SELECCIÓN DE POETAS Y POEMAS

Esta selección de siete poemas la he realizado en base a los poemas de diferentes Poetas que he leído en en mi vida y me han conmovido por su profundidad humana y la originalidad de sus versos. Hay muchos más, pero me he limitado a elegir un poema de cada uno de los Poetas seleccionados.

 


TERESA DE JESÚS

1515-1582

Castilla

Poema:

VIVO SIN VIVIR EN MÍ

 


 

JOSÉ DE ESPRONCEDA

1808-1842

España

Poema:

CANCIÓN DEL PIRATA

 


ARTHUR RIMBAUD

1854-1891

Francia

Poema:

EL BARCO EBRIO

 


FEDERICO GARCÍA LORCA

1898-1936

España

Obra:

LIBRO DE POEMAS (1921)

Poema:

PRÓLOGO

24 de julio de 1920. (Vega de Zujaira.)

 


CESAR VALLEJO

1892-1938

Perú

Obra:

ESPAÑA, APARTA DE MÍ ESTE CÁLIZ

Sección:

BATALLAS

Poema:

PEDRO ROJAS


YEVGUENI YEVTUSHENKO

1932-2017

Rusia

Poema:

CAE LA NIEVE PURA

 


BOB DYLAN

1941

Estados Unidos

Poema:

DÉJADME MORIR POR MIS PASOS

 


INTRODUCCIÓN

Esta selección de poemas la he realizado en base a los poemas de diferentes Poetas que he leído en en mi vida y me han conmovido por su profundidad humana y la originalidad de sus versos. Hay muchos más, pero me he limitado a elegir un poema de cada uno de los Poetas seleccionados.


 

TERESA DE JESÚS

1515-1582

Castilla

Poema:

VIVO SIN VIVIR EN MÍ

 

Vivo sin vivir en mí,

y de tal manera espero,

que muero porque no muero.

 

Vivo ya fuera de mí

después que muero de amor;

porque vivo en el Señor,

que me quiso para sí;

cuando el corazón le di

puse en él este letrero:

que muero porque no muero.

 

Esta divina prisión

del amor con que yo vivo

ha hecho a Dios mi cautivo,

y libre mi corazón;

y causa en mí tal pasión

ver a Dios mi prisionero,

que muero porque no muero.

 

¡Ay, qué larga es esta vida!

¡Qué duros estos destierros,

esta cárcel, estos hierros

en que el alma está metida!

Sólo esperar la salida

me causa dolor tan fiero,

que muero porque no muero.

 

¡Ay, qué vida tan amarga

do no se goza el Señor!

Porque si es dulce el amor,

no lo es la esperanza larga.

Quíteme Dios esta carga,

más pesada que el acero,

que muero porque no muero.

 

Sólo con la confianza

vivo de que he de morir,

porque muriendo, el vivir

me asegura mi esperanza.

Muerte do el vivir se alcanza,

no te tardes, que te espero,

que muero porque no muero.

 

Mira que el amor es fuerte,

vida, no me seas molesta;

mira que sólo te resta,

para ganarte, perderte.

Venga ya la dulce muerte,

el morir venga ligero,

que muero porque no muero.

 

Aquella vida de arriba

es la vida verdadera;

hasta que esta vida muera,

no se goza estando viva.

Muerte, no me seas esquiva;

viva muriendo primero,

que muero porque no muero.

 

Vida, ¿qué puedo yo darle

a mi Dios, que vive en mí,

si no es el perderte a ti

para mejor a Él gozarle?

Quiero muriendo alcanzarle,

pues tanto a mi Amado quiero,

que muero porque no muero.


 

JOSÉ DE ESPRONCEDA

1808-1842

España

Poema:

CANCIÓN DEL PIRATA

 

Con diez cañones por banda,

viento en popa, a toda vela,

no corta el mar, sino vuela

un velero bergantín.

Bajel pirata que llaman,

por su bravura, El Temido,

en todo mar conocido

del uno al otro confín.

 

La luna en el mar riela

en la lona gime el viento,

y alza en blando movimiento

olas de plata y azul;

y va el capitán pirata,

cantando alegre en la popa,

Asia a un lado, al otro Europa,

y allá a su frente Estambul:

 

Navega, velero mío

sin temor,

que ni enemigo navío

ni tormenta, ni bonanza

tu rumbo a torcer alcanza,

ni a sujetar tu valor.

