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 La Formación del Espacio Económico Mundo (Segunda Parte): Perspectivas

Autor: Javier Colomo Ugarte

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TÍTULO

La Formación del Espacio Económico Mundo (Primera Parte): (Integración o barbarie)

En el desarrollo de la sociedad abierta y solidaria está el futuro de la libertad y la prosperidad mundial


Índice

 INTRODUCCIÓN

CAPÍTULO I: La Formación Histórica de la Economía Mundo

Introducción

1. Primer estadio: La acumulación capitalista originaria: Siglo XVI - 1815

2. Segundo estadio: El ascenso del capitalismo al poder político y la formación de la nación moderna: 1815 - 1873

3. Tercer estadio: La confrontación de las Potencias Europeas por las áreas de influencia exclusiva, y la primera desconexión del sistema mundial 1873 - 1945

4. Cuarto estadio: El final del enfrentamiento en el Centro del Sistema Económico Mundial, la descolonización y las nuevas áreas de influencia: 1945-1989

5. Quinto estadio: La formación del espacio comercial mundial: 1989- Siglo XXI

CAPÍTULO II: Contradicciones Socioeconómicas de la Economía Mundo

1. Los modelos socioeconómicos mundiales al comienzo del siglo XXI

2. El liderazgo económico mundial de los países desarrollados

3. La autogeneración de la demanda solvente en los países desarrollados

CAPÍTULO III:Desequilibrios Socioeconómicos de la Economía Mundo

1. Los desequilibrios en la transformación de la sociedad rural a la urbana

2. Caracterización de los desequilibrios socioeconómicos mundiales

3. Las migraciones regionales del mundo en el siglo XXI

CAPÍTULO IV:  La Integración Regional de la Economía Mundo

EPÍLOGO

BIBLIOGRAFÍA


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INTRODUCCIÓN

 

Desde el siglo XVI, con el dominio por las potencias absolutistas europeas de amplios territorios de ultramar y la progresiva explotación por compañías particulares del comercio marítimo se iniciaría la formación del espacio económico mundo. La progresiva introducción del capitalismo en las relaciones comerciales internacionales daría lugar a la formación de una clase social que protagonizaría profundas transformaciones sociales en el seno de las sociedades europeas y articularía el espacio económico mundo en diferentes imperios coloniales que respondieron a las necesidades de las respectivas metrópolis.

Con posterioridad, los pueblos colonizados lucharon por conseguir su propio desarrollo económico que lo basaron en la premisa de la emancipación de la subordinación colonial y la instauración de un Estado independiente que les permitiera aplicar los programas económicos correspondientes. Entre los años 1950 y 1975 se constituyó gran parte del mosaico de países que conformaron el denominado Tercer Mundo.

Las dos potencias que lideraron la guerra fría, EEUU y la URSS, entre el final de la II Guerra Mundial y 1989, temieron la alineación de los nuevos países en un bando u otro y trasladaron su enfrentamiento a estos países, pero ni las doctrinas del socialismo soviético ni los programas de desarrollo promovidos desde las instancias monetarias internacionales dieron sus frutos para el desarrollo económico.

En los comienzos del siglo XXI, tras años de independencia política, millones de pobres en el mundo se preguntan por las alternativas a años de fracaso económico de sus respectivos países y dudan de la eficacia del marco nacional como modelo para el desarrollo económico y se limitan a mirar a <<Occidente>> como única manera de salir del cerco de la guerra, el hambre y las enfermedades. De esta manera, la solución a los problemas generados por el subdesarrollo se aborda con la migración del país de origen al núcleo de países desarrollados. En este proceso se produce un cambio en la percepción del espacio económico, el arraigo nacional va perdiendo fuerza y surge como alternativa el espacio mundo. Pero no todas las personas que desean emigrar de los países subdesarrollados pueden hacerlo, los desertores de la pobreza siempre serán una parte, la otra, la inmensa mayoría, debe resignarse a vivir contemplando desde su miseria la opulencia de los afortunados del planeta.

El siglo XXI va a ser protagonista de grandes transformaciones, y éstas van a estar presididas, por la culminación del espacio económico mundo, donde el ámbito de las naciones como marco de desarrollo económico va ir perdiendo su vigencia histórica. Pero paradójicamente si el sistema económico mundial precisa de la apertura de mercados para el libre intercambio de mercancías, prohíbe el libre movimiento de personas entre países pobres y países ricos debido a los profundos desequilibrios sociales, culturales y económicos que produciría.

Las fronteras nacionales se están constituyendo en barreras para proteger la rica sociedad de los países desarrollados, y en los países subdesarrollados en barreras de contención y hacinamiento de los pobres. Las leyes de migración de los países ricos recuerdan a la ley de Speenhamland, ley de pobres, que reguló el mercado geográfico de trabajo en Inglaterra desde 1795 a 1834, los asalariados eran condenados a permanecer en su parroquia con un subsidio de subsistencia limitando la movilidad de la mano de obra.

En el presente ensayo se reflexiona sobre estas cuestiones en los siguientes temas:

1)        El desarrollo histórico de la economía mundo; distribuido en cinco periodos: (1492-1815); (1815-1873); (1873-1945); (1945-1989) y 1989 hasta el siglo XXI, que responden a las diferentes concepciones de organización del espacio económico mundo.

2)        La dinámica de funcionamiento en el siglo XXI en el núcleo de los países desarrollados, que induce al crecimiento económico basado en la autogeneración de la demanda solvente a través de la creación de nuevas necesidades y del incremento de la frecuencia de consumo.

3)        La situación a comienzos del siglo XXI, de fracaso estructural del desarrollo económico <<autocentrado y estructurado>>[1] en numerosos países del espacio económico que conforma el denominado Tercer Mundo, que se concretan principalmente en:

El modelo socioeconómico desestructurado y subordinado a los procesos de producción del núcleo de países desarrollados, debido a su iniciativa tecnológica en la innovación y la mejora continúa de la productividad técnica, lo que cuestiona las supuestas ventajas comparativas de los países en “vías de desarrollo” en el comercio internacional.

Los desequilibrios sociales generados en el proceso de transformación de la sociedad rural, debido al desajuste entre la ingente masa de población en transformación y el débil crecimiento económico, que ha propiciado el surgimiento de grandes aglomeraciones urbanas con graves problemas de asentamientos humanos.

4)        La relación existente entre los movimientos mundiales de población y los condicionantes socioeconómicos de los países de origen, y la tendencia de los mismos.

5)        La reflexión sobre la necesidad de un modelo de crecimiento basado en la integración económica paulatina entre los países desarrollados y los países subdesarrollados, diferenciando y oponiendo el concepto de <<integración económica>> al concepto de <<liberalización simple de los mercados>>, considerando la integración como un modelo de absorción de desequilibrios socioeconómicos.

6)        Por último, una recapitulación sobre el porvenir socioeconómico del Mundo y la posibilidad de las alternativas basadas en el desarrollo de los derechos humanos y la integración económica regional mundial.


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CAPÍTULO I

La formación histórica de la economía mundo

Hay un recorrido en la historia que nos muestra el presente.

  

Introducción

Una visión aproximada de la gran transformación del mundo contemporáneo de los últimos 500 años, la podemos obtener, si comparamos social, económica y políticamente, el mundo existente en la mitad del segundo milenio de nuestra era y el mundo del siglo XXI.

