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Friedrich Engels
1820-1895
PRINCIPIOS
DEL
COMUNISMO
1947
I ¿Qué
es el
comunismo?
El comunismo es la
doctrina de las condiciones de la liberación del proletariado.
II ¿Qué
es el
proletariado?
El proletariado es
la clase
social que
consigue sus
medios de
subsistencia exclusivamente de la venta de su trabajo, y no del rédito de
algún capital; es la clase, cuyas
dicha y pena, vida y muerte y toda la existencia
dependen de la demanda de trabajo, es decir, de los períodos de crisis y
de prosperidad de los
negocios, de
las fluctuaciones de
una competencia
desenfrenada. Dicho en
pocas palabras,
el proletariado,
o la
clase de
los proletarios,
es la
clase trabajadora
del siglo
XIX.
III ¿Quiere
decir que
los proletarios
no han
existido siempre?
No.
Las clases
pobres y
trabajadoras han existido
siempre, siendo
pobres en la mayoría de los casos. Ahora bien, los pobres, los obreros
que viviesen en las condiciones que acabamos de señalar, o sea los
proletarios, no han existido siempre,
del mismo modo que la competencia no ha sido siempre libre y
desenfrenada.
I ¿Cómo apareció
el proletariado?
El
proletariado nació
a raíz
de la
revolución industrial, que se
produjo en Inglaterra en la
segunda mitad del siglo pasado y se repitió luego en todos
los países civilizados del mundo. Dicha revolución se debió al invento de
la máquina de vapor, de las diversas máquinas de hilar, del telar
mecánico y de toda una serie de otros
dispositivos mecánicos. Estas máquinas, que costaban muy caras
y, por
eso, sólo
estaban al alcance
de los
grandes capitalistas, transformaron completamente el antiguo modo de producción y
desplazaron a los obreros anteriores,
puesto que las máquinas producían mercancías más baratas y mejores que las que podían hacer éstos con ayuda de sus
ruecas y telares imperfectos. Las
máquinas pusieron la industria enteramente en manos de los
grandes capitalistas
y redujeron
a la
nada el
valor de
la pequeña propiedad de
los obreros
(instrumentos, telares,
etc.), de
modo que
los capitalistas pronto se
apoderaron de todo, y los obreros se quedaron con nada.
Así se
instauró en
la producción de
tejidos el
sistema fabril.
En cuanto
se dio
el primer
impulso a la
introducción de máquinas y al
sistema fabril;
este último se propagó
rápidamente en las demás ramas de la industria, sobre todo
en el estampado de tejidos, la impresión de libros, la alfarería y la
metalurgia. El trabajo comenzó a
dividirse más y más entre los obreros individuales de tal
manera que el que antes efectuaba todo el trabajo pasó a realizar nada
más que una parte del mismo. Esta
división del trabajo permitió fabricar los productos
más rápidamente y, por consecuencia, de modo más barato. Ello redujo la
actividad de
cada obrero a
un procedimiento
mecánico, muy
sencillo, constantemente
repetido, que la máquina podía realizar con el mismo éxito o
incluso mucho mejor. Por tanto, todas estas ramas de la producción
cayeron, una tras otra, bajo la
dominación del vapor, de las máquinas y del sistema
fabril, exactamente del mismo modo que la producción de hilados y de
tejidos. En
consecuencia, ellas
se vieron
enteramente en
manos de
los grandes
capitalistas, y
los obreros
quedaron privados
de los
últimos restos
de su
independencia. Poco a poco, el sistema fabril extendió su dominación no
ya sólo a la manufactura, en el
sentido estricto de la palabra, sino que comenzó a
apoderarse más y más de las actividades artesanas, ya que también en esta
esfera los
grandes capitalistas
desplazaban cada
vez más
a los
pequeños maestros, montando
grandes talleres, en los que era posible ahorrar muchos
gastos e
implantar una
detallada división
del trabajo.
Así llegamos
a que,
en los
países civilizados,
casi en
todas las
ramas del
trabajo se
afianza la
producción fabril y, casi en todas estas ramas, la gran industria
desplaza a la artesanía y la
manufactura. Como resultado de ello, se arruina más y más la
antigua clase
media, sobre
todo los
pequeños artesanos, cambia completamente la
anterior situación de los trabajadores y surgen dos clases
nuevas, que
absorben paulatinamente a todas las
demás, a
saber:
II La clase de los grandes
capitalistas, que son ya en todos los países
civilizados casi los únicos poseedores de todos los medios de existencia,
como igualmente de las materias primas
y de los instrumentos (máquinas, fábricas,
etc.) necesarios para la producción de los medios de existencia. Es la
clase de los
burgueses, o
sea, burguesía.
III La clase de los
completamente desposeídos, de los que en virtud de
ello se ven forzados a vender su trabajo a los burgueses, al fin de
recibir en cambio los
medios de
subsistencia necesarios para
vivir. Esta
clase se
denomina la clase de
los proletarios, o
sea, proletariado.
IV ¿En
qué condiciones se realiza
esta venta
del trabajo
de los
proletarios a los
burgueses?
El trabajo es una mercancía como otra
cualquiera, y su precio depende, por
consiguiente, de las mismas leyes que el de cualquier otra mercancía. Pero, el precio de una mercancía, bajo el dominio de la gran
industria o de la libre competencia,
que es lo mismo, como lo veremos más adelante, es, por término
medio, siempre igual a los gastos de producción de dicha mercancía. Por
tanto, el precio del trabajo es
también igual al costo de producción del trabajo. Ahora
bien, el costo de producción del trabajo consta precisamente de la
cantidad de medios de subsistencia
indispensables para que el obrero esté en condiciones
de mantener
su capacidad
de trabajo
y para
que la
clase obrera
no se
extinga. El obrero no
percibirá por su trabajo más que lo indispensable para ese fin; el
precio del trabajo o el salario será, por consiguiente, el más bajo,
constituirá el mínimo de lo
indispensable para mantener la vida. Pero, por cuanto en los
negocios existen
períodos mejores
y peores,
el obrero
percibirá unas veces
más, otras menos, exactamente de la misma manera que el fabricante cobra
unas veces más, otras menos, por sus mercancías. Y, al igual que el
fabricante, que, por término medio,
contando los tiempos buenos y los malos, no percibe
por sus mercancías ni más ni menos que su costo de producción, el obrero
percibirá, por término
medio, ni
más ni menos
que ese
mínimo. Esta ley
económica del salario se aplicará más rigurosamente en la medida en que
la gran industria
vaya penetrando
en todas
las ramas
de la
producción.
