Epopeya Marinera

 / Javier Colomo Ugarte

Magallanes y Enrique de Malaca

Crónica de la primera vuelta al Mundo


Libros recomendados

Bitacora de Antonio Pigafetta

(1480-1534)

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Magallanes (1938),

de Stefan Zweig (1881 - 1942)

 


MAGALLANES

Tuvo la desgracia de convertirse en esclavo

y la fortuna de serlo del marinero más intrépido

que jamás conocieron los mares:

Fernando de Magallanes.


Todo el día huyendo de sus captores

hasta que una red lo atrapó.

Ante sus aterrorizados ojos

unos hombres de pálida tez.

Luego grilletes, empujones

y la lóbrega sentina de un barco.


En el mercado de esclavos de Malaca,

con enardecidos gritos

se puja por la carne humana.

Él, es el único adolescente.

Un hombre extranjero de unos 30 años

habla con uno de sus captores.


El extranjero tira de una soga

amarrada a su cuello y se lo lleva,

le habla pero no entiende nada.

Lo confinan en un convento.

Un día lo sacan de su celda

a otro recinto más grande,

alguien dice: año del señor de 1511

le echa agua sobre su cabeza

y mirándole lo llama Enrique.


Otra vez es llevado a un barco

pero esta vez sin ataduras,

y luego, meses de mar navegando hacia el oeste.

Le tratan bien y se hace cargo de su condición:

Él, es el criado de Magallanes.


Aprende portugués,

viste bien como el criado de un oficial,

Magallanes lo lleva a todas partes

y se convierte en su alma inseparable.

Enrique es el que le cura la pierna

cuando es herido en Marruecos

luchando por el rey Manuel de Portugal.


Magallanes tiene un ambicioso sueño,

llegar a las Molucas navegando

desde Portugal hacia el Oeste.

Su sueño no brota de la nada

ha navegado dos veces hasta Malaca

por la ruta portuguesa hacia el este,

conoce todos los mapas y rutas

del mundo conocido en 1516

y su temple de soldado

se ha forjado en mil batallas.


Expone su proyecto al rey Manuel

pero éste no lo considera relevante,

además es un marino lisiado

con más de 35 años, y lo rechaza.

Es la crueldad de los poderosos

que les hace sentirse más poderosos.


Pero la tenacidad de los sueños

de un marino del temple de Magallanes

no se desvanece fácilmente.

Conoce la rivalidad entre España y Portugal,

las dos potencias marítimas más poderosas,

y en los límites de esa rivalidad están

las codiciadas islas de las especias.


Nadie conocía a ciencia cierta

donde estaba la separación

de las posesiones de España y Portugal

en el antimeridiano del meridiano

acordado entre ambas potencias

en Tordesillas a 370 leguas de Cabo Verde,

pero las Molucas estaban en la zona de litigio.

 

España no podía disputarlas

navegando hacia el Este

por ser una ruta controlada por Portugal.

Y el proyecto de Magallanes

podía permitir a España llegar

a las codiciadas islas de las especias

por una nueva ruta libre de hostilidades.


Era una ruta desconocida,

nadie conocía si existía un paso del Atlántico

al mar que Vasco Núñez de Balboa vio en 1513

al oeste de las tierras que arribó Colón

y que Américo Vespucio comprobó

que formaban un continente.


El nuevo y joven rey español Carlos Primero

vio una oportunidad y apoyó la expedición,

la determinación de Magallanes lo convenció.

En esa aventura era lo que se precisaba,

un Capitán con fe y arrojo

al que ninguna adversidad le haría retroceder.


El 10 de agosto de 1519, cinco barcos:

el Trinidad,

San Antonio,

Concepción,

Santiago

y Victoria

bajan el Guadalquivir

hasta Sanlúcar de Barrameda.


En la iglesia de Santa Maria de la Victoria,

Magallanes,

convertido en capitán de 275 marineros

recibe el estandarte de la expedición.


Entre los navegantes se encuentran

su inseparable criado Enrique

y un ferviente admirador y cronista

Antonio Pigafetta.


El temple de Magallanes

se puso en varias ocasiones a prueba

y fue determinante en la continuidad

de la expedición.

 

No se amilanó ante la sedición

y puso grilletes en las costas de Brasil

a su insubordinado Juan de Cartagena.


Tampoco se derrumbó cuando

tras explorar la gran bahía de la Plata

se quebró su certeza de que Juan de Solís,

había encontrado allí, además de su muerte,

el paso entre mares en el camino hacia Malaca

y que resultó ser la desembocadura de un gran río.


Tras ese fracaso continuó impertérrito

navegando hacia el sur

a pesar de carecer de referencia alguna

de si existía un paso entre mares,

o si aquel vasto continente,

como afirmaban algunos,

se extendía hasta su unión

con el hielo perpetuo del polo sur.


En el invierno austral de 1520

surge la inquietud en la tripulación

y Magallanes decide detenerse.

Establece su cuartel de invierno

en una bahía, que llamarán de San Julián,

en el grado cuarenta y nueve de latitud sur.

 

Allí, de nuevo, otra sublevación,

que los cuatro capitanes insurrectos

pagarán duramente:

uno ajusticiado de una puñalada,

otro con su cabeza,

y los otros dos abandonados

en la bahía de San Julián

donde habitan los gigantes patagones.


Ha pasado más de un año desde su partida.

Magallanes espera a la primavera austral.

En la exploración de los fiordos de la costa patagónica

se pierde estrellado contra las rocas el Santiago.

Y de nuevo otra vez la traición.

