había desbaratado el consejo de ellos, nos volvimos todos al muro, cada
uno a su tarea. 16 Desde aquel día la mitad de mis siervos trabajaba en la
obra, y la otra mitad tenía lanzas, escudos, arcos y corazas; y detrás de
ellos estaban los jefes de toda la casa de Judá. 17 Los que edificaban en el
muro, los que acarreaban, y los que cargaban, con una mano trabajaban en la
obra, y en la otra tenían la espada. 18 Porque los que edificaban, cada uno
tenía su espada ceñida a sus lomos, y así edificaban; y el que tocaba la
trompeta estaba junto a mí.
19 Y dije a los nobles, y a los oficiales y al resto del
pueblo: La obra es grande y extensa, y nosotros estamos apartados en el muro,
lejos unos de otros. 20 En el lugar donde oyereis el sonido de la trompeta,
reuníos allí con nosotros; nuestro Dios peleará por nosotros. 21 Nosotros,
pues, trabajábamos en la obra; y la mitad de ellos tenían lanzas desde la
subida del alba hasta que salían las estrellas. 22 También dije entonces al
pueblo: Cada uno con su criado permanezca dentro de Jerusalén, y de noche
sirvan de centinela y de día en la obra. 23 Y ni yo ni mis hermanos, ni mis
jóvenes, ni la gente de guardia que me seguía, nos quitamos nuestro vestido;
cada uno se desnudaba solamente para bañarse.
Abolición de la usura
NEHEMÍAS 5
1 Entonces hubo gran clamor del pueblo y de sus mujeres
contra sus hermanos judíos. 2 Había quien decía: Nosotros, nuestros hijos y
nuestras hijas, somos muchos; por tanto, hemos pedido prestado grano para
comer y vivir. 3 Y había quienes decían: Hemos empeñado nuestras tierras,
nuestras viñas y nuestras casas, para comprar grano, a causa del hambre. 4 Y
había quienes decían: Hemos tomado prestado dinero para el tributo del rey,
sobre nuestras tierras y viñas. 5 Ahora bien, nuestra carne es como la carne
de nuestros hermanos, nuestros hijos como sus hijos; y he aquí que nosotros
dimos nuestros hijos y nuestras hijas a servidumbre, y algunas de nuestras
hijas lo están ya, y no tenemos posibilidad de rescatarlas, porque nuestras
tierras y nuestras viñas son de otros.
6 Y me enojé en gran manera cuando oí su clamor y estas
palabras. 7 Entonces lo medité, y reprendí a los nobles y a los oficiales, y
les dije: ¿Exigís interés cada uno a vuestros hermanos? Y convoqué contra
ellos una gran asamblea, 8 y les dije: Nosotros según nuestras posibilidades
rescatamos a nuestros hermanos judíos que habían sido vendidos a las naciones;
¿y vosotros vendéis aun a vuestros hermanos, y serán vendidos a nosotros? Y
callaron, pues no tuvieron qué responder. 9 Y dije: No es bueno lo que hacéis.
¿No andaréis en el temor de nuestro Dios, para no ser oprobio de las naciones
enemigas nuestras? 10 También yo y mis hermanos y mis criados les hemos
prestado dinero y grano; quitémosles ahora este gravamen. 11 Os ruego que les
devolváis hoy sus tierras, sus viñas, sus olivares y sus casas, y la centésima
parte del dinero, del grano, del vino y del aceite, que demandáis de ellos
como interés. 12 Y dijeron: Lo devolveremos, y nada les demandaremos; haremos
así como tú dices. Entonces convoqué a los sacerdotes, y les hice jurar que
harían conforme a esto. 13 Además sacudí mi vestido, y dije: Así sacuda Dios
de su casa y de su trabajo a todo hombre que no cumpliere esto, y así sea
sacudido y vacío. Y respondió toda la congregación: ¡Amén! y alabaron a
Jehová. Y el pueblo hizo conforme a esto.
14 También desde el día que me mandó el rey que fuese
gobernador de ellos en la tierra de Judá, desde el año veinte del rey
Artajerjes hasta el año treinta y dos, doce años, ni yo ni mis hermanos
comimos el pan del gobernador. 15 Pero los primeros gobernadores que fueron
antes de mí abrumaron al pueblo, y tomaron de ellos por el pan y por el vino
más de cuarenta siclos de plata, y aun sus criados se enseñoreaban del pueblo;
pero yo no hice así, a causa del temor de Dios. 16 También en la obra de este
muro restauré mi parte, y no compramos heredad; y todos mis criados juntos
estaban allí en la obra. 17 Además, ciento cincuenta judíos y oficiales, y los
que venían de las naciones que había alrededor de nosotros, estaban a mi mesa.
18 Y lo que se preparaba para cada día era un buey y seis ovejas escogidas;
también eran preparadas para mí aves, y cada diez días vino en toda
abundancia; y con todo esto nunca requerí el pan del gobernador, porque la
servidumbre de este pueblo era grave. 19 Acuérdate de mí para bien, Dios mío,
y de todo lo que hice por este pueblo.
Maquinaciones de los adversarios
NEHEMÍAS 6
1 Cuando oyeron Sanbalat y Tobías y Gesem el árabe, y los
demás de nuestros enemigos, que yo había edificado el muro, y que no quedaba
en él portillo (aunque hasta aquel tiempo no había puesto las hojas en las
puertas), 2 Sanbalat y Gesem enviaron a decirme: Ven y reunámonos en alguna de
las aldeas en el campo de Ono. Mas ellos habían pensado hacerme mal. 3 Y les
envié mensajeros, diciendo: Yo hago una gran obra, y no puedo ir; porque
cesaría la obra, dejándola yo para ir a vosotros. 4 Y enviaron a mí con el
mismo asunto hasta cuatro veces, y yo les respondí de la misma manera. 5
Entonces Sanbalat envió a mí su criado para decir lo mismo por quinta vez, con
una carta abierta en su mano, 6 en la cual estaba escrito: Se ha oído entre
las naciones, y Gasmu lo dice, que tú y los judíos pensáis rebelaros; y que
por eso edificas tú el muro, con la mira, según estas palabras, de ser tú su
rey; 7 y que has puesto profetas que proclamen acerca de ti en Jerusalén,
diciendo: ¡Hay rey en Judá! Y Ahora serán oídas del rey las tales palabras;
ven, por tanto, y consultemos juntos. 8 Entonces envié yo a decirle: No hay
tal cosa como dices, sino que de tu corazón tú lo inventas. 9 Porque todos
ellos nos amedrentaban, diciendo: Se debilitarán las manos de ellos en la
obra, y no será terminada. Ahora, pues, oh Dios, fortalece tú mis manos. 10
Vine luego a casa de Semaías hijo de Delaía, hijo de Mehetabel, porque él
estaba encerrado; el cual me dijo: Reunámonos en la casa de Dios, dentro del
templo, y cerremos las puertas del templo, porque vienen para matarte; sí,
esta noche vendrán a matarte. 11 Entonces dije: ¿Un hombre como yo ha de huir?
¿Y quién, que fuera como yo, entraría al templo para salvarse la vida? No
entraré. 12 Y entendí que Dios no lo había enviado, sino que hablaba aquella
profecía contra mí porque Tobías y Sanbalat lo habían sobornado. 13 Porque fue
sobornado para hacerme temer así, y que pecase, y les sirviera de mal nombre
con que fuera yo infamado. 14 Acuérdate, Dios mío, de Tobías y de Sanbalat,
conforme a estas cosas que hicieron; también acuérdate de Noadías profetisa, y
de los otros profetas que procuraban infundirme miedo.
15 Fue terminado, pues, el muro, el veinticinco del mes
de Elul, en cincuenta y dos días. 16 Y cuando lo oyeron todos nuestros
enemigos, temieron todas las naciones que estaban alrededor de nosotros, y se
sintieron humillados, y conocieron que por nuestro Dios había sido hecha esta
obra.
17 Asimismo en aquellos días iban muchas cartas de los
principales de Judá a Tobías, y las de Tobías venían a ellos. 18 Porque muchos
en Judá se habían conjurado con él, porque era yerno de Secanías hijo de Ara;
y Johanán su hijo había tomado por mujer a la hija de Mesulam hijo de
Berequías. 19 También contaban delante de mí las buenas obras de él, y a él le
referían mis palabras. Y enviaba Tobías cartas para atemorizarme.
Nehemías designa dirigentes
NEHEMÍAS 7
1 Luego que el muro fue edificado, y colocadas las
puertas, y fueron señalados porteros y cantores y levitas, 2 mandé a mi
hermano Hanani, y a Hananías, jefe de la fortaleza de Jerusalén (porque éste
era varón de verdad y temeroso de Dios, más que muchos); 3 y les dije: No se
abran las puertas de Jerusalén hasta que caliente el sol; y aunque haya gente
allí, cerrad las puertas y atrancadlas. Y señalé guardas de los moradores de
Jerusalén, cada cual en su turno, y cada uno delante de su casa. 4 Porque la
ciudad era espaciosa y grande, pero poco pueblo dentro de ella, y no había
casas reedificadas.
Los que volvieron con Zorobabel
(Esd. 2.1-70)
5 Entonces puso Dios en mi corazón que reuniese a los
nobles y oficiales y al pueblo, para que fuesen empadronados según sus
genealogías. Y hallé el libro de la genealogía de los que habían subido antes,
y encontré en él escrito así: 6 Estos son los hijos de la provincia que
subieron del cautiverio, de los que llevó cautivos Nabucodonosor rey de
Babilonia, y que volvieron a Jerusalén y a Judá, cada uno a su ciudad, 7 los
cuales vinieron con Zorobabel, Jesúa, Nehemías, Azarías, Raamías, Nahamani,
Mardoqueo, Bilsán, Misperet, Bigvai, Nehum y Baana. El número de los varones
del pueblo de Israel: 8 Los hijos de Paros, dos mil ciento setenta y dos. 9
Los hijos de Sefatías, trescientos setenta y dos. 10 Los hijos de Ara,
seiscientos cincuenta y dos. 11 Los hijos de Pahat-moab, de los hijos de Jesúa
y de Joab, dos mil ochocientos dieciocho. 12 Los hijos de Elam, mil doscientos
cincuenta y cuatro. 13 Los hijos de Zatu, ochocientos cuarenta y cinco. 14 Los
hijos de Zacai, setecientos sesenta. 15 Los hijos de Binúi, seiscientos
cuarenta y ocho. 16 Los hijos de Bebai, seiscientos veintiocho. 17 Los hijos
de Azgad, dos mil seiscientos veintidós. 18 Los hijos de Adonicam, seiscientos
sesenta y siete. 19 Los hijos de Bigvai, dos mil sesenta y siete. 20 Los hijos
de Adín, seiscientos cincuenta y cinco. 21 Los hijos de Ater, de Ezequías,
noventa y ocho. 22 Los hijos de Hasum, trescientos veintiocho. 23 Los hijos de
Bezai, trescientos veinticuatro. 24 Los hijos de Harif, ciento doce. 25 Los
hijos de Gabaón, noventa y cinco. 26 Los varones de Belén y de Netofa, ciento
ochenta y ocho. 27 Los varones de Anatot, ciento veintiocho. 28 Los varones de
Bet-azmavet, cuarenta y dos. 29 Los varones de Quiriat-jearim, Cafira y Beerot,
setecientos cuarenta y tres. 30 Los varones de Ramá y de Geba, seiscientos
veintiuno. 31 Los varones de Micmas, ciento veintidós. 32 Los varones de Bet-el
y de Hai, ciento veintitrés. 33 Los varones del otro Nebo, cincuenta y dos. 34
Los hijos del otro Elam, mil doscientos cincuenta y cuatro. 35 Los hijos de
Harim, trescientos veinte. 36 Los hijos de Jericó, trescientos cuarenta y
cinco. 37 Los hijos de Lod, Hadid y Ono, setecientos veintiuno. 38 Los hijos
de Senaa, tres mil novecientos treinta.
39 Sacerdotes: los hijos de Jedaía, de la casa de Jesúa,
novecientos setenta y tres. 40 Los hijos de Imer, mil cincuenta y dos. 41 Los
hijos de Pasur, mil doscientos cuarenta y siete. 42 Los hijos de Harim, mil
diecisiete.
43 Levitas: los hijos de Jesúa, de Cadmiel, de los hijos
de Hodavías, setenta y cuatro.
44 Cantores: los hijos de Asaf, ciento cuarenta y ocho.
45 Porteros: Los hijos de Salum, los hijos de Ater, los
hijos de Talmón, los hijos de Acub, los hijos de Hatita y los hijos de Sobai,
ciento treinta y ocho.
46 Sirvientes del templo: los hijos de Ziha, los hijos de
Hasufa, los hijos de Tabaot, 47 los hijos de Queros, los hijos de Siaha, los
hijos de Padón, 48 los hijos de Lebana, los hijos de Hagaba, los hijos de
Salmai, 49 los hijos de Hanán, los hijos de Gidel, los hijos de Gahar, 50 los
hijos de Reaía, los hijos de Rezín, los hijos de Necoda, 51 los hijos de Gazam,
los hijos de Uza, los hijos de Paseah, 52 los hijos de Besai, los hijos de
Mehunim, los hijos de Nefisesim, 53 los hijos de Bacbuc, los hijos de Hacufa,
los hijos de Harhur, 54 los hijos de Bazlut, los hijos de Mehída, los hijos de
Harsa, 55 los hijos de Barcos, los hijos de Sísara, los hijos de Tema, 56 los
hijos de Nezía, y los hijos de Hatifa.
57 Los hijos de los siervos de Salomón: los hijos de
Sotai, los hijos de Soferet, los hijos de Perida, 58 los hijos de Jaala, los
hijos de Darcón, los hijos de Gidel, 59 los hijos de Sefatías, los hijos de
Hatil, los hijos de Poqueret-hazebaim, los hijos de Amón. 60 Todos los
sirvientes del templo e hijos de los siervos de Salomón, trescientos noventa y
dos. 61 Y estos son los que subieron de Tel-mela, Tel-harsa, Querub, Adón e
Imer, los cuales no pudieron mostrar la casa de sus padres, ni su genealogía,
si eran de Israel: 62 los hijos de Delaía, los hijos de Tobías y los hijos de
Necoda, seiscientos cuarenta y dos.
63 Y de los sacerdotes: los hijos de Habaía, los hijos de
Cos y los hijos de Barzilai, el cual tomó mujer de las hijas de Barzilai
galaadita, y se llamó del nombre de ellas. 64 Estos buscaron su registro de
genealogías, y no se halló; y fueron excluidos del sacerdocio, 65 y les dijo
el gobernador que no comiesen de las cosas más santas, hasta que hubiese
sacerdote con Urim y Tumim.
66 Toda la congregación junta era de cuarenta y dos mil
trescientos sesenta, 67 sin sus siervos y siervas, que eran siete mil
trescientos treinta y siete; y entre ellos había doscientos cuarenta y cinco
cantores y cantoras. 68 Sus caballos, setecientos treinta y seis; sus mulos,
doscientos cuarenta y cinco; 69 camellos, cuatrocientos treinta y cinco;
asnos, seis mil setecientos veinte.
70 Y algunos de los cabezas de familias dieron ofrendas
para la obra. El gobernador dio para el tesoro mil dracmas de oro, cincuenta
tazones, y quinientas treinta vestiduras sacerdotales. 71 Los cabezas de
familias dieron para el tesoro de la obra veinte mil dracmas de oro y dos mil
doscientas libras de plata. 72 Y el resto del pueblo dio veinte mil dracmas de
oro, dos mil libras de plata, y sesenta y siete vestiduras sacerdotales. 73 Y
habitaron los sacerdotes, los levitas, los porteros, los cantores, los del
pueblo, los sirvientes del templo y todo Israel, en sus ciudades.
Esdras lee la ley al pueblo
Venido el mes séptimo, los hijos de Israel estaban en sus
ciudades;
NEHEMÍAS 8
1 y se juntó todo el pueblo como un solo hombre en la
plaza que está delante de la puerta de las Aguas, y dijeron a Esdras el
escriba que trajese el libro de la ley de Moisés, la cual Jehová había dado a
Israel. 2 Y el sacerdote Esdras trajo la ley delante de la congregación, así
de hombres como de mujeres y de todos los que podían entender, el primer día
del mes séptimo. 3 Y leyó en el libro delante de la plaza que está delante de
la puerta de las Aguas, desde el alba hasta el mediodía, en presencia de
hombres y mujeres y de todos los que podían entender; y los oídos de todo el
pueblo estaban atentos al libro de la ley. 4 Y el escriba Esdras estaba sobre
un púlpito de madera que habían hecho para ello, y junto a él estaban
Matatías, Sema, Anías, Urías, Hilcías y Maasías a su mano derecha; y a su mano
izquierda, Pedaías, Misael, Malquías, Hasum, Hasbadana, Zacarías y Mesulam. 5
Abrió, pues, Esdras el libro a ojos de todo el pueblo, porque estaba más alto
que todo el pueblo; y cuando lo abrió, todo el pueblo estuvo atento. 6 Bendijo
entonces Esdras a Jehová, Dios grande. Y todo el pueblo respondió: ¡Amén!
¡Amén! alzando sus manos; y se humillaron y adoraron a Jehová inclinados a
tierra. 7 Y los levitas Jesúa, Bani, Serebías, Jamín, Acub, Sabetai, Hodías,
Maasías, Kelita, Azarías, Jozabed, Hanán y Pelaía, hacían entender al pueblo
la ley; y el pueblo estaba atento en su lugar. 8 Y leían en el libro de la ley
de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura.
9 Y Nehemías el gobernador, y el sacerdote Esdras,
escriba, y los levitas que hacían entender al pueblo, dijeron a todo el
pueblo: Día santo es a Jehová nuestro Dios; no os entristezcáis, ni lloréis;
porque todo el pueblo lloraba oyendo las palabras de la ley. 10 Luego les
dijo: Id, comed grosuras, y bebed vino dulce, y enviad porciones a los que no
tienen nada preparado; porque día santo es a nuestro Señor; no os
entristezcáis, porque el gozo de Jehová es vuestra fuerza. 11 Los levitas,
pues, hacían callar a todo el pueblo, diciendo: Callad, porque es día santo, y
no os entristezcáis. 12 Y todo el pueblo se fue a comer y a beber, y a
obsequiar porciones, y a gozar de grande alegría, porque habían entendido las
palabras que les habían enseñado.
13 Al día siguiente se reunieron los cabezas de las
familias de todo el pueblo, sacerdotes y levitas, a Esdras el escriba, para
entender las palabras de la ley. 14 Y hallaron escrito en la ley que Jehová
había mandado por mano de Moisés, que habitasen los hijos de Israel en
tabernáculos en la fiesta solemne del mes séptimo; 15 y que hiciesen saber, y
pasar pregón por todas sus ciudades y por Jerusalén, diciendo: Salid al monte,
y traed ramas de olivo, de olivo silvestre, de arrayán, de palmeras y de todo
árbol frondoso, para hacer tabernáculos, como está escrito.
16 Salió, pues, el pueblo, y trajeron ramas e hicieron
tabernáculos, cada uno sobre su terrado, en sus patios, en los patios de la
casa de Dios, en la plaza de la puerta de las Aguas, y en la plaza de la
puerta de Efraín. 17 Y toda la congregación que volvió de la cautividad hizo
tabernáculos, y en tabernáculos habitó; porque desde los días de Josué hijo de
Nun hasta aquel día, no habían hecho así los hijos de Israel. Y hubo alegría
muy grande. 18 Y leyó Esdras en el libro de la ley de Dios cada día, desde el
primer día hasta el último; e hicieron la fiesta solemne por siete días, y el
octavo día fue de solemne asamblea, según el rito.
Esdras confiesa los pecados de Israel
NEHEMÍAS 9
1 El día veinticuatro del mismo mes se reunieron los
hijos de Israel en ayuno, y con cilicio y tierra sobre sí. 2 Y ya se había
apartado la descendencia de Israel de todos los extranjeros; y estando en pie,
confesaron sus pecados, y las iniquidades de sus padres. 3 Y puestos de pie en
su lugar, leyeron el libro de la ley de Jehová su Dios la cuarta parte del
día, y la cuarta parte confesaron sus pecados y adoraron a Jehová su Dios.
4 Luego se levantaron sobre la grada de los levitas,
Jesúa, Bani, Cadmiel, Sebanías, Buni, Serebías, Bani y Quenani, y clamaron en
voz alta a Jehová su Dios. 5 Y dijeron los levitas Jesúa, Cadmiel, Bani,
Hasabnías, Serebías, Hodías, Sebanías y Petaías: Levantaos, bendecid a Jehová
vuestro Dios desde la eternidad hasta la eternidad; y bendígase el nombre
tuyo, glorioso y alto sobre toda bendición y alabanza. 6 Tú solo eres Jehová;
tú hiciste los cielos, y los cielos de los cielos, con todo su ejército, la
tierra y todo lo que está en ella, los mares y todo lo que hay en ellos; y tú
vivificas todas estas cosas, y los ejércitos de los cielos te adoran. 7 Tú
eres, oh Jehová, el Dios que escogiste a Abram, y lo sacaste de Ur de los
caldeos, y le pusiste el nombre Abraham; 8 y hallaste fiel su corazón delante
de ti, e hiciste pacto con él para darle la tierra del cananeo, del heteo, del
amorreo, del ferezeo, del jebuseo y del gergeseo, para darla a su
descendencia; y cumpliste tu palabra, porque eres justo. 9 Y miraste la
aflicción de nuestros padres en Egipto, y oíste el clamor de ellos en el Mar
Rojo; 10 e hiciste señales y maravillas contra Faraón, contra todos sus
siervos, y contra todo el pueblo de su tierra, porque sabías que habían
procedido con soberbia contra ellos; y te hiciste nombre grande, como en este
día.
11 Dividiste el mar delante de ellos, y pasaron por medio
de él en seco; y a sus perseguidores echaste en las profundidades, como una
piedra en profundas aguas. 12 Con columna de nube los guiaste de día, y con
columna de fuego de noche, para alumbrarles el camino por donde habían de ir.
13 Y sobre el monte de Sinaí descendiste, y hablaste con ellos desde el cielo,
y les diste juicios rectos, leyes verdaderas, y estatutos y mandamientos
buenos, 14 y les ordenaste el día de reposo santo para ti, y por mano de
Moisés tu siervo les prescribiste mandamientos, estatutos y la ley. 15 Les
diste pan del cielo en su hambre, y en su sed les sacaste aguas de la peña; y
les dijiste que entrasen a poseer la tierra, por la cual alzaste tu mano y
juraste que se la darías. 16 Mas ellos y nuestros padres fueron soberbios, y
endurecieron su cerviz, y no escucharon tus mandamientos. 17 No quisieron oír,
ni se acordaron de tus maravillas que habías hecho con ellos; antes
endurecieron su cerviz, y en su rebelión pensaron poner caudillo para volverse
a su servidumbre. Pero tú eres Dios que perdonas, clemente y piadoso, tardo
para la ira, y grande en misericordia, porque no los abandonaste. 18 Además,
cuando hicieron para sí becerro de fundición y dijeron: Este es tu Dios que te
hizo subir de Egipto; y cometieron grandes abominaciones, 19 tú, con todo, por
tus muchas misericordias no los abandonaste en el desierto. La columna de nube
no se apartó de ellos de día, para guiarlos por el camino, ni de noche la
columna de fuego, para alumbrarles el camino por el cual habían de ir. 20 Y
enviaste tu buen Espíritu para enseñarles, y no retiraste tu maná de su boca,
y agua les diste para su sed. 21 Los sustentaste cuarenta años en el desierto;
de ninguna cosa tuvieron necesidad; sus vestidos no se envejecieron, ni se
hincharon sus pies. 22 Y les diste reinos y pueblos, y los repartiste por
distritos; y poseyeron la tierra de Sehón, la tierra del rey de Hesbón, y la
tierra de Og rey de Basán. 23 Multiplicaste sus hijos como las estrellas del
cielo, y los llevaste a la tierra de la cual habías dicho a sus padres que
habían de entrar a poseerla. 24 Y los hijos vinieron y poseyeron la tierra, y
humillaste delante de ellos a los moradores del país, a los cananeos, los
cuales entregaste en su mano, y a sus reyes, y a los pueblos de la tierra,
para que hiciesen de ellos como quisieran. 25 Y tomaron ciudades fortificadas
y tierra fértil, y heredaron casas llenas de todo bien, cisternas hechas,
viñas y olivares, y muchos árboles frutales; comieron, se saciaron, y se
deleitaron en tu gran bondad. 26 Pero te provocaron a ira, y se rebelaron
contra ti, y echaron tu ley tras sus espaldas, y mataron a tus profetas que
protestaban contra ellos para convertirlos a ti, e hicieron grandes
abominaciones.
27 Entonces los entregaste en mano de sus enemigos, los
cuales los afligieron. Pero en el tiempo de su tribulación clamaron a ti, y tú
desde los cielos los oíste; y según tu gran misericordia les enviaste
libertadores para que los salvasen de mano de sus enemigos. 28 Pero una vez
que tenían paz, volvían a hacer lo malo delante de ti, por lo cual los
abandonaste en mano de sus enemigos que los dominaron; pero volvían y clamaban
otra vez a ti, y tú desde los cielos los oías y según tus misericordias muchas
veces los libraste. 29 Les amonestaste a que se volviesen a tu ley; mas ellos
se llenaron de soberbia, y no oyeron tus mandamientos, sino que pecaron contra
tus juicios, los cuales si el hombre hiciere, en ellos vivirá; se rebelaron,
endurecieron su cerviz, y no escucharon. 30 Les soportaste por muchos años, y
les testificaste con tu Espíritu por medio de tus profetas, pero no
escucharon; por lo cual los entregaste en mano de los pueblos de la tierra. 31
Mas por tus muchas misericordias no los consumiste, ni los desamparaste;
porque eres Dios clemente y misericordioso. 32 Ahora pues, Dios nuestro, Dios
grande, fuerte, temible, que guardas el pacto y la misericordia, no sea tenido
en poco delante de ti todo el sufrimiento que ha alcanzado a nuestros reyes, a
nuestros príncipes, a nuestros sacerdotes, a nuestros profetas, a nuestros
padres y a todo tu pueblo, desde los días de los reyes de Asiria hasta este
día. 33 Pero tú eres justo en todo lo que ha venido sobre nosotros; porque
rectamente has hecho, mas nosotros hemos hecho lo malo. 34 Nuestros reyes,
nuestros príncipes, nuestros sacerdotes y nuestros padres no pusieron por obra
tu ley, ni atendieron a tus mandamientos y a tus testimonios con que les
amonestabas. 35 Y ellos en su reino y en tu mucho bien que les diste, y en la
tierra espaciosa y fértil que entregaste delante de ellos, no te sirvieron, ni
se convirtieron de sus malas obras. 36 He aquí que hoy somos siervos; henos
aquí, siervos en la tierra que diste a nuestros padres para que comiesen su
fruto y su bien. 37 Y se multiplica su fruto para los reyes que has puesto
sobre nosotros por nuestros pecados, quienes se enseñorean sobre nuestros
cuerpos, y sobre nuestros ganados, conforme a su voluntad, y estamos en grande
angustia.
Pacto del pueblo, de guardar la ley
38 A causa, pues, de todo esto, nosotros hacemos fiel
promesa, y la escribimos, firmada por nuestros príncipes, por nuestros levitas
y por nuestros sacerdotes.
NEHEMÍAS 10
1 Los que firmaron fueron: Nehemías el gobernador, hijo
de Hacalías, y Sedequías, 2 Seraías, Azarías, Jeremías, 3 Pasur, Amarías,
Malquías, 4 Hatús, Sebanías, Maluc, 5 Harim, Meremot, Obadías, 6 Daniel,
Ginetón, Baruc, 7 Mesulam, Abías, Mijamín, 8 Maazías, Bilgai y Semaías; éstos
eran sacerdotes. 9 Y los levitas: Jesúa hijo de Azanías, Binúi de los hijos de
Henadad, Cadmiel, 10 y sus hermanos Sebanías, Hodías, Kelita, Pelaías, Hanán,
11 Micaía, Rehob, Hasabías, 12 Zacur, Serebías, Sebanías, 13 Hodías, Bani y
Beninu. 14 Los cabezas del pueblo: Paros, Pahat-moab, Elam, Zatu, Bani, 15
Buni, Azgad, Bebai, 16 Adonías, Bigvai, Adín, 17 Ater, Ezequías, Azur, 18
Hodías, Hasum, Bezai, 19 Harif, Anatot, Nebai, 20 Magpías, Mesulam, Hezir, 21
Mesezabeel, Sadoc, Jadúa, 22 Pelatías, Hanán, Anaías, 23 Oseas, Hananías,
Hasub, 24 Halohes, Pilha, Sobec, 25 Rehum, Hasabna, Maasías, 26 Ahías, Hanán,
Anán, 27 Maluc, Harim y Baana.
28 Y el resto del pueblo, los sacerdotes, levitas,
porteros y cantores, los sirvientes del templo, y todos los que se habían
apartado de los pueblos de las tierras a la ley de Dios, con sus mujeres, sus
hijos e hijas, todo el que tenía comprensión y discernimiento, 29 se reunieron
con sus hermanos y sus principales, para protestar y jurar que andarían en la
ley de Dios, que fue dada por Moisés siervo de Dios, y que guardarían y
cumplirían todos los mandamientos, decretos y estatutos de Jehová nuestro
Señor. 30 Y que no daríamos nuestras hijas a los pueblos de la tierra, ni
tomaríamos sus hijas para nuestros hijos. 31 Asimismo, que si los pueblos de
la tierra trajesen a vender mercaderías y comestibles en día de reposo, nada
tomaríamos de ellos en ese día ni en otro día santificado; y que el año
séptimo dejaríamos descansar la tierra, y remitiríamos toda deuda. 32 Nos
impusimos además por ley, el cargo de contribuir cada año con la tercera parte
de un siclo para la obra de la casa de nuestro Dios; 33 para el pan de la
proposición y para la ofrenda continua, para el holocausto continuo, los días
de reposo, las nuevas lunas, las festividades, y para las cosas santificadas y
los sacrificios de expiación por el pecado de Israel, y para todo el servicio
de la casa de nuestro Dios. 34 Echamos también suertes los sacerdotes, los
levitas y el pueblo, acerca de la ofrenda de la leña, para traerla a la casa
de nuestro Dios, según las casas de nuestros padres, en los tiempos
determinados cada año, para quemar sobre el altar de Jehová nuestro Dios, como
está escrito en la ley. 35 Y que cada año traeríamos a la casa de Jehová las
primicias de nuestra tierra, y las primicias del fruto de todo árbol. 36
Asimismo los primogénitos de nuestros hijos y de nuestros ganados, como está
escrito en la ley; y que traeríamos los primogénitos de nuestras vacas y de
nuestras ovejas a la casa de nuestro Dios, a los sacerdotes que ministran en
la casa de nuestro Dios; 37 que traeríamos también las primicias de nuestras
masas, y nuestras ofrendas, y del fruto de todo árbol, y del vino y del
aceite, para los sacerdotes, a las cámaras de la casa de nuestro Dios, y el
diezmo de nuestra tierra para los levitas; y que los levitas recibirían las
décimas de nuestras labores en todas las ciudades; 38 y que estaría el
sacerdote hijo de Aarón con los levitas, cuando los levitas recibiesen el
diezmo; y que los levitas llevarían el diezmo del diezmo a la casa de nuestro
Dios, a las cámaras de la casa del tesoro. 39 Porque a las cámaras del tesoro
han de llevar los hijos de Israel y los hijos de Leví la ofrenda del grano,
del vino y del aceite; y allí estarán los utensilios del santuario, y los
sacerdotes que ministran, los porteros y los cantores; y no abandonaremos la
casa de nuestro Dios.
Los habitantes de Jerusalén
(1 Cr. 9.1-34)
NEHEMÍAS 11
1 Habitaron los jefes del pueblo en Jerusalén; mas el
resto del pueblo echó suertes para traer uno de cada diez para que morase en
Jerusalén, ciudad santa, y las otras nueve partes en las otras ciudades. 2 Y
bendijo el pueblo a todos los varones que voluntariamente se ofrecieron para
morar en Jerusalén.
3 Estos son los jefes de la provincia que moraron en
Jerusalén; pero en las ciudades de Judá habitaron cada uno en su posesión, en
sus ciudades; los israelitas, los sacerdotes y levitas, los sirvientes del
templo y los hijos de los siervos de Salomón. 4 En Jerusalén, pues, habitaron
algunos de los hijos de Judá y de los hijos de Benjamín. De los hijos de Judá:
Ataías hijo de Uzías, hijo de Zacarías, hijo de Amarías, hijo de Sefatías,
hijo de Mahalaleel, de los hijos de Fares, 5 y Maasías hijo de Baruc, hijo de
Colhoze, hijo de Hazaías, hijo de Adaías, hijo de Joiarib, hijo de Zacarías,
hijo de Siloni. 6 Todos los hijos de Fares que moraron en Jerusalén fueron
cuatrocientos sesenta y ocho hombres fuertes. 7 Estos son los hijos de
Benjamín: Salú hijo de Mesulam, hijo de Joed, hijo de Pedaías, hijo de Colaías,
hijo de Maasías, hijo de Itiel, hijo de Jesaías. 8 Y tras él Gabai y Salai,
novecientos veintiocho. 9 Y Joel hijo de Zicri era el prefecto de ellos, y
Judá hijo de Senúa el segundo en la ciudad. 10 De los sacerdotes: Jedaías hijo
de Joiarib, Jaquín, 11 Seraías hijo de Hilcías, hijo de Mesulam, hijo de
Sadoc, hijo de Meraiot, hijo de Ahitob, príncipe de la casa de Dios, 12 y sus
hermanos, los que hacían la obra de la casa, ochocientos veintidós; y Adaías
hijo de Jeroham, hijo de Pelalías, hijo de Amsi, hijo de Zacarías, hijo de
Pasur, hijo de Malquías, 13 y sus hermanos, jefes de familias, doscientos
cuarenta y dos; y Amasai hijo de Azareel, hijo de Azai, hijo de Mesilemot,
hijo de Imer, 14 y sus hermanos, hombres de gran vigor, ciento veintiocho, el
jefe de los cuales era Zabdiel hijo de Gedolim. 15 De los levitas: Semaías
hijo de Hasub, hijo de Azricam, hijo de Hasabías, hijo de Buni; 16 Sabetai y
Jozabad, de los principales de los levitas, capataces de la obra exterior de
la casa de Dios; 17 y Matanías hijo de Micaía, hijo de Zabdi, hijo de Asaf, el
principal, el que empezaba las alabanzas y acción de gracias al tiempo de la
oración; Bacbuquías el segundo de entre sus hermanos; y Abda hijo de Samúa,
hijo de Galal, hijo de Jedutún. 18 Todos los levitas en la santa ciudad eran
doscientos ochenta y cuatro. 19 Los porteros, Acub, Talmón y sus hermanos,
guardas en las puertas, ciento setenta y dos.
20 Y el resto de Israel, de los sacerdotes y de los
levitas, en todas las ciudades de Judá, cada uno en su heredad. 21 Los
sirvientes del templo habitaban en Ofel; y Ziha y Gispa tenían autoridad sobre
los sirvientes del templo. 22 Y el jefe de los levitas en Jerusalén era Uzi
hijo de Bani, hijo de Hasabías, hijo de Matanías, hijo de Micaía, de los hijos
de Asaf, cantores, sobre la obra de la casa de Dios. 23 Porque había
mandamiento del rey acerca de ellos, y distribución para los cantores para
cada día. 24 Y Petaías hijo de Mesezabeel, de los hijos de Zera hijo de Judá,
estaba al servicio del rey en todo negocio del pueblo.
Lugares habitados fuera de Jerusalén
25 Tocante a las aldeas y sus tierras, algunos de los
hijos de Judá habitaron en Quiriat-arba y sus aldeas, en Dibón y sus aldeas,
en Jecabseel y sus aldeas, 26 en Jesúa, Molada y Bet-pelet, 27 en Hazar-sual,
en Beerseba y sus aldeas, 28 en Siclag, en Mecona y sus aldeas, 29 en En-rimón,
en Zora, en Jarmut, 30 en Zanoa, en Adulam y sus aldeas, en Laquis y sus
tierras, y en Azeca y sus aldeas. Y habitaron desde Beerseba hasta el valle de
Hinom. 31 Y los hijos de Benjamín habitaron desde Geba, en Micmas, en Aía, en
Bet-el y sus aldeas, 32 en Anatot, Nob, Ananías, 33 Hazor, Ramá, Gitaim, 34
Hadid, Seboim, Nebalat, 35 Lod, y Ono, valle de los artífices; 36 y algunos de
los levitas, en los repartimientos de Judá y de Benjamín.
Sacerdotes y levitas
NEHEMÍAS 12
1 Estos son los sacerdotes y levitas que subieron con
Zorobabel hijo de Salatiel, y con Jesúa: Seraías, Jeremías, Esdras, 2 Amarías,
Maluc, Hatús, 3 Secanías, Rehum, Meremot, 4 Iddo, Gineto, Abías, 5 Mijamín,
Maadías, Bilga, 6 Semaías, Joiarib, Jedaías, 7 Salú, Amoc, Hilcías y Jedaías.
Estos eran los príncipes de los sacerdotes y sus hermanos en los días de Jesúa.
8 Y los levitas: Jesúa, Binúi, Cadmiel, Serebías, Judá y Matanías, que con sus
hermanos oficiaba en los cantos de alabanza. 9 Y Bacbuquías y Uni, sus
hermanos, cada cual en su ministerio.
10 Jesúa engendró a Joiacim, y Joiacim engendró a Eliasib,
y Eliasib engendró a Joiada; 11 Joiada engendró a Jonatán, y Jonatán engendró
a Jadúa. 12 Y en los días de Joiacim los sacerdotes jefes de familias fueron:
de Seraías, Meraías; de Jeremías, Hananías; 13 de Esdras, Mesulam; de Amarías,
Johanán; 14 de Melicú, Jonatán; de Sebanías, José; 15 de Harim, Adna; de
Meraiot, Helcai; 16 de Iddo, Zacarías; de Ginetón, Mesulam; 17 de Abías, Zicri;
de Miniamín, de Moadías, Piltai; 18 de Bilga, Samúa; de Semaías, Jonatán; 19
de Joiarib, Matenai; de Jedaías, Uzi; 20 de Salai, Calai; de Amoc, Eber; 21 de
Hilcías, Hasabías; de Jedaías, Natanael.
22 Los levitas en días de Eliasib, de Joiada, de Johanán
y de Jadúa fueron inscritos por jefes de familias; también los sacerdotes,
hasta el reinado de Darío el persa. 23 Los hijos de Leví, jefes de familias,
fueron inscritos en el libro de las crónicas hasta los días de Johanán hijo de
Eliasib. 24 Los principales de los levitas: Hasabías, Serebías, Jesúa hijo de
Cadmiel, y sus hermanos delante de ellos, para alabar y dar gracias, conforme
al estatuto de David varón de Dios, guardando su turno. 25 Matanías,
Bacbuquías, Obadías, Mesulam, Talmón y Acub, guardas, eran porteros para la
guardia a las entradas de las puertas. 26 Estos fueron en los días de Joiacim
hijo de Jesúa, hijo de Josadac, y en los días del gobernador Nehemías y del
sacerdote Esdras, escriba.
Dedicación del muro
27 Para la dedicación del muro de Jerusalén, buscaron a
los levitas de todos sus lugares para traerlos a Jerusalén, para hacer la
dedicación y la fiesta con alabanzas y con cánticos, con címbalos, salterios y
cítaras. 28 Y fueron reunidos los hijos de los cantores, así de la región
alrededor de Jerusalén como de las aldeas de los netofatitas; 29 y de la casa
de Gilgal, y de los campos de Geba y de Azmavet; porque los cantores se habían
edificado aldeas alrededor de Jerusalén. 30 Y se purificaron los sacerdotes y
los levitas; y purificaron al pueblo, y las puertas, y el muro. 31 Hice luego
subir a los príncipes de Judá sobre el muro, y puse dos coros grandes que
fueron en procesión; el uno a la derecha, sobre el muro, hacia la puerta del
Muladar. 32 E iba tras de ellos Osaías con la mitad de los príncipes de Judá,
33 y Azarías, Esdras, Mesulam, 34 Judá y Benjamín, Semaías y Jeremías. 35 Y de
los hijos de los sacerdotes iban con trompetas Zacarías hijo de Jonatán, hijo
de Semaías, hijo de Matanías, hijo de Micaías, hijo de Zacur, hijo de Asaf; 36
y sus hermanos Semaías, Azarael, Milalai, Gilalai, Maai, Natanael, Judá y
Hanani, con los instrumentos musicales de David varón de Dios; y el escriba
Esdras delante de ellos. 37 Y a la puerta de la Fuente, en frente de ellos,
subieron por las gradas de la ciudad de David, por la subida del muro, desde
la casa de David hasta la puerta de las Aguas, al oriente. 38 El segundo coro
iba del lado opuesto, y yo en pos de él, con la mitad del pueblo sobre el
muro, desde la torre de los Hornos hasta el muro ancho; 39 y desde la puerta
de Efraín hasta la puerta Vieja y a la puerta del Pescado, y la torre de
Hananeel, y la torre de Hamea, hasta la puerta de las Ovejas; y se detuvieron
en la puerta de la Cárcel. 40 Llegaron luego los dos coros a la casa de Dios;
y yo, y la mitad de los oficiales conmigo, 41 y los sacerdotes Eliacim,
Maaseías, Miniamín, Micaías, Elioenai, Zacarías y Hananías, con trompetas; 42
y Maasías, Semaías, Eleazar, Uzi, Johanán, Malquías, Elam y Ezer. Y los
cantores cantaban en alta voz, e Izrahías era el director. 43 Y sacrificaron
aquel día numerosas víctimas, y se regocijaron, porque Dios los había recreado
con grande contentamiento; se alegraron también las mujeres y los niños; y el
alborozo de Jerusalén fue oído desde lejos.
Porciones para sacerdotes y levitas
44 En aquel día fueron puestos varones sobre las cámaras
de los tesoros, de las ofrendas, de las primicias y de los diezmos, para
recoger en ellas, de los ejidos de las ciudades, las porciones legales para
los sacerdotes y levitas; porque era grande el gozo de Judá con respecto a los
sacerdotes y levitas que servían. 45 Y habían cumplido el servicio de su Dios,
y el servicio de la expiación, como también los cantores y los porteros,
conforme al estatuto de David y de Salomón su hijo. 46 Porque desde el tiempo
de David y de Asaf, ya de antiguo, había un director de cantores para los
cánticos y alabanzas y acción de gracias a Dios. 47 Y todo Israel en días de
Zorobabel y en días de Nehemías daba alimentos a los cantores y a los
porteros, cada cosa en su día; consagraban asimismo sus porciones a los
levitas, y los levitas consagraban parte a los hijos de Aarón.
Reformas de Nehemías
NEHEMÍAS 13
1 Aquel día se leyó en el libro de Moisés, oyéndolo el
pueblo, y fue hallado escrito en él que los amonitas y moabitas no debían
entrar jamás en la congregación de Dios, 2 por cuanto no salieron a recibir a
los hijos de Israel con pan y agua, sino que dieron dinero a Balaam para que
los maldijera; mas nuestro Dios volvió la maldición en bendición. 3 Cuando
oyeron, pues, la ley, separaron de Israel a todos los mezclados con
extranjeros.
4 Y antes de esto el sacerdote Eliasib, siendo jefe de la
cámara de la casa de nuestro Dios, había emparentado con Tobías, 5 y le había
hecho una gran cámara, en la cual guardaban antes las ofrendas, el incienso,
los utensilios, el diezmo del grano, del vino y del aceite, que estaba mandado
dar a los levitas, a los cantores y a los porteros, y la ofrenda de los
sacerdotes. 6 Mas a todo esto, yo no estaba en Jerusalén, porque en el año
treinta y dos de Artajerjes rey de Babilonia fui al rey; y al cabo de algunos
días pedí permiso al rey 7 para volver a Jerusalén; y entonces supe del mal
que había hecho Eliasib por consideración a Tobías, haciendo para él una
cámara en los atrios de la casa de Dios. 8 Y me dolió en gran manera; y arrojé
todos los muebles de la casa de Tobías fuera de la cámara, 9 y dije que
limpiasen las cámaras, e hice volver allí los utensilios de la casa de Dios,
las ofrendas y el incienso.
10 Encontré asimismo que las porciones para los levitas
no les habían sido dadas, y que los levitas y cantores que hacían el servicio
habían huido cada uno a su heredad. 11 Entonces reprendí a los oficiales, y
dije: ¿Por qué está la casa de Dios abandonada? Y los reuní y los puse en sus
puestos. 12 Y todo Judá trajo el diezmo del grano, del vino y del aceite, a
los almacenes. 13 Y puse por mayordomos de ellos al sacerdote Selemías y al
escriba Sadoc, y de los levitas a Pedaías; y al servicio de ellos a Hanán hijo
de Zacur, hijo de Matanías; porque eran tenidos por fieles, y ellos tenían que
repartir a sus hermanos. 14 Acuérdate de mí, oh Dios, en orden a esto, y no
borres mis misericordias que hice en la casa de mi Dios, y en su servicio.
15 En aquellos días vi en Judá a algunos que pisaban en
lagares en el día de reposo, y que acarreaban haces, y cargaban asnos con
vino, y también de uvas, de higos y toda suerte de carga, y que traían a
Jerusalén en día de reposo; y los amonesté acerca del día en que vendían las
provisiones. 16 También había en la ciudad tirios que traían pescado y toda
mercadería, y vendían en día de reposo a los hijos de Judá en Jerusalén. 17 Y
reprendí a los señores de Judá y les dije: ¿Qué mala cosa es esta que vosotros
hacéis, profanando así el día de reposo? 18 ¿No hicieron así vuestros padres,
y trajo nuestro Dios todo este mal sobre nosotros y sobre esta ciudad? ¿Y
vosotros añadís ira sobre Israel profanando el día de reposo? 19 Sucedió,
pues, que cuando iba oscureciendo a las puertas de Jerusalén antes del día de
reposo, dije que se cerrasen las puertas, y ordené que no las abriesen hasta
después del día de reposo; y puse a las puertas algunos de mis criados, para
que en día de reposo no introdujeran carga. 20 Y se quedaron fuera de
Jerusalén una y dos veces los negociantes y los que vendían toda especie de
mercancía. 21 Y les amonesté y les dije: ¿Por qué os quedáis vosotros delante
del muro? Si lo hacéis otra vez, os echaré mano. Desde entonces no vinieron en
día de reposo. 22 Y dije a los levitas que se purificasen y viniesen a guardar
las puertas, para santificar el día del reposo. También por esto acuérdate de
mí, Dios mío, y perdóname según la grandeza de tu misericordia.
23 Vi asimismo en aquellos días a judíos que habían
tomado mujeres de Asdod, amonitas, y moabitas; 24 y la mitad de sus hijos
hablaban la lengua de Asdod, porque no sabían hablar judaico, sino que
hablaban conforme a la lengua de cada pueblo. 25 Y reñí con ellos, y los
maldije, y herí a algunos de ellos, y les arranqué los cabellos, y les hice
jurar, diciendo: No daréis vuestras hijas a sus hijos, y no tomaréis de sus
hijas para vuestros hijos, ni para vosotros mismos. 26 ¿No pecó por esto
Salomón, rey de Israel? Bien que en muchas naciones no hubo rey como él, que
era amado de su Dios, y Dios lo había puesto por rey sobre todo Israel, aun a
él le hicieron pecar las mujeres extranjeras. 27 ¿Y obedeceremos a vosotros
para cometer todo este mal tan grande de prevaricar contra nuestro Dios,
tomando mujeres extranjeras? 28 Y uno de los hijos de Joiada hijo del sumo
sacerdote Eliasib era yerno de Sanbalat horonita; por tanto, lo ahuyenté de
mí. 29 Acuérdate de ellos, Dios mío, contra los que contaminan el sacerdocio,
y el pacto del sacerdocio y de los levitas. 30 Los limpié, pues, de todo
extranjero, y puse a los sacerdotes y levitas por sus grupos, a cada uno en su
servicio; 31 y para la ofrenda de la leña en los tiempos señalados, y para las
primicias. Acuérdate de mí, Dios mío, para bien.
ESTER
La reina Vasti desafía a Asuero
ESTER 1
1 Aconteció en los días de Asuero, el Asuero que reinó
desde la India hasta Etiopía sobre ciento veintisiete provincias, 2 que en
aquellos días, cuando fue afirmado el rey Asuero sobre el trono de su reino,
el cual estaba en Susa capital del reino, 3 en el tercer año de su reinado
hizo banquete a todos sus príncipes y cortesanos, teniendo delante de él a los
más poderosos de Persia y de Media, gobernadores y príncipes de provincias, 4
para mostrar él las riquezas de la gloria de su reino, el brillo y la
magnificencia de su poder, por muchos días, ciento ochenta días. 5 Y cumplidos
estos días, hizo el rey otro banquete por siete días en el patio del huerto
del palacio real a todo el pueblo que había en Susa capital del reino, desde
el mayor hasta el menor. 6 El pabellón era de blanco, verde y azul, tendido
sobre cuerdas de lino y púrpura en anillos de plata y columnas de mármol; los
reclinatorios de oro y de plata, sobre losado de pórfido y de mármol, y de
alabastro y de jacinto. 7 Y daban a beber en vasos de oro, y vasos diferentes
unos de otros, y mucho vino real, de acuerdo con la generosidad del rey. 8 Y
la bebida era según esta ley: Que nadie fuese obligado a beber; porque así lo
había mandado el rey a todos los mayordomos de su casa, que se hiciese según
la voluntad de cada uno. 9 Asimismo la reina Vasti hizo banquete para las
mujeres, en la casa real del rey Asuero.
10 El séptimo día, estando el corazón del rey alegre del
vino, mandó a Mehumán, Bizta, Harbona, Bigta, Abagta, Zetar y Carcas, siete
eunucos que servían delante del rey Asuero, 11 que trajesen a la reina Vasti a
la presencia del rey con la corona regia, para mostrar a los pueblos y a los
príncipes su belleza; porque era hermosa. 12 Mas la reina Vasti no quiso
comparecer a la orden del rey enviada por medio de los eunucos; y el rey se
enojó mucho, y se encendió en ira.
13 Preguntó entonces el rey a los sabios que conocían los
tiempos (porque así acostumbraba el rey con todos los que sabían la ley y el
derecho; 14 y estaban junto a él Carsena, Setar, Admata, Tarsis, Meres,
Marsena y Memucán, siete príncipes de Persia y de Media que veían la cara del
rey, y se sentaban los primeros del reino); 15 les preguntó qué se había de
hacer con la reina Vasti según la ley, por cuanto no había cumplido la orden
del rey Asuero enviada por medio de los eunucos. 16 Y dijo Memucán delante del
rey y de los príncipes: No solamente contra el rey ha pecado la reina Vasti,
sino contra todos los príncipes, y contra todos los pueblos que hay en todas
las provincias del rey Asuero. 17 Porque este hecho de la reina llegará a
oídos de todas las mujeres, y ellas tendrán en poca estima a sus maridos,
diciendo: El rey Asuero mandó traer delante de sí a la reina Vasti, y ella no
vino. 18 Y entonces dirán esto las señoras de Persia y de Media que oigan el
hecho de la reina, a todos los príncipes del rey; y habrá mucho menosprecio y
enojo. 19 Si parece bien al rey, salga un decreto real de vuestra majestad y
se escriba entre las leyes de Persia y de Media, para que no sea quebrantado:
Que Vasti no venga más delante del rey Asuero; y el rey haga reina a otra que
sea mejor que ella. 20 Y el decreto que dicte el rey será oído en todo su
reino, aunque es grande, y todas las mujeres darán honra a sus maridos, desde
el mayor hasta el menor. 21 Agradó esta palabra a los ojos del rey y de los
príncipes, e hizo el rey conforme al dicho de Memucán; 22 pues envió cartas a
todas las provincias del rey, a cada provincia conforme a su escritura, y a
cada pueblo conforme a su lenguaje, diciendo que todo hombre afirmase su
autoridad en su casa; y que se publicase esto en la lengua de su pueblo.
Ester es proclamada reina
ESTER 2
1 Pasadas estas cosas, sosegada ya la ira del rey Asuero,
se acordó de Vasti y de lo que ella había hecho, y de la sentencia contra
ella. 2 Y dijeron los criados del rey, sus cortesanos: Busquen para el rey
jóvenes vírgenes de buen parecer; 3 y ponga el rey personas en todas las
provincias de su reino, que lleven a todas las jóvenes vírgenes de buen
parecer a Susa, residencia real, a la casa de las mujeres, al cuidado de Hegai
eunuco del rey, guarda de las mujeres, y que les den sus atavíos; 4 y la
doncella que agrade a los ojos del rey, reine en lugar de Vasti. Esto agradó a
los ojos del rey, y lo hizo así.
5 Había en Susa residencia real un varón judío cuyo
nombre era Mardoqueo hijo de Jair, hijo de Simei, hijo de Cis, del linaje de
Benjamín; 6 el cual había sido transportado de Jerusalén con los cautivos que
fueron llevados con Jeconías rey de Judá, a quien hizo transportar
Nabucodonosor rey de Babilonia. 7 Y había criado a Hadasa, es decir, Ester,
hija de su tío, porque era húerfana; y la joven era de hermosa figura y de
buen parecer. Cuando su padre y su madre murieron, Mardoqueo la adoptó como
hija suya.
8 Sucedió, pues, que cuando se divulgó el mandamiento y
decreto del rey, y habían reunido a muchas doncellas en Susa residencia real,
a cargo de Hegai, Ester también fue llevada a la casa del rey, al cuidado de
Hegai guarda de las mujeres. 9 Y la doncella agradó a sus ojos, y halló gracia
delante de él, por lo que hizo darle prontamente atavíos y alimentos, y le dio
también siete doncellas especiales de la casa del rey; y la llevó con sus
doncellas a lo mejor de la casa de las mujeres. 10 Ester no declaró cuál era
su pueblo ni su parentela, porque Mardoqueo le había mandado que no lo
declarase. 11 Y cada día Mardoqueo se paseaba delante del patio de la casa de
las mujeres, para saber cómo le iba a Ester, y cómo la trataban.
12 Y cuando llegaba el tiempo de cada una de las
doncellas para venir al rey Asuero, después de haber estado doce meses
conforme a la ley acerca de las mujeres, pues así se cumplía el tiempo de sus
atavíos, esto es, seis meses con óleo de mirra y seis meses con perfumes
aromáticos y afeites de mujeres, 13 entonces la doncella venía así al rey.
Todo lo que ella pedía se le daba, para venir ataviada con ello desde la casa
de las mujeres hasta la casa del rey. 14 Ella venía por la tarde, y a la
mañana siguiente volvía a la casa segunda de las mujeres, al cargo de Saasgaz
eunuco del rey, guarda de las concubinas; no venía más al rey, salvo si el rey
la quería y era llamada por nombre.
15 Cuando le llegó a Ester, hija de Abihail tío de
Mardoqueo, quien la había tomado por hija, el tiempo de venir al rey, ninguna
cosa procuró sino lo que dijo Hegai eunuco del rey, guarda de las mujeres; y
ganaba Ester el favor de todos los que la veían. 16 Fue, pues, Ester llevada
al rey Asuero a su casa real en el mes décimo, que es el mes de Tebet, en el
año séptimo de su reinado. 17 Y el rey amó a Ester más que a todas las otras
mujeres, y halló ella gracia y benevolencia delante de él más que todas las
demás vírgenes; y puso la corona real en su cabeza, y la hizo reina en lugar
de Vasti. 18 Hizo luego el rey un gran banquete a todos sus príncipes y
siervos, el banquete de Ester; y disminuyó tributos a las provincias, e hizo y
dio mercedes conforme a la generosidad real.
Mardoqueo denuncia una conspiración contra el rey
19 Cuando las vírgenes eran reunidas la segunda vez,
Mardoqueo estaba sentado a la puerta del rey. 20 Y Ester, según le había
mandado Mardoqueo, no había declarado su nación ni su pueblo; porque Ester
hacía lo que decía Mardoqueo, como cuando él la educaba. 21 En aquellos días,
estando Mardoqueo sentado a la puerta del rey, se enojaron Bigtán y Teres, dos
eunucos del rey, de la guardia de la puerta, y procuraban poner mano en el rey
Asuero. 22 Cuando Mardoqueo entendió esto, lo denunció a la reina Ester, y
Ester lo dijo al rey en nombre de Mardoqueo. 23 Se hizo investigación del
asunto, y fue hallado cierto; por tanto, los dos eunucos fueron colgados en
una horca. Y fue escrito el caso en el libro de las crónicas del rey.
Amán trama la destrucción de los judíos
ESTER 3
1 Después de estas cosas el rey Asuero engrandeció a Amán
hijo de Hamedata agagueo, y lo honró, y puso su silla sobre todos los
príncipes que estaban con él. 2 Y todos los siervos del rey que estaban a la
puerta del rey se arrodillaban y se inclinaban ante Amán, porque así lo había
mandado el rey; pero Mardoqueo ni se arrodillaba ni se humillaba. 3 Y los
siervos del rey que estaban a la puerta preguntaron a Mardoqueo: ¿Por qué
traspasas el mandamiento del rey? 4 Aconteció que hablándole cada día de esta
manera, y no escuchándolos él, lo denunciaron a Amán, para ver si Mardoqueo se
mantendría firme en su dicho; porque ya él les había declarado que era judío.
5 Y vio Amán que Mardoqueo ni se arrodillaba ni se humillaba delante de él; y
se llenó de ira. 6 Pero tuvo en poco poner mano en Mardoqueo solamente, pues
ya le habían declarado cuál era el pueblo de Mardoqueo; y procuró Amán
destruir a todos los judíos que había en el reino de Asuero, al pueblo de
Mardoqueo.
7 En el mes primero, que es el mes de Nisán, en el año
duodécimo del rey Asuero, fue echada Pur, esto es, la suerte, delante de Amán,
suerte para cada día y cada mes del año; y salió el mes duodécimo, que es el
mes de Adar.
8 Y dijo Amán al rey Asuero: Hay un pueblo esparcido y
distribuido entre los pueblos en todas las provincias de tu reino, y sus leyes
son diferentes de las de todo pueblo, y no guardan las leyes del rey, y al rey
nada le beneficia el dejarlos vivir. 9 Si place al rey, decrete que sean
destruidos; y yo pesaré diez mil talentos de plata a los que manejan la
hacienda, para que sean traídos a los tesoros del rey. 10 Entonces el rey
quitó el anillo de su mano, y lo dio a Amán hijo de Hamedata agagueo, enemigo
de los judíos, 11 y le dijo: La plata que ofreces sea para ti, y asimismo el
pueblo, para que hagas de él lo que bien te pareciere. 12 Entonces fueron
llamados los escribanos del rey en el mes primero, al día trece del mismo, y
fue escrito conforme a todo lo que mandó Amán, a los sátrapas del rey, a los
capitanes que estaban sobre cada provincia y a los príncipes de cada pueblo, a
cada provincia según su escritura, y a cada pueblo según su lengua; en nombre
del rey Asuero fue escrito, y sellado con el anillo del rey. 13 Y fueron
enviadas cartas por medio de correos a todas las provincias del rey, con la
orden de destruir, matar y exterminar a todos los judíos, jóvenes y ancianos,
niños y mujeres, en un mismo día, en el día trece del mes duodécimo, que es el
mes de Adar, y de apoderarse de sus bienes. 14 La copia del escrito que se dio
por mandamiento en cada provincia fue publicada a todos los pueblos, a fin de
que estuviesen listos para aquel día. 15 Y salieron los correos prontamente
por mandato del rey, y el edicto fue dado en Susa capital del reino. Y el rey
y Amán se sentaron a beber; pero la ciudad de Susa estaba conmovida.
Ester promete interceder por su pueblo
ESTER 4
1 Luego que supo Mardoqueo todo lo que se había hecho,
rasgó sus vestidos, se vistió de cilicio y de ceniza, y se fue por la ciudad
clamando con grande y amargo clamor. 2 Y vino hasta delante de la puerta del
rey; pues no era lícito pasar adentro de la puerta del rey con vestido de
cilicio. 3 Y en cada provincia y lugar donde el mandamiento del rey y su
decreto llegaba, tenían los judíos gran luto, ayuno, lloro y lamentación;
cilicio y ceniza era la cama de muchos.
4 Y vinieron las doncellas de Ester, y sus eunucos, y se
lo dijeron. Entonces la reina tuvo gran dolor, y envió vestidos para hacer
vestir a Mardoqueo, y hacerle quitar el cilicio; mas él no los aceptó. 5
Entonces Ester llamó a Hatac, uno de los eunucos del rey, que él había puesto
al servicio de ella, y lo mandó a Mardoqueo, con orden de saber qué sucedía, y
por qué estaba así. 6 Salió, pues, Hatac a ver a Mardoqueo, a la plaza de la
ciudad, que estaba delante de la puerta del rey. 7 Y Mardoqueo le declaró todo
lo que le había acontecido, y le dio noticia de la plata que Amán había dicho
que pesaría para los tesoros del rey a cambio de la destrucción de los judíos.
8 Le dio también la copia del decreto que había sido dado en Susa para que
fuesen destruidos, a fin de que la mostrase a Ester y se lo declarase, y le
encargara que fuese ante el rey a suplicarle y a interceder delante de él por
su pueblo. 9 Vino Hatac y contó a Ester las palabras de Mardoqueo.
10 Entonces Ester dijo a Hatac que le dijese a Mardoqueo:
11 Todos los siervos del rey, y el pueblo de las provincias del rey, saben que
cualquier hombre o mujer que entra en el patio interior para ver al rey, sin
ser llamado, una sola ley hay respecto a él: ha de morir; salvo aquel a quien
el rey extendiere el cetro de oro, el cual vivirá; y yo no he sido llamada
para ver al rey estos treinta días. 12 Y dijeron a Mardoqueo las palabras de
Ester. 13 Entonces dijo Mardoqueo que respondiesen a Ester: No pienses que
escaparás en la casa del rey más que cualquier otro judío. 14 Porque si callas
absolutamente en este tiempo, respiro y liberación vendrá de alguna otra parte
para los judíos; mas tú y la casa de tu padre pereceréis. ¿Y quién sabe si
para esta hora has llegado al reino?
15 Y Ester dijo que respondiesen a Mardoqueo: 16 Ve y
reúne a todos los judíos que se hallan en Susa, y ayunad por mí, y no comáis
ni bebáis en tres días, noche y día; yo también con mis doncellas ayunaré
igualmente, y entonces entraré a ver al rey, aunque no sea conforme a la ley;
y si perezco, que perezca. 17 Entonces Mardoqueo fue, e hizo conforme a todo
lo que le mandó Ester.
Ester invita al rey y a Amán a un banquete
ESTER 5
1 Aconteció que al tercer día se vistió Ester su vestido
real, y entró en el patio interior de la casa del rey, enfrente del aposento
del rey; y estaba el rey sentado en su trono en el aposento real, enfrente de
la puerta del aposento. 2 Y cuando vio a la reina Ester que estaba en el
patio, ella obtuvo gracia ante sus ojos; y el rey extendió a Ester el cetro de
oro que tenía en la mano. Entonces vino Ester y tocó la punta del cetro. 3
Dijo el rey: ¿Qué tienes, reina Ester, y cuál es tu petición? Hasta la mitad
del reino se te dará. 4 Y Ester dijo: Si place al rey, vengan hoy el rey y
Amán al banquete que he preparado para el rey. 5 Respondió el rey: Daos prisa,
llamad a Amán, para hacer lo que Ester ha dicho. Vino, pues, el rey con Amán
al banquete que Ester dispuso.
6 Y dijo el rey a Ester en el banquete, mientras bebían
vino: ¿Cuál es tu petición, y te será otorgada? ¿Cuál es tu demanda? Aunque
sea la mitad del reino, te será concedida. 7 Entonces respondió Ester y dijo:
Mi petición y mi demanda es esta: 8 Si he hallado gracia ante los ojos del
rey, y si place al rey otorgar mi petición y conceder mi demanda, que venga el
rey con Amán a otro banquete que les prepararé; y mañana haré conforme a lo
que el rey ha mandado.
9 Y salió Amán aquel día contento y alegre de corazón;
pero cuando vio a Mardoqueo a la puerta del palacio del rey, que no se
levantaba ni se movía de su lugar, se llenó de ira contra Mardoqueo. 10 Pero
se refrenó Amán y vino a su casa, y mandó llamar a sus amigos y a Zeres su
mujer, 11 y les refirió Amán la gloria de sus riquezas, y la multitud de sus
hijos, y todas las cosas con que el rey le había engrandecido, y con que le
había honrado sobre los príncipes y siervos del rey. 12 Y añadió Amán: También
la reina Ester a ninguno hizo venir con el rey al banquete que ella dispuso,
sino a mí; y también para mañana estoy convidado por ella con el rey. 13 Pero
todo esto de nada me sirve cada vez que veo al judío Mardoqueo sentado a la
puerta del rey. 14 Y le dijo Zeres su mujer y todos sus amigos: Hagan una
horca de cincuenta codos de altura, y mañana di al rey que cuelguen a
Mardoqueo en ella; y entra alegre con el rey al banquete. Y agradó esto a los
ojos de Amán, e hizo preparar la horca.
Amán se ve obligado a honrar a Mardoqueo
ESTER 6
1 Aquella misma noche se le fue el sueño al rey, y dijo
que le trajesen el libro de las memorias y crónicas, y que las leyeran en su
presencia. 2 Entonces hallaron escrito que Mardoqueo había denunciado el
complot de Bigtán y de Teres, dos eunucos del rey, de la guardia de la puerta,
que habían procurado poner mano en el rey Asuero. 3 Y dijo el rey: ¿Qué honra
o qué distinción se hizo a Mardoqueo por esto? Y respondieron los servidores
del rey, sus oficiales: Nada se ha hecho con él.
4 Entonces dijo el rey: ¿Quién está en el patio? Y Amán
había venido al patio exterior de la casa real, para hablarle al rey para que
hiciese colgar a Mardoqueo en la horca que él le tenía preparada. 5 Y los
servidores del rey le respondieron: He aquí Amán está en el patio. Y el rey
dijo: Que entre. 6 Entró, pues, Amán, y el rey le dijo: ¿Qué se hará al hombre
cuya honra desea el rey? Y dijo Amán en su corazón: ¿A quién deseará el rey
honrar más que a mí? 7 Y respondió Amán al rey: Para el varón cuya honra desea
el rey, 8 traigan el vestido real de que el rey se viste, y el caballo en que
el rey cabalga, y la corona real que está puesta en su cabeza; 9 y den el
vestido y el caballo en mano de alguno de los príncipes más nobles del rey, y
vistan a aquel varón cuya honra desea el rey, y llévenlo en el caballo por la
plaza de la ciudad, y pregonen delante de él: Así se hará al varón cuya honra
desea el rey. 10 Entonces el rey dijo a Amán: Date prisa, toma el vestido y el
caballo, como tú has dicho, y hazlo así con el judío Mardoqueo, que se sienta
a la puerta real; no omitas nada de todo lo que has dicho. 11 Y Amán tomó el
vestido y el caballo, y vistió a Mardoqueo, y lo condujo a caballo por la
plaza de la ciudad, e hizo pregonar delante de él: Así se hará al varón cuya
honra desea el rey.
12 Después de esto Mardoqueo volvió a la puerta real, y
Amán se dio prisa para irse a su casa, apesadumbrado y cubierta su cabeza. 13
Contó luego Amán a Zeres su mujer y a todos sus amigos, todo lo que le había
acontecido. Entonces le dijeron sus sabios, y Zeres su mujer: Si de la
descendencia de los judíos es ese Mardoqueo delante de quien has comenzado a
caer, no lo vencerás, sino que caerás por cierto delante de él. 14 Aún estaban
ellos hablando con él, cuando los eunucos del rey llegaron apresurados, para
llevar a Amán al banquete que Ester había dispuesto.
Amán es ahorcado
ESTER 7
1 Fue, pues, el rey con Amán al banquete de la reina
Ester. 2 Y en el segundo día, mientras bebían vino, dijo el rey a Ester: ¿Cuál
es tu petición, reina Ester, y te será concedida? ¿Cuál es tu demanda? Aunque
sea la mitad del reino, te será otorgada. 3 Entonces la reina Ester respondió
y dijo: Oh rey, si he hallado gracia en tus ojos, y si al rey place, séame
dada mi vida por mi petición, y mi pueblo por mi demanda. 4 Porque hemos sido
vendidos, yo y mi pueblo, para ser destruidos, para ser muertos y
exterminados. Si para siervos y siervas fuéramos vendidos, me callaría; pero
nuestra muerte sería para el rey un daño irreparable.
5 Respondió el rey Asuero, y dijo a la reina Ester:
¿Quién es, y dónde está, el que ha ensoberbecido su corazón para hacer esto? 6
Ester dijo: El enemigo y adversario es este malvado Amán. Entonces se turbó
Amán delante del rey y de la reina. 7 Luego el rey se levantó del banquete,
encendido en ira, y se fue al huerto del palacio; y se quedó Amán para
suplicarle a la reina Ester por su vida; porque vio que estaba resuelto para
él el mal de parte del rey. 8 Después el rey volvió del huerto del palacio al
aposento del banquete, y Amán había caído sobre el lecho en que estaba Ester.
Entonces dijo el rey: ¿Querrás también violar a la reina en mi propia casa? Al
proferir el rey esta palabra, le cubrieron el rostro a Amán. 9 Y dijo Harbona,
uno de los eunucos que servían al rey: He aquí en casa de Amán la horca de
cincuenta codos de altura que hizo Amán para Mardoqueo, el cual había hablado
bien por el rey. Entonces el rey dijo: Colgadlo en ella. 10 Así colgaron a
Amán en la horca que él había hecho preparar para Mardoqueo; y se apaciguó la
ira del rey.
Decreto de Asuero a favor de los judíos
ESTER 8
1 El mismo día, el rey Asuero dio a la reina Ester la
casa de Amán enemigo de los judíos; y Mardoqueo vino delante del rey, porque
Ester le declaró lo que él era respecto de ella. 2 Y se quitó el rey el anillo
que recogió de Amán, y lo dio a Mardoqueo. Y Ester puso a Mardoqueo sobre la
casa de Amán.
3 Volvió luego Ester a hablar delante del rey, y se echó
a sus pies, llorando y rogándole que hiciese nula la maldad de Amán agagueo y
su designio que había tramado contra los judíos. 4 Entonces el rey extendió a
Ester el cetro de oro, y Ester se levantó, y se puso en pie delante del rey, 5
y dijo: Si place al rey, y si he hallado gracia delante de él, y si le parece
acertado al rey, y yo soy agradable a sus ojos, que se dé orden escrita para
revocar las cartas que autorizan la trama de Amán hijo de Hamedata agagueo,
que escribió para destruir a los judíos que están en todas las provincias del
rey. 6 Porque ¿cómo podré yo ver el mal que alcanzará a mi pueblo? ¿Cómo podré
yo ver la destrucción de mi nación?
7 Respondió el rey Asuero a la reina Ester y a Mardoqueo
el judío: He aquí yo he dado a Ester la casa de Amán, y a él han colgado en la
horca, por cuanto extendió su mano contra los judíos. 8 Escribid, pues,
vosotros a los judíos como bien os pareciere, en nombre del rey, y selladlo
con el anillo del rey; porque un edicto que se escribe en nombre del rey, y se
sella con el anillo del rey, no puede ser revocado. 9 Entonces fueron llamados
los escribanos del rey en el mes tercero, que es Siván, a los veintitrés días
de ese mes; y se escribió conforme a todo lo que mandó Mardoqueo, a los
judíos, y a los sátrapas, los capitanes y los príncipes de las provincias que
había desde la India hasta Etiopía, ciento veintisiete provincias; a cada
provincia según su escritura, y a cada pueblo conforme a su lengua, a los
judíos también conforme a su escritura y lengua. 10 Y escribió en nombre del
rey Asuero, y lo selló con el anillo del rey, y envió cartas por medio de
correos montados en caballos veloces procedentes de los repastos reales; 11
que el rey daba facultad a los judíos que estaban en todas las ciudades, para
que se reuniesen y estuviesen a la defensa de su vida, prontos a destruir, y
matar, y acabar con toda fuerza armada del pueblo o provincia que viniese
contra ellos, y aun sus niños y mujeres, y apoderarse de sus bienes, 12 en un
mismo día en todas las provincias del rey Asuero, en el día trece del mes
duodécimo, que es el mes de Adar. 13 La copia del edicto que había de darse
por decreto en cada provincia, para que fuese conocido por todos los pueblos,
decía que los judíos estuviesen preparados para aquel día, para vengarse de
sus enemigos. 14 Los correos, pues, montados en caballos veloces, salieron a
toda prisa por la orden del rey; y el edicto fue dado en Susa capital del
reino.
15 Y salió Mardoqueo de delante del rey con vestido real
de azul y blanco, y una gran corona de oro, y un manto de lino y púrpura. La
ciudad de Susa entonces se alegró y regocijó; 16 y los judíos tuvieron luz y
alegría, y gozo y honra. 17 Y en cada provincia y en cada ciudad donde llegó
el mandamiento del rey, los judíos tuvieron alegría y gozo, banquete y día de
placer. Y muchos de entre los pueblos de la tierra se hacían judíos, porque el
temor de los judíos había caído sobre ellos.
Los judíos destruyen a sus enemigos
ESTER 9
1 En el mes duodécimo, que es el mes de Adar, a los trece
días del mismo mes, cuando debía ser ejecutado el mandamiento del rey y su
decreto, el mismo día en que los enemigos de los judíos esperaban enseñorearse
de ellos, sucedió lo contrario; porque los judíos se enseñorearon de los que
los aborrecían. 2 Los judíos se reunieron en sus ciudades, en todas las
provincias del rey Asuero, para descargar su mano sobre los que habían
procurado su mal, y nadie los pudo resistir, porque el temor de ellos había
caído sobre todos los pueblos. 3 Y todos los príncipes de las provincias, los
sátrapas, capitanes y oficiales del rey, apoyaban a los judíos; porque el
temor de Mardoqueo había caído sobre ellos. 4 Pues Mardoqueo era grande en la
casa del rey, y su fama iba por todas las provincias; Mardoqueo iba
engrandeciéndose más y más. 5 Y asolaron los judíos a todos sus enemigos a
filo de espada, y con mortandad y destrucción, e hicieron con sus enemigos
como quisieron. 6 En Susa capital del reino mataron y destruyeron los judíos a
quinientos hombres. 7 Mataron entonces a Parsandata, Dalfón, Aspata, 8 Porata,
Adalía, Aridata, 9 Parmasta, Arisai, Aridai y Vaizata, 10 diez hijos de Amán
hijo de Hamedata, enemigo de los judíos; pero no tocaron sus bienes. 11 El
mismo día se le dio cuenta al rey acerca del número de los muertos en Susa,
residencia real.
12 Y dijo el rey a la reina Ester: En Susa capital del
reino los judíos han matado a quinientos hombres, y a diez hijos de Amán. ¿Qué
habrán hecho en las otras provincias del rey? ¿Cuál, pues, es tu petición? y
te será concedida; ¿o qué más es tu demanda? y será hecha. 13 Y respondió
Ester: Si place al rey, concédase también mañana a los judíos en Susa, que
hagan conforme a la ley de hoy; y que cuelguen en la horca a los diez hijos de
Amán. 14 Y mandó el rey que se hiciese así. Se dio la orden en Susa, y
colgaron a los diez hijos de Amán. 15 Y los judíos que estaban en Susa se
juntaron también el catorce del mes de Adar, y mataron en Susa a trescientos
hombres; pero no tocaron sus bienes.
La fiesta de Purim
16 En cuanto a los otros judíos que estaban en las
provincias del rey, también se juntaron y se pusieron en defensa de su vida, y
descansaron de sus enemigos, y mataron de sus contrarios a setenta y cinco
mil; pero no tocaron sus bienes. 17 Esto fue en el día trece del mes de Adar,
y reposaron en el día catorce del mismo, y lo hicieron día de banquete y de
alegría. 18 Pero los judíos que estaban en Susa se juntaron el día trece y el
catorce del mismo mes, y el quince del mismo reposaron y lo hicieron día de
banquete y de regocijo. 19 Por tanto, los judíos aldeanos que habitan en las
villas sin muro hacen a los catorce del mes de Adar el día de alegría y de
banquete, un día de regocijo, y para enviar porciones cada uno a su vecino.
20 Y escribió Mardoqueo estas cosas, y envió cartas a
todos los judíos que estaban en todas las provincias del rey Asuero, cercanos
y distantes, 21 ordenándoles que celebrasen el día decimocuarto del mes de
Adar, y el decimoquinto del mismo, cada año, 22 como días en que los judíos
tuvieron paz de sus enemigos, y como el mes que de tristeza se les cambió en
alegría, y de luto en día bueno; que los hiciesen días de banquete y de gozo,
y para enviar porciones cada uno a su vecino, y dádivas a los pobres. 23 Y los
judíos aceptaron hacer, según habían comenzado, lo que les escribió Mardoqueo.
24 Porque Amán hijo de Hamedata agagueo, enemigo de todos los judíos, había
ideado contra los judíos un plan para destruirlos, y había echado Pur, que
quiere decir suerte, para consumirlos y acabar con ellos. 25 Mas cuando Ester
vino a la presencia del rey, él ordenó por carta que el perverso designio que
aquél trazó contra los judíos recayera sobre su cabeza; y que colgaran a él y
a sus hijos en la horca. 26 Por esto llamaron a estos días Purim, por el
nombre Pur. Y debido a las palabras de esta carta, y por lo que ellos vieron
sobre esto, y lo que llevó a su conocimiento, 27 los judíos establecieron y
tomaron sobre sí, sobre su descendencia y sobre todos los allegados a ellos,
que no dejarían de celebrar estos dos días según está escrito tocante a ellos,
conforme a su tiempo cada año; 28 y que estos días serían recordados y
celebrados por todas las generaciones, familias, provincias y ciudades; que
estos días de Purim no dejarían de ser guardados por los judíos, y que su
descendencia jamás dejaría de recordarlos. 29 Y la reina Ester hija de Abihail,
y Mardoqueo el judío, suscribieron con plena autoridad esta segunda carta
referente a Purim. 30 Y fueron enviadas cartas a todos los judíos, a las
ciento veintisiete provincias del rey Asuero, con palabras de paz y de verdad,
31 para confirmar estos días de Purim en sus tiempos señalados, según les
había ordenado Mardoqueo el judío y la reina Ester, y según ellos habían
tomado sobre sí y sobre su descendencia, para conmemorar el fin de los ayunos
y de su clamor. 32 Y el mandamiento de Ester confirmó estas celebraciones
acerca de Purim, y esto fue registrado en un libro.
Grandeza de Mardoqueo
ESTER 10
1 El rey Asuero impuso tributo sobre la tierra y hasta
las costas del mar. 2 Y todos los hechos de su poder y autoridad, y el relato
sobre la grandeza de Mardoqueo, con que el rey le engrandeció, ¿no está
escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Media y de Persia? 3
Porque Mardoqueo el judío fue el segundo después del rey Asuero, y grande
entre los judíos, y estimado por la multitud de sus hermanos, porque procuró
el bienestar de su pueblo y habló paz para todo su linaje.
JOB
Las calamidades de Job
JOB 1
1 Hubo en tierra de Uz un varón llamado Job; y era este
hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal. 2 Y le nacieron
siete hijos y tres hijas. 3 Su hacienda era siete mil ovejas, tres mil
camellos, quinientas yuntas de bueyes, quinientas asnas, y muchísimos criados;
y era aquel varón más grande que todos los orientales. 4 E iban sus hijos y
hacían banquetes en sus casas, cada uno en su día; y enviaban a llamar a sus
tres hermanas para que comiesen y bebiesen con ellos. 5 Y acontecía que
habiendo pasado en turno los días del convite, Job enviaba y los santificaba,
y se levantaba de mañana y ofrecía holocaustos conforme al número de todos
ellos. Porque decía Job: Quizá habrán pecado mis hijos, y habrán blasfemado
contra Dios en sus corazones. De esta manera hacía todos los días.
6 Un día vinieron a presentarse delante de Jehová los
hijos de Dios, entre los cuales vino también Satanás. 7 Y dijo Jehová a
Satanás: ¿De dónde vienes? Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: De rodear la
tierra y de andar por ella. 8 Y Jehová dijo a Satanás: ¿No has considerado a
mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto,
temeroso de Dios y apartado del mal? 9 Respondiendo Satanás a Jehová, dijo:
¿Acaso teme Job a Dios de balde? 10 ¿No le has cercado alrededor a él y a su
casa y a todo lo que tiene? Al trabajo de sus manos has dado bendición; por
tanto, sus bienes han aumentado sobre la tierra. 11 Pero extiende ahora tu
mano y toca todo lo que tiene, y verás si no blasfema contra ti en tu misma
presencia. 12 Dijo Jehová a Satanás: He aquí, todo lo que tiene está en tu
mano; solamente no pongas tu mano sobre él. Y salió Satanás de delante de
Jehová.
13 Y un día aconteció que sus hijos e hijas comían y
bebían vino en casa de su hermano el primogénito, 14 y vino un mensajero a
Job, y le dijo: Estaban arando los bueyes, y las asnas paciendo cerca de
ellos, 15 y acometieron los sabeos y los tomaron, y mataron a los criados a
filo de espada; solamente escapé yo para darte la noticia. 16 Aún estaba éste
hablando, cuando vino otro que dijo: Fuego de Dios cayó del cielo, que quemó
las ovejas y a los pastores, y los consumió; solamente escapé yo para darte la
noticia. 17 Todavía estaba éste hablando, y vino otro que dijo: Los caldeos
hicieron tres escuadrones, y arremetieron contra los camellos y se los
llevaron, y mataron a los criados a filo de espada; y solamente escapé yo para
darte la noticia. 18 Entre tanto que éste hablaba, vino otro que dijo: Tus
hijos y tus hijas estaban comiendo y bebiendo vino en casa de su hermano el
primogénito; 19 y un gran viento vino del lado del desierto y azotó las cuatro
esquinas de la casa, la cual cayó sobre los jóvenes, y murieron; y solamente
escapé yo para darte la noticia. 20 Entonces Job se levantó, y rasgó su manto,
y rasuró su cabeza, y se postró en tierra y adoró, 21 y dijo: Desnudo salí del
vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea
el nombre de Jehová bendito. 22 En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios
despropósito alguno.
JOB 2
1 Aconteció que otro día vinieron los hijos de Dios para
presentarse delante de Jehová, y Satanás vino también entre ellos
presentándose delante de Jehová. 2 Y dijo Jehová a Satanás: ¿De dónde vienes?
Respondió Satanás a Jehová, y dijo: De rodear la tierra, y de andar por ella.
3 Y Jehová dijo a Satanás: ¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay
otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado
del mal, y que todavía retiene su integridad, aun cuando tú me incitaste
contra él para que lo arruinara sin causa? 4 Respondiendo Satanás, dijo a
Jehová: Piel por piel, todo lo que el hombre tiene dará por su vida. 5 Pero
extiende ahora tu mano, y toca su hueso y su carne, y verás si no blasfema
contra ti en tu misma presencia. 6 Y Jehová dijo a Satanás: He aquí, él está
en tu mano; mas guarda su vida.
7 Entonces salió Satanás de la presencia de Jehová, e
hirió a Job con una sarna maligna desde la planta del pie hasta la coronilla
de la cabeza. 8 Y tomaba Job un tiesto para rascarse con él, y estaba sentado
en medio de ceniza.
9 Entonces le dijo su mujer: ¿Aún retienes tu integridad?
Maldice a Dios, y muérete. 10 Y él le dijo: Como suele hablar cualquiera de
las mujeres fatuas, has hablado. ¿Qué? ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal
no lo recibiremos? En todo esto no pecó Job con sus labios.
11 Y tres amigos de Job, Elifaz temanita, Bildad suhita,
y Zofar naamatita, luego que oyeron todo este mal que le había sobrevenido,
vinieron cada uno de su lugar; porque habían convenido en venir juntos para
condolerse de él y para consolarle. 12 Los cuales, alzando los ojos desde
lejos, no lo conocieron, y lloraron a gritos; y cada uno de ellos rasgó su
manto, y los tres esparcieron polvo sobre sus cabezas hacia el cielo. 13 Así
se sentaron con él en tierra por siete días y siete noches, y ninguno le
hablaba palabra, porque veían que su dolor era muy grande.
Job maldice el día en que nació
JOB 3
1 Después de esto abrió Job su boca, y maldijo su día. 2
Y exclamó Job, y dijo:
3 Perezca el día en que yo nací,
Y la noche en que se dijo: Varón es concebido.
4 Sea aquel día sombrío,
Y no cuide de él Dios desde arriba,
Ni claridad sobre él resplandezca.
5 Aféenlo tinieblas y sombra de muerte;
Repose sobre él nublado
Que lo haga horrible como día caliginoso.
6 Ocupe aquella noche la oscuridad;
No sea contada entre los días del año,
Ni venga en el número de los meses.
7 ¡Oh, que fuera aquella noche solitaria,
Que no viniera canción alguna en ella!
8 Maldíganla los que maldicen el día,
Los que se aprestan para despertar a Leviatán.
9 Oscurézcanse las estrellas de su alba;
Espere la luz, y no venga,
Ni vea los párpados de la mañana;
10 Por cuanto no cerró las puertas del vientre donde yo
estaba,
Ni escondió de mis ojos la miseria.
11 ¿Por qué no morí yo en la matriz,
O expiré al salir del vientre?
12 ¿Por qué me recibieron las rodillas?
¿Y a qué los pechos para que mamase?
13 Pues ahora estaría yo muerto, y reposaría;
Dormiría, y entonces tendría descanso,
14 Con los reyes y con los consejeros de la tierra,
Que reedifican para sí ruinas;
15 O con los príncipes que poseían el oro,
Que llenaban de plata sus casas.
16 ¿Por qué no fui escondido como abortivo,
Como los pequeñitos que nunca vieron la luz?
17 Allí los impíos dejan de perturbar,
Y allí descansan los de agotadas fuerzas.
18 Allí también reposan los cautivos;
No oyen la voz del capataz.
19 Allí están el chico y el grande,
Y el siervo libre de su señor.
20 ¿Por qué se da luz al trabajado,
Y vida a los de ánimo amargado,
21 Que esperan la muerte, y ella no llega,
Aunque la buscan más que tesoros;
22 Que se alegran sobremanera,
Y se gozan cuando hallan el sepulcro?
23 ¿Por qué se da vida al hombre que no sabe por donde ha
de ir,
Y a quien Dios ha encerrado?
24 Pues antes que mi pan viene mi suspiro,
Y mis gemidos corren como aguas.
25 Porque el temor que me espantaba me ha venido,
Y me ha acontecido lo que yo temía.
26 No he tenido paz, no me aseguré, ni estuve reposado;
No obstante, me vino turbación.
Elifaz reprende a Job
JOB 4
1 Entonces respondió Elifaz temanita, y dijo:
2 Si probáremos a hablarte, te será molesto;
Pero ¿quién podrá detener las palabras?
3 He aquí, tú enseñabas a muchos,
Y fortalecías las manos débiles;
4 Al que tropezaba enderezaban tus palabras,
Y esforzabas las rodillas que decaían.
5 Mas ahora que el mal ha venido sobre ti, te
desalientas;
Y cuando ha llegado hasta ti, te turbas.
6 ¿No es tu temor a Dios tu confianza?
¿No es tu esperanza la integridad de tus caminos?
7 Recapacita ahora; ¿qué inocente se ha perdido?
Y ¿en dónde han sido destruidos los rectos?
8 Como yo he visto, los que aran iniquidad
Y siembran injuria, la siegan.
9 Perecen por el aliento de Dios,
Y por el soplo de su ira son consumidos.
10 Los rugidos del león, y los bramidos del rugiente,
Y los dientes de los leoncillos son quebrantados.
11 El león viejo perece por falta de presa,
Y los hijos de la leona se dispersan.
12 El asunto también me era a mí oculto;
Mas mi oído ha percibido algo de ello.
13 En imaginaciones de visiones nocturnas,
Cuando el sueño cae sobre los hombres,
14 Me sobrevino un espanto y un temblor,
Que estremeció todos mis huesos;
15 Y al pasar un espíritu por delante de mí,
Hizo que se erizara el pelo de mi cuerpo.
16 Paróse delante de mis ojos un fantasma,
Cuyo rostro yo no conocí,
Y quedo, oí que decía:
17 ¿Será el hombre más justo que Dios?
¿Será el varón más limpio que el que lo hizo?
18 He aquí, en sus siervos no confía,
Y notó necedad en sus ángeles;
19 ¡Cuánto más en los que habitan en casas de barro,
Cuyos cimientos están en el polvo,
Y que serán quebrantados por la polilla!
20 De la mañana a la tarde son destruidos,
Y se pierden para siempre, sin haber quien repare en
ello.
21 Su hermosura, ¿no se pierde con ellos mismos?
Y mueren sin haber adquirido sabiduría.
JOB 5
1 Ahora, pues, da voces; ¿habrá quien te responda?
¿Y a cuál de los santos te volverás?
2 Es cierto que al necio lo mata la ira,
Y al codicioso lo consume la envidia.
3 Yo he visto al necio que echaba raíces,
Y en la misma hora maldije su habitación.
4 Sus hijos estarán lejos de la seguridad;
En la puerta serán quebrantados,
Y no habrá quien los libre.
5 Su mies comerán los hambrientos,
Y la sacarán de entre los espinos,
Y los sedientos beberán su hacienda.
6 Porque la aflicción no sale del polvo,
Ni la molestia brota de la tierra.
7 Pero como las chispas se levantan para volar por el
aire,
Así el hombre nace para la aflicción.
8 Ciertamente yo buscaría a Dios,
Y encomendaría a él mi causa;
9 El cual hace cosas grandes e inescrutables,
Y maravillas sin número;
10 Que da la lluvia sobre la faz de la tierra,
Y envía las aguas sobre los campos;
11 Que pone a los humildes en altura,
Y a los enlutados levanta a seguridad;
12 Que frustra los pensamientos de los astutos,
Para que sus manos no hagan nada;
13 Que prende a los sabios en la astucia de ellos,
Y frustra los designios de los perversos.
14 De día tropiezan con tinieblas,
Y a mediodía andan a tientas como de noche.
15 Así libra de la espada al pobre, de la boca de los
impíos,
Y de la mano violenta;
16 Pues es esperanza al menesteroso,
Y la iniquidad cerrará su boca.
17 He aquí, bienaventurado es el hombre a quien Dios
castiga;
Por tanto, no menosprecies la corrección del
Todopoderoso.
18 Porque él es quien hace la llaga, y él la vendará;
El hiere, y sus manos curan.
19 En seis tribulaciones te librará,
Y en la séptima no te tocará el mal.
20 En el hambre te salvará de la muerte,
Y del poder de la espada en la guerra.
21 Del azote de la lengua serás encubierto;
No temerás la destrucción cuando viniere.
22 De la destrucción y del hambre te reirás,
Y no temerás de las fieras del campo;
23 Pues aun con las piedras del campo tendrás tu pacto,
Y las fieras del campo estarán en paz contigo.
24 Sabrás que hay paz en tu tienda;
Visitarás tu morada, y nada te faltará.
25 Asimismo echarás de ver que tu descendencia es mucha,
Y tu prole como la hierba de la tierra.
26 Vendrás en la vejez a la sepultura,
Como la gavilla de trigo que se recoge a su tiempo.
27 He aquí lo que hemos inquirido, lo cual es así;
Oyelo, y conócelo tú para tu provecho.
Job reprocha la actitud de sus amigos
JOB 6
1 Respondió entonces Job, y dijo:
2 ¡Oh, que pesasen justamente mi queja y mi tormento,
Y se alzasen igualmente en balanza!
3 Porque pesarían ahora más que la arena del mar;
Por eso mis palabras han sido precipitadas.
4 Porque las saetas del Todopoderoso están en mí,
Cuyo veneno bebe mi espíritu;
Y terrores de Dios me combaten.
5 ¿Acaso gime el asno montés junto a la hierba?
¿Muge el buey junto a su pasto?
6 ¿Se comerá lo desabrido sin sal?
¿Habrá gusto en la clara del huevo?
7 Las cosas que mi alma no quería tocar,
Son ahora mi alimento.
8 ¡Quién me diera que viniese mi petición,
Y que me otorgase Dios lo que anhelo,
9 Y que agradara a Dios quebrantarme;
Que soltara su mano, y acabara conmigo!
10 Sería aún mi consuelo,
Si me asaltase con dolor sin dar más tregua,
Que yo no he escondido las palabras del Santo.
11 ¿Cuál es mi fuerza para esperar aún?
¿Y cuál mi fin para que tenga aún paciencia?
12 ¿Es mi fuerza la de las piedras,
O es mi carne de bronce?
13 ¿No es así que ni aun a mí mismo me puedo valer,
Y que todo auxilio me ha faltado?
14 El atribulado es consolado por su compañero;
Aun aquel que abandona el temor del Omnipotente.
15 Pero mis hermanos me traicionaron como un torrente;
Pasan como corrientes impetuosas
16 Que están escondidas por la helada,
Y encubiertas por la nieve;
17 Que al tiempo del calor son deshechas,
Y al calentarse, desaparecen de su lugar;
18 Se apartan de la senda de su rumbo,
Van menguando, y se pierden.
19 Miraron los caminantes de Temán,
Los caminantes de Sabá esperaron en ellas;
20 Pero fueron avergonzados por su esperanza;
Porque vinieron hasta ellas, y se hallaron confusos.
21 Ahora ciertamente como ellas sois vosotros;
Pues habéis visto el tormento, y teméis.
22 ¿Os he dicho yo: Traedme,
Y pagad por mí de vuestra hacienda;
23 Libradme de la mano del opresor,
Y redimidme del poder de los violentos?
24 Enseñadme, y yo callaré;
Hacedme entender en qué he errado.
25 ¡Cuán eficaces son las palabras rectas!
Pero ¿qué reprende la censura vuestra?
26 ¿Pensáis censurar palabras,
Y los discursos de un desesperado, que son como el
viento?
27 También os arrojáis sobre el huérfano,
Y caváis un hoyo para vuestro amigo.
28 Ahora, pues, si queréis, miradme,
Y ved si digo mentira delante de vosotros.
29 Volved ahora, y no haya iniquidad;
Volved aún a considerar mi justicia en esto.
30 ¿Hay iniquidad en mi lengua?
¿Acaso no puede mi paladar discernir las cosas inicuas?
Job argumenta contra Dios
JOB 7
1 ¿No es acaso brega la vida del hombre sobre la tierra,
Y sus días como los días del jornalero?
2 Como el siervo suspira por la sombra,
Y como el jornalero espera el reposo de su trabajo,
3 Así he recibido meses de calamidad,
Y noches de trabajo me dieron por cuenta.
4 Cuando estoy acostado, digo: ¿Cuándo me levantaré?
Mas la noche es larga, y estoy lleno de inquietudes hasta
el alba.
5 Mi carne está vestida de gusanos, y de costras de
polvo;
Mi piel hendida y abominable.
6 Y mis días fueron más veloces que la lanzadera del
tejedor,
Y fenecieron sin esperanza.
7 Acuérdate que mi vida es un soplo,
Y que mis ojos no volverán a ver el bien.
8 Los ojos de los que me ven, no me verán más;
Fijarás en mí tus ojos, y dejaré de ser.
9 Como la nube se desvanece y se va,
Así el que desciende al Seol no subirá;
10 No volverá más a su casa,
Ni su lugar le conocerá más.
11 Por tanto, no refrenaré mi boca;
Hablaré en la angustia de mi espíritu,
Y me quejaré con la amargura de mi alma.
12 ¿Soy yo el mar, o un monstruo marino,
Para que me pongas guarda?
13 Cuando digo: Me consolará mi lecho,
Mi cama atenuará mis quejas;
14 Entonces me asustas con sueños,
Y me aterras con visiones.
15 Y así mi alma tuvo por mejor la estrangulación,
Y quiso la muerte más que mis huesos.
16 Abomino de mi vida; no he de vivir para siempre;
Déjame, pues, porque mis días son vanidad.
17 ¿Qué es el hombre, para que lo engrandezcas,
Y para que pongas sobre él tu corazón,
18 Y lo visites todas las mañanas,
Y todos los momentos lo pruebes?
19 ¿Hasta cuándo no apartarás de mí tu mirada,
Y no me soltarás siquiera hasta que trague mi saliva?
20 Si he pecado, ¿qué puedo hacerte a ti, oh Guarda de
los hombres?
¿Por qué me pones por blanco tuyo,
Hasta convertirme en una carga para mí mismo?
21 ¿Y por qué no quitas mi rebelión, y perdonas mi
iniquidad?
Porque ahora dormiré en el polvo,
Y si me buscares de mañana, ya no existiré.
Bildad proclama la justicia de Dios
JOB 8
1 Respondió Bildad suhita, y dijo:
2 ¿Hasta cuándo hablarás tales cosas,
Y las palabras de tu boca serán como viento impetuoso?
3 ¿Acaso torcerá Dios el derecho,
O pervertirá el Todopoderoso la justicia?
4 Si tus hijos pecaron contra él,
El los echó en el lugar de su pecado.
5 Si tú de mañana buscares a Dios,
Y rogares al Todopoderoso;
6 Si fueres limpio y recto,
Ciertamente luego se despertará por ti,
Y hará próspera la morada de tu justicia.
7 Y aunque tu principio haya sido pequeño,
Tu postrer estado será muy grande.
8 Porque pregunta ahora a las generaciones pasadas,
Y disponte para inquirir a los padres de ellas;
9 Pues nosotros somos de ayer, y nada sabemos,
Siendo nuestros días sobre la tierra como sombra.
10 ¿No te enseñarán ellos, te hablarán,
Y de su corazón sacarán palabras?
11 ¿Crece el junco sin lodo?
¿Crece el prado sin agua?
12 Aun en su verdor, y sin haber sido cortado,
Con todo, se seca primero que toda hierba.
13 Tales son los caminos de todos los que olvidan a Dios;
Y la esperanza del impío perecerá;
14 Porque su esperanza será cortada,
Y su confianza es tela de araña.
15 Se apoyará él en su casa, mas no permanecerá ella en
pie;
Se asirá de ella, mas no resistirá.
16 A manera de un árbol está verde delante del sol,
Y sus renuevos salen sobre su huerto;
17 Se van entretejiendo sus raíces junto a una fuente,
Y enlazándose hasta un lugar pedregoso.
18 Si le arrancaren de su lugar,
Este le negará entonces, diciendo: Nunca te vi.
19 Ciertamente este será el gozo de su camino;
Y del polvo mismo nacerán otros.
20 He aquí, Dios no aborrece al perfecto,
Ni apoya la mano de los malignos.
21 Aún llenará tu boca de risa,
Y tus labios de júbilo.
22 Los que te aborrecen serán vestidos de confusión;
Y la habitación de los impíos perecerá.
Incapacidad de Job para responder a Dios
JOB 9
1 Respondió Job, y dijo:
2 Ciertamente yo sé que es así;
¿Y cómo se justificará el hombre con Dios?
3 Si quisiere contender con él,
No le podrá responder a una cosa entre mil.
4 El es sabio de corazón, y poderoso en fuerzas;
¿Quién se endureció contra él, y le fue bien?
5 El arranca los montes con su furor,
Y no saben quién los trastornó;
6 El remueve la tierra de su lugar,
Y hace temblar sus columnas;
7 El manda al sol, y no sale;
Y sella las estrellas;
8 El solo extendió los cielos,
Y anda sobre las olas del mar;
9 El hizo la Osa, el Orión y las Pléyades,
Y los lugares secretos del sur;
10 El hace cosas grandes e incomprensibles,
Y maravillosas, sin número.
11 He aquí que él pasará delante de mí, y yo no lo veré;
Pasará, y no lo entenderé.
12 He aquí, arrebatará; ¿quién le hará restituir?
¿Quién le dirá: ¿Qué haces?
13 Dios no volverá atrás su ira,
Y debajo de él se abaten los que ayudan a los soberbios.
14 ¿Cuánto menos le responderé yo,
Y hablaré con él palabras escogidas?
15 Aunque fuese yo justo, no respondería;
Antes habría de rogar a mi juez.
16 Si yo le invocara, y él me respondiese,
Aún no creeré que haya escuchado mi voz.
17 Porque me ha quebrantado con tempestad,
Y ha aumentado mis heridas sin causa.
18 No me ha concedido que tome aliento,
Sino que me ha llenado de amarguras.
19 Si habláremos de su potencia, por cierto es fuerte;
Si de juicio, ¿quién me emplazará?
20 Si yo me justificare, me condenaría mi boca;
Si me dijere perfecto, esto me haría inicuo.
21 Si fuese íntegro, no haría caso de mí mismo;
Despreciaría mi vida.
22 Una cosa resta que yo diga:
Al perfecto y al impío él los consume.
23 Si azote mata de repente,
Se ríe del sufrimiento de los inocentes.
24 La tierra es entregada en manos de los impíos,
Y él cubre el rostro de sus jueces.
Si no es él, ¿quién es? ¿Dónde está?
25 Mis días han sido más ligeros que un correo;
Huyeron, y no vieron el bien.
26 Pasaron cual naves veloces;
Como el águila que se arroja sobre la presa.
27 Si yo dijere: Olvidaré mi queja,
Dejaré mi triste semblante, y me esforzaré,
28 Me turban todos mis dolores;
Sé que no me tendrás por inocente.
29 Yo soy impío;
¿Para qué trabajaré en vano?
30 Aunque me lave con aguas de nieve,
Y limpie mis manos con la limpieza misma,
31 Aún me hundirás en el hoyo,
Y mis propios vestidos me abominarán.
32 Porque no es hombre como yo, para que yo le responda,
Y vengamos juntamente a juicio.
33 No hay entre nosotros árbitro
Que ponga su mano sobre nosotros dos.
34 Quite de sobre mí su vara,
Y su terror no me espante.
35 Entonces hablaré, y no le temeré;
Porque en este estado no estoy en mí.
Job lamenta su condición
JOB 10
1 Está mi alma hastiada de mi vida;
Daré libre curso a mi queja,
Hablaré con amargura de mi alma.
2 Diré a Dios: No me condenes;
Hazme entender por qué contiendes conmigo.
3 ¿Te parece bien que oprimas,
Que deseches la obra de tus manos,
Y que favorezcas los designios de los impíos?
4 ¿Tienes tú acaso ojos de carne?
¿Ves tú como ve el hombre?
5 ¿Son tus días como los días del hombre,
O tus años como los tiempos humanos,
6 Para que inquieras mi iniquidad,
Y busques mi pecado,
7 Aunque tú sabes que no soy impío,
Y que no hay quien de tu mano me libre?
8 Tus manos me hicieron y me formaron;
¿Y luego te vuelves y me deshaces?
9 Acuérdate que como a barro me diste forma;
¿Y en polvo me has de volver?
10 ¿No me vaciaste como leche,
Y como queso me cuajaste?
11 Me vestiste de piel y carne,
Y me tejiste con huesos y nervios.
12 Vida y misericordia me concediste,
Y tu cuidado guardó mi espíritu.
13 Estas cosas tienes guardadas en tu corazón;
Yo sé que están cerca de ti.
14 Si pequé, tú me has observado,
Y no me tendrás por limpio de mi iniquidad.
15 Si fuere malo, ¡ay de mí!
Y si fuere justo, no levantaré mi cabeza,
Estando hastiado de deshonra, y de verme afligido.
16 Si mi cabeza se alzare, cual león tú me cazas;
Y vuelves a hacer en mí maravillas.
17 Renuevas contra mí tus pruebas,
Y aumentas conmigo tu furor como tropas de relevo.
18 ¿Por qué me sacaste de la matriz?
Hubiera yo expirado, y ningún ojo me habría visto.
19 Fuera como si nunca hubiera existido,
Llevado del vientre a la sepultura.
20 ¿No son pocos mis días?
Cesa, pues, y déjame, para que me consuele un poco,
21 Antes que vaya para no volver,
A la tierra de tinieblas y de sombra de muerte;
22 Tierra de oscuridad, lóbrega,
Como sombra de muerte y sin orden,
Y cuya luz es como densas tinieblas.
Zofar acusa de maldad a Job
JOB 11
1 Respondió Zofar naamatita, y dijo:
2 ¿Las muchas palabras no han de tener respuesta?
¿Y el hombre que habla mucho será justificado?
3 ¿Harán tus falacias callar a los hombres?
¿Harás escarnio y no habrá quien te avergüence?
4 Tú dices: Mi doctrina es pura,
Y yo soy limpio delante de tus ojos.
5 Mas ¡oh, quién diera que Dios hablara,
Y abriera sus labios contigo,
6 Y te declarara los secretos de la sabiduría,
Que son de doble valor que las riquezas!
Conocerías entonces que Dios te ha castigado menos de lo
que tu iniquidad merece.
7 ¿Descubrirás tú los secretos de Dios?
¿Llegarás tú a la perfección del Todopoderoso?
8 Es más alta que los cielos; ¿qué harás?
Es más profunda que el Seol; ¿cómo la conocerás?
9 Su dimensión es más extensa que la tierra,
Y más ancha que el mar.
10 Si él pasa, y aprisiona, y llama a juicio,
¿Quién podrá contrarrestarle?
11 Porque él conoce a los hombres vanos;
Ve asimismo la iniquidad, ¿y no hará caso?
12 El hombre vano se hará entendido,
Cuando un pollino de asno montés nazca hombre.
13 Si tú dispusieres tu corazón,
Y extendieres a él tus manos;
14 Si alguna iniquidad hubiere en tu mano, y la echares
de ti,
Y no consintieres que more en tu casa la injusticia,
15 Entonces levantarás tu rostro limpio de mancha,
Y serás fuerte, y nada temerás;
16 Y olvidarás tu miseria,
O te acordarás de ella como de aguas que pasaron.
17 La vida te será más clara que el mediodía;
Aunque oscureciere, será como la mañana.
18 Tendrás confianza, porque hay esperanza;
Mirarás alrededor, y dormirás seguro.
19 Te acostarás, y no habrá quien te espante;
Y muchos suplicarán tu favor.
20 Pero los ojos de los malos se consumirán,
Y no tendrán refugio;
Y su esperanza será dar su último suspiro.
Job proclama el poder y la sabiduría de Dios
JOB 12
1 Respondió entonces Job, diciendo:
2 Ciertamente vosotros sois el pueblo,
Y con vosotros morirá la sabiduría.
3 También tengo yo entendimiento como vosotros;
No soy yo menos que vosotros;
¿Y quién habrá que no pueda decir otro tanto?
4 Yo soy uno de quien su amigo se mofa,
Que invoca a Dios, y él le responde;
Con todo, el justo y perfecto es escarnecido.
5 Aquel cuyos pies van a resbalar
Es como una lámpara despreciada de aquel que está a sus
anchas.
6 Prosperan las tiendas de los ladrones,
Y los que provocan a Dios viven seguros,
En cuyas manos él ha puesto cuanto tienen.
7 Y en efecto, pregunta ahora a las bestias, y ellas te
enseñarán;
A las aves de los cielos, y ellas te lo mostrarán;
8 O habla a la tierra, y ella te enseñará;
Los peces del mar te lo declararán también.
9 ¿Qué cosa de todas estas no entiende
Que la mano de Jehová la hizo?
10 En su mano está el alma de todo viviente,
Y el hálito de todo el género humano.
11 Ciertamente el oído distingue las palabras,
Y el paladar gusta las viandas.
12 En los ancianos está la ciencia,
Y en la larga edad la inteligencia.
13 Con Dios está la sabiduría y el poder;
Suyo es el consejo y la inteligencia.
14 Si él derriba, no hay quien edifique;
Encerrará al hombre, y no habrá quien le abra.
15 Si él detiene las aguas, todo se seca;
Si las envía, destruyen la tierra.
16 Con él está el poder y la sabiduría;
Suyo es el que yerra, y el que hace errar.
17 El hace andar despojados de consejo a los consejeros,
Y entontece a los jueces.
18 El rompe las cadenas de los tiranos,
Y les ata una soga a sus lomos.
19 El lleva despojados a los príncipes,
Y trastorna a los poderosos.
20 Priva del habla a los que dicen verdad,
Y quita a los ancianos el consejo.
21 El derrama menosprecio sobre los príncipes,
Y desata el cinto de los fuertes.
22 El descubre las profundidades de las tinieblas,
Y saca a luz la sombra de muerte.
23 El multiplica las naciones, y él las destruye;
Esparce a las naciones, y las vuelve a reunir.
24 El quita el entendimiento a los jefes del pueblo de la
tierra,
Y los hace vagar como por un yermo sin camino.
25 Van a tientas, como en tinieblas y sin luz,
Y los hace errar como borrachos.
Job defiende su integridad
JOB 13
1 He aquí que todas estas cosas han visto mis ojos,
Y oído y entendido mis oídos.
2 Como vosotros lo sabéis, lo sé yo;
No soy menos que vosotros.
3 Mas yo hablaría con el Todopoderoso,
Y querría razonar con Dios.
4 Porque ciertamente vosotros sois fraguadores de
mentira;
Sois todos vosotros médicos nulos.
5 Ojalá callarais por completo,
Porque esto os fuera sabiduría.
6 Oíd ahora mi razonamiento,
Y estad atentos a los argumentos de mis labios.
7 ¿Hablaréis iniquidad por Dios?
¿Hablaréis por él engaño?
8 ¿Haréis acepción de personas a su favor?
¿Contenderéis vosotros por Dios?
9 ¿Sería bueno que él os escudriñase?
¿Os burlaréis de él como quien se burla de algún hombre?
10 El os reprochará de seguro,
Si solapadamente hacéis acepción de personas.
11 De cierto su alteza os habría de espantar,
Y su pavor habría de caer sobre vosotros.
12 Vuestras máximas son refranes de ceniza,
Y vuestros baluartes son baluartes de lodo.
13 Escuchadme, y hablaré yo,
Y que me venga después lo que viniere.
14 ¿Por qué quitaré yo mi carne con mis dientes,
Y tomaré mi vida en mi mano?
15 He aquí, aunque él me matare, en él esperaré;
No obstante, defenderé delante de él mis caminos,
16 Y él mismo será mi salvación,
Porque no entrará en su presencia el impío.
17 Oíd con atención mi razonamiento,
Y mi declaración entre en vuestros oídos.
18 He aquí ahora, si yo expusiere mi causa,
Sé que seré justificado.
19 ¿Quién es el que contenderá conmigo?
Porque si ahora yo callara, moriría.
20 A lo menos dos cosas no hagas conmigo;
Entonces no me esconderé de tu rostro:
21 Aparta de mí tu mano,
Y no me asombre tu terror.
22 Llama luego, y yo responderé;
O yo hablaré, y respóndeme tú.
23 ¿Cuántas iniquidades y pecados tengo yo?
Hazme entender mi transgresión y mi pecado.
24 ¿Por qué escondes tu rostro,
Y me cuentas por tu enemigo?
25 ¿A la hoja arrebatada has de quebrantar,
Y a una paja seca has de perseguir?
26 ¿Por qué escribes contra mí amarguras,
Y me haces cargo de los pecados de mi juventud?
27 Pones además mis pies en el cepo, y observas todos mis
caminos,
Trazando un límite para las plantas de mis pies.
28 Y mi cuerpo se va gastando como de carcoma,
Como vestido que roe la polilla.
Job discurre sobre la brevedad de la vida
JOB 14
1 El hombre nacido de mujer,
Corto de días, y hastiado de sinsabores,
2 Sale como una flor y es cortado,
Y huye como la sombra y no permanece.
3 ¿Sobre éste abres tus ojos,
Y me traes a juicio contigo?
4 ¿Quién hará limpio a lo inmundo?
Nadie.
5 Ciertamente sus días están determinados,
Y el número de sus meses está cerca de ti;
Le pusiste límites, de los cuales no pasará.
6 Si tú lo abandonares, él dejará de ser;
Entre tanto deseará, como el jornalero, su día.
7 Porque si el árbol fuere cortado, aún queda de él
esperanza;
Retoñará aún, y sus renuevos no faltarán.
8 Si se envejeciere en la tierra su raíz,
Y su tronco fuere muerto en el polvo,
9 Al percibir el agua reverdecerá,
Y hará copa como planta nueva.
10 Mas el hombre morirá, y será cortado;
Perecerá el hombre, ¿y dónde estará él?
11 Como las aguas se van del mar,
Y el río se agota y se seca,
12 Así el hombre yace y no vuelve a levantarse;
Hasta que no haya cielo, no despertarán,
Ni se levantarán de su sueño.
13 ¡Oh, quién me diera que me escondieses en el Seol,
Que me encubrieses hasta apaciguarse tu ira,
Que me pusieses plazo, y de mí te acordaras!
14 Si el hombre muriere, ¿volverá a vivir?
Todos los días de mi edad esperaré,
Hasta que venga mi liberación.
15 Entonces llamarás, y yo te responderé;
Tendrás afecto a la hechura de tus manos.
16 Pero ahora me cuentas los pasos,
Y no das tregua a mi pecado;
17 Tienes sellada en saco mi prevaricación,
Y tienes cosida mi iniquidad.
18 Ciertamente el monte que cae se deshace,
Y las peñas son removidas de su lugar;
19 Las piedras se desgastan con el agua impetuosa, que se
lleva el polvo de la tierra;
De igual manera haces tú perecer la esperanza del hombre.
20 Para siempre serás más fuerte que él, y él se va;
Demudarás su rostro, y le despedirás.
21 Sus hijos tendrán honores, pero él no lo sabrá;
O serán humillados, y no entenderá de ello.
22 Mas su carne sobre él se dolerá,
Y se entristecerá en él su alma.
Elifaz reprende a Job
JOB 15
1 Respondió Elifaz temanita, y dijo:
2 ¿Proferirá el sabio vana sabiduría,
Y llenará su vientre de viento solano?
3 ¿Disputará con palabras inútiles,
Y con razones sin provecho?
4 Tú también disipas el temor,
Y menoscabas la oración delante de Dios.
5 Porque tu boca declaró tu iniquidad,
Pues has escogido el hablar de los astutos.
6 Tu boca te condenará, y no yo;
Y tus labios testificarán contra ti.
7 ¿Naciste tú primero que Adán?
¿O fuiste formado antes que los collados?
8 ¿Oíste tú el secreto de Dios,
Y está limitada a ti la sabiduría?
9 ¿Qué sabes tú que no sepamos?
¿Qué entiendes tú que no se halle en nosotros?
10 Cabezas canas y hombres muy ancianos hay entre
nosotros,
Mucho más avanzados en días que tu padre.
11 ¿En tan poco tienes las consolaciones de Dios,
Y las palabras que con dulzura se te dicen?
12 ¿Por qué tu corazón te aleja,
Y por qué guiñan tus ojos,
13 Para que contra Dios vuelvas tu espíritu,
Y saques tales palabras de tu boca?
14 ¿Qué cosa es el hombre para que sea limpio,
Y para que se justifique el nacido de mujer?
15 He aquí, en sus santos no confía,
Y ni aun los cielos son limpios delante de sus ojos;
16 ¿Cuánto menos el hombre abominable y vil,
Que bebe la iniquidad como agua?
17 Escúchame; yo te mostraré,
Y te contaré lo que he visto;
18 Lo que los sabios nos contaron
De sus padres, y no lo encubrieron;
19 A quienes únicamente fue dada la tierra,
Y no pasó extraño por en medio de ellos.
20 Todos sus días, el impío es atormentado de dolor,
Y el número de sus años está escondido para el violento.
21 Estruendos espantosos hay en sus oídos;
En la prosperidad el asolador vendrá sobre él.
22 El no cree que volverá de las tinieblas,
Y descubierto está para la espada.
23 Vaga alrededor tras el pan, diciendo: ¿En dónde está?
Sabe que le está preparado día de tinieblas.
24 Tribulación y angustia le turbarán,
Y se esforzarán contra él como un rey dispuesto para la
batalla,
25 Por cuanto él extendió su mano contra Dios,
Y se portó con soberbia contra el Todopoderoso.
26 Corrió contra él con cuello erguido,
Con la espesa barrera de sus escudos.
27 Porque la gordura cubrió su rostro,
E hizo pliegues sobre sus ijares;
28 Y habitó las ciudades asoladas,
Las casas inhabitadas,
Que estaban en ruinas.
29 No prosperará, ni durarán sus riquezas,
Ni extenderá por la tierra su hermosura.
30 No escapará de las tinieblas;
La llama secará sus ramas,
Y con el aliento de su boca perecerá.
31 No confíe el iluso en la vanidad,
Porque ella será su recompensa.
32 El será cortado antes de su tiempo,
Y sus renuevos no reverdecerán.
33 Perderá su agraz como la vid,
Y derramará su flor como el olivo.
34 Porque la congregación de los impíos será asolada,
Y fuego consumirá las tiendas de soborno.
35 Concibieron dolor, dieron a luz iniquidad,
Y en sus entrañas traman engaño.
Job se queja contra Dios
JOB 16
1 Respondió Job, y dijo:
2 Muchas veces he oído cosas como estas;
Consoladores molestos sois todos vosotros.
3 ¿Tendrán fin las palabras vacías?
¿O qué te anima a responder?
4 También yo podría hablar como vosotros,
Si vuestra alma estuviera en lugar de la mía;
Yo podría hilvanar contra vosotros palabras,
Y sobre vosotros mover mi cabeza.
5 Pero yo os alentaría con mis palabras,
Y la consolación de mis labios apaciguaría vuestro dolor.
6 Si hablo, mi dolor no cesa;
Y si dejo de hablar, no se aparta de mí.
7 Pero ahora tú me has fatigado;
Has asolado toda mi compañía.
8 Tú me has llenado de arrugas; testigo es mi flacura,
Que se levanta contra mí para testificar en mi rostro.
9 Su furor me despedazó, y me ha sido contrario;
Crujió sus dientes contra mí;
Contra mí aguzó sus ojos mi enemigo.
10 Abrieron contra mí su boca;
Hirieron mis mejillas con afrenta;
Contra mí se juntaron todos.
11 Me ha entregado Dios al mentiroso,
Y en las manos de los impíos me hizo caer.
12 Próspero estaba, y me desmenuzó;
Me arrebató por la cerviz y me despedazó,
Y me puso por blanco suyo.
13 Me rodearon sus flecheros,
Partió mis riñones, y no perdonó;
Mi hiel derramó por tierra.
14 Me quebrantó de quebranto en quebranto;
Corrió contra mí como un gigante.
15 Cosí cilicio sobre mi piel,
Y puse mi cabeza en el polvo.
16 Mi rostro está inflamado con el lloro,
Y mis párpados entenebrecidos,
17 A pesar de no haber iniquidad en mis manos,
Y de haber sido mi oración pura.
18 ¡Oh tierra! no cubras mi sangre,
Y no haya lugar para mi clamor.
19 Mas he aquí que en los cielos está mi testigo,
Y mi testimonio en las alturas.
20 Disputadores son mis amigos;
Mas ante Dios derramaré mis lágrimas.
21 ¡Ojalá pudiese disputar el hombre con Dios,
Como con su prójimo!
22 Mas los años contados vendrán,
Y yo iré por el camino de donde no volveré.
JOB 17
1 Mi aliento se agota, se acortan mis días,
Y me está preparado el sepulcro.
2 No hay conmigo sino escarnecedores,
En cuya amargura se detienen mis ojos.
3 Dame fianza, oh Dios; sea mi protección cerca de ti.
Porque ¿quién querría responder por mí?
4 Porque a éstos has escondido de su corazón la
inteligencia;
Por tanto, no los exaltarás.
5 Al que denuncia a sus amigos como presa,
Los ojos de sus hijos desfallecerán.
6 El me ha puesto por refrán de pueblos,
Y delante de ellos he sido como tamboril.
7 Mis ojos se oscurecieron por el dolor,
Y mis pensamientos todos son como sombra.
8 Los rectos se maravillarán de esto,
Y el inocente se levantará contra el impío.
9 No obstante, proseguirá el justo su camino,
Y el limpio de manos aumentará la fuerza.
10 Pero volved todos vosotros, y venid ahora,
Y no hallaré entre vosotros sabio.
11 Pasaron mis días, fueron arrancados mis pensamientos,
Los designios de mi corazón.
12 Pusieron la noche por día,
Y la luz se acorta delante de las tinieblas.
13 Si yo espero, el Seol es mi casa;
Haré mi cama en las tinieblas.
14 A la corrupción he dicho: Mi padre eres tú;
A los gusanos: Mi madre y mi hermana.
15 ¿Dónde, pues, estará ahora mi esperanza?
Y mi esperanza, ¿quién la verá?
16 A la profundidad del Seol descenderán,
Y juntamente descansarán en el polvo.
Bildad describe la suerte de los malos
JOB 18
1 Respondió Bildad suhita, y dijo:
2 ¿Cuándo pondréis fin a las palabras?
Entended, y después hablemos.
3 ¿Por qué somos tenidos por bestias,
Y a vuestros ojos somos viles?
4 Oh tú, que te despedazas en tu furor,
¿Será abandonada la tierra por tu causa,
Y serán removidas de su lugar las peñas?
5 Ciertamente la luz de los impíos será apagada,
Y no resplandecerá la centella de su fuego.
6 La luz se oscurecerá en su tienda,
Y se apagará sobre él su lámpara.
7 Sus pasos vigorosos serán acortados,
Y su mismo consejo lo precipitará.
8 Porque red será echada a sus pies,
Y sobre mallas andará.
9 Lazo prenderá su calcañar;
Se afirmará la trampa contra él.
10 Su cuerda está escondida en la tierra,
Y una trampa le aguarda en la senda.
11 De todas partes lo asombrarán temores,
Y le harán huir desconcertado.
12 Serán gastadas de hambre sus fuerzas,
Y a su lado estará preparado quebrantamiento.
13 La enfermedad roerá su piel,
Y a sus miembros devorará el primogénito de la muerte.
14 Su confianza será arrancada de su tienda,
Y al rey de los espantos será conducido.
15 En su tienda morará como si no fuese suya;
Piedra de azufre será esparcida sobre su morada.
16 Abajo se secarán sus raíces,
Y arriba serán cortadas sus ramas.
17 Su memoria perecerá de la tierra,
Y no tendrá nombre por las calles.
18 De la luz será lanzado a las tinieblas,
Y echado fuera del mundo.
19 No tendrá hijo ni nieto en su pueblo,
Ni quien le suceda en sus moradas.
20 Sobre su día se espantarán los de occidente,
Y pavor caerá sobre los de oriente.
21 Ciertamente tales son las moradas del impío,
Y este será el lugar del que no conoció a Dios.
Job confía en que Dios lo justificará
JOB 19
1 Respondió entonces Job, y dijo:
2 ¿Hasta cuándo angustiaréis mi alma,
Y me moleréis con palabras?
3 Ya me habéis vituperado diez veces;
¿No os avergonzáis de injuriarme?
4 Aun siendo verdad que yo haya errado,
Sobre mí recaería mi error.
5 Pero si vosotros os engrandecéis contra mí,
Y contra mí alegáis mi oprobio,
6 Sabed ahora que Dios me ha derribado,
Y me ha envuelto en su red.
7 He aquí, yo clamaré agravio, y no seré oído;
Daré voces, y no habrá juicio.
8 Cercó de vallado mi camino, y no pasaré;
Y sobre mis veredas puso tinieblas.
9 Me ha despojado de mi gloria,
Y quitado la corona de mi cabeza.
10 Me arruinó por todos lados, y perezco;
Y ha hecho pasar mi esperanza como árbol arrancado.
11 Hizo arder contra mí su furor,
Y me contó para sí entre sus enemigos.
12 Vinieron sus ejércitos a una, y se atrincheraron en
mí,
Y acamparon en derredor de mi tienda.
13 Hizo alejar de mí a mis hermanos,
Y mis conocidos como extraños se apartaron de mí.
14 Mis parientes se detuvieron,
Y mis conocidos se olvidaron de mí.
15 Los moradores de mi casa y mis criadas me tuvieron por
extraño;
Forastero fui yo a sus ojos.
16 Llamé a mi siervo, y no respondió;
De mi propia boca le suplicaba.
17 Mi aliento vino a ser extraño a mi mujer,
Aunque por los hijos de mis entrañas le rogaba.
18 Aun los muchachos me menospreciaron;
Al levantarme, hablaban contra mí.
19 Todos mis íntimos amigos me aborrecieron,
Y los que yo amaba se volvieron contra mí.
20 Mi piel y mi carne se pegaron a mis huesos,
Y he escapado con sólo la piel de mis dientes.
21 ¡Oh, vosotros mis amigos, tened compasión de mí, tened
compasión de mí!
Porque la mano de Dios me ha tocado.
22 ¿Por qué me perseguís como Dios,
Y ni aun de mi carne os saciáis?
23 ¡Quién diese ahora que mis palabras fuesen escritas!
¡Quién diese que se escribiesen en un libro;
24 Que con cincel de hierro y con plomo
Fuesen esculpidas en piedra para siempre!
25 Yo sé que mi Redentor vive,
Y al fin se levantará sobre el polvo;
26 Y después de deshecha esta mi piel,
En mi carne he de ver a Dios;
27 Al cual veré por mí mismo,
Y mis ojos lo verán, y no otro,
Aunque mi corazón desfallece dentro de mí.
28 Mas debierais decir: ¿Por qué le perseguimos?
Ya que la raíz del asunto se halla en mí.
29 Temed vosotros delante de la espada;
Porque sobreviene el furor de la espada a causa de las
injusticias,
Para que sepáis que hay un juicio.
Zofar describe las calamidades de los malos
JOB 20
1 Respondió Zofar naamatita, y dijo:
2 Por cierto mis pensamientos me hacen responder,
Y por tanto me apresuro.
3 La reprensión de mi censura he oído,
Y me hace responder el espíritu de mi inteligencia.
4 ¿No sabes esto, que así fue siempre,
Desde el tiempo que fue puesto el hombre sobre la tierra,
5 Que la alegría de los malos es breve,
Y el gozo del impío por un momento?
6 Aunque subiere su altivez hasta el cielo,
Y su cabeza tocare en las nubes,
7 Como su estiércol, perecerá para siempre;
Los que le hubieren visto dirán: ¿Qué hay de él?
8 Como sueño volará, y no será hallado,
Y se disipará como visión nocturna.
9 El ojo que le veía, nunca más le verá,
Ni su lugar le conocerá más.
10 Sus hijos solicitarán el favor de los pobres,
Y sus manos devolverán lo que él robó.
11 Sus huesos están llenos de su juventud,
Mas con él en el polvo yacerán.
12 Si el mal se endulzó en su boca,
Si lo ocultaba debajo de su lengua,
13 Si le parecía bien, y no lo dejaba,
Sino que lo detenía en su paladar;
14 Su comida se mudará en sus entrañas;
Hiel de áspides será dentro de él.
15 Devoró riquezas, pero las vomitará;
De su vientre las sacará Dios.
16 Veneno de áspides chupará;
Lo matará lengua de víbora.
17 No verá los arroyos, los ríos,
Los torrentes de miel y de leche.
18 Restituirá el trabajo conforme a los bienes que tomó,
Y no los tragará ni gozará.
19 Por cuanto quebrantó y desamparó a los pobres,
Robó casas, y no las edificó;
20 Por tanto, no tendrá sosiego en su vientre,
Ni salvará nada de lo que codiciaba.
21 No quedó nada que no comiese;
Por tanto, su bienestar no será duradero.
22 En el colmo de su abundancia padecerá estrechez;
La mano de todos los malvados vendrá sobre él.
23 Cuando se pusiere a llenar su vientre,
Dios enviará sobre él el ardor de su ira,
Y la hará llover sobre él y sobre su comida.
24 Huirá de las armas de hierro,
Y el arco de bronce le atravesará.
25 La saeta le traspasará y saldrá de su cuerpo,
Y la punta relumbrante saldrá por su hiel;
Sobre él vendrán terrores.
26 Todas las tinieblas están reservadas para sus tesoros;
Fuego no atizado los consumirá;
Devorará lo que quede en su tienda.
27 Los cielos descubrirán su iniquidad,
Y la tierra se levantará contra él.
28 Los renuevos de su casa serán transportados;
Serán esparcidos en el día de su furor.
29 Esta es la porción que Dios prepara al hombre impío,
Y la heredad que Dios le señala por su palabra.
Job afirma que los malos prosperan
JOB 21
1 Entonces respondió Job, y dijo:
2 Oíd atentamente mi palabra,
Y sea esto el consuelo que me deis.
3 Toleradme, y yo hablaré;
Y después que haya hablado, escarneced.
4 ¿Acaso me quejo yo de algún hombre?
¿Y por qué no se ha de angustiar mi espíritu?
5 Miradme, y espantaos,
Y poned la mano sobre la boca.
6 Aun yo mismo, cuando me acuerdo, me asombro,
Y el temblor estremece mi carne.
7 ¿Por qué viven los impíos,
Y se envejecen, y aun crecen en riquezas?
8 Su descendencia se robustece a su vista,
Y sus renuevos están delante de sus ojos.
9 Sus casas están a salvo de temor,
Ni viene azote de Dios sobre ellos.
10 Sus toros engendran, y no fallan;
Paren sus vacas, y no malogran su cría.
11 Salen sus pequeñuelos como manada,
Y sus hijos andan saltando.
12 Al son de tamboril y de cítara saltan,
Y se regocijan al son de la flauta.
13 Pasan sus días en prosperidad,
Y en paz descienden al Seol.
14 Dicen, pues, a Dios: Apártate de nosotros,
Porque no queremos el conocimiento de tus caminos.
15 ¿Quién es el Todopoderoso, para que le sirvamos?
¿Y de qué nos aprovechará que oremos a él?
16 He aquí que su bien no está en mano de ellos;
El consejo de los impíos lejos esté de mí.
17 ¡Oh, cuántas veces la lámpara de los impíos es
apagada,
Y viene sobre ellos su quebranto,
Y Dios en su ira les reparte dolores!
18 Serán como la paja delante del viento,
Y como el tamo que arrebata el torbellino.
19 Dios guardará para los hijos de ellos su violencia;
Le dará su pago, para que conozca.
20 Verán sus ojos su quebranto,
Y beberá de la ira del Todopoderoso.
21 Porque ¿qué deleite tendrá él de su casa después de
sí,
Siendo cortado el número de sus meses?
22 ¿Enseñará alguien a Dios sabiduría,
Juzgando él a los que están elevados?
23 Este morirá en el vigor de su hermosura, todo quieto y
pacífico;
24 Sus vasijas estarán llenas de leche,
Y sus huesos serán regados de tuétano.
25 Y este otro morirá en amargura de ánimo,
Y sin haber comido jamás con gusto.
26 Igualmente yacerán ellos en el polvo,
Y gusanos los cubrirán.
27 He aquí, yo conozco vuestros pensamientos,
Y las imaginaciones que contra mí forjáis.
28 Porque decís: ¿Qué hay de la casa del príncipe,
Y qué de la tienda de las moradas de los impíos?
29 ¿No habéis preguntado a los que pasan por los caminos,
Y no habéis conocido su respuesta,
30 Que el malo es preservado en el día de la destrucción?
Guardado será en el día de la ira.
31 ¿Quién le denunciará en su cara su camino?
Y de lo que él hizo, ¿quién le dará el pago?
32 Porque llevado será a los sepulcros,
Y sobre su túmulo estarán velando.
33 Los terrones del valle le serán dulces;
Tras de él será llevado todo hombre,
Y antes de él han ido innumerables.
34 ¿Cómo, pues, me consoláis en vano,
Viniendo a parar vuestras respuestas en falacia?
Elifaz acusa a Job de gran maldad
JOB 22
1 Respondió Elifaz temanita, y dijo:
2 ¿Traerá el hombre provecho a Dios?
Al contrario, para sí mismo es provechoso el hombre
sabio.
3 ¿Tiene contentamiento el Omnipotente en que tú seas
justificado,
O provecho de que tú hagas perfectos tus caminos?
4 ¿Acaso te castiga,
O viene a juicio contigo, a causa de tu piedad?
5 Por cierto tu malicia es grande,
Y tus maldades no tienen fin.
6 Porque sacaste prenda a tus hermanos sin causa,
Y despojaste de sus ropas a los desnudos.
7 No diste de beber agua al cansado,
Y detuviste el pan al hambriento.
8 Pero el hombre pudiente tuvo la tierra,
Y habitó en ella el distinguido.
9 A las viudas enviaste vacías,
Y los brazos de los huérfanos fueron quebrados.
10 Por tanto, hay lazos alrededor de ti,
Y te turba espanto repentino;
11 O tinieblas, para que no veas,
Y abundancia de agua te cubre.
12 ¿No está Dios en la altura de los cielos?
Mira lo encumbrado de las estrellas, cuán elevadas están.
13 ¿Y dirás tú: ¿Qué sabe Dios?
¿Cómo juzgará a través de la oscuridad?
14 Las nubes le rodearon, y no ve;
Y por el circuito del cielo se pasea.
15 ¿Quieres tú seguir la senda antigua
Que pisaron los hombres perversos,
16 Los cuales fueron cortados antes de tiempo,
Cuyo fundamento fue como un río derramado?
17 Decían a Dios: Apártate de nosotros.
¿Y qué les había hecho el Omnipotente?
18 Les había colmado de bienes sus casas.
Pero sea el consejo de ellos lejos de mí.
19 Verán los justos y se gozarán;
Y el inocente los escarnecerá, diciendo:
20 Fueron destruidos nuestros adversarios,
Y el fuego consumió lo que de ellos quedó.
21 Vuelve ahora en amistad con él, y tendrás paz;
Y por ello te vendrá bien.
22 Toma ahora la ley de su boca,
Y pon sus palabras en tu corazón.
23 Si te volvieres al Omnipotente, serás edificado;
Alejarás de tu tienda la aflicción;
24 Tendrás más oro que tierra,
Y como piedras de arroyos oro de Ofir;
25 El Todopoderoso será tu defensa,
Y tendrás plata en abundancia.
26 Porque entonces te deleitarás en el Omnipotente,
Y alzarás a Dios tu rostro.
27 Orarás a él, y él te oirá;
Y tú pagarás tus votos.
28 Determinarás asimismo una cosa, y te será firme,
Y sobre tus caminos resplandecerá luz.
29 Cuando fueren abatidos, dirás tú: Enaltecimiento
habrá;
Y Dios salvará al humilde de ojos.
30 El libertará al inocente,
Y por la limpieza de tus manos éste será librado.
Job desea abogar su causa delante de Dios
JOB 23
1 Respondió Job, y dijo:
2 Hoy también hablaré con amargura;
Porque es más grave mi llaga que mi gemido.
3 ¡Quién me diera el saber dónde hallar a Dios!
Yo iría hasta su silla.
4 Expondría mi causa delante de él,
Y llenaría mi boca de argumentos.
5 Yo sabría lo que él me respondiese,
Y entendería lo que me dijera.
6 ¿Contendería conmigo con grandeza de fuerza?
No; antes él me atendería.
7 Allí el justo razonaría con él;
Y yo escaparía para siempre de mi juez.
8 He aquí yo iré al oriente, y no lo hallaré;
Y al occidente, y no lo percibiré;
9 Si muestra su poder al norte, yo no lo veré;
Al sur se esconderá, y no lo veré.
10 Mas él conoce mi camino;
Me probará, y saldré como oro.
11 Mis pies han seguido sus pisadas;
Guardé su camino, y no me aparté.
12 Del mandamiento de sus labios nunca me separé;
Guardé las palabras de su boca más que mi comida.
13 Pero si él determina una cosa, ¿quién lo hará cambiar?
Su alma deseó, e hizo.
14 El, pues, acabará lo que ha determinado de mí;
Y muchas cosas como estas hay en él.
15 Por lo cual yo me espanto en su presencia;
Cuando lo considero, tiemblo a causa de él.
16 Dios ha enervado mi corazón,
Y me ha turbado el Omnipotente.
17 ¿Por qué no fui yo cortado delante de las tinieblas,
Ni fue cubierto con oscuridad mi rostro?
Job se queja de que Dios es indiferente ante la maldad
JOB 24
1 Puesto que no son ocultos los tiempos al Todopoderoso,
¿Por qué los que le conocen no ven sus días?
2 Traspasan los linderos,
Roban los ganados, y los apacientan.
3 Se llevan el asno de los huérfanos,
Y toman en prenda el buey de la viuda.
4 Hacen apartar del camino a los menesterosos,
Y todos los pobres de la tierra se esconden.
5 He aquí, como asnos monteses en el desierto,
Salen a su obra madrugando para robar;
El desierto es mantenimiento de sus hijos.
6 En el campo siegan su pasto,
Y los impíos vendimian la viña ajena.
7 Al desnudo hacen dormir sin ropa,
Sin tener cobertura contra el frío.
8 Con las lluvias de los montes se mojan,
Y abrazan las peñas por falta de abrigo.
9 Quitan el pecho a los huérfanos,
Y de sobre el pobre toman la prenda.
10 Al desnudo hacen andar sin vestido,
Y a los hambrientos quitan las gavillas.
11 Dentro de sus paredes exprimen el aceite,
Pisan los lagares, y mueren de sed.
12 Desde la ciudad gimen los moribundos,
Y claman las almas de los heridos de muerte,
Pero Dios no atiende su oración.
13 Ellos son los que, rebeldes a la luz,
Nunca conocieron sus caminos,
Ni estuvieron en sus veredas.
14 A la luz se levanta el matador; mata al pobre y al
necesitado,
Y de noche es como ladrón.
15 El ojo del adúltero está aguardando la noche,
Diciendo: No me verá nadie;
Y esconde su rostro.
16 En las tinieblas minan las casas
Que de día para sí señalaron;
No conocen la luz.
17 Porque la mañana es para todos ellos como sombra de
muerte;
Si son conocidos, terrores de sombra de muerte los toman.
18 Huyen ligeros como corriente de aguas;
Su porción es maldita en la tierra;
No andarán por el camino de las viñas.
19 La sequía y el calor arrebatan las aguas de la nieve;
Así también el Seol a los pecadores.
20 Los olvidará el seno materno; de ellos sentirán los
gusanos dulzura;
Nunca más habrá de ellos memoria,
Y como un árbol los impíos serán quebrantados.
21 A la mujer estéril, que no concebía, afligió,
Y a la viuda nunca hizo bien.
22 Pero a los fuertes adelantó con su poder;
Una vez que se levante, ninguno está seguro de la vida.
23 El les da seguridad y confianza;
Sus ojos están sobre los caminos de ellos.
24 Fueron exaltados un poco, mas desaparecen,
Y son abatidos como todos los demás;
Serán encerrados, y cortados como cabezas de espigas.
25 Y si no, ¿quién me desmentirá ahora,
O reducirá a nada mis palabras?
Bildad niega que el hombre pueda ser justificado delante
de Dios
JOB 25
1 Respondió Bildad suhita, y dijo:
2 El señorío y el temor están con él;
El hace paz en sus alturas.
3 ¿Tienen sus ejércitos número?
¿Sobre quién no está su luz?
4 ¿Cómo, pues, se justificará el hombre para con Dios?
¿Y cómo será limpio el que nace de mujer?
5 He aquí que ni aun la misma luna será resplandeciente,
Ni las estrellas son limpias delante de sus ojos;
6 ¿Cuánto menos el hombre, que es un gusano,
Y el hijo de hombre, también gusano?
Job proclama la soberanía de Dios
JOB 26
1 Respondió Job, y dijo:
2 ¿En qué ayudaste al que no tiene poder?
¿Cómo has amparado al brazo sin fuerza?
3 ¿En qué aconsejaste al que no tiene ciencia,
Y qué plenitud de inteligencia has dado a conocer?
4 ¿A quién has anunciado palabras,
Y de quién es el espíritu que de ti procede?
5 Las sombras tiemblan en lo profundo,
Los mares y cuanto en ellos mora.
6 El Seol está descubierto delante de él, y el Abadón no
tiene cobertura.
7 El extiende el norte sobre vacío,
Cuelga la tierra sobre nada.
8 Ata las aguas en sus nubes,
Y las nubes no se rompen debajo de ellas.
9 El encubre la faz de su trono,
Y sobre él extiende su nube.
10 Puso límite a la superficie de las aguas,
Hasta el fin de la luz y las tinieblas.
11 Las columnas del cielo tiemblan,
Y se espantan a su reprensión.
12 El agita el mar con su poder,
Y con su entendimiento hiere la arrogancia suya.
13 Su espíritu adornó los cielos;
Su mano creó la serpiente tortuosa.
14 He aquí, estas cosas son sólo los bordes de sus
caminos;
¡Y cuán leve es el susurro que hemos oído de él!
Pero el trueno de su poder, ¿quién lo puede comprender?
Job describe el castigo de los malos
JOB 27
1 Reasumió Job su discurso, y dijo:
2 Vive Dios, que ha quitado mi derecho,
Y el Omnipotente, que amargó el alma mía,
3 Que todo el tiempo que mi alma esté en mí,
Y haya hálito de Dios en mis narices,
4 Mis labios no hablarán iniquidad,
Ni mi lengua pronunciará engaño.
5 Nunca tal acontezca que yo os justifique;
Hasta que muera, no quitaré de mí mi integridad.
6 Mi justicia tengo asida, y no la cederé;
No me reprochará mi corazón en todos mis días.
7 Sea como el impío mi enemigo,
Y como el inicuo mi adversario.
8 Porque ¿cuál es la esperanza del impío, por mucho que
hubiere robado,
Cuando Dios le quitare la vida?
9 ¿Oirá Dios su clamor
Cuando la tribulación viniere sobre él?
10 ¿Se deleitará en el Omnipotente?
¿Invocará a Dios en todo tiempo?
11 Yo os enseñaré en cuanto a la mano de Dios;
No esconderé lo que hay para con el Omnipotente.
12 He aquí que todos vosotros lo habéis visto;
¿Por qué, pues, os habéis hecho tan enteramente vanos?
13 Esta es para con Dios la porción del hombre impío,
Y la herencia que los violentos han de recibir del
Omnipotente:
14 Si sus hijos fueren multiplicados, serán para la
espada;
Y sus pequeños no se saciarán de pan.
15 Los que de él quedaren, en muerte serán sepultados,
Y no los llorarán sus viudas.
16 Aunque amontone plata como polvo,
Y prepare ropa como lodo;
17 La habrá preparado él, mas el justo se vestirá,
Y el inocente repartirá la plata.
18 Edificó su casa como la polilla,
Y como enramada que hizo el guarda.
19 Rico se acuesta, pero por última vez;
Abrirá sus ojos, y nada tendrá.
20 Se apoderarán de él terrores como aguas;
Torbellino lo arrebatará de noche.
21 Le eleva el solano, y se va;
Y tempestad lo arrebatará de su lugar.
22 Dios, pues, descargará sobre él, y no perdonará;
Hará él por huir de su mano.
23 Batirán las manos sobre él,
Y desde su lugar le silbarán.
El hombre en busca de la sabiduría
JOB 28
1 Ciertamente la plata tiene sus veneros,
Y el oro lugar donde se refina.
2 El hierro se saca del polvo,
Y de la piedra se funde el cobre.
3 A las tinieblas ponen término,
Y examinan todo a la perfección,
Las piedras que hay en oscuridad y en sombra de muerte.
4 Abren minas lejos de lo habitado,
En lugares olvidados, donde el pie no pasa.
Son suspendidos y balanceados, lejos de los demás
hombres.
5 De la tierra nace el pan,
Y debajo de ella está como convertida en fuego.
6 Lugar hay cuyas piedras son zafiro,
Y sus polvos de oro.
7 Senda que nunca la conoció ave,
Ni ojo de buitre la vio;
8 Nunca la pisaron animales fieros,
Ni león pasó por ella.
9 En el pedernal puso su mano,
Y trastornó de raíz los montes.
10 De los peñascos cortó ríos,
Y sus ojos vieron todo lo preciado.
11 Detuvo los ríos en su nacimiento,
E hizo salir a luz lo escondido.
12 Mas ¿dónde se hallará la sabiduría?
¿Dónde está el lugar de la inteligencia?
13 No conoce su valor el hombre,
Ni se halla en la tierra de los vivientes.
14 El abismo dice: No está en mí;
Y el mar dijo: Ni conmigo.
15 No se dará por oro,
Ni su precio será a peso de plata.
16 No puede ser apreciada con oro de Ofir,
Ni con ónice precioso, ni con zafiro.
17 El oro no se le igualará, ni el diamante,
Ni se cambiará por alhajas de oro fino.
18 No se hará mención de coral ni de perlas;
La sabiduría es mejor que las piedras preciosas.
19 No se igualará con ella topacio de Etiopía;
No se podrá apreciar con oro fino.
20 ¿De dónde, pues, vendrá la sabiduría?
¿Y dónde está el lugar de la inteligencia?
21 Porque encubierta está a los ojos de todo viviente,
Y a toda ave del cielo es oculta.
22 El Abadón y la muerte dijeron:
Su fama hemos oído con nuestros oídos.
23 Dios entiende el camino de ella,
Y conoce su lugar.
24 Porque él mira hasta los fines de la tierra,
Y ve cuanto hay bajo los cielos.
25 Al dar peso al viento,
Y poner las aguas por medida;
26 Cuando él dio ley a la lluvia,
Y camino al relámpago de los truenos,
27 Entonces la veía él, y la manifestaba;
La preparó y la descubrió también.
28 Y dijo al hombre:
He aquí que el temor del Señor es la sabiduría,
Y el apartarse del mal, la inteligencia.
Job recuerda su felicidad anterior
JOB 29
1 Volvió Job a reanudar su discurso, y dijo:
2 ¡Quién me volviese como en los meses pasados,
Como en los días en que Dios me guardaba,
3 Cuando hacía resplandecer sobre mi cabeza su lámpara,
A cuya luz yo caminaba en la oscuridad;
4 Como fui en los días de mi juventud,
Cuando el favor de Dios velaba sobre mi tienda;
5 Cuando aún estaba conmigo el Omnipotente,
Y mis hijos alrededor de mí;
6 Cuando lavaba yo mis pasos con leche,
Y la piedra me derramaba ríos de aceite!
7 Cuando yo salía a la puerta a juicio,
Y en la plaza hacía preparar mi asiento,
8 Los jóvenes me veían, y se escondían;
Y los ancianos se levantaban, y estaban de pie.
9 Los príncipes detenían sus palabras;
Ponían la mano sobre su boca.
10 La voz de los principales se apagaba,
Y su lengua se pegaba a su paladar.
11 Los oídos que me oían me llamaban bienaventurado,
Y los ojos que me veían me daban testimonio,
12 Porque yo libraba al pobre que clamaba,
Y al huérfano que carecía de ayudador.
13 La bendición del que se iba a perder venía sobre mí,
Y al corazón de la viuda yo daba alegría.
14 Me vestía de justicia, y ella me cubría;
Como manto y diadema era mi rectitud.
15 Yo era ojos al ciego,
Y pies al cojo.
16 A los menesterosos era padre,
Y de la causa que no entendía, me informaba con
diligencia;
17 Y quebrantaba los colmillos del inicuo,
Y de sus dientes hacía soltar la presa.
18 Decía yo: En mi nido moriré,
Y como arena multiplicaré mis días.
19 Mi raíz estaba abierta junto a las aguas,
Y en mis ramas permanecía el rocío.
20 Mi honra se renovaba en mí,
Y mi arco se fortalecía en mi mano.
21 Me oían, y esperaban,
Y callaban a mi consejo.
22 Tras mi palabra no replicaban,
Y mi razón destilaba sobre ellos.
23 Me esperaban como a la lluvia,
Y abrían su boca como a la lluvia tardía.
24 Si me reía con ellos, no lo creían;
Y no abatían la luz de mi rostro.
25 Calificaba yo el camino de ellos, y me sentaba entre
ellos como el jefe;
Y moraba como rey en el ejército,
Como el que consuela a los que lloran.
Job lamenta su desdicha actual
JOB 30
1 Pero ahora se ríen de mí los más jóvenes que yo,
A cuyos padres yo desdeñara poner con los perros de mi
ganado.
2 ¿Y de qué me serviría ni aun la fuerza de sus manos?
No tienen fuerza alguna.
3 Por causa de la pobreza y del hambre andaban solos;
Huían a la soledad, a lugar tenebroso, asolado y
desierto.
4 Recogían malvas entre los arbustos,
Y raíces de enebro para calentarse.
5 Eran arrojados de entre las gentes,
Y todos les daban grita como tras el ladrón.
6 Habitaban en las barrancas de los arroyos,
En las cavernas de la tierra, y en las rocas.
7 Bramaban entre las matas,
Y se reunían debajo de los espinos.
8 Hijos de viles, y hombres sin nombre,
Más bajos que la misma tierra.
9 Y ahora yo soy objeto de su burla,
Y les sirvo de refrán.
10 Me abominan, se alejan de mí,
Y aun de mi rostro no detuvieron su saliva.
11 Porque Dios desató su cuerda, y me afligió,
Por eso se desenfrenaron delante de mi rostro.
12 A la mano derecha se levantó el populacho;
Empujaron mis pies,
Y prepararon contra mí caminos de perdición.
13 Mi senda desbarataron,
Se aprovecharon de mi quebrantamiento,
Y contra ellos no hubo ayudador.
14 Vinieron como por portillo ancho,
Se revolvieron sobre mi calamidad.
15 Se han revuelto turbaciones sobre mí;
Combatieron como viento mi honor,
Y mi prosperidad pasó como nube.
16 Y ahora mi alma está derramada en mí;
Días de aflicción se apoderan de mí.
17 La noche taladra mis huesos,
Y los dolores que me roen no reposan.
18 La violencia deforma mi vestidura; me ciñe como el
cuello de mi túnica.
19 El me derribó en el lodo,
Y soy semejante al polvo y a la ceniza.
20 Clamo a ti, y no me oyes;
Me presento, y no me atiendes.
21 Te has vuelto cruel para mí;
Con el poder de tu mano me persigues.
22 Me alzaste sobre el viento, me hiciste cabalgar en él,
Y disolviste mi sustancia.
23 Porque yo sé que me conduces a la muerte,
Y a la casa determinada a todo viviente.
24 Mas él no extenderá la mano contra el sepulcro;
¿Clamarán los sepultados cuando él los quebrantare?
25 ¿No lloré yo al afligido?
Y mi alma, ¿no se entristeció sobre el menesteroso?
26 Cuando esperaba yo el bien, entonces vino el mal;
Y cuando esperaba luz, vino la oscuridad.
27 Mis entrañas se agitan, y no reposan;
Días de aflicción me han sobrecogido.
28 Ando ennegrecido, y no por el sol;
Me he levantado en la congregación, y clamado.
29 He venido a ser hermano de chacales,
Y compañero de avestruces.
30 Mi piel se ha ennegrecido y se me cae,
Y mis huesos arden de calor.
31 Se ha cambiado mi arpa en luto,
Y mi flauta en voz de lamentadores.
Job afirma su integridad
JOB 31
1 Hice pacto con mis ojos;
¿Cómo, pues, había yo de mirar a una virgen?
2 Porque ¿qué galardón me daría de arriba Dios,
Y qué heredad el Omnipotente desde las alturas?
3 ¿No hay quebrantamiento para el impío,
Y extrañamiento para los que hacen iniquidad?
4 ¿No ve él mis caminos,
Y cuenta todos mis pasos?
5 Si anduve con mentira,
Y si mi pie se apresuró a engaño,
6 Péseme Dios en balanzas de justicia,
Y conocerá mi integridad.
7 Si mis pasos se apartaron del camino,
Si mi corazón se fue tras mis ojos,
Y si algo se pegó a mis manos,
8 Siembre yo, y otro coma,
Y sea arrancada mi siembra.
9 Si fue mi corazón engañado acerca de mujer,
Y si estuve acechando a la puerta de mi prójimo,
10 Muela para otro mi mujer,
Y sobre ella otros se encorven.
11 Porque es maldad e iniquidad
Que han de castigar los jueces.
12 Porque es fuego que devoraría hasta el Abadón,
Y consumiría toda mi hacienda.
13 Si hubiera tenido en poco el derecho de mi siervo y de
mi sierva,
Cuando ellos contendían conmigo,
14 ¿Qué haría yo cuando Dios se levantase?
Y cuando él preguntara, ¿qué le respondería yo?
15 El que en el vientre me hizo a mí, ¿no lo hizo a él?
¿Y no nos dispuso uno mismo en la matriz?
16 Si estorbé el contento de los pobres,
E hice desfallecer los ojos de la viuda;
17 Si comí mi bocado solo,
Y no comió de él el huérfano
18 (Porque desde mi juventud creció conmigo como con un
padre,
Y desde el vientre de mi madre fui guía de la viuda);
19 Si he visto que pereciera alguno sin vestido,
Y al menesteroso sin abrigo;
20 Si no me bendijeron sus lomos,
Y del vellón de mis ovejas se calentaron;
21 Si alcé contra el huérfano mi mano,
Aunque viese que me ayudaran en la puerta;
22 Mi espalda se caiga de mi hombro,
Y el hueso de mi brazo sea quebrado.
23 Porque temí el castigo de Dios,
Contra cuya majestad yo no tendría poder.
24 Si puse en el oro mi esperanza,
Y dije al oro: Mi confianza eres tú;
25 Si me alegré de que mis riquezas se multiplicasen,
Y de que mi mano hallase mucho;
26 Si he mirado al sol cuando resplandecía,
O a la luna cuando iba hermosa,
27 Y mi corazón se engañó en secreto,
Y mi boca besó mi mano;
28 Esto también sería maldad juzgada;
Porque habría negado al Dios soberano.
29 Si me alegré en el quebrantamiento del que me
aborrecía,
Y me regocijé cuando le halló el mal
30 (Ni aun entregué al pecado mi lengua,
Pidiendo maldición para su alma);
31 Si mis siervos no decían:
¿Quién no se ha saciado de su carne?
32 (El forastero no pasaba fuera la noche;
Mis puertas abría al caminante);
33 Si encubrí como hombre mis transgresiones,
Escondiendo en mi seno mi iniquidad,
34 Porque tuve temor de la gran multitud,
Y el menosprecio de las familias me atemorizó,
Y callé, y no salí de mi puerta;
35 ¡Quién me diera quien me oyese!
He aquí mi confianza es que el Omnipotente testificará
por mí,
Aunque mi adversario me forme proceso.
36 Ciertamente yo lo llevaría sobre mi hombro,
Y me lo ceñiría como una corona.
37 Yo le contaría el número de mis pasos,
Y como príncipe me presentaría ante él.
38 Si mi tierra clama contra mí,
Y lloran todos sus surcos;
39 Si comí su sustancia sin dinero,
O afligí el alma de sus dueños,
40 En lugar de trigo me nazcan abrojos,
Y espinos en lugar de cebada.
Aquí terminan las palabras de Job.
Eliú justifica su derecho de contestar a Job
JOB 32
1 Cesaron estos tres varones de responder a Job, por
cuanto él era justo a sus propios ojos. 2 Entonces Eliú hijo de Baraquel
buzita, de la familia de Ram, se encendió en ira contra Job; se encendió en
ira, por cuanto se justificaba a sí mismo más que a Dios. 3 Asimismo se
encendió en ira contra sus tres amigos, porque no hallaban qué responder,
aunque habían condenado a Job. 4 Y Eliú había esperado a Job en la disputa,
porque los otros eran más viejos que él. 5 Pero viendo Eliú que no había
respuesta en la boca de aquellos tres varones, se encendió en ira. 6 Y
respondió Eliú hijo de Baraquel buzita, y dijo:
Yo soy joven, y vosotros ancianos;
Por tanto, he tenido miedo, y he temido declararos mi
opinión.
7 Yo decía: Los días hablarán,
Y la muchedumbre de años declarará sabiduría.
8 Ciertamente espíritu hay en el hombre,
Y el soplo del Omnipotente le hace que entienda.
9 No son los sabios los de mucha edad,
Ni los ancianos entienden el derecho.
10 Por tanto, yo dije: Escuchadme;
Declararé yo también mi sabiduría.
11 He aquí yo he esperado a vuestras razones,
He escuchado vuestros argumentos,
En tanto que buscabais palabras.
12 Os he prestado atención,
Y he aquí que no hay de vosotros quien redarguya a Job,
Y responda a sus razones.
13 Para que no digáis: Nosotros hemos hallado sabiduría;
Lo vence Dios, no el hombre.
14 Ahora bien, Job no dirigió contra mí sus palabras,
Ni yo le responderé con vuestras razones.
15 Se espantaron, no respondieron más;
Se les fueron los razonamientos.
16 Yo, pues, he esperado, pero no hablaban;
Más bien callaron y no respondieron más.
17 Por eso yo también responderé mi parte;
También yo declararé mi juicio.
18 Porque lleno estoy de palabras,
Y me apremia el espíritu dentro de mí.
19 De cierto mi corazón está como el vino que no tiene
respiradero,
Y se rompe como odres nuevos.
20 Hablaré, pues, y respiraré;
Abriré mis labios, y responderé.
21 No haré ahora acepción de personas,
Ni usaré con nadie de títulos lisonjeros.
22 Porque no sé hablar lisonjas;
De otra manera, en breve mi Hacedor me consumiría.
Eliú censura a Job
JOB 33
1 Por tanto, Job, oye ahora mis razones,
Y escucha todas mis palabras.
2 He aquí yo abriré ahora mi boca,
Y mi lengua hablará en mi garganta.
3 Mis razones declararán la rectitud de mi corazón,
Y lo que saben mis labios, lo hablarán con sinceridad.
4 El espíritu de Dios me hizo,
Y el soplo del Omnipotente me dio vida.
5 Respóndeme si puedes;
Ordena tus palabras, ponte en pie.
6 Heme aquí a mí en lugar de Dios, conforme a tu dicho;
De barro fui yo también formado.
7 He aquí, mi terror no te espantará,
Ni mi mano se agravará sobre ti.
8 De cierto tú dijiste a oídos míos,
Y yo oí la voz de tus palabras que decían:
9 Yo soy limpio y sin defecto;
Soy inocente, y no hay maldad en mí.
10 He aquí que él buscó reproches contra mí,
Y me tiene por su enemigo;
11 Puso mis pies en el cepo,
Y vigiló todas mis sendas.
12 He aquí, en esto no has hablado justamente;
Yo te responderé que mayor es Dios que el hombre.
13 ¿Por qué contiendes contra él?
Porque él no da cuenta de ninguna de sus razones.
14 Sin embargo, en una o en dos maneras habla Dios;
Pero el hombre no entiende.
15 Por sueño, en visión nocturna,
Cuando el sueño cae sobre los hombres,
Cuando se adormecen sobre el lecho,
16 Entonces revela al oído de los hombres,
Y les señala su consejo,
17 Para quitar al hombre de su obra,
Y apartar del varón la soberbia.
18 Detendrá su alma del sepulcro,
Y su vida de que perezca a espada.
19 También sobre su cama es castigado
Con dolor fuerte en todos sus huesos,
20 Que le hace que su vida aborrezca el pan,
Y su alma la comida suave.
21 Su carne desfallece, de manera que no se ve,
Y sus huesos, que antes no se veían, aparecen.
22 Su alma se acerca al sepulcro,
Y su vida a los que causan la muerte.
23 Si tuviese cerca de él
Algún elocuente mediador muy escogido,
Que anuncie al hombre su deber;
24 Que le diga que Dios tuvo de él misericordia,
Que lo libró de descender al sepulcro,
Que halló redención;
25 Su carne será más tierna que la del niño,
Volverá a los días de su juventud.
26 Orará a Dios, y éste le amará,
Y verá su faz con júbilo;
Y restaurará al hombre su justicia.
27 El mira sobre los hombres; y al que dijere:
Pequé, y pervertí lo recto,
Y no me ha aprovechado,
28 Dios redimirá su alma para que no pase al sepulcro,
Y su vida se verá en luz.
29 He aquí, todas estas cosas hace Dios
Dos y tres veces con el hombre,
30 Para apartar su alma del sepulcro,
Y para iluminarlo con la luz de los vivientes.
31 Escucha, Job, y óyeme;
Calla, y yo hablaré.
32 Si tienes razones, respóndeme;
Habla, porque yo te quiero justificar.
33 Y si no, óyeme tú a mí;
Calla, y te enseñaré sabiduría.
Eliú justifica a Dios
JOB 34
1 Además Eliú dijo:
2 Oíd, sabios, mis palabras;
Y vosotros, doctos, estadme atentos.
3 Porque el oído prueba las palabras,
Como el paladar gusta lo que uno come.
4 Escojamos para nosotros el juicio,
Conozcamos entre nosotros cuál sea lo bueno.
5 Porque Job ha dicho: Yo soy justo,
Y Dios me ha quitado mi derecho.
6 ¿He de mentir yo contra mi razón?
Dolorosa es mi herida sin haber hecho yo transgresión.
7 ¿Qué hombre hay como Job,
Que bebe el escarnio como agua,
8 Y va en compañía con los que hacen iniquidad,
Y anda con los hombres malos?
9 Porque ha dicho: De nada servirá al hombre
El conformar su voluntad a Dios.
10 Por tanto, varones de inteligencia, oídme:
Lejos esté de Dios la impiedad,
Y del Omnipotente la iniquidad.
11 Porque él pagará al hombre según su obra,
Y le retribuirá conforme a su camino.
12 Sí, por cierto, Dios no hará injusticia,
Y el Omnipotente no pervertirá el derecho.
13 ¿Quién visitó por él la tierra?
¿Y quién puso en orden todo el mundo?
14 Si él pusiese sobre el hombre su corazón,
Y recogiese así su espíritu y su aliento,
15 Toda carne perecería juntamente,
Y el hombre volvería al polvo.
16 Si, pues, hay en ti entendimiento, oye esto;
Escucha la voz de mis palabras.
17 ¿Gobernará el que aborrece juicio?
¿Y condenarás tú al que es tan justo?
18 ¿Se dirá al rey: Perverso;
Y a los príncipes: Impíos?
19 ¿Cuánto menos a aquel que no hace acepción de personas
de príncipes.
Ni respeta más al rico que al pobre,
Porque todos son obra de sus manos?
20 En un momento morirán,
Y a medianoche se alborotarán los pueblos, y pasarán,
Y sin mano será quitado el poderoso.
21 Porque sus ojos están sobre los caminos del hombre,
Y ve todos sus pasos.
22 No hay tinieblas ni sombra de muerte
Donde se escondan los que hacen maldad.
23 No carga, pues, él al hombre más de lo justo,
Para que vaya con Dios a juicio.
24 El quebrantará a los fuertes sin indagación,
Y hará estar a otros en su lugar.
25 Por tanto, él hará notorias las obras de ellos,
Cuando los trastorne en la noche, y sean quebrantados.
26 Como a malos los herirá
En lugar donde sean vistos;
27 Por cuanto así se apartaron de él,
Y no consideraron ninguno de sus caminos,
28 Haciendo venir delante de él el clamor del pobre,
Y que oiga el clamor de los necesitados.
29 Si él diere reposo, ¿quién inquietará?
Si escondiere el rostro, ¿quién lo mirará?
Esto sobre una nación, y lo mismo sobre un hombre;
30 Haciendo que no reine el hombre impío
Para vejaciones del pueblo.
31 De seguro conviene que se diga a Dios:
He llevado ya castigo, no ofenderé ya más;
32 Enséñame tú lo que yo no veo;
Si hice mal, no lo haré más.
33 ¿Ha de ser eso según tu parecer?
El te retribuirá, ora rehúses, ora aceptes, y no yo;
Di, si no, lo que tú sabes.
34 Los hombres inteligentes dirán conmigo,
Y el hombre sabio que me oiga:
35 Que Job no habla con sabiduría,
Y que sus palabras no son con entendimiento.
36 Deseo yo que Job sea probado ampliamente,
A causa de sus respuestas semejantes a las de los hombres
inicuos.
37 Porque a su pecado añadió rebeldía;
Bate palmas contra nosotros,
Y contra Dios multiplica sus palabras.
JOB 35
1 Prosiguió Eliú en su razonamiento, y dijo:
2 ¿Piensas que es cosa recta lo que has dicho:
Más justo soy yo que Dios?
3 Porque dijiste: ¿Qué ventaja sacaré de ello?
¿O qué provecho tendré de no haber pecado?
4 Yo te responderé razones,
Y a tus compañeros contigo.
5 Mira a los cielos, y ve,
Y considera que las nubes son más altas que tú.
6 Si pecares, ¿qué habrás logrado contra él?
Y si tus rebeliones se multiplicaren, ¿qué le harás tú?
7 Si fueres justo, ¿qué le darás a él?
¿O qué recibirá de tu mano?
8 Al hombre como tú dañará tu impiedad,
Y al hijo de hombre aprovechará tu justicia.
9 A causa de la multitud de las violencias claman,
Y se lamentan por el poderío de los grandes.
10 Y ninguno dice: ¿Dónde está Dios mi Hacedor,
Que da cánticos en la noche,
11 Que nos enseña más que a las bestias de la tierra,
Y nos hace sabios más que a las aves del cielo?
12 Allí clamarán, y él no oirá,
Por la soberbia de los malos.
13 Ciertamente Dios no oirá la vanidad,
Ni la mirará el Omnipotente.
14 ¿Cuánto menos cuando dices que no haces caso de él?
La causa está delante de él; por tanto, aguárdale.
15 Mas ahora, porque en su ira no castiga,
Ni inquiere con rigor,
16 Por eso Job abre su boca vanamente,
Y multiplica palabras sin sabiduría.
Eliú exalta la grandeza de Dios
JOB 36
1 Añadió Eliú y dijo:
2 Espérame un poco, y te enseñaré;
Porque todavía tengo razones en defensa de Dios.
3 Tomaré mi saber desde lejos,
Y atribuiré justicia a mi Hacedor.
4 Porque de cierto no son mentira mis palabras;
Contigo está el que es íntegro en sus conceptos.
5 He aquí que Dios es grande, pero no desestima a nadie;
Es poderoso en fuerza de sabiduría.
6 No otorgará vida al impío,
Pero a los afligidos dará su derecho.
7 No apartará de los justos sus ojos;
Antes bien con los reyes los pondrá en trono para
siempre,
Y serán exaltados.
8 Y si estuvieren prendidos en grillos,
Y aprisionados en las cuerdas de aflicción,
9 El les dará a conocer la obra de ellos,
Y que prevalecieron sus rebeliones.
10 Despierta además el oído de ellos para la corrección,
Y les dice que se conviertan de la iniquidad.
11 Si oyeren, y le sirvieren,
Acabarán sus días en bienestar,
Y sus años en dicha.
12 Pero si no oyeren, serán pasados a espada,
Y perecerán sin sabiduría.
13 Mas los hipócritas de corazón atesoran para sí la ira,
Y no clamarán cuando él los atare.
14 Fallecerá el alma de ellos en su juventud,
Y su vida entre los sodomitas.
15 Al pobre librará de su pobreza,
Y en la aflicción despertará su oído.
16 Asimismo te apartará de la boca de la angustia
A lugar espacioso, libre de todo apuro,
Y te preparará mesa llena de grosura.
17 Mas tú has llenado el juicio del impío,
En vez de sustentar el juicio y la justicia.
18 Por lo cual teme, no sea que en su ira te quite con
golpe,
El cual no puedas apartar de ti con gran rescate.
19 ¿Hará él estima de tus riquezas, del oro,
O de todas las fuerzas del poder?
20 No anheles la noche,
En que los pueblos desaparecen de su lugar.
21 Guárdate, no te vuelvas a la iniquidad;
Pues ésta escogiste más bien que la aflicción.
22 He aquí que Dios es excelso en su poder;
¿Qué enseñador semejante a él?
23 ¿Quién le ha prescrito su camino?
¿Y quién le dirá: Has hecho mal?
24 Acuérdate de engrandecer su obra,
La cual contemplan los hombres.
25 Los hombres todos la ven;
La mira el hombre de lejos.
26 He aquí, Dios es grande, y nosotros no le conocemos,
Ni se puede seguir la huella de sus años.
27 El atrae las gotas de las aguas,
Al transformarse el vapor en lluvia,
28 La cual destilan las nubes,
Goteando en abundancia sobre los hombres.
29 ¿Quién podrá comprender la extensión de las nubes,
Y el sonido estrepitoso de su morada?
30 He aquí que sobre él extiende su luz,
Y cobija con ella las profundidades del mar.
31 Bien que por esos medios castiga a los pueblos,
A la multitud él da sustento.
32 Con las nubes encubre la luz,
Y le manda no brillar, interponiendo aquéllas.
33 El trueno declara su indignación,
Y la tempestad proclama su ira contra la iniquidad.
JOB 37
1 Por eso también se estremece mi corazón,
Y salta de su lugar.
2 Oíd atentamente el estrépito de su voz,
Y el sonido que sale de su boca.
3 Debajo de todos los cielos lo dirige,
Y su luz hasta los fines de la tierra.
4 Después de ella brama el sonido,
Truena él con voz majestuosa;
Y aunque sea oída su voz, no los detiene.
5 Truena Dios maravillosamente con su voz;
El hace grandes cosas, que nosotros no entendemos.
6 Porque a la nieve dice: Desciende a la tierra;
También a la llovizna, y a los aguaceros torrenciales.
7 Así hace retirarse a todo hombre,
Para que los hombres todos reconozcan su obra.
8 Las bestias entran en su escondrijo,
Y se están en sus moradas.
9 Del sur viene el torbellino,
Y el frío de los vientos del norte.
10 Por el soplo de Dios se da el hielo,
Y las anchas aguas se congelan.
11 Regando también llega a disipar la densa nube,
Y con su luz esparce la niebla.
12 Asimismo por sus designios se revuelven las nubes en
derredor,
Para hacer sobre la faz del mundo,
En la tierra, lo que él les mande.
13 Unas veces por azote, otras por causa de su tierra,
Otras por misericordia las hará venir.
14 Escucha esto, Job;
Detente, y considera las maravillas de Dios.
15 ¿Sabes tú cómo Dios las pone en concierto,
Y hace resplandecer la luz de su nube?
16 ¿Has conocido tú las diferencias de las nubes,
Las maravillas del Perfecto en sabiduría?
17 ¿Por qué están calientes tus vestidos
Cuando él sosiega la tierra con el viento del sur?
18 ¿Extendiste tú con él los cielos,
Firmes como un espejo fundido?
19 Muéstranos qué le hemos de decir;
Porque nosotros no podemos ordenar las ideas a causa de
las tinieblas.
20 ¿Será preciso contarle cuando yo hablare?
Por más que el hombre razone, quedará como abismado.
21 Mas ahora ya no se puede mirar la luz esplendente en
los cielos,
Luego que pasa el viento y los limpia,
22 Viniendo de la parte del norte la dorada claridad.
En Dios hay una majestad terrible.
23 El es Todopoderoso, al cual no alcanzamos, grande en
poder;
Y en juicio y en multitud de justicia no afligirá.
24 Lo temerán por tanto los hombres;
El no estima a ninguno que cree en su propio corazón ser
sabio.
Jehová convence a Job de su ignorancia
JOB 38
1 Entonces respondió Jehová a Job desde un torbellino, y
dijo:
2 ¿Quién es ése que oscurece el consejo
Con palabras sin sabiduría?
3 Ahora ciñe como varón tus lomos;
Yo te preguntaré, y tú me contestarás.
4 ¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra?
Házmelo saber, si tienes inteligencia.
5 ¿Quién ordenó sus medidas, si lo sabes?
¿O quién extendió sobre ella cordel?
6 ¿Sobre qué están fundadas sus bases?
¿O quién puso su piedra angular,
7 Cuando alababan todas las estrellas del alba,
Y se regocijaban todos los hijos de Dios?
8 ¿Quién encerró con puertas el mar,
Cuando se derramaba saliéndose de su seno,
9 Cuando puse yo nubes por vestidura suya,
Y por su faja oscuridad,
10 Y establecí sobre él mi decreto,
Le puse puertas y cerrojo,
11 Y dije: Hasta aquí llegarás, y no pasarás adelante,
Y ahí parará el orgullo de tus olas?
12 ¿Has mandado tú a la mañana en tus días?
¿Has mostrado al alba su lugar,
13 Para que ocupe los fines de la tierra,
Y para que sean sacudidos de ella los impíos?
14 Ella muda luego de aspecto como barro bajo el sello,
Y viene a estar como con vestidura;
15 Mas la luz de los impíos es quitada de ellos,
Y el brazo enaltecido es quebrantado.
16 ¿Has entrado tú hasta las fuentes del mar,
Y has andado escudriñando el abismo?
17 ¿Te han sido descubiertas las puertas de la muerte,
Y has visto las puertas de la sombra de muerte?
18 ¿Has considerado tú hasta las anchuras de la tierra?
Declara si sabes todo esto.
19 ¿Por dónde va el camino a la habitación de la luz,
Y dónde está el lugar de las tinieblas,
20 Para que las lleves a sus límites,
Y entiendas las sendas de su casa?
21 ¡Tú lo sabes! Pues entonces ya habías nacido,
Y es grande el número de tus días.
22 ¿Has entrado tú en los tesoros de la nieve,
O has visto los tesoros del granizo,
23 Que tengo reservados para el tiempo de angustia,
Para el día de la guerra y de la batalla?
24 ¿Por qué camino se reparte la luz,
Y se esparce el viento solano sobre la tierra?
25 ¿Quién repartió conducto al turbión,
Y camino a los relámpagos y truenos,
26 Haciendo llover sobre la tierra deshabitada,
Sobre el desierto, donde no hay hombre,
27 Para saciar la tierra desierta e inculta,
Y para hacer brotar la tierna hierba?
28 ¿Tiene la lluvia padre?
¿O quién engendró las gotas del rocío?
29 ¿De qué vientre salió el hielo?
Y la escarcha del cielo, ¿quién la engendró?
30 Las aguas se endurecen a manera de piedra,
Y se congela la faz del abismo.
31 ¿Podrás tú atar los lazos de las Pléyades,
O desatarás las ligaduras de Orión?
32 ¿Sacarás tú a su tiempo las constelaciones de los
cielos,
O guiarás a la Osa Mayor con sus hijos?
33 ¿Supiste tú las ordenanzas de los cielos?
¿Dispondrás tú de su potestad en la tierra?
34 ¿Alzarás tú a las nubes tu voz,
Para que te cubra muchedumbre de aguas?
35 ¿Enviarás tú los relámpagos, para que ellos vayan?
¿Y te dirán ellos: Henos aquí?
36 ¿Quién puso la sabiduría en el corazón?
¿O quién dio al espíritu inteligencia?
37 ¿Quién puso por cuenta los cielos con sabiduría?
Y los odres de los cielos, ¿quién los hace inclinar,
38 Cuando el polvo se ha convertido en dureza,
Y los terrones se han pegado unos con otros?
39 ¿Cazarás tú la presa para el león?
¿Saciarás el hambre de los leoncillos,
40 Cuando están echados en las cuevas,
O se están en sus guaridas para acechar?
41 ¿Quién prepara al cuervo su alimento,
Cuando sus polluelos claman a Dios,
Y andan errantes por falta de comida?
JOB 39
1 ¿Sabes tú el tiempo en que paren las cabras monteses?
¿O miraste tú las ciervas cuando están pariendo?
2 ¿Contaste tú los meses de su preñez,
Y sabes el tiempo cuando han de parir?
3 Se encorvan, hacen salir sus hijos,
Pasan sus dolores.
4 Sus hijos se fortalecen, crecen con el pasto;
Salen, y no vuelven a ellas.
5 ¿Quién echó libre al asno montés,
Y quién soltó sus ataduras?
6 Al cual yo puse casa en la soledad,
Y sus moradas en lugares estériles.
7 Se burla de la multitud de la ciudad;
No oye las voces del arriero.
8 Lo oculto de los montes es su pasto,
Y anda buscando toda cosa verde.
9 ¿Querrá el búfalo servirte a ti,
O quedar en tu pesebre?
10 ¿Atarás tú al búfalo con coyunda para el surco?
¿Labrará los valles en pos de ti?
11 ¿Confiarás tú en él, por ser grande su fuerza,
Y le fiarás tu labor?
12 ¿Fiarás de él para que recoja tu semilla,
Y la junte en tu era?
13 ¿Diste tú hermosas alas al pavo real,
O alas y plumas al avestruz?
14 El cual desampara en la tierra sus huevos,
Y sobre el polvo los calienta,
15 Y olvida que el pie los puede pisar,
Y que puede quebrarlos la bestia del campo.
16 Se endurece para con sus hijos, como si no fuesen
suyos,
No temiendo que su trabajo haya sido en vano;
17 Porque le privó Dios de sabiduría,
Y no le dio inteligencia.
18 Luego que se levanta en alto,
Se burla del caballo y de su jinete.
19 ¿Diste tú al caballo la fuerza?
¿Vestiste tú su cuello de crines ondulantes?
20 ¿Le intimidarás tú como a langosta?
El resoplido de su nariz es formidable.
21 Escarba la tierra, se alegra en su fuerza,
Sale al encuentro de las armas;
22 Hace burla del espanto, y no teme,
Ni vuelve el rostro delante de la espada.
23 Contra él suenan la aljaba,
El hierro de la lanza y de la jabalina;
24 Y él con ímpetu y furor escarba la tierra,
Sin importarle el sonido de la trompeta;
25 Antes como que dice entre los clarines: ¡Ea!
Y desde lejos huele la batalla,
El grito de los capitanes, y el vocerío.
26 ¿Vuela el gavilán por tu sabiduría,
Y extiende hacia el sur sus alas?
27 ¿Se remonta el águila por tu mandamiento,
Y pone en alto su nido?
28 Ella habita y mora en la peña,
En la cumbre del peñasco y de la roca.
29 Desde allí acecha la presa;
Sus ojos observan de muy lejos.
30 Sus polluelos chupan la sangre;
Y donde hubiere cadáveres, allí está ella.
JOB 40
1 Además respondió Jehová a Job, y dijo:
2 ¿Es sabiduría contender con el Omnipotente?
El que disputa con Dios, responda a esto.
3 Entonces respondió Job a Jehová, y dijo:
4 He aquí que yo soy vil; ¿qué te responderé?
Mi mano pongo sobre mi boca.
5 Una vez hablé, mas no responderé;
Aun dos veces, mas no volveré a hablar.
Manifestaciones del poder de Dios
6 Respondió Jehová a Job desde el torbellino, y dijo:
7 Cíñete ahora como varón tus lomos;
Yo te preguntaré, y tú me responderás.
8 ¿Invalidarás tú también mi juicio?
¿Me condenarás a mí, para justificarte tú?
9 ¿Tienes tú un brazo como el de Dios?
¿Y truenas con voz como la suya?
10 Adórnate ahora de majestad y de alteza,
Y vístete de honra y de hermosura.
11 Derrama el ardor de tu ira;
Mira a todo altivo, y abátelo.
12 Mira a todo soberbio, y humíllalo,
Y quebranta a los impíos en su sitio.
13 Encúbrelos a todos en el polvo,
Encierra sus rostros en la oscuridad;
14 Y yo también te confesaré
Que podrá salvarte tu diestra.
15 He aquí ahora behemot, el cual hice como a ti;
Hierba come como buey.
16 He aquí ahora que su fuerza está en sus lomos,
Y su vigor en los músculos de su vientre.
17 Su cola mueve como un cedro,
Y los nervios de sus muslos están entretejidos.
18 Sus huesos son fuertes como bronce,
Y sus miembros como barras de hierro.
19 El es el principio de los caminos de Dios;
El que lo hizo, puede hacer que su espada a él se
acerque.
20 Ciertamente los montes producen hierba para él;
Y toda bestia del campo retoza allá.
21 Se echará debajo de las sombras,
En lo oculto de las cañas y de los lugares húmedos.
22 Los árboles sombríos lo cubren con su sombra;
Los sauces del arroyo lo rodean.
23 He aquí, sale de madre el río, pero él no se inmuta;
Tranquilo está, aunque todo un Jordán se estrelle contra
su boca.
24 ¿Lo tomará alguno cuando está vigilante,
Y horadará su nariz?
JOB 41
1 ¿Sacarás tú al leviatán con anzuelo,
O con cuerda que le eches en su lengua?
2 ¿Pondrás tú soga en sus narices,
Y horadarás con garfio su quijada?
3 ¿Multiplicará él ruegos para contigo?
¿Te hablará él lisonjas?
4 ¿Hará pacto contigo
Para que lo tomes por siervo perpetuo?
5 ¿Jugarás con él como con pájaro,
O lo atarás para tus niñas?
6 ¿Harán de él banquete los compañeros?
¿Lo repartirán entre los mercaderes?
7 ¿Cortarás tú con cuchillo su piel,
O con arpón de pescadores su cabeza?
8 Pon tu mano sobre él;
Te acordarás de la batalla, y nunca más volverás.
9 He aquí que la esperanza acerca de él será burlada,
Porque aun a su sola vista se desmayarán.
10 Nadie hay tan osado que lo despierte;
¿Quién, pues, podrá estar delante de mí?
11 ¿Quién me ha dado a mí primero, para que yo restituya?
Todo lo que hay debajo del cielo es mío.
12 No guardaré silencio sobre sus miembros,
Ni sobre sus fuerzas y la gracia de su disposición.
13 ¿Quién descubrirá la delantera de su vestidura?
¿Quién se acercará a él con su freno doble?
14 ¿Quién abrirá las puertas de su rostro?
Las hileras de sus dientes espantan.
15 La gloria de su vestido son escudos fuertes,
Cerrados entre sí estrechamente.
16 El uno se junta con el otro,
Que viento no entra entre ellos.
17 Pegado está el uno con el otro;
Están trabados entre sí, que no se pueden apartar.
18 Con sus estornudos enciende lumbre,
Y sus ojos son como los párpados del alba.
19 De su boca salen hachones de fuego;
Centellas de fuego proceden.
20 De sus narices sale humo,
Como de una olla o caldero que hierve.
21 Su aliento enciende los carbones,
Y de su boca sale llama.
22 En su cerviz está la fuerza,
Y delante de él se esparce el desaliento.
23 Las partes más flojas de su carne están endurecidas;
Están en él firmes, y no se mueven.
24 Su corazón es firme como una piedra,
Y fuerte como la muela de abajo.
25 De su grandeza tienen temor los fuertes,
Y a causa de su desfallecimiento hacen por purificarse.
26 Cuando alguno lo alcanzare,
Ni espada, ni lanza, ni dardo, ni coselete durará.
27 Estima como paja el hierro,
Y el bronce como leño podrido.
28 Saeta no le hace huir;
Las piedras de honda le son como paja.
29 Tiene toda arma por hojarasca,
Y del blandir de la jabalina se burla.
30 Por debajo tiene agudas conchas;
Imprime su agudez en el suelo.
31 Hace hervir como una olla el mar profundo,
Y lo vuelve como una olla de ungüento.
32 En pos de sí hace resplandecer la senda,
Que parece que el abismo es cano.
33 No hay sobre la tierra quien se le parezca;
Animal hecho exento de temor.
34 Menosprecia toda cosa alta;
Es rey sobre todos los soberbios.
Confesión y justificación de Job
JOB 42
1 Respondió Job a Jehová, y dijo:
2 Yo conozco que todo lo puedes,
Y que no hay pensamiento que se esconda de ti.
3 ¿Quién es el que oscurece el consejo sin entendimiento?
Por tanto, yo hablaba lo que no entendía;
Cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no
comprendía.
4 Oye, te ruego, y hablaré;
Te preguntaré, y tú me enseñarás.
5 De oídas te había oído;
Mas ahora mis ojos te ven.
6 Por tanto me aborrezco,
Y me arrepiento en polvo y ceniza.
7 Y aconteció que después que habló Jehová estas palabras
a Job, Jehová dijo a Elifaz temanita: Mi ira se encendió contra ti y tus dos
compañeros; porque no habéis hablado de mí lo recto, como mi siervo Job. 8
Ahora, pues, tomaos siete becerros y siete carneros, e id a mi siervo Job, y
ofreced holocausto por vosotros, y mi siervo Job orará por vosotros; porque de
cierto a él atenderé para no trataros afrentosamente, por cuanto no habéis
hablado de mí con rectitud, como mi siervo Job. 9 Fueron, pues, Elifaz
temanita, Bildad suhita y Zofar naamatita, e hicieron como Jehová les dijo; y
Jehová aceptó la oración de Job.
Restauración de la prosperidad de Job
10 Y quitó Jehová la aflicción de Job, cuando él hubo
orado por sus amigos; y aumentó al doble todas las cosas que habían sido de
Job. 11 Y vinieron a él todos sus hermanos y todas sus hermanas, y todos los
que antes le habían conocido, y comieron con él pan en su casa, y se
condolieron de él, y le consolaron de todo aquel mal que Jehová había traído
sobre él; y cada uno de ellos le dio una pieza de dinero y un anillo de oro.
12 Y bendijo Jehová el postrer estado de Job más que el primero; porque tuvo
catorce mil ovejas, seis mil camellos, mil yuntas de bueyes y mil asnas, 13 y
tuvo siete hijos y tres hijas. 14 Llamó el nombre de la primera, Jemima, el de
la segunda, Cesia, y el de la tercera, Keren-hapuc. 15 Y no había mujeres tan
hermosas como las hijas de Job en toda la tierra; y les dio su padre herencia
entre sus hermanos. 16 Después de esto vivió Job ciento cuarenta años, y vio a
sus hijos, y a los hijos de sus hijos, hasta la cuarta generación. 17 Y murió
Job viejo y lleno de días.
LOS SALMOS
Los Salmos
Capítulo 01
1:1 Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de
malos,
Ni estuvo en camino de pecadores,
Ni en silla de escarnecedores se ha sentado;
1:2 Sino que en la ley de Jehová está su delicia,
Y en su ley medita de día y de noche.
1:3 Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas,
Que da su fruto en su tiempo,
Y su hoja no cae;
Y todo lo que hace, prosperará.
1:4 No así los malos,
Que son como el tamo que arrebata el viento.
1:5 Por tanto, no se levantarán los malos en el juicio,
Ni los pecadores en la congregación de los justos.
1:6 Porque Jehová conoce el camino de los justos;
Mas la senda de los malos perecerá.
Los Salmos
Capítulo 02
2:1 ¿Por qué se amotinan las gentes,
Y los pueblos piensan cosas vanas?
2:2 Se levantarán los reyes de la tierra,
Y príncipes consultarán unidos
Contra Jehová y contra su ungido, diciendo:
2:3 Rompamos sus ligaduras,
Y echemos de nosotros sus cuerdas.
2:4 El que mora en los cielos se reirá;
El Señor se burlará de ellos.
2:5 Luego hablará a ellos en su furor,
Y los turbará con su ira.
2:6 Pero yo he puesto mi rey
Sobre Sion, mi santo monte.
2:7 Yo publicaré el decreto;
Jehová me ha dicho: Mi hijo eres tú;
Yo te engendré hoy.
2:8 Pídeme, y te daré por herencia las naciones,
Y como posesión tuya los confines de la tierra.
2:9 Los quebrantarás con vara de hierro;
Como vasija de alfarero los desmenuzarás.
2:10 Ahora, pues, oh reyes, sed prudentes;
Admitid amonestación, jueces de la tierra.
2:11 Servid a Jehová con temor,
Y alegraos con temblor.
2:12 Honrad al Hijo, para que no se enoje, y perezcáis en
el camino;
Pues se inflama de pronto su ira.
Bienaventurados todos los que en él confían.
Los Salmos
Capítulo 03
3:1 ¡Oh Jehová, cuánto se han multiplicado mis
adversarios!
Muchos son los que se levantan contra mí.
3:2 Muchos son los que dicen de mí:
No hay para él salvación en Dios. Selah
3:3 Mas tú, Jehová, eres escudo alrededor de mí;
Mi gloria, y el que levanta mi cabeza.
3:4 Con mi voz clamé a Jehová,
Y él me respondió desde su monte santo. Selah
3:5 Yo me acosté y dormí,
Y desperté, porque Jehová me sustentaba.
3:6 No temeré a diez millares de gente,
Que pusieren sitio contra mí.
3:7 Levántate, Jehová; sálvame, Dios mío;
Porque tú heriste a todos mis enemigos en la mejilla;
Los dientes de los perversos quebrantaste.
3:8 La salvación es de Jehová;
Sobre tu pueblo sea tu bendición. Selah
Los Salmos
Capítulo 04
4:1 Respóndeme cuando clamo, oh Dios de mi justicia.
Cuando estaba en angustia, tú me hiciste ensanchar;
Ten misericordia de mí, y oye mi oración.
4:2 Hijos de los hombres, ¿hasta cuándo volveréis mi
honra en infamia,
Amaréis la vanidad, y buscaréis la mentira? Selah
4:3 Sabed, pues, que Jehová ha escogido al piadoso para
sí;
Jehová oirá cuando yo a él clamare.
4:4 Temblad, y no pequéis;
Meditad en vuestro corazón estando en vuestra cama, y
callad. Selah
4:5 Ofreced sacrificios de justicia,
Y confiad en Jehová.
4:6 Muchos son los que dicen: ¿Quién nos mostrará el
bien?
Alza sobre nosotros, oh Jehová, la luz de tu rostro.
4:7 Tú diste alegría a mi corazón
Mayor que la de ellos cuando abundaba su grano y su
mosto.
4:8 En paz me acostaré, y asimismo dormiré;
Porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado.
Los Salmos
Capítulo 05
5:1 Escucha, oh Jehová, mis palabras;
Considera mi gemir.
5:2 Está atento a la voz de mi clamor, Rey mío y Dios
mío,
Porque a ti oraré.
5:3 Oh Jehová, de mañana oirás mi voz;
De mañana me presentaré delante de ti, y esperaré.
5:4 Porque tú no eres un Dios que se complace en la
maldad;
El malo no habitará junto a ti.
5:5 Los insensatos no estarán delante de tus ojos;
Aborreces a todos los que hacen iniquidad.
5:6 Destruirás a los que hablan mentira;
Al hombre sanguinario y engañador abominará Jehová.
5:7 Mas yo por la abundancia de tu misericordia entraré
en tu casa;
Adoraré hacia tu santo templo en tu temor.
5:8 Guíame, Jehová, en tu justicia, a causa de mis
enemigos;
Endereza delante de mí tu camino.
5:9 Porque en la boca de ellos no hay sinceridad;
Sus entrañas son maldad,
Sepulcro abierto es su garganta,
Con su lengua hablan lisonjas.
5:10 Castígalos, oh Dios;
Caigan por sus mismos consejos;
Por la multitud de sus transgresiones échalos fuera,
Porque se rebelaron contra ti.
5:11 Pero alégrense todos los que en ti confían;
Den voces de júbilo para siempre, porque tú los
defiendes;
En ti se regocijen los que aman tu nombre.
5:12 Porque tú, oh Jehová, bendecirás al justo;
Como con un escudo lo rodearás de tu favor.
Los Salmos
Capítulo 06
6:1 Jehová, no me reprendas en tu enojo,
Ni me castigues con tu ira.
6:2 Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy
enfermo;
Sáname, oh Jehová, porque mis huesos se estremecen.
6:3 Mi alma también está muy turbada;
Y tú, Jehová, ¿hasta cuándo?
6:4 Vuélvete, oh Jehová, libra mi alma;
Sálvame por tu misericordia.
6:5 Porque en la muerte no hay memoria de ti;
En el Seol, ¿quién te alabará?
6:6 Me he consumido a fuerza de gemir;
Todas las noches inundo de llanto mi lecho,
Riego mi cama con mis lágrimas.
6:7 Mis ojos están gastados de sufrir;
Se han envejecido a causa de todos mis angustiadores.
6:8 Apartaos de mí, todos los hacedores de iniquidad;
Porque Jehová ha oído la voz de mi lloro.
6:9 Jehová ha oído mi ruego;
Ha recibido Jehová mi oración.
6:10 Se avergonzarán y se turbarán mucho todos mis
enemigos;
Se volverán y serán avergonzados de repente.
Los Salmos
Capítulo 07
7:1 Jehová Dios mío, en ti he confiado;
Sálvame de todos los que me persiguen, y líbrame,
7:2 No sea que desgarren mi alma cual león,
Y me destrocen sin que haya quien me libre.
7:3 Jehová Dios mío, si yo he hecho esto,
Si hay en mis manos iniquidad;
7:4 Si he dado mal pago al que estaba en paz conmigo
(Antes he libertado al que sin causa era mi enemigo),
7:5 Persiga el enemigo mi alma, y alcáncela;
Huelle en tierra mi vida,
Y mi honra ponga en el polvo. Selah
7:6 Levántate, oh Jehová, en tu ira;
Alzate en contra de la furia de mis angustiadores,
Y despierta en favor mío el juicio que mandaste.
7:7 Te rodeará congregación de pueblos,
Y sobre ella vuélvete a sentar en alto.
7:8 Jehová juzgará a los pueblos;
Júzgame, oh Jehová, conforme a mi justicia,
Y conforme a mi integridad.
7:9 Fenezca ahora la maldad de los inicuos, mas establece
tú al justo;
Porque el Dios justo prueba la mente y el corazón.
7:10 Mi escudo está en Dios,
Que salva a los rectos de corazón.
7:11 Dios es juez justo,
Y Dios está airado contra el impío todos los días.
7:12 Si no se arrepiente, él afilará su espada;
Armado tiene ya su arco, y lo ha preparado.
7:13 Asimismo ha preparado armas de muerte,
Y ha labrado saetas ardientes.
7:14 He aquí, el impío concibió maldad,
Se preñó de iniquidad,
Y dio a luz engaño.
7:15 Pozo ha cavado, y lo ha ahondado;
Y en el hoyo que hizo caerá.
7:16 Su iniquidad volverá sobre su cabeza,
Y su agravio caerá sobre su propia coronilla.
7:17 Alabaré a Jehová conforme a su justicia,
Y cantaré al nombre de Jehová el Altísimo.
Los Salmos
Capítulo 08
8:1 ¡Oh Jehová, Señor nuestro,
Cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra!
Has puesto tu gloria sobre los cielos;
8:2 De la boca de los niños y de los que maman, fundaste
la fortaleza,
A causa de tus enemigos,
Para hacer callar al enemigo y al vengativo.
8:3 Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos,
La luna y las estrellas que tú formaste,
8:4 Digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él
memoria,
Y el hijo del hombre, para que lo visites?
8:5 Le has hecho poco menor que los ángeles,
Y lo coronaste de gloria y de honra.
8:6 Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos;
Todo lo pusiste debajo de sus pies:
8:7 Ovejas y bueyes, todo ello,
Y asimismo las bestias del campo,
8:8 Las aves de los cielos y los peces del mar;
Todo cuanto pasa por los senderos del mar.
8:9 ¡Oh Jehová, Señor nuestro,
Cuán grande es tu nombre en toda la tierra!
Los Salmos
Capítulo 09
9:1 Te alabaré, oh Jehová, con todo mi corazón;
Contaré todas tus maravillas.
9:2 Me alegraré y me regocijaré en ti;
Cantaré a tu nombre, oh Altísimo.
9:3 Mis enemigos volvieron atrás;
Cayeron y perecieron delante de ti.
9:4 Porque has mantenido mi derecho y mi causa;
Te has sentado en el trono juzgando con justicia.
9:5 Reprendiste a las naciones, destruiste al malo,
Borraste el nombre de ellos eternamente y para siempre.
9:6 Los enemigos han perecido; han quedado desolados para
siempre;
Y las ciudades que derribaste,
Su memoria pereció con ellas.
9:7 Pero Jehová permanecerá para siempre;
Ha dispuesto su trono para juicio.
9:8 El juzgará al mundo con justicia,
Y a los pueblos con rectitud.
9:9 Jehová será refugio del pobre,
Refugio para el tiempo de angustia.
9:10 En ti confiarán los que conocen tu nombre,
Por cuanto tú, oh Jehová, no desamparaste a los que te
buscaron.
9:11 Cantad a Jehová, que habita en Sion;
Publicad entre los pueblos sus obras.
9:12 Porque el que demanda la sangre se acordó de ellos;
No se olvidó del clamor de los afligidos.
9:13 Ten misericordia de mí, Jehová;
Mira mi aflicción que padezco a causa de los que me
aborrecen,
Tú que me levantas de las puertas de la muerte,
9:14 Para que cuente yo todas tus alabanzas
En las puertas de la hija de Sion,
Y me goce en tu salvación.
9:15 Se hundieron las naciones en el hoyo que hicieron;
En la red que escondieron fue tomado su pie.
9:16 Jehová se ha hecho conocer en el juicio que ejecutó;
En la obra de sus manos fue enlazado el malo. Higaion.
Selah
9:17 Los malos serán trasladados al Seol,
Todas las gentes que se olvidan de Dios.
9:18 Porque no para siempre será olvidado el menesteroso,
Ni la esperanza de los pobres perecerá perpetuamente.
9:19 Levántate, oh Jehová; no se fortalezca el hombre;
Sean juzgadas las naciones delante de ti.
9:20 Pon, oh Jehová, temor en ellos;
Conozcan las naciones que no son sino hombres. Selah
Los Salmos
Capítulo 10
10:1 ¿Por qué estás lejos, oh Jehová,
Y te escondes en el tiempo de la tribulación?
10:2 Con arrogancia el malo persigue al pobre;
Será atrapado en los artificios que ha ideado.
10:3 Porque el malo se jacta del deseo de su alma,
Bendice al codicioso, y desprecia a Jehová.
10:4 El malo, por la altivez de su rostro, no busca a
Dios;
No hay Dios en ninguno de sus pensamientos.
10:5 Sus caminos son torcidos en todo tiempo;
Tus juicios los tiene muy lejos de su vista;
A todos sus adversarios desprecia.
10:6 Dice en su corazón: No seré movido jamás;
Nunca me alcanzará el infortunio.
10:7 Llena está su boca de maldición, y de engaños y
fraude;
Debajo de su lengua hay vejación y maldad.
10:8 Se sienta en acecho cerca de las aldeas;
En escondrijos mata al inocente.
Sus ojos están acechando al desvalido;
10:9 Acecha en oculto, como el león desde su cueva;
Acecha para arrebatar al pobre;
Arrebata al pobre trayéndolo a su red.
10:10 Se encoge, se agacha,
Y caen en sus fuertes garras muchos desdichados.
10:11 Dice en su corazón: Dios ha olvidado;
Ha encubierto su rostro; nunca lo verá.
10:12 Levántate, oh Jehová Dios, alza tu mano;
No te olvides de los pobres.
10:13 ¿Por qué desprecia el malo a Dios?
En su corazón ha dicho: Tú no lo inquirirás.
10:14 Tú lo has visto; porque miras el trabajo y la
vejación, para dar la recompensa con tu mano;
A ti se acoge el desvalido;
Tú eres el amparo del huérfano.
10:15 Quebranta tú el brazo del inicuo,
Y persigue la maldad del malo hasta que no halles
ninguna.
10:16 Jehová es Rey eternamente y para siempre;
De su tierra han perecido las naciones.
10:17 El deseo de los humildes oíste, oh Jehová;
Tú dispones su corazón, y haces atento tu oído,
10:18 Para juzgar al huérfano y al oprimido,
A fin de que no vuelva más a hacer violencia el hombre de
la tierra.
Los Salmos
Capítulo 11
11:1 En Jehová he confiado;
¿Cómo decís a mi alma,
Que escape al monte cual ave?
11:2 Porque he aquí, los malos tienden el arco,
Disponen sus saetas sobre la cuerda,
Para asaetear en oculto a los rectos de corazón.
11:3 Si fueren destruidos los fundamentos,
¿Qué ha de hacer el justo?
11:4 Jehová está en su santo templo;
Jehová tiene en el cielo su trono;
Sus ojos ven, sus párpados examinan a los hijos de los
hombres.
11:5 Jehová prueba al justo;
Pero al malo y al que ama la violencia, su alma los
aborrece.
11:6 Sobre los malos hará llover calamidades;
Fuego, azufre y viento abrasador será la porción del
cáliz de ellos.
11:7 Porque Jehová es justo, y ama la justicia;
El hombre recto mirará su rostro.
Los Salmos
Capítulo 12
12:1 Salva, oh Jehová, porque se acabaron los piadosos;
Porque han desaparecido los fieles de entre los hijos de
los hombres.
12:2 Habla mentira cada uno con su prójimo;
Hablan con labios lisonjeros, y con doblez de corazón.
12:3 Jehová destruirá todos los labios lisonjeros,
Y la lengua que habla jactanciosamente;
12:4 A los que han dicho: Por nuestra lengua
prevaleceremos;
Nuestros labios son nuestros; ¿quién es señor de
nosotros?
12:5 Por la opresión de los pobres, por el gemido de los
menesterosos,
Ahora me levantaré, dice Jehová;
Pondré en salvo al que por ello suspira.
12:6 Las palabras de Jehová son palabras limpias,
Como plata refinada en horno de tierra,
Purificada siete veces.
12:7 Tú, Jehová, los guardarás;
De esta generación los preservarás para siempre.
12:8 Cercando andan los malos,
Cuando la vileza es exaltada entre los hijos de los
hombres.
Los Salmos
Capítulo 13
13:1 ¿Hasta cuándo, Jehová? ¿Me olvidarás para siempre?
¿Hasta cuándo esconderás tu rostro de mí?
13:2 ¿Hasta cuándo pondré consejos en mi alma,
Con tristezas en mi corazón cada día?
¿Hasta cuándo será enaltecido mi enemigo sobre mí?
13:3 Mira, respóndeme, oh Jehová Dios mío;
Alumbra mis ojos, para que no duerma de muerte;
13:4 Para que no diga mi enemigo: Lo vencí.
Mis enemigos se alegrarían, si yo resbalara.
13:5 Mas yo en tu misericordia he confiado;
Mi corazón se alegrará en tu salvación.
13:6 Cantaré a Jehová,
Porque me ha hecho bien
Los Salmos
Capítulo 14
14:1 Dice el necio en su corazón:
No hay Dios.
Se han corrompido, hacen obras abominables;
No hay quien haga el bien.
14:2 Jehová miró desde los cielos sobre los hijos de los
hombres,
Para ver si había algún entendido,
Que buscara a Dios.
14:3 Todos se desviaron, a una se han corrompido;
No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.
14:4 ¿No tienen discernimiento todos los que hacen
iniquidad,
Que devoran a mi pueblo como si comiesen pan,
Y a Jehová no invocan?
14:5 Ellos temblaron de espanto;
Porque Dios está con la generación de los justos.
14:6 Del consejo del pobre se han burlado,
Pero Jehová es su esperanza.
14:7 ¡Oh, que de Sion saliera la salvación de Israel!
Cuando Jehová hiciere volver a los cautivos de su pueblo,
Se gozará Jacob, y se alegrará Israel.
Los Salmos
Capítulo 15
15:1 Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo?
¿Quién morará en tu monte santo?
15:2 El que anda en integridad y hace justicia,
Y habla verdad en su corazón.
15:3 El que no calumnia con su lengua,
Ni hace mal a su prójimo,
Ni admite reproche alguno contra su vecino.
15:4 Aquel a cuyos ojos el vil es menospreciado,
Pero honra a los que temen a Jehová.
El que aun jurando en daño suyo, no por eso cambia;
15:5 Quien su dinero no dio a usura,
Ni contra el inocente admitió cohecho.
El que hace estas cosas, no resbalará jamás
Los Salmos
Capítulo 16
16:1 Guárdame, oh Dios, porque en ti he confiado.
16:2 Oh alma mía, dijiste a Jehová:
Tú eres mi Señor;
No hay para mí bien fuera de ti.
16:3 Para los santos que están en la tierra,
Y para los íntegros, es toda mi complacencia.
16:4 Se multiplicarán los dolores de aquellos que sirven
diligentes a otro dios.
No ofreceré yo sus libaciones de sangre,
Ni en mis labios tomaré sus nombres.
16:5 Jehová es la porción de mi herencia y de mi copa;
Tú sustentas mi suerte.
16:6 Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos,
Y es hermosa la heredad que me ha tocado.
16:7 Bendeciré a Jehová que me aconseja;
Aun en las noches me enseña mi conciencia.
16:8 A Jehová he puesto siempre delante de mí;
Porque está a mi diestra, no seré conmovido.
16:9 Se alegró por tanto mi corazón, y se gozó mi alma;
Mi carne también reposará confiadamente;
16:10 Porque no dejarás mi alma en el Seol,
Ni permitirás que tu santo vea corrupción.
16:11 Me mostrarás la senda de la vida;
En tu presencia hay plenitud de gozo;
Delicias a tu diestra para siempre.
Los Salmos
Capítulo 17
17:1 Oye, oh Jehová, una causa justa; está atento a mi
clamor.
Escucha mi oración hecha de labios sin engaño.
17:2 De tu presencia proceda mi vindicación;
Vean tus ojos la rectitud.
17:3 Tú has probado mi corazón, me has visitado de noche;
Me has puesto a prueba, y nada inicuo hallaste;
He resuelto que mi boca no haga transgresión.
17:4 En cuanto a las obras humanas, por la palabra de tus
labios
Yo me he guardado de las sendas de los violentos.
17:5 Sustenta mis pasos en tus caminos,
Para que mis pies no resbalen.
17:6 Yo te he invocado, por cuanto tú me oirás, oh Dios;
Inclina a mí tu oído, escucha mi palabra.
17:7 Muestra tus maravillosas misericordias, tú que
salvas a los que se refugian a tu diestra,
De los que se levantan contra ellos.
17:8 Guárdame como a la niña de tus ojos;
Escóndeme bajo la sombra de tus alas,
17:9 De la vista de los malos que me oprimen,
De mis enemigos que buscan mi vida.
17:10 Envueltos están con su grosura;
Con su boca hablan arrogantemente.
17:11 Han cercado ahora nuestros pasos;
Tienen puestos sus ojos para echarnos por tierra.
17:12 Son como león que desea hacer presa,
Y como leoncillo que está en su escondite.
17:13 Levántate, oh Jehová;
Sal a su encuentro, póstrales;
Libra mi alma de los malos con tu espada,
17:14 De los hombres con tu mano, oh Jehová,
De los hombres mundanos, cuya porción la tienen en esta
vida,
Y cuyo vientre está lleno de tu tesoro.
Sacian a sus hijos,
Y aun sobra para sus pequeñuelos.
17:15 En cuanto a mí, veré tu rostro en justicia;
Estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza.
Los Salmos
Capítulo 17
17:1 Oye, oh Jehová, una causa justa; está atento a mi
clamor.
Escucha mi oración hecha de labios sin engaño.
17:2 De tu presencia proceda mi vindicación;
Vean tus ojos la rectitud.
17:3 Tú has probado mi corazón, me has visitado de noche;
Me has puesto a prueba, y nada inicuo hallaste;
He resuelto que mi boca no haga transgresión.
17:4 En cuanto a las obras humanas, por la palabra de tus
labios
Yo me he guardado de las sendas de los violentos.
17:5 Sustenta mis pasos en tus caminos,
Para que mis pies no resbalen.
17:6 Yo te he invocado, por cuanto tú me oirás, oh Dios;
Inclina a mí tu oído, escucha mi palabra.
17:7 Muestra tus maravillosas misericordias, tú que
salvas a los que se refugian a tu diestra,
De los que se levantan contra ellos.
17:8 Guárdame como a la niña de tus ojos;
Escóndeme bajo la sombra de tus alas,
17:9 De la vista de los malos que me oprimen,
De mis enemigos que buscan mi vida.
17:10 Envueltos están con su grosura;
Con su boca hablan arrogantemente.
17:11 Han cercado ahora nuestros pasos;
Tienen puestos sus ojos para echarnos por tierra.
17:12 Son como león que desea hacer presa,
Y como leoncillo que está en su escondite.
17:13 Levántate, oh Jehová;
Sal a su encuentro, póstrales;
Libra mi alma de los malos con tu espada,
17:14 De los hombres con tu mano, oh Jehová,
De los hombres mundanos, cuya porción la tienen en esta
vida,
Y cuyo vientre está lleno de tu tesoro.
Sacian a sus hijos,
Y aun sobra para sus pequeñuelos.
17:15 En cuanto a mí, veré tu rostro en justicia;
Estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza.
Los Salmos
Capítulo 19
19:1 Los cielos cuentan la gloria de Dios,
Y el firmamento anuncia la obra de sus manos.
19:2 Un día emite palabra a otro día,
Y una noche a otra noche declara sabiduría.
19:3 No hay lenguaje, ni palabras,
Ni es oída su voz.
19:4 Por toda la tierra salió su voz,
Y hasta el extremo del mundo sus palabras.
En ellos puso tabernáculo para el sol;
19:5 Y éste, como esposo que sale de su tálamo,
Se alegra cual gigante para correr el camino.
19:6 De un extremo de los cielos es su salida,
Y su curso hasta el término de ellos;
Y nada hay que se esconda de su calor.
19:7 La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma;
El testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al
sencillo.
19:8 Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran
el corazón;
El precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos.
19:9 El temor de Jehová es limpio, que permanece para
siempre;
Los juicios de Jehová son verdad, todos justos.
19:10 Deseables son más que el oro, y más que mucho oro
afinado;
Y dulces más que miel, y que la que destila del panal.
19:11 Tu siervo es además amonestado con ellos;
En guardarlos hay grande galardón.
19:12 ¿Quién podrá entender sus propios errores?
Líbrame de los que me son ocultos.
19:13 Preserva también a tu siervo de las soberbias;
Que no se enseñoreen de mí;
Entonces seré íntegro, y estaré limpio de gran rebelión.
19:14 Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación
de mi corazón delante de ti,
Oh Jehová, roca mía, y redentor mío.
Los Salmos
Capítulo 20
20:1 Jehová te oiga en el día de conflicto;
El nombre del Dios de Jacob te defienda.
20:2 Te envíe ayuda desde el santuario,
Y desde Sion te sostenga.
20:3 Haga memoria de todas tus ofrendas,
Y acepte tu holocausto. Selah
20:4 Te dé conforme al deseo de tu corazón,
Y cumpla todo tu consejo.
20:5 Nosotros nos alegraremos en tu salvación,
Y alzaremos pendón en el nombre de nuestro Dios;
Conceda Jehová todas tus peticiones.
20:6 Ahora conozco que Jehová salva a su ungido;
Lo oirá desde sus santos cielos
Con la potencia salvadora de su diestra.
20:7 Estos confían en carros, y aquéllos en caballos;
Mas nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos
memoria.
20:8 Ellos flaquean y caen,
Mas nosotros nos levantamos, y estamos en pie.
20:9 Salva, Jehová;
Que el Rey nos oiga en el día que lo invoquemos.
Los Salmos
Capítulo 21
21:1 El rey se alegra en tu poder, oh Jehová;
Y en tu salvación, ¡cómo se goza!
21:2 Le has concedido el deseo de su corazón,
Y no le negaste la petición de sus labios. Selah
21:3 Porque le has salido al encuentro con bendiciones de
bien;
Corona de oro fino has puesto sobre su cabeza.
21:4 Vida te demandó, y se la diste;
Largura de días eternamente y para siempre.
21:5 Grande es su gloria en tu salvación;
Honra y majestad has puesto sobre él.
21:6 Porque lo has bendecido para siempre;
Lo llenaste de alegría con tu presencia.
21:7 Por cuanto el rey confía en Jehová,
Y en la misericordia del Altísimo, no será conmovido.
21:8 Alcanzará tu mano a todos tus enemigos;
Tu diestra alcanzará a los que te aborrecen.
21:9 Los pondrás como horno de fuego en el tiempo de tu
ira;
Jehová los deshará en su ira,
Y fuego los consumirá.
21:10 Su fruto destruirás de la tierra,
Y su descendencia de entre los hijos de los hombres.
21:11 Porque intentaron el mal contra ti;
Fraguaron maquinaciones, mas no prevalecerán,
21:12 Pues tú los pondrás en fuga;
En tus cuerdas dispondrás saetas contra sus rostros.
21:13 Engrandécete, oh Jehová, en tu poder;
Cantaremos y alabaremos tu poderío.
Los Salmos
Capítulo 22
22:1 Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?
¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las
palabras de mi clamor?
22:2 Dios mío, clamo de día, y no respondes;
Y de noche, y no hay para mí reposo.
22:3 Pero tú eres santo,
Tú que habitas entre las alabanzas de Israel.
22:4 En ti esperaron nuestros padres;
Esperaron, y tú los libraste.
22:5 Clamaron a ti, y fueron librados;
Confiaron en ti, y no fueron avergonzados.
22:6 Mas yo soy gusano, y no hombre;
Oprobio de los hombres, y despreciado del pueblo.
22:7 Todos los que me ven me escarnecen;
Estiran la boca, menean la cabeza, diciendo:
22:8 Se encomendó a Jehová; líbrele él;
Sálvele, puesto que en él se complacía.
22:9 Pero tú eres el que me sacó del vientre;
El que me hizo estar confiado desde que estaba a los
pechos de mi madre.
22:10 Sobre ti fui echado desde antes de nacer;
Desde el vientre de mi madre, tú eres mi Dios.
22:11 No te alejes de mí, porque la angustia está cerca;
Porque no hay quien ayude.
22:12 Me han rodeado muchos toros;
Fuertes toros de Basán me han cercado.
22:13 Abrieron sobre mí su boca
Como león rapaz y rugiente.
22:14 He sido derramado como aguas,
Y todos mis huesos se descoyuntaron;
Mi corazón fue como cera,
Derritiéndose en medio de mis entrañas.
22:15 Como un tiesto se secó mi vigor,
Y mi lengua se pegó a mi paladar,
Y me has puesto en el polvo de la muerte.
22:16 Porque perros me han rodeado;
Me ha cercado cuadrilla de malignos;
Horadaron mis manos y mis pies.
22:17 Contar puedo todos mis huesos;
Entre tanto, ellos me miran y me observan.
22:18 Repartieron entre sí mis vestidos,
Y sobre mi ropa echaron suertes.
22:19 Mas tú, Jehová, no te alejes;
Fortaleza mía, apresúrate a socorrerme.
22:20 Libra de la espada mi alma,
Del poder del perro mi vida.
22:21 Sálvame de la boca del león,
Y líbrame de los cuernos de los búfalos.
22:22 Anunciaré tu nombre a mis hermanos;
En medio de la congregación te alabaré.
22:23 Los que teméis a Jehová, alabadle;
Glorificadle, descendencia toda de Jacob,
Y temedle vosotros, descendencia toda de Israel.
22:24 Porque no menospreció ni abominó la aflicción del
afligido,
Ni de él escondió su rostro;
Sino que cuando clamó a él, le oyó.
22:25 De ti será mi alabanza en la gran congregación;
Mis votos pagaré delante de los que le temen.
22:26 Comerán los humildes, y serán saciados;
Alabarán a Jehová los que le buscan;
Vivirá vuestro corazón para siempre.
22:27 Se acordarán, y se volverán a Jehová todos los
confines de la tierra,
Y todas las familias de las naciones adorarán delante de
ti.
22:28 Porque de Jehová es el reino,
Y él regirá las naciones.
22:29 Comerán y adorarán todos los poderosos de la
tierra;
Se postrarán delante de él todos los que descienden al
polvo,
Aun el que no puede conservar la vida a su propia alma.
22:30 La posteridad le servirá;
Esto será contado de Jehová hasta la postrera generación.
22:31 Vendrán, y anunciarán su justicia;
A pueblo no nacido aún, anunciarán que él hizo esto.
Los Salmos
Capítulo 23
23:1 Jehová es mi pastor; nada me faltará.
23:2 En lugares de delicados pastos me hará descansar;
Junto a aguas de reposo me pastoreará.
23:3 Confortará mi alma;
Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.
23:4 Aunque ande en valle de sombra de muerte,
No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo;
Tu vara y tu cayado me infundirán aliento.
23:5 Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis
angustiadores;
Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando.
23:6 Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán
todos los días de mi vida,
Y en la casa de Jehová moraré por largos días.
Los Salmos
Capítulo 24
24:1 De Jehová es la tierra y su plenitud;
El mundo, y los que en él habitan.
24:2 Porque él la fundó sobre los mares,
Y la afirmó sobre los ríos.
24:3 ¿Quién subirá al monte de Jehová?
¿Y quién estará en su lugar santo?
24:4 El limpio de manos y puro de corazón;
El que no ha elevado su alma a cosas vanas,
Ni jurado con engaño.
24:5 El recibirá bendición de Jehová,
Y justicia del Dios de salvación.
24:6 Tal es la generación de los que le buscan,
De los que buscan tu rostro, oh Dios de Jacob. Selah
24:7 Alzad, oh puertas, vuestras cabezas,
Y alzaos vosotras, puertas eternas,
Y entrará el Rey de gloria.
24:8 ¿Quién es este Rey de gloria?
Jehová el fuerte y valiente,
Jehová el poderoso en batalla.
24:9 Alzad, oh puertas, vuestras cabezas,
Y alzaos vosotras, puertas eternas,
Y entrará el Rey de gloria.
24:10 ¿Quién es este Rey de gloria?
Jehová de los ejércitos,
El es el Rey de la gloria. Selah
Los Salmos
Capítulo 25
25:1 A ti, oh Jehová, levantaré mi alma.
25:2 Dios mío, en ti confío;
No sea yo avergonzado,
No se alegren de mí mis enemigos.
25:3 Ciertamente ninguno de cuantos esperan en ti será
confundido;
Serán avergonzados los que se rebelan sin causa.
25:4 Muéstrame, oh Jehová, tus caminos;
Enséñame tus sendas.
25:5 Encamíname en tu verdad, y enséñame,
Porque tú eres el Dios de mi salvación;
En ti he esperado todo el día.
25:6 Acuérdate, oh Jehová, de tus piedades y de tus
misericordias,
Que son perpetuas.
25:7 De los pecados de mi juventud, y de mis rebeliones,
no te acuerdes;
Conforme a tu misericordia acuérdate de mí,
Por tu bondad, oh Jehová.
25:8 Bueno y recto es Jehová;
Por tanto, él enseñará a los pecadores el camino.
25:9 Encaminará a los humildes por el juicio,
Y enseñará a los mansos su carrera.
25:10 Todas las sendas de Jehová son misericordia y
verdad,
Para los que guardan su pacto y sus testimonios.
25:11 Por amor de tu nombre, oh Jehová,
Perdonarás también mi pecado, que es grande.
25:12 ¿Quién es el hombre que teme a Jehová?
El le enseñará el camino que ha de escoger.
25:13 Gozará él de bienestar,
Y su descendencia heredará la tierra.
25:14 La comunión íntima de Jehová es con los que le
temen,
Y a ellos hará conocer su pacto.
25:15 Mis ojos están siempre hacia Jehová,
Porque él sacará mis pies de la red.
25:16 Mírame, y ten misericordia de mí,
Porque estoy solo y afligido.
25:17 Las angustias de mi corazón se han aumentado;
Sácame de mis congojas.
25:18 Mira mi aflicción y mi trabajo,
Y perdona todos mis pecados.
25:19 Mira mis enemigos, cómo se han multiplicado,
Y con odio violento me aborrecen.
25:20 Guarda mi alma, y líbrame;
No sea yo avergonzado, porque en ti confié.
25:21 Integridad y rectitud me guarden,
Porque en ti he esperado.
25:22 Redime, oh Dios, a Israel
De todas sus angustias.
Los Salmos
Capítulo 26
26:1 Júzgame, oh Jehová, porque yo en mi integridad he
andado;
He confiado asimismo en Jehová sin titubear.
26:2 Escudríñame, oh Jehová, y pruébame;
Examina mis íntimos pensamientos y mi corazón.
26:3 Porque tu misericordia está delante de mis ojos,
Y ando en tu verdad.
26:4 No me he sentado con hombres hipócritas,
Ni entré con los que andan simuladamente.
26:5 Aborrecí la reunión de los malignos,
Y con los impíos nunca me senté.
26:6 Lavaré en inocencia mis manos,
Y así andaré alrededor de tu altar, oh Jehová,
26:7 Para exclamar con voz de acción de gracias,
Y para contar todas tus maravillas.
26:8 Jehová, la habitación de tu casa he amado,
Y el lugar de la morada de tu gloria.
26:9 No arrebates con los pecadores mi alma,
Ni mi vida con hombres sanguinarios,
26:10 En cuyas manos está el mal,
Y su diestra está llena de sobornos.
26:11 Mas yo andaré en mi integridad;
Redímeme, y ten misericordia de mí.
26:12 Mi pie ha estado en rectitud;
En las congregaciones bendeciré a Jehová.
Los Salmos
Capítulo 27
27:1 Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré?
Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de
atemorizarme?
27:2 Cuando se juntaron contra mí los malignos, mis
angustiadores y mis enemigos,
Para comer mis carnes, ellos tropezaron y cayeron.
27:3 Aunque un ejército acampe contra mí,
No temerá mi corazón;
Aunque contra mí se levante guerra,
Yo estaré confiado.
27:4 Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré;
Que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi
vida,
Para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir
en su templo.
27:5 Porque él me esconderá en su tabernáculo en el día
del mal;
Me ocultará en lo reservado de su morada;
Sobre una roca me pondrá en alto.
27:6 Luego levantará mi cabeza sobre mis enemigos que me
rodean,
Y yo sacrificaré en su tabernáculo sacrificios de júbilo;
Cantaré y entonaré alabanzas a Jehová.
27:7 Oye, oh Jehová, mi voz con que a ti clamo;
Ten misericordia de mí, y respóndeme.
27:8 Mi corazón ha dicho de ti: Buscad mi rostro.
Tu rostro buscaré, oh Jehová;
27:9 No escondas tu rostro de mí.
No apartes con ira a tu siervo;
Mi ayuda has sido.
No me dejes ni me desampares, Dios de mi salvación.
27:10 Aunque mi padre y mi madre me dejaran,
Con todo, Jehová me recogerá.
27:11 Enséñame, oh Jehová, tu camino,
Y guíame por senda de rectitud
A causa de mis enemigos.
27:12 No me entregues a la voluntad de mis enemigos;
Porque se han levantado contra mí testigos falsos, y los
que respiran crueldad.
27:13 Hubiera yo desmayado, si no creyese que veré la
bondad de Jehová
En la tierra de los vivientes.
27:14 Aguarda a Jehová;
Esfuérzate, y aliéntese tu corazón;
Sí, espera a Jehová.
Los Salmos
Capítulo 28
28:1 A ti clamaré, oh Jehová.
Roca mía, no te desentiendas de mí,
Para que no sea yo, dejándome tú,
Semejante a los que descienden al sepulcro.
28:2 Oye la voz de mis ruegos cuando clamo a ti,
Cuando alzo mis manos hacia tu santo templo.
28:3 No me arrebates juntamente con los malos,
Y con los que hacen iniquidad,
Los cuales hablan paz con sus prójimos,
Pero la maldad está en su corazón.
28:4 Dales conforme a su obra, y conforme a la
perversidad de sus hechos;
Dales su merecido conforme a la obra de sus manos.
28:5 Por cuanto no atendieron a los hechos de Jehová,
Ni a la obra de sus manos,
El los derribará, y no los edificará.
28:6 Bendito sea Jehová,
Que oyó la voz de mis ruegos.
28:7 Jehová es mi fortaleza y mi escudo;
En él confió mi corazón, y fui ayudado,
Por lo que se gozó mi corazón,
Y con mi cántico le alabaré.
28:8 Jehová es la fortaleza de su pueblo,
Y el refugio salvador de su ungido.
28:9 Salva a tu pueblo, y bendice a tu heredad;
Y pastoréales y susténtales para siempre.
Los Salmos
Capítulo 29
29:1 Tributad a Jehová, oh hijos de los poderosos,
Dad a Jehová la gloria y el poder.
29:2 Dad a Jehová la gloria debida a su nombre;
Adorad a Jehová en la hermosura de la santidad.
29:3 Voz de Jehová sobre las aguas;
Truena el Dios de gloria,
Jehová sobre las muchas aguas.
29:4 Voz de Jehová con potencia;
Voz de Jehová con gloria.
29:5 Voz de Jehová que quebranta los cedros;
Quebrantó Jehová los cedros del Líbano.
29:6 Los hizo saltar como becerros;
Al Líbano y al Sirión como hijos de búfalos.
29:7 Voz de Jehová que derrama llamas de fuego;
29:8 Voz de Jehová que hace temblar el desierto;
Hace temblar Jehová el desierto de Cades.
29:9 Voz de Jehová que desgaja las encinas,
Y desnuda los bosques;
En su templo todo proclama su gloria.
29:10 Jehová preside en el diluvio,
Y se sienta Jehová como rey para siempre.
29:11 Jehová dará poder a su pueblo;
Jehová bendecirá a su pueblo con paz.
Los Salmos
Capítulo 30
30:1 Te glorificaré, oh Jehová, porque me has exaltado,
Y no permitiste que mis enemigos se alegraran de mí.
30:2 Jehová Dios mío,
A ti clamé, y me sanaste.
30:3 Oh Jehová, hiciste subir mi alma del Seol;
Me diste vida, para que no descendiese a la sepultura.
30:4 Cantad a Jehová, vosotros sus santos,
Y celebrad la memoria de su santidad.
30:5 Porque un momento será su ira,
Pero su favor dura toda la vida.
Por la noche durará el lloro,
Y a la mañana vendrá la alegría.
30:6 En mi prosperidad dije yo:
No seré jamás conmovido,
30:7 Porque tú, Jehová, con tu favor me afirmaste como
monte fuerte.
Escondiste tu rostro, fui turbado.
30:8 A ti, oh Jehová, clamaré,
Y al Señor suplicaré.
30:9 ¿Qué provecho hay en mi muerte cuando descienda a la
sepultura?
¿Te alabará el polvo? ¿Anunciará tu verdad?
30:10 Oye, oh Jehová, y ten misericordia de mí;
Jehová, sé tú mi ayudador.
30:11 Has cambiado mi lamento en baile;
Desataste mi cilicio, y me ceñiste de alegría.
30:12 Por tanto, a ti cantaré, gloria mía, y no estaré
callado.
Jehová Dios mío, te alabaré para siempre.
Los Salmos
Capítulo 31
31:1 En ti, oh Jehová, he confiado; no sea yo confundido
jamás;
Líbrame en tu justicia.
31:2 Inclina a mí tu oído, líbrame pronto;
Sé tú mi roca fuerte, y fortaleza para salvarme.
31:3 Porque tú eres mi roca y mi castillo;
Por tu nombre me guiarás y me encaminarás.
31:4 Sácame de la red que han escondido para mí,
Pues tú eres mi refugio.
31:5 En tu mano encomiendo mi espíritu;
Tú me has redimido, oh Jehová, Dios de verdad.
31:6 Aborrezco a los que esperan en vanidades ilusorias;
Mas yo en Jehová he esperado.
31:7 Me gozaré y alegraré en tu misericordia,
Porque has visto mi aflicción;
Has conocido mi alma en las angustias.
31:8 No me entregaste en mano del enemigo;
Pusiste mis pies en lugar espacioso.
31:9 Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy en
angustia;
Se han consumido de tristeza mis ojos, mi alma también y
mi cuerpo.
31:10 Porque mi vida se va gastando de dolor, y mis años
de suspirar;
Se agotan mis fuerzas a causa de mi iniquidad, y mis
huesos se han consumido.
31:11 De todos mis enemigos soy objeto de oprobio,
Y de mis vecinos mucho más, y el horror de mis conocidos;
Los que me ven fuera huyen de mí.
31:12 He sido olvidado de su corazón como un muerto;
He venido a ser como un vaso quebrado.
31:13 Porque oigo la calumnia de muchos;
El miedo me asalta por todas partes,
Mientras consultan juntos contra mí
E idean quitarme la vida.
31:14 Mas yo en ti confío, oh Jehová;
Digo: Tú eres mi Dios.
31:15 En tu mano están mis tiempos;
Líbrame de la mano de mis enemigos y de mis
perseguidores.
31:16 Haz resplandecer tu rostro sobre tu siervo;
Sálvame por tu misericordia.
31:17 No sea yo avergonzado, oh Jehová, ya que te he
invocado;
Sean avergonzados los impíos, estén mudos en el Seol.
31:18 Enmudezcan los labios mentirosos,
Que hablan contra el justo cosas duras
Con soberbia y menosprecio.
31:19 ¡Cuán grande es tu bondad, que has guardado para
los que te temen,
Que has mostrado a los que esperan en ti, delante de los
hijos de los hombres!
31:20 En lo secreto de tu presencia los esconderás de la
conspiración del hombre;
Los pondrás en un tabernáculo a cubierto de contención de
lenguas.
31:21 Bendito sea Jehová,
Porque ha hecho maravillosa su misericordia para conmigo
en ciudad fortificada.
31:22 Decía yo en mi premura: Cortado soy de delante de
tus ojos;
Pero tú oíste la voz de mis ruegos cuando a ti clamaba.
31:23 Amad a Jehová, todos vosotros sus santos;
A los fieles guarda Jehová,
Y paga abundantemente al que procede con soberbia.
31:24 Esforzaos todos vosotros los que esperáis en
Jehová,
Y tome aliento vuestro corazón.
Los Salmos
Capítulo 32
32:1 Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido
perdonada, y cubierto su pecado.
32:2 Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de
iniquidad,
Y en cuyo espíritu no hay engaño.
32:3 Mientras callé, se envejecieron mis huesos
En mi gemir todo el día.
32:4 Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano;
Se volvió mi verdor en sequedades de verano. Selah
32:5 Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad.
Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová;
Y tú perdonaste la maldad de mi pecado.
32:6 Por esto orará a ti todo santo en el tiempo en que
puedas ser hallado;
Ciertamente en la inundación de muchas aguas no llegarán
éstas a él.
32:7 Tú eres mi refugio; me guardarás de la angustia;
Con cánticos de liberación me rodearás. Selah
32:8 Te haré entender, y te enseñaré el camino en que
debes andar;
Sobre ti fijaré mis ojos.
32:9 No seáis como el caballo, o como el mulo, sin
entendimiento,
Que han de ser sujetados con cabestro y con freno,
Porque si no, no se acercan a ti.
32:10 Muchos dolores habrá para el impío;
Mas al que espera en Jehová, le rodea la misericordia.
32:11 Alegraos en Jehová y gozaos, justos;
Y cantad con júbilo todos vosotros los rectos de corazón.
Los Salmos
Capítulo 33
33:1 Alegraos, oh justos, en Jehová;
En los íntegros es hermosa la alabanza.
33:2 Aclamad a Jehová con arpa;
Cantadle con salterio y decacordio.
33:3 Cantadle cántico nuevo;
Hacedlo bien, tañendo con júbilo.
33:4 Porque recta es la palabra de Jehová,
Y toda su obra es hecha con fidelidad.
33:5 El ama justicia y juicio;
De la misericordia de Jehová está llena la tierra.
33:6 Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos,
Y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca.
33:7 El junta como montón las aguas del mar;
El pone en depósitos los abismos.
33:8 Tema a Jehová toda la tierra;
Teman delante de él todos los habitantes del mundo.
33:9 Porque él dijo, y fue hecho;
El mandó, y existió.
33:10 Jehová hace nulo el consejo de las naciones,
Y frustra las maquinaciones de los pueblos.
33:11 El consejo de Jehová permanecerá para siempre;
Los pensamientos de su corazón por todas las
generaciones.
33:12 Bienaventurada la nación cuyo Dios es Jehová,
El pueblo que él escogió como heredad para sí.
33:13 Desde los cielos miró Jehová;
Vio a todos los hijos de los hombres;
33:14 Desde el lugar de su morada miró
Sobre todos los moradores de la tierra.
33:15 El formó el corazón de todos ellos;
Atento está a todas sus obras.
33:16 El rey no se salva por la multitud del ejército,
Ni escapa el valiente por la mucha fuerza.
33:17 Vano para salvarse es el caballo;
La grandeza de su fuerza a nadie podrá librar.
33:18 He aquí el ojo de Jehová sobre los que le temen,
Sobre los que esperan en su misericordia,
33:19 Para librar sus almas de la muerte,
Y para darles vida en tiempo de hambre.
33:20 Nuestra alma espera a Jehová;
Nuestra ayuda y nuestro escudo es él.
33:21 Por tanto, en él se alegrará nuestro corazón,
Porque en su santo nombre hemos confiado.
33:22 Sea tu misericordia, oh Jehová, sobre nosotros,
Según esperamos en ti.
Los Salmos
Capítulo 34
34:1 Bendeciré a Jehová en todo tiempo;
Su alabanza estará de continuo en mi boca.
34:2 En Jehová se gloriará mi alma;
Lo oirán los mansos, y se alegrarán.
34:3 Engrandeced a Jehová conmigo,
Y exaltemos a una su nombre.
34:4 Busqué a Jehová, y él me oyó,
Y me libró de todos mis temores.
34:5 Los que miraron a él fueron alumbrados,
Y sus rostros no fueron avergonzados.
34:6 Este pobre clamó, y le oyó Jehová,
Y lo libró de todas sus angustias.
34:7 El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le
temen,
Y los defiende.
34:8 Gustad, y ved que es bueno Jehová;
Dichoso el hombre que confía en él.
34:9 Temed a Jehová, vosotros sus santos,
Pues nada falta a los que le temen.
34:10 Los leoncillos necesitan, y tienen hambre;
Pero los que buscan a Jehová no tendrán falta de ningún
bien.
34:11 Venid, hijos, oídme;
El temor de Jehová os enseñaré.
34:12 ¿Quién es el hombre que desea vida,
Que desea muchos días para ver el bien?
34:13 Guarda tu lengua del mal,
Y tus labios de hablar engaño.
34:14 Apártate del mal, y haz el bien;
Busca la paz, y síguela.
34:15 Los ojos de Jehová están sobre los justos,
Y atentos sus oídos al clamor de ellos.
34:16 La ira de Jehová contra los que hacen mal,
Para cortar de la tierra la memoria de ellos.
34:17 Claman los justos, y Jehová oye,
Y los libra de todas sus angustias.
34:18 Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón;
Y salva a los contritos de espíritu.
34:19 Muchas son las aflicciones del justo,
Pero de todas ellas le librará Jehová.
34:20 El guarda todos sus huesos;
Ni uno de ellos será quebrantado.
34:21 Matará al malo la maldad,
Y los que aborrecen al justo serán condenados.
34:22 Jehová redime el alma de sus siervos,
Y no serán condenados cuantos en él confían.
Los Salmos
Capítulo 35
35:1 Disputa, oh Jehová, con los que contra mí
contienden;
Pelea contra los que me combaten.
35:2 Echa mano al escudo y al pavés,
Y levántate en mi ayuda.
35:3 Saca la lanza, cierra contra mis perseguidores;
Di a mi alma: Yo soy tu salvación.
35:4 Sean avergonzados y confundidos los que buscan mi
vida;
Sean vueltos atrás y avergonzados los que mi mal
intentan.
35:5 Sean como el tamo delante del viento,
Y el ángel de Jehová los acose.
35:6 Sea su camino tenebroso y resbaladizo,
Y el ángel de Jehová los persiga.
35:7 Porque sin causa escondieron para mí su red en un
hoyo;
Sin causa cavaron hoyo para mi alma.
35:8 Véngale el quebrantamiento sin que lo sepa,
Y la red que él escondió lo prenda;
Con quebrantamiento caiga en ella.
35:9 Entonces mi alma se alegrará en Jehová;
Se regocijará en su salvación.
35:10 Todos mis huesos dirán: Jehová, ¿quién como tú,
Que libras al afligido del más fuerte que él,
Y al pobre y menesteroso del que le despoja?
35:11 Se levantan testigos malvados;
De lo que no sé me preguntan;
35:12 Me devuelven mal por bien,
Para afligir a mi alma.
35:13 Pero yo, cuando ellos enfermaron, me vestí de
cilicio;
Afligí con ayuno mi alma,
Y mi oración se volvía a mi seno.
35:14 Como por mi compañero, como por mi hermano andaba;
Como el que trae luto por madre, enlutado me humillaba.
35:15 Pero ellos se alegraron en mi adversidad, y se
juntaron;
Se juntaron contra mí gentes despreciables, y yo no lo
entendía;
Me despedazaban sin descanso;
35:16 Como lisonjeros, escarnecedores y truhanes,
Crujieron contra mí sus dientes.
35:17 Señor, ¿hasta cuándo verás esto?
Rescata mi alma de sus destrucciones, mi vida de los
leones.
35:18 Te confesaré en grande congregación;
Te alabaré entre numeroso pueblo.
35:19 No se alegren de mí los que sin causa son mis
enemigos,
Ni los que me aborrecen sin causa guiñen el ojo.
35:20 Porque no hablan paz;
Y contra los mansos de la tierra piensan palabras
engañosas.
35:21 Ensancharon contra mí su boca;
Dijeron: ¡Ea, ea, nuestros ojos lo han visto!
35:22 Tú lo has visto, oh Jehová; no calles;
Señor, no te alejes de mí.
35:23 Muévete y despierta para hacerme justicia,
Dios mío y Señor mío, para defender mi causa.
35:24 Júzgame conforme a tu justicia, Jehová Dios mío,
Y no se alegren de mí.
35:25 No digan en su corazón: ¡Ea, alma nuestra!
No digan: ¡Le hemos devorado!
35:26 Sean avergonzados y confundidos a una los que de mi
mal se alegran;
Vístanse de vergüenza y de confusión los que se
engrandecen contra mí.
35:27 Canten y alégrense los que están a favor de mi
justa causa,
Y digan siempre: Sea exaltado Jehová,
Que ama la paz de su siervo.
35:28 Y mi lengua hablará de tu justicia
Y de tu alabanza todo el día.
Los Salmos
Capítulo 36
36:1 La iniquidad del impío me dice al corazón:
No hay temor de Dios delante de sus ojos.
36:2 Se lisonjea, por tanto, en sus propios ojos,
De que su iniquidad no será hallada y aborrecida.
36:3 Las palabras de su boca son iniquidad y fraude;
Ha dejado de ser cuerdo y de hacer el bien.
36:4 Medita maldad sobre su cama;
Está en camino no bueno,
El mal no aborrece.
36:5 Jehová, hasta los cielos llega tu misericordia,
Y tu fidelidad alcanza hasta las nubes.
36:6 Tu justicia es como los montes de Dios,
Tus juicios, abismo grande.
Oh Jehová, al hombre y al animal conservas.
36:7 ¡Cuán preciosa, oh Dios, es tu misericordia!
Por eso los hijos de los hombres se amparan bajo la
sombra de tus alas.
36:8 Serán completamente saciados de la grosura de tu
casa,
Y tú los abrevarás del torrente de tus delicias.
36:9 Porque contigo está el manantial de la vida;
En tu luz veremos la luz.
36:10 Extiende tu misericordia a los que te conocen,
Y tu justicia a los rectos de corazón.
36:11 No venga pie de soberbia contra mí,
Y mano de impíos no me mueva.
36:12 Allí cayeron los hacedores de iniquidad;
Fueron derribados, y no podrán levantarse.
Los Salmos
Capítulo 37
37:1 No te impacientes a causa de los malignos,
Ni tengas envidia de los que hacen iniquidad.
37:2 Porque como hierba serán pronto cortados,
Y como la hierba verde se secarán.
37:3 Confía en Jehová, y haz el bien;
Y habitarás en la tierra, y te apacentarás de la verdad.
37:4 Deléitate asimismo en Jehová,
Y él te concederá las peticiones de tu corazón.
37:5 Encomienda a Jehová tu camino,
Y confía en él; y él hará.
37:6 Exhibirá tu justicia como la luz,
Y tu derecho como el mediodía.
37:7 Guarda silencio ante Jehová, y espera en él.
No te alteres con motivo del que prospera en su camino,
Por el hombre que hace maldades.
37:8 Deja la ira, y desecha el enojo;
No te excites en manera alguna a hacer lo malo.
37:9 Porque los malignos serán destruidos,
Pero los que esperan en Jehová, ellos heredarán la
tierra.
37:10 Pues de aquí a poco no existirá el malo;
Observarás su lugar, y no estará allí.
37:11 Pero los mansos heredarán la tierra,
Y se recrearán con abundancia de paz.
37:12 Maquina el impío contra el justo,
Y cruje contra él sus dientes;
37:13 El Señor se reirá de él;
Porque ve que viene su día.
37:14 Los impíos desenvainan espada y entesan su arco,
Para derribar al pobre y al menesteroso,
Para matar a los de recto proceder.
37:15 Su espada entrará en su mismo corazón,
Y su arco será quebrado.
37:16 Mejor es lo poco del justo,
Que las riquezas de muchos pecadores.
37:17 Porque los brazos de los impíos serán quebrados;
Mas el que sostiene a los justos es Jehová.
37:18 Conoce Jehová los días de los perfectos,
Y la heredad de ellos será para siempre.
37:19 No serán avergonzados en el mal tiempo,
Y en los días de hambre serán saciados.
37:20 Mas los impíos perecerán,
Y los enemigos de Jehová como la grasa de los carneros
Serán consumidos; se disiparán como el humo.
37:21 El impío toma prestado, y no paga;
Mas el justo tiene misericordia, y da.
37:22 Porque los benditos de él heredarán la tierra;
Y los malditos de él serán destruidos.
37:23 Por Jehová son ordenados los pasos del hombre,
Y él aprueba su camino.
37:24 Cuando el hombre cayere, no quedará postrado,
Porque Jehová sostiene su mano.
37:25 Joven fui, y he envejecido,
Y no he visto justo desamparado,
Ni su descendencia que mendigue pan.
37:26 En todo tiempo tiene misericordia, y presta;
Y su descendencia es para bendición.
37:27 Apártate del mal, y haz el bien,
Y vivirás para siempre.
37:28 Porque Jehová ama la rectitud,
Y no desampara a sus santos.
Para siempre serán guardados;
Mas la descendencia de los impíos será destruida.
37:29 Los justos heredarán la tierra,
Y vivirán para siempre sobre ella.
37:30 La boca del justo habla sabiduría,
Y su lengua habla justicia.
37:31 La ley de su Dios está en su corazón;
Por tanto, sus pies no resbalarán.
37:32 Acecha el impío al justo,
Y procura matarlo.
37:33 Jehová no lo dejará en sus manos,
Ni lo condenará cuando le juzgaren.
37:34 Espera en Jehová, y guarda su camino,
Y él te exaltará para heredar la tierra;
Cuando sean destruidos los pecadores, lo verás.
37:35 Vi yo al impío sumamente enaltecido,
Y que se extendía como laurel verde.
37:36 Pero él pasó, y he aquí ya no estaba;
Lo busqué, y no fue hallado.
37:37 Considera al íntegro, y mira al justo;
Porque hay un final dichoso para el hombre de paz.
37:38 Mas los transgresores serán todos a una destruidos;
La posteridad de los impíos será extinguida.
37:39 Pero la salvación de los justos es de Jehová,
Y él es su fortaleza en el tiempo de la angustia.
37:40 Jehová los ayudará y los librará;
Los libertará de los impíos, y los salvará,
Por cuanto en él esperaron.
Los Salmos
Capítulo 38
38:1 Jehová, no me reprendas en tu furor,
Ni me castigues en tu ira.
38:2 Porque tus saetas cayeron sobre mí,
Y sobre mí ha descendido tu mano.
38:3 Nada hay sano en mi carne, a causa de tu ira;
Ni hay paz en mis huesos, a causa de mi pecado.
38:4 Porque mis iniquidades se han agravado sobre mi
cabeza;
Como carga pesada se han agravado sobre mí.
38:5 Hieden y supuran mis llagas,
A causa de mi locura.
38:6 Estoy encorvado, estoy humillado en gran manera,
Ando enlutado todo el día.
38:7 Porque mis lomos están llenos de ardor,
Y nada hay sano en mi carne.
38:8 Estoy debilitado y molido en gran manera;
Gimo a causa de la conmoción de mi corazón.
38:9 Señor, delante de ti están todos mis deseos,
Y mi suspiro no te es oculto.
38:10 Mi corazón está acongojado, me ha dejado mi vigor,
Y aun la luz de mis ojos me falta ya.
38:11 Mis amigos y mis compañeros se mantienen lejos de
mi plaga,
Y mis cercanos se han alejado.
38:12 Los que buscan mi vida arman lazos,
Y los que procuran mi mal hablan iniquidades,
Y meditan fraudes todo el día.
38:13 Mas yo, como si fuera sordo, no oigo;
Y soy como mudo que no abre la boca.
38:14 Soy, pues, como un hombre que no oye,
Y en cuya boca no hay reprensiones.
38:15 Porque en ti, oh Jehová, he esperado;
Tú responderás, Jehová Dios mío.
38:16 Dije: No se alegren de mí;
Cuando mi pie resbale, no se engrandezcan sobre mí.
38:17 Pero yo estoy a punto de caer,
Y mi dolor está delante de mí continuamente.
38:18 Por tanto, confesaré mi maldad,
Y me contristaré por mi pecado.
38:19 Porque mis enemigos están vivos y fuertes,
Y se han aumentado los que me aborrecen sin causa.
38:20 Los que pagan mal por bien
Me son contrarios, por seguir yo lo bueno.
38:21 No me desampares, oh Jehová;
Dios mío, no te alejes de mí.
38:22 Apresúrate a ayudarme,
Oh Señor, mi salvación.
Los Salmos
Capítulo 39
39:1 Yo dije: Atenderé a mis caminos,
Para no pecar con mi lengua;
Guardaré mi boca con freno,
En tanto que el impío esté delante de mí.
39:2 Enmudecí con silencio, me callé aun respecto de lo
bueno;
Y se agravó mi dolor.
39:3 Se enardeció mi corazón dentro de mí;
En mi meditación se encendió fuego,
Y así proferí con mi lengua:
39:4 Hazme saber, Jehová, mi fin,
Y cuánta sea la medida de mis días;
Sepa yo cuán frágil soy.
39:5 He aquí, diste a mis días término corto,
Y mi edad es como nada delante de ti;
Ciertamente es completa vanidad todo hombre que vive.
Selah
39:6 Ciertamente como una sombra es el hombre;
Ciertamente en vano se afana;
Amontona riquezas, y no sabe quién las recogerá.
39:7 Y ahora, Señor, ¿qué esperaré?
Mi esperanza está en ti.
39:8 Líbrame de todas mis transgresiones;
No me pongas por escarnio del insensato.
39:9 Enmudecí, no abrí mi boca,
Porque tú lo hiciste.
39:10 Quita de sobre mí tu plaga;
Estoy consumido bajo los golpes de tu mano.
39:11 Con castigos por el pecado corriges al hombre,
Y deshaces como polilla lo más estimado de él;
Ciertamente vanidad es todo hombre. Selah
39:12 Oye mi oración, oh Jehová, y escucha mi clamor.
No calles ante mis lágrimas;
Porque forastero soy para ti,
Y advenedizo, como todos mis padres.
39:13 Déjame, y tomaré fuerzas,
Antes que vaya y perezca.
Los Salmos
Capítulo 40
40:1 Pacientemente esperé a Jehová,
Y se inclinó a mí, y oyó mi clamor.
40:2 Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del
lodo cenagoso;
Puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos.
40:3 Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a
nuestro Dios.
Verán esto muchos, y temerán,
Y confiarán en Jehová.
40:4 Bienaventurado el hombre que puso en Jehová su
confianza,
Y no mira a los soberbios, ni a los que se desvían tras
la mentira.
40:5 Has aumentado, oh Jehová Dios mío, tus maravillas;
Y tus pensamientos para con nosotros,
No es posible contarlos ante ti.
Si yo anunciare y hablare de ellos,
No pueden ser enumerados.
40:6 Sacrificio y ofrenda no te agrada;
Has abierto mis oídos;
Holocausto y expiación no has demandado.
40:7 Entonces dije: He aquí, vengo;
En el rollo del libro está escrito de mí;
40:8 El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado,
Y tu ley está en medio de mi corazón.
40:9 He anunciado justicia en grande congregación;
He aquí, no refrené mis labios,
Jehová, tú lo sabes.
40:10 No encubrí tu justicia dentro de mi corazón;
He publicado tu fidelidad y tu salvación;
No oculté tu misericordia y tu verdad en grande asamblea.
40:11 Jehová, no retengas de mí tus misericordias;
Tu misericordia y tu verdad me guarden siempre.
40:12 Porque me han rodeado males sin número;
Me han alcanzado mis maldades, y no puedo levantar la
vista.
Se han aumentado más que los cabellos de mi cabeza, y mi
corazón me falla.
40:13 Quieras, oh Jehová, librarme;
Jehová, apresúrate a socorrerme.
40:14 Sean avergonzados y confundidos a una
Los que buscan mi vida para destruirla.
Vuelvan atrás y avergüéncense
Los que mi mal desean;
40:15 Sean asolados en pago de su afrenta
Los que me dicen: ¡Ea, ea!
40:16 Gócense y alégrense en ti todos los que te buscan,
Y digan siempre los que aman tu salvación:
Jehová sea enaltecido.
40:17 Aunque afligido yo y necesitado,
Jehová pensará en mí.
Mi ayuda y mi libertador eres tú;
Dios mío, no te tardes.
Los Salmos
Capítulo 41
41:1 Bienaventurado el que piensa en el pobre;
En el día malo lo librará Jehová.
41:2 Jehová lo guardará, y le dará vida;
Será bienaventurado en la tierra,
Y no lo entregarás a la voluntad de sus enemigos.
41:3 Jehová lo sustentará sobre el lecho del dolor;
Mullirás toda su cama en su enfermedad.
41:4 Yo dije: Jehová, ten misericordia de mí;
Sana mi alma, porque contra ti he pecado.
41:5 Mis enemigos dicen mal de mí, preguntando:
¿Cuándo morirá, y perecerá su nombre?
41:6 Y si vienen a verme, hablan mentira;
Su corazón recoge para sí iniquidad,
Y al salir fuera la divulgan.
41:7 Reunidos murmuran contra mí todos los que me
aborrecen;
Contra mí piensan mal, diciendo de mí:
41:8 Cosa pestilencial se ha apoderado de él;
Y el que cayó en cama no volverá a levantarse.
41:9 Aun el hombre de mi paz, en quien yo confiaba, el
que de mi pan comía,
Alzó contra mí el calcañar.
41:10 Mas tú, Jehová, ten misericordia de mí, y hazme
levantar,
Y les daré el pago.
41:11 En esto conoceré que te he agradado,
Que mi enemigo no se huelgue de mí.
41:12 En cuanto a mí, en mi integridad me has sustentado,
Y me has hecho estar delante de ti para siempre.
41:13 Bendito sea Jehová, el Dios de Israel,
Por los siglos de los siglos.
Amén y Amén.
Los Salmos
Capítulo 42
42:1 Como el ciervo brama por las corrientes de las
aguas,
Así clama por ti, oh Dios, el alma mía.
42:2 Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo;
¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?
42:3 Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche,
Mientras me dicen todos los días: ¿Dónde está tu Dios?
42:4 Me acuerdo de estas cosas, y derramo mi alma dentro
de mí;
De cómo yo fui con la multitud, y la conduje hasta la
casa de Dios,
Entre voces de alegría y de alabanza del pueblo en
fiesta.
42:5 ¿Por qué te abates, oh alma mía,
Y te turbas dentro de mí?
Espera en Dios; porque aún he de alabarle,
Salvación mía y Dios mío.
42:6 Dios mío, mi alma está abatida en mí;
Me acordaré, por tanto, de ti desde la tierra del Jordán,
Y de los hermonitas, desde el monte de Mizar.
42:7 Un abismo llama a otro a la voz de tus cascadas;
Todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí.
42:8 Pero de día mandará Jehová su misericordia,
Y de noche su cántico estará conmigo,
Y mi oración al Dios de mi vida.
42:9 Diré a Dios: Roca mía, ¿por qué te has olvidado de
mí?
¿Por qué andaré yo enlutado por la opresión del enemigo?
42:10 Como quien hiere mis huesos, mis enemigos me
afrentan,
Diciéndome cada día: ¿Dónde está tu Dios?
42:11 ¿Por qué te abates, oh alma mía,
Y por qué te turbas dentro de mí?
Espera en Dios; porque aún he de alabarle,
Salvación mía y Dios mío.
Los Salmos
Capítulo 43
43:1 Júzgame, oh Dios, y defiende mi causa;
Líbrame de gente impía, y del hombre engañoso e inicuo.
43:2 Pues que tú eres el Dios de mi fortaleza, ¿por qué
me has desechado?
¿Por qué andaré enlutado por la opresión del enemigo?
43:3 Envía tu luz y tu verdad; éstas me guiarán;
Me conducirán a tu santo monte,
Y a tus moradas.
43:4 Entraré al altar de Dios,
Al Dios de mi alegría y de mi gozo;
Y te alabaré con arpa, oh Dios, Dios mío.
43:5 ¿Por qué te abates, oh alma mía,
Y por qué te turbas dentro de mí?
Espera en Dios; porque aún he de alabarle,
Salvación mía y Dios mío.
Los Salmos
Capítulo 44
44:1 Oh Dios, con nuestros oídos hemos oído, nuestros
padres nos han contado,
La obra que hiciste en sus días, en los tiempos antiguos.
44:2 Tú con tu mano echaste las naciones, y los plantaste
a ellos;
Afligiste a los pueblos, y los arrojaste.
44:3 Porque no se apoderaron de la tierra por su espada,
Ni su brazo los libró;
Sino tu diestra, y tu brazo, y la luz de tu rostro,
Porque te complaciste en ellos.
44:4 Tú, oh Dios, eres mi rey;
Manda salvación a Jacob.
44:5 Por medio de ti sacudiremos a nuestros enemigos;
En tu nombre hollaremos a nuestros adversarios.
44:6 Porque no confiaré en mi arco,
Ni mi espada me salvará;
44:7 Pues tú nos has guardado de nuestros enemigos,
Y has avergonzado a los que nos aborrecían.
44:8 En Dios nos gloriaremos todo el tiempo,
Y para siempre alabaremos tu nombre. Selah
44:9 Pero nos has desechado, y nos has hecho avergonzar;
Y no sales con nuestros ejércitos.
44:10 Nos hiciste retroceder delante del enemigo,
Y nos saquean para sí los que nos aborrecen.
44:11 Nos entregas como ovejas al matadero,
Y nos has esparcido entre las naciones.
44:12 Has vendido a tu pueblo de balde;
No exigiste ningún precio.
44:13 Nos pones por afrenta de nuestros vecinos,
Por escarnio y por burla de los que nos rodean.
44:14 Nos pusiste por proverbio entre las naciones;
Todos al vernos menean la cabeza.
44:15 Cada día mi vergüenza está delante de mí,
Y la confusión de mi rostro me cubre,
44:16 Por la voz del que me vitupera y deshonra,
Por razón del enemigo y del vengativo.
44:17 Todo esto nos ha venido, y no nos hemos olvidado de
ti,
Y no hemos faltado a tu pacto.
44:18 No se ha vuelto atrás nuestro corazón,
Ni se han apartado de tus caminos nuestros pasos,
44:19 Para que nos quebrantases en el lugar de chacales,
Y nos cubrieses con sombra de muerte.
44:20 Si nos hubiésemos olvidado del nombre de nuestro
Dios,
O alzado nuestras manos a dios ajeno,
44:21 ¿No demandaría Dios esto?
Porque él conoce los secretos del corazón.
44:22 Pero por causa de ti nos matan cada día;
Somos contados como ovejas para el matadero.
44:23 Despierta; ¿por qué duermes, Señor?
Despierta, no te alejes para siempre.
44:24 ¿Por qué escondes tu rostro,
Y te olvidas de nuestra aflicción, y de la opresión
nuestra?
44:25 Porque nuestra alma está agobiada hasta el polvo,
Y nuestro cuerpo está postrado hasta la tierra.
44:26 Levántate para ayudarnos,
Y redímenos por causa de tu misericordia.
Los Salmos
Capítulo 45
45:1 Rebosa mi corazón palabra buena;
Dirijo al rey mi canto;
Mi lengua es pluma de escribiente muy ligero.
45:2 Eres el más hermoso de los hijos de los hombres;
La gracia se derramó en tus labios;
Por tanto, Dios te ha bendecido para siempre.
45:3 Ciñe tu espada sobre el muslo, oh valiente,
Con tu gloria y con tu majestad.
45:4 En tu gloria sé prosperado;
Cabalga sobre palabra de verdad, de humildad y de
justicia,
Y tu diestra te enseñará cosas terribles.
45:5 Tus saetas agudas,
Con que caerán pueblos debajo de ti,
Penetrarán en el corazón de los enemigos del rey.
45:6 Tu trono, oh Dios, es eterno y para siempre;
Cetro de justicia es el cetro de tu reino.
45:7 Has amado la justicia y aborrecido la maldad;
Por tanto, te ungió Dios, el Dios tuyo,
Con óleo de alegría más que a tus compañeros.
45:8 Mirra, áloe y casia exhalan todos tus vestidos;
Desde palacios de marfil te recrean.
45:9 Hijas de reyes están entre tus ilustres;
Está la reina a tu diestra con oro de Ofir.
45:10 Oye, hija, y mira, e inclina tu oído;
Olvida tu pueblo, y la casa de tu padre;
45:11 Y deseará el rey tu hermosura;
E inclínate a él, porque él es tu señor.
45:12 Y las hijas de Tiro vendrán con presentes;
Implorarán tu favor los ricos del pueblo.
45:13 Toda gloriosa es la hija del rey en su morada;
De brocado de oro es su vestido.
45:14 Con vestidos bordados será llevada al rey;
Vírgenes irán en pos de ella,
Compañeras suyas serán traídas a ti.
45:15 Serán traídas con alegría y gozo;
Entrarán en el palacio del rey.
45:16 En lugar de tus padres serán tus hijos,
A quienes harás príncipes en toda la tierra.
45:17 Haré perpetua la memoria de tu nombre en todas las
generaciones,
Por lo cual te alabarán los pueblos eternamente y para
siempre.
Los Salmos
Capítulo 46
46:1 Dios es nuestro amparo y fortaleza,
Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.
46:2 Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea
removida,
Y se traspasen los montes al corazón del mar;
46:3 Aunque bramen y se turben sus aguas,
Y tiemblen los montes a causa de su braveza. Selah
46:4 Del río sus corrientes alegran la ciudad de Dios,
El santuario de las moradas del Altísimo.
46:5 Dios está en medio de ella; no será conmovida.
Dios la ayudará al clarear la mañana.
46:6 Bramaron las naciones, titubearon los reinos;
Dio él su voz, se derritió la tierra.
46:7 Jehová de los ejércitos está con nosotros;
Nuestro refugio es el Dios de Jacob. Selah
46:8 Venid, ved las obras de Jehová,
Que ha puesto asolamientos en la tierra.
46:9 Que hace cesar las guerras hasta los fines de la
tierra.
Que quiebra el arco, corta la lanza,
Y quema los carros en el fuego.
46:10 Estad quietos, y conoced que yo soy Dios;
Seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la
tierra.
46:11 Jehová de los ejércitos está con nosotros;
Nuestro refugio es el Dios de Jacob. Selah
Los Salmos
Capítulo 47
47:1 Pueblos todos, batid las manos;
Aclamad a Dios con voz de júbilo.
47:2 Porque Jehová el Altísimo es temible;
Rey grande sobre toda la tierra.
47:3 El someterá a los pueblos debajo de nosotros,
Y a las naciones debajo de nuestros pies.
47:4 El nos elegirá nuestras heredades;
La hermosura de Jacob, al cual amó. Selah
47:5 Subió Dios con júbilo,
Jehová con sonido de trompeta.
47:6 Cantad a Dios, cantad;
Cantad a nuestro Rey, cantad;
47:7 Porque Dios es el Rey de toda la tierra;
Cantad con inteligencia.
47:8 Reinó Dios sobre las naciones;
Se sentó Dios sobre su santo trono.
47:9 Los príncipes de los pueblos se reunieron
Como pueblo del Dios de Abraham;
47:10 Porque de Dios son los escudos de la tierra;
El es muy exaltado.
Los Salmos
Capítulo 48
48:1 Grande es Jehová, y digno de ser en gran manera
alabado
En la ciudad de nuestro Dios, en su monte santo.
48:2 Hermosa provincia, el gozo de toda la tierra,
Es el monte de Sion, a los lados del norte,
La ciudad del gran Rey.
48:3 En sus palacios Dios es conocido por refugio.
48:4 Porque he aquí los reyes de la tierra se reunieron;
Pasaron todos.
48:5 Y viéndola ellos así, se maravillaron,
Se turbaron, se apresuraron a huir.
48:6 Les tomó allí temblor;
Dolor como de mujer que da a luz.
48:7 Con viento solano
Quiebras tú las naves de Tarsis.
48:8 Como lo oímos, así lo hemos visto
En la ciudad de Jehová de los ejércitos, en la ciudad de
nuestro Dios;
La afirmará Dios para siempre. Selah
48:9 Nos acordamos de tu misericordia, oh Dios,
En medio de tu templo.
48:10 Conforme a tu nombre, oh Dios,
Así es tu loor hasta los fines de la tierra;
De justicia está llena tu diestra.
48:11 Se alegrará el monte de Sion;
Se gozarán las hijas de Judá
Por tus juicios.
48:12 Andad alrededor de Sion, y rodeadla;
Contad sus torres.
48:13 Considerad atentamente su antemuro,
Mirad sus palacios;
Para que lo contéis a la generación venidera.
48:14 Porque este Dios es Dios nuestro eternamente y para
siempre;
El nos guiará aun más allá de la muerte.
Los Salmos
Capítulo 49
49:1 Oíd esto, pueblos todos;
Escuchad, habitantes todos del mundo,
49:2 Así los plebeyos como los nobles,
El rico y el pobre juntamente.
49:3 Mi boca hablará sabiduría,
Y el pensamiento de mi corazón inteligencia.
49:4 Inclinaré al proverbio mi oído;
Declararé con el arpa mi enigma.
49:5 ¿Por qué he de temer en los días de adversidad,
Cuando la iniquidad de mis opresores me rodeare?
49:6 Los que confían en sus bienes,
Y de la muchedumbre de sus riquezas se jactan,
49:7 Ninguno de ellos podrá en manera alguna redimir al
hermano,
Ni dar a Dios su rescate
49:8 (Porque la redención de su vida es de gran precio,
Y no se logrará jamás),
49:9 Para que viva en adelante para siempre,
Y nunca vea corrupción.
49:10 Pues verá que aun los sabios mueren;
Que perecen del mismo modo que el insensato y el necio,
Y dejan a otros sus riquezas.
49:11 Su íntimo pensamiento es que sus casas serán
eternas,
Y sus habitaciones para generación y generación;
Dan sus nombres a sus tierras.
49:12 Mas el hombre no permanecerá en honra;
Es semejante a las bestias que perecen.
49:13 Este su camino es locura;
Con todo, sus descendientes se complacen en el dicho de
ellos. Selah
49:14 Como a rebaños que son conducidos al Seol,
La muerte los pastoreará,
Y los rectos se enseñorearán de ellos por la mañana;
Se consumirá su buen parecer, y el Seol será su morada.
49:15 Pero Dios redimirá mi vida del poder del Seol,
Porque él me tomará consigo. Selah
49:16 No temas cuando se enriquece alguno,
Cuando aumenta la gloria de su casa;
49:17 Porque cuando muera no llevará nada,
Ni descenderá tras él su gloria.
49:18 Aunque mientras viva, llame dichosa a su alma,
Y sea loado cuando prospere,
49:19 Entrará en la generación de sus padres,
Y nunca más verá la luz.
49:20 El hombre que está en honra y no entiende,
Semejante es a las bestias que perecen.
Los Salmos
Capítulo 50
50:1 El Dios de dioses, Jehová, ha hablado, y convocado
la tierra,
Desde el nacimiento del sol hasta donde se pone.
50:2 De Sion, perfección de hermosura,
Dios ha resplandecido.
50:3 Vendrá nuestro Dios, y no callará;
Fuego consumirá delante de él,
Y tempestad poderosa le rodeará.
50:4 Convocará a los cielos de arriba,
Y a la tierra, para juzgar a su pueblo.
50:5 Juntadme mis santos,
Los que hicieron conmigo pacto con sacrificio.
50:6 Y los cielos declararán su justicia,
Porque Dios es el juez. Selah
50:7 Oye, pueblo mío, y hablaré;
Escucha, Israel, y testificaré contra ti:
Yo soy Dios, el Dios tuyo.
50:8 No te reprenderé por tus sacrificios,
Ni por tus holocaustos, que están continuamente delante
de mí.
50:9 No tomaré de tu casa becerros,
Ni machos cabríos de tus apriscos.
50:10 Porque mía es toda bestia del bosque,
Y los millares de animales en los collados.
50:11 Conozco a todas las aves de los montes,
Y todo lo que se mueve en los campos me pertenece.
50:12 Si yo tuviese hambre, no te lo diría a ti;
Porque mío es el mundo y su plenitud.
50:13 ¿He de comer yo carne de toros,
O de beber sangre de machos cabríos?
50:14 Sacrifica a Dios alabanza,
Y paga tus votos al Altísimo;
50:15 E invócame en el día de la angustia;
Te libraré, y tú me honrarás.
50:16 Pero al malo dijo Dios:
¿Qué tienes tú que hablar de mis leyes,
Y que tomar mi pacto en tu boca?
50:17 Pues tú aborreces la corrección,
Y echas a tu espalda mis palabras.
50:18 Si veías al ladrón, tú corrías con él,
Y con los adúlteros era tu parte.
50:19 Tu boca metías en mal,
Y tu lengua componía engaño.
50:20 Tomabas asiento, y hablabas contra tu hermano;
Contra el hijo de tu madre ponías infamia.
50:21 Estas cosas hiciste, y yo he callado;
Pensabas que de cierto sería yo como tú;
Pero te reprenderé, y las pondré delante de tus ojos.
50:22 Entended ahora esto, los que os olvidáis de Dios,
No sea que os despedace, y no haya quien os libre.
50:23 El que sacrifica alabanza me honrará;
Y al que ordenare su camino,
Le mostraré la salvación de Dios.
Los Salmos
Capítulo 51
51:1 Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu
misericordia;
Conforme a la multitud de tus piedades borra mis
rebeliones.
51:2 Lávame más y más de mi maldad,
Y límpiame de mi pecado.
51:3 Porque yo reconozco mis rebeliones,
Y mi pecado está siempre delante de mí.
51:4 Contra ti, contra ti solo he pecado,
Y he hecho lo malo delante de tus ojos;
Para que seas reconocido justo en tu palabra,
Y tenido por puro en tu juicio.
51:5 He aquí, en maldad he sido formado,
Y en pecado me concibió mi madre.
51:6 He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo,
Y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría.
51:7 Purifícame con hisopo, y seré limpio;
Lávame, y seré más blanco que la nieve.
51:8 Hazme oír gozo y alegría,
Y se recrearán los huesos que has abatido.
51:9 Esconde tu rostro de mis pecados,
Y borra todas mis maldades.
51:10 Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio,
Y renueva un espíritu recto dentro de mí.
51:11 No me eches de delante de ti,
Y no quites de mí tu santo Espíritu.
51:12 Vuélveme el gozo de tu salvación,
Y espíritu noble me sustente.
51:13 Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos,
Y los pecadores se convertirán a ti.
51:14 Líbrame de homicidios, oh Dios, Dios de mi
salvación;
Cantará mi lengua tu justicia.
51:15 Señor, abre mis labios,
Y publicará mi boca tu alabanza.
51:16 Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría;
No quieres holocausto.
51:17 Los sacrificios de Dios son el espíritu
quebrantado;
Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh
Dios.
51:18 Haz bien con tu benevolencia a Sion;
Edifica los muros de Jerusalén.
51:19 Entonces te agradarán los sacrificios de justicia,
el holocausto u ofrenda del todo quemada;
Entonces ofrecerán becerros sobre tu altar.
Los Salmos
Capítulo 52
52:1 ¿Por qué te jactas de maldad, oh poderoso?
La misericordia de Dios es continua.
52:2 Agravios maquina tu lengua;
Como navaja afilada hace engaño.
52:3 Amaste el mal más que el bien,
La mentira más que la verdad. Selah
52:4 Has amado toda suerte de palabras perniciosas,
Engañosa lengua.
52:5 Por tanto, Dios te destruirá para siempre;
Te asolará y te arrancará de tu morada,
Y te desarraigará de la tierra de los vivientes. Selah
52:6 Verán los justos, y temerán;
Se reirán de él, diciendo:
52:7 He aquí el hombre que no puso a Dios por su
fortaleza,
Sino que confió en la multitud de sus riquezas,
Y se mantuvo en su maldad.
52:8 Pero yo estoy como olivo verde en la casa de Dios;
En la misericordia de Dios confío eternamente y para
siempre.
52:9 Te alabaré para siempre, porque lo has hecho así;
Y esperaré en tu nombre, porque es bueno, delante de tus
santos.
Los Salmos
Capítulo 53
53:1 Dice el necio en su corazón: No hay Dios.
Se han corrompido, e hicieron abominable maldad;
No hay quien haga bien.
53:2 Dios desde los cielos miró sobre los hijos de los
hombres,
Para ver si había algún entendido
Que buscara a Dios.
53:3 Cada uno se había vuelto atrás; todos se habían
corrompido;
No hay quien haga lo bueno, no hay ni aun uno.
53:4 ¿No tienen conocimiento todos los que hacen
iniquidad,
Que devoran a mi pueblo como si comiesen pan,
Y a Dios no invocan?
53:5 Allí se sobresaltaron de pavor donde no había miedo,
Porque Dios ha esparcido los huesos del que puso asedio
contra ti;
Los avergonzaste, porque Dios los desechó.
53:6 ¡Oh, si saliera de Sion la salvación de Israel!
Cuando Dios hiciere volver de la cautividad a su pueblo,
Se gozará Jacob, y se alegrará Israel.
Los Salmos
Capítulo 54
54:1 Oh Dios, sálvame por tu nombre,
Y con tu poder defiéndeme.
54:2 Oh Dios, oye mi oración;
Escucha las razones de mi boca.
54:3 Porque extraños se han levantado contra mí,
Y hombres violentos buscan mi vida;
No han puesto a Dios delante de sí. Selah
54:4 He aquí, Dios es el que me ayuda;
El Señor está con los que sostienen mi vida.
54:5 El devolverá el mal a mis enemigos;
Córtalos por tu verdad.
54:6 Voluntariamente sacrificaré a ti;
Alabaré tu nombre, oh Jehová, porque es bueno.
54:7 Porque él me ha librado de toda angustia,
Y mis ojos han visto la ruina de mis enemigos.
Los Salmos
Capítulo 55
55:1 Escucha, oh Dios, mi oración,
Y no te escondas de mi súplica.
55:2 Está atento, y respóndeme;
Clamo en mi oración, y me conmuevo,
55:3 A causa de la voz del enemigo,
Por la opresión del impío;
Porque sobre mí echaron iniquidad,
Y con furor me persiguen.
55:4 Mi corazón está dolorido dentro de mí,
Y terrores de muerte sobre mí han caído.
55:5 Temor y temblor vinieron sobre mí,
Y terror me ha cubierto.
55:6 Y dije: ¡Quién me diese alas como de paloma!
Volaría yo, y descansaría.
55:7 Ciertamente huiría lejos;
Moraría en el desierto. Selah
55:8 Me apresuraría a escapar
Del viento borrascoso, de la tempestad.
55:9 Destrúyelos, oh Señor; confunde la lengua de ellos;
Porque he visto violencia y rencilla en la ciudad.
55:10 Día y noche la rodean sobre sus muros,
E iniquidad y trabajo hay en medio de ella.
55:11 Maldad hay en medio de ella,
Y el fraude y el engaño no se apartan de sus plazas.
55:12 Porque no me afrentó un enemigo,
Lo cual habría soportado;
Ni se alzó contra mí el que me aborrecía,
Porque me hubiera ocultado de él;
55:13 Sino tú, hombre, al parecer íntimo mío,
Mi guía, y mi familiar;
55:14 Que juntos comunicábamos dulcemente los secretos,
Y andábamos en amistad en la casa de Dios.
55:15 Que la muerte les sorprenda;
Desciendan vivos al Seol,
Porque hay maldades en sus moradas, en medio de ellos.
55:16 En cuanto a mí, a Dios clamaré;
Y Jehová me salvará.
55:17 Tarde y mañana y a mediodía oraré y clamaré,
Y él oirá mi voz.
55:18 El redimirá en paz mi alma de la guerra contra mí,
Aunque contra mí haya muchos.
55:19 Dios oirá, y los quebrantará luego,
El que permanece desde la antigüedad;
Por cuanto no cambian,
Ni temen a Dios. Selah
55:20 Extendió el inicuo sus manos contra los que estaban
en paz con él;
Violó su pacto.
55:21 Los dichos de su boca son más blandos que
mantequilla,
Pero guerra hay en su corazón;
Suaviza sus palabras más que el aceite,
Mas ellas son espadas desnudas.
55:22 Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará;
No dejará para siempre caído al justo.
55:23 Mas tú, oh Dios, harás descender aquéllos al pozo
de perdición.
Los hombres sanguinarios y engañadores no llegarán a la
mitad de sus días;
Pero yo en ti confiaré.
Los Salmos
Capítulo 56
56:1 Ten misericordia de mí, oh Dios, porque me devoraría
el hombre;
Me oprime combatiéndome cada día.
56:2 Todo el día mis enemigos me pisotean;
Porque muchos son los que pelean contra mí con soberbia.
56:3 En el día que temo,
Yo en ti confío.
56:4 En Dios alabaré su palabra;
En Dios he confiado; no temeré;
¿Qué puede hacerme el hombre?
56:5 Todos los días ellos pervierten mi causa;
Contra mí son todos sus pensamientos para mal.
56:6 Se reúnen, se esconden,
Miran atentamente mis pasos,
Como quienes acechan a mi alma.
56:7 Pésalos según su iniquidad, oh Dios,
Y derriba en tu furor a los pueblos.
56:8 Mis huidas tú has contado;
Pon mis lágrimas en tu redoma;
¿No están ellas en tu libro?
56:9 Serán luego vueltos atrás mis enemigos, el día en
que yo clamare;
Esto sé, que Dios está por mí.
56:10 En Dios alabaré su palabra;
En Jehová su palabra alabaré.
56:11 En Dios he confiado; no temeré;
¿Qué puede hacerme el hombre?
56:12 Sobre mí, oh Dios, están tus votos;
Te tributaré alabanzas.
56:13 Porque has librado mi alma de la muerte,
Y mis pies de caída,
Para que ande delante de Dios
En la luz de los que viven.
Los Salmos
Capítulo 57
57:1 Ten misericordia de mí, oh Dios, ten misericordia de
mí;
Porque en ti ha confiado mi alma,
Y en la sombra de tus alas me ampararé
Hasta que pasen los quebrantos.
57:2 Clamaré al Dios Altísimo,
Al Dios que me favorece.
57:3 El enviará desde los cielos, y me salvará
De la infamia del que me acosa; Selah
Dios enviará su misericordia y su verdad.
57:4 Mi vida está entre leones;
Estoy echado entre hijos de hombres que vomitan llamas;
Sus dientes son lanzas y saetas,
Y su lengua espada aguda.
57:5 Exaltado seas sobre los cielos, oh Dios;
Sobre toda la tierra sea tu gloria.
57:6 Red han armado a mis pasos;
Se ha abatido mi alma;
Hoyo han cavado delante de mí;
En medio de él han caído ellos mismos. Selah
57:7 Pronto está mi corazón, oh Dios, mi corazón está
dispuesto;
Cantaré, y trovaré salmos.
57:8 Despierta, alma mía; despierta, salterio y arpa;
Me levantaré de mañana.
57:9 Te alabaré entre los pueblos, oh Señor;
Cantaré de ti entre las naciones.
57:10 Porque grande es hasta los cielos tu misericordia,
Y hasta las nubes tu verdad.
57:11 Exaltado seas sobre los cielos, oh Dios;
Sobre toda la tierra sea tu gloria.
Los Salmos
Capítulo 58
58:1 Oh congregación, ¿pronunciáis en verdad justicia?
¿Juzgáis rectamente, hijos de los hombres?
58:2 Antes en el corazón maquináis iniquidades;
Hacéis pesar la violencia de vuestras manos en la tierra.
58:3 Se apartaron los impíos desde la matriz;
Se descarriaron hablando mentira desde que nacieron.
58:4 Veneno tienen como veneno de serpiente;
Son como el áspid sordo que cierra su oído,
58:5 Que no oye la voz de los que encantan,
Por más hábil que el encantador sea.
58:6 Oh Dios, quiebra sus dientes en sus bocas;
Quiebra, oh Jehová, las muelas de los leoncillos.
58:7 Sean disipados como aguas que corren;
Cuando disparen sus saetas, sean hechas pedazos.
58:8 Pasen ellos como el caracol que se deslíe;
Como el que nace muerto, no vean el sol.
58:9 Antes que vuestras ollas sientan la llama de los
espinos,
Así vivos, así airados, los arrebatará él con tempestad.
58:10 Se alegrará el justo cuando viere la venganza;
Sus pies lavará en la sangre del impío.
58:11 Entonces dirá el hombre: Ciertamente hay galardón
para el justo;
Ciertamente hay Dios que juzga en la tierra.
Los Salmos
Capítulo 59
59:1 Líbrame de mis enemigos, oh Dios mío;
Ponme a salvo de los que se levantan contra mí.
59:2 Líbrame de los que cometen iniquidad,
Y sálvame de hombres sanguinarios.
59:3 Porque he aquí están acechando mi vida;
Se han juntado contra mí poderosos.
No por falta mía, ni pecado mío, oh Jehová;
59:4 Sin delito mío corren y se aperciben.
Despierta para venir a mi encuentro, y mira.
59:5 Y tú, Jehová Dios de los ejércitos, Dios de Israel,
Despierta para castigar a todas las naciones;
No tengas misericordia de todos los que se rebelan con
iniquidad. Selah
59:6 Volverán a la tarde, ladrarán como perros,
Y rodearán la ciudad.
59:7 He aquí proferirán con su boca;
Espadas hay en sus labios,
Porque dicen: ¿Quién oye?
59:8 Mas tú, Jehová, te reirás de ellos;
Te burlarás de todas las naciones.
59:9 A causa del poder del enemigo esperaré en ti,
Porque Dios es mi defensa.
59:10 El Dios de mi misericordia irá delante de mí;
Dios hará que vea en mis enemigos mi deseo.
59:11 No los mates, para que mi pueblo no olvide;
Dispérsalos con tu poder, y abátelos,
Oh Jehová, escudo nuestro.
59:12 Por el pecado de su boca, por la palabra de sus
labios,
Sean ellos presos en su soberbia,
Y por la maldición y mentira que profieren.
59:13 Acábalos con furor, acábalos, para que no sean;
Y sépase que Dios gobierna en Jacob
Hasta los fines de la tierra. Selah
59:14 Vuelvan, pues, a la tarde, y ladren como perros,
Y rodeen la ciudad.
59:15 Anden ellos errantes para hallar qué comer;
Y si no se sacian, pasen la noche quejándose.
59:16 Pero yo cantaré de tu poder,
Y alabaré de mañana tu misericordia;
Porque has sido mi amparo
Y refugio en el día de mi angustia.
59:17 Fortaleza mía, a ti cantaré;
Porque eres, oh Dios, mi refugio, el Dios de mi
misericordia.
Los Salmos
Capítulo 60
60:1 Oh Dios, tú nos has desechado, nos quebrantaste;
Te has airado; ¡vuélvete a nosotros!
60:2 Hiciste temblar la tierra, la has hendido;
Sana sus roturas, porque titubea.
60:3 Has hecho ver a tu pueblo cosas duras;
Nos hiciste beber vino de aturdimiento.
60:4 Has dado a los que te temen bandera
Que alcen por causa de la verdad. Selah
60:5 Para que se libren tus amados,
Salva con tu diestra, y óyeme.
60:6 Dios ha dicho en su santuario: Yo me alegraré;
Repartiré a Siquem, y mediré el valle de Sucot.
60:7 Mío es Galaad, y mío es Manasés;
Y Efraín es la fortaleza de mi cabeza;
Judá es mi legislador.
60:8 Moab, vasija para lavarme;
Sobre Edom echaré mi calzado;
Me regocijaré sobre Filistea.
60:9 ¿Quién me llevará a la ciudad fortificada?
¿Quién me llevará hasta Edom?
60:10 ¿No serás tú, oh Dios, que nos habías desechado,
Y no salías, oh Dios, con nuestros ejércitos?
60:11 Danos socorro contra el enemigo,
Porque vana es la ayuda de los hombres.
60:12 En Dios haremos proezas,
Y él hollará a nuestros enemigos.
Los Salmos
Capítulo 61
61:1 Oye, oh Dios, mi clamor;
A mi oración atiende.
61:2 Desde el cabo de la tierra clamaré a ti, cuando mi
corazón desmayare.
Llévame a la roca que es más alta que yo,
61:3 Porque tú has sido mi refugio,
Y torre fuerte delante del enemigo.
61:4 Yo habitaré en tu tabernáculo para siempre;
Estaré seguro bajo la cubierta de tus alas. Selah
61:5 Porque tú, oh Dios, has oído mis votos;
Me has dado la heredad de los que temen tu nombre.
61:6 Días sobre días añadirás al rey;
Sus años serán como generación y generación.
61:7 Estará para siempre delante de Dios;
Prepara misericordia y verdad para que lo conserven.
61:8 Así cantaré tu nombre para siempre,
Pagando mis votos cada día.
Los Salmos
Capítulo 62
62:1 En Dios solamente está acallada mi alma;
De él viene mi salvación.
62:2 El solamente es mi roca y mi salvación;
Es mi refugio, no resbalaré mucho.
62:3 ¿Hasta cuándo maquinaréis contra un hombre,
Tratando todos vosotros de aplastarle
Como pared desplomada y como cerca derribada?
62:4 Solamente consultan para arrojarle de su grandeza.
Aman la mentira;
Con su boca bendicen, pero maldicen en su corazón. Selah
62:5 Alma mía, en Dios solamente reposa,
Porque de él es mi esperanza.
62:6 El solamente es mi roca y mi salvación.
Es mi refugio, no resbalaré.
62:7 En Dios está mi salvación y mi gloria;
En Dios está mi roca fuerte, y mi refugio.
62:8 Esperad en él en todo tiempo, oh pueblos;
Derramad delante de él vuestro corazón;
Dios es nuestro refugio. Selah
62:9 Por cierto, vanidad son los hijos de los hombres,
mentira los hijos de varón;
Pesándolos a todos igualmente en la balanza,
Serán menos que nada.
62:10 No confiéis en la violencia,
Ni en la rapiña; no os envanezcáis;
Si se aumentan las riquezas, no pongáis el corazón en
ellas.
62:11 Una vez habló Dios;
Dos veces he oído esto:
Que de Dios es el poder,
62:12 Y tuya, oh Señor, es la misericordia;
Porque tú pagas a cada uno conforme a su obra.
Los Salmos
Capítulo 63
63:1 Dios, Dios mío eres tú;
De madrugada te buscaré;
Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela,
En tierra seca y árida donde no hay aguas,
63:2 Para ver tu poder y tu gloria,
Así como te he mirado en el santuario.
63:3 Porque mejor es tu misericordia que la vida;
Mis labios te alabarán.
63:4 Así te bendeciré en mi vida;
En tu nombre alzaré mis manos.
63:5 Como de meollo y de grosura será saciada mi alma,
Y con labios de júbilo te alabará mi boca,
63:6 Cuando me acuerde de ti en mi lecho,
Cuando medite en ti en las vigilias de la noche.
63:7 Porque has sido mi socorro,
Y así en la sombra de tus alas me regocijaré.
63:8 Está mi alma apegada a ti;
Tu diestra me ha sostenido.
63:9 Pero los que para destrucción buscaron mi alma
Caerán en los sitios bajos de la tierra.
63:10 Los destruirán a filo de espada;
Serán porción de los chacales.
63:11 Pero el rey se alegrará en Dios;
Será alabado cualquiera que jura por él;
Porque la boca de los que hablan mentira será cerrada.
Los Salmos
Capítulo 64
64:1 Escucha, oh Dios, la voz de mi queja;
Guarda mi vida del temor del enemigo.
64:2 Escóndeme del consejo secreto de los malignos,
De la conspiración de los que hacen iniquidad,
64:3 Que afilan como espada su lengua;
Lanzan cual saeta suya, palabra amarga,
64:4 Para asaetear a escondidas al íntegro;
De repente lo asaetean, y no temen.
64:5 Obstinados en su inicuo designio,
Tratan de esconder los lazos,
Y dicen: ¿Quién los ha de ver?
64:6 Inquieren iniquidades, hacen una investigación
exacta;
Y el íntimo pensamiento de cada uno de ellos, así como su
corazón, es profundo.
64:7 Mas Dios los herirá con saeta;
De repente serán sus plagas.
64:8 Sus propias lenguas los harán caer;
Se espantarán todos los que los vean.
64:9 Entonces temerán todos los hombres,
Y anunciarán la obra de Dios,
Y entenderán sus hechos.
64:10 Se alegrará el justo en Jehová, y confiará en él;
Y se gloriarán todos los rectos de corazón.
Los Salmos
Capítulo 65
65:1 Tuya es la alabanza en Sion, oh Dios,
Y a ti se pagarán los votos.
65:2 Tú oyes la oración;
A ti vendrá toda carne.
65:3 Las iniquidades prevalecen contra mí;
Mas nuestras rebeliones tú las perdonarás.
65:4 Bienaventurado el que tú escogieres y atrajeres a
ti,
Para que habite en tus atrios;
Seremos saciados del bien de tu casa,
De tu santo templo.
65:5 Con tremendas cosas nos responderás tú en justicia,
Oh Dios de nuestra salvación,
Esperanza de todos los términos de la tierra,
Y de los más remotos confines del mar.
65:6 Tú, el que afirma los montes con su poder,
Ceñido de valentía;
65:7 El que sosiega el estruendo de los mares, el
estruendo de sus ondas,
Y el alboroto de las naciones.
65:8 Por tanto, los habitantes de los fines de la tierra
temen de tus maravillas.
Tú haces alegrar las salidas de la mañana y de la tarde.
65:9 Visitas la tierra, y la riegas;
En gran manera la enriqueces;
Con el río de Dios, lleno de aguas,
Preparas el grano de ellos, cuando así la dispones.
65:10 Haces que se empapen sus surcos,
Haces descender sus canales;
La ablandas con lluvias,
Bendices sus renuevos.
65:11 Tú coronas el año con tus bienes,
Y tus nubes destilan grosura.
65:12 Destilan sobre los pastizales del desierto,
Y los collados se ciñen de alegría.
65:13 Se visten de manadas los llanos,
Y los valles se cubren de grano;
Dan voces de júbilo, y aun cantan.
Los Salmos
Capítulo 66
66:1 Aclamad a Dios con alegría, toda la tierra.
66:2 Cantad la gloria de su nombre;
Poned gloria en su alabanza.