V ¿Qué
clases trabajadores existían
antes de
la revolución
industrial?
Las clases trabajadoras han vivido en
distintas condiciones, según las
diferentes fases de
desarrollo de la
sociedad, y
han ocupado posiciones
distintas respecto de las clases poseedoras y dominantes. En la
antigüedad, los trabajadores
eran esclavos
de sus
amos, como
lo son
todavía en
un gran número de
países atrasados e incluso en la parte meridional de los Estados
Unidos. En la Edad Media eran siervos de los nobles propietarios
de tierras, como lo son todavía en
Hungría, Polonia y Rusia. Además, en la Edad Media, hasta la revolución industrial, existían en las ciudades
oficiales artesanos que trabajaban al
servicio de la pequeña burguesía y, poco a poco, en la medida del
progreso de la manufactura, comenzaron a aparecer obreros de manufactura
que iban a
trabajar contratados
por grandes
capitalistas.
VI ¿Qué
diferencia hay entre el proletario
y el
esclavo?
El
esclavo está
vendido de
una vez
y para
siempre, en
cambio, el
proletario tiene que venderse él mismo cada día y cada hora. Todo esclavo
individual, propiedad de
un señor
determinado, tiene
ya asegurada
su existencia por miserable que
sea, por interés de éste. En cambio el proletario
individual es, valga
la expresión,
propiedad de
toda la
clase de
la burguesía.
Su trabajo
no se
compra más
que cuando
alguien lo
necesita, por
cuya razón
no tiene la existencia asegurada. Esta existencia está asegurada
únicamente a toda
la clase
de los
proletarios. El
esclavo está
fuera de
la competencia. El proletario se halla sometido a ello y siente todas sus
fluctuaciones. El esclavo es
considerado como una
cosa, y
no miembro
de la
sociedad civil.
El proletario es reconocido
como persona,
como miembro
de la
sociedad civil.
Por consiguiente, el esclavo puede tener una existencia mejor que el
proletario, pero este último
pertenece a una etapa superior de desarrollo de la sociedad y
se encuentra a un nivel más alto que el esclavo. Este se libera cuando de
todas las relaciones de la propiedad
privada no suprime más que una, la relación de
esclavitud, gracias
a lo cual sólo
entonces se
convierte en
proletario; en
cambio, el
proletario sólo
puede liberarse
suprimiendo toda
la propiedad
privada en
general.
VII ¿Qué
diferencia hay
entre el
proletario y
el siervo?
El
siervo posee
en propiedad
y usufructo
un instrumento
de producción
y una porción de tierra, a cambio de lo cual entrega una parte de su
producto o cumple ciertos trabajos. El
proletario trabaja con instrumentos de producción
pertenecientes a otra persona, por cuenta de ésta, a cambio de una parte
del producto.
El siervo
da, al
proletario le dan.
El siervo
tiene la
existencia asegurada, el proletario no. El siervo está fuera de la
competencia, el proletario se
halla sujeto
a ella.
El siervo
se libera
ya refugiándose
en la
ciudad y
haciéndose artesano, ya
dando a
su amo
dinero en
lugar de
trabajo o
productos, transformándose en libre arrendatario, ya expulsando a su
señor feudal y haciéndose él mismo propietario. Dicho en breves
palabras, se libera entrando de una
manera u otra en la clase poseedora y en la esfera de la competencia. El proletario se libera suprimiendo la competencia,
la propiedad privada
y todas
las diferencias
de clase.
VIII ¿Qué
diferencia hay
entre el
proletario y
el artesano?
IX ¿Qué
diferencia hay
entre el
proletario y
el obrero
de manufactura?
El obrero de manufactura de los siglos XVI-XVIII
poseía casi en todas partes
instrumentos de producción: su telar, su rueca para la familia y un pequeño terreno
que cultivaba
en las
horas libres.
El proletario
no tiene
nada de eso. El obrero de
manufactura vive casi siempre en el campo y se halla en
relaciones más o menos patriarcales con su señor o su patrono. El
proletario suele vivir
en grandes
ciudades y
no lo unen
a su
patrono más
que relaciones de
dinero. La
gran industria arranca
al obrero
de manufactura
de sus
condiciones patriarcales; éste pierde la propiedad que todavía poseía y
sólo entonces
se convierte
en proletario.
X ¿Cuáles fueron las
consecuencias directas de la revolución industrial
y de la
división de
la sociedad en
burgueses y proletarios?
En primer lugar,
en virtud
de que
el trabajo
de las máquinas reducía
más y
más los
precios de
los artículos
industriales, en casi
todos los
países del mundo el viejo
sistema de la manufactura o de la industria basada en el trabajo
manual fue destruido enteramente. Todos los países semibárbaros que
todavía quedaban más o menos al margen
del desarrollo histórico y cuya industria se
basaba todavía
en la
manufactura, fueron arrancados
violentamente de su
aislamiento. Comenzaron a comprar mercancías más baratas a los ingleses,
dejando que se muriesen de hambre sus propios obreros de manufactura.
Así, países
que durante
milenios no
conocieron el menor
progreso, como,
por ejemplo, la India,
pasaron por una completa revolución, e incluso la China
marcha ahora
de cara
a la
revolución. Las
cosas han
llegado a
tal punto
que una nueva máquina que se
invente ahora en Inglaterra podrá, en el espacio de
un año, condenar al hambre a millones de obreros de China. De este modo,
la gran industria ha ligado los unos a
los otros a todos los pueblos de la tierra, ha
unido en un solo mercado mundial todos los pequeños mercados locales, ha
preparado por doquier el terreno para la civilización y el progreso y ha
hecho las cosas de tal manera que todo
lo que se realiza en los países civilizados debe
necesariamente repercutir en todos los demás, por tanto, si los obreros
de Inglaterra o de Francia se liberan
ahora, ello debe suscitar revoluciones en
todos los demás países, revoluciones que tarde o temprano culminarán
también allí
en la
liberación de los
obreros.
