HISTORIA DEL ARTE

CAPÍTULO XXI

ARQUITECTURA DEL RENACIMIENTO EN ESPAÑA

Apunte contexto histórico

ÍNDICE

EL PLATERESCO

MONUMENTOS IMPORTADOS

TOLEDO: LORENZO VÁZQUEZ, GUMIEL Y COVARRUBIAS

SALAMANCA: ÁLAVA Y HONTAÑÓN. LEÓN. BURGOS

GRANADA Y JAÉN: MACHUCA, SILOE Y VANDELVIRA

SEVILLA Y CÓRDOBA. ARAGÓN. AMÉRICA

EL ESTILO HERRERIANO. CATEDRALES AMERICANAS

PORTUGAL

 


EL PLATERESCO

.—La introducción del Renacimiento en España es una consecuencia natural de nuestras relaciones con Italia. Desde mucho antes de mediar el siglo XV, Alfonso V de Aragón es también rey de Nápoles, y al terminar esa centuria no es sólo Aragón, sino toda España la que recorre Italia a las órdenes del Gran Capitán. Hace mucho tiempo, por otra parte, que los artistas italianos han traído la buena nueva renacentista, y no faltan españoles que han estado en la vecina península. A las obras labradas en el nuevo estilo se les llama «del romano» u «obra a la antigua», para distinguirlas de las ejecutadas en el que hoy denominamos gótico y en el siglo XVI se calificaba de «obra moderna». El Renacimiento arraiga con tal fuerza entre nosotros, que en España se escribe el primer tratado del nuevo estilo arquitectónico impreso fuera de Italia. Lo publica Diego de Sagredo, en Toledo, en 1526, con el nombre de Medidas del Romano (fig. 1362). Unos cuarenta años más tarde aparece una traducción del célebre libro de Serlio.

(fig. 1362)

Medidas del Romano

El Renacimiento cuatrocentista se difunde en España cuando en Italia toca a su término, es decir, cuando allí se inicia la reacción bramantesca, reacción que no tiene lugar entre nosotros hasta mediados del siglo XVI. El estilo correspondiente al cuatrocentismo italiano, aunque con las naturales diferencias, es el plateresco; el de inspiración bramantesca, es el herreriano. El plateresco llena los dos primeros tercios del siglo; el herreriano, el último. La obra en que se crea el segundo es El Escorial, cuya primera piedra se pone en 1563.

El plateresco, al parecer, debe su nombre al analista de Sevilla, del siglo XVII, Ortiz de Zúñiga, quien, al elogiar la primorosa decoración de un monumento de ese estilo, la califica de «fantasía plateresca». Se distingue por su extraordinaria riqueza decorativa, y, en realidad, buena parte de nuestros arquitectos de este período son más bien grandes decoradores que propiamente arquitectos. Como en la escuela lombarda, cubren las fachadas temas decorativos que en Toscana se reducen a puertas, retablos y sepulcros. Candelabros, subientes, festones, seres fantásticos o bichas, como suelen denominarse las figuras monstruosas (fig. 1363) y, en suma, todo el caprichoso repertorio del grotesco, se emplean con profusión extraordinaria y, a medida que avanzan los años, con dramatismo creciente.

(fig. 1363)

Decoración con grutesco

Algún elemento, como la columna abalaustrada (fig. 1364), adquiere tan temprana y rápida difusión, que llega a convertirse en uno de los temas característicos del plateresco. Es lo que Sagredo denomina columna monstruosa, cuyo fuste consta de una parte superior terminada en su base en forma bulbosa y revestida de hojas, que por su semejanza con la flor del granado se llama balaustre —del latín balaustium, granado—; de partes rehundidas o estranguladas —degolladuras o retraimientos, según Sagredo—, vasos y cajas o cuerpos cilíndricos superpuestos, con capiteles decorados (fig. 1365).

(fig. 1364)

Columnas del tratado de Medidas del Romano de Sagredo

(fig. 1365)

Capiteles del tratado de Medidas del Romano de Sagredo

Elementos decorativos que se emplean también con particular insistencia, son los medallones con bustos o cabezas, especialmente en enjutas, basamentos, entablamentos y entrepaños. País donde el gótico tiene raíces tan profundas, es frecuente, hasta muy avanzado el siglo, que mientras el exterior del edificio se engalana con todo el repertorio renacentista, en el interior continúan empleándose las bóvedas de crucería.

Como es natural, el estilo plateresco no permanece estacionario en sus sesenta años largos de vida, y, aunque no siempre sea fácil fijar con precisión el cambio del estilo, hacia el año 1530 suelen advertirse ya las novedades delatoras de su segunda etapa. Durante el primer período la decoración es más plana, más menuda, menos movida, y los temas animales y humanos también menos frecuentes. Con posterioridad a 1530 esa decoración se proyecta más, su escala aumenta, se nos muestra dotada de un mayor dramatismo, y los elementos fundamentales de la composición arquitectónica se destacan más intensamente.


MONUMENTOS IMPORTADOS

.—Aunque no sean los monumentos más antiguos del estilo, conviene recordar, en primer lugar, un grupo de obras importadas de Italia, total o parcialmente, que demuestran el entusiasmo con que la nobleza española acoge el nuevo estilo. Una de las más típicas es el patio del castillo de la Calahorra (fig. 1366), construido al pie de Sierra Nevada, cerca de Guadix, por el marqués de Cénete.

