HISTORIA DEL ARTE

CAPITULO X

EL ARTE CRISTIANO PRIMITIVO

ARTE SASÁNIDA

Apunte contexto histórico

ÍNDICE

EL ARTE CRISTIANO PRIMITIVO

ARQUITECTURA SIGLOS IV y V. BASÍLICAS Y BAPTISTERIOS

SIRIA Y EGIPTO

ESCULTURA CRISTIANA PRIMITIVA

ARTE SASÁNIDA


 

EL ARTE CRISTIANO PRIMITIVO

.—Perseguida la religión nueva con rigor extraordinario desde que comienza a constituir un peligro para la sociedad "pagana", no es posible a los cristianos levantar grandes edificios dedicados a su culto que delaten su destino. Las únicas manifestaciones arquitectónicas de las primeras agrupaciones de cristianos son de carácter subterráneo y, artísticamente consideradas, muy pobres. Se reducen a los cementerios o catacumbas que, valiéndose del derecho de labrar enterramientos corporativos concedidos por las leyes romanas, excavan los cristianos, aprovechando en parte las galerías de las canteras abiertas en las afueras de la ciudad para obtener materiales de construcción.

Las catacumbas cristianas consisten en una complicada red de interminables galerías abiertas en una tierra de cierta consistencia (fig. 646), en cuyas paredes se encuentran los nichos de las sepulturas o formae, cubiertas por una lápida con la dedicatoria al difunto y símbolos, como el pez o la paloma con el ramo de olivo. Sus partes arquitectónicas más interesantes son los cubículos —cubiculi—, o lugares donde suelen cruzarse varias de esas galerías, pues, con frecuencia, los enterramientos en ellos emplazados presentan un nicho semicircular o arcosolio, bajo el que acostumbra a depositarse el cuerpo de algún mártir, sirviendo así de mesa de altar para celebrar los oficios.

(fig. 646)

Catacumbas de san calixto

El cubículo de las catacumbas de Santa Inés (fig. 647) ofrece la particularidad de tener en su cabecera un asiento corrido labrado en la piedra y ligeramente elevado en el puesto de honor dedicado al obispo. Presenta a los lados varios arcosolios, habiéndose querido ver en los diversos ensanchamientos de la galería el lugar destinado al coro de hombres y al de mujeres.

(fig. 647)

Catacumbas de Santa Inés

La arquitectura de estos cubículos es tan simple, que incluso la llamada cripta de los Papas, de las catacumbas de San Calixto, se reduce a dos columnas, un lucernario y poco más.(fig. 648)

(fig. 648)

Cripta de los Papas, de las catacumbas de San Calixto

La decoración de las catacumbas se confía exclusivamente a la pintura, y siempre dentro de una gran sencillez, ver (fig. 646). El artista cristiano de estos primeros tiempos se limita a trazar sobre el enlucido de las paredes decoradas algunos elementos arquitectónicos y unas cuantas guirnaldas, y en las cubiertas, varios campos, que permiten pintar en sus centros figurillas y escenas en que se va gestando la futura iconografía cristiana. Desde el punto de vista puramente pictórico, su estilo es el romano coetáneo, de técnica sumaria, de pobre colorido y ejecutado por artistas modestos. La pintura de la bóveda de la catacumba de Lucina (fig. 649), de la primera mitad del siglo III y una de las más antiguas conservadas, nos dice en qué grado las bellas perspectivas arquitectónicas de los últimos estilos pompeyanos han dado paso en esta fecha a una decoración geométrica, animada por figuras, como los orantes, el Buen Pastor, y en el centro, Daniel en la cueva de los leones.