En segundo lugar, en todas
las partes en que la gran industria ocupó el
lugar de
la manufactura,
la burguesía
aumentó extraordinariamente
su riqueza
y poder y se erigió en primera clase del país. En consecuencia, en todas
las partes en las que se produjo ese
proceso, la burguesía tomó en sus manos el
poder político y desalojó las clases que dominaban antes: la
aristocracia, los maestros de gremio y
la monarquía absoluta, que representaba a la una y a los
otros. La burguesía acabó con el poderío de la aristocracia y de la
nobleza, suprimiendo el mayorazgo o la
inalienabilidad de la posesión de tierras, como
también todos
los privilegios de la
nobleza. Destruyó
el poderío
de los maestros de gremio, eliminando todos los gremios y los
privilegios gremiales. En el lugar de
unos y otros puso la libre competencia, es decir, un estado de la
sociedad en la que cada cual tenía derecho a dedicarse a la rama de la
industria que le gustase y nadie
podía impedírselo a no ser la falta de capital necesario
para tal actividad. Por consiguiente, la implantación de la libre
competencia es la proclamación pública
de que, de ahora en adelante, los miembros de la
sociedad no son iguales entre sí únicamente en la medida en que no lo son
sus capitales, que el capital se
convierte en la fuerza decisiva y que los capitalistas,
o sea, los burgueses, se erigen así en la primera clase de la sociedad.
Ahora bien, la libre competencia es indispensable en el período inicial
del desarrollo de la gran industria,
porque es el único régimen social con el que la gran industria puede progresar. Tras de aniquilar de este modo el
poderío social de la
nobleza y
de los
maestros de
gremio, puso
fin también
al poder
político de la una y los otros.
Llegada a ser la primera clase de la sociedad, la burguesía se
proclamó también
la primera
clase en
la esfera
política. Lo
hizo implantando el sistema representativo, basado en la igualdad burguesa ante
la ley y en el reconocimiento
legislativo de la libre competencia. Este sistema fue instaurado en los países europeos bajo la forma de la monarquía
constitucional. En dicha monarquía
sólo tienen derecho de voto los poseedores de cierto capital, es
decir, únicamente
los burgueses.
Estos electores
burgueses eligen
a los
diputados, y estos diputados burgueses, valiéndose del derecho a negar
los impuestos, eligen un
gobierno burgués.
En tercer lugar,
la revolución industrial ha creado en todas partes el
proletariado en la misma medida que la burguesía. Cuanto más ricos se
hacían los burgueses, más numerosos
eran los proletarios. Visto que sólo el capital
puede dar ocupación a los proletarios y que el capital sólo aumenta
cuando emplea
trabajo, el
crecimiento del
proletariado se
produce en
exacta correspondencia con el
del capital. Al propio tiempo, la revolución industrial
agrupa a los burgueses y a los proletarios en grandes ciudades, en las
que es más ventajoso fomentar la
industria, y can esa concentración de grandes masas
en un mismo lugar le inculca a los proletarios la conciencia de su
fuerza. Luego, en la medida del
progreso de la revolución industrial, en la medida en
que se inventan nuevas máquinas, que eliminan el trabajo manual, la gran
industria ejerce una presión creciente sobre los salarios y los reduce,
como hemos dicho, al mínimo, haciendo
la situación del proletariado cada vez más
insoportable. Así, por una parte, como consecuencia del descontento
creciente del
proletariado y,
por la
otra, del
crecimiento del
poderío de
éste, la
revolución industrial prepara la
revolución social que
ha de
realizar el
proletariado.
XI ¿Cuáles han sido las
consecuencias siguientes de la revolución
industrial?
La gran industria creó, con la máquina de
vapor y otras máquinas, los medios de
aumentar la producción industrial rápidamente, a bajo costo y hasta
el infinito.
Merced a
esta facilidad
de ampliar
la producción,
la libre
competencia, consecuencia necesaria de esta gran industria, adquirió
pronto un carácter
extraordinariamente violento; un
gran número
de capitalistas
se lanzó
a la industria, en breve plazo se produjo más de lo que se podía
consumir. Como
consecuencia, no se
podían vender
las mercancías
fabricadas y sobrevino
la llamada
crisis comercial;
las fábricas
tuvieron que
parar, los
fabricantes quebraron y los obreros se quedaron sin pan. Y en todas
partes se extendió
la mayor
miseria. Al
cabo de cierto
tiempo se
vendieron los
productos sobrantes, las fábricas volvieron a funcionar, los salarios
subieron y, poco a poco, los negocios marcharon mejor que nunca. Pero no
por mucho tiempo,
ya que
pronto volvieron
a producirse demasiadas mercancías
y sobrevino una nueva crisis que transcurrió exactamente de la misma
manera que la anterior. Así, desde
comienzos del presente siglo, en la situación de la
industria se
han producido continuamente
oscilaciones entre períodos
de prosperidad
y períodos
de crisis,
y casi
regularmente, cada cinco
o siete
años se ha producido tal
crisis, con la particularidad de que cada vez acarreaba las
mayores calamidades para los obreros, una agitación revolucionaria
general y un
peligro colosal
para todo
el régimen
existente.
XII ¿Cuáles son las
consecuencias de estas crisis comerciales que se
repiten regularmente?