66:3 Decid a Dios: ¡Cuán asombrosas son tus obras!
Por la grandeza de tu poder se someterán a ti tus
enemigos.
66:4 Toda la tierra te adorará,
Y cantará a ti;
Cantarán a tu nombre. Selah
66:5 Venid, y ved las obras de Dios,
Temible en hechos sobre los hijos de los hombres.
66:6 Volvió el mar en seco;
Por el río pasaron a pie;
Allí en él nos alegramos.
66:7 El señorea con su poder para siempre;
Sus ojos atalayan sobre las naciones;
Los rebeldes no serán enaltecidos. Selah
66:8 Bendecid, pueblos, a nuestro Dios,
Y haced oír la voz de su alabanza.
66:9 El es quien preservó la vida a nuestra alma,
Y no permitió que nuestros pies resbalasen.
66:10 Porque tú nos probaste, oh Dios;
Nos ensayaste como se afina la plata.
66:11 Nos metiste en la red;
Pusiste sobre nuestros lomos pesada carga.
66:12 Hiciste cabalgar hombres sobre nuestra cabeza;
Pasamos por el fuego y por el agua,
Y nos sacaste a abundancia.
66:13 Entraré en tu casa con holocaustos;
Te pagaré mis votos,
66:14 Que pronunciaron mis labios
Y habló mi boca, cuando estaba angustiado.
66:15 Holocaustos de animales engordados te ofreceré,
Con sahumerio de carneros;
Te ofreceré en sacrificio bueyes y machos cabríos. Selah
66:16 Venid, oíd todos los que teméis a Dios,
Y contaré lo que ha hecho a mi alma.
66:17 A él clamé con mi boca,
Y fue exaltado con mi lengua.
66:18 Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad,
El Señor no me habría escuchado.
66:19 Mas ciertamente me escuchó Dios;
Atendió a la voz de mi súplica.
66:20 Bendito sea Dios,
Que no echó de sí mi oración, ni de mí su misericordia.
Los Salmos
Capítulo 67
67:1 Dios tenga misericordia de nosotros, y nos bendiga;
Haga resplandecer su rostro sobre nosotros; Selah
67:2 Para que sea conocido en la tierra tu camino,
En todas las naciones tu salvación.
67:3 Te alaben los pueblos, oh Dios;
Todos los pueblos te alaben.
67:4 Alégrense y gócense las naciones,
Porque juzgarás los pueblos con equidad,
Y pastorearás las naciones en la tierra. Selah
67:5 Te alaben los pueblos, oh Dios;
Todos los pueblos te alaben.
67:6 La tierra dará su fruto;
Nos bendecirá Dios, el Dios nuestro.
67:7 Bendíganos Dios,
Y témanlo todos los términos de la tierra.
Los Salmos
Capítulo 68
68:1 Levántese Dios, sean esparcidos sus enemigos,
Y huyan de su presencia los que le aborrecen.
68:2 Como es lanzado el humo, los lanzarás;
Como se derrite la cera delante del fuego,
Así perecerán los impíos delante de Dios.
68:3 Mas los justos se alegrarán; se gozarán delante de
Dios,
Y saltarán de alegría.
68:4 Cantad a Dios, cantad salmos a su nombre;
Exaltad al que cabalga sobre los cielos.
JAH es su nombre; alegraos delante de él.
68:5 Padre de huérfanos y defensor de viudas
Es Dios en su santa morada.
68:6 Dios hace habitar en familia a los desamparados;
Saca a los cautivos a prosperidad;
Mas los rebeldes habitan en tierra seca.
68:7 Oh Dios, cuando tú saliste delante de tu pueblo,
Cuando anduviste por el desierto, Selah
68:8 La tierra tembló;
También destilaron los cielos ante la presencia de Dios;
Aquel Sinaí tembló delante de Dios, del Dios de Israel.
68:9 Abundante lluvia esparciste, oh Dios;
A tu heredad exhausta tú la reanimaste.
68:10 Los que son de tu grey han morado en ella;
Por tu bondad, oh Dios, has provisto al pobre.
68:11 El Señor daba palabra;
Había grande multitud de las que llevaban buenas nuevas.
68:12 Huyeron, huyeron reyes de ejércitos,
Y las que se quedaban en casa repartían los despojos.
68:13 Bien que fuisteis echados entre los tiestos,
Seréis como alas de paloma cubiertas de plata,
Y sus plumas con amarillez de oro.
68:14 Cuando esparció el Omnipotente los reyes allí,
Fue como si hubiese nevado en el monte Salmón.
68:15 Monte de Dios es el monte de Basán;
Monte alto el de Basán.
68:16 ¿Por qué observáis, oh montes altos,
Al monte que deseó Dios para su morada?
Ciertamente Jehová habitará en él para siempre.
68:17 Los carros de Dios se cuentan por veintenas de
millares de millares;
El Señor viene del Sinaí a su santuario.
68:18 Subiste a lo alto, cautivaste la cautividad,
Tomaste dones para los hombres,
Y también para los rebeldes, para que habite entre ellos
JAH Dios.
68:19 Bendito el Señor; cada día nos colma de beneficios
El Dios de nuestra salvación. Selah
68:20 Dios, nuestro Dios ha de salvarnos,
Y de Jehová el Señor es el librar de la muerte.
68:21 Ciertamente Dios herirá la cabeza de sus enemigos,
La testa cabelluda del que camina en sus pecados.
68:22 El Señor dijo: De Basán te haré volver;
Te haré volver de las profundidades del mar;
68:23 Porque tu pie se enrojecerá de sangre de tus
enemigos,
Y de ella la lengua de tus perros.
68:24 Vieron tus caminos, oh Dios;
Los caminos de mi Dios, de mi Rey, en el santuario.
68:25 Los cantores iban delante, los músicos detrás;
En medio las doncellas con panderos.
68:26 Bendecid a Dios en las congregaciones;
Al Señor, vosotros de la estirpe de Israel.
68:27 Allí estaba el joven Benjamín, señoreador de ellos,
Los príncipes de Judá en su congregación,
Los príncipes de Zabulón, los príncipes de Neftalí.
68:28 Tu Dios ha ordenado tu fuerza;
Confirma, oh Dios, lo que has hecho para nosotros.
68:29 Por razón de tu templo en Jerusalén
Los reyes te ofrecerán dones.
68:30 Reprime la reunión de gentes armadas,
La multitud de toros con los becerros de los pueblos,
Hasta que todos se sometan con sus piezas de plata;
Esparce a los pueblos que se complacen en la guerra.
68:31 Vendrán príncipes de Egipto;
Etiopía se apresurará a extender sus manos hacia Dios.
68:32 Reinos de la tierra, cantad a Dios,
Cantad al Señor; Selah
68:33 Al que cabalga sobre los cielos de los cielos, que
son desde la antigüedad;
He aquí dará su voz, poderosa voz.
68:34 Atribuid poder a Dios;
Sobre Israel es su magnificencia,
Y su poder está en los cielos.
68:35 Temible eres, oh Dios, desde tus santuarios;
El Dios de Israel, él da fuerza y vigor a su pueblo.
Bendito sea Dios.
Los Salmos
Capítulo 69
69:1 Sálvame, oh Dios,
Porque las aguas han entrado hasta el alma.
69:2 Estoy hundido en cieno profundo, donde no puedo
hacer pie;
He venido a abismos de aguas, y la corriente me ha
anegado.
69:3 Cansado estoy de llamar; mi garganta se ha
enronquecido;
Han desfallecido mis ojos esperando a mi Dios.
69:4 Se han aumentado más que los cabellos de mi cabeza
los que me aborrecen sin causa;
Se han hecho poderosos mis enemigos, los que me destruyen
sin tener por qué.
¿Y he de pagar lo que no robé?
69:5 Dios, tú conoces mi insensatez,
Y mis pecados no te son ocultos.
69:6 No sean avergonzados por causa mía los que en ti
confían, oh Señor Jehová de los ejércitos;
No sean confundidos por mí los que te buscan, oh Dios de
Israel.
69:7 Porque por amor de ti he sufrido afrenta;
Confusión ha cubierto mi rostro.
69:8 Extraño he sido para mis hermanos,
Y desconocido para los hijos de mi madre.
69:9 Porque me consumió el celo de tu casa;
Y los denuestos de los que te vituperaban cayeron sobre
mí.
69:10 Lloré afligiendo con ayuno mi alma,
Y esto me ha sido por afrenta.
69:11 Puse además cilicio por mi vestido,
Y vine a serles por proverbio.
69:12 Hablaban contra mí los que se sentaban a la puerta,
Y me zaherían en sus canciones los bebedores.
69:13 Pero yo a ti oraba, oh Jehová, al tiempo de tu
buena voluntad;
Oh Dios, por la abundancia de tu misericordia,
Por la verdad de tu salvación, escúchame.
69:14 Sácame del lodo, y no sea yo sumergido;
Sea yo libertado de los que me aborrecen, y de lo
profundo de las aguas.
69:15 No me anegue la corriente de las aguas,
Ni me trague el abismo,
Ni el pozo cierre sobre mí su boca.
69:16 Respóndeme, Jehová, porque benigna es tu
misericordia;
Mírame conforme a la multitud de tus piedades.
69:17 No escondas de tu siervo tu rostro,
Porque estoy angustiado; apresúrate, óyeme.
69:18 Acércate a mi alma, redímela;
Líbrame a causa de mis enemigos.
69:19 Tú sabes mi afrenta, mi confusión y mi oprobio;
Delante de ti están todos mis adversarios.
69:20 El escarnio ha quebrantado mi corazón, y estoy
acongojado.
Esperé quien se compadeciese de mí, y no lo hubo;
Y consoladores, y ninguno hallé.
69:21 Me pusieron además hiel por comida,
Y en mi sed me dieron a beber vinagre.
69:22 Sea su convite delante de ellos por lazo,
Y lo que es para bien, por tropiezo.
69:23 Sean oscurecidos sus ojos para que no vean,
Y haz temblar continuamente sus lomos.
69:24 Derrama sobre ellos tu ira,
Y el furor de tu enojo los alcance.
69:25 Sea su palacio asolado;
En sus tiendas no haya morador.
69:26 Porque persiguieron al que tú heriste,
Y cuentan del dolor de los que tú llagaste.
69:27 Pon maldad sobre su maldad,
Y no entren en tu justicia.
69:28 Sean raídos del libro de los vivientes,
Y no sean escritos entre los justos.
69:29 Mas a mí, afligido y miserable,
Tu salvación, oh Dios, me ponga en alto.
69:30 Alabaré yo el nombre de Dios con cántico,
Lo exaltaré con alabanza.
69:31 Y agradará a Jehová más que sacrificio de buey,
O becerro que tiene cuernos y pezuñas;
69:32 Lo verán los oprimidos, y se gozarán.
Buscad a Dios, y vivirá vuestro corazón,
69:33 Porque Jehová oye a los menesterosos,
Y no menosprecia a sus prisioneros.
69:34 Alábenle los cielos y la tierra,
Los mares, y todo lo que se mueve en ellos.
69:35 Porque Dios salvará a Sion, y reedificará las
ciudades de Judá;
Y habitarán allí, y la poseerán.
69:36 La descendencia de sus siervos la heredará,
Y los que aman su nombre habitarán en ella.
Los Salmos
Capítulo 70
70:1 Oh Dios, acude a librarme;
Apresúrate, oh Dios, a socorrerme.
70:2 Sean avergonzados y confundidos
Los que buscan mi vida;
Sean vueltos atrás y avergonzados
Los que mi mal desean.
70:3 Sean vueltos atrás, en pago de su afrenta hecha,
Los que dicen: ¡Ah! ¡Ah!
70:4 Gócense y alégrense en ti todos los que te buscan,
Y digan siempre los que aman tu salvación:
Engrandecido sea Dios.
70:5 Yo estoy afligido y menesteroso;
Apresúrate a mí, oh Dios.
Ayuda mía y mi libertador eres tú;
Oh Jehová, no te detengas.
Los Salmos
Capítulo 71
71:1 En ti, oh Jehová, me he refugiado;
No sea yo avergonzado jamás.
71:2 Socórreme y líbrame en tu justicia;
Inclina tu oído y sálvame.
71:3 Sé para mí una roca de refugio, adonde recurra yo
continuamente.
Tú has dado mandamiento para salvarme,
Porque tú eres mi roca y mi fortaleza.
71:4 Dios mío, líbrame de la mano del impío,
De la mano del perverso y violento.
71:5 Porque tú, oh Señor Jehová, eres mi esperanza,
Seguridad mía desde mi juventud.
71:6 En ti he sido sustentado desde el vientre;
De las entrañas de mi madre tú fuiste el que me sacó;
De ti será siempre mi alabanza.
71:7 Como prodigio he sido a muchos,
Y tú mi refugio fuerte.
71:8 Sea llena mi boca de tu alabanza,
De tu gloria todo el día.
71:9 No me deseches en el tiempo de la vejez;
Cuando mi fuerza se acabare, no me desampares.
71:10 Porque mis enemigos hablan de mí,
Y los que acechan mi alma consultaron juntamente,
71:11 Diciendo: Dios lo ha desamparado;
Perseguidle y tomadle, porque no hay quien le libre.
71:12 Oh Dios, no te alejes de mí;
Dios mío, acude pronto en mi socorro.
71:13 Sean avergonzados, perezcan los adversarios de mi
alma;
Sean cubiertos de vergüenza y de confusión los que mi mal
buscan.
71:14 Mas yo esperaré siempre,
Y te alabaré más y más.
71:15 Mi boca publicará tu justicia
Y tus hechos de salvación todo el día,
Aunque no sé su número.
71:16 Vendré a los hechos poderosos de Jehová el Señor;
Haré memoria de tu justicia, de la tuya sola.
71:17 Oh Dios, me enseñaste desde mi juventud,
Y hasta ahora he manifestado tus maravillas.
71:18 Aun en la vejez y las canas, oh Dios, no me
desampares,
Hasta que anuncie tu poder a la posteridad,
Y tu potencia a todos los que han de venir,
71:19 Y tu justicia, oh Dios, hasta lo excelso.
Tú has hecho grandes cosas;
Oh Dios, ¿quién como tú?
71:20 Tú, que me has hecho ver muchas angustias y males,
Volverás a darme vida,
Y de nuevo me levantarás de los abismos de la tierra.
71:21 Aumentarás mi grandeza,
Y volverás a consolarme.
71:22 Asimismo yo te alabaré con instrumento de salterio,
Oh Dios mío; tu verdad cantaré a ti en el arpa,
Oh Santo de Israel.
71:23 Mis labios se alegrarán cuando cante a ti,
Y mi alma, la cual redimiste.
71:24 Mi lengua hablará también de tu justicia todo el
día;
Por cuanto han sido avergonzados, porque han sido
confundidos los que mi mal procuraban.
Los Salmos
Capítulo 72
72:1 Oh Dios, da tus juicios al rey,
Y tu justicia al hijo del rey.
72:2 El juzgará a tu pueblo con justicia,
Y a tus afligidos con juicio.
72:3 Los montes llevarán paz al pueblo,
Y los collados justicia.
72:4 Juzgará a los afligidos del pueblo,
Salvará a los hijos del menesteroso,
Y aplastará al opresor.
72:5 Te temerán mientras duren el sol
Y la luna, de generación en generación.
72:6 Descenderá como la lluvia sobre la hierba cortada;
Como el rocío que destila sobre la tierra.
72:7 Florecerá en sus días justicia,
Y muchedumbre de paz, hasta que no haya luna.
72:8 Dominará de mar a mar,
Y desde el río hasta los confines de la tierra.
72:9 Ante él se postrarán los moradores del desierto,
Y sus enemigos lamerán el polvo.
72:10 Los reyes de Tarsis y de las costas traerán
presentes;
Los reyes de Sabá y de Seba ofrecerán dones.
72:11 Todos los reyes se postrarán delante de él;
Todas las naciones le servirán.
72:12 Porque él librará al menesteroso que clamare,
Y al afligido que no tuviere quien le socorra.
72:13 Tendrá misericordia del pobre y del menesteroso,
Y salvará la vida de los pobres.
72:14 De engaño y de violencia redimirá sus almas,
Y la sangre de ellos será preciosa ante sus ojos.
72:15 Vivirá, y se le dará del oro de Sabá,
Y se orará por él continuamente;
Todo el día se le bendecirá.
72:16 Será echado un puñado de grano en la tierra, en las
cumbres de los montes;
Su fruto hará ruido como el Líbano,
Y los de la ciudad florecerán como la hierba de la
tierra.
72:17 Será su nombre para siempre,
Se perpetuará su nombre mientras dure el sol.
Benditas serán en él todas las naciones;
Lo llamarán bienaventurado.
72:18 Bendito Jehová Dios, el Dios de Israel,
El único que hace maravillas.
72:19 Bendito su nombre glorioso para siempre,
Y toda la tierra sea llena de su gloria.
Amén y Amén.
72:20 Aquí terminan las oraciones de David, hijo de Isaí.
Los Salmos
Capítulo 73
73:1 Ciertamente es bueno Dios para con Israel,
Para con los limpios de corazón.
73:2 En cuanto a mí, casi se deslizaron mis pies;
Por poco resbalaron mis pasos.
73:3 Porque tuve envidia de los arrogantes,
Viendo la prosperidad de los impíos.
73:4 Porque no tienen congojas por su muerte,
Pues su vigor está entero.
73:5 No pasan trabajos como los otros mortales,
Ni son azotados como los demás hombres.
73:6 Por tanto, la soberbia los corona;
Se cubren de vestido de violencia.
73:7 Los ojos se les saltan de gordura;
Logran con creces los antojos del corazón.
73:8 Se mofan y hablan con maldad de hacer violencia;
Hablan con altanería.
73:9 Ponen su boca contra el cielo,
Y su lengua pasea la tierra.
73:10 Por eso Dios hará volver a su pueblo aquí,
Y aguas en abundancia serán extraídas para ellos.
73:11 Y dicen: ¿Cómo sabe Dios?
¿Y hay conocimiento en el Altísimo?
73:12 He aquí estos impíos,
Sin ser turbados del mundo, alcanzaron riquezas.
73:13 Verdaderamente en vano he limpiado mi corazón,
Y lavado mis manos en inocencia;
73:14 Pues he sido azotado todo el día,
Y castigado todas las mañanas.
73:15 Si dijera yo: Hablaré como ellos,
He aquí, a la generación de tus hijos engañaría.
73:16 Cuando pensé para saber esto,
Fue duro trabajo para mí,
73:17 Hasta que entrando en el santuario de Dios,
Comprendí el fin de ellos.
73:18 Ciertamente los has puesto en deslizaderos;
En asolamientos los harás caer.
73:19 ¡Cómo han sido asolados de repente!
Perecieron, se consumieron de terrores.
73:20 Como sueño del que despierta,
Así, Señor, cuando despertares, menospreciarás su
apariencia.
73:21 Se llenó de amargura mi alma,
Y en mi corazón sentía punzadas.
73:22 Tan torpe era yo, que no entendía;
Era como una bestia delante de ti.
73:23 Con todo, yo siempre estuve contigo;
Me tomaste de la mano derecha.
73:24 Me has guiado según tu consejo,
Y después me recibirás en gloria.
73:25 ¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti?
Y fuera de ti nada deseo en la tierra.
73:26 Mi carne y mi corazón desfallecen;
Mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para
siempre.
73:27 Porque he aquí, los que se alejan de ti perecerán;
Tú destruirás a todo aquel que de ti se aparta.
73:28 Pero en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el
bien;
He puesto en Jehová el Señor mi esperanza,
Para contar todas tus obras.
Los Salmos
Capítulo 74
74:1 ¿Por qué, oh Dios, nos has desechado para siempre?
¿Por qué se ha encendido tu furor contra las ovejas de tu
prado?
74:2 Acuérdate de tu congregación, la que adquiriste
desde tiempos antiguos,
La que redimiste para hacerla la tribu de tu herencia;
Este monte de Sion, donde has habitado.
74:3 Dirige tus pasos a los asolamientos eternos,
A todo el mal que el enemigo ha hecho en el santuario.
74:4 Tus enemigos vociferan en medio de tus asambleas;
Han puesto sus divisas por señales.
74:5 Se parecen a los que levantan
El hacha en medio de tupido bosque.
74:6 Y ahora con hachas y martillos
Han quebrado todas sus entalladuras.
74:7 Han puesto a fuego tu santuario,
Han profanado el tabernáculo de tu nombre, echándolo a
tierra.
74:8 Dijeron en su corazón: Destruyámoslos de una vez;
Han quemado todas las sinagogas de Dios en la tierra.
74:9 No vemos ya nuestras señales;
No hay más profeta,
Ni entre nosotros hay quien sepa hasta cuándo.
74:10 ¿Hasta cuándo, oh Dios, nos afrentará el
angustiador?
¿Ha de blasfemar el enemigo perpetuamente tu nombre?
74:11 ¿Por qué retraes tu mano?
¿Por qué escondes tu diestra en tu seno?
74:12 Pero Dios es mi rey desde tiempo antiguo;
El que obra salvación en medio de la tierra.
74:13 Dividiste el mar con tu poder;
Quebrantaste cabezas de monstruos en las aguas.
74:14 Magullaste las cabezas del leviatán,
Y lo diste por comida a los moradores del desierto.
74:15 Abriste la fuente y el río;
Secaste ríos impetuosos.
74:16 Tuyo es el día, tuya también es la noche;
Tú estableciste la luna y el sol.
74:17 Tú fijaste todos los términos de la tierra;
El verano y el invierno tú los formaste.
74:18 Acuérdate de esto: que el enemigo ha afrentado a
Jehová,
Y pueblo insensato ha blasfemado tu nombre.
74:19 No entregues a las fieras el alma de tu tórtola,
Y no olvides para siempre la congregación de tus
afligidos.
74:20 Mira al pacto,
Porque los lugares tenebrosos de la tierra están llenos
de habitaciones de violencia.
74:21 No vuelva avergonzado el abatido;
El afligido y el menesteroso alabarán tu nombre.
74:22 Levántate, oh Dios, aboga tu causa;
Acuérdate de cómo el insensato te injuria cada día.
74:23 No olvides las voces de tus enemigos;
El alboroto de los que se levantan contra ti sube
continuamente.
Los Salmos
Capítulo 75
75:1 Gracias te damos, oh Dios, gracias te damos,
Pues cercano está tu nombre;
Los hombres cuentan tus maravillas.
75:2 Al tiempo que señalaré
Yo juzgaré rectamente.
75:3 Se arruinaban la tierra y sus moradores;
Yo sostengo sus columnas. Selah
75:4 Dije a los insensatos: No os infatuéis;
Y a los impíos: No os enorgullezcáis;
75:5 No hagáis alarde de vuestro poder;
No habléis con cerviz erguida.
75:6 Porque ni de oriente ni de occidente,
Ni del desierto viene el enaltecimiento.
75:7 Mas Dios es el juez;
A éste humilla, y a aquél enaltece.
75:8 Porque el cáliz está en la mano de Jehová, y el vino
está fermentado,
Lleno de mistura; y él derrama del mismo;
Hasta el fondo lo apurarán, y lo beberán todos los impíos
de la tierra.
75:9 Pero yo siempre anunciaré
Y cantaré alabanzas al Dios de Jacob.
75:10 Quebrantaré todo el poderío de los pecadores,
Pero el poder del justo será exaltado.
Los Salmos
Capítulo 76
76:1 Dios es conocido en Judá;
En Israel es grande su nombre.
76:2 En Salem está su tabernáculo,
Y su habitación en Sion.
76:3 Allí quebró las saetas del arco,
El escudo, la espada y las armas de guerra. Selah
76:4 Glorioso eres tú, poderoso más que los montes de
caza.
76:5 Los fuertes de corazón fueron despojados, durmieron
su sueño;
No hizo uso de sus manos ninguno de los varones fuertes.
76:6 A tu reprensión, oh Dios de Jacob,
El carro y el caballo fueron entorpecidos.
76:7 Tú, temible eres tú;
¿Y quién podrá estar en pie delante de ti cuando se
encienda tu ira?
76:8 Desde los cielos hiciste oír juicio;
La tierra tuvo temor y quedó suspensa
76:9 Cuando te levantaste, oh Dios, para juzgar,
Para salvar a todos los mansos de la tierra. Selah
76:10 Ciertamente la ira del hombre te alabará;
Tú reprimirás el resto de las iras.
76:11 Prometed, y pagad a Jehová vuestro Dios;
Todos los que están alrededor de él, traigan ofrendas al
Temible.
76:12 Cortará él el espíritu de los príncipes;
Temible es a los reyes de la tierra.
Los Salmos
Capítulo 77
77:1 Con mi voz clamé a Dios,
A Dios clamé, y él me escuchará.
77:2 Al Señor busqué en el día de mi angustia;
Alzaba a él mis manos de noche, sin descanso;
Mi alma rehusaba consuelo.
77:3 Me acordaba de Dios, y me conmovía;
Me quejaba, y desmayaba mi espíritu. Selah
77:4 No me dejabas pegar los ojos;
Estaba yo quebrantado, y no hablaba.
77:5 Consideraba los días desde el principio,
Los años de los siglos.
77:6 Me acordaba de mis cánticos de noche;
Meditaba en mi corazón,
Y mi espíritu inquiría:
77:7 ¿Desechará el Señor para siempre,
Y no volverá más a sernos propicio?
77:8 ¿Ha cesado para siempre su misericordia?
¿Se ha acabado perpetuamente su promesa?
77:9 ¿Ha olvidado Dios el tener misericordia?
¿Ha encerrado con ira sus piedades? Selah
77:10 Dije: Enfermedad mía es esta;
Traeré, pues, a la memoria los años de la diestra del
Altísimo.
77:11 Me acordaré de las obras de JAH;
Sí, haré yo memoria de tus maravillas antiguas.
77:12 Meditaré en todas tus obras,
Y hablaré de tus hechos.
77:13 Oh Dios, santo es tu camino;
¿Qué dios es grande como nuestro Dios?
77:14 Tú eres el Dios que hace maravillas;
Hiciste notorio en los pueblos tu poder.
77:15 Con tu brazo redimiste a tu pueblo,
A los hijos de Jacob y de José. Selah
77:16 Te vieron las aguas, oh Dios;
Las aguas te vieron, y temieron;
Los abismos también se estremecieron.
77:17 Las nubes echaron inundaciones de aguas;
Tronaron los cielos,
Y discurrieron tus rayos.
77:18 La voz de tu trueno estaba en el torbellino;
Tus relámpagos alumbraron el mundo;
Se estremeció y tembló la tierra.
77:19 En el mar fue tu camino,
Y tus sendas en las muchas aguas;
Y tus pisadas no fueron conocidas.
77:20 Condujiste a tu pueblo como ovejas
Por mano de Moisés y de Aarón.
Los Salmos
Capítulo 78
78:1 Escucha, pueblo mío, mi ley;
Inclinad vuestro oído a las palabras de mi boca.
78:2 Abriré mi boca en proverbios;
Hablaré cosas escondidas desde tiempos antiguos,
78:3 Las cuales hemos oído y entendido;
Que nuestros padres nos las contaron.
78:4 No las encubriremos a sus hijos,
Contando a la generación venidera las alabanzas de
Jehová,
Y su potencia, y las maravillas que hizo.
78:5 El estableció testimonio en Jacob,
Y puso ley en Israel,
La cual mandó a nuestros padres
Que la notificasen a sus hijos;
78:6 Para que lo sepa la generación venidera, y los hijos
que nacerán;
Y los que se levantarán lo cuenten a sus hijos,
78:7 A fin de que pongan en Dios su confianza,
Y no se olviden de las obras de Dios;
Que guarden sus mandamientos,
78:8 Y no sean como sus padres,
Generación contumaz y rebelde;
Generación que no dispuso su corazón,
Ni fue fiel para con Dios su espíritu.
78:9 Los hijos de Efraín, arqueros armados,
Volvieron las espaldas en el día de la batalla.
78:10 No guardaron el pacto de Dios,
Ni quisieron andar en su ley;
78:11 Sino que se olvidaron de sus obras,
Y de sus maravillas que les había mostrado.
78:12 Delante de sus padres hizo maravillas
En la tierra de Egipto, en el campo de Zoán.
78:13 Dividió el mar y los hizo pasar;
Detuvo las aguas como en un montón.
78:14 Les guió de día con nube,
Y toda la noche con resplandor de fuego.
78:15 Hendió las peñas en el desierto,
Y les dio a beber como de grandes abismos,
78:16 Pues sacó de la peña corrientes,
E hizo descender aguas como ríos.
78:17 Pero aún volvieron a pecar contra él,
Rebelándose contra el Altísimo en el desierto;
78:18 Pues tentaron a Dios en su corazón,
Pidiendo comida a su gusto.
78:19 Y hablaron contra Dios,
Diciendo: ¿Podrá poner mesa en el desierto?
78:20 He aquí ha herido la peña, y brotaron aguas,
Y torrentes inundaron la tierra;
¿Podrá dar también pan?
¿Dispondrá carne para su pueblo?
78:21 Por tanto, oyó Jehová, y se indignó;
Se encendió el fuego contra Jacob,
Y el furor subió también contra Israel,
78:22 Por cuanto no habían creído a Dios,
Ni habían confiado en su salvación.
78:23 Sin embargo, mandó a las nubes de arriba,
Y abrió las puertas de los cielos,
78:24 E hizo llover sobre ellos maná para que comiesen,
Y les dio trigo de los cielos.
78:25 Pan de nobles comió el hombre;
Les envió comida hasta saciarles.
78:26 Movió el solano en el cielo,
Y trajo con su poder el viento sur,
78:27 E hizo llover sobre ellos carne como polvo,
Como arena del mar, aves que vuelan.
78:28 Las hizo caer en medio del campamento,
Alrededor de sus tiendas.
78:29 Comieron, y se saciaron;
Les cumplió, pues, su deseo.
78:30 No habían quitado de sí su anhelo,
Aún estaba la comida en su boca,
78:31 Cuando vino sobre ellos el furor de Dios,
E hizo morir a los más robustos de ellos,
Y derribó a los escogidos de Israel.
78:32 Con todo esto, pecaron aún,
Y no dieron crédito a sus maravillas.
78:33 Por tanto, consumió sus días en vanidad,
Y sus años en tribulación.
78:34 Si los hacía morir, entonces buscaban a Dios;
Entonces se volvían solícitos en busca suya,
78:35 Y se acordaban de que Dios era su refugio,
Y el Dios Altísimo su redentor.
78:36 Pero le lisonjeaban con su boca,
Y con su lengua le mentían;
78:37 Pues sus corazones no eran rectos con él,
Ni estuvieron firmes en su pacto.
78:38 Pero él, misericordioso, perdonaba la maldad, y no
los destruía;
Y apartó muchas veces su ira,
Y no despertó todo su enojo.
78:39 Se acordó de que eran carne,
Soplo que va y no vuelve.
78:40 ¡Cuántas veces se rebelaron contra él en el
desierto,
Lo enojaron en el yermo!
78:41 Y volvían, y tentaban a Dios,
Y provocaban al Santo de Israel.
78:42 No se acordaron de su mano,
Del día que los redimió de la angustia;
78:43 Cuando puso en Egipto sus señales,
Y sus maravillas en el campo de Zoán;
78:44 Y volvió sus ríos en sangre,
Y sus corrientes, para que no bebiesen.
78:45 Envió entre ellos enjambres de moscas que los
devoraban,
Y ranas que los destruían.
78:46 Dio también a la oruga sus frutos,
Y sus labores a la langosta.
78:47 Sus viñas destruyó con granizo,
Y sus higuerales con escarcha;
78:48 Entregó al pedrisco sus bestias,
Y sus ganados a los rayos.
78:49 Envió sobre ellos el ardor de su ira;
Enojo, indignación y angustia,
Un ejército de ángeles destructores.
78:50 Dispuso camino a su furor;
No eximió la vida de ellos de la muerte,
Sino que entregó su vida a la mortandad.
78:51 Hizo morir a todo primogénito en Egipto,
Las primicias de su fuerza en las tiendas de Cam.
78:52 Hizo salir a su pueblo como ovejas,
Y los llevó por el desierto como un rebaño.
78:53 Los guió con seguridad, de modo que no tuvieran
temor;
Y el mar cubrió a sus enemigos.
78:54 Los trajo después a las fronteras de su tierra
santa,
A este monte que ganó su mano derecha.
78:55 Echó las naciones de delante de ellos;
Con cuerdas repartió sus tierras en heredad,
E hizo habitar en sus moradas a las tribus de Israel.
78:56 Pero ellos tentaron y enojaron al Dios Altísimo,
Y no guardaron sus testimonios;
78:57 Sino que se volvieron y se rebelaron como sus
padres;
Se volvieron como arco engañoso.
78:58 Le enojaron con sus lugares altos,
Y le provocaron a celo con sus imágenes de talla.
78:59 Lo oyó Dios y se enojó,
Y en gran manera aborreció a Israel.
78:60 Dejó, por tanto, el tabernáculo de Silo,
La tienda en que habitó entre los hombres,
78:61 Y entregó a cautiverio su poderío,
Y su gloria en mano del enemigo.
78:62 Entregó también su pueblo a la espada,
Y se irritó contra su heredad.
78:63 El fuego devoró a sus jóvenes,
Y sus vírgenes no fueron loadas en cantos nupciales.
78:64 Sus sacerdotes cayeron a espada,
Y sus viudas no hicieron lamentación.
78:65 Entonces despertó el Señor como quien duerme,
Como un valiente que grita excitado del vino,
78:66 E hirió a sus enemigos por detrás;
Les dio perpetua afrenta.
78:67 Desechó la tienda de José,
Y no escogió la tribu de Efraín,
78:68 Sino que escogió la tribu de Judá,
El monte de Sion, al cual amó.
78:69 Edificó su santuario a manera de eminencia,
Como la tierra que cimentó para siempre.
78:70 Eligió a David su siervo,
Y lo tomó de las majadas de las ovejas;
78:71 De tras las paridas lo trajo,
Para que apacentase a Jacob su pueblo,
Y a Israel su heredad.
78:72 Y los apacentó conforme a la integridad de su
corazón,
Los pastoreó con la pericia de sus manos.
Los Salmos
Capítulo 79
79:1 Oh Dios, vinieron las naciones a tu heredad;
Han profanado tu santo templo;
Redujeron a Jerusalén a escombros.
79:2 Dieron los cuerpos de tus siervos por comida a las
aves de los cielos,
La carne de tus santos a las bestias de la tierra.
79:3 Derramaron su sangre como agua en los alrededores de
Jerusalén,
Y no hubo quien los enterrase.
79:4 Somos afrentados de nuestros vecinos,
Escarnecidos y burlados de los que están en nuestros
alrededores.
79:5 ¿Hasta cuándo, oh Jehová? ¿Estarás airado para
siempre?
¿Arderá como fuego tu celo?
79:6 Derrama tu ira sobre las naciones que no te conocen,
Y sobre los reinos que no invocan tu nombre.
79:7 Porque han consumido a Jacob,
Y su morada han asolado.
79:8 No recuerdes contra nosotros las iniquidades de
nuestros antepasados;
Vengan pronto tus misericordias a encontrarnos,
Porque estamos muy abatidos.
79:9 Ayúdanos, oh Dios de nuestra salvación, por la
gloria de tu nombre;
Y líbranos, y perdona nuestros pecados por amor de tu
nombre.
79:10 Porque dirán las gentes: ¿Dónde está su Dios?
Sea notoria en las gentes, delante de nuestros ojos,
La venganza de la sangre de tus siervos que fue
derramada.
79:11 Llegue delante de ti el gemido de los presos;
Conforme a la grandeza de tu brazo preserva a los
sentenciados a muerte,
79:12 Y devuelve a nuestros vecinos en su seno siete
tantos
De su infamia, con que te han deshonrado, oh Jehová.
79:13 Y nosotros, pueblo tuyo, y ovejas de tu prado,
Te alabaremos para siempre;
De generación en generación cantaremos tus alabanzas.
Los Salmos
Capítulo 80
80:1 Oh Pastor de Israel, escucha;
Tú que pastoreas como a ovejas a José,
Que estás entre querubines, resplandece.
80:2 Despierta tu poder delante de Efraín, de Benjamín y
de Manasés,
Y ven a salvarnos.
80:3 Oh Dios, restáuranos;
Haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos.
80:4 Jehová, Dios de los ejércitos,
¿Hasta cuándo mostrarás tu indignación contra la oración
de tu pueblo?
80:5 Les diste a comer pan de lágrimas,
Y a beber lágrimas en gran abundancia.
80:6 Nos pusiste por escarnio a nuestros vecinos,
Y nuestros enemigos se burlan entre sí.
80:7 Oh Dios de los ejércitos, restáuranos;
Haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos.
80:8 Hiciste venir una vid de Egipto;
Echaste las naciones, y la plantaste.
80:9 Limpiaste sitio delante de ella,
E hiciste arraigar sus raíces, y llenó la tierra.
80:10 Los montes fueron cubiertos de su sombra,
Y con sus sarmientos los cedros de Dios.
80:11 Extendió sus vástagos hasta el mar,
Y hasta el río sus renuevos.
80:12 ¿Por qué aportillaste sus vallados,
Y la vendimian todos los que pasan por el camino?
80:13 La destroza el puerco montés,
Y la bestia del campo la devora.
80:14 Oh Dios de los ejércitos, vuelve ahora;
Mira desde el cielo, y considera, y visita esta viña,
80:15 La planta que plantó tu diestra,
Y el renuevo que para ti afirmaste.
80:16 Quemada a fuego está, asolada;
Perezcan por la reprensión de tu rostro.
80:17 Sea tu mano sobre el varón de tu diestra,
Sobre el hijo de hombre que para ti afirmaste.
80:18 Así no nos apartaremos de ti;
Vida nos darás, e invocaremos tu nombre.
80:19 ¡Oh Jehová, Dios de los ejércitos, restáuranos!
Haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos.
Los Salmos
Capítulo 81
81:1 Cantad con gozo a Dios, fortaleza nuestra;
Al Dios de Jacob aclamad con júbilo.
81:2 Entonad canción, y tañed el pandero,
El arpa deliciosa y el salterio.
81:3 Tocad la trompeta en la nueva luna,
En el día señalado, en el día de nuestra fiesta solemne.
81:4 Porque estatuto es de Israel,
Ordenanza del Dios de Jacob.
81:5 Lo constituyó como testimonio en José
Cuando salió por la tierra de Egipto.
Oí lenguaje que no entendía;
81:6 Aparté su hombro de debajo de la carga;
Sus manos fueron descargadas de los cestos.
81:7 En la calamidad clamaste, y yo te libré;
Te respondí en lo secreto del trueno;
Te probé junto a las aguas de Meriba.Selah
81:8 Oye, pueblo mío, y te amonestaré.
Israel, si me oyeres,
81:9 No habrá en ti dios ajeno,
Ni te inclinarás a dios extraño.
81:10 Yo soy Jehová tu Dios,
Que te hice subir de la tierra de Egipto;
Abre tu boca, y yo la llenaré.
81:11 Pero mi pueblo no oyó mi voz,
E Israel no me quiso a mí.
81:12 Los dejé, por tanto, a la dureza de su corazón;
Caminaron en sus propios consejos.
81:13 ¡Oh, si me hubiera oído mi pueblo,
Si en mis caminos hubiera andado Israel!
81:14 En un momento habría yo derribado a sus enemigos,
Y vuelto mi mano contra sus adversarios.
81:15 Los que aborrecen a Jehová se le habrían sometido,
Y el tiempo de ellos sería para siempre.
81:16 Les sustentaría Dios con lo mejor del trigo,
Y con miel de la peña les saciaría.
Los Salmos
Capítulo 82
82:1 Dios está en la reunión de los dioses;
En medio de los dioses juzga.
82:2 ¿Hasta cuándo juzgaréis injustamente,
Y aceptaréis las personas de los impíos? Selah
82:3 Defended al débil y al huérfano;
Haced justicia al afligido y al menesteroso.
82:4 Librad al afligido y al necesitado;
Libradlo de mano de los impíos.
82:5 No saben, no entienden,
Andan en tinieblas;
Tiemblan todos los cimientos de la tierra.
82:6 Yo dije: Vosotros sois dioses,
Y todos vosotros hijos del Altísimo;
82:7 Pero como hombres moriréis,
Y como cualquiera de los príncipes caeréis.
82:8 Levántate, oh Dios, juzga la tierra;
Porque tú heredarás todas las naciones.
Los Salmos
Capítulo 83
83:1 Oh Dios, no guardes silencio;
No calles, oh Dios, ni te estés quieto.
83:2 Porque he aquí que rugen tus enemigos,
Y los que te aborrecen alzan cabeza.
83:3 Contra tu pueblo han consultado astuta y
secretamente,
Y han entrado en consejo contra tus protegidos.
83:4 Han dicho: Venid, y destruyámoslos para que no sean
nación,
Y no haya más memoria del nombre de Israel.
83:5 Porque se confabulan de corazón a una,
Contra ti han hecho alianza
83:6 Las tiendas de los edomitas y de los ismaelitas,
Moab y los agarenos;
83:7 Gebal, Amón y Amalec,
Los filisteos y los habitantes de Tiro.
83:8 También el asirio se ha juntado con ellos;
Sirven de brazo a los hijos de Lot. Selah
83:9 Hazles como a Madián,
Como a Sísara, como a Jabín en el arroyo de Cisón;
83:10 Que perecieron en Endor,
Fueron hechos como estiércol para la tierra.
83:11 Pon a sus capitanes como a Oreb y a Zeeb;
Como a Zeba y a Zalmuna a todos sus príncipes,
83:12 Que han dicho: Heredemos para nosotros
Las moradas de Dios.
83:13 Dios mío, ponlos como torbellinos,
Como hojarascas delante del viento,
83:14 Como fuego que quema el monte,
Como llama que abrasa el bosque.
83:15 Persíguelos así con tu tempestad,
Y atérralos con tu torbellino.
83:16 Llena sus rostros de vergüenza,
Y busquen tu nombre, oh Jehová.
83:17 Sean afrentados y turbados para siempre;
Sean deshonrados, y perezcan.
83:18 Y conozcan que tu nombre es Jehová;
Tú solo Altísimo sobre toda la tierra.
Los Salmos
Capítulo 84
84:1 ¡Cuán amables son tus moradas, oh Jehová de los
ejércitos!
84:2 Anhela mi alma y aun ardientemente desea los atrios
de Jehová;
Mi corazón y mi carne cantan al Dios vivo.
84:3 Aun el gorrión halla casa,
Y la golondrina nido para sí, donde ponga sus polluelos,
Cerca de tus altares, oh Jehová de los ejércitos,
Rey mío, y Dios mío.
84:4 Bienaventurados los que habitan en tu casa;
Perpetuamente te alabarán. Selah
84:5 Bienaventurado el hombre que tiene en ti sus
fuerzas,
En cuyo corazón están tus caminos.
84:6 Atravesando el valle de lágrimas lo cambian en
fuente,
Cuando la lluvia llena los estanques.
84:7 Irán de poder en poder;
Verán a Dios en Sion.
84:8 Jehová Dios de los ejércitos, oye mi oración;
Escucha, oh Dios de Jacob. Selah
84:9 Mira, oh Dios, escudo nuestro,
Y pon los ojos en el rostro de tu ungido.
84:10 Porque mejor es un día en tus atrios que mil fuera
de ellos.
Escogería antes estar a la puerta de la casa de mi Dios,
Que habitar en las moradas de maldad.
84:11 Porque sol y escudo es Jehová Dios;
Gracia y gloria dará Jehová.
No quitará el bien a los que andan en integridad.
84:12 Jehová de los ejércitos,
Dichoso el hombre que en ti confía.
Los Salmos
Capítulo 85
85:1 Fuiste propicio a tu tierra, oh Jehová;
Volviste la cautividad de Jacob.
85:2 Perdonaste la iniquidad de tu pueblo;
Todos los pecados de ellos cubriste. Selah
85:3 Reprimiste todo tu enojo;
Te apartaste del ardor de tu ira.
85:4 Restáuranos, oh Dios de nuestra salvación,
Y haz cesar tu ira de sobre nosotros.
85:5 ¿Estarás enojado contra nosotros para siempre?
¿Extenderás tu ira de generación en generación?
85:6 ¿No volverás a darnos vida,
Para que tu pueblo se regocije en ti?
85:7 Muéstranos, oh Jehová, tu misericordia,
Y danos tu salvación.
85:8 Escucharé lo que hablará Jehová Dios;
Porque hablará paz a su pueblo y a sus santos,
Para que no se vuelvan a la locura.
85:9 Ciertamente cercana está su salvación a los que le
temen,
Para que habite la gloria en nuestra tierra.
85:10 La misericordia y la verdad se encontraron;
La justicia y la paz se besaron.
85:11 La verdad brotará de la tierra,
Y la justicia mirará desde los cielos.
85:12 Jehová dará también el bien,
Y nuestra tierra dará su fruto.
85:13 La justicia irá delante de él,
Y sus pasos nos pondrá por camino.
Los Salmos
Capítulo 86
86:1 Inclina, oh Jehová, tu oído, y escúchame,
Porque estoy afligido y menesteroso.
86:2 Guarda mi alma, porque soy piadoso;
Salva tú, oh Dios mío, a tu siervo que en ti confía.
86:3 Ten misericordia de mí, oh Jehová;
Porque a ti clamo todo el día.
86:4 Alegra el alma de tu siervo,
Porque a ti, oh Señor, levanto mi alma.
86:5 Porque tú, Señor, eres bueno y perdonador,
Y grande en misericordia para con todos los que te
invocan.
86:6 Escucha, oh Jehová, mi oración,
Y está atento a la voz de mis ruegos.
86:7 En el día de mi angustia te llamaré,
Porque tú me respondes.
86:8 Oh Señor, ninguno hay como tú entre los dioses,
Ni obras que igualen tus obras.
86:9 Todas las naciones que hiciste vendrán y adorarán
delante de ti, Señor,
Y glorificarán tu nombre.
86:10 Porque tú eres grande, y hacedor de maravillas;
Sólo tú eres Dios.
86:11 Enséñame, oh Jehová, tu camino; caminaré yo en tu
verdad;
Afirma mi corazón para que tema tu nombre.
86:12 Te alabaré, oh Jehová Dios mío, con todo mi
corazón,
Y glorificaré tu nombre para siempre.
86:13 Porque tu misericordia es grande para conmigo,
Y has librado mi alma de las profundidades del Seol.
86:14 Oh Dios, los soberbios se levantaron contra mí,
Y conspiración de violentos ha buscado mi vida,
Y no te pusieron delante de sí.
86:15 Mas tú, Señor, Dios misericordioso y clemente,
Lento para la ira, y grande en misericordia y verdad,
86:16 Mírame, y ten misericordia de mí;
Da tu poder a tu siervo,
Y guarda al hijo de tu sierva.
86:17 Haz conmigo señal para bien,
Y véanla los que me aborrecen, y sean avergonzados;
Porque tú, Jehová, me ayudaste y me consolaste.
Los Salmos
Capítulo 87
87:1 Su cimiento está en el monte santo.
87:2 Ama Jehová las puertas de Sion
Más que todas las moradas de Jacob.
87:3 Cosas gloriosas se han dicho de ti,
Ciudad de Dios. Selah
87:4 Yo me acordaré de Rahab y de Babilonia entre los que
me conocen;
He aquí Filistea y Tiro, con Etiopía;
Este nació allá.
87:5 Y de Sion se dirá: Este y aquél han nacido en ella,
Y el Altísimo mismo la establecerá.
87:6 Jehová contará al inscribir a los pueblos:
Este nació allí. Selah
87:7 Y cantores y tañedores en ella dirán:
Todas mis fuentes están en ti.
Los Salmos
Capítulo 88
88:1 Oh Jehová, Dios de mi salvación,
Día y noche clamo delante de ti.
88:2 Llegue mi oración a tu presencia;
Inclina tu oído a mi clamor.
88:3 Porque mi alma está hastiada de males,
Y mi vida cercana al Seol.
88:4 Soy contado entre los que descienden al sepulcro;
Soy como hombre sin fuerza,
88:5 Abandonado entre los muertos,
Como los pasados a espada que yacen en el sepulcro,
De quienes no te acuerdas ya,
Y que fueron arrebatados de tu mano.
88:6 Me has puesto en el hoyo profundo,
En tinieblas, en lugares profundos.
88:7 Sobre mí reposa tu ira,
Y me has afligido con todas tus ondas. Selah
88:8 Has alejado de mí mis conocidos;
Me has puesto por abominación a ellos;
Encerrado estoy, y no puedo salir.
88:9 Mis ojos enfermaron a causa de mi aflicción;
Te he llamado, oh Jehová, cada día;
He extendido a ti mis manos.
88:10 ¿Manifestarás tus maravillas a los muertos?
¿Se levantarán los muertos para alabarte? Selah
88:11 ¿Será contada en el sepulcro tu misericordia,
O tu verdad en el Abadón?
88:12 ¿Serán reconocidas en las tinieblas tus maravillas,
Y tu justicia en la tierra del olvido?
88:13 Mas yo a ti he clamado, oh Jehová,
Y de mañana mi oración se presentará delante de ti.
88:14 ¿Por qué, oh Jehová, desechas mi alma?
¿Por qué escondes de mí tu rostro?
88:15 Yo estoy afligido y menesteroso;
Desde la juventud he llevado tus terrores, he estado
medroso.
88:16 Sobre mí han pasado tus iras,
Y me oprimen tus terrores.
88:17 Me han rodeado como aguas continuamente;
A una me han cercado.
88:18 Has alejado de mí al amigo y al compañero,
Y a mis conocidos has puesto en tinieblas.
Los Salmos
Capítulo 89
89:1 Las misericordias de Jehová cantaré perpetuamente;
De generación en generación haré notoria tu fidelidad con
mi boca.
89:2 Porque dije: Para siempre será edificada
misericordia;
En los cielos mismos afirmarás tu verdad.
89:3 Hice pacto con mi escogido;
Juré a David mi siervo, diciendo:
89:4 Para siempre confirmaré tu descendencia,
Y edificaré tu trono por todas las generaciones.
89:5 Celebrarán los cielos tus maravillas, oh Jehová,
Tu verdad también en la congregación de los santos.
89:6 Porque ¿quién en los cielos se igualará a Jehová?
¿Quién será semejante a Jehová entre los hijos de los
potentados?
89:7 Dios temible en la gran congregación de los santos,
Y formidable sobre todos cuantos están alrededor de él.
89:8 Oh Jehová, Dios de los ejércitos,
¿Quién como tú? Poderoso eres, Jehová,
Y tu fidelidad te rodea.
89:9 Tú tienes dominio sobre la braveza del mar;
Cuando se levantan sus ondas, tú las sosiegas.
89:10 Tú quebrantaste a Rahab como a herido de muerte;
Con tu brazo poderoso esparciste a tus enemigos.
89:11 Tuyos son los cielos, tuya también la tierra;
El mundo y su plenitud, tú lo fundaste.
89:12 El norte y el sur, tú los creaste;
El Tabor y el Hermón cantarán en tu nombre.
89:13 Tuyo es el brazo potente;
Fuerte es tu mano, exaltada tu diestra.
89:14 Justicia y juicio son el cimiento de tu trono;
Misericordia y verdad van delante de tu rostro.
89:15 Bienaventurado el pueblo que sabe aclamarte;
Andará, oh Jehová, a la luz de tu rostro.
89:16 En tu nombre se alegrará todo el día,
Y en tu justicia será enaltecido.
89:17 Porque tú eres la gloria de su potencia,
Y por tu buena voluntad acrecentarás nuestro poder.
89:18 Porque Jehová es nuestro escudo,
Y nuestro rey es el Santo de Israel.
89:19 Entonces hablaste en visión a tu santo,
Y dijiste: He puesto el socorro sobre uno que es
poderoso;
He exaltado a un escogido de mi pueblo.
89:20 Hallé a David mi siervo;
Lo ungí con mi santa unción.
89:21 Mi mano estará siempre con él,
Mi brazo también lo fortalecerá.
89:22 No lo sorprenderá el enemigo,
Ni hijo de iniquidad lo quebrantará;
89:23 Sino que quebrantaré delante de él a sus enemigos,
Y heriré a los que le aborrecen.
89:24 Mi verdad y mi misericordia estarán con él,
Y en mi nombre será exaltado su poder.
89:25 Asimismo pondré su mano sobre el mar,
Y sobre los ríos su diestra.
89:26 El me clamará: Mi padre eres tú,
Mi Dios, y la roca de mi salvación.
89:27 Yo también le pondré por primogénito,
El más excelso de los reyes de la tierra.
89:28 Para siempre le conservaré mi misericordia,
Y mi pacto será firme con él.
89:29 Pondré su descendencia para siempre,
Y su trono como los días de los cielos.
89:30 Si dejaren sus hijos mi ley,
Y no anduvieren en mis juicios,
89:31 Si profanaren mis estatutos,
Y no guardaren mis mandamientos,
89:32 Entonces castigaré con vara su rebelión,
Y con azotes sus iniquidades.
89:33 Mas no quitaré de él mi misericordia,
Ni falsearé mi verdad.
89:34 No olvidaré mi pacto,
Ni mudaré lo que ha salido de mis labios.
89:35 Una vez he jurado por mi santidad,
Y no mentiré a David.
89:36 Su descendencia será para siempre,
Y su trono como el sol delante de mí.
89:37 Como la luna será firme para siempre,
Y como un testigo fiel en el cielo. Selah
89:38 Mas tú desechaste y menospreciaste a tu ungido,
Y te has airado con él.
89:39 Rompiste el pacto de tu siervo;
Has profanado su corona hasta la tierra.
89:40 Aportillaste todos sus vallados;
Has destruido sus fortalezas.
89:41 Lo saquean todos los que pasan por el camino;
Es oprobio a sus vecinos.
89:42 Has exaltado la diestra de sus enemigos;
Has alegrado a todos sus adversarios.
89:43 Embotaste asimismo el filo de su espada,
Y no lo levantaste en la batalla.
89:44 Hiciste cesar su gloria,
Y echaste su trono por tierra.
89:45 Has acortado los días de su juventud;
Le has cubierto de afrenta. Selah
89:46 ¿Hasta cuándo, oh Jehová? ¿Te esconderás para
siempre?
¿Arderá tu ira como el fuego?
89:47 Recuerda cuán breve es mi tiempo;
¿Por qué habrás creado en vano a todo hijo de hombre?
89:48 ¿Qué hombre vivirá y no verá muerte?
¿Librará su vida del poder del Seol? Selah
89:49 Señor, ¿dónde están tus antiguas misericordias,
Que juraste a David por tu verdad?
89:50 Señor, acuérdate del oprobio de tus siervos;
Oprobio de muchos pueblos, que llevo en mi seno.
89:51 Porque tus enemigos, oh Jehová, han deshonrado,
Porque tus enemigos han deshonrado los pasos de tu
ungido.
89:52 Bendito sea Jehová para siempre.
Amén, y Amén.
Los Salmos
Capítulo 90
90:1 Señor, tú nos has sido refugio
De generación en generación.
90:2 Antes que naciesen los montes
Y formases la tierra y el mundo,
Desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios.
90:3 Vuelves al hombre hasta ser quebrantado,
Y dices: Convertíos, hijos de los hombres.
90:4 Porque mil años delante de tus ojos
Son como el día de ayer, que pasó,
Y como una de las vigilias de la noche.
90:5 Los arrebatas como con torrente de aguas; son como
sueño,
Como la hierba que crece en la mañana.
90:6 En la mañana florece y crece;
A la tarde es cortada, y se seca.
90:7 Porque con tu furor somos consumidos,
Y con tu ira somos turbados.
90:8 Pusiste nuestras maldades delante de ti,
Nuestros yerros a la luz de tu rostro.
90:9 Porque todos nuestros días declinan a causa de tu
ira;
Acabamos nuestros años como un pensamiento.
90:10 Los días de nuestra edad son setenta años;
Y si en los más robustos son ochenta años,
Con todo, su fortaleza es molestia y trabajo,
Porque pronto pasan, y volamos.
90:11 ¿Quién conoce el poder de tu ira,
Y tu indignación según que debes ser temido?
90:12 Enséñanos de tal modo a contar nuestros días,
Que traigamos al corazón sabiduría.
90:13 Vuélvete, oh Jehová; ¿hasta cuándo?
Y aplácate para con tus siervos.
90:14 De mañana sácianos de tu misericordia,
Y cantaremos y nos alegraremos todos nuestros días.
90:15 Alégranos conforme a los días que nos afligiste,
Y los años en que vimos el mal.
90:16 Aparezca en tus siervos tu obra,
Y tu gloria sobre sus hijos.
90:17 Sea la luz de Jehová nuestro Dios sobre nosotros,
Y la obra de nuestras manos confirma sobre nosotros;
Sí, la obra de nuestras manos confirma.
Los Salmos
Capítulo 91
91:1 El que habita al abrigo del Altísimo
Morará bajo la sombra del Omnipotente.
91:2 Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío;
Mi Dios, en quien confiaré.
91:3 El te librará del lazo del cazador,
De la peste destructora.
91:4 Con sus plumas te cubrirá,
Y debajo de sus alas estarás seguro;
Escudo y adarga es su verdad.
91:5 No temerás el terror nocturno,
Ni saeta que vuele de día,
91:6 Ni pestilencia que ande en oscuridad,
Ni mortandad que en medio del día destruya.
91:7 Caerán a tu lado mil,
Y diez mil a tu diestra;
Mas a ti no llegará.
91:8 Ciertamente con tus ojos mirarás
Y verás la recompensa de los impíos.
91:9 Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza,
Al Altísimo por tu habitación,
91:10 No te sobrevendrá mal,
Ni plaga tocará tu morada.
91:11 Pues a sus ángeles mandará acerca de ti,
Que te guarden en todos tus caminos.
91:12 En las manos te llevarán,
Para que tu pie no tropiece en piedra.
91:13 Sobre el león y el áspid pisarás;
Hollarás al cachorro del león y al dragón.
91:14 Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo
libraré;
Le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre.
91:15 Me invocará, y yo le responderé;
Con él estaré yo en la angustia;
Lo libraré y le glorificaré.
91:16 Lo saciaré de larga vida,
Y le mostraré mi salvación.
Los Salmos
Capítulo 92
92:1 Bueno es alabarte, oh Jehová,
Y cantar salmos a tu nombre, oh Altísimo;
92:2 Anunciar por la mañana tu misericordia,
Y tu fidelidad cada noche,
92:3 En el decacordio y en el salterio,
En tono suave con el arpa.
92:4 Por cuanto me has alegrado, oh Jehová, con tus
obras;
En las obras de tus manos me gozo.
92:5 ¡Cuán grandes son tus obras, oh Jehová!
Muy profundos son tus pensamientos.
92:6 El hombre necio no sabe,
Y el insensato no entiende esto.
92:7 Cuando brotan los impíos como la hierba,
Y florecen todos los que hacen iniquidad,
Es para ser destruidos eternamente.
92:8 Mas tú, Jehová, para siempre eres Altísimo.
92:9 Porque he aquí tus enemigos, oh Jehová,
Porque he aquí, perecerán tus enemigos;
Serán esparcidos todos los que hacen maldad.
92:10 Pero tú aumentarás mis fuerzas como las del búfalo;
Seré ungido con aceite fresco.
92:11 Y mirarán mis ojos sobre mis enemigos;
Oirán mis oídos de los que se levantaron contra mí, de
los malignos.
92:12 El justo florecerá como la palmera;
Crecerá como cedro en el Líbano.
92:13 Plantados en la casa de Jehová,
En los atrios de nuestro Dios florecerán.
92:14 Aun en la vejez fructificarán;
Estarán vigorosos y verdes,
92:15 Para anunciar que Jehová mi fortaleza es recto,
Y que en él no hay injusticia.
Los Salmos
Capítulo 93
93:1 Jehová reina; se vistió de magnificencia;
Jehová se vistió, se ciñó de poder.
Afirmó también el mundo, y no se moverá.
93:2 Firme es tu trono desde entonces;
Tú eres eternamente.
93:3 Alzaron los ríos, oh Jehová,
Los ríos alzaron su sonido;
Alzaron los ríos sus ondas.
93:4 Jehová en las alturas es más poderoso
Que el estruendo de las muchas aguas,
Más que las recias ondas del mar.
93:5 Tus testimonios son muy firmes;
La santidad conviene a tu casa,
Oh Jehová, por los siglos y para siempre.
Los Salmos
Capítulo 94
94:1 Jehová, Dios de las venganzas,
Dios de las venganzas, muéstrate.
94:2 Engrandécete, oh Juez de la tierra;
Da el pago a los soberbios.
94:3 ¿Hasta cuándo los impíos,
Hasta cuándo, oh Jehová, se gozarán los impíos?
94:4 ¿Hasta cuándo pronunciarán, hablarán cosas duras,
Y se vanagloriarán todos los que hacen iniquidad?
94:5 A tu pueblo, oh Jehová, quebrantan,
Y a tu heredad afligen.
94:6 A la viuda y al extranjero matan,
Y a los huérfanos quitan la vida.
94:7 Y dijeron: No verá JAH,
Ni entenderá el Dios de Jacob.
94:8 Entended, necios del pueblo;
Y vosotros, fatuos, ¿cuándo seréis sabios?
94:9 El que hizo el oído, ¿no oirá?
El que formó el ojo, ¿no verá?
94:10 El que castiga a las naciones, ¿no reprenderá?
¿No sabrá el que enseña al hombre la ciencia?
94:11 Jehová conoce los pensamientos de los hombres,
Que son vanidad.
94:12 Bienaventurado el hombre a quien tú, JAH, corriges,
Y en tu ley lo instruyes,
94:13 Para hacerle descansar en los días de aflicción,
En tanto que para el impío se cava el hoyo.
94:14 Porque no abandonará Jehová a su pueblo,
Ni desamparará su heredad,
94:15 Sino que el juicio será vuelto a la justicia,
Y en pos de ella irán todos los rectos de corazón.
94:16 ¿Quién se levantará por mí contra los malignos?
¿Quién estará por mí contra los que hacen iniquidad?
94:17 Si no me ayudara Jehová,
Pronto moraría mi alma en el silencio.
94:18 Cuando yo decía: Mi pie resbala,
Tu misericordia, oh Jehová, me sustentaba.
94:19 En la multitud de mis pensamientos dentro de mí,
Tus consolaciones alegraban mi alma.
94:20 ¿Se juntará contigo el trono de iniquidades
Que hace agravio bajo forma de ley?
94:21 Se juntan contra la vida del justo,
Y condenan la sangre inocente.
94:22 Mas Jehová me ha sido por refugio,
Y mi Dios por roca de mi confianza.
94:23 Y él hará volver sobre ellos su iniquidad,
Y los destruirá en su propia maldad;
Los destruirá Jehová nuestro Dios.
Los Salmos
Capítulo 95
95:1 Venid, aclamemos alegremente a Jehová;
Cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación.
95:2 Lleguemos ante su presencia con alabanza;
Aclamémosle con cánticos.
95:3 Porque Jehová es Dios grande,
Y Rey grande sobre todos los dioses.
95:4 Porque en su mano están las profundidades de la
tierra,
Y las alturas de los montes son suyas.
95:5 Suyo también el mar, pues él lo hizo;
Y sus manos formaron la tierra seca.
95:6 Venid, adoremos y postrémonos;
Arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor.
95:7 Porque él es nuestro Dios;
Nosotros el pueblo de su prado, y ovejas de su mano.
Si oyereis hoy su voz,
95:8 No endurezcáis vuestro corazón, como en Meriba,
Como en el día de Masah en el desierto,
95:9 Donde me tentaron vuestros padres,
Me probaron, y vieron mis obras.
95:10 Cuarenta años estuve disgustado con la nación,
Y dije: Pueblo es que divaga de corazón,
Y no han conocido mis caminos.
95:11 Por tanto, juré en mi furor
Que no entrarían en mi reposo.
Los Salmos
Capítulo 96
96:1 Cantad a Jehová cántico nuevo;
Cantad a Jehová, toda la tierra.
96:2 Cantad a Jehová, bendecid su nombre;
Anunciad de día en día su salvación.
96:3 Proclamad entre las naciones su gloria,
En todos los pueblos sus maravillas.
96:4 Porque grande es Jehová, y digno de suprema
alabanza;
Temible sobre todos los dioses.
96:5 Porque todos los dioses de los pueblos son ídolos;
Pero Jehová hizo los cielos.
96:6 Alabanza y magnificencia delante de él;
Poder y gloria en su santuario.
96:7 Tributad a Jehová, oh familias de los pueblos,
Dad a Jehová la gloria y el poder.
96:8 Dad a Jehová la honra debida a su nombre;
Traed ofrendas, y venid a sus atrios.
96:9 Adorad a Jehová en la hermosura de la santidad;
Temed delante de él, toda la tierra.
96:10 Decid entre las naciones: Jehová reina.
También afirmó el mundo, no será conmovido;
Juzgará a los pueblos en justicia.
96:11 Alégrense los cielos, y gócese la tierra;
Brame el mar y su plenitud.
96:12 Regocíjese el campo, y todo lo que en él está;
Entonces todos los árboles del bosque rebosarán de
contento,
96:13 Delante de Jehová que vino;
Porque vino a juzgar la tierra.
Juzgará al mundo con justicia,
Y a los pueblos con su verdad.
Los Salmos
Capítulo 97
97:1 Jehová reina; regocíjese la tierra,
Alégrense las muchas costas.
97:2 Nubes y oscuridad alrededor de él;
Justicia y juicio son el cimiento de su trono.
97:3 Fuego irá delante de él,
Y abrasará a sus enemigos alrededor.
97:4 Sus relámpagos alumbraron el mundo;
La tierra vio y se estremeció.
97:5 Los montes se derritieron como cera delante de
Jehová,
Delante del Señor de toda la tierra.
97:6 Los cielos anunciaron su justicia,
Y todos los pueblos vieron su gloria.
97:7 Avergüéncense todos los que sirven a las imágenes de
talla,
Los que se glorían en los ídolos.
Póstrense a él todos los dioses.
97:8 Oyó Sion, y se alegró;
Y la hijas de Judá,
Oh Jehová, se gozaron por tus juicios.
97:9 Porque tú, Jehová, eres excelso sobre toda la
tierra;
Eres muy exaltado sobre todos los dioses.
97:10 Los que amáis a Jehová, aborreced el mal;
El guarda las almas de sus santos;
De mano de los impíos los libra.
97:11 Luz está sembrada para el justo,
Y alegría para los rectos de corazón.
97:12 Alegraos, justos, en Jehová,
Y alabad la memoria de su santidad.
Los Salmos
Capítulo 98
98:1 Cantad a Jehová cántico nuevo,
Porque ha hecho maravillas;
Su diestra lo ha salvado, y su santo brazo.
98:2 Jehová ha hecho notoria su salvación;
A vista de las naciones ha descubierto su justicia.
98:3 Se ha acordado de su misericordia y de su verdad
para con la casa de Israel;
Todos los términos de la tierra han visto la salvación de
nuestro Dios.
98:4 Cantad alegres a Jehová, toda la tierra;
Levantad la voz, y aplaudid, y cantad salmos.
98:5 Cantad salmos a Jehová con arpa;
Con arpa y voz de cántico.
98:6 Aclamad con trompetas y sonidos de bocina,
Delante del rey Jehová.
98:7 Brame el mar y su plenitud,
El mundo y los que en él habitan;
98:8 Los ríos batan las manos,
Los montes todos hagan regocijo
98:9 Delante de Jehová, porque vino a juzgar la tierra.
Juzgará al mundo con justicia,
Y a los pueblos con rectitud.
Los Salmos
Capítulo 99
99:1 Jehová reina; temblarán los pueblos.
El está sentado sobre los querubines, se conmoverá la
tierra.
99:2 Jehová en Sion es grande,
Y exaltado sobre todos los pueblos.
99:3 Alaben tu nombre grande y temible;
El es santo.
99:4 Y la gloria del rey ama el juicio;
Tú confirmas la rectitud;
Tú has hecho en Jacob juicio y justicia.
99:5 Exaltad a Jehová nuestro Dios,
Y postraos ante el estrado de sus pies;
El es santo.
99:6 Moisés y Aarón entre sus sacerdotes,
Y Samuel entre los que invocaron su nombre;
Invocaban a Jehová, y él les respondía.
99:7 En columna de nube hablaba con ellos;
Guardaban sus testimonios, y el estatuto que les había
dado.
99:8 Jehová Dios nuestro, tú les respondías;
Les fuiste un Dios perdonador,
Y retribuidor de sus obras.
99:9 Exaltad a Jehová nuestro Dios,
Y postraos ante su santo monte,
Porque Jehová nuestro Dios es santo.
Los Salmos
Capítulo 100
100:1 Cantad alegres a Dios, habitantes de toda la
tierra.
100:2 Servid a Jehová con alegría;
Venid ante su presencia con regocijo.
100:3 Reconoced que Jehová es Dios;
El nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos;
Pueblo suyo somos, y ovejas de su prado.
100:4 Entrad por sus puertas con acción de gracias,
Por sus atrios con alabanza;
Alabadle, bendecid su nombre.
100:5 Porque Jehová es bueno; para siempre es su
misericordia,
Y su verdad por todas las generaciones.
Los Salmos
Capítulo 101
101:1 Misericordia y juicio cantaré;
A ti cantaré yo, oh Jehová.
101:2 Entenderé el camino de la perfección
Cuando vengas a mí.
En la integridad de mi corazón andaré en medio de mi
casa.
101:3 No pondré delante de mis ojos cosa injusta.
Aborrezco la obra de los que se desvían;
Ninguno de ellos se acercará a mí.
101:4 Corazón perverso se apartará de mí;
No conoceré al malvado.
101:5 Al que solapadamente infama a su prójimo, yo lo
destruiré;
No sufriré al de ojos altaneros y de corazón vanidoso.
101:6 Mis ojos pondré en los fieles de la tierra, para
que estén conmigo;
El que ande en el camino de la perfección, éste me
servirá.
101:7 No habitará dentro de mi casa el que hace fraude;
El que habla mentiras no se afirmará delante de mis ojos.
101:8 De mañana destruiré a todos los impíos de la
tierra,
Para exterminar de la ciudad de Jehová a todos los que
hagan iniquidad.
Los Salmos
Capítulo 102
102:1 Jehová, escucha mi oración,
Y llegue a ti mi clamor.
102:2 No escondas de mí tu rostro en el día de mi
angustia;
Inclina a mí tu oído;
Apresúrate a responderme el día que te invocare.
102:3 Porque mis días se han consumido como humo,
Y mis huesos cual tizón están quemados.
102:4 Mi corazón está herido, y seco como la hierba,
Por lo cual me olvido de comer mi pan.
102:5 Por la voz de mi gemido
Mis huesos se han pegado a mi carne.
102:6 Soy semejante al pelícano del desierto;
Soy como el buho de las soledades;
102:7 Velo, y soy
Como el pájaro solitario sobre el tejado.
102:8 Cada día me afrentan mis enemigos;
Los que contra mí se enfurecen, se han conjurado contra
mí.
102:9 Por lo cual yo como ceniza a manera de pan,
Y mi bebida mezclo con lágrimas,
102:10 A causa de tu enojo y de tu ira;
Pues me alzaste, y me has arrojado.
102:11 Mis días son como sombra que se va,
Y me he secado como la hierba.
102:12 Mas tú, Jehová, permanecerás para siempre,
Y tu memoria de generación en generación.
102:13 Te levantarás y tendrás misericordia de Sion,
Porque es tiempo de tener misericordia de ella, porque el
plazo ha llegado.
102:14 Porque tus siervos aman sus piedras,
Y del polvo de ella tienen compasión.
102:15 Entonces las naciones temerán el nombre de Jehová,
Y todos los reyes de la tierra tu gloria;
102:16 Por cuanto Jehová habrá edificado a Sion,
Y en su gloria será visto;
102:17 Habrá considerado la oración de los desvalidos,
Y no habrá desechado el ruego de ellos.
102:18 Se escribirá esto para la generación venidera;
Y el pueblo que está por nacer alabará a JAH,
102:19 Porque miró desde lo alto de su santuario;
Jehová miró desde los cielos a la tierra,
102:20 Para oír el gemido de los presos,
Para soltar a los sentenciados a muerte;
102:21 Para que publique en Sion el nombre de Jehová,
Y su alabanza en Jerusalén,
102:22 Cuando los pueblos y los reinos se congreguen
En uno para servir a Jehová.
102:23 El debilitó mi fuerza en el camino;
Acortó mis días.
102:24 Dije: Dios mío, no me cortes en la mitad de mis
días;
Por generación de generaciones son tus años.
102:25 Desde el principio tú fundaste la tierra,
Y los cielos son obra de tus manos.
102:26 Ellos perecerán, mas tú permanecerás;
Y todos ellos como una vestidura se envejecerán;
Como un vestido los mudarás, y serán mudados;
102:27 Pero tú eres el mismo,
Y tus años no se acabarán.
102:28 Los hijos de tus siervos habitarán seguros,
Y su descendencia será establecida delante de ti.
Los Salmos
Capítulo 103
103:1 Bendice, alma mía, a Jehová,
Y bendiga todo mi ser su santo nombre.
103:2 Bendice, alma mía, a Jehová,
Y no olvides ninguno de sus beneficios.
103:3 El es quien perdona todas tus iniquidades,
El que sana todas tus dolencias;
103:4 El que rescata del hoyo tu vida,
El que te corona de favores y misericordias;
103:5 El que sacia de bien tu boca
De modo que te rejuvenezcas como el águila.
103:6 Jehová es el que hace justicia
Y derecho a todos los que padecen violencia.
103:7 Sus caminos notificó a Moisés,
Y a los hijos de Israel sus obras.
103:8 Misericordioso y clemente es Jehová;
Lento para la ira, y grande en misericordia.
103:9 No contenderá para siempre,
Ni para siempre guardará el enojo.
103:10 No ha hecho con nosotros conforme a nuestras
iniquidades,
Ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados.
103:11 Porque como la altura de los cielos sobre la
tierra,
Engrandeció su misericordia sobre los que le temen.
103:12 Cuanto está lejos el oriente del occidente,
Hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones.
103:13 Como el padre se compadece de los hijos,
Se compadece Jehová de los que le temen.
103:14 Porque él conoce nuestra condición;
Se acuerda de que somos polvo.
103:15 El hombre, como la hierba son sus días;
Florece como la flor del campo,
103:16 Que pasó el viento por ella, y pereció,
Y su lugar no la conocerá más.
103:17 Mas la misericordia de Jehová es desde la
eternidad y hasta la eternidad sobre los que le temen,
Y su justicia sobre los hijos de los hijos;
103:18 Sobre los que guardan su pacto,
Y los que se acuerdan de sus mandamientos para ponerlos
por obra.
103:19 Jehová estableció en los cielos su trono,
Y su reino domina sobre todos.
103:20 Bendecid a Jehová, vosotros sus ángeles,
Poderosos en fortaleza, que ejecutáis su palabra,
Obedeciendo a la voz de su precepto.
103:21 Bendecid a Jehová, vosotros todos sus ejércitos,
Ministros suyos, que hacéis su voluntad.
103:22 Bendecid a Jehová, vosotras todas sus obras,
En todos los lugares de su señorío.
Bendice, alma mía, a Jehová.
Los Salmos
Capítulo 104
104:1 Bendice, alma mía, a Jehová.
Jehová Dios mío, mucho te has engrandecido;
Te has vestido de gloria y de magnificencia.
104:2 El que se cubre de luz como de vestidura,
Que extiende los cielos como una cortina,
104:3 Que establece sus aposentos entre las aguas,
El que pone las nubes por su carroza,
El que anda sobre las alas del viento;
104:4 El que hace a los vientos sus mensajeros,
Y a las flamas de fuego sus ministros.
104:5 El fundó la tierra sobre sus cimientos;
No será jamás removida.
104:6 Con el abismo, como con vestido, la cubriste;
Sobre los montes estaban las aguas.
104:7 A tu reprensión huyeron;
Al sonido de tu trueno se apresuraron;
104:8 Subieron los montes, descendieron los valles,
Al lugar que tú les fundaste.
104:9 Les pusiste término, el cual no traspasarán,
Ni volverán a cubrir la tierra.
104:10 Tú eres el que envía las fuentes por los arroyos;
Van entre los montes;
104:11 Dan de beber a todas las bestias del campo;
Mitigan su sed los asnos monteses.
104:12 A sus orillas habitan las aves de los cielos;
Cantan entre las ramas.
104:13 El riega los montes desde sus aposentos;
Del fruto de sus obras se sacia la tierra.
104:14 El hace producir el heno para las bestias,
Y la hierba para el servicio del hombre,
Sacando el pan de la tierra,
104:15 Y el vino que alegra el corazón del hombre,
El aceite que hace brillar el rostro,
Y el pan que sustenta la vida del hombre.
104:16 Se llenan de savia los árboles de Jehová,
Los cedros del Líbano que él plantó.
104:17 Allí anidan las aves;
En las hayas hace su casa la cigüeña.
104:18 Los montes altos para las cabras monteses;
Las peñas, madrigueras para los conejos.
104:19 Hizo la luna para los tiempos;
El sol conoce su ocaso.
104:20 Pones las tinieblas, y es la noche;
En ella corretean todas las bestias de la selva.
104:21 Los leoncillos rugen tras la presa,
Y para buscar de Dios su comida.
104:22 Sale el sol, se recogen,
Y se echan en sus cuevas.
104:23 Sale el hombre a su labor,
Y a su labranza hasta la tarde.
104:24 ¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová!
Hiciste todas ellas con sabiduría;
La tierra está llena de tus beneficios.
104:25 He allí el grande y anchuroso mar,
En donde se mueven seres innumerables,
Seres pequeños y grandes.
104:26 Allí andan las naves;
Allí este leviatán que hiciste para que jugase en él.
104:27 Todos ellos esperan en ti,
Para que les des su comida a su tiempo.
104:28 Les das, recogen;
Abres tu mano, se sacian de bien.
104:29 Escondes tu rostro, se turban;
Les quitas el hálito, dejan de ser,
Y vuelven al polvo.
104:30 Envías tu Espíritu, son creados,
Y renuevas la faz de la tierra.
104:31 Sea la gloria de Jehová para siempre;
Alégrese Jehová en sus obras.
104:32 El mira a la tierra, y ella tiembla;
Toca los montes, y humean.
104:33 A Jehová cantaré en mi vida;
A mi Dios cantaré salmos mientras viva.
104:34 Dulce será mi meditación en él;
Yo me regocijaré en Jehová.
104:35 Sean consumidos de la tierra los pecadores,
Y los impíos dejen de ser.
Bendice, alma mía, a Jehová.
Aleluya.
Los Salmos
Capítulo 105
105:1 Alabad a Jehová, invocad su nombre;
Dad a conocer sus obras en los pueblos.
105:2 Cantadle, cantadle salmos;
Hablad de todas sus maravillas.
105:3 Gloriaos en su santo nombre;
Alégrese el corazón de los que buscan a Jehová.
105:4 Buscad a Jehová y su poder;
Buscad siempre su rostro.
105:5 Acordaos de las maravillas que él ha hecho,
De sus prodigios y de los juicios de su boca,
105:6 Oh vosotros, descendencia de Abraham su siervo,
Hijos de Jacob, sus escogidos.
105:7 El es Jehová nuestro Dios;
En toda la tierra están sus juicios.
105:8 Se acordó para siempre de su pacto;
De la palabra que mandó para mil generaciones,
105:9 La cual concertó con Abraham,
Y de su juramento a Isaac.
105:10 La estableció a Jacob por decreto,
A Israel por pacto sempiterno,
105:11 Diciendo: A ti te daré la tierra de Canaán
Como porción de vuestra heredad.
105:12 Cuando ellos eran pocos en número,
Y forasteros en ella,
105:13 Y andaban de nación en nación,
De un reino a otro pueblo,
105:14 No consintió que nadie los agraviase,
Y por causa de ellos castigó a los reyes.
105:15 No toquéis, dijo, a mis ungidos,
Ni hagáis mal a mis profetas.
105:16 Trajo hambre sobre la tierra,
Y quebrantó todo sustento de pan.
105:17 Envió un varón delante de ellos;
A José, que fue vendido por siervo.
105:18 Afligieron sus pies con grillos;
En cárcel fue puesta su persona.
105:19 Hasta la hora que se cumplió su palabra,
El dicho de Jehová le probó.
105:20 Envió el rey, y le soltó;
El señor de los pueblos, y le dejó ir libre.
105:21 Lo puso por señor de su casa,
Y por gobernador de todas sus posesiones,
105:22 Para que reprimiera a sus grandes como él
quisiese,
Y a sus ancianos enseñara sabiduría.
105:23 Después entró Israel en Egipto,
Y Jacob moró en la tierra de Cam.
105:24 Y multiplicó su pueblo en gran manera,
Y lo hizo más fuerte que sus enemigos.
105:25 Cambió el corazón de ellos para que aborreciesen a
su pueblo,
Para que contra sus siervos pensasen mal.
105:26 Envió a su siervo Moisés,
Y a Aarón, al cual escogió.
105:27 Puso en ellos las palabras de sus señales,
Y sus prodigios en la tierra de Cam.
105:28 Envió tinieblas que lo oscurecieron todo;
No fueron rebeldes a su palabra.
105:29 Volvió sus aguas en sangre,
Y mató sus peces.
105:30 Su tierra produjo ranas
Hasta en las cámaras de sus reyes.
105:31 Habló, y vinieron enjambres de moscas,
Y piojos en todos sus términos.
105:32 Les dio granizo por lluvia,
Y llamas de fuego en su tierra.
105:33 Destrozó sus viñas y sus higueras,
Y quebró los árboles de su territorio.
105:34 Habló, y vinieron langostas,
Y pulgón sin número;
105:35 Y comieron toda la hierba de su país,
Y devoraron el fruto de su tierra.
105:36 Hirió de muerte a todos los primogénitos en su
tierra,
Las primicias de toda su fuerza.
105:37 Los sacó con plata y oro;
Y no hubo en sus tribus enfermo.
105:38 Egipto se alegró de que salieran,
Porque su terror había caído sobre ellos.
105:39 Extendió una nube por cubierta,
Y fuego para alumbrar la noche.
105:40 Pidieron, e hizo venir codornices;
Y los sació de pan del cielo.
105:41 Abrió la peña, y fluyeron aguas;
Corrieron por los sequedales como un río.
105:42 Porque se acordó de su santa palabra
Dada a Abraham su siervo.
105:43 Sacó a su pueblo con gozo;
Con júbilo a sus escogidos.
105:44 Les dio las tierras de las naciones,
Y las labores de los pueblos heredaron;
105:45 Para que guardasen sus estatutos,
Y cumpliesen sus leyes.
Aleluya.
Los Salmos
Capítulo 106
106:1 Aleluya.
Alabad a Jehová, porque él es bueno;
Porque para siempre es su misericordia.
106:2 ¿Quién expresará las poderosas obras de Jehová?
¿Quién contará sus alabanzas?
106:3 Dichosos los que guardan juicio,
Los que hacen justicia en todo tiempo.
106:4 Acuérdate de mí, oh Jehová, según tu benevolencia
para con tu pueblo;
Visítame con tu salvación,
106:5 Para que yo vea el bien de tus escogidos,
Para que me goce en la alegría de tu nación,
Y me gloríe con tu heredad.
106:6 Pecamos nosotros, como nuestros padres;
Hicimos iniquidad, hicimos impiedad.
106:7 Nuestros padres en Egipto no entendieron tus
maravillas;
No se acordaron de la muchedumbre de tus misericordias,
Sino que se rebelaron junto al mar, el Mar Rojo.
106:8 Pero él los salvó por amor de su nombre,
Para hacer notorio su poder.
106:9 Reprendió al Mar Rojo y lo secó,
Y les hizo ir por el abismo como por un desierto.
106:10 Los salvó de mano del enemigo,
Y los rescató de mano del adversario.
106:11 Cubrieron las aguas a sus enemigos;
No quedó ni uno de ellos.
106:12 Entonces creyeron a sus palabras
Y cantaron su alabanza.
106:13 Bien pronto olvidaron sus obras;
No esperaron su consejo.
106:14 Se entregaron a un deseo desordenado en el
desierto;
Y tentaron a Dios en la soledad.
106:15 Y él les dio lo que pidieron;
Mas envió mortandad sobre ellos.
106:16 Tuvieron envidia de Moisés en el campamento,
Y contra Aarón, el santo de Jehová.
106:17 Entonces se abrió la tierra y tragó a Datán,
Y cubrió la compañía de Abiram.
106:18 Y se encendió fuego en su junta;
La llama quemó a los impíos.
106:19 Hicieron becerro en Horeb,
Se postraron ante una imagen de fundición.
106:20 Así cambiaron su gloria
Por la imagen de un buey que come hierba.
106:21 Olvidaron al Dios de su salvación,
Que había hecho grandezas en Egipto,
106:22 Maravillas en la tierra de Cam,
Cosas formidables sobre el Mar Rojo.
106:23 Y trató de destruirlos,
De no haberse interpuesto Moisés su escogido delante de
él,
A fin de apartar su indignación para que no los
destruyese.
106:24 Pero aborrecieron la tierra deseable;
No creyeron a su palabra,
106:25 Antes murmuraron en sus tiendas,
Y no oyeron la voz de Jehová.
106:26 Por tanto, alzó su mano contra ellos
Para abatirlos en el desierto,
106:27 Y humillar su pueblo entre las naciones,
Y esparcirlos por las tierras.
106:28 Se unieron asimismo a Baal-peor,
Y comieron los sacrificios de los muertos.
106:29 Provocaron la ira de Dios con sus obras,
Y se desarrolló la mortandad entre ellos.
106:30 Entonces se levantó Finees e hizo juicio,
Y se detuvo la plaga;
106:31 Y le fue contado por justicia
De generación en generación para siempre.
106:32 También le irritaron en las aguas de Meriba;
Y le fue mal a Moisés por causa de ellos,
106:33 Porque hicieron rebelar a su espíritu,
Y habló precipitadamente con sus labios.
106:34 No destruyeron a los pueblos
Que Jehová les dijo;
106:35 Antes se mezclaron con las naciones,
Y aprendieron sus obras,
106:36 Y sirvieron a sus ídolos,
Los cuales fueron causa de su ruina.
106:37 Sacrificaron sus hijos y sus hijas a los demonios,
106:38 Y derramaron la sangre inocente, la sangre de sus
hijos y de sus hijas,
Que ofrecieron en sacrificio a los ídolos de Canaán,
Y la tierra fue contaminada con sangre.
106:39 Se contaminaron así con sus obras,
Y se prostituyeron con sus hechos.
106:40 Se encendió, por tanto, el furor de Jehová sobre
su pueblo,
Y abominó su heredad;
106:41 Los entregó en poder de las naciones,
Y se enseñorearon de ellos los que les aborrecían.
106:42 Sus enemigos los oprimieron,
Y fueron quebrantados debajo de su mano.
106:43 Muchas veces los libró;
Mas ellos se rebelaron contra su consejo,
Y fueron humillados por su maldad.
106:44 Con todo, él miraba cuando estaban en angustia,
Y oía su clamor;
106:45 Y se acordaba de su pacto con ellos,
Y se arrepentía conforme a la muchedumbre de sus
misericordias.
106:46 Hizo asimismo que tuviesen de ellos misericordia
todos los que los tenían cautivos.
106:47 Sálvanos, Jehová Dios nuestro,
Y recógenos de entre las naciones,
Para que alabemos tu santo nombre,
Para que nos gloriemos en tus alabanzas.
106:48 Bendito Jehová Dios de Israel,
Desde la eternidad y hasta la eternidad;
Y diga todo el pueblo, Amén.
Aleluya.
Los Salmos
Capítulo 107
107:1 Alabad a Jehová, porque él es bueno;
Porque para siempre es su misericordia.
107:2 Díganlo los redimidos de Jehová,
Los que ha redimido del poder del enemigo,
107:3 Y los ha congregado de las tierras,
Del oriente y del occidente,
Del norte y del sur.
107:4 Anduvieron perdidos por el desierto, por la soledad
sin camino,
Sin hallar ciudad en donde vivir.
107:5 Hambrientos y sedientos,
Su alma desfallecía en ellos.
107:6 Entonces clamaron a Jehová en su angustia,
Y los libró de sus aflicciones.
107:7 Los dirigió por camino derecho,
Para que viniesen a ciudad habitable.
107:8 Alaben la misericordia de Jehová,
Y sus maravillas para con los hijos de los hombres.
107:9 Porque sacia al alma menesterosa,
Y llena de bien al alma hambrienta.
107:10 Algunos moraban en tinieblas y sombra de muerte,
Aprisionados en aflicción y en hierros,
107:11 Por cuanto fueron rebeldes a las palabras de
Jehová,
Y aborrecieron el consejo del Altísimo.
107:12 Por eso quebrantó con el trabajo sus corazones;
Cayeron, y no hubo quien los ayudase.
107:13 Luego que clamaron a Jehová en su angustia,
Los libró de sus aflicciones;
107:14 Los sacó de las tinieblas y de la sombra de
muerte,
Y rompió sus prisiones.
107:15 Alaben la misericordia de Jehová,
Y sus maravillas para con los hijos de los hombres.
107:16 Porque quebrantó las puertas de bronce,
Y desmenuzó los cerrojos de hierro.
107:17 Fueron afligidos los insensatos, a causa del
camino de su rebelión
Y a causa de sus maldades;
107:18 Su alma abominó todo alimento,
Y llegaron hasta las puertas de la muerte.
107:19 Pero clamaron a Jehová en su angustia,
Y los libró de sus aflicciones.
107:20 Envió su palabra, y los sanó,
Y los libró de su ruina.
107:21 Alaben la misericordia de Jehová,
Y sus maravillas para con los hijos de los hombres;
107:22 Ofrezcan sacrificios de alabanza,
Y publiquen sus obras con júbilo.
107:23 Los que descienden al mar en naves,
Y hacen negocio en las muchas aguas,
107:24 Ellos han visto las obras de Jehová,
Y sus maravillas en las profundidades.
107:25 Porque habló, e hizo levantar un viento
tempestuoso,
Que encrespa sus ondas.
107:26 Suben a los cielos, descienden a los abismos;
Sus almas se derriten con el mal.
107:27 Tiemblan y titubean como ebrios,
Y toda su ciencia es inútil.
107:28 Entonces claman a Jehová en su angustia,
Y los libra de sus aflicciones.
107:29 Cambia la tempestad en sosiego,
Y se apaciguan sus ondas.
107:30 Luego se alegran, porque se apaciguaron;
Y así los guía al puerto que deseaban.
107:31 Alaben la misericordia de Jehová,
Y sus maravillas para con los hijos de los hombres.
107:32 Exáltenlo en la congregación del pueblo,
Y en la reunión de ancianos lo alaben.
107:33 El convierte los ríos en desierto,
Y los manantiales de las aguas en sequedales;
107:34 La tierra fructífera en estéril,
Por la maldad de los que la habitan.
107:35 Vuelve el desierto en estanques de aguas,
Y la tierra seca en manantiales.
107:36 Allí establece a los hambrientos,
Y fundan ciudad en donde vivir.
107:37 Siembran campos, y plantan viñas,
Y rinden abundante fruto.
107:38 Los bendice, y se multiplican en gran manera;
Y no disminuye su ganado.
107:39 Luego son menoscabados y abatidos
A causa de tiranía, de males y congojas.
107:40 El esparce menosprecio sobre los príncipes,
Y les hace andar perdidos, vagabundos y sin camino.
107:41 Levanta de la miseria al pobre,
Y hace multiplicar las familias como rebaños de ovejas.
107:42 Véanlo los rectos, y alégrense,
Y todos los malos cierren su boca.
107:43 ¿Quién es sabio y guardará estas cosas,
Y entenderá las misericordias de Jehová?
Los Salmos
Capítulo 108
108:1 Mi corazón está dispuesto, oh Dios;
Cantaré y entonaré salmos; esta es mi gloria.
108:2 Despiértate, salterio y arpa;
Despertaré al alba.
108:3 Te alabaré, oh Jehová, entre los pueblos;
A ti cantaré salmos entre las naciones.
108:4 Porque más grande que los cielos es tu
misericordia,
Y hasta los cielos tu verdad.
108:5 Exaltado seas sobre los cielos, oh Dios,
Y sobre toda la tierra sea enaltecida tu gloria.
108:6 Para que sean librados tus amados,
Salva con tu diestra y respóndeme.
108:7 Dios ha dicho en su santuario: Yo me alegraré;
Repartiré a Siquem, y mediré el valle de Sucot.
108:8 Mío es Galaad, mío es Manasés,
Y Efraín es la fortaleza de mi cabeza;
Judá es mi legislador.
108:9 Moab, la vasija para lavarme;
Sobre Edom echaré mi calzado;
Me regocijaré sobre Filistea.
108:10 ¿Quién me guiará a la ciudad fortificada?
¿Quién me guiará hasta Edom?
108:11 ¿No serás tú, oh Dios, que nos habías desechado,
Y no salías, oh Dios, con nuestros ejércitos?
108:12 Danos socorro contra el adversario,
Porque vana es la ayuda del hombre.
108:13 En Dios haremos proezas,
Y él hollará a nuestros enemigos.
Los Salmos
Capítulo 109
109:1 Oh Dios de mi alabanza, no calles;
109:2 Porque boca de impío y boca de engañador se han
abierto contra mí;
Han hablado de mí con lengua mentirosa;
109:3 Con palabras de odio me han rodeado,
Y pelearon contra mí sin causa.
109:4 En pago de mi amor me han sido adversarios;
Mas yo oraba.
109:5 Me devuelven mal por bien,
Y odio por amor.
109:6 Pon sobre él al impío,
Y Satanás esté a su diestra.
109:7 Cuando fuere juzgado, salga culpable;
Y su oración sea para pecado.
109:8 Sean sus días pocos;
Tome otro su oficio.
109:9 Sean sus hijos huérfanos,
Y su mujer viuda.
109:10 Anden sus hijos vagabundos, y mendiguen;
Y procuren su pan lejos de sus desolados hogares.
109:11 Que el acreedor se apodere de todo lo que tiene,
Y extraños saqueen su trabajo.
109:12 No tenga quien le haga misericordia,
Ni haya quien tenga compasión de sus huérfanos.
109:13 Su posteridad sea destruida;
En la segunda generación sea borrado su nombre.
109:14 Venga en memoria ante Jehová la maldad de sus
padres,
Y el pecado de su madre no sea borrado.
109:15 Estén siempre delante de Jehová,
Y él corte de la tierra su memoria,
109:16 Por cuanto no se acordó de hacer misericordia,
Y persiguió al hombre afligido y menesteroso,
Al quebrantado de corazón, para darle muerte.
109:17 Amó la maldición, y ésta le sobrevino;
Y no quiso la bendición, y ella se alejó de él.
109:18 Se vistió de maldición como de su vestido,
Y entró como agua en sus entrañas,
Y como aceite en sus huesos.
109:19 Séale como vestido con que se cubra,
Y en lugar de cinto con que se ciña siempre.
109:20 Sea este el pago de parte de Jehová a los que me
calumnian,
Y a los que hablan mal contra mi alma.
109:21 Y tú, Jehová, Señor mío, favoréceme por amor de tu
nombre;
Líbrame, porque tu misericordia es buena.
109:22 Porque yo estoy afligido y necesitado,
Y mi corazón está herido dentro de mí.
109:23 Me voy como la sombra cuando declina;
Soy sacudido como langosta.
109:24 Mis rodillas están debilitadas a causa del ayuno,
Y mi carne desfallece por falta de gordura.
109:25 Yo he sido para ellos objeto de oprobio;
Me miraban, y burlándose meneaban su cabeza.
109:26 Ayúdame, Jehová Dios mío;
Sálvame conforme a tu misericordia.
109:27 Y entiendan que esta es tu mano;
Que tú, Jehová, has hecho esto.
109:28 Maldigan ellos, pero bendice tú;
Levántense, mas sean avergonzados, y regocíjese tu
siervo.
109:29 Sean vestidos de ignominia los que me calumnian;
Sean cubiertos de confusión como con manto.
109:30 Yo alabaré a Jehová en gran manera con mi boca,
Y en medio de muchos le alabaré.
109:31 Porque él se pondrá a la diestra del pobre,
Para librar su alma de los que le juzgan.
Los Salmos
Capítulo 110
110:1 Jehová dijo a mi Señor:
Siéntate a mi diestra,
Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.
110:2 Jehová enviará desde Sion la vara de tu poder;
Domina en medio de tus enemigos.
110:3 Tu pueblo se te ofrecerá voluntariamente en el día
de tu poder,
En la hermosura de la santidad.
Desde el seno de la aurora
Tienes tú el rocío de tu juventud.
110:4 Juró Jehová, y no se arrepentirá:
Tú eres sacerdote para siempre
Según el orden de Melquisedec.
110:5 El Señor está a tu diestra;
Quebrantará a los reyes en el día de su ira.
110:6 Juzgará entre las naciones,
Las llenará de cadáveres;
Quebrantará las cabezas en muchas tierras.
110:7 Del arroyo beberá en el camino,
Por lo cual levantará la cabeza.
Los Salmos
Capítulo 111
111:1 Alabaré a Jehová con todo el corazón
En la compañía y congregación de los rectos.
111:2 Grandes son las obras de Jehová,
Buscadas de todos los que las quieren.
111:3 Gloria y hermosura es su obra,
Y su justicia permanece para siempre.
111:4 Ha hecho memorables sus maravillas;
Clemente y misericordioso es Jehová.
111:5 Ha dado alimento a los que le temen;
Para siempre se acordará de su pacto.
111:6 El poder de sus obras manifestó a su pueblo,
Dándole la heredad de las naciones.
111:7 Las obras de sus manos son verdad y juicio;
Fieles son todos sus mandamientos,
111:8 Afirmados eternamente y para siempre,
Hechos en verdad y en rectitud.
111:9 Redención ha enviado a su pueblo;
Para siempre ha ordenado su pacto;
Santo y temible es su nombre.
111:10 El principio de la sabiduría es el temor de
Jehová;
Buen entendimiento tienen todos los
que practican sus mandamientos;
Su loor permanece para siempre.
Los Salmos
Capítulo 112
112:1 Bienaventurado el hombre que teme a Jehová,
Y en sus mandamientos se deleita en gran manera.
112:2 Su descendencia será poderosa en la tierra;
La generación de los rectos será bendita.
112:3 Bienes y riquezas hay en su casa,
Y su justicia permanece para siempre.
112:4 Resplandeció en las tinieblas luz a los rectos;
Es clemente, misericordioso y justo.
112:5 El hombre de bien tiene misericordia, y presta;
Gobierna sus asuntos con juicio,
112:6 Por lo cual no resbalará jamás;
En memoria eterna será el justo.
112:7 No tendrá temor de malas noticias;
Su corazón está firme, confiado en Jehová.
112:8 Asegurado está su corazón; no temerá,
Hasta que vea en sus enemigos su deseo.
112:9 Reparte, da a los pobres;
Su justicia permanece para siempre;
Su poder será exaltado en gloria.
112:10 Lo verá el impío y se irritará;
Crujirá los dientes, y se consumirá.
El deseo de los impíos perecerá.
Los Salmos
Capítulo 113
113:1 Alabad, siervos de Jehová,
Alabad el nombre de Jehová.
113:2 Sea el nombre de Jehová bendito
Desde ahora y para siempre.
113:3 Desde el nacimiento del sol hasta donde se pone,
Sea alabado el nombre de Jehová.
113:4 Excelso sobre todas las naciones es Jehová,
Sobre los cielos su gloria.
113:5 ¿Quién como Jehová nuestro Dios,
Que se sienta en las alturas,
113:6 Que se humilla a mirar
En el cielo y en la tierra?
113:7 El levanta del polvo al pobre,
Y al menesteroso alza del muladar,
113:8 Para hacerlos sentar con los príncipes,
Con los príncipes de su pueblo.
113:9 El hace habitar en familia a la estéril,
Que se goza en ser madre de hijos.
Aleluya.
Los Salmos
Capítulo 114
114:1 Cuando salió Israel de Egipto,
La casa de Jacob del pueblo extranjero,
114:2 Judá vino a ser su santuario,
E Israel su señorío.
114:3 El mar lo vio, y huyó;
El Jordán se volvió atrás.
114:4 Los montes saltaron como carneros,
Los collados como corderitos.
114:5 ¿Qué tuviste, oh mar, que huiste?
¿Y tú, oh Jordán, que te volviste atrás?
114:6 Oh montes, ¿por qué saltasteis como carneros,
Y vosotros, collados, como corderitos?
114:7 A la presencia de Jehová tiembla la tierra,
A la presencia del Dios de Jacob,
114:8 El cual cambió la peña en estanque de aguas,
Y en fuente de aguas la roca.
Los Salmos
Capítulo 115
115:1 No a nosotros, oh Jehová, no a nosotros,
Sino a tu nombre da gloria,
Por tu misericordia, por tu verdad.
115:2 ¿Por qué han de decir las gentes:
¿Dónde está ahora su Dios?
115:3 Nuestro Dios está en los cielos;
Todo lo que quiso ha hecho.
115:4 Los ídolos de ellos son plata y oro,
Obra de manos de hombres.
115:5 Tienen boca, mas no hablan;
Tienen ojos, mas no ven;
115:6 Orejas tienen, mas no oyen;
Tienen narices, mas no huelen;
115:7 Manos tienen, mas no palpan;
Tienen pies, mas no andan;
No hablan con su garganta.
115:8 Semejantes a ellos son los que los hacen,
Y cualquiera que confía en ellos.
115:9 Oh Israel, confía en Jehová;
El es tu ayuda y tu escudo.
115:10 Casa de Aarón, confiad en Jehová;
El es vuestra ayuda y vuestro escudo.
115:11 Los que teméis a Jehová, confiad en Jehová;
El es vuestra ayuda y vuestro escudo.
115:12 Jehová se acordó de nosotros; nos bendecirá;
Bendecirá a la casa de Israel;
Bendecirá a la casa de Aarón.
115:13 Bendecirá a los que temen a Jehová,
A pequeños y a grandes.
115:14 Aumentará Jehová bendición sobre vosotros;
Sobre vosotros y sobre vuestros hijos.
115:15 Benditos vosotros de Jehová,
Que hizo los cielos y la tierra.
115:16 Los cielos son los cielos de Jehová;
Y ha dado la tierra a los hijos de los hombres.
115:17 No alabarán los muertos a JAH,
Ni cuantos descienden al silencio;
115:18 Pero nosotros bendeciremos a JAH
Desde ahora y para siempre.
Aleluya.
Los Salmos
Capítulo 116
116:1 Amo a Jehová, pues ha oído
Mi voz y mis súplicas;
116:2 Porque ha inclinado a mí su oído;
Por tanto, le invocaré en todos mis días.
116:3 Me rodearon ligaduras de muerte,
Me encontraron las angustias del Seol;
Angustia y dolor había yo hallado.
116:4 Entonces invoqué el nombre de Jehová, diciendo:
Oh Jehová, libra ahora mi alma.
116:5 Clemente es Jehová, y justo;
Sí, misericordioso es nuestro Dios.
116:6 Jehová guarda a los sencillos;
Estaba yo postrado, y me salvó.
116:7 Vuelve, oh alma mía, a tu reposo,
Porque Jehová te ha hecho bien.
116:8 Pues tú has librado mi alma de la muerte,
Mis ojos de lágrimas,
Y mis pies de resbalar.
116:9 Andaré delante de Jehová
En la tierra de los vivientes.
116:10 Creí; por tanto hablé,
Estando afligido en gran manera.
116:11 Y dije en mi apresuramiento:
Todo hombre es mentiroso.
116:12 ¿Qué pagaré a Jehová
Por todos sus beneficios para conmigo?
116:13 Tomaré la copa de la salvación,
E invocaré el nombre de Jehová.
116:14 Ahora pagaré mis votos a Jehová
Delante de todo su pueblo.
116:15 Estimada es a los ojos de Jehová
La muerte de sus santos.
116:16 Oh Jehová, ciertamente yo soy tu siervo,
Siervo tuyo soy, hijo de tu sierva;
Tú has roto mis prisiones.
116:17 Te ofreceré sacrificio de alabanza,
E invocaré el nombre de Jehová.
116:18 A Jehová pagaré ahora mis votos
Delante de todo su pueblo,
116:19 En los atrios de la casa de Jehová,
En medio de ti, oh Jerusalén.
Aleluya.
Los Salmos
Capítulo 117
117:1 Alabad a Jehová, naciones todas;
Pueblos todos, alabadle.
117:2 Porque ha engrandecido sobre nosotros su
misericordia,
Y la fidelidadde Jehová es para siempre.
Aleluya.
Los Salmos
Capítulo 118
118:1 Alabad a Jehová, porque él es bueno;
Porque para siempre es su misericordia.
118:2 Diga ahora Israel,
Que para siempre es su misericordia.
118:3 Diga ahora la casa de Aarón,
Que para siempre es su misericordia.
118:4 Digan ahora los que temen a Jehová,
Que para siempre es su misericordia.
118:5 Desde la angustia invoqué a JAH,
Y me respondió JAH, poniéndome en lugar espacioso.
118:6 Jehová está conmigo; no temeré
Lo que me pueda hacer el hombre.
118:7 Jehová está conmigo entre los que me ayudan;
Por tanto, yo veré mi deseo en los que me aborrecen.
118:8 Mejor es confiar en Jehová
Que confiar en el hombre.
118:9 Mejor es confiar en Jehová
Que confiar en príncipes.
118:10 Todas las naciones me rodearon;
Mas en el nombre de Jehová yo las destruiré.
118:11 Me rodearon y me asediaron;
Mas en el nombre de Jehová yo las destruiré.
118:12 Me rodearon como abejas; se enardecieron como
fuego de espinos;
Mas en el nombre de Jehová yo las destruiré.
118:13 Me empujaste con violencia para que cayese,
Pero me ayudó Jehová.
118:14 Mi fortaleza y mi cántico es JAH,
Y él me ha sido por salvación.
118:15 Voz de júbilo y de salvación hay en las tiendas de
los justos;
La diestra de Jehová hace proezas.
118:16 La diestra de Jehová es sublime;
La diestra de Jehová hace valentías.
118:17 No moriré, sino que viviré,
Y contaré las obras de JAH.
118:18 Me castigó gravemente JAH,
Mas no me entregó a la muerte.
118:19 Abridme las puertas de la justicia;
Entraré por ellas, alabaré a JAH.
118:20 Esta es puerta de Jehová;
Por ella entrarán los justos.
118:21 Te alabaré porque me has oído,
Y me fuiste por salvación.
118:22 La piedra que desecharon los edificadores
Ha venido a ser cabeza del ángulo.
118:23 De parte de Jehová es esto,
Y es cosa maravillosa a nuestros ojos.
118:24 Este es el día que hizo Jehová;
Nos gozaremos y alegraremos en él.
118:25 Oh Jehová, sálvanos ahora, te ruego;
Te ruego, oh Jehová, que nos hagas prosperar ahora.
118:26 Bendito el que viene en el nombre de Jehová;
Desde la casa de Jehová os bendecimos.
118:27 Jehová es Dios, y nos ha dado luz;
Atad víctimas con cuerdas a los cuernos del altar.
118:28 Mi Dios eres tú, y te alabaré;
Dios mío, te exaltaré.
118:29 Alabad a Jehová, porque él es bueno;
Porque para siempre es su misericordia.
Los Salmos
Capítulo 119
119:1 Bienaventurados los perfectos de camino,
Los que andan en la ley de Jehová.
119:2 Bienaventurados los que guardan sus testimonios,
Y con todo el corazón le buscan;
119:3 Pues no hacen iniquidad
Los que andan en sus caminos.
119:4 Tú encargaste
Que sean muy guardados tus mandamientos.
119:5 ¡Ojalá fuesen ordenados mis caminos
Para guardar tus estatutos!
119:6 Entonces no sería yo avergonzado,
Cuando atendiese a todos tus mandamientos.
119:7 Te alabaré con rectitud de corazón
Cuando aprendiere tus justos juicios.
119:8 Tus estatutos guardaré;
No me dejes enteramente.
Bet
119:9 ¿Con qué limpiará el joven su camino?
Con guardar tu palabra.
119:10 Con todo mi corazón te he buscado;
No me dejes desviarme de tus mandamientos.
119:11 En mi corazón he guardado tus dichos,
Para no pecar contra ti.
119:12 Bendito tú, oh Jehová;
Enséñame tus estatutos.
119:13 Con mis labios he contado
Todos los juicios de tu boca.
119:14 Me he gozado en el camino de tus testimonios
Más que de toda riqueza.
119:15 En tus mandamientos meditaré;
Consideraré tus caminos.
119:16 Me regocijaré en tus estatutos;
No me olvidaré de tus palabras.
Guímel
119:17 Haz bien a tu siervo; que viva,
Y guarde tu palabra.
119:18 Abre mis ojos, y miraré
Las maravillas de tu ley.
119:19 Forastero soy yo en la tierra;
No encubras de mí tus mandamientos.
119:20 Quebrantada está mi alma de desear
Tus juicios en todo tiempo.
119:21 Reprendiste a los soberbios, los malditos,
Que se desvían de tus mandamientos.
119:22 Aparta de mí el oprobio y el menosprecio,
Porque tus testimonios he guardado.
119:23 Príncipes también se sentaron y hablaron contra
mí;
Mas tu siervo meditaba en tus estatutos,
119:24 Pues tus testimonios son mis delicias
Y mis consejeros.
Dálet
119:25 Abatida hasta el polvo está mi alma;
Vivifícame según tu palabra.
119:26 Te he manifestado mis caminos, y me has
respondido;
Enséñame tus estatutos.
119:27 Hazme entender el camino de tus mandamientos,
Para que medite en tus maravillas.
119:28 Se deshace mi alma de ansiedad;
Susténtame según tu palabra.
119:29 Aparta de mí el camino de la mentira,
Y en tu misericordia concédeme tu ley.
119:30 Escogí el camino de la verdad;
He puesto tus juicios delante de mí.
119:31 Me he apegado a tus testimonios;
Oh Jehová, no me avergüences.
119:32 Por el camino de tus mandamientos correré,
Cuando ensanches mi corazón.
He
119:33 Enséñame, oh Jehová, el camino de tus estatutos,
Y lo guardaré hasta el fin.
119:34 Dame entendimiento, y guardaré tu ley,
Y la cumpliré de todo corazón.
119:35 Guíame por la senda de tus mandamientos,
Porque en ella tengo mi voluntad.
119:36 Inclina mi corazón a tus testimonios,
Y no a la avaricia.
119:37 Aparta mis ojos, que no vean la vanidad;
Avívame en tu camino.
119:38 Confirma tu palabra a tu siervo,
Que te teme.
119:39 Quita de mí el oprobio que he temido,
Porque buenos son tus juicios.
119:40 He aquí yo he anhelado tus mandamientos;
Vivifícame en tu justicia.
Vau
119:41 Venga a mí tu misericordia, oh Jehová;
Tu salvación, conforme a tu dicho.
119:42 Y daré por respuesta a mi avergonzador,
Que en tu palabra he confiado.
119:43 No quites de mi boca en ningún tiempo la palabra
de verdad,
Porque en tus juicios espero.
119:44 Guardaré tu ley siempre,
Para siempre y eternamente.
119:45 Y andaré en libertad,
Porque busqué tus mandamientos.
119:46 Hablaré de tus testimonios delante de los reyes,
Y no me avergonzaré;
119:47 Y me regocijaré en tus mandamientos,
Los cuales he amado.
119:48 Alzaré asimismo mis manos a tus mandamientos que
amé,
Y meditaré en tus estatutos.
Zain
119:49 Acuérdate de la palabra dada a tu siervo,
En la cual me has hecho esperar.
119:50 Ella es mi consuelo en mi aflicción,
Porque tu dicho me ha vivificado.
119:51 Los soberbios se burlaron mucho de mí,
Mas no me he apartado de tu ley.
119:52 Me acordé, oh Jehová, de tus juicios antiguos,
Y me consolé.
119:53 Horror se apoderó de mí a causa de los inicuos
Que dejan tu ley.
119:54 Cánticos fueron para mí tus estatutos
En la casa en donde fui extranjero.
119:55 Me acordé en la noche de tu nombre, oh Jehová,
Y guardé tu ley.
119:56 Estas bendiciones tuve
Porque guardé tus mandamientos.
Chet
119:57 Mi porción es Jehová;
He dicho que guardaré tus palabras.
119:58 Tu presencia supliqué de todo corazón;
Ten misericordia de mí según tu palabra.
119:59 Consideré mis caminos,
Y volví mis pies a tus testimonios.
119:60 Me apresuré y no me retardé
En guardar tus mandamientos.
119:61 Compañías de impíos me han rodeado,
Mas no me he olvidado de tu ley.
119:62 A medianoche me levanto para alabarte
Por tus justos juicios.
119:63 Compañero soy yo de todos los que te temen
Y guardan tus mandamientos.
119:64 De tu misericordia, oh Jehová, está llena la
tierra;
Enséñame tus estatutos.
Tet
119:65 Bien has hecho con tu siervo,
Oh Jehová, conforme a tu palabra.
119:66 Enséñame buen sentido y sabiduría,
Porque tus mandamientos he creído.
119:67 Antes que fuera yo humillado, descarriado andaba;
Mas ahora guardo tu palabra.
119:68 Bueno eres tú, y bienhechor;
Enséñame tus estatutos.
119:69 Contra mí forjaron mentira los soberbios,
Mas yo guardaré de todo corazón tus mandamientos.
119:70 Se engrosó el corazón de ellos como sebo,
Mas yo en tu ley me he regocijado.
119:71 Bueno me es haber sido humillado,
Para que aprenda tus estatutos.
119:72 Mejor me es la ley de tu boca
Que millares de oro y plata.
Yod
119:73 Tus manos me hicieron y me formaron;
Hazme entender, y aprenderé tus mandamientos.
119:74 Los que te temen me verán, y se alegrarán,
Porque en tu palabra he esperado.
119:75 Conozco, oh Jehová, que tus juicios son justos,
Y que conforme a tu fidelidad me afligiste.
119:76 Sea ahora tu misericordia para consolarme,
Conforme a lo que has dicho a tu siervo.
119:77 Vengan a mí tus misericordias, para que viva,
Porque tu ley es mi delicia.
119:78 Sean avergonzados los soberbios, porque sin causa
me han calumniado;
Pero yo meditaré en tus mandamientos.
119:79 Vuélvanse a mí los que te temen
Y conocen tus testimonios.
119:80 Sea mi corazón íntegro en tus estatutos,
Para que no sea yo avergonzado.
Caf
119:81 Desfallece mi alma por tu salvación,
Mas espero en tu palabra.
119:82 Desfallecieron mis ojos por tu palabra,
Diciendo: ¿Cuándo me consolarás?
119:83 Porque estoy como el odre al humo;
Pero no he olvidado tus estatutos.
119:84 ¿Cuántos son los días de tu siervo?
¿Cuándo harás juicio contra los que me persiguen?
119:85 Los soberbios me han cavado hoyos;
Mas no proceden según tu ley.
119:86 Todos tus mandamientos son verdad;
Sin causa me persiguen; ayúdame.
119:87 Casi me han echado por tierra,
Pero no he dejado tus mandamientos.
119:88 Vivifícame conforme a tu misericordia,
Y guardaré los testimonios de tu boca.
Lámed
119:89 Para siempre, oh Jehová,
Permanece tu palabra en los cielos.
119:90 De generación en generación es tu fidelidad;
Tú afirmaste la tierra, y subsiste.
119:91 Por tu ordenación subsisten todas las cosas hasta
hoy,
Pues todas ellas te sirven.
119:92 Si tu ley no hubiese sido mi delicia,
Ya en mi aflicción hubiera perecido.
119:93 Nunca jamás me olvidaré de tus mandamientos,
Porque con ellos me has vivificado.
119:94 Tuyo soy yo, sálvame,
Porque he buscado tus mandamientos.
119:95 Los impíos me han aguardado para destruirme;
Mas yo consideraré tus testimonios.
119:96 A toda perfección he visto fin;
Amplio sobremanera es tu mandamiento.
Mem
119:97 ¡Oh, cuánto amo yo tu ley!
Todo el día es ella mi meditación.
119:98 Me has hecho más sabio que mis enemigos con tus
mandamientos,
Porque siempre están conmigo.
119:99 Más que todos mis enseñadores he entendido,
Porque tus testimonios son mi meditación.
119:100 Más que los viejos he entendido,
Porque he guardado tus mandamientos;
119:101 De todo mal camino contuve mis pies,
Para guardar tu palabra.
119:102 No me aparté de tus juicios,
Porque tú me enseñaste.
119:103 ¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras!
Más que la miel a mi boca.
119:104 De tus mandamientos he adquirido inteligencia;
Por tanto, he aborrecido todo camino de mentira.
Nun
119:105 Lámpara es a mis pies tu palabra,
Y lumbrera a mi camino.
119:106 Juré y ratifiqué
Que guardaré tus justos juicios.
119:107 Afligido estoy en gran manera;
Vivifícame, oh Jehová, conforme a tu palabra.
119:108 Te ruego, oh Jehová, que te sean agradables los
sacrificios voluntarios de mi boca,
Y me enseñes tus juicios.
119:109 Mi vida está de continuo en peligro,
Mas no me he olvidado de tu ley.
119:110 Me pusieron lazo los impíos,
Pero yo no me desvié de tus mandamientos.
119:111 Por heredad he tomado tus testimonios para
siempre,
Porque son el gozo de mi corazón.
119:112 Mi corazón incliné a cumplir tus estatutos
De continuo, hasta el fin.
Sámec
119:113 Aborrezco a los hombres hipócritas;
Mas amo tu ley.
119:114 Mi escondedero y mi escudo eres tú;
En tu palabra he esperado.
119:115 Apartaos de mí, malignos,
Pues yo guardaré los mandamientos de mi Dios.
119:116 Susténtame conforme a tu palabra, y viviré;
Y no quede yo avergonzado de mi esperanza.
119:117 Sosténme, y seré salvo,
Y me regocijaré siempre en tus estatutos.
119:118 Hollaste a todos los que se desvían de tus
estatutos,
Porque su astucia es falsedad.
119:119 Como escorias hiciste consumir a todos los impíos
de la tierra;
Por tanto, yo he amado tus testimonios.
119:120 Mi carne se ha estremecido por temor de ti,
Y de tus juicios tengo miedo.
Ayin
119:121 Juicio y justicia he hecho;
No me abandones a mis opresores.
119:122 Afianza a tu siervo para bien;
No permitas que los soberbios me opriman.
119:123 Mis ojos desfallecieron por tu salvación,
Y por la palabra de tu justicia.
119:124 Haz con tu siervo según tu misericordia,
Y enséñame tus estatutos.
119:125 Tu siervo soy yo, dame entendimiento
Para conocer tus testimonios.
119:126 Tiempo es de actuar, oh Jehová,
Porque han invalidado tu ley.
119:127 Por eso he amado tus mandamientos
Más que el oro, y más que oro muy puro.
119:128 Por eso estimé rectos todos tus mandamientos
sobre todas las cosas,
Y aborrecí todo camino de mentira.
Pe
119:129 Maravillosos son tus testimonios;
Por tanto, los ha guardado mi alma.
119:130 La exposición de tus palabras alumbra;
Hace entender a los simples.
119:131 Mi boca abrí y suspiré,
Porque deseaba tus mandamientos.
119:132 Mírame, y ten misericordia de mí,
Como acostumbras con los que aman tu nombre.
119:133 Ordena mis pasos con tu palabra,
Y ninguna iniquidad se enseñoree de mí.
119:134 Líbrame de la violencia de los hombres,
Y guardaré tus mandamientos.
119:135 Haz que tu rostro resplandezca sobre tu siervo,
Y enséñame tus estatutos.
119:136 Ríos de agua descendieron de mis ojos,
Porque no guardaban tu ley.
119:137 Justo eres tú, oh Jehová,
Y rectos tus juicios.
119:138 Tus testimonios, que has recomendado,
Son rectos y muy fieles.
119:139 Mi celo me ha consumido,
Porque mis enemigos se olvidaron de tus palabras.
119:140 Sumamente pura es tu palabra,
Y la ama tu siervo.
119:141 Pequeño soy yo, y desechado,
Mas no me he olvidado de tus mandamientos.
119:142 Tu justicia es justicia eterna,
Y tu ley la verdad.
119:143 Aflicción y angustia se han apoderado de mí,
Mas tus mandamientos fueron mi delicia.
119:144 Justicia eterna son tus testimonios;
Dame entendimiento, y viviré.
Cof
119:145 Clamé con todo mi corazón; respóndeme, Jehová,
Y guardaré tus estatutos.
119:146 A ti clamé; sálvame,
Y guardaré tus testimonios.
119:147 Me anticipé al alba, y clamé;
Esperé en tu palabra.
119:148 Se anticiparon mis ojos a las vigilias de la
noche,
Para meditar en tus mandatos.
119:149 Oye mi voz conforme a tu misericordia;
Oh Jehová, vivifícame conforme a tu juicio.
119:150 Se acercaron a la maldad los que me persiguen;
Se alejaron de tu ley.
119:151 Cercano estás tú, oh Jehová,
Y todos tus mandamientos son verdad.
119:152 Hace ya mucho que he entendido tus testimonios,
Que para siempre los has establecido.
Resh
119:153 Mira mi aflicción, y líbrame,
Porque de tu ley no me he olvidado.
119:154 Defiende mi causa, y redímeme;
Vivifícame con tu palabra.
119:155 Lejos está de los impíos la salvación,
Porque no buscan tus estatutos.
119:156 Muchas son tus misericordias, oh Jehová;
Vivifícame conforme a tus juicios.
119:157 Muchos son mis perseguidores y mis enemigos,
Mas de tus testimonios no me he apartado.
119:158 Veía a los prevaricadores, y me disgustaba,
Porque no guardaban tus palabras.
119:159 Mira, oh Jehová, que amo tus mandamientos;
Vivifícame conforme a tu misericordia.
119:160 La suma de tu palabra es verdad,
Y eterno es todo juicio de tu justicia.
Sin
119:161 Príncipes me han perseguido sin causa,
Pero mi corazón tuvo temor de tus palabras.
119:162 Me regocijo en tu palabra
Como el que halla muchos despojos.
119:163 La mentira aborrezco y abomino;
Tu ley amo.
119:164 Siete veces al día te alabo
A causa de tus justos juicios.
119:165 Mucha paz tienen los que aman tu ley,
Y no hay para ellos tropiezo.
119:166 Tu salvación he esperado, oh Jehová,
Y tus mandamientos he puesto por obra.
119:167 Mi alma ha guardado tus testimonios,
Y los he amado en gran manera.
119:168 He guardado tus mandamientos y tus testimonios,
Porque todos mis caminos están delante de ti.
Tau
119:169 Llegue mi clamor delante de ti, oh Jehová;
Dame entendimiento conforme a tu palabra.
119:170 LLegue mi oración delante de ti;
Líbrame conforme a tu dicho.
119:171 Mis labios rebosarán alabanza
Cuando me enseñes tus estatutos.
119:172 Hablará mi lengua tus dichos,
Porque todos tus mandamientos son justicia.
119:173 Esté tu mano pronta para socorrerme,
Porque tus mandamientos he escogido.
119:174 He deseado tu salvación, oh Jehová,
Y tu ley es mi delicia.
119:175 Viva mi alma y te alabe,
Y tus juicios me ayuden.
119:176 Yo anduve errante como oveja extraviada; busca a
tu siervo,
Porque no me he olvidado de tus mandamientos.
Los Salmos
Capítulo 120
120:1 A Jehová clamé estando en angustia,
Y él me respondió.
120:2 Libra mi alma, oh Jehová, del labio mentiroso,
Y de la lengua fraudulenta.
120:3 ¿Qué te dará, o qué te aprovechará,
Oh lengua engañosa?
120:4 Agudas saetas de valiente,
Con brasas de enebro.
120:5 ¡Ay de mí, que moro en Mesec,
Y habito entre las tiendas de Cedar!
120:6 Mucho tiempo ha morado mi alma
Con los que aborrecen la paz.
120:7 Yo soy pacífico;
Mas ellos, así que hablo, me hacen guerra.
Los Salmos
Capítulo 121
121:1 Alzaré mis ojos a los montes;
¿De dónde vendrá mi socorro?
121:2 Mi socorro viene de Jehová,
Que hizo los cielos y la tierra.
121:3 No dará tu pie al resbaladero,
Ni se dormirá el que te guarda.
121:4 He aquí, no se adormecerá ni dormirá
El que guarda a Israel.
121:5 Jehová es tu guardador;
Jehová es tu sombra a tu mano derecha.
121:6 El sol no te fatigará de día,
Ni la luna de noche.
121:7 Jehová te guardará de todo mal;
El guardará tu alma.
121:8 Jehová guardará tu salida y tu entrada
Desde ahora y para siempre.
Los Salmos
Capítulo 122
122:1 Yo me alegré con los que me decían:
A la casa de Jehová iremos.
122:2 Nuestros pies estuvieron
Dentro de tus puertas, oh Jerusalén.
122:3 Jerusalén, que se ha edificado
Como una ciudad que está bien unida entre sí.
122:4 Y allá subieron las tribus, las tribus de JAH,
Conforme al testimonio dado a Israel,
Para alabar el nombre de Jehová.
122:5 Porque allá están las sillas del juicio,
Los tronos de la casa de David.
122:6 Pedid por la paz de Jerusalén;
Sean prosperados los que te aman.
122:7 Sea la paz dentro de tus muros,
Y el descanso dentro de tus palacios.
122:8 Por amor de mis hermanos y mis compañeros
Diré yo: La paz sea contigo.
122:9 Por amor a la casa de Jehová nuestro Dios
Buscaré tu bien.
Los Salmos
Capítulo 123
123:1 A ti alcé mis ojos,
A ti que habitas en los cielos.
123:2 He aquí, como los ojos de los siervos miran a la
mano de sus señores,
Y como los ojos de la sierva a la mano de su señora,
Así nuestros ojos miran a Jehová nuestro Dios,
Hasta que tenga misericordia de nosotros.
123:3 Ten misericordia de nosotros, oh Jehová, ten
misericordia de nosotros,
Porque estamos muy hastiados de menosprecio.
123:4 Hastiada está nuestra alma
Del escarnio de los que están en holgura,
Y del menosprecio de los soberbios.
Los Salmos
Capítulo 124
124:1 A no haber estado Jehová por nosotros,
Diga ahora Israel;
124:2 A no haber estado Jehová por nosotros,
Cuando se levantaron contra nosotros los hombres,
124:3 Vivos nos habrían tragado entonces,
Cuando se encendió su furor contra nosotros.
124:4 Entonces nos habrían inundado las aguas;
Sobre nuestra alma hubiera pasado el torrente;
124:5 Hubieran entonces pasado sobre nuestra alma las
aguas impetuosas.
124:6 Bendito sea Jehová,
Que no nos dio por presa a los dientes de ellos.
124:7 Nuestra alma escapó cual ave del lazo de los
cazadores;
Se rompió el lazo, y escapamos nosotros.
124:8 Nuestro socorro está en el nombre de Jehová,
Que hizo el cielo y la tierra.
Los Salmos
Capítulo 125
125:1 Los que confían en Jehová son como el monte de Sion,
Que no se mueve, sino que permanece para siempre.
125:2 Como Jerusalén tiene montes alrededor de ella,
Así Jehová está alrededor de su pueblo
Desde ahora y para siempre.
125:3 Porque no reposará la vara de la impiedad sobre la
heredad de los justos;
No sea que extiendan los justos sus manos a la iniquidad.
125:4 Haz bien, oh Jehová, a los buenos,
Y a los que son rectos en su corazón.
125:5 Mas a los que se apartan tras sus perversidades,
Jehová los llevará con los que hacen iniquidad;
Paz sea sobre Israel.
Los Salmos
Capítulo 126
126:1 Cuando Jehová hiciere volver la cautividad de Sion,
Seremos como los que sueñan.
126:2 Entonces nuestra boca se llenará de risa,
Y nuestra lengua de alabanza;
Entonces dirán entre las naciones:
Grandes cosas ha hecho Jehová con éstos.
126:3 Grandes cosas ha hecho Jehová con nosotros;
Estaremos alegres.
126:4 Haz volver nuestra cautividad, oh Jehová,
Como los arroyos del Neguev.
126:5 Los que sembraron con lágrimas, con regocijo
segarán.
126:6 Irá andando y llorando el que lleva la preciosa
semilla;
Mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas.
Los Salmos
Capítulo 127
127:1 Si Jehová no edificare la casa,
En vano trabajan los que la edifican;
Si Jehová no guardare la ciudad,
En vano vela la guardia.
127:2 Por demás es que os levantéis de madrugada, y
vayáis tarde a reposar,
Y que comáis pan de dolores;
Pues que a su amado dará Dios el sueño.
127:3 He aquí, herencia de Jehová son los hijos;
Cosa de estima el fruto del vientre.
127:4 Como saetas en mano del valiente,
Así son los hijos habidos en la juventud.
127:5 Bienaventurado el hombre que llenó su aljaba de
ellos;
No será avergonzado
Cuando hablare con los enemigos en la puerta.
Los Salmos
Capítulo 128
128:1 Bienaventurado todo aquel que teme a Jehová,
Que anda en sus caminos.
128:2 Cuando comieres el trabajo de tus manos,
Bienaventurado serás, y te irá bien.
128:3 Tu mujer será como vid que lleva fruto a los lados
de tu casa;
Tus hijos como plantas de olivo alrededor de tu mesa.
128:4 He aquí que así será bendecido el hombre
Que teme a Jehová.
128:5 Bendígate Jehová desde Sion,
Y veas el bien de Jerusalén todos los días de tu vida,
128:6 Y veas a los hijos de tus hijos.
Paz sea sobre Israel.
Los Salmos
Capítulo 129
129:1 Mucho me han angustiado desde mi juventud,
Puede decir ahora Israel;
129:2 Mucho me han angustiado desde mi juventud;
Mas no prevalecieron contra mí.
129:3 Sobre mis espaldas araron los aradores;
Hicieron largos surcos.
129:4 Jehová es justo;
Cortó las coyundas de los impíos.
129:5 Serán avergonzados y vueltos atrás
Todos los que aborrecen a Sion.
129:6 Serán como la hierba de los tejados,
Que se seca antes que crezca;
129:7 De la cual no llenó el segador su mano,
Ni sus brazos el que hace gavillas.
129:8 Ni dijeron los que pasaban:
Bendición de Jehová sea sobre vosotros;
Os bendecimos en el nombre de Jehová.
Los Salmos
Capítulo 130
130:1 De lo profundo, oh Jehová, a ti clamo.
130:2 Señor, oye mi voz;
Estén atentos tus oídos
A la voz de mi súplica.
130:3 JAH, si mirares a los pecados,
¿Quién, oh Señor, podrá mantenerse?
130:4 Pero en ti hay perdón,
Para que seas reverenciado.
130:5 Esperé yo a Jehová, esperó mi alma;
En su palabra he esperado.
130:6 Mi alma espera a Jehová
Más que los centinelas a la mañana,
Más que los vigilantes a la mañana.
130:7 Espere Israel a Jehová,
Porque en Jehová hay misericordia,
Y abundante redención con él;
130:8 Y él redimirá a Israel
De todos sus pecados.
Los Salmos
Capítulo 131
131:1 Jehová, no se ha envanecido mi corazón, ni mis ojos
se enaltecieron;
Ni anduve en grandezas,
Ni en cosas demasiado sublimes para mí.
131:2 En verdad que me he comportado y he acallado mi
alma
Como un niño destetado de su madre;
Como un niño destetado está mi alma.
131:3 Espera, oh Israel, en Jehová,
Desde ahora y para siempre.
Los Salmos
Capítulo 132
132:1 Acuérdate, oh Jehová, de David,
Y de toda su aflicción;
132:2 De cómo juró a Jehová,
Y prometió al Fuerte de Jacob:
132:3 No entraré en la morada de mi casa,
Ni subiré sobre el lecho de mi estrado;
132:4 No daré sueño a mis ojos,
Ni a mis párpados adormecimiento,
132:5 Hasta que halle lugar para Jehová,
Morada para el Fuerte de Jacob.
132:6 He aquí en Efrata lo oímos;
Lo hallamos en los campos del bosque.
132:7 Entraremos en su tabernáculo;
Nos postraremos ante el estrado de sus pies.
132:8 Levántate, oh Jehová, al lugar de tu reposo,
Tú y el arca de tu poder.
132:9 Tus sacerdotes se vistan de justicia,
Y se regocijen tus santos.
132:10 Por amor de David tu siervo
No vuelvas de tu ungido el rostro.
132:11 En verdad juró Jehová a David,
Y no se retractará de ello:
De tu descendencia pondré sobre tu trono.
132:12 Si tus hijos guardaren mi pacto,
Y mi testimonio que yo les enseñaré,
Sus hijos también se sentarán sobre tu trono para
siempre.
132:13 Porque Jehová ha elegido a Sion;
La quiso por habitación para sí.
132:14 Este es para siempre el lugar de mi reposo;
Aquí habitaré, porque la he querido.
132:15 Bendeciré abundantemente su provisión;
A sus pobres saciaré de pan.
132:16 Asimismo vestiré de salvación a sus sacerdotes,
Y sus santos darán voces de júbilo.
132:17 Allí haré retoñar el poder de David;
He dispuesto lámpara a mi ungido.
132:18 A sus enemigos vestiré de confusión,
Mas sobre él florecerá su corona.
Los Salmos
Capítulo 133
133:1 ¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es
Habitar los hermanos juntos en armonía!
133:2 Es como el buen óleo sobre la cabeza,
El cual desciende sobre la barba,
La barba de Aarón,
Y baja hasta el borde de sus vestiduras;
133:3 Como el rocío de Hermón,
Que desciende sobre los montes de Sion;
Porque allí envía Jehová bendición,
Y vida eterna.
Los Salmos
Capítulo 134
134:1 Mirad, bendecid a Jehová,
Vosotros todos los siervos de Jehová,
Los que en la casa de Jehová estáis por las noches.
134:2 Alzad vuestras manos al santuario,
Y bendecid a Jehová.
134:3 Desde Sion te bendiga Jehová,
El cual ha hecho los cielos y la tierra.
Los Salmos
Capítulo 135
135:1 Alabad el nombre de Jehová;
Alabadle, siervos de Jehová;
135:2 Los que estáis en la casa de Jehová,
En los atrios de la casa de nuestro Dios.
135:3 Alabad a JAH, porque él es bueno;
Cantad salmos a su nombre, porque él es benigno.
135:4 Porque JAH ha escogido a Jacob para sí,
A Israel por posesión suya.
135:5 Porque yo sé que Jehová es grande,
Y el Señor nuestro, mayor que todos los dioses.
135:6 Todo lo que Jehová quiere, lo hace,
En los cielos y en la tierra, en los mares y en todos los
abismos.
135:7 Hace subir las nubes de los extremos de la tierra;
Hace los relámpagos para la lluvia;
Saca de sus depósitos los vientos.
135:8 El es quien hizo morir a los primogénitos de
Egipto,
Desde el hombre hasta la bestia.
135:9 Envió señales y prodigios en medio de ti, oh
Egipto,
Contra Faraón, y contra todos sus siervos.
135:10 Destruyó a muchas naciones,
Y mató a reyes poderosos;
135:11 A Sehón rey amorreo,
A Og rey de Basán,
Y a todos los reyes de Canaán.
135:12 Y dio la tierra de ellos en heredad,
En heredad a Israel su pueblo.
135:13 Oh Jehová, eterno es tu nombre;
Tu memoria, oh Jehová, de generación en generación.
135:14 Porque Jehová juzgará a su pueblo,
Y se compadecerá de sus siervos.
135:15 Los ídolos de las naciones son plata y oro,
Obra de manos de hombres.
135:16 Tienen boca, y no hablan;
Tienen ojos, y no ven;
135:17 Tienen orejas, y no oyen;
Tampoco hay aliento en sus bocas.
135:18 Semejantes a ellos son los que los hacen,
Y todos los que en ellos confían.
135:19 Casa de Israel, bendecid a Jehová;
Casa de Aarón, bendecid a Jehová;
135:20 Casa de Leví, bendecid a Jehová;
Los que teméis a Jehová, bendecid a Jehová.
135:21 Desde Sion sea bendecido Jehová,
Quien mora en Jerusalén.
Aleluya.
Los Salmos
Capítulo 136
136:1 Alabad a Jehová, porque él es bueno,
Porque para siempre es su misericordia.
136:2 Alabad al Dios de los dioses,
Porque para siempre es su misericordia.
136:3 Alabad al Señor de los señores,
Porque para siempre es su misericordia.
136:4 Al único que hace grandes maravillas,
Porque para siempre es su misericordia.
136:5 Al que hizo los cielos con entendimiento,
Porque para siempre es su misericordia.
136:6 Al que extendió la tierra sobre las aguas,
Porque para siempre es su misericordia.
136:7 Al que hizo las grandes lumbreras,
Porque para siempre es su misericordia.
136:8 El sol para que señorease en el día,
Porque para siempre es su misericordia.
136:9 La luna y las estrellas para que señoreasen en la
noche,
Porque para siempre es su misericordia.
136:10 Al que hirió a Egipto en sus primogénitos,
Porque para siempre es su misericordia.
136:11 Al que sacó a Israel de en medio de ellos,
Porque para siempre es su misericordia.
136:12 Con mano fuerte, y brazo extendido,
Porque para siempre es su misericordia.
136:13 Al que dividió el Mar Rojo en partes,
Porque para siempre es su misericordia;
136:14 E hizo pasar a Israel por en medio de él,
Porque para siempre es su misericordia;
136:15 Y arrojó a Faraón y a su ejército en el Mar Rojo,
Porque para siempre es su misericordia.
136:16 Al que pastoreó a su pueblo por el desierto,
Porque para siempre es su misericordia.
136:17 Al que hirió a grandes reyes,
Porque para siempre es su misericordia;
136:18 Y mató a reyes poderosos,
Porque para siempre es su misericordia;
136:19 A Sehón rey amorreo,
Porque para siempre es su misericordia;
136:20 Y a Og rey de Basán,
Porque para siempre es su misericordia;
136:21 Y dio la tierra de ellos en heredad,
Porque para siempre es su misericordia;
136:22 En heredad a Israel su siervo,
Porque para siempre es su misericordia.
136:23 El es el que en nuestro abatimiento se acordó de
nosotros,
Porque para siempre es su misericordia;
136:24 Y nos rescató de nuestros enemigos,
Porque para siempre es su misericordia.
136:25 El que da alimento a todo ser viviente,
Porque para siempre es su misericordia.
136:26 Alabad al Dios de los cielos,
Porque para siempre es su misericordia.
Los Salmos
Capítulo 137
137:1 Junto a los ríos de Babilonia,
Allí nos sentábamos, y aun llorábamos,
Acordándonos de Sion.
137:2 Sobre los sauces en medio de ella
Colgamos nuestras arpas.
137:3 Y los que nos habían llevado cautivos nos pedían
que cantásemos,
Y los que nos habían desolado nos pedían alegría,
diciendo:
Cantadnos algunos de los cánticos de Sion.
137:4 ¿Cómo cantaremos cántico de Jehová
En tierra de extraños?
137:5 Si me olvidare de ti, oh Jerusalén,
Pierda mi diestra su destreza.
137:6 Mi lengua se pegue a mi paladar,
Si de ti no me acordare;
Si no enalteciere a Jerusalén
Como preferente asunto de mi alegría.
137:7 Oh Jehová, recuerda contra los hijos de Edom el día
de Jerusalén,
Cuando decían: Arrasadla, arrasadla
Hasta los cimientos.
137:8 Hija de Babilonia la desolada,
Bienaventurado el que te diere el pago
De lo que tú nos hiciste.
137:9 Dichoso el que tomare y estrellare tus niños
Contra la peña.
Los Salmos
Capítulo 138
138:1 Te alabaré con todo mi corazón;
Delante de los dioses te cantaré salmos.
138:2 Me postraré hacia tu santo templo,
Y alabaré tu nombre por tu misericordia y tu fidelidad;
Porque has engrandecido tu nombre, y tu palabra sobre
todas las cosas.
138:3 El día que clamé, me respondiste;
Me fortaleciste con vigor en mi alma.
138:4 Te alabarán, oh Jehová, todos los reyes de la
tierra,
Porque han oído los dichos de tu boca.
138:5 Y cantarán de los caminos de Jehová,
Porque la gloria de Jehová es grande.
138:6 Porque Jehová es excelso, y atiende al humilde,
Mas al altivo mira de lejos.
138:7 Si anduviere yo en medio de la angustia, tú me
vivificarás;
Contra la ira de mis enemigos extenderás tu mano,
Y me salvará tu diestra.
138:8 Jehová cumplirá su propósito en mí;
Tu misericordia, oh Jehová, es para siempre;
No desampares la obra de tus manos.
Los Salmos
Capítulo 139
139:1 Oh Jehová, tú me has examinado y conocido.
139:2 Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme;
Has entendido desde lejos mis pensamientos.
139:3 Has escudriñado mi andar y mi reposo,
Y todos mis caminos te son conocidos.
139:4 Pues aún no está la palabra en mi lengua,
Y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda.
139:5 Detrás y delante me rodeaste,
Y sobre mí pusiste tu mano.
139:6 Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí;
Alto es, no lo puedo comprender.
139:7 ¿A dónde me iré de tu Espíritu?
¿Y a dónde huiré de tu presencia?
139:8 Si subiere a los cielos, allí estás tú;
Y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú
estás.
139:9 Si tomare las alas del alba
Y habitare en el extremo del mar,
139:10 Aun allí me guiará tu mano,
Y me asirá tu diestra.
139:11 Si dijere: Ciertamente las tinieblas me
encubrirán;
Aun la noche resplandecerá alrededor de mí.
139:12 Aun las tinieblas no encubren de ti,
Y la noche resplandece como el día;
Lo mismo te son las tinieblas que la luz.
139:13 Porque tú formaste mis entrañas;
Tú me hiciste en el vientre de mi madre.
139:14 Te alabaré; porque formidables, maravillosas son
tus obras;
Estoy maravillado,
Y mi alma lo sabe muy bien.
139:15 No fue encubierto de ti mi cuerpo,
Bien que en oculto fui formado,
Y entretejido en lo más profundo de la tierra.
139:16 Mi embrión vieron tus ojos,
Y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas
Que fueron luego formadas,
Sin faltar una de ellas.
139:17 ¡Cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos!
¡Cuán grande es la suma de ellos!
139:18 Si los enumero, se multiplican más que la arena;
Despierto, y aún estoy contigo.
139:19 De cierto, oh Dios, harás morir al impío;
Apartaos, pues, de mí, hombres sanguinarios.
139:20 Porque blasfemias dicen ellos contra ti;
Tus enemigos toman en vano tu nombre.
139:21 ¿No odio, oh Jehová, a los que te aborrecen,
Y me enardezco contra tus enemigos?
139:22 Los aborrezco por completo;
Los tengo por enemigos.
139:23 Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón;
Pruébame y conoce mis pensamientos;
139:24 Y ve si hay en mí camino de perversidad,
Y guíame en el camino eterno.
Los Salmos
Capítulo 140
140:1 Líbrame, oh Jehová, del hombre malo;
Guárdame de hombres violentos,
140:2 Los cuales maquinan males en el corazón,
Cada día urden contiendas.
140:3 Aguzaron su lengua como la serpiente;
Veneno de áspid hay debajo de sus labios.
140:4 Guárdame, oh Jehová, de manos del impío;
Líbrame de hombres injuriosos,
Que han pensado trastornar mis pasos.
140:5 Me han escondido lazo y cuerdas los soberbios;
Han tendido red junto a la senda;
Me han puesto lazos. Selah
140:6 He dicho a Jehová: Dios mío eres tú;
Escucha, oh Jehová, la voz de mis ruegos.
140:7 Jehová Señor, potente salvador mío,
Tú pusiste a cubierto mi cabeza en el día de batalla.
140:8 No concedas, oh Jehová, al impío sus deseos;
No saques adelante su pensamiento, para que no se
ensoberbezca. Selah
140:9 En cuanto a los que por todas partes me rodean,
La maldad de sus propios labios cubrirá su cabeza.
140:10 Caerán sobre ellos brasas;
Serán echados en el fuego,
En abismos profundos de donde no salgan.
140:11 El hombre deslenguado no será firme en la tierra;
El mal cazará al hombre injusto para derribarle.
140:12 Yo sé que Jehová tomará a su cargo la causa del
afligido,
Y el derecho de los necesitados.
140:13 Ciertamente los justos alabarán tu nombre;
Los rectos morarán en tu presencia.
Los Salmos
Capítulo 141
141:1 Jehová, a ti he clamado; apresúrate a mí;
Escucha mi voz cuando te invocare.
141:2 Suba mi oración delante de ti como el incienso,
El don de mis manos como la ofrenda de la tarde.
141:3 Pon guarda a mi boca, oh Jehová;
Guarda la puerta de mis labios.
141:4 No dejes que se incline mi corazón a cosa mala,
A hacer obras impías
Con los que hacen iniquidad;
Y no coma yo de sus deleites.
141:5 Que el justo me castigue, será un favor,
Y que me reprenda será un excelente bálsamo
Que no me herirá la cabeza;
Pero mi oración será continuamente contra las maldades de
aquéllos.
141:6 Serán despeñados sus jueces,
Y oirán mis palabras, que son verdaderas.
141:7 Como quien hiende y rompe la tierra,
Son esparcidos nuestros huesos a la boca del Seol.
141:8 Por tanto, a ti, oh Jehová, Señor, miran mis ojos;
En ti he confiado; no desampares mi alma.
141:9 Guárdame de los lazos que me han tendido,
Y de las trampas de los que hacen iniquidad.
141:10 Caigan los impíos a una en sus redes,
Mientras yo pasaré adelante.
Los Salmos
Capítulo 142
142:1 Con mi voz clamaré a Jehová;
Con mi voz pediré a Jehová misericordia.
142:2 Delante de él expondré mi queja;
Delante de él manifestaré mi angustia.
142:3 Cuando mi espíritu se angustiaba dentro de mí, tú
conociste mi senda.
En el camino en que andaba, me escondieron lazo.
142:4 Mira a mi diestra y observa, pues no hay quien me
quiera conocer;
No tengo refugio, ni hay quien cuide de mi vida.
142:5 Clamé a ti, oh Jehová;
Dije: Tú eres mi esperanza,
Y mi porción en la tierra de los vivientes.
142:6 Escucha mi clamor, porque estoy muy afligido.
Líbrame de los que me persiguen, porque son más fuertes
que yo.
142:7 Saca mi alma de la cárcel, para que alabe tu
nombre;
Me rodearán los justos,
Porque tú me serás propicio.
Los Salmos
Capítulo 143
143:1 Oh Jehová, oye mi oración, escucha mis ruegos;
Respóndeme por tu verdad, por tu justicia.
143:2 Y no entres en juicio con tu siervo;
Porque no se justificará delante de ti ningún ser humano.
143:3 Porque ha perseguido el enemigo mi alma;
Ha postrado en tierra mi vida;
Me ha hecho habitar en tinieblas como los ya muertos.
143:4 Y mi espíritu se angustió dentro de mí;
Está desolado mi corazón.
143:5 Me acordé de los días antiguos;
Meditaba en todas tus obras;
Reflexionaba en las obras de tus manos.
143:6 Extendí mis manos a ti,
Mi alma a ti como la tierra sedienta. Selah
143:7 Respóndeme pronto, oh Jehová, porque desmaya mi
espíritu;
No escondas de mí tu rostro,
No venga yo a ser semejante a los que descienden a la
sepultura.
143:8 Hazme oír por la mañana tu misericordia,
Porque en ti he confiado;
Hazme saber el camino por donde ande,
Porque a ti he elevado mi alma.
143:9 Líbrame de mis enemigos, oh Jehová;
En ti me refugio.
143:10 Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi
Dios;
Tu buen espíritu me guíe a tierra de rectitud.
143:11 Por tu nombre, oh Jehová, me vivificarás;
Por tu justicia sacarás mi alma de angustia.
143:12 Y por tu misericordia disiparás a mis enemigos,
Y destruirás a todos los adversarios de mi alma,
Porque yo soy tu siervo.
Los Salmos
Capítulo 144
144:1 Bendito sea Jehová, mi roca,
Quien adiestra mis manos para la batalla,
Y mis dedos para la guerra;
144:2 Misericordia mía y mi castillo,
Fortaleza mía y mi libertador,
Escudo mío, en quien he confiado;
El que sujeta a mi pueblo debajo de mí.
144:3 Oh Jehová, ¿qué es el hombre, para que en él
pienses,
O el hijo de hombre, para que lo estimes?
144:4 El hombre es semejante a la vanidad;
Sus días son como la sombra que pasa.
144:5 Oh Jehová, inclina tus cielos y desciende;
Toca los montes, y humeen.
144:6 Despide relámpagos y disípalos,
Envía tus saetas y túrbalos.
144:7 Envía tu mano desde lo alto;
Redímeme, y sácame de las muchas aguas,
De la mano de los hombres extraños,
144:8 Cuya boca habla vanidad,
Y cuya diestra es diestra de mentira.
144:9 Oh Dios, a ti cantaré cántico nuevo;
Con salterio, con decacordio cantaré a ti.
144:10 Tú, el que da victoria a los reyes,
El que rescata de maligna espada a David su siervo.
144:11 Rescátame, y líbrame de la mano de los hombres
extraños,
Cuya boca habla vanidad,
Y cuya diestra es diestra de mentira.
144:12 Sean nuestros hijos como plantas crecidas en su
juventud,
Nuestras hijas como esquinas labradas como las de un
palacio;
144:13 Nuestros graneros llenos, provistos de toda suerte
de grano;
Nuestros ganados, que se multipliquen a millares y
decenas de millares en nuestros campos;
144:14 Nuestros bueyes estén fuertes para el trabajo;
No tengamos asalto, ni que hacer salida,
Ni grito de alarma en nuestras plazas.
144:15 Bienaventurado el pueblo que tiene esto;
Bienaventurado el pueblo cuyo Dios es Jehová.
Los Salmos
Capítulo 145
145:1 Te exaltaré, mi Dios, mi Rey,
Y bendeciré tu nombre eternamente y para siempre.
145:2 Cada día te bendeciré,
Y alabaré tu nombre eternamente y para siempre.
145:3 Grande es Jehová, y digno de suprema alabanza;
Y su grandeza es inescrutable.
145:4 Generación a generación celebrará tus obras,
Y anunciará tus poderosos hechos.
145:5 En la hermosura de la gloria de tu magnificencia,
Y en tus hechos maravillosos meditaré.
145:6 Del poder de tus hechos estupendos hablarán los
hombres,
Y yo publicaré tu grandeza.
145:7 Proclamarán la memoria de tu inmensa bondad,
Y cantarán tu justicia.
145:8 Clemente y misericordioso es Jehová,
Lento para la ira, y grande en misericordia.
145:9 Bueno es Jehová para con todos,
Y sus misericordias sobre todas sus obras.
145:10 Te alaben, oh Jehová, todas tus obras,
Y tus santos te bendigan.
145:11 La gloria de tu reino digan,
Y hablen de tu poder,
145:12 Para hacer saber a los hijos de los hombres sus
poderosos hechos,
Y la gloria de la magnificencia de su reino.
145:13 Tu reino es reino de todos los siglos,
Y tu señorío en todas las generaciones.
145:14 Sostiene Jehová a todos los que caen,
Y levanta a todos los oprimidos.
145:15 Los ojos de todos esperan en ti,
Y tú les das su comida a su tiempo.
145:16 Abres tu mano,
Y colmas de bendición a todo ser viviente.
145:17 Justo es Jehová en todos sus caminos,
Y misericordioso en todas sus obras.
145:18 Cercano está Jehová a todos los que le invocan,
A todos los que le invocan de veras.
145:19 Cumplirá el deseo de los que le temen;
Oirá asimismo el clamor de ellos, y los salvará.
145:20 Jehová guarda a todos los que le aman,
Mas destruirá a todos los impíos.
145:21 La alabanza de Jehová proclamará mi boca;
Y todos bendigan su santo nombre eternamente y para
siempre.
Los Salmos
Capítulo 146
146:1 Alaba, oh alma mía, a Jehová.
146:2 Alabaré a Jehová en mi vida;
Cantaré salmos a mi Dios mientras viva.
146:3 No confiéis en los príncipes,
Ni en hijo de hombre, porque no hay en él salvación.
146:4 Pues sale su aliento, y vuelve a la tierra;
En ese mismo día perecen sus pensamientos.
146:5 Bienaventurado aquel cuyo ayudador es el Dios de
Jacob,
Cuya esperanza está en Jehová su Dios,
146:6 El cual hizo los cielos y la tierra,
El mar, y todo lo que en ellos hay;
Que guarda verdad para siempre,
146:7 Que hace justicia a los agraviados,
Que da pan a los hambrientos.
Jehová liberta a los cautivos;
146:8 Jehová abre los ojos a los ciegos;
Jehová levanta a los caídos;
Jehová ama a los justos.
146:9 Jehová guarda a los extranjeros;
Al huérfano y a la viuda sostiene,
Y el camino de los impíos trastorna.
146:10 Reinará Jehová para siempre;
Tu Dios, oh Sion, de generación en generación.
Aleluya.
Los Salmos
Capítulo 147
147:1 Alabad a JAH,
Porque es bueno cantar salmos a nuestro Dios;
Porque suave y hermosa es la alabanza.
147:2 Jehová edifica a Jerusalén;
A los desterrados de Israel recogerá.
147:3 El sana a los quebrantados de corazón,
Y venda sus heridas.
147:4 El cuenta el número de las estrellas;
A todas ellas llama por sus nombres.
147:5 Grande es el Señor nuestro, y de mucho poder;
Y su entendimiento es infinito.
147:6 Jehová exalta a los humildes,
Y humilla a los impíos hasta la tierra.
147:7 Cantad a Jehová con alabanza,
Cantad con arpa a nuestro Dios.
147:8 El es quien cubre de nubes los cielos,
El que prepara la lluvia para la tierra,
El que hace a los montes producir hierba.
147:9 El da a la bestia su mantenimiento,
Y a los hijos de los cuervos que claman.
147:10 No se deleita en la fuerza del caballo,
Ni se complace en la agilidad del hombre.
147:11 Se complace Jehová en los que le temen,
Y en los que esperan en su misericordia.
147:12 Alaba a Jehová, Jerusalén;
Alaba a tu Dios, oh Sion.
147:13 Porque fortificó los cerrojos de tus puertas;
Bendijo a tus hijos dentro de ti.
147:14 El da en tu territorio la paz;
Te hará saciar con lo mejor del trigo.
147:15 El envía su palabra a la tierra;
Velozmente corre su palabra.
147:16 Da la nieve como lana,
Y derrama la escarcha como ceniza.
147:17 Echa su hielo como pedazos;
Ante su frío, ¿quién resistirá?
147:18 Enviará su palabra, y los derretirá;
Soplará su viento, y fluirán las aguas.
147:19 Ha manifestado sus palabras a Jacob,
Sus estatutos y sus juicios a Israel.
147:20 No ha hecho así con ninguna otra de las naciones;
Y en cuanto a sus juicios, no los conocieron.
Aleluya.
Los Salmos
Capítulo 148
148:1 Alabad a Jehová desde los cielos;
Alabadle en las alturas.
148:2 Alabadle, vosotros todos sus ángeles;
Alabadle, vosotros todos sus ejércitos.
148:3 Alabadle, sol y luna;
Alabadle, vosotras todas, lucientes estrellas.
148:4 Alabadle, cielos de los cielos,
Y las aguas que están sobre los cielos.
148:5 Alaben el nombre de Jehová;
Porque él mandó, y fueron creados.
148:6 Los hizo ser eternamente y para siempre;
Les puso ley que no será quebrantada.
148:7 Alabad a Jehová desde la tierra,
Los monstruos marinos y todos los abismos;
148:8 El fuego y el granizo, la nieve y el vapor,
El viento de tempestad que ejecuta su palabra;
148:9 Los montes y todos los collados,
El árbol de fruto y todos los cedros;
148:10 La bestia y todo animal,
Reptiles y volátiles;
148:11 Los reyes de la tierra y todos los pueblos,
Los príncipes y todos los jueces de la tierra;
148:12 Los jóvenes y también las doncellas,
Los ancianos y los niños.
148:13 Alaben el nombre de Jehová,
Porque sólo su nombre es enaltecido.
Su gloria es sobre tierra y cielos.
148:14 El ha exaltado el poderío de su pueblo;
Alábenle todos sus santos, los hijos de Israel,
El pueblo a él cercano.
Aleluya.
Los Salmos
Capítulo 149
149:1 Cantad a Jehová cántico nuevo;
Su alabanza sea en la congregación de los santos.
149:2 Alégrese Israel en su Hacedor;
Los hijos de Sion se gocen en su Rey.
149:3 Alaben su nombre con danza;
Con pandero y arpa a él canten.
149:4 Porque Jehová tiene contentamiento en su pueblo;
Hermoseará a los humildes con la salvación.
149:5 Regocíjense los santos por su gloria,
Y canten aun sobre sus camas.
149:6 Exalten a Dios con sus gargantas,
Y espadas de dos filos en sus manos,
149:7 Para ejecutar venganza entre las naciones,
Y castigo entre los pueblos;
149:8 Para aprisionar a sus reyes con grillos,
Y a sus nobles con cadenas de hierro;
149:9 Para ejecutar en ellos el juicio decretado;
Gloria será esto para todos sus santos.
Aleluya.
Los Salmos
Capítulo 150
150:1 Alabad a Dios en su santuario;
Alabadle en la magnificencia de su firmamento.
150:2 Alabadle por sus proezas;
Alabadle conforme a la muchedumbre de su grandeza.
150:3 Alabadle a son de bocina;
Alabadle con salterio y arpa.
150:4 Alabadle con pandero y danza;
Alabadle con cuerdas y flautas.
150:5 Alabadle con címbalos resonantes;
Alabadle con címbalos de júbilo.
150:6 Todo lo que respira alabe a JAH.
Aleluya.
PROVERBIOS
Motivo de los proverbios
PROVERBIOS 1
1 Los proverbios de Salomón, hijo de David, rey de
Israel.
2 Para entender sabiduría y doctrina,
Para conocer razones prudentes,
3 Para recibir el consejo de prudencia,
Justicia, juicio y equidad;
4 Para dar sagacidad a los simples,
Y a los jóvenes inteligencia y cordura.
5 Oirá el sabio, y aumentará el saber,
Y el entendido adquirirá consejo,
6 Para entender proverbio y declaración,
Palabras de sabios, y sus dichos profundos.
7 El principio de la sabiduría es el temor de Jehová;
Los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza.
Amonestaciones de la Sabiduría
8 Oye,hijo mío, la instrucción de tu padre,
Y no desprecies la dirección de tu madre;
9 Porque adorno de gracia serán a tu cabeza,
Y collares a tu cuello.
10 Hijo mío, si los pecadores te quisieren engañar,
No consientas.
11 Si dijeren: Ven con nosotros;
Pongamos asechanzas para derramar sangre,
Acechemos sin motivo al inocente;
12 Los tragaremos vivos como el Seol,
Y enteros, como los que caen en un abismo;
13 Hallaremos riquezas de toda clase,
Llenaremos nuestras casas de despojos;
14 Echa tu suerte entre nosotros;
Tengamos todos una bolsa,-
15 Hijo mío, no andes en camino con ellos.
Aparta tu pie de sus veredas,
16 Porque sus pies corren hacia el mal,
Y van presurosos a derramar sangre.
17 Porque en vano se tenderá la red
Ante los ojos de toda ave;
18 Pero ellos a su propia sangre ponen asechanzas,
Y a sus almas tienden lazo.
19 Tales son las sendas de todo el que es dado a la
codicia,
La cual quita la vida de sus poseedores.
20 La sabiduría clama en las calles,
Alza su voz en las plazas;
21 Clama en los principales lugares de reunión;
En las entradas de las puertas de la ciudad dice sus
razones.
22 ¿Hasta cuándo, oh simples, amaréis la simpleza,
Y los burladores desearán el burlar,
Y los insensatos aborrecerán la ciencia?
23 Volveos a mi reprensión;
He aquí yo derramaré mi espíritu sobre vosotros,
Y os haré saber mis palabras.
24 Por cuanto llamé, y no quisisteis oír,
Extendí mi mano, y no hubo quien atendiese,
25 Sino que desechasteis todo consejo mío
Y mi reprensión no quisisteis,
26 También yo me reiré en vuestra calamidad,
Y me burlaré cuando os viniere lo que teméis;
27 Cuando viniere como una destrucción lo que teméis,
Y vuestra calamidad llegare como un torbellino;
Cuando sobre vosotros viniere tribulación y angustia.
28 Entonces me llamarán, y no responderé;
Me buscarán de mañana, y no me hallarán.
29 Por cuanto aborrecieron la sabiduría,
Y no escogieron el temor de Jehová,
30 Ni quisieron mi consejo,
Y menospreciaron toda reprensión mía,
31 Comerán del fruto de su camino,
Y serán hastiados de sus propios consejos.
32 Porque el desvío de los ignorantes los matará,
Y la prosperidad de los necios los echará a perder;
33 Mas el que me oyere, habitará confiadamente
Y vivirá tranquilo, sin temor del mal.
Excelencias de la sabiduría
PROVERBIOS 2
1 Hijo mío, si recibieres mis palabras,
Y mis mandamientos guardares dentro de ti,
2 Haciendo estar atento tu oído a la sabiduría;
Si inclinares tu corazón a la prudencia,
3 Si clamares a la inteligencia,
Y a la prudencia dieres tu voz;
4 Si como a la plata la buscares,
Y la escudriñares como a tesoros,
5 Entonces entenderás el temor de Jehová,
Y hallarás el conocimiento de Dios.
6 Porque Jehová da la sabiduría,
Y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia.
7 El provee de sana sabiduría a los rectos;
Es escudo a los que caminan rectamente.
8 Es el que guarda las veredas del juicio,
Y preserva el camino de sus santos.
9 Entonces entenderás justicia, juicio
Y equidad, y todo buen camino.
10 Cuando la sabiduría entrare en tu corazón,
Y la ciencia fuere grata a tu alma,
11 La discreción te guardará;
Te preservará la inteligencia,
12 Para librarte del mal camino,
De los hombres que hablan perversidades,
13 Que dejan los caminos derechos,
Para andar por sendas tenebrosas;
14 Que se alegran haciendo el mal,
Que se huelgan en las perversidades del vicio;
15 Cuyas veredas son torcidas,
Y torcidos sus caminos.
16 Serás librado de la mujer extraña,
De la ajena que halaga con sus palabras,
17 La cual abandona al compañero de su juventud,
Y se olvida del pacto de su Dios.
18 Por lo cual su casa está inclinada a la muerte,
Y sus veredas hacia los muertos;
19 Todos los que a ella se lleguen, no volverán,
Ni seguirán otra vez los senderos de la vida.
20 Así andarás por el camino de los buenos,
Y seguirás las veredas de los justos;
21 Porque los rectos habitarán la tierra,
Y los perfectos permanecerán en ella,
22 Mas los impíos serán cortados de la tierra,
Y los prevaricadores serán de ella desarraigados.
Exhortación a la obediencia
PROVERBIOS 3
1 Hijo mío, no te olvides de mi ley,
Y tu corazón guarde mis mandamientos;
2 Porque largura de días y años de vida
Y paz te aumentarán.
3 Nunca se aparten de ti la misericordia y la verdad;
Atalas a tu cuello,
Escríbelas en la tabla de tu corazón;
4 Y hallarás gracia y buena opinión
Ante los ojos de Dios y de los hombres.
5 Fíate de Jehová de todo tu corazón,
Y no te apoyes en tu propia prudencia.
6 Reconócelo en todos tus caminos,
Y él enderezará tus veredas.
7 No seas sabio en tu propia opinión;
Teme a Jehová, y apártate del mal;
8 Porque será medicina a tu cuerpo,
Y refrigerio para tus huesos.
9 Honra a Jehová con tus bienes,
Y con las primicias de todos tus frutos;
10 Y serán llenos tus graneros con abundancia,
Y tus lagares rebosarán de mosto.
11 No menosprecies, hijo mío, el castigo de Jehová,
Ni te fatigues de su corrección;
12 Porque Jehová al que ama castiga,
Como el padre al hijo a quien quiere.
13 Bienaventurado el hombre que halla la sabiduría,
Y que obtiene la inteligencia;
14 Porque su ganancia es mejor que la ganancia de la
plata,
Y sus frutos más que el oro fino.
15 Más preciosa es que las piedras preciosas;
Y todo lo que puedes desear, no se puede comparar a ella.
16 Largura de días está en su mano derecha;
En su izquierda, riquezas y honra.
17 Sus caminos son caminos deleitosos,
Y todas sus veredas paz.
18 Ella es árbol de vida a los que de ella echan mano,
Y bienaventurados son los que la retienen.
19 Jehová con sabiduría fundó la tierra;
Afirmó los cielos con inteligencia.
20 Con su ciencia los abismos fueron divididos,
Y destilan rocío los cielos.
21 Hijo mío, no se aparten estas cosas de tus ojos;
Guarda la ley y el consejo,
22 Y serán vida a tu alma,
Y gracia a tu cuello.
23 Entonces andarás por tu camino confiadamente,
Y tu pie no tropezará.
24 Cuando te acuestes, no tendrás temor,
Sino que te acostarás, y tu sueño será grato.
25 No tendrás temor de pavor repentino,
Ni de la ruina de los impíos cuando viniere,
26 Porque Jehová será tu confianza,
Y él preservará tu pie de quedar preso.
27 No te niegues a hacer el bien a quien es debido,
Cuando tuvieres poder para hacerlo.
28 No digas a tu prójimo: Anda, y vuelve,
Y mañana te daré,
Cuando tienes contigo qué darle.
29 No intentes mal contra tu prójimo
Que habita confiado junto a ti.
30 No tengas pleito con nadie sin razón,
Si no te han hecho agravio.
31 No envidies al hombre injusto,
Ni escojas ninguno de sus caminos.
32 Porque Jehová abomina al perverso;
Mas su comunión íntima es con los justos.
33 La maldición de Jehová está en la casa del impío,
Pero bendecirá la morada de los justos.
34 Ciertamente él escarnecerá a los escarnecedores,
Y a los humildes dará gracia.
35 Los sabios heredarán honra,
Mas los necios llevarán ignominia.
Beneficios de la sabiduría
PROVERBIOS 4
1 Oíd, hijos, la enseñanza de un padre,
Y estad atentos, para que conozcáis cordura.
2 Porque os doy buena enseñanza;
No desamparéis mi ley.
3 Porque yo también fui hijo de mi padre,
Delicado y único delante de mi madre.
4 Y él me enseñaba, y me decía:
Retenga tu corazón mis razones,
Guarda mis mandamientos, y vivirás.
5 Adquiere sabiduría, adquiere inteligencia;
No te olvides ni te apartes de las razones de mi boca;
6 No la dejes, y ella te guardará;
Amala, y te conservará.
7 Sabiduría ante todo; adquiere sabiduría;
Y sobre todas tus posesiones adquiere inteligencia.
8 Engrandécela, y ella te engrandecerá;
Ella te honrará, cuando tú la hayas abrazado.
9 Adorno de gracia dará a tu cabeza;
Corona de hermosura te entregará.
10 Oye, hijo mío, y recibe mis razones,
Y se te multiplicarán años de vida.
11 Por el camino de la sabiduría te he encaminado,
Y por veredas derechas te he hecho andar.
12 Cuando anduvieres, no se estrecharán tus pasos,
Y si corrieres, no tropezarás.
13 Retén el consejo, no lo dejes;
Guárdalo, porque eso es tu vida.
14 No entres por la vereda de los impíos,
Ni vayas por el camino de los malos.
15 Déjala, no pases por ella;
Apártate de ella, pasa.
16 Porque no duermen ellos si no han hecho mal,
Y pierden el sueño si no han hecho caer a alguno.
17 Porque comen pan de maldad, y beben vino de robos;
18 Mas la senda de los justos es como la luz de la
aurora,
Que va en aumento hasta que el día es perfecto.
19 El camino de los impíos es como la oscuridad;
No saben en qué tropiezan.
20 Hijo mío, está atento a mis palabras;
Inclina tu oído a mis razones.
21 No se aparten de tus ojos;
Guárdalas en medio de tu corazón;
22 Porque son vida a los que las hallan,
Y medicina a todo su cuerpo.
23 Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón;
Porque de él mana la vida.
24 Aparta de ti la perversidad de la boca,
Y aleja de ti la iniquidad de los labios.
25 Tus ojos miren lo recto,
Y diríjanse tus párpados hacia lo que tienes delante.
26 Examina la senda de tus pies,
Y todos tus caminos sean rectos.
27 No te desvíes a la derecha ni a la izquierda;
Aparta tu pie del mal.
Amonestación contra la impureza
PROVERBIOS 5
1 Hijo mío, está atento a mi sabiduría,
Y a mi inteligencia inclina tu oído,
2 Para que guardes consejo,
Y tus labios conserven la ciencia.
3 Porque los labios de la mujer extraña destilan miel,
Y su paladar es más blando que el aceite;
4 Mas su fin es amargo como el ajenjo,
Agudo como espada de dos filos.
5 Sus pies descienden a la muerte;
Sus pasos conducen al Seol.
6 Sus caminos son inestables; no los conocerás,
Si no considerares el camino de vida.
7 Ahora pues, hijos, oídme,
Y no os apartéis de las razones de mi boca.
8 Aleja de ella tu camino,
Y no te acerques a la puerta de su casa;
9 Para que no des a los extraños tu honor,
Y tus años al cruel;
10 No sea que extraños se sacien de tu fuerza,
Y tus trabajos estén en casa del extraño;
11 Y gimas al final,
Cuando se consuma tu carne y tu cuerpo,
12 Y digas: ¡Cómo aborrecí el consejo,
Y mi corazón menospreció la reprensión;
13 No oí la voz de los que me instruían,
Y a los que me enseñaban no incliné mi oído!
14 Casi en todo mal he estado,
En medio de la sociedad y de la congregación.
15 Bebe el agua de tu misma cisterna,
Y los raudales de tu propio pozo.
16 ¿Se derramarán tus fuentes por las calles,
Y tus corrientes de aguas por las plazas?
17 Sean para ti solo,
Y no para los extraños contigo.
18 Sea bendito tu manantial,
Y alégrate con la mujer de tu juventud,
19 Como cierva amada y graciosa gacela.
Sus caricias te satisfagan en todo tiempo,
Y en su amor recréate siempre.
20 ¿Y por qué, hijo mío, andarás ciego con la mujer
ajena,
Y abrazarás el seno de la extraña?
21 Porque los caminos del hombre están ante los ojos de
Jehová,
Y él considera todas sus veredas.
22 Prenderán al impío sus propias iniquidades,
Y retenido será con las cuerdas de su pecado.
23 El morirá por falta de corrección,
Y errará por lo inmenso de su locura.
Amonestación contra la pereza y la falsedad
PROVERBIOS 6
1 Hijo mío, si salieres fiador por tu amigo,
Si has empeñado tu palabra a un extraño,
2 Te has enlazado con las palabras de tu boca,
Y has quedado preso en los dichos de tus labios.
3 Haz esto ahora, hijo mío, y líbrate,
Ya que has caído en la mano de tu prójimo;
Ve, humíllate, y asegúrate de tu amigo.
4 No des sueño a tus ojos,
Ni a tus párpados adormecimiento;
5 Escápate como gacela de la mano del cazador,
Y como ave de la mano del que arma lazos.
6 Ve a la hormiga, oh perezoso,
Mira sus caminos, y sé sabio;
7 La cual no teniendo capitán,
Ni gobernador, ni señor,
8 Prepara en el verano su comida,
Y recoge en el tiempo de la siega su mantenimiento.
9 Perezoso, ¿hasta cuándo has de dormir?
¿Cuándo te levantarás de tu sueño?
10 Un poco de sueño, un poco de dormitar,
Y cruzar por un poco las manos para reposo;
11 Así vendrá tu necesidad como caminante,
Y tu pobreza como hombre armado.
12 El hombre malo, el hombre depravado,
Es el que anda en perversidad de boca;
13 Que guiña los ojos, que habla con los pies,
Que hace señas con los dedos.
14 Perversidades hay en su corazón; anda pensando el mal
en todo tiempo;
Siembra las discordias.
15 Por tanto, su calamidad vendrá de repente;
Súbitamente será quebrantado, y no habrá remedio.
16 Seis cosas aborrece Jehová,
Y aun siete abomina su alma:
17 Los ojos altivos, la lengua mentirosa,
Las manos derramadoras de sangre inocente,
18 El corazón que maquina pensamientos inicuos,
Los pies presurosos para correr al mal,
19 El testigo falso que habla mentiras,
Y el que siembra discordia entre hermanos.
Amonestación contra el adulterio
20 Guarda, hijo mío, el mandamiento de tu padre,
Y no dejes la enseñanza de tu madre;
21 Atalos siempre en tu corazón,
Enlázalos a tu cuello.
22 Te guiarán cuando andes; cuando duermas te guardarán;
Hablarán contigo cuando despiertes.
23 Porque el mandamiento es lámpara, y la enseñanza es
luz,
Y camino de vida las reprensiones que te instruyen,
24 Para que te guarden de la mala mujer,
De la blandura de la lengua de la mujer extraña.
25 No codicies su hermosura en tu corazón,
Ni ella te prenda con sus ojos;
26 Porque a causa de la mujer ramera el hombre es
reducido a un bocado de pan;
Y la mujer caza la preciosa alma del varón.
27 ¿Tomará el hombre fuego en su seno
Sin que sus vestidos ardan?
28 ¿Andará el hombre sobre brasas
Sin que sus pies se quemen?
29 Así es el que se llega a la mujer de su prójimo;
No quedará impune ninguno que la tocare.
30 No tienen en poco al ladrón si hurta
Para saciar su apetito cuando tiene hambre;
31 Pero si es sorprendido, pagará siete veces;
Entregará todo el haber de su casa.
32 Mas el que comete adulterio es falto de entendimiento;
Corrompe su alma el que tal hace.
33 Heridas y vergüenza hallará,
Y su afrenta nunca será borrada.
34 Porque los celos son el furor del hombre,
Y no perdonará en el día de la venganza.
35 No aceptará ningún rescate,
Ni querrá perdonar, aunque multipliques los dones.
Las artimañas de la ramera
PROVERBIOS 7
1 Hijo mío, guarda mis razones,
Y atesora contigo mis mandamientos.
2 Guarda mis mandamientos y vivirás,
Y mi ley como las niñas de tus ojos.
3 Lígalos a tus dedos;
Escríbelos en la tabla de tu corazón.
4 Di a la sabiduría: Tú eres mi hermana,
Y a la inteligencia llama parienta;
5 Para que te guarden de la mujer ajena,
Y de la extraña que ablanda sus palabras.
6 Porque mirando yo por la ventana de mi casa,
Por mi celosía,
7 Vi entre los simples,
Consideré entre los jóvenes,
A un joven falto de entendimiento,
8 El cual pasaba por la calle, junto a la esquina,
E iba camino a la casa de ella,
9 A la tarde del día, cuando ya oscurecía,
En la oscuridad y tinieblas de la noche.
10 Cuando he aquí, una mujer le sale al encuentro,
Con atavío de ramera y astuta de corazón.
11 Alborotadora y rencillosa,
Sus pies no pueden estar en casa;
12 Unas veces está en la calle, otras veces en las
plazas,
Acechando por todas las esquinas.
13 Se asió de él, y le besó.
Con semblante descarado le dijo:
14 Sacrificios de paz había prometido,
Hoy he pagado mis votos;
15 Por tanto, he salido a encontrarte,
Buscando diligentemente tu rostro, y te he hallado.
16 He adornado mi cama con colchas
Recamadas con cordoncillo de Egipto;
17 He perfumado mi cámara
Con mirra, áloes y canela.
18 Ven, embriaguémonos de amores hasta la mañana;
Alegrémonos en amores.
19 Porque el marido no está en casa;
Se ha ido a un largo viaje.
20 La bolsa de dinero llevó en su mano;
El día señalado volverá a su casa.
21 Lo rindió con la suavidad de sus muchas palabras,
Le obligó con la zalamería de sus labios.
22 Al punto se marchó tras ella,
Como va el buey al degolladero,
Y como el necio a las prisiones para ser castigado;
23 Como el ave que se apresura a la red,
Y no sabe que es contra su vida,
Hasta que la saeta traspasa su corazón.
24 Ahora pues, hijos, oídme,
Y estad atentos a las razones de mi boca.
25 No se aparte tu corazón a sus caminos;
No yerres en sus veredas.
26 Porque a muchos ha hecho caer heridos,
Y aun los más fuertes han sido muertos por ella.
27 Camino al Seol es su casa,
Que conduce a las cámaras de la muerte.
Excelencia y eternidad de la Sabiduría
PROVERBIOS 8
1 ¿No clama la sabiduría,
Y da su voz la inteligencia?
2 En las alturas junto al camino,
A las encrucijadas de las veredas se para;
3 En el lugar de las puertas, a la entrada de la ciudad,
A la entrada de las puertas da voces:
4 Oh hombres, a vosotros clamo;
Dirijo mi voz a los hijos de los hombres.
5 Entended, oh simples, discreción;
Y vosotros, necios, entrad en cordura.
6 Oíd, porque hablaré cosas excelentes,
Y abriré mis labios para cosas rectas.
7 Porque mi boca hablará verdad,
Y la impiedad abominan mis labios.
8 Justas son todas las razones de mi boca;
No hay en ellas cosa perversa ni torcida.
9 Todas ellas son rectas al que entiende,
Y razonables a los que han hallado sabiduría.
10 Recibid mi enseñanza, y no plata;
Y ciencia antes que el oro escogido.
11 Porque mejor es la sabiduría que las piedras
preciosas;
Y todo cuanto se puede desear, no es de compararse con
ella.
12 Yo, la sabiduría, habito con la cordura,
Y hallo la ciencia de los consejos.
13 El temor de Jehová es aborrecer el mal;
La soberbia y la arrogancia, el mal camino,
Y la boca perversa, aborrezco.
14 Conmigo está el consejo y el buen juicio;
Yo soy la inteligencia; mío es el poder.
15 Por mí reinan los reyes,
Y los príncipes determinan justicia.
16 Por mí dominan los príncipes,
Y todos los gobernadores juzgan la tierra.
17 Yo amo a los que me aman,
Y me hallan los que temprano me buscan.
18 Las riquezas y la honra están conmigo;
Riquezas duraderas, y justicia.
19 Mejor es mi fruto que el oro, y que el oro refinado;
Y mi rédito mejor que la plata escogida.
20 Por vereda de justicia guiaré,
Por en medio de sendas de juicio,
21 Para hacer que los que me aman tengan su heredad,
Y que yo llene sus tesoros.
22 Jehová me poseía en el principio,
Ya de antiguo, antes de sus obras.
23 Eternamente tuve el principado, desde el principio,
Antes de la tierra.
24 Antes de los abismos fui engendrada;
Antes que fuesen las fuentes de las muchas aguas.
25 Antes que los montes fuesen formados,
Antes de los collados, ya había sido yo engendrada;
26 No había aún hecho la tierra, ni los campos,
Ni el principio del polvo del mundo.
27 Cuando formaba los cielos, allí estaba yo;
Cuando trazaba el círculo sobre la faz del abismo;
28 Cuando afirmaba los cielos arriba,
Cuando afirmaba las fuentes del abismo;
29 Cuando ponía al mar su estatuto,
Para que las aguas no traspasasen su mandamiento;
Cuando establecía los fundamentos de la tierra,
30 Con él estaba yo ordenándolo todo,
Y era su delicia de día en día,
Teniendo solaz delante de él en todo tiempo.
31 Me regocijo en la parte habitable de su tierra;
Y mis delicias son con los hijos de los hombres.
32 Ahora, pues, hijos, oídme,
Y bienaventurados los que guardan mis caminos.
33 Atended el consejo, y sed sabios,
Y no lo menospreciéis.
34 Bienaventurado el hombre que me escucha,
Velando a mis puertas cada día,
Aguardando a los postes de mis puertas.
35 Porque el que me halle, hallará la vida,
Y alcanzará el favor de Jehová.
36 Mas el que peca contra mí, defrauda su alma;
Todos los que me aborrecen aman la muerte.
La Sabiduría y la mujer insensata
PROVERBIOS 9
1 La sabiduría edificó su casa,
Labró sus siete columnas.
2 Mató sus víctimas, mezcló su vino,
Y puso su mesa.
3 Envió sus criadas;
Sobre lo más alto de la ciudad clamó.
4 Dice a cualquier simple: Ven acá.
A los faltos de cordura dice:
5 Venid, comed mi pan,
Y bebed del vino que yo he mezclado.
6 Dejad las simplezas, y vivid,
Y andad por el camino de la inteligencia.
7 El que corrige al escarnecedor, se acarrea afrenta;
El que reprende al impío, se atrae mancha.
8 No reprendas al escarnecedor, para que no te aborrezca;
Corrige al sabio, y te amará.
9 Da al sabio, y será más sabio;
Enseña al justo, y aumentará su saber.
10 El temor de Jehová es el principio de la sabiduría,
Y el conocimiento del Santísimo es la inteligencia.
11 Porque por mí se aumentarán tus días,
Y años de vida se te añadirán.
12 Si fueres sabio, para ti lo serás;
Y si fueres escarnecedor, pagarás tú solo.
13 La mujer insensata es alborotadora;
Es simple e ignorante.
14 Se sienta en una silla a la puerta de su casa,
En los lugares altos de la ciudad,
15 Para llamar a los que pasan por el camino,
Que van por sus caminos derechos.
16 Dice a cualquier simple: Ven acá.
A los faltos de cordura dijo:
17 Las aguas hurtadas son dulces,
Y el pan comido en oculto es sabroso.
18 Y no saben que allí están los muertos;
Que sus convidados están en lo profundo del Seol.
Contraste entre el justo y el malvado
PROVERBIOS 10
1 Los proverbios de Salomón.
El hijo sabio alegra al padre,
Pero el hijo necio es tristeza de su madre.
2 Los tesoros de maldad no serán de provecho;
Mas la justicia libra de muerte.
3 Jehová no dejará padecer hambre al justo;
Mas la iniquidad lanzará a los impíos.
4 La mano negligente empobrece;
Mas la mano de los diligentes enriquece.
5 El que recoge en el verano es hombre entendido;
El que duerme en el tiempo de la siega es hijo que
avergüenza.
6 Hay bendiciones sobre la cabeza del justo;
Pero violencia cubrirá la boca de los impíos.
7 La memoria del justo será bendita;
Mas el nombre de los impíos se pudrirá.
8 El sabio de corazón recibirá los mandamientos;
Mas el necio de labios caerá.
9 El que camina en integridad anda confiado;
Mas el que pervierte sus caminos será quebrantado.
10 El que guiña el ojo acarrea tristeza;
Y el necio de labios será castigado.
11 Manantial de vida es la boca del justo;
Pero violencia cubrirá la boca de los impíos.
12 El odio despierta rencillas;
Pero el amor cubrirá todas las faltas.
13 En los labios del prudente se halla sabiduría;
Mas la vara es para las espaldas del falto de cordura.
14 Los sabios guardan la sabiduría;
Mas la boca del necio es calamidad cercana.
15 Las riquezas del rico son su ciudad fortificada;
Y el desmayo de los pobres es su pobreza.
16 La obra del justo es para vida;
Mas el fruto del impío es para pecado.
17 Camino a la vida es guardar la instrucción;
Pero quien desecha la reprensión, yerra.
18 El que encubre el odio es de labios mentirosos;
Y el que propaga calumnia es necio.
19 En las muchas palabras no falta pecado;
Mas el que refrena sus labios es prudente.
20 Plata escogida es la lengua del justo;
Mas el corazón de los impíos es como nada.
21 Los labios del justo apacientan a muchos,
Mas los necios mueren por falta de entendimiento.
22 La bendición de Jehová es la que enriquece,
Y no añade tristeza con ella.
23 El hacer maldad es como una diversión al insensato;
Mas la sabiduría recrea al hombre de entendimiento.
24 Lo que el impío teme, eso le vendrá;
Pero a los justos les será dado lo que desean.
25 Como pasa el torbellino, así el malo no permanece;
Mas el justo permanece para siempre.
26 Como el vinagre a los dientes, y como el humo a los
ojos,
Así es el perezoso a los que lo envían.
27 El temor de Jehová aumentará los días;
Mas los años de los impíos serán acortados.
28 La esperanza de los justos es alegría;
Mas la esperanza de los impíos perecerá.
29 El camino de Jehová es fortaleza al perfecto;
Pero es destrucción a los que hacen maldad.
30 El justo no será removido jamás;
Pero los impíos no habitarán la tierra.
31 La boca del justo producirá sabiduría;
Mas la lengua perversa será cortada.
32 Los labios del justo saben hablar lo que agrada;
Mas la boca de los impíos habla perversidades.
PROVERBIOS 11
1 El peso falso es abominación a Jehová;
Mas la pesa cabal le agrada.
2 Cuando viene la soberbia, viene también la deshonra;
Mas con los humildes está la sabiduría.
3 La integridad de los rectos los encaminará;
Pero destruirá a los pecadores la perversidad de ellos.
4 No aprovecharán las riquezas en el día de la ira;
Mas la justicia librará de muerte.
5 La justicia del perfecto enderezará su camino;
Mas el impío por su impiedad caerá.
6 La justicia de los rectos los librará;
Mas los pecadores serán atrapados en su pecado.
7 Cuando muere el hombre impío, perece su esperanza;
Y la expectación de los malos perecerá.
8 El justo es librado de la tribulación;
Mas el impío entra en lugar suyo.
9 El hipócrita con la boca daña a su prójimo;
Mas los justos son librados con la sabiduría.
10 En el bien de los justos la ciudad se alegra;
Mas cuando los impíos perecen hay fiesta.
11 Por la bendición de los rectos la ciudad será
engrandecida;
Mas por la boca de los impíos será trastornada.
12 El que carece de entendimiento menosprecia a su
prójimo;
Mas el hombre prudente calla.
13 El que anda en chismes descubre el secreto;
Mas el de espíritu fiel lo guarda todo.
14 Donde no hay dirección sabia, caerá el pueblo;
Mas en la multitud de consejeros hay seguridad.
15 Con ansiedad será afligido el que sale por fiador de
un extraño;
Mas el que aborreciere las fianzas vivirá seguro.
16 La mujer agraciada tendrá honra,
Y los fuertes tendrán riquezas.
17 A su alma hace bien el hombre misericordioso;
Mas el cruel se atormenta a sí mismo.
18 El impío hace obra falsa;
Mas el que siembra justicia tendrá galardón firme.
19 Como la justicia conduce a la vida,
Así el que sigue el mal lo hace para su muerte.
20 Abominación son a Jehová los perversos de corazón;
Mas los perfectos de camino le son agradables.
21 Tarde o temprano, el malo será castigado;
Mas la descendencia de los justos será librada.
22 Como zarcillo de oro en el hocico de un cerdo
Es la mujer hermosa y apartada de razón.
23 El deseo de los justos es solamente el bien;
Mas la esperanza de los impíos es el enojo.
24 Hay quienes reparten, y les es añadido más;
Y hay quienes retienen más de lo que es justo, pero
vienen a pobreza.
25 El alma generosa será prosperada;
Y el que saciare, él también será saciado.
26 Al que acapara el grano, el pueblo lo maldecirá;
Pero bendición será sobre la cabeza del que lo vende.
27 El que procura el bien buscará favor;
Mas al que busca el mal, éste le vendrá.
28 El que confía en sus riquezas caerá;
Mas los justos reverdecerán como ramas.
29 El que turba su casa heredará viento;
Y el necio será siervo del sabio de corazón.
30 El fruto del justo es árbol de vida;
Y el que gana almas es sabio.
31 Ciertamente el justo será recompensado en la tierra;
¡Cuánto más el impío y el pecador!
PROVERBIOS 12
1 El que ama la instrucción ama la sabiduría;
Mas el que aborrece la reprensión es ignorante.
2 El bueno alcanzará favor de Jehová;
Mas él condenará al hombre de malos pensamientos.
3 El hombre no se afirmará por medio de la impiedad;
Mas la raíz de los justos no será removida.
4 La mujer virtuosa es corona de su marido;
Mas la mala, como carcoma en sus huesos.
5 Los pensamientos de los justos son rectitud;
Mas los consejos de los impíos, engaño.
6 Las palabras de los impíos son asechanzas para derramar
sangre;
Mas la boca de los rectos los librará.
7 Dios trastornará a los impíos, y no serán más;
Pero la casa de los justos permanecerá firme.
8 Según su sabiduría es alabado el hombre;
Mas el perverso de corazón será menospreciado.
9 Más vale el despreciado que tiene servidores,
Que el que se jacta, y carece de pan.
10 El justo cuida de la vida de su bestia;
Mas el corazón de los impíos es cruel.
11 El que labra su tierra se saciará de pan;
Mas el que sigue a los vagabundos es falto de
entendimiento.
12 Codicia el impío la red de los malvados;
Mas la raíz de los justos dará fruto.
13 El impío es enredado en la prevaricación de sus
labios;
Mas el justo saldrá de la tribulación.
14 El hombre será saciado de bien del fruto de su boca;
Y le será pagado según la obra de sus manos.
15 El camino del necio es derecho en su opinión;
Mas el que obedece al consejo es sabio.
16 El necio al punto da a conocer su ira;
Mas el que no hace caso de la injuria es prudente.
17 El que habla verdad declara justicia;
Mas el testigo mentiroso, engaño.
18 Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada;
Mas la lengua de los sabios es medicina.
19 El labio veraz permanecerá para siempre;
Mas la lengua mentirosa sólo por un momento.
20 Engaño hay en el corazón de los que piensan el mal;
Pero alegría en el de los que piensan el bien.
21 Ninguna adversidad acontecerá al justo;
Mas los impíos serán colmados de males.
22 Los labios mentirosos son abominación a Jehová;
Pero los que hacen verdad son su contentamiento.
23 El hombre cuerdo encubre su saber;
Mas el corazón de los necios publica la necedad.
24 La mano de los diligentes señoreará;
Mas la negligencia será tributaria.
25 La congoja en el corazón del hombre lo abate;
Mas la buena palabra lo alegra.
26 El justo sirve de guía a su prójimo;
Mas el camino de los impíos les hace errar.
27 El indolente ni aun asará lo que ha cazado;
Pero haber precioso del hombre es la diligencia.
28 En el camino de la justicia está la vida;
Y en sus caminos no hay muerte.
PROVERBIOS 13
1 El hijo sabio recibe el consejo del padre;
Mas el burlador no escucha las reprensiones.
2 Del fruto de su boca el hombre comerá el bien;
Mas el alma de los prevaricadores hallará el mal.
3 El que guarda su boca guarda su alma;
Mas el que mucho abre sus labios tendrá calamidad.
4 El alma del perezoso desea, y nada alcanza;
Mas el alma de los diligentes será prosperada.
5 El justo aborrece la palabra de mentira;
Mas el impío se hace odioso e infame.
6 La justicia guarda al de perfecto camino;
Mas la impiedad trastornará al pecador.
7 Hay quienes pretenden ser ricos, y no tienen nada;
Y hay quienes pretenden ser pobres, y tienen muchas
riquezas.
8 El rescate de la vida del hombre está en sus riquezas;
Pero el pobre no oye censuras.
9 La luz de los justos se alegrará;
Mas se apagará la lámpara de los impíos.
10 Ciertamente la soberbia concebirá contienda;
Mas con los avisados está la sabiduría.
11 Las riquezas de vanidad disminuirán;
Pero el que recoge con mano laboriosa las aumenta.
12 La esperanza que se demora es tormento del corazón;
Pero árbol de vida es el deseo cumplido.
13 El que menosprecia el precepto perecerá por ello;
Mas el que teme el mandamiento será recompensado.
14 La ley del sabio es manantial de vida
Para apartarse de los lazos de la muerte.
15 El buen entendimiento da gracia;
Mas el camino de los transgresores es duro.
16 Todo hombre prudente procede con sabiduría;
Mas el necio manifestará necedad.
17 El mal mensajero acarrea desgracia;
Mas el mensajero fiel acarrea salud.
18 Pobreza y vergüenza tendrá el que menosprecia el
consejo;
Mas el que guarda la corrección recibirá honra.
19 El deseo cumplido regocija el alma;
Pero apartarse del mal es abominación a los necios.
20 El que anda con sabios, sabio será;
Mas el que se junta con necios será quebrantado.
21 El mal perseguirá a los pecadores,
Mas los justos serán premiados con el bien.
22 El bueno dejará herederos a los hijos de sus hijos;
Pero la riqueza del pecador está guardada para el justo.
23 En el barbecho de los pobres hay mucho pan;
Mas se pierde por falta de juicio.
24 El que detiene el castigo, a su hijo aborrece;
Mas el que lo ama, desde temprano lo corrige.
25 El justo come hasta saciar su alma;
Mas el vientre de los impíos tendrá necesidad.
PROVERBIOS 14
1 La mujer sabia edifica su casa;
Mas la necia con sus manos la derriba.
2 El que camina en su rectitud teme a Jehová;
Mas el de caminos pervertidos lo menosprecia.
3 En la boca del necio está la vara de la soberbia;
Mas los labios de los sabios los guardarán.
4 Sin bueyes el granero está vacío;
Mas por la fuerza del buey hay abundancia de pan.
5 El testigo verdadero no mentirá;
Mas el testigo falso hablará mentiras.
6 Busca el escarnecedor la sabiduría y no la halla;
Mas al hombre entendido la sabiduría le es fácil.
7 Vete de delante del hombre necio,
Porque en él no hallarás labios de ciencia.
8 La ciencia del prudente está en entender su camino;
Mas la indiscreción de los necios es engaño.
9 Los necios se mofan del pecado;
Mas entre los rectos hay buena voluntad.
10 El corazón conoce la amargura de su alma;
Y extraño no se entremeterá en su alegría.
11 La casa de los impíos será asolada;
Pero florecerá la tienda de los rectos.
12 Hay camino que al hombre le parece derecho;
Pero su fin es camino de muerte.
13 Aun en la risa tendrá dolor el corazón;
Y el término de la alegría es congoja.
14 De sus caminos será hastiado el necio de corazón;
Pero el hombre de bien estará contento del suyo.
15 El simple todo lo cree;
Mas el avisado mira bien sus pasos.
16 El sabio teme y se aparta del mal;
Mas el insensato se muestra insolente y confiado.
17 El que fácilmente se enoja hará locuras;
Y el hombre perverso será aborrecido.
18 Los simples heredarán necedad;
Mas los prudentes se coronarán de sabiduría.
19 Los malos se inclinarán delante de los buenos,
Y los impíos a las puertas del justo.
20 El pobre es odioso aun a su amigo;
Pero muchos son los que aman al rico.
21 Peca el que menosprecia a su prójimo;
Mas el que tiene misericordia de los pobres es
bienaventurado.
22 ¿No yerran los que piensan el mal?
Misericordia y verdad alcanzarán los que piensan el bien.
23 En toda labor hay fruto;
Mas las vanas palabras de los labios empobrecen.
24 Las riquezas de los sabios son su corona;
Pero la insensatez de los necios es infatuación.
25 El testigo verdadero libra las almas;
Mas el engañoso hablará mentiras.
26 En el temor de Jehová está la fuerte confianza;
Y esperanza tendrán sus hijos.
27 El temor de Jehová es manantial de vida
Para apartarse de los lazos de la muerte.
28 En la multitud del pueblo está la gloria del rey;
Y en la falta de pueblo la debilidad del príncipe.
29 El que tarda en airarse es grande de entendimiento;
Mas el que es impaciente de espíritu enaltece la necedad.
30 El corazón apacible es vida de la carne;
Mas la envidia es carcoma de los huesos.
31 El que oprime al pobre afrenta a su Hacedor;
Mas el que tiene misericordia del pobre, lo honra.
32 Por su maldad será lanzado el impío;
Mas el justo en su muerte tiene esperanza.
33 En el corazón del prudente reposa la sabiduría;
Pero no es conocida en medio de los necios.
34 La justicia engrandece a la nación;
Mas el pecado es afrenta de las naciones.
35 La benevolencia del rey es para con el servidor
entendido;
Mas su enojo contra el que lo avergüenza.
PROVERBIOS 15
1 La blanda respuesta quita la ira;
Mas la palabra áspera hace subir el furor.
2 La lengua de los sabios adornará la sabiduría;
Mas la boca de los necios hablará sandeces.
3 Los ojos de Jehová están en todo lugar,
Mirando a los malos y a los buenos.
4 La lengua apacible es árbol de vida;
Mas la perversidad de ella es quebrantamiento de
espíritu.
5 El necio menosprecia el consejo de su padre;
Mas el que guarda la corrección vendrá a ser prudente.
6 En la casa del justo hay gran provisión;
Pero turbación en las ganancias del impío.
7 La boca de los sabios esparce sabiduría;
No así el corazón de los necios.
8 El sacrificio de los impíos es abominación a Jehová;
Mas la oración de los rectos es su gozo.
9 Abominación es a Jehová el camino del impío;
Mas él ama al que sigue justicia.
10 La reconvención es molesta al que deja el camino;
Y el que aborrece la corrección morirá.
11 El Seol y el Abadón están delante de Jehová;
¡Cuánto más los corazones de los hombres!
12 El escarnecedor no ama al que le reprende,
Ni se junta con los sabios.
13 El corazón alegre hermosea el rostro;
Mas por el dolor del corazón el espíritu se abate.
14 El corazón entendido busca la sabiduría;
Mas la boca de los necios se alimenta de necedades.
15 Todos los días del afligido son difíciles;
Mas el de corazón contento tiene un banquete continuo.
16 Mejor es lo poco con el temor de Jehová,
Que el gran tesoro donde hay turbación.
17 Mejor es la comida de legumbres donde hay amor,
Que de buey engordado donde hay odio.
18 El hombre iracundo promueve contiendas;
Mas el que tarda en airarse apacigua la rencilla.
19 El camino del perezoso es como seto de espinos;
Mas la vereda de los rectos, como una calzada.
20 El hijo sabio alegra al padre;
Mas el hombre necio menosprecia a su madre.
21 La necedad es alegría al falto de entendimiento;
Mas el hombre entendido endereza sus pasos.
22 Los pensamientos son frustrados donde no hay consejo;
Mas en la multitud de consejeros se afirman.
23 El hombre se alegra con la respuesta de su boca;
Y la palabra a su tiempo, ¡cuán buena es!
24 El camino de la vida es hacia arriba al entendido,
Para apartarse del Seol abajo.
25 Jehová asolará la casa de los soberbios;
Pero afirmará la heredad de la viuda.
26 Abominación son a Jehová los pensamientos del malo;
Mas las expresiones de los limpios son limpias.
27 Alborota su casa el codicioso;
Mas el que aborrece el soborno vivirá.
28 El corazón del justo piensa para responder;
Mas la boca de los impíos derrama malas cosas.
29 Jehová está lejos de los impíos;
Pero él oye la oración de los justos.
30 La luz de los ojos alegra el corazón,
Y la buena nueva conforta los huesos.
31 El oído que escucha las amonestaciones de la vida,
Entre los sabios morará.
32 El que tiene en poco la disciplina menosprecia su
alma;
Mas el que escucha la corrección tiene entendimiento.
33 El temor de Jehová es enseñanza de sabiduría;
Y a la honra precede la humildad.
Proverbios sobre la vida y la conducta
PROVERBIOS 16
1 Del hombre son las disposiciones del corazón;
Mas de Jehová es la respuesta de la lengua.
2 Todos los caminos del hombre son limpios en su propia
opinión;
Pero Jehová pesa los espíritus.
3 Encomienda a Jehová tus obras,
Y tus pensamientos serán afirmados.
4 Todas las cosas ha hecho Jehová para sí mismo,
Y aun al impío para el día malo.
5 Abominación es a Jehová todo altivo de corazón;
Ciertamente no quedará impune.
6 Con misericordia y verdad se corrige el pecado,
Y con el temor de Jehová los hombres se apartan del mal.
7 Cuando los caminos del hombre son agradables a Jehová,
Aun a sus enemigos hace estar en paz con él.
8 Mejor es lo poco con justicia
Que la muchedumbre de frutos sin derecho.
9 El corazón del hombre piensa su camino;
Mas Jehová endereza sus pasos.
10 Oráculo hay en los labios del rey;
En juicio no prevaricará su boca.
11 Peso y balanzas justas son de Jehová;
Obra suya son todas las pesas de la bolsa.
12 Abominación es a los reyes hacer impiedad,
Porque con justicia será afirmado el trono.
13 Los labios justos son el contentamiento de los reyes,
Y éstos aman al que habla lo recto.
14 La ira del rey es mensajero de muerte;
Mas el hombre sabio la evitará.
15 En la alegría del rostro del rey está la vida,
Y su benevolencia es como nube de lluvia tardía.
16 Mejor es adquirir sabiduría que oro preciado;
Y adquirir inteligencia vale más que la plata.
17 El camino de los rectos se aparta del mal;
Su vida guarda el que guarda su camino.
18 Antes del quebrantamiento es la soberbia,
Y antes de la caída la altivez de espíritu.
19 Mejor es humillar el espíritu con los humildes
Que repartir despojos con los soberbios.
20 El entendido en la palabra hallará el bien,
Y el que confía en Jehová es bienaventurado.
21 El sabio de corazón es llamado prudente,
Y la dulzura de labios aumenta el saber.
22 Manantial de vida es el entendimiento al que lo posee;
Mas la erudición de los necios es necedad.
23 El corazón del sabio hace prudente su boca,
Y añade gracia a sus labios.
24 Panal de miel son los dichos suaves;
Suavidad al alma y medicina para los huesos.
25 Hay camino que parece derecho al hombre,
Pero su fin es camino de muerte.
26 El alma del que trabaja, trabaja para sí,
Porque su boca le estimula.
27 El hombre perverso cava en busca del mal,
Y en sus labios hay como llama de fuego.
28 El hombre perverso levanta contienda,
Y el chismoso aparta a los mejores amigos.
29 El hombre malo lisonjea a su prójimo,
Y le hace andar por camino no bueno.
30 Cierra sus ojos para pensar perversidades;
Mueve sus labios, efectúa el mal.
31 Corona de honra es la vejez
Que se halla en el camino de justicia.
32 Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte;
Y el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una
ciudad.
33 La suerte se echa en el regazo;
Mas de Jehová es la decisión de ella.
PROVERBIOS 17
1 Mejor es un bocado seco, y en paz,
Que casa de contiendas llena de provisiones.
2 El siervo prudente se enseñoreará del hijo que
deshonra,
Y con los hermanos compartirá la herencia.
3 El crisol para la plata, y la hornaza para el oro;
Pero Jehová prueba los corazones.
4 El malo está atento al labio inicuo;
Y el mentiroso escucha la lengua detractora.
5 El que escarnece al pobre afrenta a su Hacedor;
Y el que se alegra de la calamidad no quedará sin
castigo.
6 Corona de los viejos son los nietos,
Y la honra de los hijos, sus padres.
7 No conviene al necio la altilocuencia;
¡Cuánto menos al príncipe el labio mentiroso!
8 Piedra preciosa es el soborno para el que lo practica;
Adondequiera que se vuelve, halla prosperidad.
9 El que cubre la falta busca amistad;
Mas el que la divulga, aparta al amigo.
10 La reprensión aprovecha al entendido,
Más que cien azotes al necio.
11 El rebelde no busca sino el mal,
Y mensajero cruel será enviado contra él.
12 Mejor es encontrarse con una osa a la cual han robado
sus cachorros,
Que con un fatuo en su necedad.
13 El que da mal por bien,
No se apartará el mal de su casa.
14 El que comienza la discordia es como quien suelta las
aguas;
Deja, pues, la contienda, antes que se enrede.
15 El que justifica al impío, y el que condena al justo,
Ambos son igualmente abominación a Jehová.
16 ¿De qué sirve el precio en la mano del necio para
comprar sabiduría,
No teniendo entendimiento?
17 En todo tiempo ama el amigo,
Y es como un hermano en tiempo de angustia.
18 El hombre falto de entendimiento presta fianzas,
Y sale por fiador en presencia de su amigo.
19 El que ama la disputa, ama la transgresión;
Y el que abre demasiado la puerta busca su ruina.
20 El perverso de corazón nunca hallará el bien,
Y el que revuelve con su lengua caerá en el mal.
21 El que engendra al insensato, para su tristeza lo
engendra;
Y el padre del necio no se alegrará.
22 El corazón alegre constituye buen remedio;
Mas el espíritu triste seca los huesos.
23 El impío toma soborno del seno
Para pervertir las sendas de la justicia.
24 En el rostro del entendido aparece la sabiduría;
Mas los ojos del necio vagan hasta el extremo de la
tierra.
25 El hijo necio es pesadumbre de su padre,
Y amargura a la que lo dio a luz.
26 Ciertamente no es bueno condenar al justo,
Ni herir a los nobles que hacen lo recto.
27 El que ahorra sus palabras tiene sabiduría;
De espíritu prudente es el hombre entendido.
28 Aun el necio, cuando calla, es contado por sabio;
El que cierra sus labios es entendido.
PROVERBIOS 18
1 Su deseo busca el que se desvía,
Y se entremete en todo negocio.
2 No toma placer el necio en la inteligencia,
Sino en que su corazón se descubra.
3 Cuando viene el impío, viene también el menosprecio,
Y con el deshonrador la afrenta.
4 Aguas profundas son las palabras de la boca del hombre;
Y arroyo que rebosa, la fuente de la sabiduría.
5 Tener respeto a la persona del impío,
Para pervertir el derecho del justo, no es bueno.
6 Los labios del necio traen contienda;
Y su boca los azotes llama.
7 La boca del necio es quebrantamiento para sí,
Y sus labios son lazos para su alma.
8 Las palabras del chismoso son como bocados suaves,
Y penetran hasta las entrañas.
9 También el que es negligente en su trabajo
Es hermano del hombre disipador.
10 Torre fuerte es el nombre de Jehová;
A él correrá el justo, y será levantado.
11 Las riquezas del rico son su ciudad fortificada,
Y como un muro alto en su imaginación.
12 Antes del quebrantamiento se eleva el corazón del
hombre,
Y antes de la honra es el abatimiento.
13 Al que responde palabra antes de oír,
Le es fatuidad y oprobio.
14 El ánimo del hombre soportará su enfermedad;
Mas ¿quién sorportará al ánimo angustiado?
15 El corazón del entendido adquiere sabiduría;
Y el oído de los sabios busca la ciencia.
16 La dádiva del hombre le ensancha el camino
Y le lleva delante de los grandes.
17 Justo parece el primero que aboga por su causa;
Pero viene su adversario, y le descubre.
18 La suerte pone fin a los pleitos,
Y decide entre los poderosos.
19 El hermano ofendido es más tenaz que una ciudad
fuerte,
Y las contiendas de los hermanos son como cerrojos de
alcázar.
20 Del fruto de la boca del hombre se llenará su vientre;
Se saciará del producto de sus labios.
21 La muerte y la vida están en poder de la lengua,
Y el que la ama comerá de sus frutos.
22 El que halla esposa halla el bien,
Y alcanza la benevolencia de Jehová.
23 El pobre habla con ruegos,
Mas el rico responde durezas.
24 El hombre que tiene amigos ha de mostrarse amigo;
Y amigo hay más unido que un hermano.
PROVERBIOS 19
1 Mejor es el pobre que camina en integridad,
Que el de perversos labios y fatuo.
2 El alma sin ciencia no es buena,
Y aquel que se apresura con los pies, peca.
3 La insensatez del hombre tuerce su camino,
Y luego contra Jehová se irrita su corazón.
4 Las riquezas traen muchos amigos;
Mas el pobre es apartado de su amigo.
5 El testigo falso no quedará sin castigo,
Y el que habla mentiras no escapará.
6 Muchos buscan el favor del generoso,
Y cada uno es amigo del hombre que da.
7 Todos los hermanos del pobre le aborrecen;
¡Cuánto más sus amigos se alejarán de él!
Buscará la palabra, y no la hallará.
8 El que posee entendimiento ama su alma;
El que guarda la inteligencia hallará el bien.
9 El testigo falso no quedará sin castigo,
Y el que habla mentiras perecerá.
10 No conviene al necio el deleite;
¡Cuánto menos al siervo ser señor de los príncipes!
11 La cordura del hombre detiene su furor,
Y su honra es pasar por alto la ofensa.
12 Como rugido de cachorro de león es la ira del rey,
Y su favor como el rocío sobre la hierba.
13 Dolor es para su padre el hijo necio,
Y gotera continua las contiendas de la mujer.
14 La casa y las riquezas son herencia de los padres;
Mas de Jehová la mujer prudente.
15 La pereza hace caer en profundo sueño,
Y el alma negligente padecerá hambre.
16 El que guarda el mandamiento guarda su alma;
Mas el que menosprecia sus caminos morirá.
17 A Jehová presta el que da al pobre,
Y el bien que ha hecho, se lo volverá a pagar.
18 Castiga a tu hijo en tanto que hay esperanza;
Mas no se apresure tu alma para destruirlo.
19 El de grande ira llevará la pena;
Y si usa de violencias, añadirá nuevos males.
20 Escucha el consejo, y recibe la corrección,
Para que seas sabio en tu vejez.
21 Muchos pensamientos hay en el corazón del hombre;
Mas el consejo de Jehová permanecerá.
22 Contentamiento es a los hombres hacer misericordia;
Pero mejor es el pobre que el mentiroso.
23 El temor de Jehová es para vida,
Y con él vivirá lleno de reposo el hombre;
No será visitado de mal.
24 El perezoso mete su mano en el plato,
Y ni aun a su boca la llevará.
25 Hiere al escarnecedor, y el simple se hará avisado;
Y corrigiendo al entendido, entenderá ciencia.
26 El que roba a su padre y ahuyenta a su madre,
Es hijo que causa vergüenza y acarrea oprobio.
27 Cesa, hijo mío, de oír las enseñanzas
Que te hacen divagar de las razones de sabiduría.
28 El testigo perverso se burlará del juicio,
Y la boca de los impíos encubrirá la iniquidad.
29 Preparados están juicios para los escarnecedores,
Y azotes para las espaldas de los necios.
PROVERBIOS 20
1 El vino es escarnecedor, la sidra alborotadora,
Y cualquiera que por ellos yerra no es sabio.
2 Como rugido de cachorro de león es el terror del rey;
El que lo enfurece peca contra sí mismo.
3 Honra es del hombre dejar la contienda;
Mas todo insensato se envolverá en ella.
4 El perezoso no ara a causa del invierno;
Pedirá, pues, en la siega, y no hallará.
5 Como aguas profundas es el consejo en el corazón del
hombre;
Mas el hombre entendido lo alcanzará.
6 Muchos hombres proclaman cada uno su propia bondad,
Pero hombre de verdad, ¿quién lo hallará?
7 Camina en su integridad el justo;
Sus hijos son dichosos después de él.
8 El rey que se sienta en el trono de juicio,
Con su mirar disipa todo mal.
9 ¿Quién podrá decir: Yo he limpiado mi corazón,
Limpio estoy de mi pecado?
10 Pesa falsa y medida falsa,
Ambas cosas son abominación a Jehová.
11 Aun el muchacho es conocido por sus hechos,
Si su conducta fuere limpia y recta.
12 El oído que oye, y el ojo que ve,
Ambas cosas igualmente ha hecho Jehová.
13 No ames el sueño, para que no te empobrezcas;
Abre tus ojos, y te saciarás de pan.
14 El que compra dice: Malo es, malo es;
Mas cuando se aparta, se alaba.
15 Hay oro y multitud de piedras preciosas;
Mas los labios prudentes son joya preciosa.
16 Quítale su ropa al que salió por fiador del extraño,
Y toma prenda del que sale fiador por los extraños.
17 Sabroso es al hombre el pan de mentira;
Pero después su boca será llena de cascajo.
18 Los pensamientos con el consejo se ordenan;
Y con dirección sabia se hace la guerra.
19 El que anda en chismes descubre el secreto;
No te entremetas, pues, con el suelto de lengua.
20 Al que maldice a su padre o a su madre,
Se le apagará su lámpara en oscuridad tenebrosa.
21 Los bienes que se adquieren de prisa al principio,
No serán al final bendecidos.
22 No digas: Yo me vengaré;
Espera a Jehová, y él te salvará.
23 Abominación son a Jehová las pesas falsas,
Y la balanza falsa no es buena.
24 De Jehová son los pasos del hombre;
¿Cómo, pues, entenderá el hombre su camino?
25 Lazo es al hombre hacer apresuradamente voto de
consagración,
Y después de hacerlo, reflexionar.
26 El rey sabio avienta a los impíos,
Y sobre ellos hace rodar la rueda.
27 Lámpara de Jehová es el espíritu del hombre,
La cual escudriña lo más profundo del corazón.
28 Misericordia y verdad guardan al rey,
Y con clemencia se sustenta su trono.
29 La gloria de los jóvenes es su fuerza,
Y la hermosura de los ancianos es su vejez.
30 Los azotes que hieren son medicina para el malo,
Y el castigo purifica el corazón.
PROVERBIOS 21
1 Como los repartimientos de las aguas,
Así está el corazón del rey en la mano de Jehová;
A todo lo que quiere lo inclina.
2 Todo camino del hombre es recto en su propia opinión;
Pero Jehová pesa los corazones.
3 Hacer justicia y juicio es a Jehová
Más agradable que sacrificio.
4 Altivez de ojos, y orgullo de corazón,
Y pensamiento de impíos, son pecado.
5 Los pensamientos del diligente ciertamente tienden a la
abundancia;
Mas todo el que se apresura alocadamente, de cierto va a
la pobreza.
6 Amontonar tesoros con lengua mentirosa
Es aliento fugaz de aquellos que buscan la muerte.
7 La rapiña de los impíos los destruirá,
Por cuanto no quisieron hacer juicio.
8 El camino del hombre perverso es torcido y extraño;
Mas los hechos del limpio son rectos.
9 Mejor es vivir en un rincón del terrado
Que con mujer rencillosa en casa espaciosa.
10 El alma del impío desea el mal;
Su prójimo no halla favor en sus ojos.
11 Cuando el escarnecedor es castigado, el simple se hace
sabio;
Y cuando se le amonesta al sabio, aprende ciencia.
12 Considera el justo la casa del impío,
Cómo los impíos son trastornados por el mal.
13 El que cierra su oído al clamor del pobre,
También él clamará, y no será oído.
14 La dádiva en secreto calma el furor,
Y el don en el seno, la fuerte ira.
15 Alegría es para el justo el hacer juicio;
Mas destrucción a los que hacen iniquidad.
16 El hombre que se aparta del camino de la sabiduría
Vendrá a parar en la compañía de los muertos.
17 Hombre necesitado será el que ama el deleite,
Y el que ama el vino y los ungüentos no se enriquecerá.
18 Rescate del justo es el impío,
Y por los rectos, el prevaricador.
19 Mejor es morar en tierra desierta
Que con la mujer rencillosa e iracunda.
20 Tesoro precioso y aceite hay en la casa del sabio;
Mas el hombre insensato todo lo disipa.
21 El que sigue la justicia y la misericordia
Hallará la vida, la justicia y la honra.
22 Tomó el sabio la ciudad de los fuertes,
Y derribó la fuerza en que ella confiaba.
23 El que guarda su boca y su lengua,
Su alma guarda de angustias.
24 Escarnecedor es el nombre del soberbio y presuntuoso
Que obra en la insolencia de su presunción.
25 El deseo del perezoso le mata,
Porque sus manos no quieren trabajar.
26 Hay quien todo el día codicia;
Pero el justo da, y no detiene su mano.
27 El sacrificio de los impíos es abominación;
¡Cuánto más ofreciéndolo con maldad!
28 El testigo mentiroso perecerá;
Mas el hombre que oye, permanecerá en su dicho.
29 El hombre impío endurece su rostro;
Mas el recto ordena sus caminos.
30 No hay sabiduría, ni inteligencia,
Ni consejo, contra Jehová.
31 El caballo se alista para el día de la batalla;
Mas Jehová es el que da la victoria.
PROVERBIOS 22
1 De más estima es el buen nombre que las muchas
riquezas,
Y la buena fama más que la plata y el oro.
2 El rico y el pobre se encuentran;
A ambos los hizo Jehová.
3 El avisado ve el mal y se esconde;
Mas los simples pasan y reciben el daño.
4 Riquezas, honra y vida
Son la remuneración de la humildad y del temor de Jehová.
5 Espinos y lazos hay en el camino del perverso;
El que guarda su alma se alejará de ellos.
6 Instruye al niño en su camino,
Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.
7 El rico se enseñorea de los pobres,
Y el que toma prestado es siervo del que presta.
8 El que sembrare iniquidad, iniquidad segará,
Y la vara de su insolencia se quebrará.
9 El ojo misericordioso será bendito,
Porque dio de su pan al indigente.
10 Echa fuera al escarnecedor, y saldrá la contienda,
Y cesará el pleito y la afrenta.
11 El que ama la limpieza de corazón,
Por la gracia de sus labios tendrá la amistad del rey.
12 Los ojos de Jehová velan por la ciencia;
Mas él trastorna las cosas de los prevaricadores.
13 Dice el perezoso: El león está fuera;
Seré muerto en la calle.
14 Fosa profunda es la boca de la mujer extraña;
Aquel contra el cual Jehová estuviere airado caerá en
ella.
15 La necedad está ligada en el corazón del muchacho;
Mas la vara de la corrección la alejará de él.
16 El que oprime al pobre para aumentar sus ganancias,
O que da al rico, ciertamente se empobrecerá.
Preceptos y amonestaciones
17 Inclina tu oído y oye las palabras de los sabios,
Y aplica tu corazón a mi sabiduría;
18 Porque es cosa deliciosa, si las guardares dentro de
ti;
Si juntamente se afirmaren sobre tus labios.
19 Para que tu confianza sea en Jehová,
Te las he hecho saber hoy a ti también.
20 ¿No te he escrito tres veces
En consejos y en ciencia,
21 Para hacerte saber la certidumbre de las palabras de
verdad,
A fin de que vuelvas a llevar palabras de verdad a los
que te enviaron?
22 No robes al pobre, porque es pobre,
Ni quebrantes en la puerta al afligido;
23 Porque Jehová juzgará la causa de ellos,
Y despojará el alma de aquellos que los despojaren.
24 No te entremetas con el iracundo,
Ni te acompañes con el hombre de enojos,
25 No sea que aprendas sus maneras,
Y tomes lazo para tu alma.
26 No seas de aquellos que se comprometen,
Ni de los que salen por fiadores de deudas.
27 Si no tuvieres para pagar,
¿Por qué han de quitar tu cama de debajo de ti?
28 No traspases los linderos antiguos
Que pusieron tus padres.
29 ¿Has visto hombre solícito en su trabajo? Delante de
los reyes estará;
No estará delante de los de baja condición.
PROVERBIOS 23
1 Cuando te sientes a comer con algún señor,
Considera bien lo que está delante de ti,
2 Y pon cuchillo a tu garganta,
Si tienes gran apetito.
3 No codicies sus manjares delicados,
Porque es pan engañoso.
4 No te afanes por hacerte rico;
Sé prudente, y desiste.
5 ¿Has de poner tus ojos en las riquezas, siendo
ningunas?
Porque se harán alas
Como alas de águila, y volarán al cielo.
6 No comas pan con el avaro,
Ni codicies sus manjares;
7 Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él.
Come y bebe, te dirá;
Mas su corazón no está contigo.
8 Vomitarás la parte que comiste,
Y perderás tus suaves palabras.
9 No hables a oídos del necio,
Porque menospreciará la prudencia de tus razones.
10 No traspases el lindero antiguo,
Ni entres en la heredad de los huérfanos;
11 Porque el defensor de ellos es el Fuerte,
El cual juzgará la causa de ellos contra ti.
12 Aplica tu corazón a la enseñanza,
Y tus oídos a las palabras de sabiduría.
13 No rehúses corregir al muchacho;
Porque si lo castigas con vara, no morirá.
14 Lo castigarás con vara,
Y librarás su alma del Seol.
15 Hijo mío, si tu corazón fuere sabio,
También a mí se me alegrará el corazón;
16 Mis entrañas también se alegrarán
Cuando tus labios hablaren cosas rectas.
17 No tenga tu corazón envidia de los pecadores,
Antes persevera en el temor de Jehová todo el tiempo;
18 Porque ciertamente hay fin,
Y tu esperanza no será cortada.
19 Oye, hijo mío, y sé sabio,
Y endereza tu corazón al camino.
20 No estés con los bebedores de vino,
Ni con los comedores de carne;
21 Porque el bebedor y el comilón empobrecerán,
Y el sueño hará vestir vestidos rotos.
22 Oye a tu padre, a aquel que te engendró;
Y cuando tu madre envejeciere, no la menosprecies.
23 Compra la verdad, y no la vendas;
La sabiduría, la enseñanza y la inteligencia.
24 Mucho se alegrará el padre del justo,
Y el que engendra sabio se gozará con él.
25 Alégrense tu padre y tu madre,
Y gócese la que te dio a luz.
26 Dame, hijo mío, tu corazón,
Y miren tus ojos por mis caminos.
27 Porque abismo profundo es la ramera,
Y pozo angosto la extraña.
28 También ella, como robador, acecha,
Y multiplica entre los hombres los prevaricadores.
29 ¿Para quién será el ay? ¿Para quién el dolor? ¿Para
quién las rencillas?
¿Para quién las quejas? ¿Para quién las heridas en balde?
¿Para quién lo amoratado de los ojos?
30 Para los que se detienen mucho en el vino,
Para los que van buscando la mistura.
31 No mires al vino cuando rojea,
Cuando resplandece su color en la copa.
Se entra suavemente;
32 Mas al fin como serpiente morderá,
Y como áspid dará dolor.
33 Tus ojos mirarán cosas extrañas,
Y tu corazón hablará perversidades.
34 Serás como el que yace en medio del mar,
O como el que está en la punta de un mastelero.
35 Y dirás: Me hirieron, mas no me dolió;
Me azotaron, mas no lo sentí;
Cuando despertare, aún lo volveré a buscar.
PROVERBIOS 24
1 No tengas envidia de los hombres malos,
Ni desees estar con ellos;
2 Porque su corazón piensa en robar,
E iniquidad hablan sus labios.
3 Con sabiduría se edificará la casa,
Y con prudencia se afirmará;
4 Y con ciencia se llenarán las cámaras
De todo bien preciado y agradable.
5 El hombre sabio es fuerte,
Y de pujante vigor el hombre docto.
6 Porque con ingenio harás la guerra,
Y en la multitud de consejeros está la victoria.
7 Alta está para el insensato la sabiduría;
En la puerta no abrirá él su boca.
8 Al que piensa hacer el mal,
Le llamarán hombre de malos pensamientos.
9 El pensamiento del necio es pecado,
Y abominación a los hombres el escarnecedor.
10 Si fueres flojo en el día de trabajo,
Tu fuerza será reducida.
11 Libra a los que son llevados a la muerte;
Salva a los que están en peligro de muerte.
12 Porque si dijeres: Ciertamente no lo supimos,
¿Acaso no lo entenderá el que pesa los corazones?
El que mira por tu alma, él lo conocerá,
Y dará al hombre según sus obras.
13 Come, hijo mío, de la miel, porque es buena,
Y el panal es dulce a tu paladar.
14 Así será a tu alma el conocimiento de la sabiduría;
Si la hallares tendrás recompensa,
Y al fin tu esperanza no será cortada.
15 Oh impío, no aceches la tienda del justo,
No saquees su cámara;
16 Porque siete veces cae el justo, y vuelve a
levantarse;
Mas los impíos caerán en el mal.
17 Cuando cayere tu enemigo, no te regocijes,
Y cuando tropezare, no se alegre tu corazón;
18 No sea que Jehová lo mire, y le desagrade,
Y aparte de sobre él su enojo.
19 No te entremetas con los malignos,
Ni tengas envidia de los impíos;
20 Porque para el malo no habrá buen fin,
Y la lámpara de los impíos será apagada.
21 Teme a Jehová, hijo mío, y al rey;
No te entremetas con los veleidosos;
22 Porque su quebrantamiento vendrá de repente;
Y el quebrantamiento de ambos,
¿quién lo comprende?
23 También estos son dichos de los sabios:
Hacer acepción de personas en el juicio no es bueno.
24 El que dijere al malo: Justo eres,
Los pueblos lo maldecirán, y le detestarán las naciones;
25 Mas los que lo reprendieren tendrán felicidad,
Y sobre ellos vendrá gran bendición.
26 Besados serán los labios
Del que responde palabras rectas.
27 Prepara tus labores fuera,
Y disponlas en tus campos,
Y después edificarás tu casa.
28 No seas sin causa testigo contra tu prójimo,
Y no lisonjees con tus labios.
29 No digas: Como me hizo, así le haré;
Daré el pago al hombre según su obra.
30 Pasé junto al campo del hombre perezoso,
Y junto a la viña del hombre falto de entendimiento;
31 Y he aquí que por toda ella habían crecido los
espinos,
Ortigas habían ya cubierto su faz,
Y su cerca de piedra estaba ya destruida.
32 Miré, y lo puse en mi corazón;
Lo vi, y tomé consejo.
33 Un poco de sueño, cabeceando otro poco,
Poniendo mano sobre mano otro poco para dormir;
34 Así vendrá como caminante tu necesidad,
Y tu pobreza como hombre armado.
Comparaciones y lecciones morales
PROVERBIOS 25
1 También estos son proverbios de Salomón, los cuales
copiaron los varones de Ezequías, rey de Judá:
2 Gloria de Dios es encubrir un asunto;
Pero honra del rey es escudriñarlo.
3 Para la altura de los cielos, y para la profundidad de
la tierra,
Y para el corazón de los reyes, no hay investigación.
4 Quita las escorias de la plata,
Y saldrá alhaja al fundidor.
5 Aparta al impío de la presencia del rey,
Y su trono se afirmará en justicia.
6 No te alabes delante del rey,
Ni estés en el lugar de los grandes;
7 Porque mejor es que se te diga: Sube acá,
Y no que seas humillado delante del príncipe
A quien han mirado tus ojos.
8 No entres apresuradamente en pleito,
No sea que no sepas qué hacer al fin,
Después que tu prójimo te haya avergonzado.
9 Trata tu causa con tu compañero,
Y no descubras el secreto a otro,
10 No sea que te deshonre el que lo oyere,
Y tu infamia no pueda repararse.
11 Manzana de oro con figuras de plata
Es la palabra dicha como conviene.
12 Como zarcillo de oro y joyel de oro fino
Es el que reprende al sabio que tiene oído dócil.
13 Como frío de nieve en tiempo de la siega,
Así es el mensajero fiel a los que lo envían,
Pues al alma de su señor da refrigerio.
14 Como nubes y vientos sin lluvia,
Así es el hombre que se jacta de falsa liberalidad.
15 Con larga paciencia se aplaca el príncipe,
Y la lengua blanda quebranta los huesos.
16 ¿Hallaste miel? Come lo que te basta,
No sea que hastiado de ella la vomites.
17 Detén tu pie de la casa de tu vecino,
No sea que hastiado de ti te aborrezca.
18 Martillo y cuchillo y saeta aguda
Es el hombre que habla contra su prójimo falso
testimonio.
19 Como diente roto y pie descoyuntado
Es la confianza en el prevaricador en tiempo de angustia.
20 El que canta canciones al corazón afligido
Es como el que quita la ropa en tiempo de frío, o el que
sobre el jabón echa vinagre.
21 Si el que te aborrece tuviere hambre, dale de comer
pan,
Y si tuviere sed, dale de beber agua;
22 Porque ascuas amontonarás sobre su cabeza,
Y Jehová te lo pagará.
23 El viento del norte ahuyenta la lluvia,
Y el rostro airado la lengua detractora.
24 Mejor es estar en un rincón del terrado,
Que con mujer rencillosa en casa espaciosa.
25 Como el agua fría al alma sedienta,
Así son las buenas nuevas de lejanas tierras.
26 Como fuente turbia y manantial corrompido,
Es el justo que cae delante del impío.
27 Comer mucha miel no es bueno,
Ni el buscar la propia gloria es gloria.
28 Como ciudad derribada y sin muro
Es el hombre cuyo espíritu no tiene rienda.
PROVERBIOS 26
1 Como no conviene la nieve en el verano, ni la lluvia en
la siega,
Así no conviene al necio la honra.
2 Como el gorrión en su vagar, y como la golondrina en su
vuelo,
Así la maldición nunca vendrá sin causa.
3 El látigo para el caballo, el cabestro para el asno,
Y la vara para la espalda del necio.
4 Nunca respondas al necio de acuerdo con su necedad,
Para que no seas tú también como él.
5 Responde al necio como merece su necedad,
Para que no se estime sabio en su propia opinión.
6 Como el que se corta los pies y bebe su daño,
Así es el que envía recado por mano de un necio.
7 Las piernas del cojo penden inútiles;
Así es el proverbio en la boca del necio.
8 Como quien liga la piedra en la honda,
Así hace el que da honra al necio.
9 Espinas hincadas en mano del embriagado,
Tal es el proverbio en la boca de los necios.
10 Como arquero que a todos hiere,
Es el que toma a sueldo insensatos y vagabundos.
11 Como perro que vuelve a su vómito,
Así es el necio que repite su necedad.
12 ¿Has visto hombre sabio en su propia opinión?
Más esperanza hay del necio que de él.
13 Dice el perezoso: El león está en el camino;
El león está en las calles.
14 Como la puerta gira sobre sus quicios,
Así el perezoso se vuelve en su cama.
15 Mete el perezoso su mano en el plato;
Se cansa de llevarla a su boca.
16 En su propia opinión el perezoso es más sabio
Que siete que sepan aconsejar.
17 El que pasando se deja llevar de la ira en pleito
ajeno
Es como el que toma al perro por las orejas.
18 Como el que enloquece, y echa llamas
Y saetas y muerte,
19 Tal es el hombre que engaña a su amigo,
Y dice: Ciertamente lo hice por broma.
20 Sin leña se apaga el fuego,
Y donde no hay chismoso, cesa la contienda.
21 El carbón para brasas, y la leña para el fuego;
Y el hombre rencilloso para encender contienda.
22 Las palabras del chismoso son como bocados suaves,
Y penetran hasta las entrañas.
23 Como escoria de plata echada sobre el tiesto
Son los labios lisonjeros y el corazón malo.
24 El que odia disimula con sus labios;
Mas en su interior maquina engaño.
25 Cuando hablare amigablemente, no le creas;
Porque siete abominaciones hay en su corazón.
26 Aunque su odio se cubra con disimulo,
Su maldad será descubierta en la congregación.
27 El que cava foso caerá en él;
Y al que revuelve la piedra, sobre él le volverá.
28 La lengua falsa atormenta al que ha lastimado,
Y la boca lisonjera hace resbalar.
PROVERBIOS 27
1 No te jactes del día de mañana;
Porque no sabes qué dará de sí el día.
2 Alábete el extraño, y no tu propia boca;
El ajeno, y no los labios tuyos.
3 Pesada es la piedra, y la arena pesa;
Mas la ira del necio es más pesada que ambas.
4 Cruel es la ira, e impetuoso el furor;
Mas ¿quién podrá sostenerse delante de la envidia?
5 Mejor es reprensión manifiesta
Que amor oculto.
6 Fieles son las heridas del que ama;
Pero importunos los besos del que aborrece.
7 El hombre saciado desprecia el panal de miel;
Pero al hambriento todo lo amargo es dulce.
8 Cual ave que se va de su nido,
Tal es el hombre que se va de su lugar.
9 El ungüento y el perfume alegran el corazón,
Y el cordial consejo del amigo, al hombre.
10 No dejes a tu amigo, ni al amigo de tu padre;
Ni vayas a la casa de tu hermano en el día de tu
aflicción.
Mejor es el vecino cerca que el hermano lejos.
11 Sé sabio, hijo mío, y alegra mi corazón,
Y tendré qué responder al que me agravie.
12 El avisado ve el mal y se esconde;
Mas los simples pasan y llevan el daño.
13 Quítale su ropa al que salió fiador por el extraño;
Y al que fía a la extraña, tómale prenda.
14 El que bendice a su amigo en alta voz, madrugando de
mañana,
Por maldición se le contará.
15 Gotera continua en tiempo de lluvia
Y la mujer rencillosa, son semejantes;
16 Pretender contenerla es como refrenar el viento,
O sujetar el aceite en la mano derecha.
17 Hierro con hierro se aguza;
Y así el hombre aguza el rostro de su amigo.
18 Quien cuida la higuera comerá su fruto,
Y el que mira por los intereses de su señor, tendrá
honra.
19 Como en el agua el rostro corresponde al rostro,
Así el corazón del hombre al del hombre.
20 El Seol y el Abadón nunca se sacian;
Así los ojos del hombre nunca están satisfechos.
21 El crisol prueba la plata, y la hornaza el oro,
Y al hombre la boca del que lo alaba.
22 Aunque majes al necio en un mortero entre granos de
trigo majados con el pisón,
No se apartará de él su necedad.
23 Sé diligente en conocer el estado de tus ovejas,
Y mira con cuidado por tus rebaños;
24 Porque las riquezas no duran para siempre;
¿Y será la corona para perpetuas generaciones?
25 Saldrá la grama, aparecerá la hierba,
Y se segarán las hierbas de los montes.
26 Los corderos son para tus vestidos,
Y los cabritos para el precio del campo;
27 Y abundancia de leche de las cabras para tu
mantenimiento, para mantenimiento de tu casa,
Y para sustento de tus criadas.
Proverbios antitéticos
PROVERBIOS 28
1 Huye el impío sin que nadie lo persiga;
Mas el justo está confiado como un león.
2 Por la rebelión de la tierra sus príncipes son muchos;
Mas por el hombre entendido y sabio permanece estable.
3 El hombre pobre y robador de los pobres
Es como lluvia torrencial que deja sin pan.
4 Los que dejan la ley alaban a los impíos;
Mas los que la guardan contenderán con ellos.
5 Los hombres malos no entienden el juicio;
Mas los que buscan a Jehová entienden todas las cosas.
6 Mejor es el pobre que camina en su integridad,
Que el de perversos caminos y rico.
7 El que guarda la ley es hijo prudente;
Mas el que es compañero de glotones avergüenza a su
padre.
8 El que aumenta sus riquezas con usura y crecido
interés,
Para aquel que se compadece de los pobres las aumenta.
9 El que aparta su oído para no oír la ley,
Su oración también es abominable.
10 El que hace errar a los rectos por el mal camino,
El caerá en su misma fosa;
Mas los perfectos heredarán el bien.
11 El hombre rico es sabio en su propia opinión;
Mas el pobre entendido lo escudriña.
12 Cuando los justos se alegran, grande es la gloria;
Mas cuando se levantan los impíos, tienen que esconderse
los hombres.
13 El que encubre sus pecados no prosperará;
Mas el que los confiesa y se aparta alcanzará
misericordia.
14 Bienaventurado el hombre que siempre teme a Dios;
Mas el que endurece su corazón caerá en el mal.
15 León rugiente y oso hambriento
Es el príncipe impío sobre el pueblo pobre.
16 El príncipe falto de entendimiento multiplicará la
extorsión;
Mas el que aborrece la avaricia prolongará sus días.
17 El hombre cargado de la sangre de alguno
Huirá hasta el sepulcro, y nadie le detendrá.
18 El que en integridad camina será salvo;
Mas el de perversos caminos caerá en alguno.
19 El que labra su tierra se saciará de pan;
Mas el que sigue a los ociosos se llenará de pobreza.
20 El hombre de verdad tendrá muchas bendiciones;
Mas el que se apresura a enriquecerse no será sin culpa.
21 Hacer acepción de personas no es bueno;
Hasta por un bocado de pan prevaricará el hombre.
22 Se apresura a ser rico el avaro,
Y no sabe que le ha de venir pobreza.
23 El que reprende al hombre, hallará después mayor
gracia
Que el que lisonjea con la lengua.
24 El que roba a su padre o a su madre, y dice que no es
maldad,
Compañero es del hombre destruidor.
25 El altivo de ánimo suscita contiendas;
Mas el que confía en Jehová prosperará.
26 El que confía en su propio corazón es necio;
Mas el que camina en sabiduría será librado.
27 El que da al pobre no tendrá pobreza;
Mas el que aparta sus ojos tendrá muchas maldiciones.
28 Cuando los impíos son levantados se esconde el hombre;
Mas cuando perecen, los justos se multiplican.
PROVERBIOS 29
1 El hombre que reprendido endurece la cerviz,
De repente será quebrantado, y no habrá para él medicina.
2 Cuando los justos dominan, el pueblo se alegra;
Mas cuando domina el impío, el pueblo gime.
3 El hombre que ama la sabiduría alegra a su padre;
Mas el que frecuenta rameras perderá los bienes.
4 El rey con el juicio afirma la tierra;
Mas el que exige presentes la destruye.
5 El hombre que lisonjea a su prójimo,
Red tiende delante de sus pasos.
6 En la transgresión del hombre malo hay lazo;
Mas el justo cantará y se alegrará.
7 Conoce el justo la causa de los pobres;
Mas el impío no entiende sabiduría.
8 Los hombres escarnecedores ponen la ciudad en llamas;
Mas los sabios apartan la ira.
9 Si el hombre sabio contendiere con el necio,
Que se enoje o que se ría, no tendrá reposo.
10 Los hombres sanguinarios aborrecen al perfecto,
Mas los rectos buscan su contentamiento.
11 El necio da rienda suelta a toda su ira,
Mas el sabio al fin la sosiega.
12 Si un gobernante atiende la palabra mentirosa,
Todos sus servidores serán impíos.
13 El pobre y el usurero se encuentran;
Jehová alumbra los ojos de ambos.
14 Del rey que juzga con verdad a los pobres,
El trono será firme para siempre.
15 La vara y la corrección dan sabiduría;
Mas el muchacho consentido avergonzará a su madre.
16 Cuando los impíos son muchos, mucha es la
transgresión;
Mas los justos verán la ruina de ellos.
17 Corrige a tu hijo, y te dará descanso,
Y dará alegría a tu alma.
18 Sin profecía el pueblo se desenfrena;
Mas el que guarda la ley es bienaventurado.
19 El siervo no se corrige con palabras;
Porque entiende, mas no hace caso.
20 ¿Has visto hombre ligero en sus palabras?
Más esperanza hay del necio que de él.
21 El siervo mimado desde la niñez por su amo,
A la postre será su heredero.
22 El hombre iracundo levanta contiendas,
Y el furioso muchas veces peca.
23 La soberbia del hombre le abate;
Pero al humilde de espíritu sustenta la honra.
24 El cómplice del ladrón aborrece su propia alma;
Pues oye la imprecación y no dice nada.
25 El temor del hombre pondrá lazo;
Mas el que confía en Jehová será exaltado.
26 Muchos buscan el favor del príncipe;
Mas de Jehová viene el juicio de cada uno.
27 Abominación es a los justos el hombre inicuo;
Y abominación es al impío el de caminos rectos.
Las palabras de Agur
PROVERBIOS 30
1 Palabras de Agur, hijo de Jaqué; la profecía que dijo
el varón a Itiel, a Itiel y a Ucal.
2 Ciertamente más rudo soy yo que ninguno,
Ni tengo entendimiento de hombre.
3 Yo ni aprendí sabiduría,
Ni conozco la ciencia del Santo.
4 ¿Quién subió al cielo, y descendió?
¿Quién encerró los vientos en sus puños?
¿Quién ató las aguas en un paño?
¿Quién afirmó todos los términos de la tierra?
¿Cuál es su nombre, y el nombre de su hijo, si sabes?
5 Toda palabra de Dios es limpia;
El es escudo a los que en él esperan.
6 No añadas a sus palabras, para que no te reprenda,
Y seas hallado mentiroso.
7 Dos cosas te he demandado;
No me las niegues antes que muera:
8 Vanidad y palabra mentirosa aparta de mí;
No me des pobreza ni riquezas;
Manténme del pan necesario;
9 No sea que me sacie, y te niegue, y diga: ¿Quién es
Jehová?
O que siendo pobre, hurte,
Y blasfeme el nombre de mi Dios.
10 No acuses al siervo ante su señor,
No sea que te maldiga, y lleves el castigo.
11 Hay generación que maldice a su padre
Y a su madre no bendice.
12 Hay generación limpia en su propia opinión,
Si bien no se ha limpiado de su inmundicia.
13 Hay generación cuyos ojos son altivos
Y cuyos párpados están levantados en alto.
14 Hay generación cuyos dientes son espadas, y sus muelas
cuchillos,
Para devorar a los pobres de la tierra, y a los
menesterosos de entre los hombres.
15 La sanguijuela tiene dos hijas que dicen: ¡Dame!
¡dame!
Tres cosas hay que nunca se sacian;
Aun la cuarta nunca dice: ¡Basta!
16 El Seol, la matriz estéril,
La tierra que no se sacia de aguas,
Y el fuego que jamás dice: ¡Basta!
17 El ojo que escarnece a su padre
Y menosprecia la enseñanza de la madre,
Los cuervos de la cañada lo saquen,
Y lo devoren los hijos del águila.
18 Tres cosas me son ocultas;
Aun tampoco sé la cuarta:
19 El rastro del águila en el aire;
El rastro de la culebra sobre la peña;
El rastro de la nave en medio del mar;
Y el rastro del hombre en la doncella.
20 El proceder de la mujer adúltera es así:
Come, y limpia su boca
Y dice: No he hecho maldad.
21 Por tres cosas se alborota la tierra,
Y la cuarta ella no puede sufrir:
22 Por el siervo cuando reina;
Por el necio cuando se sacia de pan;
23 Por la mujer odiada cuando se casa;
Y por la sierva cuando hereda a su señora.
24 Cuatro cosas son de las más pequeñas de la tierra,
Y las mismas son más sabias que los sabios:
25 Las hormigas, pueblo no fuerte,
Y en el verano preparan su comida;
26 Los conejos, pueblo nada esforzado,
Y ponen su casa en la piedra;
27 Las langostas, que no tienen rey,
Y salen todas por cuadrillas;
28 La araña que atrapas con la mano,
Y está en palacios de rey.
29 Tres cosas hay de hermoso andar,
Y la cuarta pasea muy bien:
30 El león, fuerte entre todos los animales,
Que no vuelve atrás por nada;
31 El ceñido de lomos; asimismo el macho cabrío;
Y el rey, a quien nadie resiste.
32 Si neciamente has procurado enaltecerte,
O si has pensado hacer mal,
Pon el dedo sobre tu boca.
33 Ciertamente el que bate la leche sacará mantequilla,
Y el que recio se suena las narices sacará sangre;
Y el que provoca la ira causará contienda.
Exhortación a un rey
PROVERBIOS 31
1 Palabras del rey Lemuel; la profecía con que le enseñó
su madre.
2 ¿Qué, hijo mío? ¿y qué, hijo de mi vientre?
¿Y qué, hijo de mis deseos?
3 No des a las mujeres tu fuerza,
Ni tus caminos a lo que destruye a los reyes.
4 No es de los reyes, oh Lemuel, no es de los reyes beber
vino,
Ni de los príncipes la sidra;
5 No sea que bebiendo olviden la ley,
Y perviertan el derecho de todos los afligidos.
6 Dad la sidra al desfallecido,
Y el vino a los de amargado ánimo.
7 Beban, y olvídense de su necesidad,
Y de su miseria no se acuerden más.
8 Abre tu boca por el mudo
En el juicio de todos los desvalidos.
9 Abre tu boca, juzga con justicia,
Y defiende la causa del pobre y del menesteroso.
Elogio de la mujer virtuosa
10 Mujer virtuosa, ¿quién la hallará?
Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras
preciosas.
11 El corazón de su marido está en ella confiado,
Y no carecerá de ganancias.
12 Le da ella bien y no mal
Todos los días de su vida.
13 Busca lana y lino,
Y con voluntad trabaja con sus manos.
14 Es como nave de mercader;
Trae su pan de lejos.
15 Se levanta aun de noche
Y da comida a su familia
Y ración a sus criadas.
16 Considera la heredad, y la compra,
Y planta viña del fruto de sus manos.
17 Ciñe de fuerza sus lomos,
Y esfuerza sus brazos.
18 Ve que van bien sus negocios;
Su lámpara no se apaga de noche.
19 Aplica su mano al huso,
Y sus manos a la rueca.
20 Alarga su mano al pobre,
Y extiende sus manos al menesteroso.
21 No tiene temor de la nieve por su familia,
Porque toda su familia está vestida de ropas dobles.
22 Ella se hace tapices;
De lino fino y púrpura es su vestido.
23 Su marido es conocido en las puertas,
Cuando se sienta con los ancianos de la tierra.
24 Hace telas, y vende,
Y da cintas al mercader.
25 Fuerza y honor son su vestidura;
Y se ríe de lo por venir.
26 Abre su boca con sabiduría,
Y la ley de clemencia está en su lengua.
27 Considera los caminos de su casa,
Y no come el pan de balde.
28 Se levantan sus hijos y la llaman bienaventurada;
Y su marido también la alaba:
29 Muchas mujeres hicieron el bien;
Mas tú sobrepasas a todas.
30 Engañosa es la gracia, y vana la hermosura;
La mujer que teme a Jehová, ésa será alabada.
31 Dadle del fruto de sus manos,
Y alábenla en las puertas sus hechos.
ECLESTIASTÉS
O EL PREDICADOR
Todo es vanidad
ECLESTIASTÉS 1
1 Palabras del Predicador, hijo de David, rey en
Jerusalén.
2 Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de
vanidades, todo es vanidad. 3 ¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo
con que se afana debajo del sol? 4 Generación va, y generación viene; mas la
tierra siempre permanece. 5 Sale el sol, y se pone el sol, y se apresura a
volver al lugar de donde se levanta. 6 El viento tira hacia el sur, y rodea al
norte; va girando de continuo, y a sus giros vuelve el viento de nuevo. 7 Los
ríos todos van al mar, y el mar no se llena; al lugar de donde los ríos
vinieron, allí vuelven para correr de nuevo. 8 Todas las cosas son fatigosas
más de lo que el hombre puede expresar; nunca se sacia el ojo de ver, ni el
oído de oír. 9 ¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido
hecho? Lo mismo que se hará; y nada hay nuevo debajo del sol. 10 ¿Hay algo de
que se puede decir: He aquí esto es nuevo? Ya fue en los siglos que nos han
precedido. 11 No hay memoria de lo que precedió, ni tampoco de lo que sucederá
habrá memoria en los que serán después.
La experiencia del Predicador
12 Yo el Predicador fui rey sobre Israel en Jerusalén. 13
Y di mi corazón a inquirir y a buscar con sabiduría sobre todo lo que se hace
debajo del cielo; este penoso trabajo dio Dios a los hijos de los hombres,
para que se ocupen en él. 14 Miré todas las obras que se hacen debajo del sol;
y he aquí, todo ello es vanidad y aflicción de espíritu. 15 Lo torcido no se
puede enderezar, y lo incompleto no puede contarse.
16 Hablé yo en mi corazón, diciendo: He aquí yo me he
engrandecido, y he crecido en sabiduría sobre todos los que fueron antes de mí
en Jerusalén; y mi corazón ha percibido mucha sabiduría y ciencia. 17 Y
dediqué mi corazón a conocer la sabiduría, y también a entender las locuras y
los desvaríos; conocí que aun esto era aflicción de espíritu. 18 Porque en la
mucha sabiduría hay mucha molestia; y quien añade ciencia, añade dolor.
ECLESTIASTÉS 2
1 Dije yo en mi corazón: Ven ahora, te probaré con
alegría, y gozarás de bienes. Mas he aquí esto también era vanidad. 2 A la
risa dije: Enloqueces; y al placer: ¿De qué sirve esto? 3 Propuse en mi
corazón agasajar mi carne con vino, y que anduviese mi corazón en sabiduría,
con retención de la necedad, hasta ver cuál fuese el bien de los hijos de los
hombres, en el cual se ocuparan debajo del cielo todos los días de su vida. 4
Engrandecí mis obras, edifiqué para mí casas, planté para mí viñas; 5 me hice
huertos y jardines, y planté en ellos árboles de todo fruto. 6 Me hice
estanques de aguas, para regar de ellos el bosque donde crecían los árboles. 7
Compré siervos y siervas, y tuve siervos nacidos en casa; también tuve
posesión grande de vacas y de ovejas, más que todos los que fueron antes de mí
en Jerusalén. 8 Me amontoné también plata y oro, y tesoros preciados de reyes
y de provincias; me hice de cantores y cantoras, de los deleites de los hijos
de los hombres, y de toda clase de instrumentos de música.
9 Y fui engrandecido y aumentado más que todos los que
fueron antes de mí en Jerusalén; a más de esto, conservé conmigo mi sabiduría.
10 No negué a mis ojos ninguna cosa que desearan, ni aparté mi corazón de
placer alguno, porque mi corazón gozó de todo mi trabajo; y esta fue mi parte
de toda mi faena. 11 Miré yo luego todas las obras que habían hecho mis manos,
y el trabajo que tomé para hacerlas; y he aquí, todo era vanidad y aflicción
de espíritu, y sin provecho debajo del sol. 12 Después volví yo a mirar para
ver la sabiduría y los desvaríos y la necedad; porque ¿qué podrá hacer el
hombre que venga después del rey? Nada, sino lo que ya ha sido hecho. 13 Y he
visto que la sabiduría sobrepasa a la necedad, como la luz a las tinieblas. 14
El sabio tiene sus ojos en su cabeza, mas el necio anda en tinieblas; pero
también entendí yo que un mismo suceso acontecerá al uno como al otro. 15
Entonces dije yo en mi corazón: Como sucederá al necio, me sucederá también a
mí. ¿Para qué, pues, he trabajado hasta ahora por hacerme más sabio? Y dije en
mi corazón, que también esto era vanidad. 16 Porque ni del sabio ni del necio
habrá memoria para siempre; pues en los días venideros ya todo será olvidado,
y también morirá el sabio como el necio. 17 Aborrecí, por tanto, la vida,
porque la obra que se hace debajo del sol me era fastidiosa; por cuanto todo
es vanidad y aflicción de espíritu.
18 Asimismo aborrecí todo mi trabajo que había hecho
debajo del sol, el cual tendré que dejar a otro que vendrá después de mí. 19 Y
¿quién sabe si será sabio o necio el que se enseñoreará de todo mi trabajo en
que yo me afané y en que ocupé debajo del sol mi sabiduría? Esto también es
vanidad. 20 Volvió, por tanto, a desesperanzarse mi corazón acerca de todo el
trabajo en que me afané, y en que había ocupado debajo del sol mi sabiduría.
21 ¡Que el hombre trabaje con sabiduría, y con ciencia y con rectitud, y que
haya de dar su hacienda a hombre que nunca trabajó en ello! También es esto
vanidad y mal grande. 22 Porque ¿qué tiene el hombre de todo su trabajo, y de
la fatiga de su corazón, con que se afana debajo del sol? 23 Porque todos sus
días no son sino dolores, y sus trabajos molestias; aun de noche su corazón no
reposa. Esto también es vanidad.
24 No hay cosa mejor para el hombre sino que coma y beba,
y que su alma se alegre en su trabajo. También he visto que esto es de la mano
de Dios. 25 Porque ¿quién comerá, y quién se cuidará, mejor que yo? 26 Porque
al hombre que le agrada, Dios le da sabiduría, ciencia y gozo; mas al pecador
da el trabajo de recoger y amontonar, para darlo al que agrada a Dios. También
esto es vanidad y aflicción de espíritu.
Todo tiene su tiempo
ECLESTIASTÉS 3
1 Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo
del cielo tiene su hora. 2 Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de
plantar, y tiempo de arrancar lo plantado; 3 tiempo de matar, y tiempo de
curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar; 4 tiempo de llorar, y tiempo
de reir; tiempo de endechar, y tiempo de bailar; 5 tiempo de esparcir piedras,
y tiempo de juntar piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de abstenerse de
abrazar; 6 tiempo de buscar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo
de desechar; 7 tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo
de hablar; 8 tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo
de paz. 9 ¿Qué provecho tiene el que trabaja, de aquello en que se afana?
10 Yo he visto el trabajo que Dios ha dado a los hijos de
los hombres para que se ocupen en él. 11 Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y
ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a
entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin. 12 Yo he
conocido que no hay para ellos cosa mejor que alegrarse, y hacer bien en su
vida; 13 y también que es don de Dios que todo hombre coma y beba, y goce el
bien de toda su labor. 14 He entendido que todo lo que Dios hace será
perpetuo; sobre aquello no se añadirá, ni de ello se disminuirá; y lo hace
Dios, para que delante de él teman los hombres. 15 Aquello que fue, ya es; y
lo que ha de ser, fue ya; y Dios restaura lo que pasó.
Injusticias de la vida
16 Vi más debajo del sol: en lugar del juicio, allí
impiedad; y en lugar de la justicia, allí iniquidad. 17 Y dije yo en mi
corazón: Al justo y al impío juzgará Dios; porque allí hay un tiempo para todo
lo que se quiere y para todo lo que se hace. 18 Dije en mi corazón: Es así,
por causa de los hijos de los hombres, para que Dios los pruebe, y para que
vean que ellos mismos son semejantes a las bestias. 19 Porque lo que sucede a
los hijos de los hombres, y lo que sucede a las bestias, un mismo suceso es:
como mueren los unos, así mueren los otros, y una misma respiración tienen
todos; ni tiene más el hombre que la bestia; porque todo es vanidad. 20 Todo
va a un mismo lugar; todo es hecho del polvo, y todo volverá al mismo polvo.
21 ¿Quién sabe que el espíritu de los hijos de los hombres sube arriba, y que
el espíritu del animal desciende abajo a la tierra? 22 Así, pues, he visto que
no hay cosa mejor para el hombre que alegrarse en su trabajo, porque esta es
su parte; porque ¿quién lo llevará para que vea lo que ha de ser después de
él?
ECLESTIASTÉS 4
1 Me volví y vi todas las violencias que se hacen debajo
del sol; y he aquí las lágrimas de los oprimidos, sin tener quien los
consuele; y la fuerza estaba en la mano de sus opresores, y para ellos no
había consolador. 2 Y alabé yo a los finados, los que ya murieron, más que a
los vivientes, los que viven todavía. 3 Y tuve por más feliz que unos y otros
al que no ha sido aún, que no ha visto las malas obras que debajo del sol se
hacen.
4 He visto asimismo que todo trabajo y toda excelencia de
obras despierta la envidia del hombre contra su prójimo. También esto es
vanidad y aflicción de espíritu.
5 El necio cruza sus manos y come su misma carne.
6 Más vale un puño lleno con descanso, que ambos puños
llenos con trabajo y aflicción de espíritu.
7 Yo me volví otra vez, y vi vanidad debajo del sol. 8
Está un hombre solo y sin sucesor, que no tiene hijo ni hermano; pero nunca
cesa de trabajar, ni sus ojos se sacian de sus riquezas, ni se pregunta: ¿Para
quién trabajo yo, y defraudo mi alma del bien? También esto es vanidad, y duro
trabajo.
9 Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su
trabajo. 10 Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del
solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante. 11 También si dos
durmieren juntos, se calentarán mutuamente; mas ¿cómo se calentará uno solo?
12 Y si alguno prevaleciere contra uno, dos le resistirán; y cordón de tres
dobleces no se rompe pronto.
13 Mejor es el muchacho pobre y sabio, que el rey viejo y
necio que no admite consejos; 14 porque de la cárcel salió para reinar, aunque
en su reino nació pobre. 15 Vi a todos los que viven debajo del sol caminando
con el muchacho sucesor, que estará en lugar de aquél. 16 No tenía fin la
muchedumbre del pueblo que le seguía; sin embargo, los que vengan después
tampoco estarán contentos de él. Y esto es también vanidad y aflicción de
espíritu.
La insensatez de hacer votos a la ligera
ECLESTIASTÉS 5
1 Cuando fueres a la casa de Dios, guarda tu pie; y
acércate más para oír que para ofrecer el sacrificio de los necios; porque no
saben que hacen mal. 2 No te des prisa con tu boca, ni tu corazón se apresure
a proferir palabra delante de Dios; porque Dios está en el cielo, y tú sobre
la tierra; por tanto, sean pocas tus palabras.
3 Porque de la mucha ocupación viene el sueño, y de la
multitud de las palabras la voz del necio.
4 Cuando a Dios haces promesa, no tardes en cumplirla;
porque él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes. 5 Mejor es
que no prometas, y no que prometas y no cumplas. 6 No dejes que tu boca te
haga pecar, ni digas delante del ángel, que fue ignorancia. ¿Por qué harás que
Dios se enoje a causa de tu voz, y que destruya la obra de tus manos?
7 Donde abundan los sueños, también abundan las vanidades
y las muchas palabras; mas tú, teme a Dios.
La vanidad de la vida
8 Si opresión de pobres y perversión de derecho y de
justicia vieres en la provincia, no te maravilles de ello; porque sobre el
alto vigila otro más alto, y uno más alto está sobre ellos. 9 Además, el
provecho de la tierra es para todos; el rey mismo está sujeto a los campos.
10 El que ama el dinero, no se saciará de dinero; y el
que ama el mucho tener, no sacará fruto. También esto es vanidad. 11 Cuando
aumentan los bienes, también aumentan los que los consumen. ¿Qué bien, pues,
tendrá su dueño, sino verlos con sus ojos?
12 Dulce es el sueño del trabajador, coma mucho, coma
poco; pero al rico no le deja dormir la abundancia.
13 Hay un mal doloroso que he visto debajo del sol: las
riquezas guardadas por sus dueños para su mal; 14 las cuales se pierden en
malas ocupaciones, y a los hijos que engendraron, nada les queda en la mano.
15 Como salió del vientre de su madre, desnudo, así vuelve, yéndose tal como
vino; y nada tiene de su trabajo para llevar en su mano. 16 Este también es un
gran mal, que como vino, así haya de volver. ¿Y de qué le aprovechó trabajar
en vano? 17 Además de esto, todos los días de su vida comerá en tinieblas, con
mucho afán y dolor y miseria.
18 He aquí, pues, el bien que yo he visto: que lo bueno
es comer y beber, y gozar uno del bien de todo su trabajo con que se fatiga
debajo del sol, todos los días de su vida que Dios le ha dado; porque esta es
su parte. 19 Asimismo, a todo hombre a quien Dios da riquezas y bienes, y le
da también facultad para que coma de ellas, y tome su parte, y goce de su
trabajo, esto es don de Dios. 20 Porque no se acordará mucho de los días de su
vida; pues Dios le llenará de alegría el corazón.
ECLESTIASTÉS 6
1 Hay un mal que he visto debajo del cielo, y muy común
entre los hombres: 2 El del hombre a quien Dios da riquezas y bienes y honra,
y nada le falta de todo lo que su alma desea; pero Dios no le da facultad de
disfrutar de ello, sino que lo disfrutan los extraños. Esto es vanidad, y mal
doloroso. 3 Aunque el hombre engendrare cien hijos, y viviere muchos años, y
los días de su edad fueren numerosos; si su alma no se sació del bien, y
también careció de sepultura, yo digo que un abortivo es mejor que él. 4
Porque éste en vano viene, y a las tinieblas va, y con tinieblas su nombre es
cubierto. 5 Además, no ha visto el sol, ni lo ha conocido; más reposo tiene
éste que aquél. 6 Porque si aquél viviere mil años dos veces, sin gustar del
bien, ¿no van todos al mismo lugar?
7 Todo el trabajo del hombre es para su boca, y con todo
eso su deseo no se sacia. 8 Porque ¿qué más tiene el sabio que el necio? ¿Qué
más tiene el pobre que supo caminar entre los vivos? 9 Más vale vista de ojos
que deseo que pasa. Y también esto es vanidad y aflicción de espíritu.
10 Respecto de lo que es, ya ha mucho que tiene nombre, y
se sabe que es hombre y que no puede contender con Aquel que es más poderoso
que él. 11 Ciertamente las muchas palabras multiplican la vanidad. ¿Qué más
tiene el hombre? 12 Porque ¿quién sabe cuál es el bien del hombre en la vida,
todos los días de la vida de su vanidad, los cuales él pasa como sombra?
Porque ¿quién enseñará al hombre qué será después de él debajo del sol?
Contraste entre la sabiduría y la insensatez
ECLESTIASTÉS 7
1 Mejor es la buena fama que el buen ungüento; y mejor el
día de la muerte que el día del nacimiento. 2 Mejor es ir a la casa del luto
que a la casa del banquete; porque aquello es el fin de todos los hombres, y
el que vive lo pondrá en su corazón. 3 Mejor es el pesar que la risa; porque
con la tristeza del rostro se enmendará el corazón. 4 El corazón de los sabios
está en la casa del luto; mas el corazón de los insensatos, en la casa en que
hay alegría. 5 Mejor es oír la reprensión del sabio que la canción de los
necios. 6 Porque la risa del necio es como el estrépito de los espinos debajo
de la olla. Y también esto es vanidad. 7 Ciertamente la opresión hace
entontecer al sabio, y las dádivas corrompen el corazón. 8 Mejor es el fin del
negocio que su principio; mejor es el sufrido de espíritu que el altivo de
espíritu. 9 No te apresures en tu espíritu a enojarte; porque el enojo reposa
en el seno de los necios. 10 Nunca digas: ¿Cuál es la causa de que los tiempos
pasados fueron mejores que estos? Porque nunca de esto preguntarás con
sabiduría. 11 Buena es la ciencia con herencia, y provechosa para los que ven
el sol. 12 Porque escudo es la ciencia, y escudo es el dinero; mas la
sabiduría excede, en que da vida a sus poseedores. 13 Mira la obra de Dios;
porque ¿quién podrá enderezar lo que él torció?
14 En el día del bien goza del bien; y en el día de la
adversidad considera. Dios hizo tanto lo uno como lo otro, a fin de que el
hombre nada halle después de él.
15 Todo esto he visto en los días de mi vanidad. Justo
hay que perece por su justicia, y hay impío que por su maldad alarga sus días.
16 No seas demasiado justo, ni seas sabio con exceso; ¿por qué habrás de
destruirte? 17 No hagas mucho mal, ni seas insensato; ¿por qué habrás de morir
antes de tu tiempo? 18 Bueno es que tomes esto, y también de aquello no
apartes tu mano; porque aquel que a Dios teme, saldrá bien en todo.
19 La sabiduría fortalece al sabio más que diez poderosos
que haya en una ciudad.
20 Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga
el bien y nunca peque.
21 Tampoco apliques tu corazón a todas las cosas que se
hablan, para que no oigas a tu siervo cuando dice mal de ti; 22 porque tu
corazón sabe que tú también dijiste mal de otros muchas veces.
23 Todas estas cosas probé con sabiduría, diciendo: Seré
sabio; pero la sabiduría se alejó de mí. 24 Lejos está lo que fue; y lo muy
profundo, ¿quién lo hallará? 25 Me volví y fijé mi corazón para saber y
examinar e inquirir la sabiduría y la razón, y para conocer la maldad de la
insensatez y el desvarío del error. 26 Y he hallado más amarga que la muerte a
la mujer cuyo corazón es lazos y redes, y sus manos ligaduras. El que agrada a
Dios escapará de ella; mas el pecador quedará en ella preso. 27 He aquí que
esto he hallado, dice el Predicador, pesando las cosas una por una para hallar
la razón; 28 lo que aún busca mi alma, y no lo encuentra: un hombre entre mil
he hallado, pero mujer entre todas éstas nunca hallé. 29 He aquí, solamente
esto he hallado: que Dios hizo al hombre recto, pero ellos buscaron muchas
perversiones.
ECLESTIASTÉS 8
1 ¿Quién como el sabio? ¿y quién como el que sabe la
declaración de las cosas? La sabiduría del hombre ilumina su rostro, y la
tosquedad de su semblante se mudará.
2 Te aconsejo que guardes el mandamiento del rey y la
palabra del juramento de Dios. 3 No te apresures a irte de su presencia, ni en
cosa mala persistas; porque él hará todo lo que quiere. 4 Pues la palabra del
rey es con potestad, ¿y quién le dirá: ¿Qué haces? 5 El que guarda el
mandamiento no experimentará mal; y el corazón del sabio discierne el tiempo y
el juicio. 6 Porque para todo lo que quisieres hay tiempo y juicio; porque el
mal del hombre es grande sobre él; 7 pues no sabe lo que ha de ser; y el
cuándo haya de ser, ¿quién se lo enseñará? 8 No hay hombre que tenga potestad
sobre el espíritu para retener el espíritu, ni potestad sobre el día de la
muerte; y no valen armas en tal guerra, ni la impiedad librará al que la
posee. 9 Todo esto he visto, y he puesto mi corazón en todo lo que debajo del
sol se hace; hay tiempo en que el hombre se enseñorea del hombre para mal
suyo.
Desigualdades de la vida
10 Asimismo he visto a los inicuos sepultados con honra;
mas los que frecuentaban el lugar santo fueron luego puestos en olvido en la
ciudad donde habían actuado con rectitud. Esto también es vanidad. 11 Por
cuanto no se ejecuta luego sentencia sobre la mala obra, el corazón de los
hijos de los hombres está en ellos dispuesto para hacer el mal. 12 Aunque el
pecador haga mal cien veces, y prolongue sus días, con todo yo también sé que
les irá bien a los que a Dios temen, los que temen ante su presencia; 13 y que
no le irá bien al impío, ni le serán prolongados los días, que son como
sombra; por cuanto no teme delante de la presencia de Dios.
14 Hay vanidad que se hace sobre la tierra: que hay
justos a quienes sucede como si hicieran obras de impíos, y hay impíos a
quienes acontece como si hicieran obras de justos. Digo que esto también es
vanidad. 15 Por tanto, alabé yo la alegría; que no tiene el hombre bien debajo
del sol, sino que coma y beba y se alegre; y que esto le quede de su trabajo
los días de su vida que Dios le concede debajo del sol.
16 Yo, pues, dediqué mi corazón a conocer sabiduría, y a
ver la faena que se hace sobre la tierra (porque hay quien ni de noche ni de
día ve sueño en sus ojos); 17 y he visto todas las obras de Dios, que el
hombre no puede alcanzar la obra que debajo del sol se hace; por mucho que
trabaje el hombre buscándola, no la hallará; aunque diga el sabio que la
conoce, no por eso podrá alcanzarla.
ECLESTIASTÉS 9
1 Ciertamente he dado mi corazón a todas estas cosas,
para declarar todo esto: que los justos y los sabios, y sus obras, están en la
mano de Dios; que sea amor o que sea odio, no lo saben los hombres; todo está
delante de ellos. 2 Todo acontece de la misma manera a todos; un mismo suceso
ocurre al justo y al impío; al bueno, al limpio y al no limpio; al que
sacrifica, y al que no sacrifica; como al bueno, así al que peca; al que jura,
como al que teme el juramento. 3 Este mal hay entre todo lo que se hace debajo
del sol, que un mismo suceso acontece a todos, y también que el corazón de los
hijos de los hombres está lleno de mal y de insensatez en su corazón durante
su vida; y después de esto se van a los muertos. 4 Aún hay esperanza para todo
aquel que está entre los vivos; porque mejor es perro vivo que león muerto. 5
Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben, ni
tienen más paga; porque su memoria es puesta en olvido. 6 También su amor y su
odio y su envidia fenecieron ya; y nunca más tendrán parte en todo lo que se
hace debajo del sol.
7 Anda, y come tu pan con gozo, y bebe tu vino con alegre
corazón; porque tus obras ya son agradables a Dios.
8 En todo tiempo sean blancos tus vestidos, y nunca falte
ungüento sobre tu cabeza.
9 Goza de la vida con la mujer que amas, todos los días
de la vida de tu vanidad que te son dados debajo del sol, todos los días de tu
vanidad; porque esta es tu parte en la vida, y en tu trabajo con que te afanas
debajo del sol. 10 Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según
tus fuerzas; porque en el Seol, adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni
ciencia, ni sabiduría.
11 Me volví y vi debajo del sol, que ni es de los ligeros
la carrera, ni la guerra de los fuertes, ni aun de los sabios el pan, ni de
los prudentes las riquezas, ni de los elocuentes el favor; sino que tiempo y
ocasión acontecen a todos. 12 Porque el hombre tampoco conoce su tiempo; como
los peces que son presos en la mala red, y como las aves que se enredan en
lazo, así son enlazados los hijos de los hombres en el tiempo malo, cuando cae
de repente sobre ellos.
13 También vi esta sabiduría debajo del sol, la cual me
parece grande: 14 una pequeña ciudad, y pocos hombres en ella; y viene contra
ella un gran rey, y la asedia y levanta contra ella grandes baluartes; 15 y se
halla en ella un hombre pobre, sabio, el cual libra a la ciudad con su
sabiduría; y nadie se acordaba de aquel hombre pobre. 16 Entonces dije yo:
Mejor es la sabiduría que la fuerza, aunque la ciencia del pobre sea
menospreciada, y no sean escuchadas sus palabras.
17 Las palabras del sabio escuchadas en quietud, son
mejores que el clamor del señor entre los necios. 18 Mejor es la sabiduría que
las armas de guerra; pero un pecador destruye mucho bien.
Excelencia de la sabiduría
ECLESTIASTÉS 10
1 Las moscas muertas hacen heder y dar mal olor al
perfume del perfumista; así una pequeña locura, al que es estimado como sabio
y honorable. 2 El corazón del sabio está a su mano derecha, mas el corazón del
necio a su mano izquierda. 3 Y aun mientras va el necio por el camino, le
falta cordura, y va diciendo a todos que es necio. 4 Si el espíritu del
príncipe se exaltare contra ti, no dejes tu lugar; porque la mansedumbre hará
cesar grandes ofensas.
5 Hay un mal que he visto debajo del sol, a manera de
error emanado del príncipe: 6 la necedad está colocada en grandes alturas, y
los ricos están sentados en lugar bajo. 7 Vi siervos a caballo, y príncipes
que andaban como siervos sobre la tierra. 8 El que hiciere hoyo caerá en él; y
al que aportillare vallado, le morderá la serpiente. 9 Quien corta piedras, se
hiere con ellas; el que parte leña, en ello peligra. 10 Si se embotare el
hierro, y su filo no fuere amolado, hay que añadir entonces más fuerza; pero
la sabiduría es provechosa para dirigir. 11 Si muerde la serpiente antes de
ser encantada, de nada sirve el encantador.
12 Las palabras de la boca del sabio son llenas de
gracia, mas los labios del necio causan su propia ruina. 13 El principio de
las palabras de su boca es necedad; y el fin de su charla, nocivo desvarío. 14
El necio multiplica palabras, aunque no sabe nadie lo que ha de ser; ¿y quién
le hará saber lo que después de él será? 15 El trabajo de los necios los
fatiga; porque no saben por dónde ir a la ciudad.
16 ¡Ay de ti, tierra, cuando tu rey es muchacho, y tus
príncipes banquetean de mañana! 17 ¡Bienaventurada tú, tierra, cuando tu rey
es hijo de nobles, y tus príncipes comen a su hora, para reponer sus fuerzas y
no para beber! 18 Por la pereza se cae la techumbre, y por la flojedad de las
manos se llueve la casa. 19 Por el placer se hace el banquete, y el vino
alegra a los vivos; y el dinero sirve para todo. 20 Ni aun en tu pensamiento
digas mal del rey, ni en lo secreto de tu cámara digas mal del rico; porque
las aves del cielo llevarán la voz, y las que tienen alas harán saber la
palabra.
ECLESTIASTÉS 11
1 Echa tu pan sobre las aguas; porque después de muchos
días lo hallarás. 2 Reparte a siete, y aun a ocho; porque no sabes el mal que
vendrá sobre la tierra. 3 Si las nubes fueren llenas de agua, sobre la tierra
la derramarán; y si el árbol cayere al sur, o al norte, en el lugar que el
árbol cayere, allí quedará. 4 El que al viento observa, no sembrará; y el que
mira a las nubes, no segará.
5 Como tú no sabes cuál es el camino del viento, o cómo
crecen los huesos en el vientre de la mujer encinta, así ignoras la obra de
Dios, el cual hace todas las cosas.
6 Por la mañana siembra tu semilla, y a la tarde no dejes
reposar tu mano; porque no sabes cuál es lo mejor, si esto o aquello, o si lo
uno y lo otro es igualmente bueno.
7 Suave ciertamente es la luz, y agradable a los ojos ver
el sol; 8 pero aunque un hombre viva muchos años, y en todos ellos tenga gozo,
acuérdese sin embargo que los días de las tinieblas serán muchos. Todo cuanto
viene es vanidad.
Consejos para la juventud
9 Alégrate, joven, en tu juventud, y tome placer tu
corazón en los días de tu adolescencia; y anda en los caminos de tu corazón y
en la vista de tus ojos; pero sabe, que sobre todas estas cosas te juzgará
Dios.
10 Quita, pues, de tu corazón el enojo, y aparta de tu
carne el mal; porque la adolescencia y la juventud son vanidad.
ECLESTIASTÉS 12
1 Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud,
antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: No
tengo en ellos contentamiento; 2 antes que se oscurezca el sol, y la luz, y la
luna y las estrellas, y vuelvan las nubes tras la lluvia; 3 cuando temblarán
los guardas de la casa, y se encorvarán los hombres fuertes, y cesarán las
muelas porque han disminuido, y se oscurecerán los que miran por las ventanas;
4 y las puertas de afuera se cerrarán, por lo bajo del ruido de la muela;
cuando se levantará a la voz del ave, y todas las hijas del canto serán
abatidas; 5 cuando también temerán de lo que es alto, y habrá terrores en el
camino; y florecerá el almendro, y la langosta será una carga, y se perderá el
apetito; porque el hombre va a su morada eterna, y los endechadores andarán
alrededor por las calles; 6 antes que la cadena de plata se quiebre, y se
rompa el cuenco de oro, y el cántaro se quiebre junto a la fuente, y la rueda
sea rota sobre el pozo; 7 y el polvo vuelva a la tierra, como era, y el
espíritu vuelva a Dios que lo dio. 8 Vanidad de vanidades, dijo el Predicador,
todo es vanidad.
Resumen del deber del hombre
9 Y cuanto más sabio fue el Predicador, tanto más enseñó
sabiduría al pueblo; e hizo escuchar, e hizo escudriñar, y compuso muchos
proverbios. 10 Procuró el Predicador hallar palabras agradables, y escribir
rectamente palabras de verdad.
11 Las palabras de los sabios son como aguijones; y como
clavos hincados son las de los maestros de las congregaciones, dadas por un
Pastor. 12 Ahora, hijo mío, a más de esto, sé amonestado. No hay fin de hacer
muchos libros; y el mucho estudio es fatiga de la carne.
13 El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios,
y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre. 14 Porque Dios
traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o
sea mala.
CANTAR DE
LOS CANTARES
DE SALOMÓN
La esposa y las hijas de Jerusalén
CANTARES 1
1 Cantar de los cantares, el cual es de Salomón.
2 ¡Oh, si él me besara con besos de su boca!
Porque mejores son tus amores que el vino.
3 A más del olor de tus suaves ungüentos,
Tu nombre es como ungüento derramado;
Por eso las doncellas te aman.
4 Atráeme; en pos de ti correremos.
El rey me ha metido en sus cámaras;
Nos gozaremos y alegraremos en ti;
Nos acordaremos de tus amores más que del vino;
Con razón te aman.
5 Morena soy, oh hijas de Jerusalén, pero codiciable
Como las tiendas de Cedar,
Como las cortinas de Salomón.
6 No reparéis en que soy morena,
Porque el sol me miró.
Los hijos de mi madre se airaron contra mí;
Me pusieron a guardar las viñas;
Y mi viña, que era mía, no guardé.
7 Hazme saber, oh tú a quien ama mi alma,
Dónde apacientas, dónde sesteas al mediodía;
Pues ¿por qué había de estar yo como errante
Junto a los rebaños de tus compañeros?
8 Si tú no lo sabes, oh hermosa entre las mujeres,
Ve, sigue las huellas del rebaño,
Y apacienta tus cabritas junto a las cabañas de los
pastores.
La esposa y el esposo
9 A yegua de los carros de Faraón
Te he comparado, amiga mía.
10 Hermosas son tus mejillas entre los pendientes,
Tu cuello entre los collares.
11 Zarcillos de oro te haremos,
Tachonados de plata.
12 Mientras el rey estaba en su reclinatorio,
Mi nardo dio su olor.
13 Mi amado es para mí un manojito de mirra,
Que reposa entre mis pechos.
14 Racimo de flores de alheña en las viñas de En-gadi
Es para mí mi amado.
15 He aquí que tú eres hermosa, amiga mía;
He aquí eres bella; tus ojos son como palomas.
16 He aquí que tú eres hermoso, amado mío, y dulce;
Nuestro lecho es de flores.
17 Las vigas de nuestra casa son de cedro,
Y de ciprés los artesonados.
CANTARES 2
1 Yo soy la rosa de Sarón,
Y el lirio de los valles.
2 Como el lirio entre los espinos,
Así es mi amiga entre las doncellas.
3 Como el manzano entre los árboles silvestres,
Así es mi amado entre los jóvenes;
Bajo la sombra del deseado me senté,
Y su fruto fue dulce a mi paladar.
4 Me llevó a la casa del banquete,
Y su bandera sobre mí fue amor.
5 Sustentadme con pasas, confortadme con manzanas;
Porque estoy enferma de amor.
6 Su izquierda esté debajo de mi cabeza,
Y su derecha me abrace.
7 Yo os conjuro, oh doncellas de Jerusalén,
Por los corzos y por las ciervas del campo,
Que no despertéis ni hagáis velar al amor,
Hasta que quiera.
8 ¡La voz de mi amado! He aquí él viene
Saltando sobre los montes,
Brincando sobre los collados.
9 Mi amado es semejante al corzo,
O al cervatillo.
Helo aquí, está tras nuestra pared,
Mirando por las ventanas,
Atisbando por las celosías.
10 Mi amado habló, y me dijo:
Levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y ven.
11 Porque he aquí ha pasado el invierno,
Se ha mudado, la lluvia se fue;
12 Se han mostrado las flores en la tierra,
El tiempo de la canción ha venido,
Y en nuestro país se ha oído la voz de la tórtola.
13 La higuera ha echado sus higos,
Y las vides en cierne dieron olor;
Levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y ven.
14 Paloma mía, que estás en los agujeros de la peña, en
lo escondido de escarpados parajes,
Muéstrame tu rostro, hazme oír tu voz;
Porque dulce es la voz tuya, y hermoso tu aspecto.
15 Cazadnos las zorras, las zorras pequeñas, que echan a
perder las viñas;
Porque nuestras viñas están en cierne.
16 Mi amado es mío, y yo suya;
El apacienta entre lirios.
17 Hasta que apunte el día, y huyan las sombras,
Vuélvete, amado mío; sé semejante al corzo, o como el
cervatillo
Sobre los montes de Beter.
El ensueño de la esposa
CANTARES 3
1 Por las noches busqué en mi lecho al que ama mi alma;
Lo busqué, y no lo hallé.
2 Y dije: Me levantaré ahora, y rodearé por la ciudad;
Por las calles y por las plazas
Buscaré al que ama mi alma;
Lo busqué, y no lo hallé.
3 Me hallaron los guardas que rondan la ciudad,
Y les dije: ¿Habéis visto al que ama mi alma?
4 Apenas hube pasado de ellos un poco,
Hallé luego al que ama mi alma;
Lo así, y no lo dejé,
Hasta que lo metí en casa de mi madre,
Y en la cámara de la que me dio a luz.
5 Yo os conjuro, oh doncellas de Jerusalén,
Por los corzos y por las ciervas del campo,
Que no despertéis ni hagáis velar al amor,
Hasta que quiera.
El cortejo de bodas
6 ¿Quién es ésta que sube del desierto como columna de
humo,
Sahumada de mirra y de incienso
Y de todo polvo aromático?
7 He aquí es la litera de Salomón;
Sesenta valientes la rodean,
De los fuertes de Israel.
8 Todos ellos tienen espadas, diestros en la guerra;
Cada uno su espada sobre su muslo,
Por los temores de la noche.
9 El rey Salomón se hizo una carroza
De madera del Líbano.
10 Hizo sus columnas de plata,
Su respaldo de oro,
Su asiento de grana,
Su interior recamado de amor
Por las doncellas de Jerusalén.
11 Salid, oh doncellas de Sion, y ved al rey Salomón
Con la corona con que le coronó su madre en el día de su
desposorio,
Y el día del gozo de su corazón.
El esposo alaba a la esposa
CANTARES 4
1 He aquí que tú eres hermosa, amiga mía; he aquí que tú
eres hermosa;
Tus ojos entre tus guedejas como de paloma;
Tus cabellos como manada de cabras
Que se recuestan en las laderas de Galaad.
2 Tus dientes como manadas de ovejas trasquiladas,
Que suben del lavadero,
Todas con crías gemelas,
Y ninguna entre ellas estéril.
3 Tus labios como hilo de grana,
Y tu habla hermosa;
Tus mejillas, como cachos de granada detrás de tu velo.
4 Tu cuello, como la torre de David, edificada para
armería;
Mil escudos están colgados en ella,
Todos escudos de valientes.
5 Tus dos pechos, como gemelos de gacela,
Que se apacientan entre lirios.
6 Hasta que apunte el día y huyan las sombras,
Me iré al monte de la mirra,
Y al collado del incienso.
7 Toda tú eres hermosa, amiga mía,
Y en ti no hay mancha.
8 Ven conmigo desde el Líbano, oh esposa mía;
Ven conmigo desde el Líbano.
Mira desde la cumbre de Amana,
Desde la cumbre de Senir y de Hermón,
Desde las guaridas de los leones,
Desde los montes de los leopardos.
9 Prendiste mi corazón, hermana, esposa mía;
Has apresado mi corazón con uno de tus ojos,
Con una gargantilla de tu cuello.
10 ¡Cuán hermosos son tus amores, hermana, esposa mía!
¡Cuánto mejores que el vino tus amores,
Y el olor de tus ungüentos que todas las especias
aromáticas!
11 Como panal de miel destilan tus labios, oh esposa;
Miel y leche hay debajo de tu lengua;
Y el olor de tus vestidos como el olor del Líbano.
12 Huerto cerrado eres, hermana mía, esposa mía;
Fuente cerrada, fuente sellada.
13 Tus renuevos son paraíso de granados, con frutos
suaves,
De flores de alheña y nardos;
14 Nardo y azafrán, caña aromática y canela,
Con todos los árboles de incienso;
Mirra y áloes, con todas las principales especias
aromáticas.
15 Fuente de huertos,
Pozo de aguas vivas,
Que corren del Líbano.
16 Levántate, Aquilón, y ven, Austro;
Soplad en mi huerto, despréndanse sus aromas.
Venga mi amado a su huerto,
Y coma de su dulce fruta.
CANTARES 5
1 Yo vine a mi huerto, oh hermana, esposa mía;
He recogido mi mirra y mis aromas;
He comido mi panal y mi miel,
Mi vino y mi leche he bebido.
Comed, amigos; bebed en abundancia, oh amados.
El tormento de la separación
2 Yo dormía, pero mi corazón velaba.
Es la voz de mi amado que llama:
Abreme, hermana mía, amiga mía, paloma mía, perfecta mía,
Porque mi cabeza está llena de rocío,
Mis cabellos de las gotas de la noche.
3 Me he desnudado de mi ropa; ¿cómo me he de vestir?
He lavado mis pies; ¿cómo los he de ensuciar?
4 Mi amado metió su mano por la ventanilla,
Y mi corazón se conmovió dentro de mí.
5 Yo me levanté para abrir a mi amado,
Y mis manos gotearon mirra,
Y mis dedos mirra, que corría
Sobre la manecilla del cerrojo.
6 Abrí yo a mi amado;
Pero mi amado se había ido, había ya pasado;
Y tras su hablar salió mi alma.
Lo busqué, y no lo hallé;
Lo llamé, y no me respondió.
7 Me hallaron los guardas que rondan la ciudad;
Me golpearon, me hirieron;
Me quitaron mi manto de encima los guardas de los muros.
8 Yo os conjuro, oh doncellas de Jerusalén, si halláis a
mi amado,
Que le hagáis saber que estoy enferma de amor.
La esposa alaba al esposo
9 ¿Qué es tu amado más que otro amado,
Oh la más hermosa de todas las mujeres?
¿Qué es tu amado más que otro amado,
Que así nos conjuras?
10 Mi amado es blanco y rubio,
Señalado entre diez mil.
11 Su cabeza como oro finísimo;
Sus cabellos crespos, negros como el cuervo.
12 Sus ojos, como palomas junto a los arroyos de las
aguas,
Que se lavan con leche, y a la perfección colocados.
13 Sus mejillas, como una era de especias aromáticas,
como fragantes flores;
Sus labios, como lirios que destilan mirra fragante.
14 Sus manos, como anillos de oro engastados de jacintos;
Su cuerpo, como claro marfil cubierto de zafiros.
15 Sus piernas, como columnas de mármol fundadas sobre
basas de oro fino;
Su aspecto como el Líbano, escogido como los cedros.
16 Su paladar, dulcísimo, y todo él codiciable.
Tal es mi amado, tal es mi amigo,
Oh doncellas de Jerusalén.
Mutuo encanto del esposo y de la esposa
CANTARES 6
1 ¿A dónde se ha ido tu amado, oh la más hermosa de todas
las mujeres?
¿A dónde se apartó tu amado,
Y lo buscaremos contigo?
2 Mi amado descendió a su huerto, a las eras de las
especias,
Para apacentar en los huertos, y para recoger los lirios.
3 Yo soy de mi amado, y mi amado es mío;
El apacienta entre los lirios.
4 Hermosa eres tú, oh amiga mía, como Tirsa;
De desear, como Jerusalén;
Imponente como ejércitos en orden.
5 Aparta tus ojos de delante de mí,
Porque ellos me vencieron.
Tu cabello es como manada de cabras
Que se recuestan en las laderas de Galaad.
6 Tus dientes, como manadas de ovejas que suben del
lavadero,
Todas con crías gemelas,
Y estéril no hay entre ellas.
7 Como cachos de granada son tus mejillas
Detrás de tu velo.
8 Sesenta son las reinas, y ochenta las concubinas,
Y las doncellas sin número;
9 Mas una es la paloma mía, la perfecta mía;
Es la única de su madre,
La escogida de la que la dio a luz.
La vieron las doncellas, y la llamaron bienaventurada;
Las reinas y las concubinas, y la alabaron.
10 ¿Quién es ésta que se muestra como el alba,
Hermosa como la luna,
Esclarecida como el sol,
Imponente como ejércitos en orden?