 

Veinte presas

hemos hecho

a despecho

del inglés

y han rendido

sus pendones

cien naciones

a mis pies.

 

Que es mi barco mi tesoro,

que es mi dios la libertad,

mi ley, la fuerza y el viento,

mi única patria, la mar.

 

Allá; muevan feroz guerra

ciegos reyes

por un palmo más de tierra;

que yo aquí; tengo por mío

cuanto abarca el mar bravío,

a quien nadie impuso leyes.

 

Y no hay playa,

sea cualquiera,

ni bandera

de esplendor,

que no sienta

mi derecho

y dé pechos mi valor.

 

Que es mi barco mi tesoro,

que es mi dios la libertad,

mi ley, la fuerza y el viento,

mi única patria, la mar.

 

A la voz de «¡barco viene!»

es de ver

cómo vira y se previene

a todo trapo a escapar;

que yo soy el rey del mar,

y mi furia es de temer.

 

En las presas

yo divido

lo cogido

por igual;

sólo quiero

por riqueza

la belleza

sin rival.

 

Que es mi barco mi tesoro,

que es mi dios la libertad,

mi ley, la fuerza y el viento,

mi única patria, la mar.

 

¡Sentenciado estoy a muerte!

Yo me río

no me abandone la suerte,

y al mismo que me condena,

colgaré de alguna antena,

quizá; en su propio navío

Y si caigo,

¿qué es la vida?

Por perdida

ya la di,

cuando el yugo

del esclavo,

como un bravo,

sacudí.

 

Que es mi barco mi tesoro,

que es mi dios la libertad,

mi ley, la fuerza y el viento,

mi única patria, la mar.

 

Son mi música mejor

aquilones,

el estrépito y temblor

de los cables sacudidos,

del negro mar los bramidos

y el rugir de mis cañones.

 

Y del trueno

al son violento,

y del viento

al rebramar,

yo me duermo

sosegado,

arrullado

por el mar.

 

Que es mi barco mi tesoro,

que es mi dios la libertad,

mi ley, la fuerza y el viento,

mi única patria, la mar.

 


 

ARTHUR RIMBAUD

1854-1891

Francia

 

Poema:

EL BARCO EBRIO

 

Según iba bajando por Ríos impasibles,

me sentí abandonado por los hombres que sirgan:

Pieles Rojas gritones les habían flechado,

tras clavarlos desnudos a postes de colores.

 

Iba, sin preocuparme de carga y de equipaje,

con mi trigo de Flandes y mi algodón inglés.

Cuando al morir mis guías, se acabó el alboroto:

los Ríos me han llevado, libre, adonde quería.

 

En el vaivén ruidoso de la marea airada,

el invierno pasado, sordo, como los niños,

corrí. Y las Penínsulas, al largar sus amarras,

no conocieron nunca zafarrancho mayor.

 

La galerna bendijo mi despertar marino,

más ligero que un corcho por las olas bailé

–olas que, eternas, rolan los cuerpos de sus víctimas–

diez noches, olvidando el faro y su ojo estúpido.

 

Agua verde más dulce que las manzanas ácidas

en la boca de un niño mi casco ha penetrado,

y rodales azules de vino y vomitonas

me lavó, trastocando el ancla y el timón.

 

Desde entonces me baño inmerso en el Poema

del Mar, infusión de astros y vía lactescente,

sorbiendo el cielo verde, por donde flota a veces,

pecio arrobado y pálido, un muerto pensativo.

 

Y donde, de repente, al teñir los azules,

ritmos, delirios lentos, bajo el fulgor del día,

más fuertes que el alcohol, más amplios que las liras,

fermentan los rubores amargos del amor.

 

Sé de cielos que estallan en rayos, sé de trombas,

resacas y corrientes; sé de noches... del Alba

exaltada como una bandada de palomas.

¡Y, a veces, yo sí he visto lo que alguien creyó ver!

He visto el sol poniente, tinto de horrores místicos,

alumbrando con lentos cuajarones violetas,

que recuerdan a actores de dramas muy antiguos,

las olas, que a lo lejos, despliegan sus latidos.