En primer lugar,
la de que la gran industria, que en el primer período de
su desarrollo creó la libre competencia, la ha rebasado ya; que la
competencia y,
hablando en
términos generales,
la producción industrial en
manos de
unos u
otros particulares
se ha
convertido para
ella en
una traba
a la
que debe
y ha
de romper; que la gran industria, mientras siga sobre la base actual, no
puede existir sin conducir cada siete
años a un caos general que supone cada vez un
peligro para toda la civilización y no sólo sume en la miseria a los
proletarios, sino que arruina a muchos
burgueses; que, por consiguiente, la gran industria
debe destruirse ella misma,
lo que
es absolutamente
imposible, o reconocer
que hace
imprescindible una organización
completamente nueva de
la sociedad, en la que la
producción industrial no será más dirigida por unos u
otros fabricantes en competencia entre sí, sino por toda la sociedad con
arreglo a un plan determinado y de
conformidad con las necesidades de todos los
miembros de
la sociedad.
En segundo lugar, que la
gran industria y la posibilidad, condicionada
por ésta, de ampliar hasta el infinito la producción permiten crear un
régimen social en el que se producirán
tantos medios de subsistencia que cada miembro
de la sociedad estará en condiciones de desarrollar y emplear libremente
todas sus fuerzas y facultades; de
modo que, precisamente la peculiaridad de la gran
industria que
en la sociedad
moderna engendra
toda la
miseria y
todas las
crisis comerciales será en la otra organización social justamente la que
ha de acabar
con esa
miseria y
esas fluctuaciones preñadas de
tantas desgracias.
Por
tanto, está
probado claramente:
1) que en la
actualidad todos estos
males se
deben únicamente
al régimen
social, el
cual ya
no responde
más a las condiciones
existentes;
2) que ya existen los medios
de supresión definitiva
de estas
calamidades por vía
de la
construcción de un
nuevo orden
social.
XIII ¿Cómo debe ser
ese nuevo
orden social?
Ante todo, la administración de la industria
y de todas las ramas de la producción
en general
dejará de
pertenecer a unos
u otros
individuos en competencia. En
lugar de esto, las ramas de la producción pasarán a manos de
toda la
sociedad, es
decir, serán
administradas en
beneficio de
toda la sociedad, con arreglo a
un plan general y con la participación de todos los
miembros de
la sociedad.
Por tanto,
el nuevo
orden social
suprimirá la
competencia y la sustituirá con la asociación. En vista de que la
dirección de la industria, al
hallarse en
manos de
particulares, implica
necesariamente la
existencia de la propiedad privada y por cuanto la competencia no es otra
cosa que
ese modo
de dirigir
la industria,
en el
que la
gobiernan propietarios
privados, la
propiedad privada
va unida
inseparablemente a la
dirección individual de la
industria y a la competencia. Así, la propiedad privada debe
también ser suprimida y ocuparán su lugar el usufructo colectivo de todos
los instrumentos de producción y el
reparto de los productos de común acuerdo, lo
que se
llama la
comunidad de
bienes.
La
supresión de
la propiedad
privada es
incluso la
expresión más
breve y
mas característica de esta
transformación de todo
el régimen
social, que
se ha hecho posible merced al progreso de la industria. Por eso
los comunistas la planteen
can razón
como su principal
reivindicación.
XIV ¿Eso quiere decir que la
supresión de la propiedad privada no era
posible antes?
No, no era posible. Toda transformación del
orden social, todo cambio de las
relaciones de propiedad es consecuencia necesaria de la aparición de
nuevas fuerzas
productivas que han
dejado de
corresponder a las
viejas relaciones
de propiedad.
Así ha
surgido la
misma propiedad
privada. La
propiedad privada no ha existido siempre; cuando a fines de la Edad Media
surgió el nuevo modo de producción bajo la forma de la manufactura, que
no encuadraba en el
marco de
la propiedad
feudal y
gremial, esta
manufactura, que no
correspondía ya a las viejas relaciones de propiedad, dio vida a una
nueva forma
de propiedad:
la propiedad
privada. En
efecto, para
la manufactura y para el
primer período de desarrollo de la gran industria no era
posible ninguna otra forma de propiedad además de la propiedad privada,
no era posible ningún orden social
además del basado en esta propiedad. Mientras
no se pueda conseguir una cantidad de productos que no sólo baste para
todos, sino que se quede cierto
excedente para aumentar el capital social y seguir
fomentando las fuerzas productivas, deben existir necesariamente una
clase dominante que disponga de las
fuerzas productivas de la sociedad y una clase
pobre y oprimida. La constitución y el carácter de estas clases dependen
del grado de desarrollo de la
producción. La sociedad de la Edad Media, que tiene
por base el cultivo de la tierra, nos da el señor feudal y el siervo; las
ciudades de
las postrimerías de la
Edad Media
nos dan
el maestro
artesano, el
oficial y
el jornalero; en el
siglo XVII,
el propietario
de manufactura
y el
obrero de
ésta; en el siglo XIX, el gran fabricante y el proletario. Es claro que,
hasta el presente, las
fuerzas productivas
no se
han desarrollado aún al
punto de
proporcionar una cantidad
de bienes
suficiente para todos
y para
que la propiedad privada sea ya
una traba, un obstáculo para su progreso. Pero hoy,
cuando, merced al desarrollo de la gran industria, en primer lugar,
se han constituido capitales y fuerzas
productivas en proporciones sin precedentes y
existen medios para aumentar en breve plazo hasta el infinito estas
fuerzas productivas;
cuando, en segundo lugar,
estas fuerzas
productivas se concentran en manos
de un reducido número de burgueses, mientras la gran masa del
pueblo se
va convirtiendo
cada vez
más en
proletarios, con la
particularidad de que su situación se hace más precaria e insoportable en
la medida en que aumenta la riqueza de
los burgueses; cuando, en tercer lugar,
estas poderosas fuerzas productivas, que se multiplican con tanta
facilidad hasta
rebasar el
marco de
la propiedad
privada y
del burgués,
provocan continuamente
las mayores
conmociones del
orden social,
sólo ahora
la supresión de la propiedad
privada se ha hecho posible e incluso absolutamente
necesaria.
XV ¿Será
posible suprimir
por vía pacífica la
propiedad privada?