En el siglo XV, la sociedad era básicamente rural, con la mayoría de la población activa empleada en el sector agrícola, con un crecimiento demográfico mínimo equilibrado entre la mortalidad y la natalidad, con economías basadas, salvo excepciones, en el valor de uso con pequeños intercambios comerciales en el ámbito local, con escasas innovaciones técnicas adaptadas a un uso primario de las fuentes de energía,  y con regímenes políticos despóticos sin ninguna articulación mundial.

A diferencia, en los últimos 200 años, se iniciará una profunda transformación de la sociedad rural a la urbana, un crecimiento demográfico sin precedentes, con una economía basada en el valor de cambio e intercambios comerciales de larga distancia en el ámbito mundial, con importantes avances técnicos que han permitido un alta transformación de diferentes fuentes energéticas en trabajo, y con una parte importante de la población bajo sistemas democráticos.

La historia de esta profunda transformación de la humanidad es la historia de la formación de la “Economía Mundo”[2]; basada en un cambio de las relaciones de producción tanto entre las clases sociales como entre países, que propició el surgimiento del “Capitalismo” y se desarrolló a través de diferentes fases económicas en estadios progresivos de acumulación de capital en un ciclo de: inversión–beneficio –inversión; que se repite permanentemente, a pesar de las crisis cíclicas[3].

La transformación se produjo principalmente por la dinámica económica que se impuso desde los Centros originarios del capitalismo[4]. Marx en el capítulo XXIV de su obra <<El Capital>>, describe con crudeza la acumulación originaria de capital de los países de capitalismo emergente a expensas de la explotación de regiones del mundo que por su función subordinada en las relaciones económicas, por el dominio político y militar de las metrópolis, constituirían la Periferia del Sistema Económico Mundial[5], hasta su progresiva emancipación política durante los siglos XVIII,  XIX y XX.

La formación de capital que dio lugar al funcionamiento capitalista industrial a gran escala precisó de una primera acumulación originaria, que no se produjo en el taller del artesano sino en la explotación de las colonias, principalmente a través de las sociedades mercantiles de los siglos XVI, XVII y XVIII. No obstante, se puede considerar, que el volumen o masa crítica de desarrollo del capitalismo para dar el salto cualitativo que le permitió regir indiscutiblemente los destinos económicos del mundo no se daría hasta la revolución industrial y las revoluciones liberales en el siglo XIX, afirmándose definitivamente el funcionamiento capitalista de las diferentes metrópolis que dominaban en régimen colonial amplias regiones del planeta[6].

En este capítulo se explica el desarrollo histórico de la economía mundo desde sus orígenes capitalistas hasta el siglo XXI en cinco estadios, que responden a cinco concepciones de organización del espacio económico mundo.

El primer estadio, se corresponde con la gestación del sistema capitalista, y se inicia a finales del medievo de forma marginal en las ciudades europeas, y posteriormente desde el siglo XVI al XVIII, en el ámbito de los Estados absolutistas europeos, basado en el sistema denominado “Mercantilismo”, en el que los territorios de ultramar, distribuidos según áreas de influencia exclusivas de las diferentes metrópolis, contribuían al desarrollo económico de éstas.

El segundo, comprende el periodo 1815-1873 y corresponde a la formación de las naciones modernas y al desarrollo de las economías nacionales de los países que se incorporaban al desarrollo industrial, basado en el “Liberalismo Económico”, en el que perdió vigencia el sistema de protección comercial entre las metrópolis y sus áreas geopolíticas de influencia, y se impuso el desarrollo económico basado en el libre comercio mundial.

El tercero, pertenece al periodo 1873-1945, que se caracterizó por un retorno a las barreras proteccionistas comerciales entre los países que constituían el núcleo del desarrollo capitalista mundial, dando lugar al modelo de desarrollo capitalista imperialista basado en áreas de influencia en régimen colonial exclusivo, lo que propicio la disputa por el dominio de las mismas para su expansión económica, periodo en el que tuvo lugar la 1º y 2º Guerra Mundial, y donde se produce la primera desconexión geopolítica del sistema capitalista mundial[7] que dio lugar a la formación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

El cuarto, surge tras la Segunda Guerra Mundial (1945) y dura hasta la desaparición de la URRS (1989), periodo donde se conforman tres realidades geopolíticas diferentes:

La primera formada por el núcleo desarrollado capitalista, donde se impone la colaboración económica, se establecen acuerdos e instituciones para el desarrollo económico en el ámbito mundial, que daría lugar al espacio del primer mundo.

Una segunda formada por las desconexiones del sistema capitalista mundial de los países industrializados denominados de “socialismo real”, que constituiría el Segundo Mundo.

Y una tercera, formada por países marginales en el sistema capitalista mundial como América Latina, pero principalmente por las colonias o semicolonias que habían constituido hasta entonces la Periferia del Sistema Económico Mundial, que accederían masivamente a la independencia en la segunda mitad del siglo XX, poniendo fin al imperialismo colonial, dando lugar a las nuevas naciones que formarían el Tercer Mundo.

El quinto y último estadio, tras el final del imperialismo colonial y el derrumbamiento de la URSS, está protagonizado por la formación del espacio único comercial mundial, el cual tiene como objetivo el final de las fronteras comerciales nacionales en unas relaciones de libre mercado.

1. Primer estadio: La acumulación capitalista originaria (Siglo XVI - 1815)

Los orígenes de la formación de la economía mundo, tendrían lugar en el siglo XVI en el centro de Europa, las guerras de religión tuvieron una motivación de fondo económica, propiciada por el interés  de nobles y comerciantes burgueses que aspiraban a gobernar en ámbitos políticos que les permitiera incrementar su capital. Estos sectores sociales, eran contrarios a la tutela económica de la iglesia y de las monarquías absolutistas unidas religiosamente a Roma. La negación de la autoridad Papal era la mejor justificación teológica de no someterse a los dictados de los Estados absolutistas, permitiendo a las ciudades un funcionamiento autónomo. El protestantismo constituyó la base ideológica sobre la que los capitalistas articularían la independencia de espacios económicos regidos por el valor cambio y la propiedad privada de los medios de producción, propiedad sujeta a su vez a las leyes del mercado, siendo Holanda en el siglo XVI y parte del XVII, la vanguardia en el desarrollo de este modelo económico que pasaría a denominarse con posterioridad “Capitalismo” [8].

Durante el siglo XVI, el dominio del Mediterráneo oriental por el Imperio Otomano conllevó el bloqueo de las rutas comerciales hacia Oriente. Ello propició que las rutas atlánticas por Occidente cobraran especial importancia, los países europeos atlánticos vieron revalorizarse su posición geopolítica con la explotación de las rutas marítimas occidentales. Los portugueses a través del cabo de Buena Esperanza hacia las Indias Orientales, los españoles con el descubrimiento de las Indias Occidentales (América); e Inglaterra y Holanda que ganarán en importancia con posterioridad a costa de portugueses y españoles. El uso de estas rutas permitió la afluencia de oro, plata y productos exóticos hacia Europa. Durante la Edad Media, las relaciones de los países europeos con el Oriente asiático habían sido comerciales, pero a partir de que el comercio de larga distancia cobró importancia estas relaciones cambiaron, las potencias europeas con salida al océano Atlántico iniciaron el sometimiento político y militar de la parte del mundo que con posterioridad constituiría la Periferia del sistema económico mundo. El Centro europeo se iría reforzando en la medida que se incrementaba el sometimiento de las áreas periféricas. En América los españoles sometieron a las grandes culturas, Inca en el altiplano andino y, Azteca en Centroamérica; en Asia y África, portugueses, ingleses y holandeses, a partir de pequeños enclaves, irían sometiendo a  amplias regiones de esos continentes[9].