 (fig. 649)

Decoración bóveda con Daniel en la cueva de los leones

En un principio se limitan al empleo de temas paganos, pero que pueden prestarse a una interpretación cristiana, como sucede a las figuras de los amorcillos, de Psiquis, de Orfeo, o a las guirnaldas simbólicas de la inmortalidad. Más tarde, a mediados del siglo II, es cuando aparece ya un repertorio nuevo. La mayoría de los asuntos se toman del Antiguo Testamento, siendo los preferidos el Sacrificio de Isaac, Daniel con los leones, los Jóvenes en el horno, Jonás, Noé en el arca, etcétera, no sólo por su valor como precedentes de la vida de Jesús, sino por ser ya los temas más representados en las sinagogas. Al lado de ellos aparecen ya los temas propiamente cristianos, que van multiplicándose cada vez más y haciéndose más concretos. Figuran entre los más antiguos la Adoración de los Reyes, el Bautismo de Jesús, la Curación del paralítico, diversos milagros de Jesús, etc. Junto a estas representaciones y pasajes de la vida del Salvador deben recordarse las ya citadas del Buen Pastor y la figura de la Orante, que de pie y con los brazos en alto, ruega por nosotros. Muy importante es también la figura femenina sentada con su hijo, de las catacumbas de Priscila, siglo III, que no es fácil decidir si representa a una cristiana devota o realmente a la Virgen con el Niño (fig. 650).

(fig. 650)

Mujer con niño, catacumbas de Priscila

La (fig. 651) reproduce varios símbolos cristianos creados en esta época. El Crismón, o monograma de Cristo, formado por las dos primeras letras de su nombre griego: Xpio-cdc, X y P, es el símbolo de Jesús triunfador de la muerte, y se relaciona con la visión de Constantino en vísperas de su victoria del Puente Milvio; el Ancora, el Delfín, el Pez de la Resurrección y el Pan eucarístico; las Palomas, símbolo del Cristianismo, que acuden al racimo eucarístico y al Crismón, y la Orante.

(fig. 651)

Símbolos cristianos siglo III

En época algo más avanzada, cuando ya es necesario contemporizar con los cristianos, comienza a construirse, a la luz del día y sobre las catacumbas, una capilla o celia memoriae, tipo de construcción que no tiene tiempo de prosperar, puesto que Constantino concede libertad poco después para edificar templos de grandes proporciones. Consiste la celia memoriae en un nicho simple o de planta trebolada abierto para celebrar los actos del culto y que los fieles asistan a ellos a cielo descubierto. Buen ejemplo es el de las catacumbas de San Calixto.(fig. 652).

(fig. 652)

Celia memoriae


 

ARQUITECTURA SIGLOS IV y V. BASÍLICAS Y BAPTISTERIOS

.—El edicto de Milán de 313, como es natural, tiene inmediatas repercusiones en los destinos de la hasta entonces tan pobre arquitectura cristiana. Pues Constantino no sólo autoriza la construcción de templos a la luz del día, sino que, diez años más tarde, regala al Pontífice el Palacio del cónsul Sextus Lateranus, que, confiscado por Nerón, es propiedad de los emperadores. La iglesia allí levantada, y que de él toma el nombre de Letrán, será la cabeza y madre de todas las iglesias cristianas.

Influido por la tradición judía de la sinagoga, el monumento pagano que sirve de modelo al templo cristiano es la basílica pagana, y lo es en tal grado, que todavía hoy la palabra basílica es sinónima de gran templo. Es edificio de tres naves separadas por columnas, por lo general con arquerías que cargan directamente sobre ellas, y testero semicircular. Este sistema de apoyar el arco sobre el capitel de la columna aislada, heredado de la arquitectura imperial, se generaliza en la escuela bizantina y es de la mayor importancia. A veces entre el arco y el capitel se interpone un grueso abaco apiramidado, que da lugar al cimacio bizantino.

Aunque el templo cristiano es lugar de reunión de todos los fieles, como ya desde los primeros tiempos se establecen distinciones entre ellos al asistir a las ceremonias del culto, esas distinciones dejan su huella en su organización arquitectónica. Estas diferencias se refieren, sobre todo, a los catecúmenos o fieles aún no totalmente iniciados en el conocimiento de la doctrina cristiana y que no pueden presenciar todas las ceremonias; al clero, que debe encontrarse aislado del pueblo, y aun, dentro de él, al clero mayor y al clero menor; a las mujeres, e incluso a los peregrinos, a los que es necesario proporcionar alojamiento.