(fig. 1366)

Patio del castillo de Calahorra

El marqués de Cénete no sólo trae de Italia un crecido número de elementos decorativos ya labrados, sino que hace venir al conocido decorador genovés Miguel Carlone en 1509. Labrados en Italia, las familias de marmolistas de Carrara, de los Aprile, los Gazzini y los Carona, envían también a la Península, hacia 1520, toda una serie de grandes sepulcros riquísimamente decorados, entre los que merecen recordarse los de los Ribera, el de los marqueses de Ayamonte y el del obispo Ruiz en San Juan de Toledo.


TOLEDO: LORENZO VÁZQUEZ, GUMIEL Y COVARRUBIAS

LORENZO VÁZQUEZ

.—La personalidad más destacada que aparece a la cabeza de la escuela toledana, y aun de todo el Renacimiento español, es Lorenzo Vázquez de Segovia, el arquitecto de los Mendoza, que emplea el estilo brunelleschiano poco antes de terminar el siglo. En la fachada del Colegio de Santa Cruz (1491) (fig. 1367), fundado por el Gran Cardenal, y en el palacio de Cogolludo (fig. 1368), introduce, con las formas renancentistas, el almohadillado florentino, que tomará desde entonces carta de naturaleza en el Renacimiento castellano.

(fig. 1367)

Fachada del Colegio de Santa Cruz en Valladolid

(fig. 1368)

Fachada del palacio de Cogolludo. Guadalajara

En el patio del convento de la Piedad (fig. 1369), de Guadalajara, hoy Instituto, crea uno de los prototipos de la hermosísima serie de patios renacentistas toledanos. Es de galerías arquitrabadas sobre columnas con grandes zapatas y cornisas con canecillos.

(fig. 1369)

Patio del convento de la Piedad, de Guadalajara

GUMIEL

A esta primera etapa del plateresco corresponde la actividad de Pedro Gumiel, el arquitecto del cardenal Cisneros. De personalidad mal conocida y formado en la tradición toledana, ofrece una versión morisca de esta primera etapa del plateresco. Sus cubiertas son lujosos artesonados mudéjares y las decoraciones de yeso o estuco. Obra suya de riqueza extraordinaria es la Sala Capitular de la catedral de Toledo (1504) (fig. 1370).

(fig. 1370)

Sala Capitular de la catedral de Toledo

A él se deben, además, el Paraninfo de la Universidad de Alcalá (fig. 1371) y el patio de San Juan de la Penitencia, destruido en 1936, fundaciones ambas del cardenal Cisneros.

(fig. 1371)

Paraninfo de la Universidad de Alcalá

Otro de los introductores de la decoración cuatrocentista en Castilla es Vasco de la Zarza (muerte 1524), autor, en la catedral de Ávila, del sepulcro del Tostado y de la restante decoración de la giróla.

ALONSO COVARRUBIAS

Después de estos maestros introductores del Renacimiento en Castilla, la gran figura que llena el segundo tercio del siglo es el toledano Alonso de Covarrubias (muerte 1570), que se nos presenta como el continuador de Alonso Vázquez. Así, en los dos patios hermanos del Hospital de Santa Cruz, de Toledo (1524) (fig. 1372), y del Palacio Arzobispal, de Alcalá (fig. 1373), este último consumido por las llamas hace unas décadas, nos ofrece dos hermosísimas escaleras de gran aparato, donde el almohadillado de Vázquez gana en riqueza e importancia.

(fig. 1372)

Patio del hospital de Santa Cruz, de Toledo

(fig. 1373)

Patio del palacio Arzobispal, de Alcalá (fotografía de 1863)

El gran desarrollo de las escaleras es uno de los rasgos que distinguen a nuestra arquitectura renacentista de la italiana. De medio punto las arquerías de las dos plantas del patio toledano, en la segunda del de Alcalá, adopta las zapatas y el sistema dintelado de su maestro.

Después de esta etapa de gran riqueza ornamental, de que son también buenos ejemplos la portada de San Clemente (1534) y la capilla de los Reyes Nuevos, cubierta con bóveda de crucería, al encargarse de la fachada principal del Alcázar de Toledo (fig. 1374) parece iniciar un estilo más sobrio. Comprendida entre los dos torreones de las esquinas, aunque conserva el almohadillado en la galería alta, en el cuerpo principal reduce la decoración al encuadramiento de las ventanas, y la de la puerta misma es sumamente sobria.

(fig. 1374)

Fachada principal del Alcázar de Toledo

Un paso más en el mismo sentido representan la Puerta de Bisagra (1559) (fig. 1375), y la iglesia de Getafe (fig. 1376).

(fig. 1375)

Puerta de Bisagra Nueva. Toledo

(fig. 1376)

Interior de la iglesia de Getafe

Aunque de autor desconocido, deben recordarse en la bella serie de patios renacentistas de escuela toledana los del monasterio de Lupiana (fig. 1377) y de San Pedro Mártir, de Toledo (fig. 1378).