 

Soñé la noche verde de nieves deslumbradas,

beso que asciende, lento, a los ojos del mar,

el circular de savias inauditas, y azul

y glauco, el despertar de fósforos canoros.

 

Seguí durante meses, semejante al rebaño

histérico, la ola que asalta el farallón,

sin pensar que la luz del pie de las Marías

pueda embridar el morro de asmáticos Océanos.

 

¡He chocado, creedme, con Floridas de fábula,

donde ojos de pantera con piel de hombre desposan

las flores! ¡Y arcos iris, tendidos como riendas

para glaucos rebaños, bajo el confín marino!

 

¡He visto fermentar marjales imponentes,

nasas donde se pudre, en juncos, Leviatán!].

¡Derrubios de las olas, en medio de bonanzas,

horizontes que se hunden, como las cataratas.

¡Hielos, soles de plata, aguas de nácar, cielos

de brasa! Hórridos pecios engolfados en simas,

donde enormes serpientes comidas por las chinches

caen, desde los árboles corvos de negro aroma!

 

Quisiera haber mostrado a los niños doradas

de agua azul, esos peces de oro, peces que cantan.

––Espumas como flores mecieron mis derivas

y vientos inefables me alaron, al pasar.

 

A veces, mártir laso de polos y de zonas,

el mar, cuyo sollozo suavizaba el vaivén,

me ofrecía sus flores de umbría, gualdas bocas,

y yacía, de hinojos, igual que una mujer.

 

Isla que balancea en sus orillas gritos

y cagadas de pájaros chillones de ojos rubios

bogaba, mientras por mis frágiles amarras

bajaban, regolfando, ahogados a dormir.

 

Y yo, barco perdido bajo cabellos de abras,

lanzado por la tromba en el éter sin pájaros,

yo, a quien los guardacostas o las naves del Hansa

no le hubieran salvado el casco ebrio de agua,

 

libre, humeante, herido por brumas violetas,

yo, que horadaba el cielo rojizo, como un muro

del que brotan ––jalea exquisita que gusta

al gran poeta–– líquenes de sol, mocos de azur

 

que corría estampado de lúnulas eléctricas,

tabla loca escoltada por hipocampos negros,

cuando julio derrumba en ardientes embudos,

a grandes latigazos, cielos ultramarinos,

 

que temblaba, al oír, gimiendo en lejanía,

bramar los Behemots y, los densos Malstrones,

eterno tejedor de quietudes azules,

yo, añoraba la Europa de las viejas murallas

 

¡He visto archipiélagos siderales, con islas

cuyo cielo en delirio se abre para el que boga:

–i.Son las noches sin fondo, donde exiliado duermes,

millón de aves de oro, ¡oh futuro Vigor!?

 

¡En fin, mucho he llorado! El Alba es lastimosa.

Toda luna es atroz y todo sol amargo:

áspero, el amor me hinchó de calmas ebrias.

¡Que mi quilla reviente! ¡Que me pierda en el mar!

 

Si deseo alguna agua de Europa, está en la charca

negra y fría, en la que en tardes perfumadas,

un niño, acurrucado en sus tristezas, suelta

un barco leve cual mariposa de mayo.

 

Ya no puedo, ¡oleada!, inmerso en tus molicies,

usurparle su estela al barco algodonero,

ni traspasar la gloria de banderas y flámulas

ni nadar, ante el ojo horrible del pontón.

 


 

FEDERICO GARCÍA LORCA

1898-1936

España

Obra:

LIBRO DE POEMAS (1921)

 

Poema:

PRÓLOGO

24 de julio de 1920. (Vega de Zujaira.)

 

Mi corazón está aquí,

Dios mío.

Hunde tu cetro en él, Señor.

Es un membrillo

demasiado otoñal

y está podrido.

Arranca los esqueletos

de los gavilanes líricos

que tanto, tanto lo hirieron,

y si acaso tienes pico

móndale su corteza

de hastío.

 

Mas si no quieres hacerlo,

me da to mismo,

guárdate tu cielo azul

que es tan aburrido.

El rigodón de los astros.

Y lo Infinito,

que yo pediré prestado

el corazón de un amigo.

Un corazón con arroyos

y pinos,

y un ruiseñor de hierro

que resista

el martillo

de los siglos.

 

Además, Satanás me quiere mucho.