Así, en el testero dedicado en la basílica pagana al magistrado y su séquito, y que se convierte en el futuro ábside, se coloca el altar, no adosado, como es costumbre desde los tiempos medios, sino aislado en forma que el sacerdote pueda celebrar los oficios dando frente al pueblo. El clero mayor toma asiento en el banco semicircular adosado al muro, mientras al clero menor se le destina el centro de la nave mayor. A veces las naves longitudinales son cruzadas por una transversal, dando así nacimiento a los futuros cruceros del templo medieval. Además, aprovechando el desnivel de la menor altura de las naves laterales, también se construye sobre éstas otro piso, con galería a la central, llamado triforium, y que, por estar reservado a las mujeres, se denomina también matronium. La basílica cristiana se completa, por último, a los pies con un patio o atrio rodeado de galerías, de las cuales la inmediata al templo, o nartex, está dedicada a los catecúmenos, y las tres restantes, a los peregrinos.(fig. 653).

(fig. 653)

Figuración basílica construida por Constantino en Roma (siglo IV)

En un principio se orienta la cabecera del templo al Occidente, para que el sacerdote que oficia tras el altar y de cara a los fieles dirija su rostro a Oriente, mas no se tarda en invertir la orientación del templo y la colocación del sacerdote, con lo que tanto éste como los fieles se dirigen a Oriente. A estos problemas creen algunos que responden las basílicas del norte de África, con un ábside en cada extremo de la nave central.

A pesar de las hermosas proporciones y del lujo de estos templos de época constantiniana, buena parte de sus materiales, y en particular las columnas y los capiteles, proceden de edificios paganos diversos. Y tan es así, que la uniformidad de los capiteles de Santa María la Mayor (fig. 654), de Roma, ha hecho pensar en que se trata realmente de una basílica pagana convertida en templo cristiano. Pero, contra lo que mucho tiempo se ha creído, estos primeros templos cristianos no se consideran hoy edificios paganos adaptados al culto cristiano, sino labrados de nueva planta.

(fig. 654)

Santa María la Mayor (Roma)

A iniciativa del propio Constantino se deben las basílicas Lateranense (fig. 655), primera iglesia cristiana (313-320); construida por el Emperador Constantino sobre terrenos donados por él mismo, y la de San Pedro del Vaticano en la segunda mitad de ese siglo (fig. 656), muy semejantes entre sí, que sólo conocemos por dibujos anteriores a su derribo; la primera, de arcos sobre columnas, y la segunda, adintelada, como la de la Natividad de Belén (fig. 657), que, en cambio, se conserva.

(fig. 655)

Esquema basílica San Juan de Letran

(fig. 656)

Fresco del aspecto de la basílica de San Pedro de Roma en el siglo IV

(fig. 657)

Basílica de  la Natividad de Belén

Algo posteriores son la de Santa María la Mayor (358), ver (fig. 654), adintelada, y la de San Pablo (386), de arquería, que, víctima de un incendio en el siglo pasado, se reconstruye copiando la primitiva y de la cual se converva un apside. (fig. 658).

(fig. 658)

Iglesia de San Pablo en Roma

La de Santa Inés (324) tiene en las naves laterales una segunda planta con arquería para mujeres. El abaco interpuesto entre el capitel y el arco presenta ya las proporciones del cimacio bizantino. (fig. 659).

(fig. 659)

Basílica de Santa Inés

A fines del siglo IV pertenecen ya las de Santa María en Cosmedin (380) y la de San Clemente (392), ambas en Roma. San Clemente tiene aún el altar en su disposición primitiva para que el sacerdote, al oficiar, dé el frente al público, la cátedra episcopal en el ábside y el cerramiento de mármol en el coro. (fig. 660).