Los Estados absolutistas tendían a controlar el mercado del oro y de la plata[10], pero necesitaban de los propietarios burgueses para la producción y comercio de manufacturas. Por ello, hasta el siglo XVIII, se establecería a pesar de conflictos importantes, espacios de colaboración entre burgueses y las monarquías despóticas europeas para articular mejor el desarrollo del incipiente capitalismo, basado principalmente en el comercio de mercancías, siendo las naciones más beneficiadas Inglaterra, Holanda y Francia, quedando paulatinamente relegada España.

En esta fase originaria de acumulación capitalista, las colonias constituidas por la parte del mundo entonces sometida a las potencias europeas, tuvo ya en la América Hispánica, el Caribe, la India, y áreas de la costa, africana, asiática y de Oceanía, una transformación importante, se acabó en diversas partes con economías de subsistencia, sustituyéndolas por plantaciones orientadas al consumo de la metrópolis o por explotaciones mineras para la obtención de metales preciosos, donde decenas de miles de esclavos, o en régimen de semiesclavitud como la mita[11] trabajaban para la economía de las potencias europeas, principalmente de Holanda, Inglaterra, Francia y España[12].

La burguesía de las ciudades europeas más importantes, surgida de los burgos medievales consiguió una importante acumulación de capital que lo reinvirtió en transformar las relaciones de producción, hasta entonces las mercancías industriales se producían en el taller artesano sometido a una estructura gremial jerárquica de maestros y oficiales; la burguesía transformó el taller artesano sustituyéndolo por el taller manufacturero basado en el trabajo a domicilio, donde el obrero elaboraba el producto completamente, con posterioridad surgiría la fábrica donde se introdujo la división técnica, limitándose el obrero a realizar una función del proceso productivo.

El mercado interno, basado en amplias regiones de Europa en la feria medieval local, evolucionó por la presión del comercio de larga distancia. El mercado local tendía a regular su propio comercio con protecciones arancelarias entre ciudades, en la práctica, esto significaba que las ciudades planteaban obstáculos para la formación del mercado nacional por el que presionaba el comerciante mayorista de productos de ultramar, fue está presión lo que llevaría a primer plano el criterio territorial de la nación como articulador del mercado interno. En los siglos XVI y XVII, la acción deliberada de los Estados Absolutistas impulsó el sistema mercantilista entre ciudades, acabando con el particularismo del mercado local al suprimir las barreras aduaneras internas, allanando el camino para un mercado nacional y dando lugar a un sistema mercantilista de protección aduanera nacional. Esta organización del mercado fue una de las bases del poder absoluto de las monarquías europeas[13].

El comercio del oro y de la plata, extraída directamente de las minas de los dominios de las potencias europeas, era monopolizado por el Estado para su inversión en las guerras europeas, pero el comercio de mercancías de larga distancia estuvo en manos de comerciantes o asociaciones que aunaban sus esfuerzos y sus capitales para una tarea común o para alguna expedición mercantil. Los orígenes de estas asociaciones, pueden encontrase ya en los gremios medievales. En el siglo XV los <<mercaderes aventureros>>, mercaderes que vendían telas inglesas en el continente, se agruparon en una federación que fue ganando fuerza con el tiempo.

Durante los siglos XVI y XVII se fundaron  las compañías para el tráfico de larga distancia como la Compañía Holandesa, la Compañía Británica de la Indias Orientales y la Compañía francesa de las Indias Orientales y estuvieron operativas grandes periodos de tiempo que en el caso de la Británica comprendió desde 1600 a 1874. Cada una de estas compañías gozó de un monopolio concedido para explotar las regiones que se le habían asignado o que habían escogido. Todas ellas se veían asimismo en la necesidad de resistir, mediante el uso o la amenaza de las armas, la penetración de los restantes monopolios nacionales a quienes también se habían otorgado privilegios similares. De esta forma, las empresas hicieron su aparición no sólo como instrumentos comerciales sino también bélicos.

A fines del siglo XVII y principios del XVIII prosiguieron el registro de compañías, con una creciente variedad de objetivos. Mediante este proceso, tanto el comercio con las colonias americanas como el gobierno de las mismas quedaron en manos de compañías registradas. Estas compañías se beneficiaron de la revolución  de los precios, o sea,  de la inflación, ocurrida durante los siglos XVI y XVII. Las compañías se dieron cuenta que era más beneficioso poseer mercancías porque siempre las podían revender a un precio mayor, lo que supuso una influencia favorable para el comercio de mercancías, pues la inflación puso de manifiesto el fetichismo del oro y de la plata[14], de tal manera que los comerciantes se enriquecían mientras que los Estados se endeudaban[15]. Esta afluencia de dinero en manos privadas llevaría con posterioridad a que surgieran las bolsas de valores de París y Londres.

2. Segundo estadio: El ascenso del capitalismo al poder político y la formación de la nación moderna (1815 - 1873)

Desde el siglo XVI, en la medida que aumentaba el enriquecimiento de la emergente burguesía, se hacía más patente la necesidad de una nueva organización político-económica que superase la dualidad en la que se movía el sistema político del Antiguo Régimen, que se manifestaba, por una parte, en el interés de la nobleza y la iglesia de continuar con el sistema del régimen estamental heredado de la Edad Media, representado en el despotismo absoluto de las monarquías europeas y, por otra parte, en la necesidad que tenían comerciantes e industriales con grandes sumas de dinero, de un cambio institucional que les posibilitase estar representados en los órganos de decisión y legislación del Estado.

Progresivamente, se iría evidenciando que el sistema político jurídico del Antiguo Régimen era inviable para integrar la nueva dinámica capitalista. Esta incompatibilidad se expresaría en la imposibilidad legal de reinversión de grandes sumas de capital en manos de burgueses, en el valor material más importante de la época, <<la tierra de cultivo>>, al estar ésta amparada en el régimen jurídico estamental que prohibía su venta y cuya titularidad  estaba en manos de los grandes terratenientes y de la iglesia.

La constitución de la República de Holanda en el siglo XVI, la revolución <<Gloriosa>> inglesa en el siglo XVII y la revolución francesa en el siglo XVIII serán los paradigmas de las primeras rupturas con los regímenes absolutistas. Pero sería la emancipación de las trece colonias de América del Norte y la formación de los Estados Unidos de América, la base del sistema capitalista más genuino surgido en ese momento histórico[16].

Durante el siglo XIX, las revoluciones burguesas liberales acabarían casi totalmente con el Antiguo Régimen en Europa, pasando la tierra al dominio del mercado, ello dio lugar a un nuevo sistema político social y económico sin lastres feudales, que además permitió liberar suficiente mano de obra para la explotación fabril. El gran paso por el que la mano de obra paso a regularse directamente por el mercado fue la abolición de la ley de Speenhaland en Inglaterra en 1834, ley que impedía la formación de un mercado de trabajo nacional, al estar vinculada la mano de obra a las parroquias[17]. A partir de esta fecha, la tierra, el dinero y la mano de obra se reguló por las leyes de la economía de mercado. El nuevo Estado burgués basado en el ámbito de la nación, favoreció la expansión de la acumulación capitalista.

