Vietnam. 30-abril 1975.

Saigón: el derrumbe del invasor



Saigón 30 de abril de 1975.

Es mediodía.

La ciudad está a punto de ser tomada.

El Ejército Popular de Vietnam

al mando del General Võ Nguyên Giáp,

inicia el asalto final al Palacio Presidencial.


Atrás queda una década de terror.

338.000 toneladas de napalm,

100.000 toneladas de herbicidas

arrojadas para acabar con la bases

de alimento y refugio del Viet Cong,

formadas por miles de campesinos.


Un derroche de destrucción desde el aire

que ocasionaría un ecocidio mortal

sobre la flora y la fauna del país.


Un infanticidio de medio millón de niños

con serios defectos de nacimiento,

que vendrían a sumarse a lo dos millones

de víctimas mortales de vietnamitas

a manos del ejército invasor de EEUU.


No solo fue Vietnam, sobre la vecina Laos,

EEUU, arrojaría más bombas

que en toda la Segunda Guerra Mundial,

y décadas después siguen explotando

bajo los arados de los campesinos.

***

Nunca nadie sería juzgado por tal genocidio.


Mas lo que importa ese 30 de abril

es acabar con el ejército invasor.

El odio acumulado es inmenso,

no hay soldado que no tenga

un familiar muerto por los invasores.

Un odio que se ha traducido en una férrea

y disciplinada determinación de Victoria.


Un tanque con el numero 390

y una estrella de cinco puntas

con fondo rojo pintados en su torreta,

tripulado por cuatro decididos combatientes,

a la orden del teniente al mando, Vu Dang Toan,

enfila la puerta del Palacio Presidencial.


La verja cede ante el empuje del tanque,

detrás una oleada de jóvenes soldados

con cascos verdes, camisas del mismo color,

sandalias de caucho de neumáticos

y armados con fusiles de asalto A.K. 47,

toman en pocos minutos

el que fuera el palacio presidencial

del gobierno colonial en Saigón.


Suben las escaleras con sus banderas

y llegan al despacho del presidente,

puesto por el invasor.

Éste cínicamente manifiesta:

Esperamos poder transferir el gobierno.

La contestación de los soldados fue:

No hay nada que transferir.

Sólo aceptamos su rendición incondicional.


Todo había sucedido de manera inesperada.

Saigón está abandonada a su suerte

por el ejercito más poderoso de la historia.

Eran horas decisivas.

El pánico se apodera de los colaboracionistas.


A las ocho de la mañana, una marea humana

fuerza la entrada del aeropuerto

intentando abordar cualquier medio aéreo.

Las imágenes de la desesperación

quedarían grabadas para la historia.


Una multitud de manos

pugnando por aferrarse

a los patines de los helicópteros,

impidiendo que éstos remontaran el vuelo,

mientras sus ocupantes golpean sin piedad

a los desesperados para poder escapar.


Era el derrumbe del ejército invasor,

a manos de un pueblo decidido a conquistar

la libertad de su nación.

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