(fig. 660)

Basílica de San Clemente

Creación también constantiniana son los mausoleos o construcciones de planta circular que en varios casos ocupan el lugar del ábside de la basílica. De ese tipo son los Santos Apóstoles de Constantinopla, con el mausoleo del propio emperador, y el Santo Sepulcro de Jerusalén (fig. 661). Por desgracia, el primero no se conserva, y respecto del segundo, no se conoce con seguridad la parte del templo primitivo.

(fig. 661)

Iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalen

En Roma, en cambio, aunque en ruinas, existe el mausoleo de Santa Elena (figs. 662), y, sobre todo, el de Santa Constanza, (fig. 633), la hija de Constantino, el enterior posee 24 columnas que sostienen solas el grueso tambor y la cúpula.

(figs. 662)

Mausoleo de Santa Elena

(figs. 663)

Mausoleo de Santa Constanza

A esta clase de templos de proporciones cuadradas pertenecen además las capillas bautismales que, según la costumbre que perdurará en Italia mucho tiempo, se labran como edificios independientes, de planta circular o poligonal de varios ejes de simetría. Con pila de grandes proporciones en el centro para verificar en ella el bautismo por inmersión, se ha visto su origen en los ninfeos o baños de los palacios romanos, habiéndose querido identificar en el Batisterio de Letrán el del viejo palacio pagano con las naturales transformaciones.

Ya del siglo V, y anteriores, por tanto, al estilo plenamente bizantino de Justiniano, es el sepulcro de Gala Placidia (figs. 664), en Rávena, la ciudad donde se refugia la hija de Teodosio al sentirse insegura en Roma. El primero, aunque no es indudable que contenga en sus sarcófagos los restos de los hijos de Teodosio, es, desde luego, un panteón por completo abovedado y de planta de cruz ligeramente alargada. Sencillo en su composición, debe su lujo a su rico revestimiento de mármol y mosaico. En si interior, El Baptisterio es de base octogonal, y sus muros están reforzados por arcos apoyados sobre columnas, que en la segunda planta incluyen otros tres arcos menores. Pero, de todos modos, su interés principal se debe a su revestimiento de mosaico en perfecto estado de conservación.

(figs. 664)

Sepulcro de Gala Placidia

Los monumentos existentes en España de este período son escasos y de poca importancia. Se reduce a las ruinas de una basílica de tres naves y ábside semicircular del cementerio paleocristiano de Tarragona, a la celia memoriae de Ampurias, a la casa basílica de Mérida y al monumento de Centcelles, en parte, al menos, de carácter funerario.(fig. 665).

(fig. 665)

Monumento de Centcelles

 


 

SIRIA Y EGIPTO

.—Antioquía y Alejandría son, con Roma, las ciudades más populosas del Imperio, y las provincias respectivas de que son cabecera las más fecundas desde el punto de vista artístico, así que, mientras en Occidente, como consecuencia del decreto de Constantino, se producen los monumentos estudiados,^ en Siria y Egipto se forman dos importantes escuelas artísticas de gran personalidad.

La siríaca, en particular, desempeña un papel de primer orden en el nacimiento de la arquitectura medieval por la influencia ejercida en la bizantina, gracias a su vecindad, a la sabiduría de sus cubiertas abovedadas y a la originalidad de su decoración vegetal. Comarca donde abunda la piedra, y existe desde los tiempos helenísticos una fecunda tradición arquitectónica, se crean durante los siglos IV y V una serie de obras maestras que delatan gran novedad y un sentido muy inteligente de la arquitectura. Los arcos de refuerzo de las bóvedas, empleados sólo raras veces bajo el Imperio en Occidente, o, lo que es lo mismo, la concentración del empuje de las bóvedas en puntos determinados, lo desarrollan ellos hasta emplearlo de manera sistemática. Y la concentración de las presiones laterales lleva consigo el empleo igualmente sistemático, para su contrarresto, de estribos exteriores. La vieja arquitectura imperial de gruesísimos muros se ve así reemplazada por otra de menos masa y más sabia, que, gracias a este inteligente principio de concentración de presiones y contrarrestos, da vida en su día a los estilos románico y gótico.