(figs. 1377)

Patio del monasterio de Lupiana, de Toledo

(fig. 1378)

Patio de  San Pedro Mártir, de Toledo

Las portadas de frontón curvo muy repetidas en la ciudad, y la rica portada del Hospital de Santa Cruz, aún con no pocos resabios góticos. (fig. 1379).

(fig. 1379)

Portada del Hospital de Santa Cruz de Toledo

La creación segoviana más importante de esta segunda etapa renacentista es el tipo de casa con patio dintelado sobre columnas con zapatas, cuyas galerías sólo suelen ocupar tres de los lados. En algún caso el muro del cuarto lado presenta decoración esgrafiada de viejo abolengo en la ciudad. Los ejemplares más importantes son las casas del marqués del Arco y del marqués de Lozoya (1563) (fig. 1380).

(fig. 1380)

Casa del marqués de Lozoya, Segovia

En Ávila debe recordarse la de Polentinos, actual Academia Militar, de patio dintelado (fig. 1381).

(fig. 1381)

Palacio de Polentinos, Ávila


SALAMANCA: ÁLAVA Y HONTAÑÓN. LEÓN. BURGOS

.—En ninguna población de la Península tiene el estilo plateresco acogida tan entusiasta como en la vieja ciudad universitaria. Salamanca es la ciudad plateresca por excelencia, tanto por el número de sus monumentos como por la exquisita finura de su decoración, debida en gran parte a la excelente calidad de su piedra, ligeramente rosada.

El Renacimiento se inicia en algunas casas concebidas todavía en gótico, como la de las Conchas (1512) (fig. 1382), donde la decoración del romano enriquece el dintel de las puertas o los antepechos de las ventanas. Por desgracia, ignoramos el nombre del principal maestro de este momento.

(fig. 1382)

Casa de las Conchas, Salamanca

Sin su importancia, a esta etapa pertenece, entre otras, la casa del médico Abarca.

JUAN DE ÁLAVA

El arquitecto de nombre conocido que trabaja ya en esos años y llena todo el primer tercio del siglo es Juan de Álava (muerte 1537). Recibida probablemente su primera formación en el gótico, tal vez con Juan Gil de Hontañón, alarga y emplea a veces los elementos arquitectónicos renacentistas con un sentido de las proporciones aún del gótico. Como es natural todavía en estos años, su decoración está concebida muy en plano y los elementos se proyectan poco. En la portada de San Esteban (1524) (fig. 1383), obra de madurez del artista, aparecen bien de manifiesto esos caracteres.

(fig. 1383)

 Portada de San Esteban, Salamanca

De estos mismos años es la bellísima portada de la Universidad (fig. 1384). No obstante ser una de las obras maestras de la arquitectura plateresca, ignoramos el nombre de su autor. Limitada por dos pilastras que terminan a la altura de las impostas, la decoración se distribuye en varias calles y cuerpos, en los que la escala aumenta con la altura. Sobre el fondo de grutescos de admirable finura de ejecución se recortan medallones con los retratos de los Reyes Católicos, bustos y estatuas de héroes y deidades paganas, y tal vez símbolos de las disciplinas universitarias.

(fig. 1384)

Portada de la Universidad de Salamanca

La Casa de las Muertes, de hacia 1515, es, por su calidad, digna del autor de la Universidad (fig. 1385).

(fig. 1385)

La Casa de las Muertes, Salamanca

A esta etapa se debe la formación de un tipo de portada muy característico de la escuela, que se distingue porque los soportes que encuadran el vano quedan suspendidos antes de descender hasta tierra. Algunas, como las de la casa de los Maldonado (fig.1386) y la del convento de las Dueñas (fig.1387), recuerdan mucho el estilo de Juan de Álava   115, 118).

(fig.1386)

Portada casa de los Maldonado, Salamanca

(fig.1387)

Convento de las Dueñas de Salamanca

 RODRIGO GIL DE HONTAÑÓN

Rodrigo Gil de Hontañón (muerte 1577), hijo del arquitecto Juan Gil de Hontañón y que sucede a Juan de Álava en la maestría mayor de la catedral, es la gran figura de la escuela durante el segundo tercio del siglo. Pocos arquitectos trazan y dirigen tantas obras como él. Su labor, lejos de limitarse a la región salmantina, se extiende por toda Castilla y deja un monumento tan importante como la Universidad de Alcalá (1549) (fig. 1388). Su fachada es de composición clara y grandiosa. Corónala galería corrida como la del Alcázar de Toledo, y su gran calle central remata en frontón, bajo el cual campean en la gran escala acostumbrada en Castilla las armas imperiales, que con los dos grandes ventanales constituyen uno de los principales elementos del conjunto. Todo lo demás es secundario y aparece totalmente subordinado a estos grandes temas principales. La menuda y abundante decoración de Álava ha desaparecido, el paramento liso del muro luce con fuerza y las mismas columnas casi han perdido totalmente su carácter monstruoso.

(fig. 1388)

Universidad de Alcalá

A este mismo arquitecto se debe la casa de los Guzmanes, de León.

Obra conjunta suya y de fray Martín de Santiago se considera el palacio de Monterrey (1539) (fig. 1389), del que sólo llega a construirse una de sus fachadas. Las galerías corridas, y las riquísimas cresterías caladas que coronan tanto sus dos torreones como los muros por ellos flanqueados, son de las creaciones más afortunadas del Renacimiento salmantino.