Sería de desear que fuese así, y los
comunistas, como es lógico, serían los
últimos en oponerse a ello. Los comunistas saben muy bien que todas las conspiraciones, además
de inútiles,
son incluso
perjudiciales. Están perfectamente
al corriente
de que
no se
pueden hacer
las revoluciones
premeditada y arbitrariamente y que éstas han sido siempre y en todas
partes una consecuencia necesaria de
circunstancias que no dependían en absoluto de
la voluntad y la dirección de unos u otros partidos o clases enteras.
Pero, al propio tiempo, ven que se
viene aplastando por la violencia el desarrollo del
proletariado en casi todos los países civilizados y que, con ello, los
enemigos mismos
de los
comunistas trabajan con
todas sus
energías para
la revolución. Si todo
ello termina, en fin de cuentas, empujando al proletariado subyugado a
la revolución, nosotros, los comunistas, defenderemos con hechos, no
menos que
como ahora lo hacemos
de palabra,
la causa
del proletariado.
XVI ¿Será
posible suprimir
de golpe
la propiedad
privada?
No,
no será
posible, del
mismo modo
que no
se puede
aumentar de
golpe las fuerzas productivas existentes en la medida necesaria para
crear una economía colectiva. Por eso, la revolución del proletariado, que
se avecina según todos los indicios,
sólo podrá transformar paulatinamente la sociedad actual, y acabará con la propiedad privada únicamente cuando haya
creado la necesaria
cantidad de
medios de
producción.
XVII ¿Qué
vía de
desarrollo tomará
esa revolución?
Establecerá, ante todo, un régimen
democrático y, por tanto, directa o
indirectamente, la
dominación política
del proletariado.
Directamente en Inglaterra,
donde los
proletarios constituyen ya
la mayoría
del pueblo.
Indirectamente en Francia y en Alemania, donde la mayoría del pueblo no
consta únicamente de proletarios,
sino, además,
de pequeños
campesinos y pequeños
burgueses de
la ciudad, que
se encuentran
sólo en
la fase
de transformación en
proletariado y que, en lo tocante a la satisfacción de sus
intereses políticos,
dependen cada
vez más
del proletariado, por cuya
razón han de adherirse pronto
a las reivindicaciones de éste. Para ello, quizá, se
necesite una nueva lucha que, sin embargo, no puede tener otro desenlace
que la victoria
del proletariado.
La democracia sería absolutamente
inútil para el proletariado si no la
utilizara inmediatamente como medio para llevar a cabo amplias medidas que
atentasen directamente contra la propiedad privada y asegurasen la
existencia del proletariado. Las
medidas más importantes, que dimanan necesariamente
de las condiciones actuales, son:
1) Restricción de la
propiedad privada mediante el impuesto progresivo,
el alto impuesto sobre las herencias, la abolición del derecho de
herencia en las líneas
laterales (hermanos,
sobrinos, etc.),
préstamos forzosos,
etc.
2) Expropiación
gradual de
los propietarios agrarios, fabricantes,
propietarios de ferrocarriles
y buques,
parcialmente con ayuda
de la
competencia por parte de la industria estatal y, parcialmente de modo
directo, con
indemnización en asignados.
3) Confiscación de los bienes
de todos los emigrados y de los rebeldes
contra la mayoría del pueblo.
4) Organización del trabajo y
ocupación de los proletarios en fincas,
fábricas y talleres nacionales, con lo cual se eliminará la competencia
entre los obreros, y los
fabricantes que queden,
tendrán que
pagar salarios
tan altos
como el
Estado.
5) Igual deber obligatorio de
trabajo para todos los miembros de la
sociedad hasta la supresión completa de la propiedad privada. Formación de
ejércitos industriales,
sobre todo
para la
agricultura.
6) Centralización de los
créditos y la banca en las manos del Estado a
través del Banco Nacional, con capital del Estado. Cierre de todos los
bancos privados.
7) Aumento
del número
de fábricas,
talleres, ferrocarriles
y buques
nacionales, cultivo de todas las tierras que están sin labrar y
mejoramiento del cultivo de las demás
tierras en consonancia con el aumento de los capitales y
del número
de obreros
de que
dispone la
nación.
8) Educación de todos los
niños en establecimientos estatales y a cargo
del Estado, desde el momento en que puedan prescindir del cuidado de la madre. Conjugar
la educación
con el
trabajo fabril.
9) Construcción de grandes
palacios en las fincas del Estado para que
sirvan de
vivienda a
las comunas
de ciudadanos
que trabajen
en la
industria y
la agricultura y unan las ventajas de la vida en la ciudad y en el campo, evitando así
el carácter
unilateral y los
defectos de
la una y
la otra.
10) Destrucción
de todas
las casas
y barrios
insalubres y mal
construidos.
11) Igualdad de derecho
de herencia
para los
hijos legítimos
y los
naturales.
12) Concentración
de todos
los medios
de transporte
en manos
de la
nación.
Por supuesto, todas estas medidas no podrán
ser llevadas a la práctica de golpe.
Pero cada una entraña necesariamente la siguiente. Una vez emprendido el primer ataque radical contra la propiedad privada, el
proletariado se verá obligado a seguir
siempre adelante y a concentrar más y más en las manos del
Estado todo el capital, toda la agricultura, toda la industria, todo el
transporte y todo el cambio. Este es el objetivo a que conducen las medidas
mencionadas. Ellas serán aplicables y
surtirán su efecto centralizador exactamente en el mismo grado
en que
el trabajo
del proletariado
multiplique las fuerzas
productivas del país. Finalmente, cuando todo el capital, toda la
producción y todo el cambio estén
concentrados en las manos de la nación, la propiedad
privada dejará de existir de por sí, el dinero se hará superfluo, la
producción aumentará y los hombres
cambiarán tanto que se podrán suprimir también las
últimas formas
de relaciones de la
vieja sociedad.
XVIII ¿Es
posible esta
revolución en
un solo
país?
No. La gran industria, al crear el mercado
mundial, ha unido ya tan estrechamente
todos los pueblos del globo terrestre, sobre todo los pueblos
civilizados, que
cada uno
depende de
lo que
ocurre en
la tierra
del otro.