11 Al huerto de los nogales descendí
A ver los frutos del valle,
Y para ver si brotaban las vides,
Si florecían los granados.
12 Antes que lo supiera, mi alma me puso
Entre los carros de Aminadab.
13 Vuélvete, vuélvete, oh sulamita;
Vuélvete, vuélvete, y te miraremos.
¿Qué veréis en la sulamita?
Algo como la reunión de dos campamentos.
CANTARES 7
1 ¡Cuán hermosos son tus pies en las sandalias,
Oh hija de príncipe!
Los contornos de tus muslos son como joyas,
Obra de mano de excelente maestro.
2 Tu ombligo como una taza redonda
Que no le falta bebida.
Tu vientre como montón de trigo
Cercado de lirios.
3 Tus dos pechos, como gemelos de gacela.
4 Tu cuello, como torre de marfil;
Tus ojos, como los estanques de Hesbón junto a la puerta
de Bat-rabim;
Tu nariz, como la torre del Líbano,
Que mira hacia Damasco.
5 Tu cabeza encima de ti, como el Carmelo;
Y el cabello de tu cabeza, como la púrpura del rey
Suspendida en los corredores.
6 ¡Qué hermosa eres, y cuán suave,
Oh amor deleitoso!
7 Tu estatura es semejante a la palmera,
Y tus pechos a los racimos.
8 Yo dije: Subiré a la palmera,
Asiré sus ramas.
Deja que tus pechos sean como racimos de vid,
Y el olor de tu boca como de manzanas,
9 Y tu paladar como el buen vino,
Que se entra a mi amado suavemente,
Y hace hablar los labios de los viejos.
10 Yo soy de mi amado,
Y conmigo tiene su contentamiento.
11 Ven, oh amado mío, salgamos al campo,
Moremos en las aldeas.
12 Levantémonos de mañana a las viñas;
Veamos si brotan las vides, si están en cierne,
Si han florecido los granados;
Allí te daré mis amores.
13 Las mandrágoras han dado olor,
Y a nuestras puertas hay toda suerte de dulces frutas,
Nuevas y añejas, que para ti, oh amado mío, he guardado.
CANTARES 8
1 ¡Oh, si tú fueras como un hermano mío
Que mamó los pechos de mi madre!
Entonces, hallándote fuera, te besaría,
Y no me menospreciarían.
2 Yo te llevaría, te metería en casa de mi madre;
Tú me enseñarías,
Y yo te haría beber vino
Adobado del mosto de mis granadas.
3 Su izquierda esté debajo de mi cabeza,
Y su derecha me abrace.
4 Os conjuro, oh doncellas de Jerusalén,
Que no despertéis ni hagáis velar al amor,
Hasta que quiera.
El poder del amor
5 ¿Quién es ésta que sube del desierto,
Recostada sobre su amado?
Debajo de un manzano te desperté;
Allí tuvo tu madre dolores,
Allí tuvo dolores la que te dio a luz.
6 Ponme como un sello sobre tu corazón, como una marca
sobre tu brazo;
Porque fuerte es como la muerte el amor;
Duros como el Seol los celos;
Sus brasas, brasas de fuego, fuerte llama.
7 Las muchas aguas no podrán apagar el amor,
Ni lo ahogarán los ríos.
Si diese el hombre todos los bienes de su casa por este
amor,
De cierto lo menospreciarían.
8 Tenemos una pequeña hermana,
Que no tiene pechos;
¿Qué haremos a nuestra hermana
Cuando de ella se hablare?
9 Si ella es muro,
Edificaremos sobre él un palacio de plata;
Si fuere puerta,
La guarneceremos con tablas de cedro.
10 Yo soy muro, y mis pechos como torres,
Desde que fui en sus ojos como la que halla paz.
11 Salomón tuvo una viña en Baal-hamón,
La cual entregó a guardas,
Cada uno de los cuales debía traer mil monedas de plata
por su fruto.
12 Mi viña, que es mía, está delante de mí;
Las mil serán tuyas, oh Salomón,
Y doscientas para los que guardan su fruto.
13 Oh, tú que habitas en los huertos,
Los compañeros escuchan tu voz;
Házmela oír.
14 Apresúrate, amado mío,
Y sé semejante al corzo, o al cervatillo,
Sobre las montañas de los aromas.
ISAÍAS
Una nación pecadora
ISAÍAS 1
1 Visión de Isaías hijo de Amoz, la cual vio acerca de
Judá y Jerusalén en días de Uzías, Jotam, Acaz y Ezequías, reyes de Judá.
2 Oíd, cielos, y escucha tú, tierra; porque habla
Jehová: Crié hijos, y los engrandecí, y ellos se rebelaron contra mí. 3 El
buey conoce a su dueño, y el asno el pesebre de su señor; Israel no entiende,
mi pueblo no tiene conocimiento.
4 ¡Oh gente pecadora, pueblo cargado de maldad,
generación de malignos, hijos depravados! Dejaron a Jehová, provocaron a ira
al Santo de Israel, se volvieron atrás.
5 ¿Por qué querréis ser castigados aún? ¿Todavía os
rebelaréis? Toda cabeza está enferma, y todo corazón doliente. 6 Desde la
planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa sana, sino herida, hinchazón
y podrida llaga; no están curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite.
7 Vuestra tierra está destruida, vuestras ciudades
puestas a fuego, vuestra tierra delante de vosotros comida por extranjeros, y
asolada como asolamiento de extraños. 8 Y queda la hija de Sion como enramada
en viña, y como cabaña en melonar, como ciudad asolada.
9 Si Jehová de los ejércitos no nos hubiese dejado un
resto pequeño, como Sodoma fuéramos, y semejantes a Gomorra.
Llamamiento al arrepentimiento verdadero
10 Príncipes de Sodoma, oíd la palabra de Jehová;
escuchad la ley de nuestro Dios, pueblo de Gomorra. 11 ¿Para qué me sirve,
dice Jehová, la multitud de vuestros sacrificios? Hastiado estoy de
holocaustos de carneros y de sebo de animales gordos; no quiero sangre de
bueyes, ni de ovejas, ni de machos cabríos. 12 ¿Quién demanda esto de vuestras
manos, cuando venís a presentaros delante de mí para hollar mis atrios? 13 No
me traigáis más vana ofrenda; el incienso me es abominación; luna nueva y día
de reposo, el convocar asambleas, no lo puedo sufrir; son iniquidad vuestras
fiestas solemnes. 14 Vuestras lunas nuevas y vuestras fiestas solemnes las
tiene aborrecidas mi alma; me son gravosas; cansado estoy de soportarlas. 15
Cuando extendáis vuestras manos, yo esconderé de vosotros mis ojos; asimismo
cuando multipliquéis la oración, yo no oiré; llenas están de sangre vuestras
manos. 16 Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante
de mis ojos; dejad de hacer lo malo; 17 aprended a hacer el bien; buscad el
juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la
viuda.
18 Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si
vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si
fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana. 19 Si quisiereis
y oyereis, comeréis el bien de la tierra; 20 si no quisiereis y fuereis
rebeldes, seréis consumidos a espada; porque la boca de Jehová lo ha dicho.
Juicio y redención de Jerusalén
21 ¿Cómo te has convertido en ramera, oh ciudad fiel?
Llena estuvo de justicia, en ella habitó la equidad; pero ahora, los
homicidas. 22 Tu plata se ha convertido en escorias, tu vino está mezclado con
agua. 23 Tus príncipes, prevaricadores y compañeros de ladrones; todos aman el
soborno, y van tras las recompensas; no hacen justicia al huérfano, ni llega a
ellos la causa de la viuda.
24 Por tanto, dice el Señor, Jehová de los ejércitos, el
Fuerte de Israel: Ea, tomaré satisfacción de mis enemigos, me vengaré de mis
adversarios; 25 y volveré mi mano contra ti, y limpiaré hasta lo más puro tus
escorias, y quitaré toda tu impureza. 26 Restauraré tus jueces como al
principio, y tus consejeros como eran antes; entonces te llamarán Ciudad de
justicia, Ciudad fiel.
27 Sion será rescatada con juicio, y los convertidos de
ella con justicia. 28 Pero los rebeldes y pecadores a una serán quebrantados,
y los que dejan a Jehová serán consumidos. 29 Entonces os avergonzarán las
encinas que amasteis, y os afrentarán los huertos que escogisteis. 30 Porque
seréis como encina a la que se le cae la hoja, y como huerto al que le faltan
las aguas. 31 Y el fuerte será como estopa, y lo que hizo como centella; y
ambos serán encendidos juntamente, y no habrá quien apague.
Reinado universal de Jehová
(Mi. 4. 1-3)
ISAÍAS 2
1 Lo que vio Isaías hijo de Amoz acerca de Judá y de
Jerusalén.
2 Acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será
confirmado el monte de la casa de Jehová como cabeza de los montes, y será
exaltado sobre los collados, y correrán a él todas las naciones. 3 Y vendrán
muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del
Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas.
Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová. 4 Y juzgará
entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblos; y volverán sus espadas en
rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación,
ni se adiestrarán más para la guerra.
Juicio de Jehová contra los soberbios
5 Venid, oh casa de Jacob, y caminaremos a la luz de
Jehová. 6 Ciertamente tú has dejado tu pueblo, la casa de Jacob, porque están
llenos de costumbres traídas del oriente, y de agoreros, como los filisteos; y
pactan con hijos de extranjeros. 7 Su tierra está llena de plata y oro, sus
tesoros no tienen fin. También está su tierra llena de caballos, y sus carros
son innumerables. 8 Además su tierra está llena de ídolos, y se han
arrodillado ante la obra de sus manos y ante lo que fabricaron sus dedos. 9 Y
se ha inclinado el hombre, y el varón se ha humillado; por tanto, no los
perdones. 10 Métete en la peña, escóndete en el polvo, de la presencia temible
de Jehová, y del resplandor de su majestad. 11 La altivez de los ojos del
hombre será abatida, y la soberbia de los hombres será humillada; y Jehová
solo será exaltado en aquel día. 12 Porque día de Jehová de los ejércitos
vendrá sobre todo soberbio y altivo, sobre todo enaltecido, y será abatido; 13
sobre todos los cedros del Líbano altos y erguidos, y sobre todas las encinas
de Basán; 14 sobre todos los montes altos, y sobre todos los collados
elevados; 15 sobre toda torre alta, y sobre todo muro fuerte; 16 sobre todas
las naves de Tarsis, y sobre todas las pinturas preciadas. 17 La altivez del
hombre será abatida, y la soberbia de los hombres será humillada; y solo
Jehová será exaltado en aquel día. 18 Y quitará totalmente los ídolos. 19 Y se
meterán en las cavernas de las peñas y en las aberturas de la tierra, por la
presencia temible de Jehová, y por el resplandor de su majestad, cuando él se
levante para castigar la tierra.
20 Aquel día arrojará el hombre a los topos y
murciélagos sus ídolos de plata y sus ídolos de oro, que le hicieron para que
adorase, 21 y se meterá en las hendiduras de las rocas y en las cavernas de
las peñas, por la presencia formidable de Jehová, y por el resplandor de su
majestad, cuando se levante para castigar la tierra. 22 Dejaos del hombre,
cuyo aliento está en su nariz; porque ¿de qué es él estimado?
Juicio de Jehová contra Judá y Jerusalén
ISAÍAS 3
1 Porque he aquí que el Señor Jehová de los ejércitos
quita de Jerusalén y de Judá al sustentador y al fuerte, todo sustento de pan
y todo socorro de agua; 2 el valiente y el hombre de guerra, el juez y el
profeta, el adivino y el anciano; 3 el capitán de cincuenta y el hombre de
respeto, el consejero, el artífice excelente y el hábil orador. 4 Y les pondré
jóvenes por príncipes, y muchachos serán sus señores. 5 Y el pueblo se hará
violencia unos a otros, cada cual contra su vecino; el joven se levantará
contra el anciano, y el villano contra el noble.
6 Cuando alguno tomare de la mano a su hermano, de la
familia de su padre, y le dijere: Tú tienes vestido, tú serás nuestro
príncipe, y toma en tus manos esta ruina; 7 él jurará aquel día, diciendo: No
tomaré ese cuidado; porque en mi casa ni hay pan, ni qué vestir; no me hagáis
príncipe del pueblo. 8 Pues arruinada está Jerusalén, y Judá ha caído; porque
la lengua de ellos y sus obras han sido contra Jehová para irritar los ojos de
su majestad.
9 La apariencia de sus rostros testifica contra ellos;
porque como Sodoma publican su pecado, no lo disimulan. ¡Ay del alma de ellos!
porque amontonaron mal para sí. 10 Decid al justo que le irá bien, porque
comerá de los frutos de sus manos. 11 ¡Ay del impío! Mal le irá, porque según
las obras de sus manos le será pagado. 12 Los opresores de mi pueblo son
muchachos, y mujeres se enseñorearon de él. Pueblo mío, los que te guían te
engañan, y tuercen el curso de tus caminos.
13 Jehová está en pie para litigar, y está para juzgar a
los pueblos. 14 Jehová vendrá a juicio contra los ancianos de su pueblo y
contra sus príncipes; porque vosotros habéis devorado la viña, y el despojo
del pobre está en vuestras casas. 15 ¿Qué pensáis vosotros que majáis mi
pueblo y moléis las caras de los pobres? dice el Señor, Jehová de los
ejércitos.
Juicio contra las hijas de Sion
16 Asimismo dice Jehová: Por cuanto las hijas de Sion se
ensoberbecen, y andan con cuello erguido y con ojos desvergonzados; cuando
andan van danzando, y haciendo son con los pies; 17 por tanto, el Señor raerá
la cabeza de las hijas de Sion, y Jehová descubrirá sus vergüenzas.
18 Aquel día quitará el Señor el atavío del calzado, las
redecillas, las lunetas, 19 los collares, los pendientes y los brazaletes, 20
las cofias, los atavíos de las piernas, los partidores del pelo, los pomitos
de olor y los zarcillos, 21 los anillos, y los joyeles de las narices, 22 las
ropas de gala, los mantoncillos, los velos, las bolsas, 23 los espejos, el
lino fino, las gasas y los tocados. 24 Y en lugar de los perfumes aromáticos
vendrá hediondez; y cuerda en lugar de cinturón, y cabeza rapada en lugar de
la compostura del cabello; en lugar de ropa de gala ceñimiento de cilicio, y
quemadura en vez de hermosura. 25 Tus varones caerán a espada, y tu fuerza en
la guerra. 26 Sus puertas se entristecerán y enlutarán, y ella, desamparada,
se sentará en tierra.
ISAÍAS 4
1 Echarán mano de un hombre siete mujeres en aquel
tiempo, diciendo: Nosotras comeremos de nuestro pan, y nos vestiremos de
nuestras ropas; solamente permítenos llevar tu nombre, quita nuestro oprobio.
Futuro glorioso de Jerusalén
2 En aquel tiempo el renuevo de Jehová será para
hermosura y gloria, y el fruto de la tierra para grandeza y honra, a los
sobrevivientes de Israel. 3 Y acontecerá que el que quedare en Sion, y el que
fuere dejado en Jerusalén, será llamado santo; todos los que en Jerusalén
estén registrados entre los vivientes, 4 cuando el Señor lave las inmundicias
de las hijas de Sion, y limpie la sangre de Jerusalén de en medio de ella, con
espíritu de juicio y con espíritu de devastación. 5 Y creará Jehová sobre toda
la morada del monte de Sion, y sobre los lugares de sus convocaciones, nube y
oscuridad de día, y de noche resplandor de fuego que eche llamas; porque sobre
toda gloria habrá un dosel, 6 y habrá un abrigo para sombra contra el calor
del día, para refugio y escondedero contra el turbión y contra el aguacero.
Parábola de la viña
ISAÍAS 5
1 Ahora cantaré por mi amado el cantar de mi amado a su
viña. Tenía mi amado una viña en una ladera fértil. 2 La había cercado y
despedregado y plantado de vides escogidas; había edificado en medio de ella
una torre, y hecho también en ella un lagar; y esperaba que diese uvas, y dio
uvas silvestres.
3 Ahora, pues, vecinos de Jerusalén y varones de Judá,
juzgad ahora entre mí y mi viña. 4 ¿Qué más se podía hacer a mi viña, que yo
no haya hecho en ella? ¿Cómo, esperando yo que diese uvas, ha dado uvas
silvestres?
5 Os mostraré, pues, ahora lo que haré yo a mi viña: Le
quitaré su vallado, y será consumida; aportillaré su cerca, y será hollada. 6
Haré que quede desierta; no será podada ni cavada, y crecerán el cardo y los
espinos; y aun a las nubes mandaré que no derramen lluvia sobre ella. 7
Ciertamente la viña de Jehová de los ejércitos es la casa de Israel, y los
hombres de Judá planta deliciosa suya. Esperaba juicio, y he aquí vileza;
justicia, y he aquí clamor.
Ayes sobre los malvados
8 ¡Ay de los que juntan casa a casa, y añaden heredad a
heredad hasta ocuparlo todo! ¿Habitaréis vosotros solos en medio de la tierra?
9 Ha llegado a mis oídos de parte de Jehová de los ejércitos, que las muchas
casas han de quedar asoladas, sin morador las grandes y hermosas. 10 Y diez
yugadas de viña producirán un bato, y un homer de semilla producirá un efa.
11 ¡Ay de los que se levantan de mañana para seguir la
embriaguez; que se están hasta la noche, hasta que el vino los enciende! 12 Y
en sus banquetes hay arpas, vihuelas, tamboriles, flautas y vino, y no miran
la obra de Jehová, ni consideran la obra de sus manos. 13 Por tanto, mi pueblo
fue llevado cautivo, porque no tuvo conocimiento; y su gloria pereció de
hambre, y su multitud se secó de sed. 14 Por eso ensanchó su interior el Seol,
y sin medida extendió su boca; y allá descenderá la gloria de ellos, y su
multitud, y su fausto, y el que en él se regocijaba. 15 Y el hombre será
humillado, y el varón será abatido, y serán bajados los ojos de los altivos.
16 Pero Jehová de los ejércitos será exaltado en juicio, y el Dios Santo será
santificado con justicia. 17 Y los corderos serán apacentados según su
costumbre; y extraños devorarán los campos desolados de los ricos.
18 ¡Ay de los que traen la iniquidad con cuerdas de
vanidad, y el pecado como con coyundas de carreta, 19 los cuales dicen: Venga
ya, apresúrese su obra, y veamos; acérquese, y venga el consejo del Santo de
Israel, para que lo sepamos! 20 ¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo
bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen
lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo! 21 ¡Ay de los sabios en sus
propios ojos, y de los que son prudentes delante de sí mismos! 22 ¡Ay de los
que son valientes para beber vino, y hombres fuertes para mezclar bebida; 23
los que justifican al impío mediante cohecho, y al justo quitan su derecho!
24 Por tanto, como la lengua del fuego consume el
rastrojo, y la llama devora la paja, así será su raíz como podredumbre, y su
flor se desvanecerá como polvo; porque desecharon la ley de Jehová de los
ejércitos, y abominaron la palabra del Santo de Israel. 25 Por esta causa se
encendió el furor de Jehová contra su pueblo, y extendió contra él su mano, y
le hirió; y se estremecieron los montes, y sus cadáveres fueron arrojados en
medio de las calles. Con todo esto no ha cesado su furor, sino que todavía su
mano está extendida.
26 Alzará pendón a naciones lejanas, y silbará al que
está en el extremo de la tierra; y he aquí que vendrá pronto y velozmente. 27
No habrá entre ellos cansado, ni quien tropiece; ninguno se dormirá, ni le
tomará sueño; a ninguno se le desatará el cinto de los lomos, ni se le romperá
la correa de sus sandalias. 28 Sus saetas estarán afiladas, y todos sus arcos
entesados; los cascos de sus caballos parecerán como de pedernal, y las ruedas
de sus carros como torbellino. 29 Su rugido será como de león; rugirá a manera
de leoncillo, crujirá los dientes, y arrebatará la presa; se la llevará con
seguridad, y nadie se la quitará. 30 Y bramará sobre él en aquel día como
bramido del mar; entonces mirará hacia la tierra, y he aquí tinieblas de
tribulación, y en sus cielos se oscurecerá la luz.
Visión y llamamiento de Isaías
ISAÍAS 6
1 En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor
sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo. 2 Por
encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus
rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. 3 Y el uno al otro daba
voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra
está llena de su gloria. 4 Y los quiciales de las puertas se estremecieron con
la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo. 5 Entonces dije: ¡Ay de
mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en
medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová
de los ejércitos.
6 Y voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su
mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas; 7 y tocando con
él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu
culpa, y limpio tu pecado. 8 Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién
enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a
mí. 9 Y dijo: Anda, y di a este pueblo: Oíd bien, y no entendáis; ved por
cierto, mas no comprendáis. 10 Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava
sus oídos, y ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus
oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad. 11 Y
yo dije: ¿Hasta cuándo, Señor? Y respondió él: Hasta que las ciudades estén
asoladas y sin morador, y no haya hombre en las casas, y la tierra esté hecha
un desierto; 12 hasta que Jehová haya echado lejos a los hombres, y
multiplicado los lugares abandonados en medio de la tierra. 13 Y si quedare
aún en ella la décima parte, ésta volverá a ser destruida; pero como el roble
y la encina, que al ser cortados aún queda el tronco, así será el tronco, la
simiente santa.
Mensaje de Isaías a Acaz
ISAÍAS 7
1 Aconteció en los días de Acaz hijo de Jotam, hijo de
Uzías, rey de Judá, que Rezín rey de Siria y Peka hijo de Remalías, rey de
Israel, subieron contra Jerusalén para combatirla; pero no la pudieron tomar.
2 Y vino la nueva a la casa de David, diciendo: Siria se ha confederado con
Efraín. Y se le estremeció el corazón, y el corazón de su pueblo, como se
estremecen los árboles del monte a causa del viento.
3 Entonces dijo Jehová a Isaías: Sal ahora al encuentro
de Acaz, tú, y Sear-jasub tu hijo, al extremo del acueducto del estanque de
arriba, en el camino de la heredad del Lavador, 4 y dile: Guarda, y repósate;
no temas, ni se turbe tu corazón a causa de estos dos cabos de tizón que
humean, por el ardor de la ira de Rezín y de Siria, y del hijo de Remalías. 5
Ha acordado maligno consejo contra ti el sirio, con Efraín y con el hijo de
Remalías, diciendo: 6 Vamos contra Judá y aterroricémosla, y repartámosla
entre nosotros, y pongamos en medio de ella por rey al hijo de Tabeel. 7 Por
tanto, Jehová el Señor dice así: No subsistirá, ni será. 8 Porque la cabeza de
Siria es Damasco, y la cabeza de Damasco, Rezín; y dentro de sesenta y cinco
años Efraín será quebrantado hasta dejar de ser pueblo. 9 Y la cabeza de
Efraín es Samaria, y la cabeza de Samaria el hijo de Remalías. Si vosotros no
creyereis, de cierto no permaneceréis.
10 Habló también Jehová a Acaz, diciendo: 11 Pide para
ti señal de Jehová tu Dios, demandándola ya sea de abajo en lo profundo, o de
arriba en lo alto. 12 Y respondió Acaz: No pediré, y no tentaré a Jehová. 13
Dijo entonces Isaías: Oíd ahora, casa de David. ¿Os es poco el ser molestos a
los hombres, sino que también lo seáis a mi Dios? 14 Por tanto, el Señor mismo
os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y
llamará su nombre Emanuel. 15 Comerá mantequilla y miel, hasta que sepa
desechar lo malo y escoger lo bueno. 16 Porque antes que el niño sepa desechar
lo malo y escoger lo bueno, la tierra de los dos reyes que tú temes será
abandonada. 17 Jehová hará venir sobre ti, sobre tu pueblo y sobre la casa de
tu padre, días cuales nunca vinieron desde el día que Efraín se apartó de
Judá, esto es, al rey de Asiria.
18 Y acontecerá que aquel día silbará Jehová a la mosca
que está en el fin de los ríos de Egipto, y a la abeja que está en la tierra
de Asiria; 19 y vendrán y acamparán todos en los valles desiertos, y en las
cavernas de las piedras, y en todos los zarzales, y en todas las matas.
20 En aquel día el Señor raerá con navaja alquilada, con
los que habitan al otro lado del río, esto es, con el rey de Asiria, cabeza y
pelo de los pies, y aun la barba también quitará. 21 Acontecerá en aquel
tiempo, que criará un hombre una vaca y dos ovejas; 22 y a causa de la
abundancia de leche que darán, comerá mantequilla; ciertamente mantequilla y
miel comerá el que quede en medio de la tierra.
23 Acontecerá también en aquel tiempo, que el lugar
donde había mil vides que valían mil siclos de plata, será para espinos y
cardos. 24 Con saetas y arco irán allá, porque toda la tierra será espinos y
cardos. 25 Y a todos los montes que se cavaban con azada, no llegarán allá por
el temor de los espinos y de los cardos, sino que serán para pasto de bueyes y
para ser hollados de los ganados.
Sea Jehová vuestro temor
ISAÍAS 8
1 Me dijo Jehová: Toma una tabla grande, y escribe en
ella con caracteres legibles tocante a Maher-salal-hasbaz. 2 Y junté conmigo
por testigos fieles al sacerdote Urías y a Zacarías hijo de Jeberequías. 3 Y
me llegué a la profetisa, la cual concibió, y dio a luz un hijo. Y me dijo
Jehová: Ponle por nombre Maher-salal-hasbaz. 4 Porque antes que el niño sepa
decir: Padre mío, y Madre mía, será quitada la riqueza de Damasco y los
despojos de Samaria delante del rey de Asiria. 5 Otra vez volvió Jehová a
hablarme, diciendo: 6 Por cuanto desechó este pueblo las aguas de Siloé, que
corren mansamente, y se regocijó con Rezín y con el hijo de Remalías; 7 he
aquí, por tanto, que el Señor hace subir sobre ellos aguas de ríos, impetuosas
y muchas, esto es, al rey de Asiria con todo su poder; el cual subirá sobre
todos sus ríos, y pasará sobre todas sus riberas; 8 y pasando hasta Judá,
inundará y pasará adelante, y llegará hasta la garganta; y extendiendo sus
alas, llenará la anchura de tu tierra, oh Emanuel.
9 Reuníos, pueblos, y seréis quebrantados; oíd, todos
los que sois de lejanas tierras; ceñíos, y seréis quebrantados; disponeos, y
seréis quebrantados. 10 Tomad consejo, y será anulado; proferid palabra, y no
será firme, porque Dios está con nosotros.
11 Porque Jehová me dijo de esta manera con mano fuerte,
y me enseñó que no caminase por el camino de este pueblo, diciendo: 12 No
llaméis conspiración a todas las cosas que este pueblo llama conspiración; ni
temáis lo que ellos temen, ni tengáis miedo. 13 A Jehová de los ejércitos, a
él santificad; sea él vuestro temor, y él sea vuestro miedo. 14 Entonces él
será por santuario; pero a las dos casas de Israel, por piedra para tropezar,
y por tropezadero para caer, y por lazo y por red al morador de Jerusalén. 15
Y muchos tropezarán entre ellos, y caerán, y serán quebrantados; y se
enredarán y serán apresados.
16 Ata el testimonio, sella la ley entre mis discípulos.
17 Esperaré, pues, a Jehová, el cual escondió su rostro de la casa de Jacob, y
en él confiaré. 18 He aquí, yo y los hijos que me dio Jehová somos por señales
y presagios en Israel, de parte de Jehová de los ejércitos, que mora en el
monte de Sion. 19 Y si os dijeren: Preguntad a los encantadores y a los
adivinos, que susurran hablando, responded: ¿No consultará el pueblo a su
Dios? ¿Consultará a los muertos por los vivos? 20 ¡A la ley y al testimonio!
Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido. 21 Y pasarán por
la tierra fatigados y hambrientos, y acontecerá que teniendo hambre, se
enojarán y maldecirán a su rey y a su Dios, levantando el rostro en alto. 22 Y
mirarán a la tierra, y he aquí tribulación y tinieblas, oscuridad y angustia;
y serán sumidos en las tinieblas.
Nacimiento y reinado del Mesías
ISAÍAS 9
1 Mas no habrá siempre oscuridad para la que está ahora
en angustia, tal como la aflicción que le vino en el tiempo que livianamente
tocaron la primera vez a la tierra de Zabulón y a la tierra de Neftalí; pues
al fin llenará de gloria el camino del mar, de aquel lado del Jordán, en
Galilea de los gentiles. 2 El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los
que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos. 3
Multiplicaste la gente, y aumentaste la alegría. Se alegrarán delante de ti
como se alegran en la siega, como se gozan cuando reparten despojos. 4 Porque
tú quebraste su pesado yugo, y la vara de su hombro, y el cetro de su opresor,
como en el día de Madián. 5 Porque todo calzado que lleva el guerrero en el
tumulto de la batalla, y todo manto revolcado en sangre, serán quemados, pasto
del fuego. 6 Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado
sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte,
Padre Eterno, Príncipe de Paz. 7 Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán
límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y
confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de
Jehová de los ejércitos hará esto.
La ira de Jehová contra Israel
8 El Señor envió palabra a Jacob, y cayó en Israel. 9 Y
la sabrá todo el pueblo, Efraín y los moradores de Samaria, que con soberbia y
con altivez de corazón dicen: 10 Los ladrillos cayeron, pero edificaremos de
cantería; cortaron los cabrahigos, pero en su lugar pondremos cedros. 11 Pero
Jehová levantará los enemigos de Rezín contra él, y juntará a sus enemigos; 12
del oriente los sirios, y los filisteos del poniente; y a boca llena devorarán
a Israel. Ni con todo eso ha cesado su furor, sino que todavía su mano está
extendida.
13 Pero el pueblo no se convirtió al que lo castigaba,
ni buscó a Jehová de los ejércitos. 14 Y Jehová cortará de Israel cabeza y
cola, rama y caña en un mismo día. 15 El anciano y venerable de rostro es la
cabeza; el profeta que enseña mentira, es la cola. 16 Porque los gobernadores
de este pueblo son engañadores, y sus gobernados se pierden. 17 Por tanto, el
Señor no tomará contentamiento en sus jóvenes, ni de sus huérfanos y viudas
tendrá misericordia; porque todos son falsos y malignos, y toda boca habla
despropósitos. Ni con todo esto ha cesado su furor, sino que todavía su mano
está extendida.
18 Porque la maldad se encendió como fuego, cardos y
espinos devorará; y se encenderá en lo espeso del bosque, y serán alzados como
remolinos de humo. 19 Por la ira de Jehová de los ejércitos se oscureció la
tierra, y será el pueblo como pasto del fuego; el hombre no tendrá piedad de
su hermano. 20 Cada uno hurtará a la mano derecha, y tendrá hambre, y comerá a
la izquierda, y no se saciará; cada cual comerá la carne de su brazo; 21
Manasés a Efraín, y Efraín a Manasés, y ambos contra Judá. Ni con todo esto ha
cesado su furor, sino que todavía su mano está extendida.
ISAÍAS 10
1 ¡Ay de los que dictan leyes injustas, y prescriben
tiranía, 2 para apartar del juicio a los pobres, y para quitar el derecho a
los afligidos de mi pueblo; para despojar a las viudas, y robar a los
huérfanos! 3 ¿Y qué haréis en el día del castigo? ¿A quién os acogeréis para
que os ayude, cuando venga de lejos el asolamiento? ¿En dónde dejaréis vuestra
gloria? 4 Sin mí se inclinarán entre los presos, y entre los muertos caerán.
Ni con todo esto ha cesado su furor, sino que todavía su mano está extendida.
Asiria, instrumento de Dios
5 Oh Asiria, vara y báculo de mi furor, en su mano he
puesto mi ira. 6 Le mandaré contra una nación pérfida, y sobre el pueblo de mi
ira le enviaré, para que quite despojos, y arrebate presa, y lo ponga para ser
hollado como lodo de las calles. 7 Aunque él no lo pensará así, ni su corazón
lo imaginará de esta manera, sino que su pensamiento será desarraigar y cortar
naciones no pocas. 8 Porque él dice: Mis príncipes, ¿no son todos reyes? 9 ¿No
es Calno como Carquemis, Hamat como Arfad, y Samaria como Damasco? 10 Como
halló mi mano los reinos de los ídolos, siendo sus imágenes más que las de
Jerusalén y de Samaria; 11 como hice a Samaria y a sus ídolos, ¿no haré
también así a Jerusalén y a sus ídolos?
12 Pero acontecerá que después que el Señor haya acabado
toda su obra en el monte de Sion y en Jerusalén, castigará el fruto de la
soberbia del corazón del rey de Asiria, y la gloria de la altivez de sus ojos.
13 Porque dijo: Con el poder de mi mano lo he hecho, y con mi sabiduría,
porque he sido prudente; quité los territorios de los pueblos, y saqueé sus
tesoros, y derribé como valientes a los que estaban sentados; 14 y halló mi
mano como nido las riquezas de los pueblos; y como se recogen los huevos
abandonados, así me apoderé yo de toda la tierra; y no hubo quien moviese ala,
ni abriese boca y graznase.
15 ¿Se gloriará el hacha contra el que con ella corta?
¿Se ensoberbecerá la sierra contra el que la mueve? ¡Como si el báculo
levantase al que lo levanta; como si levantase la vara al que no es leño! 16
Por esto el Señor, Jehová de los ejércitos, enviará debilidad sobre sus
robustos, y debajo de su gloria encenderá una hoguera como ardor de fuego. 17
Y la luz de Israel será por fuego, y su Santo por llama, que abrase y consuma
en un día sus cardos y sus espinos. 18 La gloria de su bosque y de su campo
fértil consumirá totalmente, alma y cuerpo, y vendrá a ser como abanderado en
derrota. 19 Y los árboles que queden en su bosque serán en número que un niño
los pueda contar.
20 Acontecerá en aquel tiempo, que los que hayan quedado
de Israel y los que hayan quedado de la casa de Jacob, nunca más se apoyarán
en el que los hirió, sino que se apoyarán con verdad en Jehová, el Santo de
Israel. 21 El remanente volverá, el remanente de Jacob volverá al Dios fuerte.
22 Porque si tu pueblo, oh Israel, fuere como las arenas del mar, el remanente
de él volverá; la destrucción acordada rebosará justicia. 23 Pues el Señor,
Jehová de los ejércitos, hará consumación ya determinada en medio de la
tierra.
24 Por tanto el Señor, Jehová de los ejércitos, dice
así: Pueblo mío, morador de Sion, no temas de Asiria. Con vara te herirá, y
contra ti alzará su palo, a la manera de Egipto; 25 mas de aquí a muy poco
tiempo se acabará mi furor y mi enojo, para destrucción de ellos. 26 Y
levantará Jehová de los ejércitos azote contra él como la matanza de Madián en
la peña de Oreb, y alzará su vara sobre el mar como hizo por la vía de Egipto.
27 Acontecerá en aquel tiempo que su carga será quitada de tu hombro, y su
yugo de tu cerviz, y el yugo se pudrirá a causa de la unción.
28 Vino hasta Ajat, pasó hasta Migrón; en Micmas contará
su ejército. 29 Pasaron el vado; se alojaron en Geba; Ramá tembló; Gabaa de
Saúl huyó. 30 Grita en alta voz, hija de Galim; haz que se oiga hacia Lais,
pobrecilla Anatot. 31 Madmena se alborotó; los moradores de Gebim huyen. 32
Aún vendrá día cuando reposará en Nob; alzará su mano al monte de la hija de
Sion, al collado de Jerusalén. 33 He aquí el Señor, Jehová de los ejércitos,
desgajará el ramaje con violencia, y los árboles de gran altura serán
cortados, y los altos serán humillados. 34 Y cortará con hierro la espesura
del bosque, y el Líbano caerá con estruendo.
Reinado justo del Mesías
ISAÍAS 11
1 Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago
retoñará de sus raíces. 2 Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu
de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de
conocimiento y de temor de Jehová. 3 Y le hará entender diligente en el temor
de Jehová. No juzgará según la vista de sus ojos, ni argüirá por lo que oigan
sus oídos; 4 sino que juzgará con justicia a los pobres, y argüirá con equidad
por los mansos de la tierra; y herirá la tierra con la vara de su boca, y con
el espíritu de sus labios matará al impío. 5 Y será la justicia cinto de sus
lomos, y la fidelidad ceñidor de su cintura.
6 Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el
cabrito se acostará; el becerro y el león y la bestia doméstica andarán
juntos, y un niño los pastoreará. 7 La vaca y la osa pacerán, sus crías se
echarán juntas; y el león como el buey comerá paja. 8 Y el niño de pecho
jugará sobre la cueva del áspid, y el recién destetado extenderá su mano sobre
la caverna de la víbora. 9 No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte;
porque la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren
el mar.
10 Acontecerá en aquel tiempo que la raíz de Isaí, la
cual estará puesta por pendón a los pueblos, será buscada por las gentes; y su
habitación será gloriosa.
11 Asimismo acontecerá en aquel tiempo, que Jehová
alzará otra vez su mano para recobrar el remanente de su pueblo que aún quede
en Asiria, Egipto, Patros, Etiopía, Elam, Sinar y Hamat, y en las costas del
mar. 12 Y levantará pendón a las naciones, y juntará los desterrados de
Israel, y reunirá los esparcidos de Judá de los cuatro confines de la tierra.
13 Y se disipará la envidia de Efraín, y los enemigos de Judá serán
destruidos. Efraín no tendrá envidia de Judá, ni Judá afligirá a Efraín; 14
sino que volarán sobre los hombros de los filisteos al occidente, saquearán
también a los de oriente; Edom y Moab les servirán, y los hijos de Amón los
obedecerán. 15 Y secará Jehová la lengua del mar de Egipto; y levantará su
mano con el poder de su espíritu sobre el río, y lo herirá en sus siete
brazos, y hará que pasen por él con sandalias. 16 Y habrá camino para el
remanente de su pueblo, el que quedó de Asiria, de la manera que lo hubo para
Israel el día que subió de la tierra de Egipto.
Cántico de acción de gracias
ISAÍAS 12
1 En aquel día dirás: Cantaré a ti, oh Jehová; pues
aunque te enojaste contra mí, tu indignación se apartó, y me has consolado. 2
He aquí Dios es salvación mía; me aseguraré y no temeré; porque mi fortaleza y
mi canción es JAH Jehová, quien ha sido salvación para mí. 3 Sacaréis con gozo
aguas de las fuentes de la salvación. 4 Y diréis en aquel día: Cantad a
Jehová, aclamad su nombre, haced célebres en los pueblos sus obras, recordad
que su nombre es engrandecido. 5 Cantad salmos a Jehová, porque ha hecho cosas
magníficas; sea sabido esto por toda la tierra. 6 Regocíjate y canta, oh
moradora de Sion; porque grande es en medio de ti el Santo de Israel.
Profecía sobre Babilonia
ISAÍAS 13
1 Profecía sobre Babilonia, revelada a Isaías hijo de
Amoz.
2 Levantad bandera sobre un alto monte; alzad la voz a
ellos, alzad la mano, para que entren por puertas de príncipes. 3 Yo mandé a
mis consagrados, asimismo llamé a mis valientes para mi ira, a los que se
alegran con mi gloria.
4 Estruendo de multitud en los montes, como de mucho
pueblo; estruendo de ruido de reinos, de naciones reunidas; Jehová de los
ejércitos pasa revista a las tropas para la batalla. 5 Vienen de lejana
tierra, de lo postrero de los cielos, Jehová y los instrumentos de su ira,
para destruir toda la tierra.
6 Aullad, porque cerca está el día de Jehová; vendrá
como asolamiento del Todopoderoso. 7 Por tanto, toda mano se debilitará, y
desfallecerá todo corazón de hombre, 8 y se llenarán de terror; angustias y
dolores se apoderarán de ellos; tendrán dolores como mujer de parto; se
asombrará cada cual al mirar a su compañero; sus rostros, rostros de llamas.
9 He aquí el día de Jehová viene, terrible, y de
indignación y ardor de ira, para convertir la tierra en soledad, y raer de
ella a sus pecadores. 10 Por lo cual las estrellas de los cielos y sus luceros
no darán su luz; y el sol se oscurecerá al nacer, y la luna no dará su
resplandor. 11 Y castigaré al mundo por su maldad, y a los impíos por su
iniquidad; y haré que cese la arrogancia de los soberbios, y abatiré la
altivez de los fuertes. 12 Haré más precioso que el oro fino al varón, y más
que el oro de Ofir al hombre. 13 Porque haré estremecer los cielos, y la
tierra se moverá de su lugar, en la indignación de Jehová de los ejércitos, y
en el día del ardor de su ira. 14 Y como gacela perseguida, y como oveja sin
pastor, cada cual mirará hacia su pueblo, y cada uno huirá a su tierra. 15
Cualquiera que sea hallado será alanceado; y cualquiera que por ellos sea
tomado, caerá a espada. 16 Sus niños serán estrellados delante de ellos; sus
casas serán saqueadas, y violadas sus mujeres. 17 He aquí que yo despierto
contra ellos a los medos, que no se ocuparán de la plata, ni codiciarán oro.
18 Con arco tirarán a los niños, y no tendrán misericordia del fruto del
vientre, ni su ojo perdonará a los hijos. 19 Y Babilonia, hermosura de reinos
y ornamento de la grandeza de los caldeos, será como Sodoma y Gomorra, a las
que trastornó Dios. 20 Nunca más será habitada, ni se morará en ella de
generación en generación; ni levantará allí tienda el árabe, ni pastores
tendrán allí majada; 21 sino que dormirán allí las fieras del desierto, y sus
casas se llenarán de hurones; allí habitarán avestruces, y allí saltarán las
cabras salvajes. 22 En sus palacios aullarán hienas, y chacales en sus casas
de deleite; y cercano a llegar está su tiempo, y sus días no se alargarán.
Escarnio contra el rey de Babilonia
ISAÍAS 14
1 Porque Jehová tendrá piedad de Jacob, y todavía
escogerá a Israel, y lo hará reposar en su tierra; y a ellos se unirán
extranjeros, y se juntarán a la familia de Jacob. 2 Y los tomarán los pueblos,
y los traerán a su lugar; y la casa de Israel los poseerá por siervos y
criadas en la tierra de Jehová; y cautivarán a los que los cautivaron, y
señorearán sobre los que los oprimieron.
3 Y en el día que Jehová te dé reposo de tu trabajo y de
tu temor, y de la dura servidumbre en que te hicieron servir, 4 pronunciarás
este proverbio contra el rey de Babilonia, y dirás: ¡Cómo paró el opresor,
cómo acabó la ciudad codiciosa de oro! 5 Quebrantó Jehová el báculo de los
impíos, el cetro de los señores; 6 el que hería a los pueblos con furor, con
llaga permanente, el que se enseñoreaba de las naciones con ira, y las
perseguía con crueldad. 7 Toda la tierra está en reposo y en paz; se cantaron
alabanzas. 8 Aun los cipreses se regocijaron a causa de ti, y los cedros del
Líbano, diciendo: Desde que tú pereciste, no ha subido cortador contra
nosotros. 9 El Seol abajo se espantó de ti; despertó muertos que en tu venida
saliesen a recibirte, hizo levantar de sus sillas a todos los príncipes de la
tierra, a todos los reyes de las naciones. 10 Todos ellos darán voces, y te
dirán: ¿Tú también te debilitaste como nosotros, y llegaste a ser como
nosotros? 11 Descendió al Seol tu soberbia, y el sonido de tus arpas; gusanos
serán tu cama, y gusanos te cubrirán.
12 ¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana!
Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones. 13 Tú que decías
en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios,
levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del
norte; 14 sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo.
15 Mas tú derribado eres hasta el Seol, a los lados del abismo. 16 Se
inclinarán hacia ti los que te vean, te contemplarán, diciendo: ¿Es éste aquel
varón que hacía temblar la tierra, que trastornaba los reinos; 17 que puso el
mundo como un desierto, que asoló sus ciudades, que a sus presos nunca abrió
la cárcel? 18 Todos los reyes de las naciones, todos ellos yacen con honra
cada uno en su morada; 19 pero tú echado eres de tu sepulcro como vástago
abominable, como vestido de muertos pasados a espada, que descendieron al
fondo de la sepultura; como cuerpo muerto hollado. 20 No serás contado con
ellos en la sepultura; porque tú destruiste tu tierra, mataste a tu pueblo. No
será nombrada para siempre la descendencia de los malignos. 21 Preparad sus
hijos para el matadero, por la maldad de sus padres; no se levanten, ni posean
la tierra, ni llenen de ciudades la faz del mundo.
22 Porque yo me levantaré contra ellos, dice Jehová de
los ejércitos, y raeré de Babilonia el nombre y el remanente, hijo y nieto,
dice Jehová. 23 Y la convertiré en posesión de erizos, y en lagunas de agua; y
la barreré con escobas de destrucción, dice Jehová de los ejércitos.
Asiria será destruida
24 Jehová de los ejércitos juró diciendo: Ciertamente se
hará de la manera que lo he pensado, y será confirmado como lo he determinado;
25 que quebrantaré al asirio en mi tierra, y en mis montes lo hollaré; y su
yugo será apartado de ellos, y su carga será quitada de su hombro. 26 Este es
el consejo que está acordado sobre toda la tierra, y esta, la mano extendida
sobre todas las naciones. 27 Porque Jehová de los ejércitos lo ha determinado,
¿y quién lo impedirá? Y su mano extendida, ¿quién la hará retroceder?
Profecía sobre Filistea
28 En el año que murió el rey Acaz fue esta profecía: 29
No te alegres tú, Filistea toda, por haberse quebrado la vara del que te
hería; porque de la raíz de la culebra saldrá áspid, y su fruto, serpiente
voladora. 30 Y los primogénitos de los pobres serán apacentados, y los
menesterosos se acostarán confiados; mas yo haré morir de hambre tu raíz, y
destruiré lo que de ti quedare. 31 Aúlla, oh puerta; clama, oh ciudad;
disuelta estás toda tú, Filistea; porque humo vendrá del norte, no quedará uno
solo en sus asambleas. 32 ¿Y qué se responderá a los mensajeros de las
naciones? Que Jehová fundó a Sion, y que a ella se acogerán los afligidos de
su pueblo.
Profecía sobre Moab
ISAÍAS 15
1 Profecía sobre Moab. Cierto, de noche fue destruida Ar
de Moab, puesta en silencio. Cierto, de noche fue destruida Kir de Moab,
reducida a silencio. 2 Subió a Bayit y a Dibón, lugares altos, a llorar; sobre
Nebo y sobre Medeba aullará Moab; toda cabeza de ella será rapada, y toda
barba rasurada. 3 Se ceñirán de cilicio en sus calles; en sus terrados y en
sus plazas aullarán todos, deshaciéndose en llanto. 4 Hesbón y Eleale
gritarán, hasta Jahaza se oirá su voz; por lo que aullarán los guerreros de
Moab, se lamentará el alma de cada uno dentro de él. 5 Mi corazón dará gritos
por Moab; sus fugitivos huirán hasta Zoar, como novilla de tres años. Por la
cuesta de Luhit subirán llorando, y levantarán grito de quebrantamiento por el
camino de Horonaim. 6 Las aguas de Nimrim serán consumidas, y se secará la
hierba, se marchitarán los retoños, todo verdor perecerá. 7 Por tanto, las
riquezas que habrán adquirido, y las que habrán reservado, las llevarán al
torrente de los sauces. 8 Porque el llanto rodeó los límites de Moab; hasta
Eglaim llegó su alarido, y hasta Beer-elim su clamor. 9 Y las aguas de Dimón
se llenarán de sangre; porque yo traeré sobre Dimón males mayores, leones a
los que escaparen de Moab, y a los sobrevivientes de la tierra.
ISAÍAS 16
1 Enviad cordero al señor de la tierra, desde Sela del
desierto al monte de la hija de Sion. 2 Y cual ave espantada que huye de su
nido, así serán las hijas de Moab en los vados de Arnón. 3 Reúne consejo, haz
juicio; pon tu sombra en medio del día como la noche; esconde a los
desterrados, no entregues a los que andan errantes. 4 Moren contigo mis
desterrados, oh Moab; sé para ellos escondedero de la presencia del
devastador; porque el atormentador fenecerá, el devastador tendrá fin, el
pisoteador será consumido de sobre la tierra. 5 Y se dispondrá el trono en
misericordia; y sobre él se sentará firmemente, en el tabernáculo de David,
quien juzgue y busque el juicio, y apresure la justicia.
6 Hemos oído la soberbia de Moab; muy grandes son su
soberbia, su arrogancia y su altivez; pero sus mentiras no serán firmes. 7 Por
tanto, aullará Moab, todo él aullará; gemiréis en gran manera abatidos, por
las tortas de uvas de Kir-hareset.
8 Porque los campos de Hesbón fueron talados, y las
vides de Sibma; señores de naciones pisotearon sus generosos sarmientos;
habían llegado hasta Jazer, y se habían extendido por el desierto; se
extendieron sus plantas, pasaron el mar. 9 Por lo cual lamentaré con lloro de
Jazer por la viña de Sibma; te regaré con mis lágrimas, oh Hesbón y Eleale;
porque sobre tus cosechas y sobre tu siega caerá el grito de guerra. 10
Quitado es el gozo y la alegría del campo fértil; en las viñas no cantarán, ni
se regocijarán; no pisará vino en los lagares el pisador; he hecho cesar el
grito del lagarero. 11 Por tanto, mis entrañas vibrarán como arpa por Moab, y
mi corazón por Kir-hareset. 12 Y cuando apareciere Moab cansado sobre los
lugares altos, cuando venga a su santuario a orar, no le valdrá.
13 Esta es la palabra que pronunció Jehová sobre Moab
desde aquel tiempo; 14 pero ahora Jehová ha hablado, diciendo: Dentro de tres
años, como los años de un jornalero, será abatida la gloria de Moab, con toda
su gran multitud; y los sobrevivientes serán pocos, pequeños y débiles.
Profecía sobre Damasco
ISAÍAS 17
1 Profecía sobre Damasco. He aquí que Damasco dejará de
ser ciudad, y será montón de ruinas. 2 Las ciudades de Aroer están
desamparadas, en majadas se convertirán; dormirán allí, y no habrá quien los
espante. 3 Y cesará el socorro de Efraín, y el reino de Damasco; y lo que
quede de Siria será como la gloria de los hijos de Israel, dice Jehová de los
ejércitos.
Juicio sobre Israel
4 En aquel tiempo la gloria de Jacob se atenuará, y se
enflaquecerá la grosura de su carne. 5 Y será como cuando el segador recoge la
mies, y con su brazo siega las espigas; será también como el que recoge
espigas en el valle de Refaim. 6 Y quedarán en él rebuscos, como cuando
sacuden el olivo; dos o tres frutos en la punta de la rama, cuatro o cinco en
sus ramas más fructíferas, dice Jehová Dios de Israel.
7 En aquel día mirará el hombre a su Hacedor, y sus ojos
contemplarán al Santo de Israel. 8 Y no mirará a los altares que hicieron sus
manos, ni mirará a lo que hicieron sus dedos, ni a los símbolos de Asera, ni a
las imágenes del sol. 9 En aquel día sus ciudades fortificadas serán como los
frutos que quedan en los renuevos y en las ramas, los cuales fueron dejados a
causa de los hijos de Israel; y habrá desolación. 10 Porque te olvidaste del
Dios de tu salvación, y no te acordaste de la roca de tu refugio; por tanto,
sembrarás plantas hermosas, y plantarás sarmiento extraño. 11 El día que las
plantes, las harás crecer, y harás que su simiente brote de mañana; pero la
cosecha será arrebatada en el día de la angustia, y del dolor desesperado.
12 ¡Ay! multitud de muchos pueblos que harán ruido como
estruendo del mar, y murmullo de naciones que harán alboroto como bramido de
muchas aguas. 13 Los pueblos harán estrépito como de ruido de muchas aguas;
pero Dios los reprenderá, y huirán lejos; serán ahuyentados como el tamo de
los montes delante del viento, y como el polvo delante del torbellino. 14 Al
tiempo de la tarde, he aquí la turbación, pero antes de la mañana el enemigo
ya no existe. Esta es la parte de los que nos aplastan, y la suerte de los que
nos saquean.
Profecía sobre Etiopía
ISAÍAS 18
1 ¡Ay de la tierra que hace sombra con las alas, que
está tras los ríos de Etiopía; 2 que envía mensajeros por el mar, y en naves
de junco sobre las aguas! Andad, mensajeros veloces, a la nación de elevada
estatura y tez brillante, al pueblo temible desde su principio y después,
gente fuerte y conquistadora, cuya tierra es surcada por ríos. 3 Vosotros,
todos los moradores del mundo y habitantes de la tierra, cuando se levante
bandera en los montes, mirad; y cuando se toque trompeta, escuchad.
4 Porque Jehová me dijo así: Me estaré quieto, y los
miraré desde mi morada, como sol claro después de la lluvia, como nube de
rocío en el calor de la siega. 5 Porque antes de la siega, cuando el fruto sea
perfecto, y pasada la flor se maduren los frutos, entonces podará con
podaderas las ramitas, y cortará y quitará las ramas. 6 Y serán dejados todos
para las aves de los montes y para las bestias de la tierra; sobre ellos
tendrán el verano las aves, e invernarán todas las bestias de la tierra.
7 En aquel tiempo será traída ofrenda a Jehová de los
ejércitos, del pueblo de elevada estatura y tez brillante, del pueblo temible
desde su principio y después, gente fuerte y conquistadora, cuya tierra es
surcada por ríos, al lugar del nombre de Jehová de los ejércitos, al monte de
Sion.
Profecía sobre Egipto
ISAÍAS 19
1 Profecía sobre Egipto. He aquí que Jehová monta sobre
una ligera nube, y entrará en Egipto; y los ídolos de Egipto temblarán delante
de él, y desfallecerá el corazón de los egipcios dentro de ellos. 2 Levantaré
egipcios contra egipcios, y cada uno peleará contra su hermano, cada uno
contra su prójimo; ciudad contra ciudad, y reino contra reino. 3 Y el espíritu
de Egipto se desvanecerá en medio de él, y destruiré su consejo; y preguntarán
a sus imágenes, a sus hechiceros, a sus evocadores y a sus adivinos. 4 Y
entregaré a Egipto en manos de señor duro, y rey violento se enseñoreará de
ellos, dice el Señor, Jehová de los ejércitos.
5 Y las aguas del mar faltarán, y el río se agotará y
secará. 6 Y se alejarán los ríos, se agotarán y secarán las corrientes de los
fosos; la caña y el carrizo serán cortados. 7 La pradera de junto al río, de
junto a la ribera del río, y toda sementera del río, se secarán, se perderán,
y no serán más. 8 Los pescadores también se entristecerán; harán duelo todos
los que echan anzuelo en el río, y desfallecerán los que extienden red sobre
las aguas. 9 Los que labran lino fino y los que tejen redes serán confundidos,
10 porque todas sus redes serán rotas; y se entristecerán todos los que hacen
viveros para peces.
11 Ciertamente son necios los príncipes de Zoán; el
consejo de los prudentes consejeros de Faraón se ha desvanecido. ¿Cómo diréis
a Faraón: Yo soy hijo de los sabios, e hijo de los reyes antiguos? 12 ¿Dónde
están ahora aquellos tus sabios? Que te digan ahora, o te hagan saber qué es
lo que Jehová de los ejércitos ha determinado sobre Egipto. 13 Se han
desvanecido los príncipes de Zoán, se han engañado los príncipes de Menfis;
engañaron a Egipto los que son la piedra angular de sus familias. 14 Jehová
mezcló espíritu de vértigo en medio de él; e hicieron errar a Egipto en toda
su obra, como tambalea el ebrio en su vómito. 15 Y no aprovechará a Egipto
cosa que haga la cabeza o la cola, la rama o el junco.
16 En aquel día los egipcios serán como mujeres; porque
se asombrarán y temerán en la presencia de la mano alta de Jehová de los
ejércitos, que él levantará contra ellos. 17 Y la tierra de Judá será de
espanto a Egipto; todo hombre que de ella se acordare temerá por causa del
consejo que Jehová de los ejércitos acordó sobre aquél.
18 En aquel tiempo habrá cinco ciudades en la tierra de
Egipto que hablen la lengua de Canaán, y que juren por Jehová de los
ejércitos; una será llamada la ciudad de Herez.
19 En aquel tiempo habrá altar para Jehová en medio de
la tierra de Egipto, y monumento a Jehová junto a su frontera. 20 Y será por
señal y por testimonio a Jehová de los ejércitos en la tierra de Egipto;
porque clamarán a Jehová a causa de sus opresores, y él les enviará salvador y
príncipe que los libre. 21 Y Jehová será conocido de Egipto, y los de Egipto
conocerán a Jehová en aquel día, y harán sacrificio y oblación; y harán votos
a Jehová, y los cumplirán. 22 Y herirá Jehová a Egipto; herirá y sanará, y se
convertirán a Jehová, y les será clemente y los sanará.
23 En aquel tiempo habrá una calzada de Egipto a Asiria,
y asirios entrarán en Egipto, y egipcios en Asiria; y los egipcios servirán
con los asirios a Jehová.
24 En aquel tiempo Israel será tercero con Egipto y con
Asiria para bendición en medio de la tierra; 25 porque Jehová de los ejércitos
los bendecirá diciendo: Bendito el pueblo mío Egipto, y el asirio obra de mis
manos, e Israel mi heredad.
Predicción de la conquista de Egipto y de Etiopía por
Asiria
ISAÍAS 20
1 En el año que vino el Tartán a Asdod, cuando lo envió
Sargón rey de Asiria, y peleó contra Asdod y la tomó; 2 en aquel tiempo habló
Jehová por medio de Isaías hijo de Amoz, diciendo: Ve y quita el cilicio de
tus lomos, y descalza las sandalias de tus pies. Y lo hizo así, andando
desnudo y descalzo. 3 Y dijo Jehová: De la manera que anduvo mi siervo Isaías
desnudo y descalzo tres años, por señal y pronóstico sobre Egipto y sobre
Etiopía, 4 así llevará el rey de Asiria a los cautivos de Egipto y los
deportados de Etiopía, a jóvenes y a ancianos, desnudos y descalzos, y
descubiertas las nalgas para vergüenza de Egipto. 5 Y se turbarán y
avergonzarán de Etiopía su esperanza, y de Egipto su gloria. 6 Y dirá en aquel
día el morador de esta costa: Mirad qué tal fue nuestra esperanza, a donde nos
acogimos por socorro para ser libres de la presencia del rey de Asiria; ¿y
cómo escaparemos nosotros?
Profecía sobre el desierto del mar
ISAÍAS 21
1 Profecía sobre el desierto del mar. Como torbellino
del Neguev, así viene del desierto, de la tierra horrenda. 2 Visión dura me ha
sido mostrada. El prevaricador prevarica, y el destructor destruye. Sube, oh
Elam; sitia, oh Media. Todo su gemido hice cesar. 3 Por tanto, mis lomos se
han llenado de dolor; angustias se apoderaron de mí, como angustias de mujer
de parto; me agobié oyendo, y al ver me he espantado. 4 Se pasmó mi corazón,
el horror me ha intimidado; la noche de mi deseo se me volvió en espanto. 5
Ponen la mesa, extienden tapices; comen, beben. ¡Levantaos, oh príncipes,
ungid el escudo! 6 Porque el Señor me dijo así: Ve, pon centinela que haga
saber lo que vea. 7 Y vio hombres montados, jinetes de dos en dos, montados
sobre asnos, montados sobre camellos; y miró más atentamente, 8 y gritó como
un león: Señor, sobre la atalaya estoy yo continuamente de día, y las noches
enteras sobre mi guarda; 9 y he aquí vienen hombres montados, jinetes de dos
en dos. Después habló y dijo: Cayó, cayó Babilonia; y todos los ídolos de sus
dioses quebrantó en tierra. 10 Oh pueblo mío, trillado y aventado, os he dicho
lo que oí de Jehová de los ejércitos, Dios de Israel.
Profecía sobre Duma
11 Profecía sobre Duma. Me dan voces de Seir: Guarda,
¿qué de la noche? Guarda, ¿qué de la noche? 12 El guarda respondió: La mañana
viene, y después la noche; preguntad si queréis, preguntad; volved, venid.
Profecía sobre Arabia
13 Profecía sobre Arabia. En el bosque pasaréis la noche
en Arabia, oh caminantes de Dedán. 14 Salid a encontrar al sediento; llevadle
agua, moradores de tierra de Tema, socorred con pan al que huye. 15 Porque
ante la espada huye, ante la espada desnuda, ante el arco entesado, ante el
peso de la batalla.
16 Porque así me ha dicho Jehová: De aquí a un año,
semejante a años de jornalero, toda la gloria de Cedar será deshecha; 17 y los
sobrevivientes del número de los valientes flecheros, hijos de Cedar, serán
reducidos; porque Jehová Dios de Israel lo ha dicho.
Profecía sobre el valle de la visión
ISAÍAS 22
1 Profecía sobre el valle de la visión. ¿Qué tienes
ahora, que con todos los tuyos has subido sobre los terrados? 2 Tú, llena de
alborotos, ciudad turbulenta, ciudad alegre; tus muertos no son muertos a
espada, ni muertos en guerra. 3 Todos tus príncipes juntos huyeron del arco,
fueron atados; todos los que en ti se hallaron, fueron atados juntamente,
aunque habían huido lejos. 4 Por esto dije: Dejadme, lloraré amargamente; no
os afanéis por consolarme de la destrucción de la hija de mi pueblo.
5 Porque día es de alboroto, de angustia y de confusión,
de parte del Señor, Jehová de los ejércitos, en el valle de la visión, para
derribar el muro, y clamar al monte. 6 Y Elam tomó aljaba, con carros y con
jinetes, y Kir sacó el escudo. 7 Tus hermosos valles fueron llenos de carros,
y los de a caballo acamparon a la puerta. 8 Y desnudó la cubierta de Judá; y
miraste en aquel día hacia la casa de armas del bosque. 9 Visteis las brechas
de la ciudad de David, que se multiplicaron; y recogisteis las aguas del
estanque de abajo. 10 Y contasteis las casas de Jerusalén, y derribasteis
casas para fortificar el muro. 11 Hicisteis foso entre los dos muros para las
aguas del estanque viejo; y no tuvisteis respeto al que lo hizo, ni mirasteis
de lejos al que lo labró.
12 Por tanto, el Señor, Jehová de los ejércitos, llamó
en este día a llanto y a endechas, a raparse el cabello y a vestir cilicio; 13
y he aquí gozo y alegría, matando vacas y degollando ovejas, comiendo carne y
bebiendo vino, diciendo: Comamos y bebamos, porque mañana moriremos. 14 Esto
fue revelado a mis oídos de parte de Jehová de los ejércitos: Que este pecado
no os será perdonado hasta que muráis, dice el Señor, Jehová de los ejércitos.
Sebna será sustituido por Eliaquim
15 Jehová de los ejércitos dice así: Ve, entra a este
tesorero, a Sebna el mayordomo, y dile: 16 ¿Qué tienes tú aquí, o a quién
tienes aquí, que labraste aquí sepulcro para ti, como el que en lugar alto
labra su sepultura, o el que esculpe para sí morada en una peña? 17 He aquí
que Jehová te transportará en duro cautiverio, y de cierto te cubrirá el
rostro. 18 Te echará a rodar con ímpetu, como a bola por tierra extensa; allá
morirás, y allá estarán los carros de tu gloria, oh vergüenza de la casa de tu
señor. 19 Y te arrojaré de tu lugar, y de tu puesto te empujaré. 20 En aquel
día llamaré a mi siervo Eliaquim hijo de Hilcías, 21 y lo vestiré de tus
vestiduras, y lo ceñiré de tu talabarte, y entregaré en sus manos tu potestad;
y será padre al morador de Jerusalén, y a la casa de Judá. 22 Y pondré la
llave de la casa de David sobre su hombro; y abrirá, y nadie cerrará; cerrará,
y nadie abrirá. 23 Y lo hincaré como clavo en lugar firme; y será por asiento
de honra a la casa de su padre. 24 Colgarán de él toda la honra de la casa de
su padre, los hijos y los nietos, todos los vasos menores, desde las tazas
hasta toda clase de jarros. 25 En aquel día, dice Jehová de los ejércitos, el
clavo hincado en lugar firme será quitado; será quebrado y caerá, y la carga
que sobre él se puso se echará a perder; porque Jehová habló.
Profecía sobre Tiro
ISAÍAS 23
1 Profecía sobre Tiro. Aullad, naves de Tarsis, porque
destruida es Tiro hasta no quedar casa, ni a donde entrar; desde la tierra de
Quitim les es revelado. 2 Callad, moradores de la costa, mercaderes de Sidón,
que pasando el mar te abastecían. 3 Su provisión procedía de las sementeras
que crecen con las muchas aguas del Nilo, de la mies del río. Fue también
emporio de las naciones. 4 Avergüénzate, Sidón, porque el mar, la fortaleza
del mar habló, diciendo: Nunca estuve de parto, ni di a luz, ni crié jóvenes,
ni levanté vírgenes. 5 Cuando llegue la noticia a Egipto, tendrán dolor de las
nuevas de Tiro. 6 Pasaos a Tarsis; aullad, moradores de la costa. 7 ¿No era
ésta vuestra ciudad alegre, con muchos días de antigüedad? Sus pies la
llevarán a morar lejos. 8 ¿Quién decretó esto sobre Tiro, la que repartía
coronas, cuyos negociantes eran príncipes, cuyos mercaderes eran los nobles de
la tierra? 9 Jehová de los ejércitos lo decretó, para envilecer la soberbia de
toda gloria, y para abatir a todos los ilustres de la tierra. 10 Pasa cual río
de tu tierra, oh hija de Tarsis, porque no tendrás ya más poder. 11 Extendió
su mano sobre el mar, hizo temblar los reinos; Jehová mandó respecto a Canaán,
que sus fortalezas sean destruidas. 12 Y dijo: No te alegrarás más, oh
oprimida virgen hija de Sidón. Levántate para pasar a Quitim, y aun allí no
tendrás reposo. 13 Mira la tierra de los caldeos. Este pueblo no existía;
Asiria la fundó para los moradores del desierto. Levantaron sus fortalezas,
edificaron sus palacios; él la convirtió en ruinas. 14 Aullad, naves de
Tarsis, porque destruida es vuestra fortaleza. 15 Acontecerá en aquel día, que
Tiro será puesta en olvido por setenta años, como días de un rey. Después de
los setenta años, cantará Tiro canción como de ramera. 16 Toma arpa, y rodea
la ciudad, oh ramera olvidada; haz buena melodía, reitera la canción, para que
seas recordada. 17 Y acontecerá que al fin de los setenta años visitará Jehová
a Tiro; y volverá a comerciar, y otra vez fornicará con todos los reinos del
mundo sobre la faz de la tierra. 18 Pero sus negocios y ganancias serán
consagrados a Jehová; no se guardarán ni se atesorarán, porque sus ganancias
serán para los que estuvieren delante de Jehová, para que coman hasta
saciarse, y vistan espléndidamente.
El juicio de Jehová sobre la tierra
ISAÍAS 24
1 He aquí que Jehová vacía la tierra y la desnuda, y
trastorna su faz, y hace esparcir a sus moradores. 2 Y sucederá así como al
pueblo, también al sacerdote; como al siervo, así a su amo; como a la criada,
a su ama; como al que compra, al que vende; como al que presta, al que toma
prestado; como al que da a logro, así al que lo recibe. 3 La tierra será
enteramente vaciada, y completamente saqueada; porque Jehová ha pronunciado
esta palabra.
4 Se destruyó, cayó la tierra; enfermó, cayó el mundo;
enfermaron los altos pueblos de la tierra. 5 Y la tierra se contaminó bajo sus
moradores; porque traspasaron las leyes, falsearon el derecho, quebrantaron el
pacto sempiterno. 6 Por esta causa la maldición consumió la tierra, y sus
moradores fueron asolados; por esta causa fueron consumidos los habitantes de
la tierra, y disminuyeron los hombres. 7 Se perdió el vino, enfermó la vid,
gimieron todos los que eran alegres de corazón. 8 Cesó el regocijo de los
panderos, se acabó el estruendo de los que se alegran, cesó la alegría del
arpa. 9 No beberán vino con cantar; la sidra les será amarga a los que la
bebieren. 10 Quebrantada está la ciudad por la vanidad; toda casa se ha
cerrado, para que no entre nadie. 11 Hay clamores por falta de vino en las
calles; todo gozo se oscureció, se desterró la alegría de la tierra. 12 La
ciudad quedó desolada, y con ruina fue derribada la puerta. 13 Porque así será
en medio de la tierra, en medio de los pueblos, como olivo sacudido, como
rebuscos después de la vendimia.
14 Estos alzarán su voz, cantarán gozosos por la
grandeza de Jehová; desde el mar darán voces. 15 Glorificad por esto a Jehová
en los valles; en las orillas del mar sea nombrado Jehová Dios de Israel. 16
De lo postrero de la tierra oímos cánticos: Gloria al justo. Y yo dije: ¡Mi
desdicha, mi desdicha, ay de mí! Prevaricadores han prevaricado; y han
prevaricado con prevaricación de desleales.
17 Terror, foso y red sobre ti, oh morador de la tierra.
18 Y acontecerá que el que huyere de la voz del terror caerá en el foso; y el
que saliere de en medio del foso será preso en la red; porque de lo alto se
abrirán ventanas, y temblarán los cimientos de la tierra. 19 Será quebrantada
del todo la tierra, enteramente desmenuzada será la tierra, en gran manera
será la tierra conmovida. 20 Temblará la tierra como un ebrio, y será removida
como una choza; y se agravará sobre ella su pecado, y caerá, y nunca más se
levantará.
21 Acontecerá en aquel día, que Jehová castigará al
ejército de los cielos en lo alto, y a los reyes de la tierra sobre la tierra.
22 Y serán amontonados como se amontona a los encarcelados en mazmorra, y en
prisión quedarán encerrados, y serán castigados después de muchos días. 23 La
luna se avergonzará, y el sol se confundirá, cuando Jehová de los ejércitos
reine en el monte de Sion y en Jerusalén, y delante de sus ancianos sea
glorioso.
Cántico de alabanza por el favor de Jehová
ISAÍAS 25
1 Jehová, tú eres mi Dios; te exaltaré, alabaré tu
nombre, porque has hecho maravillas; tus consejos antiguos son verdad y
firmeza. 2 Porque convertiste la ciudad en montón, la ciudad fortificada en
ruina; el alcázar de los extraños para que no sea ciudad, ni nunca jamás sea
reedificado. 3 Por esto te dará gloria el pueblo fuerte, te temerá la ciudad
de gentes robustas. 4 Porque fuiste fortaleza al pobre, fortaleza al
menesteroso en su aflicción, refugio contra el turbión, sombra contra el
calor; porque el ímpetu de los violentos es como turbión contra el muro. 5
Como el calor en lugar seco, así humillarás el orgullo de los extraños; y como
calor debajo de nube harás marchitar el renuevo de los robustos.
6 Y Jehová de los ejércitos hará en este monte a todos
los pueblos banquete de manjares suculentos, banquete de vinos refinados, de
gruesos tuétanos y de vinos purificados. 7 Y destruirá en este monte la
cubierta con que están cubiertos todos los pueblos, y el velo que envuelve a
todas las naciones. 8 Destruirá a la muerte para siempre; y enjugará Jehová el
Señor toda lágrima de todos los rostros; y quitará la afrenta de su pueblo de
toda la tierra; porque Jehová lo ha dicho.
9 Y se dirá en aquel día: He aquí, éste es nuestro Dios,
le hemos esperado, y nos salvará; éste es Jehová a quien hemos esperado, nos
gozaremos y nos alegraremos en su salvación.
10 Porque la mano de Jehová reposará en este monte; pero
Moab será hollado en su mismo sitio, como es hollada la paja en el muladar. 11
Y extenderá su mano por en medio de él, como la extiende el nadador para
nadar; y abatirá su soberbia y la destreza de sus manos; 12 Y abatirá la
fortaleza de tus altos muros; la humillará y la echará a tierra, hasta el
polvo.
Cántico de confianza en la protección de Jehová
ISAÍAS 26
1 En aquel día cantarán este cántico en tierra de Judá:
Fuerte ciudad tenemos; salvación puso Dios por muros y antemuro. 2 Abrid las
puertas, y entrará la gente justa, guardadora de verdades. 3 Tú guardarás en
completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha
confiado. 4 Confiad en Jehová perpetuamente, porque en Jehová el Señor está la
fortaleza de los siglos. 5 Porque derribó a los que moraban en lugar sublime;
humilló a la ciudad exaltada, la humilló hasta la tierra, la derribó hasta el
polvo. 6 La hollará pie, los pies del afligido, los pasos de los menesterosos.
7 El camino del justo es rectitud; tú, que eres recto,
pesas el camino del justo. 8 También en el camino de tus juicios, oh Jehová,
te hemos esperado; tu nombre y tu memoria son el deseo de nuestra alma. 9 Con
mi alma te he deseado en la noche, y en tanto que me dure el espíritu dentro
de mí, madrugaré a buscarte; porque luego que hay juicios tuyos en la tierra,
los moradores del mundo aprenden justicia. 10 Se mostrará piedad al malvado, y
no aprenderá justicia; en tierra de rectitud hará iniquidad, y no mirará a la
majestad de Jehová. 11 Jehová, tu mano está alzada, pero ellos no ven; verán
al fin, y se avergonzarán los que envidian a tu pueblo; y a tus enemigos fuego
los consumirá. 12 Jehová, tú nos darás paz, porque también hiciste en nosotros
todas nuestras obras. 13 Jehová Dios nuestro, otros señores fuera de ti se han
enseñoreado de nosotros; pero en ti solamente nos acordaremos de tu nombre. 14
Muertos son, no vivirán; han fallecido, no resucitarán; porque los castigaste,
y destruiste y deshiciste todo su recuerdo. 15 Aumentaste el pueblo, oh
Jehová, aumentaste el pueblo; te hiciste glorioso; ensanchaste todos los
confines de la tierra.
16 Jehová, en la tribulación te buscaron; derramaron
oración cuando los castigaste. 17 Como la mujer encinta cuando se acerca el
alumbramiento gime y da gritos en sus dolores, así hemos sido delante de ti,
oh Jehová. 18 Concebimos, tuvimos dolores de parto, dimos a luz viento;
ninguna liberación hicimos en la tierra, ni cayeron los moradores del mundo.
19 Tus muertos vivirán; sus cadáveres resucitarán. ¡Despertad y cantad,
moradores del polvo! porque tu rocío es cual rocío de hortalizas, y la tierra
dará sus muertos.
20 Anda, pueblo mío, entra en tus aposentos, cierra tras
ti tus puertas; escóndete un poquito, por un momento, en tanto que pasa la
indignación. 21 Porque he aquí que Jehová sale de su lugar para castigar al
morador de la tierra por su maldad contra él; y la tierra descubrirá la sangre
derramada sobre ella, y no encubrirá ya más a sus muertos.
Liberación y regreso de Israel
ISAÍAS 27
1 En aquel día Jehová castigará con su espada dura,
grande y fuerte al leviatán serpiente veloz, y al leviatán serpiente tortuosa;
y matará al dragón que está en el mar.
2 En aquel día cantad acerca de la viña del vino rojo. 3
Yo Jehová la guardo, cada momento la regaré; la guardaré de noche y de día,
para que nadie la dañe. 4 No hay enojo en mí. ¿Quién pondrá contra mí en
batalla espinos y cardos? Yo los hollaré, los quemaré a una. 5 ¿O forzará
alguien mi fortaleza? Haga conmigo paz; sí, haga paz conmigo.
6 Días vendrán cuando Jacob echará raíces, florecerá y
echará renuevos Israel, y la faz del mundo llenará de fruto. 7 ¿Acaso ha sido
herido como quien lo hirió, o ha sido muerto como los que lo mataron? 8 Con
medida lo castigarás en sus vástagos. El los remueve con su recio viento en el
día del aire solano. 9 De esta manera, pues, será perdonada la iniquidad de
Jacob, y este será todo el fruto, la remoción de su pecado; cuando haga todas
las piedras del altar como piedras de cal desmenuzadas, y no se levanten los
símbolos de Asera ni las imágenes del sol. 10 Porque la ciudad fortificada
será desolada, la ciudad habitada será abandonada y dejada como un desierto;
allí pastará el becerro, allí tendrá su majada, y acabará sus ramas. 11 Cuando
sus ramas se sequen, serán quebradas; mujeres vendrán a encenderlas; porque
aquel no es pueblo de entendimiento; por tanto, su Hacedor no tendrá de él
misericordia, ni se compadecerá de él el que lo formó.
12 Acontecerá en aquel día, que trillará Jehová desde el
río Eufrates hasta el torrente de Egipto, y vosotros, hijos de Israel, seréis
reunidos uno a uno. 13 Acontecerá también en aquel día, que se tocará con gran
trompeta, y vendrán los que habían sido esparcidos en la tierra de Asiria, y
los que habían sido desterrados a Egipto, y adorarán a Jehová en el monte
santo, en Jerusalén.
Condenación de Efraín
ISAÍAS 28
1 ¡Ay de la corona de soberbia de los ebrios de Efraín,
y de la flor caduca de la hermosura de su gloria, que está sobre la cabeza del
valle fértil de los aturdidos del vino! 2 He aquí, Jehová tiene uno que es
fuerte y poderoso; como turbión de granizo y como torbellino trastornador,
como ímpetu de recias aguas que inundan, con fuerza derriba a tierra. 3 Con
los pies será pisoteada la corona de soberbia de los ebrios de Efraín. 4 Y
será la flor caduca de la hermosura de su gloria que está sobre la cabeza del
valle fértil, como la fruta temprana, la primera del verano, la cual, apenas
la ve el que la mira, se la traga tan luego como la tiene a mano.
5 En aquel día Jehová de los ejércitos será por corona
de gloria y diadema de hermosura al remanente de su pueblo; 6 y por espíritu
de juicio al que se sienta en juicio, y por fuerzas a los que rechacen la
batalla en la puerta.
7 Pero también éstos erraron con el vino, y con sidra se
entontecieron; el sacerdote y el profeta erraron con sidra, fueron
trastornados por el vino; se aturdieron con la sidra, erraron en la visión,
tropezaron en el juicio. 8 Porque toda mesa está llena de vómito y suciedad,
hasta no haber lugar limpio. 9 ¿A quién se enseñará ciencia, o a quién se hará
entender doctrina? ¿A los destetados? ¿a los arrancados de los pechos? 10
Porque mandamiento tras mandamiento, mandato sobre mandato, renglón tras
renglón, línea sobre línea, un poquito allí, otro poquito allá; 11 porque en
lengua de tartamudos, y en extraña lengua hablará a este pueblo, 12 a los
cuales él dijo: Este es el reposo; dad reposo al cansado; y este es el
refrigerio; mas no quisieron oir. 13 La palabra, pues, de Jehová les será
mandamiento tras mandamiento, mandato sobre mandato, renglón tras renglón,
línea sobre línea, un poquito allí, otro poquito allá; hasta que vayan y
caigan de espaldas, y sean quebrantados, enlazados y presos.
Amonestación a Jerusalén
14 Por tanto, varones burladores que gobernáis a este
pueblo que está en Jerusalén, oíd la palabra de Jehová. 15 Por cuanto habéis
dicho: Pacto tenemos hecho con la muerte, e hicimos convenio con el Seol;
cuando pase el turbión del azote, no llegará a nosotros, porque hemos puesto
nuestro refugio en la mentira, y en la falsedad nos esconderemos; 16 por
tanto, Jehová el Señor dice así: He aquí que yo he puesto en Sion por
fundamento una piedra, piedra probada, angular, preciosa, de cimiento estable;
el que creyere, no se apresure. 17 Y ajustaré el juicio a cordel, y a nivel la
justicia; y granizo barrerá el refugio de la mentira, y aguas arrollarán el
escondrijo. 18 Y será anulado vuestro pacto con la muerte, y vuestro convenio
con el Seol no será firme; cuando pase el turbión del azote, seréis de él
pisoteados. 19 Luego que comience a pasar, él os arrebatará; porque de mañana
en mañana pasará, de día y de noche; y será ciertamente espanto el entender lo
oído. 20 La cama será corta para poder estirarse, y la manta estrecha para
poder envolverse. 21 Porque Jehová se levantará como en el monte Perazim, como
en el valle de Gabaón se enojará; para hacer su obra, su extraña obra, y para
hacer su operación, su extraña operación. 22 Ahora, pues, no os burléis, para
que no se aprieten más vuestras ataduras; porque destrucción ya determinada
sobre toda la tierra he oído del Señor, Jehová de los ejércitos.
23 Estad atentos, y oíd mi voz; atended, y oíd mi dicho.
24 El que ara para sembrar, ¿arará todo el día? ¿Romperá y quebrará los
terrones de la tierra? 25 Cuando ha igualado su superficie, ¿no derrama el
eneldo, siembra el comino, pone el trigo en hileras, y la cebada en el lugar
señalado, y la avena en su borde apropiado? 26 Porque su Dios le instruye, y
le enseña lo recto; 27 que el eneldo no se trilla con trillo, ni sobre el
comino se pasa rueda de carreta; sino que con un palo se sacude el eneldo, y
el comino con una vara. 28 El grano se trilla; pero no lo trillará para
siempre, ni lo comprime con la rueda de su carreta, ni lo quebranta con los
dientes de su trillo. 29 También esto salió de Jehová de los ejércitos, para
hacer maravilloso el consejo y engrandecer la sabiduría.
Ariel y sus enemigos
ISAÍAS 29
1 ¡Ay de Ariel, de Ariel, ciudad donde habitó David!
Añadid un año a otro, las fiestas sigan su curso. 2 Mas yo pondré a Ariel en
apretura, y será desconsolada y triste; y será a mí como Ariel. 3 Porque
acamparé contra ti alrededor, y te sitiaré con campamentos, y levantaré contra
ti baluartes. 4 Entonces serás humillada, hablarás desde la tierra, y tu habla
saldrá del polvo; y será tu voz de la tierra como la de un fantasma, y tu
habla susurrará desde el polvo. 5 Y la muchedumbre de tus enemigos será como
polvo menudo, y la multitud de los fuertes como tamo que pasa; y será
repentinamente, en un momento. 6 Por Jehová de los ejércitos serás visitada
con truenos, con terremotos y con gran ruido, con torbellino y tempestad, y
llama de fuego consumidor. 7 Y será como sueño de visión nocturna la multitud
de todas las naciones que pelean contra Ariel, y todos los que pelean contra
ella y su fortaleza, y los que la ponen en apretura. 8 Y les sucederá como el
que tiene hambre y sueña, y le parece que come, pero cuando despierta, su
estómago está vacío; o como el que tiene sed y sueña, y le parece que bebe,
pero cuando despierta, se halla cansado y sediento; así será la multitud de
todas las naciones que pelearán contra el monte de Sion.
Ceguera e hipocresía de Israel
9 Deteneos y maravillaos; ofuscaos y cegaos; embriagaos,
y no de vino; tambalead, y no de sidra. 10 Porque Jehová derramó sobre
vosotros espíritu de sueño, y cerró los ojos de vuestros profetas, y puso velo
sobre las cabezas de vuestros videntes. 11 Y os será toda visión como palabras
de libro sellado, el cual si dieren al que sabe leer, y le dijeren: Lee ahora
esto; él dirá: No puedo, porque está sellado. 12 Y si se diere el libro al que
no sabe leer, diciéndole: Lee ahora esto; él dirá: No sé leer. 13 Dice, pues,
el Señor: Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me
honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un
mandamiento de hombres que les ha sido enseñado; 14 por tanto, he aquí que
nuevamente excitaré yo la admiración de este pueblo con un prodigio grande y
espantoso; porque perecerá la sabiduría de sus sabios, y se desvanecerá la
inteligencia de sus entendidos.
15 ¡Ay de los que se esconden de Jehová, encubriendo el
consejo, y sus obras están en tinieblas, y dicen: ¿Quién nos ve, y quién nos
conoce? 16 Vuestra perversidad ciertamente será reputada como el barro del
alfarero. ¿Acaso la obra dirá de su hacedor: No me hizo? ¿Dirá la vasija de
aquel que la ha formado: No entendió?
Redención de Israel
17 ¿No se convertirá de aquí a muy poco tiempo el Líbano
en campo fructífero, y el campo fértil será estimado por bosque? 18 En aquel
tiempo los sordos oirán las palabras del libro, y los ojos de los ciegos verán
en medio de la oscuridad y de las tinieblas. 19 Entonces los humildes crecerán
en alegría en Jehová, y aun los más pobres de los hombres se gozarán en el
Santo de Israel. 20 Porque el violento será acabado, y el escarnecedor será
consumido; serán destruidos todos los que se desvelan para hacer iniquidad, 21
los que hacen pecar al hombre en palabra; los que arman lazo al que reprendía
en la puerta, y pervierten la causa del justo con vanidad.
22 Por tanto, Jehová, que redimió a Abraham, dice así a
la casa de Jacob: No será ahora avergonzado Jacob, ni su rostro se pondrá
pálido; 23 porque verá a sus hijos, obra de mis manos en medio de ellos, que
santificarán mi nombre; y santificarán al Santo de Jacob, y temerán al Dios de
Israel. 24 Y los extraviados de espíritu aprenderán inteligencia, y los
murmuradores aprenderán doctrina.
La futilidad de confiar en Egipto
ISAÍAS 30
1 ¡Ay de los hijos que se apartan, dice Jehová, para
tomar consejo, y no de mí; para cobijarse con cubierta, y no de mi espíritu,
añadiendo pecado a pecado! 2 Que se apartan para descender a Egipto, y no han
preguntado de mi boca; para fortalecerse con la fuerza de Faraón, y poner su
esperanza en la sombra de Egipto. 3 Pero la fuerza de Faraón se os cambiará en
vergüenza, y el amparo en la sombra de Egipto en confusión. 4 Cuando estén sus
príncipes en Zoán, y sus embajadores lleguen a Hanes, 5 todos se avergonzarán
del pueblo que no les aprovecha, ni los socorre, ni les trae provecho; antes
les será para vergüenza y aun para oprobio.
6 Profecía sobre las bestias del Neguev: Por tierra de
tribulación y de angustia, de donde salen la leona y el león, la víbora y la
serpiente que vuela, llevan sobre lomos de asnos sus riquezas, y sus tesoros
sobre jorobas de camellos, a un pueblo que no les será de provecho. 7
Ciertamente Egipto en vano e inútilmente dará ayuda; por tanto yo le di voces,
que su fortaleza sería estarse quietos.
8 Ve, pues, ahora, y escribe esta visión en una tabla
delante de ellos, y regístrala en un libro, para que quede hasta el día
postrero, eternamente y para siempre. 9 Porque este pueblo es rebelde, hijos
mentirosos, hijos que no quisieron oír la ley de Jehová; 10 que dicen a los
videntes: No veáis; y a los profetas: No nos profeticéis lo recto, decidnos
cosas halagüeñas, profetizad mentiras; 11 dejad el camino, apartaos de la
senda, quitad de nuestra presencia al Santo de Israel. 12 Por tanto, el Santo
de Israel dice así: Porque desechasteis esta palabra, y confiasteis en
violencia y en iniquidad, y en ello os habéis apoyado; 13 por tanto, os será
este pecado como grieta que amenaza ruina, extendiéndose en una pared elevada,
cuya caída viene súbita y repentinamente. 14 Y se quebrará como se quiebra un
vaso de alfarero, que sin misericordia lo hacen pedazos; tanto, que entre los
pedazos no se halla tiesto para traer fuego del hogar, o para sacar agua del
pozo.
15 Porque así dijo Jehová el Señor, el Santo de Israel:
En descanso y en reposo seréis salvos; en quietud y en confianza será vuestra
fortaleza. Y no quisisteis, 16 sino que dijisteis: No, antes huiremos en
caballos; por tanto, vosotros huiréis. Sobre corceles veloces cabalgaremos;
por tanto, serán veloces vuestros perseguidores. 17 Un millar huirá a la
amenaza de uno; a la amenaza de cinco huiréis vosotros todos, hasta que
quedéis como mástil en la cumbre de un monte, y como bandera sobre una colina.
Promesa de la gracia de Dios a Israel
18 Por tanto, Jehová esperará para tener piedad de
vosotros, y por tanto, será exaltado teniendo de vosotros misericordia; porque
Jehová es Dios justo; bienaventurados todos los que confían en él. 19
Ciertamente el pueblo morará en Sion, en Jerusalén; nunca más llorarás; el que
tiene misericordia se apiadará de ti; al oír la voz de tu clamor te
responderá.
20 Bien que os dará el Señor pan de congoja y agua de
angustia, con todo, tus maestros nunca más te serán quitados, sino que tus
ojos verán a tus maestros. 21 Entonces tus oídos oirán a tus espaldas palabra
que diga: Este es el camino, andad por él; y no echéis a la mano derecha, ni
tampoco torzáis a la mano izquierda. 22 Entonces profanarás la cubierta de tus
esculturas de plata, y la vestidura de tus imágenes fundidas de oro; las
apartarás como trapo asqueroso; ¡Sal fuera! les dirás.
23 Entonces dará el Señor lluvia a tu sementera, cuando
siembres la tierra, y dará pan del fruto de la tierra, y será abundante y
pingüe; tus ganados en aquel tiempo serán apacentados en espaciosas dehesas.
24 Tus bueyes y tus asnos que labran la tierra comerán grano limpio, aventado
con pala y criba. 25 Y sobre todo monte alto, y sobre todo collado elevado,
habrá ríos y corrientes de aguas el día de la gran matanza, cuando caerán las
torres. 26 Y la luz de la luna será como la luz del sol, y la luz del sol
siete veces mayor, como la luz de siete días, el día que vendare Jehová la
herida de su pueblo, y curare la llaga que él causó.
El juicio de Jehová sobre Asiria
27 He aquí que el nombre de Jehová viene de lejos; su
rostro encendido, y con llamas de fuego devorador; sus labios llenos de ira, y
su lengua como fuego que consume. 28 Su aliento, cual torrente que inunda;
llegará hasta el cuello, para zarandear a las naciones con criba de
destrucción; y el freno estará en las quijadas de los pueblos, haciéndoles
errar.
29 Vosotros tendréis cántico como de noche en que se
celebra pascua, y alegría de corazón, como el que va con flauta para venir al
monte de Jehová, al Fuerte de Israel. 30 Y Jehová hará oír su potente voz, y
hará ver el descenso de su brazo, con furor de rostro y llama de fuego
consumidor, con torbellino, tempestad y piedra de granizo. 31 Porque Asiria
que hirió con vara, con la voz de Jehová será quebrantada. 32 Y cada golpe de
la vara justiciera que asiente Jehová sobre él, será con panderos y con arpas;
y en batalla tumultuosa peleará contra ellos. 33 Porque Tofet ya de tiempo
está dispuesto y preparado para el rey, profundo y ancho, cuya pira es de
fuego, y mucha leña; el soplo de Jehová, como torrente de azufre, lo enciende.
Los egipcios son hombres y no dioses
ISAÍAS 31
1 ¡Ay de los que descienden a Egipto por ayuda, y
confían en caballos; y su esperanza ponen en carros, porque son muchos, y en
jinetes, porque son valientes; y no miran al Santo de Israel, ni buscan a
Jehová! 2 Pero él también es sabio, y traerá el mal, y no retirará sus
palabras. Se levantará, pues, contra la casa de los malignos, y contra el
auxilio de los que hacen iniquidad. 3 Y los egipcios hombres son, y no Dios; y
sus caballos carne, y no espíritu; de manera que al extender Jehová su mano,
caerá el ayudador y caerá el ayudado, y todos ellos desfallecerán a una.
4 Porque Jehová me dijo a mí de esta manera: Como el
león y el cachorro de león ruge sobre la presa, y si se reúne cuadrilla de
pastores contra él, no lo espantarán sus voces, ni se acobardará por el tropel
de ellos; así Jehová de los ejércitos descenderá a pelear sobre el monte de
Sion, y sobre su collado. 5 Como las aves que vuelan, así amparará Jehová de
los ejércitos a Jerusalén, amparando, librando, preservando y salvando.
6 Volved a aquel contra quien se rebelaron profundamente
los hijos de Israel. 7 Porque en aquel día arrojará el hombre sus ídolos de
plata y sus ídolos de oro, que para vosotros han hecho vuestras manos
pecadoras. 8 Entonces caerá Asiria por espada no de varón, y la consumirá
espada no de hombre; y huirá de la presencia de la espada, y sus jóvenes serán
tributarios. 9 Y de miedo pasará su fortaleza, y sus príncipes, con pavor,
dejarán sus banderas, dice Jehová, cuyo fuego está en Sion, y su horno en
Jerusalén.
El Rey justo
ISAÍAS 32
1 He aquí que para justicia reinará un rey, y príncipes
presidirán en juicio. 2 Y será aquel varón como escondedero contra el viento,
y como refugio contra el turbión; como arroyos de aguas en tierra de sequedad,
como sombra de gran peñasco en tierra calurosa. 3 No se ofuscarán entonces los
ojos de los que ven, y los oídos de los oyentes oirán atentos. 4 Y el corazón
de los necios entenderá para saber, y la lengua de los tartamudos hablará
rápida y claramente. 5 El ruin nunca más será llamado generoso, ni el tramposo
será llamado espléndido. 6 Porque el ruin hablará ruindades, y su corazón
fabricará iniquidad, para cometer impiedad y para hablar escarnio contra
Jehová, dejando vacía el alma hambrienta, y quitando la bebida al sediento. 7
Las armas del tramposo son malas; trama intrigas inicuas para enredar a los
simples con palabras mentirosas, y para hablar en juicio contra el pobre. 8
Pero el generoso pensará generosidades, y por generosidades será exaltado.
Advertencia a las mujeres de Jerusalén
9 Mujeres indolentes, levantaos, oíd mi voz; hijas
confiadas, escuchad mi razón. 10 De aquí a algo más de un año tendréis
espanto, oh confiadas; porque la vendimia faltará, y la cosecha no vendrá. 11
Temblad, oh indolentes; turbaos, oh confiadas; despojaos, desnudaos, ceñid los
lomos con cilicio. 12 Golpeándose el pecho lamentarán por los campos
deleitosos, por la vid fértil. 13 Sobre la tierra de mi pueblo subirán espinos
y cardos, y aun sobre todas las casas en que hay alegría en la ciudad de
alegría. 14 Porque los palacios quedarán desiertos, la multitud de la ciudad
cesará; las torres y fortalezas se volverán cuevas para siempre, donde
descansen asnos monteses, y ganados hagan majada; 15 hasta que sobre nosotros
sea derramado el Espíritu de lo alto, y el desierto se convierta en campo
fértil, y el campo fértil sea estimado por bosque. 16 Y habitará el juicio en
el desierto, y en el campo fértil morará la justicia. 17 Y el efecto de la
justicia será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre.
18 Y mi pueblo habitará en morada de paz, en habitaciones seguras, y en
recreos de reposo. 19 Y cuando caiga granizo, caerá en los montes; y la ciudad
será del todo abatida. 20 Dichosos vosotros los que sembráis junto a todas las
aguas, y dejáis libres al buey y al asno.
Jehová traerá salvación
ISAÍAS 33
1 ¡Ay de ti, que saqueas, y nunca fuiste saqueado; que
haces deslealtad, bien que nadie contra ti la hizo! Cuando acabes de saquear,
serás tú saqueado; y cuando acabes de hacer deslealtad, se hará contra ti.
2 Oh Jehová, ten misericordia de nosotros, a ti hemos
esperado; tú, brazo de ellos en la mañana, sé también nuestra salvación en
tiempo de la tribulación. 3 Los pueblos huyeron a la voz del estruendo; las
naciones fueron esparcidas al levantarte tú. 4 Sus despojos serán recogidos
como cuando recogen orugas; correrán sobre ellos como de una a otra parte
corren las langostas. 5 Será exaltado Jehová, el cual mora en las alturas;
llenó a Sion de juicio y de justicia. 6 Y reinarán en tus tiempos la sabiduría
y la ciencia, y abundancia de salvación; el temor de Jehová será su tesoro.
7 He aquí que sus embajadores darán voces afuera; los
mensajeros de paz llorarán amargamente. 8 Las calzadas están deshechas,
cesaron los caminantes; ha anulado el pacto, aborreció las ciudades, tuvo en
nada a los hombres. 9 Se enlutó, enfermó la tierra; el Líbano se avergonzó, y
fue cortado; Sarón se ha vuelto como desierto, y Basán y el Carmelo fueron
sacudidos.
10 Ahora me levantaré, dice Jehová; ahora seré exaltado,
ahora seré engrandecido. 11 Concebisteis hojarascas, rastrojo daréis a luz; el
soplo de vuestro fuego os consumirá. 12 Y los pueblos serán como cal quemada;
como espinos cortados serán quemados con fuego. 13 Oíd, los que estáis lejos,
lo que he hecho; y vosotros los que estáis cerca, conoced mi poder. 14 Los
pecadores se asombraron en Sion, espanto sobrecogió a los hipócritas. ¿Quién
de nosotros morará con el fuego consumidor? ¿Quién de nosotros habitará con
las llamas eternas? 15 El que camina en justicia y habla lo recto; el que
aborrece la ganancia de violencias, el que sacude sus manos para no recibir
cohecho, el que tapa sus oídos para no oír propuestas sanguinarias; el que
cierra sus ojos para no ver cosa mala; 16 éste habitará en las alturas;
fortaleza de rocas será su lugar de refugio; se le dará su pan, y sus aguas
serán seguras.
17 Tus ojos verán al Rey en su hermosura; verán la
tierra que está lejos. 18 Tu corazón imaginará el espanto, y dirá: ¿Qué es del
escriba? ¿qué del pesador del tributo? ¿qué del que pone en lista las casas
más insignes? 19 No verás a aquel pueblo orgulloso, pueblo de lengua difícil
de entender, de lengua tartamuda que no comprendas. 20 Mira a Sion, ciudad de
nuestras fiestas solemnes; tus ojos verán a Jerusalén, morada de quietud,
tienda que no será desarmada, ni serán arrancadas sus estacas, ni ninguna de
sus cuerdas será rota. 21 Porque ciertamente allí será Jehová para con
nosotros fuerte, lugar de ríos, de arroyos muy anchos, por el cual no andará
galera de remos, ni por él pasará gran nave. 22 Porque Jehová es nuestro juez,
Jehová es nuestro legislador, Jehová es nuestro Rey; él mismo nos salvará. 23
Tus cuerdas se aflojaron; no afirmaron su mástil, ni entesaron la vela; se
repartirá entonces botín de muchos despojos; los cojos arrebatarán el botín.
24 No dirá el morador: Estoy enfermo; al pueblo que more en ella le será
perdonada la iniquidad.
La ira de Jehová contra las naciones
ISAÍAS 34
1 Acercaos, naciones, juntaos para oír; y vosotros,
pueblos, escuchad. Oiga la tierra y cuanto hay en ella, el mundo y todo lo que
produce. 2 Porque Jehová está airado contra todas las naciones, e indignado
contra todo el ejército de ellas; las destruirá y las entregará al matadero. 3
Y los muertos de ellas serán arrojados, y de sus cadáveres se levantará hedor;
y los montes se disolverán por la sangre de ellos. 4 Y todo el ejército de los
cielos se disolverá, y se enrollarán los cielos como un libro; y caerá todo su
ejército, como se cae la hoja de la parra, y como se cae la de la higuera.
5 Porque en los cielos se embriagará mi espada; he aquí
que descenderá sobre Edom en juicio, y sobre el pueblo de mi anatema. 6 Llena
está de sangre la espada de Jehová, engrasada está de grosura, de sangre de
corderos y de machos cabríos, de grosura de riñones de carneros; porque Jehová
tiene sacrificios en Bosra, y grande matanza en tierra de Edom. 7 Y con ellos
caerán búfalos, y toros con becerros; y su tierra se embriagará de sangre, y
su polvo se engrasará de grosura.
8 Porque es día de venganza de Jehová, año de
retribuciones en el pleito de Sion. 9 Y sus arroyos se convertirán en brea, y
su polvo en azufre, y su tierra en brea ardiente. 10 No se apagará de noche ni
de día, perpetuamente subirá su humo; de generación en generación será
asolada, nunca jamás pasará nadie por ella. 11 Se adueñarán de ella el
pelícano y el erizo, la lechuza y el cuervo morarán en ella; y se extenderá
sobre ella cordel de destrucción, y niveles de asolamiento. 12 Llamarán a sus
príncipes, príncipes sin reino; y todos sus grandes serán nada.
13 En sus alcázares crecerán espinos, y ortigas y cardos
en sus fortalezas; y serán morada de chacales, y patio para los pollos de los
avestruces. 14 Las fieras del desierto se encontrarán con las hienas, y la
cabra salvaje gritará a su compañero; la lechuza también tendrá allí morada, y
hallará para sí reposo.
15 Allí anidará el buho, pondrá sus huevos, y sacará sus
pollos, y los juntará debajo de sus alas; también se juntarán allí buitres,
cada uno con su compañera. 16 Inquirid en el libro de Jehová, y leed si faltó
alguno de ellos; ninguno faltó con su compañera; porque su boca mandó, y los
reunió su mismo Espíritu. 17 Y él les echó suertes, y su mano les repartió con
cordel; para siempre la tendrán por heredad; de generación en generación
morarán allí.
Futuro glorioso de Sion
ISAÍAS 35
1 Se alegrarán el desierto y la soledad; el yermo se
gozará y florecerá como la rosa. 2 Florecerá profusamente, y también se
alegrará y cantará con júbilo; la gloria del Líbano le será dada, la hermosura
del Carmelo y de Sarón. Ellos verán la gloria de Jehová, la hermosura del Dios
nuestro. 3 Fortaleced las manos cansadas, afirmad las rodillas endebles. 4
Decid a los de corazón apocado: Esforzaos, no temáis; he aquí que vuestro Dios
viene con retribución, con pago; Dios mismo vendrá, y os salvará.
5 Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los
oídos de los sordos se abrirán. 6 Entonces el cojo saltará como un ciervo, y
cantará la lengua del mudo; porque aguas serán cavadas en el desierto, y
torrentes en la soledad. 7 El lugar seco se convertirá en estanque, y el
sequedal en manaderos de aguas; en la morada de chacales, en su guarida, será
lugar de cañas y juncos.
8 Y habrá allí calzada y camino, y será llamado Camino
de Santidad; no pasará inmundo por él, sino que él mismo estará con ellos; el
que anduviere en este camino, por torpe que sea, no se extraviará. 9 No habrá
allí león, ni fiera subirá por él, ni allí se hallará, para que caminen los
redimidos. 10 Y los redimidos de Jehová volverán, y vendrán a Sion con
alegría; y gozo perpetuo será sobre sus cabezas; y tendrán gozo y alegría, y
huirán la tristeza y el gemido.
La invasión de Senaquerib
(2 R. 18. 13-37; 2 Cr. 32. 1-19)
ISAÍAS 36
1 Aconteció en el año catorce del rey Ezequías, que
Senaquerib rey de Asiria subió contra todas las ciudades fortificadas de Judá,
y las tomó. 2 Y el rey de Asiria envió al Rabsaces con un gran ejército desde
Laquis a Jerusalén contra el rey Ezequías; y acampó junto al acueducto del
estanque de arriba, en el camino de la heredad del Lavador. 3 Y salió a él
Eliaquim hijo de Hilcías, mayordomo, y Sebna, escriba, y Joa hijo de Asaf,
canciller, 4 a los cuales dijo el Rabsaces: Decid ahora a Ezequías: El gran
rey, el rey de Asiria, dice así: ¿Qué confianza es esta en que te apoyas? 5 Yo
digo que el consejo y poderío para la guerra, de que tú hablas, no son más que
palabras vacías. Ahora bien, ¿en quién confías para que te rebeles contra mí?
6 He aquí que confías en este báculo de caña frágil, en Egipto, en el cual si
alguien se apoyare, se le entrará por la mano, y la atravesará. Tal es Faraón
rey de Egipto para con todos los que en él confían. 7 Y si me decís: En Jehová
nuestro Dios confiamos; ¿no es éste aquel cuyos lugares altos y cuyos altares
hizo quitar Ezequías, y dijo a Judá y a Jerusalén: Delante de este altar
adoraréis? 8 Ahora, pues, yo te ruego que des rehenes al rey de Asiria mi
señor, y yo te daré dos mil caballos, si tú puedes dar jinetes que cabalguen
sobre ellos. 9 ¿Cómo, pues, podrás resistir a un capitán, al menor de los
siervos de mi señor, aunque estés confiado en Egipto con sus carros y su gente
de a caballo? 10 ¿Acaso vine yo ahora a esta tierra para destruirla sin
Jehová? Jehová me dijo: Sube a esta tierra y destrúyela.
11 Entonces dijeron Eliaquim, Sebna y Joa al Rabsaces:
Te rogamos que hables a tus siervos en arameo, porque nosotros lo entendemos;
y no hables con nosotros en lengua de Judá, porque lo oye el pueblo que está
sobre el muro. 12 Y dijo el Rabsaces: ¿Acaso me envió mi señor a que dijese
estas palabras a ti y a tu señor, y no a los hombres que están sobre el muro,
expuestos a comer su estiércol y beber su orina con vosotros?
13 Entonces el Rabsaces se puso en pie y gritó a gran
voz en lengua de Judá, diciendo: Oíd las palabras del gran rey, el rey de
Asiria. 14 El rey dice así: No os engañe Ezequías, porque no os podrá librar.
15 Ni os haga Ezequías confiar en Jehová, diciendo: Ciertamente Jehová nos
librará; no será entregada esta ciudad en manos del rey de Asiria. 16 No
escuchéis a Ezequías, porque así dice el rey de Asiria: Haced conmigo paz, y
salid a mí; y coma cada uno de su viña, y cada uno de su higuera, y beba cada
cual las aguas de su pozo, 17 hasta que yo venga y os lleve a una tierra como
la vuestra, tierra de grano y de vino, tierra de pan y de viñas. 18 Mirad que
no os engañe Ezequías diciendo: Jehová nos librará. ¿Acaso libraron los dioses
de las naciones cada uno su tierra de la mano del rey de Asiria? 19 ¿Dónde
está el dios de Hamat y de Arfad? ¿Dónde está el dios de Sefarvaim? ¿Libraron
a Samaria de mi mano? 20 ¿Qué dios hay entre los dioses de estas tierras que
haya librado su tierra de mi mano, para que Jehová libre de mi mano a
Jerusalén?
21 Pero ellos callaron, y no le respondieron palabra;
porque el rey así lo había mandado, diciendo: No le respondáis. 22 Entonces
Eliaquim hijo de Hilcías, mayordomo, y Sebna escriba, y Joa hijo de Asaf,
canciller, vinieron a Ezequías, rasgados sus vestidos, y le contaron las
palabras del Rabsaces.
Judá es librado de Senaquerib
(2 R. 19. 1-37; 2 Cr. 32. 20-23)
ISAÍAS 37
1 Aconteció, pues, que cuando el rey Ezequías oyó esto,
rasgó sus vestidos, y cubierto de cilicio vino a la casa de Jehová. 2 Y envió
a Eliaquim mayordomo, a Sebna escriba y a los ancianos de los sacerdotes,
cubiertos de cilicio, al profeta Isaías hijo de Amoz. 3 Los cuales le dijeron:
Así ha dicho Ezequías: Día de angustia, de reprensión y de blasfemia es este
día; porque los hijos han llegado hasta el punto de nacer, y la que da a luz
no tiene fuerzas. 4 Quizá oirá Jehová tu Dios las palabras del Rabsaces, al
cual el rey de Asiria su señor envió para blasfemar al Dios vivo, y para
vituperar con las palabras que oyó Jehová tu Dios; eleva, pues, oración tú por
el remanente que aún ha quedado.
5 Vinieron, pues, los siervos de Ezequías a Isaías. 6 Y
les dijo Isaías: Diréis así a vuestro señor: Así ha dicho Jehová: No temas por
las palabras que has oído, con las cuales me han blasfemado los siervos del
rey de Asiria. 7 He aquí que yo pondré en él un espíritu, y oirá un rumor, y
volverá a su tierra; y haré que en su tierra perezca a espada.
8 Vuelto, pues, el Rabsaces, halló al rey de Asiria que
combatía contra Libna; porque ya había oído que se había apartado de Laquis. 9
Mas oyendo decir de Tirhaca rey de Etiopía: He aquí que ha salido para hacerte
guerra; al oírlo, envió embajadores a Ezequías, diciendo: 10 Así diréis a
Ezequías rey de Judá: No te engañe tu Dios en quien tú confías, diciendo:
Jerusalén no será entregada en mano del rey de Asiria. 11 He aquí que tú oíste
lo que han hecho los reyes de Asiria a todas las tierras, que las destruyeron;
¿y escaparás tú? 12 ¿Acaso libraron sus dioses a las naciones que destruyeron
mis antepasados, a Gozán, Harán, Resef y a los hijos de Edén que moraban en
Telasar? 13 ¿Dónde está el rey de Hamat, el rey de Arfad, y el rey de la
ciudad de Sefarvaim, de Hena y de Iva?
14 Y tomó Ezequías las cartas de mano de los
embajadores, y las leyó; y subió a la casa de Jehová, y las extendió delante
de Jehová. 15 Entonces Ezequías oró a Jehová, diciendo: 16 Jehová de los
ejércitos, Dios de Israel, que moras entre los querubines, sólo tú eres Dios
de todos los reinos de la tierra; tú hiciste los cielos y la tierra. 17
Inclina, oh Jehová, tu oído, y oye; abre, oh Jehová, tus ojos, y mira; y oye
todas las palabras de Senaquerib, que ha enviado a blasfemar al Dios viviente.
18 Ciertamente, oh Jehová, los reyes de Asiria destruyeron todas las tierras y
sus comarcas, 19 y entregaron los dioses de ellos al fuego; porque no eran
dioses, sino obra de manos de hombre, madera y piedra; por eso los
destruyeron. 20 Ahora pues, Jehová Dios nuestro, líbranos de su mano, para que
todos los reinos de la tierra conozcan que sólo tú eres Jehová.
21 Entonces Isaías hijo de Amoz envió a decir a
Ezequías: Así ha dicho Jehová Dios de Israel: Acerca de lo que me rogaste
sobre Senaquerib rey de Asiria, 22 estas son las palabras que Jehová habló
contra él: La virgen hija de Sion te menosprecia, te escarnece; detrás de ti
mueve su cabeza la hija de Jerusalén.
23 ¿A quién vituperaste, y a quién blasfemaste? ¿Contra
quién has alzado tu voz, y levantado tus ojos en alto? Contra el Santo de
Israel. 24 Por mano de tus siervos has vituperado al Señor, y dijiste: Con la
multitud de mis carros subiré a las alturas de los montes, a las laderas del
Líbano; cortaré sus altos cedros, sus cipreses escogidos; llegaré hasta sus
más elevadas cumbres, al bosque de sus feraces campos. 25 Yo cavé, y bebí las
aguas, y con las pisadas de mis pies secaré todos los ríos de Egipto.
26 ¿No has oído decir que desde tiempos antiguos yo lo
hice, que desde los días de la antigüedad lo tengo ideado? Y ahora lo he hecho
venir, y tú serás para reducir las ciudades fortificadas a montones de
escombros. 27 Sus moradores fueron de corto poder; fueron acobardados y
confusos, fueron como hierba del campo y hortaliza verde, como heno de los
terrados, que antes de sazón se seca.
28 He conocido tu condición, tu salida y tu entrada, y
tu furor contra mí. 29 Porque contra mí te airaste, y tu arrogancia ha subido
a mis oídos; pondré, pues, mi garfio en tu nariz, y mi freno en tus labios, y
te haré volver por el camino por donde viniste.
30 Y esto te será por señal: Comeréis este año lo que
nace de suyo, y el año segundo lo que nace de suyo; y el año tercero
sembraréis y segaréis, y plantaréis viñas, y comeréis su fruto. 31 Y lo que
hubiere quedado de la casa de Judá y lo que hubiere escapado, volverá a echar
raíz abajo, y dará fruto arriba. 32 Porque de Jerusalén saldrá un remanente, y
del monte de Sion los que se salven. El celo de Jehová de los ejércitos hará
esto.
33 Por tanto, así dice Jehová acerca del rey de Asiria:
No entrará en esta ciudad, ni arrojará saeta en ella; no vendrá delante de
ella con escudo, ni levantará contra ella baluarte. 34 Por el camino que vino,
volverá, y no entrará en esta ciudad, dice Jehová. 35 Porque yo ampararé a
esta ciudad para salvarla, por amor de mí mismo, y por amor de David mi
siervo.
36 Y salió el ángel de Jehová y mató a ciento ochenta y
cinco mil en el campamento de los asirios; y cuando se levantaron por la
mañana, he aquí que todo era cuerpos de muertos. 37 Entonces Senaquerib rey de
Asiria se fue, e hizo su morada en Nínive. 38 Y aconteció que mientras adoraba
en el templo de Nisroc su dios, sus hijos Adramelec y Sarezer le mataron a
espada, y huyeron a la tierra de Ararat; y reinó en su lugar Esarhadón su
hijo.
Enfermedad de Ezequías
(2 R. 20. 1-11; 2 Cr. 32. 24-26)
ISAÍAS 38
1 En aquellos días Ezequías enfermó de muerte. Y vino a
él el profeta Isaías hijo de Amoz, y le dijo: Jehová dice así: Ordena tu casa,
porque morirás, y no vivirás. 2 Entonces volvió Ezequías su rostro a la pared,
e hizo oración a Jehová, 3 y dijo: Oh Jehová, te ruego que te acuerdes ahora
que he andado delante de ti en verdad y con íntegro corazón, y que he hecho lo
que ha sido agradable delante de tus ojos. Y lloró Ezequías con gran lloro. 4
Entonces vino palabra de Jehová a Isaías, diciendo: 5 Ve y di a Ezequías:
Jehová Dios de David tu padre dice así: He oído tu oración, y visto tus
lágrimas; he aquí que yo añado a tus días quince años. 6 Y te libraré a ti y a
esta ciudad, de mano del rey de Asiria; y a esta ciudad ampararé.
7 Y esto te será señal de parte de Jehová, que Jehová
hará esto que ha dicho: 8 He aquí yo haré volver la sombra por los grados que
ha descendido con el sol, en el reloj de Acaz, diez grados atrás. Y volvió el
sol diez grados atrás, por los cuales había ya descendido.
9 Escritura de Ezequías rey de Judá, de cuando enfermó y
sanó de su enfermedad: 10 Yo dije: A la mitad de mis días iré a las puertas
del Seol; privado soy del resto de mis años. 11 Dije: No veré a JAH, a JAH en
la tierra de los vivientes; ya no veré más hombre con los moradores del mundo.
12 Mi morada ha sido movida y traspasada de mí, como tienda de pastor. Como
tejedor corté mi vida; me cortará con la enfermedad; me consumirás entre el
día y la noche. 13 Contaba yo hasta la mañana. Como un león molió todos mis
huesos; de la mañana a la noche me acabarás.
14 Como la grulla y como la golondrina me quejaba; gemía
como la paloma; alzaba en alto mis ojos. Jehová, violencia padezco;
fortaléceme. 15 ¿Qué diré? El que me lo dijo, él mismo lo ha hecho. Andaré
humildemente todos mis años, a causa de aquella amargura de mi alma.
16 Oh Señor, por todas estas cosas los hombres vivirán,
y en todas ellas está la vida de mi espíritu; pues tú me restablecerás, y
harás que viva. 17 He aquí, amargura grande me sobrevino en la paz, mas a ti
agradó librar mi vida del hoyo de corrupción; porque echaste tras tus espaldas
todos mis pecados. 18 Porque el Seol no te exaltará, ni te alabará la muerte;
ni los que descienden al sepulcro esperarán tu verdad. 19 El que vive, el que
vive, éste te dará alabanza, como yo hoy; el padre hará notoria tu verdad a
los hijos. 20 Jehová me salvará; por tanto cantaremos nuestros cánticos en la
casa de Jehová todos los días de nuestra vida.
21 Y había dicho Isaías: Tomen masa de higos, y pónganla
en la llaga, y sanará. 22 Había asimismo dicho Ezequías: ¿Qué señal tendré de
que subiré a la casa de Jehová?
Ezequías recibe a los enviados de Babilonia
(2 R. 20. 12-19; 2 Cr. 32. 27-31)
ISAÍAS 39
1 En aquel tiempo Merodac-baladán hijo de Baladán, rey
de Babilonia, envió cartas y presentes a Ezequías; porque supo que había
estado enfermo, y que había convalecido. 2 Y se regocijó con ellos Ezequías, y
les mostró la casa de su tesoro, plata y oro, especias, ungüentos preciosos,
toda su casa de armas, y todo lo que se hallaba en sus tesoros; no hubo cosa
en su casa y en todos sus dominios, que Ezequías no les mostrase. 3 Entonces
el profeta Isaías vino al rey Ezequías, y le dijo: ¿Qué dicen estos hombres, y
de dónde han venido a ti? Y Ezequías respondió: De tierra muy lejana han
venido a mí, de Babilonia. 4 Dijo entonces: ¿Qué han visto en tu casa? Y dijo
Ezequías: Todo lo que hay en mi casa han visto, y ninguna cosa hay en mis
tesoros que no les haya mostrado.
5 Entonces dijo Isaías a Ezequías: Oye palabra de Jehová
de los ejércitos: 6 He aquí vienen días en que será llevado a Babilonia todo
lo que hay en tu casa, y lo que tus padres han atesorado hasta hoy; ninguna
cosa quedará, dice Jehová. 7 De tus hijos que saldrán de ti, y que habrás
engendrado, tomarán, y serán eunucos en el palacio del rey de Babilonia. 8 Y
dijo Ezequías a Isaías: La palabra de Jehová que has hablado es buena. Y
añadió: A lo menos, haya paz y seguridad en mis días.
Jehová consuela a Sion
ISAÍAS 40
1 Consolaos, consolaos, pueblo mío, dice vuestro Dios. 2
Hablad al corazón de Jerusalén; decidle a voces que su tiempo es ya cumplido,
que su pecado es perdonado; que doble ha recibido de la mano de Jehová por
todos sus pecados.
3 Voz que clama en el desierto: Preparad camino a
Jehová; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios. 4 Todo valle sea
alzado, y bájese todo monte y collado; y lo torcido se enderece, y lo áspero
se allane. 5 Y se manifestará la gloria de Jehová, y toda carne juntamente la
verá; porque la boca de Jehová ha hablado.
6 Voz que decía: Da voces. Y yo respondí: ¿Qué tengo que
decir a voces? Que toda carne es hierba, y toda su gloria como flor del campo.
7 La hierba se seca, y la flor se marchita, porque el viento de Jehová sopló
en ella; ciertamente como hierba es el pueblo. 8 Sécase la hierba, marchítase
la flor; mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre.
9 Súbete sobre un monte alto, anunciadora de Sion;
levanta fuertemente tu voz, anunciadora de Jerusalén; levántala, no temas; di
a las ciudades de Judá: ¡Ved aquí al Dios vuestro! 10 He aquí que Jehová el
Señor vendrá con poder, y su brazo señoreará; he aquí que su recompensa viene
con él, y su paga delante de su rostro. 11 Como pastor apacentará su rebaño;
en su brazo llevará los corderos, y en su seno los llevará; pastoreará
suavemente a las recién paridas.
El incomparable Dios de Israel
12 ¿Quién midió las aguas con el hueco de su mano y los
cielos con su palmo, con tres dedos juntó el polvo de la tierra, y pesó los
montes con balanza y con pesas los collados? 13 ¿Quién enseñó al Espíritu de
Jehová, o le aconsejó enseñándole? 14 ¿A quién pidió consejo para ser avisado?
¿Quién le enseñó el camino del juicio, o le enseñó ciencia, o le mostró la
senda de la prudencia? 15 He aquí que las naciones le son como la gota de agua
que cae del cubo, y como menudo polvo en las balanzas le son estimadas; he
aquí que hace desaparecer las islas como polvo. 16 Ni el Líbano bastará para
el fuego, ni todos sus animales para el sacrificio. 17 Como nada son todas las
naciones delante de él; y en su comparación serán estimadas en menos que nada,
y que lo que no es.
18 ¿A qué, pues, haréis semejante a Dios, o qué imagen
le compondréis? 19 El artífice prepara la imagen de talla, el platero le
extiende el oro y le funde cadenas de plata. 20 El pobre escoge, para
ofrecerle, madera que no se apolille; se busca un maestro sabio, que le haga
una imagen de talla que no se mueva.
21 ¿No sabéis? ¿No habéis oído? ¿Nunca os lo han dicho
desde el principio? ¿No habéis sido enseñados desde que la tierra se fundó? 22
El está sentado sobre el círculo de la tierra, cuyos moradores son como
langostas; él extiende los cielos como una cortina, los despliega como una
tienda para morar. 23 El convierte en nada a los poderosos, y a los que
gobiernan la tierra hace como cosa vana. 24 Como si nunca hubieran sido
plantados, como si nunca hubieran sido sembrados, como si nunca su tronco
hubiera tenido raíz en la tierra; tan pronto como sopla en ellos se secan, y
el torbellino los lleva como hojarasca. 25 ¿A qué, pues, me haréis semejante o
me compararéis? dice el Santo. 26 Levantad en alto vuestros ojos, y mirad
quién creó estas cosas; él saca y cuenta su ejército; a todas llama por sus
nombres; ninguna faltará; tal es la grandeza de su fuerza, y el poder de su
dominio.
27 ¿Por qué dices, oh Jacob, y hablas tú, Israel: Mi
camino está escondido de Jehová, y de mi Dios pasó mi juicio? 28 ¿No has
sabido, no has oído que el Dios eterno es Jehová, el cual creó los confines de
la tierra? No desfallece, ni se fatiga con cansancio, y su entendimiento no
hay quien lo alcance. 29 El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas
al que no tiene ningunas. 30 Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes
flaquean y caen; 31 pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas;
levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no
se fatigarán.
Seguridad de Dios para Israel
ISAÍAS 41
1 Escuchadme, costas, y esfuércense los pueblos;
acérquense, y entonces hablen; estemos juntamente a juicio. 2 ¿Quién despertó
del oriente al justo, lo llamó para que le siguiese, entregó delante de él
naciones, y le hizo enseñorear de reyes; los entregó a su espada como polvo,
como hojarasca que su arco arrebata? 3 Los siguió, pasó en paz por camino por
donde sus pies nunca habían entrado. 4 ¿Quién hizo y realizó esto? ¿Quién
llama las generaciones desde el principio? Yo Jehová, el primero, y yo mismo
con los postreros. 5 Las costas vieron, y tuvieron temor; los confines de la
tierra se espantaron; se congregaron, y vinieron. 6 Cada cual ayudó a su
vecino, y a su hermano dijo: Esfuérzate. 7 El carpintero animó al platero, y
el que alisaba con martillo al que batía en el yunque, diciendo: Buena está la
soldadura; y lo afirmó con clavos, para que no se moviese.
8 Pero tú, Israel, siervo mío eres; tú, Jacob, a quien
yo escogí, descendencia de Abraham mi amigo. 9 Porque te tomé de los confines
de la tierra, y de tierras lejanas te llamé, y te dije: Mi siervo eres tú; te
escogí, y no te deseché. 10 No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes,
porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te
sustentaré con la diestra de mi justicia. 11 He aquí que todos los que se
enojan contra ti serán avergonzados y confundidos; serán como nada y perecerán
los que contienden contigo. 12 Buscarás a los que tienen contienda contigo, y
no los hallarás; serán como nada, y como cosa que no es, aquellos que te hacen
la guerra. 13 Porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano
derecha, y te dice: No temas, yo te ayudo.
14 No temas, gusano de Jacob, oh vosotros los pocos de
Israel; yo soy tu socorro, dice Jehová; el Santo de Israel es tu Redentor. 15
He aquí que yo te he puesto por trillo, trillo nuevo, lleno de dientes;
trillarás montes y los molerás, y collados reducirás a tamo. 16 Los aventarás,
y los llevará el viento, y los esparcirá el torbellino; pero tú te regocijarás
en Jehová, te gloriarás en el Santo de Israel.
17 Los afligidos y menesterosos buscan las aguas, y no
las hay; seca está de sed su lengua; yo Jehová los oiré, yo el Dios de Israel
no los desampararé. 18 En las alturas abriré ríos, y fuentes en medio de los
valles; abriré en el desierto estanques de aguas, y manantiales de aguas en la
tierra seca. 19 Daré en el desierto cedros, acacias, arrayanes y olivos;
pondré en la soledad cipreses, pinos y bojes juntamente, 20 para que vean y
conozcan, y adviertan y entiendan todos, que la mano de Jehová hace esto, y
que el Santo de Israel lo creó.
Dios reta a los falsos dioses
21 Alegad por vuestra causa, dice Jehová; presentad
vuestras pruebas, dice el Rey de Jacob. 22 Traigan, anúnciennos lo que ha de
venir; dígannos lo que ha pasado desde el principio, y pondremos nuestro
corazón en ello; sepamos también su postrimería, y hacednos entender lo que ha
de venir. 23 Dadnos nuevas de lo que ha de ser después, para que sepamos que
vosotros sois dioses; o a lo menos haced bien, o mal, para que tengamos qué
contar, y juntamente nos maravillemos. 24 He aquí que vosotros sois nada, y
vuestras obras vanidad; abominación es el que os escogió.
25 Del norte levanté a uno, y vendrá; del nacimiento del
sol invocará mi nombre; y pisoteará príncipes como lodo, y como pisa el barro
el alfarero. 26 ¿Quién lo anunció desde el principio, para que sepamos; o de
tiempo atrás, y diremos: Es justo? Cierto, no hay quien anuncie; sí, no hay
quien enseñe; ciertamente no hay quien oiga vuestras palabras. 27 Yo soy el
primero que he enseñado estas cosas a Sion, y a Jerusalén daré un mensajero de
alegres nuevas. 28 Miré, y no había ninguno; y pregunté de estas cosas, y
ningún consejero hubo; les pregunté, y no respondieron palabra. 29 He aquí,
todos son vanidad, y las obras de ellos nada; viento y vanidad son sus
imágenes fundidas.
El Siervo de Jehová
ISAÍAS 42
1 He aquí mi siervo, yo le sostendré; mi escogido, en
quien mi alma tiene contentamiento; he puesto sobre él mi Espíritu; él traerá
justicia a las naciones. 2 No gritará, ni alzará su voz, ni la hará oír en las
calles. 3 No quebrará la caña cascada, ni apagará el pábilo que humeare; por
medio de la verdad traerá justicia. 4 No se cansará ni desmayará, hasta que
establezca en la tierra justicia; y las costas esperarán su ley.
5 Así dice Jehová Dios, Creador de los cielos, y el que
los despliega; el que extiende la tierra y sus productos; el que da aliento al
pueblo que mora sobre ella, y espíritu a los que por ella andan: 6 Yo Jehová
te he llamado en justicia, y te sostendré por la mano; te guardaré y te pondré
por pacto al pueblo, por luz de las naciones, 7 para que abras los ojos de los
ciegos, para que saques de la cárcel a los presos, y de casas de prisión a los
que moran en tinieblas. 8 Yo Jehová; este es mi nombre; y a otro no daré mi
gloria, ni mi alabanza a esculturas. 9 He aquí se cumplieron las cosas
primeras, y yo anuncio cosas nuevas; antes que salgan a luz, yo os las haré
notorias.
Alabanza por la liberación poderosa de Jehová
10 Cantad a Jehová un nuevo cántico, su alabanza desde
el fin de la tierra; los que descendéis al mar, y cuanto hay en él, las costas
y los moradores de ellas. 11 Alcen la voz el desierto y sus ciudades, las
aldeas donde habita Cedar; canten los moradores de Sela, y desde la cumbre de
los montes den voces de júbilo. 12 Den gloria a Jehová, y anuncien sus loores
en las costas. 13 Jehová saldrá como gigante, y como hombre de guerra
despertará celo; gritará, voceará, se esforzará sobre sus enemigos.
14 Desde el siglo he callado, he guardado silencio, y me
he detenido; daré voces como la que está de parto; asolaré y devoraré
juntamente. 15 Convertiré en soledad montes y collados, haré secar toda su
hierba; los ríos tornaré en islas, y secaré los estanques. 16 Y guiaré a los
ciegos por camino que no sabían, les haré andar por sendas que no habían
conocido; delante de ellos cambiaré las tinieblas en luz, y lo escabroso en
llanura. Estas cosas les haré, y no los desampararé. 17 Serán vueltos atrás y
en extremo confundidos los que confían en ídolos, y dicen a las imágenes de
fundición: Vosotros sois nuestros dioses.
Israel no aprende de la disciplina
18 Sordos, oíd, y vosotros, ciegos, mirad para ver. 19
¿Quién es ciego, sino mi siervo? ¿Quién es sordo, como mi mensajero que envié?
¿Quién es ciego como mi escogido, y ciego como el siervo de Jehová, 20 que ve
muchas cosas y no advierte, que abre los oídos y no oye? 21 Jehová se
complació por amor de su justicia en magnificar la ley y engrandecerla. 22 Mas
este es pueblo saqueado y pisoteado, todos ellos atrapados en cavernas y
escondidos en cárceles; son puestos para despojo, y no hay quien libre;
despojados, y no hay quien diga: Restituid. 23 ¿Quién de vosotros oirá esto?
¿Quién atenderá y escuchará respecto al porvenir? 24 ¿Quién dio a Jacob en
botín, y entregó a Israel a saqueadores? ¿No fue Jehová, contra quien pecamos?
No quisieron andar en sus caminos, ni oyeron su ley. 25 Por tanto, derramó
sobre él el ardor de su ira, y fuerza de guerra; le puso fuego por todas
partes, pero no entendió; y le consumió, mas no hizo caso.
Jehová es el único Redentor
ISAÍAS 43
1 Ahora, así dice Jehová, Creador tuyo, oh Jacob, y
Formador tuyo, oh Israel: No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío
eres tú. 2 Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos,
no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá
en ti. 3 Porque yo Jehová, Dios tuyo, el Santo de Israel, soy tu Salvador; a
Egipto he dado por tu rescate, a Etiopía y a Seba por ti. 4 Porque a mis ojos
fuiste de gran estima, fuiste honorable, y yo te amé; daré, pues, hombres por
ti, y naciones por tu vida. 5 No temas, porque yo estoy contigo; del oriente
traeré tu generación, y del occidente te recogeré. 6 Diré al norte: Da acá; y
al sur: No detengas; trae de lejos mis hijos, y mis hijas de los confines de
la tierra, 7 todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado,
los formé y los hice.
8 Sacad al pueblo ciego que tiene ojos, y a los sordos
que tienen oídos. 9 Congréguense a una todas las naciones, y júntense todos
los pueblos. ¿Quién de ellos hay que nos dé nuevas de esto, y que nos haga oír
las cosas primeras? Presenten sus testigos, y justifíquense; oigan, y digan:
Verdad es. 10 Vosotros sois mis testigos, dice Jehová, y mi siervo que yo
escogí, para que me conozcáis y creáis, y entendáis que yo mismo soy; antes de
mí no fue formado dios, ni lo será después de mí. 11 Yo, yo Jehová, y fuera de
mí no hay quien salve. 12 Yo anuncié, y salvé, e hice oír, y no hubo entre
vosotros dios ajeno. Vosotros, pues, sois mis testigos, dice Jehová, que yo
soy Dios. 13 Aun antes que hubiera día, yo era; y no hay quien de mi mano
libre. Lo que hago yo, ¿quién lo estorbará?
14 Así dice Jehová, Redentor vuestro, el Santo de
Israel: Por vosotros envié a Babilonia, e hice descender como fugitivos a
todos ellos, aun a los caldeos en las naves de que se gloriaban. 15 Yo Jehová,
Santo vuestro, Creador de Israel, vuestro Rey. 16 Así dice Jehová, el que abre
camino en el mar, y senda en las aguas impetuosas; 17 el que saca carro y
caballo, ejército y fuerza; caen juntamente para no levantarse; fenecen, como
pábilo quedan apagados. 18 No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a
memoria las cosas antiguas. 19 He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a
luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la
soledad. 20 Las fieras del campo me honrarán, los chacales y los pollos del
avestruz; porque daré aguas en el desierto, ríos en la soledad, para que beba
mi pueblo, mi escogido. 21 Este pueblo he creado para mí; mis alabanzas
publicará.
22 Y no me invocaste a mí, oh Jacob, sino que de mí te
cansaste, oh Israel. 23 No me trajiste a mí los animales de tus holocaustos,
ni a mí me honraste con tus sacrificios; no te hice servir con ofrenda, ni te
hice fatigar con incienso. 24 No compraste para mí caña aromática por dinero,
ni me saciaste con la grosura de tus sacrificios, sino pusiste sobre mí la
carga de tus pecados, me fatigaste con tus maldades.
25 Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí
mismo, y no me acordaré de tus pecados. 26 Hazme recordar, entremos en juicio
juntamente; habla tú para justificarte. 27 Tu primer padre pecó, y tus
enseñadores prevaricaron contra mí. 28 Por tanto, yo profané los príncipes del
santuario, y puse por anatema a Jacob y por oprobio a Israel.
Jehová es el único Dios
ISAÍAS 44
1 Ahora pues, oye, Jacob, siervo mío, y tú, Israel, a
quien yo escogí. 2 Así dice Jehová, Hacedor tuyo, y el que te formó desde el
vientre, el cual te ayudará: No temas, siervo mío Jacob, y tú, Jesurún, a
quien yo escogí. 3 Porque yo derramaré aguas sobre el sequedal, y ríos sobre
la tierra árida; mi Espíritu derramaré sobre tu generación, y mi bendición
sobre tus renuevos; 4 y brotarán entre hierba, como sauces junto a las riberas
de las aguas. 5 Este dirá: Yo soy de Jehová; el otro se llamará del nombre de
Jacob, y otro escribirá con su mano: A Jehová, y se apellidará con el nombre
de Israel.
6 Así dice Jehová Rey de Israel, y su Redentor, Jehová
de los ejércitos: Yo soy el primero, y yo soy el postrero, y fuera de mí no
hay Dios. 7 ¿Y quién proclamará lo venidero, lo declarará, y lo pondrá en
orden delante de mí, como hago yo desde que establecí el pueblo antiguo?
Anúncienles lo que viene, y lo que está por venir. 8 No temáis, ni os
amedrentéis; ¿no te lo hice oír desde la antigüedad, y te lo dije? Luego
vosotros sois mis testigos. No hay Dios sino yo. No hay Fuerte; no conozco
ninguno.
La insensatez de la idolatría
9 Los formadores de imágenes de talla, todos ellos son
vanidad, y lo más precioso de ellos para nada es útil; y ellos mismos son
testigos para su confusión, de que los ídolos no ven ni entienden. 10 ¿Quién
formó un dios, o quién fundió una imagen que para nada es de provecho? 11 He
aquí que todos los suyos serán avergonzados, porque los artífices mismos son
hombres. Todos ellos se juntarán, se presentarán, se asombrarán, y serán
avergonzados a una.
12 El herrero toma la tenaza, trabaja en las ascuas, le
da forma con los martillos, y trabaja en ello con la fuerza de su brazo; luego
tiene hambre, y le faltan las fuerzas; no bebe agua, y se desmaya. 13 El
carpintero tiende la regla, lo señala con almagre, lo labra con los cepillos,
le da figura con el compás, lo hace en forma de varón, a semejanza de hombre
hermoso, para tenerlo en casa. 14 Corta cedros, y toma ciprés y encina, que
crecen entre los árboles del bosque; planta pino, que se críe con la lluvia.
15 De él se sirve luego el hombre para quemar, y toma de ellos para
calentarse; enciende también el horno, y cuece panes; hace además un dios, y
lo adora; fabrica un ídolo, y se arrodilla delante de él. 16 Parte del leño
quema en el fuego; con parte de él come carne, prepara un asado, y se sacia;
después se calienta, y dice: ¡Oh! me he calentado, he visto el fuego; 17 y
hace del sobrante un dios, un ídolo suyo; se postra delante de él, lo adora, y
le ruega diciendo: Líbrame, porque mi Dios eres tú.
18 No saben ni entienden; porque cerrados están sus ojos
para no ver, y su corazón para no entender. 19 No discurre para consigo, no
tiene sentido ni entendimiento para decir: Parte de esto quemé en el fuego, y
sobre sus brasas cocí pan, asé carne, y la comí. ¿Haré del resto de él una
abominación? ¿Me postraré delante de un tronco de árbol? 20 De ceniza se
alimenta; su corazón engañado le desvía, para que no libre su alma, ni diga:
¿No es pura mentira lo que tengo en mi mano derecha?
Jehová es el Redentor de Israel
21 Acuérdate de estas cosas, oh Jacob, e Israel, porque
mi siervo eres. Yo te formé, siervo mío eres tú; Israel, no me olvides. 22 Yo
deshice como una nube tus rebeliones, y como niebla tus pecados; vuélvete a
mí, porque yo te redimí. 23 Cantad loores, oh cielos, porque Jehová lo hizo;
gritad con júbilo, profundidades de la tierra; prorrumpid, montes, en
alabanza; bosque, y todo árbol que en él está; porque Jehová redimió a Jacob,
y en Israel será glorificado.
24 Así dice Jehová, tu Redentor, que te formó desde el
vientre: Yo Jehová, que lo hago todo, que extiendo solo los cielos, que
extiendo la tierra por mí mismo; 25 que deshago las señales de los adivinos, y
enloquezco a los agoreros; que hago volver atrás a los sabios, y desvanezco su
sabiduría. 26 Yo, el que despierta la palabra de su siervo, y cumple el
consejo de sus mensajeros; que dice a Jerusalén: Serás habitada; y a las
ciudades de Judá: Reconstruidas serán, y sus ruinas reedificaré; 27 que dice a
las profundidades: Secaos, y tus ríos haré secar; 28 que dice de Ciro: Es mi
pastor, y cumplirá todo lo que yo quiero, al decir a Jerusalén: Serás
edificada; y al templo: Serás fundado.
Encargo de Dios para Ciro
ISAÍAS 45
1 Así dice Jehová a su ungido, a Ciro, al cual tomé yo
por su mano derecha, para sujetar naciones delante de él y desatar lomos de
reyes; para abrir delante de él puertas, y las puertas no se cerrarán: 2 Yo
iré delante de ti, y enderezaré los lugares torcidos; quebrantaré puertas de
bronce, y cerrojos de hierro haré pedazos; 3 y te daré los tesoros escondidos,
y los secretos muy guardados, para que sepas que yo soy Jehová, el Dios de
Israel, que te pongo nombre. 4 Por amor de mi siervo Jacob, y de Israel mi
escogido, te llamé por tu nombre; te puse sobrenombre, aunque no me conociste.
5 Yo soy Jehová, y ninguno más hay; no hay Dios fuera de mí. Yo te ceñiré,
aunque tú no me conociste, 6 para que se sepa desde el nacimiento del sol, y
hasta donde se pone, que no hay más que yo; yo Jehová, y ninguno más que yo, 7
que formo la luz y creo las tinieblas, que hago la paz y creo la adversidad.
Yo Jehová soy el que hago todo esto.
Jehová el Creador
8 Rociad, cielos, de arriba, y las nubes destilen la
justicia; ábrase la tierra, y prodúzcanse la salvación y la justicia; háganse
brotar juntamente. Yo Jehová lo he creado.
9 ¡Ay del que pleitea con su Hacedor! ¡el tiesto con los
tiestos de la tierra! ¿Dirá el barro al que lo labra: ¿Qué haces?; o tu obra:
No tiene manos? 10 ¡Ay del que dice al padre: ¿Por qué engendraste? y a la
mujer: ¿Por qué diste a luz?! 11 Así dice Jehová, el Santo de Israel, y su
Formador: Preguntadme de las cosas por venir; mandadme acerca de mis hijos, y
acerca de la obra de mis manos. 12 Yo hice la tierra, y creé sobre ella al
hombre. Yo, mis manos, extendieron los cielos, y a todo su ejército mandé. 13
Yo lo desperté en justicia, y enderezaré todos sus caminos; él edificará mi
ciudad, y soltará mis cautivos, no por precio ni por dones, dice Jehová de los
ejércitos.
14 Así dice Jehová: El trabajo de Egipto, las
mercaderías de Etiopía, y los sabeos, hombres de elevada estatura, se pasarán
a ti y serán tuyos; irán en pos de ti, pasarán con grillos; te harán
reverencia y te suplicarán diciendo: Ciertamente en ti está Dios, y no hay
otro fuera de Dios. 15 Verdaderamente tú eres Dios que te encubres, Dios de
Israel, que salvas. 16 Confusos y avergonzados serán todos ellos; irán con
afrenta todos los fabricadores de imágenes. 17 Israel será salvo en Jehová con
salvación eterna; no os avergonzaréis ni os afrentaréis, por todos los siglos.
18 Porque así dijo Jehová, que creó los cielos; él es
Dios, el que formó la tierra, el que la hizo y la compuso; no la creó en vano,
para que fuese habitada la creó: Yo soy Jehová, y no hay otro. 19 No hablé en
secreto, en un lugar oscuro de la tierra; no dije a la descendencia de Jacob:
En vano me buscáis. Yo soy Jehová que hablo justicia, que anuncio rectitud.
Jehová y los ídolos de Babilonia
20 Reuníos, y venid; juntaos todos los sobrevivientes de
entre las naciones. No tienen conocimiento aquellos que erigen el madero de su
ídolo, y los que ruegan a un dios que no salva. 21 Proclamad, y hacedlos
acercarse, y entren todos en consulta; ¿quién hizo oír esto desde el
principio, y lo tiene dicho desde entonces, sino yo Jehová? Y no hay más Dios
que yo; Dios justo y Salvador; ningún otro fuera de mí. 22 Mirad a mí, y sed
salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más. 23
Por mí mismo hice juramento, de mi boca salió palabra en justicia, y no será
revocada: Que a mí se doblará toda rodilla, y jurará toda lengua.
24 Y se dirá de mí: Ciertamente en Jehová está la
justicia y la fuerza; a él vendrán, y todos los que contra él se enardecen
serán avergonzados. 25 En Jehová será justificada y se gloriará toda la
descendencia de Israel.
ISAÍAS 46
1 Se postró Bel, se abatió Nebo; sus imágenes fueron
puestas sobre bestias, sobre animales de carga; esas cosas que vosotros
solíais llevar son alzadas cual carga, sobre las bestias cansadas. 2 Fueron
humillados, fueron abatidos juntamente; no pudieron escaparse de la carga,
sino que tuvieron ellos mismos que ir en cautiverio.
3 Oídme, oh casa de Jacob, y todo el resto de la casa de
Israel, los que sois traídos por mí desde el vientre, los que sois llevados
desde la matriz. 4 Y hasta la vejez yo mismo, y hasta las canas os soportaré
yo; yo hice, yo llevaré, yo soportaré y guardaré.
5 ¿A quién me asemejáis, y me igualáis, y me comparáis,
para que seamos semejantes? 6 Sacan oro de la bolsa, y pesan plata con
balanzas, alquilan un platero para hacer un dios de ello; se postran y adoran.
7 Se lo echan sobre los hombros, lo llevan, y lo colocan en su lugar; allí se
está, y no se mueve de su sitio. Le gritan, y tampoco responde, ni libra de la
tribulación.
8 Acordaos de esto, y tened vergüenza; volved en
vosotros, prevaricadores. 9 Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos
antiguos; porque yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí,
10 que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que
aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero;
11 que llamo desde el oriente al ave, y de tierra lejana al varón de mi
consejo. Yo hablé, y lo haré venir; lo he pensado, y también lo haré.
12 Oídme, duros de corazón, que estáis lejos de la
justicia: 13 Haré que se acerque mi justicia; no se alejará, y mi salvación no
se detendrá. Y pondré salvación en Sion, y mi gloria en Israel.
Juicio sobre Babilonia
ISAÍAS 47
1 Desciende y siéntate en el polvo, virgen hija de
Babilonia. Siéntate en la tierra, sin trono, hija de los caldeos; porque nunca
más te llamarán tierna y delicada. 2 Toma el molino y muele harina; descubre
tus guedejas, descalza los pies, descubre las piernas, pasa los ríos. 3 Será
tu vergüenza descubierta, y tu deshonra será vista; haré retribución, y no se
librará hombre alguno. 4 Nuestro Redentor, Jehová de los ejércitos es su
nombre, el Santo de Israel.
5 Siéntate, calla, y entra en tinieblas, hija de los
caldeos; porque nunca más te llamarán señora de reinos. 6 Me enojé contra mi
pueblo, profané mi heredad, y los entregué en tu mano; no les tuviste
compasión; sobre el anciano agravaste mucho tu yugo. 7 Dijiste: Para siempre
seré señora; y no has pensado en esto, ni te acordaste de tu postrimería. 8
Oye, pues, ahora esto, mujer voluptuosa, tú que estás sentada confiadamente,
tú que dices en tu corazón: Yo soy, y fuera de mí no hay más; no quedaré
viuda, ni conoceré orfandad. 9 Estas dos cosas te vendrán de repente en un
mismo día, orfandad y viudez; en toda su fuerza vendrán sobre ti, a pesar de
la multitud de tus hechizos y de tus muchos encantamientos.
10 Porque te confiaste en tu maldad, diciendo: Nadie me
ve. Tu sabiduría y tu misma ciencia te engañaron, y dijiste en tu corazón: Yo,
y nadie más. 11 Vendrá, pues, sobre ti mal, cuyo nacimiento no sabrás; caerá
sobre ti quebrantamiento, el cual no podrás remediar; y destrucción que no
sepas vendrá de repente sobre ti.
12 Estate ahora en tus encantamientos y en la multitud
de tus hechizos, en los cuales te fatigaste desde tu juventud; quizá podrás
mejorarte, quizá te fortalecerás. 13 Te has fatigado en tus muchos consejos.
Comparezcan ahora y te defiendan los contempladores de los cielos, los que
observan las estrellas, los que cuentan los meses, para pronosticar lo que
vendrá sobre ti.
14 He aquí que serán como tamo; fuego los quemará, no
salvarán sus vidas del poder de la llama; no quedará brasa para calentarse, ni
lumbre a la cual se sienten. 15 Así te serán aquellos con quienes te
fatigaste, los que traficaron contigo desde tu juventud; cada uno irá por su
camino, no habrá quien te salve.
Dios reprende la infidelidad de Israel
ISAÍAS 48
1 Oíd esto, casa de Jacob, que os llamáis del nombre de
Israel, los que salieron de las aguas de Judá, los que juran en el nombre de
Jehová, y hacen memoria del Dios de Israel, mas no en verdad ni en justicia; 2
porque de la santa ciudad se nombran, y en el Dios de Israel confían; su
nombre es Jehová de los ejércitos.
3 Lo que pasó, ya antes lo dije, y de mi boca salió; lo
publiqué, lo hice pronto, y fue realidad. 4 Por cuanto conozco que eres duro,
y barra de hierro tu cerviz, y tu frente de bronce, 5 te lo dije ya hace
tiempo; antes que sucediera te lo advertí, para que no dijeras: Mi ídolo lo
hizo, mis imágenes de escultura y de fundición mandaron estas cosas.
6 Lo oíste, y lo viste todo; ¿y no lo anunciaréis
vosotros? Ahora, pues, te he hecho oír cosas nuevas y ocultas que tú no
sabías. 7 Ahora han sido creadas, no en días pasados, ni antes de este día las
habías oído, para que no digas: He aquí que yo lo sabía. 8 Sí, nunca lo habías
oído, ni nunca lo habías conocido; ciertamente no se abrió antes tu oído;
porque sabía que siendo desleal habías de desobedecer, por tanto te llamé
rebelde desde el vientre.
9 Por amor de mi nombre diferiré mi ira, y para alabanza
mía la reprimiré para no destruirte. 10 He aquí te he purificado, y no como a
plata; te he escogido en horno de aflicción. 11 Por mí, por amor de mí mismo
lo haré, para que no sea amancillado mi nombre, y mi honra no la daré a otro.
12 Oyeme, Jacob, y tú, Israel, a quien llamé: Yo mismo,
yo el primero, yo también el postrero. 13 Mi mano fundó también la tierra, y
mi mano derecha midió los cielos con el palmo; al llamarlos yo, comparecieron
juntamente.
14 Juntaos todos vosotros, y oíd. ¿Quién hay entre ellos
que anuncie estas cosas? Aquel a quien Jehová amó ejecutará su voluntad en
Babilonia, y su brazo estará sobre los caldeos. 15 Yo, yo hablé, y le llamé y
le traje; por tanto, será prosperado su camino. 16 Acercaos a mí, oíd esto:
desde el principio no hablé en secreto; desde que eso se hizo, allí estaba yo;
y ahora me envió Jehová el Señor, y su Espíritu.
17 Así ha dicho Jehová, Redentor tuyo, el Santo de
Israel: Yo soy Jehová Dios tuyo, que te enseña provechosamente, que te
encamina por el camino que debes seguir. 18 ¡Oh, si hubieras atendido a mis
mandamientos! Fuera entonces tu paz como un río, y tu justicia como las ondas
del mar. 19 Fuera como la arena tu descendencia, y los renuevos de tus
entrañas como los granos de arena; nunca su nombre sería cortado, ni raído de
mi presencia. 20 Salid de Babilonia, huid de entre los caldeos; dad nuevas de
esto con voz de alegría, publicadlo, llevadlo hasta lo postrero de la tierra;
decid: Redimió Jehová a Jacob su siervo. 21 No tuvieron sed cuando los llevó
por los desiertos; les hizo brotar agua de la piedra; abrió la peña, y
corrieron las aguas. 22 No hay paz para los malos, dijo Jehová.
Israel, siervo de Jehová
ISAÍAS 49
1 Oídme, costas, y escuchad, pueblos lejanos. Jehová me
llamó desde el vientre, desde las entrañas de mi madre tuvo mi nombre en
memoria. 2 Y puso mi boca como espada aguda, me cubrió con la sombra de su
mano; y me puso por saeta bruñida, me guardó en su aljaba; 3 y me dijo: Mi
siervo eres, oh Israel, porque en ti me gloriaré. 4 Pero yo dije: Por demás he
trabajado, en vano y sin provecho he consumido mis fuerzas; pero mi causa está
delante de Jehová, y mi recompensa con mi Dios.
5 Ahora pues, dice Jehová, el que me formó desde el
vientre para ser su siervo, para hacer volver a él a Jacob y para congregarle
a Israel (porque estimado seré en los ojos de Jehová, y el Dios mío será mi
fuerza); 6 dice: Poco es para mí que tú seas mi siervo para levantar las
tribus de Jacob, y para que restaures el remanente de Israel; también te di
por luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta lo postrero de la
tierra.
7 Así ha dicho Jehová, Redentor de Israel, el Santo
suyo, al menospreciado de alma, al abominado de las naciones, al siervo de los
tiranos: Verán reyes, y se levantarán príncipes, y adorarán por Jehová; porque
fiel es el Santo de Israel, el cual te escogió.
Dios promete restaurar a Sion
8 Así dijo Jehová: En tiempo aceptable te oí, y en el
día de salvación te ayudé; y te guardaré, y te daré por pacto al pueblo, para
que restaures la tierra, para que heredes asoladas heredades; 9 para que digas
a los presos: Salid; y a los que están en tinieblas: Mostraos. En los caminos
serán apacentados, y en todas las alturas tendrán sus pastos. 10 No tendrán
hambre ni sed, ni el calor ni el sol los afligirá; porque el que tiene de
ellos misericordia los guiará, y los conducirá a manantiales de aguas. 11 Y
convertiré en camino todos mis montes, y mis calzadas serán levantadas. 12 He
aquí éstos vendrán de lejos; y he aquí éstos del norte y del occidente, y
éstos de la tierra de Sinim.
13 Cantad alabanzas, oh cielos, y alégrate, tierra; y
prorrumpid en alabanzas, oh montes; porque Jehová ha consolado a su pueblo, y
de sus pobres tendrá misericordia. 14 Pero Sion dijo: Me dejó Jehová, y el
Señor se olvidó de mí. 15 ¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para
dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me
olvidaré de ti. 16 He aquí que en las palmas de las manos te tengo esculpida;
delante de mí están siempre tus muros. 17 Tus edificadores vendrán aprisa; tus
destruidores y tus asoladores saldrán de ti. 18 Alza tus ojos alrededor, y
mira: todos éstos se han reunido, han venido a ti. Vivo yo, dice Jehová, que
de todos, como de vestidura de honra, serás vestida; y de ellos serás ceñida
como novia.
19 Porque tu tierra devastada, arruinada y desierta,
ahora será estrecha por la multitud de los moradores, y tus destruidores serán
apartados lejos. 20 Aun los hijos de tu orfandad dirán a tus oídos: Estrecho
es para mí este lugar; apártate, para que yo more. 21 Y dirás en tu corazón:
¿Quién me engendró éstos? Porque yo había sido privada de hijos y estaba sola,
peregrina y desterrada; ¿quién, pues, crió éstos? He aquí yo había sido dejada
sola; ¿dónde estaban éstos?
22 Así dijo Jehová el Señor: He aquí, yo tenderé mi mano
a las naciones, y a los pueblos levantaré mi bandera; y traerán en brazos a
tus hijos, y tus hijas serán traídas en hombros. 23 Reyes serán tus ayos, y
sus reinas tus nodrizas; con el rostro inclinado a tierra te adorarán, y
lamerán el polvo de tus pies; y conocerás que yo soy Jehová, que no se
avergonzarán los que esperan en mí.
24 ¿Será quitado el botín al valiente? ¿Será rescatado
el cautivo de un tirano? 25 Pero así dice Jehová: Ciertamente el cautivo será
rescatado del valiente, y el botín será arrebatado al tirano; y tu pleito yo
lo defenderé, y yo salvaré a tus hijos. 26 Y a los que te despojaron haré
comer sus propias carnes, y con su sangre serán embriagados como con vino; y
conocerá todo hombre que yo Jehová soy Salvador tuyo y Redentor tuyo, el
Fuerte de Jacob.
Jehová ayuda a quienes confían en él
ISAÍAS 50
1 Así dijo Jehová: ¿Qué es de la carta de repudio de
vuestra madre, con la cual yo la repudié? ¿O quiénes son mis acreedores, a
quienes yo os he vendido? He aquí que por vuestras maldades sois vendidos, y
por vuestras rebeliones fue repudiada vuestra madre. 2 ¿Por qué cuando vine,
no hallé a nadie, y cuando llamé, nadie respondió? ¿Acaso se ha acortado mi
mano para no redimir? ¿No hay en mí poder para librar? He aquí que con mi
reprensión hago secar el mar; convierto los ríos en desierto; sus peces se
pudren por falta de agua, y mueren de sed. 3 Visto de oscuridad los cielos, y
hago como cilicio su cubierta.
4 Jehová el Señor me dio lengua de sabios, para saber
hablar palabras al cansado; despertará mañana tras mañana, despertará mi oído
para que oiga como los sabios. 5 Jehová el Señor me abrió el oído, y yo no fui
rebelde, ni me volví atrás. 6 Di mi cuerpo a los heridores, y mis mejillas a
los que me mesaban la barba; no escondí mi rostro de injurias y de esputos.
7 Porque Jehová el Señor me ayudará, por tanto no me
avergoncé; por eso puse mi rostro como un pedernal, y sé que no seré
avergonzado. 8 Cercano está de mí el que me salva; ¿quién contenderá conmigo?
Juntémonos. ¿Quién es el adversario de mi causa? Acérquese a mí. 9 He aquí que
Jehová el Señor me ayudará; ¿quién hay que me condene? He aquí que todos ellos
se envejecerán como ropa de vestir, serán comidos por la polilla.
10 ¿Quién hay entre vosotros que teme a Jehová, y oye la
voz de su siervo? El que anda en tinieblas y carece de luz, confíe en el
nombre de Jehová, y apóyese en su Dios. 11 He aquí que todos vosotros
encendéis fuego, y os rodeáis de teas; andad a la luz de vuestro fuego, y de
las teas que encendisteis. De mi mano os vendrá esto; en dolor seréis
sepultados.
Palabras de consuelo para Sion
ISAÍAS 51
1 Oídme, los que seguís la justicia, los que buscáis a
Jehová. Mirad a la piedra de donde fuisteis cortados, y al hueco de la cantera
de donde fuisteis arrancados. 2 Mirad a Abraham vuestro padre, y a Sara que os
dio a luz; porque cuando no era más que uno solo lo llamé, y lo bendije y lo
multipliqué. 3 Ciertamente consolará Jehová a Sion; consolará todas sus
soledades, y cambiará su desierto en paraíso, y su soledad en huerto de
Jehová; se hallará en ella alegría y gozo, alabanza y voces de canto.
4 Estad atentos a mí, pueblo mío, y oídme, nación mía;
porque de mí saldrá la ley, y mi justicia para luz de los pueblos. 5 Cercana
está mi justicia, ha salido mi salvación, y mis brazos juzgarán a los pueblos;
a mí me esperan los de la costa, y en mi brazo ponen su esperanza. 6 Alzad a
los cielos vuestros ojos, y mirad abajo a la tierra; porque los cielos serán
deshechos como humo, y la tierra se envejecerá como ropa de vestir, y de la
misma manera perecerán sus moradores; pero mi salvación será para siempre, mi
justicia no perecerá.
7 Oídme, los que conocéis justicia, pueblo en cuyo
corazón está mi ley. No temáis afrenta de hombre, ni desmayéis por sus
ultrajes. 8 Porque como a vestidura los comerá polilla, como a lana los comerá
gusano; pero mi justicia permanecerá perpetuamente, y mi salvación por siglos
de siglos.
9 Despiértate, despiértate, vístete de poder, oh brazo
de Jehová; despiértate como en el tiempo antiguo, en los siglos pasados. ¿No
eres tú el que cortó a Rahab, y el que hirió al dragón? 10 ¿No eres tú el que
secó el mar, las aguas del gran abismo; el que transformó en camino las
profundidades del mar para que pasaran los redimidos? 11 Ciertamente volverán
los redimidos de Jehová; volverán a Sion cantando, y gozo perpetuo habrá sobre
sus cabezas; tendrán gozo y alegría, y el dolor y el gemido huirán.
12 Yo, yo soy vuestro consolador. ¿Quién eres tú para
que tengas temor del hombre, que es mortal, y del hijo de hombre, que es como
heno? 13 Y ya te has olvidado de Jehová tu Hacedor, que extendió los cielos y
fundó la tierra; y todo el día temiste continuamente del furor del que aflige,
cuando se disponía para destruir. ¿Pero en dónde está el furor del que aflige?
14 El preso agobiado será libertado pronto; no morirá en la mazmorra, ni le
faltará su pan. 15 Porque yo Jehová, que agito el mar y hago rugir sus ondas,
soy tu Dios, cuyo nombre es Jehová de los ejércitos. 16 Y en tu boca he puesto
mis palabras, y con la sombra de mi mano te cubrí, extendiendo los cielos y
echando los cimientos de la tierra, y diciendo a Sion: Pueblo mío eres tú.
17 Despierta, despierta, levántate, oh Jerusalén, que
bebiste de la mano de Jehová el cáliz de su ira; porque el cáliz de
aturdimiento bebiste hasta los sedimentos. 18 De todos los hijos que dio a
luz, no hay quien la guíe; ni quien la tome de la mano, de todos los hijos que
crió. 19 Estas dos cosas te han acontecido: asolamiento y quebrantamiento,
hambre y espada. ¿Quién se dolerá de ti? ¿Quién te consolará? 20 Tus hijos
desmayaron, estuvieron tendidos en las encrucijadas de todos los caminos, como
antílope en la red, llenos de la indignación de Jehová, de la ira del Dios
tuyo. 21 Oye, pues, ahora esto, afligida, ebria, y no de vino: 22 Así dijo
Jehová tu Señor, y tu Dios, el cual aboga por su pueblo: He aquí he quitado de
tu mano el cáliz de aturdimiento, los sedimentos del cáliz de mi ira; nunca
más lo beberás. 23 Y lo pondré en mano de tus angustiadores, que dijeron a tu
alma: Inclínate, y pasaremos por encima de ti. Y tú pusiste tu cuerpo como
tierra, y como camino, para que pasaran.
Dios librará del cautiverio a Sion
ISAÍAS 52
1 Despierta, despierta, vístete de poder, oh Sion;
vístete tu ropa hermosa, oh Jerusalén, ciudad santa; porque nunca más vendrá a
ti incircunciso ni inmundo. 2 Sacúdete del polvo; levántate y siéntate,
Jerusalén; suelta las ataduras de tu cuello, cautiva hija de Sion.
3 Porque así dice Jehová: De balde fuisteis vendidos;
por tanto, sin dinero seréis rescatados. 4 Porque así dijo Jehová el Señor: Mi
pueblo descendió a Egipto en tiempo pasado, para morar allá, y el asirio lo
cautivó sin razón. 5 Y ahora ¿qué hago aquí, dice Jehová, ya que mi pueblo es
llevado injustamente? Y los que en él se enseñorean, lo hacen aullar, dice
Jehová, y continuamente es blasfemado mi nombre todo el día. 6 Por tanto, mi
pueblo sabrá mi nombre por esta causa en aquel día; porque yo mismo que hablo,
he aquí estaré presente.
7 ¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que
trae alegres nuevas, del que anuncia la paz, del que trae nuevas del bien, del
que publica salvación, del que dice a Sion: ¡Tu Dios reina! 8 ¡Voz de tus
atalayas! Alzarán la voz, juntamente darán voces de júbilo; porque ojo a ojo
verán que Jehová vuelve a traer a Sion. 9 Cantad alabanzas, alegraos
juntamente, soledades de Jerusalén; porque Jehová ha consolado a su pueblo, a
Jerusalén ha redimido. 10 Jehová desnudó su santo brazo ante los ojos de todas
las naciones, y todos los confines de la tierra verán la salvación del Dios
nuestro.
11 Apartaos, apartaos, salid de ahí, no toquéis cosa
inmunda; salid de en medio de ella; purificaos los que lleváislos utensilios
de Jehová. 12 Porque no saldréis apresurados, ni iréis huyendo; porque Jehová
irá delante de vosotros, y os congregará el Dios de Israel.
Sufrimientos del Siervo de Jehová
13 He aquí que mi siervo será prosperado, será
engrandecido y exaltado, y será puesto muy en alto. 14 Como se asombraron de
ti muchos, de tal manera fue desfigurado de los hombres su parecer, y su
hermosura más que la de los hijos de los hombres, 15 así asombrará él a muchas
naciones; los reyes cerrarán ante él la boca, porque verán lo que nunca les
fue contado, y entenderán lo que jamás habían oído.
ISAÍAS 53
1 ¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿y sobre quién se
ha manifestado el brazo de Jehová? 2 Subirá cual renuevo delante de él, y como
raíz de tierra seca; no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin
atractivo para que le deseemos. 3 Despreciado y desechado entre los hombres,
varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el
rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos.
4 Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió
nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y
abatido. 5 Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros
pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos
nosotros curados. 6 Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se
apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.
7 Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como
cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores,
enmudeció, y no abrió su boca. 8 Por cárcel y por juicio fue quitado; y su
generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los
vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido. 9 Y se dispuso con los
impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo
maldad, ni hubo engaño en su boca.
10 Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole
a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá
linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano
prosperada. 11 Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho;
por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las
iniquidades de ellos. 12 Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con
los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y
fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y
orado por los transgresores.
El amor eterno de Jehová hacia Israel
ISAÍAS 54
1 Regocíjate, oh estéril, la que no daba a luz; levanta
canción y da voces de júbilo, la que nunca estuvo de parto; porque más son los
hijos de la desamparada que los de la casada, ha dicho Jehová. 2 Ensancha el
sitio de tu tienda, y las cortinas de tus habitaciones sean extendidas; no
seas escasa; alarga tus cuerdas, y refuerza tus estacas. 3 Porque te
extenderás a la mano derecha y a la mano izquierda; y tu descendencia heredará
naciones, y habitará las ciudades asoladas.
4 No temas, pues no serás confundida; y no te
avergüences, porque no serás afrentada, sino que te olvidarás de la vergüenza
de tu juventud, y de la afrenta de tu viudez no tendrás más memoria. 5 Porque
tu marido es tu Hacedor; Jehová de los ejércitos es su nombre; y tu Redentor,
el Santo de Israel; Dios de toda la tierra será llamado. 6 Porque como a mujer
abandonada y triste de espíritu te llamó Jehová, y como a la esposa de la
juventud que es repudiada, dijo el Dios tuyo. 7 Por un breve momento te
abandoné, pero te recogeré con grandes misericordias. 8 Con un poco de ira
escondí mi rostro de ti por un momento; pero con misericordia eterna tendré
compasión de ti, dijo Jehová tu Redentor.
9 Porque esto me será como en los días de Noé, cuando
juré que nunca más las aguas de Noé pasarían sobre la tierra; así he jurado
que no me enojaré contra ti, ni te reñiré. 10 Porque los montes se moverán, y
los collados temblarán, pero no se apartará de ti mi misericordia, ni el pacto
de mi paz se quebrantará, dijo Jehová, el que tiene misericordia de ti.
11 Pobrecita, fatigada con tempestad, sin consuelo; he
aquí que yo cimentaré tus piedras sobre carbunclo, y sobre zafiros te fundaré.
12 Tus ventanas pondré de piedras preciosas, tus puertas de piedras de
carbunclo, y toda tu muralla de piedras preciosas. 13 Y todos tus hijos serán
enseñados por Jehová; y se multiplicará la paz de tus hijos. 14 Con justicia
serás adornada; estarás lejos de opresión, porque no temerás, y de temor,
porque no se acercará a ti. 15 Si alguno conspirare contra ti, lo hará sin mí;
el que contra ti conspirare, delante de ti caerá. 16 He aquí que yo hice al
herrero que sopla las ascuas en el fuego, y que saca la herramienta para su
obra; y yo he creado al destruidor para destruir. 17 Ninguna arma forjada
contra ti prosperará, y condenarás toda lengua que se levante contra ti en
juicio. Esta es la herencia de los siervos de Jehová, y su salvación de mí
vendrá, dijo Jehová.
Misericordia gratuita para todos
ISAÍAS 55
1 A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no
tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio,
vino y leche. 2 ¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan, y vuestro
trabajo en lo que no sacia? Oídme atentamente, y comed del bien, y se
deleitará vuestra alma con grosura. 3 Inclinad vuestro oído, y venid a mí;
oíd, y vivirá vuestra alma; y haré con vosotros pacto eterno, las
misericordias firmes a David. 4 He aquí que yo lo di por testigo a los
pueblos, por jefe y por maestro a las naciones. 5 He aquí, llamarás a gente
que no conociste, y gentes que no te conocieron correrán a ti, por causa de
Jehová tu Dios, y del Santo de Israel que te ha honrado. 6 Buscad a Jehová
mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. 7 Deje el
impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el
cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en
perdonar. 8 Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros
caminos mis caminos, dijo Jehová. 9 Como son más altos los cielos que la
tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos
más que vuestros pensamientos.
10 Porque como desciende de los cielos la lluvia y la
nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y
producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, 11 así será mi
palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo
quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.
12 Porque con alegría saldréis, y con paz seréis
vueltos; los montes y los collados levantarán canción delante de vosotros, y
todos los árboles del campo darán palmadas de aplauso. 13 En lugar de la zarza
crecerá ciprés, y en lugar de la ortiga crecerá arrayán; y será a Jehová por
nombre, por señal eterna que nunca será raída.
Recompensa de los que guardan el pacto de Dios
ISAÍAS 56
1 Así dijo Jehová: Guardad derecho, y haced justicia;
porque cercana está mi salvación para venir, y mi justicia para manifestarse.
2 Bienaventurado el hombre que hace esto, y el hijo de hombre que lo abraza;
que guarda el día de reposo para no profanarlo, y que guarda su mano de hacer
todo mal.
3 Y el extranjero que sigue a Jehová no hable diciendo:
Me apartará totalmente Jehová de su pueblo. Ni diga el eunuco: He aquí yo soy
árbol seco. 4 Porque así dijo Jehová: A los eunucos que guarden mis días de
reposo, y escojan lo que yo quiero, y abracen mi pacto, 5 yo les daré lugar en
mi casa y dentro de mis muros, y nombre mejor que el de hijos e hijas; nombre
perpetuo les daré, que nunca perecerá. 6 Y a los hijos de los extranjeros que
sigan a Jehová para servirle, y que amen el nombre de Jehová para ser sus
siervos; a todos los que guarden el día de reposo para no profanarlo, y
abracen mi pacto, 7 yo los llevaré a mi santo monte, y los recrearé en mi casa
de oración; sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptos sobre mi altar;
porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos. 8 Dice
Jehová el Señor, el que reúne a los dispersos de Israel: Aún juntaré sobre él
a sus congregados.
9 Todas las bestias del campo, todas las fieras del
bosque, venid a devorar. 10 Sus atalayas son ciegos, todos ellos ignorantes;
todos ellos perros mudos, no pueden ladrar; soñolientos, echados, aman el
dormir. 11 Y esos perros comilones son insaciables; y los pastores mismos no
saben entender; todos ellos siguen sus propios caminos, cada uno busca su
propio provecho, cada uno por su lado. 12 Venid, dicen, tomemos vino,
embriaguémonos de sidra; y será el día de mañana como este, o mucho más
excelente.
Condenación de la idolatría de Israel
ISAÍAS 57
1 Perece el justo, y no hay quien piense en ello; y los
piadosos mueren, y no hay quien entienda que de delante de la aflicción es
quitado el justo. 2 Entrará en la paz; descansarán en sus lechos todos los que
andan delante de Dios. 3 Mas vosotros llegaos acá, hijos de la hechicera,
generación del adúltero y de la fornicaria. 4 ¿De quién os habéis burlado?
¿Contra quién ensanchasteis la boca, y alargasteis la lengua? ¿No sois
vosotros hijos rebeldes, generación mentirosa, 5 que os enfervorizáis con los
ídolos debajo de todo árbol frondoso, que sacrificáis los hijos en los valles,
debajo de los peñascos? 6 En las piedras lisas del valle está tu parte; ellas,
ellas son tu suerte; y a ellas derramaste libación, y ofreciste presente. ¿No
habré de castigar estas cosas? 7 Sobre el monte alto y empinado pusiste tu
cama; allí también subiste a hacer sacrificio. 8 Y tras la puerta y el umbral
pusiste tu recuerdo; porque a otro, y no a mí, te descubriste, y subiste, y
ensanchaste tu cama, e hiciste con ellos pacto; amaste su cama dondequiera que
la veías. 9 Y fuiste al rey con ungüento, y multiplicaste tus perfumes, y
enviaste tus embajadores lejos, y te abatiste hasta la profundidad del Seol.
10 En la multitud de tus caminos te cansaste, pero no dijiste: No hay remedio;
hallaste nuevo vigor en tu mano, por tanto, no te desalentaste.
11 ¿Y de quién te asustaste y temiste, que has faltado a
la fe, y no te has acordado de mí, ni te vino al pensamiento? ¿No he guardado
silencio desde tiempos antiguos, y nunca me has temido? 12 Yo publicaré tu
justicia y tus obras, que no te aprovecharán.
13 Cuando clames, que te libren tus ídolos; pero a todos
ellos llevará el viento, un soplo los arrebatará; mas el que en mí confía
tendrá la tierra por heredad, y poseerá mi santo monte. 14 Y dirá: Allanad,
allanad; barred el camino, quitad los tropiezos del camino de mi pueblo. 15
Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre
es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y
humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para
vivificar el corazón de los quebrantados. 16 Porque no contenderé para
siempre, ni para siempre me enojaré; pues decaería ante mí el espíritu, y las
almas que yo he creado. 17 Por la iniquidad de su codicia me enojé, y le herí,
escondí mi rostro y me indigné; y él siguió rebelde por el camino de su
corazón. 18 He visto sus caminos; pero le sanaré, y le pastorearé, y le daré
consuelo a él y a sus enlutados; 19 produciré fruto de labios: Paz, paz al que
está lejos y al cercano, dijo Jehová; y lo sanaré. 20 Pero los impíos son como
el mar en tempestad, que no puede estarse quieto, y sus aguas arrojan cieno y
lodo. 21 No hay paz, dijo mi Dios, para los impíos.
El verdadero ayuno
ISAÍAS 58
1 Clama a voz en cuello, no te detengas; alza tu voz
como trompeta, y anuncia a mi pueblo su rebelión, y a la casa de Jacob su
pecado. 2 Que me buscan cada día, y quieren saber mis caminos, como gente que
hubiese hecho justicia, y que no hubiese dejado la ley de su Dios; me piden
justos juicios, y quieren acercarse a Dios. 3 ¿Por qué, dicen, ayunamos, y no
hiciste caso; humillamos nuestras almas, y no te diste por entendido? He aquí
que en el día de vuestro ayuno buscáis vuestro propio gusto, y oprimís a todos
vuestros trabajadores. 4 He aquí que para contiendas y debates ayunáis y para
herir con el puño inicuamente; no ayunéis como hoy, para que vuestra voz sea
oída en lo alto. 5 ¿Es tal el ayuno que yo escogí, que de día aflija el hombre
su alma, que incline su cabeza como junco, y haga cama de cilicio y de ceniza?
¿Llamaréis esto ayuno, y día agradable a Jehová?
6 ¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las
ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los
quebrantados, y que rompáis todo yugo? 7 ¿No es que partas tu pan con el
hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al
desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano? 8 Entonces nacerá tu luz
como el alba, y tu salvación se dejará ver pronto; e irá tu justicia delante
de ti, y la gloria de Jehová será tu retaguardia.
9 Entonces invocarás, y te oirá Jehová; clamarás, y dirá
él: Heme aquí. Si quitares de en medio de ti el yugo, el dedo amenazador, y el
hablar vanidad; 10 y si dieres tu pan al hambriento, y saciares al alma
afligida, en las tinieblas nacerá tu luz, y tu oscuridad será como el
mediodía. 11 Jehová te pastoreará siempre, y en las sequías saciará tu alma, y
dará vigor a tus huesos; y serás como huerto de riego, y como manantial de
aguas, cuyas aguas nunca faltan. 12 Y los tuyos edificarán las ruinas
antiguas; los cimientos de generación y generación levantarás, y serás llamado
reparador de portillos, restaurador de calzadas para habitar.
La observancia del día de reposo
13 Si retrajeres del día de reposo tu pie, de hacer tu
voluntad en mi día santo, y lo llamares delicia, santo, glorioso de Jehová; y
lo venerares, no andando en tus propios caminos, ni buscando tu voluntad, ni
hablando tus propias palabras, 14 entonces te deleitarás en Jehová; y yo te
haré subir sobre las alturas de la tierra, y te daré a comer la heredad de
Jacob tu padre; porque la boca de Jehová lo ha hablado.
Confesión del pecado de Israel
ISAÍAS 59
1 He aquí que no se ha acortado la mano de Jehová para
salvar, ni se ha agravado su oído para oír; 2 pero vuestras iniquidades han
hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho
ocultar de vosotros su rostro para no oír. 3 Porque vuestras manos están
contaminadas de sangre, y vuestros dedos de iniquidad; vuestros labios
pronuncian mentira, habla maldad vuestra lengua. 4 No hay quien clame por la
justicia, ni quien juzgue por la verdad; confían en vanidad, y hablan
vanidades; conciben maldades, y dan a luz iniquidad. 5 Incuban huevos de
áspides, y tejen telas de arañas; el que comiere de sus huevos, morirá; y si
los apretaren, saldrán víboras. 6 Sus telas no servirán para vestir, ni de sus
obras serán cubiertos; sus obras son obras de iniquidad, y obra de rapiña está
en sus manos. 7 Sus pies corren al mal, se apresuran para derramar la sangre
inocente; sus pensamientos, pensamientos de iniquidad; destrucción y
quebrantamiento hay en sus caminos. 8 No conocieron camino de paz, ni hay
justicia en sus caminos; sus veredas son torcidas; cualquiera que por ellas
fuere, no conocerá paz.
9 Por esto se alejó de nosotros la justicia, y no nos
alcanzó la rectitud; esperamos luz, y he aquí tinieblas; resplandores, y
andamos en oscuridad. 10 Palpamos la pared como ciegos, y andamos a tientas
como sin ojos; tropezamos a mediodía como de noche; estamos en lugares oscuros
como muertos. 11 Gruñimos como osos todos nosotros, y gemimos lastimeramente
como palomas; esperamos justicia, y no la hay; salvación, y se alejó de
nosotros. 12 Porque nuestras rebeliones se han multiplicado delante de ti, y
nuestros pecados han atestiguado contra nosotros; porque con nosotros están
nuestras iniquidades, y conocemos nuestros pecados: 13 el prevaricar y mentir
contra Jehová, y el apartarse de en pos de nuestro Dios; el hablar calumnia y
rebelión, concebir y proferir de corazón palabras de mentira. 14 Y el derecho
se retiró, y la justicia se puso lejos; porque la verdad tropezó en la plaza,
y la equidad no pudo venir. 15 Y la verdad fue detenida, y el que se apartó
del mal fue puesto en prisión; y lo vio Jehová, y desagradó a sus ojos, porque
pereció el derecho. 16 Y vio que no había hombre, y se maravilló que no
hubiera quien se interpusiese; y lo salvó su brazo, y le afirmó su misma
justicia. 17 Pues de justicia se vistió como de una coraza, con yelmo de
salvación en su cabeza; tomó ropas de venganza por vestidura, y se cubrió de
celo como de manto, 18 como para vindicación, como para retribuir con ira a
sus enemigos, y dar el pago a sus adversarios; el pago dará a los de la costa.
19 Y temerán desde el occidente el nombre de Jehová, y desde el nacimiento del
sol su gloria; porque vendrá el enemigo como río, mas el Espíritu de Jehová
levantará bandera contra él. 20 Y vendrá el Redentor a Sion, y a los que se
volvieren de la iniquidad en Jacob, dice Jehová.
21 Y este será mi pacto con ellos, dijo Jehová: El
Espíritu mío que está sobre ti, y mis palabras que puse en tu boca, no
faltarán de tu boca, ni de la boca de tus hijos, ni de la boca de los hijos de
tus hijos, dijo Jehová, desde ahora y para siempre.
La futura gloria de Sion
ISAÍAS 60
1 Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la
gloria de Jehová ha nacido sobre ti. 2 Porque he aquí que tinieblas cubrirán
la tierra, y oscuridad las naciones; mas sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti
será vista su gloria. 3 Y andarán las naciones a tu luz, y los reyes al
resplandor de tu nacimiento.
4 Alza tus ojos alrededor y mira, todos éstos se han
juntado, vinieron a ti; tus hijos vendrán de lejos, y tus hijas serán llevadas
en brazos. 5 Entonces verás, y resplandecerás; se maravillará y ensanchará tu
corazón, porque se haya vuelto a ti la multitud del mar, y las riquezas de las
naciones hayan venido a ti. 6 Multitud de camellos te cubrirá; dromedarios de
Madián y de Efa; vendrán todos los de Sabá; traerán oro e incienso, y
publicarán alabanzas de Jehová. 7 Todo el ganado de Cedar será juntado para
ti; carneros de Nebaiot te serán servidos; serán ofrecidos con agrado sobre mi
altar, y glorificaré la casa de mi gloria.
8 ¿Quiénes son éstos que vuelan como nubes, y como
palomas a sus ventanas? 9 Ciertamente a mí esperarán los de la costa, y las
naves de Tarsis desde el principio, para traer tus hijos de lejos, su plata y
su oro con ellos, al nombre de Jehová tu Dios, y al Santo de Israel, que te ha
glorificado.
10 Y extranjeros edificarán tus muros, y sus reyes te
servirán; porque en mi ira te castigué, mas en mi buena voluntad tendré de ti
misericordia. 11 Tus puertas estarán de continuo abiertas; no se cerrarán de
día ni de noche, para que a ti sean traídas las riquezas de las naciones, y
conducidos a ti sus reyes. 12 Porque la nación o el reino que no te sirviere
perecerá, y del todo será asolado. 13 La gloria del Líbano vendrá a ti,
cipreses, pinos y bojes juntamente, para decorar el lugar de mi santuario; y
yo honraré el lugar de mis pies. 14 Y vendrán a ti humillados los hijos de los
que te afligieron, y a las pisadas de tus pies se encorvarán todos los que te
escarnecían, y te llamarán Ciudad de Jehová, Sion del Santo de Israel.
15 En vez de estar abandonada y aborrecida, tanto que
nadie pasaba por ti, haré que seas una gloria eterna, el gozo de todos los
siglos. 16 Y mamarás la leche de las naciones, el pecho de los reyes mamarás;
y conocerás que yo Jehová soy el Salvador tuyo y Redentor tuyo, el Fuerte de
Jacob.
17 En vez de bronce traeré oro, y por hierro plata, y
por madera bronce, y en lugar de piedras hierro; y pondré paz por tu tributo,
y justicia por tus opresores. 18 Nunca más se oirá en tu tierra violencia,
destrucción ni quebrantamiento en tu territorio, sino que a tus muros llamarás
Salvación, y a tus puertas Alabanza.
19 El sol nunca más te servirá de luz para el día, ni el
resplandor de la luna te alumbrará, sino que Jehová te será por luz perpetua,
y el Dios tuyo por tu gloria. 20 No se pondrá jamás tu sol, ni menguará tu
luna; porque Jehová te será por luz perpetua, y los días de tu luto serán
acabados. 21 Y tu pueblo, todos ellos serán justos, para siempre heredarán la
tierra; renuevos de mi plantío, obra de mis manos, para glorificarme. 22 El
pequeño vendrá a ser mil, el menor, un pueblo fuerte. Yo Jehová, a su tiempo
haré que esto sea cumplido pronto.
Buenas nuevas de salvación para Sion
ISAÍAS 61
1 El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque
me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a
vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a
los presos apertura de la cárcel; 2 a proclamar el año de la buena voluntad de
Jehová, y el día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los
enlutados; 3 a ordenar que a los afligidos de Sion se les dé gloria en lugar
de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del
espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová,
para gloria suya. 4 Reedificarán las ruinas antiguas, y levantarán los
asolamientos primeros, y restaurarán las ciudades arruinadas, los escombros de
muchas generaciones.
5 Y extranjeros apacentarán vuestras ovejas, y los
extraños serán vuestros labradores y vuestros viñadores. 6 Y vosotros seréis
llamados sacerdotes de Jehová, ministros de nuestro Dios seréis llamados;
comeréis las riquezas de las naciones, y con su gloria seréis sublimes. 7 En
lugar de vuestra doble confusión y de vuestra deshonra, os alabarán en sus
heredades; por lo cual en sus tierras poseerán doble honra, y tendrán perpetuo
gozo.
8 Porque yo Jehová soy amante del derecho, aborrecedor
del latrocinio para holocausto; por tanto, afirmaré en verdad su obra, y haré
con ellos pacto perpetuo. 9 Y la descendencia de ellos será conocida entre las
naciones, y sus renuevos en medio de los pueblos; todos los que los vieren,
reconocerán que son linaje bendito de Jehová.
10 En gran manera me gozaré en Jehová, mi alma se
alegrará en mi Dios; porque me vistió con vestiduras de salvación, me rodeó de
manto de justicia, como a novio me atavió, y como a novia adornada con sus
joyas. 11 Porque como la tierra produce su renuevo, y como el huerto hace
brotar su semilla, así Jehová el Señor hará brotar justicia y alabanza delante
de todas las naciones.
ISAÍAS 62
1 Por amor de Sion no callaré, y por amor de Jerusalén
no descansaré, hasta que salga como resplandor su justicia, y su salvación se
encienda como una antorcha. 2 Entonces verán las gentes tu justicia, y todos
los reyes tu gloria; y te será puesto un nombre nuevo, que la boca de Jehová
nombrará. 3 Y serás corona de gloria en la mano de Jehová, y diadema de reino
en la mano del Dios tuyo. 4 Nunca más te llamarán Desamparada, ni tu tierra se
dirá más Desolada; sino que serás llamada Hefzi-bá, y tu tierra, Beula; porque
el amor de Jehová estará en ti, y tu tierra será desposada. 5 Pues como el
joven se desposa con la virgen, se desposarán contigo tus hijos; y como el
gozo del esposo con la esposa, así se gozará contigo el Dios tuyo. 6 Sobre tus
muros, oh Jerusalén, he puesto guardas; todo el día y toda la noche no
callarán jamás. Los que os acordáis de Jehová, no reposéis, 7 ni le deis
tregua, hasta que restablezca a Jerusalén, y la ponga por alabanza en la
tierra. 8 Juró Jehová por su mano derecha, y por su poderoso brazo: Que jamás
daré tu trigo por comida a tus enemigos, ni beberán los extraños el vino que
es fruto de tu trabajo; 9 sino que los que lo cosechan lo comerán, y alabarán
a Jehová; y los que lo vendimian, lo beberán en los atrios de mi santuario. 10
Pasad, pasad por las puertas; barred el camino al pueblo; allanad, allanad la
calzada, quitad las piedras, alzad pendón a los pueblos. 11 He aquí que Jehová
hizo oír hasta lo último de la tierra: Decid a la hija de Sion: He aquí viene
tu Salvador; he aquí su recompensa con él, y delante de él su obra. 12 Y les
llamarán Pueblo Santo, Redimidos de Jehová; y a ti te llamarán Ciudad Deseada,
no desamparada.
El día de la venganza de Jehová
ISAÍAS 63
1 ¿Quién es éste que viene de Edom, de Bosra, con
vestidos rojos? ¿éste hermoso en su vestido, que marcha en la grandeza de su
poder? Yo, el que hablo en justicia, grande para salvar. 2 ¿Por qué es rojo tu
vestido, y tus ropas como del que ha pisado en lagar? 3 He pisado yo solo el
lagar, y de los pueblos nadie había conmigo; los pisé con mi ira, y los hollé
con mi furor; y su sangre salpicó mis vestidos, y manché todas mis ropas. 4
Porque el día de la venganza está en mi corazón, y el año de mis redimidos ha
llegado. 5 Miré, y no había quien ayudara, y me maravillé que no hubiera quien
sustentase; y me salvó mi brazo, y me sostuvo mi ira. 6 Y con mi ira hollé los
pueblos, y los embriagué en mi furor, y derramé en tierra su sangre.
Bondad de Jehová hacia Israel
7 De las misericordias de Jehová haré memoria, de las
alabanzas de Jehová, conforme a todo lo que Jehová nos ha dado, y de la
grandeza de sus beneficios hacia la casa de Israel, que les ha hecho según sus
misericordias, y según la multitud de sus piedades. 8 Porque dijo: Ciertamente
mi pueblo son, hijos que no mienten; y fue su Salvador. 9 En toda angustia de
ellos él fue angustiado, y el ángel de su faz los salvó; en su amor y en su
clemencia los redimió, y los trajo, y los levantó todos los días de la
antigüedad. 10 Mas ellos fueron rebeldes, e hicieron enojar su santo espíritu;
por lo cual se les volvió enemigo, y él mismo peleó contra ellos. 11 Pero se
acordó de los días antiguos, de Moisés y de su pueblo, diciendo: ¿Dónde está
el que les hizo subir del mar con el pastor de su rebaño? ¿dónde el que puso
en medio de él su santo espíritu, 12 el que los guió por la diestra de Moisés
con el brazo de su gloria; el que dividió las aguas delante de ellos,
haciéndose así nombre perpetuo, 13 el que los condujo por los abismos, como un
caballo por el desierto, sin que tropezaran? 14 El Espíritu de Jehová los
pastoreó, como a una bestia que desciende al valle; así pastoreaste a tu
pueblo, para hacerte nombre glorioso.
Plegaria pidiendo misericordia y ayuda
15 Mira desde el cielo, y contempla desde tu santa y
gloriosa morada. ¿Dónde está tu celo, y tu poder, la conmoción de tus entrañas
y tus piedades para conmigo? ¿Se han estrechado? 16 Pero tú eres nuestro
padre, si bien Abraham nos ignora, e Israel no nos conoce; tú, oh Jehová, eres
nuestro padre; nuestro Redentor perpetuo es tu nombre. 17 ¿Por qué, oh Jehová,
nos has hecho errar de tus caminos, y endureciste nuestro corazón a tu temor?
Vuélvete por amor de tus siervos, por las tribus de tu heredad. 18 Por poco
tiempo lo poseyó tu santo pueblo; nuestros enemigos han hollado tu santuario.
19 Hemos venido a ser como aquellos de quienes nunca te enseñoreaste, sobre
los cuales nunca fue llamado tu nombre.
ISAÍAS 64
1 ¡Oh, si rompieses los cielos, y descendieras, y a tu
presencia se escurriesen los montes, 2 como fuego abrasador de fundiciones,
fuego que hace hervir las aguas, para que hicieras notorio tu nombre a tus
enemigos, y las naciones temblasen a tu presencia! 3 Cuando, haciendo cosas
terribles cuales nunca esperábamos, descendiste, fluyeron los montes delante
de ti. 4 Ni nunca oyeron, ni oídos percibieron, ni ojo ha visto a Dios fuera
de ti, que hiciese por el que en él espera. 5 Saliste al encuentro del que con
alegría hacía justicia, de los que se acordaban de ti en tus caminos; he aquí,
tú te enojaste porque pecamos; en los pecados hemos perseverado por largo
tiempo; ¿podremos acaso ser salvos? 6 Si bien todos nosotros somos como
suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos
nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento. 7 Nadie
hay que invoque tu nombre, que se despierte para apoyarse en ti; por lo cual
escondiste de nosotros tu rostro, y nos dejaste marchitar en poder de nuestras
maldades.
8 Ahora pues, Jehová, tú eres nuestro padre; nosotros
barro, y tú el que nos formaste; así que obra de tus manos somos todos
nosotros. 9 No te enojes sobremanera, Jehová, ni tengas perpetua memoria de la
iniquidad; he aquí, mira ahora, pueblo tuyo somos todos nosotros. 10 Tus
santas ciudades están desiertas, Sion es un desierto, Jerusalén una soledad.
11 La casa de nuestro santuario y de nuestra gloria, en la cual te alabaron
nuestros padres, fue consumida al fuego; y todas nuestras cosas preciosas han
sido destruidas. 12 ¿Te estarás quieto, oh Jehová, sobre estas cosas?
¿Callarás, y nos afligirás sobremanera?
Castigo de los rebeldes
ISAÍAS 65
1 Fui buscado por los que no preguntaban por mí; fui
hallado por los que no me buscaban. Dije a gente que no invocaba mi nombre:
Heme aquí, heme aquí. 2 Extendí mis manos todo el día a pueblo rebelde, el
cual anda por camino no bueno, en pos de sus pensamientos; 3 pueblo que en mi
rostro me provoca de continuo a ira, sacrificando en huertos, y quemando
incienso sobre ladrillos; 4 que se quedan en los sepulcros, y en lugares
escondidos pasan la noche; que comen carne de cerdo, y en sus ollas hay caldo
de cosas inmundas; 5 que dicen: Estate en tu lugar, no te acerques a mí,
porque soy más santo que tú; éstos son humo en mi furor, fuego que arde todo
el día. 6 He aquí que escrito está delante de mí; no callaré, sino que
recompensaré, y daré el pago en su seno 7 por vuestras iniquidades, dice
Jehová, y por las iniquidades de vuestros padres juntamente, los cuales
quemaron incienso sobre los montes, y sobre los collados me afrentaron; por
tanto, yo les mediré su obra antigua en su seno.
8 Así ha dicho Jehová: Como si alguno hallase mosto en
un racimo, y dijese: No lo desperdicies, porque bendición hay en él; así haré
yo por mis siervos, que no lo destruiré todo. 9 Sacaré descendencia de Jacob,
y de Judá heredero de mis montes; y mis escogidos poseerán por heredad la
tierra, y mis siervos habitarán allí. 10 Y será Sarón para habitación de
ovejas, y el valle de Acor para majada de vacas, para mi pueblo que me buscó.
11 Pero vosotros los que dejáis a Jehová, que olvidáis mi santo monte, que
ponéis mesa para la Fortuna, y suministráis libaciones para el Destino; 12 yo
también os destinaré a la espada, y todos vosotros os arrodillaréis al
degolladero, por cuanto llamé, y no respondisteis; hablé, y no oísteis, sino
que hicisteis lo malo delante de mis ojos, y escogisteis lo que me desagrada.
13 Por tanto, así dijo Jehová el Señor: He aquí que mis
siervos comerán, y vosotros tendréis hambre; he aquí que mis siervos beberán,
y vosotros tendréis sed; he aquí que mis siervos se alegrarán, y vosotros
seréis avergonzados; 14 he aquí que mis siervos cantarán por júbilo del
corazón, y vosotros clamaréis por el dolor del corazón, y por el
quebrantamiento de espíritu aullaréis. 15 Y dejaréis vuestro nombre por
maldición a mis escogidos, y Jehová el Señor te matará, y a sus siervos
llamará por otro nombre. 16 El que se bendijere en la tierra, en el Dios de
verdad se bendecirá; y el que jurare en la tierra, por el Dios de verdad
jurará; porque las angustias primeras serán olvidadas, y serán cubiertas de
mis ojos.
Cielos nuevos y tierra nueva
17 Porque he aquí que yo crearé nuevos cielos y nueva
tierra; y de lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento. 18 Mas
os gozaréis y os alegraréis para siempre en las cosas que yo he creado; porque
he aquí que yo traigo a Jerusalén alegría, y a su pueblo gozo. 19 Y me
alegraré con Jerusalén, y me gozaré con mi pueblo; y nunca más se oirán en
ella voz de lloro, ni voz de clamor. 20 No habrá más allí niño que muera de
pocos días, ni viejo que sus días no cumpla; porque el niño morirá de cien
años, y el pecador de cien años será maldito. 21 Edificarán casas, y morarán
en ellas; plantarán viñas, y comerán el fruto de ellas. 22 No edificarán para
que otro habite, ni plantarán para que otro coma; porque según los días de los
árboles serán los días de mi pueblo, y mis escogidos disfrutarán la obra de
sus manos. 23 No trabajarán en vano, ni darán a luz para maldición; porque son
linaje de los benditos de Jehová, y sus descendientes con ellos. 24 Y antes
que clamen, responderé yo; mientras aún hablan, yo habré oído. 25 El lobo y el
cordero serán apacentados juntos, y el león comerá paja como el buey; y el
polvo será el alimento de la serpiente. No afligirán, ni harán mal en todo mi
santo monte, dijo Jehová.
Los juicios de Jehová y la futura prosperidad de Sion
ISAÍAS 66
1 Jehová dijo así: El cielo es mi trono, y la tierra
estrado de mis pies; ¿dónde está la casa que me habréis de edificar, y dónde
el lugar de mi reposo? 2 Mi mano hizo todas estas cosas, y así todas estas
cosas fueron, dice Jehová; pero miraré a aquel que es pobre y humilde de
espíritu, y que tiembla a mi palabra.
3 El que sacrifica buey es como si matase a un hombre;
el que sacrifica oveja, como si degollase un perro; el que hace ofrenda, como
si ofreciese sangre de cerdo; el que quema incienso, como si bendijese a un
ídolo. Y porque escogieron sus propios caminos, y su alma amó sus
abominaciones, 4 también yo escogeré para ellos escarnios, y traeré sobre
ellos lo que temieron; porque llamé, y nadie respondió; hablé, y no oyeron,
sino que hicieron lo malo delante de mis ojos, y escogieron lo que me
desagrada.
5 Oíd palabra de Jehová, vosotros los que tembláis a su
palabra: Vuestros hermanos que os aborrecen, y os echan fuera por causa de mi
nombre, dijeron: Jehová sea glorificado. Pero él se mostrará para alegría
vuestra, y ellos serán confundidos.
6 Voz de alboroto de la ciudad, voz del templo, voz de
Jehová que da el pago a sus enemigos.
7 Antes que estuviese de parto, dio a luz; antes que le
viniesen dolores, dio a luz hijo. 8 ¿Quién oyó cosa semejante? ¿quién vio tal
cosa? ¿Concebirá la tierra en un día? ¿Nacerá una nación de una vez? Pues en
cuanto Sion estuvo de parto, dio a luz sus hijos. 9 Yo que hago dar a luz, ¿no
haré nacer? dijo Jehová. Yo que hago engendrar, ¿impediré el nacimiento? dice
tu Dios.
10 Alegraos con Jerusalén, y gozaos con ella, todos los
que la amáis; llenaos con ella de gozo, todos los que os enlutáis por ella; 11
para que maméis y os saciéis de los pechos de sus consolaciones; para que
bebáis, y os deleitéis con el resplandor de su gloria.
12 Porque así dice Jehová: He aquí que yo extiendo sobre
ella paz como un río, y la gloria de las naciones como torrente que se
desborda; y mamaréis, y en los brazos seréis traídos, y sobre las rodillas
seréis mimados. 13 Como aquel a quien consuela su madre, así os consolaré yo a
vosotros, y en Jerusalén tomaréis consuelo. 14 Y veréis, y se alegrará vuestro
corazón, y vuestros huesos reverdecerán como la hierba; y la mano de Jehová
para con sus siervos será conocida, y se enojará contra sus enemigos. 15
Porque he aquí que Jehová vendrá con fuego, y sus carros como torbellino, para
descargar su ira con furor, y su reprensión con llama de fuego. 16 Porque
Jehová juzgará con fuego y con su espada a todo hombre; y los muertos de
Jehová serán multiplicados.
17 Los que se santifican y los que se purifican en los
huertos, unos tras otros, los que comen carne de cerdo y abominación y ratón,
juntamente serán talados, dice Jehová.
18 Porque yo conozco sus obras y sus pensamientos;
tiempo vendrá para juntar a todas las naciones y lenguas; y vendrán, y verán
mi gloria. 19 Y pondré entre ellos señal, y enviaré de los escapados de ellos
a las naciones, a Tarsis, a Fut y Lud que disparan arco, a Tubal y a Javán, a
las costas lejanas que no oyeron de mí, ni vieron mi gloria; y publicarán mi
gloria entre las naciones. 20 Y traerán a todos vuestros hermanos de entre
todas las naciones, por ofrenda a Jehová, en caballos, en carros, en literas,
en mulos y en camellos, a mi santo monte de Jerusalén, dice Jehová, al modo
que los hijos de Israel traen la ofrenda en utensilios limpios a la casa de
Jehová. 21 Y tomaré también de ellos para sacerdotes y levitas, dice Jehová.
22 Porque como los cielos nuevos y la nueva tierra que
yo hago permanecerán delante de mí, dice Jehová, así permanecerá vuestra
descendencia y vuestro nombre. 23 Y de mes en mes, y de día de reposo en día
de reposo, vendrán todos a adorar delante de mí, dijo Jehová.
24 Y saldrán, y verán los cadáveres de los hombres que
se rebelaron contra mí; porque su gusano nunca morirá, ni su fuego se apagará,
y serán abominables a todo hombre.
JEREMÍAS
Llamamiento y misión de Jeremías
JEREMÍAS 1
1 Las palabras de Jeremías hijo de Hilcías, de los
sacerdotes que estuvieron en Anatot, en tierra de Benjamín. 2 Palabra de
Jehová que le vino en los días de Josías hijo de Amón, rey de Judá, en el año
decimotercero de su reinado. 3 Le vino también en días de Joacim hijo de
Josías, rey de Judá, hasta el fin del año undécimo de Sedequías hijo de Josías,
rey de Judá, hasta la cautividad de Jerusalén en el mes quinto.
4 Vino, pues, palabra de Jehová a mí, diciendo: 5 Antes
que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te
di por profeta a las naciones. 6 Y yo dije: ¡Ah! ¡ah, Señor Jehová! He aquí,
no sé hablar, porque soy niño. 7 Y me dijo Jehová: No digas: Soy un niño;
porque a todo lo que te envíe irás tú, y dirás todo lo que te mande. 8 No
temas delante de ellos, porque contigo estoy para librarte, dice Jehová. 9 Y
extendió Jehová su mano y tocó mi boca, y me dijo Jehová: He aquí he puesto
mis palabras en tu boca. 10 Mira que te he puesto en este día sobre naciones y
sobre reinos, para arrancar y para destruir, para arruinar y para derribar,
para edificar y para plantar. 11 La palabra de Jehová vino a mí, diciendo:
¿Qué ves tú, Jeremías? Y dije: Veo una vara de almendro. 12 Y me dijo Jehová:
Bien has visto; porque yo apresuro mi palabra para ponerla por obra.
13 Vino a mí la palabra de Jehová por segunda vez,
diciendo: ¿Qué ves tú? Y dije: Veo una olla que hierve; y su faz está hacia el
norte. 14 Me dijo Jehová: Del norte se soltará el mal sobre todos los
moradores de esta tierra. 15 Porque he aquí que yo convoco a todas las
familias de los reinos del norte, dice Jehová; y vendrán, y pondrá cada uno su
campamento a la entrada de las puertas de Jerusalén, y junto a todos sus muros
en derredor, y contra todas las ciudades de Judá. 16 Y a causa de toda su
maldad, proferiré mis juicios contra los que me dejaron, e incensaron a dioses
extraños, y la obra de sus manos adoraron. 17 Tú, pues, ciñe tus lomos,
levántate, y háblales todo cuanto te mande; no temas delante de ellos, para
que no te haga yo quebrantar delante de ellos. 18 Porque he aquí que yo te he
puesto en este día como ciudad fortificada, como columna de hierro, y como
muro de bronce contra toda esta tierra, contra los reyes de Judá, sus
príncipes, sus sacerdotes, y el pueblo de la tierra. 19 Y pelearán contra ti,
pero no te vencerán; porque yo estoy contigo, dice Jehová, para librarte.
Jehová y la apostasía de Israel
JEREMÍAS 2
1 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 2 Anda y clama a
los oídos de Jerusalén, diciendo: Así dice Jehová: Me he acordado de ti, de la
fidelidad de tu juventud, del amor de tu desposorio, cuando andabas en pos de
mí en el desierto, en tierra no sembrada. 3 Santo era Israel a Jehová,
primicias de sus nuevos frutos. Todos los que le devoraban eran culpables; mal
venía sobre ellos, dice Jehová.
4 Oíd la palabra de Jehová, casa de Jacob, y todas las
familias de la casa de Israel. 5 Así dijo Jehová: ¿Qué maldad hallaron en mí
vuestros padres, que se alejaron de mí, y se fueron tras la vanidad y se
hicieron vanos? 6 Y no dijeron: ¿Dónde está Jehová, que nos hizo subir de la
tierra de Egipto, que nos condujo por el desierto, por una tierra desierta y
despoblada, por tierra seca y de sombra de muerte, por una tierra por la cual
no pasó varón, ni allí habitó hombre? 7 Y os introduje en tierra de
abundancia, para que comieseis su fruto y su bien; pero entrasteis y
contaminasteis mi tierra, e hicisteis abominable mi heredad. 8 Los sacerdotes
no dijeron: ¿Dónde está Jehová? y los que tenían la ley no me conocieron; y
los pastores se rebelaron contra mí, y los profetas profetizaron en nombre de
Baal, y anduvieron tras lo que no aprovecha.
9 Por tanto, contenderé aún con vosotros, dijo Jehová, y
con los hijos de vuestros hijos pleitearé. 10 Porque pasad a las costas de
Quitim y mirad; y enviad a Cedar, y considerad cuidadosamente, y ved si se ha
hecho cosa semejante a esta. 11 ¿Acaso alguna nación ha cambiado sus dioses,
aunque ellos no son dioses? Sin embargo, mi pueblo ha trocado su gloria por lo
que no aprovecha. 12 Espantaos, cielos, sobre esto, y horrorizaos; desolaos en
gran manera, dijo Jehová. 13 Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a
mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no
retienen agua.
14 ¿Es Israel siervo? ¿es esclavo? ¿Por qué ha venido a
ser presa? 15 Los cachorros del león rugieron contra él, alzaron su voz, y
asolaron su tierra; quemadas están sus ciudades, sin morador. 16 Aun los hijos
de Menfis y de Tafnes te quebrantaron la coronilla. 17 ¿No te acarreó esto el
haber dejado a Jehová tu Dios, cuando te conducía por el camino? 18 Ahora,
pues, ¿qué tienes tú en el camino de Egipto, para que bebas agua del Nilo? ¿Y
qué tienes tú en el camino de Asiria, para que bebas agua del Eufrates? 19 Tu
maldad te castigará, y tus rebeldías te condenarán; sabe, pues, y ve cuán malo
y amargo es el haber dejado tú a Jehová tu Dios, y faltar mi temor en ti, dice
el Señor, Jehová de los ejércitos.
20 Porque desde muy atrás rompiste tu yugo y tus
ataduras, y dijiste: No serviré. Con todo eso, sobre todo collado alto y
debajo de todo árbol frondoso te echabas como ramera. 21 Te planté de vid
escogida, simiente verdadera toda ella; ¿cómo, pues, te me has vuelto
sarmiento de vid extraña? 22 Aunque te laves con lejía, y amontones jabón
sobre ti, la mancha de tu pecado permanecerá aún delante de mí, dijo Jehová el
Señor. 23 ¿Cómo puedes decir: No soy inmunda, nunca anduve tras los baales?
Mira tu proceder en el valle, conoce lo que has hecho, dromedaria ligera que
tuerce su camino, 24 asna montés acostumbrada al desierto, que en su ardor
olfatea el viento. De su lujuria, ¿quién la detendrá? Todos los que la
buscaren no se fatigarán, porque en el tiempo de su celo la hallarán. 25
Guarda tus pies de andar descalzos, y tu garganta de la sed. Mas dijiste: No
hay remedio en ninguna manera, porque a extraños he amado, y tras ellos he de
ir.
26 Como se avergüenza el ladrón cuando es descubierto,
así se avergonzará la casa de Israel, ellos, sus reyes, sus príncipes, sus
sacerdotes y sus profetas, 27 que dicen a un leño: Mi padre eres tú; y a una
piedra: Tú me has engendrado. Porque me volvieron la cerviz, y no el rostro; y
en el tiempo de su calamidad dicen: Levántate, y líbranos. 28 ¿Y dónde están
tus dioses que hiciste para ti? Levántense ellos, a ver si te podrán librar en
el tiempo de tu aflicción; porque según el número de tus ciudades, oh Judá,
fueron tus dioses.
29 ¿Por qué porfías conmigo? Todos vosotros
prevaricasteis contra mí, dice Jehová. 30 En vano he azotado a vuestros hijos;
no han recibido corrección. Vuestra espada devoró a vuestros profetas como
león destrozador. 31 ¡Oh generación! atended vosotros a la palabra de Jehová.
¿He sido yo un desierto para Israel, o tierra de tinieblas? ¿Por qué ha dicho
mi pueblo: Somos libres; nunca más vendremos a ti? 32 ¿Se olvida la virgen de
su atavío, o la desposada de sus galas? Pero mi pueblo se ha olvidado de mí
por innumerables días.
33 ¿Por qué adornas tu camino para hallar amor? Aun a las
malvadas enseñaste tus caminos. 34 Aun en tus faldas se halló la sangre de los
pobres, de los inocentes. No los hallaste en ningún delito; sin embargo, en
todas estas cosas dices: 35 Soy inocente, de cierto su ira se apartó de mí. He
aquí yo entraré en juicio contigo, porque dijiste: No he pecado. 36 ¿Para qué
discurres tanto, cambiando tus caminos? También serás avergonzada de Egipto,
como fuiste avergonzada de Asiria. 37 También de allí saldrás con tus manos
sobre tu cabeza, porque Jehová desechó a aquellos en quienes tú confiabas, y
no prosperarás por ellos.
JEREMÍAS 3
1 Dicen: Si alguno dejare a su mujer, y yéndose ésta de
él se juntare a otro hombre, ¿volverá a ella más? ¿No será tal tierra del todo
amancillada? Tú, pues, has fornicado con muchos amigos; mas ¡vuélvete a mí!
dice Jehová. 2 Alza tus ojos a las alturas, y ve en qué lugar no te hayas
prostituido. Junto a los caminos te sentabas para ellos como árabe en el
desierto, y con tus fornicaciones y con tu maldad has contaminado la tierra. 3
Por esta causa las aguas han sido detenidas, y faltó la lluvia tardía; y has
tenido frente de ramera, y no quisiste tener vergüenza. 4 A lo menos desde
ahora, ¿no me llamarás a mí, Padre mío, guiador de mi juventud? 5 ¿Guardará su
enojo para siempre? ¿Eternamente lo guardará? He aquí que has hablado y hecho
cuantas maldades pudiste.
Jehová exhorta a Israel y a Judá al arrepentimiento
6 Me dijo Jehová en días del rey Josías: ¿Has visto lo
que ha hecho la rebelde Israel? Ella se va sobre todo monte alto y debajo de
todo árbol frondoso, y allí fornica. 7 Y dije: Después de hacer todo esto, se
volverá a mí; pero no se volvió, y lo vio su hermana la rebelde Judá. 8 Ella
vio que por haber fornicado la rebelde Israel, yo la había despedido y dado
carta de repudio; pero no tuvo temor la rebelde Judá su hermana, sino que
también fue ella y fornicó. 9 Y sucedió que por juzgar ella cosa liviana su
fornicación, la tierra fue contaminada, y adulteró con la piedra y con el
leño. 10 Con todo esto, su hermana la rebelde Judá no se volvió a mí de todo
corazón, sino fingidamente, dice Jehová.
11 Y me dijo Jehová: Ha resultado justa la rebelde Israel
en comparación con la desleal Judá. 12 Ve y clama estas palabras hacia el
norte, y di: Vuélvete, oh rebelde Israel, dice Jehová; no haré caer mi ira
sobre ti, porque misericordioso soy yo, dice Jehová, no guardaré para siempre
el enojo. 13 Reconoce, pues, tu maldad, porque contra Jehová tu Dios has
prevaricado, y fornicaste con los extraños debajo de todo árbol frondoso, y no
oíste mi voz, dice Jehová.
14 Convertíos, hijos rebeldes, dice Jehová, porque yo soy
vuestro esposo; y os tomaré uno de cada ciudad, y dos de cada familia, y os
introduciré en Sion; 15 y os daré pastores según mi corazón, que os apacienten
con ciencia y con inteligencia. 16 Y acontecerá que cuando os multipliquéis y
crezcáis en la tierra, en esos días, dice Jehová, no se dirá más: Arca del
pacto de Jehová; ni vendrá al pensamiento, ni se acordarán de ella, ni la
echarán de menos, ni se hará otra. 17 En aquel tiempo llamarán a Jerusalén:
Trono de Jehová, y todas las naciones vendrán a ella en el nombre de Jehová en
Jerusalén; ni andarán más tras la dureza de su malvado corazón. 18 En aquellos
tiempos irán de la casa de Judá a la casa de Israel, y vendrán juntamente de
la tierra del norte a la tierra que hice heredar a vuestros padres.
19 Yo preguntaba: ¿Cómo os pondré por hijos, y os daré la
tierra deseable, la rica heredad de las naciones? Y dije: Me llamaréis: Padre
mío, y no os apartaréis de en pos de mí. 20 Pero como la esposa infiel
abandona a su compañero, así prevaricasteis contra mí, oh casa de Israel, dice
Jehová. 21 Voz fue oída sobre las alturas, llanto de los ruegos de los hijos
de Israel; porque han torcido su camino, de Jehová su Dios se han olvidado. 22
Convertíos, hijos rebeldes, y sanaré vuestras rebeliones. He aquí nosotros
venimos a ti, porque tú eres Jehová nuestro Dios. 23 Ciertamente vanidad son
los collados, y el bullicio sobre los montes; ciertamente en Jehová nuestro
Dios está la salvación de Israel.
24 Confusión consumió el trabajo de nuestros padres desde
nuestra juventud; sus ovejas, sus vacas, sus hijos y sus hijas. 25 Yacemos en
nuestra confusión, y nuestra afrenta nos cubre; porque pecamos contra Jehová
nuestro Dios, nosotros y nuestros padres, desde nuestra juventud y hasta este
día, y no hemos escuchado la voz de Jehová nuestro Dios.
JEREMÍAS 4
1 Si te volvieres, oh Israel, dice Jehová, vuélvete a mí.
Y si quitares de delante de mí tus abominaciones, y no anduvieres de acá para
allá, 2 y jurares: Vive Jehová, en verdad, en juicio y en justicia, entonces
las naciones serán benditas en él, y en él se gloriarán. 3 Porque así dice
Jehová a todo varón de Judá y de Jerusalén: Arad campo para vosotros, y no
sembréis entre espinos. 4 Circuncidaos a Jehová, y quitad el prepucio de
vuestro corazón, varones de Judá y moradores de Jerusalén; no sea que mi ira
salga como fuego, y se encienda y no haya quien la apague, por la maldad de
vuestras obras.
Judá es amenazada de invasión
5 Anunciad en Judá, y proclamad en Jerusalén, y decid:
Tocad trompeta en la tierra; pregonad, juntaos, y decid: Reuníos, y entrémonos
en las ciudades fortificadas. 6 Alzad bandera en Sion, huid, no os detengáis;
porque yo hago venir mal del norte, y quebrantamiento grande. 7 El león sube
de la espesura, y el destruidor de naciones está en marcha, y ha salido de su
lugar para poner tu tierra en desolación; tus ciudades quedarán asoladas y sin
morador. 8 Por esto vestíos de cilicio, endechad y aullad; porque la ira de
Jehová no se ha apartado de nosotros.
9 En aquel día, dice Jehová, desfallecerá el corazón del
rey y el corazón de los príncipes, y los sacerdotes estarán atónitos, y se
maravillarán los profetas. 10 Y dije: ¡Ay, ay, Jehová Dios! Verdaderamente en
gran manera has engañado a este pueblo y a Jerusalén, diciendo: Paz tendréis;
pues la espada ha venido hasta el alma.
11 En aquel tiempo se dirá a este pueblo y a Jerusalén:
Viento seco de las alturas del desierto vino a la hija de mi pueblo, no para
aventar, ni para limpiar. 12 Viento más vehemente que este vendrá a mí; y
ahora yo pronunciaré juicios contra ellos.
13 He aquí que subirá como nube, y su carro como
torbellino; más ligeros son sus caballos que las águilas. ¡Ay de nosotros,
porque entregados somos a despojo! 14 Lava tu corazón de maldad, oh Jerusalén,
para que seas salva. ¿Hasta cuándo permitirás en medio de ti los pensamientos
de iniquidad? 15 Porque una voz trae las nuevas desde Dan, y hace oír la
calamidad desde el monte de Efraín. 16 Decid a las naciones: He aquí, haced
oír sobre Jerusalén: Guardas vienen de tierra lejana, y lanzarán su voz contra
las ciudades de Judá. 17 Como guardas de campo estuvieron en derredor de ella,
porque se rebeló contra mí, dice Jehová. 18 Tu camino y tus obras te hicieron
esto; esta es tu maldad, por lo cual amargura penetrará hasta tu corazón.
19 ¡Mis entrañas, mis entrañas! Me duelen las fibras de
mi corazón; mi corazón se agita dentro de mí; no callaré; porque sonido de
trompeta has oído, oh alma mía, pregón de guerra. 20 Quebrantamiento sobre
quebrantamiento es anunciado; porque toda la tierra es destruida; de repente
son destruidas mis tiendas, en un momento mis cortinas. 21 ¿Hasta cuándo he de
ver bandera, he de oír sonido de trompeta? 22 Porque mi pueblo es necio, no me
conocieron; son hijos ignorantes y no son entendidos; sabios para hacer el
mal, pero hacer el bien no supieron.
23 Miré a la tierra, y he aquí que estaba asolada y
vacía; y a los cielos, y no había en ellos luz. 24 Miré a los montes, y he
aquí que temblaban, y todos los collados fueron destruidos. 25 Miré, y no
había hombre, y todas las aves del cielo se habían ido. 26 Miré, y he aquí el
campo fértil era un desierto, y todas sus ciudades eran asoladas delante de
Jehová, delante del ardor de su ira.
27 Porque así dijo Jehová: Toda la tierra será asolada;
pero no la destruiré del todo. 28 Por esto se enlutará la tierra, y los cielos
arriba se oscurecerán, porque hablé, lo pensé, y no me arrepentí, ni desistiré
de ello. 29 Al estruendo de la gente de a caballo y de los flecheros huyó toda
la ciudad; entraron en las espesuras de los bosques, y subieron a los
peñascos; todas las ciudades fueron abandonadas, y no quedó en ellas morador
alguno. 30 Y tú, destruida, ¿qué harás? Aunque te vistas de grana, aunque te
adornes con atavíos de oro, aunque pintes con antimonio tus ojos, en vano te
engalanas; te menospreciarán tus amantes, buscarán tu vida. 31 Porque oí una
voz como de mujer que está de parto, angustia como de primeriza; voz de la
hija de Sion que lamenta y extiende sus manos, diciendo: ¡Ay ahora de mí! que
mi alma desmaya a causa de los asesinos.
Impiedad de Jerusalén y de Judá
JEREMÍAS 5
1 Recorred las calles de Jerusalén, y mirad ahora, e
informaos; buscad en sus plazas a ver si halláis hombre, si hay alguno que
haga justicia, que busque verdad; y yo la perdonaré. 2 Aunque digan: Vive
Jehová, juran falsamente. 3 Oh Jehová, ¿no miran tus ojos a la verdad? Los
azotaste, y no les dolió; los consumiste, y no quisieron recibir corrección;
endurecieron sus rostros más que la piedra, no quisieron convertirse.
4 Pero yo dije: Ciertamente éstos son pobres, han
enloquecido, pues no conocen el camino de Jehová, el juicio de su Dios. 5 Iré
a los grandes, y les hablaré; porque ellos conocen el camino de Jehová, el
juicio de su Dios. Pero ellos también quebraron el yugo, rompieron las
coyundas.
6 Por tanto, el león de la selva los matará, los
destruirá el lobo del desierto, el leopardo acechará sus ciudades; cualquiera
que de ellas saliere será arrebatado; porque sus rebeliones se han
multiplicado, se han aumentado sus deslealtades.
7 ¿Cómo te he de perdonar por esto? Sus hijos me dejaron,
y juraron por lo que no es Dios. Los sacié, y adulteraron, y en casa de
rameras se juntaron en compañías. 8 Como caballos bien alimentados, cada cual
relinchaba tras la mujer de su prójimo. 9 ¿No había de castigar esto? dijo
Jehová. De una nación como esta, ¿no se había de vengar mi alma? 10 Escalad
sus muros y destruid, pero no del todo; quitad las almenas de sus muros,
porque no son de Jehová. 11 Porque resueltamente se rebelaron contra mí la
casa de Israel y la casa de Judá, dice Jehová. 12 Negaron a Jehová, y dijeron:
El no es, y no vendrá mal sobre nosotros, ni veremos espada ni hambre; 13
antes los profetas serán como viento, porque no hay en ellos palabra; así se
hará a ellos.
14 Por tanto, así ha dicho Jehová Dios de los ejércitos:
Porque dijeron esta palabra, he aquí yo pongo mis palabras en tu boca por
fuego, y a este pueblo por leña, y los consumirá. 15 He aquí yo traigo sobre
vosotros gente de lejos, oh casa de Israel, dice Jehová; gente robusta, gente
antigua, gente cuya lengua ignorarás, y no entenderás lo que hablare. 16 Su
aljaba como sepulcro abierto, todos valientes. 17 Y comerá tu mies y tu pan,
comerá a tus hijos y a tus hijas; comerá tus ovejas y tus vacas, comerá tus
viñas y tus higueras, y a espada convertirá en nada tus ciudades fortificadas
en que confías.
18 No obstante, en aquellos días, dice Jehová, no os
destruiré del todo. 19 Y cuando dijeren: ¿Por qué Jehová el Dios nuestro hizo
con nosotros todas estas cosas?, entonces les dirás: De la manera que me
dejasteis a mí, y servisteis a dioses ajenos en vuestra tierra, así serviréis
a extraños en tierra ajena.
20 Anunciad esto en la casa de Jacob, y haced que esto se
oiga en Judá, diciendo: 21 Oíd ahora esto, pueblo necio y sin corazón, que
tiene ojos y no ve, que tiene oídos y no oye: 22 ¿A mí no me temeréis? dice
Jehová. ¿No os amedrentaréis ante mí, que puse arena por término al mar, por
ordenación eterna la cual no quebrantará? Se levantarán tempestades, mas no
prevalecerán; bramarán sus ondas, mas no lo pasarán. 23 No obstante, este
pueblo tiene corazón falso y rebelde; se apartaron y se fueron. 24 Y no
dijeron en su corazón: Temamos ahora a Jehová Dios nuestro, que da lluvia
temprana y tardía en su tiempo, y nos guarda los tiempos establecidos de la
siega. 25 Vuestras iniquidades han estorbado estas cosas, y vuestros pecados
apartaron de vosotros el bien. 26 Porque fueron hallados en mi pueblo impíos;
acechaban como quien pone lazos, pusieron trampa para cazar hombres. 27 Como
jaula llena de pájaros, así están sus casas llenas de engaño; así se hicieron
grandes y ricos. 28 Se engordaron y se pusieron lustrosos, y sobrepasaron los
hechos del malo; no juzgaron la causa, la causa del huérfano; con todo, se
hicieron prósperos, y la causa de los pobres no juzgaron. 29 ¿No castigaré
esto? dice Jehová; ¿y de tal gente no se vengará mi alma?
30 Cosa espantosa y fea es hecha en la tierra; 31 los
profetas profetizaron mentira, y los sacerdotes dirigían por manos de ellos; y
mi pueblo así lo quiso. ¿Qué, pues, haréis cuando llegue el fin?
El juicio contra Jerusalén y Judá
JEREMÍAS 6
1 Huid, hijos de Benjamín, de en medio de Jerusalén, y
tocad bocina en Tecoa, y alzad por señal humo sobre Bet-haquerem; porque del
norte se ha visto mal, y quebrantamiento grande. 2 Destruiré a la bella y
delicada hija de Sion. 3 Contra ella vendrán pastores y sus rebaños; junto a
ella plantarán sus tiendas alrededor; cada uno apacentará en su lugar. 4
Anunciad guerra contra ella; levantaos y asaltémosla a mediodía. ¡Ay de
nosotros! que va cayendo ya el día, que las sombras de la tarde se han
extendido. 5 Levantaos y asaltemos de noche, y destruyamos sus palacios.
6 Porque así dijo Jehová de los ejércitos: Cortad
árboles, y levantad vallado contra Jerusalén; esta es la ciudad que ha de ser
castigada; toda ella está llena de violencia. 7 Como la fuente nunca cesa de
manar sus aguas, así ella nunca cesa de manar su maldad; injusticia y robo se
oyen en ella; continuamente en mi presencia, enfermedad y herida. 8 Corrígete,
Jerusalén, para que no se aparte mi alma de ti, para que no te convierta en
desierto, en tierra inhabitada.
9 Así dijo Jehová de los ejércitos: Del todo rebuscarán
como a vid el resto de Israel; vuelve tu mano como vendimiador entre los
sarmientos. 10 ¿A quién hablaré y amonestaré, para que oigan? He aquí que sus
oídos son incircuncisos, y no pueden escuchar; he aquí que la palabra de
Jehová les es cosa vergonzosa, no la aman. 11 Por tanto, estoy lleno de la ira
de Jehová, estoy cansado de contenerme; la derramaré sobre los niños en la
calle, y sobre la reunión de los jóvenes igualmente; porque será preso tanto
el marido como la mujer, tanto el viejo como el muy anciano. 12 Y sus casas
serán traspasadas a otros, sus heredades y también sus mujeres; porque
extenderé mi mano sobre los moradores de la tierra, dice Jehová. 13 Porque
desde el más chico de ellos hasta el más grande, cada uno sigue la avaricia; y
desde el profeta hasta el sacerdote, todos son engañadores. 14 Y curan la
herida de mi pueblo con liviandad, diciendo: Paz, paz; y no hay paz. 15 ¿Se
han avergonzado de haber hecho abominación? Ciertamente no se han avergonzado,
ni aun saben tener vergüenza; por tanto, caerán entre los que caigan; cuando
los castigue caerán, dice Jehová.
16 Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y
preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y
hallaréis descanso para vuestra alma. Mas dijeron: No andaremos. 17 Puse
también sobre vosotros atalayas, que dijesen: Escuchad al sonido de la
trompeta. Y dijeron ellos: No escucharemos. 18 Por tanto, oíd, naciones, y
entended, oh congregación, lo que sucederá. 19 Oye, tierra: He aquí yo traigo
mal sobre este pueblo, el fruto de sus pensamientos; porque no escucharon mis
palabras, y aborrecieron mi ley. 20 ¿Para qué a mí este incienso de Sabá, y la
buena caña olorosa de tierra lejana? Vuestros holocaustos no son aceptables,
ni vuestros sacrificios me agradan. 21 Por tanto, Jehová dice esto: He aquí yo
pongo a este pueblo tropiezos, y caerán en ellos los padres y los hijos
juntamente; el vecino y su compañero perecerán.
22 Así ha dicho Jehová: He aquí que viene pueblo de la
tierra del norte, y una nación grande se levantará de los confines de la
tierra. 23 Arco y jabalina empuñarán; crueles son, y no tendrán misericordia;
su estruendo brama como el mar, y montarán a caballo como hombres dispuestos
para la guerra, contra ti, oh hija de Sion. 24 Su fama oímos, y nuestras manos
se descoyuntaron; se apoderó de nosotros angustia, dolor como de mujer que
está de parto. 25 No salgas al campo, ni andes por el camino; porque espada de
enemigo y temor hay por todas partes. 26 Hija de mi pueblo, cíñete de cilicio,
y revuélcate en ceniza; ponte luto como por hijo único, llanto de amarguras;
porque pronto vendrá sobre nosotros el destruidor.
27 Por fortaleza te he puesto en mi pueblo, por torre;
conocerás, pues, y examinarás el camino de ellos. 28 Todos ellos son rebeldes,
porfiados, andan chismeando; son bronce y hierro; todos ellos son corruptores.
29 Se quemó el fuelle, por el fuego se ha consumido el plomo; en vano fundió
el fundidor, pues la escoria no se ha arrancado. 30 Plata desechada los
llamarán, porque Jehová los desechó.
Mejorad vuestros caminos y vuestras obras
JEREMÍAS 7
1 Palabra de Jehová que vino a Jeremías, diciendo: 2
Ponte a la puerta de la casa de Jehová, y proclama allí esta palabra, y di:
Oíd palabra de Jehová, todo Judá, los que entráis por estas puertas para
adorar a Jehová. 3 Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel:
Mejorad vuestros caminos y vuestras obras, y os haré morar en este lugar. 4 No
fiéis en palabras de mentira, diciendo: Templo de Jehová, templo de Jehová,
templo de Jehová es este.
5 Pero si mejorareis cumplidamente vuestros caminos y
vuestras obras; si con verdad hiciereis justicia entre el hombre y su prójimo,
6 y no oprimiereis al extranjero, al huérfano y a la viuda, ni en este lugar
derramareis la sangre inocente, ni anduviereis en pos de dioses ajenos para
mal vuestro, 7 os haré morar en este lugar, en la tierra que di a vuestros
padres para siempre.
8 He aquí, vosotros confiáis en palabras de mentira, que
no aprovechan. 9 Hurtando, matando, adulterando, jurando en falso, e
incensando a Baal, y andando tras dioses extraños que no conocisteis, 10
¿vendréis y os pondréis delante de mí en esta casa sobre la cual es invocado
mi nombre, y diréis: Librados somos; para seguir haciendo todas estas
abominaciones? 11 ¿Es cueva de ladrones delante de vuestros ojos esta casa
sobre la cual es invocado mi nombre? He aquí que también yo lo veo, dice
Jehová. 12 Andad ahora a mi lugar en Silo, donde hice morar mi nombre al
principio, y ved lo que le hice por la maldad de mi pueblo Israel. 13 Ahora,
pues, por cuanto vosotros habéis hecho todas estas obras, dice Jehová, y
aunque os hablé desde temprano y sin cesar, no oísteis, y os llamé, y no
respondisteis; 14 haré también a esta casa sobre la cual es invocado mi
nombre, en la que vosotros confiáis, y a este lugar que di a vosotros y a
vuestros padres, como hice a Silo. 15 Os echaré de mi presencia, como eché a
todos vuestros hermanos, a toda la generación de Efraín.
16 Tú, pues, no ores por este pueblo, ni levantes por
ellos clamor ni oración, ni me ruegues; porque no te oiré. 17 ¿No ves lo que
éstos hacen en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén? 18 Los hijos
recogen la leña, los padres encienden el fuego, y las mujeres amasan la masa,
para hacer tortas a la reina del cielo y para hacer ofrendas a dioses ajenos,
para provocarme a ira. 19 ¿Me provocarán ellos a ira? dice Jehová. ¿No obran
más bien ellos mismos su propia confusión? 20 Por tanto, así ha dicho Jehová
el Señor: He aquí que mi furor y mi ira se derramarán sobre este lugar, sobre
los hombres, sobre los animales, sobre los árboles del campo y sobre los
frutos de la tierra; se encenderán, y no se apagarán.
Castigo de la rebelión de Judá
21 Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel:
Añadid vuestros holocaustos sobre vuestros sacrificios, y comed la carne. 22
Porque no hablé yo con vuestros padres, ni nada les mandé acerca de
holocaustos y de víctimas el día que los saqué de la tierra de Egipto. 23 Mas
esto les mandé, diciendo: Escuchad mi voz, y seré a vosotros por Dios, y
vosotros me seréis por pueblo; y andad en todo camino que os mande, para que
os vaya bien. 24 Y no oyeron ni inclinaron su oído; antes caminaron en sus
propios consejos, en la dureza de su corazón malvado, y fueron hacia atrás y
no hacia adelante, 25 desde el día que vuestros padres salieron de la tierra
de Egipto hasta hoy. Y os envié todos los profetas mis siervos, enviándolos
desde temprano y sin cesar; 26 pero no me oyeron ni inclinaron su oído, sino
que endurecieron su cerviz, e hicieron peor que sus padres.
27 Tú, pues, les dirás todas estas palabras, pero no te
oirán; los llamarás, y no te responderán. 28 Les dirás, por tanto: Esta es la
nación que no escuchó la voz de Jehová su Dios, ni admitió corrección; pereció
la verdad, y de la boca de ellos fue cortada.
29 Corta tu cabello, y arrójalo, y levanta llanto sobre
las alturas; porque Jehová ha aborrecido y dejado la generación objeto de su
ira.
30 Porque los hijos de Judá han hecho lo malo ante mis
ojos, dice Jehová; pusieron sus abominaciones en la casa sobre la cual fue
invocado mi nombre, amancillándola. 31 Y han edificado los lugares altos de
Tofet, que está en el valle del hijo de Hinom, para quemar al fuego a sus
hijos y a sus hijas, cosa que yo no les mandé, ni subió en mi corazón. 32 Por
tanto, he aquí vendrán días, ha dicho Jehová, en que no se diga más, Tofet, ni
valle del hijo de Hinom, sino Valle de la Matanza; y serán enterrados en Tofet,
por no haber lugar. 33 Y serán los cuerpos muertos de este pueblo para comida
de las aves del cielo y de las bestias de la tierra; y no habrá quien las
espante. 34 Y haré cesar de las ciudades de Judá, y de las calles de
Jerusalén, la voz de gozo y la voz de alegría, la voz del esposo y la voz de
la esposa; porque la tierra será desolada.
JEREMÍAS 8
1 En aquel tiempo, dice Jehová, sacarán los huesos de los
reyes de Judá, y los huesos de sus príncipes, y los huesos de los sacerdotes,
y los huesos de los profetas, y los huesos de los moradores de Jerusalén,
fuera de sus sepulcros; 2 y los esparcirán al sol y a la luna y a todo el
ejército del cielo, a quienes amaron y a quienes sirvieron, en pos de quienes
anduvieron, a quienes preguntaron, y ante quienes se postraron. No serán
recogidos ni enterrados; serán como estiércol sobre la faz de la tierra. 3 Y
escogerá la muerte antes que la vida todo el resto que quede de esta mala
generación, en todos los lugares adonde arroje yo a los que queden, dice
Jehová de los ejércitos.
4 Les dirás asimismo: Así ha dicho Jehová: El que cae,
¿no se levanta? El que se desvía, ¿no vuelve al camino? 5 ¿Por qué es este
pueblo de Jerusalén rebelde con rebeldía perpetua? Abrazaron el engaño, y no
han querido volverse. 6 Escuché y oí; no hablan rectamente, no hay hombre que
se arrepienta de su mal, diciendo: ¿Qué he hecho? Cada cual se volvió a su
propia carrera, como caballo que arremete con ímpetu a la batalla. 7 Aun la
cigüeña en el cielo conoce su tiempo, y la tórtola y la grulla y la golondrina
guardan el tiempo de su venida; pero mi pueblo no conoce el juicio de Jehová.
8 ¿Cómo decís: Nosotros somos sabios, y la ley de Jehová
está con nosotros? Ciertamente la ha cambiado en mentira la pluma mentirosa de
los escribas. 9 Los sabios se avergonzaron, se espantaron y fueron
consternados; he aquí que aborrecieron la palabra de Jehová; ¿y qué sabiduría
tienen? 10 Por tanto, daré a otros sus mujeres, y sus campos a quienes los
conquisten; porque desde el más pequeño hasta el más grande cada uno sigue la
avaricia; desde el profeta hasta el sacerdote todos hacen engaño. 11 Y curaron
la herida de la hija de mi pueblo con liviandad, diciendo: Paz, paz; y no hay
paz. 12 ¿Se han avergonzado de haber hecho abominación? Ciertamente no se han
avergonzado en lo más mínimo, ni supieron avergonzarse; caerán, por tanto,
entre los que caigan; cuando los castigue caerán, dice Jehová. 13 Los cortaré
del todo, dice Jehová. No quedarán uvas en la vid, ni higos en la higuera, y
se caerá la hoja; y lo que les he dado pasará de ellos.
14 ¿Por qué nos estamos sentados? Reuníos, y entremos en
las ciudades fortificadas, y perezcamos allí; porque Jehová nuestro Dios nos
ha destinado a perecer, y nos ha dado a beber aguas de hiel, porque pecamos
contra Jehová. 15 Esperamos paz, y no hubo bien; día de curación, y he aquí
turbación. 16 Desde Dan se oyó el bufido de sus caballos; al sonido de los
relinchos de sus corceles tembló toda la tierra; y vinieron y devoraron la
tierra y su abundancia, a la ciudad y a los moradores de ella. 17 Porque he
aquí que yo envío sobre vosotros serpientes, áspides contra los cuales no hay
encantamiento, y os morderán, dice Jehová.
Lamento sobre Judá y Jerusalén
18 A causa de mi fuerte dolor, mi corazón desfallece en
mí. 19 He aquí voz del clamor de la hija de mi pueblo, que viene de la tierra
lejana: ¿No está Jehová en Sion? ¿No está en ella su Rey? ¿Por qué me hicieron
airar con sus imágenes de talla, con vanidades ajenas? 20 Pasó la siega,
terminó el verano, y nosotros no hemos sido salvos. 21 Quebrantado estoy por
el quebrantamiento de la hija de mi pueblo; entenebrecido estoy, espanto me ha
arrebatado.
22 ¿No hay bálsamo en Galaad? ¿No hay allí médico? ¿Por
qué, pues, no hubo medicina para la hija de mi pueblo?
JEREMÍAS 9
1 ¡Oh, si mi cabeza se hiciese aguas, y mis ojos fuentes
de lágrimas, para que llore día y noche los muertos de la hija de mi pueblo! 2
¡Oh, quién me diese en el desierto un albergue de caminantes, para que dejase
a mi pueblo, y de ellos me apartase! Porque todos ellos son adúlteros,
congregación de prevaricadores. 3 Hicieron que su lengua lanzara mentira como
un arco, y no se fortalecieron para la verdad en la tierra; porque de mal en
mal procedieron, y me han desconocido, dice Jehová.
4 Guárdese cada uno de su compañero, y en ningún hermano
tenga confianza; porque todo hermano engaña con falacia, y todo compañero anda
calumniando. 5 Y cada uno engaña a su compañero, y ninguno habla verdad;
acostumbraron su lengua a hablar mentira, se ocupan de actuar perversamente. 6
Su morada está en medio del engaño; por muy engañadores no quisieron
conocerme, dice Jehová.
7 Por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos: He
aquí que yo los refinaré y los probaré; porque ¿qué más he de hacer por la
hija de mi pueblo? 8 Saeta afilada es la lengua de ellos; engaño habla; con su
boca dice paz a su amigo, y dentro de sí pone sus asechanzas. 9 ¿No los he de
castigar por estas cosas? dice Jehová. De tal nación, ¿no se vengará mi alma?
10 Por los montes levantaré lloro y lamentación, y llanto
por los pastizales del desierto; porque fueron desolados hasta no quedar quien
pase, ni oírse bramido de ganado; desde las aves del cielo hasta las bestias
de la tierra huyeron, y se fueron. 11 Reduciré a Jerusalén a un montón de
ruinas, morada de chacales; y convertiré las ciudades de Judá en desolación en
que no quede morador.
Amenaza de ruina y exilio
12 ¿Quién es varón sabio que entienda esto? ¿y a quién
habló la boca de Jehová, para que pueda declararlo? ¿Por qué causa la tierra
ha perecido, ha sido asolada como desierto, hasta no haber quien pase? 13 Dijo
Jehová: Porque dejaron mi ley, la cual di delante de ellos, y no obedecieron a
mi voz, ni caminaron conforme a ella; 14 antes se fueron tras la imaginación
de su corazón, y en pos de los baales, según les enseñaron sus padres. 15 Por
tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí que a
este pueblo yo les daré a comer ajenjo, y les daré a beber aguas de hiel. 16 Y
los esparciré entre naciones que ni ellos ni sus padres conocieron; y enviaré
espada en pos de ellos, hasta que los acabe.
17 Así dice Jehová de los ejércitos: Considerad, y llamad
plañideras que vengan; buscad a las hábiles en su oficio; 18 y dense prisa, y
levanten llanto por nosotros, y desháganse nuestros ojos en lágrimas, y
nuestros párpados se destilen en aguas. 19 Porque de Sion fue oída voz de
endecha: ¡Cómo hemos sido destruidos! En gran manera hemos sido avergonzados,
porque abandonamos la tierra, porque han destruido nuestras moradas.
20 Oíd, pues, oh mujeres, palabra de Jehová, y vuestro
oído reciba la palabra de su boca: Enseñad endechas a vuestras hijas, y
lamentación cada una a su amiga. 21 Porque la muerte ha subido por nuestras
ventanas, ha entrado en nuestros palacios, para exterminar a los niños de las
calles, a los jóvenes de las plazas. 22 Habla: Así ha dicho Jehová: Los
cuerpos de los hombres muertos caerán como estiércol sobre la faz del campo, y
como manojo tras el segador, que no hay quien lo recoja.
El conocimiento de Dios es la gloria del hombre
23 Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría,
ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas.
24 Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme,
que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra;
porque estas cosas quiero, dice Jehová.
25 He aquí que vienen días, dice Jehová, en que castigaré
a todo circuncidado, y a todo incircunciso; 26 a Egipto y a Judá, a Edom y a
los hijos de Amón y de Moab, y a todos los arrinconados en el postrer rincón,
los que moran en el desierto; porque todas las naciones son incircuncisas, y
toda la casa de Israel es incircuncisa de corazón.
Los falsos dioses y el Dios verdadero
JEREMÍAS 10
1 Oíd la palabra que Jehová ha hablado sobre vosotros, oh
casa de Israel. 2 Así dijo Jehová: No aprendáis el camino de las naciones, ni
de las señales del cielo tengáis temor, aunque las naciones las teman. 3
Porque las costumbres de los pueblos son vanidad; porque leño del bosque
cortaron, obra de manos de artífice con buril. 4 Con plata y oro lo adornan;
con clavos y martillo lo afirman para que no se mueva. 5 Derechos están como
palmera, y no hablan; son llevados, porque no pueden andar. No tengáis temor
de ellos, porque ni pueden hacer mal, ni para hacer bien tienen poder.
6 No hay semejante a ti, oh Jehová; grande eres tú, y
grande tu nombre en poderío. 7 ¿Quién no te temerá, oh Rey de las naciones?
Porque a ti es debido el temor; porque entre todos los sabios de las naciones
y en todos sus reinos, no hay semejante a ti. 8 Todos se infatuarán y
entontecerán. Enseñanza de vanidades es el leño. 9 Traerán plata batida de
Tarsis y oro de Ufaz, obra del artífice, y de manos del fundidor; los vestirán
de azul y de púrpura, obra de peritos es todo. 10 Mas Jehová es el Dios
verdadero; él es Dios vivo y Rey eterno; a su ira tiembla la tierra, y las
naciones no pueden sufrir su indignación.
11 Les diréis así: Los dioses que no hicieron los cielos
ni la tierra, desaparezcan de la tierra y de debajo de los cielos.
12 El que hizo la tierra con su poder, el que puso en
orden el mundo con su saber, y extendió los cielos con su sabiduría; 13 a su
voz se produce muchedumbre de aguas en el cielo, y hace subir las nubes de lo
postrero de la tierra; hace los relámpagos con la lluvia, y saca el viento de
sus depósitos. 14 Todo hombre se embrutece, y le falta ciencia; se avergüenza
de su ídolo todo fundidor, porque mentirosa es su obra de fundición, y no hay
espíritu en ella. 15 Vanidad son, obra vana; al tiempo de su castigo
perecerán. 16 No es así la porción de Jacob; porque él es el Hacedor de todo,
e Israel es la vara de su heredad; Jehová de los ejércitos es su nombre.
Asolamiento de Judá
17 Recoge de las tierras tus mercaderías, la que moras en
lugar fortificado. 18 Porque así ha dicho Jehová: He aquí que esta vez
arrojaré con honda los moradores de la tierra, y los afligiré, para que lo
sientan.
19 ¡Ay de mí, por mi quebrantamiento! mi llaga es muy
dolorosa. Pero dije: Ciertamente enfermedad mía es esta, y debo sufrirla. 20
Mi tienda está destruida, y todas mis cuerdas están rotas; mis hijos me han
abandonado y perecieron; no hay ya más quien levante mi tienda, ni quien
cuelgue mis cortinas. 21 Porque los pastores se infatuaron, y no buscaron a
Jehová; por tanto, no prosperaron, y todo su ganado se esparció.
22 He aquí que voz de rumor viene, y alboroto grande de
la tierra del norte, para convertir en soledad todas las ciudades de Judá, en
morada de chacales. 23 Conozco, oh Jehová, que el hombre no es señor de su
camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos. 24 Castígame, oh
Jehová, mas con juicio; no con tu furor, para que no me aniquiles.
25 Derrama tu enojo sobre los pueblos que no te conocen,
y sobre las naciones que no invocan tu nombre; porque se comieron a Jacob, lo
devoraron, le han consumido, y han asolado su morada.
El pacto violado
JEREMÍAS 11
1 Palabra que vino de Jehová a Jeremías, diciendo: 2 Oíd
las palabras de este pacto, y hablad a todo varón de Judá, y a todo morador de
Jerusalén. 3 Y les dirás tú: Así dijo Jehová Dios de Israel: Maldito el varón
que no obedeciere las palabras de este pacto, 4 el cual mandé a vuestros
padres el día que los saqué de la tierra de Egipto, del horno de hierro,
diciéndoles: Oíd mi voz, y cumplid mis palabras, conforme a todo lo que os
mando; y me seréis por pueblo, y yo seré a vosotros por Dios; 5 para que
confirme el juramento que hice a vuestros padres, que les daría la tierra que
fluye leche y miel, como en este día. Y respondí y dije: Amén, oh Jehová.
6 Y Jehová me dijo: Pregona todas estas palabras en las
ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén, diciendo: Oíd las palabras de
este pacto, y ponedlas por obra. 7 Porque solemnemente protesté a vuestros
padres el día que les hice subir de la tierra de Egipto, amonestándoles desde
temprano y sin cesar hasta el día de hoy, diciendo: Oíd mi voz. 8 Pero no
oyeron, ni inclinaron su oído, antes se fueron cada uno tras la imaginación de
su malvado corazón; por tanto, traeré sobre ellos todas las palabras de este
pacto, el cual mandé que cumpliesen, y no lo cumplieron.
9 Y me dijo Jehová: Conspiración se ha hallado entre los
varones de Judá, y entre los moradores de Jerusalén. 10 Se han vuelto a las
maldades de sus primeros padres, los cuales no quisieron escuchar mis
palabras, y se fueron tras dioses ajenos para servirles; la casa de Israel y
la casa de Judá invalidaron mi pacto, el cual había yo concertado con sus
padres. 11 Por tanto, así ha dicho Jehová: He aquí yo traigo sobre ellos mal
del que no podrán salir; y clamarán a mí, y no los oiré. 12 E irán las
ciudades de Judá y los moradores de Jerusalén, y clamarán a los dioses a
quienes queman ellos incienso, los cuales no los podrán salvar en el tiempo de
su mal. 13 Porque según el número de tus ciudades fueron tus dioses, oh Judá;
y según el número de tus calles, oh Jerusalén, pusiste los altares de
ignominia, altares para ofrecer incienso a Baal.
14 Tú, pues, no ores por este pueblo, ni levantes por
ellos clamor ni oración; porque yo no oiré en el día que en su aflicción
clamen a mí. 15 ¿Qué derecho tiene mi amada en mi casa, habiendo hecho muchas
abominaciones? ¿Crees que los sacrificios y las carnes santificadas de las
víctimas pueden evitarte el castigo? ¿Puedes gloriarte de eso? 16 Olivo verde,
hermoso en su fruto y en su parecer, llamó Jehová tu nombre. A la voz de recio
estrépito hizo encender fuego sobre él, y quebraron sus ramas. 17 Porque
Jehová de los ejércitos que te plantó ha pronunciado mal contra ti, a causa de
la maldad que la casa de Israel y la casa de Judá han hecho, provocándome a
ira con incensar a Baal.
Complot contra Jeremías
18 Y Jehová me lo hizo saber, y lo conocí; entonces me
hiciste ver sus obras. 19 Y yo era como cordero inocente que llevan a
degollar, pues no entendía que maquinaban designios contra mí, diciendo:
Destruyamos el árbol con su fruto, y cortémoslo de la tierra de los vivientes,
para que no haya más memoria de su nombre. 20 Pero, oh Jehová de los
ejércitos, que juzgas con justicia, que escudriñas la mente y el corazón, vea
yo tu venganza de ellos; porque ante ti he expuesto mi causa.
21 Por tanto, así ha dicho Jehová acerca de los varones
de Anatot que buscan tu vida, diciendo: No profetices en nombre de Jehová,
para que no mueras a nuestras manos; 22 así, pues, ha dicho Jehová de los
ejércitos: He aquí que yo los castigaré; los jóvenes morirán a espada, sus
hijos y sus hijas morirán de hambre, 23 y no quedará remanente de ellos, pues
yo traeré mal sobre los varones de Anatot, el año de su castigo.
Queja de Jeremías y respuesta de Dios
JEREMÍAS 12
1 Justo eres tú, oh Jehová, para que yo dispute contigo;
sin embargo, alegaré mi causa ante ti. ¿Por qué es prosperado el camino de los
impíos, y tienen bien todos los que se portan deslealmente? 2 Los plantaste, y
echaron raíces; crecieron y dieron fruto; cercano estás tú en sus bocas, pero
lejos de sus corazones. 3 Pero tú, oh Jehová, me conoces; me viste, y probaste
mi corazón para contigo; arrebátalos como a ovejas para el degolladero, y
señálalos para el día de la matanza. 4 ¿Hasta cuándo estará desierta la
tierra, y marchita la hierba de todo el campo? Por la maldad de los que en
ella moran, faltaron los ganados y las aves; porque dijeron: No verá Dios
nuestro fin.
5 Si corriste con los de a pie, y te cansaron, ¿cómo
contenderás con los caballos? Y si en la tierra de paz no estabas seguro,
¿cómo harás en la espesura del Jordán? 6 Porque aun tus hermanos y la casa de
tu padre, aun ellos se levantaron contra ti, aun ellos dieron grito en pos de
ti. No los creas cuando bien te hablen.
7 He dejado mi casa, desamparé mi heredad, he entregado
lo que amaba mi alma en mano de sus enemigos. 8 Mi heredad fue para mí como
león en la selva; contra mí dio su rugido; por tanto, la aborrecí. 9 ¿Es mi
heredad para mí como ave de rapiña de muchos colores? ¿No están contra ella
aves de rapiña en derredor? Venid, reuníos, vosotras todas las fieras del
campo, venid a devorarla. 10 Muchos pastores han destruido mi viña, hollaron
mi heredad, convirtieron en desierto y soledad mi heredad preciosa. 11 Fue
puesta en asolamiento, y lloró sobre mí desolada; fue asolada toda la tierra,
porque no hubo hombre que reflexionase. 12 Sobre todas las alturas del
desierto vinieron destruidores; porque la espada de Jehová devorará desde un
extremo de la tierra hasta el otro; no habrá paz para ninguna carne. 13
Sembraron trigo, y segaron espinos; tuvieron la heredad, mas no aprovecharon
nada; se avergonzarán de sus frutos, a causa de la ardiente ira de Jehová.
14 Así dijo Jehová contra todos mis malos vecinos, que
tocan la heredad que hice poseer a mi pueblo Israel: He aquí que yo los
arrancaré de su tierra, y arrancaré de en medio de ellos a la casa de Judá. 15
Y después que los haya arrancado, volveré y tendré misericordia de ellos, y
los haré volver cada uno a su heredad y cada cual a su tierra. 16 Y si
cuidadosamente aprendieren los caminos de mi pueblo, para jurar en mi nombre,
diciendo: Vive Jehová, así como enseñaron a mi pueblo a jurar por Baal, ellos
serán prosperados en medio de mi pueblo. 17 Mas si no oyeren, arrancaré esa
nación, sacándola de raíz y destruyéndola, dice Jehová.
La señal del cinto podrido
JEREMÍAS 13
1 Así me dijo Jehová: Ve y cómprate un cinto de lino, y
cíñelo sobre tus lomos, y no lo metas en agua. 2 Y compré el cinto conforme a
la palabra de Jehová, y lo puse sobre mis lomos. 3 Vino a mí segunda vez
palabra de Jehová, diciendo: 4 Toma el cinto que compraste, que está sobre tus
lomos, y levántate y vete al Eufrates, y escóndelo allá en la hendidura de una
peña. 5 Fui, pues, y lo escondí junto al Eufrates, como Jehová me mandó. 6 Y
sucedió que después de muchos días me dijo Jehová: Levántate y vete al
Eufrates, y toma de allí el cinto que te mandé esconder allá. 7 Entonces fui
al Eufrates, y cavé, y tomé el cinto del lugar donde lo había escondido; y he
aquí que el cinto se había podrido; para ninguna cosa era bueno.
8 Y vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 9 Así ha dicho
Jehová: Así haré podrir la soberbia de Judá, y la mucha soberbia de Jerusalén.
10 Este pueblo malo, que no quiere oír mis palabras, que anda en las
imaginaciones de su corazón, y que va en pos de dioses ajenos para servirles,
y para postrarse ante ellos, vendrá a ser como este cinto, que para ninguna
cosa es bueno. 11 Porque como el cinto se junta a los lomos del hombre, así
hice juntar a mí toda la casa de Israel y toda la casa de Judá, dice Jehová,
para que me fuesen por pueblo y por fama, por alabanza y por honra; pero no
escucharon.
La señal de las tinajas llenas
12 Les dirás, pues, esta palabra: Así ha dicho Jehová,
Dios de Israel: Toda tinaja se llenará de vino. Y ellos te dirán: ¿No sabemos
que toda tinaja se llenará de vino? 13 Entonces les dirás: Así ha dicho
Jehová: He aquí que yo lleno de embriaguez a todos los moradores de esta
tierra, y a los reyes de la estirpe de David que se sientan sobre su trono, a
los sacerdotes y profetas, y a todos los moradores de Jerusalén; 14 y los
quebrantaré el uno contra el otro, los padres con los hijos igualmente, dice
Jehová; no perdonaré, ni tendré piedad ni misericordia, para no destruirlos.
Judá será llevada en cautiverio
15 Escuchad y oíd; no os envanezcáis, pues Jehová ha
hablado. 16 Dad gloria a Jehová Dios vuestro, antes que haga venir tinieblas,
y antes que vuestros pies tropiecen en montes de oscuridad, y esperéis luz, y
os la vuelva en sombra de muerte y tinieblas. 17 Mas si no oyereis esto, en
secreto llorará mi alma a causa de vuestra soberbia; y llorando amargamente se
desharán mis ojos en lágrimas, porque el rebaño de Jehová fue hecho cautivo.
18 Di al rey y a la reina: Humillaos, sentaos en tierra;
porque la corona de vuestra gloria ha caído de vuestras cabezas. 19 Las
ciudades del Neguev fueron cerradas, y no hubo quien las abriese; toda Judá
fue transportada, llevada en cautiverio fue toda ella. 20 Alzad vuestros ojos,
y ved a los que vienen del norte. ¿Dónde está el rebaño que te fue dado, tu
hermosa grey? 21 ¿Qué dirás cuando él ponga como cabeza sobre ti a aquellos a
quienes tú enseñaste a ser tus amigos? ¿No te darán dolores como de mujer que
está de parto? 22 Si dijeres en tu corazón: ¿Por qué me ha sobrevenido esto?
Por la enormidad de tu maldad fueron descubiertas tus faldas, fueron
desnudados tus calcañares. 23 ¿Mudará el etíope su piel, y el leopardo sus
manchas? Así también, ¿podréis vosotros hacer bien, estando habituados a hacer
mal? 24 Por tanto, yo los esparciré al viento del desierto, como tamo que
pasa. 25 Esta es tu suerte, la porción que yo he medido para ti, dice Jehová,
porque te olvidaste de mí y confiaste en la mentira. 26 Yo, pues, descubriré
también tus faldas delante de tu rostro, y se manifestará tu ignominia, 27 tus
adulterios, tus relinchos, la maldad de tu fornicación sobre los collados; en
el campo vi tus abominaciones. ¡Ay de ti, Jerusalén! ¿No serás al fin limpia?
¿Cuánto tardarás tú en purificarte?
Mensaje con motivo de la sequía
JEREMÍAS 14
1 Palabra de Jehová que vino a Jeremías, con motivo de la
sequía. 2 Se enlutó Judá, y sus puertas se despoblaron; se sentaron tristes en
tierra, y subió el clamor de Jerusalén. 3 Los nobles enviaron sus criados al
agua; vinieron a las lagunas, y no hallaron agua; volvieron con sus vasijas
vacías; se avergonzaron, se confundieron, y cubrieron sus cabezas. 4 Porque se
resquebrajó la tierra por no haber llovido en el país, están confusos los
labradores, cubrieron sus cabezas. 5 Aun las ciervas en los campos parían y
dejaban la cría, porque no había hierba. 6 Y los asnos monteses se ponían en
las alturas, aspiraban el viento como chacales; sus ojos se ofuscaron porque
no había hierba.
7 Aunque nuestras iniquidades testifican contra nosotros,
oh Jehová, actúa por amor de tu nombre; porque nuestras rebeliones se han
multiplicado, contra ti hemos pecado. 8 Oh esperanza de Israel, Guardador suyo
en el tiempo de la aflicción, ¿por qué te has hecho como forastero en la
tierra, y como caminante que se retira para pasar la noche? 9 ¿Por qué eres
como hombre atónito, y como valiente que no puede librar? Sin embargo, tú
estás entre nosotros, oh Jehová, y sobre nosotros es invocado tu nombre; no
nos desampares.
10 Así ha dicho Jehová acerca de este pueblo: Se
deleitaron en vagar, y no dieron reposo a sus pies; por tanto, Jehová no se
agrada de ellos; se acordará ahora de su maldad, y castigará sus pecados.
11 Me dijo Jehová: No ruegues por este pueblo para bien.
12 Cuando ayunen, yo no oiré su clamor, y cuando ofrezcan holocausto y ofrenda
no lo aceptaré, sino que los consumiré con espada, con hambre y con
pestilencia.
13 Y yo dije: ¡Ah! ¡ah, Señor Jehová! He aquí que los
profetas les dicen: No veréis espada, ni habrá hambre entre vosotros, sino que
en este lugar os daré paz verdadera. 14 Me dijo entonces Jehová: Falsamente
profetizan los profetas en mi nombre; no los envié, ni les mandé, ni les
hablé; visión mentirosa, adivinación, vanidad y engaño de su corazón os
profetizan. 15 Por tanto, así ha dicho Jehová sobre los profetas que
profetizan en mi nombre, los cuales yo no envié, y que dicen: Ni espada ni
hambre habrá en esta tierra; con espada y con hambre serán consumidos esos
profetas. 16 Y el pueblo a quien profetizan será echado en las calles de
Jerusalén por hambre y por espada, y no habrá quien los entierre a ellos, a
sus mujeres, a sus hijos y a sus hijas; y sobre ellos derramaré su maldad.
17 Les dirás, pues, esta palabra: Derramen mis ojos
lágrimas noche y día, y no cesen; porque de gran quebrantamiento es
quebrantada la virgen hija de mi pueblo, de plaga muy dolorosa. 18 Si salgo al
campo, he aquí muertos a espada; y si entro en la ciudad, he aquí enfermos de
hambre; porque tanto el profeta como el sacerdote anduvieron vagando en la
tierra, y no entendieron.
19 ¿Has desechado enteramente a Judá? ¿Ha aborrecido tu
alma a Sion? ¿Por qué nos hiciste herir sin que haya remedio? Esperamos paz, y
no hubo bien; tiempo de curación, y he aquí turbación. 20 Reconocemos, oh
Jehová, nuestra impiedad, la iniquidad de nuestros padres; porque contra ti
hemos pecado. 21 Por amor de tu nombre no nos deseches, ni deshonres tu
glorioso trono; acuérdate, no invalides tu pacto con nosotros. 22 ¿Hay entre
los ídolos de las naciones quien haga llover? ¿y darán los cielos lluvias? ¿No
eres tú, Jehová, nuestro Dios? En ti, pues, esperamos, pues tú hiciste todas
estas cosas.
La implacable ira de Dios contra Judá
JEREMÍAS 15
1 Me dijo Jehová: Si Moisés y Samuel se pusieran delante
de mí, no estaría mi voluntad con este pueblo; échalos de mi presencia, y
salgan. 2 Y si te preguntaren: ¿A dónde saldremos? les dirás: Así ha dicho
Jehová: El que a muerte, a muerte; el que a espada, a espada; el que a hambre,
a hambre; y el que a cautiverio, a cautiverio. 3 Y enviaré sobre ellos cuatro
géneros de castigo, dice Jehová: espada para matar, y perros para despedazar,
y aves del cielo y bestias de la tierra para devorar y destruir. 4 Y los
entregaré para terror a todos los reinos de la tierra, a causa de Manasés hijo
de Ezequías, rey de Judá, por lo que hizo en Jerusalén.
5 Porque ¿quién tendrá compasión de ti, oh Jerusalén?
¿Quién se entristecerá por tu causa, o quién vendrá a preguntar por tu paz? 6
Tú me dejaste, dice Jehová; te volviste atrás; por tanto, yo extenderé sobre
ti mi mano y te destruiré; estoy cansado de arrepentirme. 7 Aunque los aventé
con aventador hasta las puertas de la tierra, y dejé sin hijos a mi pueblo y
lo desbaraté, no se volvieron de sus caminos. 8 Sus viudas se me multiplicaron
más que la arena del mar; traje contra ellos destruidor a mediodía sobre la
madre y sobre los hijos; hice que de repente cayesen terrores sobre la ciudad.
9 Languideció la que dio a luz siete; se llenó de dolor su alma, su sol se
puso siendo aún de día; fue avergonzada y llena de confusión; y lo que de ella
quede, lo entregaré a la espada delante de sus enemigos, dice Jehová.
10 ¡Ay de mí, madre mía, que me engendraste hombre de
contienda y hombre de discordia para toda la tierra! Nunca he dado ni tomado
en préstamo, y todos me maldicen. 11 ¡Sea así, oh Jehová, si no te he rogado
por su bien, si no he suplicado ante ti en favor del enemigo en tiempo de
aflicción y en época de angustia! 12 ¿Puede alguno quebrar el hierro, el
hierro del norte y el bronce?
13 Tus riquezas y tus tesoros entregaré a la rapiña sin
ningún precio, por todos tus pecados, y en todo tu territorio. 14 Y te haré
servir a tus enemigos en tierra que no conoces; porque fuego se ha encendido
en mi furor, y arderá sobre vosotros.
Jehová reanima a Jeremías
15 Tú lo sabes, oh Jehová; acuérdate de mí, y visítame, y
véngame de mis enemigos. No me reproches en la prolongación de tu enojo; sabes
que por amor de ti sufro afrenta. 16 Fueron halladas tus palabras, y yo las
comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón; porque tu
nombre se invocó sobre mí, oh Jehová Dios de los ejércitos. 17 No me senté en
compañía de burladores, ni me engreí a causa de tu profecía; me senté solo,
porque me llenaste de indignación. 18 ¿Por qué fue perpetuo mi dolor, y mi
herida desahuciada no admitió curación? ¿Serás para mí como cosa ilusoria,
como aguas que no son estables?
19 Por tanto, así dijo Jehová: Si te convirtieres, yo te
restauraré, y delante de mí estarás; y si entresacares lo precioso de lo vil,
serás como mi boca. Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos. 20
Y te pondré en este pueblo por muro fortificado de bronce, y pelearán contra
ti, pero no te vencerán; porque yo estoy contigo para guardarte y para
defenderte, dice Jehová. 21 Y te libraré de la mano de los malos, y te
redimiré de la mano de los fuertes.
Juicio de Jehová contra Judá
JEREMÍAS 16
1 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 2 No tomarás
para ti mujer, ni tendrás hijos ni hijas en este lugar. 3 Porque así ha dicho
Jehová acerca de los hijos y de las hijas que nazcan en este lugar, de sus
madres que los den a luz y de los padres que los engendren en esta tierra: 4
De dolorosas enfermedades morirán; no serán plañidos ni enterrados; serán como
estiércol sobre la faz de la tierra; con espada y con hambre serán consumidos,
y sus cuerpos servirán de comida a las aves del cielo y a las bestias de la
tierra.
5 Porque así ha dicho Jehová: No entres en casa de luto,
ni vayas a lamentar, ni los consueles; porque yo he quitado mi paz de este
pueblo, dice Jehová, mi misericordia y mis piedades. 6 Morirán en esta tierra
grandes y pequeños; no se enterrarán, ni los plañirán, ni se rasgarán ni se
raerán los cabellos por ellos; 7 ni partirán pan por ellos en el luto para
consolarlos de sus muertos; ni les darán a beber vaso de consolaciones por su
padre o por su madre. 8 Asimismo no entres en casa de banquete, para sentarte
con ellos a comer o a beber. 9 Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos,
Dios de Israel: He aquí que yo haré cesar en este lugar, delante de vuestros
ojos y en vuestros días, toda voz de gozo y toda voz de alegría, y toda voz de
esposo y toda voz de esposa.
10 Y acontecerá que cuando anuncies a este pueblo todas
estas cosas, te dirán ellos: ¿Por qué anuncia Jehová contra nosotros todo este
mal tan grande? ¿Qué maldad es la nuestra, o qué pecado es el nuestro, que
hemos cometido contra Jehová nuestro Dios? 11 Entonces les dirás: Porque
vuestros padres me dejaron, dice Jehová, y anduvieron en pos de dioses ajenos,
y los sirvieron, y ante ellos se postraron, y me dejaron a mí y no guardaron
mi ley; 12 y vosotros habéis hecho peor que vuestros padres; porque he aquí
que vosotros camináis cada uno tras la imaginación de su malvado corazón, no
oyéndome a mí. 13 Por tanto, yo os arrojaré de esta tierra a una tierra que ni
vosotros ni vuestros padres habéis conocido, y allá serviréis a dioses ajenos
de día y de noche; porque no os mostraré clemencia.
14 No obstante, he aquí vienen días, dice Jehová, en que
no se dirá más: Vive Jehová, que hizo subir a los hijos de Israel de tierra de
Egipto; 15 sino: Vive Jehová, que hizo subir a los hijos de Israel de la
tierra del norte, y de todas las tierras adonde los había arrojado; y los
volveré a su tierra, la cual di a sus padres.
16 He aquí que yo envío muchos pescadores, dice Jehová, y
los pescarán, y después enviaré muchos cazadores, y los cazarán por todo monte
y por todo collado, y por las cavernas de los peñascos. 17 Porque mis ojos
están sobre todos sus caminos, los cuales no se me ocultaron, ni su maldad se
esconde de la presencia de mis ojos. 18 Pero primero pagaré al doble su
iniquidad y su pecado; porque contaminaron mi tierra con los cadáveres de sus
ídolos, y de sus abominaciones llenaron mi heredad.
19 Oh Jehová, fortaleza mía y fuerza mía, y refugio mío
en el tiempo de la aflicción, a ti vendrán naciones desde los extremos de la
tierra, y dirán: Ciertamente mentira poseyeron nuestros padres, vanidad, y no
hay en ellos provecho. 20 ¿Hará acaso el hombre dioses para sí? Mas ellos no
son dioses.
21 Por tanto, he aquí les enseñaré esta vez, les haré
conocer mi mano y mi poder, y sabrán que mi nombre es Jehová.
El pecado escrito en el corazón de Judá
JEREMÍAS 17
1 El pecado de Judá escrito está con cincel de hierro y
con punta de diamante; esculpido está en la tabla de su corazón, y en los
cuernos de sus altares, 2 mientras sus hijos se acuerdan de sus altares y de
sus imágenes de Asera, que están junto a los árboles frondosos y en los
collados altos, 3 sobre las montañas y sobre el campo. Todos tus tesoros
entregaré al pillaje por el pecado de tus lugares altos en todo tu territorio.
4 Y perderás la heredad que yo te di, y te haré servir a tus enemigos en
tierra que no conociste; porque fuego habéis encendido en mi furor, que para
siempre arderá.
5 Así ha dicho Jehová: Maldito el varón que confía en el
hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová. 6 Será
como la retama en el desierto, y no verá cuando viene el bien, sino que morará
en los sequedales en el desierto, en tierra despoblada y deshabitada.
7 Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza
es Jehová. 8 Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a
la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su
hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar
fruto.
9 Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y
perverso; ¿quién lo conocerá? 10 Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo
el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras.
11 Como la perdiz que cubre lo que no puso, es el que
injustamente amontona riquezas; en la mitad de sus días las dejará, y en su
postrimería será insensato.
12 Trono de gloria, excelso desde el principio, es el
lugar de nuestro santuario. 13 ¡Oh Jehová, esperanza de Israel! todos los que
te dejan serán avergonzados; y los que se apartan de mí serán escritos en el
polvo, porque dejaron a Jehová, manantial de aguas vivas.
14 Sáname, oh Jehová, y seré sano; sálvame, y seré salvo;
porque tú eres mi alabanza. 15 He aquí que ellos me dicen: ¿Dónde está la
palabra de Jehová? ¡Que se cumpla ahora! 16 Mas yo no he ido en pos de ti para
incitarte a su castigo, ni deseé día de calamidad, tú lo sabes. Lo que de mi
boca ha salido, fue en tu presencia. 17 No me seas tú por espanto, pues mi
refugio eres tú en el día malo. 18 Avergüéncense los que me persiguen, y no me
avergüence yo; asómbrense ellos, y yo no me asombre; trae sobre ellos día
malo, y quebrántalos con doble quebrantamiento.
Observancia del día de reposo
19 Así me ha dicho Jehová: Ve y ponte a la puerta de los
hijos del pueblo, por la cual entran y salen los reyes de Judá, y ponte en
todas las puertas de Jerusalén, 20 y diles: Oíd la palabra de Jehová, reyes de
Judá, y todo Judá y todos los moradores de Jerusalén que entráis por estas
puertas. 21 Así ha dicho Jehová: Guardaos por vuestra vida de llevar carga en
el día de reposo, y de meterla por las puertas de Jerusalén. 22 Ni saquéis
carga de vuestras casas en el día de reposo, ni hagáis trabajo alguno, sino
santificad el día de reposo, como mandé a vuestros padres. 23 Pero ellos no
oyeron, ni inclinaron su oído, sino endurecieron su cerviz para no oír, ni
recibir corrección.
24 No obstante, si vosotros me obedeciereis, dice Jehová,
no metiendo carga por las puertas de esta ciudad en el día de reposo, sino que
santificareis el día de reposo, no haciendo en él ningún trabajo, 25 entrarán
por las puertas de esta ciudad, en carros y en caballos, los reyes y los
príncipes que se sientan sobre el trono de David, ellos y sus príncipes, los
varones de Judá y los moradores de Jerusalén; y esta ciudad será habitada para
siempre. 26 Y vendrán de las ciudades de Judá, de los alrededores de
Jerusalén, de tierra de Benjamín, de la Sefela, de los montes y del Neguev,
trayendo holocausto y sacrificio, y ofrenda e incienso, y trayendo sacrificio
de alabanza a la casa de Jehová. 27 Pero si no me oyereis para santificar el
día de reposo, y para no traer carga ni meterla por las puertas de Jerusalén
en día de reposo, yo haré descender fuego en sus puertas, y consumirá los
palacios de Jerusalén, y no se apagará.
La señal del alfarero y el barro
JEREMÍAS 18
1 Palabra de Jehová que vino a Jeremías, diciendo: 2
Levántate y vete a casa del alfarero, y allí te haré oír mis palabras. 3 Y
descendí a casa del alfarero, y he aquí que él trabajaba sobre la rueda. 4 Y
la vasija de barro que él hacía se echó a perder en su mano; y volvió y la
hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla.
5 Entonces vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 6 ¿No
podré yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa de Israel? dice Jehová.
He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi
mano, oh casa de Israel. 7 En un instante hablaré contra pueblos y contra
reinos, para arrancar, y derribar, y destruir. 8 Pero si esos pueblos se
convirtieren de su maldad contra la cual hablé, yo me arrepentiré del mal que
había pensado hacerles, 9 y en un instante hablaré de la gente y del reino,
para edificar y para plantar. 10 Pero si hiciere lo malo delante de mis ojos,
no oyendo mi voz, me arrepentiré del bien que había determinado hacerle.
11 Ahora, pues, habla luego a todo hombre de Judá y a los
moradores de Jerusalén, diciendo: Así ha dicho Jehová: He aquí que yo dispongo
mal contra vosotros, y trazo contra vosotros designios; conviértase ahora cada
uno de su mal camino, y mejore sus caminos y sus obras. 12 Y dijeron: Es en
vano; porque en pos de nuestros ídolos iremos, y haremos cada uno el
pensamiento de nuestro malvado corazón.
13 Por tanto, así dijo Jehová: Preguntad ahora a las
naciones, quién ha oído cosa semejante. Gran fealdad ha hecho la virgen de
Israel. 14 ¿Faltará la nieve del Líbano de la piedra del campo? ¿Faltarán las
aguas frías que corren de lejanas tierras? 15 Porque mi pueblo me ha olvidado,
incensando a lo que es vanidad, y ha tropezado en sus caminos, en las sendas
antiguas, para que camine por sendas y no por camino transitado, 16 para poner
su tierra en desolación, objeto de burla perpetua; todo aquel que pasare por
ella se asombrará, y meneará la cabeza. 17 Como viento solano los esparciré
delante del enemigo; les mostraré las espaldas y no el rostro, en el día de su
perdición.
Conspiración del pueblo y oración de Jeremías
18 Y dijeron: Venid y maquinemos contra Jeremías; porque
la ley no faltará al sacerdote, ni el consejo al sabio, ni la palabra al
profeta. Venid e hirámoslo de lengua, y no atendamos a ninguna de sus
palabras.
19 Oh Jehová, mira por mí, y oye la voz de los que
contienden conmigo. 20 ¿Se da mal por bien, para que hayan cavado hoyo a mi
alma? Acuérdate que me puse delante de ti para hablar bien por ellos, para
apartar de ellos tu ira. 21 Por tanto, entrega sus hijos a hambre, dispérsalos
por medio de la espada, y queden sus mujeres sin hijos, y viudas; y sus
maridos sean puestos a muerte, y sus jóvenes heridos a espada en la guerra. 22
Oigase clamor de sus casas, cuando traigas sobre ellos ejército de repente;
porque cavaron hoyo para prenderme, y a mis pies han escondido lazos. 23 Pero
tú, oh Jehová, conoces todo su consejo contra mí para muerte; no perdones su
maldad, ni borres su pecado de delante de tu rostro; y tropiecen delante de
ti; haz así con ellos en el tiempo de tu enojo.
La señal de la vasija rota
JEREMÍAS 19
1 Así dijo Jehová: Ve y compra una vasija de barro del
alfarero, y lleva contigo de los ancianos del pueblo, y de los ancianos de los
sacerdotes; 2 y saldrás al valle del hijo de Hinom, que está a la entrada de
la puerta oriental, y proclamarás allí las palabras que yo te hablaré. 3
Dirás, pues: Oíd palabra de Jehová, oh reyes de Judá, y moradores de
Jerusalén. Así dice Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí que yo
traigo mal sobre este lugar, tal que a todo el que lo oyere, le retiñan los
oídos. 4 Porque me dejaron, y enajenaron este lugar, y ofrecieron en él
incienso a dioses ajenos, los cuales no habían conocido ellos, ni sus padres,
ni los reyes de Judá; y llenaron este lugar de sangre de inocentes. 5 Y
edificaron lugares altos a Baal, para quemar con fuego a sus hijos en
holocaustos al mismo Baal; cosa que no les mandé, ni hablé, ni me vino al
pensamiento. 6 Por tanto, he aquí vienen días, dice Jehová, que este lugar no
se llamará más Tofet, ni valle del hijo de Hinom, sino Valle de la Matanza. 7
Y desvaneceré el consejo de Judá y de Jerusalén en este lugar, y les haré caer
a espada delante de sus enemigos, y en las manos de los que buscan sus vidas;
y daré sus cuerpos para comida a las aves del cielo y a las bestias de la
tierra. 8 Pondré a esta ciudad por espanto y burla; todo aquel que pasare por
ella se asombrará, y se burlará sobre toda su destrucción. 9 Y les haré comer
la carne de sus hijos y la carne de sus hijas, y cada uno comerá la carne de
su amigo, en el asedio y en el apuro con que los estrecharán sus enemigos y
los que buscan sus vidas.
10 Entonces quebrarás la vasija ante los ojos de los
varones que van contigo, 11 y les dirás: Así ha dicho Jehová de los ejércitos:
Así quebrantaré a este pueblo y a esta ciudad, como quien quiebra una vasija
de barro, que no se puede restaurar más; y en Tofet se enterrarán, porque no
habrá otro lugar para enterrar. 12 Así haré a este lugar, dice Jehová, y a sus
moradores, poniendo esta ciudad como Tofet. 13 Las casas de Jerusalén, y las
casas de los reyes de Judá, serán como el lugar de Tofet, inmundas, por todas
las casas sobre cuyos tejados ofrecieron incienso a todo el ejército del
cielo, y vertieron libaciones a dioses ajenos.
14 Y volvió Jeremías de Tofet, adonde le envió Jehová a
profetizar, y se paró en el atrio de la casa de Jehová y dijo a todo el
pueblo: 15 Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí, yo
traigo sobre esta ciudad y sobre todas sus villas todo el mal que hablé contra
ella; porque han endurecido su cerviz para no oír mis palabras.
Profecía contra Pasur
JEREMÍAS 20
1 El sacerdote Pasur hijo de Imer, que presidía como
príncipe en la casa de Jehová, oyó a Jeremías que profetizaba estas palabras.
2 Y azotó Pasur al profeta Jeremías, y lo puso en el cepo que estaba en la
puerta superior de Benjamín, la cual conducía a la casa de Jehová. 3 Y el día
siguiente Pasur sacó a Jeremías del cepo. Le dijo entonces Jeremías: Jehová no
ha llamado tu nombre Pasur, sino Magor-misabib. 4 Porque así ha dicho Jehová:
He aquí, haré que seas un terror a ti mismo y a todos los que bien te quieren,
y caerán por la espada de sus enemigos, y tus ojos lo verán; y a todo Judá
entregaré en manos del rey de Babilonia, y los llevará cautivos a Babilonia, y
los matará a espada. 5 Entregaré asimismo toda la riqueza de esta ciudad, todo
su trabajo y todas sus cosas preciosas; y daré todos los tesoros de los reyes
de Judá en manos de sus enemigos, y los saquearán, y los tomarán y los
llevarán a Babilonia. 6 Y tú, Pasur, y todos los moradores de tu casa iréis
cautivos; entrarás en Babilonia, y allí morirás, y allí serás enterrado tú, y
todos los que bien te quieren, a los cuales has profetizado con mentira.
Lamento de Jeremías
7 Me sedujiste, oh Jehová, y fui seducido; más fuerte
fuiste que yo, y me venciste; cada día he sido escarnecido, cada cual se burla
de mí. 8 Porque cuantas veces hablo, doy voces, grito: Violencia y
destrucción; porque la palabra de Jehová me ha sido para afrenta y escarnio
cada día. 9 Y dije: No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre; no
obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos;
traté de sufrirlo, y no pude. 10 Porque oí la murmuración de muchos, temor de
todas partes: Denunciad, denunciémosle. Todos mis amigos miraban si
claudicaría. Quizá se engañará, decían, y prevaleceremos contra él, y
tomaremos de él nuestra venganza. 11 Mas Jehová está conmigo como poderoso
gigante; por tanto, los que me persiguen tropezarán, y no prevalecerán; serán
avergonzados en gran manera, porque no prosperarán; tendrán perpetua confusión
que jamás será olvidada. 12 Oh Jehová de los ejércitos, que pruebas a los
justos, que ves los pensamientos y el corazón, vea yo tu venganza de ellos;
porque a ti he encomendado mi causa.
13 Cantad a Jehová, load a Jehová; porque ha librado el
alma del pobre de mano de los malignos.
14 Maldito el día en que nací; el día en que mi madre me
dio a luz no sea bendito. 15 Maldito el hombre que dio nuevas a mi padre,
diciendo: Hijo varón te ha nacido, haciéndole alegrarse así mucho. 16 Y sea el
tal hombre como las ciudades que asoló Jehová, y no se arrepintió; oiga gritos
de mañana, y voces a mediodía, 17 porque no me mató en el vientre, y mi madre
me hubiera sido mi sepulcro, y su vientre embarazado para siempre. 18 ¿Para
qué salí del vientre? ¿Para ver trabajo y dolor, y que mis días se gastasen en
afrenta?
Jerusalén será destruida
JEREMÍAS 21
1 Palabra de Jehová que vino a Jeremías, cuando el rey
Sedequías envió a él a Pasur hijo de Malquías y al sacerdote Sofonías hijo de
Maasías, para que le dijesen: 2 Consulta ahora acerca de nosotros a Jehová,
porque Nabucodonosor rey de Babilonia hace guerra contra nosotros; quizá
Jehová hará con nosotros según todas sus maravillas, y aquél se irá de sobre
nosotros.
3 Y Jeremías les dijo: Diréis así a Sedequías: 4 Así ha
dicho Jehová Dios de Israel: He aquí yo vuelvo atrás las armas de guerra que
están en vuestras manos, con que vosotros peleáis contra el rey de Babilonia;
y a los caldeos que están fuera de la muralla y os tienen sitiados, yo los
reuniré en medio de esta ciudad. 5 Pelearé contra vosotros con mano alzada y
con brazo fuerte, con furor y enojo e ira grande. 6 Y heriré a los moradores
de esta ciudad, y los hombres y las bestias morirán de pestilencia grande. 7
Después, dice Jehová, entregaré a Sedequías rey de Judá, a sus criados, al
pueblo y a los que queden de la pestilencia, de la espada y del hambre en la
ciudad, en mano de Nabucodonosor rey de Babilonia, en mano de sus enemigos y
de los que buscan sus vidas, y él los herirá a filo de espada; no los
perdonará, ni tendrá compasión de ellos, ni tendrá de ellos misericordia.
8 Y a este pueblo dirás: Así ha dicho Jehová: He aquí
pongo delante de vosotros camino de vida y camino de muerte. 9 El que quedare
en esta ciudad morirá a espada, de hambre o de pestilencia; mas el que saliere
y se pasare a los caldeos que os tienen sitiados, vivirá, y su vida le será
por despojo. 10 Porque mi rostro he puesto contra esta ciudad para mal, y no
para bien, dice Jehová; en mano del rey de Babilonia será entregada, y la
quemará a fuego.
11 Y a la casa del rey de Judá dirás: Oíd palabra de
Jehová: 12 Casa de David, así dijo Jehová: Haced de mañana juicio, y librad al
oprimido de mano del opresor, para que mi ira no salga como fuego, y se
encienda y no haya quien lo apague, por la maldad de vuestras obras.
13 He aquí yo estoy contra ti, moradora del valle, y de
la piedra de la llanura, dice Jehová; los que decís: ¿Quién subirá contra
nosotros, y quién entrará en nuestras moradas? 14 Yo os castigaré conforme al
fruto de vuestras obras, dice Jehová, y haré encender fuego en su bosque, y
consumirá todo lo que está alrededor de él.
Profecías contra los reyes de Judá
JEREMÍAS 22
1 Así dijo Jehová: Desciende a la casa del rey de Judá, y
habla allí esta palabra, 2 y di: Oye palabra de Jehová, oh rey de Judá que
estás sentado sobre el trono de David, tú, y tus siervos, y tu pueblo que
entra por estas puertas. 3 Así ha dicho Jehová: Haced juicio y justicia, y
librad al oprimido de mano del opresor, y no engañéis ni robéis al extranjero,
ni al huérfano ni a la viuda, ni derraméis sangre inocente en este lugar. 4
Porque si efectivamente obedeciereis esta palabra, los reyes que en lugar de
David se sientan sobre su trono, entrarán montados en carros y en caballos por
las puertas de esta casa; ellos, y sus criados y su pueblo. 5 Mas si no
oyereis estas palabras, por mí mismo he jurado, dice Jehová, que esta casa
será desierta.
6 Porque así ha dicho Jehová acerca de la casa del rey de
Judá: Como Galaad eres tú para mí, y como la cima del Líbano; sin embargo, te
convertiré en soledad, y como ciudades deshabitadas. 7 Prepararé contra ti
destruidores, cada uno con sus armas, y cortarán tus cedros escogidos y los
echarán en el fuego.
8 Y muchas gentes pasarán junto a esta ciudad, y dirán
cada uno a su compañero: ¿Por qué hizo así Jehová con esta gran ciudad? 9 Y se
les responderá: Porque dejaron el pacto de Jehová su Dios, y adoraron dioses
ajenos y les sirvieron.
10 No lloréis al muerto, ni de él os condoláis; llorad
amargamente por el que se va, porque no volverá jamás, ni verá la tierra donde
nació.
11 Porque así ha dicho Jehová acerca de Salum hijo de
Josías, rey de Judá, el cual reinó en lugar de Josías su padre, y que salió de
este lugar: No volverá más aquí, 12 sino que morirá en el lugar adonde lo
llevaron cautivo, y no verá más esta tierra.
13 ¡Ay del que edifica su casa sin justicia, y sus salas
sin equidad, sirviéndose de su prójimo de balde, y no dándole el salario de su
trabajo! 14 Que dice: Edificaré para mí casa espaciosa, y salas airosas; y le
abre ventanas, y la cubre de cedro, y la pinta de bermellón. 15 ¿Reinarás,
porque te rodeas de cedro? ¿No comió y bebió tu padre, e hizo juicio y
justicia, y entonces le fue bien? 16 El juzgó la causa del afligido y del
menesteroso, y entonces estuvo bien. ¿No es esto conocerme a mí? dice Jehová.
17 Mas tus ojos y tu corazón no son sino para tu avaricia, y para derramar
sangre inocente, y para opresión y para hacer agravio. 18 Por tanto, así ha
dicho Jehová acerca de Joacim hijo de Josías, rey de Judá: No lo llorarán,
diciendo: ¡Ay, hermano mío! y ¡Ay, hermana! ni lo lamentarán, diciendo: ¡Ay,
señor! ¡Ay, su grandeza! 19 En sepultura de asno será enterrado, arrastrándole
y echándole fuera de las puertas de Jerusalén. 20 Sube al Líbano y clama, y en
Basán da tu voz, y grita hacia todas partes; porque todos tus enamorados son
destruidos. 21 Te he hablado en tus prosperidades, mas dijiste: No oiré. Este
fue tu camino desde tu juventud, que nunca oíste mi voz. 22 A todos tus
pastores pastoreará el viento, y tus enamorados irán en cautiverio; entonces
te avergonzarás y te confundirás a causa de toda tu maldad. 23 Habitaste en el
Líbano, hiciste tu nido en los cedros. ¡Cómo gemirás cuando te vinieren
dolores, dolor como de mujer que está de parto!
24 Vivo yo, dice Jehová, que si Conías hijo de Joacim rey
de Judá fuera anillo en mi mano derecha, aun de allí te arrancaría. 25 Te
entregaré en mano de los que buscan tu vida, y en mano de aquellos cuya vista
temes; sí, en mano de Nabucodonosor rey de Babilonia, y en mano de los
caldeos. 26 Te haré llevar cautivo a ti y a tu madre que te dio a luz, a
tierra ajena en que no nacisteis; y allá moriréis. 27 Y a la tierra a la cual
ellos con toda el alma anhelan volver, allá no volverán.
28 ¿Es este hombre Conías una vasija despreciada y
quebrada? ¿Es un trasto que nadie estima? ¿Por qué fueron arrojados él y su
generación, y echados a tierra que no habían conocido? 29 ¡Tierra, tierra,
tierra! oye palabra de Jehová. 30 Así ha dicho Jehová: Escribid lo que
sucederá a este hombre privado de descendencia, hombre a quien nada próspero
sucederá en todos los días de su vida; porque ninguno de su descendencia
logrará sentarse sobre el trono de David, ni reinar sobre Judá.
Regreso del remanente
JEREMÍAS 23
1 ¡Ay de los pastores que destruyen y dispersan las
ovejas de mi rebaño! dice Jehová. 2 Por tanto, así ha dicho Jehová Dios de
Israel a los pastores que apacientan mi pueblo: Vosotros dispersasteis mis
ovejas, y las espantasteis, y no las habéis cuidado. He aquí que yo castigo la
maldad de vuestras obras, dice Jehová. 3 Y yo mismo recogeré el remanente de
mis ovejas de todas las tierras adonde las eché, y las haré volver a sus
moradas; y crecerán y se multiplicarán. 4 Y pondré sobre ellas pastores que
las apacienten; y no temerán más, ni se amedrentarán, ni serán menoscabadas,
dice Jehová.