(fig. 1389)

Palacio de Monterrey, Salamanca

Deficientemente conocido, Pedro de Ibarra (muerte 1570) es, sin embargo, un contemporáneo de Hontañón, de gran valía, a quien se atribuye el patio del Colegio de los Irlandeses (fig. 1390), sin duda el de más bellas proporciones de Salamanca. Sus arcos, en lugar de cabalgar directamente sobre las columnas, como en los de Covarrubias, siguen ya el sistema romano de la columna adosada al pilar.

(fig. 1390)

Patio del Colegio de los Irlandeses, Salamanca

Ibarra, en unión de otros arquitectos, interviene además en la casa de Fonseca o de la Salina (fig. 1391), con fachada de amplias galerías que le prestan cierto aire de edificio público, y patio de forma irregular, con curiosa galería volada sobre enormes y ricos mensulones.

(fig. 1391)

Palacio de Fonseca o de la Salina, Salamanca

LEÓN

El plateresco produce en León obras tan ricas e importantes como el convento de San Marcos —la sacristía es obra de Juan de Badajoz (1549) (fig. 1392)— y en Extremadura una bella serie de casas, entre las que destaca en Cáceres la de los Golfines.

(fig. 1392)

Sacristía del convento de San Marcos, León

BURGOS

En Burgos, el último miembro de la familia de los Colonia, Francisco, inicia el estilo en la Puerta de la Pellejería (1516) (fig. 1393) de la catedral.

(fig. 1393)

Puerta de la Pellejería, Burgos

El arquitecto de mayor personalidad es Juan de Vallejo, que sucede en la gran empresa de la reconstrucción del cimborrio de la catedral, hundido en 1539, a Felipe de Borgoña o Vigarni, de quien se tratará más adelante como escultor. A Vallejo se ha atribuido la portada dé San Cosme, la iglesia donde reposan sus restos.

Entre los monumentos civiles sobresalen la casa de Miranda, de patio dintelado, con especie de zapatas, formadas por capiteles y ménsulas a los lados, y la de Ángulo. La del Cubo se distingue, en cambio, por el movimiento de sus temas decorativos.(fig. 1394).

(fig. 1394)

Casas todelanas de Miranda; Ángulo, y del Cubo

De estilo burgalés muy discutido, hasta el punto de pensarse también en algún maestro toledano, es el hermoso palacio de Peñaranda de Duero. La menuda labor de su portada (fig. 1395), de finura admirable, sitúa el monumento en la misma etapa de Francisco de Colonia. Conserva uno de los salones más bellos de nuestro Renacimiento, con rica chimenea, tribuna de músicos cerrada por tracería aún gótica, y lujoso artesonado.(fig. 1396)

(fig. 1395)

Palacio de Peñaranda de Duero, Burgos

(fig. 1396)

Salón del palacio de Peñaranda de Duero, Burgos

En la vecina Navarra, la grandiosa portada de la iglesia de Viana (1549) (fig. 1397), con enorme hornacina ante la puerta principal, es una de las creaciones españolas más monumentales de la época. Es, al parecer, obra de Juan de Goyaz.

(fig. 1397)

Portada de la iglesia de Santa María de Viana, Navarra


GRANADA Y JAÉN: MACHUCA, SILOE Y VANDELVIRA

.—Las catedrales y el gran número de templos que precisa construir en el recién conquistado reino nazarí, atraen a varios arquitectos que no tardan en convertir su capital en el centro de mayor actividad arquitectónica de Andalucía. Sus dos figuras principales son Machuca y Siloe.

PEDRO MACHUCA

Pedro Machuca (muerte 1572) es un toledano que ha estado largos años en Italia. En 1530 se le encomienda el palacio de Carlos V (fig. 1398). En sus fachadas, de gran monumentalidad, almohadilladas en su planta baja, y con balcones encuadrados por pilastras en la alta, dispone dos portadas con relieves que celebran, en el lenguaje de la fábula antigua, las victorias del César. Inconcluso el palacio, los planos conservados muestran los dos grandes patios con pórticos que se proyectaron ante sus fachadas. Se desentiende de las exuberancias decorativas platerescas, entonces en pleno apogeo, y traza con gran originalidad un patio circular dintelado, de sobriedad bramantesca, cuya encanto reside en las bellas proporciones de las columnas y el entablamento, y en el claroscuro que prestan a sus galerías algunas hornacinas (fig. 1399).

(fig. 1398)

Palacio de Carlos V, Granada

(fig. 1399)

 Patio circular dintelado del palacio de Carlos V

DIEGO DE SILOE

Este episodio bramantesco de Machuca apenas tiene eco. El fundador de la escuela es el burgalés Diego Siloe (muerte 1563), hijo del escultor Gil Siloe, que también ha estado en Italia, donde se conserva alguna obra suya. En la catedral de Burgos labra la Escalera Dorada (fig.1400), en el pueblo de Santa María del Campo una esbelta torre (fig.1401), y en Salamanca se le atribuye la portada del Colegio de los Irlandeses (fig. 1402).