Pero, además de estas conquistas de orden tectónico, los monumentos sirios presentan otras novedades de carácter decorativo de gran trascendencia para el arte medieval de Occidente, y en las que se avanza en el camino iniciado ya en el Palacio de Spalato. La estrecha semejanza que en este aspecto existe entre algunos de estos monumentos del Asia anterior y las iglesias occidentales, se explica por la emigración siria a Occidente como consecuencia de la conquista árabe en el año 634. La decoración vegetal, por otra parte, es también del mayor interés, porque, siguiendo la tendencia antinaturalista y amiga de intensos contrastes de claroscuro de los últimos tiempos del Imperio, muestra ya un carácter esquemático y geometrizado que enlaza con el estilo bizantino.

Obra principal de la escuela siríaca y donde mejor pueden verse los más de los caracteres apuntados es el monasterio de San Simeón el Estilita o Kalat Siman (fig. 666), que estaba concluido a principios del siglo V. Sus ruinas nos permiten ver todavía su patio octogonal, con la base de la columna en que hace penitencia el santo, y al cual se abren cuatro basílicas. Lo más interesante como precedente para la arquitectura medieval europea es la decoración exterior de su cabecera, con columnas adosadas y cornisas de arquillos ciegos que descansan en aquéllas y en ménsulas. Es decir, la composición decorativa que siglos después emplearán los arquitectos románicos en los ábsides de sus iglesias.

(fig. 666)

Monasterio de San Simeón el Estilita

Monumento también muy valioso es Turnamin, y por sus plantas, octogonal y circular, respectivamente, las iglesias de Esra y Bosra (fig. 667).

(fig. 667)

Planta catedral de Bosra

Egipto es tierra donde la nueva religión arraiga tan profundamente, que a la llegada de los árabes el año 641 la población es cristiana. Es la patria del poderoso patriarca de Alejandría, que tiene flota comercial propia, y de los finos teólogos que suelen rozar con la herejía; pero, sobre todo, de los grandes ermitaños que se retiran al desierto para hacer vida de anacoreta, y que terminan organizando por primera vez la vida monástica en común. Denominados coptos por los árabes los cristianos de Egipto, se aplica también este nombre, con visible impropiedad, al arte de estos cristianos, anterior a la conquista islámica.

En Egipto, como en Siria, se construyen grandes edificios de tipo constantiniano, hoy desaparecidos, pero los de mayor interés son los propiamente coptos. Obedecen a un tipo bastante uniforme, siendo uno de sus rasgos más característicos y reiterados el empleo de la bóveda sobre trompas en la cabecera o en el crucero. No menos valiosa es en la arquitectura egipcia la decoración de acanto espinoso, de temas vegetales intensamente estilizados, y de polígonos y cintas que se quiebran y cruzan preludiando el lazo árabe. La técnica de trépano y a bisel en ella empleada es análoga a la siríaca, pero los efectos de claroscuro son aún más violentos, y la geometrización de las formas vegetales también más intensa.


 

ESCULTURA CRISTIANA PRIMITIVA

.—La fecha tardía, dentro de la evolución del arte clásico, en que se inicia la escultura cristiana y la modestia de los artistas que ejecutan las primeras obras, hacen que su nivel artístico sea en general bastante bajo. Su interés para la historia del arte cristiano es, sin embargo, grande, sobre todo desde el punto de vista iconográfico, por ofrecernos el primer gran repertorio de temas que serán interpretados en siglos posteriores. Técnicamente puede seguirse en ella el reflejo de la escultura romana contemporánea.

La escultura cristiana primitiva cultiva casi exclusivamente el relieve. Salvo algunos de pequeño tamaño labrados en marfil, esos relieves son los de los sarcófagos, cuyo empleo es la natural consecuencia de la inhumación exigida por las nuevas creencias.