5 He aquí que vienen días, dice Jehová, en que levantaré
a David renuevo justo, y reinará como Rey, el cual será dichoso, y hará juicio
y justicia en la tierra. 6 En sus días será salvo Judá, e Israel habitará
confiado; y este será su nombre con el cual le llamarán: Jehová, justicia
nuestra.
7 Por tanto, he aquí que vienen días, dice Jehová, en que
no dirán más: Vive Jehová que hizo subir a los hijos de Israel de la tierra de
Egipto, 8 sino: Vive Jehová que hizo subir y trajo la descendencia de la casa
de Israel de tierra del norte, y de todas las tierras adonde yo los había
echado; y habitarán en su tierra.
Denunciación de los falsos profetas
9 A causa de los profetas mi corazón está quebrantado
dentro de mí, todos mis huesos tiemblan; estoy como un ebrio, y como hombre a
quien dominó el vino, delante de Jehová, y delante de sus santas palabras. 10
Porque la tierra está llena de adúlteros; a causa de la maldición la tierra
está desierta; los pastizales del desierto se secaron; la carrera de ellos fue
mala, y su valentía no es recta. 11 Porque tanto el profeta como el sacerdote
son impíos; aun en mi casa hallé su maldad, dice Jehová. 12 Por tanto, su
camino será como resbaladeros en oscuridad; serán empujados, y caerán en él;
porque yo traeré mal sobre ellos en el año de su castigo, dice Jehová. 13 En
los profetas de Samaria he visto desatinos; profetizaban en nombre de Baal, e
hicieron errar a mi pueblo de Israel. 14 Y en los profetas de Jerusalén he
visto torpezas; cometían adulterios, y andaban en mentiras, y fortalecían las
manos de los malos, para que ninguno se convirtiese de su maldad; me fueron
todos ellos como Sodoma, y sus moradores como Gomorra. 15 Por tanto, así ha
dicho Jehová de los ejércitos contra aquellos profetas: He aquí que yo les
hago comer ajenjos, y les haré beber agua de hiel; porque de los profetas de
Jerusalén salió la hipocresía sobre toda la tierra.
16 Así ha dicho Jehová de los ejércitos: No escuchéis las
palabras de los profetas que os profetizan; os alimentan con vanas esperanzas;
hablan visión de su propio corazón, no de la boca de Jehová. 17 Dicen
atrevidamente a los que me irritan: Jehová dijo: Paz tendréis; y a cualquiera
que anda tras la obstinación de su corazón, dicen: No vendrá mal sobre
vosotros.
18 Porque ¿quién estuvo en el secreto de Jehová, y vio, y
oyó su palabra? ¿Quién estuvo atento a su palabra, y la oyó? 19 He aquí que la
tempestad de Jehová saldrá con furor; y la tempestad que está preparada caerá
sobre la cabeza de los malos. 20 No se apartará el furor de Jehová hasta que
lo haya hecho, y hasta que haya cumplido los pensamientos de su corazón; en
los postreros días lo entenderéis cumplidamente.
21 No envié yo aquellos profetas, pero ellos corrían; yo
no les hablé, mas ellos profetizaban. 22 Pero si ellos hubieran estado en mi
secreto, habrían hecho oír mis palabras a mi pueblo, y lo habrían hecho volver
de su mal camino, y de la maldad de sus obras.
23 ¿Soy yo Dios de cerca solamente, dice Jehová, y no
Dios desde muy lejos? 24 ¿Se ocultará alguno, dice Jehová, en escondrijos que
yo no lo vea? ¿No lleno yo, dice Jehová, el cielo y la tierra? 25 Yo he oído
lo que aquellos profetas dijeron, profetizando mentira en mi nombre, diciendo:
Soñé, soñé. 26 ¿Hasta cuándo estará esto en el corazón de los profetas que
profetizan mentira, y que profetizan el engaño de su corazón? 27 ¿No piensan
cómo hacen que mi pueblo se olvide de mi nombre con sus sueños que cada uno
cuenta a su compañero, al modo que sus padres se olvidaron de mi nombre por
Baal? 28 El profeta que tuviere un sueño, cuente el sueño; y aquel a quien
fuere mi palabra, cuente mi palabra verdadera. ¿Qué tiene que ver la paja con
el trigo? dice Jehová. 29 ¿No es mi palabra como fuego, dice Jehová, y como
martillo que quebranta la piedra? 30 Por tanto, he aquí que yo estoy contra
los profetas, dice Jehová, que hurtan mis palabras cada uno de su más cercano.
31 Dice Jehová: He aquí que yo estoy contra los profetas que endulzan sus
lenguas y dicen: El ha dicho. 32 He aquí, dice Jehová, yo estoy contra los que
profetizan sueños mentirosos, y los cuentan, y hacen errar a mi pueblo con sus
mentiras y con sus lisonjas, y yo no los envié ni les mandé; y ningún provecho
hicieron a este pueblo, dice Jehová.
33 Y cuando te preguntare este pueblo, o el profeta, o el
sacerdote, diciendo: ¿Cuál es la profecía de Jehová? les dirás: Esta es la
profecía: Os dejaré, ha dicho Jehová. 34 Y al profeta, al sacerdote o al
pueblo que dijere: Profecía de Jehová, yo enviaré castigo sobre tal hombre y
sobre su casa. 35 Así diréis cada cual a su compañero, y cada cual a su
hermano: ¿Qué ha respondido Jehová, y qué habló Jehová? 36 Y nunca más os
vendrá a la memoria decir: Profecía de Jehová; porque la palabra de cada uno
le será por profecía; pues pervertisteis las palabras del Dios viviente, de
Jehová de los ejércitos, Dios nuestro. 37 Así dirás al profeta: ¿Qué te
respondió Jehová, y qué habló Jehová? 38 Mas si dijereis: Profecía de Jehová;
por eso Jehová dice así: Porque dijisteis esta palabra, Profecía de Jehová,
habiendo yo enviado a deciros: No digáis: Profecía de Jehová, 39 por tanto, he
aquí que yo os echaré en olvido, y arrancaré de mi presencia a vosotros y a la
ciudad que di a vosotros y a vuestros padres; 40 y pondré sobre vosotros
afrenta perpetua, y eterna confusión que nunca borrará el olvido.
La señal de los higos buenos y malos
JEREMÍAS 24
1 Después de haber transportado Nabucodonosor rey de
Babilonia a Jeconías hijo de Joacim, rey de Judá, a los príncipes de Judá y
los artesanos y herreros de Jerusalén, y haberlos llevado a Babilonia, me
mostró Jehová dos cestas de higos puestas delante del templo de Jehová. 2 Una
cesta tenía higos muy buenos, como brevas; y la otra cesta tenía higos muy
malos, que de malos no se podían comer. 3 Y me dijo Jehová: ¿Qué ves tú,
Jeremías? Y dije: Higos; higos buenos, muy buenos; y malos, muy malos, que de
malos no se pueden comer.
4 Y vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 5 Así ha dicho
Jehová Dios de Israel: Como a estos higos buenos, así miraré a los
transportados de Judá, a los cuales eché de este lugar a la tierra de los
caldeos, para bien. 6 Porque pondré mis ojos sobre ellos para bien, y los
volveré a esta tierra, y los edificaré, y no los destruiré; los plantaré y no
los arrancaré. 7 Y les daré corazón para que me conozcan que yo soy Jehová; y
me serán por pueblo, y yo les seré a ellos por Dios; porque se volverán a mí
de todo su corazón.
8 Y como los higos malos, que de malos no se pueden
comer, así ha dicho Jehová, pondré a Sedequías rey de Judá, a sus príncipes y
al resto de Jerusalén que quedó en esta tierra, y a los que moran en la tierra
de Egipto. 9 Y los daré por escarnio y por mal a todos los reinos de la
tierra; por infamia, por ejemplo, por refrán y por maldición a todos los
lugares adonde yo los arroje. 10 Y enviaré sobre ellos espada, hambre y
pestilencia, hasta que sean exterminados de la tierra que les di a ellos y a
sus padres.
Setenta años de desolación
JEREMÍAS 25
1 Palabra que vino a Jeremías acerca de todo el pueblo de
Judá en el año cuarto de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, el cual era el
año primero de Nabucodonosor rey de Babilonia; 2 la cual habló el profeta
Jeremías a todo el pueblo de Judá y a todos los moradores de Jerusalén,
diciendo: 3 Desde el año trece de Josías hijo de Amón, rey de Judá, hasta este
día, que son veintitrés años, ha venido a mí palabra de Jehová, y he hablado
desde temprano y sin cesar; pero no oísteis. 4 Y envió Jehová a vosotros todos
sus siervos los profetas, enviándoles desde temprano y sin cesar; pero no
oísteis, ni inclinasteis vuestro oído para escuchar 5 cuando decían: Volveos
ahora de vuestro mal camino y de la maldad de vuestras obras, y moraréis en la
tierra que os dio Jehová a vosotros y a vuestros padres para siempre; 6 y no
vayáis en pos de dioses ajenos, sirviéndoles y adorándoles, ni me provoquéis a
ira con la obra de vuestras manos; y no os haré mal. 7 Pero no me habéis oído,
dice Jehová, para provocarme a ira con la obra de vuestras manos para mal
vuestro.
8 Por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos: Por
cuanto no habéis oído mis palabras, 9 he aquí enviaré y tomaré a todas las
tribus del norte, dice Jehová, y a Nabucodonosor rey de Babilonia, mi siervo,
y los traeré contra esta tierra y contra sus moradores, y contra todas estas
naciones en derredor; y los destruiré, y los pondré por escarnio y por burla y
en desolación perpetua. 10 Y haré que desaparezca de entre ellos la voz de
gozo y la voz de alegría, la voz de desposado y la voz de desposada, ruido de
molino y luz de lámpara. 11 Toda esta tierra será puesta en ruinas y en
espanto; y servirán estas naciones al rey de Babilonia setenta años. 12 Y
cuando sean cumplidos los setenta años, castigaré al rey de Babilonia y a
aquella nación por su maldad, ha dicho Jehová, y a la tierra de los caldeos; y
la convertiré en desiertos para siempre. 13 Y traeré sobre aquella tierra
todas mis palabras que he hablado contra ella, con todo lo que está escrito en
este libro, profetizado por Jeremías contra todas las naciones. 14 Porque
también ellas serán sojuzgadas por muchas naciones y grandes reyes; y yo les
pagaré conforme a sus hechos, y conforme a la obra de sus manos.
La copa de ira para las naciones
15 Porque así me dijo Jehová Dios de Israel: Toma de mi
mano la copa del vino de este furor, y da a beber de él a todas las naciones a
las cuales yo te envío. 16 Y beberán, y temblarán y enloquecerán, a causa de
la espada que yo envío entre ellas.
17 Y tomé la copa de la mano de Jehová, y di de beber a
todas las naciones, a las cuales me envió Jehová: 18 a Jerusalén, a las
ciudades de Judá y a sus reyes, y a sus príncipes, para ponerlos en ruinas, en
escarnio y en burla y en maldición, como hasta hoy; 19 a Faraón rey de Egipto,
a sus siervos, a sus príncipes y a todo su pueblo; 20 y a toda la mezcla de
naciones, a todos los reyes de tierra de Uz, y a todos los reyes de la tierra
de Filistea, a Ascalón, a Gaza, a Ecrón y al remanente de Asdod; 21 a Edom, a
Moab y a los hijos de Amón; 22 a todos los reyes de Tiro, a todos los reyes de
Sidón, a los reyes de las costas que están de ese lado del mar; 23 a Dedán, a
Tema y a Buz, y a todos los que se rapan las sienes; 24 a todos los reyes de
Arabia, a todos los reyes de pueblos mezclados que habitan en el desierto; 25
a todos los reyes de Zimri, a todos los reyes de Elam, a todos los reyes de
Media; 26 a todos los reyes del norte, los de cerca y los de lejos, los unos
con los otros, y a todos los reinos del mundo que están sobre la faz de la
tierra; y el rey de Babilonia beberá después de ellos.
27 Les dirás, pues: Así ha dicho Jehová de los ejércitos,
Dios de Israel: Bebed, y embriagaos, y vomitad, y caed, y no os levantéis, a
causa de la espada que yo envío entre vosotros. 28 Y si no quieren tomar la
copa de tu mano para beber, les dirás tú: Así ha dicho Jehová de los
ejércitos: Tenéis que beber. 29 Porque he aquí que a la ciudad en la cual es
invocado mi nombre yo comienzo a hacer mal; ¿y vosotros seréis absueltos? No
seréis absueltos; porque espada traigo sobre todos los moradores de la tierra,
dice Jehová de los ejércitos.
30 Tú, pues, profetizarás contra ellos todas estas
palabras y les dirás: Jehová rugirá desde lo alto, y desde su morada santa
dará su voz; rugirá fuertemente contra su morada; canción de lagareros cantará
contra todos los moradores de la tierra. 31 Llegará el estruendo hasta el fin
de la tierra, porque Jehová tiene juicio contra las naciones; él es el Juez de
toda carne; entregará los impíos a espada, dice Jehová.
32 Así ha dicho Jehová de los ejércitos: He aquí que el
mal irá de nación en nación, y grande tempestad se levantará de los fines de
la tierra. 33 Y yacerán los muertos de Jehová en aquel día desde un extremo de
la tierra hasta el otro; no se endecharán ni se recogerán ni serán enterrados;
como estiércol quedarán sobre la faz de la tierra. 34 Aullad, pastores, y
clamad; revolcaos en el polvo, mayorales del rebaño; porque cumplidos son
vuestros días para que seáis degollados y esparcidos, y caeréis como vaso
precioso. 35 Y se acabará la huida de los pastores, y el escape de los
mayorales del rebaño. 36 ¡Voz de la gritería de los pastores, y aullido de los
mayorales del rebaño! porque Jehová asoló sus pastos. 37 Y los pastos
delicados serán destruidos por el ardor de la ira de Jehová. 38 Dejó cual
leoncillo su guarida; pues asolada fue la tierra de ellos por la ira del
opresor, y por el furor de su saña.
Jeremías es amenazado de muerte
JEREMÍAS 26
1 En el principio del reinado de Joacim hijo de Josías,
rey de Judá, vino esta palabra de Jehová, diciendo: 2 Así ha dicho Jehová:
Ponte en el atrio de la casa de Jehová, y habla a todas las ciudades de Judá,
que vienen para adorar en la casa de Jehová, todas las palabras que yo te
mandé hablarles; no retengas palabra. 3 Quizá oigan, y se vuelvan cada uno de
su mal camino, y me arrepentiré yo del mal que pienso hacerles por la maldad
de sus obras. 4 Les dirás, pues: Así ha dicho Jehová: Si no me oyereis para
andar en mi ley, la cual puse ante vosotros, 5 para atender a las palabras de
mis siervos los profetas, que yo os envío desde temprano y sin cesar, a los
cuales no habéis oído, 6 yo pondré esta casa como Silo, y esta ciudad la
pondré por maldición a todas las naciones de la tierra.
7 Y los sacerdotes, los profetas y todo el pueblo oyeron
a Jeremías hablar estas palabras en la casa de Jehová. 8 Y cuando terminó de
hablar Jeremías todo lo que Jehová le había mandado que hablase a todo el
pueblo, los sacerdotes y los profetas y todo el pueblo le echaron mano,
diciendo: De cierto morirás. 9 ¿Por qué has profetizado en nombre de Jehová,
diciendo: Esta casa será como Silo, y esta ciudad será asolada hasta no quedar
morador? Y todo el pueblo se juntó contra Jeremías en la casa de Jehová.
10 Y los príncipes de Judá oyeron estas cosas, y subieron
de la casa del rey a la casa de Jehová, y se sentaron en la entrada de la
puerta nueva de la casa de Jehová. 11 Entonces hablaron los sacerdotes y los
profetas a los príncipes y a todo el pueblo, diciendo: En pena de muerte ha
incurrido este hombre; porque profetizó contra esta ciudad, como vosotros
habéis oído con vuestros oídos. 12 Y habló Jeremías a todos los príncipes y a
todo el pueblo, diciendo: Jehová me envió a profetizar contra esta casa y
contra esta ciudad, todas las palabras que habéis oído. 13 Mejorad ahora
vuestros caminos y vuestras obras, y oíd la voz de Jehová vuestro Dios, y se
arrepentirá Jehová del mal que ha hablado contra vosotros. 14 En lo que a mí
toca, he aquí estoy en vuestras manos; haced de mí como mejor y más recto os
parezca. 15 Mas sabed de cierto que si me matáis, sangre inocente echaréis
sobre vosotros, y sobre esta ciudad y sobre sus moradores; porque en verdad
Jehová me envió a vosotros para que dijese todas estas palabras en vuestros
oídos.
16 Y dijeron los príncipes y todo el pueblo a los
sacerdotes y profetas: No ha incurrido este hombre en pena de muerte, porque
en nombre de Jehová nuestro Dios nos ha hablado. 17 Entonces se levantaron
algunos de los ancianos de la tierra y hablaron a toda la reunión del pueblo,
diciendo: 18 Miqueas de Moreset profetizó en tiempo de Ezequías rey de Judá, y
habló a todo el pueblo de Judá, diciendo: Así ha dicho Jehová de los
ejércitos: Sion será arada como campo, y Jerusalén vendrá a ser montones de
ruinas, y el monte de la casa como cumbres de bosque. 19 ¿Acaso lo mataron
Ezequías rey de Judá y todo Judá? ¿No temió a Jehová, y oró en presencia de
Jehová, y Jehová se arrepintió del mal que había hablado contra ellos?
¿Haremos, pues, nosotros tan gran mal contra nuestras almas?
20 Hubo también un hombre que profetizaba en nombre de
Jehová, Urías hijo de Semaías, de Quiriat-jearim, el cual profetizó contra
esta ciudad y contra esta tierra, conforme a todas las palabras de Jeremías;
21 y oyeron sus palabras el rey Joacim y todos sus grandes, y todos sus
príncipes, y el rey procuró matarle; entendiendo lo cual Urías, tuvo temor, y
huyó a Egipto. 22 Y el rey Joacim envió hombres a Egipto, a Elnatán hijo de
Acbor y otros hombres con él, a Egipto; 23 los cuales sacaron a Urías de
Egipto y lo trajeron al rey Joacim, el cual lo mató a espada, y echó su cuerpo
en los sepulcros del vulgo.
24 Pero la mano de Ahicam hijo de Safán estaba a favor de
Jeremías, para que no lo entregasen en las manos del pueblo para matarlo.
La señal de los yugos
JEREMÍAS 27
1 En el principio del reinado de Joacim hijo de Josías,
rey de Judá, vino esta palabra de Jehová a Jeremías, diciendo: 2 Jehová me ha
dicho así: Hazte coyundas y yugos, y ponlos sobre tu cuello; 3 y los enviarás
al rey de Edom, y al rey de Moab, y al rey de los hijos de Amón, y al rey de
Tiro, y al rey de Sidón, por mano de los mensajeros que vienen a Jerusalén a
Sedequías rey de Judá. 4 Y les mandarás que digan a sus señores: Así ha dicho
Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Así habéis de decir a vuestros
señores: 5 Yo hice la tierra, el hombre y las bestias que están sobre la faz
de la tierra, con mi gran poder y con mi brazo extendido, y la di a quien yo
quise. 6 Y ahora yo he puesto todas estas tierras en mano de Nabucodonosor rey
de Babilonia, mi siervo, y aun las bestias del campo le he dado para que le
sirvan. 7 Y todas las naciones le servirán a él, a su hijo, y al hijo de su
hijo, hasta que venga también el tiempo de su misma tierra, y la reduzcan a
servidumbre muchas naciones y grandes reyes.
8 Y a la nación y al reino que no sirviere a
Nabucodonosor rey de Babilonia, y que no pusiere su cuello debajo del yugo del
rey de Babilonia, castigaré a tal nación con espada y con hambre y con
pestilencia, dice Jehová, hasta que la acabe yo por su mano. 9 Y vosotros no
prestéis oído a vuestros profetas, ni a vuestros adivinos, ni a vuestros
soñadores, ni a vuestros agoreros, ni a vuestros encantadores, que os hablan
diciendo: No serviréis al rey de Babilonia. 10 Porque ellos os profetizan
mentira, para haceros alejar de vuestra tierra, y para que yo os arroje y
perezcáis. 11 Mas a la nación que sometiere su cuello al yugo del rey de
Babilonia y le sirviere, la dejaré en su tierra, dice Jehová, y la labrará y
morará en ella.
12 Hablé también a Sedequías rey de Judá conforme a todas
estas palabras, diciendo: Someted vuestros cuellos al yugo del rey de
Babilonia, y servidle a él y a su pueblo, y vivid. 13 ¿Por qué moriréis tú y
tu pueblo a espada, de hambre y de pestilencia, según ha dicho Jehová de la
nación que no sirviere al rey de Babilonia? 14 No oigáis las palabras de los
profetas que os hablan diciendo: No serviréis al rey de Babilonia; porque os
profetizan mentira. 15 Porque yo no los envié, dice Jehová, y ellos profetizan
falsamente en mi nombre, para que yo os arroje y perezcáis vosotros y los
profetas que os profetizan.
16 También a los sacerdotes y a todo este pueblo hablé
diciendo: Así ha dicho Jehová: No oigáis las palabras de vuestros profetas que
os profetizan diciendo: He aquí que los utensilios de la casa de Jehová
volverán de Babilonia ahora pronto; porque os profetizan mentira. 17 No los
oigáis; servid al rey de Babilonia y vivid; ¿por qué ha de ser desolada esta
ciudad? 18 Y si ellos son profetas, y si está con ellos la palabra de Jehová,
oren ahora a Jehová de los ejércitos para que los utensilios que han quedado
en la casa de Jehová y en la casa del rey de Judá y en Jerusalén, no vayan a
Babilonia. 19 Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos acerca de aquellas
columnas, del estanque, de las basas y del resto de los utensilios que quedan
en esta ciudad, 20 que no quitó Nabucodonosor rey de Babilonia cuando
transportó de Jerusalén a Babilonia a Jeconías hijo de Joacim, rey de Judá, y
a todos los nobles de Judá y de Jerusalén; 21 así, pues, ha dicho Jehová de
los ejércitos, Dios de Israel, acerca de los utensilios que quedaron en la
casa de Jehová, y en la casa del rey de Judá, y en Jerusalén: 22 A Babilonia
serán transportados, y allí estarán hasta el día en que yo los visite, dice
Jehová; y después los traeré y los restauraré a este lugar.
Falsa profecía de Hananías
JEREMÍAS 28
1 Aconteció en el mismo año, en el principio del reinado
de Sedequías rey de Judá, en el año cuarto, en el quinto mes, que Hananías
hijo de Azur, profeta que era de Gabaón, me habló en la casa de Jehová delante
de los sacerdotes y de todo el pueblo, diciendo: 2 Así habló Jehová de los
ejércitos, Dios de Israel, diciendo: Quebranté el yugo del rey de Babilonia. 3
Dentro de dos años haré volver a este lugar todos los utensilios de la casa de
Jehová, que Nabucodonosor rey de Babilonia tomó de este lugar para llevarlos a
Babilonia, 4 y yo haré volver a este lugar a Jeconías hijo de Joacim, rey de
Judá, y a todos los transportados de Judá que entraron en Babilonia, dice
Jehová; porque yo quebrantaré el yugo del rey de Babilonia.
5 Entonces respondió el profeta Jeremías al profeta
Hananías, delante de los sacerdotes y delante de todo el pueblo que estaba en
la casa de Jehová. 6 Y dijo el profeta Jeremías: Amén, así lo haga Jehová.
Confirme Jehová tus palabras, con las cuales profetizaste que los utensilios
de la casa de Jehová, y todos los transportados, han de ser devueltos de
Babilonia a este lugar. 7 Con todo eso, oye ahora esta palabra que yo hablo en
tus oídos y en los oídos de todo el pueblo: 8 Los profetas que fueron antes de
mí y antes de ti en tiempos pasados, profetizaron guerra, aflicción y
pestilencia contra muchas tierras y contra grandes reinos. 9 El profeta que
profetiza de paz, cuando se cumpla la palabra del profeta, será conocido como
el profeta que Jehová en verdad envió.
10 Entonces el profeta Hananías quitó el yugo del cuello
del profeta Jeremías, y lo quebró. 11 Y habló Hananías en presencia de todo el
pueblo, diciendo: Así ha dicho Jehová: De esta manera romperé el yugo de
Nabucodonosor rey de Babilonia, del cuello de todas las naciones, dentro de
dos años. Y siguió Jeremías su camino. 12 Y después que el profeta Hananías
rompió el yugo del cuello del profeta Jeremías, vino palabra de Jehová a
Jeremías, diciendo: 13 Ve y habla a Hananías, diciendo: Así ha dicho Jehová:
Yugos de madera quebraste, mas en vez de ellos harás yugos de hierro. 14
Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Yugo de hierro
puse sobre el cuello de todas estas naciones, para que sirvan a Nabucodonosor
rey de Babilonia, y han de servirle; y aun también le he dado las bestias del
campo. 15 Entonces dijo el profeta Jeremías al profeta Hananías: Ahora oye,
Hananías: Jehová no te envió, y tú has hecho confiar en mentira a este pueblo.
16 Por tanto, así ha dicho Jehová: He aquí que yo te quito de sobre la faz de
la tierra; morirás en este año, porque hablaste rebelión contra Jehová. 17 Y
en el mismo año murió Hananías, en el mes séptimo.
Carta de Jeremías a los cautivos
JEREMÍAS 29
1 Estas son las palabras de la carta que el profeta
Jeremías envió de Jerusalén a los ancianos que habían quedado de los que
fueron transportados, y a los sacerdotes y profetas y a todo el pueblo que
Nabucodonosor llevó cautivo de Jerusalén a Babilonia 2 (después que salió el
rey Jeconías, la reina, los del palacio, los príncipes de Judá y de Jerusalén,
los artífices y los ingenieros de Jerusalén), 3 por mano de Elasa hijo de
Safán y de Gemarías hijo de Hilcías, a quienes envió Sedequías rey de Judá a
Babilonia, a Nabucodonosor rey de Babilonia. Decía: 4 Así ha dicho Jehová de
los ejércitos, Dios de Israel, a todos los de la cautividad que hice
transportar de Jerusalén a Babilonia: 5 Edificad casas, y habitadlas; y
plantad huertos, y comed del fruto de ellos. 6 Casaos, y engendrad hijos e
hijas; dad mujeres a vuestros hijos, y dad maridos a vuestras hijas, para que
tengan hijos e hijas; y multiplicaos ahí, y no os disminuyáis. 7 Y procurad la
paz de la ciudad a la cual os hice transportar, y rogad por ella a Jehová;
porque en su paz tendréis vosotros paz. 8 Porque así ha dicho Jehová de los
ejércitos, Dios de Israel: No os engañen vuestros profetas que están entre
vosotros, ni vuestros adivinos; ni atendáis a los sueños que soñáis. 9 Porque
falsamente os profetizan ellos en mi nombre; no los envié, ha dicho Jehová. 10
Porque así dijo Jehová: Cuando en Babilonia se cumplan los setenta años, yo os
visitaré, y despertaré sobre vosotros mi buena palabra, para haceros volver a
este lugar. 11 Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros,
dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.
12 Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré; 13 y me
buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón. 14 Y
seré hallado por vosotros, dice Jehová, y haré volver vuestra cautividad, y os
reuniré de todas las naciones y de todos los lugares adonde os arrojé, dice
Jehová; y os haré volver al lugar de donde os hice llevar. 15 Mas habéis
dicho: Jehová nos ha levantado profetas en Babilonia. 16 Pero así ha dicho
Jehová acerca del rey que está sentado sobre el trono de David, y de todo el
pueblo que mora en esta ciudad, de vuestros hermanos que no salieron con
vosotros en cautiverio; 17 así ha dicho Jehová de los ejércitos: He aquí envío
yo contra ellos espada, hambre y pestilencia, y los pondré como los higos
malos, que de tan malos no se pueden comer. 18 Los perseguiré con espada, con
hambre y con pestilencia, y los daré por escarnio a todos los reinos de la
tierra, por maldición y por espanto, y por burla y por afrenta para todas las
naciones entre las cuales los he arrojado; 19 por cuanto no oyeron mis
palabras, dice Jehová, que les envié por mis siervos los profetas, desde
temprano y sin cesar; y no habéis escuchado, dice Jehová. 20 Oíd, pues,
palabra de Jehová, vosotros todos los transportados que envié de Jerusalén a
Babilonia. 21 Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, acerca de
Acab hijo de Colaías, y acerca de Sedequías hijo de Maasías, que os profetizan
falsamente en mi nombre: He aquí los entrego yo en mano de Nabucodonosor rey
de Babilonia, y él los matará delante de vuestros ojos. 22 Y todos los
transportados de Judá que están en Babilonia harán de ellos una maldición,
diciendo: Póngate Jehová como a Sedequías y como a Acab, a quienes asó al
fuego el rey de Babilonia. 23 Porque hicieron maldad en Israel, y cometieron
adulterio con las mujeres de sus prójimos, y falsamente hablaron en mi nombre
palabra que no les mandé; lo cual yo sé y testifico, dice Jehová. 24 Y a
Semaías de Nehelam hablarás, diciendo: 25 Así habló Jehová de los ejércitos,
Dios de Israel, diciendo: Tú enviaste cartas en tu nombre a todo el pueblo que
está en Jerusalén, y al sacerdote Sofonías hijo de Maasías, y a todos los
sacerdotes, diciendo: 26 Jehová te ha puesto por sacerdote en lugar del
sacerdote Joiada, para que te encargues en la casa de Jehová de todo hombre
loco que profetice, poniéndolo en el calabozo y en el cepo. 27 ¿Por qué, pues,
no has reprendido ahora a Jeremías de Anatot, que os profetiza? 28 Porque él
nos envió a decir en Babilonia: Largo será el cautiverio; edificad casas, y
habitadlas; plantad huertos, y comed el fruto de ellos. 29 Y el sacerdote
Sofonías había leído esta carta a oídos del profeta Jeremías. 30 Y vino
palabra de Jehová a Jeremías, diciendo: 31 Envía a decir a todos los cautivos:
Así ha dicho Jehová de Semaías de Nehelam: Porque os profetizó Semaías, y yo
no lo envié, y os hizo confiar en mentira; 32 por tanto, así ha dicho Jehová:
He aquí que yo castigaré a Semaías de Nehelam y a su descendencia; no tendrá
varón que more entre este pueblo, ni verá el bien que haré yo a mi pueblo,
dice Jehová; porque contra Jehová ha hablado rebelión.
Dios promete que los cautivos volverán
JEREMÍAS 30
1 Palabra de Jehová que vino a Jeremías, diciendo: 2 Así
habló Jehová Dios de Israel, diciendo: Escríbete en un libro todas las
palabras que te he hablado. 3 Porque he aquí que vienen días, dice Jehová, en
que haré volver a los cautivos de mi pueblo Israel y Judá, ha dicho Jehová, y
los traeré a la tierra que di a sus padres, y la disfrutarán.
4 Estas, pues, son las palabras que habló Jehová acerca
de Israel y de Judá. 5 Porque así ha dicho Jehová: Hemos oído voz de temblor;
de espanto, y no de paz. 6 Inquirid ahora, y mirad si el varón da a luz;
porque he visto que todo hombre tenía las manos sobre sus lomos, como mujer
que está de parto, y se han vuelto pálidos todos los rostros. 7 ¡Ah, cuán
grande es aquel día! tanto, que no hay otro semejante a él; tiempo de angustia
para Jacob; pero de ella será librado.
8 En aquel día, dice Jehová de los ejércitos, yo quebraré
su yugo de tu cuello, y romperé tus coyundas, y extranjeros no lo volverán más
a poner en servidumbre, 9 sino que servirán a Jehová su Dios y a David su rey,
a quien yo les levantaré.
10 Tú, pues, siervo mío Jacob, no temas, dice Jehová, ni
te atemorices, Israel; porque he aquí que yo soy el que te salvo de lejos a ti
y a tu descendencia de la tierra de cautividad; y Jacob volverá, descansará y
vivirá tranquilo, y no habrá quien le espante. 11 Porque yo estoy contigo para
salvarte, dice Jehová, y destruiré a todas las naciones entre las cuales te
esparcí; pero a ti no te destruiré, sino que te castigaré con justicia; de
ninguna manera te dejaré sin castigo.
12 Porque así ha dicho Jehová: Incurable es tu
quebrantamiento, y dolorosa tu llaga. 13 No hay quien juzgue tu causa para
sanarte; no hay para ti medicamentos eficaces. 14 Todos tus enamorados te
olvidaron; no te buscan; porque como hiere un enemigo te herí, con azote de
adversario cruel, a causa de la magnitud de tu maldad y de la multitud de tus
pecados. 15 ¿Por qué gritas a causa de tu quebrantamiento? Incurable es tu
dolor, porque por la grandeza de tu iniquidad y por tus muchos pecados te he
hecho esto. 16 Pero serán consumidos todos los que te consumen; y todos tus
adversarios, todos irán en cautiverio; hollados serán los que te hollaron, y a
todos los que hicieron presa de ti daré en presa. 17 Mas yo haré venir sanidad
para ti, y sanaré tus heridas, dice Jehová; porque desechada te llamaron,
diciendo: Esta es Sion, de la que nadie se acuerda.
18 Así ha dicho Jehová: He aquí yo hago volver los
cautivos de las tiendas de Jacob, y de sus tiendas tendré misericordia, y la
ciudad será edificada sobre su colina, y el templo será asentado según su
forma. 19 Y saldrá de ellos acción de gracias, y voz de nación que está en
regocijo, y los multiplicaré, y no serán disminuidos; los multiplicaré, y no
serán menoscabados. 20 Y serán sus hijos como antes, y su congregación delante
de mí será confirmada; y castigaré a todos sus opresores. 21 De ella saldrá su
príncipe, y de en medio de ella saldrá su señoreador; y le haré llegar cerca,
y él se acercará a mí; porque ¿quién es aquel que se atreve a acercarse a mí?
dice Jehová. 22 Y me seréis por pueblo, y yo seré vuestro Dios.
23 He aquí, la tempestad de Jehová sale con furor; la
tempestad que se prepara, sobre la cabeza de los impíos reposará. 24 No se
calmará el ardor de la ira de Jehová, hasta que haya hecho y cumplido los
pensamientos de su corazón; en el fin de los días entenderéis esto.
JEREMÍAS 31
1 En aquel tiempo, dice Jehová, yo seré por Dios a todas
las familias de Israel, y ellas me serán a mí por pueblo.
2 Así ha dicho Jehová: El pueblo que escapó de la espada
halló gracia en el desierto, cuando Israel iba en busca de reposo. 3 Jehová se
manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado;
por tanto, te prolongué mi misericordia. 4 Aún te edificaré, y serás
edificada, oh virgen de Israel; todavía serás adornada con tus panderos, y
saldrás en alegres danzas. 5 Aún plantarás viñas en los montes de Samaria;
plantarán los que plantan, y disfrutarán de ellas. 6 Porque habrá día en que
clamarán los guardas en el monte de Efraín: Levantaos, y subamos a Sion, a
Jehová nuestro Dios.
7 Porque así ha dicho Jehová: Regocijaos en Jacob con
alegría, y dad voces de júbilo a la cabeza de naciones; haced oír, alabad, y
decid: Oh Jehová, salva a tu pueblo, el remanente de Israel. 8 He aquí yo los
hago volver de la tierra del norte, y los reuniré de los fines de la tierra, y
entre ellos ciegos y cojos, la mujer que está encinta y la que dio a luz
juntamente; en gran compañía volverán acá. 9 Irán con lloro, mas con
misericordia los haré volver, y los haré andar junto a arroyos de aguas, por
camino derecho en el cual no tropezarán; porque soy a Israel por padre, y
Efraín es mi primogénito.
10 Oíd palabra de Jehová, oh naciones, y hacedlo saber en
las costas que están lejos, y decid: El que esparció a Israel lo reunirá y
guardará, como el pastor a su rebaño. 11 Porque Jehová redimió a Jacob, lo
redimió de mano del más fuerte que él. 12 Y vendrán con gritos de gozo en lo
alto de Sion, y correrán al bien de Jehová, al pan, al vino, al aceite, y al
ganado de las ovejas y de las vacas; y su alma será como huerto de riego, y
nunca más tendrán dolor. 13 Entonces la virgen se alegrará en la danza, los
jóvenes y los viejos juntamente; y cambiaré su lloro en gozo, y los consolaré,
y los alegraré de su dolor. 14 Y el alma del sacerdote satisfaré con
abundancia, y mi pueblo será saciado de mi bien, dice Jehová.
15 Así ha dicho Jehová: Voz fue oída en Ramá, llanto y
lloro amargo; Raquel que lamenta por sus hijos, y no quiso ser consolada
acerca de sus hijos, porque perecieron.
16 Así ha dicho Jehová: Reprime del llanto tu voz, y de
las lágrimas tus ojos; porque salario hay para tu trabajo, dice Jehová, y
volverán de la tierra del enemigo. 17 Esperanza hay también para tu porvenir,
dice Jehová, y los hijos volverán a su propia tierra. 18 Escuchando, he oído a
Efraín que se lamentaba: Me azotaste, y fui castigado como novillo indómito;
conviérteme, y seré convertido, porque tú eres Jehová mi Dios. 19 Porque
después que me aparté tuve arrepentimiento, y después que reconocí mi falta,
herí mi muslo; me avergoncé y me confundí, porque llevé la afrenta de mi
juventud. 20 ¿No es Efraín hijo precioso para mí? ¿no es niño en quien me
deleito? pues desde que hablé de él, me he acordado de él constantemente. Por
eso mis entrañas se conmovieron por él; ciertamente tendré de él misericordia,
dice Jehová.
21 Establécete señales, ponte majanos altos, nota
atentamente la calzada; vuélvete por el camino por donde fuiste, virgen de
Israel, vuelve a estas tus ciudades. 22 ¿Hasta cuándo andarás errante, oh hija
contumaz? Porque Jehová creará una cosa nueva sobre la tierra: la mujer
rodeará al varón.
23 Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel:
Aún dirán esta palabra en la tierra de Judá y en sus ciudades, cuando yo haga
volver sus cautivos: Jehová te bendiga, oh morada de justicia, oh monte santo.
24 Y habitará allí Judá, y también en todas sus ciudades labradores, y los que
van con rebaño. 25 Porque satisfaré al alma cansada, y saciaré a toda alma
entristecida.
26 En esto me desperté, y vi, y mi sueño me fue
agradable.
El nuevo pacto
27 He aquí vienen días, dice Jehová, en que sembraré la
casa de Israel y la casa de Judá de simiente de hombre y de simiente de
animal. 28 Y así como tuve cuidado de ellos para arrancar y derribar, y
trastornar y perder y afligir, tendré cuidado de ellos para edificar y
plantar, dice Jehová. 29 En aquellos días no dirán más: Los padres comieron
las uvas agrias y los dientes de los hijos tienen la dentera, 30 sino que cada
cual morirá por su propia maldad; los dientes de todo hombre que comiere las
uvas agrias, tendrán la dentera.
31 He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales
haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. 32 No como el
pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la
tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido
para ellos, dice Jehová. 33 Pero este es el pacto que haré con la casa de
Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la
escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por
pueblo. 34 Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano,
diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de
ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y
no me acordaré más de su pecado.
35 Así ha dicho Jehová, que da el sol para luz del día,
las leyes de la luna y de las estrellas para luz de la noche, que parte el
mar, y braman sus ondas; Jehová de los ejércitos es su nombre: 36 Si faltaren
estas leyes delante de mí, dice Jehová, también la descendencia de Israel
faltará para no ser nación delante de mí eternamente.
37 Así ha dicho Jehová: Si los cielos arriba se pueden
medir, y explorarse abajo los fundamentos de la tierra, también yo desecharé
toda la descendencia de Israel por todo lo que hicieron, dice Jehová.
38 He aquí que vienen días, dice Jehová, en que la ciudad
será edificada a Jehová, desde la torre de Hananeel hasta la puerta del
Angulo. 39 Y saldrá más allá el cordel de la medida delante de él sobre el
collado de Gareb, y rodeará a Goa. 40 Y todo el valle de los cuerpos muertos y
de la ceniza, y todas las llanuras hasta el arroyo de Cedrón, hasta la esquina
de la puerta de los caballos al oriente, será santo a Jehová; no será
arrancada ni destruida más para siempre.
Jeremías compra la heredad de Hanameel
JEREMÍAS 32
1 Palabra de Jehová que vino a Jeremías, el año décimo de
Sedequías rey de Judá, que fue el año decimoctavo de Nabucodonosor. 2 Entonces
el ejército del rey de Babilonia tenía sitiada a Jerusalén, y el profeta
Jeremías estaba preso en el patio de la cárcel que estaba en la casa del rey
de Judá. 3 Porque Sedequías rey de Judá lo había puesto preso, diciendo: ¿Por
qué profetizas tú diciendo: Así ha dicho Jehová: He aquí yo entrego esta
ciudad en mano del rey de Babilonia, y la tomará; 4 y Sedequías rey de Judá no
escapará de la mano de los caldeos, sino que de cierto será entregado en mano
del rey de Babilonia, y hablará con él boca a boca, y sus ojos verán sus ojos,
5 y hará llevar a Sedequías a Babilonia, y allá estará hasta que yo le visite;
y si peleareis contra los caldeos, no os irá bien, dice Jehová?
6 Dijo Jeremías: Palabra de Jehová vino a mí, diciendo: 7
He aquí que Hanameel hijo de Salum tu tío viene a ti, diciendo: Cómprame mi
heredad que está en Anatot; porque tú tienes derecho a ella para comprarla. 8
Y vino a mí Hanameel hijo de mi tío, conforme a la palabra de Jehová, al patio
de la cárcel, y me dijo: Compra ahora mi heredad, que está en Anatot en tierra
de Benjamín, porque tuyo es el derecho de la herencia, y a ti corresponde el
rescate; cómprala para ti. Entonces conocí que era palabra de Jehová.
9 Y compré la heredad de Hanameel, hijo de mi tío, la
cual estaba en Anatot, y le pesé el dinero; diecisiete siclos de plata. 10 Y
escribí la carta y la sellé, y la hice certificar con testigos, y pesé el
dinero en balanza. 11 Tomé luego la carta de venta, sellada según el derecho y
costumbre, y la copia abierta. 12 Y di la carta de venta a Baruc hijo de
Nerías, hijo de Maasías, delante de Hanameel el hijo de mi tío, y delante de
los testigos que habían suscrito la carta de venta, delante de todos los
judíos que estaban en el patio de la cárcel. 13 Y di orden a Baruc delante de
ellos, diciendo: 14 Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Toma
estas cartas, esta carta de venta sellada, y esta carta abierta, y ponlas en
una vasija de barro, para que se conserven muchos días.
15 Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de
Israel: Aún se comprarán casas, heredades y viñas en esta tierra. 16 Y después
que di la carta de venta a Baruc hijo de Nerías, oré a Jehová, diciendo: 17 ¡Oh
Señor Jehová! he aquí que tú hiciste el cielo y la tierra con tu gran poder, y
con tu brazo extendido, ni hay nada que sea difícil para ti; 18 que haces
misericordia a millares, y castigas la maldad de los padres en sus hijos
después de ellos; Dios grande, poderoso, Jehová de los ejércitos es su nombre;
19 grande en consejo, y magnífico en hechos; porque tus ojos están abiertos
sobre todos los caminos de los hijos de los hombres, para dar a cada uno según
sus caminos, y según el fruto de sus obras. 20 Tú hiciste señales y portentos
en tierra de Egipto hasta este día, y en Israel, y entre los hombres; y te has
hecho nombre, como se ve en el día de hoy. 21 Y sacaste a tu pueblo Israel de
la tierra de Egipto con señales y portentos, con mano fuerte y brazo
extendido, y con terror grande; 22 y les diste esta tierra, de la cual juraste
a sus padres que se la darías, la tierra que fluye leche y miel; 23 y
entraron, y la disfrutaron; pero no oyeron tu voz, ni anduvieron en tu ley;
nada hicieron de lo que les mandaste hacer; por tanto, has hecho venir sobre
ellos todo este mal. 24 He aquí que con arietes han acometido la ciudad para
tomarla, y la ciudad va a ser entregada en mano de los caldeos que pelean
contra ella, a causa de la espada, del hambre y de la pestilencia; ha venido,
pues, a suceder lo que tú dijiste, y he aquí lo estás viendo. 25 ¡Oh Señor
Jehová! ¿y tú me has dicho: Cómprate la heredad por dinero, y pon testigos;
aunque la ciudad sea entregada en manos de los caldeos?
26 Y vino palabra de Jehová a Jeremías, diciendo: 27 He
aquí que yo soy Jehová, Dios de toda carne; ¿habrá algo que sea difícil para
mí? 28 Por tanto, así ha dicho Jehová: He aquí voy a entregar esta ciudad en
mano de los caldeos, y en mano de Nabucodonosor rey de Babilonia, y la tomará.
29 Y vendrán los caldeos que atacan esta ciudad, y la pondrán a fuego y la
quemarán, asimismo las casas sobre cuyas azoteas ofrecieron incienso a Baal y
derramaron libaciones a dioses ajenos, para provocarme a ira. 30 Porque los
hijos de Israel y los hijos de Judá no han hecho sino lo malo delante de mis
ojos desde su juventud; porque los hijos de Israel no han hecho más que
provocarme a ira con la obra de sus manos, dice Jehová. 31 De tal manera que
para enojo mío y para ira mía me ha sido esta ciudad desde el día que la
edificaron hasta hoy, para que la haga quitar de mi presencia, 32 por toda la
maldad de los hijos de Israel y de los hijos de Judá, que han hecho para
enojarme, ellos, sus reyes, sus príncipes, sus sacerdotes y sus profetas, y
los varones de Judá y los moradores de Jerusalén. 33 Y me volvieron la cerviz,
y no el rostro; y cuando los enseñaba desde temprano y sin cesar, no
escucharon para recibir corrección. 34 Antes pusieron sus abominaciones en la
casa en la cual es invocado mi nombre, contaminándola. 35 Y edificaron lugares
altos a Baal, los cuales están en el valle del hijo de Hinom, para hacer pasar
por el fuego sus hijos y sus hijas a Moloc; lo cual no les mandé, ni me vino
al pensamiento que hiciesen esta abominación, para hacer pecar a Judá.
36 Y con todo, ahora así dice Jehová Dios de Israel a
esta ciudad, de la cual decís vosotros: Entregada será en mano del rey de
Babilonia a espada, a hambre y a pestilencia: 37 He aquí que yo los reuniré de
todas las tierras a las cuales los eché con mi furor, y con mi enojo e
indignación grande; y los haré volver a este lugar, y los haré habitar
seguramente; 38 y me serán por pueblo, y yo seré a ellos por Dios. 39 Y les
daré un corazón, y un camino, para que me teman perpetuamente, para que tengan
bien ellos, y sus hijos después de ellos. 40 Y haré con ellos pacto eterno,
que no me volveré atrás de hacerles bien, y pondré mi temor en el corazón de
ellos, para que no se aparten de mí. 41 Y me alegraré con ellos haciéndoles
bien, y los plantaré en esta tierra en verdad, de todo mi corazón y de toda mi
alma.
42 Porque así ha dicho Jehová: Como traje sobre este
pueblo todo este gran mal, así traeré sobre ellos todo el bien que acerca de
ellos hablo. 43 Y poseerán heredad en esta tierra de la cual vosotros decís:
Está desierta, sin hombres y sin animales, es entregada en manos de los
caldeos. 44 Heredades comprarán por dinero, y harán escritura y la sellarán y
pondrán testigos, en tierra de Benjamín y en los contornos de Jerusalén, y en
las ciudades de Judá; y en las ciudades de las montañas, y en las ciudades de
la Sefela, y en las ciudades del Neguev; porque yo haré regresar sus cautivos,
dice Jehová.
Restauración de la prosperidad de Jerusalén
JEREMÍAS 33
1 Vino palabra de Jehová a Jeremías la segunda vez,
estando él aún preso en el patio de la cárcel, diciendo: 2 Así ha dicho
Jehová, que hizo la tierra, Jehová que la formó para afirmarla; Jehová es su
nombre: 3 Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y
ocultas que tú no conoces. 4 Porque así ha dicho Jehová Dios de Israel acerca
de las casas de esta ciudad, y de las casas de los reyes de Judá, derribadas
con arietes y con hachas 5 (porque vinieron para pelear contra los caldeos,
para llenarlas de cuerpos de hombres muertos, a los cuales herí yo con mi
furor y con mi ira, pues escondí mi rostro de esta ciudad a causa de toda su
maldad): 6 He aquí que yo les traeré sanidad y medicina; y los curaré, y les
revelaré abundancia de paz y de verdad. 7 Y haré volver los cautivos de Judá y
los cautivos de Israel, y los restableceré como al principio. 8 Y los limpiaré
de toda su maldad con que pecaron contra mí; y perdonaré todos sus pecados con
que contra mí pecaron, y con que contra mí se rebelaron. 9 Y me será a mí por
nombre de gozo, de alabanza y de gloria, entre todas las naciones de la
tierra, que habrán oído todo el bien que yo les hago; y temerán y temblarán de
todo el bien y de toda la paz que yo les haré.
10 Así ha dicho Jehová: En este lugar, del cual decís que
está desierto sin hombres y sin animales, en las ciudades de Judá y en las
calles de Jerusalén, que están asoladas, sin hombre y sin morador y sin
animal, 11 ha de oírse aún voz de gozo y de alegría, voz de desposado y voz de
desposada, voz de los que digan: Alabad a Jehová de los ejércitos, porque
Jehová es bueno, porque para siempre es su misericordia; voz de los que
traigan ofrendas de acción de gracias a la casa de Jehová. Porque volveré a
traer los cautivos de la tierra como al principio, ha dicho Jehová.
12 Así dice Jehová de los ejércitos: En este lugar
desierto, sin hombre y sin animal, y en todas sus ciudades, aún habrá cabañas
de pastores que hagan pastar sus ganados. 13 En las ciudades de las montañas,
en las ciudades de la Sefela, en las ciudades del Neguev, en la tierra de
Benjamín, y alrededor de Jerusalén y en las ciudades de Judá, aún pasarán
ganados por las manos del que los cuente, ha dicho Jehová.
14 He aquí vienen días, dice Jehová, en que yo confirmaré
la buena palabra que he hablado a la casa de Israel y a la casa de Judá. 15 En
aquellos días y en aquel tiempo haré brotar a David un Renuevo de justicia, y
hará juicio y justicia en la tierra. 16 En aquellos días Judá será salvo, y
Jerusalén habitará segura, y se le llamará: Jehová, justicia nuestra.
17 Porque así ha dicho Jehová: No faltará a David varón
que se siente sobre el trono de la casa de Israel. 18 Ni a los sacerdotes y
levitas faltará varón que delante de mí ofrezca holocausto y encienda ofrenda,
y que haga sacrificio todos los días.
19 Vino palabra de Jehová a Jeremías, diciendo: 20 Así ha
dicho Jehová: Si pudiereis invalidar mi pacto con el día y mi pacto con la
noche, de tal manera que no haya día ni noche a su tiempo, 21 podrá también
invalidarse mi pacto con mi siervo David, para que deje de tener hijo que
reine sobre su trono, y mi pacto con los levitas y sacerdotes, mis ministros.
22 Como no puede ser contado el ejército del cielo, ni la arena del mar se
puede medir, así multiplicaré la descendencia de David mi siervo, y los
levitas que me sirven.
23 Vino palabra de Jehová a Jeremías, diciendo: 24 ¿No
has echado de ver lo que habla este pueblo, diciendo: Dos familias que Jehová
escogiera ha desechado? Y han tenido en poco a mi pueblo, hasta no tenerlo más
por nación. 25 Así ha dicho Jehová: Si no permanece mi pacto con el día y la
noche, si yo no he puesto las leyes del cielo y la tierra, 26 también
desecharé la descendencia de Jacob, y de David mi siervo, para no tomar de su
descendencia quien sea señor sobre la posteridad de Abraham, de Isaac y de
Jacob. Porque haré volver sus cautivos, y tendré de ellos misericordia.
Jeremías amonesta a Sedequías
JEREMÍAS 34
1 Palabra de Jehová que vino a Jeremías cuando
Nabucodonosor rey de Babilonia y todo su ejército, y todos los reinos de la
tierra bajo el señorío de su mano, y todos los pueblos, peleaban contra
Jerusalén y contra todas sus ciudades, la cual dijo: 2 Así ha dicho Jehová
Dios de Israel: Ve y habla a Sedequías rey de Judá, y dile: Así ha dicho
Jehová: He aquí yo entregaré esta ciudad al rey de Babilonia, y la quemará con
fuego; 3 y no escaparás tú de su mano, sino que ciertamente serás apresado, y
en su mano serás entregado; y tus ojos verán los ojos del rey de Babilonia, y
te hablará boca a boca, y en Babilonia entrarás. 4 Con todo eso, oye palabra
de Jehová, Sedequías rey de Judá: Así ha dicho Jehová acerca de ti: No morirás
a espada. 5 En paz morirás, y así como quemaron especias por tus padres, los
reyes primeros que fueron antes de ti, las quemarán por ti, y te endecharán,
diciendo, ¡Ay, señor! Porque yo he hablado la palabra, dice Jehová.
6 Y habló el profeta Jeremías a Sedequías rey de Judá
todas estas palabras en Jerusalén. 7 Y el ejército del rey de Babilonia
peleaba contra Jerusalén, y contra todas las ciudades de Judá que habían
quedado, contra Laquis y contra Azeca; porque de las ciudades fortificadas de
Judá éstas habían quedado.
Violación del pacto de libertar a los siervos hebreos
8 Palabra de Jehová que vino a Jeremías, después que
Sedequías hizo pacto con todo el pueblo en Jerusalén para promulgarles
libertad; 9 que cada uno dejase libre a su siervo y a su sierva, hebreo y
hebrea; que ninguno usase a los judíos, sus hermanos, como siervos. 10 Y
cuando oyeron todos los príncipes, y todo el pueblo que había convenido en el
pacto de dejar libre cada uno a su siervo y cada uno a su sierva, que ninguno
los usase más como siervos, obedecieron, y los dejaron. 11 Pero después se
arrepintieron, e hicieron volver a los siervos y a las siervas que habían
dejado libres, y los sujetaron como siervos y siervas. 12 Vino, pues, palabra
de Jehová a Jeremías, diciendo: 13 Así dice Jehová Dios de Israel: Yo hice
pacto con vuestros padres el día que los saqué de tierra de Egipto, de casa de
servidumbre, diciendo: 14 Al cabo de siete años dejará cada uno a su hermano
hebreo que le fuere vendido; le servirá seis años, y lo enviará libre; pero
vuestros padres no me oyeron, ni inclinaron su oído. 15 Y vosotros os habíais
hoy convertido, y hecho lo recto delante de mis ojos, anunciando cada uno
libertad a su prójimo; y habíais hecho pacto en mi presencia, en la casa en la
cual es invocado mi nombre. 16 Pero os habéis vuelto y profanado mi nombre, y
habéis vuelto a tomar cada uno a su siervo y cada uno a su sierva, que habíais
dejado libres a su voluntad; y los habéis sujetado para que os sean siervos y
siervas. 17 Por tanto, así ha dicho Jehová: Vosotros no me habéis oído para
promulgar cada uno libertad a su hermano, y cada uno a su compañero; he aquí
que yo promulgo libertad, dice Jehová, a la espada y a la pestilencia y al
hambre; y os pondré por afrenta ante todos los reinos de la tierra. 18 Y
entregaré a los hombres que traspasaron mi pacto, que no han llevado a efecto
las palabras del pacto que celebraron en mi presencia, dividiendo en dos
partes el becerro y pasando por medio de ellas; 19 a los príncipes de Judá y a
los príncipes de Jerusalén, a los oficiales y a los sacerdotes y a todo el
pueblo de la tierra, que pasaron entre las partes del becerro, 20 los
entregaré en mano de sus enemigos y en mano de los que buscan su vida; y sus
cuerpos muertos serán comida de las aves del cielo, y de las bestias de la
tierra. 21 Y a Sedequías rey de Judá y a sus príncipes los entregaré en mano
de sus enemigos, y en mano de los que buscan su vida, y en mano del ejército
del rey de Babilonia, que se ha ido de vosotros. 22 He aquí, mandaré yo, dice
Jehová, y los haré volver a esta ciudad, y pelearán contra ella y la tomarán,
y la quemarán con fuego; y reduciré a soledad las ciudades de Judá, hasta no
quedar morador.
Obediencia de los recabitas
JEREMÍAS 35
1 Palabra de Jehová que vino a Jeremías en días de Joacim
hijo de Josías, rey de Judá, diciendo: 2 Ve a casa de los recabitas y habla
con ellos, e introdúcelos en la casa de Jehová, en uno de los aposentos, y
dales a beber vino. 3 Tomé entonces a Jaazanías hijo de Jeremías, hijo de
Habasinías, a sus hermanos, a todos sus hijos, y a toda la familia de los
recabitas; 4 y los llevé a la casa de Jehová, al aposento de los hijos de
Hanán hijo de Igdalías, varón de Dios, el cual estaba junto al aposento de los
príncipes, que estaba sobre el aposento de Maasías hijo de Salum, guarda de la
puerta. 5 Y puse delante de los hijos de la familia de los recabitas tazas y
copas llenas de vino, y les dije: Bebed vino. 6 Mas ellos dijeron: No
beberemos vino; porque Jonadab hijo de Recab nuestro padre nos ordenó
diciendo: No beberéis jamás vino vosotros ni vuestros hijos; 7 ni edificaréis
casa, ni sembraréis sementera, ni plantaréis viña, ni la retendréis; sino que
moraréis en tiendas todos vuestros días, para que viváis muchos días sobre la
faz de la tierra donde vosotros habitáis. 8 Y nosotros hemos obedecido a la
voz de nuestro padre Jonadab hijo de Recab en todas las cosas que nos mandó,
de no beber vino en todos nuestros días, ni nosotros, ni nuestras mujeres, ni
nuestros hijos ni nuestras hijas; 9 y de no edificar casas para nuestra
morada, y de no tener viña, ni heredad, ni sementera. 10 Moramos, pues, en
tiendas, y hemos obedecido y hecho conforme a todas las cosas que nos mandó
Jonadab nuestro padre. 11 Sucedió, no obstante, que cuando Nabucodonosor rey
de Babilonia subió a la tierra, dijimos: Venid, y ocultémonos en Jerusalén, de
la presencia del ejército de los caldeos y de la presencia del ejército de los
de Siria; y en Jerusalén nos quedamos.
12 Y vino palabra de Jehová a Jeremías, diciendo: 13 Así
ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Ve y di a los varones de
Judá, y a los moradores de Jerusalén: ¿No aprenderéis a obedecer mis palabras?
dice Jehová. 14 Fue firme la palabra de Jonadab hijo de Recab, el cual mandó a
sus hijos que no bebiesen vino, y no lo han bebido hasta hoy, por obedecer al
mandamiento de su padre; y yo os he hablado a vosotros desde temprano y sin
cesar, y no me habéis oído. 15 Y envié a vosotros todos mis siervos los
profetas, desde temprano y sin cesar, para deciros: Volveos ahora cada uno de
vuestro mal camino, y enmendad vuestras obras, y no vayáis tras dioses ajenos
para servirles, y viviréis en la tierra que di a vosotros y a vuestros padres;
mas no inclinasteis vuestro oído, ni me oísteis. 16 Ciertamente los hijos de
Jonadab hijo de Recab tuvieron por firme el mandamiento que les dio su padre;
pero este pueblo no me ha obedecido. 17 Por tanto, así ha dicho Jehová Dios de
los ejércitos, Dios de Israel: He aquí traeré yo sobre Judá y sobre todos los
moradores de Jerusalén todo el mal que contra ellos he hablado; porque les
hablé, y no oyeron; los llamé, y no han respondido.
18 Y dijo Jeremías a la familia de los recabitas: Así ha
dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Por cuanto obedecisteis al
mandamiento de Jonadab vuestro padre, y guardasteis todos sus mandamientos, e
hicisteis conforme a todas las cosas que os mandó; 19 por tanto, así ha dicho
Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: No faltará de Jonadab hijo de Recab
un varón que esté en mi presencia todos los días.
El rey quema el rollo
JEREMÍAS 36
1 Aconteció en el cuarto año de Joacim hijo de Josías,
rey de Judá, que vino esta palabra de Jehová a Jeremías, diciendo: 2 Toma un
rollo de libro, y escribe en él todas las palabras que te he hablado contra
Israel y contra Judá, y contra todas las naciones, desde el día que comencé a
hablarte, desde los días de Josías hasta hoy. 3 Quizá oiga la casa de Judá
todo el mal que yo pienso hacerles, y se arrepienta cada uno de su mal camino,
y yo perdonaré su maldad y su pecado.
4 Y llamó Jeremías a Baruc hijo de Nerías, y escribió
Baruc de boca de Jeremías, en un rollo de libro, todas las palabras que Jehová
le había hablado. 5 Después mandó Jeremías a Baruc, diciendo: A mí se me ha
prohibido entrar en la casa de Jehová. 6 Entra tú, pues, y lee de este rollo
que escribiste de mi boca, las palabras de Jehová a los oídos del pueblo, en
la casa de Jehová, el día del ayuno; y las leerás también a oídos de todos los
de Judá que vienen de sus ciudades. 7 Quizá llegue la oración de ellos a la
presencia de Jehová, y se vuelva cada uno de su mal camino; porque grande es
el furor y la ira que ha expresado Jehová contra este pueblo. 8 Y Baruc hijo
de Nerías hizo conforme a todas las cosas que le mandó Jeremías profeta,
leyendo en el libro las palabras de Jehová en la casa de Jehová.
9 Y aconteció en el año quinto de Joacim hijo de Josías,
rey de Judá, en el mes noveno, que promulgaron ayuno en la presencia de Jehová
a todo el pueblo de Jerusalén y a todo el pueblo que venía de las ciudades de
Judá a Jerusalén. 10 Y Baruc leyó en el libro las palabras de Jeremías en la
casa de Jehová, en el aposento de Gemarías hijo de Safán escriba, en el atrio
de arriba, a la entrada de la puerta nueva de la casa de Jehová, a oídos del
pueblo.
11 Y Micaías hijo de Gemarías, hijo de Safán, habiendo
oído del libro todas las palabras de Jehová, 12 descendió a la casa del rey,
al aposento del secretario, y he aquí que todos los príncipes estaban allí
sentados, esto es: Elisama secretario, Delaía hijo de Semaías, Elnatán hijo de
Acbor, Gemarías hijo de Safán, Sedequías hijo de Ananías, y todos los
príncipes. 13 Y les contó Micaías todas las palabras que había oído cuando
Baruc leyó en el libro a oídos del pueblo. 14 Entonces enviaron todos los
príncipes a Jehudí hijo de Netanías, hijo de Selemías, hijo de Cusi, para que
dijese a Baruc: Toma el rollo en el que leíste a oídos del pueblo, y ven. Y
Baruc hijo de Nerías tomó el rollo en su mano y vino a ellos. 15 Y le dijeron:
Siéntate ahora, y léelo a nosotros. Y se lo leyó Baruc. 16 Cuando oyeron todas
aquellas palabras, cada uno se volvió espantado a su compañero, y dijeron a
Baruc: Sin duda contaremos al rey todas estas palabras. 17 Preguntaron luego a
Baruc, diciendo: Cuéntanos ahora cómo escribiste de boca de Jeremías todas
estas palabras. 18 Y Baruc les dijo: El me dictaba de su boca todas estas
palabras, y yo escribía con tinta en el libro. 19 Entonces dijeron los
príncipes a Baruc: Ve y escóndete, tú y Jeremías, y nadie sepa dónde estáis.
20 Y entraron a donde estaba el rey, al atrio, habiendo
depositado el rollo en el aposento de Elisama secretario; y contaron a oídos
del rey todas estas palabras. 21 Y envió el rey a Jehudí a que tomase el
rollo, el cual lo tomó del aposento de Elisama secretario, y leyó en él Jehudí
a oídos del rey, y a oídos de todos los príncipes que junto al rey estaban. 22
Y el rey estaba en la casa de invierno en el mes noveno, y había un brasero
ardiendo delante de él. 23 Cuando Jehudí había leído tres o cuatro planas, lo
rasgó el rey con un cortaplumas de escriba, y lo echó en el fuego que había en
el brasero, hasta que todo el rollo se consumió sobre el fuego que en el
brasero había. 24 Y no tuvieron temor ni rasgaron sus vestidos el rey y todos
sus siervos que oyeron todas estas palabras. 25 Y aunque Elnatán y Delaía y
Gemarías rogaron al rey que no quemase aquel rollo, no los quiso oír. 26
También mandó el rey a Jerameel hijo de Hamelec, a Seraías hijo de Azriel y a
Selemías hijo de Abdeel, para que prendiesen a Baruc el escribiente y al
profeta Jeremías; pero Jehová los escondió.
27 Y vino palabra de Jehová a Jeremías, después que el
rey quemó el rollo, las palabras que Baruc había escrito de boca de Jeremías,
diciendo: 28 Vuelve a tomar otro rollo, y escribe en él todas las palabras
primeras que estaban en el primer rollo que quemó Joacim rey de Judá. 29 Y
dirás a Joacim rey de Judá: Así ha dicho Jehová: Tú quemaste este rollo,
diciendo: ¿Por qué escribiste en él, diciendo: De cierto vendrá el rey de
Babilonia, y destruirá esta tierra, y hará que no queden en ella ni hombres ni
animales? 30 Por tanto, así ha dicho Jehová acerca de Joacim rey de Judá: No
tendrá quien se siente sobre el trono de David; y su cuerpo será echado al
calor del día y al hielo de la noche. 31 Y castigaré su maldad en él, y en su
descendencia y en sus siervos; y traeré sobre ellos, y sobre los moradores de
Jerusalén y sobre los varones de Judá, todo el mal que les he anunciado y no
escucharon.
32 Y tomó Jeremías otro rollo y lo dio a Baruc hijo de
Nerías escriba; y escribió en él de boca de Jeremías todas las palabras del
libro que quemó en el fuego Joacim rey de Judá; y aun fueron añadidas sobre
ellas muchas otras palabras semejantes.
Encarcelamiento de Jeremías
JEREMÍAS 37
1 En lugar de Conías hijo de Joacim reinó el rey
Sedequías hijo de Josías, al cual Nabucodonosor rey de Babilonia constituyó
por rey en la tierra de Judá. 2 Pero no obedeció él ni sus siervos ni el
pueblo de la tierra a las palabras de Jehová, las cuales dijo por el profeta
Jeremías.
3 Y envió el rey Sedequías a Jucal hijo de Selemías, y al
sacerdote Sofonías hijo de Maasías, para que dijesen al profeta Jeremías:
Ruega ahora por nosotros a Jehová nuestro Dios. 4 Y Jeremías entraba y salía
en medio del pueblo; porque todavía no lo habían puesto en la cárcel. 5 Y
cuando el ejército de Faraón había salido de Egipto, y llegó noticia de ello a
oídos de los caldeos que tenían sitiada a Jerusalén, se retiraron de
Jerusalén.
6 Entonces vino palabra de Jehová al profeta Jeremías,
diciendo: 7 Así ha dicho Jehová Dios de Israel: Diréis así al rey de Judá, que
os envió a mí para que me consultaseis: He aquí que el ejército de Faraón que
había salido en vuestro socorro, se volvió a su tierra en Egipto. 8 Y volverán
los caldeos y atacarán esta ciudad, y la tomarán y la pondrán a fuego. 9 Así
ha dicho Jehová: No os engañéis a vosotros mismos, diciendo: Sin duda ya los
caldeos se apartarán de nosotros; porque no se apartarán. 10 Porque aun cuando
hirieseis a todo el ejército de los caldeos que pelean contra vosotros, y
quedasen de ellos solamente hombres heridos, cada uno se levantará de su
tienda, y pondrán esta ciudad a fuego.
11 Y aconteció que cuando el ejército de los caldeos se
retiró de Jerusalén a causa del ejército de Faraón, 12 salía Jeremías de
Jerusalén para irse a tierra de Benjamín, para apartarse de en medio del
pueblo. 13 Y cuando fue a la puerta de Benjamín, estaba allí un capitán que se
llamaba Irías hijo de Selemías, hijo de Hananías, el cual apresó al profeta
Jeremías, diciendo: Tú te pasas a los caldeos. 14 Y Jeremías dijo: Falso; no
me paso a los caldeos. Pero él no lo escuchó, sino prendió Irías a Jeremías, y
lo llevó delante de los príncipes. 15 Y los príncipes se airaron contra
Jeremías, y le azotaron y le pusieron en prisión en la casa del escriba
Jonatán, porque la habían convertido en cárcel.
16 Entró, pues, Jeremías en la casa de la cisterna, y en
las bóvedas. Y habiendo estado allá Jeremías por muchos días, 17 el rey
Sedequías envió y le sacó; y le preguntó el rey secretamente en su casa, y
dijo: ¿Hay palabra de Jehová? Y Jeremías dijo: Hay. Y dijo más: En mano del
rey de Babilonia serás entregado. 18 Dijo también Jeremías al rey Sedequías:
¿En qué pequé contra ti, y contra tus siervos, y contra este pueblo, para que
me pusieseis en la cárcel? 19 ¿Y dónde están vuestros profetas que os
profetizaban diciendo: No vendrá el rey de Babilonia contra vosotros, ni
contra esta tierra? 20 Ahora pues, oye, te ruego, oh rey mi señor; caiga ahora
mi súplica delante de ti, y no me hagas volver a casa del escriba Jonatán,
para que no muera allí. 21 Entonces dio orden el rey Sedequías, y custodiaron
a Jeremías en el patio de la cárcel, haciéndole dar una torta de pan al día,
de la calle de los Panaderos, hasta que todo el pan de la ciudad se gastase. Y
quedó Jeremías en el patio de la cárcel.
Jeremías en la cisterna
JEREMÍAS 38
1 Oyeron Sefatías hijo de Matán, Gedalías hijo de Pasur,
Jucal hijo de Selemías, y Pasur hijo de Malquías, las palabras que Jeremías
hablaba a todo el pueblo, diciendo: 2 Así ha dicho Jehová: El que se quedare
en esta ciudad morirá a espada, o de hambre, o de pestilencia; mas el que se
pasare a los caldeos vivirá, pues su vida le será por botín, y vivirá. 3 Así
ha dicho Jehová: De cierto será entregada esta ciudad en manos del ejército
del rey de Babilonia, y la tomará. 4 Y dijeron los príncipes al rey: Muera
ahora este hombre; porque de esta manera hace desmayar las manos de los
hombres de guerra que han quedado en esta ciudad, y las manos de todo el
pueblo, hablándoles tales palabras; porque este hombre no busca la paz de este
pueblo, sino el mal. 5 Y dijo el rey Sedequías: He aquí que él está en
vuestras manos; pues el rey nada puede hacer contra vosotros. 6 Entonces
tomaron ellos a Jeremías y lo hicieron echar en la cisterna de Malquías hijo
de Hamelec, que estaba en el patio de la cárcel; y metieron a Jeremías con
sogas. Y en la cisterna no había agua, sino cieno, y se hundió Jeremías en el
cieno.
7 Y oyendo Ebed-melec, hombre etíope, eunuco de la casa
real, que habían puesto a Jeremías en la cisterna, y estando sentado el rey a
la puerta de Benjamín, 8 Ebed-melec salió de la casa del rey y habló al rey,
diciendo: 9 Mi señor el rey, mal hicieron estos varones en todo lo que han
hecho con el profeta Jeremías, al cual hicieron echar en la cisterna; porque
allí morirá de hambre, pues no hay más pan en la ciudad. 10 Entonces mandó el
rey al mismo etíope Ebed-melec, diciendo: Toma en tu poder treinta hombres de
aquí, y haz sacar al profeta Jeremías de la cisterna, antes que muera. 11 Y
tomó Ebed-melec en su poder a los hombres, y entró a la casa del rey debajo de
la tesorería, y tomó de allí trapos viejos y ropas raídas y andrajosas, y los
echó a Jeremías con sogas en la cisterna. 12 Y dijo el etíope Ebed-melec a
Jeremías: Pon ahora esos trapos viejos y ropas raídas y andrajosas, bajo los
sobacos, debajo de las sogas. Y lo hizo así Jeremías. 13 De este modo sacaron
a Jeremías con sogas, y lo subieron de la cisterna; y quedó Jeremías en el
patio de la cárcel.
Sedequías consulta secretamente a Jeremías
14 Después envió el rey Sedequías, e hizo traer al
profeta Jeremías a su presencia, en la tercera entrada de la casa de Jehová. Y
dijo el rey a Jeremías: Te haré una pregunta; no me encubras ninguna cosa. 15
Y Jeremías dijo a Sedequías: Si te lo declarare, ¿no es verdad que me matarás?
y si te diere consejo, no me escucharás. 16 Y juró el rey Sedequías en secreto
a Jeremías, diciendo: Vive Jehová que nos hizo esta alma, que no te mataré, ni
te entregaré en mano de estos varones que buscan tu vida.
17 Entonces dijo Jeremías a Sedequías: Así ha dicho
Jehová Dios de los ejércitos, Dios de Israel: Si te entregas en seguida a los
príncipes del rey de Babilonia, tu alma vivirá, y esta ciudad no será puesta a
fuego, y vivirás tú y tu casa. 18 Pero si no te entregas a los príncipes del
rey de Babilonia, esta ciudad será entregada en mano de los caldeos, y la
pondrán a fuego, y tú no escaparás de sus manos. 19 Y dijo el rey Sedequías a
Jeremías: Tengo temor de los judíos que se han pasado a los caldeos, no sea
que me entreguen en sus manos y me escarnezcan. 20 Y dijo Jeremías: No te
entregarán. Oye ahora la voz de Jehová que yo te hablo, y te irá bien y
vivirás. 21 Pero si no quieres entregarte, esta es la palabra que me ha
mostrado Jehová: 22 He aquí que todas las mujeres que han quedado en casa del
rey de Judá serán sacadas a los príncipes del rey de Babilonia; y ellas mismas
dirán: Te han engañado, y han prevalecido contra ti tus amigos; hundieron en
el cieno tus pies, se volvieron atrás. 23 Sacarán, pues, todas tus mujeres y
tus hijos a los caldeos, y tú no escaparás de sus manos, sino que por mano del
rey de Babilonia serás apresado, y a esta ciudad quemará a fuego.
24 Y dijo Sedequías a Jeremías: Nadie sepa estas
palabras, y no morirás. 25 Y si los príncipes oyeren que yo he hablado
contigo, y vinieren a ti y te dijeren: Decláranos ahora qué hablaste con el
rey, no nos lo encubras, y no te mataremos; asimismo qué te dijo el rey; 26
les dirás: Supliqué al rey que no me hiciese volver a casa de Jonatán para que
no me muriese allí. 27 Y vinieron luego todos los príncipes a Jeremías, y le
preguntaron; y él les respondió conforme a todo lo que el rey le había
mandado. Con esto se alejaron de él, porque el asunto no se había oído. 28 Y
quedó Jeremías en el patio de la cárcel hasta el día que fue tomada Jerusalén;
y allí estaba cuando Jerusalén fue tomada.
Caída de Jerusalén
(2 R. 24.20-25.21; 2 Cr. 36.17-21; Jer. 52.3-30)
JEREMÍAS 39
1 En el noveno año de Sedequías rey de Judá, en el mes
décimo, vino Nabucodonosor rey de Babilonia con todo su ejército contra
Jerusalén, y la sitiaron. 2 Y en el undécimo año de Sedequías, en el mes
cuarto, a los nueve días del mes se abrió brecha en el muro de la ciudad. 3 Y
entraron todos los príncipes del rey de Babilonia, y acamparon a la puerta de
en medio: Nergal-sarezer, Samgar-nebo, Sarsequim el Rabsaris, Nergal-sarezer
el Rabmag y todos los demás príncipes del rey de Babilonia. 4 Y viéndolos
Sedequías rey de Judá y todos los hombres de guerra, huyeron y salieron de
noche de la ciudad por el camino del huerto del rey, por la puerta entre los
dos muros; y salió el rey por el camino del Arabá. 5 Pero el ejército de los
caldeos los siguió, y alcanzaron a Sedequías en los llanos de Jericó; y le
tomaron, y le hicieron subir a Ribla en tierra de Hamat, donde estaba
Nabucodonosor rey de Babilonia, y le sentenció. 6 Y degolló el rey de
Babilonia a los hijos de Sedequías en presencia de éste en Ribla, haciendo
asimismo degollar el rey de Babilonia a todos los nobles de Judá. 7 Y sacó los
ojos del rey Sedequías, y le aprisionó con grillos para llevarle a Babilonia.
8 Y los caldeos pusieron a fuego la casa del rey y las casas del pueblo, y
derribaron los muros de Jerusalén. 9 Y al resto del pueblo que había quedado
en la ciudad, y a los que se habían adherido a él, con todo el resto del
pueblo que había quedado, Nabuzaradán capitán de la guardia los transportó a
Babilonia. 10 Pero Nabuzaradán capitán de la guardia hizo quedar en tierra de
Judá a los pobres del pueblo que no tenían nada, y les dio viñas y heredades.
Nabucodonosor cuida de Jeremías
11 Y Nabucodonosor había ordenado a Nabuzaradán capitán
de la guardia acerca de Jeremías, diciendo: 12 Tómale y vela por él, y no le
hagas mal alguno, sino que harás con él como él te dijere. 13 Envió, por
tanto, Nabuzaradán capitán de la guardia, y Nabusazbán el Rabsaris, Nergal-sarezer
el Rabmag y todos los príncipes del rey de Babilonia; 14 enviaron entonces y
tomaron a Jeremías del patio de la cárcel, y lo entregaron a Gedalías hijo de
Ahicam, hijo de Safán, para que lo sacase a casa; y vivió entre el pueblo.
Dios promete librar a Ebed-melec
15 Y había venido palabra de Jehová a Jeremías, estando
preso en el patio de la cárcel, diciendo; 16 Ve y habla a Ebed-melec etíope,
diciendo: Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí yo
traigo mis palabras sobre esta ciudad para mal, y no para bien; y sucederá
esto en aquel día en presencia tuya. 17 Pero en aquel día yo te libraré, dice
Jehová, y no serás entregado en manos de aquellos a quienes tú temes. 18
Porque ciertamente te libraré, y no caerás a espada, sino que tu vida te será
por botín, porque tuviste confianza en mí, dice Jehová.
Jeremías y el remanente con Gedalías
JEREMÍAS 40
1 Palabra de Jehová que vino a Jeremías, después que
Nabuzaradán capitán de la guardia le envió desde Ramá, cuando le tomó estando
atado con cadenas entre todos los cautivos de Jerusalén y de Judá que iban
deportados a Babilonia. 2 Tomó, pues, el capitán de la guardia a Jeremías y le
dijo: Jehová tu Dios habló este mal contra este lugar; 3 y lo ha traído y
hecho Jehová según lo había dicho; porque pecasteis contra Jehová, y no
oísteis su voz, por eso os ha venido esto. 4 Y ahora yo te he soltado hoy de
las cadenas que tenías en tus manos. Si te parece bien venir conmigo a
Babilonia, ven, y yo velaré por ti; pero si no te parece bien venir conmigo a
Babilonia, déjalo. Mira, toda la tierra está delante de ti; vé a donde mejor y
más cómodo te parezca ir. 5 Si prefieres quedarte, vuélvete a Gedalías hijo de
Ahicam, hijo de Safán, al cual el rey de Babilonia ha puesto sobre todas las
ciudades de Judá, y vive con él en medio del pueblo; o ve a donde te parezca
más cómodo ir. Y le dio el capitán de la guardia provisiones y un presente, y
le despidió. 6 Se fue entonces Jeremías a Gedalías hijo de Ahicam, a Mizpa, y
habitó con él en medio del pueblo que había quedado en la tierra.
7 Cuando todos los jefes del ejército que estaban por el
campo, ellos y sus hombres, oyeron que el rey de Babilonia había puesto a
Gedalías hijo de Ahicam para gobernar la tierra, y que le había encomendado
los hombres y las mujeres y los niños, y los pobres de la tierra que no fueron
transportados a Babilonia, 8 vinieron luego a Gedalías en Mizpa; esto es,
Ismael hijo de Netanías, Johanán y Jonatán hijos de Carea, Seraías hijo de
Tanhumet, los hijos de Efai netofatita, y Jezanías hijo de un maacateo, ellos
y sus hombres. 9 Y les juró Gedalías hijo de Ahicam, hijo de Safán, a ellos y
a sus hombres, diciendo: No tengáis temor de servir a los caldeos; habitad en
la tierra, y servid al rey de Babilonia, y os irá bien. 10 Y he aquí que yo
habito en Mizpa, para estar delante de los caldeos que vendrán a nosotros; mas
vosotros tomad el vino, los frutos del verano y el aceite, y ponedlos en
vuestros almacenes, y quedaos en vuestras ciudades que habéis tomado. 11
Asimismo todos los judíos que estaban en Moab, y entre los hijos de Amón, y en
Edom, y los que estaban en todas las tierras, cuando oyeron decir que el rey
de Babilonia había dejado a algunos en Judá, y que había puesto sobre ellos a
Gedalías hijo de Ahicam, hijo de Safán, 12 todos estos judíos regresaron
entonces de todos los lugares adonde habían sido echados, y vinieron a tierra
de Judá, a Gedalías en Mizpa; y recogieron vino y abundantes frutos.
Conspiración de Ismael contra Gedalías
13 Y Johanán hijo de Carea y todos los príncipes de la
gente de guerra que estaban en el campo, vinieron a Gedalías en Mizpa, 14 Y le
dijeron: ¿No sabes que Baalis rey de los hijos de Amón ha enviado a Ismael
hijo de Netanías para matarte? Mas Gedalías hijo de Ahicam no les creyó. 15
Entonces Johanán hijo de Carea habló a Gedalías en secreto en Mizpa, diciendo:
Yo iré ahora y mataré a Ismael hijo de Netanías, y ningún hombre lo sabrá.
¿Por qué te ha de matar, y todos los judíos que se han reunido a ti se
dispersarán, y perecerá el resto de Judá? 16 Pero Gedalías hijo de Ahicam dijo
a Johanán hijo de Carea: No hagas esto, porque es falso lo que tú dices de
Ismael.
JEREMÍAS 41
1 Aconteció en el mes séptimo que vino Ismael hijo de
Netanías, hijo de Elisama, de la descendencia real, y algunos príncipes del
rey y diez hombres con él, a Gedalías hijo de Ahicam en Mizpa; y comieron pan
juntos allí en Mizpa. 2 Y se levantó Ismael hijo de Netanías y los diez
hombres que con él estaban, e hirieron a espada a Gedalías hijo de Ahicam,
hijo de Safán, matando así a aquel a quien el rey de Babilonia había puesto
para gobernar la tierra. 3 Asimismo mató Ismael a todos los judíos que estaban
con Gedalías en Mizpa, y a los soldados caldeos que allí estaban.
4 Sucedió además, un día después que mató a Gedalías,
cuando nadie lo sabía aún, 5 que venían unos hombres de Siquem, de Silo y de
Samaria, ochenta hombres, raída la barba y rotas las ropas, y rasguñados, y
traían en sus manos ofrenda e incienso para llevar a la casa de Jehová. 6 Y de
Mizpa les salió al encuentro, llorando, Ismael el hijo de Netanías. Y
aconteció que cuando los encontró, les dijo: Venid a Gedalías hijo de Ahicam.
7 Y cuando llegaron dentro de la ciudad, Ismael hijo de Netanías los degolló,
y los echó dentro de una cisterna, él y los hombres que con él estaban. 8 Mas
entre aquéllos fueron hallados diez hombres que dijeron a Ismael: No nos
mates; porque tenemos en el campo tesoros de trigos y cebadas y aceites y
miel. Y los dejó, y no los mató entre sus hermanos.
9 Y la cisterna en que echó Ismael todos los cuerpos de
los hombres que mató a causa de Gedalías, era la misma que había hecho el rey
Asa a causa de Baasa rey de Israel; Ismael hijo de Netanías la llenó de
muertos. 10 Después llevó Ismael cautivo a todo el resto del pueblo que estaba
en Mizpa, a las hijas del rey y a todo el pueblo que en Mizpa había quedado,
el cual había encargado Nabuzaradán capitán de la guardia a Gedalías hijo de
Ahicam. Los llevó, pues, cautivos Ismael hijo de Netanías, y se fue para
pasarse a los hijos de Amón.
11 Y oyeron Johanán hijo de Carea y todos los príncipes
de la gente de guerra que estaban con él, todo el mal que había hecho Ismael
hijo de Netanías. 12 Entonces tomaron a todos los hombres y fueron a pelear
contra Ismael hijo de Netanías, y lo hallaron junto al gran estanque que está
en Gabaón. 13 Y aconteció que cuando todo el pueblo que estaba con Ismael vio
a Johanán hijo de Carea y a todos los capitanes de la gente de guerra que
estaban con él, se alegraron. 14 Y todo el pueblo que Ismael había traído
cautivo de Mizpa se volvió y fue con Johanán hijo de Carea. 15 Pero Ismael
hijo de Netanías escapó delante de Johanán con ocho hombres, y se fue a los
hijos de Amón. 16 Y Johanán hijo de Carea y todos los capitanes de la gente de
guerra que con él estaban tomaron a todo el resto del pueblo que había
recobrado de Ismael hijo de Netanías, a quienes llevó de Mizpa después que
mató a Gedalías hijo de Ahicam; hombres de guerra, mujeres, niños y eunucos,
que Johanán había traído de Gabaón; 17 y fueron y habitaron en Gerutquimam,
que está cerca de Belén, a fin de ir y meterse en Egipto, 18 a causa de los
caldeos; porque los temían, por haber dado muerte Ismael hijo de Netanías a
Gedalías hijo de Ahicam, al cual el rey de Babilonia había puesto para
gobernar la tierra.
Mensaje a Johanán
JEREMÍAS 42
1 Vinieron todos los oficiales de la gente de guerra, y
Johanán hijo de Carea, Jezanías hijo de Osaías, y todo el pueblo desde el
menor hasta el mayor, 2 y dijeron al profeta Jeremías: Acepta ahora nuestro
ruego delante de ti, y ruega por nosotros a Jehová tu Dios por todo este resto
(pues de muchos hemos quedado unos pocos, como nos ven tus ojos), 3 para que
Jehová tu Dios nos enseñe el camino por donde vayamos, y lo que hemos de
hacer. 4 Y el profeta Jeremías les dijo: He oído. He aquí que voy a orar a
Jehová vuestro Dios, como habéis dicho, y todo lo que Jehová os respondiere,
os enseñaré; no os reservaré palabra. 5 Y ellos dijeron a Jeremías: Jehová sea
entre nosotros testigo de la verdad y de la lealtad, si no hiciéremos conforme
a todo aquello para lo cual Jehová tu Dios te enviare a nosotros. 6 Sea bueno,
sea malo, a la voz de Jehová nuestro Dios al cual te enviamos, obedeceremos,
para que obedeciendo a la voz de Jehová nuestro Dios nos vaya bien.
7 Aconteció que al cabo de diez días vino palabra de
Jehová a Jeremías. 8 Y llamó a Johanán hijo de Carea y a todos los oficiales
de la gente de guerra que con él estaban, y a todo el pueblo desde el menor
hasta el mayor; 9 y les dijo: Así ha dicho Jehová Dios de Israel, al cual me
enviasteis para presentar vuestros ruegos en su presencia: 10 Si os quedareis
quietos en esta tierra, os edificaré, y no os destruiré; os plantaré, y no os
arrancaré; porque estoy arrepentido del mal que os he hecho. 11 No temáis de
la presencia del rey de Babilonia, del cual tenéis temor; no temáis de su
presencia, ha dicho Jehová, porque con vosotros estoy yo para salvaros y
libraros de su mano; 12 y tendré de vosotros misericordia, y él tendrá
misericordia de vosotros y os hará regresar a vuestra tierra. 13 Mas si
dijereis: No moraremos en esta tierra, no obedeciendo así a la voz de Jehová
vuestro Dios, 14 diciendo: No, sino que entraremos en la tierra de Egipto, en
la cual no veremos guerra, ni oiremos sonido de trompeta, ni padeceremos
hambre, y allá moraremos; 15 ahora por eso, oíd la palabra de Jehová,
remanente de Judá: Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Si
vosotros volviereis vuestros rostros para entrar en Egipto, y entrareis para
morar allá, 16 sucederá que la espada que teméis, os alcanzará allí en la
tierra de Egipto, y el hambre de que tenéis temor, allá en Egipto os
perseguirá; y allí moriréis. 17 Todos los hombres que volvieren sus rostros
para entrar en Egipto para morar allí, morirán a espada, de hambre y de
pestilencia; no habrá de ellos quien quede vivo, ni quien escape delante del
mal que traeré yo sobre ellos.
18 Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de
Israel: Como se derramó mi enojo y mi ira sobre los moradores de Jerusalén,
así se derramará mi ira sobre vosotros cuando entrareis en Egipto; y seréis
objeto de execración y de espanto, y de maldición y de afrenta; y no veréis
más este lugar. 19 Jehová habló sobre vosotros, oh remanente de Judá: No
vayáis a Egipto; sabed ciertamente que os lo aviso hoy. 20 ¿Por qué hicisteis
errar vuestras almas? Pues vosotros me enviasteis a Jehová vuestro Dios,
diciendo: Ora por nosotros a Jehová nuestro Dios, y haznos saber todas las
cosas que Jehová nuestro Dios dijere, y lo haremos. 21 Y os lo he declarado
hoy, y no habéis obedecido a la voz de Jehová vuestro Dios, ni a todas las
cosas por las cuales me envió a vosotros. 22 Ahora, pues, sabed de cierto que
a espada, de hambre y de pestilencia moriréis en el lugar donde deseasteis
entrar para morar allí.
La emigración a Egipto
JEREMÍAS 43
1 Aconteció que cuando Jeremías acabó de hablar a todo el
pueblo todas las palabras de Jehová Dios de ellos, todas estas palabras por
las cuales Jehová Dios de ellos le había enviado a ellos mismos, 2 dijo
Azarías hijo de Osaías y Johanán hijo de Carea, y todos los varones soberbios
dijeron a Jeremías: Mentira dices; no te ha enviado Jehová nuestro Dios para
decir: No vayáis a Egipto para morar allí, 3 sino que Baruc hijo de Nerías te
incita contra nosotros, para entregarnos en manos de los caldeos, para
matarnos y hacernos transportar a Babilonia. 4 No obedeció, pues, Johanán hijo
de Carea y todos los oficiales de la gente de guerra y todo el pueblo, a la
voz de Jehová para quedarse en tierra de Judá, 5 sino que tomó Johanán hijo de
Carea y todos los oficiales de la gente de guerra, a todo el remanente de Judá
que se había vuelto de todas las naciones donde había sido echado, para morar
en tierra de Judá; 6 a hombres y mujeres y niños, y a las hijas del rey y a
toda persona que había dejado Nabuzaradán capitán de la guardia con Gedalías
hijo de Ahicam, hijo de Safán, y al profeta Jeremías y a Baruc hijo de Nerías,
7 y entraron en tierra de Egipto, porque no obedecieron a la voz de Jehová; y
llegaron hasta Tafnes.
8 Y vino palabra de Jehová a Jeremías en Tafnes,
diciendo: 9 Toma con tu mano piedras grandes, y cúbrelas de barro en el
enladrillado que está a la puerta de la casa de Faraón en Tafnes, a vista de
los hombres de Judá; 10 y diles: Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de
Israel: He aquí yo enviaré y tomaré a Nabucodonosor rey de Babilonia, mi
siervo, y pondré su trono sobre estas piedras que he escondido, y extenderá su
pabellón sobre ellas. 11 Y vendrá y asolará la tierra de Egipto; los que a
muerte, a muerte, y los que a cautiverio, a cautiverio, y los que a espada, a
espada. 12 Y pondrá fuego a los templos de los dioses de Egipto y los quemará,
y a ellos los llevará cautivos; y limpiará la tierra de Egipto, como el pastor
limpia su capa, y saldrá de allá en paz. 13 Además quebrará las estatuas de
Bet-semes, que está en tierra de Egipto, y los templos de los dioses de Egipto
quemará a fuego.
Jeremías profetiza a los judíos en Egipto
JEREMÍAS 44
1 Palabra que vino a Jeremías acerca de todos los judíos
que moraban en la tierra de Egipto, que vivían en Migdol, en Tafnes, en Menfis
y en tierra de Patros, diciendo: 2 Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios
de Israel: Vosotros habéis visto todo el mal que traje sobre Jerusalén y sobre
todas las ciudades de Judá; y he aquí que ellas están el día de hoy asoladas;
no hay quien more en ellas, 3 a causa de la maldad que ellos cometieron para
enojarme, yendo a ofrecer incienso, honrando a dioses ajenos que ellos no
habían conocido, ni vosotros ni vuestros padres. 4 Y envié a vosotros todos
mis siervos los profetas, desde temprano y sin cesar, para deciros: No hagáis
esta cosa abominable que yo aborrezco. 5 Pero no oyeron ni inclinaron su oído
para convertirse de su maldad, para dejar de ofrecer incienso a dioses ajenos.
6 Se derramó, por tanto, mi ira y mi furor, y se encendió en las ciudades de
Judá y en las calles de Jerusalén, y fueron puestas en soledad y en
destrucción, como están hoy. 7 Ahora, pues, así ha dicho Jehová de los
ejércitos, Dios de Israel: ¿Por qué hacéis tan grande mal contra vosotros
mismos, para ser destruidos el hombre y la mujer, el muchacho y el niño de
pecho de en medio de Judá, sin que os quede remanente alguno, 8 haciéndome
enojar con las obras de vuestras manos, ofreciendo incienso a dioses ajenos en
la tierra de Egipto, adonde habéis entrado para vivir, de suerte que os
acabéis, y seáis por maldición y por oprobio a todas las naciones de la
tierra? 9 ¿Os habéis olvidado de las maldades de vuestros padres, de las
maldades de los reyes de Judá, de las maldades de sus mujeres, de vuestras
maldades y de las maldades de vuestras mujeres, que hicieron en la tierra de
Judá y en las calles de Jerusalén? 10 No se han humillado hasta el día de hoy,
ni han tenido temor, ni han caminado en mi ley ni en mis estatutos, los cuales
puse delante de vosotros y delante de vuestros padres.
11 Por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios
de Israel: He aquí que yo vuelvo mi rostro contra vosotros para mal, y para
destruir a todo Judá. 12 Y tomaré el resto de Judá que volvieron sus rostros
para ir a tierra de Egipto para morar allí, y en tierra de Egipto serán todos
consumidos; caerán a espada, y serán consumidos de hambre; a espada y de
hambre morirán desde el menor hasta el mayor, y serán objeto de execración, de
espanto, de maldición y de oprobio. 13 Pues castigaré a los que moran en
tierra de Egipto como castigué a Jerusalén, con espada, con hambre y con
pestilencia. 14 Y del resto de los de Judá que entraron en la tierra de Egipto
para habitar allí, no habrá quien escape, ni quien quede vivo para volver a la
tierra de Judá, por volver a la cual suspiran ellos para habitar allí; porque
no volverán sino algunos fugitivos.
15 Entonces todos los que sabían que sus mujeres habían
ofrecido incienso a dioses ajenos, y todas las mujeres que estaban presentes,
una gran concurrencia, y todo el pueblo que habitaba en tierra de Egipto, en
Patros, respondieron a Jeremías, diciendo: 16 La palabra que nos has hablado
en nombre de Jehová, no la oiremos de ti; 17 sino que ciertamente pondremos
por obra toda palabra que ha salido de nuestra boca, para ofrecer incienso a
la reina del cielo, derramándole libaciones, como hemos hecho nosotros y
nuestros padres, nuestros reyes y nuestros príncipes, en las ciudades de Judá
y en las plazas de Jerusalén, y tuvimos abundancia de pan, y estuvimos
alegres, y no vimos mal alguno. 18 Mas desde que dejamos de ofrecer incienso a
la reina del cielo y de derramarle libaciones, nos falta todo, y a espada y de
hambre somos consumidos. 19 Y cuando ofrecimos incienso a la reina del cielo,
y le derramamos libaciones, ¿acaso le hicimos nosotras tortas para tributarle
culto, y le derramamos libaciones, sin consentimiento de nuestros maridos?
20 Y habló Jeremías a todo el pueblo, a los hombres y a
las mujeres y a todo el pueblo que le había respondido esto, diciendo: 21 ¿No
se ha acordado Jehová, y no ha venido a su memoria el incienso que ofrecisteis
en las ciudades de Judá, y en las calles de Jerusalén, vosotros y vuestros
padres, vuestros reyes y vuestros príncipes y el pueblo de la tierra? 22 Y no
pudo sufrirlo más Jehová, a causa de la maldad de vuestras obras, a causa de
las abominaciones que habíais hecho; por tanto, vuestra tierra fue puesta en
asolamiento, en espanto y en maldición, hasta quedar sin morador, como está
hoy. 23 Porque ofrecisteis incienso y pecasteis contra Jehová, y no
obedecisteis a la voz de Jehová, ni anduvisteis en su ley ni en sus estatutos
ni en sus testimonios; por tanto, ha venido sobre vosotros este mal, como
hasta hoy.
24 Y dijo Jeremías a todo el pueblo, y a todas las
mujeres: Oíd palabra de Jehová, todos los de Judá que estáis en tierra de
Egipto. 25 Así ha hablado Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, diciendo:
Vosotros y vuestras mujeres hablasteis con vuestras bocas, y con vuestras
manos lo ejecutasteis, diciendo: Cumpliremos efectivamente nuestros votos que
hicimos, de ofrecer incienso a la reina del cielo y derramarle libaciones;
confirmáis a la verdad vuestros votos, y ponéis vuestros votos por obra. 26
Por tanto, oíd palabra de Jehová, todo Judá que habitáis en tierra de Egipto:
He aquí he jurado por mi grande nombre, dice Jehová, que mi nombre no será
invocado más en toda la tierra de Egipto por boca de ningún hombre de Judá,
diciendo: Vive Jehová el Señor. 27 He aquí que yo velo sobre ellos para mal, y
no para bien; y todos los hombres de Judá que están en tierra de Egipto serán
consumidos a espada y de hambre, hasta que perezcan del todo. 28 Y los que
escapen de la espada volverán de la tierra de Egipto a la tierra de Judá,
pocos hombres; sabrá, pues, todo el resto de Judá que ha entrado en Egipto a
morar allí, la palabra de quién ha de permanecer: si la mía, o la suya. 29 Y
esto tendréis por señal, dice Jehová, de que en este lugar os castigo, para
que sepáis que de cierto permanecerán mis palabras para mal sobre vosotros. 30
Así ha dicho Jehová: He aquí que yo entrego a Faraón Hofra rey de Egipto en
mano de sus enemigos, y en mano de los que buscan su vida, así como entregué a
Sedequías rey de Judá en mano de Nabucodonosor rey de Babilonia, su enemigo
que buscaba su vida.
Mensaje a Baruc
JEREMÍAS 45
1 Palabra que habló el profeta Jeremías a Baruc hijo de
Nerías, cuando escribía en el libro estas palabras de boca de Jeremías, en el
año cuarto de Joacim hijo de Josías rey de Judá, diciendo: 2 Así ha dicho
Jehová Dios de Israel a ti, oh Baruc: 3 Tú dijiste: ¡Ay de mí ahora! porque ha
añadido Jehová tristeza a mi dolor; fatigado estoy de gemir, y no he hallado
descanso. 4 Así le dirás: Ha dicho Jehová: He aquí que yo destruyo a los que
edifiqué, y arranco a los que planté, y a toda esta tierra. 5 ¿Y tú buscas
para ti grandezas? No las busques; porque he aquí que yo traigo mal sobre toda
carne, ha dicho Jehová; pero a ti te daré tu vida por botín en todos los
lugares adonde fueres.
Profecías acerca de Egipto
JEREMÍAS 46
1 Palabra de Jehová que vino al profeta Jeremías, contra
las naciones.
2 Con respecto a Egipto: contra el ejército de Faraón
Necao rey de Egipto, que estaba cerca del río Eufrates en Carquemis, a quien
destruyó Nabucodonosor rey de Babilonia, en el año cuarto de Joacim hijo de
Josías, rey de Judá.
3 Preparad escudo y pavés, y venid a la guerra. 4 Uncid
caballos y subid, vosotros los jinetes, y poneos con yelmos; limpiad las
lanzas, vestíos las corazas. 5 ¿Por qué los vi medrosos, retrocediendo? Sus
valientes fueron deshechos, y huyeron sin volver a mirar atrás; miedo de todas
partes, dice Jehová. 6 No huya el ligero, ni el valiente escape; al norte
junto a la ribera del Eufrates tropezaron y cayeron.
7 ¿Quién es éste que sube como río, y cuyas aguas se
mueven como ríos? 8 Egipto como río se ensancha, y las aguas se mueven como
ríos, y dijo: Subiré, cubriré la tierra, destruiré a la ciudad y a los que en
ella moran. 9 Subid, caballos, y alborotaos, carros, y salgan los valientes;
los etíopes y los de Put que toman escudo, y los de Lud que toman y entesan
arco. 10 Mas ese día será para Jehová Dios de los ejércitos día de
retribución, para vengarse de sus enemigos; y la espada devorará y se saciará,
y se embriagará de la sangre de ellos; porque sacrificio será para Jehová Dios
de los ejércitos, en tierra del norte junto al río Eufrates. 11 Sube a Galaad,
y toma bálsamo, virgen hija de Egipto; por demás multiplicarás las medicinas;
no hay curación para ti. 12 Las naciones oyeron tu afrenta, y tu clamor llenó
la tierra; porque valiente tropezó contra valiente, y cayeron ambos juntos.
13 Palabra que habló Jehová al profeta Jeremías acerca de
la venida de Nabucodonosor rey de Babilonia, para asolar la tierra de Egipto:
14 Anunciad en Egipto, y haced saber en Migdol; haced saber también en Menfis
y en Tafnes; decid: Ponte en pie y prepárate, porque espada devorará tu
comarca. 15 ¿Por qué ha sido derribada tu fortaleza? No pudo mantenerse firme,
porque Jehová la empujó. 16 Multiplicó los caídos, y cada uno cayó sobre su
compañero; y dijeron: Levántate y volvámonos a nuestro pueblo, y a la tierra
de nuestro nacimiento, huyamos ante la espada vencedora. 17 Allí gritaron:
Faraón rey de Egipto es destruido; dejó pasar el tiempo señalado. 18 Vivo yo,
dice el Rey, cuyo nombre es Jehová de los ejércitos, que como Tabor entre los
montes, y como Carmelo junto al mar, así vendrá. 19 Hazte enseres de
cautiverio, moradora hija de Egipto; porque Menfis será desierto, y será
asolada hasta no quedar morador.
20 Becerra hermosa es Egipto; mas viene destrucción, del
norte viene. 21 Sus soldados mercenarios también en medio de ella como
becerros engordados; porque también ellos volvieron atrás, huyeron todos sin
pararse, porque vino sobre ellos el día de su quebrantamiento, el tiempo de su
castigo.
22 Su voz saldrá como de serpiente; porque vendrán los
enemigos, y con hachas vendrán a ella como cortadores de leña. 23 Cortarán sus
bosques, dice Jehová, aunque sean impenetrables; porque serán más numerosos
que langostas, no tendrán número. 24 Se avergonzará la hija de Egipto;
entregada será en manos del pueblo del norte.
25 Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, ha dicho: He
aquí que yo castigo a Amón dios de Tebas, a Faraón, a Egipto, y a sus dioses y
a sus reyes; así a Faraón como a los que en él confían. 26 Y los entregaré en
mano de los que buscan su vida, en mano de Nabucodonosor rey de Babilonia y en
mano de sus siervos; pero después será habitado como en los días pasados, dice
Jehová.
27 Y tú no temas, siervo mío Jacob, ni desmayes, Israel;
porque he aquí yo te salvaré de lejos, y a tu descendencia de la tierra de su
cautividad. Y volverá Jacob, y descansará y será prosperado, y no habrá quién
lo atemorice. 28 Tú, siervo mío Jacob, no temas, dice Jehová, porque yo estoy
contigo; porque destruiré a todas las naciones entre las cuales te he
dispersado; pero a ti no te destruiré del todo, sino que te castigaré con
justicia; de ninguna manera te dejaré sin castigo.
Profecía sobre los filisteos
JEREMÍAS 47
1 Palabra de Jehová que vino al profeta Jeremías acerca
de los filisteos, antes que Faraón destruyese a Gaza.
2 Así ha dicho Jehová: He aquí que suben aguas del norte,
y se harán torrente; inundarán la tierra y su plenitud, la ciudad y los
moradores de ella; y los hombres clamarán, y lamentará todo morador de la
tierra. 3 Por el sonido de los cascos de sus caballos, por el alboroto de sus
carros, por el estruendo de sus ruedas, los padres no cuidaron a los hijos por
la debilidad de sus manos; 4 a causa del día que viene para destrucción de
todos los filisteos, para destruir a Tiro y a Sidón todo aliado que les queda
todavía; porque Jehová destruirá a los filisteos, al resto de la costa de
Caftor. 5 Gaza fue rapada, Ascalón ha perecido, y el resto de su valle; ¿hasta
cuándo te sajarás? 6 Oh espada de Jehová, ¿hasta cuándo reposarás? Vuelve a tu
vaina, reposa y sosiégate. 7 ¿Cómo reposarás? pues Jehová te ha enviado contra
Ascalón, y contra la costa del mar, allí te puso.
Profecía sobre Moab
JEREMÍAS 48
1 Acerca de Moab. Así ha dicho Jehová de los ejércitos,
Dios de Israel: ¡Ay de Nebo! porque fue destruida y avergonzada: Quiriataim
fue tomada; fue confundida Misgab, y desmayó. 2 No se alabará ya más Moab; en
Hesbón maquinaron mal contra ella, diciendo: Venid, y quitémosla de entre las
naciones. También tú, Madmena, serás cortada; espada irá en pos de ti.
3 ¡Voz de clamor de Horonaim, destrucción y gran
quebrantamiento! 4 Moab fue quebrantada; hicieron que se oyese el clamor de
sus pequeños. 5 Porque a la subida de Luhit con llanto subirá el que llora;
porque a la bajada de Horonaim los enemigos oyeron clamor de quebranto. 6
Huid, salvad vuestra vida, y sed como retama en el desierto. 7 Pues por cuanto
confiaste en tus bienes y en tus tesoros, tú también serás tomada; y Quemos
será llevado en cautiverio, sus sacerdotes y sus príncipes juntamente. 8 Y
vendrá destruidor a cada una de las ciudades, y ninguna ciudad escapará; se
arruinará también el valle, y será destruida la llanura, como ha dicho Jehová.
9 Dad alas a Moab, para que se vaya volando; pues serán
desiertas sus ciudades hasta no quedar en ellas morador.
10 Maldito el que hiciere indolentemente la obra de
Jehová, y maldito el que detuviere de la sangre su espada.
11 Quieto estuvo Moab desde su juventud, y sobre su
sedimento ha estado reposado, y no fue vaciado de vasija en vasija, ni nunca
estuvo en cautiverio; por tanto, quedó su sabor en él, y su olor no se ha
cambiado. 12 Por eso vienen días, ha dicho Jehová, en que yo le enviaré
trasvasadores que le trasvasarán; y vaciarán sus vasijas, y romperán sus
odres. 13 Y se avergonzará Moab de Quemos, como la casa de Israel se avergonzó
de Bet-el, su confianza.
14 ¿Cómo, pues, diréis: Somos hombres valientes, y
robustos para la guerra? 15 Destruido fue Moab, y sus ciudades asoladas, y sus
jóvenes escogidos descendieron al degolladero, ha dicho el Rey, cuyo nombre es
Jehová de los ejércitos. 16 Cercano está el quebrantamiento de Moab para
venir, y su mal se apresura mucho. 17 Compadeceos de él todos los que estáis
alrededor suyo; y todos los que sabéis su nombre, decid: ¡Cómo se quebró la
vara fuerte, el báculo hermoso! 18 Desciende de la gloria, siéntate en tierra
seca, moradora hija de Dibón; porque el destruidor de Moab subió contra ti,
destruyó tus fortalezas. 19 Párate en el camino, y mira, oh moradora de Aroer;
pregunta a la que va huyendo, y a la que escapó; dile: ¿Qué ha acontecido? 20
Se avergonzó Moab, porque fue quebrantado; lamentad y clamad; anunciad en
Arnón que Moab es destruido.
21 Vino juicio sobre la tierra de la llanura; sobre
Holón, sobre Jahaza, sobre Mefaat, 22 sobre Dibón, sobre Nebo, sobre Bet-diblataim,
23 sobre Quiriataim, sobre Bet-gamul, sobre Bet-meón, 24 sobre Queriot, sobre
Bosra y sobre todas las ciudades de tierra de Moab, las de lejos y las de
cerca. 25 Cortado es el poder de Moab, y su brazo quebrantado, dice Jehová.
26 Embriagadle, porque contra Jehová se engrandeció; y
revuélquese Moab sobre su vómito, y sea también él por motivo de escarnio. 27
¿Y no te fue a ti Israel por motivo de escarnio, como si lo tomaran entre
ladrones? Porque cuando de él hablaste, tú te has burlado.
28 Abandonad las ciudades y habitad en peñascos, oh
moradores de Moab, y sed como la paloma que hace nido en la boca de la
caverna. 29 Hemos oído la soberbia de Moab, que es muy soberbio, arrogante,
orgulloso, altivo y altanero de corazón. 30 Yo conozco, dice Jehová, su
cólera, pero no tendrá efecto; sus jactancias no le aprovecharán. 31 Por
tanto, yo aullaré sobre Moab; sobre todo Moab haré clamor, y sobre los hombres
de Kir-hares gemiré. 32 Con llanto de Jazer lloraré por ti, oh vid de Sibma;
tus sarmientos pasaron el mar, llegaron hasta el mar de Jazer; sobre tu
cosecha y sobre tu vendimia vino el destruidor. 33 Y será cortada la alegría y
el regocijo de los campos fértiles, de la tierra de Moab; y de los lagares
haré que falte el vino; no pisarán con canción; la canción no será canción.
34 El clamor de Hesbón llega hasta Eleale; hasta Jahaza
dieron su voz; desde Zoar hasta Horonaim, becerra de tres años; porque también
las aguas de Nimrim serán destruidas. 35 Y exterminaré de Moab, dice Jehová, a
quien sacrifique sobre los lugares altos, y a quien ofrezca incienso a sus
dioses. 36 Por tanto, mi corazón resonará como flautas por causa de Moab,
asimismo resonará mi corazón a modo de flautas por los hombres de Kir-hares;
porque perecieron las riquezas que habían hecho.
37 Porque toda cabeza será rapada, y toda barba raída;
sobre toda mano habrá rasguños, y cilicio sobre todo lomo. 38 Sobre todos los
terrados de Moab, y en sus calles, todo él será llanto; porque yo quebranté a
Moab como a vasija que no agrada, dice Jehová. 39 ¡Lamentad! ¡Cómo ha sido
quebrantado! ¡Cómo volvió la espalda Moab, y fue avergonzado! Fue Moab objeto
de escarnio y de espanto a todos los que están en sus alrededores. 40 Porque
así ha dicho Jehová: He aquí que como águila volará, y extenderá sus alas
contra Moab. 41 Tomadas serán las ciudades, y tomadas serán las fortalezas; y
será aquel día el corazón de los valientes de Moab como el corazón de mujer en
angustias. 42 Y Moab será destruido hasta dejar de ser pueblo, porque se
engrandeció contra Jehová. 43 Miedo y hoyo y lazo contra ti, oh morador de
Moab, dice Jehová. 44 El que huyere del miedo caerá en el hoyo, y el que
saliere del hoyo será preso en el lazo; porque yo traeré sobre él, sobre Moab,
el año de su castigo, dice Jehová.
45 A la sombra de Hesbón se pararon sin fuerzas los que
huían; mas salió fuego de Hesbón, y llama de en medio de Sehón, y quemó el
rincón de Moab, y la coronilla de los hijos revoltosos. 46 ¡Ay de ti, Moab!
pereció el pueblo de Quemos; porque tus hijos fueron puestos presos para
cautividad, y tus hijas para cautiverio. 47 Pero haré volver a los cautivos de
Moab en lo postrero de los tiempos, dice Jehová. Hasta aquí es el juicio de
Moab.
Profecía sobre los amonitas
JEREMÍAS 49
1 Acerca de los hijos de Amón. Así ha dicho Jehová: ¿No
tiene hijos Israel? ¿No tiene heredero? ¿Por qué Milcom ha desposeído a Gad, y
su pueblo se ha establecido en sus ciudades? 2 Por tanto, vienen días, ha
dicho Jehová, en que haré oír clamor de guerra en Rabá de los hijos de Amón; y
será convertida en montón de ruinas, y sus ciudades serán puestas a fuego, e
Israel tomará por heredad a los que los tomaron a ellos, ha dicho Jehová.
3 Lamenta, oh Hesbón, porque destruida es Hai; clamad,
hijas de Rabá, vestíos de cilicio, endechad, y rodead los vallados, porque
Milcom fue llevado en cautiverio, sus sacerdotes y sus príncipes juntamente. 4
¿Por qué te glorías de los valles? Tu valle se deshizo, oh hija contumaz, la
que confía en sus tesoros, la que dice: ¿Quién vendrá contra mí? 5 He aquí yo
traigo sobre ti espanto, dice el Señor, Jehová de los ejércitos, de todos tus
alrededores; y seréis lanzados cada uno derecho hacia adelante, y no habrá
quien recoja a los fugitivos. 6 Y después de esto haré volver a los cautivos
de los hijos de Amón, dice Jehová.
Profecía sobre Edom
7 Acerca de Edom. Así ha dicho Jehová de los ejércitos:
¿No hay más sabiduría en Temán? ¿Se ha acabado el consejo en los sabios? ¿Se
corrompió su sabiduría? 8 Huid, volveos atrás, habitad en lugares profundos,
oh moradores de Dedán; porque el quebrantamiento de Esaú traeré sobre él en el
tiempo en que lo castigue. 9 Si vendimiadores hubieran venido contra ti, ¿no
habrían dejado rebuscos? Si ladrones de noche, ¿no habrían tomado lo que les
bastase? 10 Mas yo desnudaré a Esaú, descubriré sus escondrijos, y no podrá
esconderse; será destruida su descendencia, sus hermanos y sus vecinos, y
dejará de ser. 11 Deja tus huérfanos, yo los criaré; y en mí confiarán tus
viudas.
12 Porque así ha dicho Jehová: He aquí que los que no
estaban condenados a beber el cáliz, beberán ciertamente; ¿y serás tú absuelto
del todo? No serás absuelto, sino que ciertamente beberás. 13 Porque por mí he
jurado, dice Jehová, que asolamiento, oprobio, soledad y maldición será Bosra,
y todas sus ciudades serán desolaciones perpetuas.
14 La noticia oí, que de Jehová había sido enviado
mensajero a las naciones, diciendo: Juntaos y venid contra ella, y subid a la
batalla. 15 He aquí que te haré pequeño entre las naciones, menospreciado
entre los hombres. 16 Tu arrogancia te engañó, y la soberbia de tu corazón. Tú
que habitas en cavernas de peñas, que tienes la altura del monte, aunque alces
como águila tu nido, de allí te haré descender, dice Jehová.
17 Y se convertirá Edom en desolación; todo aquel que
pasare por ella se asombrará, y se burlará de todas sus calamidades. 18 Como
sucedió en la destrucción de Sodoma y de Gomorra y de sus ciudades vecinas,
dice Jehová, así no morará allí nadie, ni la habitará hijo de hombre. 19 He
aquí que como león subirá de la espesura del Jordán contra la bella y robusta;
porque muy pronto le haré huir de ella, y al que fuere escogido la encargaré;
porque ¿quién es semejante a mí, y quién me emplazará? ¿Quién será aquel
pastor que me podrá resistir? 20 Por tanto, oíd el consejo que Jehová ha
acordado sobre Edom, y sus pensamientos que ha resuelto sobre los moradores de
Temán. Ciertamente a los más pequeños de su rebaño los arrastrarán, y
destruirán sus moradas con ellos. 21 Del estruendo de la caída de ellos la
tierra temblará, y el grito de su voz se oirá en el Mar Rojo. 22 He aquí que
como águila subirá y volará, y extenderá sus alas contra Bosra; y el corazón
de los valientes de Edom será en aquel día como el corazón de mujer en
angustias.
Profecía sobre Damasco
23 Acerca de Damasco. Se confundieron Hamat y Arfad,
porque oyeron malas nuevas; se derritieron en aguas de desmayo, no pueden
sosegarse. 24 Se desmayó Damasco, se volvió para huir, y le tomó temblor y
angustia, y dolores le tomaron, como de mujer que está de parto. 25 ¡Cómo
dejaron a la ciudad tan alabada, la ciudad de mi gozo! 26 Por tanto, sus
jóvenes caerán en sus plazas, y todos los hombres de guerra morirán en aquel
día, ha dicho Jehová de los ejércitos. 27 Y haré encender fuego en el muro de
Damasco, y consumirá las casas de Ben-adad.
Profecía sobre Cedar y Hazor
28 Acerca de Cedar y de los reinos de Hazor, los cuales
asoló Nabucodonosor rey de Babilonia. Así ha dicho Jehová: Levantaos, subid
contra Cedar, y destruid a los hijos del oriente. 29 Sus tiendas y sus ganados
tomarán; sus cortinas y todos sus utensilios y sus camellos tomarán para sí, y
clamarán contra ellos: Miedo alrededor. 30 Huid, idos muy lejos, habitad en
lugares profundos, oh moradores de Hazor, dice Jehová; porque tomó consejo
contra vosotros Nabucodonosor rey de Babilonia, y contra vosotros ha formado
un designio. 31 Levantaos, subid contra una nación pacífica que vive
confiadamente, dice Jehová, que ni tiene puertas ni cerrojos, que vive
solitaria. 32 Serán sus camellos por botín, y la multitud de sus ganados por
despojo; y los esparciré por todos los vientos, arrojados hasta el último
rincón; y de todos lados les traeré su ruina, dice Jehová. 33 Hazor será
morada de chacales, soledad para siempre; ninguno morará allí, ni la habitará
hijo de hombre.
Profecía sobre Elam
34 Palabra de Jehová que vino al profeta Jeremías acerca
de Elam, en el principio del reinado de Sedequías rey de Judá, diciendo: 35
Así ha dicho Jehová de los ejércitos: He aquí que yo quiebro el arco de Elam,
parte principal de su fortaleza. 36 Traeré sobre Elam los cuatro vientos de
los cuatro puntos del cielo, y los aventaré a todos estos vientos; y no habrá
nación a donde no vayan fugitivos de Elam. 37 Y haré que Elam se intimide
delante de sus enemigos, y delante de los que buscan su vida; y traeré sobre
ellos mal, y el ardor de mi ira, dice Jehová; y enviaré en pos de ellos espada
hasta que los acabe. 38 Y pondré mi trono en Elam, y destruiré a su rey y a su
príncipe, dice Jehová. 39 Pero acontecerá en los últimos días, que haré volver
a los cautivos de Elam, dice Jehová.
Profecía sobre Babilonia
JEREMÍAS 50
1 Palabra que habló Jehová contra Babilonia, contra la
tierra de los caldeos, por medio del profeta Jeremías. 2 Anunciad en las
naciones, y haced saber; levantad también bandera, publicad, y no encubráis;
decid: Tomada es Babilonia, Bel es confundido, deshecho es Merodac; destruidas
son sus esculturas, quebrados son sus ídolos. 3 Porque subió contra ella una
nación del norte, la cual pondrá su tierra en asolamiento, y no habrá ni
hombre ni animal que en ella more; huyeron, y se fueron.
4 En aquellos días y en aquel tiempo, dice Jehová,
vendrán los hijos de Israel, ellos y los hijos de Judá juntamente; e irán
andando y llorando, y buscarán a Jehová su Dios. 5 Preguntarán por el camino
de Sion, hacia donde volverán sus rostros, diciendo: Venid, y juntémonos a
Jehová con pacto eterno que jamás se ponga en olvido.
6 Ovejas perdidas fueron mi pueblo; sus pastores las
hicieron errar, por los montes las descarriaron; anduvieron de monte en
collado, y se olvidaron de sus rediles. 7 Todos los que los hallaban, los
devoraban; y decían sus enemigos: No pecaremos, porque ellos pecaron contra
Jehová morada de justicia, contra Jehová esperanza de sus padres.
8 Huid de en medio de Babilonia, y salid de la tierra de
los caldeos, y sed como los machos cabríos que van delante del rebaño. 9
Porque yo levanto y hago subir contra Babilonia reunión de grandes pueblos de
la tierra del norte; desde allí se prepararán contra ella, y será tomada; sus
flechas son como de valiente diestro, que no volverá vacío. 10 Y Caldea será
para botín; todos los que la saquearen se saciarán, dice Jehová.
11 Porque os alegrasteis, porque os gozasteis destruyendo
mi heredad, porque os llenasteis como novilla sobre la hierba, y relinchasteis
como caballos. 12 Vuestra madre se avergonzó mucho, se afrentó la que os dio a
luz; he aquí será la última de las naciones; desierto, sequedal y páramo. 13
Por la ira de Jehová no será habitada, sino será asolada toda ella; todo
hombre que pasare por Babilonia se asombrará, y se burlará de sus calamidades.
14 Poneos en orden contra Babilonia alrededor, todos los que entesáis arco;
tirad contra ella, no escatiméis las saetas, porque pecó contra Jehová. 15
Gritad contra ella en derredor; se rindió; han caído sus cimientos, derribados
son sus muros, porque es venganza de Jehová. Tomad venganza de ella; haced con
ella como ella hizo. 16 Destruid en Babilonia al que siembra, y al que mete
hoz en tiempo de la siega; delante de la espada destructora cada uno volverá
el rostro hacia su pueblo, cada uno huirá hacia su tierra.
17 Rebaño descarriado es Israel; leones lo dispersaron;
el rey de Asiria lo devoró primero, Nabucodonosor rey de Babilonia lo deshuesó
después. 18 Por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel:
Yo castigo al rey de Babilonia y a su tierra, como castigué al rey de Asiria.
19 Y volveré a traer a Israel a su morada, y pacerá en el Carmelo y en Basán;
y en el monte de Efraín y en Galaad se saciará su alma. 20 En aquellos días y
en aquel tiempo, dice Jehová, la maldad de Israel será buscada, y no
aparecerá; y los pecados de Judá, y no se hallarán; porque perdonaré a los que
yo hubiere dejado.
21 Sube contra la tierra de Merataim, contra ella y
contra los moradores de Pecod; destruye y mata en pos de ellos, dice Jehová, y
haz conforme a todo lo que yo te he mandado. 22 Estruendo de guerra en la
tierra, y quebrantamiento grande. 23 ¡Cómo fue cortado y quebrado el martillo
de toda la tierra! ¡cómo se convirtió Babilonia en desolación entre las
naciones! 24 Te puse lazos, y fuiste tomada, oh Babilonia, y tú no lo supiste;
fuiste hallada, y aun presa, porque provocaste a Jehová. 25 Abrió Jehová su
tesoro, y sacó los instrumentos de su furor; porque esta es obra de Jehová,
Dios de los ejércitos, en la tierra de los caldeos. 26 Venid contra ella desde
el extremo de la tierra; abrid sus almacenes, convertidla en montón de ruinas,
y destruidla; que no le quede nada. 27 Matad a todos sus novillos; que vayan
al matadero. ¡Ay de ellos! pues ha venido su día, el tiempo de su castigo.
28 Voz de los que huyen y escapan de la tierra de
Babilonia, para dar en Sion las nuevas de la retribución de Jehová nuestro
Dios, de la venganza de su templo.
29 Haced juntar contra Babilonia flecheros, a todos los
que entesan arco; acampad contra ella alrededor; no escape de ella ninguno;
pagadle según su obra; conforme a todo lo que ella hizo, haced con ella;
porque contra Jehová se ensoberbeció, contra el Santo de Israel. 30 Por tanto,
sus jóvenes caerán en sus plazas, y todos sus hombres de guerra serán
destruidos en aquel día, dice Jehová.
31 He aquí yo estoy contra ti, oh soberbio, dice el
Señor, Jehová de los ejércitos; porque tu día ha venido, el tiempo en que te
castigaré. 32 Y el soberbio tropezará y caerá, y no tendrá quien lo levante; y
encenderé fuego en sus ciudades, y quemaré todos sus alrededores.
33 Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Oprimidos fueron
los hijos de Israel y los hijos de Judá juntamente; y todos los que los
tomaron cautivos los retuvieron; no los quisieron soltar. 34 El redentor de
ellos es el Fuerte; Jehová de los ejércitos es su nombre; de cierto abogará la
causa de ellos para hacer reposar la tierra, y turbar a los moradores de
Babilonia.
35 Espada contra los caldeos, dice Jehová, y contra los
moradores de Babilonia, contra sus príncipes y contra sus sabios. 36 Espada
contra los adivinos, y se entontecerán; espada contra sus valientes, y serán
quebrantados. 37 Espada contra sus caballos, contra sus carros, y contra todo
el pueblo que está en medio de ella, y serán como mujeres; espada contra sus
tesoros, y serán saqueados. 38 Sequedad sobre sus aguas, y se secarán; porque
es tierra de ídolos, y se entontecen con imágenes.
39 Por tanto, allí morarán fieras del desierto y
chacales, morarán también en ella polluelos de avestruz; nunca más será
poblada ni se habitará por generaciones y generaciones. 40 Como en la
destrucción que Dios hizo de Sodoma y de Gomorra y de sus ciudades vecinas,
dice Jehová, así no morará allí hombre, ni hijo de hombre la habitará. 41 He
aquí viene un pueblo del norte, y una nación grande y muchos reyes se
levantarán de los extremos de la tierra. 42 Arco y lanza manejarán; serán
crueles, y no tendrán compasión; su voz rugirá como el mar, y montarán sobre
caballos; se prepararán contra ti como hombres a la pelea, oh hija de
Babilonia. 43 Oyó la noticia el rey de Babilonia, y sus manos se debilitaron;
angustia le tomó, dolor como de mujer de parto.
44 He aquí que como león subirá de la espesura del Jordán
a la morada fortificada; porque muy pronto le haré huir de ella, y al que yo
escoja la encargaré; porque ¿quién es semejante a mí? ¿y quién me emplazará?
¿o quién será aquel pastor que podrá resistirme? 45 Por tanto, oíd la
determinación que Jehová ha acordado contra Babilonia, y los pensamientos que
ha formado contra la tierra de los caldeos: Ciertamente a los más pequeños de
su rebaño los arrastrarán, y destruirán sus moradas con ellos. 46 Al grito de
la toma de Babilonia la tierra tembló, y el clamor se oyó entre las naciones.
Juicios de Jehová contra Babilonia
JEREMÍAS 51
1 Así ha dicho Jehová: He aquí que yo levanto un viento
destruidor contra Babilonia, y contra sus moradores que se levantan contra mí.
2 Y enviaré a Babilonia aventadores que la avienten, y vaciarán su tierra;
porque se pondrán contra ella de todas partes en el día del mal. 3 Diré al
flechero que entesa su arco, y al que se enorgullece de su coraza: No
perdonéis a sus jóvenes, destruid todo su ejército. 4 Y caerán muertos en la
tierra de los caldeos, y alanceados en sus calles. 5 Porque Israel y Judá no
han enviudado de su Dios, Jehová de los ejércitos, aunque su tierra fue llena
de pecado contra el Santo de Israel.
6 Huid de en medio de Babilonia, y librad cada uno su
vida, para que no perezcáis a causa de su maldad; porque el tiempo es de
venganza de Jehová; le dará su pago. 7 Copa de oro fue Babilonia en la mano de
Jehová, que embriagó a toda la tierra; de su vino bebieron los pueblos; se
aturdieron, por tanto, las naciones. 8 En un momento cayó Babilonia, y se
despedazó; gemid sobre ella; tomad bálsamo para su dolor, quizá sane. 9
Curamos a Babilonia, y no ha sanado; dejadla, y vámonos cada uno a su tierra;
porque ha llegado hasta el cielo su juicio, y se ha alzado hasta las nubes. 10
Jehová sacó a luz nuestras justicias; venid, y contemos en Sion la obra de
Jehová nuestro Dios.
11 Limpiad las saetas, embrazad los escudos; ha
despertado Jehová el espíritu de los reyes de Media; porque contra Babilonia
es su pensamiento para destruirla; porque venganza es de Jehová, y venganza de
su templo. 12 Levantad bandera sobre los muros de Babilonia, reforzad la
guardia, poned centinelas, disponed celadas; porque deliberó Jehová, y aun
pondrá en efecto lo que ha dicho contra los moradores de Babilonia. 13 Tú, la
que moras entre muchas aguas, rica en tesoros, ha venido tu fin, la medida de
tu codicia. 14 Jehová de los ejércitos juró por sí mismo, diciendo: Yo te
llenaré de hombres como de langostas, y levantarán contra ti gritería.
15 El es el que hizo la tierra con su poder, el que
afirmó el mundo con su sabiduría, y extendió los cielos con su inteligencia.
16 A su voz se producen tumultos de aguas en los cielos, y hace subir las
nubes de lo último de la tierra; él hace relámpagos con la lluvia, y saca el
viento de sus depósitos. 17 Todo hombre se ha infatuado, y no tiene ciencia;
se avergüenza todo artífice de su escultura, porque mentira es su ídolo, no
tiene espíritu. 18 Vanidad son, obra digna de burla; en el tiempo del castigo
perecerán. 19 No es como ellos la porción de Jacob; porque él es el Formador
de todo, e Israel es el cetro de su herencia; Jehová de los ejércitos es su
nombre.
20 Martillo me sois, y armas de guerra; y por medio de ti
quebrantaré naciones, y por medio de ti destruiré reinos. 21 Por tu medio
quebrantaré caballos y a sus jinetes, y por medio de ti quebrantaré carros y a
los que en ellos suben. 22 Asimismo por tu medio quebrantaré hombres y
mujeres, y por medio de ti quebrantaré viejos y jóvenes, y por tu medio
quebrantaré jóvenes y vírgenes. 23 También quebrantaré por medio de ti al
pastor y a su rebaño; quebrantaré por tu medio a labradores y a sus yuntas; a
jefes y a príncipes quebrantaré por medio de ti.
24 Y pagaré a Babilonia y a todos los moradores de
Caldea, todo el mal que ellos hicieron en Sion delante de vuestros ojos, dice
Jehová. 25 He aquí yo estoy contra ti, oh monte destruidor, dice Jehová, que
destruiste toda la tierra; y extenderé mi mano contra ti, y te haré rodar de
las peñas, y te reduciré a monte quemado. 26 Y nadie tomará de ti piedra para
esquina, ni piedra para cimiento; porque perpetuo asolamiento serás, ha dicho
Jehová.
27 Alzad bandera en la tierra, tocad trompeta en las
naciones, preparad pueblos contra ella; juntad contra ella los reinos de
Ararat, de Mini y de Askenaz; señalad contra ella capitán, haced subir
caballos como langostas erizadas. 28 Preparad contra ella naciones; los reyes
de Media, sus capitanes y todos sus príncipes, y todo territorio de su
dominio. 29 Temblará la tierra, y se afligirá; porque es confirmado contra
Babilonia todo el pensamiento de Jehová, para poner la tierra de Babilonia en
soledad, para que no haya morador en ella. 30 Los valientes de Babilonia
dejaron de pelear, se encerraron en sus fortalezas; les faltaron las fuerzas,
se volvieron como mujeres; incendiadas están sus casas, rotos sus cerrojos. 31
Correo se encontrará con correo, mensajero se encontrará con mensajero, para
anunciar al rey de Babilonia que su ciudad es tomada por todas partes. 32 Los
vados fueron tomados, y los baluartes quemados a fuego, y se consternaron los
hombres de guerra. 33 Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de
Israel: La hija de Babilonia es como una era cuando está de trillar; de aquí a
poco le vendrá el tiempo de la siega.
34 Me devoró, me desmenuzó Nabucodonosor rey de
Babilonia, y me dejó como vaso vacío; me tragó como dragón, llenó su vientre
de mis delicadezas, y me echó fuera. 35 Sobre Babilonia caiga la violencia
hecha a mí y a mi carne, dirá la moradora de Sion; y mi sangre caiga sobre los
moradores de Caldea, dirá Jerusalén. 36 Por tanto, así ha dicho Jehová: He
aquí que yo juzgo tu causa y haré tu venganza; y secaré su mar, y haré que su
corriente quede seca. 37 Y será Babilonia montones de ruinas, morada de
chacales, espanto y burla, sin morador.
38 Todos a una rugirán como leones; como cachorros de
leones gruñirán. 39 En medio de su calor les pondré banquetes, y haré que se
embriaguen, para que se alegren, y duerman eterno sueño y no despierten, dice
Jehová. 40 Los haré traer como corderos al matadero, como carneros y machos
cabríos.
41 ¡Cómo fue apresada Babilonia, y fue tomada la que era
alabada por toda la tierra! ¡Cómo vino a ser Babilonia objeto de espanto entre
las naciones! 42 Subió el mar sobre Babilonia; de la multitud de sus olas fue
cubierta. 43 Sus ciudades fueron asoladas, la tierra seca y desierta, tierra
en que no morará nadie, ni pasará por ella hijo de hombre. 44 Y juzgaré a Bel
en Babilonia, y sacaré de su boca lo que se ha tragado; y no vendrán más
naciones a él, y el muro de Babilonia caerá.
45 Salid de en medio de ella, pueblo mío, y salvad cada
uno su vida del ardor de la ira de Jehová. 46 Y no desmaye vuestro corazón, ni
temáis a causa del rumor que se oirá por la tierra; en un año vendrá el rumor,
y después en otro año rumor, y habrá violencia en la tierra, dominador contra
dominador.
47 Por tanto, he aquí vienen días en que yo destruiré los
ídolos de Babilonia, y toda su tierra será avergonzada, y todos sus muertos
caerán en medio de ella. 48 Los cielos y la tierra y todo lo que está en ellos
cantarán de gozo sobre Babilonia; porque del norte vendrán contra ella
destruidores, dice Jehová. 49 Por los muertos de Israel caerá Babilonia, como
por Babilonia cayeron los muertos de toda la tierra.
50 Los que escapasteis de la espada, andad, no os
detengáis; acordaos por muchos días de Jehová, y acordaos de Jerusalén. 51
Estamos avergonzados, porque oímos la afrenta; la confusión cubrió nuestros
rostros, porque vinieron extranjeros contra los santuarios de la casa de
Jehová.
52 Por tanto, vienen días, dice Jehová, en que yo
destruiré sus ídolos, y en toda su tierra gemirán los heridos. 53 Aunque suba
Babilonia hasta el cielo, y se fortifique en las alturas, de mí vendrán a ella
destruidores, dice Jehová.
54 ¡Oyese el clamor de Babilonia, y el gran
quebrantamiento de la tierra de los caldeos! 55 Porque Jehová destruirá a
Babilonia, y quitará de ella la mucha jactancia; y bramarán sus olas, y como
sonido de muchas aguas será la voz de ellos. 56 Porque vino destruidor contra
ella, contra Babilonia, y sus valientes fueron apresados; el arco de ellos fue
quebrado; porque Jehová, Dios de retribuciones, dará la paga. 57 Y embriagaré
a sus príncipes y a sus sabios, a sus capitanes, a sus nobles y a sus fuertes;
y dormirán sueño eterno y no despertarán, dice el Rey, cuyo nombre es Jehová
de los ejércitos.
58 Así ha dicho Jehová de los ejércitos: El muro ancho de
Babilonia será derribado enteramente, y sus altas puertas serán quemadas a
fuego; en vano trabajaron los pueblos, y las naciones se cansaron sólo para el
fuego.
59 Palabra que envió el profeta Jeremías a Seraías hijo
de Nerías, hijo de Maasías, cuando iba con Sedequías rey de Judá a Babilonia,
en el cuarto año de su reinado. Y era Seraías el principal camarero. 60
Escribió, pues, Jeremías en un libro todo el mal que había de venir sobre
Babilonia, todas las palabras que están escritas contra Babilonia. 61 Y dijo
Jeremías a Seraías: Cuando llegues a Babilonia, y veas y leas todas estas
cosas, 62 dirás: Oh Jehová, tú has dicho contra este lugar que lo habías de
destruir, hasta no quedar en él morador, ni hombre ni animal, sino que para
siempre ha de ser asolado. 63 Y cuando acabes de leer este libro, le atarás
una piedra, y lo echarás en medio del Eufrates, 64 y dirás: Así se hundirá
Babilonia, y no se levantará del mal que yo traigo sobre ella; y serán
rendidos. Hasta aquí son las palabras de Jeremías.
Reinado de Sedequías
(2 R. 24.18-20; 2 Cr. 36.11-16)
JEREMÍAS 52
1 Era Sedequías de edad de veintiún años cuando comenzó a
reinar, y reinó once años en Jerusalén. Su madre se llamaba Hamutal, hija de
Jeremías de Libna. 2 E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, conforme a todo
lo que hizo Joacim. 3 Y a causa de la ira de Jehová contra Jerusalén y Judá,
llegó a echarlos de su presencia. Y se rebeló Sedequías contra el rey de
Babilonia.
Caída de Jerusalén
(2 R. 24.20--25.7; Jer. 39.1-7)
4 Aconteció, por tanto, a los nueve años de su reinado,
en el mes décimo, a los diez días del mes, que vino Nabucodonosor rey de
Babilonia, él y todo su ejército, contra Jerusalén, y acamparon contra ella, y
de todas partes edificaron contra ella baluartes. 5 Y estuvo sitiada la ciudad
hasta el undécimo año del rey Sedequías. 6 En el mes cuarto, a los nueve días
del mes, prevaleció el hambre en la ciudad, hasta no haber pan para el pueblo.
7 Y fue abierta una brecha en el muro de la ciudad, y todos los hombres de
guerra huyeron, y salieron de la ciudad de noche por el camino de la puerta
entre los dos muros que había cerca del jardín del rey, y se fueron por el
camino del Arabá, estando aún los caldeos junto a la ciudad alrededor. 8 Y el
ejército de los caldeos siguió al rey, y alcanzaron a Sedequías en los llanos
de Jericó; y lo abandonó todo su ejército. 9 Entonces prendieron al rey, y le
hicieron venir al rey de Babilonia, a Ribla en tierra de Hamat, donde
pronunció sentencia contra él. 10 Y degolló el rey de Babilonia a los hijos de
Sedequías delante de sus ojos, y también degolló en Ribla a todos los
príncipes de Judá. 11 No obstante, el rey de Babilonia sólo le sacó los ojos a
Sedequías, y le ató con grillos, y lo hizo llevar a Babilonia; y lo puso en la
cárcel hasta el día en que murió.
Cautividad de Judá
(2 R. 25.8-21; 2 Cr. 36.17-21; Jer. 39.8-10)
12 Y en el mes quinto, a los diez días del mes, que era
el año diecinueve del reinado de Nabucodonosor rey de Babilonia, vino a
Jerusalén Nabuzaradán capitán de la guardia, que solía estar delante del rey
de Babilonia. 13 Y quemó la casa de Jehová, y la casa del rey, y todas las
casas de Jerusalén; y destruyó con fuego todo edificio grande. 14 Y todo el
ejército de los caldeos, que venía con el capitán de la guardia, destruyó
todos los muros en derredor de Jerusalén. 15 E hizo transportar Nabuzaradán
capitán de la guardia a los pobres del pueblo, y a toda la otra gente del
pueblo que había quedado en la ciudad, a los desertores que se habían pasado
al rey de Babilonia, y a todo el resto de la multitud del pueblo. 16 Mas de
los pobres del país dejó Nabuzaradán capitán de la guardia para viñadores y
labradores.
17 Y los caldeos quebraron las columnas de bronce que
estaban en la casa de Jehová, y las basas, y el mar de bronce que estaba en la
casa de Jehová, y llevaron todo el bronce a Babilonia. 18 Se llevaron también
los calderos, las palas, las despabiladeras, los tazones, las cucharas, y
todos los utensilios de bronce con que se ministraba, 19 y los incensarios,
tazones, copas, ollas, candeleros, escudillas y tazas; lo de oro por oro, y lo
de plata por plata, se llevó el capitán de la guardia. 20 Las dos columnas, un
mar, y los doce bueyes de bronce que estaban debajo de las basas, que había
hecho el rey Salomón en la casa de Jehová; el peso del bronce de todo esto era
incalculable. 21 En cuanto a las columnas, la altura de cada columna era de
dieciocho codos, y un cordón de doce codos la rodeaba; y su espesor era de
cuatro dedos, y eran huecas. 22 Y el capitel de bronce que había sobre ella
era de una altura de cinco codos, con una red y granadas alrededor del
capitel, todo de bronce; y lo mismo era lo de la segunda columna con sus
granadas. 23 Había noventa y seis granadas en cada hilera; todas ellas eran
ciento sobre la red alrededor.
24 Tomó también el capitán de la guardia a Seraías el
principal sacerdote, a Sofonías el segundo sacerdote, y tres guardas del
atrio. 25 Y de la ciudad tomó a un oficial que era capitán de los hombres de
guerra, a siete hombres de los consejeros íntimos del rey, que estaban en la
ciudad, y al principal secretario de la milicia, que pasaba revista al pueblo
de la tierra para la guerra, y sesenta hombres del pueblo que se hallaron
dentro de la ciudad. 26 Los tomó, pues, Nabuzaradán capitán de la guardia, y
los llevó al rey de Babilonia en Ribla. 27 Y el rey de Babilonia los hirió, y
los mató en Ribla en tierra de Hamat. Así Judá fue transportada de su tierra.
28 Este es el pueblo que Nabucodonosor llevó cautivo: En
el año séptimo, a tres mil veintitrés hombres de Judá. 29 En el año dieciocho
de Nabucodonosor él llevó cautivas de Jerusalén a ochocientas treinta y dos
personas. 30 El año veintitrés de Nabucodonosor, Nabuzaradán capitán de la
guardia llevó cautivas a setecientas cuarenta y cinco personas de los hombres
de Judá; todas las personas en total fueron cuatro mil seiscientas.
Joaquín es libertado y recibe honores en Babilonia
(2 R. 25.27-30)
31 Y sucedió que en el año treinta y siete del cautiverio
de Joaquín rey de Judá, en el mes duodécimo, a los veinticinco días del mes,
Evil-merodac rey de Babilonia, en el año primero de su reinado, alzó la cabeza
de Joaquín rey de Judá y lo sacó de la cárcel. 32 Y habló con él
amigablemente, e hizo poner su trono sobre los tronos de los reyes que estaban
con él en Babilonia. 33 Le hizo mudar también los vestidos de prisionero, y
comía pan en la mesa del rey siempre todos los días de su vida. 34 Y
continuamente se le daba una ración de parte del rey de Babilonia, cada día
durante todos los días de su vida, hasta el día de su muerte.
LAMENTACIONES
DE JEREMÍAS
Tristezas de Sion la cautiva
LAMENTACIONES 1
1 ¡Cómo ha quedado sola la ciudad populosa!
La grande entre las naciones se ha vuelto como viuda,
La señora de provincias ha sido hecha tributaria.
2 Amargamente llora en la noche, y sus lágrimas están en
sus mejillas.
No tiene quien la consuele de todos sus amantes;
Todos sus amigos le faltaron, se le volvieron enemigos.
3 Judá ha ido en cautiverio a causa de la aflicción y de
la dura servidumbre;
Ella habitó entre las naciones, y no halló descanso;
Todos sus perseguidores la alcanzaron entre las
estrechuras.
4 Las calzadas de Sion tienen luto, porque no hay quien
venga a las fiestas solemnes;
Todas sus puertas están asoladas, sus sacerdotes gimen,
Sus vírgenes están afligidas, y ella tiene amargura.
5 Sus enemigos han sido hechos príncipes, sus
aborrecedores fueron prosperados,
Porque Jehová la afligió por la multitud de sus
rebeliones;
Sus hijos fueron en cautividad delante del enemigo.
6 Desapareció de la hija de Sion toda su hermosura;
Sus príncipes fueron como ciervos que no hallan pasto,
Y anduvieron sin fuerzas delante del perseguidor.
7 Jerusalén, cuando cayó su pueblo en mano del enemigo y
no hubo quien la ayudase,
Se acordó de los días de su aflicción, y de sus
rebeliones,
Y de todas las cosas agradables que tuvo desde los
tiempos antiguos.
La miraron los enemigos, y se burlaron de su caída.
8 Pecado cometió Jerusalén, por lo cual ella ha sido
removida;
Todos los que la honraban la han menospreciado, porque
vieron su vergüenza;
Y ella suspira, y se vuelve atrás.
9 Su inmundicia está en sus faldas, y no se acordó de su
fin;
Por tanto, ella ha descendido sorprendentemente, y no
tiene quien la consuele.
Mira, oh Jehová, mi aflicción, porque el enemigo se ha
engrandecido.
10 Extendió su mano el enemigo a todas sus cosas
preciosas;
Ella ha visto entrar en su santuario a las naciones
De las cuales mandaste que no entrasen en tu
congregación.
11 Todo su pueblo buscó su pan suspirando;
Dieron por la comida todas sus cosas preciosas, para
entretener la vida.
Mira, oh Jehová, y ve que estoy abatida.
12 ¿No os conmueve a cuantos pasáis por el camino?
Mirad, y ved si hay dolor como mi dolor que me ha venido;
Porque Jehová me ha angustiado en el día de su ardiente
furor.
13 Desde lo alto envió fuego que consume mis huesos;
Ha extendido red a mis pies, me volvió atrás,
Me dejó desolada, y con dolor todo el día.
14 El yugo de mis rebeliones ha sido atado por su mano;
Ataduras han sido echadas sobre mi cerviz; ha debilitado
mis fuerzas;
Me ha entregado el Señor en manos contra las cuales no
podré levantarme.
15 El Señor ha hollado a todos mis hombres fuertes en
medio de mí;
Llamó contra mí compañía para quebrantar a mis jóvenes;
Como lagar ha hollado el Señor a la virgen hija de Judá.
16 Por esta causa lloro; mis ojos, mis ojos fluyen aguas,
Porque se alejó de mí el consolador que dé reposo a mi
alma;
Mis hijos son destruidos, porque el enemigo prevaleció.
17 Sion extendió sus manos; no tiene quien la consuele;
Jehová dio mandamiento contra Jacob, que sus vecinos
fuesen sus enemigos;
Jerusalén fue objeto de abominación entre ellos.
18 Jehová es justo; yo contra su palabra me rebelé.
Oíd ahora, pueblos todos, y ved mi dolor;
Mis vírgenes y mis jóvenes fueron llevados en cautiverio.
19 Di voces a mis amantes, mas ellos me han engañado;
Mis sacerdotes y mis ancianos en la ciudad perecieron,
Buscando comida para sí con que entretener su vida.
20 Mira, oh Jehová, estoy atribulada, mis entrañas
hierven.
Mi corazón se trastorna dentro de mí, porque me rebelé en
gran manera.
Por fuera hizo estragos la espada; por dentro señoreó la
muerte.
21 Oyeron que gemía, mas no hay consolador para mí;
Todos mis enemigos han oído mi mal, se alegran de lo que
tú hiciste.
Harás venir el día que has anunciado, y serán como yo.
22 Venga delante de ti toda su maldad,
Y haz con ellos como hiciste conmigo por todas mis
rebeliones;
Porque muchos son mis suspiros, y mi corazón está
adolorido.
Las tristezas de Sion vienen de Jehová
LAMENTACIONES 2
1 ¡Cómo oscureció el Señor en su furor a la hija de Sion!
Derribó del cielo a la tierra la hermosura de Israel,
Y no se acordó del estrado de sus pies en el día de su
furor.
2 Destruyó el Señor, y no perdonó;
Destruyó en su furor todas las tiendas de Jacob;
Echó por tierra las fortalezas de la hija de Judá,
Humilló al reino y a sus príncipes.
3 Cortó con el ardor de su ira todo el poderío de Israel;
Retiró de él su diestra frente al enemigo,
Y se encendió en Jacob como llama de fuego que ha
devorado alrededor.
4 Entesó su arco como enemigo, afirmó su mano derecha
como adversario,
Y destruyó cuanto era hermoso.
En la tienda de la hija de Sion derramó como fuego su
enojo.
5 El Señor llegó a ser como enemigo, destruyó a Israel;
Destruyó todos sus palacios, derribó sus fortalezas,
Y multiplicó en la hija de Judá la tristeza y el lamento.
6 Quitó su tienda como enramada de huerto;
Destruyó el lugar en donde se congregaban;
Jehová ha hecho olvidar las fiestas solemnes y los días
de reposo en Sion,
Y en el ardor de su ira ha desechado al rey y al
sacerdote.
7 Desechó el Señor su altar, menospreció su santuario;
Ha entregado en mano del enemigo los muros de sus
palacios;
Hicieron resonar su voz en la casa de Jehová como en día
de fiesta.
8 Jehová determinó destruir el muro de la hija de Sion;
Extendió el cordel, no retrajo su mano de la destrucción;
Hizo, pues, que se lamentara el antemuro y el muro;
fueron desolados juntamente.
9 Sus puertas fueron echadas por tierra, destruyó y
quebrantó sus cerrojos;
Su rey y sus príncipes están entre las naciones donde no
hay ley;
Sus profetas tampoco hallaron visión de Jehová.
10 Se sentaron en tierra, callaron los ancianos de la
hija de Sion;
Echaron polvo sobre sus cabezas, se ciñeron de cilicio;
Las vírgenes de Jerusalén bajaron sus cabezas a tierra.
11 Mis ojos desfallecieron de lágrimas, se conmovieron
mis entrañas,
Mi hígado se derramó por tierra a causa del
quebrantamiento de la hija de mi pueblo,
Cuando desfallecía el niño y el que mamaba, en las plazas
de la ciudad.
12 Decían a sus madres: ¿Dónde está el trigo y el vino?
Desfallecían como heridos en las calles de la ciudad,
Derramando sus almas en el regazo de sus madres.
13 ¿Qué testigo te traeré, o a quién te haré semejante,
hija de Jerusalén?
¿A quién te compararé para consolarte, oh virgen hija de
Sion?
Porque grande como el mar es tu quebrantamiento; ¿quién
te sanará?
14 Tus profetas vieron para ti vanidad y locura;
Y no descubrieron tu pecado para impedir tu cautiverio,
Sino que te predicaron vanas profecías y extravíos.
15 Todos los que pasaban por el camino batieron las manos
sobre ti;
Silbaron, y movieron despectivamente sus cabezas sobre la
hija de Jerusalén, diciendo:
¿Es esta la ciudad que decían de perfecta hermosura, el
gozo de toda la tierra?
16 Todos tus enemigos abrieron contra ti su boca;
Se burlaron, y crujieron los dientes; dijeron:
Devorémosla;
Ciertamente este es el día que esperábamos; lo hemos
hallado, lo hemos visto.
17 Jehová ha hecho lo que tenía determinado;
Ha cumplido su palabra, la cual él había mandado desde
tiempo antiguo.
Destruyó, y no perdonó;
Y ha hecho que el enemigo se alegre sobre ti,
Y enalteció el poder de tus adversarios.
18 El corazón de ellos clamaba al Señor;
Oh hija de Sion, echa lágrimas cual arroyo día y noche;
No descanses, ni cesen las niñas de tus ojos.
19 Levántate, da voces en la noche, al comenzar las
vigilias;
Derrama como agua tu corazón ante la presencia del Señor;
Alza tus manos a él implorando la vida de tus pequeñitos,
Que desfallecen de hambre en las entradas de todas las
calles.
20 Mira, oh Jehová, y considera a quién has hecho así.
¿Han de comer las mujeres el fruto de sus entrañas, los
pequeñitos a su tierno cuidado?
¿Han de ser muertos en el santuario del Señor el
sacerdote y el profeta?
21 Niños y viejos yacían por tierra en las calles;
Mis vírgenes y mis jóvenes cayeron a espada;
Mataste en el día de tu furor; degollaste, no perdonaste.
22 Has convocado de todas partes mis temores, como en un
día de solemnidad;
Y en el día del furor de Jehová no hubo quien escapase ni
quedase vivo;
Los que crié y mantuve, mi enemigo los acabó.
Esperanza de liberación por la misericordia de Dios
LAMENTACIONES 3
1 Yo soy el hombre que ha visto aflicción bajo el látigo
de su enojo.
2 Me guió y me llevó en tinieblas, y no en luz;
3 Ciertamente contra mí volvió y revolvió su mano todo el
día.
4 Hizo envejecer mi carne y mi piel; quebrantó mis
huesos;
5 Edificó baluartes contra mí, y me rodeó de amargura y
de trabajo.
6 Me dejó en oscuridad, como los ya muertos de mucho
tiempo.
7 Me cercó por todos lados, y no puedo salir; ha hecho
más pesadas mis cadenas;
8 Aun cuando clamé y di voces, cerró los oídos a mi
oración;
9 Cercó mis caminos con piedra labrada, torció mis
senderos.
10 Fue para mí como oso que acecha, como león en
escondrijos;
11 Torció mis caminos, y me despedazó; me dejó desolado.
12 Entesó su arco, y me puso como blanco para la saeta.
13 Hizo entrar en mis entrañas las saetas de su aljaba.
14 Fui escarnio a todo mi pueblo, burla de ellos todos
los días;
15 Me llenó de amarguras, me embriagó de ajenjos.
16 Mis dientes quebró con cascajo, me cubrió de ceniza;
17 Y mi alma se alejó de la paz, me olvidé del bien,
18 Y dije: Perecieron mis fuerzas, y mi esperanza en
Jehová.
19 Acuérdate de mi aflicción y de mi abatimiento, del
ajenjo y de la hiel;
20 Lo tendré aún en memoria, porque mi alma está abatida
dentro de mí;
21 Esto recapacitaré en mi corazón, por lo tanto
esperaré.
22 Por la misericordia de Jehová no hemos sido
consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias.
23 Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad.
24 Mi porción es Jehová, dijo mi alma; por tanto, en él
esperaré.
25 Bueno es Jehová a los que en él esperan, al alma que
le busca.
26 Bueno es esperar en silencio la salvación de Jehová.
27 Bueno le es al hombre llevar el yugo desde su
juventud.
28 Que se siente solo y calle, porque es Dios quien se lo
impuso;
29 Ponga su boca en el polvo, por si aún hay esperanza;
30 Dé la mejilla al que le hiere, y sea colmado de
afrentas.
31 Porque el Señor no desecha para siempre;
32 Antes si aflige, también se compadece según la
multitud de sus misericordias;
33 Porque no aflige ni entristece voluntariamente a los
hijos de los hombres.
34 Desmenuzar bajo los pies a todos los encarcelados de
la tierra,
35 Torcer el derecho del hombre delante de la presencia
del Altísimo,
36 Trastornar al hombre en su causa, el Señor no lo
aprueba.
37 ¿Quién será aquel que diga que sucedió algo que el
Señor no mandó?
38 ¿De la boca del Altísimo no sale lo malo y lo bueno?
39 ¿Por qué se lamenta el hombre viviente? Laméntese el
hombre en su pecado.
40 Escudriñemos nuestros caminos, y busquemos, y
volvámonos a Jehová;
41 Levantemos nuestros corazones y manos a Dios en los
cielos;
42 Nosotros nos hemos rebelado, y fuimos desleales; tú no
perdonaste.
43 Desplegaste la ira y nos perseguiste; mataste, y no
perdonaste;
44 Te cubriste de nube para que no pasase la oración
nuestra;
45 Nos volviste en oprobio y abominación en medio de los
pueblos.
46 Todos nuestros enemigos abrieron contra nosotros su
boca;
47 Temor y lazo fueron para nosotros, asolamiento y
quebranto;
48 Ríos de aguas echan mis ojos por el quebrantamiento de
la hija de mi pueblo.
49 Mis ojos destilan y no cesan, porque no hay alivio
50 Hasta que Jehová mire y vea desde los cielos;
51 Mis ojos contristaron mi alma por todas las hijas de
mi ciudad.
52 Mis enemigos me dieron caza como a ave, sin haber por
qué;
53 Ataron mi vida en cisterna, pusieron piedra sobre mí;
54 Aguas cubrieron mi cabeza; yo dije: Muerto soy.
55 Invoqué tu nombre, oh Jehová, desde la cárcel
profunda;
56 Oíste mi voz; no escondas tu oído al clamor de mis
suspiros.
57 Te acercaste el día que te invoqué; dijiste: No temas.
58 Abogaste, Señor, la causa de mi alma; redimiste mi
vida.
59 Tú has visto, oh Jehová, mi agravio; defiende mi
causa.
60 Has visto toda su venganza, todos sus pensamientos
contra mí.
61 Has oído el oprobio de ellos, oh Jehová, todas sus
maquinaciones contra mí;
62 Los dichos de los que contra mí se levantaron, y su
designio contra mí todo el día.
63 Su sentarse y su levantarse mira; yo soy su canción.
64 Dales el pago, oh Jehová, según la obra de sus manos.
65 Entrégalos al endurecimiento de corazón; tu maldición
caiga sobre ellos.
66 Persíguelos en tu furor, y quebrántalos de debajo de
los cielos, oh Jehová.
El castigo de Sion consumado
LAMENTACIONES 4
1 ¡Cómo se ha ennegrecido el oro!
¡Cómo el buen oro ha perdido su brillo!
Las piedras del santuario están esparcidas por las
encrucijadas de todas las calles.
2 Los hijos de Sion, preciados y estimados más que el oro
puro,
¡Cómo son tenidos por vasijas de barro, obra de manos de
alfarero!
3 Aun los chacales dan la teta, y amamantan a sus
cachorros;
La hija de mi pueblo es cruel como los avestruces en el
desierto.
4 La lengua del niño de pecho se pegó a su paladar por la
sed;
Los pequeñuelos pidieron pan, y no hubo quien se lo
repartiese.
5 Los que comían delicadamente fueron asolados en las
calles;
Los que se criaron entre púrpura se abrazaron a los
estercoleros.
6 Porque se aumentó la iniquidad de la hija de mi pueblo
más que el pecado de Sodoma,
Que fue destruida en un momento, sin que acamparan contra
ella compañías.
7 Sus nobles fueron más puros que la nieve, más blancos
que la leche;
Más rubios eran sus cuerpos que el coral, su talle más
hermoso que el zafiro.
8 Oscuro más que la negrura es su aspecto; no los conocen
por las calles;
Su piel está pegada a sus huesos, seca como un palo.
9 Más dichosos fueron los muertos a espada que los
muertos por el hambre;
Porque éstos murieron poco a poco por falta de los frutos
de la tierra.
10 Las manos de mujeres piadosas cocieron a sus hijos;
Sus propios hijos les sirvieron de comida en el día del
quebrantamiento de la hija de mi pueblo.
11 Cumplió Jehová su enojo, derramó el ardor de su ira;
Y encendió en Sion fuego que consumió hasta sus
cimientos.
12 Nunca los reyes de la tierra, ni todos los que habitan
en el mundo,
Creyeron que el enemigo y el adversario entrara por las
puertas de Jerusalén.
13 Es por causa de los pecados de sus profetas, y las
maldades de sus sacerdotes,
Quienes derramaron en medio de ella la sangre de los
justos.
14 Titubearon como ciegos en las calles, fueron
contaminados con sangre,
De modo que no pudiesen tocarse sus vestiduras.
15 ¡Apartaos! ¡Inmundos! les gritaban; ¡Apartaos,
apartaos, no toquéis!
Huyeron y fueron dispersados; se dijo entre las naciones:
Nunca más morarán aquí.
16 La ira de Jehová los apartó, no los mirará más;
No respetaron la presencia de los sacerdotes, ni tuvieron
compasión de los viejos.
17 Aun han desfallecido nuestros ojos esperando en vano
nuestro socorro;
En nuestra esperanza aguardamos a una nación que no puede
salvar.
18 Cazaron nuestros pasos, para que no anduviésemos por
nuestras calles;
Se acercó nuestro fin, se cumplieron nuestros días;
porque llegó nuestro fin.
19 Ligeros fueron nuestros perseguidores más que las
águilas del cielo;
Sobre los montes nos persiguieron, en el desierto nos
pusieron emboscadas.
20 El aliento de nuestras vidas, el ungido de Jehová,
De quien habíamos dicho: A su sombra tendremos vida entre
las naciones, fue apresado en sus lazos.
21 Gózate y alégrate, hija de Edom, la que habitas en
tierra de Uz;
Aun hasta ti llegará la copa; te embriagarás, y
vomitarás.
22 Se ha cumplido tu castigo, oh hija de Sion;
Nunca más te hará llevar cautiva.
Castigará tu iniquidad, oh hija de Edom;
Descubrirá tus pecados.
Oración del pueblo afligido
LAMENTACIONES 5
1 Acuérdate, oh Jehová, de lo que nos ha sucedido;
Mira, y ve nuestro oprobio.
2 Nuestra heredad ha pasado a extraños,
Nuestras casas a forasteros.
3 Huérfanos somos sin padre;
Nuestras madres son como viudas.
4 Nuestra agua bebemos por dinero;
Compramos nuestra leña por precio.
5 Padecemos persecución sobre nosotros;
Nos fatigamos, y no hay para nosotros reposo.
6 Al egipcio y al asirio extendimos la mano, para
saciarnos de pan.
7 Nuestros padres pecaron, y han muerto;
Y nosotros llevamos su castigo.
8 Siervos se enseñorearon de nosotros;
No hubo quien nos librase de su mano.
9 Con peligro de nuestras vidas traíamos nuestro pan
Ante la espada del desierto.
10 Nuestra piel se ennegreció como un horno
A causa del ardor del hambre.
11 Violaron a las mujeres en Sion,
A las vírgenes en las ciudades de Judá.
12 A los príncipes colgaron de las manos;
No respetaron el rostro de los viejos.
13 Llevaron a los jóvenes a moler,
Y los muchachos desfallecieron bajo el peso de la leña.
14 Los ancianos no se ven más en la puerta,
Los jóvenes dejaron sus canciones.
15 Cesó el gozo de nuestro corazón;
Nuestra danza se cambió en luto.
16 Cayó la corona de nuestra cabeza;
¡Ay ahora de nosotros! porque pecamos.
17 Por esto fue entristecido nuestro corazón,
Por esto se entenebrecieron nuestros ojos,
18 Por el monte de Sion que está asolado;
Zorras andan por él.
19 Mas tú, Jehová, permanecerás para siempre;
Tu trono de generación en generación.
20 ¿Por qué te olvidas completamente de nosotros,
Y nos abandonas tan largo tiempo?
21 Vuélvenos, oh Jehová, a ti, y nos volveremos;
Renueva nuestros días como al principio.
22 Porque nos has desechado;
Te has airado contra nosotros en gran manera.
EZEQUIEL
La visión de la gloria divina
EZEQUIEL 1
1 Aconteció en el año treinta, en el mes cuarto, a los
cinco días del mes, que estando yo en medio de los cautivos junto al río
Quebar, los cielos se abrieron, y vi visiones de Dios. 2 En el quinto año de
la deportación del rey Joaquín, a los cinco días del mes, 3 vino palabra de
Jehová al sacerdote Ezequiel hijo de Buzi, en la tierra de los caldeos, junto
al río Quebar; vino allí sobre él la mano de Jehová.
4 Y miré, y he aquí venía del norte un viento
tempestuoso, y una gran nube, con un fuego envolvente, y alrededor de él un
resplandor, y en medio del fuego algo que parecía como bronce refulgente, 5 y
en medio de ella la figura de cuatro seres vivientes. Y esta era su
apariencia: había en ellos semejanza de hombre. 6 Cada uno tenía cuatro caras
y cuatro alas. 7 Y los pies de ellos eran derechos, y la planta de sus pies
como planta de pie de becerro; y centelleaban a manera de bronce muy bruñido.
8 Debajo de sus alas, a sus cuatro lados, tenían manos de hombre; y sus caras
y sus alas por los cuatro lados. 9 Con las alas se juntaban el uno al otro. No
se volvían cuando andaban, sino que cada uno caminaba derecho hacia adelante.
10 Y el aspecto de sus caras era cara de hombre, y cara de león al lado
derecho de los cuatro, y cara de buey a la izquierda en los cuatro; asimismo
había en los cuatro cara de águila. 11 Así eran sus caras. Y tenían sus alas
extendidas por encima, cada uno dos, las cuales se juntaban; y las otras dos
cubrían sus cuerpos. 12 Y cada uno caminaba derecho hacia adelante; hacia
donde el espíritu les movía que anduviesen, andaban; y cuando andaban, no se
volvían. 13 Cuanto a la semejanza de los seres vivientes, su aspecto era como
de carbones de fuego encendidos, como visión de hachones encendidos que andaba
entre los seres vivientes; y el fuego resplandecía, y del fuego salían
relámpagos. 14 Y los seres vivientes corrían y volvían a semejanza de
relámpagos.
15 Mientras yo miraba los seres vivientes, he aquí una
rueda sobre la tierra junto a los seres vivientes, a los cuatro lados. 16 El
aspecto de las ruedas y su obra era semejante al color del crisólito. Y las
cuatro tenían una misma semejanza; su apariencia y su obra eran como rueda en
medio de rueda. 17 Cuando andaban, se movían hacia sus cuatro costados; no se
volvían cuando andaban. 18 Y sus aros eran altos y espantosos, y llenos de
ojos alrededor en las cuatro. 19 Y cuando los seres vivientes andaban, las
ruedas andaban junto a ellos; y cuando los seres vivientes se levantaban de la
tierra, las ruedas se levantaban. 20 Hacia donde el espíritu les movía que
anduviesen, andaban; hacia donde les movía el espíritu que anduviesen, las
ruedas también se levantaban tras ellos; porque el espíritu de los seres
vivientes estaba en las ruedas. 21 Cuando ellos andaban, andaban ellas, y
cuando ellos se paraban, se paraban ellas; asimismo cuando se levantaban de la
tierra, las ruedas se levantaban tras ellos; porque el espíritu de los seres
vivientes estaba en las ruedas.
22 Y sobre las cabezas de los seres vivientes aparecía
una expansión a manera de cristal maravilloso, extendido encima sobre sus
cabezas. 23 Y debajo de la expansión las alas de ellos estaban derechas,
extendiéndose la una hacia la otra; y cada uno tenía dos alas que cubrían su
cuerpo. 24 Y oí el sonido de sus alas cuando andaban, como sonido de muchas
aguas, como la voz del Omnipotente, como ruido de muchedumbre, como el ruido
de un ejército. Cuando se paraban, bajaban sus alas. 25 Y cuando se paraban y
bajaban sus alas, se oía una voz de arriba de la expansión que había sobre sus
cabezas.
26 Y sobre la expansión que había sobre sus cabezas se
veía la figura de un trono que parecía de piedra de zafiro; y sobre la figura
del trono había una semejanza que parecía de hombre sentado sobre él. 27 Y vi
apariencia como de bronce refulgente, como apariencia de fuego dentro de ella
en derredor, desde el aspecto de sus lomos para arriba; y desde sus lomos para
abajo, vi que parecía como fuego, y que tenía resplandor alrededor. 28 Como
parece el arco iris que está en las nubes el día que llueve, así era el
parecer del resplandor alrededor.
Esta fue la visión de la semejanza de la gloria de
Jehová. Y cuando yo la vi, me postré sobre mi rostro, y oí la voz de uno que
hablaba.
Llamamiento de Ezequiel
EZEQUIEL 2
1 Me dijo: Hijo de hombre, ponte sobre tus pies, y
hablaré contigo. 2 Y luego que me habló, entró el Espíritu en mí y me afirmó
sobre mis pies, y oí al que me hablaba. 3 Y me dijo: Hijo de hombre, yo te
envío a los hijos de Israel, a gentes rebeldes que se rebelaron contra mí;
ellos y sus padres se han rebelado contra mí hasta este mismo día. 4 Yo, pues,
te envío a hijos de duro rostro y de empedernido corazón; y les dirás: Así ha
dicho Jehová el Señor. 5 Acaso ellos escuchen; pero si no escucharen, porque
son una casa rebelde, siempre conocerán que hubo profeta entre ellos. 6 Y tú,
hijo de hombre, no les temas, ni tengas miedo de sus palabras, aunque te
hallas entre zarzas y espinos, y moras con escorpiones; no tengas miedo de sus
palabras, ni temas delante de ellos, porque son casa rebelde. 7 Les hablarás,
pues, mis palabras, escuchen o dejen de escuchar; porque son muy rebeldes. 8
Mas tú, hijo de hombre, oye lo que yo te hablo; no seas rebelde como la casa
rebelde; abre tu boca, y come lo que yo te doy.
9 Y miré, y he aquí una mano extendida hacia mí, y en
ella había un rollo de libro. 10 Y lo extendió delante de mí, y estaba escrito
por delante y por detrás; y había escritas en él endechas y lamentaciones y
ayes.
EZEQUIEL 3
1 Me dijo: Hijo de hombre, come lo que hallas; come este
rollo, y ve y habla a la casa de Israel. 2 Y abrí mi boca, y me hizo comer
aquel rollo. 3 Y me dijo: Hijo de hombre, alimenta tu vientre, y llena tus
entrañas de este rollo que yo te doy. Y lo comí, y fue en mi boca dulce como
miel.
4 Luego me dijo: Hijo de hombre, ve y entra a la casa de
Israel, y habla a ellos con mis palabras. 5 Porque no eres enviado a pueblo de
habla profunda ni de lengua difícil, sino a la casa de Israel. 6 No a muchos
pueblos de habla profunda ni de lengua difícil, cuyas palabras no entiendas; y
si a ellos te enviara, ellos te oyeran. 7 Mas la casa de Israel no te querrá
oír, porque no me quiere oír a mí; porque toda la casa de Israel es dura de
frente y obstinada de corazón. 8 He aquí yo he hecho tu rostro fuerte contra
los rostros de ellos, y tu frente fuerte contra sus frentes. 9 Como diamante,
más fuerte que pedernal he hecho tu frente; no los temas, ni tengas miedo
delante de ellos, porque son casa rebelde. 10 Y me dijo: Hijo de hombre, toma
en tu corazón todas mis palabras que yo te hablaré, y oye con tus oídos. 11 Y
ve y entra a los cautivos, a los hijos de tu pueblo, y háblales y diles: Así
ha dicho Jehová el Señor; escuchen, o dejen de escuchar.
12 Y me levantó el Espíritu, y oí detrás de mí una voz de
gran estruendo, que decía: Bendita sea la gloria de Jehová desde su lugar. 13
Oí también el sonido de las alas de los seres vivientes que se juntaban la una
con la otra, y el sonido de las ruedas delante de ellos, y sonido de gran
estruendo. 14 Me levantó, pues, el Espíritu, y me tomó; y fui en amargura, en
la indignación de mi espíritu, pero la mano de Jehová era fuerte sobre mí. 15
Y vine a los cautivos en Tel-abib, que moraban junto al río Quebar, y me senté
donde ellos estaban sentados, y allí permanecí siete días atónito entre ellos.
El atalaya de Israel
(Ez. 33.1-9)
16 Y aconteció que al cabo de los siete días vino a mí
palabra de Jehová, diciendo: 17 Hijo de hombre, yo te he puesto por atalaya a
la casa de Israel; oirás, pues, tú la palabra de mi boca, y los amonestarás de
mi parte. 18 Cuando yo dijere al impío: De cierto morirás; y tú no le
amonestares ni le hablares, para que el impío sea apercibido de su mal camino
a fin de que viva, el impío morirá por su maldad, pero su sangre demandaré de
tu mano. 19 Pero si tú amonestares al impío, y él no se convirtiere de su
impiedad y de su mal camino, él morirá por su maldad, pero tú habrás librado
tu alma. 20 Si el justo se apartare de su justicia e hiciere maldad, y pusiere
yo tropiezo delante de él, él morirá, porque tú no le amonestaste; en su
pecado morirá, y sus justicias que había hecho no vendrán en memoria; pero su
sangre demandaré de tu mano. 21 Pero si al justo amonestares para que no
peque, y no pecare, de cierto vivirá, porque fue amonestado; y tú habrás
librado tu alma.
El profeta mudo
22 Vino allí la mano de Jehová sobre mí, y me dijo:
Levántate, y sal al campo, y allí hablaré contigo. 23 Y me levanté y salí al
campo; y he aquí que allí estaba la gloria de Jehová, como la gloria que había
visto junto al río Quebar; y me postré sobre mi rostro. 24 Entonces entró el
Espíritu en mí y me afirmó sobre mis pies, y me habló, y me dijo: Entra, y
enciérrate dentro de tu casa. 25 Y tú, oh hijo de hombre, he aquí que pondrán
sobre ti cuerdas, y con ellas te ligarán, y no saldrás entre ellos. 26 Y haré
que se pegue tu lengua a tu paladar, y estarás mudo, y no serás a ellos varón
que reprende; porque son casa rebelde. 27 Mas cuando yo te hubiere hablado,
abriré tu boca, y les dirás: Así ha dicho Jehová el Señor: El que oye, oiga; y
el que no quiera oír, no oiga; porque casa rebelde son.
Predicción del sitio de Jerusalén
EZEQUIEL 4
1 Tú, hijo de hombre, tómate un adobe, y ponlo delante de
ti, y diseña sobre él la ciudad de Jerusalén. 2 Y pondrás contra ella sitio, y
edificarás contra ella fortaleza, y sacarás contra ella baluarte, y pondrás
delante de ella campamento, y colocarás contra ella arietes alrededor. 3
Tómate también una plancha de hierro, y ponla en lugar de muro de hierro entre
ti y la ciudad; afirmarás luego tu rostro contra ella, y será en lugar de
cerco, y la sitiarás. Es señal a la casa de Israel.
4 Y tú te acostarás sobre tu lado izquierdo y pondrás
sobre él la maldad de la casa de Israel. El número de los días que duermas
sobre él, llevarás sobre ti la maldad de ellos. 5 Yo te he dado los años de su
maldad por el número de los días, trescientos noventa días; y así llevarás tú
la maldad de la casa de Israel. 6 Cumplidos éstos, te acostarás sobre tu lado
derecho segunda vez, y llevarás la maldad de la casa de Judá cuarenta días;
día por año, día por año te lo he dado. 7 Al asedio de Jerusalén afirmarás tu
rostro, y descubierto tu brazo, profetizarás contra ella. 8 Y he aquí he
puesto sobre ti ataduras, y no te volverás de un lado a otro, hasta que hayas
cumplido los días de tu asedio.
9 Y tú toma para ti trigo, cebada, habas, lentejas, millo
y avena, y ponlos en una vasija, y hazte pan de ellos el número de los días
que te acuestes sobre tu lado; trescientos noventa días comerás de él. 10 La
comida que comerás será de peso de veinte siclos al día; de tiempo en tiempo
la comerás. 11 Y beberás el agua por medida, la sexta parte de un hin; de
tiempo en tiempo la beberás. 12 Y comerás pan de cebada cocido debajo de la
ceniza; y lo cocerás a vista de ellos al fuego de excremento humano. 13 Y dijo
Jehová: Así comerán los hijos de Israel su pan inmundo, entre las naciones a
donde los arrojaré yo. 14 Y dije: ¡Ah, Señor Jehová! he aquí que mi alma no es
inmunda, ni nunca desde mi juventud hasta este tiempo comí cosa mortecina ni
despedazada, ni nunca en mi boca entró carne inmunda. 15 Y me respondió: He
aquí te permito usar estiércol de bueyes en lugar de excremento humano para
cocer tu pan. 16 Me dijo luego: Hijo de hombre, he aquí quebrantaré el
sustento del pan en Jerusalén; y comerán el pan por peso y con angustia, y
beberán el agua por medida y con espanto, 17 para que al faltarles el pan y el
agua, se miren unos a otros con espanto, y se consuman en su maldad.
EZEQUIEL 5
1 Y tú, hijo de hombre, tómate un cuchillo agudo, toma
una navaja de barbero, y hazla pasar sobre tu cabeza y tu barba; toma después
una balanza de pesar y divide los cabellos. 2 Una tercera parte quemarás a
fuego en medio de la ciudad, cuando se cumplan los días del asedio; y tomarás
una tercera parte y la cortarás con espada alrededor de la ciudad; y una
tercera parte esparcirás al viento, y yo desenvainaré espada en pos de ellos.
3 Tomarás también de allí unos pocos en número, y los atarás en la falda de tu
manto. 4 Y tomarás otra vez de ellos, y los echarás en medio del fuego, y en
el fuego los quemarás; de allí saldrá el fuego a toda la casa de Israel.
5 Así ha dicho Jehová el Señor: Esta es Jerusalén; la
puse en medio de las naciones y de las tierras alrededor de ella. 6 Y ella
cambió mis decretos y mis ordenanzas en impiedad más que las naciones, y más
que las tierras que están alrededor de ella; porque desecharon mis decretos y
mis mandamientos, y no anduvieron en ellos.
7 Por tanto, así ha dicho Jehová: ¿Por haberos
multiplicado más que las naciones que están alrededor de vosotros, no habéis
andado en mis mandamientos, ni habéis guardado mis leyes? Ni aun según las
leyes de las naciones que están alrededor de vosotros habéis andado. 8 Así,
pues, ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo estoy contra ti; sí, yo, y haré
juicios en medio de ti ante los ojos de las naciones. 9 Y haré en ti lo que
nunca hice, ni jamás haré cosa semejante, a causa de todas tus abominaciones.
10 Por eso los padres comerán a los hijos en medio de ti, y los hijos comerán
a sus padres; y haré en ti juicios, y esparciré a todos los vientos todo lo
que quedare de ti. 11 Por tanto, vivo yo, dice Jehová el Señor, ciertamente
por haber profanado mi santuario con todas tus abominaciones, te quebrantaré
yo también; mi ojo no perdonará, ni tampoco tendré yo misericordia. 12 Una
tercera parte de ti morirá de pestilencia y será consumida de hambre en medio
de ti; y una tercera parte caerá a espada alrededor de ti; y una tercera parte
esparciré a todos los vientos, y tras ellos desenvainaré espada.
13 Y se cumplirá mi furor y saciaré en ellos mi enojo, y
tomaré satisfacción; y sabrán que yo Jehová he hablado en mi celo, cuando
cumpla en ellos mi enojo. 14 Y te convertiré en soledad y en oprobio entre las
naciones que están alrededor de ti, a los ojos de todo transeúnte. 15 Y serás
oprobio y escarnio y escarmiento y espanto a las naciones que están alrededor
de ti, cuando yo haga en ti juicios con furor e indignación, y en reprensiones
de ira. Yo Jehová he hablado. 16 Cuando arroje yo sobre ellos las perniciosas
saetas del hambre, que serán para destrucción, las cuales enviaré para
destruiros, entonces aumentaré el hambre sobre vosotros, y quebrantaré entre
vosotros el sustento del pan. 17 Enviaré, pues, sobre vosotros hambre, y
bestias feroces que te destruyan; y pestilencia y sangre pasarán por en medio
de ti, y enviaré sobre ti espada. Yo Jehová he hablado.
Profecía contra los montes de Israel
EZEQUIEL 6
1 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 2 Hijo de
hombre, pon tu rostro hacia los montes de Israel, y profetiza contra ellos. 3
Y dirás: Montes de Israel, oíd palabra de Jehová el Señor: Así ha dicho Jehová
el Señor a los montes y a los collados, a los arroyos y a los valles: He aquí
que yo, yo haré venir sobre vosotros espada, y destruiré vuestros lugares
altos. 4 Vuestros altares serán asolados, y vuestras imágenes del sol serán
quebradas; y haré que caigan vuestros muertos delante de vuestros ídolos. 5 Y
pondré los cuerpos muertos de los hijos de Israel delante de sus ídolos, y
vuestros huesos esparciré en derredor de vuestros altares. 6 Dondequiera que
habitéis, serán desiertas las ciudades, y los lugares altos serán asolados,
para que sean asolados y se hagan desiertos vuestros altares; y vuestros
ídolos serán quebrados y acabarán, vuestras imágenes del sol serán destruidas,
y vuestras obras serán deshechas. 7 Y los muertos caerán en medio de vosotros;
y sabréis que yo soy Jehová.
8 Mas dejaré un resto, de modo que tengáis entre las
naciones algunos que escapen de la espada, cuando seáis esparcidos por las
tierras. 9 Y los que de vosotros escaparen se acordarán de mí entre las
naciones en las cuales serán cautivos; porque yo me quebranté a causa de su
corazón fornicario que se apartó de mí, y a causa de sus ojos que fornicaron
tras sus ídolos; y se avergonzarán de sí mismos, a causa de los males que
hicieron en todas sus abominaciones. 10 Y sabrán que yo soy Jehová; no en vano
dije que les había de hacer este mal.
11 Así ha dicho Jehová el Señor: Palmotea con tus manos,
y golpea con tu pie, y di: ¡Ay, por todas las grandes abominaciones de la casa
de Israel! porque con espada y con hambre y con pestilencia caerán. 12 El que
esté lejos morirá de pestilencia, el que esté cerca caerá a espada, y el que
quede y sea asediado morirá de hambre; así cumpliré en ellos mi enojo. 13 Y
sabréis que yo soy Jehová, cuando sus muertos estén en medio de sus ídolos, en
derredor de sus altares, sobre todo collado alto, en todas las cumbres de los
montes, debajo de todo árbol frondoso y debajo de toda encina espesa, lugares
donde ofrecieron incienso a todos sus ídolos. 14 Y extenderé mi mano contra
ellos, y dondequiera que habiten haré la tierra más asolada y devastada que el
desierto hacia Diblat; y conocerán que yo soy Jehová.
El fin viene
EZEQUIEL 7
1 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 2 Tú, hijo de
hombre, así ha dicho Jehová el Señor a la tierra de Israel: El fin, el fin
viene sobre los cuatro extremos de la tierra. 3 Ahora será el fin sobre ti, y
enviaré sobre ti mi furor, y te juzgaré según tus caminos; y pondré sobre ti
todas tus abominaciones. 4 Y mi ojo no te perdonará, ni tendré misericordia;
antes pondré sobre ti tus caminos, y en medio de ti estarán tus abominaciones;
y sabréis que yo soy Jehová.
5 Así ha dicho Jehová el Señor: Un mal, he aquí que viene
un mal. 6 Viene el fin, el fin viene; se ha despertado contra ti; he aquí que
viene. 7 La mañana viene para ti, oh morador de la tierra; el tiempo viene,
cercano está el día; día de tumulto, y no de alegría, sobre los montes. 8
Ahora pronto derramaré mi ira sobre ti, y cumpliré en ti mi furor, y te
juzgaré según tus caminos; y pondré sobre ti tus abominaciones. 9 Y mi ojo no
perdonará, ni tendré misericordia; según tus caminos pondré sobre ti, y en
medio de ti estarán tus abominaciones; y sabréis que yo Jehová soy el que
castiga.
10 He aquí el día, he aquí que viene; ha salido la
mañana; ha florecido la vara, ha reverdecido la soberbia. 11 La violencia se
ha levantado en vara de maldad; ninguno quedará de ellos, ni de su multitud,
ni uno de los suyos, ni habrá entre ellos quien se lamente. 12 El tiempo ha
venido, se acercó el día; el que compra, no se alegre, y el que vende, no
llore, porque la ira está sobre toda la multitud. 13 Porque el que vende no
volverá a lo vendido, aunque queden vivos; porque la visión sobre toda la
multitud no se revocará, y a causa de su iniquidad ninguno podrá amparar su
vida.
14 Tocarán trompeta, y prepararán todas las cosas, y no
habrá quien vaya a la batalla; porque mi ira está sobre toda la multitud. 15
De fuera espada, de dentro pestilencia y hambre; el que esté en el campo
morirá a espada, y al que esté en la ciudad lo consumirá el hambre y la
pestilencia. 16 Y los que escapen de ellos huirán y estarán sobre los montes
como palomas de los valles, gimiendo todos, cada uno por su iniquidad. 17 Toda
mano se debilitará, y toda rodilla será débil como el agua. 18 Se ceñirán
también de cilicio, y les cubrirá terror; en todo rostro habrá vergüenza, y
todas sus cabezas estarán rapadas. 19 Arrojarán su plata en las calles, y su
oro será desechado; ni su plata ni su oro podrá librarlos en el día del furor
de Jehová; no saciarán su alma, ni llenarán sus entrañas, porque ha sido
tropiezo para su maldad. 20 Por cuanto convirtieron la gloria de su ornamento
en soberbia, e hicieron de ello las imágenes de sus abominables ídolos, por
eso se lo convertí en cosa repugnante. 21 En mano de extraños la entregué para
ser saqueada, y será presa de los impíos de la tierra, y la profanarán. 22 Y
apartaré de ellos mi rostro, y será violado mi lugar secreto; pues entrarán en
él invasores y lo profanarán.
23 Haz una cadena, porque la tierra está llena de delitos
de sangre, y la ciudad está llena de violencia. 24 Traeré, por tanto, los más
perversos de las naciones, los cuales poseerán las casas de ellos; y haré
cesar la soberbia de los poderosos, y sus santuarios serán profanados. 25
Destrucción viene; y buscarán la paz, y no la habrá. 26 Quebrantamiento vendrá
sobre quebrantamiento, y habrá rumor sobre rumor; y buscarán respuesta del
profeta, mas la ley se alejará del sacerdote, y de los ancianos el consejo. 27
El rey se enlutará, y el príncipe se vestirá de tristeza, y las manos del
pueblo de la tierra temblarán; según su camino haré con ellos, y con los
juicios de ellos los juzgaré; y sabrán que yo soy Jehová.
Visión de las abominaciones en Jerusalén
EZEQUIEL 8
1 En el sexto año, en el mes sexto, a los cinco días del
mes, aconteció que estaba yo sentado en mi casa, y los ancianos de Judá
estaban sentados delante de mí, y allí se posó sobre mí la mano de Jehová el
Señor. 2 Y miré, y he aquí una figura que parecía de hombre; desde sus lomos
para abajo, fuego; y desde sus lomos para arriba parecía resplandor, el
aspecto de bronce refulgente. 3 Y aquella figura extendió la mano, y me tomó
por las guedejas de mi cabeza; y el Espíritu me alzó entre el cielo y la
tierra, y me llevó en visiones de Dios a Jerusalén, a la entrada de la puerta
de adentro que mira hacia el norte, donde estaba la habitación de la imagen
del celo, la que provoca a celos. 4 Y he aquí, allí estaba la gloria del Dios
de Israel, como la visión que yo había visto en el campo.
5 Y me dijo: Hijo de hombre, alza ahora tus ojos hacia el
lado del norte. Y alcé mis ojos hacia el norte, y he aquí al norte, junto a la
puerta del altar, aquella imagen del celo en la entrada. 6 Me dijo entonces:
Hijo de hombre, ¿no ves lo que éstos hacen, las grandes abominaciones que la
casa de Israel hace aquí para alejarme de mi santuario? Pero vuélvete aún, y
verás abominaciones mayores.
7 Y me llevó a la entrada del atrio, y miré, y he aquí en
la pared un agujero. 8 Y me dijo: Hijo de hombre, cava ahora en la pared. Y
cavé en la pared, y he aquí una puerta. 9 Me dijo luego: Entra, y ve las
malvadas abominaciones que éstos hacen allí. 10 Entré, pues, y miré; y he aquí
toda forma de reptiles y bestias abominables, y todos los ídolos de la casa de
Israel, que estaban pintados en la pared por todo alrededor. 11 Y delante de
ellos estaban setenta varones de los ancianos de la casa de Israel, y
Jaazanías hijo de Safán en medio de ellos, cada uno con su incensario en su
mano; y subía una nube espesa de incienso. 12 Y me dijo: Hijo de hombre, ¿has
visto las cosas que los ancianos de la casa de Israel hacen en tinieblas, cada
uno en sus cámaras pintadas de imágenes? Porque dicen ellos: No nos ve Jehová;
Jehová ha abandonado la tierra. 13 Me dijo después: Vuélvete aún, verás
abominaciones mayores que hacen éstos.
14 Y me llevó a la entrada de la puerta de la casa de
Jehová, que está al norte; y he aquí mujeres que estaban allí sentadas
endechando a Tamuz. 15 Luego me dijo: ¿No ves, hijo de hombre? Vuélvete aún,
verás abominaciones mayores que estas.
16 Y me llevó al atrio de adentro de la casa de Jehová; y
he aquí junto a la entrada del templo de Jehová, entre la entrada y el altar,
como veinticinco varones, sus espaldas vueltas al templo de Jehová y sus
rostros hacia el oriente, y adoraban al sol, postrándose hacia el oriente. 17
Y me dijo: ¿No has visto, hijo de hombre? ¿Es cosa liviana para la casa de
Judá hacer las abominaciones que hacen aquí? Después que han llenado de maldad
la tierra, se volvieron a mí para irritarme; he aquí que aplican el ramo a sus
narices. 18 Pues también yo procederé con furor; no perdonará mi ojo, ni
tendré misericordia; y gritarán a mis oídos con gran voz, y no los oiré.
Visión de la muerte de los culpables
EZEQUIEL 9
1 Clamó en mis oídos con gran voz, diciendo: Los verdugos
de la ciudad han llegado, y cada uno trae en su mano su instrumento para
destruir. 2 Y he aquí que seis varones venían del camino de la puerta de
arriba que mira hacia el norte, y cada uno traía en su mano su instrumento
para destruir. Y entre ellos había un varón vestido de lino, el cual traía a
su cintura un tintero de escribano; y entrados, se pararon junto al altar de
bronce.
3 Y la gloria del Dios de Israel se elevó de encima del
querubín, sobre el cual había estado, al umbral de la casa; y llamó Jehová al
varón vestido de lino, que tenía a su cintura el tintero de escribano, 4 y le
dijo Jehová: Pasa por en medio de la ciudad, por en medio de Jerusalén, y
ponles una señal en la frente a los hombres que gimen y que claman a causa de
todas las abominaciones que se hacen en medio de ella. 5 Y a los otros dijo,
oyéndolo yo: Pasad por la ciudad en pos de él, y matad; no perdone vuestro
ojo, ni tengáis misericordia. 6 Matad a viejos, jóvenes y vírgenes, niños y
mujeres, hasta que no quede ninguno; pero a todo aquel sobre el cual hubiere
señal, no os acercaréis; y comenzaréis por mi santuario. Comenzaron, pues,
desde los varones ancianos que estaban delante del templo. 7 Y les dijo:
Contaminad la casa, y llenad los atrios de muertos; salid. Y salieron, y
mataron en la ciudad. 8 Aconteció que cuando ellos iban matando y quedé yo
solo, me postré sobre mi rostro, y clamé y dije: ¡Ah, Señor Jehová!
¿destruirás a todo el remanente de Israel derramando tu furor sobre Jerusalén?
9 Y me dijo: La maldad de la casa de Israel y de Judá es
grande sobremanera, pues la tierra está llena de sangre, y la ciudad está
llena de perversidad; porque han dicho: Ha abandonado Jehová la tierra, y
Jehová no ve. 10 Así, pues, haré yo; mi ojo no perdonará, ni tendré
misericordia; haré recaer el camino de ellos sobre sus propias cabezas.
11 Y he aquí que el varón vestido de lino, que tenía el
tintero a su cintura, respondió una palabra, diciendo: He hecho conforme a
todo lo que me mandaste.
La gloria de Dios abandona el templo
EZEQUIEL 10
1 Miré, y he aquí en la expansión que había sobre la
cabeza de los querubines como una piedra de zafiro, que parecía como semejanza
de un trono que se mostró sobre ellos. 2 Y habló al varón vestido de lino, y
le dijo: Entra en medio de las ruedas debajo de los querubines, y llena tus
manos de carbones encendidos de entre los querubines, y espárcelos sobre la
ciudad. Y entró a vista mía.
3 Y los querubines estaban a la mano derecha de la casa
cuando este varón entró; y la nube llenaba el atrio de adentro. 4 Entonces la
gloria de Jehová se elevó de encima del querubín al umbral de la puerta; y la
casa fue llena de la nube, y el atrio se llenó del resplandor de la gloria de
Jehová. 5 Y el estruendo de las alas de los querubines se oía hasta el atrio
de afuera, como la voz del Dios Omnipotente cuando habla.
6 Aconteció, pues, que al mandar al varón vestido de
lino, diciendo: Toma fuego de entre las ruedas, de entre los querubines, él
entró y se paró entre las ruedas. 7 Y un querubín extendió su mano de en medio
de los querubines al fuego que estaba entre ellos, y tomó de él y lo puso en
las manos del que estaba vestido de lino, el cual lo tomó y salió. 8 Y
apareció en los querubines la figura de una mano de hombre debajo de sus alas.
9 Y miré, y he aquí cuatro ruedas junto a los querubines,
junto a cada querubín una rueda; y el aspecto de las ruedas era como de
crisólito. 10 En cuanto a su apariencia, las cuatro eran de una misma forma,
como si estuviera una en medio de otra. 11 Cuando andaban, hacia los cuatro
frentes andaban; no se volvían cuando andaban, sino que al lugar adonde se
volvía la primera, en pos de ella iban; ni se volvían cuando andaban. 12 Y
todo su cuerpo, sus espaldas, sus manos, sus alas y las ruedas estaban llenos
de ojos alrededor en sus cuatro ruedas. 13 A las ruedas, oyéndolo yo, se les
gritaba: ¡Rueda! 14 Y cada uno tenía cuatro caras. La primera era rostro de
querubín; la segunda, de hombre; la tercera, cara de león; la cuarta, cara de
águila.
15 Y se levantaron los querubines; este es el ser
viviente que vi en el río Quebar. 16 Y cuando andaban los querubines, andaban
las ruedas junto con ellos; y cuando los querubines alzaban sus alas para
levantarse de la tierra, las ruedas tampoco se apartaban de ellos. 17 Cuando
se paraban ellos, se paraban ellas, y cuando ellos se alzaban, se alzaban con
ellos; porque el espíritu de los seres vivientes estaba en ellas.
18 Entonces la gloria de Jehová se elevó de encima del
umbral de la casa, y se puso sobre los querubines. 19 Y alzando los querubines
sus alas, se levantaron de la tierra delante de mis ojos; cuando ellos
salieron, también las ruedas se alzaron al lado de ellos; y se pararon a la
entrada de la puerta oriental de la casa de Jehová, y la gloria del Dios de
Israel estaba por encima sobre ellos.
20 Estos eran los mismos seres vivientes que vi debajo
del Dios de Israel junto al río Quebar; y conocí que eran querubines. 21 Cada
uno tenía cuatro caras y cada uno cuatro alas, y figuras de manos de hombre
debajo de sus alas. 22 Y la semejanza de sus rostros era la de los rostros que
vi junto al río Quebar, su misma apariencia y su ser; cada uno caminaba
derecho hacia adelante.
Reprensión de los príncipes malvados
EZEQUIEL 11
1 El Espíritu me elevó, y me llevó por la puerta oriental
de la casa de Jehová, la cual mira hacia el oriente; y he aquí a la entrada de
la puerta veinticinco hombres, entre los cuales vi a Jaazanías hijo de Azur y
a Pelatías hijo de Benaía, principales del pueblo. 2 Y me dijo: Hijo de
hombre, estos son los hombres que maquinan perversidad, y dan en esta ciudad
mal consejo; 3 los cuales dicen: No será tan pronto; edifiquemos casas; esta
será la olla, y nosotros la carne. 4 Por tanto profetiza contra ellos;
profetiza, hijo de hombre.
5 Y vino sobre mí el Espíritu de Jehová, y me dijo: Di:
Así ha dicho Jehová: Así habéis hablado, oh casa de Israel, y las cosas que
suben a vuestro espíritu, yo las he entendido. 6 Habéis multiplicado vuestros
muertos en esta ciudad, y habéis llenado de muertos sus calles. 7 Por tanto,
así ha dicho Jehová el Señor: Vuestros muertos que habéis puesto en medio de
ella, ellos son la carne, y ella es la olla; mas yo os sacaré a vosotros de en
medio de ella. 8 Espada habéis temido, y espada traeré sobre vosotros, dice
Jehová el Señor. 9 Y os sacaré de en medio de ella, y os entregaré en manos de
extraños, y haré juicios entre vosotros. 10 A espada caeréis; en los límites
de Israel os juzgaré, y sabréis que yo soy Jehová. 11 La ciudad no os será por
olla, ni vosotros seréis en medio de ella la carne; en los límites de Israel
os juzgaré. 12 Y sabréis que yo soy Jehová; porque no habéis andado en mis
estatutos, ni habéis obedecido mis decretos, sino según las costumbres de las
naciones que os rodean habéis hecho.
13 Y aconteció que mientras yo profetizaba, aquel
Pelatías hijo de Benaía murió. Entonces me postré rostro a tierra y clamé con
gran voz, y dije: ¡Ah, Señor Jehová! ¿Destruirás del todo al remanente de
Israel?
Promesa de restauración y renovación
14 Y vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 15 Hijo de
hombre, tus hermanos, tus hermanos, los hombres de tu parentesco y toda la
casa de Israel, toda ella son aquellos a quienes dijeron los moradores de
Jerusalén: Alejaos de Jehová; a nosotros es dada la tierra en posesión. 16 Por
tanto, di: Así ha dicho Jehová el Señor: Aunque les he arrojado lejos entre
las naciones, y les he esparcido por las tierras, con todo eso les seré por un
pequeño santuario en las tierras adonde lleguen. 17 Di, por tanto: Así ha
dicho Jehová el Señor: Yo os recogeré de los pueblos, y os congregaré de las
tierras en las cuales estáis esparcidos, y os daré la tierra de Israel. 18 Y
volverán allá, y quitarán de ella todas sus idolatrías y todas sus
abominaciones. 19 Y les daré un corazón, y un espíritu nuevo pondré dentro de
ellos; y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un
corazón de carne, 20 para que anden en mis ordenanzas, y guarden mis decretos
y los cumplan, y me sean por pueblo, y yo sea a ellos por Dios. 21 Mas a
aquellos cuyo corazón anda tras el deseo de sus idolatrías y de sus
abominaciones, yo traigo su camino sobre sus propias cabezas, dice Jehová el
Señor.
22 Después alzaron los querubines sus alas, y las ruedas
en pos de ellos; y la gloria del Dios de Israel estaba sobre ellos. 23 Y la
gloria de Jehová se elevó de en medio de la ciudad, y se puso sobre el monte
que está al oriente de la ciudad. 24 Luego me levantó el Espíritu y me volvió
a llevar en visión del Espíritu de Dios a la tierra de los caldeos, a los
cautivos. Y se fue de mí la visión que había visto. 25 Y hablé a los cautivos
todas las cosas que Jehová me había mostrado.
Salida de Ezequiel en señal de la cautividad
EZEQUIEL 12
1 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 2 Hijo de
hombre, tú habitas en medio de casa rebelde, los cuales tienen ojos para ver y
no ven, tienen oídos para oír y no oyen, porque son casa rebelde. 3 Por tanto
tú, hijo de hombre, prepárate enseres de marcha, y parte de día delante de sus
ojos; y te pasarás de tu lugar a otro lugar a vista de ellos, por si tal vez
atienden, porque son casa rebelde. 4 Y sacarás tus enseres de día delante de
sus ojos, como enseres de cautiverio; mas tú saldrás por la tarde a vista de
ellos, como quien sale en cautiverio. 5 Delante de sus ojos te abrirás paso
por entre la pared, y saldrás por ella. 6 Delante de sus ojos los llevarás
sobre tus hombros, de noche los sacarás; cubrirás tu rostro, y no mirarás la
tierra; porque por señal te he dado a la casa de Israel.
7 Y yo hice así como me fue mandado; saqué mis enseres de
día, como enseres de cautiverio, y a la tarde me abrí paso por entre la pared
con mi propia mano; salí de noche, y los llevé sobre los hombros a vista de
ellos.
8 Y vino a mí palabra de Jehová por la mañana, diciendo:
9 Hijo de hombre, ¿no te ha dicho la casa de Israel, aquella casa rebelde:
¿Qué haces? 10 Diles: Así ha dicho Jehová el Señor: Esta profecía se refiere
al príncipe en Jerusalén, y a toda la casa de Israel que está en medio de
ella. 11 Diles: Yo soy vuestra señal; como yo hice, así se hará con vosotros;
partiréis al destierro, en cautividad. 12 Y al príncipe que está en medio de
ellos llevarán a cuestas de noche, y saldrán; por la pared abrirán paso para
sacarlo por ella; cubrirá su rostro para no ver con sus ojos la tierra. 13 Mas
yo extenderé mi red sobre él, y caerá preso en mi trampa, y haré llevarlo a
Babilonia, a tierra de caldeos, pero no la verá, y allá morirá. 14 Y a todos
los que estuvieren alrededor de él para ayudarle, y a todas sus tropas,
esparciré a todos los vientos, y desenvainaré espada en pos de ellos. 15 Y
sabrán que yo soy Jehová, cuando los esparciere entre las naciones, y los
dispersare por la tierra. 16 Y haré que unos pocos de ellos escapen de la
espada, del hambre y de la peste, para que cuenten todas sus abominaciones
entre las naciones adonde llegaren; y sabrán que yo soy Jehová.
17 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 18 Hijo de
hombre, come tu pan con temblor, y bebe tu agua con estremecimiento y con
ansiedad. 19 Y di al pueblo de la tierra: Así ha dicho Jehová el Señor sobre
los moradores de Jerusalén y sobre la tierra de Israel: Su pan comerán con
temor, y con espanto beberán su agua; porque su tierra será despojada de su
plenitud, por la maldad de todos los que en ella moran. 20 Y las ciudades
habitadas quedarán desiertas, y la tierra será asolada; y sabréis que yo soy
Jehová.
21 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 22 Hijo de
hombre, ¿qué refrán es este que tenéis vosotros en la tierra de Israel, que
dice: Se van prolongando los días, y desaparecerá toda visión? 23 Diles, por
tanto: Así ha dicho Jehová el Señor: Haré cesar este refrán, y no repetirán
más este refrán en Israel. Diles, pues: Se han acercado aquellos días, y el
cumplimiento de toda visión. 24 Porque no habrá más visión vana, ni habrá
adivinación de lisonjeros en medio de la casa de Israel. 25 Porque yo Jehová
hablaré, y se cumplirá la palabra que yo hable; no se tardará más, sino que en
vuestros días, oh casa rebelde, hablaré palabra y la cumpliré, dice Jehová el
Señor.
26 Y vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 27 Hijo de
hombre, he aquí que los de la casa de Israel dicen: La visión que éste ve es
para de aquí a muchos días, para lejanos tiempos profetiza éste. 28 Diles, por
tanto: Así ha dicho Jehová el Señor: No se tardará más ninguna de mis
palabras, sino que la palabra que yo hable se cumplirá, dice Jehová el Señor.
Condenación de los falsos profetas
EZEQUIEL 13
1 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 2 Hijo de
hombre, profetiza contra los profetas de Israel que profetizan, y di a los que
profetizan de su propio corazón: Oíd palabra de Jehová. 3 Así ha dicho Jehová
el Señor: ¡Ay de los profetas insensatos, que andan en pos de su propio
espíritu, y nada han visto! 4 Como zorras en los desiertos fueron tus
profetas, oh Israel. 5 No habéis subido a las brechas, ni habéis edificado un
muro alrededor de la casa de Israel, para que resista firme en la batalla en
el día de Jehová. 6 Vieron vanidad y adivinación mentirosa. Dicen: Ha dicho
Jehová, y Jehová no los envió; con todo, esperan que él confirme la palabra de
ellos. 7 ¿No habéis visto visión vana, y no habéis dicho adivinación
mentirosa, pues que decís: Dijo Jehová, no habiendo yo hablado?
8 Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor: Por cuanto
vosotros habéis hablado vanidad, y habéis visto mentira, por tanto, he aquí yo
estoy contra vosotros, dice Jehová el Señor. 9 Estará mi mano contra los
profetas que ven vanidad y adivinan mentira; no estarán en la congregación de
mi pueblo, ni serán inscritos en el libro de la casa de Israel, ni a la tierra
de Israel volverán; y sabréis que yo soy Jehová el Señor. 10 Sí, por cuanto
engañaron a mi pueblo, diciendo: Paz, no habiendo paz; y uno edificaba la
pared, y he aquí que los otros la recubrían con lodo suelto, 11 di a los
recubridores con lodo suelto, que caerá; vendrá lluvia torrencial, y enviaré
piedras de granizo que la hagan caer, y viento tempestuoso la romperá. 12 Y he
aquí cuando la pared haya caído, ¿no os dirán: ¿Dónde está la embarradura con
que la recubristeis? 13 Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor: Haré que la
rompa viento tempestuoso con mi ira, y lluvia torrencial vendrá con mi furor,
y piedras de granizo con enojo para consumir. 14 Así desbarataré la pared que
vosotros recubristeis con lodo suelto, y la echaré a tierra, y será
descubierto su cimiento, y caerá, y seréis consumidos en medio de ella; y
sabréis que yo soy Jehová. 15 Cumpliré así mi furor en la pared y en los que
la recubrieron con lodo suelto; y os diré: No existe la pared, ni los que la
recubrieron, 16 los profetas de Israel que profetizan acerca de Jerusalén, y
ven para ella visión de paz, no habiendo paz, dice Jehová el Señor.
17 Y tú, hijo de hombre, pon tu rostro contra las hijas
de tu pueblo que profetizan de su propio corazón, y profetiza contra ellas, 18
y di: Así ha dicho Jehová el Señor: ¡Ay de aquellas que cosen vendas mágicas
para todas las manos, y hacen velos mágicos para la cabeza de toda edad, para
cazar las almas! ¿Habéis de cazar las almas de mi pueblo, para mantener así
vuestra propia vida? 19 ¿Y habéis de profanarme entre mi pueblo por puñados de
cebada y por pedazos de pan, matando a las personas que no deben morir, y
dando vida a las personas que no deben vivir, mintiendo a mi pueblo que
escucha la mentira?
20 Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo
estoy contra vuestras vendas mágicas, con que cazáis las almas al vuelo; yo
las libraré de vuestras manos, y soltaré para que vuelen como aves las almas
que vosotras cazáis volando. 21 Romperé asimismo vuestros velos mágicos, y
libraré a mi pueblo de vuestra mano, y no estarán más como presa en vuestra
mano; y sabréis que yo soy Jehová. 22 Por cuanto entristecisteis con mentiras
el corazón del justo, al cual yo no entristecí, y fortalecisteis las manos del
impío, para que no se apartase de su mal camino, infundiéndole ánimo, 23 por
tanto, no veréis más visión vana, ni practicaréis más adivinación; y libraré
mi pueblo de vuestra mano, y sabréis que yo soy Jehová.
Juicio contra los idólatras que consultan al profeta
EZEQUIEL 14
1 Vinieron a mí algunos de los ancianos de Israel, y se
sentaron delante de mí. 2 Y vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 3 Hijo de
hombre, estos hombres han puesto sus ídolos en su corazón, y han establecido
el tropiezo de su maldad delante de su rostro. ¿Acaso he de ser yo en modo
alguno consultado por ellos? 4 Háblales, por tanto, y diles: Así ha dicho
Jehová el Señor: Cualquier hombre de la casa de Israel que hubiere puesto sus
ídolos en su corazón, y establecido el tropiezo de su maldad delante de su
rostro, y viniere al profeta, yo Jehová responderé al que viniere conforme a
la multitud de sus ídolos, 5 para tomar a la casa de Israel por el corazón, ya
que se han apartado de mí todos ellos por sus ídolos.
6 Por tanto, di a la casa de Israel: Así dice Jehová el
Señor: Convertíos, y volveos de vuestros ídolos, y apartad vuestro rostro de
todas vuestras abominaciones. 7 Porque cualquier hombre de la casa de Israel,
y de los extranjeros que moran en Israel, que se hubiere apartado de andar en
pos de mí, y hubiere puesto sus ídolos en su corazón, y establecido delante de
su rostro el tropiezo de su maldad, y viniere al profeta para preguntarle por
mí, yo Jehová le responderé por mí mismo; 8 y pondré mi rostro contra aquel
hombre, y le pondré por señal y por escarmiento, y lo cortaré de en medio de
mi pueblo; y sabréis que yo soy Jehová. 9 Y cuando el profeta fuere engañado y
hablare palabra, yo Jehová engañé al tal profeta; y extenderé mi mano contra
él, y lo destruiré de en medio de mi pueblo Israel. 10 Y llevarán ambos el
castigo de su maldad; como la maldad del que consultare, así será la maldad
del profeta, 11 para que la casa de Israel no se desvíe más de en pos de mí,
ni se contamine más en todas sus rebeliones; y me sean por pueblo, y yo les
sea por Dios, dice Jehová el Señor.
Justicia del castigo de Jerusalén
12 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 13 Hijo de
hombre, cuando la tierra pecare contra mí rebelándose pérfidamente, y
extendiere yo mi mano sobre ella, y le quebrantare el sustento del pan, y
enviare en ella hambre, y cortare de ella hombres y bestias, 14 si estuviesen
en medio de ella estos tres varones, Noé, Daniel y Job, ellos por su justicia
librarían únicamente sus propias vidas, dice Jehová el Señor. 15 Y si hiciere
pasar bestias feroces por la tierra y la asolaren, y quedare desolada de modo
que no haya quien pase a causa de las fieras, 16 y estos tres varones
estuviesen en medio de ella, vivo yo, dice Jehová el Señor, ni a sus hijos ni
a sus hijas librarían; ellos solos serían librados, y la tierra quedaría
desolada. 17 O si yo trajere espada sobre la tierra, y dijere: Espada, pasa
por la tierra; e hiciere cortar de ella hombres y bestias, 18 y estos tres
varones estuviesen en medio de ella, vivo yo, dice Jehová el Señor, no
librarían a sus hijos ni a sus hijas; ellos solos serían librados. 19 O si
enviare pestilencia sobre esa tierra y derramare mi ira sobre ella en sangre,
para cortar de ella hombres y bestias, 20 y estuviesen en medio de ella Noé,
Daniel y Job, vivo yo, dice Jehová el Señor, no librarían a hijo ni a hija;
ellos por su justicia librarían solamente sus propias vidas.
21 Por lo cual así ha dicho Jehová el Señor: ¿Cuánto más
cuando yo enviare contra Jerusalén mis cuatro juicios terribles, espada,
hambre, fieras y pestilencia, para cortar de ella hombres y bestias? 22 Sin
embargo, he aquí quedará en ella un remanente, hijos e hijas, que serán
llevados fuera; he aquí que ellos vendrán a vosotros, y veréis su camino y sus
hechos, y seréis consolados del mal que hice venir sobre Jerusalén, de todas
las cosas que traje sobre ella. 23 Y os consolarán cuando viereis su camino y
sus hechos, y conoceréis que no sin causa hice todo lo que he hecho en ella,
dice Jehová el Señor.
Jerusalén es como una vid inútil
EZEQUIEL 15
1 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 2 Hijo de
hombre, ¿qué es la madera de la vid más que cualquier otra madera? ¿Qué es el
sarmiento entre los árboles del bosque? 3 ¿Tomarán de ella madera para hacer
alguna obra? ¿Tomarán de ella una estaca para colgar en ella alguna cosa? 4 He
aquí, es puesta en el fuego para ser consumida; sus dos extremos consumió el
fuego, y la parte de en medio se quemó; ¿servirá para obra alguna? 5 He aquí
que cuando estaba entera no servía para obra alguna; ¿cuánto menos después que
el fuego la hubiere consumido, y fuere quemada? ¿Servirá más para obra alguna?
6 Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor: Como la madera de la vid entre los
árboles del bosque, la cual di al fuego para que la consumiese, así haré a los
moradores de Jerusalén. 7 Y pondré mi rostro contra ellos; aunque del fuego se
escaparon, fuego los consumirá; y sabréis que yo soy Jehová, cuando pusiere mi
rostro contra ellos. 8 Y convertiré la tierra en asolamiento, por cuanto
cometieron prevaricación, dice Jehová el Señor.
Infidelidad de Jerusalén
EZEQUIEL 16
1 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 2 Hijo de
hombre, notifica a Jerusalén sus abominaciones, 3 y di: Así ha dicho Jehová el
Señor sobre Jerusalén: Tu origen, tu nacimiento, es de la tierra de Canaán; tu
padre fue amorreo, y tu madre hetea. 4 Y en cuanto a tu nacimiento, el día que
naciste no fue cortado tu ombligo, ni fuiste lavada con aguas para limpiarte,
ni salada con sal, ni fuiste envuelta con fajas. 5 No hubo ojo que se
compadeciese de ti para hacerte algo de esto, teniendo de ti misericordia;
sino que fuiste arrojada sobre la faz del campo, con menosprecio de tu vida,
en el día que naciste.
6 Y yo pasé junto a ti, y te vi sucia en tus sangres, y
cuando estabas en tus sangres te dije: ¡Vive! Sí, te dije, cuando estabas en
tus sangres: ¡Vive! 7 Te hice multiplicar como la hierba del campo; y creciste
y te hiciste grande, y llegaste a ser muy hermosa; tus pechos se habían
formado, y tu pelo había crecido; pero estabas desnuda y descubierta.
8 Y pasé yo otra vez junto a ti, y te miré, y he aquí que
tu tiempo era tiempo de amores; y extendí mi manto sobre ti, y cubrí tu
desnudez; y te di juramento y entré en pacto contigo, dice Jehová el Señor, y
fuiste mía. 9 Te lavé con agua, y lavé tus sangres de encima de ti, y te ungí
con aceite; 10 y te vestí de bordado, te calcé de tejón, te ceñí de lino y te
cubrí de seda. 11 Te atavié con adornos, y puse brazaletes en tus brazos y
collar a tu cuello. 12 Puse joyas en tu nariz, y zarcillos en tus orejas, y
una hermosa diadema en tu cabeza. 13 Así fuiste adornada de oro y de plata, y
tu vestido era de lino fino, seda y bordado; comiste flor de harina de trigo,
miel y aceite; y fuiste hermoseada en extremo, prosperaste hasta llegar a
reinar. 14 Y salió tu renombre entre las naciones a causa de tu hermosura;
porque era perfecta, a causa de mi hermosura que yo puse sobre ti, dice Jehová
el Señor.
15 Pero confiaste en tu hermosura, y te prostituiste a
causa de tu renombre, y derramaste tus fornicaciones a cuantos pasaron; suya
eras. 16 Y tomaste de tus vestidos, y te hiciste diversos lugares altos, y
fornicaste sobre ellos; cosa semejante nunca había sucedido, ni sucederá más.
17 Tomaste asimismo tus hermosas alhajas de oro y de plata que yo te había
dado, y te hiciste imágenes de hombre y fornicaste con ellas; 18 y tomaste tus
vestidos de diversos colores y las cubriste; y mi aceite y mi incienso pusiste
delante de ellas. 19 Mi pan también, que yo te había dado, la flor de la
harina, el aceite y la miel, con que yo te mantuve, pusiste delante de ellas
para olor agradable; y fue así, dice Jehová el Señor. 20 Además de esto,
tomaste tus hijos y tus hijas que habías dado a luz para mí, y los
sacrificaste a ellas para que fuesen consumidos. ¿Eran poca cosa tus
fornicaciones, 21 para que degollases también a mis hijos y los ofrecieras a
aquellas imágenes como ofrenda que el fuego consumía? 22 Y con todas tus
abominaciones y tus fornicaciones no te has acordado de los días de tu
juventud, cuando estabas desnuda y descubierta, cuando estabas envuelta en tu
sangre.
23 Y sucedió que después de toda tu maldad (¡ay, ay de
ti! dice Jehová el Señor), 24 te edificaste lugares altos, y te hiciste altar
en todas las plazas. 25 En toda cabeza de camino edificaste lugar alto, e
hiciste abominable tu hermosura, y te ofreciste a cuantos pasaban, y
multiplicaste tus fornicaciones. 26 Y fornicaste con los hijos de Egipto, tus
vecinos, gruesos de carnes; y aumentaste tus fornicaciones para enojarme. 27
Por tanto, he aquí que yo extendí contra ti mi mano, y disminuí tu provisión
ordinaria, y te entregué a la voluntad de las hijas de los filisteos, que te
aborrecen, las cuales se avergüenzan de tu camino deshonesto. 28 Fornicaste
también con los asirios, por no haberte saciado; y fornicaste con ellos y
tampoco te saciaste. 29 Multiplicaste asimismo tu fornicación en la tierra de
Canaán y de los caldeos, y tampoco con esto te saciaste.
30 ¡Cuán inconstante es tu corazón, dice Jehová el Señor,
habiendo hecho todas estas cosas, obras de una ramera desvergonzada, 31
edificando tus lugares altos en toda cabeza de camino, y haciendo tus altares
en todas las plazas! Y no fuiste semejante a ramera, en que menospreciaste la
paga, 32 sino como mujer adúltera, que en lugar de su marido recibe a ajenos.
33 A todas las rameras les dan dones; mas tú diste tus dones a todos tus
enamorados; y les diste presentes, para que de todas partes se llegasen a ti
en tus fornicaciones. 34 Y ha sucedido contigo, en tus fornicaciones, lo
contrario de las demás mujeres: porque ninguno te ha solicitado para fornicar,
y tú das la paga, en lugar de recibirla; por esto has sido diferente.
35 Por tanto, ramera, oye palabra de Jehová. 36 Así ha
dicho Jehová el Señor: Por cuanto han sido descubiertas tus desnudeces en tus
fornicaciones, y tu confusión ha sido manifestada a tus enamorados, y a los
ídolos de tus abominaciones, y en la sangre de tus hijos, los cuales les
diste; 37 por tanto, he aquí que yo reuniré a todos tus enamorados con los
cuales tomaste placer, y a todos los que amaste, con todos los que
aborreciste; y los reuniré alrededor de ti y les descubriré tu desnudez, y
ellos verán toda tu desnudez. 38 Y yo te juzgaré por las leyes de las
adúlteras, y de las que derraman sangre; y traeré sobre ti sangre de ira y de
celos. 39 Y te entregaré en manos de ellos; y destruirán tus lugares altos, y
derribarán tus altares, y te despojarán de tus ropas, se llevarán tus hermosas
alhajas, y te dejarán desnuda y descubierta. 40 Y harán subir contra ti
muchedumbre de gente, y te apedrearán, y te atravesarán con sus espadas. 41
Quemarán tus casas a fuego, y harán en ti juicios en presencia de muchas
mujeres; y así haré que dejes de ser ramera, y que ceses de prodigar tus
dones. 42 Y saciaré mi ira sobre ti, y se apartará de ti mi celo, y descansaré
y no me enojaré más. 43 Por cuanto no te acordaste de los días de tu juventud,
y me provocaste a ira en todo esto, por eso, he aquí yo también traeré tu
camino sobre tu cabeza, dice Jehová el Señor; pues ni aun has pensado sobre
toda tu lujuria.
44 He aquí, todo el que usa de refranes te aplicará a ti
el refrán que dice: Cual la madre, tal la hija. 45 Hija eres tú de tu madre,
que desechó a su marido y a sus hijos; y hermana eres tú de tus hermanas, que
desecharon a sus maridos y a sus hijos; vuestra madre fue hetea, y vuestro
padre amorreo. 46 Y tu hermana mayor es Samaria, ella y sus hijas, que habitan
al norte de ti; y tu hermana menor es Sodoma con sus hijas, la cual habita al
sur de ti. 47 Ni aun anduviste en sus caminos, ni hiciste según sus
abominaciones; antes, como si esto fuera poco y muy poco, te corrompiste más
que ellas en todos tus caminos. 48 Vivo yo, dice Jehová el Señor, que Sodoma
tu hermana y sus hijas no han hecho como hiciste tú y tus hijas. 49 He aquí
que esta fue la maldad de Sodoma tu hermana: soberbia, saciedad de pan, y
abundancia de ociosidad tuvieron ella y sus hijas; y no fortaleció la mano del
afligido y del menesteroso. 50 Y se llenaron de soberbia, e hicieron
abominación delante de mí, y cuando lo vi las quité. 51 Y Samaria no cometió
ni la mitad de tus pecados; porque tú multiplicaste tus abominaciones más que
ellas, y has justificado a tus hermanas con todas las abominaciones que tú
hiciste. 52 Tú también, que juzgaste a tus hermanas, lleva tu vergüenza en los
pecados que tú hiciste, más abominables que los de ellas; más justas son que
tú; avergüénzate, pues, tú también, y lleva tu confusión, por cuanto has
justificado a tus hermanas.
53 Yo, pues, haré volver a sus cautivos, los cautivos de
Sodoma y de sus hijas, y los cautivos de Samaria y de sus hijas, y haré volver
los cautivos de tus cautiverios entre ellas, 54 para que lleves tu confusión,
y te avergüences de todo lo que has hecho, siendo tú motivo de consuelo para
ellas. 55 Y tus hermanas, Sodoma con sus hijas y Samaria con sus hijas,
volverán a su primer estado; tú también y tus hijas volveréis a vuestro primer
estado. 56 No era tu hermana Sodoma digna de mención en tu boca en el tiempo
de tus soberbias, 57 antes que tu maldad fuese descubierta. Así también ahora
llevas tú la afrenta de las hijas de Siria y de todas las hijas de los
filisteos, las cuales por todos lados te desprecian. 58 Sufre tú el castigo de
tu lujuria y de tus abominaciones, dice Jehová.
59 Pero más ha dicho Jehová el Señor: ¿Haré yo contigo
como tú hiciste, que menospreciaste el juramento para invalidar el pacto? 60
Antes yo tendré memoria de mi pacto que concerté contigo en los días de tu
juventud, y estableceré contigo un pacto sempiterno. 61 Y te acordarás de tus
caminos y te avergonzarás, cuando recibas a tus hermanas, las mayores que tú y
las menores que tú, las cuales yo te daré por hijas, mas no por tu pacto, 62
sino por mi pacto que yo confirmaré contigo; y sabrás que yo soy Jehová; 63
para que te acuerdes y te avergüences, y nunca más abras la boca, a causa de
tu vergüenza, cuando yo perdone todo lo que hiciste, dice Jehová el Señor.
Parábola de las águilas y la vid
EZEQUIEL 17
1 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 2 Hijo de
hombre, propón una figura, y compón una parábola a la casa de Israel. 3 Y
dirás: Así ha dicho Jehová el Señor: Una gran águila, de grandes alas y de
largos miembros, llena de plumas de diversos colores, vino al Líbano, y tomó
el cogollo del cedro. 4 Arrancó el principal de sus renuevos y lo llevó a
tierra de mercaderes, y lo puso en una ciudad de comerciantes. 5 Tomó también
de la simiente de la tierra, y la puso en un campo bueno para sembrar, la
plantó junto a aguas abundantes, la puso como un sauce. 6 Y brotó, y se hizo
una vid de mucho ramaje, de poca altura, y sus ramas miraban al águila, y sus
raíces estaban debajo de ella; así que se hizo una vid, y arrojó sarmientos y
echó mugrones.
7 Había también otra gran águila, de grandes alas y de
muchas plumas; y he aquí que esta vid juntó cerca de ella sus raíces, y
extendió hacia ella sus ramas, para ser regada por ella por los surcos de su
plantío. 8 En un buen campo, junto a muchas aguas, fue plantada, para que
hiciese ramas y diese fruto, y para que fuese vid robusta. 9 Diles: Así ha
dicho Jehová el Señor: ¿Será prosperada? ¿No arrancará sus raíces, y destruirá
su fruto, y se secará? Todas sus hojas lozanas se secarán; y eso sin gran
poder ni mucha gente para arrancarla de sus raíces. 10 Y he aquí está
plantada; ¿será prosperada? ¿No se secará del todo cuando el viento solano la
toque? En los surcos de su verdor se secará.
11 Y vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 12 Di ahora a
la casa rebelde: ¿No habéis entendido qué significan estas cosas? Diles: He
aquí que el rey de Babilonia vino a Jerusalén, y tomó a tu rey y a sus
príncipes, y los llevó consigo a Babilonia. 13 Tomó también a uno de la
descendencia real e hizo pacto con él, y le hizo prestar juramento; y se llevó
consigo a los poderosos de la tierra, 14 para que el reino fuese abatido y no
se levantase, a fin de que guardando el pacto, permaneciese en pie. 15 Pero se
rebeló contra él, enviando embajadores a Egipto para que le diese caballos y
mucha gente. ¿Será prosperado, escapará el que estas cosas hizo? El que rompió
el pacto, ¿podrá escapar? 16 Vivo yo, dice Jehová el Señor, que morirá en
medio de Babilonia, en el lugar donde habita el rey que le hizo reinar, cuyo
juramento menospreció, y cuyo pacto hecho con él rompió. 17 Y ni con gran
ejército ni con mucha compañía hará Faraón nada por él en la batalla, cuando
se levanten vallados y se edifiquen torres para cortar muchas vidas. 18 Por
cuanto menospreció el juramento y quebrantó el pacto, cuando he aquí que había
dado su mano, y ha hecho todas estas cosas, no escapará. 19 Por tanto, así ha
dicho Jehová el Señor: Vivo yo, que el juramento mío que menospreció, y mi
pacto que ha quebrantado, lo traeré sobre su misma cabeza. 20 Extenderé sobre
él mi red, y será preso en mi lazo, y lo haré venir a Babilonia, y allí
entraré en juicio con él por su prevaricación con que contra mí se ha
rebelado. 21 Y todos sus fugitivos, con todas sus tropas, caerán a espada, y
los que queden serán esparcidos a todos los vientos; y sabréis que yo Jehová
he hablado.
22 Así ha dicho Jehová el Señor: Tomaré yo del cogollo de
aquel alto cedro, y lo plantaré; del principal de sus renuevos cortaré un
tallo, y lo plantaré sobre el monte alto y sublime. 23 En el monte alto de
Israel lo plantaré, y alzará ramas, y dará fruto, y se hará magnífico cedro; y
habitarán debajo de él todas las aves de toda especie; a la sombra de sus
ramas habitarán. 24 Y sabrán todos los árboles del campo que yo Jehová abatí
el árbol sublime, levanté el árbol bajo, hice secar el árbol verde, e hice
reverdecer el árbol seco. Yo Jehová lo he dicho, y lo haré.
El alma que pecare morirá
EZEQUIEL 18
1 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 2 ¿Qué pensáis
vosotros, los que usáis este refrán sobre la tierra de Israel, que dice: Los
padres comieron las uvas agrias, y los dientes de los hijos tienen la dentera?
3 Vivo yo, dice Jehová el Señor, que nunca más tendréis por qué usar este
refrán en Israel. 4 He aquí que todas las almas son mías; como el alma del
padre, así el alma del hijo es mía; el alma que pecare, esa morirá.
5 Y el hombre que fuere justo, e hiciere según el derecho
y la justicia; 6 que no comiere sobre los montes, ni alzare sus ojos a los
ídolos de la casa de Israel, ni violare la mujer de su prójimo, ni se llegare
a la mujer menstruosa, 7 ni oprimiere a ninguno; que al deudor devolviere su
prenda, que no cometiere robo, y que diere de su pan al hambriento y cubriere
al desnudo con vestido, 8 que no prestare a interés ni tomare usura; que de la
maldad retrajere su mano, e hiciere juicio verdadero entre hombre y hombre, 9
en mis ordenanzas caminare, y guardare mis decretos para hacer rectamente,
éste es justo; éste vivirá, dice Jehová el Señor.
10 Mas si engendrare hijo ladrón, derramador de sangre, o
que haga alguna cosa de estas, 11 y que no haga las otras, sino que comiere
sobre los montes, o violare la mujer de su prójimo, 12 al pobre y menesteroso
oprimiere, cometiere robos, no devolviere la prenda, o alzare sus ojos a los
ídolos e hiciere abominación, 13 prestare a interés y tomare usura; ¿vivirá
éste? No vivirá. Todas estas abominaciones hizo; de cierto morirá, su sangre
será sobre él.
14 Pero si éste engendrare hijo, el cual viere todos los
pecados que su padre hizo, y viéndolos no hiciere según ellos; 15 no comiere
sobre los montes, ni alzare sus ojos a los ídolos de la casa de Israel; la
mujer de su prójimo no violare, 16 ni oprimiere a nadie, la prenda no
retuviere, ni cometiere robos; al hambriento diere de su pan, y cubriere con
vestido al desnudo; 17 apartare su mano del pobre, interés y usura no
recibiere; guardare mis decretos y anduviere en mis ordenanzas; éste no morirá
por la maldad de su padre; de cierto vivirá. 18 Su padre, por cuanto hizo
agravio, despojó violentamente al hermano, e hizo en medio de su pueblo lo que
no es bueno, he aquí que él morirá por su maldad.
19 Y si dijereis: ¿Por qué el hijo no llevará el pecado
de su padre? Porque el hijo hizo según el derecho y la justicia, guardó todos
mis estatutos y los cumplió, de cierto vivirá. 20 El alma que pecare, esa
morirá; el hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre llevará el pecado
del hijo; la justicia del justo será sobre él, y la impiedad del impío será
sobre él.
El camino de Dios es justo
(Ez. 33. 10-20)
21 Mas el impío, si se apartare de todos sus pecados que
hizo, y guardare todos mis estatutos e hiciere según el derecho y la justicia,
de cierto vivirá; no morirá. 22 Todas las transgresiones que cometió, no le
serán recordadas; en su justicia que hizo vivirá. 23 ¿Quiero yo la muerte del
impío? dice Jehová el Señor. ¿No vivirá, si se apartare de sus caminos? 24 Mas
si el justo se apartare de su justicia y cometiere maldad, e hiciere conforme
a todas las abominaciones que el impío hizo, ¿vivirá él? Ninguna de las
justicias que hizo le serán tenidas en cuenta; por su rebelión con que
prevaricó, y por el pecado que cometió, por ello morirá.
25 Y si dijereis: No es recto el camino del Señor; oíd
ahora, casa de Israel: ¿No es recto mi camino? ¿no son vuestros caminos
torcidos? 26 Apartándose el justo de su justicia, y haciendo iniquidad, él
morirá por ello; por la iniquidad que hizo, morirá. 27 Y apartándose el impío
de su impiedad que hizo, y haciendo según el derecho y la justicia, hará vivir
su alma. 28 Porque miró y se apartó de todas sus transgresiones que había
cometido, de cierto vivirá; no morirá. 29 Si aún dijere la casa de Israel: No
es recto el camino del Señor; ¿no son rectos mis caminos, casa de Israel?
Ciertamente, vuestros caminos no son rectos.
30 Por tanto, yo os juzgaré a cada uno según sus caminos,
oh casa de Israel, dice Jehová el Señor. Convertíos, y apartaos de todas
vuestras transgresiones, y no os será la iniquidad causa de ruina. 31 Echad de
vosotros todas vuestras transgresiones con que habéis pecado, y haceos un
corazón nuevo y un espíritu nuevo. ¿Por qué moriréis, casa de Israel? 32
Porque no quiero la muerte del que muere, dice Jehová el Señor; convertíos,
pues, y viviréis.
Lamentación sobre los príncipes de Israel
EZEQUIEL 19
1 Y tú, levanta endecha sobre los príncipes de Israel. 2
Dirás: ¡Cómo se echó entre los leones tu madre la leona! Entre los leoncillos
crió sus cachorros, 3 e hizo subir uno de sus cachorros; vino a ser leoncillo,
y aprendió a arrebatar la presa, y a devorar hombres. 4 Y las naciones oyeron
de él; fue tomado en la trampa de ellas, y lo llevaron con grillos a la tierra
de Egipto. 5 Viendo ella que había esperado mucho tiempo, y que se perdía su
esperanza, tomó otro de sus cachorros, y lo puso por leoncillo. 6 Y él andaba
entre los leones; se hizo leoncillo, aprendió a arrebatar la presa, devoró
hombres. 7 Saqueó fortalezas, y asoló ciudades; y la tierra fue desolada, y
cuanto había en ella, al estruendo de sus rugidos. 8 Arremetieron contra él
las gentes de las provincias de alrededor, y extendieron sobre él su red, y en
el foso fue apresado. 9 Y lo pusieron en una jaula y lo llevaron con cadenas,
y lo llevaron al rey de Babilonia; lo pusieron en las fortalezas, para que su
voz no se oyese más sobre los montes de Israel.
10 Tu madre fue como una vid en medio de la viña,
plantada junto a las aguas, dando fruto y echando vástagos a causa de las
muchas aguas. 11 Y ella tuvo varas fuertes para cetros de reyes; y se elevó su
estatura por encima entre las ramas, y fue vista por causa de su altura y la
multitud de sus sarmientos. 12 Pero fue arrancada con ira, derribada en
tierra, y el viento solano secó su fruto; sus ramas fuertes fueron quebradas y
se secaron; las consumió el fuego. 13 Y ahora está plantada en el desierto, en
tierra de sequedad y de aridez. 14 Y ha salido fuego de la vara de sus ramas,
que ha consumido su fruto, y no ha quedado en ella vara fuerte para cetro de
rey.
Endecha es esta, y de endecha servirá.
Modo de proceder de Dios con Israel
EZEQUIEL 20
1 Aconteció en el año séptimo, en el mes quinto, a los
diez días del mes, que vinieron algunos de los ancianos de Israel a consultar
a Jehová, y se sentaron delante de mí. 2 Y vino a mí palabra de Jehová,
diciendo: 3 Hijo de hombre, habla a los ancianos de Israel, y diles: Así ha
dicho Jehová el Señor: ¿A consultarme venís vosotros? Vivo yo, que no os
responderé, dice Jehová el Señor. 4 ¿Quieres tú juzgarlos? ¿Los quieres juzgar
tú, hijo de hombre? Hazles conocer las abominaciones de sus padres, 5 y diles:
Así ha dicho Jehová el Señor: El día que escogí a Israel, y que alcé mi mano
para jurar a la descendencia de la casa de Jacob, cuando me di a conocer a
ellos en la tierra de Egipto, cuando alcé mi mano y les juré diciendo: Yo soy
Jehová vuestro Dios; 6 aquel día que les alcé mi mano, jurando así que los
sacaría de la tierra de Egipto a la tierra que les había provisto, que fluye
leche y miel, la cual es la más hermosa de todas las tierras; 7 entonces les
dije: Cada uno eche de sí las abominaciones de delante de sus ojos, y no os
contaminéis con los ídolos de Egipto. Yo soy Jehová vuestro Dios.
8 Mas ellos se rebelaron contra mí, y no quisieron
obedecerme; no echó de sí cada uno las abominaciones de delante de sus ojos,
ni dejaron los ídolos de Egipto; y dije que derramaría mi ira sobre ellos,
para cumplir mi enojo en ellos en medio de la tierra de Egipto. 9 Con todo, a
causa de mi nombre, para que no se infamase ante los ojos de las naciones en
medio de las cuales estaban, en cuyos ojos fui conocido, actué para sacarlos
de la tierra de Egipto. 10 Los saqué de la tierra de Egipto, y los traje al
desierto, 11 y les di mis estatutos, y les hice conocer mis decretos, por los
cuales el hombre que los cumpliere vivirá. 12 Y les di también mis días de
reposo, para que fuesen por señal entre mí y ellos, para que supiesen que yo
soy Jehová que los santifico. 13 Mas se rebeló contra mí la casa de Israel en
el desierto; no anduvieron en mis estatutos, y desecharon mis decretos, por
los cuales el hombre que los cumpliere, vivirá; y mis días de reposo
profanaron en gran manera; dije, por tanto, que derramaría sobre ellos mi ira
en el desierto para exterminarlos. 14 Pero actué a causa de mi nombre, para
que no se infamase a la vista de las naciones ante cuyos ojos los había
sacado.
15 También yo les alcé mi mano en el desierto, jurando
que no los traería a la tierra que les había dado, que fluye leche y miel, la
cual es la más hermosa de todas las tierras; 16 porque desecharon mis
decretos, y no anduvieron en mis estatutos, y mis días de reposo profanaron,
porque tras sus ídolos iba su corazón. 17 Con todo, los perdonó mi ojo, pues
no los maté, ni los exterminé en el desierto; 18 antes dije en el desierto a
sus hijos: No andéis en los estatutos de vuestros padres, ni guardéis sus
leyes, ni os contaminéis con sus ídolos. 19 Yo soy Jehová vuestro Dios; andad
en mis estatutos, y guardad mis preceptos, y ponedlos por obra; 20 y
santificad mis días de reposo, y sean por señal entre mí y vosotros, para que
sepáis que yo soy Jehová vuestro Dios. 21 Mas los hijos se rebelaron contra
mí; no anduvieron en mis estatutos, ni guardaron mis decretos para ponerlos
por obra, por los cuales el hombre que los cumpliere vivirá; profanaron mis
días de reposo.
Dije entonces que derramaría mi ira sobre ellos, para
cumplir mi enojo en ellos en el desierto. 22 Mas retraje mi mano a causa de mi
nombre, para que no se infamase a la vista de las naciones ante cuyos ojos los
había sacado. 23 También les alcé yo mi mano en el desierto, jurando que los
esparciría entre las naciones, y que los dispersaría por las tierras, 24
porque no pusieron por obra mis decretos, sino que desecharon mis estatutos y
profanaron mis días de reposo, y tras los ídolos de sus padres se les fueron
los ojos. 25 Por eso yo también les di estatutos que no eran buenos, y
decretos por los cuales no podrían vivir. 26 Y los contaminé en sus ofrendas
cuando hacían pasar por el fuego a todo primogénito, para desolarlos y
hacerles saber que yo soy Jehová.
27 Por tanto, hijo de hombre, habla a la casa de Israel,
y diles: Así ha dicho Jehová el Señor: Aun en esto me afrentaron vuestros
padres cuando cometieron rebelión contra mí. 28 Porque yo los traje a la
tierra sobre la cual había alzado mi mano jurando que había de dársela, y
miraron a todo collado alto y a todo árbol frondoso, y allí sacrificaron sus
víctimas, y allí presentaron ofrendas que me irritan, allí pusieron también su
incienso agradable, y allí derramaron sus libaciones. 29 Y yo les dije: ¿Qué
es ese lugar alto adonde vosotros vais? Y fue llamado su nombre Bama hasta el
día de hoy. 30 Di, pues, a la casa de Israel: Así ha dicho Jehová el Señor:
¿No os contamináis vosotros a la manera de vuestros padres, y fornicáis tras
sus abominaciones? 31 Porque ofreciendo vuestras ofrendas, haciendo pasar
vuestros hijos por el fuego, os habéis contaminado con todos vuestros ídolos
hasta hoy; ¿y he de responderos yo, casa de Israel? Vivo yo, dice Jehová el
Señor, que no os responderé.
32 Y no ha de ser lo que habéis pensado. Porque vosotros
decís: Seamos como las naciones, como las demás familias de la tierra, que
sirven al palo y a la piedra.
33 Vivo yo, dice Jehová el Señor, que con mano fuerte y
brazo extendido, y enojo derramado, he de reinar sobre vosotros; 34 y os
sacaré de entre los pueblos, y os reuniré de las tierras en que estáis
esparcidos, con mano fuerte y brazo extendido, y enojo derramado; 35 y os
traeré al desierto de los pueblos, y allí litigaré con vosotros cara a cara.
36 Como litigué con vuestros padres en el desierto de la tierra de Egipto, así
litigaré con vosotros, dice Jehová el Señor. 37 Os haré pasar bajo la vara, y
os haré entrar en los vínculos del pacto; 38 y apartaré de entre vosotros a
los rebeldes, y a los que se rebelaron contra mí; de la tierra de sus
peregrinaciones los sacaré, mas a la tierra de Israel no entrarán; y sabréis
que yo soy Jehová.
39 Y a vosotros, oh casa de Israel, así ha dicho Jehová
el Señor: Andad cada uno tras sus ídolos, y servidles, si es que a mí no me
obedecéis; pero no profanéis más mi santo nombre con vuestras ofrendas y con
vuestros ídolos.
40 Pero en mi santo monte, en el alto monte de Israel,
dice Jehová el Señor, allí me servirá toda la casa de Israel, toda ella en la
tierra; allí los aceptaré, y allí demandaré vuestras ofrendas, y las primicias
de vuestros dones, con todas vuestras cosas consagradas. 41 Como incienso
agradable os aceptaré, cuando os haya sacado de entre los pueblos, y os haya
congregado de entre las tierras en que estáis esparcidos; y seré santificado
en vosotros a los ojos de las naciones. 42 Y sabréis que yo soy Jehová, cuando
os haya traído a la tierra de Israel, la tierra por la cual alcé mi mano
jurando que la daría a vuestros padres. 43 Y allí os acordaréis de vuestros
caminos, y de todos vuestros hechos en que os contaminasteis; y os
aborreceréis a vosotros mismos a causa de todos vuestros pecados que
cometisteis. 44 Y sabréis que yo soy Jehová, cuando haga con vosotros por amor
de mi nombre, no según vuestros caminos malos ni según vuestras perversas
obras, oh casa de Israel, dice Jehová el Señor.
Profecía contra el Neguev
45 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 46 Hijo de
hombre, pon tu rostro hacia el sur, derrama tu palabra hacia la parte austral,
profetiza contra el bosque del Neguev. 47 Y dirás al bosque del Neguev: Oye la
palabra de Jehová: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí que yo enciendo en ti
fuego, el cual consumirá en ti todo árbol verde y todo árbol seco; no se
apagará la llama del fuego; y serán quemados en ella todos los rostros, desde
el sur hasta el norte. 48 Y verá toda carne que yo Jehová lo encendí; no se
apagará. 49 Y dije: ¡Ah, Señor Jehová! ellos dicen de mí: ¿No profiere éste
parábolas?
La espada afilada de Jehová
EZEQUIEL 21
1 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 2 Hijo de
hombre, pon tu rostro contra Jerusalén, y derrama palabra sobre los
santuarios, y profetiza contra la tierra de Israel. 3 Dirás a la tierra de
Israel: Así ha dicho Jehová: He aquí que yo estoy contra ti, y sacaré mi
espada de su vaina, y cortaré de ti al justo y al impío. 4 Y por cuanto he de
cortar de ti al justo y al impío, por tanto, mi espada saldrá de su vaina
contra toda carne, desde el sur hasta el norte. 5 Y sabrá toda carne que yo
Jehová saqué mi espada de su vaina; no la envainaré más. 6 Y tú, hijo de
hombre, gime con quebrantamiento de tus lomos y con amargura; gime delante de
los ojos de ellos. 7 Y cuando te dijeren: ¿Por qué gimes tú? dirás: Por una
noticia que cuando llegue hará que desfallezca todo corazón, y toda mano se
debilitará, y se angustiará todo espíritu, y toda rodilla será débil como el
agua; he aquí que viene, y se hará, dice Jehová el Señor.
8 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 9 Hijo de
hombre, profetiza, y di: Así ha dicho Jehová el Señor: Di: La espada, la
espada está afilada, y también pulida. 10 Para degollar víctimas está afilada,
pulida está para que relumbre. ¿Hemos de alegrarnos? Al cetro de mi hijo ha
despreciado como a un palo cualquiera. 11 Y la dio a pulir para tenerla a
mano; la espada está afilada, y está pulida para entregarla en mano del
matador. 12 Clama y lamenta, oh hijo de hombre; porque ésta será sobre mi
pueblo, será ella sobre todos los príncipes de Israel; caerán ellos a espada
juntamente con mi pueblo; hiere, pues, tu muslo; 13 porque está probado. ¿Y
qué, si la espada desprecia aun al cetro? El no será más, dice Jehová el
Señor.
14 Tú, pues, hijo de hombre, profetiza, y bate una mano
contra otra, y duplíquese y triplíquese el furor de la espada homicida; esta
es la espada de la gran matanza que los traspasará, 15 para que el corazón
desmaye, y los estragos se multipliquen; en todas las puertas de ellos he
puesto espanto de espada. ¡Ah! dispuesta está para que relumbre, y preparada
para degollar. 16 Corta a la derecha, hiere a la izquierda, adonde quiera que
te vuelvas. 17 Y yo también batiré mi mano contra mi mano, y haré reposar mi
ira. Yo Jehová he hablado.
18 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 19 Tú, hijo de
hombre, traza dos caminos por donde venga la espada del rey de Babilonia; de
una misma tierra salgan ambos; y pon una señal al comienzo de cada camino, que
indique la ciudad adonde va. 20 El camino señalarás por donde venga la espada
a Rabá de los hijos de Amón, y a Judá contra Jerusalén, la ciudad fortificada.
21 Porque el rey de Babilonia se ha detenido en una encrucijada, al principio
de los dos caminos, para usar de adivinación; ha sacudido las saetas, consultó
a sus ídolos, miró el hígado. 22 La adivinación señaló a su mano derecha,
sobre Jerusalén, para dar la orden de ataque, para dar comienzo a la matanza,
para levantar la voz en grito de guerra, para poner arietes contra las
puertas, para levantar vallados, y edificar torres de sitio. 23 Mas para ellos
esto será como adivinación mentirosa, ya que les ha hecho solemnes juramentos;
pero él trae a la memoria la maldad de ellos, para apresarlos.
24 Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor: Por cuanto
habéis hecho traer a la memoria vuestras maldades, manifestando vuestras
traiciones, y descubriendo vuestros pecados en todas vuestras obras; por
cuanto habéis venido en memoria, seréis entregados en su mano. 25 Y tú,
profano e impío príncipe de Israel, cuyo día ha llegado ya, el tiempo de la
consumación de la maldad, 26 así ha dicho Jehová el Señor: Depón la tiara,
quita la corona; esto no será más así; sea exaltado lo bajo, y humillado lo
alto. 27 A ruina, a ruina, a ruina lo reduciré, y esto no será más, hasta que
venga aquel cuyo es el derecho, y yo se lo entregaré.
Juicio contra los amonitas
28 Y tú, hijo de hombre, profetiza, y dí: Así ha dicho
Jehová el Señor acerca de los hijos de Amón, y de su oprobio. Dirás, pues: La
espada, la espada está desenvainada para degollar; para consumir está pulida
con resplandor. 29 Te profetizan vanidad, te adivinan mentira, para que la
emplees sobre los cuellos de los malos sentenciados a muerte, cuyo día vino en
el tiempo de la consumación de la maldad. 30 ¿La volveré a su vaina? En el
lugar donde te criaste, en la tierra donde has vivido, te juzgaré, 31 y
derramaré sobre ti mi ira; el fuego de mi enojo haré encender sobre ti, y te
entregaré en mano de hombres temerarios, artífices de destrucción. 32 Serás
pasto del fuego, se empapará la tierra de tu sangre; no habrá más memoria de
ti, porque yo Jehová he hablado.
Los pecados de Jerusalén
EZEQUIEL 22
1 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 2 Tú, hijo de
hombre, ¿no juzgarás tú, no juzgarás tú a la ciudad derramadora de sangre, y
le mostrarás todas sus abominaciones? 3 Dirás, pues: Así ha dicho Jehová el
Señor: ¡Ciudad derramadora de sangre en medio de sí, para que venga su hora, y
que hizo ídolos contra sí misma para contaminarse! 4 En tu sangre que
derramaste has pecado, y te has contaminado en tus ídolos que hiciste; y has
hecho acercar tu día, y has llegado al término de tus años; por tanto, te he
dado en oprobio a las naciones, y en escarnio a todas las tierras. 5 Las que
están cerca de ti y las que están lejos se reirán de ti, amancillada de
nombre, y de grande turbación.
6 He aquí que los príncipes de Israel, cada uno según su
poder, se esfuerzan en derramar sangre. 7 Al padre y a la madre despreciaron
en ti; al extranjero trataron con violencia en medio de ti; al huérfano y a la
viuda despojaron en ti. 8 Mis santuarios menospreciaste, y mis días de reposo
has profanado. 9 Calumniadores hubo en ti para derramar sangre; y sobre los
montes comieron en ti; hicieron en medio de ti perversidades. 10 La desnudez
del padre descubrieron en ti, y en ti hicieron violencia a la que estaba
inmunda por su menstruo. 11 Cada uno hizo abominación con la mujer de su
prójimo, cada uno contaminó pervertidamente a su nuera, y cada uno violó en ti
a su hermana, hija de su padre. 12 Precio recibieron en ti para derramar
sangre; interés y usura tomaste, y a tus prójimos defraudaste con violencia;
te olvidaste de mí, dice Jehová el Señor.
13 Y he aquí que batí mis manos a causa de tu avaricia
que cometiste, y a causa de la sangre que derramaste en medio de ti. 14
¿Estará firme tu corazón? ¿Serán fuertes tus manos en los días en que yo
proceda contra ti? Yo Jehová he hablado, y lo haré. 15 Te dispersaré por las
naciones, y te esparciré por las tierras; y haré fenecer de ti tu inmundicia.
16 Y por ti misma serás degradada a la vista de las naciones; y sabrás que yo
soy Jehová.
17 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 18 Hijo de
hombre, la casa de Israel se me ha convertido en escoria; todos ellos son
bronce y estaño y hierro y plomo en medio del horno; y en escorias de plata se
convirtieron. 19 Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor: Por cuanto todos
vosotros os habéis convertido en escorias, por tanto, he aquí que yo os
reuniré en medio de Jerusalén. 20 Como quien junta plata y bronce y hierro y
plomo y estaño en medio del horno, para encender fuego en él para fundirlos,
así os juntaré en mi furor y en mi ira, y os pondré allí, y os fundiré. 21 Yo
os juntaré y soplaré sobre vosotros en el fuego de mi furor, y en medio de él
seréis fundidos. 22 Como se funde la plata en medio del horno, así seréis
fundidos en medio de él; y sabréis que yo Jehová habré derramado mi enojo
sobre vosotros.
23 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 24 Hijo de
hombre, di a ella: Tú no eres tierra limpia, ni rociada con lluvia en el día
del furor. 25 Hay conjuración de sus profetas en medio de ella, como león
rugiente que arrebata presa; devoraron almas, tomaron haciendas y honra,
multiplicaron sus viudas en medio de ella. 26 Sus sacerdotes violaron mi ley,
y contaminaron mis santuarios; entre lo santo y lo profano no hicieron
diferencia, ni distinguieron entre inmundo y limpio; y de mis días de reposo
apartaron sus ojos, y yo he sido profanado en medio de ellos. 27 Sus príncipes
en medio de ella son como lobos que arrebatan presa, derramando sangre, para
destruir las almas, para obtener ganancias injustas. 28 Y sus profetas
recubrían con lodo suelto, profetizándoles vanidad y adivinándoles mentira,
diciendo: Así ha dicho Jehová el Señor; y Jehová no había hablado. 29 El
pueblo de la tierra usaba de opresión y cometía robo, al afligido y
menesteroso hacía violencia, y al extranjero oprimía sin derecho. 30 Y busqué
entre ellos hombre que hiciese vallado y que se pusiese en la brecha delante
de mí, a favor de la tierra, para que yo no la destruyese; y no lo hallé. 31
Por tanto, derramé sobre ellos mi ira; con el ardor de mi ira los consumí;
hice volver el camino de ellos sobre su propia cabeza, dice Jehová el Señor.
Las dos hermanas
EZEQUIEL 23
1 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 2 Hijo de
hombre, hubo dos mujeres, hijas de una madre, 3 las cuales fornicaron en
Egipto; en su juventud fornicaron. Allí fueron apretados sus pechos, allí
fueron estrujados sus pechos virginales. 4 Y se llamaban, la mayor, Ahola, y
su hermana, Aholiba; las cuales llegaron a ser mías, y dieron a luz hijos e
hijas. Y se llamaron: Samaria, Ahola; y Jerusalén, Aholiba.
5 Y Ahola cometió fornicación aun estando en mi poder; y
se enamoró de sus amantes los asirios, vecinos suyos, 6 vestidos de púrpura,
gobernadores y capitanes, jóvenes codiciables todos ellos, jinetes que iban a
caballo. 7 Y se prostituyó con ellos, con todos los más escogidos de los hijos
de los asirios, y con todos aquellos de quienes se enamoró; se contaminó con
todos los ídolos de ellos. 8 Y no dejó sus fornicaciones de Egipto; porque con
ella se echaron en su juventud, y ellos comprimieron sus pechos virginales, y
derramaron sobre ella su fornicación. 9 Por lo cual la entregué en mano de sus
amantes, en mano de los hijos de los asirios, de quienes se había enamorado.
10 Ellos descubrieron su desnudez, tomaron sus hijos y sus hijas, y a ella
mataron a espada; y vino a ser famosa entre las mujeres, pues en ella hicieron
escarmiento.
11 Y lo vio su hermana Aholiba, y enloqueció de lujuria
más que ella; y sus fornicaciones fueron más que las fornicaciones de su
hermana. 12 Se enamoró de los hijos de los asirios sus vecinos, gobernadores y
capitanes, vestidos de ropas y armas excelentes, jinetes que iban a caballo,
todos ellos jóvenes codiciables. 13 Y vi que se había contaminado; un mismo
camino era el de ambas. 14 Y aumentó sus fornicaciones; pues cuando vio a
hombres pintados en la pared, imágenes de caldeos pintadas de color, 15
ceñidos por sus lomos con talabartes, y tiaras de colores en sus cabezas,
teniendo todos ellos apariencia de capitanes, a la manera de los hombres de
Babilonia, de Caldea, tierra de su nacimiento, 16 se enamoró de ellos a
primera vista, y les envió mensajeros a la tierra de los caldeos. 17 Así,
pues, se llegaron a ella los hombres de Babilonia en su lecho de amores, y la
contaminaron, y ella también se contaminó con ellos, y su alma se hastió de
ellos. 18 Así hizo patentes sus fornicaciones y descubrió sus desnudeces, por
lo cual mi alma se hastió de ella, como se había ya hastiado mi alma de su
hermana. 19 Aun multiplicó sus fornicaciones, trayendo en memoria los días de
su juventud, en los cuales había fornicado en la tierra de Egipto. 20 Y se
enamoró de sus rufianes, cuya lujuria es como el ardor carnal de los asnos, y
cuyo flujo como flujo de caballos. 21 Así trajiste de nuevo a la memoria la
lujuria de tu juventud, cuando los egipcios comprimieron tus pechos, los
pechos de tu juventud.
22 Por tanto, Aholiba, así ha dicho Jehová el Señor: He
aquí que yo suscitaré contra ti a tus amantes, de los cuales se hastió tu
alma, y les haré venir contra ti en derredor; 23 los de Babilonia, y todos los
caldeos, los de Pecod, Soa y Coa, y todos los de Asiria con ellos; jóvenes
codiciables, gobernadores y capitanes, nobles y varones de renombre, que
montan a caballo todos ellos. 24 Y vendrán contra ti carros, carretas y
ruedas, y multitud de pueblos. Escudos, paveses y yelmos pondrán contra ti en
derredor; y yo pondré delante de ellos el juicio, y por sus leyes te juzgarán.
25 Y pondré mi celo contra ti, y procederán contigo con furor; te quitarán tu
nariz y tus orejas, y lo que te quedare caerá a espada. Ellos tomarán a tus
hijos y a tus hijas, y tu remanente será consumido por el fuego. 26 Y te
despojarán de tus vestidos, y te arrebatarán todos los adornos de tu
hermosura. 27 Y haré cesar de ti tu lujuria, y tu fornicación de la tierra de
Egipto; y no levantarás ya más a ellos tus ojos, ni nunca más te acordarás de
Egipto. 28 Porque así ha dicho Jehová el Señor: He aquí, yo te entrego en mano
de aquellos que aborreciste, en mano de aquellos de los cuales se hastió tu
alma; 29 los cuales procederán contigo con odio, y tomarán todo el fruto de tu
labor, y te dejarán desnuda y descubierta; y se descubrirá la inmundicia de
tus fornicaciones, y tu lujuria y tu prostitución. 30 Estas cosas se harán
contigo porque fornicaste en pos de las naciones, con las cuales te
contaminaste en sus ídolos. 31 En el camino de tu hermana anduviste; yo, pues,
pondré su cáliz en tu mano.
32 Así ha dicho Jehová el Señor: Beberás el hondo y ancho
cáliz de tu hermana, que es de gran capacidad; de ti se mofarán las naciones,
y te escarnecerán. 33 Serás llena de embriaguez y de dolor por el cáliz de
soledad y de desolación, por el cáliz de tu hermana Samaria. 34 Lo beberás,
pues, y lo agotarás, y quebrarás sus tiestos; y rasgarás tus pechos, porque yo
he hablado, dice Jehová el Señor. 35 Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor:
Por cuanto te has olvidado de mí, y me has echado tras tus espaldas, por eso,
lleva tú también tu lujuria y tus fornicaciones.
36 Y me dijo Jehová: Hijo de hombre, ¿no juzgarás tú a
Ahola y a Aholiba, y les denunciarás sus abominaciones? 37 Porque han
adulterado, y hay sangre en sus manos, y han fornicado con sus ídolos; y aun a
sus hijos que habían dado a luz para mí, hicieron pasar por el fuego,
quemándolos. 38 Aun esto más me hicieron: contaminaron mi santuario en aquel
día, y profanaron mis días de reposo. 39 Pues habiendo sacrificado sus hijos a
sus ídolos, entraban en mi santuario el mismo día para contaminarlo; y he
aquí, así hicieron en medio de mi casa. 40 Además, enviaron por hombres que
viniesen de lejos, a los cuales había sido enviado mensajero, y he aquí
vinieron; y por amor de ellos te lavaste, y pintaste tus ojos, y te ataviaste
con adornos; 41 y te sentaste sobre suntuoso estrado, y fue preparada mesa
delante de él, y sobre ella pusiste mi incienso y mi aceite. 42 Y se oyó en
ella voz de compañía que se solazaba con ella; y con los varones de la gente
común fueron traídos los sabeos del desierto, y pusieron pulseras en sus
manos, y bellas coronas sobre sus cabezas.
43 Y dije respecto de la envejecida en adulterios:
¿Todavía cometerán fornicaciones con ella, y ella con ellos? 44 Porque han
venido a ella como quien viene a mujer ramera; así vinieron a Ahola y a
Aholiba, mujeres depravadas. 45 Por tanto, hombres justos las juzgarán por la
ley de las adúlteras, y por la ley de las que derraman sangre; porque son
adúlteras, y sangre hay en sus manos.
46 Por lo que así ha dicho Jehová el Señor: Yo haré subir
contra ellas tropas, las entregaré a turbación y a rapiña, 47 y las turbas las
apedrearán, y las atravesarán con sus espadas; matarán a sus hijos y a sus
hijas, y sus casas consumirán con fuego. 48 Y haré cesar la lujuria de la
tierra, y escarmentarán todas las mujeres, y no harán según vuestras
perversidades. 49 Y sobre vosotras pondrán vuestras perversidades, y pagaréis
los pecados de vuestra idolatría; y sabréis que yo soy Jehová el Señor.
Parábola de la olla hirviente
EZEQUIEL 24
1 Vino a mí palabra de Jehová en el año noveno, en el mes
décimo, a los diez días del mes, diciendo: 2 Hijo de hombre, escribe la fecha
de este día; el rey de Babilonia puso sitio a Jerusalén este mismo día. 3 Y
habla por parábola a la casa rebelde, y diles: Así ha dicho Jehová el Señor:
Pon una olla, ponla, y echa también en ella agua; 4 junta sus piezas de carne
en ella; todas buenas piezas, pierna y espalda; llénala de huesos escogidos. 5
Toma una oveja escogida, y también enciende los huesos debajo de ella; haz que
hierva bien; cuece también sus huesos dentro de ella.
6 Pues así ha dicho Jehová el Señor: ¡Ay de la ciudad de
sangres, de la olla herrumbrosa cuya herrumbre no ha sido quitada! Por sus
piezas, por sus piezas sácala, sin echar suerte sobre ella. 7 Porque su sangre
está en medio de ella; sobre una piedra alisada la ha derramado; no la derramó
sobre la tierra para que fuese cubierta con polvo. 8 Habiendo, pues, hecho
subir la ira para hacer venganza, yo pondré su sangre sobre la dura piedra,
para que no sea cubierta. 9 Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor: ¡Ay de la
ciudad de sangres! Pues también haré yo gran hoguera, 10 multiplicando la
leña, y encendiendo el fuego para consumir la carne y hacer la salsa; y los
huesos serán quemados. 11 Asentando después la olla vacía sobre sus brasas,
para que se caldee, y se queme su fondo, y se funda en ella su suciedad, y se
consuma su herrumbre. 12 En vano se cansó, y no salió de ella su mucha
herrumbre. Sólo en fuego será su herrumbre consumida. 13 En tu inmunda lujuria
padecerás, porque te limpié, y tú no te limpiaste de tu inmundicia; nunca más
te limpiarás, hasta que yo sacie mi ira sobre ti. 14 Yo Jehová he hablado;
vendrá, y yo lo haré. No me volveré atrás, ni tendré misericordia, ni me
arrepentiré; según tus caminos y tus obras te juzgarán, dice Jehová el Señor.
Muerte de la esposa de Ezequiel
15 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 16 Hijo de
hombre, he aquí que yo te quito de golpe el deleite de tus ojos; no endeches,
ni llores, ni corran tus lágrimas. 17 Reprime el suspirar, no hagas luto de
mortuorios; ata tu turbante sobre ti, y pon tus zapatos en tus pies, y no te
cubras con rebozo, ni comas pan de enlutados. 18 Hablé al pueblo por la
mañana, y a la tarde murió mi mujer; y a la mañana hice como me fue mandado.
19 Y me dijo el pueblo: ¿No nos enseñarás qué significan
para nosotros estas cosas que haces? 20 Y yo les dije: La palabra de Jehová
vino a mí, diciendo: 21 Di a la casa de Israel: Así ha dicho Jehová el Señor:
He aquí yo profano mi santuario, la gloria de vuestro poderío, el deseo de
vuestros ojos y el deleite de vuestra alma; y vuestros hijos y vuestras hijas
que dejasteis caerán a espada. 22 Y haréis de la manera que yo hice; no os
cubriréis con rebozo, ni comeréis pan de hombres en luto. 23 Vuestros
turbantes estarán sobre vuestras cabezas, y vuestros zapatos en vuestros pies;
no endecharéis ni lloraréis, sino que os consumiréis a causa de vuestras
maldades, y gemiréis unos con otros. 24 Ezequiel, pues, os será por señal;
según todas las cosas que él hizo, haréis; cuando esto ocurra, entonces
sabréis que yo soy Jehová el Señor.
25 Y tú, hijo de hombre, el día que yo arrebate a ellos
su fortaleza, el gozo de su gloria, el deleite de sus ojos y el anhelo de sus
almas, y también sus hijos y sus hijas, 26 ese día vendrá a ti uno que haya
escapado para traer las noticias. 27 En aquel día se abrirá tu boca para
hablar con el fugitivo, y hablarás, y no estarás más mudo; y les serás por
señal, y sabrán que yo soy Jehová.
Profecía contra Amón
EZEQUIEL 25
1 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 2 Hijo de
hombre, pon tu rostro hacia los hijos de Amón, y profetiza contra ellos. 3 Y
dirás a los hijos de Amón: Oíd palabra de Jehová el Señor. Así dice Jehová el
Señor: Por cuanto dijiste: ¡Ea, bien!, cuando mi santuario era profanado, y la
tierra de Israel era asolada, y llevada en cautiverio la casa de Judá; 4 por
tanto, he aquí yo te entrego por heredad a los orientales, y pondrán en ti sus
apriscos y plantarán en ti sus tiendas; ellos comerán tus sementeras, y
beberán tu leche. 5 Y pondré a Rabá por habitación de camellos, y a los hijos
de Amón por majada de ovejas; y sabréis que yo soy Jehová. 6 Porque así ha
dicho Jehová el Señor: Por cuanto batiste tus manos, y golpeaste con tu pie, y
te gozaste en el alma con todo tu menosprecio para la tierra de Israel, 7 por
tanto, he aquí yo extenderé mi mano contra ti, y te entregaré a las naciones
para ser saqueada; te cortaré de entre los pueblos, y te destruiré de entre
las tierras; te exterminaré, y sabrás que yo soy Jehová.
Profecía contra Moab
8 Así ha dicho Jehová el Señor: Por cuanto dijo Moab y
Seir: He aquí la casa de Judá es como todas las naciones; 9 por tanto, he aquí
yo abro el lado de Moab desde las ciudades, desde sus ciudades que están en su
confín, las tierras deseables de Bet-jesimot, Baal-meón y Quiriataim, 10 a los
hijos del oriente contra los hijos de Amón; y la entregaré por heredad, para
que no haya más memoria de los hijos de Amón entre las naciones. 11 También en
Moab haré juicios, y sabrán que yo soy Jehová.
Profecía contra Edom
12 Así ha dicho Jehová el Señor: Por lo que hizo Edom,
tomando venganza de la casa de Judá, pues delinquieron en extremo, y se
vengaron de ellos; 13 por tanto, así ha dicho Jehová el Señor: Yo también
extenderé mi mano sobre Edom, y cortaré de ella hombres y bestias, y la
asolaré; desde Temán hasta Dedán caerán a espada. 14 Y pondré mi venganza
contra Edom en manos de mi pueblo Israel, y harán en Edom según mi enojo y
conforme a mi ira; y conocerán mi venganza, dice Jehová el Señor.
Profecía contra los filisteos
15 Así ha dicho Jehová el Señor: Por lo que hicieron los
filisteos con venganza, cuando se vengaron con despecho de ánimo, destruyendo
por antiguas enemistades; 16 por tanto, así ha dicho Jehová: He aquí yo
extiendo mi mano contra los filisteos, y cortaré a los cereteos, y destruiré
el resto que queda en la costa del mar. 17 Y haré en ellos grandes venganzas
con reprensiones de ira; y sabrán que yo soy Jehová, cuando haga mi venganza
en ellos.
Profecía contra Tiro
EZEQUIEL 26
1 Aconteció en el undécimo año, en el día primero del
mes, que vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 2 Hijo de hombre, por cuanto
dijo Tiro contra Jerusalén: Ea, bien; quebrantada está la que era puerta de
las naciones; a mí se volvió; yo seré llena, y ella desierta; 3 por tanto, así
ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo estoy contra ti, oh Tiro, y haré subir
contra ti muchas naciones, como el mar hace subir sus olas. 4 Y demolerán los
muros de Tiro, y derribarán sus torres; y barreré de ella hasta su polvo, y la
dejaré como una peña lisa. 5 Tendedero de redes será en medio del mar, porque
yo he hablado, dice Jehová el Señor; y será saqueada por las naciones. 6 Y sus
hijas que están en el campo serán muertas a espada; y sabrán que yo soy
Jehová.
7 Porque así ha dicho Jehová el Señor: He aquí que del
norte traigo yo contra Tiro a Nabucodonosor rey de Babilonia, rey de reyes,
con caballos y carros y jinetes, y tropas y mucho pueblo. 8 Matará a espada a
tus hijas que están en el campo, y pondrá contra ti torres de sitio, y
levantará contra ti baluarte, y escudo afirmará contra ti. 9 Y pondrá contra
ti arietes, contra tus muros, y tus torres destruirá con hachas. 10 Por la
multitud de sus caballos te cubrirá el polvo de ellos; con el estruendo de su
caballería y de las ruedas y de los carros, temblarán tus muros, cuando entre
por tus puertas como por portillos de ciudad destruida. 11 Con los cascos de
sus caballos hollará todas tus calles; a tu pueblo matará a filo de espada, y
tus fuertes columnas caerán a tierra. 12 Y robarán tus riquezas y saquearán
tus mercaderías; arruinarán tus muros, y tus casas preciosas destruirán; y
pondrán tus piedras y tu madera y tu polvo en medio de las aguas. 13 Y haré
cesar el estrépito de tus canciones, y no se oirá más el son de tus cítaras.
14 Y te pondré como una peña lisa; tendedero de redes serás, y nunca más serás
edificada; porque yo Jehová he hablado, dice Jehová el Señor.
15 Así ha dicho Jehová el Señor a Tiro: ¿No se
estremecerán las costas al estruendo de tu caída, cuando griten los heridos,
cuando se haga la matanza en medio de ti? 16 Entonces todos los príncipes del
mar descenderán de sus tronos, y se quitarán sus mantos, y desnudarán sus
ropas bordadas; de espanto se vestirán, se sentarán sobre la tierra, y
temblarán a cada momento, y estarán atónitos sobre ti. 17 Y levantarán sobre
ti endechas, y te dirán: ¿Cómo pereciste tú, poblada por gente de mar, ciudad
que era alabada, que era fuerte en el mar, ella y sus habitantes, que
infundían terror a todos los que la rodeaban? 18 Ahora se estremecerán las
islas en el día de tu caída; sí, las islas que están en el mar se espantarán a
causa de tu fin.
19 Porque así ha dicho Jehová el Señor: Yo te convertiré
en ciudad asolada, como las ciudades que no se habitan; haré subir sobre ti el
abismo, y las muchas aguas te cubrirán. 20 Y te haré descender con los que
descienden al sepulcro, con los pueblos de otros siglos, y te pondré en las
profundidades de la tierra, como los desiertos antiguos, con los que
descienden al sepulcro, para que nunca más seas poblada; y daré gloria en la
tierra de los vivientes. 21 Te convertiré en espanto, y dejarás de ser; serás
buscada, y nunca más serás hallada, dice Jehová el Señor.
EZEQUIEL 27
1 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 2 Tú, hijo de
hombre, levanta endechas sobre Tiro. 3 Dirás a Tiro, que está asentada a las
orillas del mar, la que trafica con los pueblos de muchas costas: Así ha dicho
Jehová el Señor: Tiro, tú has dicho: Yo soy de perfecta hermosura. 4 En el
corazón de los mares están tus confines; los que te edificaron completaron tu
belleza. 5 De hayas del monte Senir te fabricaron todo el maderaje; tomaron
cedros del Líbano para hacerte el mástil. 6 De encinas de Basán hicieron tus
remos; tus bancos de pino de las costas de Quitim, incrustados de marfil. 7 De
lino fino bordado de Egipto era tu cortina, para que te sirviese de vela; de
azul y púrpura de las costas de Elisa era tu pabellón. 8 Los moradores de
Sidón y de Arvad fueron tus remeros; tus sabios, oh Tiro, estaban en ti; ellos
fueron tus pilotos. 9 Los ancianos de Gebal y sus más hábiles obreros
calafateaban tus junturas; todas las naves del mar y los remeros de ellas
fueron a ti para negociar, para participar de tus negocios.
10 Persas y los de Lud y Fut fueron en tu ejército tus
hombres de guerra; escudos y yelmos colgaron en ti; ellos te dieron tu
esplendor. 11 Y los hijos de Arvad con tu ejército estuvieron sobre tus muros
alrededor, y los gamadeos en tus torres; sus escudos colgaron sobre tus muros
alrededor; ellos completaron tu hermosura.
12 Tarsis comerciaba contigo por la abundancia de todas
tus riquezas; con plata, hierro, estaño y plomo comerciaba en tus ferias. 13
Javán, Tubal y Mesec comerciaban también contigo; con hombres y con utensilios
de bronce comerciaban en tus ferias. 14 Los de la casa de Togarma, con
caballos y corceles de guerra y mulos, comerciaban en tu mercado. 15 Los hijos
de Dedán traficaban contigo; muchas costas tomaban mercadería de tu mano;
colmillos de marfil y ébano te dieron por sus pagos. 16 Edom traficaba contigo
por la multitud de tus productos; con perlas, púrpura, vestidos bordados,
linos finos, corales y rubíes venía a tus ferias. 17 Judá y la tierra de
Israel comerciaban contigo; con trigos de Minit y Panag, miel, aceite y resina
negociaban en tus mercados. 18 Damasco comerciaba contigo por tus muchos
productos, por la abundancia de toda riqueza; con vino de Helbón y lana blanca
negociaban. 19 Asimismo Dan y el errante Javán vinieron a tus ferias, para
negociar en tu mercado con hierro labrado, mirra destilada y caña aromática.
20 Dedán comerciaba contigo en paños preciosos para carros. 21 Arabia y todos
los príncipes de Cedar traficaban contigo en corderos y carneros y machos
cabríos; en estas cosas fueron tus mercaderes. 22 Los mercaderes de Sabá y de
Raama fueron también tus mercaderes; con lo principal de toda especiería, y
toda piedra preciosa, y oro, vinieron a tus ferias. 23 Harán, Cane, Edén, y
los mercaderes de Sabá, de Asiria y de Quilmad, contrataban contigo. 24 Estos
mercaderes tuyos negociaban contigo en varias cosas; en mantos de azul y
bordados, y en cajas de ropas preciosas, enlazadas con cordones, y en madera
de cedro.
25 Las naves de Tarsis eran como tus caravanas que traían
tus mercancías; así llegaste a ser opulenta, te multiplicaste en gran manera
en medio de los mares. 26 En muchas aguas te engolfaron tus remeros; viento
solano te quebrantó en medio de los mares. 27 Tus riquezas, tus mercaderías,
tu tráfico, tus remeros, tus pilotos, tus calafateadores y los agentes de tus
negocios, y todos tus hombres de guerra que hay en ti, con toda tu compañía
que en medio de ti se halla, caerán en medio de los mares el día de tu caída.
28 Al estrépito de las voces de tus marineros temblarán las costas. 29
Descenderán de sus naves todos los que toman remo; remeros y todos los pilotos
del mar se quedarán en tierra, 30 y harán oír su voz sobre ti, y gritarán
amargamente, y echarán polvo sobre sus cabezas, y se revolcarán en ceniza. 31
Se raerán por ti los cabellos, se ceñirán de cilicio, y endecharán por ti
endechas amargas, con amargura del alma. 32 Y levantarán sobre ti endechas en
sus lamentaciones, y endecharán sobre ti, diciendo: ¿Quién como Tiro, como la
destruida en medio del mar? 33 Cuando tus mercaderías salían de las naves,
saciabas a muchos pueblos; a los reyes de la tierra enriqueciste con la
multitud de tus riquezas y de tu comercio. 34 En el tiempo en que seas
quebrantada por los mares en lo profundo de las aguas, tu comercio y toda tu
compañía caerán en medio de ti. 35 Todos los moradores de las costas se
maravillarán sobre ti, y sus reyes temblarán de espanto; demudarán sus
rostros. 36 Los mercaderes en los pueblos silbarán contra ti; vendrás a ser
espanto, y para siempre dejarás de ser.
EZEQUIEL 28
1 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 2 Hijo de
hombre, di al príncipe de Tiro: Así ha dicho Jehová el Señor: Por cuanto se
enalteció tu corazón, y dijiste: Yo soy un dios, en el trono de Dios estoy
sentado en medio de los mares (siendo tú hombre y no Dios), y has puesto tu
corazón como corazón de Dios; 3 he aquí que tú eres más sabio que Daniel; no
hay secreto que te sea oculto. 4 Con tu sabiduría y con tu prudencia has
acumulado riquezas, y has adquirido oro y plata en tus tesoros. 5 Con la
grandeza de tu sabiduría en tus contrataciones has multiplicado tus riquezas;
y a causa de tus riquezas se ha enaltecido tu corazón. 6 Por tanto, así ha
dicho Jehová el Señor: Por cuanto pusiste tu corazón como corazón de Dios, 7
por tanto, he aquí yo traigo sobre ti extranjeros, los fuertes de las
naciones, que desenvainarán sus espadas contra la hermosura de tu sabiduría, y
mancharán tu esplendor. 8 Al sepulcro te harán descender, y morirás con la
muerte de los que mueren en medio de los mares. 9 ¿Hablarás delante del que te
mate, diciendo: Yo soy Dios? Tú, hombre eres, y no Dios, en la mano de tu
matador. 10 De muerte de incircuncisos morirás por mano de extranjeros; porque
yo he hablado, dice Jehová el Señor.
11 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 12 Hijo de
hombre, levanta endechas sobre el rey de Tiro, y dile: Así ha dicho Jehová el
Señor: Tú eras el sello de la perfección, lleno de sabiduría, y acabado de
hermosura. 13 En Edén, en el huerto de Dios estuviste; de toda piedra preciosa
era tu vestidura; de cornerina, topacio, jaspe, crisólito, berilo y ónice; de
zafiro, carbunclo, esmeralda y oro; los primores de tus tamboriles y flautas
estuvieron preparados para ti en el día de tu creación. 14 Tú, querubín
grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios, allí estuviste; en
medio de las piedras de fuego te paseabas. 15 Perfecto eras en todos tus
caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad. 16 A
causa de la multitud de tus contrataciones fuiste lleno de iniquidad, y
pecaste; por lo que yo te eché del monte de Dios, y te arrojé de entre las
piedras del fuego, oh querubín protector. 17 Se enalteció tu corazón a causa
de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor; yo te
arrojaré por tierra; delante de los reyes te pondré para que miren en ti. 18
Con la multitud de tus maldades y con la iniquidad de tus contrataciones
profanaste tu santuario; yo, pues, saqué fuego de en medio de ti, el cual te
consumió, y te puse en ceniza sobre la tierra a los ojos de todos los que te
miran. 19 Todos los que te conocieron de entre los pueblos se maravillarán
sobre ti; espanto serás, y para siempre dejarás de ser.
Profecía contra Sidón
20 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 21 Hijo de
hombre, pon tu rostro hacia Sidón, y profetiza contra ella, 22 y dirás: Así ha
dicho Jehová el Señor: He aquí yo estoy contra ti, oh Sidón, y en medio de ti
seré glorificado; y sabrán que yo soy Jehová, cuando haga en ella juicios, y
en ella me santifique. 23 Enviaré a ella pestilencia y sangre en sus calles, y
caerán muertos en medio de ella, con espada contra ella por todos lados; y
sabrán que yo soy Jehová.
24 Y nunca más será a la casa de Israel espina
desgarradora, ni aguijón que le dé dolor, en medio de cuantos la rodean y la
menosprecian; y sabrán que yo soy Jehová.
25 Así ha dicho Jehová el Señor: Cuando recoja a la casa
de Israel de los pueblos entre los cuales está esparcida, entonces me
santificaré en ellos ante los ojos de las naciones, y habitarán en su tierra,
la cual di a mi siervo Jacob. 26 Y habitarán en ella seguros, y edificarán
casas, y plantarán viñas, y vivirán confiadamente, cuando yo haga juicios en
todos los que los despojan en sus alrededores; y sabrán que yo soy Jehová su
Dios.
Profecías contra Egipto
EZEQUIEL 29
1 En el año décimo, en el mes décimo, a los doce días del
mes, vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 2 Hijo de hombre, pon tu rostro
contra Faraón rey de Egipto, y profetiza contra él y contra todo Egipto. 3
Habla, y di: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo estoy contra ti, Faraón
rey de Egipto, el gran dragón que yace en medio de sus ríos, el cual dijo: Mío
es el Nilo, pues yo lo hice. 4 Yo, pues, pondré garfios en tus quijadas, y
pegaré los peces de tus ríos a tus escamas, y te sacaré de en medio de tus
ríos, y todos los peces de tus ríos saldrán pegados a tus escamas. 5 Y te
dejaré en el desierto a ti y a todos los peces de tus ríos; sobre la faz del
campo caerás; no serás recogido, ni serás juntado; a las fieras de la tierra y
a las aves del cielo te he dado por comida.
6 Y sabrán todos los moradores de Egipto que yo soy
Jehová, por cuanto fueron báculo de caña a la casa de Israel. 7 Cuando te
tomaron con la mano, te quebraste, y les rompiste todo el hombro; y cuando se
apoyaron en ti, te quebraste, y les rompiste sus lomos enteramente.
8 Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor: He aquí que yo
traigo contra ti espada, y cortaré de ti hombres y bestias. 9 Y la tierra de
Egipto será asolada y desierta, y sabrán que yo soy Jehová; por cuanto dijo:
El Nilo es mío, y yo lo hice. 10 Por tanto, he aquí yo estoy contra ti, y
contra tus ríos; y pondré la tierra de Egipto en desolación, en la soledad del
desierto, desde Migdol hasta Sevene, hasta el límite de Etiopía. 11 No pasará
por ella pie de hombre, ni pie de animal pasará por ella, ni será habitada,
por cuarenta años. 12 Y pondré a la tierra de Egipto en soledad entre las
tierras asoladas, y sus ciudades entre las ciudades destruidas estarán
desoladas por cuarenta años; y esparciré a Egipto entre las naciones, y lo
dispersaré por las tierras.
13 Porque así ha dicho Jehová el Señor: Al fin de
cuarenta años recogeré a Egipto de entre los pueblos entre los cuales fueren
esparcidos; 14 y volveré a traer los cautivos de Egipto, y los llevaré a la
tierra de Patros, a la tierra de su origen; y allí serán un reino
despreciable. 15 En comparación con los otros reinos será humilde; nunca más
se alzará sobre las naciones; porque yo los disminuiré, para que no vuelvan a
tener dominio sobre las naciones. 16 Y no será ya más para la casa de Israel
apoyo de confianza, que les haga recordar el pecado de mirar en pos de ellos;
y sabrán que yo soy Jehová el Señor.
17 Aconteció en el año veintisiete en el mes primero, el
día primero del mes, que vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 18 Hijo de
hombre, Nabucodonosor rey de Babilonia hizo a su ejército prestar un arduo
servicio contra Tiro. Toda cabeza ha quedado calva, y toda espalda desollada;
y ni para él ni para su ejército hubo paga de Tiro, por el servicio que prestó
contra ella. 19 Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor; He aquí que yo doy a
Nabucodonosor, rey de Babilonia, la tierra de Egipto; y él tomará sus
riquezas, y recogerá sus despojos, y arrebatará botín, y habrá paga para su
ejército. 20 Por su trabajo con que sirvió contra ella le he dado la tierra de
Egipto; porque trabajaron para mí, dice Jehová el Señor.
21 En aquel tiempo haré retoñar el poder de la casa de
Israel. Y abriré tu boca en medio de ellos, y sabrán que yo soy Jehová.
EZEQUIEL 30
1 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 2 Hijo de
hombre, profetiza, y di: Así ha dicho Jehová el Señor: Lamentad: ¡Ay de aquel
día! 3 Porque cerca está el día, cerca está el día de Jehová; día de nublado,
día de castigo de las naciones será. 4 Y vendrá espada a Egipto, y habrá miedo
en Etiopía, cuando caigan heridos en Egipto; y tomarán sus riquezas, y serán
destruidos sus fundamentos. 5 Etiopía, Fut, Lud, toda Arabia, Libia, y los
hijos de las tierras aliadas, caerán con ellos a filo de espada. 6 Así ha
dicho Jehová: También caerán los que sostienen a Egipto, y la altivez de su
poderío caerá; desde Migdol hasta Sevene caerán en él a filo de espada, dice
Jehová el Señor. 7 Y serán asolados entre las tierras asoladas, y sus ciudades
serán entre las ciudades desiertas. 8 Y sabrán que yo soy Jehová, cuando ponga
fuego a Egipto, y sean quebrantados todos sus ayudadores.
9 En aquel tiempo saldrán mensajeros de delante de mí en
naves, para espantar a Etiopía la confiada, y tendrán espanto como en el día
de Egipto; porque he aquí viene.
10 Así ha dicho Jehová el Señor: Destruiré las riquezas
de Egipto por mano de Nabucodonosor rey de Babilonia. 11 El, y con él su
pueblo, los más fuertes de las naciones, serán traídos para destruir la
tierra; y desenvainarán sus espadas sobre Egipto, y llenarán de muertos la
tierra. 12 Y secaré los ríos, y entregaré la tierra en manos de malos, y por
mano de extranjeros destruiré la tierra y cuanto en ella hay. Yo Jehová he
hablado.
13 Así ha dicho Jehová el Señor: Destruiré también las
imágenes, y destruiré los ídolos de Menfis; y no habrá más príncipe de la
tierra de Egipto, y en la tierra de Egipto pondré temor. 14 Asolaré a Patros,
y pondré fuego a Zoán, y haré juicios en Tebas. 15 Y derramaré mi ira sobre
Sin, fortaleza de Egipto, y exterminaré a la multitud de Tebas. 16 Y pondré
fuego a Egipto; Sin tendrá gran dolor, y Tebas será destrozada, y Menfis
tendrá continuas angustias. 17 Los jóvenes de Avén y de Pibeset caerán a filo
de espada, y las mujeres irán en cautiverio. 18 Y en Tafnes se oscurecerá el
día, cuando quebrante yo allí el poder de Egipto, y cesará en ella la soberbia
de su poderío; tiniebla la cubrirá, y los moradores de sus aldeas irán en
cautiverio. 19 Haré, pues, juicios en Egipto, y sabrán que yo soy Jehová.
20 Aconteció en el año undécimo, en el mes primero, a los
siete días del mes, que vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 21 Hijo de
hombre, he quebrado el brazo de Faraón rey de Egipto; y he aquí que no ha sido
vendado poniéndole medicinas, ni poniéndole faja para ligarlo, a fin de
fortalecerlo para que pueda sostener la espada. 22 Por tanto, así ha dicho
Jehová el Señor: Heme aquí contra Faraón rey de Egipto, y quebraré sus brazos,
el fuerte y el fracturado, y haré que la espada se le caiga de la mano. 23 Y
esparciré a los egipcios entre las naciones, y los dispersaré por las tierras.
24 Y fortaleceré los brazos del rey de Babilonia, y pondré mi espada en su
mano; mas quebraré los brazos de Faraón, y delante de aquél gemirá con gemidos
de herido de muerte. 25 Fortaleceré, pues, los brazos del rey de Babilonia, y
los brazos de Faraón caerán; y sabrán que yo soy Jehová, cuando yo ponga mi
espada en la mano del rey de Babilonia, y él la extienda contra la tierra de
Egipto. 26 Y esparciré a los egipcios entre las naciones, y los dispersaré por
las tierras; y sabrán que yo soy Jehová.
EZEQUIEL 31
1 Aconteció en el año undécimo, en el mes tercero, el día
primero del mes, que vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 2 Hijo de hombre,
di a Faraón rey de Egipto, y a su pueblo: ¿A quién te comparaste en tu
grandeza? 3 He aquí era el asirio cedro en el Líbano, de hermosas ramas, de
frondoso ramaje y de grande altura, y su copa estaba entre densas ramas. 4 Las
aguas lo hicieron crecer, lo encumbró el abismo; sus ríos corrían alrededor de
su pie, y a todos los árboles del campo enviaba sus corrientes. 5 Por tanto,
se encumbró su altura sobre todos los árboles del campo, y se multiplicaron
sus ramas, y a causa de las muchas aguas se alargó su ramaje que había echado.
6 En sus ramas hacían nido todas las aves del cielo, y debajo de su ramaje
parían todas las bestias del campo, y a su sombra habitaban muchas naciones. 7
Se hizo, pues, hermoso en su grandeza con la extensión de sus ramas; porque su
raíz estaba junto a muchas aguas. 8 Los cedros no lo cubrieron en el huerto de
Dios; las hayas no fueron semejantes a sus ramas, ni los castaños fueron
semejantes a su ramaje; ningún árbol en el huerto de Dios fue semejante a él
en su hermosura. 9 Lo hice hermoso con la multitud de sus ramas; y todos los
árboles del Edén, que estaban en el huerto de Dios, tuvieron de él envidia.