(fig.1400)

Escalera Dorada de la catedral de Burgos

(fig. 1401)

Torre de Santa María del Campo

(fig. 1402)

Portada del Colegio de los Irlandeses

Pero lo que le hace famoso es la catedral de Granada, que se le encomienda en 1528, cuando ya ha construido sus cimientos Enrique Egas, inspirándose muy de cerca en la de Toledo (fig. 1403). Deseoso de respetar las elevadas proporciones de aquel proyecto de templo gótico, pero considerando indispensable el empleo de la columna clásica, labra unos pilares con medias columnas en los frentes, dispone sobre ellos un trozo de entablamento a guisa de capitel (fig. 1404) 140, 143), según la transformación del modelo de Brunelleschi en la catedral de Pienza, e inspirándose en la Mezquita de Córdoba, labra encima un segundo soporte, duplicando así la altura.

(figs. 1403)

Fachada y planta de la catedral de Granada

(fig. 1404)

Pilares y columnas interior de la catedral de Granada

Obsesionado, además, como buen renacentista, por la media naranja, convierte la capilla mayor semipoligonal (fig. 1405) en circular, para lo que sacrifica la primera nave de la giróla. Pensada para capilla funeraria, los enterramientos irían sobre los primeros arcos. A ejemplo de la catedral primada, y por las mismas razones, las capillas son alternativamente grandes y pequeñas.

(fig. 1405)

Interior y dibujo de la capilla mayor de la catedral de Granada

Aplicado a templo de una sola nave, aunque ejecutado por Vandelvira, repite el mismo tipo de capilla circular en el Salvador, de Úbeda, algo anterior a 1540 (fig. 1406).

(fig. 1406)

Capilla circular de El Salvador, de Úbeda

Siloe ejecuta o intervine en otras muchas obras, entre las que destaca la iglesia de San Jerónimo (fig. 1407), panteón familiar del Gran Capitán.

(fig. 1407)

San Jerónimo de Granada

Pero lo más trascendente de su labor es la importancia de la catedral granadina como prototipo de templos posteriores renacentistas, en los que se renuncia, sin embargo, a su solución de la capilla mayor. La catedral de Málaga, hecha probablemente por su traza, se distingue por la elegancia de sus pilares y sus bellos efectos de perspectiva (fig. 1408) (fig. 1409).

(fig. 1408)

Portada de la catedral de Málaga

(fig. 1409)

Interior de la catedral de Málaga

 En forma más simplificada, la de Guadix (1549) (fig. 1410) repite también su modelo y hasta en la lejana Guadalajara, de México, se imitan sus pilares.

(fig. 1410)

Interior de la catedral de Guadix

Obra contemporánea de Siloe, pero no suya, es la casa de Castril (fig. 1411), de Granada.

(fig. 1411)

Casa de Castril, Granada

ANDRÉS DE VALDEVIRA

En estrecho contacto con la granadina de Siloe, la escuela renacentista de Jaén es también del mayor interés. Su gran personalidad es Andrés de Vandelvira (muerte 1575), que en la catedral de Jaén (1540) adopta el pilar de Siloe, si bien cubre todas las naves a la misma altura, y la traza de planta rectangular, como la de Sevilla. Sus bóvedas son váidas, el tipo de cubierta que hace fortuna en la escuela y para el que crea un género de decoración muy característico de molduras concéntricas  (fig. 1412), (fig. 1413). Partes importantes en la misma catedral son la sacristía y la sala capitular (fig. 1414).

(fig. 1412)

Catedral de Jaén

(fig. 1413)

Interior de la catedral de Jaén

(fig. 1414)

Sacristía y sala capitular de la catedral de Jaén

Ya hemos visto la intervención de Vandelvira en el Salvador de Úbeda, al que, si no el plano general del templo, deben atribuirse las portadas laterales, el empleo de telamones y cariátides y la sacristía.(fig. 1415).

(fig. 1415)

Puerta de la sacristía de El Salvador de Úbeda

Su influencia en toda la comarca es profunda (fig. 1416). Tanto Úbeda como Baeza son de las ciudades más ricas en monumentos renacentistas, pudiendo distinguirse una primera etapa anterior a la llegada de Vandelvira, y una posterior, en que la influencia de éste es bastante sensible.

(fig. 1416)

Casas de los Vela Cobos, y del Conde de Guadiana en Úbeda

 


SEVILLA Y CÓRDOBA. ARAGÓN. AMÉRICA

SEVILLA

.—Contra lo que haría suponer la enorme riqueza que significa el monopolio del comercio de Indias, Sevilla, aunque construya en el siglo XVI lujosos monumentos, no consigue formar una escuela como la granadina. El vallisoletano Diego de Riaño (muerte 1534), durante sus breves permanencias en la ciudad, traza el Ayuntamiento y lo dirige breve tiempo. Muy gótico todavía en las partes más antiguas el interior, sus fachadas constituyen uno de los conjuntos decorativos más ricos de nuestro Renacimiento (fig. 1417).

(fig. 1417)

Ayuntamiento de Sevilla

El segundo gran monumento del plateresco en Sevilla es la sacristía mayor de la catedral (1532), atribuida corrientemente a Riaño, pero que, al menos en gran parte, se debe a inspiración de Siloe. De planta de cruz griega, casi cuadrada, se cubre con enorme cúpula sobre bóvedas cónicas muy abiertas, enriquecidas con relieves en casetones. Grandioso y rico, su interior es una de las creaciones más bellas de nuestro plateresco. (fig. 1418).