Inglaterra se beneficio de la combinación de una serie de condiciones sociales, económicas, políticas y técnicas que dio lugar a la “Revolución Industrial” y que marcaría el porvenir del capitalismo. No estuvo basada en grandes proyectos técnicos o de desarrollo militar –característica de los Estados despóticos- sino que tuvo su origen en la mejora de la producción de objetos de amplia utilización práctica, y en especial con la producción de tejidos de algodón[18].

La revolución industrial se apoyó en los fuertes incrementos de la productividad, hechos posibles mediante la división del trabajo. Adicionalmente, la división del trabajo simplificó las operaciones individuales y proporcionó oportunidades de empleo en la industria a trabajadores no cualificados profesionalmente. Más trabajadores, significó más poder de compra, lo que, a su vez, contribuyó al desarrollo de la sociedad y la industria en su conjunto. El fuerte incremento de la productividad fue la verdadera significación de la Primera Revolución Industrial.

La integración de miembros de la clase trabajadora en una creciente clase media por encima del nivel de pobreza, estimuló un mercado de artículos de consumo corriente de uso diario, como el vestido y el menaje del hogar que ya no podía ser satisfecha por los antiguos medios de trabajo, sino que necesitaba de una producción industrial organizada sobre la base de nuevas máquinas movidas por nuevas fuentes de energía y por abundante mano de obra. La invención de la máquina de vapor permitió la utilización masiva del carbón para la conversión de la energía en trabajo con fines industriales en proporciones hasta entonces desconocidas[19].

La acumulación de capital se vio favorecida en las regiones que disponían de bases infraestructurales ventajosas para el desarrollo de la revolución industrial, esto es, recursos energéticos como carbón o energía hidráulica y materias primas como el hierro, algunas de estas zonas fueron, Inglaterra, Alsacia, Lorena, la cuenca del Rhur, el País Vasco, etc.. Las industrias de mayor capitalización fueron la industria textil, la de transformación de productos agrarios, o construcción de maquinaria.

El nacionalismo se desarrolló como ideología pareja al liberalismo que propugnaba el libre mercado, impulsado por las emergentes clases burguesas, generó la conciencia nacional que dio lugar a los Estados nación de base constitucional tanto en América como en Europa. Hacía 1870 tras la unificación italiana y alemana, ya se dibuja una Europa de Estados nación aunque todavía con reminiscencias del Antiguo Régimen, por la pervivencia del imperio ruso, el austro-húngaro y los restos del imperio otomano. En Japón, el proceso de capitalización fue impulsado por el propio Estado. Durante la era Meiji (1868-1912), se abolió por decreto el orden feudal (1871), se instauró la monarquía constitucional y se impulsó la industrialización, la misma tuvo desde sus comienzos un fuerte sesgo monopolista de Estado.

En este estadio de desarrollo del capitalismo basado en las economías nacionales, Europa se vio favorecida a partir de 1815 por el cese de las guerras que habían sido casi continuas durante el siglo XVIII, abriéndose un periodo de paz que duraría hasta la guerra de Crimea en 1870-1871. En este periodo, el abandono de la guerra entre las potencias europeas se debió a su interés en el funcionamiento del libre comercio de los mercados mundiales de los que dependían en gran medida sus ingresos[20].

La economía mundial descansaba en un sistema monetario internacional, basado en la casi universal aceptación del patrón oro. Inglaterra había adoptado el patrón oro en 1816[21], las monedas importantes eran libremente intercambiables, ello permitía el comercio multilateral entre países, comprando un país de otro con el dinero obtenido del comercio con un tercero. El Centro del sistema económico era Londres, los bancos de esa ciudad prosperaron como consecuencia de la derrota de Napoleón. Nunca el mundo había estado tan unificado económicamente, con regiones del mundo especializadas, siendo Europa Occidental y principalmente Gran Bretaña, el taller industrial del mundo.

Pero este sistema era muy frágil con millares de empresas y de personas compitiendo sin ninguna regulación. El incremento del volumen y la velocidad de transacciones del comercio internacional, así como la movilización universal en la transportación masiva de granos y materias primas agrícolas de una parte a otra del planeta, dislocaba la vida de decenas de millones de habitantes. El sistema atravesaba ciclos de prosperidad y de depresión, siendo la más notable la gran depresión que se produjo hacia 1873 y que duró hasta 1893, en la que coincidieron varios factores como: disminución de la producción agrícola, estancamiento industrial y caída de los precios motivado por la escasez de oro con relación al incremento de productos industriales.

3. Tercer estadio: La confrontación de las Potencias Europeas por las áreas de influencia exclusiva, y la primera desconexión del sistema mundial (1873 - 1945)

La crisis agraria y la depresión de 1873-1893, supuso el final de la fase concurrencial con libre movilidad de capitales y fuerza de trabajo, cobrando fuerza un nuevo modelo de expansión capitalista, basado en el proteccionismo de las potencias europeas incluyendo a los espacios coloniales que controlaban comercialmente, lo que originó un sistema de áreas de influencia económicamente estancas. Por ejemplo, Alemania pasó del apogeo de libre comercio por el que había impuesto a Francia la cláusula de nación más favorecida y había introducido el patrón oro, a después de la depresión a rodearse de aranceles protectores y aplicar políticas de disputa colonial de alta presión[22]. Estados Unidos tenía aranceles más elevados aun que el Reich, todos los países de Occidente seguían la misma tendencia. Los aranceles impuestos a las importaciones de un país perjudicaban a las exportaciones de otro país y le obligaban a buscar mercados en nuevas regiones políticamente desprotegidas.

El imperialismo económico fue fruto de una combinación de proteccionismo y expansión económica, el proteccionismo ayudaba a transformar los mercados de libre competencia en mercados en régimen de monopolio, y las empresas monopolísticas precisaban, a su vez, de mercados exteriores para su expansión con la exportación de mercancías y capitales. Esta fue la rivalidad de los imperialismos al final del siglo XIX, por una parte, la negación, económicamente inexplicable, de comerciar entre ellos y, por otra, la adquisición de áreas económicas de influencia exclusiva, para asegurar las inversiones y el crecimiento económico de cada uno. De esta manera, el imperialismo dio un fuerte impulso al sistema económico capitalista al pasar a depender de las metrópolis la mayor parte de las regiones del mundo como capitalismo periférico.

Desde el final del siglo XIX hasta mediados del siglo XX las contradicciones socioeconómicas para la acumulación de capital, ya no se manifestarían en el ámbito nacional entre la burguesía liberal y los restos del Antiguo Régimen, sino que se expresarían en la confrontación internacional entre potencias. En contraste con lo que había ocurrido durante la mayor parte del siglo XIX donde había funcionado el libre comercio mundial, las potencias europeas aspiraban en el último cuarto del siglo XIX a la dominación política y territorial plena de sus áreas de influencia[23]. Inglaterra y Francia en el ámbito de sus dominios de ultramar; Rusia extendiéndose hacia el este asiático; Alemania en el centro de Europa, y Estados unidos extendiéndose hacia el oeste americano.