10 Por tanto, así dijo Jehová el Señor: Ya que por ser
encumbrado en altura, y haber levantado su cumbre entre densas ramas, su
corazón se elevó con su altura, 11 yo lo entregaré en manos del poderoso de
las naciones, que de cierto le tratará según su maldad. Yo lo he desechado. 12
Y lo destruirán extranjeros, los poderosos de las naciones, y lo derribarán;
sus ramas caerán sobre los montes y por todos los valles, y por todos los
arroyos de la tierra será quebrado su ramaje; y se irán de su sombra todos los
pueblos de la tierra, y lo dejarán. 13 Sobre su ruina habitarán todas las aves
del cielo, y sobre sus ramas estarán todas las bestias del campo, 14 para que
no se exalten en su altura todos los árboles que crecen junto a las aguas, ni
levanten su copa entre la espesura, ni confíen en su altura todos los que
beben aguas; porque todos están destinados a muerte, a lo profundo de la
tierra, entre los hijos de los hombres, con los que descienden a la fosa.
15 Así ha dicho Jehová el Señor: El día que descendió al
Seol, hice hacer luto, hice cubrir por él el abismo, y detuve sus ríos, y las
muchas aguas fueron detenidas; al Líbano cubrí de tinieblas por él, y todos
los árboles del campo se desmayaron. 16 Del estruendo de su caída hice temblar
a las naciones, cuando las hice descender al Seol con todos los que descienden
a la sepultura; y todos los árboles escogidos del Edén, y los mejores del
Líbano, todos los que beben aguas, fueron consolados en lo profundo de la
tierra. 17 También ellos descendieron con él al Seol, con los muertos a
espada, los que fueron su brazo, los que estuvieron a su sombra en medio de
las naciones. 18 ¿A quién te has comparado así en gloria y en grandeza entre
los árboles del Edén? Pues derribado serás con los árboles del Edén en lo
profundo de la tierra; entre los incircuncisos yacerás, con los muertos a
espada.
Este es Faraón y todo su pueblo, dice Jehová el Señor.
EZEQUIEL 32
1 Aconteció en el año duodécimo, en el mes duodécimo, el
día primero del mes, que vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 2 Hijo de
hombre, levanta endechas sobre Faraón rey de Egipto, y dile: A leoncillo de
naciones eres semejante, y eres como el dragón en los mares; pues secabas tus
ríos, y enturbiabas las aguas con tus pies, y hollabas sus riberas. 3 Así ha
dicho Jehová el Señor: Yo extenderé sobre ti mi red con reunión de muchos
pueblos, y te harán subir con mi red. 4 Y te dejaré en tierra, te echaré sobre
la faz del campo, y haré posar sobre ti todas las aves del cielo, y saciaré de
ti a las fieras de toda la tierra. 5 Pondré tus carnes sobre los montes, y
llenaré los valles de tus cadáveres. 6 Y regaré de tu sangre la tierra donde
nadas, hasta los montes; y los arroyos se llenarán de ti. 7 Y cuando te haya
extinguido, cubriré los cielos, y haré entenebrecer sus estrellas; el sol
cubriré con nublado, y la luna no hará resplandecer su luz. 8 Haré
entenebrecer todos los astros brillantes del cielo por ti, y pondré tinieblas
sobre tu tierra, dice Jehová el Señor.
9 Y entristeceré el corazón de muchos pueblos, cuando
lleve al cautiverio a los tuyos entre las naciones, por las tierras que no
conociste. 10 Y dejaré atónitos por ti a muchos pueblos, y sus reyes tendrán
horror grande a causa de ti, cuando haga resplandecer mi espada delante de sus
rostros; y todos se sobresaltarán en sus ánimos a cada momento en el día de tu
caída. 11 Porque así ha dicho Jehová el Señor: La espada del rey de Babilonia
vendrá sobre ti. 12 Con espadas de fuertes haré caer tu pueblo; todos ellos
serán los poderosos de las naciones; y destruirán la soberbia de Egipto, y
toda su multitud será deshecha. 13 Todas sus bestias destruiré de sobre las
muchas aguas; ni más las enturbiará pie de hombre, ni pezuña de bestia las
enturbiará. 14 Entonces haré asentarse sus aguas, y haré correr sus ríos como
aceite, dice Jehová el Señor. 15 Cuando asuele la tierra de Egipto, y la
tierra quede despojada de todo cuanto en ella hay, cuando mate a todos los que
en ella moran, sabrán que yo soy Jehová. 16 Esta es la endecha, y la cantarán;
las hijas de las naciones la cantarán; endecharán sobre Egipto y sobre toda su
multitud, dice Jehová el Señor.
17 Aconteció en el año duodécimo, a los quince días del
mes, que vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 18 Hijo de hombre, endecha
sobre la multitud de Egipto, y despéñalo a él, y a las hijas de las naciones
poderosas, a lo profundo de la tierra, con los que descienden a la sepultura.
19 Porque eres tan hermoso, desciende, y yace con los incircuncisos. 20 Entre
los muertos a espada caerá; a la espada es entregado; traedlo a él y a todos
sus pueblos. 21 De en medio del Seol hablarán a él los fuertes de los fuertes,
con los que le ayudaron, que descendieron y yacen con los incircuncisos
muertos a espada.
22 Allí está Asiria con toda su multitud; en derredor de
él están sus sepulcros; todos ellos cayeron muertos a espada. 23 Sus sepulcros
fueron puestos a los lados de la fosa, y su gente está por los alrededores de
su sepulcro; todos ellos cayeron muertos a espada, los cuales sembraron el
terror en la tierra de los vivientes.
24 Allí Elam, y toda su multitud por los alrededores de
su sepulcro; todos ellos cayeron muertos a espada, los cuales descendieron
incircuncisos a lo más profundo de la tierra, porque sembraron su terror en la
tierra de los vivientes, mas llevaron su confusión con los que descienden al
sepulcro. 25 En medio de los muertos le pusieron lecho con toda su multitud; a
sus alrededores están sus sepulcros; todos ellos incircuncisos, muertos a
espada, porque fue puesto su espanto en la tierra de los vivientes, mas
llevaron su confusión con los que descienden al sepulcro; él fue puesto en
medio de los muertos.
26 Allí Mesec y Tubal, y toda su multitud; sus sepulcros
en sus alrededores; todos ellos incircuncisos, muertos a espada, porque habían
sembrado su terror en la tierra de los vivientes. 27 Y no yacerán con los
fuertes de los incircuncisos que cayeron, los cuales descendieron al Seol con
sus armas de guerra, y sus espadas puestas debajo de sus cabezas; mas sus
pecados estarán sobre sus huesos, por cuanto fueron terror de fuertes en la
tierra de los vivientes. 28 Tú, pues, serás quebrantado entre los
incircuncisos, y yacerás con los muertos a espada.
29 Allí Edom, sus reyes y todos sus príncipes, los cuales
con su poderío fueron puestos con los muertos a espada; ellos yacerán con los
incircuncisos, y con los que descienden al sepulcro.
30 Allí los príncipes del norte, todos ellos, y todos los
sidonios, que con su terror descendieron con los muertos, avergonzados de su
poderío, yacen también incircuncisos con los muertos a espada, y comparten su
confusión con los que descienden al sepulcro.
31 A éstos verá Faraón, y se consolará sobre toda su
multitud; Faraón muerto a espada, y todo su ejército, dice Jehová el Señor. 32
Porque puse mi terror en la tierra de los vivientes, también Faraón y toda su
multitud yacerán entre los incircuncisos con los muertos a espada, dice Jehová
el Señor.
El deber del atalaya
(Ez. 3.16-21)
EZEQUIEL 33
1 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 2 Hijo de
hombre, habla a los hijos de tu pueblo, y diles: Cuando trajere yo espada
sobre la tierra, y el pueblo de la tierra tomare un hombre de su territorio y
lo pusiere por atalaya, 3 y él viere venir la espada sobre la tierra, y tocare
trompeta y avisare al pueblo, 4 cualquiera que oyere el sonido de la trompeta
y no se apercibiere, y viniendo la espada lo hiriere, su sangre será sobre su
cabeza. 5 El sonido de la trompeta oyó, y no se apercibió; su sangre será
sobre él; mas el que se apercibiere librará su vida. 6 Pero si el atalaya
viere venir la espada y no tocare la trompeta, y el pueblo no se apercibiere,
y viniendo la espada, hiriere de él a alguno, éste fue tomado por causa de su
pecado, pero demandaré su sangre de mano del atalaya.
7 A ti, pues, hijo de hombre, te he puesto por atalaya a
la casa de Israel, y oirás la palabra de mi boca, y los amonestarás de mi
parte. 8 Cuando yo dijere al impío: Impío, de cierto morirás; si tú no
hablares para que se guarde el impío de su camino, el impío morirá por su
pecado, pero su sangre yo la demandaré de tu mano. 9 Y si tú avisares al impío
de su camino para que se aparte de él, y él no se apartare de su camino, él
morirá por su pecado, pero tú libraste tu vida.
El camino de Dios es justo
(Ez. 18.21-32)
10 Tú, pues, hijo de hombre, di a la casa de Israel:
Vosotros habéis hablado así, diciendo: Nuestras rebeliones y nuestros pecados
están sobre nosotros, y a causa de ellos somos consumidos; ¿cómo, pues,
viviremos? 11 Diles: Vivo yo, dice Jehová el Señor, que no quiero la muerte
del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y que viva. Volveos,
volveos de vuestros malos caminos; ¿por qué moriréis, oh casa de Israel? 12 Y
tú, hijo de hombre, di a los hijos de tu pueblo: La justicia del justo no lo
librará el día que se rebelare; y la impiedad del impío no le será estorbo el
día que se volviere de su impiedad; y el justo no podrá vivir por su justicia
el día que pecare. 13 Cuando yo dijere al justo: De cierto vivirás, y él
confiado en su justicia hiciere iniquidad, todas sus justicias no serán
recordadas, sino que morirá por su iniquidad que hizo. 14 Y cuando yo dijere
al impío: De cierto morirás; si él se convirtiere de su pecado, e hiciere
según el derecho y la justicia, 15 si el impío restituyere la prenda,
devolviere lo que hubiere robado, y caminare en los estatutos de la vida, no
haciendo iniquidad, vivirá ciertamente y no morirá. 16 No se le recordará
ninguno de sus pecados que había cometido; hizo según el derecho y la
justicia; vivirá ciertamente.
17 Luego dirán los hijos de tu pueblo: No es recto el
camino del Señor; el camino de ellos es el que no es recto. 18 Cuando el justo
se apartare de su justicia, e hiciere iniquidad, morirá por ello. 19 Y cuando
el impío se apartare de su impiedad, e hiciere según el derecho y la justicia,
vivirá por ello. 20 Y dijisteis: No es recto el camino del Señor. Yo os
juzgaré, oh casa de Israel, a cada uno conforme a sus caminos.
Nuevas de la caída de Jerusalén
21 Aconteció en el año duodécimo de nuestro cautiverio,
en el mes décimo, a los cinco días del mes, que vino a mí un fugitivo de
Jerusalén, diciendo: La ciudad ha sido conquistada. 22 Y la mano de Jehová
había sido sobre mí la tarde antes de llegar el fugitivo, y había abierto mi
boca, hasta que vino a mí por la mañana; y abrió mi boca, y ya no más estuve
callado.
23 Y vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 24 Hijo de
hombre, los que habitan aquellos lugares asolados en la tierra de Israel
hablan diciendo: Abraham era uno, y poseyó la tierra; pues nosotros somos
muchos; a nosotros nos es dada la tierra en posesión. 25 Por tanto, diles: Así
ha dicho Jehová el Señor: ¿Comeréis con sangre, y a vuestros ídolos alzaréis
vuestros ojos, y derramaréis sangre, y poseeréis vosotros la tierra? 26
Estuvisteis sobre vuestras espadas, hicisteis abominación, y contaminasteis
cada cual a la mujer de su prójimo; ¿y habréis de poseer la tierra? 27 Les
dirás así: Así ha dicho Jehová el Señor: Vivo yo, que los que están en
aquellos lugares asolados caerán a espada, y al que está sobre la faz del
campo entregaré a las fieras para que lo devoren; y los que están en las
fortalezas y en las cuevas, de pestilencia morirán. 28 Y convertiré la tierra
en desierto y en soledad, y cesará la soberbia de su poderío; y los montes de
Israel serán asolados hasta que no haya quien pase. 29 Y sabrán que yo soy
Jehová, cuando convierta la tierra en soledad y desierto, por todas las
abominaciones que han hecho.
30 Y tú, hijo de hombre, los hijos de tu pueblo se mofan
de ti junto a las paredes y a las puertas de las casas, y habla el uno con el
otro, cada uno con su hermano, diciendo: Venid ahora, y oíd qué palabra viene
de Jehová. 31 Y vendrán a ti como viene el pueblo, y estarán delante de ti
como pueblo mío, y oirán tus palabras, y no las pondrán por obra; antes hacen
halagos con sus bocas, y el corazón de ellos anda en pos de su avaricia. 32 Y
he aquí que tú eres a ellos como cantor de amores, hermoso de voz y que canta
bien; y oirán tus palabras, pero no las pondrán por obra. 33 Pero cuando ello
viniere (y viene ya), sabrán que hubo profeta entre ellos.
Profecía contra los pastores de Israel
EZEQUIEL 34
1 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 2 Hijo de
hombre, profetiza contra los pastores de Israel; profetiza, y di a los
pastores: Así ha dicho Jehová el Señor: ¡Ay de los pastores de Israel, que se
apacientan a sí mismos! ¿No apacientan los pastores a los rebaños? 3 Coméis la
grosura, y os vestís de la lana; la engordada degolláis, mas no apacentáis a
las ovejas. 4 No fortalecisteis las débiles, ni curasteis la enferma; no
vendasteis la perniquebrada, no volvisteis al redil la descarriada, ni
buscasteis la perdida, sino que os habéis enseñoreado de ellas con dureza y
con violencia. 5 Y andan errantes por falta de pastor, y son presa de todas
las fieras del campo, y se han dispersado. 6 Anduvieron perdidas mis ovejas
por todos los montes, y en todo collado alto; y en toda la faz de la tierra
fueron esparcidas mis ovejas, y no hubo quien las buscase, ni quien preguntase
por ellas.
7 Por tanto, pastores, oíd palabra de Jehová: 8 Vivo yo,
ha dicho Jehová el Señor, que por cuanto mi rebaño fue para ser robado, y mis
ovejas fueron para ser presa de todas las fieras del campo, sin pastor; ni mis
pastores buscaron mis ovejas, sino que los pastores se apacentaron a sí
mismos, y no apacentaron mis ovejas; 9 por tanto, oh pastores, oíd palabra de
Jehová. 10 Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí, yo estoy contra los
pastores; y demandaré mis ovejas de su mano, y les haré dejar de apacentar las
ovejas; ni los pastores se apacentarán más a sí mismos, pues yo libraré mis
ovejas de sus bocas, y no les serán más por comida.
11 Porque así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo, yo
mismo iré a buscar mis ovejas, y las reconoceré. 12 Como reconoce su rebaño el
pastor el día que está en medio de sus ovejas esparcidas, así reconoceré mis
ovejas, y las libraré de todos los lugares en que fueron esparcidas el día del
nublado y de la oscuridad. 13 Y yo las sacaré de los pueblos, y las juntaré de
las tierras; las traeré a su propia tierra, y las apacentaré en los montes de
Israel, por las riberas, y en todos los lugares habitados del país. 14 En
buenos pastos las apacentaré, y en los altos montes de Israel estará su
aprisco; allí dormirán en buen redil, y en pastos suculentos serán apacentadas
sobre los montes de Israel. 15 Yo apacentaré mis ovejas, y yo les daré
aprisco, dice Jehová el Señor. 16 Yo buscaré la perdida, y haré volver al
redil la descarriada; vendaré la perniquebrada, y fortaleceré la débil; mas a
la engordada y a la fuerte destruiré; las apacentaré con justicia.
17 Mas en cuanto a vosotras, ovejas mías, así ha dicho
Jehová el Señor: He aquí yo juzgo entre oveja y oveja, entre carneros y machos
cabríos. 18 ¿Os es poco que comáis los buenos pastos, sino que también holláis
con vuestros pies lo que de vuestros pastos queda; y que bebiendo las aguas
claras, enturbiáis además con vuestros pies las que quedan? 19 Y mis ovejas
comen lo hollado de vuestros pies, y beben lo que con vuestros pies habéis
enturbiado.
20 Por tanto, así les dice Jehová el Señor: He aquí yo,
yo juzgaré entre la oveja engordada y la oveja flaca, 21 por cuanto
empujasteis con el costado y con el hombro, y acorneasteis con vuestros
cuernos a todas las débiles, hasta que las echasteis y las dispersasteis. 22
Yo salvaré a mis ovejas, y nunca más serán para rapiña; y juzgaré entre oveja
y oveja. 23 Y levantaré sobre ellas a un pastor, y él las apacentará; a mi
siervo David, él las apacentará, y él les será por pastor. 24 Yo Jehová les
seré por Dios, y mi siervo David príncipe en medio de ellos. Yo Jehová he
hablado.
25 Y estableceré con ellos pacto de paz, y quitaré de la
tierra las fieras; y habitarán en el desierto con seguridad, y dormirán en los
bosques. 26 Y daré bendición a ellas y a los alrededores de mi collado, y haré
descender la lluvia en su tiempo; lluvias de bendición serán. 27 Y el árbol
del campo dará su fruto, y la tierra dará su fruto, y estarán sobre su tierra
con seguridad; y sabrán que yo soy Jehová, cuando rompa las coyundas de su
yugo, y los libre de mano de los que se sirven de ellos. 28 No serán más por
despojo de las naciones, ni las fieras de la tierra las devorarán; sino que
habitarán con seguridad, y no habrá quien las espante. 29 Y levantaré para
ellos una planta de renombre, y no serán ya más consumidos de hambre en la
tierra, ni ya más serán avergonzados por las naciones. 30 Y sabrán que yo
Jehová su Dios estoy con ellos, y ellos son mi pueblo, la casa de Israel, dice
Jehová el Señor. 31 Y vosotras, ovejas mías, ovejas de mi pasto, hombres sois,
y yo vuestro Dios, dice Jehová el Señor.
Profecía contra el Monte Seir
EZEQUIEL 35
1 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 2 Hijo de
hombre, pon tu rostro hacia el monte de Seir, y profetiza contra él, 3 y dile:
Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo estoy contra ti, oh monte de Seir, y
extenderé mi mano contra ti, y te convertiré en desierto y en soledad. 4 A tus
ciudades asolaré, y tú serás asolado; y sabrás que yo soy Jehová. 5 Por cuanto
tuviste enemistad perpetua, y entregaste a los hijos de Israel al poder de la
espada en el tiempo de su aflicción, en el tiempo extremadamente malo, 6 por
tanto, vivo yo, dice Jehová el Señor, que a sangre te destinaré, y sangre te
perseguirá; y porque la sangre no aborreciste, sangre te perseguirá. 7 Y
convertiré al monte de Seir en desierto y en soledad, y cortaré de él al que
vaya y al que venga. 8 Y llenaré sus montes de sus muertos; en tus collados,
en tus valles y en todos tus arroyos, caerán muertos a espada. 9 Yo te pondré
en asolamiento perpetuo, y tus ciudades nunca más se restaurarán; y sabréis
que yo soy Jehová.
10 Por cuanto dijiste: Las dos naciones y las dos tierras
serán mías, y tomaré posesión de ellas; estando allí Jehová; 11 por tanto,
vivo yo, dice Jehová el Señor, yo haré conforme a tu ira, y conforme a tu celo
con que procediste, a causa de tus enemistades con ellos; y seré conocido en
ellos, cuando te juzgue. 12 Y sabrás que yo Jehová he oído todas tus injurias
que proferiste contra los montes de Israel, diciendo: Destruidos son, nos han
sido dados para que los devoremos. 13 Y os engrandecisteis contra mí con
vuestra boca, y multiplicasteis contra mí vuestras palabras. Yo lo oí. 14 Así
ha dicho Jehová el Señor: Para que toda la tierra se regocije, yo te haré una
desolación. 15 Como te alegraste sobre la heredad de la casa de Israel, porque
fue asolada, así te haré a ti; asolado será el monte de Seir, y todo Edom,
todo él; y sabrán que yo soy Jehová.
Restauración futura de Israel
EZEQUIEL 36
1 Tú, hijo de hombre, profetiza a los montes de Israel, y
di: Montes de Israel, oíd palabra de Jehová. 2 Así ha dicho Jehová el Señor:
Por cuanto el enemigo dijo de vosotros: ¡Ea! también las alturas eternas nos
han sido dadas por heredad; 3 profetiza, por tanto, y di: Así ha dicho Jehová
el Señor: Por cuanto os asolaron y os tragaron de todas partes, para que
fueseis heredad de las otras naciones, y se os ha hecho caer en boca de
habladores y ser el oprobio de los pueblos, 4 por tanto, montes de Israel, oíd
palabra de Jehová el Señor: Así ha dicho Jehová el Señor a los montes y a los
collados, a los arroyos y a los valles, a las ruinas y asolamientos y a las
ciudades desamparadas, que fueron puestas por botín y escarnio de las otras
naciones alrededor; 5 por eso, así ha dicho Jehová el Señor: He hablado por
cierto en el fuego de mi celo contra las demás naciones, y contra todo Edom,
que se disputaron mi tierra por heredad con alegría, de todo corazón y con
enconamiento de ánimo, para que sus expulsados fuesen presa suya. 6 Por tanto,
profetiza sobre la tierra de Israel, y dí a los montes y a los collados, y a
los arroyos y a los valles: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí, en mi celo
y en mi furor he hablado, por cuanto habéis llevado el oprobio de las
naciones. 7 Por lo cual así ha dicho Jehová el Señor: Yo he alzado mi mano, he
jurado que las naciones que están a vuestro alrededor han de llevar su
afrenta.
8 Mas vosotros, oh montes de Israel, daréis vuestras
ramas, y llevaréis vuestro fruto para mi pueblo Israel; porque cerca están
para venir. 9 Porque he aquí, yo estoy por vosotros, y a vosotros me volveré,
y seréis labrados y sembrados. 10 Y haré multiplicar sobre vosotros hombres, a
toda la casa de Israel, toda ella; y las ciudades serán habitadas, y
edificadas las ruinas. 11 Multiplicaré sobre vosotros hombres y ganado, y
serán multiplicados y crecerán; y os haré morar como solíais antiguamente, y
os haré mayor bien que en vuestros principios; y sabréis que yo soy Jehová. 12
Y haré andar hombres sobre vosotros, a mi pueblo Israel; y tomarán posesión de
ti, y les serás por heredad, y nunca más les matarás los hijos. 13 Así ha
dicho Jehová el Señor: Por cuanto dicen de vosotros: Comedora de hombres, y
matadora de los hijos de tu nación has sido; 14 por tanto, no devorarás más
hombres, y nunca más matarás a los hijos de tu nación, dice Jehová el Señor.
15 Y nunca más te haré oír injuria de naciones, ni más llevarás denuestos de
pueblos, ni harás más morir a los hijos de tu nación, dice Jehová el Señor.
16 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 17 Hijo de
hombre, mientras la casa de Israel moraba en su tierra, la contaminó con sus
caminos y con sus obras; como inmundicia de menstruosa fue su camino delante
de mí. 18 Y derramé mi ira sobre ellos por la sangre que derramaron sobre la
tierra; porque con sus ídolos la contaminaron. 19 Les esparcí por las
naciones, y fueron dispersados por las tierras; conforme a sus caminos y
conforme a sus obras les juzgué. 20 Y cuando llegaron a las naciones adonde
fueron, profanaron mi santo nombre, diciéndose de ellos: Estos son pueblo de
Jehová, y de la tierra de él han salido. 21 Pero he tenido dolor al ver mi
santo nombre profanado por la casa de Israel entre las naciones adonde fueron.
22 Por tanto, di a la casa de Israel: Así ha dicho Jehová
el Señor: No lo hago por vosotros, oh casa de Israel, sino por causa de mi
santo nombre, el cual profanasteis vosotros entre las naciones adonde habéis
llegado. 23 Y santificaré mi grande nombre, profanado entre las naciones, el
cual profanasteis vosotros en medio de ellas; y sabrán las naciones que yo soy
Jehová, dice Jehová el Señor, cuando sea santificado en vosotros delante de
sus ojos. 24 Y yo os tomaré de las naciones, y os recogeré de todas las
tierras, y os traeré a vuestro país. 25 Esparciré sobre vosotros agua limpia,
y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos
os limpiaré. 26 Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de
vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un
corazón de carne. 27 Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que
andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra. 28
Habitaréis en la tierra que di a vuestros padres, y vosotros me seréis por
pueblo, y yo seré a vosotros por Dios. 29 Y os guardaré de todas vuestras
inmundicias; y llamaré al trigo, y lo multiplicaré, y no os daré hambre. 30
Multiplicaré asimismo el fruto de los árboles, y el fruto de los campos, para
que nunca más recibáis oprobio de hambre entre las naciones. 31 Y os
acordaréis de vuestros malos caminos, y de vuestras obras que no fueron
buenas; y os avergonzaréis de vosotros mismos por vuestras iniquidades y por
vuestras abominaciones. 32 No lo hago por vosotros, dice Jehová el Señor,
sabedlo bien; avergonzaos y cubríos de confusión por vuestras iniquidades,
casa de Israel.
33 Así ha dicho Jehová el Señor: El día que os limpie de
todas vuestras iniquidades, haré también que sean habitadas las ciudades, y
las ruinas serán reedificadas. 34 Y la tierra asolada será labrada, en lugar
de haber permanecido asolada a ojos de todos los que pasaron. 35 Y dirán: Esta
tierra que era asolada ha venido a ser como huerto del Edén; y estas ciudades
que eran desiertas y asoladas y arruinadas, están fortificadas y habitadas. 36
Y las naciones que queden en vuestros alrededores sabrán que yo reedifiqué lo
que estaba derribado, y planté lo que estaba desolado; yo Jehová he hablado, y
lo haré.
37 Así ha dicho Jehová el Señor: Aún seré solicitado por
la casa de Israel, para hacerles esto; multiplicaré los hombres como se
multiplican los rebaños. 38 Como las ovejas consagradas, como las ovejas de
Jerusalén en sus fiestas solemnes, así las ciudades desiertas serán llenas de
rebaños de hombres; y sabrán que yo soy Jehová.
El valle de los huesos secos
EZEQUIEL 37
1 La mano de Jehová vino sobre mí, y me llevó en el
Espíritu de Jehová, y me puso en medio de un valle que estaba lleno de huesos.
2 Y me hizo pasar cerca de ellos por todo en derredor; y he aquí que eran
muchísimos sobre la faz del campo, y por cierto secos en gran manera. 3 Y me
dijo: Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos? Y dije: Señor Jehová, tú lo
sabes. 4 Me dijo entonces: Profetiza sobre estos huesos, y diles: Huesos
secos, oíd palabra de Jehová. 5 Así ha dicho Jehová el Señor a estos huesos:
He aquí, yo hago entrar espíritu en vosotros, y viviréis. 6 Y pondré tendones
sobre vosotros, y haré subir sobre vosotros carne, y os cubriré de piel, y
pondré en vosotros espíritu, y viviréis; y sabréis que yo soy Jehová.
7 Profeticé, pues, como me fue mandado; y hubo un ruido
mientras yo profetizaba, y he aquí un temblor; y los huesos se juntaron cada
hueso con su hueso. 8 Y miré, y he aquí tendones sobre ellos, y la carne
subió, y la piel cubrió por encima de ellos; pero no había en ellos espíritu.
9 Y me dijo: Profetiza al espíritu, profetiza, hijo de hombre, y di al
espíritu: Así ha dicho Jehová el Señor: Espíritu, ven de los cuatro vientos, y
sopla sobre estos muertos, y vivirán. 10 Y profeticé como me había mandado, y
entró espíritu en ellos, y vivieron, y estuvieron sobre sus pies; un ejército
grande en extremo.
11 Me dijo luego: Hijo de hombre, todos estos huesos son
la casa de Israel. He aquí, ellos dicen: Nuestros huesos se secaron, y pereció
nuestra esperanza, y somos del todo destruidos. 12 Por tanto, profetiza, y
diles: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo abro vuestros sepulcros,
pueblo mío, y os haré subir de vuestras sepulturas, y os traeré a la tierra de
Israel. 13 Y sabréis que yo soy Jehová, cuando abra vuestros sepulcros, y os
saque de vuestras sepulturas, pueblo mío. 14 Y pondré mi Espíritu en vosotros,
y viviréis, y os haré reposar sobre vuestra tierra; y sabréis que yo Jehová
hablé, y lo hice, dice Jehová.
La reunión de Judá e Israel
15 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 16 Hijo de
hombre, toma ahora un palo, y escribe en él: Para Judá, y para los hijos de
Israel sus compañeros. Toma después otro palo, y escribe en él: Para José,
palo de Efraín, y para toda la casa de Israel sus compañeros. 17 Júntalos
luego el uno con el otro, para que sean uno solo, y serán uno solo en tu mano.
18 Y cuando te pregunten los hijos de tu pueblo, diciendo: ¿No nos enseñarás
qué te propones con eso?, 19 diles: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí, yo
tomo el palo de José que está en la mano de Efraín, y a las tribus de Israel
sus compañeros, y los pondré con el palo de Judá, y los haré un solo palo, y
serán uno en mi mano. 20 Y los palos sobre que escribas estarán en tu mano
delante de sus ojos, 21 y les dirás: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí, yo
tomo a los hijos de Israel de entre las naciones a las cuales fueron, y los
recogeré de todas partes, y los traeré a su tierra; 22 y los haré una nación
en la tierra, en los montes de Israel, y un rey será a todos ellos por rey; y
nunca más serán dos naciones, ni nunca más serán divididos en dos reinos. 23
Ni se contaminarán ya más con sus ídolos, con sus abominaciones y con todas
sus rebeliones; y los salvaré de todas sus rebeliones con las cuales pecaron,
y los limpiaré; y me serán por pueblo, y yo a ellos por Dios.
24 Mi siervo David será rey sobre ellos, y todos ellos
tendrán un solo pastor; y andarán en mis preceptos, y mis estatutos guardarán,
y los pondrán por obra. 25 Habitarán en la tierra que di a mi siervo Jacob, en
la cual habitaron vuestros padres; en ella habitarán ellos, sus hijos y los
hijos de sus hijos para siempre; y mi siervo David será príncipe de ellos para
siempre. 26 Y haré con ellos pacto de paz, pacto perpetuo será con ellos; y
los estableceré y los multiplicaré, y pondré mi santuario entre ellos para
siempre. 27 Estará en medio de ellos mi tabernáculo, y seré a ellos por Dios,
y ellos me serán por pueblo. 28 Y sabrán las naciones que yo Jehová santifico
a Israel, estando mi santuario en medio de ellos para siempre.
Profecía contra Gog
EZEQUIEL 38
1 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 2 Hijo de
hombre, pon tu rostro contra Gog en tierra de Magog, príncipe soberano de
Mesec y Tubal, y profetiza contra él, 3 y di: Así ha dicho Jehová el Señor: He
aquí, yo estoy contra ti, oh Gog, príncipe soberano de Mesec y Tubal. 4 Y te
quebrantaré, y pondré garfios en tus quijadas, y te sacaré a ti y a todo tu
ejército, caballos y jinetes, de todo en todo equipados, gran multitud con
paveses y escudos, teniendo todos ellos espadas; 5 Persia, Cus y Fut con
ellos; todos ellos con escudo y yelmo; 6 Gomer, y todas sus tropas; la casa de
Togarma, de los confines del norte, y todas sus tropas; muchos pueblos
contigo.
7 Prepárate y apercíbete, tú y toda tu multitud que se ha
reunido a ti, y sé tú su guarda. 8 De aquí a muchos días serás visitado; al
cabo de años vendrás a la tierra salvada de la espada, recogida de muchos
pueblos, a los montes de Israel, que siempre fueron una desolación; mas fue
sacada de las naciones, y todos ellos morarán confiadamente. 9 Subirás tú, y
vendrás como tempestad; como nublado para cubrir la tierra serás tú y todas
tus tropas, y muchos pueblos contigo.
10 Así ha dicho Jehová el Señor: En aquel día subirán
palabras en tu corazón, y concebirás mal pensamiento, 11 y dirás: Subiré
contra una tierra indefensa, iré contra gentes tranquilas que habitan
confiadamente; todas ellas habitan sin muros, y no tienen cerrojos ni puertas;
12 para arrebatar despojos y para tomar botín, para poner tus manos sobre las
tierras desiertas ya pobladas, y sobre el pueblo recogido de entre las
naciones, que se hace de ganado y posesiones, que mora en la parte central de
la tierra. 13 Sabá y Dedán, y los mercaderes de Tarsis y todos sus príncipes,
te dirán: ¿Has venido a arrebatar despojos? ¿Has reunido tu multitud para
tomar botín, para quitar plata y oro, para tomar ganados y posesiones, para
tomar grandes despojos?
14 Por tanto, profetiza, hijo de hombre, y di a Gog: Así
ha dicho Jehová el Señor: En aquel tiempo, cuando mi pueblo Israel habite con
seguridad, ¿no lo sabrás tú? 15 Vendrás de tu lugar, de las regiones del
norte, tú y muchos pueblos contigo, todos ellos a caballo, gran multitud y
poderoso ejército, 16 y subirás contra mi pueblo Israel como nublado para
cubrir la tierra; será al cabo de los días; y te traeré sobre mi tierra, para
que las naciones me conozcan, cuando sea santificado en ti, oh Gog, delante de
sus ojos.
17 Así ha dicho Jehová el Señor: ¿No eres tú aquel de
quien hablé yo en tiempos pasados por mis siervos los profetas de Israel, los
cuales profetizaron en aquellos tiempos que yo te había de traer sobre ellos?
18 En aquel tiempo, cuando venga Gog contra la tierra de Israel, dijo Jehová
el Señor, subirá mi ira y mi enojo. 19 Porque he hablado en mi celo, y en el
fuego de mi ira: Que en aquel tiempo habrá gran temblor sobre la tierra de
Israel; 20 que los peces del mar, las aves del cielo, las bestias del campo y
toda serpiente que se arrastra sobre la tierra, y todos los hombres que están
sobre la faz de la tierra, temblarán ante mi presencia; y se desmoronarán los
montes, y los vallados caerán, y todo muro caerá a tierra. 21 Y en todos mis
montes llamaré contra él la espada, dice Jehová el Señor; la espada de cada
cual será contra su hermano. 22 Y yo litigaré contra él con pestilencia y con
sangre; y haré llover sobre él, sobre sus tropas y sobre los muchos pueblos
que están con él, impetuosa lluvia, y piedras de granizo, fuego y azufre. 23 Y
seré engrandecido y santificado, y seré conocido ante los ojos de muchas
naciones; y sabrán que yo soy Jehová.
EZEQUIEL 39
1 Tú pues, hijo de hombre, profetiza contra Gog, y di:
Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo estoy contra ti, oh Gog, príncipe
soberano de Mesec y Tubal. 2 Y te quebrantaré, y te conduciré y te haré subir
de las partes del norte, y te traeré sobre los montes de Israel; 3 y sacaré tu
arco de tu mano izquierda, y derribaré tus saetas de tu mano derecha. 4 Sobre
los montes de Israel caerás tú y todas tus tropas, y los pueblos que fueron
contigo; a aves de rapiña de toda especie, y a las fieras del campo, te he
dado por comida. 5 Sobre la faz del campo caerás; porque yo he hablado, dice
Jehová el Señor. 6 Y enviaré fuego sobre Magog, y sobre los que moran con
seguridad en las costas; y sabrán que yo soy Jehová.
7 Y haré notorio mi santo nombre en medio de mi pueblo
Israel, y nunca más dejaré profanar mi santo nombre; y sabrán las naciones que
yo soy Jehová, el Santo en Israel. 8 He aquí viene, y se cumplirá, dice Jehová
el Señor; este es el día del cual he hablado.
9 Y los moradores de las ciudades de Israel saldrán, y
encenderán y quemarán armas, escudos, paveses, arcos y saetas, dardos de mano
y lanzas; y los quemarán en el fuego por siete años. 10 No traerán leña del
campo, ni cortarán de los bosques, sino quemarán las armas en el fuego; y
despojarán a sus despojadores, y robarán a los que les robaron, dice Jehová el
Señor.
11 En aquel tiempo yo daré a Gog lugar para sepultura
allí en Israel, el valle de los que pasan al oriente del mar; y obstruirá el
paso a los transeúntes, pues allí enterrarán a Gog y a toda su multitud; y lo
llamarán el Valle de Hamón-gog. 12 Y la casa de Israel los estará enterrando
por siete meses, para limpiar la tierra. 13 Los enterrará todo el pueblo de la
tierra; y será para ellos célebre el día en que yo sea glorificado, dice
Jehová el Señor. 14 Y tomarán hombres a jornal que vayan por el país con los
que viajen, para enterrar a los que queden sobre la faz de la tierra, a fin de
limpiarla; al cabo de siete meses harán el reconocimiento. 15 Y pasarán los
que irán por el país, y el que vea los huesos de algún hombre pondrá junto a
ellos una señal, hasta que los entierren los sepultureros en el valle de Hamón-gog.
16 Y también el nombre de la ciudad será Hamona; y limpiarán la tierra.
17 Y tú, hijo de hombre, así ha dicho Jehová el Señor: Di
a las aves de toda especie, y a toda fiera del campo: Juntaos, y venid;
reuníos de todas partes a mi víctima que sacrifico para vosotros, un
sacrificio grande sobre los montes de Israel; y comeréis carne y beberéis
sangre. 18 Comeréis carne de fuertes, y beberéis sangre de príncipes de la
tierra; de carneros, de corderos, de machos cabríos, de bueyes y de toros,
engordados todos en Basán. 19 Comeréis grosura hasta saciaros, y beberéis
hasta embriagaros de sangre de las víctimas que para vosotros sacrifiqué. 20 Y
os saciaréis sobre mi mesa, de caballos y de jinetes fuertes y de todos los
hombres de guerra, dice Jehová el Señor.
21 Y pondré mi gloria entre las naciones, y todas las
naciones verán mi juicio que habré hecho, y mi mano que sobre ellos puse. 22 Y
de aquel día en adelante sabrá la casa de Israel que yo soy Jehová su Dios. 23
Y sabrán las naciones que la casa de Israel fue llevada cautiva por su pecado,
por cuanto se rebelaron contra mí, y yo escondí de ellos mi rostro, y los
entregué en manos de sus enemigos, y cayeron todos a espada. 24 Conforme a su
inmundicia y conforme a sus rebeliones hice con ellos, y de ellos escondí mi
rostro.
25 Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor: Ahora volveré
la cautividad de Jacob, y tendré misericordia de toda la casa de Israel, y me
mostraré celoso por mi santo nombre. 26 Y ellos sentirán su vergüenza, y toda
su rebelión con que prevaricaron contra mí, cuando habiten en su tierra con
seguridad, y no haya quien los espante; 27 cuando los saque de entre los
pueblos, y los reúna de la tierra de sus enemigos, y sea santificado en ellos
ante los ojos de muchas naciones. 28 Y sabrán que yo soy Jehová su Dios,
cuando después de haberlos llevado al cautiverio entre las naciones, los reúna
sobre su tierra, sin dejar allí a ninguno de ellos. 29 Ni esconderé más de
ellos mi rostro; porque habré derramado de mi Espíritu sobre la casa de
Israel, dice Jehová el Señor.
La visión del templo
EZEQUIEL 40
1 En el año veinticinco de nuestro cautiverio, al
principio del año, a los diez días del mes, a los catorce años después que la
ciudad fue conquistada, en aquel mismo día vino sobre mí la mano de Jehová, y
me llevó allá. 2 En visiones de Dios me llevó a la tierra de Israel, y me puso
sobre un monte muy alto, sobre el cual había un edificio parecido a una gran
ciudad, hacia la parte sur. 3 Me llevó allí, y he aquí un varón, cuyo aspecto
era como aspecto de bronce; y tenía un cordel de lino en su mano, y una caña
de medir; y él estaba a la puerta. 4 Y me habló aquel varón, diciendo: Hijo de
hombre, mira con tus ojos, y oye con tus oídos, y pon tu corazón a todas las
cosas que te muestro; porque para que yo te las mostrase has sido traído aquí.
Cuenta todo lo que ves a la casa de Israel.
5 Y he aquí un muro fuera de la casa; y la caña de medir
que aquel varón tenía en la mano era de seis codos de a codo y palmo menor; y
midió el espesor del muro, de una caña, y la altura, de otra caña. 6 Después
vino a la puerta que mira hacia el oriente, y subió por sus gradas, y midió un
poste de la puerta, de una caña de ancho, y el otro poste, de otra caña de
ancho. 7 Y cada cámara tenía una caña de largo, y una caña de ancho; y entre
las cámaras había cinco codos de ancho; y cada poste de la puerta junto a la
entrada de la puerta por dentro, una caña. 8 Midió asimismo la entrada de la
puerta por dentro, una caña. 9 Midió luego la entrada del portal, de ocho
codos, y sus postes de dos codos; y la puerta del portal estaba por el lado de
adentro. 10 Y la puerta oriental tenía tres cámaras a cada lado, las tres de
una medida; también de una medida los portales a cada lado. 11 Midió el ancho
de la entrada de la puerta, de diez codos, y la longitud del portal, de trece
codos. 12 El espacio delante de las cámaras era de un codo a un lado, y de
otro codo al otro lado; y cada cámara tenía seis codos por un lado, y seis
codos por el otro. 13 Midió la puerta desde el techo de una cámara hasta el
techo de la otra, veinticinco codos de ancho, puerta contra puerta. 14 Y midió
los postes, de sesenta codos, cada poste del atrio y del portal todo en
derredor. 15 Y desde el frente de la puerta de la entrada hasta el frente de
la entrada de la puerta interior, cincuenta codos. 16 Y había ventanas
estrechas en las cámaras, y en sus portales por dentro de la puerta alrededor,
y asimismo en los corredores; y las ventanas estaban alrededor por dentro; y
en cada poste había palmeras.
17 Me llevó luego al atrio exterior, y he aquí había
cámaras, y estaba enlosado todo en derredor; treinta cámaras había alrededor
en aquel atrio. 18 El enlosado a los lados de las puertas, en proporción a la
longitud de los portales, era el enlosado más bajo. 19 Y midió la anchura
desde el frente de la puerta de abajo hasta el frente del atrio interior por
fuera, de cien codos hacia el oriente y el norte.
20 Y de la puerta que estaba hacia el norte en el atrio
exterior, midió su longitud y su anchura. 21 Sus cámaras eran tres de un lado,
y tres del otro; y sus postes y sus arcos eran como la medida de la puerta
primera: cincuenta codos de longitud, y veinticinco de ancho. 22 Y sus
ventanas y sus arcos y sus palmeras eran conforme a la medida de la puerta que
estaba hacia el oriente; y se subía a ella por siete gradas, y delante de
ellas estaban sus arcos. 23 La puerta del atrio interior estaba enfrente de la
puerta hacia el norte, y así al oriente; y midió de puerta a puerta, cien
codos.
24 Me llevó después hacia el sur, y he aquí una puerta
hacia el sur; y midió sus portales y sus arcos conforme a estas medidas. 25 Y
tenía sus ventanas y sus arcos alrededor, como las otras ventanas; la longitud
era de cincuenta codos, y el ancho de veinticinco codos. 26 Sus gradas eran de
siete peldaños, con sus arcos delante de ellas; y tenía palmeras, una de un
lado, y otra del otro lado, en sus postes. 27 Había también puerta hacia el
sur del atrio interior; y midió de puerta a puerta hacia el sur cien codos.
28 Me llevó después en el atrio de adentro a la puerta
del sur, y midió la puerta del sur conforme a estas medidas. 29 Sus cámaras y
sus postes y sus arcos eran conforme a estas medidas, y tenía sus ventanas y
sus arcos alrededor; la longitud era de cincuenta codos, y de veinticinco
codos el ancho. 30 Los arcos alrededor eran de veinticinco codos de largo, y
cinco codos de ancho. 31 Y sus arcos caían afuera al atrio, con palmeras en
sus postes; y sus gradas eran de ocho peldaños.
32 Y me llevó al atrio interior hacia el oriente, y midió
la puerta conforme a estas medidas. 33 Eran sus cámaras y sus postes y sus
arcos conforme a estas medidas, y tenía sus ventanas y sus arcos alrededor; la
longitud era de cincuenta codos, y la anchura de veinticinco codos. 34 Y sus
arcos caían afuera al atrio, con palmeras en sus postes de un lado y de otro;
y sus gradas eran de ocho peldaños.
35 Me llevó luego a la puerta del norte, y midió conforme
a estas medidas; 36 sus cámaras, sus postes, sus arcos y sus ventanas
alrededor; la longitud era de cincuenta codos, y de veinticinco codos el
ancho. 37 Sus postes caían afuera al atrio, con palmeras a cada uno de sus
postes de un lado y de otro; y sus gradas eran de ocho peldaños.
38 Y había allí una cámara, y su puerta con postes de
portales; allí lavarán el holocausto. 39 Y en la entrada de la puerta había
dos mesas a un lado, y otras dos al otro, para degollar sobre ellas el
holocausto y la expiación y el sacrificio por el pecado. 40 A un lado, por
fuera de las gradas, a la entrada de la puerta del norte, había dos mesas; y
al otro lado que estaba a la entrada de la puerta, dos mesas. 41 Cuatro mesas
a un lado, y cuatro mesas al otro lado, junto a la puerta; ocho mesas, sobre
las cuales degollarán las víctimas. 42 Las cuatro mesas para el holocausto
eran de piedra labrada, de un codo y medio de longitud, y codo y medio de
ancho, y de un codo de altura; sobre éstas pondrán los utensilios con que
degollarán el holocausto y el sacrificio. 43 Y adentro, ganchos, de un palmo
menor, dispuestos en derredor; y sobre las mesas la carne de las víctimas.
44 Y fuera de la puerta interior, en el atrio de adentro
que estaba al lado de la puerta del norte, estaban las cámaras de los
cantores, las cuales miraban hacia el sur; una estaba al lado de la puerta del
oriente que miraba hacia el norte. 45 Y me dijo: Esta cámara que mira hacia el
sur es de los sacerdotes que hacen la guardia del templo. 46 Y la cámara que
mira hacia el norte es de los sacerdotes que hacen la guardia del altar; estos
son los hijos de Sadoc, los cuales son llamados de los hijos de Leví para
ministrar a Jehová. 47 Y midió el atrio, cien codos de longitud, y cien codos
de anchura; era cuadrado; y el altar estaba delante de la casa.
48 Y me llevó al pórtico del templo, y midió cada poste
del pórtico, cinco codos de un lado, y cinco codos de otro; y la anchura de la
puerta tres codos de un lado, y tres codos de otro. 49 La longitud del
pórtico, veinte codos, y el ancho once codos, al cual subían por gradas; y
había columnas junto a los postes, una de un lado, y otra de otro.
EZEQUIEL 41
1 Me introdujo luego en el templo, y midió los postes,
siendo el ancho seis codos de un lado, y seis codos de otro, que era el ancho
del tabernáculo. 2 El ancho de la puerta era de diez codos, y los lados de la
puerta, de cinco codos de un lado, y cinco del otro. Y midió su longitud, de
cuarenta codos, y la anchura de veinte codos. 3 Y pasó al interior, y midió
cada poste de la puerta, de dos codos; y la puerta, de seis codos; y la
anchura de la entrada, de siete codos. 4 Midió también su longitud, de veinte
codos, y la anchura de veinte codos, delante del templo; y me dijo: Este es el
lugar santísimo.
5 Después midió el muro de la casa, de seis codos; y de
cuatro codos la anchura de las cámaras, en torno de la casa alrededor. 6 Las
cámaras laterales estaban sobrepuestas unas a otras, treinta en cada uno de
los tres pisos; y entraban modillones en la pared de la casa alrededor, sobre
los que estribasen las cámaras, para que no estribasen en la pared de la casa.
7 Y había mayor anchura en las cámaras de más arriba; la escalera de caracol
de la casa subía muy alto alrededor por dentro de la casa; por tanto, la casa
tenía más anchura arriba. Del piso inferior se podía subir al de en medio, y
de éste al superior. 8 Y miré la altura de la casa alrededor; los cimientos de
las cámaras eran de una caña entera de seis codos largos. 9 El ancho de la
pared de afuera de las cámaras era de cinco codos, igual al espacio que
quedaba de las cámaras de la casa por dentro. 10 Y entre las cámaras había
anchura de veinte codos por todos lados alrededor de la casa. 11 La puerta de
cada cámara salía al espacio que quedaba, una puerta hacia el norte, y otra
puerta hacia el sur; y el ancho del espacio que quedaba era de cinco codos por
todo alrededor.
12 Y el edificio que estaba delante del espacio abierto
al lado del occidente era de setenta codos; y la pared del edificio, de cinco
codos de grueso alrededor, y noventa codos de largo.
13 Luego midió la casa, cien codos de largo; y el espacio
abierto y el edificio y sus paredes, de cien codos de longitud. 14 Y el ancho
del frente de la casa y del espacio abierto al oriente era de cien codos.
15 Y midió la longitud del edificio que estaba delante
del espacio abierto que había detrás de él, y las cámaras de uno y otro lado,
cien codos; y el templo de dentro, y los portales del atrio. 16 Los umbrales y
las ventanas estrechas y las cámaras alrededor de los tres pisos estaba todo
cubierto de madera desde el suelo hasta las ventanas; y las ventanas también
cubiertas. 17 Por encima de la puerta, y hasta la casa de adentro, y afuera de
ella, y por toda la pared en derredor por dentro y por fuera, tomó medidas. 18
Y estaba labrada con querubines y palmeras, entre querubín y querubín una
palmera; y cada querubín tenía dos rostros; 19 un rostro de hombre hacia la
palmera del un lado, y un rostro de león hacia la palmera del otro lado, por
toda la casa alrededor. 20 Desde el suelo hasta encima de la puerta había
querubines labrados y palmeras, por toda la pared del templo.
21 Cada poste del templo era cuadrado, y el frente del
santuario era como el otro frente. 22 La altura del altar de madera era de
tres codos, y su longitud de dos codos; y sus esquinas, su superficie y sus
paredes eran de madera. Y me dijo: Esta es la mesa que está delante de Jehová.
23 El templo y el santuario tenían dos puertas. 24 Y en cada puerta había dos
hojas, dos hojas que giraban; dos hojas en una puerta, y otras dos en la otra.
25 En las puertas del templo había labrados de querubines y palmeras, así como
los que había en las paredes; y en la fachada del atrio al exterior había un
portal de madera. 26 Y había ventanas estrechas, y palmeras de uno y otro lado
a los lados del pórtico; así eran las cámaras de la casa y los umbrales.
EZEQUIEL 42
1 Me trajo luego al atrio exterior hacia el norte, y me
llevó a la cámara que estaba delante del espacio abierto que quedaba enfrente
del edificio, hacia el norte. 2 Por delante de la puerta del norte su longitud
era de cien codos, y el ancho de cincuenta codos. 3 Frente a los veinte codos
que había en el atrio interior, y enfrente del enlosado que había en el atrio
exterior, estaban las cámaras, las unas enfrente de las otras en tres pisos. 4
Y delante de las cámaras había un corredor de diez codos de ancho hacia
adentro, con una vía de un codo; y sus puertas daban al norte. 5 Y las cámaras
más altas eran más estrechas; porque las galerías quitaban de ellas más que de
las bajas y de las de en medio del edificio. 6 Porque estaban en tres pisos, y
no tenían columnas como las columnas de los atrios; por tanto, eran más
estrechas que las de abajo y las de en medio, desde el suelo. 7 Y el muro que
estaba afuera enfrente de las cámaras, hacia el atrio exterior delante de las
cámaras, tenía cincuenta codos de largo. 8 Porque la longitud de las cámaras
del atrio de afuera era de cincuenta codos; y delante de la fachada del templo
había cien codos. 9 Y debajo de las cámaras estaba la entrada al lado
oriental, para entrar en él desde el atrio exterior.
10 A lo largo del muro del atrio, hacia el oriente,
enfrente del espacio abierto, y delante del edificio, había cámaras. 11 Y el
corredor que había delante de ellas era semejante al de las cámaras que
estaban hacia el norte; tanto su longitud como su ancho eran lo mismo, y todas
sus salidas, conforme a sus puertas y conforme a sus entradas. 12 Así también
eran las puertas de las cámaras que estaban hacia el sur; había una puerta al
comienzo del corredor que había enfrente del muro al lado oriental, para quien
entraba en las cámaras.
13 Y me dijo: Las cámaras del norte y las del sur, que
están delante del espacio abierto, son cámaras santas en las cuales los
sacerdotes que se acercan a Jehová comerán las santas ofrendas; allí pondrán
las ofrendas santas, la ofrenda y la expiación y el sacrifico por el pecado,
porque el lugar es santo. 14 Cuando los sacerdotes entren, no saldrán del
lugar santo al atrio exterior, sino que allí dejarán sus vestiduras con que
ministran, porque son santas; y se vestirán otros vestidos, y así se acercarán
a lo que es del pueblo.
15 Y luego que acabó las medidas de la casa de adentro,
me sacó por el camino de la puerta que miraba hacia el oriente, y lo midió
todo alrededor. 16 Midió el lado oriental con la caña de medir, quinientas
cañas de la caña de medir alrededor. 17 Midió al lado del norte, quinientas
cañas de la caña de medir alrededor. 18 Midió al lado del sur, quinientas
cañas de la caña de medir. 19 Rodeó al lado del occidente, y midió quinientas
cañas de la caña de medir. 20 A los cuatro lados lo midió; tenía un muro todo
alrededor, de quinientas cañas de longitud y quinientas cañas de ancho, para
hacer separación entre el santuario y el lugar profano.
La gloria de Jehová llena el templo
EZEQUIEL 43
1 Me llevó luego a la puerta, a la puerta que mira hacia
el oriente; 2 y he aquí la gloria del Dios de Israel, que venía del oriente; y
su sonido era como el sonido de muchas aguas, y la tierra resplandecía a causa
de su gloria. 3 Y el aspecto de lo que vi era como una visión, como aquella
visión que vi cuando vine para destruir la ciudad; y las visiones eran como la
visión que vi junto al río Quebar; y me postré sobre mi rostro. 4 Y la gloria
de Jehová entró en la casa por la vía de la puerta que daba al oriente. 5 Y me
alzó el Espíritu y me llevó al atrio interior; y he aquí que la gloria de
Jehová llenó la casa.
Leyes del templo
6 Y oí uno que me hablaba desde la casa; y un varón
estaba junto a mí, 7 y me dijo: Hijo de hombre, este es el lugar de mi trono,
el lugar donde posaré las plantas de mis pies, en el cual habitaré entre los
hijos de Israel para siempre; y nunca más profanará la casa de Israel mi santo
nombre, ni ellos ni sus reyes, con sus fornicaciones, ni con los cuerpos
muertos de sus reyes en sus lugares altos. 8 Porque poniendo ellos su umbral
junto a mi umbral, y su contrafuerte junto a mi contrafuerte, mediando sólo
una pared entre mí y ellos, han contaminado mi santo nombre con sus
abominaciones que hicieron; por tanto, los consumí en mi furor. 9 Ahora
arrojarán lejos de mí sus fornicaciones, y los cuerpos muertos de sus reyes, y
habitaré en medio de ellos para siempre.
10 Tú, hijo de hombre, muestra a la casa de Israel esta
casa, y avergüéncense de sus pecados; y midan el diseño de ella. 11 Y si se
avergonzaren de todo lo que han hecho, hazles entender el diseño de la casa,
su disposición, sus salidas y sus entradas, y todas sus formas, y todas sus
descripciones, y todas sus configuraciones, y todas sus leyes; y descríbelo
delante de sus ojos, para que guarden toda su forma y todas sus reglas, y las
pongan por obra. 12 Esta es la ley de la casa: Sobre la cumbre del monte, el
recinto entero, todo en derredor, será santísimo. He aquí que esta es la ley
de la casa.
13 Estas son las medidas del altar por codos (el codo de
a codo y palmo menor). La base, de un codo, y de un codo el ancho; y su remate
por su borde alrededor, de un palmo. Este será el zócalo del altar. 14 Y desde
la base, sobre el suelo, hasta el lugar de abajo, dos codos, y la anchura de
un codo; y desde la cornisa menor hasta la cornisa mayor, cuatro codos, y el
ancho de un codo. 15 El altar era de cuatro codos, y encima del altar había
cuatro cuernos. 16 Y el altar tenía doce codos de largo, y doce de ancho,
cuadrado a sus cuatro lados. 17 El descanso era de catorce codos de longitud y
catorce de anchura en sus cuatro lados, y de medio codo el borde alrededor; y
la base de un codo por todos lados; y sus gradas estaban al oriente.
18 Y me dijo: Hijo de hombre, así ha dicho Jehová el
Señor: Estas son las ordenanzas del altar el día en que sea hecho, para
ofrecer holocausto sobre él y para esparcir sobre él sangre. 19 A los
sacerdotes levitas que son del linaje de Sadoc, que se acerquen a mí, dice
Jehová el Señor, para ministrar ante mí, darás un becerro de la vacada para
expiación. 20 Y tomarás de su sangre, y pondrás en los cuatro cuernos del
altar, y en las cuatro esquinas del descanso, y en el borde alrededor; así lo
limpiarás y purificarás. 21 Tomarás luego el becerro de la expiación, y lo
quemarás conforme a la ley de la casa, fuera del santuario. 22 Al segundo día
ofrecerás un macho cabrío sin defecto, para expiación; y purificarán el altar
como lo purificaron con el becerro. 23 Cuando acabes de expiar, ofrecerás un
becerro de la vacada sin defecto, y un carnero sin tacha de la manada; 24 y
los ofrecerás delante de Jehová, y los sacerdotes echarán sal sobre ellos, y
los ofrecerán en holocausto a Jehová. 25 Por siete días sacrificarán un macho
cabrío cada día en expiación; asimismo sacrificarán el becerro de la vacada y
un carnero sin tacha del rebaño. 26 Por siete días harán expiación por el
altar, y lo limpiarán, y así lo consagrarán. 27 Y acabados estos días, del
octavo día en adelante, los sacerdotes sacrificarán sobre el altar vuestros
holocaustos y vuestras ofrendas de paz; y me seréis aceptos, dice Jehová el
Señor.
EZEQUIEL 44
1 Me hizo volver hacia la puerta exterior del santuario,
la cual mira hacia el oriente; y estaba cerrada. 2 Y me dijo Jehová: Esta
puerta estará cerrada; no se abrirá, ni entrará por ella hombre, porque Jehová
Dios de Israel entró por ella; estará, por tanto, cerrada. 3 En cuanto al
príncipe, por ser el príncipe, él se sentará allí para comer pan delante de
Jehová; por el vestíbulo de la puerta entrará, y por ese mismo camino saldrá.
4 Y me llevó hacia la puerta del norte por delante de la
casa; y miré, y he aquí la gloria de Jehová había llenado la casa de Jehová; y
me postré sobre mi rostro. 5 Y me dijo Jehová: Hijo de hombre, pon atención, y
mira con tus ojos, y oye con tus oídos todo lo que yo hablo contigo sobre
todas las ordenanzas de la casa de Jehová, y todas sus leyes; y pon atención a
las entradas de la casa, y a todas las salidas del santuario. 6 Y dirás a los
rebeldes, a la casa de Israel: Así ha dicho Jehová el Señor: Basta ya de todas
vuestras abominaciones, oh casa de Israel; 7 de traer extranjeros,
incircuncisos de corazón e incircuncisos de carne, para estar en mi santuario
y para contaminar mi casa; de ofrecer mi pan, la grosura y la sangre, y de
invalidar mi pacto con todas vuestras abominaciones. 8 Pues no habéis guardado
lo establecido acerca de mis cosas santas, sino que habéis puesto extranjeros
como guardas de las ordenanzas en mi santuario.
9 Así ha dicho Jehová el Señor: Ningún hijo de
extranjero, incircunciso de corazón e incircunciso de carne, entrará en mi
santuario, de todos los hijos de extranjeros que están entre los hijos de
Israel. 10 Y los levitas que se apartaron de mí cuando Israel se alejó de mí,
yéndose tras sus ídolos, llevarán su iniquidad. 11 Y servirán en mi santuario
como porteros a las puertas de la casa y sirvientes en la casa; ellos matarán
el holocausto y la víctima para el pueblo, y estarán ante él para servirle. 12
Por cuanto les sirvieron delante de sus ídolos, y fueron a la casa de Israel
por tropezadero de maldad; por tanto, he alzado mi mano y jurado, dice Jehová
el Señor, que ellos llevarán su iniquidad. 13 No se acercarán a mí para
servirme como sacerdotes, ni se acercarán a ninguna de mis cosas santas, a mis
cosas santísimas, sino que llevarán su vergüenza y las abominaciones que
hicieron. 14 Les pondré, pues, por guardas encargados de la custodia de la
casa, para todo el servicio de ella, y para todo lo que en ella haya de
hacerse.
15 Mas los sacerdotes levitas hijos de Sadoc, que
guardaron el ordenamiento del santuario cuando los hijos de Israel se
apartaron de mí, ellos se acercarán para ministrar ante mí, y delante de mí
estarán para ofrecerme la grosura y la sangre, dice Jehová el Señor. 16 Ellos
entrarán en mi santuario, y se acercarán a mi mesa para servirme, y guardarán
mis ordenanzas. 17 Y cuando entren por las puertas del atrio interior, se
vestirán vestiduras de lino; no llevarán sobre ellos cosa de lana, cuando
ministren en las puertas del atrio interior y dentro de la casa. 18 Turbantes
de lino tendrán sobre sus cabezas, y calzoncillos de lino sobre sus lomos; no
se ceñirán cosa que los haga sudar. 19 Cuando salgan al atrio exterior, al
atrio de afuera, al pueblo, se quitarán las vestiduras con que ministraron, y
las dejarán en las cámaras del santuario, y se vestirán de otros vestidos,
para no santificar al pueblo con sus vestiduras. 20 Y no se raparán su cabeza,
ni dejarán crecer su cabello, sino que lo recortarán solamente. 21 Ninguno de
los sacerdotes beberá vino cuando haya de entrar en el atrio interior. 22 Ni
viuda ni repudiada tomará por mujer, sino que tomará virgen del linaje de la
casa de Israel, o viuda que fuere viuda de sacerdote. 23 Y enseñarán a mi
pueblo a hacer diferencia entre lo santo y lo profano, y les enseñarán a
discernir entre lo limpio y lo no limpio. 24 En los casos de pleito ellos
estarán para juzgar; conforme a mis juicios juzgarán; y mis leyes y mis
decretos guardarán en todas mis fiestas solemnes, y santificarán mis días de
reposo. 25 No se acercarán a hombre muerto para contaminarse; pero por padre o
madre, hijo o hija, hermano, o hermana que no haya tenido marido, sí podrán
contaminarse. 26 Y después de su purificación, le contarán siete días. 27 Y el
día que entre al santuario, al atrio interior, para ministrar en el santuario,
ofrecerá su expiación, dice Jehová el Señor.
28 Y habrá para ellos heredad; yo seré su heredad, pero
no les daréis posesión en Israel; yo soy su posesión. 29 La ofrenda y la
expiación y el sacrificio por el pecado comerán, y toda cosa consagrada en
Israel será de ellos. 30 Y las primicias de todos los primeros frutos de todo,
y toda ofrenda de todo lo que se presente de todas vuestras ofrendas, será de
los sacerdotes; asimismo daréis al sacerdote las primicias de todas vuestras
masas, para que repose la bendición en vuestras casas. 31 Ninguna cosa
mortecina ni desgarrada, así de aves como de animales, comerán los sacerdotes.
EZEQUIEL 45
1 Cuando repartáis por suertes la tierra en heredad,
apartaréis una porción para Jehová, que le consagraréis en la tierra, de
longitud de veinticinco mil cañas y diez mil de ancho; esto será santificado
en todo su territorio alrededor. 2 De esto será para el santuario quinientas
cañas de longitud y quinientas de ancho, en cuadro alrededor; y cincuenta
codos en derredor para sus ejidos. 3 Y de esta medida medirás en longitud
veinticinco mil cañas, y en ancho diez mil, en lo cual estará el santuario y
el lugar santísimo. 4 Lo consagrado de esta tierra será para los sacerdotes,
ministros del santuario, que se acercan para ministrar a Jehová; y servirá de
lugar para sus casas, y como recinto sagrado para el santuario. 5 Asimismo
veinticinco mil cañas de longitud y diez mil de ancho, lo cual será para los
levitas ministros de la casa, como posesión para sí, con veinte cámaras.
6 Para propiedad de la ciudad señalaréis cinco mil de
anchura y veinticinco mil de longitud, delante de lo que se apartó para el
santuario; será para toda la casa de Israel.
7 Y la parte del príncipe estará junto a lo que se apartó
para el santuario, de uno y otro lado, y junto a la posesión de la ciudad,
delante de lo que se apartó para el santuario, y delante de la posesión de la
ciudad, desde el extremo occidental hasta el extremo oriental, y la longitud
será desde el límite occidental hasta el límite oriental. 8 Esta tierra tendrá
por posesión en Israel, y nunca más mis príncipes oprimirán a mi pueblo; y
darán la tierra a la casa de Israel conforme a sus tribus.
9 Así ha dicho Jehová el Señor: ¡Basta ya, oh príncipes
de Israel! Dejad la violencia y la rapiña. Haced juicio y justicia; quitad
vuestras imposiciones de sobre mi pueblo, dice Jehová el Señor.
10 Balanzas justas, efa justo, y bato justo tendréis. 11
El efa y el bato serán de una misma medida: que el bato tenga la décima parte
del homer, y la décima parte del homer el efa; la medida de ellos será según
el homer. 12 Y el siclo será de veinte geras. Veinte siclos, veinticinco
siclos, quince siclos, os serán una mina.
13 Esta será la ofrenda que ofreceréis: la sexta parte de
un efa por cada homer del trigo, y la sexta parte de un efa por cada homer de
la cebada. 14 La ordenanza para el aceite será que ofreceréis un bato de
aceite, que es la décima parte de un coro; diez batos harán un homer; porque
diez batos son un homer. 15 Y una cordera del rebaño de doscientas, de las
engordadas de Israel, para sacrificio, y para holocausto y para ofrendas de
paz, para expiación por ellos, dice Jehová el Señor. 16 Todo el pueblo de la
tierra estará obligado a dar esta ofrenda para el príncipe de Israel. 17 Mas
al príncipe corresponderá el dar el holocausto y el sacrificio y la libación
en las fiestas solemnes, en las lunas nuevas, en los días de reposo y en todas
las fiestas de la casa de Israel; él dispondrá la expiación, la ofrenda, el
holocausto y las ofrendas de paz, para hacer expiación por la casa de Israel.
18 Así ha dicho Jehová el Señor: El mes primero, el día
primero del mes, tomarás de la vacada un becerro sin defecto, y purificarás el
santuario. 19 Y el sacerdote tomará de la sangre de la expiación, y pondrá
sobre los postes de la casa, y sobre los cuatro ángulos del descanso del
altar, y sobre los postes de las puertas del atrio interior. 20 Así harás el
séptimo día del mes para los que pecaron por error y por engaño, y harás
expiación por la casa.
21 El mes primero, a los catorce días del mes, tendréis
la pascua, fiesta de siete días; se comerá pan sin levadura. 22 Aquel día el
príncipe sacrificará por sí mismo y por todo el pueblo de la tierra, un
becerro por el pecado. 23 Y en los siete días de la fiesta solemne ofrecerá
holocausto a Jehová, siete becerros y siete carneros sin defecto, cada día de
los siete días; y por el pecado un macho cabrío cada día. 24 Y con cada
becerro ofrecerá ofrenda de un efa, y con cada carnero un efa; y por cada efa
un hin de aceite. 25 En el mes séptimo, a los quince días del mes, en la
fiesta, hará como en estos siete días en cuanto a la expiación, en cuanto al
holocausto, en cuanto al presente y en cuanto al aceite.
EZEQUIEL 46
1 Así ha dicho Jehová el Señor: La puerta del atrio
interior que mira al oriente estará cerrada los seis días de trabajo, y el día
de reposo se abrirá; se abrirá también el día de la luna nueva. 2 Y el
príncipe entrará por el camino del portal de la puerta exterior, y estará en
pie junto al umbral de la puerta mientras los sacerdotes ofrezcan su
holocausto y sus ofrendas de paz, y adorará junto a la entrada de la puerta;
después saldrá; pero no se cerrará la puerta hasta la tarde. 3 Asimismo
adorará el pueblo de la tierra delante de Jehová, a la entrada de la puerta,
en los días de reposo y en las lunas nuevas. 4 El holocausto que el príncipe
ofrecerá a Jehová en el día de reposo será seis corderos sin defecto, y un
carnero sin tacha; 5 y por ofrenda un efa con cada carnero; y con cada cordero
una ofrenda conforme a sus posibilidades, y un hin de aceite con el efa. 6 Mas
el día de la luna nueva, un becerro sin tacha de la vacada, seis corderos, y
un carnero; deberán ser sin defecto. 7 Y hará ofrenda de un efa con el
becerro, y un efa con cada carnero; pero con los corderos, conforme a sus
posibilidades; y un hin de aceite por cada efa. 8 Y cuando el príncipe
entrare, entrará por el camino del portal de la puerta, y por el mismo camino
saldrá.
9 Mas cuando el pueblo de la tierra entrare delante de
Jehová en las fiestas, el que entrare por la puerta del norte saldrá por la
puerta del sur, y el que entrare por la puerta del sur saldrá por la puerta
del norte; no volverá por la puerta por donde entró, sino que saldrá por la de
enfrente de ella. 10 Y el príncipe, cuando ellos entraren, entrará en medio de
ellos; y cuando ellos salieren, él saldrá.
11 Y en las fiestas y en las asambleas solemnes será la
ofrenda un efa con cada becerro, y un efa con cada carnero; y con los
corderos, conforme a sus posibilidades; y un hin de aceite con cada efa. 12
Mas cuando el príncipe libremente hiciere holocausto u ofrendas de paz a
Jehová, le abrirán la puerta que mira al oriente, y hará su holocausto y sus
ofrendas de paz, como hace en el día de reposo; después saldrá, y cerrarán la
puerta después que saliere.
13 Y ofrecerás en sacrificio a Jehová cada día en
holocausto un cordero de un año sin defecto; cada mañana lo sacrificarás. 14 Y
con él harás todas las mañanas ofrenda de la sexta parte de un efa, y la
tercera parte de un hin de aceite para mezclar con la flor de harina; ofrenda
para Jehová continuamente, por estatuto perpetuo. 15 Ofrecerán, pues, el
cordero y la ofrenda y el aceite, todas las mañanas en holocausto continuo.
16 Así ha dicho Jehová el Señor: Si el príncipe diere
parte de su heredad a sus hijos, será de ellos; posesión de ellos será por
herencia. 17 Mas si de su heredad diere parte a alguno de sus siervos, será de
él hasta el año del jubileo, y volverá al príncipe; mas su herencia será de
sus hijos. 18 Y el príncipe no tomará nada de la herencia del pueblo, para no
defraudarlos de su posesión; de lo que él posee dará herencia a sus hijos, a
fin de que ninguno de mi pueblo sea echado de su posesión.
19 Me trajo después por la entrada que estaba hacia la
puerta, a las cámaras santas de los sacerdotes, las cuales miraban al norte, y
vi que había allí un lugar en el fondo del lado de occidente. 20 Y me dijo:
Este es el lugar donde los sacerdotes cocerán la ofrenda por el pecado y la
expiación; allí cocerán la ofrenda, para no sacarla al atrio exterior,
santificando así al pueblo.
21 Y luego me sacó al atrio exterior, y me llevó por los
cuatro rincones del atrio; y en cada rincón había un patio. 22 En los cuatro
rincones del atrio había patios cercados, de cuarenta codos de longitud y
treinta de ancho; una misma medida tenían los cuatro. 23 Y había una pared
alrededor de ellos, alrededor de los cuatro, y abajo fogones alrededor de las
paredes. 24 Y me dijo: Estas son las cocinas, donde los servidores de la casa
cocerán la ofrenda del pueblo.
Las aguas salutíferas
EZEQUIEL 47
1 Me hizo volver luego a la entrada de la casa; y he aquí
aguas que salían de debajo del umbral de la casa hacia el oriente; porque la
fachada de la casa estaba al oriente, y las aguas descendían de debajo, hacia
el lado derecho de la casa, al sur del altar. 2 Y me sacó por el camino de la
puerta del norte, y me hizo dar la vuelta por el camino exterior, fuera de la
puerta, al camino de la que mira al oriente; y vi que las aguas salían del
lado derecho.
3 Y salió el varón hacia el oriente, llevando un cordel
en su mano; y midió mil codos, y me hizo pasar por las aguas hasta los
tobillos. 4 Midió otros mil, y me hizo pasar por las aguas hasta las rodillas.
Midió luego otros mil, y me hizo pasar por las aguas hasta los lomos. 5 Midió
otros mil, y era ya un río que yo no podía pasar, porque las aguas habían
crecido de manera que el río no se podía pasar sino a nado. 6 Y me dijo: ¿Has
visto, hijo de hombre?
Después me llevó, y me hizo volver por la ribera del río.
7 Y volviendo yo, vi que en la ribera del río había muchísimos árboles a uno y
otro lado. 8 Y me dijo: Estas aguas salen a la región del oriente, y
descenderán al Arabá, y entrarán en el mar; y entradas en el mar, recibirán
sanidad las aguas. 9 Y toda alma viviente que nadare por dondequiera que
entraren estos dos ríos, vivirá; y habrá muchísimos peces por haber entrado
allá estas aguas, y recibirán sanidad; y vivirá todo lo que entrare en este
río. 10 Y junto a él estarán los pescadores, y desde En-gadi hasta En-eglaim
será su tendedero de redes; y por sus especies serán los peces tan numerosos
como los peces del Mar Grande. 11 Sus pantanos y sus lagunas no se sanearán;
quedarán para salinas. 12 Y junto al río, en la ribera, a uno y otro lado,
crecerá toda clase de árboles frutales; sus hojas nunca caerán, ni faltará su
fruto. A su tiempo madurará, porque sus aguas salen del santuario; y su fruto
será para comer, y su hoja para medicina.
Límites y repartición de la tierra
13 Así ha dicho Jehová el Señor: Estos son los límites en
que repartiréis la tierra por heredad entre las doce tribus de Israel. José
tendrá dos partes. 14 Y la heredaréis así los unos como los otros; por ella
alcé mi mano jurando que la había de dar a vuestros padres; por tanto, esta
será la tierra de vuestra heredad.
15 Y este será el límite de la tierra hacia el lado del
norte; desde el Mar Grande, camino de Hetlón viniendo a Zedad, 16 Hamat,
Berota, Sibraim, que está entre el límite de Damasco y el límite de Hamat;
Hazar-haticón, que es el límite de Haurán. 17 Y será el límite del norte desde
el mar hasta Hazar-enán en el límite de Damasco al norte, y al límite de Hamat
al lado del norte.
18 Del lado del oriente, en medio de Haurán y de Damasco,
y de Galaad y de la tierra de Israel, al Jordán; esto mediréis de límite hasta
el mar oriental.
19 Del lado meridional, hacia el sur, desde Tamar hasta
las aguas de las rencillas; desde Cades y el arroyo hasta el Mar Grande; y
esto será el lado meridional, al sur.
20 Del lado del occidente el Mar Grande será el límite
hasta enfrente de la entrada de Hamat; este será el lado occidental.
21 Repartiréis, pues, esta tierra entre vosotros según
las tribus de Israel. 22 Y echaréis sobre ella suertes por heredad para
vosotros, y para los extranjeros que moran entre vosotros, que entre vosotros
han engendrado hijos; y los tendréis como naturales entre los hijos de Israel;
echarán suertes con vosotros para tener heredad entre las tribus de Israel. 23
En la tribu en que morare el extranjero, allí le daréis su heredad, ha dicho
Jehová el Señor.
EZEQUIEL 48
1 Estos son los nombres de las tribus: Desde el extremo
norte por la vía de Hetlón viniendo a Hamat, Hazar-enán, en los confines de
Damasco, al norte, hacia Hamat, tendrá Dan una parte, desde el lado oriental
hasta el occidental. 2 Junto a la frontera de Dan, desde el lado del oriente
hasta el lado del mar, tendrá Aser una parte. 3 Junto al límite de Aser, desde
el lado del oriente hasta el lado del mar, Neftalí, otra. 4 Junto al límite de
Neftalí, desde el lado del oriente hasta el lado del mar, Manasés, otra. 5
Junto al límite de Manasés, desde el lado del oriente hasta el lado del mar,
Efraín, otra. 6 Junto al límite de Efraín, desde el lado del oriente hasta el
lado del mar, Rubén, otra. 7 Junto al límite de Rubén, desde el lado del
oriente hasta el lado del mar, Judá, otra.
8 Junto al límite de Judá, desde el lado del oriente
hasta el lado del mar, estará la porción que reservaréis de veinticinco mil
cañas de anchura, y de longitud como cualquiera de las otras partes, esto es,
desde el lado del oriente hasta el lado del mar; y el santuario estará en
medio de ella. 9 La porción que reservaréis para Jehová tendrá de longitud
veinticinco mil cañas, y diez mil de ancho. 10 La porción santa que
pertenecerá a los sacerdotes será de veinticinco mil cañas al norte, y de diez
mil de anchura al occidente, y de diez mil de ancho al oriente, y de
veinticinco mil de longitud al sur; y el santuario de Jehová estará en medio
de ella. 11 Los sacerdotes santificados de los hijos de Sadoc que me guardaron
fidelidad, que no erraron cuando erraron los hijos de Israel, como erraron los
levitas, 12 ellos tendrán como parte santísima la porción de la tierra
reservada, junto al límite de la de los levitas. 13 Y la de los levitas, al
lado de los límites de la de los sacerdotes, será de veinticinco mil cañas de
longitud, y de diez mil de anchura; toda la longitud de veinticinco mil, y la
anchura de diez mil. 14 No venderán nada de ello, ni lo permutarán, ni
traspasarán las primicias de la tierra; porque es cosa consagrada a Jehová.
15 Y las cinco mil cañas de anchura que quedan de las
veinticinco mil, serán profanas, para la ciudad, para habitación y para ejido;
y la ciudad estará en medio. 16 Estas serán sus medidas: al lado del norte
cuatro mil quinientas cañas, al lado del sur cuatro mil quinientas, al lado
del oriente cuatro mil quinientas, y al lado del occidente cuatro mil
quinientas. 17 Y el ejido de la ciudad será al norte de doscientas cincuenta
cañas, al sur de doscientas cincuenta, al oriente de doscientas cincuenta, y
de doscientas cincuenta al occidente. 18 Y lo que quedare de longitud delante
de la porción santa, diez mil cañas al oriente y diez mil al occidente, que
será lo que quedará de la porción santa, será para sembrar para los que sirven
a la ciudad. 19 Y los que sirvan a la ciudad serán de todas la tribus de
Israel. 20 Toda la porción reservada de veinticinco mil cañas por veinticinco
mil en cuadro, reservaréis como porción para el santuario, y para la posesión
de la ciudad.
21 Y del príncipe será lo que quedare a uno y otro lado
de la porción santa y de la posesión de la ciudad, esto es, delante de las
veinticinco mil cañas de la porción hasta el límite oriental, y al occidente
delante de las veinticinco mil hasta el límite occidental, delante de las
partes dichas será del príncipe; porción santa será, y el santuario de la casa
estará en medio de ella. 22 De este modo la parte del príncipe será la
comprendida desde la porción de los levitas y la porción de la ciudad, entre
el límite de Judá y el límite de Benjamín.
23 En cuanto a las demás tribus, desde el lado del
oriente hasta el lado del mar, tendrá Benjamín una porción. 24 Junto al límite
de Benjamín, desde el lado del oriente hasta el lado del mar, Simeón, otra. 25
Junto al límite de Simeón, desde el lado del oriente hasta el lado del mar,
Isacar, otra. 26 Junto al límite de Isacar, desde el lado del oriente hasta el
lado del mar, Zabulón, otra. 27 Junto al límite de Zabulón, desde el lado del
oriente hasta el lado del mar, Gad, otra. 28 Junto al límite de Gad, al lado
meridional al sur, será el límite desde Tamar hasta las aguas de las
rencillas, y desde Cades y el arroyo hasta el Mar Grande. 29 Esta es la tierra
que repartiréis por suertes en heredad a las tribus de Israel, y estas son sus
porciones, ha dicho Jehová el Señor.
30 Y estas son las salidas de la ciudad: al lado del
norte, cuatro mil quinientas cañas por medida. 31 Y las puertas de la ciudad
serán según los nombres de las tribus de Israel: tres puertas al norte: la
puerta de Rubén, una; la puerta de Judá, otra; la puerta de Leví, otra. 32 Al
lado oriental cuatro mil quinientas cañas, y tres puertas: la puerta de José,
una; la puerta de Benjamín, otra; la puerta de Dan, otra. 33 Al lado del sur,
cuatro mil quinientas cañas por medida, y tres puertas: la puerta de Simeón,
una; la puerta de Isacar, otra; la puerta de Zabulón, otra. 34 Y al lado
occidental cuatro mil quinientas cañas, y sus tres puertas: la puerta de Gad,
una; la puerta de Aser, otra; la puerta de Neftalí, otra. 35 En derredor
tendrá dieciocho mil cañas. Y el nombre de la ciudad desde aquel día será
Jehová-sama.
DANIEL
Daniel y sus compañeros en Babilonia
DANIEL 1
1 En el año tercero del reinado de Joacim rey de Judá,
vino Nabucodonosor rey de Babilonia a Jerusalén, y la sitió. 2 Y el Señor
entregó en sus manos a Joacim rey de Judá, y parte de los utensilios de la
casa de Dios; y los trajo a tierra de Sinar, a la casa de su dios, y colocó
los utensilios en la casa del tesoro de su dios. 3 Y dijo el rey a Aspenaz,
jefe de sus eunucos, que trajese de los hijos de Israel, del linaje real de
los príncipes, 4 muchachos en quienes no hubiese tacha alguna, de buen
parecer, enseñados en toda sabiduría, sabios en ciencia y de buen
entendimiento, e idóneos para estar en el palacio del rey; y que les enseñase
las letras y la lengua de los caldeos. 5 Y les señaló el rey ración para cada
día, de la provisión de la comida del rey, y del vino que él bebía; y que los
criase tres años, para que al fin de ellos se presentasen delante del rey. 6
Entre éstos estaban Daniel, Ananías, Misael y Azarías, de los hijos de Judá. 7
A éstos el jefe de los eunucos puso nombres: puso a Daniel, Beltsasar; a
Ananías, Sadrac; a Misael, Mesac; y a Azarías, Abed-nego.
8 Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la
porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía; pidió, por tanto,
al jefe de los eunucos que no se le obligase a contaminarse. 9 Y puso Dios a
Daniel en gracia y en buena voluntad con el jefe de los eunucos; 10 y dijo el
jefe de los eunucos a Daniel: Temo a mi señor el rey, que señaló vuestra
comida y vuestra bebida; pues luego que él vea vuestros rostros más pálidos
que los de los muchachos que son semejantes a vosotros, condenaréis para con
el rey mi cabeza. 11 Entonces dijo Daniel a Melsar, que estaba puesto por el
jefe de los eunucos sobre Daniel, Ananías, Misael y Azarías: 12 Te ruego que
hagas la prueba con tus siervos por diez días, y nos den legumbres a comer, y
agua a beber. 13 Compara luego nuestros rostros con los rostros de los
muchachos que comen de la ración de la comida del rey, y haz después con tus
siervos según veas. 14 Consintió, pues, con ellos en esto, y probó con ellos
diez días. 15 Y al cabo de los diez días pareció el rostro de ellos mejor y
más robusto que el de los otros muchachos que comían de la porción de la
comida del rey. 16 Así, pues, Melsar se llevaba la porción de la comida de
ellos y el vino que habían de beber, y les daba legumbres.
17 A estos cuatro muchachos Dios les dio conocimiento e
inteligencia en todas las letras y ciencias; y Daniel tuvo entendimiento en
toda visión y sueños. 18 Pasados, pues, los días al fin de los cuales había
dicho el rey que los trajesen, el jefe de los eunucos los trajo delante de
Nabucodonosor. 19 Y el rey habló con ellos, y no fueron hallados entre todos
ellos otros como Daniel, Ananías, Misael y Azarías; así, pues, estuvieron
delante del rey. 20 En todo asunto de sabiduría e inteligencia que el rey les
consultó, los halló diez veces mejores que todos los magos y astrólogos que
había en todo su reino. 21 Y continuó Daniel hasta el año primero del rey
Ciro.
Daniel interpreta el sueño de Nabucodonosor
DANIEL 2
1 En el segundo año del reinado de Nabucodonosor, tuvo
Nabucodonosor sueños, y se perturbó su espíritu, y se le fue el sueño. 2 Hizo
llamar el rey a magos, astrólogos, encantadores y caldeos, para que le
explicasen sus sueños. Vinieron, pues, y se presentaron delante del rey. 3 Y
el rey les dijo: He tenido un sueño, y mi espíritu se ha turbado por saber el
sueño. 4 Entonces hablaron los caldeos al rey en lengua aramea: Rey, para
siempre vive; di el sueño a tus siervos, y te mostraremos la interpretación. 5
Respondió el rey y dijo a los caldeos: El asunto lo olvidé; si no me mostráis
el sueño y su interpretación, seréis hechos pedazos, y vuestras casas serán
convertidas en muladares. 6 Y si me mostrareis el sueño y su interpretación,
recibiréis de mí dones y favores y gran honra. Decidme, pues, el sueño y su
interpretación. 7 Respondieron por segunda vez, y dijeron: Diga el rey el
sueño a sus siervos, y le mostraremos la interpretación. 8 El rey respondió y
dijo: Yo conozco ciertamente que vosotros ponéis dilaciones, porque veis que
el asunto se me ha ido. 9 Si no me mostráis el sueño, una sola sentencia hay
para vosotros. Ciertamente preparáis respuesta mentirosa y perversa que decir
delante de mí, entre tanto que pasa el tiempo. Decidme, pues, el sueño, para
que yo sepa que me podéis dar su interpretación. 10 Los caldeos respondieron
delante del rey, y dijeron: No hay hombre sobre la tierra que pueda declarar
el asunto del rey; además de esto, ningún rey, príncipe ni señor preguntó cosa
semejante a ningún mago ni astrólogo ni caldeo. 11 Porque el asunto que el rey
demanda es difícil, y no hay quien lo pueda declarar al rey, salvo los dioses
cuya morada no es con la carne.
12 Por esto el rey con ira y con gran enojo mandó que
matasen a todos los sabios de Babilonia. 13 Y se publicó el edicto de que los
sabios fueran llevados a la muerte; y buscaron a Daniel y a sus compañeros
para matarlos. 14 Entonces Daniel habló sabia y prudentemente a Arioc, capitán
de la guardia del rey, que había salido para matar a los sabios de Babilonia.
15 Habló y dijo a Arioc capitán del rey: ¿Cuál es la causa de que este edicto
se publique de parte del rey tan apresuradamente? Entonces Arioc hizo saber a
Daniel lo que había. 16 Y Daniel entró y pidió al rey que le diese tiempo, y
que él mostraría la interpretación al rey.
17 Luego se fue Daniel a su casa e hizo saber lo que
había a Ananías, Misael y Azarías, sus compañeros, 18 para que pidiesen
misericordias del Dios del cielo sobre este misterio, a fin de que Daniel y
sus compañeros no pereciesen con los otros sabios de Babilonia. 19 Entonces el
secreto fue revelado a Daniel en visión de noche, por lo cual bendijo Daniel
al Dios del cielo. 20 Y Daniel habló y dijo: Sea bendito el nombre de Dios de
siglos en siglos, porque suyos son el poder y la sabiduría. 21 El muda los
tiempos y las edades; quita reyes, y pone reyes; da la sabiduría a los sabios,
y la ciencia a los entendidos. 22 El revela lo profundo y lo escondido; conoce
lo que está en tinieblas, y con él mora la luz. 23 A ti, oh Dios de mis
padres, te doy gracias y te alabo, porque me has dado sabiduría y fuerza, y
ahora me has revelado lo que te pedimos; pues nos has dado a conocer el asunto
del rey.
24 Después de esto fue Daniel a Arioc, al cual el rey
había puesto para matar a los sabios de Babilonia, y le dijo así: No mates a
los sabios de Babilonia; llévame a la presencia del rey, y yo le mostraré la
interpretación.
25 Entonces Arioc llevó prontamente a Daniel ante el rey,
y le dijo así: He hallado un varón de los deportados de Judá, el cual dará al
rey la interpretación. 26 Respondió el rey y dijo a Daniel, al cual llamaban
Beltsasar: ¿Podrás tú hacerme conocer el sueño que vi, y su interpretación? 27
Daniel respondió delante del rey, diciendo: El misterio que el rey demanda, ni
sabios, ni astrólogos, ni magos ni adivinos lo pueden revelar al rey. 28 Pero
hay un Dios en los cielos, el cual revela los misterios, y él ha hecho saber
al rey Nabucodonosor lo que ha de acontecer en los postreros días. He aquí tu
sueño, y las visiones que has tenido en tu cama: 29 Estando tú, oh rey, en tu
cama, te vinieron pensamientos por saber lo que había de ser en lo por venir;
y el que revela los misterios te mostró lo que ha de ser. 30 Y a mí me ha sido
revelado este misterio, no porque en mí haya más sabiduría que en todos los
vivientes, sino para que se dé a conocer al rey la interpretación, y para que
entiendas los pensamientos de tu corazón.
31 Tú, oh rey, veías, y he aquí una gran imagen. Esta
imagen, que era muy grande, y cuya gloria era muy sublime, estaba en pie
delante de ti, y su aspecto era terrible. 32 La cabeza de esta imagen era de
oro fino; su pecho y sus brazos, de plata; su vientre y sus muslos, de bronce;
33 sus piernas, de hierro; sus pies, en parte de hierro y en parte de barro
cocido. 34 Estabas mirando, hasta que una piedra fue cortada, no con mano, e
hirió a la imagen en sus pies de hierro y de barro cocido, y los desmenuzó. 35
Entonces fueron desmenuzados también el hierro, el barro cocido, el bronce, la
plata y el oro, y fueron como tamo de las eras del verano, y se los llevó el
viento sin que de ellos quedara rastro alguno. Mas la piedra que hirió a la
imagen fue hecha un gran monte que llenó toda la tierra.
36 Este es el sueño; también la interpretación de él
diremos en presencia del rey. 37 Tú, oh rey, eres rey de reyes; porque el Dios
del cielo te ha dado reino, poder, fuerza y majestad. 38 Y dondequiera que
habitan hijos de hombres, bestias del campo y aves del cielo, él los ha
entregado en tu mano, y te ha dado el dominio sobre todo; tú eres aquella
cabeza de oro. 39 Y después de ti se levantará otro reino inferior al tuyo; y
luego un tercer reino de bronce, el cual dominará sobre toda la tierra. 40 Y
el cuarto reino será fuerte como hierro; y como el hierro desmenuza y rompe
todas las cosas, desmenuzará y quebrantará todo. 41 Y lo que viste de los pies
y los dedos, en parte de barro cocido de alfarero y en parte de hierro, será
un reino dividido; mas habrá en él algo de la fuerza del hierro, así como
viste hierro mezclado con barro cocido. 42 Y por ser los dedos de los pies en
parte de hierro y en parte de barro cocido, el reino será en parte fuerte, y
en parte frágil. 43 Así como viste el hierro mezclado con barro, se mezclarán
por medio de alianzas humanas; pero no se unirán el uno con el otro, como el
hierro no se mezcla con el barro. 44 Y en los días de estos reyes el Dios del
cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado
a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él
permanecerá para siempre, 45 de la manera que viste que del monte fue cortada
una piedra, no con mano, la cual desmenuzó el hierro, el bronce, el barro, la
plata y el oro. El gran Dios ha mostrado al rey lo que ha de acontecer en lo
por venir; y el sueño es verdadero, y fiel su interpretación.
46 Entonces el rey Nabucodonosor se postró sobre su
rostro y se humilló ante Daniel, y mandó que le ofreciesen presentes e
incienso. 47 El rey habló a Daniel, y dijo: Ciertamente el Dios vuestro es
Dios de dioses, y Señor de los reyes, y el que revela los misterios, pues
pudiste revelar este misterio. 48 Entonces el rey engrandeció a Daniel, y le
dio muchos honores y grandes dones, y le hizo gobernador de toda la provincia
de Babilonia, y jefe supremo de todos los sabios de Babilonia. 49 Y Daniel
solicitó del rey, y obtuvo que pusiera sobre los negocios de la provincia de
Babilonia a Sadrac, Mesac y Abed-nego; y Daniel estaba en la corte del rey.
Rescatados del horno de fuego
DANIEL 3
1 El rey Nabucodonosor hizo una estatua de oro cuya
altura era de sesenta codos, y su anchura de seis codos; la levantó en el
campo de Dura, en la provincia de Babilonia. 2 Y envió el rey Nabucodonosor a
que se reuniesen los sátrapas, los magistrados y capitanes, oidores,
tesoreros, consejeros, jueces, y todos los gobernadores de las provincias,
para que viniesen a la dedicación de la estatua que el rey Nabucodonosor había
levantado. 3 Fueron, pues, reunidos los sátrapas, magistrados, capitanes,
oidores, tesoreros, consejeros, jueces, y todos los gobernadores de las
provincias, a la dedicación de la estatua que el rey Nabucodonosor había
levantado; y estaban en pie delante de la estatua que había levantado el rey
Nabucodonosor. 4 Y el pregonero anunciaba en alta voz: Mándase a vosotros, oh
pueblos, naciones y lenguas, 5 que al oír el son de la bocina, de la flauta,
del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de
música, os postréis y adoréis la estatua de oro que el rey Nabucodonosor ha
levantado; 6 y cualquiera que no se postre y adore, inmediatamente será echado
dentro de un horno de fuego ardiendo. 7 Por lo cual, al oír todos los pueblos
el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la
zampoña y de todo instrumento de música, todos los pueblos, naciones y lenguas
se postraron y adoraron la estatua de oro que el rey Nabucodonosor había
levantado.
8 Por esto en aquel tiempo algunos varones caldeos
vinieron y acusaron maliciosamente a los judíos. 9 Hablaron y dijeron al rey
Nabucodonosor: Rey, para siempre vive. 10 Tú, oh rey, has dado una ley que
todo hombre, al oír el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa,
del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, se postre y adore
la estatua de oro; 11 y el que no se postre y adore, sea echado dentro de un
horno de fuego ardiendo. 12 Hay unos varones judíos, los cuales pusiste sobre
los negocios de la provincia de Babilonia: Sadrac, Mesac y Abed-nego; estos
varones, oh rey, no te han respetado; no adoran tus dioses, ni adoran la
estatua de oro que has levantado.
13 Entonces Nabucodonosor dijo con ira y con enojo que
trajesen a Sadrac, Mesac y Abed-nego. Al instante fueron traídos estos varones
delante del rey. 14 Habló Nabucodonosor y les dijo: ¿Es verdad, Sadrac, Mesac
y Abed-nego, que vosotros no honráis a mi dios, ni adoráis la estatua de oro
que he levantado? 15 Ahora, pues, ¿estáis dispuestos para que al oír el son de
la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña y
de todo instrumento de música, os postréis y adoréis la estatua que he hecho?
Porque si no la adorareis, en la misma hora seréis echados en medio de un
horno de fuego ardiendo; ¿y qué dios será aquel que os libre de mis manos?
16 Sadrac, Mesac y Abed-nego respondieron al rey
Nabucodonosor, diciendo: No es necesario que te respondamos sobre este asunto.
17 He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego
ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. 18 Y si no, sepas, oh rey, que no
serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado.
19 Entonces Nabucodonosor se llenó de ira, y se demudó el aspecto de su rostro
contra Sadrac, Mesac y Abed-nego, y ordenó que el horno se calentase siete
veces más de lo acostumbrado. 20 Y mandó a hombres muy vigorosos que tenía en
su ejército, que atasen a Sadrac, Mesac y Abed-nego, para echarlos en el horno
de fuego ardiendo. 21 Entonces estos varones fueron atados con sus mantos, sus
calzas, sus turbantes y sus vestidos, y fueron echados dentro del horno de
fuego ardiendo. 22 Y como la orden del rey era apremiante, y lo habían
calentado mucho, la llama del fuego mató a aquellos que habían alzado a Sadrac,
Mesac y Abed-nego. 23 Y estos tres varones, Sadrac, Mesac y Abed-nego, cayeron
atados dentro del horno de fuego ardiendo.
24 Entonces el rey Nabucodonosor se espantó, y se levantó
apresuradamente y dijo a los de su consejo: ¿No echaron a tres varones atados
dentro del fuego? Ellos respondieron al rey: Es verdad, oh rey. 25 Y él dijo:
He aquí yo veo cuatro varones sueltos, que se pasean en medio del fuego sin
sufrir ningún daño; y el aspecto del cuarto es semejante a hijo de los dioses.
26 Entonces Nabucodonosor se acercó a la puerta del horno
de fuego ardiendo, y dijo: Sadrac, Mesac y Abed-nego, siervos del Dios
Altísimo, salid y venid. Entonces Sadrac, Mesac y Abed-nego salieron de en
medio del fuego. 27 Y se juntaron los sátrapas, los gobernadores, los
capitanes y los consejeros del rey, para mirar a estos varones, cómo el fuego
no había tenido poder alguno sobre sus cuerpos, ni aun el cabello de sus
cabezas se había quemado; sus ropas estaban intactas, y ni siquiera olor de
fuego tenían. 28 Entonces Nabucodonosor dijo: Bendito sea el Dios de ellos, de
Sadrac, Mesac y Abed-nego, que envió su ángel y libró a sus siervos que
confiaron en él, y que no cumplieron el edicto del rey, y entregaron sus
cuerpos antes que servir y adorar a otro dios que su Dios. 29 Por lo tanto,
decreto que todo pueblo, nación o lengua que dijere blasfemia contra el Dios
de Sadrac, Mesac y Abed-nego, sea descuartizado, y su casa convertida en
muladar; por cuanto no hay dios que pueda librar como éste. 30 Entonces el rey
engrandeció a Sadrac, Mesac y Abed-nego en la provincia de Babilonia.
La locura de Nabucodonosor
DANIEL 4
1 Nabucodonosor rey, a todos los pueblos, naciones y
lenguas que moran en toda la tierra: Paz os sea multiplicada. 2 Conviene que
yo declare las señales y milagros que el Dios Altísimo ha hecho conmigo. 3
¡Cuán grandes son sus señales, y cuán potentes sus maravillas! Su reino, reino
sempiterno, y su señorío de generación en generación.
4 Yo Nabucodonosor estaba tranquilo en mi casa, y
floreciente en mi palacio. 5 Vi un sueño que me espantó, y tendido en cama,
las imaginaciones y visiones de mi cabeza me turbaron. 6 Por esto mandé que
vinieran delante de mí todos los sabios de Babilonia, para que me mostrasen la
interpretación del sueño. 7 Y vinieron magos, astrólogos, caldeos y adivinos,
y les dije el sueño, pero no me pudieron mostrar su interpretación, 8 hasta
que entró delante de mí Daniel, cuyo nombre es Beltsasar, como el nombre de mi
dios, y en quien mora el espíritu de los dioses santos. Conté delante de él el
sueño, diciendo: 9 Beltsasar, jefe de los magos, ya que he entendido que hay
en ti espíritu de los dioses santos, y que ningún misterio se te esconde,
declárame las visiones de mi sueño que he visto, y su interpretación. 10 Estas
fueron las visiones de mi cabeza mientras estaba en mi cama: Me parecía ver en
medio de la tierra un árbol, cuya altura era grande. 11 Crecía este árbol, y
se hacía fuerte, y su copa llegaba hasta el cielo, y se le alcanzaba a ver
desde todos los confines de la tierra. 12 Su follaje era hermoso y su fruto
abundante, y había en él alimento para todos. Debajo de él se ponían a la
sombra las bestias del campo, y en sus ramas hacían morada las aves del cielo,
y se mantenía de él toda carne.
13 Vi en las visiones de mi cabeza mientras estaba en mi
cama, que he aquí un vigilante y santo descendía del cielo. 14 Y clamaba
fuertemente y decía así: Derribad el árbol, y cortad sus ramas, quitadle el
follaje, y dispersad su fruto; váyanse las bestias que están debajo de él, y
las aves de sus ramas. 15 Mas la cepa de sus raíces dejaréis en la tierra, con
atadura de hierro y de bronce entre la hierba del campo; sea mojado con el
rocío del cielo, y con las bestias sea su parte entre la hierba de la tierra.
16 Su corazón de hombre sea cambiado, y le sea dado corazón de bestia, y pasen
sobre él siete tiempos. 17 La sentencia es por decreto de los vigilantes, y
por dicho de los santos la resolución, para que conozcan los vivientes que el
Altísimo gobierna el reino de los hombres, y que a quien él quiere lo da, y
constituye sobre él al más bajo de los hombres. 18 Yo el rey Nabucodonosor he
visto este sueño. Tú, pues, Beltsasar, dirás la interpretación de él, porque
todos los sabios de mi reino no han podido mostrarme su interpretación; mas tú
puedes, porque mora en ti el espíritu de los dioses santos.
19 Entonces Daniel, cuyo nombre era Beltsasar, quedó
atónito casi una hora, y sus pensamientos lo turbaban. El rey habló y dijo:
Beltsasar, no te turben ni el sueño ni su interpretación. Beltsasar respondió
y dijo: Señor mío, el sueño sea para tus enemigos, y su interpretación para
los que mal te quieren. 20 El árbol que viste, que crecía y se hacía fuerte, y
cuya copa llegaba hasta el cielo, y que se veía desde todos los confines de la
tierra, 21 cuyo follaje era hermoso, y su fruto abundante, y en que había
alimento para todos, debajo del cual moraban las bestias del campo, y en cuyas
ramas anidaban las aves del cielo, 22 tú mismo eres, oh rey, que creciste y te
hiciste fuerte, pues creció tu grandeza y ha llegado hasta el cielo, y tu
dominio hasta los confines de la tierra. 23 Y en cuanto a lo que vio el rey,
un vigilante y santo que descendía del cielo y decía: Cortad el árbol y
destruidlo; mas la cepa de sus raíces dejaréis en la tierra, con atadura de
hierro y de bronce en la hierba del campo; y sea mojado con el rocío del
cielo, y con las bestias del campo sea su parte, hasta que pasen sobre él
siete tiempos; 24 esta es la interpretación, oh rey, y la sentencia del
Altísimo, que ha venido sobre mi señor el rey: 25 Que te echarán de entre los
hombres, y con las bestias del campo será tu morada, y con hierba del campo te
apacentarán como a los bueyes, y con el rocío del cielo serás bañado; y siete
tiempos pasarán sobre ti, hasta que conozcas que el Altísimo tiene dominio en
el reino de los hombres, y que lo da a quien él quiere. 26 Y en cuanto a la
orden de dejar en la tierra la cepa de las raíces del mismo árbol, significa
que tu reino te quedará firme, luego que reconozcas que el cielo gobierna. 27
Por tanto, oh rey, acepta mi consejo: tus pecados redime con justicia, y tus
iniquidades haciendo misericordias para con los oprimidos, pues tal vez será
eso una prolongación de tu tranquilidad.
28 Todo esto vino sobre el rey Nabucodonosor. 29 Al cabo
de doce meses, paseando en el palacio real de Babilonia, 30 habló el rey y
dijo: ¿No es ésta la gran Babilonia que yo edifiqué para casa real con la
fuerza de mi poder, y para gloria de mi majestad? 31 Aún estaba la palabra en
la boca del rey, cuando vino una voz del cielo: A ti se te dice, rey
Nabucodonosor: El reino ha sido quitado de ti; 32 y de entre los hombres te
arrojarán, y con las bestias del campo será tu habitación, y como a los bueyes
te apacentarán; y siete tiempos pasarán sobre ti, hasta que reconozcas que el
Altísimo tiene el dominio en el reino de los hombres, y lo da a quien él
quiere. 33 En la misma hora se cumplió la palabra sobre Nabucodonosor, y fue
echado de entre los hombres; y comía hierba como los bueyes, y su cuerpo se
mojaba con el rocío del cielo, hasta que su pelo creció como plumas de águila,
y sus uñas como las de las aves.
34 Mas al fin del tiempo yo Nabucodonosor alcé mis ojos
al cielo, y mi razón me fue devuelta; y bendije al Altísimo, y alabé y
glorifiqué al que vive para siempre, cuyo dominio es sempiterno, y su reino
por todas las edades. 35 Todos los habitantes de la tierra son considerados
como nada; y él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los
habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué
haces? 36 En el mismo tiempo mi razón me fue devuelta, y la majestad de mi
reino, mi dignidad y mi grandeza volvieron a mí, y mis gobernadores y mis
consejeros me buscaron; y fui restablecido en mi reino, y mayor grandeza me
fue añadida. 37 Ahora yo Nabucodonosor alabo, engrandezco y glorifico al Rey
del cielo, porque todas sus obras son verdaderas, y sus caminos justos; y él
puede humillar a los que andan con soberbia.
La escritura en la pared
DANIEL 5
1 El rey Belsasar hizo un gran banquete a mil de sus
príncipes, y en presencia de los mil bebía vino. 2 Belsasar, con el gusto del
vino, mandó que trajesen los vasos de oro y de plata que Nabucodonosor su
padre había traído del templo de Jerusalén, para que bebiesen en ellos el rey
y sus grandes, sus mujeres y sus concubinas. 3 Entonces fueron traídos los
vasos de oro que habían traído del templo de la casa de Dios que estaba en
Jerusalén, y bebieron en ellos el rey y sus príncipes, sus mujeres y sus
concubinas. 4 Bebieron vino, y alabaron a los dioses de oro y de plata, de
bronce, de hierro, de madera y de piedra.
5 En aquella misma hora aparecieron los dedos de una mano
de hombre, que escribía delante del candelero sobre lo encalado de la pared
del palacio real, y el rey veía la mano que escribía. 6 Entonces el rey
palideció, y sus pensamientos lo turbaron, y se debilitaron sus lomos, y sus
rodillas daban la una contra la otra. 7 El rey gritó en alta voz que hiciesen
venir magos, caldeos y adivinos; y dijo el rey a los sabios de Babilonia:
Cualquiera que lea esta escritura y me muestre su interpretación, será vestido
de púrpura, y un collar de oro llevará en su cuello, y será el tercer señor en
el reino. 8 Entonces fueron introducidos todos los sabios del rey, pero no
pudieron leer la escritura ni mostrar al rey su interpretación. 9 Entonces el
rey Belsasar se turbó sobremanera, y palideció, y sus príncipes estaban
perplejos.
10 La reina, por las palabras del rey y de sus príncipes,
entró a la sala del banquete, y dijo: Rey, vive para siempre; no te turben tus
pensamientos, ni palidezca tu rostro. 11 En tu reino hay un hombre en el cual
mora el espíritu de los dioses santos, y en los días de tu padre se halló en
él luz e inteligencia y sabiduría, como sabiduría de los dioses; al que el rey
Nabucodonosor tu padre, oh rey, constituyó jefe sobre todos los magos,
astrólogos, caldeos y adivinos, 12 por cuanto fue hallado en él mayor espíritu
y ciencia y entendimiento, para interpretar sueños y descifrar enigmas y
resolver dudas; esto es, en Daniel, al cual el rey puso por nombre Beltsasar.
Llámese, pues, ahora a Daniel, y él te dará la interpretación.
13 Entonces Daniel fue traído delante del rey. Y dijo el
rey a Daniel: ¿Eres tú aquel Daniel de los hijos de la cautividad de Judá, que
mi padre trajo de Judea? 14 Yo he oído de ti que el espíritu de los dioses
santos está en ti, y que en ti se halló luz, entendimiento y mayor sabiduría.
15 Y ahora fueron traídos delante de mí sabios y astrólogos para que leyesen
esta escritura y me diesen su interpretación; pero no han podido mostrarme la
interpretación del asunto. 16 Yo, pues, he oído de ti que puedes dar
interpretaciones y resolver dificultades. Si ahora puedes leer esta escritura
y darme su interpretación, serás vestido de púrpura, y un collar de oro
llevarás en tu cuello, y serás el tercer señor en el reino.
17 Entonces Daniel respondió y dijo delante del rey: Tus
dones sean para ti, y da tus recompensas a otros. Leeré la escritura al rey, y
le daré la interpretación. 18 El Altísimo Dios, oh rey, dio a Nabucodonosor tu
padre el reino y la grandeza, la gloria y la majestad. 19 Y por la grandeza
que le dio, todos los pueblos, naciones y lenguas temblaban y temían delante
de él. A quien quería mataba, y a quien quería daba vida; engrandecía a quien
quería, y a quien quería humillaba. 20 Mas cuando su corazón se ensoberbeció,
y su espíritu se endureció en su orgullo, fue depuesto del trono de su reino,
y despojado de su gloria. 21 Y fue echado de entre los hijos de los hombres, y
su mente se hizo semejante a la de las bestias, y con los asnos monteses fue
su morada. Hierba le hicieron comer como a buey, y su cuerpo fue mojado con el
rocío del cielo, hasta que reconoció que el Altísimo Dios tiene dominio sobre
el reino de los hombres, y que pone sobre él al que le place. 22 Y tú, su hijo
Belsasar, no has humillado tu corazón, sabiendo todo esto; 23 sino que contra
el Señor del cielo te has ensoberbecido, e hiciste traer delante de ti los
vasos de su casa, y tú y tus grandes, tus mujeres y tus concubinas, bebisteis
vino en ellos; además de esto, diste alabanza a dioses de plata y oro, de
bronce, de hierro, de madera y de piedra, que ni ven, ni oyen, ni saben; y al
Dios en cuya mano está tu vida, y cuyos son todos tus caminos, nunca honraste.
24 Entonces de su presencia fue enviada la mano que trazó
esta escritura. 25 Y la escritura que trazó es: MENE, MENE, TEKEL, UPARSIN. 26
Esta es la interpretación del asunto: MENE: Contó Dios tu reino, y le ha
puesto fin. 27 TEKEL: Pesado has sido en balanza, y fuiste hallado falto. 28
PERES: Tu reino ha sido roto, y dado a los medos y a los persas.
29 Entonces mandó Belsasar vestir a Daniel de púrpura, y
poner en su cuello un collar de oro, y proclamar que él era el tercer señor
del reino.
30 La misma noche fue muerto Belsasar rey de los caldeos.
31 Y Darío de Media tomó el reino, siendo de sesenta y dos años.
Daniel en el foso de los leones
DANIEL 6
1 Pareció bien a Darío constituir sobre el reino ciento
veinte sátrapas, que gobernasen en todo el reino. 2 Y sobre ellos tres
gobernadores, de los cuales Daniel era uno, a quienes estos sátrapas diesen
cuenta, para que el rey no fuese perjudicado. 3 Pero Daniel mismo era superior
a estos sátrapas y gobernadores, porque había en él un espíritu superior; y el
rey pensó en ponerlo sobre todo el reino. 4 Entonces los gobernadores y
sátrapas buscaban ocasión para acusar a Daniel en lo relacionado al reino; mas
no podían hallar ocasión alguna o falta, porque él era fiel, y ningún vicio ni
falta fue hallado en él. 5 Entonces dijeron aquellos hombres: No hallaremos
contra este Daniel ocasión alguna para acusarle, si no la hallamos contra él
en relación con la ley de su Dios.
6 Entonces estos gobernadores y sátrapas se juntaron
delante del rey, y le dijeron así: ¡Rey Darío, para siempre vive! 7 Todos los
gobernadores del reino, magistrados, sátrapas, príncipes y capitanes han
acordado por consejo que promulgues un edicto real y lo confirmes, que
cualquiera que en el espacio de treinta días demande petición de cualquier
dios u hombre fuera de ti, oh rey, sea echado en el foso de los leones. 8
Ahora, oh rey, confirma el edicto y fírmalo, para que no pueda ser revocado,
conforme a la ley de Media y de Persia, la cual no puede ser abrogada. 9
Firmó, pues, el rey Darío el edicto y la prohibición.
10 Cuando Daniel supo que el edicto había sido firmado,
entró en su casa, y abiertas las ventanas de su cámara que daban hacia
Jerusalén, se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias delante de
su Dios, como lo solía hacer antes. 11 Entonces se juntaron aquellos hombres,
y hallaron a Daniel orando y rogando en presencia de su Dios. 12 Fueron luego
ante el rey y le hablaron del edicto real: ¿No has confirmado edicto que
cualquiera que en el espacio de treinta días pida a cualquier dios u hombre
fuera de ti, oh rey, sea echado en el foso de los leones? Respondió el rey
diciendo: Verdad es, conforme a la ley de Media y de Persia, la cual no puede
ser abrogada. 13 Entonces respondieron y dijeron delante del rey: Daniel, que
es de los hijos de los cautivos de Judá, no te respeta a ti, oh rey, ni acata
el edicto que confirmaste, sino que tres veces al día hace su petición.
14 Cuando el rey oyó el asunto, le pesó en gran manera, y
resolvió librar a Daniel; y hasta la puesta del sol trabajó para librarle. 15
Pero aquellos hombres rodearon al rey y le dijeron: Sepas, oh rey, que es ley
de Media y de Persia que ningún edicto u ordenanza que el rey confirme puede
ser abrogado.
16 Entonces el rey mandó, y trajeron a Daniel, y le
echaron en el foso de los leones. Y el rey dijo a Daniel: El Dios tuyo, a
quien tú continuamente sirves, él te libre. 17 Y fue traída una piedra y
puesta sobre la puerta del foso, la cual selló el rey con su anillo y con el
anillo de sus príncipes, para que el acuerdo acerca de Daniel no se alterase.
18 Luego el rey se fue a su palacio, y se acostó ayuno; ni instrumentos de
música fueron traídos delante de él, y se le fue el sueño.
19 El rey, pues, se levantó muy de mañana, y fue
apresuradamente al foso de los leones. 20 Y acercándose al foso llamó a voces
a Daniel con voz triste, y le dijo: Daniel, siervo del Dios viviente, el Dios
tuyo, a quien tú continuamente sirves, ¿te ha podido librar de los leones? 21
Entonces Daniel respondió al rey: Oh rey, vive para siempre. 22 Mi Dios envió
su ángel, el cual cerró la boca de los leones, para que no me hiciesen daño,
porque ante él fui hallado inocente; y aun delante de ti, oh rey, yo no he
hecho nada malo. 23 Entonces se alegró el rey en gran manera a causa de él, y
mandó sacar a Daniel del foso; y fue Daniel sacado del foso, y ninguna lesión
se halló en él, porque había confiado en su Dios. 24 Y dio orden el rey, y
fueron traídos aquellos hombres que habían acusado a Daniel, y fueron echados
en el foso de los leones ellos, sus hijos y sus mujeres; y aún no habían
llegado al fondo del foso, cuando los leones se apoderaron de ellos y
quebraron todos sus huesos.
25 Entonces el rey Darío escribió a todos los pueblos,
naciones y lenguas que habitan en toda la tierra: Paz os sea multiplicada. 26
De parte mía es puesta esta ordenanza: Que en todo el dominio de mi reino
todos teman y tiemblen ante la presencia del Dios de Daniel; porque él es el
Dios viviente y permanece por todos los siglos, y su reino no será jamás
destruido, y su dominio perdurará hasta el fin. 27 El salva y libra, y hace
señales y maravillas en el cielo y en la tierra; él ha librado a Daniel del
poder de los leones.
28 Y este Daniel prosperó durante el reinado de Darío y
durante el reinado de Ciro el persa.
Visión de las cuatro bestias
DANIEL 7
1 En el primer año de Belsasar rey de Babilonia tuvo
Daniel un sueño, y visiones de su cabeza mientras estaba en su lecho; luego
escribió el sueño, y relató lo principal del asunto. 2 Daniel dijo: Miraba yo
en mi visión de noche, y he aquí que los cuatro vientos del cielo combatían en
el gran mar. 3 Y cuatro bestias grandes, diferentes la una de la otra, subían
del mar. 4 La primera era como león, y tenía alas de águila. Yo estaba mirando
hasta que sus alas fueron arrancadas, y fue levantada del suelo y se puso
enhiesta sobre los pies a manera de hombre, y le fue dado corazón de hombre. 5
Y he aquí otra segunda bestia, semejante a un oso, la cual se alzaba de un
costado más que del otro, y tenía en su boca tres costillas entre los dientes;
y le fue dicho así: Levántate, devora mucha carne. 6 Después de esto miré, y
he aquí otra, semejante a un leopardo, con cuatro alas de ave en sus espaldas;
tenía también esta bestia cuatro cabezas; y le fue dado dominio. 7 Después de
esto miraba yo en las visiones de la noche, y he aquí la cuarta bestia,
espantosa y terrible y en gran manera fuerte, la cual tenía unos dientes
grandes de hierro; devoraba y desmenuzaba, y las sobras hollaba con sus pies,
y era muy diferente de todas las bestias que vi antes de ella, y tenía diez
cuernos. 8 Mientras yo contemplaba los cuernos, he aquí que otro cuerno
pequeño salía entre ellos, y delante de él fueron arrancados tres cuernos de
los primeros; y he aquí que este cuerno tenía ojos como de hombre, y una boca
que hablaba grandes cosas.
9 Estuve mirando hasta que fueron puestos tronos, y se
sentó un Anciano de días, cuyo vestido era blanco como la nieve, y el pelo de
su cabeza como lana limpia; su trono llama de fuego, y las ruedas del mismo,
fuego ardiente. 10 Un río de fuego procedía y salía de delante de él; millares
de millares le servían, y millones de millones asistían delante de él; el Juez
se sentó, y los libros fueron abiertos. 11 Yo entonces miraba a causa del
sonido de las grandes palabras que hablaba el cuerno; miraba hasta que mataron
a la bestia, y su cuerpo fue destrozado y entregado para ser quemado en el
fuego. 12 Habían también quitado a las otras bestias su dominio, pero les
había sido prolongada la vida hasta cierto tiempo.
13 Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las
nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de
días, y le hicieron acercarse delante de él. 14 Y le fue dado dominio, gloria
y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su
dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será
destruido.
15 Se me turbó el espíritu a mí, Daniel, en medio de mi
cuerpo, y las visiones de mi cabeza me asombraron. 16 Me acerqué a uno de los
que asistían, y le pregunté la verdad acerca de todo esto. Y me habló, y me
hizo conocer la interpretación de las cosas. 17 Estas cuatro grandes bestias
son cuatro reyes que se levantarán en la tierra. 18 Después recibirán el reino
los santos del Altísimo, y poseerán el reino hasta el siglo, eternamente y
para siempre.
19 Entonces tuve deseo de saber la verdad acerca de la
cuarta bestia, que era tan diferente de todas las otras, espantosa en gran
manera, que tenía dientes de hierro y uñas de bronce, que devoraba y
desmenuzaba, y las sobras hollaba con sus pies; 20 asimismo acerca de los diez
cuernos que tenía en su cabeza, y del otro que le había salido, delante del
cual habían caído tres; y este mismo cuerno tenía ojos, y boca que hablaba
grandes cosas, y parecía más grande que sus compañeros. 21 Y veía yo que este
cuerno hacía guerra contra los santos, y los vencía, 22 hasta que vino el
Anciano de días, y se dio el juicio a los santos del Altísimo; y llegó el
tiempo, y los santos recibieron el reino.
23 Dijo así: La cuarta bestia será un cuarto reino en la
tierra, el cual será diferente de todos los otros reinos, y a toda la tierra
devorará, trillará y despedazará. 24 Y los diez cuernos significan que de
aquel reino se levantarán diez reyes; y tras ellos se levantará otro, el cual
será diferente de los primeros, y a tres reyes derribará. 25 Y hablará
palabras contra el Altísimo, y a los santos del Altísimo quebrantará, y
pensará en cambiar los tiempos y la ley; y serán entregados en su mano hasta
tiempo, y tiempos, y medio tiempo. 26 Pero se sentará el Juez, y le quitarán
su dominio para que sea destruido y arruinado hasta el fin, 27 y que el reino,
y el dominio y la majestad de los reinos debajo de todo el cielo, sea dado al
pueblo de los santos del Altísimo, cuyo reino es reino eterno, y todos los
dominios le servirán y obedecerán.
28 Aquí fue el fin de sus palabras. En cuanto a mí,
Daniel, mis pensamientos me turbaron y mi rostro se demudó; pero guardé el
asunto en mi corazón.
Visión del carnero y del macho cabrío
DANIEL 8
1 En el año tercero del reinado del rey Belsasar me
apareció una visión a mí, Daniel, después de aquella que me había aparecido
antes. 2 Vi en visión; y cuando la vi, yo estaba en Susa, que es la capital
del reino en la provincia de Elam; vi, pues, en visión, estando junto al río
Ulai. 3 Alcé los ojos y miré, y he aquí un carnero que estaba delante del río,
y tenía dos cuernos; y aunque los cuernos eran altos, uno era más alto que el
otro; y el más alto creció después. 4 Vi que el carnero hería con los cuernos
al poniente, al norte y al sur, y que ninguna bestia podía parar delante de
él, ni había quien escapase de su poder; y hacía conforme a su voluntad, y se
engrandecía.
5 Mientras yo consideraba esto, he aquí un macho cabrío
venía del lado del poniente sobre la faz de toda la tierra, sin tocar tierra;
y aquel macho cabrío tenía un cuerno notable entre sus ojos. 6 Y vino hasta el
carnero de dos cuernos, que yo había visto en la ribera del río, y corrió
contra él con la furia de su fuerza. 7 Y lo vi que llegó junto al carnero, y
se levantó contra él y lo hirió, y le quebró sus dos cuernos, y el carnero no
tenía fuerzas para pararse delante de él; lo derribó, por tanto, en tierra, y
lo pisoteó, y no hubo quien librase al carnero de su poder. 8 Y el macho
cabrío se engrandeció sobremanera; pero estando en su mayor fuerza, aquel gran
cuerno fue quebrado, y en su lugar salieron otros cuatro cuernos notables
hacia los cuatro vientos del cielo.
9 Y de uno de ellos salió un cuerno pequeño, que creció
mucho al sur, y al oriente, y hacia la tierra gloriosa. 10 Y se engrandeció
hasta el ejército del cielo; y parte del ejército y de las estrellas echó por
tierra, y las pisoteó. 11 Aun se engrandeció contra el príncipe de los
ejércitos, y por él fue quitado el continuo sacrificio, y el lugar de su
santuario fue echado por tierra. 12 Y a causa de la prevaricación le fue
entregado el ejército junto con el continuo sacrificio; y echó por tierra la
verdad, e hizo cuanto quiso, y prosperó. 13 Entonces oí a un santo que
hablaba; y otro de los santos preguntó a aquel que hablaba: ¿Hasta cuándo
durará la visión del continuo sacrificio, y la prevaricación asoladora
entregando el santuario y el ejército para ser pisoteados? 14 Y él dijo: Hasta
dos mil trescientas tardes y mañanas; luego el santuario será purificado.
15 Y aconteció que mientras yo Daniel consideraba la
visión y procuraba comprenderla, he aquí se puso delante de mí uno con
apariencia de hombre. 16 Y oí una voz de hombre entre las riberas del Ulai,
que gritó y dijo: Gabriel, enseña a éste la visión. 17 Vino luego cerca de
donde yo estaba; y con su venida me asombré, y me postré sobre mi rostro. Pero
él me dijo: Entiende, hijo de hombre, porque la visión es para el tiempo del
fin.
18 Mientras él hablaba conmigo, caí dormido en tierra
sobre mi rostro; y él me tocó, y me hizo estar en pie. 19 Y dijo: He aquí yo
te enseñaré lo que ha de venir al fin de la ira; porque eso es para el tiempo
del fin. 20 En cuanto al carnero que viste, que tenía dos cuernos, éstos son
los reyes de Media y de Persia. 21 El macho cabrío es el rey de Grecia, y el
cuerno grande que tenía entre sus ojos es el rey primero. 22 Y en cuanto al
cuerno que fue quebrado, y sucedieron cuatro en su lugar, significa que cuatro
reinos se levantarán de esa nación, aunque no con la fuerza de él. 23 Y al fin
del reinado de éstos, cuando los transgresores lleguen al colmo, se levantará
un rey altivo de rostro y entendido en enigmas. 24 Y su poder se fortalecerá,
mas no con fuerza propia; y causará grandes ruinas, y prosperará, y hará
arbitrariamente, y destruirá a los fuertes y al pueblo de los santos. 25 Con
su sagacidad hará prosperar el engaño en su mano; y en su corazón se
engrandecerá, y sin aviso destruirá a muchos; y se levantará contra el
Príncipe de los príncipes, pero será quebrantado, aunque no por mano humana.
26 La visión de las tardes y mañanas que se ha referido es verdadera; y tú
guarda la visión, porque es para muchos días.
27 Y yo Daniel quedé quebrantado, y estuve enfermo
algunos días, y cuando convalecí, atendí los negocios del rey; pero estaba
espantado a causa de la visión, y no la entendía.
Oración de Daniel por su pueblo
DANIEL 9
1 En el año primero de Darío hijo de Asuero, de la nación
de los medos, que vino a ser rey sobre el reino de los caldeos, 2 en el año
primero de su reinado, yo Daniel miré atentamente en los libros el número de
los años de que habló Jehová al profeta Jeremías, que habían de cumplirse las
desolaciones de Jerusalén en setenta años.
3 Y volví mi rostro a Dios el Señor, buscándole en
oración y ruego, en ayuno, cilicio y ceniza. 4 Y oré a Jehová mi Dios e hice
confesión diciendo: Ahora, Señor, Dios grande, digno de ser temido, que
guardas el pacto y la misericordia con los que te aman y guardan tus
mandamientos; 5 hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos hecho
impíamente, y hemos sido rebeldes, y nos hemos apartado de tus mandamientos y
de tus ordenanzas. 6 No hemos obedecido a tus siervos los profetas, que en tu
nombre hablaron a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros padres y a
todo el pueblo de la tierra. 7 Tuya es, Señor, la justicia, y nuestra la
confusión de rostro, como en el día de hoy lleva todo hombre de Judá, los
moradores de Jerusalén, y todo Israel, los de cerca y los de lejos, en todas
las tierras adonde los has echado a causa de su rebelión con que se rebelaron
contra ti. 8 Oh Jehová, nuestra es la confusión de rostro, de nuestros reyes,
de nuestros príncipes y de nuestros padres; porque contra ti pecamos. 9 De
Jehová nuestro Dios es el tener misericordia y el perdonar, aunque contra él
nos hemos rebelado, 10 y no obedecimos a la voz de Jehová nuestro Dios, para
andar en sus leyes que él puso delante de nosotros por medio de sus siervos
los profetas. 11 Todo Israel traspasó tu ley apartándose para no obedecer tu
voz; por lo cual ha caído sobre nosotros la maldición y el juramento que está
escrito en la ley de Moisés, siervo de Dios; porque contra él pecamos. 12 Y él
ha cumplido la palabra que habló contra nosotros y contra nuestros jefes que
nos gobernaron, trayendo sobre nosotros tan grande mal; pues nunca fue hecho
debajo del cielo nada semejante a lo que se ha hecho contra Jerusalén. 13
Conforme está escrito en la ley de Moisés, todo este mal vino sobre nosotros;
y no hemos implorado el favor de Jehová nuestro Dios, para convertirnos de
nuestras maldades y entender tu verdad. 14 Por tanto, Jehová veló sobre el mal
y lo trajo sobre nosotros; porque justo es Jehová nuestro Dios en todas sus
obras que ha hecho, porque no obedecimos a su voz. 15 Ahora pues, Señor Dios
nuestro, que sacaste tu pueblo de la tierra de Egipto con mano poderosa, y te
hiciste renombre cual lo tienes hoy; hemos pecado, hemos hecho impíamente. 16
Oh Señor, conforme a todos tus actos de justicia, apártese ahora tu ira y tu
furor de sobre tu ciudad Jerusalén, tu santo monte; porque a causa de nuestros
pecados, y por la maldad de nuestros padres, Jerusalén y tu pueblo son el
oprobio de todos en derredor nuestro. 17 Ahora pues, Dios nuestro, oye la
oración de tu siervo, y sus ruegos; y haz que tu rostro resplandezca sobre tu
santuario asolado, por amor del Señor. 18 Inclina, oh Dios mío, tu oído, y
oye; abre tus ojos, y mira nuestras desolaciones, y la ciudad sobre la cual es
invocado tu nombre; porque no elevamos nuestros ruegos ante ti confiados en
nuestras justicias, sino en tus muchas misericordias. 19 Oye, Señor; oh Señor,
perdona; presta oído, Señor, y hazlo; no tardes, por amor de ti mismo, Dios
mío; porque tu nombre es invocado sobre tu ciudad y sobre tu pueblo.
Profecía de las setenta semanas
20 Aún estaba hablando y orando, y confesando mi pecado y
el pecado de mi pueblo Israel, y derramaba mi ruego delante de Jehová mi Dios
por el monte santo de mi Dios; 21 aún estaba hablando en oración, cuando el
varón Gabriel, a quien había visto en la visión al principio, volando con
presteza, vino a mí como a la hora del sacrificio de la tarde. 22 Y me hizo
entender, y habló conmigo, diciendo: Daniel, ahora he salido para darte
sabiduría y entendimiento. 23 Al principio de tus ruegos fue dada la orden, y
yo he venido para enseñártela, porque tú eres muy amado. Entiende, pues, la
orden, y entiende la visión.
24 Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y
sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado,
y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y
la profecía, y ungir al Santo de los santos. 25 Sabe, pues, y entiende, que
desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el
Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; se volverá a
edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos. 26 Y después de las
sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí; y el pueblo
de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario; y su fin
será con inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones. 27
Y por otra semana confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará
cesar el sacrificio y la ofrenda. Después con la muchedumbre de las
abominaciones vendrá el desolador, hasta que venga la consumación, y lo que
está determinado se derrame sobre el desolador.
Visión de Daniel junto al río
DANIEL 10
1 En el año tercero de Ciro rey de Persia fue revelada
palabra a Daniel, llamado Beltsasar; y la palabra era verdadera, y el
conflicto grande; pero él comprendió la palabra, y tuvo inteligencia en la
visión.
2 En aquellos días yo Daniel estuve afligido por espacio
de tres semanas. 3 No comí manjar delicado, ni entró en mi boca carne ni vino,
ni me ungí con ungüento, hasta que se cumplieron las tres semanas. 4 Y el día
veinticuatro del mes primero estaba yo a la orilla del gran río Hidekel. 5 Y
alcé mis ojos y miré, y he aquí un varón vestido de lino, y ceñidos sus lomos
de oro de Ufaz. 6 Su cuerpo era como de berilo, y su rostro parecía un
relámpago, y sus ojos como antorchas de fuego, y sus brazos y sus pies como de
color de bronce bruñido, y el sonido de sus palabras como el estruendo de una
multitud. 7 Y sólo yo, Daniel, vi aquella visión, y no la vieron los hombres
que estaban conmigo, sino que se apoderó de ellos un gran temor, y huyeron y
se escondieron. 8 Quedé, pues, yo solo, y vi esta gran visión, y no quedó
fuerza en mí, antes mi fuerza se cambió en desfallecimiento, y no tuve vigor
alguno. 9 Pero oí el sonido de sus palabras; y al oír el sonido de sus
palabras, caí sobre mi rostro en un profundo sueño, con mi rostro en tierra.
10 Y he aquí una mano me tocó, e hizo que me pusiese
sobre mis rodillas y sobre las palmas de mis manos. 11 Y me dijo: Daniel,
varón muy amado, está atento a las palabras que te hablaré, y ponte en pie;
porque a ti he sido enviado ahora. Mientras hablaba esto conmigo, me puse en
pie temblando. 12 Entonces me dijo: Daniel, no temas; porque desde el primer
día que dispusiste tu corazón a entender y a humillarte en la presencia de tu
Dios, fueron oídas tus palabras; y a causa de tus palabras yo he venido. 13
Mas el príncipe del reino de Persia se me opuso durante veintiún días; pero he
aquí Miguel, uno de los principales príncipes, vino para ayudarme, y quedé
allí con los reyes de Persia. 14 He venido para hacerte saber lo que ha de
venir a tu pueblo en los postreros días; porque la visión es para esos días.
15 Mientras me decía estas palabras, estaba yo con los
ojos puestos en tierra, y enmudecido. 16 Pero he aquí, uno con semejanza de
hijo de hombre tocó mis labios. Entonces abrí mi boca y hablé, y dije al que
estaba delante de mí: Señor mío, con la visión me han sobrevenido dolores, y
no me queda fuerza. 17 ¿Cómo, pues, podrá el siervo de mi señor hablar con mi
señor? Porque al instante me faltó la fuerza, y no me quedó aliento.
18 Y aquel que tenía semejanza de hombre me tocó otra
vez, y me fortaleció, 19 y me dijo: Muy amado, no temas; la paz sea contigo;
esfuérzate y aliéntate. Y mientras él me hablaba, recobré las fuerzas, y dije:
Hable mi señor, porque me has fortalecido. 20 El me dijo: ¿Sabes por qué he
venido a tí? Pues ahora tengo que volver para pelear contra el príncipe de
Persia; y al terminar con él, el príncipe de Grecia vendrá. 21 Pero yo te
declararé lo que está escrito en el libro de la verdad; y ninguno me ayuda
contra ellos, sino Miguel vuestro príncipe.
DANIEL 11
1 Y yo mismo, en el año primero de Darío el medo, estuve
para animarlo y fortalecerlo.
Los reyes del norte y del sur
2 Y ahora yo te mostraré la verdad. He aquí que aún habrá
tres reyes en Persia, y el cuarto se hará de grandes riquezas más que todos
ellos; y al hacerse fuerte con sus riquezas, levantará a todos contra el reino
de Grecia. 3 Se levantará luego un rey valiente, el cual dominará con gran
poder y hará su voluntad. 4 Pero cuando se haya levantado, su reino será
quebrantado y repartido hacia los cuatro vientos del cielo; no a sus
descendientes, ni según el dominio con que él dominó; porque su reino será
arrancado, y será para otros fuera de ellos.
5 Y se hará fuerte el rey del sur; mas uno de sus
príncipes será más fuerte que él, y se hará poderoso; su dominio será grande.
6 Al cabo de años harán alianza, y la hija del rey del sur vendrá al rey del
norte para hacer la paz. Pero ella no podrá retener la fuerza de su brazo, ni
permanecerá él, ni su brazo; porque será entregada ella y los que la habían
traído, asimismo su hijo, y los que estaban de parte de ella en aquel tiempo.
7 Pero un renuevo de sus raíces se levantará sobre su
trono, y vendrá con ejército contra el rey del norte, y entrará en la
fortaleza, y hará en ellos a su arbitrio, y predominará. 8 Y aun a los dioses
de ellos, sus imágenes fundidas y sus objetos preciosos de plata y de oro,
llevará cautivos a Egipto; y por años se mantendrá él contra el rey del norte.
9 Así entrará en el reino el rey del sur, y volverá a su tierra.
10 Mas los hijos de aquél se airarán, y reunirán multitud
de grandes ejércitos; y vendrá apresuradamente e inundará, y pasará adelante;
luego volverá y llevará la guerra hasta su fortaleza. 11 Por lo cual se
enfurecerá el rey del sur, y saldrá y peleará contra el rey del norte; y
pondrá en campaña multitud grande, y toda aquella multitud será entregada en
su mano. 12 Y al llevarse él la multitud, se elevará su corazón, y derribará a
muchos millares; mas no prevalecerá. 13 Y el rey del norte volverá a poner en
campaña una multitud mayor que la primera, y al cabo de algunos años vendrá
apresuradamente con gran ejército y con muchas riquezas.
14 En aquellos tiempos se levantarán muchos contra el rey
del sur; y hombres turbulentos de tu pueblo se levantarán para cumplir la
visión, pero ellos caerán. 15 Vendrá, pues, el rey del norte, y levantará
baluartes, y tomará la ciudad fuerte; y las fuerzas del sur no podrán
sostenerse, ni sus tropas escogidas, porque no habrá fuerzas para resistir. 16
Y el que vendrá contra él hará su voluntad, y no habrá quien se le pueda
enfrentar; y estará en la tierra gloriosa, la cual será consumida en su poder.
17 Afirmará luego su rostro para venir con el poder de todo su reino; y hará
con aquél convenios, y le dará una hija de mujeres para destruirle; pero no
permanecerá, ni tendrá éxito. 18 Volverá después su rostro a las costas, y
tomará muchas; mas un príncipe hará cesar su afrenta, y aun hará volver sobre
él su oprobio. 19 Luego volverá su rostro a las fortalezas de su tierra; mas
tropezará y caerá, y no será hallado.
20 Y se levantará en su lugar uno que hará pasar un
cobrador de tributos por la gloria del reino; pero en pocos días será
quebrantado, aunque no en ira, ni en batalla. 21 Y le sucederá en su lugar un
hombre despreciable, al cual no darán la honra del reino; pero vendrá sin
aviso y tomará el reino con halagos. 22 Las fuerzas enemigas serán barridas
delante de él como con inundación de aguas; serán del todo destruidos, junto
con el príncipe del pacto. 23 Y después del pacto con él, engañará y subirá, y
saldrá vencedor con poca gente. 24 Estando la provincia en paz y en
abundancia, entrará y hará lo que no hicieron sus padres, ni los padres de sus
padres; botín, despojos y riquezas repartirá a sus soldados, y contra las
fortalezas formará sus designios; y esto por un tiempo. 25 Y despertará sus
fuerzas y su ardor contra el rey del sur con gran ejército; y el rey del sur
se empeñará en la guerra con grande y muy fuerte ejército; mas no prevalecerá,
porque le harán traición. 26 Aun los que coman de sus manjares le
quebrantarán; y su ejército será destruido, y caerán muchos muertos. 27 El
corazón de estos dos reyes será para hacer mal, y en una misma mesa hablarán
mentira; mas no servirá de nada, porque el plazo aún no habrá llegado. 28 Y
volverá a su tierra con gran riqueza, y su corazón será contra el pacto santo;
hará su voluntad, y volverá a su tierra.
29 Al tiempo señalado volverá al sur; mas no será la
postrera venida como la primera. 30 Porque vendrán contra él naves de Quitim,
y él se contristará, y volverá, y se enojará contra el pacto santo, y hará
según su voluntad; volverá, pues, y se entenderá con los que abandonen el
santo pacto. 31 Y se levantarán de su parte tropas que profanarán el santuario
y la fortaleza, y quitarán el continuo sacrificio, y pondrán la abominación
desoladora. 32 Con lisonjas seducirá a los violadores del pacto; mas el pueblo
que conoce a su Dios se esforzará y actuará. 33 Y los sabios del pueblo
instruirán a muchos; y por algunos días caerán a espada y a fuego, en
cautividad y despojo. 34 Y en su caída serán ayudados de pequeño socorro; y
muchos se juntarán a ellos con lisonjas. 35 También algunos de los sabios
caerán para ser depurados y limpiados y emblanquecidos, hasta el tiempo
determinado; porque aun para esto hay plazo.
36 Y el rey hará su voluntad, y se ensoberbecerá, y se
engrandecerá sobre todo dios; y contra el Dios de los dioses hablará
maravillas, y prosperará, hasta que sea consumada la ira; porque lo
determinado se cumplirá. 37 Del Dios de sus padres no hará caso, ni del amor
de las mujeres; ni respetará a dios alguno, porque sobre todo se engrandecerá.
38 Mas honrará en su lugar al dios de las fortalezas, dios que sus padres no
conocieron; lo honrará con oro y plata, con piedras preciosas y con cosas de
gran precio. 39 Con un dios ajeno se hará de las fortalezas más inexpugnables,
y colmará de honores a los que le reconozcan, y por precio repartirá la
tierra.
40 Pero al cabo del tiempo el rey del sur contenderá con
él; y el rey del norte se levantará contra él como una tempestad, con carros y
gente de a caballo, y muchas naves; y entrará por las tierras, e inundará, y
pasará. 41 Entrará a la tierra gloriosa, y muchas provincias caerán; mas éstas
escaparán de su mano: Edom y Moab, y la mayoría de los hijos de Amón. 42
Extenderá su mano contra las tierras, y no escapará el país de Egipto. 43 Y se
apoderará de los tesoros de oro y plata, y de todas las cosas preciosas de
Egipto; y los de Libia y de Etiopía le seguirán. 44 Pero noticias del oriente
y del norte lo atemorizarán, y saldrá con gran ira para destruir y matar a
muchos. 45 Y plantará las tiendas de su palacio entre los mares y el monte
glorioso y santo; mas llegará a su fin, y no tendrá quien le ayude.
El tiempo del fin
DANIEL 12
1 En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe
que está de parte de los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual
nunca fue desde que hubo gente hasta entonces; pero en aquel tiempo será
libertado tu pueblo, todos los que se hallen escritos en el libro. 2 Y muchos
de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida
eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua. 3 Los entendidos
resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la
justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad. 4 Pero tú,
Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos
correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará.
5 Y yo Daniel miré, y he aquí otros dos que estaban en
pie, el uno a este lado del río, y el otro al otro lado del río. 6 Y dijo uno
al varón vestido de lino, que estaba sobre las aguas del río: ¿Cuándo será el
fin de estas maravillas? 7 Y oí al varón vestido de lino, que estaba sobre las
aguas del río, el cual alzó su diestra y su siniestra al cielo, y juró por el
que vive por los siglos, que será por tiempo, tiempos, y la mitad de un
tiempo. Y cuando se acabe la dispersión del poder del pueblo santo, todas
estas cosas serán cumplidas. 8 Y yo oí, mas no entendí. Y dije: Señor mío,
¿cuál será el fin de estas cosas? 9 El respondió: Anda, Daniel, pues estas
palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin. 10 Muchos serán
limpios, y emblanquecidos y purificados; los impíos procederán impíamente, y
ninguno de los impíos entenderá, pero los entendidos comprenderán. 11 Y desde
el tiempo que sea quitado el continuo sacrificio hasta la abominación
desoladora, habrá mil doscientos noventa días. 12 Bienaventurado el que
espere, y llegue a mil trescientos treinta y cinco días. 13 Y tú irás hasta el
fin, y reposarás, y te levantarás para recibir tu heredad al fin de los días.
OSEAS
La esposa infiel de Oseas, y sus hijos
OSEAS 1
1 Palabra de Jehová que vino a Oseas hijo de Beeri, en
días de Uzías, Jotam, Acaz y Ezequías, reyes de Judá, y en días de Jeroboam
hijo de Joás, rey de Israel.
2 El principio de la palabra de Jehová por medio de
Oseas. Dijo Jehová a Oseas: Ve, tómate una mujer fornicaria, e hijos de
fornicación; porque la tierra fornica apartándose de Jehová. 3 Fue, pues, y
tomó a Gomer hija de Diblaim, la cual concibió y le dio a luz un hijo.
4 Y le dijo Jehová: Ponle por nombre Jezreel; porque de
aquí a poco yo castigaré a la casa de Jehú por causa de la sangre de Jezreel,
y haré cesar el reino de la casa de Israel. 5 Y en aquel día quebraré yo el
arco de Israel en el valle de Jezreel.
6 Concibió ella otra vez, y dio a luz una hija. Y le dijo
Dios: Ponle por nombre Lo-ruhama, porque no me compadeceré más de la casa de
Israel, sino que los quitaré del todo. 7 Mas de la casa de Judá tendré
misericordia, y los salvaré por Jehová su Dios; y no los salvaré con arco, ni
con espada, ni con batalla, ni con caballos ni jinetes.
8 Después de haber destetado a Lo-ruhama, concibió y dio
a luz un hijo. 9 Y dijo Dios: Ponle por nombre Lo-ammi, porque vosotros no
sois mi pueblo, ni yo seré vuestro Dios.
10 Con todo, será el número de los hijos de Israel como
la arena del mar, que no se puede medir ni contar. Y en el lugar en donde les
fue dicho: Vosotros no sois pueblo mío, les será dicho: Sois hijos del Dios
viviente. 11 Y se congregarán los hijos de Judá y de Israel, y nombrarán un
solo jefe, y subirán de la tierra; porque el día de Jezreel será grande.
El amor de Jehová hacia su pueblo infiel
OSEAS 2
1 Decid a vuestros hermanos: Ammi; y a vuestras hermanas:
Ruhama. 2 Contended con vuestra madre, contended; porque ella no es mi mujer,
ni yo su marido; aparte, pues, sus fornicaciones de su rostro, y sus
adulterios de entre sus pechos; 3 no sea que yo la despoje y desnude, la ponga
como el día en que nació, la haga como un desierto, la deje como tierra seca,
y la mate de sed. 4 Ni tendré misericordia de sus hijos, porque son hijos de
prostitución. 5 Porque su madre se prostituyó; la que los dio a luz se
deshonró, porque dijo: Iré tras mis amantes, que me dan mi pan y mi agua, mi
lana y mi lino, mi aceite y mi bebida. 6 Por tanto, he aquí yo rodearé de
espinos su camino, y la cercaré con seto, y no hallará sus caminos. 7 Seguirá
a sus amantes, y no los alcanzará; los buscará, y no los hallará. Entonces
dirá: Iré y me volveré a mi primer marido; porque mejor me iba entonces que
ahora.
8 Y ella no reconoció que yo le daba el trigo, el vino y
el aceite, y que le multipliqué la plata y el oro que ofrecían a Baal. 9 Por
tanto, yo volveré y tomaré mi trigo a su tiempo, y mi vino a su sazón, y
quitaré mi lana y mi lino que había dado para cubrir su desnudez. 10 Y ahora
descubriré yo su locura delante de los ojos de sus amantes, y nadie la librará
de mi mano. 11 Haré cesar todo su gozo, sus fiestas, sus nuevas lunas y sus
días de reposo, y todas sus festividades. 12 Y haré talar sus vides y sus
higueras, de las cuales dijo: Mi salario son, salario que me han dado mis
amantes. Y las reduciré a un matorral, y las comerán las bestias del campo. 13
Y la castigaré por los días en que incensaba a los baales, y se adornaba de
sus zarcillos y de sus joyeles, y se iba tras sus amantes y se olvidaba de mí,
dice Jehová.
14 Pero he aquí que yo la atraeré y la llevaré al
desierto, y hablaré a su corazón. 15 Y le daré sus viñas desde allí, y el
valle de Acor por puerta de esperanza; y allí cantará como en los tiempos de
su juventud, y como en el día de su subida de la tierra de Egipto. 16 En aquel
tiempo, dice Jehová, me llamarás Ishi, y nunca más me llamarás Baali. 17
Porque quitaré de su boca los nombres de los baales, y nunca más se
mencionarán sus nombres. 18 En aquel tiempo haré para ti pacto con las bestias
del campo, con las aves del cielo y con las serpientes de la tierra; y quitaré
de la tierra arco y espada y guerra, y te haré dormir segura. 19 Y te
desposaré conmigo para siempre; te desposaré conmigo en justicia, juicio,
benignidad y misericordia. 20 Y te desposaré conmigo en fidelidad, y conocerás
a Jehová.
21 En aquel tiempo responderé, dice Jehová, yo responderé
a los cielos, y ellos responderán a la tierra. 22 Y la tierra responderá al
trigo, al vino y al aceite, y ellos responderán a Jezreel. 23 Y la sembraré
para mí en la tierra, y tendré misericordia de Lo-ruhama; y diré a Lo-ammi: Tú
eres pueblo mío, y él dirá: Dios mío.
Oseas y la adúltera
OSEAS 3
1 Me dijo otra vez Jehová: Ve, ama a una mujer amada de
su compañero, aunque adúltera, como el amor de Jehová para con los hijos de
Israel, los cuales miran a dioses ajenos, y aman tortas de pasas. 2 La compré
entonces para mí por quince siclos de plata y un homer y medio de cebada. 3 Y
le dije: Tú serás mía durante muchos días; no fornicarás, ni tomarás otro
varón; lo mismo haré yo contigo. 4 Porque muchos días estarán los hijos de
Israel sin rey, sin príncipe, sin sacrificio, sin estatua, sin efod y sin
terafines. 5 Después volverán los hijos de Israel, y buscarán a Jehová su
Dios, y a David su rey; y temerán a Jehová y a su bondad en el fin de los
días.
Controversia de Jehová con Israel
OSEAS 4
1 Oíd palabra de Jehová, hijos de Israel, porque Jehová
contiende con los moradores de la tierra; porque no hay verdad, ni
misericordia, ni conocimiento de Dios en la tierra. 2 Perjurar, mentir, matar,
hurtar y adulterar prevalecen, y homicidio tras homicidio se suceden. 3 Por lo
cual se enlutará la tierra, y se extenuará todo morador de ella, con las
bestias del campo y las aves del cielo; y aun los peces del mar morirán.
4 Ciertamente hombre no contienda ni reprenda a hombre,
porque tu pueblo es como los que resisten al sacerdote. 5 Caerás por tanto en
el día, y caerá también contigo el profeta de noche; y a tu madre destruiré. 6
Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste
el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; y porque olvidaste la ley de tu
Dios, también yo me olvidaré de tus hijos.
7 Conforme a su grandeza, así pecaron contra mí; también
yo cambiaré su honra en afrenta. 8 Del pecado de mi pueblo comen, y en su
maldad levantan su alma. 9 Y será el pueblo como el sacerdote; le castigaré
por su conducta, y le pagaré conforme a sus obras. 10 Comerán, pero no se
saciarán; fornicarán, mas no se multiplicarán, porque dejaron de servir a
Jehová.
11 Fornicación, vino y mosto quitan el juicio. 12 Mi
pueblo a su ídolo de madera pregunta, y el leño le responde; porque espíritu
de fornicaciones lo hizo errar, y dejaron a su Dios para fornicar. 13 Sobre
las cimas de los montes sacrificaron, e incensaron sobre los collados, debajo
de las encinas, álamos y olmos que tuviesen buena sombra; por tanto, vuestras
hijas fornicarán, y adulterarán vuestras nueras. 14 No castigaré a vuestras
hijas cuando forniquen, ni a vuestras nueras cuando adulteren; porque ellos
mismos se van con rameras, y con malas mujeres sacrifican; por tanto, el
pueblo sin entendimiento caerá.
15 Si fornicas tú, Israel, a lo menos no peque Judá; y no
entréis en Gilgal, ni subáis a Bet-avén, ni juréis: Vive Jehová. 16 Porque
como novilla indómita se apartó Israel; ¿los apacentará ahora Jehová como a
corderos en lugar espacioso?
17 Efraín es dado a ídolos; déjalo. 18 Su bebida se
corrompió; fornicaron sin cesar; sus príncipes amaron lo que avergüenza. 19 El
viento los ató en sus alas, y de sus sacrificios serán avergonzados.
Castigo de la apostasía de Israel
OSEAS 5
1 Sacerdotes, oíd esto, y estad atentos, casa de Israel,
y casa del rey, escuchad; porque para vosotros es el juicio, pues habéis sido
lazo en Mizpa, y red tendida sobre Tabor. 2 Y haciendo víctimas han bajado
hasta lo profundo; por tanto, yo castigaré a todos ellos.
3 Yo conozco a Efraín, e Israel no me es desconocido;
porque ahora, oh Efraín, te has prostituido, y se ha contaminado Israel. 4 No
piensan en convertirse a su Dios, porque espíritu de fornicación está en medio
de ellos, y no conocen a Jehová.
5 La soberbia de Israel le desmentirá en su cara; Israel
y Efraín tropezarán en su pecado, y Judá tropezará también con ellos. 6 Con
sus ovejas y con sus vacas andarán buscando a Jehová, y no le hallarán; se
apartó de ellos. 7 Contra Jehová prevaricaron, porque han engendrado hijos
extraños; ahora en un solo mes serán consumidos ellos y sus heredades.
8 Tocad bocina en Gabaa, trompeta en Ramá: sonad alarma
en Bet-avén; tiembla, oh Benjamín. 9 Efraín será asolado en el día del
castigo; en las tribus de Israel hice conocer la verdad. 10 Los príncipes de
Judá fueron como los que traspasan los linderos; derramaré sobre ellos como
agua mi ira. 11 Efraín es vejado, quebrantado en juicio, porque quiso andar en
pos de vanidades. 12 Yo, pues, seré como polilla a Efraín, y como carcoma a la
casa de Judá.
13 Y verá Efraín su enfermedad, y Judá su llaga; irá
entonces Efraín a Asiria, y enviará al rey Jareb; mas él no os podrá sanar, ni
os curará la llaga. 14 Porque yo seré como león a Efraín, y como cachorro de
león a la casa de Judá; yo, yo arrebataré, y me iré; tomaré, y no habrá quien
liberte.
Insinceridad del arrepentimiento de Israel
15 Andaré y volveré a mi lugar, hasta que reconozcan su
pecado y busquen mi rostro. En su angustia me buscarán.
OSEAS 6
1 Venid y volvamos a Jehová; porque él arrebató, y nos
curará; hirió, y nos vendará. 2 Nos dará vida después de dos días; en el
tercer día nos resucitará, y viviremos delante de él. 3 Y conoceremos, y
proseguiremos en conocer a Jehová; como el alba está dispuesta su salida, y
vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la
tierra.
4 ¿Qué haré a ti, Efraín? ¿Qué haré a ti, oh Judá? La
piedad vuestra es como nube de la mañana, y como el rocío de la madrugada, que
se desvanece. 5 Por esta causa los corté por medio de los profetas, con las
palabras de mi boca los maté; y tus juicios serán como luz que sale. 6 Porque
misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que
holocaustos.
7 Mas ellos, cual Adán, traspasaron el pacto; allí
prevaricaron contra mí. 8 Galaad, ciudad de hacedores de iniquidad, manchada
de sangre. 9 Y como ladrones que esperan a algún hombre, así una compañía de
sacerdotes mata en el camino hacia Siquem; así cometieron abominación. 10 En
la casa de Israel he visto inmundicia; allí fornicó Efraín, y se contaminó
Israel.
11 Para ti también, oh Judá, está preparada una siega,
cuando yo haga volver el cautiverio de mi pueblo.
Iniquidad y rebelión de Israel
OSEAS 7
1 Mientras curaba yo a Israel, se descubrió la iniquidad
de Efraín, y las maldades de Samaria; porque hicieron engaño; y entra el
ladrón, y el salteador despoja por fuera. 2 Y no consideran en su corazón que
tengo en memoria toda su maldad; ahora les rodearán sus obras; delante de mí
están. 3 Con su maldad alegran al rey, y a los príncipes con sus mentiras. 4
Todos ellos son adúlteros; son como horno encendido por el hornero, que cesa
de avivar el fuego después que está hecha la masa, hasta que se haya leudado.
5 En el día de nuestro rey los príncipes lo hicieron enfermar con copas de
vino; extendió su mano con los escarnecedores. 6 Aplicaron su corazón,
semejante a un horno, a sus artificios; toda la noche duerme su hornero; a la
mañana está encendido como llama de fuego. 7 Todos ellos arden como un horno,
y devoraron a sus jueces; cayeron todos sus reyes; no hay entre ellos quien a
mí clame.
8 Efraín se ha mezclado con los demás pueblos; Efraín fue
torta no volteada. 9 Devoraron extraños su fuerza, y él no lo supo; y aun
canas le han cubierto, y él no lo supo. 10 Y la soberbia de Israel testificará
contra él en su cara; y no se volvieron a Jehová su Dios, ni lo buscaron con
todo esto.
11 Efraín fue como paloma incauta, sin entendimiento;
llamarán a Egipto, acudirán a Asiria. 12 Cuando fueren, tenderé sobre ellos mi
red; les haré caer como aves del cielo; les castigaré conforme a lo que se ha
anunciado en sus congregaciones. 13 ¡Ay de ellos! porque se apartaron de mí;
destrucción vendrá sobre ellos, porque contra mí se rebelaron; yo los redimí,
y ellos hablaron mentiras contra mí.
14 Y no clamaron a mí con su corazón cuando gritaban
sobre sus camas; para el trigo y el mosto se congregaron, se rebelaron contra
mí. 15 Y aunque yo los enseñé y fortalecí sus brazos, contra mí pensaron mal.
16 Volvieron, pero no al Altísimo; fueron como arco engañoso; cayeron sus
príncipes a espada por la soberbia de su lengua; esto será su escarnio en la
tierra de Egipto.
Reprensión de la idolatría de Israel
OSEAS 8
1 Pon a tu boca trompeta. Como águila viene contra la
casa de Jehová, porque traspasaron mi pacto, y se rebelaron contra mi ley. 2 A
mí clamará Israel: Dios mío, te hemos conocido. 3 Israel desechó el bien;
enemigo lo perseguirá.
4 Ellos establecieron reyes, pero no escogidos por mí;
constituyeron príncipes, mas yo no lo supe; de su plata y de su oro hicieron
ídolos para sí, para ser ellos mismos destruidos. 5 Tu becerro, oh Samaria, te
hizo alejarte; se encendió mi enojo contra ellos, hasta que no pudieron
alcanzar purificación. 6 Porque de Israel es también éste, y artífice lo hizo;
no es Dios; por lo que será deshecho en pedazos el becerro de Samaria.
7 Porque sembraron viento, y torbellino segarán; no
tendrán mies, ni su espiga hará harina; y si la hiciere, extraños la comerán.
8 Devorado será Israel; pronto será entre las naciones como vasija que no se
estima. 9 Porque ellos subieron a Asiria, como asno montés para sí solo;
Efraín con salario alquiló amantes. 10 Aunque alquilen entre las naciones,
ahora las juntaré, y serán afligidos un poco de tiempo por la carga del rey y
de los príncipes.
11 Porque multiplicó Efraín altares para pecar, tuvo
altares para pecar. 12 Le escribí las grandezas de mi ley, y fueron tenidas
por cosa extraña. 13 En los sacrificios de mis ofrendas sacrificaron carne, y
comieron; no los quiso Jehová; ahora se acordará de su iniquidad, y castigará
su pecado; ellos volverán a Egipto. 14 Olvidó, pues, Israel a su Hacedor, y
edificó templos, y Judá multiplicó ciudades fortificadas; mas yo meteré fuego
en sus ciudades, el cual consumirá sus palacios.
Castigo de la persistente infidelidad de Israel
OSEAS 9
1 No te alegres, oh Israel, hasta saltar de gozo como los
pueblos, pues has fornicado apartándote de tu Dios; amaste salario de ramera
en todas las eras de trigo. 2 La era y el lagar no los mantendrán, y les
fallará el mosto. 3 No quedarán en la tierra de Jehová, sino que volverá
Efraín a Egipto y a Asiria, donde comerán vianda inmunda.
4 No harán libaciones a Jehová, ni sus sacrificios le
serán gratos; como pan de enlutados les serán a ellos; todos los que coman de
él serán inmundos. Será, pues, el pan de ellos para sí mismos; ese pan no
entrará en la casa de Jehová.
5 ¿Qué haréis en el día de la solemnidad, y en el día de
la fiesta de Jehová? 6 Porque he aquí se fueron ellos a causa de la
destrucción. Egipto los recogerá, Menfis los enterrará. La ortiga conquistará
lo deseable de su plata, y espino crecerá en sus moradas.
7 Vinieron los días del castigo, vinieron los días de la
retribución; e Israel lo conocerá. Necio es el profeta, insensato es el varón
de espíritu, a causa de la multitud de tu maldad, y grande odio. 8 Atalaya es
Efraín para con mi Dios; el profeta es lazo de cazador en todos sus caminos,
odio en la casa de su Dios. 9 Llegaron hasta lo más bajo en su corrupción,
como en los días de Gabaa; ahora se acordará de su iniquidad, castigará su
pecado.
10 Como uvas en el desierto hallé a Israel; como la fruta
temprana de la higuera en su principio vi a vuestros padres. Ellos acudieron a
Baal-peor, se apartaron para vergüenza, y se hicieron abominables como aquello
que amaron. 11 La gloria de Efraín volará cual ave, de modo que no habrá
nacimientos, ni embarazos, ni concepciones. 12 Y si llegaren a grandes sus
hijos, los quitaré de entre los hombres, porque ¡ay de ellos también, cuando
de ellos me aparte! 13 Efraín, según veo, es semejante a Tiro, situado en
lugar delicioso; pero Efraín sacará sus hijos a la matanza. 14 Dales, oh
Jehová, lo que les has de dar; dales matriz que aborte, y pechos enjutos.
15 Toda la maldad de ellos fue en Gilgal; allí, pues, les
tomé aversión; por la perversidad de sus obras los echaré de mi casa; no los
amaré más; todos sus príncipes son desleales.
16 Efraín fue herido, su raíz está seca, no dará más
fruto; aunque engendren, yo mataré lo deseable de su vientre. 17 Mi Dios los
desechará, porque ellos no le oyeron; y andarán errantes entre las naciones.
OSEAS 10
1 Israel es una frondosa viña, que da abundante fruto
para sí mismo; conforme a la abundancia de su fruto multiplicó también los
altares, conforme a la bondad de su tierra aumentaron sus ídolos. 2 Está
dividido su corazón. Ahora serán hallados culpables; Jehová demolerá sus
altares, destruirá sus ídolos.
3 Seguramente dirán ahora: No tenemos rey, porque no
temimos a Jehová; ¿y qué haría el rey por nosotros? 4 Han hablado palabras
jurando en vano al hacer pacto; por tanto, el juicio florecerá como ajenjo en
los surcos del campo. 5 Por las becerras de Bet-avén serán atemorizados los
moradores de Samaria; porque su pueblo lamentará a causa del becerro, y sus
sacerdotes que en él se regocijaban por su gloria, la cual será disipada. 6
Aun será él llevado a Asiria como presente al rey Jareb; Efraín será
avergonzado, e Israel se avergonzará de su consejo.
7 De Samaria fue cortado su rey como espuma sobre la
superficie de las aguas. 8 Y los lugares altos de Avén serán destruidos, el
pecado de Israel; crecerá sobre sus altares espino y cardo. Y dirán a los
montes: Cubridnos; y a los collados: Caed sobre nosotros.
9 Desde los días de Gabaa has pecado, oh Israel; allí
estuvieron; no los tomó la batalla en Gabaa contra los inicuos. 10 Y los
castigaré cuando lo desee; y pueblos se juntarán sobre ellos cuando sean
atados por su doble crimen. 11 Efraín es novilla domada, que le gusta trillar,
mas yo pasaré sobre su lozana cerviz; haré llevar yugo a Efraín; arará Judá,
quebrará sus terrones Jacob. 12 Sembrad para vosotros en justicia, segad para
vosotros en misericordia; haced para vosotros barbecho; porque es el tiempo de
buscar a Jehová, hasta que venga y os enseñe justicia.
13 Habéis arado impiedad, y segasteis iniquidad; comeréis
fruto de mentira, porque confiaste en tu camino y en la multitud de tus
valientes. 14 Por tanto, en tus pueblos se levantará alboroto, y todas tus
fortalezas serán destruidas, como destruyó Salmán a Bet-arbel en el día de la
batalla, cuando la madre fue destrozada con los hijos. 15 Así hará a vosotros
Bet-el, por causa de vuestra gran maldad; a la mañana será del todo cortado el
rey de Israel.
Dios se compadece de su pueblo obstinado
OSEAS 11
1 Cuando Israel era muchacho, yo lo amé, y de Egipto
llamé a mi hijo. 2 Cuanto más yo los llamaba, tanto más se alejaban de mí; a
los baales sacrificaban, y a los ídolos ofrecían sahumerios.
3 Yo con todo eso enseñaba a andar al mismo Efraín,
tomándole de los brazos; y no conoció que yo le cuidaba. 4 Con cuerdas humanas
los atraje, con cuerdas de amor; y fui para ellos como los que alzan el yugo
de sobre su cerviz, y puse delante de ellos la comida.
5 No volverá a tierra de Egipto, sino que el asirio mismo
será su rey, porque no se quisieron convertir. 6 Caerá espada sobre sus
ciudades, y consumirá sus aldeas; las consumirá a causa de sus propios
consejos. 7 Entre tanto, mi pueblo está adherido a la rebelión contra mí;
aunque me llaman el Altísimo, ninguno absolutamente me quiere enaltecer.
8 ¿Cómo podré abandonarte, oh Efraín? ¿Te entregaré yo,
Israel? ¿Cómo podré yo hacerte como Adma, o ponerte como a Zeboim? Mi corazón
se conmueve dentro de mí, se inflama toda mi compasión. 9 No ejecutaré el
ardor de mi ira, ni volveré para destruir a Efraín; porque Dios soy, y no
hombre, el Santo en medio de ti; y no entraré en la ciudad.
10 En pos de Jehová caminarán; él rugirá como león;
rugirá, y los hijos vendrán temblando desde el occidente. 11 Como ave acudirán
velozmente de Egipto, y de la tierra de Asiria como paloma; y los haré habitar
en sus casas, dice Jehová. 12 Me rodeó Efraín de mentira, y la casa de Israel
de engaño. Judá aún gobierna con Dios, y es fiel con los santos.
Efraín reprendido por su falsedad y opresión
OSEAS 12
1 Efraín se apacienta de viento, y sigue al solano;
mentira y destrucción aumenta continuamente; porque hicieron pacto con los
asirios, y el aceite se lleva a Egipto.
2 Pleito tiene Jehová con Judá para castigar a Jacob
conforme a sus caminos; le pagará conforme a sus obras. 3 En el seno materno
tomó por el calcañar a su hermano, y con su poder venció al ángel. 4 Venció al
ángel, y prevaleció; lloró, y le rogó; en Bet-el le halló, y allí habló con
nosotros. 5 Mas Jehová es Dios de los ejércitos; Jehová es su nombre. 6 Tú,
pues, vuélvete a tu Dios; guarda misericordia y juicio, y en tu Dios confía
siempre.
7 Mercader que tiene en su mano peso falso, amador de
opresión, 8 Efraín dijo: Ciertamente he enriquecido, he hallado riquezas para
mí; nadie hallará iniquidad en mí, ni pecado en todos mis trabajos. 9 Pero yo
soy Jehová tu Dios desde la tierra de Egipto; aún te haré morar en tiendas,
como en los días de la fiesta.
10 Y he hablado a los profetas, y aumenté la profecía, y
por medio de los profetas usé parábolas. 11 ¿Es Galaad iniquidad? Ciertamente
vanidad han sido; en Gilgal sacrificaron bueyes, y sus altares son como
montones en los surcos del campo. 12 Pero Jacob huyó a tierra de Aram, Israel
sirvió para adquirir mujer, y por adquirir mujer fue pastor. 13 Y por un
profeta Jehová hizo subir a Israel de Egipto, y por un profeta fue guardado.
14 Efraín ha provocado a Dios con amarguras; por tanto, hará recaer sobre él
la sangre que ha derramado, y su Señor le pagará su oprobio.
Destrucción total de Efraín predicha
OSEAS 13
1 Cuando Efraín hablaba, hubo temor; fue exaltado en
Israel; mas pecó en Baal, y murió. 2 Y ahora añadieron a su pecado, y de su
plata se han hecho según su entendimiento imágenes de fundición, ídolos, toda
obra de artífices, acerca de los cuales dicen a los hombres que sacrifican,
que besen los becerros. 3 Por tanto, serán como la niebla de la mañana, y como
el rocío de la madrugada que se pasa; como el tamo que la tempestad arroja de
la era, y como el humo que sale de la chimenea.
4 Mas yo soy Jehová tu Dios desde la tierra de Egipto; no
conocerás, pues, otro dios fuera de mí, ni otro salvador sino a mí. 5 Yo te
conocí en el desierto, en tierra seca. 6 En sus pastos se saciaron, y
repletos, se ensoberbeció su corazón; por esta causa se olvidaron de mí. 7 Por
tanto, yo seré para ellos como león; como un leopardo en el camino los
acecharé. 8 Como osa que ha perdido los hijos los encontraré, y desgarraré las
fibras de su corazón, y allí los devoraré como león; fiera del campo los
despedazará.
9 Te perdiste, oh Israel, mas en mí está tu ayuda. 10
¿Dónde está tu rey, para que te guarde con todas tus ciudades; y tus jueces,
de los cuales dijiste: Dame rey y príncipes? 11 Te di rey en mi furor, y te lo
quité en mi ira.
12 Atada está la maldad de Efraín; su pecado está
guardado. 13 Dolores de mujer que da a luz le vendrán; es un hijo no sabio,
porque ya hace tiempo que no debiera detenerse al punto mismo de nacer.
14 De la mano del Seol los redimiré, los libraré de la
muerte. Oh muerte, yo seré tu muerte; y seré tu destrucción, oh Seol; la
compasión será escondida de mi vista.
15 Aunque él fructifique entre los hermanos, vendrá el
solano, viento de Jehová; se levantará desde el desierto, y se secará su
manantial, y se agotará su fuente; él saqueará el tesoro de todas sus
preciosas alhajas. 16 Samaria será asolada, porque se rebeló contra su Dios;
caerán a espada; sus niños serán estrellados, y sus mujeres encintas serán
abiertas.
Súplica a Israel para que vuelva a Jehová
OSEAS 14
1 Vuelve, oh Israel, a Jehová tu Dios; porque por tu
pecado has caído. 2 Llevad con vosotros palabras de súplica, y volved a
Jehová, y decidle: Quita toda iniquidad, y acepta el bien, y te ofreceremos la
ofrenda de nuestros labios. 3 No nos librará el asirio; no montaremos en
caballos, ni nunca más diremos a la obra de nuestras manos: Dioses nuestros;
porque en ti el huérfano alcanzará misericordia.
4 Yo sanaré su rebelión, los amaré de pura gracia; porque
mi ira se apartó de ellos. 5 Yo seré a Israel como rocío; él florecerá como
lirio, y extenderá sus raíces como el Líbano. 6 Se extenderán sus ramas, y
será su gloria como la del olivo, y perfumará como el Líbano. 7 Volverán y se
sentarán bajo su sombra; serán vivificados como trigo, y florecerán como la
vid; su olor será como de vino del Líbano. 8 Efraín dirá: ¿Qué más tendré ya
con los ídolos? Yo lo oiré, y miraré; yo seré a él como la haya verde; de mí
será hallado tu fruto.
9 ¿Quién es sabio para que entienda esto, y prudente para
que lo sepa? Porque los caminos de Jehová son rectos, y los justos andarán por
ellos; mas los rebeldes caerán en ellos.
AMÓS
Juicios contra las naciones vecinas
AMÓS 1
1 Las palabras de Amós, que fue uno de los pastores de
Tecoa, que profetizó acerca de Israel en días de Uzías rey de Judá y en días
de Jeroboam hijo de Joás, rey de Israel, dos años antes del terremoto. 2 Dijo:
Jehová rugirá desde Sion, y dará su voz desde Jerusalén, y los campos de los
pastores se enlutarán, y se secará la cumbre del Carmelo.
3 Así ha dicho Jehová: Por tres pecados de Damasco, y por
el cuarto, no revocaré su castigo; porque trillaron a Galaad con trillos de
hierro. 4 Prenderé fuego en la casa de Hazael, y consumirá los palacios de
Ben-adad. 5 Y quebraré los cerrojos de Damasco, y destruiré a los moradores
del valle de Avén, y los gobernadores de Bet-edén; y el pueblo de Siria será
transportado a Kir, dice Jehová.
6 Así ha dicho Jehová: Por tres pecados de Gaza, y por el
cuarto, no revocaré su castigo; porque llevó cautivo a todo un pueblo para
entregarlo a Edom. 7 Prenderé fuego en el muro de Gaza, y consumirá sus
palacios. 8 Y destruiré a los moradores de Asdod, y a los gobernadores de
Ascalón; y volveré mi mano contra Ecrón, y el resto de los filisteos perecerá,
ha dicho Jehová el Señor.
9 Así ha dicho Jehová: Por tres pecados de Tiro, y por el
cuarto, no revocaré su castigo; porque entregaron a todo un pueblo cautivo a
Edom, y no se acordaron del pacto de hermanos. 10 Prenderé fuego en el muro de
Tiro, y consumirá sus palacios.
11 Así ha dicho Jehová: Por tres pecados de Edom, y por
el cuarto, no revocaré su castigo; porque persiguió a espada a su hermano, y
violó todo afecto natural; y en su furor le ha robado siempre, y perpetuamente
ha guardado el rencor. 12 Prenderé fuego en Temán, y consumirá los palacios de
Bosra.
13 Así ha dicho Jehová: Por tres pecados de los hijos de
Amón, y por el cuarto, no revocaré su castigo; porque para ensanchar sus
tierras abrieron a las mujeres de Galaad que estaban encintas. 14 Encenderé
fuego en el muro de Rabá, y consumirá sus palacios con estruendo en el día de
la batalla, con tempestad en día tempestuoso; 15 y su rey irá en cautiverio,
él y todos sus príncipes, dice Jehová.
AMÓS 2
1 Así ha dicho Jehová: Por tres pecados de Moab, y por el
cuarto, no revocaré su castigo; porque quemó los huesos del rey de Edom hasta
calcinarlos. 2 Prenderé fuego en Moab, y consumirá los palacios de Queriot; y
morirá Moab con tumulto, con estrépito y sonido de trompeta. 3 Y quitaré el
juez de en medio de él, y mataré con él a todos sus príncipes, dice Jehová.
4 Así ha dicho Jehová: Por tres pecados de Judá, y por el
cuarto, no revocaré su castigo; porque menospreciaron la ley de Jehová, y no
guardaron sus ordenanzas, y les hicieron errar sus mentiras, en pos de las
cuales anduvieron sus padres. 5 Prenderé, por tanto, fuego en Judá, el cual
consumirá los palacios de Jerusalén.
Juicio contra Israel
6 Así ha dicho Jehová: Por tres pecados de Israel, y por
el cuarto, no revocaré su castigo; porque vendieron por dinero al justo, y al
pobre por un par de zapatos. 7 Pisotean en el polvo de la tierra las cabezas
de los desvalidos, y tuercen el camino de los humildes; y el hijo y su padre
se llegan a la misma joven, profanando mi santo nombre. 8 Sobre las ropas
empeñadas se acuestan junto a cualquier altar; y el vino de los multados beben
en la casa de sus dioses.
9 Yo destruí delante de ellos al amorreo, cuya altura era
como la altura de los cedros, y fuerte como una encina; y destruí su fruto
arriba y sus raíces abajo. 10 Y a vosotros os hice subir de la tierra de
Egipto, y os conduje por el desierto cuarenta años, para que entraseis en
posesión de la tierra del amorreo. 11 Y levanté de vuestros hijos para
profetas, y de vuestros jóvenes para que fuesen nazareos. ¿No es esto así,
dice Jehová, hijos de Israel?
12 Mas vosotros disteis de beber vino a los nazareos, y a
los profetas mandasteis diciendo: No profeticéis. 13 Pues he aquí, yo os
apretaré en vuestro lugar, como se aprieta el carro lleno de gavillas; 14 y el
ligero no podrá huir, y al fuerte no le ayudará su fuerza, ni el valiente
librará su vida. 15 El que maneja el arco no resistirá, ni escapará el ligero
de pies, ni el que cabalga en caballo salvará su vida. 16 El esforzado de
entre los valientes huirá desnudo aquel día, dice Jehová.
El rugido del león
AMÓS 3
1 Oíd esta palabra que ha hablado Jehová contra vosotros,
hijos de Israel, contra toda la familia que hice subir de la tierra de Egipto.
Dice así: 2 A vosotros solamente he conocido de todas las familias de la
tierra; por tanto, os castigaré por todas vuestras maldades.
3 ¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo? 4
¿Rugirá el león en la selva sin haber presa? ¿Dará el leoncillo su rugido
desde su guarida, si no apresare? 5 ¿Caerá el ave en lazo sobre la tierra, sin
haber cazador? ¿Se levantará el lazo de la tierra, si no ha atrapado algo? 6
¿Se tocará la trompeta en la ciudad, y no se alborotará el pueblo? ¿Habrá
algún mal en la ciudad, el cual Jehová no haya hecho? 7 Porque no hará nada
Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas. 8 Si el
león ruge, ¿quién no temerá? Si habla Jehová el Señor, ¿quién no profetizará?
Destrucción de Samaria
9 Proclamad en los palacios de Asdod, y en los palacios
de la tierra de Egipto, y decid: Reuníos sobre los montes de Samaria, y ved
las muchas opresiones en medio de ella, y las violencias cometidas en su
medio. 10 No saben hacer lo recto, dice Jehová, atesorando rapiña y despojo en
sus palacios. 11 Por tanto, Jehová el Señor ha dicho así: Un enemigo vendrá
por todos lados de la tierra, y derribará tu fortaleza, y tus palacios serán
saqueados.
12 Así ha dicho Jehová: De la manera que el pastor libra
de la boca del león dos piernas, o la punta de una oreja, así escaparán los
hijos de Israel que moran en Samaria en el rincón de una cama, y al lado de un
lecho.
13 Oíd y testificad contra la casa de Jacob, ha dicho
Jehová Dios de los ejércitos: 14 Que el día que castigue las rebeliones de
Israel, castigaré también los altares de Bet-el; y serán cortados los cuernos
del altar, y caerán a tierra. 15 Y heriré la casa de invierno con la casa de
verano, y las casas de marfil perecerán; y muchas casas serán arruinadas, dice
Jehová.
AMÓS 4
1 Oíd esta palabra, vacas de Basán, que estáis en el
monte de Samaria, que oprimís a los pobres y quebrantáis a los menesterosos,
que decís a vuestros señores: Traed, y beberemos. 2 Jehová el Señor juró por
su santidad: He aquí, vienen sobre vosotras días en que os llevarán con
ganchos, y a vuestros descendientes con anzuelos de pescador; 3 y saldréis por
las brechas una tras otra, y seréis echadas del palacio, dice Jehová.
Aunque castigado, Israel no aprende
4 Id a Bet-el, y prevaricad; aumentad en Gilgal la
rebelión, y traed de mañana vuestros sacrificios, y vuestros diezmos cada tres
días. 5 Y ofreced sacrificio de alabanza con pan leudado, y proclamad,
publicad ofrendas voluntarias, pues que así lo queréis, hijos de Israel, dice
Jehová el Señor.
6 Os hice estar a diente limpio en todas vuestras
ciudades, y hubo falta de pan en todos vuestros pueblos; mas no os volvisteis
a mí, dice Jehová.
7 También os detuve la lluvia tres meses antes de la
siega; e hice llover sobre una ciudad, y sobre otra ciudad no hice llover;
sobre una parte llovió, y la parte sobre la cual no llovió, se secó. 8 Y
venían dos o tres ciudades a una ciudad para beber agua, y no se saciaban; con
todo, no os volvisteis a mí, dice Jehová.
9 Os herí con viento solano y con oruga; la langosta
devoró vuestros muchos huertos y vuestras viñas, y vuestros higuerales y
vuestros olivares; pero nunca os volvisteis a mí, dice Jehová.
10 Envié contra vosotros mortandad tal como en Egipto;
maté a espada a vuestros jóvenes, con cautiverio de vuestros caballos, e hice
subir el hedor de vuestros campamentos hasta vuestras narices; mas no os
volvisteis a mí, dice Jehová.
11 Os trastorné como cuando Dios trastornó a Sodoma y a
Gomorra, y fuisteis como tizón escapado del fuego; mas no os volvisteis a mí,
dice Jehová. 12 Por tanto, de esta manera te haré a ti, oh Israel; y porque te
he de hacer esto, prepárate para venir al encuentro de tu Dios, oh Israel.
13 Porque he aquí, el que forma los montes, y crea el
viento, y anuncia al hombre su pensamiento; el que hace de las tinieblas
mañana, y pasa sobre las alturas de la tierra; Jehová Dios de los ejércitos es
su nombre.
Llamamiento al arrepentimiento
AMÓS 5
1 Oíd esta palabra que yo levanto para lamentación sobre
vosotros, casa de Israel. 2 Cayó la virgen de Israel, y no podrá levantarse ya
más; fue dejada sobre su tierra, no hay quien la levante.
3 Porque así ha dicho Jehová el Señor: La ciudad que
salga con mil, volverá con ciento, y la que salga con ciento volverá con diez,
en la casa de Israel.
4 Pero así dice Jehová a la casa de Israel: Buscadme, y
viviréis; 5 y no busquéis a Bet-el, ni entréis en Gilgal, ni paséis a Beerseba;
porque Gilgal será llevada en cautiverio, y Bet-el será deshecha.
6 Buscad a Jehová, y vivid; no sea que acometa como fuego
a la casa de José y la consuma, sin haber en
Bet-el quien lo apague. 7 Los que convertís en ajenjo el
juicio, y la justicia la echáis por tierra, 8 buscad al que hace las Pléyades
y el Orión, y vuelve las tinieblas en mañana, y hace oscurecer el día como
noche; el que llama a las aguas del mar, y las derrama sobre la faz de la
tierra; Jehová es su nombre; 9 que da esfuerzo al despojador sobre el fuerte,
y hace que el despojador venga sobre la fortaleza.
10 Ellos aborrecieron al reprensor en la puerta de la
ciudad, y al que hablaba lo recto abominaron. 11 Por tanto, puesto que vejáis
al pobre y recibís de él carga de trigo, edificasteis casas de piedra labrada,
mas no las habitaréis; plantasteis hermosas viñas, mas no beberéis el vino de
ellas. 12 Porque yo sé de vuestras muchas rebeliones, y de vuestros grandes
pecados; sé que afligís al justo, y recibís cohecho, y en los tribunales
hacéis perder su causa a los pobres. 13 Por tanto, el prudente en tal tiempo
calla, porque el tiempo es malo.
14 Buscad lo bueno, y no lo malo, para que viváis; porque
así Jehová Dios de los ejércitos estará con vosotros, como decís. 15 Aborreced
el mal, y amad el bien, y estableced la justicia en juicio; quizá Jehová Dios
de los ejércitos tendrá piedad del remanente de José.
16 Por tanto, así ha dicho Jehová, Dios de los ejércitos:
En todas las plazas habrá llanto, y en todas las calles dirán: ¡Ay! ¡Ay!, y al
labrador llamarán a lloro, y a endecha a los que sepan endechar. 17 Y en todas
las viñas habrá llanto; porque pasaré en medio de ti, dice Jehová.
18 ¡Ay de los que desean el día de Jehová! ¿Para qué
queréis este día de Jehová? Será de tinieblas, y no de luz; 19 como el que
huye de delante del león, y se encuentra con el oso; o como si entrare en casa
y apoyare su mano en la pared, y le muerde una culebra. 20 ¿No será el día de
Jehová tinieblas, y no luz; oscuridad, que no tiene resplandor?
21 Aborrecí, abominé vuestras solemnidades, y no me
complaceré en vuestras asambleas. 22 Y si me ofreciereis vuestros holocaustos
y vuestras ofrendas, no los recibiré, ni miraré a las ofrendas de paz de
vuestros animales engordados. 23 Quita de mí la multitud de tus cantares, pues
no escucharé las salmodias de tus instrumentos. 24 Pero corra el juicio como
las aguas, y la justicia como impetuoso arroyo.
25 ¿Me ofrecisteis sacrificios y ofrendas en el desierto
en cuarenta años, oh casa de Israel? 26 Antes bien, llevabais el tabernáculo
de vuestro Moloc y Quiún, ídolos vuestros, la estrella de vuestros dioses que
os hicisteis. 27 Os haré, pues, transportar más allá de Damasco, ha dicho
Jehová, cuyo nombre es Dios de los ejércitos.
Destrucción de Israel
AMÓS 6
1 ¡Ay de los reposados en Sion, y de los confiados en el
monte de Samaria, los notables y principales entre las naciones, a los cuales
acude la casa de Israel! 2 Pasad a Calne, y mirad; y de allí id a la gran
Hamat; descended luego a Gat de los filisteos; ved si son aquellos reinos
mejores que estos reinos, si su extensión es mayor que la vuestra, 3 oh
vosotros que dilatáis el día malo, y acercáis la silla de iniquidad. 4 Duermen
en camas de marfil, y reposan sobre sus lechos; y comen los corderos del
rebaño, y los novillos de en medio del engordadero; 5 gorjean al son de la
flauta, e inventan instrumentos musicales, como David; 6 beben vino en
tazones, y se ungen con los ungüentos más preciosos; y no se afligen por el
quebrantamiento de José. 7 Por tanto, ahora irán a la cabeza de los que van a
cautividad, y se acercará el duelo de los que se entregan a los placeres.
8 Jehová el Señor juró por sí mismo, Jehová Dios de los
ejércitos ha dicho: Abomino la grandeza de Jacob, y aborrezco sus palacios; y
entregaré al enemigo la ciudad y cuanto hay en ella.
9 Y acontecerá que si diez hombres quedaren en una casa,
morirán. 10 Y un pariente tomará a cada uno, y lo quemará para sacar los
huesos de casa; y dirá al que estará en los rincones de la casa: ¿Hay aún
alguno contigo? Y dirá: No. Y dirá aquél: Calla, porque no podemos mencionar
el nombre de Jehová.
11 Porque he aquí, Jehová mandará, y herirá con
hendiduras la casa mayor, y la casa menor con aberturas. 12 ¿Correrán los
caballos por las peñas? ¿Ararán en ellas con bueyes? ¿Por qué habéis vosotros
convertido el juicio en veneno, y el fruto de justicia en ajenjo? 13 Vosotros
que os alegráis en nada, que decís: ¿No hemos adquirido poder con nuestra
fuerza? 14 Pues he aquí, oh casa de Israel, dice Jehová Dios de los ejércitos,
levantaré yo sobre vosotros a una nación que os oprimirá desde la entrada de
Hamat hasta el arroyo del Arabá.
Tres visiones de destrucción
AMÓS 7
1 Así me ha mostrado Jehová el Señor: He aquí, él criaba
langostas cuando comenzaba a crecer el heno tardío; y he aquí era el heno
tardío después de las siegas del rey. 2 Y aconteció que cuando acabó de comer
la hierba de la tierra, yo dije: Señor Jehová, perdona ahora; ¿quién levantará
a Jacob? porque es pequeño. 3 Se arrepintió Jehová de esto: No será, dijo
Jehová.
4 Jehová el Señor me mostró así: He aquí, Jehová el Señor
llamaba para juzgar con fuego; y consumió un gran abismo, y consumió una parte
de la tierra. 5 Y dije: Señor Jehová, cesa ahora; ¿quién levantará a Jacob?
porque es pequeño. 6 Se arrepintió Jehová de esto: No será esto tampoco, dijo
Jehová el Señor.
7 Me enseñó así: He aquí el Señor estaba sobre un muro
hecho a plomo, y en su mano una plomada de albañil. 8 Jehová entonces me dijo:
¿Qué ves, Amós? Y dije: Una plomada de albañil. Y el Señor dijo: He aquí, yo
pongo plomada de albañil en medio de mi pueblo Israel; no lo toleraré más. 9
Los lugares altos de Isaac serán destruidos, y los santuarios de Israel serán
asolados, y me levantaré con espada sobre la casa de Jeroboam.
Amós y Amasías
10 Entonces el sacerdote Amasías de Bet-el envió a decir
a Jeroboam rey de Israel: Amós se ha levantado contra ti en medio de la casa
de Israel; la tierra no puede sufrir todas sus palabras. 11 Porque así ha
dicho Amós: Jeroboam morirá a espada, e Israel será llevado de su tierra en
cautiverio. 12 Y Amasías dijo a Amós: Vidente, vete, huye a tierra de Judá, y
come allá tu pan, y profetiza allá; 13 y no profetices más en Bet-el, porque
es santuario del rey, y capital del reino.
14 Entonces respondió Amós, y dijo a Amasías: No soy
profeta, ni soy hijo de profeta, sino que soy boyero, y recojo higos
silvestres. 15 Y Jehová me tomó de detrás del ganado, y me dijo: Ve y
profetiza a mi pueblo Israel. 16 Ahora, pues, oye palabra de Jehová. Tú dices:
No profetices contra Israel, ni hables contra la casa de Isaac. 17 Por tanto,
así ha dicho Jehová: Tu mujer será ramera en medio de la ciudad, y tus hijos y
tus hijas caerán a espada, y tu tierra será repartida por suertes; y tú
morirás en tierra inmunda, e Israel será llevado cautivo lejos de su tierra.
El canastillo de fruta de verano
AMÓS 8
1 Así me ha mostrado Jehová el Señor: He aquí un
canastillo de fruta de verano. 2 Y dijo: ¿Qué ves, Amós? Y respondí: Un
canastillo de fruta de verano. Y me dijo Jehová: Ha venido el fin sobre mi
pueblo Israel; no lo toleraré más. 3 Y los cantores del templo gemirán en
aquel día, dice Jehová el Señor; muchos serán los cuerpos muertos; en todo
lugar los echarán fuera en silencio.
El juicio sobre Israel se acerca
4 Oíd esto, los que explotáis a los menesterosos, y
arruináis a los pobres de la tierra, 5 diciendo: ¿Cuándo pasará el mes, y
venderemos el trigo; y la semana, y abriremos los graneros del pan, y
achicaremos la medida, y subiremos el precio, y falsearemos con engaño la
balanza, 6 para comprar los pobres por dinero, y los necesitados por un par de
zapatos, y venderemos los desechos del trigo?
7 Jehová juró por la gloria de Jacob: No me olvidaré
jamás de todas sus obras. 8 ¿No se estremecerá la tierra sobre esto? ¿No
llorará todo habitante de ella? Subirá toda, como un río, y crecerá y mermará
como el río de Egipto.
9 Acontecerá en aquel día, dice Jehová el Señor, que haré
que se ponga el sol a mediodía, y cubriré de tinieblas la tierra en el día
claro. 10 Y cambiaré vuestras fiestas en lloro, y todos vuestros cantares en
lamentaciones; y haré poner cilicio sobre todo lomo, y que se rape toda
cabeza; y la volveré como en llanto de unigénito, y su postrimería como día
amargo.
11 He aquí vienen días, dice Jehová el Señor, en los
cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de
oír la palabra de Jehová. 12 E irán errantes de mar a mar; desde el norte
hasta el oriente discurrirán buscando palabra de Jehová, y no la hallarán.
13 En aquel tiempo las doncellas hermosas y los jóvenes
desmayarán de sed. 14 Los que juran por el pecado de Samaria, y dicen: Por tu
Dios, oh Dan, y: Por el camino de Beerseba, caerán, y nunca más se levantarán.
Los juicios de Jehová son ineludibles
AMÓS 9
1 Vi al Señor que estaba sobre el altar, y dijo: Derriba
el capitel, y estremézcanse las puertas, y hazlos pedazos sobre la cabeza de
todos; y al postrero de ellos mataré a espada; no habrá de ellos quien huya,
ni quien escape.
2 Aunque cavasen hasta el Seol, de allá los tomará mi
mano; y aunque subieren hasta el cielo, de allá los haré descender. 3 Si se
escondieren en la cumbre del Carmelo, allí los buscaré y los tomaré; y aunque
se escondieren de delante de mis ojos en lo profundo del mar, allí mandaré a
la serpiente y los morderá. 4 Y si fueren en cautiverio delante de sus
enemigos, allí mandaré la espada, y los matará; y pondré sobre ellos mis ojos
para mal, y no para bien.
5 El Señor, Jehová de los ejércitos, es el que toca la
tierra, y se derretirá, y llorarán todos los que en ella moran; y crecerá toda
como un río, y mermará luego como el río de Egipto. 6 El edificó en el cielo
sus cámaras, y ha establecido su expansión sobre la tierra; él llama las aguas
del mar, y sobre la faz de la tierra las derrama; Jehová es su nombre.
7 Hijos de Israel, ¿no me sois vosotros como hijos de
etíopes, dice Jehová? ¿No hice yo subir a Israel de la tierra de Egipto, y a
los filisteos de Caftor, y de Kir a los arameos? 8 He aquí los ojos de Jehová
el Señor están contra el reino pecador, y yo lo asolaré de la faz de la
tierra; mas no destruiré del todo la casa de Jacob, dice Jehová.
9 Porque he aquí yo mandaré y haré que la casa de Israel
sea zarandeada entre todas las naciones, como se zarandea el grano en una
criba, y no cae un granito en la tierra. 10 A espada morirán todos los
pecadores de mi pueblo, que dicen: No se acercará, ni nos alcanzará el mal.
Restauración futura de Israel
11 En aquel día yo levantaré el tabernáculo caído de
David, y cerraré sus portillos y levantaré sus ruinas, y lo edificaré como en
el tiempo pasado; 12 para que aquellos sobre los cuales es invocado mi nombre
posean el resto de Edom, y a todas las naciones, dice Jehová que hace esto.
13 He aquí vienen días, dice Jehová, en que el que ara
alcanzará al segador, y el pisador de las uvas al que lleve la simiente; y los
montes destilarán mosto, y todos los collados se derretirán. 14 Y traeré del
cautiverio a mi pueblo Israel, y edificarán ellos las ciudades asoladas, y las
habitarán; plantarán viñas, y beberán el vino de ellas, y harán huertos, y
comerán el fruto de ellos. 15 Pues los plantaré sobre su tierra, y nunca más
serán arrancados de su tierra que yo les di, ha dicho Jehová Dios tuyo.
ABDÍAS
La humillación de Edom
ABDÍAS 1
1 Visión de Abdías.
Jehová el Señor ha dicho así en cuanto a Edom: Hemos oído
el pregón de Jehová, y mensajero ha sido enviado a las naciones. Levantaos, y
levantémonos contra este pueblo en batalla. 2 He aquí, pequeño te he hecho
entre las naciones; estás abatido en gran manera. 3 La soberbia de tu corazón
te ha engañado, tú que moras en las hendiduras de las peñas, en tu altísima
morada; que dices en tu corazón: ¿Quién me derribará a tierra? 4 Si te
remontares como águila, y aunque entre las estrellas pusieres tu nido, de ahí
te derribaré, dice Jehová.
5 Si ladrones vinieran a ti, o robadores de noche (¡cómo
has sido destruido!), ¿no hurtarían lo que les bastase? Si entraran a ti
vendimiadores, ¿no dejarían algún rebusco? 6 ¡Cómo fueron escudriñadas las
cosas de Esaú! Sus tesoros escondidos fueron buscados. 7 Todos tus aliados te
han engañado; hasta los confines te hicieron llegar; los que estaban en paz
contigo prevalecieron contra ti; los que comían tu pan pusieron lazo debajo de
ti; no hay en ello entendimiento. 8 ¿No haré que perezcan en aquel día, dice
Jehová, los sabios de Edom, y la prudencia del monte de Esaú? 9 Y tus
valientes, oh Temán, serán amedrentados; porque todo hombre será cortado del
monte de Esaú por el estrago. 10 Por la injuria a tu hermano Jacob te cubrirá
vergüenza, y serás cortado para siempre. 11 El día que estando tú delante,
llevaban extraños cautivo su ejército, y extraños entraban por sus puertas, y
echaban suertes sobre Jerusalén, tú también eras como uno de ellos. 12 Pues no
debiste tú haber estado mirando en el día de tu hermano, en el día de su
infortunio; no debiste haberte alegrado de los hijos de Judá en el día en que
se perdieron, ni debiste haberte jactado en el día de la angustia. 13 No
debiste haber entrado por la puerta de mi pueblo en el día de su
quebrantamiento; no, no debiste haber mirado su mal en el día de su quebranto,
ni haber echado mano a sus bienes en el día de su calamidad. 14 Tampoco
debiste haberte parado en las encrucijadas para matar a los que de ellos
escapasen; ni debiste haber entregado a los que quedaban en el día de
angustia.
La exaltación de Israel
15 Porque cercano está el día de Jehová sobre todas las
naciones; como tú hiciste se hará contigo; tu recompensa volverá sobre tu
cabeza. 16 De la manera que vosotros bebisteis en mi santo monte, beberán
continuamente todas las naciones; beberán, y engullirán, y serán como si no
hubieran sido. 17 Mas en el monte de Sion habrá un remanente que se salve; y
será santo, y la casa de Jacob recuperará sus posesiones. 18 La casa de Jacob
será fuego, y la casa de José será llama, y la casa de Esaú estopa, y los
quemarán y los consumirán; ni aun resto quedará de la casa de Esaú, porque
Jehová lo ha dicho. 19 Y los del Neguev poseerán el monte de Esaú, y los de la
Sefela a los filisteos; poseerán también los campos de Efraín, y los campos de
Samaria; y Benjamín a Galaad. 20 Y los cautivos de este ejército de los hijos
de Israel poseerán lo de los cananeos hasta Sarepta; y los cautivos de
Jerusalén que están en Sefarad poseerán las ciudades del Neguev. 21 Y subirán
salvadores al monte de Sion para juzgar al monte de Esaú; y el reino será de
Jehová.
JONÁS
Jonás huye de Jehová
JONÁS 1
1 Vino palabra de Jehová a Jonás hijo de Amitai,
diciendo: 2 Levántate y ve a Nínive, aquella gran ciudad, y pregona contra
ella; porque ha subido su maldad delante de mí. 3 Y Jonás se levantó para huir
de la presencia de Jehová a Tarsis, y descendió a Jope, y halló una nave que
partía para Tarsis; y pagando su pasaje, entró en ella para irse con ellos a
Tarsis, lejos de la presencia de Jehová.
4 Pero Jehová hizo levantar un gran viento en el mar, y
hubo en el mar una tempestad tan grande que se pensó que se partiría la nave.
5 Y los marineros tuvieron miedo, y cada uno clamaba a su dios; y echaron al
mar los enseres que había en la nave, para descargarla de ellos. Pero Jonás
había bajado al interior de la nave, y se había echado a dormir. 6 Y el patrón
de la nave se le acercó y le dijo: ¿Qué tienes, dormilón? Levántate, y clama a
tu Dios; quizá él tendrá compasión de nosotros, y no pereceremos.
7 Y dijeron cada uno a su compañero: Venid y echemos
suertes, para que sepamos por causa de quién nos ha venido este mal. Y echaron
suertes, y la suerte cayó sobre Jonás. 8 Entonces le dijeron ellos: Decláranos
ahora por qué nos ha venido este mal. ¿Qué oficio tienes, y de dónde vienes?
¿Cuál es tu tierra, y de qué pueblo eres? 9 Y él les respondió: Soy hebreo, y
temo a Jehová, Dios de los cielos, que hizo el mar y la tierra. 10 Y aquellos
hombres temieron sobremanera, y le dijeron: ¿Por qué has hecho esto? Porque
ellos sabían que huía de la presencia de Jehová, pues él se lo había
declarado.
11 Y le dijeron: ¿Qué haremos contigo para que el mar se
nos aquiete? Porque el mar se iba embraveciendo más y más. 12 El les
respondió: Tomadme y echadme al mar, y el mar se os aquietará; porque yo sé
que por mi causa ha venido esta gran tempestad sobre vosotros. 13 Y aquellos
hombres trabajaron para hacer volver la nave a tierra; mas no pudieron, porque
el mar se iba embraveciendo más y más contra ellos. 14 Entonces clamaron a
Jehová y dijeron: Te rogamos ahora, Jehová, que no perezcamos nosotros por la
vida de este hombre, ni pongas sobre nosotros la sangre inocente; porque tú,
Jehová, has hecho como has querido. 15 Y tomaron a Jonás, y lo echaron al mar;
y el mar se aquietó de su furor. 16 Y temieron aquellos hombres a Jehová con
gran temor, y ofrecieron sacrificio a Jehová, e hicieron votos.
17 Pero Jehová tenía preparado un gran pez que tragase a
Jonás; y estuvo Jonás en el vientre del pez tres días y tres noches.
Oración de Jonás
JONÁS 2
1 Entonces oró Jonás a Jehová su Dios desde el vientre
del pez, 2 y dijo:
Invoqué en mi angustia a Jehová, y él me oyó;
Desde el seno del Seol clamé,
Y mi voz oíste.
3 Me echaste a lo profundo, en medio de los mares,
Y me rodeó la corriente;
Todas tus ondas y tus olas pasaron sobre mí.
4 Entonces dije: Desechado soy de delante de tus ojos;
Mas aún veré tu santo templo.
5 Las aguas me rodearon hasta el alma,
Rodeóme el abismo;
El alga se enredó a mi cabeza.
6 Descendí a los cimientos de los montes;
La tierra echó sus cerrojos sobre mí para siempre;
Mas tú sacaste mi vida de la sepultura, oh Jehová Dios
mío.
7 Cuando mi alma desfallecía en mí, me acordé de Jehová,
Y mi oración llegó hasta ti en tu santo templo.
8 Los que siguen vanidades ilusorias,
Su misericordia abandonan.
9 Mas yo con voz de alabanza te ofreceré sacrificios;
Pagaré lo que prometí.
La salvación es de Jehová.
10 Y mandó Jehová al pez, y vomitó a Jonás en tierra.
Nínive se arrepiente
JONÁS 3
1 Vino palabra de Jehová por segunda vez a Jonás,
diciendo: 2 Levántate y ve a Nínive, aquella gran ciudad, y proclama en ella
el mensaje que yo te diré. 3 Y se levantó Jonás, y fue a Nínive conforme a la
palabra de Jehová. Y era Nínive ciudad grande en extremo, de tres días de
camino. 4 Y comenzó Jonás a entrar por la ciudad, camino de un día, y
predicaba diciendo: De aquí a cuarenta días Nínive será destruida. 5 Y los
hombres de Nínive creyeron a Dios, y proclamaron ayuno, y se vistieron de
cilicio desde el mayor hasta el menor de ellos.
6 Y llegó la noticia hasta el rey de Nínive, y se levantó
de su silla, se despojó de su vestido, y se cubrió de cilicio y se sentó sobre
ceniza. 7 E hizo proclamar y anunciar en Nínive, por mandato del rey y de sus
grandes, diciendo: Hombres y animales, bueyes y ovejas, no gusten cosa alguna;
no se les dé alimento, ni beban agua; 8 sino cúbranse de cilicio hombres y
animales, y clamen a Dios fuertemente; y conviértase cada uno de su mal
camino, de la rapiña que hay en sus manos. 9 ¿Quién sabe si se volverá y se
arrepentirá Dios, y se apartará del ardor de su ira, y no pereceremos?
10 Y vio Dios lo que hicieron, que se convirtieron de su
mal camino; y se arrepintió del mal que había dicho que les haría, y no lo
hizo.
El enojo de Jonás
JONÁS 4
1 Pero Jonás se apesadumbró en extremo, y se enojó. 2 Y
oró a Jehová y dijo: Ahora, oh Jehová, ¿no es esto lo que yo decía estando aún
en mi tierra? Por eso me apresuré a huir a Tarsis; porque sabía yo que tú eres
Dios clemente y piadoso, tardo en enojarte, y de grande misericordia, y que te
arrepientes del mal. 3 Ahora pues, oh Jehová, te ruego que me quites la vida;
porque mejor me es la muerte que la vida. 4 Y Jehová le dijo: ¿Haces tú bien
en enojarte tanto? 5 Y salió Jonás de la ciudad, y acampó hacia el oriente de
la ciudad, y se hizo allí una enramada, y se sentó debajo de ella a la sombra,
hasta ver qué acontecería en la ciudad.
6 Y preparó Jehová Dios una calabacera, la cual creció
sobre Jonás para que hiciese sombra sobre su cabeza, y le librase de su
malestar; y Jonás se alegró grandemente por la calabacera. 7 Pero al venir el
alba del día siguiente, Dios preparó un gusano, el cual hirió la calabacera, y
se secó. 8 Y aconteció que al salir el sol, preparó Dios un recio viento
solano, y el sol hirió a Jonás en la cabeza, y se desmayaba, y deseaba la
muerte, diciendo: Mejor sería para mí la muerte que la vida. 9 Entonces dijo
Dios a Jonás: ¿Tanto te enojas por la calabacera? Y él respondió: Mucho me
enojo, hasta la muerte. 10 Y dijo Jehová: Tuviste tú lástima de la calabacera,
en la cual no trabajaste, ni tú la hiciste crecer; que en espacio de una noche
nació, y en espacio de otra noche pereció. 11 ¿Y no tendré yo piedad de
Nínive, aquella gran ciudad donde hay más de ciento veinte mil personas que no
saben discernir entre su mano derecha y su mano izquierda, y muchos animales?
MIQUEAS
Lamento sobre Samaria y Jerusalén
MIQUEAS 1
1 Palabra de Jehová que vino a Miqueas de Moreset en días
de Jotam, Acaz y Ezequías, reyes de Judá; lo que vio sobre Samaria y
Jerusalén.
2 Oíd, pueblos todos; está atenta, tierra, y cuanto hay
en ti; y Jehová el Señor, el Señor desde su santo templo, sea testigo contra
vosotros. 3 Porque he aquí, Jehová sale de su lugar, y descenderá y hollará
las alturas de la tierra. 4 Y se derretirán los montes debajo de él, y los
valles se hendirán como la cera delante del fuego, como las aguas que corren
por un precipicio. 5 Todo esto por la rebelión de Jacob, y por los pecados de
la casa de Israel. ¿Cuál es la rebelión de Jacob? ¿No es Samaria? ¿Y cuáles
son los lugares altos de Judá? ¿No es Jerusalén? 6 Haré, pues, de Samaria
montones de ruinas, y tierra para plantar viñas; y derramaré sus piedras por
el valle, y descubriré sus cimientos. 7 Y todas sus estatuas serán
despedazadas, y todos sus dones serán quemados en fuego, y asolaré todos sus
ídolos; porque de dones de rameras los juntó, y a dones de rameras volverán.
8 Por esto lamentaré y aullaré, y andaré despojado y
desnudo; haré aullido como de chacales, y lamento como de avestruces. 9 Porque
su llaga es dolorosa, y llegó hasta Judá; llegó hasta la puerta de mi pueblo,
hasta Jerusalén. 10 No lo digáis en Gat, ni lloréis mucho; revuélcate en el
polvo de Bet-le-afra. 11 Pásate, oh morador de Safir, desnudo y con vergüenza;
el morador de Zaanán no sale; el llanto de Betesel os quitará su apoyo. 12
Porque los moradores de Marot anhelaron ansiosamente el bien; pues de parte de
Jehová el mal había descendido hasta la puerta de Jerusalén. 13 Uncid al carro
bestias veloces, oh moradores de Laquis, que fuisteis principio de pecado a la
hija de Sion; porque en vosotros se hallaron las rebeliones de Israel. 14 Por
tanto, vosotros daréis dones a Moreset-gat; las casas de Aczib serán para
engaño a los reyes de Israel. 15 Aun os traeré nuevo poseedor, oh moradores de
Maresa; la flor de Israel huirá hasta Adulam. 16 Ráete y trasquílate por los
hijos de tus delicias; hazte calvo como águila, porque en cautiverio se fueron
de ti.
¡Ay de los que oprimen a los pobres!
MIQUEAS 2
1 ¡Ay de los que en sus camas piensan iniquidad y
maquinan el mal, y cuando llega la mañana lo ejecutan, porque tienen en su
mano el poder! 2 Codician las heredades, y las roban; y casas, y las toman;
oprimen al hombre y a su casa, al hombre y a su heredad. 3 Por tanto, así ha
dicho Jehová: He aquí, yo pienso contra esta familia un mal del cual no
sacaréis vuestros cuellos, ni andaréis erguidos; porque el tiempo será malo. 4
En aquel tiempo levantarán sobre vosotros refrán, y se hará endecha de
lamentación, diciendo: Del todo fuimos destruidos; él ha cambiado la porción
de mi pueblo. ¡Cómo nos quitó nuestros campos! Los dio y los repartió a otros.
5 Por tanto, no habrá quien a suerte reparta heredades en la congregación de
Jehová.
6 No profeticéis, dicen a los que profetizan; no les
profeticen, porque no les alcanzará vergüenza. 7 Tú que te dices casa de
Jacob, ¿se ha acortado el Espíritu de Jehová? ¿Son estas sus obras? ¿No hacen
mis palabras bien al que camina rectamente? 8 El que ayer era mi pueblo, se ha
levantado como enemigo; de sobre el vestido quitasteis las capas atrevidamente
a los que pasaban, como adversarios de guerra. 9 A las mujeres de mi pueblo
echasteis fuera de las casas que eran su delicia; a sus niños quitasteis mi
perpetua alabanza. 10 Levantaos y andad, porque no es este el lugar de reposo,
pues está contaminado, corrompido grandemente. 11 Si alguno andando con
espíritu de falsedad mintiere diciendo: Yo te profetizaré de vino y de sidra;
este tal será el profeta de este pueblo.
12 De cierto te juntaré todo, oh Jacob; recogeré
ciertamente el resto de Israel; lo reuniré como ovejas de Bosra, como rebaño
en medio de su aprisco; harán estruendo por la multitud de hombres. 13 Subirá
el que abre caminos delante de ellos; abrirán camino y pasarán la puerta, y
saldrán por ella; y su rey pasará delante de ellos, y a la cabeza de ellos
Jehová.
Acusación contra los dirigentes de Israel
MIQUEAS 3
1 Dije: Oíd ahora, príncipes de Jacob, y jefes de la casa
de Israel: ¿No concierne a vosotros saber lo que es justo? 2 Vosotros que
aborrecéis lo bueno y amáis lo malo, que les quitáis su piel y su carne de
sobre los huesos; 3 que coméis asimismo la carne de mi pueblo, y les desolláis
su piel de sobre ellos, y les quebrantáis los huesos y los rompéis como para
el caldero, y como carnes en olla.
4 Entonces clamaréis a Jehová, y no os responderá; antes
esconderá de vosotros su rostro en aquel tiempo, por cuanto hicisteis malvadas
obras.
5 Así ha dicho Jehová acerca de los profetas que hacen
errar a mi pueblo, y claman: Paz, cuando tienen algo que comer, y al que no
les da de comer, proclaman guerra contra él: 6 Por tanto, de la profecía se os
hará noche, y oscuridad del adivinar; y sobre los profetas se pondrá el sol, y
el día se entenebrecerá sobre ellos. 7 Y serán avergonzados los profetas, y se
confundirán los adivinos; y ellos todos cerrarán sus labios, porque no hay
respuesta de Dios. 8 Mas yo estoy lleno de poder del Espíritu de Jehová, y de
juicio y de fuerza, para denunciar a Jacob su rebelión, y a Israel su pecado.
9 Oíd ahora esto, jefes de la casa de Jacob, y capitanes de la casa de Israel,
que abomináis el juicio, y pervertís todo el derecho; 10 que edificáis a Sion
con sangre, y a Jerusalén con injusticia. 11 Sus jefes juzgan por cohecho, y
sus sacerdotes enseñan por precio, y sus profetas adivinan por dinero; y se
apoyan en Jehová, diciendo: ¿No está Jehová entre nosotros? No vendrá mal
sobre nosotros. 12 Por tanto, a causa de vosotros Sion será arada como campo,
y Jerusalén vendrá a ser montones de ruinas, y el monte de la casa como
cumbres de bosque.
Reinado universal de Jehová
(Is. 2.1-4)
MIQUEAS 4
1 Acontecerá en los postreros tiempos que el monte de la
casa de Jehová será establecido por cabecera de montes, y más alto que los
collados, y correrán a él los pueblos. 2 Vendrán muchas naciones, y dirán:
Venid, y subamos al monte de Jehová, y a la casa del Dios de Jacob; y nos
enseñará en sus caminos, y andaremos por sus veredas; porque de Sion saldrá la
ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová. 3 Y él juzgará entre muchos pueblos,
y corregirá a naciones poderosas hasta muy lejos; y martillarán sus espadas
para azadones, y sus lanzas para hoces; no alzará espada nación contra nación,
ni se ensayarán más para la guerra. 4 Y se sentará cada uno debajo de su vid y
debajo de su higuera, y no habrá quien los amedrente; porque la boca de Jehová
de los ejércitos lo ha hablado.
5 Aunque todos los pueblos anden cada uno en el nombre de
su dios, nosotros con todo andaremos en el nombre de Jehová nuestro Dios
eternamente y para siempre.
Israel será redimido del cautiverio
6 En aquel día, dice Jehová, juntaré la que cojea, y
recogeré la descarriada, y a la que afligí; 7 y pondré a la coja como
remanente, y a la descarriada como nación robusta; y Jehová reinará sobre
ellos en el monte de Sion desde ahora y para siempre.
8 Y tú, oh torre del rebaño, fortaleza de la hija de Sion,
hasta ti vendrá el señorío primero, el reino de la hija de Jerusalén. 9 Ahora,
¿por qué gritas tanto? ¿No hay rey en ti? ¿Pereció tu consejero, que te ha
tomado dolor como de mujer de parto? 10 Duélete y gime, hija de Sion, como
mujer que está de parto; porque ahora saldrás de la ciudad y morarás en el
campo, y llegarás hasta Babilonia; allí serás librada, allí te redimirá Jehová
de la mano de tus enemigos.
11 Pero ahora se han juntado muchas naciones contra ti, y
dicen: Sea profanada, y vean nuestros ojos su deseo en Sion. 12 Mas ellos no
conocieron los pensamientos de Jehová, ni entendieron su consejo; por lo cual
los juntó como gavillas en la era. 13 Levántate y trilla, hija de Sion, porque
haré tu cuerno como de hierro, y tus uñas de bronce, y desmenuzarás a muchos
pueblos; y consagrarás a Jehová su botín, y sus riquezas al Señor de toda la
tierra.
El reinado del libertador desde Belén
MIQUEAS 5
1 Rodéate ahora de muros, hija de guerreros; nos han
sitiado; con vara herirán en la mejilla al juez de Israel.
2 Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las
familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas
son desde el principio, desde los días de la eternidad. 3 Pero los dejará
hasta el tiempo que dé a luz la que ha de dar a luz; y el resto de sus
hermanos se volverá con los hijos de Israel. 4 Y él estará, y apacentará con
poder de Jehová, con grandeza del nombre de Jehová su Dios; y morarán seguros,
porque ahora será engrandecido hasta los fines de la tierra.
5 Y éste será nuestra paz. Cuando el asirio viniere a
nuestra tierra, y cuando hollare nuestros palacios, entonces levantaremos
contra él siete pastores, y ocho hombres principales; 6 y devastarán la tierra
de Asiria a espada, y con sus espadas la tierra de Nimrod; y nos librará del
asirio, cuando viniere contra nuestra tierra y hollare nuestros confines.
7 El remanente de Jacob será en medio de muchos pueblos
como el rocío de Jehová, como las lluvias sobre la hierba, las cuales no
esperan a varón, ni aguardan a hijos de hombres. 8 Asimismo el remanente de
Jacob será entre las naciones, en medio de muchos pueblos, como el león entre
las bestias de la selva, como el cachorro del león entre las manadas de las
ovejas, el cual si pasare, y hollare, y arrebatare, no hay quien escape. 9 Tu
mano se alzará sobre tus enemigos, y todos tus adversarios serán destruidos.
10 Acontecerá en aquel día, dice Jehová, que haré matar
tus caballos de en medio de ti, y haré destruir tus carros. 11 Haré también
destruir las ciudades de tu tierra, y arruinaré todas tus fortalezas. 12
Asimismo destruiré de tu mano las hechicerías, y no se hallarán en ti
agoreros. 13 Y haré destruir tus esculturas y tus imágenes de en medio de ti,
y nunca más te inclinarás a la obra de tus manos. 14 Arrancaré tus imágenes de
Asera de en medio de ti, y destruiré tus ciudades; 15 y con ira y con furor
haré venganza en las naciones que no obedecieron.
Controversia de Jehová contra Israel
MIQUEAS 6
1 Oíd ahora lo que dice Jehová: Levántate, contiende
contra los montes, y oigan los collados tu voz. 2 Oíd, montes, y fuertes
cimientos de la tierra, el pleito de Jehová; porque Jehová tiene pleito con su
pueblo, y altercará con Israel.
3 Pueblo mío, ¿qué te he hecho, o en qué te he molestado?
Responde contra mí. 4 Porque yo te hice subir de la tierra de Egipto, y de la
casa de servidumbre te redimí; y envié delante de ti a Moisés, a Aarón y a
María. 5 Pueblo mío, acuérdate ahora qué aconsejó Balac rey de Moab, y qué le
respondió Balaam hijo de Beor, desde Sitim hasta Gilgal, para que conozcas las
justicias de Jehová.
Lo que pide Jehová
6 ¿Con qué me presentaré ante Jehová, y adoraré al Dios
Altísimo? ¿Me presentaré ante él con holocaustos, con becerros de un año? 7
¿Se agradará Jehová de millares de carneros, o de diez mil arroyos de aceite?
¿Daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mis entrañas por el pecado
de mi alma? 8 Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová
de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu
Dios.
9 La voz de Jehová clama a la ciudad; es sabio temer a tu
nombre. Prestad atención al castigo, y a quien lo establece. 10 ¿Hay aún en
casa del impío tesoros de impiedad, y medida escasa que es detestable? 11
¿Daré por inocente al que tiene balanza falsa y bolsa de pesas engañosas? 12
Sus ricos se colmaron de rapiña, y sus moradores hablaron mentira, y su lengua
es engañosa en su boca. 13 Por eso yo también te hice enflaquecer hiriéndote,
asolándote por tus pecados. 14 Comerás, y no te saciarás, y tu abatimiento
estará en medio de ti; recogerás, mas no salvarás, y lo que salvares, lo
entregaré yo a la espada. 15 Sembrarás, mas no segarás; pisarás aceitunas, mas
no te ungirás con el aceite; y mosto, mas no beberás el vino. 16 Porque los
mandamientos de Omri se han guardado, y toda obra de la casa de Acab; y en los
consejos de ellos anduvisteis, para que yo te pusiese en asolamiento, y tus
moradores para burla. Llevaréis, por tanto, el oprobio de mi pueblo.
Corrupción moral de Israel
MIQUEAS 7
1 ¡Ay de mí! porque estoy como cuando han recogido los
frutos del verano, como cuando han rebuscado después de la vendimia, y no
queda racimo para comer; mi alma deseó los primeros frutos. 2 Faltó el
misericordioso de la tierra, y ninguno hay recto entre los hombres; todos
acechan por sangre; cada cual arma red a su hermano. 3 Para completar la
maldad con sus manos, el príncipe demanda, y el juez juzga por recompensa; y
el grande habla el antojo de su alma, y lo confirman. 4 El mejor de ellos es
como el espino; el más recto, como zarzal; el día de tu castigo viene, el que
anunciaron tus atalayas; ahora será su confusión. 5 No creáis en amigo, ni
confiéis en príncipe; de la que duerme a tu lado cuídate, no abras tu boca. 6
Porque el hijo deshonra al padre, la hija se levanta contra la madre, la nuera
contra su suegra, y los enemigos del hombre son los de su casa. 7 Mas yo a
Jehová miraré, esperaré al Dios de mi salvación; el Dios mío me oirá.
Jehová trae luz y libertad
8 Tú, enemiga mía, no te alegres de mí, porque aunque
caí, me levantaré; aunque more en tinieblas, Jehová será mi luz. 9 La ira de
Jehová soportaré, porque pequé contra él, hasta que juzgue mi causa y haga mi
justicia; él me sacará a luz; veré su justicia. 10 Y mi enemiga lo verá, y la
cubrirá vergüenza; la que me decía: ¿Dónde está Jehová tu Dios? Mis ojos la
verán; ahora será hollada como lodo de las calles.
11 Viene el día en que se edificarán tus muros; aquel día
se extenderán los límites. 12 En ese día vendrán hasta ti desde Asiria y las
ciudades fortificadas, y desde las ciudades fortificadas hasta el Río, y de
mar a mar, y de monte a monte. 13 Y será asolada la tierra a causa de sus
moradores, por el fruto de sus obras.
Compasión de Jehová por Israel
14 Apacienta tu pueblo con tu cayado, el rebaño de tu
heredad, que mora solo en la montaña, en campo fértil; busque pasto en Basán y
Galaad, como en el tiempo pasado. 15 Yo les mostraré maravillas como el día
que saliste de Egipto.
16 Las naciones verán, y se avergonzarán de todo su
poderío; pondrán la mano sobre su boca, ensordecerán sus oídos. 17 Lamerán el
polvo como la culebra; como las serpientes de la tierra, temblarán en sus
encierros; se volverán amedrentados ante Jehová nuestro Dios, y temerán a
causa de ti.
18 ¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el
pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se
deleita en misericordia. 19 El volverá a tener misericordia de nosotros;
sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros
pecados. 20 Cumplirás la verdad a Jacob, y a Abraham la misericordia, que
juraste a nuestros padres desde tiempos antiguos.
NAHUM
La ira vengadora de Dios
NAHUM 1
1 Profecía sobre Nínive. Libro de la visión de Nahum de
Elcos.
2 Jehová es Dios celoso y vengador; Jehová es vengador y
lleno de indignación; se venga de sus adversarios, y guarda enojo para sus
enemigos. 3 Jehová es tardo para la ira y grande en poder, y no tendrá por
inocente al culpable. Jehová marcha en la tempestad y el torbellino, y las
nubes son el polvo de sus pies. 4 El amenaza al mar, y lo hace secar, y
angosta todos los ríos; Basán fue destruido, y el Carmelo, y la flor del
Líbano fue destruida. 5 Los montes tiemblan delante de él, y los collados se
derriten; la tierra se conmueve a su presencia, y el mundo, y todos los que en
él habitan.
6 ¿Quién permanecerá delante de su ira? ¿y quién quedará
en pie en el ardor de su enojo? Su ira se derrama como fuego, y por él se
hienden las peñas. 7 Jehová es bueno, fortaleza en el día de la angustia; y
conoce a los que en él confían. 8 Mas con inundación impetuosa consumirá a sus
adversarios, y tinieblas perseguirán a sus enemigos. 9 ¿Qué pensáis contra
Jehová? El hará consumación; no tomará venganza dos veces de sus enemigos. 10
Aunque sean como espinos entretejidos, y estén empapados en su embriaguez,
serán consumidos como hojarasca completamente seca. 11 De ti salió el que
imaginó mal contra Jehová, un consejero perverso.
12 Así ha dicho Jehová: Aunque reposo tengan, y sean
tantos, aun así serán talados, y él pasará. Bastante te he afligido; no te
afligiré ya más. 13 Porque ahora quebraré su yugo de sobre ti, y romperé tus
coyundas. 14 Mas acerca de ti mandará Jehová, que no quede ni memoria de tu
nombre; de la casa de tu dios destruiré escultura y estatua de fundición; allí
pondré tu sepulcro, porque fuiste vil.
Anuncio de la caída de Nínive
15 He aquí sobre los montes los pies del que trae buenas
nuevas, del que anuncia la paz. Celebra, oh Judá, tus fiestas, cumple tus
votos; porque nunca más volverá a pasar por ti el malvado; pereció del todo.
NAHUM 2
1 Subió destruidor contra ti; guarda la fortaleza, vigila
el camino, cíñete los lomos, refuerza mucho tu poder. 2 Porque Jehová
restaurará la gloria de Jacob como la gloria de Israel; porque saqueadores los
saquearon, y estropearon sus mugrones.
3 El escudo de sus valientes estará enrojecido, los
varones de su ejército vestidos de grana; el carro como fuego de antorchas; el
día que se prepare, temblarán las hayas. 4 Los carros se precipitarán a las
plazas, con estruendo rodarán por las calles; su aspecto será como antorchas
encendidas, correrán como relámpagos. 5 Se acordará él de sus valientes; se
atropellarán en su marcha; se apresurarán a su muro, y la defensa se
preparará. 6 Las puertas de los ríos se abrirán, y el palacio será destruido.
7 Y la reina será cautiva; mandarán que suba, y sus criadas la llevarán
gimiendo como palomas, golpeándose sus pechos. 8 Fue Nínive de tiempo antiguo
como estanque de aguas; pero ellos huyen. Dicen: ¡Deteneos, deteneos!; pero
ninguno mira. 9 Saquead plata, saquead oro; no hay fin de las riquezas y
suntuosidad de toda clase de efectos codiciables.
10 Vacía, agotada y desolada está, y el corazón
desfallecido; temblor de rodillas, dolor en las entrañas, rostros demudados.
11 ¿Qué es de la guarida de los leones, y de la majada de los cachorros de los
leones, donde se recogía el león y la leona, y los cachorros del león, y no
había quien los espantase? 12 El león arrebataba en abundancia para sus
cachorros, y ahogaba para sus leonas, y llenaba de presa sus cavernas, y de
robo sus guaridas.
Destrucción total de Nínive
13 Heme aquí contra ti, dice Jehová de los ejércitos.
Encenderé y reduciré a humo tus carros, y espada devorará tus leoncillos; y
cortaré de la tierra tu robo, y nunca más se oirá la voz de tus mensajeros.
NAHUM 3
1 ¡Ay de ti, ciudad sanguinaria, toda llena de mentira y
de rapiña, sin apartarte del pillaje! 2 Chasquido de látigo, y fragor de
ruedas, caballo atropellador, y carro que salta; 3 jinete enhiesto, y
resplandor de espada, y resplandor de lanza; y multitud de muertos, y multitud
de cadáveres; cadáveres sin fin, y en sus cadáveres tropezarán, 4 a causa de
la multitud de las fornicaciones de la ramera de hermosa gracia, maestra en
hechizos, que seduce a las naciones con sus fornicaciones, y a los pueblos con
sus hechizos.
5 Heme aquí contra ti, dice Jehová de los ejércitos, y
descubriré tus faldas en tu rostro, y mostraré a las naciones tu desnudez, y a
los reinos tu vergüenza. 6 Y echaré sobre ti inmundicias, y te afrentaré, y te
pondré como estiércol. 7 Todos los que te vieren se apartarán de ti, y dirán:
Nínive es asolada; ¿quién se compadecerá de ella? ¿Dónde te buscaré
consoladores?
8 ¿Eres tú mejor que Tebas, que estaba asentada junto al
Nilo, rodeada de aguas, cuyo baluarte era el mar, y aguas por muro? 9 Etiopía
era su fortaleza, también Egipto, y eso sin límite; Fut y Libia fueron sus
ayudadores. 10 Sin embargo ella fue llevada en cautiverio; también sus
pequeños fueron estrellados en las encrucijadas de todas las calles, y sobre
sus varones echaron suertes, y todos sus grandes fueron aprisionados con
grillos. 11 Tú también serás embriagada, y serás encerrada; tú también
buscarás refugio a causa del enemigo. 12 Todas tus fortalezas serán cual
higueras con brevas, que si las sacuden, caen en la boca del que las ha de
comer. 13 He aquí, tu pueblo será como mujeres en medio de ti; las puertas de
tu tierra se abrirán de par en par a tus enemigos; fuego consumirá tus
cerrojos.
14 Provéete de agua para el asedio, refuerza tus
fortalezas; entra en el lodo, pisa el barro, refuerza el horno. 15 Allí te
consumirá el fuego, te talará la espada, te devorará como pulgón; multiplícate
como langosta, multiplícate como el langostón. 16 Multiplicaste tus mercaderes
más que las estrellas del cielo; la langosta hizo presa, y voló. 17 Tus
príncipes serán como langostas, y tus grandes como nubes de langostas que se
sientan en vallados en día de frío; salido el sol se van, y no se conoce el
lugar donde están.
18 Durmieron tus pastores, oh rey de Asiria, reposaron
tus valientes; tu pueblo se derramó por los montes, y no hay quien lo junte.
19 No hay medicina para tu quebradura; tu herida es incurable; todos los que
oigan tu fama batirán las manos sobre ti, porque ¿sobre quién no pasó
continuamente tu maldad?
HABACUC
Habacuc se queja de injusticia
HABACUC 1
1 La profecía que vio el profeta Habacuc. 2 ¿Hasta
cuándo, oh Jehová, clamaré, y no oirás; y daré voces a ti a causa de la
violencia, y no salvarás? 3 ¿Por qué me haces ver iniquidad, y haces que vea
molestia? Destrucción y violencia están delante de mí, y pleito y contienda se
levantan. 4 Por lo cual la ley es debilitada, y el juicio no sale según la
verdad; por cuanto el impío asedia al justo, por eso sale torcida la justicia.
Los caldeos castigarán a Judá
5 Mirad entre las naciones, y ved, y asombraos; porque
haré una obra en vuestros días, que aun cuando se os contare, no la creeréis.
6 Porque he aquí, yo levanto a los caldeos, nación cruel y presurosa, que
camina por la anchura de la tierra para poseer las moradas ajenas. 7
Formidable es y terrible; de ella misma procede su justicia y su dignidad. 8
Sus caballos serán más ligeros que leopardos, y más feroces que lobos
nocturnos, y sus jinetes se multiplicarán; vendrán de lejos sus jinetes, y
volarán como águilas que se apresuran a devorar. 9 Toda ella vendrá a la
presa; el terror va delante de ella, y recogerá cautivos como arena. 10
Escarnecerá a los reyes, y de los príncipes hará burla; se reirá de toda
fortaleza, y levantará terraplén y la tomará. 11 Luego pasará como el huracán,
y ofenderá atribuyendo su fuerza a su dios.
Protesta de Habacuc
12 ¿No eres tú desde el principio, oh Jehová, Dios mío,
Santo mío? No moriremos. Oh Jehová, para juicio lo pusiste; y tú, oh Roca, lo
fundaste para castigar. 13 Muy limpio eres de ojos para ver el mal, ni puedes
ver el agravio; ¿por qué ves a los menospreciadores, y callas cuando destruye
el impío al más justo que él, 14 y haces que sean los hombres como los peces
del mar, como reptiles que no tienen quien los gobierne? 15 Sacará a todos con
anzuelo, los recogerá con su red, y los juntará en sus mallas; por lo cual se
alegrará y se regocijará. 16 Por esto hará sacrificios a su red, y ofrecerá
sahumerios a sus mallas; porque con ellas engordó su porción, y engrasó su
comida. 17 ¿Vaciará por eso su red, y no tendrá piedad de aniquilar naciones
continuamente?
Jehová responde a Habacuc
HABACUC 2
1 Sobre mi guarda estaré, y sobre la fortaleza afirmaré
el pie, y velaré para ver lo que se me dirá, y qué he de responder tocante a
mi queja. 2 Y Jehová me respondió, y dijo: Escribe la visión, y declárala en
tablas, para que corra el que leyere en ella. 3 Aunque la visión tardará aún
por un tiempo, mas se apresura hacia el fin, y no mentirá; aunque tardare,
espéralo, porque sin duda vendrá, no tardará. 4 He aquí que aquel cuya alma no
es recta, se enorgullece; mas el justo por su fe vivirá. 5 Y también, el que
es dado al vino es traicionero, hombre soberbio, que no permanecerá; ensanchó
como el Seol su alma, y es como la muerte, que no se saciará; antes reunió
para sí todas las gentes, y juntó para sí todos los pueblos.
Ayes contra los injustos
6 ¿No han de levantar todos éstos refrán sobre él, y
sarcasmos contra él? Dirán: ¡Ay del que multiplicó lo que no era suyo! ¿Hasta
cuándo había de acumular sobre sí prenda tras prenda? 7 ¿No se levantarán de
repente tus deudores, y se despertarán los que te harán temblar, y serás
despojo para ellos? 8 Por cuanto tú has despojado a muchas naciones, todos los
otros pueblos te despojarán, a causa de la sangre de los hombres, y de los
robos de la tierra, de las ciudades y de todos los que habitan en ellas.
9 ¡Ay del que codicia injusta ganancia para su casa, para
poner en alto su nido, para escaparse del poder del mal! 10 Tomaste consejo
vergonzoso para tu casa, asolaste muchos pueblos, y has pecado contra tu vida.
11 Porque la piedra clamará desde el muro, y la tabla del enmaderado le
responderá.
12 ¡Ay del que edifica la ciudad con sangre, y del que
funda una ciudad con iniquidad! 13 ¿No es esto de Jehová de los ejércitos? Los
pueblos, pues, trabajarán para el fuego, y las naciones se fatigarán en vano.
14 Porque la tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como
las aguas cubren el mar.
15 ¡Ay del que da de beber a su prójimo! ¡Ay de ti, que
le acercas tu hiel, y le embriagas para mirar su desnudez! 16 Te has llenado
de deshonra más que de honra; bebe tú también, y serás descubierto; el cáliz
de la mano derecha de Jehová vendrá hasta ti, y vómito de afrenta sobre tu
gloria. 17 Porque la rapiña del Líbano caerá sobre ti, y la destrucción de las
fieras te quebrantará, a causa de la sangre de los hombres, y del robo de la
tierra, de las ciudades y de todos los que en ellas habitaban.
18 ¿De qué sirve la escultura que esculpió el que la
hizo? ¿la estatua de fundición que enseña mentira, para que haciendo imágenes
mudas confíe el hacedor en su obra? 19 ¡Ay del que dice al palo: Despiértate;
y a la piedra muda: Levántate! ¿Podrá él enseñar? He aquí está cubierto de oro
y plata, y no hay espíritu dentro de él.
20 Mas Jehová está en su santo templo; calle delante de
él toda la tierra.
Oración de Habacuc
HABACUC 3
1 Oración del profeta Habacuc, sobre Sigionot.
2 Oh Jehová, he oído tu palabra, y temí.
Oh Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos,
En medio de los tiempos hazla conocer;
En la ira acuérdate
2 de la misericordia.
3 Dios vendrá de Temán,
Y el Santo desde el monte de Parán. Selah
Su gloria cubrió los cielos,
Y la tierra se llenó de su alabanza.
4 Y el resplandor fue como la luz;
Rayos brillantes salían de su mano,
Y allí estaba escondido su poder.
5 Delante de su rostro iba mortandad,
Y a sus pies salían carbones encendidos.
6 Se levantó, y midió la tierra;
Miró, e hizo temblar las gentes;
Los montes antiguos fueron desmenuzados,
Los collados antiguos se humillaron.
Sus caminos son eternos.
7 He visto las tiendas de Cusán en aflicción;
Las tiendas de la tierra de Madián temblaron.
8 ¿Te airaste, oh Jehová, contra los ríos?
¿Contra los ríos te airaste?
¿Fue tu ira contra el mar
Cuando montaste en tus caballos,
Y en tus carros de victoria?
9 Se descubrió enteramente tu arco;
Los juramentos a las tribus fueron palabra segura. Selah
Hendiste la tierra con ríos.
10 Te vieron y tuvieron temor los montes;
Pasó la inundación de las aguas;
El abismo dio su voz,
A lo alto alzó sus manos.
11 El sol y la luna se pararon en su lugar;
A la luz de tus saetas anduvieron,
Y al resplandor de tu fulgente lanza.
12 Con ira hollaste la tierra,
Con furor trillaste las naciones.
13 Saliste para socorrer a tu pueblo,
Para socorrer a tu ungido.
Traspasaste la cabeza de la casa del impío,
Descubriendo el cimiento hasta la roca. Selah
14 Horadaste con sus propios dardos las cabezas de sus
guerreros,
Que como tempestad acometieron para dispersarme,
Cuyo regocijo era como para devorar al pobre
encubiertamente.
15 Caminaste en el mar con tus caballos,
Sobre la mole de las grandes aguas.
16 Oí, y se conmovieron mis entrañas;
A la voz temblaron mis labios;
Pudrición entró en mis huesos, y dentro de mí me
estremecí;
Si bien estaré quieto en el día de la angustia,
Cuando suba al pueblo el que lo invadirá con sus tropas.
17 Aunque la higuera no florezca,
Ni en las vides haya frutos,
Aunque falte el producto del olivo,
Y los labrados
2 no den mantenimiento,
Y las ovejas sean quitadas de la majada,
Y no haya vacas en los corrales;
18 Con todo, yo me alegraré en Jehová,
Y me gozaré en el Dios de mi salvación.
19 Jehová el Señor es mi fortaleza,
El cual hace mis pies como de ciervas,
Y en mis alturas me hace andar.
Al jefe de los cantores, sobre mis instrumentos de
cuerdas.
SOFONÍAS
El día de la ira de Jehová
SOFONÍAS 1
1 Palabra de Jehová que vino a Sofonías hijo de Cusi,
hijo de Gedalías, hijo de Amarías, hijo de Ezequías, en días de Josías hijo de
Amón, rey de Judá.
2 Destruiré por completo todas las cosas de sobre la faz
de la tierra, dice Jehová. 3 Destruiré los hombres y las bestias; destruiré
las aves del cielo y los peces del mar, y cortaré a los impíos; y raeré a los
hombres de sobre la faz de la tierra, dice Jehová. 4 Extenderé mi mano sobre
Judá, y sobre todos los habitantes de Jerusalén, y exterminaré de este lugar
los restos de Baal, y el nombre de los ministros idólatras con sus sacerdotes;
5 y a los que sobre los terrados se postran al ejército del cielo, y a los que
se postran jurando por Jehová y jurando por Milcom; 6 y a los que se apartan
de en pos de Jehová, y a los que no buscaron a Jehová, ni le consultaron.
7 Calla en la presencia de Jehová el Señor, porque el día
de Jehová está cercano; porque Jehová ha preparado sacrificio, y ha dispuesto
a sus convidados. 8 Y en el día del sacrificio de Jehová castigaré a los
príncipes, y a los hijos del rey, y a todos los que visten vestido extranjero.
9 Asimismo castigaré en aquel día a todos los que saltan la puerta, los que
llenan las casas de sus señores de robo y de engaño.
10 Y habrá en aquel día, dice Jehová, voz de clamor desde
la puerta del Pescado, y aullido desde la segunda puerta, y gran
quebrantamiento desde los collados. 11 Aullad, habitantes de Mactes, porque
todo el pueblo mercader es destruido; destruidos son todos los que traían
dinero. 12 Acontecerá en aquel tiempo que yo escudriñaré a Jerusalén con
linterna, y castigaré a los hombres que reposan tranquilos como el vino
asentado, los cuales dicen en su corazón: Jehová ni hará bien ni hará mal. 13
Por tanto, serán saqueados sus bienes, y sus casas asoladas; edificarán casas,
mas no las habitarán, y plantarán viñas, mas no beberán el vino de ellas.
14 Cercano está el día grande de Jehová, cercano y muy
próximo; es amarga la voz del día de Jehová; gritará allí el valiente. 15 Día
de ira aquel día, día de angustia y de aprieto, día de alboroto y de
asolamiento, día de tiniebla y de oscuridad, día de nublado y de
entenebrecimiento, 16 día de trompeta y de algazara sobre las ciudades
fortificadas, y sobre las altas torres.
17 Y atribularé a los hombres, y andarán como ciegos,
porque pecaron contra Jehová; y la sangre de ellos será derramada como polvo,
y su carne como estiércol. 18 Ni su plata ni su oro podrá librarlos en el día
de la ira de Jehová, pues toda la tierra será consumida con el fuego de su
celo; porque ciertamente destrucción apresurada hará de todos los habitantes
de la tierra.
Juicios contra las naciones vecinas
SOFONÍAS 2
1 Congregaos y meditad, oh nación sin pudor, 2 antes que
tenga efecto el decreto, y el día se pase como el tamo; antes que venga sobre
vosotros el furor de la ira de Jehová, antes que el día de la ira de Jehová
venga sobre vosotros. 3 Buscad a Jehová todos los humildes de la tierra, los
que pusisteis por obra su juicio; buscad justicia, buscad mansedumbre; quizás
seréis guardados en el día del enojo de Jehová. 4 Porque Gaza será
desamparada, y Ascalón asolada; saquearán a Asdod en pleno día, y Ecrón será
desarraigada.
5 ¡Ay de los que moran en la costa del mar, del pueblo de
los cereteos! La palabra de Jehová es contra vosotros, oh Canaán, tierra de
los filisteos, y te haré destruir hasta no dejar morador. 6 Y será la costa
del mar praderas para pastores, y corrales de ovejas. 7 Será aquel lugar para
el remanente de la casa de Judá; allí apacentarán; en las casas de Ascalón
dormirán de noche; porque Jehová su Dios los visitará, y levantará su
cautiverio.
8 Yo he oído las afrentas de Moab, y los denuestos de los
hijos de Amón con que deshonraron a mi pueblo, y se engrandecieron sobre su
territorio. 9 Por tanto, vivo yo, dice Jehová de los ejércitos, Dios de
Israel, que Moab será como Sodoma, y los hijos de Amón como Gomorra; campo de
ortigas, y mina de sal, y asolamiento perpetuo; el remanente de mi pueblo los
saqueará, y el remanente de mi pueblo los heredará. 10 Esto les vendrá por su
soberbia, porque afrentaron y se engrandecieron contra el pueblo de Jehová de
los ejércitos. 11 Terrible será Jehová contra ellos, porque destruirá a todos
los dioses de la tierra, y desde sus lugares se inclinarán a él todas las
tierras de las naciones.
12 También vosotros los de Etiopía seréis muertos con mi
espada. 13 Y extenderá su mano sobre el norte, y destruirá a Asiria, y
convertirá a Nínive en asolamiento y en sequedal como un desierto. 14 Rebaños
de ganado harán en ella majada, todas las bestias del campo; el pelícano
también y el erizo dormirán en sus dinteles; su voz cantará en las ventanas;
habrá desolación en las puertas, porque su enmaderamiento de cedro será
descubierto. 15 Esta es la ciudad alegre que estaba confiada, la que decía en
su corazón: Yo, y no más. ¡Cómo fue asolada, hecha guarida de fieras!
Cualquiera que pasare junto a ella, se burlará y sacudirá su mano.
El pecado de Jerusalén, y su redención
SOFONÍAS 3
1 ¡Ay de la ciudad rebelde y contaminada y opresora! 2 No
escuchó la voz, ni recibió la corrección; no confió en Jehová, no se acercó a
su Dios. 3 Sus príncipes en medio de ella son leones rugientes; sus jueces,
lobos nocturnos que no dejan hueso para la mañana. 4 Sus profetas son
livianos, hombres prevaricadores; sus sacerdotes contaminaron el santuario,
falsearon la ley. 5 Jehová en medio de ella es justo, no hará iniquidad; de
mañana sacará a luz su juicio, nunca faltará; pero el perverso no conoce la
vergüenza.
6 Hice destruir naciones; sus habitaciones están
asoladas; hice desiertas sus calles, hasta no quedar quien pase; sus ciudades
están asoladas hasta no quedar hombre, hasta no quedar habitante. 7 Dije:
Ciertamente me temerá; recibirá corrección, y no será destruida su morada
según todo aquello por lo cual la castigué. Mas ellos se apresuraron a
corromper todos sus hechos.
8 Por tanto, esperadme, dice Jehová, hasta el día que me
levante para juzgaros; porque mi determinación es reunir las naciones, juntar
los reinos, para derramar sobre ellos mi enojo, todo el ardor de mi ira; por
el fuego de mi celo será consumida toda la tierra.
9 En aquel tiempo devolveré yo a los pueblos pureza de
labios, para que todos invoquen el nombre de Jehová, para que le sirvan de
común consentimiento. 10 De la región más allá de los ríos de Etiopía me
suplicarán; la hija de mis esparcidos traerá mi ofrenda.
11 En aquel día no serás avergonzada por ninguna de tus
obras con que te rebelaste contra mí; porque entonces quitaré de en medio de
ti a los que se alegran en tu soberbia, y nunca más te ensoberbecerás en mi
santo monte. 12 Y dejaré en medio de ti un pueblo humilde y pobre, el cual
confiará en el nombre de Jehová. 13 El remanente de Israel no hará injusticia
ni dirá mentira, ni en boca de ellos se hallará lengua engañosa; porque ellos
serán apacentados, y dormirán, y no habrá quien los atemorice.
14 Canta, oh hija de Sion; da voces de júbilo, oh Israel;
gózate y regocíjate de todo corazón, hija de Jerusalén. 15 Jehová ha apartado
tus juicios, ha echado fuera tus enemigos; Jehová es Rey de Israel en medio de
ti; nunca más verás el mal. 16 En aquel tiempo se dirá a Jerusalén: No temas;
Sion, no se debiliten tus manos. 17 Jehová está en medio de ti, poderoso, él
salvará; se gozará sobre ti con alegría, callará de amor, se regocijará sobre
ti con cánticos. 18 Reuniré a los fastidiados por causa del largo tiempo;
tuyos fueron, para quienes el oprobio de ella era una carga. 19 He aquí, en
aquel tiempo yo apremiaré a todos tus opresores; y salvaré a la que cojea, y
recogeré la descarriada; y os pondré por alabanza y por renombre en toda la
tierra. 20 En aquel tiempo yo os traeré, en aquel tiempo os reuniré yo; pues
os pondré para renombre y para alabanza entre todos los pueblos de la tierra,
cuando levante vuestro cautiverio delante de vuestros ojos, dice Jehová.
HAGEO
Exhortación a edificar el templo
HAGEO 1
1 En el año segundo del rey Darío, en el mes sexto, en el
primer día del mes, vino palabra de Jehová por medio del profeta Hageo a
Zorobabel hijo de Salatiel, gobernador de Judá, y a Josué hijo de Josadac,
sumo sacerdote, diciendo: 2 Así ha hablado Jehová de los ejércitos, diciendo:
Este pueblo dice: No ha llegado aún el tiempo, el tiempo de que la casa de
Jehová sea reedificada. 3 Entonces vino palabra de Jehová por medio del
profeta Hageo, diciendo: 4 ¿Es para vosotros tiempo, para vosotros, de habitar
en vuestras casas artesonadas, y esta casa está desierta? 5 Pues así ha dicho
Jehová de los ejércitos: Meditad bien sobre vuestros caminos. 6 Sembráis
mucho, y recogéis poco; coméis, y no os saciáis; bebéis, y no quedáis
satisfechos; os vestís, y no os calentáis; y el que trabaja a jornal recibe su
jornal en saco roto.
7 Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Meditad sobre
vuestros caminos. 8 Subid al monte, y traed madera, y reedificad la casa; y
pondré en ella mi voluntad, y seré glorificado, ha dicho Jehová. 9 Buscáis
mucho, y halláis poco; y encerráis en casa, y yo lo disiparé en un soplo. ¿Por
qué? dice Jehová de los ejércitos. Por cuanto mi casa está desierta, y cada
uno de vosotros corre a su propia casa. 10 Por eso se detuvo de los cielos
sobre vosotros la lluvia, y la tierra detuvo sus frutos. 11 Y llamé la sequía
sobre esta tierra, y sobre los montes, sobre el trigo, sobre el vino, sobre el
aceite, sobre todo lo que la tierra produce, sobre los hombres y sobre las
bestias, y sobre todo trabajo de manos.
12 Y oyó Zorobabel hijo de Salatiel, y Josué hijo de
Josadac, sumo sacerdote, y todo el resto del pueblo, la voz de Jehová su Dios,
y las palabras del profeta Hageo, como le había enviado Jehová su Dios; y
temió el pueblo delante de Jehová. 13 Entonces Hageo, enviado de Jehová, habló
por mandato de Jehová al pueblo, diciendo: Yo estoy con vosotros, dice Jehová.
14 Y despertó Jehová el espíritu de Zorobabel hijo de Salatiel, gobernador de
Judá, y el espíritu de Josué hijo de Josadac, sumo sacerdote, y el espíritu de
todo el resto del pueblo; y vinieron y trabajaron en la casa de Jehová de los
ejércitos, su Dios, 15 en el día veinticuatro del mes sexto, en el segundo año
del rey Darío.
La gloria del nuevo templo
HAGEO 2
1 En el mes séptimo, a los veintiún días del mes, vino
palabra de Jehová por medio del profeta Hageo, diciendo: 2 Habla ahora a
Zorobabel hijo de Salatiel, gobernador de Judá, y a Josué hijo de Josadac,
sumo sacerdote, y al resto del pueblo, diciendo: 3 ¿Quién ha quedado entre
vosotros que haya visto esta casa en su gloria primera, y cómo la veis ahora?
¿No es ella como nada delante de vuestros ojos? 4 Pues ahora, Zorobabel,
esfuérzate, dice Jehová; esfuérzate también, Josué hijo de Josadac, sumo
sacerdote; y cobrad ánimo, pueblo todo de la tierra, dice Jehová, y trabajad;
porque yo estoy con vosotros, dice Jehová de los ejércitos. 5 Según el pacto
que hice con vosotros cuando salisteis de Egipto, así mi Espíritu estará en
medio de vosotros, no temáis. 6 Porque así dice Jehová de los ejércitos: De
aquí a poco yo haré temblar los cielos y la tierra, el mar y la tierra seca; 7
y haré temblar a todas las naciones, y vendrá el Deseado de todas las
naciones; y llenaré de gloria esta casa, ha dicho Jehová de los ejércitos. 8
Mía es la plata, y mío es el oro, dice Jehová de los ejércitos. 9 La gloria
postrera de esta casa será mayor que la primera, ha dicho Jehová de los
ejércitos; y daré paz en este lugar, dice Jehová de los ejércitos.
La infidelidad del pueblo es reprendida
10 A los veinticuatro días del noveno mes, en el segundo
año de Darío, vino palabra de Jehová por medio del profeta Hageo, diciendo: 11
Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Pregunta ahora a los sacerdotes acerca
de la ley, diciendo: 12 Si alguno llevare carne santificada en la falda de su
ropa, y con el vuelo de ella tocare pan, o vianda, o vino, o aceite, o
cualquier otra comida, ¿será santificada? Y respondieron los sacerdotes y
dijeron: No. 13 Y dijo Hageo: Si un inmundo a causa de cuerpo muerto tocare
alguna cosa de estas, ¿será inmunda? Y respondieron los sacerdotes, y dijeron:
Inmunda será. 14 Y respondió Hageo y dijo: Así es este pueblo y esta gente
delante de mí, dice Jehová; y asimismo toda obra de sus manos; y todo lo que
aquí ofrecen es inmundo. 15 Ahora, pues, meditad en vuestro corazón desde este
día en adelante, antes que pongan piedra sobre piedra en el templo de Jehová.
16 Antes que sucediesen estas cosas, venían al montón de veinte efas, y había
diez; venían al lagar para sacar cincuenta cántaros, y había veinte. 17 Os
herí con viento solano, con tizoncillo y con granizo en toda obra de vuestras
manos; mas no os convertisteis a mí, dice Jehová. 18 Meditad, pues, en vuestro
corazón, desde este día en adelante, desde el día veinticuatro del noveno mes,
desde el día que se echó el cimiento del templo de Jehová; meditad, pues, en
vuestro corazón. 19 ¿No está aún la simiente en el granero? Ni la vid, ni la
higuera, ni el granado, ni el árbol de olivo ha florecido todavía; mas desde
este día os bendeciré.
Promesa de Jehová a Zorobabel
20 Vino por segunda vez palabra de Jehová a Hageo, a los
veinticuatro días del mismo mes, diciendo: 21 Habla a Zorobabel gobernador de
Judá, diciendo: Yo haré temblar los cielos y la tierra; 22 y trastornaré el
trono de los reinos, y destruiré la fuerza de los reinos de las naciones;
trastornaré los carros y los que en ellos suben, y vendrán abajo los caballos
y sus jinetes, cada cual por la espada de su hermano. 23 En aquel día, dice
Jehová de los ejércitos, te tomaré, oh Zorobabel hijo de Salatiel, siervo mío,
dice Jehová, y te pondré como anillo de sellar; porque yo te escogí, dice
Jehová de los ejércitos.
ZACARÍAS
Llamamiento a volver a Jehová
ZACARÍAS 1
1 En el octavo mes del año segundo de Darío, vino palabra
de Jehová al profeta Zacarías hijo de Berequías, hijo de Iddo, diciendo: 2 Se
enojó Jehová en gran manera contra vuestros padres. 3 Diles, pues: Así ha
dicho Jehová de los ejércitos: Volveos a mí, dice Jehová de los ejércitos, y
yo me volveré a vosotros, ha dicho Jehová de los ejércitos. 4 No seáis como
vuestros padres, a los cuales clamaron los primeros profetas, diciendo: Así ha
dicho Jehová de los ejércitos: Volveos ahora de vuestros malos caminos y de
vuestras malas obras; y no atendieron, ni me escucharon, dice Jehová. 5
Vuestros padres, ¿dónde están? y los profetas, ¿han de vivir para siempre? 6
Pero mis palabras y mis ordenanzas que mandé a mis siervos los profetas, ¿no
alcanzaron a vuestros padres? Por eso volvieron ellos y dijeron: Como Jehová
de los ejércitos pensó tratarnos conforme a nuestros caminos, y conforme a
nuestras obras, así lo hizo con nosotros.
La visión de los caballos
7 A los veinticuatro días del mes undécimo, que es el mes
de Sebat, en el año segundo de Darío, vino palabra de Jehová al profeta
Zacarías hijo de Berequías, hijo de Iddo, diciendo: 8 Vi de noche, y he aquí
un varón que cabalgaba sobre un caballo alazán, el cual estaba entre los
mirtos que había en la hondura; y detrás de él había caballos alazanes, overos
y blancos. 9 Entonces dije: ¿Qué son éstos, señor mío? Y me dijo el ángel que
hablaba conmigo: Yo te enseñaré lo que son éstos. 10 Y aquel varón que estaba
entre los mirtos respondió y dijo: Estos son los que Jehová ha enviado a
recorrer la tierra. 11 Y ellos hablaron a aquel ángel de Jehová que estaba
entre los mirtos, y dijeron: Hemos recorrido la tierra, y he aquí toda la
tierra está reposada y quieta. 12 Respondió el ángel de Jehová y dijo: Oh
Jehová de los ejércitos, ¿hasta cuándo no tendrás piedad de Jerusalén, y de
las ciudades de Judá, con las cuales has estado airado por espacio de setenta
años? 13 Y Jehová respondió buenas palabras, palabras consoladoras, al ángel
que hablaba conmigo. 14 Y me dijo el ángel que hablaba conmigo: Clama
diciendo: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Celé con gran celo a Jerusalén
y a Sion. 15 Y estoy muy airado contra las naciones que están reposadas;
porque cuando yo estaba enojado un poco, ellos agravaron el mal. 16 Por tanto,
así ha dicho Jehová: Yo me he vuelto a Jerusalén con misericordia; en ella
será edificada mi casa, dice Jehová de los ejércitos, y la plomada será
tendida sobre Jerusalén. 17 Clama aún, diciendo: Así dice Jehová de los
ejércitos: Aún rebosarán mis ciudades con la abundancia del bien, y aún
consolará Jehová a Sion, y escogerá todavía a Jerusalén.
Visión de los cuernos y los carpinteros
18 Después alcé mis ojos y miré, y he aquí cuatro
cuernos. 19 Y dije al ángel que hablaba conmigo: ¿Qué son éstos? Y me
respondió: Estos son los cuernos que dispersaron a Judá, a Israel y a
Jerusalén. 20 Me mostró luego Jehová cuatro carpinteros. 21 Y yo dije: ¿Qué
vienen éstos a hacer? Y me respondió, diciendo: Aquéllos son los cuernos que
dispersaron a Judá, tanto que ninguno alzó su cabeza; mas éstos han venido
para hacerlos temblar, para derribar los cuernos de las naciones que alzaron
el cuerno sobre la tierra de Judá para dispersarla.
Llamamiento a los cautivos
ZACARÍAS 2
1 Alcé después mis ojos y miré, y he aquí un varón que
tenía en su mano un cordel de medir. 2 Y le dije: ¿A dónde vas? Y él me
respondió: A medir a Jerusalén, para ver cuánta es su anchura, y cuánta su
longitud. 3 Y he aquí, salía aquel ángel que hablaba conmigo, y otro ángel le
salió al encuentro, 4 y le dijo: Corre, habla a este joven, diciendo: Sin
muros será habitada Jerusalén, a causa de la multitud de hombres y de ganado
en medio de ella. 5 Yo seré para ella, dice Jehová, muro de fuego en derredor,
y para gloria estaré en medio de ella.
6 Eh, eh, huid de la tierra del norte, dice Jehová, pues
por los cuatro vientos de los cielos os esparcí, dice Jehová. 7 Oh Sion, la
que moras con la hija de Babilonia, escápate. 8 Porque así ha dicho Jehová de
los ejércitos: Tras la gloria me enviará él a las naciones que os despojaron;
porque el que os toca, toca a la niña de su ojo. 9 Porque he aquí yo alzo mi
mano sobre ellos, y serán despojo a sus siervos, y sabréis que Jehová de los
ejércitos me envió. 10 Canta y alégrate, hija de Sion; porque he aquí vengo, y
moraré en medio de ti, ha dicho Jehová. 11 Y se unirán muchas naciones a
Jehová en aquel día, y me serán por pueblo, y moraré en medio de ti; y
entonces conocerás que Jehová de los ejércitos me ha enviado a ti. 12 Y Jehová
poseerá a Judá su heredad en la tierra santa, y escogerá aún a Jerusalén.
13 Calle toda carne delante de Jehová; porque él se ha
levantado de su santa morada.
Visión del sumo sacerdote Josué
ZACARÍAS 3
1 Me mostró al sumo sacerdote Josué, el cual estaba
delante del ángel de Jehová, y Satanás estaba a su mano derecha para acusarle.
2 Y dijo Jehová a Satanás: Jehová te reprenda, oh Satanás; Jehová que ha
escogido a Jerusalén te reprenda. ¿No es éste un tizón arrebatado del
incendio? 3 Y Josué estaba vestido de vestiduras viles, y estaba delante del
ángel. 4 Y habló el ángel, y mandó a los que estaban delante de él, diciendo:
Quitadle esas vestiduras viles. Y a él le dijo: Mira que he quitado de ti tu
pecado, y te he hecho vestir de ropas de gala. 5 Después dijo: Pongan mitra
limpia sobre su cabeza. Y pusieron una mitra limpia sobre su cabeza, y le
vistieron las ropas. Y el ángel de Jehová estaba en pie.
6 Y el ángel de Jehová amonestó a Josué, diciendo: 7 Así
dice Jehová de los ejércitos: Si anduvieres por mis caminos, y si guardares mi
ordenanza, también tú gobernarás mi casa, también guardarás mis atrios, y
entre éstos que aquí están te daré lugar. 8 Escucha pues, ahora, Josué sumo
sacerdote, tú y tus amigos que se sientan delante de ti, porque son varones
simbólicos. He aquí, yo traigo a mi siervo el Renuevo. 9 Porque he aquí
aquella piedra que puse delante de Josué; sobre esta única piedra hay siete
ojos; he aquí yo grabaré su escultura, dice Jehová de los ejércitos, y quitaré
el pecado de la tierra en un día. 10 En aquel día, dice Jehová de los
ejércitos, cada uno de vosotros convidará a su compañero, debajo de su vid y
debajo de su higuera.
El candelabro de oro y los olivos
ZACARÍAS 4
1 Volvió el ángel que hablaba conmigo, y me despertó,
como un hombre que es despertado de su sueño. 2 Y me dijo: ¿Qué ves? Y
respondí: He mirado, y he aquí un candelabro todo de oro, con un depósito
encima, y sus siete lámparas encima del candelabro, y siete tubos para las
lámparas que están encima de él; 3 Y junto a él dos olivos, el uno a la
derecha del depósito, y el otro a su izquierda. 4 Proseguí y hablé, diciendo a
aquel ángel que hablaba conmigo: ¿Qué es esto, señor mío? 5 Y el ángel que
hablaba conmigo respondió y me dijo: ¿No sabes qué es esto? Y dije: No, señor
mío. 6 Entonces respondió y me habló diciendo: Esta es palabra de Jehová a
Zorobabel, que dice: No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha
dicho Jehová de los ejércitos. 7 ¿Quién eres tú, oh gran monte? Delante de
Zorobabel serás reducido a llanura; él sacará la primera piedra con
aclamaciones de: Gracia, gracia a ella. 8 Vino palabra de Jehová a mí,
diciendo: 9 Las manos de Zorobabel echarán el cimiento de esta casa, y sus
manos la acabarán; y conocerás que Jehová de los ejércitos me envió a
vosotros. 10 Porque los que menospreciaron el día de las pequeñeces se
alegrarán, y verán la plomada en la mano de Zorobabel. Estos siete son los
ojos de Jehová, que recorren toda la tierra.
11 Hablé más, y le dije: ¿Qué significan estos dos olivos
a la derecha del candelabro y a su izquierda? 12 Hablé aún de nuevo, y le
dije: ¿Qué significan las dos ramas de olivo que por medio de dos tubos de oro
vierten de sí aceite como oro? 13 Y me respondió diciendo: ¿No sabes qué es
esto? Y dije: Señor mío, no. 14 Y él dijo: Estos son los dos ungidos que están
delante del Señor de toda la tierra.
El rollo volante
ZACARÍAS 5
1 De nuevo alcé mis ojos y miré, y he aquí un rollo que
volaba. 2 Y me dijo: ¿Qué ves? Y respondí: Veo un rollo que vuela, de veinte
codos de largo, y diez codos de ancho. 3 Entonces me dijo: Esta es la
maldición que sale sobre la faz de toda la tierra; porque todo aquel que hurta
(como está de un lado del rollo) será destruido; y todo aquel que jura
falsamente (como está del otro lado del rollo) será destruido. 4 Yo la he
hecho salir, dice Jehová de los ejércitos, y vendrá a la casa del ladrón, y a
la casa del que jura falsamente en mi nombre; y permanecerá en medio de su
casa y la consumirá, con sus maderas y sus piedras.
La mujer en el efa
5 Y salió aquel ángel que hablaba conmigo, y me dijo:
Alza ahora tus ojos, y mira qué es esto que sale. 6 Y dije: ¿Qué es? Y él
dijo: Este es un efa que sale. Además dijo: Esta es la iniquidad de ellos en
toda la tierra. 7 Y he aquí, levantaron la tapa de plomo, y una mujer estaba
sentada en medio de aquel efa. 8 Y él dijo: Esta es la Maldad; y la echó
dentro del efa, y echó la masa de plomo en la boca del efa. 9 Alcé luego mis
ojos, y miré, y he aquí dos mujeres que salían, y traían viento en sus alas, y
tenían alas como de cigüeña, y alzaron el efa entre la tierra y los cielos. 10
Dije al ángel que hablaba conmigo: ¿A dónde llevan el efa? 11 Y él me
respondió: Para que le sea edificada casa en tierra de Sinar; y cuando esté
preparada lo pondrán sobre su base.
Los cuatro carros
ZACARÍAS 6
1 De nuevo alcé mis ojos y miré, y he aquí cuatro carros
que salían de entre dos montes; y aquellos montes eran de bronce. 2 En el
primer carro había caballos alazanes, en el segundo carro caballos negros, 3
en el tercer carro caballos blancos, y en el cuarto carro caballos overos
rucios rodados. 4 Respondí entonces y dije al ángel que hablaba conmigo: Señor
mío, ¿qué es esto? 5 Y el ángel me respondió y me dijo: Estos son los cuatro
vientos de los cielos, que salen después de presentarse delante del Señor de
toda la tierra. 6 El carro con los caballos negros salía hacia la tierra del
norte, y los blancos salieron tras ellos, y los overos salieron hacia la
tierra del sur. 7 Y los alazanes salieron y se afanaron por ir a recorrer la
tierra. Y dijo: Id, recorred la tierra. Y recorrieron la tierra. 8 Luego me
llamó, y me habló diciendo: Mira, los que salieron hacia la tierra del norte
hicieron reposar mi Espíritu en la tierra del norte.
Coronación simbólica de Josué
9 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 10 Toma de los
del cautiverio a Heldai, a Tobías y a Jedaías, los cuales volvieron de
Babilonia; e irás tú en aquel día, y entrarás en casa de Josías hijo de
Sofonías. 11 Tomarás, pues, plata y oro, y harás coronas, y las pondrás en la
cabeza del sumo sacerdote Josué, hijo de Josadac. 12 Y le hablarás, diciendo:
Así ha hablado Jehová de los ejércitos, diciendo: He aquí el varón cuyo nombre
es el Renuevo, el cual brotará de sus raíces, y edificará el templo de Jehová.
13 El edificará el templo de Jehová, y él llevará gloria, y se sentará y
dominará en su trono, y habrá sacerdote a su lado; y consejo de paz habrá
entre ambos. 14 Las coronas servirán a Helem, a Tobías, a Jedaías y a Hen hijo
de Sofonías, como memoria en el templo de Jehová.
15 Y los que están lejos vendrán y ayudarán a edificar el
templo de Jehová, y conoceréis que Jehová de los ejércitos me ha enviado a
vosotros. Y esto sucederá si oyereis obedientes la voz de Jehová vuestro Dios.
El ayuno que Dios reprueba
ZACARÍAS 7
1 Aconteció que en el año cuarto del rey Darío vino
palabra de Jehová a Zacarías, a los cuatro días del mes noveno, que es Quisleu,
2 cuando el pueblo de Bet-el había enviado a Sarezer, con Regem-melec y sus
hombres, a implorar el favor de Jehová, 3 y a hablar a los sacerdotes que
estaban en la casa de Jehová de los ejércitos, y a los profetas, diciendo:
¿Lloraremos en el mes quinto? ¿Haremos abstinencia como hemos hecho ya algunos
años? 4 Vino, pues, a mí palabra de Jehová de los ejércitos, diciendo: 5 Habla
a todo el pueblo del país, y a los sacerdotes, diciendo: Cuando ayunasteis y
llorasteis en el quinto y en el séptimo mes estos setenta años, ¿habéis
ayunado para mí? 6 Y cuando coméis y bebéis, ¿no coméis y bebéis para vosotros
mismos? 7 ¿No son estas las palabras que proclamó Jehová por medio de los
profetas primeros, cuando Jerusalén estaba habitada y tranquila, y sus
ciudades en sus alrededores y el Neguev y la Sefela estaban también habitados?
La desobediencia, causa del cautiverio
8 Y vino palabra de Jehová a Zacarías, diciendo: 9 Así
habló Jehová de los ejércitos, diciendo: Juzgad conforme a la verdad, y haced
misericordia y piedad cada cual con su hermano; 10 no oprimáis a la viuda, al
huérfano, al extranjero ni al pobre; ni ninguno piense mal en su corazón
contra su hermano. 11 Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda,
y taparon sus oídos para no oír; 12 y pusieron su corazón como diamante, para
no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su
Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de
parte de Jehová de los ejércitos. 13 Y aconteció que así como él clamó, y no
escucharon, también ellos clamaron, y yo no escuché, dice Jehová de los
ejércitos; 14 sino que los esparcí con torbellino por todas las naciones que
ellos no conocían, y la tierra fue desolada tras ellos, sin quedar quien fuese
ni viniese; pues convirtieron en desierto la tierra deseable.
Promesa de la restauración de Jerusalén
ZACARÍAS 8
1 Vino a mí palabra de Jehová de los ejércitos, diciendo:
2 Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Celé a Sion con gran celo, y con gran
ira la celé. 3 Así dice Jehová: Yo he restaurado a Sion, y moraré en medio de
Jerusalén; y Jerusalén se llamará Ciudad de la Verdad, y el monte de Jehová de
los ejércitos, Monte de Santidad. 4 Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Aún
han de morar ancianos y ancianas en las calles de Jerusalén, cada cual con
bordón en su mano por la multitud de los días. 5 Y las calles de la ciudad
estarán llenas de muchachos y muchachas que jugarán en ellas. 6 Así dice
Jehová de los ejércitos: Si esto parecerá maravilloso a los ojos del remanente
de este pueblo en aquellos días, ¿también será maravilloso delante de mis
ojos? dice Jehová de los ejércitos. 7 Así ha dicho Jehová de los ejércitos: He
aquí, yo salvo a mi pueblo de la tierra del oriente, y de la tierra donde se
pone el sol; 8 y los traeré, y habitarán en medio de Jerusalén; y me serán por
pueblo, y yo seré a ellos por Dios en verdad y en justicia.
9 Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Esfuércense
vuestras manos, los que oís en estos días estas palabras de la boca de los
profetas, desde el día que se echó el cimiento a la casa de Jehová de los
ejércitos, para edificar el templo. 10 Porque antes de estos días no ha habido
paga de hombre ni paga de bestia, ni hubo paz para el que salía ni para el que
entraba, a causa del enemigo; y yo dejé a todos los hombres cada cual contra
su compañero. 11 Mas ahora no lo haré con el remanente de este pueblo como en
aquellos días pasados, dice Jehová de los ejércitos. 12 Porque habrá simiente
de paz; la vid dará su fruto, y dará su producto la tierra, y los cielos darán
su rocío; y haré que el remanente de este pueblo posea todo esto. 13 Y
sucederá que como fuisteis maldición entre las naciones, oh casa de Judá y
casa de Israel, así os salvaré y seréis bendición. No temáis, mas esfuércense
vuestras manos.
14 Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos: Como
pensé haceros mal cuando vuestros padres me provocaron a ira, dice Jehová de
los ejércitos, y no me arrepentí, 15 así al contrario he pensado hacer bien a
Jerusalén y a la casa de Judá en estos días; no temáis. 16 Estas son las cosas
que habéis de hacer: Hablad verdad cada cual con su prójimo; juzgad según la
verdad y lo conducente a la paz en vuestras puertas. 17 Y ninguno de vosotros
piense mal en su corazón contra su prójimo, ni améis el juramento falso;
porque todas estas son cosas que aborrezco, dice Jehová.
18 Vino a mí palabra de Jehová de los ejércitos,
diciendo: 19 Así ha dicho Jehová de los ejércitos: El ayuno del cuarto mes, el
ayuno del quinto, el ayuno del séptimo, y el ayuno del décimo, se convertirán
para la casa de Judá en gozo y alegría, y en festivas solemnidades. Amad,
pues, la verdad y la paz.
20 Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Aún vendrán
pueblos, y habitantes de muchas ciudades; 21 y vendrán los habitantes de una
ciudad a otra, y dirán: Vamos a implorar el favor de Jehová, y a buscar a
Jehová de los ejércitos. Yo también iré. 22 Y vendrán muchos pueblos y fuertes
naciones a buscar a Jehová de los ejércitos en Jerusalén, y a implorar el
favor de Jehová. 23 Así ha dicho Jehová de los ejércitos: En aquellos días
acontecerá que diez hombres de las naciones de toda lengua tomarán del manto a
un judío, diciendo: Iremos con vosotros, porque hemos oído que Dios está con
vosotros.
Castigo de las naciones vecinas
ZACARÍAS 9
1 La profecía de la palabra de Jehová está contra la
tierra de Hadrac y sobre Damasco; porque a Jehová deben mirar los ojos de los
hombres, y de todas las tribus de Israel. 2 También Hamat será comprendida en
el territorio de éste; Tiro y Sidón, aunque sean muy sabias. 3 Bien que Tiro
se edificó fortaleza, y amontonó plata como polvo, y oro como lodo de las
calles, 4 he aquí, el Señor la empobrecerá, y herirá en el mar su poderío, y
ella será consumida de fuego.
5 Verá Ascalón, y temerá; Gaza también, y se dolerá en
gran manera; asimismo Ecrón, porque su esperanza será confundida; y perecerá
el rey de Gaza, y Ascalón no será habitada. 6 Habitará en Asdod un extranjero,
y pondré fin a la soberbia de los filisteos. 7 Quitaré la sangre de su boca, y
sus abominaciones de entre sus dientes, y quedará también un remanente para
nuestro Dios, y serán como capitanes en Judá, y Ecrón será como el jebuseo. 8
Entonces acamparé alrededor de mi casa como un guarda, para que ninguno vaya
ni venga, y no pasará más sobre ellos el opresor; porque ahora miraré con mis
ojos.
El futuro rey de Sion
9 Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija
de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y
cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna. 10 Y de Efraín
destruiré los carros, y los caballos de Jerusalén, y los arcos de guerra serán
quebrados; y hablará paz a las naciones, y su señorío será de mar a mar, y
desde el río hasta los fines de la tierra.
11 Y tú también por la sangre de tu pacto serás salva; yo
he sacado tus presos de la cisterna en que no hay agua. 12 Volveos a la
fortaleza, oh prisioneros de esperanza; hoy también os anuncio que os
restauraré el doble. 13 Porque he entesado para mí a Judá como arco, e hice a
Efraín su flecha, y despertaré a tus hijos, oh Sion, contra tus hijos, oh
Grecia, y te pondré como espada de valiente.
14 Y Jehová será visto sobre ellos, y su dardo saldrá
como relámpago; y Jehová el Señor tocará trompeta, e irá entre torbellinos del
austro. 15 Jehová de los ejércitos los amparará, y ellos devorarán, y hollarán
las piedras de la honda, y beberán, y harán estrépito como tomados de vino; y
se llenarán como tazón, o como cuernos del altar. 16 Y los salvará en aquel
día Jehová su Dios como rebaño de su pueblo; porque como piedras de diadema
serán enaltecidos en su tierra. 17 Porque ¡cuánta es su bondad, y cuánta su
hermosura! El trigo alegrará a los jóvenes, y el vino a las doncellas.
Jehová redimirá a su pueblo
ZACARÍAS 10
1 Pedid a Jehová lluvia en la estación tardía. Jehová
hará relámpagos, y os dará lluvia abundante, y hierba verde en el campo a cada
uno. 2 Porque los terafines han dado vanos oráculos, y los adivinos han visto
mentira, han hablado sueños vanos, y vano es su consuelo; por lo cual el
pueblo vaga como ovejas, y sufre porque no tiene pastor.
3 Contra los pastores se ha encendido mi enojo, y
castigaré a los jefes; pero Jehová de los ejércitos visitará su rebaño, la
casa de Judá, y los pondrá como su caballo de honor en la guerra. 4 De él
saldrá la piedra angular, de él la clavija, de él el arco de guerra, de él
también todo apremiador. 5 Y serán como valientes que en la batalla huellan al
enemigo en el lodo de las calles; y pelearán, porque Jehová estará con ellos;
y los que cabalgan en caballos serán avergonzados.
6 Porque yo fortaleceré la casa de Judá, y guardaré la
casa de José, y los haré volver; porque de ellos tendré piedad, y serán como
si no los hubiera desechado; porque yo soy Jehová su Dios, y los oiré. 7 Y
será Efraín como valiente, y se alegrará su corazón como a causa del vino; sus
hijos también verán, y se alegrarán; su corazón se gozará en Jehová.
8 Yo los llamaré con un silbido, y los reuniré, porque
los he redimido; y serán multiplicados tanto como fueron antes. 9 Bien que los
esparciré entre los pueblos, aun en lejanos países se acordarán de mí; y
vivirán con sus hijos, y volverán. 10 Porque yo los traeré de la tierra de
Egipto, y los recogeré de Asiria; y los traeré a la tierra de Galaad y del
Líbano, y no les bastará. 11 Y la tribulación pasará por el mar, y herirá en
el mar las ondas, y se secarán todas las profundidades del río; y la soberbia
de Asiria será derribada, y se perderá el cetro de Egipto. 12 Y yo los
fortaleceré en Jehová, y caminarán en su nombre, dice Jehová.
ZACARÍAS 11
1 Oh Líbano, abre tus puertas, y consuma el fuego tus
cedros. 2 Aúlla, oh ciprés, porque el cedro cayó, porque los árboles
magníficos son derribados. Aullad, encinas de Basán, porque el bosque espeso
es derribado. 3 Voz de aullido de pastores, porque su magnificencia es
asolada; estruendo de rugidos de cachorros de leones, porque la gloria del
Jordán es destruida.
Los pastores inútiles
4 Así ha dicho Jehová mi Dios: Apacienta las ovejas de la
matanza, 5 a las cuales matan sus compradores, y no se tienen por culpables; y
el que las vende, dice: Bendito sea Jehová, porque he enriquecido; ni sus
pastores tienen piedad de ellas. 6 Por tanto, no tendré ya más piedad de los
moradores de la tierra, dice Jehová; porque he aquí, yo entregaré los hombres
cada cual en mano de su compañero y en mano de su rey; y asolarán la tierra, y
yo no los libraré de sus manos.
7 Apacenté, pues, las ovejas de la matanza, esto es, a
los pobres del rebaño. Y tomé para mí dos cayados: al uno puse por nombre
Gracia, y al otro Ataduras; y apacenté las ovejas. 8 Y destruí a tres pastores
en un mes; pues mi alma se impacientó contra ellos, y también el alma de ellos
me aborreció a mí. 9 Y dije: No os apacentaré; la que muriere, que muera; y la
que se perdiere, que se pierda; y las que quedaren, que cada una coma la carne
de su compañera. 10 Tomé luego mi cayado Gracia, y lo quebré, para romper mi
pacto que concerté con todos los pueblos. 11 Y fue deshecho en ese día, y así
conocieron los pobres del rebaño que miraban a mí, que era palabra de Jehová.
12 Y les dije: Si os parece bien, dadme mi salario; y si no, dejadlo. Y
pesaron por mi salario treinta piezas de plata. 13 Y me dijo Jehová: Echalo al
tesoro; ¡hermoso precio con que me han apreciado! Y tomé las treinta piezas de
plata, y las eché en la casa de Jehová al tesoro. 14 Quebré luego el otro
cayado, Ataduras, para romper la hermandad entre Judá e Israel.
15 Y me dijo Jehová: Toma aún los aperos de un pastor
insensato; 16 porque he aquí, yo levanto en la tierra a un pastor que no
visitará las perdidas, ni buscará la pequeña, ni curará la perniquebrada, ni
llevará la cansada a cuestas, sino que comerá la carne de la gorda, y romperá
sus pezuñas. 17 ¡Ay del pastor inútil que abandona el ganado! Hiera la espada
su brazo, y su ojo derecho; del todo se secará su brazo, y su ojo derecho será
enteramente oscurecido.
Liberación futura de Jerusalén
ZACARÍAS 12
1 Profecía de la palabra de Jehová acerca de Israel.
Jehová, que extiende los cielos y funda la tierra, y forma el espíritu del
hombre dentro de él, ha dicho: 2 He aquí yo pongo a Jerusalén por copa que
hará temblar a todos los pueblos de alrededor contra Judá, en el sitio contra
Jerusalén. 3 Y en aquel día yo pondré a Jerusalén por piedra pesada a todos
los pueblos; todos los que se la cargaren serán despedazados, bien que todas
las naciones de la tierra se juntarán contra ella. 4 En aquel día, dice
Jehová, heriré con pánico a todo caballo, y con locura al jinete; mas sobre la
casa de Judá abriré mis ojos, y a todo caballo de los pueblos heriré con
ceguera. 5 Y los capitanes de Judá dirán en su corazón: Tienen fuerza los
habitantes de Jerusalén en Jehová de los ejércitos, su Dios.
6 En aquel día pondré a los capitanes de Judá como
brasero de fuego entre leña, y como antorcha ardiendo entre gavillas; y
consumirán a diestra y a siniestra a todos los pueblos alrededor; y Jerusalén
será otra vez habitada en su lugar, en Jerusalén.
7 Y librará Jehová las tiendas de Judá primero, para que
la gloria de la casa de David y del habitante de Jerusalén no se engrandezca
sobre Judá. 8 En aquel día Jehová defenderá al morador de Jerusalén; el que
entre ellos fuere débil, en aquel tiempo será como David; y la casa de David
como Dios, como el ángel de Jehová delante de ellos. 9 Y en aquel día yo
procuraré destruir a todas las naciones que vinieren contra Jerusalén.
10 Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los
moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí, a
quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose
por él como quien se aflige por el primogénito. 11 En aquel día habrá gran
llanto en Jerusalén, como el llanto de Hadadrimón en el valle de Meguido. 12 Y
la tierra lamentará, cada linaje aparte; los descendientes de la casa de David
por sí, y sus mujeres por sí; los descendientes de la casa de Natán por sí, y
sus mujeres por sí; 13 los descendientes de la casa de Leví por sí, y sus
mujeres por sí; los descendientes de Simei por sí, y sus mujeres por sí; 14
todos los otros linajes, cada uno por sí, y sus mujeres por sí.
ZACARÍAS 13
1 En aquel tiempo habrá un manantial abierto para la casa
de David y para los habitantes de Jerusalén, para la purificación del pecado y
de la inmundicia.
2 Y en aquel día, dice Jehová de los ejércitos, quitaré
de la tierra los nombres de las imágenes, y nunca más serán recordados; y
también haré cortar de la tierra a los profetas y al espíritu de inmundicia. 3
Y acontecerá que cuando alguno profetizare aún, le dirán su padre y su madre
que lo engendraron: No vivirás, porque has hablado mentira en el nombre de
Jehová; y su padre y su madre que lo engendraron le traspasarán cuando
profetizare. 4 Y sucederá en aquel tiempo, que todos los profetas se
avergonzarán de su visión cuando profetizaren; ni nunca más vestirán el manto
velloso para mentir. 5 Y dirá: No soy profeta; labrador soy de la tierra, pues
he estado en el campo desde mi juventud. 6 Y le preguntarán: ¿Qué heridas son
estas en tus manos? Y él responderá: Con ellas fui herido en casa de mis
amigos.
El pastor de Jehová es herido
7 Levántate, oh espada, contra el pastor, y contra el
hombre compañero mío, dice Jehová de los ejércitos. Hiere al pastor, y serán
dispersadas las ovejas; y haré volver mi mano contra los pequeñitos. 8 Y
acontecerá en toda la tierra, dice Jehová, que las dos terceras partes serán
cortadas en ella, y se perderán; mas la tercera quedará en ella. 9 Y meteré en
el fuego a la tercera parte, y los fundiré como se funde la plata, y los
probaré como se prueba el oro. El invocará mi nombre, y yo le oiré, y diré:
Pueblo mío; y él dirá: Jehová es mi Dios.
Jerusalén y las naciones
ZACARÍAS 14
1 He aquí, el día de Jehová viene, y en medio de ti serán
repartidos tus despojos. 2 Porque yo reuniré a todas las naciones para
combatir contra Jerusalén; y la ciudad será tomada, y serán saqueadas las
casas, y violadas las mujeres; y la mitad de la ciudad irá en cautiverio, mas
el resto del pueblo no será cortado de la ciudad. 3 Después saldrá Jehová y
peleará con aquellas naciones, como peleó en el día de la batalla. 4 Y se
afirmarán sus pies en aquel día sobre el monte de los Olivos, que está en
frente de Jerusalén al oriente; y el monte de los Olivos se partirá por en
medio, hacia el oriente y hacia el occidente, haciendo un valle muy grande; y
la mitad del monte se apartará hacia el norte, y la otra mitad hacia el sur. 5
Y huiréis al valle de los montes, porque el valle de los montes llegará hasta
Azal; huiréis de la manera que huisteis por causa del terremoto en los días de
Uzías rey de Judá; y vendrá Jehová mi Dios, y con él todos los santos.
6 Y acontecerá que en ese día no habrá luz clara, ni
oscura. 7 Será un día, el cual es conocido de Jehová, que no será ni día ni
noche; pero sucederá que al caer la tarde habrá luz.
8 Acontecerá también en aquel día, que saldrán de
Jerusalén aguas vivas, la mitad de ellas hacia el mar oriental, y la otra
mitad hacia el mar occidental, en verano y en invierno. 9 Y Jehová será rey
sobre toda la tierra. En aquel día Jehová será uno, y uno su nombre.
10 Toda la tierra se volverá como llanura desde Geba
hasta Rimón al sur de Jerusalén; y ésta será enaltecida, y habitada en su
lugar desde la puerta de Benjamín hasta el lugar de la puerta primera, hasta
la puerta del Angulo, y desde la torre de Hananeel hasta los lagares del rey.
11 Y morarán en ella, y no habrá nunca más maldición, sino que Jerusalén será
habitada confiadamente.
12 Y esta será la plaga con que herirá Jehová a todos los
pueblos que pelearon contra Jerusalén: la carne de ellos se corromperá estando
ellos sobre sus pies, y se consumirán en las cuencas sus ojos, y la lengua se
les deshará en su boca. 13 Y acontecerá en aquel día que habrá entre ellos
gran pánico enviado por Jehová; y trabará cada uno de la mano de su compañero,
y levantará su mano contra la mano de su compañero. 14 Y Judá también peleará
en Jerusalén. Y serán reunidas las riquezas de todas las naciones de
alrededor: oro y plata, y ropas de vestir, en gran abundancia. 15 Así también
será la plaga de los caballos, de los mulos, de los camellos, de los asnos, y
de todas las bestias que estuvieren en aquellos campamentos.
16 Y todos los que sobrevivieren de las naciones que
vinieron contra Jerusalén, subirán de año en año para adorar al Rey, a Jehová
de los ejércitos, y a celebrar la fiesta de los tabernáculos. 17 Y acontecerá
que los de las familias de la tierra que no subieren a Jerusalén para adorar
al Rey, Jehová de los ejércitos, no vendrá sobre ellos lluvia. 18 Y si la
familia de Egipto no subiere y no viniere, sobre ellos no habrá lluvia; vendrá
la plaga con que Jehová herirá las naciones que no subieren a celebrar la
fiesta de los tabernáculos. 19 Esta será la pena del pecado de Egipto, y del
pecado de todas las naciones que no subieren para celebrar la fiesta de los
tabernáculos.
20 En aquel día estará grabado sobre las campanillas de
los caballos: SANTIDAD A JEHOVÁ; y las ollas de la casa de Jehová serán como
los tazones del altar. 21 Y toda olla en Jerusalén y Judá será consagrada a
Jehová de los ejércitos; y todos los que sacrificaren vendrán y tomarán de
ellas, y cocerán en ellas; y no habrá en aquel día más mercader en la casa de
Jehová de los ejércitos.
MALAQUÍAS
Amor de Jehová por Jacob
MALAQUÍAS 1
1 Profecía de la palabra de Jehová contra Israel, por
medio de Malaquías.
2 Yo os he amado, dice Jehová; y dijisteis: ¿En qué nos
amaste? ¿No era Esaú hermano de Jacob? dice Jehová. Y amé a Jacob, 3 y a Esaú
aborrecí, y convertí sus montes en desolación, y abandoné su heredad para los
chacales del desierto. 4 Cuando Edom dijere: Nos hemos empobrecido, pero
volveremos a edificar lo arruinado; así ha dicho Jehová de los ejércitos:
Ellos edificarán, y yo destruiré; y les llamarán territorio de impiedad, y
pueblo contra el cual Jehová está indignado para siempre. 5 Y vuestros ojos lo
verán, y diréis: Sea Jehová engrandecido más allá de los límites de Israel.
Jehová reprende a los sacerdotes
6 El hijo honra al padre, y el siervo a su señor. Si,
pues, soy yo padre, ¿dónde está mi honra? y si soy señor, ¿dónde está mi
temor? dice Jehová de los ejércitos a vosotros, oh sacerdotes, que
menospreciáis mi nombre. Y decís: ¿En qué hemos menospreciado tu nombre? 7 En
que ofrecéis sobre mi altar pan inmundo. Y dijisteis: ¿En qué te hemos
deshonrado? En que pensáis que la mesa de Jehová es despreciable. 8 Y cuando
ofrecéis el animal ciego para el sacrificio, ¿no es malo? Asimismo cuando
ofrecéis el cojo o el enfermo, ¿no es malo? Preséntalo, pues, a tu príncipe;
¿acaso se agradará de ti, o le serás acepto? dice Jehová de los ejércitos. 9
Ahora, pues, orad por el favor de Dios, para que tenga piedad de nosotros.