Además, ha nivelado en todos los países civilizados el desarrollo social
a tal punto que en todos estos países
la burguesía y el proletariado se han erigido en
las dos
clases decisivas
de la
sociedad, y
la lucha entre
ellas se
ha convertido
en la
principal lucha
de nuestros
días. Por
consecuencia, la revolución
comunista no será una revolución puramente nacional, sino que se
producirá simultáneamente
en todos
los países
civilizados, es decir,
al menos
en Inglaterra, en América, en
Francia y en Alemania.
Ella se desarrollará en cada uno de
estos países más rápidamente o más lentamente, dependiendo del grado
en que esté en cada uno de ellos más desarrollada la industria, en que se
hayan acumulado
más riquezas
y se
disponga de
mayores fuerzas
productivas. Por eso será más
lenta y difícil en Alemania y más rápida y fácil en Inglaterra.
Ejercerá igualmente
una influencia considerable en
los demás
países del
mundo, modificará de raíz y acelerará extraordinariamente su anterior
marcha del
desarrollo. Es una
revolución universal y
tendrá, por
eso, un
ámbito universal.
XIX ¿Cuáles serán las
consecuencias de la supresión definitiva de la
propiedad privada?
Al quitar a los capitalistas privados el
usufructo de todas las fuerzas
productivas y medios de comunicación, así como el cambio y el reparto de los productos, al administrar todo eso con arreglo a un plan basado
en los recursos disponibles
y las
necesidades de toda
la sociedad,
ésta suprimirá,
primeramente, todas las consecuencias nefastas ligadas al actual sistema
de dirección
de la
gran industria.
Las crisis
desaparecerán; la producción
ampliada, que es, en la sociedad actual, una superproducción y una causa
tan poderosa
de la
miseria, será
entonces muy
insuficiente y
deberá adquirir
proporciones mucho mayores. En lugar de engendrar la miseria, la
producción superior a las necesidades
perentorias de la sociedad permitirá satisfacer las demandas de
todos los
miembros de
ésta, engendrará nuevas demandas y
creará, a la vez, los medios de satisfacerlas. Será la condición y la
causa de un mayor progreso y lo llevará a cabo, sin suscitar, como antes, el
trastorno periódico de todo el orden
social. La gran industria, liberada de las trabas de la propiedad privada, se desarrollará en tales proporciones que,
comparado con ellas,
su estado
actual parecerá
tan mezquino
como la
manufactura al lado
de la gran industria moderna.
Este avance de la industria brindara a la sociedad
suficiente cantidad de productos para satisfacer las necesidades de
todos. Del mismo modo, la agricultura,
en la que, debido al yugo de la propiedad privada
y al
fraccionamiento de las
parcelas, resulta
difícil el
empleo de
los perfeccionamientos ya existentes
y de
los adelantos
de la
ciencia experimentará un nuevo
auge y ofrecerá a disposición de la sociedad una
cantidad suficiente de productos. Así, la sociedad producirá lo bastante
para organizar
la distribución
con vistas
a cubrir
las necesidades
de todos
sus miembros. Con ello
quedará superflua la división de la sociedad en clases
distintas y
antagónicas. Dicha
división, además
de superflua, será incluso
incompatible con el nuevo régimen social. La existencia de clases se debe
a la división
del trabajo,
y esta última, bajo
su forma
actual desaparecerá
enteramente, ya que,
para elevar
la producción
industrial y agrícola
al mencionado nivel no bastan
sólo los medios auxiliares mecánicos y químicos.
Es preciso
desarrollar correlativamente las
aptitudes de
los hombres que
emplean estos medios. Al igual que en el siglo pasado, cuando los
campesinos y los obreros de las
manufacturas, tras de ser incorporados a la gran industria,
modificaron todo su
régimen de
vida y
se volvieron completamente otros,
la dirección colectiva de la producción por toda la sociedad y el nuevo
progreso de dicha producción que
resultara de ello necesitarán hombres nuevos y los
formarán. La gestión colectiva de la producción no puede correr a cargo
de los hombres tales como lo son hoy,
hombres que dependen cada cual de una rama
determinada de la producción, están aferrados a ella, son explotados por
ella, desarrollan nada más que un
aspecto de sus aptitudes a cuenta de todos los
otros y sólo conocen una rama o parte de alguna rama de toda la
producción. La
industria de
nuestros días
está ya
cada vez
menos en
condiciones de
emplear tales hombres. La industria que funciona de modo planificado
merced al esfuerzo común de toda la
sociedad presupone con más motivo hombres con
aptitudes desarrolladas universalmente, hombres capaces de orientarse en
todo el
sistema de
la producción. Por consiguiente,
desaparecerá del todo
la división del trabajo, minada
ya en la actualidad por la máquina, la división que
hace que uno sea campesino, otro, zapatero, un tercero, obrero fabril, y
un cuarto, especulador de la bolsa. La
educación dará a los jóvenes la posibilidad
de asimilar rápidamente en la práctica todo el sistema de producción y
les permitirá pasar sucesivamente de
una rama de la producción a otra, según sean
las necesidades de la sociedad o sus propias inclinaciones. Por
consiguiente, la educación los
liberará de ese carácter unilateral que la división actual del
trabajo impone a
cada individuo.
Así, la sociedad
organizada sobre
bases comunistas dará a
sus miembros
la posibilidad
de emplear
en todos
los aspectos
sus facultades
desarrolladas universalmente. Pero,
con ello
desaparecerán inevitablemente las diversas clases. Por tanto, de una
parte, la sociedad organizada sobre
bases comunistas es incompatible con la existencia
de clases
y, de
la otra,
la propia
construcción de esa
sociedad brinda
los medios
para suprimir las diferencias
de clase.