El San Antonio el barco mejor pertrechado,

sin conocimiento de Magallanes

ha decidido volver a España.


Surge la duda de si seguir o retroceder.

Continuar puede ser la muerte,

retroceder el deshonor,

pero sobre todo el final de su sueño

de alcanzar Malaca por el oeste.

 

En un último intento,

entre agrestes acantilados,

continúan explorando las inhóspitas aguas.

El 22 de noviembre de 1520,

inician la navegación por un sinuoso canal

con la incertidumbre de desconocer

si al final estará cerrado por montañas

o se abrirá ante sus ojos el anhelado mar.


Y al fin, tras un recorrido de varios días

avistan el amplio océano

que posteriormente llamarán Pacífico.

Atrás queda el paso entre mares

que en memoria del tesón de Magallanes

llevará por siempre su nombre.


Remontan la costa del nuevo continente

buscando rebasar el Ecuador.

Tras cien días de navegación

el 6 de marzo de 1521 a 8 grados norte

se oye el grito de: ¡Tierra! ¡Tierra!


Cientos de indígenas salen a recibirles,

pero éstos toman todo lo que pueden

y los marineros les obligan a devolverlo.

Cuando parten de nuevo rumbo oeste

las islas serán llamadas de Los Ladrones.


Sucesivamente van encontrado islas.

La isla de Cebú de cuya zona es originario

el criado de Magallanes, Enrique, está

en latitud a 10 grados norte y las Molucas a 2 sur,

y ambas en una longitud próxima.


El 28 de marzo de 1521 arriban en Massawa,

una isla del archipiélago filipino,

Magallanes, antes de desembarcar,

envía a su criado Enrique como mensajero de paz.

Y de pronto lo inesperado,

los indígenas hablan fluidamente con Enrique,

Enrique se queda perplejo pues a vuelto

a la tierra que le vio nacer.


En ese momento, Magallanes entiende

que ha logrado su sueño.

Viniendo del Este ha rodeado el mundo

ha cruzado dos veces la línea del Ecuador

de norte a sur en el Atlántico

y de sur a norte en el Pacifico.


Mas, la gloria de ser el primer hombre

de haber rodeado el mundo

y demostrado en la práctica

que la Tierra es redonda

pertenece a su esclavo Enrique.


Pero la gloria no está escrita para los esclavos,

otros mejor situados en la corte

serán los que se la atribuirán.

Una cuestión superflua para Enrique

pero que no por ello deja de ser auténtica.


Tampoco, para hombres intrépidos como Magallanes,

parece estar echa la gloria para disfrutarla en vida.

En una escaramuza con indígenas en Cebú

el 27 de abril de 1521, es asesinado.

Su sueño de llegar a las Molucas

quedará a las puertas.


A partir de entonces la expedición

entra en una confusión enorme.

Barbosa nombrado nuevo capitán

se niega a cumplir el testamento

de Magallanes de que Enrique

quedará libre a su muerte.


Enrique que había sido leal a Magallanes

no solo por su condición de criado

sino porque que era también su amigo

se siente traicionado

y decide abandonar la expedición,

y quedarse a vivir en la tierra que nació.


Duarte Barbosa sin un intérprete de confianza

es fácil presa de los jefes indígenas.

Éstos muy envalentonados

tras la muerte de Magallanes,

le tienden una trampa,

y los dos capitanes más calificados:

Él y Joáo Serráo, son asesinados.


De los 275 hombres iniciales solo quedan 115,

una tripulación escasa para tres naves

que les lleva a deshacerse del Concepción,

quedando solamente el Trinidad y el Victoria


El Trinidad está muy averiado.

Deciden que la tripulación del Trinidad

se quede reparando el navío

e intenten regresar a España

por donde vinieron.

El Trinidad será capturado

por los portugueses.


Mientras, el Victoria intentará regresar

por la ruta portuguesa doblando

el cabo de Buena Esperanza.

Ruta plagada de dificultades


Y al final, comandado por Juan Sebastián Elcano,

el Victoria con 18 hombres, arribara a España

el 8 de septiembre de 1522.

El Victoria será el primer barco

de la historia humana que da la vuelta al mundo

volviendo al mismo puerto donde salió

navegando siempre en dirección oeste.

 

En su periplo alrededor del mundo

habría recorrido unos 55.000 kilómetros,

35.000 bajo el mando de Magallanes

y 20.000 de Elcano.


Entre los supervivientes se encontraba

el cronista Antonio Pigafetta

para dar fe escrita de ello.


La ruta abierta por Magallanes

por su longitud y los riesgos que suponía

cruzar el estrecho que lleva su nombre

no tendría ningún uso práctico.

 

Sin embargo, la gesta de Magallanes

y de todos los expedicionarios que trazaron

la única ruta marítima posible

para dar la vuelta al mundo

cruzando la línea del ecuador

hasta la construcción en el siglo XX

del Canal de Panamá,

fue una proeza de toda la humanidad

que desde la Antigua Grecia se perseguía

por geógrafos, reyes y marinos.

 

Una proeza que tuvo que reunir

muchos elementos del ser humano

concentrados en un solo hombre:

conocimientos; espíritu marinero;

fortaleza de ánimo, y sobre todo,

una tenacidad de hierro y la humanidad,

para saber forjar la lealtad de la mayoría

de los marineros y de su fiel criado Enrique.

 

Si el Victoria fue el primer barco

en circunnavegar  el Mundo

Enrique, el criado de Magallanes

fue el primer ser humano en hacerlo.