Pero ¿cómo podéis agradarle, si hacéis estas cosas? dice Jehová de los
ejércitos. 10 ¿Quién también hay de vosotros que cierre las puertas o alumbre
mi altar de balde? Yo no tengo complacencia en vosotros, dice Jehová de los
ejércitos, ni de vuestra mano aceptaré ofrenda. 11 Porque desde donde el sol
nace hasta donde se pone, es grande mi nombre entre las naciones; y en todo
lugar se ofrece a mi nombre incienso y ofrenda limpia, porque grande es mi
nombre entre las naciones, dice Jehová de los ejércitos. 12 Y vosotros lo
habéis profanado cuando decís: Inmunda es la mesa de Jehová, y cuando decís
que su alimento es despreciable. 13 Habéis además dicho: ¡Oh, qué fastidio es
esto! y me despreciáis, dice Jehová de los ejércitos; y trajisteis lo hurtado,
o cojo, o enfermo, y presentasteis ofrenda. ¿Aceptaré yo eso de vuestra mano?
dice Jehová. 14 Maldito el que engaña, el que teniendo machos en su rebaño,
promete, y sacrifica a Jehová lo dañado. Porque yo soy Gran Rey, dice Jehová
de los ejércitos, y mi nombre es temible entre las naciones.
Reprensión de la infidelidad de Israel
MALAQUÍAS 2
1 Ahora, pues, oh sacerdotes, para vosotros es este
mandamiento. 2 Si no oyereis, y si no decidís de corazón dar gloria a mi
nombre, ha dicho Jehová de los ejércitos, enviaré maldición sobre vosotros, y
maldeciré vuestras bendiciones; y aun las he maldecido, porque no os habéis
decidido de corazón. 3 He aquí, yo os dañaré la sementera, y os echaré al
rostro el estiércol, el estiércol de vuestros animales sacrificados, y seréis
arrojados juntamente con él. 4 Y sabréis que yo os envié este mandamiento,
para que fuese mi pacto con Leví, ha dicho Jehová de los ejércitos. 5 Mi pacto
con él fue de vida y de paz, las cuales cosas yo le di para que me temiera; y
tuvo temor de mí, y delante de mi nombre estuvo humillado. 6 La ley de verdad
estuvo en su boca, e iniquidad no fue hallada en sus labios; en paz y en
justicia anduvo conmigo, y a muchos hizo apartar de la iniquidad. 7 Porque los
labios del sacerdote han de guardar la sabiduría, y de su boca el pueblo
buscará la ley; porque mensajero es de Jehová de los ejércitos. 8 Mas vosotros
os habéis apartado del camino; habéis hecho tropezar a muchos en la ley;
habéis corrompido el pacto de Leví, dice Jehová de los ejércitos. 9 Por tanto,
yo también os he hecho viles y bajos ante todo el pueblo, así como vosotros no
habéis guardado mis caminos, y en la ley hacéis acepción de personas.
10 ¿No tenemos todos un mismo padre? ¿No nos ha creado un
mismo Dios? ¿Por qué, pues, nos portamos deslealmente el uno contra el otro,
profanando el pacto de nuestros padres? 11 Prevaricó Judá, y en Israel y en
Jerusalén se ha cometido abominación; porque Judá ha profanado el santuario de
Jehová que él amó, y se casó con hija de dios extraño. 12 Jehová cortará de
las tiendas de Jacob al hombre que hiciere esto, al que vela y al que
responde, y al que ofrece ofrenda a Jehová de los ejércitos.
13 Y esta otra vez haréis cubrir el altar de Jehová de
lágrimas, de llanto, y de clamor; así que no miraré más a la ofrenda, para
aceptarla con gusto de vuestra mano. 14 Mas diréis: ¿Por qué? Porque Jehová ha
atestiguado entre ti y la mujer de tu juventud, contra la cual has sido
desleal, siendo ella tu compañera, y la mujer de tu pacto. 15 ¿No hizo él uno,
habiendo en él abundancia de espíritu? ¿Y por qué uno? Porque buscaba una
descendencia para Dios. Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis
desleales para con la mujer de vuestra juventud. 16 Porque Jehová Dios de
Israel ha dicho que él aborrece el repudio, y al que cubre de iniquidad su
vestido, dijo Jehová de los ejércitos. Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y
no seáis desleales.
El día del juicio se acerca
17 Habéis hecho cansar a Jehová con vuestras palabras. Y
decís: ¿En qué le hemos cansado? En que decís: Cualquiera que hace mal agrada
a Jehová, y en los tales se complace; o si no, ¿dónde está el Dios de
justicia?
MALAQUÍAS 3
1 He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el
camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien
vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí
viene, ha dicho Jehová de los ejércitos. 2 ¿Y quién podrá soportar el tiempo
de su venida? ¿o quién podrá estar en pie cuando él se manifieste? Porque él
es como fuego purificador, y como jabón de lavadores. 3 Y se sentará para
afinar y limpiar la plata; porque limpiará a los hijos de Leví, los afinará
como a oro y como a plata, y traerán a Jehová ofrenda en justicia. 4 Y será
grata a Jehová la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en los días pasados, y
como en los años antiguos.
5 Y vendré a vosotros para juicio; y seré pronto testigo
contra los hechiceros y adúlteros, contra los que juran mentira, y los que
defraudan en su salario al jornalero, a la viuda y al huérfano, y los que
hacen injusticia al extranjero, no teniendo temor de mí, dice Jehová de los
ejércitos.
El pago de los diezmos
6 Porque yo Jehová no cambio; por esto, hijos de Jacob,
no habéis sido consumidos. 7 Desde los días de vuestros padres os habéis
apartado de mis leyes, y no las guardasteis. Volveos a mí, y yo me volveré a
vosotros, ha dicho Jehová de los ejércitos. Mas dijisteis: ¿En qué hemos de
volvernos? 8 ¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y
dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas. 9 Malditos
sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado. 10
Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora
en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los
cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde. 11
Reprenderé también por vosotros al devorador, y no os destruirá el fruto de la
tierra, ni vuestra vid en el campo será estéril, dice Jehová de los ejércitos.
12 Y todas las naciones os dirán bienaventurados; porque seréis tierra
deseable, dice Jehová de los ejércitos.
Diferencia entre el justo y el malo
13 Vuestras palabras contra mí han sido violentas, dice
Jehová. Y dijisteis: ¿Qué hemos hablado contra ti? 14 Habéis dicho: Por demás
es servir a Dios. ¿Qué aprovecha que guardemos su ley, y que andemos afligidos
en presencia de Jehová de los ejércitos? 15 Decimos, pues, ahora:
Bienaventurados son los soberbios, y los que hacen impiedad no sólo son
prosperados, sino que tentaron a Dios y escaparon.
16 Entonces los que temían a Jehová hablaron cada uno a
su compañero; y Jehová escuchó y oyó, y fue escrito libro de memoria delante
de él para los que temen a Jehová, y para los que piensan en su nombre. 17 Y
serán para mí especial tesoro, ha dicho Jehová de los ejércitos, en el día en
que yo actúe; y los perdonaré, como el hombre que perdona a su hijo que le
sirve. 18 Entonces os volveréis, y discerniréis la diferencia entre el justo y
el malo, entre el que sirve a Dios y el que no le sirve.
El advenimiento del día de Jehová
MALAQUÍAS 4
1 Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno, y
todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que
vendrá los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz
ni rama. 2 Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia,
y en sus alas traerá salvación; y saldréis, y saltaréis como becerros de la
manada. 3 Hollaréis a los malos, los cuales serán ceniza bajo las plantas de
vuestros pies, en el día en que yo actúe, ha dicho Jehová de los ejércitos.
4 Acordaos de la ley de Moisés mi siervo, al cual
encargué en Horeb ordenanzas y leyes para todo Israel.
5 He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga
el día de Jehová, grande y terrible. 6 El hará volver el corazón de los padres
hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo
venga y hiera la tierra con maldición.
NUEVO
TESTAMENTO
El Evangelio Según
SAN MATEO
Genealogía de Jesucristo
(Lc. 3.23-38)
MATEO 1
1 Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David,
hijo de Abraham.
2 Abraham engendró a Isaac, Isaac a Jacob, y Jacob a Judá
y a sus hermanos. 3 Judá engendró de Tamar a Fares y a Zara, Fares a Esrom, y
Esrom a Aram. 4 Aram engendró a Aminadab, Aminadab a Naasón, y Naasón a
Salmón. 5 Salmón engendró de Rahab a Booz, Booz engendró de Rut a Obed, y Obed
a Isaí. 6 Isaí engendró al rey David, y el rey David engendró a Salomón de la
que fue mujer de Urías. 7 Salomón engendró a Roboam, Roboam a Abías, y Abías a
Asa. 8 Asa engendró a Josafat, Josafat a Joram, y Joram a Uzías. 9 Uzías
engendró a Jotam, Jotam a Acaz, y Acaz a Ezequías. 10 Ezequías engendró a
Manasés, Manasés a Amón, y Amón a Josías. 11 Josías engendró a Jeconías y a
sus hermanos, en el tiempo de la deportación a Babilonia.
12 Después de la deportación a Babilonia, Jeconías
engendró a Salatiel, y Salatiel a Zorobabel. 13 Zorobabel engendró a Abiud,
Abiud a Eliaquim, y Eliaquim a Azor. 14 Azor engendró a Sadoc, Sadoc a Aquim,
y Aquim a Eliud. 15 Eliud engendró a Eleazar, Eleazar a Matán, Matán a Jacob;
16 y Jacob engendró a José, marido de María, de la cual nació Jesús, llamado
el Cristo.
17 De manera que todas las generaciones desde Abraham
hasta David son catorce; desde David hasta la deportación a Babilonia,
catorce; y desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce.
Nacimiento de Jesucristo
(Lc. 2.1-7)
18 El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada
María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido
del Espíritu Santo. 19 José su marido, como era justo, y no quería infamarla,
quiso dejarla secretamente. 20 Y pensando él en esto, he aquí un ángel del
Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a
María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. 21
Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su
pueblo de sus pecados. 22 Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho
por el Señor por medio del profeta, cuando dijo:
23 He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo,
Y llamarás su nombre Emanuel,
que traducido es: Dios con nosotros. 24 Y despertando
José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su
mujer. 25 Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le
puso por nombre JESÚS.
La visita de los magos
MATEO 2
1 Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey
Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, 2 diciendo: ¿Dónde está
el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el
oriente, y venimos a adorarle. 3 Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda
Jerusalén con él. 4 Y convocados todos los principales sacerdotes, y los
escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo. 5 Ellos le
dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta:
6 Y tú, Belén, de la tierra de Judá,
No eres la más pequeña entre los príncipes de Judá;
Porque de ti saldrá un guiador,
Que apacentará a mi pueblo Israel.
7 Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos,
indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella; 8 y
enviándolos a Belén, dijo: Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño;
y cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore. 9
Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían visto
en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde
estaba el niño. 10 Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo.
11 Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose,
lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y
mirra. 12 Pero siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen a
Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.
Matanza de los niños
13 Después que partieron ellos, he aquí un ángel del
Señor apareció en sueños a José y dijo: Levántate y toma al niño y a su madre,
y huye a Egipto, y permanece allá hasta que yo te diga; porque acontecerá que
Herodes buscará al niño para matarlo. 14 Y él, despertando, tomó de noche al
niño y a su madre, y se fue a Egipto, 15 y estuvo allá hasta la muerte de
Herodes; para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta,
cuando dijo: De Egipto llamé a mi Hijo.
16 Herodes entonces, cuando se vio burlado por los magos,
se enojó mucho, y mandó matar a todos los niños menores de dos años que había
en Belén y en todos sus alrededores, conforme al tiempo que había inquirido de
los magos. 17 Entonces se cumplió lo que fue dicho por el profeta Jeremías,
cuando dijo:
18 Voz fue oída en Ramá,
Grande lamentación, lloro y gemido;
Raquel que llora a sus hijos,
Y no quiso ser consolada, porque perecieron.
19 Pero después de muerto Herodes, he aquí un ángel del
Señor apareció en sueños a José en Egipto, 20 diciendo: Levántate, toma al
niño y a su madre, y vete a tierra de Israel, porque han muerto los que
procuraban la muerte del niño. 21 Entonces él se levantó, y tomó al niño y a
su madre, y vino a tierra de Israel. 22 Pero oyendo que Arquelao reinaba en
Judea en lugar de Herodes su padre, tuvo temor de ir allá; pero avisado por
revelación en sueños, se fue a la región de Galilea, 23 y vino y habitó en la
ciudad que se llama Nazaret, para que se cumpliese lo que fue dicho por los
profetas, que habría de ser llamado nazareno.
Predicación de Juan el Bautista
(Mr. 1.1-8; Lc. 3.1-9, 15-17; Jn. 1.19-28)
MATEO 3
1 En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el
desierto de Judea, 2 y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se
ha acercado. 3 Pues éste es aquel de quien habló el profeta Isaías, cuando
dijo:
Voz del que clama en el desierto:
Preparad el camino del Señor,
Enderezad sus sendas.
4 Y Juan estaba vestido de pelo de camello, y tenía un
cinto de cuero alrededor de sus lomos; y su comida era langostas y miel
silvestre. 5 Y salía a él Jerusalén, y toda Judea, y toda la provincia de
alrededor del Jordán, 6 y eran bautizados por él en el Jordán, confesando sus
pecados.
7 Al ver él que muchos de los fariseos y de los saduceos
venían a su bautismo, les decía: ¡Generación de víboras! ¿Quién os enseñó a
huir de la ira venidera? 8 Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, 9 y
no penséis decir dentro de vosotros mismos: A Abraham tenemos por padre;
porque yo os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas
piedras. 10 Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por
tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego.
11 Yo a la verdad os bautizo en agua para
arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de
llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego. 12
Su aventador está en su mano, y limpiará su era; y recogerá su trigo en el
granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará.
El bautismo de Jesús
(Mr. 1.9-11; Lc. 3.21-22)
13 Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para
ser bautizado por él. 14 Mas Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser
bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? 15 Pero Jesús le respondió: Deja ahora,
porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó. 16 Y Jesús,
después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le
fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía
sobre él. 17 Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado,
en quien tengo complacencia.
Tentación de Jesús
(Mr. 1.12-13; Lc. 4.1-13)
MATEO 4
1 Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto,
para ser tentado por el diablo. 2 Y después de haber ayunado cuarenta días y
cuarenta noches, tuvo hambre. 3 Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres
Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. 4 Él respondió y
dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que
sale de la boca de Dios. 5 Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le
puso sobre el pináculo del templo, 6 y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate
abajo; porque escrito está:
A sus ángeles mandará acerca de ti,
y,
En sus manos te sostendrán,
Para que no tropieces con tu pie en piedra.
7 Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al
Señor tu Dios. 8 Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró
todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, 9 y le dijo: Todo esto te
daré, si postrado me adorares. 10 Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás,
porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás. 11 El
diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían.
Jesús principia su ministerio
(Mr. 1.14-20; Lc. 4.14-15; 5.1-11; 6.17-19)
12 Cuando Jesús oyó que Juan estaba preso, volvió a
Galilea; 13 y dejando a Nazaret, vino y habitó en Capernaum, ciudad marítima,
en la región de Zabulón y de Neftalí, 14 para que se cumpliese lo dicho por el
profeta Isaías, cuando dijo:
15 Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí,
Camino del mar, al otro lado del Jordán,
Galilea de los gentiles;
16 El pueblo asentado en tinieblas vio gran luz;
Y a los asentados en región de sombra de muerte,
Luz les resplandeció.
17 Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir:
Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado. 18 Andando Jesús
junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés su
hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. 19 Y les dijo:
Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres. 20 Ellos entonces,
dejando al instante las redes, le siguieron. 21 Pasando de allí, vio a otros
dos hermanos, Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano, en la barca con
Zebedeo su padre, que remendaban sus redes; y los llamó. 22 Y ellos, dejando
al instante la barca y a su padre, le siguieron.
23 Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las
sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda
enfermedad y toda dolencia en el pueblo. 24 Y se difundió su fama por toda
Siria; y le trajeron todos los que tenían dolencias, los afligidos por
diversas enfermedades y tormentos, los endemoniados, lunáticos y paralíticos;
y los sanó. 25 Y le siguió mucha gente de Galilea, de Decápolis, de Jerusalén,
de Judea y del otro lado del Jordán.
El Sermón del monte: Las bienaventuranzas
(Lc. 6.20-23)
MATEO 5
1 Viendo la multitud, subió al monte; y sentándose,
vinieron a él sus discípulos. 2 Y abriendo su boca les enseñaba, diciendo:
3 Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos
es el reino de los cielos.
4 Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán
consolación.
5 Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la
tierra por heredad.
6 Bienaventurados los que tienen hambre y sed de
justicia, porque ellos serán saciados.
7 Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos
alcanzarán misericordia.
8 Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos
verán a Dios.
9 Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán
llamados hijos de Dios.
10 Bienaventurados los que padecen persecución por causa
de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.
11 Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen
y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. 12 Gozaos
y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así
persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros.
La sal de la tierra
13 Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se
desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser
echada fuera y hollada por los hombres.
La luz del mundo
14 Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada
sobre un monte no se puede esconder. 15 Ni se enciende una luz y se pone
debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están
en casa. 16 Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean
vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.
Jesús y la ley
17 No penséis que he venido para abrogar la ley o los
profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. 18 Porque de cierto os
digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará
de la ley, hasta que todo se haya cumplido. 19 De manera que cualquiera que
quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres,
muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los
haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos. 20
Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y
fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.
Jesús y la ira
(Lc. 12.57-59)
21 Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y
cualquiera que matare será culpable de juicio. 22 Pero yo os digo que
cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y
cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y
cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego. 23 Por
tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano
tiene algo contra ti, 24 deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda,
reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda. 25
Ponte de acuerdo con tu adversario pronto, entre tanto que estás con él en el
camino, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al alguacil, y
seas echado en la cárcel. 26 De cierto te digo que no saldrás de allí, hasta
que pagues el último cuadrante.
Jesús y el adulterio
27 Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. 28 Pero
yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró
con ella en su corazón. 29 Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer,
sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y
no que todo tu cuerpo sea echado al infierno. 30 Y si tu mano derecha te es
ocasión de caer, córtala, y échala de ti; pues mejor te es que se pierda uno
de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.
Jesús y el divorcio
31 También fue dicho: Cualquiera que repudie a su mujer,
dele carta de divorcio. 32 Pero yo os digo que el que repudia a su mujer, a no
ser por causa de fornicación, hace que ella adultere; y el que se casa con la
repudiada, comete adulterio.
Jesús y los juramentos
33 Además habéis oído que fue dicho a los antiguos: No
perjurarás, sino cumplirás al Señor tus juramentos. 34 Pero yo os digo: No
juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; 35 ni
por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es
la ciudad del gran Rey. 36 Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer
blanco o negro un solo cabello. 37 Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no;
porque lo que es más de esto, de mal procede.
El amor hacia los enemigos
(Lc. 6.27-36)
38 Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por
diente. 39 Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera
que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; 40 y al que
quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; 41 y a
cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos. 42 Al
que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses.
43 Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y
aborrecerás a tu enemigo. 44 Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos,
bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por
los que os ultrajan y os persiguen; 45 para que seáis hijos de vuestro Padre
que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace
llover sobre justos e injustos. 46 Porque si amáis a los que os aman, ¿qué
recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? 47 Y si
saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también
así los gentiles? 48 Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que
está en los cielos es perfecto.
Jesús y la limosna
MATEO 6
1 Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los
hombres, para ser vistos de ellos; de otra manera no tendréis recompensa de
vuestro Padre que está en los cielos.
2 Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar trompeta
delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles,
para ser alabados por los hombres; de cierto os digo que ya tienen su
recompensa. 3 Mas cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu
derecha, 4 para que sea tu limosna en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto
te recompensará en público.
Jesús y la oración
(Lc. 11.2-4)
5 Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque
ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles,
para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa.
6 Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu
Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en
público.
7 Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los
gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos. 8 No os hagáis, pues,
semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad,
antes que vosotros le pidáis. 9 Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que
estás en los cielos, santificado sea tu nombre. 10 Venga tu reino. Hágase tu
voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. 11 El pan nuestro de
cada día, dánoslo hoy. 12 Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros
perdonamos a nuestros deudores. 13 Y no nos metas en tentación, mas líbranos
del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los
siglos. Amén. 14 Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará
también a vosotros vuestro Padre celestial; 15 mas si no perdonáis a los
hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.
Jesús y el ayuno
16 Cuando ayunéis, no seáis austeros, como los
hipócritas; porque ellos demudan sus rostros para mostrar a los hombres que
ayunan; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. 17 Pero tú, cuando
ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro, 18 para no mostrar a los hombres que
ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto
te recompensará en público.
Tesoros en el cielo
(Lc. 12.32-34)
19 No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y
el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; 20 sino haceos tesoros en
el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan
ni hurtan. 21 Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro
corazón.
La lámpara del cuerpo
(Lc. 11.33-36)
22 La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es
bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; 23 pero si tu ojo es maligno, todo
tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas,
¿cuántas no serán las mismas tinieblas?
Dios y las riquezas
(Lc. 16.13)
24 Ninguno puede servir a dos señores; porque o
aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro.
No podéis servir a Dios y a las riquezas.
El afán y la ansiedad
(Lc. 12.22-31)
25 Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué
habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de
vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? 26
Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros;
y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que
ellas? 27 ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su
estatura un codo? 28 Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los
lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; 29 pero os digo, que ni
aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos. 30 Y si la
hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así,
¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe? 31 No os afanéis, pues,
diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? 32 Porque los
gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que
tenéis necesidad de todas estas cosas. 33 Mas buscad primeramente el reino de
Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.
34 Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el
día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.
El juzgar a los demás
(Lc. 6.37-38, 41-42)
MATEO 7
1 No juzguéis, para que no seáis juzgados. 2 Porque con
el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os
será medido. 3 ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no
echas de ver la viga que está en tu propio ojo? 4 ¿O cómo dirás a tu hermano:
Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? 5
¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para
sacar la paja del ojo de tu hermano.
6 No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras
perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os
despedacen.
La oración, y la regla de oro
(Lc. 11.9-13; 6.31)
7 Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se
os abrirá. 8 Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al
que llama, se le abrirá. 9 ¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide
pan, le dará una piedra? 10 ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente?
11 Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos,
¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que
le pidan? 12 Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con
vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los
profetas.
La puerta estrecha
(Lc. 13.24)
13 Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la
puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que
entran por ella; 14 porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que
lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.
Por sus frutos los conoceréis
(Lc. 6.43-44)
15 Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros
con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. 16 Por sus frutos
los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?
17 Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos.
18 No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos
buenos. 19 Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego.
20 Así que, por sus frutos los conoceréis.
Nunca os conocí
(Lc. 13.25-27)
21 No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el
reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los
cielos. 22 Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu
nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos
milagros? 23 Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí,
hacedores de maldad.
Los dos cimientos
(Lc. 6.46-49)
24 Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las
hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. 25
Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra
aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. 26 Pero
cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre
insensato, que edificó su casa sobre la arena; 27 y descendió lluvia, y
vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y
cayó, y fue grande su ruina.
28 Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se
admiraba de su doctrina; 29 porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y
no como los escribas.
Jesús sana a un leproso
(Mr. 1.40-45; Lc. 5.12-16)
MATEO 8
1 Cuando descendió Jesús del monte, le seguía mucha
gente. 2 Y he aquí vino un leproso y se postró ante él, diciendo: Señor, si
quieres, puedes limpiarme. 3 Jesús extendió la mano y le tocó, diciendo:
Quiero; sé limpio. Y al instante su lepra desapareció. 4 Entonces Jesús le
dijo: Mira, no lo digas a nadie; sino ve, muéstrate al sacerdote, y presenta
la ofrenda que ordenó Moisés, para testimonio a ellos.
Jesús sana al siervo de un centurión
(Lc. 7.1-10)
5 Entrando Jesús en Capernaum, vino a él un centurión,
rogándole, 6 y diciendo: Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico,
gravemente atormentado. 7 Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré. 8 Respondió el
centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente
dí la palabra, y mi criado sanará. 9 Porque también yo soy hombre bajo
autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a éste: Ve, y va; y al
otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. 10 Al oírlo Jesús, se
maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en
Israel he hallado tanta fe. 11 Y os digo que vendrán muchos del oriente y del
occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los
cielos; 12 mas los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera;
allí será el lloro y el crujir de dientes. 13 Entonces Jesús dijo al
centurión: Ve, y como creíste, te sea hecho. Y su criado fue sanado en aquella
misma hora.
Jesús sana a la suegra de Pedro
(Mr. 1.29-34; Lc. 4.38-41)
14 Vino Jesús a casa de Pedro, y vio a la suegra de éste
postrada en cama, con fiebre. 15 Y tocó su mano, y la fiebre la dejó; y ella
se levantó, y les servía. 16 Y cuando llegó la noche, trajeron a él muchos
endemoniados; y con la palabra echó fuera a los demonios, y sanó a todos los
enfermos; 17 para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando
dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias.
Los que querían seguir a Jesús
(Lc. 9.57-62)
18 Viéndose Jesús rodeado de mucha gente, mandó pasar al
otro lado. 19 Y vino un escriba y le dijo: Maestro, te seguiré adondequiera
que vayas. 20 Jesús le dijo: Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo
nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza. 21 Otro de
sus discípulos le dijo: Señor, permíteme que vaya primero y entierre a mi
padre. 22 Jesús le dijo: Sígueme; deja que los muertos entierren a sus
muertos.
Jesús calma la tempestad
(Mr. 4.35-41; Lc. 8.22-25)
23 Y entrando él en la barca, sus discípulos le
siguieron. 24 Y he aquí que se levantó en el mar una tempestad tan grande que
las olas cubrían la barca; pero él dormía. 25 Y vinieron sus discípulos y le
despertaron, diciendo: ¡Señor, sálvanos, que perecemos! 26 El les dijo: ¿Por
qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió a los
vientos y al mar; y se hizo grande bonanza. 27 Y los hombres se maravillaron,
diciendo: ¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen?
Los endemoniados gadarenos
(Mr. 5.1-20; Lc. 8.26-39)
28 Cuando llegó a la otra orilla, a la tierra de los
gadarenos, vinieron a su encuentro dos endemoniados que salían de los
sepulcros, feroces en gran manera, tanto que nadie podía pasar por aquel
camino. 29 Y clamaron diciendo: ¿Qué tienes con nosotros, Jesús, Hijo de Dios?
¿Has venido acá para atormentarnos antes de tiempo? 30 Estaba paciendo lejos
de ellos un hato de muchos cerdos. 31 Y los demonios le rogaron diciendo: Si
nos echas fuera, permítenos ir a aquel hato de cerdos. 32 El les dijo: Id. Y
ellos salieron, y se fueron a aquel hato de cerdos; y he aquí, todo el hato de
cerdos se precipitó en el mar por un despeñadero, y perecieron en las aguas.
33 Y los que los apacentaban huyeron, y viniendo a la ciudad, contaron todas
las cosas, y lo que había pasado con los endemoniados. 34 Y toda la ciudad
salió al encuentro de Jesús; y cuando le vieron, le rogaron que se fuera de
sus contornos.
Jesús sana a un paralítico
(Mr. 2.1-12; Lc. 5.17-26)
MATEO 9
1 Entonces, entrando Jesús en la barca, pasó al otro lado
y vino a su ciudad. 2 Y sucedió que le trajeron un paralítico, tendido sobre
una cama; y al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Ten ánimo, hijo;
tus pecados te son perdonados. 3 Entonces algunos de los escribas decían
dentro de sí: Este blasfema. 4 Y conociendo Jesús los pensamientos de ellos,
dijo: ¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? 5 Porque, ¿qué es más fácil,
decir: Los pecados te son perdonados, o decir: Levántate y anda? 6 Pues para
que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar
pecados (dice entonces al paralítico): Levántate, toma tu cama, y vete a tu
casa. 7 Entonces él se levantó y se fue a su casa. 8 Y la gente, al verlo, se
maravilló y glorificó a Dios, que había dado tal potestad a los hombres.
Llamamiento de Mateo
(Mr. 2.13-17; Lc. 5.27-32)
9 Pasando Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo,
que estaba sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y se
levantó y le siguió. 10 Y aconteció que estando él sentado a la mesa en la
casa, he aquí que muchos publicanos y pecadores, que habían venido, se
sentaron juntamente a la mesa con Jesús y sus discípulos. 11 Cuando vieron
esto los fariseos, dijeron a los discípulos: ¿Porqué come vuestro Maestro con
los publicanos y pecadores? 12 Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no
tienen necesidad de médico, sino los enfermos. 13 Id, pues, y aprended lo que
significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar
a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento.
La pregunta sobre el ayuno
(Mr. 2.18-22; Lc. 5.33-39)
14 Entonces vinieron a él los discípulos de Juan,
diciendo: ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos muchas veces, y tus
discípulos no ayunan? 15 Jesús les dijo: ¿Acaso pueden los que están de bodas
tener luto entre tanto que el esposo está con ellos? Pero vendrán días cuando
el esposo les será quitado, y entonces ayunarán. 16 Nadie pone remiendo de
paño nuevo en vestido viejo; porque tal remiendo tira del vestido, y se hace
peor la rotura. 17 Ni echan vino nuevo en odres viejos; de otra manera los
odres se rompen, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero echan el
vino nuevo en odres nuevos, y lo uno y lo otro se conservan juntamente.
La hija de Jairo, y la mujer que tocó el manto de Jesús
(Mr. 5.21-43; Lc. 8.40-56)
18 Mientras él les decía estas cosas, vino un hombre
principal y se postró ante él, diciendo: Mi hija acaba de morir; mas ven y pon
tu mano sobre ella, y vivirá. 19 Y se levantó Jesús, y le siguió con sus
discípulos. 20 Y he aquí una mujer enferma de flujo de sangre desde hacía doce
años, se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto; 21 porque decía
dentro de sí: Si tocare solamente su manto, seré salva. 22 Pero Jesús,
volviéndose y mirándola, dijo: Ten ánimo, hija; tu fe te ha salvado. Y la
mujer fue salva desde aquella hora. 23 Al entrar Jesús en la casa del
principal, viendo a los que tocaban flautas, y la gente que hacía alboroto, 24
les dijo: Apartaos, porque la niña no está muerta, sino duerme. Y se burlaban
de él. 25 Pero cuando la gente había sido echada fuera, entró, y tomó de la
mano a la niña, y ella se levantó. 26 Y se difundió la fama de esto por toda
aquella tierra.
Dos ciegos reciben la vista
27 Pasando Jesús de allí, le siguieron dos ciegos, dando
voces y diciendo: ¡Ten misericordia de nosotros, Hijo de David! 28 Y llegado a
la casa, vinieron a él los ciegos; y Jesús les dijo: ¿Creéis que puedo hacer
esto? Ellos dijeron: Sí, Señor. 29 Entonces les tocó los ojos, diciendo:
Conforme a vuestra fe os sea hecho. 30 Y los ojos de ellos fueron abiertos. Y
Jesús les encargó rigurosamente, diciendo: Mirad que nadie lo sepa. 31 Pero
salidos ellos, divulgaron la fama de él por toda aquella tierra.
Un mudo habla
32 Mientras salían ellos, he aquí, le trajeron un mudo,
endemoniado. 33 Y echado fuera el demonio, el mudo habló; y la gente se
maravillaba, y decía: Nunca se ha visto cosa semejante en Israel. 34 Pero los
fariseos decían: Por el príncipe de los demonios echa fuera los demonios.
La mies es mucha
35 Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando
en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda
enfermedad y toda dolencia en el pueblo. 36 Y al ver las multitudes, tuvo
compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no
tienen pastor. 37 Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es
mucha, mas los obreros pocos. 38 Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe
obreros a su mies.
Elección de los doce apóstoles
(Mr. 3.13-19; Lc. 6.12-16)
MATEO 10
1 Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio
autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para
sanar toda enfermedad y toda dolencia. 2 Los nombres de los doce apóstoles son
estos: primero Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano; Jacobo hijo de
Zebedeo, y Juan su hermano; 3 Felipe, Bartolomé, Tomás, Mateo el publicano,
Jacobo hijo de Alfeo, Lebeo, por sobrenombre Tadeo, 4 Simón el cananista, y
Judas Iscariote, el que también le entregó.
Misión de los doce
(Mr. 6.7-13; Lc. 9.1-6)
5 A estos doce envió Jesús, y les dio instrucciones,
diciendo: Por camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no
entréis, 6 sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel. 7 Y
yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado. 8 Sanad
enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia
recibisteis, dad de gracia. 9 No os proveáis de oro, ni plata, ni cobre en
vuestros cintos; 10 ni de alforja para el camino, ni de dos túnicas, ni de
calzado, ni de bordón; porque el obrero es digno de su alimento. 11 Mas en
cualquier ciudad o aldea donde entréis, informaos quién en ella sea digno, y
posad allí hasta que salgáis. 12 Y al entrar en la casa, saludadla. 13 Y si la
casa fuere digna, vuestra paz vendrá sobre ella; mas si no fuere digna,
vuestra paz se volverá a vosotros. 14 Y si alguno no os recibiere, ni oyere
vuestras palabras, salid de aquella casa o ciudad, y sacudid el polvo de
vuestros pies. 15 De cierto os digo que en el día del juicio, será más
tolerable el castigo para la tierra de Sodoma y de Gomorra, que para aquella
ciudad.
Persecuciones venideras
16 He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobos;
sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas. 17 Y guardaos
de los hombres, porque os entregarán a los concilios, y en sus sinagogas os
azotarán; 18 y aun ante gobernadores y reyes seréis llevados por causa de mí,
para testimonio a ellos y a los gentiles. 19 Mas cuando os entreguen, no os
preocupéis por cómo o qué hablaréis; porque en aquella hora os será dado lo
que habéis de hablar. 20 Porque no sois vosotros los que habláis, sino el
Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros. 21 El hermano entregará a la
muerte al hermano, y el padre al hijo; y los hijos se levantarán contra los
padres, y los harán morir. 22 Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi
nombre; mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo. 23 Cuando os
persigan en esta ciudad, huid a la otra; porque de cierto os digo, que no
acabaréis de recorrer todas las ciudades de Israel, antes que venga el Hijo de
Hombre.
24 El discípulo no es más que su maestro, ni el siervo
más que su señor. 25 Bástale al discípulo ser como su maestro, y al siervo
como su señor. Si al padre de familia llamaron Beelzebú, ¿cuánto más a los de
su casa?
A quién se debe temer
(Lc. 12.2-9)
26 Así que, no los temáis; porque nada hay encubierto,
que no haya de ser manifestado; ni oculto, que no haya de saberse. 27 Lo que
os digo en tinieblas, decidlo en la luz; y lo que oís al oído, proclamadlo
desde las azoteas. 28 Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no
pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en
el infierno. 29 ¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno
de ellos cae a tierra sin vuestro Padre. 30 Pues aun vuestros cabellos están
todos contados. 31 Así que, no temáis; más valéis vosotros que muchos
pajarillos. 32 A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo
también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. 33 Y a
cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante
de mi Padre que está en los cielos.
Jesús, causa de división
(Lc. 12.49-53; 14.26-27)
34 No penséis que he venido para traer paz a la tierra;
no he venido para traer paz, sino espada. 35 Porque he venido para poner en
disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera
contra su suegra; 36 y los enemigos del hombre serán los de su casa. 37 El que
ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija
más que a mí, no es digno de mí; 38 y el que no toma su cruz y sigue en pos de
mí, no es digno de mí. 39 El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su
vida por causa de mí, la hallará.
Recompensas
(Mr. 9.41)
40 El que a vosotros recibe, a mí me recibe; y el que me
recibe a mí, recibe al que me envió. 41 El que recibe a un profeta por cuanto
es profeta, recompensa de profeta recibirá; y el que recibe a un justo por
cuanto es justo, recompensa de justo recibirá. 42 Y cualquiera que dé a uno de
estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, por cuanto es discípulo, de
cierto os digo que no perderá su recompensa.
Los mensajeros de Juan el Bautista
(Lc. 7.18-35)
MATEO 11
1 Cuando Jesús terminó de dar instrucciones a sus doce
discípulos, se fue de allí a enseñar y a predicar en las ciudades de ellos.
2 Y al oír Juan, en la cárcel, los hechos de Cristo, le
envió dos de sus discípulos, 3 para preguntarle: ¿Eres tú aquel que había de
venir, o esperaremos a otro? 4 Respondiendo Jesús, les dijo: Id, y haced saber
a Juan las cosas que oís y veis. 5 Los ciegos ven, los cojos andan, los
leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los
pobres es anunciado el evangelio; 6 y bienaventurado es el que no halle
tropiezo en mí.
7 Mientras ellos se iban, comenzó Jesús a decir de Juan a
la gente: ¿Qué salisteis a ver al desierto? ¿Una caña sacudida por el viento?
8 ¿O qué salisteis a ver? ¿A un hombre cubierto de vestiduras delicadas? He
aquí, los que llevan vestiduras delicadas, en las casas de los reyes están. 9
Pero ¿qué salisteis a ver? ¿A un profeta? Sí, os digo, y más que profeta. 10
Porque éste es de quien está escrito:
He aquí, yo envío mi mensajero delante de tu faz,
El cual preparará tu camino delante de ti. 11 De cierto
os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan
el Bautista; pero el más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él.
12 Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos
sufre violencia, y los violentos lo arrebatan. 13 Porque todos los profetas y
la ley profetizaron hasta Juan. 14 Y si queréis recibirlo, él es aquel Elías
que había de venir. 15 El que tiene oídos para oír, oiga. 16 Mas ¿a qué
compararé esta generación? Es semejante a los muchachos que se sientan en las
plazas, y dan voces a sus compañeros, 17 diciendo: Os tocamos flauta, y no
bailasteis; os endechamos, y no lamentasteis. 18 Porque vino Juan, que ni
comía ni bebía, y dicen: Demonio tiene. 19 Vino el Hijo del Hombre, que come y
bebe, y dicen: He aquí un hombre comilón, y bebedor de vino, amigo de
publicanos y de pecadores. Pero la sabiduría es justificada por sus hijos.
Ayes sobre las ciudades impenitentes
(Lc. 10.13-16)
20 Entonces comenzó a reconvenir a las ciudades en las
cuales había hecho muchos de sus milagros, porque no se habían arrepentido,
diciendo: 21 Ay de ti, Corazín! Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en
Sidón se hubieran hecho los milagros que han sido hechos en vosotras, tiempo
ha que se hubieran arrepentido en cilicio y en ceniza. 22 Por tanto os digo
que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para Tiro y para Sidón,
que para vosotras. 23 Y tú, Capernaum, que eres levantada hasta el cielo,
hasta el Hades serás abatida; porque si en Sodoma se hubieran hecho los
milagros que han sido hechos en ti, habría permanecido hasta el día de hoy. 24
Por tanto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para
la tierra de Sodoma, que para ti.
Venid a mí y descansad
(Lc. 10.21-22)
25 En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo,
Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los
sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños. 26 Sí, Padre, porque
así te agradó. 27 Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie
conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y
aquel a quien el Hijo lo quiera revelar. 28 Venid a mí todos los que estáis
trabajados y cargados, y yo os haré descansar. 29 Llevad mi yugo sobre
vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis
descanso para vuestras almas; 30 porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.
Los discípulos recogen espigas en el día de reposo
(Mr. 2.23-28; Lc. 6.1-5)
MATEO 12
1 En aquel tiempo iba Jesús por los sembrados en un día
de reposo; y sus discípulos tuvieron hambre, y comenzaron a arrancar espigas y
a comer. 2 Viéndolo los fariseos, le dijeron: He aquí tus discípulos hacen lo
que no es lícito hacer en el día de reposo. 3 Pero él les dijo: ¿No habéis
leído lo que hizo David, cuando él y los que con él estaban tuvieron hambre; 4
cómo entró en la casa de Dios, y comió los panes de la proposición, que no les
era lícito comer ni a él ni a los que con él estaban, sino solamente a los
sacerdotes? 5 ¿O no habéis leído en la ley, cómo en el día de reposo los
sacerdotes en el templo profanan el día de reposo, y son sin culpa? 6 Pues os
digo que uno mayor que el templo está aquí. 7 Y si supieseis qué significa:
Misericordia quiero, y no sacrificio, no condenaríais a los inocentes; 8
porque el Hijo del Hombre es Señor del día de reposo.
El hombre de la mano seca
(Mr. 3.1-6; Lc. 6.6-11)
9 Pasando de allí, vino a la sinagoga de ellos. 10 Y he
aquí había allí uno que tenía seca una mano; y preguntaron a Jesús, para poder
acusarle: ¿Es lícito sanar en el día de reposo? 11 El les dijo: ¿Qué hombre
habrá de vosotros, que tenga una oveja, y si ésta cayere en un hoyo en día de
reposo, no le eche mano, y la levante? 12 Pues ¿cuánto más vale un hombre que
una oveja? Por consiguiente, es lícito hacer el bien en los días de reposo. 13
Entonces dijo a aquel hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y le fue
restaurada sana como la otra. 14 Y salidos los fariseos, tuvieron consejo
contra Jesús para destruirle.
El siervo escogido
15 Sabiendo esto Jesús, se apartó de allí; y le siguió
mucha gente, y sanaba a todos, 16 y les encargaba rigurosamente que no le
descubriesen; 17 para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando
dijo:
18 He aquí mi siervo, a quien he escogido;
Mi Amado, en quien se agrada mi alma;
Pondré mi Espíritu sobre él,
Y a los gentiles anunciará juicio.
19 No contenderá, ni voceará,
Ni nadie oirá en las calles su voz.
20 La caña cascada no quebrará,
Y el pábilo que humea no apagará,
Hasta que saque a victoria el juicio.
21 Y en su nombre esperarán los gentiles.
La blasfemia contra el Espíritu Santo
(Mr. 3.20-30; Lc. 11.14-23)
22 Entonces fue traído a él un endemoniado, ciego y mudo;
y le sanó, de tal manera que el ciego y mudo veía y hablaba. 23 Y toda la
gente estaba atónita, y decía: ¿Será éste aquel Hijo de David? 24 Mas los
fariseos, al oírlo, decían: Este no echa fuera los demonios sino por Beelzebú,
príncipe de los demonios. 25 Sabiendo Jesús los pensamientos de ellos, les
dijo: Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado, y toda ciudad o casa
dividida contra sí misma, no permanecerá. 26 Y si Satanás echa fuera a
Satanás, contra sí mismo está dividido; ¿cómo, pues, permanecerá su reino? 27
Y si yo echo fuera los demonios por Beelzebú, ¿por quién los echan vuestros
hijos? Por tanto, ellos serán vuestros jueces. 28 Pero si yo por el Espíritu
de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de
Dios. 29 Porque ¿cómo puede alguno entrar en la casa del hombre fuerte, y
saquear sus bienes, si primero no le ata? Y entonces podrá saquear su casa. 30
El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama. 31
Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas
la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. 32 A cualquiera que
dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al
que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni
en el venidero. 33 O haced el árbol bueno, y su fruto bueno, o haced el árbol
malo, y su fruto malo; porque por el fruto se conoce el árbol. 34 ¡Generación
de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la
abundancia del corazón habla la boca. 35 El hombre bueno, del buen tesoro del
corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas.
36 Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella
darán cuenta en el día del juicio. 37 Porque por tus palabras serás
justificado, y por tus palabras serás condenado.
La generación perversa demanda señal
(Lc. 11.29-32)
38 Entonces respondieron algunos de los escribas y de los
fariseos, diciendo: Maestro, deseamos ver de ti señal. 39 El respondió y les
dijo: La generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada,
sino la señal del profeta Jonás. 40 Porque como estuvo Jonás en el vientre del
gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón
de la tierra tres días y tres noches. 41 Los hombres de Nínive se levantarán
en el juicio con esta generación, y la condenarán; porque ellos se
arrepintieron a la predicación de Jonás, y he aquí más que Jonás en este
lugar. 42 La reina del Sur se levantará en el juicio con esta generación, y la
condenará; porque ella vino de los fines de la tierra para oír la sabiduría de
Salomón, y he aquí más que Salomón en este lugar.
El espíritu inmundo que vuelve
(Lc. 11.24-26)
43 Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por
lugares secos, buscando reposo, y no lo halla. 44 Entonces dice: Volveré a mi
casa de donde salí; y cuando llega, la halla desocupada, barrida y adornada.
45 Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y
entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que
el primero. Así también acontecerá a esta mala generación.
La madre y los hermanos de Jesús
(Mr. 3.31-35; Lc. 8.19-21)
46 Mientras él aún hablaba a la gente, he aquí su madre y
sus hermanos estaban afuera, y le querían hablar. 47 Y le dijo uno: He aquí tu
madre y tus hermanos están afuera, y te quieren hablar. 48 Respondiendo él al
que le decía esto, dijo: ¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos? 49 Y
extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: He aquí mi madre y mis
hermanos. 50 Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en
los cielos, ése es mi hermano, y hermana, y madre.
Parábola del sembrador
(Mr. 4.1-9; Lc. 8.4-8)
MATEO 13
1 Aquel día salió Jesús de la casa y se sentó junto al
mar. 2 Y se le juntó mucha gente; y entrando él en la barca, se sentó, y toda
la gente estaba en la playa. 3 Y les habló muchas cosas por parábolas,
diciendo: He aquí, el sembrador salió a sembrar. 4 Y mientras sembraba, parte
de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron. 5 Parte
cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no
tenía profundidad de tierra; 6 pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía
raíz, se secó. 7 Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la
ahogaron. 8 Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál
a sesenta, y cuál a treinta por uno. 9 El que tiene oídos para oír, oiga.
Propósito de las parábolas
(Mr. 4.10-12; Lc. 8.9-10)
10 Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por
qué les hablas por parábolas? 11 El respondiendo, les dijo: Porque a vosotros
os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es
dado. 12 Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que
no tiene, aun lo que tiene le será quitado. 13 Por eso les hablo por
parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden. 14 De manera
que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dijo:
De oído oiréis, y no entenderéis;
Y viendo veréis, y no percibiréis.
15 Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado,
Y con los oídos oyen pesadamente,
Y han cerrado sus ojos;
Para que no vean con los ojos,
Y oigan con los oídos,
Y con el corazón entiendan,
Y se conviertan,
Y yo los sane.
16 Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y
vuestros oídos, porque oyen. 17 Porque de cierto os digo, que muchos profetas
y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo
oyeron.
Jesús explica la parábola del sembrador
(Mr. 4.13-20; Lc. 8.11-15)
18 Oíd, pues, vosotros la parábola del sembrador: 19
Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y
arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto
al camino. 20 Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la
palabra, y al momento la recibe con gozo; 21 pero no tiene raíz en sí, sino
que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por
causa de la palabra, luego tropieza. 22 El que fue sembrado entre espinos,
éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las
riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa. 23 Mas el que fue sembrado
en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y
produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno.
Parábola del trigo y la cizaña
24 Les refirió otra parábola, diciendo: El reino de los
cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo; 25 pero
mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo,
y se fue. 26 Y cuando salió la hierba y dio fruto, entonces apareció también
la cizaña. 27 Vinieron entonces los siervos del padre de familia y le dijeron:
Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña?
28 El les dijo: Un enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres,
pues, que vayamos y la arranquemos? 29 El les dijo: No, no sea que al arrancar
la cizaña, arranquéis también con ella el trigo. 30 Dejad crecer juntamente lo
uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores:
Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el
trigo en mi granero.
Parábola de la semilla de mostaza
(Mr. 4.30-32; Lc. 13.18-19)
31 Otra parábola les refirió, diciendo: El reino de los
cielos es semejante al grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su
campo; 32 el cual a la verdad es la más pequeña de todas las semillas; pero
cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas, y se hace árbol, de tal
manera que vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas.
Parábola de la levadura
(Lc. 13.20-21)
33 Otra parábola les dijo: El reino de los cielos es
semejante a la levadura que tomó una mujer, y escondió en tres medidas de
harina, hasta que todo fue leudado.
El uso que Jesús hace de las parábolas
(Mr. 4.33-34)
34 Todo esto habló Jesús por parábolas a la gente, y sin
parábolas no les hablaba; 35 para que se cumpliese lo dicho por el profeta,
cuando dijo:
Abriré en parábolas mi boca;
Declararé cosas escondidas desde la fundación del mundo.
Jesús explica la parábola de la cizaña
36 Entonces, despedida la gente, entró Jesús en la casa;
y acercándose a él sus discípulos, le dijeron: Explícanos la parábola de la
cizaña del campo. 37 Respondiendo él, les dijo: El que siembra la buena
semilla es el Hijo del Hombre. 38 El campo es el mundo; la buena semilla son
los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo. 39 El enemigo que la
sembró es el diablo; la siega es el fin del siglo; y los segadores son los
ángeles. 40 De manera que como se arranca la cizaña, y se quema en el fuego,
así será en el fin de este siglo. 41 Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles,
y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen
iniquidad, 42 y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el
crujir de dientes. 43 Entonces los justos resplandecerán como el sol en el
reino de su Padre. El que tiene oídos para oír, oiga.
El tesoro escondido
44 Además, el reino de los cielos es semejante a un
tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo;
y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo.
La perla de gran precio
45 También el reino de los cielos es semejante a un
mercader que busca buenas perlas, 46 que habiendo hallado una perla preciosa,
fue y vendió todo lo que tenía, y la compró.
La red
47 Asimismo el reino de los cielos es semejante a una
red, que echada en el mar, recoge de toda clase de peces; 48 y una vez llena,
la sacan a la orilla; y sentados, recogen lo bueno en cestas, y lo malo echan
fuera. 49 Así será al fin del siglo: saldrán los ángeles, y apartarán a los
malos de entre los justos, 50 y los echarán en el horno de fuego; allí será el
lloro y el crujir de dientes.
Tesoros nuevos y viejos
51 Jesús les dijo: ¿Habéis entendido todas estas cosas?
Ellos respondieron: Sí, Señor. 52 El les dijo: Por eso todo escriba docto en
el reino de los cielos es semejante a un padre de familia, que saca de su
tesoro cosas nuevas y cosas viejas.
Jesús en Nazaret
(Mr. 6.1-6; Lc. 4.16-30)
53 Aconteció que cuando Terminó Jesús estas parábolas, se
fue de allí. 54 Y venido a su tierra, les enseñaba en la sinagoga de ellos, de
tal manera que se maravillaban, y decían: ¿De dónde tiene éste esta sabiduría
y estos milagros? 55 ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre
María, y sus hermanos, Jacobo, José, Simón y Judas? 56 ¿No están todas sus
hermanas con nosotros? ¿De dónde, pues, tiene éste todas estas cosas? 57 Y se
escandalizaban de él. Pero Jesús les dijo: No hay profeta sin honra, sino en
su propia tierra y en su casa. 58 Y no hizo allí muchos milagros, a causa de
la incredulidad de ellos.
Muerte de Juan el Bautista
(Mr. 6.14-29; Lc. 9.7-9)
MATEO 14
1 En aquel tiempo Herodes el tetrarca oyó la fama de
Jesús, 2 y dijo a sus criados: Este es Juan el Bautista; ha resucitado de los
muertos, y por eso actúan en él estos poderes. 3 Porque Herodes había prendido
a Juan, y le había encadenado y metido en la cárcel, por causa de Herodías,
mujer de Felipe su hermano; 4 porque Juan le decía: No te es lícito tenerla. 5
Y Herodes quería matarle, pero temía al pueblo; porque tenían a Juan por
profeta. 6 Pero cuando se celebraba el cumpleaños de Herodes, la hija de
Herodías danzó en medio, y agradó a Herodes, 7 por lo cual éste le prometió
con juramento darle todo lo que pidiese. 8 Ella, instruida primero por su
madre, dijo: Dame aquí en un plato la cabeza de Juan el Bautista. 9 Entonces
el rey se entristeció; pero a causa del juramento, y de los que estaban con él
a la mesa, mandó que se la diesen, 10 y ordenó decapitar a Juan en la cárcel.
11 Y fue traída su cabeza en un plato, y dada a la muchacha; y ella la
presentó a su madre. 12 Entonces llegaron sus discípulos, y tomaron el cuerpo
y lo enterraron; y fueron y dieron las nuevas a Jesús.
Alimentación de los cinco mil
(Mr. 6.30-44; Lc. 9.10-17; Jn. 6.1-14)
13 Oyéndolo Jesús, se apartó de allí en una barca a un
lugar desierto y apartado; y cuando la gente lo oyó, le siguió a pie desde las
ciudades. 14 Y saliendo Jesús, vio una gran multitud, y tuvo compasión de
ellos, y sanó a los que de ellos estaban enfermos. 15 Cuando anochecía, se
acercaron a él sus discípulos, diciendo: El lugar es desierto, y la hora ya
pasada; despide a la multitud, para que vayan por las aldeas y compren de
comer. 16 Jesús les dijo: No tienen necesidad de irse; dadles vosotros de
comer. 17 Y ellos dijeron: No tenemos aquí sino cinco panes y dos peces. 18 El
les dijo: Traédmelos acá. 19 Entonces mandó a la gente recostarse sobre la
hierba; y tomando los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al
cielo, bendijo, y partió y dio los panes a los discípulos, y los discípulos a
la multitud. 20 Y comieron todos, y se saciaron; y recogieron lo que sobró de
los pedazos, doce cestas llenas. 21 Y los que comieron fueron como cinco mil
hombres, sin contar las mujeres y los niños.
Jesús anda sobre el mar
(Mr. 6.45-52; Jn. 6.15-21)
22 En seguida Jesús hizo a sus discípulos entrar en la
barca e ir delante de él a la otra ribera, entre tanto que él despedía a la
multitud. 23 Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando
llegó la noche, estaba allí solo. 24 Y ya la barca estaba en medio del mar,
azotada por las olas; porque el viento era contrario. 25 Mas a la cuarta
vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar. 26 Y los
discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: ¡Un fantasma!
Y dieron voces de miedo. 27 Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened
ánimo; yo soy, no temáis!
28 Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres
tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. 29 Y él dijo: Ven. Y descendiendo
Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. 30 Pero al ver el
fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo:
¡Señor, sálvame! 31 Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le
dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? 32 Y cuando ellos subieron en la
barca, se calmó el viento. 33 Entonces los que estaban en la barca vinieron y
le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios.
Jesús sana a los enfermos en Genesaret
(Mr. 6.53-56)
34 Y terminada la travesía, vinieron a tierra de
Genesaret. 35 Cuando le conocieron los hombres de aquel lugar, enviaron
noticia por toda aquella tierra alrededor, y trajeron a él todos los enfermos;
36 y le rogaban que les dejase tocar solamente el borde de su manto; y todos
los que lo tocaron, quedaron sanos.
Lo que contamina al hombre
(Mr. 7.1-23)
MATEO 15
1 Entonces se acercaron a Jesús ciertos escribas y
fariseos de Jerusalén, diciendo: 2 ¿Por qué tus discípulos quebrantan la
tradición de los ancianos? Porque no se lavan las manos cuando comen pan. 3
Respondiendo él, les dijo: ¿Por qué también vosotros quebrantáis el
mandamiento de Dios por vuestra tradición? 4 Porque Dios mandó diciendo: Honra
a tu padre y a tu madre; y: El que maldiga al padre o a la madre, muera
irremisiblemente. 5 Pero vosotros decís: Cualquiera que diga a su padre o a su
madre: Es mi ofrenda a Dios todo aquello con que pudiera ayudarte, 6 ya no ha
de honrar a su padre o a su madre. Así habéis invalidado el mandamiento de
Dios por vuestra tradición. 7 Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías,
cuando dijo:
8 Este pueblo de labios me honra;
Mas su corazón está lejos de mí.
9 Pues en vano me honran,
Enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres.
10 Y llamando a sí a la multitud, les dijo: Oíd, y
entended: 11 No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale
de la boca, esto contamina al hombre. 12 Entonces acercándose sus discípulos,
le dijeron: ¿Sabes que los fariseos se ofendieron cuando oyeron esta palabra?
13 Pero respondiendo él, dijo: Toda planta que no plantó mi Padre celestial,
será desarraigada. 14 Dejadlos; son ciegos guías de ciegos; y si el ciego
guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo. 15 Respondiendo Pedro, le dijo:
Explícanos esta parábola. 16 Jesús dijo: ¿También vosotros sois aún sin
entendimiento? 17 ¿No entendéis que todo lo que entra en la boca va al
vientre, y es echado en la letrina? 18 Pero lo que sale de la boca, del
corazón sale; y esto contamina al hombre. 19 Porque del corazón salen los
malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los
hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias. 20 Estas cosas son las que
contaminan al hombre; pero el comer con las manos sin lavar no contamina al
hombre.
La fe de la mujer cananea
(Mr. 7.24-30)
21 Saliendo Jesús de allí, se fue a la región de Tiro y
de Sidón. 22 Y he aquí una mujer cananea que había salido de aquella región
clamaba, diciéndole: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es
gravemente atormentada por un demonio. 23 Pero Jesús no le respondió palabra.
Entonces acercándose sus discípulos, le rogaron, diciendo: Despídela, pues da
voces tras nosotros. 24 El respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las
ovejas perdidas de la casa de Israel. 25 Entonces ella vino y se postró ante
él, diciendo: ¡Señor, socórreme! 26 Respondiendo él, dijo: No está bien tomar
el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos. 27 Y ella dijo: Sí, Señor;
pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.
28 Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; hágase
contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora.
Jesús sana a muchos
29 Pasó Jesús de allí y vino junto al mar de Galilea; y
subiendo al monte, se sentó allí. 30 Y se le acercó mucha gente que traía
consigo a cojos, ciegos, mudos, mancos, y otros muchos enfermos; y los
pusieron a los pies de Jesús, y los sanó; 31 de manera que la multitud se
maravillaba, viendo a los mudos hablar, a los mancos sanados, a los cojos
andar, y a los ciegos ver; y glorificaban al Dios de Israel.
Alimentación de los cuatro mil
(Mr. 8.1-10)
32 Y Jesús, llamando a sus discípulos, dijo: Tengo
compasión de la gente, porque ya hace tres días que están conmigo, y no tienen
qué comer; y enviarlos en ayunas no quiero, no sea que desmayen en el camino.
33 Entonces sus discípulos le dijeron: ¿De dónde tenemos nosotros tantos panes
en el desierto, para saciar a una multitud tan grande? 34 Jesús les dijo:
¿Cuántos panes tenéis? Y ellos dijeron: Siete, y unos pocos pececillos. 35 Y
mandó a la multitud que se recostase en tierra. 36 Y tomando los siete panes y
los peces, dio gracias, los partió y dio a sus discípulos, y los discípulos a
la multitud. 37 Y comieron todos, y se saciaron; y recogieron lo que sobró de
los pedazos, siete canastas llenas. 38 Y eran los que habían comido, cuatro
mil hombres, sin contar las mujeres y los niños. 39 Entonces, despedida la
gente, entró en la barca, y vino a la región de Magdala.
La demanda de una señal
(Mr. 8.11-13; Lc. 12.54-56)
MATEO 16
1 Vinieron los fariseos y los saduceos para tentarle, y
le pidieron que les mostrase señal del cielo. 2 Mas él respondiendo, les dijo:
Cuando anochece, decís: Buen tiempo; porque el cielo tiene arreboles. 3 Y por
la mañana: Hoy habrá tempestad; porque tiene arreboles el cielo nublado.
¡Hipócritas! que sabéis distinguir el aspecto del cielo, ¡mas las señales de
los tiempos no podéis! 4 La generación mala y adúltera demanda señal; pero
señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás. Y dejándolos, se fue.
La levadura de los fariseos
(Mr. 8.14-21)
5 Llegando sus discípulos al otro lado, se habían
olvidado de traer pan. 6 Y Jesús les dijo: Mirad, guardaos de la levadura de
los fariseos y de los saduceos. 7 Ellos pensaban dentro de sí, diciendo: Esto
dice porque no trajimos pan. 8 Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Por qué
pensáis dentro de vosotros, hombres de poca fe, que no tenéis pan? 9 ¿No
entendéis aún, ni os acordáis de los cinco panes entre cinco mil hombres, y
cuántas cestas recogisteis? 10 ¿Ni de los siete panes entre cuatro mil, y
cuántas canastas recogisteis? 11 ¿Cómo es que no entendéis que no fue por el
pan que os dije que os guardaseis de la levadura de los fariseos y de los
saduceos? 12 Entonces entendieron que no les había dicho que se guardasen de
la levadura del pan, sino de la doctrina de los fariseos y de los saduceos.
La confesión de Pedro
(Mr. 8.27-30; Lc. 9.18-21)
13 Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo,
preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo
del Hombre? 14 Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros,
Jeremías, o alguno de los profetas. 15 El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís
que soy yo? 16 Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del
Dios viviente. 17 Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón,
hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está
en los cielos. 18 Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca
edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. 19
Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la
tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será
desatado en los cielos. 20 Entonces mandó a sus discípulos que a nadie dijesen
que él era Jesús el Cristo.
Jesús anuncia su muerte
(Mr. 8.31-9.1; Lc. 9.22-27)
21 Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus
discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los
ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y
resucitar al tercer día. 22 Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a
reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te
acontezca. 23 Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí,
Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino
en las de los hombres.
24 Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere
venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. 25 Porque
todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida
por causa de mí, la hallará. 26 Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare
todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su
alma? 27 Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus
ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras. 28 De cierto os
digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta
que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino.
La transfiguración
(Mr. 9.2-13; Lc. 9.28-36)
MATEO 17
1 Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a
Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto; 2 y se transfiguró
delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se
hicieron blancos como la luz. 3 Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías,
hablando con él. 4 Entonces Pedro dijo a Jesús: Señor, bueno es para nosotros
que estemos aquí; si quieres, hagamos aquí tres enramadas: una para ti, otra
para Moisés, y otra para Elías. 5 Mientras él aún hablaba, una nube de luz los
cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en
quien tengo complacencia; a él oíd. 6 Al oír esto los discípulos, se postraron
sobre sus rostros, y tuvieron gran temor. 7 Entonces Jesús se acercó y los
tocó, y dijo: Levantaos, y no temáis. 8 Y alzando ellos los ojos, a nadie
vieron sino a Jesús solo.
9 Cuando descendieron del monte, Jesús les mandó,
diciendo: No digáis a nadie la visión, hasta que el Hijo del Hombre resucite
de los muertos. 10 Entonces sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Por qué,
pues, dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero? 11
Respondiendo Jesús, les dijo: A la verdad, Elías viene primero, y restaurará
todas las cosas. 12 Mas os digo que Elías ya vino, y no le conocieron, sino
que hicieron con él todo lo que quisieron; así también el Hijo del Hombre
padecerá de ellos. 13 Entonces los discípulos comprendieron que les había
hablado de Juan el Bautista.
Jesús sana a un muchacho lunático
(Mr. 9.14-29; Lc. 9.37-43)
14 Cuando llegaron al gentío, vino a él un hombre que se
arrodilló delante de él, diciendo: 15 Señor, ten misericordia de mi hijo, que
es lunático, y padece muchísimo; porque muchas veces cae en el fuego, y muchas
en el agua. 16 Y lo he traído a tus discípulos, pero no le han podido sanar.
17 Respondiendo Jesús, dijo: ¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta
cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Traédmelo
acá. 18 Y reprendió Jesús al demonio, el cual salió del muchacho, y éste quedó
sano desde aquella hora. 19 Viniendo entonces los discípulos a Jesús, aparte,
dijeron: ¿Por qué nosotros no pudimos echarlo fuera? 20 Jesús les dijo: Por
vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano
de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os
será imposible. 21 Pero este género no sale sino con oración y ayuno.
Jesús anuncia otra vez su muerte
(Mr. 9.30-32; Lc. 9.43-45)
22 Estando ellos en Galilea, Jesús les dijo: El Hijo del
Hombre será entregado en manos de hombres, 23 y le matarán; mas al tercer día
resucitará. Y ellos se entristecieron en gran manera.
Pago del impuesto del templo
24 Cuando llegaron a Capernaum, vinieron a Pedro los que
cobraban las dos dracmas, y le dijeron: ¿Vuestro Maestro no paga las dos
dracmas? 25 El dijo: Sí. Y al entrar él en casa, Jesús le habló primero,
diciendo: ¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra, ¿de quiénes cobran
los tributos o los impuestos? ¿De sus hijos, o de los extraños? 26 Pedro le
respondió: De los extraños. Jesús le dijo: Luego los hijos están exentos. 27
Sin embargo, para no ofenderles, ve al mar, y echa el anzuelo, y el primer pez
que saques, tómalo, y al abrirle la boca, hallarás un estatero; tómalo, y
dáselo por mí y por ti.
¿Quién es el mayor?
(Mr. 9.33-37; Lc. 9.46-48)
MATEO 18
1 En aquel tiempo los discípulos vinieron a Jesús,
diciendo: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos? 2 Y llamando Jesús a
un niño, lo puso en medio de ellos, 3 y dijo: De cierto os digo, que si no os
volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. 4 Así
que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de
los cielos. 5 Y cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como este, a mí
me recibe.
Ocasiones de caer
(Mr. 9.42-48; Lc. 17.1-2)
6 Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos
pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una
piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar.
7 ¡Ay del mundo por los tropiezos! porque es necesario
que vengan tropiezos, pero ¡ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo! 8
Por tanto, si tu mano o tu pie te es ocasión de caer, córtalo y échalo de ti;
mejor te es entrar en la vida cojo o manco, que teniendo dos manos o dos pies
ser echado en el fuego eterno. 9 Y si tu ojo te es ocasión de caer, sácalo y
échalo de ti; mejor te es entrar con un solo ojo en la vida, que teniendo dos
ojos ser echado en el infierno de fuego.
Parábola de la oveja perdida
(Lc. 15.3-7)
10 Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños;
porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre
que está en los cielos. 11 Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo
que se había perdido. 12 ¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y se
descarría una de ellas, ¿no deja las noventa y nueve y va por los montes a
buscar la que se había descarriado? 13 Y si acontece que la encuentra, de
cierto os digo que se regocija más por aquélla, que por las noventa y nueve
que no se descarriaron. 14 Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en
los cielos, que se pierda uno de estos pequeños.
Cómo se debe perdonar al hermano
15 Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y
repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. 16 Mas
si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres
testigos conste toda palabra. 17 Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y
si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano. 18 De cierto os digo
que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que
desatéis en la tierra, será desatado en el cielo. 19 Otra vez os digo, que si
dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa
que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. 20 Porque
donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de
ellos.
21 Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas
veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? 22 Jesús le
dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.
Los dos deudores
23 Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un
rey que quiso hacer cuentas con sus siervos. 24 Y comenzando a hacer cuentas,
le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. 25 A éste, como no pudo
pagar, ordenó su señor venderle, y a su mujer e hijos, y todo lo que tenía,
para que se le pagase la deuda. 26 Entonces aquel siervo, postrado, le
suplicaba, diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. 27
El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó y le perdonó la
deuda. 28 Pero saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos, que le
debía cien denarios; y asiendo de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que me
debes. 29 Entonces su consiervo, postrándose a sus pies, le rogaba diciendo:
Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. 30 Mas él no quiso, sino fue y
le echó en la cárcel, hasta que pagase la deuda. 31 Viendo sus consiervos lo
que pasaba, se entristecieron mucho, y fueron y refirieron a su señor todo lo
que había pasado. 32 Entonces, llamándole su señor, le dijo: Siervo malvado,
toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste. 33 ¿No debías tú también
tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti? 34
Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo
lo que le debía. 35 Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no
perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas.
Jesús enseña sobre el divorcio
(Mr. 10.1-12; Lc. 16.18)
MATEO 19
1 Aconteció que cuando Jesús terminó estas palabras, se
alejó de Galilea, y fue a las regiones de Judea al otro lado del Jordán. 2 Y
le siguieron grandes multitudes, y los sanó allí.
3 Entonces vinieron a él los fariseos, tentándole y
diciéndole: ¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa? 4
El, respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio,
varón y hembra los hizo, 5 y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y
se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne? 6 Así que no son ya más
dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el
hombre. 7 Le dijeron: ¿Por qué, pues, mandó Moisés dar carta de divorcio, y
repudiarla? 8 El les dijo: Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió
repudiar a vuestras mujeres; mas al principio no fue así. 9 Y yo os digo que
cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa
con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada, adultera.
10 Le dijeron sus discípulos: Si así es la condición del
hombre con su mujer, no conviene casarse. 11 Entonces él les dijo: No todos
son capaces de recibir esto, sino aquellos a quienes es dado. 12 Pues hay
eunucos que nacieron así del vientre de su madre, y hay eunucos que son hechos
eunucos por los hombres, y hay eunucos que a sí mismos se hicieron eunucos por
causa del reino de los cielos. El que sea capaz de recibir esto, que lo
reciba.
Jesús bendice a los niños
(Mr. 10.13-16; Lc. 18.15-17)
13 Entonces le fueron presentados unos niños, para que
pusiese las manos sobre ellos, y orase; y los discípulos les reprendieron. 14
Pero Jesús dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de
los tales es el reino de los cielos. 15 Y habiendo puesto sobre ellos las
manos, se fue de allí.
El joven rico
(Mr. 10.17-31; Lc. 18.18-30)
16 Entonces vino uno y le dijo: Maestro bueno, ¿qué bien
haré para tener la vida eterna? 17 El le dijo: ¿Por que me llamas bueno?
Ninguno hay bueno sino uno: Dios. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los
mandamientos. 18 Le dijo: ¿Cuáles? Y Jesús dijo: No matarás. No adulterarás.
No hurtarás. No dirás falso testimonio. 19 Honra a tu padre y a tu madre; y,
Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 20 El joven le dijo: Todo esto lo he
guardado desde mi juventud. ¿Qué más me falta? 21 Jesús le dijo: Si quieres
ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro
en el cielo; y ven y sígueme. 22 Oyendo el joven esta palabra, se fue triste,
porque tenía muchas posesiones.
23 Entonces Jesús dijo a sus discípulos: De cierto os
digo, que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. 24 Otra vez
os digo, que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar
un rico en el reino de Dios. 25 Sus discípulos, oyendo esto, se asombraron en
gran manera, diciendo: ¿Quién, pues, podrá ser salvo? 26 Y mirándolos Jesús,
les dijo: Para los hombres esto es imposible; mas para Dios todo es posible.
27 Entonces respondiendo Pedro, le dijo: He aquí, nosotros lo hemos dejado
todo, y te hemos seguido; ¿qué, pues, tendremos? 28 Y Jesús les dijo: De
cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en
el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis
sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. 29 Y cualquiera
que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o
hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida
eterna. 30 Pero muchos primeros serán postreros, y postreros, primeros.
Los obreros de la viña
MATEO 20
1 Porque el reino de los cielos es semejante a un hombre,
padre de familia, que salió por la mañana a contratar obreros para su viña. 2
Y habiendo convenido con los obreros en un denario al día, los envió a su
viña. 3 Saliendo cerca de la hora tercera del día, vio a otros que estaban en
la plaza desocupados; 4 y les dijo: Id también vosotros a mi viña, y os daré
lo que sea justo. Y ellos fueron. 5 Salió otra vez cerca de las horas sexta y
novena, e hizo lo mismo. 6 Y saliendo cerca de la hora undécima, halló a otros
que estaban desocupados; y les dijo: ¿Por qué estáis aquí todo el día
desocupados? 7 Le dijeron: Porque nadie nos ha contratado. El les dijo: Id
también vosotros a la viña, y recibiréis lo que sea justo. 8 Cuando llegó la
noche, el señor de la viña dijo a su mayordomo: Llama a los obreros y págales
el jornal, comenzando desde los postreros hasta los primeros. 9 Y al venir los
que habían ido cerca de la hora undécima, recibieron cada uno un denario. 10
Al venir también los primeros, pensaron que habían de recibir más; pero
también ellos recibieron cada uno un denario. 11 Y al recibirlo, murmuraban
contra el padre de familia, 12 diciendo: Estos postreros han trabajado una
sola hora, y los has hecho iguales a nosotros, que hemos soportado la carga y
el calor del día. 13 El, respondiendo, dijo a uno de ellos: Amigo, no te hago
agravio; ¿no conviniste conmigo en un denario? 14 Toma lo que es tuyo, y vete;
pero quiero dar a este postrero, como a ti. 15 ¿No me es lícito hacer lo que
quiero con lo mío? ¿O tienes tú envidia, porque yo soy bueno? 16 Así, los
primeros serán postreros, y los postreros, primeros; porque muchos son
llamados, mas pocos escogidos.
Nuevamente Jesús anuncia su muerte
(Mr. 10.32-34; Lc. 18.31-34)
17 Subiendo Jesús a Jerusalén, tomó a sus doce discípulos
aparte en el camino, y les dijo: 18 He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del
Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y le
condenarán a muerte; 19 y le entregarán a los gentiles para que le
escarnezcan, le azoten, y le crucifiquen; mas al tercer día resucitará.
Petición de Santiago y de Juan
(Mr. 10.35-45)
20 Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo
con sus hijos, postrándose ante él y pidiéndole algo. 21 El le dijo: ¿Qué
quieres? Ella le dijo: Ordena que en tu reino se sienten estos dos hijos míos,
el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda. 22 Entonces Jesús respondiendo,
dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso que yo he de beber, y ser
bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado? Y ellos le dijeron:
Podemos. 23 El les dijo: A la verdad, de mi vaso beberéis, y con el bautismo
con que yo soy bautizado, seréis bautizados; pero el sentaros a mi derecha y a
mi izquierda, no es mío darlo, sino a aquellos para quienes está preparado por
mi Padre. 24 Cuando los diez oyeron esto, se enojaron contra los dos hermanos.
25 Entonces Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis que los gobernantes de las
naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas
potestad. 26 Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse
grande entre vosotros será vuestro servidor, 27 y el que quiera ser el primero
entre vosotros será vuestro siervo; 28 como el Hijo del Hombre no vino para
ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.
Dos ciegos reciben la vista
(Mr. 10.46-52; Lc. 18.35-43)
29 Al salir ellos de Jericó, le seguía una gran multitud.
30 Y dos ciegos que estaban sentados junto al camino, cuando oyeron que Jesús
pasaba, clamaron, diciendo: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de
nosotros! 31 Y la gente les reprendió para que callasen; pero ellos clamaban
más, diciendo: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros! 32 Y
deteniéndose Jesús, los llamó, y les dijo: ¿Qué queréis que os haga? 33 Ellos
le dijeron: Señor, que sean abiertos nuestros ojos. 34 Entonces Jesús,
compadecido, les tocó los ojos, y en seguida recibieron la vista; y le
siguieron.
La entrada triunfal en Jerusalén
(Mr. 11.1-11; Lc. 19.28-40; Jn. 12.12-19)
MATEO 21
1 Cuando se acercaron a Jerusalén, y vinieron a Betfagé,
al monte de los Olivos, Jesús envió dos discípulos, 2 diciéndoles: Id a la
aldea que está enfrente de vosotros, y luego hallaréis una asna atada, y un
pollino con ella; desatadla, y traédmelos. 3 Y si alguien os dijere algo,
decid: El Señor los necesita; y luego los enviará. 4 Todo esto aconteció para
que se cumpliese lo dicho por el profeta, cuando dijo:
5 Decid a la hija de Sion:
He aquí, tu Rey viene a ti,
Manso, y sentado sobre una asna,
Sobre un pollino, hijo de animal de carga.
6 Y los discípulos fueron, e hicieron como Jesús les
mandó; 7 y trajeron el asna y el pollino, y pusieron sobre ellos sus mantos; y
él se sentó encima. 8 Y la multitud, que era muy numerosa, tendía sus mantos
en el camino; y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían en el
camino. 9 Y la gente que iba delante y la que iba detrás aclamaba, diciendo:
¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!
¡Hosanna en las alturas! 10 Cuando entró él en Jerusalén, toda la ciudad se
conmovió, diciendo: ¿Quién es éste? 11 Y la gente decía: Este es Jesús el
profeta, de Nazaret de Galilea.
Purificación del templo
(Mr. 11.15-19; Lc. 19.45-48; Jn. 2.13-22)
12 Y entró Jesús en el templo de Dios, y echó fuera a
todos los que vendían y compraban en el templo, y volcó las mesas de los
cambistas, y las sillas de los que vendían palomas; 13 y les dijo: Escrito
está: Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros la habéis hecho
cueva de ladrones.
14 Y vinieron a él en el templo ciegos y cojos, y los
sanó. 15 Pero los principales sacerdotes y los escribas, viendo las maravillas
que hacía, y a los muchachos aclamando en el templo y diciendo: ¡Hosanna al
Hijo de David! se indignaron, 16 y le dijeron: ¿Oyes lo que éstos dicen? Y
Jesús les dijo: Sí; ¿nunca leísteis:
De la boca de los niños y de los que maman
Perfeccionaste la alabanza?
17 Y dejándolos, salió fuera de la ciudad a Betania, y
posó allí.
Maldición de la higuera estéril
(Mr. 11.12-14, 20-26)
18 Por la mañana, volviendo a la ciudad, tuvo hambre. 19
Y viendo una higuera cerca del camino, vino a ella, y no halló nada en ella,
sino hojas solamente; y le dijo: Nunca jamás nazca de ti fruto. Y luego se
secó la higuera. 20 Viendo esto los discípulos, decían maravillados: ¿Cómo es
que se secó en seguida la higuera? 21 Respondiendo Jesús, les dijo: De cierto
os digo, que si tuviereis fe, y no dudareis, no sólo haréis esto de la
higuera, sino que si a este monte dijereis: Quítate y échate en el mar, será
hecho. 22 Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis.
La autoridad de Jesús
(Mr. 11.27-33; Lc. 20.1-8)
23 Cuando vino al templo, los principales sacerdotes y
los ancianos del pueblo se acercaron a él mientras enseñaba, y le dijeron:
¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿y quién te dio esta autoridad? 24
Respondiendo Jesús, les dijo: Yo también os haré una pregunta, y si me la
contestáis, también yo os diré con qué autoridad hago estas cosas. 25 El
bautismo de Juan, ¿de dónde era? ¿Del cielo, o de los hombres? Ellos entonces
discutían entre sí, diciendo: Si decimos, del cielo, nos dirá: ¿Por qué, pues,
no le creísteis? 26 Y si decimos, de los hombres, tememos al pueblo; porque
todos tienen a Juan por profeta. 27 Y respondiendo a Jesús, dijeron: No
sabemos. Y él también les dijo: Tampoco yo os digo con qué autoridad hago
estas cosas.
Parábola de los dos hijos
28 Pero ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos, y
acercándose al primero, le dijo: Hijo, vé hoy a trabajar en mi viña. 29
Respondiendo él, dijo: No quiero; pero después, arrepentido, fue. 30 Y
acercándose al otro, le dijo de la misma manera; y respondiendo él, dijo: Sí,
señor, voy. Y no fue. 31 ¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre?
Dijeron ellos: El primero. Jesús les dijo: De cierto os digo, que los
publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios. 32 Porque
vino a vosotros Juan en camino de justicia, y no le creísteis; pero los
publicanos y las rameras le creyeron; y vosotros, viendo esto, no os
arrepentisteis después para creerle.
Los labradores malvados
(Mr. 12.1-12; Lc. 20.9-19)
33 Oíd otra parábola: Hubo un hombre, padre de familia,
el cual plantó una viña, la cercó de vallado, cavó en ella un lagar, edificó
una torre, y la arrendó a unos labradores, y se fue lejos. 34 Y cuando se
acercó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores, para que
recibiesen sus frutos. 35 Mas los labradores, tomando a los siervos, a uno
golpearon, a otro mataron, y a otro apedrearon. 36 Envió de nuevo otros
siervos, más que los primeros; e hicieron con ellos de la misma manera. 37
Finalmente les envió su hijo, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo. 38 Mas los
labradores, cuando vieron al hijo, dijeron entre sí: Este es el heredero;
venid, matémosle, y apoderémonos de su heredad. 39 Y tomándole, le echaron
fuera de la viña, y le mataron. 40 Cuando venga, pues, el señor de la viña,
¿qué hará a aquellos labradores? 41 Le dijeron: A los malos destruirá sin
misericordia, y arrendará su viña a otros labradores, que le paguen el fruto a
su tiempo.
42 Jesús les dijo: ¿Nunca leísteis en las Escrituras:
La piedra que desecharon los edificadores,
Ha venido a ser cabeza del ángulo.
El Señor ha hecho esto,
Y es cosa maravillosa a nuestros ojos?
43 Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado
de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él. 44 Y el que
cayere sobre esta piedra será quebrantado; y sobre quien ella cayere, le
desmenuzará.
45 Y oyendo sus parábolas los principales sacerdotes y
los fariseos, entendieron que hablaba de ellos. 46 Pero al buscar cómo echarle
mano, temían al pueblo, porque éste le tenía por profeta.
Parábola de la fiesta de bodas
MATEO 22
1 Respondiendo Jesús, les volvió a hablar en parábolas,
diciendo: 2 El reino de los cielos es semejante a un rey que hizo fiesta de
bodas a su hijo; 3 y envió a sus siervos a llamar a los convidados a las
bodas; mas éstos no quisieron venir. 4 Volvió a enviar otros siervos,
diciendo: Decid a los convidados: He aquí, he preparado mi comida; mis toros y
animales engordados han sido muertos, y todo está dispuesto; venid a las
bodas. 5 Mas ellos, sin hacer caso, se fueron, uno a su labranza, y otro a sus
negocios; 6 y otros, tomando a los siervos, los afrentaron y los mataron. 7 Al
oírlo el rey, se enojó; y enviando sus ejércitos, destruyó a aquellos
homicidas, y quemó su ciudad. 8 Entonces dijo a sus siervos: Las bodas a la
verdad están preparadas; mas los que fueron convidados no eran dignos. 9 Id,
pues, a las salidas de los caminos, y llamad a las bodas a cuantos halléis. 10
Y saliendo los siervos por los caminos, juntaron a todos los que hallaron,
juntamente malos y buenos; y las bodas fueron llenas de convidados.
11 Y entró el rey para ver a los convidados, y vio allí a
un hombre que no estaba vestido de boda. 12 Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste
aquí, sin estar vestido de boda? Mas él enmudeció. 13 Entonces el rey dijo a
los que servían: Atadle de pies y manos, y echadle en las tinieblas de afuera;
allí será el lloro y el crujir de dientes. 14 Porque muchos son llamados, y
pocos escogidos.
La cuestión del tributo
(Mr. 12.13-17; Lc. 20.20-26)
15 Entonces se fueron los fariseos y consultaron cómo
sorprenderle en alguna palabra. 16 Y le enviaron los discípulos de ellos con
los herodianos, diciendo: Maestro, sabemos que eres amante de la verdad, y que
enseñas con verdad el camino de Dios, y que no te cuidas de nadie, porque no
miras la apariencia de los hombres. 17 Dinos, pues, qué te parece: ¿Es lícito
dar tributo a César, o no? 18 Pero Jesús, conociendo la malicia de ellos, les
dijo: ¿Por qué me tentáis, hipócritas? 19 Mostradme la moneda del tributo. Y
ellos le presentaron un denario. 20 Entonces les dijo: ¿De quién es esta
imagen, y la inscripción? 21 Le dijeron: De César. Y les dijo: Dad, pues, a
César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios. 22 Oyendo esto, se
maravillaron, y dejándole, se fueron.
La pregunta sobre la resurrección
(Mr. 12.18-27; Lc. 20.27-40)
23 Aquel día vinieron a él los saduceos, que dicen que no
hay resurrección, y le preguntaron, 24 diciendo: Maestro, Moisés dijo: Si
alguno muriere sin hijos, su hermano se casará con su mujer, y levantará
descendencia a su hermano. 25 Hubo, pues, entre nosotros siete hermanos; el
primero se casó, y murió; y no teniendo descendencia, dejó su mujer a su
hermano. 26 De la misma manera también el segundo, y el tercero, hasta el
séptimo. 27 Y después de todos murió también la mujer. 28 En la resurrección,
pues, ¿de cuál de los siete será ella mujer, ya que todos la tuvieron?
29 Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Erráis,
ignorando las Escrituras y el poder de Dios. 30 Porque en la resurrección ni
se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles de Dios en
el cielo. 31 Pero respecto a la resurrección de los muertos, ¿no habéis leído
lo que os fue dicho por Dios, cuando dijo: 32 Yo soy el Dios de Abraham, el
Dios de Isaac y el Dios de Jacob? Dios no es Dios de muertos, sino de vivos.
33 Oyendo esto la gente, se admiraba de su doctrina.
El gran mandamiento
(Mr. 12.28-34)
34 Entonces los fariseos, oyendo que había hecho callar a
los saduceos, se juntaron a una. 35 Y uno de ellos, intérprete de la ley,
preguntó por tentarle, diciendo: 36 Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en
la ley? 37 Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con
toda tu alma, y con toda tu mente. 38 Este es el primero y grande mandamiento.
39 Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 40 De estos
dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.
¿De quién es hijo el Cristo?
(Mr. 12.35-37; Lc. 20.41-44)
41 Y estando juntos los fariseos, Jesús les preguntó, 42
diciendo: ¿Qué pensáis del Cristo? ¿De quién es hijo? Le dijeron: De David. 43
El les dijo: ¿Pues cómo David en el Espíritu le llama Señor, diciendo:
44 Dijo el Señor a mi Señor:
Siéntate a mi derecha,
Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies?
45 Pues si David le llama Señor, ¿cómo es su hijo? 46 Y
nadie le podía responder palabra; ni osó alguno desde aquel día preguntarle
más.
Jesús acusa a escribas y fariseos
(Mr. 12.38-40; Lc. 11.37-54; 20.45-47)
MATEO 23
1 Entonces habló Jesús a la gente y a sus discípulos,
diciendo: 2 En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos. 3
Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis
conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen. 4 Porque atan cargas pesadas y
difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos
ni con un dedo quieren moverlas. 5 Antes, hacen todas sus obras para ser
vistos por los hombres. Pues ensanchan sus filacterias, y extienden los flecos
de sus mantos; 6 y aman los primeros asientos en las cenas, y las primeras
sillas en las sinagogas, 7 y las salutaciones en las plazas, y que los hombres
los llamen: Rabí, Rabí. 8 Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque
uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos. 9 Y no
llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el
que está en los cielos. 10 Ni seáis llamados maestros; porque uno es vuestro
Maestro, el Cristo. 11 El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo. 12
Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.
13 Mas ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!
porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis
vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando. 14 ¡Ay de vosotros,
escribas y fariseos, hipócritas! porque devoráis las casas de las viudas, y
como pretexto hacéis largas oraciones; por esto recibiréis mayor condenación.
15 ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque recorréis mar y
tierra para hacer un prosélito, y una vez hecho, le hacéis dos veces más hijo
del infierno que vosotros.
16 ¡Ay de vosotros, guías ciegos! que decís: Si alguno
jura por el templo, no es nada; pero si alguno jura por el oro del templo, es
deudor. 17 ¡Insensatos y ciegos! porque ¿cuál es mayor, el oro, o el templo
que santifica al oro? 18 También decís: Si alguno jura por el altar, no es
nada; pero si alguno jura por la ofrenda que está sobre él, es deudor. 19
¡Necios y ciegos! porque ¿cuál es mayor, la ofrenda, o el altar que santifica
la ofrenda? 20 Pues el que jura por el altar, jura por él, y por todo lo que
está sobre él; 21 y el que jura por el templo, jura por él, y por el que lo
habita; 22 y el que jura por el cielo, jura por el trono de Dios, y por aquel
que está sentado en él.
23 ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!
porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante
de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin
dejar de hacer aquello. 24 ¡Guías ciegos, que coláis el mosquito, y tragáis el
camello!
25 ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!
porque limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis
llenos de robo y de injusticia. 26 ¡Fariseo ciego! Limpia primero lo de dentro
del vaso y del plato, para que también lo de fuera sea limpio.
27 ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!
porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se
muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda
inmundicia. 28 Así también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justos
a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad.
29 ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!
porque edificáis los sepulcros de los profetas, y adornáis los monumentos de
los justos, 30 y decís: Si hubiésemos vivido en los días de nuestros padres,
no hubiéramos sido sus cómplices en la sangre de los profetas. 31 Así que dais
testimonio contra vosotros mismos, de que sois hijos de aquellos que mataron a
los profetas. 32 ¡Vosotros también llenad la medida de vuestros padres! 33
¡Serpientes, generación de víboras! ¿Cómo escaparéis de la condenación del
infierno? 34 Por tanto, he aquí yo os envío profetas y sabios y escribas; y de
ellos, a unos mataréis y crucificaréis, y a otros azotaréis en vuestras
sinagogas, y perseguiréis de ciudad en ciudad; 35 para que venga sobre
vosotros toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra, desde la
sangre de Abel el justo hasta la sangre de Zacarías hijo de Berequías, a quien
matasteis entre el templo y el altar. 36 De cierto os digo que todo esto
vendrá sobre esta generación.
Lamento de Jesús sobre Jerusalén
(Lc. 13.34-35)
37 ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y
apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos,
como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste! 38 He
aquí vuestra casa os es dejada desierta. 39 Porque os digo que desde ahora no
me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor.
Jesús predice la destrucción del templo
(Mr. 13.1-2; Lc. 21.5-6)
MATEO 24
1 Cuando Jesús salió del templo y se iba, se acercaron
sus discípulos para mostrarle los edificios del templo. 2 Respondiendo él, les
dijo: ¿Veis todo esto? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre
piedra, que no sea derribada.
Señales antes del fin
(Mr. 13.3-23; Lc. 21.7-24)
3 Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los
discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas,
y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo? 4 Respondiendo Jesús, les
dijo: Mirad que nadie os engañe. 5 Porque vendrán muchos en mi nombre,
diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán. 6 Y oiréis de guerras y
rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto
acontezca; pero aún no es el fin. 7 Porque se levantará nación contra nación,
y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes
lugares. 8 Y todo esto será principio de dolores.
9 Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y
seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre. 10 Muchos
tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se
aborrecerán. 11 Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos;
12 y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. 13 Mas
el que persevere hasta el fin, éste será salvo. 14 Y será predicado este
evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y
entonces vendrá el fin.
15 Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la
abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee, entienda),
16 entonces los que estén en Judea, huyan a los montes. 17 El que esté en la
azotea, no descienda para tomar algo de su casa; 18 y el que esté en el campo,
no vuelva atrás para tomar su capa. 19 Mas ¡ay de las que estén encintas, y de
las que críen en aquellos días! 20 Orad, pues, que vuestra huida no sea en
invierno ni en día de reposo; 21 porque habrá entonces gran tribulación, cual
no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. 22 Y si
aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los
escogidos, aquellos días serán acortados. 23 Entonces, si alguno os dijere:
Mirad, aquí está el Cristo, o mirad, allí está, no lo creáis. 24 Porque se
levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y
prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos.
25 Ya os lo he dicho antes. 26 Así que, si os dijeren: Mirad, está en el
desierto, no salgáis; o mirad, está en los aposentos, no lo creáis. 27 Porque
como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así
será también la venida del Hijo del Hombre. 28 Porque dondequiera que
estuviere el cuerpo muerto, allí se juntarán las águilas.
La venida del Hijo del Hombre
(Mr. 13.24-37; Lc. 21.25-36; 17.25-36; 12.41-48)
29 E inmediatamente después de la tribulación de aquellos
días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas
caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas. 30 Entonces
aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán
todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las
nubes del cielo, con poder y gran gloria. 31 Y enviará sus ángeles con gran
voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un
extremo del cielo hasta el otro.
32 De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama
está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. 33 Así
también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a
las puertas. 34 De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que
todo esto acontezca. 35 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no
pasarán.
36 Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles
de los cielos, sino sólo mi Padre. 37 Mas como en los días de Noé, así será la
venida del Hijo del Hombre. 38 Porque como en los días antes del diluvio
estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en
que Noé entró en el arca, 39 y no entendieron hasta que vino el diluvio y se
los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre. 40 Entonces
estarán dos en el campo; el uno será tomado, y el otro será dejado. 41 Dos
mujeres estarán moliendo en un molino; la una será tomada, y la otra será
dejada. 42 Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor.
43 Pero sabed esto, que si el padre de familia supiese a qué hora el ladrón
habría de venir, velaría, y no dejaría minar su casa. 44 Por tanto, también
vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no
pensáis.
45 ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual
puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo? 46
Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo
así. 47 De cierto os digo que sobre todos sus bienes le pondrá. 48 Pero si
aquel siervo malo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir; 49 y
comenzare a golpear a sus consiervos, y aun a comer y a beber con los
borrachos, 50 vendrá el señor de aquel siervo en día que éste no espera, y a
la hora que no sabe, 51 y lo castigará duramente, y pondrá su parte con los
hipócritas; allí será el lloro y el crujir de dientes.
Parábola de las diez vírgenes
MATEO 25
1 Entonces el reino de los cielos será semejante a diez
vírgenes que tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo. 2 Cinco de
ellas eran prudentes y cinco insensatas. 3 Las insensatas, tomando sus
lámparas, no tomaron consigo aceite; 4 mas las prudentes tomaron aceite en sus
vasijas, juntamente con sus lámparas. 5 Y tardándose el esposo, cabecearon
todas y se durmieron. 6 Y a la medianoche se oyó un clamor: ¡Aquí viene el
esposo; salid a recibirle! 7 Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron, y
arreglaron sus lámparas. 8 Y las insensatas dijeron a las prudentes: Dadnos de
vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan. 9 Mas las prudentes
respondieron diciendo: Para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id más
bien a los que venden, y comprad para vosotras mismas. 10 Pero mientras ellas
iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a
las bodas; y se cerró la puerta. 11 Después vinieron también las otras
vírgenes, diciendo: ¡Señor, señor, ábrenos! 12 Mas él, respondiendo, dijo: De
cierto os digo, que no os conozco. 13 Velad, pues, porque no sabéis el día ni
la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir.
Parábola de los talentos
14 Porque el reino de los cielos es como un hombre que
yéndose lejos, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes. 15 A uno dio
cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su
capacidad; y luego se fue lejos. 16 Y el que había recibido cinco talentos fue
y negoció con ellos, y ganó otros cinco talentos. 17 Asimismo el que había
recibido dos, ganó también otros dos. 18 Pero el que había recibido uno fue y
cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor. 19 Después de mucho
tiempo vino el señor de aquellos siervos, y arregló cuentas con ellos. 20 Y
llegando el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos,
diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros
cinco talentos sobre ellos. 21 Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel;
sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.
22 Llegando también el que había recibido dos talentos, dijo: Señor, dos
talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros dos talentos sobre ellos.
23 Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre
mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. 24 Pero llegando también el que
había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que
siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; 25 por lo cual tuve
miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo. 26
Respondiendo su señor, le dijo: Siervo malo y negligente, sabías que siego
donde no sembré, y que recojo donde no esparcí. 27 Por tanto, debías haber
dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío
con los intereses. 28 Quitadle, pues, el talento, y dadlo al que tiene diez
talentos. 29 Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no
tiene, aun lo que tiene le será quitado. 30 Y al siervo inútil echadle en las
tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.
El juicio de las naciones
31 Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos
los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, 32 y
serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los
otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. 33 Y pondrá las
ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. 34 Entonces el Rey dirá a
los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado
para vosotros desde la fundación del mundo. 35 Porque tuve hambre, y me
disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me
recogisteis; 36 estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en
la cárcel, y vinisteis a mí. 37 Entonces los justos le responderán diciendo:
Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos
de beber? 38 ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te
cubrimos? 39 ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? 40 Y
respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a
uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis. 41 Entonces dirá
también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno
preparado para el diablo y sus ángeles. 42 Porque tuve hambre, y no me disteis
de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; 43 fui forastero, y no me
recogisteis; estuve desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no
me visitasteis. 44 Entonces también ellos le responderán diciendo: Señor,
¿cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo, o en la
cárcel, y no te servimos? 45 Entonces les responderá diciendo: De cierto os
digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí
lo hicisteis. 46 E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida
eterna.
El complot para prender a Jesús
(Mr. 14.1-2; Lc. 22.1-2; Jn. 11.45-53)
MATEO 26
1 Cuando hubo acabado Jesús todas estas palabras, dijo a
sus discípulos: 2 Sabéis que dentro de dos días se celebra la pascua, y el
Hijo del Hombre será entregado para ser crucificado.
3 Entonces los principales sacerdotes, los escribas, y
los ancianos del pueblo se reunieron en el patio del sumo sacerdote llamado
Caifás, 4 y tuvieron consejo para prender con engaño a Jesús, y matarle. 5
Pero decían: No durante la fiesta, para que no se haga alboroto en el pueblo.
Jesús es ungido en Betania
(Mr. 14.3-9; Jn. 12.1-8)
6 Y estando Jesús en Betania, en casa de Simón el
leproso, 7 vino a él una mujer, con un vaso de alabastro de perfume de gran
precio, y lo derramó sobre la cabeza de él, estando sentado a la mesa. 8 Al
ver esto, los discípulos se enojaron, diciendo: ¿Para qué este desperdicio? 9
Porque esto podía haberse vendido a gran precio, y haberse dado a los pobres.
10 Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Por qué molestáis a esta mujer? pues ha
hecho conmigo una buena obra. 11 Porque siempre tendréis pobres con vosotros,
pero a mí no siempre me tendréis. 12 Porque al derramar este perfume sobre mi
cuerpo, lo ha hecho a fin de prepararme para la sepultura. 13 De cierto os
digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también
se contará lo que ésta ha hecho, para memoria de ella.
Judas ofrece entregar a Jesús
(Mr. 14.10-11; Lc. 22.3-6)
14 Entonces uno de los doce, que se llamaba Judas
Iscariote, fue a los principales sacerdotes, 15 y les dijo: ¿Qué me queréis
dar, y yo os lo entregaré? Y ellos le asignaron treinta piezas de plata. 16 Y
desde entonces buscaba oportunidad para entregarle.
Institución de la Cena del Señor
(Mr. 14.12-25; Lc. 22.7-23; Jn. 13.21-30; 1 Co. 11.23-26)
17 El primer día de la fiesta de los panes sin levadura,
vinieron los discípulos a Jesús, diciéndole: ¿Dónde quieres que preparemos
para que comas la pascua? 18 Y él dijo: Id a la ciudad a cierto hombre, y
decidle: El Maestro dice: Mi tiempo está cerca; en tu casa celebraré la pascua
con mis discípulos. 19 Y los discípulos hicieron como Jesús les mandó, y
prepararon la pascua.
20 Cuando llegó la noche, se sentó a la mesa con los
doce. 21 Y mientras comían, dijo: De cierto os digo, que uno de vosotros me va
a entregar. 22 Y entristecidos en gran manera, comenzó cada uno de ellos a
decirle: ¿Soy yo, Señor? 23 Entonces él respondiendo, dijo: El que mete la
mano conmigo en el plato, ése me va a entregar. 24 A la verdad el Hijo del
Hombre va, según está escrito de él, mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo
del Hombre es entregado! Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido. 25
Entonces respondiendo Judas, el que le entregaba, dijo: ¿Soy yo, Maestro? Le
dijo: Tú lo has dicho.
26 Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo
partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. 27 Y
tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella
todos; 28 porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es
derramada para remisión de los pecados. 29 Y os digo que desde ahora no beberé
más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros
en el reino de mi Padre.
Jesús anuncia la negación de Pedro
(Mr. 14.26-31; Lc. 22.31-34; Jn. 13.36-38)
30 Y cuando hubieron cantado el himno, salieron al monte
de los Olivos. 31 Entonces Jesús les dijo: Todos vosotros os escandalizaréis
de mí esta noche; porque escrito está: Heriré al pastor, y las ovejas del
rebaño serán dispersadas. 32 Pero después que haya resucitado, iré delante de
vosotros a Galilea. 33 Respondiendo Pedro, le dijo: Aunque todos se
escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré. 34 Jesús le dijo: De cierto te
digo que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces. 35 Pedro
le dijo: Aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré. Y todos los
discípulos dijeron lo mismo.
Jesús ora en Getsemaní
(Mr. 14.32-42; Lc. 22.39-46)
36 Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama
Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que voy allí y
oro. 37 Y tomando a Pedro, y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a
entristecerse y a angustiarse en gran manera. 38 Entonces Jesús les dijo: Mi
alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo. 39 Yendo
un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si
es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú. 40
Vino luego a sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: ¿Así que
no habéis podido velar conmigo una hora? 41 Velad y orad, para que no entréis
en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.
42 Otra vez fue, y oró por segunda vez, diciendo: Padre mío, si no puede pasar
de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad. 43 Vino otra vez y los
halló durmiendo, porque los ojos de ellos estaban cargados de sueño. 44 Y
dejándolos, se fue de nuevo, y oró por tercera vez, diciendo las mismas
palabras. 45 Entonces vino a sus discípulos y les dijo: Dormid ya, y
descansad. He aquí ha llegado la hora, y el Hijo del Hombre es entregado en
manos de pecadores. 46 Levantaos, vamos; ved, se acerca el que me entrega.
Arresto de Jesús
(Mr. 14.43-50; Lc. 22.47-53; Jn. 18.2-11)
47 Mientras todavía hablaba, vino Judas, uno de los doce,
y con él mucha gente con espadas y palos, de parte de los principales
sacerdotes y de los ancianos del pueblo. 48 Y el que le entregaba les había
dado señal, diciendo: Al que yo besare, ése es; prendedle. 49 Y en seguida se
acercó a Jesús y dijo: ¡Salve, Maestro! Y le besó. 50 Y Jesús le dijo: Amigo,
¿a qué vienes? Entonces se acercaron y echaron mano a Jesús, y le prendieron.
51 Pero uno de los que estaban con Jesús, extendiendo la mano, sacó su espada,
e hiriendo a un siervo del sumo sacerdote, le quitó la oreja. 52 Entonces
Jesús le dijo: Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomen espada,
a espada perecerán. 53 ¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y
que él no me daría más de doce legiones de ángeles? 54 ¿Pero cómo entonces se
cumplirían las Escrituras, de que es necesario que así se haga? 55 En aquella
hora dijo Jesús a la gente: ¿Como contra un ladrón habéis salido con espadas y
con palos para prenderme? Cada día me sentaba con vosotros enseñando en el
templo, y no me prendisteis. 56 Mas todo esto sucede, para que se cumplan las
Escrituras de los profetas. Entonces todos los discípulos, dejándole, huyeron.
Jesús ante el concilio
(Mr. 14.53-65; Lc. 22.54,63-71; Jn. 18.12-14, 19-24)
57 Los que prendieron a Jesús le llevaron al sumo
sacerdote Caifás, adonde estaban reunidos los escribas y los ancianos. 58 Mas
Pedro le seguía de lejos hasta el patio del sumo sacerdote; y entrando, se
sentó con los alguaciles, para ver el fin. 59 Y los principales sacerdotes y
los ancianos y todo el concilio, buscaban falso testimonio contra Jesús, para
entregarle a la muerte, 60 y no lo hallaron, aunque muchos testigos falsos se
presentaban. Pero al fin vinieron dos testigos falsos, 61 que dijeron: Este
dijo: Puedo derribar el templo de Dios, y en tres días reedificarlo. 62 Y
levantándose el sumo sacerdote, le dijo: ¿No respondes nada? ¿Qué testifican
éstos contra ti? 63 Mas Jesús callaba. Entonces el sumo sacerdote le dijo: Te
conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de
Dios. 64 Jesús le dijo: Tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora
veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo
en las nubes del cielo. 65 Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras,
diciendo: ¡Ha blasfemado! ¿Qué más necesidad tenemos de testigos? He aquí,
ahora mismo habéis oído su blasfemia. 66 ¿Qué os parece? Y respondiendo ellos,
dijeron: ¡Es reo de muerte! 67 Entonces le escupieron en el rostro, y le
dieron de puñetazos, y otros le abofeteaban, 68 diciendo: Profetízanos,
Cristo, quién es el que te golpeó.
Pedro niega a Jesús
(Mr. 14.66-72; Lc. 22.55-62; Jn. 18.15-18, 25-27)
69 Pedro estaba sentado fuera en el patio; y se le acercó
una criada, diciendo: Tú también estabas con Jesús el galileo. 70 Mas él negó
delante de todos, diciendo: No sélo que dices. 71 Saliendo él a la puerta, le
vio otra, y dijo a los que estaban allí: También éste estaba con Jesús el
nazareno. 72 Pero él negó otra vez con juramento: No conozco al hombre. 73 Un
poco después, acercándose los que por allí estaban, dijeron a Pedro:
Verdaderamente también tú eres de ellos, porque aun tu manera de hablar te
descubre. 74 Entonces él comenzó a maldecir, y a jurar: No conozco al hombre.
Y en seguida cantó el gallo. 75 Entonces Pedro se acordó de las palabras de
Jesús, que le había dicho: Antes que cante el gallo, me negarás tres veces. Y
saliendo fuera, lloró amargamente.
Jesús ante Pilato
(Mr. 15.1; Lc. 23.1-2; Jn. 18.28-32)
MATEO 27
1 Venida la mañana, todos los principales sacerdotes y
los ancianos del pueblo entraron en consejo contra Jesús, para entregarle a
muerte. 2 Y le llevaron atado, y le entregaron a Poncio Pilato, el gobernador.
Muerte de Judas
3 Entonces Judas, el que le había entregado, viendo que
era condenado, devolvió arrepentido las treinta piezas de plata a los
principales sacerdotes y a los ancianos, 4 diciendo: Yo he pecado entregando
sangre inocente. Mas ellos dijeron: ¿Qué nos importa a nosotros? ¡Allá tú! 5 Y
arrojando las piezas de plata en el templo, salió, y fue y se ahorcó. 6 Los
principales sacerdotes, tomando las piezas de plata, dijeron: No es lícito
echarlas en el tesoro de las ofrendas, porque es precio de sangre. 7 Y después
de consultar, compraron con ellas el campo del alfarero, para sepultura de los
extranjeros. 8 Por lo cual aquel campo se llama hasta el día de hoy: Campo de
sangre. 9 Así se cumplió lo dicho por el profeta Jeremías, cuando dijo: Y
tomaron las treinta piezas de plata, precio del apreciado, según precio puesto
por los hijos de Israel; 10 y las dieron para el campo del alfarero, como me
ordenó el Señor.
Pilato interroga a Jesús
(Mr. 15.2-5; Lc. 23.3-5; Jn. 18.33-38)
11 Jesús, pues, estaba en pie delante del gobernador; y
éste le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Y Jesús le dijo: Tú
lo dices. 12 Y siendo acusado por los principales sacerdotes y por los
ancianos, nada respondió. 13 Pilato entonces le dijo: ¿No oyes cuántas cosas
testifican contra ti? 14 Pero Jesús no le respondió ni una palabra; de tal
manera que el gobernador se maravillaba mucho.
Jesús sentenciado a muerte
(Mr. 15.6-20; Lc. 23.13-25; Jn. 18.38--19.16)
15 Ahora bien, en el día de la fiesta acostumbraba el
gobernador soltar al pueblo un preso, el que quisiesen. 16 Y tenían entonces
un preso famoso llamado Barrabás. 17 Reunidos, pues, ellos, les dijo Pilato:
¿A quién queréis que os suelte: a Barrabás, o a Jesús, llamado el Cristo? 18
Porque sabía que por envidia le habían entregado. 19 Y estando él sentado en
el tribunal, su mujer le mandó decir: No tengas nada que ver con ese justo;
porque hoy he padecido mucho en sueños por causa de él. 20 Pero los
principales sacerdotes y los ancianos persuadieron a la multitud que pidiese a
Barrabás, y que Jesús fuese muerto. 21 Y respondiendo el gobernador, les dijo:
¿A cuál de los dos queréis que os suelte? Y ellos dijeron: A Barrabás. 22
Pilato les dijo: ¿Qué, pues, haré de Jesús, llamado el Cristo? Todos le
dijeron: ¡Sea crucificado! 23 Y el gobernador les dijo: Pues ¿qué mal ha
hecho? Pero ellos gritaban aún más, diciendo: ¡Sea crucificado!
24 Viendo Pilato que nada adelantaba, sino que se hacía
más alboroto, tomó agua y se lavó las manos delante del pueblo, diciendo:
Inocente soy yo de la sangre de este justo; allá vosotros. 25 Y respondiendo
todo el pueblo, dijo: Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos. 26
Entonces les soltó a Barrabás; y habiendo azotado a Jesús, le entregó para ser
crucificado.
27 Entonces los soldados del gobernador llevaron a Jesús
al pretorio, y reunieron alrededor de él a toda la compañía; 28 y
desnudándole, le echaron encima un manto de escarlata, 29 y pusieron sobre su
cabeza una corona tejida de espinas, y una caña en su mano derecha; e hincando
la rodilla delante de él, le escarnecían, diciendo: ¡Salve, Rey de los judíos!
30 Y escupiéndole, tomaban la caña y le golpeaban en la cabeza. 31 Después de
haberle escarnecido, le quitaron el manto, le pusieron sus vestidos, y le
llevaron para crucificarle.
Crucifixión y muerte de Jesús
(Mr. 15.21-41; Lc. 23.26-49; Jn. 19.17-30)
32 Cuando salían, hallaron a un hombre de Cirene que se
llamaba Simón; a éste obligaron a que llevase la cruz. 33 Y cuando llegaron a
un lugar llamado Gólgota, que significa: Lugar de la Calavera, 34 le dieron a
beber vinagre mezclado con hiel; pero después de haberlo probado, no quiso
beberlo. 35 Cuando le hubieron crucificado, repartieron entre sí sus vestidos,
echando suertes, para que se cumpliese lo dicho por el profeta: Partieron
entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes. 36 Y sentados le
guardaban allí. 37 Y pusieron sobre su cabeza su causa escrita: ESTE ES JESÚS,
EL REY DE LOS JUDÍOS. 38 Entonces crucificaron con él a dos ladrones, uno a la
derecha, y otro a la izquierda. 39 Y los que pasaban le injuriaban, meneando
la cabeza, 40 y diciendo: Tú que derribas el templo, y en tres días lo
reedificas, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz. 41
De esta manera también los principales sacerdotes, escarneciéndole con los
escribas y los fariseos y los ancianos, decían: 42 A otros salvó, a sí mismo
no se puede salvar; si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y
creeremos en él. 43 Confió en Dios; líbrele ahora si le quiere; porque ha
dicho: Soy Hijo de Dios. 44 Lo mismo le injuriaban también los ladrones que
estaban crucificados con él.
45 Y desde la hora sexta hubo tinieblas sobre toda la
tierra hasta la hora novena. 46 Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran
voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por
qué me has desamparado? 47 Algunos de los que estaban allí decían, al oírlo: A
Elías llama éste. 48 Y al instante, corriendo uno de ellos, tomó una esponja,
y la empapó de vinagre, y poniéndola en una caña, le dio a beber. 49 Pero los
otros decían: Deja, veamos si viene Elías a librarle. 50 Mas Jesús, habiendo
otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu.
51 Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de
arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron; 52 y se abrieron
los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron;
53 y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a
la santa ciudad, y aparecieron a muchos. 54 El centurión, y los que estaban
con él guardando a Jesús, visto el terremoto, y las cosas que habían sido
hechas, temieron en gran manera, y dijeron: Verdaderamente éste era Hijo de
Dios.
55 Estaban allí muchas mujeres mirando de lejos, las
cuales habían seguido a Jesús desde Galilea, sirviéndole, 56 entre las cuales
estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los
hijos de Zebedeo.
Jesús es sepultado
(Mr. 15.42-47; Lc. 23.50-56; Jn. 19.38-42)
57 Cuando llegó la noche, vino un hombre rico de
Arimatea, llamado José, que también había sido discípulo de Jesús. 58 Este fue
a Pilato y pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato mandó que se le diese el
cuerpo. 59 Y tomando José el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia, 60 y lo
puso en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña; y después de hacer
rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, se fue. 61 Y estaban allí
María Magdalena, y la otra María, sentadas delante del sepulcro.
La guardia ante la tumba
62 Al día siguiente, que es después de la preparación, se
reunieron los principales sacerdotes y los fariseos ante Pilato, 63 diciendo:
Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aún: Después de tres
días resucitaré. 64 Manda, pues, que se asegure el sepulcro hasta el tercer
día, no sea que vengan sus discípulos de noche, y lo hurten, y digan al
pueblo: Resucitó de entre los muertos. Y será el postrer error peor que el
primero. 65 Y Pilato les dijo: Ahí tenéis una guardia; id, aseguradlo como
sabéis. 66 Entonces ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra
y poniendo la guardia.
La resurrección
(Mr. 16.1-8; Lc. 24.1-12; Jn. 20.1-10)
MATEO 28
1 Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de
la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro. 2 Y
hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y
llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella. 3 Su aspecto era como un
relámpago, y su vestido blanco como la nieve. 4 Y de miedo de él los guardas
temblaron y se quedaron como muertos. 5 Mas el ángel, respondiendo, dijo a las
mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue
crucificado. 6 No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el
lugar donde fue puesto el Señor. 7 E id pronto y decid a sus discípulos que ha
resucitado de los muertos, y he aquí va delante de vosotros a Galilea; allí le
veréis. He aquí, os lo he dicho. 8 Entonces ellas, saliendo del sepulcro con
temor y gran gozo, fueron corriendo a dar las nuevas a sus discípulos. Y
mientras iban a dar las nuevas a los discípulos, 9 he aquí, Jesús les salió al
encuentro, diciendo: ¡Salve! Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies, y le
adoraron. 10 Entonces Jesús les dijo: No temáis; id, dad las nuevas a mis
hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verán.
El informe de la guardia
11 Mientras ellas iban, he aquí unos de la guardia fueron
a la ciudad, y dieron aviso a los principales sacerdotes de todas las cosas
que habían acontecido. 12 Y reunidos con los ancianos, y habido consejo,
dieron mucho dinero a los soldados, 13 diciendo: Decid vosotros: Sus
discípulos vinieron de noche, y lo hurtaron, estando nosotros dormidos. 14 Y
si esto lo oyere el gobernador, nosotros le persuadiremos, y os pondremos a
salvo. 15 Y ellos, tomando el dinero, hicieron como se les había instruido.
Este dicho se ha divulgado entre los judíos hasta el día de hoy.
La gran comisión
(Mr. 16.14-18; Lc. 24.36-49; Jn. 20.19-23)
16 Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte
donde Jesús les había ordenado. 17 Y cuando le vieron, le adoraron; pero
algunos dudaban. 18 Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me
es dada en el cielo y en la tierra. 19 Por tanto, id, y haced discípulos a
todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del
Espíritu Santo; 20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado;
y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.
El Evangelio Según
SAN MARCOS
Predicación de Juan el Bautista
(Mt. 3.1-12; Lc. 3.1-9, 15-17; Jn. 1.19-28)
MARCOS 1
1 Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. 2
Como está escrito en Isaías el profeta:
He aquí yo envío mi mensajero delante de tu faz,
El cual preparará tu camino delante de ti.
3 Voz del que clama en el desierto:
Preparad el camino del Señor;
Enderezad sus sendas.
4 Bautizaba Juan en el desierto, y predicaba el bautismo
de arrepentimiento para perdón de pecados. 5 Y salían a él toda la provincia
de Judea, y todos los de Jerusalén; y eran bautizados por él en el río Jordán,
confesando sus pecados. 6 Y Juan estaba vestido de pelo de camello, y tenía un
cinto de cuero alrededor de sus lomos; y comía langostas y miel silvestre. 7 Y
predicaba, diciendo: Viene tras mí el que es más poderoso que yo, a quien no
soy digno de desatar encorvado la correa de su calzado. 8 Yo a la verdad os he
bautizado con agua; pero él os bautizará con Espíritu Santo.
El bautismo de Jesús
(Mt. 3.13-17; Lc. 3.21-22)
9 Aconteció en aquellos días, que Jesús vino de Nazaret
de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán. 10 Y luego, cuando subía
del agua, vio abrirse los cielos, y al Espíritu como paloma que descendía
sobre él. 11 Y vino una voz de los cielos que decía: Tú eres mi Hijo amado; en
ti tengo complacencia.
Tentación de Jesús
(Mt. 4.1-11; Lc. 4.1-13)
12 Y luego el Espíritu le impulsó al desierto. 13 Y
estuvo allí en el desierto cuarenta días, y era tentado por Satanás, y estaba
con las fieras; y los ángeles le servían.
Jesús principia su ministerio
(Mt. 4.12-17; Lc. 4.14-15)
14 Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea
predicando el evangelio del reino de Dios, 15 diciendo: El tiempo se ha
cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el
evangelio.
Jesús llama a cuatro pescadores
(Mt. 4.18-22; Lc. 5.1-11)
16 Andando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a
Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. 17 Y
les dijo Jesús: Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres. 18
Y dejando luego sus redes, le siguieron. 19 Pasando de allí un poco más
adelante, vio a Jacobo hijo de Zebedeo, y a Juan su hermano, también ellos en
la barca, que remendaban las redes. 20 Y luego los llamó; y dejando a su padre
Zebedeo en la barca con los jornaleros, le siguieron.
Un hombre que tenía un espíritu inmundo
(Lc. 4.31-37)
21 Y entraron en Capernaum; y los días de reposo,
entrando en la sinagoga, enseñaba. 22 Y se admiraban de su doctrina; porque
les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. 23 Pero había
en la sinagoga de ellos un hombre con espíritu inmundo, que dio voces, 24
diciendo: ¡Ah! ¿qué tienes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido para
destruirnos? Sé quién eres, el Santo de Dios. 25 Pero Jesús le reprendió,
diciendo: ¡Cállate, y sal de él! 26 Y el espíritu inmundo, sacudiéndole con
violencia, y clamando a gran voz, salió de él. 27 Y todos se asombraron, de
tal manera que discutían entre sí, diciendo: ¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina
es esta, que con autoridad manda aun a los espíritus inmundos, y le obedecen?
28 Y muy pronto se difundió su fama por toda la provincia alrededor de
Galilea.
Jesús sana a la suegra de Pedro
(Mt. 8.14-15; Lc. 4.38-39)
29 Al salir de la sinagoga, vinieron a casa de Simón y
Andrés, con Jacobo y Juan. 30 Y la suegra de Simón estaba acostada con fiebre;
y en seguida le hablaron de ella. 31 Entonces él se acercó, y la tomó de la
mano y la levantó; e inmediatamente le dejó la fiebre, y ella les servía.
Muchos sanados al ponerse el sol
(Mt. 8.16-17; Lc. 4.40-41)
32 Cuando llegó la noche, luego que el sol se puso, le
trajeron todos los que tenían enfermedades, y a los endemoniados; 33 y toda la
ciudad se agolpó a la puerta. 34 Y sanó a muchos que estaban enfermos de
diversas enfermedades, y echó fuera muchos demonios; y no dejaba hablar a los
demonios, porque le conocían.
Jesús recorre Galilea predicando
(Lc. 4.42-44)
35 Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro,
salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba. 36 Y le buscó Simón, y los
que con él estaban; 37 y hallándole, le dijeron: Todos te buscan. 38 El les
dijo: Vamos a los lugares vecinos, para que predique también allí; porque para
esto he venido. 39 Y predicaba en las sinagogas de ellos en toda Galilea, y
echaba fuera los demonios.
Jesús sana a un leproso
(Mt. 8.1-4; Lc. 5.12-16)
40 Vino a él un leproso, rogándole; e hincada la rodilla,
le dijo: Si quieres, puedes limpiarme. 41 Y Jesús, teniendo misericordia de
él, extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, sé limpio. 42 Y así que él
hubo hablado, al instante la lepra se fue de aquél, y quedó limpio. 43
Entonces le encargó rigurosamente, y le despidió luego, 44 y le dijo: Mira, no
digas a nadie nada, sino ve, muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu
purificación lo que Moisés mandó, para testimonio a ellos. 45 Pero ido él,
comenzó a publicarlo mucho y a divulgar el hecho, de manera que ya Jesús no
podía entrar abiertamente en la ciudad, sino que se quedaba fuera en los
lugares desiertos; y venían a él de todas partes.
Jesús sana a un paralítico
(Mt. 9.1-8; Lc. 5.17-26)
MARCOS 2
1 Entró Jesús otra vez en Capernaum después de algunos
días; y se oyó que estaba en casa. 2 E inmediatamente se juntaron muchos, de
manera que ya no cabían ni aun a la puerta; y les predicaba la palabra. 3
Entonces vinieron a él unos trayendo un paralítico, que era cargado por
cuatro. 4 Y como no podían acercarse a él a causa de la multitud, descubrieron
el techo de donde estaba, y haciendo una abertura, bajaron el lecho en que
yacía el paralítico. 5 Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo,
tus pecados te son perdonados. 6 Estaban allí sentados algunos de los
escribas, los cuales cavilaban en sus corazones: 7 ¿Por qué habla éste así?
Blasfemias dice. ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios? 8 Y conociendo
luego Jesús en su espíritu que cavilaban de esta manera dentro de sí mismos,
les dijo: ¿Por qué caviláis así en vuestros corazones? 9 ¿Qué es más fácil,
decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, o decirle: Levántate, toma
tu lecho y anda? 10 Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad
en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): 11 A ti te digo:
Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa. 12 Entonces él se levantó en
seguida, y tomando su lecho, salió delante de todos, de manera que todos se
asombraron, y glorificaron a Dios, diciendo: Nunca hemos visto tal cosa.
Llamamiento de Leví
(Mt. 9.9-13; Lc. 5.27-32)
13 Después volvió a salir al mar; y toda la gente venía a
él, y les enseñaba. 14 Y al pasar, vio a Leví hijo de Alfeo, sentado al banco
de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y levantándose, le siguió. 15
Aconteció que estando Jesús a la mesa en casa de él, muchos publicanos y
pecadores estaban también a la mesa juntamente con Jesús y sus discípulos;
porque había muchos que le habían seguido. 16 Y los escribas y los fariseos,
viéndole comer con los publicanos y con los pecadores, dijeron a los
discípulos: ¿Qué es esto, que él come y bebe con los publicanos y pecadores?
17 Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino
los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores.
La pregunta sobre el ayuno
(Mt. 9.14-17; Lc. 5.33-39)
18 Y los discípulos de Juan y los de los fariseos
ayunaban; y vinieron, y le dijeron: ¿Por qué los discípulos de Juan y los de
los fariseos ayunan, y tus discípulos no ayunan? 19 Jesús les dijo: ¿Acaso
pueden los que están de bodas ayunar mientras está con ellos el esposo? Entre
tanto que tienen consigo al esposo, no pueden ayunar. 20 Pero vendrán días
cuando el esposo les será quitado, y entonces en aquellos días ayunarán. 21
Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; de otra manera, el mismo
remiendo nuevo tira de lo viejo, y se hace peor la rotura. 22 Y nadie echa
vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo rompe los odres, y
el vino se derrama, y los odres se pierden; pero el vino nuevo en odres nuevos
se ha de echar.
Los discípulos recogen espigas en el día de reposo
(Mt. 12.1-8; Lc. 6.1-5)
23 Aconteció que al pasar él por los sembrados un día de
reposo, sus discípulos, andando, comenzaron a arrancar espigas. 24 Entonces
los fariseos le dijeron: Mira, ¿por qué hacen en el día de reposo lo que no es
lícito? 25 Pero él les dijo: ¿Nunca leísteis lo que hizo David cuando tuvo
necesidad, y sintió hambre, él y los que con él estaban; 26 cómo entró en la
casa de Dios, siendo Abiatar sumo sacerdote, y comió los panes de la
proposición, de los cuales no es lícito comer sino a los sacerdotes, y aun dio
a los que con él estaban? 27 También les dijo: El día de reposo fue hecho por
causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo. 28 Por tanto, el
Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo.
El hombre de la mano seca
(Mt. 12.9-14; Lc. 6.6-11)
MARCOS 3
1 Otra vez entró Jesús en la sinagoga; y había allí un
hombre que tenía seca una mano. 2 Y le acechaban para ver si en el día de
reposo le sanaría, a fin de poder acusarle. 3 Entonces dijo al hombre que
tenía la mano seca: Levántate y ponte en medio. 4 Y les dijo: ¿Es lícito en
los días de reposo hacer bien, o hacer mal; salvar la vida, o quitarla? Pero
ellos callaban. 5 Entonces, mirándolos alrededor con enojo, entristecido por
la dureza de sus corazones, dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él la
extendió, y la mano le fue restaurada sana. 6 Y salidos los fariseos, tomaron
consejo con los herodianos contra él para destruirle.
La multitud a la orilla del mar
7 Mas Jesús se retiró al mar con sus discípulos, y le
siguió gran multitud de Galilea. Y de Judea, 8 de Jerusalén, de Idumea, del
otro lado del Jordán, y de los alrededores de Tiro y de Sidón, oyendo cuán
grandes cosas hacía, grandes multitudes vinieron a él. 9 Y dijo a sus
discípulos que le tuviesen siempre lista la barca, a causa del gentío, para
que no le oprimiesen. 10 Porque había sanado a muchos; de manera que por
tocarle, cuantos tenían plagas caían sobre él. 11 Y los espíritus inmundos, al
verle, se postraban delante de él, y daban voces, diciendo: Tú eres el Hijo de
Dios. 12 Mas él les reprendía mucho para que no le descubriesen.
Elección de los doce apóstoles
(Mt. 10.1-4; Lc. 6.12-16)
13 Después subió al monte, y llamó a sí a los que él
quiso; y vinieron a él. 14 Y estableció a doce, para que estuviesen con él, y
para enviarlos a predicar, 15 y que tuviesen autoridad para sanar enfermedades
y para echar fuera demonios: 16 a Simón, a quien puso por sobrenombre Pedro;
17 a Jacobo hijo de Zebedeo, y a Juan hermano de Jacobo, a quienes apellidó
Boanerges, esto es, Hijos del trueno; 18 a Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo,
Tomás, Jacobo hijo de Alfeo, Tadeo, Simón el cananista, 19 y Judas Iscariote,
el que le entregó. Y vinieron a casa.
La blasfemia contra el Espíritu Santo
(Mt. 12.22-32; Lc. 11.14-23)
20 Y se agolpó de nuevo la gente, de modo que ellos ni
aun podían comer pan. 21 Cuando lo oyeron los suyos, vinieron para prenderle;
porque decían: Está fuera de sí. 22 Pero los escribas que habían venido de
Jerusalén decían que tenía a Beelzebú, y que por el príncipe de los demonios
echaba fuera los demonios. 23 Y habiéndolos llamado, les decía en parábolas:
¿Cómo puede Satanás echar fuera a Satanás? 24 Si un reino está dividido contra
sí mismo, tal reino no puede permanecer. 25 Y si una casa está dividida contra
sí misma, tal casa no puede permanecer. 26 Y si Satanás se levanta contra sí
mismo, y se divide, no puede permanecer, sino que ha llegado su fin. 27
Ninguno puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si
antes no le ata, y entonces podrá saquear su casa.
28 De cierto os digo que todos los pecados serán
perdonados a los hijos de los hombres, y las blasfemias cualesquiera que sean;
29 pero cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tiene jamás
perdón, sino que es reo de juicio eterno. 30 Porque ellos habían dicho: Tiene
espíritu inmundo.
La madre y los hermanos de Jesús
(Mt. 12.46-50; Lc. 8.19-21)
31 Vienen después sus hermanos y su madre, y quedándose
afuera, enviaron a llamarle. 32 Y la gente que estaba sentada alrededor de él
le dijo: Tu madre y tus hermanos están afuera, y te buscan. 33 El les
respondió diciendo: ¿Quién es mi madre y mis hermanos? 34 Y mirando a los que
estaban sentados alrededor de él, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos. 35
Porque todo aquel que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, y mi
hermana, y mi madre.
Parábola del sembrador
(Mt. 13.1-23; Lc. 8.4-15)
MARCOS 4
1 Otra vez comenzó Jesús a enseñar junto al mar, y se
reunió alrededor de él mucha gente, tanto que entrando en una barca, se sentó
en ella en el mar; y toda la gente estaba en tierra junto al mar. 2 Y les
enseñaba por parábolas muchas cosas, y les decía en su doctrina: 3 Oíd: He
aquí, el sembrador salió a sembrar; 4 y al sembrar, aconteció que una parte
cayó junto al camino, y vinieron las aves del cielo y la comieron. 5 Otra
parte cayó en pedregales, donde no tenía mucha tierra; y brotó pronto, porque
no tenía profundidad de tierra. 6 Pero salido el sol, se quemó; y porque no
tenía raíz, se secó. 7 Otra parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron
y la ahogaron, y no dio fruto. 8 Pero otra parte cayó en buena tierra, y dio
fruto, pues brotó y creció, y produjo a treinta, a sesenta, y a ciento por
uno. 9 Entonces les dijo: El que tiene oídos para oír, oiga.
10 Cuando estuvo solo, los que estaban cerca de él con
los doce le preguntaron sobre la parábola. 11 Y les dijo: A vosotros os es
dado saber el misterio del reino de Dios; mas a los que están fuera, por
parábolas todas las cosas; 12 para que viendo, vean y no perciban; y oyendo,
oigan y no entiendan; para que no se conviertan, y les sean perdonados los
pecados. 13 Y les dijo: ¿No sabéis esta parábola? ¿Cómo, pues, entenderéis
todas las parábolas? 14 El sembrador es el que siembra la palabra. 15 Y éstos
son los de junto al camino: en quienes se siembra la palabra, pero después que
la oyen, en seguida viene Satanás, y quita la palabra que se sembró en sus
corazones. 16 Estos son asimismo los que fueron sembrados en pedregales: los
que cuando han oído la palabra, al momento la reciben con gozo; 17 pero no
tienen raíz en sí, sino que son de corta duración, porque cuando viene la
tribulación o la persecución por causa de la palabra, luego tropiezan. 18
Estos son los que fueron sembrados entre espinos: los que oyen la palabra, 19
pero los afanes de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias de
otras cosas, entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa. 20 Y éstos son
los que fueron sembrados en buena tierra: los que oyen la palabra y la
reciben, y dan fruto a treinta, a sesenta, y a ciento por uno.
Nada oculto que no haya de ser manifestado
(Lc. 8.16-18)
21 También les dijo: ¿Acaso se trae la luz para ponerla
debajo del almud, o debajo de la cama? ¿No es para ponerla en el candelero? 22
Porque no hay nada oculto que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no
haya de salir a luz. 23 Si alguno tiene oídos para oír, oiga. 24 Les dijo
también: Mirad lo que oís; porque con la medida con que medís, os será medido,
y aun se os añadirá a vosotros los que oís. 25 Porque al que tiene, se le
dará; y al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará.
Parábola del crecimiento de la semilla
26 Decía además: Así es el reino de Dios, como cuando un
hombre echa semilla en la tierra; 27 y duerme y se levanta, de noche y de día,
y la semilla brota y crece sin que él sepa cómo. 28 Porque de suyo lleva fruto
la tierra, primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga; 29
y cuando el fruto está maduro, en seguida se mete la hoz, porque la siega ha
llegado.
Parábola de la semilla de mostaza
(Mt. 13.31-32; Lc. 13.18-19)
30 Decía también: ¿A qué haremos semejante el reino de
Dios, o con qué parábola lo compararemos? 31 Es como el grano de mostaza, que
cuando se siembra en tierra, es la más pequeña de todas las semillas que hay
en la tierra; 32 pero después de sembrado, crece, y se hace la mayor de todas
las hortalizas, y echa grandes ramas, de tal manera que las aves del cielo
pueden morar bajo su sombra.
El uso que Jesús hace de las parábolas
(Mt. 13.34-35)
33 Con muchas parábolas como estas les hablaba la
palabra, conforme a lo que podían oír. 34 Y sin parábolas no les hablaba;
aunque a sus discípulos en particular les declaraba todo.
Jesús calma la tempestad
(Mt. 8.23-27; Lc. 8.22-25)
35 Aquel día, cuando llegó la noche, les dijo: Pasemos al
otro lado. 36 Y despidiendo a la multitud, le tomaron como estaba, en la
barca; y había también con él otras barcas. 37 Pero se levantó una gran
tempestad de viento, y echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se
anegaba. 38 Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal; y le
despertaron, y le dijeron: Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos? 39 Y
levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el
viento, y se hizo grande bonanza. 40 Y les dijo: ¿Por qué estáis así
amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe? 41 Entonces temieron con gran temor, y se
decían el uno al otro: ¿Quién es éste, que aun el viento y el mar le obedecen?
El endemoniado gadareno
(Mt. 8.28-34; Lc. 8.26-39)
MARCOS 5
1 Vinieron al otro lado del mar, a la región de los
gadarenos. 2 Y cuando salió él de la barca, en seguida vino a su encuentro, de
los sepulcros, un hombre con un espíritu inmundo, 3 que tenía su morada en los
sepulcros, y nadie podía atarle, ni aun con cadenas. 4 Porque muchas veces
había sido atado con grillos y cadenas, mas las cadenas habían sido hechas
pedazos por él, y desmenuzados los grillos; y nadie le podía dominar. 5 Y
siempre, de día y de noche, andaba dando voces en los montes y en los
sepulcros, e hiriéndose con piedras. 6 Cuando vio, pues, a Jesús de lejos,
corrió, y se arrodilló ante él. 7 Y clamando a gran voz, dijo: ¿Qué tienes
conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me
atormentes. 8 Porque le decía: Sal de este hombre, espíritu inmundo. 9 Y le
preguntó: ¿Cómo te llamas? Y respondió diciendo: Legión me llamo; porque somos
muchos. 10 Y le rogaba mucho que no los enviase fuera de aquella región. 11
Estaba allí cerca del monte un gran hato de cerdos paciendo. 12 Y le rogaron
todos los demonios, diciendo: Envíanos a los cerdos para que entremos en
ellos. 13 Y luego Jesús les dio permiso. Y saliendo aquellos espíritus
inmundos, entraron en los cerdos, los cuales eran como dos mil; y el hato se
precipitó en el mar por un despeñadero, y en el mar se ahogaron.
14 Y los que apacentaban los cerdos huyeron, y dieron
aviso en la ciudad y en los campos. Y salieron a ver qué era aquello que había
sucedido. 15 Vienen a Jesús, y ven al que había sido atormentado del demonio,
y que había tenido la legión, sentado, vestido y en su juicio cabal; y
tuvieron miedo. 16 Y les contaron los que lo habían visto, cómo le había
acontecido al que había tenido el demonio, y lo de los cerdos. 17 Y comenzaron
a rogarle que se fuera de sus contornos. 18 Al entrar él en la barca, el que
había estado endemoniado le rogaba que le dejase estar con él. 19 Mas Jesús no
se lo permitió, sino que le dijo: Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales
cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de
ti. 20 Y se fue, y comenzó a publicar en Decápolis cuán grandes cosas había
hecho Jesús con él; y todos se maravillaban.
La hija de Jairo, y la mujer que tocó el manto de Jesús
(Mt. 9.18-26; Lc. 8.40-56)
21 Pasando otra vez Jesús en una barca a la otra orilla,
se reunió alrededor de él una gran multitud; y él estaba junto al mar. 22 Y
vino uno de los principales de la sinagoga, llamado Jairo; y luego que le vio,
se postró a sus pies, 23 y le rogaba mucho, diciendo: Mi hija está agonizando;
ven y pon las manos sobre ella para que sea salva, y vivirá.
24 Fue, pues, con él; y le seguía una gran multitud, y le
apretaban. 25 Pero una mujer que desde hacía doce años padecía de flujo de
sangre, 26 y había sufrido mucho de muchos médicos, y gastado todo lo que
tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor, 27 cuando oyó hablar de
Jesús, vino por detrás entre la multitud, y tocó su manto. 28 Porque decía: Si
tocare tan solamente su manto, seré salva. 29 Y en seguida la fuente de su
sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote. 30 Luego
Jesús, conociendo en sí mismo el poder que había salido de él, volviéndose a
la multitud, dijo: ¿Quién ha tocado mis vestidos? 31 Sus discípulos le
dijeron: Ves que la multitud te aprieta, y dices: ¿Quién me ha tocado? 32 Pero
él miraba alrededor para ver quién había hecho esto. 33 Entonces la mujer,
temiendo y temblando, sabiendo lo que en ella había sido hecho, vino y se
postró delante de él, y le dijo toda la verdad. 34 Y él le dijo: Hija, tu fe
te ha hecho salva; vé en paz, y queda sana de tu azote.
35 Mientras él aún hablaba, vinieron de casa del
principal de la sinagoga, diciendo: Tu hija ha muerto; ¿para qué molestas más
al Maestro? 36 Pero Jesús, luego que oyó lo que se decía, dijo al principal de
la sinagoga: No temas, cree solamente. 37 Y no permitió que le siguiese nadie
sino Pedro, Jacobo, y Juan hermano de Jacobo. 38 Y vino a casa del principal
de la sinagoga, y vio el alboroto y a los que lloraban y lamentaban mucho. 39
Y entrando, les dijo: ¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no está muerta,
sino duerme. 40 Y se burlaban de él. Mas él, echando fuera a todos, tomó al
padre y a la madre de la niña, y a los que estaban con él, y entró donde
estaba la niña. 41 Y tomando la mano de la niña, le dijo: Talita cumi; que
traducido es: Niña, a ti te digo, levántate. 42 Y luego la niña se levantó y
andaba, pues tenía doce años. Y se espantaron grandemente. 43 Pero él les
mandó mucho que nadie lo supiese, y dijo que se le diese de comer.
Jesús en Nazaret
(Mt. 13.53-58; Lc. 4.16-30)
MARCOS 6
1 Salió Jesús de allí y vino a su tierra, y le seguían
sus discípulos. 2 Y llegado el día de reposo, comenzó a enseñar en la
sinagoga; y muchos, oyéndole, se admiraban, y decían: ¿De dónde tiene éste
estas cosas? ¿Y qué sabiduría es esta que le es dada, y estos milagros que por
sus manos son hechos? 3 ¿No es éste el carpintero, hijo de María, hermano de
Jacobo, de José, de Judas y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros sus
hermanas? Y se escandalizaban de él. 4 Mas Jesús les decía: No hay profeta sin
honra sino en su propia tierra, y entre sus parientes, y en su casa. 5 Y no
pudo hacer allí ningún milagro, salvo que sanó a unos pocos enfermos, poniendo
sobre ellos las manos. 6 Y estaba asombrado de la incredulidad de ellos. Y
recorría las aldeas de alrededor, enseñando.
Misión de los doce discípulos
(Mt. 10.5-15; Lc. 9.1-6)
7 Después llamó a los doce, y comenzó a enviarlos de dos
en dos; y les dio autoridad sobre los espíritus inmundos. 8 Y les mandó que no
llevasen nada para el camino, sino solamente bordón; ni alforja, ni pan, ni
dinero en el cinto, 9 sino que calzasen sandalias, y no vistiesen dos túnicas.
10 Y les dijo: Dondequiera que entréis en una casa, posad en ella hasta que
salgáis de aquel lugar. 11 Y si en algún lugar no os recibieren ni os oyeren,
salid de allí, y sacudid el polvo que está debajo de vuestros pies, para
testimonio a ellos. De cierto os digo que en el día del juicio, será más
tolerable el castigo para los de Sodoma y Gomorra, que para aquella ciudad. 12
Y saliendo, predicaban que los hombres se arrepintiesen. 13 Y echaban fuera
muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos, y los sanaban.
Muerte de Juan el Bautista
(Mt. 14.1-12; Lc. 9.7-9)
14 Oyó el rey Herodes la fama de Jesús, porque su nombre
se había hecho notorio; y dijo: Juan el Bautista ha resucitado de los muertos,
y por eso actúan en él estos poderes. 15 Otros decían: Es Elías. Y otros
decían: Es un profeta, o alguno de los profetas. 16 Al oír esto Herodes, dijo:
Este es Juan, el que yo decapité, que ha resucitado de los muertos. 17 Porque
el mismo Herodes había enviado y prendido a Juan, y le había encadenado en la
cárcel por causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano; pues la había tomado
por mujer. 18 Porque Juan decía a Herodes: No te es lícito tener la mujer de
tu hermano. 19 Pero Herodías le acechaba, y deseaba matarle, y no podía; 20
porque Herodes temía a Juan, sabiendo que era varón justo y santo, y le
guardaba a salvo; y oyéndole, se quedaba muy perplejo, pero le escuchaba de
buena gana. 21 Pero venido un día oportuno, en que Herodes, en la fiesta de su
cumpleaños, daba una cena a sus príncipes y tribunos y a los principales de
Galilea, 22 entrando la hija de Herodías, danzó, y agradó a Herodes y a los
que estaban con él a la mesa; y el rey dijo a la muchacha: Pídeme lo que
quieras, y yo te lo daré. 23 Y le juró: Todo lo que me pidas te daré, hasta la
mitad de mi reino. 24 Saliendo ella, dijo a su madre: ¿Qué pediré? Y ella le
dijo: La cabeza de Juan el Bautista. 25 Entonces ella entró prontamente al
rey, y pidió diciendo: Quiero que ahora mismo me des en un plato la cabeza de
Juan el Bautista. 26 Y el rey se entristeció mucho; pero a causa del
juramento, y de los que estaban con él a la mesa, no quiso desecharla. 27 Y en
seguida el rey, enviando a uno de la guardia, mandó que fuese traída la cabeza
de Juan. 28 El guarda fue, le decapitó en la cárcel, y trajo su cabeza en un
plato y la dio a la muchacha, y la muchacha la dio a su madre. 29 Cuando
oyeron esto sus discípulos, vinieron y tomaron su cuerpo, y lo pusieron en un
sepulcro.
Alimentación de los cinco mil
(Mt. 14.13-21; Lc. 9.10-17; Jn. 6.1-14)
30 Entonces los apóstoles se juntaron con Jesús, y le
contaron todo lo que habían hecho, y lo que habían enseñado. 31 El les dijo:
Venid vosotros aparte a un lugar desierto, y descansad un poco. Porque eran
muchos los que iban y venían, de manera que ni aun tenían tiempo para comer.
32 Y se fueron solos en una barca a un lugar desierto. 33 Pero muchos los
vieron ir, y le reconocieron; y muchos fueron allá a pie desde las ciudades, y
llegaron antes que ellos, y se juntaron a él. 34 Y salió Jesús y vio una gran
multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían
pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas. 35 Cuando ya era muy avanzada la
hora, sus discípulos se acercaron a él, diciendo: El lugar es desierto, y la
hora ya muy avanzada. 36 Despídelos para que vayan a los campos y aldeas de
alrededor, y compren pan, pues no tienen qué comer. 37 Respondiendo él, les
dijo: Dadles vosotros de comer. Ellos le dijeron: ¿Que vayamos y compremos pan
por doscientos denarios, y les demos de comer? 38 El les dijo: ¿Cuántos panes
tenéis? Id y vedlo. Y al saberlo, dijeron: Cinco, y dos peces. 39 Y les mandó
que hiciesen recostar a todos por grupos sobre la hierba verde. 40 Y se
recostaron por grupos, de ciento en ciento, y de cincuenta en cincuenta. 41
Entonces tomó los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo,
bendijo, y partió los panes, y dio a sus discípulos para que los pusiesen
delante; y repartió los dos peces entre todos. 42 Y comieron todos, y se
saciaron. 43 Y recogieron de los pedazos doce cestas llenas, y de lo que sobró
de los peces. 44 Y los que comieron eran cinco mil hombres.
Jesús anda sobre el mar
(Mt. 14.22-27; Jn. 6.15-21)
45 En seguida hizo a sus discípulos entrar en la barca e
ir delante de él a Betsaida, en la otra ribera, entre tanto que él despedía a
la multitud. 46 Y después que los hubo despedido, se fue al monte a orar; 47 y
al venir la noche, la barca estaba en medio del mar, y él solo en tierra. 48 Y
viéndoles remar con gran fatiga, porque el viento les era contrario, cerca de
la cuarta vigilia de la noche vino a ellos andando sobre el mar, y quería
adelantárseles. 49 Viéndole ellos andar sobre el mar, pensaron que era un
fantasma, y gritaron; 50 porque todos le veían, y se turbaron. Pero en seguida
habló con ellos, y les dijo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis! 51 Y subió a
ellos en la barca, y se calmó el viento; y ellos se asombraron en gran manera,
y se maravillaban. 52 Porque aún no habían entendido lo de los panes, por
cuanto estaban endurecidos sus corazones.
Jesús sana a los enfermos en Genesaret
(Mt. 14.34-36)
53 Terminada la travesía, vinieron a tierra de Genesaret,
y arribaron a la orilla. 54 Y saliendo ellos de la barca, en seguida la gente
le conoció. 55 Y recorriendo toda la tierra de alrededor, comenzaron a traer
de todas partes enfermos en lechos, a donde oían que estaba. 56 Y dondequiera
que entraba, en aldeas, ciudades o campos, ponían en las calles a los que
estaban enfermos, y le rogaban que les dejase tocar siquiera el borde de su
manto; y todos los que le tocaban quedaban sanos.
Lo que contamina al hombre
(Mt. 15.1-20)
MARCOS 7
1 Se juntaron a Jesús los fariseos, y algunos de los
escribas, que habían venido de Jerusalén; 2 los cuales, viendo a algunos de
los discípulos de Jesús comer pan con manos inmundas, esto es, no lavadas, los
condenaban. 3 Porque los fariseos y todos los judíos, aferrándose a la
tradición de los ancianos, si muchas veces no se lavan las manos, no comen. 4
Y volviendo de la plaza, si no se lavan, no comen. Y otras muchas cosas hay
que tomaron para guardar, como los lavamientos de los vasos de beber, y de los
jarros, y de los utensilios de metal, y de los lechos. 5 Le preguntaron, pues,
los fariseos y los escribas: ¿Por qué tus discípulos no andan conforme a la
tradición de los ancianos, sino que comen pan con manos inmundas? 6
Respondiendo él, les dijo: Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como
está escrito:
Este pueblo de labios me honra,
Mas su corazón está lejos de mí.
7 Pues en vano me honran,
Enseñando como doctrinas mandamientos de hombres.
8 Porque dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la
tradición de los hombres: los lavamientos de los jarros y de los vasos de
beber; y hacéis otras muchas cosas semejantes.
9 Les decía también: Bien invalidáis el mandamiento de
Dios para guardar vuestra tradición. 10 Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y
a tu madre; y: El que maldiga al padre o a la madre, muera irremisiblemente.
11 Pero vosotros decís: Basta que diga un hombre al padre o a la madre: Es
Corbán (que quiere decir, mi ofrenda a Dios) todo aquello con que pudiera
ayudarte, 12 y no le dejáis hacer más por su padre o por su madre, 13
invalidando la palabra de Dios con vuestra tradición que habéis transmitido. Y
muchas cosas hacéis semejantes a estas.
14 Y llamando a sí a toda la multitud, les dijo: Oídme
todos, y entended: 15 Nada hay fuera del hombre que entre en él, que le pueda
contaminar; pero lo que sale de él, eso es lo que contamina al hombre. 16 Si
alguno tiene oídos para oír, oiga. 17 Cuando se alejó de la multitud y entró
en casa, le preguntaron sus discípulos sobre la parábola. 18 El les dijo:
¿También vosotros estáis así sin entendimiento? ¿No entendéis que todo lo de
fuera que entra en el hombre, no le puede contaminar, 19 porque no entra en su
corazón, sino en el vientre, y sale a la letrina? Esto decía, haciendo limpios
todos los alimentos. 20 Pero decía, que lo que del hombre sale, eso contamina
al hombre. 21 Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos
pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, 22 los
hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la
maledicencia, la soberbia, la insensatez. 23 Todas estas maldades de dentro
salen, y contaminan al hombre.
La fe de la mujer sirofenicia
(Mt. 15.21-28)
24 Levantándose de allí, se fue a la región de Tiro y de
Sidón; y entrando en una casa, no quiso que nadie lo supiese; pero no pudo
esconderse. 25 Porque una mujer, cuya hija tenía un espíritu inmundo, luego
que oyó de él, vino y se postró a sus pies. 26 La mujer era griega, y
sirofenicia de nación; y le rogaba que echase fuera de su hija al demonio. 27
Pero Jesús le dijo: Deja primero que se sacien los hijos, porque no está bien
tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos. 28 Respondió ella y le
dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos, debajo de la mesa, comen de las
migajas de los hijos. 29 Entonces le dijo: Por esta palabra, ve; el demonio ha
salido de tu hija. 30 Y cuando llegó ella a su casa, halló que el demonio
había salido, y a la hija acostada en la cama.
Jesús sana a un sordomudo
31 Volviendo a salir de la región de Tiro, vino por Sidón
al mar de Galilea, pasando por la región de Decápolis. 32 Y le trajeron un
sordo y tartamudo, y le rogaron que le pusiera la mano encima. 33 Y tomándole
aparte de la gente, metió los dedos en las orejas de él, y escupiendo, tocó su
lengua; 34 y levantando los ojos al cielo, gimió, y le dijo: Efata, es decir:
Sé abierto. 35 Al momento fueron abiertos sus oídos, y se desató la ligadura
de su lengua, y hablaba bien. 36 Y les mandó que no lo dijesen a nadie; pero
cuanto más les mandaba, tanto más y más lo divulgaban. 37 Y en gran manera se
maravillaban, diciendo: bien lo ha hecho todo; hace a los sordos oír, y a los
mudos hablar.
Alimentación de los cuatro mil
(Mt. 15.32-39)
MARCOS 8
1 En aquellos días, como había una gran multitud, y no
tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos, y les dijo: 2 Tengo compasión
de la gente, porque ya hace tres días que están conmigo, y no tienen qué
comer; 3 y si los enviare en ayunas a sus casas, se desmayarán en el camino,
pues algunos de ellos han venido de lejos. 4 Sus discípulos le respondieron:
¿De dónde podrá alguien saciar de pan a éstos aquí en el desierto? 5 El les
preguntó: ¿Cuántos panes tenéis? Ellos dijeron: Siete. 6 Entonces mandó a la
multitud que se recostase en tierra; y tomando los siete panes, habiendo dado
gracias, los partió, y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante; y
los pusieron delante de la multitud. 7 Tenían también unos pocos pececillos; y
los bendijo, y mandó que también los pusiesen delante. 8 Y comieron, y se
saciaron; y recogieron de los pedazos que habían sobrado, siete canastas. 9
Eran los que comieron, como cuatro mil; y los despidió. 10 Y luego entrando en
la barca con sus discípulos, vino a la región de Dalmanuta.
La demanda de una señal
(Mt. 16.1-4; Lc. 12.54-56)
11 Vinieron entonces los fariseos y comenzaron a discutir
con él, pidiéndole señal del cielo, para tentarle. 12 Y gimiendo en su
espíritu, dijo: ¿Por qué pide señal esta generación? De cierto os digo que no
se dará señal a esta generación. 13 Y dejándolos, volvió a entrar en la barca,
y se fue a la otra ribera.
La levadura de los fariseos
(Mt. 16.5-12)
14 Habían olvidado de traer pan, y no tenían sino un pan
consigo en la barca. 15 Y él les mandó, diciendo: Mirad, guardaos de la
levadura de los fariseos, y de la levadura de Herodes. 16 Y discutían entre
sí, diciendo: Es porque no trajimos pan. 17 Y entendiéndolo Jesús, les dijo:
¿Qué discutís, porque no tenéis pan? ¿No entendéis ni comprendéis? ¿Aún tenéis
endurecido vuestro corazón? 18 ¿Teniendo ojos no veis, y teniendo oídos no
oís? ¿Y no recordáis? 19 Cuando partí los cinco panes entre cinco mil,
¿cuántas cestas llenas de los pedazos recogisteis? Y ellos dijeron: Doce. 20 Y
cuando los siete panes entre cuatro mil, ¿cuántas canastas llenas de los
pedazos recogisteis? Y ellos dijeron: Siete. 21 Y les dijo: ¿Cómo aún no
entendéis?
Un ciego sanado en Betsaida
22 Vino luego a Betsaida; y le trajeron un ciego, y le
rogaron que le tocase. 23 Entonces, tomando la mano del ciego, le sacó fuera
de la aldea; y escupiendo en sus ojos, le puso las manos encima, y le preguntó
si veía algo. 24 El, mirando, dijo: Veo los hombres como árboles, pero los veo
que andan. 25 Luego le puso otra vez las manos sobre los ojos, y le hizo que
mirase; y fue restablecido, y vio de lejos y claramente a todos. 26 Y lo envió
a su casa, diciendo: No entres en la aldea, ni lo digas a nadie en la aldea.
La confesión de Pedro
(Mt. 16.13-20; Lc. 9.18-21)
27 Salieron Jesús y sus discípulos por las aldeas de
Cesarea de Filipo. Y en el camino preguntó a sus discípulos, diciéndoles:
¿Quién dicen los hombres que soy yo? 28 Ellos respondieron: Unos, Juan el
Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los profetas. 29 Entonces él les
dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy? Respondiendo Pedro, le dijo: Tú eres
el Cristo. 30 Pero él les mandó que no dijesen esto de él a ninguno.
Jesús anuncia su muerte
(Mt. 16.21-28; Lc. 9.22-27)
31 Y comenzó a enseñarles que le era necesario al Hijo
del Hombre padecer mucho, y ser desechado por los ancianos, por los
principales sacerdotes y por los escribas, y ser muerto, y resucitar después
de tres días. 32 Esto les decía claramente. Entonces Pedro le tomó aparte y
comenzó a reconvenirle. 33 Pero él, volviéndose y mirando a los discípulos,
reprendió a Pedro, diciendo: ¡Quítate de delante de mí, Satanás! porque no
pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.
34 Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: Si
alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y
sígame. 35 Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que
pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará. 36 Porque ¿qué
aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? 37 ¿O qué
recompensa dará el hombre por su alma?
38 Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras
en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará
también de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles.
MARCOS 9
1 También les dijo: De cierto os digo que hay algunos de
los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que hayan visto el reino
de Dios venido con poder.
La transfiguración
(Mt. 17.1-13; Lc. 9.28-36)
2 Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a
Juan, y los llevó aparte solos a un monte alto; y se transfiguró delante de
ellos. 3 Y sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, como la
nieve, tanto que ningún lavador en la tierra los puede hacer tan blancos. 4 Y
les apareció Elías con Moisés, que hablaban con Jesús. 5 Entonces Pedro dijo a
Jesús: Maestro, bueno es para nosotros que estemos aquí; y hagamos tres
enramadas, una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías. 6 Porque no sabía
lo que hablaba, pues estaban espantados. 7 Entonces vino una nube que les hizo
sombra, y desde la nube una voz que decía: Este es mi Hijo amado; a él oíd. 8
Y luego, cuando miraron, no vieron más a nadie consigo, sino a Jesús solo.
9 Y descendiendo ellos del monte, les mandó que a nadie
dijesen lo que habían visto, sino cuando el Hijo del Hombre hubiese resucitado
de los muertos. 10 Y guardaron la palabra entre sí, discutiendo qué sería
aquello de resucitar de los muertos. 11 Y le preguntaron, diciendo: ¿Por qué
dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero? 12 Respondiendo
él, les dijo: Elías a la verdad vendrá primero, y restaurará todas las cosas;
¿y cómo está escrito del Hijo del Hombre, que padezca mucho y sea tenido en
nada? 13 Pero os digo que Elías ya vino, y le hicieron todo lo que quisieron,
como está escrito de él.
Jesús sana a un muchacho endemoniado
(Mt. 17.14-21; Lc. 9.37-43)
14 Cuando llegó a donde estaban los discípulos, vio una
gran multitud alrededor de ellos, y escribas que disputaban con ellos. 15 Y en
seguida toda la gente, viéndole, se asombró, y corriendo a él, le saludaron.
16 El les preguntó: ¿Qué disputáis con ellos? 17 Y respondiendo uno de la
multitud, dijo: Maestro, traje a ti mi hijo, que tiene un espíritu mudo, 18 el
cual, dondequiera que le toma, le sacude; y echa espumarajos, y cruje los
dientes, y se va secando; y dije a tus discípulos que lo echasen fuera, y no
pudieron. 19 Y respondiendo él, les dijo: ¡Oh generación incrédula! ¿Hasta
cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Traédmelo.
20 Y se lo trajeron; y cuando el espíritu vio a Jesús, sacudió con violencia
al muchacho, quien cayendo en tierra se revolcaba, echando espumarajos. 21
Jesús preguntó al padre: ¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto? Y él dijo:
Desde niño. 22 Y muchas veces le echa en el fuego y en el agua, para matarle;
pero si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos. 23 Jesús
le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible. 24 E inmediatamente
el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad. 25 Y cuando
Jesús vio que la multitud se agolpaba, reprendió al espíritu inmundo,
diciéndole: Espíritu mudo y sordo, yo te mando, sal de él, y no entres más en
él. 26 Entonces el espíritu, clamando y sacudiéndole con violencia, salió; y
él quedó como muerto, de modo que muchos decían: Está muerto. 27 Pero Jesús,
tomándole de la mano, le enderezó; y se levantó. 28 Cuando él entró en casa,
sus discípulos le preguntaron aparte: ¿Por qué nosotros no pudimos echarle
fuera? 29 Y les dijo: Este género con nada puede salir, sino con oración y
ayuno.
Jesús anuncia otra vez su muerte
(Mt. 17.22-23; Lc. 9.43-45)
30 Habiendo salido de allí, caminaron por Galilea; y no
quería que nadie lo supiese. 31 Porque enseñaba a sus discípulos, y les decía:
El Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres, y le matarán; pero
después de muerto, resucitará al tercer día. 32 Pero ellos no entendían esta
palabra, y tenían miedo de preguntarle.
¿Quién es el mayor?
(Mt. 18.1-5; Lc. 9.46-48)
33 Y llegó a Capernaum; y cuando estuvo en casa, les
preguntó: ¿Qué disputabais entre vosotros en el camino? 34 Mas ellos callaron;
porque en el camino habían disputado entre sí, quién había de ser el mayor. 35
Entonces él se sentó y llamó a los doce, y les dijo: Si alguno quiere ser el
primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos. 36 Y tomó a un
niño, y lo puso en medio de ellos; y tomándole en sus brazos, les dijo: 37 El
que reciba en mi nombre a un niño como este, me recibe a mí; y el que a mí me
recibe, no me recibe a mí sino al que me envió.
El que no es contra nosotros, por nosotros es
(Lc. 9.49-50)
38 Juan le respondió diciendo: Maestro, hemos visto a uno
que en tu nombre echaba fuera demonios, pero él no nos sigue; y se lo
prohibimos, porque no nos seguía. 39 Pero Jesús dijo: No se lo prohibáis;
porque ninguno hay que haga milagro en mi nombre, que luego pueda decir mal de
mí. 40 Porque el que no es contra nosotros, por nosotros es. 41 Y cualquiera
que os diere un vaso de agua en mi nombre, porque sois de Cristo, de cierto os
digo que no perderá su recompensa.
Ocasiones de caer
(Mt. 18.6-9; Lc. 17.1-2)
42 Cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeñitos
que creen en mí, mejor le fuera si se le atase una piedra de molino al cuello,
y se le arrojase en el mar. 43 Si tu mano te fuere ocasión de caer, córtala;
mejor te es entrar en la vida manco, que teniendo dos manos ir al infierno, al
fuego que no puede ser apagado, 44 donde el gusano de ellos no muere, y el
fuego nunca se apaga. 45 Y si tu pie te fuere ocasión de caer, córtalo; mejor
te es entrar a la vida cojo, que teniendo dos pies ser echado en el infierno,
al fuego que no puede ser apagado, 46 donde el gusano de ellos no muere, y el
fuego nunca se apaga. 47 Y si tu ojo te fuere ocasión de caer, sácalo; mejor
te es entrar en el reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos ser echado
al infierno, 48 donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.
49 Porque todos serán salados con fuego, y todo sacrificio será salado con
sal. 50 Buena es la sal; mas si la sal se hace insípida, ¿con qué la
sazonaréis? Tened sal en vosotros mismos; y tened paz los unos con los otros.
Jesús enseña sobre el divorcio
(Mt. 19.1-12; Lc. 16.18)
MARCOS 10
1 Levantándose de allí, vino a la región de Judea y al
otro lado del Jordán; y volvió el pueblo a juntarse a él, y de nuevo les
enseñaba como solía.
2 Y se acercaron los fariseos y le preguntaron, para
tentarle, si era lícito al marido repudiar a su mujer. 3 El, respondiendo, les
dijo: ¿Qué os mandó Moisés? 4 Ellos dijeron: Moisés permitió dar carta de
divorcio, y repudiarla. 5 Y respondiendo Jesús, les dijo: Por la dureza de
vuestro corazón os escribió este mandamiento; 6 pero al principio de la
creación, varón y hembra los hizo Dios. 7 Por esto dejará el hombre a su padre
y a su madre, y se unirá a su mujer, 8 y los dos serán una sola carne; así que
no son ya más dos, sino uno. 9 Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el
hombre.
10 En casa volvieron los discípulos a preguntarle de lo
mismo, 11 y les dijo: Cualquiera que repudia a su mujer y se casa con otra,
comete adulterio contra ella; 12 y si la mujer repudia a su marido y se casa
con otro, comete adulterio.
Jesús bendice a los niños
(Mt. 19.13-15; Lc. 18.15-17)
13 Y le presentaban niños para que los tocase; y los
discípulos reprendían a los que los presentaban. 14 Viéndolo Jesús, se
indignó, y les dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque
de los tales es el reino de Dios. 15 De cierto os digo, que el que no reciba
el reino de Dios como un niño, no entrará en él. 16 Y tomándolos en los
brazos, poniendo las manos sobre ellos, los bendecía.
El joven rico
(Mt. 19.16-30; Lc. 18.18-30)
17 Al salir él para seguir su camino, vino uno corriendo,
e hincando la rodilla delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré
para heredar la vida eterna? 18 Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno?
Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios. 19 Los mandamientos sabes: No
adulteres. No mates. No hurtes. No digas falso testimonio. No defraudes. Honra
a tu padre y a tu madre. 20 El entonces, respondiendo, le dijo: Maestro, todo
esto lo he guardado desde mi juventud. 21 Entonces Jesús, mirándole, le amó, y
le dijo: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los
pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz. 22 Pero
él, afligido por esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones.
23 Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus
discípulos: ¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen
riquezas! 24 Los discípulos se asombraron de sus palabras; pero Jesús,
respondiendo, volvió a decirles: Hijos, ¡cuán difícil les es entrar en el
reino de Dios, a los que confían en las riquezas! 25 Más fácil es pasar un
camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios. 26
Ellos se asombraban aun más, diciendo entre sí: ¿Quién, pues, podrá ser salvo?
27 Entonces Jesús, mirándolos, dijo: Para los hombres es imposible, mas para
Dios, no; porque todas las cosas son posibles para Dios. 28 Entonces Pedro
comenzó a decirle: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido.
29 Respondió Jesús y dijo: De cierto os digo que no hay ninguno que haya
dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o
tierras, por causa de mí y del evangelio, 30 que no reciba cien veces más
ahora en este tiempo; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, con
persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna. 31 Pero muchos primeros
serán postreros, y los postreros, primeros.
Nuevamente Jesús anuncia su muerte
(Mt. 20.17-19; Lc. 18.31-34)
32 Iban por el camino subiendo a Jerusalén; y Jesús iba
delante, y ellos se asombraron, y le seguían con miedo. Entonces volviendo a
tomar a los doce aparte, les comenzó a decir las cosas que le habían de
acontecer: 33 He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado
a los principales sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte, y le
entregarán a los gentiles; 34 y le escarnecerán, le azotarán, y escupirán en
él, y le matarán; mas al tercer día resucitará.
Petición de Santiago y de Juan
(Mt. 20.20-28)
35 Entonces Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, se le
acercaron, diciendo: Maestro, querríamos que nos hagas lo que pidiéremos. 36
El les dijo: ¿Qué queréis que os haga? 37 Ellos le dijeron: Concédenos que en
tu gloria nos sentemos el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda. 38
Entonces Jesús les dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso que yo
bebo, o ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado? 39 Ellos
dijeron: Podemos. Jesús les dijo: A la verdad, del vaso que yo bebo, beberéis,
y con el bautismo con que yo soy bautizado, seréis bautizados; 40 pero el
sentaros a mi derecha y a mi izquierda, no es mío darlo, sino a aquellos para
quienes está preparado. 41 Cuando lo oyeron los diez, comenzaron a enojarse
contra Jacobo y contra Juan. 42 Mas Jesús, llamándolos, les dijo: Sabéis que
los que son tenidos por gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y
sus grandes ejercen sobre ellas potestad. 43 Pero no será así entre vosotros,
sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, 44
y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos. 45 Porque el
Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida
en rescate por muchos.
El ciego Bartimeo recibe la vista
(Mt. 20.29-34; Lc. 18.35-43)
46 Entonces vinieron a Jericó; y al salir de Jericó él y
sus discípulos y una gran multitud, Bartimeo el ciego, hijo de Timeo, estaba
sentado junto al camino mendigando. 47 Y oyendo que era Jesús nazareno,
comenzó a dar voces y a decir: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!
48 Y muchos le reprendían para que callase, pero él clamaba mucho más: ¡Hijo
de David, ten misericordia de mí! 49 Entonces Jesús, deteniéndose, mandó
llamarle; y llamaron al ciego, diciéndole: Ten confianza; levántate, te llama.
50 El entonces, arrojando su capa, se levantó y vino a Jesús. 51 Respondiendo
Jesús, le dijo: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dijo: Maestro, que
recobre la vista. 52 Y Jesús le dijo: Vete, tu fe te ha salvado. Y en seguida
recobró la vista, y seguía a Jesús en el camino.
La entrada triunfal en Jerusalén
(Mt. 21.1-11; Lc. 19.28-40; Jn. 12.12-19)
MARCOS 11
1 Cuando se acercaban a Jerusalén, junto a Betfagé y a
Betania, frente al monte de los Olivos, Jesús envió dos de sus discípulos, 2 y
les dijo: Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y luego que entréis en
ella, hallaréis un pollino atado, en el cual ningún hombre ha montado;
desatadlo y traedlo. 3 Y si alguien os dijere: ¿Por qué hacéis eso? decid que
el Señor lo necesita, y que luego lo devolverá. 4 Fueron, y hallaron el
pollino atado afuera a la puerta, en el recodo del camino, y lo desataron. 5 Y
unos de los que estaban allí les dijeron: ¿Qué hacéis desatando el pollino? 6
Ellos entonces les dijeron como Jesús había mandado; y los dejaron. 7 Y
trajeron el pollino a Jesús, y echaron sobre él sus mantos, y se sentó sobre
él. 8 También muchos tendían sus mantos por el camino, y otros cortaban ramas
de los árboles, y las tendían por el camino. 9 Y los que iban delante y los
que venían detrás daban voces, diciendo: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el
nombre del Señor! 10 ¡Bendito el reino de nuestro padre David que viene!
¡Hosanna en las alturas!
11 Y entró Jesús en Jerusalén, y en el templo; y habiendo
mirado alrededor todas las cosas, como ya anochecía, se fue a Betania con los
doce.
Maldición de la higuera estéril
(Mt. 21.18-19)
12 Al día siguiente, cuando salieron de Betania, tuvo
hambre. 13 Y viendo de lejos una higuera que tenía hojas, fue a ver si tal vez
hallaba en ella algo; pero cuando llegó a ella, nada halló sino hojas, pues no
era tiempo de higos. 14 Entonces Jesús dijo a la higuera: Nunca jamás coma
nadie fruto de ti. Y lo oyeron sus discípulos.
Purificación del templo
(Mt. 21.12-17; Lc. 19.45-48; Jn. 2.13-22)
15 Vinieron, pues, a Jerusalén; y entrando Jesús en el
templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y compraban en el templo; y
volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas; 16
y no consentía que nadie atravesase el templo llevando utensilio alguno. 17 Y
les enseñaba, diciendo: ¿No está escrito: Mi casa será llamada casa de oración
para todas las naciones? Mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones. 18 Y
lo oyeron los escribas y los principales sacerdotes, y buscaban cómo matarle;
porque le tenían miedo, por cuanto todo el pueblo estaba admirado de su
doctrina. 19 Pero al llegar la noche, Jesús salió de la ciudad.
La higuera maldecida se seca
(Mt. 21.19-22)
20 Y pasando por la mañana, vieron que la higuera se
había secado desde las raíces. 21 Entonces Pedro, acordándose, le dijo:
Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado. 22 Respondiendo Jesús,
les dijo: Tened fe en Dios. 23 Porque de cierto os digo que cualquiera que
dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón,
sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho. 24 Por
tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os
vendrá. 25 Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno,
para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros
vuestras ofensas. 26 Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre
que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas.
La autoridad de Jesús
(Mt. 21.23-27; Lc. 20.1-8)
27 Volvieron entonces a Jerusalén; y andando él por el
templo, vinieron a él los principales sacerdotes, los escribas y los ancianos,
28 y le dijeron: ¿Con qué autoridad haces estas cosas, y quién te dio
autoridad para hacer estas cosas? 29 Jesús, respondiendo, les dijo: Os haré yo
también una pregunta; respondedme, y os diré con qué autoridad hago estas
cosas. 30 El bautismo de Juan, ¿era del cielo, o de los hombres? Respondedme.
31 Entonces ellos discutían entre sí, diciendo: Si decimos, del cielo, dirá:
¿Por qué, pues, no le creísteis? 32 ¿Y si decimos, de los hombres...? Pero
temían al pueblo, pues todos tenían a Juan como un verdadero profeta. 33 Así
que, respondiendo, dijeron a Jesús: No sabemos. Entonces respondiendo Jesús,
les dijo: Tampoco yo os digo con qué autoridad hago estas cosas.
Los labradores malvados
(Mt. 21.33-46; Lc. 20.9-19)
MARCOS 12
1 Entonces comenzó Jesús a decirles por parábolas: Un
hombre plantó una viña, la cercó de vallado, cavó un lagar, edificó una torre,
y la arrendó a unos labradores, y se fue lejos. 2 Y a su tiempo envió un
siervo a los labradores, para que recibiese de éstos del fruto de la viña. 3
Mas ellos, tomándole, le golpearon, y le enviaron con las manos vacías. 4
Volvió a enviarles otro siervo; pero apedreándole, le hirieron en la cabeza, y
también le enviaron afrentado. 5 Volvió a enviar otro, y a éste mataron; y a
otros muchos, golpeando a unos y matando a otros. 6 Por último, teniendo aún
un hijo suyo, amado, lo envió también a ellos, diciendo: Tendrán respeto a mi
hijo. 7 Mas aquellos labradores dijeron entre sí: Este es el heredero; venid,
matémosle, y la heredad será nuestra. 8 Y tomándole, le mataron, y le echaron
fuera de la viña. 9 ¿Qué, pues, hará el señor de la viña? Vendrá, y destruirá
a los labradores, y dará su viña a otros. 10 ¿Ni aun esta escritura habéis
leído:
La piedra que desecharon los edificadores
Ha venido a ser cabeza del ángulo;
11 El Señor ha hecho esto,
Y es cosa maravillosa a nuestros ojos?
12 Y procuraban prenderle, porque entendían que decía
contra ellos aquella parábola; pero temían a la multitud, y dejándole, se
fueron.
La cuestión del tributo
(Mt. 22.15-22; Lc. 20.20-26)
13 Y le enviaron algunos de los fariseos y de los
herodianos, para que le sorprendiesen en alguna palabra. 14 Viniendo ellos, le
dijeron: Maestro, sabemos que eres hombre veraz, y que no te cuidas de nadie;
porque no miras la apariencia de los hombres, sino que con verdad enseñas el
camino de Dios. ¿Es lícito dar tributo a César, o no? ¿Daremos, o no daremos?
15 Mas él, percibiendo la hipocresía de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis?
Traedme la moneda para que la vea. 16 Ellos se la trajeron; y les dijo: ¿De
quién es esta imagen y la inscripción? Ellos le dijeron: De César. 17
Respondiendo Jesús, les dijo: Dad a César lo que es de César, y a Dios lo que
es de Dios. Y se maravillaron de él.
La pregunta sobre la resurrección
(Mt. 22.23-33; Lc. 20.27-40)
18 Entonces vinieron a él los saduceos, que dicen que no
hay resurrección, y le preguntaron, diciendo: 19 Maestro, Moisés nos escribió
que si el hermano de alguno muriere y dejare esposa, pero no dejare hijos, que
su hermano se case con ella, y levante descendencia a su hermano. 20 Hubo
siete hermanos; el primero tomó esposa, y murió sin dejar descendencia. 21 Y
el segundo se casó con ella, y murió, y tampoco dejó descendencia; y el
tercero, de la misma manera. 22 Y así los siete, y no dejaron descendencia; y
después de todos murió también la mujer. 23 En la resurrección, pues, cuando
resuciten, ¿de cuál de ellos será ella mujer, ya que los siete la tuvieron por
mujer?
24 Entonces respondiendo Jesús, les dijo: ¿No erráis por
esto, porque ignoráis las Escrituras, y el poder de Dios? 25 Porque cuando
resuciten de los muertos, ni se casarán ni se darán en casamiento, sino serán
como los ángeles que están en los cielos. 26 Pero respecto a que los muertos
resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés cómo le habló Dios en la
zarza, diciendo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de
Jacob? 27 Dios no es Dios de muertos, sino Dios de vivos; así que vosotros
mucho erráis.
El gran mandamiento
(Mt. 22.34-40)
28 Acercándose uno de los escribas, que los había oído
disputar, y sabía que les había respondido bien, le preguntó: ¿Cuál es el
primer mandamiento de todos? 29 Jesús le respondió: El primer mandamiento de
todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. 30 Y amarás al
Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y
con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. 31 Y el segundo es
semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor
que éstos. 32 Entonces el escriba le dijo: Bien, Maestro, verdad has dicho,
que uno es Dios, y no hay otro fuera de él; 33 y el amarle con todo el
corazón, con todo el entendimiento, con toda el alma, y con todas las fuerzas,
y amar al prójimo como a uno mismo, es más que todos los holocaustos y
sacrificios. 34 Jesús entonces, viendo que había respondido sabiamente, le
dijo: No estás lejos del reino de Dios. Y ya ninguno osaba preguntarle.
¿De quién es hijo el Cristo?
(Mt. 22.41-46; Lc. 20.41-44)
35 Enseñando Jesús en el templo, decía: ¿Cómo dicen los
escribas que el Cristo es hijo de David? 36 Porque el mismo David dijo por el
Espíritu Santo:
Dijo el Señor a mi Señor:
Siéntate a mi diestra,
Hasta que ponga tus enemigos por estrado de tus pies.
37 David mismo le llama Señor; ¿cómo, pues, es su hijo? Y
gran multitud del pueblo le oía de buena gana.
Jesús acusa a los escribas
(Mt. 23.1-36; Lc. 11.37-54; 20.45-47)
38 Y les decía en su doctrina: Guardaos de los escribas,
que gustan de andar con largas ropas, y aman las salutaciones en las plazas,
39 y las primeras sillas en las sinagogas, y los primeros asientos en las
cenas; 40 que devoran las casas de las viudas, y por pretexto hacen largas
oraciones. Estos recibirán mayor condenación.
La ofrenda de la viuda
(Lc. 21.1-4)
41 Estando Jesús sentado delante del arca de la ofrenda,
miraba cómo el pueblo echaba dinero en el arca; y muchos ricos echaban mucho.
42 Y vino una viuda pobre, y echó dos blancas, o sea un cuadrante. 43 Entonces
llamando a sus discípulos, les dijo: De cierto os digo que esta viuda pobre
echó más que todos los que han echado en el arca; 44 porque todos han echado
de lo que les sobra; pero ésta, de su pobreza echó todo lo que tenía, todo su
sustento.
Jesús predice la destrucción del templo
(Mt. 24.1-2; Lc. 21.5-6)
MARCOS 13
1 Saliendo Jesús del templo, le dijo uno de sus
discípulos: Maestro, mira qué piedras, y qué edificios. 2 Jesús, respondiendo,
le dijo: ¿Ves estos grandes edificios? No quedará piedra sobre piedra, que no
sea derribada.
Señales antes del fin
(Mt. 24.3-28; Lc. 21.7-24; 17.22-24)
3 Y se sentó en el monte de los Olivos, frente al templo.
Y Pedro, Jacobo, Juan y Andrés le preguntaron aparte: 4 Dinos, ¿cuándo serán
estas cosas? ¿Y qué señal habrá cuando todas estas cosas hayan de cumplirse? 5
Jesús, respondiéndoles, comenzó a decir: Mirad que nadie os engañe; 6 porque
vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y engañarán a muchos.
7 Mas cuando oigáis de guerras y de rumores de guerras, no os turbéis, porque
es necesario que suceda así; pero aún no es el fin. 8 Porque se levantará
nación contra nación, y reino contra reino; y habrá terremotos en muchos
lugares, y habrá hambres y alborotos; principios de dolores son estos.
9 Pero mirad por vosotros mismos; porque os entregarán a
los concilios, y en las sinagogas os azotarán; y delante de gobernadores y de
reyes os llevarán por causa de mí, para testimonio a ellos. 10 Y es necesario
que el evangelio sea predicado antes a todas las naciones. 11 Pero cuando os
trajeren para entregaros, no os preocupéis por lo que habéis de decir, ni lo
penséis, sino lo que os fuere dado en aquella hora, eso hablad; porque no sois
vosotros los que habláis, sino el Espíritu Santo. 12 Y el hermano entregará a
la muerte al hermano, y el padre al hijo; y se levantarán los hijos contra los
padres, y los matarán. 13 Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi
nombre; mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.
14 Pero cuando veáis la abominación desoladora de que
habló el profeta Daniel, puesta donde no debe estar (el que lee, entienda),
entonces los que estén en Judea huyan a los montes. 15 El que esté en la
azotea, no descienda a la casa, ni entre para tomar algo de su casa; 16 y el
que esté en el campo, no vuelva atrás a tomar su capa. 17 Mas ¡ay de las que
estén encintas, y de las que críen en aquellos días! 18 Orad, pues, que
vuestra huida no sea en invierno; 19 porque aquellos días serán de tribulación
cual nunca ha habido desde el principio de la creación que Dios creó, hasta
este tiempo, ni la habrá. 20 Y si el Señor no hubiese acortado aquellos días,
nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos que él escogió, acortó
aquellos días. 21 Entonces si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo; o,
mirad, allí está, no le creáis. 22 Porque se levantarán falsos Cristos y
falsos profetas, y harán señales y prodigios, para engañar, si fuese posible,
aun a los escogidos. 23 Mas vosotros mirad; os lo he dicho todo antes.
La venida del Hijo del Hombre
(Mt. 24.29-35, 42-44; Lc. 21.25-36)
24 Pero en aquellos días, después de aquella tribulación,
el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, 25 y las estrellas
caerán del cielo, y las potencias que están en los cielos serán conmovidas. 26
Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en las nubes con gran poder y
gloria. 27 Y entonces enviará sus ángeles, y juntará a sus escogidos de los
cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.
28 De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama
está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. 29 Así
también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, conoced que está
cerca, a las puertas. 30 De cierto os digo, que no pasará esta generación
hasta que todo esto acontezca. 31 El cielo y la tierra pasarán, pero mis
palabras no pasarán.
32 Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los
ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre. 33 Mirad, velad y
orad; porque no sabéis cuándo será el tiempo. 34 Es como el hombre que yéndose
lejos, dejó su casa, y dio autoridad a sus siervos, y a cada uno su obra, y al
portero mandó que velase. 35 Velad, pues, porque no sabéis cuándo vendrá el
señor de la casa; si al anochecer, o a la medianoche, o al canto del gallo, o
a la mañana; 36 para que cuando venga de repente, no os halle durmiendo. 37 Y
lo que a vosotros digo, a todos lo digo: Velad.
El complot para prender a Jesús
(Mt. 26.1-5; Lc. 22.1-2; Jn. 11.45-53)
MARCOS 14
1 Dos días después era la pascua, y la fiesta de los
panes sin levadura; y buscaban los principales sacerdotes y los escribas cómo
prenderle por engaño y matarle. 2 Y decían: No durante la fiesta para que no
se haga alboroto del pueblo.
Jesús es ungido en Betania
(Mt. 26.6-13; Jn. 12.1-8)
3 Pero estando él en Betania, en casa de Simón el
leproso, y sentado a la mesa, vino una mujer con un vaso de alabastro de
perfume de nardo puro de mucho precio; y quebrando el vaso de alabastro, se lo
derramó sobre su cabeza. 4 Y hubo algunos que se enojaron dentro de sí, y
dijeron: ¿Para qué se ha hecho este desperdicio de perfume? 5 Porque podía
haberse vendido por más de trescientos denarios, y haberse dado a los pobres.
Y murmuraban contra ella. 6 Pero Jesús dijo: Dejadla, ¿por qué la molestáis?
Buena obra me ha hecho. 7 Siempre tendréis a los pobres con vosotros, y cuando
queráis les podréis hacer bien; pero a mí no siempre me tendréis. 8 Esta ha
hecho lo que podía; porque se ha anticipado a ungir mi cuerpo para la
sepultura. 9 De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio,
en todo el mundo, también se contará lo que ésta ha hecho, para memoria de
ella.
Judas ofrece entregar a Jesús
(Mt. 26.14-16; Lc. 22.3-6)
10 Entonces Judas Iscariote, uno de los doce, fue a los
principales sacerdotes para entregárselo. 11 Ellos, al oírlo, se alegraron, y
prometieron darle dinero. Y Judas buscaba oportunidad para entregarle.
Institución de la Cena del Señor
(Mt. 26.17-29; Lc. 22.7-23; Jn. 13.21-30; 1 Co. 11.23-26)
12 El primer día de la fiesta de los panes sin levadura,
cuando sacrificaban el cordero de la pascua, sus discípulos le dijeron: ¿Dónde
quieres que vayamos a preparar para que comas la pascua? 13 Y envió dos de sus
discípulos, y les dijo: Id a la ciudad, y os saldrá al encuentro un hombre que
lleva un cántaro de agua; seguidle, 14 y donde entrare, decid al señor de la
casa: El Maestro dice: ¿Dónde está el aposento donde he de comer la pascua con
mis discípulos? 15 Y él os mostrará un gran aposento alto ya dispuesto;
preparad para nosotros allí. 16 Fueron sus discípulos y entraron en la ciudad,
y hallaron como les había dicho; y prepararon la pascua.
17 Y cuando llegó la noche, vino él con los doce. 18 Y
cuando se sentaron a la mesa, mientras comían, dijo Jesús: De cierto os digo
que uno de vosotros, que come conmigo, me va a entregar. 19 Entonces ellos
comenzaron a entristecerse, y a decirle uno por uno: ¿Seré yo? Y el otro:
¿Seré yo? 20 El, respondiendo, les dijo: Es uno de los doce, el que moja
conmigo en el plato. 21 A la verdad el Hijo del Hombre va, según está escrito
de él, mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado!
Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido.
22 Y mientras comían, Jesús tomó pan y bendijo, y lo
partió y les dio, diciendo: Tomad, esto es mi cuerpo. 23 Y tomando la copa, y
habiendo dado gracias, les dio; y bebieron de ella todos. 24 Y les dijo: Esto
es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada. 25 De cierto os
digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba
nuevo en el reino de Dios.
Jesús anuncia la negación de Pedro
(Mt. 26.30-35; Lc. 22.31-34; Jn. 13.36-38)
26 Cuando hubieron cantado el himno, salieron al monte de
los Olivos. 27 Entonces Jesús les dijo: Todos os escandalizaréis de mí esta
noche; porque escrito está: Heriré al pastor, y las ovejas serán dispersadas.
28 Pero después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea. 29
Entonces Pedro le dijo: Aunque todos se escandalicen, yo no. 30 Y le dijo
Jesús: De cierto te digo que tú, hoy, en esta noche, antes que el gallo haya
cantado dos veces, me negarás tres veces. 31 Mas él con mayor insistencia
decía: Si me fuere necesario morir contigo, no te negaré. También todos decían
lo mismo.
Jesús ora en Getsemaní
(Mt. 26.36-46; Lc. 22.39-46)
32 Vinieron, pues, a un lugar que se llama Getsemaní, y
dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que yo oro. 33 Y tomó consigo
a Pedro, a Jacobo y a Juan, y comenzó a entristecerse y a angustiarse. 34 Y
les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí y velad. 35
Yéndose un poco adelante, se postró en tierra, y oró que si fuese posible,
pasase de él aquella hora. 36 Y decía: Abba, Padre, todas las cosas son
posibles para ti; aparta de mí esta copa; mas no lo que yo quiero, sino lo que
tú. 37 Vino luego y los halló durmiendo; y dijo a Pedro: Simón, ¿duermes? ¿No
has podido velar una hora? 38 Velad y orad, para que no entréis en tentación;
el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil. 39 Otra vez
fue y oró, diciendo las mismas palabras. 40 Al volver, otra vez los halló
durmiendo, porque los ojos de ellos estaban cargados de sueño; y no sabían qué
responderle. 41 Vino la tercera vez, y les dijo: Dormid ya, y descansad.
Basta, la hora ha venido; he aquí, el Hijo del Hombre es entregado en manos de
los pecadores. 42 Levantaos, vamos; he aquí, se acerca el que me entrega.
Arresto de Jesús
(Mt. 26.47-56; Lc. 22.47-53; Jn. 18.2-11)
43 Luego, hablando él aún, vino Judas, que era uno de los
doce, y con él mucha gente con espadas y palos, de parte de los principales
sacerdotes y de los escribas y de los ancianos. 44 Y el que le entregaba les
había dado señal, diciendo: Al que yo besare, ése es; prendedle, y llevadle
con seguridad. 45 Y cuando vino, se acercó luego a él, y le dijo: Maestro,
Maestro. Y le besó. 46 Entonces ellos le echaron mano, y le prendieron. 47
Pero uno de los que estaban allí, sacando la espada, hirió al siervo del sumo
sacerdote, cortándole la oreja. 48 Y respondiendo Jesús, les dijo: ¿Como
contra un ladrón habéis salido con espadas y con palos para prenderme? 49 Cada
día estaba con vosotros enseñando en el templo, y no me prendisteis; pero es
así, para que se cumplan las Escrituras. 50 Entonces todos los discípulos,
dejándole, huyeron.
El joven que huyó
51 Pero cierto joven le seguía, cubierto el cuerpo con
una sábana; y le prendieron; 52 mas él, dejando la sábana, huyó desnudo.
Jesús ante el concilio
(Mt. 26.57-68; Lc. 22.54-55, 63-71; Jn. 18.12-14, 19-24)
53 Trajeron, pues, a Jesús al sumo sacerdote; y se
reunieron todos los principales sacerdotes y los ancianos y los escribas. 54 Y
Pedro le siguió de lejos hasta dentro del patio del sumo sacerdote; y estaba
sentado con los alguaciles, calentándose al fuego. 55 Y los principales
sacerdotes y todo el concilio buscaban testimonio contra Jesús, para
entregarle a la muerte; pero no lo hallaban. 56 Porque muchos decían falso
testimonio contra él, mas sus testimonios no concordaban. 57 Entonces
levantándose unos, dieron falso testimonio contra él, diciendo: 58 Nosotros le
hemos oído decir: Yo derribaré este templo hecho a mano, y en tres días
edificaré otro hecho sin mano. 59 Pero ni aun así concordaban en el
testimonio. 60 Entonces el sumo sacerdote, levantándose en medio, preguntó a
Jesús, diciendo: ¿No respondes nada? ¿Qué testifican éstos contra ti? 61 Mas
él callaba, y nada respondía. El sumo sacerdote le volvió a preguntar, y le
dijo: ¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito? 62 Y Jesús le dijo: Yo soy; y
veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo
en las nubes del cielo. 63 Entonces el sumo sacerdote, rasgando su vestidura,
dijo: ¿Qué más necesidad tenemos de testigos? 64 Habéis oído la blasfemia;
¿qué os parece? Y todos ellos le condenaron, declarándole ser digno de muerte.
65 Y algunos comenzaron a escupirle, y a cubrirle el rostro y a darle de
puñetazos, y a decirle: Profetiza. Y los alguaciles le daban de bofetadas.
Pedro niega a Jesús
(Mt. 26.69-75; Lc. 22.55-62; Jn. 18.15-18, 25-27)
66 Estando Pedro abajo, en el patio, vino una de las
criadas del sumo sacerdote; 67 y cuando vio a Pedro que se calentaba,
mirándole, dijo: Tú también estabas con Jesús el nazareno. 68 Mas él negó,
diciendo: No le conozco, ni sé lo que dices. Y salió a la entrada; y cantó el
gallo. 69 Y la criada, viéndole otra vez, comenzó a decir a los que estaban
allí: Este es de ellos. 70 Pero él negó otra vez. Y poco después, los que
estaban allí dijeron otra vez a Pedro: Verdaderamente tú eres de ellos; porque
eres galileo, y tu manera de hablar es semejante a la de ellos. 71 Entonces él
comenzó a maldecir, y a jurar: No conozco a este hombre de quien habláis. 72 Y
el gallo cantó la segunda vez. Entonces Pedro se acordó de las palabras que
Jesús le había dicho: Antes que el gallo cante dos veces, me negarás tres
veces. Y pensando en esto, lloraba.
Jesús ante Pilato
(Mt. 27.1-2, 11-14; Lc. 23.1-5; Jn. 18.28-38)
MARCOS 15
1 Muy de mañana, habiendo tenido consejo los principales
sacerdotes con los ancianos, con los escribas y con todo el concilio, llevaron
a Jesús atado, y le entregaron a Pilato. 2 Pilato le preguntó: ¿Eres tú el Rey
de los judíos? Respondiendo él, le dijo: Tú lo dices. 3 Y los principales
sacerdotes le acusaban mucho. 4 Otra vez le preguntó Pilato, diciendo: ¿Nada
respondes? Mira de cuántas cosas te acusan. 5 Mas Jesús ni aun con eso
respondió; de modo que Pilato se maravillaba.
Jesús sentenciado a muerte
(Mt. 27.15-31; Lc. 23.13-25; Jn. 18.38-19.16)
6 Ahora bien, en el día de la fiesta les soltaba un
preso, cualquiera que pidiesen. 7 Y había uno que se llamaba Barrabás, preso
con sus compañeros de motín que habían cometido homicidio en una revuelta. 8 Y
viniendo la multitud, comenzó a pedir que hiciese como siempre les había
hecho. 9 Y Pilato les respondió diciendo: ¿Queréis que os suelte al Rey de los
judíos? 10 Porque conocía que por envidia le habían entregado los principales
sacerdotes. 11 Mas los principales sacerdotes incitaron a la multitud para que
les soltase más bien a Barrabás. 12 Respondiendo Pilato, les dijo otra vez:
¿Qué, pues, queréis que haga del que llamáis Rey de los judíos? 13 Y ellos
volvieron a dar voces: ¡Crucifícale! 14 Pilato les decía: ¿Pues qué mal ha
hecho? Pero ellos gritaban aun más: ¡Crucifícale! 15 Y Pilato, queriendo
satisfacer al pueblo, les soltó a Barrabás, y entregó a Jesús, después de
azotarle, para que fuese crucificado.
16 Entonces los soldados le llevaron dentro del atrio,
esto es, al pretorio, y convocaron a toda la compañía. 17 Y le vistieron de
púrpura, y poniéndole una corona tejida de espinas, 18 comenzaron luego a
saludarle: ¡Salve, Rey de los judíos! 19 Y le golpeaban en la cabeza con una
caña, y le escupían, y puestos de rodillas le hacían reverencias. 20 Después
de haberle escarnecido, le desnudaron la púrpura, y le pusieron sus propios
vestidos, y le sacaron para crucificarle.
Crucifixión y muerte de Jesús
(Mt. 27.32-56; Lc. 23.26-49; Jn. 19.17-30)
21 Y obligaron a uno que pasaba, Simón de Cirene, padre
de Alejandro y de Rufo, que venía del campo, a que le llevase la cruz. 22 Y le
llevaron a un lugar llamado Gólgota, que traducido es: Lugar de la Calavera.
23 Y le dieron a beber vino mezclado con mirra; mas él no lo tomó. 24 Cuando
le hubieron crucificado, repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes
sobre ellos para ver qué se llevaría cada uno. 25 Era la hora tercera cuando
le crucificaron. 26 Y el título escrito de su causa era: EL REY DE LOS JUDÍOS.
27 Crucificaron también con él a dos ladrones, uno a su derecha, y el otro a
su izquierda. 28 Y se cumplió la Escritura que dice: Y fue contado con los
inicuos. 29 Y los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza y diciendo:
¡Bah! tú que derribas el templo de Dios, y en tres días lo reedificas, 30
sálvate a ti mismo, y desciende de la cruz. 31 De esta manera también los
principales sacerdotes, escarneciendo, se decían unos a otros, con los
escribas: A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar. 32 El Cristo, Rey de
Israel, descienda ahora de la cruz, para que veamos y creamos. También los que
estaban crucificados con él le injuriaban.
33 Cuando vino la hora sexta, hubo tinieblas sobre toda
la tierra hasta la hora novena. 34 Y a la hora novena Jesús clamó a gran voz,
diciendo: Eloi, Eloi, ¿lama sabactani? que traducido es: Dios mío, Dios mío,
¿por qué me has desamparado? 35 Y algunos de los que estaban allí decían, al
oírlo: Mirad, llama a Elías. 36 Y corrió uno, y empapando una esponja en
vinagre, y poniéndola en una caña, le dio a beber, diciendo: Dejad, veamos si
viene Elías a bajarle. 37 Mas Jesús, dando una gran voz, expiró. 38 Entonces
el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. 39 Y el centurión que
estaba frente a él, viendo que después de clamar había expirado así, dijo:
Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios.
40 También había algunas mujeres mirando de lejos, entre
las cuales estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo el menor y de
José, y Salomé, 41 quienes, cuando él estaba en Galilea, le seguían y le
servían; y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén.
Jesús es sepultado
(Mt. 27.57-61; Lc. 23.50-56; Jn. 19.38-42)
42 Cuando llegó la noche, porque era la preparación, es
decir, la víspera del día de reposo, 43 José de Arimatea, miembro noble del
concilio, que también esperaba el reino de Dios, vino y entró osadamente a
Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. 44 Pilato se sorprendió de que ya hubiese
muerto; y haciendo venir al centurión, le preguntó si ya estaba muerto. 45 E
informado por el centurión, dio el cuerpo a José, 46 el cual compró una
sábana, y quitándolo, lo envolvió en la sábana, y lo puso en un sepulcro que
estaba cavado en una peña, e hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro.
47 Y María Magdalena y María madre de José miraban dónde lo ponían.
La resurrección
(Mt. 28.1-10; Lc. 24.1-12; Jn. 20.1-10)
MARCOS 16
1 Cuando pasó el día de reposo, María Magdalena, María la
madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungirle. 2
Y muy de mañana, el primer día de la semana, vinieron al sepulcro, ya salido
el sol. 3 Pero decían entre sí: ¿Quién nos removerá la piedra de la entrada
del sepulcro? 4 Pero cuando miraron, vieron removida la piedra, que era muy
grande. 5 Y cuando entraron en el sepulcro, vieron a un joven sentado al lado
derecho, cubierto de una larga ropa blanca; y se espantaron. 6 Mas él les
dijo: No os asustéis; buscáis a Jesús nazareno, el que fue crucificado; ha
resucitado, no está aquí; mirad el lugar en donde le pusieron. 7 Pero id,
decid a sus discípulos, y a Pedro, que él va delante de vosotros a Galilea;
allí le veréis, como os dijo. 8 Y ellas se fueron huyendo del sepulcro, porque
les había tomado temblor y espanto; ni decían nada a nadie, porque tenían
miedo.
Jesús se aparece a María Magdalena
(Jn. 20.11-18)
9 Habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana, el
primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena, de quien
había echado siete demonios. 10 Yendo ella, lo hizo saber a los que habían
estado con él, que estaban tristes y llorando. 11 Ellos, cuando oyeron que
vivía, y que había sido visto por ella, no lo creyeron.
Jesús se aparece a dos de sus discípulos
(Lc. 24.13-35)
12 Pero después apareció en otra forma a dos de ellos que
iban de camino, yendo al campo. 13 Ellos fueron y lo hicieron saber a los
otros; y ni aun a ellos creyeron.
Jesús comisiona a los apóstoles
(Mt. 28.16-20; Lc. 24.36-49; Jn. 20.19-23)
14 Finalmente se apareció a los once mismos, estando
ellos sentados a la mesa, y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón,
porque no habían creído a los que le habían visto resucitado. 15 Y les dijo:
Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. 16 El que
creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.
17 Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera
demonios; hablarán nuevas lenguas; 18 tomarán en las manos serpientes, y si
bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus
manos, y sanarán.
La ascensión
(Lc. 24.50-53)
19 Y el Señor, después que les habló, fue recibido arriba
en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios. 20 Y ellos, saliendo, predicaron
en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales
que la seguían. Amén.
El Evangelio Según
SAN LUCAS
Dedicatoria a Teófilo
LUCAS 1
1 Puesto que ya muchos han tratado de poner en orden la
historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas, 2 tal como nos
lo enseñaron los que desde el principio lo vieron con sus ojos, y fueron
ministros de la palabra, 3 me ha parecido también a mí, después de haber
investigado con diligencia todas las cosas desde su origen, escribírtelas por
orden, oh excelentísimo Teófilo, 4 para que conozcas bien la verdad de las
cosas en las cuales has sido instruido.
Anuncio del nacimiento de Juan
5 Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote
llamado Zacarías, de la clase de Abías; su mujer era de las hijas de Aarón, y
se llamaba Elisabet. 6 Ambos eran justos delante de Dios, y andaban
irreprensibles en todos los mandamientos y ordenanzas del Señor. 7 Pero no
tenían hijo, porque Elisabet era estéril, y ambos eran ya de edad avanzada. 8
Aconteció que ejerciendo Zacarías el sacerdocio delante de Dios según el orden
de su clase, 9 conforme a la costumbre del sacerdocio, le tocó en suerte
ofrecer el incienso, entrando en el santuario del Señor. 10 Y toda la multitud
del pueblo estaba fuera orando a la hora del incienso. 11 Y se le apareció un
ángel del Señor puesto en pie a la derecha del altar del incienso. 12 Y se
turbó Zacarías al verle, y le sobrecogió temor. 13 Pero el ángel le dijo:
Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabet te
dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan. 14 Y tendrás gozo y alegría, y
muchos se regocijarán de su nacimiento; 15 porque será grande delante de Dios.
No beberá vino ni sidra, y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre
de su madre. 16 Y hará que muchos de los hijos de Israel se conviertan al
Señor Dios de ellos. 17 E irá delante de él con el espíritu y el poder de
Elías, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y de los
rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien
dispuesto. 18 Dijo Zacarías al ángel: ¿En qué conoceré esto? Porque yo soy
viejo, y mi mujer es de edad avanzada. 19 Respondiendo el ángel, le dijo: Yo
soy Gabriel, que estoy delante de Dios; y he sido enviado a hablarte, y darte
estas buenas nuevas. 20 Y ahora quedarás mudo y no podrás hablar, hasta el día
en que esto se haga, por cuanto no creíste mis palabras, las cuales se
cumplirán a su tiempo. 21 Y el pueblo estaba esperando a Zacarías, y se
extrañaba de que él se demorase en el santuario. 22 Pero cuando salió, no les
podía hablar; y comprendieron que había visto visión en el santuario. El les
hablaba por señas, y permaneció mudo. 23 Y cumplidos los días de su
ministerio, se fue a su casa.
24 Después de aquellos días concibió su mujer Elisabet, y
se recluyó en casa por cinco meses, diciendo: 25 Así ha hecho conmigo el Señor
en los días en que se dignó quitar mi afrenta entre los hombres.
Anuncio del nacimiento de Jesús
26 Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a
una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, 27 a una virgen desposada con un varón
que se llamaba José, de la casa de David; y el nombre de la virgen era María.
28 Y entrando el ángel en donde ella estaba, dijo: ¡Salve, muy favorecida! El
Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres. 29 Mas ella, cuando le vio, se
turbó por sus palabras, y pensaba qué salutación sería esta. 30 Entonces el
ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. 31
Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre
JESÚS. 32 Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios
le dará el trono de David su padre; 33 y reinará sobre la casa de Jacob para
siempre, y su reino no tendrá fin. 34 Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será
esto? pues no conozco varón. 35 Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu
Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por
lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios. 36 Y he
aquí tu parienta Elisabet, ella también ha concebido hijo en su vejez; y este
es el sexto mes para ella, la que llamaban estéril; 37 porque nada hay
imposible para Dios. 38 Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor;
hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de su presencia.
María visita a Elisabet
39 En aquellos días, levantándose María, fue de prisa a
la montaña, a una ciudad de Judá; 40 y entró en casa de Zacarías, y saludó a
Elisabet. 41 Y aconteció que cuando oyó Elisabet la salutación de María, la
criatura saltó en su vientre; y Elisabet fue llena del Espíritu Santo, 42 y
exclamó a gran voz, y dijo: Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto
de tu vientre. 43 ¿Por qué se me concede esto a mí, que la madre de mi Señor
venga a mí? 44 Porque tan pronto como llegó la voz de tu salutación a mis
oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. 45 Y bienaventurada la que
creyó, porque se cumplirá lo que le fue dicho de parte del Señor.
46 Entonces María dijo:
Engrandece mi alma al Señor;
47 Y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador.
48 Porque ha mirado la bajeza de su sierva;
Pues he aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas
las generaciones.
49 Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso;
Santo es su nombre,
50 Y su misericordia es de generación en generación
A los que le temen.
51 Hizo proezas con su brazo;
Esparció a los soberbios en el pensamiento de sus
corazones.
52 Quitó de los tronos a los poderosos,
Y exaltó a los humildes.
53 A los hambrientos colmó de bienes,
Y a los ricos envió vacíos.
54 Socorrió a Israel su siervo,
Acordándose de la misericordia
55 De la cual habló a nuestros padres,
Para con Abraham y su descendencia para siempre.
56 Y se quedó María con ella como tres meses; después se
volvió a su casa.
Nacimiento de Juan el Bautista
57 Cuando a Elisabet se le cumplió el tiempo de su
alumbramiento, dio a luz un hijo. 58 Y cuando oyeron los vecinos y los
parientes que Dios había engrandecido para con ella su misericordia, se
regocijaron con ella. 59 Aconteció que al octavo día vinieron para circuncidar
al niño; y le llamaban con el nombre de su padre, Zacarías; 60 pero
respondiendo su madre, dijo: No; se llamará Juan. 61 Le dijeron: ¿Por qué? No
hay nadie en tu parentela que se llame con ese nombre. 62 Entonces preguntaron
por señas a su padre, cómo le quería llamar. 63 Y pidiendo una tablilla,
escribió, diciendo: Juan es su nombre. Y todos se maravillaron. 64 Al momento
fue abierta su boca y suelta su lengua, y habló bendiciendo a Dios. 65 Y se
llenaron de temor todos sus vecinos; y en todas las montañas de Judea se
divulgaron todas estas cosas. 66 Y todos los que las oían las guardaban en su
corazón, diciendo: ¿Quién, pues, será este niño? Y la mano del Señor estaba
con él.
Profecía de Zacarías
67 Y Zacarías su padre fue lleno del Espíritu Santo, y
profetizó, diciendo:
68 Bendito el Señor Dios de Israel,
Que ha visitado y redimido a su pueblo,
69 Y nos levantó un poderoso Salvador
En la casa de David su siervo,
70 Como habló por boca de sus santos profetas que fueron
desde el principio;
71 Salvación de nuestros enemigos, y de la mano de todos
los que nos aborrecieron;
72 Para hacer misericordia con nuestros padres,
Y acordarse de su santo pacto;
73 Del juramento que hizo a Abraham nuestro padre,
Que nos había de conceder
74 Que, librados de nuestros enemigos,
Sin temor le serviríamos
75 En santidad y en justicia delante de él, todos
nuestros días.
76 Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado;
Porque irás delante de la presencia del Señor, para
preparar sus caminos;
77 Para dar conocimiento de salvación a su pueblo,
Para perdón de sus pecados,
78 Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
Con que nos visitó desde lo alto la aurora,
79 Para dar luz a los que habitan en tinieblas y en
sombra de muerte;
Para encaminar nuestros pies por camino de paz.
80 Y el niño crecía, y se fortalecía en espíritu; y
estuvo en lugares desiertos hasta el día de su manifestación a Israel.
Nacimiento de Jesús
(Mt. 1.18-25)
LUCAS 2
1 Aconteció en aquellos días, que se promulgó un edicto
de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado. 2 Este primer
censo se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria. 3 E iban todos para ser
empadronados, cada uno a su ciudad. 4 Y José subió de Galilea, de la ciudad de
Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuanto era de
la casa y familia de David; 5 para ser empadronado con María su mujer,
desposada con él, la cual estaba encinta. 6 Y aconteció que estando ellos
allí, se cumplieron los días de su alumbramiento. 7 Y dio a luz a su hijo
primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no
había lugar para ellos en el mesón.
Los ángeles y los pastores
8 Había pastores en la misma región, que velaban y
guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño. 9 Y he aquí, se les
presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y
tuvieron gran temor. 10 Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os
doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: 11 que os ha nacido
hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor. 12 Esto os
servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un
pesebre. 13 Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes
celestiales, que alababan a Dios, y decían:
14 ¡Gloria a Dios en las alturas,
Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!
15 Sucedió que cuando los ángeles su fueron de ellos al
cielo, los pastores se dijeron unos a otros: Pasemos, pues, hasta Belén, y
veamos esto que ha sucedido, y que el Señor nos ha manifestado. 16 Vinieron,
pues, apresuradamente, y hallaron a María y a José, y al niño acostado en el
pesebre. 17 Y al verlo, dieron a conocer lo que se les había dicho acerca del
niño. 18 Y todos los que oyeron, se maravillaron de lo que los pastores les
decían. 19 Pero María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.
20 Y volvieron los pastores glorificando y alabando a Dios por todas las cosas
que habían oído y visto, como se les había dicho.
Presentación de Jesús en el templo
21 Cumplidos los ocho días para circuncidar al niño, le
pusieron por nombre JESÚS, el cual le había sido puesto por el ángel antes que
fuese concebido.
22 Y cuando se cumplieron los días de la purificación de
ellos, conforme a la ley de Moisés, le trajeron a Jerusalén para presentarle
al Señor 23 (como está escrito en la ley del Señor: Todo varón que abriere la
matriz será llamado santo al Señor), 24 y para ofrecer conforme a lo que se
dice en la ley del Señor: Un par de tórtolas, o dos palominos. 25 Y he aquí
había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, y este hombre, justo y piadoso,
esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él. 26 Y
le había sido revelado por el Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que
viese al Ungido del Señor. 27 Y movido por el Espíritu, vino al templo. Y
cuando los padres del niño Jesús lo trajeron al templo, para hacer por él
conforme al rito de la ley, 28 él le tomó en sus brazos, y bendijo a Dios,
diciendo:
29 Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz,
Conforme a tu palabra;
30 Porque han visto mis ojos tu salvación,
31 La cual has preparado en presencia de todos los
pueblos;
32 Luz para revelación a los gentiles,
Y gloria de tu pueblo Israel.
33 Y José y su madre estaban maravillados de todo lo que
se decía de él. 34 Y los bendijo Simeón, y dijo a su madre María: He aquí,
éste está puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel, y para
señal que será contradicha 35 (y una espada traspasará tu misma alma), para
que sean revelados los pensamientos de muchos corazones.
36 Estaba también allí Ana, profetisa, hija de Fanuel, de
la tribu de Aser, de edad muy avanzada, pues había vivido con su marido siete
años desde su virginidad, 37 y era viuda hacía ochenta y cuatro años; y no se
apartaba del templo, sirviendo de noche y de día con ayunos y oraciones. 38
Esta, presentándose en la misma hora, daba gracias a Dios, y hablaba del niño
a todos los que esperaban la redención en Jerusalén.
El regreso a Nazaret
39 Después de haber cumplido con todo lo prescrito en la
ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. 40 Y el niño
crecía y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios era
sobre él.
El niño Jesús en el templo
41 Iban sus padres todos los años a Jerusalén en la
fiesta de la pascua; 42 y cuando tuvo doce años, subieron a Jerusalén conforme
a la costumbre de la fiesta. 43 Al regresar ellos, acabada la fiesta, se quedó
el niño Jesús en Jerusalén, sin que lo supiesen José y su madre. 44 Y pensando
que estaba entre la compañía, anduvieron camino de un día; y le buscaban entre
los parientes y los conocidos; 45 pero como no le hallaron, volvieron a
Jerusalén buscándole. 46 Y aconteció que tres días después le hallaron en el
templo, sentado en medio de los doctores de la ley, oyéndoles y
preguntándoles. 47 Y todos los que le oían, se maravillaban de su inteligencia
y de sus respuestas. 48 Cuando le vieron, se sorprendieron; y le dijo su
madre: Hijo, ¿por qué nos has hecho así? He aquí, tu padre y yo te hemos
buscado con angustia. 49 Entonces él les dijo: ¿Por qué me buscabais? ¿No
sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar? 50 Mas ellos no
entendieron las palabras que les habló. 51 Y descendió con ellos, y volvió a
Nazaret, y estaba sujeto a ellos. Y su madre guardaba todas estas cosas en su
corazón.
52 Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia
para con Dios y los hombres.
Predicación de Juan el Bautista
(Mt. 3.1-12; Mr. 1.1-8; Jn. 1.19-28)
LUCAS 3
1 En el año decimoquinto del imperio de Tiberio César,
siendo gobernador de Judea Poncio Pilato, y Herodes tetrarca de Galilea, y su
hermano Felipe tetrarca de Iturea y de la provincia de Traconite, y Lisanias
tetrarca de Abilinia, 2 y siendo sumos sacerdotes Anás y Caifás, vino palabra
de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. 3 Y él fue por toda la
región contigua al Jordán, predicando el bautismo del arrepentimiento para
perdón de pecados, 4 como está escrito en el libro de las palabras del profeta
Isaías, que dice:
Voz del que clama en el desierto:
Preparad el camino del Señor;
Enderezad sus sendas.
5 Todo valle se rellenará,
Y se bajará todo monte y collado;
Los caminos torcidos serán enderezados,
Y los caminos ásperos allanados;
6 Y verá toda carne la salvación de Dios.
7 Y decía a las multitudes que salían para ser bautizadas
por él: ¡Oh generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera?
8 Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no comencéis a decir dentro
de vosotros mismos: Tenemos a Abraham por padre; porque os digo que Dios puede
levantar hijos a Abraham aun de estas piedras. 9 Y ya también el hacha está
puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto se
corta y se echa en el fuego.
10 Y la gente le preguntaba, diciendo: Entonces, ¿qué
haremos? 11 Y respondiendo, les dijo: El que tiene dos túnicas, dé al que no
tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo. 12 Vinieron también unos
publicanos para ser bautizados, y le dijeron: Maestro, ¿qué haremos? 13 El les
dijo: No exijáis más de lo que os está ordenado. 14 También le preguntaron
unos soldados, diciendo: Y nosotros, ¿qué haremos? Y les dijo: No hagáis
extorsión a nadie, ni calumniéis; y contentaos con vuestro salario.
15 Como el pueblo estaba en expectativa, preguntándose
todos en sus corazones si acaso Juan sería el Cristo, 16 respondió Juan,
diciendo a todos: Yo a la verdad os bautizo en agua; pero viene uno más
poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado; él
os bautizará en Espíritu Santo y fuego. 17 Su aventador está en su mano, y
limpiará su era, y recogerá el trigo en su granero, y quemará la paja en fuego
que nunca se apagará.
18 Con estas y otras muchas exhortaciones anunciaba las
buenas nuevas al pueblo. 19 Entonces Herodes el tetrarca, siendo reprendido
por Juan a causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano, y de todas las
maldades que Herodes había hecho, 20 sobre todas ellas, añadió además esta:
encerró a Juan en la cárcel.
El bautismo de Jesús
(Mt. 3.13-17; Mr. 1.9-11)
21 Aconteció que cuando todo el pueblo se bautizaba,
también Jesús fue bautizado; y orando, el cielo se abrió, 22 y descendió el
Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como paloma, y vino una voz del
cielo que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia.
Genealogía de Jesús
(Mt. 1.1-17)
23 Jesús mismo al comenzar su ministerio era como de
treinta años, hijo, según se creía, de José, hijo de Elí, 24 hijo de Matat,
hijo de Leví, hijo de Melqui, hijo de Jana, hijo de José, 25 hijo de Matatías,
hijo de Amós, hijo de Nahum, hijo de Esli, hijo de Nagai, 26 hijo de Maat,
hijo de Matatías, hijo de Semei, hijo de José, hijo de Judá, 27 hijo de Joana,
hijo de Resa, hijo de Zorobabel, hijo de Salatiel, hijo de Neri, 28 hijo de
Melqui, hijo de Adi, hijo de Cosam, hijo de Elmodam, hijo de Er, 29 hijo de
Josué, hijo de Eliezer, hijo de Jorim, hijo de Matat, 30 hijo de Leví, hijo de
Simeón, hijo de Judá, hijo de José, hijo de Jonán, hijo de Eliaquim, 31 hijo
de Melea, hijo de Mainán, hijo de Matata, hijo de Natán, 32 hijo de David,
hijo de Isaí, hijo de Obed, hijo de Booz, hijo de Salmón, hijo de Naasón, 33
hijo de Aminadab, hijo de Aram, hijo de Esrom, hijo de Fares, hijo de Judá, 34
hijo de Jacob, hijo de Isaac, hijo de Abraham, hijo de Taré, hijo de Nacor, 35
hijo de Serug, hijo de Ragau, hijo de Peleg, hijo de Heber, hijo de Sala, 36
hijo de Cainán, hijo de Arfaxad, hijo de Sem, hijo de Noé, hijo de Lamec, 37
hijo de Matusalén, hijo de Enoc, hijo de Jared, hijo de Mahalaleel, hijo de
Cainán, 38 hijo de Enós, hijo de Set, hijo de Adán, hijo de Dios.
Tentación de Jesús
(Mt. 4.1-11; Mr. 1.12-13)
LUCAS 4
1 Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y
fue llevado por el Espíritu al desierto 2 por cuarenta días, y era tentado por
el diablo. Y no comió nada en aquellos días, pasados los cuales, tuvo hambre.
3 Entonces el diablo le dijo: Si eres Hijo de Dios, dí a esta piedra que se
convierta en pan. 4 Jesús, respondiéndole, dijo: Escrito está: No sólo de pan
vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios. 5 Y le llevó el diablo a un
alto monte, y le mostró en un momento todos los reinos de la tierra. 6 Y le
dijo el diablo: A ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque
a mí me ha sido entregada, y a quien quiero la doy. 7 Si tú postrado me
adorares, todos serán tuyos. 8 Respondiendo Jesús, le dijo: Vete de mí,
Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás.
9 Y le llevó a Jerusalén, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo:
Si eres Hijo de Dios, échate de aquí abajo; 10 porque escrito está:
A sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden;
11 y,
En las manos te sostendrán,
Para que no tropieces con tu pie en piedra. 12
Respondiendo Jesús, le dijo: Dicho está: No tentarás al Señor tu Dios. 13 Y
cuando el diablo hubo acabado toda tentación, se apartó de él por un tiempo.
Jesús principia su ministerio
(Mt. 4.12-17; Mr. 1.14-15)
14 Y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y
se difundió su fama por toda la tierra de alrededor. 15 Y enseñaba en las
sinagogas de ellos, y era glorificado por todos.
Jesús en Nazaret
(Mt. 13.53-58; Mr. 6.1-6)
16 Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de
reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer. 17
Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el
lugar donde estaba escrito:
18 El Espíritu del Señor está sobre mí,
Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los
pobres;
Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón;
A pregonar libertad a los cautivos,
Y vista a los ciegos;
A poner en libertad a los oprimidos;
19 A predicar el año agradable del Señor.
20 Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó;
y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él. 21 Y comenzó a
decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros. 22 Y todos
daban buen testimonio de él, y estaban maravillados de las palabras de gracia
que salían de su boca, y decían: ¿No es éste el hijo de José? 23 El les dijo:
Sin duda me diréis este refrán: Médico, cúrate a ti mismo; de tantas cosas que
hemos oído que se han hecho en Capernaum, haz también aquí en tu tierra. 24 Y
añadió: De cierto os digo, que ningún profeta es acepto en su propia tierra.
25 Y en verdad os digo que muchas viudas había en Israel en los días de Elías,
cuando el cielo fue cerrado por tres años y seis meses, y hubo una gran hambre
en toda la tierra; 26 pero a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una
mujer viuda en Sarepta de Sidón. 27 Y muchos leprosos había en Israel en
tiempo del profeta Eliseo; pero ninguno de ellos fue limpiado, sino Naamán el
sirio. 28 Al oír estas cosas, todos en la sinagoga se llenaron de ira; 29 y
levantándose, le echaron fuera de la ciudad, y le llevaron hasta la cumbre del
monte sobre el cual estaba edificada la ciudad de ellos, para despeñarle. 30
Mas él pasó por en medio de ellos, y se fue.
Un hombre que tenía un espíritu inmundo
(Mr. 1.21-28)
31 Descendió Jesús a Capernaum, ciudad de Galilea; y les
enseñaba en los días de reposo. 32 Y se admiraban de su doctrina, porque su
palabra era con autoridad. 33 Estaba en la sinagoga un hombre que tenía un
espíritu de demonio inmundo, el cual exclamó a gran voz, 34 diciendo: Déjanos;
¿qué tienes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido para destruirnos? Yo te
conozco quién eres, el Santo de Dios. 35 Y Jesús le reprendió, diciendo:
Cállate, y sal de él. Entonces el demonio, derribándole en medio de ellos,
salió de él, y no le hizo daño alguno. 36 Y estaban todos maravillados, y
hablaban unos a otros, diciendo: ¿Qué palabra es esta, que con autoridad y
poder manda a los espíritus inmundos, y salen? 37 Y su fama se difundía por
todos los lugares de los contornos.
Jesús sana a la suegra de Pedro
(Mt. 8.14-15; Mr. 1.29-31)
38 Entonces Jesús se levantó y salió de la sinagoga, y
entró en casa de Simón. La suegra de Simón tenía una gran fiebre; y le rogaron
por ella. 39 E inclinándose hacia ella, reprendió a la fiebre; y la fiebre la
dejó, y levantándose ella al instante, les servía.
Muchos sanados al ponerse el sol
(Mt. 8.16-17; Mr. 1.32-34)
40 Al ponerse el sol, todos los que tenían enfermos de
diversas enfermedades los traían a él; y él, poniendo las manos sobre cada uno
de ellos, los sanaba. 41 También salían demonios de muchos, dando voces y
diciendo: Tú eres el Hijo de Dios. Pero él los reprendía y no les dejaba
hablar, porque sabían que él era el Cristo.
Jesús recorre Galilea predicando
(Mr. 1.35-39)
42 Cuando ya era de día, salió y se fue a un lugar
desierto; y la gente le buscaba, y llegando a donde estaba, le detenían para
que no se fuera de ellos. 43 Pero él les dijo: Es necesario que también a
otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios; porque para esto he
sido enviado. 44 Y predicaba en las sinagogas de Galilea.
La pesca milagrosa
(Mt. 4.18-22; Mr. 1.16-20)
LUCAS 5
1 Aconteció que estando Jesús junto al lago de Genesaret,
el gentío se agolpaba sobre él para oír la palabra de Dios. 2 Y vio dos barcas
que estaban cerca de la orilla del lago; y los pescadores, habiendo descendido
de ellas, lavaban sus redes. 3 Y entrando en una de aquellas barcas, la cual
era de Simón, le rogó que la apartase de tierra un poco; y sentándose,
enseñaba desde la barca a la multitud. 4 Cuando terminó de hablar, dijo a
Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar. 5 Respondiendo
Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos
pescado; mas en tu palabra echaré la red. 6 Y habiéndolo hecho, encerraron
gran cantidad de peces, y su red se rompía. 7 Entonces hicieron señas a los
compañeros que estaban en la otra barca, para que viniesen a ayudarles; y
vinieron, y llenaron ambas barcas, de tal manera que se hundían. 8 Viendo esto
Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor,
porque soy hombre pecador. 9 Porque por la pesca que habían hecho, el temor se
había apoderado de él, y de todos los que estaban con él, 10 y asimismo de
Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Pero Jesús dijo
a Simón: No temas; desde ahora serás pescador de hombres. 11 Y cuando trajeron
a tierra las barcas, dejándolo todo, le siguieron.
Jesús sana a un leproso
(Mt. 8.1-4; Mr. 1.40-45)
12 Sucedió que estando él en una de las ciudades, se
presentó un hombre lleno de lepra, el cual, viendo a Jesús, se postró con el
rostro en tierra y le rogó, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. 13
Entonces, extendiendo él la mano, le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al
instante la lepra se fue de él. 14 Y él le mandó que no lo dijese a nadie;
sino ve, le dijo, muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu purificación, según
mandó Moisés, para testimonio a ellos. 15 Pero su fama se extendía más y más;
y se reunía mucha gente para oírle, y para que les sanase de sus enfermedades.
16 Mas él se apartaba a lugares desiertos, y oraba.
Jesús sana a un paralítico
(Mt. 9.1-8; Mr. 2.1-12)
17 Aconteció un día, que él estaba enseñando, y estaban
sentados los fariseos y doctores de la ley, los cuales habían venido de todas
las aldeas de Galilea, y de Judea y Jerusalén; y el poder del Señor estaba con
él para sanar. 18 Y sucedió que unos hombres que traían en un lecho a un
hombre que estaba paralítico, procuraban llevarle adentro y ponerle delante de
él. 19 Pero no hallando cómo hacerlo a causa de la multitud, subieron encima
de la casa, y por el tejado le bajaron con el lecho, poniéndole en medio,
delante de Jesús. 20 Al ver él la fe de ellos, le dijo: Hombre, tus pecados te
son perdonados. 21 Entonces los escribas y los fariseos comenzaron a cavilar,
diciendo: ¿Quién es éste que habla blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados
sino sólo Dios? 22 Jesús entonces, conociendo los pensamientos de ellos,
respondiendo les dijo: ¿Qué caviláis en vuestros corazones? 23 ¿Qué es más
fácil, decir: Tus pecados te son perdonados, o decir: Levántate y anda? 24
Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para
perdonar pecados (dijo al paralítico): A ti te digo: Levántate, toma tu lecho,
y vete a tu casa. 25 Al instante, levantándose en presencia de ellos, y
tomando el lecho en que estaba acostado, se fue a su casa, glorificando a
Dios. 26 Y todos, sobrecogidos de asombro, glorificaban a Dios; y llenos de
temor, decían: Hoy hemos visto maravillas.
Llamamiento de Leví
(Mt. 9.9-13; Mr. 2.13-17)
27 Después de estas cosas salió, y vio a un publicano
llamado Leví, sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme.
28 Y dejándolo todo, se levantó y le siguió.
29 Y Leví le hizo gran banquete en su casa; y había mucha
compañía de publicanos y de otros que estaban a la mesa con ellos. 30 Y los
escribas y los fariseos murmuraban contra los discípulos, diciendo: ¿Por qué
coméis y bebéis con publicanos y pecadores? 31 Respondiendo Jesús, les dijo:
Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. 32 No he
venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.
La pregunta sobre el ayuno
(Mt. 9.14-17; Mr. 2.18-22)
33 Entonces ellos le dijeron: ¿Por qué los discípulos de
Juan ayunan muchas veces y hacen oraciones, y asimismo los de los fariseos,
pero los tuyos comen y beben? 34 El les dijo: ¿Podéis acaso hacer que los que
están de bodas ayunen, entre tanto que el esposo está con ellos? 35 Mas
vendrán días cuando el esposo les será quitado; entonces, en aquellos días
ayunarán. 36 Les dijo también una parábola: Nadie corta un pedazo de un
vestido nuevo y lo pone en un vestido viejo; pues si lo hace, no solamente
rompe el nuevo, sino que el remiendo sacado de él no armoniza con el viejo. 37
Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo romperá
los odres y se derramará, y los odres se perderán. 38 Mas el vino nuevo en
odres nuevos se ha de echar; y lo uno y lo otro se conservan. 39 Y ninguno que
beba del añejo, quiere luego el nuevo; porque dice: El añejo es mejor.
Los discípulos recogen espigas en el día de reposo
(Mt. 12.1-8; Mr. 2.23-28)
LUCAS 6
1 Aconteció en un día de reposo, que pasando Jesús por
los sembrados, sus discípulos arrancaban espigas y comían, restregándolas con
las manos. 2 Y algunos de los fariseos les dijeron: ¿Por qué hacéis lo que no
es lícito hacer en los días de reposo? 3 Respondiendo Jesús, les dijo: ¿Ni aun
esto habéis leído, lo que hizo David cuando tuvo hambre él, y los que con él
estaban; 4 cómo entró en la casa de Dios, y tomó los panes de la proposición,
de los cuales no es lícito comer sino sólo a los sacerdotes, y comió, y dio
también a los que estaban con él? 5 Y les decía: El Hijo del Hombre es Señor
aun del día de reposo.
El hombre de la mano seca
(Mt. 12.9-14; Mr. 3.1-6)
6 Aconteció también en otro día de reposo, que él entró
en la sinagoga y enseñaba; y estaba allí un hombre que tenía seca la mano
derecha. 7 Y le acechaban los escribas y los fariseos, para ver si en el día
de reposo lo sanaría, a fin de hallar de qué acusarle. 8 Mas él conocía los
pensamientos de ellos; y dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate, y
ponte en medio. Y él, levantándose, se puso en pie. 9 Entonces Jesús les dijo:
Os preguntaré una cosa: ¿Es lícito en día de reposo hacer bien, o hacer mal?
¿salvar la vida, o quitarla? 10 Y mirándolos a todos alrededor, dijo al
hombre: Extiende tu mano. Y él lo hizo así, y su mano fue restaurada. 11 Y
ellos se llenaron de furor, y hablaban entre sí qué podrían hacer contra
Jesús.
Elección de los doce apóstoles
(Mt. 10.1-4; Mr. 3.13-19)
12 En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la
noche orando a Dios. 13 Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió
a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles: 14 a Simón, a quien
también llamó Pedro, a Andrés su hermano, Jacobo y Juan, Felipe y Bartolomé,
15 Mateo, Tomás, Jacobo hijo de Alfeo, Simón llamado Zelote, 16 Judas hermano
de Jacobo, y Judas Iscariote, que llegó a ser el traidor.
Jesús atiende a una multitud
(Mt. 4.23-25)
17 Y descendió con ellos, y se detuvo en un lugar llano,
en compañía de sus discípulos y de una gran multitud de gente de toda Judea,
de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón, que había venido para oírle, y
para ser sanados de sus enfermedades; 18 y los que habían sido atormentados de
espíritus inmundos eran sanados. 19 Y toda la gente procuraba tocarle, porque
poder salía de él y sanaba a todos.
Bienaventuranzas y ayes
(Mt. 5.1-12)
20 Y alzando los ojos hacia sus discípulos, decía:
Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.
21 Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque
seréis saciados. Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis.
22 Bienaventurados seréis cuando los hombres os
aborrezcan, y cuando os aparten de sí, y os vituperen, y desechen vuestro
nombre como malo, por causa del Hijo del Hombre. 23 Gozaos en aquel día, y
alegraos, porque he aquí vuestro galardón es grande en los cielos; porque así
hacían sus padres con los profetas.
24 Mas ¡ay de vosotros, ricos! porque ya tenéis vuestro
consuelo.
25 ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados! porque
tendréis hambre. ¡Ay de vosotros, los que ahora reís! porque lamentaréis y
lloraréis.
26 ¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablen bien
de vosotros! porque así hacían sus padres con los falsos profetas.
El amor hacia los enemigos, y la regla de oro
(Mt. 5.38-48; 7.12)
27 Pero a vosotros los que oís, os digo: Amad a vuestros
enemigos, haced bien a los que os aborrecen; 28 bendecid a los que os
maldicen, y orad por los que os calumnian. 29 Al que te hiera en una mejilla,
preséntale también la otra; y al que te quite la capa, ni aun la túnica le
niegues. 30 A cualquiera que te pida, dale; y al que tome lo que es tuyo, no
pidas que te lo devuelva. 31 Y como queréis que hagan los hombres con
vosotros, así también haced vosotros con ellos.
32 Porque si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis?
Porque también los pecadores aman a los que los aman. 33 Y si hacéis bien a
los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores hacen
lo mismo. 34 Y si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito
tenéis? Porque también los pecadores prestan a los pecadores, para recibir
otro tanto. 35 Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no
esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del
Altísimo; porque él es benigno para con los ingratos y malos. 36 Sed, pues,
misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso.
El juzgar a los demás
(Mt. 7.1-5)
37 No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no
seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados. 38 Dad, y se os dará; medida
buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la
misma medida con que medís, os volverán a medir.
39 Y les decía una parábola: ¿Acaso puede un ciego guiar
a otro ciego? ¿No caerán ambos en el hoyo? 40 El discípulo no es superior a su
maestro; mas todo el que fuere perfeccionado, será como su maestro. 41 ¿Por
qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga
que está en tu propio ojo? 42 ¿O cómo puedes decir a tu hermano: Hermano,
déjame sacar la paja que está en tu ojo, no mirando tú la viga que está en el
ojo tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás
bien para sacar la paja que está en el ojo de tu hermano.
Por sus frutos los conoceréis
(Mt. 7.15-20)
43 No es buen árbol el que da malos frutos, ni árbol malo
el que da buen fruto. 44 Porque cada árbol se conoce por su fruto; pues no se
cosechan higos de los espinos, ni de las zarzas se vendimian uvas. 45 El
hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo,
del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón
habla la boca.
Los dos cimientos
(Mt. 7.24-27)
46 ¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que
yo digo? 47 Todo aquel que viene a mí, y oye mis palabras y las hace, os
indicaré a quién es semejante. 48 Semejante es al hombre que al edificar una
casa, cavó y ahondó y puso el fundamento sobre la roca; y cuando vino una
inundación, el río dio con ímpetu contra aquella casa, pero no la pudo mover,
porque estaba fundada sobre la roca. 49 Mas el que oyó y no hizo, semejante es
al hombre que edificó su casa sobre tierra, sin fundamento; contra la cual el
río dio con ímpetu, y luego cayó, y fue grande la ruina de aquella casa.
Jesús sana al siervo de un centurión
(Mt. 8.5-13)
LUCAS 7
1 Después que hubo terminado todas sus palabras al pueblo
que le oía, entró en Capernaum. 2 Y el siervo de un centurión, a quien éste
quería mucho, estaba enfermo y a punto de morir. 3 Cuando el centurión oyó
hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos, rogándole que viniese y
sanase a su siervo. 4 Y ellos vinieron a Jesús y le rogaron con solicitud,
diciéndole: Es digno de que le concedas esto; 5 porque ama a nuestra nación, y
nos edificó una sinagoga. 6 Y Jesús fue con ellos. Pero cuando ya no estaban
lejos de la casa, el centurión envió a él unos amigos, diciéndole: Señor, no
te molestes, pues no soy digno de que entres bajo mi techo; 7 por lo que ni
aun me tuve por digno de venir a ti; pero di la palabra, y mi siervo será
sano. 8 Porque también yo soy hombre puesto bajo autoridad, y tengo soldados
bajo mis órdenes; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi
siervo: Haz esto, y lo hace. 9 Al oír esto, Jesús se maravilló de él, y
volviéndose, dijo a la gente que le seguía: Os digo que ni aun en Israel he
hallado tanta fe. 10 Y al regresar a casa los que habían sido enviados,
hallaron sano al siervo que había estado enfermo.
Jesús resucita al hijo de la viuda de Naín
11 Aconteció después, que él iba a la ciudad que se llama
Naín, e iban con él muchos de sus discípulos, y una gran multitud. 12 Cuando
llegó cerca de la puerta de la ciudad, he aquí que llevaban a enterrar a un
difunto, hijo único de su madre, la cual era viuda; y había con ella mucha
gente de la ciudad. 13 Y cuando el Señor la vio, se compadeció de ella, y le
dijo: No llores. 14 Y acercándose, tocó el féretro; y los que lo llevaban se
detuvieron. Y dijo: Joven, a ti te digo, levántate. 15 Entonces se incorporó
el que había muerto, y comenzó a hablar. Y lo dio a su madre. 16 Y todos
tuvieron miedo, y glorificaban a Dios, diciendo: Un gran profeta se ha
levantado entre nosotros; y: Dios ha visitado a su pueblo. 17 Y se extendió la
fama de él por toda Judea, y por toda la región de alrededor.
Los mensajeros de Juan el Bautista
(Mt. 11.2-19)
18 Los discípulos de Juan le dieron las nuevas de todas
estas cosas. Y llamó Juan a dos de sus discípulos, 19 y los envió a Jesús,
para preguntarle: ¿Eres tú el que había de venir, o esperaremos a otro? 20
Cuando, pues, los hombres vinieron a él, dijeron: Juan el Bautista nos ha
enviado a ti, para preguntarte: ¿Eres tú el que había de venir, o esperaremos
a otro? 21 En esa misma hora sanó a muchos de enfermedades y plagas, y de
espíritus malos, y a muchos ciegos les dio la vista. 22 Y respondiendo Jesús,
les dijo: Id, haced saber a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven,
los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son
resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio; 23 y bienaventurado es
aquel que no halle tropiezo en mí.
24 Cuando se fueron los mensajeros de Juan, comenzó a
decir de Juan a la gente: ¿Qué salisteis a ver al desierto? ¿Una caña sacudida
por el viento? 25 Mas ¿qué salisteis a ver? ¿A un hombre cubierto de
vestiduras delicadas? He aquí, los que tienen vestidura preciosa y viven en
deleites, en los palacios de los reyes están. 26 Mas ¿qué salisteis a ver? ¿A
un profeta? Sí, os digo, y más que profeta. 27 Este es de quien está escrito:
He aquí, envío mi mensajero delante de tu faz,
El cual preparará tu camino delante de ti.
28 Os digo que entre los nacidos de mujeres, no hay mayor
profeta que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de Dios es mayor
que él. 29 Y todo el pueblo y los publicanos, cuando lo oyeron, justificaron a
Dios, bautizándose con el bautismo de Juan. 30 Mas los fariseos y los
intérpretes de la ley desecharon los designios de Dios respecto de sí mismos,
no siendo bautizados por Juan.
31 Y dijo el Señor: ¿A qué, pues, compararé los hombres
de esta generación, y a qué son semejantes? 32 Semejantes son a los muchachos
sentados en la plaza, que dan voces unos a otros y dicen: Os tocamos flauta, y
no bailasteis; os endechamos, y no llorasteis. 33 Porque vino Juan el
Bautista, que ni comía pan ni bebía vino, y decís: Demonio tiene. 34 Vino el
Hijo del Hombre, que come y bebe, y decís: Este es un hombre comilón y bebedor
de vino, amigo de publicanos y de pecadores. 35 Mas la sabiduría es
justificada por todos sus hijos.
Jesús en el hogar de Simón el fariseo
36 Uno de los fariseos rogó a Jesús que comiese con él. Y
habiendo entrado en casa del fariseo, se sentó a la mesa. 37 Entonces una
mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en
casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume; 38 y estando
detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y
los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume.
39 Cuando vio esto el fariseo que le había convidado, dijo para sí: Este, si
fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es
pecadora. 40 Entonces respondiendo Jesús, le dijo: Simón, una cosa tengo que
decirte. Y él le dijo: Di, Maestro. 41 Un acreedor tenía dos deudores: el uno
le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta; 42 y no teniendo ellos con
qué pagar, perdonó a ambos. Di, pues, ¿cuál de ellos le amará más? 43
Respondiendo Simón, dijo: Pienso que aquel a quien perdonó más. Y él le dijo:
Rectamente has juzgado. 44 Y vuelto a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves esta mujer?
Entré en tu casa, y no me diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis
pies con lágrimas, y los ha enjugado con sus cabellos. 45 No me diste beso;
mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies. 46 No ungiste mi
cabeza con aceite; mas ésta ha ungido con perfume mis pies. 47 Por lo cual te
digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a
quien se le perdona poco, poco ama. 48 Y a ella le dijo: Tus pecados te son
perdonados. 49 Y los que estaban juntamente sentados a la mesa, comenzaron a
decir entre sí: ¿Quién es éste, que también perdona pecados? 50 Pero él dijo a
la mujer: Tu fe te ha salvado, vé en paz.
Mujeres que sirven a Jesús
LUCAS 8
1 Aconteció después, que Jesús iba por todas las ciudades
y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce
con él, 2 y algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y de
enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la que habían salido siete
demonios, 3 Juana, mujer de Chuza intendente de Herodes, y Susana, y otras
muchas que le servían de sus bienes.
Parábola del sembrador
(Mt. 13.1-15, 18-23; Mr. 4.1-20)
4 Juntándose una gran multitud, y los que de cada ciudad
venían a él, les dijo por parábola: 5 El sembrador salió a sembrar su semilla;
y mientras sembraba, una parte cayó junto al camino, y fue hollada, y las aves
del cielo la comieron. 6 Otra parte cayó sobre la piedra; y nacida, se secó,
porque no tenía humedad. 7 Otra parte cayó entre espinos, y los espinos que
nacieron juntamente con ella, la ahogaron. 8 Y otra parte cayó en buena
tierra, y nació y llevó fruto a ciento por uno. Hablando estas cosas, decía a
gran voz: El que tiene oídos para oír, oiga.
9 Y sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Qué
significa esta parábola? 10 Y él dijo: A vosotros os es dado conocer los
misterios del reino de Dios; pero a los otros por parábolas, para que viendo
no vean, y oyendo no entiendan. 11 Esta es, pues, la parábola: La semilla es
la palabra de Dios. 12 Y los de junto al camino son los que oyen, y luego
viene el diablo y quita de su corazón la palabra, para que no crean y se
salven. 13 Los de sobre la piedra son los que habiendo oído, reciben la
palabra con gozo; pero éstos no tienen raíces; creen por algún tiempo, y en el
tiempo de la prueba se apartan. 14 La que cayó entre espinos, éstos son los
que oyen, pero yéndose, son ahogados por los afanes y las riquezas y los
placeres de la vida, y no llevan fruto. 15 Mas la que cayó en buena tierra,
éstos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y dan
fruto con perseverancia.
Nada oculto que no haya de ser manifestado
(Mr. 4.21-25)
16 Nadie que enciende una luz la cubre con una vasija, ni
la pone debajo de la cama, sino que la pone en un candelero para que los que
entran vean la luz. 17 Porque nada hay oculto, que no haya de ser manifestado;
ni escondido, que no haya de ser conocido, y de salir a luz. 18 Mirad, pues,
cómo oís; porque a todo el que tiene, se le dará; y a todo el que no tiene,
aun lo que piensa tener se le quitará.
La madre y los hermanos de Jesús
(Mt. 12.46-50; Mr. 3.31-35)
19 Entonces su madre y sus hermanos vinieron a él; pero
no podían llegar hasta él por causa de la multitud. 20 Y se le avisó,
diciendo: Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte. 21 El entonces
respondiendo, les dijo: Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de
Dios, y la hacen.
Jesús calma la tempestad
(Mt. 8.23-27; Mr. 4.35-41)
22 Aconteció un día, que entró en una barca con sus
discípulos, y les dijo: Pasemos al otro lado del lago. Y partieron. 23 Pero
mientras navegaban, él se durmió. Y se desencadenó una tempestad de viento en
el lago; y se anegaban y peligraban. 24 Y vinieron a él y le despertaron,
diciendo: ¡Maestro, Maestro, que perecemos! Despertando él, reprendió al
viento y a las olas; y cesaron, y se hizo bonanza. 25 Y les dijo: ¿Dónde está
vuestra fe? Y atemorizados, se maravillaban, y se decían unos a otros: ¿Quién
es éste, que aun a los vientos y a las aguas manda, y le obedecen?
El endemoniado gadareno
(Mt. 8.28-34; Mr. 5.1-20)
26 Y arribaron a la tierra de los gadarenos, que está en
la ribera opuesta a Galilea. 27 Al llegar él a tierra, vino a su encuentro un
hombre de la ciudad, endemoniado desde hacía mucho tiempo; y no vestía ropa,
ni moraba en casa, sino en los sepulcros. 28 Este, al ver a Jesús, lanzó un
gran grito, y postrándose a sus pies exclamó a gran voz: ¿Qué tienes conmigo,
Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te ruego que no me atormentes. 29 (Porque
mandaba al espíritu inmundo que saliese del hombre, pues hacía mucho tiempo
que se había apoderado de él; y le ataban con cadenas y grillos, pero
rompiendo las cadenas, era impelido por el demonio a los desiertos.) 30 Y le
preguntó Jesús, diciendo: ¿Cómo te llamas? Y él dijo: Legión. Porque muchos
demonios habían entrado en él. 31 Y le rogaban que no los mandase ir al
abismo. 32 Había allí un hato de muchos cerdos que pacían en el monte; y le
rogaron que los dejase entrar en ellos; y les dio permiso. 33 Y los demonios,
salidos del hombre, entraron en los cerdos; y el hato se precipitó por un
despeñadero al lago, y se ahogó.
34 Y los que apacentaban los cerdos, cuando vieron lo que
había acontecido, huyeron, y yendo dieron aviso en la ciudad y por los campos.
35 Y salieron a ver lo que había sucedido; y vinieron a Jesús, y hallaron al
hombre de quien habían salido los demonios, sentado a los pies de Jesús,
vestido, y en su cabal juicio; y tuvieron miedo. 36 Y los que lo habían visto,
les contaron cómo había sido salvado el endemoniado. 37 Entonces toda la
multitud de la región alrededor de los gadarenos le rogó que se marchase de
ellos, pues tenían gran temor. Y Jesús, entrando en la barca, se volvió. 38 Y
el hombre de quien habían salido los demonios le rogaba que le dejase estar
con él; pero Jesús le despidió, diciendo: 39 Vuélvete a tu casa, y cuenta cuán
grandes cosas ha hecho Dios contigo. Y él se fue, publicando por toda la
ciudad cuán grandes cosas había hecho Jesús con él.
La hija de Jairo, y la mujer que tocó el manto de Jesús
(Mt. 9.18-26; Mr. 5.21-43)
40 Cuando volvió Jesús, le recibió la multitud con gozo;
porque todos le esperaban. 41 Entonces vino un varón llamado Jairo, que era
principal de la sinagoga, y postrándose a los pies de Jesús, le rogaba que
entrase en su casa; 42 porque tenía una hija única, como de doce años, que se
estaba muriendo.
Y mientras iba, la multitud le oprimía. 43 Pero una mujer
que padecía de flujo de sangre desde hacía doce años, y que había gastado en
médicos todo cuanto tenía, y por ninguno había podido ser curada, 44 se le
acercó por detrás y tocó el borde de su manto; y al instante se detuvo el
flujo de su sangre. 45 Entonces Jesús dijo: ¿Quién es el que me ha tocado? Y
negando todos, dijo Pedro y los que con él estaban: Maestro, la multitud te
aprieta y oprime, y dices: ¿Quién es el que me ha tocado? 46 Pero Jesús dijo:
Alguien me ha tocado; porque yo he conocido que ha salido poder de mí. 47
Entonces, cuando la mujer vio que no había quedado oculta, vino temblando, y
postrándose a sus pies, le declaró delante de todo el pueblo por qué causa le
había tocado, y cómo al instante había sido sanada. 48 Y él le dijo: Hija, tu
fe te ha salvado; ve en paz.
49 Estaba hablando aún, cuando vino uno de casa del
principal de la sinagoga a decirle: Tu hija ha muerto; no molestes más al
Maestro. 50 Oyéndolo Jesús, le respondió: No temas; cree solamente, y será
salva. 51 Entrando en la casa, no dejó entrar a nadie consigo, sino a Pedro, a
Jacobo, a Juan, y al padre y a la madre de la niña. 52 Y lloraban todos y
hacían lamentación por ella. Pero él dijo: No lloréis; no está muerta, sino
que duerme. 53 Y se burlaban de él, sabiendo que estaba muerta. 54 Mas él,
tomándola de la mano, clamó diciendo: Muchacha, levántate. 55 Entonces su
espíritu volvió, e inmediatamente se levantó; y él mandó que se le diese de
comer. 56 Y sus padres estaban atónitos; pero Jesús les mandó que a nadie
dijesen lo que había sucedido.
Misión de los doce discípulos
(Mt. 10.5-15; Mr. 6.7-13)
LUCAS 9
1 Habiendo reunido a sus doce discípulos, les dio poder y
autoridad sobre todos los demonios, y para sanar enfermedades. 2 Y los envió a
predicar el reino de Dios, y a sanar a los enfermos. 3 Y les dijo: No toméis
nada para el camino, ni bordón, ni alforja, ni pan, ni dinero; ni llevéis dos
túnicas. 4 Y en cualquier casa donde entréis, quedad allí, y de allí salid. 5
Y dondequiera que no os recibieren, salid de aquella ciudad, y sacudid el
polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos. 6 Y saliendo, pasaban por
todas las aldeas, anunciando el evangelio y sanando por todas partes.
Muerte de Juan el Bautista
(Mt. 14.1-12; Mr. 6.14-29)
7 Herodes el tetrarca oyó de todas las cosas que hacía
Jesús; y estaba perplejo, porque decían algunos: Juan ha resucitado de los
muertos; 8 otros: Elías ha aparecido; y otros: Algún profeta de los antiguos
ha resucitado. 9 Y dijo Herodes: A Juan yo le hice decapitar; ¿quién, pues, es
éste, de quien oigo tales cosas? Y procuraba verle.
Alimentación de los cinco mil
(Mt. 14.13-21; Mr. 6.30-44; Jn. 6.1-14)
10 Vueltos los apóstoles, le contaron todo lo que habían
hecho. Y tomándolos, se retiró aparte, a un lugar desierto de la ciudad
llamada Betsaida. 11 Y cuando la gente lo supo, le siguió; y él les recibió, y
les hablaba del reino de Dios, y sanaba a los que necesitaban ser curados. 12
Pero el día comenzaba a declinar; y acercándose los doce, le dijeron: Despide
a la gente, para que vayan a las aldeas y campos de alrededor, y se alojen y
encuentren alimentos; porque aquí estamos en lugar desierto. 13 El les dijo:
Dadles vosotros de comer. Y dijeron ellos: No tenemos más que cinco panes y
dos pescados, a no ser que vayamos nosotros a comprar alimentos para toda esta
multitud. 14 Y eran como cinco mil hombres. Entonces dijo a sus discípulos:
Hacedlos sentar en grupos, de cincuenta en cincuenta. 15 Así lo hicieron,
haciéndolos sentar a todos. 16 Y tomando los cinco panes y los dos pescados,
levantando los ojos al cielo, los bendijo, y los partió, y dio a sus
discípulos para que los pusiesen delante de la gente. 17 Y comieron todos, y
se saciaron; y recogieron lo que les sobró, doce cestas de pedazos.
La confesión de Pedro
(Mt. 16.13-20; Mr. 8.27-30)
18 Aconteció que mientras Jesús oraba aparte, estaban con
él los discípulos; y les preguntó, diciendo: ¿Quién dice la gente que soy yo?
19 Ellos respondieron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, que
algún profeta de los antiguos ha resucitado. 20 El les dijo: ¿Y vosotros,
quién decís que soy? Entonces respondiendo Pedro, dijo: El Cristo de Dios.
Jesús anuncia su muerte
(Mt. 16.21-28; Mr. 8.31-9.1)
21 Pero él les mandó que a nadie dijesen esto,
encargándoselo rigurosamente, 22 y diciendo: Es necesario que el Hijo del
Hombre padezca muchas cosas, y sea desechado por los ancianos, por los
principales sacerdotes y por los escribas, y que sea muerto, y resucite al
tercer día.
23 Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí,
niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. 24 Porque todo el que
quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de
mí, éste la salvará. 25 Pues ¿qué aprovecha al hombre, si gana todo el mundo,
y se destruye o se pierde a sí mismo? 26 Porque el que se avergonzare de mí y
de mis palabras, de éste se avergonzará el Hijo del Hombre cuando venga en su
gloria, y en la del Padre, y de los santos ángeles. 27 Pero os digo en verdad,
que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que
vean el reino de Dios.
La transfiguración
(Mt. 17.1-8; Mr. 9.2-8)
28 Aconteció como ocho días después de estas palabras,
que tomó a Pedro, a Juan y a Jacobo, y subió al monte a orar. 29 Y entre tanto
que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra, y su vestido blanco y
resplandeciente. 30 Y he aquí dos varones que hablaban con él, los cuales eran
Moisés y Elías; 31 quienes aparecieron rodeados de gloria, y hablaban de su
partida, que iba Jesús a cumplir en Jerusalén. 32 Y Pedro y los que estaban
con él estaban rendidos de sueño; mas permaneciendo despiertos, vieron la
gloria de Jesús, y a los dos varones que estaban con él. 33 Y sucedió que
apartándose ellos de él, Pedro dijo a Jesús: Maestro, bueno es para nosotros
que estemos aquí; y hagamos tres enramadas, una para ti, una para Moisés, y
una para Elías; no sabiendo lo que decía. 34 Mientras él decía esto, vino una
nube que los cubrió; y tuvieron temor al entrar en la nube. 35 Y vino una voz
desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado; a él oíd. 36 Y cuando cesó la
voz, Jesús fue hallado solo; y ellos callaron, y por aquellos días no dijeron
nada a nadie de lo que habían visto.
Jesús sana a un muchacho endemoniado
(Mt. 17.14-21; Mr. 9.14-29)
37 Al día siguiente, cuando descendieron del monte, una
gran multitud les salió al encuentro. 38 Y he aquí, un hombre de la multitud
clamó diciendo: Maestro, te ruego que veas a mi hijo, pues es el único que
tengo; 39 y sucede que un espíritu le toma, y de repente da voces, y le sacude
con violencia, y le hace echar espuma, y estropeándole, a duras penas se
aparta de él. 40 Y rogué a tus discípulos que le echasen fuera, y no pudieron.
41 Respondiendo Jesús, dijo: ¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta
cuándo he de estar con vosotros, y os he de soportar? Trae acá a tu hijo. 42 Y
mientras se acercaba el muchacho, el demonio le derribó y le sacudió con
violencia; pero Jesús reprendió al espíritu inmundo, y sanó al muchacho, y se
lo devolvió a su padre. 43 Y todos se admiraban de la grandeza de Dios.
Jesús anuncia otra vez su muerte
(Mt. 17.22-23; Mr. 9.30-32)
Y maravillándose todos de todas las cosas que hacía, dijo
a sus discípulos: 44 Haced que os penetren bien en los oídos estas palabras;
porque acontecerá que el Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres.
45 Mas ellos no entendían estas palabras, pues les estaban veladas para que no
las entendiesen; y temían preguntarle sobre esas palabras.
¿Quién es el mayor?
(Mt. 18.1-5; Mr. 9.33-37)
46 Entonces entraron en discusión sobre quién de ellos
sería el mayor. 47 Y Jesús, percibiendo los pensamientos de sus corazones,
tomó a un niño y lo puso junto a sí, 48 y les dijo: Cualquiera que reciba a
este niño en mi nombre, a mí me recibe; y cualquiera que me recibe a mí,
recibe al que me envió; porque el que es más pequeño entre todos vosotros, ése
es el más grande.
El que no es contra nosotros, por nosotros es
(Mr. 9.38-40)
49 Entonces respondiendo Juan, dijo: Maestro, hemos visto
a uno que echaba fuera demonios en tu nombre; y se lo prohibimos, porque no
sigue con nosotros. 50 Jesús le dijo: No se lo prohibáis; porque el que no es
contra nosotros, por nosotros es.
Jesús reprende a Jacobo y a Juan
51 Cuando se cumplió el tiempo en que él había de ser
recibido arriba, afirmó su rostro para ir a Jerusalén. 52 Y envió mensajeros
delante de él, los cuales fueron y entraron en una aldea de los samaritanos
para hacerle preparativos. 53 Mas no le recibieron, porque su aspecto era como
de ir a Jerusalén. 54 Viendo esto sus discípulos Jacobo y Juan, dijeron:
Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, como hizo Elías, y
los consuma? 55 Entonces volviéndose él, los reprendió, diciendo: Vosotros no
sabéis de qué espíritu sois; 56 porque el Hijo del Hombre no ha venido para
perder las almas de los hombres, sino para salvarlas. Y se fueron a otra
aldea.
Los que querían seguir a Jesús
(Mt. 8.18-22)
57 Yendo ellos, uno le dijo en el camino: Señor, te
seguiré adondequiera que vayas. 58 Y le dijo Jesús: Las zorras tienen
guaridas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene
dónde recostar la cabeza. 59 Y dijo a otro: Sígueme. El le dijo: Señor, déjame
que primero vaya y entierre a mi padre. 60 Jesús le dijo: Deja que los muertos
entierren a sus muertos; y tú ve, y anuncia el reino de Dios. 61 Entonces
también dijo otro: Te seguiré, Señor; pero déjame que me despida primero de
los que están en mi casa. 62 Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en
el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios.
Misión de los setenta
LUCAS 10
1 Después de estas cosas, designó el Señor también a
otros setenta, a quienes envió de dos en dos delante de él a toda ciudad y
lugar adonde él había de ir. 2 Y les decía: La mies a la verdad es mucha, mas
los obreros pocos; por tanto, rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su
mies. 3 Id; he aquí yo os envío como corderos en medio de lobos. 4 No llevéis
bolsa, ni alforja, ni calzado; y a nadie saludéis por el camino. 5 En
cualquier casa donde entréis, primeramente decid: Paz sea a esta casa. 6 Y si
hubiere allí algún hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; y si no, se
volverá a vosotros. 7 Y posad en aquella misma casa, comiendo y bebiendo lo
que os den; porque el obrero es digno de su salario. No os paséis de casa en
casa. 8 En cualquier ciudad donde entréis, y os reciban, comed lo que os
pongan delante; 9 y sanad a los enfermos que en ella haya, y decidles: Se ha
acercado a vosotros el reino de Dios. 10 Mas en cualquier ciudad donde
entréis, y no os reciban, saliendo por sus calles, decid: 11 Aun el polvo de
vuestra ciudad, que se ha pegado a nuestros pies, lo sacudimos contra
vosotros. Pero esto sabed, que el reino de Dios se ha acercado a vosotros. 12
Y os digo que en aquel día será más tolerable el castigo para Sodoma, que para
aquella ciudad.
Ayes sobre las ciudades impenitentes
(Mt. 11.20-24)
13 ¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! que si en
Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras,
tiempo ha que sentadas en cilicio y ceniza, se habrían arrepentido. 14 Por
tanto, en el juicio será más tolerable el castigo para Tiro y Sidón, que para
vosotras. 15 Y tú, Capernaum, que hasta los cielos eres levantada, hasta el
Hades serás abatida.
16 El que a vosotros oye, a mí me oye; y el que a
vosotros desecha, a mí me desecha; y el que me desecha a mí, desecha al que me
envió.
Regreso de los setenta
17 Volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun
los demonios se nos sujetan en tu nombre. 18 Y les dijo: Yo veía a Satanás
caer del cielo como un rayo. 19 He aquí os doy potestad de hollar serpientes y
escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará. 20 Pero no os
regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros
nombres están escritos en los cielos.
Jesús se regocija
(Mt. 11.25-27; 13.16-17)
21 En aquella misma hora Jesús se regocijó en el
Espíritu, y dijo: Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra,
porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos, y las has revelado a
los niños. Sí, Padre, porque así te agradó. 22 Todas las cosas me fueron
entregadas por mi Padre; y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; ni
quién es el Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.
23 Y volviéndose a los discípulos, les dijo aparte:
Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis; 24 porque os digo que
muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y
oír lo que oís, y no lo oyeron.
El buen samaritano
25 Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo,
para probarle: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna? 26 El le
dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees? 27 Aquél, respondiendo, dijo:
Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas
tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. 28 Y le
dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás.
29 Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a
Jesús: ¿Y quién es mi prójimo? 30 Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre
descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le
despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto. 31 Aconteció que
descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo. 32
Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo.
33 Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue
movido a misericordia; 34 y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite
y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él. 35
Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo:
Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese. 36
¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos
de los ladrones? 37 El dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús
le dijo: Ve, y haz tú lo mismo.
Jesús visita a Marta y a María
38 Aconteció que yendo de camino, entró en una aldea; y
una mujer llamada Marta le recibió en su casa. 39 Esta tenía una hermana que
se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra. 40
Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor,
¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me
ayude. 41 Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás
con muchas cosas. 42 Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la
buena parte, la cual no le será quitada.
Jesús y la oración
(Mt. 6.9-15; 7.7-11)
LUCAS 11
1 Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando
terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también
Juan enseñó a sus discípulos. 2 Y les dijo: Cuando oréis, decid: Padre nuestro
que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu
voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. 3 El pan nuestro de cada
día, dánoslo hoy. 4 Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros
perdonamos a todos los que nos deben. Y no nos metas en tentación, mas
líbranos del mal.
5 Les dijo también: ¿Quién de vosotros que tenga un
amigo, va a él a medianoche y le dice: Amigo, préstame tres panes, 6 porque un
amigo mío ha venido a mí de viaje, y no tengo qué ponerle delante; 7 y aquél,
respondiendo desde adentro, le dice: No me molestes; la puerta ya está
cerrada, y mis niños están conmigo en cama; no puedo levantarme, y dártelos? 8
Os digo, que aunque no se levante a dárselos por ser su amigo, sin embargo por
su importunidad se levantará y le dará todo lo que necesite. 9 Y yo os digo:
Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. 10 Porque
todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le
abrirá. 11 ¿Qué padre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra?
¿o si pescado, en lugar de pescado, le dará una serpiente? 12 ¿O si le pide un
huevo, le dará un escorpión? 13 Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar
buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el
Espíritu Santo a los que se lo pidan?
Una casa dividida contra sí misma
(Mt. 12.22-30; Mr. 3.20-27)
14 Estaba Jesús echando fuera un demonio, que era mudo; y
aconteció que salido el demonio, el mudo habló; y la gente se maravilló. 15
Pero algunos de ellos decían: Por Beelzebú, príncipe de los demonios, echa
fuera los demonios. 16 Otros, para tentarle, le pedían señal del cielo. 17 Mas
él, conociendo los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra
sí mismo, es asolado; y una casa dividida contra sí misma, cae. 18 Y si
también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo permanecerá su reino? ya
que decís que por Beelzebú echo yo fuera los demonios. 19 Pues si yo echo
fuera los demonios por Beelzebú, ¿vuestros hijos por quién los echan? Por
tanto, ellos serán vuestros jueces. 20 Mas si por el dedo de Dios echo yo
fuera los demonios, ciertamente el reino de Dios ha llegado a vosotros. 21
Cuando el hombre fuerte armado guarda su palacio, en paz está lo que posee. 22
Pero cuando viene otro más fuerte que él y le vence, le quita todas sus armas
en que confiaba, y reparte el botín. 23 El que no es conmigo, contra mí es; y
el que conmigo no recoge, desparrama.
El espíritu inmundo que vuelve
(Mt. 12.43-45)
24 Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por
lugares secos, buscando reposo; y no hallándolo, dice: Volveré a mi casa de
donde salí. 25 Y cuando llega, la halla barrida y adornada. 26 Entonces va, y
toma otros siete espíritus peores que él; y entrados, moran allí; y el postrer
estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero.
Los que en verdad son bienaventurados
27 Mientras él decía estas cosas, una mujer de entre la
multitud levantó la voz y le dijo: Bienaventurado el vientre que te trajo, y
los senos que mamaste. 28 Y él dijo: Antes bienaventurados los que oyen la
palabra de Dios, y la guardan.
La generación perversa demanda señal
(Mt. 12.38-42)
29 Y apiñándose las multitudes, comenzó a decir: Esta
generación es mala; demanda señal, pero señal no le será dada, sino la señal
de Jonás. 30 Porque así como Jonás fue señal a los ninivitas, también lo será
el Hijo del Hombre a esta generación. 31 La reina del Sur se levantará en el
juicio con los hombres de esta generación, y los condenará; porque ella vino
de los fines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón, y he aquí más que
Salomón en este lugar. 32 Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio con
esta generación, y la condenarán; porque a la predicación de Jonás se
arrepintieron, y he aquí más que Jonás en este lugar.
La lámpara del cuerpo
(Mt. 6.22-23)
33 Nadie pone en oculto la luz encendida, ni debajo del
almud, sino en el candelero, para que los que entran vean la luz. 34 La
lámpara del cuerpo es el ojo; cuando tu ojo es bueno, también todo tu cuerpo
está lleno de luz; pero cuando tu ojo es maligno, también tu cuerpo está en
tinieblas. 35 Mira pues, no suceda que la luz que en ti hay, sea tinieblas. 36
Así que, si todo tu cuerpo está lleno de luz, no teniendo parte alguna de
tinieblas, será todo luminoso, como cuando una lámpara te alumbra con su
resplandor.
Jesús acusa a fariseos y a intérpretes de la ley
(Mt. 23.1-36; Mr. 12.38-40; Lc. 20.45-47)
37 Luego que hubo hablado, le rogó un fariseo que comiese
con él; y entrando Jesús en la casa, se sentó a la mesa. 38 El fariseo, cuando
lo vio, se extrañó de que no se hubiese lavado antes de comer. 39 Pero el
Señor le dijo: Ahora bien, vosotros los fariseos limpiáis lo de fuera del vaso
y del plato, pero por dentro estáis llenos de rapacidad y de maldad. 40
Necios, ¿el que hizo lo de fuera, no hizo también lo de adentro? 41 Pero dad
limosna de lo que tenéis, y entonces todo os será limpio.
42 Mas ¡ay de vosotros, fariseos! que diezmáis la menta,
y la ruda, y toda hortaliza, y pasáis por alto la justicia y el amor de Dios.
Esto os era necesario hacer, sin dejar aquello. 43 ¡Ay de vosotros, fariseos!
que amáis las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las
plazas. 44 ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! que sois como
sepulcros que no se ven, y los hombres que andan encima no lo saben.
45 Respondiendo uno de los intérpretes de la ley, le
dijo: Maestro, cuando dices esto, también nos afrentas a nosotros. 46 Y él
dijo: ¡Ay de vosotros también, intérpretes de la ley! porque cargáis a los
hombres con cargas que no pueden llevar, pero vosotros ni aun con un dedo las
tocáis. 47 ¡Ay de vosotros, que edificáis los sepulcros de los profetas a
quienes mataron vuestros padres! 48 De modo que sois testigos y consentidores
de los hechos de vuestros padres; porque a la verdad ellos los mataron, y
vosotros edificáis sus sepulcros. 49 Por eso la sabiduría de Dios también
dijo: Les enviaré profetas y apóstoles; y de ellos, a unos matarán y a otros
perseguirán, 50 para que se demande de esta generación la sangre de todos los
profetas que se ha derramado desde la fundación del mundo, 51 desde la sangre
de Abel hasta la sangre de Zacarías, que murió entre el altar y el templo; sí,
os digo que será demandada de esta generación. 52 ¡Ay de vosotros, intérpretes
de la ley! porque habéis quitado la llave de la ciencia; vosotros mismos no
entrasteis, y a los que entraban se lo impedisteis.
53 Diciéndoles él estas cosas, los escribas y los
fariseos comenzaron a estrecharle en gran manera, y a provocarle a que hablase
de muchas cosas; 54 acechándole, y procurando cazar alguna palabra de su boca
para acusarle.
La levadura de los fariseos
LUCAS 12
1 En esto, juntándose por millares la multitud, tanto que
unos a otros se atropellaban, comenzó a decir a sus discípulos, primeramente:
Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía. 2 Porque nada
hay encubierto, que no haya de descubrirse; ni oculto, que no haya de saberse.
3 Por tanto, todo lo que habéis dicho en tinieblas, a la luz se oirá; y lo que
habéis hablado al oído en los aposentos, se proclamará en las azoteas.
A quién se debe temer
(Mt. 10.26-31)
4 Mas os digo, amigos míos: No temáis a los que matan el
cuerpo, y después nada más pueden hacer. 5 Pero os enseñaré a quién debéis
temer: Temed a aquel que después de haber quitado la vida, tiene poder de
echar en el infierno; sí, os digo, a éste temed. 6 ¿No se venden cinco
pajarillos por dos cuartos? Con todo, ni uno de ellos está olvidado delante de
Dios. 7 Pues aun los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No
temáis, pues; más valéis vosotros que muchos pajarillos.
El que me confesare delante de los hombres
8 Os digo que todo aquel que me confesare delante de los
hombres, también el Hijo del Hombre le confesará delante de los ángeles de
Dios; 9 mas el que me negare delante de los hombres, será negado delante de
los ángeles de Dios. 10 A todo aquel que dijere alguna palabra contra el Hijo
del Hombre, le será perdonado; pero al que blasfemare contra el Espíritu
Santo, no le será perdonado. 11 Cuando os trajeren a las sinagogas, y ante los
magistrados y las autoridades, no os preocupéis por cómo o qué habréis de
responder, o qué habréis de decir; 12 porque el Espíritu Santo os enseñará en
la misma hora lo que debáis decir.
El rico insensato
13 Le dijo uno de la multitud: Maestro, di a mi hermano
que parta conmigo la herencia. 14 Mas él le dijo: Hombre, ¿quién me ha puesto
sobre vosotros como juez o partidor? 15 Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda
avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes
que posee. 16 También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un
hombre rico había producido mucho. 17 Y él pensaba dentro de sí, diciendo:
¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? 18 Y dijo: Esto haré:
derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis
frutos y mis bienes; 19 y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados
para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. 20 Pero Dios le dijo:
Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién
será? 21 Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios.
El afán y la ansiedad
(Mt. 6.25-34)
22 Dijo luego a sus discípulos: Por tanto os digo: No os
afanéis por vuestra vida, qué comeréis; ni por el cuerpo, qué vestiréis. 23 La
vida es más que la comida, y el cuerpo que el vestido. 24 Considerad los
cuervos, que ni siembran, ni siegan; que ni tienen despensa, ni granero, y
Dios los alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que las aves? 25 ¿Y quién de
vosotros podrá con afanarse añadir a su estatura un codo? 26 Pues si no podéis
ni aun lo que es menos, ¿por qué os afanáis por lo demás? 27 Considerad los
lirios, cómo crecen; no trabajan, ni hilan; mas os digo, que ni aun Salomón
con toda su gloria se vistió como uno de ellos. 28 Y si así viste Dios la
hierba que hoy está en el campo, y mañana es echada al horno, ¿cuánto más a
vosotros, hombres de poca fe? 29 Vosotros, pues, no os preocupéis por lo que
habéis de comer, ni por lo que habéis de beber, ni estéis en ansiosa
inquietud. 30 Porque todas estas cosas buscan las gentes del mundo; pero
vuestro Padre sabe que tenéis necesidad de estas cosas. 31 Mas buscad el reino
de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas.
Tesoro en el cielo
(Mt. 6.19-21)
32 No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le
ha placido daros el reino. 33 Vended lo que poseéis, y dad limosna; haceos
bolsas que no se envejezcan, tesoro en los cielos que no se agote, donde
ladrón no llega, ni polilla destruye. 34 Porque donde está vuestro tesoro,
allí estará también vuestro corazón.
El siervo vigilante
35 Estén ceñidos vuestros lomos, y vuestras lámparas
encendidas; 36 y vosotros sed semejantes a hombres que aguardan a que su señor
regrese de las bodas, para que cuando llegue y llame, le abran en seguida. 37
Bienaventurados aquellos siervos a los cuales su señor, cuando venga, halle
velando; de cierto os digo que se ceñirá, y hará que se sienten a la mesa, y
vendrá a servirles. 38 Y aunque venga a la segunda vigilia, y aunque venga a
la tercera vigilia, si los hallare así, bienaventurados son aquellos siervos.
39 Pero sabed esto, que si supiese el padre de familia a qué hora el ladrón
había de venir, velaría ciertamente, y no dejaría minar su casa. 40 Vosotros,
pues, también, estad preparados, porque a la hora que no penséis, el Hijo del
Hombre vendrá.
El siervo infiel
(Mt. 24.45-51)
41 Entonces Pedro le dijo: Señor, ¿dices esta parábola a
nosotros, o también a todos? 42 Y dijo el Señor: ¿Quién es el mayordomo fiel y
prudente al cual su señor pondrá sobre su casa, para que a tiempo les dé su
ración? 43 Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le
halle haciendo así. 44 En verdad os digo que le pondrá sobre todos sus bienes.
45 Mas si aquel siervo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir; y
comenzare a golpear a los criados y a las criadas, y a comer y beber y
embriagarse, 46 vendrá el señor de aquel siervo en día que éste no espera, y a
la hora que no sabe, y le castigará duramente, y le pondrá con los infieles.
47 Aquel siervo que conociendo la voluntad de su señor, no se preparó, ni hizo
conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes. 48 Mas el que sin conocerla
hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco; porque a todo aquel a quien se
haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado,
más se le pedirá.
Jesús, causa de división
(Mt. 10.34-36)
49 Fuego vine a echar en la tierra; ¿y qué quiero, si ya
se ha encendido? 50 De un bautismo tengo que ser bautizado; y ¡cómo me
angustio hasta que se cumpla! 51 ¿Pensáis que he venido para dar paz en la
tierra? Os digo: No, sino disensión. 52 Porque de aquí en adelante, cinco en
una familia estarán divididos, tres contra dos, y dos contra tres. 53 Estará
dividido el padre contra el hijo, y el hijo contra el padre; la madre contra
la hija, y la hija contra la madre; la suegra contra su nuera, y la nuera
contra su suegra.
¿Cómo no reconocéis este tiempo?
(Mt. 16.1-4; Mr. 8.11-13)
54 Decía también a la multitud: Cuando veis la nube que
sale del poniente, luego decís: Agua viene; y así sucede. 55 Y cuando sopla el
viento del sur, decís: Hará calor; y lo hace. 56 ¡Hipócritas! Sabéis
distinguir el aspecto del cielo y de la tierra; ¿y cómo no distinguís este
tiempo?
Arréglate con tu adversario
(Mt. 5.25-26)
57 ¿Y por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es
justo? 58 Cuando vayas al magistrado con tu adversario, procura en el camino
arreglarte con él, no sea que te arrastre al juez, y el juez te entregue al
alguacil, y el alguacil te meta en la cárcel. 59 Te digo que no saldrás de
allí, hasta que hayas pagado aun la última blanca.
Arrepentíos o pereceréis
LUCAS 13
1 En este mismo tiempo estaban allí algunos que le
contaban acerca de los galileos cuya sangre Pilato había mezclado con los
sacrificios de ellos. 2 Respondiendo Jesús, les dijo: ¿Pensáis que estos
galileos, porque padecieron tales cosas, eran más pecadores que todos los
galileos? 3 Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis
igualmente. 4 O aquellos dieciocho sobre los cuales cayó la torre en Siloé, y
los mató, ¿pensáis que eran más culpables que todos los hombres que habitan en
Jerusalén? 5 Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis
igualmente.
Parábola de la higuera estéril
6 Dijo también esta parábola: Tenía un hombre una higuera
plantada en su viña, y vino a buscar fruto en ella, y no lo halló. 7 Y dijo al
viñador: He aquí, hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y
no lo hallo; córtala; ¿para qué inutiliza también la tierra? 8 El entonces,
respondiendo, le dijo: Señor, déjala todavía este año, hasta que yo cave
alrededor de ella, y la abone. 9 Y si diere fruto, bien; y si no, la cortarás
después.
Jesús sana a una mujer en el día de reposo
10 Enseñaba Jesús en una sinagoga en el día de reposo; 11
y había allí una mujer que desde hacía dieciocho años tenía espíritu de
enfermedad, y andaba encorvada, y en ninguna manera se podía enderezar. 12
Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: Mujer, eres libre de tu enfermedad.
13 Y puso las manos sobre ella; y ella se enderezó luego, y glorificaba a
Dios. 14 Pero el principal de la sinagoga, enojado de que Jesús hubiese sanado
en el día de reposo, dijo a la gente: Seis días hay en que se debe trabajar;
en éstos, pues, venid y sed sanados, y no en día de reposo. 15 Entonces el
Señor le respondió y dijo: Hipócrita, cada uno de vosotros ¿no desata en el
día de reposo su buey o su asno del pesebre y lo lleva a beber? 16 Y a esta
hija de Abraham, que Satanás había atado dieciocho años, ¿no se le debía
desatar de esta ligadura en el día de reposo? 17 Al decir él estas cosas, se
avergonzaban todos sus adversarios; pero todo el pueblo se regocijaba por
todas las cosas gloriosas hechas por él.
Parábola de la semilla de mostaza
(Mt. 13.31-32; Mr. 4.30-32)
18 Y dijo: ¿A qué es semejante el reino de Dios, y con
qué lo compararé? 19 Es semejante al grano de mostaza, que un hombre tomó y
sembró en su huerto; y creció, y se hizo árbol grande, y las aves del cielo
anidaron en sus ramas.
Parábola de la levadura
(Mt. 13.33)
20 Y volvió a decir: ¿A qué compararé el reino de Dios?
21 Es semejante a la levadura, que una mujer tomó y escondió en tres medidas
de harina, hasta que todo hubo fermentado.
La puerta estrecha
(Mt. 7.13-14, 21-23)
22 Pasaba Jesús por ciudades y aldeas, enseñando, y
encaminándose a Jerusalén. 23 Y alguien le dijo: Señor, ¿son pocos los que se
salvan? Y él les dijo: 24 Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os
digo que muchos procurarán entrar, y no podrán. 25 Después que el padre de
familia se haya levantado y cerrado la puerta, y estando fuera empecéis a
llamar a la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos, él respondiendo os dirá:
No sé de dónde sois. 26 Entonces comenzaréis a decir: Delante de ti hemos
comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste. 27 Pero os dirá: Os digo que
no sé de dónde sois; apartaos de mí todos vosotros, hacedores de maldad. 28
Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando veáis a Abraham, a Isaac, a
Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros estéis excluidos.
29 Porque vendrán del oriente y del occidente, del norte y del sur, y se
sentarán a la mesa en el reino de Dios. 30 Y he aquí hay postreros que serán
primeros, y primeros que serán postreros.
Lamento de Jesús sobre Jerusalén
(Mt. 23.37-39)
31 Aquel mismo día llegaron unos fariseos, diciéndole:
Sal, y vete de aquí, porque Herodes te quiere matar. 32 Y les dijo: Id, y
decid a aquella zorra: He aquí, echo fuera demonios y hago curaciones hoy y
mañana, y al tercer día termino mi obra. 33 Sin embargo, es necesario que hoy
y mañana y pasado mañana siga mi camino; porque no es posible que un profeta
muera fuera de Jerusalén. 34 ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas,
y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos,
como la gallina a sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste! 35 He aquí,
vuestra casa os es dejada desierta; y os digo que no me veréis, hasta que
llegue el tiempo en que digáis: Bendito el que viene en nombre del Señor.
Jesús sana a un hidrópico
LUCAS 14
1 Aconteció un día de reposo, que habiendo entrado para
comer en casa de un gobernante, que era fariseo, éstos le acechaban. 2 Y he
aquí estaban delante de él un hombre hidrópico. 3 Entonces Jesús habló a los
intérpretes de la ley y a los fariseos, diciendo: ¿Es lícito sanar en el día
de reposo? 4 Mas ellos callaron. Y él, tomándole, le sanó, y le despidió. 5 Y
dirigiéndose a ellos, dijo: ¿Quién de vosotros, si su asno o su buey cae en
algún pozo, no lo sacará inmediatamente, aunque sea en día de reposo? 6 Y no
le podían replicar a estas cosas.
Los convidados a las bodas
7 Observando cómo escogían los primeros asientos a la
mesa, refirió a los convidados una parábola, diciéndoles: 8 Cuando fueres
convidado por alguno a bodas, no te sientes en el primer lugar, no sea que
otro más distinguido que tú esté convidado por él, 9 y viniendo el que te
convidó a ti y a él, te diga: Da lugar a éste; y entonces comiences con
vergüenza a ocupar el último lugar. 10 Mas cuando fueres convidado, ve y
siéntate en el último lugar, para que cuando venga el que te convidó, te diga:
Amigo, sube más arriba; entonces tendrás gloria delante de los que se sientan
contigo a la mesa. 11 Porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el
que se humilla, será enaltecido.
12 Dijo también al que le había convidado: Cuando hagas
comida o cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes,
ni a vecinos ricos; no sea que ellos a su vez te vuelvan a convidar, y seas
recompensado. 13 Mas cuando hagas banquete, llama a los pobres, los mancos,
los cojos y los ciegos; 14 y serás bienaventurado; porque ellos no te pueden
recompensar, pero te será recompensado en la resurrección de los justos.
Parábola de la gran cena
15 Oyendo esto uno de los que estaban sentados con él a
la mesa, le dijo: Bienaventurado el que coma pan en el reino de Dios. 16
Entonces Jesús le dijo: Un hombre hizo una gran cena, y convidó a muchos. 17 Y
a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los convidados: Venid, que ya
todo está preparado. 18 Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero dijo:
He comprado una hacienda, y necesito ir a verla; te ruego que me excuses. 19
Otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlos; te ruego que
me excuses. 20 Y otro dijo: Acabo de casarme, y por tanto no puedo ir. 21
Vuelto el siervo, hizo saber estas cosas a su señor. Entonces enojado el padre
de familia, dijo a su siervo: Ve pronto por las plazas y las calles de la
ciudad, y trae acá a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos. 22 Y dijo
el siervo: Señor, se ha hecho como mandaste, y aún hay lugar. 23 Dijo el señor
al siervo: Ve por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para
que se llene mi casa. 24 Porque os digo que ninguno de aquellos hombres que
fueron convidados, gustará mi cena.
Lo que cuesta seguir a Cristo
25 Grandes multitudes iban con él; y volviéndose, les
dijo: 26 Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e
hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi
discípulo. 27 Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi
discípulo. 28 Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se
sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para
acabarla? 29 No sea que después que haya puesto el cimiento, y no pueda
acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él, 30 diciendo:
Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar. 31 ¿O qué rey, al marchar a
la guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si puede hacer
frente con diez mil al que viene contra él con veinte mil? 32 Y si no puede,
cuando el otro está todavía lejos, le envía una embajada y le pide condiciones
de paz. 33 Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que
posee, no puede ser mi discípulo.
Cuando la sal pierde su sabor
(Mt. 5.13; Mr. 9.50)
34 Buena es la sal; mas si la sal se hiciere insípida,
¿con qué se sazonará? 35 Ni para la tierra ni para el muladar es útil; la
arrojan fuera. El que tiene oídos para oír, oiga.
Parábola de la oveja perdida
(Mt. 18.10-14)
LUCAS 15
1 Se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores
para oírle, 2 y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Este a los
pecadores recibe, y con ellos come.
3 Entonces él les refirió esta parábola, diciendo: 4 ¿Qué
hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las
noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla?
5 Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso; 6 y al llegar a
casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he
encontrado mi oveja que se había perdido. 7 Os digo que así habrá más gozo en
el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que
no necesitan de arrepentimiento.
Parábola de la moneda perdida
8 ¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una
dracma, no enciende la lámpara, y barre la casa, y busca con diligencia hasta
encontrarla? 9 Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas, diciendo:
Gozaos conmigo, porque he encontrado la dracma que había perdido. 10 Así os
digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se
arrepiente.
Parábola del hijo pródigo
11 También dijo: Un hombre tenía dos hijos; 12 y el menor
de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me
corresponde; y les repartió los bienes. 13 No muchos días después, juntándolo
todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició
sus bienes viviendo perdidamente. 14 Y cuando todo lo hubo malgastado, vino
una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle. 15 Y fue y se
arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su
hacienda para que apacentase cerdos. 16 Y deseaba llenar su vientre de las
algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba. 17 Y volviendo en sí,
dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo
aquí perezco de hambre! 18 Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he
pecado contra el cielo y contra ti. 19 Ya no soy digno de ser llamado tu hijo;
hazme como a uno de tus jornaleros. 20 Y levantándose, vino a su padre. Y
cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y
corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. 21 Y el hijo le dijo: Padre, he
pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.
22 Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y
poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. 23 Y traed el becerro gordo
y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; 24 porque este mi hijo muerto era, y ha
revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse.
25 Y su hijo mayor estaba en el campo; y cuando vino, y
llegó cerca de la casa, oyó la música y las danzas; 26 y llamando a uno de los
criados, le preguntó qué era aquello. 27 El le dijo: Tu hermano ha venido; y
tu padre ha hecho matar el becerro gordo, por haberle recibido bueno y sano.
28 Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le
rogaba que entrase. 29 Mas él, respondiendo, dijo al padre: He aquí, tantos
años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un
cabrito para gozarme con mis amigos. 30 Pero cuando vino este tu hijo, que ha
consumido tus bienes con rameras, has hecho matar para él el becerro gordo. 31
El entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son
tuyas. 32 Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu
hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado.
Parábola del mayordomo infiel
LUCAS 16
1 Dijo también a sus discípulos: Había un hombre rico que
tenía un mayordomo, y éste fue acusado ante él como disipador de sus bienes. 2
Entonces le llamó, y le dijo: ¿Qué es esto que oigo acerca de tí? Da cuenta de
tu mayordomía, porque ya no podrás más ser mayordomo. 3 Entonces el mayordomo
dijo para sí: ¿Qué haré? Porque mi amo me quita la mayordomía. Cavar, no
puedo; mendigar, me da vergüenza. 4 Ya sé lo que haré para que cuando se me
quite de la mayordomía, me reciban en sus casas. 5 Y llamando a cada uno de
los deudores de su amo, dijo al primero: ¿Cuánto debes a mi amo? 6 El dijo:
Cien barriles de aceite. Y le dijo: Toma tu cuenta, siéntate pronto, y escribe
cincuenta. 7 Después dijo a otro: Y tú, ¿cuánto debes? Y él dijo: Cien medidas
de trigo. El le dijo: Toma tu cuenta, y escribe ochenta. 8 Y alabó el amo al
mayordomo malo por haber hecho sagazmente; porque los hijos de este siglo son
más sagaces en el trato con sus semejantes que los hijos de luz. 9 Y yo os
digo: Ganad amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando éstas
falten, os reciban en las moradas eternas.
10 El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es
fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto. 11
Pues si en las riquezas injustas no fuisteis fieles, ¿quién os confiará lo
verdadero? 12 Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo que es
vuestro? 13 Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al
uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis
servir a Dios y a las riquezas.
14 Y oían también todas estas cosas los fariseos, que
eran avaros, y se burlaban de él. 15 Entonces les dijo: Vosotros sois los que
os justificáis a vosotros mismos delante de los hombres; mas Dios conoce
vuestros corazones; porque lo que los hombres tienen por sublime, delante de
Dios es abominación.
La ley y el reino de Dios
16 La ley y los profetas eran hasta Juan; desde entonces
el reino de Dios es anunciado, y todos se esfuerzan por entrar en él. 17 Pero
más fácil es que pasen el cielo y la tierra, que se frustre una tilde de la
ley.
Jesús enseña sobre el divorcio
(Mt. 19.1-12; Mr. 10.1-12)
18 Todo el que repudia a su mujer, y se casa con otra,
adultera; y el que se casa con la repudiada del marido, adultera.
El rico y Lázaro
19 Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de
lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez. 20 Había también un
mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquél, lleno de
llagas, 21 y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y
aun los perros venían y le lamían las llagas. 22 Aconteció que murió el
mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el
rico, y fue sepultado. 23 Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y
vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. 24 Entonces él, dando voces,
dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la
punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en
esta llama. 25 Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes
en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora éste es consolado aquí, y tú
atormentado. 26 Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros
y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no
pueden, ni de allá pasar acá. 27 Entonces le dijo: Te ruego, pues, padre, que
le envíes a la casa de mi padre, 28 porque tengo cinco hermanos, para que les
testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento. 29
Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos. 30 El entonces
dijo: No, padre Abraham; pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se
arrepentirán. 31 Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas,
tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos.
Ocasiones de caer
(Mt. 18.6-7, 21-22; Mr. 9.42)
LUCAS 17
1 Dijo Jesús a sus discípulos: Imposible es que no vengan
tropiezos; mas ¡ay de aquel por quien vienen! 2 Mejor le fuera que se le atase
al cuello una piedra de molino y se le arrojase al mar, que hacer tropezar a
uno de estos pequeñitos. 3 Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano pecare
contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale. 4 Y si siete veces al
día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me
arrepiento; perdónale.
Auméntanos la fe
5 Dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe. 6
Entonces el Señor dijo: Si tuvierais fe como un grano de mostaza, podríais
decir a este sicómoro: Desarráigate, y plántate en el mar; y os obedecería.
El deber del siervo
7 ¿Quién de vosotros, teniendo un siervo que ara o
apacienta ganado, al volver él del campo, luego le dice: Pasa, siéntate a la
mesa? 8 ¿No le dice más bien: Prepárame la cena, cíñete, y sírveme hasta que
haya comido y bebido; y después de esto, come y bebe tú? 9 ¿Acaso da gracias
al siervo porque hizo lo que se le había mandado? Pienso que no. 10 Así
también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid:
Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos.
Diez leprosos son limpiados
11 Yendo Jesús a Jerusalén, pasaba entre Samaria y
Galilea. 12 Y al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres
leprosos, los cuales se pararon de lejos 13 y alzaron la voz, diciendo:
¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros! 14 Cuando él los vio, les dijo:
Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, fueron
limpiados. 15 Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió,
glorificando a Dios a gran voz, 16 y se postró rostro en tierra a sus pies,
dándole gracias; y éste era samaritano. 17 Respondiendo Jesús, dijo: ¿No son
diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están? 18 ¿No hubo quien
volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero? 19 Y le dijo: Levántate,
vete; tu fe te ha salvado.
La venida del Reino
(Mt. 24.23-28, 36-41)
20 Preguntado por los fariseos, cuándo había de venir el
reino de Dios, les respondió y dijo: El reino de Dios no vendrá con
advertencia, 21 ni dirán: Helo aquí, o helo allí; porque he aquí el reino de
Dios está entre vosotros. 22 Y dijo a sus discípulos: Tiempo vendrá cuando
desearéis ver uno de los días del Hijo del Hombre, y no lo veréis. 23 Y os
dirán: Helo aquí, o helo allí. No vayáis, ni los sigáis. 24 Porque como el
relámpago que al fulgurar resplandece desde un extremo del cielo hasta el
otro, así también será el Hijo del Hombre en su día. 25 Pero primero es
necesario que padezca mucho, y sea desechado por esta generación. 26 Como fue
en los días de Noé, así también será en los días del Hijo del Hombre. 27
Comían, bebían, se casaban y se daban en casamiento, hasta el día en que entró
Noé en el arca, y vino el diluvio y los destruyó a todos. 28 Asimismo como
sucedió en los días de Lot; comían, bebían, compraban, vendían, plantaban,
edificaban; 29 mas el día en que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y
azufre, y los destruyó a todos. 30 Así será el día en que el Hijo del Hombre
se manifieste. 31 En aquel día, el que esté en la azotea, y sus bienes en
casa, no descienda a tomarlos; y el que en el campo, asimismo no vuelva atrás.