La composición de esos relieves es muy variada. Unas veces, como en los sarcófagos paganos, la historia ocupa toda la altura de su frente, pero también con frecuencia, para contener mayor número de temas, se divide en dos fajas horizontales. Son los llamados de friso y de friso doble. En unas ocasiones los personajes se suceden sin solución alguna de continuidad, pero en otras se introducen columnas, generalmente con frontones y arcos alternados que forman así una serie de intercolumnios muy adecuados para separar las escenas: son los sarcófagos de columnas (fig. 668). Esto sucede incluso en algunos sarcófagos de dos cuerpos(fig. 669).

(fig. 688)

Sarcófago de Martos

(fig. 669)

Sarcófago de Junio Basso

Durante la mitad del siglo IV se da un tipo de sarcófago en el que las columnas son reemplazadas por árboles cuyas copas al unirse forman especie de nichos u hornacinas (fig. 670).

(fig. 670)

Sarcófago con árboles. Museo Louvre

Existe, por último, un tipo de sarcófago más sencillo (fig. 671), cubierto en casi todo su frente con el tema de los estrigilos, en los que la decoración escultórica se reduce a la parte central y a los extremos. Es frecuente, en la parte central, un gran medallón circular con la media figura del difunto y de su familiar más inmediato, como en los paganos.

(fig. 671)

Sarcófago de estrigilos

Los sarcófagos cristianos más antiguos, lo mismo que las primeras pinturas de las catacumbas, como labrados en talleres paganos, carecen de representaciones cristianas, si bien es posible que para algunos de los temas decorativos paganos se hubiese creado ya una interpretación cristiana. En esta zona, todavía un tanto indefinida, precisa recordar el empleo de temas paganos de posible sentido cristiano en sarcófagos que, indudablemente, lo son por sus temas restantes, así como los sarcófagos de miembros pertenecientes a ciertas sectas gnósticas, que aceptan el Antiguo Testamento, sin perjuicio de representar la gnosis —el conocimiento o identificación mística— por el abrazo de Amor y Psiquis.

Este período de indecisión y de empleo de temas paganos termina en el siglo IV. Los escultores se reducen entonces a los asuntos del Antiguo y del Nuevo Testamento, que alguna vez se encuentran claramente separados, pero, por lo general, se entremezclan con predominio de los de la vida de Jesús. Se aumenta el repertorio de las pinturas de las catacumbas, pero los temas de la Pasión no son frecuentes hasta la segunda mitad del siglo IV. Por su importancia para el futuro arte cristiano merecen recordarse la Anunciación, en la que el ángel es un joven todavía sin alas; el Nacimiento, donde aparecen ya los animales tras la cuna, y la Adoración de los Reyes, vestidos con bragas largas, tocados con gorro frigio e iniciando la genuflexión. Tema también importante es el del Salvador en la Gloria, apoyando sus pies sobre el paño o bóveda celeste que sostiene Caelus, en realidad, Urano, ver (fig. 669).

A veces, estas numerosas escenas son reemplazadas por la única de Jesús en la Gloria y de la Iglesia triunfante. Tales son la del Salvador en el centro acompañado por los apóstoles, y la del Salvador acompañado por San Pablo y San Pedro en el momento de dar a éste la Ley. En otros sarcófagos la decoración se reduce a los corderos que acuden a la cruz situada en el centro, o los pavos reales de la que simbolizan en la belleza de su cola la hermosura del alma transformada por la salvación, y las pequeñas codornices que pican los racimos de este mismo sarcófago de Rávena son también símbolo del cristiano en el banquete eucarístico.(fig. 672).

(fig. 672)

Sarcófagos de San Apolinar.(Rávena)

El número de sarcófagos llegados hasta nosotros es considerable. Hasta fines del siglo VI, el centro de fabricación de la mayoría de los sarcófagos exportados a Occidente es Roma, lo que explica la uniformidad de sus tipos. Después se esculpen también en las provincias. Uno de los sarcófagos más antiguos es el de Jonás (fig. 673), el tema corriente de las pinturas del siglo III. Se representa en él otros del Antiguo Testamento —Noé con el arca, Moisés en la peña—, a los que se agrega el de la Resurrección de Lázaro, del Nuevo Testamento.