Los territorios colonizados quedaron bajo la protección de las leyes arancelarias de las metrópolis, pasando a ser mercado interior de cada imperio, pero con una relación comercial favorable a las metrópolis al exportar éstas productos manufacturados a las colonias, mientras que de las mismas se obtenían materias primas por medio del pillaje o de la explotación abusiva de la mano de obra. En una segunda época, el colonialismo pasó de la exportación de mercancías a la exportación también de capital, dinero que era invertido en las colonias para la producción de mercancías que serían exportadas a la metrópolis, es la época en la que, en amplias zonas coloniales, las economías tradicionales de autoconsumo serán destruidas y sustituidas por monocultivos de plantación. De esta manera se sustituye la acumulación basada en el expolio por la basada en la empresa capitalista.

Un ejemplo de esta transformación de la Periferia económica lo constituye la colonización de la India por el Imperio Británico desde principios del siglo XVII, que terminará en el siglo XX en una estructura colonial capitalista, en este proceso la estructura social de la India, que se basaba en una economía tradicional de autoconsumo de comunidades rurales sustentadas por la agricultura y la industria artesana, será destruida y transformada en función de los intereses de la metrópolis, dejando a la población sumida en la pobreza. Polanyi, dice al respecto, <<en la segunda mitad del siglo XIX las masas indias no morían de hambre porque fuesen explotadas, perecían porque la comunidad aldeana india había sido demolida>>. No hay duda de que esto se debía a la fuerza de la competencia económica, es decir, el desplazamiento permanente del <chaddar> tejido a mano, y sustituido por las piezas hechas a máquina. En 1921, la India, una sociedad básicamente agraria se convertirá en importadora neta de productos alimenticios para su abastecimiento.

Básicamente, las colonias estaban repartidas de la siguiente forma: Australia correspondía al imperio británico, Polinesia se repartió entre ingleses, franceses y norteamericanos; Asia fue colonizada por ingleses (Indostán y Medio Oriente), franceses (Indochina) y holandeses (Indonesia); Japón comenzó a expandirse por Corea y parte de la Rusia Asiática; China no llegó a ser nunca una colonia su territorio se repartió en zonas de influencia, pero mantuvo su soberanía como Estado; América latina mantuvo su independencia política pero Estados Unidos fue ganando influencia política en sus decisiones y contribuyó a la independencia de Cuba; África en el siglo XIX, era el continente menos colonizado, en 1870, la carrera por la conquista de territorios de ese continente dio lugar a la ocupación por británicos, franceses, belgas, portugueses, españoles, italianos, holandeses y alemanes.

Las metrópolis eran las que marcaban el desarrollo político y económico de las colonias. En 1870, la población más numerosa bajo régimen colonial la tenía Gran Bretaña con una población de 251,9 millones de personas, Rusia con 15,9 millones y Francia con 6,6 millones. A principios del siglo XX esta población se había incrementado. El país imperialista por excelencia seguía siendo Gran Bretaña, pues, en 1900 tenía 32,5 millones de habitantes y la población estimada bajo el régimen colonial era de 393,5 de millones; Rusia tenía 104 millones, y bajo régimen colonial 33,2 millones; la población de Francia era 38,5 millones y bajo mandato colonial de 55,5 millones; la de Alemania era de 56,3 millones y la colonial de 12,3 millones; EEUU con 76 millones tenía bajo régimen colonial 9,7 millones; Por último, Japón tenía una población de 45 millones y colonizada 19,2 millones. Solamente en Francia y Gran Bretaña la población colonial era mayor que la del país, pero en el caso de Gran Bretaña ésta la sobrepasaba 12 veces. La población total bajo régimen colonial de estos países era de 523,4, a la que habría que añadir también la de otros países colonizadores menores como, Bélgica, Italia, Portugal y España, Holanda[24].

Cuadro 1.1

Relación de la población bajo régimen colonial con la de los países con mayor presencia colonial a principios del siglo XX

Países colonizadores a principios del siglo XX

 

Población del país en 1900

 

Población bajo régimen colonial a principios del siglo XX

 

Relación de la población bajo régimen colonial con la del país colonizador: 1 a:

Inglaterra

 

32,5

 

393,5

 

12,1

Rusia

 

104

 

33,2

 

0,3

Francia

 

38,5

 

55,5

 

1,4

Alemania

 

56,3

 

12,3

 

0,2

EEUU

 

76

 

9,7

 

0,1

Japón

 

45

 

19,2

 

0,4

Total

 

352,3

 

523,4

 

1,5

Fuente: Historia Contemporánea, R. Palmer / J. Colton. Elaboración propia.

En 1900 el mundo tenía 1.634 millones de los que 563 pertenecían a Europa, Norteamérica, y Japón, y 1.071 a los países que constituían la Periferia del sistema económico mundial[25]; si no se tiene en cuenta la población de China de 400 millones[26] y la de América Latina con unos 70-80 millones, solamente unos pocos millones de personas en el mundo no estaban sometidas al régimen colonial (Cuadro 1.1).

Esta política económica de acumulación de capital basada en áreas de influencia exclusiva ha sido la más peligrosa y dañina para la humanidad en lo que a las guerras se refiere, puesto que, los impedimentos para la expansión económica ya no eran de índole nacional y que había propiciado el enfrentamiento entre el liberalismo y el antiguo régimen, sino de carácter internacional, es decir, entre las diferentes potencias por el control del Sistema Económico Mundial, dando lugar al primer gran enfrentamiento en el Centro geopolítico del sistema capitalista.

La Primera Guerra Mundial (1914-1918) fue la, hasta entonces, mayor conflagración militar jamás conocida en la historia. El asesinato del heredero al trono austriaco y de su esposa por el estudiante bosniano Princip no fue sino la anécdota del inicio de la guerra. Las causas de fondo estuvieron en la rivalidad, derivada de las ambiciones imperialistas entre los Estados Europeos de capitalismo más avanzado (Alemania, Francia y Gran Bretaña), por la hegemonía del Centro económico mundial, y de cuyo éxito iba a depender el dominio y control de las colonias.

La guerra propiciaría en la Rusia Zarista un tipo de revolución desconocida hasta entonces: “la revolución socialista”, ésta no solamente acabo con el régimen despótico de los zares sino que anuló la economía de mercado e instauró un modelo de dictadura denominada del “proletariado” tan cruel con su opositores como lo había sido el régimen zarista con los suyos. La revolución socialista situó a Rusia fuera del modelo económico mundial, constituyendo lo que, unos años más tarde, se denominaría como la primera gran desconexión del sistema capitalista[27].

Al finalizar la Primera Guerra Mundial, el triunfo de Francia y Gran Bretaña sobre Alemania sellado en el tratado de Versalles (1919), supuso el desarrollo económico de ambas potencias, se restauró el patrón oro y se inició en Europa y Estados Unidos un periodo de auge económico que aseguró la solidez del sistema de mercado, pero la crisis de 1929 propiciada por el derrumbe de la bolsa de Wall Street pondría fin a este breve periodo de crecimiento económico[28]. El modelo de economía de libre mercado mundial, tras la guerra entró en una crisis general que llevaría al derrumbe del patrón monetario mundial del oro. Gran Bretaña abandonaría el oro como patrón en 1931, Estados Unidos en 1933,  al que seguirían Italia y Francia.

La crisis del patrón oro llevaría de nuevo a un reforzamiento de la autarquía económica de las potencias. La crisis económica de 1929, al igual que la de 1873 había reforzado las tendencias endógenas de desarrollo económico y de nuevo las potencias que lideraban el sistema económico mundial optaron por el modelo imperialista de expansión colonial basado en medidas proteccionistas según áreas de influencia geopolíticas exclusivas.