32 Acordaos de la mujer de Lot. 33 Todo el que procure salvar su vida, la
perderá; y todo el que la pierda, la salvará. 34 Os digo que en aquella noche
estarán dos en una cama; el uno será tomado, y el otro será dejado. 35 Dos
mujeres estarán moliendo juntas; la una será tomada, y la otra dejada. 36 Dos
estarán en el campo; el uno será tomado, y el otro dejado. 37 Y respondiendo,
le dijeron: ¿Dónde, Señor? El les dijo: Donde estuviere el cuerpo, allí se
juntarán también las águilas.
Parábola de la viuda y el juez injusto
LUCAS 18
1 También les refirió Jesús una parábola sobre la
necesidad de orar siempre, y no desmayar, 2 diciendo: Había en una ciudad un
juez, que ni temía a Dios, ni respetaba a hombre. 3 Había también en aquella
ciudad una viuda, la cual venía a él, diciendo: Hazme justicia de mi
adversario. 4 Y él no quiso por algún tiempo; pero después de esto dijo dentro
de sí: Aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre, 5 sin embargo, porque
esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que viniendo de continuo,
me agote la paciencia. 6 Y dijo el Señor: Oíd lo que dijo el juez injusto. 7
¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche?
¿Se tardará en responderles? 8 Os digo que pronto les hará justicia. Pero
cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?
Parábola del fariseo y el publicano
9 A unos que confiaban en sí mismos como justos, y
menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola: 10 Dos hombres
subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano. 11 El
fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy
gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros,
ni aun como este publicano; 12 ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de
todo lo que gano. 13 Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar
los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio
a mí, pecador. 14 Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que
el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se
humilla será enaltecido.
Jesús bendice a los niños
(Mt. 19.13-15; Mr. 10.13-16)
15 Traían a él los niños para que los tocase; lo cual
viendo los discípulos, les reprendieron. 16 Mas Jesús, llamándolos, dijo:
Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el
reino de Dios. 17 De cierto os digo, que el que no recibe el reino de Dios
como un niño, no entrará en él.
El joven rico
(Mt. 19.16-30; Mr. 10.17-31)
18 Un hombre principal le preguntó, diciendo: Maestro
bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? 19 Jesús le dijo: ¿Por qué me
llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo Dios. 20 Los mandamientos sabes: No
adulterarás; no matarás; no hurtarás; no dirás falso testimonio; honra a tu
padre y a tu madre. 21 El dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud. 22
Jesús, oyendo esto, le dijo: Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes,
y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme. 23 Entonces
él, oyendo esto, se puso muy triste, porque era muy rico. 24 Al ver Jesús que
se había entristecido mucho, dijo: ¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de
Dios los que tienen riquezas! 25 Porque es más fácil pasar un camello por el
ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios. 26 Y los que oyeron
esto dijeron: ¿Quién, pues, podrá ser salvo? 27 El les dijo: Lo que es
imposible para los hombres, es posible para Dios. 28 Entonces Pedro dijo: He
aquí, nosotros hemos dejado nuestras posesiones y te hemos seguido. 29 Y él
les dijo: De cierto os digo, que no hay nadie que haya dejado casa, o padres,
o hermanos, o mujer, o hijos, por el reino de Dios, 30 que no haya de recibir
mucho más en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna.
Nuevamente Jesús anuncia su muerte
(Mt. 20.17-19; Mr. 10.32-34)
31 Tomando Jesús a los doce, les dijo: He aquí subimos a
Jerusalén, y se cumplirán todas las cosas escritas por los profetas acerca del
Hijo del Hombre. 32 Pues será entregado a los gentiles, y será escarnecido, y
afrentado, y escupido. 33 Y después que le hayan azotado, le matarán; mas al
tercer día resucitará. 34 Pero ellos nada comprendieron de estas cosas, y esta
palabra les era encubierta, y no entendían lo que se les decía.
Un ciego de Jericó recibe la vista
(Mt. 20.29-34; Mr. 10.46-52)
35 Aconteció que acercándose Jesús a Jericó, un ciego
estaba sentado junto al camino mendigando; 36 y al oír a la multitud que
pasaba, preguntó qué era aquello. 37 Y le dijeron que pasaba Jesús nazareno.
38 Entonces dio voces, diciendo: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de
mí! 39 Y los que iban delante le reprendían para que callase; pero él clamaba
mucho más: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí! 40 Jesús entonces,
deteniéndose, mandó traerle a su presencia; y cuando llegó, le preguntó, 41
diciendo: ¿Qué quieres que te haga? Y él dijo: Señor, que reciba la vista. 42
Jesús le dijo: Recíbela, tu fe te ha salvado. 43 Y luego vio, y le seguía,
glorificando a Dios; y todo el pueblo, cuando vio aquello, dio alabanza a
Dios.
Jesús y Zaqueo
LUCAS 19
1 Habiendo entrado Jesús en Jericó, iba pasando por la
ciudad. 2 Y sucedió que un varón llamado Zaqueo, que era jefe de los
publicanos, y rico, 3 procuraba ver quién era Jesús; pero no podía a causa de
la multitud, pues era pequeño de estatura. 4 Y corriendo delante, subió a un
árbol sicómoro para verle; porque había de pasar por allí. 5 Cuando Jesús
llegó a aquel lugar, mirando hacia arriba, le vio, y le dijo: Zaqueo, date
prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa. 6 Entonces
él descendió aprisa, y le recibió gozoso. 7 Al ver esto, todos murmuraban,
diciendo que había entrado a posar con un hombre pecador. 8 Entonces Zaqueo,
puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los
pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado. 9
Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también
es hijo de Abraham. 10 Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo
que se había perdido.
Parábola de las diez minas
11 Oyendo ellos estas cosas, prosiguió Jesús y dijo una
parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalén, y ellos pensaban que el reino
de Dios se manifestaría inmediatamente. 12 Dijo, pues: Un hombre noble se fue
a un país lejano, para recibir un reino y volver. 13 Y llamando a diez siervos
suyos, les dio diez minas, y les dijo: Negociad entre tanto que vengo. 14 Pero
sus conciudadanos le aborrecían, y enviaron tras él una embajada, diciendo: No
queremos que éste reine sobre nosotros. 15 Aconteció que vuelto él, después de
recibir el reino, mandó llamar ante él a aquellos siervos a los cuales había
dado el dinero, para saber lo que había negociado cada uno. 16 Vino el
primero, diciendo: Señor, tu mina ha ganado diez minas. 17 El le dijo: Está
bien, buen siervo; por cuanto en lo poco has sido fiel, tendrás autoridad
sobre diez ciudades. 18 Vino otro, diciendo: Señor, tu mina ha producido cinco
minas. 19 Y también a éste dijo: Tú también sé sobre cinco ciudades. 20 Vino
otro, diciendo: Señor, aquí está tu mina, la cual he tenido guardada en un
pañuelo; 21 porque tuve miedo de ti, por cuanto eres hombre severo, que tomas
lo que no pusiste, y siegas lo que no sembraste. 22 Entonces él le dijo: Mal
siervo, por tu propia boca te juzgo. Sabías que yo era hombre severo, que tomo
lo que no puse, y que siego lo que no sembré; 23 ¿por qué, pues, no pusiste mi
dinero en el banco, para que al volver yo, lo hubiera recibido con los
intereses? 24 Y dijo a los que estaban presentes: Quitadle la mina, y dadla al
que tiene las diez minas. 25 Ellos le dijeron: Señor, tiene diez minas. 26
Pues yo os digo que a todo el que tiene, se le dará; mas al que no tiene, aun
lo que tiene se le quitará. 27 Y también a aquellos mis enemigos que no
querían que yo reinase sobre ellos, traedlos acá, y decapitadlos delante de
mí.
La entrada triunfal en Jerusalén
(Mt. 21.1-11; Mr. 11.1-11; Jn. 12.12-19)
28 Dicho esto, iba delante subiendo a Jerusalén. 29 Y
aconteció que llegando cerca de Betfagé y de Betania, al monte que se llama de
los Olivos, envió dos de sus discípulos, 30 diciendo: Id a la aldea de
enfrente, y al entrar en ella hallaréis un pollino atado, en el cual ningún
hombre ha montado jamás; desatadlo, y traedlo. 31 Y si alguien os preguntare:
¿Por qué lo desatáis? le responderéis así: Porque el Señor lo necesita. 32
Fueron los que habían sido enviados, y hallaron como les dijo. 33 Y cuando
desataban el pollino, sus dueños les dijeron: ¿Por qué desatáis el pollino? 34
Ellos dijeron: Porque el Señor lo necesita. 35 Y lo trajeron a Jesús; y
habiendo echado sus mantos sobre el pollino, subieron a Jesús encima. 36 Y a
su paso tendían sus mantos por el camino. 37 Cuando llegaban ya cerca de la
bajada del monte de los Olivos, toda la multitud de los discípulos, gozándose,
comenzó a alabar a Dios a grandes voces por todas las maravillas que habían
visto, 38 diciendo: ¡Bendito el rey que viene en el nombre del Señor; paz en
el cielo, y gloria en las alturas! 39 Entonces algunos de los fariseos de
entre la multitud le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos. 40 El,
respondiendo, les dijo: Os digo que si éstos callaran, las piedras clamarían.
41 Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró
sobre ella, 42 diciendo: ¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu
día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos. 43 Porque
vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con vallado, y te
sitiarán, y por todas partes te estrecharán, 44 y te derribarán a tierra, y a
tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no
conociste el tiempo de tu visitación.
Purificación del templo
(Mt. 21.12-17; Mr. 11.15-19; Jn. 2.13-22)
45 Y entrando en el templo, comenzó a echar fuera a todos
los que vendían y compraban en él, 46 diciéndoles: Escrito está: Mi casa es
casa de oración; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones. 47 Y enseñaba
cada día en el templo; pero los principales sacerdotes, los escribas y los
principales del pueblo procuraban matarle. 48 Y no hallaban nada que pudieran
hacerle, porque todo el pueblo estaba suspenso oyéndole.
La autoridad de Jesús
(Mt. 21.23-27; Mr. 11.27-33)
LUCAS 20
1 Sucedió un día, que enseñando Jesús al pueblo en el
templo, y anunciando el evangelio, llegaron los principales sacerdotes y los
escribas, con los ancianos, 2 y le hablaron diciendo: Dinos: ¿con qué
autoridad haces estas cosas? ¿o quién es el que te ha dado esta autoridad? 3
Respondiendo Jesús, les dijo: Os haré yo también una pregunta; respondedme: 4
El bautismo de Juan, ¿era del cielo, o de los hombres? 5 Entonces ellos
discutían entre sí, diciendo: Si decimos, del cielo, dirá: ¿Por qué, pues, no
le creísteis? 6 Y si decimos, de los hombres, todo el pueblo nos apedreará;
porque están persuadidos de que Juan era profeta. 7 Y respondieron que no
sabían de dónde fuese. 8 Entonces Jesús les dijo: Yo tampoco os diré con qué
autoridad hago estas cosas.
Los labradores malvados
(Mt. 21.33-44; Mr. 12.1-11)
9 Comenzó luego a decir al pueblo esta parábola: Un
hombre plantó una viña, la arrendó a labradores, y se ausentó por mucho
tiempo. 10 Y a su tiempo envió un siervo a los labradores, para que le diesen
del fruto de la viña; pero los labradores le golpearon, y le enviaron con las
manos vacías. 11 Volvió a enviar otro siervo; mas ellos a éste también,
golpeado y afrentado, le enviaron con las manos vacías. 12 Volvió a enviar un
tercer siervo; mas ellos también a éste echaron fuera, herido. 13 Entonces el
señor de la viña dijo: ¿Qué haré? Enviaré a mi hijo amado; quizás cuando le
vean a él, le tendrán respeto. 14 Mas los labradores, al verle, discutían
entre sí, diciendo: Este es el heredero; venid, matémosle, para que la heredad
sea nuestra. 15 Y le echaron fuera de la viña, y le mataron. ¿Qué, pues, les
hará el señor de la viña? 16 Vendrá y destruirá a estos labradores, y dará su
viña a otros. Cuando ellos oyeron esto, dijeron: ¡Dios nos libre! 17 Pero él,
mirándolos, dijo: ¿Qué, pues, es lo que está escrito:
La piedra que desecharon los edificadores
Ha venido a ser cabeza del ángulo?
18 Todo el que cayere sobre aquella piedra, será
quebrantado; mas sobre quien ella cayere, le desmenuzará.
La cuestión del tributo
(Mt. 21.45-46; 22.15-22; Mr. 12.12-17)
19 Procuraban los principales sacerdotes y los escribas
echarle mano en aquella hora, porque comprendieron que contra ellos había
dicho esta parábola; pero temieron al pueblo. 20 Y acechándole enviaron espías
que se simulasen justos, a fin de sorprenderle en alguna palabra, para
entregarle al poder y autoridad del gobernador. 21 Y le preguntaron, diciendo:
Maestro, sabemos que dices y enseñas rectamente, y que no haces acepción de
persona, sino que enseñas el camino de Dios con verdad. 22 ¿Nos es lícito dar
tributo a César, o no? 23 Mas él, comprendiendo la astucia de ellos, les dijo:
¿Por qué me tentáis? 24 Mostradme la moneda. ¿De quién tiene la imagen y la
inscripción? Y respondiendo dijeron: De César. 25 Entonces les dijo: Pues dad
a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios. 26 Y no pudieron
sorprenderle en palabra alguna delante del pueblo, sino que maravillados de su
respuesta, callaron.
La pregunta sobre la resurrección
(Mt. 22.23-33; Mr. 12.18-27)
27 Llegando entonces algunos de los saduceos, los cuales
niegan haber resurrección, le preguntaron, 28 diciendo: Maestro, Moisés nos
escribió: Si el hermano de alguno muriere teniendo mujer, y no dejare hijos,
que su hermano se case con ella, y levante descendencia a su hermano. 29 Hubo,
pues, siete hermanos; y el primero tomó esposa, y murió sin hijos. 30 Y la
tomó el segundo, el cual también murió sin hijos. 31 La tomó el tercero, y así
todos los siete, y murieron sin dejar descendencia. 32 Finalmente murió
también la mujer. 33 En la resurrección, pues, ¿de cuál de ellos será mujer,
ya que los siete la tuvieron por mujer?
34 Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Los hijos de
este siglo se casan, y se dan en casamiento; 35 mas los que fueren tenidos por
dignos de alcanzar aquel siglo y la resurrección de entre los muertos, ni se
casan, ni se dan en casamiento. 36 Porque no pueden ya más morir, pues son
iguales a los ángeles, y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección.
37 Pero en cuanto a que los muertos han de resucitar, aun Moisés lo enseñó en
el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor, Dios de Abraham, Dios de Isaac y
Dios de Jacob. 38 Porque Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, pues para
él todos viven. 39 Respondiéndole algunos de los escribas, dijeron: Maestro,
bien has dicho. 40 Y no osaron preguntarle nada más.
¿De quién es hijo el Cristo?
(Mt. 22.41-46; Mr. 12.35-37)
41 Entonces él les dijo: ¿Cómo dicen que el Cristo es
hijo de David? 42 Pues el mismo David dice en el libro de los Salmos:
Dijo el Señor a mi Señor:
Siéntate a mi diestra,
43 Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus
pies.
44 David, pues, le llama Señor; ¿cómo entonces es su
hijo?
Jesús acusa a los escribas
(Mt. 23.1-36; Mr. 12.38-40; Lc. 11.37-54)
45 Y oyéndole todo el pueblo, dijo a sus discípulos: 46
Guardaos de los escribas, que gustan de andar con ropas largas, y aman las
salutaciones en las plazas, y las primeras sillas en las sinagogas, y los
primeros asientos en las cenas; 47 que devoran las casas de las viudas, y por
pretexto hacen largas oraciones; éstos recibirán mayor condenación.
La ofrenda de la viuda
(Mr. 12.41-44)
LUCAS 21
1 Levantando los ojos, vio a los ricos que echaban sus
ofrendas en el arca de las ofrendas. 2 Vio también a una viuda muy pobre, que
echaba allí dos blancas. 3 Y dijo: En verdad os digo, que esta viuda pobre
echó más que todos. 4 Porque todos aquéllos echaron para las ofrendas de Dios
de lo que les sobra; mas ésta, de su pobreza echó todo el sustento que tenía.
Jesús predice la destrucción del templo
(Mt. 24.1-2; Mr. 13.1-2)
5 Y a unos que hablaban de que el templo estaba adornado
de hermosas piedras y ofrendas votivas, dijo: 6 En cuanto a estas cosas que
veis, días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra, que no sea
destruida.
Señales antes del fin
(Mt. 24.3-28; Mr. 13.3-23)
7 Y le preguntaron, diciendo: Maestro, ¿cuándo será esto?
¿y qué señal habrá cuando estas cosas estén para suceder? 8 El entonces dijo:
Mirad que no seáis engañados; porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo
soy el Cristo, y: El tiempo está cerca. Mas no vayáis en pos de ellos. 9 Y
cuando oigáis de guerras y de sediciones, no os alarméis; porque es necesario
que estas cosas acontezcan primero; pero el fin no será inmediatamente.
10 Entonces les dijo: Se levantará nación contra nación,
y reino contra reino; 11 y habrá grandes terremotos, y en diferentes lugares
hambres y pestilencias; y habrá terror y grandes señales del cielo. 12 Pero
antes de todas estas cosas os echarán mano, y os perseguirán, y os entregarán
a las sinagogas y a las cárceles, y seréis llevados ante reyes y ante
gobernadores por causa de mi nombre. 13 Y esto os será ocasión para dar
testimonio. 14 Proponed en vuestros corazones no pensar antes cómo habéis de
responder en vuestra defensa; 15 porque yo os daré palabra y sabiduría, la
cual no podrán resistir ni contradecir todos los que se opongan. 16 Mas seréis
entregados aun por vuestros padres, y hermanos, y parientes, y amigos; y
matarán a algunos de vosotros; 17 y seréis aborrecidos de todos por causa de
mi nombre. 18 Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá. 19 Con vuestra
paciencia ganaréis vuestras almas.
20 Pero cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos,
sabed entonces que su destrucción ha llegado. 21 Entonces los que estén en
Judea, huyan a los montes; y los que en medio de ella, váyanse; y los que
estén en los campos, no entren en ella. 22 Porque estos son días de
retribución, para que se cumplan todas las cosas que están escritas. 23 Mas
¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días! porque
habrá gran calamidad en la tierra, e ira sobre este pueblo. 24 Y caerán a filo
de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será
hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan.
La venida del Hijo del Hombre
(Mt. 24.29-35, 42-44; Mr. 13.24-37)
25 Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las
estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del
bramido del mar y de las olas; 26 desfalleciendo los hombres por el temor y la
expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra; porque las potencias
de los cielos serán conmovidas. 27 Entonces verán al Hijo del Hombre, que
vendrá en una nube con poder y gran gloria. 28 Cuando estas cosas comiencen a
suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está
cerca.
29 También les dijo una parábola: Mirad la higuera y
todos los árboles. 30 Cuando ya brotan, viéndolo, sabéis por vosotros mismos
que el verano está ya cerca. 31 Así también vosotros, cuando veáis que suceden
estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios. 32 De cierto os digo, que
no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca. 33 El cielo y la
tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.
34 Mirad también por vosotros mismos, que vuestros
corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta
vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día. 35 Porque como un lazo
vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra. 36 Velad,
pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas
estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre.
37 Y enseñaba de día en el templo; y de noche, saliendo,
se estaba en el monte que se llama de los Olivos. 38 Y todo el pueblo venía a
él por la mañana, para oírle en el templo.
El complot para matar a Jesús
(Mt. 26.1-5, 14-16; Mr. 14.1-2, 10-11; Jn. 11.45-53)
LUCAS 22
1 Estaba cerca la fiesta de los panes sin levadura, que
se llama la pascua. 2 Y los principales sacerdotes y los escribas buscaban
cómo matarle; porque temían al pueblo.
3 Y entró Satanás en Judas, por sobrenombre Iscariote, el
cual era uno del número de los doce; 4 y éste fue y habló con los principales
sacerdotes, y con los jefes de la guardia, de cómo se lo entregaría. 5 Ellos
se alegraron, y convinieron en darle dinero. 6 Y él se comprometió, y buscaba
una oportunidad para entregárselo a espaldas del pueblo.
Institución de la Cena del Señor
(Mt. 26.17-29; Mr. 14.12-25; Jn. 13.21-30; 1 Co.
11.23-26)
7 Llegó el día de los panes sin levadura, en el cual era
necesario sacrificar el cordero de la pascua. 8 Y Jesús envió a Pedro y a
Juan, diciendo: Id, preparadnos la pascua para que la comamos. 9 Ellos le
dijeron: ¿Dónde quieres que la preparemos? 10 El les dijo: He aquí, al entrar
en la ciudad os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua;
seguidle hasta la casa donde entrare, 11 y decid al padre de familia de esa
casa: El Maestro te dice: ¿Dónde está el aposento donde he de comer la pascua
con mis discípulos? 12 Entonces él os mostrará un gran aposento alto ya
dispuesto; preparad allí. 13 Fueron, pues, y hallaron como les había dicho; y
prepararon la pascua.
14 Cuando era la hora, se sentó a la mesa, y con él los
apóstoles. 15 Y les dijo: ¡Cuánto he deseado comer con vosotros esta pascua
antes que padezca! 16 Porque os digo que no la comeré más, hasta que se cumpla
en el reino de Dios. 17 Y habiendo tomado la copa, dio gracias, y dijo: Tomad
esto, y repartidlo entre vosotros; 18 porque os digo que no beberé más del
fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga. 19 Y tomó el pan y dio
gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros
es dado; haced esto en memoria de mí. 20 De igual manera, después que hubo
cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que
por vosotros se derrama. 21 Mas he aquí, la mano del que me entrega está
conmigo en la mesa. 22 A la verdad el Hijo del Hombre va, según lo que está
determinado; pero ¡ay de aquel hombre por quien es entregado! 23 Entonces
ellos comenzaron a discutir entre sí, quién de ellos sería el que había de
hacer esto.
La grandeza en el servicio
24 Hubo también entre ellos una disputa sobre quién de
ellos sería el mayor. 25 Pero él les dijo: Los reyes de las naciones se
enseñorean de ellas, y los que sobre ellas tienen autoridad son llamados
bienhechores; 26 mas no así vosotros, sino sea el mayor entre vosotros como el
más joven, y el que dirige, como el que sirve. 27 Porque, ¿cuál es mayor, el
que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa?
Mas yo estoy entre vosotros como el que sirve.
28 Pero vosotros sois los que habéis permanecido conmigo
en mis pruebas. 29 Yo, pues, os asigno un reino, como mi Padre me lo asignó a
mí, 30 para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis en tronos
juzgando a las doce tribus de Israel.
Jesús anuncia la negación de Pedro
(Mt. 26.31-35; Mr. 14.27-31; Jn. 13.36-38)
31 Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás
os ha pedido para zarandearos como a trigo; 32 pero yo he rogado por ti, que
tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos. 33 El le dijo:
Señor, dispuesto estoy a ir contigo no sólo a la cárcel, sino también a la
muerte. 34 Y él le dijo: Pedro, te digo que el gallo no cantará hoy antes que
tú niegues tres veces que me conoces.
Bolsa, alforja y espada
35 Y a ellos dijo: Cuando os envié sin bolsa, sin
alforja, y sin calzado, ¿os faltó algo? Ellos dijeron: Nada. 36 Y les dijo:
Pues ahora, el que tiene bolsa, tómela, y también la alforja; y el que no
tiene espada, venda su capa y compre una. 37 Porque os digo que es necesario
que se cumpla todavía en mí aquello que está escrito: Y fue contado con los
inicuos; porque lo que está escrito de mí, tiene cumplimiento. 38 Entonces
ellos dijeron: Señor, aquí hay dos espadas. Y él les dijo: Basta.
Jesús ora en Getsemaní
(Mt. 26.36-46; Mr. 14.32-42)
39 Y saliendo, se fue, como solía, al monte de los
Olivos; y sus discípulos también le siguieron. 40 Cuando llegó a aquel lugar,
les dijo: Orad que no entréis en tentación. 41 Y él se apartó de ellos a
distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró, 42 diciendo:
Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la
tuya. 43 Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle. 44 Y estando
en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre
que caían hasta la tierra. 45 Cuando se levantó de la oración, y vino a sus
discípulos, los halló durmiendo a causa de la tristeza; 46 y les dijo: ¿Por
qué dormís? Levantaos, y orad para que no entréis en tentación.
Arresto de Jesús
(Mt. 26.47-56; Mr. 14.43-50; Jn. 18.2-11)
47 Mientras él aún hablaba, se presentó una turba; y el
que se llamaba Judas, uno de los doce, iba al frente de ellos; y se acercó
hasta Jesús para besarle. 48 Entonces Jesús le dijo: Judas, ¿con un beso
entregas al Hijo del Hombre? 49 Viendo los que estaban con él lo que había de
acontecer, le dijeron: Señor, ¿heriremos a espada? 50 Y uno de ellos hirió a
un siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha. 51 Entonces
respondiendo Jesús, dijo: Basta ya; dejad. Y tocando su oreja, le sanó. 52 Y
Jesús dijo a los principales sacerdotes, a los jefes de la guardia del templo
y a los ancianos, que habían venido contra él: ¿Como contra un ladrón habéis
salido con espadas y palos? 53 Habiendo estado con vosotros cada día en el
templo, no extendisteis las manos contra mí; mas esta es vuestra hora, y la
potestad de la tinieblas.
Pedro niega a Jesús
(Mt. 26.57-58, 69-75; Mr. 14.53-54, 66-72; Jn. 18.12-18,
25-27)
54 Y prendiéndole, le llevaron, y le condujeron a casa
del sumo sacerdote. Y Pedro le seguía de lejos. 55 Y habiendo ellos encendido
fuego en medio del patio, se sentaron alrededor; y Pedro se sentó también
entre ellos. 56 Pero una criada, al verle sentado al fuego, se fijó en él, y
dijo: También éste estaba con él. 57 Pero él lo negó, diciendo: Mujer, no lo
conozco. 58 Un poco después, viéndole otro, dijo: Tú también eres de ellos. Y
Pedro dijo: Hombre, no lo soy. 59 Como una hora después, otro afirmaba,
diciendo: Verdaderamente también éste estaba con él, porque es galileo. 60 Y
Pedro dijo: Hombre, no sé lo que dices. Y en seguida, mientras él todavía
hablaba, el gallo cantó. 61 Entonces, vuelto el Señor, miró a Pedro; y Pedro
se acordó de la palabra del Señor, que le había dicho: Antes que el gallo
cante, me negarás tres veces. 62 Y Pedro, saliendo fuera, lloró amargamente.
Jesús escarnecido y azotado
(Mt. 26.67-68; Mr. 14.65)
63 Y los hombres que custodiaban a Jesús se burlaban de
él y le golpeaban; 64 y vendándole los ojos, le golpeaban el rostro, y le
preguntaban, diciendo: Profetiza, ¿quién es el que te golpeó? 65 Y decían
otras muchas cosas injuriándole.
Jesús ante el concilio
(Mt. 26.59-66; Mr. 14.55-64; Jn. 18.19-24)
66 Cuando era de día, se juntaron los ancianos del
pueblo, los principales sacerdotes y los escribas, y le trajeron al concilio,
diciendo: 67 ¿Eres tú el Cristo? Dínoslo. Y les dijo: Si os lo dijere, no
creeréis; 68 y también si os preguntare, no me responderéis, ni me soltaréis.
69 Pero desde ahora el Hijo del Hombre se sentaré a la diestra del poder de
Dios. 70 Dijeron todos: ¿Luego eres tú el Hijo de Dios? Y él les dijo:
Vosotros decís que lo soy. 71 Entonces ellos dijeron: ¿Qué más testimonio
necesitamos? porque nosotros mismos lo hemos oído de su boca.
Jesús ante Pilato
(Mt. 27.1-2, 11-14; Mr. 15.1-5; Jn. 18.28-38)
LUCAS 23
1 Levantándose entonces toda la muchedumbre de ellos,
llevaron a Jesús a Pilato. 2 Y comenzaron a acusarle, diciendo: A éste hemos
hallado que pervierte a la nación, y que prohibe dar tributo a César, diciendo
que él mismo es el Cristo, un rey. 3 Entonces Pilato le preguntó, diciendo:
¿Eres tú el Rey de los judíos? Y respondiéndole él, dijo: Tú lo dices. 4 Y
Pilato dijo a los principales sacerdotes, y a la gente: Ningún delito hallo en
este hombre. 5 Pero ellos porfiaban, diciendo: Alborota al pueblo, enseñando
por toda Judea, comenzando desde Galilea hasta aquí.
Jesús ante Herodes
6 Entonces Pilato, oyendo decir, Galilea, preguntó si el
hombre era galileo. 7 Y al saber que era de la jurisdicción de Herodes, le
remitió a Herodes, que en aquellos días también estaba en Jerusalén. 8
Herodes, viendo a Jesús, se alegró mucho, porque hacía tiempo que deseaba
verle; porque había oído muchas cosas acerca de él, y esperaba verle hacer
alguna señal. 9 Y le hacía muchas preguntas, pero él nada le respondió. 10 Y
estaban los principales sacerdotes y los escribas acusándole con gran
vehemencia. 11 Entonces Herodes con sus soldados le menospreció y escarneció,
vistiéndole de una ropa espléndida; y volvió a enviarle a Pilato. 12 Y se
hicieron amigos Pilato y Herodes aquel día; porque antes estaban enemistados
entre sí.
Jesús sentenciado a muerte
(Mt. 27.15-26; Mr. 15.6-15; Jn. 18.38-19.16)
13 Entonces Pilato, convocando a los principales
sacerdotes, a los gobernantes, y al pueblo, 14 les dijo: Me habéis presentado
a éste como un hombre que perturba al pueblo; pero habiéndole interrogado yo
delante de vosotros, no he hallado en este hombre delito alguno de aquellos de
que le acusáis. 15 Y ni aun Herodes, porque os remití a él; y he aquí, nada
digno de muerte ha hecho este hombre. 16 Le soltaré, pues, después de
castigarle. 17 Y tenía necesidad de soltarles uno en cada fiesta.
18 Mas toda la multitud dio voces a una, diciendo: ¡Fuera
con éste, y suéltanos a Barrabás! 19 Este había sido echado en la cárcel por
sedición en la ciudad, y por un homicidio. 20 Les habló otra vez Pilato,
queriendo soltar a Jesús; 21 pero ellos volvieron a dar voces, diciendo:
¡Crucifícale, crucifícale! 22 El les dijo por tercera vez: ¿Pues qué mal ha
hecho éste? Ningún delito digno de muerte he hallado en él; le castigaré,
pues, y le soltaré. 23 Mas ellos instaban a grandes voces, pidiendo que fuese
crucificado. Y las voces de ellos y de los principales sacerdotes
prevalecieron. 24 Entonces Pilato sentenció que se hiciese lo que ellos
pedían; 25 y les soltó a aquel que había sido echado en la cárcel por sedición
y homicidio, a quien habían pedido; y entregó a Jesús a la voluntad de ellos.
Crucifixión y muerte de Jesús
(Mt. 27.32-56; Mr. 15.21-41; Jn. 19.17-30)
26 Y llevándole, tomaron a cierto Simón de Cirene, que
venía del campo, y le pusieron encima la cruz para que la llevase tras Jesús.
27 Y le seguía gran multitud del pueblo, y de mujeres que lloraban y hacían
lamentación por él. 28 Pero Jesús, vuelto hacia ellas, les dijo: Hijas de
Jerusalén, no lloréis por mí, sino llorad por vosotras mismas y por vuestros
hijos. 29 Porque he aquí vendrán días en que dirán: Bienaventuradas las
estériles, y los vientres que no concibieron, y los pechos que no criaron. 30
Entonces comenzarán a decir a los montes: Caed sobre nosotros; y a los
collados: Cubridnos. 31 Porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el
seco, qué no se hará?
32 Llevaban también con él a otros dos, que eran
malhechores, para ser muertos. 33 Y cuando llegaron al lugar llamado de la
Calavera, le crucificaron allí, y a los malhechores, uno a la derecha y otro a
la izquierda. 34 Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que
hacen. Y repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes. 35 Y el pueblo
estaba mirando; y aun los gobernantes se burlaban de él, diciendo: A otros
salvó; sálvese a sí mismo, si éste es el Cristo, el escogido de Dios. 36 Los
soldados también le escarnecían, acercándose y presentándole vinagre, 37 y
diciendo: Si tú eres el Rey de los judíos, sálvate a ti mismo. 38 Había
también sobre él un título escrito con letras griegas, latinas y hebreas: ESTE
ES EL REY DE LOS JUDÍOS.
39 Y uno de los malhechores que estaban colgados le
injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros. 40
Respondiendo el otro, le reprendió, diciendo: ¿Ni aun temes tú a Dios, estando
en la misma condenación? 41 Nosotros, a la verdad, justamente padecemos,
porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas éste ningún mal hizo.
42 Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. 43 Entonces
Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.
44 Cuando era como la hora sexta, hubo tinieblas sobre
toda la tierra hasta la hora novena. 45 Y el sol se oscureció, y el velo del
templo se rasgó por la mitad. 46 Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo:
Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró. 47
Cuando el centurión vio lo que había acontecido, dio gloria a Dios, diciendo:
Verdaderamente este hombre era justo. 48 Y toda la multitud de los que estaban
presentes en este espectáculo, viendo lo que había acontecido, se volvían
golpeándose el pecho. 49 Pero todos sus conocidos, y las mujeres que le habían
seguido desde Galilea, estaban lejos mirando estas cosas.
Jesús es sepultado
(Mt. 27.57-61; Mr. 15.42-47; Jn. 19.38-42)
50 Había un varón llamado José, de Arimatea, ciudad de
Judea, el cual era miembro del concilio, varón bueno y justo. 51 Este, que
también esperaba el reino de Dios, y no había consentido en el acuerdo ni en
los hechos de ellos, 52 fue a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. 53 Y
quitándolo, lo envolvió en una sábana, y lo puso en un sepulcro abierto en una
peña, en el cual aún no se había puesto a nadie. 54 Era día de la preparación,
y estaba para comenzar el día de reposo. 55 Y las mujeres que habían venido
con él desde Galilea, siguieron también, y vieron el sepulcro, y cómo fue
puesto su cuerpo. 56 Y vueltas, prepararon especias aromáticas y ungüentos; y
descansaron el día de reposo, conforme al mandamiento.
La resurrección
(Mt. 28.1-10; Mr. 16.1-8; Jn. 20.1-10)
LUCAS 24
1 El primer día de la semana, muy de mañana, vinieron al
sepulcro, trayendo las especias aromáticas que habían preparado, y algunas
otras mujeres con ellas. 2 Y hallaron removida la piedra del sepulcro; 3 y
entrando, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. 4 Aconteció que estando ellas
perplejas por esto, he aquí se pararon junto a ellas dos varones con
vestiduras resplandecientes; 5 y como tuvieron temor, y bajaron el rostro a
tierra, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? 6 No está
aquí, sino que ha resucitado. Acordaos de lo que os habló, cuando aún estaba
en Galilea, 7 diciendo: Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en
manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día. 8
Entonces ellas se acordaron de sus palabras, 9 y volviendo del sepulcro,
dieron nuevas de todas estas cosas a los once, y a todos los demás. 10 Eran
María Magdalena, y Juana, y María madre de Jacobo, y las demás con ellas,
quienes dijeron estas cosas a los apóstoles. 11 Mas a ellos les parecían
locura las palabras de ellas, y no las creían. 12 Pero levantándose Pedro,
corrió al sepulcro; y cuando miró dentro, vio los lienzos solos, y se fue a
casa maravillándose de lo que había sucedido.
En el camino a Emaús
(Mr. 16.12-13)
13 Y he aquí, dos de ellos iban el mismo día a una aldea
llamada Emaús, que estaba a sesenta estadios de Jerusalén. 14 E iban hablando
entre sí de todas aquellas cosas que habían acontecido. 15 Sucedió que
mientras hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó, y caminaba con
ellos. 16 Mas los ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen. 17
Y les dijo: ¿Qué pláticas son estas que tenéis entre vosotros mientras
camináis, y por qué estáis tristes? 18 Respondiendo uno de ellos, que se
llamaba Cleofas, le dijo: ¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no has
sabido las cosas que en ella han acontecido en estos días? 19 Entonces él les
dijo: ¿Qué cosas? Y ellos le dijeron: De Jesús nazareno, que fue varón
profeta, poderoso en obra y en palabra delante de Dios y de todo el pueblo; 20
y cómo le entregaron los principales sacerdotes y nuestros gobernantes a
sentencia de muerte, y le crucificaron. 21 Pero nosotros esperábamos que él
era el que había de redimir a Israel; y ahora, además de todo esto, hoy es ya
el tercer día que esto ha acontecido. 22 Aunque también nos han asombrado unas
mujeres de entre nosotros, las que antes del día fueron al sepulcro; 23 y como
no hallaron su cuerpo, vinieron diciendo que también habían visto visión de
ángeles, quienes dijeron que él vive. 24 Y fueron algunos de los nuestros al
sepulcro, y hallaron así como las mujeres habían dicho, pero a él no le
vieron. 25 Entonces él les dijo: ¡Oh insensatos, y tardos de corazón para
creer todo lo que los profetas han dicho! 26 ¿No era necesario que el Cristo
padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria? 27 Y comenzando desde
Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las
Escrituras lo que de él decían.
28 Llegaron a la aldea adonde iban, y él hizo como que
iba más lejos. 29 Mas ellos le obligaron a quedarse, diciendo: Quédate con
nosotros, porque se hace tarde, y el día ya ha declinado. Entró, pues, a
quedarse con ellos. 30 Y aconteció que estando sentado con ellos a la mesa,
tomó el pan y lo bendijo, lo partió, y les dio. 31 Entonces les fueron
abiertos los ojos, y le reconocieron; mas él se desapareció de su vista. 32 Y
se decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos
hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras? 33 Y levantándose en
la misma hora, volvieron a Jerusalén, y hallaron a los once reunidos, y a los
que estaban con ellos, 34 que decían: Ha resucitado el Señor verdaderamente, y
ha aparecido a Simón. 35 Entonces ellos contaban las cosas que les habían
acontecido en el camino, y cómo le habían reconocido al partir el pan.
Jesús se aparece a los discípulos
(Mt. 28.16-20; Mr. 16.14-18; Jn. 20.19-23)
36 Mientras ellos aún hablaban de estas cosas, Jesús se
puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros. 37 Entonces, espantados y
atemorizados, pensaban que veían espíritu. 38 Pero él les dijo: ¿Por qué
estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos? 39 Mirad mis
manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene
carne ni huesos, como veis que yo tengo. 40 Y diciendo esto, les mostró las
manos y los pies. 41 Y como todavía ellos, de gozo, no lo creían, y estaban
maravillados, les dijo: ¿Tenéis aquí algo de comer? 42 Entonces le dieron
parte de un pez asado, y un panal de miel. 43 Y él lo tomó, y comió delante de
ellos.
44 Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé,
estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está
escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos. 45
Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras; 46
y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y
resucitase de los muertos al tercer día; 47 y que se predicase en su nombre el
arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde
Jerusalén. 48 Y vosotros sois testigos de estas cosas. 49 He aquí, yo enviaré
la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de
Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto.
La ascensión
(Mr. 16.19-20)
50 Y los sacó fuera hasta Betania, y alzando sus manos,
los bendijo. 51 Y aconteció que bendiciéndolos, se separó de ellos, y fue
llevado arriba al cielo. 52 Ellos, después de haberle adorado, volvieron a
Jerusalén con gran gozo; 53 y estaban siempre en el templo, alabando y
bendiciendo a Dios. Amén.
El Evangelio Según
SAN JUAN
El Verbo hecho carne
JUAN 1
1 En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios,
y el Verbo era Dios. 2 Este era en el principio con Dios. 3 Todas las cosas
por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. 4 En
él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. 5 La luz en las
tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.
6 Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba
Juan. 7 Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin
de que todos creyesen por él. 8 No era él la luz, sino para que diese
testimonio de la luz.
9 Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía
a este mundo. 10 En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el
mundo no le conoció. 11 A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. 12 Mas a
todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de
ser hechos hijos de Dios; 13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de
voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.
14 Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros
(y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de
verdad. 15 Juan dio testimonio de él, y clamó diciendo: Este es de quien yo
decía: El que viene después de mí, es antes de mí; porque era primero que yo.
16 Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia. 17 Pues la ley
por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de
Jesucristo. 18 A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el
seno del Padre, él le ha dado a conocer.
Testimonio de Juan el Bautista
(Mt. 3.11-12; Mr. 1.7-8; Lc. 3.15-17)
19 Este es el testimonio de Juan, cuando los judíos
enviaron de Jerusalén sacerdotes y levitas para que le preguntasen: ¿Tú, quién
eres? 20 Confesó, y no negó, sino confesó: Yo no soy el Cristo. 21 Y le
preguntaron: ¿Qué pues? ¿Eres tú Elías? Dijo: No soy. ¿Eres tú el profeta? Y
respondió: No. 22 Le dijeron: ¿Pues quién eres? para que demos respuesta a los
que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo? 23 Dijo: Yo soy la voz de uno que
clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor, como dijo el profeta
Isaías.
24 Y los que habían sido enviados eran de los fariseos.
25 Y le preguntaron, y le dijeron: ¿Por qué, pues, bautizas, si tú no eres el
Cristo, ni Elías, ni el profeta? 26 Juan les respondió diciendo: Yo bautizo
con agua; mas en medio de vosotros está uno a quien vosotros no conocéis. 27
Este es el que viene después de mí, el que es antes de mí, del cual yo no soy
digno de desatar la correa del calzado. 28 Estas cosas sucedieron en Betábara,
al otro lado del Jordán, donde Juan estaba bautizando.
El Cordero de Dios
29 El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y
dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. 30 Este es
aquel de quien yo dije: Después de mí viene un varón, el cual es antes de mí;
porque era primero que yo. 31 Y yo no le conocía; mas para que fuese
manifestado a Israel, por esto vine yo bautizando con agua. 32 También dio
Juan testimonio, diciendo: Vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma,
y permaneció sobre él. 33 Y yo no le conocía; pero el que me envió a bautizar
con agua, aquél me dijo: Sobre quien veas descender el Espíritu y que
permanece sobre él, ése es el que bautiza con el Espíritu Santo. 34 Y yo le vi,
y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.
Los primeros discípulos
35 El siguiente día otra vez estaba Juan, y dos de sus
discípulos. 36 Y mirando a Jesús que andaba por allí, dijo: He aquí el Cordero
de Dios. 37 Le oyeron hablar los dos discípulos, y siguieron a Jesús. 38 Y
volviéndose Jesús, y viendo que le seguían, les dijo: ¿Qué buscáis? Ellos le
dijeron: Rabí (que traducido es, Maestro), ¿dónde moras? 39 Les dijo: Venid y
ved. Fueron, y vieron donde moraba, y se quedaron con él aquel día; porque era
como la hora décima. 40 Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que
habían oído a Juan, y habían seguido a Jesús. 41 Este halló primero a su
hermano Simón, y le dijo: Hemos hallado al Mesías (que traducido es, el
Cristo). 42 Y le trajo a Jesús. Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón, hijo
de Jonás; tú serás llamado Cefas (que quiere decir, Pedro).
Jesús llama a Felipe y a Natanael
43 El siguiente día quiso Jesús ir a Galilea, y halló a
Felipe, y le dijo: Sígueme. 44 Y Felipe era de Betsaida, la ciudad de Andrés y
Pedro. 45 Felipe halló a Natanael, y le dijo: Hemos hallado a aquel de quien
escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de
Nazaret. 46 Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo de bueno? Le dijo
Felipe: Ven y ve. 47 Cuando Jesús vio a Natanael que se le acercaba, dijo de
él: He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño. 48 Le dijo
Natanael: ¿De dónde me conoces? Respondió Jesús y le dijo: Antes que Felipe te
llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi. 49 Respondió Natanael y
le dijo: Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel. 50 Respondió
Jesús y le dijo: ¿Porque te dije: Te vi debajo de la higuera, crees? Cosas
mayores que estas verás. 51 Y le dijo: De cierto, de cierto os digo: De aquí
adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y
descienden sobre el Hijo del Hombre.
Las bodas de Caná
JUAN 2
1 Al tercer día se hicieron unas bodas en Caná de
Galilea; y estaba allí la madre de Jesús. 2 Y fueron también invitados a las
bodas Jesús y sus discípulos. 3 Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo:
No tienen vino. 4 Jesús le dijo: ¿Qué tienes conmigo, mujer? Aún no ha venido
mi hora. 5 Su madre dijo a los que servían: Haced todo lo que os dijere. 6 Y
estaban allí seis tinajas de piedra para agua, conforme al rito de la
purificación de los judíos, en cada una de las cuales cabían dos o tres
cántaros. 7 Jesús les dijo: Llenad estas tinajas de agua. Y las llenaron hasta
arriba. 8 Entonces les dijo: Sacad ahora, y llevadlo al maestresala. Y se lo
llevaron. 9 Cuando el maestresala probó el agua hecha vino, sin saber él de
dónde era, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al
esposo, 10 y le dijo: Todo hombre sirve primero el buen vino, y cuando ya han
bebido mucho, entonces el inferior; mas tú has reservado el buen vino hasta
ahora. 11 Este principio de señales hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó
su gloria; y sus discípulos creyeron en él.
12 Después de esto descendieron a Capernaum, él, su
madre, sus hermanos y sus discípulos; y estuvieron allí no muchos días.
Jesús purifica el templo
(Mt. 21.12-13; Mr. 11.15-18; Lc. 19.45-46)
13 Estaba cerca la pascua de los judíos; y subió Jesús a
Jerusalén, 14 y halló en el templo a los que vendían bueyes, ovejas y palomas,
y a los cambistas allí sentados. 15 Y haciendo un azote de cuerdas, echó fuera
del templo a todos, y las ovejas y los bueyes; y esparció las monedas de los
cambistas, y volcó las mesas; 16 y dijo a los que vendían palomas: Quitad de
aquí esto, y no hagáis de la casa de mi Padre casa de mercado. 17 Entonces se
acordaron sus discípulos que está escrito: El celo de tu casa me consume. 18 Y
los judíos respondieron y le dijeron: ¿Qué señal nos muestras, ya que haces
esto? 19 Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo
levantaré. 20 Dijeron luego los judíos: En cuarenta y seis años fue edificado
este templo, ¿y tú en tres días lo levantarás? 21 Mas él hablaba del templo de
su cuerpo. 22 Por tanto, cuando resucitó de entre los muertos, sus discípulos
se acordaron que había dicho esto; y creyeron la Escritura y la palabra que
Jesús había dicho.
Jesús conoce a todos los hombres
23 Estando en Jerusalén en la fiesta de la pascua, muchos
creyeron en su nombre, viendo las señales que hacía. 24 Pero Jesús mismo no se
fiaba de ellos, porque conocía a todos, 25 y no tenía necesidad de que nadie
le diese testimonio del hombre, pues él sabía lo que había en el hombre.
Jesús y Nicodemo
JUAN 3
1 Había un hombre de los fariseos que se llamaba
Nicodemo, un principal entre los judíos. 2 Este vino a Jesús de noche, y le
dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede
hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él. 3 Respondió Jesús y
le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no
puede ver el reino de Dios. 4 Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer
siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y
nacer? 5 Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere
de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. 6 Lo que es
nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. 7
No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. 8 El viento
sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a
dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu. 9 Respondió Nicodemo y
le dijo: ¿Cómo puede hacerse esto? 10 Respondió Jesús y le dijo: ¿Eres tú
maestro de Israel, y no sabes esto? 11 De cierto, de cierto te digo, que lo
que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro
testimonio. 12 Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si
os dijere las celestiales? 13 Nadie subió al cielo, sino el que descendió del
cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo. 14 Y como Moisés levantó la
serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea
levantado, 15 para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida
eterna.
De tal manera amó Dios al mundo
16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a
su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga
vida eterna. 17 Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al
mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. 18 El que en él cree, no es
condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en
el nombre del unigénito Hijo de Dios. 19 Y esta es la condenación: que la luz
vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus
obras eran malas. 20 Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no
viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. 21 Mas el que practica
la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en
Dios.
El amigo del esposo
22 Después de esto, vino Jesús con sus discípulos a la
tierra de Judea, y estuvo allí con ellos, y bautizaba. 23 Juan bautizaba
también en Enón, junto a Salim, porque había allí muchas aguas; y venían, y
eran bautizados. 24 Porque Juan no había sido aún encarcelado.
25 Entonces hubo discusión entre los discípulos de Juan y
los judíos acerca de la purificación. 26 Y vinieron a Juan y le dijeron: Rabí,
mira que el que estaba contigo al otro lado del Jordán, de quien tú diste
testimonio, bautiza, y todos vienen a él. 27 Respondió Juan y dijo: No puede
el hombre recibir nada, si no le fuere dado del cielo. 28 Vosotros mismos me
sois testigos de que dije: Yo no soy el Cristo, sino que soy enviado delante
de él. 29 El que tiene la esposa, es el esposo; mas el amigo del esposo, que
está a su lado y le oye, se goza grandemente de la voz del esposo; así pues,
este mi gozo está cumplido. 30 Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe.
El que viene de arriba
31 El que de arriba viene, es sobre todos; el que es de
la tierra, es terrenal, y cosas terrenales habla; el que viene del cielo, es
sobre todos. 32 Y lo que vio y oyó, esto testifica; y nadie recibe su
testimonio. 33 El que recibe su testimonio, éste atestigua que Dios es veraz.
34 Porque el que Dios envió, las palabras de Dios habla; pues Dios no da el
Espíritu por medida. 35 El Padre ama al Hijo, y todas las cosas ha entregado
en su mano.
36 El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que
rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre
él.
Jesús y la mujer samaritana
JUAN 4
1 Cuando, pues, el Señor entendió que los fariseos habían
oído decir: Jesús hace y bautiza más discípulos que Juan 2 (aunque Jesús no
bautizaba, sino sus discípulos), 3 salió de Judea, y se fue otra vez a
Galilea. 4 Y le era necesario pasar por Samaria. 5 Vino, pues, a una ciudad de
Samaria llamada Sicar, junto a la heredad que Jacob dio a su hijo José. 6 Y
estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó así
junto al pozo. Era como la hora sexta.
7 Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le
dijo: Dame de beber. 8 Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de
comer. 9 La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de
beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan
entre sí. 10 Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién
es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva. 11
La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De
dónde, pues, tienes el agua viva? 12 ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre
Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados?
13 Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a
tener sed; 14 mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás;
sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para
vida eterna. 15 La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo
sed, ni venga aquí a sacarla.
16 Jesús le dijo: Ve, llama a tu marido, y ven acá. 17
Respondió la mujer y dijo: No tengo marido. Jesús le dijo: Bien has dicho: No
tengo marido; 18 porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es
tu marido; esto has dicho con verdad. 19 Le dijo la mujer: Señor, me parece
que tú eres profeta. 20 Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros
decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar. 21 Jesús le dijo:
Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén
adoraréis al Padre. 22 Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo
que sabemos; porque la salvación viene de los judíos. 23 Mas la hora viene, y
ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en
verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. 24 Dios
es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que
adoren. 25 Le dijo la mujer: Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo;
cuando él venga nos declarará todas las cosas. 26 Jesús le dijo: Yo soy, el
que habla contigo.
27 En esto vinieron sus discípulos, y se maravillaron de
que hablaba con una mujer; sin embargo, ninguno dijo: ¿Qué preguntas? o, ¿Qué
hablas con ella? 28 Entonces la mujer dejó su cántaro, y fue a la ciudad, y
dijo a los hombres: 29 Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he
hecho. ¿No será éste el Cristo? 30 Entonces salieron de la ciudad, y vinieron
a él.
31 Entre tanto, los discípulos le rogaban, diciendo:
Rabí, come. 32 El les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no
sabéis. 33 Entonces los discípulos decían unos a otros: ¿Le habrá traído
alguien de comer? 34 Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que
me envió, y que acabe su obra. 35 ¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses
para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los
campos, porque ya están blancos para la siega. 36 Y el que siega recibe
salario, y recoge fruto para vida eterna, para que el que siembra goce
juntamente con el que siega. 37 Porque en esto es verdadero el dicho: Uno es
el que siembra, y otro es el que siega. 38 Yo os he enviado a segar lo que
vosotros no labrasteis; otros labraron, y vosotros habéis entrado en sus
labores.
39 Y muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron
en él por la palabra de la mujer, que daba testimonio diciendo: Me dijo todo
lo que he hecho. 40 Entonces vinieron los samaritanos a él y le rogaron que se
quedase con ellos; y se quedó allí dos días. 41 Y creyeron muchos más por la
palabra de él, 42 y decían a la mujer: Ya no creemos solamente por tu dicho,
porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el
Salvador del mundo, el Cristo.
Jesús sana al hijo de un noble
43 Dos días después, salió de allí y fue a Galilea. 44
Porque Jesús mismo dio testimonio de que el profeta no tiene honra en su
propia tierra. 45 Cuando vino a Galilea, los galileos le recibieron, habiendo
visto todas las cosas que había hecho en Jerusalén, en la fiesta; porque
también ellos habían ido a la fiesta.
46 Vino, pues, Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde
había convertido el agua en vino. Y había en Capernaum un oficial del rey,
cuyo hijo estaba enfermo. 47 Este, cuando oyó que Jesús había llegado de Judea
a Galilea, vino a él y le rogó que descendiese y sanase a su hijo, que estaba
a punto de morir. 48 Entonces Jesús le dijo: Si no viereis señales y
prodigios, no creeréis. 49 El oficial del rey le dijo: Señor, desciende antes
que mi hijo muera. 50 Jesús le dijo: Ve, tu hijo vive. Y el hombre creyó la
palabra que Jesús le dijo, y se fue. 51 Cuando ya él descendía, sus siervos
salieron a recibirle, y le dieron nuevas, diciendo: Tu hijo vive. 52 Entonces
él les preguntó a qué hora había comenzado a estar mejor. Y le dijeron: Ayer a
las siete le dejó la fiebre. 53 El padre entonces entendió que aquella era la
hora en que Jesús le había dicho: Tu hijo vive; y creyó él con toda su casa.
54 Esta segunda señal hizo Jesús, cuando fue de Judea a Galilea.
El paralítico de Betesda
JUAN 5
1 Después de estas cosas había una fiesta de los judíos,
y subió Jesús a Jerusalén.
2 Y hay en Jerusalén, cerca de la puerta de las ovejas,
un estanque, llamado en hebreo Betesda, el cual tiene cinco pórticos. 3 En
éstos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, que
esperaban el movimiento del agua. 4 Porque un ángel descendía de tiempo en
tiempo al estanque, y agitaba el agua; y el que primero descendía al estanque
después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que
tuviese. 5 Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba
enfermo. 6 Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo
así, le dijo: ¿Quieres ser sano? 7 Señor, le respondió el enfermo, no tengo
quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo
voy, otro desciende antes que yo. 8 Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y
anda. 9 Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho, y anduvo. Y
era día de reposo aquel día.
10 Entonces los judíos dijeron a aquel que había sido
sanado: Es día de reposo; no te es lícito llevar tu lecho. 11 El les
respondió: El que me sanó, él mismo me dijo: Toma tu lecho y anda. 12 Entonces
le preguntaron: ¿Quién es el que te dijo: Toma tu lecho y anda? 13 Y el que
había sido sanado no sabía quién fuese, porque Jesús se había apartado de la
gente que estaba en aquel lugar. 14 Después le halló Jesús en el templo, y le
dijo: Mira, has sido sanado; no peques más, para que no te venga alguna cosa
peor. 15 El hombre se fue, y dio aviso a los judíos, que Jesús era el que le
había sanado. 16 Y por esta causa los judíos perseguían a Jesús, y procuraban
matarle, porque hacía estas cosas en el día de reposo. 17 Y Jesús les
respondió: Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo. 18 Por esto los judíos
aun más procuraban matarle, porque no sólo quebrantaba el día de reposo, sino
que también decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios.
La autoridad del Hijo
19 Respondió entonces Jesús, y les dijo: De cierto, de
cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer
al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo
igualmente. 20 Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que
él hace; y mayores obras que estas le mostrará, de modo que vosotros os
maravilléis. 21 Porque como el Padre levanta a los muertos, y les da vida, así
también el Hijo a los que quiere da vida. 22 Porque el Padre a nadie juzga,
sino que todo el juicio dio al Hijo, 23 para que todos honren al Hijo como
honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió.
24 De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y
cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha
pasado de muerte a vida. 25 De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y
ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la
oyeren vivirán. 26 Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha
dado al Hijo el tener vida en sí mismo; 27 y también le dio autoridad de hacer
juicio, por cuanto es el Hijo del Hombre. 28 No os maravilléis de esto; porque
vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; 29 y los
que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo
malo, a resurrección de condenación.
Testigos de Cristo
30 No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así
juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del
que me envió, la del Padre. 31 Si yo doy testimonio acerca de mí mismo, mi
testimonio no es verdadero. 32 Otro es el que da testimonio acerca de mí, y sé
que el testimonio que da de mí es verdadero. 33 Vosotros enviasteis mensajeros
a Juan, y él dio testimonio de la verdad. 34 Pero yo no recibo testimonio de
hombre alguno; mas digo esto, para que vosotros seáis salvos. 35 El era
antorcha que ardía y alumbraba; y vosotros quisisteis regocijaros por un
tiempo en su luz. 36 Mas yo tengo mayor testimonio que el de Juan; porque las
obras que el Padre me dio para que cumpliese, las mismas obras que yo hago,
dan testimonio de mí, que el Padre me ha enviado. 37 También el Padre que me
envió ha dado testimonio de mí. Nunca habéis oído su voz, ni habéis visto su
aspecto, 38 ni tenéis su palabra morando en vosotros; porque a quien él envió,
vosotros no creéis. 39 Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece
que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí;
40 y no queréis venir a mí para que tengáis vida. 41 Gloria de los hombres no
recibo. 42 Mas yo os conozco, que no tenéis amor de Dios en vosotros. 43 Yo he
venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viniere en su propio
nombre, a ése recibiréis. 44 ¿Cómo podéis vosotros creer, pues recibís gloria
los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único? 45 No
penséis que yo voy a acusaros delante del Padre; hay quien os acusa, Moisés,
en quien tenéis vuestra esperanza. 46 Porque si creyeseis a Moisés, me
creeríais a mí, porque de mí escribió él. 47 Pero si no creéis a sus escritos,
¿cómo creeréis a mis palabras?
Alimentación de los cinco mil
(Mt. 14.13-21; Mr. 6.30-44; Lc. 9.10-17)
JUAN 6
1 Después de esto, Jesús fue al otro lado del mar de
Galilea, el de Tiberias. 2 Y le seguía gran multitud, porque veían las señales
que hacía en los enfermos. 3 Entonces subió Jesús a un monte, y se sentó allí
con sus discípulos. 4 Y estaba cerca la pascua, la fiesta de los judíos. 5
Cuando alzó Jesús los ojos, y vio que había venido a él gran multitud, dijo a
Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman éstos? 6 Pero esto decía para
probarle; porque él sabía lo que había de hacer. 7 Felipe le respondió:
Doscientos denarios de pan no bastarían para que cada uno de ellos tomase un
poco. 8 Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, le dijo: 9 Aquí
está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; mas ¿qué
es esto para tantos? 10 Entonces Jesús dijo: Haced recostar la gente. Y había
mucha hierba en aquel lugar; y se recostaron como en número de cinco mil
varones. 11 Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, los repartió
entre los discípulos, y los discípulos entre los que estaban recostados;
asimismo de los peces, cuanto querían. 12 Y cuando se hubieron saciado, dijo a
sus discípulos: Recoged los pedazos que sobraron, para que no se pierda nada.
13 Recogieron, pues, y llenaron doce cestas de pedazos, que de los cinco panes
de cebada sobraron a los que habían comido. 14 Aquellos hombres entonces,
viendo la señal que Jesús había hecho, dijeron: Este verdaderamente es el
profeta que había de venir al mundo.
15 Pero entendiendo Jesús que iban a venir para
apoderarse de él y hacerle rey, volvió a retirarse al monte él solo.
Jesús anda sobre el mar
(Mt. 14.22-27; Mr. 6.45-52)
16 Al anochecer, descendieron sus discípulos al mar, 17 y
entrando en una barca, iban cruzando el mar hacia Capernaum. Estaba ya oscuro,
y Jesús no había venido a ellos. 18 Y se levantaba el mar con un gran viento
que soplaba. 19 Cuando habían remado como veinticinco o treinta estadios,
vieron a Jesús que andaba sobre el mar y se acercaba a la barca; y tuvieron
miedo. 20 Mas él les dijo: Yo soy; no temáis. 21 Ellos entonces con gusto le
recibieron en la barca, la cual llegó en seguida a la tierra adonde iban.
La gente busca a Jesús
22 El día siguiente, la gente que estaba al otro lado del
mar vio que no había habido allí más que una sola barca, y que Jesús no había
entrado en ella con sus discípulos, sino que éstos se habían ido solos. 23
Pero otras barcas habían arribado de Tiberias junto al lugar donde habían
comido el pan después de haber dado gracias el Señor. 24 Cuando vio, pues, la
gente que Jesús no estaba allí, ni sus discípulos, entraron en las barcas y
fueron a Capernaum, buscando a Jesús.
Jesús, el pan de vida
25 Y hallándole al otro lado del mar, le dijeron: Rabí,
¿cuándo llegaste acá? 26 Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os
digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis
el pan y os saciasteis. 27 Trabajad, no por la comida que perece, sino por la
comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque
a éste señaló Dios el Padre. 28 Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para
poner en práctica las obras de Dios? 29 Respondió Jesús y les dijo: Esta es la
obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado. 30 Le dijeron entonces: ¿Qué
señal, pues, haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obra haces? 31
Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del
cielo les dio a comer. 32 Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No
os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo.
33 Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo.
34 Le dijeron: Señor, danos siempre este pan.
35 Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí
viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás. 36 Mas
os he dicho, que aunque me habéis visto, no creéis. 37 Todo lo que el Padre me
da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera. 38 Porque he
descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me
envió. 39 Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que
me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero. 40 Y
esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y
cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.
41 Murmuraban entonces de él los judíos, porque había
dicho: Yo soy el pan que descendió del cielo. 42 Y decían: ¿No es éste Jesús,
el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo, pues, dice
éste: Del cielo he descendido? 43 Jesús respondió y les dijo: No murmuréis
entre vosotros. 44 Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le
trajere; y yo le resucitaré en el día postrero. 45 Escrito está en los
profetas: Y serán todos enseñados por Dios. Así que, todo aquel que oyó al
Padre, y aprendió de él, viene a mí. 46 No que alguno haya visto al Padre,
sino aquel que vino de Dios; éste ha visto al Padre. 47 De cierto, de cierto
os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna. 48 Yo soy el pan de vida. 49
Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron. 50 Este es el pan
que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera. 51 Yo soy el
pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para
siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del
mundo.
52 Entonces los judíos contendían entre sí, diciendo:
¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? 53 Jesús les dijo: De cierto, de
cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre,
no tenéis vida en vosotros. 54 El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene
vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. 55 Porque mi carne es
verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. 56 El que come mi carne y
bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. 57 Como me envió el Padre
viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá
por mí. 58 Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres
comieron el maná, y murieron; el que come de este pan, vivirá eternamente. 59
Estas cosas dijo en la sinagoga, enseñando en Capernaum.
Palabras de vida eterna
60 Al oírlas, muchos de sus discípulos dijeron: Dura es
esta palabra; ¿quién la puede oír? 61 Sabiendo Jesús en sí mismo que sus
discípulos murmuraban de esto, les dijo: ¿Esto os ofende? 62 ¿Pues qué, si
viereis al Hijo del Hombre subir adonde estaba primero? 63 El espíritu es el
que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado
son espíritu y son vida. 64 Pero hay algunos de vosotros que no creen. Porque
Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién le
había de entregar. 65 Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir a
mí, si no le fuere dado del Padre.
66 Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron
atrás, y ya no andaban con él. 67 Dijo entonces Jesús a los doce: ¿Queréis
acaso iros también vosotros? 68 Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién
iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. 69 Y nosotros hemos creído y
conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. 70 Jesús les
respondió: ¿No os he escogido yo a vosotros los doce, y uno de vosotros es
diablo? 71 Hablaba de Judas Iscariote, hijo de Simón; porque éste era el que
le iba a entregar, y era uno de los doce.
Incredulidad de los hermanos de Jesús
JUAN 7
1 Después de estas cosas, andaba Jesús en Galilea; pues
no quería andar en Judea, porque los judíos procuraban matarle. 2 Estaba cerca
la fiesta de los judíos, la de los tabernáculos; 3 y le dijeron sus hermanos:
Sal de aquí, y vete a Judea, para que también tus discípulos vean las obras
que haces. 4 Porque ninguno que procura darse a conocer hace algo en secreto.
Si estas cosas haces, manifiéstate al mundo. 5 Porque ni aun sus hermanos
creían en él. 6 Entonces Jesús les dijo: Mi tiempo aún no ha llegado, mas
vuestro tiempo siempre está presto. 7 No puede el mundo aborreceros a
vosotros; mas a mí me aborrece, porque yo testifico de él, que sus obras son
malas. 8 Subid vosotros a la fiesta; yo no subo todavía a esa fiesta, porque
mi tiempo aún no se ha cumplido. 9 Y habiéndoles dicho esto, se quedó en
Galilea.
Jesús en la fiesta de los tabernáculos
10 Pero después que sus hermanos habían subido, entonces
él también subió a la fiesta, no abiertamente, sino como en secreto. 11 Y le
buscaban los judíos en la fiesta, y decían: ¿Dónde está aquél? 12 Y había gran
murmullo acerca de él entre la multitud, pues unos decían: Es bueno; pero
otros decían: No, sino que engaña al pueblo. 13 Pero ninguno hablaba
abiertamente de él, por miedo a los judíos.
14 Mas a la mitad de la fiesta subió Jesús al templo, y
enseñaba. 15 Y se maravillaban los judíos, diciendo: ¿Cómo sabe éste letras,
sin haber estudiado? 16 Jesús les respondió y dijo: Mi doctrina no es mía,
sino de aquel que me envió. 17 El que quiera hacer la voluntad de Dios,
conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta. 18 El
que habla por su propia cuenta, su propia gloria busca; pero el que busca la
gloria del que le envió, éste es verdadero, y no hay en él injusticia. 19 ¿No
os dio Moisés la ley, y ninguno de vosotros cumple la ley? ¿Por qué procuráis
matarme? 20 Respondió la multitud y dijo: Demonio tienes; ¿quién procura
matarte? 21 Jesús respondió y les dijo: Una obra hice, y todos os maravilláis.
22 Por cierto, Moisés os dio la circuncisión (no porque sea de Moisés, sino de
los padres); y en el día de reposo circuncidáis al hombre. 23 Si recibe el
hombre la circuncisión en el día de reposo, para que la ley de Moisés no sea
quebrantada, ¿os enojáis conmigo porque en el día de reposo sané completamente
a un hombre? 24 No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo
juicio.
¿Es éste el Cristo?
25 Decían entonces unos de Jerusalén: ¿No es éste a quien
buscan para matarle? 26 Pues mirad, habla públicamente, y no le dicen nada.
¿Habrán reconocido en verdad los gobernantes que éste es el Cristo? 27 Pero
éste, sabemos de dónde es; mas cuando venga el Cristo, nadie sabrá de dónde
sea. 28 Jesús entonces, enseñando en el templo, alzó la voz y dijo: A mí me
conocéis, y sabéis de dónde soy; y no he venido de mí mismo, pero el que me
envió es verdadero, a quien vosotros no conocéis. 29 Pero yo le conozco,
porque de él procedo, y él me envió. 30 Entonces procuraban prenderle; pero
ninguno le echó mano, porque aún no había llegado su hora. 31 Y muchos de la
multitud creyeron en él, y decían: El Cristo, cuando venga, ¿hará más señales
que las que éste hace?
Los fariseos envían alguaciles para prender a Jesús
32 Los fariseos oyeron a la gente que murmuraba de él
estas cosas; y los principales sacerdotes y los fariseos enviaron alguaciles
para que le prendiesen. 33 Entonces Jesús dijo: Todavía un poco de tiempo
estaré con vosotros, e iré al que me envió. 34 Me buscaréis, y no me
hallaréis; y a donde yo estaré, vosotros no podréis venir. 35 Entonces los
judíos dijeron entre sí: ¿Adónde se irá éste, que no le hallemos? ¿Se irá a
los dispersos entre los griegos, y enseñará a los griegos? 36 ¿Qué significa
esto que dijo: Me buscaréis, y no me hallaréis; y a donde yo estaré, vosotros
no podréis venir?
Ríos de agua viva
37 En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en
pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. 38 El que
cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.
39 Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues
aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún
glorificado.
División entre la gente
40 Entonces algunos de la multitud, oyendo estas
palabras, decían: Verdaderamente éste es el profeta. 41 Otros decían: Este es
el Cristo. Pero algunos decían: ¿De Galilea ha de venir el Cristo? 42 ¿No dice
la Escritura que del linaje de David, y de la aldea de Belén, de donde era
David, ha de venir el Cristo? 43 Hubo entonces disensión entre la gente a
causa de él. 44 Y algunos de ellos querían prenderle; pero ninguno le echó
mano.
¡Nunca ha hablado hombre así!
45 Los alguaciles vinieron a los principales sacerdotes y
a los fariseos; y éstos les dijeron: ¿Por qué no le habéis traído? 46 Los
alguaciles respondieron: ¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre! 47
Entonces los fariseos les respondieron: ¿También vosotros habéis sido
engañados? 48 ¿Acaso ha creído en él alguno de los gobernantes, o de los
fariseos? 49 Mas esta gente que no sabe la ley, maldita es. 50 Les dijo
Nicodemo, el que vino a él de noche, el cual era uno de ellos: 51 ¿Juzga acaso
nuestra ley a un hombre si primero no le oye, y sabe lo que ha hecho? 52
Respondieron y le dijeron: ¿Eres tú también galileo? Escudriña y ve que de
Galilea nunca se ha levantado profeta.
La mujer adúltera
53 Cada uno se fue a su casa;
JUAN 8
1 y Jesús se fue al monte de los Olivos. 2 Y por la
mañana volvió al templo, y todo el pueblo vino a él; y sentado él, les
enseñaba. 3 Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer
sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio, 4 le dijeron: Maestro, esta
mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. 5 Y en la ley nos
mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices? 6 Mas esto decían
tentándole, para poder acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo,
escribía en tierra con el dedo. 7 Y como insistieran en preguntarle, se
enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en
arrojar la piedra contra ella. 8 E inclinándose de nuevo hacia el suelo,
siguió escribiendo en tierra. 9 Pero ellos, al oír esto, acusados por su
conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los
postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio. 10
Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer,
¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? 11 Ella dijo: Ninguno,
Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.
Jesús, la luz del mundo
12 Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del
mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la
vida. 13 Entonces los fariseos le dijeron: Tú das testimonio acerca de ti
mismo; tu testimonio no es verdadero. 14 Respondió Jesús y les dijo: Aunque yo
doy testimonio acerca de mí mismo, mi testimonio es verdadero, porque sé de
dónde he venido y a dónde voy; pero vosotros no sabéis de dónde vengo, ni a
dónde voy. 15 Vosotros juzgáis según la carne; yo no juzgo a nadie. 16 Y si yo
juzgo, mi juicio es verdadero; porque no soy yo solo, sino yo y el que me
envió, el Padre. 17 Y en vuestra ley está escrito que el testimonio de dos
hombres es verdadero. 18 Yo soy el que doy testimonio de mí mismo, y el Padre
que me envió da testimonio de mí. 19 Ellos le dijeron: ¿Dónde está tu Padre?
Respondió Jesús: Ni a mí me conocéis, ni a mi Padre; si a mí me conocieseis,
también a mi Padre conoceríais. 20 Estas palabras habló Jesús en el lugar de
las ofrendas, enseñando en el templo; y nadie le prendió, porque aún no había
llegado su hora.
A donde yo voy, vosotros no podéis venir
21 Otra vez les dijo Jesús: Yo me voy, y me buscaréis,
pero en vuestro pecado moriréis; a donde yo voy, vosotros no podéis venir. 22
Decían entonces los judíos: ¿Acaso se matará a sí mismo, que dice: A donde yo
voy, vosotros no podéis venir? 23 Y les dijo: Vosotros sois de abajo, yo soy
de arriba; vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. 24 Por eso os
dije que moriréis en vuestros pecados; porque si no creéis que yo soy, en
vuestros pecados moriréis. 25 Entonces le dijeron: ¿Tú quién eres? Entonces
Jesús les dijo: Lo que desde el principio os he dicho. 26 Muchas cosas tengo
que decir y juzgar de vosotros; pero el que me envió es verdadero; y yo, lo
que he oído de él, esto hablo al mundo. 27 Pero no entendieron que les hablaba
del Padre. 28 Les dijo, pues, Jesús: Cuando hayáis levantado al Hijo del
Hombre, entonces conoceréis que yo soy, y que nada hago por mí mismo, sino que
según me enseñó el Padre, así hablo. 29 Porque el que me envió, conmigo está;
no me ha dejado solo el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada. 30
Hablando él estas cosas, muchos creyeron en él.
La verdad os hará libres
31 Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en
él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis
discípulos; 32 y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. 33 Le
respondieron: Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie.
¿Cómo dices tú: Seréis libres?
34 Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que
todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado. 35 Y el esclavo no queda en
la casa para siempre; el hijo sí queda para siempre. 36 Así que, si el Hijo os
libertare, seréis verdaderamente libres. 37 Sé que sois descendientes de
Abraham; pero procuráis matarme, porque mi palabra no halla cabida en
vosotros. 38 Yo hablo lo que he visto cerca del Padre; y vosotros hacéis lo
que habéis oído cerca de vuestro padre.
Sois de vuestro padre el diablo
39 Respondieron y le dijeron: Nuestro padre es Abraham.
Jesús les dijo: Si fueseis hijos de Abraham, las obras de Abraham haríais. 40
Pero ahora procuráis matarme a mí, hombre que os he hablado la verdad, la cual
he oído de Dios; no hizo esto Abraham. 41 Vosotros hacéis las obras de vuestro
padre. Entonces le dijeron: Nosotros no somos nacidos de fornicación; un padre
tenemos, que es Dios. 42 Jesús entonces les dijo: Si vuestro padre fuese Dios,
ciertamente me amaríais; porque yo de Dios he salido, y he venido; pues no he
venido de mí mismo, sino que él me envió. 43 ¿Por qué no entendéis mi
lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra. 44 Vosotros sois de vuestro
padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido
homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay
verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y
padre de mentira. 45 Y a mí, porque digo la verdad, no me creéis. 46 ¿Quién de
vosotros me redarguye de pecado? Pues si digo la verdad, ¿por qué vosotros no
me creéis? 47 El que es de Dios, las palabras de Dios oye; por esto no las oís
vosotros, porque no sois de Dios.
La preexistencia de Cristo
48 Respondieron entonces los judíos, y le dijeron: ¿No
decimos bien nosotros, que tú eres samaritano, y que tienes demonio? 49
Respondió Jesús: Yo no tengo demonio, antes honro a mi Padre; y vosotros me
deshonráis. 50 Pero yo no busco mi gloria; hay quien la busca, y juzga. 51 De
cierto, de cierto os digo, que el que guarda mi palabra, nunca verá muerte. 52
Entonces los judíos le dijeron: Ahora conocemos que tienes demonio. Abraham
murió, y los profetas; y tú dices: El que guarda mi palabra, nunca sufrirá
muerte. 53 ¿Eres tú acaso mayor que nuestro padre Abraham, el cual murió? ¡Y
los profetas murieron! ¿Quién te haces a ti mismo? 54 Respondió Jesús: Si yo
me glorifico a mí mismo, mi gloria nada es; mi Padre es el que me glorifica,
el que vosotros decís que es vuestro Dios. 55 Pero vosotros no le conocéis;
mas yo le conozco, y si dijere que no le conozco, sería mentiroso como
vosotros; pero le conozco, y guardo su palabra. 56 Abraham vuestro padre se
gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó. 57 Entonces le dijeron
los judíos: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham? 58 Jesús les
dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy. 59
Tomaron entonces piedras para arrojárselas; pero Jesús se escondió y salió del
templo; y atravesando por en medio de ellos, se fue.
Jesús sana a un ciego de nacimiento
JUAN 9
1 Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. 2
Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus
padres, para que haya nacido ciego? 3 Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni
sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él. 4 Me es
necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la
noche viene, cuando nadie puede trabajar. 5 Entre tanto que estoy en el mundo,
luz soy del mundo. 6 Dicho esto, escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva,
y untó con el lodo los ojos del ciego, 7 y le dijo: Ve a lavarte en el
estanque de Siloé (que traducido es, Enviado). Fue entonces, y se lavó, y
regresó viendo. 8 Entonces los vecinos, y los que antes le habían visto que
era ciego, decían: ¿No es éste el que se sentaba y mendigaba? 9 Unos decían:
El es; y otros: A él se parece. El decía: Yo soy. 10 Y le dijeron: ¿Cómo te
fueron abiertos los ojos? 11 Respondió él y dijo: Aquel hombre que se llama
Jesús hizo lodo, me untó los ojos, y me dijo: Ve al Siloé, y lávate; y fui, y
me lavé, y recibí la vista. 12 Entonces le dijeron: ¿Dónde está él? El dijo:
No sé.
Los fariseos interrogan al ciego sanado
13 Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. 14
Y era día de reposo cuando Jesús había hecho el lodo, y le había abierto los
ojos. 15 Volvieron, pues, a preguntarle también los fariseos cómo había
recibido la vista. El les dijo: Me puso lodo sobre los ojos, y me lavé, y veo.
16 Entonces algunos de los fariseos decían: Ese hombre no procede de Dios,
porque no guarda el día de reposo. Otros decían: ¿Cómo puede un hombre pecador
hacer estas señales? Y había disensión entre ellos. 17 Entonces volvieron a
decirle al ciego: ¿Qué dices tú del que te abrió los ojos? Y él dijo: Que es
profeta.
18 Pero los judíos no creían que él había sido ciego, y
que había recibido la vista, hasta que llamaron a los padres del que había
recibido la vista, 19 y les preguntaron, diciendo: ¿Es éste vuestro hijo, el
que vosotros decís que nació ciego? ¿Cómo, pues, ve ahora? 20 Sus padres
respondieron y les dijeron: Sabemos que éste es nuestro hijo, y que nació
ciego; 21 pero cómo vea ahora, no lo sabemos; o quién le haya abierto los
ojos, nosotros tampoco lo sabemos; edad tiene, preguntadle a él; él hablará
por sí mismo. 22 Esto dijeron sus padres, porque tenían miedo de los judíos,
por cuanto los judíos ya habían acordado que si alguno confesase que Jesús era
el Mesías, fuera expulsado de la sinagoga. 23 Por eso dijeron sus padres: Edad
tiene, preguntadle a él.
24 Entonces volvieron a llamar al hombre que había sido
ciego, y le dijeron: Da gloria a Dios; nosotros sabemos que ese hombre es
pecador. 25 Entonces él respondió y dijo: Si es pecador, no lo sé; una cosa
sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo. 26 Le volvieron a decir: ¿Qué te
hizo? ¿Cómo te abrió los ojos? 27 El les respondió: Ya os lo he dicho, y no
habéis querido oir; ¿por qué lo queréis oír otra vez? ¿Queréis también
vosotros haceros sus discípulos? 28 Y le injuriaron, y dijeron: Tú eres su
discípulo; pero nosotros, discípulos de Moisés somos. 29 Nosotros sabemos que
Dios ha hablado a Moisés; pero respecto a ése, no sabemos de dónde sea. 30
Respondió el hombre, y les dijo: Pues esto es lo maravilloso, que vosotros no
sepáis de dónde sea, y a mí me abrió los ojos. 31 Y sabemos que Dios no oye a
los pecadores; pero si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad, a ése
oye. 32 Desde el principio no se ha oído decir que alguno abriese los ojos a
uno que nació ciego. 33 Si éste no viniera de Dios, nada podría hacer. 34
Respondieron y le dijeron: Tú naciste del todo en pecado, ¿y nos enseñas a
nosotros? Y le expulsaron.
Ceguera espiritual
35 Oyó Jesús que le habían expulsado; y hallándole, le
dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios? 36 Respondió él y dijo: ¿Quién es, Señor,
para que crea en él? 37 Le dijo Jesús: Pues le has visto, y el que habla
contigo, él es. 38 Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró. 39 Dijo Jesús: Para
juicio he venido yo a este mundo; para que los que no ven, vean, y los que
ven, sean cegados. 40 Entonces algunos de los fariseos que estaban con él, al
oír esto, le dijeron: ¿Acaso nosotros somos también ciegos? 41 Jesús les
respondió: Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; mas ahora, porque decís:
Vemos, vuestro pecado permanece.
Parábola del redil
JUAN 10
1 De cierto, de cierto os digo: El que no entra por la
puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése es ladrón
y salteador. 2 Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es. 3 A
éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por
nombre, y las saca. 4 Y cuando ha sacado fuera todas las propias, va delante
de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. 5 Mas al extraño no
seguirán, sino huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños. 6 Esta
alegoría les dijo Jesús; pero ellos no entendieron qué era lo que les decía.
Jesús, el buen pastor
7 Volvió, pues, Jesús a decirles: De cierto, de cierto os
digo: Yo soy la puerta de las ovejas. 8 Todos los que antes de mí vinieron,
ladrones son y salteadores; pero no los oyeron las ovejas. 9 Yo soy la puerta;
el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos. 10
El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que
tengan vida, y para que la tengan en abundancia. 11 Yo soy el buen pastor; el
buen pastor su vida da por las ovejas. 12 Mas el asalariado, y que no es el
pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas
y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa. 13 Así que el asalariado
huye, porque es asalariado, y no le importan las ovejas. 14 Yo soy el buen
pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen, 15 así como el Padre me
conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas. 16 También
tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y
oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor. 17 Por eso me ama el Padre,
porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. 18 Nadie me la quita, sino que
yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla
a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.
19 Volvió a haber disensión entre los judíos por estas
palabras. 20 Muchos de ellos decían: Demonio tiene, y está fuera de sí; ¿por
qué le oís? 21 Decían otros: Estas palabras no son de endemoniado. ¿Puede
acaso el demonio abrir los ojos de los ciegos?
Los judíos rechazan a Jesús
22 Celebrábase en Jerusalén la fiesta de la dedicación.
Era invierno, 23 y Jesús andaba en el templo por el pórtico de Salomón. 24 Y
le rodearon los judíos y le dijeron: ¿Hasta cuándo nos turbarás el alma? Si tú
eres el Cristo, dínoslo abiertamente. 25 Jesús les respondió: Os lo he dicho,
y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ellas dan testimonio
de mí; 26 pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he
dicho. 27 Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, 28 y yo les
doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. 29
Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la
mano de mi Padre. 30 Yo y el Padre uno somos.
31 Entonces los judíos volvieron a tomar piedras para
apedrearle. 32 Jesús les respondió: Muchas buenas obras os he mostrado de mi
Padre; ¿por cuál de ellas me apedreáis? 33 Le respondieron los judíos,
diciendo: Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; porque tú,
siendo hombre, te haces Dios. 34 Jesús les respondió: ¿No está escrito en
vuestra ley: Yo dije, dioses sois? 35 Si llamó dioses a aquellos a quienes
vino la palabra de Dios (y la Escritura no puede ser quebrantada), 36 ¿al que
el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís: Tú blasfemas, porque
dije: Hijo de Dios soy? 37 Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis. 38
Mas si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que
conozcáis y creáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre. 39 Procuraron
otra vez prenderle, pero él se escapó de sus manos.
40 Y se fue de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar
donde primero había estado bautizando Juan; y se quedó allí. 41 Y muchos
venían a él, y decían: Juan, a la verdad, ninguna señal hizo; pero todo lo que
Juan dijo de éste, era verdad. 42 Y muchos creyeron en él allí.
Muerte de Lázaro
JUAN 11
1 Estaba entonces enfermo uno llamado Lázaro, de Betania,
la aldea de María y de Marta su hermana. 2 (María, cuyo hermano Lázaro estaba
enfermo, fue la que ungió al Señor con perfume, y le enjugó los pies con sus
cabellos.) 3 Enviaron, pues, las hermanas para decir a Jesús: Señor, he aquí
el que amas está enfermo. 4 Oyéndolo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para
muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado
por ella.
5 Y amaba Jesús a Marta, a su hermana y a Lázaro. 6
Cuando oyó, pues, que estaba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde
estaba. 7 Luego, después de esto, dijo a los discípulos: Vamos a Judea otra
vez. 8 Le dijeron los discípulos: Rabí, ahora procuraban los judíos
apedrearte, ¿y otra vez vas allá? 9 Respondió Jesús: ¿No tiene el día doce
horas? El que anda de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; 10
pero el que anda de noche, tropieza, porque no hay luz en él. 11 Dicho esto,
les dijo después: Nuestro amigo Lázaro duerme; mas voy para despertarle. 12
Dijeron entonces sus discípulos: Señor, si duerme, sanará. 13 Pero Jesús decía
esto de la muerte de Lázaro; y ellos pensaron que hablaba del reposar del
sueño. 14 Entonces Jesús les dijo claramente: Lázaro ha muerto; 15 y me alegro
por vosotros, de no haber estado allí, para que creáis; mas vamos a él. 16
Dijo entonces Tomás, llamado Dídimo, a sus condiscípulos: Vamos también
nosotros, para que muramos con él.
Jesús, la resurrección y la vida
17 Vino, pues, Jesús, y halló que hacía ya cuatro días
que Lázaro estaba en el sepulcro. 18 Betania estaba cerca de Jerusalén, como a
quince estadios; 19 y muchos de los judíos habían venido a Marta y a María,
para consolarlas por su hermano. 20 Entonces Marta, cuando oyó que Jesús
venía, salió a encontrarle; pero María se quedó en casa. 21 Y Marta dijo a
Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto. 22 Mas
también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará. 23 Jesús le
dijo: Tu hermano resucitará. 24 Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la
resurrección, en el día postrero. 25 Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y
la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. 26 Y todo aquel que
vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto? 27 Le dijo: Sí, Señor;
yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.
Jesús llora ante la tumba de Lázaro
28 Habiendo dicho esto, fue y llamó a María su hermana,
diciéndole en secreto: El Maestro está aquí y te llama. 29 Ella, cuando lo
oyó, se levantó de prisa y vino a él. 30 Jesús todavía no había entrado en la
aldea, sino que estaba en el lugar donde Marta le había encontrado. 31
Entonces los judíos que estaban en casa con ella y la consolaban, cuando
vieron que María se había levantado de prisa y había salido, la siguieron,
diciendo: Va al sepulcro a llorar allí. 32 María, cuando llegó a donde estaba
Jesús, al verle, se postró a sus pies, diciéndole: Señor, si hubieses estado
aquí, no habría muerto mi hermano. 33 Jesús entonces, al verla llorando, y a
los judíos que la acompañaban, también llorando, se estremeció en espíritu y
se conmovió, 34 y dijo: ¿Dónde le pusisteis? Le dijeron: Señor, ven y ve. 35
Jesús lloró. 36 Dijeron entonces los judíos: Mirad cómo le amaba. 37 Y algunos
de ellos dijeron: ¿No podía éste, que abrió los ojos al ciego, haber hecho
también que Lázaro no muriera?
Resurrección de Lázaro
38 Jesús, profundamente conmovido otra vez, vino al
sepulcro. Era una cueva, y tenía una piedra puesta encima. 39 Dijo Jesús:
Quitad la piedra. Marta, la hermana del que había muerto, le dijo: Señor,
hiede ya, porque es de cuatro días. 40 Jesús le dijo: ¿No te he dicho que si
crees, verás la gloria de Dios? 41 Entonces quitaron la piedra de donde había
sido puesto el muerto. Y Jesús, alzando los ojos a lo alto, dijo: Padre,
gracias te doy por haberme oído. 42 Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije
por causa de la multitud que está alrededor, para que crean que tú me has
enviado. 43 Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: ¡Lázaro, ven fuera! 44 Y
el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro
envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadle, y dejadle ir.
El complot para matar a Jesús
(Mt. 26.1-5; Mr. 14.1-2; Lc. 22.1-2)
45 Entonces muchos de los judíos que habían venido para
acompañar a María, y vieron lo que hizo Jesús, creyeron en él. 46 Pero algunos
de ellos fueron a los fariseos y les dijeron lo que Jesús había hecho. 47
Entonces los principales sacerdotes y los fariseos reunieron el concilio, y
dijeron: ¿Qué haremos? Porque este hombre hace muchas señales. 48 Si le
dejamos así, todos creerán en él; y vendrán los romanos, y destruirán nuestro
lugar santo y nuestra nación. 49 Entonces Caifás, uno de ellos, sumo sacerdote
aquel año, les dijo: Vosotros no sabéis nada; 50 ni pensáis que nos conviene
que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca. 51 Esto no
lo dijo por sí mismo, sino que como era el sumo sacerdote aquel año, profetizó
que Jesús había de morir por la nación; 52 y no solamente por la nación, sino
también para congregar en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos. 53
Así que, desde aquel día acordaron matarle.
54 Por tanto, Jesús ya no andaba abiertamente entre los
judíos, sino que se alejó de allí a la región contigua al desierto, a una
ciudad llamada Efraín; y se quedó allí con sus discípulos.
55 Y estaba cerca la pascua de los judíos; y muchos
subieron de aquella región a Jerusalén antes de la pascua, para purificarse.
56 Y buscaban a Jesús, y estando ellos en el templo, se preguntaban unos a
otros: ¿Qué os parece? ¿No vendrá a la fiesta? 57 Y los principales sacerdotes
y los fariseos habían dado orden de que si alguno supiese dónde estaba, lo
manifestase, para que le prendiesen.
Jesús es ungido en Betania
(Mt. 26.6-13; Mr. 14.3-9)
JUAN 12
1 Seis días antes de la pascua, vino Jesús a Betania,
donde estaba Lázaro, el que había estado muerto, y a quien había resucitado de
los muertos. 2 Y le hicieron allí una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de
los que estaban sentados a la mesa con él. 3 Entonces María tomó una libra de
perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y los
enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del perfume. 4 Y dijo uno
de sus discípulos, Judas Iscariote hijo de Simón, el que le había de entregar:
5 ¿Por qué no fue este perfume vendido por trescientos denarios, y dado a los
pobres? 6 Pero dijo esto, no porque se cuidara de los pobres, sino porque era
ladrón, y teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella. 7 Entonces
Jesús dijo: Déjala; para el día de mi sepultura ha guardado esto. 8 Porque a
los pobres siempre los tendréis con vosotros, mas a mí no siempre me tendréis.
El complot contra Lázaro
9 Gran multitud de los judíos supieron entonces que él
estaba allí, y vinieron, no solamente por causa de Jesús, sino también para
ver a Lázaro, a quien había resucitado de los muertos. 10 Pero los principales
sacerdotes acordaron dar muerte también a Lázaro, 11 porque a causa de él
muchos de los judíos se apartaban y creían en Jesús.
La entrada triunfal en Jerusalén
(Mt. 21.1-11; Mr. 11.1-11; Lc. 19.28-40)
12 El siguiente día, grandes multitudes que habían venido
a la fiesta, al oír que Jesús venía a Jerusalén, 13 tomaron ramas de palmera y
salieron a recibirle, y clamaban: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre
del Señor, el Rey de Israel! 14 Y halló Jesús un asnillo, y montó sobre él,
como está escrito:
15 No temas, hija de Sion;
He aquí tu Rey viene,
Montado sobre un pollino de asna.
16 Estas cosas no las entendieron sus discípulos al
principio; pero cuando Jesús fue glorificado, entonces se acordaron de que
estas cosas estaban escritas acerca de él, y de que se las habían hecho. 17 Y
daba testimonio la gente que estaba con él cuando llamó a Lázaro del sepulcro,
y le resucitó de los muertos. 18 Por lo cual también había venido la gente a
recibirle, porque había oído que él había hecho esta señal. 19 Pero los
fariseos dijeron entre sí: Ya veis que no conseguís nada. Mirad, el mundo se
va tras él.
Unos griegos buscan a Jesús
20 Había ciertos griegos entre los que habían subido a
adorar en la fiesta. 21 Estos, pues, se acercaron a Felipe, que era de
Betsaida de Galilea, y le rogaron, diciendo: Señor, quisiéramos ver a Jesús.
22 Felipe fue y se lo dijo a Andrés; entonces Andrés y Felipe se lo dijeron a
Jesús. 23 Jesús les respondió diciendo: Ha llegado la hora para que el Hijo
del Hombre sea glorificado. 24 De cierto, de cierto os digo, que si el grano
de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho
fruto. 25 El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este
mundo, para vida eterna la guardará. 26 Si alguno me sirve, sígame; y donde yo
estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le
honrará.
Jesús anuncia su muerte
27 Ahora está turbada mi alma; ¿y qué diré? ¿Padre,
sálvame de esta hora? Mas para esto he llegado a esta hora. 28 Padre,
glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: Lo he glorificado, y lo
glorificaré otra vez. 29 Y la multitud que estaba allí, y había oído la voz,
decía que había sido un trueno. Otros decían: Un ángel le ha hablado. 30
Respondió Jesús y dijo: No ha venido esta voz por causa mía, sino por causa de
vosotros. 31 Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo
será echado fuera. 32 Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a
mí mismo. 33 Y decía esto dando a entender de qué muerte iba a morir. 34 Le
respondió la gente: Nosotros hemos oído de la ley, que el Cristo permanece
para siempre. ¿Cómo, pues, dices tú que es necesario que el Hijo del Hombre
sea levantado? ¿Quién es este Hijo del Hombre? 35 Entonces Jesús les dijo: Aún
por un poco está la luz entre vosotros; andad entre tanto que tenéis luz, para
que no os sorprendan las tinieblas; porque el que anda en tinieblas, no sabe a
dónde va. 36 Entre tanto que tenéis la luz, creed en la luz, para que seáis
hijos de luz.
Incredulidad de los judíos
Estas cosas habló Jesús, y se fue y se ocultó de ellos.
37 Pero a pesar de que había hecho tantas señales delante de ellos, no creían
en él; 38 para que se cumpliese la palabra del profeta Isaías, que dijo:
Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio?
¿Y a quién se ha revelado el brazo del Señor?
39 Por esto no podían creer, porque también dijo Isaías:
40 Cegó los ojos de ellos, y endureció su corazón;
Para que no vean con los ojos, y entiendan con el
corazón,
Y se conviertan, y yo los sane. 41 Isaías dijo esto
cuando vio su gloria, y habló acerca de él. 42 Con todo eso, aun de los
gobernantes, muchos creyeron en él; pero a causa de los fariseos no lo
confesaban, para no ser expulsados de la sinagoga. 43 Porque amaban más la
gloria de los hombres que la gloria de Dios.
Las palabras de Jesús juzgarán a los hombres
44 Jesús clamó y dijo: El que cree en mí, no cree en mí,
sino en el que me envió; 45 y el que me ve, ve al que me envió. 46 Yo, la luz,
he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en
tinieblas. 47 Al que oye mis palabras, y no las guarda, yo no le juzgo; porque
no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. 48 El que me rechaza,
y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado,
ella le juzgará en el día postrero. 49 Porque yo no he hablado por mi propia
cuenta; el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y
de lo que he de hablar. 50 Y sé que su mandamiento es vida eterna. Así pues,
lo que yo hablo, lo hablo como el Padre me lo ha dicho.
Jesús lava los pies de sus discípulos
JUAN 13
1 Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo Jesús que su
hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a
los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin. 2 Y cuando cenaban,
como el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de
Simón, que le entregase, 3 sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las
cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba, 4 se levantó de
la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. 5 Luego puso
agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a
enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido. 6 Entonces vino a Simón Pedro;
y Pedro le dijo: Señor, ¿tú me lavas los pies? 7 Respondió Jesús y le dijo: Lo
que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después. 8 Pedro le
dijo: No me lavarás los pies jamás. Jesús le respondió: Si no te lavare, no
tendrás parte conmigo. 9 Le dijo Simón Pedro: Señor, no sólo mis pies, sino
también las manos y la cabeza. 10 Jesús le dijo: El que está lavado, no
necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios
estáis, aunque no todos. 11 Porque sabía quién le iba a entregar; por eso
dijo: No estáis limpios todos.
12 Así que, después que les hubo lavado los pies, tomó su
manto, volvió a la mesa, y les dijo: ¿Sabéis lo que os he hecho? 13 Vosotros
me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy. 14 Pues si yo, el
Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros
los pies los unos a los otros. 15 Porque ejemplo os he dado, para que como yo
os he hecho, vosotros también hagáis. 16 De cierto, de cierto os digo: El
siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que le envió.
17 Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis. 18 No hablo
de todos vosotros; yo sé a quienes he elegido; mas para que se cumpla la
Escritura: El que come pan conmigo, levantó contra mí su calcañar. 19 Desde
ahora os lo digo antes que suceda, para que cuando suceda, creáis que yo soy.
20 De cierto, de cierto os digo: El que recibe al que yo enviare, me recibe a
mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió.
Jesús anuncia la traición de Judas
(Mt. 26.20-25; Mr. 14.17-21; Lc. 22.21-23)
21 Habiendo dicho Jesús esto, se conmovió en espíritu, y
declaró y dijo: De cierto, de cierto os digo, que uno de vosotros me va a
entregar. 22 Entonces los discípulos se miraban unos a otros, dudando de quién
hablaba. 23 Y uno de sus discípulos, al cual Jesús amaba, estaba recostado al
lado de Jesús. 24 A éste, pues, hizo señas Simón Pedro, para que preguntase
quién era aquel de quien hablaba. 25 El entonces, recostado cerca del pecho de
Jesús, le dijo: Señor, ¿quién es? 26 Respondió Jesús: A quien yo diere el pan
mojado, aquél es. Y mojando el pan, lo dio a Judas Iscariote hijo de Simón. 27
Y después del bocado, Satanás entró en él. Entonces Jesús le dijo: Lo que vas
a hacer, hazlo más pronto. 28 Pero ninguno de los que estaban a la mesa
entendió por qué le dijo esto. 29 Porque algunos pensaban, puesto que Judas
tenía la bolsa, que Jesús le decía: Compra lo que necesitamos para la fiesta;
o que diese algo a los pobres. 30 Cuando él, pues, hubo tomado el bocado,
luego salió; y era ya de noche.
El nuevo mandamiento
31 Entonces, cuando hubo salido, dijo Jesús: Ahora es
glorificado el Hijo del Hombre, y Dios es glorificado en él. 32 Si Dios es
glorificado en él, Dios también le glorificará en sí mismo, y en seguida le
glorificará. 33 Hijitos, aún estaré con vosotros un poco. Me buscaréis; pero
como dije a los judíos, así os digo ahora a vosotros: A donde yo voy, vosotros
no podéis ir. 34 Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como
yo os he amado, que también os améis unos a otros. 35 En esto conocerán todos
que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.
Jesús anuncia la negación de Pedro
(Mt. 26.31-35; Mr. 14.27-31; Lc. 22.31-34)
36 Le dijo Simón Pedro: Señor, ¿a dónde vas? Jesús le
respondió: A donde yo voy, no me puedes seguir ahora; mas me seguirás después.
37 Le dijo Pedro: Señor, ¿por qué no te puedo seguir ahora? Mi vida pondré por
ti. 38 Jesús le respondió: ¿Tu vida pondrás por mí? De cierto, de cierto te
digo: No cantará el gallo, sin que me hayas negado tres veces.
Jesús, el camino al Padre
JUAN 14
1 No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed
también en mí. 2 En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera,
yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. 3 Y si me
fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que
donde yo estoy, vosotros también estéis. 4 Y sabéis a dónde voy, y sabéis el
camino. 5 Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos
saber el camino? 6 Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida;
nadie viene al Padre, sino por mí. 7 Si me conocieseis, también a mi Padre
conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto.
8 Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos
basta. 9 Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has
conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues,
dices tú: Muéstranos el Padre? 10 ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre
en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino
que el Padre que mora en mí, él hace las obras. 11 Creedme que yo soy en el
Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras.
12 De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las
obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al
Padre. 13 Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el
Padre sea glorificado en el Hijo. 14 Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo
haré.
La promesa del Espíritu Santo
15 Si me amáis, guardad mis mandamientos. 16 Y yo rogaré
al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre:
17 el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve,
ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en
vosotros.
18 No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros. 19 Todavía
un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis; porque yo vivo,
vosotros también viviréis. 20 En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en
mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros. 21 El que tiene mis
mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado
por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él. 22 Le dijo Judas (no el
Iscariote): Señor, ¿cómo es que te manifestarás a nosotros, y no al mundo? 23
Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le
amará, y vendremos a él, y haremos morada con él. 24 El que no me ama, no
guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre
que me envió.
25 Os he dicho estas cosas estando con vosotros. 26 Mas
el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os
enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho. 27 La paz
os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe
vuestro corazón, ni tenga miedo. 28 Habéis oído que yo os he dicho: Voy, y
vengo a vosotros. Si me amarais, os habríais regocijado, porque he dicho que
voy al Padre; porque el Padre mayor es que yo. 29 Y ahora os lo he dicho antes
que suceda, para que cuando suceda, creáis. 30 No hablaré ya mucho con
vosotros; porque viene el príncipe de este mundo, y él nada tiene en mí. 31
Mas para que el mundo conozca que amo al Padre, y como el Padre me mandó, así
hago. Levantaos, vamos de aquí.
Jesús, la vid verdadera
JUAN 15
1 Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. 2
Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva
fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. 3 Ya vosotros estáis limpios por
la palabra que os he hablado. 4 Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el
pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así
tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. 5 Yo soy la vid, vosotros los
pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque
separados de mí nada podéis hacer. 6 El que en mí no permanece, será echado
fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y
arden. 7 Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid
todo lo que queréis, y os será hecho. 8 En esto es glorificado mi Padre, en
que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos. 9 Como el Padre me ha
amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor. 10 Si guardareis mis
mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los
mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. 11 Estas cosas os he
hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido.
12 Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros,
como yo os he amado. 13 Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida
por sus amigos. 14 Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. 15
Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero
os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he
dado a conocer. 16 No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a
vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto
permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé.
17 Esto os mando: Que os améis unos a otros.
El mundo os aborrecerá
18 Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha
aborrecido antes que a vosotros. 19 Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo
suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el
mundo os aborrece. 20 Acordaos de la palabra que yo os he dicho: El siervo no
es mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os
perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra. 21 Mas
todo esto os harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha
enviado. 22 Si yo no hubiera venido, ni les hubiera hablado, no tendrían
pecado; pero ahora no tienen excusa por su pecado. 23 El que me aborrece a mí,
también a mi Padre aborrece. 24 Si yo no hubiese hecho entre ellos obras que
ningún otro ha hecho, no tendrían pecado; pero ahora han visto y han
aborrecido a mí y a mi Padre. 25 Pero esto es para que se cumpla la palabra
que está escrita en su ley: Sin causa me aborrecieron. 26 Pero cuando venga el
Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual
procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí. 27 Y vosotros daréis
testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio.
JUAN 16
1 Estas cosas os he hablado, para que no tengáis
tropiezo. 2 Os expulsarán de las sinagogas; y aun viene la hora cuando
cualquiera que os mate, pensará que rinde servicio a Dios. 3 Y harán esto
porque no conocen al Padre ni a mí. 4 Mas os he dicho estas cosas, para que
cuando llegue la hora, os acordéis de que ya os lo había dicho.
La obra del Espíritu Santo
Esto no os lo dije al principio, porque yo estaba con
vosotros. 5 Pero ahora voy al que me envió; y ninguno de vosotros me pregunta:
¿A dónde vas? 6 Antes, porque os he dicho estas cosas, tristeza ha llenado
vuestro corazón. 7 Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya;
porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere,
os lo enviaré. 8 Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia
y de juicio. 9 De pecado, por cuanto no creen en mí; 10 de justicia, por
cuanto voy al Padre, y no me veréis más; 11 y de juicio, por cuanto el
príncipe de este mundo ha sido ya juzgado.
12 Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las
podéis sobrellevar. 13 Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a
toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo
lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. 14 El me
glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. 15 Todo lo que tiene
el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber.
La tristeza se convertirá en gozo
16 Todavía un poco, y no me veréis; y de nuevo un poco, y
me veréis; porque yo voy al Padre. 17 Entonces se dijeron algunos de sus
discípulos unos a otros: ¿Qué es esto que nos dice: Todavía un poco y no me
veréis; y de nuevo un poco, y me veréis; y, porque yo voy al Padre? 18 Decían,
pues: ¿Qué quiere decir con: Todavía un poco? No entendemos lo que habla. 19
Jesús conoció que querían preguntarle, y les dijo: ¿Preguntáis entre vosotros
acerca de esto que dije: Todavía un poco y no me veréis, y de nuevo un poco y
me veréis? 20 De cierto, de cierto os digo, que vosotros lloraréis y
lamentaréis, y el mundo se alegrará; pero aunque vosotros estéis tristes,
vuestra tristeza se convertirá en gozo. 21 La mujer cuando da a luz, tiene
dolor, porque ha llegado su hora; pero después que ha dado a luz un niño, ya
no se acuerda de la angustia, por el gozo de que haya nacido un hombre en el
mundo. 22 También vosotros ahora tenéis tristeza; pero os volveré a ver, y se
gozará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestro gozo. 23 En aquel día no me
preguntaréis nada. De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al
Padre en mi nombre, os lo dará. 24 Hasta ahora nada habéis pedido en mi
nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido.
Yo he vencido al mundo
25 Estas cosas os he hablado en alegorías; la hora viene
cuando ya no os hablaré por alegorías, sino que claramente os anunciaré acerca
del Padre. 26 En aquel día pediréis en mi nombre; y no os digo que yo rogaré
al Padre por vosotros, 27 pues el Padre mismo os ama, porque vosotros me
habéis amado, y habéis creído que yo salí de Dios. 28 Salí del Padre, y he
venido al mundo; otra vez dejo el mundo, y voy al Padre.
29 Le dijeron sus discípulos: He aquí ahora hablas
claramente, y ninguna alegoría dices. 30 Ahora entendemos que sabes todas las
cosas, y no necesitas que nadie te pregunte; por esto creemos que has salido
de Dios. 31 Jesús les respondió: ¿Ahora creéis? 32 He aquí la hora viene, y ha
venido ya, en que seréis esparcidos cada uno por su lado, y me dejaréis solo;
mas no estoy solo, porque el Padre está conmigo. 33 Estas cosas os he hablado
para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo
he vencido al mundo.
Jesús ora por sus discípulos
JUAN 17
1 Estas cosas habló Jesús, y levantando los ojos al
cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también
tu Hijo te glorifique a ti; 2 como le has dado potestad sobre toda carne, para
que dé vida eterna a todos los que le diste. 3 Y esta es la vida eterna: que
te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has
enviado. 4 Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste
que hiciese. 5 Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella
gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese.
6 He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me
diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra. 7 Ahora han
conocido que todas las cosas que me has dado, proceden de ti; 8 porque las
palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido
verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste. 9 Yo ruego por
ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son, 10
y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y he sido glorificado en ellos. 11 Y ya
no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo,
a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como
nosotros. 12 Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu
nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino
el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese. 13 Pero ahora voy a
ti; y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos.
14 Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del
mundo, como tampoco yo soy del mundo. 15 No ruego que los quites del mundo,
sino que los guardes del mal. 16 No son del mundo, como tampoco yo soy del
mundo. 17 Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. 18 Como tú me
enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo. 19 Y por ellos yo me
santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad.
20 Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los
que han de creer en mí por la palabra de ellos, 21 para que todos sean uno;
como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros;
para que el mundo crea que tú me enviaste. 22 La gloria que me diste, yo les
he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. 23 Yo en ellos, y tú
en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me
enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado. 24
Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos
estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado
desde antes de la fundación del mundo. 25 Padre justo, el mundo no te ha
conocido, pero yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste. 26
Y les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún, para que el amor
con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos.
Arresto de Jesús
(Mt. 26.47-56; Mr. 14.43-50; Lc. 22.47-53)
JUAN 18
1 Habiendo dicho Jesús estas cosas, salió con sus
discípulos al otro lado del torrente de Cedrón, donde había un huerto, en el
cual entró con sus discípulos. 2 Y también Judas, el que le entregaba, conocía
aquel lugar, porque muchas veces Jesús se había reunido allí con sus
discípulos. 3 Judas, pues, tomando una compañía de soldados, y alguaciles de
los principales sacerdotes y de los fariseos, fue allí con linternas y
antorchas, y con armas. 4 Pero Jesús, sabiendo todas las cosas que le habían
de sobrevenir, se adelantó y les dijo: ¿A quién buscáis? 5 Le respondieron: A
Jesús nazareno. Jesús les dijo: Yo soy. Y estaba también con ellos Judas, el
que le entregaba. 6 Cuando les dijo: Yo soy, retrocedieron, y cayeron a
tierra. 7 Volvió, pues, a preguntarles: ¿A quién buscáis? Y ellos dijeron: A
Jesús nazareno. 8 Respondió Jesús: Os he dicho que yo soy; pues si me buscáis
a mí, dejad ir a éstos; 9 para que se cumpliese aquello que había dicho: De
los que me diste, no perdí ninguno. 10 Entonces Simón Pedro, que tenía una
espada, la desenvainó, e hirió al siervo del sumo sacerdote, y le cortó la
oreja derecha. Y el siervo se llamaba Malco. 11 Jesús entonces dijo a Pedro:
Mete tu espada en la vaina; la copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de
beber?
Jesús ante el sumo sacerdote
(Mt. 26.57-58; Mr. 14.53-54; Lc. 22.54)
12 Entonces la compañía de soldados, el tribuno y los
alguaciles de los judíos, prendieron a Jesús y le ataron, 13 y le llevaron
primeramente a Anás; porque era suegro de Caifás, que era sumo sacerdote aquel
año. 14 Era Caifás el que había dado el consejo a los judíos, de que convenía
que un solo hombre muriese por el pueblo.
Pedro en el patio de Anás
(Mt. 26.69-70; Mr. 14.66-68; Lc. 22.55-57)
15 Y seguían a Jesús Simón Pedro y otro discípulo. Y este
discípulo era conocido del sumo sacerdote, y entró con Jesús al patio del sumo
sacerdote; 16 mas Pedro estaba fuera, a la puerta. Salió, pues, el discípulo
que era conocido del sumo sacerdote, y habló a la portera, e hizo entrar a
Pedro. 17 Entonces la criada portera dijo a Pedro: ¿No eres tú también de los
discípulos de este hombre? Dijo él: No lo soy. 18 Y estaban en pie los siervos
y los alguaciles que habían encendido un fuego; porque hacía frío, y se
calentaban; y también con ellos estaba Pedro en pie, calentándose.
Anás interroga a Jesús
(Mt. 26.59-66; Mr. 14.55-64; Lc. 22.66-71)
19 Y el sumo sacerdote preguntó a Jesús acerca de sus
discípulos y de su doctrina. 20 Jesús le respondió: Yo públicamente he hablado
al mundo; siempre he enseñado en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen
todos los judíos, y nada he hablado en oculto. 21 ¿Por qué me preguntas a mí?
Pregunta a los que han oído, qué les haya yo hablado; he aquí, ellos saben lo
que yo he dicho. 22 Cuando Jesús hubo dicho esto, uno de los alguaciles, que
estaba allí, le dio una bofetada, diciendo: ¿Así respondes al sumo sacerdote?
23 Jesús le respondió: Si he hablado mal, testifica en qué está el mal; y si
bien, ¿por qué me golpeas? 24 Anás entonces le envió atado a Caifás, el sumo
sacerdote.
Pedro niega a Jesús
(Mt. 26.71-75; Mr. 14.69-72; Lc. 22.58-62)
25 Estaba, pues, Pedro en pie, calentándose. Y le
dijeron: ¿No eres tú de sus discípulos? El negó, y dijo: No lo soy. 26 Uno de
los siervos del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro había cortado
la oreja, le dijo: ¿No te vi yo en el huerto con él? 27 Negó Pedro otra vez; y
en seguida cantó el gallo.
Jesús ante Pilato
(Mt. 27.1-2, 11-31; Mr. 15.1-20; Lc. 23.1-5, 13-25)
28 Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era de
mañana, y ellos no entraron en el pretorio para no contaminarse, y así poder
comer la pascua. 29 Entonces salió Pilato a ellos, y les dijo: ¿Qué acusación
traéis contra este hombre? 30 Respondieron y le dijeron: Si éste no fuera
malhechor, no te lo habríamos entregado. 31 Entonces les dijo Pilato: Tomadle
vosotros, y juzgadle según vuestra ley. Y los judíos le dijeron: A nosotros no
nos está permitido dar muerte a nadie; 32 para que se cumpliese la palabra que
Jesús había dicho, dando a entender de qué muerte iba a morir.
33 Entonces Pilato volvió a entrar en el pretorio, y
llamó a Jesús y le dijo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? 34 Jesús le respondió:
¿Dices tú esto por ti mismo, o te lo han dicho otros de mí? 35 Pilato le
respondió: ¿Soy yo acaso judío? Tu nación, y los principales sacerdotes, te
han entregado a mí. ¿Qué has hecho? 36 Respondió Jesús: Mi reino no es de este
mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo
no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí. 37 Le dijo
entonces Pilato: ¿Luego, eres tú rey? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy
rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar
testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz. 38 Le dijo
Pilato: ¿Qué es la verdad?
Y cuando hubo dicho esto, salió otra vez a los judíos, y
les dijo: Yo no hallo en él ningún delito. 39 Pero vosotros tenéis la
costumbre de que os suelte uno en la pascua. ¿Queréis, pues, que os suelte al
Rey de los judíos? 40 Entonces todos dieron voces de nuevo, diciendo: No a
éste, sino a Barrabás. Y Barrabás era ladrón.
JUAN 19
1 Así que, entonces tomó Pilato a Jesús, y le azotó. 2 Y
los soldados entretejieron una corona de espinas, y la pusieron sobre su
cabeza, y le vistieron con un manto de púrpura; 3 y le decían: ¡Salve, Rey de
los judíos! y le daban de bofetadas. 4 Entonces Pilato salió otra vez, y les
dijo: Mirad, os lo traigo fuera, para que entendáis que ningún delito hallo en
él. 5 Y salió Jesús, llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Y
Pilato les dijo: ¡He aquí el hombre! 6 Cuando le vieron los principales
sacerdotes y los alguaciles, dieron voces, diciendo: ¡Crucifícale!
¡Crucifícale! Pilato les dijo: Tomadle vosotros, y crucificadle; porque yo no
hallo delito en él. 7 Los judíos le respondieron: Nosotros tenemos una ley, y
según nuestra ley debe morir, porque se hizo a sí mismo Hijo de Dios. 8 Cuando
Pilato oyó decir esto, tuvo más miedo. 9 Y entró otra vez en el pretorio, y
dijo a Jesús: ¿De dónde eres tú? Mas Jesús no le dio respuesta. 10 Entonces le
dijo Pilato: ¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para
crucificarte, y que tengo autoridad para soltarte? 11 Respondió Jesús: Ninguna
autoridad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba; por tanto, el que
a ti me ha entregado, mayor pecado tiene.
12 Desde entonces procuraba Pilato soltarle; pero los
judíos daban voces, diciendo: Si a éste sueltas, no eres amigo de César; todo
el que se hace rey, a César se opone. 13 Entonces Pilato, oyendo esto, llevó
fuera a Jesús, y se sentó en el tribunal en el lugar llamado el Enlosado, y en
hebreo Gabata. 14 Era la preparación de la pascua, y como la hora sexta.
Entonces dijo a los judíos: ¡He aquí vuestro Rey! 15 Pero ellos gritaron:
¡Fuera, fuera, crucifícale! Pilato les dijo: ¿A vuestro Rey he de crucificar?
Respondieron los principales sacerdotes: No tenemos más rey que César. 16 Así
que entonces lo entregó a ellos para que fuese crucificado. Tomaron, pues, a
Jesús, y le llevaron.
Crucifixión y muerte de Jesús
(Mt. 27.32-50; Mr. 15.21-37; Lc. 23.26-49)
17 Y él, cargando su cruz, salió al lugar llamado de la
Calavera, y en hebreo, Gólgota; 18 y allí le crucificaron, y con él a otros
dos, uno a cada lado, y Jesús en medio. 19 Escribió también Pilato un título,
que puso sobre la cruz, el cual decía: JESÚS NAZARENO, REY DE LOS JUDÍOS. 20 Y
muchos de los judíos leyeron este título; porque el lugar donde Jesús fue
crucificado estaba cerca de la ciudad, y el título estaba escrito en hebreo,
en griego y en latín. 21 Dijeron a Pilato los principales sacerdotes de los
judíos: No escribas: Rey de los judíos; sino, que él dijo: Soy Rey de los
judíos. 22 Respondió Pilato: Lo que he escrito, he escrito.
23 Cuando los soldados hubieron crucificado a Jesús,
tomaron sus vestidos, e hicieron cuatro partes, una para cada soldado. Tomaron
también su túnica, la cual era sin costura, de un solo tejido de arriba abajo.
24 Entonces dijeron entre sí: No la partamos, sino echemos suertes sobre ella,
a ver de quién será. Esto fue para que se cumpliese la Escritura, que dice:
Repartieron entre sí mis vestidos,
Y sobre mi ropa echaron suertes.
Y así lo hicieron los soldados. 25 Estaban junto a la
cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y
María Magdalena. 26 Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él
amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo. 27 Después
dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la
recibió en su casa.
28 Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba
consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliese: Tengo sed. 29 Y estaba
allí una vasija llena de vinagre; entonces ellos empaparon en vinagre una
esponja, y poniéndola en un hisopo, se la acercaron a la boca. 30 Cuando Jesús
hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza,
entregó el espíritu.
El costado de Jesús traspasado
31 Entonces los judíos, por cuanto era la preparación de
la pascua, a fin de que los cuerpos no quedasen en la cruz en el día de reposo
(pues aquel día de reposo era de gran solemnidad), rogaron a Pilato que se les
quebrasen las piernas, y fuesen quitados de allí. 32 Vinieron, pues, los
soldados, y quebraron las piernas al primero, y asimismo al otro que había
sido crucificado con él. 33 Mas cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya
muerto, no le quebraron las piernas. 34 Pero uno de los soldados le abrió el
costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua. 35 Y el que lo vio
da testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice verdad, para
que vosotros también creáis. 36 Porque estas cosas sucedieron para que se
cumpliese la Escritura: No será quebrado hueso suyo. 37 Y también otra
Escritura dice: Mirarán al que traspasaron.
Jesús es sepultado
(Mt. 27.57-61; Mr. 15.42-47; Lc. 23.50-56)
38 Después de todo esto, José de Arimatea, que era
discípulo de Jesús, pero secretamente por miedo de los judíos, rogó a Pilato
que le permitiese llevarse el cuerpo de Jesús; y Pilato se lo concedió.
Entonces vino, y se llevó el cuerpo de Jesús. 39 También Nicodemo, el que
antes había visitado a Jesús de noche, vino trayendo un compuesto de mirra y
de áloes, como cien libras. 40 Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús, y lo
envolvieron en lienzos con especias aromáticas, según es costumbre sepultar
entre los judíos. 41 Y en el lugar donde había sido crucificado, había un
huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual aún no había sido puesto
ninguno. 42 Allí, pues, por causa de la preparación de la pascua de los
judíos, y porque aquel sepulcro estaba cerca, pusieron a Jesús.
La resurrección
(Mt. 28.1-10; Mr. 16.1-8; Lc. 24.1-12)
JUAN 20
1 El primer día de la semana, María Magdalena fue de
mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro; y vio quitada la piedra del sepulcro.
2 Entonces corrió, y fue a Simón Pedro y al otro discípulo, aquel al que amaba
Jesús, y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le
han puesto. 3 Y salieron Pedro y el otro discípulo, y fueron al sepulcro. 4
Corrían los dos juntos; pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro, y
llegó primero al sepulcro. 5 Y bajándose a mirar, vio los lienzos puestos
allí, pero no entró. 6 Luego llegó Simón Pedro tras él, y entró en el
sepulcro, y vio los lienzos puestos allí, 7 y el sudario, que había estado
sobre la cabeza de Jesús, no puesto con los lienzos, sino enrollado en un
lugar aparte. 8 Entonces entró también el otro discípulo, que había venido
primero al sepulcro; y vio, y creyó. 9 Porque aún no habían entendido la
Escritura, que era necesario que él resucitase de los muertos. 10 Y volvieron
los discípulos a los suyos.
Jesús se aparece a María Magdalena
(Mr. 16.9-11)
11 Pero María estaba fuera llorando junto al sepulcro; y
mientras lloraba, se inclinó para mirar dentro del sepulcro; 12 y vio a dos
ángeles con vestiduras blancas, que estaban sentados el uno a la cabecera, y
el otro a los pies, donde el cuerpo de Jesús había sido puesto. 13 Y le
dijeron: Mujer, ¿por qué lloras? Les dijo: Porque se han llevado a mi Señor, y
no sé dónde le han puesto. 14 Cuando había dicho esto, se volvió, y vio a
Jesús que estaba allí; mas no sabía que era Jesús. 15 Jesús le dijo: Mujer,
¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, le
dijo: Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo llevaré.
16 Jesús le dijo: ¡María! Volviéndose ella, le dijo: ¡Raboni! (que quiere
decir, Maestro). 17 Jesús le dijo: No me toques, porque aún no he subido a mi
Padre; mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi
Dios y a vuestro Dios. 18 Fue entonces María Magdalena para dar a los
discípulos las nuevas de que había visto al Señor, y que él le había dicho
estas cosas.
Jesús se aparece a los discípulos
(Mt. 28.16-20; Mr. 16.14-18; Lc. 24.36-49)
19 Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero
de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos
estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les
dijo: Paz a vosotros. 20 Y cuando les hubo dicho esto, les mostró las manos y
el costado. Y los discípulos se regocijaron viendo al Señor. 21 Entonces Jesús
les dijo otra vez: Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os
envío. 22 Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo.
23 A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; y a quienes se los
retuviereis, les son retenidos.
Incredulidad de Tomás
24 Pero Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba
con ellos cuando Jesús vino. 25 Le dijeron, pues, los otros discípulos: Al
Señor hemos visto. El les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los
clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su
costado, no creeré.
26 Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos
dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se
puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. 27 Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu
dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas
incrédulo, sino creyente. 28 Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y
Dios mío! 29 Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste;
bienaventurados los que no vieron, y creyeron.
El propósito del libro
30 Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de
sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. 31 Pero éstas se
han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para
que creyendo, tengáis vida en su nombre.
Jesús se aparece a siete de sus discípulos
JUAN 21
1 Después de esto, Jesús se manifestó otra vez a sus
discípulos junto al mar de Tiberias; y se manifestó de esta manera: 2 Estaban
juntos Simón Pedro, Tomás llamado el Dídimo, Natanael el de Caná de Galilea,
los hijos de Zebedeo, y otros dos de sus discípulos. 3 Simón Pedro les dijo:
Voy a pescar. Ellos le dijeron: Vamos nosotros también contigo. Fueron, y
entraron en una barca; y aquella noche no pescaron nada.
4 Cuando ya iba amaneciendo, se presentó Jesús en la
playa; mas los discípulos no sabían que era Jesús. 5 Y les dijo: Hijitos,
¿tenéis algo de comer? Le respondieron: No. 6 El les dijo: Echad la red a la
derecha de la barca, y hallaréis. Entonces la echaron, y ya no la podían
sacar, por la gran cantidad de peces. 7 Entonces aquel discípulo a quien Jesús
amaba dijo a Pedro: ¡Es el Señor! Simón Pedro, cuando oyó que era el Señor, se
ciñó la ropa (porque se había despojado de ella), y se echó al mar. 8 Y los
otros discípulos vinieron con la barca, arrastrando la red de peces, pues no
distaban de tierra sino como doscientos codos.
9 Al descender a tierra, vieron brasas puestas, y un pez
encima de ellas, y pan. 10 Jesús les dijo: Traed de los peces que acabáis de
pescar. 11 Subió Simón Pedro, y sacó la red a tierra, llena de grandes peces,
ciento cincuenta y tres; y aun siendo tantos, la red no se rompió. 12 Les dijo
Jesús: Venid, comed. Y ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle:
¿Tú, quién eres? sabiendo que era el Señor. 13 Vino, pues, Jesús, y tomó el
pan y les dio, y asimismo del pescado. 14 Esta era ya la tercera vez que Jesús
se manifestaba a sus discípulos, después de haber resucitado de los muertos.
Apacienta mis ovejas
15 Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro:
Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú
sabes que te amo. El le dijo: Apacienta mis corderos. 16 Volvió a decirle la
segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú
sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas. 17 Le dijo la tercera vez:
Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la
tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que
te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas. 18 De cierto, de cierto te digo:
Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; mas cuando ya seas
viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no
quieras. 19 Esto dijo, dando a entender con qué muerte había de glorificar a
Dios. Y dicho esto, añadió: Sígueme.
El discípulo amado
20 Volviéndose Pedro, vio que les seguía el discípulo a
quien amaba Jesús, el mismo que en la cena se había recostado al lado de él, y
le había dicho: Señor, ¿quién es el que te ha de entregar? 21 Cuando Pedro le
vio, dijo a Jesús: Señor, ¿y qué de éste? 22 Jesús le dijo: Si quiero que él
quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme tú. 23 Este dicho se extendió
entonces entre los hermanos, que aquel discípulo no moriría. Pero Jesús no le
dijo que no moriría, sino: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a
ti?
24 Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas,
y escribió estas cosas; y sabemos que su testimonio es verdadero.
25 Y hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, las
cuales si se escribieran una por una, pienso que ni aun en el mundo cabrían
los libros que se habrían de escribir. Amén.
HECHOS
de los Apóstoles
La promesa del Espíritu Santo
HECHOS 1
1 En el primer tratado, oh Teófilo, hablé acerca de todas
las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar, 2 hasta el día en que fue
recibido arriba, después de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo a
los apóstoles que había escogido; 3 a quienes también, después de haber
padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles
durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios. 4 Y estando
juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa
del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. 5 Porque Juan ciertamente bautizó
con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no
muchos días.
La ascensión
6 Entonces los que se habían reunido le preguntaron,
diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo? 7 Y les dijo:
No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su
sola potestad; 8 pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el
Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria,
y hasta lo último de la tierra. 9 Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo
ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos. 10 Y
estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he
aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, 11 los
cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al
cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá
como le habéis visto ir al cielo.
Elección del sucesor de Judas
12 Entonces volvieron a Jerusalén desde el monte que se
llama del Olivar, el cual está cerca de Jerusalén, camino de un día de reposo.
13 Y entrados, subieron al aposento alto, donde moraban Pedro y Jacobo, Juan,
Andrés, Felipe, Tomás, Bartolomé, Mateo, Jacobo hijo de Alfeo, Simón el Zelote
y Judas hermano de Jacobo. 14 Todos éstos perseveraban unánimes en oración y
ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos.
15 En aquellos días Pedro se levantó en medio de los
hermanos (y los reunidos eran como ciento veinte en número), y dijo: 16
Varones hermanos, era necesario que se cumpliese la Escritura en que el
Espíritu Santo habló antes por boca de David acerca de Judas, que fue guía de
los que prendieron a Jesús, 17 y era contado con nosotros, y tenía parte en
este ministerio. 18 Este, pues, con el salario de su iniquidad adquirió un
campo, y cayendo de cabeza, se reventó por la mitad, y todas sus entrañas se
derramaron. 19 Y fue notorio a todos los habitantes de Jerusalén, de tal
manera que aquel campo se llama en su propia lengua, Acéldama, que quiere
decir, Campo de sangre. 20 Porque está escrito en el libro de los Salmos:
Sea hecha desierta su habitación,
Y no haya quien more en ella;
y:
Tome otro su oficio.
21 Es necesario, pues, que de estos hombres que han
estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía
entre nosotros, 22 comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que de
entre nosotros fue recibido arriba, uno sea hecho testigo con nosotros, de su
resurrección. 23 Y señalaron a dos: a José, llamado Barsabás, que tenía por
sobrenombre Justo, y a Matías. 24 Y orando, dijeron: Tú, Señor, que conoces
los corazones de todos, muestra cuál de estos dos has escogido, 25 para que
tome la parte de este ministerio y apostolado, de que cayó Judas por
transgresión, para irse a su propio lugar. 26 Y les echaron suertes, y la
suerte cayó sobre Matías; y fue contado con los once apóstoles.
La venida del Espíritu Santo
HECHOS 2
1 Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos
unánimes juntos. 2 Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento
recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; 3 y se
les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno
de ellos. 4 Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en
otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.
5 Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos,
de todas las naciones bajo el cielo. 6 Y hecho este estruendo, se juntó la
multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia
lengua. 7 Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos
todos estos que hablan? 8 ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en
nuestra lengua en la que hemos nacido? 9 Partos, medos, elamitas, y los que
habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia, 10 en
Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de Africa más allá de Cirene, y
romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos, 11 cretenses y árabes,
les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios. 12 Y estaban
todos atónitos y perplejos, diciéndose unos a otros: ¿Qué quiere decir esto?
13 Mas otros, burlándose, decían: Están llenos de mosto.
Primer discurso de Pedro
14 Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó
la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en
Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras. 15 Porque éstos no están
ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día. 16 Mas
esto es lo dicho por el profeta Joel:
17 Y en los postreros días, dice Dios,
Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne,
Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán;
Vuestros jóvenes verán visiones,
Y vuestros ancianos soñarán sueños;
18 Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en
aquellos días
Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán.
19 Y daré prodigios arriba en el cielo,
Y señales abajo en la tierra,
Sangre y fuego y vapor de humo;
20 El sol se convertirá en tinieblas,
Y la luna en sangre,
Antes que venga el día del Señor,
Grande y manifiesto;
21 Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será
salvo.
22 Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno,
varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales
que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis; 23
a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de
Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole; 24 al cual
Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que
fuese retenido por ella. 25 Porque David dice de él:
Veía al Señor siempre delante de mí;
Porque está a mi diestra, no seré conmovido.
26 Por lo cual mi corazón se alegró, y se gozó mi lengua,
Y aun mi carne descansará en esperanza;
27 Porque no dejarás mi alma en el Hades,
Ni permitirás que tu Santo vea corrupción.
28 Me hiciste conocer los caminos de la vida;
Me llenarás de gozo con tu presencia.
29 Varones hermanos, se os puede decir libremente del
patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros
hasta el día de hoy. 30 Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios
le había jurado que de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al
Cristo para que se sentase en su trono, 31 viéndolo antes, habló de la
resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio
corrupción. 32 A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos
testigos. 33 Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del
Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y
oís. 34 Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice:
Dijo el Señor a mi Señor:
Siéntate a mi diestra,
35 Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus
pies.
36 Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel,
que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y
Cristo.
37 Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a
Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos? 38 Pedro les
dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo
para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. 39 Porque
para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están
lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare. 40 Y con otras muchas
palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa
generación. 41 Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se
añadieron aquel día como tres mil personas. 42 Y perseveraban en la doctrina
de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y
en las oraciones.
La vida de los primeros cristianos
43 Y sobrevino temor a toda persona; y muchas maravillas
y señales eran hechas por los apóstoles. 44 Todos los que habían creído
estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; 45 y vendían sus
propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada
uno. 46 Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en
las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, 47 alabando a
Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la
iglesia los que habían de ser salvos.
Curación de un cojo
HECHOS 3
1 Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora novena,
la de la oración. 2 Y era traído un hombre cojo de nacimiento, a quien ponían
cada día a la puerta del templo que se llama la Hermosa, para que pidiese
limosna de los que entraban en el templo. 3 Este, cuando vio a Pedro y a Juan
que iban a entrar en el templo, les rogaba que le diesen limosna. 4 Pedro, con
Juan, fijando en él los ojos, le dijo: Míranos. 5 Entonces él les estuvo
atento, esperando recibir de ellos algo. 6 Mas Pedro dijo: No tengo plata ni
oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret,
levántate y anda. 7 Y tomándole por la mano derecha le levantó; y al momento
se le afirmaron los pies y tobillos; 8 y saltando, se puso en pie y anduvo; y
entró con ellos en el templo, andando, y saltando, y alabando a Dios. 9 Y todo
el pueblo le vio andar y alabar a Dios. 10 Y le reconocían que era el que se
sentaba a pedir limosna a la puerta del templo, la Hermosa; y se llenaron de
asombro y espanto por lo que le había sucedido.
Discurso de Pedro en el pórtico de Salomón
11 Y teniendo asidos a Pedro y a Juan el cojo que había
sido sanado, todo el pueblo, atónito, concurrió a ellos al pórtico que se
llama de Salomón. 12 Viendo esto Pedro, respondió al pueblo: Varones
israelitas, ¿por qué os maravilláis de esto? ¿o por qué ponéis los ojos en
nosotros, como si por nuestro poder o piedad hubiésemos hecho andar a éste? 13
El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha
glorificado a su Hijo Jesús, a quien vosotros entregasteis y negasteis delante
de Pilato, cuando éste había resuelto ponerle en libertad. 14 Mas vosotros
negasteis al Santo y al Justo, y pedisteis que se os diese un homicida, 15 y
matasteis al Autor de la vida, a quien Dios ha resucitado de los muertos, de
lo cual nosotros somos testigos. 16 Y por la fe en su nombre, a éste, que
vosotros veis y conocéis, le ha confirmado su nombre; y la fe que es por él ha
dado a éste esta completa sanidad en presencia de todos vosotros.
17 Mas ahora, hermanos, sé que por ignorancia lo habéis
hecho, como también vuestros gobernantes. 18 Pero Dios ha cumplido así lo que
había antes anunciado por boca de todos sus profetas, que su Cristo había de
padecer. 19 Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros
pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, 20 y
él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; 21 a quien de cierto es
necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas
las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido
desde tiempo antiguo. 22 Porque Moisés dijo a los padres: El Señor vuestro
Dios os levantará profeta de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis
en todas las cosas que os hable; 23 y toda alma que no oiga a aquel profeta,
será desarraigada del pueblo. 24 Y todos los profetas desde Samuel en
adelante, cuantos han hablado, también han anunciado estos días. 25 Vosotros
sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios hizo con nuestros padres,
diciendo a Abraham: En tu simiente serán benditas todas las familias de la
tierra. 26 A vosotros primeramente, Dios, habiendo levantado a su Hijo, lo
envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se convierta de su maldad.
Pedro y Juan ante el concilio
HECHOS 4
1 Hablando ellos al pueblo, vinieron sobre ellos los
sacerdotes con el jefe de la guardia del templo, y los saduceos, 2 resentidos
de que enseñasen al pueblo, y anunciasen en Jesús la resurrección de entre los
muertos. 3 Y les echaron mano, y los pusieron en la cárcel hasta el día
siguiente, porque era ya tarde. 4 Pero muchos de los que habían oído la
palabra, creyeron; y el número de los varones era como cinco mil.
5 Aconteció al día siguiente, que se reunieron en
Jerusalén los gobernantes, los ancianos y los escribas, 6 y el sumo sacerdote
Anás, y Caifás y Juan y Alejandro, y todos los que eran de la familia de los
sumos sacerdotes; 7 y poniéndoles en medio, les preguntaron: ¿Con qué
potestad, o en qué nombre, habéis hecho vosotros esto? 8 Entonces Pedro, lleno
del Espíritu Santo, les dijo: Gobernantes del pueblo, y ancianos de Israel: 9
Puesto que hoy se nos interroga acerca del beneficio hecho a un hombre
enfermo, de qué manera éste haya sido sanado, 10 sea notorio a todos vosotros,
y a todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo de Nazaret, a
quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de los muertos, por él
este hombre está en vuestra presencia sano. 11 Este Jesús es la piedra
reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del
ángulo. 12 Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el
cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.
13 Entonces viendo el denuedo de Pedro y de Juan, y
sabiendo que eran hombres sin letras y del vulgo, se maravillaban; y les
reconocían que habían estado con Jesús. 14 Y viendo al hombre que había sido
sanado, que estaba en pie con ellos, no podían decir nada en contra. 15
Entonces les ordenaron que saliesen del concilio; y conferenciaban entre sí,
16 diciendo: ¿Qué haremos con estos hombres? Porque de cierto, señal
manifiesta ha sido hecha por ellos, notoria a todos los que moran en
Jerusalén, y no lo podemos negar. 17 Sin embargo, para que no se divulgue más
entre el pueblo, amenacémosles para que no hablen de aquí en adelante a hombre
alguno en este nombre. 18 Y llamándolos, les intimaron que en ninguna manera
hablasen ni enseñasen en el nombre de Jesús. 19 Mas Pedro y Juan respondieron
diciéndoles: Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que
a Dios; 20 porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído. 21
Ellos entonces les amenazaron y les soltaron, no hallando ningún modo de
castigarles, por causa del pueblo; porque todos glorificaban a Dios por lo que
se había hecho, 22 ya que el hombre en quien se había hecho este milagro de
sanidad, tenía más de cuarenta años.
Los creyentes piden confianza y valor
23 Y puestos en libertad, vinieron a los suyos y contaron
todo lo que los principales sacerdotes y los ancianos les habían dicho. 24 Y
ellos, habiéndolo oído, alzaron unánimes la voz a Dios, y dijeron: Soberano
Señor, tú eres el Dios que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que
en ellos hay; 25 que por boca de David tu siervo dijiste:
¿Por qué se amotinan las gentes,
Y los pueblos piensan cosas vanas?
26 Se reunieron los reyes de la tierra,
Y los príncipes se juntaron en uno
Contra el Señor, y contra su Cristo.
27 Porque verdaderamente se unieron en esta ciudad contra
tu santo Hijo Jesús, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los
gentiles y el pueblo de Israel, 28 para hacer cuanto tu mano y tu consejo
habían antes determinado que sucediera. 29 Y ahora, Señor, mira sus amenazas,
y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra, 30 mientras
extiendes tu mano para que se hagan sanidades y señales y prodigios mediante
el nombre de tu santo Hijo Jesús. 31 Cuando hubieron orado, el lugar en que
estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y
hablaban con denuedo la palabra de Dios.
Todas las cosas en común
32 Y la multitud de los que habían creído era de un
corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino
que tenían todas las cosas en común. 33 Y con gran poder los apóstoles daban
testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y abundante gracia era sobre
todos ellos. 34 Así que no había entre ellos ningún necesitado; porque todos
los que poseían heredades o casas, las vendían, y traían el precio de lo
vendido, 35 y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno
según su necesidad. 36 Entonces José, a quien los apóstoles pusieron por
sobrenombre Bernabé (que traducido es, Hijo de consolación), levita, natural
de Chipre, 37 como tenía una heredad, la vendió y trajo el precio y lo puso a
los pies de los apóstoles.
Ananías y Safira
HECHOS 5
1 Pero cierto hombre llamado Ananías, con Safira su
mujer, vendió una heredad, 2 y sustrajo del precio, sabiéndolo también su
mujer; y trayendo sólo una parte, la puso a los pies de los apóstoles. 3 Y
dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al
Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? 4 Reteniéndola, ¿no se
te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en
tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios. 5 Al oír Ananías estas
palabras, cayó y expiró. Y vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron. 6
Y levantándose los jóvenes, lo envolvieron, y sacándolo, lo sepultaron.
7 Pasado un lapso como de tres horas, sucedió que entró
su mujer, no sabiendo lo que había acontecido. 8 Entonces Pedro le dijo: Dime,
¿vendisteis en tanto la heredad? Y ella dijo: Sí, en tanto. 9 Y Pedro le dijo:
¿Por qué convinisteis en tentar al Espíritu del Señor? He aquí a la puerta los
pies de los que han sepultado a tu marido, y te sacarán a ti. 10 Al instante
ella cayó a los pies de él, y expiró; y cuando entraron los jóvenes, la
hallaron muerta; y la sacaron, y la sepultaron junto a su marido. 11 Y vino
gran temor sobre toda la iglesia, y sobre todos los que oyeron estas cosas.
Muchas señales y maravillas
12 Y por la mano de los apóstoles se hacían muchas
señales y prodigios en el pueblo; y estaban todos unánimes en el pórtico de
Salomón. 13 De los demás, ninguno se atrevía a juntarse con ellos; mas el
pueblo los alababa grandemente. 14 Y los que creían en el Señor aumentaban
más, gran número así de hombres como de mujeres; 15 tanto que sacaban los
enfermos a las calles, y los ponían en camas y lechos, para que al pasar
Pedro, a lo menos su sombra cayese sobre alguno de ellos. 16 Y aun de las
ciudades vecinas muchos venían a Jerusalén, trayendo enfermos y atormentados
de espíritus inmundos; y todos eran sanados.
Pedro y Juan son perseguidos
17 Entonces levantándose el sumo sacerdote y todos los
que estaban con él, esto es, la secta de los saduceos, se llenaron de celos;
18 y echaron mano a los apóstoles y los pusieron en la cárcel pública. 19 Mas
un ángel del Señor, abriendo de noche las puertas de la cárcel y sacándolos,
dijo: 20 Id, y puestos en pie en el templo, anunciad al pueblo todas las
palabras de esta vida. 21 Habiendo oído esto, entraron de mañana en el templo,
y enseñaban. Entre tanto, vinieron el sumo sacerdote y los que estaban con él,
y convocaron al concilio y a todos los ancianos de los hijos de Israel, y
enviaron a la cárcel para que fuesen traídos. 22 Pero cuando llegaron los
alguaciles, no los hallaron en la cárcel; entonces volvieron y dieron aviso,
23 diciendo: Por cierto, la cárcel hemos hallado cerrada con toda seguridad, y
los guardas afuera de pie ante las puertas; mas cuando abrimos, a nadie
hallamos dentro. 24 Cuando oyeron estas palabras el sumo sacerdote y el jefe
de la guardia del templo y los principales sacerdotes, dudaban en qué vendría
a parar aquello. 25 Pero viniendo uno, les dio esta noticia: He aquí, los
varones que pusisteis en la cárcel están en el templo, y enseñan al pueblo. 26
Entonces fue el jefe de la guardia con los alguaciles, y los trajo sin
violencia, porque temían ser apedreados por el pueblo.
27 Cuando los trajeron, los presentaron en el concilio, y
el sumo sacerdote les preguntó, 28 diciendo: ¿No os mandamos estrictamente que
no enseñaseis en ese nombre? Y ahora habéis llenado a Jerusalén de vuestra
doctrina, y queréis echar sobre nosotros la sangre de ese hombre. 29
Respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Es necesario obedecer a Dios
antes que a los hombres. 30 El Dios de nuestros padres levantó a Jesús, a
quien vosotros matasteis colgándole en un madero. 31 A éste, Dios ha exaltado
con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y
perdón de pecados. 32 Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y
también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen.
33 Ellos, oyendo esto, se enfurecían y querían matarlos.
34 Entonces levantándose en el concilio un fariseo llamado Gamaliel, doctor de
la ley, venerado de todo el pueblo, mandó que sacasen fuera por un momento a
los apóstoles, 35 y luego dijo: Varones israelitas, mirad por vosotros lo que
vais a hacer respecto a estos hombres. 36 Porque antes de estos días se
levantó Teudas, diciendo que era alguien. A éste se unió un número como de
cuatrocientos hombres; pero él fue muerto, y todos los que le obedecían fueron
dispersados y reducidos a nada. 37 Después de éste, se levantó Judas el
galileo, en los días del censo, y llevó en pos de sí a mucho pueblo. Pereció
también él, y todos los que le obedecían fueron dispersados. 38 Y ahora os
digo: Apartaos de estos hombres, y dejadlos; porque si este consejo o esta
obra es de los hombres, se desvanecerá; 39 mas si es de Dios, no la podréis
destruir; no seáis tal vez hallados luchando contra Dios.
40 Y convinieron con él; y llamando a los apóstoles,
después de azotarlos, les intimaron que no hablasen en el nombre de Jesús, y
los pusieron en libertad. 41 Y ellos salieron de la presencia del concilio,
gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del
Nombre. 42 Y todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de
enseñar y predicar a Jesucristo.
Elección de siete diáconos
HECHOS 6
1 En aquellos días, como creciera el número de los
discípulos, hubo murmuración de los griegos contra los hebreos, de que las
viudas de aquéllos eran desatendidas en la distribución diaria. 2 Entonces los
doce convocaron a la multitud de los discípulos, y dijeron: No es justo que
nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas. 3 Buscad, pues,
hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del
Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo. 4 Y
nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra. 5
Agradó la propuesta a toda la multitud; y eligieron a Esteban, varón lleno de
fe y del Espíritu Santo, a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Parmenas,
y a Nicolás prosélito de Antioquía; 6 a los cuales presentaron ante los
apóstoles, quienes, orando, les impusieron las manos.
7 Y crecía la palabra del Señor, y el número de los
discípulos se multiplicaba grandemente en Jerusalén; también muchos de los
sacerdotes obedecían a la fe.
Arresto de Esteban
8 Y Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes
prodigios y señales entre el pueblo. 9 Entonces se levantaron unos de la
sinagoga llamada de los libertos, y de los de Cirene, de Alejandría, de
Cilicia y de Asia, disputando con Esteban. 10 Pero no podían resistir a la
sabiduría y al Espíritu con que hablaba. 11 Entonces sobornaron a unos para
que dijesen que le habían oído hablar palabras blasfemas contra Moisés y
contra Dios. 12 Y soliviantaron al pueblo, a los ancianos y a los escribas; y
arremetiendo, le arrebataron, y le trajeron al concilio. 13 Y pusieron
testigos falsos que decían: Este hombre no cesa de hablar palabras blasfemas
contra este lugar santo y contra la ley; 14 pues le hemos oído decir que ese
Jesús de Nazaret destruirá este lugar, y cambiará las costumbres que nos dio
Moisés. 15 Entonces todos los que estaban sentados en el concilio, al fijar
los ojos en él, vieron su rostro como el rostro de un ángel.
Defensa y muerte de Esteban
HECHOS 7
1 El sumo sacerdote dijo entonces: ¿Es esto así? 2 Y él
dijo: Varones hermanos y padres, oíd: El Dios de la gloria apareció a nuestro
padre Abraham, estando en Mesopotamia, antes que morase en Harán, 3 y le dijo:
Sal de tu tierra y de tu parentela, y ven a la tierra que yo te mostraré. 4
Entonces salió de la tierra de los caldeos y habitó en Harán; y de allí,
muerto su padre, Dios le trasladó a esta tierra, en la cual vosotros habitáis
ahora. 5 Y no le dio herencia en ella, ni aun para asentar un pie; pero le
prometió que se la daría en posesión, y a su descendencia después de él,
cuando él aún no tenía hijo. 6 Y le dijo Dios así: Que su descendencia sería
extranjera en tierra ajena, y que los reducirían a servidumbre y los
maltratarían, por cuatrocientos años. 7 Mas yo juzgaré, dijo Dios, a la nación
de la cual serán siervos; y después de esto saldrán y me servirán en este
lugar. 8 Y le dio el pacto de la circuncisión; y así Abraham engendró a Isaac,
y le circuncidó al octavo día; e Isaac a Jacob, y Jacob a los doce patriarcas.
9 Los patriarcas, movidos por envidia, vendieron a José para Egipto; pero Dios
estaba con él, 10 y le libró de todas sus tribulaciones, y le dio gracia y
sabiduría delante de Faraón rey de Egipto, el cual lo puso por gobernador
sobre Egipto y sobre toda su casa. 11 Vino entonces hambre en toda la tierra
de Egipto y de Canaán, y grande tribulación; y nuestros padres no hallaban
alimentos. 12 Cuando oyó Jacob que había trigo en Egipto, envió a nuestros
padres la primera vez. 13 Y en la segunda, José se dio a conocer a sus
hermanos, y fue manifestado a Faraón el linaje de José. 14 Y enviando José,
hizo venir a su padre Jacob, y a toda su parentela, en número de setenta y
cinco personas. 15 Así descendió Jacob a Egipto, donde murió él, y también
nuestros padres; 16 los cuales fueron trasladados a Siquem, y puestos en el
sepulcro que a precio de dinero compró Abraham de los hijos de Hamor en Siquem.
17 Pero cuando se acercaba el tiempo de la promesa, que
Dios había jurado a Abraham, el pueblo creció y se multiplicó en Egipto, 18
hasta que se levantó en Egipto otro rey que no conocía a José. 19 Este rey,
usando de astucia con nuestro pueblo, maltrató a nuestros padres, a fin de que
expusiesen a la muerte a sus niños, para que no se propagasen. 20 En aquel
mismo tiempo nació Moisés, y fue agradable a Dios; y fue criado tres meses en
casa de su padre. 21 Pero siendo expuesto a la muerte, la hija de Faraón le
recogió y le crió como a hijo suyo. 22 Y fue enseñado Moisés en toda la
sabiduría de los egipcios; y era poderoso en sus palabras y obras.
23 Cuando hubo cumplido la edad de cuarenta años, le vino
al corazón el visitar a sus hermanos, los hijos de Israel. 24 Y al ver a uno
que era maltratado, lo defendió, e hiriendo al egipcio, vengó al oprimido. 25
Pero él pensaba que sus hermanos comprendían que Dios les daría libertad por
mano suya; mas ellos no lo habían entendido así. 26 Y al día siguiente, se
presentó a unos de ellos que reñían, y los ponía en paz, diciendo: Varones,
hermanos sois, ¿por qué os maltratáis el uno al otro? 27 Entonces el que
maltrataba a su prójimo le rechazó, diciendo: ¿Quién te ha puesto por
gobernante y juez sobre nosotros? 28 ¿Quieres tú matarme, como mataste ayer al
egipcio? 29 Al oír esta palabra, Moisés huyó, y vivió como extranjero en
tierra de Madián, donde engendró dos hijos.
30 Pasados cuarenta años, un ángel se le apareció en el
desierto del monte Sinaí, en la llama de fuego de una zarza. 31 Entonces
Moisés, mirando, se maravilló de la visión; y acercándose para observar, vino
a él la voz del Señor: 32 Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, el
Dios de Isaac, y el Dios de Jacob. Y Moisés, temblando, no se atrevía a mirar.
33 Y le dijo el Señor: Quita el calzado de tus pies, porque el lugar en que
estás es tierra santa. 34 Ciertamente he visto la aflicción de mi pueblo que
está en Egipto, y he oído su gemido, y he descendido para librarlos. Ahora,
pues, ven, te enviaré a Egipto.
35 A este Moisés, a quien habían rechazado, diciendo:
¿Quién te ha puesto por gobernante y juez?, a éste lo envió Dios como
gobernante y libertador por mano del ángel que se le apareció en la zarza. 36
Este los sacó, habiendo hecho prodigios y señales en tierra de Egipto, y en el
Mar Rojo, y en el desierto por cuarenta años. 37 Este Moisés es el que dijo a
los hijos de Israel: Profeta os levantará el Señor vuestro Dios de entre
vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis. 38 Este es aquel Moisés que estuvo
en la congregación en el desierto con el ángel que le hablaba en el monte
Sinaí, y con nuestros padres, y que recibió palabras de vida que darnos; 39 al
cual nuestros padres no quisieron obedecer, sino que le desecharon, y en sus
corazones se volvieron a Egipto, 40 cuando dijeron a Aarón: Haznos dioses que
vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, que nos sacó de la tierra de
Egipto, no sabemos qué le haya acontecido. 41 Entonces hicieron un becerro, y
ofrecieron sacrificio al ídolo, y en las obras de sus manos se regocijaron. 42
Y Dios se apartó, y los entregó a que rindiesen culto al ejército del cielo;
como está escrito en el libro de los profetas:
¿Acaso me ofrecisteis víctimas y sacrificios
En el desierto por cuarenta años, casa de Israel?
43 Antes bien llevasteis el tabernáculo de Moloc,
Y la estrella de vuestro dios Renfán,
Figuras que os hicisteis para adorarlas.
Os transportaré, pues, más allá de Babilonia.
44 Tuvieron nuestros padres el tabernáculo del testimonio
en el desierto, como había ordenado Dios cuando dijo a Moisés que lo hiciese
conforme al modelo que había visto. 45 El cual, recibido a su vez por nuestros
padres, lo introdujeron con Josué al tomar posesión de la tierra de los
gentiles, a los cuales Dios arrojó de la presencia de nuestros padres, hasta
los días de David. 46 Este halló gracia delante de Dios, y pidió proveer
tabernáculo para el Dios de Jacob. 47 Mas Salomón le edificó casa; 48 si bien
el Altísimo no habita en templos hechos de mano, como dice el profeta:
49 El cielo es mi trono,
Y la tierra el estrado de mis pies.
¿Qué casa me edificaréis? dice el Señor;
¿O cuál es el lugar de mi reposo?
50 ¿No hizo mi mano todas estas cosas?
51 ¡Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de
oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así
también vosotros. 52 ¿A cuál de los profetas no persiguieron vuestros padres?
Y mataron a los que anunciaron de antemano la venida del Justo, de quien
vosotros ahora habéis sido entregadores y matadores; 53 vosotros que
recibisteis la ley por disposición de ángeles, y no la guardasteis.
54 Oyendo estas cosas, se enfurecían en sus corazones, y
crujían los dientes contra él. 55 Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo,
puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la
diestra de Dios, 56 y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del
Hombre que está a la diestra de Dios. 57 Entonces ellos, dando grandes voces,
se taparon los oídos, y arremetieron a una contra él. 58 Y echándole fuera de
la ciudad, le apedrearon; y los testigos pusieron sus ropas a los pies de un
joven que se llamaba Saulo. 59 Y apedreaban a Esteban, mientras él invocaba y
decía: Señor Jesús, recibe mi espíritu. 60 Y puesto de rodillas, clamó a gran
voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió.
Saulo persigue a la iglesia
HECHOS 8
1 Y Saulo consentía en su muerte. En aquel día hubo una
gran persecución contra la iglesia que estaba en Jerusalén; y todos fueron
esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria, salvo los apóstoles. 2 Y
hombres piadosos llevaron a enterrar a Esteban, e hicieron gran llanto sobre
él. 3 Y Saulo asolaba la iglesia, y entrando casa por casa, arrastraba a
hombres y a mujeres, y los entregaba en la cárcel.
Predicación del evangelio en Samaria
4 Pero los que fueron esparcidos iban por todas partes
anunciando el evangelio. 5 Entonces Felipe, descendiendo a la ciudad de
Samaria, les predicaba a Cristo. 6 Y la gente, unánime, escuchaba atentamente
las cosas que decía Felipe, oyendo y viendo las señales que hacía. 7 Porque de
muchos que tenían espíritus inmundos, salían éstos dando grandes voces; y
muchos paralíticos y cojos eran sanados; 8 así que había gran gozo en aquella
ciudad.
9 Pero había un hombre llamado Simón, que antes ejercía
la magia en aquella ciudad, y había engañado a la gente de Samaria, haciéndose
pasar por algún grande. 10 A éste oían atentamente todos, desde el más pequeño
hasta el más grande, diciendo: Este es el gran poder de Dios. 11 Y le estaban
atentos, porque con sus artes mágicas les había engañado mucho tiempo. 12 Pero
cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el
nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres. 13 También creyó Simón
mismo, y habiéndose bautizado, estaba siempre con Felipe; y viendo las señales
y grandes milagros que se hacían, estaba atónito.
14 Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron
que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan;
15 los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el
Espíritu Santo; 16 porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino
que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús. 17 Entonces les
imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo. 18 Cuando vio Simón que por
la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les
ofreció dinero, 19 diciendo: Dadme también a mí este poder, para que
cualquiera a quien yo impusiere las manos reciba el Espíritu Santo. 20
Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el
don de Dios se obtiene con dinero. 21 No tienes tú parte ni suerte en este
asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios. 22 Arrepiéntete, pues,
de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizás te sea perdonado el pensamiento
de tu corazón; 23 porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que
estás. 24 Respondiendo entonces Simón, dijo: Rogad vosotros por mí al Señor,
para que nada de esto que habéis dicho venga sobre mí.
25 Y ellos, habiendo testificado y hablado la palabra de
Dios, se volvieron a Jerusalén, y en muchas poblaciones de los samaritanos
anunciaron el evangelio.
Felipe y el etíope
26 Un ángel del Señor habló a Felipe, diciendo: Levántate
y ve hacia el sur, por el camino que desciende de Jerusalén a Gaza, el cual es
desierto. 27 Entonces él se levantó y fue. Y sucedió que un etíope, eunuco,
funcionario de Candace reina de los etíopes, el cual estaba sobre todos sus
tesoros, y había venido a Jerusalén para adorar, 28 volvía sentado en su
carro, y leyendo al profeta Isaías. 29 Y el Espíritu dijo a Felipe: Acércate y
júntate a ese carro. 30 Acudiendo Felipe, le oyó que leía al profeta Isaías, y
dijo: Pero ¿entiendes lo que lees? 31 El dijo: ¿Y cómo podré, si alguno no me
enseñare? Y rogó a Felipe que subiese y se sentara con él. 32 El pasaje de la
Escritura que leía era este:
Como oveja a la muerte fue llevado;
Y como cordero mudo delante del que lo trasquila,
Así no abrió su boca.
33 En su humillación no se le hizo justicia;
Mas su generación, ¿quién la contará?
Porque fue quitada de la tierra su vida.
34 Respondiendo el eunuco, dijo a Felipe: Te ruego que me
digas: ¿de quién dice el profeta esto; de sí mismo, o de algún otro? 35
Entonces Felipe, abriendo su boca, y comenzando desde esta escritura, le
anunció el evangelio de Jesús. 36 Y yendo por el camino, llegaron a cierta
agua, y dijo el eunuco: Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado? 37
Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo
que Jesucristo es el Hijo de Dios. 38 Y mandó parar el carro; y descendieron
ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó. 39 Cuando subieron del agua,
el Espíritu del Señor arrebató a Felipe; y el eunuco no le vio más, y siguió
gozoso su camino. 40 Pero Felipe se encontró en Azoto; y pasando, anunciaba el
evangelio en todas las ciudades, hasta que llegó a Cesarea.
Conversión de Saulo
(Hch. 22.6-16; 26.12-18)
HECHOS 9
1 Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los
discípulos del Señor, vino al sumo sacerdote, 2 y le pidió cartas para las
sinagogas de Damasco, a fin de que si hallase algunos hombres o mujeres de
este Camino, los trajese presos a Jerusalén. 3 Mas yendo por el camino,
aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un
resplandor de luz del cielo; 4 y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía:
Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? 5 El dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo:
Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el
aguijón. 6 El, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y
el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes
hacer. 7 Y los hombres que iban con Saulo se pararon atónitos, oyendo a la
verdad la voz, mas sin ver a nadie. 8 Entonces Saulo se levantó de tierra, y
abriendo los ojos, no veía a nadie; así que, llevándole por la mano, le
metieron en Damasco, 9 donde estuvo tres días sin ver, y no comió ni bebió.
10 Había entonces en Damasco un discípulo llamado Ananías,
a quien el Señor dijo en visión: Ananías. Y él respondió: Heme aquí, Señor. 11
Y el Señor le dijo: Levántate, y ve a la calle que se llama Derecha, y busca
en casa de Judas a uno llamado Saulo, de Tarso; porque he aquí, él ora, 12 y
ha visto en visión a un varón llamado Ananías, que entra y le pone las manos
encima para que recobre la vista. 13 Entonces Ananías respondió: Señor, he
oído de muchos acerca de este hombre, cuántos males ha hecho a tus santos en
Jerusalén; 14 y aun aquí tiene autoridad de los principales sacerdotes para
prender a todos los que invocan tu nombre. 15 El Señor le dijo: Ve, porque
instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los
gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; 16 porque yo le mostraré
cuánto le es necesario padecer por mi nombre. 17 Fue entonces Ananías y entró
en la casa, y poniendo sobre él las manos, dijo: Hermano Saulo, el Señor
Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para
que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo. 18 Y al momento le
cayeron de los ojos como escamas, y recibió al instante la vista; y
levantándose, fue bautizado. 19 Y habiendo tomado alimento, recobró fuerzas. Y
estuvo Saulo por algunos días con los discípulos que estaban en Damasco.
Saulo predica en Damasco
20 En seguida predicaba a Cristo en las sinagogas,
diciendo que éste era el Hijo de Dios. 21 Y todos los que le oían estaban
atónitos, y decían: ¿No es éste el que asolaba en Jerusalén a los que
invocaban este nombre, y a eso vino acá, para llevarlos presos ante los
principales sacerdotes? 22 Pero Saulo mucho más se esforzaba, y confundía a
los judíos que moraban en Damasco, demostrando que Jesús era el Cristo.
Saulo escapa de los judíos
23 Pasados muchos días, los judíos resolvieron en consejo
matarle; 24 pero sus asechanzas llegaron a conocimiento de Saulo. Y ellos
guardaban las puertas de día y de noche para matarle. 25 Entonces los
discípulos, tomándole de noche, le bajaron por el muro, descolgándole en una
canasta.
Saulo en Jerusalén
26 Cuando llegó a Jerusalén, trataba de juntarse con los
discípulos; pero todos le tenían miedo, no creyendo que fuese discípulo. 27
Entonces Bernabé, tomándole, lo trajo a los apóstoles, y les contó cómo Saulo
había visto en el camino al Señor, el cual le había hablado, y cómo en Damasco
había hablado valerosamente en el nombre de Jesús. 28 Y estaba con ellos en
Jerusalén; y entraba y salía, 29 y hablaba denodadamente en el nombre del
Señor, y disputaba con los griegos; pero éstos procuraban matarle. 30 Cuando
supieron esto los hermanos, le llevaron hasta Cesarea, y le enviaron a Tarso.
31 Entonces las iglesias tenían paz por toda Judea,
Galilea y Samaria; y eran edificadas, andando en el temor del Señor, y se
acrecentaban fortalecidas por el Espíritu Santo.
Curación de Eneas
32 Aconteció que Pedro, visitando a todos, vino también a
los santos que habitaban en Lida. 33 Y halló allí a uno que se llamaba Eneas,
que hacía ocho años que estaba en cama, pues era paralítico. 34 Y le dijo
Pedro: Eneas, Jesucristo te sana; levántate, y haz tu cama. Y en seguida se
levantó. 35 Y le vieron todos los que habitaban en Lida y en Sarón, los cuales
se convirtieron al Señor.
Dorcas es resucitada
36 Había entonces en Jope una discípula llamada Tabita,
que traducido quiere decir, Dorcas. Esta abundaba en buenas obras y en
limosnas que hacía. 37 Y aconteció que en aquellos días enfermó y murió.
Después de lavada, la pusieron en una sala. 38 Y como Lida estaba cerca de
Jope, los discípulos, oyendo que Pedro estaba allí, le enviaron dos hombres, a
rogarle: No tardes en venir a nosotros. 39 Levantándose entonces Pedro, fue
con ellos; y cuando llegó, le llevaron a la sala, donde le rodearon todas las
viudas, llorando y mostrando las túnicas y los vestidos que Dorcas hacía
cuando estaba con ellas. 40 Entonces, sacando a todos, Pedro se puso de
rodillas y oró; y volviéndose al cuerpo, dijo: Tabita, levántate. Y ella abrió
los ojos, y al ver a Pedro, se incorporó. 41 Y él, dándole la mano, la
levantó; entonces, llamando a los santos y a las viudas, la presentó viva. 42
Esto fue notorio en toda Jope, y muchos creyeron en el Señor. 43 Y aconteció
que se quedó muchos días en Jope en casa de un cierto Simón, curtidor.
Pedro y Cornelio
HECHOS 10
1 Había en Cesarea un hombre llamado Cornelio, centurión
de la compañía llamada la Italiana, 2 piadoso y temeroso de Dios con toda su
casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo, y oraba a Dios siempre. 3 Este
vio claramente en una visión, como a la hora novena del día, que un ángel de
Dios entraba donde él estaba, y le decía: Cornelio. 4 El, mirándole fijamente,
y atemorizado, dijo: ¿Qué es, Señor? Y le dijo: Tus oraciones y tus limosnas
han subido para memoria delante de Dios. 5 Envía, pues, ahora hombres a Jope,
y haz venir a Simón, el que tiene por sobrenombre Pedro. 6 Este posa en casa
de cierto Simón curtidor, que tiene su casa junto al mar; él te dirá lo que es
necesario que hagas. 7 Ido el ángel que hablaba con Cornelio, éste llamó a dos
de sus criados, y a un devoto soldado de los que le asistían; 8 a los cuales
envió a Jope, después de haberles contado todo.
9 Al día siguiente, mientras ellos iban por el camino y
se acercaban a la ciudad, Pedro subió a la azotea para orar, cerca de la hora
sexta. 10 Y tuvo gran hambre, y quiso comer; pero mientras le preparaban algo,
le sobrevino un éxtasis; 11 y vio el cielo abierto, y que descendía algo
semejante a un gran lienzo, que atado de las cuatro puntas era bajado a la
tierra; 12 en el cual había de todos los cuadrúpedos terrestres y reptiles y
aves del cielo. 13 Y le vino una voz: Levántate, Pedro, mata y come. 14
Entonces Pedro dijo: Señor, no; porque ninguna cosa común o inmunda he comido
jamás. 15 Volvió la voz a él la segunda vez: Lo que Dios limpió, no lo llames
tú común. 16 Esto se hizo tres veces; y aquel lienzo volvió a ser recogido en
el cielo.
17 Y mientras Pedro estaba perplejo dentro de sí sobre lo
que significaría la visión que había visto, he aquí los hombres que habían
sido enviados por Cornelio, los cuales, preguntando por la casa de Simón,
llegaron a la puerta. 18 Y llamando, preguntaron si moraba allí un Simón que
tenía por sobrenombre Pedro. 19 Y mientras Pedro pensaba en la visión, le dijo
el Espíritu: He aquí, tres hombres te buscan. 20 Levántate, pues, y desciende
y no dudes de ir con ellos, porque yo los he enviado. 21 Entonces Pedro,
descendiendo a donde estaban los hombres que fueron enviados por Cornelio, les
dijo: He aquí, yo soy el que buscáis; ¿cuál es la causa por la que habéis
venido? 22 Ellos dijeron: Cornelio el centurión, varón justo y temeroso de
Dios, y que tiene buen testimonio en toda la nación de los judíos, ha recibido
instrucciones de un santo ángel, de hacerte venir a su casa para oír tus
palabras. 23 Entonces, haciéndoles entrar, los hospedó. Y al día siguiente,
levantándose, se fue con ellos; y le acompañaron algunos de los hermanos de
Jope. 24 Al otro día entraron en Cesarea. Y Cornelio los estaba esperando,
habiendo convocado a sus parientes y amigos más íntimos. 25 Cuando Pedro
entró, salió Cornelio a recibirle, y postrándose a sus pies, adoró. 26 Mas
Pedro le levantó, diciendo: Levántate, pues yo mismo también soy hombre. 27 Y
hablando con él, entró, y halló a muchos que se habían reunido. 28 Y les dijo:
Vosotros sabéis cuán abominable es para un varón judío juntarse o acercarse a
un extranjero; pero a mí me ha mostrado Dios que a ningún hombre llame común o
inmundo; 29 por lo cual, al ser llamado, vine sin replicar. Así que pregunto:
¿Por qué causa me habéis hecho venir?
30 Entonces Cornelio dijo: hace cuatro días que a esta
hora yo estaba en ayunas; y a la hora novena, mientras oraba en mi casa, vi
que se puso delante de mí un varón con vestido resplandeciente, 31 y dijo:
Cornelio, tu oración ha sido oída, y tus limosnas han sido recordadas delante
de Dios. 32 Envía, pues, a Jope, y haz venir a Simón el que tiene por
sobrenombre Pedro, el cual mora en casa de Simón, un curtidor, junto al mar; y
cuando llegue, él te hablará. 33 Así que luego envié por ti; y tú has hecho
bien en venir. Ahora, pues, todos nosotros estamos aquí en la presencia de
Dios, para oír todo lo que Dios te ha mandado.
34 Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: En verdad
comprendo que Dios no hace acepción de personas, 35 sino que en toda nación se
agrada del que le teme y hace justicia. 36 Dios envió mensaje a los hijos de
Israel, anunciando el evangelio de la paz por medio de Jesucristo; éste es
Señor de todos. 37 Vosotros sabéis lo que se divulgó por toda Judea,
comenzando desde Galilea, después del bautismo que predicó Juan: 38 cómo Dios
ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo
haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios
estaba con él. 39 Y nosotros somos testigos de todas las cosas que Jesús hizo
en la tierra de Judea y en Jerusalén; a quien mataron colgándole en un madero.
40 A éste levantó Dios al tercer día, e hizo que se manifestase; 41 no a todo
el pueblo, sino a los testigos que Dios había ordenado de antemano, a nosotros
que comimos y bebimos con él después que resucitó de los muertos. 42 Y nos
mandó que predicásemos al pueblo, y testificásemos que él es el que Dios ha
puesto por Juez de vivos y muertos. 43 De éste dan testimonio todos los
profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su
nombre.
44 Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu
Santo cayó sobre todos los que oían el discurso. 45 Y los fieles de la
circuncisión que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también
sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo. 46 Porque los oían
que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios. 47 Entonces respondió
Pedro: ¿Puede acaso alguno impedir el agua, para que no sean bautizados estos
que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros? 48 Y mandó
bautizarles en el nombre del Señor Jesús. Entonces le rogaron que se quedase
por algunos días.
Informe de Pedro a la iglesia de Jerusalén
HECHOS 11
1 Oyeron los apóstoles y los hermanos que estaban en
Judea, que también los gentiles habían recibido la palabra de Dios. 2 Y cuando
Pedro subió a Jerusalén, disputaban con él los que eran de la circuncisión, 3
diciendo: ¿Por qué has entrado en casa de hombres incircuncisos, y has comido
con ellos? 4 Entonces comenzó Pedro a contarles por orden lo sucedido,
diciendo: 5 Estaba yo en la ciudad de Jope orando, y vi en éxtasis una visión;
algo semejante a un gran lienzo que descendía, que por las cuatro puntas era
bajado del cielo y venía hasta mí. 6 Cuando fijé en él los ojos, consideré y
vi cuadrúpedos terrestres, y fieras, y reptiles, y aves del cielo. 7 Y oí una
voz que me decía: Levántate, Pedro, mata y come. 8 Y dije: Señor, no; porque
ninguna cosa común o inmunda entró jamás en mi boca. 9 Entonces la voz me
respondió del cielo por segunda vez: Lo que Dios limpió, no lo llames tú
común. 10 Y esto se hizo tres veces, y volvió todo a ser llevado arriba al
cielo. 11 Y he aquí, luego llegaron tres hombres a la casa donde yo estaba,
enviados a mí desde Cesarea. 12 Y el Espíritu me dijo que fuese con ellos sin
dudar. Fueron también conmigo estos seis hermanos, y entramos en casa de un
varón, 13 quien nos contó cómo había visto en su casa un ángel, que se puso en
pie y le dijo: Envía hombres a Jope, y haz venir a Simón, el que tiene por
sobrenombre Pedro; 14 él te hablará palabras por las cuales serás salvo tú, y
toda tu casa. 15 Y cuando comencé a hablar, cayó el Espíritu Santo sobre ellos
también, como sobre nosotros al principio. 16 Entonces me acordé de lo dicho
por el Señor, cuando dijo: Juan ciertamente bautizó en agua, mas vosotros
seréis bautizados con el Espíritu Santo. 17 Si Dios, pues, les concedió
también el mismo don que a nosotros que hemos creído en el Señor Jesucristo,
¿quién era yo que pudiese estorbar a Dios? 18 Entonces, oídas estas cosas,
callaron, y glorificaron a Dios, diciendo: ¡De manera que también a los
gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida!
La iglesia en Antioquía
19 Ahora bien, los que habían sido esparcidos a causa de
la persecución que hubo con motivo de Esteban, pasaron hasta Fenicia, Chipre y
Antioquía, no hablando a nadie la palabra, sino sólo a los judíos. 20 Pero
había entre ellos unos varones de Chipre y de Cirene, los cuales, cuando
entraron en Antioquía, hablaron también a los griegos, anunciando el evangelio
del Señor Jesús. 21 Y la mano del Señor estaba con ellos, y gran número creyó
y se convirtió al Señor. 22 Llegó la noticia de estas cosas a oídos de la
iglesia que estaba en Jerusalén; y enviaron a Bernabé que fuese hasta
Antioquía. 23 Este, cuando llegó, y vio la gracia de Dios, se regocijó, y
exhortó a todos a que con propósito de corazón permaneciesen fieles al Señor.
24 Porque era varón bueno, y lleno del Espíritu Santo y de fe. Y una gran
multitud fue agregada al Señor. 25 Después fue Bernabé a Tarso para buscar a
Saulo; y hallándole, le trajo a Antioquía. 26 Y se congregaron allí todo un
año con la iglesia, y enseñaron a mucha gente; y a los discípulos se les llamó
cristianos por primera vez en Antioquía.
27 En aquellos días unos profetas descendieron de
Jerusalén a Antioquía. 28 Y levantándose uno de ellos, llamado Agabo, daba a
entender por el Espíritu, que vendría una gran hambre en toda la tierra
habitada; la cual sucedió en tiempo de Claudio. 29 Entonces los discípulos,
cada uno conforme a lo que tenía, determinaron enviar socorro a los hermanos
que habitaban en Judea; 30 lo cual en efecto hicieron, enviándolo a los
ancianos por mano de Bernabé y de Saulo.
Jacobo, muerto; Pedro, encarcelado
HECHOS 12
1 En aquel mismo tiempo el rey Herodes echó mano a
algunos de la iglesia para maltratarles. 2 Y mató a espada a Jacobo, hermano
de Juan. 3 Y viendo que esto había agradado a los judíos, procedió a prender
también a Pedro. Eran entonces los días de los panes sin levadura. 4 Y
habiéndole tomado preso, le puso en la cárcel, entregándole a cuatro grupos de
cuatro soldados cada uno, para que le custodiasen; y se proponía sacarle al
pueblo después de la pascua. 5 Así que Pedro estaba custodiado en la cárcel;
pero la iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él.
Pedro es librado de la cárcel
6 Y cuando Herodes le iba a sacar, aquella misma noche
estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, sujeto con dos cadenas, y los
guardas delante de la puerta custodiaban la cárcel. 7 Y he aquí que se
presentó un ángel del Señor, y una luz resplandeció en la cárcel; y tocando a
Pedro en el costado, le despertó, diciendo: Levántate pronto. Y las cadenas se
le cayeron de las manos. 8 Le dijo el ángel: Cíñete, y átate las sandalias. Y
lo hizo así. Y le dijo: Envuélvete en tu manto, y sígueme. 9 Y saliendo, le
seguía; pero no sabía que era verdad lo que hacía el ángel, sino que pensaba
que veía una visión. 10 Habiendo pasado la primera y la segunda guardia,
llegaron a la puerta de hierro que daba a la ciudad, la cual se les abrió por
sí misma; y salidos, pasaron una calle, y luego el ángel se apartó de él. 11
Entonces Pedro, volviendo en sí, dijo: Ahora entiendo verdaderamente que el
Señor ha enviado su ángel, y me ha librado de la mano de Herodes, y de todo lo
que el pueblo de los judíos esperaba.
12 Y habiendo considerado esto, llegó a casa de María la
madre de Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos, donde muchos estaban
reunidos orando. 13 Cuando llamó Pedro a la puerta del patio, salió a escuchar
una muchacha llamada Rode, 14 la cual, cuando reconoció la voz de Pedro, de
gozo no abrió la puerta, sino que corriendo adentro, dio la nueva de que Pedro
estaba a la puerta. 15 Y ellos le dijeron: Estás loca. Pero ella aseguraba que
así era. Entonces ellos decían: ¡Es su ángel! 16 Mas Pedro persistía en
llamar; y cuando abrieron y le vieron, se quedaron atónitos. 17 Pero él,
haciéndoles con la mano señal de que callasen, les contó cómo el Señor le
había sacado de la cárcel. Y dijo: Haced saber esto a Jacobo y a los hermanos.
Y salió, y se fue a otro lugar.
18 Luego que fue de día, hubo no poco alboroto entre los
soldados sobre qué había sido de Pedro. 19 Mas Herodes, habiéndole buscado sin
hallarle, después de interrogar a los guardas, ordenó llevarlos a la muerte.
Después descendió de Judea a Cesarea y se quedó allí.
Muerte de Herodes
20 Y Herodes estaba enojado contra los de Tiro y de Sidón;
pero ellos vinieron de acuerdo ante él, y sobornado Blasto, que era camarero
mayor del rey, pedían paz, porque su territorio era abastecido por el del rey.
21 Y un día señalado, Herodes, vestido de ropas reales, se sentó en el
tribunal y les arengó. 22 Y el pueblo aclamaba gritando: ¡Voz de Dios, y no de
hombre! 23 Al momento un ángel del Señor le hirió, por cuanto no dio la gloria
a Dios; y expiró comido de gusanos.
24 Pero la palabra del Señor crecía y se multiplicaba.
25 Y Bernabé y Saulo, cumplido su servicio, volvieron de
Jerusalén, llevando también consigo a Juan, el que tenía por sobrenombre
Marcos.
Bernabé y Saulo comienzan su primer viaje misionero
HECHOS 13
1 Había entonces en la iglesia que estaba en Antioquía,
profetas y maestros: Bernabé, Simón el que se llamaba Niger, Lucio de Cirene,
Manaén el que se había criado junto con Herodes el tetrarca, y Saulo. 2
Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a
Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado. 3 Entonces, habiendo
ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron.
Los apóstoles predican en Chipre
4 Ellos, entonces, enviados por el Espíritu Santo,
descendieron a Seleucia, y de allí navegaron a Chipre. 5 Y llegados a
Salamina, anunciaban la palabra de Dios en las sinagogas de los judíos. Tenían
también a Juan de ayudante. 6 Y habiendo atravesado toda la isla hasta Pafos,
hallaron a cierto mago, falso profeta, judío, llamado Barjesús, 7 que estaba
con el procónsul Sergio Paulo, varón prudente. Este, llamando a Bernabé y a
Saulo, deseaba oír la palabra de Dios. 8 Pero les resistía Elimas, el mago
(pues así se traduce su nombre), procurando apartar de la fe al procónsul. 9
Entonces Saulo, que también es Pablo, lleno del Espíritu Santo, fijando en él
los ojos, 10 dijo: ¡Oh, lleno de todo engaño y de toda maldad, hijo del
diablo, enemigo de toda justicia! ¿No cesarás de trastornar los caminos rectos
del Señor? 11 Ahora, pues, he aquí la mano del Señor está contra ti, y serás
ciego, y no verás el sol por algún tiempo. E inmediatamente cayeron sobre él
oscuridad y tinieblas; y andando alrededor, buscaba quien le condujese de la
mano. 12 Entonces el procónsul, viendo lo que había sucedido, creyó,
maravillado de la doctrina del Señor.
Pablo y Bernabé en Antioquía de Pisidia
13 Habiendo zarpado de Pafos, Pablo y sus compañeros
arribaron a Perge de Panfilia; pero Juan, apartándose de ellos, volvió a
Jerusalén. 14 Ellos, pasando de Perge, llegaron a Antioquía de Pisidia; y
entraron en la sinagoga un día de reposo y se sentaron. 15 Y después de la
lectura de la ley y de los profetas, los principales de la sinagoga mandaron a
decirles: Varones hermanos, si tenéis alguna palabra de exhortación para el
pueblo, hablad. 16 Entonces Pablo, levantándose, hecha señal de silencio con
la mano, dijo:
Varones israelitas, y los que teméis a Dios, oíd: 17 El
Dios de este pueblo de Israel escogió a nuestros padres, y enalteció al
pueblo, siendo ellos extranjeros en tierra de Egipto, y con brazo levantado
los sacó de ella. 18 Y por un tiempo como de cuarenta años los soportó en el
desierto; 19 y habiendo destruido siete naciones en la tierra de Canaán, les
dio en herencia su territorio. 20 Después, como por cuatrocientos cincuenta
años, les dio jueces hasta el profeta Samuel. 21 Luego pidieron rey, y Dios
les dio a Saúl hijo de Cis, varón de la tribu de Benjamín, por cuarenta años.
22 Quitado éste, les levantó por rey a David, de quien dio también testimonio
diciendo: He hallado a David hijo de Isaí, varón conforme a mi corazón, quien
hará todo lo que yo quiero. 23 De la descendencia de éste, y conforme a la
promesa, Dios levantó a Jesús por Salvador a Israel. 24 Antes de su venida,
predicó Juan el bautismo de arrepentimiento a todo el pueblo de Israel. 25 Mas
cuando Juan terminaba su carrera, dijo: ¿Quién pensáis que soy? No soy yo él;
mas he aquí viene tras mí uno de quien no soy digno de desatar el calzado de
los pies.
26 Varones hermanos, hijos del linaje de Abraham, y los
que entre vosotros teméis a Dios, a vosotros es enviada la palabra de esta
salvación. 27 Porque los habitantes de Jerusalén y sus gobernantes, no
conociendo a Jesús, ni las palabras de los profetas que se leen todos los días
de reposo, las cumplieron al condenarle. 28 Y sin hallar en él causa digna de
muerte, pidieron a Pilato que se le matase. 29 Y habiendo cumplido todas las
cosas que de él estaban escritas, quitándolo del madero, lo pusieron en el
sepulcro. 30 Mas Dios le levantó de los muertos. 31 Y él se apareció durante
muchos días a los que habían subido juntamente con él de Galilea a Jerusalén,
los cuales ahora son sus testigos ante el pueblo. 32 Y nosotros también os
anunciamos el evangelio de aquella promesa hecha a nuestros padres, 33 la cual
Dios ha cumplido a los hijos de ellos, a nosotros, resucitando a Jesús; como
está escrito también en el salmo segundo: Mi hijo eres tú, yo te he engendrado
hoy. 34 Y en cuanto a que le levantó de los muertos para nunca más volver a
corrupción, lo dijo así: Os daré las misericordias fieles de David.
35 Por eso dice también en otro salmo: No permitirás que
tu Santo vea corrupción. 36 Porque a la verdad David, habiendo servido a su
propia generación según la voluntad de Dios, durmió, y fue reunido con sus
padres, y vio corrupción. 37 Mas aquel a quien Dios levantó, no vio
corrupción. 38 Sabed, pues, esto, varones hermanos: que por medio de él se os
anuncia perdón de pecados, 39 y que de todo aquello de que por la ley de
Moisés no pudisteis ser justificados, en él es justificado todo aquel que
cree. 40 Mirad, pues, que no venga sobre vosotros lo que está dicho en los
profetas:
41 Mirad, oh menospreciadores, y asombraos, y
desapareced;
Porque yo hago una obra en vuestros días,
Obra que no creeréis, si alguien os la contare.
42 Cuando salieron ellos de la sinagoga de los judíos,
los gentiles les rogaron que el siguiente día de reposo les hablasen de estas
cosas. 43 Y despedida la congregación, muchos de los judíos y de los
prosélitos piadosos siguieron a Pablo y a Bernabé, quienes hablándoles, les
persuadían a que perseverasen en la gracia de Dios.
44 El siguiente día de reposo se juntó casi toda la
ciudad para oír la palabra de Dios. 45 Pero viendo los judíos la muchedumbre,
se llenaron de celos, y rebatían lo que Pablo decía, contradiciendo y
blasfemando. 46 Entonces Pablo y Bernabé, hablando con denuedo, dijeron: A
vosotros a la verdad era necesario que se os hablase primero la palabra de
Dios; mas puesto que la desecháis, y no os juzgáis dignos de la vida eterna,
he aquí, nos volvemos a los gentiles. 47 Porque así nos ha mandado el Señor,
diciendo:
Te he puesto para luz de los gentiles,
A fin de que seas para salvación hasta lo último de la
tierra.
48 Los gentiles, oyendo esto, se regocijaban y
glorificaban la palabra del Señor, y creyeron todos los que estaban ordenados
para vida eterna. 49 Y la palabra del Señor se difundía por toda aquella
provincia. 50 Pero los judíos instigaron a mujeres piadosas y distinguidas, y
a los principales de la ciudad, y levantaron persecución contra Pablo y
Bernabé, y los expulsaron de sus límites. 51 Ellos entonces, sacudiendo contra
ellos el polvo de sus pies, llegaron a Iconio. 52 Y los discípulos estaban
llenos de gozo y del Espíritu Santo.
Pablo y Bernabé en Iconio
HECHOS 14
1 Aconteció en Iconio que entraron juntos en la sinagoga
de los judíos, y hablaron de tal manera que creyó una gran multitud de judíos,
y asimismo de griegos. 2 Mas los judíos que no creían excitaron y corrompieron
los ánimos de los gentiles contra los hermanos. 3 Por tanto, se detuvieron
allí mucho tiempo, hablando con denuedo, confiados en el Señor, el cual daba
testimonio a la palabra de su gracia, concediendo que se hiciesen por las
manos de ellos señales y prodigios. 4 Y la gente de la ciudad estaba dividida:
unos estaban con los judíos, y otros con los apóstoles. 5 Pero cuando los
judíos y los gentiles, juntamente con sus gobernantes, se lanzaron a
afrentarlos y apedrearlos, 6 habiéndolo sabido, huyeron a Listra y Derbe,
ciudades de Licaonia, y a toda la región circunvecina, 7 y allí predicaban el
evangelio.
Pablo es apedreado en Listra
8 Y cierto hombre de Listra estaba sentado,
imposibilitado de los pies, cojo de nacimiento, que jamás había andado. 9 Este
oyó hablar a Pablo, el cual, fijando en él sus ojos, y viendo que tenía fe
para ser sanado, 10 dijo a gran voz: Levántate derecho sobre tus pies. Y él
saltó, y anduvo. 11 Entonces la gente, visto lo que Pablo había hecho, alzó la
voz, diciendo en lengua licaónica: Dioses bajo la semejanza de hombres han
descendido a nosotros. 12 Y a Bernabé llamaban Júpiter, y a Pablo, Mercurio,
porque éste era el que llevaba la palabra. 13 Y el sacerdote de Júpiter, cuyo
templo estaba frente a la ciudad, trajo toros y guirnaldas delante de las
puertas, y juntamente con la muchedumbre quería ofrecer sacrificios. 14 Cuando
lo oyeron los apóstoles Bernabé y Pablo, rasgaron sus ropas, y se lanzaron
entre la multitud, dando voces 15 y diciendo: Varones, ¿por qué hacéis esto?
Nosotros también somos hombres semejantes a vosotros, que os anunciamos que de
estas vanidades os convirtáis al Dios vivo, que hizo el cielo y la tierra, el
mar, y todo lo que en ellos hay. 16 En las edades pasadas él ha dejado a todas
las gentes andar en sus propios caminos; 17 si bien no se dejó a sí mismo sin
testimonio, haciendo bien, dándonos lluvias del cielo y tiempos fructíferos,
llenando de sustento y de alegría nuestros corazones. 18 Y diciendo estas
cosas, difícilmente lograron impedir que la multitud les ofreciese sacrificio.
19 Entonces vinieron unos judíos de Antioquía y de Iconio,
que persuadieron a la multitud, y habiendo apedreado a Pablo, le arrastraron
fuera de la ciudad, pensando que estaba muerto. 20 Pero rodeándole los
discípulos, se levantó y entró en la ciudad; y al día siguiente salió con
Bernabé para Derbe. 21 Y después de anunciar el evangelio a aquella ciudad y
de hacer muchos discípulos, volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquía, 22
confirmando los ánimos de los discípulos, exhortándoles a que permaneciesen en
la fe, y diciéndoles: Es necesario que a través de muchas tribulaciones
entremos en el reino de Dios. 23 Y constituyeron ancianos en cada iglesia, y
habiendo orado con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído.
El regreso a Antioquía de Siria
24 Pasando luego por Pisidia, vinieron a Panfilia. 25 Y
habiendo predicado la palabra en Perge, descendieron a Atalia. 26 De allí
navegaron a Antioquía, desde donde habían sido encomendados a la gracia de
Dios para la obra que habían cumplido. 27 Y habiendo llegado, y reunido a la
iglesia, refirieron cuán grandes cosas había hecho Dios con ellos, y cómo
había abierto la puerta de la fe a los gentiles. 28 Y se quedaron allí mucho
tiempo con los discípulos.
El concilio en Jerusalén
HECHOS 15
1 Entonces algunos que venían de Judea enseñaban a los
hermanos: Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser
salvos. 2 Como Pablo y Bernabé tuviesen una discusión y contienda no pequeña
con ellos, se dispuso que subiesen Pablo y Bernabé a Jerusalén, y algunos
otros de ellos, a los apóstoles y a los ancianos, para tratar esta cuestión. 3
Ellos, pues, habiendo sido encaminados por la iglesia, pasaron por Fenicia y
Samaria, contando la conversión de los gentiles; y causaban gran gozo a todos
los hermanos. 4 Y llegados a Jerusalén, fueron recibidos por la iglesia y los
apóstoles y los ancianos, y refirieron todas las cosas que Dios había hecho
con ellos. 5 Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían creído, se
levantaron diciendo: Es necesario circuncidarlos, y mandarles que guarden la
ley de Moisés.
6 Y se reunieron los apóstoles y los ancianos para
conocer de este asunto. 7 Y después de mucha discusión, Pedro se levantó y les
dijo: Varones hermanos, vosotros sabéis cómo ya hace algún tiempo que Dios
escogió que los gentiles oyesen por mi boca la palabra del evangelio y
creyesen. 8 Y Dios, que conoce los corazones, les dio testimonio, dándoles el
Espíritu Santo lo mismo que a nosotros; 9 y ninguna diferencia hizo entre
nosotros y ellos, purificando por la fe sus corazones. 10 Ahora, pues, ¿por
qué tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos un yugo que ni
nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar? 11 Antes creemos que por la
gracia del Señor Jesús seremos salvos, de igual modo que ellos.
12 Entonces toda la multitud calló, y oyeron a Bernabé y
a Pablo, que contaban cuán grandes señales y maravillas había hecho Dios por
medio de ellos entre los gentiles. 13 Y cuando ellos callaron, Jacobo
respondió diciendo: Varones hermanos, oídme. 14 Simón ha contado cómo Dios
visitó por primera vez a los gentiles, para tomar de ellos pueblo para su
nombre. 15 Y con esto concuerdan las palabras de los profetas, como está
escrito:
16 Después de esto volveré
Y reedificaré el tabernáculo de David, que está caído;
Y repararé sus ruinas,
Y lo volveré a levantar,
17 Para que el resto de los hombres busque al Señor,
Y todos los gentiles, sobre los cuales es invocado mi
nombre,
18 Dice el Señor, que hace conocer todo esto desde
tiempos antiguos.
19 Por lo cual yo juzgo que no se inquiete a los gentiles
que se convierten a Dios, 20 sino que se les escriba que se aparten de las
contaminaciones de los ídolos, de fornicación, de ahogado y de sangre. 21
Porque Moisés desde tiempos antiguos tiene en cada ciudad quien lo predique en
las sinagogas, donde es leído cada día de reposo.
22 Entonces pareció bien a los apóstoles y a los
ancianos, con toda la iglesia, elegir de entre ellos varones y enviarlos a
Antioquía con Pablo y Bernabé: a Judas que tenía por sobrenombre Barsabás, y a
Silas, varones principales entre los hermanos; 23 y escribir por conducto de
ellos: Los apóstoles y los ancianos y los hermanos, a los hermanos de entre
los gentiles que están en Antioquía, en Siria y en Cilicia, salud. 24 Por
cuanto hemos oído que algunos que han salido de nosotros, a los cuales no
dimos orden, os han inquietado con palabras, perturbando vuestras almas,
mandando circuncidaros y guardar la ley, 25 nos ha parecido bien, habiendo
llegado a un acuerdo, elegir varones y enviarlos a vosotros con nuestros
amados Bernabé y Pablo, 26 hombres que han expuesto su vida por el nombre de
nuestro Señor Jesucristo. 27 Así que enviamos a Judas y a Silas, los cuales
también de palabra os harán saber lo mismo. 28 Porque ha parecido bien al
Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas
necesarias: 29 que os abstengáis de lo sacrificado a ídolos, de sangre, de
ahogado y de fornicación; de las cuales cosas si os guardareis, bien haréis.
Pasadlo bien.
30 Así, pues, los que fueron enviados descendieron a
Antioquía, y reuniendo a la congregación, entregaron la carta; 31 habiendo
leído la cual, se regocijaron por la consolación. 32 Y Judas y Silas, como
ellos también eran profetas, consolaron y confirmaron a los hermanos con
abundancia de palabras. 33 Y pasando algún tiempo allí, fueron despedidos en
paz por los hermanos, para volver a aquellos que los habían enviado. 34 Mas a
Silas le pareció bien el quedarse allí. 35 Y Pablo y Bernabé continuaron en
Antioquía, enseñando la palabra del Señor y anunciando el evangelio con otros
muchos.
Pablo se separa de Bernabé, y comienza su segundo viaje
misionero
36 Después de algunos días, Pablo dijo a Bernabé:
Volvamos a visitar a los hermanos en todas las ciudades en que hemos anunciado
la palabra del Señor, para ver cómo están. 37 Y Bernabé quería que llevasen
consigo a Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos; 38 pero a Pablo no le
parecía bien llevar consigo al que se había apartado de ellos desde Panfilia,
y no había ido con ellos a la obra. 39 Y hubo tal desacuerdo entre ellos, que
se separaron el uno del otro; Bernabé, tomando a Marcos, navegó a Chipre, 40 y
Pablo, escogiendo a Silas, salió encomendado por los hermanos a la gracia del
Señor, 41 y pasó por Siria y Cilicia, confirmando a las iglesias.
Timoteo acompaña a Pablo y a Silas
HECHOS 16
1 Después llegó a Derbe y a Listra; y he aquí, había allí
cierto discípulo llamado Timoteo, hijo de una mujer judía creyente, pero de
padre griego; 2 y daban buen testimonio de él los hermanos que estaban en
Listra y en Iconio. 3 Quiso Pablo que éste fuese con él; y tomándole, le
circuncidó por causa de los judíos que había en aquellos lugares; porque todos
sabían que su padre era griego. 4 Y al pasar por las ciudades, les entregaban
las ordenanzas que habían acordado los apóstoles y los ancianos que estaban en
Jerusalén, para que las guardasen. 5 Así que las iglesias eran confirmadas en
la fe, y aumentaban en número cada día.
La visión del varón macedonio
6 Y atravesando Frigia y la provincia de Galacia, les fue
prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia; 7 y cuando llegaron
a Misia, intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu no se lo permitió. 8 Y
pasando junto a Misia, descendieron a Troas. 9 Y se le mostró a Pablo una
visión de noche: un varón macedonio estaba en pie, rogándole y diciendo: Pasa
a Macedonia y ayúdanos. 10 Cuando vio la visión, en seguida procuramos partir
para Macedonia, dando por cierto que Dios nos llamaba para que les
anunciásemos el evangelio.
Encarcelados en Filipos
11 Zarpando, pues, de Troas, vinimos con rumbo directo a
Samotracia, y el día siguiente a Neápolis; 12 y de allí a Filipos, que es la
primera ciudad de la provincia de Macedonia, y una colonia; y estuvimos en
aquella ciudad algunos días. 13 Y un día de reposo salimos fuera de la puerta,
junto al río, donde solía hacerse la oración; y sentándonos, hablamos a las
mujeres que se habían reunido. 14 Entonces una mujer llamada Lidia, vendedora
de púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios, estaba oyendo; y el
Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía.
15 Y cuando fue bautizada, y su familia, nos rogó diciendo: Si habéis juzgado
que yo sea fiel al Señor, entrad en mi casa, y posad. Y nos obligó a
quedarnos.
16 Aconteció que mientras íbamos a la oración, nos salió
al encuentro una muchacha que tenía espíritu de adivinación, la cual daba gran
ganancia a sus amos, adivinando. 17 Esta, siguiendo a Pablo y a nosotros, daba
voces, diciendo: Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os
anuncian el camino de salvación. 18 Y esto lo hacía por muchos días; mas
desagradando a Pablo, éste se volvió y dijo al espíritu: Te mando en el nombre
de Jesucristo, que salgas de ella. Y salió en aquella misma hora.
19 Pero viendo sus amos que había salido la esperanza de
su ganancia, prendieron a Pablo y a Silas, y los trajeron al foro, ante las
autoridades; 20 y presentándolos a los magistrados, dijeron: Estos hombres,
siendo judíos, alborotan nuestra ciudad, 21 y enseñan costumbres que no nos es
lícito recibir ni hacer, pues somos romanos. 22 Y se agolpó el pueblo contra
ellos; y los magistrados, rasgándoles las ropas, ordenaron azotarles con
varas. 23 Después de haberles azotado mucho, los echaron en la cárcel,
mandando al carcelero que los guardase con seguridad. 24 El cual, recibido
este mandato, los metió en el calabozo de más adentro, y les aseguró los pies
en el cepo.
25 Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban
himnos a Dios; y los presos los oían. 26 Entonces sobrevino de repente un gran
terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al
instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron. 27
Despertando el carcelero, y viendo abiertas las puertas de la cárcel, sacó la
espada y se iba a matar, pensando que los presos habían huido. 28 Mas Pablo
clamó a gran voz, diciendo: No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí.
29 El entonces, pidiendo luz, se precipitó adentro, y temblando, se postró a
los pies de Pablo y de Silas; 30 y sacándolos, les dijo: Señores, ¿qué debo
hacer para ser salvo? 31 Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás
salvo, tú y tu casa. 32 Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los
que estaban en su casa. 33 Y él, tomándolos en aquella misma hora de la noche,
les lavó las heridas; y en seguida se bautizó él con todos los suyos. 34 Y
llevándolos a su casa, les puso la mesa; y se regocijó con toda su casa de
haber creído a Dios.
35 Cuando fue de día, los magistrados enviaron alguaciles
a decir: Suelta a aquellos hombres. 36 Y el carcelero hizo saber estas
palabras a Pablo: Los magistrados han mandado a decir que se os suelte; así
que ahora salid, y marchaos en paz. 37 Pero Pablo les dijo: Después de
azotarnos públicamente sin sentencia judicial, siendo ciudadanos romanos, nos
echaron en la cárcel, ¿y ahora nos echan encubiertamente? No, por cierto, sino
vengan ellos mismos a sacarnos. 38 Y los alguaciles hicieron saber estas
palabras a los magistrados, los cuales tuvieron miedo al oír que eran romanos.
39 Y viniendo, les rogaron; y sacándolos, les pidieron que salieran de la
ciudad. 40 Entonces, saliendo de la cárcel, entraron en casa de Lidia, y
habiendo visto a los hermanos, los consolaron, y se fueron.
El alboroto en Tesalónica
HECHOS 17
1 Pasando por Anfípolis y Apolonia, llegaron a
Tesalónica, donde había una sinagoga de los judíos. 2 Y Pablo, como
acostumbraba, fue a ellos, y por tres días de reposo discutió con ellos, 3
declarando y exponiendo por medio de las Escrituras, que era necesario que el
Cristo padeciese, y resucitase de los muertos; y que Jesús, a quien yo os
anuncio, decía él, es el Cristo. 4 Y algunos de ellos creyeron, y se juntaron
con Pablo y con Silas; y de los griegos piadosos gran número, y mujeres nobles
no pocas. 5 Entonces los judíos que no creían, teniendo celos, tomaron consigo
a algunos ociosos, hombres malos, y juntando una turba, alborotaron la ciudad;
y asaltando la casa de Jasón, procuraban sacarlos al pueblo. 6 Pero no
hallándolos, trajeron a Jasón y a algunos hermanos ante las autoridades de la
ciudad, gritando: Estos que trastornan el mundo entero también han venido acá;
7 a los cuales Jasón ha recibido; y todos éstos contravienen los decretos de
César, diciendo que hay otro rey, Jesús. 8 Y alborotaron al pueblo y a las
autoridades de la ciudad, oyendo estas cosas. 9 Pero obtenida fianza de Jasón
y de los demás, los soltaron.
Pablo y Silas en Berea
10 Inmediatamente, los hermanos enviaron de noche a Pablo
y a Silas hasta Berea. Y ellos, habiendo llegado, entraron en la sinagoga de
los judíos. 11 Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues
recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras
para ver si estas cosas eran así. 12 Así que creyeron muchos de ellos, y
mujeres griegas de distinción, y no pocos hombres. 13 Cuando los judíos de
Tesalónica supieron que también en Berea era anunciada la palabra de Dios por
Pablo, fueron allá, y también alborotaron a las multitudes. 14 Pero
inmediatamente los hermanos enviaron a Pablo que fuese hacia el mar; y Silas y
Timoteo se quedaron allí. 15 Y los que se habían encargado de conducir a Pablo
le llevaron a Atenas; y habiendo recibido orden para Silas y Timoteo, de que
viniesen a él lo más pronto que pudiesen, salieron.
Pablo en Atenas
16 Mientras Pablo los esperaba en Atenas, su espíritu se
enardecía viendo la ciudad entregada a la idolatría. 17 Así que discutía en la
sinagoga con los judíos y piadosos, y en la plaza cada día con los que
concurrían. 18 Y algunos filósofos de los epicúreos y de los estoicos
disputaban con él; y unos decían: ¿Qué querrá decir este palabrero? Y otros:
Parece que es predicador de nuevos dioses; porque les predicaba el evangelio
de Jesús, y de la resurrección. 19 Y tomándole, le trajeron al Areópago,
diciendo: ¿Podremos saber qué es esta nueva enseñanza de que hablas? 20 Pues
traes a nuestros oídos cosas extrañas. Queremos, pues, saber qué quiere decir
esto. 21 (Porque todos los atenienses y los extranjeros residentes allí, en
ninguna otra cosa se interesaban sino en decir o en oír algo nuevo.)
22 Entonces Pablo, puesto en pie en medio del Areópago,
dijo: Varones atenienses, en todo observo que sois muy religiosos; 23 porque
pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual
estaba esta inscripción: AL DIOS NO CONOCIDO. Al que vosotros adoráis, pues,
sin conocerle, es a quien yo os anuncio. 24 El Dios que hizo el mundo y todas
las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en
templos hechos por manos humanas, 25 ni es honrado por manos de hombres, como
si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las
cosas. 26 Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que
habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los
tiempos, y los límites de su habitación; 27 para que busquen a Dios, si en
alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de
cada uno de nosotros. 28 Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como
algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo
somos. 29 Siendo, pues, linaje de Dios, no debemos pensar que la Divinidad sea
semejante a oro, o plata, o piedra, escultura de arte y de imaginación de
hombres. 30 Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta
ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan;
31 por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia,
por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los
muertos.
32 Pero cuando oyeron lo de la resurrección de los
muertos, unos se burlaban, y otros decían: Ya te oiremos acerca de esto otra
vez. 33 Y así Pablo salió de en medio de ellos. 34 Mas algunos creyeron,
juntándose con él; entre los cuales estaba Dionisio el areopagita, una mujer
llamada Dámaris, y otros con ellos.
Pablo en Corinto
HECHOS 18
1 Después de estas cosas, Pablo salió de Atenas y fue a
Corinto. 2 Y halló a un judío llamado Aquila, natural del Ponto, recién venido
de Italia con Priscila su mujer, por cuanto Claudio había mandado que todos
los judíos saliesen de Roma. Fue a ellos, 3 y como era del mismo oficio, se
quedó con ellos, y trabajaban juntos, pues el oficio de ellos era hacer
tiendas. 4 Y discutía en la sinagoga todos los días de reposo, y persuadía a
judíos y a griegos.
5 Y cuando Silas y Timoteo vinieron de Macedonia, Pablo
estaba entregado por entero a la predicación de la palabra, testificando a los
judíos que Jesús era el Cristo. 6 Pero oponiéndose y blasfemando éstos, les
dijo, sacudiéndose los vestidos: Vuestra sangre sea sobre vuestra propia
cabeza; yo, limpio; desde ahora me iré a los gentiles. 7 Y saliendo de allí,
se fue a la casa de uno llamado Justo, temeroso de Dios, la cual estaba junto
a la sinagoga. 8 Y Crispo, el principal de la sinagoga, creyó en el Señor con
toda su casa; y muchos de los corintios, oyendo, creían y eran bautizados. 9
Entonces el Señor dijo a Pablo en visión de noche: No temas, sino habla, y no
calles; 10 porque yo estoy contigo, y ninguno pondrá sobre ti la mano para
hacerte mal, porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad. 11 Y se detuvo allí
un año y seis meses, enseñándoles la palabra de Dios.
12 Pero siendo Galión procónsul de Acaya, los judíos se
levantaron de común acuerdo contra Pablo, y le llevaron al tribunal, 13
diciendo: Este persuade a los hombres a honrar a Dios contra la ley. 14 Y al
comenzar Pablo a hablar, Galión dijo a los judíos: Si fuera algún agravio o
algún crimen enorme, oh judíos, conforme a derecho yo os toleraría. 15 Pero si
son cuestiones de palabras, y de nombres, y de vuestra ley, vedlo vosotros;
porque yo no quiero ser juez de estas cosas. 16 Y los echó del tribunal. 17
Entonces todos los griegos, apoderándose de Sóstenes, principal de la
sinagoga, le golpeaban delante del tribunal; pero a Galión nada se le daba de
ello.
18 Mas Pablo, habiéndose detenido aún muchos días allí,
después se despidió de los hermanos y navegó a Siria, y con él Priscila y
Aquila, habiéndose rapado la cabeza en Cencrea, porque tenía hecho voto. 19 Y
llegó a Efeso, y los dejó allí; y entrando en la sinagoga, discutía con los
judíos, 20 los cuales le rogaban que se quedase con ellos por más tiempo; mas
no accedió, 21 sino que se despidió de ellos, diciendo: Es necesario que en
todo caso yo guarde en Jerusalén la fiesta que viene; pero otra vez volveré a
vosotros, si Dios quiere. Y zarpó de Efeso.
Pablo regresa a Antioquía y comienza su tercer viaje
misionero
22 Habiendo arribado a Cesarea, subió para saludar a la
iglesia, y luego descendió a Antioquía. 23 Y después de estar allí algún
tiempo, salió, recorriendo por orden la región de Galacia y de Frigia,
confirmando a todos los discípulos.
Apolos predica en Efeso
24 Llegó entonces a Efeso un judío llamado Apolos,
natural de Alejandría, varón elocuente, poderoso en las Escrituras. 25 Este
había sido instruido en el camino del Señor; y siendo de espíritu fervoroso,
hablaba y enseñaba diligentemente lo concerniente al Señor, aunque solamente
conocía el bautismo de Juan. 26 Y comenzó a hablar con denuedo en la sinagoga;
pero cuando le oyeron Priscila y Aquila, le tomaron aparte y le expusieron más
exactamente el camino de Dios. 27 Y queriendo él pasar a Acaya, los hermanos
le animaron, y escribieron a los discípulos que le recibiesen; y llegado él
allá, fue de gran provecho a los que por la gracia habían creído; 28 porque
con gran vehemencia refutaba públicamente a los judíos, demostrando por las
Escrituras que Jesús era el Cristo.
Pablo en Efeso
HECHOS 19
1 Aconteció que entre tanto que Apolos estaba en Corinto,
Pablo, después de recorrer las regiones superiores, vino a Efeso, y hallando a
ciertos discípulos, 2 les dijo: ¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando
creísteis? Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo. 3
Entonces dijo: ¿En qué, pues, fuisteis bautizados? Ellos dijeron: En el
bautismo de Juan. 4 Dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento,
diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es,
en Jesús el Cristo. 5 Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del
Señor Jesús. 6 Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el
Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban. 7 Eran por todos unos
doce hombres.
8 Y entrando Pablo en la sinagoga, habló con denuedo por
espacio de tres meses, discutiendo y persuadiendo acerca del reino de Dios. 9
Pero endureciéndose algunos y no creyendo, maldiciendo el Camino delante de la
multitud, se apartó Pablo de ellos y separó a los discípulos, discutiendo cada
día en la escuela de uno llamado Tiranno. 10 Así continuó por espacio de dos
años, de manera que todos los que habitaban en Asia, judíos y griegos, oyeron
la palabra del Señor Jesús.
11 Y hacía Dios milagros extraordinarios por mano de
Pablo, 12 de tal manera que aun se llevaban a los enfermos los paños o
delantales de su cuerpo, y las enfermedades se iban de ellos, y los espíritus
malos salían. 13 Pero algunos de los judíos, exorcistas ambulantes, intentaron
invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían espíritus malos,
diciendo: Os conjuro por Jesús, el que predica Pablo. 14 Había siete hijos de
un tal Esceva, judío, jefe de los sacerdotes, que hacían esto. 15 Pero
respondiendo el espíritu malo, dijo: A Jesús conozco, y sé quién es Pablo;
pero vosotros, ¿quiénes sois? 16 Y el hombre en quien estaba el espíritu malo,
saltando sobre ellos y dominándolos, pudo más que ellos, de tal manera que
huyeron de aquella casa desnudos y heridos. 17 Y esto fue notorio a todos los
que habitaban en Efeso, así judíos como griegos; y tuvieron temor todos ellos,
y era magnificado el nombre del Señor Jesús. 18 Y muchos de los que habían
creído venían, confesando y dando cuenta de sus hechos. 19 Asimismo muchos de
los que habían practicado la magia trajeron los libros y los quemaron delante
de todos; y hecha la cuenta de su precio, hallaron que era cincuenta mil
piezas de plata. 20 Así crecía y prevalecía poderosamente la palabra del
Señor.
21 Pasadas estas cosas, Pablo se propuso en espíritu ir a
Jerusalén, después de recorrer Macedonia y Acaya, diciendo: Después que haya
estado allí, me será necesario ver también a Roma. 22 Y enviando a Macedonia a
dos de los que le ayudaban, Timoteo y Erasto, él se quedó por algún tiempo en
Asia.
El alboroto en Efeso
23 Hubo por aquel tiempo un disturbio no pequeño acerca
del Camino. 24 Porque un platero llamado Demetrio, que hacía de plata
templecillos de Diana, daba no poca ganancia a los artífices; 25 a los cuales,
reunidos con los obreros del mismo oficio, dijo: Varones, sabéis que de este
oficio obtenemos nuestra riqueza; 26 pero veis y oís que este Pablo, no
solamente en Efeso, sino en casi toda Asia, ha apartado a muchas gentes con
persuasión, diciendo que no son dioses los que se hacen con las manos. 27 Y no
solamente hay peligro de que este nuestro negocio venga a desacreditarse, sino
también que el templo de la gran diosa Diana sea estimado en nada, y comience
a ser destruida la majestad de aquella a quien venera toda Asia, y el mundo
entero.
28 Cuando oyeron estas cosas, se llenaron de ira, y
gritaron, diciendo: ¡Grande es Diana de los efesios! 29 Y la ciudad se llenó
de confusión, y a una se lanzaron al teatro, arrebatando a Gayo y a Aristarco,
macedonios, compañeros de Pablo. 30 Y queriendo Pablo salir al pueblo, los
discípulos no le dejaron. 31 También algunas de las autoridades de Asia, que
eran sus amigos, le enviaron recado, rogándole que no se presentase en el
teatro. 32 Unos, pues, gritaban una cosa, y otros otra; porque la concurrencia
estaba confusa, y los más no sabían por qué se habían reunido. 33 Y sacaron de
entre la multitud a Alejandro, empujándole los judíos. Entonces Alejandro,
pedido silencio con la mano, quería hablar en su defensa ante el pueblo. 34
Pero cuando le conocieron que era judío, todos a una voz gritaron casi por dos
horas: ¡Grande es Diana de los efesios! 35 Entonces el escribano, cuando había
apaciguado a la multitud, dijo: Varones efesios, ¿y quién es el hombre que no
sabe que la ciudad de los efesios es guardiana del templo de la gran diosa
Diana, y de la imagen venida de Júpiter? 36 Puesto que esto no puede
contradecirse, es necesario que os apacigüéis, y que nada hagáis
precipitadamente. 37 Porque habéis traído a estos hombres, sin ser sacrílegos
ni blasfemadores de vuestra diosa. 38 Que si Demetrio y los artífices que
están con él tienen pleito contra alguno, audiencias se conceden, y
procónsules hay; acúsense los unos a los otros. 39 Y si demandáis alguna otra
cosa, en legítima asamblea se puede decidir. 40 Porque peligro hay de que
seamos acusados de sedición por esto de hoy, no habiendo ninguna causa por la
cual podamos dar razón de este concurso. 41 Y habiendo dicho esto, despidió la
asamblea.
Viaje de Pablo a Macedonia y Grecia
HECHOS 20
1 Después que cesó el alboroto, llamó Pablo a los
discípulos, y habiéndolos exhortado y abrazado, se despidió y salió para ir a
Macedonia. 2 Y después de recorrer aquellas regiones, y de exhortarles con
abundancia de palabras, llegó a Grecia. 3 Después de haber estado allí tres
meses, y siéndole puestas asechanzas por los judíos para cuando se embarcase
para Siria, tomó la decisión de volver por Macedonia. 4 Y le acompañaron hasta
Asia, Sópater de Berea, Aristarco y Segundo de Tesalónica, Gayo de Derbe, y
Timoteo; y de Asia, Tíquico y Trófimo. 5 Estos, habiéndose adelantado, nos
esperaron en Troas. 6 Y nosotros, pasados los días de los panes sin levadura,
navegamos de Filipos, y en cinco días nos reunimos con ellos en Troas, donde
nos quedamos siete días.
Visita de despedida de Pablo en Troas
7 El primer día de la semana, reunidos los discípulos
para partir el pan, Pablo les enseñaba, habiendo de salir al día siguiente; y
alargó el discurso hasta la medianoche. 8 Y había muchas lámparas en el
aposento alto donde estaban reunidos; 9 y un joven llamado Eutico, que estaba
sentado en la ventana, rendido de un sueño profundo, por cuanto Pablo
disertaba largamente, vencido del sueño cayó del tercer piso abajo, y fue
levantado muerto. 10 Entonces descendió Pablo y se echó sobre él, y
abrazándole, dijo: No os alarméis, pues está vivo. 11 Después de haber subido,
y partido el pan y comido, habló largamente hasta el alba; y así salió. 12 Y
llevaron al joven vivo, y fueron grandemente consolados.
Viaje de Troas a Mileto
13 Nosotros, adelantándonos a embarcarnos, navegamos a
Asón para recoger allí a Pablo, ya que así lo había determinado, queriendo él
ir por tierra. 14 Cuando se reunió con nosotros en Asón, tomándole a bordo,
vinimos a Mitilene. 15 Navegando de allí, al día siguiente llegamos delante de
Quío, y al otro día tomamos puerto en Samos; y habiendo hecho escala en
Trogilio, al día siguiente llegamos a Mileto. 16 Porque Pablo se había
propuesto pasar de largo a Efeso, para no detenerse en Asia, pues se
apresuraba por estar el día de Pentecostés, si le fuese posible, en Jerusalén.
Discurso de despedida de Pablo en Mileto
17 Enviando, pues, desde Mileto a Efeso, hizo llamar a
los ancianos de la iglesia. 18 Cuando vinieron a él, les dijo: Vosotros sabéis
cómo me he comportado entre vosotros todo el tiempo, desde el primer día que
entré en Asia, 19 sirviendo al Señor con toda humildad, y con muchas lágrimas,
y pruebas que me han venido por las asechanzas de los judíos; 20 y cómo nada
que fuese útil he rehuido de anunciaros y enseñaros, públicamente y por las
casas, 21 testificando a judíos y a gentiles acerca del arrepentimiento para
con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo. 22 Ahora, he aquí, ligado yo
en espíritu, voy a Jerusalén, sin saber lo que allá me ha de acontecer; 23
salvo que el Espíritu Santo por todas las ciudades me da testimonio, diciendo
que me esperan prisiones y tribulaciones. 24 Pero de ninguna cosa hago caso,
ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con
gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del
evangelio de la gracia de Dios. 25 Y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de
todos vosotros, entre quienes he pasado predicando el reino de Dios, verá más
mi rostro. 26 Por tanto, yo os protesto en el día de hoy, que estoy limpio de
la sangre de todos; 27 porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de
Dios. 28 Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el
Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor,
la cual él ganó por su propia sangre. 29 Porque yo sé que después de mi
partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al
rebaño. 30 Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas
perversas para arrastrar tras sí a los discípulos. 31 Por tanto, velad,
acordándoos que por tres años, de noche y de día, no he cesado de amonestar
con lágrimas a cada uno. 32 Y ahora, hermanos, os encomiendo a Dios, y a la
palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificaros y daros herencia
con todos los santificados. 33 Ni plata ni oro ni vestido de nadie he
codiciado. 34 Antes vosotros sabéis que para lo que me ha sido necesario a mí
y a los que están conmigo, estas manos me han servido. 35 En todo os he
enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las
palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir.
36 Cuando hubo dicho estas cosas, se puso de rodillas, y
oró con todos ellos. 37 Entonces hubo gran llanto de todos; y echándose al
cuello de Pablo, le besaban, 38 doliéndose en gran manera por la palabra que
dijo, de que no verían más su rostro. Y le acompañaron al barco.
Viaje de Pablo a Jerusalén
HECHOS 21
1 Después de separarnos de ellos, zarpamos y fuimos con
rumbo directo a Cos, y al día siguiente a Rodas, y de allí a Pátara. 2 Y
hallando un barco que pasaba a Fenicia, nos embarcamos, y zarpamos. 3 Al
avistar Chipre, dejándola a mano izquierda, navegamos a Siria, y arribamos a
Tiro, porque el barco había de descargar allí. 4 Y hallados los discípulos,
nos quedamos allí siete días; y ellos decían a Pablo por el Espíritu, que no
subiese a Jerusalén. 5 Cumplidos aquellos días, salimos, acompañándonos todos,
con sus mujeres e hijos, hasta fuera de la ciudad; y puestos de rodillas en la
playa, oramos. 6 Y abrazándonos los unos a los otros, subimos al barco y ellos
se volvieron a sus casas.
7 Y nosotros completamos la navegación, saliendo de Tiro
y arribando a Tolemaida; y habiendo saludado a los hermanos, nos quedamos con
ellos un día. 8 Al otro día, saliendo Pablo y los que con él estábamos, fuimos
a Cesarea; y entrando en casa de Felipe el evangelista, que era uno de los
siete, posamos con él. 9 Este tenía cuatro hijas doncellas que profetizaban.
10 Y permaneciendo nosotros allí algunos días, descendió de Judea un profeta
llamado Agabo, 11 quien viniendo a vernos, tomó el cinto de Pablo, y atándose
los pies y las manos, dijo: Esto dice el Espíritu Santo: Así atarán los judíos
en Jerusalén al varón de quien es este cinto, y le entregarán en manos de los
gentiles. 12 Al oír esto, le rogamos nosotros y los de aquel lugar, que no
subiese a Jerusalén. 13 Entonces Pablo respondió: ¿Qué hacéis llorando y
quebrantándome el corazón? Porque yo estoy dispuesto no sólo a ser atado, mas
aun a morir en Jerusalén por el nombre del Señor Jesús. 14 Y como no le
pudimos persuadir, desistimos, diciendo: Hágase la voluntad del Señor.
15 Después de esos días, hechos ya los preparativos,
subimos a Jerusalén. 16 Y vinieron también con nosotros de Cesarea algunos de
los discípulos, trayendo consigo a uno llamado Mnasón, de Chipre, discípulo
antiguo, con quien nos hospedaríamos.
Arresto de Pablo en el templo
17 Cuando llegamos a Jerusalén, los hermanos nos
recibieron con gozo. 18 Y al día siguiente Pablo entró con nosotros a ver a
Jacobo, y se hallaban reunidos todos los ancianos; 19 a los cuales, después de
haberles saludado, les contó una por una las cosas que Dios había hecho entre
los gentiles por su ministerio. 20 Cuando ellos lo oyeron, glorificaron a
Dios, y le dijeron: Ya ves, hermano, cuántos millares de judíos hay que han
creído; y todos son celosos por la ley. 21 Pero se les ha informado en cuanto
a ti, que enseñas a todos los judíos que están entre los gentiles a apostatar
de Moisés, diciéndoles que no circunciden a sus hijos, ni observen las
costumbres. 22 ¿Qué hay, pues? La multitud se reunirá de cierto, porque oirán
que has venido. 23 Haz, pues, esto que te decimos: Hay entre nosotros cuatro
hombres que tienen obligación de cumplir voto. 24 Tómalos contigo, purifícate
con ellos, y paga sus gastos para que se rasuren la cabeza; y todos
comprenderán que no hay nada de lo que se les informó acerca de ti, sino que
tú también andas ordenadamente, guardando la ley. 25 Pero en cuanto a los
gentiles que han creído, nosotros les hemos escrito determinando que no
guarden nada de esto; solamente que se abstengan de lo sacrificado a los
ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación. 26 Entonces Pablo tomó consigo
a aquellos hombres, y al día siguiente, habiéndose purificado con ellos, entró
en el templo, para anunciar el cumplimiento de los días de la purificación,
cuando había de presentarse la ofrenda por cada uno de ellos.
27 Pero cuando estaban para cumplirse los siete días,
unos judíos de Asia, al verle en el templo, alborotaron a toda la multitud y
le echaron mano, 28 dando voces: ¡Varones israelitas, ayudad! Este es el
hombre que por todas partes enseña a todos contra el pueblo, la ley y este
lugar; y además de esto, ha metido a griegos en el templo, y ha profanado este
santo lugar. 29 Porque antes habían visto con él en la ciudad a Trófimo, de
Efeso, a quien pensaban que Pablo había metido en el templo. 30 Así que toda
la ciudad se conmovió, y se agolpó el pueblo; y apoderándose de Pablo, le
arrastraron fuera del templo, e inmediatamente cerraron las puertas. 31 Y
procurando ellos matarle, se le avisó al tribuno de la compañía, que toda la
ciudad de Jerusalén estaba alborotada. 32 Este, tomando luego soldados y
centuriones, corrió a ellos. Y cuando ellos vieron al tribuno y a los
soldados, dejaron de golpear a Pablo. 33 Entonces, llegando el tribuno, le
prendió y le mandó atar con dos cadenas, y preguntó quién era y qué había
hecho. 34 Pero entre la multitud, unos gritaban una cosa, y otros otra; y como
no podía entender nada de cierto a causa del alboroto, le mandó llevar a la
fortaleza. 35 Al llegar a las gradas, aconteció que era llevado en peso por
los soldados a causa de la violencia de la multitud; 36 porque la muchedumbre
del pueblo venía detrás, gritando: ¡Muera!
Defensa de Pablo ante el pueblo
37 Cuando comenzaron a meter a Pablo en la fortaleza,
dijo al tribuno: ¿Se me permite decirte algo? Y él dijo: ¿Sabes griego? 38 ¿No
eres tú aquel egipcio que levantó una sedición antes de estos días, y sacó al
desierto los cuatro mil sicarios? 39 Entonces dijo Pablo: Yo de cierto soy
hombre judío de Tarso, ciudadano de una ciudad no insignificante de Cilicia;
pero te ruego que me permitas hablar al pueblo. 40 Y cuando él se lo permitió,
Pablo, estando en pie en las gradas, hizo señal con la mano al pueblo. Y hecho
gran silencio, habló en lengua hebrea, diciendo:
HECHOS 22
1 Varones hermanos y padres, oíd ahora mi defensa ante
vosotros.
2 Y al oír que les hablaba en lengua hebrea, guardaron
más silencio. Y él les dijo:
3 Yo de cierto soy judío, nacido en Tarso de Cilicia,
pero criado en esta ciudad, instruido a los pies de Gamaliel, estrictamente
conforme a la ley de nuestros padres, celoso de Dios, como hoy lo sois todos
vosotros. 4 Perseguía yo este Camino hasta la muerte, prendiendo y entregando
en cárceles a hombres y mujeres; 5 como el sumo sacerdote también me es
testigo, y todos los ancianos, de quienes también recibí cartas para los
hermanos, y fui a Damasco para traer presos a Jerusalén también a los que
estuviesen allí, para que fuesen castigados.
Pablo relata su conversión
(Hch. 9.1-19; 26.12-18)
6 Pero aconteció que yendo yo, al llegar cerca de
Damasco, como a mediodía, de repente me rodeó mucha luz del cielo; 7 y caí al
suelo, y oí una voz que me decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? 8 Yo
entonces respondí: ¿Quién eres, Señor? Y me dijo: Yo soy Jesús de Nazaret, a
quien tú persigues. 9 Y los que estaban conmigo vieron a la verdad la luz, y
se espantaron; pero no entendieron la voz del que hablaba conmigo. 10 Y dije:
¿Qué haré, Señor? Y el Señor me dijo: Levántate, y ve a Damasco, y allí se te
dirá todo lo que está ordenado que hagas. 11 Y como yo no veía a causa de la
gloria de la luz, llevado de la mano por los que estaban conmigo, llegué a
Damasco.
12 Entonces uno llamado Ananías, varón piadoso según la
ley, que tenía buen testimonio de todos los judíos que allí moraban, 13 vino a
mí, y acercándose, me dijo: Hermano Saulo, recibe la vista. Y yo en aquella
misma hora recobré la vista y lo miré. 14 Y él dijo: El Dios de nuestros
padres te ha escogido para que conozcas su voluntad, y veas al Justo, y oigas
la voz de su boca. 15 Porque serás testigo suyo a todos los hombres, de lo que
has visto y oído. 16 Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate,
y lava tus pecados, invocando su nombre.
Pablo es enviado a los gentiles
17 Y me aconteció, vuelto a Jerusalén, que orando en el
templo me sobrevino un éxtasis. 18 Y le vi que me decía: Date prisa, y sal
prontamente de Jerusalén; porque no recibirán tu testimonio acerca de mí. 19
Yo dije: Señor, ellos saben que yo encarcelaba y azotaba en todas las
sinagogas a los que creían en ti; 20 y cuando se derramaba la sangre de
Esteban tu testigo, yo mismo también estaba presente, y consentía en su
muerte, y guardaba las ropas de los que le mataban. 21 Pero me dijo: Ve,
porque yo te enviaré lejos a los gentiles.
Pablo en manos del tribuno
22 Y le oyeron hasta esta palabra; entonces alzaron la
voz, diciendo: Quita de la tierra a tal hombre, porque no conviene que viva.
23 Y como ellos gritaban y arrojaban sus ropas y lanzaban polvo al aire, 24
mandó el tribuno que le metiesen en la fortaleza, y ordenó que fuese examinado
con azotes, para saber por qué causa clamaban así contra él. 25 Pero cuando le
ataron con correas, Pablo dijo al centurión que estaba presente: ¿Os es lícito
azotar a un ciudadano romano sin haber sido condenado? 26 Cuando el centurión
oyó esto, fue y dio aviso al tribuno, diciendo: ¿Qué vas a hacer? Porque este
hombre es ciudadano romano. 27 Vino el tribuno y le dijo: Dime, ¿eres tú
ciudadano romano? El dijo: Sí. 28 Respondió el tribuno: Yo con una gran suma
adquirí esta ciudadanía. Entonces Pablo dijo: Pero yo lo soy de nacimiento. 29
Así que, luego se apartaron de él los que le iban a dar tormento; y aun el
tribuno, al saber que era ciudadano romano, también tuvo temor por haberle
atado.
Pablo ante el concilio
30 Al día siguiente, queriendo saber de cierto la causa
por la cual le acusaban los judíos, le soltó de las cadenas, y mandó venir a
los principales sacerdotes y a todo el concilio, y sacando a Pablo, le
presentó ante ellos.
HECHOS 23
1 Entonces Pablo, mirando fijamente al concilio, dijo:
Varones hermanos, yo con toda buena conciencia he vivido delante de Dios hasta
el día de hoy. 2 El sumo sacerdote Ananías ordenó entonces a los que estaban
junto a él, que le golpeasen en la boca. 3 Entonces Pablo le dijo: ¡Dios te
golpeará a ti, pared blanqueada! ¿Estás tú sentado para juzgarme conforme a la
ley, y quebrantando la ley me mandas golpear? 4 Los que estaban presentes
dijeron: ¿Al sumo sacerdote de Dios injurias? 5 Pablo dijo: No sabía,
hermanos, que era el sumo sacerdote; pues escrito está: No maldecirás a un
príncipe de tu pueblo.
6 Entonces Pablo, notando que una parte era de saduceos y
otra de fariseos, alzó la voz en el concilio: Varones hermanos, yo soy
fariseo, hijo de fariseo; acerca de la esperanza y de la resurrección de los
muertos se me juzga. 7 Cuando dijo esto, se produjo disensión entre los
fariseos y los saduceos, y la asamblea se dividió. 8 Porque los saduceos dicen
que no hay resurrección, ni ángel, ni espíritu; pero los fariseos afirman
estas cosas. 9 Y hubo un gran vocerío; y levantándose los escribas de la parte
de los fariseos, contendían, diciendo: Ningún mal hallamos en este hombre; que
si un espíritu le ha hablado, o un ángel, no resistamos a Dios. 10 Y habiendo
grande disensión, el tribuno, teniendo temor de que Pablo fuese despedazado
por ellos, mandó que bajasen soldados y le arrebatasen de en medio de ellos, y
le llevasen a la fortaleza.
11 A la noche siguiente se le presentó el Señor y le
dijo: Ten ánimo, Pablo, pues como has testificado de mí en Jerusalén, así es
necesario que testifiques también en Roma.
Complot contra Pablo
12 Venido el día, algunos de los judíos tramaron un
complot y se juramentaron bajo maldición, diciendo que no comerían ni beberían
hasta que hubiesen dado muerte a Pablo. 13 Eran más de cuarenta los que habían
hecho esta conjuración, 14 los cuales fueron a los principales sacerdotes y a
los ancianos y dijeron: Nosotros nos hemos juramentado bajo maldición, a no
gustar nada hasta que hayamos dado muerte a Pablo. 15 Ahora pues, vosotros,
con el concilio, requerid al tribuno que le traiga mañana ante vosotros, como
que queréis indagar alguna cosa más cierta acerca de él; y nosotros estaremos
listos para matarle antes que llegue.
16 Mas el hijo de la hermana de Pablo, oyendo hablar de
la celada, fue y entró en la fortaleza, y dio aviso a Pablo. 17 Pablo,
llamando a uno de los centuriones, dijo: Lleva a este joven ante el tribuno,
porque tiene cierto aviso que darle. 18 El entonces tomándole, le llevó al
tribuno, y dijo: El preso Pablo me llamó y me rogó que trajese ante ti a este
joven, que tiene algo que hablarte. 19 El tribuno, tomándole de la mano y
retirándose aparte, le preguntó: ¿Qué es lo que tienes que decirme? 20 El le
dijo: Los judíos han convenido en rogarte que mañana lleves a Pablo ante el
concilio, como que van a inquirir alguna cosa más cierta acerca de él. 21 Pero
tú no les creas; porque más de cuarenta hombres de ellos le acechan, los
cuales se han juramentado bajo maldición, a no comer ni beber hasta que le
hayan dado muerte; y ahora están listos esperando tu promesa. 22 Entonces el
tribuno despidió al joven, mandándole que a nadie dijese que le había dado
aviso de esto.
Pablo es enviado a Félix el gobernador
23 Y llamando a dos centuriones, mandó que preparasen
para la hora tercera de la noche doscientos soldados, setenta jinetes y
doscientos lanceros, para que fuesen hasta Cesarea; 24 y que preparasen
cabalgaduras en que poniendo a Pablo, le llevasen en salvo a Félix el
gobernador. 25 Y escribió una carta en estos términos:
26 Claudio Lisias al excelentísimo gobernador Félix:
Salud. 27 A este hombre, aprehendido por los judíos, y que iban ellos a matar,
lo libré yo acudiendo con la tropa, habiendo sabido que era ciudadano romano.
28 Y queriendo saber la causa por qué le acusaban, le llevé al concilio de
ellos; 29 y hallé que le acusaban por cuestiones de la ley de ellos, pero que
ningún delito tenía digno de muerte o de prisión. 30 Pero al ser avisado de
asechanzas que los judíos habían tendido contra este hombre, al punto le he
enviado a ti, intimando también a los acusadores que traten delante de ti lo
que tengan contra él. Pásalo bien.
31 Y los soldados, tomando a Pablo como se les ordenó, le
llevaron de noche a Antípatris. 32 Y al día siguiente, dejando a los jinetes
que fuesen con él, volvieron a la fortaleza. 33 Cuando aquéllos llegaron a
Cesarea, y dieron la carta al gobernador, presentaron también a Pablo delante
de él. 34 Y el gobernador, leída la carta, preguntó de qué provincia era; y
habiendo entendido que era de Cilicia, 35 le dijo: Te oiré cuando vengan tus
acusadores. Y mandó que le custodiasen en el pretorio de Herodes.
Defensa de Pablo ante Félix
HECHOS 24
1 Cinco días después, descendió el sumo sacerdote Ananías
con algunos de los ancianos y un cierto orador llamado Tértulo, y
comparecieron ante el gobernador contra Pablo. 2 Y cuando éste fue llamado,
Tértulo comenzó a acusarle, diciendo: Como debido a ti gozamos de gran paz, y
muchas cosas son bien gobernadas en el pueblo por tu prudencia, 3 oh
excelentísimo Félix, lo recibimos en todo tiempo y en todo lugar con toda
gratitud. 4 Pero por no molestarte más largamente, te ruego que nos oigas
brevemente conforme a tu equidad. 5 Porque hemos hallado que este hombre es
una plaga, y promotor de sediciones entre todos los judíos por todo el mundo,
y cabecilla de la secta de los nazarenos. 6 Intentó también profanar el
templo; y prendiéndole, quisimos juzgarle conforme a nuestra ley. 7 Pero
interviniendo el tribuno Lisias, con gran violencia le quitó de nuestras
manos, 8 mandando a sus acusadores que viniesen a ti. Tú mismo, pues, al
juzgarle, podrás informarte de todas estas cosas de que le acusamos.
9 Los judíos también confirmaban, diciendo ser así todo.
10 Habiéndole hecho señal el gobernador a Pablo para que
hablase, éste respondió: Porque sé que desde hace muchos años eres juez de
esta nación, con buen ánimo haré mi defensa. 11 Como tú puedes cerciorarte, no
hace más de doce días que subí a adorar a Jerusalén; 12 y no me hallaron
disputando con ninguno, ni amotinando a la multitud; ni en el templo, ni en
las sinagogas ni en la ciudad; 13 ni te pueden probar las cosas de que ahora
me acusan. 14 Pero esto te confieso, que según el Camino que ellos llaman
herejía, así sirvo al Dios de mis padres, creyendo todas las cosas que en la
ley y en los profetas están escritas; 15 teniendo esperanza en Dios, la cual
ellos también abrigan, de que ha de haber resurrección de los muertos, así de
justos como de injustos. 16 Y por esto procuro tener siempre una conciencia
sin ofensa ante Dios y ante los hombres. 17 Pero pasados algunos años, vine a
hacer limosnas a mi nación y presentar ofrendas. 18 Estaba en ello, cuando
unos judíos de Asia me hallaron purificado en el templo, no con multitud ni
con alboroto. 19 Ellos debieran comparecer ante ti y acusarme, si contra mí
tienen algo. 20 O digan éstos mismos si hallaron en mí alguna cosa mal hecha,
cuando comparecí ante el concilio, 21 a no ser que estando entre ellos
prorrumpí en alta voz: Acerca de la resurrección de los muertos soy juzgado
hoy por vosotros.
22 Entonces Félix, oídas estas cosas, estando bien
informado de este Camino, les aplazó, diciendo: Cuando descendiere el tribuno
Lisias, acabaré de conocer de vuestro asunto. 23 Y mandó al centurión que se
custodiase a Pablo, pero que se le concediese alguna libertad, y que no
impidiese a ninguno de los suyos servirle o venir a él.
24 Algunos días después, viniendo Félix con Drusila su
mujer, que era judía, llamó a Pablo, y le oyó acerca de la fe en Jesucristo.
25 Pero al disertar Pablo acerca de la justicia, del dominio propio y del
juicio venidero, Félix se espantó, y dijo: Ahora vete; pero cuando tenga
oportunidad te llamaré. 26 Esperaba también con esto, que Pablo le diera
dinero para que le soltase; por lo cual muchas veces lo hacía venir y hablaba
con él. 27 Pero al cabo de dos años recibió Félix por sucesor a Porcio Festo;
y queriendo Félix congraciarse con los judíos, dejó preso a Pablo.
Pablo apela a César
HECHOS 25
1 Llegado, pues, Festo a la provincia, subió de Cesarea a
Jerusalén tres días después. 2 Y los principales sacerdotes y los más
influyentes de los judíos se presentaron ante él contra Pablo, y le rogaron, 3
pidiendo contra él, como gracia, que le hiciese traer a Jerusalén; preparando
ellos una celada para matarle en el camino. 4 Pero Festo respondió que Pablo
estaba custodiado en Cesarea, adonde él mismo partiría en breve. 5 Los que de
vosotros puedan, dijo, desciendan conmigo, y si hay algún crimen en este
hombre, acúsenle.
6 Y deteniéndose entre ellos no más de ocho o diez días,
venido a Cesarea, al siguiente día se sentó en el tribunal, y mandó que fuese
traído Pablo. 7 Cuando éste llegó, lo rodearon los judíos que habían venido de
Jerusalén, presentando contra él muchas y graves acusaciones, las cuales no
podían probar; 8 alegando Pablo en su defensa: Ni contra la ley de los judíos,
ni contra el templo, ni contra César he pecado en nada. 9 Pero Festo,
queriendo congraciarse con los judíos, respondiendo a Pablo dijo: ¿Quieres
subir a Jerusalén, y allá ser juzgado de estas cosas delante de mí? 10 Pablo
dijo: Ante el tribunal de César estoy, donde debo ser juzgado. A los judíos no
les he hecho ningún agravio, como tú sabes muy bien. 11 Porque si algún
agravio, o cosa alguna digna de muerte he hecho, no rehúso morir; pero si nada
hay de las cosas de que éstos me acusan, nadie puede entregarme a ellos. A
César apelo. 12 Entonces Festo, habiendo hablado con el consejo, respondió: A
César has apelado; a César irás.
Pablo ante Agripa y Berenice
13 Pasados algunos días, el rey Agripa y Berenice
vinieron a Cesarea para saludar a Festo. 14 Y como estuvieron allí muchos
días, Festo expuso al rey la causa de Pablo, diciendo: Un hombre ha sido
dejado preso por Félix, 15 respecto al cual, cuando fui a Jerusalén, se me
presentaron los principales sacerdotes y los ancianos de los judíos, pidiendo
condenación contra él. 16 A éstos respondí que no es costumbre de los romanos
entregar alguno a la muerte antes que el acusado tenga delante a sus
acusadores, y pueda defenderse de la acusación. 17 Así que, habiendo venido
ellos juntos acá, sin ninguna dilación, al día siguiente, sentado en el
tribunal, mandé traer al hombre. 18 Y estando presentes los acusadores, ningún
cargo presentaron de los que yo sospechaba, 19 sino que tenían contra él
ciertas cuestiones acerca de su religión, y de un cierto Jesús, ya muerto, el
que Pablo afirmaba estar vivo. 20 Yo, dudando en cuestión semejante, le
pregunté si quería ir a Jerusalén y allá ser juzgado de estas cosas. 21 Mas
como Pablo apeló para que se le reservase para el conocimiento de Augusto,
mandé que le custodiasen hasta que le enviara yo a César. 22 Entonces Agripa
dijo a Festo: Yo también quisiera oír a ese hombre. Y él le dijo: Mañana le
oirás.
23 Al otro día, viniendo Agripa y Berenice con mucha
pompa, y entrando en la audiencia con los tribunos y principales hombres de la
ciudad, por mandato de Festo fue traído Pablo. 24 Entonces Festo dijo: Rey
Agripa, y todos los varones que estáis aquí juntos con nosotros, aquí tenéis a
este hombre, respecto del cual toda la multitud de los judíos me ha demandado
en Jerusalén y aquí, dando voces que no debe vivir más. 25 Pero yo, hallando
que ninguna cosa digna de muerte ha hecho, y como él mismo apeló a Augusto, he
determinado enviarle a él. 26 Como no tengo cosa cierta que escribir a mi
señor, le he traído ante vosotros, y mayormente ante ti, oh rey Agripa, para
que después de examinarle, tenga yo qué escribir. 27 Porque me parece fuera de
razón enviar un preso, y no informar de los cargos que haya en su contra.
Defensa de Pablo ante Agripa
HECHOS 26
1 Entonces Agripa dijo a Pablo: Se te permite hablar por
ti mismo. Pablo entonces, extendiendo la mano, comenzó así su defensa:
2 Me tengo por dichoso, oh rey Agripa, de que haya de
defenderme hoy delante de ti de todas las cosas de que soy acusado por los
judíos. 3 Mayormente porque tú conoces todas las costumbres y cuestiones que
hay entre los judíos; por lo cual te ruego que me oigas con paciencia.
Vida anterior de Pablo
4 Mi vida, pues, desde mi juventud, la cual desde el
principio pasé en mi nación, en Jerusalén, la conocen todos los judíos; 5 los
cuales también saben que yo desde el principio, si quieren testificarlo,
conforme a la más rigurosa secta de nuestra religión, viví fariseo. 6 Y ahora,
por la esperanza de la promesa que hizo Dios a nuestros padres soy llamado a
juicio; 7 promesa cuyo cumplimiento esperan que han de alcanzar nuestras doce
tribus, sirviendo constantemente a Dios de día y de noche. Por esta esperanza,
oh rey Agripa, soy acusado por los judíos. 8 ¡Qué! ¿Se juzga entre vosotros
cosa increíble que Dios resucite a los muertos?
Pablo el perseguidor
9 Yo ciertamente había creído mi deber hacer muchas cosas
contra el nombre de Jesús de Nazaret; 10 lo cual también hice en Jerusalén. Yo
encerré en cárceles a muchos de los santos, habiendo recibido poderes de los
principales sacerdotes; y cuando los mataron, yo di mi voto. 11 Y muchas
veces, castigándolos en todas las sinagogas, los forcé a blasfemar; y
enfurecido sobremanera contra ellos, los perseguí hasta en las ciudades
extranjeras.
Pablo relata su conversión
(Hch. 9.1-19; 22.6-16)
12 Ocupado en esto, iba yo a Damasco con poderes y en
comisión de los principales sacerdotes, 13 cuando a mediodía, oh rey, yendo
por el camino, vi una luz del cielo que sobrepasaba el resplandor del sol, la
cual me rodeó a mí y a los que iban conmigo. 14 Y habiendo caído todos
nosotros en tierra, oí una voz que me hablaba, y decía en lengua hebrea:
Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dura cosa te es dar coces contra el
aguijón. 15 Yo entonces dije: ¿Quién eres, Señor? Y el Señor dijo: Yo soy
Jesús, a quien tú persigues. 16 Pero levántate, y ponte sobre tus pies; porque
para esto he aparecido a ti, para ponerte por ministro y testigo de las cosas
que has visto, y de aquellas en que me apareceré a ti, 17 librándote de tu
pueblo, y de los gentiles, a quienes ahora te envío, 18 para que abras sus
ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de
Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y
herencia entre los santificados.
Pablo obedece a la visión
19 Por lo cual, oh rey Agripa, no fui rebelde a la visión
celestial, 20 sino que anuncié primeramente a los que están en Damasco, y
Jerusalén, y por toda la tierra de Judea, y a los gentiles, que se
arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas de
arrepentimiento. 21 Por causa de esto los judíos, prendiéndome en el templo,
intentaron matarme. 22 Pero habiendo obtenido auxilio de Dios, persevero hasta
el día de hoy, dando testimonio a pequeños y a grandes, no diciendo nada fuera
de las cosas que los profetas y Moisés dijeron que habían de suceder: 23 Que
el Cristo había de padecer, y ser el primero de la resurrección de los
muertos, para anunciar luz al pueblo y a los gentiles.
Pablo insta a Agripa a que crea
24 Diciendo él estas cosas en su defensa, Festo a gran
voz dijo: Estás loco, Pablo; las muchas letras te vuelven loco. 25 Mas él
dijo: No estoy loco, excelentísimo Festo, sino que hablo palabras de verdad y
de cordura. 26 Pues el rey sabe estas cosas, delante de quien también hablo
con toda confianza. Porque no pienso que ignora nada de esto; pues no se ha
hecho esto en algún rincón. 27 ¿Crees, oh rey Agripa, a los profetas? Yo sé
que crees. 28 Entonces Agripa dijo a Pablo: Por poco me persuades a ser
cristiano. 29 Y Pablo dijo: ¡Quisiera Dios que por poco o por mucho, no
solamente tú, sino también todos los que hoy me oyen, fueseis hechos tales
cual yo soy, excepto estas cadenas!
30 Cuando había dicho estas cosas, se levantó el rey, y
el gobernador, y Berenice, y los que se habían sentado con ellos; 31 y cuando
se retiraron aparte, hablaban entre sí, diciendo: Ninguna cosa digna ni de
muerte ni de prisión ha hecho este hombre. 32 Y Agripa dijo a Festo: Podía
este hombre ser puesto en libertad, si no hubiera apelado a César.
Pablo es enviado a Roma
HECHOS 27
1 Cuando se decidió que habíamos de navegar para Italia,
entregaron a Pablo y a algunos otros presos a un centurión llamado Julio, de
la compañía Augusta. 2 Y embarcándonos en una nave adramitena que iba a tocar
los puertos de Asia, zarpamos, estando con nosotros Aristarco, macedonio de
Tesalónica. 3 Al otro día llegamos a Sidón; y Julio, tratando humanamente a
Pablo, le permitió que fuese a los amigos, para ser atendido por ellos. 4 Y
haciéndonos a la vela desde allí, navegamos a sotavento de Chipre, porque los
vientos eran contrarios. 5 Habiendo atravesado el mar frente a Cilicia y
Panfilia, arribamos a Mira, ciudad de Licia. 6 Y hallando allí el centurión
una nave alejandrina que zarpaba para Italia, nos embarcó en ella. 7 Navegando
muchos días despacio, y llegando a duras penas frente a Gnido, porque nos
impedía el viento, navegamos a sotavento de Creta, frente a Salmón. 8 Y
costeándola con dificultad, llegamos a un lugar que llaman Buenos Puertos,
cerca del cual estaba la ciudad de Lasea.
9 Y habiendo pasado mucho tiempo, y siendo ya peligrosa
la navegación, por haber pasado ya el ayuno, Pablo les amonestaba, 10
diciéndoles: Varones, veo que la navegación va a ser con perjuicio y mucha
pérdida, no sólo del cargamento y de la nave, sino también de nuestras
personas. 11 Pero el centurión daba más crédito al piloto y al patrón de la
nave, que a lo que Pablo decía. 12 Y siendo incómodo el puerto para invernar,
la mayoría acordó zarpar también de allí, por si pudiesen arribar a Fenice,
puerto de Creta que mira al nordeste y sudeste, e invernar allí.
La tempestad en el mar
13 Y soplando una brisa del sur, pareciéndoles que ya
tenían lo que deseaban, levaron anclas e iban costeando Creta. 14 Pero no
mucho después dio contra la nave un viento huracanado llamado Euroclidón. 15 Y
siendo arrebatada la nave, y no pudiendo poner proa al viento, nos abandonamos
a él y nos dejamos llevar. 16 Y habiendo corrido a sotavento de una pequeña
isla llamada Clauda, con dificultad pudimos recoger el esquife. 17 Y una vez
subido a bordo, usaron de refuerzos para ceñir la nave; y teniendo temor de
dar en la Sirte, arriaron las velas y quedaron a la deriva. 18 Pero siendo
combatidos por una furiosa tempestad, al siguiente día empezaron a alijar, 19
y al tercer día con nuestras propias manos arrojamos los aparejos de la nave.
20 Y no apareciendo ni sol ni estrellas por muchos días, y acosados por una
tempestad no pequeña, ya habíamos perdido toda esperanza de salvarnos.
21 Entonces Pablo, como hacía ya mucho que no comíamos,
puesto en pie en medio de ellos, dijo: Habría sido por cierto conveniente, oh
varones, haberme oído, y no zarpar de Creta tan sólo para recibir este
perjuicio y pérdida. 22 Pero ahora os exhorto a tener buen ánimo, pues no
habrá ninguna pérdida de vida entre vosotros, sino solamente de la nave. 23
Porque esta noche ha estado conmigo el ángel del Dios de quien soy y a quien
sirvo, 24 diciendo: Pablo, no temas; es necesario que comparezcas ante César;
y he aquí, Dios te ha concedido todos los que navegan contigo. 25 Por tanto,
oh varones, tened buen ánimo; porque yo confío en Dios que será así como se me
ha dicho. 26 Con todo, es necesario que demos en alguna isla.
27 Venida la decimacuarta noche, y siendo llevados a
través del mar Adriático, a la medianoche los marineros sospecharon que
estaban cerca de tierra; 28 y echando la sonda, hallaron veinte brazas; y
pasando un poco más adelante, volviendo a echar la sonda, hallaron quince
brazas. 29 Y temiendo dar en escollos, echaron cuatro anclas por la popa, y
ansiaban que se hiciese de día. 30 Entonces los marineros procuraron huir de
la nave, y echando el esquife al mar, aparentaban como que querían largar las
anclas de proa. 31 Pero Pablo dijo al centurión y a los soldados: Si éstos no
permanecen en la nave, vosotros no podéis salvaros. 32 Entonces los soldados
cortaron las amarras del esquife y lo dejaron perderse.
33 Cuando comenzó a amanecer, Pablo exhortaba a todos que
comiesen, diciendo: Este es el decimocuarto día que veláis y permanecéis en
ayunas, sin comer nada. 34 Por tanto, os ruego que comáis por vuestra salud;
pues ni aun un cabello de la cabeza de ninguno de vosotros perecerá. 35 Y
habiendo dicho esto, tomó el pan y dio gracias a Dios en presencia de todos, y
partiéndolo, comenzó a comer. 36 Entonces todos, teniendo ya mejor ánimo,
comieron también. 37 Y éramos todas las personas en la nave doscientas setenta
y seis. 38 Y ya satisfechos, aligeraron la nave, echando el trigo al mar.
El naufragio
39 Cuando se hizo de día, no reconocían la tierra, pero
veían una ensenada que tenía playa, en la cual acordaron varar, si pudiesen,
la nave. 40 Cortando, pues, las anclas, las dejaron en el mar, largando
también las amarras del timón; e izada al viento la vela de proa, enfilaron
hacia la playa. 41 Pero dando en un lugar de dos aguas, hicieron encallar la
nave; y la proa, hincada, quedó inmóvil, y la popa se abría con la violencia
del mar. 42 Entonces los soldados acordaron matar a los presos, para que
ninguno se fugase nadando. 43 Pero el centurión, queriendo salvar a Pablo, les
impidió este intento, y mandó que los que pudiesen nadar se echasen los
primeros, y saliesen a tierra; 44 y los demás, parte en tablas, parte en cosas
de la nave. Y así aconteció que todos se salvaron saliendo a tierra.
Pablo en la isla de Malta
HECHOS 28
1 Estando ya a salvo, supimos que la isla se llamaba
Malta. 2 Y los naturales nos trataron con no poca humanidad; porque
encendiendo un fuego, nos recibieron a todos, a causa de la lluvia que caía, y
del frío. 3 Entonces, habiendo recogido Pablo algunas ramas secas, las echó al
fuego; y una víbora, huyendo del calor, se le prendió en la mano. 4 Cuando los
naturales vieron la víbora colgando de su mano, se decían unos a otros:
Ciertamente este hombre es homicida, a quien, escapado del mar, la justicia no
deja vivir. 5 Pero él, sacudiendo la víbora en el fuego, ningún daño padeció.
6 Ellos estaban esperando que él se hinchase, o cayese muerto de repente; mas
habiendo esperado mucho, y viendo que ningún mal le venía, cambiaron de
parecer y dijeron que era un dios.
7 En aquellos lugares había propiedades del hombre
principal de la isla, llamado Publio, quien nos recibió y hospedó
solícitamente tres días. 8 Y aconteció que el padre de Publio estaba en cama,
enfermo de fiebre y de disentería; y entró Pablo a verle, y después de haber
orado, le impuso las manos, y le sanó. 9 Hecho esto, también los otros que en
la isla tenían enfermedades, venían, y eran sanados; 10 los cuales también nos
honraron con muchas atenciones; y cuando zarpamos, nos cargaron de las cosas
necesarias.
Pablo llega a Roma
11 Pasados tres meses, nos hicimos a la vela en una nave
alejandrina que había invernado en la isla, la cual tenía por enseña a Cástor
y Pólux. 12 Y llegados a Siracusa, estuvimos allí tres días. 13 De allí,
costeando alrededor, llegamos a Regio; y otro día después, soplando el viento
sur, llegamos al segundo día a Puteoli, 14 donde habiendo hallado hermanos,
nos rogaron que nos quedásemos con ellos siete días; y luego fuimos a Roma, 15
de donde, oyendo de nosotros los hermanos, salieron a recibirnos hasta el Foro
de Apio y las Tres Tabernas; y al verlos, Pablo dio gracias a Dios y cobró
aliento. 16 Cuando llegamos a Roma, el centurión entregó los presos al
prefecto militar, pero a Pablo se le permitió vivir aparte, con un soldado que
le custodiase.
Pablo predica en Roma
17 Aconteció que tres días después, Pablo convocó a los
principales de los judíos, a los cuales, luego que estuvieron reunidos, les
dijo: Yo, varones hermanos, no habiendo hecho nada contra el pueblo, ni contra
las costumbres de nuestros padres, he sido entregado preso desde Jerusalén en
manos de los romanos; 18 los cuales, habiéndome examinado, me querían soltar,
por no haber en mí ninguna causa de muerte. 19 Pero oponiéndose los judíos, me
vi obligado a apelar a César; no porque tenga de qué acusar a mi nación. 20
Así que por esta causa os he llamado para veros y hablaros; porque por la
esperanza de Israel estoy sujeto con esta cadena. 21 Entonces ellos le
dijeron: Nosotros ni hemos recibido de Judea cartas acerca de ti, ni ha venido
alguno de los hermanos que haya denunciado o hablado algún mal de ti. 22 Pero
querríamos oír de ti lo que piensas; porque de esta secta nos es notorio que
en todas partes se habla contra ella.
23 Y habiéndole señalado un día, vinieron a él muchos a
la posada, a los cuales les declaraba y les testificaba el reino de Dios desde
la mañana hasta la tarde, persuadiéndoles acerca de Jesús, tanto por la ley de
Moisés como por los profetas. 24 Y algunos asentían a lo que se decía, pero
otros no creían. 25 Y como no estuviesen de acuerdo entre sí, al retirarse,
les dijo Pablo esta palabra: Bien habló el Espíritu Santo por medio del
profeta Isaías a nuestros padres, diciendo:
26 Ve a este pueblo, y diles:
De oído oiréis, y no entenderéis;
Y viendo veréis, y no percibiréis;
27 Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado,
Y con los oídos oyeron pesadamente,
Y sus ojos han cerrado,
Para que no vean con los ojos,
Y oigan con los oídos,
Y entiendan de corazón,
Y se conviertan,
Y yo los sane.
28 Sabed, pues, que a los gentiles es enviada esta
salvación de Dios; y ellos oirán. 29 Y cuando hubo dicho esto, los judíos se
fueron, teniendo gran discusión entre sí.
30 Y Pablo permaneció dos años enteros en una casa
alquilada, y recibía a todos los que a él venían, 31 predicando el reino de
Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento.
La Epístola del Apóstol San Pablo a los
ROMANOS
Salutación
ROMANOS 1
1 Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol,
apartado para el evangelio de Dios, 2 que él había prometido antes por sus
profetas en las santas Escrituras, 3 acerca de su Hijo, nuestro Señor
Jesucristo, que era del linaje de David según la carne, 4 que fue declarado
Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de
entre los muertos, 5 y por quien recibimos la gracia y el apostolado, para la
obediencia a la fe en todas las naciones por amor de su nombre; 6 entre las
cuales estáis también vosotros, llamados a ser de Jesucristo; 7 a todos los
que estáis en Roma, amados de Dios, llamados a ser santos: Gracia y paz a
vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.
Deseo de Pablo de visitar Roma
8 Primeramente doy gracias a mi Dios mediante Jesucristo
con respecto a todos vosotros, de que vuestra fe se divulga por todo el mundo.
9 Porque testigo me es Dios, a quien sirvo en mi espíritu en el evangelio de
su Hijo, de que sin cesar hago mención de vosotros siempre en mis oraciones,
10 rogando que de alguna manera tenga al fin, por la voluntad de Dios, un
próspero viaje para ir a vosotros. 11 Porque deseo veros, para comunicaros
algún don espiritual, a fin de que seáis confirmados; 12 esto es, para ser
mutuamente confortados por la fe que nos es común a vosotros y a mí.
13 Pero no quiero, hermanos, que ignoréis que muchas
veces me he propuesto ir a vosotros (pero hasta ahora he sido estorbado), para
tener también entre vosotros algún fruto, como entre los demás gentiles. 14 A
griegos y a no griegos, a sabios y a no sabios soy deudor. 15 Así que, en
cuanto a mí, pronto estoy a anunciaros el evangelio también a vosotros que
estáis en Roma.
El poder del evangelio
16 Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder
de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también
al griego. 17 Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y
para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá.
La culpabilidad del hombre
18 Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra
toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la
verdad; 19 porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo
manifestó. 20 Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se
hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por
medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. 21 Pues habiendo
conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino
que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue
entenebrecido. 22 Profesando ser sabios, se hicieron necios, 23 y cambiaron la
gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de
aves, de cuadrúpedos y de reptiles.
24 Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia,
en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus
propios cuerpos, 25 ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira,
honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es
bendito por los siglos. Amén.
26 Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues
aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, 27 y
de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se
encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos
hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su
extravío.
28 Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios
los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen; 29
estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia,
maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; 30
murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios,
altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, 31 necios,
desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; 32 quienes
habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son
dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que
las practican.
El justo juicio de Dios
ROMANOS 2
1 Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera
que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo;
porque tú que juzgas haces lo mismo. 2 Mas sabemos que el juicio de Dios
contra los que practican tales cosas es según verdad. 3 ¿Y piensas esto, oh
hombre, tú que juzgas a los que tal hacen, y haces lo mismo, que tú escaparás
del juicio de Dios? 4 ¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia
y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento? 5 Pero
por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para
el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, 6 el cual pagará
a cada uno conforme a sus obras: 7 vida eterna a los que, perseverando en bien
hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad, 8 pero ira y enojo a los que son
contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia; 9
tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace lo malo, el judío
primeramente y también el griego, 10 pero gloria y honra y paz a todo el que
hace lo bueno, al judío primeramente y también al griego; 11 porque no hay
acepción de personas para con Dios.
12 Porque todos los que sin ley han pecado, sin ley
también perecerán; y todos los que bajo la ley han pecado, por la ley serán
juzgados; 13 porque no son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino
los hacedores de la ley serán justificados. 14 Porque cuando los gentiles que
no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no
tengan ley, son ley para sí mismos, 15 mostrando la obra de la ley escrita en
sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles
sus razonamientos, 16 en el día en que Dios juzgará por Jesucristo los
secretos de los hombres, conforme a mi evangelio.
Los judíos y la ley
17 He aquí, tú tienes el sobrenombre de judío, y te
apoyas en la ley, y te glorías en Dios, 18 y conoces su voluntad, e instruido
por la ley apruebas lo mejor, 19 y confías en que eres guía de los ciegos, luz
de los que están en tinieblas, 20 instructor de los indoctos, maestro de
niños, que tienes en la ley la forma de la ciencia y de la verdad. 21 Tú,
pues, que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo? Tú que predicas que no se
ha de hurtar, ¿hurtas? 22 Tú que dices que no se ha de adulterar, ¿adulteras?
Tú que abominas de los ídolos, ¿cometes sacrilegio? 23 Tú que te jactas de la
ley, ¿con infracción de la ley deshonras a Dios? 24 Porque como está escrito,
el nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles por causa de vosotros.
25 Pues en verdad la circuncisión aprovecha, si guardas
la ley; pero si eres transgresor de la ley, tu circuncisión viene a ser
incircuncisión. 26 Si, pues, el incircunciso guardare las ordenanzas de la
ley, ¿no será tenida su incircuncisión como circuncisión? 27 Y el que
físicamente es incircunciso, pero guarda perfectamente la ley, te condenará a
ti, que con la letra de la ley y con la circuncisión eres transgresor de la
ley. 28 Pues no es judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la
que se hace exteriormente en la carne; 29 sino que es judío el que lo es en lo
interior, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la
alabanza del cual no viene de los hombres, sino de Dios.
ROMANOS 3
1 ¿Qué ventaja tiene, pues, el judío? ¿o de qué aprovecha
la circuncisión? 2 Mucho, en todas maneras. Primero, ciertamente, que les ha
sido confiada la palabra de Dios. 3 ¿Pues qué, si algunos de ellos han sido
incrédulos? ¿Su incredulidad habrá hecho nula la fidelidad de Dios? 4 De
ninguna manera; antes bien sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso; como está
escrito:
Para que seas justificado en tus palabras,
Y venzas cuando fueres juzgado.
5 Y si nuestra injusticia hace resaltar la justicia de
Dios, ¿qué diremos? ¿Será injusto Dios que da castigo? (Hablo como hombre.) 6
En ninguna manera; de otro modo, ¿cómo juzgaría Dios al mundo? 7 Pero si por
mi mentira la verdad de Dios abundó para su gloria, ¿por qué aún soy juzgado
como pecador? 8 ¿Y por qué no decir (como se nos calumnia, y como algunos,
cuya condenación es justa, afirma que nosotros decimos): Hagamos males para
que vengan bienes?
No hay justo
9 ¿Qué, pues? Somos nosotros mejores que ellos? En
ninguna manera; pues ya hemos acusado a judíos y a gentiles, que todos están
bajo pecado. 10 Como está escrito:
No hay justo, ni aun uno;
11 No hay quien entienda.
No hay quien busque a Dios.
12 Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles;
No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.
13 Sepulcro abierto es su garganta;
Con su lengua engañan.
Veneno de áspides hay debajo de sus labios;
14 Su boca está llena de maldición y de amargura.
15 Sus pies se apresuran para derramar sangre;
16 Quebranto y desventura hay en sus caminos;
17 Y no conocieron camino de paz.
18 No hay temor de Dios delante de sus ojos.
19 Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a
los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede
bajo el juicio de Dios; 20 ya que por las obras de la ley ningún ser humano
será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento
del pecado.
La justicia es por medio de la fe
21 Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la
justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; 22 la justicia de
Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque
no hay diferencia, 23 por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la
gloria de Dios, 24 siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante
la redención que es en Cristo Jesús, 25 a quien Dios puso como propiciación
por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber
pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, 26 con la mira de
manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que
justifica al que es de la fe de Jesús.
27 ¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por
cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe. 28 Concluimos,
pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley. 29 ¿Es Dios
solamente Dios de los judíos? ¿No es también Dios de los gentiles?
Ciertamente, también de los gentiles. 30 Porque Dios es uno, y él justificará
por la fe a los de la circuncisión, y por medio de la fe a los de la
incircuncisión. 31 ¿Luego por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera,
sino que confirmamos la ley.
El ejemplo de Abraham
ROMANOS 4
1 ¿Qué, pues, diremos que halló Abraham, nuestro padre
según la carne? 2 Porque si Abraham fue justificado por las obras, tiene de
qué gloriarse, pero no para con Dios. 3 Porque ¿qué dice la Escritura? Creyó
Abraham a Dios, y le fue contado por justicia. 4 Pero al que obra, no se le
cuenta el salario como gracia, sino como deuda; 5 mas al que no obra, sino
cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia. 6 Como
también David habla de la bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye
justicia sin obras, 7 diciendo:
Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son
perdonadas,
Y cuyos pecados son cubiertos.
8 Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de
pecado.
9 ¿Es, pues, esta bienaventuranza solamente para los de
la circuncisión, o también para los de la incircuncisión? Porque decimos que a
Abraham le fue contada la fe por justicia. 10 ¿Cómo, pues, le fue contada?
¿Estando en la circuncisión, o en la incircuncisión? No en la circuncisión,
sino en la incircuncisión. 11 Y recibió la circuncisión como señal, como sello
de la justicia de la fe que tuvo estando aún incircunciso; para que fuese
padre de todos los creyentes no circuncidados, a fin de que también a ellos la
fe les sea contada por justicia; 12 y padre de la circuncisión, para los que
no solamente son de la circuncisión, sino que también siguen las pisadas de la
fe que tuvo nuestro padre Abraham antes de ser circuncidado.
La promesa realizada mediante la fe
13 Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su
descendencia la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia
de la fe. 14 Porque si los que son de la ley son los herederos, vana resulta
la fe, y anulada la promesa. 15 Pues la ley produce ira; pero donde no hay
ley, tampoco hay transgresión.
16 Por tanto, es por fe, para que sea por gracia, a fin
de que la promesa sea firme para toda su descendencia; no solamente para la
que es de la ley, sino también para la que es de la fe de Abraham, el cual es
padre de todos nosotros 17 (como está escrito: Te he puesto por padre de
muchas gentes) delante de Dios, a quien creyó, el cual da vida a los muertos,
y llama las cosas que no son, como si fuesen. 18 El creyó en esperanza contra
esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que se le
había dicho: Así será tu descendencia. 19 Y no se debilitó en la fe al
considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años), o
la esterilidad de la matriz de Sara. 20 Tampoco dudó, por incredulidad, de la
promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, 21
plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había
prometido; 22 por lo cual también su fe le fue contada por justicia. 23 Y no
solamente con respecto a él se escribió que le fue contada, 24 sino también
con respecto a nosotros a quienes ha de ser contada, esto es, a los que
creemos en el que levantó de los muertos a Jesús, Señor nuestro, 25 el cual
fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra
justificación.
Resultados de la justificación
ROMANOS 5
1 Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con
Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; 2 por quien también tenemos
entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en
la esperanza de la gloria de Dios. 3 Y no sólo esto, sino que también nos
gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia;
4 y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; 5 y la esperanza no
avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por
el Espíritu Santo que nos fue dado.
6 Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo
murió por los impíos. 7 Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con
todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. 8 Mas Dios muestra su
amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por
nosotros. 9 Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él
seremos salvos de la ira. 10 Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados
con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos
salvos por su vida. 11 Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios
por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la
reconciliación.
Adán y Cristo
12 Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un
hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por
cuanto todos pecaron. 13 Pues antes de la ley, había pecado en el mundo; pero
donde no hay ley, no se inculpa de pecado. 14 No obstante, reinó la muerte
desde Adán hasta Moisés, aun en los que no pecaron a la manera de la
transgresión de Adán, el cual es figura del que había de venir.
15 Pero el don no fue como la transgresión; porque si por
la transgresión de aquel uno murieron los muchos, abundaron mucho más para los
muchos la gracia y el don de Dios por la gracia de un hombre, Jesucristo. 16 Y
con el don no sucede como en el caso de aquel uno que pecó; porque ciertamente
el juicio vino a causa de un solo pecado para condenación, pero el don vino a
causa de muchas transgresiones para justificación. 17 Pues si por la
transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno
solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la
justicia.
18 Así que, como por la transgresión de uno vino la
condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno
vino a todos los hombres la justificación de vida. 19 Porque así como por la
desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así
también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos. 20
Pero la ley se introdujo para que el pecado abundase; mas cuando el pecado
abundó, sobreabundó la gracia; 21 para que así como el pecado reinó para
muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante
Jesucristo, Señor nuestro.
Muertos al pecado
ROMANOS 6
1 ¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para
que la gracia abunde? 2 En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al
pecado, ¿cómo viviremos aún en él? 3 ¿O no sabéis que todos los que hemos sido
bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? 4 Porque somos
sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como
Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros
andemos en vida nueva.
5 Porque si fuimos plantados juntamente con él en la
semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; 6
sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él,
para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al
pecado. 7 Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado. 8 Y si
morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él; 9 sabiendo que
Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se
enseñorea más de él. 10 Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por
todas; mas en cuanto vive, para Dios vive. 11 Así también vosotros consideraos
muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.
12 No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de
modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias; 13 ni tampoco presentéis
vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos
vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a
Dios como instrumentos de justicia. 14 Porque el pecado no se enseñoreará de
vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.
Siervos de la justicia
15 ¿Qué, pues? ¿Pecaremos, porque no estamos bajo la ley,
sino bajo la gracia? En ninguna manera. 16 ¿No sabéis que si os sometéis a
alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien
obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia?
17 Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido
de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados; 18 y
libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia. 19 Hablo como
humano, por vuestra humana debilidad; que así como para iniquidad
presentasteis vuestros miembros para servir a la inmundicia y a la iniquidad,
así ahora para santificación presentad vuestros miembros para servir a la
justicia.
20 Porque cuando erais esclavos del pecado, erais libres
acerca de la justicia. 21 ¿Pero qué fruto teníais de aquellas cosas de las
cuales ahora os avergonzáis? Porque el fin de ellas es muerte. 22 Mas ahora
que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por
vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna. 23 Porque la paga
del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús
Señor nuestro.
Analogía tomada del matrimonio
ROMANOS 7
1 ¿Acaso ignoráis, hermanos (pues hablo con los que
conocen la ley), que la ley se enseñorea del hombre entre tanto que éste vive?
2 Porque la mujer casada está sujeta por la ley al marido mientras éste vive;
pero si el marido muere, ella queda libre de la ley del marido. 3 Así que, si
en vida del marido se uniere a otro varón, será llamada adúltera; pero si su
marido muriere, es libre de esa ley, de tal manera que si se uniere a otro
marido, no será adúltera.
4 Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la
ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de
los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios. 5 Porque mientras
estábamos en la carne, las pasiones pecaminosas que eran por la ley obraban en
nuestros miembros llevando fruto para muerte. 6 Pero ahora estamos libres de
la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que
sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la
letra.
El pecado que mora en mí
7 ¿Qué diremos, pues? ¿La ley es pecado? En ninguna
manera. Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera
la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás. 8 Mas el pecado, tomando
ocasión por el mandamiento, produjo en mí toda codicia; porque sin la ley el
pecado está muerto. 9 Y yo sin la ley vivía en un tiempo; pero venido el
mandamiento, el pecado revivió y yo morí. 10 Y hallé que el mismo mandamiento
que era para vida, a mí me resultó para muerte; 11 porque el pecado, tomando
ocasión por el mandamiento, me engañó, y por él me mató. 12 De manera que la
ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno.
13 ¿Luego lo que es bueno, vino a ser muerte para mí? En
ninguna manera; sino que el pecado, para mostrarse pecado, produjo en mí la
muerte por medio de lo que es bueno, a fin de que por el mandamiento el pecado
llegase a ser sobremanera pecaminoso. 14 Porque sabemos que la ley es
espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado. 15 Porque lo que hago, no lo
entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. 16 Y si
lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. 17 De manera que ya
no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí. 18 Y yo sé que en
mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en
mí, pero no el hacerlo. 19 Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que
no quiero, eso hago. 20 Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el
pecado que mora en mí.
21 Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley:
que el mal está en mí. 22 Porque según el hombre interior, me deleito en la
ley de Dios; 23 pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley
de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis
miembros. 24 ¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? 25
Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la
mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado.
Viviendo en el Espíritu
ROMANOS 8
1 Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están
en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al
Espíritu. 2 Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado
de la ley del pecado y de la muerte. 3 Porque lo que era imposible para la
ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza
de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; 4 para
que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a
la carne, sino conforme al Espíritu. 5 Porque los que son de la carne piensan
en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del
Espíritu. 6 Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del
Espíritu es vida y paz. 7 Por cuanto los designios de la carne son enemistad
contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; 8 y los
que viven según la carne no pueden agradar a Dios.
9 Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el
Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene
el Espíritu de Cristo, no es de él. 10 Pero si Cristo está en vosotros, el
cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa
de la justicia. 11 Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a
Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús
vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en
vosotros.
12 Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para
que vivamos conforme a la carne; 13 porque si vivís conforme a la carne,
moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis.
14 Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos
de Dios. 15 Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra
vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual
clamamos: ¡Abba, Padre! 16 El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu,
de que somos hijos de Dios. 17 Y si hijos, también herederos; herederos de
Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que
juntamente con él seamos glorificados.
18 Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo
presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de
manifestarse. 19 Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la
manifestación de los hijos de Dios. 20 Porque la creación fue sujetada a
vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en
esperanza; 21 porque también la creación misma será libertada de la esclavitud
de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. 22 Porque sabemos
que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta
ahora; 23 y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las
primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos,
esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo. 24 Porque en esperanza
fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que
alguno ve, ¿a qué esperarlo? 25 Pero si esperamos lo que no vemos, con
paciencia lo aguardamos.
26 Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra
debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el
Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. 27 Mas el que
escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque
conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos.
Más que vencedores
28 Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas
les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. 29
Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos
conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos
hermanos. 30 Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó,
a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.
31 ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros,
¿quién contra nosotros? 32 El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo
entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?
33 ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. 34 ¿Quién
es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó,
el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por
nosotros. 35 ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia,
o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? 36 Como está
escrito:
Por causa de ti somos muertos todo el tiempo;
Somos contados como ovejas de matadero. 37 Antes, en
todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. 38
Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni
principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, 39 ni lo alto, ni
lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios,
que es en Cristo Jesús Señor nuestro.
La elección de Israel
ROMANOS 9
1 Verdad digo en Cristo, no miento, y mi conciencia me da
testimonio en el Espíritu Santo, 2 que tengo gran tristeza y continuo dolor en
mi corazón. 3 Porque deseara yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por
amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne; 4 que son
israelitas, de los cuales son la adopción, la gloria, el pacto, la
promulgación de la ley, el culto y las promesas; 5 de quienes son los
patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo, el cual es Dios
sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén.
6 No que la palabra de Dios haya fallado; porque no todos
los que descienden de Israel son israelitas, 7 ni por ser descendientes de
Abraham, son todos hijos; sino: En Isaac te será llamada descendencia. 8 Esto
es: No los que son hijos según la carne son los hijos de Dios, sino que los
que son hijos según la promesa son contados como descendientes. 9 Porque la
palabra de la promesa es esta: Por este tiempo vendré, y Sara tendrá un hijo.
10 Y no sólo esto, sino también cuando Rebeca concibió de uno, de Isaac
nuestro padre 11 (pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni
mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por
las obras sino por el que llama), 12 se le dijo: El mayor servirá al menor. 13
Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí.
14 ¿Qué, pues, diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? En
ninguna manera. 15 Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga
misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca. 16 Así que no depende
del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia. 17
Porque la Escritura dice a Faraón: Para esto mismo te he levantado, para
mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado por toda la tierra.
18 De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere
endurecer, endurece.
19 Pero me dirás: ¿Por qué, pues, inculpa? porque ¿quién
ha resistido a su voluntad? 20 Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que
alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has
hecho así? 21 ¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de
la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra? 22 ¿Y qué, si Dios,
queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia
los vasos de ira preparados para destrucción, 23 y para hacer notorias las
riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él
preparó de antemano para gloria, 24 a los cuales también ha llamado, esto es,
a nosotros, no sólo de los judíos, sino también de los gentiles? 25 Como
también en Oseas dice:
Llamaré pueblo mío al que no era mi pueblo,
Y a la no amada, amada.
26 Y en el lugar donde se les dijo: Vosotros no sois
pueblo mío,
Allí serán llamados hijos del Dios viviente.
27 También Isaías clama tocante a Israel: Si fuere el
número de los hijos de Israel como la arena del mar, tan sólo el remanente
será salvo; 28 porque el Señor ejecutará su sentencia sobre la tierra en
justicia y con prontitud. 29 Y como antes dijo Isaías:
Si el Señor de los ejércitos no nos hubiera dejado
descendencia,
Como Sodoma habríamos venido a ser, y a Gomorra seríamos
semejantes.
La justicia que es por fe
30 ¿Qué, pues, diremos? Que los gentiles, que no iban
tras la justicia, han alcanzado la justicia, es decir, la justicia que es por
fe; 31 mas Israel, que iba tras una ley de justicia, no la alcanzó. 32 ¿Por
qué? Porque iban tras ella no por fe, sino como por obras de la ley, pues
tropezaron en la piedra de tropiezo, 33 como está escrito:
He aquí pongo en Sion piedra de tropiezo y roca de caída;
Y el que creyere en él, no será avergonzado.
ROMANOS 10
1 Hermanos, ciertamente el anhelo de mi corazón, y mi
oración a Dios por Israel, es para salvación. 2 Porque yo les doy testimonio
de que tienen celo de Dios, pero no conforme a ciencia. 3 Porque ignorando la
justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a
la justicia de Dios; 4 porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo
aquel que cree.
5 Porque de la justicia que es por la ley Moisés escribe
así: El hombre que haga estas cosas, vivirá por ellas. 6 Pero la justicia que
es por la fe dice así: No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo? (esto
es, para traer abajo a Cristo); 7 o, ¿quién descenderá al abismo? (esto es,
para hacer subir a Cristo de entre los muertos). 8 Mas ¿qué dice? Cerca de ti
está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que
predicamos: 9 que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres
en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. 10 Porque con
el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.
11 Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado.
12 Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor
de todos, es rico para con todos los que le invocan; 13 porque todo aquel que
invocare el nombre del Señor, será salvo.
14 ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han
creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber
quien les predique? 15 ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está
escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que
anuncian buenas nuevas! 16 Mas no todos obedecieron al evangelio; pues Isaías
dice: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio? 17 Así que la fe es por el
oír, y el oír, por la palabra de Dios. 18 Pero digo: ¿No han oído? Antes bien,
Por toda la tierra ha salido la voz de ellos,
Y hasta los fines de la tierra sus palabras.
19 También digo: ¿No ha conocido esto Israel?
Primeramente Moisés dice:
Yo os provocaré a celos con un pueblo que no es pueblo;
Con pueblo insensato os provocaré a ira. 20 E Isaías dice
resueltamente:
Fui hallado de los que no me buscaban;
Me manifesté a los que no preguntaban por mí. 21 Pero
acerca de Israel dice: Todo el día extendí mis manos a un pueblo rebelde y
contradictor.
El remanente de Israel
ROMANOS 11
1 Digo, pues: ¿Ha desechado Dios a su pueblo? En ninguna
manera. Porque también yo soy israelita, de la descendencia de Abraham, de la
tribu de Benjamín. 2 No ha desechado Dios a su pueblo, al cual desde antes
conoció. ¿O no sabéis qué dice de Elías la Escritura, cómo invoca a Dios
contra Israel, diciendo: 3 Señor, a tus profetas han dado muerte, y tus
altares han derribado; y sólo yo he quedado, y procuran matarme? 4 Pero ¿qué
le dice la divina respuesta? Me he reservado siete mil hombres, que no han
doblado la rodilla delante de Baal. 5 Así también aun en este tiempo ha
quedado un remanente escogido por gracia. 6 Y si por gracia, ya no es por
obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es
gracia; de otra manera la obra ya no es obra.
7 ¿Qué pues? Lo que buscaba Israel, no lo ha alcanzado;
pero los escogidos sí lo han alcanzado, y los demás fueron endurecidos; 8 como
está escrito: Dios les dio espíritu de estupor, ojos con que no vean y oídos
con que no oigan, hasta el día de hoy. 9 Y David dice:
Sea vuelto su convite en trampa y en red,
En tropezadero y en retribución;
10 Sean oscurecidos sus ojos para que no vean,
Y agóbiales la espalda para siempre.
La salvación de los gentiles
11 Digo, pues: ¿Han tropezado los de Israel para que
cayesen? En ninguna manera; pero por su transgresión vino la salvación a los
gentiles, para provocarles a celos. 12 Y si su transgresión es la riqueza del
mundo, y su defección la riqueza de los gentiles, ¿cuánto más su plena
restauración?
13 Porque a vosotros hablo, gentiles. Por cuanto yo soy
apóstol a los gentiles, honro mi ministerio, 14 por si en alguna manera pueda
provocar a celos a los de mi sangre, y hacer salvos a algunos de ellos. 15
Porque si su exclusión es la reconciliación del mundo, ¿qué será su admisión,
sino vida de entre los muertos? 16 Si las primicias son santas, también lo es
la masa restante; y si la raíz es santa, también lo son las ramas.
17 Pues si algunas de las ramas fueron desgajadas, y tú,
siendo olivo silvestre, has sido injertado en lugar de ellas, y has sido hecho
participante de la raíz y de la rica savia del olivo, 18 no te jactes contra
las ramas; y si te jactas, sabe que no sustentas tú a la raíz, sino la raíz a
ti. 19 Pues las ramas, dirás, fueron desgajadas para que yo fuese injertado.
20 Bien; por su incredulidad fueron desgajadas, pero tú por la fe estás en
pie. No te ensoberbezcas, sino teme. 21 Porque si Dios no perdonó a las ramas
naturales, a ti tampoco te perdonará. 22 Mira, pues, la bondad y la severidad
de Dios; la severidad ciertamente para con los que cayeron, pero la bondad
para contigo, si permaneces en esa bondad; pues de otra manera tú también
serás cortado. 23 Y aun ellos, si no permanecieren en incredulidad, serán
injertados, pues poderoso es Dios para volverlos a injertar. 24 Porque si tú
fuiste cortado del que por naturaleza es olivo silvestre, y contra naturaleza
fuiste injertado en el buen olivo, ¿cuánto más éstos, que son las ramas
naturales, serán injertados en su propio olivo?
La restauración de Israel
25 Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este
misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha
acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la
plenitud de los gentiles; 26 y luego todo Israel será salvo, como está
escrito:
Vendrá de Sion el Libertador,
Que apartará de Jacob la impiedad.
27 Y este será mi pacto con ellos,
Cuando yo quite sus pecados. 28 Así que en cuanto al
evangelio, son enemigos por causa de vosotros; pero en cuanto a la elección,
son amados por causa de los padres. 29 Porque irrevocables son los dones y el
llamamiento de Dios. 30 Pues como vosotros también en otro tiempo erais
desobedientes a Dios, pero ahora habéis alcanzado misericordia por la
desobediencia de ellos, 31 así también éstos ahora han sido desobedientes,
para que por la misericordia concedida a vosotros, ellos también alcancen
misericordia. 32 Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener
misericordia de todos.
33 ¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de
la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus
caminos! 34 Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su
consejero? 35 ¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado? 36
Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por
los siglos. Amén.
Deberes cristianos
ROMANOS 12
1 Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de
Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a
Dios, que es vuestro culto racional. 2 No os conforméis a este siglo, sino
transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que
comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.
3 Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual
que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe
tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios
repartió a cada uno. 4 Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos
miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, 5 así nosotros,
siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los
otros. 6 De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es
dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; 7 o si de
servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; 8 el que exhorta, en la
exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud;
el que hace misericordia, con alegría.
9 El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid
lo bueno. 10 Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra,
prefiriéndoos los unos a los otros. 11 En lo que requiere diligencia, no
perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor; 12 gozosos en la
esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración; 13
compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad.
14 Bendecid a los que os persiguen; bendecid, y no
maldigáis. 15 Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran. 16
Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los humildes. No
seáis sabios en vuestra propia opinión. 17 No paguéis a nadie mal por mal;
procurad lo bueno delante de todos los hombres. 18 Si es posible, en cuanto
dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. 19 No os venguéis
vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque
escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. 20 Así que, si tu
enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues
haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza. 21 No seas vencido
de lo malo, sino vence con el bien el mal.
ROMANOS 13
1 Sométase toda persona a las autoridades superiores;
porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han
sido establecidas. 2 De modo que quien se opone a la autoridad, a lo
establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí
mismos. 3 Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el
bien, sino al malo. ¿Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno, y
tendrás alabanza de ella; 4 porque es servidor de Dios para tu bien. Pero si
haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de
Dios, vengador para castigar al que hace lo malo. 5 Por lo cual es necesario
estarle sujetos, no solamente por razón del castigo, sino también por causa de
la conciencia. 6 Pues por esto pagáis también los tributos, porque son
servidores de Dios que atienden continuamente a esto mismo. 7 Pagad a todos lo
que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que
respeto, respeto; al que honra, honra.
8 No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros;
porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley. 9 Porque: No adulterarás, no
matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier
otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti
mismo. 10 El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es
el amor.
11 Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de
levantarnos del sueño; porque ahora está más cerca de nosotros nuestra
salvación que cuando creímos. 12 La noche está avanzada, y se acerca el día.
Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la
luz. 13 Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no
en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia, 14 sino vestíos del Señor
Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne.
Los débiles en la fe
ROMANOS 14
1 Recibid al débil en la fe, pero no para contender sobre
opiniones. 2 Porque uno cree que se ha de comer de todo; otro, que es débil,
come legumbres. 3 El que come, no menosprecie al que no come, y el que no
come, no juzgue al que come; porque Dios le ha recibido. 4 ¿Tú quién eres, que
juzgas al criado ajeno? Para su propio señor está en pie, o cae; pero estará
firme, porque poderoso es el Señor para hacerle estar firme.
5 Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales
todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente. 6 El
que hace caso del día, lo hace para el Señor; y el que no hace caso del día,
para el Señor no lo hace. El que come, para el Señor come, porque da gracias a
Dios; y el que no come, para el Señor no come, y da gracias a Dios. 7 Porque
ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí. 8 Pues si vivimos,
para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que
vivamos, o que muramos, del Señor somos. 9 Porque Cristo para esto murió y
resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que
viven.
10 Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú también,
¿por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el
tribunal de Cristo. 11 Porque escrito está:
Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda
rodilla,
Y toda lengua confesará a Dios. 12 De manera que cada uno
de nosotros dará a Dios cuenta de sí.