(fig. 673)

Sarcófago de Jonás

El sarcófago llamado Dogmático (fig. 674) de época ya constantiniana, presenta, después de la Creación de Adán y Eva por la Trinidad, una rica serie de temas evangélicos: el Pecado original, los Milagros de Cana y de los panes, la Resurrección de Lázaro, la Adoración de los Reyes, en la forma arriba indicada; la Curación del ciego, Daniel y los leones, la Negación de San Pedro, el Prendimiento de éste y Moisés en la peña.

(fig. 674)

Sarcófago dogmático

El reproducido en la figura (fig. 675), de mediados del siglo IV, se encuentra ya dedicado a temas de la Pasión: Simón Cirineo, la Coronación, Cristo conducido ante Pilatos, y Pilatos lavándose las manos. Preside el Crismón con la corona de laurel o de la vida. Es sarcófago de columnas de cinco compartimientos, que después suelen elevarse a siete.

(fig. 675)

Sarcófago de la Pasión de Cristo

Por su belleza y por estar fechado (359), debe recordarse también el de Junio Basso, ver (fig. 669), de cinco compartimientos y dos zonas. Son sus temas: el Sacrificio de Isaac, la Prisión de Pedro, Cristo imberbe con Caelus por escabel con San Pedro y San Pablo, el Prendimiento, Pilatos lavándose las manos, Job, Adán y Eva, la Entrada de Jesús en Jerusalén, Daniel y los leones, y el Prendimiento de San Pablo.

Las únicas esculturas de bulto redondo de este período son las de Jesús representado bajo la figura alegórica del Buen Pastor o como Definidor de la ley Cristiana. Imberbe y con el cordero sobre los hombros, el tema del crióforo, como hemos visto, era de vieja ascendencia en el arte griego, y se cultiva aún en el período helenístico. El mejor ejemplo es el del Museo de Letrán, tal vez ya del siglo IV (fig. 676). Pero la forma cómo ha de perdurar transformado a través de los siglos es la otra. Sin embargo, se le imagina también joven e imberbe (fig. 677). La más bella estatua de este tipo es la del Museo de las Termas, que le muestra sentado y enseñando su doctrina como un filósofo. Según veremos, el tipo barbado que después se perpetúa no aparece hasta fines del siglo IV.

(fig. 676)

Jesú el buen Pastor, museo de Letrán

(fig. 677)

Jesús definidor de la ley Cristiana

En España, La escultura paleocristiana se reduce  a los sarcófagos, de los que poseemos número relativamente crecido, aunque sin características que los distingan de los tipos corrientes en el resto del Imperio. Un núcleo importante existe en Cataluña: en Tarragona (fig. 678) y Gerona.

(fig. 678)

Sarcófago de la Corona. Tarragona

En un sarcófago de Zaragoza se ha querido ver la más antigua imagen de la Asunción de la Virgen, y en otro del Museo Arqueológico Nacional se presenta al Salvador sentado y rodeado de los apóstoles. En Andalucía existen varios con columnas, ver (fig. 668), pero el más singular de esta región es el de Ecija (fig. 679), ya del siglo V, de acusada influencia bizantina. De bajísimo relieve, renunciase en él a la densa narración corriente y se ofrecen sólo tres escenas interpretadas en tono solemne y con letreros griegos: el Sacrificio de Isaac, el Buen Pastor y Daniel con los leones.

(fig. 679)

Sarcófago de Écija

 


 

ARTE SASÁNIDA

.—La formación a principios del siglo III, del reino persa sasánida, que perdura hasta la conquista árabe de mediados del VII, da lugar a que se produzca un estilo arquitectónico y una decoración animada en los que el viejo arte mesopotámico de la bóveda y de los animales fieros vive una nueva época de florecimiento. Su vecindad con el Imperio bizantino hace que sus creaciones dejen sentir su benéfica influencia en el arte europeo, y su incorporación al mundo islámico es igualmente beneficiosa para este otro gran mundo artístico.