Japón pretendía la hegemonía en el extremo oriente, y Alemania, no se resignó a ser un convidado de piedra humillado desde el tratado de Versalles, optó por alejarse deliberadamente del sistema internacional dejando la Liga de Naciones en 1934 y liderada por los nazis se encaminó  decididamente por la liquidación del modelo de economía de libre comercio mundial que estuvo vigente en las décadas centrales del siglo XIX,  y que había sido restaurado durante unos años después de la Primera Guerra Mundial.

Francia y Gran Bretaña, eran los estados que seguían controlando la mayor parte del mundo en régimen colonial. En América, Estados Unidos, habiendo consolidado su hegemonía en este continente, aspiraba también a ocupar el papel que le correspondía en el mundo, mientras que, la Rusia socialista, surgida de la revolución de octubre de 1917, aspiraba con fuerza a jugar un papel fundamental en el mundo exportando su revolución.

Y tras dos décadas de paz, las potencias europeas entraron de nuevo en disputa por conseguir la hegemonía del sistema económico mundial, pero esta vez, con más virulencia si cabe, se enfrentaron en la que fue la Segunda Guerra Mundial. Alemania aspiraba a derrotar a Rusia para expandirse hacia el este de Europa y acabar con la revolución socialista, y dominar a Gran Bretaña y Francia para liderar el sistema económico mundial, por su parte Japón quería colonizar China y derrotar a Estados Unidos para controlar el Asia Oriental.

4. Cuarto estadio: El final del enfrentamiento en el Centro del Sistema Económico Mundial, la descolonización y las nuevas áreas de influencia (1945 - 1989)

La Segunda Guerra Mundial finalizó en 1945 con la derrota de las fuerzas del eje (Alemania, Italia y Japón). El triunfo sobre los regímenes totalitarios del eje, supuso la consolidación histórica de la democracia en el centro del sistema capitalista. El tratado de Postdam (1945) marcó el inicio del nuevo orden internacional en el que las potencias vencedoras: Francia, Inglaterra, EEUU y la URRS, se repartieron mundialmente las áreas de geopolíticas de influencia y llegaron a un consenso en las reglas básicas de funcionamiento en el ámbito internacional, así nació la Organización de las Naciones Unidas (ONU) (1945) que sustituiría tras el paréntesis de la guerra a la antigua Sociedad de Naciones (1918).

Pero esta vez, las potencias que lideraban el sistema capitalista mundial, ante la influencia de la URSS sellaron una alianza para el desarrollo económico, articulándose un nuevo orden económico mundial surgido de los acuerdos de Bretton Woods (New Hampshire, EEUU, en 1944)[29]. Estados Unidos que salió económicamente indemne de la guerra, incluso con una industria reforzada lideraría este proceso. El Plan Marshall aprobado en 1948 que duró hasta 1951 supuso una fuerte transferencia de capitales en condiciones favorables para la reconstrucción económica de la Europa democrática que había sufrido las consecuencias de la guerra. En Japón sería el llamado Plan Mac Arthur quien contribuyó a la reconstrucción de la economía de mercado japonesa.

Ello trajo entre 1948 y 1973 la mayor acumulación de capital de la historia, ese cuarto de siglo fueron los años de oro del crecimiento económico, el PIB crecía en los países de la OCDE entre el 7 y el 12%. Estados Unidos lideraba tanto los procesos económicos como políticos, constituyéndose en la principal potencia económica del sistema capitalista mundial. Tras la crisis de 1929, había surgido la desconfianza en el valor absoluto del mercado como regulador de la oferta y la demanda, y una nueva filosofía económica se impuso que se basaba en la inversión privada complementada por la pública, dando al Estado un protagonismo casi decisivo en la marcha de la economía[30].

El Estado y los monopolios de los que una parte importante era propietario el Estado serían los que liderarían los procesos económicos en lo que vino a llamarse el capitalismo monopolista de Estado. La fuerza adquirida de los sindicatos y el temor de las clases sociales propietarias de los medios de producción, al comunismo[31], con partidos de esta ideología con fuerte implantación en Europa Occidental, dio una fuerza importante a los trabajadores asalariados y propició que los salarios no estuvieran regulados por el mercado sino por la negociación colectiva, lo que contribuyó al incremento del poder adquisitivo y la formación del “Estado del Bienestar” (Cobertura sanitaria y económica asegurada por el Estado en la enfermedad y jubilación).

Como consecuencia de la ocupación efectiva del ejército soviético de Europa Oriental, quedaron dentro del área de influencia de la URSS los países de esta parte de Europa, que pasaron a desconectarse del sistema capitalista mundial. La influencia de la URSS se extendía desde el Pacífico norte por el este, hasta Europa Oriental por el oeste, situándose su límite occidental en la Alemania del Este.

Tras la Segunda Guerra Mundial, las relaciones de las colonias con las metrópolis comenzaron a cambiar radicalmente. Los pueblos colonizados dejaron de ser agentes pasivos en las disputas imperialistas e iniciaron el camino de la independencia política. En este movimiento emergente estaban las colonias de los imperios principalmente francés, británico, holandés y belga, que aspiraban a su propio desarrollo bajo bases nacionales independientes, pero que respondían a diferentes tendencias, por una parte, la orientada a la desconexión del sistema capitalista, fundamentada en los movimientos de independencia con ideología comunista; y por otra, la orientada a la independencia de base ideológica socialdemócrata o liberal con el objetivo del desarrollo nacional integrado en el sistema económico capitalista mundial.

La URSS favoreció los movimientos tendentes hacia la desconexión, y EEUU favoreció la emancipación de las colonias dentro del sistema capitalista, en este objetivo, EEUU luchaba, por una parte, contra la desconexión y la alineación de los países que aspiraban a su independencia dentro de la influencia de la URSS, y por otra, quería limitar el poder de los viejos imperios europeos, pasando a ocupar ese espacio bajo un nuevo tipo de relación político económica, ya experimentada en la América Latina, basada en la subordinación de los procesos de producción de los países independizados a un modelo comercial de intercambio de materias primas por tecnología[32].

Por último, estaba la tendencia de las viejas metrópolis europeas de resistencia a la emancipación colonial, aunque con diferentes planteamientos al respecto. Gran Bretaña, opto en general por una política descolonizadora, delegando en las clases dominantes autóctonas el proceso descolonizador (protectorados) y salvaguardando la articulación económica con la metrópolis (la Commonwealth)[33]. Francia le costo más, puesto que su modelo de asimilación dejaba menos autonomía a las clases dirigentes autóctonas y tuvo que enfrentarse a numerosas guerras pues no hubo por ninguna de las dos partes voluntad de integración, Indochina y Argelia fueron los conflictos más fuertes. Holanda, pretendió un camino intermedio entre el modelo británico y el francés, pero acabó en un modelo represivo para frenar el nacionalismo socialista y religioso de Indonesia[34].

Varios factores favorecieron el proceso de independencia de las colonias, el primero de ellos fueron los conflictos interimperialistas, sobre todo entre la Primera y Segunda Guerra Mundial. Tras la caída del imperio Otomano aliado de Alemania en la Primera Guerra Mundial se produjo un reparto del oriente Medio, Gran Bretaña dominó Arabia, que paso a ser Reino de Arabia Saudita en 1932; Irak que alcanzaría la independencia en 1931; Palestina, conflicto sin resolver, tras la creación del Estado de Israel en 1948; Egipto en 1936 e Irán en 1930, obtuvieron la independencia formal de Gran Bretaña pero no sería definitiva hasta después de la Segunda Guerra Mundial, Francia dominó Siria y Líbano consiguiendo su independencia ambos países en 1946.