13 Así que, ya no nos juzguemos más los unos a los otros,
sino más bien decidid no poner tropiezo u ocasión de caer al hermano. 14 Yo
sé, y confío en el Señor Jesús, que nada es inmundo en sí mismo; mas para el
que piensa que algo es inmundo, para él lo es. 15 Pero si por causa de la
comida tu hermano es contristado, ya no andas conforme al amor. No hagas que
por la comida tuya se pierda aquel por quien Cristo murió. 16 No sea, pues,
vituperado vuestro bien; 17 porque el reino de Dios no es comida ni bebida,
sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo. 18 Porque el que en esto sirve
a Cristo, agrada a Dios, y es aprobado por los hombres. 19 Así que, sigamos lo
que contribuye a la paz y a la mutua edificación. 20 No destruyas la obra de
Dios por causa de la comida. Todas las cosas a la verdad son limpias; pero es
malo que el hombre haga tropezar a otros con lo que come. 21 Bueno es no comer
carne, ni beber vino, ni nada en que tu hermano tropiece, o se ofenda, o se
debilite. 22 ¿Tienes tú fe? Tenla para contigo delante de Dios. Bienaventurado
el que no se condena a sí mismo en lo que aprueba. 23 Pero el que duda sobre
lo que come, es condenado, porque no lo hace con fe; y todo lo que no proviene
de fe, es pecado.
ROMANOS 15
1 Así que, los que somos fuertes debemos soportar las
flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos. 2 Cada uno de
nosotros agrade a su prójimo en lo que es bueno, para edificación. 3 Porque ni
aun Cristo se agradó a sí mismo; antes bien, como está escrito: Los vituperios
de los que te vituperaban, cayeron sobre mí. 4 Porque las cosas que se
escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la
paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza. 5 Pero el
Dios de la paciencia y de la consolación os dé entre vosotros un mismo sentir
según Cristo Jesús, 6 para que unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y
Padre de nuestro Señor Jesucristo.
El evangelio a los gentiles
7 Por tanto, recibíos los unos a los otros, como también
Cristo nos recibió, para gloria de Dios. 8 Pues os digo, que Cristo Jesús vino
a ser siervo de la circuncisión para mostrar la verdad de Dios, para confirmar
las promesas hechas a los padres, 9 y para que los gentiles glorifiquen a Dios
por su misericordia, como está escrito:
Por tanto, yo te confesaré entre los gentiles,
Y cantaré a tu nombre. 10 Y otra vez dice:
Alegraos, gentiles, con su pueblo. 11 Y otra vez:
Alabad al Señor todos los gentiles,
Y magnificadle todos los pueblos.
12 Y otra vez dice Isaías:
Estará la raíz de Isaí,
Y el que se levantará a regir los gentiles;
Los gentiles esperarán en él. 13 Y el Dios de esperanza
os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el
poder del Espíritu Santo.
14 Pero estoy seguro de vosotros, hermanos míos, de que
vosotros mismos estáis llenos de bondad, llenos de todo conocimiento, de tal
manera que podéis amonestaros los unos a los otros. 15 Mas os he escrito,
hermanos, en parte con atrevimiento, como para haceros recordar, por la gracia
que de Dios me es dada 16 para ser ministro de Jesucristo a los gentiles,
ministrando el evangelio de Dios, para que los gentiles le sean ofrenda
agradable, santificada por el Espíritu Santo. 17 Tengo, pues, de qué gloriarme
en Cristo Jesús en lo que a Dios se refiere. 18 Porque no osaría hablar sino
de lo que Cristo ha hecho por medio de mí para la obediencia de los gentiles,
con la palabra y con las obras, 19 con potencia de señales y prodigios, en el
poder del Espíritu de Dios; de manera que desde Jerusalén, y por los
alrededores hasta Ilírico, todo lo he llenado del evangelio de Cristo. 20 Y de
esta manera me esforcé a predicar el evangelio, no donde Cristo ya hubiese
sido nombrado, para no edificar sobre fundamento ajeno, 21 sino, como está
escrito:
Aquellos a quienes nunca les fue anunciado acerca de él,
verán;
Y los que nunca han oído de él, entenderán.
Pablo se propone ir a Roma
22 Por esta causa me he visto impedido muchas veces de ir
a vosotros. 23 Pero ahora, no teniendo más campo en estas regiones, y deseando
desde hace muchos años ir a vosotros, 24 cuando vaya a España, iré a vosotros;
porque espero veros al pasar, y ser encaminado allá por vosotros, una vez que
haya gozado con vosotros. 25 Mas ahora voy a Jerusalén para ministrar a los
santos. 26 Porque Macedonia y Acaya tuvieron a bien hacer una ofrenda para los
pobres que hay entre los santos que están en Jerusalén. 27 Pues les pareció
bueno, y son deudores a ellos; porque si los gentiles han sido hechos
participantes de sus bienes espirituales, deben también ellos ministrarles de
los materiales. 28 Así que, cuando haya concluido esto, y les haya entregado
este fruto, pasaré entre vosotros rumbo a España. 29 Y sé que cuando vaya a
vosotros, llegaré con abundancia de la bendición del evangelio de Cristo.
30 Pero os ruego, hermanos, por nuestro Señor Jesucristo
y por el amor del Espíritu, que me ayudéis orando por mí a Dios, 31 para que
sea librado de los rebeldes que están en Judea, y que la ofrenda de mi
servicio a los santos en Jerusalén sea acepta; 32 para que con gozo llegue a
vosotros por la voluntad de Dios, y que sea recreado juntamente con vosotros.
33 Y el Dios de paz sea con todos vosotros. Amén.
Saludos personales
ROMANOS 16
1 Os recomiendo además nuestra hermana Febe, la cual es
diaconisa de la iglesia en Cencrea; 2 que la recibáis en el Señor, como es
digno de los santos, y que la ayudéis en cualquier cosa en que necesite de
vosotros; porque ella ha ayudado a muchos, y a mí mismo.
3 Saludad a Priscila y a Aquila, mis colaboradores en
Cristo Jesús, 4 que expusieron su vida por mí; a los cuales no sólo yo doy
gracias, sino también todas las iglesias de los gentiles. 5 Saludad también a
la iglesia de su casa. Saludad a Epeneto, amado mío, que es el primer fruto de
Acaya para Cristo. 6 Saludad a María, la cual ha trabajado mucho entre
vosotros. 7 Saludad a Andrónico y a Junias, mis parientes y mis compañeros de
prisiones, los cuales son muy estimados entre los apóstoles, y que también
fueron antes de mí en Cristo. 8 Saludad a Amplias, amado mío en el Señor. 9
Saludad a Urbano, nuestro colaborador en Cristo Jesús, y a Estaquis, amado
mío. 10 Saludad a Apeles, aprobado en Cristo. Saludad a los de la casa de
Aristóbulo. 11 Saludad a Herodión, mi pariente. Saludad a los de la casa de
Narciso, los cuales están en el Señor. 12 Saludad a Trifena y a Trifosa, las
cuales trabajan en el Señor. Saludad a la amada Pérsida, la cual ha trabajado
mucho en el Señor. 13 Saludad a Rufo, escogido en el Señor, y a su madre y
mía. 14 Saludad a Asíncrito, a Flegonte, a Hermas, a Patrobas, a Hermes y a
los hermanos que están con ellos. 15 Saludad a Filólogo, a Julia, a Nereo y a
su hermana, a Olimpas y a todos los santos que están con ellos. 16 Saludaos
los unos a los otros con ósculo santo. Os saludan todas las iglesias de
Cristo.
17 Mas os ruego, hermanos, que os fijéis en los que
causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis
aprendido, y que os apartéis de ellos. 18 Porque tales personas no sirven a
nuestro Señor Jesucristo, sino a sus propios vientres, y con suaves palabras y
lisonjas engañan los corazones de los ingenuos. 19 Porque vuestra obediencia
ha venido a ser notoria a todos, así que me gozo de vosotros; pero quiero que
seáis sabios para el bien, e ingenuos para el mal. 20 Y el Dios de paz
aplastará en breve a Satanás bajo vuestros pies. La gracia de nuestro Señor
Jesucristo sea con vosotros.
21 Os saludan Timoteo mi colaborador, y Lucio, Jasón y
Sosípater, mis parientes.
22 Yo Tercio, que escribí la epístola, os saludo en el
Señor.
23 Os saluda Gayo, hospedador mío y de toda la iglesia.
Os saluda Erasto, tesorero de la ciudad, y el hermano Cuarto.
24 La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos
vosotros. Amén.
Doxología final
25 Y al que puede confirmaros según mi evangelio y la
predicación de Jesucristo, según la revelación del misterio que se ha
mantenido oculto desde tiempos eternos, 26 pero que ha sido manifestado ahora,
y que por las Escrituras de los profetas, según el mandamiento del Dios
eterno, se ha dado a conocer a todas las gentes para que obedezcan a la fe, 27
al único y sabio Dios, sea gloria mediante Jesucristo para siempre. Amén.
Primera Epístola del Apóstol San Pablo a los
CORINTIOS
Salutación
1 CORINTIOS 1
1 Pablo, llamado a ser apóstol de Jesucristo por la
voluntad de Dios, y el hermano Sóstenes, 2 a la iglesia de Dios que está en
Corinto, a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos con todos
los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo,
Señor de ellos y nuestro: 3 Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y
del Señor Jesucristo.
Acción de gracias por dones espirituales
4 Gracias doy a mi Dios siempre por vosotros, por la
gracia de Dios que os fue dada en Cristo Jesús; 5 porque en todas las cosas
fuisteis enriquecidos en él, en toda palabra y en toda ciencia; 6 así como el
testimonio acerca de Cristo ha sido confirmado en vosotros, 7 de tal manera
que nada os falta en ningún don, esperando la manifestación de nuestro Señor
Jesucristo; 8 el cual también os confirmará hasta el fin, para que seáis
irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo. 9 Fiel es Dios, por el
cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor.
¿Está dividido Cristo?
10 Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro
Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre
vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y
en un mismo parecer. 11 Porque he sido informado acerca de vosotros, hermanos
míos, por los de Cloé, que hay entre vosotros contiendas. 12 Quiero decir, que
cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y
yo de Cristo. 13 ¿Acaso está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por
vosotros? ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo? 14 Doy gracias a Dios
de que a ninguno de vosotros he bautizado, sino a Crispo y a Gayo, 15 para que
ninguno diga que fuisteis bautizados en mi nombre. 16 También bauticé a la
familia de Estéfanas; de los demás, no sé si he bautizado a algún otro. 17
Pues no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el evangelio; no con
sabiduría de palabras, para que no se haga vana la cruz de Cristo.
Cristo, poder y sabiduría de Dios
18 Porque la palabra de la cruz es locura a los que se
pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios. 19
Pues está escrito:
Destruiré la sabiduría de los sabios,
Y desecharé el entendimiento de los entendidos.
20 ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde
está el disputador de este siglo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del
mundo? 21 Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios
mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de
la predicación. 22 Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan
sabiduría; 23 pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos
ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura; 24 mas para los llamados,
así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios. 25 Porque
lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más
fuerte que los hombres.
26 Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois
muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; 27 sino
que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil
del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; 28 y lo vil del mundo y
lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, 29 a
fin de que nadie se jacte en su presencia. 30 Mas por él estáis vosotros en
Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación,
santificación y redención; 32 para que, como está escrito: El que se gloría,
gloríese en el Señor.
Proclamando a Cristo crucificado
1 CORINTIOS 2
1 Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para
anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de
sabiduría. 2 Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a
Jesucristo, y a éste crucificado. 3 Y estuve entre vosotros con debilidad, y
mucho temor y temblor; 4 y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras
persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de
poder, 5 para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres,
sino en el poder de Dios.
La revelación por el Espíritu de Dios
6 Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han
alcanzado madurez; y sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este
siglo, que perecen. 7 Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría
oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria, 8 la
que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque si la hubieran
conocido, nunca habrían crucificado al Señor de gloria. 9 Antes bien, como
está escrito:
Cosas que ojo no vio, ni oído oyó,
Ni han subido en corazón de hombre,
Son las que Dios ha preparado para los que le aman. 10
Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo
lo escudriña, aun lo profundo de Dios. 11 Porque ¿quién de los hombres sabe
las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco
nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. 12 Y nosotros no
hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios,
para que sepamos lo que Dios nos ha concedido, 13 lo cual también hablamos, no
con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el
Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual.
14 Pero el hombre natural no percibe las cosas que son
del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender,
porque se han de discernir espiritualmente. 15 En cambio el espiritual juzga
todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie. 16 Porque ¿quién conoció la
mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo.
Colaboradores de Dios
1 CORINTIOS 3
1 De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a
espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. 2 Os di a beber
leche, y no vianda; porque aún no erais capaces, ni sois capaces todavía, 3
porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y
disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres? 4 Porque diciendo el
uno: Yo ciertamente soy de Pablo; y el otro: Yo soy de Apolos, ¿no sois
carnales?
5 ¿Qué, pues, es Pablo, y qué es Apolos? Servidores por
medio de los cuales habéis creído; y eso según lo que a cada uno concedió el
Señor. 6 Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios. 7 Así
que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el
crecimiento. 8 Y el que planta y el que riega son una misma cosa; aunque cada
uno recibirá su recompensa conforme a su labor. 9 Porque nosotros somos
colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios.
10 Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo
como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada
uno mire cómo sobreedifica. 11 Porque nadie puede poner otro fundamento que el
que está puesto, el cual es Jesucristo. 12 Y si sobre este fundamento alguno
edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, 13 la obra
de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego
será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. 14 Si
permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. 15 Si la
obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo,
aunque así como por fuego.
16 ¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu
de Dios mora en vosotros? 17 Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le
destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es.
18 Nadie se engañe a sí mismo; si alguno entre vosotros
se cree sabio en este siglo, hágase ignorante, para que llegue a ser sabio. 19
Porque la sabiduría de este mundo es insensatez para con Dios; pues escrito
está: El prende a los sabios en la astucia de ellos. 20 Y otra vez: El Señor
conoce los pensamientos de los sabios, que son vanos. 21 Así que, ninguno se
gloríe en los hombres; porque todo es vuestro: 22 sea Pablo, sea Apolos, sea
Cefas, sea el mundo, sea la vida, sea la muerte, sea lo presente, sea lo por
venir, todo es vuestro, 23 y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios.
El ministerio de los apóstoles
1 CORINTIOS 4
1 Así, pues, téngannos los hombres por servidores de
Cristo, y administradores de los misterios de Dios. 2 Ahora bien, se requiere
de los administradores, que cada uno sea hallado fiel. 3 Yo en muy poco tengo
el ser juzgado por vosotros, o por tribunal humano; y ni aun yo me juzgo a mí
mismo. 4 Porque aunque de nada tengo mala conciencia, no por eso soy
justificado; pero el que me juzga es el Señor. 5 Así que, no juzguéis nada
antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual aclarará también lo oculto
de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones; y entonces
cada uno recibirá su alabanza de Dios.
6 Pero esto, hermanos, lo he presentado como ejemplo en
mí y en Apolos por amor de vosotros, para que en nosotros aprendáis a no
pensar más de lo que está escrito, no sea que por causa de uno, os envanezcáis
unos contra otros. 7 Porque ¿quién te distingue? ¿o qué tienes que no hayas
recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras
recibido?
8 Ya estáis saciados, ya estáis ricos, sin nosotros
reináis. ¡Y ojalá reinaseis, para que nosotros reinásemos también juntamente
con vosotros! 9 Porque según pienso, Dios nos ha exhibido a nosotros los
apóstoles como postreros, como a sentenciados a muerte; pues hemos llegado a
ser espectáculo al mundo, a los ángeles y a los hombres. 10 Nosotros somos
insensatos por amor de Cristo, mas vosotros prudentes en Cristo; nosotros
débiles, mas vosotros fuertes; vosotros honorables, mas nosotros despreciados.
11 Hasta esta hora padecemos hambre, tenemos sed, estamos desnudos, somos
abofeteados, y no tenemos morada fija. 12 Nos fatigamos trabajando con
nuestras propias manos; nos maldicen, y bendecimos; padecemos persecución, y
la soportamos. 13 Nos difaman, y rogamos; hemos venido a ser hasta ahora como
la escoria del mundo, el desecho de todos.
14 No escribo esto para avergonzaros, sino para
amonestaros como a hijos míos amados. 15 Porque aunque tengáis diez mil ayos
en Cristo, no tendréis muchos padres; pues en Cristo Jesús yo os engendré por
medio del evangelio. 16 Por tanto, os ruego que me imitéis. 17 Por esto mismo
os he enviado a Timoteo, que es mi hijo amado y fiel en el Señor, el cual os
recordará mi proceder en Cristo, de la manera que enseño en todas partes y en
todas las iglesias. 18 Mas algunos están envanecidos, como si yo nunca hubiese
de ir a vosotros. 19 Pero iré pronto a vosotros, si el Señor quiere, y
conoceré, no las palabras, sino el poder de los que andan envanecidos. 20
Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder. 21 ¿Qué
queréis? ¿Iré a vosotros con vara, o con amor y espíritu de mansedumbre?
Un caso de inmoralidad juzgado
1 CORINTIOS 5
1 De cierto se oye que hay entre vosotros fornicación, y
tal fornicación cual ni aun se nombra entre los gentiles; tanto que alguno
tiene la mujer de su padre. 2 Y vosotros estáis envanecidos. ¿No debierais más
bien haberos lamentado, para que fuese quitado de en medio de vosotros el que
cometió tal acción?
3 Ciertamente yo, como ausente en cuerpo, pero presente
en espíritu, ya como presente he juzgado al que tal cosa ha hecho. 4 En el
nombre de nuestro Señor Jesucristo, reunidos vosotros y mi espíritu, con el
poder de nuestro Señor Jesucristo, 5 el tal sea entregado a Satanás para
destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del
Señor Jesús.
6 No es buena vuestra jactancia. ¿No sabéis que un poco
de levadura leuda toda la masa? 7 Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para
que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es
Cristo, ya fue sacrificada por nosotros. 8 Así que celebremos la fiesta, no
con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con
panes sin levadura, de sinceridad y de verdad.
9 Os he escrito por carta, que no os juntéis con los
fornicarios; 10 no absolutamente con los fornicarios de este mundo, o con los
avaros, o con los ladrones, o con los idólatras; pues en tal caso os sería
necesario salir del mundo. 11 Más bien os escribí que no os juntéis con
ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o
maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis. 12 Porque ¿qué
razón tendría yo para juzgar a los que están fuera? ¿No juzgáis vosotros a los
que están dentro? 13 Porque a los que están fuera, Dios juzgará. Quitad, pues,
a ese perverso de entre vosotros.
Litigios delante de los incrédulos
1 CORINTIOS 6
1 ¿Osa alguno de vosotros, cuando tiene algo contra
otro, ir a juicio delante de los injustos, y no delante de los santos? 2 ¿O no
sabéis que los santos han de juzgar al mundo? Y si el mundo ha de ser juzgado
por vosotros, ¿sois indignos de juzgar cosas muy pequeñas? 3 ¿O no sabéis que
hemos de juzgar a los ángeles? ¿Cuánto más las cosas de esta vida? 4 Si, pues,
tenéis juicios sobre cosas de esta vida, ¿ponéis para juzgar a los que son de
menor estima en la iglesia? 5 Para avergonzaros lo digo. ¿Pues qué, no hay
entre vosotros sabio, ni aun uno, que pueda juzgar entre sus hermanos, 6 sino
que el hermano con el hermano pleitea en juicio, y esto ante los incrédulos?
7 Así que, por cierto es ya una falta en vosotros que
tengáis pleitos entre vosotros mismos. ¿Por qué no sufrís más bien el agravio?
¿Por qué no sufrís más bien el ser defraudados? 8 Pero vosotros cometéis el
agravio, y defraudáis, y esto a los hermanos.
9 ¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de
Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni
los afeminados, ni los que se echan con varones, 10 ni los ladrones, ni los
avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán
el reino de Dios. 11 Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya
habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor
Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.
Glorificad a Dios en vuestro cuerpo
12 Todas las cosas me son lícitas, mas no todas
convienen; todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de
ninguna. 13 Las viandas para el vientre, y el vientre para las viandas; pero
tanto al uno como a las otras destruirá Dios. Pero el cuerpo no es para la
fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo. 14 Y Dios, que
levantó al Señor, también a nosotros nos levantará con su poder. 15 ¿No sabéis
que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿Quitaré, pues, los miembros de
Cristo y los haré miembros de una ramera? De ningún modo. 16 ¿O no sabéis que
el que se une con una ramera, es un cuerpo con ella? Porque dice: Los dos
serán una sola carne. 17 Pero el que se une al Señor, un espíritu es con él.
18 Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está
fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca. 19 ¿O
ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en
vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? 20 Porque habéis
sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en
vuestro espíritu, los cuales son de Dios.
Problemas del matrimonio
1 CORINTIOS 7
1 En cuanto a las cosas de que me escribisteis, bueno le
sería al hombre no tocar mujer; 2 pero a causa de las fornicaciones, cada uno
tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido. 3 El marido cumpla
con la mujer el deber conyugal, y asimismo la mujer con el marido. 4 La mujer
no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco tiene el
marido potestad sobre su propio cuerpo, sino la mujer. 5 No os neguéis el uno
al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento, para ocuparos
sosegadamente en la oración; y volved a juntaros en uno, para que no os tiente
Satanás a causa de vuestra incontinencia. 6 Mas esto digo por vía de
concesión, no por mandamiento. 7 Quisiera más bien que todos los hombres
fuesen como yo; pero cada uno tiene su propio don de Dios, uno a la verdad de
un modo, y otro de otro.
8 Digo, pues, a los solteros y a las viudas, que bueno
les fuera quedarse como yo; 9 pero si no tienen don de continencia, cásense,
pues mejor es casarse que estarse quemando.
10 Pero a los que están unidos en matrimonio, mando, no
yo, sino el Señor: Que la mujer no se separe del marido; 11 y si se separa,
quédese sin casar, o reconcíliese con su marido; y que el marido no abandone a
su mujer.
12 Y a los demás yo digo, no el Señor: Si algún hermano
tiene mujer que no sea creyente, y ella consiente en vivir con él, no la
abandone. 13 Y si una mujer tiene marido que no sea creyente, y él consiente
en vivir con ella, no lo abandone. 14 Porque el marido incrédulo es
santificado en la mujer, y la mujer incrédula en el marido; pues de otra
manera vuestros hijos serían inmundos, mientras que ahora son santos. 15 Pero
si el incrédulo se separa, sepárese; pues no está el hermano o la hermana
sujeto a servidumbre en semejante caso, sino que a paz nos llamó Dios. 16
Porque ¿qué sabes tú, oh mujer, si quizá harás salvo a tu marido? ¿O qué sabes
tú, oh marido, si quizá harás salva a tu mujer?
17 Pero cada uno como el Señor le repartió, y como Dios
llamó a cada uno, así haga; esto ordeno en todas las iglesias. 18 ¿Fue llamado
alguno siendo circunciso? Quédese circunciso. ¿Fue llamado alguno siendo
incircunciso? No se circuncide. 19 La circuncisión nada es, y la
incircuncisión nada es, sino el guardar los mandamientos de Dios. 20 Cada uno
en el estado en que fue llamado, en él se quede. 21 ¿Fuiste llamado siendo
esclavo? No te dé cuidado; pero también, si puedes hacerte libre, procúralo
más. 22 Porque el que en el Señor fue llamado siendo esclavo, liberto es del
Señor; asimismo el que fue llamado siendo libre, esclavo es de Cristo. 23 Por
precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de los hombres. 24 Cada uno,
hermanos, en el estado en que fue llamado, así permanezca para con Dios.
25 En cuanto a las vírgenes no tengo mandamiento del
Señor; mas doy mi parecer, como quien ha alcanzado misericordia del Señor para
ser fiel. 26 Tengo, pues, esto por bueno a causa de la necesidad que apremia;
que hará bien el hombre en quedarse como está. 27 ¿Estás ligado a mujer? No
procures soltarte. ¿Estás libre de mujer? No procures casarte. 28 Mas también
si te casas, no pecas; y si la doncella se casa, no peca; pero los tales
tendrán aflicción de la carne, y yo os la quisiera evitar. 29 Pero esto digo,
hermanos: que el tiempo es corto; resta, pues, que los que tienen esposa sean
como si no la tuviesen; 30 y los que lloran, como si no llorasen; y los que se
alegran, como si no se alegrasen; y los que compran, como si no poseyesen; 31
y los que disfrutan de este mundo, como si no lo disfrutasen; porque la
apariencia de este mundo se pasa.
32 Quisiera, pues, que estuvieseis sin congoja. El
soltero tiene cuidado de las cosas del Señor, de cómo agradar al Señor; 33
pero el casado tiene cuidado de las cosas del mundo, de cómo agradar a su
mujer. 34 Hay asimismo diferencia entre la casada y la doncella. La doncella
tiene cuidado de las cosas del Señor, para ser santa así en cuerpo como en
espíritu; pero la casada tiene cuidado de las cosas del mundo, de cómo agradar
a su marido. 35 Esto lo digo para vuestro provecho; no para tenderos lazo,
sino para lo honesto y decente, y para que sin impedimento os acerquéis al
Señor.
36 Pero si alguno piensa que es impropio para su hija
virgen que pase ya de edad, y es necesario que así sea, haga lo que quiera, no
peca; que se case. 37 Pero el que está firme en su corazón, sin tener
necesidad, sino que es dueño de su propia voluntad, y ha resuelto en su
corazón guardar a su hija virgen, bien hace. 38 De manera que el que la da en
casamiento hace bien, y el que no la da en casamiento hace mejor.
39 La mujer casada está ligada por la ley mientras su
marido vive; pero si su marido muriere, libre es para casarse con quien
quiera, con tal que sea en el Señor. 40 Pero a mi juicio, más dichosa será si
se quedare así; y pienso que también yo tengo el Espíritu de Dios.
Lo sacrificado a los ídolos
1 CORINTIOS 8
1 En cuanto a lo sacrificado a los ídolos, sabemos que
todos tenemos conocimiento. El conocimiento envanece, pero el amor edifica. 2
Y si alguno se imagina que sabe algo, aún no sabe nada como debe saberlo. 3
Pero si alguno ama a Dios, es conocido por él.
4 Acerca, pues, de las viandas que se sacrifican a los
ídolos, sabemos que un ídolo nada es en el mundo, y que no hay más que un
Dios. 5 Pues aunque haya algunos que se llamen dioses, sea en el cielo, o en
la tierra (como hay muchos dioses y muchos señores), 6 para nosotros, sin
embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y
nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas
las cosas, y nosotros por medio de él.
7 Pero no en todos hay este conocimiento; porque
algunos, habituados hasta aquí a los ídolos, comen como sacrificado a ídolos,
y su conciencia, siendo débil, se contamina. 8 Si bien la vianda no nos hace
más aceptos ante Dios; pues ni porque comamos, seremos más, ni porque no
comamos, seremos menos. 9 Pero mirad que esta libertad vuestra no venga a ser
tropezadero para los débiles. 10 Porque si alguno te ve a ti, que tienes
conocimiento, sentado a la mesa en un lugar de ídolos, la conciencia de aquel
que es débil, ¿no será estimulada a comer de lo sacrificado a los ídolos? 11 Y
por el conocimiento tuyo, se perderá el hermano débil por quien Cristo murió.
12 De esta manera, pues, pecando contra los hermanos e hiriendo su débil
conciencia, contra Cristo pecáis. 13 Por lo cual, si la comida le es a mi
hermano ocasión de caer, no comeré carne jamás, para no poner tropiezo a mi
hermano.
Los derechos de un apóstol
1 CORINTIOS 9
1 ¿No soy apóstol? ¿No soy libre? ¿No he visto a Jesús
el Señor nuestro? ¿No sois vosotros mi obra en el Señor? 2 Si para otros no
soy apóstol, para vosotros ciertamente lo soy; porque el sello de mi
apostolado sois vosotros en el Señor.
3 Contra los que me acusan, esta es mi defensa: 4 ¿Acaso
no tenemos derecho de comer y beber? 5 ¿No tenemos derecho de traer con
nosotros una hermana por mujer como también los otros apóstoles, y los
hermanos del Señor, y Cefas? 6 ¿O sólo yo y Bernabé no tenemos derecho de no
trabajar? 7 ¿Quién fue jamás soldado a sus propias expensas? ¿Quién planta
viña y no come de su fruto? ¿O quién apacienta el rebaño y no toma de la leche
del rebaño?
8 ¿Digo esto sólo como hombre? ¿No dice esto también la
ley? 9 Porque en la ley de Moisés está escrito: No pondrás bozal al buey que
trilla. ¿Tiene Dios cuidado de los bueyes, 10 o lo dice enteramente por
nosotros? Pues por nosotros se escribió; porque con esperanza debe arar el que
ara, y el que trilla, con esperanza de recibir del fruto. 11 Si nosotros
sembramos entre vosotros lo espiritual, ¿es gran cosa si segáremos de vosotros
lo material? 12 Si otros participan de este derecho sobre vosotros, ¿cuánto
más nosotros?
Pero no hemos usado de este derecho, sino que lo
soportamos todo, por no poner ningún obstáculo al evangelio de Cristo. 13 ¿No
sabéis que los que trabajan en las cosas sagradas, comen del templo, y que los
que sirven al altar, del altar participan? 14 Así también ordenó el Señor a
los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio.
15 Pero yo de nada de esto me he aprovechado, ni tampoco
he escrito esto para que se haga así conmigo; porque prefiero morir, antes que
nadie desvanezca esta mi gloria. 16 Pues si anuncio el evangelio, no tengo por
qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el
evangelio!
17 Por lo cual, si lo hago de buena voluntad, recompensa
tendré; pero si de mala voluntad, la comisión me ha sido encomendada. 18
¿Cuál, pues, es mi galardón? Que predicando el evangelio, presente
gratuitamente el evangelio de Cristo, para no abusar de mi derecho en el
evangelio. 19 Por lo cual, siendo libre de todos, me he hecho siervo de todos
para ganar a mayor número. 20 Me he hecho a los judíos como judío, para ganar
a los judíos; a los que están sujetos a la ley (aunque yo no esté sujeto a la
ley) como sujeto a la ley, para ganar a los que están sujetos a la ley; 21 a
los que están sin ley, como si yo estuviera sin ley (no estando yo sin ley de
Dios, sino bajo la ley de Cristo), para ganar a los que están sin ley. 22 Me
he hecho débil a los débiles, para ganar a los débiles; a todos me he hecho de
todo, para que de todos modos salve a algunos. 23 Y esto hago por causa del
evangelio, para hacerme copartícipe de él.
24 ¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a
la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que
lo obtengáis. 25 Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la
verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible.
26 Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera
peleo, no como quien golpea el aire, 27 sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo
en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a
ser eliminado.
Amonestaciones contra la idolatría
1 CORINTIOS 10
1 Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros
padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar; 2 y todos en
Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar, 3 y todos comieron el mismo
alimento espiritual, 4 y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque
bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo. 5 Pero de
los más de ellos no se agradó Dios; por lo cual quedaron postrados en el
desierto.
6 Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para
nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron. 7 Ni
seáis idólatras, como algunos de ellos, según está escrito: Se sentó el pueblo
a comer y a beber, y se levantó a jugar. 8 Ni forniquemos, como algunos de
ellos fornicaron, y cayeron en un día veintitrés mil. 9 Ni tentemos al Señor,
como también algunos de ellos le tentaron, y perecieron por las serpientes. 10
Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el
destructor. 11 Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas
para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos.
12 Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga. 13 No os ha
sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os
dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también
juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.
14 Por tanto, amados míos, huid de la idolatría. 15 Como
a sensatos os hablo; juzgad vosotros lo que digo. 16 La copa de bendición que
bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos,
¿no es la comunión del cuerpo de Cristo? 17 Siendo uno solo el pan, nosotros,
con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan.
18 Mirad a Israel según la carne; los que comen de los sacrificios, ¿no son
partícipes del altar? 19 ¿Qué digo, pues? ¿Que el ídolo es algo, o que sea
algo lo que se sacrifica a los ídolos? 20 Antes digo que lo que los gentiles
sacrifican, a los demonios lo sacrifican, y no a Dios; y no quiero que
vosotros os hagáis partícipes con los demonios. 21 No podéis beber la copa del
Señor, y la copa de los demonios; no podéis participar de la mesa del Señor, y
de la mesa de los demonios. 22 ¿O provocaremos a celos al Señor? ¿Somos más
fuertes que él?
Haced todo para la gloria de Dios
23 Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es
lícito, pero no todo edifica. 24 Ninguno busque su propio bien, sino el del
otro. 25 De todo lo que se vende en la carnicería, comed, sin preguntar nada
por motivos de conciencia; 26 porque del Señor es la tierra y su plenitud. 27
Si algún incrédulo os invita, y queréis ir, de todo lo que se os ponga delante
comed, sin preguntar nada por motivos de conciencia. 28 Mas si alguien os
dijere: Esto fue sacrificado a los ídolos; no lo comáis, por causa de aquel
que lo declaró, y por motivos de conciencia; porque del Señor es la tierra y
su plenitud. 29 La conciencia, digo, no la tuya, sino la del otro. Pues ¿por
qué se ha de juzgar mi libertad por la conciencia de otro? 30 Y si yo con
agradecimiento participo, ¿por qué he de ser censurado por aquello de que doy
gracias?
31 Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa,
hacedlo todo para la gloria de Dios. 32 No seáis tropiezo ni a judíos, ni a
gentiles, ni a la iglesia de Dios; 33 como también yo en todas las cosas
agrado a todos, no procurando mi propio beneficio, sino el de muchos, para que
sean salvos.
1 CORINTIOS 11
1 Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo.
Atavío de las mujeres
2 Os alabo, hermanos, porque en todo os acordáis de mí,
y retenéis las instrucciones tal como os las entregué. 3 Pero quiero que
sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la
mujer, y Dios la cabeza de Cristo. 4 Todo varón que ora o profetiza con la
cabeza cubierta, afrenta su cabeza. 5 Pero toda mujer que ora o profetiza con
la cabeza descubierta, afrenta su cabeza; porque lo mismo es que si se hubiese
rapado. 6 Porque si la mujer no se cubre, que se corte también el cabello; y
si le es vergonzoso a la mujer cortarse el cabello o raparse, que se cubra. 7
Porque el varón no debe cubrirse la cabeza, pues él es imagen y gloria de
Dios; pero la mujer es gloria del varón. 8 Porque el varón no procede de la
mujer, sino la mujer del varón, 9 y tampoco el varón fue creado por causa de
la mujer, sino la mujer por causa del varón. 10 Por lo cual la mujer debe
tener señal de autoridad sobre su cabeza, por causa de los ángeles. 11 Pero en
el Señor, ni el varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón; 12 porque así
como la mujer procede del varón, también el varón nace de la mujer; pero todo
procede de Dios. 13 Juzgad vosotros mismos: ¿Es propio que la mujer ore a Dios
sin cubrirse la cabeza? 14 La naturaleza misma ¿no os enseña que al varón le
es deshonroso dejarse crecer el cabello? 15 Por el contrario, a la mujer
dejarse crecer el cabello le es honroso; porque en lugar de velo le es dado el
cabello. 16 Con todo eso, si alguno quiere ser contencioso, nosotros no
tenemos tal costumbre, ni las iglesias de Dios.
Abusos en la Cena del Señor
17 Pero al anunciaros esto que sigue, no os alabo;
porque no os congregáis para lo mejor, sino para lo peor. 18 Pues en primer
lugar, cuando os reunís como iglesia, oigo que hay entre vosotros divisiones;
y en parte lo creo. 19 Porque es preciso que entre vosotros haya disensiones,
para que se hagan manifiestos entre vosotros los que son aprobados. 20 Cuando,
pues, os reunís vosotros, esto no es comer la cena del Señor. 21 Porque al
comer, cada uno se adelanta a tomar su propia cena; y uno tiene hambre, y otro
se embriaga. 22 Pues qué, ¿no tenéis casas en que comáis y bebáis? ¿O
menospreciáis la iglesia de Dios, y avergonzáis a los que no tienen nada? ¿Qué
os diré? ¿Os alabaré? En esto no os alabo.
Institución de la Cena del Señor
(Mt. 26.26-29; Mr. 14.22-25; Lc. 22.14-20)
23 Porque yo recibí del Señor lo que también os he
enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; 24 y
habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que
por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. 25 Asimismo tomó también
la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi
sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí. 26 Así,
pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte
del Señor anunciáis hasta que él venga.
Tomando la Cena indignamente
27 De manera que cualquiera que comiere este pan o
bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la
sangre del Señor. 28 Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del
pan, y beba de la copa. 29 Porque el que come y bebe indignamente, sin
discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí. 30 Por lo cual hay
muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen. 31 Si, pues,
nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados; 32 mas siendo
juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el
mundo.
33 Así que, hermanos míos, cuando os reunís a comer,
esperaos unos a otros. 34 Si alguno tuviere hambre, coma en su casa, para que
no os reunáis para juicio. Las demás cosas las pondré en orden cuando yo
fuere.
Dones espirituales
1 CORINTIOS 12
1 No quiero, hermanos, que ignoréis acerca de los dones
espirituales. 2 Sabéis que cuando erais gentiles, se os extraviaba llevándoos,
como se os llevaba, a los ídolos mudos. 3 Por tanto, os hago saber que nadie
que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar
a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo.
4 Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu
es el mismo. 5 Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. 6 Y
hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos,
es el mismo. 7 Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para
provecho. 8 Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a
otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; 9 a otro, fe por el mismo
Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu. 10 A otro, el
hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro,
diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas. 11 Pero
todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en
particular como él quiere.
12 Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos
miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo
cuerpo, así también Cristo. 13 Porque por un solo Espíritu fuimos todos
bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a
todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.
14 Además, el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos.
15 Si dijere el pie: Porque no soy mano, no soy del cuerpo, ¿por eso no será
del cuerpo? 16 Y si dijere la oreja: Porque no soy ojo, no soy del cuerpo,
¿por eso no será del cuerpo? 17 Si todo el cuerpo fuese ojo, ¿dónde estaría el
oído? Si todo fuese oído, ¿dónde estaría el olfato? 18 Mas ahora Dios ha
colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso. 19 Porque
si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo? 20 Pero ahora son
muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo. 21 Ni el ojo puede decir a la
mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de
vosotros. 22 Antes bien los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son
los más necesarios; 23 y a aquellos del cuerpo que nos parecen menos dignos, a
éstos vestimos más dignamente; y los que en nosotros son menos decorosos, se
tratan con más decoro. 24 Porque los que en nosotros son más decorosos, no
tienen necesidad; pero Dios ordenó el cuerpo, dando más abundante honor al que
le faltaba, 25 para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los
miembros todos se preocupen los unos por los otros. 26 De manera que si un
miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe
honra, todos los miembros con él se gozan.
27 Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros
cada uno en particular. 28 Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente
apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros,
después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don
de lenguas. 29 ¿Son todos apóstoles? ¿son todos profetas? ¿todos maestros?
¿hacen todos milagros? 30 ¿Tienen todos dones de sanidad? ¿hablan todos
lenguas? ¿interpretan todos? 31 Procurad, pues, los dones mejores. Mas yo os
muestro un camino aun más excelente.
La preeminencia del amor
1 CORINTIOS 13
1 Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo
amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. 2 Y si tuviese
profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda
la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. 3 Y
si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase
mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.
4 El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene
envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; 5 no hace nada indebido,
no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; 6 no se goza de la
injusticia, mas se goza de la verdad. 7 Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo
espera, todo lo soporta.
8 El amor nunca deja de ser; pero las profecías se
acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará. 9 Porque en parte
conocemos, y en parte profetizamos; 10 mas cuando venga lo perfecto, entonces
lo que es en parte se acabará. 11 Cuando yo era niño, hablaba como niño,
pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que
era de niño. 12 Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara
a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido. 13 Y
ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de
ellos es el amor.
El hablar en lenguas
1 CORINTIOS 14
1 Seguid el amor; y procurad los dones espirituales,
pero sobre todo que profeticéis. 2 Porque el que habla en lenguas no habla a
los hombres, sino a Dios; pues nadie le entiende, aunque por el Espíritu habla
misterios. 3 Pero el que profetiza habla a los hombres para edificación,
exhortación y consolación. 4 El que habla en lengua extraña, a sí mismo se
edifica; pero el que profetiza, edifica a la iglesia. 5 Así que, quisiera que
todos vosotros hablaseis en lenguas, pero más que profetizaseis; porque mayor
es el que profetiza que el que habla en lenguas, a no ser que las interprete
para que la iglesia reciba edificación.
6 Ahora pues, hermanos, si yo voy a vosotros hablando en
lenguas, ¿qué os aprovechará, si no os hablare con revelación, o con ciencia,
o con profecía, o con doctrina? 7 Ciertamente las cosas inanimadas que
producen sonidos, como la flauta o la cítara, si no dieren distinción de
voces, ¿cómo se sabrá lo que se toca con la flauta o con la cítara? 8 Y si la
trompeta diere sonido incierto, ¿quién se preparará para la batalla? 9 Así
también vosotros, si por la lengua no diereis palabra bien comprensible, ¿cómo
se entenderá lo que decís? Porque hablaréis al aire. 10 Tantas clases de
idiomas hay, seguramente, en el mundo, y ninguno de ellos carece de
significado. 11 Pero si yo ignoro el valor de las palabras, seré como
extranjero para el que habla, y el que habla será como extranjero para mí. 12
Así también vosotros; pues que anheláis dones espirituales, procurad abundar
en ellos para edificación de la iglesia.
13 Por lo cual, el que habla en lengua extraña, pida en
oración poder interpretarla. 14 Porque si yo oro en lengua desconocida, mi
espíritu ora, pero mi entendimiento queda sin fruto. 15 ¿Qué, pues? Oraré con
el espíritu, pero oraré también con el entendimiento; cantaré con el espíritu,
pero cantaré también con el entendimiento. 16 Porque si bendices sólo con el
espíritu, el que ocupa lugar de simple oyente, ¿cómo dirá el Amén a tu acción
de gracias? pues no sabe lo que has dicho. 17 Porque tú, a la verdad, bien das
gracias; pero el otro no es edificado. 18 Doy gracias a Dios que hablo en
lenguas más que todos vosotros; 19 pero en la iglesia prefiero hablar cinco
palabras con mi entendimiento, para enseñar también a otros, que diez mil
palabras en lengua desconocida.
20 Hermanos, no seáis niños en el modo de pensar, sino
sed niños en la malicia, pero maduros en el modo de pensar. 21 En la ley está
escrito: En otras lenguas y con otros labios hablaré a este pueblo; y ni aun
así me oirán, dice el Señor. 22 Así que, las lenguas son por señal, no a los
creyentes, sino a los incrédulos; pero la profecía, no a los incrédulos, sino
a los creyentes. 23 Si, pues, toda la iglesia se reúne en un solo lugar, y
todos hablan en lenguas, y entran indoctos o incrédulos, ¿no dirán que estáis
locos? 24 Pero si todos profetizan, y entra algún incrédulo o indocto, por
todos es convencido, por todos es juzgado; 25 lo oculto de su corazón se hace
manifiesto; y así, postrándose sobre el rostro, adorará a Dios, declarando que
verdaderamente Dios está entre vosotros.
26 ¿Qué hay, pues, hermanos? Cuando os reunís, cada uno
de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene
interpretación. Hágase todo para edificación. 27 Si habla alguno en lengua
extraña, sea esto por dos, o a lo más tres, y por turno; y uno interprete. 28
Y si no hay intérprete, calle en la iglesia, y hable para sí mismo y para
Dios. 29 Asimismo, los profetas hablen dos o tres, y los demás juzguen. 30 Y
si algo le fuere revelado a otro que estuviere sentado, calle el primero. 31
Porque podéis profetizar todos uno por uno, para que todos aprendan, y todos
sean exhortados. 32 Y los espíritus de los profetas están sujetos a los
profetas; 33 pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz.
Como en todas las iglesias de los santos, 34 vuestras
mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino
que estén sujetas, como también la ley lo dice. 35 Y si quieren aprender algo,
pregunten en casa a sus maridos; porque es indecoroso que una mujer hable en
la congregación. 36 ¿Acaso ha salido de vosotros la palabra de Dios, o sólo a
vosotros ha llegado?
37 Si alguno se cree profeta, o espiritual, reconozca
que lo que os escribo son mandamientos del Señor. 38 Mas el que ignora,
ignore. 39 Así que, hermanos, procurad profetizar, y no impidáis el hablar
lenguas; 40 pero hágase todo decentemente y con orden.
La resurrección de los muertos
1 CORINTIOS 15
1 Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he
predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis; 2 por
el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si
no creísteis en vano.
3 Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo
recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; 4 y
que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; 5
y que apareció a Cefas, y después a los doce. 6 Después apareció a más de
quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya
duermen. 7 Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles; 8 y al
último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí. 9 Porque yo soy el más
pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque
perseguí a la iglesia de Dios. 10 Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y
su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos
ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo. 11 Porque o sea yo o sean
ellos, así predicamos, y así habéis creído.
12 Pero si se predica de Cristo que resucitó de los
muertos, ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de
muertos? 13 Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó.
14 Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es
también vuestra fe. 15 Y somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos
testificado de Dios que él resucitó a Cristo, al cual no resucitó, si en
verdad los muertos no resucitan. 16 Porque si los muertos no resucitan,
tampoco Cristo resucitó; 17 y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún
estáis en vuestros pecados. 18 Entonces también los que durmieron en Cristo
perecieron. 19 Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más
dignos de conmiseración de todos los hombres.
20 Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos;
primicias de los que durmieron es hecho. 21 Porque por cuanto la muerte entró
por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. 22 Porque
así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. 23
Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de
Cristo, en su venida. 24 Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y
Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia. 25
Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos
debajo de sus pies. 26 Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte.
27 Porque todas las cosas las sujetó debajo de sus pies. Y cuando dice que
todas las cosas han sido sujetadas a él, claramente se exceptúa aquel que
sujetó a él todas las cosas. 28 Pero luego que todas las cosas le estén
sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él
todas las cosas, para que Dios sea todo en todos.
29 De otro modo, ¿qué harán los que se bautizan por los
muertos, si en ninguna manera los muertos resucitan? ¿Por qué, pues, se
bautizan por los muertos? 30 ¿Y por qué nosotros peligramos a toda hora? 31 Os
aseguro, hermanos, por la gloria que de vosotros tengo en nuestro Señor
Jesucristo, que cada día muero. 32 Si como hombre batallé en Efeso contra
fieras, ¿qué me aprovecha? Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos,
porque mañana moriremos. 33 No erréis; las malas conversaciones corrompen las
buenas costumbres. 34 Velad debidamente, y no pequéis; porque algunos no
conocen a Dios; para vergüenza vuestra lo digo.
35 Pero dirá alguno: ¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con
qué cuerpo vendrán? 36 Necio, lo que tú siembras no se vivifica, si no muere
antes. 37 Y lo que siembras no es el cuerpo que ha de salir, sino el grano
desnudo, ya sea de trigo o de otro grano; 38 pero Dios le da el cuerpo como él
quiso, y a cada semilla su propio cuerpo. 39 No toda carne es la misma carne,
sino que una carne es la de los hombres, otra carne la de las bestias, otra la
de los peces, y otra la de las aves. 40 Y hay cuerpos celestiales, y cuerpos
terrenales; pero una es la gloria de los celestiales, y otra la de los
terrenales. 41 Una es la gloria del sol, otra la gloria de la luna, y otra la
gloria de las estrellas, pues una estrella es diferente de otra en gloria.
42 Así también es la resurrección de los muertos. Se
siembra en corrupción, resucitará en incorrupción. 43 Se siembra en deshonra,
resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder. 44 Se
siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, y hay
cuerpo espiritual. 45 Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre
Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante. 46 Mas lo
espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual. 47 El primer
hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del
cielo. 48 Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial,
tales también los celestiales. 49 Y así como hemos traído la imagen del
terrenal, traeremos también la imagen del celestial. 50 Pero esto digo,
hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la
corrupción hereda la incorrupción.
51 He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos;
pero todos seremos transformados, 52 en un momento, en un abrir y cerrar de
ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán
resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. 53 Porque es
necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se
vista de inmortalidad. 54 Y cuando esto corruptible se haya vestido de
incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se
cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. 55
¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? 56 ya
que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. 57
Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro
Señor Jesucristo.
58 Así que, hermanos míos amados, estad firmes y
constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro
trabajo en el Señor no es en vano.
La ofrenda para los santos
1 CORINTIOS 16
1 En cuanto a la ofrenda para los santos, haced vosotros
también de la manera que ordené en las iglesias de Galacia. 2 Cada primer día
de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado,
guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas. 3 Y
cuando haya llegado, a quienes hubiereis designado por carta, a éstos enviaré
para que lleven vuestro donativo a Jerusalén. 4 Y si fuere propio que yo
también vaya, irán conmigo.
Planes de Pablo
5 Iré a vosotros, cuando haya pasado por Macedonia, pues
por Macedonia tengo que pasar. 6 Y podrá ser que me quede con vosotros, o aun
pase el invierno, para que vosotros me encaminéis a donde haya de ir. 7 Porque
no quiero veros ahora de paso, pues espero estar con vosotros algún tiempo, si
el Señor lo permite. 8 Pero estaré en Efeso hasta Pentecostés; 9 porque se me
ha abierto puerta grande y eficaz, y muchos son los adversarios.
10 Y si llega Timoteo, mirad que esté con vosotros con
tranquilidad, porque él hace la obra del Señor así como yo. 11 Por tanto,
nadie le tenga en poco, sino encaminadle en paz, para que venga a mí, porque
le espero con los hermanos.
12 Acerca del hermano Apolos, mucho le rogué que fuese a
vosotros con los hermanos, mas de ninguna manera tuvo voluntad de ir por
ahora; pero irá cuando tenga oportunidad.
Salutaciones finales
13 Velad, estad firmes en la fe; portaos varonilmente, y
esforzaos. 14 Todas vuestras cosas sean hechas con amor.
15 Hermanos, ya sabéis que la familia de Estéfanas es
las primicias de Acaya, y que ellos se han dedicado al servicio de los santos.
16 Os ruego que os sujetéis a personas como ellos, y a todos los que ayudan y
trabajan. 17 Me regocijo con la venida de Estéfanas, de Fortunato y de Acaico,
pues ellos han suplido vuestra ausencia. 18 Porque confortaron mi espíritu y
el vuestro; reconoced, pues, a tales personas.
19 Las iglesias de Asia os saludan. Aquila y Priscila,
con la iglesia que está en su casa, os saludan mucho en el Señor. 20 Os
saludan todos los hermanos. Saludaos los unos a los otros con ósculo santo.
21 Yo, Pablo, os escribo esta salutación de mi propia
mano. 22 El que no amare al Señor Jesucristo, sea anatema. El Señor viene. 23
La gracia del Señor Jesucristo esté con vosotros. 24 Mi amor en Cristo Jesús
esté con todos vosotros. Amén.
Segunda Epístola del Apóstol San Pablo a los
CORINTIOS
Salutación
2 CORINTIOS
1 Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios,
y el hermano Timoteo, a la iglesia de Dios que está en Corinto, con todos los
santos que están en toda Acaya: 2 Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro
Padre y del Señor Jesucristo.
Aflicciones de Pablo
3 Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor
Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, 4 el cual nos
consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros
consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación
con que nosotros somos consolados por Dios. 5 Porque de la manera que abundan
en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo
nuestra consolación. 6 Pero si somos atribulados, es para vuestra consolación
y salvación; o si somos consolados, es para vuestra consolación y salvación,
la cual se opera en el sufrir las mismas aflicciones que nosotros también
padecemos. 7 Y nuestra esperanza respecto de vosotros es firme, pues sabemos
que así como sois compañeros en las aflicciones, también lo sois en la
consolación.
8 Porque hermanos, no queremos que ignoréis acerca de
nuestra tribulación que nos sobrevino en Asia; pues fuimos abrumados
sobremanera más allá de nuestras fuerzas, de tal modo que aun perdimos la
esperanza de conservar la vida. 9 Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de
muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita
a los muertos; 10 el cual nos libró, y nos libra, y en quien esperamos que aún
nos librará, de tan gran muerte; 11 cooperando también vosotros a favor
nuestro con la oración, para que por muchas personas sean dadas gracias a
favor nuestro por el don concedido a nosotros por medio de muchos.
Por qué Pablo pospuso su visita a Corinto
12 Porque nuestra gloria es esta: el testimonio de
nuestra conciencia, que con sencillez y sinceridad de Dios, no con sabiduría
humana, sino con la gracia de Dios, nos hemos conducido en el mundo, y mucho
más con vosotros. 13 Porque no os escribimos otras cosas de las que leéis, o
también entendéis; y espero que hasta el fin las entenderéis; 14 como también
en parte habéis entendido que somos vuestra gloria, así como también vosotros
la nuestra, para el día del Señor Jesús.
15 Con esta confianza quise ir primero a vosotros, para
que tuvieseis una segunda gracia, 16 y por vosotros pasar a Macedonia, y desde
Macedonia venir otra vez a vosotros, y ser encaminado por vosotros a Judea. 17
Así que, al proponerme esto, ¿usé quizá de ligereza? ¿O lo que pienso hacer,
lo pienso según la carne, para que haya en mí Sí y No? 18 Mas, como Dios es
fiel, nuestra palabra a vosotros no es Sí y No. 19 Porque el Hijo de Dios,
Jesucristo, que entre vosotros ha sido predicado por nosotros, por mí, Silvano
y Timoteo, no ha sido Sí y No; mas ha sido Sí en él; 20 porque todas las
promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la
gloria de Dios. 21 Y el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos
ungió, es Dios, 22 el cual también nos ha sellado, y nos ha dado las arras del
Espíritu en nuestros corazones.
23 Mas yo invoco a Dios por testigo sobre mi alma, que
por ser indulgente con vosotros no he pasado todavía a Corinto. 24 No que nos
enseñoreemos de vuestra fe, sino que colaboramos para vuestro gozo; porque por
la fe estáis firmes.
2 CORINTIOS 2
1 Esto, pues, determiné para conmigo, no ir otra vez a
vosotros con tristeza. 2 Porque si yo os contristo, ¿quién será luego el que
me alegre, sino aquel a quien yo contristé? 3 Y esto mismo os escribí, para
que cuando llegue no tenga tristeza de parte de aquellos de quienes me debiera
gozar; confiando en vosotros todos que mi gozo es el de todos vosotros. 4
Porque por la mucha tribulación y angustia del corazón os escribí con muchas
lágrimas, no para que fueseis contristados, sino para que supieseis cuán
grande es el amor que os tengo.
Pablo perdona al ofensor
5 Pero si alguno me ha causado tristeza, no me la ha
causado a mí solo, sino en cierto modo (por no exagerar) a todos vosotros. 6
Le basta a tal persona esta reprensión hecha por muchos; 7 así que, al
contrario, vosotros más bien debéis perdonarle y consolarle, para que no sea
consumido de demasiada tristeza. 8 Por lo cual os ruego que confirméis el amor
para con él. 9 Porque también para este fin os escribí, para tener la prueba
de si vosotros sois obedientes en todo. 10 Y al que vosotros perdonáis, yo
también; porque también yo lo que he perdonado, si algo he perdonado, por
vosotros lo he hecho en presencia de Cristo, 11 para que Satanás no gane
ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones.
Ansiedad de Pablo en Troas
12 Cuando llegué a Troas para predicar el evangelio de
Cristo, aunque se me abrió puerta en el Señor, 13 no tuve reposo en mi
espíritu, por no haber hallado a mi hermano Tito; así, despidiéndome de ellos,
partí para Macedonia.
Triunfantes en Cristo
14 Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en
triunfo en Cristo Jesús, y por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el
olor de su conocimiento. 15 Porque para Dios somos grato olor de Cristo en los
que se salvan, y en los que se pierden; 16 a éstos ciertamente olor de muerte
para muerte, y a aquéllos olor de vida para vida. Y para estas cosas, ¿quién
es suficiente? 17 Pues no somos como muchos, que medran falsificando la
palabra de Dios, sino que con sinceridad, como de parte de Dios, y delante de
Dios, hablamos en Cristo.
Ministros del nuevo pacto
2 CORINTIOS 3
1 ¿Comenzamos otra vez a recomendarnos a nosotros
mismos? ¿O tenemos necesidad, como algunos, de cartas de recomendación para
vosotros, o de recomendación de vosotros? 2 Nuestras cartas sois vosotros,
escritas en nuestros corazones, conocidas y leídas por todos los hombres; 3
siendo manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no
con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en
tablas de carne del corazón.
4 Y tal confianza tenemos mediante Cristo para con Dios;
5 no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de
nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios, 6 el cual
asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra,
sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica.
7 Y si el ministerio de muerte grabado con letras en
piedras fue con gloria, tanto que los hijos de Israel no pudieron fijar la
vista en el rostro de Moisés a causa de la gloria de su rostro, la cual había
de perecer, 8 ¿cómo no será más bien con gloria el ministerio del espíritu? 9
Porque si el ministerio de condenación fue con gloria, mucho más abundará en
gloria el ministerio de justificación. 10 Porque aun lo que fue glorioso, no
es glorioso en este respecto, en comparación con la gloria más eminente. 11
Porque si lo que perece tuvo gloria, mucho más glorioso será lo que permanece.
12 Así que, teniendo tal esperanza, usamos de mucha
franqueza; 13 y no como Moisés, que ponía un velo sobre su rostro, para que
los hijos de Israel no fijaran la vista en el fin de aquello que había de ser
abolido. 14 Pero el entendimiento de ellos se embotó; porque hasta el día de
hoy, cuando leen el antiguo pacto, les queda el mismo velo no descubierto, el
cual por Cristo es quitado. 15 Y aun hasta el día de hoy, cuando se lee a
Moisés, el velo está puesto sobre el corazón de ellos. 16 Pero cuando se
conviertan al Señor, el velo se quitará. 17 Porque el Señor es el Espíritu; y
donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. 18 Por tanto, nosotros
todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos
transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del
Señor.
2 CORINTIOS 4
1 Por lo cual, teniendo nosotros este ministerio según
la misericordia que hemos recibido, no desmayamos. 2 Antes bien renunciamos a
lo oculto y vergonzoso, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de
Dios, sino por la manifestación de la verdad recomendándonos a toda conciencia
humana delante de Dios. 3 Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre
los que se pierden está encubierto; 4 en los cuales el dios de este siglo cegó
el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del
evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios. 5 Porque no
nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros
como vuestros siervos por amor de Jesús. 6 Porque Dios, que mandó que de las
tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones,
para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de
Jesucristo.
Viviendo por la fe
7 Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que
la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros, 8 que estamos
atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; 9
perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos; 10 llevando
en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la
vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos. 11 Porque nosotros que
vivimos, siempre estamos entregados a muerte por causa de Jesús, para que
también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. 12 De manera
que la muerte actúa en nosotros, y en vosotros la vida.
13 Pero teniendo el mismo espíritu de fe, conforme a lo
que está escrito: Creí, por lo cual hablé, nosotros también creemos, por lo
cual también hablamos, 14 sabiendo que el que resucitó al Señor Jesús, a
nosotros también nos resucitará con Jesús, y nos presentará juntamente con
vosotros. 15 Porque todas estas cosas padecemos por amor a vosotros, para que
abundando la gracia por medio de muchos, la acción de gracias sobreabunde para
gloria de Dios.
16 Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro
hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día
en día. 17 Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada
vez más excelente y eterno peso de gloria; 18 no mirando nosotros las cosas
que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales,
pero las que no se ven son eternas.
2 CORINTIOS 5
1 Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este
tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de
manos, eterna, en los cielos. 2 Y por esto también gemimos, deseando ser
revestidos de aquella nuestra habitación celestial; 3 pues así seremos
hallados vestidos, y no desnudos. 4 Porque asimismo los que estamos en este
tabernáculo gemimos con angustia; porque no quisiéramos ser desnudados, sino
revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida. 5 Mas el que nos
hizo para esto mismo es Dios, quien nos ha dado las arras del Espíritu.
6 Así que vivimos confiados siempre, y sabiendo que
entre tanto que estamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor 7 (porque por
fe andamos, no por vista); 8 pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes
del cuerpo, y presentes al Señor. 9 Por tanto procuramos también, o ausentes o
presentes, serle agradables. 10 Porque es necesario que todos nosotros
comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo
que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.
El ministerio de la reconciliación
11 Conociendo, pues, el temor del Señor, persuadimos a
los hombres; pero a Dios le es manifiesto lo que somos; y espero que también
lo sea a vuestras conciencias. 12 No nos recomendamos, pues, otra vez a
vosotros, sino os damos ocasión de gloriaros por nosotros, para que tengáis
con qué responder a los que se glorían en las apariencias y no en el corazón.
13 Porque si estamos locos, es para Dios; y si somos cuerdos, es para
vosotros. 14 Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno
murió por todos, luego todos murieron; 15 y por todos murió, para que los que
viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.
16 De manera que nosotros de aquí en adelante a nadie
conocemos según la carne; y aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo
conocemos así. 17 De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las
cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. 18 Y todo esto proviene
de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el
ministerio de la reconciliación; 19 que Dios estaba en Cristo reconciliando
consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos
encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. 20 Así que, somos
embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os
rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. 21 Al que no conoció
pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos
justicia de Dios en él.
2 CORINTIOS 6
1 Así, pues, nosotros, como colaboradores suyos, os
exhortamos también a que no recibáis en vano la gracia de Dios. 2 Porque dice:
En tiempo aceptable te he oído,
Y en día de salvación te he socorrido.
He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día
de salvación. 3 No damos a nadie ninguna ocasión de tropiezo, para que nuestro
ministerio no sea vituperado; 4 antes bien, nos recomendamos en todo como
ministros de Dios, en mucha paciencia, en tribulaciones, en necesidades, en
angustias; 5 en azotes, en cárceles, en tumultos, en trabajos, en desvelos, en
ayunos; 6 en pureza, en ciencia, en longanimidad, en bondad, en el Espíritu
Santo, en amor sincero, 7 en palabra de verdad, en poder de Dios, con armas de
justicia a diestra y a siniestra; 8 por honra y por deshonra, por mala fama y
por buena fama; como engañadores, pero veraces; 9 como desconocidos, pero bien
conocidos; como moribundos, mas he aquí vivimos; como castigados, mas no
muertos; 10 como entristecidos, mas siempre gozosos; como pobres, mas
enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, mas poseyéndolo todo.
11 Nuestra boca se ha abierto a vosotros, oh corintios;
nuestro corazón se ha ensanchado. 12 No estáis estrechos en nosotros, pero sí
sois estrechos en vuestro propio corazón. 13 Pues, para corresponder del mismo
modo (como a hijos hablo), ensanchaos también vosotros.
Somos templo del Dios viviente
14 No os unáis en yugo desigual con los incrédulos;
porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión
la luz con las tinieblas? 15 ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte
el creyente con el incrédulo? 16 ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y
los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo:
Habitaré y andaré entre ellos,
Y seré su Dios,
Y ellos serán mi pueblo. 17 Por lo cual,
Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor,
Y no toquéis lo inmundo;
Y yo os recibiré,
18 Y seré para vosotros por Padre,
Y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor
Todopoderoso.
2 CORINTIOS 7
1 Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas,
limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la
santidad en el temor de Dios.
Regocijo de Pablo al arrepentirse los corintios
2 Admitidnos: a nadie hemos agraviado, a nadie hemos
corrompido, a nadie hemos engañado. 3 No lo digo para condenaros; pues ya he
dicho antes que estáis en nuestro corazón, para morir y para vivir juntamente.
4 Mucha franqueza tengo con vosotros; mucho me glorío con respecto de
vosotros; lleno estoy de consolación; sobreabundo de gozo en todas nuestras
tribulaciones.
5 Porque de cierto, cuando vinimos a Macedonia, ningún
reposo tuvo nuestro cuerpo, sino que en todo fuimos atribulados; de fuera,
conflictos; de dentro, temores. 6 Pero Dios, que consuela a los humildes, nos
consoló con la venida de Tito; 7 y no sólo con su venida, sino también con la
consolación con que él había sido consolado en cuanto a vosotros, haciéndonos
saber vuestro gran afecto, vuestro llanto, vuestra solicitud por mí, de manera
que me regocijé aun más. 8 Porque aunque os contristé con la carta, no me
pesa, aunque entonces lo lamenté; porque veo que aquella carta, aunque por
algún tiempo, os contristó. 9 Ahora me gozo, no porque hayáis sido
contristados, sino porque fuisteis contristados para arrepentimiento; porque
habéis sido contristados según Dios, para que ninguna pérdida padecieseis por
nuestra parte. 10 Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento
para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo
produce muerte. 11 Porque he aquí, esto mismo de que hayáis sido contristados
según Dios, ¡qué solicitud produjo en vosotros, qué defensa, qué indignación,
qué temor, qué ardiente afecto, qué celo, y qué vindicación! En todo os habéis
mostrado limpios en el asunto. 12 Así que, aunque os escribí, no fue por causa
del que cometió el agravio, ni por causa del que lo padeció, sino para que se
os hiciese manifiesta nuestra solicitud que tenemos por vosotros delante de
Dios.
13 Por esto hemos sido consolados en vuestra
consolación; pero mucho más nos gozamos por el gozo de Tito, que haya sido
confortado su espíritu por todos vosotros. 14 Pues si de algo me he gloriado
con él respecto de vosotros, no he sido avergonzado, sino que así como en todo
os hemos hablado con verdad, también nuestro gloriarnos con Tito resultó
verdad. 15 Y su cariño para con vosotros es aun más abundante, cuando se
acuerda de la obediencia de todos vosotros, de cómo lo recibisteis con temor y
temblor. 16 Me gozo de que en todo tengo confianza en vosotros.
La ofrenda para los santos
2 CORINTIOS 8
1 Asimismo, hermanos, os hacemos saber la gracia de Dios
que se ha dado a las iglesias de Macedonia; 2 que en grande prueba de
tribulación, la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en
riquezas de su generosidad. 3 Pues doy testimonio de que con agrado han dado
conforme a sus fuerzas, y aun más allá de sus fuerzas, 4 pidiéndonos con
muchos ruegos que les concediésemos el privilegio de participar en este
servicio para los santos. 5 Y no como lo esperábamos, sino que a sí mismos se
dieron primeramente al Señor, y luego a nosotros por la voluntad de Dios; 6 de
manera que exhortamos a Tito para que tal como comenzó antes, asimismo acabe
también entre vosotros esta obra de gracia. 7 Por tanto, como en todo
abundáis, en fe, en palabra, en ciencia, en toda solicitud, y en vuestro amor
para con nosotros, abundad también en esta gracia.
8 No hablo como quien manda, sino para poner a prueba,
por medio de la diligencia de otros, también la sinceridad del amor vuestro. 9
Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a
vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis
enriquecidos. 10 Y en esto doy mi consejo; porque esto os conviene a vosotros,
que comenzasteis antes, no sólo a hacerlo, sino también a quererlo, desde el
año pasado. 11 Ahora, pues, llevad también a cabo el hacerlo, para que como
estuvisteis prontos a querer, así también lo estéis en cumplir conforme a lo
que tengáis. 12 Porque si primero hay la voluntad dispuesta, será acepta según
lo que uno tiene, no según lo que no tiene. 13 Porque no digo esto para que
haya para otros holgura, y para vosotros estrechez, 14 sino para que en este
tiempo, con igualdad, la abundancia vuestra supla la escasez de ellos, para
que también la abundancia de ellos supla la necesidad vuestra, para que haya
igualdad, 15 como está escrito: El que recogió mucho, no tuvo más, y el que
poco, no tuvo menos.
16 Pero gracias a Dios que puso en el corazón de Tito la
misma solicitud por vosotros. 17 Pues a la verdad recibió la exhortación; pero
estando también muy solícito, por su propia voluntad partió para ir a
vosotros. 18 Y enviamos juntamente con él al hermano cuya alabanza en el
evangelio se oye por todas las iglesias; 19 y no sólo esto, sino que también
fue designado por las iglesias como compañero de nuestra peregrinación para
llevar este donativo, que es administrado por nosotros para gloria del Señor
mismo, y para demostrar vuestra buena voluntad; 20 evitando que nadie nos
censure en cuanto a esta ofrenda abundante que administramos, 21 procurando
hacer las cosas honradamente, no sólo delante del Señor sino también delante
de los hombres. 22 Enviamos también con ellos a nuestro hermano, cuya
diligencia hemos comprobado repetidas veces en muchas cosas, y ahora mucho más
diligente por la mucha confianza que tiene en vosotros. 23 En cuanto a Tito,
es mi compañero y colaborador para con vosotros; y en cuanto a nuestros
hermanos, son mensajeros de las iglesias, y gloria de Cristo. 24 Mostrad,
pues, para con ellos ante las iglesias la prueba de vuestro amor, y de nuestro
gloriarnos respecto de vosotros.
2 CORINTIOS 9
1 Cuanto a la ministración para los santos, es por demás
que yo os escriba; 2 pues conozco vuestra buena voluntad, de la cual yo me
glorío entre los de Macedonia, que Acaya está preparada desde el año pasado; y
vuestro celo ha estimulado a la mayoría. 3 Pero he enviado a los hermanos,
para que nuestro gloriarnos de vosotros no sea vano en esta parte; para que
como lo he dicho, estéis preparados; 4 no sea que si vinieren conmigo algunos
macedonios, y os hallaren desprevenidos, nos avergoncemos nosotros, por no
decir vosotros, de esta nuestra confianza. 5 Por tanto, tuve por necesario
exhortar a los hermanos que fuesen primero a vosotros y preparasen primero
vuestra generosidad antes prometida, para que esté lista como de generosidad,
y no como de exigencia nuestra.
6 Pero esto digo: El que siembra escasamente, también
segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también
segará. 7 Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por
necesidad, porque Dios ama al dador alegre. 8 Y poderoso es Dios para hacer
que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas
las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra; 9 como está
escrito:
Repartió, dio a los pobres;
Su justicia permanece para siempre. 10 Y el que da
semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra
sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia, 11 para que estéis
enriquecidos en todo para toda liberalidad, la cual produce por medio de
nosotros acción de gracias a Dios. 12 Porque la ministración de este servicio
no solamente suple lo que a los santos falta, sino que también abunda en
muchas acciones de gracias a Dios; 13 pues por la experiencia de esta
ministración glorifican a Dios por la obediencia que profesáis al evangelio de
Cristo, y por la liberalidad de vuestra contribución para ellos y para todos;
14 asimismo en la oración de ellos por vosotros, a quienes aman a causa de la
superabundante gracia de Dios en vosotros. 15 ¡Gracias a Dios por su don
inefable!
Pablo defiende su ministerio
2 CORINTIOS 10
1 Yo Pablo os ruego por la mansedumbre y ternura de
Cristo, yo que estando presente ciertamente soy humilde entre vosotros, mas
ausente soy osado para con vosotros; 2 ruego, pues, que cuando esté presente,
no tenga que usar de aquella osadía con que estoy dispuesto a proceder
resueltamente contra algunos que nos tienen como si anduviésemos según la
carne. 3 Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; 4
porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios
para la destrucción de fortalezas, 5 derribando argumentos y toda altivez que
se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento
a la obediencia a Cristo, 6 y estando prontos para castigar toda
desobediencia, cuando vuestra obediencia sea perfecta.
7 Miráis las cosas según la apariencia. Si alguno está
persuadido en sí mismo que es de Cristo, esto también piense por sí mismo, que
como él es de Cristo, así también nosotros somos de Cristo. 8 Porque aunque me
gloríe algo más todavía de nuestra autoridad, la cual el Señor nos dio para
edificación y no para vuestra destrucción, no me avergonzaré; 9 para que no
parezca como que os quiero amedrentar por cartas. 10 Porque a la verdad,
dicen, las cartas son duras y fuertes; mas la presencia corporal débil, y la
palabra menospreciable. 11 Esto tenga en cuenta tal persona, que así como
somos en la palabra por cartas, estando ausentes, lo seremos también en
hechos, estando presentes. 12 Porque no nos atrevemos a contarnos ni a
compararnos con algunos que se alaban a sí mismos; pero ellos, midiéndose a sí
mismos por sí mismos, y comparándose consigo mismos, no son juiciosos. 13 Pero
nosotros no nos gloriaremos desmedidamente, sino conforme a la regla que Dios
nos ha dado por medida, para llegar también hasta vosotros. 14 Porque no nos
hemos extralimitado, como si no llegásemos hasta vosotros, pues fuimos los
primeros en llegar hasta vosotros con el evangelio de Cristo. 15 No nos
gloriamos desmedidamente en trabajos ajenos, sino que esperamos que conforme
crezca vuestra fe seremos muy engrandecidos entre vosotros, conforme a nuestra
regla; 16 y que anunciaremos el evangelio en los lugares más allá de vosotros,
sin entrar en la obra de otro para gloriarnos en lo que ya estaba preparado.
17 Mas el que se gloría, gloríese en el Señor; 18 porque no es aprobado el que
se alaba a sí mismo, sino aquel a quien Dios alaba.
2 CORINTIOS 11
1 ¡Ojalá me toleraseis un poco de locura! Sí, toleradme.
2 Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un solo esposo,
para presentaros como una virgen pura a Cristo. 3 Pero temo que como la
serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera
extraviados de la sincera fidelidad a Cristo. 4 Porque si viene alguno
predicando a otro Jesús que el que os hemos predicado, o si recibís otro
espíritu que el que habéis recibido, u otro evangelio que el que habéis
aceptado, bien lo toleráis; 5 y pienso que en nada he sido inferior a aquellos
grandes apóstoles. 6 Pues aunque sea tosco en la palabra, no lo soy en el
conocimiento; en todo y por todo os lo hemos demostrado. 7 ¿Pequé yo
humillándome a mí mismo, para que vosotros fueseis enaltecidos, por cuanto os
he predicado el evangelio de Dios de balde? 8 He despojado a otras iglesias,
recibiendo salario para serviros a vosotros. 9 Y cuando estaba entre vosotros
y tuve necesidad, a ninguno fui carga, pues lo que me faltaba, lo suplieron
los hermanos que vinieron de Macedonia, y en todo me guardé y me guardaré de
seros gravoso. 10 Por la verdad de Cristo que está en mí, que no se me
impedirá esta mi gloria en las regiones de Acaya. 11 ¿Por qué? ¿Porque no os
amo? Dios lo sabe.
12 Mas lo que hago, lo haré aún, para quitar la ocasión
a aquellos que la desean, a fin de que en aquello en que se glorían, sean
hallados semejantes a nosotros. 13 Porque éstos son falsos apóstoles, obreros
fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo. 14 Y no es maravilla,
porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. 15 Así que, no es
extraño si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia; cuyo
fin será conforme a sus obras.
Sufrimientos de Pablo como apóstol
16 Otra vez digo: Que nadie me tenga por loco; o de otra
manera, recibidme como a loco, para que yo también me gloríe un poquito. 17 Lo
que hablo, no lo hablo según el Señor, sino como en locura, con esta confianza
de gloriarme. 18 Puesto que muchos se glorían según la carne, también yo me
gloriaré; 19 porque de buena gana toleráis a los necios, siendo vosotros
cuerdos. 20 Pues toleráis si alguno os esclaviza, si alguno os devora, si
alguno toma lo vuestro, si alguno se enaltece, si alguno os da de bofetadas.
21 Para vergüenza mía lo digo, para eso fuimos demasiado débiles.
Pero en lo que otro tenga osadía (hablo con locura),
también yo tengo osadía. 22 ¿Son hebreos? Yo también. ¿Son israelitas? Yo
también. ¿Son descendientes de Abraham? También yo. 23 ¿Son ministros de
Cristo? (Como si estuviera loco hablo.) Yo más; en trabajos más abundante; en
azotes sin número; en cárceles más; en peligros de muerte muchas veces. 24 De
los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno. 25 Tres veces he
sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio;
una noche y un día he estado como náufrago en alta mar; 26 en caminos muchas
veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi
nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el
desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; 27 en trabajo y
fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en
desnudez; 28 y además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día, la
preocupación por todas las iglesias. 29 ¿Quién enferma, y yo no enfermo? ¿A
quién se le hace tropezar, y yo no me indigno?
30 Si es necesario gloriarse, me gloriaré en lo que es
de mi debilidad. 31 El Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien es
bendito por los siglos, sabe que no miento. 32 En Damasco, el gobernador de la
provincia del rey Aretas guardaba la ciudad de los damascenos para prenderme;
33 y fui descolgado del muro en un canasto por una ventana, y escapé de sus
manos.
El aguijón en la carne
2 CORINTIOS 12
1 Ciertamente no me conviene gloriarme; pero vendré a
las visiones y a las revelaciones del Señor. 2 Conozco a un hombre en Cristo,
que hace catorce años (si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo
sé; Dios lo sabe) fue arrebatado hasta el tercer cielo. 3 Y conozco al tal
hombre (si en el cuerpo, o fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe), 4 que
fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras inefables que no le es dado al
hombre expresar. 5 De tal hombre me gloriaré; pero de mí mismo en nada me
gloriaré, sino en mis debilidades. 6 Sin embargo, si quisiera gloriarme, no
sería insensato, porque diría la verdad; pero lo dejo, para que nadie piense
de mí más de lo que en mí ve, u oye de mí. 7 Y para que la grandeza de las
revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi
carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca
sobremanera; 8 respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite
de mí. 9 Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en
la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis
debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. 10 Por lo cual, por
amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en
persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.
11 Me he hecho un necio al gloriarme; vosotros me
obligasteis a ello, pues yo debía ser alabado por vosotros; porque en nada he
sido menos que aquellos grandes apóstoles, aunque nada soy. 12 Con todo, las
señales de apóstol han sido hechas entre vosotros en toda paciencia, por
señales, prodigios y milagros. 13 Porque ¿en qué habéis sido menos que las
otras iglesias, sino en que yo mismo no os he sido carga? ¡Perdonadme este
agravio!
Pablo anuncia su tercera visita
14 He aquí, por tercera vez estoy preparado para ir a
vosotros; y no os seré gravoso, porque no busco lo vuestro, sino a vosotros,
pues no deben atesorar los hijos para los padres, sino los padres para los
hijos. 15 Y yo con el mayor placer gastaré lo mío, y aun yo mismo me gastaré
del todo por amor de vuestras almas, aunque amándoos más, sea amado menos. 16
Pero admitiendo esto, que yo no os he sido carga, sino que como soy astuto, os
prendí por engaño, 17 ¿acaso os he engañado por alguno de los que he enviado a
vosotros? 18 Rogué a Tito, y envié con él al hermano. ¿Os engañó acaso Tito?
¿No hemos procedido con el mismo espíritu y en las mismas pisadas?
19 ¿Pensáis aún que nos disculpamos con vosotros?
Delante de Dios en Cristo hablamos; y todo, muy amados, para vuestra
edificación. 20 Pues me temo que cuando llegue, no os halle tales como quiero,
y yo sea hallado de vosotros cual no queréis; que haya entre vosotros
contiendas, envidias, iras, divisiones, maledicencias, murmuraciones,
soberbias, desórdenes; 21 que cuando vuelva, me humille Dios entre vosotros, y
quizá tenga que llorar por muchos de los que antes han pecado, y no se han
arrepentido de la inmundicia y fornicación y lascivia que han cometido.
2 CORINTIOS 13
1 Esta es la tercera vez que voy a vosotros. Por boca de
dos o de tres testigos se decidirá todo asunto. 2 He dicho antes, y ahora digo
otra vez como si estuviera presente, y ahora ausente lo escribo a los que
antes pecaron, y a todos los demás, que si voy otra vez, no seré indulgente; 3
pues buscáis una prueba de que habla Cristo en mí, el cual no es débil para
con vosotros, sino que es poderoso en vosotros. 4 Porque aunque fue
crucificado en debilidad, vive por el poder de Dios. Pues también nosotros
somos débiles en él, pero viviremos con él por el poder de Dios para con
vosotros.
5 Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe;
probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo
está en vosotros, a menos que estéis reprobados? 6 Mas espero que conoceréis
que nosotros no estamos reprobados. 7 Y oramos a Dios que ninguna cosa mala
hagáis; no para que nosotros aparezcamos aprobados, sino para que vosotros
hagáis lo bueno, aunque nosotros seamos como reprobados. 8 Porque nada podemos
contra la verdad, sino por la verdad. 9 Por lo cual nos gozamos de que seamos
nosotros débiles, y que vosotros estéis fuertes; y aun oramos por vuestra
perfección. 10 Por esto os escribo estando ausente, para no usar de severidad
cuando esté presente, conforme a la autoridad que el Señor me ha dado para
edificación, y no para destrucción.
Saludos y doxología final
11 Por lo demás, hermanos, tened gozo, perfeccionaos,
consolaos, sed de un mismo sentir, y vivid en paz; y el Dios de paz y de amor
estará con vosotros. 12 Saludaos unos a otros con ósculo santo. 13 Todos los
santos os saludan. 14 La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la
comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.
La Epístola del Apóstol San Pablo a los
GÁLATAS
Salutación
GÁLATAS 1
1 Pablo, apóstol (no de hombres ni por hombre, sino por
Jesucristo y por Dios el Padre que lo resucitó de los muertos), 2 y todos los
hermanos que están conmigo, a las iglesias de Galacia: 3 Gracia y paz sean a
vosotros, de Dios el Padre y de nuestro Señor Jesucristo, 4 el cual se dio a
sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme
a la voluntad de nuestro Dios y Padre, 5 a quien sea la gloria por los siglos
de los siglos. Amén.
No hay otro evangelio
6 Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado
del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente.
7 No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir
el evangelio de Cristo. 8 Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os
anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. 9
Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica
diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema.
10 Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de
Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los
hombres, no sería siervo de Cristo.
El ministerio de Pablo
11 Mas os hago saber, hermanos, que el evangelio
anunciado por mí, no es según hombre; 12 pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de
hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo. 13 Porque ya habéis oído
acerca de mi conducta en otro tiempo en el judaísmo, que perseguía sobremanera
a la iglesia de Dios, y la asolaba; 14 y en el judaísmo aventajaba a muchos de
mis contemporáneos en mi nación, siendo mucho más celoso de las tradiciones de
mis padres. 15 Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi
madre, y me llamó por su gracia, 16 revelar a su Hijo en mí, para que yo le
predicase entre los gentiles, no consulté en seguida con carne y sangre, 17 ni
subí a Jerusalén a los que eran apóstoles antes que yo; sino que fui a Arabia,
y volví de nuevo a Damasco.
18 Después, pasados tres años, subí a Jerusalén para ver
a Pedro, y permanecí con él quince días; 19 pero no vi a ningún otro de los
apóstoles, sino a Jacobo el hermano del Señor. 20 En esto que os escribo, he
aquí delante de Dios que no miento. 21 Después fui a las regiones de Siria y
de Cilicia, 22 y no era conocido de vista a las iglesias de Judea, que eran en
Cristo; 23 solamente oían decir: Aquel que en otro tiempo nos perseguía, ahora
predica la fe que en otro tiempo asolaba. 24 Y glorificaban a Dios en mí.
GÁLATAS 2
1 Después, pasados catorce años, subí otra vez a
Jerusalén con Bernabé, llevando también conmigo a Tito. 2 Pero subí según una
revelación, y para no correr o haber corrido en vano, expuse en privado a los
que tenían cierta reputación el evangelio que predico entre los gentiles. 3
Mas ni aun Tito, que estaba conmigo, con todo y ser griego, fue obligado a
circuncidarse; 4 y esto a pesar de los falsos hermanos introducidos a
escondidas, que entraban para espiar nuestra libertad que tenemos en Cristo
Jesús, para reducirnos a esclavitud, 5 a los cuales ni por un momento
accedimos a someternos, para que la verdad del evangelio permaneciese con
vosotros. 6 Pero de los que tenían reputación de ser algo (lo que hayan sido
en otro tiempo nada me importa; Dios no hace acepción de personas), a mí,
pues, los de reputación nada nuevo me comunicaron. 7 Antes por el contrario,
como vieron que me había sido encomendado el evangelio de la incircuncisión,
como a Pedro el de la circuncisión 8 (pues el que actuó en Pedro para el
apostolado de la circuncisión, actuó también en mí para con los gentiles), 9 y
reconociendo la gracia que me había sido dada, Jacobo, Cefas y Juan, que eran
considerados como columnas, nos dieron a mí y a Bernabé la diestra en señal de
compañerismo, para que nosotros fuésemos a los gentiles, y ellos a la
circuncisión. 10 Solamente nos pidieron que nos acordásemos de los pobres; lo
cual también procuré con diligencia hacer.
Pablo reprende a Pedro en Antioquía
11 Pero cuando Pedro vino a Antioquía, le resistí cara a
cara, porque era de condenar. 12 Pues antes que viniesen algunos de parte de
Jacobo, comía con los gentiles; pero después que vinieron, se retraía y se
apartaba, porque tenía miedo de los de la circuncisión. 13 Y en su simulación
participaban también los otros judíos, de tal manera que aun Bernabé fue
también arrastrado por la hipocresía de ellos. 14 Pero cuando vi que no
andaban rectamente conforme a la verdad del evangelio, dije a Pedro delante de
todos: Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como judío, ¿por qué
obligas a los gentiles a judaizar? 15 Nosotros, judíos de nacimiento, y no
pecadores de entre los gentiles, 16 sabiendo que el hombre no es justificado
por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos
creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las
obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado. 17
Y si buscando ser justificados en Cristo, también nosotros somos hallados
pecadores, ¿es por eso Cristo ministro de pecado? En ninguna manera. 18 Porque
si las cosas que destruí, las mismas vuelvo a edificar, transgresor me hago.
19 Porque yo por la ley soy muerto para la ley, a fin de vivir para Dios. 20
Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en
mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el
cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. 21 No desecho la gracia de Dios;
pues si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo.
El Espíritu se recibe por la fe
GÁLATAS 3
1 ¡Oh gálatas insensatos! ¿quién os fascinó para no
obedecer a la verdad, a vosotros ante cuyos ojos Jesucristo fue ya presentado
claramente entre vosotros como crucificado? 2 Esto solo quiero saber de
vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con
fe? 3 ¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a
acabar por la carne? 4 ¿Tantas cosas habéis padecido en vano? si es que
realmente fue en vano. 5 Aquel, pues, que os suministra el Espíritu, y hace
maravillas entre vosotros, ¿lo hace por las obras de la ley, o por el oír con
fe?
El pacto de Dios con Abraham
6 Así Abraham creyó a Dios, y le fue contado por
justicia. 7 Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de
Abraham. 8 Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a
los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán
benditas todas las naciones. 9 De modo que los de la fe son bendecidos con el
creyente Abraham.
10 Porque todos los que dependen de las obras de la ley
están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no
permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas.
11 Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque:
El justo por la fe vivirá; 12 y la ley no es de fe, sino que dice: El que
hiciere estas cosas vivirá por ellas. 13 Cristo nos redimió de la maldición de
la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que
es colgado en un madero), 14 para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham
alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del
Espíritu.
15 Hermanos, hablo en términos humanos: Un pacto, aunque
sea de hombre, una vez ratificado, nadie lo invalida, ni le añade. 16 Ahora
bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las
simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la
cual es Cristo. 17 Esto, pues, digo: El pacto previamente ratificado por Dios
para con Cristo, la ley que vino cuatrocientos treinta años después, no lo
abroga, para invalidar la promesa. 18 Porque si la herencia es por la ley, ya
no es por la promesa; pero Dios la concedió a Abraham mediante la promesa.
El propósito de la ley
19 Entonces, ¿para qué sirve la ley? Fue añadida a causa
de las transgresiones, hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la
promesa; y fue ordenada por medio de ángeles en mano de un mediador. 20 Y el
mediador no lo es de uno solo; pero Dios es uno.
21 ¿Luego la ley es contraria a las promesas de Dios? En
ninguna manera; porque si la ley dada pudiera vivificar, la justicia fuera
verdaderamente por la ley. 22 Mas la Escritura lo encerró todo bajo pecado,
para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada a los creyentes.
23 Pero antes que viniese la fe, estábamos confinados
bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada. 24 De manera
que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos
justificados por la fe. 25 Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo, 26 pues
todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; 27 porque todos los que
habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. 28 Ya no hay
judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos
vosotros sois uno en Cristo Jesús. 29 Y si vosotros sois de Cristo,
ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.
GÁLATAS 4
1 Pero también digo: Entre tanto que el heredero es
niño, en nada difiere del esclavo, aunque es señor de todo; 2 sino que está
bajo tutores y curadores hasta el tiempo señalado por el padre. 3 Así también
nosotros, cuando éramos niños, estábamos en esclavitud bajo los rudimentos del
mundo. 4 Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo,
nacido de mujer y nacido bajo la ley, 5 para que redimiese a los que estaban
bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. 6 Y por cuanto
sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual
clama: ¡Abba, Padre! 7 Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo,
también heredero de Dios por medio de Cristo.
Exhortación contra el volver a la esclavitud
8 Ciertamente, en otro tiempo, no conociendo a Dios,
servíais a los que por naturaleza no son dioses; 9 mas ahora, conociendo a
Dios, o más bien, siendo conocidos por Dios, ¿cómo es que os volvéis de nuevo
a los débiles y pobres rudimentos, a los cuales os queréis volver a
esclavizar? 10 Guardáis los días, los meses, los tiempos y los años. 11 Me
temo de vosotros, que haya trabajado en vano con vosotros.
12 Os ruego, hermanos, que os hagáis como yo, porque yo
también me hice como vosotros. Ningún agravio me habéis hecho. 13 Pues
vosotros sabéis que a causa de una enfermedad del cuerpo os anuncié el
evangelio al principio; 14 y no me despreciasteis ni desechasteis por la
prueba que tenía en mi cuerpo, antes bien me recibisteis como a un ángel de
Dios, como a Cristo Jesús. 15 ¿Dónde, pues, está esa satisfacción que
experimentabais? Porque os doy testimonio de que si hubieseis podido, os
hubierais sacado vuestros propios ojos para dármelos. 16 ¿Me he hecho, pues,
vuestro enemigo, por deciros la verdad? 17 Tienen celo por vosotros, pero no
para bien, sino que quieren apartaros de nosotros para que vosotros tengáis
celo por ellos. 18 Bueno es mostrar celo en lo bueno siempre, y no solamente
cuando estoy presente con vosotros. 19 Hijitos míos, por quienes vuelvo a
sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros, 20 quisiera
estar con vosotros ahora mismo y cambiar de tono, pues estoy perplejo en
cuanto a vosotros.
Alegoría de Sara y Agar
21 Decidme, los que queréis estar bajo la ley: ¿no
habéis oído la ley? 22 Porque está escrito que Abraham tuvo dos hijos; uno de
la esclava, el otro de la libre. 23 Pero el de la esclava nació según la
carne; mas el de la libre, por la promesa. 24 Lo cual es una alegoría, pues
estas mujeres son los dos pactos; el uno proviene del monte Sinaí, el cual da
hijos para esclavitud; éste es Agar. 25 Porque Agar es el monte Sinaí en
Arabia, y corresponde a la Jerusalén actual, pues ésta, junto con sus hijos,
está en esclavitud. 26 Mas la Jerusalén de arriba, la cual es madre de todos
nosotros, es libre. 27 Porque está escrito:
Regocíjate, oh estéril, tú que no das a luz;
Prorrumpe en júbilo y clama, tú que no tienes dolores de
parto;
Porque más son los hijos de las desolada, que de la que
tiene marido. 28 Así que, hermanos, nosotros, como Isaac, somos hijos de la
promesa. 29 Pero como entonces el que había nacido según la carne perseguía al
que había nacido según el Espíritu, así también ahora. 30 Mas ¿qué dice la
Escritura? Echa fuera a la esclava y a su hijo, porque no heredará el hijo de
la esclava con el hijo de la libre. 31 De manera, hermanos, que no somos hijos
de la esclava, sino de la libre.
Estad firmes en la libertad
GÁLATAS 5
1 Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos
hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud. 2 He aquí, yo
Pablo os digo que si os circuncidáis, de nada os aprovechará Cristo. 3 Y otra
vez testifico a todo hombre que se circuncida, que está obligado a guardar
toda la ley. 4 De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis;
de la gracia habéis caído. 5 Pues nosotros por el Espíritu aguardamos por fe
la esperanza de la justicia; 6 porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale
algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor. 7 Vosotros
corríais bien; ¿quién os estorbó para no obedecer a la verdad? 8 Esta
persuasión no procede de aquel que os llama. 9 Un poco de levadura leuda toda
la masa. 10 Yo confío respecto de vosotros en el Señor, que no pensaréis de
otro modo; mas el que os perturba llevará la sentencia, quienquiera que sea.
11 Y yo, hermanos, si aún predico la circuncisión, ¿por qué padezco
persecución todavía? En tal caso se ha quitado el tropiezo de la cruz. 12 ¡Ojalá
se mutilasen los que os perturban!
13 Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis
llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino
servíos por amor los unos a los otros. 14 Porque toda la ley en esta sola
palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 15 Pero si os mordéis
y os coméis unos a otros, mirad que también no os consumáis unos a otros.
Las obras de la carne y el fruto del Espíritu
16 Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis
los deseos de la carne. 17 Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu,
y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no
hagáis lo que quisiereis. 18 Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis
bajo la ley. 19 Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio,
fornicación, inmundicia, lascivia, 20 idolatría, hechicerías, enemistades,
pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, 21 envidias,
homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las
cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales
cosas no heredarán el reino de Dios. 22 Mas el fruto del Espíritu es amor,
gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, 23 mansedumbre, templanza;
contra tales cosas no hay ley. 24 Pero los que son de Cristo han crucificado
la carne con sus pasiones y deseos.
25 Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el
Espíritu. 26 No nos hagamos vanagloriosos, irritándonos unos a otros,
envidiándonos unos a otros.
GÁLATAS 6
1 Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta,
vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre,
considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado. 2 Sobrellevad
los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo. 3 Porque el
que se cree ser algo, no siendo nada, a sí mismo se engaña. 4 Así que, cada
uno someta a prueba su propia obra, y entonces tendrá motivo de gloriarse sólo
respecto de sí mismo, y no en otro; 5 porque cada uno llevará su propia carga.
6 El que es enseñado en la palabra, haga partícipe de
toda cosa buena al que lo instruye.
7 No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo
lo que el hombre sembrare, eso también segará. 8 Porque el que siembra para su
carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del
Espíritu segará vida eterna. 9 No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a
su tiempo segaremos, si no desmayamos. 10 Así que, según tengamos oportunidad,
hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe.
Pablo se gloría en la cruz de Cristo
11 Mirad con cuán grandes letras os escribo de mi propia
mano. 12 Todos los que quieren agradar en la carne, éstos os obligan a que os
circuncidéis, solamente para no padecer persecución a causa de la cruz de
Cristo. 13 Porque ni aun los mismos que se circuncidan guardan la ley; pero
quieren que vosotros os circuncidéis, para gloriarse en vuestra carne. 14 Pero
lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por
quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo. 15 Porque en Cristo
Jesús ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino una nueva
creación. 16 Y a todos los que anden conforme a esta regla, paz y misericordia
sea a ellos, y al Israel de Dios.
17 De aquí en adelante nadie me cause molestias; porque
yo traigo en mi cuerpo las marcas del Señor Jesús.
Bendición final
18 Hermanos, la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea
con vuestro espíritu. Amén.
La Epístola del Apóstol San Pablo a los
EFESIOS
Salutación
EFESIOS 1
1 Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios,
a los santos y fieles en Cristo Jesús que están en Efeso: 2 Gracia y paz a
vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.
Bendiciones espirituales en Cristo
3 Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor
Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares
celestiales en Cristo, 4 según nos escogió en él antes de la fundación del
mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, 5 en amor
habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de
Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, 6 para alabanza de la gloria
de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, 7 en quien tenemos
redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia,
8 que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia, 9
dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual
se había propuesto en si mismo, 10 de reunir todas las cosas en Cristo, en la
dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos,
como las que están en la tierra.
11 En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido
predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el
designio de su voluntad, 12 a fin de que seamos para alabanza de su gloria,
nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo. 13 En él también
vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra
salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de
la promesa, 14 que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la
posesión adquirida, para alabanza de su gloria.
El espíritu de sabiduría y de revelación
15 Por esta causa también yo, habiendo oído de vuestra
fe en el Señor Jesús, y de vuestro amor para con todos los santos, 16 no ceso
de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones, 17
para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé
espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, 18 alumbrando
los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que
él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los
santos, 19 y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los
que creemos, según la operación del poder de su fuerza, 20 la cual operó en
Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares
celestiales, 21 sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre
todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero;
22 y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas
las cosas a la iglesia, 23 la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo
lo llena en todo.
Salvos por gracia
EFESIOS 2
1 Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos
en vuestros delitos y pecados, 2 en los cuales anduvisteis en otro tiempo,
siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del
aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, 3 entre los
cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra
carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por
naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. 4 Pero Dios, que es rico en
misericordia, por su gran amor con que nos amó, 5 aun estando nosotros muertos
en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), 6 y
juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares
celestiales con Cristo Jesús, 7 para mostrar en los siglos venideros las
abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo
Jesús. 8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de
vosotros, pues es don de Dios; 9 no por obras, para que nadie se gloríe. 10
Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las
cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.
Reconciliación por medio de la cruz
11 Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros,
los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisión por la
llamada circuncisión hecha con mano en la carne. 12 En aquel tiempo estabais
sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la
promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. 13 Pero ahora en Cristo Jesús,
vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la
sangre de Cristo. 14 Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno,
derribando la pared intermedia de separación, 15 aboliendo en su carne las
enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear
en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, 16 y mediante
la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las
enemistades. 17 Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que
estabais lejos, y a los que estaban cerca; 18 porque por medio de él los unos
y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre. 19 Así que ya no
sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros
de la familia de Dios, 20 edificados sobre el fundamento de los apóstoles y
profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, 21 en quien
todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el
Señor; 22 en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de
Dios en el Espíritu.
Ministerio de Pablo a los gentiles
EFESIOS 3
1 Por esta causa yo Pablo, prisionero de Cristo Jesús
por vosotros los gentiles; 2 si es que habéis oído de la administración de la
gracia de Dios que me fue dada para con vosotros; 3 que por revelación me fue
declarado el misterio, como antes lo he escrito brevemente, 4 leyendo lo cual
podéis entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo, 5 misterio
que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como
ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu: 6 que los
gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la
promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio, 7 del cual yo fui hecho
ministro por el don de la gracia de Dios que me ha sido dado según la
operación de su poder.
8 A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los
santos, me fue dada esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de
las inescrutables riquezas de Cristo, 9 y de aclarar a todos cuál sea la
dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios, que creó todas
las cosas; 10 para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a
conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares
celestiales, 11 conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro
Señor, 12 en quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe
en él; 13 por lo cual pido que no desmayéis a causa de mis tribulaciones por
vosotros, las cuales son vuestra gloria.
El amor que excede a todo conocimiento
14 Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de
nuestro Señor Jesucristo, 15 de quien toma nombre toda familia en los cielos y
en la tierra, 16 para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser
fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; 17 para que
habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y
cimentados en amor, 18 seáis plenamente capaces de comprender con todos los
santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, 19 y de
conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis
llenos de toda la plenitud de Dios.
20 Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas
mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que
actúa en nosotros, 21 a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas
las edades, por los siglos de los siglos. Amén.
La unidad del Espíritu
EFESIOS 4
1 Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como
es digno de la vocación con que fuisteis llamados, 2 con toda humildad y
mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, 3
solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; 4 un
cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza
de vuestra vocación; 5 un Señor, una fe, un bautismo, 6 un Dios y Padre de
todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos. 7 Pero a cada uno de
nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo. 8 Por lo
cual dice:
Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad,
Y dio dones a los hombres. 9 Y eso de que subió, ¿qué
es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la
tierra? 10 El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos
los cielos para llenarlo todo. 11 Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a
otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, 12 a fin
de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación
del cuerpo de Cristo, 13 hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del
conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura
de la plenitud de Cristo; 14 para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados
por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para
engañar emplean con astucia las artimañas del error, 15 sino que siguiendo la
verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo,
16 de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las
coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada
miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.
La nueva vida en Cristo
17 Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no
andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, 18
teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la
ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón; 19 los cuales,
después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para
cometer con avidez toda clase de impureza. 20 Mas vosotros no habéis aprendido
asía Cristo, 21 si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados,
conforme a la verdad que está en Jesús. 22 En cuanto a la pasada manera de
vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos
engañosos, 23 y renovaos en el espíritu de vuestra mente, 24 y vestíos del
nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.
25 Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad
cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros. 26
Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, 27 ni deis
lugar al diablo. 28 El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con
sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece
necesidad. 29 Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que
sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes. 30
Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para
el día de la redención. 31 Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira,
gritería y maledicencia, y toda malicia. 32 Antes sed benignos unos con otros,
misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a
vosotros en Cristo.
Andad como hijos de luz
EFESIOS 5
1 Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. 2 Y
andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por
nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante.
3 Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun
se nombre entre vosotros, como conviene a santos; 4 ni palabras deshonestas,
ni necedades, ni truhanerías, que no convienen, sino antes bien acciones de
gracias. 5 Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que
es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios. 6 Nadie os engañe
con palabras vanas, porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los
hijos de desobediencia. 7 No seáis, pues, partícipes con ellos. 8 Porque en
otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos
de luz 9 (porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad),
10 comprobando lo que es agradable al Señor. 11 Y no participéis en las obras
infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas; 12 porque
vergonzoso es aun hablar de lo que ellos hacen en secreto. 13 Mas todas las
cosas, cuando son puestas en evidencia por la luz, son hechas manifiestas;
porque la luz es lo que manifiesta todo. 14 Por lo cual dice:
Despiértate, tú que duermes,
Y levántate de los muertos,
Y te alumbrará Cristo.
15 Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como
necios sino como sabios, 16 aprovechando bien el tiempo, porque los días son
malos. 17 Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la
voluntad del Señor. 18 No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución;
antes bien sed llenos del Espíritu, 19 hablando entre vosotros con salmos, con
himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros
corazones; 20 dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de
nuestro Señor Jesucristo.
Someteos los unos a los otros
21 Someteos unos a otros en el temor de Dios. 22 Las
casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; 23 porque el
marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual
es su cuerpo, y él es su Salvador. 24 Así que, como la iglesia está sujeta a
Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo. 25 Maridos,
amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí
mismo por ella, 26 para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento
del agua por la palabra, 27 a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia
gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese
santa y sin mancha. 28 Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a
sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. 29 Porque nadie
aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como
también Cristo a la iglesia, 30 porque somos miembros de su cuerpo, de su
carne y de sus huesos. 31 Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y
se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. 32 Grande es este
misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia. 33 Por lo
demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer
respete a su marido.
EFESIOS 6
1 Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque
esto es justo. 2 Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento
con promesa; 3 para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra. 4
Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en
disciplina y amonestación del Señor.
5 Siervos, obedeced a vuestros amos terrenales con temor
y temblor, con sencillez de vuestro corazón, como a Cristo; 6 no sirviendo al
ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo,
de corazón haciendo la voluntad de Dios; 7 sirviendo de buena voluntad, como
al Señor y no a los hombres, 8 sabiendo que el bien que cada uno hiciere, ése
recibirá del Señor, sea siervo o sea libre. 9 Y vosotros, amos, haced con
ellos lo mismo, dejando las amenazas, sabiendo que el Señor de ellos y vuestro
está en los cielos, y que para él no hay acepción de personas.
La armadura de Dios
10 Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor,
y en el poder de su fuerza. 11 Vestíos de toda la armadura de Dios, para que
podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. 12 Porque no tenemos
lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades,
contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes
espirituales de maldad en las regiones celestes. 13 Por tanto, tomad toda la
armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado
todo, estar firmes. 14 Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la
verdad, y vestidos con la coraza de justicia, 15 y calzados los pies con el
apresto del evangelio de la paz. 16 Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con
que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. 17 Y tomad el yelmo
de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; 18
orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en
ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos; 19 y por mí, a fin
de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el
misterio del evangelio, 20 por el cual soy embajador en cadenas; que con
denuedo hable de él, como debo hablar.
Salutaciones finales
21 Para que también vosotros sepáis mis asuntos, y lo
que hago, todo os lo hará saber Tíquico, hermano amado y fiel ministro en el
Señor, 22 el cual envié a vosotros para esto mismo, para que sepáis lo tocante
a nosotros, y que consuele vuestros corazones.
23 Paz sea a los hermanos, y amor con fe, de Dios Padre
y del Señor Jesucristo. 24 La gracia sea con todos los que aman a nuestro
Señor Jesucristo con amor inalterable. Amén.
< La Epístola del Apóstol San Pablo a los
FILIPENSES
Salutación
FILIPENSES 1
1 Pablo y Timoteo, siervos de Jesucristo, a todos los
santos en Cristo Jesús que están en Filipos, con los obispos y diáconos: 2
Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.
Oración de Pablo por los creyentes
3 Doy gracias a mi Dios siempre que me acuerdo de
vosotros, 4 siempre en todas mis oraciones rogando con gozo por todos
vosotros, 5 por vuestra comunión en el evangelio, desde el primer día hasta
ahora; 6 estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena
obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo; 7 como me es justo sentir
esto de todos vosotros, por cuanto os tengo en el corazón; y en mis prisiones,
y en la defensa y confirmación del evangelio, todos vosotros sois
participantes conmigo de la gracia. 8 Porque Dios me es testigo de cómo os amo
a todos vosotros con el entrañable amor de Jesucristo. 9 Y esto pido en
oración, que vuestro amor abunde aun más y más en ciencia y en todo
conocimiento, 10 para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e
irreprensibles para el día de Cristo, 11 llenos de frutos de justicia que son
por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios.
Para mí el vivir es Cristo
12 Quiero que sepáis, hermanos, que las cosas que me han
sucedido, han redundado más bien para el progreso del evangelio, 13 de tal
manera que mis prisiones se han hecho patentes en Cristo en todo el pretorio,
y a todos los demás. 14 Y la mayoría de los hermanos, cobrando ánimo en el
Señor con mis prisiones, se atreven mucho más a hablar la palabra sin temor.
15 Algunos, a la verdad, predican a Cristo por envidia y
contienda; pero otros de buena voluntad. 16 Los unos anuncian a Cristo por
contención, no sinceramente, pensando añadir aflicción a mis prisiones; 17
pero los otros por amor, sabiendo que estoy puesto para la defensa del
evangelio. 18 ¿Qué, pues? Que no obstante, de todas maneras, o por pretexto o
por verdad, Cristo es anunciado; y en esto me gozo, y me gozaré aún.
19 Porque sé que por vuestra oración y la suministración
del Espíritu de Jesucristo, esto resultará en mi liberación, 20 conforme a mi
anhelo y esperanza de que en nada seré avergonzado; antes bien con toda
confianza, como siempre, ahora también será magnificado Cristo en mi cuerpo, o
por vida o por muerte. 21 Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es
ganancia. 22 Mas si el vivir en la carne resulta para mí en beneficio de la
obra, no sé entonces qué escoger. 23 Porque de ambas cosas estoy puesto en
estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo
mejor; 24 pero quedar en la carne es más necesario por causa de vosotros. 25 Y
confiado en esto, sé que quedaré, que aún permaneceré con todos vosotros, para
vuestro provecho y gozo de la fe, 26 para que abunde vuestra gloria de mí en
Cristo Jesús por mi presencia otra vez entre vosotros.
27 Solamente que os comportéis como es digno del
evangelio de Cristo, para que o sea que vaya a veros, o que esté ausente, oiga
de vosotros que estáis firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por
la fe del evangelio, 28 y en nada intimidados por los que se oponen, que para
ellos ciertamente es indicio de perdición, mas para vosotros de salvación; y
esto de Dios. 29 Porque a vosotros os es concedido a causa de Cristo, no sólo
que creáis en él, sino también que padezcáis por él, 30 teniendo el mismo
conflicto que habéis visto en mí, y ahora oís que hay en mí.
Humillación y exaltación de Cristo
FILIPENSES 2
1 Por tanto, si hay alguna consolación en Cristo, si
algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto
entrañable, si alguna misericordia, 2 completad mi gozo, sintiendo lo mismo,
teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa. 3 Nada hagáis por
contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los
demás como superiores a él mismo; 4 no mirando cada uno por lo suyo propio,
sino cada cual también por lo de los otros. 5 Haya, pues, en vosotros este
sentir que hubo también en Cristo Jesús, 6 el cual, siendo en forma de Dios,
no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, 7 sino que se despojó
a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; 8 y
estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente
hasta la muerte, y muerte de cruz. 9 Por lo cual Dios también le exaltó hasta
lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, 10 para que en el nombre
de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra,
y debajo de la tierra; 11 y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor,
para gloria de Dios Padre.
Luminares en el mundo
12 Por tanto, amados míos, como siempre habéis
obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi
ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, 13 porque Dios es
el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.
14 Haced todo sin murmuraciones y contiendas, 15 para
que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una
generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como
luminares en el mundo; 16 asidos de la palabra de vida, para que en el día de
Cristo yo pueda gloriarme de que no he corrido en vano, ni en vano he
trabajado. 17 Y aunque sea derramado en libación sobre el sacrificio y
servicio de vuestra fe, me gozo y regocijo con todos vosotros. 18 Y asimismo
gozaos y regocijaos también vosotros conmigo.
Timoteo y Epafrodito
19 Espero en el Señor Jesús enviaros pronto a Timoteo,
para que yo también esté de buen ánimo al saber de vuestro estado; 20 pues a
ninguno tengo del mismo ánimo, y que tan sinceramente se interese por
vosotros. 21 Porque todos buscan lo suyo propio, no lo que es de Cristo Jesús.
22 Pero ya conocéis los méritos de él, que como hijo a padre ha servido
conmigo en el evangelio. 23 Así que a éste espero enviaros, luego que yo vea
cómo van mis asuntos; 24 y confío en el Señor que yo también iré pronto a
vosotros.
25 Mas tuve por necesario enviaros a Epafrodito, mi
hermano y colaborador y compañero de milicia, vuestro mensajero, y ministrador
de mis necesidades; 26 porque él tenía gran deseo de veros a todos vosotros, y
gravemente se angustió porque habíais oído que había enfermado. 27 Pues en
verdad estuvo enfermo, a punto de morir; pero Dios tuvo misericordia de él, y
no solamente de él, sino también de mí, para que yo no tuviese tristeza sobre
tristeza. 28 Así que le envío con mayor solicitud, para que al verle de nuevo,
os gocéis, y yo esté con menos tristeza. 29 Recibidle, pues, en el Señor, con
todo gozo, y tened en estima a los que son como él; 30 porque por la obra de
Cristo estuvo próximo a la muerte, exponiendo su vida para suplir lo que
faltaba en vuestro servicio por mí.
Prosigo al blanco
FILIPENSES 3
1 Por lo demás, hermanos, gozaos en el Señor. A mí no me
es molesto el escribiros las mismas cosas, y para vosotros es seguro.
2 Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros,
guardaos de los mutiladores del cuerpo. 3 Porque nosotros somos la
circuncisión, los que en espíritu servimos a Dios y nos gloriamos en Cristo
Jesús, no teniendo confianza en la carne. 4 Aunque yo tengo también de qué
confiar en la carne. Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo
más: 5 circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de
Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; 6 en cuanto a celo,
perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley,
irreprensible. 7 Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado
como pérdida por amor de Cristo. 8 Y ciertamente, aun estimo todas las cosas
como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por
amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo,
9 y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino
la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe; 10 a fin
de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus
padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte, 11 si en alguna
manera llegase a la resurrección de entre los muertos.
12 No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto;
sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido
por Cristo Jesús. 13 Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero
una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo
que está delante, 14 prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de
Dios en Cristo Jesús. 15 Así que, todos los que somos perfectos, esto mismo
sintamos; y si otra cosa sentís, esto también os lo revelará Dios. 16 Pero en
aquello a que hemos llegado, sigamos una misma regla, sintamos una misma cosa.
17 Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad a los que así
se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros. 18 Porque por ahí andan
muchos, de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que
son enemigos de la cruz de Cristo; 19 el fin de los cuales será perdición,
cuyo dios es el vientre, y cuya gloria es su vergüenza; que sólo piensan en lo
terrenal. 20 Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también
esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; 21 el cual transformará el cuerpo
de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya,
por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.
Regocijaos en el Señor siempre
FILIPENSES 4
1 Así que, hermanos míos amados y deseados, gozo y
corona mía, estad así firmes en el Señor, amados.
2 Ruego a Evodia y a Síntique, que sean de un mismo
sentir en el Señor. 3 Asimismo te ruego también a ti, compañero fiel, que
ayudes a éstas que combatieron juntamente conmigo en el evangelio, con
Clemente también y los demás colaboradores míos, cuyos nombres están en el
libro de la vida.
4 Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo:
¡Regocijaos! 5 Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor
está cerca. 6 Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras
peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. 7 Y
la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones
y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.
En esto pensad
8 Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo
lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de
buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.
9 Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y
el Dios de paz estará con vosotros.
Dádivas de los filipenses
10 En gran manera me gocé en el Señor de que ya al fin
habéis revivido vuestro cuidado de mí; de lo cual también estabais solícitos,
pero os faltaba la oportunidad. 11 No lo digo porque tenga escasez, pues he
aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. 12 Sé vivir
humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así
para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para
padecer necesidad. 13 Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.
14 Sin embargo, bien hicisteis en participar conmigo en
mi tribulación. 15 Y sabéis también vosotros, oh filipenses, que al principio
de la predicación del evangelio, cuando partí de Macedonia, ninguna iglesia
participó conmigo en razón de dar y recibir, sino vosotros solos; 16 pues aun
a Tesalónica me enviasteis una y otra vez para mis necesidades. 17 No es que
busque dádivas, sino que busco fruto que abunde en vuestra cuenta. 18 Pero
todo lo he recibido, y tengo abundancia; estoy lleno, habiendo recibido de
Epafrodito lo que enviasteis; olor fragante, sacrificio acepto, agradable a
Dios. 19 Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas
en gloria en Cristo Jesús. 20 Al Dios y Padre nuestro sea gloria por los
siglos de los siglos. Amén.
Salutaciones finales
21 Saludad a todos los santos en Cristo Jesús. Los
hermanos que están conmigo os saludan. 22 Todos los santos os saludan, y
especialmente los de la casa de César.
23 La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos
vosotros. Amén.
La Epístola del Apóstol San Pablo a los
COLOSENSES
Salutación
COLOSENSES 1
1 Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios,
y el hermano Timoteo, 2 a los santos y fieles hermanos en Cristo que están en
Colosas: Gracia y paz sean a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor
Jesucristo.
Pablo pide que Dios les conceda sabiduría espiritual
3 Siempre orando por vosotros, damos gracias a Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo, 4 habiendo oído de vuestra fe en Cristo
Jesús, y del amor que tenéis a todos los santos, 5 a causa de la esperanza que
os está guardada en los cielos, de la cual ya habéis oído por la palabra
verdadera del evangelio, 6 que ha llegado hasta vosotros, así como a todo el
mundo, y lleva fruto y crece también en vosotros, desde el día que oísteis y
conocisteis la gracia de Dios en verdad, 7 como lo habéis aprendido de Epafras,
nuestro consiervo amado, que es un fiel ministro de Cristo para vosotros, 8
quien también nos ha declarado vuestro amor en el Espíritu.
9 Por lo cual también nosotros, desde el día que lo
oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del
conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual, 10
para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto
en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios; 11 fortalecidos
con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y
longanimidad; 12 con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para
participar de la herencia de los santos en luz; 13 el cual nos ha librado de
la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, 14 en
quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.
Reconciliación por medio de la muerte de Cristo
15 El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de
toda creación. 16 Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en
los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos,
sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de
él y para él. 17 Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él
subsisten; 18 y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el
principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la
preeminencia; 19 por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud,
20 y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en
la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre
de su cruz.
21 Y a vosotros también, que erais en otro tiempo
extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha
reconciliado 22 en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para
presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él; 23 si en
verdad permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza
del evangelio que habéis oído, el cual se predica en toda la creación que está
debajo del cielo; del cual yo Pablo fui hecho ministro.
Ministerio de Pablo a los gentiles
24 Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y
cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo,
que es la iglesia; 25 de la cual fui hecho ministro, según la administración
de Dios que me fue dada para con vosotros, para que anuncie cumplidamente la
palabra de Dios, 26 el misterio que había estado oculto desde los siglos y
edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos, 27 a quienes Dios
quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los
gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria, 28 a quien
anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda
sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre; 29 para
lo cual también trabajo, luchando según la potencia de él, la cual actúa
poderosamente en mí.
COLOSENSES 2
1 Porque quiero que sepáis cuán gran lucha sostengo por
vosotros, y por los que están en Laodicea, y por todos los que nunca han visto
mi rostro; 2 para que sean consolados sus corazones, unidos en amor, hasta
alcanzar todas las riquezas de pleno entendimiento, a fin de conocer el
misterio de Dios el Padre, y de Cristo, 3 en quien están escondidos todos los
tesoros de la sabiduría y del conocimiento. 4 Y esto lo digo para que nadie os
engañe con palabras persuasivas. 5 Porque aunque estoy ausente en cuerpo, no
obstante en espíritu estoy con vosotros, gozándome y mirando vuestro buen
orden y la firmeza de vuestra fe en Cristo.
6 Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor
Jesucristo, andad en él; 7 arraigados y sobreedificados en él, y confirmados
en la fe, así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias.
Plenitud de vida en Cristo
8 Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y
huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los
rudimentos del mundo, y no según Cristo. 9 Porque en él habita corporalmente
toda la plenitud de la Deidad, 10 y vosotros estáis completos en él, que es la
cabeza de todo principado y potestad. 11 En él también fuisteis circuncidados
con circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso
carnal, en la circuncisión de Cristo; 12 sepultados con él en el bautismo, en
el cual fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de
Dios que le levantó de los muertos. 13 Y a vosotros, estando muertos en
pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con
él, perdonándoos todos los pecados, 14 anulando el acta de los decretos que
había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y
clavándola en la cruz, 15 y despojando a los principados y a las potestades,
los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz.
16 Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o
en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo, 17 todo lo cual es
sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es de Cristo. 18 Nadie os prive
de vuestro premio, afectando humildad y culto a los ángeles, entremetiéndose
en lo que no ha visto, vanamente hinchado por su propia mente carnal, 19 y no
asiéndose de la Cabeza, en virtud de quien todo el cuerpo, nutriéndose y
uniéndose por las coyunturas y ligamentos, crece con el crecimiento que da
Dios.
20 Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los
rudimentos del mundo, ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a
preceptos 21 tales como: No manejes, ni gustes, ni aun toques 22 (en
conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres), cosas que todas se
destruyen con el uso? 23 Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de
sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo; pero no
tienen valor alguno contra los apetitos de la carne.
COLOSENSES 3
1 Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las
cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. 2 Poned la
mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. 3 Porque habéis muerto, y
vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. 4 Cuando Cristo, vuestra vida,
se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria.
La vida antigua y la nueva
5 Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros:
fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es
idolatría; 6 cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de
desobediencia, 7 en las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo
cuando vivíais en ellas. 8 Pero ahora dejad también vosotros todas estas
cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca. 9
No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus
hechos, 10 y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó
se va renovando hasta el conocimiento pleno, 11 donde no hay griego ni judío,
circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que
Cristo es el todo, y en todos.
12 Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y
amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de
mansedumbre, de paciencia; 13 soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a
otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó,
así también hacedlo vosotros. 14 Y sobre todas estas cosas vestíos de amor,
que es el vínculo perfecto. 15 Y la paz de Dios gobierne en vuestros
corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed
agradecidos. 16 La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros,
enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia
en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales. 17
Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del
Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.
Deberes sociales de la nueva vida
18 Casadas, estad sujetas a vuestros maridos, como
conviene en el Señor. 19 Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos
con ellas. 20 Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, porque esto agrada al
Señor. 21 Padres, no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten.
22 Siervos, obedeced en todo a vuestros amos terrenales, no sirviendo al ojo,
como los que quieren agradar a los hombres, sino con corazón sincero, temiendo
a Dios. 23 Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no
para los hombres; 24 sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la
herencia, porque a Cristo el Señor servís. 25 Mas el que hace injusticia,
recibirá la injusticia que hiciere, porque no hay acepción de personas.
COLOSENSES 4
1 Amos, haced lo que es justo y recto con vuestros
siervos, sabiendo que también vosotros tenéis un Amo en los cielos.
2 Perseverad en la oración, velando en ella con acción
de gracias; 3 orando también al mismo tiempo por nosotros, para que el Señor
nos abra puerta para la palabra, a fin de dar a conocer el misterio de Cristo,
por el cual también estoy preso, 4 para que lo manifieste como debo hablar.
5 Andad sabiamente para con los de afuera, redimiendo el
tiempo. 6 Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que
sepáis cómo debéis responder a cada uno.
Salutaciones finales
7 Todo lo que a mí se refiere, os lo hará saber Tíquico,
amado hermano y fiel ministro y consiervo en el Señor, 8 el cual he enviado a
vosotros para esto mismo, para que conozca lo que a vosotros se refiere, y
conforte vuestros corazones, 9 con Onésimo, amado y fiel hermano, que es uno
de vosotros. Todo lo que acá pasa, os lo harán saber.
10 Aristarco, mi compañero de prisiones, os saluda, y
Marcos el sobrino de Bernabé, acerca del cual habéis recibido mandamientos; si
fuere a vosotros, recibidle; 11 y Jesús, llamado Justo; que son los únicos de
la circuncisión que me ayudan en el reino de Dios, y han sido para mí un
consuelo. 12 Os saluda Epafras, el cual es uno de vosotros, siervo de Cristo,
siempre rogando encarecidamente por vosotros en sus oraciones, para que estéis
firmes, perfectos y completos en todo lo que Dios quiere. 13 Porque de él doy
testimonio de que tiene gran solicitud por vosotros, y por los que están en
Laodicea, y los que están en Hierápolis. 14 Os saluda Lucas el médico amado, y
Demas. 15 Saludad a los hermanos que están en Laodicea, y a Ninfas y a la
iglesia que está en su casa. 16 Cuando esta carta haya sido leída entre
vosotros, haced que también se lea en la iglesia de los laodicenses, y que la
de Laodicea la leáis también vosotros. 17 Decid a Arquipo: Mira que cumplas el
ministerio que recibiste en el Señor.
18 La salutación de mi propia mano, de Pablo. Acordaos
de mis prisiones. La gracia sea con vosotros. Amén.
Primera Epístola del Apóstol San Pablo a los
TESALONICENSES
Salutación
1
TESALONICENSES 1
1 Pablo, Silvano y Timoteo, a la iglesia de los
tesalonicenses en Dios Padre y en el Señor Jesucristo: Gracia y paz sean a
vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.
Ejemplo de los tesalonicenses
2 Damos siempre gracias a Dios por todos vosotros,
haciendo memoria de vosotros en nuestras oraciones, 3 acordándonos sin cesar
delante del Dios y Padre nuestro de la obra de vuestra fe, del trabajo de
vuestro amor y de vuestra constancia en la esperanza en nuestro Señor
Jesucristo. 4 Porque conocemos, hermanos amados de Dios, vuestra elección; 5
pues nuestro evangelio no llegó a vosotros en palabras solamente, sino también
en poder, en el Espíritu Santo y en plena certidumbre, como bien sabéis cuáles
fuimos entre vosotros por amor de vosotros. 6 Y vosotros vinisteis a ser
imitadores de nosotros y del Señor, recibiendo la palabra en medio de gran
tribulación, con gozo del Espíritu Santo, 7 de tal manera que habéis sido
ejemplo a todos los de Macedonia y de Acaya que han creído. 8 Porque partiendo
de vosotros ha sido divulgada la palabra del Señor, no sólo en Macedonia y
Acaya, sino que también en todo lugar vuestra fe en Dios se ha extendido, de
modo que nosotros no tenemos necesidad de hablar nada; 9 porque ellos mismos
cuentan de nosotros la manera en que nos recibisteis, y cómo os convertisteis
de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, 10 y esperar de
los cielos a su Hijo, al cual resucitó de los muertos, a Jesús, quien nos
libra de la ira venidera.
Ministerio de Pablo en Tesalónica
1 TESALONICENSES 2
1 Porque vosotros mismos sabéis, hermanos, que nuestra
visita a vosotros no resultó vana; 2 pues habiendo antes padecido y sido
ultrajados en Filipos, como sabéis, tuvimos denuedo en nuestro Dios para
anunciaros el evangelio de Dios en medio de gran oposición. 3 Porque nuestra
exhortación no procedió de error ni de impureza, ni fue por engaño, 4 sino que
según fuimos aprobados por Dios para que se nos confiase el evangelio, así
hablamos; no como para agradar a los hombres, sino a Dios, que prueba nuestros
corazones. 5 Porque nunca usamos de palabras lisonjeras, como sabéis, ni
encubrimos avaricia; Dios es testigo; 6 ni buscamos gloria de los hombres; ni
de vosotros, ni de otros, aunque podíamos seros carga como apóstoles de
Cristo. 7 Antes fuimos tiernos entre vosotros, como la nodriza que cuida con
ternura a sus propios hijos. 8 Tan grande es nuestro afecto por vosotros, que
hubiéramos querido entregaros no sólo el evangelio de Dios, sino también
nuestras propias vidas; porque habéis llegado a sernos muy queridos.
9 Porque os acordáis, hermanos, de nuestro trabajo y
fatiga; cómo trabajando de noche y de día, para no ser gravosos a ninguno de
vosotros, os predicamos el evangelio de Dios. 10 Vosotros sois testigos, y
Dios también, de cuán santa, justa e irreprensiblemente nos comportamos con
vosotros los creyentes; 11 así como también sabéis de qué modo, como el padre
a sus hijos, exhortábamos y consolábamos a cada uno de vosotros, 12 y os
encargábamos que anduvieseis como es digno de Dios, que os llamó a su reino y
gloria.
13 Por lo cual también nosotros sin cesar damos gracias
a Dios, de que cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros,
la recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra
de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes. 14 Porque vosotros,
hermanos, vinisteis a ser imitadores de las iglesias de Dios en Cristo Jesús
que están en Judea; pues habéis padecido de los de vuestra propia nación las
mismas cosas que ellas padecieron de los judíos, 15 los cuales mataron al
Señor Jesús y a sus propios profetas, y a nosotros nos expulsaron; y no
agradan a Dios, y se oponen a todos los hombres, 16 impidiéndonos hablar a los
gentiles para que éstos se salven; así colman ellos siempre la medida de sus
pecados, pues vino sobre ellos la ira hasta el extremo.
Ausencia de Pablo de la iglesia
17 Pero nosotros, hermanos, separados de vosotros por un
poco de tiempo, de vista pero no de corazón, tanto más procuramos con mucho
deseo ver vuestro rostro; 18 por lo cual quisimos ir a vosotros, yo Pablo
ciertamente una y otra vez; pero Satanás nos estorbó. 19 Porque ¿cuál es
nuestra esperanza, o gozo, o corona de que me gloríe? ¿No lo sois vosotros,
delante de nuestro Señor Jesucristo, en su venida? 20 Vosotros sois nuestra
gloria y gozo.
1 TESALONICENSES 3
1 Por lo cual, no pudiendo soportarlo más, acordamos
quedarnos solos en Atenas, 2 y enviamos a Timoteo nuestro hermano, servidor de
Dios y colaborador nuestro en el evangelio de Cristo, para confirmaros y
exhortaros respecto a vuestra fe, 3 a fin de que nadie se inquiete por estas
tribulaciones; porque vosotros mismos sabéis que para esto estamos puestos. 4
Porque también estando con vosotros, os predecíamos que íbamos a pasar
tribulaciones, como ha acontecido y sabéis. 5 Por lo cual también yo, no
pudiendo soportar más, envié para informarme de vuestra fe, no sea que os
hubiese tentado el tentador, y que nuestro trabajo resultase en vano.
6 Pero cuando Timoteo volvió de vosotros a nosotros, y
nos dio buenas noticias de vuestra fe y amor, y que siempre nos recordáis con
cariño, deseando vernos, como también nosotros a vosotros, 7 por ello,
hermanos, en medio de toda nuestra necesidad y aflicción fuimos consolados de
vosotros por medio de vuestra fe; 8 porque ahora vivimos, si vosotros estáis
firmes en el Señor. 9 Por lo cual, ¿qué acción de gracias podremos dar a Dios
por vosotros, por todo el gozo con que nos gozamos a causa de vosotros delante
de nuestro Dios, 10 orando de noche y de día con gran insistencia, para que
veamos vuestro rostro, y completemos lo que falte a vuestra fe?
11 Mas el mismo Dios y Padre nuestro, y nuestro Señor
Jesucristo, dirija nuestro camino a vosotros. 12 Y el Señor os haga crecer y
abundar en amor unos para con otros y para con todos, como también lo hacemos
nosotros para con vosotros, 13 para que sean afirmados vuestros corazones,
irreprensibles en santidad delante de Dios nuestro Padre, en la venida de
nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos.
La vida que agrada a Dios
1 TESALONICENSES 4
1 Por lo demás, hermanos, os rogamos y exhortamos en el
Señor Jesús, que de la manera que aprendisteis de nosotros cómo os conviene
conduciros y agradar a Dios, así abundéis más y más. 2 Porque ya sabéis qué
instrucciones os dimos por el Señor Jesús; 3 pues la voluntad de Dios es
vuestra santificación; que os apartéis de fornicación; 4 que cada uno de
vosotros sepa tener su propia esposa en santidad y honor; 5 no en pasión de
concupiscencia, como los gentiles que no conocen a Dios; 6 que ninguno agravie
ni engañe en nada a su hermano; porque el Señor es vengador de todo esto, como
ya os hemos dicho y testificado. 7 Pues no nos ha llamado Dios a inmundicia,
sino a santificación. 8 Así que, el que desecha esto, no desecha a hombre,
sino a Dios, que también nos dio su Espíritu Santo.
9 Pero acerca del amor fraternal no tenéis necesidad de
que os escriba, porque vosotros mismos habéis aprendido de Dios que os améis
unos a otros; 10 y también lo hacéis así con todos los hermanos que están por
toda Macedonia. Pero os rogamos, hermanos, que abundéis en ello más y más; 11
y que procuréis tener tranquilidad, y ocuparos en vuestros negocios, y
trabajar con vuestras manos de la manera que os hemos mandado, 12 a fin de que
os conduzcáis honradamente para con los de afuera, y no tengáis necesidad de
nada.
La venida del Señor
13 Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de
los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen
esperanza. 14 Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá
Dios con Jesús a los que durmieron en él. 15 Por lo cual os decimos esto en
palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la
venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. 16 Porque el Señor
mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios,
descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. 17 Luego
nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados
juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así
estaremos siempre con el Señor. 18 Por tanto, alentaos los unos a los otros
con estas palabras.
1 TESALONICENSES 5
1 Pero acerca de los tiempos y de las ocasiones, no
tenéis necesidad, hermanos, de que yo os escriba. 2 Porque vosotros sabéis
perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche; 3 que
cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción
repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán. 4 Mas
vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda
como ladrón. 5 Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no
somos de la noche ni de las tinieblas. 6 Por tanto, no durmamos como los
demás, sino velemos y seamos sobrios. 7 Pues los que duermen, de noche
duermen, y los que se embriagan, de noche se embriagan. 8 Pero nosotros, que
somos del día, seamos sobrios, habiéndonos vestido con la coraza de fe y de
amor, y con la esperanza de salvación como yelmo. 9 Porque no nos ha puesto
Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor
Jesucristo, 10 quien murió por nosotros para que ya sea que velemos, o que
durmamos, vivamos juntamente con él. 11 Por lo cual, animaos unos a otros, y
edificaos unos a otros, así como lo hacéis.
Pablo exhorta a los hermanos
12 Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que
trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan; 13 y que
los tengáis en mucha estima y amor por causa de su obra. Tened paz entre
vosotros. 14 También os rogamos, hermanos, que amonestéis a los ociosos, que
alentéis a los de poco ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis
pacientes para con todos. 15 Mirad que ninguno pague a otro mal por mal; antes
seguid siempre lo bueno unos para con otros, y para con todos. 16 Estad
siempre gozosos. 17 Orad sin cesar. 18 Dad gracias en todo, porque esta es la
voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús. 19 No apaguéis al
Espíritu. 20 No menospreciéis las profecías. 21 Examinadlo todo; retened lo
bueno. 22 Absteneos de toda especie de mal.
23 Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y
todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la
venida de nuestro Señor Jesucristo. 24 Fiel es el que os llama, el cual
también lo hará.
Salutaciones y bendición final
25 Hermanos, orad por nosotros.
26 Saludad a todos los hermanos con ósculo santo.
27 Os conjuro por el Señor, que esta carta se lea a
todos los santos hermanos.
28 La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con
vosotros. Amén.
Segunda Epístola del Apóstol San Pablo a los
TESALONICENSES
Salutación
2
TESALONICENSES 1
1 Pablo, Silvano y Timoteo, a la iglesia de los
tesalonicenses en Dios nuestro Padre y en el Señor Jesucristo: 2 Gracia y paz
a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.
Dios juzgará a los pecadores en la venida de Cristo
3 Debemos siempre dar gracias a Dios por vosotros,
hermanos, como es digno, por cuanto vuestra fe va creciendo, y el amor de
todos y cada uno de vosotros abunda para con los demás; 4 tanto, que nosotros
mismos nos gloriamos de vosotros en las iglesias de Dios, por vuestra
paciencia y fe en todas vuestras persecuciones y tribulaciones que soportáis.
5 Esto es demostración del justo juicio de Dios, para
que seáis tenidos por dignos del reino de Dios, por el cual asimismo padecéis.
6 Porque es justo delante de Dios pagar con tribulación a los que os
atribulan, 7 y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros,
cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su
poder, 8 en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a
Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; 9 los cuales
sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la
gloria de su poder, 10 cuando venga en aquel día para ser glorificado en sus
santos y ser admirado en todos los que creyeron (por cuanto nuestro testimonio
ha sido creído entre vosotros). 11 Por lo cual asimismo oramos siempre por
vosotros, para que nuestro Dios os tenga por dignos de su llamamiento, y
cumpla todo propósito de bondad y toda obra de fe con su poder, 12 para que el
nombre de nuestro Señor Jesucristo sea glorificado en vosotros, y vosotros en
él, por la gracia de nuestro Dios y del Señor Jesucristo.
Manifestación del hombre de pecado
2 TESALONICENSES
1 Pero con respecto a la venida de nuestro Señor
Jesucristo, y nuestra reunión con él, os rogamos, hermanos, 2 que no os dejéis
mover fácilmente de vuestro modo de pensar, ni os conturbéis, ni por espíritu,
ni por palabra, ni por carta como si fuera nuestra, en el sentido de que el
día del Señor está cerca. 3 Nadie os engañe en ninguna manera; porque no
vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado,
el hijo de perdición, 4 el cual se opone y se levanta contra todo lo que se
llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como
Dios, haciéndose pasar por Dios. 5 ¿No os acordáis que cuando yo estaba
todavía con vosotros, os decía esto? 6 Y ahora vosotros sabéis lo que lo
detiene, a fin de que a su debido tiempo se manifieste. 7 Porque ya está en
acción el misterio de la iniquidad; sólo que hay quien al presente lo detiene,
hasta que él a su vez sea quitado de en medio. 8 Y entonces se manifestará
aquel inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá
con el resplandor de su venida; 9 inicuo cuyo advenimiento es por obra de
Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos, 10 y con todo engaño
de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la
verdad para ser salvos. 11 Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que
crean la mentira, 12 a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a
la verdad, sino que se complacieron en la injusticia.
Escogidos para salvación
13 Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios
respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya
escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el
Espíritu y la fe en la verdad, 14 a lo cual os llamó mediante nuestro
evangelio, para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo. 15 Así que,
hermanos, estad firmes, y retened la doctrina que habéis aprendido, sea por
palabra, o por carta nuestra.
16 Y el mismo Jesucristo Señor nuestro, y Dios nuestro
Padre, el cual nos amó y nos dio consolación eterna y buena esperanza por
gracia, 17 conforte vuestros corazones, y os confirme en toda buena palabra y
obra.
Que la palabra de Dios sea glorificada
2 TESALONICENSES 3
1 Por lo demás, hermanos, orad por nosotros, para que la
palabra del Señor corra y sea glorificada, así como lo fue entre vosotros, 2 y
para que seamos librados de hombres perversos y malos; porque no es de todos
la fe. 3 Pero fiel es el Señor, que os afirmará y guardará del mal. 4 Y
tenemos confianza respecto a vosotros en el Señor, en que hacéis y haréis lo
que os hemos mandado. 5 Y el Señor encamine vuestros corazones al amor de
Dios, y a la paciencia de Cristo.
El deber de trabajar
6 Pero os ordenamos, hermanos, en el nombre de nuestro
Señor Jesucristo, que os apartéis de todo hermano que ande desordenadamente, y
no según la enseñanza que recibisteis de nosotros. 7 Porque vosotros mismos
sabéis de qué manera debéis imitarnos; pues nosotros no anduvimos
desordenadamente entre vosotros, 8 ni comimos de balde el pan de nadie, sino
que trabajamos con afán y fatiga día y noche, para no ser gravosos a ninguno
de vosotros; 9 no porque no tuviésemos derecho, sino por daros nosotros mismos
un ejemplo para que nos imitaseis. 10 Porque también cuando estábamos con
vosotros, os ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma. 11
Porque oímos que algunos de entre vosotros andan desordenadamente, no
trabajando en nada, sino entremetiéndose en lo ajeno. 12 A los tales mandamos
y exhortamos por nuestro Señor Jesucristo, que trabajando sosegadamente, coman
su propio pan. 13 Y vosotros, hermanos, no os canséis de hacer bien.
14 Si alguno no obedece a lo que decimos por medio de
esta carta, a ése señaladlo, y no os juntéis con él, para que se avergüence.
15 Mas no lo tengáis por enemigo, sino amonestadle como a hermano.
Bendición final
16 Y el mismo Señor de paz os dé siempre paz en toda
manera. El Señor sea con todos vosotros.
17 La salutación es de mi propia mano, de Pablo, que es
el signo en toda carta mía; así escribo. 18 La gracia de nuestro Señor
Jesucristo sea con todos vosotros. Amén.
Primera Epístola del Apóstol San Pablo a
TIMOTEO
Salutación
1 TIMOTEO 1
1 Pablo, apóstol de Jesucristo por mandato de Dios
nuestro Salvador, y del Señor Jesucristo nuestra esperanza, 2 a Timoteo,
verdadero hijo en la fe: Gracia, misericordia y paz, de Dios nuestro Padre y
de Cristo Jesús nuestro Señor.
Advertencia contra falsas doctrinas
3 Como te rogué que te quedases en Efeso, cuando fui a
Macedonia, para que mandases a algunos que no enseñen diferente doctrina, 4 ni
presten atención a fábulas y genealogías interminables, que acarrean disputas
más bien que edificación de Dios que es por fe, así te encargo ahora. 5 Pues
el propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio, y de
buena conciencia, y de fe no fingida, 6 de las cuales cosas desviándose
algunos, se apartaron a vana palabrería, 7 queriendo ser doctores de la ley,
sin entender ni lo que hablan ni lo que afirman.
8 Pero sabemos que la ley es buena, si uno la usa
legítimamente; 9 conociendo esto, que la ley no fue dada para el justo, sino
para los transgresores y desobedientes, para los impíos y pecadores, para los
irreverentes y profanos, para los parricidas y matricidas, para los homicidas,
10 para los fornicarios, para los sodomitas, para los secuestradores, para los
mentirosos y perjuros, y para cuanto se oponga a la sana doctrina, 11 según el
glorioso evangelio del Dios bendito, que a mí me ha sido encomendado.
El ministerio de Pablo
12 Doy gracias al que me fortaleció, a Cristo Jesús
nuestro Señor, porque me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio, 13
habiendo yo sido antes blasfemo, perseguidor e injuriador; mas fui recibido a
misericordia porque lo hice por ignorancia, en incredulidad. 14 Pero la gracia
de nuestro Señor fue más abundante con la fe y el amor que es en Cristo Jesús.
15 Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al
mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero. 16 Pero
por esto fui recibido a misericordia, para que Jesucristo mostrase en mí el
primero toda su clemencia, para ejemplo de los que habrían de creer en él para
vida eterna. 17 Por tanto, al Rey de los siglos, inmortal, invisible, al único
y sabio Dios, sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.
18 Este mandamiento, hijo Timoteo, te encargo, para que
conforme a las profecías que se hicieron antes en cuanto a ti, milites por
ellas la buena milicia, 19 manteniendo la fe y buena conciencia, desechando la
cual naufragaron en cuanto a la fe algunos, 20 de los cuales son Himeneo y
Alejandro, a quienes entregué a Satanás para que aprendan a no blasfemar.
Instrucciones sobre la oración
1 TIMOTEO 2
1 Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones,
peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; 2 por los reyes y por
todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en
toda piedad y honestidad. 3 Porque esto es bueno y agradable delante de Dios
nuestro Salvador, 4 el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan
al conocimiento de la verdad. 5 Porque hay un solo Dios, y un solo mediador
entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, 6 el cual se dio a sí mismo en
rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo. 7 Para
esto yo fui constituido predicador y apóstol (digo verdad en Cristo, no
miento), y maestro de los gentiles en fe y verdad.
8 Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar,
levantando manos santas, sin ira ni contienda. 9 Asimismo que las mujeres se
atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia; no con peinado ostentoso, ni
oro, ni perlas, ni vestidos costosos, 10 sino con buenas obras, como
corresponde a mujeres que profesan piedad. 11 La mujer aprenda en silencio,
con toda sujeción. 12 Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio
sobre el hombre, sino estar en silencio. 13 Porque Adán fue formado primero,
después Eva; 14 y Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada,
incurrió en transgresión. 15 Pero se salvará engendrando hijos, si
permaneciere en fe, amor y santificación, con modestia.
Requisitos de los obispos
1 TIMOTEO 3
1 Palabra fiel: Si alguno anhela obispado, buena obra
desea. 2 Pero es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola
mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar; 3 no dado al
vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino amable,
apacible, no avaro; 4 que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en
sujeción con toda honestidad 5 (pues el que no sabe gobernar su propia casa,
¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?); 6 no un neófito, no sea que
envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 7 También es necesario que
tenga buen testimonio de los de afuera, para que no caiga en descrédito y en
lazo del diablo.
Requisitos de los diáconos
8 Los diáconos asimismo deben ser honestos, sin doblez,
no dados a mucho vino, no codiciosos de ganancias deshonestas; 9 que guarden
el misterio de la fe con limpia conciencia. 10 Y éstos también sean sometidos
a prueba primero, y entonces ejerzan el diaconado, si son irreprensibles. 11
Las mujeres asimismo sean honestas, no calumniadoras, sino sobrias, fieles en
todo. 12 Los diáconos sean maridos de una sola mujer, y que gobiernen bien sus
hijos y sus casas. 13 Porque los que ejerzan bien el diaconado, ganan para sí
un grado honroso, y mucha confianza en la fe que es en Cristo Jesús.
El misterio de la piedad
14 Esto te escribo, aunque tengo la esperanza de ir
pronto a verte, 15 para que si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa
de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad.
16 E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad:
Dios fue manifestado en carne,
Justificado en el Espíritu,
Visto de los ángeles,
Predicado a los gentiles,
Creído en el mundo,
Recibido arriba en gloria.
Predicción de la apostasía
1 TIMOTEO 4
1 Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros
tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a
doctrinas de demonios; 2 por la hipocresía de mentirosos que, teniendo
cauterizada la conciencia, 3 prohibirán casarse, y mandarán abstenerse de
alimentos que Dios creó para que con acción de gracias participasen de ellos
los creyentes y los que han conocido la verdad. 4 Porque todo lo que Dios creó
es bueno, y nada es de desecharse, si se toma con acción de gracias; 5 porque
por la palabra de Dios y por la oración es santificado.
Un buen ministro de Jesucristo
6 Si esto enseñas a los hermanos, serás buen ministro de
Jesucristo, nutrido con las palabras de la fe y de la buena doctrina que has
seguido. 7 Desecha las fábulas profanas y de viejas. Ejercítate para la
piedad; 8 porque el ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad
para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la
venidera. 9 Palabra fiel es esta, y digna de ser recibida por todos. 10 que
por esto mismo trabajamos y sufrimos oprobios, porque esperamos en el Dios
viviente, que es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que
creen.
11 Esto manda y enseña. 12 Ninguno tenga en poco tu
juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor,
espíritu, fe y pureza. 13 Entre tanto que voy, ocúpate en la lectura, la
exhortación y la enseñanza. 14 No descuides el don que hay en ti, que te fue
dado mediante profecía con la imposición de las manos del presbiterio. 15
Ocúpate en estas cosas; permanece en ellas, para que tu aprovechamiento sea
manifiesto a todos. 16 Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en
ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren.
Deberes hacia los demás
1 TIMOTEO 5
1 No reprendas al anciano, sino exhórtale como a padre; a
los más jóvenes, como a hermanos; 2 a las ancianas, como a madres; a las
jovencitas, como a hermanas, con toda pureza.
3 Honra a las viudas que en verdad lo son. 4 Pero si
alguna viuda tiene hijos, o nietos, aprendan éstos primero a ser piadosos para
con su propia familia, y a recompensar a sus padres; porque esto es lo bueno y
agradable delante de Dios. 5 Mas la que en verdad es viuda y ha quedado sola,
espera en Dios, y es diligente en súplicas y oraciones noche y día. 6 Pero la
que se entrega a los placeres, viviendo está muerta. 7 Manda también estas
cosas, para que sean irreprensibles; 8 porque si alguno no provee para los
suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un
incrédulo.
9 Sea puesta en la lista sólo la viuda no menor de
sesenta años, que haya sido esposa de un solo marido, 10 que tenga testimonio
de buenas obras; si ha criado hijos; si ha practicado la hospitalidad; si ha
lavado los pies de los santos; si ha socorrido a los afligidos; si ha
practicado toda buena obra. 11 Pero viudas más jóvenes no admitas; porque
cuando, impulsadas por sus deseos, se rebelan contra Cristo, quieren casarse,
12 incurriendo así en condenación, por haber quebrantado su primera fe. 13 Y
también aprenden a ser ociosas, andando de casa en casa; y no solamente
ociosas, sino también chismosas y entremetidas, hablando lo que no debieran.
14 Quiero, pues, que las viudas jóvenes se casen, críen hijos, gobiernen su
casa; que no den al adversario ninguna ocasión de maledicencia. 15 Porque ya
algunas se han apartado en pos de Satanás. 16 Si algún creyente o alguna
creyente tiene viudas, que las mantenga, y no sea gravada la iglesia, a fin de
que haya lo suficiente para las que en verdad son viudas.
17 Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por
dignos de doble honor, mayormente los que trabajan en predicar y enseñar. 18
Pues la Escritura dice: No pondrás bozal al buey que trilla; y: Digno es el
obrero de su salario. 19 Contra un anciano no admitas acusación sino con dos o
tres testigos. 20 A los que persisten en pecar, repréndelos delante de todos,
para que los demás también teman. 21 Te encarezco delante de Dios y del Señor
Jesucristo, y de sus ángeles escogidos, que guardes estas cosas sin
prejuicios, no haciendo nada con parcialidad. 22 No impongas con ligereza las
manos a ninguno, ni participes en pecados ajenos. Consérvate puro.
23 Ya no bebas agua, sino usa de un poco de vino por
causa de tu estómago y de tus frecuentes enfermedades.
24 Los pecados de algunos hombres se hacen patentes antes
que ellos vengan a juicio, mas a otros se les descubren después. 25 Asimismo
se hacen manifiestas las buenas obras; y las que son de otra manera, no pueden
permanecer ocultas.
1 TIMOTEO 6
1 Todos los que están bajo el yugo de esclavitud, tengan
a sus amos por dignos de todo honor, para que no sea blasfemado el nombre de
Dios y la doctrina. 2 Y los que tienen amos creyentes, no los tengan en menos
por ser hermanos, sino sírvanles mejor, por cuanto son creyentes y amados los
que se benefician de su buen servicio. Esto enseña y exhorta.
Piedad y contentamiento
3 Si alguno enseña otra cosa, y no se conforma a las
sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a
la piedad, 4 está envanecido, nada sabe, y delira acerca de cuestiones y
contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, blasfemias,
malas sospechas, 5 disputas necias de hombres corruptos de entendimiento y
privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia; apártate
de los tales. 6 Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento;
7 porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. 8 Así
que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. 9 Porque los que
quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y
dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; 10 porque raíz
de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se
extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores.
La buena batalla de la fe
11 Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y
sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre. 12
Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual
asimismo fuiste llamado, habiendo hecho la buena profesión delante de muchos
testigos. 13 Te mando delante de Dios, que da vida a todas las cosas, y de
Jesucristo, que dio testimonio de la buena profesión delante de Poncio Pilato,
14 que guardes el mandamiento sin mácula ni reprensión, hasta la aparición de
nuestro Señor Jesucristo, 15 la cual a su tiempo mostrará el bienaventurado y
solo Soberano, Rey de reyes, y Señor de señores, 16 el único que tiene
inmortalidad, que habita en luz inaccesible; a quien ninguno de los hombres ha
visto ni puede ver, al cual sea la honra y el imperio sempiterno. Amén.
17 A los ricos de este siglo manda que no sean altivos,
ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el
Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos.
18 Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos; 19
atesorando para sí buen fundamento para lo por venir, que echen mano de la
vida eterna.
Encargo final de Pablo a Timoteo
20 Oh Timoteo, guarda lo que se te ha encomendado,
evitando las profanas pláticas sobre cosas vanas, y los argumentos de la
falsamente llamada ciencia, 21 la cual profesando algunos, se desviaron de la
fe. La gracia sea contigo. Amén.
Segunda Epístola del Apóstol San Pablo a
TIMOTEO
Salutación
2 TIMOTEO
1 Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios,
según la promesa de la vida que es en Cristo Jesús, 2 a Timoteo, amado hijo:
Gracia, misericordia y paz, de Dios Padre y de Jesucristo nuestro Señor.
Testificando de Cristo
3 Doy gracias a Dios, al cual sirvo desde mis mayores con
limpia conciencia, de que sin cesar me acuerdo de ti en mis oraciones noche y
día; 4 deseando verte, al acordarme de tus lágrimas, para llenarme de gozo; 5
trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero
en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también. 6
Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por
la imposición de mis manos. 7 Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía,
sino de poder, de amor y de dominio propio.
8 Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de
nuestro Señor, ni de mí, preso suyo, sino participa de las aflicciones por el
evangelio según el poder de Dios, 9 quien nos salvó y llamó con llamamiento
santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia
que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos, 10 pero
que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo,
el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el
evangelio, 11 del cual yo fui constituido predicador, apóstol y maestro de los
gentiles. 12 Por lo cual asimismo padezco esto; pero no me avergüenzo, porque
yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi
depósito para aquel día. 13 Retén la forma de las sanas palabras que de mí
oíste, en la fe y amor que es en Cristo Jesús. 14 Guarda el buen depósito por
el Espíritu Santo que mora en nosotros.
15 Ya sabes esto, que me abandonaron todos los que están
en Asia, de los cuales son Figelo y Hermógenes. 16 Tenga el Señor misericordia
de la casa de Onesíforo, porque muchas veces me confortó, y no se avergonzó de
mis cadenas, 17 sino que cuando estuvo en Roma, me buscó solícitamente y me
halló. 18 Concédale el Señor que halle misericordia cerca del Señor en aquel
día. Y cuánto nos ayudó en Efeso, tú lo sabes mejor.
Un buen soldado de Jesucristo
2 TIMOTEO 2
1 Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en
Cristo Jesús. 2 Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a
hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros. 3 Tú, pues,
sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo. 4 Ninguno que milita se
enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por
soldado. 5 Y también el que lucha como atleta, no es coronado si no lucha
legítimamente. 6 El labrador, para participar de los frutos, debe trabajar
primero. 7 Considera lo que digo, y el Señor te dé entendimiento en todo.
8 Acuérdate de Jesucristo, del linaje de David,
resucitado de los muertos conforme a mi evangelio, 9 en el cual sufro
penalidades, hasta prisiones a modo de malhechor; mas la palabra de Dios no
está presa. 10 Por tanto, todo lo soporto por amor de los escogidos, para que
ellos también obtengan la salvación que es en Cristo Jesús con gloria eterna.
11 Palabra fiel es esta:
Si somos muertos con él, también viviremos con él;
12 Si sufrimos, también reinaremos con él;
Si le negáremos, él también nos negará.
13 Si fuéremos infieles, él permanece fiel;
El no puede negarse a sí mismo.
Un obrero aprobado
14 Recuérdales esto, exhortándoles delante del Señor a
que no contiendan sobre palabras, lo cual para nada aprovecha, sino que es
para perdición de los oyentes. 15 Procura con diligencia presentarte a Dios
aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la
palabra de verdad. 16 Mas evita profanas y vanas palabrerías, porque
conducirán más y más a la impiedad. 17 Y su palabra carcomerá como gangrena;
de los cuales son Himeneo y Fileto, 18 que se desviaron de la verdad, diciendo
que la resurrección ya se efectuó, y trastornan la fe de algunos. 19 Pero el
fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que
son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo.
20 Pero en una casa grande, no solamente hay utensilios
de oro y de plata, sino también de madera y de barro; y unos son para usos
honrosos, y otros para usos viles. 21 Así que, si alguno se limpia de estas
cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto
para toda buena obra. 22 Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la
justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al
Señor. 23 Pero desecha las cuestiones necias e insensatas, sabiendo que
engendran contiendas. 24 Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso,
sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; 25 que con mansedumbre
corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan
para conocer la verdad, 26 y escapen del lazo del diablo, en que están
cautivos a voluntad de él.
Carácter de los hombres en los postreros días
2 TIMOTEO 3
1 También debes saber esto: que en los postreros días
vendrán tiempos peligrosos. 2 Porque habrá hombres amadores de sí mismos,
avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres,
ingratos, impíos, 3 sin afecto natural, implacables, calumniadores,
intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, 4 traidores, impetuosos,
infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, 5 que tendrán apariencia
de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita. 6 Porque de éstos
son los que se meten en las casas y llevan cautivas a las mujercillas cargadas
de pecados, arrastradas por diversas concupiscencias. 7 Estas siempre están
aprendiendo, y nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad. 8 Y de la
manera que Janes y Jambres resistieron a Moisés, así también éstos resisten a
la verdad; hombres corruptos de entendimiento, réprobos en cuanto a la fe. 9
Mas no irán más adelante; porque su insensatez será manifiesta a todos, como
también lo fue la de aquéllos.
10 Pero tú has seguido mi doctrina, conducta, propósito,
fe, longanimidad, amor, paciencia, 11 persecuciones, padecimientos, como los
que me sobrevinieron en Antioquía, en Iconio, en Listra; persecuciones que he
sufrido, y de todas me ha librado el Señor. 12 Y también todos los que quieren
vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución; 13 mas los malos
hombres y los engañadores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados.
14 Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de
quién has aprendido; 15 y que desde la niñez has sabido las Sagradas
Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que
es en Cristo Jesús. 16 Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para
enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, 17 a fin de
que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena
obra.
Predica la palabra
2 TIMOTEO 4
1 Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo,
que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, 2
que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye,
reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. 3 Porque vendrá tiempo cuando
no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán
maestros conforme a sus propias concupiscencias, 4 y apartarán de la verdad el
oído y se volverán a las fábulas. 5 Pero tú sé sobrio en todo, soporta las
aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio.
6 Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de
mi partida está cercano. 7 He peleado la buena batalla, he acabado la carrera,
he guardado la fe. 8 Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la
cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también
a todos los que aman su venida.
Instrucciones personales
9 Procura venir pronto a verme, 10 porque Demas me ha
desamparado, amando este mundo, y se ha ido a Tesalónica. Crescente fue a
Galacia, y Tito a Dalmacia. 11 Sólo Lucas está conmigo. Toma a Marcos y tráele
contigo, porque me es útil para el ministerio. 12 A Tíquico lo envié a Efeso.
13 Trae, cuando vengas, el capote que dejé en Troas en casa de Carpo, y los
libros, mayormente los pergaminos. 14 Alejandro el calderero me ha causado
muchos males; el Señor le pague conforme a sus hechos. 15 Guárdate tú también
de él, pues en gran manera se ha opuesto a nuestras palabras. 16 En mi primera
defensa ninguno estuvo a mi lado, sino que todos me desampararon; no les sea
tomado en cuenta. 17 Pero el Señor estuvo a mi lado, y me dio fuerzas, para
que por mí fuese cumplida la predicación, y que todos los gentiles oyesen. Así
fui librado de la boca del león. 18 Y el Señor me librará de toda obra mala, y
me preservará para su reino celestial. A él sea gloria por los siglos de los
siglos. Amén.
Saludos y bendición final
19 Saluda a Prisca y a Aquila, y a la casa de Onesíforo.
20 Erasto se quedó en Corinto, y a Trófimo dejé en Mileto enfermo. 21 Procura
venir antes del invierno. Eubulo te saluda, y Pudente, Lino, Claudia y todos
los hermanos.
22 El Señor Jesucristo esté con tu espíritu. La gracia
sea con vosotros. Amén.
La Epístola del Apóstol San Pablo a
TITO
Salutación
TITO 1
1 Pablo, siervo de Dios y apóstol de Jesucristo, conforme
a la fe de los escogidos de Dios y el conocimiento de la verdad que es según
la piedad, 2 en la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no miente,
prometió desde antes del principio de los siglos, 3 y a su debido tiempo
manifestó su palabra por medio de la predicación que me fue encomendada por
mandato de Dios nuestro Salvador, 4 a Tito, verdadero hijo en la común fe:
Gracia, misericordia y paz, de Dios Padre y del Señor Jesucristo nuestro
Salvador.
Requisitos de ancianos y obispos
5 Por esta causa te dejé en Creta, para que corrigieses
lo deficiente, y establecieses ancianos en cada ciudad, así como yo te mandé;
6 el que fuere irreprensible, marido de una sola mujer, y tenga hijos
creyentes que no estén acusados de disolución ni de rebeldía. 7 Porque es
necesario que el obispo sea irreprensible, como administrador de Dios; no
soberbio, no iracundo, no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de
ganancias deshonestas, 8 sino hospedador, amante de lo bueno, sobrio, justo,
santo, dueño de sí mismo, 9 retenedor de la palabra fiel tal como ha sido
enseñada, para que también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los
que contradicen. 10 Porque hay aún muchos contumaces, habladores de vanidades
y engañadores, mayormente los de la circuncisión, 11 a los cuales es preciso
tapar la boca; que trastornan casas enteras, enseñando por ganancia deshonesta
lo que no conviene. 12 Uno de ellos, su propio profeta, dijo: Los cretenses,
siempre mentirosos, malas bestias, glotones ociosos. 13 Este testimonio es
verdadero; por tanto, repréndelos duramente, para que sean sanos en la fe, 14
no atendiendo a fábulas judaicas, ni a mandamientos de hombres que se apartan
de la verdad. 15 Todas las cosas son puras para los puros, mas para los
corrompidos e incrédulos nada les es puro; pues hasta su mente y su conciencia
están corrompidas. 16 Profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan,
siendo abominables y rebeldes, reprobados en cuanto a toda buena obra.
Enseñanza de la sana doctrina
TITO 2
1 Pero tú habla lo que está de acuerdo con la sana
doctrina. 2 Que los ancianos sean sobrios, serios, prudentes, sanos en la fe,
en el amor, en la paciencia. 3 Las ancianas asimismo sean reverentes en su
porte; no calumniadoras, no esclavas del vino, maestras del bien; 4 que
enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, 5 a ser
prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para
que la palabra de Dios no sea blasfemada. 6 Exhorta asimismo a los jóvenes a
que sean prudentes; 7 presentándote tú en todo como ejemplo de buenas obras;
en la enseñanza mostrando integridad, seriedad, 8 palabra sana e
irreprochable, de modo que el adversario se avergüence, y no tenga nada malo
que decir de vosotros. 9 Exhorta a los siervos a que se sujeten a sus amos,
que agraden en todo, que no sean respondones; 10 no defraudando, sino
mostrándose fieles en todo, para que en todo adornen la doctrina de Dios
nuestro Salvador.
11 Porque la gracia de Dios se ha manifestado para
salvación a todos los hombres, 12 enseñándonos que, renunciando a la impiedad
y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente,
13 aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de
nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, 14 quien se dio a sí mismo por
nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo
propio, celoso de buenas obras.
15 Esto habla, y exhorta y reprende con toda autoridad.
Nadie te menosprecie.
Justificados por gracia
TITO 3
1 Recuérdales que se sujeten a los gobernantes y
autoridades, que obedezcan, que estén dispuestos a toda buena obra. 2 Que a
nadie difamen, que no sean pendencieros, sino amables, mostrando toda
mansedumbre para con todos los hombres. 3 Porque nosotros también éramos en
otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y
deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y
aborreciéndonos unos a otros. 4 Pero cuando se manifestó la bondad de Dios
nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, 5 nos salvó, no por obras de
justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el
lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, 6 el
cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, 7
para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la
esperanza de la vida eterna.
8 Palabra fiel es esta, y en estas cosas quiero que
insistas con firmeza, para que los que creen en Dios procuren ocuparse en
buenas obras. Estas cosas son buenas y útiles a los hombres. 9 Pero evita las
cuestiones necias, y genealogías, y contenciones, y discusiones acerca de la
ley; porque son vanas y sin provecho. 10 Al hombre que cause divisiones,
después de una y otra amonestación deséchalo, 11 sabiendo que el tal se ha
pervertido, y peca y está condenado por su propio juicio.
Instrucciones personales
12 Cuando envíe a ti a Artemas o a Tíquico, apresúrate a
venir a mí en Nicópolis, porque allí he determinado pasar el invierno. 13 A
Zenas intérprete de la ley, y a Apolos, encamínales con solicitud, de modo que
nada les falte. 14 Y aprendan también los nuestros a ocuparse en buenas obras
para los casos de necesidad, para que no sean sin fruto.
Salutaciones y bendición final
15 Todos los que están conmigo te saludan. Saluda a los
que nos aman en la fe.
La gracia sea con todos vosotros. Amén.
La Epístola del Apóstol San Pablo a
FILEMÓN
Salutación
FILEMÓN 1
1 Pablo, prisionero de Jesucristo, y el hermano Timoteo,
al amado Filemón, colaborador nuestro, 2 y a la amada hermana Apia, y a
Arquipo nuestro compañero de milicia, y a la iglesia que está en tu casa: 3
Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.
El amor y la fe de Filemón
4 Doy gracias a mi Dios, haciendo siempre memoria de tí
en mis oraciones, 5 porque oigo del amor y de la fe que tienes hacia el Señor
Jesús, y para con todos los santos; 6 para que la participación de tu fe sea
eficaz en el conocimiento de todo el bien que está en vosotros por Cristo
Jesús. 7 Pues tenemos gran gozo y consolación en tu amor, porque por ti, oh
hermano, han sido confortados los corazones de los santos.
Pablo intercede por Onésimo
8 Por lo cual, aunque tengo mucha libertad en Cristo para
mandarte lo que conviene, 9 más bien te ruego por amor, siendo como soy, Pablo
ya anciano, y ahora, además, prisionero de Jesucristo; 10 te ruego por mi hijo
Onésimo, a quien engendré en mis prisiones, 11 el cual en otro tiempo te fue
inútil, pero ahora a ti y a mí nos es útil, 12 el cual vuelvo a enviarte; tú,
pues, recíbele como a mí mismo. 13 Yo quisiera retenerle conmigo, para que en
lugar tuyo me sirviese en mis prisiones por el evangelio; 14 pero nada quise
hacer sin tu consentimiento, para que tu favor no fuese como de necesidad,
sino voluntario.
15 Porque quizás para esto se apartó de ti por algún
tiempo, para que le recibieses para siempre; 16 no ya como esclavo, sino como
más que esclavo, como hermano amado, mayormente para mí, pero cuánto más para
ti, tanto en la carne como en el Señor. 17 Así que, si me tienes por
compañero, recíbele como a mí mismo. 18 Y si en algo te dañó, o te debe, ponlo
a mi cuenta. 19 Yo Pablo lo escribo de mi mano, yo lo pagaré; por no decirte
que aun tú mismo te me debes también. 20 Sí, hermano, tenga yo algún provecho
de ti en el Señor; conforta mi corazón en el Señor.
21 Te he escrito confiando en tu obediencia, sabiendo que
harás aun más de lo que te digo. 22 Prepárame también alojamiento; porque
espero que por vuestras oraciones os seré concedido.
Salutaciones y bendición final
23 Te saludan Epafras, mi compañero de prisiones por
Cristo Jesús, 24 Marcos, Aristarco, Demas y Lucas, mis colaboradores.
25 La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vuestro
espíritu. Amén.
La Epístola a los
HEBREOS
Dios ha hablado por su Hijo
HEBREOS 1
1 Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras
en otro tiempo a los padres por los profetas, 2 en estos postreros días nos ha
hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo
hizo el universo; 3 el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen
misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su
poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí
mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, 4 hecho tanto
superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos.
El Hijo, superior a los ángeles
5 Porque ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás:
Mi Hijo eres tú,
Yo te he engendrado hoy,
y otra vez:
Yo seré a él Padre,
Y él me será a mí hijo?
6 Y otra vez, cuando introduce al Primogénito en el
mundo, dice:
Adórenle todos los ángeles de Dios.
7 Ciertamente de los ángeles dice:
El que hace a sus ángeles espíritus,
Y a sus ministros llama de fuego.
8 Mas del Hijo dice: Tu trono, oh Dios, por el siglo del
siglo;
Cetro de equidad es el cetro de tu reino.
9 Has amado la justicia, y aborrecido la maldad,
Por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo,
Con óleo de alegría más que a tus compañeros.
10 Y:
Tú, oh Señor, en el principio fundaste la tierra,
Y los cielos son obra de tus manos.
11 Ellos perecerán, mas tú permaneces;
Y todos ellos se envejecerán como una vestidura,
12 Y como un vestido los envolverás, y serán mudados;
Pero tú eres el mismo,
Y tus años no acabarán.
13 Pues, ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás:
Siéntate a mi diestra,
Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies?
14 ¿No son todos espíritus ministradores, enviados para
servicio a favor de los que serán herederos de la salvación?
Una salvación tan grande
HEBREOS 2
1 Por tanto, es necesario que con más diligencia
atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos. 2 Porque si
la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda transgresión y
desobediencia recibió justa retribución, 3 ¿cómo escaparemos nosotros, si
descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada
primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron, 4
testificando Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y diversos
milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad.
El autor de la salvación
5 Porque no sujetó a los ángeles el mundo venidero,
acerca del cual estamos hablando; 6 pero alguien testificó en cierto lugar,
diciendo:
¿Qué es el hombre, para que te acuerdes de él,
O el hijo del hombre, para que le visites?
7 Le hiciste un poco menor que los ángeles,
Le coronaste de gloria y de honra,
Y le pusiste sobre las obras de tus manos;
8 Todo lo sujetaste bajo sus pies.
Porque en cuanto le sujetó todas las cosas, nada dejó que
no sea sujeto a él; pero todavía no vemos que todas las cosas le sean sujetas.
9 Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús,
coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que
por la gracia de Dios gustase la muerte por todos.
10 Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las
cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos
hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de
ellos. 11 Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son
todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos, 12 diciendo:
Anunciaré a mis hermanos tu nombre,
En medio de la congregación te alabaré.
13 Y otra vez:
Yo confiaré en él.
Y de nuevo:
He aquí, yo y los hijos que Dios me dio.
14 Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y
sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte
al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, 15 y librar a todos
los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a
servidumbre. 16 Porque ciertamente no socorrió a los ángeles, sino que
socorrió a la descendencia de Abraham. 17 Por lo cual debía ser en todo
semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo
sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo. 18
Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a
los que son tentados.
Jesús es superior a Moisés
HEBREOS 3
1 Por tanto, hermanos santos, participantes del
llamamiento celestial, considerad al apóstol y sumo sacerdote de nuestra
profesión, Cristo Jesús; 2 el cual es fiel al que le constituyó, como también
lo fue Moisés en toda la casa de Dios. 3 Porque de tanto mayor gloria que
Moisés es estimado digno éste, cuanto tiene mayor honra que la casa el que la
hizo. 4 Porque toda casa es hecha por alguno; pero el que hizo todas las cosas
es Dios. 5 Y Moisés a la verdad fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo,
para testimonio de lo que se iba a decir; 6 pero Cristo como hijo sobre su
casa, la cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la
confianza y el gloriarnos en la esperanza.
El reposo del pueblo de Dios
7 Por lo cual, como dice el Espíritu Santo:
Si oyereis hoy su voz,
8 No endurezcáis vuestros corazones,
Como en la provocación, en el día de la tentación en el
desierto,
9 Donde me tentaron vuestros padres; me probaron,
Y vieron mis obras cuarenta años.
10 A causa de lo cual me disgusté contra esa generación,
Y dije: Siempre andan vagando en su corazón,
Y no han conocido mis caminos.
11 Por tanto, juré en mi ira:
No entrarán en mi reposo.
12 Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros
corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; 13 antes exhortaos
los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno
de vosotros se endurezca por el engaño del pecado. 14 Porque somos hechos
participantes de Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra
confianza del principio, 15 entre tanto que se dice:
Si oyereis hoy su voz,
No endurezcáis vuestros corazones, como en la
provocación.
16 ¿Quiénes fueron los que, habiendo oído, le provocaron?
¿No fueron todos los que salieron de Egipto por mano de Moisés? 17 ¿Y con
quiénes estuvo él disgustado cuarenta años? ¿No fue con los que pecaron, cuyos
cuerpos cayeron en el desierto? 18 ¿Y a quiénes juró que no entrarían en su
reposo, sino a aquellos que desobedecieron? 19 Y vemos que no pudieron entrar
a causa de incredulidad.
HEBREOS 4
1 Temamos, pues, no sea que permaneciendo aún la promesa
de entrar en su reposo, alguno de vosotros parezca no haberlo alcanzado. 2
Porque también a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva como a ellos;
pero no les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que
la oyeron. 3 Pero los que hemos creído entramos en el reposo, de la manera que
dijo:
Por tanto, juré en mi ira,
No entrarán en mi reposo;
aunque las obras suyas estaban acabadas desde la
fundación del mundo. 4 Porque en cierto lugar dijo así del séptimo día: Y
reposó Dios de todas sus obras en el séptimo día. 5 Y otra vez aquí: No
entrarán en mi reposo. 6 Por lo tanto, puesto que falta que algunos entren en
él, y aquellos a quienes primero se les anunció la buena nueva no entraron por
causa de desobediencia, 7 otra vez determina un día: Hoy, diciendo después de
tanto tiempo, por medio de David, como se dijo:
Si oyereis hoy su voz,
No endurezcáis vuestros corazones.
8 Porque si Josué les hubiera dado el reposo, no hablaría
después de otro día. 9 Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios. 10
Porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como
Dios de las suyas.
11 Procuremos, pues, entrar en aquel reposo, para que
ninguno caiga en semejante ejemplo de desobediencia. 12 Porque la palabra de
Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra
hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne
los pensamientos y las intenciones del corazón. 13 Y no hay cosa creada que no
sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y
abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta.
Jesús el gran sumo sacerdote
14 Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que
traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. 15
Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras
debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero
sin pecado. 16 Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para
alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.
HEBREOS 5
1 Porque todo sumo sacerdote tomado de entre los hombres
es constituido a favor de los hombres en lo que a Dios se refiere, para que
presente ofrendas y sacrificios por los pecados; 2 para que se muestre
paciente con los ignorantes y extraviados, puesto que él también está rodeado
de debilidad; 3 y por causa de ella debe ofrecer por los pecados, tanto por sí
mismo como también por el pueblo. 4 Y nadie toma para sí esta honra, sino el
que es llamado por Dios, como lo fue Aarón.
5 Así tampoco Cristo se glorificó a sí mismo haciéndose
sumo sacerdote, sino el que le dijo:
Tú eres mi Hijo,
Yo te he engendrado hoy.
6 Como también dice en otro lugar:
Tú eres sacerdote para siempre,
Según el orden de Melquisedec.
7 Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y
súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue
oído a causa de su temor reverente. 8 Y aunque era Hijo, por lo que padeció
aprendió la obediencia; 9 y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de
eterna salvación para todos los que le obedecen; 10 y fue declarado por Dios
sumo sacerdote según el orden de Melquisedec.
Advertencia contra la apostasía
11 Acerca de esto tenemos mucho que decir, y difícil de
explicar, por cuanto os habéis hecho tardos para oír. 12 Porque debiendo ser
ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a
enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis
llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido. 13
Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia,
porque es niño; 14 pero el alimento sólido es para los que han alcanzado
madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el
discernimiento del bien y del mal.
HEBREOS 6
1 Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de
Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando otra vez el fundamento del
arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios, 2 de la doctrina de
bautismos, de la imposición de manos, de la resurrección de los muertos y del
juicio eterno. 3 Y esto haremos, si Dios en verdad lo permite. 4 Porque es
imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial,
y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, 5 y asimismo gustaron de la
buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, 6 y recayeron, sean
otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos
al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio. 7 Porque la tierra que bebe la
lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos
por los cuales es labrada, recibe bendición de Dios; 8 pero la que produce
espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida, y su fin es el
ser quemada.
9 Pero en cuanto a vosotros, oh amados, estamos
persuadidos de cosas mejores, y que pertenecen a la salvación, aunque hablamos
así. 10 Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de
amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y
sirviéndoles aún. 11 Pero deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma
solicitud hasta el fin, para plena certeza de la esperanza, 12 a fin de que no
os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia
heredan las promesas.
13 Porque cuando Dios hizo la promesa a Abraham, no
pudiendo jurar por otro mayor, juró por sí mismo, 14 diciendo: De cierto te
bendeciré con abundancia y te multiplicaré grandemente. 15 Y habiendo esperado
con paciencia, alcanzó la promesa. 16 Porque los hombres ciertamente juran por
uno mayor que ellos, y para ellos el fin de toda controversia es el juramento
para confirmación. 17 Por lo cual, queriendo Dios mostrar más abundantemente a
los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, interpuso
juramento; 18 para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible
que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para
asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros. 19 La cual tenemos como
segura y firme ancla del alma, y que penetra hasta dentro del velo, 20 donde
Jesús entró por nosotros como precursor, hecho sumo sacerdote para siempre
según el orden de Melquisedec.
El sacerdocio de Melquisedec
HEBREOS 7
1 Porque este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del
Dios Altísimo, que salió a recibir a Abraham que volvía de la derrota de los
reyes, y le bendijo, 2 a quien asimismo dio Abraham los diezmos de todo; cuyo
nombre significa primeramente Rey de justicia, y también Rey de Salem, esto
es, Rey de paz; 3 sin padre, sin madre, sin genealogía; que ni tiene principio
de días, ni fin de vida, sino hecho semejante al Hijo de Dios, permanece
sacerdote para siempre.
4 Considerad, pues, cuán grande era éste, a quien aun
Abraham el patriarca dio diezmos del botín. 5 Ciertamente los que de entre los
hijos de Leví reciben el sacerdocio, tienen mandamiento de tomar del pueblo
los diezmos según la ley, es decir, de sus hermanos, aunque éstos también
hayan salido de los lomos de Abraham. 6 Pero aquel cuya genealogía no es
contada de entre ellos, tomó de Abraham los diezmos, y bendijo al que tenía
las promesas. 7 Y sin discusión alguna, el menor es bendecido por el mayor. 8
Y aquí ciertamente reciben los diezmos hombres mortales; pero allí, uno de
quien se da testimonio de que vive. 9 Y por decirlo así, en Abraham pagó el
diezmo también Leví, que recibe los diezmos; 10 porque aún estaba en los lomos
de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro.
11 Si, pues, la perfección fuera por el sacerdocio
levítico (porque bajo él recibió el pueblo la ley), ¿qué necesidad habría aún
de que se levantase otro sacerdote, según el orden de Melquisedec, y que no
fuese llamado según el orden de Aarón? 12 Porque cambiado el sacerdocio,
necesario es que haya también cambio de ley; 13 y aquel de quien se dice esto,
es de otra tribu, de la cual nadie sirvió al altar. 14 Porque manifiesto es
que nuestro Señor vino de la tribu de Judá, de la cual nada habló Moisés
tocante al sacerdocio.
15 Y esto es aun más manifiesto, si a semejanza de
Melquisedec se levanta un sacerdote distinto, 16 no constituido conforme a la
ley del mandamiento acerca de la descendencia, sino según el poder de una vida
indestructible. 17 Pues se da testimonio de él:
Tú eres sacerdote para siempre,
Según el orden de Melquisedec.
18 Queda, pues, abrogado el mandamiento anterior a causa
de su debilidad e ineficacia 19 (pues nada perfeccionó la ley), y de la
introducción de una mejor esperanza, por la cual nos acercamos a Dios.
20 Y esto no fue hecho sin juramento; 21 porque los otros
ciertamente sin juramento fueron hechos sacerdotes; pero éste, con el
juramento del que le dijo:
Juró el Señor, y no se arrepentirá:
Tú eres sacerdote para siempre,
Según el orden de Melquisedec.
22 Por tanto, Jesús es hecho fiador de un mejor pacto.
23 Y los otros sacerdotes llegaron a ser muchos, debido a
que por la muerte no podían continuar; 24 mas éste, por cuanto permanece para
siempre, tiene un sacerdocio inmutable; 25 por lo cual puede también salvar
perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para
interceder por ellos.
26 Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo,
inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los
cielos; 27 que no tiene necesidad cada día, como aquellos sumos sacerdotes, de
ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del
pueblo; porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo. 28
Porque la ley constituye sumos sacerdotes a débiles hombres; pero la palabra
del juramento, posterior a la ley, al Hijo, hecho perfecto para siempre.
El mediador de un nuevo pacto
HEBREOS 8
1 Ahora bien, el punto principal de lo que venimos
diciendo es que tenemos tal sumo sacerdote, el cual se sentó a la diestra del
trono de la Majestad en los cielos, 2 ministro del santuario, y de aquel
verdadero tabernáculo que levantó el Señor, y no el hombre. 3 Porque todo sumo
sacerdote está constituido para presentar ofrendas y sacrificios; por lo cual
es necesario que también éste tenga algo que ofrecer. 4 Así que, si estuviese
sobre la tierra, ni siquiera sería sacerdote, habiendo aún sacerdotes que
presentan las ofrendas según la ley; 5 los cuales sirven a lo que es figura y
sombra de las cosas celestiales, como se le advirtió a Moisés cuando iba a
erigir el tabernáculo, diciéndole: Mira, haz todas las cosas conforme al
modelo que se te ha mostrado en el monte. 6 Pero ahora tanto mejor ministerio
es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores
promesas. 7 Porque si aquel primero hubiera sido sin defecto, ciertamente no
se hubiera procurado lugar para el segundo.
8 Porque reprendiéndolos dice:
He aquí vienen días, dice el Señor,
En que estableceré con la casa de Israel y la casa de
Judá un nuevo pacto;
9 No como el pacto que hice con sus padres
El día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra
de Egipto;
Porque ellos no permanecieron en mi pacto,
Y yo me desentendí de ellos, dice el Señor.
10 Por lo cual, este es el pacto que haré con la casa de
Israel
Después de aquellos días, dice el Señor:
Pondré mis leyes en la mente de ellos,
Y sobre su corazón las escribiré;
Y seré a ellos por Dios,
Y ellos me serán a mí por pueblo;
11 Y ninguno enseñará a su prójimo,
Ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce al Señor;
Porque todos me conocerán,
Desde el menor hasta el mayor de ellos.
12 Porque seré propicio a sus injusticias,
Y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus
iniquidades.
13 Al decir: Nuevo pacto, ha dado por viejo al primero; y
lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer.
HEBREOS 9
1 Ahora bien, aun el primer pacto tenía ordenanzas de
culto y un santuario terrenal. 2 Porque el tabernáculo estaba dispuesto así:
en la primera parte, llamada el Lugar Santo, estaban el candelabro, la mesa y
los panes de la proposición. 3 Tras el segundo velo estaba la parte del
tabernáculo llamada el Lugar Santísimo, 4 el cual tenía un incensario de oro y
el arca del pacto cubierta de oro por todas partes, en la que estaba una urna
de oro que contenía el maná, la vara de Aarón que reverdeció, y las tablas del
pacto; 5 y sobre ella los querubines de gloria que cubrían el propiciatorio;
de las cuales cosas no se puede ahora hablar en detalle.
6 Y así dispuestas estas cosas, en la primera parte del
tabernáculo entran los sacerdotes continuamente para cumplir los oficios del
culto; 7 pero en la segunda parte, sólo el sumo sacerdote una vez al año, no
sin sangre, la cual ofrece por sí mismo y por los pecados de ignorancia del
pueblo; 8 dando el Espíritu Santo a entender con esto que aún no se había
manifestado el camino al Lugar Santísimo, entre tanto que la primera parte del
tabernáculo estuviese en pie. 9 Lo cual es símbolo para el tiempo presente,
según el cual se presentan ofrendas y sacrificios que no pueden hacer
perfecto, en cuanto a la conciencia, al que practica ese culto, 10 ya que
consiste sólo de comidas y bebidas, de diversas abluciones, y ordenanzas
acerca de la carne, impuestas hasta el tiempo de reformar las cosas.
11 Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los
bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de
manos, es decir, no de esta creación, 12 y no por sangre de machos cabríos ni
de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar
Santísimo, habiendo obtenido eterna redención. 13 Porque si la sangre de los
toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra rociadas a los
inmundos, santifican para la purificación de la carne, 14 ¿cuánto más la
sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo
sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que
sirváis al Dios vivo?
15 Así que, por eso es mediador de un nuevo pacto, para
que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo
el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna. 16
Porque donde hay testamento, es necesario que intervenga muerte del testador.
17 Porque el testamento con la muerte se confirma; pues no es válido entre
tanto que el testador vive. 18 De donde ni aun el primer pacto fue instituido
sin sangre. 19 Porque habiendo anunciado Moisés todos los mandamientos de la
ley a todo el pueblo, tomó la sangre de los becerros y de los machos cabríos,
con agua, lana escarlata e hisopo, y roció el mismo libro y también a todo el
pueblo, 20 diciendo: Esta es la sangre del pacto que Dios os ha mandado. 21 Y
además de esto, roció también con la sangre el tabernáculo y todos los vasos
del ministerio. 22 Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin
derramamiento de sangre no se hace remisión.
El sacrificio de Cristo quita el pecado
23 Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas
celestiales fuesen purificadas así; pero las cosas celestiales mismas, con
mejores sacrificios que estos. 24 Porque no entró Cristo en el santuario hecho
de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora
por nosotros ante Dios; 25 y no para ofrecerse muchas veces, como entra el
sumo sacerdote en el Lugar Santísimo cada año con sangre ajena. 26 De otra
manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del
mundo; pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para
siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado. 27 Y
de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y
después de esto el juicio, 28 así también Cristo fue ofrecido una sola vez
para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación
con el pecado, para salvar a los que le esperan.
HEBREOS 10
1 Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes
venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos
sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que
se acercan. 2 De otra manera cesarían de ofrecerse, pues los que tributan este
culto, limpios una vez, no tendrían ya más conciencia de pecado. 3 Pero en
estos sacrificios cada año se hace memoria de los pecados; 4 porque la sangre
de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados. 5 Por lo
cual, entrando en el mundo dice:
Sacrificio y ofrenda no quisiste;
Mas me preparaste cuerpo.
6 Holocaustos y expiaciones por el pecado no te
agradaron.
7 Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para
hacer tu voluntad,
Como en el rollo del libro está escrito de mí.
8 Diciendo primero: Sacrificio y ofrenda y holocaustos y
expiaciones por el pecado no quisiste, ni te agradaron (las cuales cosas se
ofrecen según la ley), 9 y diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para
hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto último. 10 En esa
voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha
una vez para siempre.
11 Y ciertamente todo sacerdote está día tras día
ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden
quitar los pecados; 12 pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un
solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, 13 de ahí
en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus
pies; 14 porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los
santificados. 15 Y nos atestigua lo mismo el Espíritu Santo; porque después de
haber dicho:
16 Este es el pacto que haré con ellos
Después de aquellos días, dice el Señor:
Pondré mis leyes en sus corazones,
Y en sus mentes las escribiré,
17 añade:
Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones.
18 Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda
por el pecado.
19 Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el
Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, 20 por el camino nuevo y vivo que
él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, 21 y teniendo un gran
sacerdote sobre la casa de Dios, 22 acerquémonos con corazón sincero, en plena
certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los
cuerpos con agua pura. 23 Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de
nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió. 24 Y considerémonos unos a
otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; 25 no dejando de
congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto
más, cuanto veis que aquel día se acerca.
Advertencia al que peca deliberadamente
26 Porque si pecáremos voluntariamente después de haber
recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los
pecados, 27 sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que
ha de devorar a los adversarios. 28 El que viola la ley de Moisés, por el
testimonio de dos o de tres testigos muere irremisiblemente. 29 ¿Cuánto mayor
castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por
inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al
Espíritu de gracia? 30 Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza, yo daré
el pago, dice el Señor. Y otra vez: El Señor juzgará a su pueblo. 31 ¡Horrenda
cosa es caer en manos del Dios vivo!
32 Pero traed a la memoria los días pasados, en los
cuales, después de haber sido iluminados, sostuvisteis gran combate de
padecimientos; 33 por una parte, ciertamente, con vituperios y tribulaciones
fuisteis hechos espectáculo; y por otra, llegasteis a ser compañeros de los
que estaban en una situación semejante. 34 Porque de los presos también os
compadecisteis, y el despojo de vuestros bienes sufristeis con gozo, sabiendo
que tenéis en vosotros una mejor y perdurable herencia en los cielos. 35 No
perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; 36 porque os es
necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis
la promesa.
37 Porque aún un poquito,
Y el que ha de venir vendrá, y no tardará.
38 Mas el justo vivirá por fe;
Y si retrocediere, no agradará a mi alma.
39 Pero nosotros no somos de los que retroceden para
perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma.
La fe
HEBREOS 11
1 Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la
convicción de lo que no se ve. 2 Porque por ella alcanzaron buen testimonio
los antiguos. 3 Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la
palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.
4 Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio
que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios
testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella. 5 Por la fe Enoc fue
traspuesto para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso Dios; y
antes que fuese traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a Dios. 6 Pero
sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a
Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan. 7 Por la fe
Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con
temor preparó el arca en que su casa se salvase; y por esa fe condenó al
mundo, y fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe.
8 Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir
al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba. 9
Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena,
morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; 10
porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor
es Dios. 11 Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza
para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que
era fiel quien lo había prometido. 12 Por lo cual también, de uno, y ése ya
casi muerto, salieron como las estrellas del cielo en multitud, y como la
arena innumerable que está a la orilla del mar.
13 Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber
recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y
confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. 14 Porque los
que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria; 15 pues si
hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían
tiempo de volver. 16 Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual
Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una
ciudad.
17 Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a
Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, 18
habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia; 19 pensando que
Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido
figurado, también le volvió a recibir. 20 Por la fe bendijo Isaac a Jacob y a
Esaú respecto a cosas venideras. 21 Por la fe Jacob, al morir, bendijo a cada
uno de los hijos de José, y adoró apoyado sobre el extremo de su bordón. 22
Por la fe José, al morir, mencionó la salida de los hijos de Israel, y dio
mandamiento acerca de sus huesos.
23 Por la fe Moisés, cuando nació, fue escondido por sus
padres por tres meses, porque le vieron niño hermoso, y no temieron el decreto
del rey. 24 Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija
de Faraón, 25 escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar
de los deleites temporales del pecado, 26 teniendo por mayores riquezas el
vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la
mirada en el galardón. 27 Por la fe dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey;
porque se sostuvo como viendo al Invisible. 28 Por la fe celebró la pascua y
la aspersión de la sangre, para que el que destruía a los primogénitos no los
tocase a ellos.
29 Por la fe pasaron el Mar Rojo como por tierra seca; e
intentando los egipcios hacer lo mismo, fueron ahogados. 30 Por la fe cayeron
los muros de Jericó después de rodearlos siete días. 31 Por la fe Rahab la
ramera no pereció juntamente con los desobedientes, habiendo recibido a los
espías en paz.
32 ¿Y qué más digo? Porque el tiempo me faltaría contando
de Gedeón, de Barac, de Sansón, de Jefté, de David, así como de Samuel y de
los profetas; 33 que por fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron
promesas, taparon bocas de leones, 34 apagaron fuegos impetuosos, evitaron
filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas,
pusieron en fuga ejércitos extranjeros. 35 Las mujeres recibieron sus muertos
mediante resurrección; mas otros fueron atormentados, no aceptando el rescate,
a fin de obtener mejor resurrección. 36 Otros experimentaron vituperios y
azotes, y a más de esto prisiones y cárceles. 37 Fueron apedreados, aserrados,
puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá
cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados;
38 de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los
montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra.
39 Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio
mediante la fe, no recibieron lo prometido; 40 proveyendo Dios alguna cosa
mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de
nosotros.
Puestos los ojos en Jesús
HEBREOS 12
1 Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor
nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado
que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, 2
puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo
puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a
la diestra del trono de Dios.
3 Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de
pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar.
4 Porque aún no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el
pecado; 5 y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige,
diciendo:
Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor,
Ni desmayes cuando eres reprendido por él;
6 Porque el Señor al que ama, disciplina,
Y azota a todo el que recibe por hijo.
7 Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos;
porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? 8 Pero si se os deja
sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois
bastardos, y no hijos. 9 Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales
que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor
al Padre de los espíritus, y viviremos? 10 Y aquéllos, ciertamente por pocos
días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es
provechoso, para que participemos de su santidad. 11 Es verdad que ninguna
disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero
después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.
Los que rechazan la gracia de Dios
12 Por lo cual, levantad las manos caídas y las rodillas
paralizadas; 13 y haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo
no se salga del camino, sino que sea sanado. 14 Seguid la paz con todos, y la
santidad, sin la cual nadie verá al Señor. 15 Mirad bien, no sea que alguno
deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os
estorbe, y por ella muchos sean contaminados; 16 no sea que haya algún
fornicario, o profano, como Esaú, que por una sola comida vendió su
primogenitura. 17 Porque ya sabéis que aun después, deseando heredar la
bendición, fue desechado, y no hubo oportunidad para el arrepentimiento,
aunque la procuró con lágrimas.
18 Porque no os habéis acercado al monte que se podía
palpar, y que ardía en fuego, a la oscuridad, a las tinieblas y a la
tempestad, 19 al sonido de la trompeta, y a la voz que hablaba, la cual los
que la oyeron rogaron que no se les hablase más, 20 porque no podían soportar
lo que se ordenaba: Si aun una bestia tocare el monte, será apedreada, o
pasada con dardo; 21 y tan terrible era lo que se veía, que Moisés dijo: Estoy
espantado y temblando; 22 sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la
ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares
de ángeles, 23 a la congregación de los primogénitos que están inscritos en
los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos
perfectos, 24 a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que
habla mejor que la de Abel.
25 Mirad que no desechéis al que habla. Porque si no
escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho
menos nosotros, si desecháremos al que amonesta desde los cielos. 26 La voz
del cual conmovió entonces la tierra, pero ahora ha prometido, diciendo: Aún
una vez, y conmoveré no solamente la tierra, sino también el cielo. 27 Y esta
frase: Aún una vez, indica la remoción de las cosas movibles, como cosas
hechas, para que queden las inconmovibles. 28 Así que, recibiendo nosotros un
reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios
agradándole con temor y reverencia; 29 porque nuestro Dios es fuego
consumidor.
Deberes cristianos
HEBREOS 13
1 Permanezca el amor fraternal. 2 No os olvidéis de la
hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles. 3
Acordaos de los presos, como si estuvierais presos juntamente con ellos; y de
los maltratados, como que también vosotros mismos estáis en el cuerpo. 4
Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los
fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios. 5 Sean vuestras costumbres sin
avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te
desampararé, ni te dejaré; 6 de manera que podemos decir confiadamente:
El Señor es mi ayudador; no temeré
Lo que me pueda hacer el hombre.
7 Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la
palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e
imitad su fe. 8 Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos. 9 No os
dejéis llevar de doctrinas diversas y extrañas; porque buena cosa es afirmar
el corazón con la gracia, no con viandas, que nunca aprovecharon a los que se
han ocupado de ellas. 10 Tenemos un altar, del cual no tienen derecho de comer
los que sirven al tabernáculo. 11 Porque los cuerpos de aquellos animales cuya
sangre a causa del pecado es introducida en el santuario por el sumo
sacerdote, son quemados fuera del campamento. 12 Por lo cual también Jesús,
para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la
puerta. 13 Salgamos, pues, a él, fuera del campamento, llevando su vituperio;
14 porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la por venir.
15 Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de
alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre. 16 Y de hacer
bien y de la ayuda mutua no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada
Dios. 17 Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan
por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con
alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso.
18 Orad por nosotros; pues confiamos en que tenemos buena
conciencia, deseando conducirnos bien en todo. 19 Y más os ruego que lo hagáis
así, para que yo os sea restituido más pronto.
Bendición y salutaciones finales
20 Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro
Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto
eterno, 21 os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad,
haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al
cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
22 Os ruego, hermanos, que soportéis la palabra de
exhortación, pues os he escrito brevemente. 23 Sabed que está en libertad
nuestro hermano Timoteo, con el cual, si viniere pronto, iré a veros. 24
Saludad a todos vuestros pastores, y a todos los santos. Los de Italia os
saludan. 25 La gracia sea con todos vosotros. Amén.
La Epístola Universal de
SANTIAGO
Salutación
SANTIAGO 1
1 Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo, a las
doce tribus que están en la dispersión: Salud.
La sabiduría que viene de Dios
2 Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en
diversas pruebas, 3 sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. 4
Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales,
sin que os falte cosa alguna.
5 Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría,
pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será
dada. 6 Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a
la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra.
7 No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor. 8 El
hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos.
9 El hermano que es de humilde condición, gloríese en su
exaltación; 10 pero el que es rico, en su humillación; porque él pasará como
la flor de la hierba. 11 Porque cuando sale el sol con calor abrasador, la
hierba se seca, su flor se cae, y perece su hermosa apariencia; así también se
marchitará el rico en todas sus empresas.
Soportando las pruebas
12 Bienaventurado el varón que soporta la tentación;
porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios
ha prometido a los que le aman. 13 Cuando alguno es tentado, no diga que es
tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él
tienta a nadie; 14 sino que cada uno es tentado, cuando de su propia
concupiscencia es atraído y seducido. 15 Entonces la concupiscencia, después
que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz
la muerte.
16 Amados hermanos míos, no erréis. 17 Toda buena dádiva
y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual
no hay mudanza, ni sombra de variación. 18 El, de su voluntad, nos hizo nacer
por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas.
Hacedores de la palabra
19 Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto
para oír, tardo para hablar, tardo para airarse; 20 porque la ira del hombre
no obra la justicia de Dios. 21 Por lo cual, desechando toda inmundicia y
abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual
puede salvar vuestras almas.
22 Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente
oidores, engañándoos a vosotros mismos. 23 Porque si alguno es oidor de la
palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en
un espejo su rostro natural. 24 Porque él se considera a sí mismo, y se va, y
luego olvida cómo era. 25 Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la
de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor
de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace.
26 Si alguno se cree religioso entre vosotros, y no
refrena su lengua, sino que engaña su corazón, la religión del tal es vana. 27
La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los
huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del
mundo.
Amonestación contra la parcialidad
SANTIAGO 2
1 Hermanos míos, que vuestra fe en nuestro glorioso Señor
Jesucristo sea sin acepción de personas. 2 Porque si en vuestra congregación
entra un hombre con anillo de oro y con ropa espléndida, y también entra un
pobre con vestido andrajoso, 3 y miráis con agrado al que trae la ropa
espléndida y le decís: Siéntate tú aquí en buen lugar; y decís al pobre:
Estate tú allí en pie, o siéntate aquí bajo mi estrado; 4 ¿no hacéis
distinciones entre vosotros mismos, y venís a ser jueces con malos
pensamientos? 5 Hermanos míos amados, oíd: ¿No ha elegido Dios a los pobres de
este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a
los que le aman? 6 Pero vosotros habéis afrentado al pobre. ¿No os oprimen los
ricos, y no son ellos los mismos que os arrastran a los tribunales? 7 ¿No
blasfeman ellos el buen nombre que fue invocado sobre vosotros?
8 Si en verdad cumplís la ley real, conforme a la
Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, bien hacéis; 9 pero si hacéis
acepción de personas, cometéis pecado, y quedáis convictos por la ley como
transgresores. 10 Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere
en un punto, se hace culpable de todos. 11 Porque el que dijo: No cometerás
adulterio, también ha dicho: No matarás. Ahora bien, si no cometes adulterio,
pero matas, ya te has hecho transgresor de la ley. 12 Así hablad, y así haced,
como los que habéis de ser juzgados por la ley de la libertad. 13 Porque
juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia; y la
misericordia triunfa sobre el juicio.
La fe sin obras es muerta
14 Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que
tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? 15 Y si un hermano o una
hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, 16 y
alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais
las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha? 17 Así también
la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma.
18 Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras.
Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras. 19 Tú
crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan. 20
¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta? 21 ¿No fue
justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo
Isaac sobre el altar? 22 ¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y
que la fe se perfeccionó por las obras? 23 Y se cumplió la Escritura que dice:
Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo de
Dios. 24 Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no
solamente por la fe. 25 Asimismo también Rahab la ramera, ¿no fue justificada
por obras, cuando recibió a los mensajeros y los envió por otro camino? 26
Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras
está muerta.
La lengua
SANTIAGO 3
1 Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de
vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación. 2 Porque todos ofendemos
muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz
también de refrenar todo el cuerpo. 3 He aquí nosotros ponemos freno en la
boca de los caballos para que nos obedezcan, y dirigimos así todo su cuerpo. 4
Mirad también las naves; aunque tan grandes, y llevadas de impetuosos vientos,
son gobernadas con un muy pequeño timón por donde el que las gobierna quiere.
5 Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas.
He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!
6 Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua
está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la
rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno. 7 Porque toda
naturaleza de bestias, y de aves, y de serpientes, y de seres del mar, se doma
y ha sido domada por la naturaleza humana; 8 pero ningún hombre puede domar la
lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal. 9
Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que
están hechos a la semejanza de Dios. 10 De una misma boca proceden bendición y
maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así. 11 ¿Acaso alguna fuente echa
por una misma abertura agua dulce y amarga? 12 Hermanos míos, ¿puede acaso la
higuera producir aceitunas, o la vid higos? Así también ninguna fuente puede
dar agua salada y dulce.
La sabiduría de lo alto
13 ¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre
por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre. 14 Pero si tenéis celos
amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis, ni mintáis contra la
verdad; 15 porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino
terrenal, animal, diabólica. 16 Porque donde hay celos y contención, allí hay
perturbación y toda obra perversa. 17 Pero la sabiduría que es de lo alto es
primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y
de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía. 18 Y el fruto de justicia
se siembra en paz para aquellos que hacen la paz.
La amistad con el mundo
SANTIAGO 4
1 ¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre
vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros
miembros? 2 Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis
alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís.
3 Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites. 4 ¡Oh
almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios?
Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de
Dios. 5 ¿O pensáis que la Escritura dice en vano: El Espíritu que él ha hecho
morar en nosotros nos anhela celosamente? 6 Pero él da mayor gracia. Por esto
dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. 7 Someteos,
pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros. 8 Acercaos a Dios, y él
se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble
ánimo, purificad vuestros corazones. 9 Afligíos, y lamentad, y llorad. Vuestra
risa se convierta en lloro, y vuestro gozo en tristeza. 10 Humillaos delante
del Señor, y él os exaltará.
Juzgando al hermano
11 Hermanos, no murmuréis los unos de los otros. El que
murmura del hermano y juzga a su hermano, murmura de la ley y juzga a la ley;
pero si tú juzgas a la ley, no eres hacedor de la ley, sino juez. 12 Uno solo
es el dador de la ley, que puede salvar y perder; pero tú, ¿quién eres para
que juzgues a otro?
No os gloriéis del día de mañana
13 ¡Vamos ahora! los que decís: Hoy y mañana iremos a tal
ciudad, y estaremos allá un año, y traficaremos, y ganaremos; 14 cuando no
sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina
que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece. 15 En lugar de lo
cual deberíais decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello.
16 Pero ahora os jactáis en vuestras soberbias. Toda jactancia semejante es
mala; 17 y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado.
Contra los ricos opresores
SANTIAGO 5
1 ¡Vamos ahora, ricos! Llorad y aullad por las miserias
que os vendrán. 2 Vuestras riquezas están podridas, y vuestras ropas están
comidas de polilla. 3 Vuestro oro y plata están enmohecidos; y su moho
testificará contra vosotros, y devorará del todo vuestras carnes como fuego.
Habéis acumulado tesoros para los días postreros. 4 He aquí, clama el jornal
de los obreros que han cosechado vuestras tierras, el cual por engaño no les
ha sido pagado por vosotros; y los clamores de los que habían segado han
entrado en los oídos del Señor de los ejércitos. 5 Habéis vivido en deleites
sobre la tierra, y sido disolutos; habéis engordado vuestros corazones como en
día de matanza. 6 Habéis condenado y dado muerte al justo, y él no os hace
resistencia.
Sed pacientes y orad
7 Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida
del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra,
aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía. 8
Tened también vosotros paciencia, y afirmad vuestros corazones; porque la
venida del Señor se acerca. 9 Hermanos, no os quejéis unos contra otros, para
que no seáis condenados; he aquí, el juez está delante de la puerta. 10
Hermanos míos, tomad como ejemplo de aflicción y de paciencia a los profetas
que hablaron en nombre del Señor. 11 He aquí, tenemos por bienaventurados a
los que sufren. Habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto el fin del
Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo.
12 Pero sobre todo, hermanos míos, no juréis, ni por el
cielo, ni por la tierra, ni por ningún otro juramento; sino que vuestro sí sea
sí, y vuestro no sea no, para que no caigáis en condenación.
13 ¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración.
¿Está alguno alegre? Cante alabanzas. 14 ¿Está alguno enfermo entre vosotros?
Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el
nombre del Señor. 15 Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo
levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados. 16 Confesaos
vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados.
La oración eficaz del justo puede mucho. 17 Elías era hombre sujeto a pasiones
semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviese, y no
llovió sobre la tierra por tres años y seis meses. 18 Y otra vez oró, y el
cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto.
19 Hermanos, si alguno de entre vosotros se ha extraviado
de la verdad, y alguno le hace volver, 20 sepa que el que haga volver al
pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud
de pecados.
Primera Epístola Universal de
SAN PEDRO APÓSTOL
1 PEDRO 1
1 Pedro, apóstol de Jesucristo, a los expatriados de la
dispersión en el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, 2 elegidos según
la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y
ser rociados con la sangre de Jesucristo: Gracia y paz os sean multiplicadas.
Una esperanza viva
3 Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por
la resurrección de Jesucristo de los muertos, 4 para una herencia
incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para
vosotros, 5 que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para
alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo
postrero. 6 En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de
tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, 7 para
que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual
aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra
cuando sea manifestado Jesucristo, 8 a quien amáis sin haberle visto, en quien
creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso;
9 obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas.
10 Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a
vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación, 11
escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que
estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y
las glorias que vendrían tras ellos. 12 A éstos se les reveló que no para sí
mismos, sino para nosotros, administraban las cosas que ahora os son
anunciadas por los que os han predicado el evangelio por el Espíritu Santo
enviado del cielo; cosas en las cuales anhelan mirar los ángeles.
Llamamiento a una vida santa
13 Por tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento,
sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando
Jesucristo sea manifestado; 14 como hijos obedientes, no os conforméis a los
deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; 15 sino, como aquel
que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de
vivir; 16 porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo. 17 Y si
invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de
cada uno, conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación; 18
sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual
recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata,
19 sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin
contaminación, 20 ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero
manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros, 21 y mediante el
cual creéis en Dios, quien le resucitó de los muertos y le ha dado gloria,
para que vuestra fe y esperanza sean en Dios.
22 Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a
la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos
a otros entrañablemente, de corazón puro; 23 siendo renacidos, no de simiente
corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y
permanece para siempre. 24 Porque:
Toda carne es como hierba,
Y toda la gloria del hombre como flor de la hierba.
La hierba se seca, y la flor se cae;
25 Mas la palabra del Señor permanece para siempre.
Y esta es la palabra que por el evangelio os ha sido
anunciada.
1 PEDRO 2
1 Desechando, pues, toda malicia, todo engaño,
hipocresía, envidias, y todas las detracciones, 2 desead, como niños recién
nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para
salvación, 3 si es que habéis gustado la benignidad del Señor.
La piedra viva
4 Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente
por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, 5 vosotros también, como
piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para
ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo. 6
Por lo cual también contiene la Escritura:
He aquí, pongo en Sion la principal piedra del ángulo,
escogida, preciosa;
Y el que creyere en él, no será avergonzado.
7 Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso;
pero para los que no creen,
La piedra que los edificadores desecharon,
Ha venido a ser la cabeza del ángulo; 8 y:
Piedra de tropiezo, y roca que hace caer, porque
tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también
destinados.
El pueblo de Dios
9 Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio,
nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de
aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; 10 vosotros que en
otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro
tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado
misericordia.
Vivid como siervos de Dios
11 Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos,
que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma, 12
manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo
que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de
la visitación, al considerar vuestras buenas obras.
13 Por causa del Señor someteos a toda institución
humana, ya sea al rey, como a superior, 14 ya a los gobernadores, como por él
enviados para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen bien. 15
Porque esta es la voluntad de Dios: que haciendo bien, hagáis callar la
ignorancia de los hombres insensatos; 16 como libres, pero no como los que
tienen la libertad como pretexto para hacer lo malo, sino como siervos de
Dios. 17 Honrad a todos. Amad a los hermanos. Temed a Dios. Honrad al rey.
18 Criados, estad sujetos con todo respeto a vuestros
amos; no solamente a los buenos y afables, sino también a los difíciles de
soportar. 19 Porque esto merece aprobación, si alguno a causa de la conciencia
delante de Dios, sufre molestias padeciendo injustamente. 20 Pues ¿qué gloria
es, si pecando sois abofeteados, y lo soportáis? Mas si haciendo lo bueno
sufrís, y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios. 21 Pues
para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros,
dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; 22 el cual no hizo pecado, ni
se halló engaño en su boca; 23 quien cuando le maldecían, no respondía con
maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que
juzga justamente; 24 quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre
el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la
justicia; y por cuya herida fuisteis sanados. 25 Porque vosotros erais como
ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras
almas.
Deberes conyugales
1 PEDRO 3
1 Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros
maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin
palabra por la conducta de sus esposas, 2 considerando vuestra conducta casta
y respetuosa. 3 Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de
adornos de oro o de vestidos lujosos, 4 sino el interno, el del corazón, en el
incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima
delante de Dios. 5 Porque así también se ataviaban en otro tiempo aquellas
santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos; 6 como
Sara obedecía a Abraham, llamándole señor; de la cual vosotras habéis venido a
ser hijas, si hacéis el bien, sin temer ninguna amenaza.
7 Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas
sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a
coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan
estorbo.
Una buena conciencia
8 Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos,
amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables; 9 no devolviendo mal por
mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo
que fuisteis llamados para que heredaseis bendición. 10 Porque:
El que quiere amar la vida
Y ver días buenos,
Refrene su lengua de mal,
Y sus labios no hablen engaño;
11 Apártese del mal, y haga el bien;
Busque la paz, y sígala.
12 Porque los ojos del Señor están sobre los justos,
Y sus oídos atentos a sus oraciones;
Pero el rostro del Señor está contra aquellos que hacen
el mal.
13 ¿Y quién es aquel que os podrá hacer daño, si vosotros
seguís el bien? 14 Mas también si alguna cosa padecéis por causa de la
justicia, bienaventurados sois. Por tanto, no os amedrentéis por temor de
ellos, ni os conturbéis, 15 sino santificad a Dios el Señor en vuestros
corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y
reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en
vosotros; 16 teniendo buena conciencia, para que en lo que murmuran de
vosotros como de malhechores, sean avergonzados los que calumnian vuestra
buena conducta en Cristo. 17 Porque mejor es que padezcáis haciendo el bien,
si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal. 18 Porque también
Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para
llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en
espíritu; 19 en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados, 20
los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de
Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas
personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua. 21 El bautismo que
corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne,
sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la
resurrección de Jesucristo, 22 quien habiendo subido al cielo está a la
diestra de Dios; y a él están sujetos ángeles, autoridades y potestades.
Buenos administradores de la gracia de Dios
1 PEDRO 4
1 Puesto que Cristo ha padecido por nosotros en la carne,
vosotros también armaos del mismo pensamiento; pues quien ha padecido en la
carne, terminó con el pecado, 2 para no vivir el tiempo que resta en la carne,
conforme a las concupiscencias de los hombres, sino conforme a la voluntad de
Dios. 3 Baste ya el tiempo pasado para haber hecho lo que agrada a los
gentiles, andando en lascivias, concupiscencias, embriagueces, orgías,
disipación y abominables idolatrías. 4 A éstos les parece cosa extraña que
vosotros no corráis con ellos en el mismo desenfreno de disolución, y os
ultrajan; 5 pero ellos darán cuenta al que está preparado para juzgar a los
vivos y a los muertos. 6 Porque por esto también ha sido predicado el
evangelio a los muertos, para que sean juzgados en carne según los hombres,
pero vivan en espíritu según Dios.
7 Mas el fin de todas las cosas se acerca; sed, pues,
sobrios, y velad en oración. 8 Y ante todo, tened entre vosotros ferviente
amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados. 9 Hospedaos los unos a los
otros sin murmuraciones. 10 Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo
a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. 11
Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra,
ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado
por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de
los siglos. Amén.
Padeciendo como cristianos
12 Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os
ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, 13 sino gozaos por
cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en
la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría. 14 Si sois vituperados
por el nombre de Cristo, sois bienaventurados, porque el glorioso Espíritu de
Dios reposa sobre vosotros. Ciertamente, de parte de ellos, él es blasfemado,
pero por vosotros es glorificado. 15 Así que, ninguno de vosotros padezca como
homicida, o ladrón, o malhechor, o por entremeterse en lo ajeno; 16 pero si
alguno padece como cristiano, no se avergüence, sino glorifique a Dios por
ello. 17 Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si
primero comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen
al evangelio de Dios? 18 Y:
Si el justo con dificultad se salva,
¿En dónde aparecerá el impío y el pecador?
19 De modo que los que padecen según la voluntad de Dios,
encomienden sus almas al fiel Creador, y hagan el bien.
Apacentad la grey de Dios
1 PEDRO 5
1 Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo
anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy
también participante de la gloria que será revelada: 2 Apacentad la grey de
Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino
voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; 3 no como
teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos
de la grey. 4 Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros
recibiréis la corona incorruptible de gloria. 5 Igualmente, jóvenes, estad
sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad;
porque:
Dios resiste a los soberbios,
Y da gracia a los humildes.
6 Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para
que él os exalte cuando fuere tiempo; 7 echando toda vuestra ansiedad sobre
él, porque él tiene cuidado de vosotros. 8 Sed sobrios, y velad; porque
vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a
quien devorar; 9 al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos
padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo. 10 Mas
el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo,
después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione,
afirme, fortalezca y establezca. 11 A él sea la gloria y el imperio por los
siglos de los siglos. Amén.
Salutaciones finales
12 Por conducto de Silvano, a quien tengo por hermano
fiel, os he escrito brevemente, amonestándoos, y testificando que ésta es la
verdadera gracia de Dios, en la cual estáis. 13 La iglesia que está en
Babilonia, elegida juntamente con vosotros, y Marcos mi hijo, os saludan. 14
Saludaos unos a otros con ósculo de amor. Paz sea con todos vosotros los que
estáis en Jesucristo. Amén.
Segunda Epístola Universal de
SAN PEDRO APÓSTOL
Salutación
2 PEDRO
1 Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo, a los que
habéis alcanzado, por la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo, una
fe igualmente preciosa que la nuestra: 2 Gracia y paz os sean multiplicadas,
en el conocimiento de Dios y de nuestro Señor Jesús.
Partícipes de la naturaleza divina
3 Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la
piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de
aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, 4 por medio de las cuales nos
ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser
participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay
en el mundo a causa de la concupiscencia; 5 vosotros también, poniendo toda
diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud,
conocimiento; 6 al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia;
a la paciencia, piedad; 7 a la piedad, afecto fraternal; y al afecto
fraternal, amor. 8 Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os
dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor
Jesucristo. 9 Pero el que no tiene estas cosas tiene la vista muy corta; es
ciego, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados. 10 Por lo
cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección;
porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás. 11 Porque de esta manera os
será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y
Salvador Jesucristo.
12 Por esto, yo no dejaré de recordaros siempre estas
cosas, aunque vosotros las sepáis, y estéis confirmados en la verdad presente.
13 Pues tengo por justo, en tanto que estoy en este cuerpo, el despertaros con
amonestación; 14 sabiendo que en breve debo abandonar el cuerpo, como nuestro
Señor Jesucristo me ha declarado. 15 También yo procuraré con diligencia que
después de mi partida vosotros podáis en todo momento tener memoria de estas
cosas.
Testigos presenciales de la gloria de Cristo
16 Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida
de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo
visto con nuestros propios ojos su majestad. 17 Pues cuando él recibió de Dios
Padre honra y gloria, le fue enviada desde la magnífica gloria una voz que
decía: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia. 18 Y nosotros
oímos esta voz enviada del cielo, cuando estábamos con él en el monte santo.
19 Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en
estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el
día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; 20
entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de
interpretación privada, 21 porque nunca la profecía fue traída por voluntad
humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el
Espíritu Santo.
Falsos profetas y falsos maestros
(Judas 3-13)
2 PEDRO 2
1 Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como
habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente
herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre
sí mismos destrucción repentina. 2 Y muchos seguirán sus disoluciones, por
causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, 3 y por avaricia
harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de
largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme.
4 Porque si Dios no perdonó a los ángeles que pecaron,
sino que arrojándolos al infierno los entregó a prisiones de oscuridad, para
ser reservados al juicio; 5 y si no perdonó al mundo antiguo, sino que guardó
a Noé, pregonero de justicia, con otras siete personas, trayendo el diluvio
sobre el mundo de los impíos; 6 y si condenó por destrucción a las ciudades de
Sodoma y de Gomorra, reduciéndolas a ceniza y poniéndolas de ejemplo a los que
habían de vivir impíamente, 7 y libró al justo Lot, abrumado por la nefanda
conducta de los malvados 8 (porque este justo, que moraba entre ellos, afligía
cada día su alma justa, viendo y oyendo los hechos inicuos de ellos), 9 sabe
el Señor librar de tentación a los piadosos, y reservar a los injustos para
ser castigados en el día del juicio; 10 y mayormente a aquellos que, siguiendo
la carne, andan en concupiscencia e inmundicia, y desprecian el señorío.
Atrevidos y contumaces, no temen decir mal de las
potestades superiores, 11 mientras que los ángeles, que son mayores en fuerza
y en potencia, no pronuncian juicio de maldición contra ellas delante del
Señor. 12 Pero éstos, hablando mal de cosas que no entienden, como animales
irracionales, nacidos para presa y destrucción, perecerán en su propia
perdición, 13 recibiendo el galardón de su injusticia, ya que tienen por
delicia el gozar de deleites cada día. Estos son inmundicias y manchas,
quienes aun mientras comen con vosotros, se recrean en sus errores. 14 Tienen
los ojos llenos de adulterio, no se sacian de pecar, seducen a las almas
inconstantes, tienen el corazón habituado a la codicia, y son hijos de
maldición. 15 Han dejado el camino recto, y se han extraviado siguiendo el
camino de Balaam hijo de Beor, el cual amó el premio de la maldad, 16 y fue
reprendido por su iniquidad; pues una muda bestia de carga, hablando con voz
de hombre, refrenó la locura del profeta.
17 Estos son fuentes sin agua, y nubes empujadas por la
tormenta; para los cuales la más densa oscuridad está reservada para siempre.
18 Pues hablando palabras infladas y vanas, seducen con concupiscencias de la
carne y disoluciones a los que verdaderamente habían huido de los que viven en
error. 19 Les prometen libertad, y son ellos mismos esclavos de corrupción.
Porque el que es vencido por alguno es hecho esclavo del que lo venció. 20
Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo,
por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en
ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero. 21
Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que
después de haberlo conocido, volverse atrás del santo mandamiento que les fue
dado. 22 Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro vuelve a
su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno.
El día del Señor vendrá
2 PEDRO 3
1 Amados, esta es la segunda carta que os escribo, y en
ambas despierto con exhortación vuestro limpio entendimiento, 2 para que
tengáis memoria de las palabras que antes han sido dichas por los santos
profetas, y del mandamiento del Señor y Salvador dado por vuestros apóstoles;
3 sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando
según sus propias concupiscencias, 4 y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su
advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas
permanecen así como desde el principio de la creación. 5 Estos ignoran
voluntariamente, que en el tiempo antiguo fueron hechos por la palabra de Dios
los cielos, y también la tierra, que proviene del agua y por el agua subsiste,
6 por lo cual el mundo de entonces pereció anegado en agua; 7 pero los cielos
y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra,
guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres
impíos. 8 Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es
como mil años, y mil años como un día. 9 El Señor no retarda su promesa, según
algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no
queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento. 10
Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos
pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la
tierra y las obras que en ella hay serán quemadas.
11 Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas,
¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, 12
esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los
cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se
fundirán! 13 Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y
tierra nueva, en los cuales mora la justicia.
14 Por lo cual, oh amados, estando en espera de estas
cosas, procurad con diligencia ser hallados por él sin mancha e
irreprensibles, en paz. 15 Y tened entendido que la paciencia de nuestro Señor
es para salvación; como también nuestro amado hermano Pablo, según la
sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito, 16 casi en todas sus epístolas,
hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de
entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las
otras Escrituras, para su propia perdición. 17 Así que vosotros, oh amados,
sabiéndolo de antemano, guardaos, no sea que arrastrados por el error de los
inicuos, caigáis de vuestra firmeza. 18 Antes bien, creced en la gracia y el
conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y
hasta el día de la eternidad. Amén.
Primera Epístola Universal de
SAN JUAN APÓSTOL
La palabra de vida
1 JUAN 1
1 Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo
que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon
nuestras manos tocante al Verbo de vida 2 (porque la vida fue manifestada, y
la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba
con el Padre, y se nos manifestó); 3 lo que hemos visto y oído, eso os
anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra
comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo. 4 Estas
cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido.
Dios es luz
5 Este es el mensaje que hemos oído de él, y os
anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él. 6 Si decimos que
tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la
verdad; 7 pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos
con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado. 8 Si
decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no
está en nosotros. 9 Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para
perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. 10 Si decimos que no
hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros.
Cristo, nuestro abogado
1 JUAN 2
1 Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no
pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a
Jesucristo el justo. 2 Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no
solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo. 3 Y en esto
sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos. 4 El que
dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la
verdad no está en él; 5 pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente
el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él. 6 El
que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo.
El nuevo mandamiento
7 Hermanos, no os escribo mandamiento nuevo, sino el
mandamiento antiguo que habéis tenido desde el principio; este mandamiento
antiguo es la palabra que habéis oído desde el principio. 8 Sin embargo, os
escribo un mandamiento nuevo, que es verdadero en él y en vosotros, porque las
tinieblas van pasando, y la luz verdadera ya alumbra. 9 El que dice que está
en la luz, y aborrece a su hermano, está todavía en tinieblas. 10 El que ama a
su hermano, permanece en la luz, y en él no hay tropiezo. 11 Pero el que
aborrece a su hermano está en tinieblas, y anda en tinieblas, y no sabe a
dónde va, porque las tinieblas le han cegado los ojos.
12 Os escribo a vosotros, hijitos, porque vuestros
pecados os han sido perdonados por su nombre. 13 Os escribo a vosotros,
padres, porque conocéis al que es desde el principio. Os escribo a vosotros,
jóvenes, porque habéis vencido al maligno. Os escribo a vosotros, hijitos,
porque habéis conocido al Padre. 14 Os he escrito a vosotros, padres, porque
habéis conocido al que es desde el principio. Os he escrito a vosotros,
jóvenes, porque sois fuertes, y la palabra de Dios permanece en vosotros, y
habéis vencido al maligno.
15 No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo.
Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. 16 Porque todo lo que
hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la
vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. 17 Y el mundo
pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para
siempre.
El anticristo
18 Hijitos, ya es el último tiempo; y según vosotros
oísteis que el anticristo viene, así ahora han surgido muchos anticristos; por
esto conocemos que es el último tiempo. 19 Salieron de nosotros, pero no eran
de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con
nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros.
20 Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas. 21 No
os he escrito como si ignoraseis la verdad, sino porque la conocéis, y porque
ninguna mentira procede de la verdad. 22 ¿Quién es el mentiroso, sino el que
niega que Jesús es el Cristo? Este es anticristo, el que niega al Padre y al
Hijo. 23 Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiesa
al Hijo, tiene también al Padre. 24 Lo que habéis oído desde el principio,
permanezca en vosotros. Si lo que habéis oído desde el principio permanece en
vosotros, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre. 25 Y esta
es la promesa que él nos hizo, la vida eterna.
26 Os he escrito esto sobre los que os engañan. 27 Pero
la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis
necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las
cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced
en él.
28 Y ahora, hijitos, permaneced en él, para que cuando se
manifieste, tengamos confianza, para que en su venida no nos alejemos de él
avergonzados. 29 Si sabéis que él es justo, sabed también que todo el que hace
justicia es nacido de él.
Hijos de Dios
1 JUAN 3
1 Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos
llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció
a él. 2 Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que
hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a
él, porque le veremos tal como él es. 3 Y todo aquel que tiene esta esperanza
en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro.
4 Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley;
pues el pecado es infracción de la ley. 5 Y sabéis que él apareció para quitar
nuestros pecados, y no hay pecado en él. 6 Todo aquel que permanece en él, no
peca; todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido. 7 Hijitos, nadie
os engañe; el que hace justicia es justo, como él es justo. 8 El que practica
el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto
apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo. 9 Todo aquel que
es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece
en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios. 10 En esto se manifiestan
los hijos de Dios, y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia, y
que no ama a su hermano, no es de Dios.
11 Porque este es el mensaje que habéis oído desde el
principio: Que nos amemos unos a otros. 12 No como Caín, que era del maligno y
mató a su hermano. ¿Y por qué causa le mató? Porque sus obras eran malas, y
las de su hermano justas. 13 Hermanos míos, no os extrañéis si el mundo os
aborrece. 14 Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos
a los hermanos. El que no ama a su hermano, permanece en muerte. 15 Todo aquel
que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida
eterna permanente en él. 16 En esto hemos conocido el amor, en que él puso su
vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los
hermanos. 17 Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener
necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él? 18
Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.
19 Y en esto conocemos que somos de la verdad, y
aseguraremos nuestros corazones delante de él; 20 pues si nuestro corazón nos
reprende, mayor que nuestro corazón es Dios, y él sabe todas las cosas. 21
Amados, si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios; 22 y
cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de él, porque guardamos sus
mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él. 23 Y este
es su mandamiento: Que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos
amemos unos a otros como nos lo ha mandado. 24 Y el que guarda sus
mandamientos, permanece en Dios, y Dios en él. Y en esto sabemos que él
permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado.
El Espíritu de Dios y el espíritu del anticristo
1 JUAN 4
1 Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los
espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el
mundo. 2 En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que
Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; 3 y todo espíritu que no confiesa
que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del
anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el
mundo. 4 Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es
el que está en vosotros, que el que está en el mundo. 5 Ellos son del mundo;
por eso hablan del mundo, y el mundo los oye. 6 Nosotros somos de Dios; el que
conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye. En esto conocemos el
espíritu de verdad y el espíritu de error.
Dios es amor
7 Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de
Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. 8 El que no ama,
no ha conocido a Dios; porque Dios es amor. 9 En esto se mostró el amor de
Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para
que vivamos por él. 10 En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos
amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en
propiciación por nuestros pecados. 11 Amados, si Dios nos ha amado así,
debemos también nosotros amarnos unos a otros. 12 Nadie ha visto jamás a Dios.
Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha
perfeccionado en nosotros.
13 En esto conocemos que permanecemos en él, y él en
nosotros, en que nos ha dado de su Espíritu. 14 Y nosotros hemos visto y
testificamos que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo. 15 Todo
aquel que confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en
Dios. 16 Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con
nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios
en él. 17 En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos
confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en este
mundo. 18 En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el
temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido
perfeccionado en el amor. 19 Nosotros le amamos a él, porque él nos amó
primero. 20 Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es
mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar
a Dios a quien no ha visto? 21 Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El
que ama a Dios, ame también a su hermano.
La fe que vence al mundo
1 JUAN 5
1 Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido
de Dios; y todo aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido
engendrado por él. 2 En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, cuando
amamos a Dios, y guardamos sus mandamientos. 3 Pues este es el amor a Dios,
que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos. 4 Porque
todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha
vencido al mundo, nuestra fe. 5 ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que
cree que Jesús es el Hijo de Dios?
El testimonio del Espíritu
6 Este es Jesucristo, que vino mediante agua y sangre; no
mediante agua solamente, sino mediante agua y sangre. Y el Espíritu es el que
da testimonio; porque el Espíritu es la verdad. 7 Porque tres son los que dan
testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres
son uno. 8 Y tres son los que dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el
agua y la sangre; y estos tres concuerdan. 9 Si recibimos el testimonio de los
hombres, mayor es el testimonio de Dios; porque este es el testimonio con que
Dios ha testificado acerca de su Hijo. 10 El que cree en el Hijo de Dios,
tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso,
porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo. 11 Y
este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en
su Hijo. 12 El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de
Dios no tiene la vida.
El conocimiento de la vida eterna
13 Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el
nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que
creáis en el nombre del Hijo de Dios. 14 Y esta es la confianza que tenemos en
él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. 15 Y si
sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las
peticiones que le hayamos hecho. 16 Si alguno viere a su hermano cometer
pecado que no sea de muerte, pedirá, y Dios le dará vida; esto es para los que
cometen pecado que no sea de muerte. Hay pecado de muerte, por el cual yo no
digo que se pida. 17 Toda injusticia es pecado; pero hay pecado no de muerte.
18 Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no
practica el pecado, pues Aquel que fue engendrado por Dios le guarda, y el
maligno no le toca.
19 Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo
el maligno.
20 Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha
dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el
verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna.
21 Hijitos, guardaos de los ídolos. Amén.
Segunda Epístola de
SAN JUAN APÓSTOL
Salutación
2 JUAN
1 El anciano a la señora elegida y a sus hijos, a quienes
yo amo en la verdad; y no sólo yo, sino también todos los que han conocido la
verdad, 2 a causa de la verdad que permanece en nosotros, y estará para
siempre con nosotros: 3 Sea con vosotros gracia, misericordia y paz, de Dios
Padre y del Señor Jesucristo, Hijo del Padre, en verdad y en amor.
Permaneced en la doctrina de Cristo
4 Mucho me regocijé porque he hallado a algunos de tus
hijos andando en la verdad, conforme al mandamiento que recibimos del Padre. 5
Y ahora te ruego, señora, no como escribiéndote un nuevo mandamiento, sino el
que hemos tenido desde el principio, que nos amemos unos a otros. 6 Y este es
el amor, que andemos según sus mandamientos. Este es el mandamiento: que
andéis en amor, como vosotros habéis oído desde el principio. 7 Porque muchos
engañadores han salido por el mundo, que no confiesan que Jesucristo ha venido
en carne. Quien esto hace es el engañador y el anticristo. 8 Mirad por
vosotros mismos, para que no perdáis el fruto de vuestro trabajo, sino que
recibáis galardón completo. 9 Cualquiera que se extravía, y no persevera en la
doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de
Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo. 10 Si alguno viene a vosotros, y no
trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le digáis: ¡Bienvenido! 11
Porque el que le dice: ¡Bienvenido! participa en sus malas obras.
Espero ir a vosotros
12 Tengo muchas cosas que escribiros, pero no he querido
hacerlo por medio de papel y tinta, pues espero ir a vosotros y hablar cara a
cara, para que nuestro gozo sea cumplido.
13 Los hijos de tu hermana, la elegida, te saludan. Amén.
Tercera Epístola de
SAN JUAN APÓSTOL
Salutación
3 JUAN 1
1 El anciano a Gayo, el amado, a quien amo en la verdad.
2 Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas
salud, así como prospera tu alma. 3 Pues mucho me regocijé cuando vinieron los
hermanos y dieron testimonio de tu verdad, de cómo andas en la verdad. 4 No
tengo yo mayor gozo que este, el oír que mis hijos andan en la verdad.
Elogio de la hospitalidad de Gayo
5 Amado, fielmente te conduces cuando prestas algún
servicio a los hermanos, especialmente a los desconocidos, 6 los cuales han
dado ante la iglesia testimonio de tu amor; y harás bien en encaminarlos como
es digno de su servicio a Dios, para que continúen su viaje. 7 Porque ellos
salieron por amor del nombre de El, sin aceptar nada de los gentiles. 8
Nosotros, pues, debemos acoger a tales personas, para que cooperemos con la
verdad.
La oposición de Diótrefes
9 Yo he escrito a la iglesia; pero Diótrefes, al cual le
gusta tener el primer lugar entre ellos, no nos recibe. 10 Por esta causa, si
yo fuere, recordaré las obras que hace parloteando con palabras malignas
contra nosotros; y no contento con estas cosas, no recibe a los hermanos, y a
los que quieren recibirlos se lo prohibe, y los expulsa de la iglesia.
Buen testimonio acerca de Demetrio
11 Amado, no imites lo malo, sino lo bueno. El que hace
lo bueno es de Dios; pero el que hace lo malo, no ha visto a Dios. 12 Todos
dan testimonio de Demetrio, y aun la verdad misma; y también nosotros damos
testimonio, y vosotros sabéis que nuestro testimonio es verdadero.
Salutaciones finales
13 Yo tenía muchas cosas que escribirte, pero no quiero
escribírtelas con tinta y pluma, 14 porque espero verte en breve, y hablaremos
cara a cara.
15 La paz sea contigo. Los amigos te saludan. Saluda tú a
los amigos, a cada uno en particular.
La Epístola Universal de
SAN JUDAS
APÓSTOL
Salutación
JUDAS 1
1 Judas, siervo de Jesucristo, y hermano de Jacobo, a los
llamados, santificados en Dios Padre, y guardados en Jesucristo: 2
Misericordia y paz y amor os sean multiplicados.
Falsas doctrinas y falsos maestros
(2 P. 2.1-17)
3 Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros
acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros
exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a
los santos. 4 Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que
desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que
convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único
soberano, y a nuestro Señor Jesucristo.
5 Mas quiero recordaros, ya que una vez lo habéis sabido,
que el Señor, habiendo salvado al pueblo sacándolo de Egipto, después destruyó
a los que no creyeron. 6 Y a los ángeles que no guardaron su dignidad, sino
que abandonaron su propia morada, los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones
eternas, para el juicio del gran día; 7 como Sodoma y Gomorra y las ciudades
vecinas, las cuales de la misma manera que aquéllos, habiendo fornicado e ido
en pos de vicios contra naturaleza, fueron puestas por ejemplo, sufriendo el
castigo del fuego eterno.
8 No obstante, de la misma manera también estos soñadores
mancillan la carne, rechazan la autoridad y blasfeman de las potestades
superiores. 9 Pero cuando el arcángel Miguel contendía con el diablo,
disputando con él por el cuerpo de Moisés, no se atrevió a proferir juicio de
maldición contra él, sino que dijo: El Señor te reprenda. 10 Pero éstos
blasfeman de cuantas cosas no conocen; y en las que por naturaleza conocen, se
corrompen como animales irracionales. 11 ¡Ay de ellos! porque han seguido el
camino de Caín, y se lanzaron por lucro en el error de Balaam, y perecieron en
la contradicción de Coré. 12 Estos son manchas en vuestros ágapes, que
comiendo impúdicamente con vosotros se apacientan a sí mismos; nubes sin agua,
llevadas de acá para allá por los vientos; árboles otoñales, sin fruto, dos
veces muertos y desarraigados; 13 fieras ondas del mar, que espuman su propia
vergüenza; estrellas errantes, para las cuales está reservada eternamente la
oscuridad de las tinieblas.
14 De éstos también profetizó Enoc, séptimo desde Adán,
diciendo: He aquí, vino el Señor con sus santas decenas de millares, 15 para
hacer juicio contra todos, y dejar convictos a todos los impíos de todas sus
obras impías que han hecho impíamente, y de todas las cosas duras que los
pecadores impíos han hablado contra él. 16 Estos son murmuradores,
querellosos, que andan según sus propios deseos, cuya boca habla cosas
infladas, adulando a las personas para sacar provecho.
Amonestaciones y exhortaciones
17 Pero vosotros, amados, tened memoria de las palabras
que antes fueron dichas por los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo; 18 los
que os decían: En el postrer tiempo habrá burladores, que andarán según sus
malvados deseos. 19 Estos son los que causan divisiones; los sensuales, que no
tienen al Espíritu. 20 Pero vosotros, amados, edificándoos sobre vuestra
santísima fe, orando en el Espíritu Santo, 21 conservaos en el amor de Dios,
esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna. 22 A
algunos que dudan, convencedlos. 23 A otros salvad, arrebatándolos del fuego;
y de otros tened misericordia con temor, aborreciendo aun la ropa contaminada
por su carne.
Doxología
24 Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y
presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría, 25 al único y
sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad, imperio y potencia, ahora
y por todos los siglos. Amén.
EL APOCALIPSIS
De San Juan
La revelación de Jesucristo
APOCALIPSIS 1
1 La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para
manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró
enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan, 2 que ha dado testimonio de
la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que
ha visto. 3 Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta
profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca.
Salutaciones a las siete iglesias
4 Juan, a las siete iglesias que están en Asia: Gracia y
paz a vosotros, del que es y que era y que ha de venir, y de los siete
espíritus que están delante de su trono; 5 y de Jesucristo el testigo fiel, el
primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que
nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre,
6 y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él
sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén. 7 He aquí que viene
con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los
linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén.
8 Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el
Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso.
Una visión del Hijo del Hombre
9 Yo Juan, vuestro hermano, y copartícipe vuestro en la
tribulación, en el reino y en la paciencia de Jesucristo, estaba en la isla
llamada Patmos, por causa de la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo.
10 Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran
voz como de trompeta, 11 que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el
último. Escribe en un libro lo que ves, y envíalo a las siete iglesias que
están en Asia: a Efeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y
Laodicea.
12 Y me volví para ver la voz que hablaba conmigo; y
vuelto, vi siete candeleros de oro, 13 y en medio de los siete candeleros, a
uno semejante al Hijo del Hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los
pies, y ceñido por el pecho con un cinto de oro. 14 Su cabeza y sus cabellos
eran blancos como blanca lana, como nieve; sus ojos como llama de fuego; 15 y
sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno; y su voz
como estruendo de muchas aguas. 16 Tenía en su diestra siete estrellas; de su
boca salía una espada aguda de dos filos; y su rostro era como el sol cuando
resplandece en su fuerza.
17 Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y él puso su
diestra sobre mí, diciéndome: No temas; yo soy el primero y el último; 18 y el
que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos,
amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades. 19 Escribe las cosas que
has visto, y las que son, y las que han de ser después de estas. 20 El
misterio de las siete estrellas que has visto en mi diestra, y de los siete
candeleros de oro: las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias,
y los siete candeleros que has visto, son las siete iglesias.
Mensajes a las siete iglesias: El mensaje a Efeso
APOCALIPSIS 2
1 Escribe al ángel de la iglesia en Efeso: El que tiene
las siete estrellas en su diestra, el que anda en medio de los siete
candeleros de oro, dice esto:
2 Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y
que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser
apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; 3 y has sufrido, y has
tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has
desmayado. 4 Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor. 5 Recuerda,
por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues
si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te
hubieres arrepentido. 6 Pero tienes esto, que aborreces las obras de los
nicolaítas, las cuales yo también aborrezco. 7 El que tiene oído, oiga lo que
el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, le daré a comer del árbol de
la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios.
El mensaje a Esmirna
8 Y escribe al ángel de la iglesia en Esmirna: El primero
y el postrero, el que estuvo muerto y vivió, dice esto:
9 Yo conozco tus obras, y tu tribulación, y tu pobreza
(pero tú eres rico), y la blasfemia de los que se dicen ser judíos, y no lo
son, sino sinagoga de Satanás. 10 No temas en nada lo que vas a padecer. He
aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis
probados, y tendréis tribulación por diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo
te daré la corona de la vida. 11 El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu
dice a las iglesias. El que venciere, no sufrirá daño de la segunda muerte.
El mensaje a Pérgamo
12 Y escribe al ángel de la iglesia en Pérgamo: El que
tiene la espada aguda de dos filos dice esto:
13 Yo conozco tus obras, y dónde moras, donde está el
trono de Satanás; pero retienes mi nombre, y no has negado mi fe, ni aun en
los días en que Antipas mi testigo fiel fue muerto entre vosotros, donde mora
Satanás. 14 Pero tengo unas pocas cosas contra ti: que tienes ahí a los que
retienen la doctrina de Balaam, que enseñaba a Balac a poner tropiezo ante los
hijos de Israel, a comer de cosas sacrificadas a los ídolos, y a cometer
fornicación. 15 Y también tienes a los que retienen la doctrina de los
nicolaítas, la que yo aborrezco. 16 Por tanto, arrepiéntete; pues si no,
vendré a ti pronto, y pelearé contra ellos con la espada de mi boca. 17 El que
tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, daré
a comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca, y en la
piedrecita escrito un nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquel que lo
recibe.
El mensaje a Tiatira
18 Y escribe al ángel de la iglesia en Tiatira: El Hijo
de Dios, el que tiene ojos como llama de fuego, y pies semejantes al bronce
bruñido, dice esto:
19 Yo conozco tus obras, y amor, y fe, y servicio, y tu
paciencia, y que tus obras postreras son más que las primeras. 20 Pero tengo
unas pocas cosas contra ti: que toleras que esa mujer Jezabel, que se dice
profetisa, enseñe y seduzca a mis siervos a fornicar y a comer cosas
sacrificadas a los ídolos. 21 Y le he dado tiempo para que se arrepienta, pero
no quiere arrepentirse de su fornicación. 22 He aquí, yo la arrojo en cama, y
en gran tribulación a los que con ella adulteran, si no se arrepienten de las
obras de ella. 23 Y a sus hijos heriré de muerte, y todas las iglesias sabrán
que yo soy el que escudriña la mente y el corazón; y os daré a cada uno según
vuestras obras. 24 Pero a vosotros y a los demás que están en Tiatira, a
cuantos no tienen esa doctrina, y no han conocido lo que ellos llaman las
profundidades de Satanás, yo os digo: No os impondré otra carga; 25 pero lo
que tenéis, retenedlo hasta que yo venga. 26 Al que venciere y guardare mis
obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones, 27 y las regirá
con vara de hierro, y serán quebradas como vaso de alfarero; como yo también
la he recibido de mi Padre; 28 y le daré la estrella de la mañana. 29 El que
tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.
El mensaje a Sardis
APOCALIPSIS 3
1 Escribe al ángel de la iglesia en Sardis: El que tiene
los siete espíritus de Dios, y las siete estrellas, dice esto:
Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, y
estás muerto. 2 Sé vigilante, y afirma las otras cosas que están para morir;
porque no he hallado tus obras perfectas delante de Dios. 3 Acuérdate, pues,
de lo que has recibido y oído; y guárdalo, y arrepiéntete. Pues si no velas,
vendré sobre ti como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti. 4 Pero
tienes unas pocas personas en Sardis que no han manchado sus vestiduras; y
andarán conmigo en vestiduras blancas, porque son dignas. 5 El que venciere
será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la
vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles. 6
El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.
El mensaje a Filadelfia
7 Escribe al ángel de la iglesia en Filadelfia: Esto dice
el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y ninguno
cierra, y cierra y ninguno abre:
8 Yo conozco tus obras; he aquí, he puesto delante de ti
una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar; porque aunque tienes poca
fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre. 9 He aquí, yo
entrego de la sinagoga de Satanás a los que se dicen ser judíos y no lo son,
sino que mienten; he aquí, yo haré que vengan y se postren a tus pies, y
reconozcan que yo te he amado. 10 Por cuanto has guardado la palabra de mi
paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir
sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra. 11 He
aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona.
12 Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más
saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la
ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi
Dios, y mi nombre nuevo. 13 El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a
las iglesias.
El mensaje a Laodicea
14 Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí
el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios,
dice esto:
15 Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá
fueses frío o caliente! 16 Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente,
te vomitaré de mi boca. 17 Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido,
y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado,
miserable, pobre, ciego y desnudo. 18 Por tanto, yo te aconsejo que de mí
compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para
vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos
con colirio, para que veas. 19 Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé,
pues, celoso, y arrepiéntete. 20 He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si
alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él
conmigo. 21 Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así
como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono. 22 El que tiene
oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.
La adoración celestial
APOCALIPSIS 4
1 Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en
el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo:
Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas. 2 Y al
instante yo estaba en el Espíritu; y he aquí, un trono establecido en el
cielo, y en el trono, uno sentado. 3 Y el aspecto del que estaba sentado era
semejante a piedra de jaspe y de cornalina; y había alrededor del trono un
arco iris, semejante en aspecto a la esmeralda. 4 Y alrededor del trono había
veinticuatro tronos; y vi sentados en los tronos a veinticuatro ancianos,
vestidos de ropas blancas, con coronas de oro en sus cabezas. 5 Y del trono
salían relámpagos y truenos y voces; y delante del trono ardían siete lámparas
de fuego, las cuales son los siete espíritus de Dios.
6 Y delante del trono había como un mar de vidrio
semejante al cristal; y junto al trono, y alrededor del trono, cuatro seres
vivientes llenos de ojos delante y detrás. 7 El primer ser viviente era
semejante a un león; el segundo era semejante a un becerro; el tercero tenía
rostro como de hombre; y el cuarto era semejante a un águila volando. 8 Y los
cuatro seres vivientes tenían cada uno seis alas, y alrededor y por dentro
estaban llenos de ojos; y no cesaban día y noche de decir: Santo, santo, santo
es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir. 9
Y siempre que aquellos seres vivientes dan gloria y honra y acción de gracias
al que está sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos, 10
los veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono,
y adoran al que vive por los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante
del trono, diciendo: 11 Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el
poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron
creadas.
El rollo y el Cordero
APOCALIPSIS 5
1 Y vi en la mano derecha del que estaba sentado en el
trono un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos. 2 Y
vi a un ángel fuerte que pregonaba a gran voz: ¿Quién es digno de abrir el
libro y desatar sus sellos? 3 Y ninguno, ni en el cielo ni en la tierra ni
debajo de la tierra, podía abrir el libro, ni aun mirarlo. 4 Y lloraba yo
mucho, porque no se había hallado a ninguno digno de abrir el libro, ni de
leerlo, ni de mirarlo. 5 Y uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí que
el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro
y desatar sus siete sellos.
6 Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro
seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como
inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete
espíritus de Dios enviados por toda la tierra. 7 Y vino, y tomó el libro de la
mano derecha del que estaba sentado en el trono. 8 Y cuando hubo tomado el
libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron
delante del Cordero; todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso,
que son las oraciones de los santos; 9 y cantaban un nuevo cántico, diciendo:
Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado,
y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y
nación; 10 y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos
sobre la tierra. 11 Y miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono,
y de los seres vivientes, y de los ancianos; y su número era millones de
millones, 12 que decían a gran voz: El Cordero que fue inmolado es digno de
tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria
y la alabanza. 13 Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra,
y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí
decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la
honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos. 14 Los cuatro seres
vivientes decían: Amén; y los veinticuatro ancianos se postraron sobre sus
rostros y adoraron al que vive por los siglos de los siglos.
Los sellos
APOCALIPSIS 6
1 Vi cuando el Cordero abrió uno de los sellos, y oí a
uno de los cuatro seres vivientes decir como con voz de trueno: Ven y mira. 2
Y miré, y he aquí un caballo blanco; y el que lo montaba tenía un arco; y le
fue dada una corona, y salió venciendo, y para vencer.
3 Cuando abrió el segundo sello, oí al segundo ser
viviente, que decía: Ven y mira. 4 Y salió otro caballo, bermejo; y al que lo
montaba le fue dado poder de quitar de la tierra la paz, y que se matasen unos
a otros; y se le dio una gran espada.
5 Cuando abrió el tercer sello, oí al tercer ser
viviente, que decía: Ven y mira. Y miré, y he aquí un caballo negro; y el que
lo montaba tenía una balanza en la mano. 6 Y oí una voz de en medio de los
cuatro seres vivientes, que decía: Dos libras de trigo por un denario, y seis
libras de cebada por un denario; pero no dañes el aceite ni el vino.
7 Cuando abrió el cuarto sello, oí la voz del cuarto ser
viviente, que decía: Ven y mira. 8 Miré, y he aquí un caballo amarillo, y el
que lo montaba tenía por nombre Muerte, y el Hades le seguía; y le fue dada
potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con
hambre, con mortandad, y con las fieras de la tierra.
9 Cuando abrió el quinto sello, vi bajo el altar las
almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de Dios y por el
testimonio que tenían. 10 Y clamaban a gran voz, diciendo: ¿Hasta cuándo,
Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran
en la tierra? 11 Y se les dieron vestiduras blancas, y se les dijo que
descansasen todavía un poco de tiempo, hasta que se completara el número de
sus consiervos y sus hermanos, que también habían de ser muertos como ellos.
12 Miré cuando abrió el sexto sello, y he aquí hubo un
gran terremoto; y el sol se puso negro como tela de cilicio, y la luna se
volvió toda como sangre; 13 y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra,
como la higuera deja caer sus higos cuando es sacudida por un fuerte viento.
14 Y el cielo se desvaneció como un pergamino que se enrolla; y todo monte y
toda isla se removió de su lugar. 15 Y los reyes de la tierra, y los grandes,
los ricos, los capitanes, los poderosos, y todo siervo y todo libre, se
escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes; 16 y decían a los
montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel
que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero; 17 porque el gran
día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?
Los 144 mil sellados
APOCALIPSIS 7
1 Después de esto vi a cuatro ángeles en pie sobre los
cuatro ángulos de la tierra, que detenían los cuatro vientos de la tierra,
para que no soplase viento alguno sobre la tierra, ni sobre el mar, ni sobre
ningún árbol. 2 Vi también a otro ángel que subía de donde sale el sol, y
tenía el sello del Dios vivo; y clamó a gran voz a los cuatro ángeles, a
quienes se les había dado el poder de hacer daño a la tierra y al mar, 3
diciendo: No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que
hayamos sellado en sus frentes a los siervos de nuestro Dios. 4 Y oí el número
de los sellados: ciento cuarenta y cuatro mil sellados de todas las tribus de
los hijos de Israel. 5 De la tribu de Judá, doce mil sellados. De la tribu de
Rubén, doce mil sellados. De la tribu de Gad, doce mil sellados. 6 De la tribu
de Aser, doce mil sellados. De la tribu de Neftalí, doce mil sellados. De la
tribu de Manasés, doce mil sellados. 7 De la tribu de Simeón, doce mil
sellados. De la tribu de Leví, doce mil sellados. De la tribu de Isacar, doce
mil sellados. 8 De la tribu de Zabulón, doce mil sellados. De la tribu de
José, doce mil sellados. De la tribu de Benjamín, doce mil sellados.
La multitud vestida de ropas blancas
9 Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la
cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que
estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas
blancas, y con palmas en las manos; 10 y clamaban a gran voz, diciendo: La
salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero.
11 Y todos los ángeles estaban en pie alrededor del trono, y de los ancianos y
de los cuatro seres vivientes; y se postraron sobre sus rostros delante del
trono, y adoraron a Dios, 12 diciendo: Amén. La bendición y la gloria y la
sabiduría y la acción de gracias y la honra y el poder y la fortaleza, sean a
nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén.
13 Entonces uno de los ancianos habló, diciéndome: Estos
que están vestidos de ropas blancas, ¿quiénes son, y de dónde han venido? 14
Yo le dije: Señor, tú lo sabes. Y él me dijo: Estos son los que han salido de
la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la
sangre del Cordero. 15 Por esto están delante del trono de Dios, y le sirven
día y noche en su templo; y el que está sentado sobre el trono extenderá su
tabernáculo sobre ellos. 16 Ya no tendrán hambre ni sed, y el sol no caerá más
sobre ellos, ni calor alguno; 17 porque el Cordero que está en medio del trono
los pastoreará, y los guiará a fuentes de aguas de vida; y Dios enjugará toda
lágrima de los ojos de ellos.
El séptimo sello
APOCALIPSIS 8
1 Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el
cielo como por media hora. 2 Y vi a los siete ángeles que estaban en pie ante
Dios; y se les dieron siete trompetas. 3 Otro ángel vino entonces y se paró
ante el altar, con un incensario de oro; y se le dio mucho incienso para
añadirlo a las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que estaba
delante del trono. 4 Y de la mano del ángel subió a la presencia de Dios el
humo del incienso con las oraciones de los santos. 5 Y el ángel tomó el
incensario, y lo llenó del fuego del altar, y lo arrojó a la tierra; y hubo
truenos, y voces, y relámpagos, y un terremoto.
Las trompetas
6 Y los siete ángeles que tenían las siete trompetas se
dispusieron a tocarlas.
7 El primer ángel tocó la trompeta, y hubo granizo y
fuego mezclados con sangre, que fueron lanzados sobre la tierra; y la tercera
parte de los árboles se quemó, y se quemó toda la hierba verde.
8 El segundo ángel tocó la trompeta, y como una gran
montaña ardiendo en fuego fue precipitada en el mar; y la tercera parte del
mar se convirtió en sangre. 9 Y murió la tercera parte de los seres vivientes
que estaban en el mar, y la tercera parte de las naves fue destruida.
10 El tercer ángel tocó la trompeta, y cayó del cielo una
gran estrella, ardiendo como una antorcha, y cayó sobre la tercera parte de
los ríos, y sobre las fuentes de las aguas. 11 Y el nombre de la estrella es
Ajenjo. Y la tercera parte de las aguas se convirtió en ajenjo; y muchos
hombres murieron a causa de esas aguas, porque se hicieron amargas.
12 El cuarto ángel tocó la trompeta, y fue herida la
tercera parte del sol, y la tercera parte de la luna, y la tercera parte de
las estrellas, para que se oscureciese la tercera parte de ellos, y no hubiese
luz en la tercera parte del día, y asimismo de la noche.
13 Y miré, y oí a un ángel volar por en medio del cielo,
diciendo a gran voz: ¡Ay, ay, ay, de los que moran en la tierra, a causa de
los otros toques de trompeta que están para sonar los tres ángeles!
APOCALIPSIS 9
1 El quinto ángel tocó la trompeta, y vi una estrella que
cayó del cielo a la tierra; y se le dio la llave del pozo del abismo. 2 Y
abrió el pozo del abismo, y subió humo del pozo como humo de un gran horno; y
se oscureció el sol y el aire por el humo del pozo. 3 Y del humo salieron
langostas sobre la tierra; y se les dio poder, como tienen poder los
escorpiones de la tierra. 4 Y se les mandó que no dañasen a la hierba de la
tierra, ni a cosa verde alguna, ni a ningún árbol, sino solamente a los
hombres que no tuviesen el sello de Dios en sus frentes. 5 Y les fue dado, no
que los matasen, sino que los atormentasen cinco meses; y su tormento era como
tormento de escorpión cuando hiere al hombre. 6 Y en aquellos días los hombres
buscarán la muerte, pero no la hallarán; y ansiarán morir, pero la muerte
huirá de ellos.
7 El aspecto de las langostas era semejante a caballos
preparados para la guerra; en las cabezas tenían como coronas de oro; sus
caras eran como caras humanas; 8 tenían cabello como cabello de mujer; sus
dientes eran como de leones; 9 tenían corazas como corazas de hierro; el ruido
de sus alas era como el estruendo de muchos carros de caballos corriendo a la
batalla; 10 tenían colas como de escorpiones, y también aguijones; y en sus
colas tenían poder para dañar a los hombres durante cinco meses. 11 Y tienen
por rey sobre ellos al ángel del abismo, cuyo nombre en hebreo es Abadón, y en
griego, Apolión.
12 El primer ay pasó; he aquí, vienen aún dos ayes
después de esto.
13 El sexto ángel tocó la trompeta, y oí una voz de entre
los cuatro cuernos del altar de oro que estaba delante de Dios, 14 diciendo al
sexto ángel que tenía la trompeta: Desata a los cuatro ángeles que están
atados junto al gran río Eufrates. 15 Y fueron desatados los cuatro ángeles
que estaban preparados para la hora, día, mes y año, a fin de matar a la
tercera parte de los hombres. 16 Y el número de los ejércitos de los jinetes
era doscientos millones. Yo oí su número. 17 Así vi en visión los caballos y a
sus jinetes, los cuales tenían corazas de fuego, de zafiro y de azufre. Y las
cabezas de los caballos eran como cabezas de leones; y de su boca salían
fuego, humo y azufre. 18 Por estas tres plagas fue muerta la tercera parte de
los hombres; por el fuego, el humo y el azufre que salían de su boca. 19 Pues
el poder de los caballos estaba en su boca y en sus colas; porque sus colas,
semejantes a serpientes, tenían cabezas, y con ellas dañaban.
20 Y los otros hombres que no fueron muertos con estas
plagas, ni aun así se arrepintieron de las obras de sus manos, ni dejaron de
adorar a los demonios, y a las imágenes de oro, de plata, de bronce, de piedra
y de madera, las cuales no pueden ver, ni oír, ni andar; 21 y no se
arrepintieron de sus homicidios, ni de sus hechicerías, ni de su fornicación,
ni de sus hurtos.
El ángel con el librito
APOCALIPSIS 10
1 Vi descender del cielo a otro ángel fuerte, envuelto en
una nube, con el arco iris sobre su cabeza; y su rostro era como el sol, y sus
pies como columnas de fuego. 2 Tenía en su mano un librito abierto; y puso su
pie derecho sobre el mar, y el izquierdo sobre la tierra; 3 y clamó a gran
voz, como ruge un león; y cuando hubo clamado, siete truenos emitieron sus
voces. 4 Cuando los siete truenos hubieron emitido sus voces, yo iba a
escribir; pero oí una voz del cielo que me decía: Sella las cosas que los
siete truenos han dicho, y no las escribas. 5 Y el ángel que vi en pie sobre
el mar y sobre la tierra, levantó su mano al cielo, 6 y juró por el que vive
por los siglos de los siglos, que creó el cielo y las cosas que están en él, y
la tierra y las cosas que están en ella, y el mar y las cosas que están en él,
que el tiempo no sería más, 7 sino que en los días de la voz del séptimo
ángel, cuando él comience a tocar la trompeta, el misterio de Dios se
consumará, como él lo anunció a sus siervos los profetas.
8 La voz que oí del cielo habló otra vez conmigo, y dijo:
Ve y toma el librito que está abierto en la mano del ángel que está en pie
sobre el mar y sobre la tierra. 9 Y fui al ángel, diciéndole que me diese el
librito. Y él me dijo: Toma, y cómelo; y te amargará el vientre, pero en tu
boca será dulce como la miel. 10 Entonces tomé el librito de la mano del
ángel, y lo comí; y era dulce en mi boca como la miel, pero cuando lo hube
comido, amargó mi vientre. 11 Y él me dijo: Es necesario que profetices otra
vez sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes.
Los dos testigos
APOCALIPSIS 11
1 Entonces me fue dada una caña semejante a una vara de
medir, y se me dijo: Levántate, y mide el templo de Dios, y el altar, y a los
que adoran en él. 2 Pero el patio que está fuera del templo déjalo aparte, y
no lo midas, porque ha sido entregado a los gentiles; y ellos hollarán la
ciudad santa cuarenta y dos meses. 3 Y daré a mis dos testigos que profeticen
por mil doscientos sesenta días, vestidos de cilicio.
4 Estos testigos son los dos olivos, y los dos candeleros
que están en pie delante del Dios de la tierra. 5 Si alguno quiere dañarlos,
sale fuego de la boca de ellos, y devora a sus enemigos; y si alguno quiere
hacerles daño, debe morir él de la misma manera. 6 Estos tienen poder para
cerrar el cielo, a fin de que no llueva en los días de su profecía; y tienen
poder sobre las aguas para convertirlas en sangre, y para herir la tierra con
toda plaga, cuantas veces quieran. 7 Cuando hayan acabado su testimonio, la
bestia que sube del abismo hará guerra contra ellos, y los vencerá y los
matará. 8 Y sus cadáveres estarán en la plaza de la grande ciudad que en
sentido espiritual se llama Sodoma y Egipto, donde también nuestro Señor fue
crucificado. 9 Y los de los pueblos, tribus, lenguas y naciones verán sus
cadáveres por tres días y medio, y no permitirán que sean sepultados. 10 Y los
moradores de la tierra se regocijarán sobre ellos y se alegrarán, y se
enviarán regalos unos a otros; porque estos dos profetas habían atormentado a
los moradores de la tierra. 11 Pero después de tres días y medio entró en
ellos el espíritu de vida enviado por Dios, y se levantaron sobre sus pies, y
cayó gran temor sobre los que los vieron. 12 Y oyeron una gran voz del cielo,
que les decía: Subid acá. Y subieron al cielo en una nube; y sus enemigos los
vieron. 13 En aquella hora hubo un gran terremoto, y la décima parte de la
ciudad se derrumbó, y por el terremoto murieron en número de siete mil
hombres; y los demás se aterrorizaron, y dieron gloria al Dios del cielo.
14 El segundo ay pasó; he aquí, el tercer ay viene
pronto.
La séptima trompeta
15 El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes
voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de
nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos. 16 Y
los veinticuatro ancianos que estaban sentados delante de Dios en sus tronos,
se postraron sobre sus rostros, y adoraron a Dios, 17 diciendo: Te damos
gracias, Señor Dios Todopoderoso, el que eres y que eras y que has de venir,
porque has tomado tu gran poder, y has reinado. 18 Y se airaron las naciones,
y tu ira ha venido, y el tiempo de juzgar a los muertos, y de dar el galardón
a tus siervos los profetas, a los santos, y a los que temen tu nombre, a los
pequeños y a los grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra.
19 Y el templo de Dios fue abierto en el cielo, y el arca
de su pacto se veía en el templo. Y hubo relámpagos, voces, truenos, un
terremoto y grande granizo.
La mujer y el dragón
APOCALIPSIS 12
1 Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida
del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce
estrellas. 2 Y estando encinta, clamaba con dolores de parto, en la angustia
del alumbramiento. 3 También apareció otra señal en el cielo: he aquí un gran
dragón escarlata, que tenía siete cabezas y diez cuernos, y en sus cabezas
siete diademas; 4 y su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del
cielo, y las arrojó sobre la tierra. Y el dragón se paró frente a la mujer que
estaba para dar a luz, a fin de devorar a su hijo tan pronto como naciese. 5 Y
ella dio a luz un hijo varón, que regirá con vara de hierro a todas las
naciones; y su hijo fue arrebatado para Dios y para su trono. 6 Y la mujer
huyó al desierto, donde tiene lugar preparado por Dios, para que allí la
sustenten por mil doscientos sesenta días.
7 Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus
ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles; 8 pero
no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo. 9 Y fue lanzado
fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el
cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron
arrojados con él. 10 Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha
venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de
su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el
que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche. 11 Y ellos le han vencido
por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y
menospreciaron sus vidas hasta la muerte. 12 Por lo cual alegraos, cielos, y
los que moráis en ellos. ¡Ay de los moradores de la tierra y del mar! porque
el diablo ha descendido a vosotros con gran ira, sabiendo que tiene poco
tiempo.
13 Y cuando vio el dragón que había sido arrojado a la
tierra, persiguió a la mujer que había dado a luz al hijo varón. 14 Y se le
dieron a la mujer las dos alas de la gran águila, para que volase de delante
de la serpiente al desierto, a su lugar, donde es sustentada por un tiempo, y
tiempos, y la mitad de un tiempo. 15 Y la serpiente arrojó de su boca, tras la
mujer, agua como un río, para que fuese arrastrada por el río. 16 Pero la
tierra ayudó a la mujer, pues la tierra abrió su boca y tragó el río que el
dragón había echado de su boca. 17 Entonces el dragón se llenó de ira contra
la mujer; y se fue a hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella,
los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo.
Las dos bestias
APOCALIPSIS 13
1 Me paré sobre la arena del mar, y vi subir del mar una
bestia que tenía siete cabezas y diez cuernos; y en sus cuernos diez diademas;
y sobre sus cabezas, un nombre blasfemo. 2 Y la bestia que vi era semejante a
un leopardo, y sus pies como de oso, y su boca como boca de león. Y el dragón
le dio su poder y su trono, y grande autoridad. 3 Vi una de sus cabezas como
herida de muerte, pero su herida mortal fue sanada; y se maravilló toda la
tierra en pos de la bestia, 4 y adoraron al dragón que había dado autoridad a
la bestia, y adoraron a la bestia, diciendo: ¿Quién como la bestia, y quién
podrá luchar contra ella?
5 También se le dio boca que hablaba grandes cosas y
blasfemias; y se le dio autoridad para actuar cuarenta y dos meses. 6 Y abrió
su boca en blasfemias contra Dios, para blasfemar de su nombre, de su
tabernáculo, y de los que moran en el cielo. 7 Y se le permitió hacer guerra
contra los santos, y vencerlos. También se le dio autoridad sobre toda tribu,
pueblo, lengua y nación. 8 Y la adoraron todos los moradores de la tierra
cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue
inmolado desde el principio del mundo. 9 Si alguno tiene oído, oiga. 10 Si
alguno lleva en cautividad, va en cautividad; si alguno mata a espada, a
espada debe ser muerto. Aquí está la paciencia y la fe de los santos.
11 Después vi otra bestia que subía de la tierra; y tenía
dos cuernos semejantes a los de un cordero, pero hablaba como dragón. 12 Y
ejerce toda la autoridad de la primera bestia en presencia de ella, y hace que
la tierra y los moradores de ella adoren a la primera bestia, cuya herida
mortal fue sanada. 13 También hace grandes señales, de tal manera que aun hace
descender fuego del cielo a la tierra delante de los hombres. 14 Y engaña a
los moradores de la tierra con las señales que se le ha permitido hacer en
presencia de la bestia, mandando a los moradores de la tierra que le hagan
imagen a la bestia que tiene la herida de espada, y vivió. 15 Y se le permitió
infundir aliento a la imagen de la bestia, para que la imagen hablase e
hiciese matar a todo el que no la adorase. 16 Y hacía que a todos, pequeños y
grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se les pusiese una marca en la
mano derecha, o en la frente; 17 y que ninguno pudiese comprar ni vender, sino
el que tuviese la marca o el nombre de la bestia, o el número de su nombre. 18
Aquí hay sabiduría. El que tiene entendimiento, cuente el número de la bestia,
pues es número de hombre. Y su número es seiscientos sesenta y seis.
El cántico de los 144 mil
APOCALIPSIS 14
1 Después miré, y he aquí el Cordero estaba en pie sobre
el monte de Sion, y con él ciento cuarenta y cuatro mil, que tenían el nombre
de él y el de su Padre escrito en la frente. 2 Y oí una voz del cielo como
estruendo de muchas aguas, y como sonido de un gran trueno; y la voz que oí
era como de arpistas que tocaban sus arpas. 3 Y cantaban un cántico nuevo
delante del trono, y delante de los cuatro seres vivientes, y de los ancianos;
y nadie podía aprender el cántico sino aquellos ciento cuarenta y cuatro mil
que fueron redimidos de entre los de la tierra. 4 Estos son los que no se
contaminaron con mujeres, pues son vírgenes. Estos son los que siguen al
Cordero por dondequiera que va. Estos fueron redimidos de entre los hombres
como primicias para Dios y para el Cordero; 5 y en sus bocas no fue hallada
mentira, pues son sin mancha delante del trono de Dios.
El mensaje de los tres ángeles
6 Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía
el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda
nación, tribu, lengua y pueblo, 7 diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle
gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el
cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas.
8 Otro ángel le siguió, diciendo: Ha caído, ha caído
Babilonia, la gran ciudad, porque ha hecho beber a todas las naciones del vino
del furor de su fornicación.
9 Y el tercer ángel los siguió, diciendo a gran voz: Si
alguno adora a la bestia y a su imagen, y recibe la marca en su frente o en su
mano, 10 él también beberá del vino de la ira de Dios, que ha sido vaciado
puro en el cáliz de su ira; y será atormentado con fuego y azufre delante de
los santos ángeles y del Cordero; 11 y el humo de su tormento sube por los
siglos de los siglos. Y no tienen reposo de día ni de noche los que adoran a
la bestia y a su imagen, ni nadie que reciba la marca de su nombre.
12 Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan
los mandamientos de Dios y la fe de Jesús.
13 Oí una voz que desde el cielo me decía: Escribe:
Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor. Sí,
dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos
siguen.
La tierra es segada
14 Miré, y he aquí una nube blanca; y sobre la nube uno
sentado semejante al Hijo del Hombre, que tenía en la cabeza una corona de
oro, y en la mano una hoz aguda. 15 Y del templo salió otro ángel, clamando a
gran voz al que estaba sentado sobre la nube: Mete tu hoz, y siega; porque la
hora de segar ha llegado, pues la mies de la tierra está madura. 16 Y el que
estaba sentado sobre la nube metió su hoz en la tierra, y la tierra fue
segada.
17 Salió otro ángel del templo que está en el cielo,
teniendo también una hoz aguda. 18 Y salió del altar otro ángel, que tenía
poder sobre el fuego, y llamó a gran voz al que tenía la hoz aguda, diciendo:
Mete tu hoz aguda, y vendimia los racimos de la tierra, porque sus uvas están
maduras. 19 Y el ángel arrojó su hoz en la tierra, y vendimió la viña de la
tierra, y echó las uvas en el gran lagar de la ira de Dios. 20 Y fue pisado el
lagar fuera de la ciudad, y del lagar salió sangre hasta los frenos de los
caballos, por mil seiscientos estadios.
Los ángeles con las siete postreras plagas
APOCALIPSIS 15
1 Vi en el cielo otra señal, grande y admirable: siete
ángeles que tenían las siete plagas postreras; porque en ellas se consumaba la
ira de Dios.
2 Vi también como un mar de vidrio mezclado con fuego; y
a los que habían alcanzado la victoria sobre la bestia y su imagen, y su marca
y el número de su nombre, en pie sobre el mar de vidrio, con las arpas de
Dios. 3 Y cantan el cántico de Moisés siervo de Dios, y el cántico del
Cordero, diciendo: Grandes y maravillosas son tus obras, Señor Dios
Todopoderoso; justos y verdaderos son tus caminos, Rey de los santos. 4 ¿Quién
no te temerá, oh Señor, y glorificará tu nombre? pues sólo tú eres santo; por
lo cual todas las naciones vendrán y te adorarán, porque tus juicios se han
manifestado.
5 Después de estas cosas miré, y he aquí fue abierto en
el cielo el templo del tabernáculo del testimonio; 6 y del templo salieron los
siete ángeles que tenían las siete plagas, vestidos de lino limpio y
resplandeciente, y ceñidos alrededor del pecho con cintos de oro. 7 Y uno de
los cuatro seres vivientes dio a los siete ángeles siete copas de oro, llenas
de la ira de Dios, que vive por los siglos de los siglos. 8 Y el templo se
llenó de humo por la gloria de Dios, y por su poder; y nadie podía entrar en
el templo hasta que se hubiesen cumplido las siete plagas de los siete
ángeles.
Las copas de ira
APOCALIPSIS 16
1 Oí una gran voz que decía desde el templo a los siete
ángeles: Id y derramad sobre la tierra las siete copas de la ira de Dios.
2 Fue el primero, y derramó su copa sobre la tierra, y
vino una úlcera maligna y pestilente sobre los hombres que tenían la marca de
la bestia, y que adoraban su imagen.
3 El segundo ángel derramó su copa sobre el mar, y éste
se convirtió en sangre como de muerto; y murió todo ser vivo que había en el
mar.
4 El tercer ángel derramó su copa sobre los ríos, y sobre
las fuentes de las aguas, y se convirtieron en sangre. 5 Y oí al ángel de las
aguas, que decía: Justo eres tú, oh Señor, el que eres y que eras, el Santo,
porque has juzgado estas cosas. 6 Por cuanto derramaron la sangre de los
santos y de los profetas, también tú les has dado a beber sangre; pues lo
merecen. 7 También oí a otro, que desde el altar decía: Ciertamente, Señor
Dios Todopoderoso, tus juicios son verdaderos y justos.
8 El cuarto ángel derramó su copa sobre el sol, al cual
fue dado quemar a los hombres con fuego. 9 Y los hombres se quemaron con el
gran calor, y blasfemaron el nombre de Dios, que tiene poder sobre estas
plagas, y no se arrepintieron para darle gloria.
10 El quinto ángel derramó su copa sobre el trono de la
bestia; y su reino se cubrió de tinieblas, y mordían de dolor sus lenguas, 11
y blasfemaron contra el Dios del cielo por sus dolores y por sus úlceras, y no
se arrepintieron de sus obras.
12 El sexto ángel derramó su copa sobre el gran río
Eufrates; y el agua de éste se secó, para que estuviese preparado el camino a
los reyes del oriente. 13 Y vi salir de la boca del dragón, y de la boca de la
bestia, y de la boca del falso profeta, tres espíritus inmundos a manera de
ranas; 14 pues son espíritus de demonios, que hacen señales, y van a los reyes
de la tierra en todo el mundo, para reunirlos a la batalla de aquel gran día
del Dios Todopoderoso. 15 He aquí, yo vengo como ladrón. Bienaventurado el que
vela, y guarda sus ropas, para que no ande desnudo, y vean su vergüenza. 16 Y
los reunió en el lugar que en hebreo se llama Armagedón.
17 El séptimo ángel derramó su copa por el aire; y salió
una gran voz del templo del cielo, del trono, diciendo: Hecho está. 18
Entonces hubo relámpagos y voces y truenos, y un gran temblor de tierra, un
terremoto tan grande, cual no lo hubo jamás desde que los hombres han estado
sobre la tierra. 19 Y la gran ciudad fue dividida en tres partes, y las
ciudades de las naciones cayeron; y la gran Babilonia vino en memoria delante
de Dios, para darle el cáliz del vino del ardor de su ira. 20 Y toda isla
huyó, y los montes no fueron hallados. 21 Y cayó del cielo sobre los hombres
un enorme granizo como del peso de un talento; y los hombres blasfemaron
contra Dios por la plaga del granizo; porque su plaga fue sobremanera grande.
Condenación de la gran ramera
APOCALIPSIS 17
1 Vino entonces uno de los siete ángeles que tenían las
siete copas, y habló conmigo diciéndome: Ven acá, y te mostraré la sentencia
contra la gran ramera, la que está sentada sobre muchas aguas; 2 con la cual
han fornicado los reyes de la tierra, y los moradores de la tierra se han
embriagado con el vino de su fornicación. 3 Y me llevó en el Espíritu al
desierto; y vi a una mujer sentada sobre una bestia escarlata llena de nombres
de blasfemia, que tenía siete cabezas y diez cuernos. 4 Y la mujer estaba
vestida de púrpura y escarlata, y adornada de oro de piedras preciosas y de
perlas, y tenía en la mano un cáliz de oro lleno de abominaciones y de la
inmundicia de su fornicación; 5 y en su frente un nombre escrito, un misterio:
BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA
TIERRA. 6 Vi a la mujer ebria de la sangre de los santos, y de la sangre de
los mártires de Jesús; y cuando la vi, quedé asombrado con gran asombro.
7 Y el ángel me dijo: ¿Por qué te asombras? Yo te diré el
misterio de la mujer, y de la bestia que la trae, la cual tiene las siete
cabezas y los diez cuernos. 8 La bestia que has visto, era, y no es; y está
para subir del abismo e ir a perdición; y los moradores de la tierra, aquellos
cuyos nombres no están escritos desde la fundación del mundo en el libro de la
vida, se asombrarán viendo la bestia que era y no es, y será. 9 Esto, para la
mente que tenga sabiduría: Las siete cabezas son siete montes, sobre los
cuales se sienta la mujer, 10 y son siete reyes. Cinco de ellos han caído; uno
es, y el otro aún no ha venido; y cuando venga, es necesario que dure breve
tiempo. 11 La bestia que era, y no es, es también el octavo; y es de entre los
siete, y va a la perdición. 12 Y los diez cuernos que has visto, son diez
reyes, que aún no han recibido reino; pero por una hora recibirán autoridad
como reyes juntamente con la bestia. 13 Estos tienen un mismo propósito, y
entregarán su poder y su autoridad a la bestia. 14 Pelearán contra el Cordero,
y el Cordero los vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes; y los
que están con él son llamados y elegidos y fieles.
15 Me dijo también: Las aguas que has visto donde la
ramera se sienta, son pueblos, muchedumbres, naciones y lenguas. 16 Y los diez
cuernos que viste en la bestia, éstos aborrecerán a la ramera, y la dejarán
desolada y desnuda; y devorarán sus carnes, y la quemarán con fuego; 17 porque
Dios ha puesto en sus corazones el ejecutar lo que él quiso: ponerse de
acuerdo, y dar su reino a la bestia, hasta que se cumplan las palabras de
Dios. 18 Y la mujer que has visto es la gran ciudad que reina sobre los reyes
de la tierra.
La caída de Babilonia
APOCALIPSIS 18
1 Después de esto vi a otro ángel descender del cielo con
gran poder; y la tierra fue alumbrada con su gloria. 2 Y clamó con voz
potente, diciendo: Ha caído, ha caído la gran Babilonia, y se ha hecho
habitación de demonios y guarida de todo espíritu inmundo, y albergue de toda
ave inmunda y aborrecible. 3 Porque todas las naciones han bebido del vino del
furor de su fornicación; y los reyes de la tierra han fornicado con ella, y
los mercaderes de la tierra se han enriquecido de la potencia de sus deleites.
4 Y oí otra voz del cielo, que decía: Salid de ella, pueblo mío, para que no
seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas; 5 porque sus
pecados han llegado hasta el cielo, y Dios se ha acordado de sus maldades. 6
Dadle a ella como ella os ha dado, y pagadle doble según sus obras; en el
cáliz en que ella preparó bebida, preparadle a ella el doble. 7 Cuanto ella se
ha glorificado y ha vivido en deleites, tanto dadle de tormento y llanto;
porque dice en su corazón: Yo estoy sentada como reina, y no soy viuda, y no
veré llanto; 8 por lo cual en un solo día vendrán sus plagas; muerte, llanto y
hambre, y será quemada con fuego; porque poderoso es Dios el Señor, que la
juzga.
9 Y los reyes de la tierra que han fornicado con ella, y
con ella han vivido en deleites, llorarán y harán lamentación sobre ella,
cuando vean el humo de su incendio, 10 parándose lejos por el temor de su
tormento, diciendo: ¡Ay, ay, de la gran ciudad de Babilonia, la ciudad fuerte;
porque en una hora vino tu juicio!
11 Y los mercaderes de la tierra lloran y hacen
lamentación sobre ella, porque ninguno compra más sus mercaderías; 12
mercadería de oro, de plata, de piedras preciosas, de perlas, de lino fino, de
púrpura, de seda, de escarlata, de toda madera olorosa, de todo objeto de
marfil, de todo objeto de madera preciosa, de cobre, de hierro y de mármol; 13
y canela, especias aromáticas, incienso, mirra, olíbano, vino, aceite, flor de
harina, trigo, bestias, ovejas, caballos y carros, y esclavos, almas de
hombres. 14 Los frutos codiciados por tu alma se apartaron de ti, y todas las
cosas exquisitas y espléndidas te han faltado, y nunca más las hallarás.
15 Los mercaderes de estas cosas, que se han enriquecido
a costa de ella, se pararán lejos por el temor de su tormento, llorando y
lamentando, 16 y diciendo: ¡Ay, ay, de la gran ciudad, que estaba vestida de
lino fino, de púrpura y de escarlata, y estaba adornada de oro, de piedras
preciosas y de perlas! 17 Porque en una hora han sido consumidas tantas
riquezas. Y todo piloto, y todos los que viajan en naves, y marineros, y todos
los que trabajan en el mar, se pararon lejos; 18 y viendo el humo de su
incendio, dieron voces, diciendo: ¿Qué ciudad era semejante a esta gran
ciudad? 19 Y echaron polvo sobre sus cabezas, y dieron voces, llorando y
lamentando, diciendo: ¡Ay, ay de la gran ciudad, en la cual todos los que
tenían naves en el mar se habían enriquecido de sus riquezas; pues en una hora
ha sido desolada! 20 Alégrate sobre ella, cielo, y vosotros, santos, apóstoles
y profetas; porque Dios os ha hecho justicia en ella.
21 Y un ángel poderoso tomó una piedra, como una gran
piedra de molino, y la arrojó en el mar, diciendo: Con el mismo ímpetu será
derribada Babilonia, la gran ciudad, y nunca más será hallada. 22 Y voz de
arpistas, de músicos, de flautistas y de trompeteros no se oirá más en ti; y
ningún artífice de oficio alguno se hallará más en ti, ni ruido de molino se
oirá más en ti. 23 Luz de lámpara no alumbrará más en ti, ni voz de esposo y
de esposa se oirá más en ti; porque tus mercaderes eran los grandes de la
tierra; pues por tus hechicerías fueron engañadas todas las naciones. 24 Y en
ella se halló la sangre de los profetas y de los santos, y de todos los que
han sido muertos en la tierra.
Alabanzas en el cielo
APOCALIPSIS 19
1 Después de esto oí una gran voz de gran multitud en el
cielo, que decía: ¡Aleluya! Salvación y honra y gloria y poder son del Señor
Dios nuestro; 2 porque sus juicios son verdaderos y justos; pues ha juzgado a
la gran ramera que ha corrompido a la tierra con su fornicación, y ha vengado
la sangre de sus siervos de la mano de ella. 3 Otra vez dijeron: ¡Aleluya! Y
el humo de ella sube por los siglos de los siglos. 4 Y los veinticuatro
ancianos y los cuatro seres vivientes se postraron en tierra y adoraron a
Dios, que estaba sentado en el trono, y decían: ¡Amén! ¡Aleluya! 5 Y salió del
trono una voz que decía: Alabad a nuestro Dios todos sus siervos, y los que le
teméis, así pequeños como grandes. 6 Y oí como la voz de una gran multitud,
como el estruendo de muchas aguas, y como la voz de grandes truenos, que
decía: ¡Aleluya, porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso reina! 7 Gocémonos
y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su
esposa se ha preparado. 8 Y a ella se le ha concedido que se vista de lino
fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de
los santos.
La cena de las bodas del Cordero
9 Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que
son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: Estas son palabras
verdaderas de Dios. 10 Yo me postré a sus pies para adorarle. Y él me dijo:
Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos que retienen el
testimonio de Jesús. Adora a Dios; porque el testimonio de Jesús es el
espíritu de la profecía.
El jinete del caballo blanco
11 Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo
blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga
y pelea. 12 Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas
diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo. 13
Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: EL VERBO DE DIOS.
14 Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le
seguían en caballos blancos. 15 De su boca sale una espada aguda, para herir
con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el
lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso. 16 Y en su
vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE
SEÑORES.
17 Y vi a un ángel que estaba en pie en el sol, y clamó a
gran voz, diciendo a todas las aves que vuelan en medio del cielo: Venid, y
congregaos a la gran cena de Dios, 18 para que comáis carnes de reyes y de
capitanes, y carnes de fuertes, carnes de caballos y de sus jinetes, y carnes
de todos, libres y esclavos, pequeños y grandes. 19 Y vi a la bestia, a los
reyes de la tierra y a sus ejércitos, reunidos para guerrear contra el que
montaba el caballo, y contra su ejército. 20 Y la bestia fue apresada, y con
ella el falso profeta que había hecho delante de ella las señales con las
cuales había engañado a los que recibieron la marca de la bestia, y habían
adorado su imagen. Estos dos fueron lanzados vivos dentro de un lago de fuego
que arde con azufre. 21 Y los demás fueron muertos con la espada que salía de
la boca del que montaba el caballo, y todas las aves se saciaron de las carnes
de ellos.
Los mil años
APOCALIPSIS 20
1 Vi a un ángel que descendía del cielo, con la llave del
abismo, y una gran cadena en la mano. 2 Y prendió al dragón, la serpiente
antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años; 3 y lo arrojó al
abismo, y lo encerró, y puso su sello sobre él, para que no engañase más a las
naciones, hasta que fuesen cumplidos mil años; y después de esto debe ser
desatado por un poco de tiempo.
4 Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que
recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del
testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la
bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus
manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años. 5 Pero los otros muertos no
volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Esta es la primera
resurrección. 6 Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera
resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán
sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años.
7 Cuando los mil años se cumplan, Satanás será suelto de
su prisión, 8 y saldrá a engañar a las naciones que están en los cuatro
ángulos de la tierra, a Gog y a Magog, a fin de reunirlos para la batalla; el
número de los cuales es como la arena del mar. 9 Y subieron sobre la anchura
de la tierra, y rodearon el campamento de los santos y la ciudad amada; y de
Dios descendió fuego del cielo, y los consumió. 10 Y el diablo que los
engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y
el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los
siglos.
El juicio ante el gran trono blanco
11 Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en
él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se
encontró para ellos. 12 Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante
Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el
libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban
escritas en los libros, según sus obras. 13 Y el mar entregó los muertos que
había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos;
y fueron juzgados cada uno según sus obras. 14 Y la muerte y el Hades fueron
lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. 15 Y el que no se halló
inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.
Cielo nuevo y tierra nueva
APOCALIPSIS 21
1 Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer
cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. 2 Y yo Juan vi
la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta
como una esposa ataviada para su marido. 3 Y oí una gran voz del cielo que
decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos;
y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. 4
Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni
habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.
5 Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo
hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son
fieles y verdaderas. 6 Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el
principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente
del agua de la vida. 7 El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su
Dios, y él será mi hijo. 8 Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y
homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos
tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte
segunda.
La nueva Jerusalén
9 Vino entonces a mí uno de los siete ángeles que tenían
las siete copas llenas de las siete plagas postreras, y habló conmigo,
diciendo: Ven acá, yo te mostraré la desposada, la esposa del Cordero. 10 Y me
llevó en el Espíritu a un monte grande y alto, y me mostró la gran ciudad
santa de Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios, 11 teniendo la gloria de
Dios. Y su fulgor era semejante al de una piedra preciosísima, como piedra de
jaspe, diáfana como el cristal. 12 Tenía un muro grande y alto con doce
puertas; y en las puertas, doce ángeles, y nombres inscritos, que son los de
las doce tribus de los hijos de Israel; 13 al oriente tres puertas; al norte
tres puertas; al sur tres puertas; al occidente tres puertas. 14 Y el muro de
la ciudad tenía doce cimientos, y sobre ellos los doce nombres de los doce
apóstoles del Cordero.
15 El que hablaba conmigo tenía una caña de medir, de
oro, para medir la ciudad, sus puertas y su muro. 16 La ciudad se halla
establecida en cuadro, y su longitud es igual a su anchura; y él midió la
ciudad con la caña, doce mil estadios; la longitud, la altura y la anchura de
ella son iguales. 17 Y midió su muro, ciento cuarenta y cuatro codos, de
medida de hombre, la cual es de ángel. 18 El material de su muro era de jaspe;
pero la ciudad era de oro puro, semejante al vidrio limpio; 19 y los cimientos
del muro de la ciudad estaban adornados con toda piedra preciosa. El primer
cimiento era jaspe; el segundo, zafiro; el tercero, ágata; el cuarto,
esmeralda; 20 el quinto, ónice; el sexto, cornalina; el séptimo, crisólito; el
octavo, berilo; el noveno, topacio; el décimo, crisopraso; el undécimo,
jacinto; el duodécimo, amatista. 21 Las doce puertas eran doce perlas; cada
una de las puertas era una perla. Y la calle de la ciudad era de oro puro,
transparente como vidrio.
22 Y no vi en ella templo; porque el Señor Dios
Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero. 23 La ciudad no tiene
necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la
ilumina, y el Cordero es su lumbrera. 24 Y las naciones que hubieren sido
salvas andarán a la luz de ella; y los reyes de la tierra traerán su gloria y
honor a ella. 25 Sus puertas nunca serán cerradas de día, pues allí no habrá
noche. 26 Y llevarán la gloria y la honra de las naciones a ella. 27 No
entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino
solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero.
APOCALIPSIS 22
1 Después me mostró un río limpio de agua de vida,
resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero. 2 En
medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol
de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del
árbol eran para la sanidad de las naciones. 3 Y no habrá más maldición; y el
trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán, 4 y
verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes. 5 No habrá allí más noche;
y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz del sol, porque Dios el
Señor los iluminará; y reinarán por los siglos de los siglos.
La venida de Cristo está cerca
6 Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el
Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para
mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto.
7 ¡He aquí, vengo pronto! Bienaventurado el que guarda
las palabras de la profecía de este libro.
8 Yo Juan soy el que oyó y vio estas cosas. Y después que
las hube oído y visto, me postré para adorar a los pies del ángel que me
mostraba estas cosas. 9 Pero él me dijo: Mira, no lo hagas; porque yo soy
consiervo tuyo, de tus hermanos los profetas, y de los que guardan las
palabras de este libro. Adora a Dios.
10 Y me dijo: No selles las palabras de la profecía de
este libro, porque el tiempo está cerca. 11 El que es injusto, sea injusto
todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo,
practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía.
12 He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para
recompensar a cada uno según sea su obra. 13 Yo soy el Alfa y la Omega, el
principio y el fin, el primero y el último.
14 Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener
derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad. 15
Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, los fornicarios, los
homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y hace mentira.
16 Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de
estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella
resplandeciente de la mañana.
17 Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye,
diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la
vida gratuitamente.
18 Yo testifico a todo aquel que oye las palabras de la
profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él
las plagas que están escritas en este libro. 19 Y si alguno quitare de las
palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la
vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro.
20 El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente
vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús. 21 La gracia de nuestro Señor
Jesucristo sea con todos vosotros. Amén.
AMÉN