De ahí
se desprende
que ha
de desaparecer
igualmente la oposición
entre la ciudad y el campo. Unos mismos hombres se dedicarán al trabajo
agrícola y al industrial, en lugar de dejar que lo hagan dos clases
diferentes. Esto es una condición
necesaria de la asociación comunista y por razones muy
materiales. La dispersión de la población rural dedicada a la
agricultura, a la par con la
concentración de la población industrial en las grandes ciudades,
corresponde sólo
a una
etapa todavía
inferior de
desarrollo de
la agricultura y la industria y es
un obstáculo para el progreso, cosa que se hace ya sentir con
mucha fuerza.
La asociación general de todos los
miembros de la sociedad al objeto de
utilizar colectiva y racionalmente las fuerzas productivas; el fomento de la producción en proporciones suficientes para cubrir las
necesidades de todos; la liquidación
del estado
de cosas
en el
que las
necesidades de unos
se satisfacen
a costa de otros; la supresión completa de las clases y del antagonismo
entre ellas;
el desarrollo
universal de
las facultades de
todos los
miembros de
la sociedad merced a la eliminación de la anterior división del trabajo,
mediante la educación industrial,
merced al cambio de actividad, a la participación de
todos en
el usufructo
de los bienes creados
por todos
y, finalmente,
mediante la fusión de la
ciudad con el campo serán los principales resultados de la
supresión de la
propiedad privada.
XX ¿Qué
influencia ejercerá
el régimen
social comunista
en la
familia?
Las relaciones entre los sexos tendrán un
carácter puramente privado,
perteneciente sólo a las personas que toman parte en ellas, sin el menor motivo para la ingerencia de la sociedad. Eso es posible merced a la
supresión de la propiedad privada y a
la educación de los niños por la sociedad, con lo cual se
destruyen las
dos bases del
matrimonio actual ligadas
a la
propiedad privada:
la dependencia de la mujer respecto del hombre y la dependencia de los
hijos respecto de los padres. En ello
reside, precisamente, la respuesta a los alaridos
altamente moralistas de los burguesotes con motivo de la comunidad de las
mujeres, que, según éstos, quieren implantar los comunistas. La comunidad
de las mujeres es un fenómeno que
pertenece enteramente a la sociedad burguesa
y existe hoy plenamente bajo la forma de prostitución. Pero, la
prostitución descansa
en la
propiedad privada
y desaparecerá junto con
ella. Por
consiguiente, la organización
comunista, en lugar
de implantar
la comunidad
de las mujeres, la suprimirá.
XXI ¿Cuál
será la
actitud de
la organización comunista hacia
las nacionalidades
existentes? (Queda).
XXII ¿Cuál
será su
actitud hacia las religiones
existentes?
XXIII ¿Cuál es la diferencia
entre los comunistas y los socialistas?
Los llamados
socialistas se
dividen en
tres categorías.
La primera consta de partidarios de la
sociedad feudal y patriarcal, que ha
sido destruida y sigue siéndolo a diario por la gran industria, el comercio
mundial y la sociedad burguesa creada por ambos. Esta categoría saca de
los males de la sociedad moderna la
conclusión de que hay que restablecer la
sociedad feudal y patriarcal, ya que estaba libre de estos males. Todas
sus propuestas persiguen, directa o
indirectamente, este objetivo. Los comunistas
lucharán siempre
enérgicamente contra
esa categoría
de socialistas
reaccionarios, pese a su fingida compasión de la miseria del
proletariado y las amargas
lágrimas que vierten
con tal
motivo, puesto
que estos
socialistas, se proponen un objetivo
absolutamente imposible;
se esfuerzan por restablecer la dominación de la aristocracia, los
maestros de gremio y los propietarios de manufacturas, con su séquito de monarcas absolutos o feudales, funcionarios, soldados y curas,
una sociedad que, cierto, estaría
libre de los vicios de la sociedad actual, pero, en cambio,
acarrearía, cuando menos, otros tantos males y, además, no ofrecería la
menor perspectiva de liberación, con
ayuda de la organización
comunista, de los obreros oprimidos; muestran sus verdaderos sentimientos cada vez que el
proletariado se hace
revolucionario y comunista:
se alían
inmediatamente a la
burguesía contra los
proletarios.
La
segunda categoría consta de
partidarios de la
sociedad actual,
a los
que los
males necesariamente provocados por
ésta inspiran
temores en
cuanto a
la existencia de
la misma.
Ellos quieren,
por consiguiente,
conservar la
sociedad actual,
pero suprimir
los males
ligados a
ella. A tal
objeto, unos
proponen medidas
de simple
beneficencia; otros, grandiosos
planes de
reformas que, so
pretexto de
reorganización de
la sociedad, se plantean
el mantenimiento
de las
bases de
la sociedad
actual y,
con ello,
la propia
sociedad actual. Los
comunistas deberán igualmente
combatir con
energía contra
estos socialistas
burgueses, puesto
que éstos
trabajan para
los enemigos
de los comunistas y defienden la sociedad que los comunistas quieren
destruir. Finalmente,
la tercera
categoría consta
de socialistas democráticos. Al
seguir el
mismo camino
que los
comunistas, se proponen
llevar a
cabo una parte
de las
medidas señaladas
en la
pregunta...,
pero no
como medidas
de transición
al comunismo,
sino como
un medio
suficiente para acabar
con la
miseria y
los males de
la sociedad
actual. Estos
socialistas democráticos
son proletarios
que no
ven todavía
con bastante
claridad las
condiciones de
su liberación, o representantes
de la
pequeña burguesía,
es decir,
de la
clase que,
hasta la
conquista de
la democracia y la
aplicación de las
medidas socialistas
dimanantes de
ésta, tiene
en muchos
aspectos los
mismos intereses que los
proletarios. Por eso,
los comunistas
se entenderán
con esos
socialistas democráticos en
los momentos
de acción
y deben,
en general,
atenerse en
esas ocasiones y
en lo
posible a
una política común
con ellos,
siempre que
estos socialistas no se
pongan al
servicio de
la burguesía
dominante y
no ataquen a
los comunistas. Por supuesto, estas
acciones comunes no excluyen
la discusión de las
divergencias que existen
entre ellos
y los
comunistas.