Después de la Segunda Guerra Mundial, otros factores predominaron en los movimientos de independencia, el movimiento comunista, que había denunciado el imperialismo y que reivindicaba la autodeterminación de las colonias y la desconexión del sistema capitalista mundial. En este pensamiento se inspiraron, Mao Tse Tung en China, Ho Chi Ming en Vietnam, Kim II Sung en Corea. En América Latina Fidel Castro y Ernesto <Che> Guevara. En África lideres como Patricio Lumumba en el Congo Belga, Samora Machel en Mozambique, Seku Ture en Guinea, Amilcar Cabral en Guinea portuguesa y muchos otros estuvieron influenciados por este pensamiento. En 1949, China con 554 millones de personas el 22% de la población mundial, compuesto casi totalmente por campesinos, un 89% de la población era rural, protagonizó la segunda gran desconexión del sistema económico capitalista, e inicio una andadura de reformas agrarias en un régimen prácticamente autárquico.

Pero el movimiento descolonizador tendría otra expresión en la formación de elites políticas en las  colonias, educadas en el pensamiento europeo (liberal socialista): Gandhi en la India. Sukarno en Indonesia, Nasser en Egipto, Ben Bella en Argelia, Burguiba en Túnez, Nkrumah en Ghana, Nyerere en Tanzania, Kebyatta y el movimiento <mau mau> en Kenia y muchos otros. La actitud favorable de la ONU a la descolonización, así como de EEUU siempre y cuando ésta no supusiera la desconexión del sistema económico capitalista mundial, favoreció el desarrollo de este movimiento sin pretensiones de desconexión.

En Asia, India, Pakistán y Ceilán (Sri Lanka) consiguen la independencia de Gran Bretaña en 1947, Birmania en 1948 e Indonesia (de Holanda) en 1949. En 1957 consiguieron la independencia Singapur y Malasia (que se constituyó como federación Brunei, Norte de Borneo y Sarawak en 1963). En África, la mayor parte de los países consiguieron la independencia política entre 1956 y 1962. Francia fue quien tuvo luchas de liberación nacional más violentas en el norte de África (la insurrección argelina comienza en 1954 y durará hasta 1962).  En 1956 alcanzan la independencia Marruecos, Túnez, y Sudán, en 1957 Ghana, en 1958 Guinea, en 1960 Camerún, Togo, Madagascar, Congo Belga (Zaire), Somalia, Congo-Brazaville (República del Congo), República Centroafricana, Chad, Gabón, Dahomey (Benín) Níger, Alto Volta (Burkina Faso), Costa de Marfil, Senegal, Mali, Nigeria y Mauritania. En 1961 Sierra Leona y Tanganika; en 1962, Argelia, Ruanda, Burundi y Uganda; en 1963, Zanzibar y Kenia, y en 1964, Malawi y Rodesia del Norte (Zambia). Las colonias portuguesas de Angola y Mozambique en 1975-1976; en 1980 Zimbawe, y en el caso de Sudáfrica, en los años noventa, se aboliría el régimen racista con la abolición del apartheid y la convocatoria de elecciones democráticas. La última colonia que ha accedido a la independencia ha sido Namibia en 1992. En América, el proceso de descolonización se limitó a las colonias caribeñas. Consiguieron la independencia, Jamaica, y Trinidad y Tobago, en 1962; Barbados en 1966 y en la década de los setenta y principios de los ochenta el resto de colonias, Surinam, (Guayan Holandesa), Guyana (Guayana Inglesa), así como otras islas del Caribe[35].

Con posterioridad a la independencia, las naciones pobres que constituyeron el denominado Tercer Mundo, buscaban su propia afirmación en la elaboración de proyectos nacionales para desarrollar procesos productivos autosuficientes a través de la creación de empresas estatales, derivadas del modelo keynesiano de economía mixta. Se pretendía un desarrollo acelerado y a la vez equilibrado entre el desarrollo industrial y la transformación de la sociedad rural en urbana, en el que se precisaban infraestructuras, carreteras, ferrocarriles y energía eléctrica.

 

En este proceso, la rivalidad  entre la URSS y las potencias de economía de mercado, hizo que los países occidentales liderados por los EEUU, apoyaran un camino no comunista que condujera al desarrollo y a la estabilidad de los países subdesarrollados. La cruzada por superar la pobreza a través de la concesión de prestamos y apoyando los movimientos reformistas en el Tercer Mundo se planteaba para los países desarrollados con cierta urgencia para evitar la deriva de los países pobres hacia la desconexión del sistema capitalista. Pero a pesar de los apoyos de los países desarrollados, las relaciones comerciales con los países surgidos de la descolonización no podían cambiar la estructura productiva fundamentada en siglos de existencia, y siguieron fundamentándose principalmente en el intercambio de tecnología por materias primas.

Esta dependencia tecnológica que tenían los países pobres de los países desarrollados se pretendió superar con la aplicación del modelo de Industrialización por Sustitución de Importaciones (ISI), es decir, reemplazar determinados productos importados por producción industrial nacional, pero ello solo producía un cambio en la composición de las importaciones ya que se dejaban de importar productos industriales o de consumo acabados, pero se importaban productos intermedios necesarios para generar y continuar un proceso de industrialización sustitutiva. Por otra parte, la producción industrial nacional debía ser protegida pues no podía competir con la productividad de los países desarrollados. Este modelo si bien consiguió algunos éxitos económicos no lo fue en el nivel deseado para atender la demanda de una población creciente y en rápida transformación de la sociedad rural a la urbana, cuestión que condujo a graves problemas de asentamiento humanos con importantes carencias de vivienda infraestructuras.

En los países rectores del sistema económico mundial, el modo de desarrollo instaurado después de la Segunda Guerra Mundial se basaría en el bajo coste de las materias primas, en un régimen de acumulación intensivo, propiciado por el fordismo y toyotismo, y en la orientación de la economía desde el Estado. Este modelo de desarrollo entraría en crisis en los años setenta. El auge económico experimentado durante los años cincuenta y sesenta favoreció el incremento de la productividad en todo el mundo, pero en Europa y Japón comenzó a ser mayor que en EEUU y por lo tanto sus productos a ser más competitivos en el mercado, cuestión que llevaría a que en 1967, EEUU registrase un fuerte déficit en su balanza comercial, al mismo tiempo, aumentaron los gastos por la guerra de Vietnam, los que acentuó el incrementó progresivo del déficit general de su balanza de pagos.

EEUU, intentó hacer frente a los pagos con medidas de carácter inflacionista como fue el incremento de la masa monetaria que a la postre llevó a la devaluación del dólar, pero éste no podía devaluarse sin afectar al conjunto del sistema monetario internacional, por cuanto era la unidad de referencia para establecer paridades y era la principal moneda de reserva internacional, por lo que la devaluación tuvo el efecto inmediato de empobrecer a todos los países con reservas de dólares. En esta situación se produjo una fuerte tendencia a la conversión de las reservas de dólares a oro, llegando a superar los 40 dólares la onza de oro, cuando el cambio fijado en Bretton Woods era de 35 dólares la onza de oro.