(fig. 1418)

Sacristía mayor de la catedral de Sevilla

A Martín de Gaínza (muerte 1555), nombrado maestro mayor de la catedral a la muerte de Riaño, se debe la capilla real (1544) (fig. 1419), de traza nada vulgar, donde la gran cúpula, continuándose en la gigantesca venera del ábside, crea también uno de los efectos de espacio abovedado más grandioso de nuestro Renacimiento. De autor desconocido es la hermosa sala capitular (fig. 1420).

(fig. 1419)

Capilla real de la catedral de Sevilla

(fig. 1420)

Sala capitular de la catedral de Sevilla

Aparte de este tipo de arquitectura de estilo castellano en piedra, se emplea otro durante la primera mitad del siglo, en el que el nuevo estilo se mezcla con la tradición morisca, siempre vigorosa. Ya en 1504 el italiano Niculoso Pisano decora con bellos grutescos esmaltados en azulejos la portada gótica de ladrillo en limpio de Santa Paula (fig. 1421).

(fig. 1421).

Portada de Santa Paula, Sevilla

Pero la creación más importante del estilo es la llamada Casa de Pilatos (1533), donde a las columnas y portadas renacentistas de mármol traídas de Italia se agregan altísimos zócalos de azulejos trianeros y riquísimos artesonados mudéjares (fig. 1422).

 (fig. 1422)

Casa de Pilatos, Sevilla

Del mismo estilo es la Casa de las Dueñas (fig. 1423).

(fig. 1423)

Casa de las Dueñas

Frente a la dispersión sevillana, Córdoba presenta la familia de arquitectos de los Fernán Ruiz, que se suceden en tres generaciones. De origen burgalés Fernán Ruiz I (muerte 1547) trabaja en gótico y es el autor de la catedral (1523) que se construye en el interior de la Mezquita. A Fernán Ruiz II, maestro mayor de la catedral de Sevilla, se debe la iglesia del Hospital de la Sangre, cubierta con bóvedas váidas, y con tribunas sobre las capillas laterales y el bello campanario con que se corona (1568) la vieja torre almohade, que, al ser rematada por la estatua giratoria de la Fe, recibe el nombre de Giralda. Y Fernán Ruiz III (muerte 1604), quien, al revestir el viejo alminar de la Mezquita de Córdoba, crea la última gran torre del siglo XVI, intensamente influida ya por el estilo herreriano (fig. 1424).

 (fig. 1424).

Torre de la catedral de  Córdoba

ARAGÓN

Pese a las viejas relaciones políticas y comerciales de Aragón y Cataluña con Italia, el Renacimiento no adquiere en esta parte de la Península el desarrollo que en Castilla y en Andalucía. En su primera etapa produce la portada de la iglesia de Santa Engracia (fig. 1425), de Zaragoza, obra de finura exquisita y que se considera de una fecha tan temprana como la de 1504. Se cree de Morlanes, padre e hijo.

(fig. 1425)

Portada de la iglesia de Santa Engracia de Zaragoza

El capítulo más original del Renacimiento aragonés es el de su arquitectura civil. Juan de Sariñena, en el hermoso edificio de la Lonja (1541) (fig. 1426) de Zaragoza, nos ofrece en su interior la versión renacentista de los grandiosos interiores de las lonjas góticas levantinas, donde las columnas con capiteles clásicos reemplazan a los pilares de baquetones, si bien las bóvedas continúan siendo de crucería. Su exterior, de ladrillo, remata en galería corrida de arcos, bajo alero de grandes proporciones típicamente aragonesa. (fig. 1427)

(fig. 1426)

Lonja de Zaragoza

(fig. 1427)

Interior de la lonja de Zaragoza

Tudelilla (muerte 1566) es el autor de la casa de Zaporta (1546), el banquero de Carlos V, cuyo patio se encontraba en París hace años y últimamente ha vuelto a Zaragoza. Según es corriente en Aragón, su planta baja es adintelada y descansa sobre escaso número de columnas, mientras la alta es de arquería de vanos estrechos y numerosos. El antepecho, ricamente decorado, contiene grandes relieves con los trabajos de Hércules.

De menos importancia decorativa, también es típico ejemplo de casa aragonesa la de los Luna, hoy Audiencia. Es igualmente de mediados de siglo y tiene la característica galería de arcos en la parte superior, patio con columnas anilladas y rica portada con las estatuas de Hércules y Teseo.(fig. 1428)

 (fig. 1428)

Palacios de Zaporta y de los Luna, Zaragoza

En Cataluña y Valencia el entusiasmo por la arquitectura renacentista es menor, aunque no faltan casas tan bellas como la destruida de Gralla, en Barcelona.

AMÉRICA

En América, la creación arquitectónica más interesante de la primera mitad del siglo es el tipo de iglesia conventual fortificada, de México. De una nave con cubierta de crucería gótica y coronada de almenas (fig. 1429).

(fig. 1429)

Convento de Actopan, México

Como resulta insuficiente para la numerosísima población indígena que precisa evangelizar, se forma ante ella un enorme patio con cerca almenada, en cuyos cuatro ángulos se labran otros tantos templetes o posas para enseñar la doctrina y hacer estación las procesiones que en él se celebran (fig. 1430).