XXIV ¿Cuál es la actitud de
los comunistas hacia los demás partidos
políticos de
nuestra época?
Esta actitud es distinta en los diferentes
países. En Inglaterra, Francia y
Bélgica, en
las que
domina la
burguesía, los
comunistas todavía
tienen intereses
comunes con
diversos partidos
democráticos, con la particularidad
de que esta comunidad de intereses es tanto mayor cuanto más los
demócratas se acercan a los objetivos
de los comunistas en las medidas socialistas que los
demócratas defienden ahora
en todas
partes, es
decir, cuanto
más clara
y explícitamente defienden
los intereses del proletariado y cuanto más se apoyan
en el proletariado. En Inglaterra, por ejemplo, los cartistas,
que constan de obreros, se aproximan
inconmensurablemente más a los comunistas que los pequeñoburgueses
democráticos o
los llamados
radicales.
En Norteamérica,
donde ha
sido proclamada la Constitución
democrática, los comunistas deberán apoyar al partido que quiere
encaminar esta Constitución contra la
burguesía y utilizarla en beneficio del proletariado,
es decir,
al partido
de la reforma agraria
nacional.
En Suiza,
los radicales, aunque constituyen
todavía un
partido de
composición muy heterogénea, son, no obstante, los únicos con los que los
comunistas pueden concertar
acuerdos, y
entre estos radicales
los más
progresistas son los
de Vand
y los
de Ginebra.
Finalmente, en Alemania está todavía por delante la lucha
decisiva entre la burguesía y la
monarquía absoluta. Pero, como los comunistas no pueden
contar con una lucha decisiva con la burguesía antes de que ésta llegue
al poder, les conviene a los
comunistas ayudarle a que conquiste lo más pronto posible la dominación, a fin de derrocarla, a su vez, lo más
pronto posible. Por tanto, en la lucha
de la burguesía liberal contra los gobiernos, los comunistas
deben estar siempre del lado de la primera, precaviéndose, no obstante,
contra el autoengaño en que incurre la
burguesía y sin fiarse en las aseveraciones
seductoras de ésta acerca de las benéficas consecuencias que, según ella,
traerá al
proletariado la victoria
de la
burguesía. Las únicas
ventajas que
la victoria de la
burguesía brindará a los comunistas serán: 1) diversas concesiones que
aliviarán a los comunistas la defensa, la discusión y la propagación de
sus principios y, por tanto, aliviarán
la cohesión del proletariado en una clase
organizada, estrechamente unida y dispuesta a la lucha, y 2) la seguridad
de que el día en que caigan los
gobiernos absolutistas, llegará la hora de la lucha
entre los burgueses y los proletarios. A partir de ese día, la política
del partido de los comunistas será
aquí la misma que en los países donde domina ya la
burguesía.
Escrito por F. Engels a fines de octubre y en noviembre de
1847. Se
publica de acuerdo con el manuscrito.
Publicado por
vez primera
como edición
aparte en
1914.
Traducido
del alemán.
NOTAS
[1] El
trabajo "Principios
del comunismo" es un
proyecto de
programa de
la Liga
de los
Comunistas. Lo escribió Engels en París por encargo del comité
comarcal de la Liga. Como lo tenía por
proyecto previo, Engels, en la carta a Marx del 23 al 24 de noviembre
de 1847, propone renunciar a la
forma de catecismo y redactar un programa de la Liga de los Comunistas en
forma de "Manifiesto Comunista".
En el segundo congreso de la Liga de los Comunistas (29 de noviembre-8 de
diciembre), las opiniones de Marx
y Engels fueron aprobadas por completo; se les dio el encargo de redactar el
programa de la Liga, que fue el
"Manifiesto del Partido Comunista". Al escribirlo, los fundadores del
marxismo utilizaron una serie de
tesis expuestas en los
"Principios del
comunismo".
En la obra "Principios
del comunismo"
Engels fundamentó
teóricamente algunos principios
programáticos y tácticos muy
importantes del
partido proletario.
Aquí
Engels deja
en blanco
el manuscrito
para redactar
luego la
respuesta a
la pregunta IX.
(N. de
la Edit.)
Esta deducción sobre la
posibilidad de la victoria de la revolución proletaria sólo en el caso de
que se
hiciera simultáneamente en los
países capitalistas
adelantados y, por
consiguiente, de la
imposibilidad del triunfo de la revolución en un solo país, y que
obtuvo la forma más acabada en el trabajo
de Engels "Principios del comunismo" (1847) era acertada para el
período del capitalismo premonopolista.
Lenin, partiendo de la ley, que él descubrió, del desarrollo
económico y político desigual del capitalismo
en la época del imperialismo, llegó a la nueva conclusión de que era
posible la victoria de la revolución
socialista primero en varios países o incluso en uno solo, tomado por
separado, y de que era imposible la
victoria simultánea de la revolución en todos los países o en la
mayoría de ellos. La fórmula de esta nueva
deducción se dio por vez primera en el artículo de Lenin "La consigna
de los Estados Unidos de Europa"
(1915)
En el manuscrito, en lugar de
respuesta a la pregunta 22, así como a la siguiente, la 23, figura la
palabra «queda». Por lo visto, estima que la respuesta debía quedar
en la forma que estaba expuesta en uno
de los proyectos previos,
que no nos
han llegado, del programa
de la Liga
de los Comunistas
En
el manuscrito
está en
blanco ese
lugar; trátase
de la
pregunta XVIII.
(N. de
la Edit.)
Recibieron la denominación de
cartistas los participantes en el movimiento obrero de Gran
Bretaña entre los años 30 y mediados de los 50 del siglo XIX debido a
la grave situación económica y la
falta de derechos políticos. Este movimiento transcurrió bajo la consigna de
la lucha por la aprobación de la
Carta del Pueblo que contenía las reivindicaciones de sufragio universal y
varias condiciones que
garantizaban este
derecho a
los obreros.
Según la
definición de Lenin,
el cartismo
fue «el
primer movimiento
proletario y revolucionario
amplio, verdaderamente
de masas
y políticamente
formado».
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