En 1971, EE.UU. decretó la suspensión de la convertibilidad de dólares en oro, ello fue acompañado de dos devaluaciones, la primera, en 1971, situaba una paridad de una onza de oro 38 dólares, y la segunda, en 1973, una onza de oro 42,2 dólares. La especulación se desató con fuerza llegándose a pagar 190 dólares por una onza de oro. Estas devaluaciones tuvieron repercusiones altamente negativas para la economía de numerosos países, en particular para aquellos cuyas reservas estaban constituidas básicamente por dólares como era el caso de los países exportadores de petróleo. En sustitución del patrón dólar/oro se estableció la flotación de monedas (el no patrón) que permanece en la actualidad, que representa el ajuste diario de paridades en función del mercado cambiario.

Las devaluaciones del dólar, obligaba a los países exportadores de petróleo a vender más para obtener lo mismo, al tener que cobrar sus exportaciones en dólares. En esta situación la OPEP decidió encarecer el precio del petróleo. Esta medida no fue mal vista por EEUU, pues el incremento de costes iba a repercutir negativamente en sus principales competidores comerciales Japón y Europa. Esta conjunción de intereses de la OPEP y EEUU lanzó la escalada de precios del petróleo. El 16 de Octubre de 1973, en plena guerra árabe–israelí del Yon Kippur, la OPEP decidió aumentar el precio del barril de petróleo de 3,45 dólares a 5,5 dólares. Esta escalada se mantendría hasta alcanzar el máximo techo en 1984 con 34 dólares/barril. Como resultado, el capitalismo mundial entró en crisis con carácter generalizado.

Pero paradójicamente el descenso de la actividad económica no trajo un descenso de los precios tal y como había sucedido en la crisis de 1929, sino que se dio un fenómeno al que se denominó estanflación (estancamiento con inflación). Después de varias medidas económicas durante los años setenta para controlar la inflación sin éxito, como elevación de impuestos, reducción del gasto público, intervención directa sobre salarios y precios, tanto los gobiernos de izquierda como los de derecha comprendieron que el intento de salir de la crisis mediante el gasto deficitario sería inútil y contraproducente.

A finales de la década de los setenta, el descontento de la economía mixta (economía de mercado y monopolio estatal) estaba presente en la mayoría de los gobernantes de los países desarrollados. El fenómeno estanflacionario, hacía necesario un cambio en las orientaciones de política económica primando el objetivo de control de la inflación como forma de recuperar el control de precios y el consumo. En los años ochenta comenzaría una lucha denodada contra la inflación[36].

Para conseguir reducir la inflación, las tesis monetaristas, se apoyaban en la adecuación y control de la masa monetaria como elemento fundamental para el control de los precios[37]. Pero las medidas monetaristas impulsadas por la Reserva Federal de los Estados Unidos y del Banco de Inglaterra para controlar la masa monetaria no tuvieron efecto.  Este fracaso fue debido a que en la economía moderna no se puede saber con precisión cual es el dinero circulante, pues además del dinero efectivo y los depósitos a la vista, están otro tipo de fondos de ahorro que pueden convertirse también rápidamente en dinero.

El procedimiento para reducir la masa monetaria en circulación se basó a principios de los años ochenta en la elevación de los tipos de interés en EEUU en los activos a medio y largo plazo. Esta medida atrajo dinero en efectivo y también de las cuentas corrientes, que rendían bajos intereses, a los activos menos líquidos que rendía altos intereses a medio y largo plazo, con ello el circulante monetario se redujo. El efecto no deseado de esta medida fue un gran flujo de divisas a EEUU que reforzaron el dólar apreciándolo, esto provocó un encarecimiento de las exportaciones y favoreció las importaciones principalmente desde Japón. La medida conllevó la peor crisis económica desde 1929, <<el paro subió en EE.UU. al  10,7%, y la quiebra de pequeñas empresas fue la mayor desde el decenio de 1930>>[38],  pero la inflación comenzó a remitir entre 1983 y 1984 en EEUU a la que siguió Gran Bretaña.

En el origen de la inflación se encontraba también el modelo económico monopolista de Estado, si en la economía concurrencial, el exceso relativo de producción, era el mercado el que se encargaba de reducir los precios, en el sistema monopolista de Estado la tendencia era a recuperar la disminución de ingresos por falta de ventas, elevando los precios, ello era posible ante la falta de competencia empresarial principalmente en productos estratégicos como telecomunicaciones, carbón, refinados del petróleo, electricidad y transportes, lo cual repercutía en el resto de sectores productivos.

Basados en esa consideración los gobernantes de los países ricos, en la lucha contra la inflación promovieron la liberalización de las empresas estatales lo que supuso un aumento de la competencia y de la productividad, con ello el mercado actuó favorablemente a la reducción de la inflación, y los tipos de interés pudieron ir bajando, lo que favoreció de nuevo el consumo[39].

Las grandes crisis que han supuesto cambios importantes de orientación económica, principalmente la de 1929 y la de 1973-1982, tuvieron su origen en disfunciones monetarias diferentes, en ambos casos, se creó una descompensación entre la capacidad de producir y la de consumir, y ambas, también tuvieron respuestas diferentes, válidas en cada caso para el momento histórico.

Tras la crisis de 1929, el Estado se convirtió en el garante de la demanda, pero ésta se articuló sobre el desarrollo de necesidades como infraestructuras y la construcción del Estado del bienestar, y su desarrollo tuvo un gran éxito en la reconstrucción económica desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta principios de los años setenta. A partir de la crisis de 1973-1982, en los países ricos, se demostró que el Estado había agotado su capacidad de gestionar la demanda. La nueva fase de crecimiento más sólida la constituyó el mercado basado en la diversificación de productos de consumo y en la aceleración del ciclo consumo. La política económica monetarista surgida en respuesta a la crisis supuso cambiar el criterio del crecimiento económico, privatizando las empresas estatales y devolviendo el protagonismo de la demanda principalmente al mercado[40].

Como consecuencia de esa nueva filosofía económica el control del dinero y del déficit ha pasado a formar parte de la cultura económica como aspecto fundamental, cuestión que ha llevado a que los Estados deben reducir su déficit presupuestario y que los Bancos Centrales, independizados institucionalmente de los gobiernos, sean los valedores de la regulación monetaria y de los tipos de interés. En este modelo, el Estado pierde también importancia en la articulación de la demanda a favor del sector privado tanto en medios de consumo como de producción.

En los países del Tercer Mundo, la mayor parte de los países habían visto frenados sus intentos de crecimiento económico ante el aumento de la factura petrolera. Si el modelo de Industrialización por Sustitución de Importaciones (ISI) ya había dado síntomas de fracaso, la crisis del petróleo terminó de oscurecer las expectativas del desarrollo, que solo pudieron mantenerse recurriendo al endeudamiento[41].

La banca privada internacional con el fin de rentabilizar estos enormes depósitos, se lanzó en la década de los setenta a una política de concesión de préstamos y créditos a los países y empresas que los solicitarán, a bajo tipos de interés con la cláusula de variabilidad de dicho tipo. Estos créditos se vieron en numerosos países en vías de desarrollo, particularmente en América Latina, como un balón de oxígeno ante la crisis derivada del aumento del precio del petróleo, pero la sustitución en la administración norteamericana de Carter