(fig. 1430)

Posa de Huejotzingo

Al fondo de ese patio se construye, además, un a capilla abierta para decir misa a los indios en él reunidos. Ejemplo típico de esta clase de convento es el de Huejotzingo. Entre las capillas abiertas de indios, que pueden ser de formas muy diversas, merecen recordarse las de Cholula y Teposcolula. A veces, la capilla se encuentra situada en alto, como en Tlahuelilpa (fig. 1431).

(fig. 1431)

Convento de Tlahuelilpa

El estilo propiamente plateresco deja, además, en América varias obras tan importantes como la portada de la catedral de Santo Domingo, cuyo interior es gótico, y la de San Agustín Acolman (fig. 1432) y la de Yuririapúndaro, en México.

(fig. 1432)

San Agustín Acolman, México

Entre las casas renacentistas figura en primera línea la de Montejo, en Mérida.

Al lado de estas obras de estilo peninsular créanse otras donde la influencia indígena da origen a una escuela con caracteres propios. La portada de San Andrés Calpan (México), cargada todavía de goticismo, nos ofrece temas de la flora indígena, como el quiote del maguey. En la capilla de indios de Tlalmanalco, también en México, el grutesco renacentista, interpretado por artistas aborígenes, adquiere ritmo y expresión desconocidos en la Península.


EL ESTILO HERRERIANO. CATEDRALES AMERICANAS

.—A mediados de siglo, sin perjuicio de que se continúen labrando fachadas con grutescos y columnas monstruosas, el gusto comienza a fatigarse de tanta decoración, y algunos arquitectos se deciden a emplear un estilo más sobrio y exclusivamente arquitectónico. En realidad, no hacen sino incorporarse con retraso a la reacción iniciada en Italia cincuenta años antes por Bramante, cuyas consecuencias sacan por aquellos años los discípulos de Miguel Ángel.

Las figuras más representativas de este momento propiamente preherreriano son Juan de Toledo (muerte 1567) y Bartolomé Bustamante (muerte 1570), autor este último del hospital de Tavera, de hermosos patios gemelos y bellas perspectivas (fig. 1433). Toledo permanece largo tiempo en Italia, principalmente en Nápoles, pero en 1563 es llamado a España por Felipe II para dirigir las obras reales.

(fig. 1433)

Hospital de Tavera, Toledo

El monumento que hace triunfar esa reacción contra el plateresco e impone al nuevo estilo sus rasgos propios en España es el monasterio de San Lorenzo de El Escorial (fig. 1434).

(fig. 1434)

Monasterio de San Lorenzo de El Escorial

Concebido por Felipe II para panteón real, palacio y monasterio, encomienda su traza a Juan de Toledo, quien, siguiendo el precedente del Alcázar de la ciudad imperial, dispone una gran planta cuadrada con una torre en cada ángulo (fig. 1435). Dividida en tres zonas verticales, traza en la central el gran patio de los Reyes, así llamado por las estatuas de los de Judá que decoran la fachada del templo, situado al fondo. Bajo el testero de aquél se encuentra la cripta, y tras él, en un cuerpo saliente, parte del palacio, que, además, ocupa la zona lateral izquierda. La zona lateral derecha es la dedicada a convento, con varios patios, de los cuales el mayor y más bello es el de los Evangelistas.

Debido al sistema de cuadrícula con arreglo al cual se ordenan dependencias y patios, y el cuerpo saliente situado en la parte central tras el templo, la forma de parrilla del conjunto ha hecho pensar en su posible valor simbólico como atributo del santo titular. La parte anterior del monasterio, formada por el gran patio central de los Reyes y cuatro patios menores a cada lado, está inspirada en el hospital de Milán, de Filarete.

(fig. 1435)

Planta del monasterio de San Lorenzo de El Escorial

JUAN DE HERRERA

Comenzado el edificio en 1563, al morir Juan de Toledo cuatro años después, Felipe II encomienda la dirección a su auxiliar, el montañés Juan de Herrera (muerte 1597), hombre estudioso que hace con aquél su tardía formación. Deseoso el monarca de ampliar la capacidad del monasterio, se decide a elevar considerablemente la altura del edificio, al parecer por sugestión de fray Antonio de Villacastín, el gran cerebro organizador, gracias al cual la magna construcción puede ser realidad en breve tiempo.

Parte capital en el conjunto es el templo. (1574), para el que se presentan varios proyectos, entre ellos alguno italiano, que deben servir de base a Herrera para trazar el definitivo. Es de cruz griega, con gran cúpula central, cañones en los brazos y cúpulas rebajadas en los ángulos, según el esquema vaticano, si bien los brazos terminan en plano. La capilla mayor (fig. 1436) es profunda y muy elevada, para albergar bajo ella la cripta de los enterramientos reales, y a los pies se prolonga el templo en toda su anchura.

(fig. 1436)

Interior capilla mayor de El Escorial

Gracias a esta prolongación, que apenas influye en el efecto interior del templo, se forma un coro alto casi al nivel de la capilla mayor. A los lados de ésta se encuentran los monumentos funerarios de Carlos V y Felipe II (fig. 1437).