Fue compañero mío

en un examen de

lujuria, y el pícaro

buscará a Margarita

 me lo tiene ofrecido .

Margarita morena,

sobre un fondo de viejos olivos,

con dos trenzas de noche

de estío,

para que yo desgarre

sus muslos limpios.

Y entonces, ¡oh Señor!

seré tan rico

o más que tú,

porque el vacío

no puede compararse

al vino

con que Satán obsequia

a sus buenos amigos.

 

Licor hecho con llanto.

¡Qué más da!

Es lo mismo

que tu licor compuesto

de trinos.

 

Dime, Señor,

¡Dios mío!

¿Nos hundes en la sombra

del abismo?

¿Somos pájaros ciegos

sin nidos?

 

La luz se va apagando.

¿Y el aceite divino?

Las olas agonizan.

¿Has querido

jugar como si fuéramos

soldaditos?

Dime, Señor,

¡Dios mío!

¿No llega el dolor nuestro

a tus oídos?

¿No han hecho las blasfemias

babeles sin ladrillos

para herirte, o te gustan

los gritos?

¿Estás sordo? ¿Estás ciego?

¿O eres bizco

de espíritu

y ves el alma humana

con tonos invertidos?

 

¡Oh Señor soñoliento!

¡Mira mi corazón

frío

como un membrillo

demasiado otoñal

que está podrido!

 

Si tu luz va a llegar

abre los ojos vivos

pero si continúas

dormido,

ven, Satanás errante,

sangriento peregrino,

ponme la Margarita

morena en los olivos

con las trenzas de noche

de estío,

que yo sabré encenderle

sus ojos pensativos

con mis besos manchados

de lirios.

Y oiré una tarde ciega mi

¡Enrique! ¡Enrique!

lírico,

mientras todos mis sueños

se llenan de rocío.

 

Aquí, Señor, te dejo

mi corazón antiguo,

voy a pedir prestado

otro nuevo a un amigo.

Corazón con arroyos

y pinos.

Corazón sin culebras

ni lirios.

Robusto, con la gracia

de un joven campesino,

que atraviesa de un salto

el río.

 


 

CESAR VALLEJO

1892-1938

Perú

Obra:

ESPAÑA, APARTA DE MÍ ESTE CÁLIZ

 

Poema:

BATALLAS /

PEDRO ROJAS

 

Solía escribir con su dedo grande en el aire:

“ ¡Viban los compañeros! Pedro Rojas” ,

de Miranda de Ebro, padre y hombre,

marido y hombre, ferroviario y hombre,

padre y más hombre. Pedro y sus dos muertes.

 

Papel de viento, lo han matado: ¡pasa!

Pluma de carne, lo han matado: ¡pasa!

¡Abisa a todos compañeros pronto!

 

Palo en el que han colgado su madero,

lo han matado;

¡lo han matado al pie de su dedo grande!

¡Han matado, a la vez, a Pedro, a Rojas!

 

¡Viban los compañeros

a la cabecera de su aire escrito!

¡Viban con esta b del buitre en las entrañas

de Pedro

y de Rojas, del héroe y del mártir!

Registrándole, muerto, sorprendiéronle

en su cuerpo un gran cuerpo, para

el alma del mundo,

y en la chaqueta una cuchara muerta.

 

Pedro también solía comer

entre las criaturas de su carne, asear, pintar

la mesa y vivir dulcemente

en representación de todo el mundo.

Y esta cuchara anduvo en su chaqueta,

despierto o bien cuando dormía, siempre,

cuchara muerta viva, ella y sus símbolos.

¡Abisa a todos compañeros pronto!

¡Viban los compañeros al pie de esta cuchara para siempre!

 

Lo han matado, obligándole a morir

a Pedro, a Rojas, al obrero, al hombre, a aquel

que nació muy niñín, mirando al cielo,

y que luego creció, se puso rojo

y luchó con sus células, sus nos, sus todavías, sus hambres, sus pedazos.

 

Lo han matado suavemente

entre el cabello de su mujer, la Juana Vázquez,

a la hora del fuego, al año del balazo

y cuando andaba cerca ya de todo.

 

Pedro Rojas, así, después de muerto,

se levantó, besó su catafalco ensangrentado,

lloró por España

y volvió a escribir con el dedo en el aire:

“ ¡Viban los compañeros! Pedro Rojas” .