De fechas inseguras sus principales monumentos, se considera como el más antiguo el palacio de Firuz Abad (fig. 680). De planta rectangular y gruesos muros, todas sus salas se encuentran abovedadas: En las dos primeras crujías, esas bóvedas, que son de cañón, contrarrestan a otra de igual forma, pero transversalmente dispuesta, y que, abierta i la fachada, cubre el vestíbulo. Pero la parte de más interés arquitectónico es la tercera crujía, cubierta por tres bóvedas cupuliformes de sección elíptica sobre trompas, pues son los primeros ejemplos importantes conservados de este tipo de cubierta, que tanto auge tendrá en la arquitectura bizantina y tanta influencia en la arquitectura románica. Se cree obra del siglo III.

(fig. 680)

Esquema y ruinas del palacio de Firuz Abad

El segundo gran palacio sasánida es el de Sarvistán (fig. 681), que se cree ya del siglo iv. Es de proporciones más cuadradas y presenta en su parte central una bóveda cupuliforme sobre trompas de proporciones mucho mayores. En los grandes salones laterales, la bóveda de cañón de sección elíptica se encuentra sabiamente contrarrestada por estribos interiores formados por columnas pareadas.

(fig. 681)

Esquema y ruinas del palacio de Sarvistán

Situados los dos monumentos anteriores no lejos de Persépolis, el más grandioso de todos, que es el de Ctesifón (fig. 682), se encuentra, en cambio, en Seleucia del Tigris. Es un inmenso salón abovedado de más de veinticinco metros de luz, abierto directamente al exterior en el centro de una fachada con numerosas hornacinas. Los enormes empujes de la bóveda se hallan contrarrestados por el muro de la sala y por una serie de otras transversales. Su fecha es tan insegura, que mientras unos lo creen construido por Cosroes, en el siglo VI, otros lo consideran tres siglos anterior.

(fig. 682)

Palacio de Ctesifón

Los reyes sasánidas labran en la roca de los acantilados grandes relieves conmemorativos de sus triunfos. Así, el fundador de la dinastía, Ardashir o Artajerjes, se hace representar en el acantilado de Nasch-I-Rustem bajo la sepultura de Darío el Grande, pisoteando con su caballo al emperador parto vencido y recibiendo la corona del dios de la luz Ahura-Mazda, que a su vez aplasta con su caballo al dios de las tinieblas. A su hijo Japor lo vemos en ese mismo acantilado, vencedor del emperador romano Valeriano, que implora su clemencia (fig. 683).

(fig. 683)

Japor vencedor de Valeriano

Por último, Cosroes II,  excava en la roca de Taki-Bostan un profundo arco y se hace retratar sobre su caballo favorito blandiendo la lanza (fig. 684).

(fig. 684)

Cosroes II,  a caballo y con lanza en la roca de Taki-Bostan

El otro aspecto del arte persa, de gran trascendencia a través del bizantino, es el decorativo. Gracias principalmente a su orfebrería, por lo general fuentes circulares, y a sus tejidos, vemos cómo se vuelve al tema tan mesopotámico de la cacería de animales fieros (fig. 685) por el monarca, y, sobre todo, al del animal fiero devorando al tímido, que se difundirá en el arte islámico y en el románico.

 (fig. 685)

Cacería de leones

Creación sasánida parecen los medallones circulares con aves y animales, con frecuencia fantásticos, en su interior. Entre éstos, es el más importante el simurg (fig. 686) o grifo alado, con dos patas y cola de pavo real. Como se considera capaz de resistir el fuego, de nadar, volar y andar, simboliza los cuatro elementos, de los que es señor Ahura Mazda, el dios de los persas.

(fig. 686)

Simurg representado en placa de plata

Los tejidos de seda sasánídas que se labran en Ctesifón nos ofrecen todos esos temas, generalmente afrontados por parejas.(fig. 687).

(fig. 687)

Tejido sasánida, representando a Simurg