(fig. 1437)

Sepulcro de Felipe II

Debido a la gran elevación de la capilla, la planta alta del palacio queda a su nivel, en forma tal, que el monarca puede presenciar los oficios desde su dormitorio con vistas al altar mayor, cuyo retablo de mármol es obra del italiano Jacometrezo. La gran cúpula del crucero y las dos torres de los pies del templo, juntamente con las cuatro de los ángulos del monasterio, rematadas en chapiteles de pizarra de gusto flamenco y que tanta influencia tendrán en la arquitectura castellana posterior, son elementos decisivos en el efecto de conjunto del exterior del monumento.

Herrera renuncia, tanto en las fachadas exteriores como en el interior, a toda decoración que no resulte del mero encuadramiento de los vanos o del orden dórico de sus portadas (fig. 1438).

(fig. 1438)

Portada de la Iglesia de El Escorial

Los temas vegetales desaparecen, los figurados se convierten en grandes estatuas y los geométricos se reducen a pirámides y bolas. Pero Herrera tiene un exquisito sentido de las proporciones y de las formas, que le permite ordenar éstas con sabiduría admirable. Gracias a ese talento, empleado en edificio ya de por sí gigantesco, y teniendo por norte el ideal de lo grandioso, pocos monumentos lo son en tan alto grado como El Escorial.

Obra también de Juan de Herrera, pero que deja inconclusa, es la catedral de Valladolid (1585) (fig. 1439), de planta rectangular, como la de Jaén, con dos torres grandes a los pies y dos menores en el testero, reflejo del modelo de Bramante para San Pedro de Roma.

(fig. 1439)

Catedral de Valladolid

A Herrera se atribuye la traza de la Casa Lonja de Sevilla (fig. 1440), donde el ladrillo alterna con la piedra y la mayor riqueza decorativa revela la presencia de arquitectos de sensibilidad muy diferente.

(fig. 1440)

Casa Lonja de Sevilla

Uno de los continuadores más destacados en Castilla del estilo de Herrera es Juan de Nates, autor de Santa Cruz de Ríoseco (fig. 1441) y de las Angustias, de Valladolid.

(fig. 1441)

Santa Cruz de Ríoseco

AMÉRICA ESPAÑOLA

cuando, al comenzar el último tercio del siglo XVI, se trazan las primeras catedrales americanas, se ha iniciado en la Península la reacción contra el plateresco y se coloca la primera piedra de El Escorial. Ellas constituyen el último capítulo de las catedrales renacentistas españolas. Son de planta rectangular, como las de Jaén y Valladolid. A Claudio de Arciniega- se debe la de México (1563) (fig. 1442), de tres naves más dos de capillas. De pilares cruciformes con medias columnas dóricas en sus frentes, es probable que se concibiesen en un principio según el modelo de Siloe, con un trozo de entablamento por capitel, pero se terminan alargando los fustes a toda la altura del templo y aun continuándolas en el intradós de los arcos; gracias a ese alargamiento, el interior es de proporciones muy elegantes. Terminadas las torres y rehecha la cúpula ya en época neoclásica, la catedral de México es la obra magna de la dominación española.

(fig. 1442)

Catedral de México

La catedral de Puebla (fig. 1443) repite en lo esencial el mismo modelo, y tanto una como otra se proyectan con cuatro torres, aunque sólo se terminan las de los pies.

(fig. 1443)

Catedral de Puebla

En la de Guadalajara, de México, se sigue en los pilares, en parte, la solución de Siloe, y se cubre de crucería.

Las grandes catedrales peruanas de Lima (1572-1578) y el Cuzco (1573- 1578) (fig. 1444) son hermanas, y consta que traza la primera F. Becerra. En ambas se conserva el trozo de entablamento granadino en los pilares, pero se reemplazan las medias columnas por pilastras, como presintiendo los gustos seiscentistas. Las bóvedas son de crucería.

(fig. 1444)

Catedrales peruanas de Lima y el Cuzco

A la misma etapa estilística de las catedrales corresponde la hermosa fachada de San Francisco de Quito (fig. 1445).

(fig. 1445)

Fachada de San Francisco de Quito


PORTUGAL

.—Después del estilo manuelino, entre cuya desbordante decoración gótica se pierden los candelabros y grutescos italianos, la fecundidad arquitectónica decae, y sólo se construyen algunos monumentos de estimable valor, pero que no prueban la existencia de una nueva escuela de rasgos muy precisos.

La iglesia de Gracia, de Evora (1529), hace pensar, por sus proporciones, más en modelos septentrionales que italianos.(fig. 1446).

(fig. 1446)

La iglesia de Gracia, de Evora

Figuran entre las obras más antiguas la iglesia de Marvila, de Santarem, y la catedral de Leiría, aún con bóvedas de ojivas, no obstante datar de mediados de siglo XVI. (fig. 144).

(fig. 1447)

Iglesia de Marvila, de Santarem, y la catedral de Leiría

El español Diego de Torralba es el arquitecto del claustro (1562) del monasterio de Thomar, mal llamado de los Felipes (fig. 1448).  Veinte años después, se rehace bajo la soberanía de los Felipes españoles

 (fig. 1448)

Claustro del monasterio de Cristo de Thomar

El gran templo de San Vicente de Fora de Lisboa (fig. 1449), es debido al italiano Terzi.

 (fig. 1449)

Templo de San Vicente de Fora de Lisboa