 

Su cadáver estaba lleno de mundo.

 


 

YEVGUENI YEVTUSHENKO

1932-1917

Rusia

Poema:

CAE LA NIEVE PURA

para A.W. Bouis

 

Cae la nieve pura como

si resbalara por hilos.

Quisiera vivir, vivir

pero sé que no es posible.

Algunas almas se pierden

sin huella en la lejanía,

suben, suben hacia el cielo

como hace la nieve pura.

La nieve pura se disuelve…

yo también desapareceré…

No me preocupa la muerte,

nadie vive eternamente.

No creo en esos milagros.

No soy ni nieve ni estrella,

yo jamás volveré a ser

jamás, jamás, nunca más.

Y pienso yo, pecador:

¿Qué hiciste con tu existencia?

En su torbellino, ¿qué

amaste más que la vida?

Quise con mi sangre a Rusia

como el tuétano de mis huesos,

quise sus ríos creciendo

y debajo de los hielos.

Quise el humo de sus casas,

el aire de sus pinares,

amé a Chejov, Pushkin

y a sus gloriosos ancianos.

Si tuve mis contratiempos,

fue sin lamentarlos mucho.

Qué importa si viví locamente,

por Rusia fue que viví.

Dolorido de esperanzas

(lleno de oculta inquietud),

creo que tal vez un poco

también yo he ayudado a Rusia.

Aunque a mí Rusia me olvide

cuando el tiempo se devane,

el caso es que Rusia viva

para siempre, eternamente.

Cae la nieve pura, cae

como caía en los tiempos

de Pushkin, de Chejov,

como caerá cuando muera…

Cae la nieve, cae la nieve

con cegadora blancura,

borrando todas las huellas,

las que yo dejo y las otras…

Nadie vive eternamente,

pero tengo una esperanza:

si Rusia vive, es decir

que yo también viviré.

 


 

BOB DYLAN

1941

Estados Unidos

 

Poema:

DEJADME MORIR POR MIS PASOS

 

No me enterraré bajo tierra

porque alguien diga que la muerte viene por todos lados

y no iré por mi mismo hacia la muerte,

cuando vaya a la tumba mi cabeza estará erguida.

Dejadme morir por mis pasos

ante de que sea enterrado bajo tierra

 

Ha habido rumores de guerra y de guerras que han habido.

El significado de la vida se ha perdido en el viento

y algunas personas pensando que el fin está cerca

en lugar de aprender a vivir están aprendiendo a morir.

Dejadme morir por mis pasos

ante de que sea enterrado bajo tierra

 

No se si estoy listo, pero creo que puedo ver

cuando alguien intenta engañarme

y si llega toda esta guerra y la muerte está aquí

dejadme morir sobre esta tierra, ante de que muera bajo el suelo.

Dejadme morir por mis pasos

ante de que sea enterrado bajo tierra

 

Siempre ha habido gente que tiene que causar miedo,

han estado hablando de la guerra durante muchos años,

he leído todas sus declaraciones y no he dicho una palabra

pero ahora, señor, deja que mi débil voz sea oída.

Dejadme morir por mis pasos

ante de que sea enterrado bajo tierra

 

Si tuviera rubíes, riquezas y coronas

compraría el mundo entero y cambiaría las cosas de alrededor,

arrojaría todas la armas y tanques al mar

porque son errores de una historia pasada.

Dejadme morir por mis pasos

ante de que sea enterrado bajo tierra

 

Dejad que beba de las aguas allí donde se desbordan los torrentes de la montaña,

dejad que el olor de las flores silvestres fluya libre por mi sangre,

dejad que duerma en las praderas entre las verdes hojas de hierba,

dejad que camine por la autopista en paz con mi hermano.

Dejadme morir por mis pasos

ante de que sea enterrado bajo tierra.

 

Salid de vuestros países allí donde la tierra encuentra el sol,

contemplad los cráteres y los cañones de donde fluyen las cascadas

Nevada, Nuevo México, Arizona, Idaho,

dejad que cada Estado de la Unión se filtre en vuestra alma,

y moriréis por vuestros pasos

antes de que seáis enterrados bajo tierra.

 

BOB DYLAN

 

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